Traslado de Santa Fe

Historia de la Provincia de Santa Fe Organizacion Política y Tratados

Historia de la Provincia de Santa Fe
Desde la Revolución de Mayo de 1810

SANTA FE FEDERALISTA: En los primeros años posteriores a la Revolución de Mayo de 1810, Santa Fe, como las demás provincias litoraleñas y de la mesopotamia argentina, se vio fuertemente influida por la personalidad de José Gervasio Artigas, quien preconizaba la independencia de estos territorios y su organización federal. Estanislao López, que luchó junto a las tropas de Artigas contra los brasileños dirigidos por el conde Holmberg, adquiría cada vez más prestigio en la zona, a la vez que se consolidaba en su ideario federalista.

En 1818 tras neutralizar la amenaza que presentaban los indios chaqueños para la ciudad y sus suburbios, López se autoproclamó gobernador de Santa Fe, cargo que ejerció hasta su muerte, 20 años después. Ayudado por Artigas, López hostigó reiteradamente a Buenos Aires, oponiéndose al centralismo del gobierno porteño.

El Directorio, decidido a terminar con Artigas y sus aliados, ordenó al Gral. San Martín que abandonara la campaña de los Andes y se dirigiese con sus tropas al litoral para aplaátar a los «rebeldes», pero San Martín no estaba dispuesto a distraer sus esfuerzos en luchas internas, por lo que desatendió las órdenes de Buenos Aires. El gobierno porteño, entendiendo que ha quedado en evidente inferioridad de fuerzas firma la paz en San Lorenzo en 1819.

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Pero Buenos Aires no aceptaba las ideas federales de la Liga de los Pueblos Libres, liderada por Artigas con el apoyo de López en Santa Fe y Ramírez en Entre Ríos, por lo que siguieron los enfrentamientos y las intrigas, hasta que por fin en 1820 cae el gobierno centrista de Buenos Aires y parece que se consolidará la paz entre las provincias y el puerto. Se firmó entonces el tratado de Pilar, pero la paz no habría de llegar hasta muchos años después.

En el combate de Gamonal, López vence a las tropas de Buenos Aires comandadas por Dorrego, imponiendo la firma de un nuevo tratado, el de Benegas, por el cual Santa Fe exige una indemnización por parte de Buenos Aires, que alcanza a 25.000 cabezas de ganado. Luego la lucha se produce entre los dirigentes federales. Primero, Ramírez derrota a Artigas y luego, en 1821, invade Santa Fe, a la altura de Coronda. Una vez más las fuerzas de López triunfan en un enfrentamiento en su territorio, y así se consolida como el líder federal indiscutido en todo el Litoral.

Bajo el gobierno de Rivadavia pareció que se alcanzaría la paz y la concordia entre las distintas provincias; el llamado a un Congreso Constituyente hizo que los gobiernos provinciales abrigaran la esperanza de obtener por fin una ley orgánica que estableciese condiciones equitativas entre todos los territorios que conformaban la nueva Nación. Pero cuando después de estériles debates, el gobierno de Rivadavia promulga una Constitución de fuerte carácter unitario, que evidentemente no estaba de acuerdo con el sentir de la mayoría de los representantes de provincias del interior, Santa Fe se integra a la Liga Provincial, formada por diez provincias en disidencia con la nueva ley elaborada.

Al caer Rivadavia y asumir Dorrego, éste cuenta con el apoyo santafesino. La ciudad de Santa Fe es elegida como sede de una nueva asamblea nacional que debería dar un «orden federal» al País, de acuerdo a lo que era el sentir de la mayoría de las provincias. Parecía que por fin llegaría al territorio nacional, pero un complot unitario depone a Dorrego, quien poco después es fusilado por el Gral. Lavalle, quien asume el gobierno bonaerense.

Estos hechos conmueven definitivamente el panorama político, los federales se organizan para resistir; López se constituye en comandante en jefe teniendo como segundo jefe a Juan Manuel de Rosas. Lavalle delega el gobierno y al frente de las fuerzas unitarias va a enfrentar a López en Santa Fe, territorio donde nunca había vencido; tampoco lo será en esta oportunidad, en que tras una serie de hábiles maniobras vence a las tropas de Lavalle en Puente de Márquez.

En 1831, con las provincias de Entre Ríos y Buenos Aires, Santa Fe firma el Pacto del Litoral, cuyo texto, al decir del historiador Sal-días, presenta características de una verdadera Constitución Nacional.

El País es conmovido por las constantes luchas entre federales y unitarios. En Santa Fe, López mantiene su poder consolidado, pero no sale a intervenir en otras provincias. El General Paz, que ha obtenido éxitos resonantes para la causa unitaria se apresta a dar el golpe decisivo atacando Santa Fe. López, una vez más, encabeza las fuerzas federales, que han de enfrentarlo, pero la lucha no llega a producirse, pues el Gral. Paz cae prisionero al ser boleado su caballo.

La paz parecía consolidarse para Santa Fe. López era el indiscutido caudillo, y sus buenas relaciones con el gobernador de Buenos Aires garantizaban la estabilidad. Sin embargo, la tuberculosis acabaría con su vida a los 52 años, el 15 de junio de 1838, dejando en la provincia un vacío muy difícil de llenar.

Su primer sucesor en la gobernación fue Domingo Cullen , quien fue fusilado por orden de Rosas acusado de conspirar con los franceses que bloqueaban los puertos nacionales. A Cullen lo sucedió Juan Pablo López, hermano de Estanislao, apodado «Mascarilla», quien se resintió con Rosas cuando éste otorgó el mando de las fuerzas militares al Gral.

Oribe. Al sentirse desplazado, López aceptó negociar con Ferrer, gobernador co-rrentino que venía luchando para lograr un trato equitativo a las provincias del interior, gravar con impuestos a las manufacturas importadas, y toda una serie de medidas que permitiesen el desarrollo de las economías provinciales que se veían seriamente afectadas por la política económica seguida por Juan Manuel de Rosas, quien defendía la libertad aduanera, útil a los intereses porteños, pero muy negativa para las ciudades del interior.

En 1841, López firma con Ferré el tratado de Las Saladas, en el que ambos comprometían sus esfuerzos para derrocar al dictador porteño. Pero Juan Pablo López carecía de la capacidad militar de Estanislao; las tropas de Oribe entraron en 1842 en Santa Fe mientras el gobernador huía a Corrientes.

La paz tan ansiada no había llegado aún; en 1851, el Gral. Urquiza invade Santa Fe, depone a Urbano de Iriondo, delegado del general Pascual Echagüe y designa como gobernador interino a Domingo Crespo, siguiendo hacia el sur, pasando por Rosario en su camino hacia Buenos Aires. La batalla de Caseros puso fin al largo período rosista, aunque no a los conflictos internos.

Después del Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos, Urquiza convocó a un Congreso Constituyente, para lo cual se realizaron elecciones en muchas provincias a los efectos de enviar delegados. A pocos días de tener que comenzar las sesiones, estalló un foco opositor en la Ciudad de Buenos Aires.

La Asamblea Constituyente se reunió el 10 de noviembre de 1852, y como primera medida decidió mediar en el conflicto que hacía que Buenos Aires no enviase sus representantes. La mediación no dio resultados y la Asamblea continuó su labor hasta sancionar la Ley de Constitución Nacional el 10 de mayo de 1853, que rige a la Argentina hasta nuestros días.

Pero Buenos Aires se había levantado contra el interior, lo que provocaría nuevos enfrentamientos armados: el primer combate entre Buenos Aires y las fuerzas nacionales encabezadas por Urquiza se libró en Cepeda y significó una derrota total para los porteños, quienes firmaron con Urquiza un pacto de unión que fracasó a los pocos años. Santa Fe fue escenario de ¡a última gran batalla de las libradas durante la época de la organización nacional; el 17 de septiembre de 1861 se volvieron a enfrentar los ejércitos de Buenos Aires y los del resto de la Nación comandados por Urquiza, pero esta vez triunfaron las fuerzas bonaerenses, produciéndose el alejamiento de Urquiza y el fin de los grandes conflictos nacionales.

Después de este hecho hubo algunas luchas civiles, pero ya no alterarían básicamente la organización de la Nación. Santa Fe no volvió a participar en conflictos internos siendo sus territorios escenarios, únicamente, unos años más tarde, de las luchas contra los aborígenes, que sobre todo en el norte hostigaban frecuentemente a los colonos. El Censo confederal de 1858, registró una población de 41.261 habitantes, así distribuidos:

Rosario: 22.492
Capital: 10.744
San Jerónimo: 4.838
San José (Garay): 2.262
Otros Lugares: 925
TOTAL: 41.261

Es notable apreciar que por entonces Rosario, ciudad que se había ido desarrollando silenciosamente, duplicaba la población de la capital.

Al comenzar la segunda mitad del siglo XIX se inicia el período de la gran colonización. Trece años después de esta medición, en el censo de 1869, la población de la provincia se había multiplicado por 2,2 alcanzando 89.117 habitantes. El censo de 1895 muestra una multiplicación por 4,5, alcanzando entonces los 397.188 habitantes, y vuelve a duplicarse la población en menos de 20 años, tal como demuestra el censo de 1914 que contabiliza 899.640 habitantes. Esta fue la época de oro del poblamiento santafesino.

Fuente Consultada
Argentina, Mi País Ediciones RR Historia y Desarrollo de Santa Fe

Historia de Rosario Su Puerto, Ferrocarriles y Desarrollo Económico

HISTORIA DE ROSARIO, ORIGEN, PUERTO Y FERROCARRILES

«Rosario es fruto de su propio esfuerzo» sintetizan con orgullo los rosarinos; y en esta frase quieren significar el hecho de que la segunda ciudad del País ha logrado este lugar sin ser sede administrativa de la Provincia —no es capital— siendo a la vez la única ciudad importante del País sin fundador, ni acta de nacimiento y por lo tanto con un origen histórico no conocido en detalle.

Se acepta que tuvo su origen en el espontáneo avecinamiento que se fue dando a conocer alrededor de la capilla de Nuestra Señora del Rosario, construida a partir de 1746. Su posición en el camino de Buenos Aires a Santa Fe, su puerto natural y la excelente calidad de sus tierras circundantes, afirmaron la permanencia y su paulatino crecimiento. Declarada «Ilustre y Fiel Villa» en 1823, contaba en ese momento con dos manzanas pobladas que ya eran ocho en 1850.

Con el Acuerdo de San Nicolás desaparecieron las trabas políticas al acceso de barcos de ultramar hasta Rosario, y al poco tiempo, con la inmigración y la colonización, la ciudad se convirtió en el gran puerto de la famosa zona agrícola del centro y sur de Santa Fe.

En 1869 tenía 23.000 habitantes, más del doble que la capital provincial, que aumentaron a 93.000 en 1895 y a 226.000 en 1914: en 45 años había multiplicado su población por diez.

Desde entonces Rosario agregó a su rol comercial y portuario una fuerte actividad industrial, desbordó hacia el norte su límite departamental y superó el medio millón de habitantes a mediados de siglo. Su crecimiento se moderó en los últimos 20 años, pero aún así, hoy supera el millón de habitantes.

En el poblado improvisado y espontáneo de los siglos XVII y XVIII confluyeron, a fines del XIX, las líneas marítimas, las ferroviarias y, con ellas, los inmigrantes que lo convirtieron, a principios del siglo XX, en una ciudad comercial,burocrática, Industrial, residencial y cosmopolita.

ORIGEN: Del Pago de los Arroyos a Villa del Rosario

El sitio donde está emplazada la actual ciudad de Rosario era en el siglo XVI un amplio territorio rural, comprendido entre el río Carcarañá y la Cañada de las Hermanas, denominado Pago de los Arroyos, por estar atravesado por varios cursos de agua.

La riqueza natural de la región consistía en ganado cimarrón. Atraídos por el ganado, los vecinos de Santa Fe y de Buenos Aires comenzaron a ocupar estas tierras, próximas a las dos únicas estancias delimitadas. Los historiadores coinciden en apuntar que no hubo un acto fundacional, sino que el poblamlento fue espontáneo.

En 1730 se creó el Curato del Pago de los Arroyos, con sede en la capilla de una de las estancias, donde se guardaba la imagen de Nuestra Señora del Rosario, que dio nombre a la actual ciudad.

La población de la parroquia y partido de Rosario, que en 1775 tenía más de 2.300 habitantes, estuvo amenazada continuamente por incursiones indígenas, epidemias y plagas de langostas.

patrono de rosario en santa fe

Nuestra Señora del Rosario

Durante el siglo XVIII, la principal actividad era la ganadería y unos pocos pobladores, dueños de carretas, se dedicaban al comercio y al transporte de mercancías, y, en muchos casos, al tráfico ilegal con la Colonia del Sacramento. Hacia fines del siglo, también cobró importancia el comercio de muías a Salta.

De villa a ciudad: En las primeras décadas del siglo XIX, las continuas incursiones indígenas y las invasiones de los ejércitos, con la permanente exigencia de contribución en hombres y animales, causaron el despoblamiento y el estancamiento de la Capilla del Rosario.

Pese a haber sido designada Villa en 1823, durante el gobierno de Estanislao López su trazado urbano apenas estaba definido. Sólo estaban marcadas las calles que rodeaban la Iglesia y los caminos a Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba,

A fines de los ’20 y principios de los ’30, la villa, favorecida por el Tratado del Cuadrilátero de 1 822, inició sus primeros embarques de productos del Interior. Esta actividad comercial se Incrementó con el conflicto francés, que le permitió negociar directamente con Montevideo.

Durante el tiempo en que la Confederación y Buenos Aires funcionaron como estados separados, la aduana del puerto de Rosario se convirtió en una importante fuente de ingresos, tanto por el tráfico de mercaderías como por la exportación de productos, situación que se acentuó con la temporaria aplicación de los derechos diferenciales.

En 1852, la Villa del Rosario accedió al rango de ciudad. Demográficamente, había superado en forma significativa a la capital provincial, Santa Fe.

La actividad portuaria estaba acompañada por la Instalación de nuevos servicios imprescindibles para la Confederación, entre ellos el sistema de Mensajerías Nacionales y el sistema bancario, junto a casas comerciales, depósitos de cueros y cereales.

El crecimiento del sector de servicios, ligado a la actividad comercial y agrícola del sur santafeslno, hizo de Rosario un punto de atracción para el inmigrante extranjero y argentino.

Ello Inspiró a Vicuña Mackenna a decir, en 1855: «Rosarlo, que era hace dos años una miserable ranchería, es hoy un pueblo de importancia en que todo reluce con aire de frescura, como si hubiera sido hecho ayer. […] La población está edificada con mucha regularidad en tres calles paralelas, desde la barranca del río hacia la pampa, y no tendrá en el día menos de 20 manzanas de caseríos bien concluidos».

A mediados del siglo XIX, se concretaron importantes adelantos y mejoras, como la instalación de iluminación pública, el trazado de plazas y la apertura de dos bulevares, al mismo tiempo que la administración se com-plejizaba haciendo necesaria la creación de su Municipalidad, en 1860.

La ciudad cosmopolita
A partir de 1870, con la instalación de las primeras líneas férreas a Córdoba, Rosarlo se convirtió en el centro de las comunicaciones terrestres entre el Litoral y el Interior.

En 1869, la población de Rosario duplicaba a la de la ciudad de Santa Fe, y de los 23.169 habitantes que concentraba, un 25% eran extranjeros. En 1895, se cuadriplicó el número de habitantes de 1869, y aproximadamente la mitad era de origen extranjero.

La planta urbana se fue extendiendo desde su triángulo original, al compás de las primeras instalaciones ferroviarias y portuarias que originaron un crecimiento radial pero articulado entre las distintas partes de la ciudad.

En 1887, Rosario presentaba ya los síntomas del desarrollo urbano desordenado, con altos índices de concentración y densidad. Por ejemplo, la orlmera sección, la más antigua, con 94 manzanas, concentraba el 36% de a población total de la ciudad, con un promedio de 5,9 personas por vivienda, que en 1895 llegó a 9,55.

Así, el acelerado crecimiento demográfico de fines del siglo pasado trajo aoarejado el hacinamiento urbano, materializado con la presencia del conventillo.

Las medidas de higiene social impulsadas desde la administración municipal no llegaron a paliar los insuficientes servicios de infraes-tructura básica, de limpieza, agua corriente, desagües y cloacas. La mortadad tuvo su punto máximo en 1882, cuando alcanzó el 50 por mil.

Favorecida por ser cabecera de líneas ferroviarias y punto de embarque con un importante caudal inmigratorio, y área de atracción de capitales nacionales y extranjeros, la ciudad que había crecido como intermediaria comercial se transformó en un centro industrial. Se instalaron molinos harineros y yerbateros, destilerías, manufacturas de bebidas alcohólicas y de alimentación.

A mismo tiempo, se formaron los primeros barrios obreros, como el barrio de la Refinería Argentina, al norte de la ciudad.

Con características similares surgieron también los barrios de Talleres, Embarcaderos, Aguas Corrientes, Sorrento, Arroyito, Súnchales. Otros barrios, como Pueblo Alberdi o Saladillo, promovidos por empresarios inmobiliarios y favorecidos por las primeras líneas de tranvías a caballo, se desarrollaron con características residenciales.

EL PUERTO DE ROSARIO: Aunque llevaba dos siglos de plena actividad, recién se declaró a Rosario como puerto de ultramar habilitado, por decreto del Director Provisorio de la Confederación, Oral. Justo J. de Urquiza, el 3 de octubre de 1852. Hasta entonces se había visto detenido su desarrollo por el monopolio portuario que ejercía Buenos Aires.

Pocos años después, el puerto y consecuentemente toda la ciudad se veían beneficiados notablemente con la Ley de Derechos Diferenciados, dictada el 19 de julio de 1856 por el Congreso Nacional.

Esta ley proponía favorecer el comercio directo con los puertos extranjeros, pero evitando que los buques atracaran en el puerto de Buenos Aires, a fin de terminar con el monopolio que éste ejercía.

Por tal razón, el impuesto a pagar por las mercaderías que ingresaran por otros puertos, se reducía a la mitad de lo que se cobraba en Buenos Aires. Así fue como Rosario inició un vasto movimiento comercial que desde entonces se prolonga hasta nuestros días.

En 1870, se contruye la primera línea de F.C. en la Provincia de Santa Fe: la línea Rosario-Córdoba, con lo que el puerto rosarino se convertía en la puerta de salida de la producción en general y cerealera en particular, de la riquísima zona sur de Córdoba, norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe.

Posteriormente se tendieron más vías férreas que conectaron al puerto con toda la zona productora de la provincia y el resto del País, con lo que Rosario se convirtió en un puerto exportador de cereales.

vista aerea puerto en santa fe

Por aquel entonces el puerto de Rosario estaba conformado por barrancas naturales de 20 metros de altura, careciendo de muelles; sólo una línea de canaletas, por las que se deslizan las bolsas de cereal, bajaban para depositar éstas en las bodegas de los buques y dejar concluida la operación de embarque.

En 1869, el movimiento portuario rosarino había superado las 475.000 toneladas de importaciones y exportaciones, y se decidió que debían incorporarse mejoras.

El trámite para lograr concretar este proyecto fue extenso y frustrante, el hecho es que treinta años después, todavía el puerto seguía sin contar con las anheladas mejoras.

Recién en 1902 dieron comienzo las obras para dotar al puerto de una infraestructura adecuada, que dotaría a Rosario de muelles, edificios para oficinas, almacenes, amarras, guinches, calzadas, vías férreas y conexión de éstas con las que llegaban a la ciudad, etc. etc.

Con excepción  del período  1916-1918, correspondiente  a la Primera Guerra Mundial, las exportaciones de Rosario alcanzaron cifras constantemente crecientes, hasta llegar al pico en los años 1927 a 1939, período en el cual Rosario se convierte en el primer puerto cerealero del País, con un pico de casi 6.50O.0O0 toneladas exportadas en 1937.

Luego, hasta 1956, la influencia de la Segunda Guerra Mundial hace decrecer los valores que a partir de ese año comienzan a ascender nuevamente, aunque con diversas fluctuaciones. Por el contrario, las importaciones registraron su valor máximo en 1913 con casi 1.300.000 toneladas. En la actualidad los productos que ingresan por el puerto de Rosario en mayor escala son: madera, carbón, substancias químicas, minerales, metales, material de transporte, etcétera.

Características actuales: Ubicado en el kilómetro 422 del canal de navegación del río Paraná, margen derecha, el puerto de Rosario abarca la extensión del río Paraná comprendida entre el arroyo Saladillo aguas abajo y el arroyo Ludueña aguas arriba, en un sector de 1.500 metros de ancho por 12.000 metros de longitud. Aunque la profundidad de sus aguas siempre ha permitido el acceso de buques ultramarinos, las modernas instalaciones del puerto exigen un dragado permanente de ciertos sectores.

El tramo San Pedro-Rosario, por ejemplo, se mantiene en 23-25 pies de calado y sus profundidades mínimas son: 23 pies en el tramo límite sur-Puerto Rosario y 21 pies en el sector Rosario-San Lorenzo.

El área total del puerto alcanza a 1.616.000 metros cuadrados; la longitud de los muelles a 5.100 metros. Cuenta con 49 depósitos, 11 elevadores, 4 básculas, 64 guinches y 60 kilómetros de vías férreas. A ello debe sumarse el embarcadero de hacienda, dársenas de cabotaje, usina de transformación, aduana, talleres, policía marítima y la estación fluvial.

EL FERROCARRIL Y EL PUERTO DE ROSARIO
La rápida expansión de la pampa húmeda, a partir de la década de 1870, implicó la vinculación de toda una extensa área de nuestro país al mercado internacional como proveedora de carne, primero, y luego de cereales. Santa Fe ocupó un lugar preponderante en este vertiginoso proceso. La construcción del ferrocarril que unía las ciudades de Córdoba y Rosario, línea terminada en 1870, constituyó el eslabón definitivo para integrar toda la zona del centro y sur provincial a esa economía destinada a la colocación de los productos de las tierras pampeanas en los mercados internacionales.

Con ritmo acelerado durante las décadas siguientes, se concretó el tendido de vías que fueron comunicando las distintas poblaciones del interior santafecino con los puertos de Rosario y Santa Fe, y también con la ciudad de Buenos Aires. Hacia 1910 la configuración de la red que atravesaba la provincia había alcanazado su apogeo: a la línea que vinculaba a Rosario con Córdoba se habían agregado ramales que, partiendo de la ciudad capital, llegaban a Santiago del Estero y Corrientes, hacia el norte; otra vía partía de Santa Fe y, pasando por la región tambera, comunicaba con Córdoba; en el sur, las nuevas localidades (Casilda, Firmat, Venado Tuerto, Cañada de Gómez) eran alcanzadas por el tendido que las ligaba a las ciudades agrí-colo-ganaderas del Noroeste bonaerense (Pergamino, San Nicolás, Rojas, Junín, etc.). Toda la producción del campo tenía rápidos canales de comunicación con los puertos de embarque.

Los trazados, que muchas veces se superponían, reflejaban la falta de un proyecto racional de construcción. Los dictados de! comercio exterior habían prevalecido aún en la conformación de ¡a red ferrocarrilera.

Rosario, luego de la finalización de las obras del Central Argentino, se convirtió en el primer puerto triguero del país. Aunque se encontraba ubicado sobre el ancho y tortuoso Paraná, a más de trescientos kilómetros de Buenos Aires, era posible llegar a la ciudad por barcos oceánicos y veleros; poseía un excelente potencial natural de carga y era la terminal del único ferrocarril del interior.

El río había excavado un canal cerca de la costa. Los barcos anclaban junto a la alta orilla y recibían el cereal en bolsas o a granel por medio de largas canaletas de madera. En 1881, el primer gran elevador de cereales de la Argentina mejoró estas instalaciones naturales, y proporcionó una capacidad de depósito de 7.000 toneladas de trigo y una de carga de 60 toneladas por hora.» (James Sobie – «Revolución en las pampas»).

Pero, después de 1900, el auge de Rosario comenzó a declinar. Cuando en 1902 se concluyeron las nuevas obras que modernizaron al puerto de Rosario, gran parte de la exportación se había desviado hacia Buenos Aires. Los intereses porteños habían comenzado a ganar la partida, relegando a la ciudad santafecina y concentrando la actividad comercial de exportación en Buenos Aires.

Las vías férreas construidas en el Sur de Santa Fe sirvieron para que la producción de esa región sorteara la salida por Rosario para ser embarcada en Buenos Aires. Así la declinación de Rosario fue lenta pero notoria. Si bien Rosario continuó como gran puerto cerealero, su participación descendió de las dos terceras partes a un tercio del volumen global de exportaciones de trigo. Pero esta época de esplendor dejó su huella de crecimiento y riqueza: en los años entre 1869 y 1914, la población de Rosario pasó de 23.000 a 223.000 personas. ¡¡Un aumento de más del 580 por ciento, en poco más de cincuenta años!!

Vista aérea de la ciudad de Rosario

ROSARIO A FINES DEL SIGLO XX: En Rosario se elabora cerca del 20 por ciento de la producción industrial total del País, este es el resultado del trabajo de más de 16.000 establecimientos, algunos de ellos de gran envergadura. Por su puerto se exporta el 18 por ciento del total nacional (aproximadamente el 50 por ciento de ¡as exportaciones del puerto de Buenos Aires).

En sus 172 km² viven aproximadamente un millón y medio de personas, que cuentan con 67 bancos, 79 cooperativas, 43 líneas de ómnibus, algo más de 4.500 taxis, 54 bibliotecas, casi 100 clubes deportivos, algunos de los cuales cuentan con instalaciones tan completas como las más modernas de cualquier club importante del País; 24 cines, dos canales de televisión abierta y cuatro de transmisión de TV por cable, cuatro estaciones de radio, 8 grandes parques, 86 plazas, un hipódromo, dos grandes estadios deportivos, más de 25 hoteles de primera clase y más de cien de diversas categorías, 88 establecimientos educativos, 41 iglesias, 23 comisarías, 19 monumentos públicos, 23 consulados de países extranjeros y toda la infraestructura de una gran ciudad moderna.

En ella desarrollan su actividad más de 7.000 profesionales universitarios, entre los que se cuentan más de 3.000 médicos, que practican en sus consultorios o en los 19 hospitales con que la ciudad atiende la salud de sus habitantes. Excelentes medios de comunicación, que incluyen el aeropuerto internacional, cuatro líneas ferroviarias que la comunican con todo el País, y una red caminera formada por autopistas que la interconectan con los centros poblados más importantes.

La influencia socio-económica y cultural de Rosario se extiende en un área de más de 60 kilómetros a la redonda, siendo así el polo de atracción de una población de casi dos millones de habitantes.

LA VIOLENCIA ACTUAL EN ROSARIO: Rosario (y la ciudad de Santa Fe) se ha convertido una de las ciudades de mayor nivel de violencia de la Argentina. Situación agravada por no existir un buen diagnóstico del problema ni algún plan de ataque al mismo, sólo acciones aisladas.

Mientras que la cantidad de homicidios en Argentina cada 100.000 habitantes es de 5,4 muertes, Rosario supera los 14 asesinatos, en un proceso de crecimiento constante (Buenos Aires ciudad es 5,8).

En el año 2007 hubo en Rosario 113 homicidios. Un año después 121. En el 2003 trepó a 130. Cuatro muertos menos en el 2010 -126-;y luego se incrementa significativamente: 164 y 175 en 2011 y 2012 respectivamente.

Estos números de por sí pueden no decir mucho, pero comparémoslo con una ciudad parecida en su magnitud e influencia: Córdoba. Allí, de 89 homicidios en 2008 decreció a 79 en el 2009, bajó aún más en el 2010, con 45 subiendo un poco -pero mucho más bajo que los años anteriores: 53 y 65 en el 2011 y 2012 respectivamente. Es decir, la tasa de la ciudad de Córdoba en menos de la mitad a la de Rosario. (Fuente: http://www.notasyantidotos.com.ar)

Fuentes Consultadas:
HISTORIA ARGENTINA  Secundaria Edit. Santillana Luchilo-Romano-Paz
ARGENTINA, MI PAÍS Edit. RR Ediciones Tomo II – La Provincia de Santa Fe

Ver: Mapa con los departamentos de Santa Fe

Ver: Primera Fundación de Santa Fe y Su Traslado

Primera Fundacion de Santa Fe Juan de Garay Historia de Santa Fe

Primera Fundación de Santa Fe
Juan de Garay Historia de Santa Fe

PROVINCIA DE SANTA FE
INFORMACIÓN GEOGRÁFICA

Capital: Santa Fe.
Fecha de fundación: 15 de noviembre de 1573.
Fundador: Juan de Garay.
Superficie: 133.007 km2.
Población: 2.782.809 hab. (Censo 1991). M.: 1.424.293; V.: 1.358.516.
Población urbana: 82%. Población rural: 18%. Densidad: 18,5 hab/km2.
Límites: Norte, con la provincia del Chaco; Este, con las provincias de Corrientes y Entre Ríos; Sur, con la de Buenos Aires; Oeste, con las de Córdoba y Santiago del Estero.
Mapa con Departamentos y Capitales: ver mapa

GEOGRAFÍA FÍSICA
Es una vasta llanura que presenta diversos aspectos: las subregiones del Chaco Oriental y de la Diagonal Fluvial de la Región Chaqueña (en la mitad septentrional), y las subregiones de la Pampa del Norteo de la Colonia y de la Pampa Ondulada de la Región Pampeana (en la mitad sur y sudeste, respectivamente). En el norte, la llanura conocida con el nombre de chaqueña y por tanto, continuación de la llanura pampeana, se extiende horizontalmente con una suave pendiente hacia el SE, donde la falta de drenaje, causa de la formación de cañadas, lagunas y zonas anegadizas, más la ausencia total de cerros, sierras o montañas, confirman la uniformidad del suelo horizontal y levemente inclinado.

Hacia el sur de los 300S, la provincia se extiende en la región de la Pampa del Norteo Gringa, y cuenta con un suelo naturalmente fértil, clima templado y un gran desarrollo agrícola-ganadero y poblacional. La Pampa Ondulada se halla al SE del Río Carcarañá, es una franja litoral que presenta barrancas, ondulaciones suaves y valles fluviales. El río más importante es el Paraná que recorre el límite interprovincial este; otros de importancia son: Río Carcarañá, Río Salado, Río Coronda, San Javier, etc.

GEOGRAFÍA ECONÓMICA
Agricultura, ganadería y minería. 24%: Industria, 37%; Servicios, 39%. Uso del suelo: Pastoreo natural y cultivado, 50% Cultivos anuales y permanentes 285%; Montes y bosques naturales, 13 5% otros usos, 8%.

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LA PRIMERA FUNDACIÓN DE SANTA FE
Fuente Consultada: www.pampagringa.com.ar
La actual Cayastá, está asentada casi en el sitio donde en 1573, Juan de Garay fundó por vez primera la ciudad de Santa Fe. Escasos 1000 metros separan a Cayastá de ese sitio al que se lo denomina a menudo como Santa Fe la Vieja, que allí permaneció hasta la década de 1660, cuando se decidió su traslado a un lugar más conveniente desde el punto de vista económico, estratégico y de seguridad, es decir, al actual lugar de la ciudad capital de la provincia.

Cayastá está ubicada en el kilómetro 71 de la Ruta Provincial Nº 1, al norte de la actual Santa Fe de la Vera Cruz, y aproximadamente a 1 Km. antes de llegar a a esta localidad, se encuentran las famosas ruinas de la primitiva Santa Fe, descubiertas por el lúcido historiador e investigador Agustín Zapata Gollán (1895-1986), que inició las excavaciones en la zona cuando corría el año 1949, basándose en previos estudios que determinaron su exacta localización. Digamos de paso que Agustín Zapata Gollán, fue un erudito y a la vez excelente empleado público que prestigió su cargo de funcionario del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales de Santa Fe.

El sitio fue declarado mediante decreto 112.765/42 como Lugar Histórico Nacional, pero luego de las excavaciones dirigidas y exhumadas por Zapata Gollán, en 1957 esta declaración fue ampliada a la de Monumento Histórico Nacional, en razón de que los estudios y descubrimientos hechos permitieron ubicar tres templos: Santo Domingo, San Francisco y La Merced; además en el templo franciscano, fueron hallados los restos del primer gobernador criollo del Río de la Plata, Hernandarias de Saavedra, junto a los de su esposa, que era hija del fundador de la ciudad. Digamos también, que el voto unánime de los miembros de la Academia Nacional de la Historia avaló que las ruinas encontradas pertenecían a la primitiva Santa Fe.

La fundación de la ciudad de Santa Fe, siguió las pautas que eran norma en esa época, una cuadrícula de aproximadamente 100 has. cuya parte central se destinó a plaza de armas, a cuyo alrededor se ubicaron las despendencias administrativas, religiosas y para vivienda de los personajes principales, entre ellos el mismo Don Juan de Garay, guiándose por otros ejemplos de fundaciones como las de Lima en 1535. Fue sin duda una ciudad que respondió a una estudiada planificación previa. Si bien en el acta se hace referencia a un plano o traza que sirvió de base para el reparto de solares confeccionado por el propio Garay, este documento se extravió en la época colonial, perdiéndose con ello los datos de la distribución física de las partes adjudicadas a cada vecino, no obstante conocerse el nombre de cada uno de ellos.

Fue Garay quien repartió personalmente los solares, determinándose los espacios para chacras y suertes de estancias. Cada solar equivalía a un cuarto de manzana divididas a su vez por estrechas calles en cruz, sin duda bien hecho con criterio tanto económico como estratégico. A los hombres que gozaban de su mayor confianza les adjudicó los terrenos vecinos a lo que reservó para sí. Ya se sabe que el que parte y reparte se queda con la mejor parte.

Debe recordarse que Juan de Garay partió desde Asunción un 14 de abril de 1573 con el exclusivo propósito de fundar una ciudad que sirviera como escala y apoyo logístico al tránsito fluvial entre el Río de la Plata y Asunción, expedición que comenzó con nueve españoles peninsulares, setenta mestizos y aborígenes guaraníes traidos del área paraguaya.

Fundada que fue la ciudad a orillas del río Quiloazas (hoy San Javier), brazo del Paraná, un 15 de noviembre de 1573, transcurridos siete meses desde la partida de Asunción, en un trayecto que no estuvo exento de dificultades, se agregaron a estos audaces primigenios pobladores, otros aborígenes locales, (calchines y mocoretás) y esclavos negros africanos destinados al más rudo trabajo de las tierras que dieron origen a las primeras plantaciones de frutales y viñedos, el cultivo de cereales y la cría de ganado, escontrando esto último un excelente medio para su desarrollo que con el tiempo se volvió incontrolable y librado sólo a los avatares naturales.

El trayecto se cumplió tanto por vía terrestre, con 50 caballos, como por vía fluvial, con un bergantín, unas cuantas canoas, armas y municiones.

Los asunceños buscaron afanosamente «abrir puertas a la tierra», para combatir su forzoso aislamiento de otros grandes centros poblados y de difícil acceso en esos años en que los caminos tenían que abrirse a golpe de machete. Esta fundación, por lo menos les facilitó la entrada y salida por el «mar dulce» como lo denominó Solís.

La necesaria convivencia de este heterogéneo conglomerado humano, diverso en lo étnico y en lo cultural, sin duda conformó una sociedad de características especiales donde cada grupo hizo aportes de su cultura originaria.

Abandonado que fue el lugar tras el traslado al nuevo emplazamiento, el río Quiloazas con la paciencia que los años pusieron a su disposición fue carcomiendo las costas y modificando su cauce sin apuro pero sin pausa lo que dio como resultado que de las 100 hectáreas originales hoy queden sólo unas 69, proceso facilitado por la arenosa y poco consistente compactación de los suelos que surca, arrastrando el material aguas abajo y cavando un nuevo curso que dejó bajo sus aguas el sector próximo a la Plaza de Armas, donde se encontraban la Iglesia Matriz, la de la Compañía de Jesús, la de San Roque y la propia casa de Juan de Garay. En el sector que no fue afectado, está el remanente de la Plaza, las Iglesias conventuales de San Francisco, Santo Domingo y La Merced; el Cabildo y un gran número de viviendas que pertenecieron entre otros a un nieto del fundador, Cristóbal Garay; a Francisco de Paez, a Juan González de Ataide, a Alonso Fernández Montiel, a Manuel Ravelo y a un escribano Juan de Cifuentes.

Las excavaciones pusieron al descubierto gran cantidad de objetos que dan indicios de la vida de la ciudad que existió un poco más allá de la mitad del siglo XVII. Vieron la luz, monedas, medallas, amuletos de plomo, rosarios, cuentas de collares, útiles de labranza, porcelana oriental, ladrillos, tejas (algunas con dibujos e inscripciones), herramientas, cerámicas españolas e indígenas.

Dentro de los recintos de los templos las excavaciones mostraron los restos de más de 200 pobladores enterrados en el lugar, y Zapata Gollán logró identificar a varios entre los que se encontraron los de Hernandarias y su esposa.

monumento historico cayasta

Resuelta por las autoridades coloniales la mudanza, poco a poco los habitantes iniciaron el abandono de la primitiva ciudad en las márgenes del Cayastá, y en 1651, después de casi ochenta años de permanencia en aquel lugar, se trasladaron a su actual emplazamiento, a unos setenta kilómetros más al Sur. La fundación en la desembocadura del rio Salado tuvo lugar el 20 de febrero de 1653, dándosele el nombre de Santa Fe de la Vera Cruz. Las tierras en que fue refundada la ciudad pertenecieron en su origen a Juan de Garay, quien partió de allí en 1580 para fundar Buenos Aires. Por herencia pasaron más tarde a Hernando Arias de Saavedra. El primitivo emplazamiento de Santa Fe fue declarado Lugar Histórico por Decreto N« 112.765 del 4 de febrero de 1942.

PARA SABER MAS…
LOS RETOS DE SANTA FE LA VIEJA

La primera fundación de Santa Fe se había llevado a cabo en Gayaste, sobre la margen derecha del río San Javier (afluente del río Paraná), a poco más de 70 kilómetros al norte de la actual capital provincial. Si bien existen diversas hipótesis con respecto a los motivos que llevaron a que su población comenzara a emigrar a mediados del siglo XVII -en pocos años más sería definitivamente abandonada-, todo parece indicar que la razón principal del éxodo fueron los periódicos desbordes del río y los daños materiales que esto provocaba. Durante casi tres siglos no se tuvieron noticias de la ciudad que Caray había fundado en 1573, pero en el año 1949, un magnífico hallazgo arqueológico puso al descubierto parte de la historia de una de las primeras ciudades rioplatenses.

Guiado por una extraordinaria intuición, el Dr. Agustín Zapata Gollán -que con pobres recursos trabajó en el lugar hasta su muerte, ocurrida en 1986- logró ubicar el emplazamiento del antiguo asentamiento de 66 manzanas, de las cuales 18 se encuentran en la actualidad bajo las aguas del río. A poco de comenzar con los trabajos de excavación, halló numerosos restos de vida material, como distintos tipos de vajilla, monedas, collares y herramientas. Pero el descubrimiento más asombroso lo esperaba en lo que luego reconocería como los cimientos de la iglesia de San Francisco, a 1,20 metros por debajo del piso del recinto, encontró numerosos sepulcros, algunos de ellos con restos humanos en magnífico estado de conservación.

Los esqueletos de los conquistadores con «las yertas manos en cruz», ofrecen un espectáculo sobrecogedor, y traen a la memoria algunos versos de Lope de Vega (autor español, 1562-1635): «Mirando estoy los sepulcros,/cuyos mármoles eternos/ están diciendo sin lengua/ que no lo fueron sus dueños./ ¡Oh, bien haya quien los hizo/ porque solamente en ellos/ de los poderosos grandes/ se vengaron los pequeños!»