Mitre y la Oligarquía

La Convencion de 1860 La Reforma de la Constitucion

Convención de 1860 – Pacto de San José de Flores y la Reforma de la Constitución Nacional de 1853

Antecedentes:

PACTO DE SAN JOSÉ DE FLORES
Libre de enemigos, el vencedor prosiguió su avance y dio a conocer una proclama en la que sostenía su política de integración y pacificación nacionales.

Dice la proclama de Urquiza en uno de sus pasajes: «Deseo que los hijos de una misma tierra y herederos de una misma gloria no se armen más los unos contra los otros; deseo que los hijos de Buenos Aires sean argentinos.

Espero para ello el concurso de vosotros mismos, de los buenos y los patriotas. Desde el campo de batalla os saludo con el abrazo de hermano. Integridad nacional, libertad, fusión, son mis propósitos».

Entretanto, la noticia de la derrota conmovió a las autoridades de Buenos Aires y el gobernador Alsina tomó varias medidas defensivas y confió nuevamente el mando de las tropas al general Mitre.

Urquiza avanzó hasta San José de Flores, donde acampó al frente de unos 20.000 hombres, pues había engrosado sus filas con aportes de la campaña bonaerense. Buenos Aires quedó sitiada y el vencedor aunque las circunstancias lo favorecían en caso de ataque— prefirió negociar por intermendio del emisario paraguayo Francisco Solano López.

Las conferencias se iniciaron en la chacra de Monte Caseros y concluyeron en San José de Flores. Los comisionados federales exigieron la renuncia de Alsina, quien la presentó el 8 de noviembre y fue reemplazado por Felipe Llavallol, presidente del Senado.

(Eliminadas las dificultades, el Convenio de Paz —conocido históricamente como el Pacto de San José de Flores— fue firmado el 11 de noviembre de 1859. Según el tratado. Buenos Aires se declaraba «parte integrante de la República Argentina» con el objeto de incorporarse al resto del país, debía reunirse —en un lapso de veinte días— una Convención provincial a fin de estudiar la Constitución promulgada en mayo de 1853.

En caso de reformas a dicha Carta Fundamental, se reuniría una Convención Nacional, cuyas resoluciones serían aceptadas por la provincia de Buenos Aires.

Esta aseguraba la integridad de su territorio —»que no podía ser dividido sin el consentimiento de la Legislatura»— como también la propiedad de sus establecimientos oficiales, no así de la Aduana, que desde ese momento pertenecía a la Confederación.

El Pacto decretaba el olvido de los rencores políticos y el cese de las persecuciones, tanto de civiles como de militares. El ejército de la Confederación se comprometía a evacuar la provincia de Buenos Aires a breve plazo. La» república del Paraguay garantizaba el cumplimiento de todo lo estipulado.

La paz fue celebrada con gran entusiasmo; sin embargo, la lucha no tardaría en reanudarse. Alsina había abandonado el gobiefno de Buenos Aires, pero continuaban a su frente otros hombres de tendencia porteñista y separatista.

reforma constitucion 1860

CONVENCIÓN DE 1860

De acuerdo con lo dispuesto por el Pacto de San José de Flores, el gobierno provisorio de Buenos Aires convocó a elecciones de convencionales, para resolver si la Constitución debía ser reformada antes de su juramento por las autoridades bonaerenses. Practicado el escrutinio, ganó por mayoría el partido gobernante.

El 6 de enero de 1860 se instaló la asamblea y se designó una comisión de la que formaban parte destacadas figuras, como Mitre, Sarmiento, Vélez Sársfield, Mármol y Cruz Obligado. Las sesiones se prolongaron hasta el 12 de mayo.

Las reformas propuestas, aunque no alteraban la estructura de la Constitución Nacional, introducían varias modificaciones a través de veintidós puntos.

El art. 3ºde la Constitución disponía que la ciudad de Buenos Aires fuera la Capital de la República; la reforma resolvió que una ley del Congreso —previa cesión por la provincia respectiva del territorio a federalizarse— establecería el lugar de residencia del gobierno nacional. En consecuencia y hasta nueva resolución, la Capital sería la ciudad de Paraná.

La Constitución había nacionalizado la Aduana porteña y por el art. 64 establecido derechos de importación y exportación. La reforma dispuso que los últimos correspondían a Buenos Aires hasta el año 1806, cláusula que beneficiaba al gobierno de dicha provincia.

La Convención porteña resolvió que la República debía denominarse: «Provincias Unidas del Río de la Plata».

Las enmiendas fueron a su vez estudiadas por una Convención Nacional que se reunió en Santa Fe el 14 de setiembre de 1860.

Allí merecieron aprobación todas las reformas, aunque con respecto a la denominación del país, se dispuso que serían nombres oficiales: «Provincias Unidas del Rió de la Plata», «República Argentina» y «Confederación Argentina», pero en la formación y sanción de las leyes deberá utilizarse «Nación Argentina».

La convención de 1860 reformó a la Constitución de 1853, en los siguientes puntos:

a) El Art. 3º de la Constitución declaraba a la ciudad de Buenos Aires capital de la República. La Convención lo modificó en esta forma: «la ciudad que se declare Capital de la República por una ley especial del Congreso, previa cesión hecha por una o más legislaturas Provinciales, del territorio que haya de federalizarse».

b) La Convención dispuso que a partir de 1866, los derechos de exportación cesarían en su carácter de- impuesto nacional.; La Constitución en su artículo 4° ubicaba esos derechos entre las rentas nacionales, lo cual perjudicaba a la provincia de Buenos Aires, que era la única exportadora.

c) Suprimió la gratuidad de la enseñanza primaria en las provincias y también abolló la obligación de someter las constituciones provinciales a la aprobación del Congreso.

d) Fue modificado el artículo 6º que autorizaba al Poder Ejecutivo a Intervenir arbitrariamente en las provincias. La Convención dispuso que el gobierno federal sólo podrá intervenir para garantizar el régimen republicano o atender a la defensa nacional.

e) La Convención agregó los artículos 32, 33, 34 y 35 a la Primera Parte (Declaraciones, Derechos y Garantías) de la Constitución de 1853. Esos artículos se referían a la libertad de imprenta, a derechos no numerados, pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y a la incompatibilidad de los jueces federales con los provinciales.

f) Agregó a los artículos 36 y 43, que fijaban los requisitos para ser diputado o senado el de haber nacido en la provincia que lo elija o tener dos años de residencia inmediata en ella.

g) Suprimió la obligación de comenzar la reforma de la Constitución ante el senado, también abolió el juicio político ante el Congreso Nacional de los gobernadores provinciales y la facultad del Poder Ejecutivo de declarar el estado de sitio, en caso de urgencia.

El 21 de octubre de 1860, la Constitución Nacional fue jurada solemnemente por el gobierno y el pueblo de Buenos Aires.

Fuente Consultada:HISTORIA 5 Instituciones Políticas y Sociales desde 1810 José Cosmelli Ibañez – Editorial Troquel

La Patagonia Características Fauna Suelo Clima Recursos Naturales

LA PATAGONIA, Recursos Naturales
Fauna, Suelo, Clima

La Patagonia se extiende desde los 40° de latitud sur hasta el estrecho de Magallanes. Se trata de una meseta situada entre los Andes y la costa atlántica. Su clima es decididamente continental. La Patagonia es el país de los inmensos rebaños de ovejas, productores de lana y de carne. Los vigilan los famosos gauchos, que están al servicio de grandes estancias. El petróleo es la principal fuente de energía del país, aunque éste se halla en trance de utilizar la fuerza hidroeléctrica de sus ríos.

Argentina se extiende desde el trópico de Capricornio hasta los 50° de latitud sur, y presenta por ello gran diversidad de paisajes. Éstos evolucionan desde la sabana de carácter ecuatorial, en el norte, hasta un paisaje polar, la Tierra del Fuego, en el sur. La Patagonia se extiende del paralelo 40 hasta el estrecho de Magallanes.

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Mapar de la Patagonia: El subsuelo de Santa la Patagonia encierra riquezas incalculables, cuya explotación, que se traduce en grandes aportes a la economía del país, ha significado un cambio fundamental en la vida de lasprovincias sureñas. El necesario incremento de la misma requiere grandes inversiones, la implementación de moderna tecnología y un plan que respete escrupulosamente  las condiciones ecológicas.

Ampliar Este Tema: Flora, Fauna,Hidrografía y Población de la Región Patagónica

Si trasladáramos la Patagonia al hemisferio norte comprobaríamos que se encuentra prácticamente en la misma latitud que Francia. Y, sin embargo, la Patagonia está muy lejos de tener clima templado. Está formada por una meseta rocosa de una altura media de 300 a 400 m., situada al sur del río Colorado, entre los Andes, al oeste, y el océano Atlántico, al este. En esta meseta los ríos que proceden de las montañas han excavado profundas cortaduras y cañones.

¿Por qué tiene la Patagonia diferente clima que Francia, si la latitud es la misma? La razón principal es su situación en la vertiente interior de los Andes. Esta cordillera detiene los vientos del oeste, que suavizan la temperatura y provocan precipitaciones; cuando los vientos consiguen vencer el obstáculo de la montaña se han vuelto fríos y secos. La Patagonia tiene, pues, clima continental muy notable.

Además, las tempestades de arena no son raras, pues la meseta, que se compone de una base muy antigua, está recubierta de capas sabulosas terciarias. Su suelo no es estéril; la estepa de los desiertos constituye la vegetación espontánea del país.

A lo largo de la costa atlántica, la meseta domina con sus acantilados una delgada franja litoral. Aunque muy recortada, esta costa ofrece pocas posibilidades a la instalación de puertos. Algunas corrientes y fuertes mareas convierten dicha zona costera en poco segura para la navegación.

El aspecto general de la Patagonia argentina es el de una llanura de estepas escalonadas en una serie de abruptas terrazas, cubierta con una enorme capa de grava, casi desprovista de vegetación. Hacia los Andes la grava se ve sustituida por lavas porfíricas, graníticas y basálticas; la vida animal se hace más abundante y la vegetación más rica (hayas, coniferas).

Entre las principales depresiones que cortan transversalmente la meseta se cuentan el Gualicho, al S. de Río Negro; el Maquinchar, el Valcheta, el Senguer y el Deseado. Otras depresiones estuvieron ocupadas por lagos más o menos extensos, como el Yagagtoo, Musters y Colhuapi y otros situados al S. de Puerto Deseado.

La vertiente oriental es más cálida que la occidental, sobre todo en verano, por la influencia de la corriente ecuatorial del S. Hacia el O. se halla la región minera, que contiene yacimientos de oro, plata, cobre y lignito. Presenta una baja densidad de población, que se concentra sobre todo en ciudades como Neuquén, Comodoro Rivadavia, Trelew, San Carlos de Bariloche y Río Gallegos, entre otras. La región fue explorada por Magallanes en 1520.

Monte Fritz Roy en la Patagonia

La Patagonia posee reservas naturales que contienen gran diversidad de animales y plantas. Numerosos animales originarios de la pampa buscaron allí refugio. Éste es el caso del ñandú (Rhea americana), un ave corredora que mide 1,70 m. de altura; del guanaco, originario de Perú y pariente de la llama, aunque vive en estado salvaje, y del mará, llamado liebre de Patagonia o de las pampas.

La estepa patagónica
la estepa patagónica se extiende por el centro de Neuquén, centro-sur de Río Negro, casi la totalidad de Chubut, Santa Cruz y el norte de Tierra del Fuego, exceptuando la franja cordillerana. Se caracteriza por el dominlo de arbustos bajos de ramas cortas y hojas pequeñas, adaptados a la aridez y los fuertes vientos.Casi todas las especies vegetales se presentan agrupadas y compactas, formando una superficie uniforme y muy próxima al suelo. Se localizan arbustos como la llareta, el coirón, el neneo y la mata negra.
En el sector occidental de la meseta y el norte de Tierra del Fuego, donde la humedad es mayor, se desarrolla un manto ce gramíneas. En cuanto a la fauna, hay herbívoros como el guanaco y la mará o liebre patagónica, carnívoros como el zorro gris y el puma, y aves como las martinetas, el ñandú petlso y las perdices.

También encontramos allí al tuco-tuco, mamífero roedor apodado rata de peine a causa de los pelos resistentes que envuelven la base de sus uñas. El puma merodea igualmente por aquellos parajes. También se encuentran grandes colonias de pingüinos, mientras que las aguas rebosan de focas y de marsopas.

Tuco Tuco

Tuco-Tuco

fauna de la patagonia

Cuando los españoles que se habían establecido en Argentina llegaron hasta la Patagonia, encontraron en ella una población autóctona: los tehuelches, que vivían principalmente de la pesca y de la caza. Esos tehuelches han desaparecido por completo hoy día.

El desarrollo moderno de la Patagonia data de 1880. El territorio situado al sur del río Negro fue proclamado posesión argentina al término de una campaña militar contra los indios; mientras, algunos españoles e ingleses organizaban la cría de ganado lanar.

La Patagonia es el país de los grandes rebaños de ovejas, que vigilan los gauchos. Durante mucho tiempo esos hombres, que llevaban una vida nómada, se opusieron a cualquier intrusión en lo que consideraban sus dominios; pero hubieron de ceder.

Se construyeron líneas férreas que llegaban hasta muy adentro del país, y los grandes terratenientes españoles cercaron sus tierras con alambre espinoso. Así se puso fin a la vida errante de los gauchos, que pelearon encarnizadamente, a principios del siglo XIX, para rechazar a los invasores.

Esta lucha por la libertad se vio coronada por el éxito, y es todos los años motivo de conmemoración. Los gauchos del siglo XX están sindicados y trabajan al servicio de grandes estancias o empresas agrícolas. Sin embargo, han conservado sus canciones y su forma de vestir. A ellos se unieron, también, los inmigrantes que encontraron empleo   en   estas   explotaciones.

Las estancias, en la Patagonia, son generalmente muy grandes (1.000 ha. aproximadamente) y cuentan con varios millares de ovejas. En la época del esquileo reina allí una actividad febril. Las balas de lana son transportadas por camiones y ferrocarril a los puertos de la costa. Más de la mitad de la producción argentina de lana proviene de la Patagonia. Algunos cruces han permitido también obtener ejemplares destinados a la producción de carne.

En otoño principia la temporada en los grandes mataderos y frigoríficos de Río Gallegos, San Julián, Santa Cruz y Puerto Deseado. Las ovejas se encuentran principalmente en el sur, donde un clima más suave les permite encontrar hierba de mejor calidad.

El norte de la Patagonia, allí donde es posible irrigar las tierras, y el valle del río Negro, se dedican a la agricultura. Los campos se cultivan de manera intensiva y producen patatas y centeno. Los vergeles no son raros, y en algunas lomas bien preparadas se llega a encontrar hasta algún viñedo.

petroleo en la patagoniaEsta parte del país es naturalmente la menos poblada. Es una región magnífica en la que abundan los lagos; entre otros, el Nahuel Huapi, cuyo lugar de emplazamiento ha sido notablemente valorizado y convertido en un gran centro de turismo.

Recientemente se ha descubierto carbón en la Patagonia, aunque no de gran calidad. Los yacimientos están cerca de la frontera chilena. La industria carbonífera ocupa a unos seis mil obreros.

Económicamente, es más importante la explotación de los yacimientos de petróleo, cuyo principal centro es Comodoro Rivadavia, capital de la Patagonia. Los campos petrolíferos están situados a lo largo de la costa atlántica.

Hasta lo presente, sin embargo, resultan insuficientes para proveer a las necesidades del país, que ha de recurrir a la importación. Se están realizando grandes trabajos para construir junto a los ríos centrales hidroeléctricas.

Como en todo el territorio argentino, en la Patagonia las ciudades están emplazadas a lo largo de la costa o en la desembocadura de los ríos. Son, generalmente, poblaciones portuarias que se benefician de la riqueza del interior del país.

La Patagonia está llamada a representar un gran papel en la economía del país argentino, y hay puestas en ella grandes esperanzas, especialmente en el plano industrial.

CHIBUT: LAS BALLENAS EN LA  PENÍNSULA DE VALDÉS

La península Valdés, a la que se puede acceder desde Puerto Madryn, se extiende sobre una superficie de 3.620 km2. Sus 400 km de costa cambiante, templada, constituyen un paraíso para los pescadores y una de las mayores atracciones turísticas del país. Asombra recorrer el estrecho istmo Ameghino, que se interpone entre el golfo de San José, al norte, y el Nuevo, al sur, y une la península al resto del continente.

En ambos golfos se registran las mareas con mayor diferencia de nivel del mundo: cada cuatro horas, las aguas suben en uno y bajan en el otro, con un desnivel tan marcado, que se ha considerado a la península como la más extraordinaria fuente de energía mareomotriz, con un potencial eléctrico que urge aprovechar.

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Pero Valdés no es sólo uno de los accidentes geográficos más espectaculares de la Argentina: sus condiciones climáticas -su temperatura no excede los 30° C ni desciende por debajo del cero-, su topografía y su ubicación geográfica la convierten en una de las reservas de fauna más importantes del país y del mundo.

Las loberías y las elefanterías de Valdés, con poblaciones estables de más de 150.000 ejemplares, alternan con colonias de pingüinos de diferentes variedades, cuyo número supera los dos millones.

Como sí no bastara tanta belleza, como si tanta majestuosidad no fuese suficiente, entre los meses de junio y diciembre, convocadas por la gran concentración de plancton y krill que hay en las aguas y las temperaturas reinantes, ingresan majestuosamente a los golfos San José y Nuevo las ballenas francas, la variedad más antigua y de mayor tamaño que existe en el mundo. Cuesta creer cuando, en un extraño ballet, esas moles de más de 30 toneladas de peso emergen, saltan y caen de espaldas sobre el mar. No es una pirueta, sino todo un gesto de amor.

ACTIVIDADES AGROPECUARIAS. Más de la mitad de los terrenos sembrados están ocupados por plantaciones de hortalizas. Las tierras aptas para la agricultura en la provincia de Chubut se concentran en los valles cordilleranos y pre-cordilleranos, únicas áreas fértiles en las cuales es posible realizar cultivos de secano.

Tal es el caso de Maitén-Leleque, Epuyén, Cholila, Esquel-Trevelin, Tecka y Alto Río Senguer. Se trata de un recurso de localización limitada y escasa, que solamente puede ser ampliado mediante prácticas de riego, como las que habitualmente se aplican, por ejemplo, en el valle inferior del río Chubut y en Sarmiento, en el curso inferior del río Senguer.

La naturaleza de los pastizales de estas tierras las vuelve aptas para la actividad pecuaria. En el resto del territorio chubutense predomina la ganadería ovina extensiva.

SANTA CRUZ:
EL PETRÓLEO Y EL GAS. Estos productos se obtienen de las cuencas de San Jorge, al noreste, y de la Austral, al sur. La prospección y explotación de la cuenca de San Jorge se iniciaron en la zona costera, en Cañadón Seco, y posteriormente progresaron hacia el oeste y suroeste, en dirección a Pico Truncado, Coluel Kayke y Las Heras.

Los principales centros del área, con la excepción de Puerto Deseado, crecieron estrechamente relacionados con la expansión de la explotación. Los núcleos más estables son los relacionados con la planta depuradora y compresora de gas ubicada en la cabeza del gasoducto Pico Truncado-Buenos Aires, al que se ha conectado el proveniente de la cuenca Austral, desde Cerro Redondo, en 1973, y desde San Sebastián, en 1978.

En Cañadón Seco se encuentra también una planta compresora de gas relacionada con el primitivo gasoducto. En Caleta Olivia están emplazados los principales depósitos de petróleo y el puerto de salida de la producción de la cuenca.

Ya en el ámbito de la cuenca Austral, ios yacimientos de Cerro Redondo y El Cóndor, situados al sur de Río Gallegos, en las proximidades del límite con Chile, son de tipo estructural, lo que en gran medida reduce el carácter aleatorio de las perforaciones. Sin embargo, la producción de petróleo es reducida.

El gran potencial de la cuenca Austral es el gas, con reservas comprobadas de casi 100.000 millones de metros cúbicos en la cuenca Austral, mientras que las de San Jorge llegan a unos 45.000 millones. El yacimiento más importante es el de Posesión, al sur de Cerro Redondo.

Tanto la cuenca de San Jorge como la cuenca Austral comparten su carácter meramente extractivo, sin contar con ningún tipo de procesamiento industrial en el lugar. Este hecho representa un síntoma más de las condiciones en que se desenvuelve la economía de Santa Cruz.

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EL TURISMO: La inmensidad de la región y la grandiosidad y variedad de sus paisajes hacen de la Patagonia una zona para ser visitada todo el año. Cada estación tiene su encanto: los paisajes nevados del invierno, el rojo de las hojas del otoño, las flores multicolores de la primavera y el clima agradable del verano. En la última semana de marzo se lleva a cabo la Fiesta Nacional de la Manzana, en General Roca, Río Negro, donde se realiza la bendición de los frutos y se desarrollan manifestaciones culturales, espectáculos artísticos, competencias deportivas, desfile de carrozas y elección de la reina.

La costa atlántica recibe durante primavera y verano gran cantidad de turismo nacional e Internacional. Los balnearios de Las Grutas (Río Negro), Puerto Madryn (Chubut) y Rada Tilly (Santa Cruz) concentran gran afluencia de turistas.

En Puerto Madryn se localiza el área de observación de mamíferos marinos más grande de América del Sur. Las colonias de lobos y elefantes marinos son visitadas en la península Valdés. Desde el puerto salen lanchas destinadas a la observación cercana de ballenas de la especie franca austral. En Punta Tombo, a 80 km de Madryn, se visita el apostadero de pingüinos. Pueden practicarse el submarinismo y el snorkel. El 13 de diciembre se celebra en Comodoro Rivadavia la Fiesta Nacional del Petróleo.

En temporada, varios centros de deportes invernales atraen gran cantidad de visitantes nacionales y extranjeros. El Cerro Catedral, en San Carlos de Bariloche (Río Negro); el Cerro Bayo de Villa la Angostura; el Cerro Chapelco, cerca de San Martín de los Andes (Neuquén); La Hoya, en Esquel (Chubut) y Cerro Castor (Tierra del Fuego) son los más visitados. Todos tienen una infraestructura hotelera e instalaciones en las montañas de nivel internacional.

Además, se realizan excursiones dentro de los parques para navegar sus lagos y contemplar las montañas y sus bosques milenarios. Durante los meses de julio y agosto se celebran varias versiones de la Fiesta Nacional de la Nieve en todos los centros de esquí. El Parque Nacional Los Glaciares es una de las estrellas de la región.

Para contemplar las lenguas glaciarias en medio de una naturaleza sin igual, arriban turistas de todo el mundo. Los hielos azulados del glaciar Perito Moreno, de casi 4 km de frente y una altura de 80 m, se observan desde la orilla del lago Argentino. Cada cuatro años, el frente glaciario obstruye el Canal de los Témpanos y la fuerza del agua del Brazo Tristeza genera una gruta natural, cuya rotura es largamente esperada por todos, ya que constituye un espectáculo único de la naturaleza. En la Tierra del Fuego, Ushuaia, la ciudad del fin del mundo, se realizan cruceros entre los canales fueguinos y por el canal Beagle.

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El Sistema Educativo Argentino La Educación Primaria Siglo XX

El Sistema Educativo Argentino
La Educación Primaria – Siglo XX

La evolución de nuestro sistema educativo a lo largo del siglo XX, muestra características que evidencian la falta de una política educacional coherente y sistemática. Así, se han ido incorporando nuevas modalidades, carreras y especialidades por yuxtaposición, respondiendo, generalmente en forma tardía, a necesidades y exigencias de cada momento histórico; este proceso se concretó en la Universidad con la creación gradual de Facultades, carreras y especialidades y en la enseñanza media con la puesta en mar cha de nuevas modalidades y especializaciones.

El crecimiento cuantitativo del sistema educativo fue influenciado por similares factores y respondió, en general, a supuestas demandas de la sociedad, no siempre las más funcionales con los verdaderos requerimientos.

escuela primaria argentina

La mayor carencia de la política educacional de este siglo ha sido la de un proyecto nacional para la educación que respondiese a las exigencias inmediatas y mediatas de la época y se integrase en un proyecto global para el país. Evidentemente, es tos proyectos existieron en el siglo XIX, y su validez y eficacia están demostradas por el hecho de que para algunos sectores del sistema educativo aun poseen vigencia.

Ha sido un tremendo error de varias generaciones de nuestro siglo el asumir como modelo válido el proyecto nacional para la educación de nuestro antepasados del siglo XIX, cuando se habían modificado sustancialmente las circunstancias políticas, sociales y económicas que los habían generado.

Pareciera que en la Argentina la educación se está convirtiendo en un instrumento que, en lugar de ayudar a acabar con la heterogeneidad estructural de la sociedad, está contribuyendo a consolidarla, al crear una suerte de dualismo entre sectores con un alto nivel de educación, y sectores que escasamente tienen acceso a ella.

Por un lado, a pesar de que globalmente podemos gloriarnos de nuestras bajas tasas de analfabetismo, al menos en relación a otros países latinoamericanos, es poco menos que evidente que el gran objetivo de la alfabetización universal propuesto en el siglo pasado, dista mucho de ser alcanzado.

Un análisis por regiones muestra la gran disparidad entre los coeficientes correspondientes a Buenos Aires, Santa Fe o Córdoba, y los que ostentan otras provincias del interior donde la situación puede resultar alarmante para cualquiera. Es cierto, que la tasa de analfabetismo puede llegar a distorsionar la realidad, ya que en su cálculo tiene una gran influencia la situación educacional de las generaciones viejas.

Pero cuando se observan los niveles de deserción en la escuela primaria,  se comprueba que la situación adquiere dimensiones que deben llamar seriamente a la reflexión. Según un informe reciente del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, el rendimiento definitivo del grupo que ingresa a primer grado es, en promedio, de apenas un 55%. En catorce provincias la deserción es superior al 50%, y en dieciocho está por encima del 40%.

En la mayoría de los casos el grueso de la deserción se produce en los primeros grados, en especial en el primer grado. La situación de la Argentina en el escenario latinoamericano ha dejado de ser un privilegio. Hay varios países que nos aventajan en este sentido, y aun pareciera que en las últimas décadas nuestro país hubiera entrado en un punto de estancamiento con respecto a los logros que venía obteniendo en el pasado.

Sectores muy numerosos alcanzan un nivel mínimo de instrucción, si es que lo alcanzan, y salen a enfrentar la vida con los muy escasos instrumentos que esa formación puede haberles proporcionado. Sus posibilidades de participación en los sistemas de decisión y de integración al mundo de la cultura son más que escasos;   sus posibilidades de trabajo y de participación en el consumo, en una sociedad que inevitablemente se hace más compleja, serán cada vez más de carácter marginal.

Frente a este problema del mínimo de instrucción, se plantea otro en el grupo de quienes acceden a un nivel terciario. Un sistema de enseñanza media muy rígido y sin diversificación, está conduciendo a una verdadera explosión universitaria. La carencia de otras alternativas en el nivel terciario ha contribuido por su parte al problema ocupacional que diariamente deben enfrentar una buena parte de los graduados universitarios jóvenes.

En términos generales, parece claro que el país necesita de una expansión de la escolaridad, aunque esta expansión no puede seguir realizándose como lo ha venido haciendo hasta el presente. Se requieren transformaciones sustanciales en lo que hace al modo de distribución  de las oportunidades educacionales entre la población.

Se trataría de ofrecer mayores oportunidades educativas a aquellos sectores y regiones que hasta el presente han estado relegados y de desalentar y reorientar la demanda de educación universitaria larga, de modo de tender a equilibrar cuantitativa y cualitativamente la oferta del subsistema educativo y los requerimientos de la estructura ocupacional.

Organización de la Educación :
La Educación pre-escolar :
Se llama educación pre-escolar a la que se imparte antes de la educación primaria. Está destinada a la segunda infancia, es decir, a los »iños de tres a seis aña aproximadamente.. Tiene como objeto favorecen el desarrollo físico y espiritual del niño. Mediante el empleo de técnicas apropiadas se orienta el juego infantil para educar los sentidos, fomentar la capacidad expresiva y orear hábitos sociales y de convivencia.

Junto a esta finalidad de carácter eminentemente formativo, la educación pre escolar cumple también una importante función social, sobre todo en los ambientes obreros al brindarle al niño el cuidado y la educación que sus padres no pueden brindarle durante sus horas de trabajo.

El jardín de infantes cumple una finalidad estrictamente pedagógica, y secundariamente una función social. Es un lugar de juego, por medio de él el niño no sólo se recrea sino que se desarrolla vitalmente El juego se dirige a objetivos educativos definidos.

La educación del jardín de infantes se dirige inmediatamente a las manifestaciones básicas de la vida infantil : las actividades motrices y sensoriales por una parte y las afectivas y emotivas por otra. Respecto de las primeras la educación está dirigida, a la coordinación y justeza de los movimientos,  a la correlación de éstos y la vida in telectual, mediante diversos procedimientos educativos. Respecto a la vida afectiva, los cantos y las rondas, la narración, de cuentos, el cuidado de plantas y animales, el uso de libros de estampas, las representaciones de títeres. etc. , son los coecursos más empleados.

El jardín de infantes es el lugar donde el niño adquiere las primeras experiencias de la vida social. La convivencia, y el trato con los demás niños hace que éste salga del círculo cerrado del ambiente familiar y entre en el amplio campo de la vida social.

En nuestro país los jardines de infantes funcionan, por lo general, anexos a escuelas primarias y normales.

La formación del personal docente especializado en la enseñanza pre-escolar, se inició en la Escuela Normal de Paraná, Actualmente, en el orden nacional, la preparación de maestras jardineras está confiada a dos establecimientos dependientes del Ministerio de Educación: el profesorado  San de Eccleston en la Capital Federal, y la Escuela Nacional Normal de Maestras N° 1 de La Plata.

Los gobiernos provinciales y municipales sostienen, a su vez, establecimientos pre-escolares en sus respectivas jurisdicciones.

La Educación Primaria :
La educación primaria propiamente dicha constituye el primer ciclo de formación sistemática. Busca favorecer y dirigir armónicamente el desarrollo moral, intelectual y físico de los niños durante la tercera infancia, es decir, desde los 6 ó 7 años hasta los 12. Procura el desenvolvimiento de la personalidad del educando de acuerdo con sus aptitudes, trata de favorecer su adaptación social, lo prepara para de sempeñarse adecuadamente en su realidad presente e ingresar en la comunidad a que pertenece como un miembro útil y responsable.

El artículo 2 de la Ley 1420 de Educación Común ( 1884 ) indica algunas características de la educación primaria : «La instrucción primaria debe ser obligatoria, gratuita, gradual y dada conforme a los preceptos de la higiene».

El artículo 8° de esta ley establece la neutralidad en materia religiosa; el 10° se pronuncia por las clases mixtas en los primeros grados y a cargo de personal femenino exclusivamente; el 27° especifica que ha de ser también simultánea.

Al establecer la enseñanza gradual, la ley 1420 impone de manera uniforme la enseñanza progresiva y metódica, acorde con el desarrollo intelectual medio de los alumnos. El principal inconveniente de la enseñanza gradual es que no tiene en cuenta el desarrollo intelectual propio de cada alumno, ya que no todos poseen igual capacidad, idénticas preferencias, análogas formas mentales.

La neutralidad en materia religiosa está establecida por el artículo 8°  de la Ley que establece : «La enseñanza religiosa sólo podrá ser dada en las escuelas públicas por los ministros autorizados de los diferentes cultos, a los niños de su res pectiva comunión, y antes o después de horas de clase». En la práctica, se estableció una verdadera laicidad en la enseñanza primaria.

La enseñanza simultánea surge del artículo 27 que determina entre las obligaciones de los maestros la de «dirigir personalmente la enseñanza de los niños que estén a su cargo». Con esta disposición se buscaba terminar definitivamente con el sistema lancasteriano e imponer la enseñanza simultánea preconizada por Pestalozzi.

La obligatoriedad de los estudios primarios se basa en el deber que tienen los padres de educar a sus hijos. La obligación escolar alcanza en la Argentina hasta los catorce años de edad.

La obligación escolar supone la existencia de la escuela pública gratuita. Si el Estado impone a todos los padres o encargados de los niños la obligación de instruirlos y educarlos dentro de la edad calificada como escolar y de acuerdo a un mínimo de enseñanza, es necesario que el propio estado ponga la escuela al alcance de todos los niños.

Para ello debe proporcionar en forma gratuita a los niños pobres, no so lo la enseñanza misma, sino también material y útiles escolares, alimentación y vestidos. Junto al esfuerzo del Estado aparece también la acción privada a través de las cooperadoras escolares que tienen, entre otras funciones, la de proporcionar ropa, calzado y alimentos a los alumnos necesitados.

Según las regiones, los cursos se extienden de marzo a noviembre, o de septiembre a mayo. No son días lectivos el sábado, el domingo y algunas fechas importantes de carácter patriótico o religioso. Anualmente se edita un «calendario escolar» en el que figuran las distintas conmemoraciones que deben realizarse.

Normalmente en cada escuela funcionan dos turnos. Cada sección de grado está atendida por un maestro, que imparte la enseñanza, conserva el orden y la disciplina de los alumnos.Suelen existir también   profesores de estética (música y dibujo), labores y trabajo manual.

La marcha de la escuela primaria está confiada a un director que es el jefe inmediato del personal docente, administrativo y de servicio. El director tiene entre sus funciones, la critica pedagógica de los maestros; observa sus métodos, la preparación especial de cada lección, el lenguaje del maestro y de los alumnos, la disciplina y el gobierno escolar.  Periódicamente, reúne en conferencia al personal docente para hacer la crítica del trabajo y cambiar ideas sobre la orientación de la enseñanza que se imparte.

Para ejercer la dirección y administración general de las escuelas, la ley 1420 creó un Consejo Nacional de Educación, que funciona en la Capital Federal bajo la dependencia del Ministerio de Educación. Corresponden al Consejo Nacional las siguientes atribuciones de carácter técnico : dirigir y vigilar la instrucción impartida en todas las escuelas primarias, dictar los programas de enseñanza, expedir títulos habilitantes para el ejercicio del magisterio, revalidar los diplomas «ie maestros extranjeros, seleccionar los libros de texto más adecuados para las escuelas públicas, promover y auxiliar la formación de escuelas públicas y de maestros, lo mismo que la de aso ciacíones y publicaciones cooperativas de la educación común.

Entre las atribuciones de carácter administrativo figuran el manejo de todos los fondos consagrados al sostén y fomento de la educación común, como así la confección del presupuesto correspondiente.

Bajo la dependencia inmediata del Consejo Nacional actúan los inspectores de escuelas primarias y los Consejos Escolares de distrito. Los primeros cumplen una función esencialmente técnica : vigilan la enseñanza de las escuelas y corrigen los errores introducidos en ellas. Los segundos, tienen a su cargo tareas de carácter ad ministrativo : cuidan de la higiene, disciplina y moralidad de las escuelas, estimulan la concurrencia de los niños a las escuelas, etc.

Cambios en el sistema educativo
La nueva Ley Universitaria
Las reformas fueron profundas, pero luego se aplicaron de manera despareja y, en muchos casos, Ineficiente.
el Congreso sancionó una nueva Ley de Educación Superior. Dos años antes, en abril de 1993, se había sancionado la Ley Federal de Educación y, en 1991, se había aprobado la ley de transferencia de los establecimientos educativos que todavía dependían de la Nación a las respectivas administraciones provinciales. Estas tres normas introdujeron profundos cambios en el sistema educativo nacional.

La Ley Federal modificó la estructura académica del sistema educativo. Se eliminaron los tradicionales niveles primario y secundario y, en su reemplazo, se crearon la Enseñanza General Básica o EGB, compuesta de 3 ciclos de 3 años cada uno, y el Polimodal, de tres años, con diferentes orientaciones. También se extendió la obligatoriedad a 10 años, incluyendo la EGB y un año de pre-escolar. Muchas jurisdicciones sólo avanzaron en reformas menores;
otras, aplicaron los cambios con más celeridad que planificación. Todo esto, sumado a las diferentes situaciones presupuestarias, contribuyó a profundizar la fragmentación y diferenciación del sistema educativo.

La Ley de Educación Superior estableció una nueva forma de relación entre las universidades y el Estado, que, además de financiarlas, exigía que se cumplieran ciertos requisitos y luego evaluaba los resultados. Ese sentido tuvo la creación de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU), que también controló a las universidades privadas. Algunos criticaron la reducción de la tradicional autonomía universitaria y la constitución de un sistema centralizado de evaluación y control, dependiente del Poder Ejecutivo. Otros, en cambio, encontraron en esos instrumentos una manera de elevar el nivel académico y, sobre todo, equiparar a las distintas casas de estudio.

La Ley Federal de Educación vigente fue remplazada en 2006 a través de la sanción de la Ley Nacional de Educación, que modificó nuevamente la estructura académica establecida, reintroduciendo los niveles primario y secundario. (Fuente: Cuadernillo de Historia Argentina, Menem y la reforma neoliberal 1990-1999)

Fuente Consultada:
Historia Argentina e Historia de la Civilización Manual de Ingreso N°2 Dieguez-Pierini-Laplaza
Ediciones Investigación y Docencia

Primeros Partidos Políticos en Argentina Desde 1810 Hasta Ley Electoral

PRIMEROS  PARTIDOS POLÍTICOS EN ARGENTINA

Los Partidos Políticos desde 1810 en Argentina

En todo tiempo y lugar los nombres han disentido en cuando a los fines de su acción política y en torno de los medios para llevarlos a efecto. Como tendencias de opinión o de acción, ya que no como grupos organizados mediante reglamentos internos estables, los partidos existieron ya en la antigüedad, en las repúblicas griegas y en Roma; también los hubo en nuestro país, desde el comienzo mismo de su existencia independiente.

Los hombres que aspiraban a conducir o a orientar la acción del Estado —los políticos— se agruparon para lograr sus objetivos y constituyeron asi esas agrupaciones de ciudadanos que actuaron desde el poder o en la oposición.

Muchas veces, por razones complejas y variadas, los objetivos no eran claros para todos y fue frecuente que se confundieran los partidos como fines en sí mismos, en lugar de ser medios para orientar la marcha de la Nación detrás de miras elevadas, acertadas o no. En todo tiempo y lugar hubo políticos y politicastros, como suele ocurrir, por otra parte, en todas las actividades humanas sin excepción.

 primera junta

Primera Junta de Gobierno de 1810

El surgimiento de partidos estructurados orgánicamente data en la República Argentina del período iniciado en 1890; como tendencias y agrupaciones no organizadas de esa manera, son muy anteriores.

José Luis Romero señaló dos importantes corrientes políticas preexistentes a 1810: el espíritu autorizado en la época colonial por la acción de la dinastía de los Habsburgo o Austrias (que rigieron en España en los siglos XVI y XVII), y la conformación del espíritu liberal de la Ilustración y del siglo XVIII, concretado en muchos aspectos en la actuación de los Borbones (dinastía reinante desde 1700)»

Según este importante pensador argentino, esas corrientes se prolongan luego en diversos aspectos de nuestra vida política.

Desde fines del siglo XVIII, además, las ideas que agitaban al resto de Occidente tuvieron eco entre las fuerzas políticas nacionales; la lucha sostenida en Europa entre liberales y absolutistas o el surgimiento del Romanticismo, influyeron en el pensamiento de nuestros hombres políticos.

A partir de 1810, en la acción de la Junta de Gobierno se advierten dos tendencias o partidos: «saa-vedristas» y «morenistas»son denominaciones clásicas que los vinculan con los nombres de sus líderes más destacados.

Esa confrontación se extiende en 1810 1812 y vemos entonces aparecer —orientada por los seguidores de Mariano Moreno — el Club o Sociedad Patriótica, que se opondrá a la Junta Grande.

La existencia de logias secretas, algunas ligadas a la masonería, proporciona otro tipo de «partidos», éstos, secretos, reducidos pero influyentes y con un intento de rígida organización.

Desde 1812 la Logia Lautaro ejerció gran influencia en la política nacional; dentro de ella se definieron dos tendencias contrapuestas : la encabezada por José de San Martín y la que lideraba Carlos de Alvear.

En los años de la lucha por la Independencia, aparecen, resultado de la situación interna y la exterior, «monárquicos» (decididos a establecer en el país una monarquía constitucional) y «republicanos», opuestos a aquellos. La rebelión de las provincias, iniciada por José G. Artigas, contra el centralismo porteño abrió paso al federalismo, tendencia de variados matices que predominó en el interior.

Directoriales y federales protagonizaron la crisis de 1820.

Las luchas y rivalidades personales entre los caudillos también jugaron un rol importante en estas luchas civiles y fue común ver a hombres de la misma tendencia (López, Ramírez, Artigas) enfrentados entre sí.

En los primeros tiempos de Juan M. de Rosas (1829-1832), el partido federal porteño, que liderara Manuel Dorrego hasta su muerte en 1828, se fraccionó en «doctrinarios» y «apostólicos» (o rosistas) y ya había surgido para entonces el partido unitario, ligado en sus comienzos a la figura de Bernardino Rivadavia.

Hacia 1837 surgió una tendencia nueva, que procuró la síntesis de los bandos en pugna y ejerció fuerte influencia en las décadas siguientes: los románticos (Esteban Echeverría, Juan B. Alberdi, José M. Gutiérrez), inspiradores de la corriente liberal.

Después de Caseros y de Pavón(1852-1861), el panorama político aparece dividido entre el partido federal, liderado en el interior por Justo J. de Urquiza y el liberalismo porteño separado en dos partidos: los autonomistas de Adolfo Alsina y los nacionalistas de Bartolomé Mitre.

La muerte de Urquiza (1870) y la derrota de las últimas montoneras, puso prácticamente fin al partido federal como tal.

Fueron los autonomistas, unidos a grupos del interior, quienes apoyaron la candidatura de Domingo F. Sarmiento (que no pertenecía a ninguno de los dos partidos), contra los nacionalistas, en 1868.

Pocos años después, una coalición de sectores del autonomismo y de fuerzas provinciales dio nacimiento al Partido Autonomista Nacional, predominante, a partir de la década de 1880 y sostenedor de las candidaturas de Nicolás Avellaneda, Domingo F. Sarmiento y Miguel Juárez Celman. «Más que un partido —comenta Carlos R. Meló— era la yuxtaposición de los grupos dominantes en cada provincia».

En los comicios de la época, por otra parte, se generaron multitud de fracciones de los partidos existentes (nacionalistas o liberales de Mitre, autonomistas nacionales, etc.) que adoptaron diversas denominaciones.

En 1884, en oposición a las medidas laicistas de Roca, nació la Unión Católica, en la que se destacó José M. Estrada.

En 1889, durante la etapa final del gobierno de Juárez Celman hizo su aparición una corriente nueva, inspirada por Francisco Barroetaveña, Aristóbulo del Valle, Leandro Alem y otros: la Unión Cívica de la Juventud, convertida luego en Unión Cívica y protagonista de la Revolución del 90.

Los partidos competían en las elecciones nacionales y provinciales, donde el fraude y la violencia eran frecuentes; precisamente fue la lucha por el sufragio libre uno de los postulados de la UCJ.

Además de las tribunas públicas, los partidos contaban como voceros principales a los diarios y periódicos; el fenómeno del diarismo hizo eclosión en la vida argentina en la segunda mitad del siglo XIX, intimamente ligado a las luchas políticas de la época.

En los primeros ochenta años de nuestra vida independiente, los partidos lucharon en torno de los grandes problemas nacionales: la declaración de la independencia, monarquía o república, centralismo o federalismo, la cuestión de la capital.

Fueron los protagonistas inevitables de la vida política del país.

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Los partidos políticos hasta 1912: Hasta la batalla de Caseros, dos grandes partidos lucharon por el predominio político del país: los federales y los unitarios, designados también como rosistas y antirrosistas, respectivamente.

Derrocado el régimen de Rosas, su vencedor Urquiza continuó bajo la ideología federal, lo que provocó la hostilidad de los porteños quienes —bajo las directivas de Valentín Alsina— defendieron la primacía de Buenos Aires sobre el resto del país.

El acuerdo de San Nicolás y su rechazo por la provincia de Buenos Aires dividió a la opinión pública en federalistas y liberales, estos últimos de tendencia porteña y separatista. En el transcurso de la presidencia de Mitre surgió ei partido Nacionalista, encabezado por el primero, quien sostenía la necesidad de federalizar a Buenos Aires. Sus opositores, acaudillados por Adolfo Alsina, defendían el autonomismo porteño y bregaban para que Buenos Aires continuara como capital de la provincia homónima, pero no del país. Los últimos constituyeron el partido Autonomista.

Cuando en 1874 se propició en toda la Nación la candidatura presidencial de Nicolás Avellaneda, surgió un nuevo partido político, el Nacional, que triunfó en las provincias y lo llevó al poder. De acuerdo con la política conciliadora anunciada por Avellaneda, el partido Nacional se unió con el Autonomista de Adolfo Alsina, coalición que hizo surgir al Partido Autonomista Nacional (P.A.N.).

Leandro Alen

Una fracción del autonomismo, encabezada por Leandro Alem y Aristóbulo del Valle, no aceptó la política unionista y se pronunció en contra.

El P.A.N. llevó al poder a Roca y a Juárez Celman. Durante el mandato del último y debido a los problemas políticos y económicos, surgió un nuevo partido opositor, la Unión Cívica de la Juventud, llamada más tarde —luego del mitin realizado en 1890, en el Frontón Buenos Aires— Unión Cívica.

Durante la presidencia de Pellegrini, la Unión Cívica se dividió, debido al acuerdo que culminó con la candidatura de Mitre; los que aprobaron ese entendimiento, formaron la Unión Cívica Nacional (roquistas, pellegrinistas y mitristas) y los disidentes, que no aceptaron, dieron origen a un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, bajo la dirección de Leandro N. Alem. La nueva agrupación política adoptó —hasta la sanción de la Ley Electoral— una actitud revolucionaria, contraria al fraude y al continuismo político.

Los partidos políticos al promulgarse la ley Sáenz Peña

Cuando la Ley Sáenz Peña entró en vigor, la masa ciudadana abandonó la apatía política y amparada en la libertad de sufragio concurrió en gran cantidad a los comicios. Los partidos políticos hicieron públicas sus plataformas electorales —principios fundamentales de su futura acción de gobierno— y abrieron comités para afiliar a sus simpatizantes. Los principales partidos de esa época eran los siguientes:

1)   Partido Conservador. Tuvo sus orígenes en el Partido Autonomista Nacional (.P.A.N.), cuyos candidatos —como vimos— gobernaron durante muchos años a nuestro país. De tendencia derechista, significó la expresión de una minoría culta, de indudable prestigio, que deseaba mantener el sistema institucional existente.

2)   Unión Cívica Radical. Como vimos, surgió de la fracción disidente que no aceptó el acuerdo de la Unión Cívica con el entonces partido oficialista. La Unión Cívica Radical actuó en principio bajo las directivas de Alem y del Valle y más tarde reconoció como jefe a Hipólito Yrigoyen, bajo cuyo período contó con gran apoyo electoral, particularmente de la clase media. El partido censuró la violencia electoral, bregó por la libre expresión de la voluntad ciudadana y sostuvo nuevos planteos económicos. Sus dirigentes manifestaban que el radicalismo constituía, más que un partido, un movimiento de opinión nacional.

3)  El Partido Socialista. Las ideas sociales que agitaban las masas proletarias de Europa a fines del siglo pasado, comenzaron a llegar a nuestro país alrededor de 1880 y a difundirse en los círculos obreros. De tal manera, en 1894 se constituyó el Partido Socialista, cuyo órgano de expresión fue el periódico «La Vanguardia«, dirigido por el médico Juan B. Justo, hombre de talento y de vasta cultura. En forma paralela, también se organizaban los anarquistas, de ideas más avanzadas.

Las precarias condiciones de vida a que estaban sometidos los obreros y la indiferencia de los gobiernos ante el problema favorecieron la difusión de los nuevos principios sociales. En esa época, el movimiento no excedió los límites de la populosa ciudad de Buenos Aires.

Alfredo Palacios

Alfredo Palacios

En 1904, el partido Socialista ganó la circunscripción correspondiente al barrio de la Boca y llevó al Congreso su primer diputado, el joven abogado Alfredo L Palacios.

Lisandro de la Torre

Lisandro de la Torre

4)  Partido Demócrata Progresista. Fundado en el año 1914 por el doctor Lisandro de la Torre, contó en principio con el aporte electoral de la ciudad de Rosario. El partido sostuvo más tarde una plataforma liberal, de carácter izquierdista.

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Todos Los Partidos Políticos de Argentina en el Inicio Democrático de 1983

Son 362 los partidos políticos que pidieron reconocimiento en todo el país. El Ministerio del Interior informó que al 5 de abril de 1983, 362 partidos políticos de distrito han pedido su reconocimiento. De esta cifra, 221 ya habían intervenido en anteriores confrontaciones electorales y hay 141 agrupaciones nuevas que debutarán en el acto eleccionario del 30 de octubre próximo. El informe del Ministerio del interior consigna también que en el distrito de la Capital Federal hay 34 agrupaciones y en la provincia de Buenos Aires 27 y son las que tienen el mayor número de presentaciones ante la justicia electoral.

alfonsin ricardo

La Argentina lleva mas de 30  años de democracia: el 30 de octubre de 1983 ganaba Alfonsín Aquella noche, el primer presidente electo tras casi ocho años de dictadura se asomó a uno de los balcones del Comité Nacional y ante una multitud jubilosa afirmó: «Hemos ganado, pero no hemos derrotado a nadie, porque todos hemos recuperado nuestros derechos»

• Capital Federal: Las agrupaciones preexistentes son los partidos Demócrata, Demócrata Progresista, Movimiento de Integración y Desarrollo, Justicialista, Renovador Federal, Socialista Democrático, Unión Cívica Radical y Unión Popular, y las nuevas son: Para la Democracia Social, Activo Previsional, de la Reconquista, del Trabajo y del Pueblo, Socialista Unificado, Unión del Centro Democrático (U.C.D.), Unión Cívica Católica (U.C.C.), Confederación Socialista Argentina, Confederación Intermedia, Federalista de Centro, Movimiento al Socialismo, Movimiento Vecinal Republicano, Nacionalista Constitucional, Comunista, Socialista Popular, Demócrata Cristiano, Partido Obrero, Confederación Socialista, Socialista Auténtico, Autonomista Social y Conservador Popular.

• Provincia de Buenos Aires: Federalista de Centro, Movimiento al Socialismo, Movimiento Vecinal Republicano, Movimiento Línea Popular, Partido de la Independencia, Nacionalista Constitucional, Comunista, Socialista Popular, Demócrata Cristiano, Partido Obrero, Confederación Socialista, Socialista Auténtico, Autonomista, Social y Conservador Popular.

Partidos preexistentes: Demócrata Progresista, Federal, Demócrata Cristiano, Frente de Izquierda Popular, Intransigente, Justicialista, MID, Renovador de la Provincia de Buenos Aires, Socialista Democrático, Unión Conservadora, U.C.R., Unión Popular.
15 nuevos: Socialista Popular, Comunista, Conservador, Mov. Línea Popular, Del Trabajo y del Pueblo, Unión del Pueblo Adelante, U.C.D., Confederación Socialista, Conservador Principista, Mov. al Socialismo, Para la Democracia Social, Obrero, Socialista Auténtico, Socialista Unificado, Unión Cristiano Democrática.

• Catamarca: 12 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, Demócrata de Catamarca, FIP, MID, Popular Catamarqueño, Mov. Nacionalista, Intransigente, Justicialista, Laborista, Socialista Democrático, U.C.R.Tres nuevos: Socialista Popular, La Voz del Pueblo y Federal.

• Córdoba: 10 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata, FIP, MID, Pacto Federalista, Intransigente, Justicialista, Laborista, U.C.R. y Unión Popular.Nueve partidos nuevos: Socialista Popular, Comunista, Demócrata Progresista, Federal, Partido del Centro, Socialista Democrático, Mov. al Socialismo, Mov. Línea Popular, Para la Democracia Social.

• Corrientes: 12 partidos preexistentes: Autonomista, Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, Liberal, MID, Mov. Línea Popular, Unión del Pueblo Adelante, U.C.R.Tres partidos nuevos: Comunista, Para la Democracia Social y Socialista Popular.

• Chaco: ocho partidos preexistentes: Conservador del Chaco, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, Socialista, U.C.R.• Tres partidos nuevos: Comunista, Movimiento dé Unidad Chaqueña, Movimiento Línea Popular.

• Chubut: 9 partidos preexistentes: Acción Chubutense, Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, FIP, Justicialista, MID, Socialista Popular.. Cinco partidos nuevos: Comunista, Socialista Democrático, Socialista Auténtico, Federalista Chubutense, Movimiento al Socialismo.

• Entre Ríos: seis partidos preexistentes: FIP, Justicialista, MID, Mov. Línea Popular, Demócrata Cristiano, U.C.R. Cinco partidos nuevos: Intransigente, Socialista Popular, Comunista, Demócrata y Federal.

• Formosa: siete partidos preexistentes: Intransigente, Demócrata Cristiano, Justicialista, MID, Movimiento Línea Popular, Socialista Popular y U.C.R. Un partido nuevo: Para la Democracia Social.

• Jujuy: diez partidos preexistentes: Conservador Popular, Federal, Intransigente, Justicialista, Laborista, MID, Movimiento Popular Jujeño, Socialista Democrático, Tercera Época y U.C.R.Cinco nuevos partidos: Demócrata Cristiano, Acción Democrática, Del Trabajo y del Pueblo, Comunista y Movimiento al Socialismo.

• La Pampa: ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Intransigente, Justicialista, Movimiento Federalista Pampeano, MID, Socialista Popular, U.C,R. y Unión Popular.Un partido nuevo: Comunista.

• la Rioja siete partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. y Unión Republicana. Cinco partidos nuevos: Para la Democracia Social, Nacionalista, Comunista, Demócrata Cristiano e Intransigente.

• Mendoza: seis partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata, FIP, Justicialista, MID y U.C.R.Once partidos nuevos: Comunista, Demócrata Cristiano, Federal, Demócrata Progresista, Para la Democracia Social, Movimiento al Socialismo, Tres Banderas, Socialista Auténtico, Socialista Popular, Obrero y Socialista Unificado.

• Misiones: nueve partidos preexistentes: Comunista, Conservador Popular, Demócrata Cristiano, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. y Federal.Un partido nuevo: Para la Democracia Social.

• Neuquén: ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, Intransigente, Justicialista, MID, Mov. Popular Neuquino y U.C.R.Seis partidos nuevos: Para la Democracia Social, Comunista, Socialista Democrático, Mov. al Socialismo, Obrero y FIP.

• Río Negro: cinco partidos preexistentes: Justicialista, Demócrata Cristiano, MID, Provincial Rionegrino y U.C.R.Cuatro partidos nuevos: Intransigente, Comunista, FIP y Movimiento al Socialismo.

• Salta: ocho partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, FIP, Justicialista, MID, U.C.R., Unión Popular, Unión Provincial.
11 partidos nuevos: Comunista, Mov.Popular Nacionalista Para la Democracia Social, Intransigente, Socialista Auténtico, Renovador, Mov. Línea Popular, Partido Obrero Federal, Socialista, Demócrata Progresista.

• San Juan: 11 partidos preexistentes: Bloquista, Conservador Popular, Cruzada Renovadora, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Frente de Liberación 12 de Mayo, Justicialista, MID, Socialista Popular, y U.C.R.Ocho partidos nuevos: Para la Democracia Social, Comunista, Movimiento al Socialismo. Socialista Auténtico, Acción Solidaria, Intransigente, Del Trabajo y del Pueblo, Partido del Centro.

• San Luis: Ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Demócrata Liberal, Intransigente, Justicialista, MID, Mov. Popular, U.C.R., Unión Popular.Tres partidos nuevos: FIP, Socialista Popular, Comunista.

Santa Cruz: 9 partidos preexistentes: Conservador Popular, Dem. Cristiano, FIP, Fuerza Federalista Santacruceña, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. Socialista Unificado.Dos partidos nuevos: Comunista y Movimiento al Socialismo.

• Santa Fe: 11 partidos preexistentes: Conservador Popular, Dem. Cristiano, Dem. Progresista, Federal, FIP, Intransigente, Federalista, Justicialista, MID, Movimiento Línea Popular, U.C.R., Unión Popular.Ocho partidos nuevos: Comunista, Socialista Popular, Intransigente, Para la Democracia Social, Socialista Unificado, Partido del Centro, Movimiento al Socialismo y U.C.D.

• Santiago del Estero: 11 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, Popular Unido, Provincial, Socialista Popular, U.C.R.Un partido nuevo: Comunista.

• Tucumán: 15 partidos preexistentes: Conservador Popular. Defensa Provincial, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Justicialista, Laborista, MID, Mov. Recuperación Tucumán, Mov. Nacionalista, Socialista Democrático Socialista Popular, U.C.R., Unión Popular, Vanguardia Federal.
Seis partidos nuevos: Para la Democracia Social, P. del Centro, Intransigente, Comunista, Dem. Progresista y Mov. al Socialismo.

• Tierra del Fuego: 8 partidos preexistentes: Agrupación Vecinal, Conservador Popular, Federal, Intransigente, Justicialista, MID, Unión Cívica Radical, Mov. Popular Fueguino.Dos partidos nuevos: Para la Democracia Social y Socialista Popular.

Fuente Consultadas:
Carlos R. Meló. Los partidos políticos argentinos entre 1862 y 1930. En: Academia N. de la Historia. Historia Argentina Contemporánea. Bs. As. Ateneo, 1964. Vol. II. Primera sección.
Formación Pólítica Para Vivir en Democracia Tomo III – Los Partidos Políticos – Editorial Redacción
José l. Romero. Las ideas políticas en Argentina. Bs. As., FCE, 1969.
Información Obtenida de: HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL

 

Presidencia de Derqui Santiago La Confederación Argentina

DERQUI, PRESIDENTE DE LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA

Terminado el período presidencial de Urquiza; el 5 de marzo de 1860 asumió la primera magistratura el Dr. Santiago Derqui, cordobés, acompañado en la vicepresidencia por el general Juan Esteban Pedernera, oriundo de San Luis. La provincia de Buenos Aires, a su vez, eligió gobernador a Mitre y ambos estadistas suscribieron el 6 de junio un pacto que ratificaba lo establecido en el de San José de Flores.

Derqui Santiago

La presidencia de Dr. Derqui fue breve, debido a las luchas políticas entre Buenos Aires y la Confederación.

En noviembre de 1859 y en medio de las agitaciones de la guerra civil, se efectuaron las elecciones para reemplazar a Urquiza, quien terminaba su mandato.

Practicado el escrutinio, fue elegido presidente de las trece provincias de la Confederación, el Dr. Santiago Derqui y vicepresidente, el general Esteban Pedernera. Asumieron el mando el 5 de marzo de 1860.1 Integró su ministerio con los doctores Juan Pujol [Interior}, Tomás Arias (Hacienda), Emilio de Alvear (Relaciones Exteriores), José de Olmos (Justicia, Culto e Instrucción Pública) y el general Benjamín Victorica (Guerra y Marina).

En los primeros meses de su gestión gubernativa, la situación del país era tranquila, prueba de ello fue la reunión amistosa de Urquiza, Derqui y Mitre en el palacio San José, de Concepción del Uruguay (Entre Ríos))

Poco después, sin embargo, se produjo un nuevo rompimiento entre Buenos Aires y la Confederación. El Congreso de Paraná rechazó a los diputados bonaerenses, que habían sido elegidos según la ley provincial en lugar de serlo conforme las prescripciones de la Constitución nacional.

Y, para agravar aún más el conflicto, estalló en San Juan una revuelta durante la cual se dio muerte a su gobernador, el coronel José Virasoro, por lo que Derqui envió como comisionado al coronel Juan Saa -gobernador de San Luis-, quien venció a los revolucionarios en Pocitos y fusiló a su jefe, Antonino Aberastain.

El gobierno de Buenos Aires protestó enérgicamente por estas medidas, y la guerra quedó declarada. Ambos ejércitos -a las órdenes de Urquíza y de Mitre- se encontraron en los campos de Pavón, en la provincia de Santa Fe, el 17 de setiembre de 1861.

El combate fue favorable para las fuerzas bonaerenses, que avanzaron hasta Rosario. Ante la gravedad de la situación, Derqui se retiró a Montevideo y el vicepresidente Pedernera declaró en receso el gobierno nacional.

Mitre asumió entonces el poder con carácter provisorio y fue reconocido por todos los gobernadores provinciales, inclusive por Urquiza, a quien también se respetó como gobernador de Entre Ríos.

MITRE

Incorporación de Buenos Aires a la Confederación: Lograda la unión nacional, el gobierno se trasladó a Buenos Aires donde, el 25 de mayo de 1862, se inauguraron las sesiones del primer Congreso en el que estaban representadas las catorce provincias argentinas. ,En tales circunstancias se votó la llamada Ley de Compromiso, por (a que se disponía que las autoridades residirían en la ciudad de Buenos Aires por el término de cinco años, hasta que se resolviera definitivamente cuál sería la capital de la República. Bartolomé Mitre es el primer presidente de la República Argentina.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
SANTIAGO DERQUI
Fue de hecho y formalmente el primer presidente de la Nación Argentina, puesto que promulgó la reforma de 1860, con la presencia de Buenos Aires, y gobernó de acuerdo con ella. Había nacido en la ciudad de Córdoba el 9 de julio de 1810, en el hogar formado por don Manuel Derqui y doña Josefa Rodríguez. A los 22 años se graduó de doctor en jurisprudencia en la Universidad de su ciudad natal, en la que poco después se desempeñó como catedrático.

En 1835 era miembro de la Legislatura provincial, al producirse el asesinato de Juan Facundo Quiroga, hecho que se proyectó directamente en la vida política de Córdoba a través de los hermanos Reinafé. Derqui, que venía actuando en la provincia bajo la bandera del federalismo, ocupó cargos oficiales durante la administración de José Vicente Reinafé; también se recuerda su actuación como encargado del recurso de fuerza contra el obispo Lascano, en conflicto con el gobernador.

Cuando el 7 de agosto de 1835 el congreso de Córdoba dio por terminado el mandato de Reinafé, fue elegido gobernador Pedro Nolasco Rodríguez; pero el parentesco de éste con el anterior determinó su alejamiento, lo que abrió paso a un nuevo gobierno, que desempeñó el doctor Derqui, a quien le tocó designar los conjueces para juzgar a los Reinafé.

Posteriormente, al ser elegido gobernador, por presión de Rosas, el coronel Manuel López [alias Quebracho), y producida la captura de tres de los Reinafé, el doctor Derqui y Pedro Nolasco Rodríguez fueron remitidos a Buenos Aires, acusados de complicidad en el crimen. Tiempo después, Derqui fue puesto en libertad y tomó el camino del exilio.

En el Estado Oriental actuó al lado de Rivera, de quien fue secretario hasta el momento de ser designado en una misión ante el gobernador Ferré, de Corrientes, con quien formalizó un tratado de alianza contra Rosas. En esta provincia se desempeñó luego como secretario y auditor de guerra del general José María Paz, quien lo designó ministro.

Después de la derrota unitaria de Arroyo Grande buscó asilo en el Brasil.

AL LADO DE URQUIZA
Tras la caída de Rosas, en abril de 1852 el Director provisional Urquiza lo nombró en misión especial ante el gobierno del Paraguay, previa al reconocimiento de la independencia de aquella república. Poco después, el mismo Urquiza lo distinguió con una banca al Congreso Constituyente de Santa Fe, ocupando la vacante dejada por el doctor Barros Pazos, que renunció. Durante el gobierno constitucional de Urquiza fue interventor nacional en la provincia de San Juan y ministro de Instrucción Pública y del Interior.

Cuando en 1859 surgieron las candidaturas de Mariano Fragueiro, Salvador María del Carril y Derqui para la presidencia, Urquiza se decidió por este último. Acompañado por el general Juan Esteban Pedernera, pudo gobernar la Confederación durante dieciocho meses, es decir hasta la disolución del gobierno de Paraná, en noviembre de 1861.

En los últimos meses de su presidencia, se separó políticamente de Urquiza. El 20 de octubre de 1861, hizo una delegación de poder a nombre del general Juan Saá, uno de los jefes del interior que había luchado hasta el fin en Pavón. Pero el 5 de noviembre de 1861, ante la imposibilidad de apuntalar militarmente la Confederación, se alejó del país y se radicó en Montevideo.

Allí, a fines de 1863, asistió a los funerales realizados en memoria del general Ángel Vicente Peñaloza, según consignan las crónicas periodísticas de la época. Vivió pobremente en Montevideo hasta 1864, año en que pasó a Corrientes. En esta ciudad lo sorprendió la invasión paraguaya de abril de 1865.

En esta oportunidad, Derqui se negó a prestar toda colaboración al mariscal Francisco Solano López, pero se vio envuelto en un proceso que lo llevó a la cárcel, donde permaneció algunos meses. Tal era la pobreza en que se hallaba cuando ocurrió su muerte, el 5 de setiembre de 1867, que su viuda no pudo costear su entierro y fue necesario hacerlo, después de tres días, por suscripción popular.

ALGO MAS…

De su personalidad política y de su retrato físico se encuentra una hermosa silueta, publicada en la interesante obra «Memorias de un viejo«, que firma su autor con el pseudónimo de Víctor Gálvez.

En ella se describe al Dr. Derqui del modo siguiente:

«Era alto, cargado de hombros, caminaba con cierta dificultad como si no pudiese afirmar bien los pies; moreno de tez, nariz aguileña, pelo con pocas canas, frente despejada, ojos pequeños pero vivos.

Cierta contracción nerviosa en la boca le daba un aspecto raro. Paréceme que no usaba bigotes sino pequeñas patillas, cortas y siempre bien afeitado. Reía con frecuencia y mostraba sus dientes grandes y amarillentos.

Fumaba con exceso y tomaba mate de un modo incansable. Dicen que fue muy amigo de sus amigos, los que abusaron de su condescendencia más de uña vez. Desprendido, abierto, no conoció la avaricia y murió pobre, desdeñado y en el olvido más profundo…

El Dr. Derqui no era orador. Se expresaba con laconismo y su voz era desapacible, solo contestaba a las interpelaciones y no tomaba parte en el debate parlamentario. Creo que sus trabajos eran en su casa, en el ministerio por medio de sus amigos políticos. Conservaba sangre fría cuando hablaba en las cámaras, y su papel era solo el de informar, no discutía. Verdad es que contaba con amigos decididos ….

El Dr. Derqui era perezoso, leía novelas y gustaba de permanecer en cama hasta muy tarde y a veces días enteros. Han dicho sus enemigos que bebía pero esto es una calumnia: jamás le vi ebrio, y sus íntimos aseguran que no gustaba ni de la cerveza. Dicen que era muy parco para comer, y que solo cometía excesos durmiendo. De qué medios se valió para hacerse prestigioso no podemos decirlo.

El no era cortesano, no visitaba, no tenía esos atractivos que fascinan; pero le reconocían el mérito de la consecuencia con sus amigos. Fue muy cordobés y los cordobeses le fueron muy adictos.

Carecía de los dotes para administrar, no era laborioso; pero era activo y no le arredraban las dificultades. Fue interventor nacional muchas veces y esas intervenciones hicieron que su candidatura fuese muy apoyada por los gobiernos que fundó en las intervenciones……………………

Era miope y contraía los párpados para ver mejor; eso le daba un cierto aspecto de carácter, porque se dibujaban dos profundas arrugas que le dividían la frente de alto a abajo, y sus cejas pobladas se acentuaban más. El Dr. Derqui tenía una apariencia imponente, resuelta y audaz. Su perfil tenía mucho de característico. El hecho es que se supo imponer. Contó con muy buenos amigos, muy decididos y con enemigos muy apasionados.»

De su matrimonio con Modesta García de Cossio y Lagraña, nació su hijo Manuel, que fue gobernador de Corrientes desde el 25 de diciembre de 1877 hasta el 30 de julio del año siguiente, y doña Josefina, casada con Wenceslao Díaz Colodrero, actualmente en la más penosa miseria, situación que movido a legisladores nacionales en estos momentos (junio de 1935) a presentar proyectos de ley en las Cámaras tendientes a reparar tan injustificado olvido de la gratitud nacional, (La señora Josefa Derqui de Díaz Colódrero falleció en «Presidente Derqui», provincia de Buenos Aires, el 14 de septiembre de 1936).

Esta noble anciana hace poco hizo la siguiente dramática declaración sobre los últimos años de su ilustre padre, que se hallaba en Corrientes en la época en que los paraguayos invadieron aquella provincia: «Allí estaba mi «padre, dice doña Josefina Derqui de Díaz Colodredo, alejado de toda actividad política. Tenía 56 años. Pasaba los días muy abatido, al lado de mi madre, que lo rodeaba con su inmensa ternura. ¡Muy abatido!. . . Hasta allí fueron a buscarlo con orden de expatriación. Fué cuando empezó a morir del todo …»

El Presidente Mitre lo sospechaba de favorecer la causa del tirano Solano López.

«¡Qué puñalada!, continúa la noble anciana. Ibamos a sentarnos a la mesa. Mi padre no quiso oir a nadie ni esperar nada. Inició en seguida las «gestiones para que lo condujera un barco francés a Montevideo. Salió a los «dos días, y volvió a los dos años para morir en su Patria. . .»

Hasta este punto llego la ingratitud de sus compatriotas con este ilustre ciudadano de la República Argentina, del cual el eminente general José María Paz tiene las más elocuentes frases de elogio, cuando lo recuerda en sus famosas Memorias Postumas.

Historia de la Confederación Argentina

Fuente Consultada:
HISTORIA 5 Historia Argentina José Cosmelli Ibañez
Instituciones Políticas y Sociales desde 1810 Edit. Kapelusz
Revista Crónica Argentina Fasc. N°50 – CODEX –

Vida de los Primeros Colonizadores en Argentina Trabajo y Lucha

EL TRABAJO Y VIDA DE LOS COLONIZADORES

La pampa húmeda argentina, y dentro de ella, el centro-sur de la provincia de Santa Fe, eran un ámbito propicio para receptar hombres y negocios europeos. Las condiciones geográficas y climáticas, aptas para la producción primaria, fueron hábilmente acompañadas por una serie de políticas promovidas por los gobiernos provinciales que beneficiaron el proceso, tales como: legislación y acción de gobierno favorables al asentamiento de la inmigrado en el campo; recuperación de tierras en las fronteras, a través de campañas contra el indio y blanqueo de la situación catastral provincial, para un exacto conocimiento de las tierras de propiedad privada y de las de propiedad fiscal; legislación favorable a la radicación de capitales en bancos o de inversiones en el área de transportes (ferrocarriles), obras públicas (puertos) y comunicaciones; actualización constitucional y legislación modernizadora del estado, con el objeto de distribuir las crecientes funciones ante los cambios productivos operados, para lo cual se crearon organismos e instituciones que asumieron esas tareas.

inmigrantes en argentina

«En Santa Fe la colonización se opera de este modo: cualquier poseedor de unas leguas de tierra, pone un aviso en un diario, diciendo -que tal pedazo de terreno- cuyo plano publica y fija en las esquinas- es colonia; se llama la colonia tal, y los que quieran poblarla ahí la tienen. Se presenta un colono que no tiene más que sus dos brazos y el buen deseo de trabajar; llega a aquel pedazo de campo (en cualquier punto que este situado, desde Reconquista hasta la Teodolina se reproduce el fenómeno y el colonizador le entrega 20 cuadras cuadradas de tierra, diciéndole: dentro de cuatro años me pagarás su valor por cuartas partes anuales.

En ese mismo terreno el colonizador ha puesto una casa de comercio, donde se encuentra todo lo necesario, que fía al colono los artículos de consumo durante el primer año.

La primera sorpresa que espera al colono a su llegada allí (colono que no tiene, como he dicho, más que sus dos brazos es la de verse poseedor de veinte cuadras de terreno que ni había soñado tener, ya suya sin otra condición que la de trabajarla.

Encuentra allí todas las facilidades para su labor; el agua a cuatro, seis u ocho metros y madera en abundancia (la provincia de Santa Fe está cubierta de bosques, especialmente en el Norte),hace un rancho humilde y pobre, pero tiene el arado con cual roturar la tierra y trabaja.

El primer año, por mala que sea su cosecha, siempre alcanza a pagar la cuarta parte del insignificante valor de la concesión, cuyo precio varía de 300 a 500 pesos y 800 en las colonias ya formadas, y al año siguiente, el colono consigue generalmente pagarla toda.

El colono, hombre por lo general trabajador y honesto, tiene mujer y tiene hijos, allí la mujer y los hijos, no son señores, como en las grandes ciudades, origen casi siempre de gastos poco productivos, no; ellos también trabajan, cada uno en la esfera de sus fuerzas; la mujer, si no puede labrar la tierra, cuida las gallinas del corral, los niños los bueyes, Y el marido rompe la tierra; todos trabajan todos producen.

Aumentan cada año los consumos, pero también aumenta la producción y en una proporción mayor.
Antes de cuatro años el colono se ha hecho rico, si ha sido honesto y laborioso.

En esa legua cuadrada cada veinte cuadras superficiales, tiene una casa; se ha formado un núcleo de pueblo, y en ese núcleo de pueblo el primer edificio es una fonda, porque como la población es ambulante, allí es necesaria e indispensable; la segunda casa es una carpintería con herrería, y así se va formando un pueblo que muchas veces llega a ser ciudad, como lo son ya Esperanza, San Carlos, Pilar, Gálvez y Rafaela.

Respecto a las herrerías, permítaseme una pequeña disgresión. En Santa Fe, no se usan arados ingleses ni norteamericanos, ni franceses; allá no se trabaja sino con los hechos en la misma colonia, donde la reja del arado va a romper la tierra, que resultan mejores y más baratos que los extranjeros…

«El colono es esencialmente católico, o esencialmente deísta, cualquiera que sea su religión, por lo general, como nuestra inmigración pertenece a la raza latina, es católico. Son hombres acostumbrados a cumplir con sus deberes religiosos, y el día Domingo, que ellos santifican a su manera, de una o dos leguas o más, se dirigen al punto más cercano que tenga iglesia, para cumplir sus deberes religiosos.

El colono, acostumbrado a hacer perpetuamente la vida de familia, se traslada con su carro (que, entre paréntesis, ha sido hecho en la misma colonia), guiando él mismo sus caballitos, llevando a su lado a su familia, detrás los sirvientes o peones, y por último, hasta seguido de los perros de la casa.

Así se hace sus leguas y llega al punto en que hay iglesia, donde cumple sus deberes religiosos. En seguida van a festejar el día en el almacén más próximo; allí encuentran preparada una buena alimentación y, sobre todo, buen vino; pasan el resto del día en conversaciones, músicas y bailes, y cuando las sombras de la noche tiende su manto, recogen sus caballitos y regresan a sus hogares».

CARRASCO, Gabriel: La provincia de Santa Fe y el territorio del Chaco.
Conferencia ante el Instituto Gcográfico Argentino

Adaptación de los Inmigrantes a Argentina Gringos y Criollos

SOCIEDAD ARGENTINA DEL SIGLO XIX: RELACIÓN INMIGRANTE-CRIOLLO

ANTECEDENTES: A partir de la inserción en el mundo  de nuetro país por el sistema de la división internacional del trabajo, comenzo una serie de transfomaciones sociales y económica en las provincias de nuestra Pampa Húmeda.

Europa transitaba un tiempo de expulsión de población que respondía a motivos de diferente índole: religiosos, económicos y más tarde, ideológicos. Inglaterra, por su parte, ya había sorteado las etapas iniciales de la revolución industrial, por lo que requería nuevos mercados donde pudiera adquirir las materias primas que ya no podía producir, vender sus manufacturas y colocar el excedente de capital que obtenía de su comercio.

La pampa húmeda, y dentro de ella, el centro-sur de la provincia de Santa Fe, eran un ámbito propicio para receptar hombres y negocios europeos. Las condiciones geográficas y climáticas, aptas para la producción primaria, fueron hábilmente acompañadas por una serie de políticas promovidas por los gobiernos provinciales que beneficiaron el proceso, tales como: legislación y acción de gobierno favorables al asentamiento de la inmigrado en el campo; recuperación de tierras en las fronteras, a través de campañas contra el indio y blanqueo de la situación catastral provincial, para un exacto conocimiento de las tierras de propiedad privada y de las de propiedad fiscal; legislación favorable a la radicación de capitales en bancos o de inversiones en el área de transportes (ferrocarriles), obras públicas (puertos) y comunicaciones; actualización constitucional y legislación modernizadora del estado, con el objeto de distribuir las crecientes funciones ante los cambios productivos operados, para lo cual se crearon organismos e instituciones que asumieron esas tareas.

Estos cambios no constituyeron el resultado de un plan orgánico previamente elaborado, sino que son producto de la combinación de factores internos y externos, estos últimos fundamentales, y de la comunión ideológica que existió en la élite dirigente y que rindió sus mejores frutos en la continuidad de las obras de gobierno.

Inmigrantes europeos trabjando en el campo

SIMBIOSIS CULTURAL CRIOLLO-GRINGO

«El proceso de simbiosis cultural que vivió la Argentina con la llegada de la inmigración fue largo y tuvo alternativas muy diferentes, según se analice el ambiente rural y el urbano, y varió también, en grupos de fácil adaptación a otros más cerrados y aferrados a sus hábitos de origen, que se resistieron a aceptar las costumbres de esta tierra.

Este intercambio definido como «préstamo y captura de elementos culturales», en tanto ha sido considerado cora: un proceso, requirió tiempo, y para describir sus resultados, es conveniente ubicarse en los comienzos del siglo xx. la atención no en los grupos recientemente ingresados, sino en los descendientes de las primeras oleadas, los que ya han pasado el período de aclimatación, e incluso, en muchos de ellos que han nacido en este suelo.

La adecuación del gringo significó, en primer lugar, acondicionamiento al ambiente y luego, en relación a éste b incorporación de hábitos, modalidades, vestimenta, y hasta diversiones autóctonas, a los que enriqueció con pinceladas propias. De ésas merecen destacarse: la pérdida del temor al caballo, la afición al mate y, en algunos casos, la adquisición de destrezas como la de tirar el lazo. Comenzó a gustar de la carne asada, y, de sus ropas, abandonó los zapatones, los pantalones de frisa y la boina, trastocándolas por botas o alpargatas, bombachas y sombrero aludo, sólo que este último no era de fieltro sino de paja. Se sumó a las reuniones fogoneras, y entonces se empezó a escuchar en ellas el acordeón, a la vez que aprendió a pulsar la guitarra.

También el paisano argentino sufrió el impacto y asimiló elementos europeos -entre los de mayor importancia se encuentran los útiles de labranza-, ya que, siendo ésta una actividad que casi no se practicaba antes de la colonización gringa, al difundirse, fue necesario realizarla con los medios y en la forma que señalaba el gringo. Necesitó, entonces, amoldar su indumentaria a la nueva faena y para ello eliminó la incómoda bota de potro, el calzoncillo cribado y el chiripá.

El resultado de este intercambio no puede explicarse describiendo a gringos acriollados o gauchos agricultores; tal proceso llevó a la construcción de una nueva forma de vida, la del hombre argentino, y comprendió, además de los mencionados, aspectos esenciales de la vida humana.

Fueron idiosincrasias extremas, contrapuestas, que, al combinarse, atemperaron sus caracteres y así se explica que aquel criollo desinteresado por el dinero, y sin otra ambición que la de vivir como sabía, aprendiera la importancia de progresar mediante el trabajo y el ahorro, al ver los resultados obtenidos por el gringo por estos medios. También se habituó a una vida más sedentaria, y prestó mayor atención a su familia. A esta última la revalorizó como factor de progreso, gracias al sentido que le daba el colono a la cooperación familiar en el trabajo, y procuró también asegurarle el bienestar futuro.

El acercamiento entre los dos grupos se fue dando en forma paulatina, a medida que se vencían obstáculos, de los cuales el principal, fue una cierta desconfianza mutua, comprensible entre invasores e invadidos. Este sentimiento tuvo su explicación en la política excesivamente favaorable al extrbnjero frente a los derechos de los criollos, política a la que ambos grupos eran ajenos.

La primera etapa los mantuvo alejados, observándose; luego, una primordial necesidad habrá de acercarlos: la escuela; en ella, los hijos de ambos aprenderán a convivir. Luego llegarán los casamientos, estrechamiento que se vivió con dificultad pero que fundamenta! para vencer la tendencia endogámica en la que estaba cayendo el colono.
La escuela fue el elemento decisorio en el acercamiento de mentalidades: ella sirvió para difundir el sentimiento de amor por el suelo y fue la columna en que se sustentó la protección del idioma.

La trascendencia de la lengua en relación de la comunidades, aunque obvia, merece ser recalcada: las colonias tendieron, en un principio, a preservar sus lenguas originarias, educando a sus hijos en ellas. La provincia de Santa Fe será pionera, una vez más, de medidas gubernamentales vinculadas al proceso colonizador. Esta vez concurrirá en defensa de nuestro idioma, haciendolo de uso exclusivo y obligatorio en las escuelas de su esfera.

También en la vida política nacional habrá de reflejarse estos pasos, y, si en un principio se consideró como influencia de la inmigración, la gran apatía política de las décadas del ’70 al ’90, también se debe a ella, o mejor dicho, a sus frutos, la gran explosión política de la última década del siglo y el surgimiento de un movimiento de raíz y alcance nacional, la Unión Cívica Radical, en la cual se mezclan los hijos de ambos grupos en procura de ideales comunes.

El transcurso de esta relación y estrechamiento puede seguirse mediante la literatura y la música. El sainete, el drama rural y el tango, sirven de apoyo para su estudio».

Fuente: Cechini de Dallo La Capital Rosario 16-04-1986

Historia Primeras Escuelas en Santa Fe Colegios y Profesores

LA EDUCACIÓN EN SANTA FE: PRIMEROS COLEGIOS Y PROFESORES

La Educación (1862 – 1890)
La cuestión educativa tuvo un sitio de importada en el programa político de los gobiernos provinciales entre 1862 y 1890; pero para ser justos en el análisis, debe decirse que las reformas educativas se iniciaron en 1853, y para 1857, ya existían en la provincia, 21 escuelas gratuitas.

En materia legislativa, debe considerarse en primer lugar la ley de 1866, que estableció la obligatoriedad de la instrucción primaria; quedó en ella esbozado el gran objetivo de este programa: «que uno de los principales deberes del gobierno es el de fomentar, por todos los medios posibles, la enseñanza primaria de la juventud y propagarla en todo el territorio de la provincia, encaminándola convenientemente a entrar en la carrera literaria b de las artes e industrias».

primeras escuelas en santa fe

Ante la necesidad de satisfacer los requerimientos en materia de enseñanza secundaria, la provincia contó con el aporte de la gestión privada. En Rosario se abrió, en 1855, el primero de estos institutos a cargo de los profesores Laurino Puentes y Julio Bosch; luego el de Manuel Tristany y José Niklison y en 1856 el de Domingo Podestá y Francisco Saloni, con un plan de estudios humanístico y confesional. En 1860, surge la Escuela del Progreso, del Profesor M. Durand Sabayat, y en 1863 se inauguró el Liceo y Escuela de Artes y Oficios. Un relevamiento realizado en 1866, dio cuenta de la existencia de 12 colegios particulares.

En la ciudad de Santa Fe, 1861, se firmó un contrato entre el gobierno provincial y La Compañía de Jesús por el cual se acordó la reinstalación del Colegio de la Inmaculada Concepción. Esta decisión fue apoyada por todos los grupos políticos y el pueblo en general contribuyó económicamente para que fuera una realidad. Esta institución creció rápidamente en cantidad de alumnos y docentes y en fama, la que superó los límites del país, atrayendo a jóvenes uruguayos. La excelencia de la formación filosófica y científica con que egresaban los alumnos del Colegio, produjo cambios en todos ios órdenes de la cultura, la política y la justicia de Santa Fe.

La ley que se dictó en materia educativa en agosto de 1874, tuvo dos finalidades fundamentales; la primera, crear un verdadero sistema de normas y organismos destinados a la programación, la administración y control del servicio; y la segunda, a prever los recursos que lo sostendrían.

En el primer caso, aparecen los inspectores, las comisiones escolares con participación de los vecinos para mejorar la educación, y reiteró la condición de obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza, estableciendo el contralor y las penas para los padres o patrones que no cumplieren con ella. En 1876 se dio una reglamentación para el funcionamiento de las escuelas. Una nueva ley de 1884, reformuló las obligaciones de los estamentos que integraban el sistema educativo y creó el Consejo de Instrucción Primaria, para que ejerciera la conducción del mismo.

En noviembre de 1886, una nueva ley de educación común replanteó los temas inherentes a ella, con interesantes consideraciones sobre la enseñanza moral y religiosa, así como respecto de los establecimientos privados que funcionarían en el ámbito provincial.

La presencia de la escuela pública en las colonias había sido especialmente prevista en las normas sobre colonización, disponiendo que se prevea la escuela a partir de la traza misma de ia colonia, con la donación del terreno para edificaría, y, tras dos o tres años de existencia de la colonia, se creaba un cargo de maestro o preceptor que iniciaba la institución. La escuela cumplió así un papel fundamental en la integración de los colonos extranjeros, fue un aglutinante cultural entre los diversos grupos étnicos que poblaban por aquellos tiempos el territorio santafesino. Permitió generar un marco básico de formación e información, uniformando la lengua y brindando un ámbito de vinculación entre las nuevas generaciones de esa sociedad embrionaria.

Al respecto merece señalarse la medida dispuesta por el Gobernador José Gálvez ante la necesidad de contar en la provincia con un número importante de maestros con formación pedagógica; consistió, en primer lugar, en organizar anualmente, entre enero y marzo, una Asamblea de todos los maestros dei estado en ía capital provincial, con el objeto de estudiar y resolver los problemas referidos ai magisterio. Este sistema de conferencias pedagógicas se hacía accesible a todos los docentes interesados ya que se les daba un sobresueldo para gastos de viaje.

Otra medida de interés en materia de docentes fue la de traer maestros españoles para que se desempeñaran en la provincia, teniendo en cuenta, además de la formación pedagógica, la lengua y los principios religiosos comunes.

En cuanto a los estudios terciarios, la primera experiencia se debió al interés del Gobernador Simón de Iriondo que promovió la creación, siendo ministro de gobierno Cabal, en 1868, de las cátedras de derecho, en las aulas del Colegio de la Inmaculada, ley que hacía realidad una aspiración de la comunidad santafesina.

En 1869 inició su marcha este ciclo para el cual se buscaron profesores de valía de otras provincias y se adquirió un valioso caudal bibliográfico para los estudiantes. En 1875 se obtuvo el reconocimiento de las llamadas Facultades Mayores en el orden nacional, con el cual se posibilitaba a los egresados de éstas el aspirar al título de doctor en las universidades del país.

En 1877 ya estaba la idea entre los gobernantes santafesinos de crear sobre la base de esta carrera de jurisprudencia, una universidad provincial, pero, en los años siguientes todo siguió igual, con los estudios de derecho en franco progreso. En 1884, el Ministerio de Instrucción Pública de la Nación, ejercido por el Dr. Eduardo Wilde, le retiró al Colegio de la Inmaculada la autonomía educativa de que gozaba y por un informe especial, retiró también el reconocimiento de los títulos obtenidos en el colegio Jesuíta, ofreciendo la alternativa de que los alumnos se sometan a un tribunal, igual que los de otros institutos privados. Ante ello el rector del colegio decidió cerrarlo, quedando las facultades mayores sin sustento.

Esta experiencia de educación superior en la Provincia de Santa Fe, junto con otros antecedentes en materia de educación secundaria confesional, muestran a la dirigencia política santafesina (como católicos profesos progresistas) que los cambios socioeconómicos y políticos de los tiempos que se vivían, no estaban reñidos con la tradición religiosa y la fe católica.

En 1889 el Gobernador José Gálvez volvió sobre la cuestión de los estudios superiores y creó la Universidad de Santa Fe, que inauguró sus actividades en 1890.

Fuente Consultada:
Nueva Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe
Tomo I – SANTA FE – Ediciones Susamerica Santa Fe

Ley de Vagos y Malentretenidos Las Pulperias en el Virreinato

OBJETIVO DE LA LEY DE VAGOS Y MALENTRETENIDOS – PAPELETA DE CONCHABO

Ya en la épocas del Virreinato del Río de la Plata, la gente sin trabajo, que deambulaba por la ciudad mendigando o bien muchos de ellos pasando largas horas en pulperías jugando los típicos juegos criollos de la época, tomando alcohol y muchas veces terminando estos placeres lúdicos en riñas a muerte, era un verdadero problema social que también preocupó a los gobiernos post revolución de mayo. Siempre fue perseguido el vagabundeo y la llamada mendicidad ilícita, es decir, aquel «sano y vigoroso que pida limosna», castigando sobretodo a aquien portase algún tipo arma.

PULPERIA: Además de lugar de intercambio comercial, la pulpería fue un sitio privilegiado de interrelación social. En el interior de la pulpería se tocaba la guitarra, se jugaba a las cartas, se intercambiaban noticias. También era para muchos trabajadores un modo de subsistencia alternativo, ya que el pulpero, además de vendedor, muchas veces compraba los productos de trabajo rural que le ofrecían sus propios clientes.

La pulpería urbana, al menos en Buenos Aires, tiene su momento de auge entre las dos últimas décadas del siglo XVIII y las primeras tres del XIX. Posteriormente, la actividad es reemplazada por los almacenes, bares y cafés, que implican una especialización mayor de este tipo de actividad.

De esa manera, la pulpería pierde su carácter original de lugar exclusivo de encuentro e intercambio. Las fuentes indican cómo rápidamente se produce su desaparición en Buenos Aires.

En 1825 había más de 400 pulperías; en 1835 habían disminuido a menos de 100. Entre las razones de esta desaparición se halla la falta de respaldo de las autoridades.

En efecto, en 1788 el procurador general de la ciudad de Buenos Aires intentó prohibir la reunión de gentes y las audiciones de guitarra en las pulperías, para retrotraerlas a su función exclusivamente comercial.

Después de la Independencia fue la necesidad de controlar el alcoholismo y la delincuencia, como factores negativos que ayudaban a acrecentar la crónica falta de mano de obra, la justificación para limitar y desalentar esta actividad. (Fuente Consultada: Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Estilos, Obras, Biografías, Instituciones, Ciudades)

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La ley de vagos y mal entretenido, era una ley que permitía al Juez de Paz controlar los salones de bailes, de juegos y diversión, como las pulperías, para arrestar a todos los presentes que no tenían trabajo ni residencia fija. Generalmente se consideraban vagos a los gauchos que vivían de la doma y yerra y que se desplazaban de estancia en estancia, cuando algún patrón los requería para ese tipo de servicio.

El juez iba acompañado de la fuerza pública, la policía de la zona,  y pedía inicialmente la «libreta de conchabo», (para demostrar que trabajaba en una estancia) libreta que nació durante la presidencia de Rivadavia  con fines de reprimir la vagancia y sumar mano de obra para el trabajo de las tierras, que el gobierno había entregado en alquiler a particulares.  La mala fama que tenía el gaucho se debía a su extrema libertad, ya que no concebía la vida sedentaria ni trabajar años y años bajo un patrón.

El testimonio de un juez de paz constituía prueba única y suficiente para calificar de “vago”, quien era castigado con la reclusión de dos a seis años en un alejado fuerte froterizo militar para luchar contra el avance del indio. Esos controles, estaba ubicados en lugares inóspitos, sin comodidades y muchas veces casi sin comida, pues los envíos de provisiones eran esporádicos y no aseguraban la alimentación de los soldados.

PAPELETA DE CONCHABO: Durante el gobierno de Rivadavia se solicitó un empréstito en Londres, por 1.000.000 de libras, con la firma Baring Brothers. Este empréstito, considerado la primera deuda externa argentina, se solicitó para financiar obras públicas (que no se realizaron).

La operación se concretó en 1824, pero el monto recibido (en su mayor parte, en letras) quedó reducido a 560.000 libras, luego de haberse descontado los intereses por dos años, las comisiones y otros gastos. Como garantía, se hipotecaron las tierras públicas. Luego de sucesivas suspensiones del pago de los intereses y de renegociaciones, el préstamo se saldó recién en 1904.

Con respecto a las tierras -inmovilizadas en manos del Estado como garantía de la deuda pública-fueron entregadas en enfiteusis (en alquiler) a particulares, por una renta o canon anual que, además de bajo, fue difícil de recaudar. Este sistema puso a disposición de comerciantes, ganaderos y funcionarios enormes extensiones de tierras, en forma casi gratuita. Ante la falta de mano de obra para trabajar esas tierras, el gobierno insistió en la legislación que exigía, con el fin de reprimir la vagancia, portar la famosa «papeleta de conchabo». [a los fines de demostrar que trabajaba formalmente bajo un patrón]

Antes de seguir sobre la «Ley de Vagos y Malentretenidos», es bueno leer lo que explica el historiador Gustavo Gabriel Levene en su libro Breve Historia de la Argentina, sobre la función e importancia de la pulpería en el virreinato del rio de la Plata.

Pese a su pobreza, las poblaciones, perdidas en la inmensidad del territorio, vivían; y esa vida, que muchas veces pudo parecer monótona desde el punto de vista de cada vecino, resulta animada cuando se abarca el conjunto de la sociedad y se colorea todo con la perspectiva del tiempo. Acaso nada mejor para evocar estas ciudades nuestras del siglo diecisiete, que hacerlo desde el observatorio más completo entonces existente: la pulpería, cotidiana encrucijada de hombres y de cosas…

Pulpería

La pulpería vendía vino, aguardiente, tabaco, yerba, azúcar, miel, jabón y muchos otros productos que hacen más amable la jornada. Sabiendo que el comercio de entonces era casi siempre contrabando, no puede extrañar el hecho de que, además de vender las mercaderías mencionadas, la pulpería negociara también con las que los criados esclavos sustraían a sus dueños… En la pulpería venían así a encontrarse el contrabando de los amos y el robo de los criados.

El de pulpero era oficio importante y provechoso… La prueba de ello es que les estaba prohibido establecerse como pulperos a los indios, los negros y los mulatos. En el siglo XVII aparecen, como pulperos de Buenos Aires, personajes importantes y gente distinguida de la ciudad… Pero no atendían ellos mismos el negocio, que por otra parte se obtenía por público remate de la concesión, debiéndose entregar como fianza la suma, para entonces elevada, de quinientos pesos.

[…] Se jugaba en todas partes toda clase de juegos. Desde comienzos del siglo XVI se había prohibido, en España y sus colonias, la fabricación y venta de dados. Pero los dados seguían rodando y haciendo con sus seis caras la fortuna o la mina de los jugadores. Se jugaba a los naipes, a la perinola, al sacanete… Se jugaba en las carreras de caballos, las cuales tenían una curiosa particularidad: para ganar la competencia no bastaba, como ocurre hoy, la pequeña diferencia de unos centímetros; el caballo triunfador tenía que llegar a la meta con tanta ventaja que debía verse luz entre su cuerpo y el de los demás caballos. Ya había entonces fulleros con barajas cortadas y dados cargados. Y también mujeres cómplices participaban de maniobras engañosas para atraer incautos…

[…] La pasión por el juego era tan grande en la sociedad colonial, que se llegaba a menudo al extremo de perderlo todo. En un testamento de 1623, una vecina declara «que su segundo marido jugó y consumió la plata de su dote: jugó una estancia y doscientas ovejas»…

[…] La pulpería fue lugar propicio para el intercambio de supersticiones. El paisaje de selvas, de montañas o de llanuras, según las regiones, con sus elementos vivos, plantas y animales, contribuía a crearlas. El lugareño no se sentía superior a la realidad circundante, pues no la dominaba. De ahí que las supersticiones expresaran, en cierto modo, el sometimiento del hombre a la naturaleza… La humanidad no había aprendido aún a enfocar el mundo visible de acuerdo con el punto de vista racional, que vino después. Sólo imperaba la superstición.

Respecto a la Ley de Vagos y Malentretenidos, en la  Colección El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869, en una nota de la Historiadora María Victoria Camarasa explica los siguiente:

Se considera vagos y malentretenidos a aquellas personas de uno y otro sexo que:

a) no tienen renta, profesión, oficio u otro medio lícito con que vivir;
b) teniendo oficio, profesión o industria no trabajan habitualmente en ella y no se les conocen otros medios lícitos de adquirir su subsistencia, y
c) con renta, pero insuficiente para subsistir, no se dedican a alguna ocupación lícita y concurren ordinariamente de juego, pulperías o parajes sospechosos.

Aparecen así dos tipos básicos de vagancia: los desposeídos de bienes que no tienen una ocupación lícita, y los que teniéndola llevan una vida de malas costumbres.

Además de esta clasificación inicial, también se tienen en cuenta algunos agravantes de esta condición. Por ejemplo, quienes entren en alguna oficina pública o casa particular sin el permiso respectivo; o quienes se disfracen o tengan armas, ganzúas u otros instrumentos propios para ejecutar algún hurto o penetrar en las casas.

Es importante distinguir que la persecución de los gobiernos es contra lo que se considera como mendicidad «ilícita», es decir, aquellos que piden limosna siendo sanos y vigorosos. Esto se debe a que existen también licencias de mendicidad y de pedido de limosnas para aquellos de los que se haya comprobado que no tienen la capacidad de ejercer ningún trabajo.

Ya desde la Baja Edad Media, las figuras del vago y del malentretenido tienen una antigua y arraigada presencia en la tradición jurídica española. Al igual que el resto de la normativa peninsular, esta concepción pasó a América durante la época de la conquista y la colonización. De hecho, vista como «tierra prometida», se esperaba que no llegaran al Nuevo Continente personas que pudieran poner en riesgo la salud moral de los habitantes americanos, y para ello se ejercían muy fuertes controles en los pocos puertos autorizados para enviar barcos hacia América.

Haciendo hincapié en el caso argentino, uno de los primeros gobiernos en reglamentar esta situación fue el de Martín Rodríguez y su notable ministro Bernardino Rivadavia en la Buenos Aires de principios de 1820. Este gobierno, el 18 de abril de 1822, promulgó un decreto sobre vagos y malentretenidos que, en la práctica, se constituyó en un eficaz instrumento para aumentar las filas del ejército. Esto se debió a que los aprehendidos eran destinados inmediatamente al servicio militar, incluso por un término doble al prefijado en los enrolamientos voluntarios.

Actualmente, la idea de los gobiernos provinciales es darles un apercibimiento e inducirlos a que en un plazo determinado de tiempo encuentren una ocupación útil a la que dedicarse.

El trasfondo de estos controles es que el vago, el ocioso y el malentretenido son vistos como figuras que atenían contra el orden moral de la sociedad y ponen en peligro la paz y la unión del país.

En nuestra campiña bonaerense, los vagos y malentretenidos están asociados con la figura del gaucho. Al irse extendiendo la frontera, corriendo al «salvaje», se fueron ganando importantes cantidades de tierras. Junto a la extensión territorial, un caudal de leyes novedosas hizo de los gauchos una nueva fuerza capaz de servir en la milicia, al mismo tiempo que sus tierras, generalmente de poca extensión y ubicadas entre grandes latifundios, iban pasando a otros dueños.

En estos últimos años, entre los sectores más pudientes de las sociedades citadinas argentinas se ha ido extendiendo un prejuicio. Ellos se refieren a que en los campos recorren infinidad de vagos y criminales famosos, que se asilan huyendo quizá por sus crímenes en otras provincias. Para estos sectores, esos individuos desconocidos hallan seguro albergue, techo y alimento, abusando de la hospitalidad en las campañas de nuestro país. Allí encuentran carne abundante y tienen un cuero para dormir, además de un lazo y un cuchillo para procurarse medios con que satisfacer sus vicios. La pregunta que se repiten constantemente es «¿para qué han de trabajar? Nadie los persigue, nadie inquiere de dónde son, de dónde vienen, de qué se ocupan ni adonde van…».

La intención de legislar este tema se ha extendido en las diversas provincias. En algunas ya comienzan a aparecer leyes que condenan al servicio de fronteras a todos los vagos y malentretenidos, los que en día de labor se encuentren habitualmente en de juego o tabernas, los que usen cuchillos o armas blancas, los que cometan hurtos simples y los que infieran heridas leves.

Pero al no existir un marco normativo bien establecido y definitivo, es común el surgimiento de divergencias acerca de cómo tratar a los vagos y malentretenidos. Por ejemplo, en la provincia de Santa Fe el encargado de la Jefatura Política, Nicasio Oroño, pide frecuentemente a sus superiores que le expli-citen qué hombres debía considerarse como vagos, ya que en el territorio que él controla sólo existían familias que si bien no tienen propiedades y medios de vida, se debía exclusivamente a su pobreza.

Fuente Consultada:
Colección El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869, Nota de la Historiadora María Victoria Camarasa

Reforma Universitaria 1918 Causas y Consecuencias Resumen Yrigoyen

LOS ESTUDIANTES EXIGEN REFORMAS EN LA EDUCACIÓN

Las ideas fundamentales acerca de los cambios políticos necesarios se fueron desarrollando, durante las primeras décadas del siglo, en las universidades de varios países latinoamericanos. En ellas se formaron las nuevas generaciones de jóvenes que comenzaron a luchar con el objetivo de modificar el sistema de privilegios existente en la Universidad (profesores pertenecientes a una élite de apellidos notables, nula participación de los estudiantes en las decisiones, etc.), y de lograr cambios en las sociedades en que vivían.

En Argentina, el número de estudiantes que asistían a las tres únicas universidades del país (Córdoba, Buenos Aires y La Plata) había aumentado de 3000 a 14.000 entre los años 1900 y 1918. En su mayoría eran hijos de inmigrantes, integrantes de familias de los sectores medios de la sociedad que, en 1918, pasaron a integrar masivamente el movimiento que modificó sustancialmente la educación superior en el país.

Partidarios de la Reforma, todos detenidos en un cuartel policial

No es casual que el movimiento reformista haya surgido en momentos de transformación nacional y universal , y precisamente en Córdoba. Esta universidad era la más tradicional de las tres existentes en ese momento (Buenos Aires y La Plata eran las oirás dos), y donde más pesaba la organización rutinaria de la enseñanza y la ortodoxia católica. Vistos los aires de renovación que soplaban por el mundo, con la quiebra de ideales traída por la guerra y el deslumbramiento de la Revolución rusa (todo ello deformado por la gran distancia ideológica y de ambiente a que se hallaba nuestro medio de esas realidades), y dado el más inmediato acceso del radicalismo al gobierno a través del voto universal, no es extraño que algo de todo esto haya hallado expresión en el movimiento estudiantil.

Por una parte, en obvio paralelo con la sociedad global, se trataba de lograr la participación plena del estudiante como ciudadano de la república universitaria, capaz de elegir y ser elegido. Por la otra, se buscaba aventar el dogmatismo imperante mediante el establecimiento de la docencia libre, que aseguraría la existencia de cátedras paralelas o nuevas. Finalmente, la libre asistencia a clase permitiría a los alumnos prescindir de oír a profesores en cuyos conocimientos no creían.

En un plano menos doméstico, como se ha dicho, la Reforma pretendía plantear temas de proyección latinoamericana y expresaba anhelos de solidaridad con los obreros, cuya lucha en pro de la redención social estaba dispuesta a apoyar.

Como dijimos antes había entonces tres universidades nacionales: Buenos Aires, Córdoba y La Plata; y dos provinciales, el Litoral (Santa Fe) y Tucumán que funcionaban de acuerdo con la ley Avellaneda, aprobada en 1885. Ésta les daba autonomía para trazar sus planes de estudios y libertad de cátedra. Pero la ley no impedía que verdaderas oligarquías de profesores tuvieran el monopolio de la enseñanza, principalmente en Córdoba, donde persistían la tradición colonial y la influencia eclesiástica. Allí estalló la chispa que derivó en la Reforma Universitaria, un movimiento juvenil que abrió los claustros a las corrientes modernas del pensamiento.

Las protestas comenzaron a partir de los recién creados centros de estudiantes, contra exigencias de asistir a clase y por la deficiente organización del Hospital de Clínicas. Se fundan entonces las Federaciones Universitarias (Córdoba, Buenos Aires, La Plata). Deodoro Roca, Osvaldo Loudet. Alfredo Orgaz, Arturo Capdevila, Gabriel del Mazo y Julio González, entre otros, lideran el movimiento juvenil.

La dirigencia nacional tomó partido en favor o en contra. «Los estudiantes —afirmó Juan B. Justo— se han dirigido a mí para pedirme que se les enseñe, que se les haga trabajar, que se abran laboratorios cerrados (…) que no se les obligue a asistir a clases absurdas. Tienen perfecto derecho a reclamar respeto por el empleo de su tiempo, de reclamar libertad de conciencia».

Tanto el presidente como el ministro de Instrucción Pública, -José Salinas, mostraron buena disposición a escuchar el reclamo estudiantil. Éste les permitía mediar en un tema cultural clave, manejado hasta entonces por los «notables» de siempre. Se interviene la Universidad de Córdoba, y se realizan las primeras reformas, pero la manipulación de la elección del nuevo rector por los grupos tradicionales agudiza el conflicto.

Los estudiantes declaran la huelga, ocupan la sede de la universidad, solicitan una nueva intervención y definen sus aspiraciones: gobierno tripartito con la participación de profesores, estudiantes y graduados; autonomía; asistencia libre; docencia libre; régimen de concursos: periodicidad de la cátedra; bienestar estudiantil; extensión universitaria; libertad de juramento.

La Universidad de Córdoba -la más antigua del país, fundada en 1613- fue durante varios siglos el principal centro de selección de las élites gobernantes locales: suministraba gobernadores, ministros y funcionarios. Era una universidad influida por la Iglesia Católica y por un grupo de familias aristocráticas, cuyos apellidos se repetían en la titularidad de las cátedras a través de generaciones.

En un clima marcado por el escolasticismo (para el cual, todas las ciencias eran tributarias de la teología), todo planteo social, educativo o pedagógico renovador era cuestionado por las autoridades. Un ejemplo ilustra esta situación: en 1884, el vicario Jerónimo Clara no permitió que Ramón J. Cárcano -futuro gobernador de Córdoba- defendiera su tesis doctoral sobre los derechos de los hijos extramatrimoniales.

En 1918, los estudiantes cordobeses decidieron poner punto final a una atmósfera intelectual que percibían como asfixiante. Dos factores confluían para favorecer su movilización. En primer lugar, un contexto internacional en el que os ecos de la revolución mexicana y la Revolución Rusa parecían abrir las puertas a cambios sociales profundos. En segundo lugar, la presencia de estudiantes descendientes de inmigrantes chocaba con la endogamia social que reproducía la universidad.

El 15 de junio, la elección de Antonio Nores -perteneciente a la logia católica «Corda Frates»- como rector de la Universidad Nacional de Córdoba fue el detonante del estallido. Los estudiantes ocuparon el Salón de Grados y exigieron el gobierno tripartito de la universidad -representación de estudiantes, docentes y graduados- el llamado a concurso para ocupar los cargos docentes y el fin de la influencia clerical en las aulas.

La estatua del Dr. Rafael García -la autoridad universitaria que, en 1884, había vetado la tesis doctoral de Cárcano fue derribada de su pedestal. El hecho reflejaba simbólicamente el fin de una época. El 23 de junio , el socialista Alfredo Palacios viajó a Córdoba y encabezó una manifestación de alrededor de 10.000 personas. La FUC (Federación Universitaria de Córdoba) fundada el mes anterior, dio muestras de una importante capacidad de movilización. A pesar de que la universidad fue clausurada, el 9 de septiembre los estudiantes la «tomaron» hasta que fueron desalojados por el ejército y la policía.

El movimiento estudiantil por la Reforma Universitaria no fue patrimonio de ningún partido político. En su gestación participaron radicales, socialistas, anarquistas y liberales democráticos, mancomunados en el cuestionamiento al dominio oligárquico sobre la universidad. Intelectuales prestigiosos, como José Ingenieros, brindaron su apoyo a la protesta.

El presidente Yrigoyen hizo suyas las banderas de la Reforma y convalidó, a través de sucesivos decretos, sus postulados fundamentales. Así nació la primera legislación reformista en las universidades americanas. Su influencia se extendió a México, a Perú y a otros países del continente.

Las bases programáticas que estableció la Reforma fueron:

Cogobierno estudiantil
Autonomía universitaria
Docencia libre
Libertad de cátedra
Concursos con jurados con participación estudiantil
Investigación como función de la universidad
Extensión universitaria y compromiso con la sociedad

LA JUVENTUD ARGENTINA DE CÓRDOBA A LOS HOMBRES LIBRES DE SUDAMÉRICA

Hombres de una república libre acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.

La rebeldía estalla en Córdoba y es violenta porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es el fruto del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.

Nuestro régimen universitario -aun el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie de derecho divino; el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en ios estudiantes. El concepto de autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios no puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la sustancia misma de los estudios. La autoridad, en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: enseñando. […]

Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de autoridad que en estas casas de estudio es un baluarte de la absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa dignidad y la falsa competencia. […]

La juventud ya no pide, exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa. […]

La Juventud Universitaria de Córdoba, por intermedio de su federación, saluda a los compañeros de América toda y les incita a colaborar con la obra de libertad que se inicia.»

Fuentes Consultadas:
Historia Argentina Santillana Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 La Nación Argentina Kapeluz de Miretzky – Mur – Ribas – Royo.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
POR PABLO BUCHBINDER
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

Los reclamos de los estudiantes realizados durante los primeros meses del año econtraron econ en el gobierno de don Hipolito Irigoyen. Sin duda entre los militantes radicales la causa de los alumnos cordobeses genera una adhesión. Por eso la Universidad fue intervenida por el Poder Ejecutivo en abril.

El interventor José N. Matienzo impuso un nuevo estatuto. Terminó con los órganos de gobierno integrados por miembros vitalicios y obligó a hacer elecciones. El nuevo estatuto otorgó a los profesores de la Universidad la potestad para elegir a las autoridades de los órganos colegiados que eligen al rector. Sin embargo, los profesores volvieron a elegir a aquellos que habían controlado la Universidad hasta la intervención. Se inclinaron así por los grupos ligados a la «Corda Frates», un pequeño y cerrado círculo secreto de la oligarquía cordobesa.

Esto generó una nueva reacción de los estudiantes que decidieron desconocer el gobierno de la Universidad surgido de aquella intervención. Creen que es necesario un nuevo proceso de intervención, pero pretenden ahora jugar un papel decisivo. Los nuevos estatutos deben asignar, han declarado los dirigentes, un papel relevante a los estudiantes en la elección de las autoridades. Sólo la participación activa de los jóvenes puede garantizar el cambio que la casa de estudios de Córdoba requiere para adecuar su enseñanza, perfeccionarla y modernizarla.

El movimiento de los estudiantes ha generado una gran simpatía entre los trabajadores de la provincia de Córdoba y también entre algunos de sus profesionales, especialmente médicos y abogados. También ha logrado una notable adhesión en las capitales de diferentes provincias y en la de la República. La consigna «Córdoba libre», pregonada por los estudiantes cambio son en la provincia mediterránea todavía muy fuertes. Los conservadores, clericales y reaccionarios, que han sido desalojados de sus posiciones de poder en las provincias gracias al gobierno radical, se resisten a ceder el control de la Universidad.

Han tomado a la casa de estudios como si fuera su propio feudo. Sin embargo, confiamos desde esta redacción en que el gobiernonacional siga siendo consecuente en su defensa de las instituciones liberales y democráticas.

Así parecen indicarlo los rumores que señalan que el mismísimo ministro de Justicia e Instrucción Pública, José S. Salinas, va a hacerse cargo de una nueva intervención. Se cree también que él va a imponer los nuevos estatutos que garantizarán la participación activa de los estudiantes y consecuentemente el cambio que requiere la Universidad para adecuarse a los tiempos que vendrán.

Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

Exportaciones de Granos en 1880 Caracteristicas Plan Agroexportador

Exportaciones de Granos en 1880
Características Plan Agroexportador

Principal objetivo económico: Producir, exportar…

A a solidez de la moneda y de la economía argentina dependía de la evolución del comercio exterior o, en otras palabras, de la capacidad nacional para exportar mucho, importar lo indispensable y capitalizarse con los saldos del intercambio. Como ya se ha dicho, la situación del mercado internacional era óptima para la incorporación de esta Argentina recién llegada. Pero en la década del ochenta el despegue de nuestro país, aunque impresionante, no alcanzó a arrojar saldos positivos. A partir de esta realidad, todo se iría deteriorando hasta llegar al estallido de 1890.

Exportaciones de Granos en 1880 Caracteristicas Plan Agroexportador

Las exportaciones argentinas, calculadas en pesos oro, fueron de casi 60 millones en 1880, y aumentaron gradualmente hasta llegar a 100 millones en 1890. Las importaciones también aumentaron, pero mucho más rápidamente: de 45 millones en 1880, a 142 millones en 1890. Salvo 1880 y 1881, todos los años siguientes arrojaron saldos negativos: en 1889 el monto fue de 74 millones de pesos oro. Esta balanza comercial deficitaria se fue cubriendo con ingresos en metálico provenientes del exterior en forma de empréstitos, o con la enajenación de ferrocarriles, tierras y otros bienes nacionales.

Se trataba, naturalmenle, de recursos de emergencia. Algunas voces prudentes, como la de Sarmiento que hablaba de «la gran deudora del sur, o la de Aristóbulo del Valle que clamaba contra las emisiones de papel sin respaldo, verdaderas falsificaciones vaticinaban sombríamente los resultados de esta política.

Sin embargo, aunque nuestro comercio exterior presentaba esta grave debilidad, las líneas tendidas en esta década eran correctas y se asentaban en una lúcida apreciación de la realidad industrial europea. Los mercados del Viejo Continente reclamaban lanas y cueros para elaborar; sus pueblos podían consumir una mayor cantidad de alimentos de mejor calidad. El descubrimiento del frío artificial hacía posible el transporte de la carne, y los crecientes tonelajes de los buques de ultramar permitían grandes cargamentos de cereales.

La Argentina tenía tierras vastas y fértiles, que se podían explotar a bajos precios, y una tradición agrícola y ganadera que incorporaba, año tras año, una mejor tecnología. Faltaban, eso sí, medios de transporte que abarataran los costos derivados del inconveniente de la lejanía de las praderas respecto de la boca de salida.

Planteadas así las cosas, es indudable que la política en materia de exportaciones seguida por el Estado en aquellos anos rué correcta. La producción primaria, sobre todo la pecuaria, recibió toda clase de apoyo, desde exenciones impositivas para promover los envíos de carne enfriada, hasta ventas de grandes extensiones de tierra a bajo precio; desde los créditos fáciles en los bancos, hasta el establecimiento de un nuevo Banco Hipotecario, que haría afluir al país ingentes capitales externos a través de la venta de sus acreditadas cédulas.

Las incipientes fuerzas productivas locales respondieron positivamente a estos estímulos, como era de prever; a fin de destacar esta saludable reacción basta recordar la incorporación de maquinaria agrícola, alambrados y molinos a las explotaciones, o la acelerada mestización del ganado.

¿Qué ocurrió, entonces, para que el desequilibrio de nuestro comercio exterior llegara, a fines de la década de 1880, a ser catastrófico? Ocurrió que los frutos de este proceso tenían necesariamente un tiempo de maduración, y en estos años todavía estaban verdes…

Las exportaciones de trigo, maíz y lino eran promisorias pero todavía insuficientes: recién habrían de maximizarse en la década siguiente y, de modo espectacular, en la que se inició en 1900. Sólo el tasajo, los cueros y las lanas podían compensar, en la década que estudiamos, las importaciones masivas: pero el tasajo estaba dejando de consumirse en sus antiguos mercados, y la lana, por su parte, vio bajar su precio en Europa. En cambio, las importaciones subían sin control.

Se centraban en bienes de consumo, especialmente alimentos y bebidas destinados a satisfacer la demanda de aquellos inmigrantes que aún conservaban sus hábitos nacionales, o en textiles. Se importaban también bienes de capital o de consumo durable, pero en porcentajes bajos.

En 1885 empiezan a incrementarse firmemente las exportaciones agrícolas y, paralelamente, las importaciones, siempre en ascenso, comienzan a variar su composición: ahora se trae material ferroviario, productos industriales y otros bienes de capital. Pero los resultados de estas incorporaciones tendrán que esperar unos años para manifestarse: por ahora sólo agravan el desequilibrio de nuestra balanza comercial.

Ningún país puede sobrevivir mucho tiempo a un déficit continuo y creciente en su intercambio. Ocho años de balance negativo en nuestro comercio exterior, disimulados con empréstitos e inflación, bastaron para conmover la vulnerable economía de 1890.

Y sin embargo, el esquema comercial de la Argentina estaba bien planteado. El país había detectado correctamente sus mercados, identificado los bienes que debía privilegiar, e incorporado las técnicas que aumentarían y mejorarían la producción. Simplemente faltó contención y disciplina para que estas acertadas líneas productivas dispusieran del tiempo necesario para robustecerse. Resultaba más fácil endeudarse y seguir importando todo lo que se les ocurriera a los consumidores…

¿Cómo pudo mantenerse durante diez años esta ficticia arquitectura? La explicación no es fácil, pero seguramente debe centrarse en la enorme fe que suscitaba el espectáculo argentino: la consolidación de sus instituciones, la explotación de sus tierras fértiles y la ocupación de las marginales, la explosiva actividad de sus habitantes, la rápida asimilación de sus inmigrantes y, sobre todo, un proceso que en ese momento era el gran vector del progreso mundial: los ferrocarriles, en los que fluía el tráfico y el comercio.

 

La Batalla de Caseros Antecedentes y Causas Fin Gobierno Rosista

Causas y Antecedentes de la Batalla de Caseros – Fin Gobierno Rosista

El 3 de febrero de 1852 en Monte Caseros el ejército de Urquiza derrotó al ejército de Rosas. Ese mismo día Rosas eleva su renuncia a la legislatura y busca refugio en un barco inglés. Es el fin de la tiranía.

Urquiza, gobernador de Entre Ríos, era de ideas netamente federales y ferviente partidario de Rosas.

Hacia 1850 el poder de Urquiza se ha robustecido y cada vez soporta menos el centralismo y las medidas despóticas del tirano.

Por otra parte el vigor del régimen rosista se ha desgastado. Como todos los movimientos dictatoriales a medida que ha logrado sus objetivos y garantiza un orden va perdiendo el entusiasmo provocado en sus comienzos.

Las provincias habían delegado en el gobernador de Buenos Aires la conducción de las relaciones internacionales. Cada año Rosas comunicaba a las provincias su renuncia al ejercicio de esta delegación y las provincias invariablemente lo confirmaban rivalizando en elogios a su persona.

En 1851, en ocasión de esta acostumbrada renuncia, Urquiza dictó un decreto retirando a Rosas las facultades de cuidar de las relaciones diplomáticas de su provincia.

El decreto establecía que la provincia de Entre Ríos atendería por sí misma las relaciones con los países extranjeros hasta la organización definitiva de la República. Es el llamado «pronunciamiento de Urquiza».

Pocos días después el gobernador de Entre Ríos dictó otro decreto por el que substituía el lema «Mueran los Salvajes Unitarios» que encabezaba todos los documentos oficiales por otro que decía «Mueran los enemigos de la organización nacional«. La ruptura con Rosas estaba consumada.

El 25 de mayo Urquiza lanzó una proclama en que expresaba su resolución de combatir por las armas la tiranía.

El día 29 firmó una alianza militar con Brasil, la Banda Oriental y Corrientes. Atacó y derrotó a Oribe que sitiaba a Montevideo.

En Diamante estableció sus campamentos y organizó el llamado Ejército Grande, con que se dispuso a avanzar sobre Buenos Aires. El ejército estaba compuesto por 24.000 hombres, incluidos 4.000 brasileños de cuerpos de línea.

El ejército marchó sin encontrar resistencias. Tampoco encontró simpatías y colaboración de los pueblos que atravesaba.

El encuentro se produjo en Caseros. Apenas se luchó pero la situación se definió categóricamente a favor de Urquiza.

De Santos Lugares Rosas envió su renuncia ese mismo día y se refugió en la casa del encargado de negocios de Inglaterra.

— Urquiza penetró con sus tropas en Buenos Aires que lo recibió con absoluta frialdad. El pueblo estaba disgustado y humillado por la presencia en el Ejército Grande de cuerpos militares brasileños.

— «Ni vencedores, ni vencidos» era el lema de Urquiza. Pero no se cumplió. Hubo venganzas y actos de barbarie por parte de los vencedores.

— Urquiza se encontró con serias dificultades. Los unitarios, sus aliados momentáneos, se creían dueños de la victoria y pretendían implantar una política centralista y porteñista.

El 27 de febrero Urquiza publicó una violenta proclama en que acusaba a los «salvajes unitarios» de reclamar la herencia de «una revolución que no les pertenecía, una victoria en la que no han tenido parte, una patria cuyo sosiego perturbaron, cuya independencia comprometieron y cuya libertad sacrificaron con su ambición».

— Urquiza, dada la oposición unitaria, se retiró a Palermo. Mantuvo sin dudar el sistema federal y estableció cordiales relaciones con los gobernadores resistas de las provincias.

Firmó con los gobernadores de Buenos Aires, Corrientes y Santa Fe el Protocolo de Palermo por el que estas provincias delegaban en él las relaciones exteriores.

Los gobernadores de provincia fueron invitados a una reunión para convenir las bases de una organización nacional. El acuerdo se celebró en San Nicolás el 31 de mayo de 1852.

En él se establece la vigencia del Pacto Federal de 1831 y se resuelve convocar un Congreso Constituyente a reunirse en Santa Fe. Cada provincia enviará dos diputados.

Se establece también que Urquiza desempeñará provisoriamente el cargo de Director Supremo.

Todas las provincias, excepto Buenos Aires, firman el acuerdo.

Antecedentes de la Batalla de Casero

El progreso de la ganadería encontraba un obstáculo en el estancamiento técnico en que la mantenía el saladerorosista. Se hacía necesario realizar un cambio en los modos de producción —introducción de razas finas, alambrado, selección zootécnica—, con las miras puestas en el mercado europeo.

Estas reformas se imponían primeramente en el mercado lanar, contraponiendo los intereses de estos ganaderos más progresistas, por necesidad de su propia producción, a la oligarquía vacuna, quien, ligada a la industria del tasajo, seguía empeñada en mantener la estructura atrasada que había determinado el tasajo.

Pero la industria del tasajo perdía fuerza a medida que la esclavitud desaparecía de América, en tanto que la demanda de lana iba en creciente aumento como consecuencia de la expansión de la industria textil en Inglaterra.

Del mismo modo que el tasajo había desplazando al cuero, ahora la lana desplazaba al tasajo. La industrialización ganadera introducía en el seno del régimen monolítico rosista un elemento de contradicción que le impedía fijarse. Esta modificación de los modos de producción no podía dejar del tener repercusiones políticas y social les.

Caseros sería el resultado de la coincidencia de intereses entre el ala progresista de la ganadería bonaerense y los ganaderos del litoral. La oligarquía bonaerense estaba dispuesta a entrar en la nueva onda europea, pero Rosas no estaba preparado mentalmente «para seguir la nueva corriente». El hombre que había sido la expresión de un determinado momento económico del país, no podía adaptarse a la nueva situación cuando la situación expresada por él era superada por los hechos.

Por otra parte, la dictadura empezaba a resultar un gasto superfluo, había sido necesaria para afianzar a la oligarquía en el poder, pero ahora podía solo en la vitalidad inherente a la pujante fuerza económica de la ganadería. La refinada oligarquía porteña empezó a ver con desagrado los métodos brutales de Rosas porque la violencia, aunque se producía en el propio interés de la oligarquía, no podía dejar de mancharle la ropa y arrojarla a veces a situaciones ridículas y humillantes que terminaron por irritarla.

Ya Anchorena exclamaba: «Ha entrado en un camino (Rosas) en el que yo no debo seguirlo ni puedo contrariarlo». Rosas había creado una situación en la que sus amigos podían seguir gobernando sin necesidad de él. El rosismo había agotado su función histórica.

Perdido el apoyo de la oligarquía que lo había levantado, ni siquiera intentó defenderse, y dejó el poder en las mismas manos de quienes lo había recibido. No es difícil imaginar cuál sería la actitud de los más notorios rosistas, pertenecientes a la oligarquía bonaerense, con respecto al vencedor de Caseros.

Al día siguiente, Nicolás Anchorena, Perrero, Vélez Sársfield y otros miembros representativos de la «clase decente» de Buenos Aires acudieron a Palermo a abrazar a Urquiza. Alberdi cuenta:»Le oí decir a Rosas que Anchorena, al acercarse Urquiza a Buenos Aires, le dijo que si triunfaba Urquiza «no le quedaba más remedio que agarrarse a los faldones de Urquiza y correr su suerte aunque fuese al infierno» y que en seguida lo abandonó».

Es característico de la oligarquía argentina no ser fiel a sus amistades políticas, sino tan solo a sus intereses económicos más inmediatos. Rosas había servido de chivo expiatorio, y cargó con la culpa de toda la tribu. Cuanto más comprometida estaba con el rosismo, más visiblemente antirrosista sería la oligarquía después de Caseros.

Para que los Anchorena, los Torres, los Terrero, pudieran seguir en el poder era preciso que Rosas no volviera nunca: «el tirano emigró sin la tiranía«, como diría Alberdi.

EL EJÉRCITO GRANDE ATRAVIESA EL PARANÁ: EL RELATO DE SARNIENTO.

«El sol de ayer ha iluminado uno de los espectáculos más grandiosos que la naturaleza y los hombres pueden ofrecer: el pasaje de un gran río por un grande ejército.

Las alturas de Punta Gorda ocupan un lugar prominente en la historia de los pueblos argentinos. De este punto han partido las más grandes oleadas políticas que los han agitado. De aquí partió el general Ramírez, de aquí el general Lavalle defendiendo principios políticos distintos. De aquí se lanza ahora el general Urquiza al grito de Regeneración de poblaciones en masa, y ayudado de naciones que piden paz y seguridad.

La Villa del Diamante ocupa uno de los sitios más bellos del mundo. Desde sus alturas, escalonadas en planos ascendentes, la vista domina un vasto panorama: masas ingentes de las plácidas aguas del Paraná, planicies inconmensurables en las vecinas islas, y en el lejano horizonte brazos del Río y la costa firme de Santa Fe, punto de partida de la gran cruzada de los pueblos argentinos.

Animaban la escena del paso de las divisiones de vanguardia la presencia de los vapores de la escuadra brasilera, y la llegada de las balsas correntinas, […] capaces de contener, en su recinto circundado de una estacada, cien caballos.

Al amanecer del día 23 todo era animación y movimiento en las alturas del Diamante, en la Playa, en los buques y en ias aguas.

En los países poco conocedores de nuestras costumbres, el juicio se resiste a concebir cómo cinco mil hombres, conduciendo diez mil caballos, atravesaron a nado en un solo día el Uruguay, en una extensión de más de una milla de ancho, y sobre una profundidad que da paso a vapores y buques de calado.

Esta vez el auxilio del vapor hacía innecesarios esfuerzos tan prodigiosos. Embarcaciones menores pasaban de una a otra orilla los batallones de infantería en grupos pintorescos que matizaban de vivísimo rojo la superficie brillante de las aguas.

El vapor D. Pedro, de ligerísi-mas dimensiones, remolcaba las balsas cargadas de caballos, pero aún no satisfecha la actividad del General en Jefe con estos medios, centenares de nadadores dirigían el paso de tropas de caballos, cuyas cabezas se diseñaban apenas, como pequeños puntos negros que interrumpían en líneas transversales la tersura del río.

Por horas enteras veíase algún nadador, luchando con un solo caballo, obstinado en volver atrás a la mitad del canal, mientras que el espectador se reposaba de la fatiga, que causa el espectáculo de tan prodigiosos esfuerzos, al divisar en la opuesta orilla los caballos que tomaban tierra, los batallones que desplegaban al sol sus tiendas, y allá en el horizonte los rojos escuadrones de caballería, que desde temprano avanzaban perdiéndose de vista en la verde llanura de las islas. […].

En medio de la variada escena del paso del Paraná descubrióse al Sud el humo de nuevos vapores que llegaban conduciendo tropas; y poco después túvose noticia que el general Mansilla había abandonado los acantonamientos de Ramallo, dejando clavados los cañones que guarnecían el Tonelero. Los entusiastas vivas de la población del Rosario saludaron a su paso a nuestros auxiliares, y varios oficiales del desconcertado Ejército de Rosas, obtuvieron pasaje en los vapores para reunirse a nuestras fuerzas.» […].

Domingo F. Sarmiento. Campaña en el Ejército Grande.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Los primeros saladeros Politica economica de Rosas Expotacion tasajo

Los Primeros Saladeros  – Política Económica de Rosas

El auge del saladero: La consecuencia del comercio libre fue el desplazamiento de los comerciantes criollos por los ingleses. Aquellos optaron por retirarse luego de un intento de lucha a través del Consulado, y cambiaron las actividades comerciales por las ganaderas, integrándose dé ese modo a la división del trabajo mundial propugnada por Inglaterra. El saladero traerá el auge de la producción agropecuaria a partir de 1815, año en que Rosas abre su primer saladero, Las Higueritas, en Quilmes.

Primeros Saladeros

Primeros Saladeros

El saladero rosista no tendrá un carácter feudal como se lo asigna José Ingenieros —La evolución de las ideas políticas en la Argentina—, sino que constituye una etapa en el desarrollo del capitalismo argentino. Pero al mismo tiempo, y eso lo escamotean los resistas, marca el carácter dependiente, atrasado, semicolonial del capitalismo argentino! desde sus orígenes.

Con Rosas quedó establecido el sistema económico que convertiría al país en exportador de materias primas e importador de productos manufacturados, procedentes principalmente de Inglaterra, con la consiguiente dependencia que! estas relaciones implicarán, sobre todo a partir de la aparición del imperialismo, en las últimas décadas del siglo. La impotencia de la burguesía comercial para transformarse en una burguesía industrial provocó su sustitución política por la burguesía ganadera, la única clase productora, aunque de una producción subordinada al exterior.

El programa de una economía nacional, esbozado por Moreno e intentado vanamente por el grupo rivadaviano en su última época, será reemplazado en el grupo rosista por una economía estrechamente localista; los intereses del país serán desde entonces los intereses de la provincia de Buenos Aires, y los intereses de la provincia de Buenos Aires los intereses de la clase ganadera bonaerense. La rápida riqueza que trajo el desarrollo de la ganadería provocó el total desinterés de la oligarquía porteña por fomentar un desarrollo industrial, lo que, por otra parte, la hubiera malquistado con su principal consumidor de cuero, Inglaterra.

Esta grave deformación de la economía nacional, iniciada por Rosas y los estancieros saladeristas entre los años 20 y 30, se prolongará casi hasta la tercera década del siglo siguiente. Algunos resistas —José María Rosa en Defensa y pérdida de nuestra independencia ‘económica— alegarán que la apertura de los saladeristas hacia el mercado esclavista americano —Estados Unidos, Brasil, las Antillas— permitía a los ganaderos prescindir del mercado inglés y realizar, de ese modo, una política independiente. Tal enfrentamiento en realidad no existió. Los ingleses seguían siendo consumidores de los productos ganaderos al margen del tasajo y, por otra parte, el proceso de comercialización externo seguía en sus manos.

El total desinterés de la oligarquía ganadera bonaerense por el desarrollo de una industria nacional se mostró en la defensa del librecambio que hizo en 1830 el delegado de Rosas, José María Roxas y Patrón, él también un gran estanciero, frente a la posición proteccionista del gobernador de Corrientes, Ferré.

En tal ocasión, Roxas y Patrón, haciéndose portavoz de la oligarquía ganadera bonaerense, sostuvo que la ganadería era la industria madre del país y que no era justo que el consumo nacional pagara precios elevados por un producto industrial mediante una política proteccionista. Esta tesis sería repetida en diversas épocas por los representantes de la oligarquía ganadera para oponerse a todos los intentos de industrialización del país. Le cupo a Rosas el triste honor de ser el precursor de esta doctrina antinacional.

Los rosistas, que no pueden ocultar esta posición de Rosas, hacen una artificiosa división entré el primer gobierno de Rosas, en el que éste todavía estaría representando los intereses locales, y el segundo gobierno, donde, según ellos, expresaría los intereses nacionales a través de la Ley de Aduana de 1835.

En realidad, esta ley, limitadamente proteccionista, solo estuvo en vigencia seis años; fue levantada en diciembre de 1841, después del bloqueo francés. Había sido impuesta, en contra de la voluntad del grupo rosista, por la enorme presión de las provincias y de los pequeños industriales y artesanos de Buenos Aires.

PRIMEROS SALADEROS DE ARGENTINA: El primer establecimiento saladero de Buenos Aires fue creado en 1810 por los ingleses Roberto Staples y Juan Me Neile. En 1812, trabajaban en él cerca de sesenta hombres. En 1815, la sociedad formada por Juan Manuel de Rosas, Juan Terrero y Luis Dorrego estableció en Quilmes (provincia de Buenos Aires) el famoso saladero Las Higueritas. Posteriormente se instalaron otros en las orillas del Riachuelo. La actividad de los saladeros permitió el aprovechamiento integral del vacuno y la producción de carne para la exportación, y contribuyó a valorar la ganadería. El tasajo se exportaba a Cuba y Brasil para el consumo de los esclavos.

En 1821, la eliminación de los derechos de exportación de la carne salada transportada en buques nacionales favoreció ampliamente al sector que controlaba la actividad. A fines de 1820 había más de veinte saladeros en Buenos Aires.

Los saladeros emplearon trabajadores asalariados que tenían a su cargo una etapa de la producción. Luego de enlazar y matar a los animales elegidos, se les sacaba el cuero y se trozaba su carne en tiras. Éstas se apilaban con abundante sal entre capa y capa. Cada diez días se asoleaba la carne y se la apilaba nuevamente. Al cabo de cuarenta o cincuenta días el producto estaba listo.

Fuente Consultada:
Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo
Historia Argentina de Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 Historia de una Nación Miretzky y Otros

Rivadavia y la oligarquia Formacion de la clase oligarca porteña

Rivadavia y la oligarquía-Formación de la clase oligarca porteña

La oligarquía se hace federal: En tanto Rivadavia representaba los intereses locales de la provincias de Bs.As., la oligarquía porteña fue unitaria. Cuando con el Congreso Constituyente de 1826 Rivadavia decide la organización nacional, la división de la provincia de Buenos Aires y la capitalización de la ciudad de Buenos Aires, la oligarquía bonaerense se hace furiosamente antirrivadaviana. ¡No era para menos!.

La nacionalización de Buenos Aires implicaba la nacionalización del puerto y de los derechos aduaneros, privilegios hasta entonces de la oligarquía porteña. «En realidad —explica Mirón Burgin—, la federalización de la ciudad de Buenos Aires era para la provincia la pérdida, primero, de una parte considerable de su territorio (comercialmente la más importante); segundo, de un cincuenta por ciento de la población y una proporción mayor de sus riquezas, y tercero, de casi todos sus ingresos». Como comenta Enrique Barba: «A Anchorena más que interesarle el problema de la Capital, le preocupaba el problema del Capital».

La oligarquía porteña comprendió que la política nacional de Rivadavia la despojaba de sus privilegios locales, ya que no podía disponer a su arbitrio de la tierra pública ni vender libremente sus productos a los ingleses ni mantener el monopolio de la Aduana. La ruptura con Rivadavia era inevitable. A partir de entonces adheriría al partido federal, capitaneado por Dorrego.

Sin embargo, los antecedentes políticos de la oligarquía estaban en una línea opuesta a la de Dorrego: venían del saavedrismo, pasaron luego al régimen directorial y, por último, al unitarismo. Dorrego, en cambio, procedía del morenismo, había sido antidirectorial, y admitía como antecedente directo a Artigas, en quien la burguesía porteña había centrado todos sus odios. Esa especie de Robín Hood de las pampas había tenido la osadía de promulgar una reforma agraria en la que se repartía la tierra entre los gauchos.

La inusitada adhesión de la oligarquía porteña, rabiosamente antiartiguista, al federalismo, fue observada por López: «Algunos de sus nombres servirían para que se juzgue de los elementos de acción que en su nueva forma había recibido el partido federal; partido que por su denominación al menos se ligaba a la insurrección litoral de los artiguistas, a quienes éstos habían combatido a muerte, rechazándolos antes como bárbaros, y adoptando ahora sus principios como necesarios y útiles a la provincia de Buenos Aires: García Zuñiga, Arana, Aguirre, Cavia, Rojas, Anchorena, Masa, Rosas, Ezcurra, Arguibel, Moreno, Balcarce, Escalada, Medrano, Obligado, Perdriel, Wright, Del Pino, Echevarría, Terrero, Vidal (Celestino), Izquierdo y .otros, en cuyo cómputo están todavía entroncados gran número de familias afincadas y notables de nuestro tiempo».

Pronto el grupo oligárquico desplazaría del partido federal al sector democrático apoyado en las masas populares urbanas. El federalismo democrático de Dorrego sería reemplazado por el federalismo oligárquico de Rosas, Anchorena y su pandilla.

El rosismo, expresión de la oligarquía:
La línea «populista» del rosismo intenta mostrar a Rosas como expresión de las masas populares. José María Rosa llega a hablar del «socialismo de Rosas». Los historiadores clásicos de la burguesía, en cambio, no se engañan al respecto, y nos muestran a Rosas como un típico representante de la oligarquía terrateniente bonaerense. El propio sobrino de Rosas, Lucio V., Mansilla, dirá: «En sus primeros tiempos, ser rico significaba para él todo; es un fin supremo. Todavía no ve que es un medio también. No hay antecedente que demuestre que el estanciero podrá llegar a tener gran ambición política. Despertóse esta después. En tal sentido, Rosas no se hizo; lo hicieron los sucesos, lo hicieron otros, algunos ricachones egoístas, burgueses con ínfulas señoriales, especie de aristocracia territorial que no era por cierto la gentry inglesa. Era hombre de orden, moderado, de buenas costumbres, con prestigio en el gauchaje; tras de él, estarían ellos gobernando».

Basta ver los nombres que componían la Legislatura que eligió a Rosas otorgándole las facultades extraordinarias, para tener una idea cabal del contenido de clase del gobierno rosista. Entre los legisladores estaban Nicolás y Tomás Anchorena, Aguirre, Obligado, Irigoyen, García Zuñiga, Escalada, Peña, Seguróla, Posadas.

Entre las familias que adornaban sus casas en la celebración de las fiestas federales se contaban las de Anchorena, García Zuñiga, Irigoyen, Escalada, Peralta, Elía, Azcuénaga, etc. La Sociedad Popular Restauradora estaba compuesta también por miembros prestigiosos de la oligarquía: Miguel de Riglos, Miguel de Iraola, Saturnino Unzué, Francisco Obarrio, Francisco Salas, Miguel Peralta, etc.

Pero será el propio Rosas quien en una reveladora carta del destierro nos diga que toda su acción política estuvo al servicio de los intereses económicos de los Anchorena: «Entré y seguí por ellos, y por servirlos en la vida pública.  Durante ella los serví, con notoria preferencia, en todo cuanto me pidieron y en todo cuanto me necesitaron. Estas tierras que tienen en tan grande escala, por mí se hicieron de ellas, comprándolas a precios muy moderados. Hoy valen muchos millones, las que entonces compraron por pocos miles. Podría agregar mucho más, si el asunto no me fuera tan desagradable y el tiempo tan corto».

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Ley de Enfiteusis de Rivadavia Reparto de la Tierra Publica Objetivo

Ley de Enfiteusis de Rivadavia – Reparto de la Tierra Pública

La ley de Enfiteusis y el reparto de tierras públicas:
En 1822 Rivadavia dictó la ley llamada de Enfiteusis, que fue aprobada el 18 de agosto por la Junta deRepresentantes, entre cuyos miembros se contaban, como siempre desde su creación, los Anchorena y los apellidos más prominentes de la oligarquía.

Teóricamente la ley se proponía una distribución racional de la tierra, una diversificación de la producción rural, fomentando la agricultura y la creación de una nueva clase media de colonos que enfrentara a la oligarquía terrateniente.

Pero al ser llevada a la práctica esta ley produjo su propia negación: no fueron los inmigrantes labriegos, con los que soñaba utópicamente Rivadavia, quienes se repartían la tierra, sino precisamente la gran oligarquía terrateniente y hacendada, que ya tenía tierras desde la época de la colonia y que no hizo sino extender sus posesiones.

Basta leer las listas de enfiteutas para comprobarlo. «La mayoría de los nombres de los enfiteutas —dice Jacinto Oddone— son bien conocidos. Los oímos pronunciar todos los días.

En cualquier momento los podemos leer en la crónica social de los grandes diarios de la Capital Federal y de las ciudades y pueblos de campaña. Los llevan los personajes más encumbrados de nuestro gran mundo y muchos directores de la política nacional y provincial.

Sin embargo, es seguro ¿que por más previsores que hayan sido aquellosenfiteutas, han de haber estado lejos de sospechar que la tierra pública que el gobierno concedía en el año 1822, de valor ínfimo, casi nulo, convertiría en millonarios a sus descendientes de tercera o cuarta generación, haciéndolos dueños del suelo de la provincia».

En la lista de enfiteutas figuran los siguientes apellidos famosos: Aguirre, Anchorena, Alzaga, Alvear, Arana, Arroyo, Azcuénaga, Basualdo, Bernal, Bosch, Bustamante, Cabral, CascaMares, Castro, Díaz Vélez, Dorrego, Eguía, Echeverría, Escalada, Ezcurra, Gallardo, Gowland, Guerrico, Irigoyen, Lacarra, Larrea, Lastra, Lezica, Lynch, López, Miguens, Obarrio, Ocampo, Olivera, Ortiz Basualdo, Otamendi, Pacheco, Páez, Quiroga, Quirno, Rozas, Sáenz Valiente y tantos otros. Los inmigrantes que quería Rivadavia, por supuesto, no llegaron nunca a ocupar esas tierras.

Es fácil prever cómo se sabotearía el proyecto de inmigración, si observamos que la comisión para organizar la contratación de inmigrantes europeos —creada por decreto de Rivadavia del año 1824— estaba presidida por el primo de  Anchorena, Juan Pedro Aguirre, e integrada entre otros por el propio Juan Manuel de Rosas.

En 1828, la oligarquía terrateniente que domina la Legislatura consiguió  modificar la Ley de Enfiteusis para que aprovechara más aun a sus intereses. En un debate de la Legislatura llevado a cabo en enero de 1828, el general Viamonte combatió la cláusula de la ley que prohibía a los enfiteutas adquirir nuevas tierras, limitando así el derecho de propiedad.

En sesiones que van del 6 al 16 de febrero, Tomás de Anchorena sostuvo el proyecto de reforma en el sentido en que lo promulgaba Viamonte. De este modo la Ley de Enfiteusis perdía hasta su último rasgo progresista, para convertirse lisa y llanamente en el gran negociado de la burguesía terrateniente bonaerense.

Como los que resultaban favorecidos con la Ley de Enfiteusis eran los mismos que la habían votado en la Legislatura, puede decirse que comenzó con esa Ley la historia del latrocinio y el despojo de las tierras» públicas por la oligarquía porteña. Durante el gobierno de Rosas no le resultaría muy difícil a esta misma oligarquía, que seguía vinculada al gobierno, conseguir que éste les concediera la propiedad privada de las tierras que les habían sido entregadas en carácter de enfiteusis. El despojo quedaba de ese modo legalizado. En 1837 vencían los diez años de plazo otorgado a la enfiteusis: se aumentaba a partir de entonces el canon al doble.

El gobierno de Rosas, mediante un decreto del 19 de mayo de 1836, vendió 1.427 leguas —de las otorgadas en enfiteusis— a 253 adquirentes. En la nómina de los compradores se repiten los mismos nombres que en la de los enfiteutas, es decir, los tradicionales apellidos de la oligarquía porteña. Pero no solamente la oligarquía se aprovechaba de todos los privilegios que le otorgaba su participación en el gobierno, sino que, además, trataba, cuantas veces podía, de estafar al propio gobierno. En 1825 y 1826 fueron multados, entre otros, Tomás, Juan José y Nicolás Anchorena por evasión de impuestos.

La enfiteusis
La enfiteusis dejó triste saldo de su tortuosa aplicación: de 1822 a 1830. 538 propietarios en total obtuvieron por lo menos 3.026 leguas, o sea 8.656.000 hectáreas. Alcanzado este limite, la enfiteusis no convino más a los propios interesados que la votaron: son los grandes enfiteuta —los mismos que clamaban por limitaciones en las superficies acordadas cuando ellos alcanzaron límites casi infranqueables— los que ahora desean abolir el régimen. La actitud era lógica pues no convenía mantener esas enormes extensiones bajo un sistema que en definitiva reservaba las tierras al Estado: además, pese a todos los favoritismos, no se pudo evitar que se abrieran camino hacia la tierra, y su explotación directa, otros productores cuya proliferación afectaría fundamentalmente privilegios creados de antiguo.

GIBERTI, Horacio C.E.. Historia económica de la ganadería argentina

ENFITEUSIS
«Enfiteusis» es la «cesión perpetua o por largo tiempo del dominio útil de una finca mediante el pago anual de un canon al que hace la cesión, el cual conserva el dominio directo».

El ingeniero agrónomo Emilio A. Coni publicó en 1927, en la imprenta de la Universidad de Buenos Aires, La verdad sobre la enfiteusis de Rivadavia. Coni asegura: «No se había hecho hasta hoy un estudio serio, cronológico y documentado de la enfiteusis y su aplicación. Dos hombres solamente la habían estudiado, y superficialmente, Andrés Lamas, panegirista de Rivadavia, y Nicolás Avellaneda. Los demás autores no hicieron sino repetirlos. […] Confieso que antes de iniciar el estudio tenía ya mis dudas sobre la excelencia del sistema eufitéutico. Algunos datos aislados que había conseguido me lo hacían sospechar. Pero lo que más pesaba en mi espíritu para mantener esa duda era la opinión francamente contraria a la enfiteusis de todos los hombres de valer que actuaron después de Caseros y que habían sido testigos del sistema. Mitre, Sarmiento, Tejedor, Alberdi y Vélez Sarfield, por no citar sino a los principales, fustigaron a la enfiteusis con frases lapidarias y la calificaron de perniciosa. […] La enfiteusis rivadaviana no es de Rivadavia, sino el producto de un proceso histórico en el que participaron muchos hombres públicos, y que empieza con la hipoteca de las tierras públicas de acuerdo con el criterio de la época.

de que la mejor garantía para el crédito era la inmobiliaria. Y no pudiendo venderse la tierra hipotecada se dio en enfiteusis. Descubrí en la enfiteusis de 1826 tres gravísimos defectos, fundamentales para una ley de tierras públicas. Faltábale el máximo de extensión, lo que permitía otorgar 40 leguas cuadradas a un solo solicitante. No obligaba a poblar, de lo cual resultaba que la tierra se mantenía inculta y baldía esperando la valorización. Y la libre transmisión de la enfiteusis sólo servía, sea para acaparamientos, algunos superiores a 100 leguas cuadradas, o para el subarrendamiento expoliatorio de los infelices de la campaña por los poderosos de la ciudad.»

Ley Nacional de Enfiteusis del 18 de mayo de 1826
«Artículo 1°) Las tierras de propiedad pública… se darán en enfiteusis durante el término, cuando menos, de 20 años, que empezarán a contarse desde el 1° de enero de 1827.

Artículo 2°) En los primeros 10 años, el que los reciba en esta forma pagará al tesoro público la renta o canon correspondiente a un ocho por ciento anual sobre el valor que se considere a dichas tierras, si son de pastoreo, o a un cuatro por ciento si son de pan llevar.

Artículo 3°) El valor de la tierra será graduado en términos equitativos por un jury de cinco propietarios de los más inmediatos…

Artículo 5°) Si la evaluación hecha por el jury fuese reclamada, o por parte del enfiteuta, o por la del fisco, resolverá definitivamente un segundo jury, compuesto del mismo modo que el primero.

Artículo 6°) La renta o canon que por el artículo 2° se establece, empezará a correr desde el día en que al enfiteuta se mande dar posesión del terreno.

Artículo 7°) El canon correspondiente al primer año se satisfacerá por mitad en los dos años siguientes.

Artículo 9°) Al vencimiento de los 10 años que se fijan en el artículo 2°, la Legislatura Nacional reglará el canon que ha de satisfacer el enfiteuta en los años siguientes sobre el nuevo valor que se graduará entonces a las tierras en la forma que la Legislatura acuerde».

PARA SABER MAS…
ESTADO Vs. IGLESIA EN ESTA ETAPA RIVADAVIANA

En el Argos de Bs.As. del sábado 19 de octubre 1822, se publicaba un comentario acerca de la discusión sobre la reforma eclesiástica propuesta por el gobierno , que había tenido lugar en la sala de Representantes:

(…) ha quedado decretada la abolición del fuero personal del clero (…) El público ha quedado prendado del celo y patriotismo con que estos señores eclesiásticos, que han atacado con calor, y con los más vivos coloridos los perjuicios que resultan a La sociedad de esta distinción que les había sido concedida; (…). La representación y el gobierno caminan con pasos de gigante, y Buenos Aires, de día en día va dando pruebas que dentro de breve presentará el modelo de una de las sociedades más bien organizadas, y a donde correrán habitantes de todas naciones a disfrutar en su seno el libre ejercicio de su industria, la abundancia y la seguridad.»

Como parte del plan orgánico concebido por el ministro Bernardino Rivadavia y su grupo, el gobierno se ocupó también de la Iglesia. La revolución de 1810 había alcanzado con su impacto a la jerarquía eclesiástica del Río de la Plata, la había separado de Roma y privado de muchas de  sus autoridades legítimas. Corno resultado de la conmoción social que la afectó, la Iglesia ofrecía un cuadro de desorden interno que acusaba problemas de todo tipo. Rivadavia se propuso poner coto al desquicio de esa situación, pero la reforma se impuso desde el gobierno  que asumió de esta manera, una potestad que subordinaba la Iglesia al poder civil.

Se inventariaron los bienes eclesiásticos, inclusive los de las órdenes religiosas; se suprimió toda autoridad eclesiástica sobre franciscanos y mercedarios, que quedaron sujetos a la del gobierno; se fijaron normas de conducta para los frailes, entre otras medidas que se arbitraron.

La iglesia dividió sus posiciones frente al avance reformista del gobierno y Francisco de Paula Castañeda, un fraile recoleto, se erigió en el más firme y vocinglero contradictor de la reforma y su alma mater. Agitó la opinión a través de una serie de periódicos de vida efímera y nombres estrafalarios que, pese a constituir una campaña de verdadero asedio, no pudieron contener la resolución del gobierno.

La ley de reforma eclesiástica se sancionó en noviembre de 1822 después de un prolongado y ardoroso debate. Por ella se dispuso la anulación del diezmo, la secularización de las órdenes monásticas; los bienes de los conventos disueltos se declararon como propiedad del Estado, a cambio de lo cual el gobierno se comprometía a proveer el presupuesto de la iglesia. Así nació, dicen algunos autores, el primer presupuesto de culto y en el predio de los monjes recoletos se estableció el cementerio del Norte o de «la Recoleta» , bajo la administración estatal.

Con el apoyo de algunos eclesiásticos comprometidos con la reforma, en Buenos Aires ésta pudo llevarse adelante. En el resto del país, una sociedad más ligada a las tradiciones hispánicas no podía comprenderla y se hizo inaplicable. El gobierno y, especialmente su ministro, se ganaron una acusación de anticlericalismo que excedió con creces las intenciones de Rivadavia. La reforma tuvo, además, un correlato político de carácter más violento, como fue la revolución encabezada por Gregorio Tagle en 1823, rápidamente sofocada.

Establecimiento de la Enfiteusis
Dos decretos del gobierno de Buenos Aires establecieron las bases del régimen de enfiteusis. El del 17 de abril de 1822 que ordenó la inamovilidad de las tierras públicas prohibiendo su venta, y el del 1- de julio del mismo año que, además de ratificar el anterior, dispuso en el artículo 2a que: «Los terrenos que expresa el artículo anterior (los fiscales) serán puestos en enfiteusis con arreglo a la minuta de ley sobre terrenos».

Como consecuencia de esto último se comenzaron a otorgar tierras en enfiteusis, pese a que no se dictó la legislación necesaria para reglamentarla. De esta forma se entregaron propiedades sin límites de extensión que en lugar de fomentar el poblamiento de la campaña favorecieron la especulación y la concentración de la tierra en pocas manos.

Después que se constituyeron las autoridades nacionales, el Congreso nacional y la presidencia de la República, fue sancionada el 18 de mayo de 1826 la ley nacional de enfiteusis. En el art. 12 establecía que las tierras «se darán en enfiteusis durante el término, cuando menos de 20 años, que empezarán a contarse desde el 1e de enero de 1827».

El art. 2a que «En los primeros diez años el que la reciba en esta forma pagará al Tesoro Público la renta o canon correspondiente a un 8 por ciento anual sobre el valor que se considere a dichas tierras, si son de pastoreo, o a un 4 por ciento si son de para llevar». El 39 decía que el valor de las tierras sería fijado «por un jury de propietarios de los más inmediatos…». Los art. 4° y 5° se referían al funcionamiento del jury; el 62 a la fecha en que comenzaba a correr el canon; el art. 7- concedía que «El canon correspondiente al primer año se satisfará por mitad en los dos años siguientes»; el 8a se refería a que el Gobierno fijará los períodos para pagar el canon; y el que disponía que al término de los primeros diez años la legislatura fijaría el canon según el nuevo valor de las tierras.

Esta ley tenía dos fallas fundamentales. La primera y más importante era que no establecía límites de extensión ni de cantidad de contratos a los enfiteutas. De esta manera, los más influyentes consiguieron cesiones que, en algunos casos, superaron más de 100 leguas cuadradas (Tomás de Anchorena 118, es decir, 318.581 hectáreas) en las mejores zonas de la pampa húmeda.

Otro de los errores de la ley, en perjuicio del Estado y de sus fines, era que un jury de propietarios, según el art. 3-, fijaría el valor de las tierras. Como obviamente éstos era estancieros, y también enfiteutas, indudablemente deprimirían los valores. Pero no terminaba aquí el perjuicio para el Estado. Al respecto señala Jacinto Oddone en «La burguesía terrateniente argentina»: «No paró allí la audacia de los especuladores. Hemos visto con la lectura de la ley, que los enfiteutas debían abonar un canon al Estado por el uso de la tierra. Pues bien; pocos fueron quienes lo pagaron. Y el gobierno, que había cifrado sus esperanzas en ese grupo para abonar sus gastos, mayores después del empréstito del 27 de octubre (se refiere al empréstito Baring) y la guerra con el Brasil, se encontró de repente sin tierras y sin rentas».

De acuerdo con estos resultados, la enfiteusis rivadaviana, pese a que tenía objetivos muy distintos, significó el comienzo de la formación de los grandes latifundios en la provincia de Buenos Aires, en donde están las mejores tierras del país, que fueron consolidados por Rosas al entregar en propiedad las tierras concedidas a los enfiteutas, y por los gobiernos provinciales y nacionales que le siguieron, quienes otorgaron donaciones y cedieron, por ventas a baje precio, ingentes extensiones.

Ver También: Grupo Que Acompañaba a Rivadavia

Fuente Consultada:
Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo
Argentinos de Jorge Lanata

La Oligarquia en la Revolucion de Mayo Anchorena, Lezica, Escalada

La Oligarquía en la Revolución de Mayo

La oligarquía toma el poder: La Revolución de Mayo fue dirigida por intelectuales como Moreno, Belgrano y Castelli, que no pertenecían al grupo de los ricos comerciantes; formaban más bien lo que hoy se llamaría la clase media. Los ricos comerciantes, almaceneros, contrabandistas, agiotistas y especuladores de Buenos Aires, con su limitado horizonte de intereses exclusivamente personales, no podían ver de buen modo la revolución que venía a perturbar sus negocios.

semana de mayo, el cabildo porteño

De ellos nos dirá José María Ramos Mejía: «Eran ante todo comerciantes, y el comercio se aviene poco con las locuras juveniles y las improvisaciones impulsivas de la muchedumbre que venía empujándolos de atrás. Su espíritu mercantil, estimulado por la ausencia de vida intelectual, se les había ido en vicio, y cuando las exigencias del momento los obligó a actuar en la vida pública se les vio entrar con cierta parquedad recelosa, revelando la fuerte gravitación de sus costumbres seculares y la ausencia ingénita de actitudes para otras cosas que el menudo negocio, a los pechos del cual habían amamantado sus ideas».

La oligarquía fue, pues en un primer momento, desplazada por los jóvenes revolucionarios, pero esperaba la oportunidad para tomar el poder. En julio de 1812 se descubrió una conspiración de los reaccionarios encabezada por Martín de Alzaga.

La conspiración fracasó y Alzaga fue ahorcado, pero, a poco, los Anchorena, los Lezica y las principales familias de Buenos Aires, que no podían ver con buenos ojos la política progresista de la Asamblea del año 13, se fueron reuniendo, si no todavía en un partido, al menos en una agrupación anónima de opositores al gobierno, que tenía, como dice Vicente Fidel López, «su base principal en las clases antiguas del municipio, especie de aristocracia colonial que había entrado en la Revolución con un fuerte sentimiento de americanismo, pero con el ánimo de mantenerla circunscripta y prudente bajo su influjo, sin darse cuenta de los fines propios y nuevos que ella entrañaba».

Altivos y caballeros, por la tradición y por la acendrada honorabilidad de su viejo y rico hogar, los hombres que componían esa elevada burguesía conservaban en sus perfiles patricios algo del pater familias. Reaccionarios, por consiguiente, en cuanto al desarrollo político de la Revolución, miraban con profundo enojo que ella se extraviara en manos de una oligarquía joven que los humillaba por la condición de sus talentos y que monopolizaba el poder político en nombre de ideas y de intereses abiertamente contrarios al influjo personal y colectivo de sus antecedentes».

Pero la situación internacional se volvería a partir de 1814 favorable para los viejos pelucones de Buenos Aires. Una ola de reacción inundaba el mundo entero.

Napoleón había sido derrotado. En toda Europa se restauraba el régimen monárquico. Fernando VII volvía a ocupar el trono de España. Esta situación europea no podía dejar de reflejarse en América, donde la reacción desplazaba por completo al poder ya bastante diezmado del grupo jacobino.

A la revolucionaria Asamblea del año  13 sucederá el reaccionario Directorio y la Junta de Observación, integrada por los miembros de la más rancia oligarquía, los Anchorena en primer término. Ahora los Moreno, los Castelli, los Monteagudo desaparecían de la escena política y volvían los viejos pelucones, dispuestos a vengar los agravios.

Había pasado la época romántica de la revolución, donde ellos, ni por los intereses que representaban ni por sus aptitudes personales, podían jugar ningún papel preponderante. Ahora, en el momento del reflujo revolucionario, les llegaba su turno. Alberdi explica con su habitual agudeza este cambio de hombres: «El tiempo y el trabajo que emplearon para crear la nación lo perdieron para hacer su fortuna propia y personal; al revés de otros, que emplearon el tiempo y trabajo que no dieron al país en hacerse ricos».

Cuando acabó la guerra y estuvo hecha la independencia de la patria, los hombres capaces de ideas generales se encontraron sin el poder que da la fortuna; y los que se encontraron ricos y poderosos no tenían ideas generales ni más capacidad que la de comprender y conducir cosas y negocios de un gobierno de provincia».

Entre estos últimos se encontraría Juan Manuel de Rosas, retraído en las tareas rurales que lo enriquecían en tanto los jóvenes de su generación sacrificaban su fortuna, su vida por la causa de la emancipación.

La Honorable Junta de Representantes:
Parlamento de la oligarquía
:
A partir de 1820, fecha clave de la historia argentina, el Cabildo sería sustituido por una Honorable Junta de Representantes, que luego sería llamada Sala de Representantes o, más comúnmente, la Sala. Algunos historiadores consideran a esta Junta como el origen del gobierno representativo y la democracia argentina.

Ricardo Levene la llama «institución típica del gobierno representativo federal». La verdad es que se trataba de una institución típicamente oligárquica, surgida de elecciones restringidas, por medio de la cual la oligarquía terrateniente y hacendada porteña controlaba el poder. Basta para probar el contenido oligárquico de esta Junta, ver en qué forma fueron elegidos sus miembros. En una ciudad que contaba en esos años con 98.000 habitantes, solo votaron 128 ciudadanos, elegidos por supuesto entre los más ricos, a los que en el folklore local se conocía con el nombre de los «Viejos».

De esa elección saldrían elegidos legisladores de nombres muy representativos, entre los que se contaban los principales apellidos que constituirían durante más de un siglo las grandes familias; Anchorena, Lezica, Aguirre, Oliden, Obligado, Escalada. Bastaba con el voto de parientes y amigos para poder ser elegido. Tomás Anchorena, por ejemplo, fue elegido por el reducido margen de solo diez votos. Estas t gras cifras dejan al descubierto falacia de quienes siguen hablan de la representatividad de la Junta.

De todos modos, la oligarquía teñía sus excusas. Así, cuando alguien do nuncio que de una ciudad de 90.000 habitantes solo habían votado menos de doscientos, se le respondió quo esos doscientos eran la parte más sensata de la población: la sensatez; por supuesto, implicaba la posesión de las mayores riquezas.

Esta primera Sala de Representantes sería un factor de nucleamiento del nuevo grupo político destinado a gobernar en los próximos treinta años, teniendo como único objetivo los intereses de la ciudad de Buenos Aires y la defensa de sus privilegios aduaneros. Muchos de sus miembros pasarían a formar parte del unitarismo en el momento en que Rivadavia estaba en auge, para convertirse pronto en sus tenaces enemigos y pasar a formar parte del federalismo porteño o rosismo, que sería el partido que mejor los representaría, como que su máximo líder, Juan Manuel de Rosas, era, como todos ellos, un rico hacendado.

El «17 de octubre» del siglo XIX
En ese mismo año 20, la oligarquía porteña pasa por la más grave crisis sufrida en todo el siglo XIX. Cuando el gobernador Sarratea firmo con los caudillos López y Ramírez el Tratado del Pilar, volvió a la ciudad acompañado por estos y numerosa escolta de hombres desaliñados, vestidos de bombachas y ponchos, sin que pudiera distinguirse quiénes eran jefes y quiénes soldados.

Toda esa chusma ató los redomones en las verjas de la Pirámide y subió al Cabildo de Mayo, donde se les había preparado un refresco de brebaje en festejo de la paz. Fácil es conjeturar la indignación y la ira del vecindario al verse reducido a soportar tamañas vergüenzas y humillaciones».» Todas las grandes familias de la oligarquía porteña, desde los balcones con rejas de sus casas, vieron llegar a la Plaza de la Victoria a esas masas gauchescas con e! mismo estupor con que ciento veinte años después sus nietos verían llegar a los obreros el 17 de octubre de 1945.

Vicente Fidel López, coherente defensor de su clase, describiendo aquella escena reflexiona amargamente sobre los inconvenientes de la democracia. «Se esperaba por unos momentos un saqueo a mano armada de cinco mil bárbaros desnudos, hambrientos, excitados por las pasiones bestiales que en esos casos empujaban los instintos destructores de la fiera humana, que, como «multitud inorgánica», es la más insaciable de las fieras conocidas: cosas que debe tener presente la juventud expuesta por exceso de liberalismo a creer en la excelencia de las teorías democráticas que engendran las teorías subversivas del socialismo y del anarquismo contra las garantías del orden social».

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Ganaderos en el Virreinato del Rio de la Plata Criadores Invernadores

Ganaderos en el Virreinato del Río de la Plata
Criadores e Invernadores

Los comerciantes se convierten en ganaderos
Con el permiso acordado por el virrey al comercio inglés en 1809, comenzó la rápida e inexorable ruina de los comerciantes porteños. La falta de iniciativa de un comercio cómodamente protegido por el monopolio, pasivo, limitado como hemos visto al papel de mero intermediario de Cádiz, no era condición adecuada para enfrentar al pujante comercio inglés que avasallaba todo, con la ventaja de su mayor experiencia y vinculaciones comerciales, su abundancia de capital comercial, la protección de su país y la introducción de métodos más modernos y eficientes, y también, de algún modo, un nuevo espíritu de aventura pionera, de la que carecían los apoltronados burgueses locales.

De ese modo el poder económico pasó directamente del monopolio español a monopolio inglés, de Cádiz a Liverpool, sin pasar por las manos de los comerciantes criollos. Las actas de Consulado de los años posteriores a la Revolución de Mayo están llenas de las amargas quejas de los comerciantes por esta situación.

Barcos ingleses llegan a Bs.As.

En septiembre de 1814, uno de los más poderosos comerciantes, Juan José Anchorena, habló en el Consulado del que formaba parte sobre la ruina del comercio porteño, como consecuencia de las actividades de los comerciantes ingleses, que manejaban hasta la moneda y el crédito. En esta ocasión Anchorena hizo una defensa apasionada del proteccionismo.

En intento de salida para esta grave situación por la que pasaban los comerciantes porteños se hizo en agosto de 1817, cuando miembros del Consulado —Juan José Anchorena y Ambrosio Lezica, entre otros— integraron una comisión para estudiar un proyecto de Pueyrredón sobre la creación de una Compañía Comercial que, protegida por el gobierno, ejerciera el comercio en todas sus posibilidades.

Esta compañía estaría formada corporativamente por los comerciantes porteños y dominada por os más importantes. Pero el proyecto no pasó nunca de tal, porque los comerciantes locales carecían de una verdadera fuerza como para poder luchar con eficacia frente a un enemigo mucho más poderoso.

El comercio porteño fue meramente pasivo, no se basaba en la producción nacional, y por lo tanto dependía de Inglaterra. El Consulado, defensor de los intereses de los comerciantes criollos, fue perdiendo poco a poco su importancia en la vida económica del país hasta desaparecer del todo. Los comerciantes porteños, conscientes de su impotencia, trataron de salvarse de la catástrofe adecuándose a las nuevas circunstancias.

Algunos —como Braulio Costa, los Aguirre, Félix Castro— se resignaron a subordinarse a los comerciantes ingleses en el papel de socios menores; otros, como los Anchorena, se transformaron en terratenientes y hacendados. Se adecuaban de ese modo a los intereses de Inglaterra y sellaban por largos años el destino del país, limitado a importar materias manufacturadas y exportar productos agrarios.

De la ruina de los comerciantes surgidos del monopolio español surgirá la nueva burguesía terrateniente y ganadera que comenzaba su carrera triunfal alrededor de 1820, se afianzaría con el gobierno de Rosas y llegaría hasta nuestro siglo dirigiendo los destinos económicos del país.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Los Comerciantes Porteños Durante el Monopolio Español Contrabando

Los Comerciantes Porteños Durante el Monopolio Español

Los privilegios del monopolio: El enorme acrecentamiento de la fortuna de estos comerciantes y sus hijos en el Río de la Plata tuvo como causa los privilegios que les otorgaba el monopolio comercial de España.

La mayoría de estas ricas familias —Anchorena, Alzaga, Lezica, Santa Coloma, Gainza, Ugarte, Martínez de Hoz, Ezcurra, Agüero y otros— pertenecían a un grupo económico muy definido, al que se ha dado en llamar el de los «registreros». Más que introductores directos de mercancías, eran consignatarios, comisionistas, apoderados, agentes, intermediarios de los comerciantes monopolistas de Cádiz, de acuerdo a las concesiones de comercio otorgadas en 1778.

La mayoría de los «registreros» eran parientes de los comerciantes españoles, y aun cuando no existiera ese lazo familiar la dependencia era muy estrecha. Como observa Halperin Dongui, «basta hojear la correspondencia de Anchorena para advertir hasta qué punto su papel se reducía al de un intermediario entre la península y el hinterland cada vez más amplio de Buenos Aires; ese papel pudo cumplirse mediante unas cuantas operaciones rutinarias, de cuyo ejercicio no se apartaba quien sin embargo logrará formar el más rico linaje de la Argentina independiente»

La fortuna de los «registreros» se contaba entre las más grandes de los habitantes de la Colonia. Concorde con su fortuna era su influencia política; ocupaban los más altos cargos: alcaldes o síndicos.

monopilo español en america

Los «registreros» eran beneficiarios directos del monopolio comercial ejercido por España, y consecuentemente lo defenderán hasta el último momento. Cuando un grupo de comerciantes, representados por Belgrano y Castelli, piden la libertad de comercio, los «registreros», con Martín Alzaga a la cabeza, se oponen sistemáticamente.

Los apologistas del período hispánico alegarán que la defensa del monopolio comercial español era la posición correcta, pues constituía una defensa contra la introducción del imperialismo mercantil inglés. Pero la realidad es que ni nuestra demasiado rudimentaria artesanía ni la atrasada economía española estaban capacitadas para abastecer suficientemente a las colonias, haciendo de ese modo necesario el contrabando.

Precisamente si los «registreros» defendían con tanto afán el monopolio es porque, además de obtener ventajas de él, también se beneficiaban con el contrabando que todos ellos ejercían desembozadamente. «Contrabando y monopolio se complementaban —dice Rodolfo Puiggrós—. Sin monopolio no podía haber contrabando y viceversa.

Barcos extranjeros en las costas porteñas

Barcos extranjeros en las costas porteñas

El capital comercial sacaba provecho de los dos. La contradicción entre monopolio y contrabando se resolvía dentro de los intereses generales del capital comercial, que abordaba a ambos».

La burguesía porteña llegó, de ese modo, a ser muy conocida por su afición al contrabando en todos los centros comerciales de Europa, donde se la designaba con el nombre de «la pandilla del barranco«.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Transformacion social de las clases porteñas La Aristocracia Porteña

Transformación social de las clases porteñas

¿Aristocracia o burguesía?: Esta ascensión social de estantes a vecinos, de modestos pulperos a miembros del Cabildo, es por supuesto celosamente ocultada por los descendientes de aquellos self made men hispánicos, quienes, con un muy discutible criterio, consideran que un origen más honorable que una pulpería o un tendejón es un hecho de armas o aun la condición de halconero o fiel servidor del rey, recompensada por un título de nobleza.

oligarquia argentina

Los apologistas de la aristocracia española, por su parte, ven con disgusto este aburguesamiento de la sociedad colonial.

Este prejuicio contra la burguesía se da aun en un escritor conocido por sus inclinaciones populistas.

Dice José María Rosa: «Esta aparente igualdad política entre vecinos y estantes produce una desigualdad. Al advenir una clase dominante por el dinero, Buenos Aires no será gobernada por patricios, que encuentran en los fundadores y primeros pobladores su tronco originario, sino pornoviles —nuevos— que poseen el dinero y adquieren los rangos principales en la sociedad. Se forma una oligarquía mercantil, de oscuro origen, como clase privilegiada, mucho más exclusiva que la otra: la gente principal o de posibles, también llamada «sana del vecindario» o gente decente. Enriquecidos por el comercio ilícito o allegados a él, tendrán la hegemonía social».

La mayor parte de las grandes familias de la oligarquía argentina descienden solo en una mínima parte de los primitivos pobladores, y sí, en cambio, de esa burguesía mercantil de origen plebeyo.

Resultan, por lo tanto, una falsedad histórica los nostálgicos lamentos de algunos representantes de la oligarquía en nuestros días, cuando se quejan por el aburguesamiento de la supuesta aristocracia argentina.

Silvina Bullrich, por ejemplo, dice: «En nuestros días ocurre un fenómeno curioso: los burgueses descienden de los aristócratas; caminamos al revés, como los cangrejos».

En realidad, no existe tal aburguesamiento de la aristocracia argentina, por la sencilla razón de que la supuesta «aristocracia» fue burguesa desde su mismo origen. Tenderos fueron Juan Esteban Anchorena y sus hijos, Sebastián Lezica, Miguel Rigios, José Ortiz Basualdo, Jaime Llavallol, Mariano Losano, Ladislao Martínez, Benito Gándara, José Julián Arrióla, Tomás Gowland, Lucas González, Jorge Lamarca, José Borbón y tantos otros de quienes descienden las más representativas familias de la oligarquía argentina.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

La Vida de la Oligarquia Argentina Diversion de la Oligarquia Porteña

La Vida de la Oligarquía Argentina – Oligarquía Porteña

La «dolce vita» en el siglo XIX: Las diversiones de ia época, aun para las clases más altas de la sociedad, eran muy reducidas y modestas. Los hombres, después de dormir una siesta de dos o tres horas, iban al Café de Marcos o de los Catalanes a jugar a las cartas, al billar o a conversar de política. Recién a comienzos del nuevo siglo, con la influencia de los ingleses, comenzaron a ponerse de moda los deportes. Las mujeres, por su parte, después de dormir la siesta se dedicaban a hacer «tiendas».

En los negocios que frecuentaban eran recibidas por los dependientes —generalmente jóvenes también de clase alta—, quienes les ofrecían asiento y las convidaban con mate, compartiendo una amable conversación durante largo rato, mientras se revisaba la mercadería. Cuando no se salía de compras se hacían visitas de poca etiqueta a parientes y amigos.

Estas visitas eran anunciadas previamente por la mañana por medio de la «criada de razón». Casi todas las noches se realizaban tertulias, que eran el equivalente de la soirée francesa o de la conversazione italiana.

La mayoría do esas tertulias tenían su elenco estable de tertulianos, que concurrían todas las noches al mismo salón, siendo las únicas novedades los extranjeros de paso. Aunque muchos acostumbraban también asistir durante la misma noche a varias tertulias.

Además de la conversación, !as magras diversiones de esas tertulias eran complementadas por la música —piano, guitarra y canto—, ejecutada por las señoritas. Toda joven bien educada estaba obligada a saber tocar el piano.

Con frecuencia también se bailaba la contradanza española, el minué y, más tarde, el vals. Después de servirse un refrigerio, consistente en mate o chocolate, los visitantes se retiraban hacia la medianoche.

Las tertulias más importantes se realizaban en las casas de Escalada Riglos, Alvear, Oromí, Soler, Barquín, Sarratea, Balbastro, Rondeau, Rubio, Casamayor. Pero la más prestigiosa de esas tertulias era la celebrada en la casa de Mariquita Sánchez, de la que ya hablamos. ‘El otro entretenimiento de que disponían las altas clases en el Buenos Aires aldeano era el teatro.

Por muchos años no existió otro que el Argentino, frente a la iglesia de la Merced, hasta que en 1833 se edificó el teatro de la Victoria. Alrededor de la platea, a la cual no concurría ninguna señora, se encontraban los palcos. Los palcos altos eran más caros que los bajos, aunque los concurrentes a unos y otros pertenecían indistintamente a la misma clase social, la alta burguesía.

La diferencia estaba en que en los palcos bajos se podía aparecer en trajes más sencillos. Los palcos altos, en cambio, debían ser una verdadera vidriera de elegancia. La cazuela, comúnmente llamada el gallinero, era exclusiva para mujeres solas.

Allí concurrían mujeres de extracción social más modesta, mezclándose con algunas mujeres, de la clase alta, que iban allí, alguna vez, cuando no tenían compañía masculina o no querían arreglarse para mostrarse en un palco. La cazuela era, sobre todo, preferida por las jóvenes, que se encontraban allí con sus amigas para mantener conversaciones lejos de la tutela familiar.

La diversión preferida del verano era el baño nocturno en el río.  El 8 de diciembre —día de la Inmaculada Concepción— se inauguraba la temporada de baños. La playa porteña se extendía entre el bajo de las Catalinas. —actual calle Viamonte— y la bajada de los Dominicos —actual calle Bel-grano—. Pero pronto las damas de la élite comenzaron a abandonar esas zonas, demasiado populares por su cercanía a la ciudad, para irse más al norte o más al sur, a los lugares de la costa donde comenzaron a instalar sus residencias veraniegos. A nadie se le hubiera ocurrido ir al río antes que cayera el sol.

Hombres y mujeres esperaban que se hiciera de noche, sentados en el césped; a veces se cenaba allí mismo. Las jóvenes se paseaban en grupo del brazo, por la orilla del río, como años más tarde lo harían sus descendientes en la rambla de Mar del Plata.

Para la preparación del baño se extendía, sobre el pasto o las piedras, una alfombra o estera y se encendía un farolito. El concepto del pudor que existía en esos baños era tal que los hombres no se bañaban junto a las mujeres, ni los padres junto a los hijos.

Por el tiempo de Rosas comenzaron a ponerse de moda, entre los jóvenes de ambos sexos, las cabalgatas nocturnas. Salían en las noches de luna en grupos de veinte o treinta personas. Las jóvenes solteras podían asistir acompañadas de sus hermanos o de sus madres. Todavía no se había impuesto el traje de amazona para las mujeres, y estas cabalgaban en traje de entrecasa, pero con el infaltable peinetón.

Recorrían lentamente la ciudad hasta desembocar en la calle Larga de Barracas —los paseos se hacían generalmente hacia el sur—, donde comenzaban a galopar. Las jóvenes cabalgaban haciendo pareja con sus galanes, y todos cantaban en coro.

Manuel Calvez dice de estas pintorescas cabalgatas: «En las noches de luna totalmente llena, cuando la ancha calle se vestía con una blancura espectral, esas canciones pausadas, lentas y dolorosas, estilos o tristes, entonadas al lento paso de las cabalgaduras, cobraban un poético y misterioso encanto. Y para quienes veían la cabalgata y no carecían de sensibilidad, alcanzaba el espectáculo una extraña belleza». No existían todavía la calle Florida ni Palermo como lugares de cita obligada de la gente «distinguida».

El paseo público donde las grandes familias se encontraban era entonces la Alameda, avenida bordeada de ombúes, que corría a lo largo de la actual avenida Leandro Alem, a la altura de la calle Cangallo. La «vuelta del perro» en la Alameda se daba exclusivamente los domingos por la tarde; los restantes días de la semana el paseo quedaba casi desierto.

Nuevas diversiones
El empleo del tiempo libre en actividades banales está sujeto en la oligarquía a un complicado ritual, que tiene por objetivo la ostentación de riquezas. Hemos visto que este ritual hasta mediados del siglo XIX era sumamente simple. El apogeo económico de fines de siglo trajo un cambio en las costumbres, y el ritual se organizó en forma más pomposa. La vuelta del perro por la plaza de la Victoria o por la Alameda fue sustituida por la calle Florida.

Las cabalgatas por la calle Larga hacia los pueblos del sur fueron sustituidas por los paseos a la Recoleta o a las barrancas de Belgrano. Pero el número principal de este programa era el «corso» de Palermo, las tardes de los jueves y domingos. Cuatro filas de coches, tirados por animales de raza, iban y venían en un tramo de tres cuadras por la actual avenida Sarmiento, intercambiando en cada vuelta la ubicación para que todos pudieran cruzarse inevitablemente con todos. La ceremonia tenía sus reglas fijas: en la primera vuelta se saludaban, en las siguientes se fingía no verse y en la última se hacía el saludo de despedida.

Los «niños bien», por su parte, hacían ostentación de la inmunidad de que gozaban por la posición de sus padres, dándole una paliza a algún pobre sereno o provocando escándalos nocturnos en los teatros de variedades, en los cafés concerts, en lo de Hansen.

La «indiada» del 90 se transformó en la «patota» del 900, más refinada y elegante, pues había pasado por Europa dejando sus medidas a los sastres más famosos de París y de Londres. Eran los precursores del «muchacho distinguido» de los años locos que «tiraba manteca al techo» en los cabarets de París, y del play boyde la segunda posguerra. Las confiterías de moda fueron, sucesivamente, la del Gas, en Rivadavia y Esmeralda, y La Perfección, en la calle Corrientes.

Años más tarde, cuando comienza el auge del Barrio Norte, surgen el Águila, de Callao y Santa Fe, y la París, de Charcas y Talcahuano, único lugar, este último, en que era «decente» mostrarse los sábados, además de dos o tres cines, llamados de «familia», que quedaban por la calle Santa Fe.

En la belle epoque comienza también la moda de los viajes a Europa, es decir a París. Y allí, veraneando enDeauville, la oligarquía concibe por primera vez la idea de crear una ciudad balnearia cerca de Buenos Aires. Surge así Mar del Plata, y en 1887 se inaugura el Bristol Hotel, que constituirá uno de los más importantes lugares de reunión de la oligarquía en aquellos años.

Los bailes del Bristol llegaron a ser tan famosos en el mundo entero que una noche, en París, la bella Otero le dijo a Benito Villanueva: «No moriré sin bailar un cotillón en Mar del Plata«. Por los años veinte, con la difusión del automóvil, la oligarquía comienza a abandonar el Bristol y construye sus propias residencias en la Loma.

Por esos años, el chalet en la Loma se convirtió en un símbolo de status comparable a la residencia en el Barrio Norte de Buenos Aires, la pertenencia al Jockey Club, el palco en el teatro Colón o la bóveda en la Recoleta.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo