Inicios de la Republica

Guerras Punicas Causas y Consecuencias Roma y Cartago

Guerras Púnicas Causas y Consecuencias Roma y Cartago

Esta serie de enfrentamientos entre Roma y Cartago, que se prolongaron a lo largo de los siglos III y II. C., convirtieron a la potencia italiana en la dueña del Mediterráneo occidental.

En sus orígenes, Cartago fue sólo una de las muchas colonias fundadas en las costas africanas por los fenicios procedentes de Tiro o Chipre, entre 825 y 819 a. C. Recibió el nombre de Qart Hadash («Ciudad Nueva»).

Cuando Tiro entró en decadencia, Cartago rompió los lazos que la unían a dicha ciudad-estado y emprendió su propio desarrollo.  Aliada con los etruscos, venció a los focenses de Córcega en Alalia (535 a. C.). 

A fines del siglo V a. C., se enfrentó a la ciudad griega de Siracusa, con distintos resultados. Convertida en una fuerte potencia, en su avance por el Mediterráneo chocó con los intereses de Roma.

Introducción: Una vez que Roma completó su dominio sobre toda la península itálica, emprendió la lucha contra Cartago para disputarle su influencia en el Mediterráneo occidental.

Los cartagineses comercializaban las telas, las piedras preciosas y los perfumes de Oriente; el trigo de Sicilia y del Norte de Africa; el estaño de Francia y el hierro y la plata de España.

El enfrentamiento se extendió desde el año 264 al 146 a.C. y se conoce en la historia con el nombre de guerras púnicas, debido a que los romanos llamaban poeni (fenicio) a los cartagineses.

Cartago era una colonia de Tiro, fundada por Dido hacia el año 880 a.C., quien había huido de su patria para escapar del gobierno despótico de su hermano Pigmalión.

Al llegar a las costas de Africa pidió a los nativos que le concedieran una extensión de tierra que no fuera más grande que la que pudiera cubrir la piel de un buey, lo que fue aceptado.

Entonces Dido hizo cortar el cuero en tiras largas y estrechas, con las cuales trazó el perímetro de un terreno mucho más amplio del que debiera haber recibido.

De inmediato levantó en aquel lugar una ciudad que rivalizó con Tiro y extendió su influencia a toda la costa africana del Mediterráneo.

Luego los cartagineses ocuparon varias islas del Mediterráneo, inclusive parte de Sicilia, se establecieron en las costas de España, atravesaron el estrecho de Gibraltar y navegaron hasta las islas británicas y Francia hacia el Norte y hasta las islas Canarias hacia el Sur. De esta manera Cartago se convirtió en el centro de un verdadero emporio que monopolizó el comercio de Occidente.

En su organización política, Cartago constituía una república, como lo era Roma en esa época.

El poder ejecutivo era ejercido por dos magistrados llamados sufetes, elegidos con carácter vitalicio.

Su poder era vigilado por un Senado, cuyos integrantes pertenecían exclusivamente a la clase alta de la población, que estaba dividida en dos facciones, encabezadas respectivamente por dos familias, la de los Hannón y la de los Barca.

Por otra parte en la primera mitad del siglo III a. C. Roma se había, convertido en la primera potencia de la península Itálica, extendiendo su tutela a las ciudades griegas del sur y proyectando su sombra sobre Sicilia.

Primera Guerra Púnica:

La antigua colonia fenicia de Cartago, era la mayor potencia marítima de la zona, con colonias en casi todas sus islas incluyendo el oeste de Sicilia. Pretendía dominar toda la isla para neutralizar a sus rivales comerciales y acaparar su importante producción de cereales.

En estas circunstancias, una banda de mercenarios oscos, los mamertinos, se apoderó de la ciudad siciliana de Messina, que controlaba el paso hacia Italia. Amenazados por Hierón II de Siracusa, pidieron ayuda tanto a Roma como a Cartago (264 a. C.)

Ambas potencias acudieron a la llamada, pero llegaron primero los cartagineses, que establecieron la paz con Hierón.

Esto no detuvo a los romanos, que expulsaron a los púnicos de Messina e invadieron el territorio de Siracusa, forzando a Hierón a aliarse con ellos en 263.

La superioridad de su ejército les permitió apoderarse incluso de la base púnica de Agrigento, un año más tarde.

Pero los cartagineses controlaban el mar, lo que decidió a los romanos a construir su primera flota de guerra, que al mando de Cayo Duilio derrotó a sus enemigos en Milas, en el año 260.

Esta ventaja les permitió expulsar a los cartagineses de Córcega y devastar Cerdeña (259), pero no apoderarse del oeste de Sicilia. Por ello, decidieron atacar directamente en África.

Una gran flota romana venció a la cartaginesa en Ecnomo (256) y desembarcó cerca de Utica al ejército de Atilio Régulo, que se fortificó en Clypea.

Las desorganizadas fuerzas cartaginesas, incapaces de resistir a los romanos en tierra, estaban dispuestas a capitular, pero las duras condiciones impuestas decidieron su resistencia.

Jántipo, jefe de una partida de mercenarios espartanos, reorganizó el ejército cartaginés, que se apoyó en la caballería y los elefantes.

Con estas fuerza derrotaron a Régulo (255), que tuvo que volver a Italia a bordo de una flota que acababa de destruir a la cartaginesa en el cabo Hermes.

Esta flota resultó arrasada por una tormenta, pero los romanos construyeron una nueva que consiguió tomar Panormo (254), aunque las sucesivas operaciones por tierra y mar no lograron conquistar Lilybaeum y Drepanum.

En 249 un contraataque cartaginés rompió el cerco sobre estas ciudades y destruyó la flota romana, pero el agotamiento de sus fuerzas impidió la continuación del ataque en la isla, limitándose a defender las posesiones que mantenían en ella.

Un nuevo avance romano supuso la severa derrota naval de los púnicos en las islas Egatas (241); Roma consolidaba el dominio del mar.

Cartago tuvo que firmar una paz por la que cedía Sicilia y las Lípari, además de pagar como indemnización la cantidad de 3.200 talentos.

Puede afirmarse que Aníbal dedicó toda su vida a combatir el expansionismo de Roma. Tras su derrota en Zama (202 a. C.), Aníbal intentó reorganizar la actividad económica y militar de Cartago.

Denunciado por sus enemigos políticos, huyó a Siria, donde se refugió en la corte de Antíoco III el Grande, a quien intentó ganar para la lucha contra Roma. Al no lograrlo, se dirigió a la isla de Creta, donde quiso reclutar soldados entre los esclavos para continuar su lucha contra los romanos.

Al fracasar en su intento, se dirigió a la corte de Prusias de Bitinia, donde volvió a querer formar un ejército contra Roma. Presionado por los romanos, Prusias de Britinia lo encarceló. Consciente de que iba a ser entregado a Roma, se envenenó (183 a. C.).

Entreacto en Hispania

Roma aprovechó la debilidad de Cartago, agravada por la sublevación de sus mercenarios (241-237), para apoderarse de Córcega y Cerdeña, a pesar del tratado de paz.

En estas circunstancias, el caudillo cartaginés Amílcar Barca propuso la conquista de nuevos territorios en la península Ibérica, donde podría obtener los recursos materiales y humanos para restaurar el poder de Cartago.

El senado de la ciudad le otorgó plenos poderes y, acompañado de su yerno Asdrúbal y de sus hijos Magón, Asdrúbal y Aníbal, se aplicó a la tarea de construir un imperio en Hispania (237-228).

Tras su muerte, su yerno continuó su labor y fundó Cartago Nova (228) como capital de los nuevos territorios. Roma, inquieta por estos avances, impuso el Ebro cómo lImité norte de esta expansión (226).

Aníbal, que sucedió a su cuñado en 221, extendió el poder cartaginés al interior: La conquista de Sagunto (219), ciudad que mantenía relaciones con Roma, proporcionó a ésta el pretexto para exigir la entrega de Aníbal. Cartago se negó, lo que desencadenó una nueva guerra (218).

Segunda Guerra Púnica

Aníbal sabía que la única forma de derrotar a Roma era atacando la base de su poder en Italia, aparentemente protegida por su dominio del mar.

El general cartaginés dejó a su hermano Asdrúbal en la península Ibérica, mientras él conducía un ejército compuesto de mercenarios africanos e hispanos, que cruzó los Pirineos, el Ródano y los Alpes en seis meses.

Aunque sus fuerzas habían quedado reducidas a la mitad (20.000 infantes y 6.000 jinetes) tras la terrible marcha, consiguió adelantarse a la, reacción romana. Venció en Trebia (218) a un primer ejército mandado por los cónsules P. Cornelio Escipión y Tiberio Sempronio, tras lo cual muchos galos se unieron a las fuerzas cartaginesas.

Aníbal entró en, Etruria y aplastó de nuevo a las tropas romanas en Trasimeno (217), dejando indefensa a Roma. Pero no se atrevió a cercar la capital con sus escasas fuerzas, y se dirigió al sur’para tratar de conseguir aliados entre las ciudades recientemente sometidas por los romanos.

Mientras éstos habían enviado a Hispania un ejército al mando de Publio y Cneo Escipión, que desembarcó en Emporion (218) y logró cortar las comunicaciones de Aníbal con sus bases en la Península.

En 215 los romanos cruzaron el Ebro, derrotaron a Asdrúbal y conquistaron Sagunto. El cartaginés tuvo que marchar a África para someter al rey númida Sífax, lo que aprovechó Publio Cornelio Escipión para avanzar hasta la Bética.

Asdrúbal volvió a la Península, reforzado por los jinetes númidas de Masinisa, y logró vencer y dar muerte a los Escipiones en Cástulo e llorci (211), obligando a los romanos a replegarse al norte del Ebro.

En otoño llegó a la Península Publio Cornelio Escipíón, hijo del cónsul del mismo nombre, que reorganizó las fuerzas romanas para evitar que Asdrúbal acudiera en ayuda de su hermano en Italia.

Escipión consiguió tomar Cartago Nova (209) y derrotar a Asdrúbal en Bailén (208), pero éste reaccionó y marchó finalmente hacia Italia.

Aníbal se había trasladado a Apulia tras la victoria de Trasimeno, mientras entraba en negociaciones con Filipo V de Macedonia y Hierónimo de Siracusa para presentar un frente común contra Roma. E

l general Fabio Cunctator le seguía de cerca sin presentar batalla, hasta que fue obligado por el senado y el cónsul Varrón.

Aníbal le aplastó en Cannas (216), lo que decidió a varias ciudades del sur a apoyarle. Trató entonces de conquistar Tarento, cuyo puerto necesitaba para restablecer sus comunicaciones con el exterior, pero la debilidad de sus fuerzas, divididas para proteger a sus nuevos aliados, se lo impidió.

Para cuando lo consiguió (213), Roma habla logrado recomponer sus tropas gracias a un extraordinario esfuerzo de su población, había contenido a Filipo en Iliria y mantenía sitiada a Siracusa, defendida por los ingenios mecánicos del sabio Arquímedes y apoyada por una flota cartaginesa.

En 211 los romanos se apoderaron de Capua y Siracusa, acorralando a Aníbal en el extremo sur de la península Itálica. Asdrúbal, que por fin había llegado a Italia, fue derrotado y muerto en Metauro (207), al tiempo que Escipión vencía a los cartagineses en lupa y expulsaba a los púnicos de casi toda la península Ibérica.

Gádir, el último bastión, cayó en 206; el romano llevó entonces la guerra a Africa (204). Consiguió la alianza de Masinisa, venció al rebelde Sífax y a los cartagineses en Útica (203) y amenazó a la propia capital.

Cartago llamó en su ayuda a Aníbal, que se puso al frente de lo que quedaba del ejército cartaginés.

La victoria de Escipián en Zama (202), que le valió el apelativo honorífico de «el Africano», significó la completa derrota de Cartago, que tuvo que renunciar a Hispania y a las islas que conservaba, entregar sus elefantes y su flota de guerra y pagar 10.000 talentos.

Además, se comprometió a no emprender nuevas campañas militares sin el consentimiento de Roma.

En el año 195 el senado romano exigió la entrega de Aníbal, convertido en sufeta(magistrado supremo) de Cartago, pero éste huyó a Oriente. Constantemente perseguido por los romanos, acabó suicidándose en Bitinia (183).

BATALLA DE CANNAS: Cannas era una llanura que Aníbal conocía bien. El cartaginés dispuso sus tropas de manera que el viento, el polvo y el sol diesen de cara a los romanos.

Colocó sus buenas tropas en las alas, formando como los cuernos de una media luna y dejó que el enemigo penetrara en el centro, lo cual facilitó el movimiento envolvente merced al cual cincuenta mil hombres  cercaron a ochenta mil. Desde el principio de la acción, la caballería númida y la española habían cargado a la caballería romana, que por tío saber combatir a galope, echó pie a tierra, y fue, por consiguiente destrozada.

La caballería de Aníbal atacó en seguida la retaguardia del ejército romano, y la batalla se convirtió en matanza en la que perecieron setenta mil legionarios. Roma se preparó o resistir el asalto. Maharbal, jefe de la caballería, instaba a Aníbal a que marchara sobre Roma diciéndole : « Déjame partir con mi caballería, y dentro de tres días comerás en el Capitolio. » Pero Aníbal no encontraba su ejército bastante fuerte para atacar a una ciudad tan importante y resuelta, y partió hacia el sur.

Tercera guerra púnica: A pesar de las derrotas, Cartago logró recuperar su vitalidad comercial, despertando la envidia de los mercaderes latinos y la suspicacia de los gobernantes romanos, especialmente Catón el Censor, que hizo famosa la frase Delenda est Carthago (Cartago debe ser destruida).

Cuando los cartagineses se enfrentaron a las constantes provocaciones del rey númida Masinisa, apoyado por Roma, ésta les declaró nuevamente la guerra (149 a. C.).

Cartago intentó negociar la paz, pero las duras condiciones impuestas por los romanos provocaron una resistencia desesperada, que se prolongó por espacio de dos años, hasta que Escipión Emiliano, nieto del Africano, tomó el mando de la expedición romana (147).

El nuevo general logró estrechar el cerco sobre Cartago, que finalmente cayó en 146.

El solar de la ciudad fue arrasado y maldito, con la ceremonia simbólica de cubrirlo de sal y la prohibición de volver a edificar sobre él. Los habitantes supervivientes fueron vendidos como esclavos y el territorio se convirtió en la provincia romana de África.

El triunfo sobre Cartago fue el detonante de la expansión y consolidación de Roma como potencia imperial. Este proceso fue más rápido que el de la etapa anterior, de lenta imposición en la península Itálica.

Aunque la completa anexión del Oriente helenístico no se consumó hasta el 30 a. C. con la sumisión de Egipto, de hecho el expansionismo romano fue irreversible a partir de la creación de la provincia de Asia en 129 a. C.

En poco más de un siglo, el poder romano pasó del Tirreno al Mediterráneo central y occidental primero y, más tarde, de Iliria al Mediterráneo oriental. A lo largo del siglo II a. C., Roma pasó a controlar todo el Mediterráneo, el mare nostrum.

 Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe)

Guerras Civiles En la Republica Romana Crisis Politica

LA REPÚBLICA EN ROMA ANTIGUA: GUERRAS CIVILES

La lucha entablada entre las clases sociales, fue el preludio de las guerras civiles que se produjeron más tarde, durante las cuales, con el apoyo de fuerzas militares, se disputaron el poder, sucesivamente, Mario y Sila; luego Pompeyo y César; y más tarde Antonio y Octavio.

Cayo Mario, (imagen)  que pertenecía al partido popular, alcanzó prestigio con la denominada guerra de Yugurta. Yugurta, sobrino del rey Micipsa, de Numidia, en el Norte de África, que había quedado dependiente de Roma, a la muerte de su tío heredó una parte de sus bienes y para quedarse con el resto no trepidó en dar muerte a sus primos.

Al tener conocimiento de lo ocurrido, los romanos lo citaron para que diera cuenta de sus actos ante el pueblo de Roma. Para librarse de esta difícil situación Yugurta sobornó a un tribuno, quien el día del proceso le impidió hablar y lo hizo salir de Roma impunemente.

Esto dio lugar a que los romanos enviaran a África un ejército a las órdenes de Metelo, cuyo teniente era Mario. Este logró captarse la simpatía de los soldados y obtuvo ser nombrado cónsul. En tal carácter se constituyó en defensor de los pobres y se comportó como los Graco. Además, realizó una reforma militar que dio cabida a los extranjeros en el ejército, con lo cual éste ya no fue más un reflejo de la sociedad romana. A partir de entonces los soldados fueron más leales a sus jefes que al estado.

Luego, Mario fue designado para reemplazar a Metelo en el mando del ejército en la guerra contra Yugurta y con el apoyo de las legiones, obligó al rey númida a huir y luego a que se lo entregaran prisionero (106 a.C.). En esas condiciones lo envió a Roma, donde murió de hambre y de frío en un calabozo subterráneo.

Por esa época, unas hordas de bárbaros procedentes de Germania, los cimbríos y los teutones, habían invadido la Galia y derrotado sucesivamente a seis ejércitos de Roma, entre los años 110 y 105 a.C. En esas circunstancias se temía que cruzaran los Alpes y se lanzaran sobre Roma, pero sorpresivamente se dirigieron hacia Iberia. Esto dio el tiempo necesario para llamar a Mario, que estaba en África, con el fin de que acudiera en defensa de Roma.

Mario reorganizó las legiones, preparándolas para una lucha decisiva y las estableció en un campamento bien fortificado cerca de Aix, en el Sur de la Galia. Al regreso de los teutones, porque los cimbrios tomaron otro camino, Mario se valió de una estrategia que le permitió derrotarlos completamente en una sangrienta jornada, en el año 102 a.C. La tradición asevera que la tierra fue abonada por cientos de cadáveres y que los marselleses cercaron sus viñedos con los huesos de sus enemigos.

De inmediato, Mario se dirigió al Norte de Italia, donde habían llegado los cimbrios, y les dio batalla en los llanos de Verceli, en la región del Piamonte, venciéndolos en el año 101 a.C.

Esta serie de triunfos le valieron a Mario ser proclamado segundo fundador de Roma y designado cónsul seis veces consecutivas.

El hecho de perpetuarse en el poder le hizo alentar aspiraciones para convertirse en Soberano, a cuyo efecto, para contar con el apoyo de las tropas, ordenó repartir tierras entre los soldados.

MARIO Y SILA:

En pleno apogeo de Mario, surgió un temible rival, Mario Cornelio Sila, (imagen derecha) que era un patricio que había servido a sus órdenes en la guerra contra Yugurta. La ocasión se presentó cuando Roma se vio amenazada por una rebelión de los pueblos italianos, que eran aliados o socios; pues como Mario, que simpatizaba con su causa, procedió contra ellos con absoluta energía, Sila asumió el mando y concluyó rápidamente la guerra, quedando al frente de un poderoso ejército.

Tiempo después, cuando se originó una nueva guerra, esta vez contra Mitrídates, (imagen izquierda) rey del Ponto, en el Asia Menor, Mario debió disputarle a Sila el mando de las tropas y obligarlo a salir de Roma. En consecuencia, Sila fue en busca de sus legiones y se enfrentó con Mario hasta vencerlo.

Mario huyó y se escondió en los pantanos de Minturnas, donde fue encontrado y tomado prisionero, pero nadie se atrevió a cumplir la orden de Sila de ejecutarlo; por lo que pudo fugar y trasladarse a Africa, pero allí no obtuvo asilo. Entretanto, sus partidarios, ante la ausencia de Sila, que había pasado al Asia Menor para luchar contra Mitrídates, lograron recuperarse con el apoyo del cónsul Cinna. Mario regresó a Roma y llevó a cabo Una cruel venganza contra sus enemigos. En esas circunstancias fue nombrado cónsul por séptima vez, pero falleció en el curso del mismo año 86 a.C., víctima de los excesos que había cometido durante su vida.

A Pesar de la muerte de Mario, su partido siguió controlando la Situación en Roma por el término de tres años más, pero en el año 83 a.C., Sila regresó del Oriente, luego de haber vencido a Mitrídates y  sofocando las rebeliones de Grecia.

Dictadura de Sila:

Rápidamente recuperó el poder y erigido en dictador perpetuo, puso en ejecución una sistemática venganza contra {os partidarios de Mario, quienes quedaron sojuzgados en sus vidas y bienes. Los tribunos perdieron el derecho de vetar y proponer leyes. Además, se modificaron las leyes para devolverles a los patricios sus antiguos privilegios. En ese momento pareció que el partido popular había sido eliminado.

Durante tres años Sila ejerció el poder supremo, al cabo de los cuales renunció (79 a.C.) y volvió a ser un simple ciudadano. Al año siguiente falleció en su casa de Cumas, por los efectos de una terrible enfermedad, que lo consumió gradualmente.

Entretanto, Sertorio había reconstruido el partido de Mario en España y se enfrentó con los seguidores de Sila, pero fue vencido y muerto.

A su vez, en Italia, se produjo una sublevación de los gladiadores, acaudillados por Espartaco, un esclavo de raza númida, que organizó un formidable ejército integrado por esclavos y pastores de los Apeninos, que se enfrentó con éxito contra las legiones romanas. La lucha se sostuvo durante dos anos, pero finalmente fue vencido en el año 71 a.C., a orillas del Silaro, en la Apulia por el cónsul Marco Licinio’ Craso, rico propietario que organizó un ejército con sus propios recursos.

Pompeyo:

Durante la dictadura de Sila comenzó a distinguirse uno de sus jóvenes lugartenientes llamado Cneyo Pompeyo (imagen). Cuando volvía de España, una vez finalizada la guerra contra Sertorio, Pompeyo se encontró con los últimos grupos de gladiadores que seguían resistiendo, y los derrotó por completo.

Más tarde, en el año 67 a.C. se le encomendó la tarea de librar a las costas de Italia del ataque constante de los piratas, para lo cual se le acordaron plenos poderes. En efecto, aprovechando el desorden provocado por las guerras civiles, los piratas se habían apoderado del puerto de Gaeta, incendiado una escuadra romana en Ostia y saqueado la isla de Delos, que era el mercado más importante de Oriente.

Pompeyo, en menos de tres meses alejó a los piratas y los persiguió hasta sus bases de apoyo, situadas en el Asia. En estas circunstancias, Pompeyo pareció ser la gran figura que Roma necesitaba para recuperar su antigua grandeza.

Guerra contra Mitrídates: Como vimos, Mitrídate era rey del Ponto, una pequeña provincia de Asia situada a orillas del Ponto Euxino, pero hacia el año 88 a.C. había extendido SUS dominios a toda el Asia Menor.

Durante cuatro años Sila luchó contra Mitrídates y finalmente logró vencerlo reduciéndolo nuevamente a un pequeño territorio.

A la muerte de Sila, Mitrídates volvió a la acción, por lo cual los romanos enviaron contra él al procónsul Lucio Licinio Lúculo, quien lo aplastó por completo, apoderándose de un vasto tesoro, que lo convirtió en uno de los hombres más ricos de Roma.

Luego Pompeyo fue destinado al Asia y completó la obra comenzada por Lúculo, convirtiendo en provincias romanas al Ponto, Cilicia y a Fenicia; y sometiendo a la Palestina a la autoridad de Roma (64 a.C.)

Mitrídates, a quien se creía muerto, pensaba entretanto en seguir la lucha contra los romanos, mediante una gran expedición que pasara a Europa, siguiera el curso del Danubio y llegara a Italia por el Este, así’ como antes lo había hecho Aníbal por el Oeste. Sin embargo, esta vez sus tropas se negaron a seguirlo y fue traicionado hasta por su propio hijo Farnaces. Como no quiso entregarse vivo a los romanos, se suicidó, en el año 63 a.C.

Con la desaparición de Mitrídates, Pompeyo quedó dueño de la. situación y consolidó el poder romano sobre el Oriente cercano.

Conspiración de Catilina:

Entretanto, en Roma, Lucio Sergio Catilina (imagen) que, aunque desprestigiado por sus antecedentes, debido a la persecución de los amigos de Mario, ejercía gran atractivo entre sus conciudadanos, tramó una, conspiración para adueñarse del poder.

Entre sus planes figuraba el asesinato de todos los magistrados y el saqueo de la ciudad. Sin embargo, la conjuración fracasó debido a la inteligencia y energía de Marco Tulio Cicerón, célebre abogado y distinguido político que fustigó a Catilina en una serie de discursos que se recuerdan como las catilinarias.

Luego de descubrir la conspiración, Cicerón obligó a Catilina a salir Roma e hizo ejecutar a sus cómplices. Catilina intentó resistirse por las armas, pero fue vencido y muerto durante la lucha. No obstante, a pesar de haber salvado a la República, Cicerón fue acusado de no haber respetado las formas legales; pero su conducta fue: aprobada por el pueblo romano que lo aclamó.

César:

Para esta época, regresó Pompeyo del Asia y aunque pudo ejercer el supremo poder, quiso respetar las instituciones romanas y cedió el gobierno al Senado, que le había exigido licenciar las tropas y entrar. Roma desarmado. El Senado aprovechó las circunstancias y humilló a Pompeyo negándole tierras para sus soldados y no ratificando la paz que había acordado en el Asia. Poco después surgió un rival de Pompeyo, que no tuvo tales escrúpulos: Cayo Julio César. (imagen)

César era sobrino de Mario y por ese motivo estuvo a punto de ser víctima de las proscripciones de Sila, pero logró escapar y cayó en manos de unos piratas que respetaron su vida, lo que no impidió que cuando César pudo liberarse los persiguiera y los hiciera ahorcar.

Finalizada la dictadura de Sila, César fue nombrado edil y luego recorrió todas las magistraturas y obtuvo el mando de una expedición; que se dirigía a España.

César alentaba grandes ambiciones y para lograr sus propósitos se hizo amigo de Pompeyo, que era el más respetado de los romanos, también de Craso, que era el más rico, y formé con ellos una alianza secreta que dio existencia a lo que se conoce como el Primer Triunvirato.

Valido de esta influencia obtuvo el nombramiento de cónsul, cargo desde el cual realizó una importante obra de gobierno que acrecentó su popularidad. Cuando finalizó su período se hizo nombrar procónsul (gobernador) de la Galia, de la que los romanos poseían solo una parte, por lo que se propuso conquistarla por completo, par obtener la gloria y la riqueza necesarias para llegar al poder en Roma.

Guerra de la Galia:

En un principio, César se presentó a los galos como aliado (58 a.C.) rechazó a los helvecios, que querían establecerse en la Galia, y luego los germanos, que habían cruzado el Rin y dominado a varios pueblos del Este, por lo cual fue considerado como un libertador.

Ante esta situación, los galos del Norte o belgas, interpretaron sentido de la campaña de César y pretendieron resistirlo, pero fuero vencido en la batalla del río Sambre.

De esta manera, en pocos años, los romanos se apoderaron de la Galia, por lo cual, los jefes de dos importantes ciudades, Tréueris y Leodiuin (Lieja), iniciaron en el año 54 a.C. una sublevación, que fue reprimida por Cósavtun extrema severidad.

Esto dio lugar a una conjuración, de la que participaron la mayor parte de las ciudades galas, la que fue encabezada por un joven y valiente guerrero que había servido en las tropas auxiliares de Roma reclutadas en la Galia, llamado Vercingetorix. (imagen izquierda). César, que se encontraba en Italia, regresó de inmediato para hacerle frente, pero el jefe galo destruyó más de veinte poblaciones a su paso para que los romanos perecieran de hambre.

Solamente quedó en pie Avaricum (Bourges), que era la capital de la Galia, la que cayó en poder de César luego de haber doblegado la heroica resistencia de sus habitantes. De allí se dirigió a Gergouia, situada en una elevada meseta, de laderas muy abruptas, que la hacían casi inexpugnable. César intentó tomarla, pero sus esfuerzos resultaron infructuosos, por lo que decidió retirarse. Fue entonces que la caballería gala, desobedeciendo la orden de Vercingetorix, se empeñó en un combate con los romanos, cerca de Dijón, y sufrió un serio revés.

Esta circunstancia le dio la oportunidad a César de encerrar en la ciudad de Alesia, próxima a Dijón, a las fuerzas de Vercingetorix. No obstante, no pudo tomar la plaza de inmediato porque le ofreció una denodada resistencia. Un ejército galo de más de 140.000 hombres que concurrió en ayuda de sus compatriotas no pudo sortear los obstáculos opuestos por los romanos y fue completamente derrotado (52 a.C.).

Al conocer este hecho, Vercingetorix, para salvar a los galos, se entregó a César, quien lo envió a Roma, donde permaneció seis años preso, hasta que fue ejecutado. César se quedó un año más en la Galia para consolidar su victoria y pacificar la región. Entretanto, en Roma, en la medida que se acrecentaba el prestigio de César, decaía el de Pompeyo, que ni siquiera podía mantener en orden la ciudad. Craso había muerto en una campaña contra los partos.

Caída de Pompeyo:

Esto lo decidió a César para derrocar a Pompeyo. A pesar de que estaba prohibido a los gobernadores romanos salir de su provincia acompañados de las tropas que se encontraban bajo su mando, César cruzó el Rubícón, que era el límite impuesto por el Senado, y marchó sobre Roma. Fue en esta ocasión cuando César pronunció su famosa frase: Alea jacta est (La suerte está echada).

Julio César Cruza el Rubicón

Ante esta atrevida actitud, el Senado lo declaró enemigo de la República y nombró a Pompeyo dictador. Sin embargo, éste, a pesar de estar investido de plenos poderes, no atinó a reaccionar y huyó a Grecia, acompañado por los miembros del Senado y la mayor parte de los nobles. Vencidos todos los obstáculos, César entró en Roma sin resistencia alguna, aclamado por el partido popular. De inmediato constituyó un nuevo Senado con quienes lo apoyaban. Luego, para asegurar su posición, se dirigió a España, donde se encontraban las mejores legiones de Pompeyo y se impuso sobre ellas. En seguida regresó a Italia y luego cruzó al Adriático para ir en búsqueda de Pompeyo.

Este, en principio quiso eludir la batalla, pero presionado por los nobles que lo acompañaban, se vió obligado a enfrentar a César en Farsalia, en el año 48 a.C., donde fue completamente derrotado. Nuevamente en necesidad de huir, Pompeyo se trasladó al Asia Menor para reunirse con su familia y desde allí a Egipto. donde esperaba encontrar ayuda o al menos asilo, pero fue víctima de la traición de los ministros de Ptolomeo que lo asesinaron y entregaron su cabeza a César cuando éste llegó a Alejandría. César repudió este crimen y ordenó castigar a los asesinos; además, reemplazó a Ptolomeo por su hermana, la hermosa Cleopatra. Con el resultado de la batalla de Farsalia, César quedó en posesión de la Macedonia, Grecia, el Asia Menor y Egipto.

En esas circunstancias, Farnaces, hijo de Mitrídates, se propuso reconquistar el Asia Menor, pero César se movilizó con tanta rapidez que, en poco tiempo logró desbaratarlo de tal manera, que pudo decir con acierto: Vini, vidi, Vinci (Vine, ví, vencí), frase que reflejaba el apogeo de su poder.

Del Asia Menor, César volvió al Norte de Africa, donde derrotó a los tenientes de Pompeyo, que continuaban resistiendo, en la batalla de Thapso (46 a.C.). Solamente los hijos de Pompeyo quedaron en pie con un ejército en España, donde también acudió César y logró vencerlos en la batalla de Munda (45 a.C.), después de lo cual quedó dueño absoluto de todo el mundo antiguo y con una fama comparable a la de Alejandro. Roma lo consagró con el honroso título de Padre (le la Patria y lo nombró dictador perpetuo, con derecho a designar a todos los magistrados; imperator, o sea, jefe supremo de las fuerzas armadas; y pontífice máximo, es decir, la suprema jerarquía religiosa.

La dictadura: En la cumbre del poder, César se mostró magnánimo con sus enemigos y procuró atraérselos a su causa. Además, emprendió una obra de gobierno destinada a unificar el mundo romano con las mismas instituciones, a fomentar el desarrollo económico y a embellecer a Roma. Sus planes eran todavía más ambiciosos, pero su fortuna se vid interrumpida bruscamente por una conspiración que acabó con su vida. En esta conjura participaron todos quienes temían Su despotismo creciente, y no titubearon en asesinarlo en una ocasión en que visitaba el Senado. Los conjurados lo rodearon y le dieron muerte a puñaladas(44 a.C.). Entre ellos se encontraba Bruto, que era el hijo adoptivo de César.

Antonio y Octavio

A la muerte de César, su sobrino Cayo Octavio manifestó sus intenciones de asumir el poder, por lo cual tuvo que enfrentarse con Marco Antonio, antiguo amigo de César que se había proclamado su vengador. Para ello contó con el apoyo de los republicanos y de Cicerón, que se convirtió en su consejero.

No obstante, el enfrentamiento no se produjo porque Octavio se reconcilié con Antonio y se repartió con él y Lépido, jefe del ejército de las Galias, el gobierno de las provincias; con lo que quedó constituido el Segundo Triunvirato.

Para lograr este acuerdo, Octavio lo entregó a Cicerón, que fue asesinado por orden de Antonio (43 a.C.). A esta ejecución siguieron muchas otras que hicieron recordar los tiempos de Sila. Entretanto, Bruto y Casiu, que habían participado del asesinato de César, al frente del partido republicano, lograron reunir un ejército de mas de 100.000 hombres en Macedonia para disputarle el poder al triunvirato.

Antonio y Octavio se dirigieron a su encuentro y los derrotaron en dos batallas sucesivas en los llanos de Filipos. Al ser vencidos, Casio y Bruto se suicidaron.

Los vencedores se repartieron las posesiones de Roma, correspondiéndole a Octavio el Occidente, a Antonio el Oriente y a Lépido (imagen derecha) el África, aunque este último resigné sus dominios en favor de Octavio.

Antonio, instalado en Egipto, se enamoró de Cleopatra y se entretuvo en fiestas y placeres, mientras Octavio consolidaba su poder en Occidente. Finalmente, advertido de su error, Marco Antonio organizó un gran ejército, con el que se dispuso a combatir a Octavio. Inducido por Cleopatra resolvió hacerlo por mar. Ambas flotas se encontraron al Norte de Grecia, en el golfo de Ambracia, cerca de Accio, y ante el primer embate, Cleopatra, atemorizada, se retira con las naves egipcias y Antonio, en lugar de seguir combatiendo, optó por seguirla. Octavio los persiguió hasta Egipto, donde Antonio, sintiéndose derrotado, decidió suicidarse; y Cleopatra, luego de haber tratado infructuosamente de seducir al vencedor, siguió el ejemplo de su amante.

Egipto quedó convertido en una provincia romana y Octavio, que tomó el nombre de Augusto hasta entonces reservado a los dioses en emperador de Roma y amo del mundo (31 a.C.).

SIGLO DE AUGUSTO: Con el encumbramiento de Octavio, el Imperio romano llegó al máximo de su extensión y abarcó todo el mundo civilizado de aquella época, que en conjunto abarcaba una superficie aproximada a los 9 millones de kilómetros cuadrados.

Sus vastas posesiones limitaban al Oeste con el Océano Atlántico; al Norte con los ríos Rin y Danubio, el Ponto Euxino (mar Negro) y el Cáucaso; al Este con el mar Hircanio (Caspio) y el río Eufrates; y al Sur con el mar Eritreo (Omán), Arabia, el golfo Arábigo (mar Rojo) y los desiertos de África. La población de estos territorios alcanzaba a los 100 millones de habitantes.

Continua: EL IMPERIO ROMANO

Fuente Consultada:
Historia Para 1er. Año de José Maria Ramallo. Editorial Braga S.A.

La ciudad romana de Pompeya Bajo Las Cenizas del Vesubio Tragedia

La ciudad romana de Pompeya Bajo Las Cenizas del Vesubio

Un suceso accidental nos ha proporcionado el medio de representarnos con precisión la vida que se hacía en una ciudad romana del imperio. El año 79 de nuestra Era, una erupción del Vesubio destruyó dos ciudades pequeñas a orillas del golfo de Nápoles, Herculano y Pompeya.

La catástrofe nos es bien conocida por una carta de Plinio el Joven, que refiere cómo su tío pereció queriendo observar el fenómeno.

Pero no era conocido el sitio que estas ciudades ocuparon cuando en el siglo XVIII se descubrió por casualidad Herculano, cubierta por una capa de lava, luego Pompeya, enterrada debajo de una capa de cenizas y piedra pómez.

Primeramente se hicieron excavaciones en Herculano, donde se encontraron lindas estatuas y rollos de manuscritos abrasados, pero pareció demasiado dura la lava y se prefirió trabajar en Pompeya.

Así se ha hecho durante todo el siglo XIX y buena parte de la ciudad aparece hoy limpia de escombros.

pompeya

Por aquella época Pompeya era una ciudad que en la actualidad consideraríamos pequeña (ocupaba unas 80 hectáreas), pero bastante importante en opinión de sus habitantes y de otros romanos.

Su historia se remonta a la época etrusca, y sus ciudadanos —unos 20.000— descendían de los pueblos prerromanos y de los colonos romanos que se establecieron en la zona cuando Roma extendió su dominación sobre la Campania, región fértil y rica. 

Se alzaba a orillas del río Sarno, que en la actualidad carece de importancia pero que entonces permitía que Pompeya fuera el puerto en el que atracaban los buques mercantes que recogían los productos agrícolas y las manufacturas de la ciudad.

Pompeya constituía uno de los centros a través de cuyos mercados y muelles la Campania mantenía contactos con el mundo exterior.

Las casas, en su tipo más sencillo, tenía una sola puerta a la calle, y estaba cerrada todo alrededor por altas paredes, privadas de ventanas y provistas sólo de altos y estrechos respiraderos hacia el exterior, que servían para la ventilación.

Parecía, pues, una pequeña fortaleza.

Desde la entrada , tras haber recorrido un estrecho corredor, se llegaba al patio central o atrio; alrededor de éste se abrían las habitaciones de alojamiento, los «cubicula», y frente a la puerta estaba el «tablinum», lugar de reunión de toda la familia.

(imagen de un esqueleto de aquella época sepultado bajo las cenizas durante 1900 años).

Este tipo sencillo y austero de casa pompeyana, usado en los siglos IV y III a. C., se transformó, gracias a la influencia griega, en una casa más suntuosa, en una especie de verdadero y auténtico ‘palacio. Pero, junto a la lujosa casa del rico patricio o del mercader enriquecido, estaba siempre la modesta habitación del pequeño artesano o del comerciante.

Estas habitaciones estaban reservadas para una sola familia, porque en Pompeya todavía no había hecho su aparición la gran casa de alquiler, característica de la Ostia antigua y muy corriente en la Roma imperial.

Junto a las casas había tiendas, pequeños albergues, garitos, establos, hornos y hosterías; todos estos edificios contribuyen a revelarnos el aspecto de la vida en aquellos tiempos.

Han contribuido a la reconstrucción del ambiente las pocas inscripciones de carácter público y monumental grabadas en mármol y las inscripciones ornamentales pintadas o esgrafiadas sobre los muros.

Este era un rasgo verdaderamente característico de la vida ciudadana; de hecho, los acontecimientos grandes o pequeños (las elecciones para los cargos municipales, los espectáculos del anfiteatro, los alquileres de casas o terrenos, la búsqueda de un animal perdido) se anunciaban mediante carteles pecados en las paredes.

Aparte de estas inscripciones, que podemos llamar públicas, se grababan en la pared, con la punta del estilo o de cualquier instrumento aguzado, las cuentas del hostelero, las deudas de la clientela, las fechas de los viajes del hombre de negocios, los pensamientos, las invitaciones, los recuerdos de los enamorados, los signos del abecedario de los escolares, los ultrajes, las caricaturas, las aclamaciones o los insultos de los espectadores del anfiteatro.

casa en pompeya

Caso de toreius Tiburtinus – La señorial mansión de Loreius Tiburtinus nos ofrece una imagen de cómo debía ser la vida de los ricos pompeyanos. Un gran portal se abría al atrio por el que se llegaba a un pequeño peristilo. De allí se pasaba a una larga galería con pórticos y cubierta por un emparrado. Esta galena, elevada como una terraza, se asomaba sobre el jardín que estaba abajo; a lo largo de ella corría un canal en cuyas márgenes se habían colocado unas estatuillas. Las habitaciones más lujosas daban, precisamente, a esta galería. Una fuente brotaba en medio de este oasis de paz, y el agua corría más abajo por un largo canal que atravesaba el jardín. ‘En éste había extensas filas de árboles frutales: en efecto, se han encontrado huellas de raíces

En las cercanías de la ciudad, a unos 1.200 metros sobre el nivel del mar, se erguía el Vesubio, el último volcán activo del continente europeo.

La pequeña población se encontraba a unos 9 kilómetros de la cima y a unos 6 de otra ciudad, Herculano, situada en la costa al oeste del volcán.

El Vesubio es uno de los pocos supervivientes de una serie de antiguos volcanes de la región; también se han mantenido en actividad otros situados en las islas cercanas (como el Etna, en Sicilia).

La última erupción del Vesubio se produjo en 1944 y, teniendo en cuenta los testimonios históricos y la frecuencia de las erupciones, existen numerosas posibilidades de que vuelva a producirse otra dentro de poco tiempo.

Pero la más famosa y catastrófica fue la que tuvo lugar el 24 de agosto del año 79 d.C.

Conocemos bien los detalles de este acontecimiento gracias al testimonio de Plinio el Joven.

La zona sufrió temblores de tierra durante varios días y se secaron los manantiales, señales inequívocas del aumento de presión en el interior del cráter. Después, probablemente un poco antes del mediodía del 24 de agosto, hubo una gran explosión.

En el monte se abrió otro cráter y un chorro de gas caliente arrojó millares de toneladas de piedras, en gran parte al rojo vivo, a miles de metros de altura, fenómeno que se prolongó cierto tiempo.

Una nube en forma de paraguas (seguramente parecida a la que desencadenan las explosiones nucleares) ocultó el sol, y a continuación los detritos empezaron a caer al suelo.

A media tarde, Pompeya quedó enterrada bajo seis metros de piedra pómez y cenizas. Herculano se libró de esto, pero fue arrollada por el barro ardiente, que la sepultó a 15 metros de profundidad, endureciendo como una roca todo cuanto en ella había.

El proceso fue lo suficientemente lento como para que la gente tuviera tiempo de huir: en Herculano sólo se han encontrado 20 ó 30 esqueletos.

En Pompeya, las cosas sucedieron de otro modo: murieron unas 2.000 personas, algunas aplastadas por las piedras, pero sobre todo asfixiadas por los gases o sofocadas por las cenizas. También quedaron arrasadas varias ciudades y aldeas cercanas, y en un par de horas desapareció de la faz de la tierra una sociedad entera.

Pompeya siguió sepultada hasta que en 1763 se descubrió su emplazamiento, tras 15 años de excavaciones.

horno

Molino con horno – El hallazgo de un molino con horno testimonia el carácter, todavía doméstico y primitivo, que en la antigüedad tenía la industria del pan. Las piedras de molino estaban formadas por dos bloques de lava volcánica y sustentadas por unos cimientos. La piedra inferior actuaba de eje de rotación fijo, y a la superior se le hacía girar a fuerza de brazos o mediante asnos, con una armadura de madera y dos barras que sobresalían. Se hacía caer el trigo entre las dos superficies de contacto, y la harina se recogía en el borde de la base circular. Junto a las muelas se pueden ver todavía, bien conservados, los bancos para amasar el pan, el horno para cocerlo y el lugar para venderlo.


Casa del Fauno – Por su amplitud, por su estructura arquitectónica, por las pinturas y mosaicos que adornaban las. paredes, la casa del Fauno debía de ser una vivienda principesca (se cree que la habitó P. Sila, sobrino del dictador). Se remonta al siglo II a. C, y está considerada como el más bello ejemplo de residencia privada que ha llegado desde la antigüedad hasta nosotros. •£! nombre le viene de la maravillosa estatuilla de bronce de un Fauno danzante que estaba colocada en el centro del atrio (la que reproducimos es una copia; el original se encuentra en él Museo Nacional de Napóles),

En Pompeya, en una terraza que se encuentra entre Puerta Marina y la plaza de la Exedra, se alza un edificio moderno que ningún turista ni investigador deja de visitar.

Es el Antiquarium, único edificio de esta ciudad (toda ella un gran museo) que desempeña las funciones de museo propiamente dicho.

Efectivamente, en cuatro grandes salas y dos salitas se muestra allí una colección de utensilios, esculturas, fragmentos arquitectónicos y objetos sumamente raros e interesantes, que merecen ser conservados con especial cuidado por su valor de documento histórico y humano.

Entre todos los objetos expuestos, los que más llaman la atención de los visitantes son los vaciados en yeso.

Reproducen, con absoluta fidelidad, In form:i de todo aquello que el yeso para reproducir la forma de los árboles, animales, cuerpos humanos, alimentos, utensilios de madera, etc., se le ocurrió por primera vez a Giuseppe Fiorelli, el hombre que, en 1860, inició, metódica y diligentemente, las excavaciones.

Se fijó en que la ceniza de la erupción volcánica que destruyó a Pompeya, ceniza que con el transcurso de los siglos se había vuelto dura y compacta como la piedra, presentaba extrañas cavidades.

Fiorelli advirtió que éstas correspondían a los espacios ocupados, en el momento de la erupción, por los cuerpos de las víctimas y diversos objetos que, después, se habían ido convirtiendo en polvo.

Luego pensó que colando yeso desleído en las cavidades se podía reproducir fielmente, hasta en sus más pequeños detalles, el aspecto de los cuerpos y cosas sepultados por la erupción.

Vaciado en yeso de un perro – En la angustia de la huida, nadie pensó en el perro de Vesonio, que quedó atado a la cadena. Mientras caía la ardiente ceniza el pobre animal intentó liberarse por todos los medios posibles, retorciéndose para romper la cadena, que resistió  a sus esfuerzos. Las emanaciones se produjeron la muerte y permaneció para siempre junto a su puerta.

rueda

Vaciado en yeso de una rueda Esta rueda fue, quizá, montada en su eje con demasiada prisa y puede haber saltado mientras el vehículo intentaba abandonar la ciudad; fue tal vez obra de un artesano que la habría dejado provisionalmente a la puerta de su tienda. La madera se fue deshaciendo lentamente, y sólo quedó ^su huella en la lava. El vaciado en yeso, obtenido de ese molde, nos revela la técnica constructiva de los operadores pompeyanos del siglo I

arbol
Vaciado en yeso de un árbol Más allá de la Puerta Stabiana crecía un frondoso laurel. ¡Cuántos forasteros, antes de entrar en la ciudad, descansarían a su sombra! Quizá sirvió también como punto de cita: «Nos encontraremos en el laurel, pasando la Puerta Stabiana…» El vaciado en yeso de este árbol se halla en un ángulo de la última sala, que dá a Puerta Marina.

imagen pompeya

Vaciado en yeso de un mulateroHe aquí el vaciado de una figura humana: la de un mulatero que había buscado refugio contra la lluvia de ceniza y de casquijo de lava, acurrucándose en un rincón. El pobre hombre intentó protegerse envolviéndose en su tosca capa y tapándose la boca con un borde de ella, para defenderse de los gases mefíticos. En este vaciado no se observa el dramatismo que muestran el del perro y el de la joven: el hombre parece dormido.

PLINIO, el joven le escribió con detalle el caos apocalíptico que se produjo. Sus famosas cartas a Tácito constituyen el primer testimonio conocido de un testigo visual de una erupción volcánica. Las ciudades enterradas se sumieron en un olvido casi absoluto hasta el inicio de excavaciones en el siglo XVIII. Desde entonces, las palas han desenterrado, un inestimable tesoro arqueológico y geológico: dos florecientes poblaciones romanas, paralizadas en le momento en que se produjo su destrucción.

El viento transportó la nube de ceniza del Vesubio a la ciudad de Pompeya. Herculano, situado al oeste del volcán, apenas sufrió el embate de la ceniza. Pero las nubes ardientes y plininas que vinieron a continuación rodearon por todas las laderas del volcán y acabaron enterrando a ambas poblaciones.

Pasado el tiempo, e! Vesubio tuvo unas cincuenta erupciones más. En 1631 y en 1794, la villa Jorre del Greco fue alcanzada por la lava.

En 1872 se produjo otra violenta erupción, mientras que en 1900, sin que hubiera emisión de lavas, ocurrieron violentas explosiones con expulsión de rocas y piedras que cayeron en las inmediaciones del volcán.

Así, su cono terminal, que media 1.014

metros, en 1882 alcanzó 1.242 metros y en la actualidad llega a 1.335. En 1906 destruyó la villa Busco Trecase y llegó hasta Torre Annunciata. En julio de 1913 sobrevino otro período de actividad que duró hasta 1925.

En 1929 ruidos subterráneos anunciaron su próxima actividad y el 2 de junio se produjeron sacudidas sísmicas.

El alud de lavas descendió hasta el denominado valle del Infierno a razón de 3 metros por segundo, Por último, en 1944 se produjo otra erupción qué se caracterizó por una importante emisión de lavas incandescentes y por una capa de cenizas ardientes.

Actualmente, un ferrocarril de cremallera conduce hasta el mismo cráter del volcán, siempre lleno de sugestión, pero siempre también humeante y amenazador. Nada hace suponer que el Vesubio haya cesado su actividad.

Un observatorio vulcanológico situado próximo a él lo vigila atentamente, para prevenir al instante cualquiera de sus reacciones. La actividad del Vesubio no se ha extinguido, y su poder destructivo permanece latente, aunque Pompeya, Herculano y Stabia hayan quedado muy atrás…

La Ley de las Doce Tablas Guerras Civiles Patricios y Plebeyos Roma

Ley de las Doce Tablas Guerras Civiles en Roma

CONFLICTOS CIVILES EN ROMA ANTIGUA:
PATRICIOS Y PLEBEYOS
PRIMERAS CONQUISTA PLEBEYAS

El camino emprendido por la plebe hacia su plena equiparación política y jurídica con el patriciado, conoció dos éxitos esenciales con la codificación del derecho romano y el acceso de los tribunos militares al poder consular.

A mediados del siglo V a. C., la plebe romana proseguía la lucha por la igualdad política y jurídica con el patriciado. Las exigencias plebeyas abogaban por la clarificación del ámbito del derecho y su participación en la política romana, a la vez que mantenían las aspiraciones del reparto de tierras del ager romanus -tierras del estado- y la abolición del nexum para acabar con la esclavitud por deudas.

En el año 451 a. de C. la presión de los plebeyos condujo a la creación de una comisión especial formada por diez hombres, que se responsabilizó de la codificación de las leyes romanas y de hacerlas públicas. Al llevar a cabo esto, los plebeyos abrigaban la esperanza de restringir el poder arbitrario de los magistrados patricios, los cuales tenían acceso exclusivo a las leyes.

Las Doce tablas representan la primera codificación formal de leyes y costumbres romanas. Las leyes abordan asuntos de procedimientos de litigio, deudas, relaciones familiares, propiedad y otras serias concernientes a las leyes públicas y sagradas. El código estaba grabado en placas de bronce, las cuales a la larga se destruyeron.

Aparición del derecho escrito: Un grupo de diez hombres, los decenviros, encabezados por el patricio Apio Claudio, la codificación del derecho vigente para hacerlo extensivo a todos los miembros de la comunidad. La redacción de la llamada Ley de las Doce Tablas se hizo sobre la base del viejo derecho consuetudinario y el conocimiento de los esquemas griegos.

La consignación escrita de las Doce Tablas supuso una irrupción profunda en los privilegios de la nobleza. Se trataba esencialmente de la fijación escrita del derecho vigente, cuyo conocimiento había estado reservado tradicionalmente a los sacerdotes patricios. Las Doce Tablas, además de desvincular la jurisprudencia de la férula sacerdotal, inauguraron la tradición jurídica romana que proporcionaba a cada ciudadano certidumbre y seguridad jurídica, mediante las respuestas (responso) de un letrado (iuris consultó).

Constituyeron la fuente de todo el derecho, público y privado (fons omnis publici y privatique iuris) y su compilación alcanzó al derecho privado, penal y procesal y logró una amplia equiparación punitiva de los diferentes estamentos. Aunque muchas de sus prescripciones recogían aún las antiguas y rudas formas de autodefensa, venganza privada y represalia, en las Doce Tablas se aprecian los primeros rasgos de una humanización de la justicia basada en la indemnización y la reparación de daños.

El texto íntegro de estas leyes no ha llegado hasta nosotros, aunque, como «incunable» del derecho romano, fue universalmente conocido hasta época muy tardía. En tiempos de Cicerón los artículos de las Leyes de las Doce Tablas, redactados en un latín arcaizante, eran aún tema de ejercicio en las escuelas. Pero las numerosas citas de los autores antiguos nos dan una idea suficientemente clara del alcance de la codificación y del espíritu que la inspiró. Las prescripciones, impregnadas aún de cierto espíritu mágico, ofrecen la imagen de una sociedad agraria de tipo gentilicio, patriarcal.

La solidez de la familia, fundamento de la sociedad romana, se apoya sobre la autoridad del pater familias, que es ilimitada. Éste tiene derecho de vida o muerte sobre su mujer, los hijos, los plebeyos que están bajo su protección y los esclavos.

Este derecho sólo está limitado por la costumbre que le obliga a oír la opinión de un consejo de familia antes de aplicar a la mujer y a los hijos las penas más graves. Sus herederos son los hijos varones. La mujer pasa de la autoridad de su padre a la de su marido y, si éste muere, cae bajo la tutela de un pariente del difunto. Los deberes del plebeyo hacia su señor son abundantes y severos, pero recibe a cambio una protección ilimitada del señor. Si le engaña, es maldecido.

Los atentados contra la propiedad privada son castigados con severidad: quien los sufre puede matar impunemente a quien los perpetra. Cuando alguien muere sin testamento y sin herederos, sus bienes pasan a propiedad de los miembros de sugerís. Esta norma es un eco de antiguas costumbres gentilicias, cuando quizá la propiedad de la tierra era aún colectiva.

Las referencias a la vida agrícola son numerosas: execración contra quien maldice la cosecha; condena a ser quemado vivo a quien quema voluntariamente las gavillas de mieses almacenadas junto a las casas campesinas, etc.

La ley del Tallón, propia de sociedades arcaicas, está aún en vigor. El deudor que no paga no tiene salvación posible; su acreedor puede matarlo o venderlo como esclavo al otro lado del Tíber, es decir, fuera de los límites del estado. Si los acreedores son más de uno, el deudor puede ser cortado ni pedazos para satisfacer los derechos de todos ellos.

Como se ve, se trata de normas que regulan tradicionalmente la vida en el ámbito de la comunidad patricia. Pero en la codificación no faltan indicios de una tendencia a mitigar el rigor de ciertas normas habituales. Por ejemplo, está prevista una forma de matrimonio consensual que rescata a la esposa de la manus maritalis: si ella falta tres noches al lecho conyugal, previa declaración de no querer regresar a la casa del marido, el matrimonio queda anulado. El derecho paterno de matar a los recién nacidos queda también abolido. El padre está obligado a educar a todos los hijos varones y, al menos, a la mayor de las hijas.

Otras leyes indican algunas concesiones que son auténticas conquistas para la plebe. Son precisamente estas normas las que constituyen la mayor contribución de los jefes de la plebe a la formulación de las Leyes de las Doce Tablas, y reflejan la mentalidad más abierta, es decir, la que aquellos individuos que, por relaciones de  comercio de cualquier otro tipo, están mayormente sensibilizados al mundo cultural greco-etrusco, sin duda más evolucionado.

Así, por ejemplo, se prevé la posibilidad de reparar, mediante el pago de una cantidad, los daños físicos hechos a una persona. Es éste un primer intento de superar la vieja norma del «ojo por ojo y diente por diente». Se establece además un intervalo de noventa días entre la declaración de una condena a un deudor y su ejecución.

Al calendario civil entonces vigente, que se atribuye al rey Numa y que con sus 355 días distribuidos en doce meses se atrasa respecto al astronómico, se añade, cada dos años, un mes intercalable fijo para ir a la par con el ciclo solar. Tal innovación la exigía la necesidad de cierta estabilidad, a fin de que las modificaciones sean del conocimiento de todos y no dependan solamente de decisiones arbitrarias de los pontífices, sacerdotes patricios encargados de atender al calendario. Esta finalidad no se logró enteramente, ya que el calendario siguió oscilando debido a la imprecisión de los cálculos hechos. Sin embargo, el simple planteamiento del problema constituye ya un hecho importante.

Finalmente, es artículo de gran importancia la prohibición solemne de condenar a muerte a los ciudadanos, a no ser por el comido centuriado, el cual no se pronunciará sino después que el acusado haya sido presentado al juicio de los duoviri perduellionis para los delitos contra el estado, y al de los quaestores parricida para los demás delitos contra los particulares.

Aun prescindiendo de estas innovaciones particulares, la codificación de los decenviros representa un factor decisivo en la estructura social y política romana. La ley escrita, conocida de todos, impide normalmente su infracción, lo que favorece a las personas particulares, o la interpretación arbitraria del magistrado que aplica justicia. La noción de derecho, ius, penetra en las conciencias y se impone gradualmente al concepto de lo fas y lo nefas, lo lícito y no lícito según el derecho sagrado, inseparable de la religión.

La primera codificación escrita del derecho romano es, pues, un hecho de capital importancia. Así fue considerado por los antiguos y será admirable la influencia que esta codificación tendrá sobre el desarrollo de las concepciones jurídicas de toda Europa.

ley de las doce tablas

Estos fragmentos se tomaron de las reconstrucciones del código conservado gracias a autores posteriores.

Selecciones de las Doce tablas

Tabla III: Ejecución, Ley de deudas
Cuando se ha aceptado una deuda, o se ha pronunciado un veredicto sobre la materia en la corte, el tiempo de gracia debe ser de treinta días. Después del cual, el deudor deberá ser arrestado, índole las manos. Se le presentará en la corte. Si no satisface el veredicto, o ninguno que esté presente en la corte se ofrece como fiador suyo, el acreedor podrá llevarse consigo al infractor. Podrá atarlo en un poste o ponerle grilletes…

A menos que lleguen a un acuerdo, los deudores deberán estar encadenados por sesenta días. En ese lapso, habrán de ser presentados ante la corte del pretor, en el lugar de reunión, durante tres días sucesivos de mercado, y la cantidad que juzguen que valga será anunciada; en el tercer día de mercado sufrirán pena capital o lo embarcarán a través del Tíber, para que sea vendido en el exterior.

Tabla IV: Derechos del jefe de familia
Mata con presteza… a un niño espantosamente deforme. Si un padre entrega a su hijo tres veces para venderlo, padre se le quitará el niño.
A un niño que haya nacido diez meses después de la muerte :;1 padre, no se le admitirá a la herencia legal.

Tabla V: Tutela; Sucesión
las mujeres seguirán bajo tutela, aun cuando hayan llegado a la mayoría de edad.
Si un hombre se vuelve loco de atar, la autoridad legítima sobre su persona y sus bienes muebles recaerá en sus agnados [el pariente varón más cercano] o en los miembros de su clan.
Se prohíbe que un despilfarrador ejerza la administración de sus propios bienes… Se prohíbe que una persona loca o derrochadora administre sus propios bienes; además, deberá estar bajo la administración fiduciaria de sus agnados.

Tabla VII: Derechos concernientes a la tierra
Las ramas de un árbol habrán de asegurarse mediante una presilla a una altura mayor de 15 pies… Si un viento tuerce un árbol de la granja de tu vecino y se inclina sobre el interior de tu granja, deben tomarse las medidas pertinentes para remover ese árbol. Se permite recoger la fruta caída en la granja de otro hombre.

 Tabla VIII: Agravios o delitos
Si cualquier persona canta o compone una canción en contra de otra, de tal modo que le cause descrédito o insulte a un tercero, será apaleado hasta la muerte.

Si una persona mutila una extremidad a otra, se permitirá ejercer venganza en especie, a menos que el agresor llegue a un acuerdo de conciliación con la parte ofendida.

Toda persona que destruya mediante el fuego cualquier edificio o depósito de granos ubicado junto a una casa, será atado, flagelado y condenado a morir quemado en la hoguera, siempre que haya cometido la mencionada fechoría con premeditación; pero si lo hizo accidentalmente, es decir, por negligencia, se le exigirá reparar el daño, o si es demasiado pobre para poder cumplir con tal castigo, recibirá un castigo más ligero.

Tabla IX: Ley pública
El castigo será la pena capital para un juez o arbitro legalmente nombrado, al cual se le encuentre culpable de recibir un soborno por emitir una decisión.

Tabla XI: Leyes complementarias
No podrán llevarse a cabo matrimonios mixtos entre plebeyos y patricios.

Fuente Consultada:
Historia Para 1er. Año de José María Ramallo
Civilizaciones de Occidente Toma A Jackson Spielvogel
Historia Universal Tomo 6 Salvat
Historia Universal Tomo 5 El Imperio Romano Clarín.

Formacion del Imperio Romano Desarrollo y Caracteristicas Augusto

Formacion del Imperio Romano Desarrollo, Emperadores y Caracteristicas

La muerte de César causó grandísimo desconcierto en Roma.  Los asesinos del dictador quisieron restablecer la antigua constitución.

Cometido el crimen, salieron del senado llamando al pueblo a la libertad. Pero en el pueblo, las personas pudientes estaban hartas de las guerras civiles y de cincuenta años de anarquía; en cuanto a los pobres, el sistema de voto expuesto anteriormente no les habla permitido jamás tomar una parte efectiva en el gobierno. 

El pueblo sintió pues el gobierno de César, que habla dado a Roma el orden y el bienestar, y no lo ocultó en sus manifestaciones. Por su parte los senadores vacilaban, temiendo siempre la aparición de un nuevo señor, lo cual no tardó en suceder.

Marco Antonio y Octavio:

Un antiguo lugarteniente de César, llamado Antonio, entonces cónsul, quiso aprovechar las circunstancias.

Era un oficial valeroso, muy ordinario de maneras y muy popular en las tabernas por su alta estatura, su uniforme de soldado y su reputación de gran bebedor, que pronto dio pruebas de ser un gran político.

El día de los funerales de César, organizados por él, pronunció en el Foro un elogio del dictador, leyó un testamento que colmaba al pueblo de larguezas y causó emoción general presentando a la vista de todos la toga ensangrentada y agujereada con veintiocho puñaladas que recibió el cuerpo de la víctima.

El pueblo, al ver aquella toga, se amotinó contra los asesinos, y Bruto y los amigos de éste tuvieron que huir para salvarse.

Estorbó los proyectos de Antonio la llegada a Roma de Octavio, sobrino e hijo adoptivo de César, que venia de Atenas, donde hacia sus estudios, para reclamar la herencia de su tío.

Era un joven de diez y nueve años, pequeño, cojo, delicado y tímido. Hablaba mal, y le faltaba bravura, hasta el punto de tener miedo del estampido del trueno y de las tinieblas; pero bajo aquella apariencia mezquina ocultaba gran audacia política.

Representó el papel de un joven honrado que buscaba el apoyo de todos lisonjeó al senado, llamó a Cicerón « padre mío » asalarió a los antiguos soldados de César y no tardó en encontrarse a la cabeza de un ejército.

Cicerón y el senado creyeron haber hallado el hombre que los desembarazaría deAntonio.

Este habla salido de Roma en persecución de Bruto. Cicerón pronunció entonces sus famosas arengas, las Filipicas, declaró a Antonio fuera de la ley y obtuvo para Octavio el mando de las operaciones contra él.

Octavio, vencedor,  reclamó el consulado como recompensa, puesto que le negaron.

Habiéndose aliado entonces Antonio con los gobernadores de Galia y España, volvía a Italia a la cabeza de un ejército.

Empero, los dos ambiciosos comprendieron que era conveniente unirse, por propio Interés, contra el senado, que favorecía a los asesinos de César, y como Lepido (imagen) , gobernador de la Galia Narbonesa, se unió a ellos, fundaron los tres por un trienio un segundo triunvirato, que más tarde ratificó un plebiscito.

Se dividieron las provincias e hicieron del titulo de triunviro una nueva magistratura (43).

EL SEGUNDO TRIUNVIRATO:
Las Proscripciones:

El primer cuidado de los triunviros consistió en proscribir a sus enemigos. Las proscripciones fueron anunciadas por un cartel concebido en estos términos «Si la perfidia de los malos no hubiera respondido con el odio a los beneficios; si los que César, en su clemencia, había salvado, enriquecido y colmado de honores después de su desgracia no hubieran  resultado ser sus asesinos, nosotros hubiéramos también olvidado a los que nos hemos visto obligados a declarar enemigos públicos.

Ilustrados por el ejemplo de César, vamos a prevenir a nuestros enemigos antes que éstos nos sorprendan… He aquí lo que se ordena: Que nadie oculte a ninguno de los que figuran en la lista siguiente; que el que ayude o favorezca la evasión de un proscrito, será a su vez proscrito.

Que se nos presenten sus cabezas. En recompensa, el hombre de condición libre recibirá 25.000 dracmas, y el esclavo 10.000  y además su libertad con el titulo de ciudadano.

Los nombres de los asesinos y de los denunciadores se tendrán secretos. » De esta manera se asesinaron metódicamente trescientos senadores y dos mil caballeros, entre los cuales figuró Cicerón, que Octavio había sacrificado para satisfacer los rencores de Antonio.

Después de esas matanzas, Octavio y Antonio pasaron el Adriático para atacar en Macedonia a las legiones que habían reunido los conjurados Casio y Bruto, legiones que fueron vencidas en Hlipos, al cabo de dos días de batalla. Bruto, desesperado, se hizo dar muerte, exclamando: « Virtud no eres más que una palabra! » (42).

RUPTURA ENTRE MARCO ANTONIO Y OCTAVIO:

Antonio partió a oriente para castigar a Egipto, que habla facilitado socorros a Bruto. Pero, seducido por Cleopatra, olvidó sus deberes por los deleites. A Octavio le cupo el cuidado de pacificar a occidente.

Tuvo que combatir primero las intrigas de Fulvia, esposa de Antonio, que murió a tiempo para evitar una guerra entre los triunviros; después sometió a Sexto Pompeyo, hijo del gran Pompeyo, que habla logrado reunir una flota sólida y era dueño del Mediterráneo. Triunfó al cabo de dos años de guerra, gracias a los talentos militares de su amigo Agripo (38-36).

El tercer triunviro, Lépido, representaba en todos estos acontecimientos un papel insignificante; Octavio lo depuso y lo nombró sumo pontífice: desde aquel momento quedaban dos ambiciosos uno frente al otro, y era preciso que uno de ellos desapareciese. Quien desapareció fue Antonio.

Después de una expedición desastrosa contra los partos, Antonio habla vuelto al lado de Cleopatra, a Alejandría, donde se entregó a todos los desórdenes de una vida crapulosa que ha quedado célebre con el nombre de « vida inimitable ».

Soñó fundar un imperio de oriente en provecho de aquella reina, dando a sus hijos reinos asiáticos.

Octavio explotó hábilmente esa actitud para excitar la indignación de los romanos contra Antonio, y ocultando su rivalidad personal bajo la máscara de una guerra nacional, hizo decretar una expedición contra « aquella mujer, que pretendía la caída del Capitolio y la ruina del imperio Antonio y Cleopatra esperaron a Octavio en Grecia con una flota y un ejército.

La flota fue vencida cerca de Accio, en el Adriático, a la entrada del golfo de Arta, y Cleopatra huyó, llevándose consigo a Antonio. Octavio los siguió a Egipto y batió a Antonio en los alrededores de Alejandría.

Cleopatra trató en vano negociar con el vencedor. Antonio se dio muerte, y, viendo que todo estaba perdido, imitó su ejemplo haciéndose picar por un áspid. Octavio quedó siendo dueño del mundo. El fin de la república, había llegado.

Marco Antonio hizo de Egipto el centro de gravedad de una política dinástica concebida en favor suyo y de sus hijos. Se acercaba paulatinamente al modelo oriental de realeza divina, idea que repugnaba a los romanos y colisionaba con sus arraigadas tradiciones políticas.

Octavio utilizó la situación para acusar a Antonio de traición, pues había decidido entregar algunas regiones de Asia, en calidad de reino, a los hijos habidos con Cle-opatra. El mismo Octavio, que años antes había violado todas las reglas, se esforzaba por aparecer como renovador de las viejas costumbres romanas y paladín de la integridad nacional.

CREACIÓN DEL IMPERIO ROMANO:

Se llama Imperio, el gobierno personal de Octavio, aunque, en apariencias el funcionamiento de las instituciones romanas no hubiera cambiado. A fin de no suscitar los mismos odios que César, Octavio se dedicó a reinar sin parecerlo.

No quiso aceptar el titulo de dictador; dejó subsistir el senado, los cónsules y los comicios, y aceptó solamente que sus súbditos lo llamaran con un nombre nuevo.

Pensó en llamarse Rómulo, segundo fundador de Roma, pero después se decidió por el nombre de AUGUSTO que servia para designar los lugares santos.

Cual César, reunió todas las funciones y asumió todos los poderes, porque tenía todos los títulos.

Por consiguiente, el primero de éstos fue el de imperator (general victorioso), que indicaba el origen de su poder y le daba autoridad legal sobre todos los ejércitos.

Fue además tribuno, lo cual le hacia inviolable; censor o prefecto de costumbres, lo que le permitía nombrar a los senadores y vigilar a los ciudadanos; sumo pontífice, es decir, jefe de la religión, y, por último, príncipe, o presidente del senado, es decir, dueño de las deliberaciones.

Augusto tenía, pues, un poder absoluto; pero en torno suyo todo parecía subsistir como anteriormente. El senado hacia las leyes, los comicios las votaban y los magistrados las ejecutaban en nombre del pueblo.

Las insignias de las legiones continuaban llevando S. P. Q. R., iniciales de la inscripción latina Senatus Populusque Romanus.

Augusto vivía como los demás ciudadanos; tomaba parte en los votos, recomendaba a sus amigos en las elecciones, hablaba en el senado cuando le correspondía y habitaba en el Palatino una casa modesta, abierta a todo el mundo. Quería imponer el orden en Roma y empezaba por dar el ejemplo.

Aquella vida pública no era más que una apariencia Augusto lo dirigía todo. Un consejo privado, que se llamó el consejo del príncipe, administraba en realidad el imperio.

Porque así convenía a sus designios, creó una guardia llamada guardia pretoriana, formada de nueve cohortes y encargada de mantener el orden en la ciudad.

A la cabeza de esas tropas estaba el prefecto del pretorio, principal agente del emperador, con el prefecto de la ciudad, el prefecto de los vigiles (serenos) o prefecto de policía, y el prefecto del anona, encargado de abastecer a Roma.

Una multitud de secretarios estaban colocados bajo las órdenes de aquellos magistrados. Casi todos eran libertos, porque se estaba más seguro de que fueran fieles.

Octavio Augusto: Sobrino nieto de César, éste lo apoyó en el comienzo de su carrera política, atraído por su inteligencia.

A la muerte de su tío, desplegó una gran habilidad para superar las intrigas del Senado y de Antonio, apoyándose sucesivamente en uno y otro.

Con el respaldo de sus soldados se hizo nombrar cónsul, sin haber ejercido cargo alguno anteriormente. Tuvo la habilidad de mantener las formas tradicionales de gobierno, pero asumiendo él todos los poderes. Al añadir a su nombre, Octavio, el título de Augusto, prácticamente fue divinizado en vida.

ROMA BAJO EL IMPERIO DE AUGUSTO:

Con el orden, reinó la prosperidad en Roma, y la ciudad se pobló de monumentos. Augusto pudo vanagloriarse de haber encontrado una ciudad de ladrillos y haber dejado una ciudad de mármol.

Se dedicó especialmente a la organización del servicio de las aguas, hizo construir acueductos y creó a este efecto un cuerpo de ingenieros especiales. Emprendió también la tarea de moralizar a Roma donde la corrupción había llegado al limite.

Quiso restablecer las antiguas prácticas religiosas. Procuró restaurar el antiguo sentimiento de familia, combatiendo el abuso del divorcio y del celibato.

Tuvo por colaboradores a sus amigos Agripa, el vencedor de Antonio, y a Mecenas, hombre de gusto, que protegía las letras y las artes.

En torno suyo se agruparon los historiadores Tito Livio y poetas Virgilio y Horario y muchos otros que tanto contribuyeron a la gloria de aquella época llamada por la historia siglo de Augusto.

LAS PROVINCIAS BAJO EL IMPERIO DE AUGUSTO:

Las provincias ganaron mucho con el establecimiento del imperio.

En vez de ser oprimidas, como antes, por los procónsules fueron administradas regularmente por funcionarios con sueldos fijos, llamados legados, que nombraba el emperador y que debían dar cuenta de su gestión.

Los provincianos tuvieron además el derecho de elegir asambleas que podían dirigirse directamente al emperador.

El mismo Augusto hizo numerosos viajes para darse cuenta de sus necesidades. Se construyeron carreteras, se ejecutaron grandes trabajos y la seguridad sentó sus reales en todas partes.

Los vencidos reconocieron los beneficios de la dominación imperial, que dieron en llamar la pax romana. Virgilio la celebró en sus versos. «i Gracias a ti, César, el buey vaga por las praderas; Ceres y la feliz abundancia ¿fecundan nuestros campos; los barcos navegan sin temor en el mar pacificado, y la buena fe se alarma cuando hay la más mínima sospecha! »

LA DEFENSA DEL IMPERIO:

Todas las provincias estaban protegidas por una línea de fronteras naturales que eran el Rin, el Danubio, el Éufrates y los desiertos de Asia y de Africa. Más allá vivían los pueblos bárbaros que eran para el imperio un peligro siempre amenazador.

Augusto atendió a tenerlos en raya por la parte de allá de dichas fronteras, y organizó un ejército permanente de veintitrés legiones reforzadas con gran número de auxiliares> lo cual formaba un total de 400,000 hombres.

Repartidos en campamentos situados en todos los puntos peligrosos, bastaron para asegurar la tranquilidad de las provincias que prosperaban sosegadamente al abrigo de aquella cortina de tropas. Augusto no tuvo que luchar de veras sino contra los germanos en el Rin y en el Danubio, como se verá más adelante.

FIN DE REINADO DE AUGUSTO:

Augusto no habían tenido hijos con su esposa Livia. Sus herederos eran los hijos de su amigo Agripa, que habla adoptado, y que murieron jóvenes; tuvo que adoptar a monio.

Los Tiberio, que su mujer Livia tuvo de su primer matrimonio. Los últimos años de Augusto fueron tristes para él a causa de sus duelos.

Tuvo además la pena de tener que desterrar a su hija Julia por su mala conducta, y de saber el desastre del ejército de su legado Yaro en Germania.

Murió a los setenta y seis años (14 d. de J. C.) y fue enterrado con gran pompa en un monumento que se llama aún el Mausoleo de Augusto.

El emperador muerto, fue considerado como un dios. Se instituyeron ceremonias en honor suyo, y se fundó un colegio de sacerdotes especiales para celebrarlas. Ese culto de los emperadores se- llamó apoteosis.

Todos los magistrados, todos los jefes de ejército y todas las asambleas tuvieron que rendir ese culto a la memoria de los emperadores.

Fue un juramento de fidelidad al régimen imperial, así como un lazo moral que unió a todas las partes del imperio y que nada tenia que ver con las religiones particulares.

La fundación de ese nuevo culto fue más bien, pues, un acto político que un acto de servilismo.

TIBERIO: El imperio pasó de Augusto a Tiberio, sin trastorno. El pueblo y las provincias se habían acostumbrado al nuevo régimen que les proporcionaba la paz y la abundancia- Sólo los senadores se lamentaban por sus antiguas prerrogativas; pero estaban demasiado corrompidos o demasiado envilecidos para sacudir la coyunda imperial.

Tiberio tenía de parte suya al ejército que habla mandado en Germania. Frisaba en los cincuenta y seis años, pareció tomar el poder con desagrado, desdeñó títulos y honores y no quiso ser más que príncipe. El senado fue asociado al gobierno y tuvo que ratificar todas las decisiones del príncipe.

Los gobernadores de provincia fueron escogidos según sus méritos y vigilados con rigor.

Pero aquel administrador honrado, se convirtió de pronto en una especie de loco furioso cuando vio perecer a Germánico, el sobrino de Augusto, vencedor de los germanos y a su propio hijo Druso.

Descubrió que el asesino había sido su favorito Seyano, que quería hacer desaparecer la familia de César para llegar al trono.

El emperador concibió odio violento contra los patricios a quienes llamaba « gente dispuesta a todo servilismo».

Las ejecuciones se multiplicaron; mandó matar a Seyano y se retiró a la isla de Caprea, presa de terror supersticioso, que le hizo rodearse de adivinos y astrólogos. Esa locura sangrienta duró hasta su muerte (37) y el relato de sus crímenes nos ha sido transmitido por el historiador Tácito.

Pero las proscripciones alcanzaron solamente a la nobleza; el resto del imperio, bien administrado, permanecía indiferente a lo que ocurría.

CALIGULA CLAUDIO: El imperio recayó en Calìgula, hijo de Germánico, llamado así porque llevaba el mismo calzado que los soldados (cáliga).

Empezó por ser un buen príncipe; pero, atacado de epilepsia desde su infancia, llegó a ser completamente loco. Su reinado fue una serie no interrumpida de extravagancias, de libertinaje y de asesinatos. Se le vio arrojar dinero al pueblo en el circo, iluminar montañas, hacerse adorar en lugar de Júpiter, y nombrar cónsul a su caballo.

Deseaba públicamente que el pueblo romano no tuviese más que una cabeza para matarlo de un tajo. El prefecto de los pretorianos, Quereas, fue el que libró al mundo de aquel loco furioso (41).

Quereas deseaba una restauración republicana; pero los soldados no la querían. Descubrieron en el palacio, oculto detrás de una cortina a un hermano de Germánico, llamado Claudio, y lo hicieron emperador mediante el donativo, esto es importante gratificación.

Éste fue el primer emperador nombrado por los soldados y aprecio de dinero.

Era viejo, calvo, embrutecido por la embriaguez y, aparte de los negocios públicos, entregado a estudios de arqueología.

A ese ser débil lo gobernaron sus mujeres y sus libertos, que de antiguos esclavos llegaron a ser dueños de Roma. Uno de ellos, Palas, lo decidió a casarse con Agripina, hija de Germánico, la cual envenenó a Claudio con un plato de setas para asegurar el trono a su hijo Nerón (54).

NERON: Agripina había esperado reinar en nombre de su hijo, que tenía diez y siete años; asistía a las sesiones del senado, oculta detrás de una cortina, y gobernaba por mediación del filósofo Séneca y del general Burro, que eran los preceptores de su hijo. Incitado Nerón por el liberto Narciso, se cansó bien pronto de aquella tutela.

Inquieta Agripina, le opuso a Británico, hijo de Claudio; pero Nerón lo hizo envenenar en un festival.

Cuatro años después tocó la vez a Agripina, a quien trató de ahogar durante un paseo por mar y que pudo salvarse a nado. Entonces Nerón pretendió que estaba implicada en una conspiración contra él y la hizo degollar.

Toda la nobleza mostró « maravillosa emulación de bajeza » y Séneca mismo hizo el elogio de aquel crimen.

Nada contuvo ya las pasiones de aquel príncipe envidioso, vanidoso e hipócrita. Repudió a su mujer Octavia, la condenó a muerte y se entregó a todo género de desarreglos con sus libertos.

Creía ser un gran artista y le gustaba presentarse en público para que lo aplaudiera una cuadrilla de aduladores bien adiestrados.

Se le vio conducir o guiar carros en las carreras, declamar versos en el teatro, pulsar la lira y dar una vuelta por Grecia de donde trajo 800 coronas, conducta que los romanos consideraban infame y digna solamente de un esclavo.

Un día, Roma fue presa de las llamas, y corrió la voz de que el incendiario era ese emperador que, para divertirse, ordenó la primera persecución contra los cristianos.

Trece años de semejante, régimen provocaron la sublevación de los soldados de las fronteras, y Roma, donde varías conspiraciones hablan sido ahogadas en sangre, siguió el ejemplo.

Nerón huyó a una casa de campo y alli se dio muerte no sin declamar: « Conmigo muere un gran artista! » (68).

LOS SUCESORES DE NERON: Las legiones sublevadas se batieron unas con otras para nombrar un emperador, porque el príncipe elegido recompensaba con largueza a los soldados.

Los primeros que consiguieron su objeto fueron los soldados de España, que eligieron por jefe a Galba, que a la sazón tenía setenta y tres años. No quiso dar dinero a los pretorianos de Roma y de aquí que le opusieran a Otón, a migo de Nerón. Galba fue asesinado por los pretorianos.

Entretanto, las legiones de Galia acudían con su general Vitelio. Otón fue vencido enBedríaco y se mató. Vitelio no gozó mucho tiempo de aquella victoria, que le permitió, sin embargo, llegar a ser célebre por su golosina.

El ejército de oriente, muy superior a los otros porque lo formaban soldados veteranos que habían combatido contra los partos, llegó a su vez para imponer por jefe a Vespasiano.

Este ejército triunfó en Cremona (69), y la paz reinó en Roma con la nueva dinastía de los Flavios.

LOS FLAVIOS: Vespasiano, hijo de un recaudador de impuestos, que alcanzó las dignidades militares por su propio mérito, fue un emperador burgués, trabajador y económico.

Reorganizó la hacienda que Nerón dilapidó con sus locuras, restableció la disciplina en los ejércitos y dominé las revueltas de los germanos y de los judíos.

Depuró el senado y abrogó la «ley de la majestad a, al amparo de la cual se habían dictado tantas proscripciones. Murió de muerte natural, burlándose de los honores divinos que se habían rendido a los emperadores difuntos. « Siento que llego a ser dios », dijo con sorna.(79)

Tito, su hijo, que terminó la campaña de Judea con la toma de Jerusalén, sólo reiné dos años, lo cual fue bastante para que lo llamaran las del delicias del género humano. Se quejaba de haber perdido el día cuando no había hecho una buena acción. Durante su reinado fue cuando hubo la famosa erupción del Vesubio, cuyas cenizas sepultaron las ciudades de Herculano y Pompeya (79).

Domiciano, su hermano, que le sucedió, no fue menos prudente durante los trece primeros años de su reinado; jamás fueron tan dichosas la provincias. Después, el 93, llegó a ser como Nerón, tirano cruel que Cortó cabezas sin discernimiento expulsé a los filósofos de Roma, persiguió a los cristianos y murió asesinado (96). Su propia mujer estaba metida en la conjuración.

LOS ANTONINOS: El senado dio el imperio a uno de sus miembros, llamado Nerva moderado en el gobierno, buen jurisconsulto, que casi se limitó a designar su sucesor.

Fundó la dinastía de los Antoninos, pero en lugar de reglamentar la sucesión al trono por el parentesco, procedió por adopción, lo que dio al imperio una serie de excelentes monarcas (96-98). Trajano, a quien adoptó, era buen general y buen administrador.

Rechazó a los dacios (Transilvania actual) en el Danubio y a los partos en el Éufrates. En memoria de sus campañas, se erigió en el Foro la famosa columna trajana.

En Roma devolvió al senado sus antiguos honores y aparentó una gran sencillez. « Seré con los demás, decía, como hubiera querido que los emperadores fuesen conmigo, siendo ciudadano ».

Emprendió grandes trabajos el puente del Danubio, en las Puertas de Hierro, para poder atacar a los dacios; el puente de Alcántara, en España, y el Poro de Trajano, en Roma. Tomó prudentes medidas para reanimar el comercio, la agricultura las artes y las letras.

Por último, dio muestras de humanidad instituyendo la beneficencia pública, institución desconocida hasta entonces, en favor de los niños pobres, que fueron educados a costa del estado. A partir de aquella fecha, el senado adoptó por fórmula de saludo a los emperadores, la frase siguiente « Sé más feliz que Augusto y mejor que Trajano ». Murió en Asia, año de 117.

Adriano, su sucesor, fue un emperador pacifico. Artista ilustrado viajero infatigable, recorrió el mundo entero con un séquito de arquitectos, reconstruyendo ruinas y edificando nuevos monumentos.

Atenas donde residió, llegó a ser « la ciudad de Adriano a, por lo mucho que la hermoseó.

Su principal titulo de gloria fue haber fundado laadministración. Los empleos de oficinas se habían confinado hasta entonces, a los libertos; Adriano decretó que en lo sucesivo se darían a hombres libres, e instituyó al mismo tiempo la jerarquía.

Por lo que hace relación a la justicia, reunió los edictos publicados por los pretores desde siglos atrás y los coordinó formando un texto único, llamado el Edicto Perpetuo. Se puede decir que desde entonces data verdaderamente la organización del imperio (117-138).

Adriano fue reemplazado por Antonino Pío, cuyas relevantes virtudes merecieron que se diera su nombre a esta serie de emperadores. El escogió un digno sucesor en la persona de Marco Aurelio (161).

Marco Aurelio era un filósofo que, en el trono, continuó practicando las máximas de la filosofía. Fue bueno, humano y desinteresado, y pasó sus ratos de ocio escribiendo los Pensamientos, «admirables sentencias de la sabiduría antigua».

Protegió a los esclavos y aumentó las instituciones benéficas.

Por una ironía de la suerte, este emperador, que no amaba sino los libros, estuvo obligado a vivir en campamentos. Tuvo que defender a Roma amenazada en el Danubio y en el Éufrates, y murió en campaña, en Viena (178).

Cometió el error de dejar el imperio a su hijo Cómodo, que llegó a ser un orate sanguinario como Diocleciano y Nerón, y que pereció asesinado (192).

HISTORIA EXTERIOR DEL IMPERIO:
Los Bárbaros:  Augusto habla rodeado el Imperio Romano con una cintura de tropas y una línea de campamentos permanentes o campos militares que debían contener las irrupciones ataques de los bárbaros.

Creyó que era preciso tenerlos distantes, para que el resto del mundo pudiese gozar de paz y de prosperidad. Empero, esa prosperidad era un incentivo para aquellos pueblos bárbaros que, ávidos de pillaje, atacaban sin cesar las fronteras romanas. De aquí las continuadas guerras que duraron hasta el fin del imperio y que fueron guerras de defensa y no de conquista.

Ya hemos visto que el Rin, el Danubio, el Éufrates y los desiertos formaban las fronteras.

Todas no estaban igualmente amenazadas en el Sahara sólo vivían algunas tribus de merodeadores; el mar protegía a España y a las costas de Galia; los enemigos más temibles eran por consiguiente en el Rin, los germanos el alto Danubio, los cuados (Moravia) y los marcomanos (Bohemia) en el bajo Danubio, los dacios y, en el Éufrates, los partos.

Guerras en el Fin: Augusto, que hizo suyos los planes de César, pensaba que sólo se acabaría con los germanos sometiéndolos.

Su general Druso pasó el Rin y conquistó todo el país hasta el Elba. Pero murió por accidente, y su sucesor Varo se &4ó sorprender en el bosque de Teutberg (el Teutoburger Wald) por el germano Arminio, y fue deshecho con tres legiones.

Se dice que Augusto, loco de dolor> no cesaba de gemir «Varo, devulveme tus legiones! «

El desastre de Varo no pudo ser vengado sino en el reinado de Tiberio, por Germánico, que destrozó la confederación de los queruscos y asoló el país de los bàtavos.

Los trastornos consiguientes a la muerte de Nerón permitieron a los germanos, que hasta entonceS hablan estado tranquilos alzar el estandarte de la rebelión.

El bátavo Civilis, con el concurso de la profetisa Véleda, trató de fundar en el Rin un reino galo que fue destruido casi inmediatamente. Domiciano fue a su vez batido a orillas de ese rìo (81-96).

Trajano, desde que ocupó el trono, se dio a pacificar el país; sus armas se pasearon victoriosas por todas partes, mas para proteger el punto débil de la frontera en la región del Rin y del Danubio superiores, hizo construir una inmensa fortificación parecida a la muralla de China, que iba desde Maguncia hasta Ratisbona.

Se componía ésta de un reducto con parapeto de tierra y estacadas en el fondo del foso; detrás, una muralla de piedra con bastiones, y luego Una carretera militar orillada de una serie de campos atrincherados, a 9 kilómetros de distancia unos de Otros; nueva muralla y nuevo foso completaban la fortificación.

Un atrincheramiento del mismo género fue construido por Adriano al norte de Inglaterra, para contener las invasiones de los bárbaros de Escocia.

GUERRA EN EL ALTO DANUBIO: Bajo el reinado de Marco Aurelio, una invasión de cuados y parcomanos, pueblos de Moravia y de Bohemia, se dirigió a Grecia e Italia y penetró en ellas. El terror fue grande en Roma.

El emperador vendió las joyas imperiales para reclutar tropas, y se puso a la cabeza de la expedición. Fueron necesarias varias campañas para rechazarlos y hubo que fortificar sólidamente La ciudad de Viena (hoy capital de Austria) para vigilarlos.

GUERRA EN EL BAJO DANUBIO: En la parte de allá del Danubio, en la región que corresponde hoy a Transilvania y a Rumania, vivían los dacios, pueblo tan fiero como los germanos.

Invadieron el imperio en tiempo de Domiciano, que no pudo contenerlos. Trajano, para atacarlos útilmente, empezó por construir una carretera que seguía el Danubio y cuyos restos se ven aún en el flanco de las locas que orillan el río, en el celebre desfiladero de las Puertas de Hierro.

Después hizo construir a la salida del desfiladero, un colosal puente de piedra, de más de mil cien metros, que le permitió penetrar en Dacia.

La guerra duró cinco años (101-106); la capital de los dacios fue tomada, su reyDecebalo se dio muerte, y el país quedó siendo provincia romana.

Esta provincia de la parte allá del río , fue como una fortaleza poblada de colonos romanos a los que debe su nombre y su lengua el pueblo actual de Rumania.

GUERRAS EN EL ORIENTE: Los caballeros partos tenían persistente empeño en pasar el Éufrates. Vencedores de Craso y después de Antonio, las derrotas no los hicieron nunca decaer. La guerra fue continua contra ellos.

En tiempo de Nerón, el general Corbulón los deshizo muchas veces; Vespasiano, Trajano y Marco Aurelio hubieron de organizar nuevas expediciones contra ellos. Aprovechando la oportunidad que ofrecían esas campañas, menudearon las construcciones en oriente.

La más célebre es la de los judíos, vencidos por Tito, después del memorable sitio que recuerdan los bajos relieves de su arco de triunfo en Roma, y cuyo resultado fue la destrucción de Jerusalén y la dispersión de aquel pueblo.

Mientras las legiones peleaban encarnizadamente en las fronteras, las provincias, administradas con justicia por los emperadores, gozaban de los beneficios de la pax romana.