Papa Pablo VI

Biografia Inocencio III Papa Obra de su Pontificado

Biografia Inocencio III
Papa de la Iglesia – Obra de su Pontificado

De nombre Lotario di Conti (1161-1216), conocido como Inocencio III, gran papa y gran político, en cuya persona culmina la influencia histórica del Pontificado medieval.

Lleno de fe y de fervor apostólico, Inocencio III supo aprovechar todas las ocasiones para llevar al terreno de la práctica las viejas ideas de la primacía de San Pedro, la omnipotencia del Papado y la superioridad del poder eclesiástico sobre el laico o emperadores de su época.

Inocencio III realizó su obra pontificia como medio de acción para equilibrar el mundo político medieval, combatir la herejía y agrupar todas las fuerzas de la Cristiandad para la cruzada contra el Islam.

Para esta ingente obra, Inocencio III estuvo excepcionalmente bien dotado. Unía a la fuerza del ideal y de la fe, un sentido práctico poco común, un sagaz conocimiento de los hombres y de las cosas, un oportunismo diestro, gran habilidad diplomática, supremo sentido de la justicia y constancia inquebrantable ante cualquier revés momentáneo.

Nació en un ambiente patricio, y esta finura, vigor y firmeza de su sangre contribuyeron al éxito de su política.

Hijo de Trasmondo, conde de Segni, y de Claricia Scotti, Lotario vio la luz en Anagni en 1160. Como la mayor parte de los nobles romanos destinados a la carrera eclesiástica, estudió teología en París y derecho en Bolonia.

De regreso a Roma hacia 1185, fue nombrado subdiácono en 1187 y cardenal por Clemente III en 1190. La fama adquirida por su virtud, austeridad, ciencia y firmeza política le valieron ser elegido papa por unanimidad el 8 de enero de 1198, a los 37 años de edad.

Llegaba, pues, al máximo cargo pontificio en la cumbre de su hombradía, y hallaba a su disposición los vastos recursos espirituales y materiales acumulados por sus antecesores.

Supo usarlos eficazmente, tanto más cuanto los Estados de Europa, y en particular el Reich, estaban atravesando un período de crisis.

Es sin duda el pontífice más importante de la Edad Media en el orden temporal, era sobrino de Clemente III; nació en Anagni (Italia) y pertenecía a la familia de los Conti, que daría nueve papas a la Iglesia. Recibió la mejor educación posible en la época, con estudios de teología en París y de jurisprudencia en Bolonia, que le convirtieron en uno de los hombres más preparados de su tiempo.

Esta es su historia y obra de su pontificado:

Por aquellos momentos, luego de la muerte de Gregorio VII, la lucha entre el Papa y el emperador continuó durante cerca de dos siglos, pero el Papa se hizo cada vez más fuerte.

biografia de inocencio III Papa de la Iglesia
Inocencio III (Anagni, (hc. 1161) – Perugia, 16 de julio de 1216) fue el papa n.º 176 de la Iglesia católica de 1198 a 1216. Noble de familia italiana, miembro de la familia Conti y Julio, su padre fue el conde Trasimundo de Segni. Por su procedencia estudió Teología en la Universidad de París y luego Derecho Canónico en Bolonia

Al organizar la Cruzada contra los musulmanes, el Papa se condujo como jefe de todos los caballeros cristianos.

Poco a poco los reyes se acostumbraron a obedecer a la Santa Sede. Cuando Federico Barbarroja fue vencido (1176) por los lombardos aliados del Papa , se tuvo la impresión de que el Pontífice era superior al emperador.

Entonces apareció el más poderosos de todos los Papas, Inocencio III (1198). Era un noble romano que había estudiado Teología y Derecho. Se le había elegido Papa a los treinta y siete años (fue el más joven de todos los Pontífices).

Decía «que el Papa en la tierra ocupa el lugar de Dios», que es «el Vicario, es decir, el sustituto de Dios». «El Señor, decía, ha dado a San Pedro, no solamente toda la Iglesia, sino el mundo entero para gobernar».

Decía asimismo: «El poder es dado a los príncipes en la tierra, a los Papas el poder les es dado también en el cielo. A los príncipes no se les da más que sobre los cuerpos, a los Papas sobre las almas.

Por eso, tanto como es superior el alma al cuerpo, tanto el Papa es superior a la realeza». Son suyas también estas palabras: «Dios, creador del mundo, ha puesto en el cielo dos grandes luminarias: una grande, el sol, preside el día; otra pequeña, la luna, brilla en la noche.

De igual modo, en el firmamento de la Iglesia universal ha instituido dos altas dignidades: la más grande, la autoridad pontificia; la más pequeña, el poder real; la más grande, para presidir las almas como el sol los días; la más pequeña, para dirigir los cuerpos como la luna las noches.

Y lo mismo que la luna recibe la luz del sol, así el poder real recibe su esplendor de la autoridad pontificia».

Inocencio III entró en lucha con los reyes más poderosos de su tiempo. Excomulgó al rey de Francia, Felipe Augusto, porque había repudiado a su esposa, una princesa de Dinamarca, Ingeburga.

El divorcio había sido declarado ilegal y nulo por el Papa anterior; pero Felipe, no teniéndolo en cuenta, se había casado con otra princesa. Inocencio III pronunció el entredicho contra el reino de Francia (1198-1200). Felipe repudió a su segunda mujer y volvió a unirse con Ingeburga.

Inocencio luchó contra el monarca inglés Juan Sin Tierra Empezó por poner su reino en entredicho (1208), luego le excomulgó, le declaró depuesto y le amenazó con dar su reino al rey de Francia.

Asustado Juan, se sometió, dio su reino al Papa, el cual se lo devolvió en feudo como a vasallo.

En Alemania, Inocencio reclamó la facultad de de-cidir’entre los dos príncipes que se disputaban el título de rey.

Mandó predicar la cuarta Cruzada. Los cruzados, reunidos pata ir a la liberación de Jerusalén, tomaron Constantinopla (1204) y sometieron a los griegos el poder del Papa.

Organizó la cruzada contra los herejes en el mediodía de Francia. Declaró a los príncipes de esta región desposeídos de sus dominios y los dio a los cruzados.

Inocencio III celebró en el palacio de Letrán un Concilio ecuménico (1215) que fue la Asamblea más grande de la Edad Media.

A él acudieron 412 obispos, 800 abades o priores de convento y varios patriarcas y obispos de Oriente.

Se adoptaron medidas contra los herejes. Todos los príncipes, en el momento de tomar posesión del poder, debían jurar el exterminio de los herejes que hubiera en sus dominios.

Inocencio III murió repentinamente en Perugia, el 16 de julio de 1216, cuando viajaba por Italia en busca de aliados para la Cuarta Cruzada.

concilio de letran
En el IV Concilio de Letrán (1215) participaron dos patriarcas orientales, representantes de casi todas las monarquías europeas y más de mil doscientos obispos y abades. Se condenaron las doctrinas heréticas de los albigenses y los cataros; se definió por primera vez el dogma teológico de la transubstanciación; se obligaba a los fieles a confesarse y comulgar al menos una vez al año, y se preparó una nueva cruzada a Tierra Santa.

En el IV Concilio de Letrán (1215) participaron dos patriarcas orientales, representantes de casi todas las monarquías europeas y más de mil doscientos obispos y abades.

Se condenaron las doctrinas heréticas de los albigenses y los cataros; se definió por primera vez el dogma teológico de la transubstanciación; se obligaba a los fieles a confesarse y comulgar al menos una vez al año, y se preparó una nueva cruzada a Tierra Santa.

No hubo país en Europa que se librara de las injerencias de Inocencio III: excomulgó a Alfonso IX de León por casarse con su sobrina Berengaria, de quien le obligó a separarse; anuló el matrimonio entre Alfonso de Portugal y doña Urraca, hija de Alfonso de Castilla; recibió el reino de Aragón en vasallaje cuando coronó a Pedro II como rey; protegió a los noruegos del tiránico rey Sverri y, a su muerte, actuó como arbitro entre los pretendientes al trono; otro tanto hizo entre los contendientes al trono de Suecia.Y ya en terreno más propio de su misión apostólica, preparó una cruzada contra los musulmanes en España, a los que vio derrotados en la batalla de las Navas de Tolosa; restauró la disciplina eclesiástica en Polonia; trató de conseguir que la Iglesia oriental aceptase la autoridad de Roma; llamó a la Cuarta Cruzada, y excomulgó a los comerciantes venecianos cuando éstos desviaron a los cruzados para que tomasen Constantinopla en vez de dirigirse a Tierra Santa.

Dentro de su misión religiosa, convocó del IV Concilio de Letrán, el más importante del Medievo, y apoyó la fundación de dos grandes órdenes mendicantes —la de los dominicos y la de los franciscanos— como defensa contra los vicios que se estaban adueñando del pueblo, del clero y de la jerarquía eclesiástica.

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Biografia Papa Gregorio VII Obra de su Pontificado

Biografia Papa Gregorio VII-Reformas de la Iglesia Medieval

Desde los lejanos tiempos del papa Gregorio VI, el cardenal Hildebrando Aldobrandeschi, nacido en 1020 en Soano (Toscana italiana), parecía destinado al papado y, lo que es más importante, a ser un gran Papa.

Quien haya leído en estas mismas páginas la historia de quienes le precedieron en la silla de San Pedro habrá podido comprobar que fue la mano fuerte de la Iglesia en todo ese período, una mano fuerte empeñada en reformarla siguiendo las normas de Cluny.

Hildebrando era hijo de un campesino de la Toscana, tierra del dominio papal. Su tío, abad de un convento de Roma, le recogió siendo niño, le educó y le hizo fraile.

biografia de gregorio vii
Gregorio VII , de nombre secular Hildebrando Aldobrandeschi (Sovana, (ha. 1020) – Salerno, 25 de mayo de 1085), fue el papa nº 157 de la Iglesia católica entre 1073 y 1085.

Nació en Toscana, en el seno de una familia de modesta extracción social. Crece en el ámbito de la Iglesia romana al ser confiado a su tío, abad del monasterio de Santa María en el Aventino, donde hizo los votos monásticos.

Desde muy joven fue llevado a Roma por un tío suyo que era superior de uno de los conventos de la ciudad. Le costeó sus estudios y uno de sus profesores, el padre Juan Giovanni Graciano, afirmó que nunca había conocido una inteligencia tan aguda como la suya y cuando fue elevado al pontificado con el nombre de Gregorio VI designó a Hildebrando su secretario.

Tras la muerte de Gregorio VI, Hildebrando ingresó como monje en el monasterio de Cluny, en el que tuvo como maestros espirituales a dos santos: San Odilón y San Hugo, y donde pensaba permanecer el resto de su vida; pero al ser elegido papa San León IX, le llamó y le nombró ecónomo del Vaticano y tesorero del pontífice.

Hildebrando era bajo, enfermizo, de voz apagada, pero enérgico y activo. Se declaró partidario de la reforma y entró en el convento de Cluny.

En aquel momento el emperador había empezado a elegir los Papas. Nombró a su primo Bruno, a la sazón obispo de Toul. Bruno adoptó el nombre de León IX y salió con dirección a Roma,

En el camino pasó por Cluny, vió a Hildebrando y le llevó en su compañía (1049).

Establecido en Roma, Hildebrando vino a ser consejero de los Papas, y durante más de veinte años gobernó la Iglesia en cinco Papados consecutivos.

A la muerte de Alejandro II (1073), se resolvió esperar tres días para elegir nuevo Papa. Pero al día siguiente, en la ceremonia del entierro, la muchedumbre romana, hombres y mujeres, invadió la Iglesia gritando: » ¡Sea Papa Hildebrando! «.

Un cardenal pronunció un discurso. «No podemos encontrar mejor Papa, dijo, elijámosle». La muchedumbre llevó a Hildebrando a la iglesia donde estaba el trono del Papa. Se sentó en el trono, revistió los hábitos pontificales y tomó el nombre de Gregorio VII.

En cuanto fue elegido, escribió a todos los príncipes que le ayudasen a reformar la Iglesia en su país.

Declaró excomulgados a todos los sacerdotes simón íacos, es decir, que habían comprado su nombramiento o que tan sólo lo habían recibido de un seglar. Ahora bien, todos los obispos y los abades de Alemania y de Italia habían sido nombrados por el emperador.

Excomulgó también a todos los sacerdotes casados y declaró nulos todos los sacramentos administrados por ellos. Las gentes que habían recibido la absolución de un sacerdote casado, no estaban ya seguras de encontrarse absueltas de sus pecados y podían temer la condenación.

Gregorio VII tuvo muchos enemigos: el rey de Alemania Enrique IV y sus consejeros, casi todos los obispos y los abades de Alemania y de Lombardía, en Roma misma un poderoso señor, Cencio.

La tumba del emperador Adriano, junto al Tíber, se había convertido en fortaleza (el castillo Sant’Angelo), en la que Cencio había puesto una guardia. Había mandado levantar una torre que interceptaba el puente del Tíber y obligaba a pagar a todos los que por el puente pasaban.

El año 1075, la noche de Navidad, Gregorio fue a decir misa a una iglesia donde se había puesto un Nacimiento.

Llovía a torrentes y tenía poca gente a su alrededor. De pronto Cencio, con una tropa de caballeros armados, entró en la iglesia. Sus hombres se lanzaron sobre Gregorio, le arrastraron tomándole del pelo, le hicieron, le montaron en un caballo y le llevaron a una torre,

Al día siguiente, por la mañana, los romanos supieron que el Papa estaba prisionero; se tocó la trompeta, se cerraron las puertas, la milicia se armó, tomó la torre y libertó al Papa, Gregorio emprendió la lucha contra Enrique IV, rey de Alemania.

Quiso primeramente obligarle a despedir a sus consejeros excomulgados, y acabó por amenazar al mismo Enrique IV con la excomunión.

Irritado Enrique, reunió en Concilio a los obispos de Alemania que le obedecían , y los obispos declararon depuesto a Gregorio.

La sentencia fue llevada a Roma por unos mensajeros, ante un Concilio de obispos presididos por el Papa.

Estuvieron a punto de ser degollados. Entonces, ante la asamblea, el Papa excomulgó al rey, y añadió: «Le quito el gobierno de toda Alemania y de Italia, desligo a todos los cristianos del juramento que le han prestado y prohibo a todos que le obedezcan como rey».

Era cosa que ningún Papa había hecho hasta entonces.

Al excomulgar a un rey se le privaba solamente del derecho de entrar en la iglesia y de recibir los sacramentos; pero no del derecho de mandar a sus subditos. Al arrogarse la facultad de ordenar a los subditos que cesaran en la obediencia, el Papa venía a ser el superior de los reyes.

Muchos príncipes en Alemania estaban descontentos de Enrique, y le manifestaron que iban a elegir otro rey si no obtenía el perdón del Papa.

Enrique partió de pronto, en pleno invierno, con su mujer y su hijo pequeño; pasó por Besancon y bajó el Mont Cenis por caminos cubiertos de nieve. La reina fue llevada a rastras en pieles de buey.

En Italia muchos caballeros querían acompañarle; pero no había ido para pelear, y los despidió. Gregorio VII, al tener noticia de su llegada, se había retirado a un castillo de los Apeninos, Canosa, edificado en lo alto de una roca escarpada y rodeado de tres recintos.

Enrique se presentó a la puerta del castillo y el Papa se negó a permitirle la entrada. Enrique volvió entonces con hábito de penitente y los pies descalzos.

El Papa le hizo esperar a la intemperie todo aquel día y todo el siguiente, mientras los que rodeaban al Pontífice le suplicaban que perdonase. Por último, Gregorio cedió; se abrió la puerta, Enrique se puso de rodillas y, llorando, se confesó. Gregorio le dio la absolución, le levantó y le llevó a la iglesia (1077).

No duró mucho la paz. Los príncipes alemanes eligieron otro rey (1077), luego Enrique hizo elegir otro Papa (1080).

Hubo entonces dos reyes y dos Papas, y se peleó en toda Alemania e Italia. El Papa no tenía ejército que le defendiera. Enrique bajó con el suyo a Italia y entró en Roma sin combatir. Gregorio se refugió al otro lado del Tíber, en el castillo de Sant’Angelo, y fue sitiado (1084).

El rey de los normandos de Nápoles acudió en su auxilio, pero su ejército saqueó Roma y prendió fuego a la ciudad. Gregorio, que había sido llevado al reino de Nápoles, murió pronto (1085), diciendo: «He amado la justicia y odiado la iniquidad, por eso muero en el destierro».

Su pontificado fue uno de los más conflictivos y controvertidos de la historia de la Iglesia católica, ya que la puesta en práctica de sus ideas le valió tan leales admiradores como implacables enemigos; abrió las puertas para la reforma de la Iglesia, pero destruyó el poder del imperio y dio origen a la actitud contraria a Roma que, desde entonces, se vivió en Alemania y otras zonas del Sacro Imperio.

En su momento de mayor desolación le llegó la muerte. Las últimas palabras de San Gregorio VII se han hecho famosas: «He amado la justicia y odiado la iniquidad. Por eso muero en el destierro».

Parecía que sus enemigos habían quedado vencedores cuando él murió, pero sus ideas se fueron imponiendo lentamente y sus reformas, poco a poco, se impusieron en toda la Iglesia católica; ha sido considerado como uno de los papas más digno de admiración de la historia.

Ahora vemos a San Gregorio VII como el gran Papa de la Edad Media, uno de los pontífices más santos de la Iglesia, un Papa que supo liberar a la Iglesia de la esclavitud a que la sometían los gobernantes civiles y de sus propios gobernantes indignos, y aunque no todos ni en todos los tiempos, son muchos, por fortuna para la Iglesia, los papas que han acertado a seguir su ejemplo. Fue canonizado en 1606.

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Biografia del Papa Pio XI Obra de su Pontificado

Biografía del Papa Pio XI

Concluir estas semejanzas históricas con el nombre de Pío XI es la percepción cabal de que la Humanidad, en su ruta hacia el mañana, teniendo como norma las doctrinas de Cristo, superará la crisis espiritual,política y económica del siglo XX.

Pío XI, en efecto, simboliza claramente que la influencia y la hegemonía mundial no se deben a la fuerza y a la imposición materialista, sino que el triunfo sobre los espíritus sólo se logra por la jerarquía moral en la defensa de la bandera de los más altos ideales.

Pio XI Papa
Pío XI, de nombre secular Achille Damiano Ambrogio Ratti, fue el 259.º papa de la Iglesia católica, y primer soberano de la Ciudad del Vaticano entre 1922 y 1939, con lo que su pontificado abarca casi todo el período de entreguerras.
Fecha de nacimiento: 31 de mayo de 1857, Desio, Italia
Fallecimiento: 10 de febrero de 1939, Palacio Apostólico, Ciudad del Vaticano

Ni revoluciones ni guerras, por sangrientas y destructoras que resulten unas y otras, predominarán sobre las fuerzas del bien, de la paz y de la buena voluntad que con tanta firmeza y autoridad defendió siempre Pío XI.

En un mundo muchas veces hostil a estos grandes preceptos, en medio de las persecuciones religiosas en varios países del globo, luchando contra los poderes que pretendían coaccionar la misión de la Iglesia y combatir sus normas imperecederas, la figura de Pío XI se levantó como una fulgurante antorcha, que indicó a los pueblos la ruta segura de su salvación en los días agitados del presente y del porvenir.

Aquiles Ratti, hijo del director de una de las más importantes fábricas de tejidos de seda de Desio, en los alrededores de Milán, nació en aquella localidad el 31 de mayo de 1857.

Cursó sus primeros estudios en Monza y en Milán. Alimentada su vocación religiosa por su tío Rodolfo, cura párroco de Asso, en las estribaciones de los Alpes, se relacionó con el arzobispo de Milán, monseñor Calebiana, quien muy pronto le distinguió entre sus amistades.

Gracias a sus indicaciones, Aquiles Ratti estudió en el Colegio lombardo y en la universidad gregoriana de Roma. El 20 de diciembre de 1879, después de obtener los grados de doctor en filosofía, teología y derecho canónico, recibió la ordenación sacerdotal.

Distinguido por sus profesores hasta el punto de llegar su fama de buen estudiante al papa León XIII, Aquiles Ratti regresó a su tierra natal en 1882, después de doctorarse en el Colegio Angélico, la fundación tomista de aquel papa.

Sirvió algún tiempo en la parroquia de Barni, pero muy pronto fue adscrito al seminario de Milán como profesor de teología dogmática.

En 1888 ingresó en la biblioteca Ambrosiana, en cuyo centro realizó una ímproba labor de investigación y clasificación de fondos, que le valió las felicitaciones del rey de Italia y las simpatías del mundo científico internacional.

En 1907 era nombrado prefecto de la indicada biblioteca. Mientras tanto, no había olvidado sus deberes sacerdotales, que ejerció con singular competencia tanto como capellán de las monjas del Cenáculo que como propagandista del catecismo entre los chiquillos.

Espíritu abierto y comunicativo, simpático y bondadoso, Ratti distribuía su tiempo entre las prácticas de caridad, las obras de erudición, los viajes al extranjero y las excursiones a sus amados Alpes.

En 1912, Pío X le nombró viceprefecto de la librería del Vaticano y al mismo tiempo le confió una canongía en San Pedro. A la muerte de aquel santo papa, fue íntimo de Benedicto XV, a cuyo lado se inició en los secretos de la diplomacia europea.

Finalizada la guerra en 1918, se le envió a Polonia como visitado apostólico. Nuncio en 1919, fue consagrado arzobispo de Lepanto en Varsovia el 3 de julio.

Durante su misión, sumamente difícil, dadas las agresiones de los bol cheviques y las rencillas entre polacos y alemanes, Aquiles Ratti demostró un tacto excepcional, que dejó sumamente satisfechos al papa y a cuantos intervinieron en los problemas del Oriente europeo en aquellos años.

En junio de 1921 fue designado arzobispo de Milán y revestido con la púrpura cardenalicia.

En su nuevo cargo asistió al desencadenamiento de la ola subversiva. Al año siguiente, a la muerte del papa Benedicto XV, era elegido papa por el conclave el 2 de febrero.

Durante los diecisiete años de su pontificado, incluí dos entre una y otra guerra, Pío XI procuró encaminar el mundo hacia la paz. Su obra en este sentido fue inmensa, aunque las naciones, alocadas por su propio destino, prefirieran correr hacia su perdición.

El papa de las misiones resolvió, por otra parte, la candente cuestión de las relaciones entre el Vaticano y el Quirrinal por el tratado de Letrán (11 de febrero de 1929), documento que, probablemente, hará época en la historia de la Iglesia.

Así, apareció el Estado del Vaticano, símbolo real de la independencia espiritual del Papl do en los tiempos modernos. La obra de Pío XI en defensa de la catolicidad en todas las naciones no fue menos importante, combatiendo los principios que infringían la libertad religiosa.

Murió el 10 de febreode 1939, en momentos sumamente angustioso para Europa. Su doctrina está comprendida en la en encíclica Casti connubii (1930), relativa al matrimonio; en la Qaudragésimo anno (1931), complementaria de las encíclicas de León XIII sobre materia social, y en la
Divini Redemptoris (1937), condenando el comunismo.

Su actuación se reflejó en el desarrollo de las misiones y de la Acción Católica.

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Biografia de Bonifacio VIII Papa Obra de su Pontificado

Biografia de Bonifacio VIII

Durante el siglo XIII, los Papas triunfaron sobre el poder de los emperadores varias veces mas. Quitaron a la familia de su enemigo el emperador Federico II, primeramente el reino de Alemania, luego el de Sicilia (1266).

Hicieron que fuera elegido en Alemania un rey que les era devoto. Establecieron en el reino de Sicilia a un príncipe francés, Carlos de Anjou, hermano de San Luis.

A fines del siglo, el Papa Bonifacio VIII (1294-1303) pareció tan poderoso como Inocencio III. Una familia de señores de los alrededores de Roma, los Colonna, intentó resistirle. Los combatió a muerte, se apoderó de sus castillos, arrasó sus palacios y su ciudad, e hizo pasar el arado por su suelo.

Los excomulgó, confiscó sus bienes, obligó a los dos cardenales de esta familia a presentarse con un cordel al cuello y a entregarse a discreción.

Los demás Colonna huyeron lejos de Roma y vivieron errantes por las selvas.

VEAMOS SU BIOGRAFIA…

Con la descomposición de los valores medievales declinaba de hecho la autoridad temporal del Papado, como se había demostrado a fines del siglo XIII en la lucha librada por los Anjou y los Aragón en el Mediterráneo por Sicilia.

Pero las teorías elaboradas desde Gregorio VII y llevadas a una realización esplendorosa por Inocencio III conservaban aún toda su fuerza como programa de acción. No había muerto la idea de la teocracia. Bastaba que ascendiera al trono de San Pedro una persona de gran energía, para que de nuevo resurgiera de sus aparentes cenizas.

Papa Bonifacio VIII
Bonifacio VIII fue el 193º papa de la Iglesia católica, de 1294 a 1303.
Fecha de nacimiento: 1230, Anagni, Italia
Fallecimiento: 11 de octubre de 1303, Roma, Italia
Nombre completo: Benedetto Caetani
Sucesor: Benedicto XI

Esto fue lo que sucedió cuando fue elevado a la cátedra romana Benedicto Caetani, quien, con el nombre de Bonifacio VIII, encarna el último intento de restablecer la unidad medieval de Occidente bajo la dirección del Papado, en pugna con el naciente nacionalismo político, religioso y cultural.
Benedicto Caetani había nacido en Agnani hacia 1235.

Su padre, Rofredo, pertenecía a una de las familias más ilustres de Agnani, y su madre, Emilia, también de noble estirpe, estaba emparentada con el papa Alejandro IV. Benedicto recibió esmerada educación en Todi, Espoleto, y quizá en París, siempre con vistas a ocupar una posición en el seno de la Iglesia.

Su carrera se deslizó en la corte pontificia, prestando destacados servicios en varias misiones que se le confiaron.

El 23 de marzo de 1281 fue nombrado cardenal por Martín IV, y bajo este pontificado su nombre empezó a adquirir gran relieve por sus excepcionales dotes de energía, su habilidad diplomática y, en particular, por su ciencia canónica, en cuyos principios hallaba los fundamentos para establecer el papel preponderante del Pontificado en los asuntos temporales.

En la época agitadísima que transcurre desde 1281 a fines de siglo, trabajó con éxito a favor de la causa de los Anjou y en contra de los intereses aragoneses.

Parece ser que el cardenal Caetani no fue ajeno a la renuncia de San Celestino V, un bondadoso ermitaño que había sido elegido papa el 5 de julio de 1294 para poner término a los antagonismos que imperaban en la Curia después de un interregno de más de dos años.

En todo caso, cuando Celestino V renunció voluntariamente a su preeminencia eclesiástica el 13 de diciembre siguiente, Caetani fue elegido para sucederle por el conclave de Nápoles el día 23 del mismo mes, y consagrado el 25 de enero de 1295.

Durante nueve años, Bonifacio VIII desplegó una actividad trepidante. Una de sus líneas de actuación correspondió a la resolución del problema siciliano, iniciado con el terrible levantamiento de las Vísperas.

Aunque independiente de Carlos II de Anjou, mantúvose en un plano angevino, tal como correspondía a un papa que defendía los derechos temporales del pontificado en la Italia meridional.

Logró que Jaime II de Aragón renunciara a Sicilia (1296), a trueque de la investidura de Córcega y Cerdeña (1297); Pero no pudo acaban con la resistencia de los sicilianos, quienes habíanse dado un monarca en la persona de Federico (III) de Aragón, pese al apoyo que le prestaron mancomunadamente angevinos y aragoneses.

Pero donde Bonifacio VIII desplegó todo su genio, sin conseguir mayores éxitos, fue en la renovación de la ideología de la teocracia pontificia, en el mantenimiento de la plenitudo potestatis, o sea, la supremacía absoluta de la Iglesia, que se levantaría como un muro de contención en defensa del orden cristiano.

Ya en 1290, como simple legado papal, había expuesto públicamente en París su opinión respecto a la supremacía de los papas sobre todos los príncipes del mundo.

En 1296 intervino para imponer la paz entre los reyes de Francia e Inglaterra. Esta intromisión, conducida quiza con poco espíritu de humildad, enojó a Felipe IV de Francia y Eduardo I de Inglaterra.

Con este asuma mezclóse, al cabo de poco tiempo, el de las contribuciones que ambos monarcas habían arrancado del clero nacional respectivo en flagrante vulneración de las leyes canónicas.

Para restablecer los derechos de la Iglesia, Bonifacio VIII publicó la bula Clericis laicos (25 de febrero de 1296), en que defendía las inmunidades eclesiásticas.

Esta proclamación exasperó a los revé; afectados; Eduardo confiscó los bienes que le plugo Felipe el Bello prohibió la exportación de plata y oro de su reino, lo que mermaba los ingresos de la Santa Sede.

Después de un período crítico, acompañado de una viva propaganda de los principios pontificios o legalistas, se llegó a un acuerdo en agosto de 1297.

En la bula Etsi de statu (31 de julio) Bonifacio VIII reconocía el derecho del rey francés a percibir contribuciones ((consentidas». Esta retirada se debía a la vacilante situación del pontífice en Roma, amenazado por el alzamiento de los cardenales Pedro y Juan Colonna.

En 1300 Bonifacio VIII celebró un jubileo que atrajo a Roma a millares de peregrinos. Desde su solio el papa se considera el señor de reyes y príncipes. Interviene en las sucesiones de Flandes, Alemania y Hungría, mostrando su enojo por la omisión del poder del Papado.

Entonces se perfila claramente su postulado supremo, la teocracia pontifical por voluntad divina, que muy pronto expresará con motivo de un nuevo antagonismo con la corona francesa.

En el transcurso de 1301 revoca las concesiones otorgadas a Felipe IV, quien había hecho detener a Bernardo Saisset, obispo de Pamiers, y proclama su derecho a intervenir en la política francesa (Ausculta fili, 5 de diciembre de 1301).

Esta bula suscita una lluvia de libelos favorables a la autoridad real, que culminan en una resolución de los tres estamentos del reino francés, reunidos en París el 10 de abril de 1302, de defender la corona con su sangre y sus haberes.

Pero Bonifacio VIII ya no retrocede ni se desdice. Afirma su posición inquebrantable en la bula Unam Sanctam (18 de noviembre de 1302), el documento máximo de la teocracia, en que se superan los postulados de Gregorio VII, Gregorio IX e Inocencio IV, de las dos espadas, el Papado se reserva la espiritual, mientras que la temporal la empuñan los reyes según su voluntad; quien afirme la independencia de los dos principios, cae en la herejía de los maniqueos.

El conflicto entre Felipe IV y Bonifacio VIII lo resolvió con un golpe de audacia el jurista Guillermo de Nogaret.

Con el auxilio de los Colonnas y de los gibelinos italianos, Nogaret se apoderó por sorpresa de la persona del papa, tomando por asalto el palacio de Agnani (7 de septiembre de 1303).

El pueblo se sublevó contra los agresores y devolvió la libertad a Bonifacio VIII. Pero el golpe era demasiado rudo.

El papa, trasladado a Roma, no lo pudo sobrellevar. Murió pocos días después (el 11 de octubre), llevándose al sepulcro el último brillo del pontificado medieval.

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Biografia de Julio II Papa -El Terrible-

Biografía de Julio II Papa «El Terrible»

Enérgico, activo, tenaz, infatigable, sinceramente piadoso, muy italiano, Julio II es una de las figuras más sorprendentes del Papado renacentista.

Sus enemigos-—y tuvo muchos a causa de lo tempestuoso de su política — le llamaron «el Terrible» y lanzaron sobre su cabeza numerosas acusaciones, las cuales, en la mayor parte, han resultado infundadas.

Cierto es que Julio II no respondía al tipo de hombre místico y que en realidad hubiera podido ser, en el campo civil, un condottiero afortunado o un creador de estados.

Papa Julio II
Julio II fue el papa Nº 216 de la Iglesia católica, de 1503 a 1513. Se le conoce como el Papa Guerrero por la intensa actividad política y militar de su pontificado.​
Fecha de nacimiento: 5 de diciembre de 1443, Albisola Superiore, Italia
Fallecimiento: 21 de febrero de 1513, Roma, Italia
Nombre completo: Giuliano della Rovere
Entierro: Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano
Padres: Raffaele della Rovere, Theodora Manerola
Hijos: Felice della Rovere

Pero esta apreciación no es óbice para que la crítica desapasionada ponga de relieve sus méritos como restaurador del Estado Pontificio, gran mecenas de los artistas y defensor inquebrantable de los derechos papales.

Era de humilde familia. Juliano della Róvere nació el 5 de diciembre de 1443 en Albissola, un lugar cercano a Savona. Ingresó bastante joven en la orden franciscana y cursó en 1468 los estudios de derecho en Perugia.

El papa Sixto IV, que era tío suyo, le concedió la púrpura cardenalicia el 16 de diciembre de 1471. Protegido por tan alta dignidad, acumuló bastantes beneficios; en el desempeño de varias comisiones y legaciones en Italia y el extranjero se acreditó como diplomático hábil y gobernante enérgico.

Legado pontificio en Francia en 1476 y 1480, el cardenal della Róvere fué el alma del pontificado de Inocencio VIII, a quien había contribuido a elegir. En esta época díjose que era «más» que el propio papa.

Entonces inicia su política de salvar al Papado de su decadencia material. La entronización de Rodrigo Borja limitó su influencia. Adversario irreductible del nuevo papa, vivió retirado en su sede cardenalicia de Ostia, hasta que en 1494, siendo ya insostenible su posición, huyó a Francia.

En la corte de Carlos VIII- preconizó la expedición que quería emprender este soberano contra Napóles; una vez desencadenado el ataque, acompañó al monarca francés en las vicisitudes de la empresa.

Cuando ésta fracasó, se encerró en Aviñón, de cuya ciudad no salió hasta la muerte de Alejandro VI (1503). Después del breve pontificado de Pío III, fué elegido papa el 1.» de octubre de 1503, apoyado por los españoles.

Los diez años de su pontificado están llenos de sucesos notables. Siguiendo la política de los Borgias, unificó el Estado Pontificio; conquistó «las fortalezas de la Romana fieles al duque Valentino (1504), sometió Perugia (1506) y readquirió Bolonia (1506).

En todas estas acciones tomó parte destacada como político e incluso como guerrero. Al objeto de reconquistar Rímini y Faenza participó en la liga de Cambrai (1508), cuyo resultado, después de la victoria de Agnadelo, fue poner fin a la prepotencia veneciana y dar al Papado las dos ciudades mencionadas.

Sin embargo, Agnadelo podía reputarse como un éxito francés. Julio II se propuso evitar la consolidación de la hegemonía de Francia en el Norte de Italia para lograr un equilibrio duradero en la Península e incluso una posible liberación de Italia de todo influjo extranjero.

Este pensamiento le inspiró, primero, una política de benevolencia respecto a Venecia y, luego, la constitución de la Santa Liga (1511), cuando Luis XII incitó al duque de Ferrara a apoderarse de Bolonia (1510) y amenazó a Julio II con un cisma.

La rota de Rávena fue compensada por la reconquista del Milanesado. A su muerte, ocurrida en Roma el 21 de febrero de 1513, Italia parecía haberse librado del peligro francés.

Además de fomentar los intereses políticos de la Iglesia, Julio II cuidó de los espirituales. Protegió las órdenes religiosas y las misiones, combatió la herejía y convocó al concilio lateranense de 1513, en que reafirmó la anulación de las elecciones simoníacas.

Además, no debemos olvidar que bajo la protección de Julio II trabajaron artistas de tanto renombre como Rafael, el Bramante y Miguel Ángel.

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Biografia Papa Clemente VII

Biografia Papa Clemente VII

Las ideas políticas de Clemente VII no fueron de corto alcance, aparte las vinculadas directamente a los intereses de su familia, la de los Médicis. Clemente VII quería llegar a un equilibrio internacional y, en particular, debilitar la hegemonía española en Italia.

Pero para lograr estos ambiciosos propósitos le faltó decisión y actividad. Dejóse arrastrar por los acontecimientos, y en cierta manera contribuyó a crear un confusionismo peligroso entre los intereses políticos y religiosos de la Iglesia.

Papa Clemente VII
Papa Clemente VII:
Cuando Julio de Médicis, fue coronado como Clemente VII , Francisco I de Francia y el emperador Carlos V estaban en guerra. El último había apoyado la candidatura de Clemente VII y se manifestaba amigo de los Médici, pero antes de un año el nuevo Papa firmó un tratado con Francia. En respuesta, los aliados italianos de Carlos V, tomaron Roma , exigiendo al Papa que pagase trescientos mil ducados para evitar el saqueo. Ante la negativa papal, el 6 de mayo se produjo el asalto. Clemente VII se refugió en el castillo de San Angelo, donde permaneció siete meses, pidiendo ayuda a la Liga de Cognac, pero sus aliados no respondieron a su llamamiento: el Papa necesitaba el apoyo de Carlos V para hacer frente a los luteranos en Alemania y reinstalar a los Médici en Florencia. Clemente VII se decidió por el emperador, firmó en Roma un tratado que le favorecía y coronó a Carlos V en Bolonia.

Este hecho se revela con claridad meridiana en su actitud respecto a la reforma protestante, considerandola como un movimiento de tipo político, lo que, junto con los recelos suscitados en Carlos V, no hizo viable la leal colaboración entre la Iglesia y el Imperio para acabar con la herejía en los años de su iniciación.

Julio de Médicis era hijo natural de Juliano, hermano de Lorenzo el Magnífico, y Antonia del Cittadino. Había nacido en Florencia el 26 de mayo de 1478, y desde su más tierna edad fue preparado para abrazar la carrera eclesiástica.

Caballero de Rodas, gran prior de Capua, recibió el capelo cardenalicio de su primo León X el 23 de septiembre de 1513, y durante el pontificado de éste —otro Médicis — ejerció un papel preponderante en la curia papal.

En 1521 presentó su candidatura al pontificado; pero la oposición de los Colonna y la intervención diplomática de Carlos V determinaron la elección de Adriano VI. No obstante, dos años más tarde lograba su propósito (18 de noviembre de 1523).

Ascendía al Pontificado en un momento de tensión entre España y Francia. La victoria de Pavía (1525) y el subsiguiente tratado de Madrid (1526) dieron a Carlos V la hegemonía absoluta en Italia.

Para evitarla, Clemente VII, junto con Venecia, prepararon la confederación o liga de Cognac, que se firmó el 22 de mayo de 1526.

Este acto hacía beligerante al Papado en aquella gran pugna, lo que le acarreó serios contratiempos. Primero, la sublevación de Pompeyo Colonna (1526) y, luego, en mayo de 1527, el asalto y saqueo de Roma por los lasquenetes alemanes; Clemente VII tuvo que refugiarse en el castillo de San Angelo, desde donde capituló ante el emperador. Las negociaciones entabladas en Barcelona (1529) dieron por resultado la aproximación entre Clemente VII y Carlos V, ratificada en la coronación imperial de Bolonia (24 de febrero de 1530).

Esta política valió al papa la erección del ducado de Florencia y su vinculación a los Médicis.

Pero jamás la practicó con lealtad, pues en 1533 el enlace de Catalina de Médicis con el heredero de Francisco I de Francia, Enrique II, hacía presumir una nueva y violenta ruptura.

Durante su pontificado apenas intervino en la cuestión luterana alemana. En cambio, la tenacidad de la Curia provocó el Cisma inglés al oponerse a las veleidades de Enrique VIII.

El 23 de marzo de 1534, poco antes de su muerte, ocurrida en Roma el 25 de septiembre siguiente, Clemente VII ratificaba la legitimidad del matrimonio de Enrique VIII y Catalina de Aragón.

Biografia Papa Pablo VI Resumen Obra Pontificia en el Concilio

Biografía Papa Pablo VI – Obra Pontificia

«Habemus papam«,…el viernes, 21 de junio de 1963, a las 11 horas 25 minutos de la mañana, la pantalla de televisión retrataba el penacho de humo, unos segundos vacilante y en seguida decididamente blanco; había un nuevo papa.

Era Giovanni Battista Montini, que se llamaría Pablo VI. Para organizar los datos dispersos de la biografía y estudiar la trayectoria de Montini hay que asentar los reales en Brescia.

Sus padres, Giorgio y Giuditta, vivían en Brescia, pero el niño les nació en la casa de campo, en Concesio, a ocho kilómetros de la capital. Era el 26 de septiembre de 1897. Su padre era un abogado de treinta y siete años, director del periódico católico II Cittadino di Brescia; su madre una frágil y menuda mujer, medio enfermiza. Giovanni nació flacucho y tuvieron que confiarlo a un ama, en el pueblecito de Sacca. Era de natural pacífico, algo concentrado.

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Desde los primeros años de su sacerdocio, el padre Montini, (más tarde Pablo VI) estuvo en contacto con cuanto sucedía en el Vaticano. El hecho de que su padre fuese un periodista destacado relacionado con la política ayudó al sacerdote a comprender los asuntos públicos desde muy joven. Fue subsecretario de Estado de Pío XII y, antes de morir, el Papa lo nombró arzobispo de Milán. Juan XXIII lo incluyó en su primer nombramiento de cardenales. Sucedió a Juan XXIII  y adoptó el nombre de Pablo VI,  continuó trabajando para el concilio durante las tres sesiones siguientes.

El 29 de mayo de 1920 fue ordenado sacerdote en la catedral de Brescia. Inmediatamente después, y por voluntad de su obispo, se trasladó a Roma, para ampliar estudios. Decidió matricularse en filosofía en la universidad Gregoriana e hizo el curso preparatorio en la universidad civil para especializarse en filología clásica; en vísperas de su ordenación sacerdotal había presentado ya una tesis doctoral de derecho canónico en la facultad pontificia de Milán. Por iniciativa de monseñor Pizzardo, sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano, ingresaría en 1921 en la Academia Pontificia de Nobles Eclesiásticos. Esto ponía raíles a su vida sacerdotal. Pensó que es un extraño destino: hacerse sacerdote y acabar en diplomático.

Pronto fue enviado en una misión a Varsovia (Polonia), pero al joven sacerdote el cambio de clima le sienta mal y cae enfermo. Avanza el verano y la salud no mejora; en otoño, por orden de Pizzardo, regresa a Roma. Cumplió otro curso de estudios, 1923-1924, y superados los exámenes entró al servicio regular de la Secretaría de Estado. Para utilizar provechosamente los deseos de trabajo pastoral de su oficinista, monseñor Pizzardo le nombró consiliario de los jóvenes universitarios de la Acción Católica de Roma.

En 1934 dejaría definitivamente a sus jóvenes para entregarse al movimiento de graduados católicos; Montini, absorbido completamente por los trabajos de la Secretaría de Estado, no rompería sus lazos amistosos con nadie. Monseñor Montini pasó luego al servicio exclusivo de la Secretaría de Estado, y esto significó quedarse, por veinte años, sin noticias sobre su existencia.

El 17 de septiembre de 1937, y a propuesta del cardenal Pacelli, secretario de Estado, era nombrado sustituto, pieza clave de Secretaría. Dos veces por semana le recibía el papa, sin contar las llamadas o los encargos urgentes que le enviaría por una secretaría particular. La reuniones eran jornadas metódicas e intensas, que se prolongaban frecuentemente hasta bien entrada la noche. En pocos meses Montini ajustó su paso al estilo del cardenal Pacelli. Éste le confió la ejecución y vigilancia de sus resoluciones. Las tareas discurrieron suaves sobre los raíles de la mutua comprensión.

El 10 de  febrero de 1939 moría Pío XI. Los cardenales reunidos en conclave eligieron nuevo papa a Eugenio Pacelli, Pío XII. Durante la primavera de 1939 en el Vaticano se tuvo que trabajar denodadamente a favor de la paz. Tres días después de la coronación de Pío XII, las tropas alemanas invaden Checoslovaquia y la anexionan al Reich. Animado por el estupor producido en el mundo, Mussolini se apodera de Albania.

Cuando en agosto de 1944 murió el cardenal secretario Maglione, Pío XII no le sustituyó, y prefirió gobernar personalmente, utilizando los servicios de sus dos peones, Tardini y Montini. La figura del papa se agiganta. Recibe una riada constante de visitas, y aprovecha este paso de todas las categorías humanas para adoctrinarles. Montini tuvo que estar en guardia permanente.

Estudió atentamente la figura de Pío XII, analizó sus reacciones y trató de profundizar en los motivos de su conducta. En las maneras de pensar y de hablar sobre temas internacionales, Montini hereda el estilo del papa que fue su maestro a lo largo de estos años intensos. Una lección profunda derivó Montini de las actitudes de Pío XII: su religiosidad, su fervor.

Montini lee y estudia. Fuera de algún viaje rápido, su vida está metódicamente regulada entre los papeles de Secretaría y los libros de su biblioteca. Madruga. A las nueve, acude al despacho, donde permanece hasta las dos o dos y media sin más salida que la hora de audiencia con el papa. Después del almuerzo, un breve descanso y un par de horas de lectura. A las seis de nuevo a la oficina, hasta las nueve. La cena, y casi siempre otro par de horas de trabajo nocturno en el despacho. Prolonga sus lecturas hasta la una y media o las dos de la madrugada. Se acuesta, con el despertador cargado en las siete de la mañana. Cinco horas de sueño que él dice están enriquecidas por el rato de siesta, al que no le gusta renunciar, y por eso aborrece las comidas oficiales.

El 30 de agosto de 1954 murió el cardenal Schuster, arzobispo de Milán; quedaba vacante una de las diócesis más importantes de la iglesia católica. A mediados de octubre era nombrado arzobispo de aquella diócesis Giovanni Battista Montini.

Pío XII moría el 9 de octubre de 1958. Montini tomó el primer avión y se fue a Roma: arrodillado ante el cadáver de Eugenio Pacelli, rezó y lloró. Los milaneses sentían un resquemor contra Pío XII: no había nombrado cardenal a su arzobispo. La verdad es que Pío XII en los últimos años no quiso crear cardenales; su plan de reforma de la Curia fracasó por las resistencias internas, y el papa se retrajo definitivamente.

El 28 de octubre de 1958, Angelo Roncalli era elegido papa. A mitad de noviembre de 1958, Juan XXIII anunció que el 15 de diciembre celebraría consistorio para conferir la púrpura cardenalicia a veintitrés prelados; la lista la encabezaba el arzobispo Montini. Trabajó intensamente en la preparación del concilio ecuménico.

En la primera sesión del Concilio Vaticano II, los cardenales Montini y Suenes entre otros cardenales notaron la necesidad inmediata de una planifícación organizada. Juan XXIII había anticipado sólo la primera sesión y no había previsto la cantidad de trabajo que surgió de ella. Montini y Suenens se dieron cuenta de que los temas y las posiciones eran mucho más complejas y exigían mucho más debate de lo que habían imaginado los organizadores. Se acercaron al Papa y lo convencieron de que adoptara su planificación, al menos en lo esencial. Como luego mostró la historia, los dieciséis documentos relevantes sobre los temas debatidos coincidían con el plan presentado al pontífice.

Juan XXIII murió seis meses después de clausurada la primera sesión del concilio. Dieciocho días después de la muerte del beato Juan XXIII, el 21 de junio de 1963, Giovanni Battista Montini, cardenal de Milán, fue elegido Papa. En su primer mensaje, dijo:

«Dedicaremos la mayor parte de nuestro pontificado a la continuación del Concilio Ecuménico Vaticano II, hacia el que vuelven sus ojos todos los hombres de buena voluntad […]. Queremos consagrar a esta tarea todas las energía que el Señor nos ha dado, para que la Iglesia católica, que brilla en el mundo como estandarte alzado sobre todas las naciones lejanas, pueda atraer hacia ella a todos los hombres por su grandeza, la renovación de sus estructuras y la multiplicidad de sus fuerzas, que proceden de toda tribu, lengua, pueblo y nación».

Así como Juan XXIII fue el padre espiritual del concilio, Pablo VI fue quien lo implemento. Su experiencia como secretario de Pío XII y sus conocimientos de política interna y externa de la Iglesia lo ayudaron mucho durante el pontificado.

Su interés en el desarrollo económico y la política mundial lo impulsó al lanzamiento de la Constitución sobre la Iglesia en el mundo moderno (Gaudium et Spes). Sus dotes como diplomático y administrativo le permitieron agilizar la aprobación de estos documentos. La Iglesia se beneficiaría con un Papa brillante y conocedor de lo que estabapasando.

Los años difíciles vinieron después del concilio. La implementación de los documentos conciliares implicaba gran cantidad de cambios que provocaron un fuerte impacto en todos los católicos. La misa pasó a rezarse en lengua vernácula, con los celebrantes mirando a la feligresía, y se publicó una nueva rúbrica. Miles de sacerdotes, creyendo que obtendrían permiso para casarse, se desilusionaron ante la encíclica Sacerdotalis Celibatus (Celibato sacerdotal) en la cual el Papa se negaba a cambiar esta disposición. En Estados Unidos renunciaron diez mil sacerdotes.

El desafío más difícil de Pablo VI en los años postconciliares fue tomar una decisión con respecto al control de la natalidad artificial. Nombró una comisión para que estudiase el tema. La mayor parte de los integrantes consideró que las pildoras anticonceptivas no eran contrarias a los fines del matrimonio o a las leyes de Dios. El Papa sufrió mucho con la definición de este tema; muchos lo apodaron «Hamlet» según la obra de teatro de Shakespeare, por parecerse al personaje que duda, al que le cuesta tanto decidirse.

Finalmente se decidió por la posición contraria a los estudios del comité, y publicó la encíclica Humanae Vitae. La reacción negativa de un gran número de teólogos, el apoyo ambiguo de los obispos y la resistencia de los laicos, especialmente en Europa y Norteamérica, fue un serio impedimento que debió enfrentar durante el resto de su papado. Sin embargo, otros señalaron la sabiduría pastoral de la encíclica y criticaron la «mentalidad anticonceptiva».

Durante los primeros años después del concilio hubo una cierta euforia que llevó a algunas personas a pensar que la mayor parte de las tradiciones desaparecerían, incluso algunas verdades perennes de la tradición católica. Se creó una confusión con respecto a la doctrina básica y a la disciplina fundamental. Pablo VI respondió a esta mentalidad con una reafirmación de la fe católica en el Credo de Pablo VI.

Luego, dio a conocer Mysterium Fidei (Misterio de fe) para aclarar y corregir temas puntuales de doctrina, especialmente en relación con la Eucaristía, que no estaban claros en el popular Catecismo holandés.

Pablo VI enfrentó la durísima tarea de mantener unida a la Iglesia después del Concilio. La sobrellevó teniendo un criterio amplio; con paciencia, calma, fe, iluminando con inteligencia lo que debía entenderse y dirigiéndose pacíficamente a los opositores, y si creía que era necesario, sufriendo en silencio.

 Inauguró un estilo de liderazgo papal, imitado por Juan Pablo II, de «Papa viajero». Fue a Manila, África y Jerusalén. El abrazo con el patriarca Atenágoras simbolizó el deseo de los católicos por reunirse nuevamente con los ortodoxos. Presidió el Año Santo de 1975, con millones de peregrinos que visitaron Roma. Piloteó la Iglesia por aguas turbulentas y la condujo a un curso seguro. Realizó uno de los mejores papados de la historia.

En 1968 asistió al XXIX Congreso Eucarístico Internacional de Bogotá, y en 1969 visitó Kampala (Uganda) y la sede de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra.

Su primera encíclica es la más representativa de su pensamiento; en Ecclesiam suam (1964) trata de la conciencia que la Iglesia debe tener de su misión, de su reforma y del diálogo con el mundo. La Populorum progressio (1967) examina los problemas actuales del desarrollo de las naciones más pobres. La más controvertida, y la última de las encíclicas de Pablo VI, la Humánete vitae, reafirma la doctrina establecida sobre el control de natalidad.

Cuando pronunció el primer discurso a los cardenales, antes de leer el texto oficial, les dirigió unas palabras en tono de confidencia: pedía su comprensión y su apoyo, «él, que tiene conciencia de sus propias limitaciones hasta el sufrimiento».

Es la angustia de Pablo VI, sus dudas y sus temores; su valentía y su miedo; su diplomacia y su corazón de pastor; su modernidad y sus esquemas tradicionales.

Pablo VI, el papa de la fidelidad, un hombre angustiado, murió en Cas-telgandolfo en el mes de agosto de 1978.

Ver: Biografia de Giovanni Battista

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo IV- Entrada: Papa Pablo VI  “el papa del postconcilio” – Editorial Planeta
Hitos en la Historia de la Iglesia Editorial Lumen de Alfred McBride
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.