Protesta Estudiantil en Latinoamerica Historia del Movimiento Estudiantil



HISTORIA DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL
EN AMÉRICA LATINA

En 1918 se produce en la ciudad de Córdoba un movimiento social y político que tiene como principal protagonista al estudiantado. Originada en reclamos académicos y culturales , exigiendo una renovación pedagógica , en poco tiempo la protesta estudiantil alcanzará la envergadura nacional y latinoamericana.

La rebelión de los años 20 surge en un contexto económico-social de movilización de sectores medios urbanos, producto de la violenta inserción de América Latina en el mercado mundial.

Juan Carlos Portantiero caracteriza así este período:

“La apertura hacia Europa y los Estados Unidos a través de la intensificación de las relaciones comerciales y del asentamiento de inversiones extranjeras, estaba marcada por la rémora del monocultivo y suponía una deformación del crecimiento a partir de su misma raíz.

“Se trataba de la repercusión, sobre las áreas periféricas, del imponente proceso de desarrollo industrial que tenía lugar en Europa Occidental, principalmente en Gran Bretaña y en los Estados Unidos. Materias primas y alimentos eran ávidamente requeridos por la vertiginosa expansión de las economías capitalistas.  Al crecimiento del comercio mundial, basado cada vez más en una rígida especialización que condenaba a las áreas atrasadas a un crecimiento Unilateral, se sumaba la inmigración de pobladores europeos a América Latina y la inversión de capitales, especialmente destinados a consolidar la dependencia.

“De este proceso, cuyo resultado social, fue en general, el reforzamiento de estructuras internas duales, caracterizadas por la superposición de zonas de atraso precapitalista y áreas urbanas cosmopolitas y con pautas de consumo y hábitos de vida europeas, se favorecieron especialmente los países de la zona del Río de la Plata, Argentina y Uruguay, dado que la existencia en ellos de clima templado y de praderas fértiles los transformaba en ideales abastecedores de alimentos para cubrir los crecientes consumos de los países industrializados”.

Si bien es cierto que todo este proceso implicó la creación de fuertes lazos de dependencia con los países capitalistas ya desarrollados, también es cierto que, aunque deformado, promovió cierto grado de desarrollo. América Latina comenzó a modernizarse y su característica más notable fue el crecimiento urbano. Durante el período comprendido entre 1890 y 1920 las principales ciudades y capitales de América Latina duplicaron y hasta triplicaron su población. La urbanización trajo aparejado un crecimiento en la educación.

De acuerdo con los datos suministrados por el autor anteriormente citado el número de estudiantes se cuadruplicó entre 1890 y 1915, la población de la Universidad de Buenos Aires creció en el mismo lapso de 900 a 4.600, los alumnos primarios de 300.000 a 760.000.

Al abrirse nuevas posibilidades económicas, se resquebrajó el viejo esquema de clases emergiendo importantes sectores localizados en las ciudades, y cuyo peso social los lleva a adoptar casi inmediatamente activas conductas políticas. En el .plano internacional muchas cosas habían cambiado también. Ha finalizado la Primera Guerra Mundial. En 1917, Rusia, el país de los zares, se ha convertido en el primer estado socialista.

En América Latina el triunfo de la revolución mexicana ha convulsionado el continente. En la Argentina, claro exponente de la situación analizada, el reclamo de participación de estos sectores medios urbanos se canalizó fundamentalmente en la Unión Cívica Radical.

El triunfo del radicalismo en 1916 es vivido como un triunfo por una amplia mayoría de estos estratos urbanos. Sin embargo, sería excesivamente esquemático explicar la revuelta estudiantil solamente como un reflejo del ascenso y la movilización de ciertos sectores sociales.

poster propagandaEl movimiento estudiantil tiene —tal como lo analizamos al comienzo— características y determinaciones específicas. Su sensibilidad, su capacidad de organización y movilización supera ampliamente los límites impuestos por su clase de origen.

(imagen: cartel de propaganda política)

Córdoba es el punto neurálgico de la movilización estudiantil. Es ahí donde más agudamente se dan las contradicciones de una sociedad en transición.

La Universidad cordobesa se mantenía casi como en 1613, año de su fundación. Reducto de! patriciado tradicional, sn sus claustros reinaba el oscurantismo y un estricto criterio de autoridad. Se renegaba del método científico y experimental y como alternativa se enseñaba teología y derecho público eclesiástico. Las autoridades religiosas controlaban rigurosamente el nombramiento y la conducta de los profesores.

Este clima no era característico de todas las universidades del país. Buenos Aires y La Plata trataban de ajustar su organización a los nuevos tiempos que corrían. Todo comenzó con el reclamo de los alumnos cordobeses de sustituir el sistema vigente para la provisión de cátedras. Ante la negativa de las autoridades, los alumnos deciden ir a la huelga, que se cumple de manera exitosa y se extiende solidariamente al conjunto de la población universitaria argentina. Se suceden manifestaciones multitudinarias que son reprimidas con violencia por la policía y se establecen contactos solidarios con sindicatos y partidos de izquierda.



El 21 de junio de 1918 los estudiantes dan a publicidad un documento de fundamental importancia para la historia de! movimiento estudiantil: el Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria. En él se señala, y por primera vez se hace en forma tan explícita, el interés de participar en la toma de decisión de la universidad. “La Federación Universitaria de Córdoba  –dice el Manifiesto– reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el “demos” universitario, la soberanía, el derecho á darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes.

El concepto de autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios no puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la substancia de los estudios. La autoridad de un hogar de estudiantes no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: enseñando”.

El Manifiesto está dirigido a todos “los hombres libres de Sudamérica”. En él hay un llamado a la solidaridad americana que pronto tendrá un eco favorable en toda América Latina. “Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando una revolución, estamos viviendo una hora americana”. El espíritu liberal, anticlerical que animó a la Reforma también está presente en el Manifiesto. En él se afirma: “No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa”.

irigoyenEn septiembre el conflicto todavía no se ha resuelto. Los estudiantes deciden dar un paso más decisivo: la toma de la universidad, asumiendo el gobierno de la misma, nombrando profesores e incluso decanos. Se dispone entonces el levantamiento de la huelga y la iniciación de las clases; se invita al pueblo a este acto, pero lo impide el ejército y la policía. Finalmente el gobierno irigoyenista implanta un nuevo estatuto recogiendo los principios básicos por los que habían luchado los estudiantes: la docencia libre y la participación de los alumnos en el gobierno de la universidad.

La reforma se extiende a América Latina Los estudiantes limeños son los primeros en América Latina en recoger las banderas de la reforma cordobesa. Lima, en la década del 20, tenía características semejantes a Córdoba y su universidad constituía también un feudo de los sectores más reaccionarios de la sociedad. Sin embargo, ya desde 1916 existía una Federación de estudiantes con una tradición de lucha importante, incluso en conflictos extrauniversitarios.

En 1919, al acceder Leguía al poder, líder del sector liberal, los estudiantes se sienten fortalecidos políticamente para hacer oír sus reclamos. En junio de ese año un conflicto sin importancia de los estudiantes de Historia con un profesor actuó como detonante. Lanzado el conflicto, las demandas estudiantiles encontraron rápida satisfacción: el 20 de septiembre de 1919 se incorporan a los

estatutos de la universidad dos de las más importantes reivindicaciones reformistas: la existencia de cátedras libres rentadas por el Estado y la participación estudiantil en el gobierno de la Universidad. Este triunfo es efímero; la oligarquía retoma la hegemonía política aun cuando Leguía se mantiene en el poder.

En la Universidad se viven intensos conflictos y recién en 1922 se reanudan las clases, pero ya los estudiantes haban perdido sus conquistas más importantes. Era una derrota significativa que podía conducir a una política de retracción y defensiva. Fue un conflicto exterior a la universidad lo que impulsó nuevamente a los estudiantes peruanos a la lucha. Leguía, cada vez más ligado a los sectores ultraconservadores y religiosos, había colocado a Perú bajo la ‘protección de Jesús”.

Inmediatamente los estudiantes se lanzaron a la calle protestando por lo que consideraban una afrenta política. Pero el estudiantado peruano ya es consciente de que para lograr sus objetivos debe fortalecer su alianza con otros sectores sociales, dirigido por el entonces líder estudiantil Haya de la Torre, consigue organizar la solidaridad de los obreros en las universidades populares creadas por la Federación Estudiantil.

Las manifestaciones populares contra la sacramentalización de Perú fueron totalmente reprimidas por la policía, dejando un saldo de dos muertos; Haya de la Torre fue expulsado a México. En ese país, funda en el año 24 la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), invitando a todos los latinoamericanos a unirse a la nueva organización.

La idea de Haya era concentrar en el APRA —concebido como un amplio frente antiimperialista al estilo delKuomingtan chino— a todas las fuerzas que habían luchado por los postulados reformistas y por la extensión de éstos a otras capas populares. De hecho, recogía la propuesta del movimiento reformista cordobés, dándole un contenido más amplio y una significación “indoamericana”.

La ideología de la Reforma trasciende con el aprismo —más allá de sus transformaciones e. inconsecuencias futuras— los marcos meramente universitarios, para convertirse en toda América en una propuesta política de un tinte nacionalista, popular y antiimperialista. Si bien la idea de construir este frente no fructificó, su influencia política se extendió a varios partidos latinoamericanos: Acción Democrática (Venezuela), Movimiento Nacionalista Revolucionario (Solivia) y Partido de Acción Revolucionaria (Cuba). El espíritu renovador de la Reforma Universitaria llega también a Cuba. En 1923 los estudiantes crean la Federación Universitaria y consiguen las mejoras académicas solicitadas, amparados bajo el gobierno liberal de Zayas.

Al poco tiempo, en 1925, Zayas es sucedido por Gerardo Machado y una época de dictadura y represión se abre en Cuba. A pesar de este clima opresivo, los estudiantes crean en 1926 el primer Directorio Estudiantil Universitario, inaugurando una forma de expresión política autónoma de los estudiantes. Este Directorio consigue años más tarde, derrocado Machado, imponer su propio candidato: Ramón Grau San Martín; esta victoria es efímera. Poco tiempo después Batista asume el poder.

Al comenzar la resistencia antibatistiana encabezada por Fidel Castro, los jóvenes universitarios tienen una participación activa dentro del mismo movimiento 26 de Julio o a través de la propia actividad de la Federación Estudiantil Cubana, recogiendo y sintetizando en una perspectiva más amplia y liberadora los postulados martianos y reformistas. Chile, Uruguay, Venezuela y México recogen también los postulados de la Reforma.

No analizaremos sin embargo en este trabajo las características específicas que ella asumió en estos países. Lo hemos hecho en el caso de la Argentina, por ser este país la cuna del Movimiento Reformista y en el caso de Perú y Cuba por la directa influencia que tiene la ideología de la Reforma en proyectos políticos que se postulan para la modificación de la sociedad en su importante conjunto.

Es importante dejar señalados los principales objetivos del Movimiento Reformista de 1918 y su consecuencia en la historia de la lucha del movimiento estudiantil latinoamericano:

1—Democratización de la vida universitaria levantando como bandera de lucha la constitución de un gobierno autónomo de la universidad formado por profesores, estudiantes y graduados: los estudiantes reformistas eran conscientes del papel protagonice que jugaban en los marcos universitarios y reclamaban ejercer este derecho.

2 — Imposición de una enseñanza científica para romper el oscurantismo. Exigían para ello profesores idóneos elegidos por concursos donde se pusiera en juego no el buen nombre de la profesión, ni su adhesión a determinada ideología, sino un conocimiento profundo de la materia que debían impartir. Para ello era necesario profesores no vitalicios sino renovables periódicamente.

3 — Vinculación con los problemas políticos y sociales de su tiempo y proyección latinoamericana. Los estudiantes reformistas tuvieron temprana conciencia de los problemas económicos y sociales que aquejaban a sus países buscando la alianza con sectores populares y solidarizándose en una misma lucha antiimperialista con los países hermanos de América Latina. Nos parece correcta la observación de ciertos sectores estudiantiles que sin desconocer la importancia de la Reforma critican algunas actitudes políticas de este movimiento. Dice Rodolfo Sáenz “los participantes en las lomadas del 18 concebían la misión de los universitarios como algo realmente «especial y mesiánico», encarando su unidad con el proceso popular pero reservando para sí la conducción teórica y política”.

Esta omnipotencia se extendía a admitir la posibilidad de generar un cambio en las relaciones sociales existentes a través de la universidad. Sin embargo, estas objeciones no disminuyen el valor histórico de los planteos estudiantiles. Gracias al movimiento reformista los universitarios latinoamericanos logran estructurar una fuerte organización estudiantil, Iniciando una tradición de lucha que se mantiene en forma ininterrumpida hasta nuestros días. Muchas de las banderas reformistas —si bien en otro contexto político y social— son recogidas por el movimiento estudiantil europeo 50 años más tarde.

Fuente Consultada:
Transformaciones, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX – Tomo N° 4 –  Los Estudiantes
Centro Editor de América Latina





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