La Universidad y la Sociedad Objetivos de la CIA en la Guerra Fría



La Universidad y la Sociedad Objetivos de la CIA

Las universidades y la sociedad: Todas las sociedades industriales adelantadas necesitan, imperativamente, contar con grandes cantidades de cuadros profesionales y técnicos muy preparados. La industria, el gobierno, las comunicaciones y la educación reclaman, cada vez más, una experta mano de obra intelectual. Por lo tanto, las relaciones entre estos sectores y la universidad se tornan siempre más estrechas.

«La Universidad y la industria se asemejan cada vez más… La Universidad está obligada a centrar sus actividades en la industria», declaró Clark Kerr, presidente de la Universidad de California. El fenómeno tiene características brutales en los Estados Unidos, donde la adecuación es completa. Basta con identificar los orígenes y relaciones de quienes conforman las juntas de gobierno de los principales centros académicos, para comprobar esta simbiosis entre sistema y universidad.

En el consejo de administración de la Universidad de Columbia, por ejemplo, se encuentran representantes de grandes corporaciones monopólicas: CBS (radio y televisión), Metal Climax (emporio minero con inversiones en África), Lockheed Aircraft, General Dynamics (industria aeronáutica y bélica), Chemical Bank, Kuhn Loeb, Manufacturer’s Hanover Trust, Temple, First National City Bank, Chase Manhattan Bank, Metropolitan life insurance (bancos, financieras y aseguradoras).

Esta es una lista incompleta, ya que las citadas sociedades están ligadas a otras, pero constituye un grupo representativo de los grandes monopolios. También en Columbia hay institutos que trabajan bajo contratos del departamento de defensa; el IDA (Institute for Defense Analyses) en el que participa la misma Universidad de Columbia, se dedica a la investigación en armamentos avanzados y en técnicas antiinsurreccionales: es la «fábrica de ideas» del departamento de defensa norteamericano.

La relación entre Universidad y fundaciones presuntamente filantrópicas, como la Rockefeller, Ford, Carnegie, etc., son determinantes en la marcha de las investigaciones, contrataciones y política científica, porque hay dinero para los temas cuyo desarrollo interesa mientras que, si no hay interés, tampoco hay dinero ni investigación.

La misma franqueza de las corporaciones no deja margen para la idealización de la actividad científica; un director de Xerox explica su presencia en la Universidad de Rochester: «Para decirlo de la manera más clara posible, se trata de una cuestión de mero interés propio, de dólares, de centavos. Xerox vivirá o morirá con la tecnología».

John Hannah, presidente de la Michigan State University, es sincero al explicar las funciones de la Universidad: «Nuestras escuelas superiores y universidades han de considerarse bastiones de nuestra defensa, tan esenciales para conservar nuestro país y nuestra forma de vida, como los bombarderos supersónicos, los submarinos nucleares y los misiles balísticos intercontinentales».

El hecho de que ninguno de los tres sistemas de armas que menciona Hannah podría haberse diseñado, construido y manejado sin universitarios, prueba que no se trata de retórica de fiesta patria. Las mismas corporaciones que proveen fondos para la enseñanza, el desarrollo y la investigación, recogen el beneficio de graduados bien preparados: todos los años, representantes de los monopolios compiten en la contratación de los jóvenes más brillantes de la promoción, con lo cual cierran el círculo y consolidan el sistema.

LA CONSPIRACIÓN MUNDIAL:
Las Sociedad Secretas, a través de la CIA monitorean las Universidades

Asi lo explica Walter Graziano en «Hitler Ganó La Guerra«, libro en donde explica los planes para un Nuevo Orden Mundial, a través de las decisiones de las sociedades secretas, que tienen un poder sin igual mediante el manejo de los medios de comunicación , universidades y dueños del poder económico mundial.



¿Dónde queda, entonces, el supuesto prestigio que en el mundo ganaron desde los años 70 las universidades norteamericanas? Durante muchos años, para numerosas familias de todo el mundo resultaba altamente deseable que sus hijos efectuaran cursos de grado o posgrado en Estados Unidos. Supuestamente, la formación científica era muy superior a la de otras universidades. Lo que no sabíamos era que, además de la manipulación del conocimiento científico que antes señalamos como una constante deseada por la élite financiero-petrolera, generalmente dueña, financiadora o directora de las universidades, los estudiantes extranjeros iban a estar bajo un constante monitoreo de la CIA con el fin de ganar agentes en el exterior y, por si fuera poco, que más de la mitad de los profesores recibían y reciben pagos de la CIA para «facilitar» el acceso a los alumnos.

Pero las sorpresas no terminan allí. En el informe oficial conocido popularmente como el «Church Committee Report» del Congreso norteamericano, en la página 189, se señala:

(…) La CÍA está usando ahora a unos cientos de académicos norteamericanos, quienes adicionalmente a proporcionar pistas y presentaciones por cuestiones de inteligencia, ocasionalmente escriben libros y otro material para ser usado con fines de propaganda en el exterior. (…) Estos académicos están localizados en más de cien universidades e institutos norteamericanos.

Quizás ahora también podamos entender con más precisión lo que ocurrió con John Nash y con el discreto encubrimiento que han sufrido sus descubrimientos acerca de la falsedad de las teorías de Adam Smith, frente a la sobreexposición de teorías económicas sin real basamento científico (como la llamada «escuela de expectativas racionales» de Lucas).

El «Church Committee Report» fue escrito en 1976. ¿Cuánto más habrá avanzado la infiltración de la CIA en directores, profesores y alumnos de universidades norteamericanas, desde aquella época? En el mismo trabajo,Volksman señala:

Yale ha sido terreno fértil en el reclutamiento de agentes de la CIA desde que la Agencia comenzó en 1946. En realidad, muchos de los primeros ejecutivos de la CIA proceden de Yale y de otras escuelas de la IVY, por la cual la CIA fue acusada durante muchos años de corresponder a los intereses del establishment anglo-norteamericano. La acusación era verdad: 25% de los ejecutivos top de la CIA habían sido alumnos de Yale.

En el mismo trabajo se señala que la universidad norteamericana que es la principal base de reclutamiento de alumnos extranjeros, para que al retorno a sus países se desempeñen como agentes de la CIA, es nada menos que… la Universidad de Harvard (*). Ahora puede que algunas cosas acerca del grado de penetración que la política y la propaganda del CFR (Comite Federal de Relaciones) han realizado en el mundo queden más claras. ¿Cuántos funcionarios europeos, latinoamericanos, asiáticos y africanos han estudiado en Harvard?

Cabe mencionar que las tres universidades norteamericanas que más fondos manejan son, no por casualidad: primero, la Universidad de Harvard, principal socia universitaria de la CIA, y segundo, la Universidad de Yale, casa de estudios de los Bush, Harriman, Rockefeller y la aristocracia norteamericana que maneja la CIA.

Pero las actividades de la CIA en el mundo universitario y en la cultura no se ha reducido a infiltrar universidades en todos sus niveles. Francés Stonor Saunders, en La CIA y la guerra fría cultural, nos muestra cómo, tras la Segunda Guerra Mundial, la CIA se logró infiltrar en prácticamente todos los espacios de la cultura.

Muchas veces lo hacía mediante fundaciones «filantrópicas» y congresos culturales, así como también exposiciones, conciertos y hasta giras de orquestas sinfónicas. También describe cómo la CIA subvencionaba ambiciosos programas editoriales, y hasta se ocupaba de realizar traducciones a todos los idiomas.



Stonor Saunders asimismo narra cómo las revistas de toda Europa y otros lugares del mundo compensaban la caída en ingresos por publicidad mediante supuestos mecenas tras los cuales se escondía la CIA. Quizá lo peor de todo, siempre según Stonor Saunders, es cómo muchos de los más elocuentes exponentes de la libertad intelectual de Occidente se convirtieron en instrumento de los servicios secretos estadounidenses. En buena cantidad de ocasiones, la manipulación de intelectuales por parte de la CIA se daba incluso sin que éstos lo supieran, y generalmente aun cuando no les gustara.

El FBI (Federal Bureau of Investigations) no es otra cosa que una «policía paralela» interna en Estados Unidos. La visión un tanto romántica de las series y películas norteamericanas acerca de los laboriosos e incorruptibles agentes, que muchas veces se quedan a trabajar a deshoras para resolver tétricos crímenes comiendo fría comida china llevada a domicilio, no es otra cosa que propaganda de cuarta calidad. Muchas veces hemos oído hablar acerca de los crueles crímenes de la Gestapo de Hitler.

La Gestapo no era otra cosa que una policía paralela. De la misma manera que el FBI, desde su instauración en 1935 por el ex presidente Franklin Delano Roosevelt (reconocido miembro de una sociedad secreta), opera en el mismo sentido.

El FBI fue dirigido durante más de tres décadas por un siniestro personaje, también miembro de una sociedad secreta: J. Edgar Hoover. Bajo el comando de Hoover, el FBI realizó todo tipo de operaciones internas. Por ejemplo, manipuló al senador Joseph Mc-Carthy durante los años 50 para que llevara a cabo su famosa «cruzada anticomunista» y llevó a la práctica, durante décadas, el racista y temible Counter Intelligence Program(COINTEL-PRO), mediante el cual los agentes del FBI espiaban las actividades de los miembros más importantes de todas las minorías raciales en Estados Unidos (incluidos los indígenas en las reservas).

El FBI no se limitó a espiar, sino que en muchas ocasiones actuó de manera violenta contra quienes creyó que podían poner en relativo jaque la supremacía blanca y anglosajona en todas las estructuras de poder norteamericanas. Mientras todo esto ocurría silenciosamente, sin que los medios de comunicación divulgaran la menor noticia al respecto, J. Edgar Hoover era mostrado profusamente en los medios como un paladín de la lucha contra el crimen, como el «tío bueno» que todo americano deseaba tener.

Hoover era temido aun por personajes muy poderosos debido a que poseía archivos personales de empresarios, políticos e intelectuales. No los coleccionaba, sino que los usaba con fines extorsivos. El inescrupuloso mandamás del FBI fue puesto y mantenido en su cargo directamente por la élite. Existen muchas especulaciones de que J. Edgar Hoover era en realidad hijo bastardo de uno de los miembros de la élite y hasta se dice que habría sido concebido en uno de los rituales de una sociedad secreta.

(*):El director del fondo de inversiones, Robert Stone, está casado con una Rockefeller e invirtió, para desgracia de los profesores de esa universidad, fuertes sumas en acciones de la Enron antes de la caída. Se ve que no aprende de la experiencia, dado que hace muchos años, cuando «Dubya» Bush era accionista de Harken, decidió invertir en esa firma. Claro que Bush vendió las acciones a precios cercanos al máximo de la época, mientras que el fondo de inversión de la Universidad de Harvard tuvo que soportar, estoico, la baja de las acciones de la Harken de US$ 4 a cerca de US$ 1 por unidad.

Fuente Consultada:
Transformaciones, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX – Tomo N° 4 –  Los Estudiantes
Centro Editor de América Latina

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