La Vida del Obrero en el Bosque

La Ley y la Justicia de La Forestal Santa Fe Coimas a Comisarios

La Ley y la Justicia de La Forestal en Santa Fe

Temas Tratados:

1-Historia de La Forestal en el Norte de Santa Fe
2-La Explotación de los Obreros
3-Pueblos Fundados Por La Forestal
4-La Deforetación de Quebrachos
5-La Ley y Justicia en La Forestal

LA FORESTAL
Comprando a la «Ley»

En cualquier pueblo del territorio argentino pudieron existir comisarios rectos, honestos, y también otros venales, abusadores de su autoridad; basta hojear el índice de los archivos de gobierno para hallar constancias de sumarios por motivos diversos, aunque casi siempre las denuncias fueron por abusos en perjuicio de las personas. Los comisarios «coimeros» raras veces dejaron rastros de sus ilegalidades de ese tipo, en lo que se parecerían a los sobornados en el anonimato de los hechos. Todo dinero que ingresa al bolsillo del comisario que no sea por sueldo, pero que se le entrega a raíz de sus servicios por personas favorecidas, es coima -pago por un favor-, soborno -pago por un encubrimiento- anticipo de soborno…

La coima es una exigencia; el soborno, la aceptación de una ilicitud. Esto es fácilmente discernible como la calificación, dentro de las ilicitudes, de la aceptación de un «pago» mensual hecho por persona o empresa independientemente del sueldo recibido por vía legal. En ningún pueblo de Argentina que no sea de La Forestal ha ocurrido que los comisarios recibieran pagos mensuales de una empresa. En el lenguaje común eso es «comprar al comisario», naturalmente para utilizarlo. La Forestal pagaba esos emolumentos con conocimiento de los superiores jerárquicos.

El comisario, como representante de la autoridad pública, pasaba así a constituirse en una hibridación de autoridad pública dependiente de una «autoridad» privada, con más influencia sobre sus actos que los mandatos de la ley, puesto que su conducta forzosamente estaba condicionada al pago de la subvención privada que ambicionaba y que recibía. Semejante atrocidad ilegal no era sancionada: se hacía la vista gorda… Recibir con conocimiento público una subvención de La Forestal no era considerado soborno, coima, o en lenguaje técnico exacción ilegal, sino simplemente una deshonestidad manifiesta elevada a categoría de norma por la empresa. Indudablemente era una inmoralidad tanto otorgarla como recibirla, y se perdían así todas las garantías de imparcialidad.

Aunque La Forestal no necesitara que se le silenciaran o disimularan hechos policiales de sus agentes, la subvención mensual al comisario creaba una situación de dependencia irritante para la ley y acentuaba el rigor de la autoridad en concordancia con el dinero recibido, cuando la Compañía lo exigía. Y es así como comisarios pagados por el erario público, más que representantes de la autoridad provincial, pasaban a ser subordinados de hecho de La Forestal, con apariencias de comisarios provinciales.

Lo privado de La Forestal también en ese aspecto estaba por sobre el orden jurídico. Salvadores decía: «De largo tiempo atrás la empresa ha tenido su policía. Los empleados designados por el superior gobierno estuvieron siempre prácticamente a las órdenes de los gerentes de los disantos pueblos.

El presupuesto en vigencia asigna a un comisario general, tomemos por ejemplo el de Villa Guillermina, $ 150 mensuales. La empresa por regla general es arbitro de los nombramientos y fija para estos funcionarios una partida de $ 450″. «He recibido dos cartas propuestas (decía el jefe de policía señor Carlos Berli, funcionario honesto), una de A y otra de B. El primero me ofrece $ 15.000 en efectivo y el sueldo mensual que según presupuesto le corresponde para que yo lo haga nombrar comisario de Villa Guillermina y lo mantenga durante cuatro años en el cargo. El segundo, B, me hace análogo ofrecimiento, pero en lugar de $ 15.000 ofrece $ 10.000 y el sueldo, para obtener la comisaría de Villa Ana.» Y agregaba: «los dos conocen muy bien esas localidades». Esto sólo demuestra el estado de corrupción promovido por la Compañía.

Ser comisario de una población de La Forestal era tener carta blanca para explotar los vicios más envilecedores del ser humano, desde el juego hasta la prostitución. Pero sigamos a Salvadores; él fue testigo insobornable y calificado por su condición de legislador: «La Forestal les pasa una subvención mensual de $ 450 y una partida también mensual de $ 70 para forrajes, etc.; total, 520 pesos moneda nacional. Les da casa-habitación, luz, leña, caballos, armas y demás. En sus almacenes pueden adquirir lo que deseen por precios muy ventajosos.

Si se portan bien con la empresa recibirán algún aguinaldo o prima; por otra parte, la Compañía, que es tan exigente con el pequeño comercio, les dará permiso para que hagan jugar y perciban sus coimas, como también para que cobren por permisos de bailes, y puedan de vez en cuando hacer producir algún tumulto o escándalo que epilogará con algunos garrotazos, algunas que otras palizas en el calabozo y unos cuantos cientos de pesos por concepto de multa, sin recibo. Pero ¿en qué consiste portarse bien con la empresa? Más o menos en lo siguiente: acatar sin objeción las órdenes de la gerencia; tener mano dura y olvidarse de sentimentalismos con todo el mundo si todo el mundo ha caído en la horrible desgracia de ser sindicado como réprobo por aquélla.

Caer en desgracia con la gerencia implica el retiro del agua y la luz. El funcionario deberá renunciar al cargo, no dispondrá de caballos ni de armas, ni de los elementos más necesarios. Además, el representante de la Compañía en Santa Fe visitará diariamente al señor gobernador y al señor ministro de gobierno para pedirles la remoción del funcionario, y persistirá hasta obtenerla.

Como el jefe político se encuentra en igualdad de condiciones que el comisario, ya que percibe una subvención que oscila entre $ 800 y 1.200 moneda nacional mensuales, no es difícil que siempre otorgue razón a la empresa y destituya o pida la destitución de aquél, aun cuando no haya cometido otro delito que el de haber saludado al gerente con una inclinación menor de 90 grados».

¿Cómo llamar a esa partida asignada por La Forestal para paga: la servidumbre de la autoridad policial? No era una subvención, porque estaba encaminada a corromper no sólo al comisario o al jefe de policía o al juez de paz, que también recibía pagos de ese tipo, sino a toda autoridad que conociéndolo consentía esa entrega mensual de dinero a sus subordinados.

No era soborno, porque no respondía a acallar un hecho determinado, pero se parecía demasiado a él. Si una persona que no tuviese la enorme capacidad financiera de La Forestal hubiera hecho entregas de dinero en esa forma, sin duda se la tendría bajo sospecha.

Pero resulta que, segur lo denunciado por el legislador Salvadores y que era de público conocimiento, el pago de una llamada subvención tenía carácter de «norma», sin que exista un solo sumario administrativo o proceso judicial que se iniciara a raíz de esa anormalidad que sanciona el artículo 259 del Código Penal.

Fuente Consultada: La Forestal, La Tragedia del Quebracho Colorado – Gastón Gori

Gastón Gori (Esperanza, 17 de noviembre de 1915 – Santa Fe, 17 de noviembre de 2004) fue un escritor argentino. Nació bajo el nombre de Pedro Marangoni en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. Estudió derecho y comenzó a ejercer como abogado, pero luego se dedicó activamente a la literatura. En sus ensayos estudió en detalle la problemática de la inmigración, y especialmente en La Forestal sobre la explotación maderera en los obrajes.

Deforestacion de Quebrachos en Santa Fe La Forestal Abuso Laboral

Deforestación de Quebrachos en Santa Fe

Temas Tratados:

1-Historia de La Forestal en el Norte de Santa Fe
2-La Explotación de los Obreros
3-Pueblos Fundados Por La Forestal
4-La Deforetación de Quebrachos
5-La Ley y Justicia en La Forestal

LA FORESTAL
El Monopolio Comercial

El monopolio comercial de La Forestal, hemos dicho ya, fue posible porque era propietaria de los pueblos, de las tierras con obra-;es en las que estaban diseminadas muchas poblaciones menores, de vida más inestable aun que las de Santa Lucía, Cerrito, etc. El mal radicaba en el latifundio que, por su inmensidad, agravó las consecuencias que de él se derivan.

Para formamos una idea de la importancia del movimiento comercial dominado, haremos cifras: poseía sólo en la provincia de Santa Fe seis establecimientos para elaboración de pan para venderlo en los pueblos, y en los obrajes; nueve carnicerías, sin contar lo que se faenaba con destino al personal de estancias; trece casas de campaña con ramos generales y despacho de «licores y cerveza»; para calcular la importancia de estas casas de comercio, basta decir que en 1918 La Forestal pagaba $ 3.000 anuales de impuesto por la fábrica de tanino de Villa Ana, que elaboraba 1,300 bolsas de tanino diarias de 50 kilogramos cada una, y por la casa de ramos generales de la misma localidad pagaba $ 2.100; por la fábrica de tanino de Villa Guillermina, una de las más importantes del mundo, abonaba $ 5.000 anuales, y por su almacén de ramos generales y despacho de licores y cerveza pagaba $ 3.100.

A pesar de que poseía servicio de farmacia en cada uno de los cinco pueblos más importantes, en 1918 sólo pagaba impuesto por la de La Gallareta y tampoco figura pagando impuestos por las carpinterías y herrerías de cada una de las poblaciones; por esas circunstancias no podemos determinar el número de los establecimientos de ese tipo dedicados a esas y otras actividades, por ejemplo la fábrica de vestidos, las de ladrillos, hielo, agua gaseosa.

En ramos generales se concentraban las mercaderías de toda especie, incluso las que sólo podían adquirir familias de empleados superiores, que por ser de lujo «producían genuinos beneficios», como dijera un inspector visitador de los almacenes de Villa Guillermina en su parte pasado a La Forestal informando sobre aumentos o disminución de ventas. Los pocos comercios que no pertenecían a La Forestal funcionaban en propiedades que le arrendaban y por lo general se trataba de pequeños almacenes con expendio de bebidas, verdulerías, etc., ramos sobre los que no tenía interés especial la Compañía; por lo menos hasta 1940 aproximadamente, eran, con una que otra carnicería o tienda, los únicos que existían «independientes».

Sobre esos comercios recaía un «impuesto» creado y cobrado por La Forestal en estas proporciones: por la casa de campaña y carnicería del Ramal San Juan, pagaba a la provincia $ 170 anuales, y en el mismo año ella cobraba a una verdulería y expendio de bebidas instalada en local propio sobre terreno de la Compañía, $ 48 anuales por arrendamiento del lote y $ 240 en concepto de «patente», recaudada mensualmente a razón de $ 20.

Con este criterio, fácil es comprender que todo comercio que allí se permitiera quedaba subordinado al propietario de la tierra y que ningún verdadero comerciante arriesgaría capital para construir, sobre terreno ajeno, edificio de importancia destinado a comercio.

LA MONEDA DE PAGO: El empleo de moneda propia dio lugar a apasionadas denuncias públicas y a controversias sobre su calificación, independientemente de la circulación de vales y fichas en los obrajes, tan generalizado que se negociaban con descuento sobre su valor para convertirlos e pesos moneda nacional,5 o se utilizaban no sólo en la compra d mercaderías, sino también en las apuestas de juego. En ese sentido tenían el valor de moneda dentro de los dominios de La Forestal.

La fichas para ser canjeadas en las carnicerías llevaban grabado su valor en especie; las más comunes equivalían a 1 kilogramo de carne  tenían acuñada su identificación como pertenecientes a La Forestal Se utilizaron como control en los negocios donde los empleados no recibían dinero, sino esas fichas como una orden de entrega. Los contratistas las recibían de La Forestal para entregarlas formando parte del pago a los obrajeros; de ahí que por su generalización se las considerara como moneda.

En otros aspectos del «sistema fiduciario» cuestionado, el referido no ya a fichas y vales, sino a «moneda», decía el doctor José Gervasoni, en el informe judicial ya citado: «[…] en cuyos extensos dominios se desconoce por completo la moneda nacional, obstaculizándose en tal forma su empleo, para imponer su propia y característica moneda, representada por billetes como el de fojas 71, que aunque lleva la leyenda de la ‘Argentine Quebracho Company‘ pertenece a la compañía denunciada por ser ésta su sucesora.»

Mencionaba luego las fichas empleadas para la entrega de carne, y decía: «De paso, he de hacer notar a V. E. que esas carnicerías que posee ‘La Forestal Limitada’ son una descarada violación a disposiciones terminantes de nuestro código rural, como la del artículo 370 que exige la matriculación de los abastecedores, bajo la pena de ser consignada en el art. 377 del mismo código, pues esos establecimientos que son de la compañía, empleados que no tienen están a nombre de empleados de la misma, empleados que no tienen personalmente la solvencia que trata de  asegurar la ley».

Fuente Consultada: La Forestal, La Tragedia del Quebracho Colorado – Gastón Gori.

Gastón Gori (Esperanza, 17 de noviembre de 1915 – Santa Fe, 17 de noviembre de 2004) fue un escritor argentino. Nació bajo el nombre de Pedro Marangoni en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. Estudió derecho y comenzó a ejercer como abogado, pero luego se dedicó activamente a la literatura. En sus ensayos estudió en detalle la problemática de la inmigración, y especialmente en La Forestal sobre la explotación maderera en los obrajes.

Pueblos Fundados Por La Forestal Compañia Inglesa de Tanino Maderas

Pueblos Fundados Por La Forestal
Compañia Inglesa

Temas Tratados:

1-Historia de La Forestal en el Norte de Santa Fe
2-La Explotación de los Obreros
3-Pueblos Fundados Por La Forestal
4-La Deforetación de Quebrachos
5-La Ley y Justicia en La Forestal

LA FORESTAL
Los Pueblos Fundados

Hemos dicho que los pueblos fundados en tierras de La Forestal, La Gallareta, Villa Ana, Villa Guillermina, Tartagal, Santa Felicia, que son los más importantes en Santa Fe por haberse establecido allí fábricas de tanino, Hausonia, Villa Berther, Laguna Limpia, etc., en el Chaco, constituyen una anormalidad histórica dentro del proceso de la formación de poblaciones en nuestro país.

El origen de esa anormalidad tiene su explicación en el latifundio sometido a la rígida dominación de una empresa que no tuvo interés, ni se la inclinó ello por imperio legislativo, en el futuro de la región donde actuara. El latifundio determinó tanto la escasez de población como el régimen «institucional» que pudo imponer amparada por el derecho de propiedad de enérgica interpretación romanista.

Elegido el sitio para el emplazamiento de un pueblo, como allí no ;e trataba de colonizar ni de subdividir para vender lotes en los alrededores para destinarlos a chacras o a la ganadería una vez puesbls en condiciones por nuevos propietarios, La Forestal, sin intervención estatal, con sus propios ingenieros o técnicos, sin denunciar trazado –la aprobación se gestionó casi veinte años después- hizo relevamientos, trazó planos e inició la tarea de construir edificios, viviendas, fábrica, conservando el dominio sobre toda la tierra.

Cada pueblo comprendía: una fábrica de tanino -en los cinco mencionados de la provincia de Santa Fe-, edificios para la administración, para habitación del gerente y empleados casados, una «soltería» para empleados, otra para obreros, ranchos o viviendas modestas para peones, alejadas del centro urbano donde se levantaban las construcciones principales, la casa de visitas, el gran almacén de ramos generales, panadería, carnicería, etc.

Un pueblo completo construido en poco tiempo, arbolado, con calles rectas bien cuidadas, algunas tapizadas luego con aserrín de quebracho, club deportivo, cancha de golf… Todo lo que necesitara el hombre para vivir confortablemente existía allí: luz eléctrica, agua corriente, fábrica de hielo, sistema cloacal, farmacia, médico y luego, hospital.

Los obreros, naturalmente, tenían viviendas mucho más modestas que el resto de los habitantes: ranchos en las afueras, casitas de madera revocadas, techos de cinc, de paja o de palma acanalada procedente de los palmares de la compañía.

En el pueblo de La Forestal, el empleado de jerarquía, el simple de administración, o cualquier otro que fuera a ocupar una casa, podía desentenderse del moblaje: la compañía lo proveía todo. Sus herreros, sus electricistas, sus carpinteros, solucionaban prestamente los comunes problemas que crea el uso de edificios. No había más que comunicar el desperfecto al jefe de la sección pueblo, y la oficina enviaba el operario especializado. Nadie tenía que protestar por la higiene del pueblo, todo era limpio, ordenado; agradable la plazoleta, los árboles, los jardines.

En medio del territorio que fuera del abipón, del mocobí o del toba, habían nacido esos milagros, esas villas con las que -al decir del panegirista Saccone- no podía compararse ningún pueblo del sur. Aquello era ejemplar: lo hacían los extranjeros con prolijidad europea. En efecto, ninguno de esos pueblos se parecía a otros pueblos argentinos. Setenta años necesitaron muchísimos otros, en las colonias agrícolas, para ser lo que son. Aquéllos, en menos de una década, ya eran todo lo que fueron hasta cincuenta años después, en que decayeron abandonados.

Nacieron adultos dentro del criterio de lo que es un pueblo, una villa. Eran, para los espíritus superficiales, la demostración de lo que puede hacer el capital financiero de naciones civilizadas. Eran de propiedad de La Forestal. Todo, de punta a punta, y también decenas de leguas de tierra de sus contornos eran de su propiedad.

El alodio feudal no alcanzaba extensión tan considerable, ni sus castillos poderosos estaban más protegidos por las armas, ni dominaban un suelo tan inmenso. En él tenía La Forestal emplazados sus pueblos, dueña de todos los bienes, de todas las cosas, desde la vivienda hasta los alimentos para toda la gente -salvo raras excepciones años después-, desde el agua a la luz, desde la medicina a la bebida alcohólica. Quien se moviera dentro y fuera del pueblo, hasta muchas leguas alrededor, se movía dentro de La Forestal, y los que vinieran sin relación de dependencia con ella estaban sujetos a ella indirectamente. El dominio total sobre las propiedades creó un climax social, una especie apartada de ciudadanía argentina en suelo poseído por extranjeros que impusieron una modalidad completamente distinta del modo ¿e ser y de vivir de otros pueblos no dependientes de La Forestal.

En cualquier otro pueblo argentino, para habitar una vivienda era necesario ser inquilino o propietario. En los pueblos de La Forestal eso no ocurría, como regla general: todo empleado, todo obrero ocupaba -ya veremos mediante qué pago- una vivienda asentada en un suelo que no era de él, aunque pagaba la construcción del rancho, y todo era de propiedad de la empresa cuando consistía en un edificio ¿e otro tipo. Ni un empleado llamado allí para trabajar construyó su casa. Estaba hecha; se la daban. No era dueño de nada. No existía co-— o norma el arrendamiento, existía la ocupación precaria en relación al empleo, y con ello una faz del sometimiento; quien dejaba de ser empleado u obrero perdía el derecho a la ocupación.

El despido traía aparejado el desalojo y, si fuera necesario, por la fuerza pública sin más trámite, o por la destrucción de la vivienda, como en 1921. Era el orden del régimen de ocupación que rige entre los terratenientes, pero al revés. El desalojo campesino trae aparejada la pérdida del medio de trabajo: la tierra, se transformaba en un «muerto civil».

En 1933 Villa Guillermina tenía 700 habitantes. Esa  sola cifra y ese solo pueblo darían la idea de la asombrosa realidad: pueblos tan numerosos que pertenecían a La Forestal. Por su origen , Villa Guillermina era el que tenía mayor numero de personas «independiente», puesto que fue fundada en 1900 cuan aun la Forestal no existía. Pero, todo lo referente al régimen administrativo, vida comunal y comercial de Villa Guillermina es aplicable a los pueblos de La Forestal, tanto en la provincia de Santa Fe como en la de Chaco.

Villa Ana tenía, en 1947, 5.000 habitantes; Tartagal, 3.000; La Gallareta, 4.000; citando sólo las cuatro poblaciones donde funcionaban fábricas de tanino -excluyendo Santa Felicia, población menor-, totalizaban en cifras redondas aproximadamente 20.000 personas, comprendidas directamente dentro de un régimen implantado por extranjeros en poblaciones argentinas, que distorsionaba nuestras costumbres en cuanto a la manera de vivir de nuestros pueblos. Todos los otros centros de pequeños núcleos urbanos, que oscilaban entre 150 y 1.500 habitantes, y cuyo número hoy es difícil precisar porque muchos desaparecieron con la conclusión de los trabajos de obrajes, estaban sometidos también al monopolio comercial de la Compañía.

Decir qué ramos del comercio explotaba en Villa Ana, Golondrina, Intiyaco, Colmena, La Gallareta, Horquilla, Laguna Limpia, etc., es nombrar los comercios que tenía en todas sus poblaciones más o menos importantes y, con supresión de algunos ramos, en todos sus centros poblados sin excepción, incluyendo las estancias. Comercios establecidos en las poblaciones o ambulantes en los obrajes tenían el mismo fin: monopolizar las transacciones.

En toda la extensión de sus dominios prohibía que otros comerciaran; directa o indirectamente ejercía ese control. Cuando consentía que otros comerciantes se establecieran en terrenos de su propiedad, estaban prácticamente dominados por la Compañía, que en ciertos casos actuaba como mayorista con respecto a ellos. Cuando se trataba de propietarios, como en algún caso de Villa Guillermina o Villa Ana en los últimos veinte años, el poder de la Compañía era tan grande que de una u otra manera su presión se hacía sentir.

Fuente Consultada: La Forestal, La Tragedia del Quebracho Colorado – Gastón Gori.

Gastón Gori (Esperanza, 17 de noviembre de 1915 – Santa Fe, 17 de noviembre de 2004) fue un escritor argentino. Nació bajo el nombre de Pedro Marangoni en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. Estudió derecho y comenzó a ejercer como abogado, pero luego se dedicó activamente a la literatura. En sus ensayos estudió en detalle la problemática de la inmigración, y especialmente en La Forestal sobre la explotación maderera en los obrajes.

Historia de La Forestal Explotacion Laboral en el Norte Santafesino

Historia de La Forestal Explotación Laboral

Temas Tratados:

1-Historia de La Forestal en el Norte de Santa Fe
2-La Explotación de los Obreros
3-Pueblos Fundados Por La Forestal
4-La Deforetación de Quebrachos
5-La Ley y Justicia en La Forestal

LA FORESTAL Empresa de Tanino, Maderas y Ferrocarriles:
Introducción: Esta es la historia de una compañía extranjera que, con la aquiescencia y complicidad de numerosos funcionarios argentinos, compró a ínfimo valor territorios que afectaban principalmente a las provincias de Santa Fe, Chaco y Santiago del Esmero, creó en una superficie de más de 2.000.000 de hectáreas casi un «estado» dentro del Estado Nacional, con sus ferrocarriles, puertos, ganadería, industria, pueblos que levantaba o arrasaba a su antojo, normas policiales y comerciales, y hasta ejército y moneda propios…

La Forestal es el ejemplo mas fidedigno del  latifundismo, la depredación de la naturaleza, del egoísmo del que tiene el dinero, y con él, el poder, y además el poder de ablandar al poder, la explotación más deshumanizada del hombre de la tierra. Gastón Gori , autor del libro «La Forestal» describe con todos los detalles una de las empresas extranjeras que conquistó lo que quería de acuerdo a la fórmula: Veni, vedi, vid. Y tras de sí dejó el tendal, el campo de los derrotados, después de llevarse todo.

Historia de La Forestal Explotacion LaboralEsta es la historia de un avasallamiento de la dignidad humana, cuyos resultados pueden medirse en que, en algunas de sus poblaciones, el 80% de los fallecidos no llegaba a la edad de treinta y cinco años, carecía de real atención médica, entregaba su vida a la Compañía, a la cual le debía comprar los alimentos, vestimenta y el alcohol que les permitía subsistir…

Esta es la historia de un imperdonable crimen ecológico, el casi exterminio del quebracho colorado sin beneficio para el país y sin el pleno aprovechamiento de una materia prima que, en gran parte, se dejó como pasto de los incendios…

Pero ésta es también la historia de una épica rebelión ante la injusticia, de una matanza injustificable, de una epopeya que aún tiene visos de leyenda en el noreste argentino, pero que Gori retrata aquí con la pavorosa precisión de las cifras.

Imagen Arriba: Moneda de Pago a los Obreros, Sólo Válida En Los Negocios Dentro Del Feudo de «La Forestal», en este caso para canjearla por 1Kg. de carne, en Villa Guillermina.

PORQUE LA FORESTAL FUE PROPIETARIA DE ESAS TIERRAS

En virtud de ley del 22 de junio de 1872, el gobierno provincial contrató un empréstito con la firma Murrieta y Cía. de Londres. El apoderado de esa empresa en nuestro país era el doctor Lucas González. El pago del empréstito tuvo dificultades y los servicios no pudieron ser cubiertos como estaba previsto. En setiembre de 1880 el P. E., ante gestiones realizadas por el apoderado del acreedor, envió a las cámaras legislativas un proyecto de ley sobre autorización para contratar con Murrieta y Cía. el pago de lo que se le adeudaba del empréstito.

Por el artículo 1°, la tercera parte de esa deuda sería satisfecha con bonos del Tesoro, que devengarían intereses, y dichos bonos serían entregados a Murrieta y Cía. Con el objeto de acelerar la amortización, serían recibidos por el Estado provincial en pago de tierras públicas.

El inciso 5° establecía que se deslindarían tierras suficientes como para pagar las otras dos terceras partes de la deuda, y aclara el artículo 2° que las tierras deslindadas se «venderán en Inglaterra u otras partes de Europa para destinar el producido al pago del empréstito», con lo que daba a entender que los posibles compradores serían buscados fuera de la órbita de intereses de Murrieta y Cía. aunque no la excluía, ni estaba en el pensamiento del P. E. excluirla, por el contrario sabía que esa empresa estaba -de antemano- interesada en las tierras como una solución de pago.

El artículo 4° coartaba toda otra posibilidad del P. E. para disponer más ventajosamente de las tierras, si se presentara el caso, porque no podía «darles ningún otro destino hasta que estuviera satisfecha la deuda». Era una especie de hipoteca por vía legislativa, que el gestor de Murrieta y Cía. lograba a favor de sus mandantes.

El autor del proyecto no era un ministro del P. E., como podría suponerse, ni tampoco el gobernador, sino el propio apoderado de la casa de Londres, doctor Lucas González, tal como surge explícitamente del mensaje enviando el proyecto y de la discusión -sumamente breve- que tuvo en las cámaras. Al tratarse el artículo 4°, el senador Torrent dijo que votaría a favor de su aprobación «pues el apoderado de la casa Murrieta y Cía. está satisfecho, siendo el autor del proyecto».

Sancionada la ley -5 de octubre de 1880- de importancia fundamental para las negociaciones subsiguientes, establecía también que se encargaría de su ejecución a una «persona idónea» y el 5 de mayo de 1881 el gobierno, habiéndose deslindado las tierras el 10 de abril del mismo año, otorga poder para venderlas, no a un negociador perteneciente al gobierno, por formar parte de él, o a un experto en asuntos de colonización e inmigración que tuviera fundamentalmente en cuenta estos aspectos, sino que consideró que la persona idónea de que hablaba la ley era el apoderado de Murrieta y Cía. e hizo recaer el nombramiento en Lucas González.

De modo que el gestor de los intereses de la casa prestataria de Londres representaba a la provincia en la venta de 668 leguas cuadradas de tierra, autorizada por ley del 5 de octubre de 1880, cuyo proyecto era autor en nombre de Murrieta y Cía.

La venta realizada a Murrieta y Cía. constituyó la salida más formidable de tierras del patrimonio público hasta 1881 y la entrega más grandiosa de quebrachales colorados que se realizara en e. mundo. Santa Fe incorporó a sus límites parte de tierra nacional. Al trazarse definitivamente sus fronteras cuando aún no tenía su extensión actual, se realizó la trasferencia de una fracción de su territorio a la firma inglesa. Santa Fe tiene hoy una superficie de 5.397 leguas cuadradas -acrecentadas con respecto a 1881-, pero si tomáramos esa cifra actual como referencia, resulta que se enajenó a Murrieta y Cía. más del 12% de toda la superficie con que contaba la provincia y era la única que tenía ingente riqueza de quebracho colorado.

El norte quedó bajo el dominio directo del capital extranjero, dominio que ampliaría después con otras ramificaciones de sus tentáculo; hasta llegar a tener los caracteres de un «estado» propio, con su puertos, ferrocarriles, ganadería, industria, poblaciones, sus normas policiales, comerciales, etc., etc. ¿Se consideraron estos resultados inmediatos y posteriores al realizarse una transacción de tal magnitud? Los legisladores que aprobaron la ley del 5 de octubre de 1880 que establecía la venta de tierra y pago del empréstito, no debatieron el asunto.

Una breve sesión sirvió para sancionarla. Nadie levantó una potente voz de alarma, ni aportó razones prudentes, ni hizo notar la enormidad de la venta, quizá porque estaban en la creencia de que todas esas tierras se subdividirían en colonias. Nadie ofreció una solución distinta al pago de la deuda del empréstito.

Fuente Consultada: La Forestal, La Tragedia del Quebracho Colorado – Gastón Gori

Gastón Gori (Esperanza, 17 de noviembre de 1915 – Santa Fe, 17 de noviembre de 2004) fue un escritor argentino. Nació bajo el nombre de Pedro Marangoni en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. Estudió derecho y comenzó a ejercer como abogado, pero luego se dedicó activamente a la literatura. En sus ensayos estudió en detalle la problemática de la inmigración, y especialmente en La Forestal sobre la explotación maderera en los obrajes.