Independencia Colonias Españolas

Historia de Canadá La Colonizacion Francesa Origen Colonias

Historia de Canadá
Exploraciones y Colonización de Francia

La historia de Canadá empieza prácticamente con la llegada de los franceses. En el siglo XVI se emprendió una primera tentativa de colonización; en tres ocasiones, Jacques Cartier condujo una expedición al valle del San Lorenzo, pero sin conseguir grandes éxitos.

La verdadera colonización empezó en el siglo XVII y atrajo a numerosos colonos. Samuel de Champlain tuvo un papel importante en la fase inicial de la instalación de los franceses en Canadá. La Compañía de Nueva Francia consiguió el monopolio del comercio. En 1763, después de siete años de guerra, Francia hubo de ceder   Canadá   a    Inglaterra.

En 1534 abandonaba Francia una expedición, bajo el mando de Jacques Cartier, un capitán oriundo de Saint-Malo, cuyos gastos sufragaba Francisco I, con la misión de atravesar el océano Atlántico y buscar un paso hacia el océano Pacífico.

Cartier llegó a Terranova y a la isla del Príncipe Eduardo y penetró en una bahía al sur del San Lorenzo, sin alcanzar el fin para el que le habían comisionado. Lo que no le impidió, a su regreso a Francia, hacer una descripción tan entusiasta de sus descubrimientos que recibió autorización para organizar una nueva expedición.

Francisco I esperaba que Cartier descubriera alguna mina de oro. Salió de nuevo al año siguiente y remontó el San Lorenzo hasta la ciudad indígena de Stadacona, situada en el lugar en que se alza la actual Quebec. La expedición invernó en los alrededores de Stadacona y en seguida puso rumbo hacia Francia.

Samuel

Samuel de Champlain, explorador francés, fundó en 1608 la ciudad canadiense de Quebec como puesto para el comercio de pieles. Se hizo amigo de los indios algonquinos y de los hurones que habitaban en la zona. Junto con dos amigos franceses y con la ayuda de los indígenas atacó a los iroqueses, que no pudieron combatir las armas de fuego de los europeos.

El rey, preocupado por las guerras que le enfrentaban a Carlos I, no parecía en absoluto dispuesto a financiar una tercera expedición. Sin embargo, Cartier salió por tercera vez en dirección a Canadá en 1541. Esta vez estableció un puesto en Cap Rouge, cerca de Quebec, y siguió navegando hasta la desembocadura del Ottawa.

Las guerras de religión, que dejaron a Francia exhausta, tuvieron como consecuencia el abandono de las expediciones a Canadá. Será preciso esperar a principios del siglo XVII para ver a Francia interesarse de nuevo por lo que iba a ser una de sus más hermosas colonias. Es la época en la que Samuel de Champlain, considerado una de las figuras más grandes de la época colonial, entra en escena.

Champlain nació en 1567 en la pequeña ciudad portuaria de Brouage, al sur de La Rochela. A principios del XVII emprendió una expedición de reconocimiento a Canadá y juzgó que ese país se prestaba muy bien a la colonización.

De regreso en Francia en 1603, publicó un libro sobre su viaje. El señor De Monts, un hugonote, decidió fundar una colonia en la bahía de Fundy y Champlain tomó parte en la expedición. Durante el verano de 1605 nació una colonia francesa en la costa de Nueva Escocia: Port-Royal, la actual Annápolis.

Entretanto, De Monts había obtenido del rey la concesión del monopolio del comercio de pieles, mientras Champlain era puesto a la cabeza de la colonia. El 3 de julio de 1608 Champlain fundó la colonia de Quebec, en la ribera del San Lorenzo. Siete años más tarde llegaba a la región canadiense de los grandes lagos.

También en 1615, Étienne Brulé atravesó el lago Erie y llegó hasta la bahía de Chesapeake; así se realizaba la unión por tierra entre el Canadá francés y la Virginia inglesa. Brulé fue el primer europeo que llegó hasta el corazón de la actual Pensilvania.

En 1629 se fundó la Compañía de Nueva Francia, a la que concedieron el monopolio del comercio en toda la región del San Lorenzo. Pero la colonización de aquellas tierras fue muy laboriosa. Los que allí llegaban eran principalmente misioneros que iban a llevar a Canadá la palabra de Dios, entre ellos muchos jesuitas, que realizaron una verdadera obra de evangelización.

Por lo que se refiere a los colonos franceses, tenían que vérselas con las tribus indias que se habían vuelto extraordinariamente belicosas. En 1663, la Compañía perdió su monopolio comercial y Nueva Francia se convirtió en una colonia de la Corona, bajo la autoridad de un gobernador francés.

Entretanto, algunos exploradores se habían abierto camino hacia el oeste y recorrieron por entero la región de los grandes lagos. En 1678, Cavelier de La Salle descendió por el Mississipí hasta su desembocadura. Esta expedición duró cuatro años, pero reportó a Francia una nueva colonia llamada Luisiana en honor de Luis XIV.

A partir de este momento la historia de Canadá se caracteriza por las continuas dificultades con Inglaterra. Los colonos franceses no eran lo bastante numerosos para explotar su inmenso territorio; por otra parte, las poderosas colonias inglesas deseaban extenderse más allá de sus fronteras.

Después de la guerra de sucesión de Austria, Francia se vio obligada a ceder los territorios de la bahía de Hudson y Terranova, donde se habían establecido numerosos colonos ingleses.

En 1755 comenzó la lucha decisiva entre colonos franceses e ingleses. A partir del año siguiente, Inglaterra y Francia se vieron enfrentadas en la guerra de los Siete Años. Los franceses sufrieron derrotas decisivas en Quebec y Montreal, y el Tratado de París, firmado en 1763, les obligó a ceder las posesiones francesas de Canadá a Inglaterra.

HISTORIA MODERNA DE CANADÁ:

La historia moderna de Canadá empieza en 1763, cuando el país pasó a control de la Corona británica. En 1791 Canadá quedó dividido en dos: Alto Canadá, de lengua inglesa, y Bajo Canadá, de lengua francesa. Después de una revuelta, en 1837, lord Durham propuso que se le concediera la autonomía. Y Canadá fue el primer miembro del imperio británico al que se concedió el estatuto de Dominio. La organización política está copiada de la de Gran  Bretaña.

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Sir  Humphrey Gilbert toma  posesión  de Terranova en  nombre de Isabel  I de Inglaterra

El Tratado de París por el que Canadá francés pasaba a depender de Inglaterra señala el principio de la historia de Canadá en su período moderno. La tarea de gobernar el país les resultaba difícil a los ingleses; tanto más cuanto que, en Europa, Inglaterra y Francia estaban en guerra casi continuamente.

Cuando, en 1775, dio principio a la guerra norteamericana de la independencia, los insurrectos trataron de arrastrar a ella a Canadá. Pero el resultado de sus gestiones fue negativo, y a partir de aquel momento Canadá fue el refugio de los norteamericanos leales a la Corona, de los que unos cuarenta mil se establecieron parte en el este de Nueva Escocia, que se convirtió en la colonia de Nueva Brunswick, y parte en las regiones cercanas a los lagos Erie y Ontario.

En 1774, y por el Acta de Quebec, las colonias canadienses quedaban reunidas en un solo Estado dirigido por un solo gobernador y un único consejo colonial, designados por la Corona británica.

Había, sin embargo, un fuerte antagonismo entre los franceses, que eran católicos, y los protestantes ingleses; de modo que, en 1791 y en virtud del Acta constitucional, Canadá fue dividido en Alto Canadá —más tarde Ontario— y Bajo Canadá —más tarde Quebec—. En el primero se hablaba inglés, y en el segundo, francés.

En 1812 estalló la guerra entre Estados Unidos e Inglaterra; esta guerra transformó el territorio canadiense en campo de batalla y contribuyó a forjar el sentimiento nacional de los canadienses, pero no trajo consigo modificación alguna de frontera. Después de la firma del Tratado de Gante, numerosos inmigrantes, principalmente oriundos de Escocia, fueron a establecerse en Canadá.

El Acta de 1791 había prometido a ambos territorios la autonomía; pero, a principios del siglo XIX, esta promesa aún había de cumplirse. Esto motivó el descontento tanto de la fracción inglesa como de la francesa. El comisario inglés de Canadá, lord Durham, redactó un escrito en el que proponía que se concediera ,la autonomía a todo Canadá, dentro, del cuadro del imperio británico.

En 1847, lord Grey, ministro inglés de las colonias, ordenó al gobernador de Canadá, lord Elgin, que en lo sucesivo escogiera a sus ministros en el seno del partido mayoritario del país, y que siguiera, en todas las cuestiones que se refirieran a su gobierno interior, el consejo de aquéllos. De modo que Canadá fue el primer país, en el seno del imperio británico, al que se le otorgó la autonomía.

Todos los territorios situados al este del San Lorenzo, que estaban prácticamente inexplorados, fueron reunidos en una sola colonia cuya capital fue Montreal. Pero las dificultades surgían de todas partes y la unión de los territorios francés e inglés, que preconizara lord Durham, no se realizó del modo que fuera previsto.

Por otra parte, los territorios occidentales no podían quedar para siempre bajo la autoridad de la Compañía de la Bahía de Hudson. Habían de instalarse líneas de ferrocarril a través del territorio canadiense. Invitados a ello por los representantes de Terranova y de Nueva Brunswick, los delegados de las diferentes provincias se reunieron en Quebec en 1864.

Y de acuerdo con la British-North America Act, aprobada en Londres en 1867, se decidió la formación de una federación norteamericana de colonias autónomas, o Dominio, y el Parlamento común con su Gobierno iba a tener su sede en Ottawa.

Canadá contaba al principio con cuatro provincias: Nueva Escocia, Nueva Brunswick, Quebec y Ontario. La de Manitoba se unió a la federación en 1870; la Columbia británica, en 1871, y la isla del Príncipe Eduardo, en 1873.

La población de las praderas del oeste fue en aumento, lo que permitió, en 1905, convertir los territorios de Alberta y Saskatchewan en dos nuevas provincias autónomas. Por otra parte, también al Yukón, después de la carrera del oro del Klondike, en 1898, le fue otorgada la autonomía. Terranova fue un dominio durante largo tiempo antes de tener acceso a la federación en 1949. Labrador, estratégicamente muy importante, se unió igualmente a Canadá.

La Corona británica dirigía la política exterior de Canadá, pero a partir de 1926 este país pudo enviar sus primeras misiones diplomáticas al extranjero, a Washington entre otros lugares.

Durante la guerra de 1914-1918, la notable conducta del ejército canadiense (formado por 500.000 hombres casi todos voluntarios) le valió a Canadá el derecho a ocupar un lugar, como potencia internacional, llegado el momento de la firma de la paz en Versalles. Hoy día, la Confederación canadiense, segundo país del mundo en extensión, es una gran potencia mundial.

Ver: Colonias Francesas en Norteamérica

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Independencia de las Colonias Españolas en América Causas

CAUSAS DE LA INDEPEDENCIA DE LAS COLONIAS ESPAÑOLAS EN AMÉRICA

Antecedentes: La serie de cambios revolucionarios, trastornadores en lo político y en lo económico, en lo social y en lo espiritual, del mundo del siglo XVIII, se completa con los movimientos emancipadores en las distintas colonias españolas en América.

Bajo la doble influencia de las revoluciones americana y francesa y de las ideas liberales, los imperios coloniales que España y Portugal habían levantado a lo largo de los siglos se rebelan a principios del s.XIX.

A la burguesía criolla de Iberoamérica le bastan unos años, de 1810 a 1825, para terminar con el régimen de opresión económica y política impuesto por las metrópolis.

Dicha burguesía se rebela contra el acaparamiento de los altos cargos coloniales, siempre en manos de hombres de la metrópoli.

Estas insurrecciones son también obra de los héroes románticos, impregnados de ideales revolucionarios, que las encabezan, como Miranda en Venezuela o San Martín en Chile y en Perú. Pero es sobre todo Simón Bolívar el que desempeña un papel fundamental en la emancipación de Iberoamérica.

La liberación se lleva a cabo en dos etapas: la primera ola de insurrección, en los años 1810 a 1811, se salda con un fracaso y provoca una represión sangrienta; la segunda, que comienza en 1817, resulta decisiva y desemboca en la creación de numerosos pequeños Estados independientes. Pero esta fragmentación aumenta la fragilidad del continente, y sus naciones quedan a merced de las influencias exteriores.

La lucha por la emancipación de las naciones hispanoamericanas fue larga y dura. La antigua metrópoli no cedió en la lucha por la conservación de sus dominios, y en más de una ocasión pareció estar cerca de lograrlo.

Sin embargo, en los campos de batalla las armas americanas lograron, por fin, convalidar las declaraciones de independencia que los representantes de los pueblos habían anticipado.

Así terminó una etapa y comenzó otra en la vida de las recién constituidas nacionalidades de América. Ella debía ser tan difícil y no menos arriesgada que la anterior.

Como Bolívar lo advirtiera en célebre carta de 1815, era para entonces difícil «presentir la suerte futura del Nuevo Mundo, establecer principios sobre su política, y casi profetizar la naturaleza de gobierno que llegará a adoptar. Toda idea relativa al porvenir de este país me parece aventurada.

¿Se pudo prever, cuando el género humano se hallaba en su infancia, rodeado de tarita incertidumbre, ignorancia y error, cuál sería el régimen que abrazaría para su conservación? ¿Quién se habría atrevido a decir: tal nación será república o monarquía, ésta será pequeña, aquélla grande?

En mi concepto, ésta es la imagen de nuestra situación. Nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte; cercado por dilatados mares, nuevo en casi todas las artes y ciencias, aunque en cierto modo viejo en los usos de la sociedad civil».

Pero en medio de todas las incertidumbres que podían tejerse en torno del futuro inmediato de ese «pequeño género humano» que se había emancipado, dos hechos se manifestaban con carácter definitivo: primero, el sentimiento de que la independencia política de las antiguas colonias constituía un proceso irreversible; segundo, que esa independencia debía afianzarse, en adelante, en forma de organización y desarrollo de Estados soberanos. Tal fue, en efecto, la consecuencia inmediata de la revolución en el mundo hispanoamericano y de las guerras emancipadoras que siguieron.

Las provincias sudamericanas iniciaron su lucha por la independencia en los primeros años del siglo XIX.

El primer grito correspondió a Caracas, el 19 de abril de 1810, cuando fue derrocado el gobernador y capitán general Emparán.

Las Juntas de Gobierno formadas en las capitales de los virreinatos, audiencias y capitanías generales de las colonias españolas de América sirvieron de arranque a la independencia americana.

Las ideas de la Revolución francesa, la ayuda de Estados Unidos, acabados de independizar a su vez, y la de Inglaterra fueron definitivas para los americanos, que se vieron favorecidos también por el factor geográfico, por la creciente fuerza de las burguesías locales, por el relajamiento de los vínculos que unían a las colonias y la metrópoli y por la falta de una marina española fuerte, consecuencia de la pérdida de Trafalgar.

Batalla de Carabobo

En la Enciclopedia HISTORIA UNIVERSAL Tomo 16 Editorial SALVAT –El Impacto de la Revolución Francesa-, para la explicación de las causas de la emancipación de la colonias españolas, cometa:

La historiografía liberal de la primera mitad del siglo XIX hace suyos en gran parte los juicios de Simón Bolívar, principal artífice de la emancipación de las colonias, y del escritor chileno Luis Amunátegui, según los cuales la ruptura entre España e Hispanoamérica se debería, fundamentalmente, a la ideología de la Ilustración, a los abusos del «pacto colonial» (con las consiguientes restricciones a los criollos) y a los manejos de los adversarios de España -Gran Bretaña y Francia-.

En definitiva, la independencia hispanoamericana constituiría la tercera fase del proceso revolucionario general que preside el hundimiento del Antiguo Régimen (el primero, la revolución norteamericana e independencia de Estados Unidos, y el segundo, la Revolución francesa).

A partir de la segunda mitad del siglo XIX se tienen en cuenta otros factores: la vinculación de los criollos con determinados focos políticos europeos, la invasión napoleónica en España, la labor de proselitismo de las sociedades secretas, como la de los masones, y la acción favorable a la independencia de los jesuítas expulsados por Carlos III (a través de la Carta a los españoles americanos, del peruano Juan Pablo de Vizcardo y Guzmán).

Desde el punto de vista socioeconómico, la independencia hispanoamericana es valorada en función de la expansión económica de la segunda mitad del siglo XVIII y sus repercusiones sociales -enriquecimiento de la burguesía criolla-.

Batalla de Maipú

El historiador y canonista español, profesor Manuel Giménez Fernández, a través de un examen de los sucesos de la revolución de mayo de 1810 en Argentina, cree ver en la emancipación un reflejo de las doctrinas populistas (de honda tradición en los tratadistas hispánicos del Siglo de Oro), en virtud del derecho del pueblo a la rebeldía, como portador de la soberanía, cuando se incumplen por la autoridad las ideas del buen gobierno. Invocando otros presupuestos, la emancipación ha sido considerada también como una guerra civil entre los hispanoamericanos, que terminaría con el triunfo del «feudalismo» criollo.

Atendiendo a las operaciones militares, el progresivo repliegue del dominio español en América a partir de 1808 se verifica en sentido inverso al que había presidido la conquista.

Es decir, los focos antillano y mexicano, que en el siglo XVI constituyeron los núcleos de irradiación del dominio español, se convierten ahora en los últimos reductos hispánicos. (El dominio español en el ámbito antillano sobrevivirá al proceso emancipador hispanoamericano y perdurará hasta 1898.).

Las campañas emancipadoras partieron de las regiones de La Plata y de Tierra Firme, y por Chile y Nueva Granada, respectivamente, alcanzaron al Perú, donde el virrey José Fernando Abascal se convierte en símbolo de la resistencia española.

El proceso sociológico es distinto según las regiones. En México, la emancipación la fraguaron los criollos, la comenzaron los mestizos -campañas indigenistas de los curas Hidalgo y Morelos –y la terminaron los españoles; en Venezuela fue protagonizada por la aristocracia criolla– lo que explica que, por reacción, los humildes «llaneros» de Orinoco fueran realistas-; en el Perú y Chile también por la aristocracia criolla, de origen vasco-castellano, y en Buenos Aires, por la naciente burguesía porteña.

A semejanza de lo ocurrido en España con la crisis del poder motivada por la invasión francesa de 1808, en América se constituyeron también Juntas Provinciales, que progresivamente pasaron de la fidelidad a la causa de Fernando VII a invocar la autodeterminación, esto es, el derecho de gobernarse por sí mismas.

En líneas generales puede afirmarse que entre 1808 y 1814 las tropas españolas lograron contener el proceso emancipador (fracaso de los intentos de Hidalgo y Morelos en México, mientras Bolívar se vio obligado a refugiarse en Jamaica y el ejército español de Morillo se afianzaba en Nueva Granada; en La Plata, Belgrano fracasaba en su intento de dominar el Paraguay, y los realistas triunfaban en Vilcapugio y Ayohuma).

De 1814 hasta 1820, la emancipación realizó progresos sustanciales -1816, San Martín y O’Higgins consolidan la independencia chilena en la batalla de Maipú; 1819, Bolívar proclama la unidad de Nueva Granada-.

Y de 1820 hasta 1824, la causa emancipadora gana las últimas batallas -1821, San Martín entra en Lima, y Bolívar triunfa en Carabobo; 1822, el «plan de Iguala» reconoce la independencia de México, mientras Antonio José de Sucre vence en Pichincha y Estados Unidos reconoce a las nuevas Repúblicas; 1823, el presidente norteamericano, James Monroe, proclama la doctrina que lleva su nombre (monroísmo), como advertencia a los intentos de la Santa Alianza europea y, concretamente, a los propósitos británicos en el Caribe, y 1824, el nuevo triunfo de Sucre, lugarteniente de Bolívar, en Ayacucho, remata el proceso emancipador-.

Batalla de Ayacucho

Batalla de Ayacucho, última batalla de la independencia sudamericana

Las potencias anglosajonas se opusieron tenazmente a los proyectos federalistas de Bolívar, quien se dio perfecta cuenta de los tres adversarios a los cuales había que vencer sucesivamente para que Hispanoamérica conquistara la independencia: a) España, b) Gran Bretaña, y c) Estados Unidos.

Los hechos se encargarían de darle la razón, puesto que, rotos los lazos de dependencia política respecto de España, los países hispanoamericanos cayeron bajo el vasallaje económico de Gran Bretaña en el siglo XIX, y de Estados Unidos en el XX.

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SINTESÍS: La independencia de las colonias españolas: 1808-1811

Crisis del estado español en 1808.

Legalidad napoleónica: José I, ahora es rey de España. Se arma una resistencia organizada de la junta de Sevilla, favorable a Fernando VII.

En la Constitución de Bayona, Napoleón establece una representación regular de las colonias en el gobierno español.

Napoleón cuenta con su popularidad en América para crear un apoyo fuerte a la monarquía de José I.

Son enviados emisarios franceses de José I y Napoleón encargados de comunicar a las autoridades locales de América el cambio dinástico.

Reacción: en México, tanto el virrey José de Iturrigaray como la Audiencia rechazan la opción napoleónica. En Caracas (15-VIII-1808): el capitán general Casas duda, pero el cabildo inclina la balanza a favor de Fernando Vil. En Bogotá (19-VIII-1808): reacción violenta contra Napoleón. En Buenos Aires: el virrey francés Liniers, sospechoso de ser partidario de José I, es depuesto por la oligarquía criolla.

No pudiendo aliar a América a su partido, Napoleón varía su política en 1809 y se muestra partidario de la Independencia, como medio para debilitar al enemigo.

Napoleón Inunda las colonias españolas de agentes que preparan movimientos independentistas: Desmolard es el instigador de la sublevación de Caracas en abril de 1810.

Ejemplo norteamericano de la Constitución y simpatías de Thomas Jefferson y sus amigos por la causa latinoamericana.

Hundimiento del partido nacionalista en la metrópoli frente a la Grande Armée.
Enero de 1810: la junta abdica en un consejo de Regencia.

AMÉRICA PROCLAMA SU INDEPENDENCIA
Buenos Aires: El virrey Cisneros, nombrado por la Junta de Sevilla en 1809 y aceptado en principio, es depuesto por una junta insurreccional controlada por patriotas radicales el 25 de mayo de 1810. Elección de una Junta que agrupa a los principales representantes de la aristocracia criolla (Belgrano). Repercusiones del movimiento en Bolivia, Paraguay y Uruguay. 1811: movimiento independentista de Chile.

México: Fracaso Inicial del virrey Iturrigaray al intentar liberarse de la Junta de Sevilla (1808) por la oposición de la oligarquía criolla de la Audiencia. Movimientos populares de Miguel Hidalgo (1811) y José María Morelos, que proclama el 6 de noviembre de 1813 la independencia de Nueva España.

Caracas: Congreso que reúne los cabildos de las ciudades venezolanas en marzo de 1811; la independencia es proclamada el 5 de julio; la Constitución de diciembre de 1811 reproduce la de jefferson.

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La FASE ADVERSA de l independencia de las colonias españolas: 1811-1815:

MOVIMIENTOS DE INDEPENDENCIA
25 de mayo de 1810: Junta insurredonal de Buenos Aires.

5 de julio de 1811: Proclamación de la independencia venezolana.

6 de noviembre de 1813: Proclamación de la independencia mexicana por Morelos.

I) DIFICULTADES DE CONSOLIDACIÓN AISLAMIENTO INTERNACIONAL
Gran Bretaña: Necesitada de la colaboración española en la lucha contra Napoleón, no se atreve de momento a ayudar abiertamente a los insurrectos, aunque su interés económico se inclina a poner fin al Imperio español.

Estados Unidos: Abastecedora de víveres a los ejércitos que combaten contra Napoleón en España, sacrifica su simpatía por los latinoamericanos a las buenas relaciones con la España de Fernando VII.

Francia: Napoleón, promotor de ; movimientos revolucionarios en América, se ve ahora aislado de ella por el bloqueo inglés.

Los patriotas americanos quedan reducidos a sus propias fuerzas en la lucha.

España cuenta con la simpatía de las potencias legitimistas: Fernando VIl aspira a interesar a la gran potencia del momento, la Rusia de Alejandro I, en la conquista de América.

Dificultades de comunicación terrestre entre los distintos núcleos geográficos.

La fragmentación territorial de América Latina se refleja en un aislamiento entre los distintos movimientos.

España cuenta con una fuerza marítima que le permite la comunicación rápida a lo largo de las costas americanas.

Divisiones internas de cada núcleo independentista: rivalidades personales, luchas de clanes, clases sociales y étnicas.

España cuenta con ejércitos más coherentes y bien organizados.

RESULTADOS
Virreinato del Perú: Fiel a España, el Perú es uno de los grandes apoyos en esta reconstitución del Imperio: recuperación de Quito (1812), victoria sobre la Junta de Santiago.

Virreinato de Nueva Granada: La oposición eclesiástica y nobiliaria hace fracasar la Primera República venezolana (1812) y las fuerzas de Boves (Indios, mestizos y llaneros) la Segunda (1815).

Virreinato de Nueva España: Iturbide, con un refuerzo de 8.000 hombres llegados de España, consigue triunfar de modo definitivo sobre Morelos (1814-1815).

Ver: Focos Revolucionarios en América Colonial

Fuente Consultada:
HISTORIA UNIVERSAL Tomo 16 Editorial SALVAT El Impacto de la Revolución Francesa