Revolución Agrícola II

La Vida de los Obreros en la Revolucion Industrial Trabajo Esclavo

La Vida de los Obreros en la Revolución Industrial

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
LAS CONDICIONES DE VIDA DE LOS OBREROS EN GRAN BRETAÑA
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El desarrollo de la urbanización, y también de la industrialización, en Europa, en la primera mitad del siglo XIX, tuvo consecuencias sobre las condiciones de vida de los trabajadores. La gran mayoría de éstos apenas lograban subsistir, acosados por el hambre y las epidemias. Muchos de estos trabajadores pobres eran artesanos que ejercían su oficio de manera independiente, trabajadores domiciliarios o empleados en pequeños talleres.

Pero a medida que avanzó la industrialización creció el número de obreros empleados en las fábricas mecanizadas. Este proletariado industrial se fue transformando en el sector más numeroso entre los trabajadores urbanos. La vida miserable que llevaba la mayoría de ellos se agravaba ante la amenaza permanente de la desocupación.

Los trabajadores empobrecidos, que no lograban satisfacer sus necesidades básicas, comenzaron a buscar formas para mejorar su vida cotidiana. Sobre todo en los primeros tiempos, buscaron soluciones en forma individual. Pero, al poco tiempo, empezaron a organizarse tras una solución colectiva.

Una salida de tipo individual consistió en tratar de ascender socialmente, tomando como ideal el modo de vida de la burguesía. Algunos trabajadores pensaron que una vida austera y el esfuerzo personal era la forma de mejorar su posición social.

Sin embargo, el camino del progreso económico era muy difícil de transitar para quien no contaba con un mínimo de capital para invertir. Fuera de Inglaterra las posibilidades de progreso económico eran aun menores.

Aunque ENGELS en su obra Situación de la clase trabajadora en Inglaterra (1848) denunció el empobrecimiento de los obreros y la acumulación de beneficios de los empresarios, los aspectos sociales de la Revolución Industrial no fueron debidamente estudiados ni debatidos hasta nuestro siglo. ¿Mejoró el nivel de vida de los obreros o la industrialización produjo problemas nuevos y más graves?

A esta cuestión han dedicado atención los más grandes historiadores británicos. Los debates han resultado fecundos y polémicos, así que a los efectos de dilucidar si efectivamente mejoró o empeoró con la industrialización el nivel de vida obrero ha de prestarse atención a una serie de indicadores básicos. Elegimos cuatro: alimentación, vivienda, salud y trabajo de los niños.

a) Alimentación. Más de la mitad de los gastos de la familia obrera se invertían en comida, y de este capítulo la mayor parte se destinaba a pan. Con la industrialización disminuyó el consumo de pan y apareció como artículo sustitutorio otro más barato, la patata. Hoy consideramos positiva esta diversificación de los alimentos, pero en aquel momento se consideró un empobrecimiento.

El consumo de carne aumentó lentamente, pero todos los estudios indican que mientras abundaba en las mesas pudientes no comparecía casi nunca en las pitanzas humildes. El azúcar pasó de una media de 19,12 libras entre 1800-1809 a 17,83 entre 1820-1829. A partir de 1800 aumentó el consumo de cerveza, pero se trata de una forma de compensar el sudor en trabajos pesados -minería, descarga, etc.-y se convirtió en hábito que degeneró en alcoholismo.

b) Vivienda. Sobre la vivienda se realizaron excelentes estudios en plena industrialización. Inicial-mente las humildes viviendas de ladrillo supusieron una mejora con respecto a las que ocuparon los inmigrantes del período pre-industrial. Pero se produjeron dos fenómenos negativos: hacinamiento (varias famillas en una sola vivienda) y envejecimiento (en pocos años se deterioraron de forma irreversible). El problema atañe sobre todo al urbanismo. Se formaron barrios insalubres, los slums, donde no sólo la vivienda era pobre sino que carecían de servicios y en los que hablar de áreas de esparcimiento era como mentar un paraíso coránico. En réplica a Ashton, Thompson ha destacado que las condiciones infrahumanas se dieron sobre todo en barrios de inmigración irlandesa de aglomeraciones industriales: Liverpool, Manchester, Leeds, Bradford.

c) Salud. Con respecto a la salud, los datos del Primer Informe del Registro General (1839) muestran que la tisis, enfermedad relacionada con condiciones de pobreza y hacinamiento, alcanzaba el veinte por ciento de la mortalidad total. Otro fenómeno terrible era la mortalidad infantil. En Manchester la mitad de los niños de familia humilde morían antes de cumplir los cinco años. Tanto la mortalidad infantil como la general eran más altas en las familias trabajadoras. Con punzante juicio escribe Thompson: «No hay razón para suponer que los niños moribundos o las enfermedades se repartieron más equitativamente que la carne o la ropa de abrigo».

d) Trabajo de los niños. Sobre el trabajo de los niños y sobre los efectos nocivos para su salud y desarrollo se ha escrito mucho. CLARK NARDINELLI (Child Labor and the Industrial Revolution. Indiana University press, 1990) ha intentado una revisión, arguyendo que no todos los problemas de la infancia pueden ser atribuidos a la industrialización.

Pero los argumentos de Thompson no parece que hayan sido desmontados. Porque los niños no sólo realizaron trabajos inapropiados sino que la misma naturaleza del trabajo industrial, monótono, siempre igual, alteraba su psiquismo. Incluso de los datos que proporciona Nardinelli, un salario infantil mucho más elevado
en las minas, se puede deducir que las familias más necesitadas tenían que enviar a sus hijos precisamente al sector que les resultaba más perjudicial.

Habría que considerar otros indicadores: vestido, nivel de empleo, educación. No harían otra cosa que reforzar la tesis, no aceptada por los historiadores, de que para los sectores inferiores de la pirámide social la Revolución Industrial, al menos en su primera fase, hasta 1830, no supuso mejoras en sus condiciones de vida sino que generó nuevos y graves problemas.

SITUACIÓN DE LOS OBREROS EN EL SIGLO XIX

» A las  2, a las 3, a las 4 de la mañana, se sacan a la fuerza de sus sucias camas a niños de 9 a 10 años, y se les obliga a trabajar para ganarse un mísero sustento hasta las 10, las 11 y las 12 de la noche, mientras su musculatura desaparece, su figura se va haciendo más y más raquítica […]. El sistema, tal como lo ha descrito el reverendo Montagu Valpy, es un sistema de esclavitud desenfrenada en todos los sentidos, en el social, en el físico, en el moral y en el intelectual […]. ¿Qué pensar de una ciudad en la que se celebra una asamblea pública para pedir que la jornada de trabajo de los hombres se reduzca a ¡18 horas al día! […]?»


Extracto del «Daily Telegraph de Londres», del 17 de enero de 1860, citado por Marx en El capital.

«Las ruidosas y vistosas calles de las grandes urbes se hallan muy cerca de los tugurios en que vive la clase obrera. Estos tugurios se parecen mucho en todas las ciudades de Inglaterra. Son los edificios más repugnantes, en los peores lugares de la ciudad. Por lo general, en ellos, las calles están sin pavimentar, sucias, llenas de hoyos y cubiertas de basura. La construcción irregular y desordenada impide la ventilación y, como allí vive mucha gente en un espacio reducido, el aire se mantiene viciado incluso en el mejor tiempo.»


M. I. Mijailov. La Revolución Industrial.

«Hoy, el esfuerzo está divorciado de la recompensa; no es el mismo el hombre que trabaja y luego descansa; por el contrario, tienen que trabajar unos precisamente para que descansen otros […] Por eso, la inacabable multiplicación de las fuerzas productivas del trabajo no puede conducir a otro resultado que a acrecentar el lujo y los placeres de los ricos ociosos.»


Sismondi, Nouveaux Príncipes.

Fuente Consultada:
HISTORIA DEL MUNDO CONTEMPORÁNEO
A. Fernández
Vicens Vives

Historia de la Siderurgia Minerales de Hierro Obtención del acero

Historia de la Siderurgía

El hierro es el metal dominante en la civilización industrial actual, y su consumo en el mundo crece de un modo exponencial con el transcurso de los años. En efecto: el hierro constituye el 95 por 100 de los minerales que se extraen en la Tierra, y gran parte de otros minerales se extraen para ser aleados con el hierro, como en el caso del cromo y el níquel. El desarrollo y perfeccionamiento de las técnicas siderúrgicas hizo posible la revolución industrial del siglo pasado. El perfeccionamiento en la obtención de aleaciones ha permitido el avance en la técnica espacial.

Si importante es el hierro desde el punto de vista geológico, ya que por su abundancia es el segundo de los metales de la Tierra, todavía lo es más si se atiende al aspecto económico, puesto que constituye, sin lugar a dudas, la base sobre la que se apoya nuestra civilización. El hierro ha ido desplazando a otros materiales, la madera, por ejemplo en ramos tan importantes como el de la edificación.

La cantidad de hierro contenido en la corteza terrestre es verdaderamente extraordinaria: alcanza, en promedio, un valor del 5,05%. A pesar del extraordinario tonelaje que esto representa, no es posible la explotación masiva con los medios técnicos disponibles en la actualidad. Ahora bien, si alguna causa geológica produce una concentración local, aparece un criadero metálico económicamente explotable. Como es natural, la rentabilidad varía a tenor de los progresos técnicos.

El descubrimiento de los metales y la primitiva metalurgia
Es difícil decir cómo, cuándo y dónde fueron descubiertos y utilizados por primera vez los metales. Seguramente su descubrimiento fue casual y, con toda probabilidad, simultáneo en muchos lugares.
Puede asegurarse que el hombre primitivo conocía el hierro meteórico, procedente de los espacios celestes, y el oro nativo, inoxidable por la acción del aire; pero los utilizaba sólo para hacer ornamentos, sin emplearlos en gran escala.

El primer descubrimiento de importancia práctica fue el del cobre, cuyos minerales se distinguían con facilidad por sus coloraciones verdes, azules y rojas, y que debían encontrarse en el suelo en bastante abundancia; hoy en día estos afloramientos han desaparecido debido al lento paso de los siglos.

Trozos de estos minerales, carbonates o sulfuros, puestos en el fuego se «reducían», es decir, el azufre y el carbono se quemaban, y el metal, que quedaba puro, se fundía recogiéndose en pequeños bloques. Golpeados con piedras, se les podía dar con facilidad las formas apropiadas para los instrumentos necesarios, que resultaban de gran resistencia. Entonces se inició la búsqueda sistemática de estos minerales y la construcción de pequeños hornos, con lo que nació la primera metalurgia, que se convirtió desde su origen en un arte para especialistas.

Sin embargo, el uso del cobre puro se extendió poco debido a que en seguida sobrevino el descubrimiento del bronce, aleación formada aproximadamente por cuatro partes de cobre y una de estaño. Cómo se descubrió el mineral de estaño y su aleación con el cobre es imposible establecerlo. Probablemente fue una unión casual entre ambos metales en el lugar donde debían hallarse afloramientos vecinos. Pero la importancia reside en que, obtenido el primer bronce, el hombre se da cuenta que es mucho más resistente y fácilmente fusible que el cobre puro.

El descubrimiento y uso del hierro llegó mucho más tarde; el mineral del hierro —constituido sólo por óxidos— resiste temperaturas más altas que la necesaria para fundir el cobre. Durante muchos siglos no se obtuvo hierro fundido; aunque la iniciación de la edad del hierro se remonta a unos 1.000 años a. de C., hasta la época moderna no se pudo obtener fundido en forma de fundición, esto es, en unión de cierta cantidad de carbono; solamente a alta temperatura tiene lugar esta «carburación» del hierro, y la fundición se recoge líquida.

El mineral de hierro calentado, se reducía parcialmente y se ablandaba; entonces, forjándolo repetidamente se expulsaba la escoria, se completaba la reducción y quedaba en el hierro una pequeña cantidad de carbono; se obtenía, finalmente, lo que hoy llamamos acero, muchas veces en estado de gran pureza.

Con el proceso de la técnica se introdujeron en la primitiva metalurgia notables perfeccionamientos: del simple horno de pila protegido por piedras se pasó a los hornos verticales, llamados de cuba, en los que el mineral y el carbón de leña, en sustitución de la leña verde, se introducen alternativamente por la parte superior; se utilizó, después, la ventilación forzada mediante fuelles de piel accionados a mano; del bajo horno empleado hasta 1800, llamado «horno a la catalana», se pasó gradualmente a los tipos que fueron los precursores de los actuales altos hornos.

La carburación del hierro, que se transforma en fundición, se verifica a temperaturas de 1600-1700° C; para que el horno pudiera alcanzarlas fue necesario aumentar sus dimensiones e introducir la «ventilación por agua», en la que el paso de agua a gran velocidad dentro de un tubo vertical produce una fuerte corriente de aire. Carburado ya, se obtiene el hierro colado. Al principio se consideró la fundición como un producto de desecho, utilizable sólo para recipientes y tubos, pues es frágil y tiene menos resistencia que el acero; sin embargo, posteriormente se aprendió a eliminarle el exceso de carbono, convirtiéndola en acero.

Con todo, estamos solamente en el siglo XIX, en vísperas de la gran transformación industrial. También las técnicas de la fundición del bronce se remontan a la antigüedad y fueron rápidamente perfeccionadas, como lo demuestran los objetos prehistóricos y las admirables obras de arte de la edad clásica.

En la antigüedad clásica se conocía el plomo, fácil de fundir, con el cual se construían planchas para revestimientos y tubos; el cinc, sin embargo, no se conoció hasta el Renacimiento, ya que si no se toman precauciones especiales pasa directamente al estado de vapor; si después se enfría, se deposita en forma de diminutos cristales.

Este fenómeno recibe el nombre de «sublimación», totalmente incomprensible para la mentalidad del hombre antiguo. El mercurio fue descubierto en estado nativo en pequeñas cantidades sin que fuera empleado; se conocía, sin embargo, su sulfuro, llamado cinabrio, usado como colorante y cosmético. En la Edad Media fue estudiado por los alquimistas, quienes descubrieron la amalgama que forma con los otros metales y sugirieron su empleo para la fabricación de espejos y productos farmacéuticos.

La metalurgia moderna
La época moderna, y en especial el siglo XIX, trajo el descubrimiento de numerosos metales que enriquecieron el escaso patrimonio de los antiguos y pasaron con rapidez, del estudio en el laboratorio químico, a las aplicaciones técnicas en las fábricas.

Bastará señalar el manganeso, níquel, cobalto y wolframio (conocido también con el nombre de tungsteno) que, unidos en porcentajes relativamente pequeños al acero, le confieren gran resistencia; se obtienen así los aceros especiales, entre los que se pueden destacar el acero al manganeso, al níquel, al cromo-níquel, el acero de corte rápido que contiene wolframio, así llamado porque con él se construyen herramientas para la elaboración en frío de los aceros corrientes, debido a que no pierde su dureza aunque se caliente al rojo; por este motivo puede girar rápidamente sobre otro acero sin que, al calentarse, se alteren sus propiedades.

Vemos, pues, que gracias al profundo estudio científico de la metalurgia, se está en condiciones de producir una vastísima gama de aceros con propiedades especiales y aptos para las más diversas aplicaciones.

Se suele decir que la edad del hierro prosigue aún hoy en día, pero ¡qué perfección en los materiales presenta respecto a las simples industrias de hace 200 e incluso 100 años!

El hierro —se le da este nombre, pero en realidad debiera decirse la fundición y el acero— domina todavía la técnica moderna en las construcción Bessemer-Thomas o, simplemente, Thomas. El horno Martín-Siemens es de reverbero, constituido por una cámara rectangular cerrada, de piso horizontal y cubierta por una bóveda baja.

La cámara está dividida en dos compartimentos por un tabique bajo, llamado altar; en un lado arde el combustible, y en el otro el material a tratar, que es hierro muy dulce (en general, trozos) y mineral en proporciones adecuadas.

Este se calienta tanto por los humos del combustible como por el calor que refleja la bóveda. A este tipo de horno, ideado por el francés Martín, el alemán Siemens le añadió un dispositivo para recuperar parte del calor que se escapa con los productos de la combustión. De aquí su nombre.

El acero puede obtenerse también mediante el horno eléctrico de arco o de inducción. Los aceros especiales se obtienen al crisol, es decir, en vasos cerrados de material refractario, a fin de preservar a los componentes de las impurezas que contienen los humos del horno.

La producción siderúrgica en el mundo
Desde la fundición, en todas sus variedades, hasta los aceros especiales ya mencionados (al cromo, al níquel, al manganeso, al cromo-níquel, al cromo-vanadio, al wolframio, etc.), la gama de los productos de la industria del hierro, llamada siderurgia, es extensísima y representa la base del sistema productivo de todos los países, constituyendo la denominada industria pesada.

Sin ésta no serían posibles las construcciones de maquinaria en general, ni las ferroviarias, automovilísticas, navales, aéreas y agrícolas. La siderurgia puede tomarse, por consiguiente, como un índice del potencial industrial de una nación. La cantidad de fundición y acero producidos anualmente alcanza cifras del orden de millones de toneladas. La mayor potencia siderúrgica son los EE.UU., seguidos por la Unión Soviética y, con menor producción, por Japón, República Federal de Alemania, Inglaterra y Francia.

La edad del hierro, iniciada hace cerca de 3.000 años, continúa, pues, en nuestros días. A pesar del descubrimiento de otros muchos metales, esté sigue siendo fundamental, pues ningún otro ha podido mejorar su resistencia y demás propiedades mecánicas; y algunos, que quizá las igualarían, son raros, y su producción industrial difícil y antieconómica.

El único que ha mantenido su importancia junto al hierro, en el transcurso del último siglo, es el aluminio. Este es el metal más abundante en la corteza terrestre (casi el doble que el hierro) y conduce el calor y la electricidad mejor que aquél. Su escasa densidad y la facilidad para producir aleaciones ligeras le hacen insustituible en la fabricación de las estructuras y revestimientos de los modernos aparatos de aviación así como en muchas otras industrias de todo tipo.

Sin embargo, los campos de aplicación del hierro y del aluminio están perfectamente delimitados, aunque ambos metales se emplean provechosamente unidos en producciones de todo género que abarcan una extensa gama, que comprende desde la industria pesada antes mencionada a los pequeños objetos de uso cotidiano.

alto horno

Imagen Alto Horno

Un alto horno, un horno de fundición, trabaja constantemente. El trabajo puede disminuir y aun cesar en otros departamentos de una fábrica de acero, pero el horno de fundición funciona sin interrupción alguna día y noche para producir los lingotes de hierro.

LOS MINERALES DE HIERRO…

Los minerales de hierro importantes son: magnetita, oligisto, limonita y siderita, los cuales pueden hallarse en muy diversos tipos de yacimientos. Cuando una masa de materiales fundidos —un magma— cristaliza, no todos sus componentes lo hacen simultáneamente, y se produce la concentración de determinados compuestos. Así, se han originado los yacimientos magmáticos.

La diferenciación puede haber ocurrido en el sitio donde se encuentra el mineral, o haber sobrevenido una inyección de él, como ocurre en el depósito de magnetita de Kiruna (Suecia), que es el mayor del mundo. En él, la gran masa de magnetita aflora a lo largo de 2.800 m con una anchura de 145 m. Se halla dentro del círculo polar ártico, en la Laponia sueca, y se le atribuye una longitud real de 160 kilómetros.

En otros casos, si bien el agente causante de la mineralización continúa siendo una masa de materiales fundidos, no es ella la única que colabora en la formación del yacimiento. En efecto, durante el proceso de consolidación se desprenden emanaciones gaseosas a elevada temperatura, las cuales, al actuar sobre las rocas próximas, producen reacciones que engendran la mineralización. De esta forma se originaron los yacimientos metasomáticos, como los de Cornwall e Iron Springs (Estados Unidos). En Cornwall (Pengilvania) la magnetita se halla en contacto con una diabasa que, durante el triásicó, cortó rocas sedimentarias del cámbrico.

También se encuentran yacimientos de mineral de hierro formados por transformación de otros minerales existentes (yacimientos por reemplazamiento). Los más característicos son los de Lyon Mountain (Nueva York), donde masas muy ricas en magnetita forman reemplazamientos en un gneiss granítico. La masa mayor tiene de longitud más de 1.500 metros y 6 de anchura. Dentro del mineral existen cavidades miarolíticas lo suficientemente grandes para que quepa en ellas un hombre. En Iron Mountain (Montana) se explota, a su vez, una masa de reemplazamiento de considerable tamaño, formada por hematites y magnetita.

Los yacimientos de hierro sedimentario representan la mayor parte de la producción y de los recursos identificables del mundo. Casi todas las menas proceden de sedimentación química, y el período de la historia de la Tierra durante el cual se depositaron los mayores sedimentos ricos en hierro datan de entre los 3,2 y los 1,7 mil millones de años de antigüedad. Estos sedimentos forman en el Lago Superior (Estados Unidos) bandeados muy finos, que consisten en una alternancia de mineral de hierro y sílice.

Los yacimientos residuales se forman donde hay meteorización y el hierro ferroso presente en una roca es oxidado hasta la forma férrica relativamente insoluble. Muchos constituyentes inútiles son arrastrados y permanece insoluble el hierro, que, poco a poco, es concentrado. El conocido yacimiento de Vizcaya aparece instalado en una capa de calizas cretácicas, en parte de las cuales el carbonato cálcico fue reemplazado por siderita; además, en la parte superior, la meteorización originó una concentración residual de oligisto y limonita.

magnetitaOligisto
MagnetitaOligisto
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LimonitaSidorita

AMPLIACIÓN: DEL HIERRO AL ACERO
El hierro obtenido en los altos hornos es una materia prima, no un producto acabado. Para ser útil tiene que ser convertido en hierro colado o en acero. El hierro colado se produce mediante la refundición de lingotes de hierro (hierro fundido en moldes y enfriado), ajustando cuidadosamente las proporciones de carbono, silicio y demás elementos que entran en la aleación.

Fuerte y resistente al desgaste, el hierro colado puede ser trabajado y es fácilmente moldeable en formas bastante complejas. Los moldes en los que se funde el hierro son cajas llenas de arena. La forma se graba en la arena y se vierte sobre ella la colada. Cuando la pieza de hierro ha solidificado, se saca y la arena se reutiliza para un nuevo molde.

La mayor parte del hierro tratado en los altos hornos se convierte en acero, reduciendo considerablemente su contenido de carbono. En 1857 el ingeniero inglés Henry Bessemer (1813-1898) descubrió una forma muy económica de eliminar el carbono del hierro fundido.

En el procedimiento Bessemer, se inyecta aire combinado con algo de carbono a través del hierro fundido, eliminando el monóxido de carbono y el dióxido de carbono. También se oxida parte del hierro, que entonces se combina con el silicio y el manganeso para formar la escoria. En tan sólo 15 minutos se convierten en acero varios centenares de toneladas de hierro. El convertidor entero gira sobre un eje, como una hormigonera, para verter el acero fundido.

En la década de 1860, un grupo de ingenieros inventó un proceso mucho más lento y más controlable: el procedimiento de horno de solera. En este procedimiento se utiliza gas de carbón de baja concentración para calentar hierro fundido en un horno poco profundo. Los cambios químicos son los mismos que en el convertidor Bessemer, pero el procedimiento tiene la ventaja de que se puede añadir chatarra de hierro a la mezcla. Con este método se tarda unas doce horas en producir acero, lo que permite un control muy exacto de la composición final.
Actualmente, tanto el procedimiento Bessemer como el procedimiento de solera han sido sustituidos en la mayor parte de los países por un proceso que combina las ventajas de los dos.

En el procedimiento LD (abreviatura de Linz-Donawitz), se insufla un chorro de oxígeno casi puro a través de una lanza sobre la superficie del hierro fundido. El proceso es rápido y puede absorber hasta un 20% de chatarra, a la vez que produce un acero de muy alta calidad. La adición de cal al oxígeno permite convertir en acero hierro con un mayor contenido en fósforo; este último procedimiento se denomina horno básico de oxígeno.

Para los aceros más caros, incluidas las aleaciones y los aceros inoxidables, se utilizan hornos de arco eléctrico (ver fotografía). El calor lo proporcionan tres electrodos de carbono introducidos en una mezcla de chatarra con los elementos» de adición propios de cada aleación. El silicio si manganeso y el fósforo se eliminan e! carbono se elimina al añadir de hierro, que reacciona exactamente igual que en un alto horno. El hecho de que los hornos de arco eléctrico puedan fundir cargas constituidas en su totalidad por chatarra es una gran ventaja en los países desarrollados, donde el acero reciclado representa una gran proporción de la producción total.

Tipos de acero
El acero se vende en forma de planchas fundidas, enrollado en láminas, en tiras, en barras (para clavos, tornillos y alambre) o en vigas (para edificios, puentes y otras utilizaciones propias de la construcción). Las características del acero se pueden modificar con ciertos procedimientos, como el tratamiento por calor y las aleaciones, a fin de que resulte adecuado para usos específicos. El factor más importante en cualquier acero es el contenido de carbono.

Los aceros con alto contenido de carbono son más duros y fuertes, pero también más quebradizos y no se pueden soldar. Para que la soldabilidad sea adecuada, el contenido de carbono debe ser inferior al 0,2%. Las características precisas de cualquier tipo de acero dependen también del tratamiento por calor, que determina su micro-estructura.

El acero puede endurecerse calentándolo al rojo vivo —en torno a los 850°C— y apagándolo entonces con agua, pero también en ese caso resulta quebradizo. Es posible conservar la dureza en gran parte y reducir la fragilidad mediante una segunda cocción a temperatura más baja —unos 250°C—, seguida del enfriamiento del acero a temperatura ambiente. Este acero recibe el nombre de acero templado.

La aleación del acero con otros elementos, además del carbono, también es importante. El acero que contiene un 3% de níquel, por ejemplo, es extraordinariamente duro y se utiliza para ruedas dentadas y ejes que deben soportar grandes esfuerzos. Los aceros que contienen hasta un 13% de manganeso tienen bordes muy duros, y se emplean para hacer determinadas maquinarias como las excavadoras y taladradoras.

El molibdeno se alea con algunos aceros para reducir su fragilidad. Los aceros inoxidables, que contienen en torno a un 14% de cromo y a veces también níquel, no se oxidan debido a la formación en su superficie de una capa impermeable de óxido. En la actualidad, estos aceros son muy empleados para la realización de cuberterías y fregaderos de cocina, así como para el revestimiento de edificios.

hierro moldeado

El acero fundido (izquierda) es moldeado en formas básicas y estandarizadas, como barras y planchas, antes de ser laminado o convertido en productos para la venta. En el pasado, todo metal fundido pasaba siempre por una etapa intermedia de lingotes antes de ser recalentado y laminado. Sin embargo, el desarrollo del sistema de fundición continuo ha permitido verter directamente el metal fundido en una máquina especial para producir barras o planchas.

chatarra autos

La disponibilidad de chatarra reciclable es un factor importante a la hora de determinar el proceso más adecuado para la fabricación de acero, in una economía desarrollada típica, la chatarra disponible es tanta que cualquier objeto nuevo fabricado con acero puede estar constituido por chatarra reciclada hasta en un 50%: los automóviles nuevos llevan otros viejos en su interior. En las economías en desarrollo, donde hay menos acero viejo, se usa una proporción mucho menor de chatarra. No toda la chatarra procede de productos que han llegado al final de su existencia. En las propias fábricas de acero se el material que no alcanza el nivel requerido. Por otra parte, los recortes de la industria vuelven a las acerías para su reprocesamiento.

Petróleo               Carbón              Gas natural

Fuente Consultada:
Natura Las Reservas Económicas Naturales
Biblioteca Temática UTEHA – El Mundo Que Nos Rodea

Consecuencias de la Revolucion Agricola en el Siglo XIX Nuevas Tecnicas

La Segunda Revolución Agrícola:
la formación de un mercado mundial

La mecanización de las labores agrícolas vino a favorecer el crecimiento de la economía agraria en las grandes planicies de América, de Australia y del sur de Rusia. Al disminuir la necesidad de trabajo humano y reducir los costes, las máquinas permitieron desarrollar una agricultura de nuevo tipo, el dry farming, en que una forma extensiva de cultivo, con rendimientos por hectárea inferiores a los que se obtenían en Europa, permitía, sin embargo, producir trigo a precio mucho más bajo. Pero el factor decisivo de esta revolución fue, como ya hemos apuntado, el extraordinario progreso de los transportes.

Cuando el ferrocarril llevó el trigo de las llanuras centrales norteamericanas a los puertos del Atlántico, los barcos de vapor lo condujeron a Europa, y la disminución progresiva del coste del transporte hizo que este trigo americano llegase a los mercados europeos a precios inferiores a los del producido allí.

El crecimiento de la producción agrícola transatlántica fue extraordinaria. De 1870 a 1895, las exportaciones norteamericanas de trigo se triplicaron. Hacia 1885, los cuatro mayores exportadores transatlánticos (Argentina, Australia, Canadá y Estados Unidos) producían ya el 25 % del trigo mundial, proporción que hacia 1920 ascendía a más de un 40 %.

Esta extraordinaria expansión fue posible gracias a la amplia disponibilidad de tierras libres, que se daban a bajo precio a quienes deseaban colonizarlas, y a un crecimiento prodigioso de la mecanización. Para hacerse cargo de ello, baste decir que entre 1870 y 1920 el capital invertido en utillaje agrícola se multiplicó por diez en los Estados Unidos. Nada semejante podía producirse en Europa (salvo en el caso especial de las llanuras del sur de Rusia), donde la estructura de la propiedad, la dimensión de las explotaciones e incluso la misma parcelación no podían alterarse fácilmente para adaptarlas a unas condiciones de producción cambiantes.

El resultado del choque de dos economías agrarias que respondían a sistemas muy distintos fue una crisis agraria sin precedentes, especialmente aguda, en lo que se refiere a los cereales. Entre 1880 y 1900 el tema de la «crisis agrícola y pecuaria» suscitó una inmensa literatura en toda Europa, que revela el grado de desconcierto de los contemporáneos.

Suele considerarse que la crisis agraria de fines del siglo XIX es el signo inequívoco de la aparición de la segunda revolución agrícola, determinada por la constitución de un mercado a escala mundial, en donde las oscilaciones de la producción pueden repercutir de un extremo a otro del planeta.

Este hecho suscitó una cierta división social del trabajo a nivel internacional: frente a los «países industriales» surgieron unos «países agrícolas», que englobaban la totalidad de las colonias y la mayor parte de las naciones subdesarrolladas, entre ellas las de Iberoamérica.

La agricultura iberoamericana, que había permanecido poco menos que estacionaria desde la independencia, experimentó un salto expansivo formidable a fines del siglo XIX, al integrarse en las corrientes exportadoras mundiales. En el caso concreto de la Argentina, por ejemplo, el área cultivada, que había crecido a un ritmo de 30.000’Ha anuales de 1810 a 1888, lo hizo a razón de 800.000 Ha por año entre 1888 y 1910: hacia 1925 la Argentina producía el 6 % del trigo mundial, y sus exportaciones representaban el 18 % del tráfico triguero total.

Fenómenos semejantes se habían registrado en otros países iberoamericanos, de modo que en los años iniciales del siglo XX podía señalarse una serie de áreas regionales, caracterizadas por la especialización en unos cultivos determinados: área del trigo que abarcaba Argentina, Chile y Uruguay (doblada en. Argentina y Uruguay por la producción de carne), área del caucho en la zona amazónica, área del café extendida desde Brasil a América central, o el caso concreto de Cuba dedicaba casi exclusivamente a la producción de caña azucarera.

A este panorama habría que añadir el imperio de la banana, erigido en la América central por la United Fruit Co. (fundada en 1899), que llegó a convertirse en una gran potencia económica y política, pero la historia de su crecimiento cae fuera del marco cronológico de nuestra exposición.

La rápida expansión de sus exportaciones agrícolas pudo hacer creer a los países iberoamericanos que se hallaban en la senda correcta hacia el desarrollo económico. En realidad no era así, ya que comprometían gravemente su futuro, al hacerlo depender de las oscilaciones de unos mercados extranjeros muy determinados, y al orientar sus fuerzas productivas hacia una especialización exagerada, que haría muy difícil su reconversión en caso de que sobre viniera una crisis.

De hecho, las grandes potencias estaban practicando en Iberoamérica los métodos de dominación indirecta que habían aprendido en su experiencia colonial; en muchos caso la connivencia entre los intereses financieros extranjeros y los d’ los grandes señores de la tierra locales ayudó a estos últimos a adueñarse del poder político, del que se sirvieron para orientar las economías nacionales de acuerdo con sus propias conveniencias, que solían ser coincidentes con las de sus clientes extranjeros.

El sistema pudo marchar viento en popa mientras duró la oleada de prosperidad iniciada a finales del siglo XIX y sostenida por el estallido de la primera guerra mundial. Nadie se preocupaba, entre tanto, de averiguar si las bases en que se apoyaba eran estables, aunque el caso concreto del caucho (desplazado por las plantaciones que las potencias coloniales europeas habían efectuado en Indochina, Malaca, Birmania e Indonesia) debía haber obligado a la reflexión.

Sobrevino la crisis de 1929 y 30, la expansión quedó frenada y el equilibrio roto. Entonces los agricultores de Iberoamérica cobraron conciencia de que habían enajenado su independencia económica a unos mercados exteriores sobre cuyas decisiones no podían ejercer ningún tipo de control. Pero el análisis de esta situación nos llevaría a abordar la problemática agraria de nuestro tiempo, y esta exposición histórica debe detenerse justamente aquí.

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

Revolucion Agricola en Europa Siglo XVIII Avances Tecnologicos Tull

La primera revolución agrícola: la expansión del siglo XVIII

Lo que solemos denominar «revolución agrícola» es en realidad un largo proceso, de unos 250 años de duración, dentro del cual es posible señalar varias fases netamente diferenciadas. La primera de ellas (la más trascendental, aunque sea externamente menos espectacular) abarca el conjunto de cambios técnicos y económicos que hicieron posible que la producción agrícola europea aumentara considerablemente en el transcurso del siglo XVII.

Este aumento fue condición indispensable para que pudiera tena lugar el inicio de la revolución industrial, ya que permitió disponer de alimentos suficientes para mantener al proletariado urbano y puso a disposición de la industria un mercado en expansión donde vender sus artículos, y unos capitales que se invirtieron en las nuevas ramas productivas (textiles, siderurgia, ferrocarriles).

Para comprender cuál fue la trascendencia de esta expansión agraria del siglo XVIII (iniciada ya en algunos puntos de Europa fines del siglo XVII) habrá que recordar que hasta entonces la demografía europea había visto frenadas sus posibilidades de crecimiento por la aparición recurrente de unas catástrofes que tenían su origen en la insuficiente disponibilidad de alimentos.

En el siglo XVIII, en cambio, un aumento considerable de la población vino acompañado por un incremento paralelo de la producción de alimentos; así, este crecimiento demográfico quedó incorporado establemente, y sirvió de estímulo a la reactivación de la economía europea, tras el paréntesis de la crisis del siglo XVII

Un ejemplo concreto ilustrará esta afirmación: entre 1751 y 1821 la población de Inglaterra y Gales aumentó más del doble, pero la agricultura británica fue capaz de incrementar su producción en la medida necesaria, hasta el punto de que ni siquiera fue preciso recurrir a la importación de cereales extranjeros. De no haber sido capaz la agricultura de reaccionar así, no hubiera podido iniciarse una revolución industrial en Gran Bretaña, ya que, para mencionar un solo argumento, la exportación de artículos manufacturados hubiera tenido que compensarse con importaciones de alimentos, y no se hubiera dado la acumulación de capital necesaria para financiar los progresos tecnológicos de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX.

Inicialmente, el aumento cíe población suscitó una tendencia a extender el cultivo a tierras nuevas o a roturar los pastos. Fue preciso que, paralelamente a la extensión del cultivo, se operara una conquista en profundidad: un aumento de la producción por unidad de superficie cultivada. Este aumento de los rendimientos por superficie cultivada se inició con la supresión gradual del barbecho: del período en que se dejaba la tierra sin cultivar (un año cada dos, cada tres o cada cuatro) para que con este reposo restaurara naturalmente su fertilidad.

Estos sistemas se perfeccionaron en Inglaterra durante el siglo XVII, hasta culminar en la llamada rotación cuatrienal de Norfolk, en la que se sucedían cosechas de trigo, nabos, cebada y plantas forrajeras. El hecho de que estas rotaciones incluyeran una o varias fases destinadas a producir alimentos para el ganado resultó de gran trascendencia, ya que permitió aumentar el número de cabezas de ganado (aun reduciendo la extensión destinada a pastos), lo que revirtió en una mayor disponibilidad de abono animal, que a su vez facilitó la intensificación de cultivo. Este sistema de cultivo alterno vino a representar una perfecta y equilibrada asociación de agricultura y ganadería, que rompería en lo futuro la disyuntiva entre dedicar la tierra a una u otra actividad. Los pastos comunes de los pueblos resultaban innecesarios, y se pudo proceder a roturarlos, a la vez que los propietarios cercaban sus tierras para evitar que el ganado ajeno entrase en ellas.

La intensificación de las «enclosures» en la Inglaterra del siglo XVIII contribuyó así al progreso de la agricultura británica, pero no se hizo sin grave quebranto para los pequeños campesinos, a los que, por una parte, se privó de los pastos con que hasta entonces habían contado para alimentar su ganado, mientras que, por otra, se encontraron imposibilitados de cercar sus propias tierras, debido a que ello significaba realizar unos gastos considerables.

Estos cambios en los sistemas de cultivo vinieron acompañados por la introducción de nuevas especies vegetales, principalmente raíces y tubérculos, como el nabo y la patata. La difusión de la patata tropezó con la hostilidad de los campesinos europeos, que creían que era venenosa y que producía enfermedades tales como la tuberculosis y la lepra. Pero el encarecimiento de los cereales a partir de mediados del siglo XVIII les obligó a sobreponerse a esta repugnancia y a consumirla en grandes cantidades. Esto ocurrió sobre todo en las concentraciones industriales de Inglaterra e Irlanda, y en aquellas zonas del continente que experimentaban la amenaza del hambre. En contrapartida, la dependencia del solo cultivo de la patata desencadenó, en el siglo XIX, la tremenda sucesión de hambres que asolaron y despoblaron Irlanda.

La intensificación de las labores y la mayor disponibilidad de ganado de trabajo estimuló el perfeccionamiento del utillaje agrícola. Es tradicional señalar como la primera de estas innovaciones la invención, en 1701, de la máquina de sembrar de Jethro Tull (imagen) , que haría posible sembrar cereales y raíces en hileras rectas y esparcidas, susceptibles de permitir el trabajo de una yunta entre ellas.

Pero las posibilidades de la máquina de sembrar no pudieron experimentarse plenamente hasta que, a partir de 1730, se divulgó el arado de Roterham: un tipo de arado ligero, inspirado en modelos holandeses, que permitía el trabajo con una sola pareja de animales y un hombre, en lugar de requerir, como los viejos tipos, mucho más pesados, un tiro de seis u ocho bueyes, que precisaba dos hombres para su trabajo, y que giraba con dificultad al llegar al final del surco (una de las causas de la forma alargada de las parcelas).

El siglo XVIII no llegó a producir las grandes innovaciones que permitirían la mecanización de la siega y la trilla, en parte porque las condiciones económicas aún no lo exigían, y en parte porque la construcción de estas máquinas necesitaban del desarrollo previo de la siderurgia. Pero los conocimientos tecnológicos para llevarlas a la práctica existían ya, como lo prueba que en 1732 se patentase una máquina de trillar movida por agua.

Estos fenómenos a que nos hemos venido refiriendo (la extensión del cultivo y el aumento de los precios agrícolas, provocados por una fuerte expansión de la demanda) ocurrieron prácticamente en toda Europa: en las islas Británicas, en España, Suecia, Francia, Holanda, Alemania, etc.

Un corolario lógico de esta manera de pensar había de ser la convicción de que estos progresos debían extenderse a todas las tierras disponibles y susceptibles de una adecuada explotación, sin que quedaran al margen de este avance las grandes extensiones poseídas por las clases privilegiadas del antiguo régimen (la aristocracia latifundista y el clero), que en su inmensa mayoría seguían cultivándose con los mismos métodos extensivos que se venían empleando desde la Edad Media.

De lo que tal vez no eran plenamente conscientes muchos de estos hombres era de que el desarrollo lógico y coherente de su manera de pensar conduciría a exigir una reestructuración de la propiedad de la tierra, que no podía lograrse más que con una transformación radical y revolucionaria de la sociedad y del mismo Estado, órgano de dominio de la aristocracia latifundista. Sólo en algunos lugares pudieron realizarse las reformas necesarias sin recurrir a alteraciones revolucionarias, como fue el caso de Dinamarca.

Fuente Consultada: Los Fundamentos del Siglo XX Tomo Nro. 94 Biblioteca Básica.

El Carbon Formacion u Origen, Tipos y Extraccion Hulla, Turba, Lignito

EL CARBÓN, Origen, Formación, Tipos y Extracción
Hulla, Turba y Lignito

EL CLÁSICO COMBUSTIBLE PADRE DE LA ACTUAL SOCIEDAD INDUSTRIAL
ENERGÍA NO RENOVABLE

Todos hemos visto un diamante, una mina de lápiz, un trozo de carbón. ¡Qué diferencia hay entre ellos! El diamante es el más duro de los cuerpos; el grafito de la mina es negro o gris como el plomo, y blando a tal punto que deja trazos sobré una hoja de papel; el trozo de carbón es totalmente negro, friable y de forma irregular.

Sin embargo, y pese a ser tan disímiles por su aspecto, valor y usos a que se los destina, el diamante, el grafito y el carbón no son sustancias diferentes, sino tan sólo tres estados de una misma materia, así como el agua, el hielo y el vapor de agua son un mismo cuerpo en estado líquido, sólido y gaseoso.

En nuestro caso, se trata del carbono, sustancia muy común en la naturaleza, elemento fundamental de todas las materias orgánicas, que se encuentra asimismo en la base de la formación de todos los minerales. El carbono puro y cristalizado constituye el diamante y el grafito que acabamos. de describir. Mina de carbón, interior

En estado amorfo e impuro, constituye los carbonos fósiles: son las sustancias compuestas principalmente de carbono, y que aparecen como residuos de la descomposición  de materias orgánicas, sometidos a un largo proceso natural de transformación. Para comprender con claridad este proceso, es necesario volver hacia atrás, a una época de la que nos separan millones de años. Mucho antes de que el hombre hiciera su aparición sobre la tierra, existían inmensos bosques de helechos y asperillas, entre árboles de enormes troncos. Estas plantas envejecieron, murieron y fueron enterrándose paulatinamente; grandes cataclismos, hundimientos que ni la imaginación más fecunda puede concebir, obligaron a los océanos a invadir las vastas extensiones otrora recubiertas de bosques.

Al cabo de otros muchos años, después de retirarse los mares, una lujuriosa vegetación volvió a crecer sobre lo que había sido el suelo submarino, hasta que nuevos plegamientos telúricos motivaron una nueva invasión de las aguas. Esta sucesión de hundimientos y plegamientos, varias veces repetidos, está en el origen del proceso de carbonización de los vegetales; éstos siguen internándose progresivamente en las entrañas de la tierra, lejos del aire y de la luz.

Ocurrió pues lo siguiente: las sustancias vegetales, constituidas principalmente por compuestos de carbono, de hidrógeno y de oxígeno, al no hallarse ya en contacto con el aire, fueron perdiendo el oxígeno y el hidrógeno, y aumentaron su tenor en carbono; pasaron por los estados sucesivos de turba, carbón de tierra y antracita.

El examen químico de los carbones y rocas que rodean estos yacimientos nos ha permitido descubrir algunos secretos; podemos saber en la actualidad la edad de los carbones guiándonos por el índice de carbono que contienen, y fijamos, con bastante precisión, los límites que separan los distintos tipos. Se han clasificado en cuatro categorías: el carbón, la hulla, el lignito y la turba. La antracita es el más antiguo de los carbones fósiles.

Su formación remonta a la época primaria o paleozoica, más exactamente a aquel período que, debido justamente a los grandes yacimientos de carbón que en él se formaron, es llamado período carbonífero. La antracita presenta un brillo casi metálico; es pesada y compacta, y ya su estructura no revela la de la madera en que tuvo su origen. Con una buena circulación de aire, arde totalmente y constituye, por lo tanto, un excelente combustible. En América del Norte, Francia, Gran Bretaña, Alemania y Rusia existen importantes yacimientos de antracita; otros países también poseen hulla seca, pero en menor cantidad.

La hulla, cuya formación remonta a la época paleozoica y mesozoica, contiene aproximadamente 80 a 85 % de carbón. Es negra y opaca y, según la calidad, se parece al lignito o a la antracita. Este carbón, graso y rico en sustancias bituminosas, sirve para la fabricación del gas de alumbrado. El carbón “magro” es el más usado en metalurgia. Se hallan grandes yacimientos de hulla en Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Rusia y China.

Las regiones mineras de estos países presentan un aspecto sombrío; las aglomeraciones que allí se forman sugieren campamentos estables, y pareciera que una lluvia de cenizas hubiera caído sobre el paisaje. La vida toda parece surgir de las entrañas de la tierra.

El carbón, en todo otro lugar es esclavo; aquí es dueño, y causa de tanta riqueza y miseria. El lignito se formó con la edad terciaria; es pues el tipo de carbón más reciente entre los que hemos enumerado; el porcentaje de carbono es también inferior y oscila entre el 70 y el 80 %. El lignito conserva a veces estructura de la madera de que proviene. Se encuentran minas importantes de lignito en Alemania, Rusia, Checoslovaquia, Italia (especialmente Venecia, Toscana, Umbría) y en Cerdeña.

La turba es de la época cuaternaria y, contrariamente a los demás carbones, no está formada por la carbonización de materias leñosas, sino por la acumulación de musgos gigantes y plantas de los, pantanos, cuyo procese de carbonización no está concluido. – Contiene una cantidad mucho menor de carbono (apenas 55 %) – Tiene un color amarillo parduzco  en el momento de la extracción contiene aún mucha agua. Por esta causa debe ser secada y comprimida antes de utilizársela como combustible. Al arder despide mucho humo y deja un abundante residuo de cenizas. Se la emplea también para lecho de los animales.

formacion del carbon, corte del terreno

La sucesión de rocas en los yacimientos carboníferos son el resultado de hundimientos rítmicos de los pantanos costeros. La inundación del pantano produjo pizarras y depósitos marinos. La acumulación de éstos elevó el fondo del mar, formándose de nuevo el pantano.

De ella se extrae por destilación distintos gases combustibles, como el amoníaco y el ácido acético. Existen grandes turberas en Alemania, Dinamarca, Holanda, Rusia, Francia, Argentina, etcétera. Hemos visto hasta qué punto el tiempo es un factor importante en la formación del carbón. No es, sin embargo, el único; otros factores decisivos han sido la presión y la temperatura, pues éstos pueden favorecer o detener el proceso de carbonización.

Efectivamente, en aquellas regiones en que faltaron estos elementos, la carbonización de los vegetales leñosos se ha visto entorpecida y apreciablemente frenada. Este es el caso de los yacimientos de Moscú, en que encontramos carbón del período carbonífero con todas las características del lignito.

En Pensilvania existe un yacimiento de carbón que presenta una característica muy curiosa: en las partes que han soportado fuertes plegamientos. (esto es, que estuvieron durante más tiempo sometidas. a la presión y al calor) se extrae antracita; en las que sufrieron menos el rigor de estos elementos sólo se encuentra carbón de tierra. Según las eras geológicas, varía el tipo de plantas que suministraron la materia prima para la formación del carbón: la antracita y la hulla derivan, por lo general, de los helechos y asperillas, y, en menor proporción, de las cicadeas y de las coníferas.


(Imagen de: http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Producci%C3%B3n_carb%C3%B3n_2007.png)

El lignito deriva de las coníferas, de las palmeras  de los plátanos. La turba, que está aún en formación, proviene , de las gramíneas y, en general, de las hierbas de los pantanos. En tanto la antracita y la hulla se presentan en forma de capas superpuestas y alternadas con otras de consistencia pedregosa que miden a veces más de 1.000 metros de profundidad, el lignito se presenta en pocas capas y la turba en una sola. Se atribuye este hecho a la existencia de inmensos bosques, que se extendían sobre las superficies pantanosas, a lo largo de las costas marítimas y a orillas de los lagos, que las aguas cubrían con cierta frecuencia. El material arcilloso y la arena fueron llevados a la depresión, donde se formó la capa litoidea.

OXIGENO EN EL CARBON

Se indica como varían los % de hidrogeno, oxigeno y carbono durante la formación del carbón.

El ciclo de la vegetación vuelve a empezar, y sigue un nuevo hundimiento y rellenamiento, y así sucesiv5mente durante extensos períodos. Los usos del carbón son innumerables; gran parte de él se utiliza para la producción de vapor y de fuerza motriz, tanto en las industrias como en el transporte. Desde hace siglos, el carbón fósil es el combustible más usado para la calefacción y para la alimentación de los hornos y fundiciones. Además, permite obtener por destilación gas de alumbrado y toda una gama de subproductos como el asfalto y el amoníaco.

Se calcula que para abastecer todos los mercados se extraen anualmente de las entrañas de la tierra, aproximadamente 1.500 millones de toneladas de carbón fósil. Los países más ricos en carbón son los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Rusia. Los yacimientos europeos más importantes se encuentran en el País de Gales, en Polonia y en el Sarre, que fuera causa de largas discusiones entre Francia y Alemania, territorio independiente desde 1947, unido a Alemania en 1955. Los carbones que acabamos de mencionar son naturales, pero existen carbones artificiales. Los más usuales son: el carbón de madera, el coque, el negro de humo y el carbón animal.

El carbón de madera se obtiene de la siguiente manera: se dispone un montón de madera, recubriéndola luego con hojas y tierra. Se toma la precaución de practicar un orificio que comunica con otras aberturas dé la base y que permite encender el fuego, a la vez que sirve de conducto para el aire y el humo. Durante la carbonización es necesario evitar todo contacto entre la madera y el exterior, Con este procedimiento, mediante la descomposición de la celulosa y otras sustancias, se obtiene el carbón de madera, que arde con mayor facilidad que los otros y produce gran cantidad de calorías.

El coque se obtiene como residuo de la destilación de la hulla; es muy usado también como combustible. El carbón de retorta se forma sobre las paredes de las retortas y otros recipientes que se utilizan para la destilación de la hulla; no sirve como combustible, pero entra en gran parte en la preparación de carbones para lámparas y pilas. El negro dé humo es un polvo ligero, que se emplea en la preparación de barnices, tintas de imprenta y colorantes.

El carbón animal es un polvo pesado, de color negro, y se lo obtiene por calcinación de los huesos; se le da gran importancia en los procesos de decoloración de sustancias orgánicas. Es interesante seguir paso a paso el desarrollo bajo tierra de las numerosas galerías que van bordeando los filones más ricos de este valioso mineral negro: una mina, en su aspecto más esquemático, está formada por uno o varios pozos que penetran en la tierra a cientos de metros de profundidad. De estos pozos salen como ramificaciones numerosas galerías, orientadas hacia los filones localizados de antemano.

Las grandes minas están provistas de varios pozos como el que acabamos de describir: cada uno de ellos tiene un ascensor especial, que permite bajar y subir con rapidez, y se utiliza tanto para los mineros como para el carbón y las herramientas. El trabajo de las minas es de los más duros que pueda imaginarse.

En épocas lejanas se empleaban para estos trabajos los esclavos más robustos, y estaban destinados a no volver a ver la luz del día. A la fatiga propia del trabajo, el calor excesivo, la humedad y falta de aire, se suma el grave peligro que constituye la formación de grisú (mezcla explosiva del gas de extracción, compuesta principalmente de hidrógeno carburado que se desprende en las minas de hulla y hace explosión al encontrar un cuerpo inflamado), que suele provocar catastróficos hundimientos. Lamentablemente, aún en nuestros días, las tragedias en las minas son inevitables.

Cada mañana el minero deja su familia para bajar a grandes profundidades, ignorando si ha de volver. Pese a ello, los obreros de las minas prosiguen valientemente su trabajo; perforan la tierra en corredores a menudo muy angostos y bajos, que les obligan a arrastrarse, manejando pesados martillos neumáticos, con el fin de proporcionar a las usinas, a los hogares y a la industria, el combustible necesario para el funcionamiento de las máquinas y el mantenimiento del confort moderno.

LA HULLA: Debido a su importancia, este tipo de carbón ha sido estudiado con más detalle que cualquier otro. Contiene de un 70 a un 90 % de carbono; de un 8 a un 15 % de oxígeno, y un 4 % de hidrógeno, encontrándose también pequeñas cantidades de azufre y nitrógeno —elementos presentes en la materia de las plantas vivas—. Todos los carbones contienen cierta cantidad de materia mineral, derivada, en parte, de las plantas de origen, pero, principalmente, del agua filtrada a través de los depósitos durante su período de formación y con posterioridad a él. Esta materia mineral origina las cenizas cuando el carbón se quema.

Los carbones bituminosos tienen una estructura en capas, y su examen al microscopio indica que se hallan formadas por materiales diferentes. El vitrain, que constituye las capas más brillantes, es limpio y lustroso, y se rompe fácilmente en trozos de forma regular. No da lugar a capas extensas, sino a inclusiones relativamente pequeñas, y su examen al microscopio muestra que procede de la madera y la corteza alteradas. Es probable que cada inclusión represente la caída de un solo árbol.

El clarain forma otras bandas brillantes entrelazadas. Existen también capas finas de vitrain, separadas por un material opaco llamado durain. El clarain es, en realidad, una combinación de vitrain y durain. Este último forma también capas por sí solo, y es más duro y opaco que el vitrain, estando constituido por esporas (polen) y fragmentos diminutos, demasiado pequeños para ser identificados.

La suciedad del carbón se debe a un cuarto componente, el fusain, una sustancia escamosa análoga al carbón vegetal, que se presenta en capas finas en los filones carboníferos. El carbón se exfolia con facilidad a lo largo de estas capas y el fusain, que no se sabe aun como se ha formado, se desprende con roce.

YACIMIENTOS DE CARBÓN:
Los primeros depósitos conteniendo carbón de algún valor pertenecen al período carbonífero. Es posible que las plantas leñosas no hubieran alcanzado gran desarrollo antes de esta época, o que las condiciones para su conservación no se dieran en muchas zonas. Las principales cuencas carboníferas del mundo se encuentran al noroeste de Europa (incluyendo Gran Bretaña) y en la parte oriental de América del Norte.

El estudio de los yacimientos del carbonífero indica que se depositaron en inmensos pantanos costeros y que cada filón representa la vegetación de un solo pantano, es decir, la vegetación acumulada durante el tiempo en que el pantano existió. El carbón no forma, en realidad, más que una pequeña parte del yacimiento (menor del 5 %), estando constituida la mayor parte de las rocas por pizarras, areniscas y restos de fangos.

En los yacimientos se aprecia una sucesión clara de los distintos tipos de rocas, que se repite muchas veces. Debajo de cada capa de carbón se halla un lecho de arenisca fina, en la que aparecen, con frecuencia, huellas de las raíces de las plantas, lo que constituye una prueba más de que los yacimientos carboníferos se formaron «in situ», en el emplazamiento del pantano primitivo.

El clarain y el vitrain representan la acumulación de los constituyentes normales de las plantas, mientras que el durain contiene sólo fragmentos variados, siendo probable que represente la acumulación de residuos, durante períodos transitorios de inundación. Las vetas de arena accidentales pueden representar corrientes de aluviones que atravesaron el pantano. Los restos vegetales encontrados en el carbón indican que los principales habitantes de los bosques pantanosos fueron gigantescos licopodios, tales como el Lepidodendron y la Sigillaria, y enormes equisetos arborescentes (Calamites). Debajo de ellos, vivieron pequeñas plantas del tipo de los helechos.

También eran corrientes insectos como las libélulas, pero no se han encontrado restos de pájaros o plantas con flores. Se supone que cada metro de un filón carbonífero precisó, para su formación, 20 metros de restos vegetales. El espesor de los filones carboníferos varía desde unos pocos milímetros a más de 15 metros. Los más grandes representan vastas acumulaciones de restos vegetales. Encima de los filones carboníferos se encuentran, generalmente, pizarras, procedentes de depósitos arcillosos y arenosos.

Contienen muchos caparazones de moluscos de agua dulce y restos de plantas del tipo de los helechos, tales como el Neuropteris. Estos depósitos de agua dulce indican una inundación de los pantanos, y la acumulación de aguas estancadas o que se renovaban con lentitud. Muchas veces, a las pizarras siguen depósitos marinos, piedras calizas y areniscas, que indican un hundimiento total de los pantanos costeros. También llegaron a producirse elevaciones del terreno, ya que la gran cantidad de sedimentos depositados alrededor de las costas alzaron lentamente el fondo submarino, hasta alcanzar de nuevo a la superficie. Con ello predominaron otra vez las condiciones pantanosas, y se inició la formación del filón carbonífero siguiente.

Para explicar el gran espesor de los yacimientos carboníferos es preciso admitir que ocurrieron un gran número de hundimientos de este tipo, lo que es compatible con otros movimientos de tierra que se sucedieron por aquella época y que culminaron con los plegamientos herciniano y armoricano, en las postrimerías del período carbonífero.

EXTRACCIÓN DESDE UNA MINA: Lo primero que se hace cuando se descubre un yacimiento de carbón Antes de abrir un pozo minero se hacen taladros de sondeo en los sitios sugeridos por una exploración geológica previa. El determinar el sitio donde haya de abrirse el pozo es importantísimo, porque ha de cumplir, si es posible, por lo menos, tres condiciones; a saber: el que se pueda trabajar la veta de carbón desde su punto más bajo, de modo que las pendientes en las vías principales de la mina puedan descender hacia el fondo del pozo, y favorecer el drenaje y el acarreo; el efectuar la extracción del carbón desde el centro del yacimiento, para impedir una longitud innecesaria en los caminos subterráneos, y que pueda ser fácil el acarreo del producto.

Los pozos son, generalmente, circulares, porque esta forma es la que mejor resiste la presión; pero, sin embargo, se construyen muchos rectangulares. No es muy corriente el practicar primero el pozo principal, sino considerar el pozo ventilador como una prueba. El coste de la perforación depende de la dureza y cruzamiento del estrato y de la cantidad de agua, pues la presencia de arena con mucha agua es más difícil de trabajar que las capas más duras.

El pozo se reviste ordinariamente con capas internas de hormigón, de ladrillo o de hojas de acero. Al llegar a la veta principal se practican túneles dentro del carbón y, por lo menos, se inician dos en seguida, en comunicación uno con otro, así que se va avanzando para facilitar la ventilación. Cerca del fondo del pozo se excava espacio suficiente para las cuadras de los caballos, pues allí la ventilación es más fácil. El pozo mismo se continúa bajo el nivel de la zona de trabajo, y esta porción terminal, recubierta, se utiliza para recibir el drenaje.

El apuntalado de la tierra con acero en las vías subterráneas
Una porción considerable de los gastos de explotación en las minas de carbón es debida a la necesidad de apuntalar con maderas las vías y sitios donde se trabaja, que se hallan siempre expuestos a derrumbamientos y cuyo acceso se mantiene abierto artificialmente. El acero se va usando ahora cada vez más, en lugar de la madera, para el sostenimiento de los techos, especialmente en los sitios donde las presiones son grandes y el cambio es económico, pues aunque el acero cuesta el doble que la madera, su duración, bajo la presión de la mina, es seis veces mayor que la de dicha madera. Las torres o armaduras, dispuestas a la boca del pozo a flor de tierra y que primitivamente eran también de madera, ahora se hacen frecuentemente de acero.

La boca del pozo se refuerza fuertemente, la cuerda de ascensión es invariablemente de alambre de acero, plano o cilíndrico, y calculado de manera que pueda levantar, sin romperse, diez veces más carga de la que ordinariamente levanta. Algunas veces, esta carga es de cuatro toneladas de carbón, además del peso de la jaula y del cable. Operaciones de gran extensión, como las que ahora se practican, demandan amplios pozos de construcción más complicada que la usual hasta aquí.

Un pozo en Pensilvania suele medir 16 metros por 4 de boca, con una profundidad de más de 300, y se halla dividido en departamentos separados para los ascensores, funcionamiento de las bombas y ventilación. Algunas minas de carbón en el extranjero tienen más de 900 metros de profundidad. Además, en muchas minas puede entrarse por medio de túneles. Estos corren ligeramente hacia arriba dentro de la mina, y la pendiente resultante favorece la carga de los carros conforme éstos salen a la superficie, y permite además que el agua acumulada en la mina salga afuera por la acción de la gravedad.

El acarreo en el interior de las minas se efectúa actualmente por medios mecánicos a lo largo de las vías principales, y por caballos y muías entre los sitios donde se opera y dichas grandes vías. La electricidad se emplea comúnmente como medio de iluminación cerca del fondo del pozo, pero no en los lugares donde se trabaja, pues éstos se hallan constantemente cambiando a medida que se extrae carbón.

Los varios métodos por los cuales el carbón es extraído de su sólido lecho: Los sistemas seguidos para extraer el carbón de piedra de sus sólidos depósitos difieren de unas localidades a otras y según los países. Cerca del fondo del pozo se deja gran espacio para impedir los efectos de desplomes o hundimientos. Los dos medios más generales de extracción del carbón consisten en ir abriendo huecos y dejando pilares intermedios de carbón, y extrayendo éste en bloques rectangulares, o bien trabajando a lo largo del muro de carbón, de modo que todo el frente de la veta es atacado y extraído. Según se va acarreando el carbón, el techo se apuntala.

Los desechos o desperdicios se apartan o se apilan, según su carácter, detrás de los obreros, en el gran espacio abierto delante de la veta de carbón, y el espacio remanente se va cerrando gradualmente, a causa de las presiones circundantes, después que los apuntalados de madera se retiran y los tajos de explotación a lo largo del frente de la veta han ido avanzando.

El corte del carbón se efectúa actualmente de varios modos, pero lo general es emplear máquinas cortadoras, que practican muescas o ranuras en el fondo de la veta de carbón o en la roca que yace inmediatamente debajo. Estas ranuras o muescas se hacían antes a mano, y el minero, mientras efectuaba este trabajo, se hallaba tendido en el suelo, de costado, manejando el pico, hasta que toda la extensión del frente que se había acotado para él quedaba cortada por la parte inferior hasta donde podía alcanzar con el pico.

Después se practican agujeros en el frente del lecho carbonoso, sobre la porción cortada, y esos agujeros se cargan con un explosivo, de modo que por la explosión de estos barrenos se viene abajo una porción de pared de carbón, que alcanza hasta donde ha llegado el fondo del barreno. El mineral, entonces, se rompe en fragmentos, hasta que sea posible manejarlos a mano y cargar en pequeñas vagonetas, llevadas hasta aquel sitio a lo largo de vías o carriles, que se van prolongando a medida que la capa o veta de carbón se va extrayendo.

Muchos de los usos del carbón tan penosamente conquistado de las profundidades donde se halla oculto desde tantos siglos, son completamente conocidos hasta de los más profanos. Todos ven el consumo diario que de él se hace para el caldeo de las viviendas, para fines culinarios, para producir fuerza motriz cuando, transformado en calor, pone en movimiento toda clase de maquinaria, desde las rápidas y poderosas máquinas de los trenes expresos y de los grandes «leviatanes» de la marina, hasta miles y miles de máquinas de los talleres y factorías.

Sabemos también que de él procede el gas para nuestro alumbrado, y que el mismo carbón ha fundido los metales que han suministrado material para las nueve décimas partes de los utensilios, herramientas, aparatos y mecanismos usados por la Humanidad.

Reconocemos que el carbón de piedra, en alianza con el hierro y sus compuestos han hecho posible el industrialismo moderno. Pero hay, además, otros usos a los cuales se ha destinado el carbón en estos años recientes, y que no son tan conocidos, pero igualmente interesantes. si no tan esenciales. los productos químicos del carbón de piedra son una de las maravillas de nuestra generación.

Una tonelada de hulla grasa puede producir 930 metros cúbicos de gas, 60 kilogramos de brea o alquitrán, unos 700 kilogramos de cok y de 75 a 100 litros de productos líquidos. El uso del gas y del cok es bien conocido; el del alquitrán y del líquido acuoso ha dado ocasión a la mágica moderna del químico creador.

mina de carbon rampa

Estas rampas movibles transportan el carbón a los cangilones de unas grúas que los recogen, elevan y depositan en el interior de los barcos. Estos barcos están cargando en los muelles de Baltimore y Ohio, en Baltimore.

descarga de carbon

Los docks del carbón de la Compañía de Ferrocarriles del Valle de Hocking, en Toledo (Ohio). El camión es arrastrado eléctricamente por un cable hasta la plataforma donde es descargado.

 

Una mina de carbón

He aquí un diagrama de una mina de carbón en el que se muestra los pozos y galerías como realmente existen. Las bandas negras marcan las venas de carbón y se vé cómo las galerías, partiendo de los pozos verticales conducen hacia las vetas carboníferas. Una circulación constante de aire puro se mantiene bajo tierra, ya por medio de un horno situado en el fondo del pozo y que hace que el aire caliente se eleve, o bien por medio de una bomba aspirante situada en lo alto del mismo pozo que absorbe el aire viciado por medio de un pozo ventilador especial. Cerca de cien mil metros cúbicos, de aire pasan a través de los pozos de algunas minas cada minuto. Un solo par de pozos sirve para miles de hectáreas de extensión minera. Algunas veces las galerías subterráneas llegan a 8o kilómetros de longitud, es decir 80 kilómetros de paseos a través de lo que fué bosques verdes en remotísimos tiempos.

 

Corte de una mina de carbon

Dato Curioso:
El carbón es rico en energía solar almacenada. El carbón está compuesto por restos fósiles de plantas que crecieron hace decenas, o incluso centenares de millones de años. Cuando los árboles del período carbonífero murieron y se descompusieron, hace unos 300 millones de años, muchos quedaron enterrados en el barro. Con el paso del tiempo se transformaron químicamente y luego de varios miles de años se formó la turba.

Hace cerca de 250 millones de años la roca superpuesta había compactado la turba hasta formar lignito, o carbón marrón. Éste contiene entre 65 y 70 por ciento de carbón. Unos millones de años atrás gran parte de este lignito se había transformado en carbón bituminoso. Con un poco mas de tiempo se formó la antracita, compuesta de un 95 por ciento de carbón y considerada el mejor tipo de carbón para incinerar. Para producir una tonelada de carbón se requieren entre 25 y 75 toneladas de vegetación creciente.

El carbón se extrae a veces de minas con una profundidad superior al kilómetro. Sin embargo, con las nuevas técnicas desarrolladas para utilizar carbón de menor calidad, las vetas de poca profundidad y los depósitos superficiales, que alguna vez fueron antieconómicos, han empezado a explotarse.

Historia de la Siderurgia

Petróleo Carbón Gas natural

Fuente Consultada:
Colección Moderna de Conocimientos Universales La Fuerza Motriz W.M. Jackson , Inc