La Ley y la Justicia de La Forestal Santa Fe Coimas a Comisarios



La Ley y la Justicia de La Forestal en Santa Fe

Temas Tratados:

1-Historia de La Forestal en el Norte de Santa Fe
2-La Explotación de los Obreros
3-Pueblos Fundados Por La Forestal
4-La Deforetación de Quebrachos
5-La Ley y Justicia en La Forestal

LA FORESTAL
Comprando a la «Ley»

En cualquier pueblo del territorio argentino pudieron existir comisarios rectos, honestos, y también otros venales, abusadores de su autoridad; basta hojear el índice de los archivos de gobierno para hallar constancias de sumarios por motivos diversos, aunque casi siempre las denuncias fueron por abusos en perjuicio de las personas. Los comisarios «coimeros» raras veces dejaron rastros de sus ilegalidades de ese tipo, en lo que se parecerían a los sobornados en el anonimato de los hechos. Todo dinero que ingresa al bolsillo del comisario que no sea por sueldo, pero que se le entrega a raíz de sus servicios por personas favorecidas, es coima -pago por un favor-, soborno -pago por un encubrimiento- anticipo de soborno…

La coima es una exigencia; el soborno, la aceptación de una ilicitud. Esto es fácilmente discernible como la calificación, dentro de las ilicitudes, de la aceptación de un «pago» mensual hecho por persona o empresa independientemente del sueldo recibido por vía legal. En ningún pueblo de Argentina que no sea de La Forestal ha ocurrido que los comisarios recibieran pagos mensuales de una empresa. En el lenguaje común eso es «comprar al comisario», naturalmente para utilizarlo. La Forestal pagaba esos emolumentos con conocimiento de los superiores jerárquicos.

El comisario, como representante de la autoridad pública, pasaba así a constituirse en una hibridación de autoridad pública dependiente de una «autoridad» privada, con más influencia sobre sus actos que los mandatos de la ley, puesto que su conducta forzosamente estaba condicionada al pago de la subvención privada que ambicionaba y que recibía. Semejante atrocidad ilegal no era sancionada: se hacía la vista gorda… Recibir con conocimiento público una subvención de La Forestal no era considerado soborno, coima, o en lenguaje técnico exacción ilegal, sino simplemente una deshonestidad manifiesta elevada a categoría de norma por la empresa. Indudablemente era una inmoralidad tanto otorgarla como recibirla, y se perdían así todas las garantías de imparcialidad.

Aunque La Forestal no necesitara que se le silenciaran o disimularan hechos policiales de sus agentes, la subvención mensual al comisario creaba una situación de dependencia irritante para la ley y acentuaba el rigor de la autoridad en concordancia con el dinero recibido, cuando la Compañía lo exigía. Y es así como comisarios pagados por el erario público, más que representantes de la autoridad provincial, pasaban a ser subordinados de hecho de La Forestal, con apariencias de comisarios provinciales.

Lo privado de La Forestal también en ese aspecto estaba por sobre el orden jurídico. Salvadores decía: «De largo tiempo atrás la empresa ha tenido su policía. Los empleados designados por el superior gobierno estuvieron siempre prácticamente a las órdenes de los gerentes de los disantos pueblos.

El presupuesto en vigencia asigna a un comisario general, tomemos por ejemplo el de Villa Guillermina, $ 150 mensuales. La empresa por regla general es arbitro de los nombramientos y fija para estos funcionarios una partida de $ 450″. «He recibido dos cartas propuestas (decía el jefe de policía señor Carlos Berli, funcionario honesto), una de A y otra de B. El primero me ofrece $ 15.000 en efectivo y el sueldo mensual que según presupuesto le corresponde para que yo lo haga nombrar comisario de Villa Guillermina y lo mantenga durante cuatro años en el cargo. El segundo, B, me hace análogo ofrecimiento, pero en lugar de $ 15.000 ofrece $ 10.000 y el sueldo, para obtener la comisaría de Villa Ana.» Y agregaba: «los dos conocen muy bien esas localidades». Esto sólo demuestra el estado de corrupción promovido por la Compañía.

Ser comisario de una población de La Forestal era tener carta blanca para explotar los vicios más envilecedores del ser humano, desde el juego hasta la prostitución. Pero sigamos a Salvadores; él fue testigo insobornable y calificado por su condición de legislador: «La Forestal les pasa una subvención mensual de $ 450 y una partida también mensual de $ 70 para forrajes, etc.; total, 520 pesos moneda nacional. Les da casa-habitación, luz, leña, caballos, armas y demás. En sus almacenes pueden adquirir lo que deseen por precios muy ventajosos.

Si se portan bien con la empresa recibirán algún aguinaldo o prima; por otra parte, la Compañía, que es tan exigente con el pequeño comercio, les dará permiso para que hagan jugar y perciban sus coimas, como también para que cobren por permisos de bailes, y puedan de vez en cuando hacer producir algún tumulto o escándalo que epilogará con algunos garrotazos, algunas que otras palizas en el calabozo y unos cuantos cientos de pesos por concepto de multa, sin recibo. Pero ¿en qué consiste portarse bien con la empresa? Más o menos en lo siguiente: acatar sin objeción las órdenes de la gerencia; tener mano dura y olvidarse de sentimentalismos con todo el mundo si todo el mundo ha caído en la horrible desgracia de ser sindicado como réprobo por aquélla.

Caer en desgracia con la gerencia implica el retiro del agua y la luz. El funcionario deberá renunciar al cargo, no dispondrá de caballos ni de armas, ni de los elementos más necesarios. Además, el representante de la Compañía en Santa Fe visitará diariamente al señor gobernador y al señor ministro de gobierno para pedirles la remoción del funcionario, y persistirá hasta obtenerla.



Como el jefe político se encuentra en igualdad de condiciones que el comisario, ya que percibe una subvención que oscila entre $ 800 y 1.200 moneda nacional mensuales, no es difícil que siempre otorgue razón a la empresa y destituya o pida la destitución de aquél, aun cuando no haya cometido otro delito que el de haber saludado al gerente con una inclinación menor de 90 grados».

¿Cómo llamar a esa partida asignada por La Forestal para paga: la servidumbre de la autoridad policial? No era una subvención, porque estaba encaminada a corromper no sólo al comisario o al jefe de policía o al juez de paz, que también recibía pagos de ese tipo, sino a toda autoridad que conociéndolo consentía esa entrega mensual de dinero a sus subordinados.

No era soborno, porque no respondía a acallar un hecho determinado, pero se parecía demasiado a él. Si una persona que no tuviese la enorme capacidad financiera de La Forestal hubiera hecho entregas de dinero en esa forma, sin duda se la tendría bajo sospecha.

Pero resulta que, segur lo denunciado por el legislador Salvadores y que era de público conocimiento, el pago de una llamada subvención tenía carácter de «norma», sin que exista un solo sumario administrativo o proceso judicial que se iniciara a raíz de esa anormalidad que sanciona el artículo 259 del Código Penal.

Fuente Consultada: La Forestal, La Tragedia del Quebracho Colorado – Gastón Gori

Gastón Gori (Esperanza, 17 de noviembre de 1915 – Santa Fe, 17 de noviembre de 2004) fue un escritor argentino. Nació bajo el nombre de Pedro Marangoni en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. Estudió derecho y comenzó a ejercer como abogado, pero luego se dedicó activamente a la literatura. En sus ensayos estudió en detalle la problemática de la inmigración, y especialmente en La Forestal sobre la explotación maderera en los obrajes.

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