Locke

Teorías Políticas y Sociales del Renacimiento Ideas

Ideas y Teorías Políticas y Sociales del Renacimiento

Las ciencias sociales comienzan a aparecer, estimuladas por las explicaciones mecanicisticas y el desarrollo de las matemáticas: concurren los comienzos de la demografía, el establecimiento de los índices de mortalidad, de nacimientos, de probabilidades de sobrevivir.

Los ingleses predicen una duplicación de la población del globo cada veinticinco años, preparando los trabajos de Malthus.

Aparecen las primeras estadísticas económicas y los Estados comienzan a organizar seriamente el empadronamiento de la población; Vauban exigía en su «Diezmo Real» que fuera anual y detallado.

En Inglaterra, los pensadores comienzan a reflexionar sobre las nociones de soberanía, según su origen social, no contentándose ya con la vieja teoría del rey de derecho divino, lugarteniente de Dios, tal como la concebía la Francia de Luis XIV.

En su «Leviathan», Tomás Hobbes (1588-1679), uno de los fundadores de la escuela empirista inglesa, dedujo de su análisis mecanicista de las pasiones, que los hombres tratan de sobrevivir y de engrandecerse a expensas unos de otros, pero que para evitar los conflictos perpetuos que asolaban a la Humanidad, aceptan someterse a una autoridad superior, por medio de una especie de contrato que fundamenta el Estado, en el que ellos delegan una parte de sus poderes naturales.

El Estado es comparado con Leviatán, gigante compuesto de numerosos hombres.

En este terreno, John Locke (1632-1704), conseguiría una influencia capital ya que sus ideas influyeron enormemente en el liberalismo inglés, en la filosofía francesa del siglo XVIII y en los dirigentes de la Revolución americana.

Fue el primer teórico de la burguesía.

De una familia de comerciantes y de juristas, fue amigo de Lord Ashley, conde de Shaftesbury, ministro de Carlos II Estuardo, a quien siguió a Holanda en su desgracia, después del advenimiento de Jacobo II.

Regresó a Inglaterra pasada la revolución de 1688 y publicó sus célebres obras: «Ensayo sobre el entendimiento humano», «Carta sobre la tolerancia», «Dos tratados sobre el gobierno».

Racionalista y empirista, amplió considerablemente la idea del contrato social de Hobbes. Libres, iguales, guiados por la razón, los hombres gozarían de los derechos naturales otorgados por Dios.

Pero deben, para vivir en sociedad, ligarse a un gobierno que proteja sus derechos y propiedades.

El soberano también se encuentra ligado por el contrato. No puede disponer arbitrariamente de las personas y de los bienes.

Las leyes, iguales para todos, deben ser elaboradas por una asamblea. Si el soberano no respeta el contrato, sus subditos deben considerarse desligados de su juramento.

Locke justificaba la rebelión contra Jacobo II y el advenimiento de Guillermo de Orange en 1688, rey legítimo porque lo había refrendado el consentimiento de la nación. Fue el primero en afirmar la necesidad de la separación de poderes, idea en la que profundizará Montesquieu.

Escritor de finales del siglo XVII, Fontenelle es ya un  «hombre del siglo XVIII», por la libertad de su inteligencia, por su curiosidad universal, por su ausencia de espíritu religioso. En sus obras se inclina a someter los espíritus a un método científico,  inculcándoles la fe en el progreso. En su «Historia de la Academia» o en sus «Conversaciones  sobre  la  pluralidad de  los mundos», se esfuerza en convertirse en el profesor de filosofía de la gente mundana.

Del mismo modo, el poder legislativo debe estar por encima del ejecutivo. Así, las fuerzas políticas se equilibran recíprocamente, evitando la injusticia, la arbitrariedad, la tiranía.

Locke preconizaba, igualmente, la separación de la Iglesia y el Estado, la libertad de conciencia y la libertad de cultos; excluía, sin embargo, a los católicos y a los ateos.

Los primeros, porque hacen que la soberanía dependa de una gracia divina, obedecen a Roma y sus sacerdotes quieren dominarlo todo; los segundos, porque sus juramentos no tienen ninguna sanción.

A pesar de estas excepciones, puede juzgarse la «osadía» y la novedad que representaban los escritos de Locke para aquella época, sobre todo con relación a Francia, país en el que triunfaban la arbitrariedad y «el capricho real».

De ahí la extraordinaria «anglomanía» de los filósofos franceses del siglo siguiente, tales como Voltaire, para quien la doctrina de Locke fue un verdadero evangelio.

A finales de siglo, absolutismo de Luis XIV suscitó vivas críticas que, sin embargo, no favorecerían el progreso, porque emanaban de nobles humillados por el papel demasiado importante que el rey había concedido a los burgueses en sus Consejos y su administración.

Como Saint-Simon o Fenelón, los nobles querían limitar el absolutismo, pero en un sentido favorable a la nobleza exclusivamente: casta dominante en los Estados Generales y los Consejos Reales, rigurosamente cerrada, teniendo en todas partes la preferencia sobre los plebeyos, presidida por el rey, que no se olvida nunca de su fuerza.

Esta «reacción nobiliaria», que se desarrollará en el siglo XVIII, va a impedir la evolución de la sociedad francesa y favorecer la arrogancia de los privilegiados hostiles a todas las reformas liberales, lo cual conducirá a las tubulencias sangrientas de la revolución jacobina.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII La Gran Aventura del Hombre

La Vida de los Obreros en la Revolucion Industrial Trabajo Esclavo

La Vida de los Obreros en la Revolución Industrial

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
LAS CONDICIONES DE VIDA DE LOS OBREROS EN GRAN BRETAÑA
:
El desarrollo de la urbanización, y también de la industrialización, en Europa, en la primera mitad del siglo XIX, tuvo consecuencias sobre las condiciones de vida de los trabajadores. La gran mayoría de éstos apenas lograban subsistir, acosados por el hambre y las epidemias. Muchos de estos trabajadores pobres eran artesanos que ejercían su oficio de manera independiente, trabajadores domiciliarios o empleados en pequeños talleres.

Pero a medida que avanzó la industrialización creció el número de obreros empleados en las fábricas mecanizadas. Este proletariado industrial se fue transformando en el sector más numeroso entre los trabajadores urbanos. La vida miserable que llevaba la mayoría de ellos se agravaba ante la amenaza permanente de la desocupación.

Los trabajadores empobrecidos, que no lograban satisfacer sus necesidades básicas, comenzaron a buscar formas para mejorar su vida cotidiana. Sobre todo en los primeros tiempos, buscaron soluciones en forma individual. Pero, al poco tiempo, empezaron a organizarse tras una solución colectiva.

Una salida de tipo individual consistió en tratar de ascender socialmente, tomando como ideal el modo de vida de la burguesía. Algunos trabajadores pensaron que una vida austera y el esfuerzo personal era la forma de mejorar su posición social.

Sin embargo, el camino del progreso económico era muy difícil de transitar para quien no contaba con un mínimo de capital para invertir. Fuera de Inglaterra las posibilidades de progreso económico eran aun menores.

Aunque ENGELS en su obra Situación de la clase trabajadora en Inglaterra (1848) denunció el empobrecimiento de los obreros y la acumulación de beneficios de los empresarios, los aspectos sociales de la Revolución Industrial no fueron debidamente estudiados ni debatidos hasta nuestro siglo. ¿Mejoró el nivel de vida de los obreros o la industrialización produjo problemas nuevos y más graves?

A esta cuestión han dedicado atención los más grandes historiadores británicos. Los debates han resultado fecundos y polémicos, así que a los efectos de dilucidar si efectivamente mejoró o empeoró con la industrialización el nivel de vida obrero ha de prestarse atención a una serie de indicadores básicos. Elegimos cuatro: alimentación, vivienda, salud y trabajo de los niños.

a) Alimentación. Más de la mitad de los gastos de la familia obrera se invertían en comida, y de este capítulo la mayor parte se destinaba a pan. Con la industrialización disminuyó el consumo de pan y apareció como artículo sustitutorio otro más barato, la patata. Hoy consideramos positiva esta diversificación de los alimentos, pero en aquel momento se consideró un empobrecimiento.

El consumo de carne aumentó lentamente, pero todos los estudios indican que mientras abundaba en las mesas pudientes no comparecía casi nunca en las pitanzas humildes. El azúcar pasó de una media de 19,12 libras entre 1800-1809 a 17,83 entre 1820-1829. A partir de 1800 aumentó el consumo de cerveza, pero se trata de una forma de compensar el sudor en trabajos pesados -minería, descarga, etc.-y se convirtió en hábito que degeneró en alcoholismo.

b) Vivienda. Sobre la vivienda se realizaron excelentes estudios en plena industrialización. Inicial-mente las humildes viviendas de ladrillo supusieron una mejora con respecto a las que ocuparon los inmigrantes del período pre-industrial. Pero se produjeron dos fenómenos negativos: hacinamiento (varias famillas en una sola vivienda) y envejecimiento (en pocos años se deterioraron de forma irreversible). El problema atañe sobre todo al urbanismo. Se formaron barrios insalubres, los slums, donde no sólo la vivienda era pobre sino que carecían de servicios y en los que hablar de áreas de esparcimiento era como mentar un paraíso coránico. En réplica a Ashton, Thompson ha destacado que las condiciones infrahumanas se dieron sobre todo en barrios de inmigración irlandesa de aglomeraciones industriales: Liverpool, Manchester, Leeds, Bradford.

c) Salud. Con respecto a la salud, los datos del Primer Informe del Registro General (1839) muestran que la tisis, enfermedad relacionada con condiciones de pobreza y hacinamiento, alcanzaba el veinte por ciento de la mortalidad total. Otro fenómeno terrible era la mortalidad infantil. En Manchester la mitad de los niños de familia humilde morían antes de cumplir los cinco años. Tanto la mortalidad infantil como la general eran más altas en las familias trabajadoras. Con punzante juicio escribe Thompson: «No hay razón para suponer que los niños moribundos o las enfermedades se repartieron más equitativamente que la carne o la ropa de abrigo».

d) Trabajo de los niños. Sobre el trabajo de los niños y sobre los efectos nocivos para su salud y desarrollo se ha escrito mucho. CLARK NARDINELLI (Child Labor and the Industrial Revolution. Indiana University press, 1990) ha intentado una revisión, arguyendo que no todos los problemas de la infancia pueden ser atribuidos a la industrialización.

Pero los argumentos de Thompson no parece que hayan sido desmontados. Porque los niños no sólo realizaron trabajos inapropiados sino que la misma naturaleza del trabajo industrial, monótono, siempre igual, alteraba su psiquismo. Incluso de los datos que proporciona Nardinelli, un salario infantil mucho más elevado
en las minas, se puede deducir que las familias más necesitadas tenían que enviar a sus hijos precisamente al sector que les resultaba más perjudicial.

Habría que considerar otros indicadores: vestido, nivel de empleo, educación. No harían otra cosa que reforzar la tesis, no aceptada por los historiadores, de que para los sectores inferiores de la pirámide social la Revolución Industrial, al menos en su primera fase, hasta 1830, no supuso mejoras en sus condiciones de vida sino que generó nuevos y graves problemas.

SITUACIÓN DE LOS OBREROS EN EL SIGLO XIX

» A las  2, a las 3, a las 4 de la mañana, se sacan a la fuerza de sus sucias camas a niños de 9 a 10 años, y se les obliga a trabajar para ganarse un mísero sustento hasta las 10, las 11 y las 12 de la noche, mientras su musculatura desaparece, su figura se va haciendo más y más raquítica […]. El sistema, tal como lo ha descrito el reverendo Montagu Valpy, es un sistema de esclavitud desenfrenada en todos los sentidos, en el social, en el físico, en el moral y en el intelectual […]. ¿Qué pensar de una ciudad en la que se celebra una asamblea pública para pedir que la jornada de trabajo de los hombres se reduzca a ¡18 horas al día! […]?»


Extracto del «Daily Telegraph de Londres», del 17 de enero de 1860, citado por Marx en El capital.

«Las ruidosas y vistosas calles de las grandes urbes se hallan muy cerca de los tugurios en que vive la clase obrera. Estos tugurios se parecen mucho en todas las ciudades de Inglaterra. Son los edificios más repugnantes, en los peores lugares de la ciudad. Por lo general, en ellos, las calles están sin pavimentar, sucias, llenas de hoyos y cubiertas de basura. La construcción irregular y desordenada impide la ventilación y, como allí vive mucha gente en un espacio reducido, el aire se mantiene viciado incluso en el mejor tiempo.»


M. I. Mijailov. La Revolución Industrial.

«Hoy, el esfuerzo está divorciado de la recompensa; no es el mismo el hombre que trabaja y luego descansa; por el contrario, tienen que trabajar unos precisamente para que descansen otros […] Por eso, la inacabable multiplicación de las fuerzas productivas del trabajo no puede conducir a otro resultado que a acrecentar el lujo y los placeres de los ricos ociosos.»


Sismondi, Nouveaux Príncipes.

Fuente Consultada:
HISTORIA DEL MUNDO CONTEMPORÁNEO
A. Fernández
Vicens Vives

Biografia Marie Curie Historia de sus Investigaciones

Biografía de Marie Curie
Historia de sus Trabajos e Investigaciones Científicas

En 1902, en un precario laboratorio montado en una cochera de la calle Lhomond de París, Francia, un matrimonio de físicos observa con asombro un trozo de piedra que brilla en la oscuridad.

La noticia conmociona a los científicos.

Comienza aquí la era atómica.

El científico que aisló el radio fue la polaca Marie Skolodowska, quien tras casarse ce Pierre Curie, adoptó el apellido de su esposo convirtiéndose en Marie Curie.

Una investigadora magnífica, científica francesa de origen polaco. Fue la primera mujer en recibir un Premio Nobel Nacida en Polonia, en 1891 se trasladó a París y se incorporó a la Universidad de La Sorbona.

Conoció a Fierre Curie y se casaron en 1895.

Interesada en los recientes descubrimientos de los nuevos tipos de radiación, comenzó a estudiar las radiaciones aei uranio y, utilizando las técnicas piezoeiéctricas inventadas por su mando, midió las radiaciones en la pechblenda, un mineral que contiene uranio.

Al ver que las radiaciones del mineral eran más intensas que las del propio uranio, se dio cuenta de que tenía que haber elementos desconocidos, más radiactivos. Fue la primera en utilizar el término «radiactivo».

marie curie biografia

En 1898 el matrimonio anunció el descubrimiento de dos nuevos elementos: el polonio y el radio.

En 1903, junto a su esposo, compartió con Becquerel el Premio Nobel de Física por el descubrimiento de los elementos radiactivos.

A la muerte de su marido (1906) lo reemplazó en las clases en la Universidad de París.

En 1911 recibió el Nobel de Química por sus investigaciones sobre el radio y sus compuestos.

Fue directora del Instituto de Radio de París en 1914 y fundó el Instituto Curie. Sufrió una anemia perniciosa causada por las largas exposiciones a la radiación.

Animados por el descubrimiento de Roentgen de los rayos X, ambos se entregaron al estudio de estas emisiones, que Marie Curie llamó radiaciones.

Durante 1898, detectaron en un trozo de uranio un poquito de polvo más radiactivo que el uranio. Marie, en recuerdo de su tierra, lo llamó polonio.

En diciembre de ese mismo año observaron otra sustancia altamente radiactiva y la llamaron radio. Cuatro años más tarde, tras arduos trabajos, Marie y Pierre Curie lograron aislar el radio.

Apenas un trocito de piedra de 0,1 gramos que emitía una luminosidad azul en la oscuridad.

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BREVE FICHA BIOGRAFICA

•  Pierre Curie nació en 1859, en París (Francia).

• A los dieciocho años se graduó en Física y comenzó a trabajar como jefe de laboratorio en la Escuela de Física y Química de la ciudad de París.

• Manya Sklodowska (conocida después como Marie Curie) nació en Varsovia (Polonia), el 7 de noviembre de 1867.

• A los veinticuatro años se trasladó a París a estudiar Física y Matemática y luego entró como asistente en el laboratorio donde trabajaba Pierre.

• Maric y Pierre se enamoraron y se casaron en 1895. El matrimonio tuvo dos hijas: Irene y Eve.

• Mientras Pierre continuó  sus proyectos de investigación, Marie empezó a estudiar la radiaciones atómicas.

• En 1898 descubrieron el radio y el polonio. Este suceso dio lugar al nacimiento de una nueva rama en las ciencias: la radiactividad.

• En 1903 compartieron el premio Nobel de Física con el físico Antoine Becquerel.

Grandes descubrimientos

• En 1906 Pierre murió en un accidente y Marie lo reemplazó en la universidad. Así empezó a enseñar las materias que él dictaba, lo que la convirtió en la primera mujer en dar cátedra en la Sorbona (Francia).

• En 1911 logró aislar el radio en su estado más puro y por este trabajo recibió su segundo premio Nobel, el de Química.

•  En 1918 dirigió el Laboratorio Curie en el Instituto del Radio, en París en donde también investigaba la aplicación de la radiactividad en el tratamiento contra el cáncer.

• Murió enferma de leucemia, el 4 de julio de 1934.

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Modelo de Vida

TEMAS TRATADOS:

1-Biografia de la Madre Teresa de Calculta
2-Biografia del Dr. Esteban Maradona
3-Biografia de Yukio Seki (kamikaze japones)
4-Biogria de Madame Curie
5-Biografia de Irena Sendler
6-Biografia del Dr. Naki

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COMPLETA BIOGRAFÍA DE MARIE CURIE

La vida, la obra de Pierre y Marie Curie están indisolublemente unidas a la historia de la radiactividad y del descubrimiento del radio, de tal manera que una no se entiende sin la otra.

La biografía del radio es la biografía de los Curie. Lo demás casi no cuenta.

Es la historia bella y heroica de un hombre y una mujer que se unieron en el amor y en el trabajo para lograr una de las páginas mejor acabadas de la historia de la ciencia.

Sus caminos separados se unieron en el verano de 1895, después de un pintoresco viaje de bodas en bicicleta por la íle de France.

Investigadora francesa, de origen polaco, cuyo apellido de soltera fue Sklodowska. nació en Varsovia y murió  en Sallanches (1867-1934).

Colaboró con su esposo, Pierre Curie, en la investigación de los fenómenos de radiación, descubierta por el profesor Henri Becquerel.

Por estos trabajos Becquerel compartió el premio Nobel de Física (1903) con el matrimonio.

Fallecido Pierre Curie, Marie prosiguió los estudios iniciados en común y, en 1911, obtuvo el premio Nobel de Química, por el descubrimiento de los elementos radiactivos radio y polonio.

Pierre fue un físico francés, n. y m. en París (1859-1906). Educado en la Sorbona. Descubrió en 1883 la piezoelectricidad.

Empezó su estudio de los cuerpos radiactivos en 1896 en unión con su esposa Marie Curie, con la que recibió el premio Nobel de Física en 1903.

Pierre Curie era hijo de un médico parisiense. Había nacido en 1859. De carácter idealista, sobrio, trabajador, después de cursar sus estudios de ciencias físicas fue nombrado profesor de la escuela municipal de Física y Química de París, con un sueldo discreto y con muy pocos medios para desarollar su afán investigador.

A sus treinta y cuatro años era ya algo conocido en los medios científicos por haber descubierto, en colaboración con su hermano Jacques, el fenómeno de la piezoelectricidad, comprobando la aparición de cargas eléctricas en una lámina de cristal de cuarzo cuando es sometida a tracciones y compresiones.

También era tenida en cuenta la ley fundamental de Curie en magnetismo, al hallar la relación entre la imanación y la temperatura.

Pero su vida transcurría casi sin pena ni gloria, con su modestia, con su deseo de pasar inadvertido, sin el prurito de mejorar la posición, con las clases entre amenas y aburridas de la escuela.

Marie Sklodowska nació ocho años más tarde que Pierre Curie, en 1867.

También su Marie Curieniñez y su juventud conocieron el ambiente científico y las estrecheces económicas.

Su padre era profesor de matemáticas y física del instituto de Varsovia.

Al estudiar con ilusión las asignaturas de la Ciencia en los cursos secundarios, deseaba igualmente especializarse en los misterios que circundan al mundo científico.

Tuvo por aquel entonces ocasión de vivir los días de zozobra, tantas veces repetidos, del valeroso pueblo polaco frente a las exigencias territoriales e ideológicas del zarismo.

Cuando hace dos años que su hermana mayor, Bronia, finalizara sus estudios de medicina, decide trasladarse a París, de cuyo mundillo científico tiene las mejores referencias.

Tendrá que vivir en una modestísima pensión y sufrir dificultades sin cuento. Muy cerca estuvo de tener que renunciar a sus estudios de matemáticas y física superiores por la falta total de medios con que sostenerse; la beca universitaria conseguida para ella por una amiga polaca ayudó mucho a la agravada situación….Estudiaba durante el día y daba clases por la noche, apenas ganando para su subsistencia.

En 1893 recibió su licenciatura en Física y comenzó a trabajar en un laboratorio industrial del profesor Lippmann. Entre tanto, continuó sus estudios en la Universidad de París y obtuvo un segundo título en 1894, luego seguría su doctorado.

LA HISTORIA DE SU DESCUBRIMIENTO: En medio de un desorden increíble en el «hangar» que les servía de laboratorio en la Escuela de física y química de París, Fierre y Marie Curie se afanaban.  Desde que conocieron los trabajos del físico Henri Becquerel, que descubrió la radiactividad, dedicaron toda su energía al estudio de esta radiación.

A partir de la pechblenda, un mineral de uranio, lograron aislar en 1898 dos nuevos elementos, el radio y el polonio, este último fue nombrado así por Marie en recuerdo de su país natal. En 1903, ambos sabían que sus trabajos habían llamado la atención de la comunidad científica. En junio, Marie presentó su tesis sobre las propiedades atómicas del uranio ante un jurado absorto.

En el transcurso del mismo mes, la célebre Royal Institution británica los invitó a presenta: un ciclo de conferencias. En noviembre, la Royal Society de Londres les concedió la medalla Davy. Finalmente, el 10 de diciembre, la Academia de Ciencias de Estocolmo, en Suecia, anunció públicamente que se les había otorgado el premio Nobel de física, junto con Henri Becquerel. Una pareja discreta de científicos accedía así a la celebridad.

En su laboratorio, Pierre y Marie Curie formaban una pareja totalmente dedicada a la ciencia. Estaban convencidos de que ésta debía ayudar a la humanidad a vivir mejor: Fue este humanismo, así como sus investigaciones los que forjaron su renombre mundial.

Una joven brillante: Marja Skíodowska nació el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, que entonces estaba ocupada por los rusos. Al terminar sus estudios secundarios en forma brillante, Marja soñaba con abrazarla carrera científica, pero en Polonia las mujeres no estaban autorizadas a ingresar en la universidad.

Sus padres lamentablemente no le podían ofrecer estudios en el extranjero: su hermana Bronja iría a París a estudiar medicina.

Marja permaneció en Polonia dando lecciones particulares a los niños de familias acomodadas, mientras que en el mayor secreto, en las tardes, impartía cursos a los obreros en la universidad libre polaca.

En 1891, sin hablar una palabra de francés, viajó a París para encontrarse con su hermana. En la Sorbona, Marja siguió cursos de física.

Era una estudiante brillante y aprobó en 1893 su licenciatura, ocupando el primer lugar.

Al año siguiente fue segunda en la licenciatura de matemáticas. Por intermedio de un amigo polaco conoció a Pierre Curie, ocho años mayor que ella, físico en la Escuela de física y química de París, con el que se casó en julio de 1895.

Un científico precoz
Como su joven esposa, que adoptó el nombre de Marie, Pierre Curie manifestó prematuramente excepcionales aptitudes intelectuales.

Nacido en París el 15 de mayo de 1859 en el seno de una familia protestante, obtuvo su licenciatura en física a los dieciocho años e ingresó en la Facultad de ciencias en calidad de ayudante.

Junto con su hermano Paul Jacques, que trabajaba en el laboratorio de mineralogía de la Sorbona, estudió los cristales y descubrió el fenómeno de la piezoelectricidad.

Gracias a innumerables observaciones científicas realizadas, los hermanos elaboraron un electrómetro de cuadrante, que llegó a ser el electrómetro Curie.

En 1883, Pierre fue nombrado jefe de trabajos en la nueva Escuela de física y química de París.

Allí se dedicó al estudio de los cristales, introduciendo en el campo de la física las nociones de simetría, que fueron adoptadas rápidamente por los cristalógrafos. Su tesis doctoral presentada en 1895, que versaba sobre las propiedades magnéticas de los cuerpos a diversas temperaturas, lo llevó a formular la llamada ley de Curie.

«En interés de toda la humanidad»
«Renunciando a la explotación de nuestro descubrimiento, nosotros hemos renunciado a la fortuna que habría podido, después de nosotros, ser transmitida a nuestros niños. Yo he debido defender nuestras concepciones frente a nuestros amigos, quienes pretendían, no sin una razón valiosa, que si hubiéramos garantizado nuestros derechos, habríamos conseguido los medios financieros necesarios para la creación de un Instituto del radio satisfactorio. […] La humanidad tiene ciertamente necesidad de hombres prácticos que saquen el máximo partido de su trabajo sin olvidar el bien general, salvaguardando sus propia: intereses. Pero tiene también necesidad de soñadores para quienes las prolongaciones desinteresadas de una empresa son tan cautivadoras que les resulta imposible a mirar por sus propios beneficios materiales. […] Sin embargo, una sociedad bien organizada debería siempre asegurar a sus trabajadores los medios eficaces para cumplir su función en una vida desembarazada de las preocupaciones materiales y libremente consagrada al servicio de a investigación científica».
Marie Curie, Notas autobiográficas.


La labor incesante: Tras conocer a Marie, Píerre dejó de lado una parte de sus trabajos sobre los cristales y junto con ella se consagraron únicamente en los fenómenos de la radiactividad.

En la penumbra del «hangar» de la calle Lhomond, la pareja pasaba días estudiando sin descanso las propiedades del radio y midiendo cada vez con mayor precisión las radiaciones.

Ni la notoriedad que les valió el premio Nobel, ni aun la educación de sus dos hijas, Irene y Eve, nacidas en 1897 y en 1904, los apartaba de este paciente trabajo al que dedicaron toda su vida.

Cuando abandonaban su laboratorio era sólo para impartir cursos: Pierre en la Escuela de física, Marie en la Escuela normal superior de Sévres. Pierre y Marie Curie estaban convencidos que las investigaciones realizadas tendrían aplicaciones promisorias, razón por la cual huían de lo mundano y rehusaban los honores.

En conjunto con el Dr. Danlos, del hospital Saint-Louis, la pareja afinaba sus mediciones y multiplicaba los experimentos para revelar las facultades terapéuticas de las radiaciones del radio, susceptibles de tratarlos tumores cancerosos. Sin embargo, esta unión orientada por completo al trabajo sufrió un quiebre súbito en 1906.

El 19 de abril, al abandonar la facultad de ciencias y caminando por la calle Dauphine, un coche a caballo arrolló a Pierre y murió enseguida.

A petición del Consejo de la facultad de ciencias Marie aceptó seguir con la enseñanza de su marido. El 5 de noviembre asumió la cátedra bajo la mirada curiosa del público.

Era la primera vez que en Francia una mujer accedía a un puesto universitario. Si: pronunciar elogio alguno a quien ella reemplazaba, como la tradición lo exigía, Marie  inició de inmediato su clase, reanudándose donde Pierre se había detenido: «Cuando consideramos los progresos logrados en los dominios de la física durante los diez últimos años, nos sorprende el gran avance de nuestras ideas en lo concerniente a h electricidad y a la materia…».

Grandeza y miseria: el año 1911
La «viuda célebre», como se la llamó era adelante, proseguía sus investigaciones sobre la radiactividad junto con su asistente André Debierne.

A fines de 191″ sus amigos, entre ellos Pierre Perrin y Paul Langevin, la animaron para que postular; a un puesto en la Academia de Ciencias Siempre modesta, Marie aceptó sin gran entusiasmo, en tanto una campaña a prensa se desencadenó contra ella.

En las columnas de los diarios de extrema derecha se cuestionaba la posible e inconveniente nominación de una mujer en la prestigiosa Academia.

Por su condición femenina, de origen polaco, agnóstica y por haber aplaudido la rehabilitación de Dreyfus, Marie Curie fue el blanco de los panfletistas xenófobos y antisemitas.

En la Academia de Ciencias fueron numerosos los que quisieron evitar el escándalo. El 23 de enero, por sólo dos votos, los académicos prefirieron a Edouard Branly, competidor de Marie Curie.

Profundamente herida por esta cobardía de la comunidad científica, debió afrontar algunos meses más tarde un nuevo ataque, más calumnioso aún.

En noviembre se lanzó una acusación contra Marie de mantener una relación con el físico Paul Langevin.

En la Actiott frangaise, Léon Daudet transformó este sórdido rumor en un segundo caso Dreyfus y alborotó a los periodistas que la asediaron en su domicilio.

Sin embargo, el año 1911 terminó con una noticia feliz. Los jurados de Estocolmo, quizá sensibles a los ataques de los que Marie Curie había sido víctima, decidieron concederle el premio Nobel de química por sus trabajos sobre la determinación de la masa atómica del radio.

Pero este brillante reconocimiento no bastó para consolarla: Marie prefirió abandonar Francia y se instaló en Inglaterra durante un año.

LA TRAGEDIA
El 19 de abril de 1906 era un día lluvioso. A las 14 y 30 Pedro Curie salía de la Facultad de Ciencias y, cuando cruzaba distraídamente la Rué Dauphine, se encontró de pronto frente a un gran carro que se le venía encima. Sorprendido, intentó tomarse de la pechera del caballo, pero resbaló sobre el pavimento mojado y cayó bajo las ruedas; el carro, con su peso de seis toneladas, le pasó por encima, causándole la muerte. Pedro Curie había nacido en 1859. María no se dejó abatir por el cruel dolor y se dedicó con más ahínco aún a su trabajo. Un mes más tarde le fue confiada la cátedra de su esposo en la Sorbona. En 1911 se le confirió el Premio Nobel de Química; nadie más en el mundo había recibido dos de estos premios. Tras haber fundado el gran «Instituto del Radio» en París, María Curie falleció el 4 de julio de 1934, en un sanatorio de Alta Saboya, víctima de una prolongada exposición al radio, el elemento que después de la gloria le trajo la muerte. María Curie había nacido en 1867.

LA CIENCIA AL SERVICIO DE LA HUMANIDAD
A su regreso, Marie Curie reanudó su trabajo, cuya mayor preocupación era su valoración en el ámbito médico.

En 1914, el Instituto Pasteur y la universidad de París fundaron el Instituto del radio. Durante la Primera Guerra mundial, los tratamientos con rayos X demostraron su eficacia. Para ir en ayuda de los heridos, Marie Curie equipó veinte vehículos con material radiológico, los «pequeños Curies».

Con su hija Irene, que trabajaba entonces a su lado, lanzó un amplio programa de equipamiento hospitalario y veló por la formación de 150 enfermeras.

Culminada la guerra, Marie Curie se instaló en su Instituto y se empeñó en conseguir una provisión sistemática de radio, cuyo precio era tal que se lanzaban suscripciones a escala mundial para permitir abastecer los laboratorios.

En Estados Unidos se organizó en 1921 una extensa colecta en beneficio de la recién creada Fundación Curie y, durante un viaje triunfal, Marie Curie recibió de manos del presidente estadounidense un gramo de radio puro.

La afamada científica no cesó en promover la investigación, cuyos frutos debían ser beneficiosos para la humanidad.

Al tiempo que participaba en los trabajos de la Comisión de cooperación internacional, ella procuraba distribuir los fondos recaudados y destinarlos a obras universitarias, ofreciendo becas de estudio, ayudando a diferentes laboratorios, principalmente en su Polonia natal.

Cansada y afectada por la enfermedad que la consumía, una leucemia a causa de la prolongada exposición a las radiaciones, Marie Curie murió en julio de 1934.

Esposo Curie

Los esposos Curie en el laboratorio

Una familia de premios Nobel
Marie Curie es la única persona que ha recibido dos premios Nobel, y quizá los jurados de Estocolmo pensaron en ella cuando en diciembre de 1935, un año después de su fallecimiento, decidieron otorgar el premio Nobel de química a su hija y a su yerno, Irene y Frédéric Joliot-Curie. Irene trabajaba en el Instituto del radio, donde conoció a un joven investigador, Frédéric Joliot. Casados en 1927, se dedicaron juntos, como lo hicieron Pierre y Marie, a la investigación sobre la radiactividad y lograron transformar átomos en isótopos radiactivos desconocidos en estado natural. Este descubrimiento de la radiactividad artificial, que les valió el Nobel, constituía un adelanto notable para la física nuclear. El año siguiente, Irene Joliot-Curie sería, junto con Suzanne Lacore y Cécile Brunschwicg, una de las primeras mujeres ministras. En el gobierno del Frente Popular fue nombrada subsecretaría de Estado de la investigación científica.

Marie es profesora

A Primera mujer que llegó a enseñar en la Sorbona, Mane Curie asumió la cátedra el 5 de noviembre de 1906. Ese día el grupo más selecto de París presionaba en la secretaría de la facultad para obtener una tarjeta de invitación.

CRONOLOGÍA:

1859: Nacimiento de Pierre Curie en París, el 15 de mayo.
1867: Nacimiento de Marja Sklodowska en Varsovia, el 7 de noviembre.
1891: Llegada de Marja a París.
1895: Wilhelm Conrad Roentgen descubre los rayos X. Pierre Curie obtiene su doctorado y se casa con Marja.
1897: Nacimiento de Irene, primera hija de Pierre y Marie Curie, el 12 de septiembre.
1898: Descubrimiento del radio y del polonio.
1903: El premio Nobel de física es otorgado a Henri Becquerel y a Pierre y Marie Curie.
1904: Pierre es nombrado profesor de física en la Sorbona. Nacimiento de Eve, segunda hija de los Curie.
1906: Muerte accidental de Pierre Curie. Marie es la primera mujer que enseña en la Sorbona.
1911: Marie Curie recibe el premio Nobel de química.
1914: Fundación del Instituto del radio.
1914 – 18: Marie instruye a enfermeras en radiología para cuidar los heridos de guerra.
1921: Nacimiento de la Fundación Curie, para el tratamiento del cáncer.
1922: El 7 de febrero, Marie Curie ingresa en la Academia de medicina.
1926: Frédéric Joliot es empleado en el Instituto del radio.
1924: Matrimonio de Frédéric Joliot y de Irene Curie.
1934: Muerte de Marie Curie.
1935: Irene y Frédéric Joliot-Curie reciben el premio Nobel de química.

AMPLIACIÓN

La química y física Marie Sklodowska de Curie (1867-1934) fue la única mujer galardonada con dos premios Nobel. El primero, de Física, fue otorgado en 1903 y compartido con su esposo Pierre ‘Curie (1859-1906) y con Antoine-Henri Becquerel (1852-1908), por haber descubierto la radiactividad (es decir, la emisión de radiaciones por parte de algunos núcleos atómicos).

El segundo, de Química, le fue concedido en 1911 por el hallazgo de dos elementos radiactivos de gran importancia: el polonio y el radio. El radio resultó ser de vital importancia en las primeras terapias radiantes aplicadas para la lucha contra el cáncer. Lamentablemente, Marie muere de leucemia, una enfermedad cuyo origen probable haya sido la exposición excesiva a las radiaciones.

La paradoja ocurrida en la vida de esta mujer, sencilla y trabajadora, se repite aun hoy con el uso de los radioisótopos: éstos han mejorado notablemente la calidad de vida del hombre, pero a su vez han producido terribles tragedias. Los radioisótopos se usan con múltiples fines pacíficos, entre ellos, obtener energía eléctrica en las centrales nucleares, o bien, en medicina, para mejorar las técnicas de diagnóstico por imágenes y de laboratorio; también se aplican en el tratamiento de enfermedades cancerosas y en la esterilización de material descartable (jeringas, agujas, cánulas, etc).

Además, nuevos proyectos han permitido que la radiactividad se emplee también en otras áreas: por ejemplo, para tratar los residuos cloacales y en el caso de las técnicas de radiopreser-vación (usadas a veces para irradiar alimentos y así evitar su putrefacción). Cabe recordar que en nuestro país, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) instaló en 1970 una planta de irradiación en el Centro Atómico Ezeiza.

Técnicamente, la irradiación de alimentos consiste en un proceso en el que el alimento absorbe radiaciones ionizantes, es decir que producen iones; de esta manera se inhibe el crecimiento de brotes en bulbos, tubérculos y raíces y se eliminan parásitos, bacterias y toxinas. Si la cantidad de irradiación es lo suficientemente alta, se puede lograr la esterilización del alimento. Mediante esta técnica es posible conservar alimentos frescos (frutas, verduras, carnes) y también aquellos desecados, como huevos en polvo, cacao soluble y vegetales deshidratados.

Aunque estas prácticas están autorizadas por varios países, entre ellos el nuestro, no todos aprueban el uso de la irradiación de alimentos, en particular, y el uso de los radioisótopos, en general. Este desacuerdo responde, tal vez, a los perjuicios ocasionados por la radiactividad a través de la historia. Prueba de ello son las bombas de neutrones, lanzadas en 1945 sobre las poblaciones japonesas de Hiroshima y Nagasaki, o el terrible accidente nuclear ocurrido en la central energética de Chernobyl, Ucrania, en 1986.

PARA SABER MAS…
EL ELEMENTO MISTERIOSO: UN ELEMENTO MISTERIOSO
Mientras los esposos Curie trabajaban en la Universidad, en la cámara oscura del modesto laboratorio parisiense del profesor Enrique Becquerel, ocurrió un hecho extraordinarias sales de uranio que el profesor había dejado en la penumbra, en un paquete, sobre una placa fotográfica, impresionaron a ésta, atravesando el papel que las envolvía.

Becquerel intuyó inmediatamente que las sales de uranio emitían rayos espontáneamente; además, examinando la pecblenda, el principal uranífero, observó que ésta manifestaba una acción fotográfica mucho mayor de la que pudiera haber correspondido a su contenido de uranio. Dedujo que la pechblenda debía contener otro elemento dotado de una fuerza de impresión de las placas muy superior a la del uranio.

becquerel quimicoBecquerel conocía a los Curie y su capacidad y le habló a María de su descubrimiento y le preguntó si quería ocuparse de las investigaciones. Entusiasmada, María aceptó y hasta convenció a su marido: «Estoy segura —le dijo— de que la impresión de la placa depende de un elemento desconocido.» Consultaron a Mendeleiev, el creador de la tabla de los elementos, y éste, desde San Petersburgo, respondió que en sus tablas existía un espacio disponible para un ele mentó de ese tipo. Los Curie, entonces, decidieron dedicarse a la investigación del nuevo elemento.

Les fue cedido un pequeño depósito en la planta baja de k Escuela de Física. Se trataba de un local húmedo, donde se guardaban las máquinas fuera de uso. Los Curie escribieron al gobierno austríaco, que era el propietario de las mina de pechblenda deSan Joachimsthal, en Bohemia, y, algunos días más tarde, descargaban desde un carro, en el patio frente al depósito, una tonelada de residuos de pechblenda Comenzó para los Curie una labor agotadora.

Se pasaban días enteros revolviendo la masa de pechblenda en ebullición con una gran barreta de hierro. Los sofocantes vapores transformaban el local en un verdadero infierno. El humo acre irritaba los ojos y la garganta, pero los dos sabios proseguían heroicamente su labor, día tras día.

Mientras tanto, la tonelada de pechblenda quedó reducida a unos cincuenta kilos y, en julio de 1898, los Curie aislaban un nuevo elemento, trescientas veces más activo que el uranio. María resolvió denominarlo «polonio», tomando este nombre del de su patria.

El fatigoso trabajo prosiguió: sobre las desvencijadas mesas se acumulaban productos cada vez más concentrados y más ricos en uranio, reducidos finalmente a unos pocos gramos. En 1902, más de cuatro años después de comenzar las investigaciones, María fue la primera persona que pudo contemplar en una probeta una pizca de polvo blanco, opaco, parecido a la sal de cocina: el radio.

La gran meta había sido alcanzada y los esposos Curie pudieron anunciar al mundo la existencia de un nuevo elemento, ¡dos millones de veces más radiactivo que el uranio! El descubrimiento maravilló al mundo entero: los Curie se hicieron famosos y recibieron toda clase de honores. Algunos meses más tarde obtenían el Premio Nobel, juntamente con Becquerel, que había indicado la senda de las investigaciones.

María era feliz: su primera hija, frene, nacida durante el glorioso y terrible período de las investigaciones, contaba ya siete años (ella también llegaría a ser una científica ilustre y recibió el Premio Nobel en 1935). En 1904 nacía la segunda hija, Eva, y un año más tarde Pedro Curie fue electo académico de Francia y nombrado profesor de física en la Sorbona. Todo se desarrollaba de la mejor manera posible.

Fuente Consultada:
QUÍMICA I Polimodal Alegría-Bosack-Dal Fávero-Franco-Jaul-Ross
Enciclopedia del Estudiante Tomo IV CODEX

LA MUJER EN LA HISTORIA

Científicos y Avances de la Ciencia en el Siglo XVIII

Científicos y Avances de la Ciencia en el Siglo XVIII

Juegos de sociedad para personas inteligentes: así eran considerados, todavía en el siglo XVIII, los experimentos sobre los fenómenos de la electricidad, que, por cierto, no existian prever muy extraordinarios progresos en esta rama de la ciencia. La electricidad aparecía como un hecho extraño, curioso, un poco peligroso y un tanto divertido, pero por completo carente de aplicación práctica de ninguna especie. Correspondió a dos ilustres estudiosos de la generación de sabios e investigadores del siglo XVIII la tarea de cambiar radicalmente este modo de pensar y de crear interés en torno de los estudios relativos a la electricidad: tales fueron Luis Galvani y Alejandro Volta.

Galvani experimentos
Galvani Luigi
Volta Alessandro
Volta Alessandro

Galvani y Volta son dos nombres que siempre aparecen unidos, porque no es posible hablar de la obra del uno sin hacer referencia a la del otro. Lo cual no quiere decir que estuvieran siempre de acuerdo en la exposición de sus principios; antes bien, como suele suceder en todas las ramas de las ciencias cuando comienzan a dilucidarse, surgieron entre ambos notorias diferencias de opiniones, que se manifestaron en la publicación de escritos y libros referentes al mismo tema.

De más está decir que ante la discrepancia de juicios, supieron mantener el alto nivel que corresponde a la jerarquía de la ciencia y a la caballerosidad de los que fueron sus máximos exponentes.

La máquina de vapor: Los primeros telares mecánicos eran grandes y pesados, y requerían de una gran fuerza energética para hacerlos funcionar, por lo que continuó la búsqueda de un mecanismo para producir energía por medio del vapor. Este invento lo debemos a James Watt.

Después de trece años de experimentar, Watt consiguió fabricar una máquina movida por energía que liberaba una corriente continua de vapor de agua.

Antes de comenzar el siglo XIX se habían construido ya como quinientas   máquinas   en   los talleres. Este invento transformó en pocos años las formas de trabajo, y es considerado como uno de los inventos más trascedentales de la historia humana. Por otra parte, al ser aplicado al transporte se experimentó también una impactante  transformación, pues aparecieron el ferrocarril y el  barco de vapor.

El ferrocarril: El concepto moderno de ferrocarril  aparece como resultado de la combinación de dos elementos: los raíles utilizados en las explotaciones mineras y la máquina de vapor. En las minas de carbón se utilizaban desde el siglo xvi carriles o vigas de madera para el transporte en vagonetas de carbón desde la bocamina al río más próximo. Desde la segunda mitad del siglo XVIII, estos carriles son sustituidos por raíles de hierro (de ahí su denominación de «ferrocarriles»).

Posteriormente, los ferrocarriles son empleados en el tráfico de viajeros, aunque la fuerza de tracción continúa siendo animal (caballos). Esta alternativa no sólo era menos costosa, sino que permitía desplazamientos más rápidos que los efectuados por carretera.

En cuanto al segundo aspecto, en el último cuarto del siglo XVIII  ya era conocida la ¡dea de aplicar la caldera de vapor a una máquina de transporte autopropulsada (locomotora). La primera experiencia es la realizada por un francés, Joseph Cugnot, que en 1769 logra crear un automóvil a vapor que alcanzará una velocidad muy limitada, de tan sólo 4 o 5 km/h. En 1803, Richard Trevi-thick inventa un carruaje movido por vapor, pero tras una experiencia práctica se da cuenta de que las carreteras no estaban adaptadas a este nuevo medio de locomoción.

La revolución agraria: En el siglo XVIII la agricultura inglesa comenzó a manifestar unas transformaciones más de índole social que técnica que se conocen con el nombre de «revolución agraria». En el siglo siguiente, algunos de estos cambios se extenderán por Europa. Esta revolución afecta a dos campos claramente diferenciados:
Nuevas técnicas de producción y sistemas de cultivo. Las innovaciones técnicas son prácticamente irrelevantes hasta mediados del siglo xix, por lo que durante todo el siglo xvm los avances se limitan a racionalizar las técnicas arcaicas vigentes en Gran Bretaña.

Nuevo ordenamiento jurídico y redistribución de la propiedad agraria. La burguesía europea, en ascenso, desea acceder a la propiedad de la tierra en sustitución de la nobleza absentista, y esta aspiración empieza a materializarse con el inicio de una oleada de revoluciones liberales desde finales del siglo xvm y principios del siglo siguiente, cuando la burguesía revolucionaria en el poder liquida un régimen señorial en decadencia mediante la supresión de los vestigios arcaicos. Así, la propiedad de la tierra será transferida en una gran proporción desde los estamentos privilegiados a la burguesía.

En 1796, Edward Jenner, un físico inglés, inoculó el pus de una pústula de viruela a un niño como protección contra la enfermedad. El experimento tuvo un éxito notable: incluso después de exponer el paciente a la viruela, no aparecieron síntomas. Así empezó la vacuna contra enfermedades infecciosas, uno de los Inventos más beneficiosos de ¡a historia. Millones de vidas se han salvado gracias ai amplio uso de la inoculación.

Ya en el siglo XVII se habían estudiado los fenómenos eléctricos, cuando el científico inglés William Gilbert demostró la fuerza de atracción que experimentaban los objetos al friccionarlos. Más tarde, en 1750, el Inventor y político norteamericano Benjamín Franklin desarrolló sus famosos experimentos con los rayos para demostrar que eran electricidad.

Como decíamo antes, muchos científicos trabajaron en la comprensión de la naturaleza de la electricidad y sus propiedades en la última parte del siglo XVIII. El físico Luigi Galvani demostró la presencia de electricidad en la transmisión de señales nerviosas en 1766, a lo que siguió el trabajo del científico Alessandro Volta, que en 1880 creó la primera pila, la pila voltaica, colocando dos barras de metales distintos sumergidos en una solución salina.

Pero fue un aprendiz de encuadernador, Michael Faraday, quien descubrió las propiedades más importantes de la electricidad. Faraday llevó a cabo algunos estudios sobre la naturaleza de la electricidad y, en la década de 1820, construyó el primer motor eléctrico, un aparato que transformaba ¡a energía eléctrica en energía mecánica utilizando la Interacción de la corriente eléctrica y el magnetismo.

Faraday prosiguió sus trabajos sobre la electricidad y descubrió el fenómeno de la inducción electromagnética, o la producción de corriente eléctrica a partir del cambio de un campo magnético. Esto le llevó a construir la primera dinamo en 1831, un aparato que transformaba la energía mecánica en energía eléctrica.

Tanto el diseño del motor eléctrico como el de la dinamo experimentaron mejoras en años posteriores, y el resultado fueron motores más grandes capaces de sustituir el vapor, así como enormes generadores de energía eléctrica. La electricidad transformó la vida como pocas tecnologías lo habían hecho a lo largo de la historia. Antes de acabar el siglo XIX se hizo realidad la existencia de luz eléctrica económica, los tranvías y el uso de la energía eléctrica en la industria.

La electricidad aplicada a la iluminación empezó a principios del siglo XIX. Las primeras lámparas fueron las de arco eléctrico, que utilizaban electrodos de carbón entre los que se colocaba un arco eléctrico para generar luz.

Aunque su manejo era complicado, estas lámparas tuvieron mucho éxito, sobre todo en la iluminación callejera. A mediados de siglo, los científicos experimentaron con el uso de filamentos para la iluminación.

Un inglés, Joseph Swan, utilizó filamentos de carbono e incluso hilos de algodón bañados en ácido para pasar corriente eléctrica y generar luz.

Pero fue el genio norteamericano Edison quien reunión todas estas ¡deas para patentar la primera ampara incandescente. Utilizó una bomba de vacío para crear un casi vacío en una bombilla de vacío equipada con cable de carbono. El vacío era necesario para asegurar la duración del filamento. Swan también probó con filamentos de varios materiales y existe una controversia sobre quién debería realmente considerarse autor de la Invención de la bombilla incandescente.

En 1879, Edison creó la primera lámpara de larga duración con hilo carbonizado, que brillaba de forma continua durante más de dos días. Tras esta demostración, se probaron muchos otros materiales para conseguir filamentos más duraderos.

El primer uso comercial de la lámpara incandescente fue en el buque Columbia en 1880 y, en los años siguientes, las bombillas incandescentes se emplearon en fábricas, tiendas y hogares. SI el ferrocarril había transformado el concepto de distancia para los humanos, la luz artificial en forma de bombillas incandescentes liberó a los humanos del ciclo del día y de la noche en lo que al trabajo se refiere.

En 1907, Franjo Hannaman introdujo las lámparas de filamento de tungsteno, más luminosas y duraderas que las de filamento de carbono. Hasta muy recientemente, la mayoría de bombillas incandescentes utilizaban filamento de tungsteno. En los años siguientes se realizaron varias modificaciones en el diseño, incluyendo otros gases menos frecuentes para aumentar la duración de la bombilla y el uso de un filamento en espiral.

La otra tecnología lumínica, inventada hacia finales de siglo, fueron las lámparas de descarga eléctrica. En 1901 se presentó una lámpara de vapor de mercurio cuyo uso se extendió rápidamente.

El principio básico de las lámparas de descarga eléctrica es el uso de dos electrodos, separados por un gas, para transmitir una corriente eléctrica. En 1910, Georges Claude produjo la primera lámpara de neón, aplicando un alto voltaje a un tubo lleno de gas de neón.

La luz producida era roja y enseguida se desarrolló el potencial comercial de este invento. Las lámparas de neón pronto se utilizaron en vallas publicitarias y carteleras de anuncios en todo el mundo.

la ciencia en el siglo XVIII

1752 – Un médico francés practica la extracción ¡as cataratas a cerca de 200 enfermos,
logrando suración de casi todos los casos.
la ciencia en el siglo XVIII

1761 – Se funda, en Lyón, la primera escuela de veterinaria y se intensifica su estudio.
la ciencia en el siglo XVIII

1767 – Lázaro Spallanzani (1729-1799), italiano, «autoriza definitivamente la teoría de la generación spontánea de los seres vivientes, probando que hasta is Rérmenes nacen también de otros gormónos.
la ciencia en el siglo XVIII

1776 – Como consecuencia de los estudios y escritos de un naturalista alemán, Simón Pallas (1741-1811), nace la historia natural del hombre (etnografía).
la ciencia en el siglo XVIII

1779 – El naturalista inglés Jan lugenhousz demuestra que las funciones respiratorias de los vegetóles son cumplidas por todos los tejidos, y que en las partes verdes, bajo la acción de la luz, se efectúa, además, una labor contraria (función clorofílica).

Fuente Consultada:
Historia de los Inventos Desde la Antiguedad Hasta Nuestros Días – Fullmann
Historia Universal Editorial ESPASA Siglo XXI

 

Pais Potencia Cientifica del Mundo Estados Unidos

EE.UU. Potencia Científica del Mundo

EE.UU. PRIMERA POTENCIA CIENTÍFICA E INTELECTUAL DEL MUNDO

En 1941, el editor de Life, Henry R. Luce, proclamó el inicio del «siglo americano», declarando solemnemente que Estados Unidos se había convertido en «la capital intelectual, científica y artística del mundo».

Si bien nueve científicos norteamericanos habían ganado el premio Nobel durante los años 30, su veredicto sobre la ciencia estadounidense era un poco prematuro, aunque sin duda resultó profético.

Cuatro años más tarde, la fabricación de la bomba atómica con el proyecto Manhattan anunció una época de hegemonía científica norteamericana, coronada por dos triunfos completos en la entrega de los premios Nobel de ciencias, en 1946 y 1983.

El mérito por la supremacía científica norteamericana de la posguerra suele atribuirse a cuatro fuentes. En primer lugar; antes de 1940, las fundaciones filantrópicas habían emprendido acciones encaminadas a estimular la investigación.

La Fundación Rockefeller había establecido sus becas nacionales de investigación; el Consejo General de Educación había construido laboratorios académicos, y la Fundación Química había apoyado diversos proyectos, desde la fundación del Instituto Americano de Física hasta la construcción de los ciclotrones de Ernest Lawrence, en Berkeley.

Por su parte, la Institución Carnegie, de Washington, había contratado a algunos de los mejores físicos del mundo y la fortuna de los Bamberger había servido para financiar el Instituto para Estudios Avanzados en Princeton.

En segundo lugar, los propios científicos habían contribuido al establecimiento de instituciones nacionales para la coordinación de la investigación, entre ellas el Consejo Nacional de Investigación.

En tercer lugar, las penurias económicas y la persecución nazi habían llevado a Estados Unidos a docenas de destacados científicos europeos que aportaron su talento a la ciencia local.

Por último, la situación de emergencia de la guerra hizo que el gobierno federal invirtiera directa y masivamente en la investigación, a través de contratos y subvenciones.

Sagaces planificadores, entre los que destaca Vannevar Bush, organizaron entidades como la Fundación Nacional de Ciencia, que maximizaron el apoyo concedido a la ciencia de alto nivel en las instituciones de élite, excluyendo del escudriño de los sectores políticos la distribución del dinero destinado a la investigación. Aunque muy inferiores en dimensiones que el complejo militar-industrial, estas instituciones marcaron de manera fundamental la investigación pura.

Sin embargo, todos estos factores se añadieron a un sistema nacional de investigación ya establecido. Si bien los sistemas de financiación del siglo XX tendían a la centralización, la tradición del siglo XIX había sido de pluralismo.

Una infraestructura universitaria variada y geográficamente dispersa había surgido como consecuencia del entusiasmo religioso, los regionalismos, los sueños de movilidad social vertical y los múltiples incentivos que concedía la legislación federal, como la ley de concesión de tierras a las universidades (1862), la ley Hatch (1887) y la ley Adams (1906).

El éxito de la investigación industrial complementó esa estructura al reforzar su orientación práctica y justificar la gran población de titulados universitarios. El resultado ha sido una compleja combinación interconectada y orientada a las ganancias de investigación pura y aplicada, que puede describirse con el término «tecnodencia».

Un cuarto de siglo de grandes progresos científicos demuestra la viabilidad del sistema. Después de la Segunda Guerra Mundial, la física nuclear pasó a estar en el candelero y el centro del escenario fue ocupado por el descubrimiento de procesos y partículas subatómicas y por la producción de elementos transuranianos.

Se produjeron a continuación muchos adelantos relacionados con la física cuántica, en especial la invención del transistor, así como importantes investigaciones sobre el estado sólido, una mayor comprensión de la unión química, la elaboración de la técnica de datación por carbono radiactivo y una auténtica revolución en las ideas sobre gravedad y cosmología.

Paralelamente a estos trabajos, tuvieron lugar importantes progresos en bioquímica y en la producción de macromoléculas sintéticas, con investigaciones merecedoras del premio Nobel en el campo de las enzimas, las vitaminas, los virus, la estructura del ADN y los mecanismos de la herencia, los procesos metabólicos y el florecimiento de la ciencia de los polímeros.

La carrera espacial combinada con el radar, desarrollado durante la guerra, fomentó el desarrollo de la radioastronomía, la geología lunar y planetaria y las ciencias de la atmósfera.

El desarrollo de los ordenadores promovió las matemáticas y los adelantos conseguidos en los submarinos militares estimularon la oceanografía y la revolución que la tectónica de placas significó para la geología. Por último, la preocupación por la contaminación ha estimulado el estudio de la biología de la población y la ecología.

cientificos de ee.uu.

A mediados del siglo XX, Estados Unidos alcanzó el reconocimiento general como primera potencia científica del mundo. Un símbolo del auge de la ciencia en ese país fue el éxito conseguido con los premios Nobel de 1946, año en que los norteamericanos obtuvieron todos los premios de carácter científico. Los ganadores del premio fueron, de izquierda a derecha, P.W. Bridgman (física), J.B, Sumner, J.H. Northrop y W.M. Stanley (química, seguidos por Otto Hahn, el alemán ganador del premio de química en 1944) y H.J.Muller (medicina).

Fuente Consultada: El Estallido Científico de Trevor I. Williams

Biografia de Franklin Benjamin Inventor del Pararrayos Vida y Obra

Biografia de Franklin Benjamín Inventor del Pararrayos

BENJAMIN FRANKLIN (Boston, 17 de enero de 1706 – Filadelfia, 17 de abril de 1790): Una de las figuras más típicas del siglo XVIII en América del Norte es la de Benjamín Franklin, uno de los hombres que más contribuyó a preparar el ambiente de emancipación de las colonias británicas, cuya causa defendió con sin igual acierto en el transcurso de sus viajes y misiones a Inglaterra y Francia.

Impresor, publicista, literato, filósofo — en el sentido del siglo XVIII, esto es, crítico y experimentador en el campo de los fenómenos físicos —, Franklin fue para la sociedad enciclopedista europea el más cabal representante de un mundo ingenuo, natural, espontáneo y libre, nacido de la feliz conjugación de los factores sociales en un país sin privilegios, sin castas y sin coacciones de ninguna clase.

Para los Estados Unidos fue un modelo de claridad en las ideas, un escritor elegante, un bienhechor social de gran talento y uno de los padres de la patria redimida.

biografia de Franklin Benjamin

Recibió una educación bastante esmerada, primero en la escuela primaria y luego en el centro regentado por Jorge Brownell. El padre quería que Benjamín se dedicara a la carrera eclesiástica, pero él  soñaba en las aventuras de la vida en el mar. Para darle una ocupación, le colocó en casa de su cuñado James, impresor de la localidad. Mientras trabajaba componiendo textos, Benjamín los devoraba. Así leyó las obras de Locke, Plutarco y Defoe, las cuales ejercieron una profunda impresión en su joven espíritu.

Benjamín Franklin, científico (1706-1790):  Filósofo, político, físico, economista, escritor y educador, figura clave en la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, creó las bases de lo que hoy se entiende como «el ciudadano americano ejemplar».

Era el decimoquinto de los hijos y comenzó a aprender el oficio de su padre, que era un pequeño fabricante de velas y jabón.

Cansado de este trabajo, se colocó a los 12 años en la imprenta de un familiar, desarrollándose así su amor a la cultura. El escaso tiempo libre lo empleaba en devorar todo tipo de libros que caían en sus manos.

Sus primeros versos y artículos los publicó en un periódico que su cuñado había fundado. A los 17 años, debido a discusiones con él, se traslada a Nueva York para hacer fortuna. Respaldado por el gobernador de Filadelfia, instala una imprenta y decide ir a Londres a comprar el material.

Allí, olvidándose un poco de sus propósitos principales, trabaja en la imprenta Pelmer, conociendo a distinguidas personalidades.

Cuando tenía dieciocho años, viajó de Filadelfia a Londres, -con la expectativa de unas cartas de recomendación que finalmente no dieron resultado. Sin embargo, encontró trabajo de impresor.

Siendo todavía adolescente, los libros que imprimía y sus propios escritos lo pusieron en contacto con algunas de las figuras literarias del momento. Cuando tenía veinte años volvió a Filadelfia para trabajar en la tienda de un amigo.

Muy poco después volvió a dedicarse a la impresión y, en 1730, cuando tenía veinticuatro años, contrajo matrimonio con una novia anterior, Deborah, que se había casado mientras él estaba en Londres, pero a la que había abandonado su marido. Fue una unión que duró hasta su muerte, cuarenta y cuatro años después.

La naturaleza del rayo: Franklin se interesó por la ciencia en esa época. Durante el resto de su vida, aunque comprometido con la escritura, la edición, la política y la diplomacia, se mantuvo al tanto de los últimos descubrimientos gracias al contacto con otros científicos y a sus propios experimentos.

En 1743 fundó la primera sociedad científica norteamericana, la American Philosophic Society. También encontró tiempo para desarrollar unas cuantas invenciones notables, incluidos los pararrayos, las lentes bifocales y la estufa de Franklin.

Franklin estaba particularmente interesado en la electricidad y en el magnetismo, que en aquellos momentos se comprendían muy poco.

En 1745, un físico holandés llamado Píeter van Musschenbroek, que vivió en la ciudad de Leiden (o Leyden), inventó un dispositivo de almacenamiento eléctrico que se conoció como «la botella de Leiden»; y sería la experiencia de Franklin con este ingenio la que inspiró su experimento más famoso.

Las botellas de Leiden, al ser tocadas, producían una chispa y una descarga eléctrica. Sospechando que el rayo era una forma de electricidad similar a la chispa de la botella de Leiden, Franklin decidió intentar capturar la electricidad de un rayo en una de sus botellas.

Un día de 1752, conectó un alambre a una cometa de la cual pendía un hilo de seda atado a una llave. Hizo volar su cometa hacia un nubarrón y, cuando colocó su mano cerca de la llave, una chispa saltó entre ambas.

Después consiguió cargar la botella con la energía del rayo, a través de la llave, al igual que podía haberla cargado con una máquina generadora de chispas.

Fue una emocionante demostración de que el rayo y la humilde chispa de la botella eran el mismo fenómeno.

Benjamín Franklin, científico:Cuando informó sobre su experimento creó sensación, y corno recompensa fue admitido como miembro en la Royal Society de Londres.

Pero tuvo mucha suerte: las dos personas siguientes en intentar el mismo experimento terminaron electrocutadas.

Realizó varias misiones a Gran Bretaña, pero su principal objetivo fracasó (mantener la unidad del Imperio británico a base del desarrollo de sus colonias americanas), por lo que volvió a Filadelfia en 1774.

Pese a la hostilidad de sus adversarios políticos, regentó nuevos puestos de confianza en las colonias, y cuando éstas iniciaron el movimiento de independencia, fue elegido diputado de la Convención constitucional de Pennsylvania y miembro del Congreso de los Estados Unidos (1776).

Durante la guerra de Siete Años (1756-1763), colaboró con el gobierno de la metrópoli en la lucha contra Francia. Organizó milicias, entró en arduas negociaciones de los piel roja, y, en un momento de apuro, consolidó personalmente la frontera septentrional de la colonia.

Fue nombrado embajador en Francia para procurar el auxilio de la monarquía de Luis XVI a los colonos.

En París, Franklin causó la sensación del gran mundo y la admiración de nobles, intelectuales, enciclopedistas y revolucionarios. Gracias a su predicamento y a sus influencias masónicas, obtuvo la intervención de Francia en la guerra y la victoria final de su causa.

En 1785 renunció al cargo de embajador en París y regresó a su patria. Intervino aún en la discusión de la carta constitucional norteamericana de 1787, en términos de moderación y compromiso entre las corrientes opuestas de republicanos y federales.

Fue nombrado director general de Correos y ya entonces propuso en el Congreso de Alvan un proyecto para unir las colonias.

En 1776, firmó la Declaración de la Independencia, ganándose hábilmente las simpatías de franceses, españoles y holandeses.

Hasta 1785 estuvo de embajador en París, donde se hizo muy popular en las logias francmasónicas, e intervino en la paz con Inglaterra, contra la que había luchado en pro de las libertades de Estados Unidos.

A su regreso fue recibido esplendorosamente y elegido presidente del estado de Pennsylvania hasta 1789, año en que se retiró, tras formar parte de la Convención que desarrolló la Constitución de su país.

Murió en 1790, abrumado de honores científicos y títulos de diversas universidades de Europa y Norteamérica. Veinte mil personas asistieron a su funeral en Filadelfia. Había hecho buen uso de sus dos años de escuela.

Experimento de Franklin

AMPLIACIÓN SOBRE FRANKLIN….

Aunque se lo recuerda sobre todo como hombre de estado, Benjamín Franklin realizó también valiosas contribuciones al conocimiento científico.’Nació en 1706 y era el número quince de los hijos de una modesta familia de Boston. Fue, principalmente, autodidacto, pero asistió durante algún tiempo a la escuela local.

A la edad de 12 años era aprendiz de impresor. Cinco después dejó su ciudad natal para dirigirse a Filadelfia, donde continuó dedicado a ese trabajo.

En 1729 se estableció y abrió con buen éxito su propia impresora, y compró la Pensilvania Gazette. Poco después, inició su carrera política como -secretario de la asamblea general de Pensilvania.

En 1751 fue elegido miembro de esta Corporación y de 1753 a 1774 lo nombraron administrador general de correos de las colonias norteamericanas. Visitó Inglaterra en diversas ocasiones, a fin de negociar con el gobierno británico asuntos de interés para los colonos.

Fue durante es los viajes cuando realizó una serie de experiencias que demostraron las características y- el curso de la corriente del golfo de México, una corriente de agua templada que se dirige desde el golfo, por la costa este de Norteamérica, hacia el Norte, y en las costas de Newfoundland cambia de rumbo, hacia el Este y atraviesa el Atlántico.

Para levantar la, carta de esta corriente, determinó la temperatura del agua del océano a diversas profundidades. Las naturalezas del trueno y del rayo habían interesado durante siglos a los científicos y a los filósofos, pero a Franklin lo llevó este interés a investigarlas experimentalmente.

Para ello, preparó un barrilete, que fijó con un clavo al extremo de un cordel. Cerca^del otro extremo lo prendió con una llave. Lanzó el barrilete cuando pasó sobre su cabeza un nubarrón -tormentoso y, en seguida, saltó de la llave una gran chispa eléctrica. Pudo ser algo muy peligroso, puesto que no había preparado ningún aislador en esta parte del cordel del barrilete.

Como la lluvia empapaba el cordel, ello incrementaba su conductividad eléctrica; la electricidad fluía libremente por dicha cuerda y pudo comprobar que poseía las mismas propiedades que la electricidad generada por fricción. El feliz resultado de esta experiencia condujo a la utilización de los pararrayos para proteger los edificios, especialmente los de más altura.

Realizó, además, otra contribución al estudio de la electricidad: demostró la existencia de cargas positivas y negativas. Aunque no está claro quién fue el inventor de las lentes bifocales, fue él ciertamente el primero que las describió. Antes, si una persona necesitaba dos clases de lentes para leer y para ver objetos lejanos, era forzoso que dispusiese de dos anteojos distintos.

Sin embargo, esta dificultad fue superada al unir en un mismo cristal dos medias lentes diferentes. La inferior proporcionaba los aumentos adecuados para la lectura y la superior, de menor aumento, se podía utilizar para enfocar objetos distantes.

Franklin estaba demasiado entregado a las actividades políticas para poder prestar a las científicas las atenciones deseables. Ayudó a redactar la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos y, poco después, en 1790; «murió cuando abogaba por la abolición de la esclavitud de los negros.

Fuente Consultada:
Historia de las Ciencias Desiderio Papp y Historias Curiosas de la Ciencia
Revista TECNIRAMA N°43

Francis Bacon Biografia del Filosofo Empirista Filosofo Renacentista

Biografía de Francis Bacon
Filósofo Renacentista Empirista

 Francis BaconFrancis Bacon (Londres 1561-1626) es el filósofo de la ciencia original, el primero que describió no sólo las ambiciones intelectuales características de la ciencia moderna, sino también las organizaciones donde ésta se desarrolla. Hombre brillante, socialmente ambicioso y arrogante, en su prolongada carrera pública Bacon ostentó altos cargos en la administración y escribió extensamente sobre los beneficios públicos de lo que ahora se calificaría como ciencia aplicada.

Hombre político sinuoso, pero extraordinario lógico, el autor del Novum organum no sólo se sublevó contra la dictadura de Aristóteles y de Santo Tomás, sino que, contraviniendo el método tradicional, propuso que hay que partir de los hechos para establecer principios generales, en lugar de pasar de los principios a los hechos.

Con una soberana claridad, denuncia las cuatro fuentes de errores que pueden desviar al científico, y, mediante sus tablas de ausencia, de presencia y de grados, indica la forma de clasificar los fenómenos que se presentan al observador. Este método lo empleó más tarde Stuart Mill, aunque ya desde el siglo XVII fue adoptado más o menos conscientemente por todos los investigadores.

En 1573 ingresó en el Trinity College de Cambridge. En 1576 comenzó a estudiar leyes en el Grays de Londres, estudios que suspendió para irse al extranjero como agregado del embajador sir Amyas Paulet. Regresa de Francia al saber de la muerte de su padre y reanuda sus estudios en derecho, literatura y diplomacia. En 1582 ejércela abogacía y llega a ser magistrado. Obtuvo, en 1584, un lugar en la Cámara de los Comunes, que mantuvo por treinta y seis años. Jacobo I lo nombró procurador general en 1607, fiscal de la Corona en 1613 y lord canciller en 1618, además, barón de Verulam y vizconde de Saint Albans.

Fue de los primeros en desechar la escolástica medieval como método de investigación, y propuso el propio.

Como su contemporáneo Descartes, Bacon describió un método científico que puso en suspenso la mayoría de las creencias tradicionales en favor del proyecto de establecer una comprensión del mundo nueva y más amplia.

A diferencia de Descartes, la ciencia de Bacon se basaba en meticulosas observaciones y experimentos e implicaba la cooperación con numerosos científicos. La primera etapa del proyecto de Bacon consistía en reunir grandes cantidades de datos mediante la observación directa y sin prejuicios de todo tipo de cuestiones.

A continuación, se filtraban los datos para evitar errores y absurdos, pese a lo que aún continuarían estando poco elaborados. El siguiente paso consistía en formular hipótesis de leyes generales que explicaran los datos obtenidos. Bacon pensó que se debería buscar un número limitado de características básicas, de modo que las leyes hipotéticas cubrieran todas las combinaciones posibles de dichas características. En este punto se corría el riesgo de que uno se dejara influir por creencias irracionales, de modo que era preciso protegerse de ellas.

En Cambridge, sus estudios de las diversas ciencias le llevaron a la conclusión de que los métodos empleados y los resultados obtenidos eran erróneos. Su reverencia por Aristóteles, del que, a pesar de todo, no parecía tener excesivo conocimiento, contrastaba con su desapego por la filosofía aristotélica. A su juicio, la filosofía precisaba de un verdadero propósito y nuevos métodos para alcanzar ese propósito. Con el primer germen de la idea que le consagraría, Bacon abandonó la universidad.

Bacon agrupó estas influencias en las cuatro clases de ídolos: ídolos de la tribu (errores e ilusiones naturales para el ser humano); ídolos del cuarto de trabajo (énfasis exagerado en las propias experiencias); ídolos del mercado (asumir que distintas personas usan las mismas palabras para describir las mismas cosas); e ídolos del teatro (ideas que desorientan presentadas por los sistemas filosóficos). En cuanto se tuviera la hipótesis, se debería contrastar con los datos existentes. Silos datos no permitieron encontrar pruebas determinantes, podrían obtenerse realizando un «experimento crucial». Esto permitiría comprobar directamente las implicaciones de las hipótesis competidoras, lo que indicaría cuál es correcta.

La observación es la base de las ciencias experimentales; abre el camino a inducciones fecundas que determinan la formación de las grandes leyes científicas. Eso no obstante, las experiencias no se hacen al azar y los científicos actuaban en conformidad con un código de la investigación. Este código, que vale tanto para la física como para las demás disciplinas, fue formulado por el canciller Francis Bacon (1561-1626).

Muchos aspectos de esta metodología encajan perfectamente con la estructura de las ciencias biológica y física, que luego hicieron uso de ella. En concreto, la idea de manipular la naturaleza para producir pruebas que no podrían obtenerse por simple observación es crucial para el método científico. Otros de los elementos propuestos por Bacon parecen hoy bastante inocentes, en particular la idea de que es posible formular un con junto de hipótesis suficientemente rico para cubrir todas las posibles leyes reales, y bastante simple para descubrir la verdad por una sencilla eliminación le las hipótesis propuestas que no encajen con los datos.

Los científicos deben de ser ante todo escépticos y no aceptar explicaciones que no se puedan probar por la observación y la experiencia sensible (empirismo).

La más sabia de las sugerencias de Bacon acaso sea la de que, para entender la naturaleza, es preciso coordinar el trabajo de muchos investigadores, algunos de los cuales reunirán información y otros se dedicarán a sistematizarla. Bacon se daba cuenta de que éste era un empeño costoso, por lo que trató de interesar a las autoridades de su época para que sufragasen los gastos de lo que hoy se denominan asociaciones científicas e institutos de investigación. Al fracasar trató de financiarlos él mismo.

Cuando murió en 1626, Bacon había caído en desgracia por aceptar un soborno en su cargo de juez; desde el principio de la historia de la ciencia, la necesidad de apoyo económico llevó a quienes la practicaban a adoptar medidas desesperadas.

AMPLIACIÓN DE SU BIOGRAFÍA…

Francisco Bacon. — Barón de Verulam, vivió de 1561 a 1626. Nació en Londres y estudió en el Colegio de la Trinidad de Cambridge. Combatió el método aristotélico, cuya filosofía sólo la estimaba apta para las disputas y estéril para la producción de obras prácticas.

Según él, el verdadero camino para encontrar la verdad estaba en la experimentación, seguida de la inducción. Negó el valor de la conjetura y de la hipótesis. Consideró la Matemática como ciencia auxiliar de la Física y a la Astronomía como dependiente de las dos citadas ciencias. Según su criterio, la religión no debe mezclarse con la Ciencia, ni ésta inmiscuirse en aquélla. Escribió varias obras sobre diversos temas, exponiendo en ellas sus doctrinas.

Citaremos sólo las tituladas Novum Organum Scientiarum (Nuevo órgano de las ciencias), De dignitate el augmentis scientiarum (Adelantamiento de las Ciencias), que forman parte de su gran tratado Instauratio Magna (Magna Restauración), en las que propugnaba el método inductivo. Fue uno de los detractores de la concepción astronómica de Copérnico.

Ni los altos puestos desempeñados, ni la publicación de los Ensayos le proporcionaron bienestar económico; hallóse siempre en una situación financiera precaria y contraía deudas usurarias para satisfacer su sed de lujo y grandeza.

En 1598, Bacon, no pudiendo hacer frente a una deuda contraída, fue arrestado a raíz de un juicio iniciado por un usurero; el asunto se arregló pronto, y Bacon, reintegrado a su puesto, volvió a la Cámara de los Comunes. Un nuevo adelanto en su carrera política fue influido por un hecho que tuvo gran resonancia: el proceso del joven y célebre conde de Essex tuvo que comparecer ante la Cámara de los Comunes bajo la inculpación de complotar contra la reina.

Entre los acusadores más encarnizados del conde, que fue condenado a muerte, figuró Bacon, a pesar de haber tenido en él un verdadero amigo y un mecenas generoso. Esta actitud, que a muchos les pareció incalificable, le valió en cambio la estima y buena voluntad de la reina, quien le encargó que hiciera la apología de esa condena. Evidentemente, esta apología no fue acogida en forma favorable por todo el mundo y la mayoría condenaba al autor, que había traicionado a un viejo amigo.

La buena voluntad de la corte, que Bacon había conseguido en esta ocasión, no le faltó ni aun cuando falleció la reina Isabel en 1603; su sucesor, Jacobo I, lo colmó con grandes honores, y al año siguiente, como era lógico, llegó al más alto puesto del Estado. No sólo fue Guardián de los Sellos, como su padre, sino también lord canciller. En 1618 recibió el título de lord barón de Verulam, y en 1621 fue nombrado vizconde de Saint-Alban.

Había sabido adoptar una actitud obsequiosa hacia el nuevo soberano y comprendido que era necesario aprobar los planes de Jacobo I y defender fielmente su programa de política interna contra la oposición continua de la Cámara de los Lores.

En la política extranjera del rey le aconsejaba imitar los métodos empleados por la reina Isabel, pero sin contradecir nunca las decisiones del monarca. Jacobo I y Bacon habían, por lo pronto, comprendido que el gobierno absoluto no serviría para resolver la crisis interna del reino y que agravaría elconflicto entre el pueblo y el soberano.

En el año 1621 el Parlamento, colocado del lado del pueblo, le demostró claramente su descontento al rey, denunciando al mismo tiempo un gran número de abusos de parte del tribunal de la corte, que parecía actuar bajo la influencia de elementos corrompidos.

Se llevó a cabo una investigación ordenada por los Comunes y se estableció la culpabilidad de Bacon, quien fue acusado de corrupción y abuso del poder. Francisco Bacon estaba en cama enfermo cuando se enteró del resultado de la encuesta; la notificación contenía también la nómina de los jefes de la acusación y se otorgaba un plazo de cinco días para presentar su defensa. Bacon no podía defenderse contra una acusación tan precisa y se reconoció culpable, confirmando las conclusiones de la comisión acusadora y sometiéndose a la clemencia de los jueces.

Las sanciones contra él fueron graves: …se le impuso una multa de 40.000 libras y se lo condenó a ser encerrado en la Torre de Londres; además, durante cierto tiempo quedaba interdicto para ocupar cargos públicos.

Jacobo I fue muy generoso con él: su multa le fue condonada y no permaneció en la prisión más que unos días. Recuperó su libertad con la autorización de residir en Londres, beneficiándose también con una pensión.

Obligado a abandonar la política, Bacon se consagró de nuevo a sus estudios, a los cuales había dedicado tanto tiempo en su juventud, y aplicó todo su tiempo a las Ciencias de la Naturaleza. Esta afición fue justamente la causante de su muerte. Un día que excursionaba por las afueras de Londres, tratando de comprobar si la nieve podía preservar aun cuerpo de la putrefacción, se expuso a^una temperatura rigurosa y contrajo una neumonía, muriendo algunas semanas más tarde, el 9 de abril de 1626.

Si bien en el transcurso de los siglos su conducta moral ha sido con derecho muy discutida, su fama como filósofo, empero, ha permanecido inalterada. Esto constituye la confirmación de un hecho: ciencia y moral no coinciden forzosamente en una conciencia.

Se había propuesto escribir una vasta enciclopedia científica, tratada y expuesta según su nuevo método. Esta obra, de acuerdo con su plan primitivo, debía tener seis volúmenes. Escribió sin embargo sólo dos de ellos, de los cuales uno, el Novum organum, no es otra cosa que la exposición comentada de su método. La palabra novum manifiesta claramente la intención hostil respecto del Organon, que tiene por base la lógica silogística aristoteliana.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Francisco Bacon –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

La Ciencia en el Siglo XVIII Descubrimientos y Cientificos

La Ciencia en el Siglo XVIII: Descubrimientos y Científicos

El movimiento científico iniciado por Newton y Leibniz en el siglo XVII se incrementó en el que estudiamos ahora, y se vio aumentado y recompensado con espléndidos hallazgos y descubrimientos.

La explotación de las colonias americanas y asiáticas permitió que el nivel de vida y la comodidad aumentaran, por lo menos para las clases media y superior.

Parece extraño reconocer que hasta principios del siglo XVIII no se generalizara el uso del tenedor en la mesa, por ejemplo. Hasta entonces los alimentos sólidos se tomaban con las manos o con el cuchillo.

La sociedad europea gustó del tabaco, el café y el cacao. Es el tiempo del rapé, del té, de las reuniones más o menos cortesanas, más o menos intelectuales, del ingenio y de la sutileza. Habían sido derribadas muchas creencias y se toleraba al hombre descreído e incluso al ateo.

La Ciencia, con mayúscula, era el tema de muchas conversaciones. La Tierra se había empequeñecido un poco, a pesar de ensancharse considerablemente el mundo conocido.

Los grandes viajes de que luego se hablará dieron a conocer Australia, casi todas las islas del Pacífico, y se abrieron los misterios de la India y el Extremo Oriente. Estos hechos produjeron cierta desmoralización y un considerable escepticismo.

La moral y la fe se vieron sustituidas por la Razón y la Ciencia, lo cual no impedía que se viviera una existencia en algunos casos algo frívola.

El refinamiento de las clases altas, debilitado en gran manera el concepto cristiano de caridad, permitió que fuese compatible con la miseria de las clases inferiores.

Los primeros balbuceos de la gran industria habían de aumentar las privaciones de los humildes.

Todos estos hechos preparaban la revolución que tendría lugar en Francia a fines de este siglo.

El marqués de Laplace (1749-1827) expuso su famosa teoría de la formación de los planetas, según la cual éstos se habían originado al desprenderse sucesivamente de la masa solar en ignición y dotada de un movimiento rotatorio.

Edmundo Halley (1656-1742) fue un insigne astrónomo que estudió los cometas y dio nombre al más famoso de los que son periódicos. Bradley llegó a medir el diámetro de Venus. Herschell perfeccionó el telescopio y descubrió el planeta Urano.

Las Matemáticas encontraron en Monge, creador de la Geometría Descriptiva, un gran continuador de Leibniz y Newton. Lagrange estudió la metafísica de las funciones; Euler perfeccionó el cálculo infinitesimal, y D’Alembert aplicó las Matemáticas a la Dinámica.

La Física experimentó un avance considerable. El termómetro se perfeccionó gracias a Farenheit, Réaumur y Celsius, que idearon tres escalas de valoraciones distintas.

En el siglo XVIII se realizan los primeros grandes experimentos para el estudio de la electricidad. Benjamín Franklin, que fue un gran político, filósofo y científico, distinguió la electricidad positiva y la negativa. Son famosos sus experimentos que le llevaron a la invención del pararrayos en 1752.

Volta, siguiendo los experimentos de Galvani ideó la primera pila eléctrica compuesta de círculos de cinc y de cobre, aislados por un paño embebido en ácido sulfúrico diluido. Por el hecho de colocar los sucesivos discos metálicos uno encima de otro vino la denominación de <pila», con que aún se conoce.

Por fin, la Química, liberada completamente de la fase alquimista, encontró las primeras grandes figuras que le dieron una estructura científica. Boyle había explicado los cambios experimentados por los gases gracias a su constitución atómica. Antoine Lavoisier (1743-1794) descubrió y aisló el oxígeno y estudió la combustión.

Según él, en el Universo «nada se crea ni nada se destruye, todo se transforma». Murió guillotinado por la Revolución Francesa, que no supo distinguir su condición de hombre de ciencia por encima de su título de nobleza.

El conocimiento de la Naturaleza tuvo en Linneo y Buffon sus máximas figuras.

Karl von Linneo (1707-1778) era sueco y fue llamado <el Newton de la Botánica». Su aportación a las Ciencias Naturales fue la sistematización y ordenación de una serie de conocimientos inconexos.

En su clasificación botánica se basó en los órganos reproductores de las plantas, en la flor y similares. Luego, tanto a animales como a vegetales les dio un nombre genérico («Canis», por ejemplo) y un nombre especifico («Lupus»), que permiten reconocer cada especie («Canis lupus» sería el lobo).

El conde de Buffon (1707-1788) fue el director del Jardín Botánico de París. El fruto de sus largas observaciones sobre la vida y la clasificación de las plantas las reunió en 44 volúmenes titulados Historia Natural.

En Medicina es notable la aparición de la vacuna. En 1796, Edward Jenner (1749-1823), médico inglés, observó que los muchachos dedicados a ordeñar vacas no sufrían los efectos de la viruela. En cambio, vio que presentaban unas ulceraciones en la mano.

Este hecho le llevó a descubrir la inmunidad, es decir, que las ulceraciones casualmente provocadas en sus manos creaban unas sustancias que una vez en la sangre constituían defensas contra la viruela. De este modo se inició la vacunación que debía abrir grandes perspectivas para la salud de la Humanidad.

PARA SABER MAS…
LAS MATEMÁTICAS

Euler LeonhardEn los comienzos del siglo xvm se extinguió la vida de dos de los más insignes matemáticos que hayan existido: Isaac Newton, (inglés, 1642-1727) y Guillermo Leibniz (alemán, 1646-1716); ellos dejaron considerable número de discípulos, como los suizos Leonardo Euler (1707-1783) y Jacobo y Juan Bernoulli.

Pero el matemático del siglo fue José Luis Lagrange (1736-1813), que nació en Turín y pasó casi toda su vida, hasta su fallecimiento, en París.

El mérito sobresaliente de su mente excepcional consistió en haber creado y perfeccionado nuevos métodos de cálculo (infinitesimal, integral, de probabilidades) necesarios para el desarrollo de las ciencias.

Imagen Derecha: Matemático, Euler Leonard

EL AIRE Y LA COMBUSTIÓN
En el siglo XVIII ya era experiencia confirmada que la combustión, en general, no podía efectuarse sin la presencia de aire, del cual sólo utilizaba una parte. Faltaba, sin embargo, conocer el modo de descomponer el aire y aislar el oxígeno, para comprender perfectamente el proceso de la combustión.

Ante esta incertidumbre, el médico y químico alemán Jorge Ernesto Stahl (1660-1734) emitió su teoría del «flogisto», según la cual las sustancias combustibles contenían un «principio ígneo» llamado flogisto.

Al arder, la sustancia se descomponía, desprendiéndose de ella el flogisto, que quedaba liberado en el aire bajo la forma de fuego. Un cuerpo ardía mejor cuanto mayor cantidad de flogisto tenía.

Como prueba se aducía este caso: si se calentaba plomo, éste perdía flogisto. Y luego, si el residuo de su combustión (litargirio) se volvía a calentar con carbón u otro combustible, se formaba otra vez plomo. Según Stahl, esto era debido a que parte del mucho flogisto desprendido del carbón se combinaba con el litargirio,

Sin embargo, esta teoría, tan verosímil en su época, planteaba insolubles interrogaciones. ¿De qué naturaleza era el flogisto? ¿Por qué la combustión —si sólo consistía en un desprendimiento de flogisto— no podía efectuarse en el vacío? ¿Cómo podía ser que si 100 gramos de plomo «perdían» flogisto con el calor, el litargirio resultante pesara 107 gramos? Problema inesperado, como se ve…

LOS GASES
En 1727 Esteban Hales halló la manera de recoger los gases desprendidos de distintas sustancias; técnica que perfeccionaron Cavendish y Priestley. Enrique Cavendish, en 1776, estudió el «aire fijo» (anhídrido carbónico) y el «aire inflamable» (hidrógeno). Y José Priestley descubrió en 1774 el oxígeno, que por otra parte obtuvo también Carlos Guillermo Scheele.

Estos adelantos en el estudio de los gases no liberaron, sin embargo, a la Química de la falsa teoría del «flogisto». El mismo Priestley creía que el oxígeno era una especie de aire con poco flogisto, que por consiguiente se apoderaba de él, en contacto con sustancias inflamadas, avivando su combustión en ciertas condiciones físicas.

LAVOISIER DESTRUYE EL FLOGISTO Y CREA EL ANÁLISIS QUÍMICO
Desechando principios hipotéticos, Antonio Lorenzo Lavoisier (1743-1794) fundó una nueva química experimental basada en la composición y descomposición de sustancias. Así pudo verificar que el oxígeno es una parte del aire y que las sustancias inflamadas se combinan con el oxígeno, motivo por el cual aumentan de peso (1777).

También descubrió que el agua es un compuesto de hidrógeno y oxígeno. Y restableciendo la tesis de Boy. le, según la cual debían ser consideradas como elementos todas aquellas sustancias que no pudieran descomponerse en otras más simples, compuso en 1789 una tabla de 33 elementos químicos, de los cuales 25 siguen siendo considerados hasta la actualidad como sustancias simples.

Lavoisier fue guillotinado en 1794 por sus vinculaciones con el régimen depuesto por la Revolución Francesa. Pero el análisis químico por él creado siguió progresando. Y por él pudo verificarse la proporción en que se encuentran los elementos en las sustancias compuestas, de donde se derivaría la teoría atómica de Dalton, base del moderno estudio de la Química.

LA FÍSICA
La ciencia que inicialmente obtuvo mayores ventajas de los descubrimientos matemáticos fue la Física. Pero, posiblemente, la gloria mayor de este siglo no consiste tanto en los
Galileo Galiliedescubrimientos realizados, sino en el hecho de que los estudiosos demostraron haber comprendido cuál era el método que debían seguir en sus investigaciones: no pretendieron ya descubrir y explicar las leyes naturales mediante largos razonamientos filosóficos, sino que se dedicaron al estudio de la naturaleza misma, indagando los fenómenos, clasificándolos y tratando de reproducirlos, con experimentos, en sus laboratorios.

Imagen: Galileo Galilie

Con este método se investigaron las leyes de la mecánica (continuando los estudios iniciados por Galileo), de la dinámica y de la óptica (continuando las investigaciones sobre la refracción de la luz realizadas por Newton) En 1738 se midió por vez primera la velocidad del sonido.

En 1742 el sueco Andrés Celsio (1701-1744) estableció el «grado centígrado». Finalmente, en 1790, la Academia de Ciencias de Francia propuso una nueva unidad de medida lineal: el metro. Relación particular merece una nueva rama de la Física, que sólo desde el siglo XVII había comenzado a atraer la atención de los estudiosos: la electricidad

«EL ELECTRICISMO»
Resulta acorde con el siglo XVIII y su ambiente intelectual, que durante su transcurso se comenzaran a observar y estudiar intensamente las manifestaciones de la electricidad.

El interés de todos por los extraños fenómenos del «electricismo», como entonces se lo llamaba, era enorme. Durante todo el siglo, el entretenimiento predilecto de quienes tenían interés en mostrarse al tanto de las maravillas del progreso fueron las experiencias con la electricidad.

Físico, Galvani LuisLa ilustración representa a un muchacho levantado y separado del suelo por medio de cuerdas aislantes y puesto en contacto con un generador de electricidad: se encuentra en condiciones de atraer ligeros trozos de papel y, de sus manos, al contacto con otra persona, brotan chispas, sin que el sujeto de la experimentación sufra molestia alguna.

Imagen: Físico, Galvani Luis

La experimentación permitió deducir que hay sustancias conductoras y no conductoras de la electricidad. Dufay (1689-1739) estudió la electrización por fricción; y Benjamín Franklin (estadounidense, 1706-1790), inventor del pararrayos (1752), distinguió una electrización positiva y otra negativa.

En 1780, el italiano Luis Galvani (1737-1798) observó que si a una pata aislada de rana se le aplica electricidad el músculo se contrae; y que el contacto de varillas metálicas producía un efecto similar. Con estas y otras observaciones propias, Alejandro Volta (italiano, 1745-1827) inició los estudios que culminó con la construcción de la pila eléctrica.

LA TÉCNICA
Al lado de la ciencia pura, también la técnica realizó pasos de gigante durante este siglo. Se suele decir que el siglo XIX fue «el de los grandes inventos»: la locomotora (Stephenson, 1829), la nave de vapor (Fulton, 1807), ¡a fotografía (Daguerre, 1816), el telégrafo (Morse, 1837), el motor de explosión (Barsanti, 1853), el dirigible y muchos otros, sin duda, son inventos realizados durante el siglo XIX.

Pero, tales realizaciones se basaron en una larga serie de estudios y experiencias hechos, en su mayor parte, en el curso del siglo precedente. Si el XIX fue un siglo de invenciones, podemos decir que el XVIII fue un siglo de intensa y activísima investigación.

Si honramos a Stephenson, a Fulton y a otros, como «padres» de tantas creaciones útiles, merecen también ser recordados aquellos que, con todo derecho, podrían ser llamados los «abuelos» de tales invenciones. Tal el caso, por ejemplo, del inglés Tomás Newcomen (1163-1729), inventor de una máquina precursora de las de vapor.

1707. Dionisio Papin, que descubrió la fuerza expansiva del vapor de agua, hace la experiencia de aplicarla a una lancha, con la cual logra navegar en el río Fulda. Lamentablemente, los barqueros, temerosos de la concurrencia, se la destruyeron. En los decenios siguientes se hicieron otras distintas tentativas; finalmente, en 1788, el estadounidense Juan Fitch logró realizar varios viajes con una lancha movida por el vapor; lo hizo entre Filadelfia y Burlington, llevando una treintena d pasajeros. Quedó así confirmado el éxito de la experiencia.

1770. El lorenés Nicolás José Cugnot construyó un ro de tres ruedas con propulsión de vapor. En este vehículo, el movimiento de las ruedas era transmitido medio de pistones. Pero el vehículo resultó tan rudimentario y difícil de gobernar que toda utilización práctica pareció imposible. Una máquina de vapor ante más perfeccionada logró construir, en los últimos años del siglo, el inglés Ricardo Trevithick: es considerado por los técnicos actuales como el primer tractor de una verdadera locomotora.

primer auto antiguo a vapor

1727. J. H. Schultze comprobó que el nitrato de plata, expuesto al aire, se ennegrece por acción de la luz. El francés Alejandro Charles, en 1780, obtuvo, mediante el uso de esta sal, la primera imagen fotográfica.

1753. El escocés Carlos Marshall estudió la posibilidad de usar la corriente eléctrica para transmitir señales a distancia: supuso necesario el uso de un hilo para cada letra del alfabeto. Un aparato basado sobre este principio fue construido, en 1760, por e! suizo Jorge Luis Lesage.

1784. Casi simultáneamente, en Francia e Inglaterra, se llevan a cabo las primeras ascensiones aéreas en globos inflados con hidrógeno. La primera ascensión, en Inglaterra, se debe al italiano Vicente Lunardi; la efectuada en Francia fue hecha por los. hermanos Charles.

globo inflado con hidrógeno

1782. El inglés Jaime Watt (1736-1819) introduce importantísimas mejoras en la máquina de vapor: ella adquiere así tai solidez y eficiencia que, empleada en la industria como productora de fuerza motriz, será la causa principal de la transformación industrial verificada a comienzos del siglo XIX.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Tomo VI Editorial CODEX

Racionalismo y Empirismo Bases de la revolucion cientifica Pensamiento

Racionalismo y Empirísmo Revolución Científica

Racionalismo y Empirismo Bases de la revolucion cientifica

LISTA DE PENSADORES:

1-Los Presocráticos
2-Los Clásicos
3-San Agustín
4-Santo Tomas
5-Renacentista
6-La Ilustración
7-Los Cientificos Modernos
8-Siglos XIX al XX

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Después de los descubrimientos científicos y geográficos de los siglos XVI y XVII, la concepción medieval del mundo se derrumbó. Sobre sus escombros se construyeron dos visiones, al parecer opuestas, pero a su vez complementarias.

¿Contradictorias? Depende del punto de vista, más bien hablan de cosas distintas: el empirismo y el racionalismo. Los primeros trataron de basar la filosofía en la experiencia, mientras que los segundos en la razón. Tal parece que los filósofos del primer bando, eran científicos de lo que ahora se llaman ciencias suaves (biología, medicina), y los segundos, de las llamadas ciencias duras (física, matemáticas).

Es claro que los primeros se tenían que valer primero en la experiencia y los segundos primero en la razón, pero una no excluye a la otra. De hecho se necesitan mutuamente. (Carlos Gershenson)

La revolución científica comenzó en el siglo XV con la introducción del heliocentrismo como explicación astronómica. Esta teoría puso de manifiesto el hecho de que, si bien los sentidos “observan” determinados fenómenos, es la razón la que aporta la explicación última del fenómeno en cuestión.

Así, el movimiento del Sol en torno a la Tierra, que aparentemente se observa, se explica, sin embargo, por un sistema heliocéntrico (colocando al Sol en el centro y en reposo) más sencillamente que por el sistema geocéntrico.

Como consecuencia, en los siglos XVI y XVII la ciencia, y especialmente la filosofía, se planteó un problema en torno al conocimiento en general y en torno al método científico. Además, en estos siglos se produjo en la ciencia un enorme avance, que culminó en el siglo XVII con dos importantes consecuencias:

a) El cálculo infinitesimal. Obra del gran matemático y filósofo Wilhelm Leibniz y del físico Isaac Newton. Ambos científicos llegaron al mismo descubrimiento y durante su vida se disputaron la paternidad del hallazgo.

b) La geometría analítica de René Descartes. Tanto la geometría analítica como el cálculo infinitesimal constituyeron un enorme avance para la matemática, que se aplicó como auxiliar e instrumento para las otras ciencias, adquiriendo éstas también un gran desarrollo. Así, la matemática se convirtió en esos momentos en ciencia modelo respecto de las demás por sus condiciones de exactitud y rigor.

La filosofía, por lo tanto, se cuestionó en esos momentos el problema del método, es decir, el camino a seguir para alcanzar el rigor al que había llegado la matemática.

EL RACIONALISMO

Se llama así a la postura filosófica que mantiene a la razón humana como el único conocimiento válido; no acepta, en cambio, el conocimiento sensible, el adquirido por la experiencia, como científicamente válido.

Los defensores del racionalismo en aquel entonces fueron, principalmente, Descartes, Spinoza y Leibniz. Descartes se planteó el problema del conocimiento en la filosofía, tomando como modelo las matemáticas, que tan buenos resultados habían aportado a las otras ciencias.

Considerando que la matemática es la ciencia que presenta un método seguro y riguroso al conocimiento, Descartes intentó plantear cuál sería el método propio de la filosofía para alcanzar también un conocimiento seguro, o como él mismo decía “verdades claras y distintas”. Para ello, comenzó por lo que se ha llamado duda metódica cartesiana, que es poner en duda todos los conocimientos adquiridos para llegar a saber si verdaderamente es posible obtener algún conocimiento cierto:

Yo me persuadí de que no había nada en el mundo, que no había ningún cielo, ninguna tierra, ningunos espíritus ni ningún cuerpo. ¿No me persuadí también de que yo no existía? No, puesto que yo existía, sin duda, si yo estaba persuadido, o simplemente si yo había pensado alguna cosa […]. De forma que después de haber pensado bien, y haber examinado cuidadosamente todas las cosas es necesario concluir y tener por constante esta proposición: yo pienso, luego existo, es necesariamente verdadera tantas veces como yo la pronuncie o yo la conciba en mi espíritu.

Por este procedimiento Descartes pretendió arbitrar un método para la filosofía similar al matemático, por el cual, a partir de axiomas, o verdades evidentes, se fueran deduciendo los demás conocimientos, que eran menos evidentes. Spinoza, por su parte, intentó esto mismo con la ética, y escribió precisamente una Etica more geométrico demonstrata.

SpinozaDescartesPascalLeibniz
Spinoza Descartes Pascal Leibniz

EL EMPIRISMO

Una de las ciencias que más avanzó y se desarrolló en estos momentos fue la mecánica, una parte de la física que estudia el movimiento. El científico inglés Isaac Newton fue quien dio el gran impulso a esta ciencia, enunciando las tres leyes de la mecánica que explican el movimiento de los cuerpos.

Sin embargo, no puede decirse que la mecánica sea precisamente una ciencia enteramente racional, a pesar de que recurra al auxilio de las matemáticas. Las nociones en las que se funda la mecánica están recogidas directamente del conocimiento sensible y experimental; no puede, por lo tanto, negarse este tipo de conocimiento como un conocimiento válido para la ciencia, como pretendía el racionalismo.

Así, en los siglos XVII y XVIII hubo también toda una postura de pensamiento, denominada empirismo (de empeiría = experiencia, en griego), que defiende como único conocimiento válido aquel que alcanzan los sentidos, ya que, según ellos, cualquier idea de carácter racional que nos formemos, si se analiza, se comprueba que, o bien, procede de la experiencia, o bien, de otras ideas que, a su vez, tienen su origen en la experiencia. Por lo tanto, es, en última instancia, la experiencia, esto es, el conocimiento sensible, y no la razón, la fuente última de nuestros conocimientos. Esta postura la mantuvieron fundamentalmente los filósofos ingleses John Locke y David Hume.

HobbesLockeHumeFrancis Bacon
Hobbes Locke Hume Francis Bacon

 

Tecnica y Ciencia en la Edad Media Avances Tecnicos e Inventos

Técnica y Ciencia en la Edad Media: Inventos

Se ha podido decir, no sin cierta razón, que los períodos más ricos en aplicaciones técnicas de toda clase son épocas de esterilidad científica y viceversa. En estas condiciones es perfectamente comprensible que la Edad Media, con su rico artesanado, la audacia de sus constructores de catedrales, la ingeniosidad de sus constructores de máquinas de guerra, haya sido casi absolutamente estéril en el terreno de la investigación teórica.

Cientifico MedievalLa imagen tradicional de la Edad Media nos muestra a campesinos y  artesanos encorvados sobre un mediocre utillaje. Y en verdad, es difícil referirse, en que respecta a este período, a demasiados inventos  técnicos. La herramienta predomina en él  sobre la máquina, y la máquina misma no es casi siempre, más que una herencia romana o helenística.

Pero mientras que en la  Antigüedad no se la consideraba con frecuencia más que como una simple curiosidad léase incluso como un juguete, en la época medieval adquiere una nueva significación y una eficacia real en la producción, conociendo una difusión mucho más amplia.

Gracias a la máquina, tiene lugar en Europa, a partir del s. XI, lo que se puede llamar una verdadera revolución industrial. Con el aire o con el agua como fuentes de energía, y a partir de técnicas experimentadas (rosca, rueda, leva, trinquete, y poleas, los ingenieros medievales llegarán a poner en marcha la primera industria occidental.

En realidad, la época medieval estuvo toda ella dominada por la física aristotélica, lamentablemente vinculada y condicionada por la metafísica y la teología, en un extraño maridaje que frenó durante muchos siglos el progreso de la física experimental. Por otra parte, la Edad Media aparece como la heredera de la antigüedad en la gran estima en que se tenía a Vitrubio, exponente latino de los inventos de Arquímedes y de Herón.

Las compilaciones de este polígrafo constituyen, pues, el fundamento sobre el que se levanta toda la técnica medieval, y como en sus fórmulas prácticas no había nada que contraviniera las verdades intangibles de la teología, arquitectos, mecánicos y artesanos pudieron servirse de ellos libremente.

La Edad Media descubrió, sin darse perfecta cuenta de la significación de tales invenciones, la pólvora negra y la brújula. Es sabido que la primera la menciona Roger Bacon en 1268 y que la segunda fue inventada en el año 1332 por algún pescador de la riviera amalfitana. Unos le llaman Flavio Gioia, otros Giri, pero nada sabemos de su existencia.

En todo caso, los amalfitanos que idearon la suspensión de que todavía nos servimos hoy montando la aguja imantada sobre un pivote que la permite girar fácilmente en todos los sentidos, no formularon ninguna teoría sobre la curiosa propiedad que habían descubierto… probablemente después que los chinos.

En cuanto al franciscano Roger Bacon, las deflagraciones que pudo observar no le llevaron a ninguna conclusión general sobre la naturaleza de la presión de lo que. desde Van Helmont, llamamos gases.

En este sentido, la Edad Media aparece como un período esencialmente utilitario y conservador. Pero sería falso pensar que la física de Aristóteles fue aceptada siempre sin reservas. En el año 517, Johannes Philoponus comenta irónicamente al filósofo estagirita y por primera vez, da explícitamente una versión de la transmisión del movimiento que durante mucho tiempo será clásica. «Las energías, dice, van de un cuerpo a otro de forma que una vis impressa se comunica al cuerpo proyectado.» Se trata de hecho de la tesis de la acción por contacto sobre la que más tarde montará Descartes toda su mecánica.

En 1330 y contrariamente a los conceptos aristotélicos según los cuales un cuerpo cae porque tiene la virtud de ser pesado, Heytesbury escribe que el camino recorrido por un cuerpo en caída libre es tres veces mayor en el primer segundo que en el siguiente.

En 1382. Oresme demuestra que el tiempo durante el que una trayectoria es recorrida con un movimiento acelerado es igual al tiempo durante el que esta misma trayectoria sería recorrida con una velocidad uniforme a la mitad de la velocidad final. Poco a poco, si bien confusamente, se va generalizando la noción de gravedad. Testigo de ello es la obra de Jordanus Nemorarius (1230): Gravitas secundum Silits (De la gravedad en relación al lugar).

Es fácil advertir que los pocos teóricos de la Edad Media se dedicaron sobre todo al estudio de la estática y de la mecánica. Hemos de decir, sin embargo, que Nicolás de Cusa (1401-1464) se ocupó de la hidrostática inventando el batómetro basado en la disminución del peso de un cuerpo en inmersión, así como de higroscopia montando un higrómetro de pesada que funcionaba con lana de carnero.

Las energías naturales
En una Edad Media en la que había desaparecido la esclavitud, pero en la que el 80 por 100 de la energía era todavía de origen humano, las nuevas industrias se decantarán hacia la utilización del molino: molinos de agua sobre todo, cuyo principio conocían ya los romanos, pero también molinos de viento, cuyo uso se limita, no obstante, a la molinería hasta el s.XV. El molino hidráulico conoce un desarrollo espectacular en toda Europa a partir de s. X.

Instalado cerca del agua o junto a los pilares de un puente, tritura el grano, criba la harina, enfurte el paño, ateza las pieles o contribuye a la fabricación de la cerveza o del papel. En Inglaterra, en el s.XI, se cuenta por término medio con una rueda hidráulica por cada cincuenta fogones. Pero la utilización del movimiento circular’, su transformación y adaptación, ha de hacerse mediante verdaderas máquinas.

El mecanismo utilizado será el árbol de levas, de añeja invención, que permite mover’ regularmente los martillos, mazos o pisones que golpean el hierro o la pulpa de papel. Un procedimiento parecido permite también hacer funcionar los aserraderos de madera.

La nueva edad del hierro
A pesar de la debilidad de los ingenios de excavación y de levantamiento, el subsuelo de la Europa medieval es incansablemente registrado en busca de hierro, piedras o metales preciosos. La actividad minera se apodera sobre todo de Alemania y de Inglaterra, pero puede decirse que toda Europa conoce en la Edad Media una nueva edad del hierro. La demanda, en efecto, no cesa de aumentar, aunque no sea el mundo rural, demasiado pobre como para equiparse con metales, el que la origine.

Es la guerra la que, una vez más, se constituye en motor del progreso. Al partir para la cruzada, Ricardo Corazón de León encarga 50.000 herraduras para sus caballos. Por otra parte, las nuevas tácticas de combate exigen armas y armaduras perfeccionadas. La misma construcción ha de recurrir al hierro para los ciaros, garfios y cerraduras. Por otro lado, poco enfados en la solidez de sus construcciones, los arquitectos las refuerzan con barrotes eslabonados.

Los hornos de fusión, cuyo tamaño amerita van teniendo necesidad de un tiro cada vez más poderoso. Aparece entonces el fuelle de cuero movido hidráulicamente, invento capital del s. XIV. En adelante, la temperatura del homo puede elevarse a los 1.200°, y de él no sale ya hierro, sino fundición, lo que representa un progreso decisivo.

Una verdadera industria: la textil
Aunque los textiles utilizados en la Edad Media son diversos: lana, lino, cáñamo, algodón y seda, la lana es la que se impone a todos los demás, dando lugar a verdaderas industrias. Después de las invasiones bárbaras, la pañería renace allí donde había florecido ya desde el Bajo Imperio romano.

Las técnicas alcanzarán un grado de perfección más elevado en las ciudades flamencas, donde se benefician de largas tradiciones, así como también de la concentración de la población y de la proximidad de la lana inglesa. Sin embargo, a partir del s. XIII, Florencia desviará esta última en provecho suyo, e incluso atraerá a obreros flamencos.

En el aspecto técnico, las modificaciones con respecto a la Antigüedad son poco profundas: desgrasada, peinada e hilada antes de ser tejida, la lana es a continuación enfurtida, es decir, martilleada para comprimir y encabestrar las fibras. Lo que sí cambia son las cantidades producidas.

En Florencia, en el s.XIV, la industria de la lana ocupa a cerca de 30.000 personas. Otras industrias, como las del vidrio, el jabón o las armas, conocerán un florecimiento semejante. Con todo esto, la Edad Media llegó a poner las bases de la tecnología y los métodos de fabricación sobre los que habría de apoyarse la revolución industrial del s. XVIII.

Pero, a partir del s. XIV, se producirá un verdadero declive: en 1337 comienza la guerra de los Cien Años y sólo diez después, en 1347, la Gran Peste.

¿Crearon industrias los monjes?
Los cistercienses, para quienes el trabajo manual prevalecía sobre las actividades intelectuales, desplegaron una inmensa actividad tanto en el terreno de la agricultura como en el del artesanado. Cada monasterio tenía una verdadera factoría metalúrgica, a veces tan grande como su iglesia, y los monjes podían vender los excedentes.

En 1250, eran los primeros productores de hierro en Champaña (Francia), y controlaban la mayoría de los yacimientos de la región. Los monasterios cistercienses fueron también lugares de experimentación, y en ellos se utilizaron desde muy pronto las forjas de martillos hidráulicos.

¿Cuál era la condición de los trabajadores?
Con la revolución industrial de la Edad Media aparecen, junto a los artesanos, verdaderos obreros en el sentido moderno del término, particularmente en la industria textil, en la que bataneros y tejedores están sometidos a la ley de un patrón y no participan en la comercialización.

En Florencia, el trabajo se hace en cadena, y la producción de paño llega a requerir hasta 26 operaciones. Los albañiles y los mineros son tratados mejor, puesto que su habilidad y escasez les permite fijar el salario por sí mismos. Por lo general, el año laboral comprende dos semanas de vacaciones en Navidad y una en Pascua, y numerosas fiestas de guardar.

¿Se ve amenazado el entorno?
La explosión demográfica y el avance de las técnicas modifican el entorno. Los desmontes, con frecuencia desconsiderados, atacaron los bosques en muchos lugares. Las fraguas, los talleres de vidriería y la construcción hicieron también desaparecer grandes arbolados.

La industria provocó una nueva plaga: la contaminación. Los hombres de la Edad Media se quejaban va de la «corrupción» del aire de las ciudades, debida, en Londres por ejemplo, a los hornos de cal, y también de la «corrupción» del agua, causada por las curtidurías o por los rastros. La primera ley anticontaminación fue votada por el parlamento inglés en 1338.

¿Hubo una investigación tecnológica?
Transcurrido el tiempo de la lenta mejora de las técnicas ya conocidas, en el s. xiv aparece un singular gusto por todo lo que signifique innovación. Un ejemplo de ello lo constituye la obra elaborada para Felipe VI, rey de Francia, por Guido de Vigevano, hacia 1335, en la que se encuentran de manera particular provectos de ingenios militares tales como un submarino movido mediante ruedas provistas de palas, torres de asalto basadas en una maquinaria hecha a base de cuerdas y de ‘cabrias que las permitían i/.arse hasta ‘a altura de las murallas enemigas, y hasta un carro también de asalto provisto de vela, que debía disponer, tal vez, de una dirección a base de cilindros.

¿Se conoció la energía motriz marina?
Se ha comprobado la existencia de molinos de marea, desde el s. XII, en el Adour, cerca de Bayona (Francia), y en Woodbridge, en el estuario del Deben, en Inglaterra. A lo largo de ensoñadas dentadas o en el fondo de desembocaduras, se construían prosas para crear estanques artificiales que un sistema de esclusas practicables en los dos sentidos permitía llenar.

ALGO MAS…

El Conocimiento Científico. La influencia de Aristóteles y de los filósofos árabes fue enorme en la transformación del ambiente intelectual del siglo XIII. Los frailes franciscanos contribuyeron considerablemente a que se extendiera, especialmente desde Oxford, donde se instalaron en 1224.

Enseñaba allí Roberto de Lincoln, autor de una teoría de la luz que suponía la aplicación de la matemática, y con él estudió Roger Bacon, cuyas ideas sobre las relaciones entre filosofía y teología —y, principalmente, las opiniones sobre el saber experimental— hicieron de él un iniciador. Afirmando el valor de la experiencia y de las demostraciones matemáticas, Bacon no negaba el conocimiento por revelación o por demostración, pero abría otro camino diferente, y fue perseguido por la Iglesia y condenado por herejía.

En Oxford también estudió Guillermo de Occam, y en ese ambiente prosperó su doctrina, que tanta influencia tuvo en el desarrollo del conocimiento científico. Esa doctrina se difundió, asimismo, en otros lugares. En París enseñó Nicolás de Autrecourt, cuya crítica del concepto de causalidad y del concepto de sustancia lo colocó entre los defensores del empirismo.

Una influencia más decisiva aún ejerció Occam sobre los maestros de París, Jean Buridan y Nicole Oresme. El primero, rector de la Universidad de París y filósofo nominalista, se interesó por la física, estudió el problema del movimiento de los cuerpos y enunció el principio del ímpetus, en el que se ha visto un anuncio de otro principio: el de inercia. Aquella idea fue desarrollada también por su discípulo Alberto de Sajonia, profesor en la universidad parisiense.

Nicole Oresme, preocupado por múltiples problemas, dedicó especial atención a los de la física; desarrolló también el principio del ímpetus, extendió sus investigaciones al movimiento e intentó hallar su formulación matemática. Otros estudios condujeron a Oresme al descubrimiento de observaciones muy agudas acerca de la geometría y la economía, campo este último en el que formuló una teoría con respecto a la moneda.

Intensos estudios alquímicos condujeron en los últimos siglos medievales al conocimiento de diversos cuerpos y de sus propiedades. La matemática, que debía su desarrollo al estímulo de los árabes, progresó considerablemente después de los trabajos de Leonardo Fibonacci en el siglo XIII.

Pedro de Maricourt estudió a fondo el problema del magnetismo, y se profundizaron los conocimientos ópticos. En torno de las especulaciones astrológicas se fueron realizando puntuales observaciones astronómicas, vinculadas también con los conocimientos geográficos.

En la escuela de Salerno primeramente, y en la de Montpellier luego, tuvieron gran desarrollo los estudios médicos. La anatomía fue estudiada hasta donde lo permitían los prejuicios, y en 1316 compuso Mondino dei Luzzi, en latín, el primer tratado completo de la materia.

La aparición de la peste negra permitió acumular nuevas observaciones acerca de las enfermedades, y la cirugía progresó considerablemente a partir de Guglielmo de Saliceto y Guido Lanfranco, médicos italianos de fines del siglo XIII.

Fuente Consultada: La Aventura del Hombre en la Tierra Tomo I

El Liberalismo Economico de Adam Smith Ideologia y Pensamiento

El Liberalismo Económico De Adam Smith – Ideología y Pensamiento

Adam Smith, escocés nacido en 1723 y profesor de lógica y moral de la Universidad de Glasgow, estudió el funcionamiento del mercado y la división del trabajo.

Smith se trasladó a París para entrevistarse con algunos de los filósofos mencionados antes, que estaban transformando el pensamiento político francés, y allí entró en resonancia con las ideas de Francois Quesnay, quien se oponía a la reglamentación de tarifas y, en general, a la intervención del gobierno en el comercio internacional.

adam smith

Adam Smith, había nacido en Kirkcaldy (Escocia) el 5 de junio de 1723. Educado en su ciudad natal por David Miller, en 1737 se matriculó en la universidad de Glasgow. Durante la primera fase de la Revolución Industrial el liberalismo político define un modelo de Estado; una teoría similar trata de definir un modelo de economía. Se considera a Smith (imagen),como el fundador del liberalismo económico y el iniciador del período de los llamados economistas clásicos.

El inicio del liberalismo económico está en su lucha contra el sistema económico político absolutista.

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Con su habitual agudeza Voltaire reivindica la virtud del empresario contra la nobleza ociosa en estos términos:

«el negociante oye hablar tan a menudo con desprecio de su profesión que es lo suficientemente tonto como para enrojecer de ella. No sé, empero, quién es más útil a un Estado, un señor bien empolvado que precisamente a qué hora el rey se levanta, a qué hora se acuesta, y que se da aire de grandeza haciendo el papel de esclavo en la antecámara de un ministro, o un negocio que enriquece a su país, desde su despacho dando órdenes a Surate y al Cairo contribuye a la felicidad del mundo.»

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PRIMER CONCEPTO ECONOMICO LIBERAL: En 1776 apareció en Inglaterra un libro titulado Investigaciones sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones.

Por esta sola obra su autor ocupa un lugar de primer plano en la Historia de la cultura, porque ella determina un momento crucial en la trayectoria económica de las naciones.

Las Investigaciones, en efecto, rompían con una tradición doctrinal de varios siglos.

Adam Smith, adoptando una posición adversa a las doctrinas mercantilistas, combatió, como los fisiócratas, la errónea concepción de que la riqueza de las naciones consistía en la acumulación de dinero y metales preciosos; pero más audaz y observador que los discípulos de Quesnay, estableció que la base de la riqueza no se hallaba ni en la agricultura, ni en la industria, ni en el comercio, sino pura y simplemente en el trabajo individual, el cual, en colaboración con el de los demás productores, determinaba el acrecentamiento de los productos y de los objetos de cambio.

Todo el proceso económico estaba regulado por una ley «natural, justa y espontánea», que promovía en el hombre el deseo de procurarse el bienestar, y determinaba, posteriormente, la división del trabajo, la formación del capital y la fijación del valor de los objetos en el mercado por la oferta y la demanda.

Como vértice de su doctrina, Smith proclamaba la plena libertad económica, el derecho del hombre a dispone libremente de su trabajo y la ineptitud del Estado como ente económico.

En definitiva, formulaba un programa mucho más avanzado que el liberalismo político de la Revolución francesa.

El pensamiento de Smith e ideas se ajustaba a la noción de los enciclopedistas franceses de la existencia de un orden social inmanente y justo.

adams smithSmith creía que si el gobierno no intervenía en el mercado, la búsqueda individual de los propios fines económicos beneficiaría al conjunto de la sociedad, como si existiera una mano invisible.

Claro está que el asunto no siempre funciona de tal manera, en particular si tenemos en cuenta la suciedad y pobreza producidas por la Revolución Industrial.

Sin embargo, y a largo plazo, las ideas de Smith sobre la libertad económica, formuladas en su libro de 1776 titulado Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, tuvieron enorme influjo en el desarrollo de la moderna teoría económica y continúan vigentes hoy.

Las ideas de Smith propugnaban por un capitalismo de libre mercado, aunque su autor nunca usó esta expresión.

Otro economista clásico (la economía, como disciplina de estudio, fue establecida por Smith), que consideraba opresores a los capitalistas, es decir, a los dueños de los medios de producción, acuñó el término capitalismo.

Con una frase que se ha hecho famosa, Smith decía que la combinación del interés personal, la propiedad y la competencia entre vendedores en el mercado llevaría a los productores, «gracias a una mano invisible», a alcanzar un objetivo que no habían buscado de manera consciente: el bienestar de la sociedad.

Su Ideología: Para el autor escocés, el egoísmo es una característica psicológica del ser humano que tiene que ser contemplada desde una óptica positiva.

Merced a su egoísmo y al incesante afán de mejorar su situación económica y social, los hombres tienden a maximizar su bienestar. Pero, al tiempo que acrecientan con el esfuerzo y el trabajo su riqueza personal, contribuyen al aumento de la riqueza del país.

El egoísmo es así elevado a la categoría de virtud.

La sociedad y el estado deben liberar las iniciativas individuales para que, sin trabas ni reglamentaciones y gracias a la suma de las energías y los afanes de los hombres, pueda prosperar el bienestar general y la riqueza de las naciones; todo ello regulado por las leyes naturales de la vida económica basadas en los principios del libre mercado y de la beneficiosa competencia.

El análisis de los mecanismos que regulan la actividad económica en todas sus facetas está contenido en su obra Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, que representa un grandioso esfuerzo por estudiar en un solo texto todas las cuestiones que abarcan los modernos tratados de economía política y que, aún hoy en día, constituye un hito en la historia de las doctrinas económicas.

A. Smith considera el trabajo como la verdadera fuente de riqueza, ya que, sin la intervención de la actividad humana, las fuerzas naturales no proporcionarían al hombre los elementos para la satisfacción de las necesidades.

La totalidad del trabajo de una nación es lo que crea todos los bienes y servicios útiles.

El principio de la división del trabajo facilitado por los adelantos técnicos permite, según el autor escocés, considerables beneficios económicos al multiplicar la productividad de los operarios y economizar el tiempo empleado en la fabricación de un producto.

Asimismo provoca la interdependencia entre los factores económicos y favorece, a través del intercambio, la cooperación productiva de todos ellos.

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Para los fisiócratas el origen de la riqueza de un estado es la tierra y su explotación, para los mercantilistas el origen de la riqueza en la exportación (venta) de su producción y la acumulación de capital y para los liberales el origen de la riqueza es el trabajo.

Afirman que el hombre busca el reconocimiento social, y que además es un ser ambicioso y egoísta, que desea crecer y progresar para lograr un bienestar. Pero no puede lograrlo individualmente por lo que se relaciona socialmente tratando de obtener mercancías que algunos de sus semejantes ya poseen.

Para ello agudiza su ingenio y usa su talento y conocimiento para producir otras mercancías que a otros les puede interesar y así poder intercambiarlas o venderlas. Nace de esta manera el mercado comercial.

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Valor de uso y valor de cambio: El trabajo empleado para producir un bien determina su valor. 

Distingue A. Smith entre valor de uso y valor de cambio.

Entiende por valor de uso la utilidad que reporta al individuo un artículo determinado en orden a la satisfacción de sus necesidades; mientras que el valor de cambio de una mercancía es el significado que poseen los bienes desde el punto de vista del cambio.

Dicho en otras palabras: el valor de cambio de una mercancía equivale a la cantidad de trabajo que se puede cambiar por ella.

El mismo Smith proporciona un ejemplo esclarecedor: «Nada hay en el mundo tan útil como el agua; sin embargo, con el agua podemos adquirir muy pocas cosas; nadie nos dará por ella ni una pequeñísima parte de un bien que escasea.

Por el contrario, si tenemos un brillante, objeto que escasea y no tiene ningún valor de uso, nos será fácil encontrar quien nos ofrezca gran cantidad de otros bienes a cambio de él .» «El valor de cualquier mercancía es igual a la cantidad de trabajo que se puede adquirir a cambio de ella.

El trabajo es, por tanto, la medida del valor de cambio de todas las mercancías.»

Abordó también el tema de los salarios, que vendrán fijados por contrato entre patronos y obreros, según la ley de la oferta y la demanda; éste es el salario corriente o de mercado que tenderá a equipararse con el salario natural que corresponde al coste de producción del trabajo obrero, es decir al mantenimiento del obrero y su familia a nivel de subsistencia.

Ello será así porque, generalmente, la oferta de mano de obra es superior a la demanda de puestos de trabajo.

El estado tiene el deber ineludible de acabar con los antinaturales obstáculos que se oponen al libre comercio y a la libre iniciativa de los hombres.

Cualquier intervención del estado en la vida económica es rechazable y su papel debe reducirse al mantenimiento orden interno, la defensa de las fronteras y el financiamiento de obras públicas no lucrativas para la iniciativa privada (caminos, puertos, etcétera).

Estos principios sobre el liberalismo económico fueron los que mayor resonancia tuvieron en la opinión pública de su época. Los hombres de negocios y comerciantes de su tiempo recibieron con especial sim­patía estas teorías, que refrendaban teóricamente unas necesidades largamente sentidas por ellos.

A partir de la publicación, en 1776, de la obra más importante de Smith, Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, la Economía política surge como una ciencia sistemática y coherente.

En esta obra, el autor se propone investigar las causas del desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo, así como también la forma en que su producto era distribuido en la sociedad capitalista.

Entre los principales aportes de Smith podemos mencionar los siguientes:

» estableció el concepto de la libre competencia como única vía para asegurar el máximo bienestar de la sociedad;

» definió la importancia de la división del trabajo como causa principal de la creciente productividad;

» planteó una nueva división de la sociedad en clases;

» desarrolló la teoría del trabajo como fuente del valor de los bienes

LA LEY DE OFERTA Y DE LA DEMANDA:

¿Cómo se determina el precio de mercado? Según Smith, cuando la cantidad de una mercancía que se lleva al mercado, es decir, la oferta, es insuficiente para suministrar la cantidad requerida o demandada por todos aquellos que están dispuestos a pagar el valor o precio natural, algunos de ellos, con tal de no renunciar a la mercancía, estarán dispuestos a pagar más por ella.

Entonces, la competencia que surge entre los compradores hará subir el precio de mercado por sobre el precio natural.

Aclaración: Precio natural es el precio de un bien o de una mercancía que alcanza para pagarle el salario al obrero y los beneficios al capitalista o empresario, en cambio precio de mercado, es aquel que se paga efectivamente en el mercado, que a veces por faltante, el mismo crece, y supera al natural.

En cambio, cuando en el mercado la cantidad de una mercancía excede la demanda, entonces no puede venderse toda esa cantidad entre quienes estarían dispuestos a pagar su valor o precio natural.

En este caso, la competencia entre los vendedores, según éstos se muestren más o menos propensos a desprenderse de inmediato de la mercancía, hará bajar el precio de mercado respecto del precio natural.

Ahora bien, cuando la cantidad de una mercancía llevada al mercado es justamente suficiente para cubrir la demanda, entonces, el precio de mercado coincidirá exactamente con el precio natural.

La oferta coincide con la demanda, y toda la cantidad se vende a este precio que se denomina precio de equilibrio del mercado.

Por lo tanto, el precio natural es el precio de referencia alrededor del cual fluctuarán los precios de mercado de todas las mercancías. Esta forma en que actúan la oferta y la demanda, que se conoce como ley de la oferta y la demanda, regulará el precio de equilibrio del mercado por arriba o por debajo del precio natural de la mercancía, haciéndolos coincidir en determinadas casos.

La acumulación de capital: ¿Cuáles son los factores que aceleran el crecimiento de la riqueza de la sociedad y cuáles lo retrasan?.

Smith distingue, en principio, entre trabajo productivo y trabajo improductivo: «Existe una especie de trabajo que añade valor al objeto a que se incorpora, y otra que no produce aquel efecto». Entonces, el trabajo productivo es aquel que crea valor.

Dice Smith: «El soberano, con todos los funcionarios que le sirven, tanto judiciales como militares, todo el ejército y toda la marina, son trabajadores improductivos […] En la misma clase hay que incluir algunas de las profesiones más graves y más importantes y algunas de las más frívolas: sacerdotes, abogados, médicos, hombres de letras de todas clases, cómicos, bufones, músicos, cantantes y danzantes de ópera, etc.».

De esta manera, Smith deja bien claro que el fundamento del progreso de la sociedad es la producción industrial, pues sólo el trabajo del obrero y de los comerciantes e industriales capitalistas son productivos, todos los demás descansan sobre aquélla.

Por lo tanto, únicamente se puede aumentar el producto anual de un país aumentando la cantidad de trabajadores productivos o la productividad de los trabajadores.

Y esto requiere de un capital adicional, ya sea para contratar más trabajadores, para comprar las nuevas maquinarias, etcétera.

PENSAMIENTO DE ADAM SMITH

Cada individuo intenta encontrar el medio más adecuado para invertir el capital del que puede disponer. Lo que, sin ningún tipo de duda, se propone todo el mundo, es su propio interés, […].

Generalmente nadie se interesa a priori por promover el interés público. Cuando se elige la industria doméstica extranjera sólo se piensa en la seguridad personal, y sobre todo se desea que el producto que se pone a la venta tenga un valor superior a todos los otros. Ciertamente, sólo se piensa en los beneficios propios, pero a menudo estos negocios comportan mejoras sociales que el individuo no había previsto.

Todo hombre, siempre que no viole las leyes de la justicia, tiene que ser perfectamente libre para elegir el medio que le parezca mejor para conseguir el ideal de vida que quiere y sus intereses. Los productos que crea tienen que poder salir a competir con los de cualquier otro individuo del género humano […].

Según el sistema de la libertad de negocio, el soberano sólo tiene tres obligaciones principales por las cuales se debe preocupar: la primera es la de proteger a la sociedad de la violencia y de la invasión por parte de otras sociedades independientes; la segunda, proteger de la injusticia y de la opresión a un miembro de la República ante cualquier otro que también sea ciudadano, y establecer una justicia exacta entre sus pueblos; y la tercera, crear y mantener ciertas obras y establecimientos públicos, no para el interés de un particular, o de unos cuantos, sino que tiene que ser en interés de toda la sociedad; y aunque las utilidades recompensen sobradamente los gastos del organismo general de la nación, no llegarían a satisfacer nunca esta recompensa si las hubiera hecho un particular.

SMITH, A.: La riqueza de las naciones, 1776.

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CONCEPTO DE «LAISSEZ FAIRE»

Adam Smith es el gran defensor de la libertad económica; para él es inútil la intervención del Estado, que habían predicado los mercantilistas; el orden se establece por sí mismo, por el juego de la oferta y la demanda.

Si un producto es solicitado sube el precio y se favorece su elaboración, con lo que todo vendedor es retribuido según la importancia de los servicios que presta; la actividad concurrente garantiza el orden, la justicia y el progreso de la sociedad.

La llamada doctrina del laissez faire llena una etapa del pensamiento y de la actividad económica.

En su base se esconde una glorificación de la libertad: el mercado se regula por libre concurrencia, el trabajador elige libremente su trabajo, la mano de obra se desplaza libremente, el contrato de trabajo es un acuerdo libre entre patronos y obreros.

El papel del Estado se reduce a defender la libertad de una actividad económica autónoma de cualquier regulación política.

Los críticos de la escuela clásica distinguieron, como Sismondi, entre la libertad teórica y la real, que suponía igualdad.

Laissez faire («dejar hacer, dejar pasar»)

Una característica del liberalismo económico es la que indica al Estado que debe «dejar hacer, dejar pasar» es decir no intervenir.

El mayor abanderado de esta idea es Bentharn: «el gobierno no puede hacer nada mas que lo que podría hacer para aumentar el deseo de comer y de beber.

Su intervención es perfectamente inútil.»” y agrega: «Los impuestos no deben tener otro objeto que su objeto directo: el de producir una renta disminuyendo el gravamen tanto cuanto sea posible.

Cuando se quiere hacerlos servir como medios indirectos del estímulo o de restricción para tal o cual especie de industria, el gobierno, como lo hemos visto ya, no consigue mas que desviar el curso natural del comercio y dar la dirección menos ventajosa a los negocios.»

Adams Smith liberalismo politico¿Cómo es que esta libertad económica absoluta puede regular la economía de una Nación?.

Mediante la ley de la oferta y la demanda que los liberales clásicos consideran una ley natural, como la que regula el ciclo de las estaciones o la ley de la gravedad.

Cuando un producto es demandado por la gente en cantidades superiores a las existentes el precio sube.

Al subir algunos compradores se retraen y destinan su dinero a otros productos.

Al ver esos precios más altos, los poseedores del capital invierten en producir esa mercadería que ahora se ha vuelto muy rentable y por su competencia hacen que el precio baje.

De esa manera la ley de la oferta y la demanda no sólo regula el precio de las mercaderías sino que reasigna el uso de los capitales y la mano de obra a aquellos que más demandan los consumidores.

Cuando el Estado interviene fijando el precio de un producto, o colocando impuestos diferenciales a determinadas mercadería, destruye ese equilibrio natural y determinados productos sobrarán y otros escasearán.

Cada vez que se fijan precios máximos, se produce desabastecimiento.

Las leyes del mercado, basadas en el juego de la oferta y la demanda, son la mano invisible que rige el mundo económico y a la larga equilibran la producción y el consumo de los diversos artículos.

Toda barrera artificial, incluso entre las naciones, que dificulte las leyes de mercado, debe ser abolida; se postula el incremento del comercio internacional, principio que casa perfectamente con las necesidades de las potencias industriales.

Para decirlo en términos más modernos, el Estado se debería limitar a mantener el orden y hacer cumplir los contratos que las partes firmen libremente.

Todo lo demás debería quedar librado a las leyes de la economía. Cada individuo deberá trabajar y ahorrar  para educar a sus hijos, para enfrentar enfermedades y accidentes, y para mantenerse en la vejez y la invalidez.

Se considera factor imprescindible del desarrollo la acumulación de capital, al que se exalta como rector y benefactor de la sociedad. Adam Smith escribe: “La industriosidad de la sociedad sólo puede aumentar en proporción al aumento de su capital”.

De esta forma la doctrina del beneficio ilimitado queda canonizada.

El pensamiento liberal centra su preocupación en la trilogía ganancia, ahorro, capital.

El interés individual y el social coinciden siempre, asegura Adam Smith; más lejos llega Malthus cuando condena la asistencia a los desvalidos por ser perjudicial para la sociedad; la felicidad general no sería posible “si el principio motor de la conducta fuera la benevolencia”.

La ideología del liberalismo económico favoreció el proceso de industrialización, la creación de mercados mundiales, la acumulación de capitales, el surgimiento de empresas gigantescas, dimensiones todas que se reflejan en la segunda fase de la Revolución Industrial; pero separó la ética de la economía y se despreocupó de los problemas sociales de la industrialización.

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PARA SABER MAS….

La ley de la oferta y la demanda no es una ley escrita sino que se da naturalmente en el mercado, si nadie interviene para impedir su funcionamiento. Los siguientes casos demuestran teóricamente su funcionamiento:.

Caso 1: la oferta es mayor que la demanda (es decir, la cantidad que se vende de un producto es mayor que la cantidad de compradores). En este caso, el productor deberá bajar los precios a fin de que más gente le compre (es decir, para aumentar la demanda).

Pero como algunos productores no podrán competir (por falta de compradores y porque sus ganancias serán menores), dejarán de producir el producto.

Caso 2: la oferta es menor que la demanda (es decir, la cantidad que se vende de un producto es menor que la cantidad de compradores que lo desean). En este caso, los compradores compiten por conseguir el producto, por lo que están dispuestos a pagar más.

Por lo tanto, el precio de un bien escaso sube. Si el precio sube, quien lo produce gana más, y habrá más personas interesadas en producir ese producto. Y como el precio será alto, menos personas podrán pagarlo. Es decir, se podrá volver al caso 1.

De esta manera, la oferta y la demanda regulan el precio y la producción de determinados bienes, hasta llegar un equilibrio entre ambas fuerzas, sin necesidad de la intervención del Estado. La función de éste sería sólo garantizar la libertad de los productores y de los compradores. Esta «no intervención» del Estado podría resumirse en la fórmula francesa » Laissez-faire, laissez-passer» («dejar hacer, dejar pasar»). Así, la economía se regularía sola.

Las transformaciones económicas y sociales de la revolución ndustrial fueron objeto de análisis de importantes economistas cuyas teorías influyeron en la economía de las épocas posteriores.

Presentamos aquí dos breves fragmentos de Adam Smith y Karl Marx y un reglamento al que debían ajustarse los trabajadores de una industria francesa, que testimonia las duras condiciones de los trabajadores de la época.

Fragmentos  de su libro La riqueza de las naciones de 1776.

«De la manera como se dirige en la actualidad esta industria [la fabricación de alfileres], no sólo el trabajo entero forma un oficio particular, sino que incluso este trabajo está dividido en un gran número de ramas, la mayoría de las cuales constituyen otros tantos oficios particulares.

Un obrero desenrolla el alambre de la bobina, otro lo endereza, un tercero corta la punta, mientras otro se ocupa de limar la punta que debe recibir la cabeza.

Esta cabeza es asimismo objeto de dos o tres operaciones separadas; colocarla es una labor particular; blanquear los alfileres es otra; incluso es un oficio particular y separado el pinchar los papeles y colocar los alfileres; finalmente, el importante trabajo de fabricar un alfiler está dividido en dieciocho operaciones distintas, que en determinadas fábricas las llevan a cabo manos diferentes, aunque en otras el obrero realice dos o tres. Tuve ocasión de ver una de esas manufacturas que sólo empleaba diez obreros y donde, por consiguiente, algunos de ellos estaban encargados de dos o tres operaciones.

Aunque la fábrica era muy pobre y debido a ello mal equipada, sin embargo cuando se ponían a trabajar llegaban a fabricar entre ellos unas diez libras de alfileres por día: ahora bien, cada libra se compone de más de cuatro mil alfileres de tamaño mediano, así, pues, aquellos diez obreros podían hacer más de cuarenta y ocho mil alfileres en una jornada, y por tanto, como cada obrero hacía la décima parte, puede calcularse que hacía cuatro mil ochocientos alfileres diarios. Pero si hubieran trabajado todos aparte, y si no se les hubiera formado para esta labor particular, seguramente que cada uno de ellos no hubiera hecho veinte alfileres y quizás ni uno solo durante su jornada.»

La división del trabajo según Adam Smith

«La división del trabajo, por la que cada individuo se restringe a sí mismo a una rama particular cíe actividad, puede sola explicar la opulencia superior que tiene lugar en las sociedades civilizadas, la cual, a pesar de la desigualdad en la propiedad, se extiende hasta el miembro más bajo de la sociedad.

(…) El inmenso incremento de la cantidad de trabajo realizado, como consecuencia de la división del trabajo, se debe a tres circunstancias diferentes. Primero al incremento de destreza de cada trabajador particular; segunda, al ahorro de tiempo que se pierde al pasar de una especie de trabajo a otra; y último de todas a la invención de numerosas máquinas, que facilitan el trabajo y permiten a un trabajador hacer el trabajo de muchos.

(…) Todos se percatarán de cuánto trabajo se abrevia y facilita por la aplicación de maquinaria adecuada. Por medio del arado, dos hombres, con ayuda de tres caballos, cultivan más tierra que veinte con pala. (…) Fue la división del trabajo la que probablemente dio ocasión a la invención de la mayor parte de esas máquinas mediante las cuales el trabajo se ve tan facilitado y abreviado. Cuantío?… toda la fuerza de la mente está dirigida a un objeto particular, como consecuencia de la división del trabajo, es más probable que la mente descubra métodos más fáciles para alcanzar ese objetivo que cuando la atención está dispersa entre una gran variedad de cosas. (…) Esta división del trabajo, de la que resultan tantas ventajas, no es originalmente el efecto de alguna sabiduría humana que prevea y procure la opulencia general a que da ocasión.

Es la consecuencia necesaria, aunque muy lenta y gradual, de cierto principio o propensión de la naturaleza humana, que no tiene en vista tan extensa utilidad. Es una propensión común a todos los hombres y que no puede hallarse en ninguna otra raza de animales, una propensión al trocar, permutar e intercambiar una cosa por otra.»

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Fuente Consultada: Economía Las Ideas y los Grandes Procesos Económicos Rofman-Aronskind-Kulfas-Wainer