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Historia de Canadá
Exploraciones y Colonización de Francia

La historia de Canadá empieza prácticamente con la llegada de los franceses. En el siglo XVI se emprendió una primera tentativa de colonización; en tres ocasiones, Jacques Cartier condujo una expedición al valle del San Lorenzo, pero sin conseguir grandes éxitos.

La verdadera colonización empezó en el siglo XVII y atrajo a numerosos colonos. Samuel de Champlain tuvo un papel importante en la fase inicial de la instalación de los franceses en Canadá. La Compañía de Nueva Francia consiguió el monopolio del comercio. En 1763, después de siete años de guerra, Francia hubo de ceder   Canadá   a    Inglaterra.

En 1534 abandonaba Francia una expedición, bajo el mando de Jacques Cartier, un capitán oriundo de Saint-Malo, cuyos gastos sufragaba Francisco I, con la misión de atravesar el océano Atlántico y buscar un paso hacia el océano Pacífico.

Cartier llegó a Terranova y a la isla del Príncipe Eduardo y penetró en una bahía al sur del San Lorenzo, sin alcanzar el fin para el que le habían comisionado. Lo que no le impidió, a su regreso a Francia, hacer una descripción tan entusiasta de sus descubrimientos que recibió autorización para organizar una nueva expedición.

Francisco I esperaba que Cartier descubriera alguna mina de oro. Salió de nuevo al año siguiente y remontó el San Lorenzo hasta la ciudad indígena de Stadacona, situada en el lugar en que se alza la actual Quebec. La expedición invernó en los alrededores de Stadacona y en seguida puso rumbo hacia Francia.

Samuel

Samuel de Champlain, explorador francés, fundó en 1608 la ciudad canadiense de Quebec como puesto para el comercio de pieles. Se hizo amigo de los indios algonquinos y de los hurones que habitaban en la zona. Junto con dos amigos franceses y con la ayuda de los indígenas atacó a los iroqueses, que no pudieron combatir las armas de fuego de los europeos.

El rey, preocupado por las guerras que le enfrentaban a Carlos I, no parecía en absoluto dispuesto a financiar una tercera expedición. Sin embargo, Cartier salió por tercera vez en dirección a Canadá en 1541. Esta vez estableció un puesto en Cap Rouge, cerca de Quebec, y siguió navegando hasta la desembocadura del Ottawa.

Las guerras de religión, que dejaron a Francia exhausta, tuvieron como consecuencia el abandono de las expediciones a Canadá. Será preciso esperar a principios del siglo XVII para ver a Francia interesarse de nuevo por lo que iba a ser una de sus más hermosas colonias. Es la época en la que Samuel de Champlain, considerado una de las figuras más grandes de la época colonial, entra en escena.

Champlain nació en 1567 en la pequeña ciudad portuaria de Brouage, al sur de La Rochela. A principios del XVII emprendió una expedición de reconocimiento a Canadá y juzgó que ese país se prestaba muy bien a la colonización.



De regreso en Francia en 1603, publicó un libro sobre su viaje. El señor De Monts, un hugonote, decidió fundar una colonia en la bahía de Fundy y Champlain tomó parte en la expedición. Durante el verano de 1605 nació una colonia francesa en la costa de Nueva Escocia: Port-Royal, la actual Annápolis.

Entretanto, De Monts había obtenido del rey la concesión del monopolio del comercio de pieles, mientras Champlain era puesto a la cabeza de la colonia. El 3 de julio de 1608 Champlain fundó la colonia de Quebec, en la ribera del San Lorenzo. Siete años más tarde llegaba a la región canadiense de los grandes lagos.

También en 1615, Étienne Brulé atravesó el lago Erie y llegó hasta la bahía de Chesapeake; así se realizaba la unión por tierra entre el Canadá francés y la Virginia inglesa. Brulé fue el primer europeo que llegó hasta el corazón de la actual Pensilvania.

En 1629 se fundó la Compañía de Nueva Francia, a la que concedieron el monopolio del comercio en toda la región del San Lorenzo. Pero la colonización de aquellas tierras fue muy laboriosa. Los que allí llegaban eran principalmente misioneros que iban a llevar a Canadá la palabra de Dios, entre ellos muchos jesuitas, que realizaron una verdadera obra de evangelización.

Por lo que se refiere a los colonos franceses, tenían que vérselas con las tribus indias que se habían vuelto extraordinariamente belicosas. En 1663, la Compañía perdió su monopolio comercial y Nueva Francia se convirtió en una colonia de la Corona, bajo la autoridad de un gobernador francés.

Entretanto, algunos exploradores se habían abierto camino hacia el oeste y recorrieron por entero la región de los grandes lagos. En 1678, Cavelier de La Salle descendió por el Mississipí hasta su desembocadura. Esta expedición duró cuatro años, pero reportó a Francia una nueva colonia llamada Luisiana en honor de Luis XIV.

A partir de este momento la historia de Canadá se caracteriza por las continuas dificultades con Inglaterra. Los colonos franceses no eran lo bastante numerosos para explotar su inmenso territorio; por otra parte, las poderosas colonias inglesas deseaban extenderse más allá de sus fronteras.

Después de la guerra de sucesión de Austria, Francia se vio obligada a ceder los territorios de la bahía de Hudson y Terranova, donde se habían establecido numerosos colonos ingleses.

En 1755 comenzó la lucha decisiva entre colonos franceses e ingleses. A partir del año siguiente, Inglaterra y Francia se vieron enfrentadas en la guerra de los Siete Años. Los franceses sufrieron derrotas decisivas en Quebec y Montreal, y el Tratado de París, firmado en 1763, les obligó a ceder las posesiones francesas de Canadá a Inglaterra.

HISTORIA MODERNA DE CANADÁ:



La historia moderna de Canadá empieza en 1763, cuando el país pasó a control de la Corona británica. En 1791 Canadá quedó dividido en dos: Alto Canadá, de lengua inglesa, y Bajo Canadá, de lengua francesa. Después de una revuelta, en 1837, lord Durham propuso que se le concediera la autonomía. Y Canadá fue el primer miembro del imperio británico al que se concedió el estatuto de Dominio. La organización política está copiada de la de Gran  Bretaña.

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Sir  Humphrey Gilbert toma  posesión  de Terranova en  nombre de Isabel  I de Inglaterra

El Tratado de París por el que Canadá francés pasaba a depender de Inglaterra señala el principio de la historia de Canadá en su período moderno. La tarea de gobernar el país les resultaba difícil a los ingleses; tanto más cuanto que, en Europa, Inglaterra y Francia estaban en guerra casi continuamente.

Cuando, en 1775, dio principio a la guerra norteamericana de la independencia, los insurrectos trataron de arrastrar a ella a Canadá. Pero el resultado de sus gestiones fue negativo, y a partir de aquel momento Canadá fue el refugio de los norteamericanos leales a la Corona, de los que unos cuarenta mil se establecieron parte en el este de Nueva Escocia, que se convirtió en la colonia de Nueva Brunswick, y parte en las regiones cercanas a los lagos Erie y Ontario.

En 1774, y por el Acta de Quebec, las colonias canadienses quedaban reunidas en un solo Estado dirigido por un solo gobernador y un único consejo colonial, designados por la Corona británica.

Había, sin embargo, un fuerte antagonismo entre los franceses, que eran católicos, y los protestantes ingleses; de modo que, en 1791 y en virtud del Acta constitucional, Canadá fue dividido en Alto Canadá —más tarde Ontario— y Bajo Canadá —más tarde Quebec—. En el primero se hablaba inglés, y en el segundo, francés.

En 1812 estalló la guerra entre Estados Unidos e Inglaterra; esta guerra transformó el territorio canadiense en campo de batalla y contribuyó a forjar el sentimiento nacional de los canadienses, pero no trajo consigo modificación alguna de frontera. Después de la firma del Tratado de Gante, numerosos inmigrantes, principalmente oriundos de Escocia, fueron a establecerse en Canadá.

El Acta de 1791 había prometido a ambos territorios la autonomía; pero, a principios del siglo XIX, esta promesa aún había de cumplirse. Esto motivó el descontento tanto de la fracción inglesa como de la francesa. El comisario inglés de Canadá, lord Durham, redactó un escrito en el que proponía que se concediera ,la autonomía a todo Canadá, dentro, del cuadro del imperio británico.

En 1847, lord Grey, ministro inglés de las colonias, ordenó al gobernador de Canadá, lord Elgin, que en lo sucesivo escogiera a sus ministros en el seno del partido mayoritario del país, y que siguiera, en todas las cuestiones que se refirieran a su gobierno interior, el consejo de aquéllos. De modo que Canadá fue el primer país, en el seno del imperio británico, al que se le otorgó la autonomía.



Todos los territorios situados al este del San Lorenzo, que estaban prácticamente inexplorados, fueron reunidos en una sola colonia cuya capital fue Montreal. Pero las dificultades surgían de todas partes y la unión de los territorios francés e inglés, que preconizara lord Durham, no se realizó del modo que fuera previsto.

Por otra parte, los territorios occidentales no podían quedar para siempre bajo la autoridad de la Compañía de la Bahía de Hudson. Habían de instalarse líneas de ferrocarril a través del territorio canadiense. Invitados a ello por los representantes de Terranova y de Nueva Brunswick, los delegados de las diferentes provincias se reunieron en Quebec en 1864.

Y de acuerdo con la British-North America Act, aprobada en Londres en 1867, se decidió la formación de una federación norteamericana de colonias autónomas, o Dominio, y el Parlamento común con su Gobierno iba a tener su sede en Ottawa.

Canadá contaba al principio con cuatro provincias: Nueva Escocia, Nueva Brunswick, Quebec y Ontario. La de Manitoba se unió a la federación en 1870; la Columbia británica, en 1871, y la isla del Príncipe Eduardo, en 1873.

La población de las praderas del oeste fue en aumento, lo que permitió, en 1905, convertir los territorios de Alberta y Saskatchewan en dos nuevas provincias autónomas. Por otra parte, también al Yukón, después de la carrera del oro del Klondike, en 1898, le fue otorgada la autonomía. Terranova fue un dominio durante largo tiempo antes de tener acceso a la federación en 1949. Labrador, estratégicamente muy importante, se unió igualmente a Canadá.

La Corona británica dirigía la política exterior de Canadá, pero a partir de 1926 este país pudo enviar sus primeras misiones diplomáticas al extranjero, a Washington entre otros lugares.

Durante la guerra de 1914-1918, la notable conducta del ejército canadiense (formado por 500.000 hombres casi todos voluntarios) le valió a Canadá el derecho a ocupar un lugar, como potencia internacional, llegado el momento de la firma de la paz en Versalles. Hoy día, la Confederación canadiense, segundo país del mundo en extensión, es una gran potencia mundial.

Ver: Colonias Francesas en Norteamérica

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