Un Paseo Por El Siglo XIX

Historia de los Viajes en Tren Como se Viajaba en Tren en Argentina

Como se Viajaba En Tren En Argentina
Historia del Ferrocarril en Argentina

CUANDO VIAJAR ERA UNA FIESTA: En las primeras décadas del siglo, buena parte de los provincianos que llegaban a Buenos Aires por ferrocarril lo hacían por lo general de madrugada en confortables coches dormitorio. El viajero que provenía de Tucumán o de Córdoba, por el Central Argentino o el Central Córdoba, o de San Juan, por el Buenos Aires al Pacífico (BAP), o de Bahía Blanca, por el Ferro Carril del Sud (FCS), recalaba en la París de América del Sur, tras haber tenido como antesala de un placentero descanso nocturno una opípara cena en el coche comedor del tren, servida al mejor estilo europeo con vajilla de plata y loza inglesa. (Ver: Historia del Ferrocarril en Argentina)

El ceremonial ferrocarrilero hasta la década del cuarenta no tenía nada que envidiarle a un restaurante actual de cinco tenedores. El maitre recibía a los comensales, mientras que el sommelier ofrecía la degustación de una variedad de vinos. En tanto, los mozos ataviados con largos delantales agilizaban este petit banquete sobre ruedas.

Prolongadas sobremesas Según la categoría de la formación del servicio ferroviario, la noche podía prolongarse en el coche salón dispuesto estratégicamente entre el comedor y la primera clase. Se trataba de un vagón sin divisiones, con sillones giratorios y mesas, en algunos casos rebatibles. Tanto de día como de noche, los pasajeros lo convertían en el lugar preferido para las tertulias y juegos de azar.

Cuando éste no existía, las tertulias se desarrollaban en los mismos coches comedor una vez que se habían cumplido los dos turnos previstos para el almuerzo o la cena. Cierto es que más de un experimentado viajero y habitué de estas reuniones muy concurridas por los años treinta solía aconsejar: «Nunca juegue al póquer en el tren con desconocidos, porque está lleno de fulleros».

Se decía entonces que los bandoleros del azar vivían de las trampas que les hacían a los ricachones que estiraban la noche tentando suerte en las mesas dispuestas con el paño verde, entre copas y buenos cigarros. Las empresas ferroviarias que competían por brindar un mejor servicio, si era verano se esforzaban por airear a los pasajeros con ventiladores de techo ubicados en fila y entre uno y otro, racimos de luces incrustadas en las clásicas tulipas.


Coche Comedor

El vientito servía de paso para disimular la tierra que habitualmente se filtraba por las ventanillas cuando el convoy cruzaba las zonas más áridas y polvorientas del recorrido. Si el viaje se hacía en invierno, más de un concurrente al coche comedor o al salón expresaba su deseo de quitarse hasta el saco algo virtualmente prohibido entonces-, por la alta temperatura que caldeaba el ambiente proveniente de la calefacción eléctrica protegida por decorativas rejillas de bronce, aseguradas en los costados del vagón.

El viaje, una fiesta El viaje era una fiesta. El bombonero, que recorría toda la formación, coche por coche, atendía los requerimientos de dulces, helados y algunas gaseosas, como soda Belgrano, Bidú o Pomona. Aquellos que preferían el whisky o algún licor espirituoso no dudaban en pedido, porque se sabía que estaba virtualmente al alcance de la mano. La hotelería funcionaba a la perfección. Entre copas y traqueteos, la noche avanzaba. Cuando los pasajeros decidían ir a dormir se metían en los camarotes dispuestos para dos o cuatro cuchetas que ya estaban con las sábanas abiertas.

Luces altas e individuales tan típicas permitían dar, antes de que definitivamente se cayese en el sueño profundo, un vistazo a alguna novela liviana. Curiosamente, entre los lectores viajeros solía predominar una inclinación por el género negro. Tal vez la cuota de misterio que aspiraban tener en esa travesía tan placentera.

Dulce despertar Casi como una ilusión no desprovista de magia, el pasajero se despertaba al día siguiente, en un andén que coronaba un desvío ya dispuesto para el descenso. Podría ser la estación Constitución, Retiro o Federico Lacroze la que le abría las puertas de la gran ciudad.

Tanto la estación del Ferrocarril Central Argentino (luego General Mitre) como la del Sud (luego General Roca), le proponían al recién llegado un suculento desayuno o un almuerzo, según la hora. Ambas contaban con salones comedor de la belle époque, cubiertos por boiserie y servidos con vajilla de plata y de porcelana. Estos restaurantes a duras penas pudieron sobrevivir no más allá de la década del cincuenta.

Fueron arrasados por la proliferación de los bares americanos y la modalidad de las comidas frugales al pie de un mostrador en el que recalaban los integrantes del aluvión migratorio que se asentó en el Gran Buenos Aires.

Cierto es que la extinción de ese refinado estilo gastronómico ferroviario también fue correlativo con el debilitamiento y la virtual disolución del ferrocarril en el país. Un proceso silencioso que avanzó con el levantamiento de ramales, cierre de estaciones y clausura de servicios.

Viajeros distinguidos Una especie de burguesía rica y regordeta era la que en las primeras décadas del siglo se daba cita en los vagones de primera clase, los pullman, los comedores y los coches dormitorio.

La clase alta de origen provinciano prefería vivir en Buenos Aires, donde pasaba extensas temporadas. El traslado se hacía casi de manera obligada por el ferrocarril, que era el medio que complacía, por sus servicios, una forma de vida sustentada por lo general en la cultura europea de los sectores más pudientes.

En la primera semana de enero, los andenes de la estación Constitución, hasta la década del cuarenta fueron, por así decido, un centro de reunión de familias distinguidas.

Como los ricos y famosos de hoy, que se florean en Punta del Este o Miami, los de la belle époque y siguientes habían declarado a Mar del Plata como la meca del exhibicionismo social. La gente iba al balneario más que para frecuentar el mar para hacer vida elegante y descansar. Pero la fiesta veraniega comenzaba en los prolegómenos del embarque en el tren expreso que iba a Mar del Plata.

Esa suerte de nobleza vernácula regordeta, de origen muchas veces provinciano que prefirió a Buenos Aires, habitaba durante el invierno en lujosas residencias en el Barrio Norte y contaba con cómodas casas en sus estancias; sin embargo, se remitían a Mar del Plata.

Políticos y hacendados En los primeros días de enero, la dirigencia política viajaba a la Perla del Atlántico y se dejaba retratar por los fotógrafos de PBT, Caras y Caretas, Atlántida y Mundo Argentino, según las épocas.

El tren a Mar del Plata se transformaba entonces en una suerte de pasarela que prenunciaba el exhibicionismo que motivaba a varios de los viajeros. Las horas que resoplaba la locomotora de vapor, pitando por la pampa húmeda a alta velocidad, eran correspondidas por los pasajeros que hacían del viaje una reunión mundana, que tenía como característica principal el desplazamiento por todos los vagones, obviamente pullman o de primera, salón y comedor. A ese traqueteo de pasaje que acompañaba el de los boogies no era conveniente faltar. Porque estos viajes eran parte de la crónica social.

En las primeras décadas del siglo había ministros, diputados y hacendados, y hasta algún distinguido embajador. Los viajeros de los primeros días de enero se trasladaban por lo general con toda su familia y con el servicio doméstico, que lo hacía en segunda clase.

Estos vagones, con asientos de madera, estaban colocados más próximos a la locomotora o contiguos al furgón de carga, equipajes y correspondencia. La razón de esta ubicación en la formación era muy sencilla: eran los que más directamente recibían el humo y el olor de la quemazón del carbón o del petróleo de la locomotora y los vapores de la caldera. Más atrás estaban los pullman, la primera clase y los dormitorios.

Servicios especiales El Ferro Carril del Sud se había caracterizado por ser una línea al servicio de la pampa húmeda y sus terratenientes. Alcanzó su esplendor porque sus ramales en la provincia de Buenos Aires servían a una producción agropecuaria que contabilizaba cinco millones de hectáreas cultivadas con trigo, maíz, cebada y alfalfa.

El FCS cubría requerimientos de particulares que podían contratar una formación o un servicio para trasladar un grupo de amigos hasta la propia estancia, que solía tener parada o apeadero y hasta desvío propio. Estos servicios fueron habituales para los remates de hacienda y para casamientos campestres.

Vagón terraza Los ferrocarriles del Estado, de trocha angosta, que cubrían, entre otros, el ramal Tucumán-Córdoba-Buenos Aires habían incorporado para los tramos en los que más arreciaba el calor un vagón terraza. Se enganchaba a la formación en último término. La mitad era carroza do en madera con grandes ventanales y la otra mitad era una galería con toldilla. Este vagón tenía sillones de mimbre ‘móviles y mesas.

A no dudarlo, esta cruzada civilizadóra e integradora que significó el. ferrocarril en el país encerró en cada formación que cruzaba el territorio proveniente de lugares remotos, una modalidad, un estilo de vida que definía cómo se perfilaba el progreso en las primeras décadas del siglo.

De ahí que estas historias menudas de los placeres que giraban en torno de los que viajaban por los caminos de hierro no puedan quedar fuera de un anecdotario que, obviamente, es mucho más vasto. Hoy nos queda para mostrar, si queremos intentar unir aquel esplendor con lo actual, una formación que funciona con la denominación El Marplatense.

Un tren lujoso, veloz, con aire acondicionado, aislado herméticamente y de deslizamiento silencioso. Apareció en la escena ferroviaria cuando en 1952 el entonces presidente Perón intentó prestigiar la imagen ferroviaria con un tren de lujo, en un tiempo en que, tras la nacionalización de 1948, se perfilaba la debacle de este medio de transporte.

Si la intención de Perón con El Marplatense fue la de rescatal los vestigios del antiguo esplendor ferroviario, el tiempo dictaminó que fue el fracaso de una misión. Todo el progreso quedó estancado en El Marplatense, que, con cincuenta años. de antigüedad (fue armado en 1948), se puede presentar como una escasa muestra de labelle époque ferrocarrilera.

Fuente Consultada: El Diario Intimo de un País – La Nación

Samurai Siete Reglas del Samurai Credo Samurai Japon Shogunes Historia

Samurai – Las Siete Reglas del Samurai

Siempre ha habido un marcado interés por conocer todo lo concerniente a la vida e ideas de aquellos guerreros legendarios del antiguo Japón, cuyo espíritu, en alguna medida, aún vive en el moderno país del sol naciente. Muchas veces se habla del “alma del Japón” como de algo casi equivalente al espíritu de sustentación de los llamados samuráis. Los «shogunes« eran generales que actuaban como dictadores y los «samuráis» eran caballeros japoneses. Ambos dominaron Japón durante cerca de siete siglos, a partir del siglo X.

LAS SIETE REGLAS

1-Gi-Rectitud – Decisiones Correctas

2-Yuu-Coraje

3-Jin – Benevolencia

4-Rei – Respeto

5-Makoto – Honestidad y Sinceridad

6-Meiyo – Honor

7-Chuu – Lealtad

Historia: La edad media en Occidente está perfectamente definida por los historiados y como sabemos comienza con la caída del imperio romano de occidente hasta la toma de Constantinopla por los turcos en 1453, pero en Oriente (China, Japón) esta etapa esto no esta tan definido. Para el caso de  Japón, se podría decir que la edad media comienza con el periodo Kamakura, en el 1185, y termina con la Restauración Meiji , hacia el 1868.

La familia Fujiwara tuvo el poder en Japón durante trescientos años desde el siglo IX. Sin embargo, su influencia se desvaneció cuando dejaron de tener hijas, tradicionalmente destinadas a ser las esposas del emperador.

Durante algún tiempo, gobernaron el país algunos de los antiguos emperadores. Entonces el clan Taira asumió brevemente el poder hasta que un clan rival, el Minamoto, se reunió bajo el mando de Minamoto Yoritomo y se hizo con el poder. Yoritomo asumió el titulo de «sei-i dai shogun», que significa «gran general conquistador de bárbaros». En 1192, fundó el shogunato Kamakura, a través del cual gobernó Japón desde su estado, Kamakura, cerca de Edo (Tokio). Este período termina en 1333 cuando Ashikaga Takauji tomo el poder.

Durante el inicio de este período hubo permanente luchas y guerras entre regiones hasta que dos clanes muy poderosos se enfrentaron en forma definitiva:Minamoto y Taira. Minamoto Yorimoto tomo Kyoto, trasladó la capital de Kyoto a Kamakura, recibió plenos poderes y con los cuales Minamoto estableció un gobierno militar, o Bakufu. Así fue como comenzó el tiempo de los shogunes, y en concreto el Shogunato Kamakura.

Minamoto Yoritomo (1147-1199) fue un ambicioso noble que encontró su oportunidad en el caos que siguió a la caída del poder de los Fujiwara. Yoritomo aplastó sin piedad a sus enemigos, incluyendo a muchos miembros de su propia familia.

El sistema de gobierno japonés era muy complejo. El emperador era una figura ceremonial a la cual todos tenían que reverenciar pero quien tenía el verdadero poder era el shogún. Los regentes de los emperadores y de los shogunes también tenían influencia como sucedía con los daimyos (grandes señores), que se enfrentaban por lograr una posición en la corte y que solían luchar por las tierras. Como resultado de esas enemistades, surgió una clase de guerreros, los llamados samuráis, que luchaban al servicio de unos u otros daimyos.

SAMURÁIS, CABALLEROS DE JAPÓN
Los samuráis eran caballeros que estaban preparados para luchar hasta la muerte por sus ares, a quienes juraban lealtad eterna. Al igual que los caballeros europeos, los samuráis creían en la verdad y el honor, y tenían un estricto código de conducta llamadobushido. Antes del combate, un samuráis gritaba su nombre y el de a antepasados, y alardeaba de sus hazañas heroicas. En la batalla, luchaba cuerpo a cuerpo, utilizando a veces dos espadas al mismo tiempo. Si era derrotado o capturado por sus enemigos, tenía que realizar un suicidio ritual (haraquiri) para salvaguardar su honor. A veces, la rivalidad de los samuráis era muy destructiva.

Los samurais eran los guerreros japoneses que pertenecían a la aristocracia militar, servían a un señor y seguían un código de honor conocido como Bushido. Cuando un samurai se quedaba sin señor, pasaba a ser un ronin (samurai sin señor). Los soldados de infantería (ashigaru) no eran considerados samurais.

En 1333, el clan Ashikaga derrocó al shogunato Kamakura y al emperador, nombrando a otro en su lugar. También nombró shogunes, esta vez en Kyoto. Sin embargo, los señores provocaban frecuentes luchas de samuráis y esta situación empeoró hasta que se desencadenó la guerra civil Onin (1467-1477) y Japón se dividió en cerca de cuatrocientos estados regidos por diversos clanes.

Los emperadores de Kyoto se vieron impotentes para impedir la situación y se empobrecieron. A pesar de estos hechos, crecieron el comercio y la cultura centrados en los estados de los daimyo, aunque para la gente del pueblo las guerras entre señores no generaron más que elevados impuestos, inseguridad y trastornos en su vida.   

Al igual que para los caballeros europeos y los guerreros musulmanes, la religión y la guerra estaban estrechamente unidas para los samuráis. Tardaban mucho tiempo en vestirse y en armarse para la batalla, y tenían regias estrictas acerca de la limpieza y los rituales.

BUSHIDO: Durante el siglo XII, el zen, una rama del budismo, se extendió desde China a Japón. Sus reglas, simples pero estrictas, eran seguidas por los samuráis. Los santuarios budistas, como el de a ilustración, también se construyeron al estilo chino. El Bushido procede del Budismo, Zen, Confucionismo, y Sintoísmo. La combinación de esas tres escuelas de pensamiento y religiones ha formado el código de los guerreros conocido como Bushido. El Bushido creó un modo de vida para mantener a una nación a través de sus tiempos mas problemáticos, a través de guerras civiles, desesperación e incertidumbre.

La Justicia es uno de los principales factores en el código del Samurai. Caminos torcidos y acciones injustas son consideradas denigrantes e inhumanas. Amor y Benevolencia son virtudes supremas y actos dignos de un príncipe. Los Samuráis siguen un ceremonial especifico cada día de su vida, así como en la guerra. Sinceridad y Honestidad son tan valoradas como sus vidas.

El Bushido o el «Camino del Guerrero» es el código de honor seguido por los samuráis. Básicamente se basaba en lealtad y honor hasta la muerte, si se perdía el honor había de recuperarse realizando senppuku (suicidio ritual). 

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria5.jpg

LAS SIETE REGLAS DEL SAMURAI

1-Gi-Rectitud – Decisiones Correctas

Sé honrado en tus tratos con todo el mundo.
Cree en la justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia.
Para un auténtico samurai no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia.
Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

2-Yuu-Coraje

Álzate sobre las masas de gente que temen actuar.
Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un samurai debe tener valor heroico.
Es absolutamente arriesgado. Es peligroso.
Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa.
El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte.
Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

3-Jin – Benevolencia

Mediante el entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte.
No es como el resto de los hombres.
Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos. Tiene compasión.
Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad.
Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

4-Rei – Respeto

Los samurai no tienen motivos para ser crueles.
No necesitan demostrar su fuerza.
Un samurai es cortés incluso con sus enemigos.
Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales.
Un samurai recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás.
La auténtica fuerza interior del samuraise vuelve evidente en tiempos de apuros.

5-Makoto – Honestidad y Sinceridad

Cuando un samurai dice que hará algo,es como si ya estuviera hecho.
Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de «dar su palabra» no ha de «prometer» el simple hecho de hablarha puesto en movimiento el acto de hacer.
Hablar y hacer son la misma acción.

6-Meiyo – Honor

El auténtico samurai solo tiene un juezde su propio honor, y es él mismo.
Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quién eres en realidad.
No puedes ocultarte de ti mismo.

7-Chuu – Lealtad

Haber hecho o dicho «algo», significa que ese «algo» le pertenece. Es responsable de ello y
de todas las consecuencias que le sigan.
Un samurai es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel.
Las palabras de un hombre son como sus huellas;puedes seguirlas donde quiera que él vaya.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria5.jpg

LOS SAMURÁIS EN BATALLA: Los samurais son guerreros desde el instante en que se transforman en samurais hasta el momento de su muerte, ellos no tienen miedo al peligro. El samurai utiliza la meditación como una herramienta para desembarazarse del miedo, la inseguridad y finalmente de los errores.

Son luchadores, expertos en las artes marciales. Tienen notable habilidad con el arco y la espada, y son también son grandes jinetes.  Son hombres que viven siguiendo el Bushido; es su modo de vida. La lealtad total del samurai es para su Emperador y para su Daimyo. Son honestos y de total confianza. Viven vidas frugales, sin intereses en la riqueza y cosas materiales, pero con gran interés en el orgullo y honor. Son hombres de valor verdadero. Los samuráis no temían a la muerte. Entablan batalla sin importar cuales sean las dificultades. Morir en la guerra reportará honor a su familia y a su señor. Los samurais prefieren luchar solos, uno contra otro.

Las batallas de los samuráis estaban sometidas a muchos rituales. Lo primero que hacían era rezar y adoptar una serie de poses (para parecer más fuertes), después emitían gritos y hacían ruido con sonajas y gongs con objeto de asustar al enemigo. Los samuráis, individualmente, podían combatir en duelos o concursos.

Las batallas parecían una danza o un juego de ajedrez ceremonial. Sin embargo, las guerras entre samuráis eran a muerte una vez que se entraba en batalla. Durante el periodo Ashikaga (1338-1573), gran parte de los enfrentamientos acabaron convirtiéndose en luchas sin sentido por el honor y por parcelas de tierra.

Belleza fatal La meticulosidad con la que se forjaban las espadas samuráis era comparable a la habilidad empleada para decorar tanto la empuñadura como la funda. Esta espada se prendía a la cintura; su funda es de laca decorada con símbolos de la familia y está envuelta en seda para protegerla, al igual que la empuñadura: en la base tiene un protector. Las primeras fundas eran simples placas circulares de hierro con una rendija para la hoja, pero se hicieron cada vez más refinadas, con diseños incrustados.

LAS ARMAS DE UN SAMURAI
El término samurai corresponde a la élite guerrera del Japón feudal. En la época de los shogunatos el rango de samurai se consolidó como un estado selecto déla sociedad. Las armas y armaduras que usaba eran símbolo de distinción y la manifestación de ser samurai. Es así como los forjadores de sables y los fabricantes de armaduras dedicaron su talento a la producción de estos objetos combinando . funcionalidad con belleza.
Pero para armar a un samurai se necesitaba más que un sable y un traje de metal. Parte de su equipo era psicológico y moral; se regían por un código de honor muy estricto, el bushido (la vía del guerrero) en el cual el valor y la lealtad eran fundamentales. El sable era considerado el alma del samurai. Existen varios tipos; entre ellos el kaiana (sable largo). wakishasi (sable mediano) y tanto (sable corto usado por las mujeres). El sable se usaba en el cinturón y era el símbolo distintivo del samurai.

casco samurai

Kabuto o casco japonés, tiene forma da domo y está compuesto de láminas remachadas entre sí, lo que le da una gran rigidez, liviandad y resistencia a los golpes del sable. Simboliza la valentía y honradez de su dueño.

El credo del samurai:
No tengo parientes, Yo hago que la tierra y el cielo lo sean.
No tengo hogar, Yo hago que el shintao lo sea.
No tengo poder divino, Yo hago de la honestidad mi poder divino.
No tengo medios, Yo hago mis medios de la docilidad.
No tengo poder mágico, Yo hago de mi personalidad mi poder mágico.
No tengo cuerpo, Yo hago del estoicismo mi cuerpo.
No tengo ojos, Yo hago del relámpago mis ojos.
No tengo oídos, Yo hago de mi sensibilidad mis oídos.
No tengo extremidades, Yo hago de la rapidez mis extremidades.
No tengo leyes, Yo hago de mi auto-defensa mis leyes.
No tengo estrategia, Yo hago de lo correcto para matar y de lo correcto para restituir la vida mi estrategia.
No tengo ideas, Yo hago de tomar la oportunidad de antemano mis ideas.
No tengo milagros, Yo hago de las leyes correctas mis milagros.
No tengo principios, Yo hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios.
No tengo tácticas, Yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas.
No tengo talento, Yo hago que mi astucia sea mi talento.
No tengo amigos, Yo hago de mi mente mi amiga.
No tengo enemigos, Yo hago del descuido mi enemigo.
No tengo armadura, Yo hago de la benevolencia mi armadura.
No tengo castillo, Yo hago de mi mente inamovible mi castillo.
No tengo espada, Yo hago de mi no mente mi espada.

Las batallas entabladas entre samurais se iniciaban al son de arcos y de gritos y se proseguían en medio de alardes y desafíos y semejaban un convencional torneo de esgrima. El samurai, equipado con una suntuosa armadura forrada de oro y plata, era un maestro en el manejo del arco y del sable—ese largo sable de combate que medía hasta cinco pies de largo; el sable corto estaba reservado para decapitar al adversario vencido o para hacerse el harakiri. Los sables forjados por los artesanos japoneses lian sido difícilmente superados.

Armas de un samurai:

Kozuka: cuchillo de 15 cm., afilado solo en un lado, se utilizaba generalmente para ser lanzado a la cabeza y el cuello del oponente.

Himagatana: daga de 25 cm.

Kubikiri: daga de 40 cm.

Tanto: pequeño cuchillo

Wakizashi: pequeña espada de entre 30 y 60 cm.

Katana: la espada característica del samurai

No-Dachi: una katana de gran tamaño que requería el uso de ambas manos para su manejo

Yumi: arco típico de los samuráis de a pie

Ashi-Kyu: arco grande de las tropas de a pie

Dai-Kyu: gran arco, más grande que el ashi-kyu, que era utilizado por la caballería samurai

Yari: lanza

Tetsubo: una especie de bastón hecho totalmente de metal

Tessen: abanico metálico que se utilizaba para la defensa y para dirigir a las tropas.

Insultos del Samurai:

Dekai guzo: Idiota.
Zurui chibi: Enano rastrero.
Kusatta Ningen: Individuo putrefacto.
Chikusho: Bestia grosera.
Dani: Sanguijuela o garrapata.
Onna tarashi: Petimetre.
Urenokori: Vieja desagradable.
¡Ojamamushi!: !Insecto molesto!
¡Kono yaro!: ¡Gusano insignificante!
Ojo-sama: Miembro ineficaz de otro clan, especialmente un bushi (literalmente «niña rica y mimada)

Maldiciones y otras expresiones.
¡Zakennayo!: Expresión general de rabia y frustración. Los Cangrejo la emplean mucho.
Cho-yube: Maldición, la fastidiamos.
Kuchi ni Chakku: ¡Callate!
¿Okesho wa doshitano, geisha-san?: ¿Donde tienes el maquillaje, geisha?
Rakki yaro: Bastardo afortunado.

En el siglo XVI el país se pacificó, y los samuráis ocuparon menos tiempo en la batalla, y se dedicaron a cultivar su propia tierra o, en otros casos, a administrar las tierras de sus señores feudales.

Las familias de los samuráis representaban un 6% de la población y se casaban entre sí para mantener la valorada estirpe. Las esposas de los guerreros debían infundir en sus hijos los ideales del bushido, pero el rigor del código y su disciplina eran tan severos que los deberes maternos no pudieron ser sencillos. Unos lamentos demuestran lo arduo de la vida de una mujer:

«Paso los días en llanto:
arduas, tan arduas
son las penas de esta vida.
Mientras más se prolonga,
más pesan las penas.»

Desde el siglo XVI, los guerreros vivían lejos de las esposas, en los castillos y mansiones de sus jefes. Se les pagaba con arroz; las raciones de guerra eran de, más o menos, 1 Kg. diario de arroz crudo. El hábito de los guerreros de comer arroz, y tres veces al día en lugar de dos, se extendió a los campesinos que antes comían trigo o mijo.

Pacífico retiro
Al envejecer, algunos guerreros dejaban las armas e ingresaban a monasterios budistas. A partir del siglo XIV, el  Zen ganó muchos seguidores samuráis. La austeridad e indiferencia hacía la  muerte atrajeron  a los guerreros que encontraron en tal forma budista el rigor de la vida samurai, pero sin la violencia. El Zen enseñaba que la iluminación provenía de la intuición y la contemplación; los guerreros samurai que antes combatieron en feroces batallas, ahora pasaban largas horas en meditación.

Los jardines japoneses, con sus meticulosos arreglos de piedras, matorrales y puentes, se deben a la tradición Zen. La ceremonia del té, iniciada como un ritual Zen, se difundió en Japón en el siglo XV. Se realizaba en rústicos pabellones con pocos muebles, diseñados para inducir tranquilidad, y una elaborada etiqueta gobernaba la forma en que se usaban los utensilios, el té y el agua caliente. El samurai dejaba sus espadas a la entrada y se sentaba para conversar quedamente con los presentes. Cuando se le servía el tazón de té, lo tomaba con ambas manos, admiraba su textura y forma sencilla, y bebía tres sorbos.

EL FIN: La abolición de los privilegios de los samurai causó problemas sociales. En 1876-1877 hubo una rebelión de samurai liderada por Saigo Takamon. Los rebeldes samurai se enfrentaron con sus armas tradicionales al ejército del emperador, armado con tecnología bélica europea. Los samurai fueron completamente derrotados por el ejército nacional, murieron cerca de 20 mil de ellos. Este fracaso marcó el final de la era de losguerreros. Sin embargo, aunque actualmente los samurai no tienen ningún estatus oficial en Japón, losdescendientes de sus familias gozan de estima entre la población japonesa, especialmente la rural.

PARA SABER MAS…

LAS ANTIGUAS familias de samuráis vivían en mansiones fortificadas en la tierra correspondiente a su clan. Las mujeres de los samuráis debían obedecer a sus padres y a sus maridos del mismo modo que los guerreros acataban las órdenes de su señor.

LA MUJER DEL SAMURAI La mujer del samurai debía ser leal y obediente. Cuando sus maridos iban a la guerra, las mujeres tenían que administrar la casa. Tomoe Gozen fue una famosa esposa de samurai, que acompañó a su esposo a la batalla, pero fue una excepción. A pesar de las similitudes entre el código Bushido y el código de caballería europeo, el sitio de la mujer en ambos casos es muy diferente. En lugar de las bellas muchachas o las damas en dificultades de los códigos de caballería, las leyendas japonesas describen mujeres compañeras y leales.

LA «HISTORIA DE GENJI» Los emperadores de Japón vivían en Kyoto, lejos de los señores de la guerra. La vida en la corte era dulce y placentera. Una novela japonesa clásica es La historia de Genji (h. 1000), escrita por Murasaki Shikubu para deleite de la emperatriz Akiko. Describe los viajes y los amores de un joven príncipe. Poco se sabe acerca del autor, excepto que pertenecía a la noble familia de los Fujiwara.

CAMPESINOS
Hombres, mujeres y niños trabajaban en los campos. A los agricultores no se les permitía vestir seda ni beber sake (vino de arroz), lujos de los que sí disfrutaban sus amos, los samuráis. No obstante, los campesinos recibían el respeto de la sociedad ya que producían el alimento para todos.

COMERCIANTES
Los comerciantes gozaban de mayor consideración, aunque ningún samurai que se respetase podía interesarse siquiera por el comercio. Se consideraba impropio incluso que conocieran el valor de las monedas.

ARTESANOS
Los herreros gozaban de gran reputación en la sociedad de los samuráis, y los forjadores de espadas eran particularmente respetados. Estos artesanos debían seguir una serie de normas: ser solteros y vegetarianos, y usar ropas blancas durante su trabajo. Las magníficas armas que producían los forjadores se transformaban en reliquias con el paso de las generaciones.

LA CULTURA SAMURAI El código Bushido era un llamado a la perfección. Los samuráis debían ser tan sensibles ante una obra de arte como valerosos en la batalla. «Practica las artes de la paz con la mano izquierda, y las artes de la guerra con la mano derecha» se lee en el Bushido. Algunos samuráis fueron ilustres calígrafos y poetas. En tiempos de los shogunes Ashikaga, se desarrolló en gran medida esta vertiente pacífica de la vida del samurai.

Historia de Japón: Dinastía Tokugawa

Fuente Consultada:
Gran Enciclopedia de la Historia Sitio WEB www.usuarios.multimania.es
Historia del Mundo Grupo Z Multimedia DK