Sociedad y CIA

Protesta Estudiantil en Latinoamerica Historia del Movimiento

HISTORIA DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL
EN AMÉRICA LATINA

En 1918 se produce en la ciudad de Córdoba un movimiento social y político que tiene como principal protagonista al estudiantado. Originada en reclamos académicos y culturales , exigiendo una renovación pedagógica , en poco tiempo la protesta estudiantil alcanzará la envergadura nacional y latinoamericana.

La rebelión de los años 20 surge en un contexto económico-social de movilización de sectores medios urbanos, producto de la violenta inserción de América Latina en el mercado mundial.

Juan Carlos Portantiero caracteriza así este período:

«La apertura hacia Europa y los Estados Unidos a través de la intensificación de las relaciones comerciales y del asentamiento de inversiones extranjeras, estaba marcada por la rémora del monocultivo y suponía una deformación del crecimiento a partir de su misma raíz.

«Se trataba de la repercusión, sobre las áreas periféricas, del imponente proceso de desarrollo industrial que tenía lugar en Europa Occidental, principalmente en Gran Bretaña y en los Estados Unidos. Materias primas y alimentos eran ávidamente requeridos por la vertiginosa expansión de las economías capitalistas.  Al crecimiento del comercio mundial, basado cada vez más en una rígida especialización que condenaba a las áreas atrasadas a un crecimiento Unilateral, se sumaba la inmigración de pobladores europeos a América Latina y la inversión de capitales, especialmente destinados a consolidar la dependencia.

«De este proceso, cuyo resultado social, fue en general, el reforzamiento de estructuras internas duales, caracterizadas por la superposición de zonas de atraso precapitalista y áreas urbanas cosmopolitas y con pautas de consumo y hábitos de vida europeas, se favorecieron especialmente los países de la zona del Río de la Plata, Argentina y Uruguay, dado que la existencia en ellos de clima templado y de praderas fértiles los transformaba en ideales abastecedores de alimentos para cubrir los crecientes consumos de los países industrializados».

Si bien es cierto que todo este proceso implicó la creación de fuertes lazos de dependencia con los países capitalistas ya desarrollados, también es cierto que, aunque deformado, promovió cierto grado de desarrollo. América Latina comenzó a modernizarse y su característica más notable fue el crecimiento urbano. Durante el período comprendido entre 1890 y 1920 las principales ciudades y capitales de América Latina duplicaron y hasta triplicaron su población. La urbanización trajo aparejado un crecimiento en la educación.

De acuerdo con los datos suministrados por el autor anteriormente citado el número de estudiantes se cuadruplicó entre 1890 y 1915, la población de la Universidad de Buenos Aires creció en el mismo lapso de 900 a 4.600, los alumnos primarios de 300.000 a 760.000.

Al abrirse nuevas posibilidades económicas, se resquebrajó el viejo esquema de clases emergiendo importantes sectores localizados en las ciudades, y cuyo peso social los lleva a adoptar casi inmediatamente activas conductas políticas. En el .plano internacional muchas cosas habían cambiado también. Ha finalizado la Primera Guerra Mundial. En 1917, Rusia, el país de los zares, se ha convertido en el primer estado socialista.

En América Latina el triunfo de la revolución mexicana ha convulsionado el continente. En la Argentina, claro exponente de la situación analizada, el reclamo de participación de estos sectores medios urbanos se canalizó fundamentalmente en la Unión Cívica Radical.

El triunfo del radicalismo en 1916 es vivido como un triunfo por una amplia mayoría de estos estratos urbanos. Sin embargo, sería excesivamente esquemático explicar la revuelta estudiantil solamente como un reflejo del ascenso y la movilización de ciertos sectores sociales.

poster propagandaEl movimiento estudiantil tiene —tal como lo analizamos al comienzo— características y determinaciones específicas. Su sensibilidad, su capacidad de organización y movilización supera ampliamente los límites impuestos por su clase de origen.

(imagen: cartel de propaganda política)

Córdoba es el punto neurálgico de la movilización estudiantil. Es ahí donde más agudamente se dan las contradicciones de una sociedad en transición.

La Universidad cordobesa se mantenía casi como en 1613, año de su fundación. Reducto del patriciado tradicional, sn sus claustros reinaba el oscurantismo y un estricto criterio de autoridad. Se renegaba del método científico y experimental y como alternativa se enseñaba teología y derecho público eclesiástico. Las autoridades religiosas controlaban rigurosamente el nombramiento y la conducta de los profesores.

Este clima no era característico de todas las universidades del país. Buenos Aires y La Plata trataban de ajustar su organización a los nuevos tiempos que corrían. Todo comenzó con el reclamo de los alumnos cordobeses de sustituir el sistema vigente para la provisión de cátedras. Ante la negativa de las autoridades, los alumnos deciden ir a la huelga, que se cumple de manera exitosa y se extiende solidariamente al conjunto de la población universitaria argentina. Se suceden manifestaciones multitudinarias que son reprimidas con violencia por la policía y se establecen contactos solidarios con sindicatos y partidos de izquierda.

El 21 de junio de 1918 los estudiantes dan a publicidad un documento de fundamental importancia para la historia de! movimiento estudiantil: el Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria. En él se señala, y por primera vez se hace en forma tan explícita, el interés de participar en la toma de decisión de la universidad. «La Federación Universitaria de Córdoba  –dice el Manifiesto– reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el «demos» universitario, la soberanía, el derecho á darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes.

El concepto de autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios no puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la substancia de los estudios. La autoridad de un hogar de estudiantes no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: enseñando».

El Manifiesto está dirigido a todos «los hombres libres de Sudamérica». En él hay un llamado a la solidaridad americana que pronto tendrá un eco favorable en toda América Latina. «Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando una revolución, estamos viviendo una hora americana». El espíritu liberal, anticlerical que animó a la Reforma también está presente en el Manifiesto. En él se afirma: «No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa».

irigoyenEn septiembre el conflicto todavía no se ha resuelto. Los estudiantes deciden dar un paso más decisivo: la toma de la universidad, asumiendo el gobierno de la misma, nombrando profesores e incluso decanos. Se dispone entonces el levantamiento de la huelga y la iniciación de las clases; se invita al pueblo a este acto, pero lo impide el ejército y la policía.

Finalmente el gobierno irigoyenista implanta un nuevo estatuto recogiendo los principios básicos por los que habían luchado los estudiantes: la docencia libre y la participación de los alumnos en el gobierno de la universidad.

La reforma se extiende a América Latina Los estudiantes limeños son los primeros en América Latina en recoger las banderas de la reforma cordobesa. Lima, en la década del 20, tenía características semejantes a Córdoba y su universidad constituía también un feudo de los sectores más reaccionarios de la sociedad. Sin embargo, ya desde 1916 existía una Federación de estudiantes con una tradición de lucha importante, incluso en conflictos extrauniversitarios.

En 1919, al acceder Leguía al poder, líder del sector liberal, los estudiantes se sienten fortalecidos políticamente para hacer oír sus reclamos. En junio de ese año un conflicto sin importancia de los estudiantes de Historia con un profesor actuó como detonante. Lanzado el conflicto, las demandas estudiantiles encontraron rápida satisfacción: el 20 de septiembre de 1919 se incorporan a los

estatutos de la universidad dos de las más importantes reivindicaciones reformistas: la existencia de cátedras libres rentadas por el Estado y la participación estudiantil en el gobierno de la Universidad. Este triunfo es efímero; la oligarquía retoma la hegemonía política aun cuando Leguía se mantiene en el poder.

En la Universidad se viven intensos conflictos y recién en 1922 se reanudan las clases, pero ya los estudiantes haban perdido sus conquistas más importantes. Era una derrota significativa que podía conducir a una política de retracción y defensiva. Fue un conflicto exterior a la universidad lo que impulsó nuevamente a los estudiantes peruanos a la lucha. Leguía, cada vez más ligado a los sectores ultraconservadores y religiosos, había colocado a Perú bajo la protección de Jesús».

Inmediatamente los estudiantes se lanzaron a la calle protestando por lo que consideraban una afrenta política. Pero el estudiantado peruano ya es consciente de que para lograr sus objetivos debe fortalecer su alianza con otros sectores sociales, dirigido por el entonces líder estudiantil Haya de la Torre, consigue organizar la solidaridad de los obreros en las universidades populares creadas por la Federación Estudiantil.

Las manifestaciones populares contra la sacramentalización de Perú fueron totalmente reprimidas por la policía, dejando un saldo de dos muertos; Haya de la Torre fue expulsado a México. En ese país, funda en el año 24 la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), invitando a todos los latinoamericanos a unirse a la nueva organización.

La idea de Haya era concentrar en el APRA —concebido como un amplio frente antiimperialista al estilo del Kuomingtan chino— a todas las fuerzas que habían luchado por los postulados reformistas y por la extensión de éstos a otras capas populares. De hecho, recogía la propuesta del movimiento reformista cordobés, dándole un contenido más amplio y una significación «indoamericana».

La ideología de la Reforma trasciende con el aprismo —más allá de sus transformaciones e. inconsecuencias futuras— los marcos meramente universitarios, para convertirse en toda América en una propuesta política de un tinte nacionalista, popular y antiimperialista. Si bien la idea de construir este frente no fructificó, su influencia política se extendió a varios partidos latinoamericanos: Acción Democrática (Venezuela), Movimiento Nacionalista Revolucionario (Solivia) y Partido de Acción Revolucionaria (Cuba). El espíritu renovador de la Reforma Universitaria llega también a Cuba. En 1923 los estudiantes crean la Federación Universitaria y consiguen las mejoras académicas solicitadas, amparados bajo el gobierno liberal de Zayas.

Al poco tiempo, en 1925, Zayas es sucedido por Gerardo Machado y una época de dictadura y represión se abre en Cuba. A pesar de este clima opresivo, los estudiantes crean en 1926 el primer Directorio Estudiantil Universitario, inaugurando una forma de expresión política autónoma de los estudiantes. Este Directorio consigue años más tarde, derrocado Machado, imponer su propio candidato: Ramón Grau San Martín; esta victoria es efímera. Poco tiempo después Batista asume el poder.

Al comenzar la resistencia antibatistiana encabezada por Fidel Castro, los jóvenes universitarios tienen una participación activa dentro del mismo movimiento 26 de Julio o a través de la propia actividad de la Federación Estudiantil Cubana, recogiendo y sintetizando en una perspectiva más amplia y liberadora los postulados martianos y reformistas. Chile, Uruguay, Venezuela y México recogen también los postulados de la Reforma.

No analizaremos sin embargo en este trabajo las características específicas que ella asumió en estos países. Lo hemos hecho en el caso de la Argentina, por ser este país la cuna del Movimiento Reformista y en el caso de Perú y Cuba por la directa influencia que tiene la ideología de la Reforma en proyectos políticos que se postulan para la modificación de la sociedad en su importante conjunto.

Es importante dejar señalados los principales objetivos del Movimiento Reformista de 1918 y su consecuencia en la historia de la lucha del movimiento estudiantil latinoamericano:

1—Democratización de la vida universitaria levantando como bandera de lucha la constitución de un gobierno autónomo de la universidad formado por profesores, estudiantes y graduados: los estudiantes reformistas eran conscientes del papel protagonice que jugaban en los marcos universitarios y reclamaban ejercer este derecho.

2 — Imposición de una enseñanza científica para romper el oscurantismo. Exigían para ello profesores idóneos elegidos por concursos donde se pusiera en juego no el buen nombre de la profesión, ni su adhesión a determinada ideología, sino un conocimiento profundo de la materia que debían impartir. Para ello era necesario profesores no vitalicios sino renovables periódicamente.

3 — Vinculación con los problemas políticos y sociales de su tiempo y proyección latinoamericana. Los estudiantes reformistas tuvieron temprana conciencia de los problemas económicos y sociales que aquejaban a sus países buscando la alianza con sectores populares y solidarizándose en una misma lucha antiimperialista con los países hermanos de América Latina. Nos parece correcta la observación de ciertos sectores estudiantiles que sin desconocer la importancia de la Reforma critican algunas actitudes políticas de este movimiento. Dice Rodolfo Sáenz «los participantes en las lomadas del 18 concebían la misión de los universitarios como algo realmente «especial y mesiánico», encarando su unidad con el proceso popular pero reservando para sí la conducción teórica y política».

Esta omnipotencia se extendía a admitir la posibilidad de generar un cambio en las relaciones sociales existentes a través de la universidad. Sin embargo, estas objeciones no disminuyen el valor histórico de los planteos estudiantiles. Gracias al movimiento reformista los universitarios latinoamericanos logran estructurar una fuerte organización estudiantil, Iniciando una tradición de lucha que se mantiene en forma ininterrumpida hasta nuestros días. Muchas de las banderas reformistas —si bien en otro contexto político y social— son recogidas por el movimiento estudiantil europeo 50 años más tarde.

Fuente Consultada:
Transformaciones, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX – Tomo N° 4 –  Los Estudiantes
Centro Editor de América Latina

La Universidad y la Sociedad Objetivos de la CIA en la Guerra Fría

La Universidad y la Sociedad Objetivos de la CIA

Las universidades y la sociedad: Todas las sociedades industriales adelantadas necesitan, imperativamente, contar con grandes cantidades de cuadros profesionales y técnicos muy preparados. La industria, el gobierno, las comunicaciones y la educación reclaman, cada vez más, una experta mano de obra intelectual. Por lo tanto, las relaciones entre estos sectores y la universidad se tornan siempre más estrechas.

«La Universidad y la industria se asemejan cada vez más… La Universidad está obligada a centrar sus actividades en la industria», declaró Clark Kerr, presidente de la Universidad de California. El fenómeno tiene características brutales en los Estados Unidos, donde la adecuación es completa. Basta con identificar los orígenes y relaciones de quienes conforman las juntas de gobierno de los principales centros académicos, para comprobar esta simbiosis entre sistema y universidad.

En el consejo de administración de la Universidad de Columbia, por ejemplo, se encuentran representantes de grandes corporaciones monopólicas: CBS (radio y televisión), Metal Climax (emporio minero con inversiones en África), Lockheed Aircraft, General Dynamics (industria aeronáutica y bélica), Chemical Bank, Kuhn Loeb, Manufacturer’s Hanover Trust, Temple, First National City Bank, Chase Manhattan Bank, Metropolitan life insurance (bancos, financieras y aseguradoras).

Esta es una lista incompleta, ya que las citadas sociedades están ligadas a otras, pero constituye un grupo representativo de los grandes monopolios. También en Columbia hay institutos que trabajan bajo contratos del departamento de defensa; el IDA (Institute for Defense Analyses) en el que participa la misma Universidad de Columbia, se dedica a la investigación en armamentos avanzados y en técnicas antiinsurreccionales: es la «fábrica de ideas» del departamento de defensa norteamericano.

La relación entre Universidad y fundaciones presuntamente filantrópicas, como la Rockefeller, Ford, Carnegie, etc., son determinantes en la marcha de las investigaciones, contrataciones y política científica, porque hay dinero para los temas cuyo desarrollo interesa mientras que, si no hay interés, tampoco hay dinero ni investigación.

La misma franqueza de las corporaciones no deja margen para la idealización de la actividad científica; un director de Xerox explica su presencia en la Universidad de Rochester: «Para decirlo de la manera más clara posible, se trata de una cuestión de mero interés propio, de dólares, de centavos. Xerox vivirá o morirá con la tecnología».

John Hannah, presidente de la Michigan State University, es sincero al explicar las funciones de la Universidad: «Nuestras escuelas superiores y universidades han de considerarse bastiones de nuestra defensa, tan esenciales para conservar nuestro país y nuestra forma de vida, como los bombarderos supersónicos, los submarinos nucleares y los misiles balísticos intercontinentales».

El hecho de que ninguno de los tres sistemas de armas que menciona Hannah podría haberse diseñado, construido y manejado sin universitarios, prueba que no se trata de retórica de fiesta patria. Las mismas corporaciones que proveen fondos para la enseñanza, el desarrollo y la investigación, recogen el beneficio de graduados bien preparados: todos los años, representantes de los monopolios compiten en la contratación de los jóvenes más brillantes de la promoción, con lo cual cierran el círculo y consolidan el sistema.

LA CONSPIRACIÓN MUNDIAL:
Las Sociedad Secretas, a través de la CIA monitorean las Universidades

Asi lo explica Walter Graziano en «Hitler Ganó La Guerra«, libro en donde explica los planes para un Nuevo Orden Mundial, a través de las decisiones de las sociedades secretas, que tienen un poder sin igual mediante el manejo de los medios de comunicación , universidades y dueños del poder económico mundial.

¿Dónde queda, entonces, el supuesto prestigio que en el mundo ganaron desde los años 70 las universidades norteamericanas? Durante muchos años, para numerosas familias de todo el mundo resultaba altamente deseable que sus hijos efectuaran cursos de grado o posgrado en Estados Unidos. Supuestamente, la formación científica era muy superior a la de otras universidades. Lo que no sabíamos era que, además de la manipulación del conocimiento científico que antes señalamos como una constante deseada por la élite financiero-petrolera, generalmente dueña, financiadora o directora de las universidades, los estudiantes extranjeros iban a estar bajo un constante monitoreo de la CIA con el fin de ganar agentes en el exterior y, por si fuera poco, que más de la mitad de los profesores recibían y reciben pagos de la CIA para «facilitar» el acceso a los alumnos.

Pero las sorpresas no terminan allí. En el informe oficial conocido popularmente como el «Church Committee Report» del Congreso norteamericano, en la página 189, se señala:

(…) La CÍA está usando ahora a unos cientos de académicos norteamericanos, quienes adicionalmente a proporcionar pistas y presentaciones por cuestiones de inteligencia, ocasionalmente escriben libros y otro material para ser usado con fines de propaganda en el exterior. (…) Estos académicos están localizados en más de cien universidades e institutos norteamericanos.

Quizás ahora también podamos entender con más precisión lo que ocurrió con John Nash y con el discreto encubrimiento que han sufrido sus descubrimientos acerca de la falsedad de las teorías de Adam Smith, frente a la sobreexposición de teorías económicas sin real basamento científico (como la llamada «escuela de expectativas racionales» de Lucas).

El «Church Committee Report» fue escrito en 1976. ¿Cuánto más habrá avanzado la infiltración de la CIA en directores, profesores y alumnos de universidades norteamericanas, desde aquella época? En el mismo trabajo,Volksman señala:

Yale ha sido terreno fértil en el reclutamiento de agentes de la CIA desde que la Agencia comenzó en 1946. En realidad, muchos de los primeros ejecutivos de la CIA proceden de Yale y de otras escuelas de la IVY, por la cual la CIA fue acusada durante muchos años de corresponder a los intereses del establishment anglo-norteamericano. La acusación era verdad: 25% de los ejecutivos top de la CIA habían sido alumnos de Yale.

En el mismo trabajo se señala que la universidad norteamericana que es la principal base de reclutamiento de alumnos extranjeros, para que al retorno a sus países se desempeñen como agentes de la CIA, es nada menos que… la Universidad de Harvard (*). Ahora puede que algunas cosas acerca del grado de penetración que la política y la propaganda del CFR (Comite Federal de Relaciones) han realizado en el mundo queden más claras. ¿Cuántos funcionarios europeos, latinoamericanos, asiáticos y africanos han estudiado en Harvard?

Cabe mencionar que las tres universidades norteamericanas que más fondos manejan son, no por casualidad: primero, la Universidad de Harvard, principal socia universitaria de la CIA, y segundo, la Universidad de Yale, casa de estudios de los Bush, Harriman, Rockefeller y la aristocracia norteamericana que maneja la CIA.

Pero las actividades de la CIA en el mundo universitario y en la cultura no se ha reducido a infiltrar universidades en todos sus niveles. Francés Stonor Saunders, en La CIA y la guerra fría cultural, nos muestra cómo, tras la Segunda Guerra Mundial, la CIA se logró infiltrar en prácticamente todos los espacios de la cultura.

Muchas veces lo hacía mediante fundaciones «filantrópicas» y congresos culturales, así como también exposiciones, conciertos y hasta giras de orquestas sinfónicas. También describe cómo la CIA subvencionaba ambiciosos programas editoriales, y hasta se ocupaba de realizar traducciones a todos los idiomas.

Stonor Saunders asimismo narra cómo las revistas de toda Europa y otros lugares del mundo compensaban la caída en ingresos por publicidad mediante supuestos mecenas tras los cuales se escondía la CIA. Quizá lo peor de todo, siempre según Stonor Saunders, es cómo muchos de los más elocuentes exponentes de la libertad intelectual de Occidente se convirtieron en instrumento de los servicios secretos estadounidenses. En buena cantidad de ocasiones, la manipulación de intelectuales por parte de la CIA se daba incluso sin que éstos lo supieran, y generalmente aun cuando no les gustara.

El FBI (Federal Bureau of Investigations) no es otra cosa que una «policía paralela» interna en Estados Unidos. La visión un tanto romántica de las series y películas norteamericanas acerca de los laboriosos e incorruptibles agentes, que muchas veces se quedan a trabajar a deshoras para resolver tétricos crímenes comiendo fría comida china llevada a domicilio, no es otra cosa que propaganda de cuarta calidad. Muchas veces hemos oído hablar acerca de los crueles crímenes de la Gestapo de Hitler.

La Gestapo no era otra cosa que una policía paralela. De la misma manera que el FBI, desde su instauración en 1935 por el ex presidente Franklin Delano Roosevelt (reconocido miembro de una sociedad secreta), opera en el mismo sentido.

El FBI fue dirigido durante más de tres décadas por un siniestro personaje, también miembro de una sociedad secreta: J. Edgar Hoover. Bajo el comando de Hoover, el FBI realizó todo tipo de operaciones internas. Por ejemplo, manipuló al senador Joseph Mc-Carthy durante los años 50 para que llevara a cabo su famosa «cruzada anticomunista» y llevó a la práctica, durante décadas, el racista y temible Counter Intelligence Program(COINTEL-PRO), mediante el cual los agentes del FBI espiaban las actividades de los miembros más importantes de todas las minorías raciales en Estados Unidos (incluidos los indígenas en las reservas).

El FBI no se limitó a espiar, sino que en muchas ocasiones actuó de manera violenta contra quienes creyó que podían poner en relativo jaque la supremacía blanca y anglosajona en todas las estructuras de poder norteamericanas. Mientras todo esto ocurría silenciosamente, sin que los medios de comunicación divulgaran la menor noticia al respecto, J. Edgar Hoover era mostrado profusamente en los medios como un paladín de la lucha contra el crimen, como el «tío bueno» que todo americano deseaba tener.

Hoover era temido aun por personajes muy poderosos debido a que poseía archivos personales de empresarios, políticos e intelectuales. No los coleccionaba, sino que los usaba con fines extorsivos. El inescrupuloso mandamás del FBI fue puesto y mantenido en su cargo directamente por la élite. Existen muchas especulaciones de que J. Edgar Hoover era en realidad hijo bastardo de uno de los miembros de la élite y hasta se dice que habría sido concebido en uno de los rituales de una sociedad secreta.

(*):El director del fondo de inversiones, Robert Stone, está casado con una Rockefeller e invirtió, para desgracia de los profesores de esa universidad, fuertes sumas en acciones de la Enron antes de la caída. Se ve que no aprende de la experiencia, dado que hace muchos años, cuando «Dubya» Bush era accionista de Harken, decidió invertir en esa firma. Claro que Bush vendió las acciones a precios cercanos al máximo de la época, mientras que el fondo de inversión de la Universidad de Harvard tuvo que soportar, estoico, la baja de las acciones de la Harken de US$ 4 a cerca de US$ 1 por unidad.

Fuente Consultada:
Transformaciones, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX – Tomo N° 4 –  Los Estudiantes
Centro Editor de América Latina

Historia del Movimiento Estudiantil Origenes y Objetivos

Historia del Movimiento Estudiantil

EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL:
Primeras Manifestaciones:
La revuelta estudiantil europea y particularmente la francesa —que hizo eclosión en 1968— implicó la movilización anticapitalista más importante del continente desde los años posteriores a la segunda guerra mundial. En los Estados Unidos, los estudiantes y los movimientos revolucionarios de la minoría negra conforman un polo de denuncia y de lucha con el sistema de dominación que su país extiende en el mundo.

Esta situación, en momentos en que los ejércitos norteamericanos son derrotados en Vietnam, ha quebrado, con su crítica y con su acción, el sólido frente interno de que dispuso durante tantas décadas el imperio para realizarse como tal.

Tanto en América Latina como en África y Asia, el movimiento estudiantil no es nuevo: muchas veces participó en las luchas anticolonialistas, antiimperialistas y antioligárquicas. La insurgencia estudiantil, entonces, no sólo sale al paso a la organización de la Universidad y a la función que ésta cumple en el sistema.

Al contrario, en su veloz expansión —muchas veces efímera— y dotada de una gran audacia y frescura intelectual —muchas veces exagerada—, también cuestionó las concepciones ya tradicionales respecto de las posibilidades de radicalización de las clases medias (de donde provienen la mayoría de los estudiantes), de la conformación de la vida interna de los partidos políticos de izquierda (sacudidos por los coletazos laterales de esta oleada antiautoritaria), sobre las posibilidades de la revolución social en los países capitalistas centrales e, inclusive, sobre los países del este europeo, incluida la URSS.

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La tarea de cuestionamiento tiene, sin duda, en Europa y los Estados Unidos, mayor originalidad frente a las soluciones propuestas por la llamada sociedad de consumo, sociedad opulenta pero a la vez origen de profundos rechazos dentro de los grupos juveniles e intelectuales.

En Europa, junto con audaces teorizaciones acerca de! estudiantado como un nuevo proletariado, se entremezclan reclamaciones sobre la liberación sexual. Esta misma consigna hace furor en los Estados Unidos: mientras se justifica el consumo de drogas por sus posibilidades liberadoras, se atribuye a la «juventud» facultades todopoderosas para provocar cambios. Sin embargo, negar la importancia del fenómeno global por lo que tenga de exagerado o inconsistente resulta, más que una actitud lúcida una actitud pueril. En efecto, el mosaico es demasiado complicado y las transformaciones son demasiado recientes para poder hacer una descripción detallada o para intentar un balance completo.

La radicalización de los estudiantes: La insurgencia estudiantil que recorre el mundo en los últimos años tiene características comunes aunque transcurra en países distintos y en estructuras universitarias de muy diversa índole. Esto último explica que los efectos de las movilizaciones, sus acuerdos y desacuerdos con otros sectores sociales y las probabilidades de Nevar a cabo con éxito las diversas propuestas, tengan también diversos sentidos y exijan, por lo tanto, análisis especiales. Eso en cuanto a su inscripción en medios diferentes.

En cuanto a las características comunes, lo primero que se nota es la aparición de estudiantes que comienzan por criticar la estructura de la universidad y, más tarde, las funciones que ella cumple en la sociedad; de ahí pasan a rechazar la posición que la sociedad les reserva para cuando se hayan graduado (incluida la no-ocupación) y, por lo general, terminan por cuestionar la sociedad en su conjunto al tiempo que proponen una sociedad y una universidad distintas.

Si esta superficial descripción del fenómeno —que en la realidad siempre se da de manera mucho más compleja— es correcta en lo esencial, de inmediato se plantea una cuestión básica:

¿Qué son los estudiantes? La mayor parte de los observadores e, inclusive, de los mismos teóricos del movimiento estudiantil, sostienen que no se trata de una clase social. En efecto, una clase social se define, comúnmente, por la posición que ocupa respecto de la propiedad de los medios de producción, la apropiación de plusvalía o la venta de la fuerza de trabajo; un estudiante, en cambio, no se define como tal por ser o no ser propietario o asalariado. Lo que sí se señala con frecuencia es el origen social de los estudiantes; en el capitalismo provienen, en su mayor parte, de los sectores más privilegiados de la sociedad: la burguesía o la pequeña burguesía.

A partir de este dato se busca relacionar los conflictos de la clase de origen con los conflictos de los estudiantes. Si, en general, todo intento de correlacionar de manera demasiado estrecha la pertenencia a una clase social determinada con los comportamientos políticos es riesgoso, mucho más lo es cuando los actores a quienes se examina son los estudiantes, integrantes de una categoría social que, a sus determinaciones de clase agregan otras, derivadas del hecho de pertenecer a la juventud y de ejercer la función de intelectuales.

Si como clase social no es comprensible, el estudiantado es definido, en cambio, con bastante unanimidad, como capa o grupo social con intereses y reivindicaciones que le son comunes y propias.

Las reivindicaciones tienen que ver, en principio, con el desarrollo de las actividades cotidianas (cursos, horarios, becas, bibliotecas, exámenes, etcétera), pero también con los contenidos de la enseñanza, la calidad de los profesores, el gobierno de la universidad, la independencia respecto de quien proporciona los fondos.

El logro de muchos de estos objetivos no supone, necesariamente, la modificación de las relaciones sociales en su totalidad y, tal vez, esto mismo explique que las luchas estudiantiles no signifiquen un peligro para el statu quo; de este modo, las movilizaciones pasan a ser fenómenos que, aunque estridentes y molestos para las autoridades, no suelen escaparse del control de las clases dominantes. Sin embargo, y con gran frecuencia, estos objetivos son la base de movimientos que llegan a cuestionar la legitimidad de la estructura social en su conjunto.

La falta de fondos y el carácter limitacionista de la universidad se conecta con las desigualdades sociales; los contenidos de la enseñanza se explican por la necesidad de legitimar el sistema a través de la educación; la falta de democracia o pluralismo político dentro de la universidad se asocia con el contenido de clase del estado, y la prohibición del ejercicio de normales actividades sexuales se asimila a la dominación de una clase sobre otra. Sin duda, esta posibilidad de radicalización está relacionada con las características de la comunidad universitaria, pero también con la situación del joven durante su período estudiantil.

Para cumplir sus funciones la universidad necesita poseer un mínimo de libertad. Incluso en regímenes altamente dictatoriales, la universidad suele gozar de un mayor margen de libertad que el resto del sistema: es suficiente que se puedan confrontar varias líneas de pensamiento para que surja la posibilidad de polémica y de crítica.

No es indispensable que alguna de esas líneas de pensamiento enfrente al sistema; todavía hoy, en América Latina y en Europa, es frecuente el enfrentarniento entre sobrevivientes de desactualizadas camarillas académicas con pujantes grupos de «modernizadores» del sistema. Los estudiantes han apoyado casi siempre a los sectores modernizantes pero, también casi siempre, terminaron por comprobar que el nuevo proyecto no significaba sino una reformulación del proyecto tradicional.

De todos modos, lo que interesa destacar en el ejemplo es la posibilidad de discusión que ofrece la universidad en la confrontación de diferentes concepciones. Por otra parte, si bien se manifiestan en otras áreas de la realidad fenómenos equivalentes, en ningún otro campo se dan espectadores de las características de los estudiantes, armados —mal o bien— con alguna capacidad  de crítica dada por su condición de cuasi intelectuales.

Los estudiantes como capa social parece desarrollar una sensibilidad especial para percibir situaciones generales de conflicto, injusticias o desigualdades, frente a las que toma partido y sobre las que llega a realizar importantes movilizaciones.

Los niveles de definición de los estudiantes 10 siempre son un reflejo de tendencias políticas actuantes fuera de la universidad, ni tampoco es necesario que sus inquietudes eolíticas sean paralelas a las de las clases de donde provienen, Así, es frecuente que la clase obrera observe impávida y ajena os esfuerzos que realizan muchos grupos estudiantiles para colocarla como eje de lucha; que aquella todavía no se plantea, o para convencerla de la necesidad de seguir determinada senda hacia un destino que le resulta incierto… ¿Por qué?.

Porque en la universidad —que es a menudo un ámbito aislado—, se puede crear un clima oolítico determinado que llega a adquirir cierta autonomía, condicionando los comportamientos y actitudes de quienes participan de esa comunidad.

En estos casos, la ideología llega a ser determinante de conductas, radicalizando e integrando a la vez, a quienes comparten ese clima, en valores y comportamientos que exceden los de la clase de origen. Probablemente, dicha posibilidad de radicalización se ve acentuada porque el estudiante se encuentra transitoriamente desgajado de la estructura productiva, desgajamiento que impide al estudiante cumplir las prácticas productivas propias de su clase. Finalmente, corresponde anotar que la radicalización del estudiante suele ser un fenómeno transitorio.

En efecto, el movimiento estudiantil latinoamericano tiene antigüedad suficiente como para haber comprobado, con el paso del tiempo, que muchos líderes y militantes van defeccionando de sus postulaciones para transformarse en eficaces agentes de situaciones que habían denunciado y contra las que lucharon con empecinamiento. Por supuesto, queda por ver qué sucederá con los militantes de los nuevos movimientos estudiantiles europeos, pero no es arriesgado suponer que la aludida defección sólo se impedirá con la construcción de opciones políticas que permitan la acción de esos militantes fuera de la universidad.


Entre la derecha y la Izquierda
Los estudiantes no siempre se radicalizan ni desarrollan, necesariamente, políticas contradictorias con el sistema. Siempre hay grupos que representan las políticas de las clases dominantes, ya que tanto la universidad como el movimiento estudiantil reflejan en su seno los intereses y concepciones del conjunto de la sociedad
en la que están insertos.

En los países latinoamericanos donde existen organizaciones estudiantiles, siempre se desarrollan tendencias que representan, abierta o encubiertamente, las líneas políticas de los partidos tradicionales sostenedores
del sistema. La democracia cristiana en Chile y en Venezuela, los partidos liberales o desarrollistas en Argentina, el PRI en México, son algunos de los muchos ejemplos que pueden mencionarse. En algunos casos, el movimiento estudiantil llega a ser extremadamente reaccionario, como lo fueron los universitarios ingleses que, en la década del 20, actuaban de rompehuelgas.

Idéntica función cumplieron grupos estudiantiles de Buenos Aires —durante el período inmediatamente posterior al golpe reaccionario que derribó a Perón en 1955—, en ocasión de una huelga realizada por los trabajadores del transporte automotor.

El caso argentino puede ejemplificar, asimismo, la desconexión existente entre la «vanguardia» estudiantil y los sectores populares, ya que la mayor parte del estudiantado mantuvo una frontal oposición al gobierno de Perón integrándose, en la práctica, con el frente oligárquico y proimperialísta ante el cual, en la misma teoría reformista, solo cabía la oposición.

El caso más espectacular de un movimiento estudiantil masivamente reaccionario es el de Indonesia. Allí, y en alianza  con el ejército —estrechamente influenciado por los intereses norteamericanos—. la organización estudiantil desarrolló una intensa agitación callejera contra el régimen populista de Sukarno, quien contaba con el apoyo del poderoso Partido Comunista Indonesio.

Al triunfo del golpe militar, en 1965, siguió una orgía de violencia antipopular y anticomunista, durante la cual fueron asesinados entre 200.000 y 700.000 indonesios. La misión de los estudiantes en esa oportunidad, consistió en señalar a las personas que debían ser eliminadas por los piquetes militares… Es imposible dejar de señalar
que las prolongaciones universitarias de los partidos políticos tradicionales están colocadas, por lo general, en el ala izquierda de los partidos matrices; de este modo se convierten en ejes de frecuentes cismas.

Así ha ocurrido con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria Venezolano, desprendimiento de la Acción Democrática de Rómulo Betancourt; con el MIR peruano, dirigido por el que luego fuera jefe guerrillero, De la Puente Uceda, que es un desgajamiento  del agónico APRA; y con el MAPU y el MIR chilenos, desprendimientos de la democracia cristiana que se integran al bloque de la Unidad Popular. Todos estos son ejemplos en los cuales la participación de los sectores de formación y militancia estudiantil fueron, en su origen, dominantes.

Los estudiantes contra la universidad
El punto de partida del movimiento estudiantil se encuentra en la insatisfacción de los estudiantes frente a la realidad universitaria que viven. Los motivos que lo provocan son numerosos y van desde la masificación de la tarea universitaria, incapaz de absorber con eficacia el creciente número de aspirantes, hasta los problemas derivados de una estructuración feudal del cuerpo docente. Un documento elaborado en 1968 por los estudiantes de la Facultad de Letras, Leyes y Magisterio de Turín, titulado «Didáctica y represión», describe la situación italiana:

«La mayoría de los catedráticos se burla de la Universidad y considera las cátedras como un cargo seguro, con su correspondiente retribución, que no les impide atender sus asuntos privados: unos son alcaldes, otros diputados, otros industriales, otros grandes abogados y otros, en fin, no hacen absolutamente nada.

Para los profesionales, el título profesoral implica simplemente que pueden cobrar unos honorarios más  elevados. Por lo que se refiere a la investigación, en nuestra Universidad investigar quiere decir publicar artículos o libros. Y como el prestigio de los profesores se mide por el volumen de las publicaciones que realiza el Instituto en el que se encuentran enfeudados, impulsan a asistentes y becarios a trabajar en investigaciones completamente inútiles, pero susceptibles de ser publicadas y que valen para triunfar en los concursos.

En definitiva, si la Universidad es una estructura feudal en poder de los catedráticos, la investigación es su blasón. Por lo que se refiere a la didáctica, en la lección magistral el catedrático recita de memoria sus libros y, en el seminario, bajo su dirección sólo se llega a descubrir lo que ya sabía y quería que fuese descubierto. En cuanto al estudiante, tiene un simple papel receptivo y pasivo. El estudiante tiene que perder el día y aceptar un conjunto de vacíos ritos académicos, como son las lecciones, seminarios y laboratorios, pretendiendo hacérsele creer que éste es el único medio de apropiarse de la ciencia y de la cultura. Las consecuencias extracientíficas de todo este sistema son evidentes.

Si para el catedrático la Universidad es un feudo, para el estudiante es un aparato represivo donde diariamente se ejercita una forma de violencia que resulta tanto más inicua cuanto que opera enmascarada bajo el pretexto de la exigencia del aprendizaje de una formación profesional. Los exámenes, las lecciones, la pérdida de tiempo, el adoctrinamiento, los procedimientos disciplinarios, la imposición desde arriba de la ciencia y de la cultura, son formas de control y de violencia que se ejercen sobre los estudiantes.»

Testimonio de una realidad que desactualiza la gráfica expresión italiana que definía a la universidad como «un ghetto d’oro di un mondo di merda». Las críticas a la universidad no se limitan a las imperfecciones y degeneraciones del sistema. Estas críticas cuentan muchas veces con el apoyo de sectores del profesorado, interesados en modernizar la universidad adecuándola con las necesidades del presente. Pero es en el éxito del proceso modernizador, es decir, cuando la universidad se adecúa cabalmente a las necesidades del sistema, cuando comienza a surgir una conciencia cada vez más lúcida y compartida acerca de la función de la universidad, en el sentido de que ésta está más emparentada con las necesidades de mantenimiento y expansión del sistema capitalista, rué con la construcción del conocimiento, a expansión de las actividades de investigación y la creación de un saber puro y neutro, presuntamente disfrutado por e! conjunto de la sociedad.

Cabe aquí reproducir un fragmento del documento elaborado por los alumnos del instituto de la Universidad de Ciencias Sociales de Trento en el año 1968.

«La universidad es una de las instituciones productivas del sistema social actual como sistema mercantil (sistema de mercancías). produce un tipo particular de mercancía: f» hombre, considerado como mercancía, como fuerza de trabajo calificada o en camino de calificación, como diplomado o candidato al diploma.

La finalidad de esta institución productiva (la universidad) es ubicar esta mercancía (los estudiantes diplomados) en el mercado de trabajo a fin de venderla y de insertarla en el ciclo complejo de reproducción social para que ella sea consumida. Una particularidad de este producto (estudiante-mercancía) es la de poder ser puesta en venta en el mercado de trabajo, ya sea durante el proceso de producción (estudios) como trabajador de! tiempo parcial (estudiante-trabajador), ya sea finalmente como producto terminado (diplomado).

No es esencia!, por consiguiente, para este tipo de institución productiva (la universidad)
terminar el proceso de producción de la mercancía. Así la parte más grande de la mercadería estará ubicada en el mercado, en el lugar de trabajo de tiempo parcial, es decir: el estudiante que llega a ser estudiante-trabajador, luego simplemente «trabajador», sin haber terminado el ciclo de sus estudios, es un caso que se reproduce sistemáticamente en el período actual.

La institución productiva funciona por otra parte de manera tal que transfiere  una gran parte de la mercancía en camino (estudiantes) durante la fase intermediaria del ciclo de fabricación.»

Fuente Consultada:
Transformaciones, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX – Tomo N° 4 –  Los Estudiantes
Centro Editor de América Latina