Proceso de Reorganización Nacional

Primeros Partidos Políticos en Argentina Desde 1810 Hasta Ley Electoral

PRIMEROS  PARTIDOS POLÍTICOS EN ARGENTINA

Los Partidos Políticos desde 1810 en Argentina

En todo tiempo y lugar los nombres han disentido en cuando a los fines de su acción política y en torno de los medios para llevarlos a efecto. Como tendencias de opinión o de acción, ya que no como grupos organizados mediante reglamentos internos estables, los partidos existieron ya en la antigüedad, en las repúblicas griegas y en Roma; también los hubo en nuestro país, desde el comienzo mismo de su existencia independiente.

Los hombres que aspiraban a conducir o a orientar la acción del Estado —los políticos— se agruparon para lograr sus objetivos y constituyeron asi esas agrupaciones de ciudadanos que actuaron desde el poder o en la oposición.

Muchas veces, por razones complejas y variadas, los objetivos no eran claros para todos y fue frecuente que se confundieran los partidos como fines en sí mismos, en lugar de ser medios para orientar la marcha de la Nación detrás de miras elevadas, acertadas o no. En todo tiempo y lugar hubo políticos y politicastros, como suele ocurrir, por otra parte, en todas las actividades humanas sin excepción.

 primera junta

Primera Junta de Gobierno de 1810

El surgimiento de partidos estructurados orgánicamente data en la República Argentina del período iniciado en 1890; como tendencias y agrupaciones no organizadas de esa manera, son muy anteriores.

José Luis Romero señaló dos importantes corrientes políticas preexistentes a 1810: el espíritu autorizado en la época colonial por la acción de la dinastía de los Habsburgo o Austrias (que rigieron en España en los siglos XVI y XVII), y la conformación del espíritu liberal de la Ilustración y del siglo XVIII, concretado en muchos aspectos en la actuación de los Borbones (dinastía reinante desde 1700)»

Según este importante pensador argentino, esas corrientes se prolongan luego en diversos aspectos de nuestra vida política.

Desde fines del siglo XVIII, además, las ideas que agitaban al resto de Occidente tuvieron eco entre las fuerzas políticas nacionales; la lucha sostenida en Europa entre liberales y absolutistas o el surgimiento del Romanticismo, influyeron en el pensamiento de nuestros hombres políticos.

A partir de 1810, en la acción de la Junta de Gobierno se advierten dos tendencias o partidos: «saa-vedristas» y «morenistas»son denominaciones clásicas que los vinculan con los nombres de sus líderes más destacados.

Esa confrontación se extiende en 1810 1812 y vemos entonces aparecer —orientada por los seguidores de Mariano Moreno — el Club o Sociedad Patriótica, que se opondrá a la Junta Grande.

La existencia de logias secretas, algunas ligadas a la masonería, proporciona otro tipo de «partidos», éstos, secretos, reducidos pero influyentes y con un intento de rígida organización.

Desde 1812 la Logia Lautaro ejerció gran influencia en la política nacional; dentro de ella se definieron dos tendencias contrapuestas : la encabezada por José de San Martín y la que lideraba Carlos de Alvear.

En los años de la lucha por la Independencia, aparecen, resultado de la situación interna y la exterior, «monárquicos» (decididos a establecer en el país una monarquía constitucional) y «republicanos», opuestos a aquellos. La rebelión de las provincias, iniciada por José G. Artigas, contra el centralismo porteño abrió paso al federalismo, tendencia de variados matices que predominó en el interior.

Directoriales y federales protagonizaron la crisis de 1820.

Las luchas y rivalidades personales entre los caudillos también jugaron un rol importante en estas luchas civiles y fue común ver a hombres de la misma tendencia (López, Ramírez, Artigas) enfrentados entre sí.

En los primeros tiempos de Juan M. de Rosas (1829-1832), el partido federal porteño, que liderara Manuel Dorrego hasta su muerte en 1828, se fraccionó en «doctrinarios» y «apostólicos» (o rosistas) y ya había surgido para entonces el partido unitario, ligado en sus comienzos a la figura de Bernardino Rivadavia.

Hacia 1837 surgió una tendencia nueva, que procuró la síntesis de los bandos en pugna y ejerció fuerte influencia en las décadas siguientes: los románticos (Esteban Echeverría, Juan B. Alberdi, José M. Gutiérrez), inspiradores de la corriente liberal.

Después de Caseros y de Pavón(1852-1861), el panorama político aparece dividido entre el partido federal, liderado en el interior por Justo J. de Urquiza y el liberalismo porteño separado en dos partidos: los autonomistas de Adolfo Alsina y los nacionalistas de Bartolomé Mitre.

La muerte de Urquiza (1870) y la derrota de las últimas montoneras, puso prácticamente fin al partido federal como tal.

Fueron los autonomistas, unidos a grupos del interior, quienes apoyaron la candidatura de Domingo F. Sarmiento (que no pertenecía a ninguno de los dos partidos), contra los nacionalistas, en 1868.

Pocos años después, una coalición de sectores del autonomismo y de fuerzas provinciales dio nacimiento al Partido Autonomista Nacional, predominante, a partir de la década de 1880 y sostenedor de las candidaturas de Nicolás Avellaneda, Domingo F. Sarmiento y Miguel Juárez Celman. «Más que un partido —comenta Carlos R. Meló— era la yuxtaposición de los grupos dominantes en cada provincia».

En los comicios de la época, por otra parte, se generaron multitud de fracciones de los partidos existentes (nacionalistas o liberales de Mitre, autonomistas nacionales, etc.) que adoptaron diversas denominaciones.

En 1884, en oposición a las medidas laicistas de Roca, nació la Unión Católica, en la que se destacó José M. Estrada.

En 1889, durante la etapa final del gobierno de Juárez Celman hizo su aparición una corriente nueva, inspirada por Francisco Barroetaveña, Aristóbulo del Valle, Leandro Alem y otros: la Unión Cívica de la Juventud, convertida luego en Unión Cívica y protagonista de la Revolución del 90.

Los partidos competían en las elecciones nacionales y provinciales, donde el fraude y la violencia eran frecuentes; precisamente fue la lucha por el sufragio libre uno de los postulados de la UCJ.

Además de las tribunas públicas, los partidos contaban como voceros principales a los diarios y periódicos; el fenómeno del diarismo hizo eclosión en la vida argentina en la segunda mitad del siglo XIX, intimamente ligado a las luchas políticas de la época.

En los primeros ochenta años de nuestra vida independiente, los partidos lucharon en torno de los grandes problemas nacionales: la declaración de la independencia, monarquía o república, centralismo o federalismo, la cuestión de la capital.

Fueron los protagonistas inevitables de la vida política del país.

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Los partidos políticos hasta 1912: Hasta la batalla de Caseros, dos grandes partidos lucharon por el predominio político del país: los federales y los unitarios, designados también como rosistas y antirrosistas, respectivamente.

Derrocado el régimen de Rosas, su vencedor Urquiza continuó bajo la ideología federal, lo que provocó la hostilidad de los porteños quienes —bajo las directivas de Valentín Alsina— defendieron la primacía de Buenos Aires sobre el resto del país.

El acuerdo de San Nicolás y su rechazo por la provincia de Buenos Aires dividió a la opinión pública en federalistas y liberales, estos últimos de tendencia porteña y separatista. En el transcurso de la presidencia de Mitre surgió ei partido Nacionalista, encabezado por el primero, quien sostenía la necesidad de federalizar a Buenos Aires. Sus opositores, acaudillados por Adolfo Alsina, defendían el autonomismo porteño y bregaban para que Buenos Aires continuara como capital de la provincia homónima, pero no del país. Los últimos constituyeron el partido Autonomista.

Cuando en 1874 se propició en toda la Nación la candidatura presidencial de Nicolás Avellaneda, surgió un nuevo partido político, el Nacional, que triunfó en las provincias y lo llevó al poder. De acuerdo con la política conciliadora anunciada por Avellaneda, el partido Nacional se unió con el Autonomista de Adolfo Alsina, coalición que hizo surgir al Partido Autonomista Nacional (P.A.N.).

Leandro Alen

Una fracción del autonomismo, encabezada por Leandro Alem y Aristóbulo del Valle, no aceptó la política unionista y se pronunció en contra.

El P.A.N. llevó al poder a Roca y a Juárez Celman. Durante el mandato del último y debido a los problemas políticos y económicos, surgió un nuevo partido opositor, la Unión Cívica de la Juventud, llamada más tarde —luego del mitin realizado en 1890, en el Frontón Buenos Aires— Unión Cívica.

Durante la presidencia de Pellegrini, la Unión Cívica se dividió, debido al acuerdo que culminó con la candidatura de Mitre; los que aprobaron ese entendimiento, formaron la Unión Cívica Nacional (roquistas, pellegrinistas y mitristas) y los disidentes, que no aceptaron, dieron origen a un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, bajo la dirección de Leandro N. Alem. La nueva agrupación política adoptó —hasta la sanción de la Ley Electoral— una actitud revolucionaria, contraria al fraude y al continuismo político.

Los partidos políticos al promulgarse la ley Sáenz Peña

Cuando la Ley Sáenz Peña entró en vigor, la masa ciudadana abandonó la apatía política y amparada en la libertad de sufragio concurrió en gran cantidad a los comicios. Los partidos políticos hicieron públicas sus plataformas electorales —principios fundamentales de su futura acción de gobierno— y abrieron comités para afiliar a sus simpatizantes. Los principales partidos de esa época eran los siguientes:

1)   Partido Conservador. Tuvo sus orígenes en el Partido Autonomista Nacional (.P.A.N.), cuyos candidatos —como vimos— gobernaron durante muchos años a nuestro país. De tendencia derechista, significó la expresión de una minoría culta, de indudable prestigio, que deseaba mantener el sistema institucional existente.

2)   Unión Cívica Radical. Como vimos, surgió de la fracción disidente que no aceptó el acuerdo de la Unión Cívica con el entonces partido oficialista. La Unión Cívica Radical actuó en principio bajo las directivas de Alem y del Valle y más tarde reconoció como jefe a Hipólito Yrigoyen, bajo cuyo período contó con gran apoyo electoral, particularmente de la clase media. El partido censuró la violencia electoral, bregó por la libre expresión de la voluntad ciudadana y sostuvo nuevos planteos económicos. Sus dirigentes manifestaban que el radicalismo constituía, más que un partido, un movimiento de opinión nacional.

3)  El Partido Socialista. Las ideas sociales que agitaban las masas proletarias de Europa a fines del siglo pasado, comenzaron a llegar a nuestro país alrededor de 1880 y a difundirse en los círculos obreros. De tal manera, en 1894 se constituyó el Partido Socialista, cuyo órgano de expresión fue el periódico «La Vanguardia«, dirigido por el médico Juan B. Justo, hombre de talento y de vasta cultura. En forma paralela, también se organizaban los anarquistas, de ideas más avanzadas.

Las precarias condiciones de vida a que estaban sometidos los obreros y la indiferencia de los gobiernos ante el problema favorecieron la difusión de los nuevos principios sociales. En esa época, el movimiento no excedió los límites de la populosa ciudad de Buenos Aires.

Alfredo Palacios

Alfredo Palacios

En 1904, el partido Socialista ganó la circunscripción correspondiente al barrio de la Boca y llevó al Congreso su primer diputado, el joven abogado Alfredo L Palacios.

Lisandro de la Torre

Lisandro de la Torre

4)  Partido Demócrata Progresista. Fundado en el año 1914 por el doctor Lisandro de la Torre, contó en principio con el aporte electoral de la ciudad de Rosario. El partido sostuvo más tarde una plataforma liberal, de carácter izquierdista.

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Todos Los Partidos Políticos de Argentina en el Inicio Democrático de 1983

Son 362 los partidos políticos que pidieron reconocimiento en todo el país. El Ministerio del Interior informó que al 5 de abril de 1983, 362 partidos políticos de distrito han pedido su reconocimiento. De esta cifra, 221 ya habían intervenido en anteriores confrontaciones electorales y hay 141 agrupaciones nuevas que debutarán en el acto eleccionario del 30 de octubre próximo. El informe del Ministerio del interior consigna también que en el distrito de la Capital Federal hay 34 agrupaciones y en la provincia de Buenos Aires 27 y son las que tienen el mayor número de presentaciones ante la justicia electoral.

alfonsin ricardo

La Argentina lleva mas de 30  años de democracia: el 30 de octubre de 1983 ganaba Alfonsín Aquella noche, el primer presidente electo tras casi ocho años de dictadura se asomó a uno de los balcones del Comité Nacional y ante una multitud jubilosa afirmó: «Hemos ganado, pero no hemos derrotado a nadie, porque todos hemos recuperado nuestros derechos»

• Capital Federal: Las agrupaciones preexistentes son los partidos Demócrata, Demócrata Progresista, Movimiento de Integración y Desarrollo, Justicialista, Renovador Federal, Socialista Democrático, Unión Cívica Radical y Unión Popular, y las nuevas son: Para la Democracia Social, Activo Previsional, de la Reconquista, del Trabajo y del Pueblo, Socialista Unificado, Unión del Centro Democrático (U.C.D.), Unión Cívica Católica (U.C.C.), Confederación Socialista Argentina, Confederación Intermedia, Federalista de Centro, Movimiento al Socialismo, Movimiento Vecinal Republicano, Nacionalista Constitucional, Comunista, Socialista Popular, Demócrata Cristiano, Partido Obrero, Confederación Socialista, Socialista Auténtico, Autonomista Social y Conservador Popular.

• Provincia de Buenos Aires: Federalista de Centro, Movimiento al Socialismo, Movimiento Vecinal Republicano, Movimiento Línea Popular, Partido de la Independencia, Nacionalista Constitucional, Comunista, Socialista Popular, Demócrata Cristiano, Partido Obrero, Confederación Socialista, Socialista Auténtico, Autonomista, Social y Conservador Popular.

Partidos preexistentes: Demócrata Progresista, Federal, Demócrata Cristiano, Frente de Izquierda Popular, Intransigente, Justicialista, MID, Renovador de la Provincia de Buenos Aires, Socialista Democrático, Unión Conservadora, U.C.R., Unión Popular.
15 nuevos: Socialista Popular, Comunista, Conservador, Mov. Línea Popular, Del Trabajo y del Pueblo, Unión del Pueblo Adelante, U.C.D., Confederación Socialista, Conservador Principista, Mov. al Socialismo, Para la Democracia Social, Obrero, Socialista Auténtico, Socialista Unificado, Unión Cristiano Democrática.

• Catamarca: 12 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, Demócrata de Catamarca, FIP, MID, Popular Catamarqueño, Mov. Nacionalista, Intransigente, Justicialista, Laborista, Socialista Democrático, U.C.R.Tres nuevos: Socialista Popular, La Voz del Pueblo y Federal.

• Córdoba: 10 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata, FIP, MID, Pacto Federalista, Intransigente, Justicialista, Laborista, U.C.R. y Unión Popular.Nueve partidos nuevos: Socialista Popular, Comunista, Demócrata Progresista, Federal, Partido del Centro, Socialista Democrático, Mov. al Socialismo, Mov. Línea Popular, Para la Democracia Social.

• Corrientes: 12 partidos preexistentes: Autonomista, Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, Liberal, MID, Mov. Línea Popular, Unión del Pueblo Adelante, U.C.R.Tres partidos nuevos: Comunista, Para la Democracia Social y Socialista Popular.

• Chaco: ocho partidos preexistentes: Conservador del Chaco, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, Socialista, U.C.R.• Tres partidos nuevos: Comunista, Movimiento dé Unidad Chaqueña, Movimiento Línea Popular.

• Chubut: 9 partidos preexistentes: Acción Chubutense, Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, FIP, Justicialista, MID, Socialista Popular.. Cinco partidos nuevos: Comunista, Socialista Democrático, Socialista Auténtico, Federalista Chubutense, Movimiento al Socialismo.

• Entre Ríos: seis partidos preexistentes: FIP, Justicialista, MID, Mov. Línea Popular, Demócrata Cristiano, U.C.R. Cinco partidos nuevos: Intransigente, Socialista Popular, Comunista, Demócrata y Federal.

• Formosa: siete partidos preexistentes: Intransigente, Demócrata Cristiano, Justicialista, MID, Movimiento Línea Popular, Socialista Popular y U.C.R. Un partido nuevo: Para la Democracia Social.

• Jujuy: diez partidos preexistentes: Conservador Popular, Federal, Intransigente, Justicialista, Laborista, MID, Movimiento Popular Jujeño, Socialista Democrático, Tercera Época y U.C.R.Cinco nuevos partidos: Demócrata Cristiano, Acción Democrática, Del Trabajo y del Pueblo, Comunista y Movimiento al Socialismo.

• La Pampa: ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Intransigente, Justicialista, Movimiento Federalista Pampeano, MID, Socialista Popular, U.C,R. y Unión Popular.Un partido nuevo: Comunista.

• la Rioja siete partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. y Unión Republicana. Cinco partidos nuevos: Para la Democracia Social, Nacionalista, Comunista, Demócrata Cristiano e Intransigente.

• Mendoza: seis partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata, FIP, Justicialista, MID y U.C.R.Once partidos nuevos: Comunista, Demócrata Cristiano, Federal, Demócrata Progresista, Para la Democracia Social, Movimiento al Socialismo, Tres Banderas, Socialista Auténtico, Socialista Popular, Obrero y Socialista Unificado.

• Misiones: nueve partidos preexistentes: Comunista, Conservador Popular, Demócrata Cristiano, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. y Federal.Un partido nuevo: Para la Democracia Social.

• Neuquén: ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, Intransigente, Justicialista, MID, Mov. Popular Neuquino y U.C.R.Seis partidos nuevos: Para la Democracia Social, Comunista, Socialista Democrático, Mov. al Socialismo, Obrero y FIP.

• Río Negro: cinco partidos preexistentes: Justicialista, Demócrata Cristiano, MID, Provincial Rionegrino y U.C.R.Cuatro partidos nuevos: Intransigente, Comunista, FIP y Movimiento al Socialismo.

• Salta: ocho partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, FIP, Justicialista, MID, U.C.R., Unión Popular, Unión Provincial.
11 partidos nuevos: Comunista, Mov.Popular Nacionalista Para la Democracia Social, Intransigente, Socialista Auténtico, Renovador, Mov. Línea Popular, Partido Obrero Federal, Socialista, Demócrata Progresista.

• San Juan: 11 partidos preexistentes: Bloquista, Conservador Popular, Cruzada Renovadora, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Frente de Liberación 12 de Mayo, Justicialista, MID, Socialista Popular, y U.C.R.Ocho partidos nuevos: Para la Democracia Social, Comunista, Movimiento al Socialismo. Socialista Auténtico, Acción Solidaria, Intransigente, Del Trabajo y del Pueblo, Partido del Centro.

• San Luis: Ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Demócrata Liberal, Intransigente, Justicialista, MID, Mov. Popular, U.C.R., Unión Popular.Tres partidos nuevos: FIP, Socialista Popular, Comunista.

Santa Cruz: 9 partidos preexistentes: Conservador Popular, Dem. Cristiano, FIP, Fuerza Federalista Santacruceña, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. Socialista Unificado.Dos partidos nuevos: Comunista y Movimiento al Socialismo.

• Santa Fe: 11 partidos preexistentes: Conservador Popular, Dem. Cristiano, Dem. Progresista, Federal, FIP, Intransigente, Federalista, Justicialista, MID, Movimiento Línea Popular, U.C.R., Unión Popular.Ocho partidos nuevos: Comunista, Socialista Popular, Intransigente, Para la Democracia Social, Socialista Unificado, Partido del Centro, Movimiento al Socialismo y U.C.D.

• Santiago del Estero: 11 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, Popular Unido, Provincial, Socialista Popular, U.C.R.Un partido nuevo: Comunista.

• Tucumán: 15 partidos preexistentes: Conservador Popular. Defensa Provincial, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Justicialista, Laborista, MID, Mov. Recuperación Tucumán, Mov. Nacionalista, Socialista Democrático Socialista Popular, U.C.R., Unión Popular, Vanguardia Federal.
Seis partidos nuevos: Para la Democracia Social, P. del Centro, Intransigente, Comunista, Dem. Progresista y Mov. al Socialismo.

• Tierra del Fuego: 8 partidos preexistentes: Agrupación Vecinal, Conservador Popular, Federal, Intransigente, Justicialista, MID, Unión Cívica Radical, Mov. Popular Fueguino.Dos partidos nuevos: Para la Democracia Social y Socialista Popular.

Fuente Consultadas:
Carlos R. Meló. Los partidos políticos argentinos entre 1862 y 1930. En: Academia N. de la Historia. Historia Argentina Contemporánea. Bs. As. Ateneo, 1964. Vol. II. Primera sección.
Formación Pólítica Para Vivir en Democracia Tomo III – Los Partidos Políticos – Editorial Redacción
José l. Romero. Las ideas políticas en Argentina. Bs. As., FCE, 1969.
Información Obtenida de: HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL

 

La Hora del Pueblo Objetivo del Acuerdo Político

ENCUENTRO NACIONAL DE LOS ARGENTINOS: LA HORA DEL PUEBLO

Después de algunas discusiones, las Fuerzas Armadas eligieron al general Roberto Marcelo Levingston como sucesor de Onganía. Sin embargo, no estaba claro qué tipo de gobierno llevaría adelante. Los altos oficiales estaban ante una disyuntiva: algunos consideraban que definitivamente los objetivos de 1966 no se podrían cumplir, y que debían optar inmediatamente por una salida legal. Los nacionalistas (entre ellos Levingston) creían que era necesario profundizar la revolución e insistir en la transformación económica para entregar el poder en forma ordenada y honrosa. Lanusse se inclinaba por la primera opción y Levingston por la segunda.

presidente argentino levingtone

Con la asunción a la presidencia de Roberto Levingston, las fuerzas políticas esperaban una mayor apertura política. Sin embargo, el nuevo presidente prefirió establecer un plazo de cinco años para las nuevas elecciones para reformar los partidos. Los dirigentes políticos, entonces, incrementaron las actividades en contra del gobierno y los contactos entre las fuerzas políticas.

El 20 de junio nacía el Encuentro Nacional de los Argentinos (ENA), impulsado por el Partido Comunista y donde tenían participación radicales, peronistas, democristianos, socialistas y demoprogresistas, con el objeto de acercar posiciones y constituir un frente político.

El 11 de noviembre, impulsado por el PJ, se concretó una reunión con los partidos Conservador Popular, el Demócrata Progresista, el Socialista Argentino, la UCR bloquista y la UCR, se emitió un documento denominado «La hora del pueblo«, en el que se exigía elecciones inmediatas, y se asumía un compromiso de participación sin exclusiones, y de respeto a las minorías.

Durante el gobierno de Levingstone, la cartera de economía fue asumida por el exministro de Obras y Servicios Públicos, el doctor en ciencias económicas Aldo Ferrer. Su propuesta es llevar adelante una política nacionalista, pero sus desafíos son enfrentar el déficit fiscal y exterior y lacreciente inflación. Ferrer fue funcionario de la secretaría de las Naciones Unidas entre el 50 y el 53 y agregado económico en la embajada de Londres. Estuvo al frente del Ministerio de Economía y Hacienda de la provincia de Buenos Alresen entre 1958 y 1960 , y desde el 67 fue el primer secretario ejecutivo del  Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), Como docente, trabajó en la Universidad Nacional de La Plata y en la Universidad de Buenos Aires. Su tesis doctoral se tituló «El Estado y el desarrollo económico». Dentrode la arena política, cuenta con el apoyo del dirigente Osear Allende.

A este acuerdo lo integraban los partidos tradicionales y mayoritarios del país: El Justicialismo, el Radicalismo, el Partido Demócrata Progresista, el Partido Socialista Argentino, y otros menores. La Hora, del Pueblo significaba la respuesta del sector civil a las ambiciones de Levingston de darle continuidad al poder militar. Al mismo tiempo, la participación de radicales y peronistas implicaba el acercamiento de los dos grandes partidos populares luego de 25 años de hostilidad y enfrentamientos.

La reaparición de los partidos era un «colchón» entre la actividad guerrillera, que se desplazaba al margen del sistema institucional, y el poder militar, cuya legitimidad era cada vez más cuestionada por distintos sectores de la sociedad. La acción guerrillera agudizaba la crisis militar y alentaba un mayor consenso social y político en torno a una salida institucional. Radicales y peronistas se comprometieron, luego de arduas negociaciones, a aceptar el resultado que emergiera de elecciones libres, «sin vetos ni proscripciones».

A pesar del pronunciamiento de los políticos, Levingston reafirmó su postura de normalizar la economía antes de entregar el poder. Si bien inició conversaciones con dirigentes de los principales partidos -excepto Perón-reafirmó que todavía no era tiempo del regreso de la actividad política. El gobierno militar afirmó que La Hora del Pueblo era el regreso de «la antigua retórica y la demagogia».

A fines de ese año, en un discurso ofrecido en Neuquén, Levingston sostuvo que la salida electoral llevaría «años». Esas declaraciones lo distanciaron definitivamente del jefe del Ejército, general Lanusse, que era partidario de una salida electoral rápida.

La figura de Juan Domingo Perón crecía desde el exilio. Era considerado el líder necesario para evitar el avance de la dictadura. Un gran número de personas que pertenecían a la clase media adhirieron a sus postulados, como también jóvenes, estudiantes y grupos guerrilleros que veían en él el camino necesario para llegar al socialismo.

A esta situación se sumó la actitud del propio Perón, que trataba de negociar a fin de lograr una armonía dentro de su partido. Además, el resto de los partidos políticos entendía que, para garantizar una verdadera apertura democrática, era necesario que el peronismo compitiera en las elecciones.

En este marco político, el 11 de noviembre de 1970, exponentes de diversos partidos sentaron las bases para la participación en la contienda electoral en un documento conocido como «La hora del Pueblo».

«…Proponemos, concretamente, para colocar al pueblo argentino en el camino de la decisión que sólo a él le compete estos puntos mínimos para iniciar la marcha:

1- Partidos Políticos: No hay otra forma natural de expresión y decisión política que a través de sus órganos naturales y específicos, los partidos políticos…

2- Estatutos políticos: La futura organización de los partidos y movimientos debe encuadrarse en una norma orgánica, asegurando el poder de decisión de los ciudadanos que voluntariamente se entreguen en ello. Para alcanzar este objetivo es necesaría una ley, un estatuto o como se acuerde llamarlo…

3- Compromiso de los partidos: Sin perjuicio de los cientos que surgirán de esta coincidencia de las corrien| tes políticas que aquí comienza a expresarse, los partidos se comprometen desde ya a crear instrumentos e institucionalizar el régimen de gobierno con: a) La población de los mejores hombres que tenga el país, b) Respeto de la mayoría ocasional por las minorías circunstanciales y convivencia institucional de éstas entre sí y con aquella, c) Responsabilidad compartida de todos los partidos que voluntariamente lo acepten en la defensa y realización de los puntos básicos de una política nacional…» (Fuente: José Luis Romero. Las ideas políticas en Argentina. Fondo de Cultura Económica).

DECLARACIÓN CONJUNTA DE LOS PARTIDOS POlírtCOS «LA HORA DEL PUEBLO»

«Frente a este instante crucial que vive nuestro país las fuerzas políticas nacionales damos un paso al frente y asumimos nuestras responsabilidades. El tiempo de la discusión inútil ha pasado; las fuerzas políticas son la representación natural de las masas y del ciudadano común, que se expresan a través de ellas.

O se admite que el país no es una tierra de nadie o fundamentalmente, un pueblo que recrea el país y funda la Nación y se reconoce a ese pueblo expresado por las organizaciones que él mismo se ha dado, o se niega lisa y llanamente a la Nación al excluir su cuerpo y mediatizar su alma., Tampoco se puede seguir hablando vanamente de pacificación y de unidad nacional. Ahora la pacificación y la unidad nacional hay que hacerlas. La República no tiene espacio para continuar siendo el limbo de palabras que no son inocentes.

Predicamos con el ejemplo al dar este paso al frente, en armonía y coincidencia, desde corrientes políticas opuestas. Porque las coincidencias que dice buscar el poder reinante ya existen. Estaban en el ser profundo de la nacionalidad y ahora han aflorado. Esto tiene de grande nuestro pueblo, capaz de extraer conclusiones positivas de lo más negativo. Por eso hoy está en la conciencia de la ciudadanía que sólo el pueblo en conjunto, sin exlcusión de sectores o clases, puede y debe ser el artífice de las soluciones que queremos todos o por lo menos las grandes mayorías».

Giacobone, Carlos y Gallo, Edit. Radicalismo,
un siglo al servicio de la Patria. UCR,
Biblioteca, Archivo histórico

Fuente Consultada:
Cuatro Década de Historia Argentina (1966-2001) Dobaño – Lewkowicz
El Diario del Bicentenario Fasc. N°9 Nota del Historiador Eduardo Anguita
Ciencias Sociales EGB N°9 Editorial Stella Borgognoni-Cacace
Historia La Argentina Contemporánea, Polimodal A-Z, Pigna-Dino-Mora-Bulacio-Cao
“Argentina El Siglo del Progreso y la Oscuridad”, María Seoane.
Los Llaman Jóvenes Idealistas….Victoria Villaruel

Secuestro y Asesinato de Aramburu por Montoneros

Secuestro y Asesinato de Aramburu por Montoneros

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Frente a la crisis económica y social imperante en 1955, todos comenzaron a oponerse a Perón: la oposición, que era sometida a una fuerte censura, los sindicatos que lo habían apoyado, la Iglesia, y ciertos sectores de las fuerzas armadas que intentaron matar al presidente el 16 de junio de 1955 bombardeando la casa de gobierno sin éxito.

El final se estaba precipitando.

El 16 de setiembre, el general Lonardi llevó a cabo una acción militar en Córdoba. Frente a esta situación, el presidente Juan Domingo Perón renunció y se dirigió al Paraguay.

El poder quedó en manos de las fuerzas armadas. El general Lonardi se hizo cargo del gobierno provisional al triunfar la «Revolución Libertadora» y nombró como vicepresidente al contraalmirante Isaac Francisco Rojas.

El objetivo del gobierno era restablecer el poder de los sectores tradicionales pues, a diferencia de otras épocas, con el advenimiento del peronismo se había producido un cambio social y económico que, por primera vez, les había dado un lugar a las masas populares.

Revolucion Libertadora Isaac Rojas y Aramburu

Isaac Francisco Rojas y Pedro Eugenio Aramburu

Explica María Seoane, en su libro «Argentina El Siglo del Progreso y la Oscuridad»: Con el derrocamiento de Perón llegaba a su fin el modelo de país que planteaba una distribución popular del ingreso y de las riquezas nacionales sin antecedentes en la historia argentina, la participación política masiva de los trabajadores y la intención de lograr independencia política y económica de las potencias internacionales.

Arrasar ese modelo de país, acabar con la utopía distribucionista del peronismo fue, como lo certifica la historia, el verdadero motivo de la conspiración de las grandes empresas y los dueños de la tierra infatigablemente unidos, en el propósito, con los Estados Unidos. Acabar con el gobierno de la censura impuesta por la Policía y los propagandistas del régimen fue la razón que unió a liberales, comunistas, nacionalistas y radicales a la conjura de los grandes terratenientes y del Ejército.

Eduardo Lonardi gobernó en un país enfrentado entre dos bandos: los que estaban con Perón o contra él.

La situación hizo que Lonardi proclamara que no había «ni vencedores, ni vencidos» en un intento conciliatorio que no fue aceptado por otros sectores de las fuerzas armadas, lo que finalmente provocó el pedido de su renuncia.

Tomó el poder el jefe del estado mayor Pedro Eugenio Aramburu y el contraalmirante Isaac Francisco Rojas lo acompañó como vicepresidente.

La conspiración contra Perón y su Estado de Bienestar había sido dirigida por los generales Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, y el contralmirante Isaac Rojas.

La autodenominada «Revolución Libertadora», conocida como el gobierno de «los gorilas» —calificativo que se le daba a los antiperonistas— se inició con la promesa del elegido presidente de facto Lonardi: «No habrá ni vencedores ni vencidos»

Con la Revolución Libertadora, a la que adhirieron civiles, se inició el período de proscripción del peronismo que duró casi dos décadas.

Aramburu pensaba que para llevar a cabo su gestión debía iniciar una depuración en las fuerzas armadas de los adeptos a Perón y disolver al partido peronista, lo que lo llevó a prohibir hasta la exhibición de símbolos o palabras que hicieran alusión al peronismo e intervenir la CGT.

En materia económica, puso el acento en la libre empresa, lo que se tradujo en una actitud conservadora en los planos económico y social.

Además, con el propósito de recuperar el marco legal vigente anterior a la sanción de la Constitución de 1949, el gobierno implantó la Constitución de 1853, para lo cual convocó a elecciones para constituir la convención constituyente que debía reformar la Constitución.

LA GUERRILLA:

Una generación de jóvenes insatisfechos con el escenario político institucional argentino, quienes dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias volcaron sus esperanzas en la violencia como única vía para lograr los cambios económicos, sociales y políticos que proponían.

La mayoría vio en la revolución cubana el paradigma del cambio social al que aspiraban. Para estos jóvenes el proceso cubano era la expresión más acabada del patriotismo, el americanismo y el antiimperialismo.

Muchos de ellos de origen cristiano encontraron en las propuestas del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo el impulso necesario para adquirir un compromiso social militante afín a las organizaciones armadas de las que pasaron a formar parte.

La formación de grupos políticos armados fue la expresión local de un fenómeno continental. La Revolución Cubana obró como un poderoso imán sobre ciertos sectores de la juventud latinoamericana, que la tomaron como modelo y trasladaron la metodología utilizada en Cuba (la guerrilla rural) a los diversos países de la región.

En la Argentina, antes de 1968, se produjeron algunos intentos guerrilleros, que no tuvieron mayor relevancia, especialmente en el ámbito rural.

Pero a partir de la llegada de Onganía al poder, los nuevos grupos dejaron el campo para tras ladar su accionar a las ciudades.

La guerrilla argentina tuvo dos vertientes: el peronismo y el marxismo. En la primera, actuaron tres grupos principales: las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas), Descamisados y Montoneros.

Esta última organización sería la más importante y terminaría incluyendo en su seno a todas las expresiones de la guerrilla peronista, desprendimientos de grupos marxistas y a las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) una organización que se había originado en fracciones de partidos de izquierda, especialmente el Partido Comunista y el Partido Socialista de Vanguardia, para integrarse con grupos provenientes de la Juventud Peronista.

Por el contrario, el núcleo fundador de Montoneros provenía de grupos de la extrema derecha católica, y fue evolucionando junto con algunos sectores de la Iglesia como el conocido como de sacerdotes del Tercer Mundo, hacia posiciones más progresistas hasta situarse, a comienzos de los 70, a la izquierda del peronismo.

EL SECUESTRO:Argentina pasaba por momentos políticos – económicos muy complejos y no se vislumbraba una salida exitosa. Comenzaba a jugarse el destino económico, político y social de la Argentina en las décadas venideras.

Así ocurrió que el 29 de mayo de 1970, el día que se cumplía el primer aniversario del Cordobazo, hizo su aparición pública el grupo guerrillero urbano peronista Montoneros.

Un comando que mostró un alto grado de entrenamiento y organización, secuestró de su domicilio a Aramburu, acusado por los asesinatos de José León Suárez durante la Revolución Libertadora y de haber secuestrado el cadáver de Evita.

«Aramburu fue sometido a un «juicio popular» por los jóvenes guerrilleros cuya edad promedio no superaba los 23 años, interrogado sobre el destino del cadáver de Eva Perón y luego fusilado.

Muy poco después, el 18 de junio, rodó la cabeza de Onganía, quien fue reemplazado  por el agregado militar de la Embajada argentina en Washington, el general Roberto Marcelo Levingston.

Los cambios en el gobierno tenían un objetivo claro: buscar una salida política para que el estallido del volcán no cubriera de lava al sistema.», explica María Seoane.

RELATO DE LOS ACONTECIMIENTOS: El viernes 29 de mayo se cumplia un año del Cordobazo, y las centrales sindicales lanzaron un paro en esa provincia.

Ese mismo 29 se escuchaba por la radio: «El ex presidente Aramburu se retiró de su domicilio esta mañana, poco después de las nueve, escoltado por dos hombres que vestían uniformes militares. Desde entonces no hay noticias de su paradero. Se habla de la posibilidad de que haya sido secuestrado por un grupo comando».

Al día siguiente, apareció el coche en que se llevaron a Aramburu -un Peugeot 404 blanco- y dos sospechosos fueron detenidos en la zona de Florida.

El secretario de Información, coronel Luis Premoli, comunicó que no había contacto con los secuestradores y reiteró su pedido a la población de que «colabore con las fuerzas de seguridad informando cualquier actitud sospechosa o extraña que pueda observar en cualquier persona».

Ese fin de semana, se difundió el comunicado del comando Juan José Valle de la organización Montoneros, que empezaba con la consigna «Perón Vuelve» y se dirigía «Al pueblo de la Nación»: «Hoy a las 9.30 horas, nuestro Comando procedió a la detención de Pedro Eugenio Aramburu, cumpliendo una orden emanada de nuestra conducción a los fines de someterlo a juicio revolucionario.

Sobre él pesan los cargos de traidor a la Patria y al pueblo y asesinato en la persona de 27 argentinos».

La furia del régimen fue muy grande. Por las calles, los subtes, las páginas de los diarios, se repetía un cartel de «Buscados», con las fotos de Carlos Ramus, Fernando Abal Medina, Mario Firmenich, Carlos Capuano Martínez, Norma Arrostito y el padre Alberto Carbone, señalados como autores del secuestro, y se ofrecían recompensas por cualquier información que ayudara a detenerlos.

pedido de captura a montoneros

Pasados unos meses, y después de matar a Aramburu, algunas de las personas más buscadas del país se reunieron, inexplicablemente, en una pizzería donde cualquiera podía reconocerlos.

Eran las 20.15 del 7 de septiembre: la pizzería estaba casi vacía, se llamaba La Rueda y quedaba cerca de la estación de William Morris, en el oeste del Gran Buenos Aires.

En una mesa junto a la ventana estaban Abal Medina, Sabino Navarro y Luis Rodeiro. Afuera, en un Peugeot 404 bordó esperaba y vigilaba Ramus; un poco más allá, en un Fiat 1500 blanco, estaba Capuano Martínez.

El dueño de la pizzería llamó a la policía.

Abal Medina tenía una chapa de la policía, la mostró y los agentes se fueron. Pero afuera, otros dos efectivos empezaron a tirotearse con Ramus, que cuando quisieron identificarlo sacó una granada que le explotó en las manos. Navarro y Abal Medina también empezaron a tirar.

Abal cayó con un tiro en el pecho; Navarro consiguió escaparse hacia la casa de al lado y después siguió viaje por los fondos. En la calle, Capuano aprovechó la confusión para escaparse. Rodeiro, que no tenía armas, terminó detenido.

En el Peugeot, los policías encontraron papeles y documentos con nombres y apodos de militantes de la organización.

El entierro se hizo el viernes 11 en la Chacarita. Los féretros entraron cubiertos con una bandera argéntina que la policía obligó a retirar, y entre las coronas estaba la de Juan Domingo Perón.

Arturo Jauretche y Miguel Gazzera asistieron al funeral. El padre Carlos Mugica los despidió diciendo que «se comprometieron con la causa de la justicia, que es la de Dios, porque comprendieron que Jesucristo nos señala el camino del servicio. Que este holocausto nos sirva de ejemplo».

Fuente Consultada:
El Diario del Bicentenario Fasc. N°9 Nota del Historiador Eduardo Anguita
Historia La Argentina Contemporánea, Polimodal A-Z, Pigna-Dino-Mora-Bulacio-Cao
«Argentina El Siglo del Progreso y la Oscuridad», María Seoane.
Los Llaman Jóvenes Idealistas….Victoria Villaruel

Origen de la Guerrilla en Argentina La Triple A Montoneros Lopez Rega

Origen de la Guerrilla en Argentina
Y La Triple A Montoneros Lopez Rega

Miradas sobre el ser «subversivo»: Los militares y quienes los apoyaban definían como «subversivo» a todas aquellas personas y aquellos actos que atentaban contra lo que creían eran valores «morales y espirituales de la civilización occidental y cristiana». Dado que su concepción de esos valores era tan rígida como estrecha, «subversivo» podía ser tanto un intelectual o un militante marxista por sus ideas, como un rockero por su pelo largo; una joven que usaba minifalda, como una pareja divorciada; un defensor de la democracia, como un judío.

Con tales argumentos, la represión del régimen se hizo cada vez más general e indiscriminada. «El problema político se concentró sobre un tema fundamental: qué hacer con la masa mayoritaria que apoyaba a Perón y que rechazaba obstinadamente su apoyo a las diversas y variadas alternativas políticas que unos y otros imaginaron para seducirla. Durante dieciocho años fueron estériles los esfuerzos para encontrar una fórmula supletoria a la que apoyaban fervientemente las masa mayoritarias.»

José Luis Romero

Versión Para Móviles
Origen de
Los Montoneros
La Noche de los
Bastones Largos
El Golpe de
1976
Terrorismo de
Estado
Tercer Gobierno De
Juan Perón
Masacre de
Trelew
Gobierno de Isabel
Perón
La Democracia
Argentina
Secuestro de
Aramburu

La guerra de guerrilla en la Argentina hay que situarla entre las más sangrientas de las últimas décadas en América Latina. Existen estadísticas muy aproximadas en cuanto al número de enfrentamientos entre los ejércitos guerrilleros y regulares y atentados, pero se pierde precisión en el momento de determinar el número de muertos en los diez años de lucha.

Las cifras varían entre 7.000 y 30.000 conforme a la evaluación de los números que manejan las partes, aunque este último dato está distorsionado por haberse producido en medio de la «guerra psicológica» desarrollada paralelamente con la pelea armada.

El ex presidente Jorge Rafael Videla -responsable de la organización de la lucha antiguerrillera- dijo en 1979 que «el enemigo había tenido 8.500 bajas» a las que habría que agregar 1.797 muertos civiles y militares, blancos de la acción guerrillera.

En este último rubro cayeron en combate con la guerrilla 656 hombres de las fuerzas armadas y de seguridad, cifra que supera a las bajas militares registradas en la guerra de Las Malvinas contra Inglaterra en 1982.

rodolfo galimbertiCon el solo propósito de clarificar este trágico balance habría que aportar las declaraciones del dirigente montonero Rodolfo Galimberti en 1978 estimando en 4.000 las pérdidas en hombres de la guerrilla en enfrentamientos directos con el ejército regular.

Como en este dato sólo se incluyen las bajas en «enfrentamientos directos’ ‘ queda un margen de víctimas producidas en «acciones no convencionales», una de las características esenciales de la guerra de guerrilla practicadas por los dos bandos en lucha, que quedan inmersas en el rubro de ‘ ‘desaparecidos’ ‘, tema esencial -y aún no aclarado en cifras fehacientes- para llegar al balance definitivo y real de los muertos en la guerra que tuvo a la Argentina por escenario.

Si unimos a los 1.797 muertos reconocidos en el «bando regular» con las 8.500 bajas «del enemigo» denunciadas por el comandante de la lucha antiguerrillera, general Jorge Rafael Videla, la cifra -digamos oficial- de muertos sería de 10.297.

De confirmar la Justicia lo denunciado por la Comisión Argentina de los Derechos Humanos, habría que sumar a la nómina de muertos los 7.671 hombres y mujeres colocados en situación de «desaparecidos» con lo que el total llegaría a 17.968.

Los principales núcleos (Montoneros y ERP) llegaron a tener 20.000 hombres sobre las armas, protagonistas de 5.000 acciones bélicas (atentados dinamiteros, copamientos de unidades militares, secuestros y crímenes individuales), con el agregado de dos años de «guerrilla rural» desarrollada en los montes de Tucumán entre 1974 y 1976.

En la guerrilla rural, el ERP colocó entre 3.000 y 5.000 combatientes, en tanto que el Ejército regular con el aporte de la Gendarmería y la policía tucumana inició la batalla con 2.500 efectivos y la terminó con 4.800 hombres.

La guerrilla argentina contó con una base financiera de 120 millones de dólares, fondo logrado en base a secuestros de empresarios, en uno de los cuales -el de los hermanos Jorge y Juan Carlos Born- se consiguieron 60 millones, en concepto de rescate. Unos 20 millones de este total de 120 millones de dólares surgieron de acciones de comando contra bancos e instituciones financieras.

El «síndrome de la guerrilla» en la Argentina, comenzó a partir de 1966 junto al desarrollo de esta clase de movimientos en Latinoamérica, respondiendo a la estrategia política del comunismo internacional concretada en la Conferencia Tricontinental de La Habana y que determinó la constitución, un año después, de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS).

Un documento público de OLAS señalaba que los objetivos eran los de «propiciar la lucha armada revolucionaria en América Latina, promoviendo una estrategia conjunta de los movimientos revolucionarios».
El primer atisbo de esta estrategia en fa Argentina se produjo ese mismo año de 1967 -casi coincidente con la guerrilla del «Che» Guevara en Bolivia-en los montes de Salta.

Fue un foco guerrillero desarticulado prontamente por tropas de la Gendarmería, donde perdió la vida el ex periodista Jorge Masetti, un argentino que cubrió para «Radio El Mundo» de Buenos Aires la guerrilla de Fidel Castro en Sierra Maestra, incorporándose a sus fuerzas una vez terminada la lucha. Masetti llegó a ocupar la dirección de la Agencia Latina de Noticias, órgano oficial del gobierno cubano. Masetti, que se había iniciado en el periodismo como redactor de la desaparecida Agencia Periodística Argentina (APA) dirigida por el conocido relator deportivo Luis Elias Sojit, era el comandante de la guerrilla salteña y de hecho se convirtió en el primer guerrillero argentino muerto en acción, meses antes de que corriera la misma suerte en Bolivia, el «Che» Guevara.

Fue la primera «señal roja» de que la guerrilla comenzaba a hacerse presente en la Argentina respondiendo a la estrategia política de OLAS.

timoteo vandorHubo dos señales claras de que la guerrilla se oponía a cualquier tarea política destinada a conseguir el fin del largo impase representado por la caída del peronismo en 1955 y el exilio de Juan Perón en España. El asesinato de Augusto Timoteo Vandor. secretario general de la CGT en 1969. marcó la eliminación de un dirigente sindical embarcado en la línea de lograr la reconciliación nacional, aun a costa del alejamiento de Perón.

El otro hecho fundamental fue el secuestro y asesinato del teniente general Pedro Eugenio Aramburu que en 1970 surgía como el «hombre de reserva» capaz degeneral Juan Carlos Onganíaconvertirse en el puente entre el gobierno del general Juan Carlos Onganía -en franco desgaste- y una nueva situación política que pusiera fin a 15 años de desencuentros argentinos.

Coincidiendo con la muerte de Aramburu perpetrada por Montoneros, la guerrilla realizó dos demostraciones
de su poder de movilización militar. En ese mismo año de 1970, comandos guerrilleros coparon las localidades de La Calera (Córdoba) y de Garín (Gran Buenos Aires en dos acciones espectaculares que calaron hondo en la psicología de la gente en cuanto se trataba de un abierto desafío al gobierno y a sus fuerzas de seguridad.

La Argentina transitó, a partir de entonces, en un camino destinado a dar elecciones libres levantando la interdicción al peronismo y si bien se registraron «turbulencias» guerrilleras, la situación parecía ser controlada. La policía logro la detención de 1.700 dirigentes de la guerrilla de sus ramas política y militar de los cuales 600 fueron condenados por la justicia.

Orígenes de la guerrilla
Según María Sáenz Quesada
El pensamiento en los setenta se había radicalizado merced a la prédica de los sindicatos «clasistas» y del peronismo revolucionario de John William Cooke. Lo notable era ahora la apasionada inclinación por los métodos violentos de los jóvenes de clase media, provenientes en muchos casos de familias antiperonistas.

«El deber de todo cristiano es ser revolucionario y el deber de todo revolucionario es hacer la revolución», sostenía Cristianismo y Revolución, periódico que preconizaba la «acción violenta» contra la violencia institucionalizada» y que se editó entre 1966 y 1969.
El Ejército Revolucionario del Pueblo, de raíces trotskistas, había sido fundado por Mario Roberto Santucho, un profesional santiagueño que actuaba en la Universidad de Tucumán. La acción del ERP pasó de los operativos de reparto a los villeros de alimentos confiscados a las multinacionales, a una serie de graves atentados, como el secuestro y asesinato del director general de la empresa FIAT Argentina, Oberdan Sallustro, y el asesinato del general Juan Carlos Sánchez, jefe del Segundo Cuerpo de Ejército (Rosario).

El ERP contaba con el apoyo de los tupamaros uruguayos y el MIR chileno cuando acometió la formación de un foco guerrillero en Tucumán, una provincia que se consideraba adecuada para seguir la recomendación del Che Guevara: «Crear uno, diez, cien, mil Vietnam en América latina oprimida por el imperialismo norteamericano».

Por otra parte estaban las «formaciones especiales» peronistas: las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), fundadas por Roberto Quieto, admirador de Guevara; las Fuerzas Armadas Peronistas FAP) inspiradas en el pensamiento de Cooke. Montoneros terminó absorbiendo a las otras organizaciones armadas del peronismo.

Esta organización subversiva que se había propuesto devolver el poder a Perón estaba integrada por jóvenes de clase media, catóacos y nacionalistas. Fue aconsejada por el padre Mugica antes de que éste rechazara la lucha armada como método político12. El asesinato de Aramburu resultó una suerte de prueba iniciática que consagró a Montoneros como a combatientes dignos de respeto.

EN SINTESIS: La conjunción de tres factores aparentemente desvinculados entre sí pero con un punto en común, el antiimperialismo, creó el escenario propicio para el desarrollo de la lucha armada en la Argentina:

1- La coyuntura internacional surgida de la Guerra Fría que puso a Cuba en el eje de la discusión entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Esta circunstancia la llevó a tener un rol protagónico como motor de la lucha armada en Latinoamérica, realizada en beneficio de la política de la URSS: caracterizada por su impulso al paradigma de «liberación socialista», en contra de los EE.UU. estigmatizados como promotores del «imperialismo capitalista».

2- Las necesidades políticas de Perón, que recurrió a la violencia de las «formaciones especiales», buscando desestabilizar el gobierno de Lanusse para forzarlo a una negociación destinada a romper con la proscripción política en la que se encontraba. Al tiempo que impulsaba el justicialismo, cuya identidad nacionalista estaba materializada, entre otros aspectos, por el fuerte rechazo al imperialismo de los EE.UU., en coincidencia con la política antiimperialista cubana.

3-Finalmente una generación de jóvenes insatisfechos con el escenario político institucional argentino, quienes dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias volcaron sus esperanzas en la violencia como única vía para lograr los cambios económicos, sociales y políticos que proponían. La mayoría vio en la revolución cubana el paradigma del cambio social al que aspiraban. Para estos jóvenes el proceso cubano era la expresión más acabada del patriotismo, el americanismo y el antiimperialismo. Muchos de ellos de origen cristiano encontraron en las propuestas del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo el impulso necesario para adquirir un compromiso social militante afín a las organizaciones armadas de las que pasaron a formar parte.

Estos tres factores favorecieron el surgimiento de aproximadamente 17 organizaciones armadas, cinco de ellas tuvieron alcance nacional: FAP (Fuerzas Armadas Peronistas), FAL (Fuerzas Armadas de Liberación), FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), Montoneros y el PRT-ERR (62) Las dos últimas fueron las que alcanzaron mayor desarrollo; aglutinando a la mayoría de las organizaciones. Aunque los primeros realizaron una corta experiencia en el monte tucumano, concentraron su actividad en los centros urbanos. Mientras, el PRT-ERP dio particular énfasis al foco rural y a los ataques a unidades militares, sin descuidar la realización de operaciones en el área urbana. (Fuente:Los llaman…Jóvenes Idealistas… de Victoria Villarruel)

Fuente Consultada:
Guerra de Guerrillas Operaciones – Grupos – Tácticas
Espacios y Sociedades del Mundo Política, Economía y Ambiente de C.V. Bertone de Daguerre y S.M. Sassone
Nota a Cargo: profesor Miguel Ángel Aguilar
La Argentina Historia del País y Su Gente María Sáenz Quesada

Revolución Libertadora 1955 Caida Gobierno de Peron Argentina

Revolución Libertadora – Caída Gobierno de Peron

LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA: A pesar de triunfar en las elecciones de 1952 con el 60% de los votos, el gobierno peronista comenzaba ya a mostrar signos de debilidad, que se agudizaron con la muerte de Eva Perón. Además, el deterioro de la situación económica fue acompañado por un endurecimiento del régimen, que intensificó la persecución de los opositores.

En 1955, la escena política estaba dominada por el conflicto del gobierno con la Iglesia, iniciado un año antes, y con la oposición. En medio de ese clima se comenzó a delinear un golpe de estado. En septiembre, finalmente, una revolución encabezada por el general Lonardi derrocó a Perón.

ANTECEDENTE HISTÓRICOS: Uno de los componentes del clima de enfrentamiento político en los últimos meses del gobierno de Perón fue el uso por parte del presidente de virulentas apelaciones a la violencia. El punto culminante de esta escalada de violencia verbal se manifestó en el discurso del 31 de agosto, frente a una concentración popular en su apoyo.

ROBERT POTASH, en su libro «El ejército y la política en la Argentina»  escribía sobre la escalada de violencia en la última etapa del gobierno de Perón, en el año 1955. Allí Perón dijo:

«Con nuestra tolerancia exagerada, nos hemos ganado el derecho a reprimirlos violentamente. Y desde ya establecemos como una conducta permanente para nuestro movimiento: aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades constituidas, o en contra de la ley o de la Constitución, puede ser muerto por cualquier argentino. […] La consigna para todo peronista, esté aislado o dentro de una organización, es contestar a una acción violenta con otra más violenta. Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos».

Este discurso -que, en cierta medida,  implicaba un reconocimiento de las críticas que los opositores hacían a su régimen- fue empañado de la autorización para que los líderes opositores hablaran por radio. Más allá de sus diferencias, la oposición política reaccionó con desconfianza y reclamó, como condición mínima para una tregua política, el restablecimiento de las garantías jurídicas, comenzando por el levantamiento del estado de guerra interno -una figura similar a la del estado de sitio, que permitía a Poder Ejecutivo suspender las garantías constitucionales y arrestar a individuos sir orden judicial-, vigente desde 1951. El gobierno consideró inaceptables estas demandas y mantuvo una línea de enfrentamiento que llegó a su apogeo retórico con el discurso de Perón del 31 de agosto de 1955.

La oposición, mientras tanto, organizaba el golpe de estado con la decisiva participación de oficiales del Ejército y, principalmente, de la Marina.

Por otro lado el general Pedro Eugenio Aramburu, director de sanidad militar, con mínimo apoyo y  sin tropa a su cargo decidió postergar la Revolución para el año próximo, a pesar de la fuerte expectativa existente y del miedo a represalias que hicieran imposible la sublevación.

Entonces llegó el turno del general Eduardo Lonardi (1896-1956), artillero que había estado preso en 1953. Tenía contactos en la guarnición de Córdoba, cuya oficialidad joven estaba dispuesta a salir antes de que fuera demasiado tarde: finalizado setiembre las municiones debían retirarse y no cabrían posibilidades hasta el año entrante.

Lonardi conversó con los marinos y fijó fecha el 16 de setiembre para tomar la Escuela de Artillería de Córdoba. Supuso y no se equivocó que en la situación crítica que vivía el gobierno bastaría crear un foco revolucionario para que las demás fuerzas se sumaran a los rebeldes. Cumplió su palabra y así comenzó la revolución.

El 16 de septiembre estalló el levantamiento en Córdoba, encabezado por el general Eduardo Lonardi. A pesar de que las tropas leales no pudieron sofocarlo, el levantamiento no consiguió extenderse. La mayoría del Ejército procuraba no intervenir, pero la Marina se movilizó casi totalmente contra Perón. Sus naves bloquearon Buenos Aires y amenazaron con atacar los depósitos de combustible de La Plata y Dock Sud -como ya lo habían hecho con los de Mar del Plata-.

Antes de la hora señalada como ultimátum por la Marina, el ministro de Guerra, el general Lucero, pidió parlamentar y leyó una carta en la que Perón solicitaba al Ejército la negociación de un acuerdo. Esta carta no era una renuncia -Perón describía su actitud como un renunciamiento-, pero la junta de generales, superiores del «Ejército decidió considerarla como tal y negociar con el grupo revolucionario. Ante esta situación, el 20 de septiembre Perón se refugió en la embajada del Paraguay e inició su largo exilio.

Hubo un cambio ideológico (de «sano autoritarismo») que repercutió en la región según la dirección impuesta por la diplomacia norteamericana, determinó que los golpistas -que allí buscaban apoyo político y doctrinario contra Perón, a quien, como dijimos, identificaban con el fascismo europeo- hallaran escasas justificaciones y orientaciones para su acción: la apertura a un mundo signado por la lucha irreconciliable entre capitalismo y comunismo indujo a los adherentes de la Libertadora a tener mayores motivos para disputarse entre sí el poder y el derecho a fijar el curso a seguir una vez eliminado el «fascismo criollo». Ello se refleja en el eco que pronto hallarían -en sectores de las Fuerzas Armadas, la iglesia y el empresariado- las posiciones más ferozmente reaccionarias que por entonces circulaban en los países centrales sobre la seguridad y el papel de los sindicatos y la izquierda.

El 23 de septiembre, una multitud, perteneciente a la clase media, llenó la Plaza de Mayo para escuchar la palabra del nuevo presidente provisional, el general Lonardi.

Ésta se diferenció de los anteriores golpes no sólo porque se inició en una guarnición del interior, sino también porque no tuvo una definición inmediata. Al foco mediterráneo se sumó el de Puerto Belgrano y más tarde la guarnición de Cuyo. Pero el golpe fracasó en Corrientes y ningún general de la guarnición de Buenos Aires se movilizó. El ministro de Guerra a cargo de la represión envió fuerzas a Córdoba donde se libraron combates entre leales y rebeldes. Entre tanto la flota de mar navegaba rumbo a Buenos Aires en actitud amenazadora, dispuesta a bombardear los tanques de petróleo de Mar del Plata, La Plata y la capital.

En tales circunstancias Perón presentó una renuncia que los generales de la guarnición porteña, todos ellos peronistas, optaron por aceptar a pesar de que su texto resultaba poco claro. Al conocerse esta novedad, una multitud se lanzó a festejar el fin del peronismo en las calles, en medio de lluvias torrenciales. Entre tanto la CGT, en actitud pasiva, ni siquiera declaró la huelga general.

Mientras Perón buscaba refugio en una cañonera del Paraguay, país donde tenía buenos amigos, Lonardi se aprontaba a trasladarse a Buenos Aires, en su carácter de jefe de la Revolución que él mismo tituló «Libertadora», para asumir el cargo de presidente provisional.

Después de 9 años de gobierno Perón caía definitiva dejando una situación politica mucho mas compleja de lo que pensaban sus adversarios.

El 23 de septiembre de 1955, el general Lonardi asumió la presidencia provisional de la nación. Pero pronto comenzaron a manifestarse las diferencias entre los golpistas, que condujeron al reemplazo del presidente Lonardi por el general Pedro E. Aramburu (imagen). Con Aramburu en el gobierno se afianzaron los sectores autoritarios que se resistían a aceptar los profundos cambios sociales llevados a cabo por el peronismo: el Partido Peronista fue declarado ilegal y Perón fue proscrito.

En 1957, el radicalismo se dividió en dos partidos: la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), liderada por Arturo Frondizi. y la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), encabezada por Ricardo Balbín. La división de la UCR complicó los planes del gobierno, que quería encontrar una salida electoral que no implicara el retorno del peronismo.

Frondizi, por su parte, sabía que si lograba arrastrar los votos peronistas ganaría las elecciones. Por eso selló un pacto con Perón, que consistía en el apoyo electoral peronista a su candidatura a cambio del levantamiento de las proscripciones al partido. Gracias al pacto, Frondizi se impuso en las elecciones nacionales del 23 de febrero de 1958.

Una sociedad dividida

En El otro rostro del peronismo (1956), Ernesto Sábato relata cómo recibió la noticia del golpe mientras visitaba a unos amigos en Salta: «Aquella noche de septiembre de 1955, mientras los doctores, hacendados y escritores festejábamos ruidosamente en la sala la caída del tirano, en un rincón de la antecocina ví cómo las dos indias que allí trabajaban tenían los ojos empapados de lágrimas.

Y aunque en todos aquellos años yo había meditado en la trágica dualidad que escindía al pueblo argentino, en ese momento se me apareció en su forma más conmovedora».

Sabato intenta ofrecer una explicación de lo sucedido y de lo que es preciso hacer para «corregir» ese desencuentro, y anticipa el giro en la interpretación del fenómeno peronista que muchos intelectuales (sobre todo de izquierda, que hasta entonces lo habían rechazado) intentarían con los años: «En el movimiento peronista no sólo hubo bajas pasiones y apetitos puramente materiales: hubo un genuino fervor espiritual, una fe pararreligiosa en un conductor que les hablaba como seres humanos y no como a parias […].

Lo demás es detalle […] y no incurramos ahora en los mismos defectos y vicios que hemos recriminado a la tiranía: no pretendamos unanimidad de juicio, no califiquemos a nuestros adversarios de enemigos de la nación […]. Una cosa es, y bien posible, el desmontaje casi físico de las piezas que aseguran al totalitarismo […] y otra cosa es negar esas fuerzas o creerlas únicamente obra de la propaganda. El fervor multitudinario que Perón aprovechó no será liquidado mediante medidas de fuerza… sólo se logrará reforzarlo hasta convertirlo en una tremenda, incontenible y trágica aplanadora».

Fuente Consultada:
Historia Argentina Luchilo-Romano-Paz
Argentina de su país y de su gente María Sáenz Quesada.

Historia de la construccion del puerto de Buenos Aires Madero Huergo

Historia de la construcción del puerto de Buenos Aires

En los albores del siglo XIX, desde la indepedencia de las Provincias el Río de la Plata debido a ciertas circunstancias generadas por novedades técnicas, nuevas pautas económicas y ambiciosos programas de progreso, se inició la sostenida preocupación por resolver los problemas del puerto de Buenos Aires. En este proceso, violentas disputas acompañaron los inicios de su realización efectiva.

Las mismas se originaron por la lucha que se entabló entre los técnicos locales, en los primeros pasos de la formación de un campo profesional de la ingeniería, y las decisiones de otorgar a expertos extranjeros las obras de magnitud. Sobre esta base de requerimientos técnicos y corporativos se engarzó la discusión estrictamente política entre grupos antagónicos, aunque con intereses estructurales similares.

En su origen, la historia del puerto de Buenos Aires ligó tres sitios: la costa frente a la ciudad, la boca del Riachuelo y la Ensenada.

Desde mediados del s. XVIII, cuando comienzan a proliferar las propuestas para el puerto, estas tres posibilidades estaban planteadas. La costa de la ciudad no ofrecía posibilidades naturales, pero respondía a la instalación de la trama comercial en la ciudad, en momentos en que no era fácil cubrir largas distancias.

El Riachuelo había sido desde los años de la Conquista un abrigo para naves de pequeño calado, mientras que en la Ensenada invernaban las de mayor tamaño. Las instalaciones que se realizaron fueron modestas, en consonancia con los proyectos, entre los que pueden mencionarse el de Juan Echeverría, en el bajo de las Catalinas (1755), el de Vianes (1761), la serie de proyectos de Rodríguez y Cardoso  (1771), los de Pallares (1784, en la costa frente a la ciudad), los de Cervino (1794, en el bajo de las Catalinas).

Las instalaciones debían contemplar tanto fines comerciales como de defensa de las costas, asoladas por los temporales, y de defensa militar. Solo se realizaron, en el Riachuelo y frente a la ciudad, modestos muelles de madera.

Mucho más interesante resulta el proyecto de Giannini (1804). El ingeniero español articuló el puerto natural del Riachuelo con las necesidades de inmediatez del tráfico de la ciudad de Buenos Aires. Al mismo tiempo, reconocía las condiciones geológicas del suelo bonaerense en forma más ajustada que sus antecesores.

Giannini proponía un canal cuya excavación «dirigida en línea recta, tenga su principio en el recodo que hace el Riachuelo (la vuelta de Rocha) […] desde cuyo sitio […] formará una línea que vendrá paralela a las barrancas, hasta que, pasando por delante del fuerte, busque su desagüe con alguna diagonal». El canal, cerrado con una exclusa, serviría como puerto seguro tanto a los buques comerciales como a las embarcaciones pequeñas, a las cañoneras como a los barcos de pesca.

El puerto de Buenos Aires debía servir, simultáneamente, a propósitos de defensa militar, de comercio, de desembarco de pasajeros, de producción pesquera: un puerto múltiple, según la más corriente clasificación por funciones. Las invasiones inglesas y la revolución dejaron en suspenso la realización de este proyecto.

En 1886 la Capital Federal se vinculó a la red ferroviaria del interior mediante la línea que la ligó a Rosario. Las terminales ferroviarias se fueron instalando en los puntos de la ciudad porteña que históricamente habían sido de centralización del antiguo tráfico de carretas: Plaza Constitución para el sur, Plaza Once para el oeste, Plaza Retiro para el litoral y el norte.

Las estaciones finales conformaban un semicírculo urbano tendido a pocas cuadras del río, es decir, del camino a Europa. Sólo faltaba el puerto, que debía facilitar el tráfico transoceánico: su construcción fue uno de los grandes objetivos, y su ubicación suscitó una de las más enconadas polémicas de la década.

Luis A. HuergoDesde tiempos de Rivadavia los porteños soñaban con el puerto. El método utilizado para desembarcar constituía todo un desprestigio y era comentado con sorpresa por los extranjeros que nos visitaban.

Distintos planes fueron dejándose de lado durante décadas, hasta que, hacia 1880, las posibilidades quedaron definidas y encarnadas en las personas del ingeniero Luis A. Huergo (imagen izq.)  y de Eduardo Madero.

Huergo postulaba la creación de un puerto de aguas profundas a lo largo del Riachuelo, para lo cual insistía no hacían falta grandes inversiones.

En 1881 la legislatura bonaerense votó una partida para dragar el Riachuelo, y ya en 1883 un gran transatlántico, el L’Italia, amarró en las nuevas instalaciones.

Pero hacia 1885 los trabajos de Huergo languidecieron por falta de apoyo político, y finalmente debió renunciar a seguir adelante.

Triunfaba la propuesta de Madero, que tenía mejores conexiones políticas y el apoyo de capitalistas e ingenieros británicos. En marzo de 1886 el Poder Ejecutivo Nacional aprobó sus planos y, en medio de un gran escándalo periodístico y parlamentario, se iniciaron los trabajos del puerto frente mismo a Plaza de Mayo.Madero

En enero de 1889 el vicepresidente Pellegrini que en un principio había apoyado vehementemente a Huergo inauguró la dársena sur de las nuevas instalaciones.

 En 1897 se habilitarían la dársena norte y el canal de acceso.

Cuando el proyecto de Madero estuvo enteramente realizado antes de esto, en realidad resultó que era insuficiente, y en 1907 debieron iniciarse los estudios para construir un «puerto nuevo» que recién habría de terminarse en 1927.

«Transcurrido un siglo dice James R. Scobie en su libro Buenos Aires, del centro a los barrios resulta tentador encontrar motivos más profundos en la controversia entre los proyectos de Huergo y Madero (imagen der.).

Para algunos, Huergo representaba la tradición criolla y el desarrollo nacionalista de la economía argentina.

En Madero podía descubrirse la preocupación de los estadistas e intelectuales de la generación del ochenta, que buscaban la modernización y el progreso de la Argentina sobre la base de capitales y tecnología extranjera.».

De alguna manera, Huergo proponía romper la tendencia predominante en la década del ochenta, mientras que Madero favorecía a los mismos intereses en juego en las redes ferroviarias, a los mayoristas e importadores y a las instituciones de crédito más importantes.

Sea como fuere, a finales de la década del ochenta el anhelado puerto empezaba a funcionar y a su ritmo desaparecían gradualmente los pintorescos resabios del tráfico anterior: las miríadas de pequeñas embarcaciones y carromatos de todo tipo, que antes se ocupaban de desembarcar a pasajeros y mercaderías de los navíos anclados frente a las toscas del río. Ahora, grandes buques amarraban en las dársenas, y las playas de embarque de los ferrocarriles y sus depósitos se encontraban a pocos metros de las bodegas.

Año tras año se multiplicaba el tonelaje de los barcos, y Buenos Aires afirmaba su condición histórica de «boca de expendio» de las crecientes exportaciones. A un paso de la plaza que era el centro político, comercial y financiero de Buenos Aires, el «Puerto Madero» era, además, un símbolo de la irrefrenable vocación centralista de la capital de la República, lugar al que llegaban los frutos de la tierra para ser embarcados y desde donde se repartían por todo el país los productos que venían de ultramar.

Golpe Militar de Ongania Revolucion Argentina Gobierno y Economía

1966: GOLPE DE ESTADO DE ONGANÍA
Presidentes de la «Revolución Argentina»

Una vez destituido el presidente constitucional Arturo Umberto Illia (1900-1983) el 28 de junio, los comandantes de las Fuerzas Armadas asumieron el poder mediante la constitución de una Junta Militar. Estaba integrada por el teniente general Pascual Ángel Pistarini (1915-1999), del Ejército; el almirante Benigno Várela (1917-1996), de la Armada, y el brigadier general Adolfo Álvarez (1919-2012), de la Fuerza Aérea. Al día siguiente la Junta decidió nombrar como presidente de facto a Onganía. Éste era el principal referente de la facción azul del Ejército pero las diferencias políticas producidas con Illia habían llevado a que abandonara el circunstancial legalismo que defendiera en 1962.

El nuevo presidente representaba la opinión generalizada de los azules que promovían una industrialización acelerada mediante políticas de desarrollo diferentes de las medidas keynesianas adoptadas por Illia. A su vez, la Doctrina de Seguridad Nacional y el posible riesgo de que elementos ideológicos del marxismo alteraran el orden social, habían llevado a Onganía a expresar que las Fuerzas Armadas debían estar subordinadas al gobierno emanado de la soberanía popular siempre que no existiera una amenaza interna.

Gobierno de Onganía Gobierno de Levingston Gobierno de Lanusse

RESUMEN DEL PERIODO: «El problema político se concentró sobre un tema fundamental: qué hacer con la masa mayoritaria que apoyaba a Perón y que rechazaba obstinadamente su apoyo a las diversas y variadas alternativas políticas que unos y otros imaginaron para seducirla. Durante dieciocho años fueron estériles los esfuerzos para encontrar una fórmula supletoria a la que apoyaban fervientemente las masa mayoritarias.»
José Luis Romero

Resumen: La Revolución Argentina:

Depuesto el mandatario constitucional, ocupó la primera magistratura del país el general Juan Carlos Onganía, a quien entregaron el poder los tres comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas. El nuevo presidente ocupó el alto cargo sin limitaciones en el poder y una de las primeras disposiciones del nuevo régimen, denominado Revolución Argentina, fue dar a conocer un Acta que decretó la destitución de las autoridades nacionales, disolvió el parlamento nacional y las legislaturas provinciales, separó de los cargos a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y suprimió los partidos políticos. El mismo documento puso en vigencia el Estatuto de la Revolución Argentina, cuyos diez artículos tenían prioridad sobre la Constitución Nacional y al que debía sujetarse el nuevo gobierno.

Sin determinar un límite en la duración de su mandato, el presidente dividió el proceso revolucionario en tres etapas: primero la económica, luego la social y finalmente la política. El plan económico se orientó para lograr una estabilidad monetaria, disminuir la inflación y nivelar el presupuesto. Algunos de estos objetivos fueron alcanzados, mientras se iniciaron o concluyeron obras públicas de importancia.

En este último aspecto deben mencionarse la obra hidroeléctrica Chocón-Cerros Colorados y la primera usina atómica en Atucha; también se terminó el túnel subfluvial entre las ciudades de Santa Fe y Paraná. En materia de vialidad se construyeron nuevas rutas y fueron mejorados los accesos a la Capital Federal.
En el orden social fue creciente el malestar que originó la aplicación del plan económico. El año 1969 indicó el comienzo de una escalada de violencia.

A fines de mayo de 1970, Onganía declaró que su gestión gubernativa —para tener éxito— debería prolongarse varios años. Esta actitud y el secuestro —y posterior asesinato— del general Aramburu por extremistas, precipitaron la caída del gobierno. El 8 de junio la situación hizo crisis y el presidente debió renunciar ante el requerimiento de la Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas.

Según lo dispuesto por el Estatuto de la Revolución Argentina, la dimisión se interpretó como un relevo y entonces la Junta Militar designó presidente de la República al general Roberto Marcelo Levingston, que cumplía una misión en Washington, quien regresó al país y juró el 18 de junio. Se inició así la llamada «segunda etapa» de la Revolución Argentina.

Durante la gestión de Levingston aumentaron la violencia política y los ataques guerrilleros. Fueron numerosos los asaltos a bancos, secuestros de empresarios y ataques a unidades militares con el objetivo de financiar y armar a los grupos guerrilleros. Entre los principales acontecimientos se destacó la toma de la localidad cordobesa de La Calera por parte de un grupo de Montoneros que respondía a Ignacio Vélez. También fue tomada la localidad de Garín (norte de la Provincia de Buenos Aires) por las FAR.

Para contener la situación, Levingston profundizó algunas de las medidas tomadas por Onganía en sus últimos meses de gobierno. Se creó el Consejo Nacional de Seguridad, el cual instauró Consejos de Guerra para actuar frente a la violencia social. De esa manera se sacaban las causas del ámbito judicial-civil para llevarlas a un plano político-militar. Tales prácticas se sustentaban en el Plan Conintes. Se sostuvo el estado de sitio y se acrecentó la detención espontánea de personas que pudieran ser consideradas por las fuerzas de seguridad como «sospechosas». Levingston y Lanusse encausaron especialmente los recursos de inteligencia militar para la detención y desarticulación de los integrantes de Montoneros que habían participado en el secuestro de Aramburu, para lo cual buscaron el apoyo político público de su hijo, Eugenio.

Ante la ola de secuestros desarrollados por las guerrillas, Levingston promovió la reforma del código penal en el que se incorporó la pena de muerte para secuestros y asesinatos. Las otras penas fueron aumentadas y se incluyó la condena por el uso de insignias militares no debidas. La pena de muerte nunca fue implementada legalmente y sería abolida al año siguiente.

Se constituyó una sección judicial especializada en la condena de las prácticas guerrilleras. Estuvo a cargo de la Cámara Federal en lo Penal de la Nación, apodada despectivamente como el «Camarón». Poseía jurisdicción nacional con asiento en la Capital Federal. Fueron nacionalizadas todas las causas de violencia política, aunque su reglamentación era inconstitucional. Muchos de los jueces y fiscales integrantes de la Cámara fueron objeto de atentados políticos.

El clima de violencia crecía, a la par de que las medias económicas causaban nuevas alzas de la inflación, lo que perjudicaba a los ingresos salariales. El descontento social se expresó en una ola de levantamientos sociales.

Debido a desacuerdos con la Junta de Comandantes en Jefe, Levingston debió renunciar en la madrugada del 23 de marzo de 1971.

El 26 de marzo, el teniente general Alejandro Agustín Lanusse asumió la presidencia de la República, con retención del cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Con el nuevo mandatario comenzó la «tercera etapa» de la Revolución Argentina y el gobierno manifestó su voluntad de llevar a término el proceso destinado a normalizar la vida institucional del país. Se estableció un calendario electoral y el partido Justicialista obtuvo su personería política.

En octubre de 1972, el gobierno convocó a elecciones para marzo del año siguiente. Un mes después y luego de largo exilio, el 18 de noviembre retornó al país el ex presidente Perón, quien —en el transcurso de su corta permanencia— conversó con dirigentes políticos.

Se integró el FREJULI (Frente Justicialista de Liberación Nacional), que proclamó la fórmula peronista a la presidencia de la República, integrada por Héctor J. Cámpora y Vicente Solano Lima, quiene triunfaron en las elecciones de 11 de marzo de 1973.

El Gobierno de la Revolución Argentina del general Juan Carlos Onganía -respaldado por las empresas multinacionales y por un sector del sindicalismo- cerró el Congreso, prohibió la actividad política, intervino las universidades e implantó la censura.

La política económica promovió la radicación de grandes empresas multinacionales. El gobierno intervino con fuerza en la economía. Devaluó la moneda y fijó un tipo de cambio alto para aumentar las posibilidades exportadoras de la gran industria. Al mismo tiempo, para financiar sus gastos, el estado retuvo un porcentaje del ingreso por exportaciones agrícolas.

Entre 1969 y 1970, varios conflictos debilitaron al gobierno.

• En 1969, estalló en Córdoba un movimiento de protesta social –el Cordobazo-, en el que participaron obreros industriales, empleados estatales y estudiantes universitarios. A partir de entonces, se produjeron protestas en distintas ciudades (Rosario, Mendoza), que indicaban la extensión del descontento.

• En 1970, surgió un grupo guerrillero –Montoneros– de filiación peronista. Otro grupo –ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo, trotskista)- intensificó sus actividades.

Onganía fue destituido en 1970. Luego de un breve gobierno del general Roberto M. Levingston, en 1971 asumió la presidencia el general Alejandro A. Lanusse, un jefe militar con cierta capacidad política para conducir una salida democrática. En 1972, Perón regresó al país luego de diecisiete años de exilio.

Conclusión: El ciclo de la Revolución Argentina agudizó los conflictos que supuestamente vino a disipar. El problema del desarrollo no estaba resuelto: si bien la industria alcanzó mayores niveles de tecnificación, la economía quedó atrapada en la lógica del saqueo y la inflación descontrolada.

El desorden social en 1973 era mayor que en 1966. Bajo el régimen represivo de Onganía surgieron movimientos radicalizados, tanto en lo político como en lo sindical, que legitimaron la violencia como un medio para la resolución de los conflictos sociales. Este era el producto de 17 años de intolerancia que impidió el desarrollo normal de la actividad política.

Perón por su parte, llegó al poder aplicando la misma estrategia de octubre de 1945: las Fuerzas Armadas lo acusaron de ser el origen del conflicto social; él se presentó como el único líder que podía resolverlo. Sin embargo, confió demasiado en su capacidad para controlar las fuerzas que había desatado dentro de su movimiento.

El destino del Estado Burocrático Autoritario en Argentina fue distinto al de sus vecinos latinoamericanos. En el Brasil de 1964 y en Chile en 1973, las alianzas tecnocráticas que llevaron al poder a los militares fueron lo suficientemente sólidas como para mantenerse en el poder, mediante el uso de la represión, hasta concretar sus objetivos.

En el caso argentino, el estallido del cordobazo y las divisiones dentro de las Fuerzas Armadas demostraban que distintos sectores sociales que originariamente estuvieron de acuerdo con el golpe, rápidamente lo dejaron solo.

Pero sería equivocado cargar sobre los militares megalómanos toda la responsabilidad, dado que en 1966 la sociedad mostró su poco aprecio por el orden institucional. Partidos políticos, intelectuales de derecha e izquierda, militares, religiosos y empresarios sacrificaron a la democracia en aras de las «grandes transformaciones» y el «destino de grandeza» del país.

La Revolución Argentina incrementó las tensiones y los desgarramientos sociales, se generaron de esta manera las condiciones para que la violencia fuera visualizada como el único medio posible para el diálogo entre la sociedad y el Estado. (Fuente: Cuatro Décadas de Historia Argentina)

LA DEMOCRACIA: En las elecciones de 1973 triunfó el Frente Justicialista de Liberación, integrado por el peronismo y varios partidos menores. Héctor J. Cámpora, un hombre de absoluta lealtad a Perón, asumió la Presidencia de la Nación en mayo de 1973.

El fracaso democrático
El gobierno democrático encontró una situación compleja:

• las expectativas de cambio social eran grandes;
• el movimiento peronista estaba fragmentado en grupos de izquierda y de derecha, enfrentados violentamente por el control del gobierno;
• el presidente Cámpora sólo tenía un poder formal: Perón era la única figura con capacidad para ser arbitro entre los sectores.

En julio de 1973, Cámpora renunció y, luego de nuevas elecciones. Juan D. Perón -acompañado en la fórmula por su esposa María Estela Martínez- asumió la presidencia. El líder impulsó un Pacto Social entre empresarios y sindicalistas para frenar la puja sectorial.

Fuente Consultada:
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo –
Nuestra Historia 1966-1972 – La Revolución Argentina – Nueva Enciclopedia Visual de Historia Argentina

 

Revolucion Argentina Caida del Gobierno de Illia Golpe de Ongania

Revolución Argentina – Caída del Gobierno de Illia
Golpe de Onganía

La nueva ruptura del orden Constitucional:

Los militares que encabezaron la Revolución que derrocó al Presidente Arturo Illia establecieron un sistema de gobierno basado en una Junta formada por los tres Comandantes en Jefe de las tres Fuerzas y se dispuso que la Presidencia fuera ejercida por un Presidente designado por la Junta, y con ejercicio de todas las facultades legislativas que la Constitución otorga a Congreso.

El 30 de junio del 1966 asumió el cargo de Presidente designado por ese mecanismo el General Juan Carlos Onganía Durante su gestión surgen los primeros grupos subversivos, los que unidos a la agitación política y socia crean un clima confuso. Se produce el asesinato del ex presidente Pedro Eugenio Aramburu y la aparición de los grupos montoneros.

Disidencias internas en el ejército fuerzan la renuncia del genera Onganía, sucediéndolo el general Roberto Levingston, el que, por carecer de suficiente apoyo, es pronto desalojado por el general Alejandro Lanusse.

La insostenible situación que padecía el país llevó a este general a prometer la pronta normalización de la vida institucional, iniciando a respecto una apertura política. Ello permitió la revitalización de la figura del general Perón, que desde el exilio en Madrid regresó al país al amparo de las promesas y garantías que ofrecía el llamado a la pacificación.

Durante la estadía del general Perón, apenas un mes, se formó el Frente Justicialista de Liberación Nacional (Frejuli).

Retorno a la vida Constitucional

Las elecciones se llevaron a cabo en marzo de 1973 y obtuvo el triunfo el Partido o conjunción de fuerzas políticas que integraban el Frejuli. La fórmula fue encabezada por el Dr. Cámpora, acompañado del doctor Vicente Solano Lima.

En junio regresaba para instalarse en el país el general Perón, pero su llegada fue objeto de un grave enfrentamiento armado entre los sectores marxistas que deseaban apoderarse del gobierno y quienes sólo deseaban restaurar un gobierno justicialista. Esa grave situación interna producida en el partido gobernante llevó a Perón a pedir la renuncia del Presidente y Vice y Presidente del Senado para que, de acuerdo con la ley de acefalía, asumiera el Presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri, quien debió convocar de inmediato a nuevas elecciones.

En este comicio Perón resultó electo por abrumadora mayoría, acompañado en la fórmula por su esposa Isabel Martínez de Perón. Asumió la presidencia el 12 de octubre de 1973.

Ya para esa fecha los grupos subversivos y los montoneros desarrollaban una activa acción bélica interna con sangrientos episodios sin antecedentes en la historia del país. En 1974, antes de cumplirse el año de gobierno, fallecía el Presidente Perón y lo sucedía Isabel Martínez.

La descomposición social, la impotencia del gobierno para contener la ola de violencia, la fuerte infiltración marxista, la crisis económica y la incapacidad de los partidos para hallar soluciones rápidas, provocan un clima confuso y grande desorientación. Los órganos constitucionales, a saber, el Poder Ejecutivo y el Parlamento, no estaban a la altura de las exigencias históricas.

 Fuente Consultada:
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo –

Desarrollo Industrial en el Virreinato Los Gremios Obreros

ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

El desarrollo industrial Las primeras industrias se desarrollaron intensamente en el Plata durante el siglo XVII como consecuencia del aislamiento provincial. Con las medidas liberales de los Borbones, especialmente con el Reglamento de Comercio Libre, se inició la decadencia de las industrias nacionales que no podían competir con las extranjeras, y por otra parte pagaban fletes excesivos. Cuando se producían guerras las industrias revivían por falta de competencia.

Industrias de diversa índole surgieron en el virreinato del Río de la Plata; así en Tucumán y Mendoza se construyeron carretas, en Corrientes y en el Paraguay, que tenían abundancia de maderas, existían pequeños astilleros. La industria textil tomó incremento en las provincias del norte y del oeste, donde ya había florecido el arte textil incásico, que influyó en los dibujos y en el colorido.

También en las Misiones Jesuíticas prosperó esa industria, que era de carácter doméstico. El cultivo de la vid, planta introducida desde Chile a Santiago del Estero, desde donde pasó a la región de Cuyo, dió lugar a la industria vitivinícola, obstaculizada por el gobierno español para evitar la competencia con los productos españoles. Santa Fe carecía de industrias.

En Buenos Aires había saladeros, graserías, fábricas de velas y de jabón, industrias todas derivadas de su riqueza ganadera y además una fábrica de aceite de ballena. En casi todas las provincias, se fabricaban dulces y objetos de plata, como mates, bombillas, mangos de rebenques, hebillas, etc.

Los gremios — El desarrollo de la industria y el comercio provocó la aparición de una clase numerosa que para defenderse de la inhabilidad o mala voluntad de algunos que practicaban esas actividades, se agremiaron.

Los gremios, que se habían establecido en Europa durante la Edad Media y alcanzado su época de auge durante los siglos XV y XVI, tenían cada uno para su gobierno un grupo de cuatro hombres, que ejercían inspecci6n sobré los miembros del gremio respectivo en cuanto al cumplimiento de la confección del artículo, de las leyes gremiales que establecían salarios, del descanso dominical y de la celebración de reuniones en se trataban asuntos de interés general.

En el Río de la Plata existieron los gremios de hacendados, panaderos, plateros, etc. En las colonias hispano-americanas también se establecieron estas instituciones corporativas del trabajo, fomentadas por las mismas autoridades ya que aquéllas no sólo intentaban la defensa de sus respectivos intereses sino también intensificar el desarrollo de las industrias y las artes.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Origen Madres Plaza de Mayo Historia de su Creación

Origen Madres Plaza de Mayo
Historia de su Creación y Objetivos

Durante la dictadura militar de 1976-1983 los niños robados como «botín de guerra» fueron inscriptos como hijos propios por los miembros de las fuerzas de represión, dejados en cualquier lugar, vendidos o abandonados en institutos como seres sin nombre N.N. De esa manera los hicieron desaparecer al anular su identidad, privándolos de vivir con su legítima familia, de todos sus derechos y de su libertad.

La Asociación Civil Abuelas de Plaza de Mayo es una organización no-gubernamental que tiene como finalidad localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños secuestrados desaparecidos por la represión política, y crear las condiciones para que nunca más se repita tan terrible violación de los derechos de los niños, exigiendo castigo a todos los responsables.

Historia de Las Madres de Plaza de Mayo

La «loca» aventura de la Guerra de Malvinas, que terminó con un fracaso nacional y la angustia y dolor de miles de familias argentina, también debemos sumar la desesperación de otras miles de familias que lloraban en silencio a las víctimas de la represión ilegal.

A medida que los asesinatos clandestinos se multiplicaban, un grupo de madres comenzó a rondar por los pasillos oficiales en busca de sus hijos.

Dado que no obtenían respuesta, algunas madres, lideradas por Azucena Villaflor, comenzaron a juntarse los jueves en la histórica Plaza de Mayo, en la ciudad de Buenos Aires, para exigir respuestas a los gobernantes.

Desde 1977, las madres de detenidos y desaparecidos, cansadas de reclamar en oficinas y cuarteles por la suerte de sus seres queridos, decidió protestar todos los jueves alrededor de la pirámide de la Plaza de Mayo. Desfilaban dando vueltas en silencio, con la cabeza cubierta por un pañuelo blanco.

Las Madres de Plaza de Mayo se convirtieron en el emblema de los kelpers (ciudadanos de segunda) argentinos privados de sus derechos cívicos.

Por su parte, las Abuelas de Plaza de Mayo centraban su labor en el esclarecimiento de los casos de hijos de desaparecidos nacidos en el cautiverio y entregados en adopción con suAzucena Villaflordocumentación cambiada.

La policía les impidió reunirse, argumentando que un decreto establecía el estado de sitio y estaban prohibidas las reuniones. Les dijeron; «Circulen, circulen», Y ellas circularon: comenzaron a dar vueltas alrededor de la Pirámide de Mayo, en tanto exigían conocer el destino de sus hijos y el castigo para los culpables. A fines de 1977, la Armada secuestró y asesinó a Azucena Villaflor.(imagen izq.)

A ese respecto, cabe consignar que a mediados del año 2000 se encontraban abiertos procesos judiciales por la apropiación de dichos menores, bajo la interpretación de que tales hechos no fueron incluidos en las leyes de Punto Final y Obediencia Debida (1987) ni en los indultos (1990).

El grupo fue creciendo. Fueron a lugares a los que acudían otras madres a pedir por sus hijos, para sumarlas a la organización. Se llegó a ir casa por casa para convocar a otras madres que hubieran perdido hijos, acción riesgosa, ya que quien lo hacía debía resignarse a ser seguido por un auto, a que los dueños de casa llamaran a la policía o a que, simplemente, no le abrieran la puerta. De todas maneras, algunas sí se abrieron.

En ese caso, la Madre que visitaba aconsejaba a los dueños de casa acerca del camino a seguir.

Al advertir la policía que el número de Madres que se reunían en la Plaza llegaba ya a 60 o 70, decidieron terminar con esa situación tan molesta para el gobierno.

Arguyeron el estado de sitio, que no permitía las reuniones públicas de esa cantidad de personas, y a golpes las obligaron a caminar y circular. Así comenzaron las famosas rondas de las Madres.

En la Plaza las cosas no eran fáciles. Las Madres eran golpeadas, les lanzaban los perros, las detenían, les lanzaban gas lacrimógeno. Un día, un policía le exigió a una Madre que le mostrara sus documentos de identidad. La tercera vez que a una le exigieron sus documentos, las Madres -que por razones obvias no deseaban ser identificadas- decidieron mostrarle al policía los documentos de las 300 allí presentes. Fue la última vez que se los pidieron.

Por aquella época las Madres de la Plaza de Mayo eran «las madres de la subversión», «si mataron a sus hijos es porque algo habrán hecho», la puertas se les cerraban y muy poca gente conversaba con ellas.

En esa época, las Madres todavía no usaban el pañuelo blanco y solo se reunían en la Plaza de Mayo, en algún bar o en el atrio de alguna iglesia. En octubre de 1977 decidieron acudir a una marcha convocada por organismo de defensa de los derechos humanos y a otra convocada por la iglesia basílica de Luján, en la provincia de Bs.As.

madres de plaza de mayo

Se les planteó el problema de como identificarse, y decidieron usar un pañuelo blanco en la cabeza.

En esa ocasión el pañuelo fue un pañal de sus hijos, que todas guardaban como recuerdo. La marcha fue la oportunidad para que muchos argentinos descubrieran que en la Argentina había desaparecidos y que sus madres pedían por ellos.

Lcapitán de Marina Alfredo Astiza organización fue infiltrada por agentes del gobierno, entre ellos el capitán de Marina Alfredo Astiz, que se presentó diciendo que tenía un hermano desaparecido. Sus informes provocaron la desapari

Por este último caso, el ángel rubio fue juzgado en ausencia en Francia y condenado a prisión perpetua. (Imagen izq. Alfredo Astiz)

Las Madres decidieron comenzar a publicar solicitudes en los principales diarios del país.

El día de la publicación de la primera, Azucena Villaflor, la fundadora del grupo, se dirigió a comprar el diario. Fue su fin: fue secuestrada y desapareció.

La sede del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978 fue la Argentina. El gobierno hizo lo posible para tapar lo que ocurría. Mientras muchos festejaban el acontecimiento deportivo, las Madres sufrían la indiferencia de la mayoría; algunos medios de comunicación las atacaban por antinacionales.

Pero el Mundial también hizo que aumentara la presencia de periodistas extranjeros en el país. Las Madres comenzaron así a tener cierta repercusión mundial. Empezaron a viajar a Europa y a reunirse frente a las embajadas argentinas en algunos países europeos.

Una misión de la OEA visitó la Argentina en 1979. Sus funcionarios no recibieron a una comisión, sino a todas las Madres: unas 150. Sin embargo, la misión no logró los resultados que las Madres esperaban.

Al año siguiente, las Madres editaron su primer boletín. A esa altura ya se habían constituido grupos de apoyo en toda Europa y llegaban aportes económicos externos para sostener la organización.

En 1983, la democracia retornó a la Argentina. Una de las primeras acciones del presidente Raúl Alfonsín fue decretar el procesamiento de los máximos responsables de la represión durante la dictadura, a los que se condenó en 1985.

En 1991, el presidente peronista Carlos Menem decidió indultar a la mayoría de ellos.

Las madres hasta el día de hoy continúan su lucha para conocer lo que hace mas de 30 años ocurrió con sus hijos y nietos, y que tanto atormenta sus vidas.

Conmovedores testimonios de hijos de desaparecidos por la última dictadura militar en Argentina que fueron encontrados gracias a la labor incansable de las Abuelas de Plaza de Mayo, que siguen luchando luego de tanto tiempo por encontrar a todos esos niños (ahora hombres o mujeres) que fueron apropiados durante el período 1976-1983.Fueron En Total 106 Hijos Recuperados

Desaparición forzada:

La palabra «desaparecido» se hizo famosa en el mundo a partir de los hechos que ocurrieron en la Argentina durante la última dictadura militar. La desaparición forzada de personas constituye una ofensa a la dignidad humana y debe ser considerada como grave violación de los propósitos y principios de la Organización de las Naciones Unidas, y de los derechos humanos y libertades fundamentales proclamados en la Declaración Universa! de Derechos Humanos. Su aplicación constituye un crimen de lesa humanidad. Ningún Estado miembro de Naciones Unidas permitirá o tolerará esta práctica; no podrán invocarse circunstancias excepcionales, como existencia o amenaza de conflictos armados internos o internacionales, estados de emergencia, estado de sitio, inestabilidad política interna, disturbios o tensión interna o cualquier emergencia pública como justificación de esta práctica.

Crimen de lesa humanidad:

Delito que por su gravedad o atrocidad lesiona a la humanidad en su conjunto. Traducción del principio medieval que consistía en que el ultraje a la majestad del poder era un crimen (crimen laesae maiestatis). Expresión empleada en 1972 en la IV Comisión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, por Amílcar Cabral (dirigente del Partido Africano por la Independencia de Guinea Bissau e islas de Cabo Verde) para definir el carácter criminal de colonialismo. Un crimen definido como de lesa humanidad no es prescriptible y su autor no puede quedar amparado por la legislación de ningún Estado.

Genocidio:

Término adoptado en el derecho internacional después de la Segunda Guerra Mundial, empleado por el jurista polaco R. Lemkin. En 1933 Lemkin presentó en la Sociedad de Naciones (antecesora de la Organización de Naciones Unidas) un memorial pidiendo la elaboración de una convención internacional que prohibiera las ejecuciones en masa. En 1948 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio. El genocidio cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra es un delito de derecho internacional. Como genocidio deliberado y metódico se entiende «el exterminio de grupos raciales y nacionales de la población civil de ciertos terrenos ocupados, con el fin de aniquilar determinadas razas y partes de naciones y pueblos, grupos raciales y religiosos».

Fuente Consultada:
La Argentina Historia del País y de Su Gente María Saenz Quedada
Escenas Inolvidables del Siglo XX Reader´s Digest
Cuatro Décadas de Historia Argentina de Palmira Dobaño y Mariana Lewkowicz

La represión en las fábricas Dictadura militar contra los obreros

La Represión en las Fábricas – La Dictadura Militar Contra los Obreros

Casi todas las plantas industriales fueron ocupadas por las tropas. (…)

La coordinación “carne” y «uña” entre los militares y la administración de la Ford Motor Company convirtió su planta de General Pacheco en la provincia de Buenos Aires en la apoteosis de la brutalidad contra los trabajadores. “Rodearon Ford con camiones y jeeps, armados hasta los dientes, nos registraban uno por uno y llevaron muchos compañeros detenidos. Nos revisaban los cofres, los vestuarios, hacían requisas permanentes… Se llevaron a los delegados, subdelegados, activistas. Destrozaron el Cuerno de Delegados… hubo cien desaparecidos. Muchos aparecieron después como detenidos y muchos han sido soltados. Otros nunca aparecieron.”

dictadura argentina

Los dirigentes sindicales Adolfo Sánchez y Juan Carlos Amoroso fueron llamados el día antes del golpe a una reunión con los cabecillas del departamento de Relaciones Laborales de la Ford Motor en su planta de estampado. “La empresa reúne al cuerpo de Delegados que se encontraba en la planta de estampado… En esa reunión el señor Galarraga [gerente de Relaciones Laborales] lee un papel que dice le entregó un coronel al cual se negó a identificar porque ‘su palabra bastaba’, para exhortarles a trabajar en sus tareas olvidándose de todo tipo de reclamos y, manifestó, que todo problema se había acabado.”

Como había todavía negociaciones pendientes solicitadas por los delegados sobre una cuestión de cuentas, Amoroso preguntó si esas conversaciones iban todavía a celebrarse. “Usted, señor no entiende”, replicó el jefe de Ford. “Esta reunión ha terminado. Amoroso, déle saludos a Camps.” Cuando los trabajadores preguntaron quién era ese hombre —el coronel Ramón Camps, que más tarde se jactó de ser responsable de unas 5.000 muertes— los jefes de la Ford se echaron a reír “Ya se va a enterar-”, replicaron.

Tres días más tarde, Amoroso, Sánchez y los otros dirigentes fueron secuestrados de sus casas por hombres armados que llevaban tarjetas tomadas de los archivos de la oficina de personal de Ford.

El l 2 de abril la policía y tropas del Ejército rodearon la planta de General Motors de Barracas en una operación espectacular Un ala de la fábrica se había rehusado a trabajar después de haber sido despoja dos de sus beneficios por realizar tareas inseguras. Un capitán del Ejército y unos pocos de sus soldados empezaron ¿interrogar a los trabajadores sobre la causa del paro. Luego hablaron con los jefes de la fábrica. (…) Una vez que la situación quedó “normalizada”, las tropas se retiraron llevándose consigo a tres trabajadores que protestaban.

Obligados a trabajar con rifles apuntando a sus espaldas a un ritmo febril de producción, la disciplina laboral y la represión hicieron las condiciones insoportables para los trabajadores. Situaciones similares a las de Ford y General Motors se dieron en la Argentina en otras grandes plantas automotrices: Fiat, Renault, Peugeot y Mercedes Benz.

Pero no sólo los trabajadores mecánicos sufrieron los efectos de las primeras operaciones militares. Casi todas la fábricas del país fueron sometidas a supervisión. Este cambio se dio especialmente en las compañías consideradas vitales por los militares y en las industrias más importantes de cada sector o actividad.

Martín Andersen
Dossier secreto. El mito de la guerra sucia

Secuestros Clandestinos en la Represion Ilegal en la Dictadura

Secuestros Clandestinos en la Represión Ilegal en la Dictadura Argentina

Este régimen se distingue de gobiernos de facto anteriores porque instrumentó de modo sistemático y masivo secuestros, torturas, detenciones clandestinas y desapariciones. Adoptó esta estrategia de represión y aniquilación física y destruyó toda prueba que pudiera responsabilizarlo. Pese a que la Junta Militar estableció la pena de muerte, nunca la aplicó. Todas las ejecuciones fueron ilegales. Para ello contó con el asesoramiento legal y técnico de los ejércitos francés y norteamericano, y la experiencia de Pinochet en Chile y del Operativo “Independencia” de 1975 en Tucumán.

¿Por qué el gobierno recurrió a la represión ilegal clandestina en vez de aplicar la pena de muerte y los instrumentos de la represión legal? El método clandestino presentaba varias ventajas, desde el punto de vista del gobierno. En primer lugar, forzaba a la población a la inacción por el terror y generaba confusión en las organizaciones guerrilleras y de izquierda directamente afectadas, dificultando la capacidad de emprender acciones defensivas. La confidencialidad y el secreto del accionar de las Fuerzas Armadas daban ventajas sobre el enemigo. Además, a diferencia de la pena de muerte, no requería pruebas ni elementos jurídicos.

Los operativos se hacían a plena luz del día, pero en especial por la noche. Intervenían las tres Fuerzas Armadas y las de seguridad.

Los operativos se hacían a plena luz del día, pero en especial por la noche.
Intervenían las tres Fuerzas Armadas y las de seguridad.

En segundo lugar, permitía la tortura a los detenidos sin límites, quienes “desaparecían” o, en el mejor de los casos, luego de ser liberados no podían denunciar los vejámenes, pues el Poder Judicial estaba sometido a la Junta Militar. Además, el método de represión ilegal desalentaba la solidaridad y el reclamo de parte de los familiares y amigos, porque ocultaba a los responsables, evitaba toda posible comunicación con los detenidos y generaba el temor a provocar represalias sobre ellos. Simultáneamente, les facilitaba la obtención de colaboración, dado que los civiles que los apoyaban no corrían el riesgo de ser denunciados.

En tercer lugar, la adopción del método de las desapariciones y del ocultamiento del acto mismo de la represión se explica porque el gobierno militar buscaba evitar la reacción de los organismos internacionales y la critica del Vaticano.

Este método requería la coordinación de las distintas fuerzas represivas y constaba de cuatro momentos: secuestro, tortura, detención y desaparición. Para iniciar los secuestros, cuando una de las fuerzas iba a “operar” solicitaba “zona liberada” para evitar interferencias. Así, los pedidos de auxilio

En septiembre de 1973, Augusto Pinochet, con el apoyo del gobierno de EE.UU., derrocó y asesinó al presidente socialista Salvador Allende. Encabezó un gobierno dictatorial hasta 1990. Sobre todo en los primeros años recurrió a los fusilamientos abiertos más que a las desapariciones, lo cual generó el repudio internacional y las denuncias de los familiares o vecinos de los secuestrados no tenían  en las comisarías del lugar y la policía abandonaba el vecindario para evitar confusiones y enfrentamientos con las fuerzas paraestatales.

 A continuación el “grupo de tareas” irrumpía por la fuerza —por lo general durante la noche— en el domicilio o en el lugar de trabajo de los ciudadanos identificados por los grupos de inteligencia (SIDE, etc.) como “izquierdistas”, “guerrilleros” o “activistas sindicales”. Previo al arribo de la patota se solía cortar  el suministro eléctrico y se interrumpía el tránsito. El “grupo de tarea?  estaba integrados en general, por individuos fuertemente armados pero vestidos de civil y sin identificación.

Los secuestros incluían otro componente: el robo de las pertenencias de las víctimas. Sus casas eran saqueadas y con frecuencia sus automóviles e inmuebles eran apropiados por los militares. Así, la venta de las propiedades y los objetos de valor saqueados proporcionaba un estímulo económico a los integrantes de los grupos de tareas y servía para financiar los «operativos». Por otro lado, también los hijos de los detenidos fueron considerados como botín de guerra. Algunos ‘fueron secuestrados junto a sus padres y otros nacieron en cautiverio. Muchos de ellos fueron asesinados; otros fueron entregados a familias de militares. La CONADEP hizo investigaciones posteriores y documentaron alrededor de doscientos casos de este tipo.

El secuestrado era encapuchado y trasladado —vendado y amordazado— al centro clandestino de detención llamado también «chupadero». En general era una dependencia militar, comisaría o un edificio preparado para tal efecto, donde se lo sometía a torturas para extraerle toda la información posible que les permitiera a los militares realizar futuras detenciones. La tortura tenía otro propósito: quebrar la resistencia y la dignidad de la víctima. La «picana”, el “submarino” —mantener sumergida la cabeza en un recipiente con agua”— y las violaciones sexuales eran las formas más comunes de tortura. Esta se combinaba con la tortura psicológica: asistir al suplicio de amigos o familiares, sufrir simulacros de fusilamientos o experimentar el aislamiento total.

Uno de los centros de detención clandestinos mis conocidos funcionaba -en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA); aunque también habla otros, como Campo de Mayo, el Olimpo, el Vesubio y el Pozo de Banfield. La compleja máquina represora llegó a disponer de trescientos cuarenta centros clandestinos (algunos de ellos habían empezado a operar antes del golpe militar). Cubrían todo el territorio nacional, pero su actividad más intensa se registró en las grandes ciudades como en Capital Federal, Gran Buenos Aires, Rosario y Córdoba.

Muchos detenidos morían en la tortura, mientras que otros permanecían en los campos por varios meses, prestando algún servicio o bien como rehenes potencialmente aprovechables. Por ejemplo, el almirante Massera utilizó algunos cuadros montoneros cautivos en la ESMA como soporte de su proyecto político, en particular, de su intento de cooptar a las dirigencias y las bases peronistas. Para ello liberó a varios detenidos a cambio de su participación en su plan para conducirlo a la presidencia.

Distribución de desaparecidos por profesión u ocupación según fuente de CONADEP (EN %)

Obreros30.2 %
Estudiantes21
Empleados17
Profesionales10.7
Docentes5.7
Autónomos varios5
Amas de casa3.8
Personal subalterno de las FFAA2.5
Periodistas1.6
Actores, artistas, etc.1.3
Religiosos0.3
  

Algunos de los secuestrados considerados “mínimamente peligrosos” o los que fueron reclamados por organismos internacionales, gobiernos extranjeros o personas influyentes fueron liberados luego de permanecer por un tiempo desaparecidos6. No obstante, la regla general consistía en que el secuestrado era “trasladado”, lo que en la jerga significaba su asesinato y la desaparición del cuerpo.

En algunos casos arrojándolo vivo desde un avión al océano o a ríos, en otros quemándolo o enterrándolo sin identificación —como NN— en fosas comunes que eran cavadas por las propias víctimas antes de ser fusiladas o en terrenos privados. Aunque algunos cadáveres aparecían en las calles, como muertos en enfrentamientos o intentos de fuga, la mayoría de los cadáveres “desaparecían”. De este modo, se consumó la “desaparición” de miles de detenidos, borrándose las huellas que pudieran responsabilizar a las Fuerzas Armadas. Legalmente. nunca dejaron de existir por eso se los denominó “desaparecidos”.

Además de los “guerrilleros”. las víctimas del plan represivo, en su mayoría jóvenes de entre veinte y treinta y cinco años, pertenecían en general a los planos sindical y educativo.

VIDEO: EL TERRORISMO DE ESTADO EN ARGENTINA

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Desaparición forzada
La palabra «desaparecido» se hizo famosa en el mundo a partir de los hechos que ocurrieron en la Argentina durante la última dictadura militar. La desaparición forzada de personas constituye una ofensa a la dignidad humana y debe ser considerada como grave violación de los propósitos y principios de la Organización de las Naciones Unidas, y de los derechos humanos y libertades fundamentales proclamados en la Declaración Universa! de Derechos Humanos. Su aplicación constituye un crimen de lesa humanidad. Ningún Estado miembro de Naciones Unidas permitirá o tolerará esta práctica; no podrán invocarse circunstancias excepcionales, como existencia o amenaza de conflictos armados internos o internacionales, estados de emergencia, estado de sitio, inestabilidad política interna, disturbios o tensión interna o cualquier emergencia pública como justificación de esta práctica.
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Crimen de lesa humanidad
Delito que por su gravedad o atrocidad lesiona a la humanidad en su conjunto. Traducción del principio medieval que consistía en que el ultraje a la majestad del poder era un crimen (crimen laesae maiestatis). Expresión empleada en 1972 en la IV Comisión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, por Amílcar Cabral (dirigente del Partido Africano por la Independencia de Guinea Bissau e islas de Cabo Verde) para definir el carácter criminal de colonialismo. Un crimen definido como de lesa humanidad no es prescriptible y su autor no puede quedar amparado por la legislación de ningún Estado.
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Genocidio
Término adoptado en el derecho internacional después de la Segunda Guerra Mundial, empleado por el jurista polaco R. Lemkin. En 1933 Lemkin presentó en la Sociedad de Naciones (antecesora de la Organización de Naciones Unidas) un memorial pidiendo la elaboración de una convención internacional que prohibiera las ejecuciones en masa. En 1948 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio. El genocidio cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra es un delito de derecho internacional. Como genocidio deliberado y metódico se entiende «el exterminio de grupos raciales y nacionales de la población civil de ciertos terrenos ocupados, con el fin de aniquilar determinadas razas y partes de naciones y pueblos, grupos raciales y religiosos».
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Fuente Consultada: Cuatro Décadas  de Historia Argentina de Palmira Dobaño y Mariana Lewkowicz

Ingreso y Egresos de Dólares a Argentina

Golpe Militar de 1976 en Argentina Causas Objetivos y Desarrollo

Golpe Militar de 1976 – Causas del Golpe de Estado en Argentina

1974:La agonía del gobierno peronista

Golpe Militar de 1976 Golpe de Estado en Argentina Dictadura MilitarLa bajo el liderazgo del General Perón, un conjunto de fuerzas coexistieron de manera permanente. Sin embargo, las mismas quedaron sin control desde el día mismo de su muerte. Pero, el punto sin retorno surge justamente antes de julio de 1974, dejando visiblemente certera la ruptura entre las facciones peronistas.

Sumado a ello, este deceso tan importante despojó al gobierno de una conducción legítima y aceptada por la totalidad del conjunto peronista, asegurando esta gobernabilidad, mediante la reformulación de acuerdos políticos.

José López Rega, ministro de acción Social y secretario privado de Perón, fue quien acompaño y aconsejó de manera influyente a la viuda del presidente, que ocupó el lugar, ejerciendo de manera fluctuante la dirección ejecutiva. (En la foto Hectór Cámpora saluda al presidente saliente Alejandro Lanusse en 1973)

Golpe Militar de 1976 Golpe de Estado en Argentina Dictadura MilitarEl sindicalismo, además del entorno presidencial, fue otro factor de poder en el seno del gobierno. Tal es así, que se dedicaron a deshacer el esquema político que con tanto esfuerzo había diseñado Perón, porque se sintieron relevados de sus compromisos, los cuales habían sido asumidos recién en 1973.

Además, estos creían que el movimiento obrero debía entrar en la etapa política abierta con la muerte del presidente, los cuales dejaba sin efecto a los viejos compromisos con el gobierno.

A tal punto que la dirección de la CGT pasó a manos de los sindicalistas, pocos meses después de la muerte de Perón. Esta nueva dirigencia de igual manera negoció con el gobierno, objetivos diferentes. Su base estaba en la reformulación del Pacto social y del desplazamiento de los líderes sindicalistas y políticos, que no concuerden con las ideas del oficialismocegetista.

Perón y su esposa «Isabel» Martínez cuando asumían la presidencia de la república Argentina el 12 de octubre de 1973

Tal es así, que Gelbard (Ministro de Economía, que Perón había apoyado con firmeza) renuncia con motivos de la concesión de la renegociación del pacto social. Suceso además, que lleva a una reorganización del gobierno. Resultado final: López Rega en la cúspide de su poder. Ello fortaleció a la burocracia sindicalista, período coincidente con una intensificación de la violencia.

El proyecto de institucionalización política de Perón, tenía como eje central un conjunto articulado de acuerdos, los cuales a mediados de 1975 fracasaron, y llevaron a reflejar que nuestro país marchaba sin rumbos. Sin embargo, los problemas se agudizaron aún más, cuando al Ministerio de Economía llega Celestino Rodrigo.

Este último apoyado por López Rega, adoptó una serie de medidas: la devaluación del peso (entre un 100% y un 160%), el precio de la nafta sufrió un incremento del 181%, sumado a los precios del trasporte (75%), entre otras. Estas medidas se conocieron como el “Rodrigado”, y significaban una fuerte transferencia de ingresos a favor de las exportaciones agropecuarias, un gran impacto en los precios internos y un violento recorte del poder adquisitivo de los salarios.

La consecuencia inmediata fue una brusca inflación y una crisis política. Crisis que provocó una exitosa huelga general declarada por la CGT, que se tradujo finalmente en el desplazamiento de Rodrigo y López Rega.

JOSÉ LÓPEZ REGA: EL RASPUTÍN ARGENTINO: López Rega nació un 17 de octubre y su madre murió en el parto; fue un muchacho educado, cuidadoso en los modales y respetuoso en el trato, pero introvertido; tenía una biblioteca que cubría toda una pared y se interesaba especialmente en temas espirituales; a los 19 años jugaba al fútbol e integró la tercera especial de River Plate; se casó a los 27 años y se incorporó a la Policía Federal en 1944. Sus dos pasiones fueron el canto lírico y el esoterismo.

Una noche de 1943, tristemente ataviado con un traje de etiqueta alquilado y perfumado con una colonia barata, el hombre subió al escenario del Club El Tábano, de Saavedra, y entonó un bolero, al frente de una orquesta que él mismo había contratado. Su debut frente al micrófono fue casi debut y despedida: una seguidilla de necesidades económicas lo llevarían a alistarse poco tiempo después en la Policía Federal. El cantante frustrado tenía la certeza de que el nuevo trabajo terminaría con las penurias que lo llevaban a enredarse en largas disputas verbales con su esposa, Josefa Flora Masera.

Ni sus más íntimos imaginaban, por entonces, que aquel hombre gris y menor se convertiría en uno de los personajes más influyentes y nefastos de la política argentina. El cantante frustrado que se convirtió en policía se llamaba José López Rega (1916-1989) y buena parte de su época lo identificaba como “El brujo”. (AMPLIAR: SU BIOGRAFíA)

Golpe Militar de 1976 Golpe de Estado en Argentina Dictadura MilitarIsabel Perón se alejó temporariamente del gobierno, que quedó en manos del presidente del Senado, Ítalo Luder (foto izquierda). El ministro de Economía, Antonio Cafiero, apoyado por la CGT, procuró infructuosamente controlar la inflación.

El retorno de Isabel Perón a la presidencia, la crisis interna del peronismo, la agudización de la violencia política, y la falta de colaboración —en muchos casos, abierta oposición— del empresariado y las Fuerzas Armadas, quitaron al gobierno toda base de apoyo.


Un golpe anunciado:
Los militares volvieron al gobierno, tras la brecha abierta por la descomposición del gobierno, el descontrol económico y la violencia política vivenciada en esta época. Así, el general Jorge R. Videla (Ejército), el almirante Emilio E. Massera (Marina) y el brigadier Orlando R. Agosti (Aeronáutica); los tres comandantes de la armada, integraron la llamada Junta Militar, que el 24 de Marzo de 1976 derrocó al gobierno de María Estela Martínez de Perón. Esta nueva intervención militar, fue totalmente diferente a las anteriores, y se hizo llamar “Proceso de Reorganización Nacional”.

Golpe Militar de 1976 Golpe de Estado en Argentina Dictadura Militar

Masera-Videla-Agosti
Representantes de las Tres Fuerzas Armadas

Igual que años anteriores, los sectores capitalistas y una gran parte de la población espera que el nuevo gobierno militar reestableciera el orden y normalizara la economía, ante la aguda crisis que atravesaba Argentina. En última instancia, el golpe de 1966 había originado un gobierno sostenido por las Fuerzas Armadas; pero en 1976 las características de este gobierno eran en base a un ejercicio en forma directa y en todos sus niveles por las Fuerzas Amadas. Al respecto, el 25 de mayo de 1976 el nuevo presidente, el general Jorge R. Videla señala:

“Las Fuerzas Armadas no fueron escuchadas. Como consecuencia de ello y previendo la inexorabilidad de la crisis, se prepararon para hacer frente a esta situación y las Fuerzas Armadas, como institución, dieron una respuesta institucional a una crisis también institucional.”

La sociedad Argentina, era el punto central de transformaciones propuestas por este gobierno militar. Ya que la idea no se fundaba simplemente en corregir una política económica, de resolver una crisis institucional o de derrocar a la guerrilla. Por que para ello solo hubiese bastado algunos cambios dentro de la legalidad constitucional. La existencia misma de una nación, era el cuestionamiento que se planteaba la Junta Militar. “Reorganizar” la sociedad argentina, era entonces la solución a esta crisis, era un “proceso” que no tenía “plazos” pero si “objetivos”: crear un ser occidental, nacional y cristiano.

La represión política y social (que buscaba eliminar a todos aquellos que se opusieran a sus objetivos), sumado a la desarticulación de las bases de la economía industrial (es decir, abandonar por completo el modelo industrialista iniciado 40 años atrás y producir una mayor concentración de la riqueza) y ejercicio autoritario del poder, fueron las expresiones que fundaron esta “reorganización”. Sin embargo, la derrota en la Guerra de Malvinas, fue el producto que sirvió para el derrocamiento del gobierno militar, acelerando se desgaste y llevando a Galtieri a renunciaren Julio de 1982.

Uno de los rasgos fundamentales de este gobierno militar fue la represión ilegal, desarrollado con gran tenacidad entre los años 1976 y 1978. Este rótulo de ilegalidad no se acuñe porque sólo fue llevada a cabo por el gobierno de facto, sino fundamentalmente porque se violaba la legalidad establecida por ese mismo gobierno.

Tal es así, que la represión era organizada de manera sumamente planeada, y dirigida por los más altos niveles de decisión político y militar. Pero hay que agregarle otra particularidad, al mismo tiempo fue clandestina. Quienes fueron receptores de la misma, eran aquellos integrantes de las organizaciones guerrilleras que se comprometían con la lucha armada. No obstante, no fueron los únicos, sino que se extendió a aquellos actores sociales y políticos totalmente desvinculados de esta participación guerrillera.

El decreto N° 6 de la junta Militar suspendió “la actividad política y de los partidos políticos, en jurisdicción nacional, provincial y municipal”. La ley Nro. 21.261 dispuso ‘transitoriamente” la suspensión del “derecho de huelga, como así también el de toda otra medida de fuerza, paro, interrupción o disminución del trabajo o su desempeño en condiciones que de cualquier manera puedan afectar la producción, tanto por parte de trabajadores como de empresarios y de sus respectivas asociaciones u organizaciones”.

Así este gobierno militar, también suprimió los derechos civiles y las libertades públicas, anulando las garantías constitucionales y por lo tanto, creando nuevos instrumentos. Un hecho que tuvo grave consecuencias fue la suspensión de la vigencia de la última parte del artículo 23 de la Constitución nacional, quien establece que en ciertas condiciones el gobierno puede declarar estado de sitio. La suspensión de esta garantía individual se vio agravada porque el Poder Ejecutivo, decide poner a su disposición una numerosa cantidad de detenidos.

Golpe Militar de 1976 Golpe de Estado en Argentina Dictadura Militar

En el primer año de dictadura ya había más de quince mil desaparecidos, diez mil presos,
cuatro mil muertos y decenas de miles de exiliados.

Con un total verificado de más de trescientos, los centros clandestinos, fueron los sitios elegidos para llevar a cabo las modalidades de represión, como secuestro, detención, tortura, y en la mayoría de los casos ejecución. Así, la pena de muerte fue implantada por la Junta Militar, aunque siempre fuera de la ley, es decir que no se aplicaba legalmente la misma. Algunas estimaciones hablan de diez mil casos comprobados (algunos triplican la cifra), incluyendo en estas a personas detenidas y ejecutadas clandestinamente por las fuerzas de seguridad. Pero aquí surge una figura jurídica muy nombrada en nuestros días “desaparecidos” (implica la desaparición forzada de personas.

No obstante, la población argentina en su totalidad vivió un clima de miedo de censura, consecuencia de esta represión vivenciada. El gobierno estableció además, un duro control sobre los medios de comunicación y la vigilancia de todas las manifestaciones artísticas. La acción coactiva del Estado terrorista silenció cualquier tipo de opinión o información que se consideraba como peligrosa para el gobierno.

Difíciles divisiones internas atravesaron el gobierno militar desde su inicio, aunque su objetivo siempre fuese pretender el equilibrio y firmeza. Estas desintegraciones derivaron en buena medida de la particular traducción a la acción que adquirió la decisión de asumir institucionalmente el gobierno. La distribución de la administración pública en todos sus niveles y modalidades en partes iguales, es decir, la nacional, provincial, municipal, empresas del estado, universidades; fue el principio general que garantizó la participación de las tres fuerzas en el gobierno.

Así, una tercera parte de los cargos públicos quedó para cada cuerpo de oficiales de cada fuerza. Las anteriores intervenciones militares, que contaron con mayor peso de funcionarios civiles en la administración pública, se diferenciaron justamente de este gobierno del “Proceso”, en cuanto a la decisión anterior. Ya que la misma revelaba la índole de las relaciones entre las fuerzas, caracterizadas por una profunda desconfianza. Los oficiales de las Fuerzas Armadas tuvieron en sus manos, entre 1976 y 1981, la gran mayoría de los altos cargos de la administración pública.

Esto llevó a que cada funcionario pase a depender de dos jefes: su superior jerárquico en el escalafón de la administración pública y su superior militar; perjudicando finalmente el funcionamiento del Estado, fragmentándolo además en múltiples unidades que a su vez gozaban de una autonomía de hecho, con los previsibles efectos de la corrupción. Asimismo, el gobierno de “Proceso” y su ordenamiento institucional y jurídico, se caracterizaron por su incoherencia y arbitrariedad. A tal punto de no cumplir con las leyes que el mismo había dictado, su evidencia más visible: la acción represiva.

Estado legal, Estado Clandestino: “El Estado se vio afectado de forma más profunda aún. El llamado Proceso de Reorganización Nacional supuso la coexistencia de un Estado terrorista clandestino, encargado de la represión, y otro visible, sujeto a normas, establecidas por las propias autoridades revolucionarias pero que sometían sus acciones a una cierta juridicidad. En la práctica, esta distinción no se mantuvo, y el Estado ilegal fue corroyendo y corrompiendo al conjunto de las instituciones del Estado y a su misma organización jurídica.

La primera cuestión oscura era dónde residía realmente el poder, pues pese a que la tradición política del país era fuertemente presidencialista, y a que la unidad de mando fue siempre uno de los principios de la Fuerzas Armadas, la autoridad del presidente —al principio el primero entre sus pares, y luego ni siquiera eso— resultó diluida y sometida a permanente escrutinio y limitación por los jefes de las tres armas.»

LUIS ALBERTO ROMERO

Breve Historia Contemporánea de Argentina (1994)

La Economía Durante el Gobierno Militar

Golpe Militar de 1976 Golpe de Estado en Argentina Dictadura MilitarLa política económica del gobierno militar fue decidida y ejecutada durante cinco años por José Alfredo Martínez de Hoz. Ministro de economía entre 1976 y 1981. Martínez de Hoz concentró un enorme poder, que le permitió tomar decisiones que transformaron profundamente el funcionamiento de la economía y la sociedad argentinas.

El programa económico que Martínez de Hoz presentó al país el 2 de abril de 1976 era de inspiración liberal y postulaba la necesidad de pasar de una economía de especulación a una de producción, por medio del estímulo a la libre competencia y la limitación del papel del Estado en la economía. Estos objetivos no fueron alcanzados. Por el contrario, el resultado de la política económica de Martínez de Hoz fue un crecimiento explosivo de la especulación financiera y una caída dramática de las actividades productivas.

En un primer momento, el gobierno militar tomó una serie de medidas de estabilización —que contaron con el apoyo del Fon-do Monetario Internacional y la banca privada extranjera— para controlar la inflación, reducir el déficit fiscal y equilibrar el sector externo. Se devaluó la moneda, se redujo el déficit del sector público —en buena parte congelando los salarios— y se consiguió financiamiento externo. La política económica tuvo un sesgo fuertemente antiobrero: se suspendió el derecho de huelga y se redujo la participación de los asalariados en el PBI (producto bruto interno).

Una vez controlada la crisis abierta con el Rodrigazo, el equipo económico definió y llevó adelante dos medidas principales: la apertura de la economía y la liberalización de los mercados financieros.

La apertura de la economía era la apertura del mercado interno a la competencia exterior —no la promoción de la exportación de la producción nacional—. El instrumento principal de esta política fue la reducción de los aranceles de importación. Posteriormente, la sobrevaluación del peso se sumo a esta medida, lo que comprometió seriamente la actividad productiva —afectada además por las altas tasas de interés—.

La liberalización del mercado financiero se llevó a cabo con la liberación de la tasa de interés y la autorización para el funcionamiento de nuevos bancos e instituciones financieras. Sin embargo el Estado, que renunciaba a los controles, garantizaba los depósitos a plazo fijo tomados por entidades financieras privadas.

En 1978 el gobierno militar estableció una pauta cambiarla —conocida popularmente como la “tablita”— que determinaba una devaluación mensual del peso. Esta devaluación era decreciente y tendía a cero. El objetivo declarado de esta medida era controlar la inflación.

Este objetivo no se alcanzó. En cambio, lo que se fomentó fue una fuerte especulación con una gran masa de dinero colocada a corto plazo —favorecida por la abundancia de dólares en el mercado internacional— basada en la existencia de altas tasas de interés y la garantía del Estado sobre el precio de recompra de los dólares.

Algunas palabras y frases de uso habitual en la época —“plata dulce”, ‘bicicleta”,»deme dos«— dan cuenta de las características de un período de prosperidad artificial y de especulación financiera.

La euforia financiera contrastaba con el comportamiento del sector productivo, apremiado por el endeudamiento. El sector industrial, en particular, sufrió una profunda mutación, que incluyó una caída en su producción, una disminución de la mano de obra ocupada y el cierre de numerosas plantas.

El esquema de Martínez de Hoz estalló en 1980, de la mano de la quiebra de importantes entidades financieras —entre ellas uno de los mayores bancos privados— y el Estado terminó haciéndose cargo de los pasivos de los bancos quebrados.

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El Campeonato Mundial de Futbol de 1978 se celebró en Argentina y contó con el decidido apoyo de la dictadura militar

En 1981, el general Viola reemplazó en la presidencia a Videla, y Martínez de Hoz también fue reemplazado. En ese año, el descalabro económico llegó al extremo. El gobierno dispuso una devaluación del peso del 400%, al tiempo que la inflación llegaba al 100% anual. Esta devaluación tomó impagables las deudas en dólares de las empresas privadas. El Estado nacionalizó las deudas, lo que acrecentó el endeudamiento público.

A pesar de su carácter liberal, la política económica de Martínez de Hoz incluyó una expansión considerable del papel del Estado en la esfera económica. Esto se debió en parte a la decisión de la cúpula militar de mantener en la órbita estatal a las empresas públicas —cuyos directorios, por otro lado, fueron ocupados por militares—. Además, durante este período creció la inversión pública. Muchas obras públicas fueron ejecutadas por contratistas privados y algunas empresas del Estado privatizaron parte de sus actividades —lo que se llamó “privatización periférica”—.

En este último caso se incluyó la subcontratación de tareas de búsqueda y explotación petrolera y de tareas de reparación de materiales y mantenimiento de vías en los ferrocarriles, la provisión de equipos telefónicos, la recolección de residuos y el mantenimiento del alumbrado público en la ciudad de Buenos Aires.

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Alrededor de estas actividades se fue configurando un poderoso grupo de empresas contratistas del Estado.

Otras áreas de crecimiento del gasto público fueron la estatización de empresas privadas en dificultades —como la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad y la compañía Austral— y la notable expansión del gasto militar.

En 1978, el conflicto limítrofe con Chile por la zona del canal Beagle estuvo a punto de desencadenar una guerra. Las Fuerzas Armadas fueron reequipadas con vistas al enfrentamiento y movilizaron tropas hacia la frontera. La guerra se impidió por la mediación del Papa Juan Pablo II.

Ver: Operativo Soberanía

Los medios de Comunicación al servicio del Terrorismo de Estado: Como nunca antes en la historia, la última dictadura militar usó y abusó de la censura al punto de instaurar un régimen de terror en los medios de comunicación. La intervención militar, el secuestro, la requisa y la expropiación fueron instrumentos aceptados sin resistencia por la mayoría de los medios privados y algunos colaboraron en forma poco digna con la junta de comandantes.

Cabría reflexionar sobre la interpretación sugerida en el trabajo de Diego Rossi acerca de un contrato implícito entre el gobierno —interesado en el control político e ideológico— y las asociaciones de medios privados de difusión a quienes sólo les importó incrementar sus réditos comerciales. La dictadura sancionó la Ley de Radiodifusión 22.285 que —con modificaciones posteriores- rige en la actualidad.

Estructuraba el servicio a partir de la privatización de la mayoría de las emisoras y de un rígido control estatal del sistema haciendo hincapié en el carácter ético y apolítico necesarios a los contenidos de la programación. Incluía como delictiva la figura de apología de la violencia y como punibles los contenidos que exaltaran formas de vida reñidas con las normas éticas, sociales o políticas del país o que atentaran contra la seguridad nacional.

El Estado conservaba el SOR y decidía las adjudicaciones a las empresas privadas, a quienes ofrecía nuevas modalidades como los canales de circuito cerrado y las emisoras de radio y de televisión de baja potencia. Algunas limitaciones casi todas modificadas por decretos de los gobiernos posteriores— merecen destacarse: la que pautaba un máximo de publicidad por hora de transmisión y obligaba al uso correcto del idioma castellano; la que limitaba la cantidad de licencias a una misma persona física o jurídica, la que excluía como adjudicatarios a quienes estuvieran vinculados a empresas periodísticas nacionales o extranjeras y la que prohibía en forma explícita la formación de redes privadas permanentes.

Entre la apertura y la guerra: El estallido del programa económico coincidió con el cambio de presidente. El débil ganador en la puja interna de la cúpula militar fue el general Roberto Viola, designado presidente por la Junta de comandantes, en septiembre de 1980. Viola, que asumió en marzo de 1981, se propuso modificar la orientación de la política económica y encontrar una salida política para el régimen militar.

Este intento de cambio obedecía a la percepción por parte de una fracción del Ejército del fracaso de la política de Martínez de Hoz y de la necesidad de buscar nuevos aliados. Viola dividió el Ministerio de Economía en cinco carteras, con el propósito de “despersonalizar” la política económica, incorporó una mayoría de civiles al gabinete, produjo un acercamiento con los sectores propietarios —nombró dirigentes representativos del sector rural y del industrial en los ministerios de Agricultura e Industria— e inició un diálogo con sindicalistas y políticos.

Este intento de encontrar nuevas bases de apoyo para el régimen militar fracasó. En el terreno político, la apertura fue recibida con frialdad por las principales fuerzas políticas, que dudaban de la representatividad de Viola dentro de las Fuerzas Armadas y, por consiguiente, de la viabilidad de su política. En julio de 1981, se constituyó la Multipartidaria —convocada por la Unión Cívica Radical e integrada por los partidos

Justicialista, Intransigente, Demócrata Cristiano y el Movimiento de Integración y Desarrollo—, con la finalidad de ofrecer un bloque político unificado “tendiente a recuperar la vigencia de las instituciones democráticas y a ofrecer al país, coyunturalmente, una propuesta de solución ante la emergencia nacional”.

general Leopoldo F. Galtieri

Sin embargo, la oposición decisiva al proyecto de Viola provino del frente interno militar. Esta oposición se manifestó como un conflicto de poderes entre la Junta Militar y el presidente, que culminó con el desplazamiento de Viola, en diciembre de 1981. Su reemplazante fue el general Leopoldo F. Galtieri. (foto arriba)

Golpe Militar de 1976 Golpe de Estado en Argentina Dictadura MilitarGaltieri intentó restablecer la imagen de autoridad del gobierno militar y retomar la orientación liberal de la política económica, que quedó en manos de un nuevo ministro de Economía, Roberto Alemann (foto izquierda). Endureció las relaciones con los partidos políticos y con el sindicalismo, que por su parte endurecieron también su oposición.

Una masiva concentración promovida por la CGT-Brasil —el ala más combativa del sindicalismo, diferenciada de la CGT-Azopardo, más conciliadora—, el 30 de marzo de 1982, fue duramente reprimida. Pero la magnitud y el carácter de la movilización mostraron que la oposición social y política había crecido.

Tres días más tarde, el régimen militar —que en 1978 había llevado al país al borde de la guerra con Chile, evitada por la mediación del Papa— inició su última etapa, con la ocupación militar de las islas Malvinas.

La Guerra de las Malvinas: El 2 de abril de 1982 el gobierno ocupó por la fuerza las islas Malvinas. La ocupación, si bien se originó en una decisión tomada en secreto por unas pocas personas y sin calibrar adecuadamente sus posibles consecuencias militares y políticas, contó con un amplio respaldo popular. (Ver: La Junta Decide Tomar Las Islas Malvinas)

Golpe Militar de 1976 Golpe de Estado en Argentina Dictadura Militar

El gobierno imaginó que la recuperación de las Malvinas iba a resolver sus problemas políticos, en un momento en que el rumbo de la experiencia militar se veía comprometido. Al principio, eso pareció posible. Pero el gobierno había subestimado la respuesta de Gran Bretaña y creyó además que los Estados Unidos —cuyo principal aliado era precisamente Gran Bretaña— apoyarían la acción argentina.

Golpe Militar de 1976 Golpe de Estado en Argentina Dictadura MilitarLa reacción británica —en buena medida motivada por razones de política interna— fue dura. El gobierno de Margaret Thatcher decidió enviar una poderosa flota y fuerzas militares para recuperar las islas. Los Estados Unidos, después del fracaso de la mediación del general Haig —que procuró que el gobierno argentino aceptara la resolución 502 de las Naciones Unidas y retirara las tropas de las islas— apoyaron decididamente a su principal aliado.

El gobierno militar decidió controlar estrictamente la difusión de noticias acerca de la evolución política y militar del conflicto, y creó un clima triunfalista que no se correspondía con el curso real de los acontecimientos.

En el plano de la política internacional, la Argentina recibió la adhesión de los países de América latina y del Movimiento de Países No Alineados, pero quedó aislada de las potencias occidentales. Un intento desesperado del gobierno argentino por cambiar sus alianzas y conseguir el apoyo de la URSS tampoco prosperó. En el plano militar, el poderío y la organización británicos superaron al caótico e improvisado dispositivo militar argentino. El 14 de junio de 1982, el mando militar argentino en Malvinas capituló ante los jefes británicos.

 las tropas argentinas se rindieron ante las inglesa

…El 15 de junio de 1982, las tropas argentinas se rindieron ante las inglesas. La guerra por las Malvinas había terminado. También empezaba el fin de la dictadura militar. (Foto: Archivo General de la Nación)

De Carter a Reagan

Las relaciones entre la Argentina y los Estados Unidos durante el “Proceso’


Las relaciones entre la Argentina y los Estados Unidos durante el “Proceso’ atravesaron dos etapas diferenciadas. En la primera, el gobierno de los Estados Unidos estaba en manos de James Carter, del partido Demócrata, que hizo de la defensa de los derechos humanos una de sus prioridades en América latina. Esta orientación lo llevó a un conflicto permanente con el gobierno argentino, que violaba sistemática­mente los derechos humanos.

El cambio de administración —cuando el republicano Ronald Reagan reemplazó a Carter— tuvo como consecuencia un cambio de política con respecto a la Argentina. Reagan, que buscaba aliados para su política exterior, encontró en Galtieri un entusiasta adherente, dispuesto a aline­ar a la Argentina con la política exterior norteamericana y a intervenir militarmente en América central. Los Estados Unidos, por su parte, levantaron las sanciones que la administración Carter había impuesto a la Argentina. Galtieri, entusiasmado con los elogios norteamericanos e ignorante de la importancia relativa de los aliados de Estados Unidos, supuso que este apoyo se traduciría en una neutralidad benévola en el conflicto que pensaba iniciar con Gran Bretaña.

general Reynaldo BignoneDadas las condiciones militares del conflicto y el control de la información por parte del gobierno, la derrota militar fue a la vez inevitable e inesperada. Una de sus consecuencias principales fue la descomposición inmediata del gobierno militar.

Galtieri renunció, la Marina y la Fuerza Aérea se retiraron de la Junta y el comandante en jefe del Ejército designó a un nuevo presidente, el general Reynaldo Bignone. (foto a la derecha)

LISTA DE LIBROS PROHIBIDOS POR LA DICTADURA MILITAR

Bakunin, Mijail Dios y el Estado (Dios, el Estado y la Libertad)
Bayer, Osvaldo Severino Di Giovanni. El idealista de la violencia
Bayer, Osvaldo Los vengadores de la Patagonia trágica
Benedeti, Mario Gracias por el fuego
Cuadernos de Cultura Cuaderno de Cultura n° 60
Comité Central de Partido Comunista Revista Nueva Era N° 7.
Casaretto, Martín S. Historia del movimiento obrero argentino
Castello, Beatriz Dios es fiel
Castro, Fidel La historia me absolverá
De Saint-Exupéry, Antoine El Principito
Devetach, Laura La torre de cubos
Dostoievski, Fiódor M. Crimen y castigo. Tomo I
Editorial Fundamentos La cuestión agraria y el movimiento de liberación
Enciclopedia Salvat tomos 8 y 11
Erasmo Elogio de la locura
Fanon, Frantz Los condenados de la tierra
Fayt, Carlos S. Historia del pensamiento político.
Frondizi, Arturo La lucha antiimperialista. Etapa fundamental del proceso democrático
Furtado, Celso Dialéctica del desarrollo
Gaboriau, M. – Gaudemar, P. De y otros Estructuralismo: estructuralismo e historia
Gagarin, Valentin Mi hermano Yuri
Galeano, Eduardo Las venas abiertas de América Latina
Lenin Vladimir. I. La cultura y la revolución cultural. Recopilación
Lenin, V. I. Acerca de la prensa y la literatura
Lenin, V. I. La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Lenin, Vladimir I. Obras escogidas Vols. 1, 2 y 3
Martí, José Nuestra América y otros escritos
Marx, C. La ideología alemana. Ed. Pueblos unidos
Marx, C. Miseria de la Filosofía
Marx, C. Y Engels Manifiesto del PC
Marx, C. Y otros La sociedad Comunista.
Marx, Carlos Crítica de la Economía Política
Marx, Carlos – Engels, F Sobre el sistema colonial del capitalismo
Marx, Karl El Capital I, II, III. Crítica de la Economía Política
Perón, Eva La Razón de mi vida. Ed. Penser
Perón, Juan Domingo La fuerza es el derecho de las bestias
Perón, Juan Domingo La Hora de los Pueblos. Unidad Editora. 1982
Marx, Karl y Engels Friedrich Manifiesto del Partido Comunista
Trotski, León Historia de la revolución rusa
Varela, Alfredo Abono inagotable. Poema
Vargas Llosa, Mario La Tia Julia y el Escribidor. Ed. Punto de Lectura. 2003
Veselov, E. La evolución de la vida
Walsh, Rodolfo Operación Masacre

Fuente Consultada:
Historia Argentina Luchilo-Romano-Paz
Grandes Debates Nacionales Pagina 12
Enigma de los Tesoros Perdidos

El Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia es el día en el que se conmemora en Argentina a las muertes de civiles producidas por la última dictadura militar que gobernó el país, autoproclamada Proceso de Reorganización Nacional, anualmente el 24 de marzo en recuerdo del mismo día de i 976, fecha en la que se produjo el golpe de Estado que depuso al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, dando inicio a la dictadura militar más sangrienta de la historia argentina.

El primer acto fue en el año 2007 en el centro clandestino de detención de La Perla, provincia de Córdoba. El 2 de agosto de 2002 el Congreso de la Nación Argentina dicto la ley 25.633 creando al Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia con el fin de conmemorar a las víctimas, pero sin darle categoría de día no laborable. Tres años después, durante la gestión del presidente Néstor Kirchner, se impulsó desde el mismo Poder Ejecutivo Nacional que la fecha se convirtiera en un día no laborable, inamovible.

Se produjo un supuesto debate, en el cual opositores al proyecto enviado por el Poder Ejecutivo recalcaron que al ser feriado pretende una festividad, mientras el oficialismo sostuvo «no hay posibilidad de que ningún docente pueda ignorar el hecho». Finalmente con el apoyo de Organizaciones de derechos humanos como: Abuelas de plaza de mayo y Madres de plaza de mayo, el proyecto se convirtió en ley.

 

La Revolucion Argentina Caida del Gobierno de Illia Golpe de Ongania

La Revolución Argentina – Caída del Gobierno de Illia – Golpe Militar

Derrocado el presidente constitucional Arturo lilla, las Fuerzas Armadas asumieron el gobierno con la certeza, compartida por buena parte de sus cuadros, de que comenzaba una especie de cruzada cuyo corolario sería la solución de los grandes problemas que había sumado el país a lo largo de varias décadas.

Illia Arturo presidente de argentina

El presidente elegido por los comandantes en jefe del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, parecía personificar esas aspiraciones. Onganía se había convertido en el líder de la facción vencedora en ios enfrentamientos entre azules y colorados y había logrado, gracias a su aspecto externo adusto y severo, el respeto de la mayoría de sus subordinados.

Sus adversarios castrenses le imputaban su condición de general «de pecho liso», expresión que en la jerga militar significa no haber cursado la Escuela Superior de Guerra, y por lo tanto, no poseer una formación equivalente a la universitaria. Sin embargo, era aceptado y reconocido como líder por una gran parte de los graduados en ese instituto. Algunos camaradas le daban el apodo de «la morsa», en alusión a sus poblados bigotes.

Onganía, asesorado por militares y por destacados civiles que hicieron suyos los postulados del movimiento, creyó que podía gobernar sin más instituciones que las que sostenía la Revolución Argentina, y que lograría superar las necesidades colectivas mediante «tiempos», como si la realidad pudiera encasillarse arbitrariamente. Primero se resolvería lo económico, después lo social y finalmente lo político. Una concepción tan menguada, que ignoraba la complejidad de la vida comunitaria no podía acabar bien, en efecto las dificultades surgieron en distintos campos para agudizarse hasta lomarse inmanejables.

ANTECEDENTES: A los dos meses de ocupar Illia el gobierno , la Confederación General del Trabajo (C.G.T.) le presentó un proyecto de mejoras para los sectores más humildes de la población. El escrito no fue rechazado, pero al transcurrir largo tiempo sin que los reclamos fueran satisfechos, la central obrera inició —mayo de 1964— un «Plan de lucha» que se cumplió sin violencias, pero debilitó la imagen del gobierno.

De acuerdo con lo proclamado en la campaña electoral, lllia anuló los contratos petroleros firmados tiempo atrás con compañías extranjeras y canceló las vinculaciones del gobierno con el Fondo Monetario Internacional. En 1966 el panorama económico no era auspicioso, por cuanto la inflación se había acrecentado y la moneda devaluada en varias oportunidades.

En marzo de 1967 debían realizarse los comicios para renovar las autoridades provinciales y se anticipaba una victoria del peronismo. En el ámbito castrense existía malestar hacia el gobierno, discrepancia que hizo crisis cuando a fines de 1965 una disposición del presidente obligó al general Onganía, comandante en jefe del Ejército y con gran apoyo en las Fuerzas Armadas, a solicitar su retiro.

A fines de junio de 1966 se inició el proceso revolucionario destinado a derrocar al presidente. El Ejército desconoció la autoridad del jefe de Estado, mientras sus efectivos ocuparon en forma pacífica diversos lugares estratégicos a lo largo del país. En la madrugada del 28 de junio las fuerzas de seguridad penetraron en el despacho presidencial de la Casa de Gobierno y entonces el doctor lllia debió alejarse acompañado por un grupo de correligionarios.

La nueva ruptura del orden Constitucional

Gobierno de la Revolución Argentina Los militares que encabezaron la Revolución que derrocó al Presidente Arturo Illia establecieron un sistema de gobierno basado en una Junta formada por los tres Comandantes en Jefe de las tres Fuerzas y se dispuso que la Presidencia fuera ejercida por un Presidente designado por la Junta, y con ejercicio de todas las facultades legislativas que la Constitución otorga a Congreso.

El 30 de junio del 1966 asumió el cargo de Presidente designado por ese mecanismo el General Juan Carlos Onganía.Los dirigentes del Gobierno de la Revolución Argentina —militares y civiles— consideraban que la democracia era insostenible en una sociedad subdesarrollada.

Depuesto el mandatario constitucional, ocupó la primera magistratura del país el general Juan Carlos Onganía, a quien entregaron el poder los tres comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas. El nuevo presidente ocupó el alto cargo sin limitaciones en el poder y una de las primeras disposiciones del nuevo régimen, denominado Revolución Argentina, fue dar a conocer un Acta que decretó la destitución de las autoridades nacionales, disolvió el parlamento nacional y las legislaturas provinciales, separó de los cargos a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y suprimió los partidos políticos. El mismo documento puso en vigencia el Estatuto de la Revolución Argentina, cuyos diez artículos tenían prioridad sobre la Constitución Nacional y al que debía sujetarse el nuevo gobierno.

Por lo tanto, proclamaron que su objetivo principal y prioritario era el desarrollo económico y la modernización social del país, para pasar —en un eventual segundo tiempo político (que no tenía fecha)— a la construcción de una democracia fuerte. El Gobierno de la Revolución Argentina no se consideraba “provisorio” sino que sometía su duración al logro de sus objetivos socioeconómicos, «no había plazos, sino objetivos».

El Gobierno de la Revolución Argentina del general Juan Carlos Onganía —respaldado por las empresas multinacionales y por un sector del sindicalismo— cerró el Congreso, prohibió la actividad política, intervino las universidades e implantó la censura. La política económica promovió la radicación de grandes empresas multinacionales. El gobierno intervino con fuerza en la economía. Devaluó la moneda y fijó un tipo de cambio alto para aumentar las posibilidades exportadoras de la gran industria. Al mismo tiempo, para financiar sus gastos, el estado retuvo un porcentaje del ingreso por exportaciones agrícolas.

 Entre 1969 y 1970, varios conflictos debilitaron al gobierno.

• En 1969, estalló en Córdoba un movimiento de protesta social —el Cordobazo—, en el que participaron obreros industriales, empleados estatales y estudiantes universitarios. A partir de entonces, se produjeron protestas en distintas ciudades (Rosario, Mendoza), que indicaban la extensión del descontento.
• En 1970, surgió un grupo guerrillero —Montoneros— de filiación peronista. Otro grupo —ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo, trotskista)— intensificó sus actividades.

En las elecciones de 1973 triunfó el Frente Justicialista de Liberación, integrado por el peronismo y varios partidos menores. Héctor J. Cámpora, un hombre de absoluta lealtad a Perón, asumió la Presidencia de la Nación en mayo de 1973.

Durante su gestión surgen los primeros grupos subversivos, los que unidos a la agitación política y socia crean un clima confuso. Se produce el asesinato del ex presidente Pedro Eugenio Aramburu y la aparición de los grupos montoneros.

Disidencias internas en el ejército fuerzan la renuncia del genera Onganía, sucediéndolo el general Roberto Levingston, el que, por carecer de suficiente apoyo, es pronto desalojado por el general Alejandro Lanusse.

La insostenible situación que padecía el país llevó a este general a prometer la pronta normalización de la vida institucional, iniciando a respecto una apertura política. Ello permitió la revitalización de la figura del general Perón, que desde el exilio en Madrid regresó al país al amparo de las promesas y garantías que ofrecía el llamado a la pacificación.

En 1972, Perón regresó al país luego de diecisiete años de exilio.Durante la estadía del general Perón, apenas un mes, se formó el Frente Justicialista de Liberación Nacional (Frejuli).

Retorno a la vida Constitucional

Las elecciones se llevaron a cabo en marzo de 1973 y obtuvo el triunfo el Partido o conjunción de fuerzas políticas que integraban el Frejuli. La fórmula fue encabezada por el Dr. Cámpora, acompañado del doctor Vicente Solano Lima.

En junio regresaba para instalarse en el país el general Perón, pero su llegada fue objeto de un grave enfrentamiento armado entre los sectores marxistas que deseaban apoderarse del gobierno y quienes sólo deseaban restaurar un gobierno justicialista.

Esa grave situación interna producida en el partido gobernante llevó a Perón a pedir la renuncia del Presidente y Vice y Presidente del Senado para que, de acuerdo con la ley de acefalía, asumiera el Presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri, quien debió convocar de inmediato a nuevas elecciones.

En este comicio Perón resultó electo por abrumadora mayoría, acompañado en la fórmula por su esposa Isabel Martínez de Perón. Asumió la presidencia el 12 de octubre de 1973.

Ya para esa fecha los grupos subversivos y los montoneros desarrollaban una activa acción bélica interna con sangrientos episodios sin antecedentes en la historia del país. En 1974, antes de cumplirse el año de gobierno, fallecía el Presidente Perón y lo sucedía Isabel Martínez.

La descomposición social, la impotencia del gobierno para contener la ola de violencia, la fuerte infiltración marxista, la crisis económica y la incapacidad de los partidos para hallar soluciones rápidas, provocan un clima confuso y grande desorientación. Los órganos constitucionales, a saber, el Poder Ejecutivo y el Parlamento, no estaban a la altura de las exigencias históricas.

 

 

Revolucion de 1955 Caida de Peron Golpe Militar Revolucion Libertadora

Revolución de 1955 y la Caída de Perón Golpe Militar «Revolución Libertadora»

La revolución de SEPTIEMBRE DE 1955: Graves conflictos tuvieron lugar en la segunda presidencia del general Perón, tanto por la manera con que ejercía el poder como por los procedimientos políticos que empleaba, que fueron calificados de abusivos, autoritarios y no constitucionales. El enrarecido clima político existente fue complicado por el propio gobierno al ocasionar un enfrentamiento con la Iglesia, y nuevamente perturbado por las severas sanciones anunciadas por el propio Presidente para quienes se opusieran a su política.

el general Eduardo LonardiEstos factores y otros más dieron origen a la que fue denominada Revolución Libertadora, que estalló en septiembre de 1955 en la ciudad de Córdoba, encabezada por el general Eduardo Lonardi, y a la que se plegó la Marina a las órdenes del Almirante Isaac Rojas.

Pocos días después Perón delegaba el mando en una Junta Militar, quien estimó que la presentación del Presidente podía considerarse una renuncia.

Perón se alejó del país y el jefe revolucionario asumió la Presidencia Provisional. Ciertas disidencias internas en el seno de las Fuerzas Armadas llevaron a la renuncia del General Lonardi, quien fue sucedido por el general Pedro Aramburu.

En mayo de 1956 el Presidente Aramburu declaró abolida la reforma constitucional del 1949 y restablecida la de 1853. No obstante convocó a una Convención Reformadora que, por dificultades políticas, sólo pudo sancionar la inclusión del Artículo 14 bis y un agregado al inciso 11 del artículo 57

El gobierno provisional cumplió con su promesa de llamar a elecciones y éstas fueron convocadas para febrero de 1958.

Se restablece la vigencia constitucional.

Las elecciones de ese año dieron el triunfo a la Unión Cívica Radical Intransigente, fracción del viejo tronco radical que encabezaba el doctor Arturo Froridizi.

El nuevo Presidente constitucional tuvo que enfrentar graves conflictos, especialmente con las Fuerzas Armadas que intentaban, no obstante el régimen constitucional en vigencia, imponer sus criterios. Vanos resultaron los intentos del Presidente por sortear los conflictos y las presiones.

Un golpe de estado lo depuso en 1962. Pero mientras los revolucionarios se dilataban en consultas para elegir un sucesor, el presidente provisional del Senado, doctor José María Guido, prestó juramento ante la Suprema Corte de Justicia que lo reconoció como legítimo sucesor constitucional. No se interrumpió así la vigencia constitucional y el nuevo Presidente pudo terminar el período constitucional.

El nuevo proceso de renovación de las autoridades nacionales se llevó a cabo en 1963 y en esa ocasión se impuso la Unión Cívica Radical encabezada por el doctor Arturo Illia, quien asumió la presidencia el 12 de octubre de 1963. Poco pudo gobernar el nuevo Presidente, ya que nuevamente las Fuerzas Armadas, creyéndose árbitros de la eficiencia de la gestión del gobierno constitucional, exigieron a éste la renuncia de su cargo. Sin lograr esa renuncia, por la fuerza, el Presidente fue desalojado de la Casa de Gobierno. Años después, varios de quienes actuaron en ese golpe de estado, confesaron en público su error.

Golpe Militar de 1943 GOU Ramirez Logia Secreta Nacionalista

Golpe Militar de 1943 (GOU)
Ramírez y la Logia Secreta Nacionalista

El período constitucional 1932-1943: Durante el período presidencial de A.P. Justo, 1932-1938, estallaron algunos focos revolucionarios, dirigidos por el radicalismo, pero fueron sofocados, y el presidente pudo terminar su periodo constitucional.

Al finalizar su mandato las nuevas elecciones nacionales dieron e triunfo a la organización política denominada Concordancia Nacional que proclamaba la fórmula Roberto M. Ortiz (Radical antipersonalista) Ramón Castillo (Conservador). Correspondía al período 1938-1943.

El Presidente Ortiz dio algunos signos de querer introducir cambios en la política a fin de asegurar la libertad electoral, que se hallaba infectada nuevamente de procedimientos fraudulentos, a fin de impedir la libre expresión popular. Su enfermedad se agravó durante el desempeño de cargo y debió pedir licencia, sucediéndolo interinamente el Vice Presidente, doctor Castillo. El presidente declinaba en su salud y extendió su licencia hasta que falleció en junio de 1942. En el interín gobernaba en ejercicio de la Presidencia, el doctor Castillo, mientras el Presidente con licencia, se hallaba impotente para torcer el rumbo de la política

 Muerto Ortiz, asumió con plenos poderes legales el nuevo Presidente Castillo, quien orientó una política tolerante con las elecciones fraudulentas que se preparaban en las provincias, para evitar que ellas quedaran bajo el control del partido Radical, que enfrentaba a la gestión presidencial.

Ya para esa fecha había estallado la segunda guerra mundial y las repercusiones de la misma influían en la vida política del país buscando apoyo para cada una de las partes enfrentadas.

La opinión pública se hallaba dividida y si bien existía una prosperidad económica, el país padecía graves conflictos internos de naturaleza ideológica, de luchas políticas y obreras; pero se mantuvo neutral, a pesar de las grandes presiones que ejercía Estados Unidos para obtener que Argentina declarara la guerra a los países que combatían del lado de Alemania

La crisis de 1942/1943

Pedro Ramirez GOUA partir de 1942 se comienza a observar un proceso nuevo en el país que, aun cuando tenía sus raíces en años anteriores, sus manifestaciones exteriores comenzaban a hacerse ver en esos momentos.

La guerra mundial creaba condiciones nuevas, como la del desarrollo industrial que comenzaba a tener fuerte expansión en Buenos Aires y sus alrededores. Ello produjo un fuerte movimiento migratorio interno hacia ese foco industrial. A su vez los sectores populares y de menos ingresos manifestaban deseos de entrara participar en la vida política y no hallaban cauces suficientes.

En 1942 comienza la agitación pre-electoral y el gobierno de Castillo se manifiesta inclinado a favor de candidatos de origen conservador a la vez que se inclina a favorecer, con la gravitación de los órganos del Estado, el triunfo de esos candidatos.

Por otra parte la preocupación de ciertos sectores militares por los asuntos políticos se manifiesta en la formación de una sociedad secreta denominada Grupo Obra de Unificación (GOU), entre cuyos integrantes se hallaban militares que luego tendrían actuación política destacada. Pretendía el GOU, entre otros objetivos, impedir el triunfo del candidato oficial y mantener la neutralidad del país.

La revolución de 1943

La renuncia que el Presidente Castillo solicita a su ministro de guerra Pedro P. Ramírez hace estallar la revolución el 4 de junio de 1943. El 7 de junio asume el mando del país un gobierno de neto corte militar, en el orden nacional y provincial. Nuevamente se producía la ruptura del sistema constitucional.

El nuevo Presidente fue el General Ramírez, en carácter de Presidente Provisional, denominación que poco después fue abandonada por el de Presidente a secas.

El régimen asumió la forma de una dictadura autoritaria de derecha. Se adoptaron medidas represivas contra quienes se atrevían a criticar al régimen. El General Ramírez decretó la ruptura de relaciones con Alemania, Italia y Japón, lo que disgustó a otros sectores militares, viéndose Ramírez en la necesidad de presentar su renuncia. Lo sucedió el general Edelmiro Farrell. Ya comenzaba a destacarse el coronel Juan Perón, que desde la Secretaría del Ministerio de Guerra comenzó a intervenir directamente en la gestión política y el 27 de octubre de 1932 consiguió ser designado Director del Departamento Nacional del Trabajo, que pronto transformó en Secretaría de Trabajo y Previsión.

En el cargo respaldó las demandas obreras y promovió la organización sindical de los trabajadores, creando un amplio núcleo de partidarios en las filas del movimiento obrero, realizando una política de acercamiento a los dirigentes gremiales, muchos de los cuales le brindaron apoyo para lograr reivindicaciones sociales postergadas durante años. En junio de 1944 Perón era designado Ministro de Guerra y poco después Vice Presidente.

A partir de esa fecha la agitación política es muy grande y la oposición reclama elecciones y una vuelta al régimen constitucional. Las presiones militares, disconformes con el ascenso de Perón y su gravitante actuación política, piden su destitución de todos sus puestos.

Depuesto por sus propios pares, Perón es llevado preso a Martín García. Los trabajadores se resisten al alejamiento de su líder y se realiza una concentración masiva el 17 de octubre de 1945, que obligó al gobierno a restituir la libertad del coronel Perón. Este, sin funciones públicas, se dedicó a organizar una nueva fuerza política para las elecciones que estaban anunciadas para 1946. Igual labor hicieron los partidos políticos enfrentados, casi todos, a la figura del emergente político salido de las filas militares.

Verificadas las elecciones, la fórmula encabezada por Perón obtuvo el 54% del total del electorado, asumiendo la Presidencia el 4 de junio de 1946.

La revolución del 4 de junio se llevó a cabo sin resistencias. A los dos días, el general Rawson —jefe del movimiento— fue reemplazado en el cargo de presidente provisional de la Nación por el general Pedro Pablo Ramírez, quien ejerció el mando por cerca de nueve meses. Nombró ministro de Guerra al general Edelmiro J. Farrel, quien más tarde —octubre de 1943— dejó ese cargo para ocupar la vlcepresidencia de la Nación.2 En diciembre del mismo año, el coronel Perón fue designado secretario de Trabajo y Previsión. Al frente de este organismo, ejerció una acción directa sobre las masas obreras que, hasta esa época, no contaban con un gremialismo organizado y permanecían al margen de la vida política.

Las relaciones internacionales con los países en guerra fue la principal dificultad que afrontó el nuevo gobierno, partidario de continuar con una política neutral ante el gran conflicto bélico. Fue creciente la presión de los Estados Unidos de Norteamérica para que la Argentina —uniéndose al resto del continente— rompiera sus relaciones diplomáticas y declarara la guerra a Alemania y a sus aliados, y ze incorporara al sistema interamericano de defensa. Finalmente, en enero de 1944 se anunció la ruptura de nuestro país con las potencias del Eje. En febrero de ese año, el presidente Ramírez delegó el mando en el general Farrel y renunció.

integrantes del gou

Gobierno del general Edelmiro J. Farrel (1944-1946)

Edelmiro Farrel


En el gobierno provisional del general Farrel se destacó el coronel Juan Domingo Perón, designado en el mes de mayo de 1944 ministro de Guerra y el 7 de junio, vicepresidente de la República, con retención de los cargos anteriores.

Al frente de la secretaría de Trabajo y Previsión dispuso medidas de importancia en el orden social, que comprendieron a los obreros y también a los trabajadores de clase media.

La nueva orientación política y social encontró opositores en los partidos políticos tradicionales, en las universidades, en el empresariado en general y en los grandes diarios, El descontento comprendió también a sectores militares, que le obligaron a renunciar el 9 de octubre de 1945. A los pocos días, Perón fue llevado detenido a la isla Martín García.

El 17 de octubre y desde las primeras horas del día, miles de personas —procedentes en gran parte del cinturón suburbano de la ciudad— ocuparon pacíficamente la Plaza de Mayo y exigieron la libertad de Perón, quien en esos momentos se encontraba en el Hospital Militar. La jornada culminó al anochecer, cuando el caudillo habló a la multitud reunida en la plaza.

Convocado el pueblo a elecciones, éstas se realizaron —por vez primera bajo el control de las Fuerzas Armadas— el 24 de febrero de 1946. La fórmula oficialista de Juan Domingo Perón y Hortensio J. Ouijano venció a los doctores José P. Tamborini y Enrique Mosca, candidatos de la Unión Democrática I radicales, socialistas y comunistas).

La restauración del período constitucional 1946-1955

El nuevo gobierno prometió un programa que sintetizaba en la fórmula. una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. Inició el juicio político a los miembros de la Corte y la reforma de la Constitución, la que se llevó a cabo en 1949. Merced a esa reforma que modificó la prohibición de reelección, el general Perón al terminar la primera presidencia en 1952 volvió a presentarse.

Durante esos años hace su aparición en la vida política, siendo un factor nuevo, su esposa Eva Duarte, quien imprimió rasgos muy particulares e inéditos a la política del Presidente, siendo causa de un apoyo popular de gran dimensión. En las elecciones de 1951 se introdujo, por acción de Eva Duarte, el voto femenino. Las elecciones de 1952 dieron a Perón el 56% del electorado.

Perón inició su segundo período el 4 de junio de 1952.

Golpe Militar y Caida de Irigoyen en 1930 Causas

Golpe Militar de Uriburu Caída Gobierno de Irigoyen en 1930

ANTECEDENTES: Al concluir la tercera década del siglo XX, la Argentina se encuentra en una situación de encrucijada, tanto en lo político como en lo social. En lo económico, las grietas del modelo agroexportador, visibles ya desde los años 1910 para los observadores más agudos, se acentuaron con la crisis agrícola de 1928, agravándose aún más al recibir el impacto de la crisis capitalista de Wall Street. Sin duda, la nueva década, al menos durante sus primeros años, será muy dura para los argentinos.

En lo político se produjo un hecho que seguramente también modelará el futuro de la nación. El país venía de casi siete décadas de continuidad jurídico-política, iniciada con la reunificación de la República en 1862 y durante las cuales los presidentes se sucedieron normalmente y conforme los mecanismos constitucionales.

Estos operaron incluso cuando Miguel Juárez Celman se vio obligado a renunciar por imperio de los efectos de la insurrección del Parque, en 1890.

Desde 1912, la ley de sufragio universal masculino, obligatorio y secreto, con su régimen de mayoría y minoría, contribuyó a un cierto grado de democratización política, pero sobre todo a acrecentar la legitimidad de los gobernantes.

El golpe de Estado dado por algunos militares -con la inmovilidad, que no dejó de ser complicidad, del grueso de las fuerzas y sus jefes- el 6 de septiembre puso fin a la transición de la dominación oligárquica a la democrática.

Se produjo en un contexto de generalización de las disidencias partidarias y la debilidad y crisis del sistema de partidos políticos -Parlamento como vehículo de mediación entre la sociedad civil y la sociedad política-, es decir, de crisis de representación. Significa el pasaje de las Fuerzas Armadas de su función (la defensa de la soberanía territorial) a la acción políticamente orientada, nada bueno para la democracia.

En rigor, el golpe expresa la debilidad estructural del primer intento de establecer un sistema de dominación política de clase democrático. La debilidad se explica por la estructura social del país y por la acción de las principales fuerzas político-sociales. Veamos como fue el proceso….

GOBIERNO DE JOSÉ F. URUBURU:
La revolución del 6 de Septiembre de 1930

Desde tiempo atrás, grupos de militares y civiles incubaban una revolución para quitar del poder a Yrigoyen, pero éste no creyó en que el movimiento hiciera peligrar la estabilidad de su gobierno. A mediados de agosto de 1930, el presidente se encontraba enfermo en su domicilio y el 5 de setiembre, sus amigos consiguieron que delegara el mando en el vicepresidente, Dr. Martínez. Los tumultos callejeros obligaron a decretar el estado de sitio.

El 6 de setiembre estalló la revolución dirigida por el teniente general José Félix Uriburu, con la colaboración de altos jefes de las fuerzas armadas y un núcleo calificado de civiles opositores.

Al promediar la mañana, aviones rebeldes volaron sobre Buenos Aires y arrojaron miles de proclamas revolucionarias, mientras el general Uriburu —desde la localidad de San Martín— avanzaba sobre la Plaza de Mayo al frente de efectivos pertenecientes al Colegio Militar, Escuela de Comunicaciones y Regimiento 1″ de Caballería. Gran cantidad de automóviles llenos de ciudadanos, se incorporaron en la columna militar.

IrigoyenCuando Yrigoyen (imagen) volvió a la presidencia tenía 76 años y en el gobierno se advirtió una paulatina declinación de su salud física y mental. Su método excesivamente personalista de resolver las cuestiones de gobierno comenzó a paralizar la administración nacional.

El contexto internacional con su gran crisis económico-financiera de 1929 influyó de una manera decisiva en la vida del país, que se complicaba con una crisis social e ideológica.

Dos factores se sumaron estrechamente a esa situación: el ideológico y el militar. El primero expresado por un proceso mundial de crisis de las formas democráticas y la instauración de nuevos gobiernos dictatoriales o autoritarios, y el desprestigio de las formas democráticas.

El militar era una derivación del proceso mundial producido por las secuelas de la primera guerra mundial, y la formación de gobiernos totalitarios.

Los militares, en casi todos los lugares del mundo, reclamaban mayor intervención en los asuntos políticos y en igual medida ese proceso se dio en la Argentina.
El gobierno de Yrigoyen no resolvió las cuestiones militares, y las relaciones de su partido con los militares no gozaron del apoyo de este sector.

Ese fenómeno nuevo en la vida política, la crisis económica, la ausencia de una política definida en todos los sectores, la paralización de la administración, la fuerte propaganda en contra de su gobierno y la presión de intereses extranjeros, fueron factores que provocaron en corto tiempo, de 1929 a 1930, un verdadero clima revolucionario.

El mismo radicalismo, confundido por tantos factores adversos, no reaccionó ni lo supo hacer.

Fue entonces cuando el general José Félix Uriburu encabezó la conspiración manifestando que su plan era “hacer una revolución verdadera que cambiase muchos aspectos de nuestro régimen constitucional, modificase la constitución y evitase el imperio de la demagogia que nos desquicia”.

Así inicia la revolución que destituyó al gobierno constitucional, en el orden nacional y provincial. Se interrumpía, por vez primera, la vigencia de la Constitución en todo el país.

El gobierno de facto de Uriburu

El gobierno de facto de UriburuLa Revolución estalló el 6 de septiembre de 1930 y durante diez y siete meses se extendió la gestión de este militar, que introdujo un sistema llamado ”de facto”, pues no era un gobierno constitucional.

Ese gobierno, a fin de asegurar su continuidad e impedir los reclamos, gobernará bajo el imperio del estado de sitio, o sea, la supresión de las garantías que la Constitución establece.

El programa de reforma constitucional que abrigaba el gobierno de facto no pudo realizarse, pues el país resistía ese propósito, y menos realizado por medios no constitucionales. Por otro lado, carente de un programa coherente, el gobierno cayó en un gran descrédito que fue aprovechado por los partidos políticos para exigir pronta regularización de la vida democrática.

Viendo Uriburu la imposibilidad de gobernar en esas condiciones y fuertemente presionado por la opinión pública, se decidió a convocar a elecciones, pero aún así, desconfiando de la capacidad del partido radical, impidió la legalización de la fórmula de ese partido, alegando una interpretación de la Constitución.

El radicalismo disconforme, ordenó la abstención en los comicios, aunque con ello no logró que lo apoyaran los restantes partidos. Estos se presentaron con fórmulas distintas triunfando el general Agustín P. Justo, que asumió la presidencia en febrero de 1932.

El radicalismo calificó las elecciones de fraudulentas y se mantuvo en dos actitudes simultáneas que ya había practicado entre 1891 y 1916, a saber, la abstención y la revolución.

ALGO MAS… Para consolidarse en el poder, Uriburu dispuso intervenir las provincias —con excepción de San Luis y Entre Ríos, opositoras al gobierno anterior—, Cuyos gobernadores ya habían  renunciado. Debido a la caótica situación económica, el gobierno aplicó una serie de medidas tendientes a disminuir el déficit nacional.

Un consorcio de banqueros ofreció ún crédito de 100 millones de pesos al 5,5% de Interés, el que fue aceptado por el ministro de Hacienda para responder a los urgentes compromisos contraídos por nuestro país.

En el aspecto político, el Congreso Nacional fue disuelto y para afianzar el orden interno el Poder Ejecutivo declaró el estado de sitio y dispuso la censura a los órganos de información periodística.

Debido a su tendencia conservadora, la revolución no tardó en perder prestigio entre la masa de la población. Las fuerzas del radicalismo volvieron nuevamente a la lucha política y agitaron a la opinión pública, mientras los problemas sociales de las clases más humildes fueron defendidos por los partidos izquierdistas.

El gobierno revolucionario convocó el 5 de abril de 1931 a elecciones de gobernador y vicegobernador y diputados por la provincia de Buenos Aires. La expectativa pública rodeaba a este comicio, que indicaría el grado de popularidad del régimen provisional.

El radicalismo se impuso a los conservadores, lo que señaló —desde el punto de vista político— el fracaso de la revolución.

El resultado de los comicios determinó la renuncia de casi todo el ministerio revolucionario y a la vez fortificó al radicalismo personalista. Con todo, el gobierno revolucionario dispuso anular la elección bonaerense.

Ante los rumores de conspiración en las fuerzas armadas y sintiéndose enfermo, el general Uriburu dispuso convocar a elecciones para el 8 de noviembre de 1931, a fin de poner término al período revolucionario.

A los comicios para la elección presidencial concurrieron dos coaliciones de partidos: la Concordancia (formada por la unión de los conservadores o demócratas nacionales con los radicales antípersonalistas y los socialistas independientes), que proclamó al general Agustín P. Justo y al doctor Julio A. Roca —hijo del general homónimo—, y la Alianza Civil (unión de socialistas con demócratas progresistas), que sostuvo a Lisandro de la Torre-Nicolás Repetto.

El partido Radical personalista proclamó al binomio Marcelo T. de Alvear-Adolfo Güemes, pero en acuerdo de ministros el presidente Uriburu los declaró inhabilitados para figurar como candidatos Por esta resolución, el radicalismo —que contaba con gran apoyo popular— retiró todas sus candidaturas a los puestos en el gobierno de todo el país y proclamó la abstención política.

Efectuadas las elecciones y realizado el escrutinio, se impuso la fórmula presidencial oficialista de la Concordancia: Justo-Roca.

El período constitucional 1932-1943: Durante el período presidencial de A.P. Justo, 1932-1938, estallaron algunos focos revolucionarios, dirigidos por el radicalismo, pero fueron sofocados, y el presidente pudo terminar su periodo constitucional.

Al finalizar su mandato las nuevas elecciones nacionales dieron e triunfo a la organización política denominada Concordancia Nacional que proclamaba la fórmula Roberto M. Ortiz (Radical antipersonalista) Ramón Castillo (Conservador). Correspondía al período 1938-1943.

El Presidente Ortiz dio algunos signos de querer introducir cambios en la política a fin de asegurar la libertad electoral, que se hallaba infectada nuevamente de procedimientos fraudulentos, a fin de impedir la libre expresión popular.

Su enfermedad se agravó durante el desempeño de cargo y debió pedir licencia, sucediéndolo interinamente el Vice Presidente, doctor Castillo. El presidente declinaba en su salud y extendió s. licencia hasta que falleció en junio de 1942.

En el interín gobernaba en ejercicio de la Presidencia, el doctor Castillo, mientras el Presidente con licencia, se hallaba impotente para torcer el rumbo de la política

Muerto Ortiz, asumió con plenos poderes legales el nuevo Presidente Castillo, quien orientó una política tolerante con las elecciones fraudulentas que se preparaban en las provincias, para evitar que ellas quedaran bajo el control del partido Radical, que enfrentaba a la gestión presidencial.

Ya para esa fecha había estallado la segunda guerra mundial y las repercusiones de la misma influían en la vida política del país buscando apoyo para cada una de las partes enfrentadas. La opinión pública se hallaba dividida y si bien existía una prosperidad económica, el país padecía graves conflictos internos de naturaleza ideológica, de luchas políticas y obreras; pero se mantuvo neutral, a pesar de las grandes presiones que ejercía Estados Unidos para obtener que Argentina declarara la guerra a los países que combatían del lado de Alemania.Por

Que en la mañana del 6 de septiembre Natalio Botana, el director del popularísimo Crítica, telefoneara desde el Colegio Militar a la redacción del diarioordenando activar la sirena para anunciar a todo Buenos Aires la llegada de la «revolución», señala que su participación en la preparación del golpe de Estado fue mucho más que una campaña periodística. En efecto, y durante varios meses, Crítica fue uno de los focos opositores más importantes al gobierno de Hipólito Yrigoyen, a quien, no obstante, había apoyado en las elecciones de 1928.

Mientras en su edificio se organizaban las reuniones entre los grupos civiles y militares complotados en contra del gobierno, los periodistas realizaban la violenta campaña exigiendo la renuncia de Yrigoyen a la presidencia del país, en notas que registraban el malestar popular ante la política oficial y un escenario institucional permanentemente amenazado por una dictadurayrigoyenista que derribaría los derechos parlamentarios. Poco después del golpe de Estado, Criticare clausurado por el gobierno de facto del general Uriburu.

Fuente: SYLVIA SAÍTTA  Doctora en Letras
Diario El Bicentenario Período 1930-1949 Fasc. N°7

Fuente Consultadas:
Información Obtenida de: HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL

Los Golpes Militares en Argentina Caracteristicas y Causas Resumen

Resumen De Los Golpes Militares en Argentina Desde 1930
Características y Causas

Golpe de 1930-Uriburu derroca a Irigoyen

Golpe de 1943-El GOU derroca a Castillo

Golpe de 1955-Revolución Libertadora derroca a Juan Perón

Golpe de 1962-Destitución de Frondizi

Golpe de 1966-Destitución de Illia

Golpe de 1976-Derrocamiento de Estela Martínez de Perón

Desde 1930 —ha escrito el francés Alain Rouquié— la Argentina ha  conocido tres tipos de gobierno: los que se apoyan en las fuerzas armadas, los que gozan de algún tipo de legitimidad propia, que les permite neutralizar al Ejército (como el del general Justo), y los demás, cuyo destino es ser derrocados por los militares.

Efectivamente, desde 1930 las fuerzas armadas han sido las protagonistas centrales  de nuestro sistema político, en 1930 el general Uriburu tomó el poder y lo cedió dos años después, a otro general y caudillo militar, el general Justo. Respaldaron al régimen fraudulento y, cuando éste ya no dio más, retomaron el gobierno en 1943.

Tres años después, lo cedieron a otro caudillo militar, el general Perón, quien aunque cultivó otros apoyos nunca descuidó su respaldo militar. Cuando lo hizo, fue rápidamente derribado, abriéndose un nuevo turno militar de tres años.

En 1958 el poder volvió a los civiles, pero todos los malabarismos intentados por el presidente Frondizi no lograron impedir que cuatro años después los militares lo derribaran y volvieran al gobierno, tras la investidura del presidente Guido. A fines de 1963 se inició un nuevo turno civil, que no duró ni siquiera tres años, seguido de un nuevo y también novedoso turno militar.

Hasta entonces, las revoluciones habían presentado como soluciones transitorias, destinadas a restaurar —una vez corregidos ciertos vicios— el gobierno civil. En 1966 el gobierno de la llamada Revolución Argentina anunció una verdadera refundación de la República, en un proyecto de plazos larguísimos; las resistencias que suscitó hicieron que desde 1970 las fuerzas armadas comenzaron su retirada del poder, recién concretada en 1973, con la asunción legitima de Héctor Campora como presidente de la Nación.

Se depusieron gobiernos, se reprimió a los disidentes y, «pacificado» el país, se convocaron elecciones generales que devolvieron el poder a los civiles.

Esta tendencia se mantuvo hasta los años sesenta, en la que su cometido sufrió un nuevo giro. Entonces, influidos por la Doctrina de la Seguridad Nacional, impulsada por Estados Unidos, los militares fueron llamados a combatir al enemigo interno que, traducido significaba todo colectivo susceptible de no simpatizar con la política estadounidense

Mas tarde, en 1976, se inicia el llamado Proceso de Reorganización Nacional, que también se propuso la refundación de la República, con objetivos y sin plazos; también como en 1970 las resistencias que despertó, unidas a la desarticulación del propio frente militar, lo llevaron a buscar una salida democrática, que hasta hoy permanece inalterada, llevando un período de mas de 30 años de continuidad, único tan extenso en la histori argentina.

La dictadura de 1976-83, no obstante, tuvo una peculiaridad añadida: el intento de parte de algunos sectores castrenses de formar un partido político único con el fin de reconstruir la nación. No en vano este periodo negro de la historia argentina se autodenominó, como dijimos antes: «Proceso de Reorganización Nacional».

La crisis permanente: La posibilidad de imponer un férreo orden —una dictadura— es sin duda la clave para entender la reiterada presencia militar en el poder. Pero hay algo más: la justificación de ese orden, el desarrollo de un discurso que legitime esa presencia y que restaure el consenso que los sectores propietarios no pueden establecer.Siempre se alegaba que se ponía  fin a un gobierno anárquico, tiránico, corrupto, demagógico. Así se hizo en 1930, en 1955, en 1976. Pero la credibilidad en la alternativa militar para establecer gobiernos diferentes disminuyó considerablemente.

Desde la Segunda Guerra Mundial solía apelarse a otro argumento: la necesidad de acelerar el desarrollo nacional, lo que requiere un gobierno de personas eficaces, de técnicos especializados, de hombres preocupados por la grandeza nacional, o sea de militares. La doctrina del desarrollo tuvo y aún tiene mucho peso entre los militares.

Sin embargo, en las últimas dos décadas cedió paso frente a la teoría de la seguridad nacional, donde la presencia militar en el poder es entonces indispensable para evitar que el país caiga en las garras del comunismo —así se decía en la década del 60— o para extirpar a la subversión apatrida, como se repetía en la del 70.

FUERZAS ARMADAS ARGENTINAS: Ante todo es bueno aclarar que la misión del ejército argentino es disponer, en el marco específico y en el de la acción militar conjunta, de una capacidad de disuasión creíble, que posibilite desalentar amenazas que afecten intereses vitales. Subsidiariamente, puede participar en misiones de organizaciones militares de paz; prestar apoyo logístico en la lucha contra el narcoterrorismo; brindar apoyo a la comunidad y contribuir a la preservación del medio ambiente.

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REFLEXIONES SOBRE LAS DICTADURAS:

CARACTERISTICAS:La existencia de dictaduras es un hecho repetido en la historia política de los pueblos. Apenas existen países que hayan escapado a ellas en la época de su organización o en las de profundos cambios sociales.

Las dictaduras no responden únicamente al capricho o a la ambición de un hombre o de un grupo. Existen profundas causas sociales y económicas, también culturales, que posibilitan la aparición del dictador.

Con frecuencia un grupo o una élite, en otro tiempo conductora de una sociedad, no ha sido capaz de introducir las reformas necesarias que exige la evolución histórica. Conserva sus posiciones de privilegio social, económico, político y cultural. La mayoría del pueblo se siente defraudada y resentida. Se considera víctima de la injusticia.

Por un acontecimiento que puede ser de cualquier naturaleza aparece un hombre de brillantes dotes personales que levanta como bandera las reivindicaciones de los que se sienten oprimidos. Las masas han encontrado un líder, lo respaldan con lealtad y entusiasmo. El líder fácilmente se convierte en dictador.

También en las épocas de anarquía, cuando las tensiones sociales estallan o están a punto de estallar, los pueblos, que para poder sobrevivir necesitan orden, se muestran proclives a confiar el poder a un dictador que lo restablezca.

La dictadura parte de la idea de que la urgencia o gravedad de la situación no permite discusiones, ni el libre juego de las opiniones. Supone que la solución que ella aporta es la única que puede salvar la sociedad y considera a sus opositores como enemigos del pueblo.

Consecuentemente robustecen las tendencias y prácticas autoritarias. Multiplica la intervención, el control del poder estatal. Está dispuesta a implantar un orden por la fuerza. Se organiza para defenderse mediante la fuerza. Sólo puede ser cambiada, en último término, por la fuerza.

Las dictaduras tienen una serie de ventajas, sobre todo en su primera época. Pero el precio’pagado por ellas es muy caro a la sociedad. Traen consigo una serie de desventajas que aparecen claramente pasado un tiempo.

Entre las ventajas podemos señalar:

1. capacidad de decisión y acción que le permite enfrentar con éxito situaciones de urgencia;
2. mantiene con facilidad el orden público y logra la adhesión pasiva de la población;
3. puede mejorar a corto plazo la economía y racionalizar la administración;
4. tiene la capacidad de combatir y eliminar intereses inconfesables;
5. puede interpretar las aspiraciones populares y lograr un apoyo masivo.

Entre los males y desventajas propios de la dictadura señalamos:

1. anula el espíritu cívico, deprime la conciencia y la personalidad;
2. estimula el egoísmo y los negocios personales;
3. fomenta el espíritu de adulación, servidumbre y cobardía;
4. con frecuencia, en vez de servir al país, sirve a un grupo;
5. la voluntad dictatorial hace y deshace prestigios. Los hombres con conciencia de dignidad se niegan a colaborar.

Las dictaduras se convierten fácilmente en tiranías. Dictadura es el poder concentrado en unas solas manos y puede ser bien empleado. Tiranía es el poder usado despótica y arbitrariamente para provecho propio o de un grupo.

En la Argentina hemos tenido dos claras experiencias de tiranía. Una en la época de la organización nacional; otra, en la de los grandes cambios sociales. El fenómeno no es nuestro, sino universal.

Junta Militar del Golpe en 1976

Junta Militar del Golpe en 1976

La Constitución Nacional fue sancionada en 1853, y el primer gobierno constitucional comenzó en marzo de 1854. Desde entonces la vida democrática, en lo que hace a los mecanismos constitucionales, funcionó en forma regular hasta 1930. Se trataba de una democracia que mostraba debilidades, pero que funcionaba con todas sus instituciones y que, gracias a la educación, a la experiencia y a la participación de los ciudadanos, permitía una sociedad que vivía en libertad.

En el período que se extiende de 1854 a 1930 no faltaron hombres públicos que en ciertas oportunidades desconfiaran de la pureza de los actos comiciales por los cuales surgían determinados gobiernos, y creyeran que la única manera de lograr esa pureza consistía en impedir que los elegidos en esos comicios tomaran el poder, o que, ejerciéndolos, debían ser desalojados.

Estallaron así en ese período varias revoluciones con fines distintos cada una, siendo las de mayor magnitud, las de 1874, 1880, 1890, 1893, 1905. Ninguna de ellas, sin embargo, obtuvo sus propósitos de romper el orden constitucional, si bien es cierto que ejercieron influencia en los sucesos políticos posteriores a su estallido.

Pero la vigencia constitucional quedó en pie y los hombres públicos de esa época sentían orgullo de que la cordura hubiera impedido la ruptura del orden constitucional.

La democracia es un régimen político que exige hombres virtuosos, llenos de cualidades, y ello hace siempre difícil todo sistema democrático. La historia de nuestro país lo demuestra. Esos movimientos de violencia política no eran sino el aprendizaje necesario de un pueblo a través de los años de vigencia de instituciones difíciles de practicar. Cuando suceden esos acontecimientos múltiples causas concurren que no podemos analizar aquí; pero ellas no siempre son de naturaleza política.

Los estallidos revolucionarios, que no derrumbaron gobiernos ni rompieron la vigencia de la Constitución y que hemos mencionado, se proponían obtener, por medios equivocados, el mejoramiento o perfección del sistema democrático.

Pero aún con los inconvenientes, las debilidades, las contradicciones el país marchaba en busca del perfeccionamiento de su sistema político En 1912 se sanciona la ley electoral que instaura el voto secreto obligatorio y la utilización, en carácter de padrón electoral, del padrón militar. Esa ley establecía, además, que ingresaran las minorías en las cámaras, con lo que se dio un paso hacia la representación de todos los sectores en la vida pública. La ley denominada Ley Sáenz Peña fue instrumento de extraordinaria significación en la vida política del país. mejoró notablemente los procedimientos comiciales.

La primera vez que esa ley se aplicó en elecciones presidenciales fue en el año 1916. Ese comicio consagró como Presidente a Hipólito Yrigoyen, propiciado como candidato por la Unión Cívica Radical, una agrupación política surgida en 1891 y que se mantenía en la abstención por no querer convalidar con su presencia el sistema electoral vigente Producida la nueva ley Sáenz Peña, el radicalismo se presentó en las elecciones y obtuvo el triunfo del partido.

Yrigoyen fue un hombre público y un caudillo singular, que asumió la conducción del partido después de la muerte de Alem en 1896. Su método político, la ausencia de ambiciones personales, su alejamiento de las manifestaciones populares y públicas, le dieron un carácter casi mítico a su figura y un ascendiente muy grande; fue un verdadero caudillo popular. Multitudes enfervorizadas lo acompañaron tanto cuando asumió el poder en 1916 como cuando lo dejó en 1922.

De vida austera, el candidato radical se caracterizó por su probidad en el manejo de los fondos públicos y por su altiva política internacional que no aceptaba intromisiones ni tutelas de naciones extranjeras. La popularidad de su gobierno le permitió, al finalizar su mandato, que el radicalismo volviera a ganar en 1922 con su candidato, que lo era Marcelo T. de Alvear, quien gobernó al país con un estilo distinto del de Yrigoyen y aun con hombres que no se identificaban con el Radicalismo.

El período de Alvear finalizó en 1928 y nuevamente fue postulado para las elecciones Hipólito Yrigoyen. Este resultó triunfante otra vez en elecciones que le dieron un apoyo masivo de la población. Su período debía extenderse de 1928 a 1934.

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LOS GOLPES DE ESTADO MILITARES EN ARGENTINA

Golpe de 1930-Uriburu derroca a Irigoyen

Golpe de 1943-El GOU derroca a Castillo

Golpe de 1955-Revolución Libertadora derroca a Juan Perón

Golpe de 1962-Destitución de Frondizi

Golpe de 1966-Destitución de Illia

Golpe de 1976-Derrocamiento de Estela Martínez de Perón

 junta militar 1976

Primer Junta de Gobierno de 1976, cuando derrocaron a la presidente constitucional Isabel Martínez de Perón

QUE ES UN GOBIERNO DE FACTO?: El gobierno de hecho o de facto al contrario que el gobierno de derecho, proviene de un origen no corriente y por lo tanto no estipulado por las normas legales del estado, expresadas por la Constitución o por las leyes especiales al respecto.

En Argentina existe una gran experiencia en este tipo de gobiernos. Casi 24 años de gobierno de facto y seis golpes de estado militares en siglo XX, más una cantidad imprecisable de asonadas militares y golpes palaciegos que no prosperaron, marcan una realidad que, aparte de la preocupación por la situación política del país, determinó una gran experiencia jurídico-política y filosófico-política, con respecto a las características de los gobiernos de facto.

Existen dos formas conocidas que originan los gobiernos de facto: Una es cuando un gobernante de derecho prolonga su ejercicio del gobierno, más allá del tiempo previsto. La otra, es cuando el gobierno de facto se instala por la fuerza, derrocando a un gobierno legalmente constituido o de derecho, o a otro gobierno de facto.

La doctrina impone tres exigencias para que una persona sea reconocida como gobernanie de facto:

1) Que ocupe un cargo que tenga reconocimiento legal que exista dentro de la colectividad en la cual surge.

2) Que esté en efectiva posesión de las funciones.

3) Que merezca el reconocimiento implícito de su autoridad por parte del grupo social».Las fuerzas armadas surgen en el siglo XIX paralelamente a la creación del Estado argentino. Su cometido original consistía en la salvaguardia de la integridad territorial de Argentina y se mantendrá así hasta la década de los treinta y, en concreto, hasta el golpe de Estado del general José F. Uriburu.

GOLPES DE ESTADO EN ARGENTINA: El problema de los «golpes de Estado» es de fundamental importancia  para los argentinos. Obsérvese que en los 200 años de vida política independiente, sólo se registra una revolución en nuestra historia: la de los días de Mayo de 1810. En cambio, esa historia está jalonada por múltiples golpes de Estado al punto que el propio general José de San Martín, llegado al país el 9 de marzo de 1812, a los 7 meses, el 8 de octubre de ese mismo año, se encontró en la plaza de la Victoria con su flamante y no estrenado Cuerpo de Granaderos a Caballo produciendo la caída del Primer Triunvirato.

A partir de aquel acontecimiento la historia es larga y se considerarán los últimos 80 años, signados por una sucesión ininterrumpida de elecciones-golpe-elecciones-golpe cuya consecuencia ha sido, con la excepción de un solo caso, que ningún gobierno elegido por el pueblo haya podido cumplir integramente su mandato.

Seis presidentes constitucionales derrocados, 6 presidentes de facto destituidos, 72 complots y crisis militares constituyen un balance suficientemente demostrativo de nuestro torturado sistema institucional.

Un rápido repaso de los golpes de Estado triunfantes y de muchos de los complots frustrados nos muestra algunas de sus características esenciales: son de naturaleza militar, pero con anticipos declarativos civiles provenientes de sectores oligárquicos o vinculados con los grandes centros del poder económico (así ha ocurrido, por ejemplo, con las declaraciones del 22-8-1930 y 28 de enero de 1976); han mostrado un aparente apoyo civil en la etapa pre-golpe, que no se continuó en una participación real en la etapa posgolpe; las participaciones civiles, cuando las hubo, provinieron de agolpamientos vinculados al nacionalismo oligárquico (Liga Patriótica, Liga Republicana, Legión de Mayo, Legión Cívica en 1930; Club del Plata en 1943; Unión Federal y Azul y Blanco en 1955, Ateneo de la República y Azul y Blanco en 1966); acusan dos vertientes ideológicas de acción simultánea: una «liberal» —mucho más en lo económico que en lo político— y otra fascistizante, alternándose ambas en la preeminencia: la última es vanguardia en 1930 y 1966, coparticipa en 1943 y 1955, retaguardia en 1976.

Los golpesfde Estado no pueden confundirse con las revoluciones, aunque a menudo sus protagonistas los llamen así. Las revoluciones producen cambios profundos, sustanciales, definitivos, en la organización misma de la sociedad, como los produjeron la Revolución Francesa de 1789 o la soviética en 1917.

Luego de producido un golpe, en cambio, la sociedad sigue funcionando más o menos igual que antes. Sin embargo, los cambios existen, y merecen un análisis más detenido.

Casi siempre, los golpes los dan los militares, que interrumpen gobiernos civiles (a veces, hay golpes dentro de los mismos gobiernos militares). Pero muy frecuentemente lo hacen porque son llamados por civiles. Sería un error limitar el problema de los golpes militares a una supuesta apetencia congénita por el poder de los militares —aunque algo de eso haya— y olvidar que el golpe refleja un problema de la sociedad toda. Y sobre todo de su sistema político.

En nuestro país, hemos tenido golpes de Estado que, aproximadamente, han correspondido a uno y otro tipo. El del 6 de setiembre de 1930, que derribó a Yrigoyen, y el 26 de junio de 1966, que acabó con el gobierno de Illia corresponden a la primera variante. Se trataba de gobiernos que gozaban de un razonable apoyo popular; que tenían sus lógicos problemas de funcionamiento pero que, en lo esencial, eran eficientes (por más que la propaganda golpis-ta tuviera éxito en difundir imágenes de caos,parálisis y corrupción).

Pero eran gobiernos enfrentados con situaciones sociales y económicas nuevas, que exigían —para los sectores dominantes— la ejecución de medidas difícilmente aceptables y que sólo podían ser aplicadas eficazmente por gobiernos autoritarios. De ahí la apelación a las fuerzas armadas.

El golpe del 4 de junio de 1943 parece corresponder al segundo tipo: un régimen político fraudulento y carente de consenso, una pérdida de legitimidad total y un vacío de poder, que es llenado por el Ejército, sin que ningún sector muy representativo (salvo las infaltables corrientes nacionalistas) lo hubiese llamado.

dictaduras militares

La presencia militar en el gobierno generó una nueva relación con los grupos políticos.
Aquí el general Pedro Pablo Ramírez recibe a dirigentes.

Los golpes de 1955 y 1976 tuvieron un poco de ambos casos. Se trataba de gobiernos consensúales pero minados por la lucha facciosa. Sobre todo, gobiernos constitutivamente facciosos ellos mismos, incapaces de integrar a las fuerzas opositoras dentro de un sistema de convivencia y respeto mutuo, por lo que entre ambas fuerzas terminaba por producirse una suerte de empate. Por otra parte, se trataba de gobiernos lo suficientemente populares como para que preocuparan a los sectores socialmente dominantes, necesitados de aplicar políticas económicas restrictivas. Son ellos los que con más entusiasmo apelan a las fuerzas armadas.

En cualquier caso, si bien los golpes los dan los militares, quienes los llaman, incitan y aconsejan son civiles, tan civiles como los despojados. El problema no sólo está en la institución militar. Está, sobre todo, en la sociedad civil.

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LAS DICTADURAS MILITARES ARGENTINAS:

El golpe militar de septiembre de 1955 terminó con casi un decenio de gobierno peronista e inauguró una etapa signada por la inestabilidad política y el estancamiento económico. De los dieciséis presidentes que se sucedieron entre 1955 y 1983, siete eran civiles y nueve, militares. Los problemas económicos que se habían manifestado durante la segunda presidencia de Perón se agudizaron. En estos años hubo períodos de moderada expansión económica, que alternaron con lapsos de muy poco o nulo crecimiento. La alta inflación se convirtió en un dato permanente de la vida nacional.

La Revolución Libertadora -como se denominó el levantamiento que derrocó a Perón- se propuso erradicar de nuestro paila influencia del peronismo. Las Fuerzas Armadas en el poder se convirtieron en un factor político decisivo y se asignaron la misión de impedir el retorno de Perón y de sus seguidores al centro de la escena política argentina. Entre 1955 y 1958 ejercieron el poder en forma directa.

lonardi

Los militares encarnaron ideologías tomadas del espectro político argentino, desde el nacionalismo hasta el conservadurismo.
Aquí el general Lonardi; de clara tendencia nacionalista.

En 1958 lo entregaron al presidente electo Arturo Frondizi, quien, gracias a un pacto con Perón, pudo contar con una parte significativa del voto peronista.

Entre 1958 1966, la intervención de los militares ejercieron una tutela sobre los gobiernos civiles, hasta los derrocamientos de Frondizi, en 1962, de Illia, en 1966. En este último año, las Fuerzas Armadas asumieron directamente las responsabilidades de gobierno.

El nuevo presidente, el general Juan Carlos Onganía prometió terminar con la política -a la que identificaba con el desorden- y con la división de la sociedad, pues conducían -según la concepción de Onganía- al comunismo. La primera fase de la llamada Revolución Argentina desencadenó un proceso de movilización social, que comenzó con el movimiento conocido como el Cordobazo, y que terminó con la salida de Onganía del gobierno.

La década de 1960 mostró cambios importantes tanto en la economía como en la cultura. De la mano de fuertes inversiones extranjeras se desarrollaron industrias de bienes de consumo durables y el perfil industrial argentino se modernizó. La modernización también llegó a la vida cultural, tanto en el plano de la ciencia y la educación superior como en la expansión de las industrias culturales.

En el plano político, después de un intermedio de orientación más nacionalista -la presidencia de Roberto M. Levingston– el general Alejandro A. Lanusse asumió el gobierno con la misión de asegurar la transición a un gobierno constitucional, reservando la integridad de las Fuerzas Armadas. En 1973, el general Lanusse entregó el gobierno a Héctor J. Cámpora, el candidato justicialista, presidente electo en elecciones democráticas.

A los pocos meses, Cámpora renunció. En las elecciones de septiembre de 1973, triunfó la fórmula: Perón-Perón. Después de dieciocho años de exilio, Perón volvía al poder esta su muerte, en julio de 1974, Perón manejó las tensiones sociales y políticas que cruzaban la sociedad argentina y que se expresaban con particular transparencia y conflictividad dentro del propio peronismo. Bajo el gobierno de su esposa, Varía Estela Martínez, los conflictos internos del peronismo estallaron con ferocidad.

En medio de un clima político y social dominado por la violencia, el gobierno perdió legitimidad y el control de la situación política. En marzo de 1976, los militares tomaron nuevamente el poder.

El nuevo gobierno, que se denominó Proceso de Reorganización Nacional, se propuso acabar con los factores que, según la facción gobernante, originaban los problemas sociales y políticos del país. La solución adoptada combinó una represión indiscriminada -fuera de la ley-, la  prohibición de la actividad política y una economía de orientación neoliberal que, sin embargo, consintió una desmesurada expansión de la actividad productiva del Estado y que afectó negativamente a la  producción industrial nacional.

La censura se impuso sobre la libertad de opinión y la vida intelectual apenas sobrevivió. La Argentina se convirtió en un país dominado por el miedo y aislado de la opinión pública internacional, que condenaba las violaciones de los derechos humanos. La dictadura terminó trágicamente.

En 1982, los militares -que ya en 1978 habían llevado al país a un paso de la guerra con Chile, evitada por la mediación del Papa- decidieron recuperar por la fuerza las Islas Malvinas. La guerra con Gran Bretaña culminó con la derrota argentina y con más de 700 jóvenes soldados muertos o desaparecidos y cerca de 1.300 heridos. El  gobierno, atravesado por fuertes conflictos internos, no resistió esta derrota y se vio obligado a llamar a elecciones.

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La crisis de la sociedad: Dilucidar por qué las fuerzas armadas llegaron a ocupar ilegalmente el poder político dentro del estado argentino, es un tema polémico y para analizar, pues no hay para esa pregunta una respuesta clara, ni válida para todos los casos.

En ocasiones, como en 1930, la presencia militar parece ligada con la aguda crisis económica, para otras veces no fue así. No puede decirse que, como en otros países, se trata de una respuesta a una seria amenaza de revolución social, bastante distante en las posibilidades de la sociedad argentina. En la mayoría de los casos, el golpe militar pone fin a gobiernos tibiamente reformistas, y en algunos casos, como en 1943, a regímenes definidamente conservadores.

Algo serio ha pasado, sin embargo, en la sociedad argentina de los últimos ochenta años, que explica la recurrente presencia militar. El desenvolvimiento de su economía ha sido  insatisfactorio. En esa crisis de contracción se ha consolidado el poder de un segmento muy pequeño de los sectores propietarios, que ha concentrado el grueso de la riqueza, en desmedro no solo de los sectores populares o de las clases medias sino, inclusive, de vastos segmentos de los comerciantes, industriales o agricultores.

Hay, pues, una escisión entre un grupo reducido, que controla todas las actividades, y el resto de la sociedad, que se manifiesta desde 1930 y se acentúa en las dos últimas décadas, cuando la economía argentina entra definidamente en la órbita de las grandes empresas multinacionales.

Ese pequeño grupo, la oligarquía económica, se enriquece pero no puede asociar a su prosperidad a otros grupos, como ocurrió en la Argentina anterior a 1930. Y como la prosperidad no se difunde, tampoco puede suscitar adhesiones, ni generar el necesario consenso para que su dominio indiscutido se plasme en un sistema político estable.

He aquí una de las raíces de nuestra crisis política, que explica la recurrente apelación a los militares. Ellos son llamados a restablecer el orden, a zanjar algunas cuestiones, a confirmar la hegemonía de los pequeños grandes grupos y a conformar al resto. Porque a falta de otro tipo de argumentos, los regímenes militares suelen apelar a consignas tales como la «grandeza nacional», la «defensa de nuestros valores occidentales y cristianos», la «restitución del patrimonio nacional» y otras semejantes, los que en alguna medida suplen aquella falta de consenso.

Su intervención no se limita a eso: desde el poder realizan una política activa que facilita aún más el desenvolvimiento de aquellos grupos propietarios, desbrozando el camino y removiendo obstáculos. Tal el sentido último de las «refundaciones»de la República, o de las administraciones de Adalbert Krieger Vasena en 1967 y de José A. Martínez de Hoz en 1976.

La crisis de la política
A estas razones de fondo, que explican por qué la oligarquía necesita de los militares, se agregan otras que provienen de un funcionamiento cada vez más vicioso de nuestro sistema político. Por empezar, todo el sistema de instituciones democráticas y partidos políticos está desprestigiado. En los períodos breves en que funciona, nadie creía que las decisiones importantes se tomen realmente allí, y pesan más, por ejemplo, los pactos sociales entre empresarios y sindicalistas, o las negociaciones más disimuladas entre sindicalistas y militares, o las gestiones igualmente subterráneas de la Iglesia, que la discusión abierta de los problemas; en el Parlamento o en la calle. Los grupos de presión y los factores de poder han achicado el campo de las instituciones específicamente políticas.

Esto está agudizado por una exacerbación de las luchas políticas, donde la defensa de los intereses facciosos suele anteponerse a la salvaguarda común del sistema institucional. Alain Rouquié ha puntualizado que en esto nadie es inocente y que, quien más quien menos, todos han acariciado el sueño del «coronel propio», del apoyo militar que revierta una situación de derrota y les entregue el poder. Lo hicieron los conservadores varias veces, desde 1930, pero también los radicales en 1955, y los peronistas en 1966. Golpear las puertas de los cuarteles ha sido el deporte predilecto de desarrollistas, sindicalistas, liberales «gorilas», liberales progresistas y hasta comunistas. Así, los militares nunca se alzaron con el poder contra la voluntad general. Siempre fueron llamados, y este quizá sea el rasgo más perverso de nuestro sistema político.

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DOCUMENTOS: PROCLAMAS GOLPISTAS DE LOS MILITARES EN ARGENTINA AL TOMAR EL PODER

A continuación se publican fragmentos de los manifiestos dados a conocer por las fuerzas armadas en los derrocamientos del 30, 43, 55, 62, 66 y 76.

6 DE SETIEMBRE DE 1930:

Destitución de Hipólito Yrigoyen

«Camaradas: El ejército y la armada de la Patria, respondiendo al clamor unánime del pueblo de la Nación y a los propósitos perentorios que nos impone el deber de argentinos en esta hora solemne para los destinos del país, han resuelto levantar su bandera para intimar a los hombres que han traicionado en el gobierno la confianza del pueblo y de la República, el abandono inmediato de los cargos, que ya no ejercen para el bien común, sino para el logro de sus apetitos personales. (. . .) La misma Constitución obliga a los ciudadanos a armarse en su defensa. Ha llegado el momento ¡A las armas! para salvar la realidad de las instituciones y la dignidad de la Nación.»

4 DE JUNIO DE 1943:

Caída del Dr. Ramón S. Castillo

«Al pueblo de la República: las fuerzas armadas de la Nación, fieles y celosos guardianes del honor y tradiciones de la Patria, como asimismo del bienestar, los derechos y libertades del pueblo argentino, han venido observando silenciosa, pero muy atentamente, las actividades y el desempeño de las autoridades superiores de la Nación (. . .) Se ha defraudado a los argentinos adoptando como sistema la venalidad, el fraude, el peculado y la corrupción (. . ) Dicha fuerza, consciente de la responsabilidad que asume ante la historia y ante su pueblo, cuyo clamor ha llegado hasta los cuarteles, decide cumplir con el deber de esta hora, que impone actuar en defensa de los sagrados intereses de la patria.»

16 DE SETIEMBRE DE 1955:

La revolución contra el Gral. Juan D. Perón

«Al pueblo argentino y a los soldados de la patria: En mi carácter de jefe de la Revolución Libertadora, me dirijo al pueblo, y en especial a mis camaradas de todas las armas, para pedir su colaboración en nuestro movimiento. La Armada, la Aeronáutica y el Ejército de la patria abandonan otra vez sus bases y cuarteles para intervenir en la vida cívica de la Nación. Lo hacemos impulsados por el imperativo del amor a la libertad y al honor de un pueblo sojuzgado que quiere vivir de acuerdo con sus tradiciones y que no se resigna a seguir indefinidamente los caprichos de un dictador que abusa de la fuerza del gobierno para humillar a sus conciudadanos. (…) Ningún escrúpulo deben abrigar los miembros de las Fuerzas Armadas por la supuesta legitimidad del mandato que ostenta el dictador. (. . .) La revolución no se hace en provecho de partidos, clases o tendencias, sino para restablecer el imperio del derecho.»

28 DE MARZO DE 1962:

La destitución de Arturo Frondizi

(Esta destitución es una excepción a la regla golpista, ya que los comandantes de las tres armas —Raúl Poggi, Agustín R. Penas y Cayo Alsina— oficializaron el golpe a través de una acta que sustituyó la tradicional proclama revolucionaria.) «En Buenos Aires, a los 28 días del mes de marzo, en reunión celebrada en la Secretaría de Marina, reunidos los señores comandantes en jefe de las FF. AA., resuelven exigir el alejamiento de sus funciones del señor presidente de la Nación, a fin de agotar los medios para salvar la organización constitucional. Esta decisión se notificara en el día de la fecha por el conducto que cada autoridad militar considere conveniente dentro de su fuerza. Los comandantes en jefe de las tres Fuerzas Armadas dejan constancia expresa de que, en caso de que los acontecimientos lleven a situaciones extremas que hagan ineludible el cambio de gobierno, el nuevo gobierno será civil.»

28 DE JUNIO DE 1966:

El golpe de Estado contra el Dr. Arturo Illia

«Nos dirigimos al pueblo de la República en nombre del Ejército, la Armada Nacional y la Fuerza Aérea con el objeto de informar sobre las causas de la Revolución Argentina. El gobierno que acaba de ser sustituido contó con el anhelo de éxito más fervoroso y con un crédito de confianza ilimitado por parte de todos los sectores de la vida nacional. (. . .) La inflación monetaria que soportaba la Nación fue agravada por un estatismo insaciable e incorporada como sistema y con ello el más terrible flagelo que puede castigar a una sociedad, especialmente en los sectores de menores ingresos, haciendo del salario una estafa y del ahorro una ilusión. (. . .) Las FuerzasArmadas observaron con creciente preocupación este permanente y firme deterioro. No obstante, no sólo no entorpecieron la acción del gobierno, sino por el contrario buscaron todas las formas posibles de colaboración».

24 DE MARZO DE 1976:

Destitución de María Estela Martínez de Perón

Agotadas todas las instancias del mecanismo constitucional, superada la posibilidad de, rectificaciones dentro del marco de las instituciones y demostrada en forma irrefutable la imposibilidad de la recuperación del proceso por sus vías naturales llega a su término una situación que agravia a la Nación y compromete su futuro.

Nuestro pueblo ha sufrido una nueva frustración. Frente a un tremendo vacío de poder, capaz de sumirnos en la disolución y en la anarquía; a la falta de capacidad de convocatoria que ha demostrado el gobierno nacional; a las reiteradas y sucesivas contradicciones evidenciadas en la adopción de medidas de toda índole; a la falta de una estrategia global que, conducida por el poder político, enfrentara la subversión; a la carencia de soluciones para problemas básicos de la Nación, cuya resultante ha sido el incremento permanente de todos los extremismos; a la ausencia total de los ejemplos éticos y morales que deben dar quienes ejercen la conducción del Estado; a la manifiesta irresponsabilidad en el manejo de la economía, que ocasionara el agotamiento del aparato productivo; a la especulación y la corrupción generalizadas, todo lo cual se traduce en una irreparable pérdida del sentido de grandeza y de fe; las Fuerzas Armadas en cumplimiento de una obligación irrefutable, han asumido la conducción del Estado.

Una obligación que surge de serenas meditaciones sobre las consecuencias irreparables que podría tener sobre el destino de la Nación toda, una actitud distinta a la adoptada.

Esta decisión persigue el propósito de terminar con el desgobierno, la corrupción y el flagelo subversivo, y sólo está dirigida contra quienes han delinquido o cometido abusos de poder.
Es una decisión por la Patria y no supone, por lo tanto, discriminaciones contra ninguna militancia cívica ni sector social alguno. Rechaza, por consiguiente, la acción disociadora de todos los extremismos y el efecto corruptor de cualquier demagogia.

Las Fuerzas Armadas desarrollarán durante la etapa que hoy se inicia una acción regida por pautas perfectamente determinadas, por medio del orden, del trabajo, de la observancia plena de los principios éticos y morales, de la justicia, de la organización integral del hombre, del respeto a sus derechos y dignidad; así la República llegará a la unidad de los argentinos y a la total recuperación del ser nacional, metas irrenunciables para cuya obtención se convoca en un esfuerzo común a los hombres y mujeres, sin exclusiones, que habitan este suelo.

Tras esas aspiraciones compartidas, todos los sectores representativos del país deben sentirse claramente identificados y, por ende, comprometidos en la empresa común que conduzca a la grandeza de la Patria.

No será un gobierno patrimonio de sectores ni para sector alguno. Estará imbuido de un profundo sentido nacional y sólo responderá a los más sagrados intereses de la Nación y sus habitantes.

Al contraer las Fuerzas Armadas tan trascendente compromiso, formulan una firme convocatoria a toda la comunidad nacional.

En esta nueva etapa hay un puesto de lucha para cada ciudadano. La tarea es ardua y urgente. No estará exenta de sacrificios, pero se la emprende con el absoluto convencimiento de que el ejemplo se predicará de arriba hacia abajo y con fe en el futuro argentino.

La conducción del proceso se ejercitará con absoluta firmeza y vocación de servicio.

A partir de este momento, la responsabilidad asumida impone el ejercicio severo de la autoridad para erradicar definitivamente los vicios que afectan al país.

Por ello, al par que se continuará combatiendo sin tregua a la delincuencia subversiva, abierta o encubierta, y se desterrará toda demagogia, no se tolerará la corrupción o la venalidad bajo ninguna forma o circunstancia, ni tampoco cualquier trasgre-sión a la ley u oposición al proceso de reparación que se inicia.

Las Fuerzas Armadas han asumido el control de la República. Quiera el país todo comprender el sentido profundo e inequívoco de esta actitud para que la responsabilidad y el esfuerzo colectivos acompañen esta empresa que, persiguiendo el bien común, alcanzará, con la ayuda de Dios, la plena recuperación nacional.

Formación Política Para La Democracia Tomo III – Los Golpes Militares – Editorial Sanchez Teruelo S.A.

Ampliación del Tema: Intervención en la Política Argentina

Pacto de Olivos Alfonsin Menem Reforma de la Constitución 1994 Santa Fe

Pacto de Olivos:Alfonsín-Menem
Reforma de la Constitución en 1994

En 1993, en el marco de una fuerte crisis económica y social, Menem reflotó la propuesta de modificar la Constitución Nacional con el objetivo de permitir la reelección del presidente. Para alcanzar este objetivo, necesitaba lograr un acuerdo con el líder radical Alfonsín, quien finalmente accedió a negociar con el gobierno. El llamado «Pacto de Olivos», suscripto entre los jefes del PJ y la UCR, allanó el camino para reformar la Constitución.

Luego de tres meses de deliberaciones, el 22 de agosto de 1994, la Asamblea Constituyente sancionó la nueva Constitución y Menem quedó habilitado para presentarse como candidato a la reelección. El 14 de mayo de 1995, Menem se impuso en los comicios presidenciales y asumió el poder por un período de cuatro años, de acuerdo con el criterio que se había establecido en el Pacto de Olivos de acortar en dos años el mandato del presidente.

EL PACTO DE OLIVOS: el acuerdo fue cerrado el 14 de diciembre de 1993, después del Pacto de Olivos, el Congreso aprobó rápidamente la ley declarativa de la necesidad de la reforma, con el voto favorable de los legisladores justicialistas y radicales, se convocaron elecciones generales para designar a 305 constituyentes, y comenzó la labor de la Convención reunida inauguralmente en la ciudad de Paraná, que deliberó durante tres meses en la dudad de Santa Fe, sede histórica de las principales convenciones constituyentes argentinas desde 1853.

LA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN: A fines de 1993, el gobierno y el principal partido de la oposición acordaron la reforma de la Constitución Nacional. En abril de 1994 se eligieron diputados constituyentes que, entre mayo y agosto, reformaron el texto constitucional.

Pacto de Olivos Alfonsin Menem El principal objetivo perseguido y alcanzado por el gobierno era la habilitación de la posibilidad de la reelección presidencial. La reforma establece que el Presidente y el Vicepresidente de la Nación duran en el cargo cuatro años y que podrán ser reelegidos por un solo período consecutivo.

El radicalismo, por su parte, buscó y consiguió incorporar a la Constitución un conjunto de disposiciones que habían formado parte del proyecto de reforma constitucional elaborado durante el gobierno de Alfonsín: atenuación del presidencialismo, garantías de independencia del Poder Judicial, incorporación de mecanismos de democracia semidirecta y afirmación de los derechos sociales, agregando cláusulas referidas a la protección del medio ambiente y de los derechos de los consumidores y los usuarios de los servicios públicos.

Se han incorporado a la Constitución los tratados firmados por nuestro país con organismos internacionales o con otros países, entre otros, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención sobre Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial y la Convención de Eliminación de las Formas de Discriminación contra la Mujer.

La Constitución y el pacto Menem-Alfonsín
«Se suele argüir […] para denostarla, que esta reforma se origina en un pacto -originariamente secreto- de dos caudillos políticos. Y que el mismo supuso la aceptación de; uno de ellos, Alfonsín, de la pretensión del presidente Menem de posibilitar su reelección a cambio de la introducción de un bloque de reformas que aquél considera convenientes para garantizar la democracia y asegurar los derechos y el bienestar ciudadanos. Y que la única motivación real de Menem ha sido alcanzar esa perspectiva de continuidad y de ahí su escaso interés acerca de las otras propuestas. Es verdad. Hubiera sido más elegante posponer la autorización de una reelección inmediata para el futuro. Pero ese acuerdo de líderes fue ratificado por el Congreso Nacional y por la reelección popular, de tai manera que adquirió absoluta legitimidad. Se aduce igualmente que el pacto estuvo motivado por el temor de Alfonsín de enfrentar una nueva derrota en el plebiscito convocado para el 21 de noviembre de 1993. Sin negar esa presunción, que es correcta, Alfonsín sostiene que su gesto tendió a evitar una frustración constitucional que, aunque legítima por la suma de sufragios, podía tener los mismos problemas que la de 1949, al realizarse con la ausencia y la falta de participación de los partidos opositores. Se estaba-agregaba-en cambio, ante la posibilidad de introducir en la ley fundamental garantías y procedimientos que la modernizaran y que había procurado llevar adelante sin éxito -como antes se ha visto- en el lapso 1983-1989. Y en rigor de verdad, si se comparan esas propuestas, explicadas anteriormente, con la reforma obtenida, se advertirá su notoria continuidad de propósitos. Que esos cambios mejoren o no la gobernabilidad que se pretende es otra cuestión que se verá en su momento.»
EMILIO F. MIGNONE. Constitución de la Nación Argentina, 1994, Manual de la Reforma. Buenos Aires, Ruy Díaz, 1994

LECTURA COMPLEMENTARIA:
La reforma de 1994

Luego del llamado «Pacto de Olivos», suscrito el 13 de diciembre de 1993 por el Presidente de la Nación y del Consejo Nacional Justicialista, doctor Carlos Menem, y el Presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical y ex Presidente de la Nación, doctor Raúl R. Alfonsín, el Congreso aprobó, el 29 de diciembre de 1993, la ley 24.309, que declaró la necesidad de reformar la Constitución. El contenido de la ley seguía lo acordado por los dos partidos y establecía los puntos de la constitución que deberían reformarse.

El núcleo de coincidencias básicas contenía modificaciones al sistema de organización de los poderes previsto en la Constitución de 1853. Debía ser aprobado en su totalidad y sin que la Convención Constituyente pudiera modificarlo; caso contrario, se produciría la nulidad de la reforma. Algunos de los cambios que se propusieron fueron los siguientes: la creación del cargo de jefe de gabinete del Poder Ejecutivo; la reducción del mandato del presidente y del vicepresidente a cuatro años, con la posibilidad de reelección inmediata por un sólo período; la elección directa y a doble vuelta del presidente y del vicepresidente; la elección directa de los senadores, reduciendo su mandato a seis años y aumentando su número a tres por provincia.

Los temas habilitados para su tratamiento en la Convención Constituyente eran, entre otros, el fortalecimiento del régimen federal; el establecimiento del Defensor del Pueblo; normas de preservación del medio ambiente; normas destinadas a garantizar la defensa de la competencia y la protección de los consumidores y usuarios de servicios públicos; la incorporación a la constitución del hábeas corpus y del amparo.

Tanto los temas contenidos en el núcleo de coincidencias básicas como los que fueron habilitados para su tratamiento fueron el resultado de largas negociaciones entre los partidos firmantes del acuerdo, y debatidas, en mayor o menor medida, por los restantes partidos y los distintos sectores de la sociedad. La ley estableció también las normas que regirían la convocatoria, la reunión y el funcionamiento de la Convención.

El 10 de abril de 1994 se realizaron las elecciones de los convencionales constituyentes. Los partidos firmantes del «pacto de Olivos» obtuvieron el 57,58% de los votos emitidos (37,68% el justicialismo, 19,90% el radicalismo). Otros partidos, como el Frente Grande (12,50%) y el Movimiento por la Dignidad Nacional -MODÍN- (9,10%), no eran contrarios a la reforma de la constitución, pero estaban en desacuerdo con los límites que radicales y justicialistas habían impuesto a la Convención. Esto significa que la reforma de la Constitución contó con el respaldo de cerca del 80% de los votos emitidos.

El 25 de mayo de 1994, con 305 convencionales de 17 bloques partidarios, la Convención Constituyente inició sus sesiones en las ciudades de Santa Fe y Paraná.

El 1.° de agosto fue aprobado, por 177 votos a favor, el núcleo de coincidencias básicas. El 22 de agosto, la Convención aprobó el texto definitivo de la constitución reformada, que entró en vigencia el 24 de agosto de 1994, día siguiente al de su publicación en el Boletín Oficial.

Ese mismo día, la nueva Constitución Nacional fue jurada por los convencionales constituyentes, los presidentes de las cámaras legislativas, el Presidente de la Nación y el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La reforma comprendió los temas incluidos en el núcleo de coincidencias básicas y los que se habilitaron para su tratamiento en la Convención Constituyente.

Ver: Garantías Constitucionales

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PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Hugo Quiroga, politógolo y periodista.

El acuerdo político celebrado entre ambos dirigentes no estuvo exento de obstáculos y complicaciones, principalmente para el radicalismo. Por un lado, el acuerdo original contenía las renuncias de tres miembros de la Corte Suprema reclamadas por la UCR, las que debían producirse antes de la reunión de la convención del partido radical, el 4 de diciembre del pasado año. Ante el incumplimiento del compromiso adquirido por Menem, el radicalismo amenazó con romper el acuerdo si los magistrados no renunciaban antes del 3 de diciembre.

Finalmente, el anuncio de los alejamientos solicitados le permitió a Raúl Alfonsín obtener el respaldo necesario en la convención de su partido. Por el otro, el Pacto de Olivos dio lugar a una crisis profunda en el interior del radicalismo que puede llegar hasta la ruptura. El líder radical y presidente del partido ha actuado con severidad en este proceso para imponer disciplina en sus filas.

Hasta ahora se han intervenido algunos distritos rebeldes cuyas conducciones se negaban a aceptar el pacto sellado por Alfonsín, y algunos dirigentes, como Jesús Rodríguez, centraron sus campañas para constituyentes criticando al socio del acuerdo. En los comicios de convencionales, el radicalismo quedó como tercera fuerza en Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires.

A simple vista, ambos firmantes del acuerdo salieron beneficiados. A Raúl Alfonsín le permitió ocupar el centro de la escena política, que había perdido con la salida anticipada de su Gobierno. En su discurso de defensa del pacto alegó que con estas reformas se modificará el carácter extremo del sistema presidencialista argentino. A la vez,
la mieiicion ue aíioiisiii iue detener la ofensiva del gobierno nacional por imponer de manera unilateral, a través de un plebiscito cuyo triunfo se daba por descontado, los temas de la reforma que no incluían atenuaciones al presidencialismo. A Carlos Menem, porque se le facilita el camino de la reelección presidencial.

Un pacto de cúpulas sustrajo la posibilidad de extender y profundizar un debate colectivo, imprescindible cuando se trata de reformar el diseño institucional de una nación. Es difícil sacar conclusiones sobre la puesta en práctica de una reforma que acaba de aprobarse. Sólo quedan interrogantes. La renovación de las instituciones siempre genera incertidumbres que solo puden ser resueltas desde la claridad de las prácticas constitucionales, desde la Constitución realmente aplicada.

Fuente:El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Hugo Quiroga, politógolo y periodista.

Gobierno de Campora Hector Resumen Anmistia Politica Liberacion Presos

Gobierno de Cámpora Héctor Resumen
Anmistía Política y la Liberación Presos

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA DE CÁMPORA:

El gobierno militar, a cargo de Agustín Lanusse, avanzó en la transición por medio de dos gestos: en septiembre devolvió el cadáver de Evita, que permanecía oculto desde hacía muchos años, y en noviembre de 1972 permitió el regreso del líder justicialista. En realidad, se trató de una visita que duró unos días y en la que selló un acuerdo con Ricardo Balbín.

El Perón que había vuelto del exilio parecía un político dispuesto a negociar con todos con tal de rescatar al país de una inestabilidad de casi dos décadas. Además del apoyo sindical, representado por el secretario general de la CGT José Rucci, también contaba con la adhesión de muchos grupos armados.

El propio Perón reivindicó el uso de la violencia en el contexto de esa época e incorporó a Rodolfo Galimberti, uno de los jefes de Montoneros, al Consejo Superior del peronismo. En ese organismo convivía un extraño elenco que incluía a su esposa «Isabel», al ultraderechista teniente coronel Jorge Manuel Osinde y a Héctor J. Cámpora, que había reemplazado a Paladino como delegado personal de Perón gracias a su legendaria lealtad.

Ese mismo año se formó el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), una coalición integrada por el peronismo y otros partidos menores. Perón intentó conciliar las corrientes renovadoras e históricas que se disputaban la conducción del movimiento y designó en la fórmula presidencial a Cámpora y Vicente Solano Lima. El primero se hallaba cercano a la juventud radicalizada y el segundo era un peronista conservador.

Las acciones terroristas habían proseguido con bombas, sabotajes, asaltos y copamientos. El 10 de abril de 1972 el ERP secuestró y mató a un alto ejecutivo de la fábrica de automóviles Fiat; ese mismo día, el grupo Montoneros asesinó en Rosario a un general del Ejército. La respuesta del gobierno resultó ambivalente. Por un lado, se crearon tribunales especiales para juzgar a los guerrilleros; por el otro, las Fuerzas Armadas ejercieron la represión ilegal mediante el secuestro y la tortura de activistas, y en agosto asesinaron a unos guerrilleros detenidos en la base aeronaval de Trelew.

Sorpresivamente, Perón convocó a Héctor Jorge Cámpora y lo designó su delegado personal en reemplazo de Jorge Daniel Paladino. Cámpora, que había sido presidente de la Cámara de Diputados entre 1948 y 1952, se había mantenido en un segundo plano desde la fuga de la cárcel de Río Gallegos en 1957 junto a John William Cooke, Jorge Antonio, Guillermo Patricio Kelly y José Espejo.

Desde abril de 1971, el presidente Alejandro Lanusse había iniciado la búsqueda de una salida política para la Revolución Argentina, negociando con los partidos reunidosen La Hora del Pueblo, de la que Paladino era un importante animador. La designación de Cámpora indicaba que Perón quería controlar personalmente, y sin intermediarios independientes, la compleja negociación que iniciada. Por lo pronto, Perón acusó a Paladino de ser «agente del dictador Lanusse» y acentuó sus ataques al Gobierno. Además, estimulaba a los grupos juveniles y atacaba a las Fuerzas Armadas desde la revista Las Bases, quo dirigía la hija de su secretario López Rega.

Héctor Cámpora (frejuli)El 11 de marzo de 1973 se realizaron los comicios. El FREJULI obtuvo el 49,6 por ciento de lo votos, seguido muy atrás por Balbín, con el 21,3 por ciento. La UCR reconoció la virtual victoria de Cámpora y decidió no presentarse a la segunda vuelta en el orden nacional.

El acto de asunción de Cámpora, el 25 de mayo, fue acompañado por una gran movilización popular a Plaza de Mayo y manifestaciones en las ciudades más importantes del interior del país. Al finalizar el acto, grandes columnas encabezadas por las organizaciones juveniles se dirigieron a la cárcel de Villa Devoto y exigieron la libertad de los presos políticos.

Luego de varias horas, y para legalizar esa situación «de hecho», el gobierno decretó la libertad de todos los detenidos a través de una ley de amnistía. Esta medida provocó la crítica de diferentes sectores de la opinión pública.

Los acontecimientos de esa jornada marcaron el tono del breve gobierno de Cámpora, que duró menos de dos meses. Fue un gobierno signado por la movilización popular y la expectativa de cambios revolucionarios. Durante ese período dirigentes de la izquierda peronista ocuparon puestos relevantes en el gobierno. Es el caso de las gobernaciones de Buenos Aires, Córdoba , Mendoza, algunos ministerios y banca en la Cámara de Diputados , las universidades y otras instituciones gubernamentales.

De todas maneras siempre se intentó buscar un equilibrio de poder entre la izquierda y derecha peronista. Además Perón buscaba impulsar una estrategia política conciliadora con las restantes fuerza políticas.

Cámpora tenía mejor relación con los sectores de la izquierda peronista, sectores que serán absorbidos por Montoneros, eran los únicos que no cuestionaban su papel como representante del líder, viendo en esa aceptación la posibilidad de integrar espacios del poder. Los sectores tradicionales del sindicalismo y de la derecha peronista, en cambio, ya desde su nombramiento habían trabado su accionar.

La presencia de figuras como los presidentes de Chile, Salvador Allende, y de Cuba, Osvaldo Dorticós, en el acto de asunción de Cámpora, el 25 de mayo de 1973, luego sería usada para acusar al Tío de «agente de la infiltración marxista», aunque las invitaciones habían contado con el aval de Perón.

En el gabinete ministerial no predominaban las figuras ligadas a la denominada «Tendencia Revolucionaria». Salvo la Cancillería, donde fue designado Juan Carlos Puig, hombre vinculado con la Iglesia, y el Ministerio del Interior, ocupado por Esteban Righi, los demás ministerios tuvieron al frente a los mismos funcionarios que luego acompañaron a Raúl Lastiri y a Perón en su tercera presidencia. Entre ellos, se destacaban el secretario privado del líder, José López Rega, en Bienestar Social; el ministro de Trabajo, el sindicalista Ricardo Otero, y el de Hacienda y Finanzas, José Gelbard, dirigente de la CGE.

El 20 de junio Perón regresó de forma definitiva al país y comenzaría una nueva etapa del gobierno peronista, ahora con el líder en su tierra. Ese día fue también uno de los momentos mas triste de la historia política argentina, pues se convirtió en escenario de una sangrienta batalla en la cual la mayoría de los concurrentes se encontró atrapada entre dos fuegos. Nunca se supo con exactitud la cantidad de muertos, porque no hubo interés en realizar una investigación seria del hecho. Algunos reportes hablan de una decena de víctimas fatales y de unos trescientos sesenta heridos. Otros informes sostienen que hubo más de un centenar de muertos. Para evitar el riesgo de un posible atentado, el avión de Perón aterrizó en el aeropuerto militar de Morón.

Como se expresa en el libro «El Libro de los presidentes argentinos»:

La «Masacre de Ezeiza» puso en tela de juicio la capacidad del Presidente para conjurar los enfrentamientos internos. Una intensa campaña contra sus más cercanos colaboradores -Righi y su sobrino Mario-, y el hecho evidente de que el poder no residía en la Casa Rosada sino en la mansión de la calle Gaspar Campos donde se instaló Perón, llevaron a Cámpora a ofrecerle al líder su renuncia.

El 4 de julio, una reunión reservada de la cúpula justicialista, realizada en Gaspar Campos, definió los pasos que seguirían, de los que la ciudadanía sólo tuvo noticias ciertas una semana después. El jueves 12 de julio, Cámpora anunció su dimisión para que, mediante nuevas elecciones, el general Perón pudiese acceder al gobierno. También renunció Solano Lima, y el vicepresidente primero del Senado, Alejandro Díaz Bialet, fue enviado especialmente a la reunión de Países no Alineados. De este modo, la Presidencia provisional de la Nación fue ocupada por Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados y yerno de López Rega. En cuarenta y nueve días había concluido el gobierno constitucional más breve de toda la historia argentina.

El 13 de julio Cámpora renunció y Raúl Lastiri ocupó la presidencia provisional. Lastiri formaba parte del entorno que había convivido con Perón en Madrid hasta su regreso, al igual que Osinde y José López Rega, secretario privado de Perón y ministro de Bienestar Social.

El 23 de septiembre se convocaron a nuevas elecciones y la fórmula Perón-Perón salió vencedora con el 62% de los votos.

Incondicional de Perón
[Cámpora] era un típico peronista […] que había llegado a la política «sin saber por qué»; es decir sin etiquetas ni compromisos del pasado, en ese aluvión que Sanmartino quería relegar a lo zoológico porque no podía admitir un reacomodamiento de las placas sociales que convertía en ciudadanos a todos los que habían estado excluidos y relegados, efectivamente, a la zoología. Cámpora respondía a los agravios al modo de esas flamantes «muchachas peronistas», como Juanita Larrauri, que recogían el salivazo de los niños bien («Juanita, al Bajo, a seguir con tu trabajo») y lo convertían en desafío: «Con bombacha o sin calzón, todas somos de Perón». Si le decían «obsecuente» respondía que sí lo era, «de puro consecuente». A los que lo llamaban «sirviente de Eva» les contestaba orgulloso: «Me honra que me consideren su sirviente porque la sirvo lealmente». Pero el calificativo que más defendía era el de «incondicional», porque su lealtad a Perón no ponía condiciones y se confundía con su sentimiento religioso: el amor al General respondía a la sed oculta de mito, al hondón de las relaciones padre-hijo y debía expresarlo de manera fanática. Curiosa, por otra parte, en un hombre que tendía a evitar los extremos y las confrontaciones. Y así, sería él mismo, con su increíble falta de malicia y su debilidad por la hipérbole, el que alimentaría el estereotipo «contrera» del mucamo idiota.

Miguel Bonasso, El presidente que no fue.

AMNISTÍA POLÍTICAS ARGENTINAS
1973, 25 de Mayo: un indulto masivo impuesto desde la calle:

El principio de la violenta década de los ’70 tuvo entre sus hechos salientes el crecimiento de la violencia guerrillera, su represión legal e ilegal y la apertura electoral. Al finalizar el gobierno de Lanusse, las cárceles estaban pobladas por cientos de presos políticos y sociales cuya «inmensa mayoría, —escribe Bonasso- eran combatientes de las organizaciones guerrilleras».

La tentativa del saliente poder militar de condicionar al nuevo gobierno y evitar la liberación de esos presos vinculados con la subversión guerrillera iba contra la tendencia predominante, y fracasó. El 25 de Mayo, al asumir la presidencia Héctor). Cámpora, la situación de aquellos detenidos, con cuya lucha se identificaban cientos de miles de quienes manifestaban en calles y plazas, aparecía como un tema inmediato e ineludible. («¡El Tío Presidente/ libertad a los combatientes!»era uno de los slogans voceados en la jornada.) La mayoría de la gente parecía compartir esa postura, suponiendo que era uno de los pasos necesarios camino a la democratización.

El nuevo mandatario anunció un proyecto de amnistía en su mensaje al Congreso. Pero los hechos protagonizados por activistas y simpatizantes en torno de la cárcel Villa Devoto (parecía que llegarían al asalto de la prisión) obligaron a la firma apresurada, la misma noche, de un decreto de indulto en el que se disponía la libertad de cientos de detenidos, pues se «…impone el cumplimiento del mandato popular recibido el 11 de marzo último y dadas las características del momento por el cual atraviesa el país… «.

En la confusión, alguna mano aviesa logró incluir en la lista de presos a liberar a un famoso criminal internacional. (En el anecdotario de la época quedaron registradas «oportunas» manifestaciones de solidaridad de los delincuentes comunes encarcelados, con los presos políticos.)

Según Bonasso se trató del «…único preso común que logró evadirse» esa noche. El caso fue «utilizado en la campaña montada por la derecha…».

Fuente Consultada:
Compendio de Historia Argentina Mariana Vicat
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo – Santillana
Fascículo de Grandes Debates Nacionales Pagina/12