Objetivos de la Terapia de Parejas Cuando Recurrir al Tratamiento



Objetivos y Cuando Recurrir a la Terapia de Parejas

Fueron muchos los médicos e investigadores que continuaron la obra de Sigmund Freud. Hoy el psicoanálisis se ha generalizado, y se aplica no sólo individualmente sino también a la pareja.

Sigmund Freud, a quien con razón se lo puede llamar «el padre del psicoanálisis» y que fue, sin duda, uno de los innovadores del pensamiento del siglo XX.

Pero después de él muchos científicos siguieron profundizando en la materia. Algunos no estuvieron de acuerdo con las teorías freudianas, otros las consideraron desde diferentes puntos de vista.

Actualmente, nombres como los de Alfred Adier, Carl Jung, Theodor Reik, Wihelm Reich, Otto Rank, Ernest Jones, Melanie Klein, Erich Fromm, Karen Horney, Heinz Hartmann y Anna Freud (hija del mismo Freud), forman entre otros muchos la brillante constelación de hombres y mujeres que contribuyeron al desarrollo del psicoanálisis.

Terapia de Parejas
Anna Freud, hija de Sigmund Freud, estaba entre la segunda generación de psicoanalistas freudianos.

Puede decirse entonces que, desde principios de siglo XX hasta hoy, el psicoanálisis ha adquirido categoría científica, y que la psicoterapia se ha convertido en valiosa técnica médico-psicológica.

Esta técnica no sólo se aplica individualmente sino que, cada vez más y en todo el mundo, se dedica a la pareja para tratar de solucionar, a través de sus dos integrantes, los problemas que pueden presentarse en la relación.

A pesar de su gran difusión y excelente resultados, todavía, quizá por falta de información adecuada, muchos albergan prejuicios, temores y prevenciones al respecto.

Creemos que es necesario tratar de establecer en qué consiste, quién está en condiciones de aplicarla y cuándo se debe recurrir a ella.

1-En qué consiste. Como su nombre lo indica, se trata de aplicar la psicoterapia a los dos, el hombre y la mujer, cuando se considera que el malestar que experimenta uno de ellos —o ambos— tiene conexión directa con las modalidades de su relación, de su vida de convivencia.

2-Quién está en condiciones de aplicarla. Naturalmente, el más indicado es un psicólogo o un psicoanalista. Es obvio que debe tratarse de una persona debidamente capacitada.



3-Cuándo se debe recurrir a ella. Es difícil precisar, en general, el momento en que la terapia de pareja se hace necesaria. Casi siempre las consultas coinciden con crisis serias en la vida de convivencia (agresividad excesiva, impotencia, frigidez, separaciones, muertes en las familia, nacimientos y otros «catalizadores» del proceso).

Es importante que tanto el hombre como la mujer, cuando descubren fisuras en el vínculo que los une, y cuando se sienten incapaces de llegar a una solución mediante el diálogo y los planteos mutuos, tomen conciencia de lo indispensable de una psicoterapia como la que estamos describiendo.

También es bueno saber que nunca es tarde para buscar la ayuda necesaria.

Es más común que los jóvenes soliciten la terapia de pareja, puesto que probablemente sienten menos recelos y resistencias que los mayores frente a métodos como éste.

Pero todos deben aprender a vencer esas resistencias, a menudo absurdas, así como todos deben saber que la psicoterapia de pareja no es exclusiva de los menores de cuarenta años.

Por el contrario, muchos matrimonios que llegan a una crisis cuando los hijos ya son grandes, cuando ya tienen nietos, pueden encontrar un verdadero apoyo en ella.

En pocas palabras: en una pareja no hay límite de edad para buscar la manera más adecuada de superar sus problemas de relación. Siempre es tiempo de hacerlo.

terapia de parejas
Es importante que tanto el hombre como la mujer, cuando descubren las fisuras en su relación, para iniciar la terapia.

TERAPIA Y DIVORCIO

¿Se divorcian más las personas que recurren a la psicoterapia de pareja que las que no lo hacen?

Muchas personas lo afirman. Sin embargo, no es exactamente así. Lo que ocurre es que dicha psicoterapia puede llevar a un esclarecimiento de la situación que ya no permita la convivencia.

En cambio, no puede originar algo que no esté latente. Cuando una pareja se divorcia es porque ya no tolera seguir en compañía. Y eso subyace en la relación, con psicoterapia o sin ella.



Pero cuando hay un verdadero y profundo deseo de llegar a la armonía, todo método de apoyo y de ayuda es beneficioso para restablecer el equilibrio.

EL TIEMPO EN QUE VIVIMOS

Hay que pensar, ademas, que el tiempo en que vivimos puede acelerar muchas crisis latentes.

Es que los antiguos valores se van derrumbando sin que otros nuevos los hayan sustituido permanentemente, y el hombre y la mujer, al unirse, se encuentran muchas veces sin los apoyos externos necesarios.

Vemos, por ejemplo, que ha desaparecido la figura tradicional del pa-ter familias, vale decir del hombre como amo y señor de su mujer y de sus hijos, como propietario de ellos.

Al mismo tiempo se evaporaron las leyes jerárquicas que subordinaban la mujer al hombre. Agreguemos que también evolucionan los principios religiosos que ayudaban a mantener la cohesión de la pareja.

Y eso no es todo: el acelerado avance tecnológico característico de nuestra época hace que entre generación y generación las diferencias se profundicen.

El tiempo en que vivimos, tiempo de crisis, exige un continuo ajuste de relaciones en todos los sentidos.

Y como entendemos que, a pesar de dichas crisis, la pareja sigue siendo el núcleo afectivo que posibilita el amor familiar y a partir de allí la armonía social, sugerimos que en muchos casos la psicoterapia de sus dos integrantes puede ser de gran ayuda para enfrentar los múltiples problemas que se presentan.

¿PERO CÓMO ES LA TERAPIA DE PAREJA?

La palabra psicoterapia o terapia produce en muchos una reacción de desconfianza.

Y esa desconfianza se acentúa cuando se habla de «psicoterapia de pareja«.



Por eso es necesario saber que esta psicoterapia de pareja sólo se diferencia de otras en una cosa, en ella participan los cónyuges y el terapeuta. No son dos personas, sino tres.

Los detalles de las sesiones varían. Generalmente se trata de una sesión por semana, o dos. Cada sesión suele durar alrededor de una hora. Depende de los casos.

Durante la sesión los pacientes hablan con el terapeuta. A veces se agregan técnicas psicodramáticas que permiten sacar a flote viejos problemas subyacentes.

En resumen: en la actualidad la psicoterapia de pareja es una importante técnica médico-psicológica, avalada científicamente, y que puede prestar sólido apoyo al hombre y la mujer cuya relación conyugal entra en crisis.

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Objetivo de la Psicoterapia de Pareja

La psicoterapia no es una solución mágica sino una ayuda profesional para que usted pueda superar sus conflictos, si desea realmente hacerlo.

Después de unos años de casados tienen que enfrentarse con una evidencia.
Una evidencia dolorosa pero real: algo anda mal en su matrimonio.

¿Qué?: No han podido averiguarlo, y menos aún solucionarlo. Diálogos, confesiones y barruntos de sospechas no bastaron para superar la situación y encauzar a la pareja por el camino de felicidad que ella y él desean.
Si: surgió la idea de consultar al psicoterapeuta.

Pero una serie de temores y de prejuicios los detienen. No debería ser así.

Algunos amigos aseguran que la psicoterapia «cura» los trastornos psicológicos. Otros, en cambio, que lleva directamente al divorcio.

¿Quién tiene razón?: En realidad, ninguna de esas dos afirmaciones es absoluta.

La psicoterapia, pese a estar en boga en todos los países del mundo, es prácticamente desconocida, sobre todo en lo que respecta a sus verdaderas funciones.

Que vamos a tratar de explicar en esta nota, complementando la que tituláramos Desde Freud a la psicoterapia de pareja.

UN MÉTODO DE INVESTIGACIÓN DE LA MENTALIDAD HUMANA

La idea de que el psicoanálisis sirve para «curar» a los enfermos con trastornos psicológicos está muy generalizada.

Pero hoy se sabe que en realidad el psicoanálisis además de ser una útil técnica de tratamiento es un método de investigación de la mente del hombre.

Siendo un método de investigación, es un campo de aprendizaje y una fuente de información de todo lo que atañe al hombre y la mujer.

Vale decir que no sólo el que se sienta enfermo mentalmente puede acercarse al psicoanálisis.

Este será muy efectivo, es verdad, cuando se presentan trastornos y anomalías mentales. Pero puede haber pacientes con distintos objetivos, aparte del de superar una enfermedad.

Uno de esos objetivos puede ser, por ejemplo, el deseo de conocer en profundidad los procesos de su propia mente. Es decir el deseo de interiorizarse de aquello que permanece en el inconsciente, o sea, alejado del área de la conciencia.

El psicoanalista, por su técnica y formación, puede ayudar muy bien a una persona a lograr dicho objetivo: conocerse mejor.

El psicoterapeuta, entonces, sería algo así como un traductor de una realidad que está dentro del sujeto. No quita ni agrega nada a esa realidad, sólo la traduce.

Interpreta los procesos inconscientes, los traduce al sujeto (paciente), y éste tiene que elaborar y reubicar sus estructuras.

PARA CONOCERSE A FONDO: Si una pareja siente que algo «anda mal», es saludable que busque la orientación del psicoterapeuta.

Pero puede recurrir a él sin necesidad de ese «andar mal», sino simplemente por el deseo de conocerse a fondo, de saber cómo es en profundidad la dinámica interior.

Claro que, en general, una pareja se decide por la psicoterapia cuando la crisis es insoslayable, cuando se he . «ido un equilibrio que no puede restablecerse por sí mismo.

El psicoterapeuta no los va a «curar» en el sentido clásico del término. Va a analizar los procesos interiores y los interpretará para que sea la pareja quien los elabore y asuma, buscando las verdaderas soluciones.

Con este mismo criterio, no serán el psicoterapeuta ni su método los que provoquen un divorcio, como lo quiere esa otra creencia bastante generalizada. La separación llegará con psicoterapia o sin ella si la situación no admite otra salida.

Ya vimos que hay otros objetivos de la psicoterapia, tan distantes de la superación mágica de los problemas conyugales como de la separación.

Pensar que una crisis puede superarse o estallar simplemente por obra y gracia de la psicoterapia, es atribuirle omnipotencia o creer que puede arreglar o desarreglar cualquier cosa.

Es trasladar a lo exterior un problema que nos concierne y del que debemos hacernos responsables.

La verdad primera es que los pacientes son los únicos encargados de enfrentar su situación.

El terapeuta sólo mostrará, señalará lo que ocurre en el interior de ellos, interpretando los roles de cada uno, dando información, orientando y contribuyendo a discriminar cuando sea necesario.

DOS PASADOS PARA UN PRESENTE: Cuando un hombre y una mujer contraen matrimonio, cada uno lleva tras si o consigo su propia historia personal.

Esa historia (su educación, su formación, sus creencias) los condiciona individualmente. Son como son por lo que han sido. Llevan una carga de la que es imposible desprenderse.

Ahora bien; cuando se deciden a unirse, sus dos historias se funden en una sola. Dos pasados individuales forman el presente de la pareja. Y al constituir el presente, el pasado no desaparece: interactúa con un ahora en el que ambos están inmersos.

La psicoterapia tiene en cuenta todo el conjunto: historias individuales e historia de la pareja, pasado y presente.

Pero a diferencia de las técnicas psicoanalíticas donde el terapeuta se limita a interpretar, en algunas técnicas psicoterapéuticas puede también esclarecer situaciones externas y dar información, por ejemplo, de índole sexual, que no siempre es demasiado conocida por los pacientes y que éstos no saben cómo obtener.

La función del psicoterapeuta es, entonces, un tanto directiva y orientadora, y puede, mediante ese esclarecimiento, contribuir grandemente al conocimiento de cada individuo y de la realidad del nosotros que han formado al unirse.

Cuando un hombre y una mujer se sienten incapaces de encontrar soluciones por sí, y desean salvar su matrimonio, no tienen por qué tener prejuicios frente a la psicoterapia individual o de pareja.

Pero deben, en cambio, tener presente que esa terapia no es una solución mágica.

Que constituirá un esclarecimiento sobre el cual ellos mismos deberán elaborar su conflictos si realmente desean superarlos.

De igual modo, es mejor olvidar la idea de que el tratamiento lleva de manera ineludible al divorcio, y que de producirse la psicoterapia puede facilitar una separación menos dolorosa y traumática,

Fuente Consultada:
Hombre y Mujer Para Vivir En Pareja-Tomo III-Editorial Salmo S.R.L. Psicoterapia de Parejas

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