Ideas de la Ilustración

Para Niños o Principiantes La Revolución Francesa Simple y Fácil

Para Niños o Principiantes – Explicación Fácil De
La Revolución Francesa 

Antes de comenzar, quiero reforzar un concepto importante, y digo reforzar porque estoy seguro que ustedes lo saben muy bien. Cuando estudiamos historia, una de las formas de hacerlo es leerla como un cuento y aceptar los acontecimientos estudiados con simple naturalidad, tratando de memorizar fechas, sucesos, anécdotas, etc. para luego repetirla de la misma manera en que la fuimos memorizando, pero como les decía antes, sabemos que estudiar de memoria no es nada, nada bueno, simplemente porque no pensamos, no relacionamos, y ni reflexionamos sobre los hechos ocurridos, …. y además también sabemos que todo lo memorizado a corto plaza se olvida.

Entonces para estudiar historia, y en este caso en particular sobre la Revolución Francesa, comenzaremos observando la historia como una larga línea de sucesos ordenados, desde el origen del hombre, pasando por la escritura, por miles de batallas, grandes inventos y acontecimientos, como cuando el hombre llegó a la Luna, hasta nuestros días del siglo XXI. A esa larga línea de miles de años la llamamos LÍNEA DE TIEMPO y la dibujamos como se indica mas abajo, una línea recta divida en lapso de tiempos medidos en años. Veremos que la historia tiene cuatro períodos.

LÍNEA DE TIEMPO BASE:

Podemos hacerla tan larga hacia atrás como quisieramos, pero nuestro límite es el BIG BANG cuando comenzó a formarse nuestro UNIVERSO, en nuestro caso comenzamos cuando apareció el ser humano en el PLANETA TIERRA, hace unos 2.000.000 de años aproximadamente y avanzamos para llegar a un suceso que ha revolucionado la comunicación de todos los seres existentes de aquella época, la ESCRITURA,  a ese período lo conocemos como la PREHISTORIA.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/linea_tiempo_ninos1.jpg

a.C: significa antes del nacimiento de Cristo y d.C. significa despúes de Cristo

La etapa que los historiadores denominan HISTORIA comienza con la escritura (-3500 a.C. aproximadamente) y llega hasta hoy. Para estudiar esa larga etapa histórica se ha convenido dividirla en cuatro períodos, llamados HISTORIA ANTIGUA hasta el año 476 d.C. cuando cae el Imperio Romano de Occidente, luego continua la EDAD MEDIA hasta el año 1453 cuando cae el Imperio Romano de Oriente, para seguir con la EDAD MODERNA hasta el año 1789 en que se produce la REVOLUCIÓN FRANCESA y cae el Rey Luis XVI de Francia, a partir de ahí comienza la EDAD CONTEMPORÁNEA que es la que vivimos hoy, y tiene mas de 200 años.

Dentro de cada lapso o período estudiado podemos incluir todos los sucesos que deseamos desde el mas simple y a veces olvidado hasta el mas destacado , todo depende de la profundidad en que deseamos analizar los procesos históricos. Para este caso solo pondremos atención en un solo momento y analizaremos una región temporal de algunos años para atrás y para adelante, como ya veremos.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/linea_tiempo_ninos0.jpg

Observa que la Revolución Francesa ocurrió en el año 1789 d.C. y fue un acontecimiento tan importante que los historiadores usan ese suceso como una especie de «mojón» o límite en la Historia, dando así lugar al inicio de otra historia que es la actual.

ESTUDIAR HISTORIA:

Cuando estudiamos historia, y para ordenar nuestras ideas frente a cada acontecimiento debemos preguntarnos lo siguiente:

1-¿Como podemos definir el suceso…?

2-¿Donde ocurrió…?,UBICACIÓN FÍSICA

3-¿Cuándo, en que fecha ocurrió…?, UBICACIÓN TEMPORAL

4-¿Por que ocurrió…?, las CAUSAS

5-¿Quienes fueron los protagnistas o actores que intervinieron…? la SOCIEDAD

6-¿Que ocurría antes para que esto se produzca…?, a esto lo llamamos ANTECEDENTES.

7-¿Como continuó, produjo cambios sociales, políticos, religiosos,….?, las CONSECUENCIAS

8-También se suele estudiar el LEGADO , es decir , si lo acontecido ha modificado la vida de las futuras generaciones.

Es importante que siempre tengas presente estas cuestiones porque con ellas podrás analizar y reflexinar cualquier momento de la historia, si que haga falta de memorizar todo de corrido, porque como dijimos antes , es método falla a corto plazo.

Finalmente otro concepto de gran ayuda cuando estudiamos temas humanísticos, (no solo para la historia) , es fundamental hablar o escribir con propidad, es decir utilizando téminos correctos y lo mas precisos posibles. Siempre es bueno expresarnos con nuestra palabras, pero «nuestras palabras» deben contener algo de contenido para poder transmitir lso hechos con la mejor exactitud y veracidad.

A ese conjunto de palabras utilizadas para expresar nuestro conocimiento los denominamos: VOCABULARIO y cada asignatura tiene su propio vocabulario.

Para el caso que nos toca, y como ya veremos hay palabras como: MONARQUIA, ABSOLUTISMO, BURGUESES, ESTADO, ASAMBLEA, MOVIMIENTO, REVOLUCIÓN, RÉGIMEN, MONARCA, CONSTITUCIÓN…etc. y que a medida que avancemos con la descripción las explicaremos. También lo interesante de estos conceptos, que una vez aprendidos lo podemos usar en otros momentos históricos, de otros lugares y origen, por ejemplo si estudiamos la Revolución de las Colonias Americanas en 1776, vamos a utilizar casi el mismo vocabulario…

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

DESCRIPCIÓN SIMPLE DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA:

Definición: La Revolución Francesa fue un movimiento social y político que estalló en París el 14 de Julio de 1789, contra el absolutismo real y los privilegios de las clases mas altas de la sociedad. Ese acontecimiento cambió la forma de gobierno y de la organización de la sociedad. Este movimiento se gestó por el deseo social  de un mejor orden político y de una más justa organización social.

Observa que de la misma definición , ya podemos responder a las primeras cuestiones antes dicha, ocurrió en PARIS, el 14 DE JULIO DE 1789 contra el vigente gobierno ABSOLUTISTA  de Francia que en aquel momento estaba en manos del rey LUIS XVI.

revolucion francesa para niños

Luis XVI , Rey de Francia, dueño absoluto del poder

Veamos ahora algunos conceptos para nuestro vocabulario:

Revolución: Es un cambio violento en las instituciones políticas o gobierno de una nación:

Monarquía: Forma de gobierno en que el poder de mando es ejercida por una persona,que la recibe con carácter vitalicio y hereditario, la monarquía puede ser absoluta.

Monarquía Absoluta: el cuando el poder del gobernante, llamado rey,  es ilimitado, es decir, ostenta todo el poder del Estado sin limitación, tiene poder absolutos sobre todas las actividades del país, como las guerras, la relaciones internacionales, la justicia, dicta leyes, y hasta tiene la decisión de la vida o muerte sobre sus súbditos.

Movimiento: es una agitación de mucha gente con violencia

Respecto ahora a las causas que originaron este estallido social, es que el mantenimiento de ese estado absolutista demandaba mucho gasto en dinero y riquezas del país, ya que:

* Existía un gran número de funcionarios en el gobierno y cada uno buscaba su propio beneficio y no les importaba el pueblo.

* La economía del país estaba arruinada y estancada.

* Se tenía que mantener un gran  ejército permanente, para enfrentar guerras inútiles.

* La corte y el clero vivía rodeada de lujos y no pagaba impuestos.

* Hacia 5 años que las cosechas eran malas y la gente vivía miserablemente, apenas podía comer.

Los Ministros de Hacienda trataron de encontrar una solución a esta crisis, pero sus medidas sólo complicaron más la situación.

Bien estudiemos que significa todo esto:

En aquella época la sociedad (que es el conjunto de personas que habitan un territorio), llamada estamental, estaba dividina en tres grupos, llamados ESTADOS, el primero correspondia al CLERO osea a la Iglesia con todos los sacerdotes , y recibían el 10% (diezmo) de todo lo cosechados por los campesinos de Francia, y NO pagaban impuesto. En el segundo estado estaba la NOBLEZA, gente rica, dueña de gran parte de las tierras francesas, que vivían a costa del Rey y NO pagaban impuesto, y finalmente en el Tercer Estado o Estado LLano, que representaba el 97% de los habitantes estaban los profesionales como los abogados, médicos, etc., también pertenecían los artesanos, obreros y campesinos. Todos ellos trabajaban intensamente, pagaban impuestos con dinero o con sus propias cosechas , pero vivían muy mal, muchos desnutridos , enfermos y sin ilusiones.

A este último grupo de trabajadores, que eran los que realmente trabajaban en beneficio de unos pocos, eran y son llamado: BURGUESIA, ….este nombre deriva de la palbra BURGOS que es justamente en donde ellos se iniciaron con su labor, que no eran mas que el origen de las primeras ciudades en la Edad Media.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/para_ninos1.jpg

De cada 100 habitantes de Francia, solo un 3% pertenecía al 1º y 2º estado, el resto eran humildes trabajadores, que mantenían con su esfuerzo a ese grupo privilegiado.

Observa un grabado de la época, indicando una situación injusta, vemos a un integrante del primer estado con todo su peso sobre el lomo de un campesino muy cansado.

grabado epoca francesa

Como ocurre en casi todas las Revoluciones, siempre hay una última causa o «chispa» que inicia el movimiento social, donde la gente se exalta y sale con violencia a las calles a reclamar por sus derechos….en este caso los «actores sociales», que inician la agitación son los pertenecientes al 2º y 3º estado, es decir, los que mas sufrían este estado de injusticia.

Esta «chispa» se inicia cuando el Rey Luis XVI desea realizar una serie de reformas para mejorar la situación general de su población y convoca a todos los ciudadanos a una especia de Asamblea General, llamado Estados Generales, que no reunían desde hacia dos siglos.

Esta Asamble comenzó a funcionar en Versalles el 5 de Mayo de 1789 y la dirigía el mismo Rey, Luis XVI, y en ella estaban presentes los representantes de los tres estados antes explicados: el clero, la nobleza y la burgesía.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/paraninos3.jpg

Los Estados Generales en Mayo de 1789

Luego de discutir publicamente los problemas de la sociedad, como conclusión de esta Asamblea, podemos resumir en lo siguiente:

* Se condenó unánimente, es decir casi todos los integrantes, el absolutismo del Rey, con su poder ilimitado.

*  Hubo acuerdo para crear una Constitucion que defienda los derechos de los ciudadanos por igual.

*  Crear un organismo para estudiar nuevas leyes mas justas.

*  Votar para aumentar o crear nuevos impuestos.

Todos estos pedidos fueron solicitados por mayoría, pero la nobleza no estaba decidida a perder sus privilegios y presionan al Rey para que anule estas moficicaciones, quien mandó a cerrar la sala de seciones de la Asamblea, creando un ambiente de tensión y mas injusticia en la mayoría de los ciudadanos, que en respuesta a las órdenes del monarca, se proclamaron en Asamblea Nacional Constituyente, y juraron:

«No separarse jamás y reunirse en cualquier parte donde las circunstancias lo exigieran, hasta que la Constitución
estuviese afirmada sobre sólidos cimientos».

Con ese acto se anuló los Estados Generales, y quedó abierto el camino para las reformas que el pueblo deseaba implantar.

Nuevamente presionado por la corte y la nobleza, Luis XVI separó del gobierno a su ministro Necker, un hombre que comprendía las demandas del pueblo, y muchas veces sugería al Rey que tomara medidas en favor de sus súbditos.

LOS PROTAGONISTAS DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/para_ninos2.jpg

Con ese acto el estado llano creyó que se perdían las esperanzas de una monarquía constitucional, y ya sin ilusiones de conseguir sus objetivos, la muchedumbre, violenta y enardecida pordiscursos de agitadores,  saqueó las armerías y el Cuartel de los Inválidos, y marchó contra la Bastilla, una vieja fortaleza convertida en prisión del Estado, que fue tomada por los revolucionarios, después de sangriento combate, el 14 de julio de 1789.

revolucion francesa

La Toma de la Bastilla  en 1789

La Bastilla era el símbolo de la arbitrariedad del absolutismo real. La muchedumbre pensaba encontrar en ella centenares de víctimas, y halló que los recluidos eran solo siete. Los desórdenes de París se extendieron rápidamente a todas las demás provincias y estados limítrofes.

Las CONSECUENCIAS de este levantamiento popular, y debido a los graves sucesos ocurridos, impresionaron fuertemente a las clases privilegiadas, que comprendieron que no podían continuar con sus privilegios.

Despúes de varios días de debates y en una histórica sesión de la noche del 4 de agosto de 1789, renunciaron espontáneamente a sus privilegios: no existirían más feudos, ni derechos del señor, ni servidumbres, ni nobles y plebeyos, etc.: todos serían iguales ante la ley.

De esta manera se había logrado el primer objetivo de la Revolución, y el entusiasmo fue general.

La Asamblea Nacional Constituyente se dedicó a preparar la Constitución, con leyes similares a la de su país vecino, Inglaterra. Después de dos años de labor, fue proclamada la Constitución de 1791, donde se reflejan las ideas del filosofismo, la enciclopedia, los economistas y, sobre todo, las del Contrato social de Rousseau.

Como preámbulo a la Constitución, la Asamblea proclamó la «Declaración de los Derechos del Hombre«, la primera etapa de la Revolución había triunfado y el antiguo régimén absolutista, había sido abolido.

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano

La Asamblea Nacional, en la sesión del 26 de agosto de 1791, después de amplias discusiones, aprobó la «Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano».

Los puntos principales de la Declaración son los siguientes:

• Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derecho.
• El principio de toda soberanía reside en la nación.
• La libertad consiste en poder hacer todo lo que no perjudique a otro.
• La ley es la expresión de la voluntad general.
• Todos los ciudadanos son iguales ante la ley.
• Todo hombre tiene derecho a la libre emisión del pensamiento.
• Los ciudadanos tienen el derecho de aprobar, vigilar y controlar la administración pública

LEGADO: La «Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano» tiene carácter de universal, en cuanto los derechos y libertades allí expuestos, pueden ser aplicados a todas las personas del mundo.

Pero no es universal en el sentido de que abarque todos los aspectos de la vida humana, pues solo contempla el aspecto político. Se le ha criticado, entre otras cosas, su excesivo individualismo y su inexacta definición de las libertades. Además nada dice de los derechos de la familia, del trabajador, de la agremiación, etc.; ni una palabra de la libertad de las conciencias, de la enseñanza, etc., por lo que 1948 la Asamblea General de los Derechos Humanos completó esta primera declaración francesa.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/para_ninos5.jpg

El grabado de la imagen muestra uno de los momentos mas duros de la Revolución Francesa, la ejecución de Luis XVI. Tuvo lugar el 21 de enero de 1793 en una guillotina instalada en la parisina plaza de la Revolución. Con anterioridad, el Rey había sido juzgado por la Convención Nacional, acusado de traición, y condenado a muerte.

Ampliación del Tema: Ver La Revolución Francesa

Fuente Consulatada:
Educacion Democrática 3º Año Escuelas Tecnicas de Mario Alexander

Enrique IV Borbón Biografía y Gobierno Como Rey de Francia

Enrique IV Borbón: Biografía y Gobierno Como Rey de Francia

Después de las sangrientas guerras de religión qué se sostuvieron durante el reinado de los Valois, Enrique IV aportó a Francia una era de prosperidad. En colaboración con Sully, se dedicó a sanear la hacienda pública. También concedió mucha importancia a la agricultura y la industria. Al mismo tiempo, Francia estableció las bases de su imperio de ultramar. Enrique IV fue asesinado en 1610.

Enrique IV de Borbón

Enrique IV (de Francia) (1553-1610), rey de Francia (1589-1610), que restauró la estabilidad tras las guerras de Religión del siglo XVI. Fue el primer rey Borbón de Francia y también rey de Navarra, con el nombre de Enrique III (1562-1610). Enrique nació en Pau (entonces Navarra) el 13 de diciembre de 1553. Su padre, Antonio de Borbón, duque de Vendôme y rey de Navarra, era descendiente, en novena generación, del rey de Francia del siglo XIII, Luis IX. Su madre, Juana de Albret, era reina de Navarra y sobrina del rey Francisco I de Francia.

Durante el siglo XIII, Francia vivió un período de prosperidad durante la época de los grandes Capetos, Felipe Augusto, Luis IX (san Luis) y Felipe el Hermoso. Seguidamente estalló la Guerra de los Cien Años, que llevó al país al borde de la ruina, pero que, gracias a la enérgica intervención de Juana de Arco, finalizó con la victoria de Francia.

Después, el poder pasó a manos de los Valois, llamados los «reyes malditos», entre ellos Carlos VII, Luis XII, Francisco I, el enemigo jurado del emperador Carlos I de España, y por último Enrique II y sus tres hijos: Francisco II, Carlos IX y Enrique III. Durante el reinado de estos tres últimos, Francia estuvo ensangrentada por crueles guerras de religión (1560-1590). Enrique III murió  asesinado,  y así se dio fin a la casa de los Valois.

Enrique de Borbón, jefe de los hugonotes (calvinistas franceses), que ya era rey de Navarra, subió al trono de Francia con el nombre de Enrique IV. Tras largas tergiversaciones, decidió convertirse al catolicismo. En julio de 1593 fue bautizado en la catedral de Saint-Denis, cerca de París.

Al año siguiente, París, que era profundamente católico y estaba en manos de la fanática Liga Santa, abrió sus puertas al nuevo rey. La famosa frase «París bien vale una misa» se ha atribuido a Enrique IV, pero probablemente su autor fue su ministro Sully, que después de esto se hizo famoso.

casamiento de enrique IV Borbón

Casamiento de Enrique IV Borbón con María de Medicis

Al poco tiempo de haber entrado en París, Enrique IV declaró la guerra a España. La lucha finalizó en 1598 con la paz de Vervins. De este mismo año data el Edicto de Nantes, por el que se autorizó a los hugonotes a practicar libremente su culto, pero sólo en ciudades en las que ya se hubieran celebrado anteriormente oficios protestantes.

Además, se concedieron a los hugonotes «plazas de seguridad» como garantía de que el Estado respetaría las cláusulas del Edicto de Nantes. También desde ese momento pudieron desempeñar cargos oficiales. «Sólo los católicos y los hugonotes se considerarán buenos franceses», fue la máxima del programa de Enrique IV, la base de su obra maestra.

A pesar de su carácter poco enérgico, este rey se distinguió por una sólida dosis de buen sentido, y sus objetivos fueron fundamentalmente buenos. Quería hacer a la realeza independiente de la Iglesia, de las supervivencias del feudalismo, de las asambleas de clases y del Parlamento de París. Pero, ante todo, deseaba sanear la situación económica del Estado. El duque de Sully fue su brazo derecho en esta delicada tarea.

Maximiliano de Béthume, baron de Rosny, a quien Enrique IV había concedido el título de duque de Sully, formaba parte de la corte desde los once años, y fue el amigo íntimo del rey. A pesar de que era esencialmente hombre de guerra, también reveló grandes aptitudes para los negocios. En 1598, Enrique IV le concedió los cargos de superintendente de Hacienda, gran veedor y gran maestre de Artillería (es decir, ministro de Hacienda, de Trabajo y de Guerra).

Para superar las dificultades financieras de Francia, Sully introdujo un nuevo impuesto que se recaudaba una vez al año. Este impuesto recaía sobre los miembros del Cuerpo de Justicia y de Hacienda. A cambio, en lo sucesivo podían legar su cargo a sus herederos. En realidad, sólo fue un reconocimiento oficial de la herencia de estos cargos u oficios,. Este derecho fue dado en arriendo a Charles Paulet; por este motivo, el nuevo impuesto no tardó en recibir el sobrenombre de «Paulette», nombre que conservó hasta la Revolución francesa.

Gracias a la hábil gestión financiera de Sully, Francia logró liquidar sus deudas y al mismo tiempo reducir los impuestos. De este modo se cumplió la voluntad del rey, que deseaba que cada campesino pudiera tener, los domingos, una gallina en la cazuela.

Después de haber saneado la hacienda, el rey y su ministro se preocuparon por mejorar la situación económica. Sully insistió sobre la importancia de la agricultura y la cría de ganado: «Labranza y pasturaje —decía—, son las dos ubres de Francia».

Con esta idea, hizo secar pantanos a fin de que los campesinos tuvieran más tierras de labrantío. Podríamos preguntarnos de dónde le venía a Enrique IV esta notable predilección por el labrador. ¿Se debió a que pasó toda su juventud entre campesinos de Bearne, o a que los consideraba las fuerzas vivas del Estado, al que daban los mejores soldados?.

Fuera como fuere, se dispusieron numerosas medidas en su favor: se redujeron sus impuestos; se prohibió a los agentes del fisco que se incautaran del ganado o material agrícola en caso de retraso en el pago de los impuestos; por otra parte, se prohibió a los nobles que cazaran en los campos de trigo y en los viñedos ; asimismo, fueron severamente castigados los soldados que saqueaban los campos o devastaban las cosechas.

Enrique IV también se preocupó mucho de las industrias. En este campo su principal consejero fue el economista Laffemas, a quien en 1602 nombró Contrdleur general (ministro) de Comercio.

Creó nuevas industrias de lujo y favoreció las ya existentes manufacturas de tapices, las cristalerías, curtidurías y los tejidos de fina tela de lino. También hizo plantar morales en toda Francia, indispensables para la cría del gusano de seda.
Se trazaron muchas carreteras nuevas y se construyeron canales. Sully tenía grandes planes, cuyo objetivo era unir el mar Mediterráneo al océano Atlántico. Estableció acuerdos comerciales con Inglaterra y Turquía y favoreció la
creación de una compañía para el comercio con las Indias.

Durante el reinado de Enrique IV, Francia estableció las bases de su imperio colonial de ultramar. El explorador Samuel de Champlain fue enviado a América del Norte con la misión de fundar una colonia francesa. La ciudad de Quebec, situada en la desembocadura del río San Lorenzo, se convirtió en el centro de dicha colonia.

En lo concerniente a la política internacional, Enrique IV pretendía acabar con el poder de los Habsburgo. Con tal intención, en 1610 concluyó una alianza con los príncipes protestantes de Alemania. Sully apoyó esta política. Este plan, conocido con el nombre de «gran designio», fue en cierto modo un primer proyecto de Estados Unidos de Europa. Aunque nunca se llevó a cabo, contribuyó poderosamente a extender la idea de que la paz debe apoyarse en una reorganización política de Europa.

La Liga Santa nunca perdonó a Enrique IV que tolerara a los hugonotes en el Estado, ni que antes hubiera sido uno de ellos. Incluso se dijo que tenía la intención de declarar la guerra al papa. Excitado por estas habladurías y por otros muchos chismes, Ravaillac concibió el plan de asesinar al rey. El 14 de mayo de 1610, en una callejuela estrecha, la calle de la Ferronerie, fue asesinado Enrique IV, cuando se dirigía a ver a Sully.

-París, Bien Vale Una Misa –

Concepto de Romanticismo Origen y Características de su Espiritu

Concepto de Romanticismo Origen y Características de su Espíritu

El romanticismo surgió en Alemania, a fines del siglo XVIII, pero pronto se extendió por el resto de Europa y en las nuevas repúblicas del continente americano, imponiéndose durante gran parte del siglo XIX. El nuevo movimiento proponía basarse en la imaginación, los sentimientos y las emociones por sobre lo racional, además de rescatar a la Edad Media, que durante muchísimo tiempo había sido considerada como una edad oscura para el saber y el arte.

También, al estar vinculado a la emoción más que a la razón, el romanticismo tuvo como inspiración lo misterioso, lo épico y también lo pintoresco y el aspecto majestuoso de la naturaleza.

A medida que el movimiento de la Ilustración del siglo XVIII, con su exaltación de la razón y el intelecto, iba debilitándose paulatinamente, se fue desarrollando una nueva actitud romántica que se prolonga durante la primera mitad del siglo XIX, con manifestaciones posteriores que llegan hasta el XX.

El romanticismo es un movimiento difuso con varias características diferentes, entre las que se distingue cierta tendencia en las diversas artes, como la pintura y la música. Si la tradición artística clásica se preocupaba por lo universal, los románticos se interesaron en lo individual y particular. Mientras el clasicismo hace hincapié en la racionalidad, el romanticismo exalta la libertad.

Goethe da comienzo al clasicismo alemán. El poeta, dramaturgo, novelista y científico alemán fue el iniciador del periodo clásico de la literatura alemana. Es autor de Fausto, un drama en dos actos en el que reelaboró la leyenda del erudito mago medieval Johann Faust.

Estas nociones no se limitan al arte, sino que inspiran el enfoque de todo un período. El contraste entre el antiguo régimen y la revolución francesa que lo destruyó es un aspecto político de esta misma evolución. Asimismo, el nuevo desarrollo del nacionalismo, una faceta política del romanticismo, contrasta con el enfoque universal del pasado.

En líneas generales, el desarrollo histórico puede resumirse en una fórmula: en la época medieval los hombres creían en Dios; el Renacimiento les enseñó a creer en sí mismos; durante la Ilustración creían en la razón y en la nueva era romántica creían en la libertad.

El hombre medieval nacía siervo de Dios, el hombre del Renacimiento se consideraba su propio dueño, los pensadores de la Ilustración concebían al hombre como un ser esencialmente razonable y los románticos lo imaginaron esencialmente libre.

Los románticos amaban la naturaleza frente a la civilización como símbolo de todo lo verdadero y genuino. También, en contraste con el carácter universalista del neoclasicismo, el romanticismo era individualista: había un gran aprecio por la individualidad y laí diferencias que esta establecía entre las diversas personas. Por eso, el romanticismo valoraba al «distinto», sus héroes eran siempre rebeldes que quebraban las reglas establecidas, fueran estas éticas o sociales.

En esa búsqueda de lo diferente, el romanticismo concentró su atención en lo exótico (países, lenguas y civilizaciones lejanas o perdidas), lo sobrenatural (nació la novela gótica, con monstruos, vampiros y fantasmas) y lo profundamente nacional (se rescataron tradiciones y lenguas regionales como el catalán, el vasco, el gaélico y el bretón), algo que también fomentó la aparición de un nuevo género literario: la novela histórica.

El Romanticismo impuso:

• Predominio de la imaginación y de la sensibilidad sobre la razón.

• Independencia trente a las reglas clásicas, a las políticas antiguas y a los paradigmas consagrados.

• Exaltación del individualismo.

• Ostentación del egocentrismo: el yo a través de la obra literaria.

• Democratización en los temas artísticos.

• Revalorización de la Edad Media y el arte ojival.

• Admiración del pasado nacional.

• Apertura del campo de la historia científica.

• Aparición del drama literario.

Jean J. Rousseau: El período romántico por excelencia, la era generalmente conocida como época romántica, es la de la revolución francesa y los cincuenta años siguientes. Su gran precursor fue el escritor francés Jean Jacques Rousseau (1712-78). Reaccionó contra la tendencia racionalista de la Ilustración y abogó por un retorno a la naturaleza.

Rosseau

Declaró que las excesivas formalidades y normas de la civilización moderna son influencias corruptoras y afirmó que los hombres deberían volver a la vida simple y saludable de la tierra. La hipótesis que encierra esta concepción es que los hombres han sido desviados de su condición original, «natural», en la que habían sido buenos y libres.

El «noble salvaje» de Rousseau no había sido contaminado por los valores inferiores de la vida civilizada y se había mantenido independiente en su estado.Tal concepción es, por supuesto, tan simplista como la creencia exagerada en el poder de la razón.

En cuanto a la educación, Rousseau condenó los métodos tradicionales basados en el formalismo y la disciplina y en su lugar quería simplemente fomentar la curiosidad natural y espontánea del joven. La práctica actual de la enseñanza desprovista de formalidades es una noción romántica directamente inspirada en Rousseau.

En el ámbito político, consideraba a todo gobierno como opresivo, a no ser que la autoridad permaneciera en manos de los gobernados. Tal concepción está recogida en forma vivida en la Declaración de Independencia Americana y en la frase de Lincoln: «gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo».

El espíritu nacionalista: Cuando en 1789 estalló la Revolución francesa, los escritores y filósofos de muchos países se inspiraron en los nuevos ideales de libertad. Prometía la liberación del antiguo orden político, lo mismo que en el terreno artístico el romanticismo constituía una ruptura con los hinchados convencionalismos del pasado.

Si bien la escultura romántica conserva bastantes aspectos estéticos del neoclasicismo, le suma cierto realismo histórico y el espíritu romántico, particularmente a la hora de elegir los temas. Aunque la escultura romántica no fue tan prolífica en su producción como la pintura o la literatura, sí manifestó mucha energía y dinamismo.

Los franceses fueron sus mejores representantes, particularmente Francois Rude (1784-1855) -considerado el escultor francés más importante de este período-, Pierre Jean David d’Angers (1788-1856), Jean-Baptiste Carpeaux (1827-1875) y Antoine Louis Barye (1796-1875), considerado el mejor escultor de animales desde la Antigüedad.

El mal es real
El movimiento romántico del siglo XIX fue una reacción contra la excesiva simplicidad de las soluciones aportadas por los pensadores de la Ilustración. Esta idea está perfectamente expresada en la advertencia de Goethe de que no podemos captar el universo simplemente realizando cálculos.

En definitiva, quizás es un recordatorio general de que el mundo es más complejo y a la vez más simple de lo que nuestra nueva y predominantemente científica civilización es capaz de permitir: más complejo, porque los hombres suponen fácilmente que sus racionalizaciones científicas hacen justicia a la situación humana; más simple, porque todos los hombres poseen una penetración natural que les permite comprender a su prójimo.

Por otra parte, el enfoque romántico contiene un fallo inherente. Si lo único importante son los sentimientos y emociones, ello supone que no existe ningún criterio independiente para juzgar las cosas. Todas las normas universales son eliminadas. No sólo existe el peligro de ver la naturaleza a la luz de nuestras emociones, sino, lo que es aún más grave, en la esfera social y política, queda el campo abierto para medidas arbitrarias sancionadas por autoridades tan vagas como el instinto nacional o la voluntad general (ésta última noción es de Rousseau).

Nuestra época ha presenciado una despiadada represión en nombre de estas entidades míticas. En la medida en que el romanticismo invita a los hombres a no actuar razonablemente, su influencia es perniciosa. Los hombres no sólo sienten, sino que también piensan. Si pierden sus facultades de pensamiento racional, lo que queda es menos que un hombre, es algo inhumano.

LOS ROMÁNTICOS:
UN PECULIAR ESTILO DE VIDA.

[Al romántico] Le gusta hacerse notar por cualquier rareza en su aspecto, sus gustos y su carácter. Su modo de vestir, admite Théophile Gautier, está «profundamente meditado».

León Gozlan lo dibuja así: «un traje negro, abotonado desde el epigastrio hasta las carótidas maxilares, un cuello flojo»; además: «la tez pálida, escuálida y opalina…», una tez que debe revelar la angustia de una muerte próxima.  Debe vivir intensamente o desaparecer.

De hecho Byron, lord desengañado, a la vez amargo e insolente, muestra el tipo narcisista que no espera nada de los hombres antes del sacrificio altivo en Missolonghi; Sandor Petofi caerá en el campo de batalla de Segesvar en 1849; los duelos abrevian la vida de un Puchkin a los 37 años, de un Lerrriontov a los 27; de un Galois a los 21; Kleist mata a su amante, y luego se pega un tiro sobre el cadáver; Gérard de Nerval se cuelga en una callejuela; el actor Nourrit se precipita por una ventana, y, si algunos como Lenau, Schumann, Poe, se hundían en la locura 0 el alcoholismo, otros, Novalis, Shelley, Keats, Leopardi, Schubert, Chopin, Delacroix, Abel, son arrebatados por la enfermedad, las privaciones y las decepciones. ¡Cuántos desequilibras entre los príncipes de la época: un Carlos Alberto, un Federico Guillermo IV, un Luis I de Baviera, mientras que Luis Napoleón, sonámbulo, vive en su sueño y cree en su estrella!.

Cada uno es su propia ley y la rebelión le levanta contra las costumbres corrientes.

Robert Schnerb. El siglo XIX… [En Historia General de las Civilizaciones, dirigida por M. Crouzet.

Ver: El Romanticismo en la Literatura

Ver: El Romanticismo en la Música

Fuente Consultada: La Llave del Saber Tomo II La Evolución Social – El Romanticismo – Ediciones Cisplatina S.A.

Reinado de Carlos X de Francia Biografía y Gobierno

BIOGRAFÍA Y GOBIERNO DE CARLOS X DE FRANCIA

La restauración monarquica en Europa de 1815, sufrió una leve transformación al morir Luis XVIII en 1824 y llegar al trono Carlos X. Carlos X (1757-1836) era nieto de Luis XV y hermano menor de Luis XVI, y fue  rey de Francia durante 6 años, desde 1824-1830. Se le conocía como Carlos Felipe, conde de Artois, hasta que fue proclamado rey. Fue uno de los líderes durante la Revolución Francesa.

Posteriormente residió en Gran Bretaña (1795-1814). Tras la ascensión de Luis XVIII al trono francés (1814), Carlos regresó a Francia, donde encabezó al reaccionario partido ultramonárquico. El favoritismo hacia la Iglesia católica y la aristocracia que caracterizó su reinado levantó un gran rechazo en el pueblo. Atacado internamente por todos, pensó que una aventura guerrera fuera de Europa afianzaría su poder, sin enemistarlo con los demás soberanos europeos.

Así concibió la expedición a Argelia y al norte de África. Sin embargo, para realizarla debió desafiar la amenaza de Inglaterra, cuya posición era predominante en el Mediterráneo. De todas maneras, el resto de Europa veía con benevolencia esta acción francesa que, cualquiera que fuera su resultado, limitaría el absorbente y cada vez más extenso poderío inglés.

La aventura no fue secundada por el pueblo francés y la burguesía mantuvo su oposición al rey, quien limitó más la libertad de prensa, lo que condujo a la revolución en 1830, conocida como la Revolución de Julio. La revolución ganó la calle, se enarboló nuevamente la bandera tricolor y Carlos X debió huir del país.

Revolución de 1830: En la ciudad de París estalla un movimiento revolucionario que obliga a abdicar al rey francés de la Casa de Borbón, Carlos X, antes de extenderse a otros países europeos. Aunque los dirigentes más radicales propugnan la instauración del régimen republicano, los liberales defienden la continuación de la monarquía, si bien limitada en sus poderes, en la persona de Luis Felipe, duque de Orleans, que poco después será proclamado rey de Francia por la Asamblea Nacional.

carlos x de francia

El rey francés Carlos X sucedió a su hermano Luis XVIII en 1824 y acentuó la política reaccionaria de la restauración monárquica.  En el retrato  aparece Carlos X con la vestimenta propia de la consagración regia.

Carlos X a sus 67 años de edad, como nuevo rey conservaba del gran señor del Antiguo Régimen los modales y los principios. Su esbelta figura, sus aristocráticas maneras y su elegancia eran legendarias. Aferrado a las prerrogativas reales más que a nada, se hizo consagrar en Reims con el mayor ceremonial.

Contrario a toda reforma, estaba completamente decidido a continuar con la política reaccionaria; pero su falta de inteligencia, su mediocridad y su testarudez terminarían por perderle. Villéle siguió en su puesto y trató de consolidar la mayoría ultra para satisfacer a su nuevo soberano. Ligó más estrechamente el clero al Gobierno, haciendo votar la ley sobre el sacrilegio, que penaba severamente los ultrajes a la Iglesia. Y se aseguró el apoyo de los defensores del Antiguo Régimen haciendo votar la ley de los mil millones en favor de los emigrados, que indemnizaba a todos los que habían visto confiscados sus bienes por la Revolución.

Estas leyes irritaron a la oposición, que manifestó su hostilidad de diversas maneras: los entierros de liberales como el general Foy, Manuel y La Rochefoucault-Liancourt sirvieron de pretexto para que se reunieran inmensas multitudes, que chocaron violentamente con la policía.

En la Cámara, los constitucionales, con Royer-Collard a la cabeza, formaron un bloque con los liberales, los galicanos, e incluso con «la punta», grupo de oposición de extrema derecha, dirigido por La Bourdonnaye y Chateaubriand. Villéle pensó poner fin al desorden que provocaban, disolviendo la Cámara «retrouvée» para anticipar las elecciones, pero éstas arruinaron sus esperanzas: todos los oposicionistas se habían unido en la sociedad denominada «Ayúdate a ti mismo, y el cielo te ayudará», dirigida por Guizot; su propaganda fue tal, que consiguieron sacar 250 diputados contra los 200 que obtuvieron los partidarios del Gobierno.

Considerando lo ocurrido, Villéle presentó su dimisión al rey, en enero de 1828. Carlos X se halló, pues, ante una Cámara ingobernable, la mayoría de cuyos diputados le era hostil. Comenzó por contemporizar, y puso en el ministerio del Interior al vizconde de Martignac, un constitucional de derecha, partidario del acercamiento a los liberales. Todos sus proyectos de ley fueron rechazados por la Cámara de Diputados, y Carlos X se sirvió de estos fracasos para destituir a Martignac, en agosto de 1829, y confió el ministerio a uno de sus amigos ultras, el príncipe de Polignac. El nuevo ministro, hijo de la favorita de María Antonieta, y jefe de la emigración, se rodeó de ultras, todos hostiles a la Carta Constitucional.

1830: LAS «TRES GLORIOSAS»
Junto a los republicanos, que atacaban al régimen en sus periódicos «La Tribune» y «La Jeune France», apareció una nueva corriente de oposición, formada alrededor del duque de Orleáns; sus partidarios, entre los que se encontraban Talleyrand, Carrel, Mignet y Thiers —estos dos últimos, directores del periódico «Le National»—, eran realistas moderados, preocupados, sobre todo, por los intereses de la burguesía; la República les atemorizaba tanto como la vuelta del Antiguo Régimen, y soñaban con una monarquía a la inglesa, en la que el poder estuviera repartido entre el rey y las Cámaras. Ante la amplitud de la agitación, el soberano acabó por convocar a las Cámaras en marzo de 1830.

Las acusaciones y las amenazas proferidas por él en el discurso de la Corona contra los oposicionistas, no intimidaron en absoluto a éstos; en la contestación, votada por 221 diputados, se proclamaba solemnemente el derecho de los franceses a discutir los intereses públicos, y se acusaba al rey de violar abiertamente la Carta. Ante tanta jactancia, Polignac hizo disolver la Cámara y fijó la fecha de las nuevas elecciones para el mes de junio o julio.

Raras veces una campaña electoral conoció una animación semejante. El Gobierno depuró los ministerios, censuró los periódicos, hizo que interviniese el clero e incluso el rey, que dirigió un solemne llamamiento a los franceses. Pero la oposición no se mostró menos activa, y, pese a los obstáculos, consiguió un triunfo sin precedentes, obteniendo 274 diputados.

El Gobierno no tenía más que una alternativa: aceptar lo ocurrido, o apelar a la fuerza. Carlos X hizo que se recurriera al artículo 14 de la Carta, que le permitía promulgar ordenanzas con fuerza de ley; así, el 25 de julio, firmó, en el castillo de Sainr-Cloud, las cuatro famosas ordenanzas que iban a desencadenar la revolución.

La primera de ellas sometía la prensa, «instrumento de desorden y de sedición», a una censura rígida, y ningún periódico podría publicarse sin autorización previa, renovable cada tres meses, bajo pena de ser secuestrado. La segunda decretaba la disolución de la nueva Cámara, debido a las maniobras que «habían engañado y extraviado a los electores».

La tercera concedía el derecho de voto sólo a los ciudadanos franceses que pagasen contribución territorial y el impuesto personal y mobiliario, descartando así a muchos comerciantes, industriales y miembros de profesiones liberales juzgados muy hostiles al régimen. Por último, la cuarta disponía que las nuevas elecciones se celebrasen en septiembre.

Los periodistas fueron los primeros en reaccionar: el 26 de julio, firmaron un llamamiento redactado por Thiers, en el que declaraban que publicarían sus periódicos sin petición de autorización previa, «ya que el Gobierno había perdido el carácter legal que obliga a la obediencia». Aquel atardecer, se manifestaron obreros, impresores y estudiantes al grito de «¡Abajo los ministros!». Al día siguiente, obreros y artesanos de los barrios populares se unieron a ellos, y se levantaron las primeras barricadas en las calles de la capital. Cuando, el día 28, llegó a París la noticia del nombramiento del mariscal Marmont (que había traicionado al emperador en 1814) como jefe del ejército, miles de hombres y mujeres se echaron a la calle, y, portando banderas tricolores al frente, ocuparon el barrio de Saint-Antoine, y después el Ayuntamiento y Notre-Dame.

El joven republicano Cavaignac se apoderó, con ayuda de los alumnos de la Escuela Politécnica, de varios cuarteles y distribuyó armas a la población. Los regimientos reales que no se habían pasado al lado de los insurgentes fueron aplastados en pocas horas; el Louvre y las Tullerías fueron sitiados; Marmont, derrotado, tuvo que evacuar París. El pueblo por sí solo, y en tres jornadas —las «tres gloriosas»—, había barrido a una monarquía execrada.

LA VICTORIA FINAL DE LOS ORLEANISTAS
Cuando la victoria del pueblo fue indudable, los diputados de la oposición comprendieron que no era posible ningún compromiso con Carlos X; así, cuando éste, consciente, al fin, de los peligros que corría, les envió emisarios para darles cuenta de que retiraba las ordenanzas promulgadas, aquéllos se negaron a recibirlos. Hostiles a Carlos X, estos ricos burgueses no lo eran menos a la república democrática. Supieron aprovecharse, hábilmente, de una situación que les era favorable; en efecto, el partido republicano no tenía ni jefes de prestigio, ni un programa coherente, ni arraigo profundo en el pueblo.

Ellos, en cambio, tenían un candidato y un programa, pero era necesario actuar con rapidez; reunidos en la tarde del 29, en casa del banquero Laffitte, con los jefes orleanistas nombraron una comisión municipal de cinco miembros, encargada de administrar provisionalmente París; después, por la noche, hicieron cubrir las calles de la capital con carteles donde se trazaba un retrato elogioso del duque de Orleáns, partidario de las conquistas de la Revolución, de la Carta Constitucional y de la bandera tricolor. Y les fue fácil, en las primeras horas de a tarde del día 30, convencer a los diputados y a los pares de que enviaran una delegación a Luis Felipe para ofrecerle la lugartenencia general del reino, hábil solución que descartaba la República y no imponía aún la monarquía.

Aunque Carlos X no había abdicado todavía, Luis Felipe respondió favorablemente a la proposición. Aprovechándose de las rivalidades entre los republicanos y los bonapartistas, los orleanistas organizaron, el día 31, un gran cortejo que, a través de las calles de París obstruidas por las barricadas, condujo a Luis Felipe, triunfalmente, de su residenica del Palais Royal al Ayuntamiento. Aunque primeramente hostil, la masa acabó por dejarse convencer y aplaudió hasta con entusiasmo cuando el príncipe, acompañado por el viejo La Fayette, ganado por el partido orleanista, apareció en el balcón, envuelto en una bandera tricolor.

Para evitar lo peor, Carlos X abdicó en favor de su nieto, el duque de Burdeos, hijo póstumo del duque de Berry, y rogó a Luis Felipe que asumiera la regencia; pero éste se negó e hizo un llamamiento a los parisienses para que marcharan sobre Rambouillet, refugio del viejo soberano. Entonces, el rey huyó a Inglaterra, dejando el trono vacante. El 3 de agosto, las Cámaras ofrecieron a Luis Felipe el título de rey de los franceses, a condición de que aceptara la revisión de la Carta y que prestara juramento ante ellas. Así terminó el período de la Restauración.

La toma de Argelia, unos días antes de la revolución, la excelente situación económica de Francia, la paz mantenida desde hacía quince años, no habían sido bastantes para salvar a un régimen cuyos excesos le habían hecho muy impopular.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Biografía de Luis IX El Santo Rey de Francia Obra Política

VIDA Y OBRA POLÍTICA DE LUIS IX EL SANTO DE FRANCIA – LAS CRUZADAS –

El rey Luis IX de Francia, uno de los santos de la Iglesia Católica, dirigió las dos últimas cruzadas y es uno de los personajes más notables de esa época turbulenta. Nació el 25 de abril de 1215, hijo del rey Luis El León.

Recibió una educación muy esmerada, en particular de su madre, Blanca de Castilla, quien según una difundida biografía solía decir: «Hijo, prefiero verte muerto antes que en desgracia de Dios por el pecado mortal».

VEAMOS SU BIOGRAFIA

Luis IX el Santo, llamado San Luis (Poissy, 1215 – Túnez, 1270) , rey de Francia (1226-1270), hijo y sucesor de Luis VIII el León.

Su madre, Blanca de Castilla, hija del rey de Castilla, Alfonso VIII, actuó como regente durante su minoría de edad y desde 1248 hasta la muerte de ella, ocurrida en el año 1252.

Durante sus últimos años de vida estuvo en Tierra Santa, participando en la séptima Cruzada, donde murió cuando estaba en Túnez.

Luis ix el santo de Francia

Dada su corta edad, la Regencia recayó en la reina madre, en cuyas manos dejó luego Luis la gobernación del reino, desde que fuera declarado mayor de edad en 1234 hasta 1242.

De esta forma, Blanca de Castilla gozo, durante su regencia, de un papel que ninguna reina iba a desempeñar en lo sucesivo, hasta llegar a Catalina de Médicis, tres siglos después.

Sin embargo, necesitó de toda su energía y toda su inteligencia pare imponerse, pues los barones de Francia, a la muerte de Luis VIII, padre de Luis IX,  habían declarado noblemente que el reino era «algo demasiado grande para ser gobernado por una mujer».

También  se rebelaron Felipe Hurepel, hijo legitimado de Felipe Augusto, aliado con el rey de Inglaterra Enrique III, con el conde de la Marca, Hugo de Lusignan, y con el duque de Bretaña, Pedro Mauclerc.

La monarquía vivió momentos dramáticos; los conjurados estuvieron a punto, en 1228, de raptar al joven rey, y,dos años después, Enrique III desembarcaba en Saint-Malo. Pero los barones de Bretaña se unieron en Ancenis al campo de Blanca, a donde acudió también Teobaldo de Champaña con trescientos caballeros. Enrique tuvo que volverse a Inglaterra.

De esta manera, frente a los intereses particulares de los grandes señores, la nueva sociedad, desligada poco a poco de la tutela feudal, tendía a reunirse bajo la poderosa protección de la corona.

Cuando Luis IX alcanzó su mayoría de edad, en 1235, la regente continuó, durante algunos años, desempeñando el papel de gran animadora de la política francesa.

El primer acto del rey fue, sin embargo, la guerra, porque Enrique III, a quien el conde de la Marca había vuelto a convocar, estaba en el continente. Victorioso en Taillebourg, el 22 de julio de 1241, Luis persiguió al inglés, pero fue detenido por la disentería y aceptó una tregua que devolvió al rey de Inglaterra a su isla.

Solamente a partir de 1254, cuando hubo de regresar de Tierra Santa a causa de la muerte de su madre, Luis IX se impuso por sus cualidades, que le inmortalizarían en el espíritu de los pueblos  con  el nombre de  San  Luis.

San Luís puso el máximo empeño en realizar su ideal de paz y de justicia. Aunque  multiplicaba los actos de devoción personal (ayunos,  penitencias,  servicio a los pobres y enfermos), desempeñó sin debilidad su oficio real, muy imbuido de las prerrogativas de la corona, y no dudando en hacerlas respetar incluso por el clero y el Papado. El esplendor de Francia en el siglo XIII es debido, en gran parte, a su personalidad.

El rey de Francia cuenta entonces cuarenta años. Alto y esbelto, de tez clara, ojos azules y cabellos rubios, es un hermoso  caballero,   cuya  agradable  fisonomía y voluntarioso mentón logran, a la vez, atraer e imponer respeto.

Parece haber recibido en herencia las mayores virtudes de su tiempo: el orgullo castellano y la inteligencia de su madre, el valor de su padre, a quien habían apodado el León, la sabiduría política de su abuelo Felipe Agusto. Posee igualmente la gracia, la rectitud y la alegría.

Por ello, la Edad Media ha encontrado en él su símbolo, y la cristiandad preferirá su personalidad dulce y sencilla, aunque noble y enérgica, a la de los grandes papas dominantes.

Autoritario e independiente, se rodeó de consejeros y amigos, pero nunca de ministros influyentes. A su hermano Carlos, que prendió injustamente a un vasallo, le declaró que «no hay más que un solo rey en Francia», y, en otra ocasión, dijo al Emperador: «la corona de Francia no ha caldo tan bajo que se cuelgue de vuestras espuelas». 

El, tan generoso, una vez que se había pronunciado una sentencia justa, no concedía gracia más que en casos excepcionales.

Pero el milagro de la santidad de Luis consiste en que toda esta energía estaba dirigida muy lejos de toda ambición personal, hacia el bien común.

Desde luego, las circunstancias le resultaron favorables; fue una suerte para el rey haber subido al trono después de la Cruzada contra los albi-genses, y no tener que mancharse con las matanzas de aquella sangrienta expedición. Fue también otra gran suerte el haber heredado de su padre y de su abuelo un reino poderoso y respetado.

Reinó sobre un país sin herejes y al que le fue dado ennoblecer, afirmar, y completar en la paz lo que había hecho la espada de sus precursores.

LA PAZ DEL REINO DE FRANCIA
«Después que el rey Luis volvió de ultramar a Francia, miró y pensó que era muy hermosa cosa, y muy huena, mejorar el reino de Francia», nos dice Joinville. En efecto, la obra interna de San Luis proseguía la de Felipe Augusto, dando al reino de Francia una estructura sólida, y el país, durante su reinado, conoció un período de prosperidad innegable.

Hasta entonces,   la   administración   monárquica   había servido, sobre todo, para salvaguardar los derechos de la corona, para favorecer su jurisdicción y desarrollar sus finanzas. Ahora, tiende a asegurar el orden público, a mejorar las condiciones del pueblo.

Los bailes, los senescales, creados por Felipe, tendrán tareas más «complejas por la preocupación cada vez más viva del rey por penetrar en todos los engranajes de la vida y de la sociedad; agentes especializados auxiliarán al baile en sus funciones.

Ciertos cargos militares se confiarán, a expensas de los bailes, a capitanes que vigilan las fortalezas reales, mientras que en el Mediodía, un juez-mayor suplantará al senescal en sus atribuciones judiciales.

Esta administración múltiple necesitará cuerpos constituidos, actuando cerca del rey, encargados de vigilarla. Así, los especialistas de la justicia reforzarán el Parlamento, los de las finanzas harán lo mismo, y, de esta forma, nacerá el Tribunal de Cuentas.

El Parlamento somete los tribunales judiciales de provincia a su intervención, y su acción contribuyó a la unificación del derecho y a la supresión de antiguas costumbres pasadas, como el duelo judicial.

En la administración corriente, el francés ocupó el lugar del latín. Por primera vez, el pueblo sentía que el gobierno no era una máquina para oprimirlo; por primera vez:, el funcionario cesaba de aparecérsele como un dueño y señor.

La fuerza de la realeza se aliaba con la justicia, y el rey, cesde lejos, velaba por su pueblo y se compadecía de sus miserias. La realeza se hacía popular, arraigaba en las provincias, se atraía la opinión pública y se convertía en indispensable, porque también era bienhechora.

Luis IX de Francia

Probablemente fue también la influencia de su madre la que le hizo profundamente religioso, consagrándose a la tarea de reinar con firme apego a los principios cristianos, pero su dulzura no impedía al rey de Francia recurrir, cuando la necesidad. así lo exigía, a una severidad implacable en la que se revelaba el orgullo de los Capetos. La justicia  de San  Luis—Manuscrito  francés—París, Biblioteca Nacional.

EL ÚLTIMO CRUZADO
La paz y la justicia que el rey quiso hacer reinar entre sus subditos fueron también la regla constante de la política internacional de Luis IX. Habría podido, sin duda, arrancar al rey de Inglaterra los últimos jirones de sus posesiones continentales, y al rey de Aragón los feudos que poseía en el Languedoc.

Sin embargo, ofreció a ambos, pese a la opinión de sus consejeros, arreglos amistosos. El tratado de Corbeil, en 1258, sancionaba los esponsales de Isabel de Aragón con el heredero de Francia, Felipe.

El rey renunciaba a una soberanía poco efectiva sobre el Rosellón y el condado de Barcelona, mientras que Jaime de Aragón abandonaba definitivamente sus pretensiones sobre el condado de Toulouse.

En diciembre de 1259, iba a ser firmado el tratado de París, que ponía fin a un siglo de guerra entre Francia e Inglaterra. Muy criticado por sus contemporáneos, sin duda es una medida política discutible, pero San Luis deseaba: «poner amor entre nuestros hijos y los de Inglaterra, que son primos hermanos».

Enrique reconocía el abandono de Normandía, del Maine, de Anjou, de la Turena y de Poitiers, mientras conservaba la Guyena y sus dependencias, por las que se declaraba feudatario del rey de Francia.

Desde entonces, la justicia, las monedas, las ordenanzas francesas iban a invadir el ducado de Guyena, como los otros feudos, y, en caso de felonía de su vasallo, la monarquía francesa se apoderaría legalmente de la tierra. Luis IX no podía pensar que el germen de la Guerra de los Cien Años se encontraba en este tratado.

Sin embargo, la confianza que inspiraba su equidad le valió un prestigio que hizo que lo tomaran por arbitro en diversas circunstancias. San Luis partirá, por segunda vez, para la más loca y la más anacrónica de las empresas: la Cruzada, cuyo peligro, inutilidad y fracaso le vaticinaban todos.

El entusiasmo de los primeros cruzados revivía en este rey, a quien sería concedido morir tal como había soñado siempre, combatiendo por la fe, el 25 de agosto de 1270, en Túnez.

ALGO MAS…
SAN LUIS EN SIRIA
En 1244, gravemente enfermo, hizo voto de participar en la Cruzada si se restablecía. Cuatro años después, se embarcó en Aigues-Mortes, acompañado de sus tres hermanos y de la flor de la caballería francesa. Las galeras, con los bellos nombres de: la Reine, la Demoiselle, la Montjoie, anclaron en Chipre, donde el rey Enrique I de Lusignan los recibió con una fastuosa hospitalidad.

Después, el rey decidió atacar a los musulmanes en el corazón de su poderío, es decir, en Egipto.

La ciudad de Damieta fue  elegida como objetivo, y,  el 6 de junio de 1249, los barones de Francia, rivalizando en ardor con los de Siria, se apoderaron de la ciudad.

El temor a la crecida del Nilo impidió a los francos sa car provecho de su ventaja para march;n sobre El Cairo, y esa demora de cinco meses permitió al enérgico sultán de Egipto Es-Salih-Ayub, recobrarse.

Reincidiendo en el error de Pelayo, Luis IX, mal acón sejado por su hermano Roberto de Artois, rechazó la proposición del sultán, que ofrecía Jerusalén a cambio de Damieta, y, el 20 de noviembre, se precipitó hacia la ca pital.

Ante la fortaleza de Mansurah, los francos fueron detenidos de nuevo. La temeridad de Roberto de Artois, lanzándose alocadamente a las calles de la ciudad, supuso, con su propia muerte, el aniquilamiento de la vanguardia.

El rey, estimando que el honor le prohibía batirse en retirada, hizo frente a los egipcios, a pesar de que el tifus diezmaba al ejército franco.

Ni el valor del soberano (del que Joinville ha conservado la visión inolvidable «del héroe, por sí solo, más grande que la batalla»), ni el heroísmo de sus soldados fueron suficientes para salvar al ejército franco, que capituló el 6 de abril de 1250.

Mientras tanto, el sultán de Egipto fue asesinado por los mercenarios turcos de la guardia, los mamelucos, que estuvieron a punto de degollar a Luis IX en su prisión.

Sin embargo, aceptaron por el rescate de éste y el de su ejército la rendición de Damieta y la entrega de 500.000 libras, tornesas. El 8 de mayo, el rey embarcó para Siria. Allí permaneció  cuatro  años,  reorganizando el país, con el fin de preservalos contra el atque del Islam.

LA REORGANIZACIÓN DE TIERRA SANTA
Desde hacía más de veinte años, las colonias francas eran los territorios más anárquicos. Luis IX quiso restablecer en ellas la noción del Estado.

Su sentido del deber, su lealtad absoluta, su cortés entereza hicieron que sus medidas autoritarias fueran aceptadas de buen grado por los barones de Acre y de Tiro. Y el rey de Francia, por anacrónico que pudiera parecer en su afecto a la vieja idea de la liberación de los Santos Lugares, se mostró notablemente audaz en su juego diplomático.

Cuando toda Europa temblaba ante el despliegue de los mongoles, Luis, sabiendo que eran en parte cristianos nestorianos, envió al gran Khan de Tartaria un emisario, el franciscano Guillermo de Rubruquis.

Esperaba hacer coincidir su ataque contra el sultán de Egipto con la invasión con que los mongoles amenazaban a éste. Pero la lentitud de los intercambios no permitió una sincronización eficaz de las operaciones. Por otra parte, el rey, yendo contra el Islam oficial, no dudó en concluir una alianza con el «Viejo de la Montaña», jefe de los temibles «asesinos». Se trataba de una secta disidente creada en el siglo XI, cuyos adeptos llevaban oficialmente el nombre de ismaelitas.

En   el  término   de   «asesinos», puede observarse la deformación de hash-shashin, consumidoras de hashish, porque los pertenecientes a la secta se embriagaban con esta planta antes de cometer sus fechorías. Eran, en efecto, fanáticos, especializados en atentados terroristas.

Esperando intimidar a Luis IX, lo habían amenazado con asesinarle. Después, comprendiendo que tal amenaza no tenía posibilidad de éxito, su jefe envió al rey, en prueba de amistad, «su camisa y su anillo», además de un elefante de cristal, un soberbio juego de ajedrez y perfumes maravillosos.

Luis respondió a estas amabilidades con el regalo de «joyas, tela color escarlata, copas y frenos de plata para los caballos». Cuando el soberano, llamado a Francia tras la muerte de su madre, la regente Blanca de Castilla, dejó el país, había introducido en la Siria franca notables mejoras, tanto por lo que se refiere a la organización interior como a la situación diplomática.

EL FIN DE LA EPOPEYA DE LAS CRUZADAS
La unidad que la presencia de San Luis  había dado a Tierra Santa, no sobrevivió, a su marcha. El reino entero se dividió, y la guerra civil enfrentó a los partidarios de las dos ciudades italianas.

El mongol Hulagú, nieto de Gengis-Khan, se apoderó de Bagdad, y después, de Alepo y de Damasco.

Un mameluco de origen mongol, Baibars, llegado al trono de Egipto mediante una serie de asesinatos, se reveló como uno de los primeros estadistas de su tiempo, feroz y desleal, pero soldado de genio e incomparable administrador. Los francos tuvieron por adversario a este personaje sin igual.

En principio, arrebató Siria a los lugartenientes de Hugalú, y después se volvió contra la cristiandad. Cesárea, Arsuf, Jafa, Beaufort y Antioquía cayeron en sus manos, entre 1265 y 1268.

En Francia, el rey Luis decidió volver a partir, a pesar de los consejos de todos los que le sugerían que deje esa guerra. Inició la octava la Cruazada, que se dirigió a Túnez con la idea de convertir al cristianismo al sultán de ese país, pero debido al gran calor en esa región , el cólera enseguida se difundió y contagió a gran parte del ejército francés y entre ellos al Rey también, quien murió en 1270.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La GRan Aventura del Hombre Tomo III Vida de Luis IX de Francia Edit. CODEX

Biografia de Marqués de La Fayette Héroe de Francia y EE.UU.

RESUMEN BIOGRAFÍA Y VIDA POLÍTICA DEL MARQUES DE LAFAYETTE

Marie Joseph Motier, conocido como marqués de La Fayette (1757-1834), fue un militar y político francés, que defendió  los principios democráticos y tuvo una actuación destacada en la independencia de las colonias británicas en América.

Mas y tarde  fue miembro de la Asamblea Nacional en los orígenes de la  Revolución Francesa de 1789, donde promulgó una Declaración de Derechos basada en la Declaración de Independencia estadounidense.

Recibió el mando de la Guardia Nacional de París; y creó un sociedad de políticos moderados que defendía la instauración de una monarquía constitucional.

Se lo considera un héroe de la independencia estadounidense y luego de la Revolución francesa, La Fayette contribuyó a la caída de la monarquía. Por tanto, en dos ocasiones impuso a un rey el emblema tricolor que se había convertido en el símbolo de la República.

En EE.UU. conoció a George Washington, con quien mantuvo muy buena amistad. Su intervención en la campaña de Virginia provocó la rendición de los británicos en Yorktown.

La Fayette, héroe de la revolución francesa

Nacido el 6 de septiembre de 1757 en el castillo de Chavaniac, en Auvernia, Marie-Joseph du Motier Paul nació en una familia noble.

Su padre murió en Minden (Alemania) en 1759, y su madre y su abuelo, murieron en 1770.

A los 16 años, se casó con Marie Francoise Adrienne de Noailles († 1807), hija del duque de Ayen y nieta del duque de Noailles, una de las familias más influyentes del reino.

 A los 17 años, después de su matrimonio se negó a aceptar un lugar en la corte, lo  que le habría asegurado una vida cómoda y prefiere dirigir su destino hacia una carrera militar.

Entró en la casa militar del rey en 1772. Era un joven capitán de dragones a la edad de 19 años cuando las colonias inglesas en América declararon su independencia.

Consciente de esta importante cuestión política, donde las colonias luchaban por su libertad , siente que su corazón se inflama por sumarse a esa causa y en abril de 1777, desafiando la prohibición del Rey, se embarca a América. Después de un viaje de dos meses, que atracó en Filadelfia, la sede del gobierno de las colonias, ofrece sus servicios al Congreso.

La Fayette aún no liene veinte años, y, a pesar de las prohibiciones de su padre y del rey, se alista.  «La felicidad de América está íntimamente ligada a la felicidad de la humanidad: ella se convertirá en el respetable y seguro
asilo de la honradez, de la tolerancia, de la igualdad y de una tranquila libertad».

« Desde el primer momento que escuch pronunciar el nombre de América, lo he amado; desde el instante en que supe que combatía por la libertad, deseé con vehemencia derramar mi sangre por ella». Con estas palabras, el marqués de La Fayette justificó su compromiso en favor de los insurgentes norteamericanos en su lucha contra la corona de Inglaterra.

El marqués de La Fayette, fue un ejemplo célebre de compromiso ciego por la causa de las colonias inglesas, pues con apenas diecinueve años de edad, deja su cómoda vida en Francia para embarcarse en la dura y peligrosa taera de luchar contra la potencia militar mas grande de esa época. Silas Deane, impresionado por  tan importante actitud y ciraje, le prometió el grado de mayor general.

Los oficiales franceses se sentían, a menudo, decepcionados por la acogida bastante fría de los americanos, que no aceptaban con gusto  el   ser mandados  por unos  extranjeros que ni siquiera hablaban su idioma.

En compañía del vizconde de Noailles y del conde de Segur, La Fayette llegó a América en  junio  de 1777.

En   Filadelfía fue, al principio, mal recibido: se lo tomaba como un aventurero. Orgullosamente, La Fayette exigió servir sin estipendio, como simple soldadodo.

Una carta de Franklin aclara los malentendidos y La Fayette se convierte en mayor general del ejército americano.

Fue herido en la toma Pennsylvania en la batalla de Brandywine Creek, y, en el curso del invierno siguiente, entabló amistad con Washington en los penosos cuarteles de invierno de Valley Forge: el aristócrata francés y el burgués de Virginia parecen haber nacidos para entenderse.

Se incorporó con cierta dificultad en el Ejército de Estados Unidos con el rango de general de división. Su papel militar es interrumpido por un período de seis meses cuando George Washington se encargó de convencer al rey de Francia para que enviara una fuerza expedicionaria.

Francia y Estados Unidos sellaron una alianza contra Gran Bretaña en 1778, razón por la cual esta última declaró la guerra a los franceses.

La Fayette regresó a su país y permaneció allí durante seis meses a fin de conseguir ayuda económica y militar para los rebeldes de las colonias. De vuelta en los EE.UU. en 1780 a bordo de la Hermione, recibe una petición de Washington, para comandar las tropas de Virginia.

Participó en 1780 en la decisiva batalla de Yorktown, que conduce a la rendición de Cornwallis, fue un 18 de octubre de 1781. Regresó a Canadá en 1782 donde fue ascendido a mariscal de campo.

Regresa a Francia en 1785 y convencido de los ideales de la Constitución estadounidense, La Fayette quiso que la monarquía adoptase algunos de sus principios.

Luego de participar en la Asamblea de los notables de 1787, fue elegido como representante de su orden ante los estados generales de 1789.

Muy pronto se declaró partidario del tercer estado, lo que le valió una gran popularidad, que culminó cuando redactó, junto con otros, la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, inspirada en la Constitución estadounidense.

Presenta un proyecto de Declaración sobre los Derechos Humanos en la Asamblea Constituyente. Fue nombrado comandante de la Guardia Nacional en julio de 1789.

Su papel en esta posición durante la Revolución todavía sigue siendo un poco enigmática, pues el 5 de octubre de 1789, cuando los parisinos van hasta Versalles para pedir pan a Luis XVI, la Guardia Nacional dirigida por La Fayette llega a tiempo para defender al rey y la reina, frente a una multitud enardecida que invadia las habitaciones reales, cansada de hacer colas interminables por un poco de alimento.

Responsable de la seguridad del castillo, le resultará incapaz de evitar nuevas invasiones de gente descontenta con las medidas de la familia real.

En 1791 fue él quien trajo a París al rey, sorprendido en Varennes cuando intentaba huir de Francia; pero fue también él quien ordenó disparar sobre las masas de manifestantes que, como consecuencia, pedían su destronamiento (matanza del Campo de Marte). Tras la formación del régimen republicano de la Convención (1792), La Fayette dio la razón a quienes dudaban de su lealtad, al huir de Francia después de haber fracasado en el intento de sublevar a sus tropas en favor del rey.

En diciembre de 1791, Lafayette toma el mando de uno de los tres ejércitos formados para luchar contra los austríacos, pero viendo que la vida de la pareja real era cada días mas amenazada, se opuso el partido jacobino, y se opuso a utilizar su ejército para restaurar una monarquía constitucional.

El 19 de agosto de 1792, se lo declara un traidor a la partia francesa. Obligado a refugiarse en Lieja, será capturado por los prusianos y los austriacos, y se le mantuvo arrestado en prisiones de Prusia y Austria desde 1792 hasta 1797.

A la sazón más prudente, La Fayette asistió de lejos a la entronización de Napoleón y renunció a desempeñar un papel en el escenario político, a sabiendas que no tenía cupo. Oportunista, esperó la noticia de la derrota de Waterloo para oponerse a un emperador caído.

El retorno de los Borbones al trono de Francia no hizo que su situación se tornase más propicia, y no pudo contar con el favor de los hermanos de Luis XVI, al que defendió tan mal.

Finalmente volvió en 1799; pero apenas participó en la vida política porque desaprobaba el programa de Napoleón I Bonaparte. En 1802 se opuso bajo el gobierno de Napoleón cónsul vitalicio; y en 1804, votó contra el título de emperador.

Fue electo diputado de Sarthe y de  Seine-et-Marne durante los cien días, le pide la abdicación de Napoleón primero. Adjunto de la Sarthe en octubre de 1818 y de nuevo en Seine et Marne en septiembre de 1819, se opone resueltamente a la Restauración y se adhiere a los carbonarios en 1821.

Reelegido diputado en noviembre de 1822, en Meaux, fue derrotado en las elecciones 1823.

En 1824 a septiembre de 1825 regresó a Estados Unidos donde realiza  una gira triunfal en 182 ciudades. Fue recibido con honores por el pueblo americano, quien le entrega $ 200.000 y 12.000 ha en Florida.

De regreso a Francia, fue reelegido diputado en junio 1827.

En tres días, 27,28 y 29 de julio de 1830, que pasaron a la historia con el nombre de las «Tres jornadas gloriosas», el pueblo parisiense puso fin al reinado de Carlos X, donde muchos partidarios le piden su apoyo, pero tal vez debido a sus 73 años, él apoya la causa de Luis Felipe, a quien le da la tricolor.

Lafayette sigue al mando de la Guardia Nacional durante unos meses, pero renuncia finalmente.

Lafayette muere en París el 20 de mayo de 1834. Está enterrado en el cementerio de Picpus en París.

El papel del marqués de Lafayette en la historia de la independencia americana está consagrado desde hace mucho tiempo en un plaza en Washington que lleva su nombre y hay levantada una  estatua ecuestre en el centro, frente a la Casa Blanca. El 8 de agosto de 2002, fue elevado a título póstumo, como  ciudadano honorario de los Estados Unidos de América, un raro privilegio que se ha concedido sólo cuatro veces antes en la historia estadounidense.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1757 Nacimiento de Gilbert Motier, marqués de La Fayette, en el castillo de Chavaniac, el 6 de septiembre.

1773 Es oficial en un regimiento de mosqueteros.

1776 Proclamación de la Independencia  de Estados Unidos de América.

1777 La Fayette se embarca hacia  América del Norte.

1781 Victoria de Yorktown sobre los ingleses.

1787 La Fayette es elegido para la Asamblea   de los notables.

1789 Es representante de la nobleza en los estados generales. Nombrado comandante de la Guardia Nacional después de la toma de la Bastilla, le impone a Luis XVI la escarapela tricolor.

1791 La Fayette ordena a la Guardia   Nacional abrir fuego sobre los partidarios de la monarquía constitucional que
asisten a una manifestación en el Campo de Marte. Creación del Club des Feuillants.

1792 La Fayette comanda el ejército del   I Norte y luego, después del 10 de agosto, es detenido por los austríacos.
La Fayette retorna a Francia tras el golpe de Estado de Bonaparte, el 18 de brumario.

1818-1824 Elegido diputado de Sarthe.

1827 Diputado de Seine-et-Marne.

1830 La revolución de julio.

1834 La Fayette muere en París, el 20 de mayo.

HITOS DE LA HISTORIA DE FRANCIA EN LA ÉPOCA DE LAFAYETTE

    • Etapa absolutista hasta la revolución francesa en 1789 cuando Luis XVI es destituído y luego condenado a la guillotina.
    • Nace la primera república bajo los principios de «fraternida, libertad e igualdad»
    • Continua una Convención, el Directorio y luego Napoleón se proclama Cónsul y en 1804 es Emperador del imperio francés.
    • 1814 es derrotado Napoleón, y en 1815 en el Congreso de Viena se restituyen las monarquías en todo Europa.
    • Nace la Santa Alianza para enfrentar contra todo nuevo levantamiento a las monarquías.
    • LLega al trono Luis XVIII en Francia y luego le sigue Carlos X
    • Las ideas liberales de Napoleón tuvieron su arraigo y evolución, generando distintas revoluciones en Europa, contra el poder absolutista. Una de ellas en 1830 , destrona a Carlos X , quien es reemplazado por Luis Felipe I de Orleans, quien apoya estas nuevas ideas de la ilustración francesa, difundidas durante la etapa napoleónica.
    • En 1848 sectores marginados, como los obreros, estudiantes, comerciantes, maestros, profesionales, provocan otra revolución, reemplazado a Luis Felipe por Napoleón II, sobrino del emperador. Nace la 2° república.
    • Napoleón III , hijo de anterior Napoleón destituído dá un golpe de estado, dando origen al 2° Imperio que durará hasta 1870, cuando Francia pierde la guerra contra Prusia y pierde algunos territorios.
  • 1871, nace la 3°república francesa con Thiers como presidente.

Crisis Del Antiguo Regimen Hitos y Hechos Mas Importantes

Crisis Del Antiguo Regimen Hitos y Hechos Mas Importantes

¿QUE ES UNA CRISIS?

Puede analizar la crisis del antiguo regimen feudal mas abajo, pero antes creo que es importante aclarar a que llamamos CRISIS en la historia.

En el lenguaje cotidiano se utiliza frecuentemente la palabra crisis para referirse a que «algo no funciona bien» o a un «momento dramático». Se habla de crisis económica, crisis de la educación, crisis de valores, crisis de autoridad, crisis mundial, crisis emocional, crisis cultural.

La palabra crisis se originó en la Grecia clásica. Para los médicos griegos, krisis era el cambio que sufría el estado de un enfermo. Fuera del campo de la mediana, los griegos también llamaban krisis a un momento de decisión.

Desde su origen hasta la actualidad, la palabra fue usada de maneras diferentes y fue cambiando su significado, hasta tal punto que nosotros, en la actualidad, asociamos crisis con momento de indecisión o de incertidumbre.

Los historiadores también utilizaron el concepto de crisis de maneras muy diversas.

Algunos lo aplicaron al estudio de la economía, y hablaron de crisis financieras o crisis económicas. Otros relacionaron las crisis con las revoluciones o con los cambios violentos.

También se empleó el concepto de crisis para intentar explicar el paso de un tipo de sociedad a otro, cuando se transformaba una sociedad en su conjunto: entonces aparecieron expresiones tales como crisis del feudalismo o crisis del capitalismo.

Ante un panorama tan diverso es casi imposible intentar una explicación del concepto de crisis que abarque todos los usos que le dieron y le dan los historiadores.

Sin embargo, hay una idea que está presente en todos los usos: una época de crisis es una época de cambios en la que se quebró el orden, el equilibrio o la estabilidad que existía en la época anterior. Tanto en las épocas de crisis como en las épocas de estabilidad existen tensiones y contradicciones.

La diferencia está en que durante las épocas de estabilidad las tensiones pueden ser resueltas, sin que lleguen a producirse grandes conflictos. En las épocas de crisis, por el contrario, las tensiones acumuladas estallan porque los hombres no encuentran la forma de resolverlas.

En las crisis, los conflictos son más visibles, salen a la superficie, y los cambios se precipitan.

En la época que estudiamos en esta unidad se produjeron diferentes tipos de crisis. Hubo una crisis del imperialismo cuando las potencias colonialistas se enfrentaron entre sí en las dos guerras mundiales; no pudieron resolver las tensiones que la misma expansión había provocado, y el conflicto estalló.

Hubo una crisis política de las democracias liberales cuando en algunos países se impusieron Estados autoritarios como el fascista y el nacionalsocialista. Hubo una crisis económica cuando se produjo el crack de Wall Street en 1929. Hubo una crisis de los postulados científicos cuando Einstein elaboró su teoría de la relatividad y puso en duda las bases del pensamiento científico moderno.

También hubo una crisis de las ideas cuando muchos hombres dejaron de creer que el progreso era indefinido y de confiar en que todos los avances científicos eran positivos para la humanidad.

Para algunos historiadores, todas estas crisis, ocurridas en una misma época y relacionadas entre sí, indican que entre 1914 y 1945 hubo una crisis general del sistema capitalista, ¿Esto significa que el sistema capitalista estaba a punto de desintegrarse, que se acercaba hacia su crisis final? Para muchos hombres que vivieron a principios de siglo, el éxito de la revolución socialista en Rusia anunciaba el derrumbe del capitalismo; sin embargo, la revolución no se extendió rápidamente a otros países.

En 1929, ante una crisis económica nunca antes conocida, hubo quienes pensaron que el fin del capitalismo era inmediato; pero la economía capitalista logró reorganizarse y llegar a un nuevo equilibrio.

En 1939, otros creyeron que una segunda guerra mundial anunciaba el final inevitable del sistema; a pesar de ello, las potencias vencedoras se repartieron las zonas de influencia y establecieron un nuevo orden político-militar internacional y el mundo quedó dividido en dos bloques.

En 1960, ante la desaparición casi total de los imperios coloniales, algunos creyeron que los países del Tercer Mundo podrían quebrar ese orden mundial y salir de la pobreza y el estancamiento; sin embargo, no lograron formar un bloque sólido ni resolver sus problemas económicos más graves.

Como se ve, no es sencillo determinar que, aun cuando se producen muchas crisis simultáneamente, estamos frente a la crisis final de una forma de organización social. Para realizar una afirmación tan contundente es necesario tener una mayor perspectiva histórica, es decir, poder analizar los hechos luego de transcurrido más tiempo.

¿Se puede predecir o anticipar una crisis? Éste es un problema aún más difícil. Como vimos, muchos pensadores sostuvieron que se estaba por producir una crisis final del capitalismo y que esta crisis era inevitable. Sin embargo, hasta hoy, el capitalismo ha encontrado formas de resolver sus crisis. Un caso opuesto es el ocurrido en la Unión Soviética.

El primer Estado socialista del mundo se desintegró en poco tiempo. Casi nadie, antes de 1990, supuso que el sistema que tan sólidamente se había establecido en la URSS podía caer de ese modo.

La crisis que llevó a la rápida disolución de la URSS y a su desaparición como Estado hizo que, a partir de entonces, muchos hablaran de la crisis final del socialismo. ¿Habrá sido su crisis final o la crisis de! socialismo estalinista? .

Es difícil contestar hoy con certeza preguntas como ésta. También en este caso es necesario que el paso del tiempo nos permita analizar los hechos con una mayor perspectiva histórica.

CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN:

cuadro criris antiguo regimen

En el siglo XVIII finalizó el proceso de transición del feudalismo al capitalismo en Europa occidental. Se produjeron cambios sociales, económicos, políticos e ideológicos que transformaron profundamente la organización social europea e iniciaron los tiempos del capitalismo.

La crisis del siglo XVII, la última crisis de la sociedad feudal, fue seguida por importantes reformas políticas —la monarquía parlamentaria inglesa— y por la difusión de nuevas ideas —la Ilustración y el liberalismo—, que rompieron definitivamente con la mentalidad feudal La clase social que impulsó estas transformaciones fue la burguesía.

Sus deseos de desarrollo económico y de participación la hicieron protagonista de una doble revolución.

Una revolución económica (Revolución Industrial) que se inició en Inglaterra y que fue tal vez el proceso transformador más Importante desde los lejanos tiempos neolítico.

Una revolución política (Revolución Francesa) que señaló la primera gran derrota de la nobleza y del absolutismo monárquico. Ambas revoluciones permitieron la consolidación de una nueva sociedad capitalista.

Su forma de organización económico-social —basada en el trabajo de obreros y asalariados— y las ideas que la sustentaban —-el liberalismo— se difundieron rápidamente por todos los continentes. La difusión del capitalismo permitió superar muchos de los límites que imponía el orden feudal y, a la vez, dio origen a nuevos problemas, crisis y conflictos.

Hitos técnicos y económicos en la crisis del Antiguo Régimen

1716 El financiero escocés John Law funda la Banque Genérale de Francia.

1719 Law obtiene el derecho de fabricación de moneda.

1720 Law, controlador general de las finanzas en Francia. Dimisión y huida del financiero John Law. Desarrollo de la especulación en Inglaterra («Bubbles»).

1721 Encuesta sobre las operaciones de Law.

1733 John Kay inventa la «lanzadera volante».

1735 Abraham Darby inventa la metalurgía al carbón.

1747 Charles-Daniel Trudaine funda la Escuela de Minas de París.

1749 Benjamín Huntsman inventa la fabricación del acero fundido.

1758 Francois Quesnay: «Tabla económica».

1764 james Hargreaves inventa la «Spinning Jenny».

1766 Turgot: «Formación y distribución de las riquezas».

1767 James Watt acaba de construir su máquina de Joseph Priestley: «Historia de la electricidad».

1768 Francois Quesnay: «Fisiocracia».

1771 Richard Arkwright inventa la «water-frame».

1774 Ascenso de Turgot.

1775 John Wilkinson adquiere la máquina de vapor de Watt.

1776 Adam Smith: «Ensayo sobre la riqueza de las naciones». Construcción del ferrocarril.El marqués de Jouffroy hace navegar un buque de vapor sobre el Doubs. Caída de Turgot.

1779 Invención de la «mulé» o hiladora mecánica de Samuel Crompton.

1785 Claude-Louis Berthollet realiza el análisis del amoníaco. Invención del ingenio mecánico de Edmund Cartwright. Creación de la primera hilatura a vapor en Nottingham. Jean-Pierre-Francois Blanchard atraviesa el canal de la Mancha en globo, jacques Necker: «Tratado de la administración de las finanzas».

1788 Caspard Monge: «Tratado de estadística».

Hitos sociopolíticos y culturales en la crisis del Antiguo Régimen

1721 Primera generación «¡lustrada», típica en Francia. Montesquieu publica sus «Cartas Persas». Se funda la primera logia masónica de Francia.

1748 Segunda generación «ilustrada» en Francia: «los enciclopedistas» propiamente dichos. Montesquieu publica su «Espíritu de las Leyes»; 1750-1753, Voltaire, en Berlín; 1750, Rousseau: «Discurso sobre las ciencias y las artes»; 1751 Aparición del primer volumen de la «Enciclopedia». David Hume: «Ensayos filosóficos». En 1751, Voltaire: «El siglo de Luis XIV».

1775 Petición de Massachusetts (1768). Convención de Boston (1768). Reunión de la Convención de Nueva York. Declaración de Derechos de Virginia (1775). Reunión de la Convención norteamericana y voto de la constitución de los Estados Unidos (1787). Generación prerrevolucionaria europea. Máximas manifestaciones de los enciclopedistas y análogos: Rousseau: «Emilio», «El contrato social» (1762); Voltaire: «Tratado de la tolerancia» (1763); Beccaria: «De los delitos y las penas» (1763-1764); Voltaire: «Diccionario filosófico»; Holbach: «El cristianismo desvelado» (1765), «Sistema de la Naturaleza» (1770), «La Moral Universal» (1776); Mably: «Principio de las leyes» (1776), «De la forma de escribir la historia» (1782); Kant: «Crítica de la razón pura» (1781), «Prolegómenos» (1783), «Fundamento de la metafísica de las costumbres» (1785), «Crítica de la razón práctica» (1788); Bentham: «Introducción a los principios de la moral» (1789). Publicación del «Federaliste» (1788).

1789 Comienza la Revolución burguesa en Francia.

Fue Inglaterra el único país europeo en el que durante el siglo XVII, se produjeron los cambios económicos, sociales y políticos que transformaron la organización feudal de la sociedad.

La producción agrícola se vendía en el mercado, no existían trabas para la libertad de comercio, y la monarquía parlamentaria aseguraba a los burgueses el impulso y la protección de las nuevas actividades económicas y de la acumulación del capital que formaba la nueva riqueza.

En cambio, en el resto de Europa, durante los siglos XVII y XVIII, la organización tradicional de las sociedades no se modificó. Bajo la protección de las monarquías absolutas, la nobleza, propietaria de una gran parte de las tierras, mantuvo su posición de grupo privilegiado.

La agricultura continuó siendo la principal actividad económica y en ella se empleaba más del 80 por ciento del total de la población europea. Las monarquías absolutas europeas se propusieron controlar las actividades económicas y las relaciones sociales, lo que también contribuyó a frenar los cambios.

Mientras Inglaterra avanzaba hacia una nueva forma de organización social, el resto de Europa mantenía las bases del antiguo régimen. Pero en el curso de dos siglos, en algunas regiones antes que en otras, se fueron consolidando los grupos sociales que impulsaron los cambios que, finalmente, destruyeron el antiguo régimen.

La Revolución Francesa de 1789 originó cambios tan profundos que sus protagonistas fueron conscientes de que ellos estaban iniciando una nueva época para la humanidad, construyendo un mundo distinto. Por eso, comenzaron a utilizar la expresión antiguo régimen para referirse a la sociedad que existía antes de la Revolución. Con ella querían marcar que el antiguo régimen precedía al nuevo, y también condenar al conjunto de principios e instituciones en que se basaba la sociedad que habían destruido. En la actualidad, la mayoría de los historiadores utiliza el concepto antiguo régimen para referirse al orden social que existía con anterioridad al triunfo de la burguesía y del sistema liberal.

Fuente Consultada: Historia Europa Moderna y América Colonial Alonso-Elisalde-Vazquez

Biografia de Maimonides El Pensamiento Medieval Filosofo Arabe

BiografÍa de Maimonides El Pensamiento Medieval Filosofo Árabe

Biografia de Maimonides El Pensamiento Medieval Filosofo ArabeMAIMÓNIDES. (Córdoba, 1135 – El Cairo, 1204)

Moseh ben Maymon, llamado por los judíos Ramban y por los latinos Maimónides, fue un filosofo hispanojudío.

Recibió las primeras enseñanzas de su padre, un sabio y docto talmudista. Tras la invasión de los almohades (1148), quien instaló la política de intolerancia en el al-Andalus, la familia simuló su conversión a la fe islámica y se instaló en diversas ciudades de España y África: Fez, Alejandría y El Cairo.

En esta ultima ciudad, llegó a ser médico del último rey fatimí, al-’Adid, y nagid o guía espiritual de la comunidad judía de Egipto.

Su principal contribución consistió en asentar la teología judaica sobre los principios de la razón (según la filosofía aristotélica). Este papel se puede comparar al de Averroes en el Islam y Santo Tomás en el cristianismo.

Entre sus escritos más importantes se destacan, los comentarios al Talmud, un breve compendio de Lógica, la «Carta de la consolación», tratados médicos y, sobre todo, sus obras «Luz» (1168), comentarios a la fe judía; «La tradición de la ley» (1180) código de prescripciones legales sobre la vida práctica, y «Guía de los perplejos» (1170), gran tratado de teología y filosofía dirigido a quienes encuentran oposición entre fe y conocimiento.

De esta manera, a partir de sus conocimientos sobre medicina, escribió un buen número de tratados, como el que dedicó al sultán Saladino, el Tratado sobre los venenos y sus antídotos el año 1199, al hijo del sultán, Al-Fadl, Guía de la buena salud (1198) y la Explicación de las alteraciones (1200). Sus obras adquirieron reconocimiento y prestigio, otorgándole numerosos discípulos. También es autor de obras filosóficas de gran peso en el pensamiento medieval, escritas durante los últimos años de su vida, como el Tratado sobre la resurrección de los muertos (1191).

Sin embargo, la más reconocida fue la Guía de perplejos (1190), constituye la clave de su pensamiento filosófico, ejerciendo una fuerte influencia en círculos tanto judíos como cristianos y sobre todo escolásticos.

Esta obra establece una conciliación entre la fe y la razón dirigida a quienes dudaban entre las enseñanzas de la religión judía y las doctrinas de la filosofía aristotélica, que imperaban por entonces. A partir de ello, demostraba que no hay contradicción en los puntos en que fe y razón parecen oponerse. Es decir, establecía una conciliación entre el sentido literal de las escrituras y las verdades racionales, acudiendo a la interpretación alegórica en casos de conflicto.

No obstante, surgieron polémicas por parte de «antimaimonistas» – básicamente, por parte de un grupo de musulmanes que pretendían una lectura literal del Coran, los mutallajim – que lo tacharon de racionalista. A pesar de ello fue una obra muy comentada y de gran influencia en el mundo musulmán y la escolástica cristiana, por ejemplo en Santo Tomás de Aquino.

Su influencia en los círculos de pensamiento más importante encuentra explicación en esta formación bidireccional: la tradicional judía y la árabe profana (con sus incorporaciones de la griega), a partir de las enseñanzas de su erudito padre Maimum, por lo que escribió obras en hebreo como también en árabe, en una prosa que se caracteriza sobre todo por la sistematización y la claridad expositiva.

De sus obras surge el movimiento intelectual judaico de los siglos XIII y XIV que se extendió por España y el sur de Francia. Partidario del realismo teológico ha llegado a ser considerado precursor de las ideas de Spinoza, pero filosóficamente no se le considera muy original por seguir básicamente a Aristóteles, apartándose de él en puntos que parecen contradictorios a las creencias y tradiciones judías. Por lo tanto, su carácter es conciliador.

Sin embargo, su vida estuvo marcada por la persecución y el ostracismo: sufrió continuas dificultades y persecuciones, tanto por parte de los musulmanes (denunciado como apóstata del islamismo, sólo la protección personal del visir de Saladino, al-Fádil, le salvó de la muerte), como de los judíos tradicionalistas que recelaban de su tendencia racionalista (llegando incluso a recurrir a la Inquisición para que condenara sus obras.

El Antiguo Regimen Caracteristicas Clases Sociales y Orden Politico

El Antiguo Regimen, Características Clases Sociales y Orden Político

CARACTERÍSTICAS DEL ANTIGUO RÉGIMEN: Los historiadores distinguen entre Antiguo y Nuevo Régimen: dos períodos de tiempo bien diferenciados. separados entre sí por una serie de convulsiones revolucionarias, de las cuales la más importante es, sin duda, la Revolución Francesa de 1789.

Se trata en realidad de dos mundos radicalmente distintos: 1789 es así la fecha simbólica del inicio de la Edad Contemporánea. Pero ¿cuáles son las diferencias? ¿Sobre qué bases se asentaba el Antiguo Régimen?. ¿Cómo se produjo el cambio?.

En la sociedad anterior a la mutación revolucionaria que sentó las líneas directrices de lo que habría de ser un mundo nuevo, los grupos sociales se distinguían unos de otros con arreglo a su riqueza y a los privilegios y leyes propias que cada uno poseía.

En la cúspide de la pirámide social se encontraba el Rey, soberano absoluto. Según algunos filósofos y pensadores de la época, Dios le había entregado todo el poder y en consecuencia, el monarca sólo era responsable de sus actos ante la divinidad, y aquí radicaba precisamente el poder absoluto e indiscutible de los reyes: no hay más ley que la voluntad del soberano.

Una sociedad fundamentalmente rural

A mediados del siglo XVIII, las sociedades europeas estaban organizadas de un modo muy diferente del que tienen en la actualidad. En Francia, de

 una población total de unos 23.000.000 de habitantes, más del 80% vivía en las zonas rurales. París, la capital, tenía alrededor de 600.000 habitantes. Asimismo, la precariedad de los sistemas de transporte y de comunicación acentuaba el carácter rural de la Francia del Antiguo Régimen.

La aldea continuaba siendo, entonces, el lugar en el que transcurría gran parte de la vida colectiva de los campesinos.

Los productos agrícolas eran la base de la alimentación de la sociedad y, por lo tanto, un elemento importante de la economía del Antiguo Régimen. El gasto en pan podía significar la mitad del dinero dedicado al consumo de una familia de los sectores populares; en consecuencia, los aumentos en el precio del pan solían provocar motines en las ciudades.

Una mala cosecha, a su vez, condenaba al hambre a numerosos campesinos. Estos datos muestran con claridad el tipo de sociedad característica del Antiguo Régimen. Así, el historiador Georges Lefebvre afirma en su obra

El gran pánico de 1789. La Revolución Francesa y los campesinos que “En vísperas de la Revolución, para la inmensa mayoría de los franceses el gran enemigo era el hambre”.

Clases Sociales Durante el Antiguo Régimen

Desde el punto de vista jurídico, la población de la Francia del Antiguo Régimen estaba dividida en órdenes o estados, que reunidos conformaban los Estados Generales.

Los órdenes privilegiados eran el clero y la nobleza: estaban eximidos de las obligaciones legales —por ejemplo, no pagaban impuestos— y contaban con derechos especiales.

El clero se hallaba dividido en alto y bajo clero. Los miembros del alto clero eran, en general, nobles y los del bajo clero provenían de los sectores populares.

La nobleza también incluía grupos diversos. Una parte estaba integrada por nobles por nacimiento, algunos de los cuales poseían inmensas fortunas y otros, entradas modestas. Otra parte era la nobleza de toga, integrada por altos funcionarios de origen burgués, y ciertamente ricos, que habían obtenido títulos de nobleza junto con sus cargos administrativos. Ambos grupos habían ido enlazándose mediante matrimonios.

El tercer estado estaba constituido por el resto de la población (alrededor del 95% del total). También este agrupamiento englobaba distintos sectores, puesto que incluía a todos aquellos que no fueran nobles o clérigos. Este orden incluía a la burguesía, minoritaria, pero que luego dirigiría la Revolución.

clases sociales del antiguo regimen

Retrato de la marquesa de Pompadour. Los grandes asuntos del estado se
decidían en una corte ociosa y amante de los lujos. Campesino llevando a cuestas a un noble y a un cura. Grabado popular de 1789. Este grabado representa el modo en que el tercer estado concebía su propia situación. Este tipo de ilustración contribuyó a fomentar la agitación revolucionaria

 Estaba compuesta por financistas, grandes comerciantes, intelectuales y artesanos, que trabajaban solos o que empleaban a unos pocos trabajadores urbanos. Estos últimos eran poco numerosos y no estaban organizados. Junto con los pequeños propietarios y los artesanos, constituían los sectores populares urbanos que, durante la Revolución, fueron llamados sans-culottes.

El tercer grupo que integraba el tercer estado era el de los campesinos, que se hallaban en una situación crítica: un millón de ellos, por lo menos, se encontraba todavía en estado de servidumbre.

Del resto de las familias campesinas, un alto porcentaje no poseía tierras o, si las tenía, no eran suficientes para autoabastecerse. Estas condiciones fomentaban el bandidaje y la mendicidad.

En el marco institucional, subsistía el absolutismo. Fue en Francia donde la monarquía absoluta se desarrollaría en forma más acabada. Allí recibió el nombre de Antiguo Régimen. Una de las características centrales del Antiguo Régimen fue el mantenimiento de las situaciones de privilegio en beneficio de la nobleza. La tierra se hallaba en manos de la aristocracia y del clero, quienes estaban exentos del pago de impuestos. Los integrantes de estos sectores ocupaban los cargos del estado debido a su origen y no a partir del mérito personal. Este sistema tenía su fundamento ideológico en el derecho divino del rey para gobernar. Las nuevas ideas pondrían en tela de juicio esta justificación y buscarían en la organización social una nueva base para el poder político y el gobierno.

Sistema político durante el Antiguo Régimen

De acuerdo al orden o estado al que pertenecía cada habitante, eran distintos sus derechos políticos. El sistema político vigente en los años anteriores a la Revolución era el de la monarquía absoluta y de derecho divino.

La autoridad real se esforzaba por llegar con su poder a todo el territorio, imponiéndose a las aristocracias y a los poderes regionales y organizando una administración centralizada.

Este modelo surgió en Francia en tiempos de Luis XIV (1661-1715), a pesar de la oposición de ciertos sectores de la nobleza que, si bien se veían en general beneficiados por la situación, también sufrían el recorte de su propio poder en manos de un estado central que avanzaba sobre ellos.

EL ANTIGUO REGIMEN

Luis XVI:Luis XVI subió al trono en 1774.
Durante su gobierno se abatió sobre Francia una grave crisis

EL ANTIGUO REGIMEN Campesino llevando a cuesta a un Noble y a un Cura

Campesino llevando a cuesta a un Noble y a un Cura

PRIMEROS CAMBIOS EN LA SOCIEDAD ESTAMENTAL: La rigidez del ordenamiento social del antiguo régimen sufrió un considerable deterioro, gracias a:

a) Una lenta ascensión de los estamentos no privilegiados, especialmente grupos burgueses, hacia la consecución de importantes derechos sociales y políticos.

b) Una radicalización en ciertas naciones de las luchas sociales que, como en el caso de Inglaterra y Holanda, darían como resultado un triunfo relativo de las aspiraciones de los sectores burgueses respectivos. Los grupos sociales más importantes eran la nobleza, la burguesía y el campesinado.

La nobleza: Durante este periodo sufrió una considerable desvinculación de sus grandes propiedades territoriales, y también retrocedió su influencia política en favor de las monarquías reinantes de las burguesías. Cabe diferenciar dos grandes grupos:

Gran nobleza. Muy unida todavía a la gran propiedad territorial y trataba por todos los medios de conservar sus privilegios feudales. Se resistía a la pérdida de poder político frente a otros sectores.

Nobleza cortesana. Se trataba de nobles que vieron disminuir sus rentas territoriales, o bien, de nobles «segundones». Con frecuencia ocuparon importantes cargos en los servicios del Estado. Numéricamente fueron muy superiores a la nobleza territorial.

La burguesía
Pueden distinguirse también dos grupos:
Burguesía comercial. Si hasta el siglo XVII se había preocupado casi con exclusividad de sus negocios particulares, entonces se percató de la conveniencia de participar también en la gestión de la vida nacional, sustituyendo a los nobles.

Además, el Estado apoyó estos cambios, pues estaba interesado en las ideas más positivas y de mayor eficacia técnica de este grupo, que penetró en las esferas del poder, cimentando así sus logros e intereses sociales.

El proceso descrito no significa necesariamente que este grupo tenga una conciencia fuerte de su papel como clase en la sociedad.

En este sentido fueron elocuentes las numerosas compras de títulos nobiliarios que hicieron buena parte de los burgueses acomodados, con lo que pretendían igualarse a la tradicional nobleza de sangre.

Pequeña burguesía artesanal y urbana. Vivían modestamente y con frecuencia trabajaban como asalariados de un gran burgués.

El campesinado
La situación de este grupo se agravó en el siglo XVII, pues sufrió más que ninguno los efectos negativos de las malas cosechas y del hambre.

Las causas fundamentales de dicha situación fueron:

a) El carácter de negocio neto que adoptaron las exportaciones agrícolas, en general en manos de mercaderes, cuyos beneficios últimos iban a los campesinos.

b) Los desastres de las frecuentes guerras que durante ese periodo asolaron numerosos territorios europeos.

c) Las excesivas cargas tributarias que sufrieron los agricultores.

d) La serie de catastróficas cosechas que siguieron a prolongados periodos de condiciones climáticas desfavorables, especialmente las sequías, que se sucedieron en el transcurso del siglo XVII.

Fuente Consultada: Historia 2 – El Mundo Moderno -Nivel Secundario