El Liberalismo Economico de Adam Smith Ideologia y Pensamiento



El Liberalismo Económico De Adam Smith – Ideología y Pensamiento

Adam Smith, escocés nacido en 1723 y profesor de lógica y moral de la Universidad de Glasgow, estudió el funcionamiento del mercado y la división del trabajo.

Smith se trasladó a París para entrevistarse con algunos de los filósofos mencionados antes, que estaban transformando el pensamiento político francés, y allí entró en resonancia con las ideas de Francois Quesnay, quien se oponía a la reglamentación de tarifas y, en general, a la intervención del gobierno en el comercio internacional.

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Adam Smith, había nacido en Kirkcaldy (Escocia) el 5 de junio de 1723. Educado en su ciudad natal por David Miller, en 1737 se matriculó en la universidad de Glasgow. Durante la primera fase de la Revolución Industrial el liberalismo político define un modelo de Estado; una teoría similar trata de definir un modelo de economía. Se considera a Smith (imagen),como el fundador del liberalismo económico y el iniciador del período de los llamados economistas clásicos.

El inicio del liberalismo económico está en su lucha contra el sistema económico político absolutista.

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Con su habitual agudeza Voltaire reivindica la virtud del empresario contra la nobleza ociosa en estos términos:

«el negociante oye hablar tan a menudo con desprecio de su profesión que es lo suficientemente tonto como para enrojecer de ella. No sé, empero, quién es más útil a un Estado, un señor bien empolvado que precisamente a qué hora el rey se levanta, a qué hora se acuesta, y que se da aire de grandeza haciendo el papel de esclavo en la antecámara de un ministro, o un negocio que enriquece a su país, desde su despacho dando órdenes a Surate y al Cairo contribuye a la felicidad del mundo.»

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PRIMER CONCEPTO ECONOMICO LIBERAL: En 1776 apareció en Inglaterra un libro titulado Investigaciones sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones.



Por esta sola obra su autor ocupa un lugar de primer plano en la Historia de la cultura, porque ella determina un momento crucial en la trayectoria económica de las naciones.

Las Investigaciones, en efecto, rompían con una tradición doctrinal de varios siglos.

Adam Smith, adoptando una posición adversa a las doctrinas mercantilistas, combatió, como los fisiócratas, la errónea concepción de que la riqueza de las naciones consistía en la acumulación de dinero y metales preciosos; pero más audaz y observador que los discípulos de Quesnay, estableció que la base de la riqueza no se hallaba ni en la agricultura, ni en la industria, ni en el comercio, sino pura y simplemente en el trabajo individual, el cual, en colaboración con el de los demás productores, determinaba el acrecentamiento de los productos y de los objetos de cambio.

Todo el proceso económico estaba regulado por una ley «natural, justa y espontánea», que promovía en el hombre el deseo de procurarse el bienestar, y determinaba, posteriormente, la división del trabajo, la formación del capital y la fijación del valor de los objetos en el mercado por la oferta y la demanda.

Como vértice de su doctrina, Smith proclamaba la plena libertad económica, el derecho del hombre a dispone libremente de su trabajo y la ineptitud del Estado como ente económico.

En definitiva, formulaba un programa mucho más avanzado que el liberalismo político de la Revolución francesa.

El pensamiento de Smith e ideas se ajustaba a la noción de los enciclopedistas franceses de la existencia de un orden social inmanente y justo.

adams smithSmith creía que si el gobierno no intervenía en el mercado, la búsqueda individual de los propios fines económicos beneficiaría al conjunto de la sociedad, como si existiera una mano invisible.

Claro está que el asunto no siempre funciona de tal manera, en particular si tenemos en cuenta la suciedad y pobreza producidas por la Revolución Industrial.

Sin embargo, y a largo plazo, las ideas de Smith sobre la libertad económica, formuladas en su libro de 1776 titulado Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, tuvieron enorme influjo en el desarrollo de la moderna teoría económica y continúan vigentes hoy.



Las ideas de Smith propugnaban por un capitalismo de libre mercado, aunque su autor nunca usó esta expresión.

Otro economista clásico (la economía, como disciplina de estudio, fue establecida por Smith), que consideraba opresores a los capitalistas, es decir, a los dueños de los medios de producción, acuñó el término capitalismo.

Con una frase que se ha hecho famosa, Smith decía que la combinación del interés personal, la propiedad y la competencia entre vendedores en el mercado llevaría a los productores, «gracias a una mano invisible», a alcanzar un objetivo que no habían buscado de manera consciente: el bienestar de la sociedad.

Su Ideología: Para el autor escocés, el egoísmo es una característica psicológica del ser humano que tiene que ser contemplada desde una óptica positiva.

Merced a su egoísmo y al incesante afán de mejorar su situación económica y social, los hombres tienden a maximizar su bienestar. Pero, al tiempo que acrecientan con el esfuerzo y el trabajo su riqueza personal, contribuyen al aumento de la riqueza del país.

El egoísmo es así elevado a la categoría de virtud.

La sociedad y el estado deben liberar las iniciativas individuales para que, sin trabas ni reglamentaciones y gracias a la suma de las energías y los afanes de los hombres, pueda prosperar el bienestar general y la riqueza de las naciones; todo ello regulado por las leyes naturales de la vida económica basadas en los principios del libre mercado y de la beneficiosa competencia.

El análisis de los mecanismos que regulan la actividad económica en todas sus facetas está contenido en su obra Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, que representa un grandioso esfuerzo por estudiar en un solo texto todas las cuestiones que abarcan los modernos tratados de economía política y que, aún hoy en día, constituye un hito en la historia de las doctrinas económicas.

A. Smith considera el trabajo como la verdadera fuente de riqueza, ya que, sin la intervención de la actividad humana, las fuerzas naturales no proporcionarían al hombre los elementos para la satisfacción de las necesidades.

La totalidad del trabajo de una nación es lo que crea todos los bienes y servicios útiles.



El principio de la división del trabajo facilitado por los adelantos técnicos permite, según el autor escocés, considerables beneficios económicos al multiplicar la productividad de los operarios y economizar el tiempo empleado en la fabricación de un producto.

Asimismo provoca la interdependencia entre los factores económicos y favorece, a través del intercambio, la cooperación productiva de todos ellos.

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Para los fisiócratas el origen de la riqueza de un estado es la tierra y su explotación, para los mercantilistas el origen de la riqueza en la exportación (venta) de su producción y la acumulación de capital y para los liberales el origen de la riqueza es el trabajo.

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Afirman que el hombre busca el reconocimiento social, y que además es un ser ambicioso y egoísta, que desea crecer y progresar para lograr un bienestar. Pero no puede lograrlo individualmente por lo que se relaciona socialmente tratando de obtener mercancías que algunos de sus semejantes ya poseen.

Para ello agudiza su ingenio y usa su talento y conocimiento para producir otras mercancías que a otros les puede interesar y así poder intercambiarlas o venderlas. Nace de esta manera el mercado comercial.

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Valor de uso y valor de cambio: El trabajo empleado para producir un bien determina su valor. 

Distingue A. Smith entre valor de uso y valor de cambio.

Entiende por valor de uso la utilidad que reporta al individuo un artículo determinado en orden a la satisfacción de sus necesidades; mientras que el valor de cambio de una mercancía es el significado que poseen los bienes desde el punto de vista del cambio.

Dicho en otras palabras: el valor de cambio de una mercancía equivale a la cantidad de trabajo que se puede cambiar por ella.

El mismo Smith proporciona un ejemplo esclarecedor: «Nada hay en el mundo tan útil como el agua; sin embargo, con el agua podemos adquirir muy pocas cosas; nadie nos dará por ella ni una pequeñísima parte de un bien que escasea.

Por el contrario, si tenemos un brillante, objeto que escasea y no tiene ningún valor de uso, nos será fácil encontrar quien nos ofrezca gran cantidad de otros bienes a cambio de él .» «El valor de cualquier mercancía es igual a la cantidad de trabajo que se puede adquirir a cambio de ella.

El trabajo es, por tanto, la medida del valor de cambio de todas las mercancías.»

Abordó también el tema de los salarios, que vendrán fijados por contrato entre patronos y obreros, según la ley de la oferta y la demanda; éste es el salario corriente o de mercado que tenderá a equipararse con el salario natural que corresponde al coste de producción del trabajo obrero, es decir al mantenimiento del obrero y su familia a nivel de subsistencia.

Ello será así porque, generalmente, la oferta de mano de obra es superior a la demanda de puestos de trabajo.

El estado tiene el deber ineludible de acabar con los antinaturales obstáculos que se oponen al libre comercio y a la libre iniciativa de los hombres.

Cualquier intervención del estado en la vida económica es rechazable y su papel debe reducirse al mantenimiento orden interno, la defensa de las fronteras y el financiamiento de obras públicas no lucrativas para la iniciativa privada (caminos, puertos, etcétera).

Estos principios sobre el liberalismo económico fueron los que mayor resonancia tuvieron en la opinión pública de su época. Los hombres de negocios y comerciantes de su tiempo recibieron con especial sim­patía estas teorías, que refrendaban teóricamente unas necesidades largamente sentidas por ellos.

A partir de la publicación, en 1776, de la obra más importante de Smith, Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, la Economía política surge como una ciencia sistemática y coherente.

En esta obra, el autor se propone investigar las causas del desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo, así como también la forma en que su producto era distribuido en la sociedad capitalista.

Entre los principales aportes de Smith podemos mencionar los siguientes:

» estableció el concepto de la libre competencia como única vía para asegurar el máximo bienestar de la sociedad;

» definió la importancia de la división del trabajo como causa principal de la creciente productividad;

» planteó una nueva división de la sociedad en clases;

» desarrolló la teoría del trabajo como fuente del valor de los bienes

LA LEY DE OFERTA Y DE LA DEMANDA:

¿Cómo se determina el precio de mercado? Según Smith, cuando la cantidad de una mercancía que se lleva al mercado, es decir, la oferta, es insuficiente para suministrar la cantidad requerida o demandada por todos aquellos que están dispuestos a pagar el valor o precio natural, algunos de ellos, con tal de no renunciar a la mercancía, estarán dispuestos a pagar más por ella.

Entonces, la competencia que surge entre los compradores hará subir el precio de mercado por sobre el precio natural.

Aclaración: Precio natural es el precio de un bien o de una mercancía que alcanza para pagarle el salario al obrero y los beneficios al capitalista o empresario, en cambio precio de mercado, es aquel que se paga efectivamente en el mercado, que a veces por faltante, el mismo crece, y supera al natural.

En cambio, cuando en el mercado la cantidad de una mercancía excede la demanda, entonces no puede venderse toda esa cantidad entre quienes estarían dispuestos a pagar su valor o precio natural.

En este caso, la competencia entre los vendedores, según éstos se muestren más o menos propensos a desprenderse de inmediato de la mercancía, hará bajar el precio de mercado respecto del precio natural.

Ahora bien, cuando la cantidad de una mercancía llevada al mercado es justamente suficiente para cubrir la demanda, entonces, el precio de mercado coincidirá exactamente con el precio natural.

La oferta coincide con la demanda, y toda la cantidad se vende a este precio que se denomina precio de equilibrio del mercado.

Por lo tanto, el precio natural es el precio de referencia alrededor del cual fluctuarán los precios de mercado de todas las mercancías. Esta forma en que actúan la oferta y la demanda, que se conoce como ley de la oferta y la demanda, regulará el precio de equilibrio del mercado por arriba o por debajo del precio natural de la mercancía, haciéndolos coincidir en determinadas casos.

La acumulación de capital: ¿Cuáles son los factores que aceleran el crecimiento de la riqueza de la sociedad y cuáles lo retrasan?.

Smith distingue, en principio, entre trabajo productivo y trabajo improductivo: «Existe una especie de trabajo que añade valor al objeto a que se incorpora, y otra que no produce aquel efecto». Entonces, el trabajo productivo es aquel que crea valor.

Dice Smith: «El soberano, con todos los funcionarios que le sirven, tanto judiciales como militares, todo el ejército y toda la marina, son trabajadores improductivos […] En la misma clase hay que incluir algunas de las profesiones más graves y más importantes y algunas de las más frívolas: sacerdotes, abogados, médicos, hombres de letras de todas clases, cómicos, bufones, músicos, cantantes y danzantes de ópera, etc.».

De esta manera, Smith deja bien claro que el fundamento del progreso de la sociedad es la producción industrial, pues sólo el trabajo del obrero y de los comerciantes e industriales capitalistas son productivos, todos los demás descansan sobre aquélla.

Por lo tanto, únicamente se puede aumentar el producto anual de un país aumentando la cantidad de trabajadores productivos o la productividad de los trabajadores.

Y esto requiere de un capital adicional, ya sea para contratar más trabajadores, para comprar las nuevas maquinarias, etcétera.

PENSAMIENTO DE ADAM SMITH

Cada individuo intenta encontrar el medio más adecuado para invertir el capital del que puede disponer. Lo que, sin ningún tipo de duda, se propone todo el mundo, es su propio interés, […].

Generalmente nadie se interesa a priori por promover el interés público. Cuando se elige la industria doméstica extranjera sólo se piensa en la seguridad personal, y sobre todo se desea que el producto que se pone a la venta tenga un valor superior a todos los otros. Ciertamente, sólo se piensa en los beneficios propios, pero a menudo estos negocios comportan mejoras sociales que el individuo no había previsto.

Todo hombre, siempre que no viole las leyes de la justicia, tiene que ser perfectamente libre para elegir el medio que le parezca mejor para conseguir el ideal de vida que quiere y sus intereses. Los productos que crea tienen que poder salir a competir con los de cualquier otro individuo del género humano […].

Según el sistema de la libertad de negocio, el soberano sólo tiene tres obligaciones principales por las cuales se debe preocupar: la primera es la de proteger a la sociedad de la violencia y de la invasión por parte de otras sociedades independientes; la segunda, proteger de la injusticia y de la opresión a un miembro de la República ante cualquier otro que también sea ciudadano, y establecer una justicia exacta entre sus pueblos; y la tercera, crear y mantener ciertas obras y establecimientos públicos, no para el interés de un particular, o de unos cuantos, sino que tiene que ser en interés de toda la sociedad; y aunque las utilidades recompensen sobradamente los gastos del organismo general de la nación, no llegarían a satisfacer nunca esta recompensa si las hubiera hecho un particular.

SMITH, A.: La riqueza de las naciones, 1776.

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CONCEPTO DE «LAISSEZ FAIRE»

Adam Smith es el gran defensor de la libertad económica; para él es inútil la intervención del Estado, que habían predicado los mercantilistas; el orden se establece por sí mismo, por el juego de la oferta y la demanda.

Si un producto es solicitado sube el precio y se favorece su elaboración, con lo que todo vendedor es retribuido según la importancia de los servicios que presta; la actividad concurrente garantiza el orden, la justicia y el progreso de la sociedad.

La llamada doctrina del laissez faire llena una etapa del pensamiento y de la actividad económica.

En su base se esconde una glorificación de la libertad: el mercado se regula por libre concurrencia, el trabajador elige libremente su trabajo, la mano de obra se desplaza libremente, el contrato de trabajo es un acuerdo libre entre patronos y obreros.

El papel del Estado se reduce a defender la libertad de una actividad económica autónoma de cualquier regulación política.

Los críticos de la escuela clásica distinguieron, como Sismondi, entre la libertad teórica y la real, que suponía igualdad.

Laissez faire («dejar hacer, dejar pasar»)

Una característica del liberalismo económico es la que indica al Estado que debe «dejar hacer, dejar pasar» es decir no intervenir.

El mayor abanderado de esta idea es Bentharn: «el gobierno no puede hacer nada mas que lo que podría hacer para aumentar el deseo de comer y de beber.

Su intervención es perfectamente inútil.»” y agrega: «Los impuestos no deben tener otro objeto que su objeto directo: el de producir una renta disminuyendo el gravamen tanto cuanto sea posible.

Cuando se quiere hacerlos servir como medios indirectos del estímulo o de restricción para tal o cual especie de industria, el gobierno, como lo hemos visto ya, no consigue mas que desviar el curso natural del comercio y dar la dirección menos ventajosa a los negocios.»

Adams Smith liberalismo politico¿Cómo es que esta libertad económica absoluta puede regular la economía de una Nación?.

Mediante la ley de la oferta y la demanda que los liberales clásicos consideran una ley natural, como la que regula el ciclo de las estaciones o la ley de la gravedad.

Cuando un producto es demandado por la gente en cantidades superiores a las existentes el precio sube.

Al subir algunos compradores se retraen y destinan su dinero a otros productos.

Al ver esos precios más altos, los poseedores del capital invierten en producir esa mercadería que ahora se ha vuelto muy rentable y por su competencia hacen que el precio baje.

De esa manera la ley de la oferta y la demanda no sólo regula el precio de las mercaderías sino que reasigna el uso de los capitales y la mano de obra a aquellos que más demandan los consumidores.

Cuando el Estado interviene fijando el precio de un producto, o colocando impuestos diferenciales a determinadas mercadería, destruye ese equilibrio natural y determinados productos sobrarán y otros escasearán.

Cada vez que se fijan precios máximos, se produce desabastecimiento.

Las leyes del mercado, basadas en el juego de la oferta y la demanda, son la mano invisible que rige el mundo económico y a la larga equilibran la producción y el consumo de los diversos artículos.

Toda barrera artificial, incluso entre las naciones, que dificulte las leyes de mercado, debe ser abolida; se postula el incremento del comercio internacional, principio que casa perfectamente con las necesidades de las potencias industriales.

Para decirlo en términos más modernos, el Estado se debería limitar a mantener el orden y hacer cumplir los contratos que las partes firmen libremente.

Todo lo demás debería quedar librado a las leyes de la economía. Cada individuo deberá trabajar y ahorrar  para educar a sus hijos, para enfrentar enfermedades y accidentes, y para mantenerse en la vejez y la invalidez.

Se considera factor imprescindible del desarrollo la acumulación de capital, al que se exalta como rector y benefactor de la sociedad. Adam Smith escribe: “La industriosidad de la sociedad sólo puede aumentar en proporción al aumento de su capital”.

De esta forma la doctrina del beneficio ilimitado queda canonizada.

El pensamiento liberal centra su preocupación en la trilogía ganancia, ahorro, capital.

El interés individual y el social coinciden siempre, asegura Adam Smith; más lejos llega Malthus cuando condena la asistencia a los desvalidos por ser perjudicial para la sociedad; la felicidad general no sería posible “si el principio motor de la conducta fuera la benevolencia”.

La ideología del liberalismo económico favoreció el proceso de industrialización, la creación de mercados mundiales, la acumulación de capitales, el surgimiento de empresas gigantescas, dimensiones todas que se reflejan en la segunda fase de la Revolución Industrial; pero separó la ética de la economía y se despreocupó de los problemas sociales de la industrialización.

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PARA SABER MAS….

La ley de la oferta y la demanda no es una ley escrita sino que se da naturalmente en el mercado, si nadie interviene para impedir su funcionamiento. Los siguientes casos demuestran teóricamente su funcionamiento:.

Caso 1: la oferta es mayor que la demanda (es decir, la cantidad que se vende de un producto es mayor que la cantidad de compradores). En este caso, el productor deberá bajar los precios a fin de que más gente le compre (es decir, para aumentar la demanda).

Pero como algunos productores no podrán competir (por falta de compradores y porque sus ganancias serán menores), dejarán de producir el producto.

Caso 2: la oferta es menor que la demanda (es decir, la cantidad que se vende de un producto es menor que la cantidad de compradores que lo desean). En este caso, los compradores compiten por conseguir el producto, por lo que están dispuestos a pagar más.

Por lo tanto, el precio de un bien escaso sube. Si el precio sube, quien lo produce gana más, y habrá más personas interesadas en producir ese producto. Y como el precio será alto, menos personas podrán pagarlo. Es decir, se podrá volver al caso 1.

De esta manera, la oferta y la demanda regulan el precio y la producción de determinados bienes, hasta llegar un equilibrio entre ambas fuerzas, sin necesidad de la intervención del Estado. La función de éste sería sólo garantizar la libertad de los productores y de los compradores. Esta «no intervención» del Estado podría resumirse en la fórmula francesa » Laissez-faire, laissez-passer» («dejar hacer, dejar pasar»). Así, la economía se regularía sola.

Las transformaciones económicas y sociales de la revolución ndustrial fueron objeto de análisis de importantes economistas cuyas teorías influyeron en la economía de las épocas posteriores.

Presentamos aquí dos breves fragmentos de Adam Smith y Karl Marx y un reglamento al que debían ajustarse los trabajadores de una industria francesa, que testimonia las duras condiciones de los trabajadores de la época.

Fragmentos  de su libro La riqueza de las naciones de 1776.

«De la manera como se dirige en la actualidad esta industria [la fabricación de alfileres], no sólo el trabajo entero forma un oficio particular, sino que incluso este trabajo está dividido en un gran número de ramas, la mayoría de las cuales constituyen otros tantos oficios particulares.

Un obrero desenrolla el alambre de la bobina, otro lo endereza, un tercero corta la punta, mientras otro se ocupa de limar la punta que debe recibir la cabeza.

Esta cabeza es asimismo objeto de dos o tres operaciones separadas; colocarla es una labor particular; blanquear los alfileres es otra; incluso es un oficio particular y separado el pinchar los papeles y colocar los alfileres; finalmente, el importante trabajo de fabricar un alfiler está dividido en dieciocho operaciones distintas, que en determinadas fábricas las llevan a cabo manos diferentes, aunque en otras el obrero realice dos o tres. Tuve ocasión de ver una de esas manufacturas que sólo empleaba diez obreros y donde, por consiguiente, algunos de ellos estaban encargados de dos o tres operaciones.

Aunque la fábrica era muy pobre y debido a ello mal equipada, sin embargo cuando se ponían a trabajar llegaban a fabricar entre ellos unas diez libras de alfileres por día: ahora bien, cada libra se compone de más de cuatro mil alfileres de tamaño mediano, así, pues, aquellos diez obreros podían hacer más de cuarenta y ocho mil alfileres en una jornada, y por tanto, como cada obrero hacía la décima parte, puede calcularse que hacía cuatro mil ochocientos alfileres diarios. Pero si hubieran trabajado todos aparte, y si no se les hubiera formado para esta labor particular, seguramente que cada uno de ellos no hubiera hecho veinte alfileres y quizás ni uno solo durante su jornada.»

La división del trabajo según Adam Smith

«La división del trabajo, por la que cada individuo se restringe a sí mismo a una rama particular cíe actividad, puede sola explicar la opulencia superior que tiene lugar en las sociedades civilizadas, la cual, a pesar de la desigualdad en la propiedad, se extiende hasta el miembro más bajo de la sociedad.

(…) El inmenso incremento de la cantidad de trabajo realizado, como consecuencia de la división del trabajo, se debe a tres circunstancias diferentes. Primero al incremento de destreza de cada trabajador particular; segunda, al ahorro de tiempo que se pierde al pasar de una especie de trabajo a otra; y último de todas a la invención de numerosas máquinas, que facilitan el trabajo y permiten a un trabajador hacer el trabajo de muchos.

(…) Todos se percatarán de cuánto trabajo se abrevia y facilita por la aplicación de maquinaria adecuada. Por medio del arado, dos hombres, con ayuda de tres caballos, cultivan más tierra que veinte con pala. (…) Fue la división del trabajo la que probablemente dio ocasión a la invención de la mayor parte de esas máquinas mediante las cuales el trabajo se ve tan facilitado y abreviado. Cuantío?… toda la fuerza de la mente está dirigida a un objeto particular, como consecuencia de la división del trabajo, es más probable que la mente descubra métodos más fáciles para alcanzar ese objetivo que cuando la atención está dispersa entre una gran variedad de cosas. (…) Esta división del trabajo, de la que resultan tantas ventajas, no es originalmente el efecto de alguna sabiduría humana que prevea y procure la opulencia general a que da ocasión.

Es la consecuencia necesaria, aunque muy lenta y gradual, de cierto principio o propensión de la naturaleza humana, que no tiene en vista tan extensa utilidad. Es una propensión común a todos los hombres y que no puede hallarse en ninguna otra raza de animales, una propensión al trocar, permutar e intercambiar una cosa por otra.»

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Fuente Consultada: Economía Las Ideas y los Grandes Procesos Económicos Rofman-Aronskind-Kulfas-Wainer

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