Psicología Social Paciente Anna O.

Objetivos de la Terapia de Parejas Cuando Recurrir al Tratamiento

Objetivos y Cuando Recurrir a la Terapia de Parejas

Fueron muchos los médicos e investigadores que continuaron la obra de Sigmund Freud. Hoy el psicoanálisis se ha generalizado, y se aplica no sólo individualmente sino también a la pareja.

Sigmund Freud, a quien con razón se lo puede llamar «el padre del psicoanálisis» y que fue, sin duda, uno de los innovadores del pensamiento del siglo XX.

Pero después de él muchos científicos siguieron profundizando en la materia. Algunos no estuvieron de acuerdo con las teorías freudianas, otros las consideraron desde diferentes puntos de vista.

Actualmente, nombres como los de Alfred Adier, Carl Jung, Theodor Reik, Wihelm Reich, Otto Rank, Ernest Jones, Melanie Klein, Erich Fromm, Karen Horney, Heinz Hartmann y Anna Freud (hija del mismo Freud), forman entre otros muchos la brillante constelación de hombres y mujeres que contribuyeron al desarrollo del psicoanálisis.

Terapia de Parejas
Anna Freud, hija de Sigmund Freud, estaba entre la segunda generación de psicoanalistas freudianos.

Puede decirse entonces que, desde principios de siglo XX hasta hoy, el psicoanálisis ha adquirido categoría científica, y que la psicoterapia se ha convertido en valiosa técnica médico-psicológica.

Esta técnica no sólo se aplica individualmente sino que, cada vez más y en todo el mundo, se dedica a la pareja para tratar de solucionar, a través de sus dos integrantes, los problemas que pueden presentarse en la relación.

A pesar de su gran difusión y excelente resultados, todavía, quizá por falta de información adecuada, muchos albergan prejuicios, temores y prevenciones al respecto.

Creemos que es necesario tratar de establecer en qué consiste, quién está en condiciones de aplicarla y cuándo se debe recurrir a ella.

1-En qué consiste. Como su nombre lo indica, se trata de aplicar la psicoterapia a los dos, el hombre y la mujer, cuando se considera que el malestar que experimenta uno de ellos —o ambos— tiene conexión directa con las modalidades de su relación, de su vida de convivencia.

2-Quién está en condiciones de aplicarla. Naturalmente, el más indicado es un psicólogo o un psicoanalista. Es obvio que debe tratarse de una persona debidamente capacitada.

3-Cuándo se debe recurrir a ella. Es difícil precisar, en general, el momento en que la terapia de pareja se hace necesaria. Casi siempre las consultas coinciden con crisis serias en la vida de convivencia (agresividad excesiva, impotencia, frigidez, separaciones, muertes en las familia, nacimientos y otros «catalizadores» del proceso).

Es importante que tanto el hombre como la mujer, cuando descubren fisuras en el vínculo que los une, y cuando se sienten incapaces de llegar a una solución mediante el diálogo y los planteos mutuos, tomen conciencia de lo indispensable de una psicoterapia como la que estamos describiendo.

También es bueno saber que nunca es tarde para buscar la ayuda necesaria.

Es más común que los jóvenes soliciten la terapia de pareja, puesto que probablemente sienten menos recelos y resistencias que los mayores frente a métodos como éste.

Pero todos deben aprender a vencer esas resistencias, a menudo absurdas, así como todos deben saber que la psicoterapia de pareja no es exclusiva de los menores de cuarenta años.

Por el contrario, muchos matrimonios que llegan a una crisis cuando los hijos ya son grandes, cuando ya tienen nietos, pueden encontrar un verdadero apoyo en ella.

En pocas palabras: en una pareja no hay límite de edad para buscar la manera más adecuada de superar sus problemas de relación. Siempre es tiempo de hacerlo.

terapia de parejas
Es importante que tanto el hombre como la mujer, cuando descubren las fisuras en su relación, para iniciar la terapia.

TERAPIA Y DIVORCIO

¿Se divorcian más las personas que recurren a la psicoterapia de pareja que las que no lo hacen?

Muchas personas lo afirman. Sin embargo, no es exactamente así. Lo que ocurre es que dicha psicoterapia puede llevar a un esclarecimiento de la situación que ya no permita la convivencia.

En cambio, no puede originar algo que no esté latente. Cuando una pareja se divorcia es porque ya no tolera seguir en compañía. Y eso subyace en la relación, con psicoterapia o sin ella.

Pero cuando hay un verdadero y profundo deseo de llegar a la armonía, todo método de apoyo y de ayuda es beneficioso para restablecer el equilibrio.

EL TIEMPO EN QUE VIVIMOS

Hay que pensar, ademas, que el tiempo en que vivimos puede acelerar muchas crisis latentes.

Es que los antiguos valores se van derrumbando sin que otros nuevos los hayan sustituido permanentemente, y el hombre y la mujer, al unirse, se encuentran muchas veces sin los apoyos externos necesarios.

Vemos, por ejemplo, que ha desaparecido la figura tradicional del pa-ter familias, vale decir del hombre como amo y señor de su mujer y de sus hijos, como propietario de ellos.

Al mismo tiempo se evaporaron las leyes jerárquicas que subordinaban la mujer al hombre. Agreguemos que también evolucionan los principios religiosos que ayudaban a mantener la cohesión de la pareja.

Y eso no es todo: el acelerado avance tecnológico característico de nuestra época hace que entre generación y generación las diferencias se profundicen.

El tiempo en que vivimos, tiempo de crisis, exige un continuo ajuste de relaciones en todos los sentidos.

Y como entendemos que, a pesar de dichas crisis, la pareja sigue siendo el núcleo afectivo que posibilita el amor familiar y a partir de allí la armonía social, sugerimos que en muchos casos la psicoterapia de sus dos integrantes puede ser de gran ayuda para enfrentar los múltiples problemas que se presentan.

¿PERO CÓMO ES LA TERAPIA DE PAREJA?

La palabra psicoterapia o terapia produce en muchos una reacción de desconfianza.

Y esa desconfianza se acentúa cuando se habla de «psicoterapia de pareja«.

Por eso es necesario saber que esta psicoterapia de pareja sólo se diferencia de otras en una cosa, en ella participan los cónyuges y el terapeuta. No son dos personas, sino tres.

Los detalles de las sesiones varían. Generalmente se trata de una sesión por semana, o dos. Cada sesión suele durar alrededor de una hora. Depende de los casos.

Durante la sesión los pacientes hablan con el terapeuta. A veces se agregan técnicas psicodramáticas que permiten sacar a flote viejos problemas subyacentes.

En resumen: en la actualidad la psicoterapia de pareja es una importante técnica médico-psicológica, avalada científicamente, y que puede prestar sólido apoyo al hombre y la mujer cuya relación conyugal entra en crisis.

Objetivo de la Psicoterapia de Pareja

La psicoterapia no es una solución mágica sino una ayuda profesional para que usted pueda superar sus conflictos, si desea realmente hacerlo.

Después de unos años de casados tienen que enfrentarse con una evidencia.
Una evidencia dolorosa pero real: algo anda mal en su matrimonio.

¿Qué?: No han podido averiguarlo, y menos aún solucionarlo. Diálogos, confesiones y barruntos de sospechas no bastaron para superar la situación y encauzar a la pareja por el camino de felicidad que ella y él desean.
Si: surgió la idea de consultar al psicoterapeuta.

Pero una serie de temores y de prejuicios los detienen. No debería ser así.

Algunos amigos aseguran que la psicoterapia «cura» los trastornos psicológicos. Otros, en cambio, que lleva directamente al divorcio.

¿Quién tiene razón?: En realidad, ninguna de esas dos afirmaciones es absoluta.

La psicoterapia, pese a estar en boga en todos los países del mundo, es prácticamente desconocida, sobre todo en lo que respecta a sus verdaderas funciones.

Que vamos a tratar de explicar en esta nota, complementando la que tituláramos Desde Freud a la psicoterapia de pareja.

UN MÉTODO DE INVESTIGACIÓN DE LA MENTALIDAD HUMANA

La idea de que el psicoanálisis sirve para «curar» a los enfermos con trastornos psicológicos está muy generalizada.

Pero hoy se sabe que en realidad el psicoanálisis además de ser una útil técnica de tratamiento es un método de investigación de la mente del hombre.

Siendo un método de investigación, es un campo de aprendizaje y una fuente de información de todo lo que atañe al hombre y la mujer.

Vale decir que no sólo el que se sienta enfermo mentalmente puede acercarse al psicoanálisis.

Este será muy efectivo, es verdad, cuando se presentan trastornos y anomalías mentales. Pero puede haber pacientes con distintos objetivos, aparte del de superar una enfermedad.

Uno de esos objetivos puede ser, por ejemplo, el deseo de conocer en profundidad los procesos de su propia mente. Es decir el deseo de interiorizarse de aquello que permanece en el inconsciente, o sea, alejado del área de la conciencia.

El psicoanalista, por su técnica y formación, puede ayudar muy bien a una persona a lograr dicho objetivo: conocerse mejor.

El psicoterapeuta, entonces, sería algo así como un traductor de una realidad que está dentro del sujeto. No quita ni agrega nada a esa realidad, sólo la traduce.

Interpreta los procesos inconscientes, los traduce al sujeto (paciente), y éste tiene que elaborar y reubicar sus estructuras.

PARA CONOCERSE A FONDO: Si una pareja siente que algo «anda mal», es saludable que busque la orientación del psicoterapeuta.

Pero puede recurrir a él sin necesidad de ese «andar mal», sino simplemente por el deseo de conocerse a fondo, de saber cómo es en profundidad la dinámica interior.

Claro que, en general, una pareja se decide por la psicoterapia cuando la crisis es insoslayable, cuando se he . «ido un equilibrio que no puede restablecerse por sí mismo.

El psicoterapeuta no los va a «curar» en el sentido clásico del término. Va a analizar los procesos interiores y los interpretará para que sea la pareja quien los elabore y asuma, buscando las verdaderas soluciones.

Con este mismo criterio, no serán el psicoterapeuta ni su método los que provoquen un divorcio, como lo quiere esa otra creencia bastante generalizada. La separación llegará con psicoterapia o sin ella si la situación no admite otra salida.

Ya vimos que hay otros objetivos de la psicoterapia, tan distantes de la superación mágica de los problemas conyugales como de la separación.

Pensar que una crisis puede superarse o estallar simplemente por obra y gracia de la psicoterapia, es atribuirle omnipotencia o creer que puede arreglar o desarreglar cualquier cosa.

Es trasladar a lo exterior un problema que nos concierne y del que debemos hacernos responsables.

La verdad primera es que los pacientes son los únicos encargados de enfrentar su situación.

El terapeuta sólo mostrará, señalará lo que ocurre en el interior de ellos, interpretando los roles de cada uno, dando información, orientando y contribuyendo a discriminar cuando sea necesario.

DOS PASADOS PARA UN PRESENTE: Cuando un hombre y una mujer contraen matrimonio, cada uno lleva tras si o consigo su propia historia personal.

Esa historia (su educación, su formación, sus creencias) los condiciona individualmente. Son como son por lo que han sido. Llevan una carga de la que es imposible desprenderse.

Ahora bien; cuando se deciden a unirse, sus dos historias se funden en una sola. Dos pasados individuales forman el presente de la pareja. Y al constituir el presente, el pasado no desaparece: interactúa con un ahora en el que ambos están inmersos.

La psicoterapia tiene en cuenta todo el conjunto: historias individuales e historia de la pareja, pasado y presente.

Pero a diferencia de las técnicas psicoanalíticas donde el terapeuta se limita a interpretar, en algunas técnicas psicoterapéuticas puede también esclarecer situaciones externas y dar información, por ejemplo, de índole sexual, que no siempre es demasiado conocida por los pacientes y que éstos no saben cómo obtener.

La función del psicoterapeuta es, entonces, un tanto directiva y orientadora, y puede, mediante ese esclarecimiento, contribuir grandemente al conocimiento de cada individuo y de la realidad del nosotros que han formado al unirse.

Cuando un hombre y una mujer se sienten incapaces de encontrar soluciones por sí, y desean salvar su matrimonio, no tienen por qué tener prejuicios frente a la psicoterapia individual o de pareja.

Pero deben, en cambio, tener presente que esa terapia no es una solución mágica.

Que constituirá un esclarecimiento sobre el cual ellos mismos deberán elaborar su conflictos si realmente desean superarlos.

De igual modo, es mejor olvidar la idea de que el tratamiento lleva de manera ineludible al divorcio, y que de producirse la psicoterapia puede facilitar una separación menos dolorosa y traumática,

Fuente Consultada:
Hombre y Mujer Para Vivir En Pareja-Tomo III-Editorial Salmo S.R.L. Psicoterapia de Parejas

Biografia de Jung Carl Gustav Medico Psiquiatra Resumen de su Obra

Biografía de Jung Carl Gustav, Médico Psíquiatra-Obra Cientñifica

Jung Carl Gustav (1875-1961)-Fue un psicólogo, médico psiquiatra, y ensayista suizo, figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis; posteriormente, fundador de la escuela de psicología analítica, también llamada psicología de los complejos y psicología profunda.

El filósofo del siglo XVIII Immanuel Kant introdujo la idea deque la mente humana creaba activamente nuestra percepción del mundo, más que ser un mero receptor pasivo de las experiencias.

Basándose en esto, Carl Jung creó una teoría de una mente tripartita, que consistía en el ego, el inconsciente personal y un inconsciente colectivo.

Afirmaba que las personas se podían dividir en introvertidas y extrovertidas y creía que el inconsciente colectivo estaba construido de arquetipos que heredamos, y que se satisface con actividades como la religión y las relaciones espaciales.

En los últimos años su trabajo ha formado la base de evaluaciones como el test de personalidad Myers-Briggs.

Jung Carl Gustav Psicologo

(Kesswil, 1875-Küsnacht, 1961.) Psiquiatra suizo. Estudió en las Universidades de Basilea y Zurich y trabajó en el hospital psiquiátrico Burgholzli de Zurich (1900), donde colaboró con Bleuler.

Fue profesor en las Universidades de Zurich (1933) y Basilea (1943). Junto con Freud y Adler, es uno de los tres grandes creadores del psicoanálisis, en el que formó su propia escuela (la psicología analítica), bastante diferente de la de Freud, del que se apartó después de haber sido discípulo y colaborador (1907-12), pues no estaba de acuerdo con la importancia que daba a la sexualidad, considerando más poderoso el impulso creador.

SU BIOGRAFIA Y OBRA CIENTIFICA

Carl Gustav Jung nació el 26 de julio de 1875 en Kesswil, una pequeña ciudad suiza en el cantón de Turgovia, al borde del lago de Constanza.

Era hijo de un pastor de la Iglesia Reformista, apasionado por los estudios clásicos y orientales, que había perdido su fe.

El abuelo y el bisabuelo habían sido médicos. Jung atribuyó muchas de sus creencias a su familia y a su educación inicial.

Su madre decía que tenía una personalidad dual. Decía que durante el día era «campechana y de entusiasmo animal«, mientras que por la noche era mucho más consciente de lo sobrenatural.

En su libro autobiográfico Memorias, Sueños y Reflexiones, Jung escribió que él también compartía esta doble vida, y que tenía lo que llamaba su personalidad racional número uno interesada en el éxito en lo académico y en el mundo; y su personalidad inconsciente número dos que él sentía que era irracional y que estaba en sintonía con lo paranormal.

Cuando contaba cuatro años, la familia se trasladó a Kelinhüningen, donde realizará los primeros estudios.

Con una formación religiosa muy esmerada a cargo de su padre; con una madre solícita e inteligente, permaneció en dicha villa hasta los once años, y entonces se trasladó a Basilea —él dirá siempre su «ciudad de origen— para completar la formación intelectual.

En 1895 entró en la universidad, y aunque sus tempranas aficiones eran la antropología y la egiptología, se decidió por el estudio de las ciencias naturales, que más tarde y de un modo definitivo cambió por la medicina.

No se tienen muchos detalles sobre su época de estudiante. Sabemos, empero, que en tanto estuvo en la escuela se sintió interesado por el espiritismo y el mesmerismo, entonces ya totalmente desacreditado, y que asistió a varias sesiones espiritistas.

En su búsqueda por dar sentido a sus dos personalidades, Jung fue a la escuela médica y se especializó en Psiquiatría.

Después de graduarse, fue el ayudante de Eugen Bleuler, quien trabajó en la clínica en Zurich, una autoridad de renombre en la esquizofrenia y conoció a la psicoanalista Emma Rauschenbach.

Ambos encajaron tan bien intelectualmente y personalmente que se casaron, matrimonio del cual nacieron cinco hijos y en el que Jung encontró el definitivo equilibrio de su vida. En efecto, el matrimonio significó la consolidación profesional y científica de Jung, si tenemos en cuenta que a continuación ya redactó la teoría de los complejos contenida en su Diagnóstico y estudio de las asociaciones.

En 1902 presentó una tesis sobre un tema ya característico, Contribución a la psicología y patología de los llamados fenómenos ocultos. En esta tesis, de acuerdo con uno de los párrafos del propio autor, «la disociación de la personalidad de un medio espiritista tiene relación con las tendencias durante la infancia, y en las raíces de los sistemas de la fantasía se descubren ilusorios deseos sexuales».

La nueva publicación, producto de sus conclusiones, Estudios sobre la asociación de palabras, con el subtítulo Contribuciones a la psicopatología experimental, es ya una etapa a subrayar. Jung introdujo la asociación de palabras en el hospital Burghólzli, usando la técnica de manera amplia como un medio eficaz para la descripción y clasificación. Jung reconoció la gran importancia de dichas asociaciones como método que permitía un eficaz diagnóstico de los problemas emocionales, ya que reflejan ideas cargadas emocionalmente.

La asociación de palabras de Jung impresionó a Freud y ambos empezaron a relacionarse a través de cartas en abril de 1906. La correspondencia crecía y en marzo de 1907 Jung viajó a Viena para encontrarse con Freud. En su primer encuentro hablaron sin parar durante 13 horas y Jung comentó después que «nadie perteneciente a su propia área de experiencia podía medirse con Freud«.

Por su parte, Freud quedó igualmente impresionado con Jung y lo vio como el sucesor natural en el liderazgo del creciente movimiento del psicoanálisis. Como consecuencia del patrocinio de Freud, Jung se convirtió en el primer presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional en marzo de 1909, pero la amistad no duró mucho.

Luego de una gran etapa experimental con los pacientes del hospital Burghólzli, edita la primera parte de la Psicología de la dementia praecox, Jung obtuvo uno de los resúmenes más claros y convincentes sobre la literatura científica existente sobre el problema. Su propio punto de vista estaba basado en los conceptos de muchos investigadores previos, de manera especial en Kraepelin, Janet y Bleuler, aunque reconocía que su principal deuda, así como también los esclarecimientos sobre la cuestión, provenían de los estudios de Freud.

La evolución científica de Jung le apartó resueltamente de las líneas originarias. Se había independizado y, a la vez, se convertía en un psiquiatra con voz propia y más allá de las disidencias en curso. Como tal expuso sus ideas en unas conferencias dictadas en la Fordham University de Nueva York, a mediados del año 1912. Jung especialmente se refirió a la «teoría psicoanalítica», tema que desarrolló con amplitud en otro libro titulado Metamorfosis y símbolos de la libido, afirmación final de sus discusiones con Freud.

La afirmación de Freud de que esta sexualidad comenzaba en la infancia fue la gota que colmó el vaso.
Rompieron su relación con una disputa pública que duró desde 1912 hasta 1914.

En 1913 decidió abandonar la enseñanza universitaria, a la que volvió después de veinte años. Pero el propio Jung lo explica en sus Recuerdos, puntualizando que, privado de la guía de Freud, atravesó una serie de desorientaciones, de angustias que le obligaron a eludir esta responsabilidad.

En algunos momentos confiesa que se sintió afectado por la psicosis; curiosamente lo expone cuando expresa que le falta denuedo para enfrentarse con el inconsciente.

Al estallar la primera guerra mundial Jung regresaba a su patria después de unas conferencias pronunciadas en el Bedford College de Londres, tras haber participado en un congreso celebrado en Escocía. Ante la declaración bélica tuvo que entrar por Suiza y fue incorporado al ejército con el grado de capitán.

En 1917 y 1918 fue nombrado comandante de un campo de prisioneros ingleses, en la parte sudoeste de Alemania, pero esto no le haría mermar sus estudios e investigaciones , que recogerá en el escrito titulado Tipos psicológicos, publicado en 1920; con independencia de haber profundizado sobre el inconsciente colectivo que, según los comentaristas, constituirá otra de sus aportaciones capitales.

Del mismo modo que el psicoanálisis de Freud, Jung basó su psicología analítica en la idea de que la mente de una persona tiene elementos inconscientes y conscientes. Continuó dividiendo a la gente en dos grupos que dependían de la evaluación de sus tipos de personalidad: extrovertidos e introvertidos. Trabajó en esta idea durante un período intenso de cuatro o cinco años posteriores a su ruptura con Freud.

Éstos eran momentos de profunda angustia mental para Jung, a los que no ayudaba el hecho de tener un romance con una paciente y discutir con su mujer. Tratando de resolver su conflicto interno haciéndole frente a su subconsciente, Jung estudió sus sueños intensamente y estableció un diálogo con sus «figuras internas» o arquetipos.

Según Jung, los arquetipos son partes instintivas de todos los seres humanos. Estos arquetipos se expresan a través del arte, la religión, la mitología, la astrología y el folclore y a veces Jung se refería a ellos como imágenes dominantes, mitológicas o primordiales.

Jung afirmaba que hay tantos arquetipos como situaciones típicas en la vida. Los veía en algunos puntos como marcos vacíos que necesitaban rellenarse con contenido. El contenido entraba en el marco al igual que una persona tiene una experiencia que se refiere a un arquetipo específico.

Como consecuencia, el contenido exacto puede variar de una persona a otra, de cultura a cultura; pero el mismo conjunto de arquetipos está presente en todo ser humano.

Para Jung, estos arquetipos forman un inconsciente colectivo, una herencia psíquica que es en efecto una reserva de nuestras experiencias como especie. Es un «conocimiento» con el que nace cada persona, pero nunca podemos ser directamente conscientes de que es parte de nuestro inconsciente. Jung pensaba que este inconsciente colectivo influencia todas nuestras experiencias y comportamiento, especialmente en lo relativo a nuestras emociones. Pensaba que experiencias previas inexplicables como el déjá vu, o el amor a primera vista eran muestras de la presencia de esta característica.

Un ejemplo clave es el arquetipo de madre. Todos nuestros ancestros tienen que haber tenido madres. Jung dijo que nuestro desarrollo evolutivo nos ha aportado una capacidad intrínseca para reconocer una relación maternal.

El arquetipo de madre es abstracto y necesita una representación física en la forma de una persona en particular, en general la madre de la persona.

Vio este arquetipo simbolizado en la madre terrenal primigenia de la mitología, o en Eva y María en el Cristianismo, así como en símbolos menos personales como la Iglesia, la nación o incluso un océano.

Jung pensaba que una persona que hubiera tenido una mala relación con su madre, satisfaría la necesidad de completar este arquetipo buscando consuelo en la Iglesia o identificándose con una «patria»; también sugirió que algunos podían buscar este cumplimiento pasando sus vidas en el mar.

En 1921, se desplazó a África, donde estudió los árabes del desierto.

Más tarde, entre 1924 y 1925, llevó a cabo una excursión para estudiar a los indios pueblos, el Arizona y Nuevo México.

Al año siguiente trabó contacto con los pieles rojas y, en un nuevo viaje al África, con los negros de Kenya.

En consecuencia, concluyó que el «inconsciente colectivo» era la humanidad arcaica; ambos campos se corroboraban el uno con el otro, dando a sus conclusiones una coherencia que creyó resistía a toda clase de pruebas.

En el año 1933 reanudó la enseñanza mediante conferencias semanales en la Eidgenóssische Technische Hochschule de Zurich, que presentaron su punto culminante, tanto en contenido como por su resonancia, en las sesiones continuadas en Basilea.

Debido a sus presentaciones públicas empezó a tener enemigos tan abundantes como peligrosos. Le acusaron de nazismo, racismo y de antisemitismo.

Poco hábil ante esta situación, algunas declaraciones favorecieron las confusiones, haciéndole más difíciles sus actuaciones; además de despertar cosas enterradas que pueden relacionarse con la actitud digna, sin reproches, que en este caso tomó Freud.

En 1944 la universidad de Basilea creó para Jung una cátedra de psicología médica, que no obstante tuvo que dejar al poco tiempo debido a unos achaques, que presagiaron el fin de una resistencia física hasta entonces a prueba de hierro. Ya con una situación sólida en el mundo de la ciencia, recibió toda clase de honores y homenajes.

Así, por ejemplo, con motivo de su sesenta aniversario fue obsequiado con un voluminoso Festschrif y con uno todavía mejor con motivo de su ochenta y cinco aniversario, cuando la pequeña ciudad de Küsnacht, donde instaló su hogar por espacio de cincuenta años, le eligió Ehrenbürger, esto es, ciudadano del municipio, distinción que, según parece, Jung apreció mucho más que las múltiples que le fueron otorgadas.

A pesar de que, sólo por citar algunas, llegó a ser miembro de la Real Sociedad de Medicina de Londres, doctor honorario en Ciencias de la universidad de Oxford y miembro honorario de la Academia Suiza de Medicina, además de distinciones honoríficas por parte de las universidades de Harvard, Calcuta, etc.Solamente unas semanas antes de su muerte tuvo que dejar la lectura, aunque no cesó de dictar, pedir que le leyeran, enfrentarse con sus recuerdos, etcétera.

Una tarde de la primavera del año 1961, el día 6 de junio, al final de la misma, decidiendo que se encontraba muy fatigado, se puso a dormir y en este sueño encontró el de la muerte; Carl Gustav Jung contaba ochenta y seis años de edad.

Cumpliendo sus últimas voluntades, las ceremonias religiosas se celebraron en la pequeña iglesia de Küsnacht, donde asistió una auténtica representación internacional; testimonios presenciales señalan la música de Bach y de Haendel como un homenaje postumo, en el que nosotros desearíamos ver lo bueno del espíritu alemán, a pesar de ser suizo, que presidió la obra antropológica del primer disidente del dogma freudiano.

En conjunto la obra jungiana, sin querer restarle méritos, ha encontrado más adeptos entre filósofos especulativos, poetas y aficionados a las religiones que entre psiquiatras.

En parte porque los centros didácticos de psicología analítica jungianos, aunque ofrecen un programa tan largo como los institutos freudianos, aceptan candidatos no médicos.

La gran ruptura de Jung con el sistema freudiano puede acercarse a la interpretación del sueño limitándose a las relevantes variaciones del tema «edípico», que en realidad es lo único que hace el psicoanálisis, al fallar ante la incapacidad que muestra por reconocer la creatividad futura que posee el sueño.

Y entre varios motivos porque, el propio Jung, de acuerdo con el empirismo señalado se vio muy influenciado precisamente por los sueños y, por añadidura, se inspiró en los mismos para cambiar la dirección de su vida, como si los sueños fueran un oráculo espléndido.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Carl Gustav Jung “el disidente en el método psicoanalitico” – Editorial Planeta
E=MC² Grandes Ideas Que Formaron Nuestro Mundo de Pete Moore – Editorial Lisma
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

 

El Sadismo y Masoquismo Conductas Sádicas Sexuales Psicología

Sadismo y Masoquismo
Conductas Sádicas Sexuales – Psicología

El sadismo es una conducta perversa, que requiere sufrimiento del otro como condición ineludible para lograr el placer sexual. Los diarios sensacionalistas, casi siempre, nos sorprenden con casos que resultan verdaderos impactos morales.

No porque el hombre de hoy, informado en todos los niveles, desconozca la existencia de ciertas perversiones, sino porque esas perversiones, descritas fríamente por dicha prensa, sin una demostración de sus motivaciones profundas, resultan siempre brutales e indignantes.

El sadismo es una de las desviaciones sexuales más frecuentes en la crónica policial.¿Pero de qué se trata?.El origen etimológico de la palabra proviene de un nombre, el del Marqués de Sade, nacido en Francia en 1740, autor de numerosos libros, encarcelado muchas veces y fallecido en 1814.

Al igual que su sucesor austríaco von Masoch, de quien ya hablamos, Sade dio su nombre a una de las anomalías del comportamiento sexual. Esta consiste en lograr el goce solamente haciendo sufrir al «partenaire». Von Masoch, recordémoslo, dio su nombre al masoquismo, que consiste en lograr el placer sexual mediante el dolor. Es decir, a la inversa.

Pero como bien observan Bertrand, Lapie y Pelle en su Diccionario de información sexual, «la palabra sadismo, con todo, no habría tenido tanto éxito, al extremo de entrar en la lengua corriente, si no correspondiera a la agresividad erótica, en general inconsciente, de gran número de individuos».

¿SOMOS TODOS SÁDICOS?

Vamos por partes. Hay preguntas que no pueden contestarse con un simple «sí» o con un simple «no». En todas las personas hay componentes instintivos sádicos. En algunos individuos son más fuertes por su propia constitución.

Pero también la historia individual de cada uno puede intensificar dichos impulsos. Si éstos no se canalizan de manera adecuada se podrá llegar a lo que generalmente se llama sadismo, y que sería mejor denominar sadismo perverso en la adultez.

Vale decir que si los componentes sádicos naturales de cada uno se orientan, se canalizan, no hay posibilidades de que aparezca la conducta perversa. Ésta, en cambio, se da cuando diversos factores, en su gran mayoría de orden psicológico, la fomentan e incrementan.

EL SÁDICO TIENE MIEDO DE Sí MISMO

Sí, el sádico tiene miedo de sí mismo, quizá sin saberlo. Presa de gran angustia inconsciente lucha contra sus propias tendencias autodestructivas y un temor, también inconsciente, a la castración.

Mediante la conducta sádica, lo que hace es proyectar hacia afuera, volcar en sus víctimas, aquellos impulsos autodestructivos que lo acósan y lo llenan de gran ansiedad.

Es como si se estuviera diciendo: «destruyo a otro, no a mí mismo». O bien: «soy el castrador, no el castrado; soy el agresor, no el agredido».

O sea que en su inconsciente percibe que tendría que sufrir de modo pasivo, y para defenderse, antes de ser atacado, ataca.

Transforma su pasividad en una conducta activa y cruel para con los demás.

ENAMORAMIENTO Y PERVERSIÓN

En general, entre el sádico y su «partenaire» se crea una situación muy personal.

El «partenaire» (y empleamos el vocablo francés para indicar un compañero que de algún modo «participa» de las actitudes del otro) se presenta bajo una sumisión extrema. Es el que recibe órdenes, obedece sin chistar y espera el golpe o la herida.

Cuando esta sumisión extrema es la condición ineludible para el logro de una gratificación sexual, estamos ante una perversión. Esta consistiría en la exageración de ciertos rasgos que se hallan presentes en todo enamoramiento.

Porque en el enamoramiento se desplaza el propio centro de gravedad a la existencia de otra persona: la otra persona es todo y se supone que debe estar dispuesta a realizar cualquier sacrificio.

¿Quién no ha experimentado una especie de amargo placer cuando la persona amada lloró alguna vez por nosotros? Pero esto es normal en el enamoramiento, que, natural y lógicamente, no es de por sí una perversión.

Lo es, sí, allí donde la ÚNICA excitación sexual consiste en la sensación de la propia insignificancia, comparada con la supuesta grandeza del «partenaire».

Esa sensación de insignificancia es la otra cara de la moneda que necesita el sádico, que, como dijimos, proyecta sus impulsos autodestructivos en el otro, sintiendo que él no es pasivo, sometido o pequeño, sino que lo es aquel en quien descarga su violencia interior.

El «partenaire», a su vez, con una conducta masoquista, se somete pensando que, con ese sometimiento, comparte la presunta grandeza del otro. Es decir que en su pasividad hay aceptación.

El masoquismo es la excitación sexual producida por el sufrimiento propio, bien sea por dolor físico, bien por humillación o malos tratos. El sádico logra gozar sexualmente solamente cuando hace sufrir al otro.

UN VÍNCULO DE DEPENDENCIA

Siendo el masoquista pasivo y el sádico activo, la primera impresión es que el primero dependería del segundo.
No es así: la conducta perversa crea un fuerte vínculo de interdependencia entre ambos.

Puede decirse que uno no existe sin el otro. Por otra parte, de este modo obtienen también un beneficio secundario: están tan unidos y se sienten tan unidos que se afirman contra la angustia de ser abandonados. El temor de ser abandonados es un sentimiento primario que todos sufrimos, pero que se da con más intensidad en el sádico y el masoquista.

El primero obliga a sus victimas a ser amado por la fuerza, y así su amor tiene carácter primario, ya que no tiene en cuenta al otro. Sólo ve y vive su desesperada búsqueda.

El arquetipo de esta clase de sadismo fue Federico de Prusia, quien acostumbraba azotar sus subditos al tiempo que les gritaba: «No debes temerme, debes amarme.»

CLARIDAD DE TÉRMINOS Y DIFERENCIACIÓN

Como se ve, la conducta sádica y la masoquista están íntimamente vinculadas. Por eso sería necesaria, para una mayor comprensión del problema, una claridad de términos específica. Sería mejor entonces hablar de personalidades sadomasoquistas.

Además, conviene diferenciar entre actos sádicos y actos masoquistas. En una misma persona podremos observar, en un momento dado, que se presentan unos y otros, es decir actos sádicos y actos masoquistas.

Pues bien, en una relación de extrema sumisión, estos aspectos que van juntos, simultáneamente, se disocian.
Y podemos decir que el aspecto masoquista del sádico se desplaza a su «partenaire», mientras que él se hace cargo de la otra conducta.

Evidentemente se trata de una relación muy compleja, y no debe analizársela de manera esquemática puesto que ofrece numerosas vertientes psicológicas.

¿EXISTE EL SADISMO PSICOLÓGICO?

Hay personas que para obtener placer sexual no ejercen la violencia física sobre otras, pero que en cambio adoptan formas psicológicas: sarcasmo, injurias, humillaciones, etc. Estas actitudes suelen surgir en parejas normales, como consecuencia de una crisis o de una situación determinada. No siempre debe confundírselas con sadismo.

Como dijimos, sadismo se entiende como conducta perversa cuando el sufrimiento del otro es condición indispensable para obtener el placer.

MÁS HOMBRES SÁDICOS QUE MUJERES SÁDICAS

En  general,   la  creencia  popular sostiene que hay más hombres sádicos que mujeres sádicas. Aunque la historia registre casos como el de la condesa húngara Erzebeth Bathory, que antes de tener relaciones homosexuales con adolescentes las hería e incluso les daba muerte. También se habla del presunto sadismo de Catalina de Médicis.

De todos modos, y aunque el «modelo masculino» exija agresividad y el «modelo femenino» pasividad, no se puede afirmar con datos estadísticos, y menos aún confirmar con cifras, que las mujeres sean menos sádicas que los hombres, o que haya menos mujeres sádicas que hombres sádicos.

En este aspecto, como en todos los que atañen a la sexualidad, es mejor investigar los temas en profundidad que dejarse llevar por presuntas razones que no siempre tienen una base científica lo suficientemente sólida.

Si la palabra sadismo ha entrado en la lengua corriente, es en buena medida porque corresponde a la agresividad erótica —a veces secreta e  inconsciente— de gran numero de individuos.

Así puede considerarse que dan muestras de sadismo colectivo buena parte de los espectadores que aullan de alegría durante las corridas de toros y las riñas de gallos, y que luego hablan con indignación y horror de los sangrientos espectáculos públicos de la antigüedad.

Pero desde el punto de vista psicoló: gico es una perversión que necesita ineludiblemente del sufrimiento del compañero sexual para llegar al placer.