Pueblos Fundados Por La Forestal Compañia Inglesa de Tanino Maderas



Pueblos Fundados Por La Forestal
Compañia Inglesa

Temas Tratados:

1-Historia de La Forestal en el Norte de Santa Fe
2-La Explotación de los Obreros
3-Pueblos Fundados Por La Forestal
4-La Deforetación de Quebrachos
5-La Ley y Justicia en La Forestal

LA FORESTAL
Los Pueblos Fundados

Hemos dicho que los pueblos fundados en tierras de La Forestal, La Gallareta, Villa Ana, Villa Guillermina, Tartagal, Santa Felicia, que son los más importantes en Santa Fe por haberse establecido allí fábricas de tanino, Hausonia, Villa Berther, Laguna Limpia, etc., en el Chaco, constituyen una anormalidad histórica dentro del proceso de la formación de poblaciones en nuestro país.

El origen de esa anormalidad tiene su explicación en el latifundio sometido a la rígida dominación de una empresa que no tuvo interés, ni se la inclinó ello por imperio legislativo, en el futuro de la región donde actuara. El latifundio determinó tanto la escasez de población como el régimen «institucional» que pudo imponer amparada por el derecho de propiedad de enérgica interpretación romanista.

Elegido el sitio para el emplazamiento de un pueblo, como allí no ;e trataba de colonizar ni de subdividir para vender lotes en los alrededores para destinarlos a chacras o a la ganadería una vez puesbls en condiciones por nuevos propietarios, La Forestal, sin intervención estatal, con sus propios ingenieros o técnicos, sin denunciar trazado –la aprobación se gestionó casi veinte años después- hizo relevamientos, trazó planos e inició la tarea de construir edificios, viviendas, fábrica, conservando el dominio sobre toda la tierra.

Cada pueblo comprendía: una fábrica de tanino -en los cinco mencionados de la provincia de Santa Fe-, edificios para la administración, para habitación del gerente y empleados casados, una «soltería» para empleados, otra para obreros, ranchos o viviendas modestas para peones, alejadas del centro urbano donde se levantaban las construcciones principales, la casa de visitas, el gran almacén de ramos generales, panadería, carnicería, etc.

Un pueblo completo construido en poco tiempo, arbolado, con calles rectas bien cuidadas, algunas tapizadas luego con aserrín de quebracho, club deportivo, cancha de golf… Todo lo que necesitara el hombre para vivir confortablemente existía allí: luz eléctrica, agua corriente, fábrica de hielo, sistema cloacal, farmacia, médico y luego, hospital.

Los obreros, naturalmente, tenían viviendas mucho más modestas que el resto de los habitantes: ranchos en las afueras, casitas de madera revocadas, techos de cinc, de paja o de palma acanalada procedente de los palmares de la compañía.

En el pueblo de La Forestal, el empleado de jerarquía, el simple de administración, o cualquier otro que fuera a ocupar una casa, podía desentenderse del moblaje: la compañía lo proveía todo. Sus herreros, sus electricistas, sus carpinteros, solucionaban prestamente los comunes problemas que crea el uso de edificios. No había más que comunicar el desperfecto al jefe de la sección pueblo, y la oficina enviaba el operario especializado. Nadie tenía que protestar por la higiene del pueblo, todo era limpio, ordenado; agradable la plazoleta, los árboles, los jardines.

En medio del territorio que fuera del abipón, del mocobí o del toba, habían nacido esos milagros, esas villas con las que -al decir del panegirista Saccone- no podía compararse ningún pueblo del sur. Aquello era ejemplar: lo hacían los extranjeros con prolijidad europea. En efecto, ninguno de esos pueblos se parecía a otros pueblos argentinos. Setenta años necesitaron muchísimos otros, en las colonias agrícolas, para ser lo que son. Aquéllos, en menos de una década, ya eran todo lo que fueron hasta cincuenta años después, en que decayeron abandonados.

Nacieron adultos dentro del criterio de lo que es un pueblo, una villa. Eran, para los espíritus superficiales, la demostración de lo que puede hacer el capital financiero de naciones civilizadas. Eran de propiedad de La Forestal. Todo, de punta a punta, y también decenas de leguas de tierra de sus contornos eran de su propiedad.



El alodio feudal no alcanzaba extensión tan considerable, ni sus castillos poderosos estaban más protegidos por las armas, ni dominaban un suelo tan inmenso. En él tenía La Forestal emplazados sus pueblos, dueña de todos los bienes, de todas las cosas, desde la vivienda hasta los alimentos para toda la gente -salvo raras excepciones años después-, desde el agua a la luz, desde la medicina a la bebida alcohólica. Quien se moviera dentro y fuera del pueblo, hasta muchas leguas alrededor, se movía dentro de La Forestal, y los que vinieran sin relación de dependencia con ella estaban sujetos a ella indirectamente. El dominio total sobre las propiedades creó un climax social, una especie apartada de ciudadanía argentina en suelo poseído por extranjeros que impusieron una modalidad completamente distinta del modo ¿e ser y de vivir de otros pueblos no dependientes de La Forestal.

En cualquier otro pueblo argentino, para habitar una vivienda era necesario ser inquilino o propietario. En los pueblos de La Forestal eso no ocurría, como regla general: todo empleado, todo obrero ocupaba -ya veremos mediante qué pago- una vivienda asentada en un suelo que no era de él, aunque pagaba la construcción del rancho, y todo era de propiedad de la empresa cuando consistía en un edificio ¿e otro tipo. Ni un empleado llamado allí para trabajar construyó su casa. Estaba hecha; se la daban. No era dueño de nada. No existía co-— o norma el arrendamiento, existía la ocupación precaria en relación al empleo, y con ello una faz del sometimiento; quien dejaba de ser empleado u obrero perdía el derecho a la ocupación.

El despido traía aparejado el desalojo y, si fuera necesario, por la fuerza pública sin más trámite, o por la destrucción de la vivienda, como en 1921. Era el orden del régimen de ocupación que rige entre los terratenientes, pero al revés. El desalojo campesino trae aparejada la pérdida del medio de trabajo: la tierra, se transformaba en un «muerto civil».

En 1933 Villa Guillermina tenía 700 habitantes. Esa  sola cifra y ese solo pueblo darían la idea de la asombrosa realidad: pueblos tan numerosos que pertenecían a La Forestal. Por su origen , Villa Guillermina era el que tenía mayor numero de personas «independiente», puesto que fue fundada en 1900 cuan aun la Forestal no existía. Pero, todo lo referente al régimen administrativo, vida comunal y comercial de Villa Guillermina es aplicable a los pueblos de La Forestal, tanto en la provincia de Santa Fe como en la de Chaco.

Villa Ana tenía, en 1947, 5.000 habitantes; Tartagal, 3.000; La Gallareta, 4.000; citando sólo las cuatro poblaciones donde funcionaban fábricas de tanino -excluyendo Santa Felicia, población menor-, totalizaban en cifras redondas aproximadamente 20.000 personas, comprendidas directamente dentro de un régimen implantado por extranjeros en poblaciones argentinas, que distorsionaba nuestras costumbres en cuanto a la manera de vivir de nuestros pueblos. Todos los otros centros de pequeños núcleos urbanos, que oscilaban entre 150 y 1.500 habitantes, y cuyo número hoy es difícil precisar porque muchos desaparecieron con la conclusión de los trabajos de obrajes, estaban sometidos también al monopolio comercial de la Compañía.

Decir qué ramos del comercio explotaba en Villa Ana, Golondrina, Intiyaco, Colmena, La Gallareta, Horquilla, Laguna Limpia, etc., es nombrar los comercios que tenía en todas sus poblaciones más o menos importantes y, con supresión de algunos ramos, en todos sus centros poblados sin excepción, incluyendo las estancias. Comercios establecidos en las poblaciones o ambulantes en los obrajes tenían el mismo fin: monopolizar las transacciones.

En toda la extensión de sus dominios prohibía que otros comerciaran; directa o indirectamente ejercía ese control. Cuando consentía que otros comerciantes se establecieran en terrenos de su propiedad, estaban prácticamente dominados por la Compañía, que en ciertos casos actuaba como mayorista con respecto a ellos. Cuando se trataba de propietarios, como en algún caso de Villa Guillermina o Villa Ana en los últimos veinte años, el poder de la Compañía era tan grande que de una u otra manera su presión se hacía sentir.

Fuente Consultada: La Forestal, La Tragedia del Quebracho Colorado – Gastón Gori.

Gastón Gori (Esperanza, 17 de noviembre de 1915 – Santa Fe, 17 de noviembre de 2004) fue un escritor argentino. Nació bajo el nombre de Pedro Marangoni en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. Estudió derecho y comenzó a ejercer como abogado, pero luego se dedicó activamente a la literatura. En sus ensayos estudió en detalle la problemática de la inmigración, y especialmente en La Forestal sobre la explotación maderera en los obrajes.



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