Vida Cotidiana en el Frente

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HISTORIA DE LA GUERRA EN SIRIA Y LA MIGRACIÓN HACIA EUROPA

Todo el mundo habla de esta grave y triste situación que conmueve hasta las lágrimas, porque cada día son más los migrantes del continente africano y de otros países de la zona que ya sin esperanzas de lograr una mejor vida en su país natal, deciden escapar de la crueldad de la guerra, la miseria y el hambre , en busca de un futuro mas digno para su familia, a costa en muchos casos, de perder la vida en el mar Mediterráneo al intentar cruzarlo con frágiles barcazas.

Este peregrinar que se viene repitiendo desde hace muchos años, cada día se hace mas intenso y en el año 2013 ya fueron 60.000 las personas que se lanzaron a esta riesgosa aventura, para llegar a la cifra de mas de 210.000 en 2014 que han solicitado refugio en cualquier país que los acepte recibir, pedido que hoy es casi imposible. En 2015 la migración ha superado todos los límites y en ocho meses del año, la cifra llega a 300.000.

Muchas personas entran al continente europeo sin ser detectadas y se encuentran como ilegales (indocumentados) en distintos países, corriendo el riesgos de ser deportados y esperando que alguna resolución de la Comunidad Europea pueda en algún momento favorecerlos y conseguir asilo para poder trabajar o estudiar legalmente. En 2013 Frontex (agencia fronteriza de la Unión Europea) detectó mas de 40.000 migrantes indocumentados en la ruta del centro del Mediterráneo, cifra que se incrementó notablemente en 2014.

¿PORQUE MIGRAN? Existe según el caso, una alternativa de una ruta terrestre para alcanzar su objetivo, una es través de Grecia, o también los Balcanes. La guerra civil en Siria que se hace incomprensible por su prolongación, hace que millones de Sirios busquen otro lugar en el mundo, por ejemplo Bulgaria que ha recibido un enorme incremento en la cantidad de sirios que entran desde la vecina Turquía.

Otros migrantes se arriesgan a mucho más, intentando realizar peligrosos trayectos desde el Cuerno de África. Somalía se ha convertido en uno de los países mas violentos del mundo. Mujeres y niños son las principales víctimas de un conflicto en el que los hechos violentos superan la capacidad de comprensión humana. Por ejemplo en 2011, el Ministro del Interior murió en un atentado suicida cometido por su propia sobrina.

En Sudán el triunfo del referendo separatista en la región sur de Sudán, cuyo objetivo era lograr la constitución de un nuevo país, disparó la violencia entre los grupos rebeldes de esa región -encabezados por el Ejército Popular de Liberación, EPL- y las fuerzas gubernamentales, establecidas en el norte, provocado una verdadera escala de muertes , por el conflicto entre islamitas del norte y cristianos del sur.

Más de 70 millones de personas en el Cuerno de África -aproximadamente el 45 por ciento de la población de la región- vive en la pobreza extrema y hace frente a sequías e inundaciones recurrentes, según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU. Aunque el elevado índice de crecimiento demográfico de la región es considerado como uno de los factores que contribuyen a empeorar la situación -menos recursos para una población mayor, lo cual ejerce más presión sobre el medio ambiente-, los constantes conflictos armados agravan el panorama por las dificultades para que llegue la ayuda internacional.

El Cuerno de África es una región en la que abundan los desiertos, así como las zonas áridas y semiáridas, habitadas por pastores nómadas, y que coinciden con las áreas más marginadas por los gobiernos y la falta de inversiones. Una de las últimas y mas importantes sequías puso en peligro a más de 11 millones de personas. La degradación ambiental y el hecho de que las sequías se repiten con mayor frecuencia impiden a los pastores recuperarse entre una y otra, se empobrecen más, resisten peor las crisis y dependen de la ayuda internacional.

Luego siguió la famosa Primavera en el Desierto, con los conflictos en Túnez primero y luego en Egipto. Una revolución civil en pro de la democracia, que no se pensaba y que comenzó a principios de 2011 en Túnez, al norte de África, y se regó como pólvora por los países de la región, dándole un giro trascendental a la política internacional, que tiene puestos sus ojos allí.

Y todo esto fuese poco, aparece en escena internacional el violento grupo yihadista ISIS, cuyos integrantes tienen una interpretación extremista del Islam, aduciendo que solo ellos son los verdaderos creyentes musulmanes y que el resto del mundo quiere destruírlos, argumento que justifica sus crueles y sanguinarios ataques en las distintas ciudades que van controlando en Irak.

Es de conocimiento público en todo occidente los brutales métodos en sus asesinatos, secuestros y decapitaciones «en vivo», difundidas por medios de comunicación como canales de TV y redes sociales, provocando una ola de terror que ha concluído con casi 2.000.000 de iraquíes que abandonaron sus hogares, mas de 10.000 civiles muertos y miles y miles de heridos.

Por la Convención de Ginebra firmada en 1864, y cuya misión es proteger a las víctimas de los conflictos armados, cualquiera sea su origen, la gente afectada comenzó a migrar hacia zonas de paz, en donde podrían conseguir una vida mas digna para su familia. La mayoría de los inmigrantes que llegaron a Italia, son proveniente de Siria, tambíen de África, de países como Eritrea, Somalia, Etiopia y Egipto, esta última afectada por la Primavera del Desierto, cuando Túnez inició una revuelta contra un gobierno dictatorial.

Actualmente (agosto de 2015), el mayor desplazamiento hacia la U.E. es por la guerra civil en Siria, por lo que vamos a explicar brevemente el origen y desarrollo del conflicto.

LA GUERRA EN SIRIA: Bashar al-Assad gobierna a Siria desde 2000, año en que murió su padre, quien gobernaba de 1963 cuando triunfó la revolución socialista del partido Baas. Este régimen dictatorial familiar lleva mas de 50 años en el poder. Los manifestantes denunciaban una corrupción creciente, que había devorado los recursos del país durante esos años y era la causante de la pobreza y falta de., oportunidades.

las protestas derivadas del fenómeno revolucionarlo que comenzó en Túnez influenciaron directamente en Siria simultáneamente, a mediados de enero de 2011 el régimen del presidente Bashar al-Assad logró distraer los ánimos de los manifestantes, para lo cual ordenó, entre otras medidas, levantar el bloqueo que mantenía el país sobre las redes sociales.

De todas maneras la inconformidad popular se desbordó en la ciudad de Deraa, y una multitud incendió la sede del partido Baas, al que pertenece al-Assad. El ejército, leal al régimen, rodeó la ciudad y se enfrentó con los manifestantes. Un niño de 11 años murió, y el escritor Loay Husseln, uno de los líderes de las protestas, fue detenido, lo que enardeció aún más los ánimos.

En cuatro meses de protestas permanentes, que el régimen de al-Assad no había podido refrenar con promesas de mejores salarios, enmiendas constitucionales o a tiros, se habían registrado más de 1.100 personas muertas, entre ellas varias mujeres y niños, y al menos 10.000 detenidos. El régimen había respondió con fuerza desmedida, utilizando tanques, artillería y francotiradores.

Como consecuencia el país atraviesa una grave crisis humanitaria, la gente pasa hambre y sufre la violencia de la guerra. Siria necesita ayuda y la ONU trata de hacerlo pero ve dificultado el acceso de los alimentos y remedios por la violencia misma del conflicto, lo que ha obligado a miles a abandonar el país.

Hay 110.000 muertos en estos dos años y medio de guerra civil, 2.000.000 de sirios salieron al exilio, la mitad está en los campos de refugiados de El Líbano. También otros dos millones son desplazados internos.Un millón de los refugiados tiene menos de 17 años. El 40% de los chicos no pueden ir a las escuelas. Hay 3.000 edificios escolares destruidos y otros 900 tomados por los refugiados o los soldados.

PROBLEMAS SOCIALES: Según datos de las Naciones Unidas en 2015 ya han cruzado el Mediterráneo cerca de 300.000 personas que escapan de los países en guerra, con la idea de mejorar la calidad de su vida, y a pesar que es muy riegoso, no les importa pues como dicen muchos de ellos, «ya estamos muertos en nuestros territorios, solo es cuestión de tiempo». Muchos de ellos no llegan a las costas, y casi nos acostumbramos a leer noticias sobre la muerte de estos migrantes que huyen de la barbaridad de los conflictos en Medio Oriente y África.

Todos los países que reciben estos inmigrantes tienen una gran preocupación, pues por un lado en el caso de Grecia está pasando por una grave crisis económica que afecta gravemente a sus ciudadanos, asi también Hungría tiene sus propios problemas que sumados a esta «invasión inesperada», crea una situación muy delicada en el seno de esas comunidades. Hungría ha decicido construir un muro custodiado de 4 m. de altura por 175 m. de longitud en una zona fácil acceso para migrantes, con la frontera de Serbia. Situación similar atraviesa Austria y Bulgaria también ha recibido un importante incremento inmigrantes sirios que llegan desde Turquía.

Serbia por ahora es un país de paso porque la gente busca asentarse en países mas desarrollado de la Unión Europea, pero en agosto de 2015 han llegado mas de 20.000 personas , la mayoría de Siria.

Mientras Europa construye muros para protegerse del flujo migratorio y contempla incluso usar las fuerzas armadas contra la llegada masiva de inmigrantes.

Ver Una Tabla De Inmigrantes (clic)

Los migrantes debe finalmente pedir asilo en el país que desean y para ser aceptados, deben demostrar a las autoridades que están huyendo de la persecución y que podrían enfrentar algún peligro o incluso la muerte si regresan a sus países de origen. El derecho internacional da protección a refugiados genuinos. Bajo las leyes de la UE, un solicitante de asilo tiene derecho a ser alimentado, recibir primeros auxilios y a ser cuidado en un centro de recepción.

Hay una zona de libre circulación de personas en Europa, llamada Schegen, y ese objetivo es de suma importancia para gran parte de los migrante, que deben llegar atravesando Macedonia , luego Servia hasta la frontera con Hungría. Fue tal el desplazamiento de gente, que el gobierno macedonio declaró a mediados de agosto el estado de emergencia ante tal oleada de migrantes, pues en el mes anterior había pasado mas de 40.000 migrantes por Macedonia.

Los países destinos de estas oleadas son Italia, Reino Unido , Alemania y Francia, por lo que la Comunidad Internacional está analizando tomar medidas respecto a esta situación que los ha superado. Italia es el país mas afectado y a solicitado ayuda a la U.E. para enfrentar este problema. Sus centros de recepción, como los que existen en Grecia, están abarrotados y con pocos recursos. Tuvo además que abandonar misiones de suma importancia como la Mare Nostrum, donde buscaba y rescataba barcos a la deriva, y reemplazarla por otro menos onerosa llamada Triton, que solo patrulla las costas en una angosta franja de 45 km., usando pequeñas lanchas , helicópteros y drones.

Por otro lado ha comenzado un problema social, pues los ciudadanos han dividido sus opiniones respecto a la calidad y cantidad ayuda que debería proveer cada país. Muchos no aceptan que estos inmigrantes usen los servicios esenciales como salud y educación, pues jamás han pagado impuestos para que se gocen de esos beneficios sociales. Debido a la escasez de oferta laboral, los europeos ven sus oportunidades de trabajo mas reducidas aún.

Los migrantes irregulares (indocumentados), a pesar de no tener permiso para trabajar, terminan limpiando las calles, las casas, cuidando los niños, trabajando en las minas, en la construcción, o en las cocinas de los restaurantes europeos, son trabajo de baja calidad, muchas veces mal pagos, pero también trabajo que podrían acceder los nativos de esa localidad.

Como respuesta al planteo de «inmigrante si» o «inmigrantes no», ha nacido en cada país de la U.E. un nuevo partido político de ultraderecha que no solo No Acepta a esta gente extranjera, sino también que crea disturbios y «escraches» en los lugares de alojamiento temporario de estas personas. Por ejemplo en agosto en la pequeña ciudad alemana de Heidenau, los grupos disconformes se enfrentaron con la policía y resultaron decenas de personas heridas.

Para muchos funcionarios, diplomáticos y distintos líderes, esta oleada de migrantes en como consecuencia de la complicidad secreta de Europa que tiene con Estados Unidos e Israel, en las guerra de Medio Oriente y por lo tanto se debe hacerse responsables de la consecuencias sociales, pues no escapan de sus países por decisión propia, sino que son desplazados que tienen derecho a solicitar asilo.

Otra cuestión es que muchos países de Europa explotan los recursos de África ,y no dejan partes de sus ganancia en el país origen de la riqueza, y esta injusticia genera pobres que solo les que la peregrinación internacional en busca de un futuro mas promisorio.

inmigrantes africanos hacia europa

El Papa Francisco calificó las muertes de inmigrantes de «crímenes que ofenden a toda la familia humana» y elevó una oración por los 71 inmigrantes que se asfixiaron en un camión en Austria.

Por otro lado, nacieron también verdaderas mafias que se presentan como organizaciones de ayuda comunitaria y defensa de los DD.HH., pero en realidad solo se ocupan del tráfico de personas a Europa con fines criminales, como la esclavitud sexual, el trabajo infantil, o tráfico de órganos. En el mejor de los casos, estas organizaciones cobran a un elevado costo por el viaje hasta la costa europea, pero llegado el día, los hacinan en pequeños botes o embaraciones en mal estado que no son aptas para el rigor de la travesía y obviamente se averían en el medio del viaje.

Muchas de ellas quedan a la deriva, sin un encargado de tripular la embarcación y el destino es inimaginable para esta gente desesperada, que navega sin agua y alimentos bajo el sol. En algunos casos , cuando tiene suerte de que la nave llegue hasta las proximidades de la costa, son obligados a saltar para llegar nadando hasta la orilla, pero como muchos no saber hacerlo, mueren a pocos metros de la misma, luego de haber pasado un largo y penoso viaje.

LA TRAGEDIA: En esta alocada aventura en donde casi todos los días mueren bajo el mar las esperanzas e ilusiones de decenas de migrantes, hubo algunas tragedias para destacar como la ocurrida en octubre de 2013, cerca de la isla de Lampedusa, una embarcación que transportaba mas de 500 inmigrantes de Somalía y Eritrea, muchos entre ellos eran niños y mujeres, se avería y comienza a hundirse. Debido a la cercanía de la orilla, intentan pedir auxilio, encendiendo antorchas con combustible. Lamentablemente en la desesperación, en un momento todo comenzó a incendiarse y el barco quedó envuelto en llamas. Muchos de los mas avezados se lanzaron al mar, pero gran parte murió junto al naufragio del barco. En total fueron unas 350 víctimas, de las cuales 200 fueron encontradas muertas y unas 150 desaparecidas y solo 150 fueron rescatados con vida por pesqueros y patrullas costeras.

Por una ley del presidente Berlusconi, quien ayuda a llegar indocumentados a Italia, tiene la misma pena que quienes intentan hacerlo, muchas barcazas cercanas ignoraron la tragedia y siguieron su camino. Una ola de indignación corrió por todo Italia, llegando incluso hasta el Vaticano, desde donde el Papa Francisco expresó su «vergüenza» por el salvaje sistema que obliga a las personas a dejar sus casas en busca de una vida mejor.

Poco mas de una semana después la tragedia volvió a repetirse. Esta vez fue el canal de Sicilia, que se averió antes de alcanzar las costas maltesas, viajaban casi 250 personas de las cuales fueron encontrados 34 cuerpos y otros tantos continúan desaparecidos.

EL HORROR DE LA MIGRACIÓN MASIVA

Los números asustan. 1.100 muertos en menos de diez días. 11 mil inmigrantes rescatados en pocas semanas. 170 mil ilegales desembarcados sólo en Italia, en menos de un año. Europa asiste a una tragedia humanitaria que está golpeando sus puertas y todavía no atina a reaccionar. Todos los años miles y miles de personas se lanzan al mar Mediterráneo en embarcaciones precarias huyendo de una África empobrecida como nunca e intentando alcanzar ya no una tierra prometida sino la posibilidad de sobrevivir a la hambruna, la miseria y las guerras.

Un viejo pesquero volcó a poco de haber partido de la costa de Libia y hay 700 desaparecidos. Sólo 28 hombres pudieron ser rescatados con vida y sus testimonios son desgarradores. Según relataron, la embarcación estaba a la deriva y no podía navegar debido a la cantidad enorme de pasajeros que llevaba. Ya entrada la noche vieron cómo un carguero se les acercaba. Era el King Jacob, un barco de bandera portuguesa que había sido alertado por la Guardia Costera italiana sobre una emergencia.

Desesperados, los inmigrantes se abalanzaron hacia la borda para pedir ayuda y provocaron que la embarcación zozobrara en cuestión de minutos. No hubo tiempo para nada. «Logramos mantenernos con vida -reproduce la declaración de un sobreviviente el diario El país, de España- porque nos agarramos a los cadáveres que flotaban para no hundirnos».

Una semana antes, en circunstancias similares, hubo 450 muertes. También un velero cargado con doscientas personas se hundió frente a la costa de Grecia y murieron tres personas. Las cifras impactan pero no sorprenden, en 2014 3,200 inmigrantes ilegales murieron intentando entrar a Europa y los medios locales dan cuenta del crecimiento de las tumbas sin nombre en los cementerios del sur de Italia.

Uno de los primeros que denunció públicamente esta tragedia humanitaria fue el Papa Francisco. «Acepten inmigrantes y creen empleos -exhortó al parlamento europeo-. No podemos permitir que el Mediterráneo se convierta en un vasto cementerio».

La agencia europea de control de fronteras externas (Frontex), asegura que con la llegada de la primavera y el buen tiempo la travesía de inmigrantes hacia Europa se incrementa y aseguran que habrá cada vez mayores situaciones preocupantes. «Cada día hay una masacre en el mar, ¿cómo quedarnos indiferentes?», se preguntó el premier italiano, Matteo Renzi. Su gobierno armó un gabinete de emergencia para hacer frente a la crisis y la policía anunció que había desarticulado un grupo dedicado al tráfico de personas y que podía llegar a cobrar hasta seis mil euros por el traslado al continente y documento de identidad falsos.

Son muy pocas las voces que hablan de las terribles desigualdades que se dan entre ambas orillas del Mediterráneo. ¿Cuántos seres humanos deben ahogarse para que salga a flote nuestra conciencia?, escribió Jesús Bastante, un conocido escritor y periodista español. Los gobiernos de Europa parecen haber olvidado que fueron ellos, y su política colonialista, las que ayudaron a crear un continente africano paupérrimo y beligerante.

Durante la oración del domingo, en la plaza San Pedro, Francisco volvió a alzar su voz contra la indiferencia y llamó a la comunidad internacional a «actuar con decisión». «Son hombres y mujeres como nosotros -explicó-, hermanos que buscan una vida mejor; hambrientos, perseguidos, heridos, explotados, víctimas de guerras… Hombres y mujeres como nosotros. Buscaban la felicidad». ¿Lo escucharán los poderosos gobiernos europeos? (Fuente: Revista PRONTO de Abril 2015)

La Batalla de Verdún Objetivo, Desarrollo y Características

La Batalla de Verdún en la Primera Guerra Mundial
Objetivo, Desarrollo y Características

«Verdún y el Somme simbolizan en un microcosmos toda la Primera Guerra Mundial, con su heroísmo y su futilidad, sus glorias y sus horrores. Fueron dos batallas no decisivas de una guerra no decisiva» (Alistair Home).

CARACTERÍSTICAS: Desde el primer día la batalla fue un infierno en una constante improvisación; destruídas las primeras lineas, no había sido prevista ninguna red de pasadizos o de trincheras para soportar el choque de un segundo asalto; no había ya frente, sino un entresijo, un desperdigamiento inextrincable de posiciones que se intentaba en vano conectar unas a otras, tales como Mort-Homme, la cota 304, la cota de la Oca, etc. Cada unidad aislada, y bombardeada a veces por su propia artillería, estaba totalmente entregada a sí misma, sin conocer más que una consigna, «resistir».

Cada una de ellas tenía la convicción de que la suerte de la batalla podía depender únicamente de ella. Nunca se dio el caso de tantos hombres animados así, todos juntos, de una certeza semejante, ni jamás tantos asumieron esa responsabilidad con renuncia tal. Así, soportando el segundo choque, permitieron al mando reconstituir un orden de batalla, mantenerlo y vencer.

Las órdenes se deslizaban por el campo descompuesto de esta inmensa batalla gracias a los «corredores», constantemente en la brecha, que llevaban a los hombres bombardeados, ametrallados, asaltados por nubes de gas, que no sabían dónde ir ni qué hacer, desprovistos de todo o deshechos, mejor que la vida, el final de la incertidumbre; porque nada fue peor en Verdun que la espera obsesiva del enlace con los vivos, y la respuesta idéntica siempre de que había que resistir aún y que esperar… ¿Esperar qué? El final del bombardeo, la hora del ataque enemigo, esperada febrilmente para salir de la trinchera improvisada y, muy verosímilmente, morir. […]

Los soldados de Verdun no conservaban ya sus ilusiones de juventud, no pensaban que iban a ganar la guerra en una sola batalla, pero tenían al menos la certeza de que los alemanes no pasarían. Habían sufrido todos juntos para salvar al país y Francia entera conocía su sacrificio y la prensa exaltaba esta victoria por encima de todas las demás, pues a decir verdad era la primera victoria obra de toda la nación. Francia pagaba con más de 350.000 víctimas el honor de haberla ganado. (Fuente: Mac Ferro, «La Gran Guerra»)

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DESARROLLO DE LA GUERRA: Planeada como una sangría del ejército francés, lo fue en efecto, pero tanto de los combatientes galos como de los germanos. El 21 de febrero de 1916, pocos minutos después de las siete y cuarto de la mañana, el general Passaga consignaba en su diario: «Percibo, en el suelo de mi refugio, un ruido que parece un redoble de tambor puntuado por numerosos golpes sordos, como los de un bombo». Su refugio estaba situado junto al Lago Negro, en los Vosgos, a 160 kilómetros de distancia de Verdún.

El redoble era la preparación artillera que se había desencadenado sobre el sector  de Verdún puntualmente a las 7.15; los golpes sordos, las explosiones de los proyectiles de 305, 380 y 420 milímetros (uno de éstos cayó sobre el palacio episcopal de Verdún). El fuego se concentraba en el «frente de los bosques», situado al norte de la plaza y a la orilla derecha del Mosa: bosque de Haumont; «des Caures», de la Ciudad, de Herbebois… Era literalmente un tiro de aplastamiento, con una proporción de calibres pesados 11, 50, 210 milímetros muy elevada.

Las trincheras quedaron niveladas, los pueblos convertidos en montones de ruinas; los bosques, en una fronda de troncos desgajados y ramas semicalcinadas… A poco de haberse iniciado el fuego, los barrancos fueron sistemáticamente cañoneados con granadas de gases lacrimógenos e irritantes para dificultar más aún el envío de refuerzos a las primeras líneas.

El saliente de Verdún, dividido en dos por el río Mosa, estaba formado por una planicie al este de la Woévre, (que fue abandonada por los franceses desde los primeros días de la ofensiva) y por un terreno quebrado y boscoso, los Altos del Mosa, con colinas de unos 300 metros de altitud y barrancos que cortan el terreno en distintas direcciones. Un escenario adecuado para la infiltración de los atacantes y también para una defensa a ultranza.

A las cuatro y media de la tarde la artillería alemana alargó el tiro y aisló las primeras líneas francesas mediante una barrera de fuego. De la zona batida se alzaba una enorme nube de humo y polvo que impidió la intervención de la artillería francesa –o de lo que quedaba de ella– por falta de visibilidad. (Al iniciarse la batalla, el sector de Verdún contaba con menos de trescientas piezas, en su mayor parte de calibre 75, (poco eficaces en un terreno quebrado, y con una dotación de unos trescientos proyectiles por batería.) La infantería, pues, tuvo que soportar sola, sin apoyo artillero, el choque inicial. Porque, a pesar de nueve horas de martilleo todavía quedaban supervivientes dispuestos a luchar…

La infantería alemana salió de sus posiciones pausadamente, en largas filas, «como los vendimiadores en un viñedo del Gard». Jules Romainsl: acentuaba esta semejanza el hecho de que en cabeza marchaban hombres con sendos depósitos a la espalda; pero no eran sulfatadores, sino lanzallamas.

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El general Pétain en su vagón de comando. Este militar dirigió las tropas francesas triunfantes en Verdún.

En algunos puntos los atacantes ni siquiera se dieron cuenta de que habían rebasado la primera línea enemiga: trinchera y ocupantes habían desaparecido, La trinchera había sido nivelada; los soldados, habían muerto destrozados por la metralla o aplastados en sus refugios. («Desaparecido» es una palabra que se repetirá machaconamente durante toda la batalla y que significa eso: despedazado, volatizado. Sólo figuraron como muertos los soldados identificados.) En el bosque de Haumont, los alemanes hicieron prisionero a un grupo de franceses «dormidos»: el agotamiento nervioso les había sumido en un profundo sopor en cuanto la artillería alargó el tiro.

Pero las previsiones del Estado Mayor son una cosa y la realidad otra. En aquel paisaje arado, triturado, desgarrado por las granadas, quedaban supervivientes. Y supervivientes dispuestos a empuñar el fusil, a desenterrar la ametralladora cubierta de tierra por los obuses y a agruparse en centros de resistencia para hacer frente a la infantería enemiga. Los alemanes, muchísimo más numerosos, se infiltraban entre los huecos de la quebrantada línea francesa. En el «Bois des Caures», por ejemplo, los cazadores alpinos del coronel Driant (diputado y destacado escritor militar que murió el día 22), trescientos supervivientes de una semibrigada de casi 1.400 hombres, lucharon toda la noche, casi a ciegas, cuerpo a cuerpo. Cuando amaneció el día 22, los alemanes sólo habían ocupado el bosque de Haumont; en todos los demás puntos atacados proseguía la resistencia. La artillería alemana había seguido disparando durante toda la noche.

Este infierno tuvo una expresión más que lacónica en el comunicado difundido a las 15 horas del día 21 (febrero 1916) por el Gran Cuartel General francés: «Débil acción de ambas artillerías a lo largo del frente, salvo al norte de Verdún, donde se ha manifestado cierta actividad.

Si hay un ejemplo flagrante de falta de cultura histórica de un Estado Mayor es el que se desprende del hecho de que las dos bombas atómicas lanzadas por los norteamericanos sobre el Japón lo fueron precisamente sobre las dos ciudades niponas que tenían una mayor tradición de relaciones con Occidente. Mayor y en ocasiones, única: Nagasaki, en particular, es la ciudad de los veintiséis mártires cristianos japoneses y el único puerto que fue autorizado para conservar una factoría holandesa -la isla de Deshima- cuando, en 1941, fue cerrado a los extranjeros.

Sabido es que el «Enola Gay» -la fortaleza volante portadora del artefacto- se dirigió hacia Hiroshima porque entre los diversos aviones de reconocimiento que le precedían para informar acerca de la situación meteorológica sobre las cuatro o cinco ciudades elegidas como posibles objetivos para la bomba atómica, fue el que sobrevolaba Hiroshima el primero que facilitó un comunicado, que era favorable. La historia de esta ciudad y la de Nagasaki, sede de las comunidades cristianas más numerosas del Japón, no parece que las calificara de manera especial para servir de blanco al mortífero artefacto.

Semejante carencia de cultura histórica no aquejaba al frío y distante jefe del Alto Estado Mayor imperial, general Erich von Falkenhayn, sucesor de Moltke tras el revés sufrido por las armas alemanas en el Marne. Decidido a montar en el Oeste una gran ofensiva, Falkenhayn escogió Verdún. Y lo hizo fundamentalmente porque estaba convencido de que esta ciudad, tan estrechamente vinculada al recuerdo de Carlomagno -figura reivindicada por Francia y por Alemania-, en ningún caso seria abandonada por los franceses. Verdún era un símbolo.

No fue ésta la única consideración, por supuesto. En orden a la marcha general de la guerra, Falkenhayn, con muy buen sentido y en oposición al tándem Hiqdemburg Ludendorff, no quería adentrarse en las inmensidades rusas, y mucho menos llevando casi a rastras al renqueante y desmoralizado ejército austro – húngaro. Además, esperaba acontecimientos en el Este; quizá, desde su mentalidad y perspectiva, un cambio de actitud del zar. En los Balcanes el ejército servio podía considerarse aniquilado y la entrada en guerra de Bulgaria junto a las potencias centrales le liberaba de toda preocupación en cuanto a las comunicaciones con Turquía. El cuerpo expedicionario francés estaba detenido en Salónica: Y el frente italiano, evidentemente secundario, no planteaba ningún problema serio.

Falkenhayn creía que la guerra sólo podía decidirse en el Oeste y que convenía hacerlo antes de que los reclutas británicos de Kitchener («los solteros de 18 a 40 años») nutrieran el frente occidental con varios centenares de miles de hombres. Era necesario poner fuera de combate a Francia antes del verano de 1916, tanto más cuanto que el bloqueo marítimo impuesto por la flota británica empezaba a dejar sentir sus efectos en Alemania.

El campo fortificado de Verdún constituía la chariela del frente Oeste. Formaba un saliente, a modo de baluarte, situación que permitiría a los alemanes concentrar el fuego de su artillería en tiro convergente.

Pero la gran superioridad germana era de índole logística: en tanto que el sector alemán de Verdún estaba servido por catorce líneas férreas (diez construidas por Flakenhayn para su ofensiva), más una completa red de carreteras, el saliente francés sólo disponía de una mala carretera de siete metros de anchura y de un ferrocarril local de vía estrecha, «le Meusien», pues de los dos ferrocarriles de ancho normal que afluían a Verdún desde la retaguardia francesa, uno estaba cortado por el saliente de Saint-Michel y el otro batido por los cañones enemigos. El plan de Falkenhayn era sencillo: utilizar a fondo su superioridad artillera, machacando a la infantería francesa, que el mando sacrificaría sin vacilaciones para evitar la caída de Verdún. Por decirlo con palabras del propio estratega, se proponía no ya «sangrar», sino «desangrar» al ejército galo, que tan pródigo de la vida de sus hombres se había mostrado ya en 1914 y 1915.

El frente alemán de Verdún estaba guarnecido por el V Ejército. La ofensiva de Falkenhayn era una excelente ocasión para que esta gran unidad, de actuación hasta entonces poco lucida, se coronara de marciales laureles, y con ella su jefe, el Konprinz Guillermo, blanco predilecto de los caricaturistas aliados por su figura desgarbada, su aire altanero y su afición a vestir uniforme de los Húsares de la Muerte.

La preparación de la ofensiva fue precedida por la construcción de una serie de enlaces y desvíos ferroviarios (la guerra de la que nos ocupamos fue, con la civil rusa, la última en que los transportes ferroviarios desempeñaron un papel fundamental). Seguidamente se procedió a concentrar en un área de doce kilómetros de frente por doce quince de profundidad, más de un millar de morteros y cañones, con predominio de calibres pesados (hasta 380 y 420 mml, una amplia dotación de municiones) 3.000 proyectiles por batería, sólo para iniciar la batalla, materiales diversos (cemento, alambre de púas, estacas, etcétera), y ochenta batallones con los correspondientes parques de municiones, servicios sanitarios y depósitos de víveres. Para albergar las reservas alemanas de primera línea, fueron excavados numerosos Stollen, verdaderos cuarteles subterráneos de gran capacidad, a profundidades de diez y hasta de quince metros.

Pese a las precauciones tomadas por los alemanes para ocultar sus preparativos de «camufleo» (como escribía por aquellas fechas cierto corresponsal de guerra barcelonés), era imposible que tal acumulación de hombres y material pasara inadvertida a los franceses. En particular fue detectada la construcción de Stollen (el suelo transmite los sonidos a gran distancia). Pero ni estas informaciones ni las declaraciones de los desertores (alemanes que preferían el cautiverio a los albures del ataque, algún polaco y sobre todo alsacianos, hombres éstos que luchaban con desgana en las filas imperiales) conmovieron al Cuartel General francés.

La ofensiva, fijada para el día 12 de febrero, tuvo que ser aplazada hasta el 21 por causa de las desfavorables condiciones atmosféricas (visibilidad insuficiente para la observación artillera), pero en la noche del 11 al 12 fue leída a los soldados la orden de ataque del Kronprinz. Esta circunstancia permitió a los desertores ser explícitos y precisos.

El Cuartel General -según se dijo más tarde hizo hincapié en las inevitables contradicciones que presentaban las declaraciones de los desertores e interpretó la construcción de Stollen como una prueba de que los alemanes reforzaban sus defensas en el sector. Pero el argumento irrefutable se lo proporcionó la observación aérea: no existían paralelas de aproximación en el sector de Verdún. ¿Quién seria tan loco como para lanzar un ataque sin abrir previamente paralelas que permitieran acortar el salto de la infantería en terreno batido? Hasta entonces siempre se había procedido de ese modo.

No cayeron en que Falkenhayn se proponía aplastar las primeras posiciones e impedir la llegada de refuerzos mediante un fuego artillero sin precedentes. La infantería se limitaría a ocupar lo que la artillería conquistara.

Sin embargo, la semilla de la inquietud quedó sembrada. Tanto más cuanto que a nivel de división, e incluso más arriba, se tenía plena conciencia de la precariedad de las defensas francesas eh aquel sector.

Los fuertes de Verdún, después del triste papel desempeñado por los de la frontera belga en 1914, habían sido desmantelados y su artillería pasó a reforzar la de las unidades de campaña. La medida era muy racional si se atiende a la angustiosa inferioridad de los franceses en cañones pesados y piezas de tiro curvo. Lo que resulta sorprendente es que los fuertes círculos concéntricos de fortificaciones, algunas excelentes, construidas después de la guerra franco-prusiana alrededor de la ciudadela de Verdún, (una de las obras maestras del infatigable Vauban), carecieran de guarniciones y estuvieran ocupados únicamente por un pelotón de territoriales encargados del cuidado de depósitos de municiones o de víveres. Y lo que rebasaba ya los limites de la comprensión es que nadie tuviera presente esta situación en plena batalla, cuando el más significante relieve del terreno era disputado con encarnizamiento feroz.

En cuanto a las trincheras, distantes entre ocho y doce kilómetros del cinturón exterior de fuertes, no estaban en buenas condiciones. Nunca el soldado francés fue un excavador metódico: en todos los frentes, las posiciones alemanas estaban mucho mejor organizadas, construidas y atendidas que las francesas; también eran más cómodas. Pero en Verdún la situación era preocupante. Por ello, el general Herr, comandante en jefe de la región fortificada verdunesa, solicitó una inspección.

De resultas de esta petición, en enero de 1916 llegó a Castelnau el mariscal Joffre, comandante en jefe del Ejército francés, quien redactó un informe alarmante para uso interno, mientras tranquilizaba a políticos y periodistas. Poco después visitó el sector el jefe del 30 Cuerpo de Ejército, general Chrétien; no estando tan arriba en el escalón de responsabilidades habló más claro: vio una primera línea discontinua y que no estaba organizada en profundidad; una segunda esbozada y una tercera inexistente (sobre el terreno, no sobre el papel); unas trincheras de acceso a las posiciones que eran simples surcos; escasez de alambradas; precarios refugios que sólo protegían de la metralla… Su conclusión fue pesimista y profética: «Un terreno catastrófico».

El comunicado del Gran Cuartel General francés del día 21 de febrero, como hemos visto era tranquilizador. Así debe ser mientras no se sabe con certeza qué ocurre ni cuáles son las intenciones del enemigo, más vale callar. O, lo que es lo mismo, refugiarse en la ambigüedad y quitarle hierro -nunca mejor dicho- al suceso.

Pero el comunicado es significativo de un rasgo importante de la batalla de Verdún, a saber: que se riñó también un poco en las oficinas del Gran Cuartel francés donde Joffre, encariñado con su ataque en el Somme, aún nonato, tendía a minimizar lo que ocurría en Verdún. Primero se empecinó en que aquel ataque no era una ofensiva en regla; después lo calificó de diversión, de finta, y sostuvo que la ofensiva se produciría en otro lugar… La terquedad era uno de los defectos de Joffre. En el caso concreto de Verdún, le costaba aceptar la servidumbre de una operación en que la iniciativa estaba en manos del enemigo y que, a la vez, minaba la ofensiva en el Somme.

Lo importante, claro está, sucedía en el campo de batalla. Digamos ante todo que aquel escenario, incluso cuando los alemanes atacaron también por la orilla izquierda del Mosa, era muy restringido: «No más extenso que los parques de Londres», ha escrito un autor británico. De donde se deduce una consecuencia evidente: aquellas colinas y barrancos se transformaron en un paisaje inédito, en algo que el mundo nunca había conocido. Alrededor de Douaumont, el suelo había sido removido de tal manera que no quedaba ni rastro de madera. Incluso las raíces habían desaparecido.

La tierra parecía muerta, enrojecida por la sangre que empapaba.» Y como quiera que se combatió una y otra vez durante meses en los mismos lugares, como quiera que centenares de millares de hombres penaron y murieron sobre los mismos barrancos y colinas, la tierra quedó amasada con cadáveres, transformada en una inmensa fosa común batida por los obuses, pisoteada por los combatientes. «Los bloques de podredumbre removidos de acá para allá fermentan al calor del sol. La atmósfera está tan cargada de partículas pútridas que parece haberse convertido en polvo de cadáver. Las náuseas nos ahogan cuando comemos. El pan, la carne, el café, todo sabe a cadáver…»

Poco a poco, en el curso de la batalla, la superioridad artillera alemana fue disminuyendo: durante las batallas finales (otoño e invierno) las fuerzas estaban equilibradas.

Pero desde febrero a julio de 1916, los franceses resistieron palmo a palmo, arrojando a la batalla una división tras otra, en un régimen de relevos, a la vez atroz y lógico, que hizo que casi todas las unidades del ejército francés pasaran por Verdún. El dominio del aire, que inicialmente correspondió a los alemanes y que era importante para la eficacia del fuego artillero (globos cautivos de observación, aviones de reconocimiento), les fue ásperamente disputado después por los aeroplanos galos. De modo que, muy pronto, lo que tenía que ser definitiva sangría del ejército francés, en los planes de Falkenhayn, se convirtió, por añadidura, en sangría del ejército alemán. Bajo una lluvia de obuses, entre nubes de gases tóxicos, se luchaba con encarnizamiento en acciones locales limitadas y violentísimas; en ofensivas que acababan disgregándose en una serie de combates confusos… Los fuertes (Vaux, por ejemplo), quedaron aislados por el fuego artillero como islas en un mar tempestuoso.

Los héroes de la batalla no serán sólo los combatientes de fusil y granada, de bayoneta y cuchillo, sino también, los enlaces, los telefonistas y los furrieles alemanes o los «hommes-soupe» franceses, que arriesgaban y perdían sus vidas para llevar agua y víveres a las primeras líneas. A dos kilómetros de los depósitos de intendencia se daba el caso de que unidades enteras permanecieran dos y tres días sin beber ni comer, en pleno combate. Será también la batalla de los relevos, de los refuerzos diezmados por la metralla: de una compañía francesa completa, sólo alcanzaron el fuerte de Souville, durante el último ataque alemán, en julio de 1916, sesenta hombres y dos oficiales.

Del sacrificio de la infantería no es preciso hablar más: para eso está. Pero veamos casos ocurridos en la artillería que, comparada con los «fantassins» es un arma más bien resguardada: en dos horas, una batería del 75 expuesta al fuego alemán, sufrió 22 bajas, entre muertos y heridos, de una dotación de 24 hombres. Un grupo de morteros de 240 milímetros, emplazado en el barranco de Haudremont, fue aniquilado: quedó un solo hombre que, maniobrando el tractor, retiró las piezas que no habían sido inutilizadas por el fuego enemigo. Numerosas baterías perdieron sus caballos, cegados y enloquecidos por los gases lacrimógenos… La galería de horrores podría prolongarse al infinito. Sin embargo, un lugar y un techo pueden sintetizar el horror de la batalla: la famosa trinchera de las bayonetas.

Según testimonio de un superviviente, el teniente Foucher, del Primer Batallón del 137 Regimiento de Infantería, procedente de la ciudadela de Verdún, relevó a fuerzas del 337 Regimiento en las posiciones cercanas a la granja de Thiaumont la noche del l0 de junio de 1916. A la mañana siguiente los alemanes iniciaron una fortísima preparación artillera. Elementos de la 3.a y 4.a compañías ocupaban una trinchera estrecha y profunda. Por la tarde, los soldados de aquella posición tuvieron la impresión de que se aproximaba el ataque alemán; en el momento en que preparaban sus granadas de mano y cuando tenían sus fusiles, con la bayoneta calada, apoyados en el parapeto, salvas de artillería pesada encuadraron la trinchera, aproximaron sus bordes y la derrumbaron, con lo cual los soldados que la ocupaban quedaron enterrados vivos. Existen otras versiones, algunas sobradas de fantasía; quizá debido a la circunstancia de que el 137 Regimiento estaba formado por bretones y vendeanos, gentes de brumosa y fértil imaginación céltica.

El 24 de febrero era evidente que la situación de las fuerzas francesas que guarnecían el Saliente de Verdún, bordeaban el desastre. Aquel mismo día, el jefe del 11 Ejército, Philippe Pétain, fue nombrado comandante del frente de Verdún. El 25, dos compañías del 24 Regimiento de Infantería de Brandeburgo ocuparon el desguarnecido fuerte de Douaumont en un golpe de mano audaz; su reconquista costaría a los franceses dos ofensivas y millares de muertos.

La mano firme de Pétain (que tomó el mando efectivo la noche del 25) se hizo notar de inmediato: ordenó enlazar los fuertes por una línea continua de trincheras y dispuso una segunda y una tercera líneas llamada, por la malhumorada división que la excavaba, «la línea del Pánico»; reorganizó la artillería y ordenó la intervención sistemática de las baterías situadas a la izquierda del Mosa y que, por razón del avance efectuado por los alemanes, podían atacar de flanco al enemigo.

Simultáneamente organizó la circulación por la carretera denominada por algún plumífero de la retaguardia «la Voie Sacrée» (la Vía Sagrada). A su conservación fueron adscritos diez mil territoriales, es decir, hombres que ya habían cumplido su periodo de servicio militar y que eran movilizados para desempeñar trabajos auxiliares. Estas tropas abrieron canteras, prepararon grava y repararon diariamente la carretera, que era el cordón umbilical del frente de Verdún.

Por ella circuló la famosa «noria», formada por 3.5OO camiones, 8OO ambulancias, 200 autobuses y 2.OOO coches de turismo que llevaba a Verdún tropas de refresco, municiones, materiales para la construcción, cañones… Y que regresaban con las tropas relevadas, con heridos y prisioneros. Y también, en la primera fase de la batalla, con la población civil evacuada de la ciudad de Verdún y de los pueblos aledaños. Al «Meusien», ferrocarril de vía estrecha como ya se ha dicho, se le adjudicó principalmente el transporte de víveres. En la segunda fase de la batalla se construyó en uno de los ferrocarriles de vía ancha que afluían a Verdún, un desvío que evitaba la zona abatida por la artillería germana, y así se alivió la circulación de la «Voie Sacrée». Pero en las primeras semanas de la batalla fue esta carretera la que alimentó aquella tremenda vorágine.

Pétain impulsó las divisiones antes de que sufrieran un quebranto excesivo. Los alemanes, en cambio, cubrían bajas en las unidades empeñadas en la lucha; aunque, por supuesto, también efectuaron relevos de grandes unidades.

Pétain acabó convirtiéndose en la pesadilla del Gran Cuartel General: pedía más y más tropas, más y más cañones… Siempre con premura y dando muy pocas explicaciones. Joffre, amoscado, veía cómo Pétain, con su obstinación tranquila, le iba arrebatando, una tras otra, las piezas que precisaba para dar jaque mate a los alemanes en el Somme.

Finalmente, el Gran Cuartel General solucionó la papeleta ascendiendo a Pétain a jefe del Grupo de Ejércitos del Centro, con lo cual perdía el mando directo de la batalla.

En su lugar fue nombrado (30 de abril) el general Nivelle, destacado artillero y hombre «de elevado espíritu ofensivo». Con Mangin como brazo derecho -un espadón colonial, cosido de cicatrices y cargado de medallas-, Nivelle montó ofensivas que, con preparaciones artilleras insuficientes, costaron ríos de sangre y obtuvieron resultados insignificantes. Por su parte, los alemanes, tras llevar la iniciativa hasta abril, lanzarán las llamadas «tres ofensivas de verano». La última de ellas acabará bajo los muros del arrasado fuerte de Souville, el 12 de julio de 1916. Aquel mismo día el Kronprinz recibió la orden de mantenerse a la defensiva: los aliados habían iniciado la batalla de ruptura en el Somme.

En agosto de 1916, Hindenburg y su inseparable Ludendorff, los triunfadores del Este, sustituyeron a Falkenhayn al frente del Estado Mayor imperial y el 2 de septiembre decidieron que no habría más ofensivas en el frente de Verdún. Tres días más tarde, el Kronprinz coincidió con ellos en Charleville y les felicitó: hacia tiempo que estaba convencido de que Verdún era un matadero, no un campo de batalla.

La primera y más característica fase de la batalla, casi toda de iniciativa alemana, había terminado. Después vendrían las ofensivas francesas del 24 de octubre, del 15 de diciembre de 1916, y del 20 de agosto de 1917, y con ellas la reconquista de los fuertes perdidos y de buena parte del territorio cedido desde febrero: unos pocos kilómetros de tierra solada.

El historiador alemán Ettighoffer ha escrito: «Solamente durante los tres primeros meses, o sea, del 21 de febrero al 21 de mayo, los franceses tuvieron 190.OOO muertos; los alemanes exactamente 174.215». Entiéndase muertos, no bajas.

En diciembre de 1916, tras nueve meses de combates casi interrumpidos las pérdidas eran, en cada campo, del orden de cuatrocientos a quinientos mil muertos, desaparecidos y heridos graves, que morían en los hospitales de retaguardia. El resultado estratégico era prácticamente nulo: en diciembre, franceses y alemanes se encontraban muy cerca de las posiciones que ocupaban cuando se inició la ofensiva. Nunca en la historia de la Humanidad se ha derramado tanta sangre, se ha luchado tan ferozmente por unos pocos kilómetros de colinas y barrancos.

Hindenburg emitió un juicio severo sobre la batalla cuando en sus «Memorias» explica los motivos que le indujeron a suspender definitivamente los ataques en el sangriento frente de Verdún: «Aquella lucha consumía nuestras energías como una herida abierta. Se deducía claramente que la empresa no tenía esperanzas para nosotros y que su prosecución había de causarnos más pérdidas que las que pudiéramos producir al adversario». Y acaba con una muestra antológica de humor prusiano: «El campo de batalla era un verdadero infierno y, en este sentido, no era muy grato para la tropa».

Importantes Batallas de la Historia Grandes y Decisivas Batallas

Importantes Batallas de la Historia

SEGUNDA GUERRA MUNDIAL:
LA GUERRA EN EL PACIFICO

Japón basó su estrategia en la destrucción de la flota norteamericana del Pacífico. Mediante el aniquilamiento de las fuerzas navales estadounidenses en Pearl Harbor los nipones esperaban extender fácilmente sus dominios por el sudeste asiático y apoderarse al mismo tiempo de importantes recursos: petróleo, estaño y caucho.

Sin embargo, tres portaaviones escaparon al bombardeo de Pearl Harbor, y proporcionaron a Estados Unidos —que inmediatamente puso en marcha un impresionante programa de construcción naval y fabricación de armas— un medio eficaz de defensa y contraataque. Los primeros meses de guerra los japoneses protagonizaron toda una serie de victorias. Luego cambió el panorama y, a lo largo de tres años de lucha, los aliados arrancaron una isla tras otra a los nipones, quienes opusieron una resistencia suicida.

Los japoneses llevaban ventaja en los primeros meses de la guerra del Pacífico. Como potencia aérea y naval dominante en la región, buscaban expandir sus conquistas y construir sus defensas para la contraofensiva aliada que de seguro vendría. A continuación sigue una lista de las zonas que el Japón quería controlar:

• Las islas Salomón: Cadena de islas situada a unos 1.600 kilómetros de la punta nororiental de Australia. El control de estas islas interrumpiría efectivamente cualquier apoyo estadounidense a Australia, aislándola y colocando a los japoneses en posición de obligar a los australianos a someterse a su control.

• La isla de Midway: Isla situada en el centro del Pacífico y última base estadounidense fuera de Hawai. Con la toma de esta isla los japoneses completarían el anillo de islas que bloqueaba la acción ofensiva estadounidense.


Sin Midway los estadounidenses tendrían que utilizar Pearl Harbor como base de todas las operaciones contra el Japón, porque Hawai estaba demasiado lejos para montar un ataque en gran escala sin que los japoneses se enteraran y atacaran lejos de su principal perímetro defensivo.

• Papua: Posesión australiana situada en el sudeste de Nueva Guinea. El propósito era capturar Port Moresby, ciudad que podía ser utilizada como base naval y aérea.

Con Port Moresby los japoneses controlaban el mar de Coral y prácticamente toda la costa norte de Australia. Combinada con la; bases japonesas de Java y Borneo, Australia sería efectivamente neutralizada, y los estadounidenses no tendrían más alternativa que lanzar sus ofensivas a partir de Hawai.

Se intercepta información secreta decisiva

En abril de 1942 los Aliados parecían completamente incapaces de impedir que los japoneses lograran sus propósitos. El problema par; los estadounidenses era que los japoneses jugaban a unas escondidas gigantes en el vasto Pacífico.

Los portaaviones estadounidenses y sus barcos de apoyo no podían causar daño al enemigo si primero no lo encontraban. Todas las zonas eran vulnerables a un ataque: Australia estaba indefensa y podía ser invadida con facilidad, y Midway podía ser atacada en cualquier momento. El problema para el almirante Nimitz era adivinar qué harían los japoneses a continuación.

Pero la fortuna sonrió de nuevo a los estadounidenses. Los código; navales japoneses interceptados indicaban con claridad que los japoneses pretendían tomar Port Moresby en Nueva Guinea y la isla de Tulagi en las Salomón. Una formidable fuerza compuesta de do; portaaviones con 123 aeroplanos, 4 cruceros y 6 destructores cubriría a las tropas de asalto anfibias (soldados transportados en barcazas a una bahía para atacar). Nimitz envió los dos portaaviones disponibles —el Yorktown y el Lexington con 141 aviones apoyados pe : 5 cruceros y 11 destructores— a encontrar a las fuerzas japonesas.

La batalla de Midway sería la batalla decisiva de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico y finalmente cambiaría el curso de la contienda y el futuro de la guerra naval. (ver: Batalla de Midway)

batalla de midway

Un barco hundido en la batalla de Midway

LOS PILOTOS DE LOS AVIONES: Despegar un avión de la cubierta de un portaaviones es peligroso, y aterrizar en un atemorizante y reducido espacio en cualquier condición climática lo es todavía más. La Marina moderna posee hoy electrónica refinada, navegación de lujo y aviones de gran capacidad que valen millones de dólares, ¡y aun así sigue siendo peligroso! Esos pilotos de 1942 debían tener ojos y mucha esperanza.

Recibían orientación general sobre la ubicación de los blancos y debían escudriñar cuidadosamente el océano en busca del menor signo de presencia de un barco. Una vez ubicado el blanco atacaban y (si sobrevivían a los aviones enemigos y al fuego antiaéreo daban media vuelta para encontrar sus propios barcos antes de que se agotara el combustible.

Atacar un barco desde el aire con un torpedo o una bomba era un arte en sí mismo. El piloto de torpedo tenía que aproximarse al barco tan cerca del agua como fuera posible y soltar el torpedo a una distancia de sólo centenares de metros. Mientras tanto el blanco disparaba todos los cañones que podía contra él y los cazas enemigos trataban de destruirlo.

El piloto de un avión de bombardeo en picada se ubicaba a varios miles de metros directamente sobre el blanco, comenzaba un picado vertical y caía a casi 500 kilómetros por hora hasta encontrarse a un centenar de metros sobre el blanco. Entonces soltaba la bomba —en el momento preciso si quería que la bomba diera en el blanco y explotara—, mientras nivelaba el avión y ascendía de un tirón por el aire. Si tenía suerte los cazas no lo destruirían, el fuego antiaéreo no lo tocaría y sus bombas caerían donde se suponía que debían hacerlo para que no tuviera que repetir de nuevo tan loca maniobra.

Si el piloto volvía del ataque y tenía suerte, el portaaviones estaría más o menos en el mismo lugar en que se hallaba en el momento del decolaje. Si no, tenía dos alternativas: buscarlo hasta que, o bien aterrizaba a salvo sobre el puente de tablas de madera del portaaviones con un choque controlado que hacía vibrar sus huesos, o volaba hasta agotar el combustible y hundía su avión en el océano. Pilotos de esta naturaleza, aptos para librar la guerra de modo tan despiadado—tanto estadounidenses como japoneses—, no  abundaban.

Aspecto que ofrecía el Lexington

Aspecto que ofrecía el Lexington en la primavera de 1942, cuando los norteamericanos reconstruían e incrementaban su flota. Tras hundirse en la batalla del Mar de Coral, su nombre volvió a otorgarse a uno de los nuevos portaaviones de la clase Essex que, entre 1943 y 1945, constituyeron las mejores unidades de la Fuerza de Portaaviones Rápidos.

Cuando los aviones japoneses se lanzaron sobre Pearl Harbor, tres de los siete portaaviones norteamericanos destacados en el Pacífico —el Lexington, el Saratoga y el Enterprise— se hallaban fuera de la base. Esta circunstancia tuvo importancia decisiva durante las primeras fases de la guerra en el Pacífico, ya que para construir un portaaviones y ponerlo en servicio se necesitaba, como mínimo, de uno a dos años.

En 1910 se logró el primer despegue de un avión desde un barco; pero sólo en la Segunda Guerra Mundial los portaaviones, al aumentar el alcance ofensivo de los aparatos, jugaron un papel de primer orden en la guerra naval. Los portaaviones, sin embargo, estaban pobremente armados y eran sumamente vulnerables a
los ataques aéreos y submarinos. Su protección requería toda una escolta de acorazados, cruceros y destructores.

Aun con tales precauciones, los portaaviones no siempre se libraban del desastre. El Saratoga estuvo confinado durante meses en el dique seco, después de haber sido en dos ocasiones blanco de los submarinos. También sufrió considerables daños por parte de los pilotos kamikazes, aunque no fue hundido hasta el año 1946 en unas pruebas atómicas norteamericanas.
El Lexington sucumbió en mayo de 1942, tras la batalla del Mar de Coral. El Enterprise recibió daños en casi todas las grandes batallas del Pacífico, pero fue uno de los escasos supervivientes del océano.

Batalla Tours o Poitiers Breve Descripción

Batalla Tours o Poitiers

La Batalla de Tours (también conocida como batalla de Poitiers) tuvo lugar el 10 de octubre de 732 entre las fuerzas comandadas por el líder franco Carlos Martel y un ejército islámico a las órdenes de Al-Ándalus Abderrahman ibn Abdullah Al Gafiki cerca de la ciudad de Tours, en la actual Francia.

Durante la batalla, los francos derrotaron el ejército islámico y Al Gafiki resultó muerto. Esta batalla frenó la expansión islámica hacia el norte desde la Península Ibérica y es considerada por muchos historiadores como un acontecimiento de importancia macrohistórica, al haber impedido la invasión de Europa por parte de los musulmanes y preservado el cristianismo como la fe dominante durante un periodo en el que el islam estaba sometiendo los restos de los antiguos imperios romano y persa, expansión que comenzó en el 632 tras la muerte de Mahoma.

Batalla de Tours (732)
En 732, un gran ejército árabe cruzó los Pirineos e invadió Francia dirigido por el Yemenite Abd-ar-Rahman. Venció un reino rebelde musulmán que estaba gobernado por Berber Othman y luego, extendiéndose hacia el norte, derrotó a las fuerzas de Eudo, duque de Aquitania, aliado del anterior.

Eudo, derrotado, se vio forzado a solicitar ayuda a su enemigo encarnizado, Charles Martel, quien cooperó con él porque los invasores estaban penetrando más en el norte, dejando detrás de ellos ciudades y monasterios saqueados.

Los árabes avanzaron cerca del corazón de Francia, atraídos por los ricos monasterios deSt. Halaire y St. Martin. Después de destruir el primero, tomaron el camino romano hacia Tours y en alguna parte del sur de la ciudad, se encontraron con Charles y su ejército franco.

Durante siete días los dos ejércitos permanecieron frente a frente sin entrar en acción: los francos esperaban refuerzos y los árabes trataban de transportar su botín a lugar seguro. Luego éstos atacaron. Con un refuerzo de 30.000, Charles dispuso a sus tropas en orden de batalla para rechazar la carga árabe. Eran, en su mayor parte de infantería, estaban armados pesadamente con espadas, hachas, jabalinas y una pequeña hacha arrojadiza que llamaban «la francisca».

El ejército árabe totalizaba alrededor de 80.000 personas y estaba compuesto enteramente por caballería ligera que, como era extremadamente veloz, confiaba en la lanza y en la espada. Tenía dos posibilidades : atacar o plegarse en retirada hacia el sur sin luchar. Rechazaron la idea de huir ante un grupo tan pequeño, y por lo tanto cargaron contra las líneas francas.

Los francos recibieron con resolución a los musulmanes y resistieron a los ataques sucesivos que buscaban su punto débil. Ellos eran como una muralla contra la que los enemigos se rompieron en pedazos.

Cuando las fuerzas de los árabes se desvanecieron, contraatacaron; en tanto, el flanco musulmán era castigado por el vengativo Eudo y sus hombres. Abd-ar-Rhaman fue asesinado mientras trataba de recobrar su desecho grupo y al día siguiente, los francos descubrieron ú campamento enemigo desierto, excepto por su cadáver y el botín abandonado.

Charles ganó el nombre de «Martillo» y Francia nunca más fue nvadida por los árabes. Un fracaso en Tours, aunque los árabes sólo habían llegado a hacer una incursión, hubiera dado comienzo a otras invasiones más importantes.

Como era de esperar, la muerte de Abd-ar-Rahman acarreó una revuelta entre los bereberes que destruyó la unidad árabe.

Batalla de Poitiers Expansion del islamismo en Europa Martel Tours

Batalla de Poitiers Expansión del Islamismo

La Batalla de Tours (también conocida como batalla de Poitiers) tuvo lugar el 10 de octubre de 732 entre las fuerzas comandadas por el líder franco Carlos Martel y un ejército islámico a las órdenes de Al-Ándalus Abderrahman ibn Abdullah Al Gafiki cerca de la ciudad de Tours, en la actual Francia. Durante la batalla, los francos derrotaron el ejército islámico y Al Gafiki resultó muerto.

Esta batalla frenó la expansión islámica hacia el norte desde la Península Ibérica y es considerada por muchos historiadores como un acontecimiento de importancia macrohistórica, al haber impedido la invasión de Europa por parte de los musulmanes y preservado el cristianismo como la fe dominante durante un periodo en el que el islam estaba sometiendo los restos de los antiguos imperios romano y persa, expansión que comenzó en el 632 tras la muerte de Mahoma.

Batalla de Tours (732)

En 732, un gran ejército árabe cruzó los Pirineos e invadió Francia dirigido por el Yemenite Abd-ar-Rahman. Venció un reino rebelde musulmán que estaba gobernado por Berber Othman y luego, extendiéndose hacia el norte, derrotó a las fuerzas de Eudo, duque de Aquitania, aliado del anterior.

Eudo, derrotado, se vio forzado a solicitar ayuda a su enemigo encarnizado, Charles Martel, quien cooperó con él porque los invasores estaban penetrando más en el norte, dejando detrás de ellos ciudades y monasterios saqueados.

Los árabes avanzaron cerca del corazón de Francia, atraídos por los ricos monasterios deSt. Halaire y St. Martin. Después de destruir el primero, tomaron el camino romano hacia Tours y en alguna parte del sur de la ciudad, se encontraron con Charles y su ejército franco.

Durante siete días los dos ejércitos permanecieron frente a frente sin entrar en acción: los francos esperaban refuerzos y los árabes trataban de transportar su botín a lugar seguro. Luego éstos atacaron. Con un refuerzo de 30.000, Charles dispuso a sus tropas en orden de batalla para rechazar la carga árabe. Eran, en su mayor parte de infantería, estaban armados pesadamente con espadas, hachas, jabalinas y una pequeña hacha arrojadiza que llamaban «la francisca».

El ejército árabe totalizaba alrededor de 80.000 personas y estaba compuesto enteramente por caballería ligera que, como era extremadamente veloz, confiaba en la lanza y en la espada. Tenía dos posibilidades : atacar o plegarse en retirada hacia el sur sin luchar. Rechazaron la idea de huir ante un grupo tan pequeño, y por lo tanto cargaron contra las líneas francas.

Los francos recibieron con resolución a los musulmanes y resistieron a los ataques sucesivos que buscaban su punto débil. Ellos eran como una muralla contra la que los enemigos se rompieron en pedazos.

Cuando las fuerzas de los árabes se desvanecieron, contraatacaron; en tanto, el flanco musulmán era castigado por el vengativo Eudo y sus hombres.

Abd-ar-Rhaman fue asesinado mientras trataba de recobrar su desecho grupo y al día siguiente, los francos descubrieron ú campamento enemigo desierto, excepto por su cadáver y el botín abandonado.

Charles ganó el nombre de «Martillo» y Francia nunca más fue nvadida por los árabes. Un fracaso en Tours, aunque los árabes sólo habían llegado a hacer una incursión, hubiera dado comienzo a otras invasiones más importantes.

Como era de esperar, la muerte de Abd-ar-Rahman acarreó una revuelta entre los bereberes que destruyó la unidad árabe.

Batalla de Midway La Guerra en el Pacifico Ataque Japones Yamamoto

Batalla de Midway – La Guerra en el Pacífico

Batalla de Midway La Guerra en el Pacifico

Los almirantes de la Marina japonesa y estadounidense habían crecido con la idea de que la acción decisiva en el Pacífico sería como en los tiempos de los barcos de vela: dos grandes flotas de combate enfrentadas una a la vista de la otra, con los fuertemente blindados y armados acorazados que decidían el resultado de la lucha.

Durante casi una generación los estrategas navales de ambas naciones habían considerado un enfrentamiento de esta naturaleza, razón por la cual el Japón y Estados Unidos habían construido grandes acorazados, y los esfuerzos de desarme en los años 20 se habían concentrado en la reducción del tamaño y número de acorazados de las flotas del planeta.

Sin embargo, el hundimiento del acorazado británico Príncipe de Gales por la aviación japonesa y la batalla del mar de Coral demostraron que el futuro de la guerra naval residía en el aviador naval y no en el capitán de un acorazado. La batalla del mar de Coral dejó una lección: la era de los acorazados había terminado. El bando que primero se diera cuenta de esto ganaría la guerra en el Pacífico.

La trampa japonesa:

Batalla de Midway  Ataque Japones YamamotoEl almirante japonés Yamamoto buscaba tomar Midway, última base estadounidense en el Pacífico fuera de Hawai. La posesión de Midway no solamente ampliaría la zona defensiva japonesa: obligaría además a los estadounidenses a reaccionar pues no podían darse el lujo de perder la isla.

Yamamoto esperaba que el enemigo respondiera sacando a relucir sus portaaviones para detener a los japoneses o intentar recuperar la isla. En consecuencia el almirante japonés reunió la mayor flota de combate jamás vista en el océano Pacífico: 160 barcos (ocho de ellos portaaviones) y 400 aeroplanos.

Esta enorme flota esperaría hasta que los estadounidenses se acercaras a Midway; entonces los portaaviones y grandes acorazados japoneses acabarían con ellos de una vez por todas.

Un asunto riesgoso: Despegar un avión de la cubierta de un portaaviones es peligroso, y aterrizar en un atemorizante y reducido espacio en cualquier condición climática lo es todavía más. La Marina moderna posee hoy electrónica refinada, navegación de lujo y aviones de gran capacidad que valen millones de dólares, ¡y aun así sigue siendo peligroso!

Esos pilotos de 1942 debían tener ojos y mucha esperanza. Recibían orientación general sobre la ubicación de los blancos y debían escudriñar cuidadosamente el océano en busca del menor signo de presencia de un barco. Una vez ubicado el blanco atacaban y (si sobrevivían a los aviones enemigos y al fuego antiaéreo) daban media vuelta para encontrar sus propios barcos antes de que se agotara el combustible.

Atacar un barco desde el aire con un torpedo o una bomba era un arte en sí mismo. El piloto de torpedo tenía que aproximarse al barco tan cerca del agua como fuera posible y soltar el torpedo a una distancia de sólo centenares de metros.

Mientras tanto el blanco disparaba todos los cañones que podía contra él y los cazas enemigos trataban de destruirlo. El piloto de un avión de bombardeo en picada se ubicaba a varios miles de metros directamente sobre el blanco comenzaba un picado vertical y caía casi 500 kilómetros por hora hasta encontrarse a un centenar de metros sobre el blanco.

Entonces soltaba la bomba —en el momento preciso si quería que la bomba diera en el blanco y explotara— mientras nivelaba el avión y ascendía de un tirón por el aire. Si tenía suerte los cazas no lo destruirían, el fuego antiaéreo no lo tocaría y sus bombas caerían donde se suponía que debían hacerlo para que no tuviera que repetir de nuevo tan loca maniobra.

Si el piloto volvía del ataque y tenía suerte, el portaaviones estaría más o menos en el mismo lugar en que se hallaba en el momento del decolaje. Si no, tenía dos alternativas: buscarlo hasta que bien aterrizaba a salvo sobre el puente de tablas de madera del portaaviones con un choque controlado que hacia vibrar sus huesos, o volaba hasta agotar el combustible y hundía su avión en océano. Pilotos de esta naturaleza, aptos para librar la guerra de modo tan despiadado—tanto estadounidenses como japoneses- , no abundaban.

EL PLAN JAPONÉS:
De acuerdo con su plan, Yamamoto dividió la flota en tres fuerzas:

* La primera llevaría a cabo un ataque contra las islas Aleutianas para desviar la atención estadounidense del ataque a Midway.

* El propio Yamamoto comandaría la principal flota de ataque japonesa en la crucial batalla contra la flota estadounidense.

* Una tercera flota llevaría las tropas de desembarco anfibias que debían capturar Midway.

* Una pantalla protectora de submarinos patrullaría las aguas entre Pearl Harbor y Midway en busca de indicios de la flota estadounidense.

EL PLAN AMERICANO:
El plan del almirante japonés Yamamoto era bueno, pero el almirante estadounidense Nimitz llevaba ventaja, al menos inicialmente:

* Nimitz estaba al tanto del plan japonés. La intercepción de los códigos secretos japoneses le había dado nuevamente una comprensión detallada del plan japonés y tiempo de sobra para preparar un plan contrario para Midway.

almirante estadounidense NimitzNimitz decidió que no habría lucha naval gigantesca frente a Midway, según esperaba Yamamoto. Comprendió además que sus acorazados no le serían útiles. La ventaja residía en los portaaviones, que podían atacar blancos a larga distancia, de suerte que confiaba en la sorpresa y en la habilidad de sus aviadores navales para compensar la superioridad numérica japonesa.

Nimitz tenía más portaaviones de los que pensaba el enemigo. Además de los dos portaaviones conocidos por los japoneses había uno adicional —el USS Yorktown —, que éstos creían haber hundido en la batalla del mar de Coral. No obstante las cuantiosas averías sufridas por la nave, las tripulaciones de Pearl Harbor lograron el milagro de dejarla lista para combatir de nuevo en menos de 72 horas, no en los tres meses que habría sido de esperar. Sin embargo, a pesar de todas estas ventajas, los estadounidenses no eran superiores.

Yamamoto disponía de más unidades y de un inmenso océano para ocultarse. Nimitz comprometería en la batalla todos los portaaviones estadounidenses, 12 cruceros, 14 destructores y 19 submarinos, fuerza de un tamaño irrisorio frente a la flota  japonesa desplazada hacia Midway. Para Estados Unidos Midway era una empresa riesgosa y plagada de obstáculos.

La bombas sobre Midway: La de Midway sería la batalla decisiva de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico y, al final, cambiaría el curso de la contienda y el futuro de la guerra naval.

Primera fase:  El 3 de junio de 1942 los japoneses dieron inicio a la primera fase de la batalla con ataques aéreos contra bases estadounidenses en las islas Aleutianas. Las fuerzas japonesas desembarcaron en Kiska el 6 de junio y al día siguiente en Attu. Además, su aviación llevó a cabo incursiones por las islas.

Aunque Nimitz había enviado una fuerza naval para enfrentar la invasión, la aviación de tierra detuvo a la flota japonesa. Para Yamamoto la patraña de las islas Aleutianasparecía haber funcionado. En realidad la flota estadounidense de portaaviones se encaminaba hacia Midway, hecho que Yamamoto desconocía. Informado gracia5 a la intercepción de las claves, Nimitz había despachado su flota días antes de que los submarinos japoneses llegaran a buscarla. Los japoneses ignoraban todo. Las cosas marchaban para ellos de acuerdo con el plan.

Sequnda fase: 4 de junio Yamamoto comenzó el 4 de junio la segunda fase de la batalla con un ataque a Midway El almirante envió la mitad de sus aviones a Midway y retuvo la otra mitad por si aparecía la flota estadounidense. Cuando los aviones regresaron de Midway quedó claro que se requería otro ataque.

En el momento en que los japoneses armaban los aviones para un segundo ataque, el almirante Nagumo recibió noticias alarmantes: uno de los aviones de reconocimiento reportaba la presencia de barcos enemigos, entre los cuales había posiblemente un portaaviones. En el momento en que Nagumo recibía la información sobre las naves estadounidenses, los aviones del USS Hornet, del Enterprise y de Yorktown estaban ya en vías de atacar los portaaviones japoneses.

Nagumo descargó las bombas de sus aviones y los rearmó con torpedos para enfrentar la más peligrosa amenaza. Así, en el momento en que aparecieron los aviones estadounidenses, los portaaviones japoneses tenían más de 100 aviones en los puentes, llenos de combustible, y pirámides de bombas y torpedos dispuestas sobre y debajo del puente de despegue.

Los aviones estadounidenses comenzaron su ataque con torpedos. Los pilotos de los lentos aviones provistos de torpedos mantuvieron el rumbo y fueron derribados uno tras otro por los cazas japoneses que protegían los portaaviones. Los pocos que lograron lanzar sus torpedos erraron el blanco. La destrucción de los aviones con torpedos estadounidenses significaba que sus portaaviones estaban al alcance de los aviones con torpedos de Nagumo.

En pocos minutos Nagumo estaría en capacidad de lanzar su propio ataque contra los estadounidenses, pero no tuvo tiempo. Fuera del sendero conocido: el milagro de McClusky Wade McClusky, teniente y comandante estadounidense, mandaba una escuadrilla de 33 aviones de bombardeo en picada del USS Enterprise, que andaba en busca de los portaaviones japoneses.

Los aviones de McClusky, cortos de combustible, debían regresar pronto. De súbito al comandante se le ocurrió la idea de abandonar la ruta preestablecida y buscar en otra parte. Minutos después los divisó. De hecho, los había ya encontrado precisamente después de que el último avión con torpedo terminara su fatal carrera.

Los cazas japoneses estaban todos cerca del agua, lo cual permitió que los bombarderos de McClusky se acercaran sin interferencia. Entonces aparecieron los aviones de bombardeo en picada del USS Yorktown y McClusky dio la señal de ataque. El resultado fue devastador.

Tomados enteramente por sorpresa, sin protección de sus propios aviones y con los puentes repletos de armas y combustible, los portaaviones japoneses eran presa fácil. Dos portaaviones quedaron envueltos en llamas en minutos y luego le tocó el turno al tercero.

El último tuvo suerte: evitó el ataque aéreo y lanzó sus propios aviones contra el Yorktown, averiándolo con bombas y torpedos hasta dejarlo fuera de combate en medio del mar. Los estadounidenses abandonaron el barco. Sin embargo, los aviones de Estados Unidos, rearmados y reabastecidos de combustible, hallaron el último portaaviones japonés y lo destruyeron.

Yamamoto intentó continuar la lucha con sus acorazados, pero los contendores no estaban interesados en exponer los suyos. La fuerza estadounidense se retiró, dejando a los japoneses sin alternativa distinta de la de abandonar el ataque a Midway.

Un crucero japonés fue destruido en el ataque aéreo y un submarino japonés hundió un destructor estadounidense y la carcaza abandonada del Yorktown. No hubo más pérdidas en la batalla. Los estadounidenses perdieron 137 aviones y 300 hombres, y los japoneses perdieron 330 aviones y 3.500 hombres, muchos de ellos muy diestros y experimentados pilotos de combate. Análisis estratégico de la batalla de Midway.

ANÁLISIS DE ESTA BATALLA: La historia de la batalla de Midway es en esencia la de una confrontación entre métodos nuevos y viejos de librar batallas navales. El almirante japonés Yamamoto representaba el viejo estilo: quería enfrentar la flota estadounidense en una batalla de superficie con el empleo de acorazados.

El almirante estadounidense Nimitz, por su parte, dejó a sus acorazados detrás y confió en un nuevo estilo de guerra naval, en el cual los barcos no combatían a la vista el uno con el otro. En cambio los aviones, lanzados desde los barcos, sería el factor decisivo.

En la batalla de Midway triunfó el nuevo concepto de combate. Los estadounidenses hicieron gala de su fe en el portaaviones, y Yamamoto, con toda su confianza en los portaaviones, concentró casi todo su poder en los acorazados, que en esencia eran inutilizables. La pérdida de cuatro portaaviones, y el hecho de que Estados Unidos construía más portaaviones que los japoneses (en proporción de 13 a 6, respectivamente), acabó con el dominio japonés en el Pacífico.

Síntesis 2° Guerra Mundial

La Batalla de Marne Guerras de Trincheras El Plan Schlieffen

La Batalla de Marne – Guerras de Trincheras

Principales Batallas Gran GuerraBatalla de VerdúnBatalla de MarneLa Guerra en Fotos

Batalla de Marne (1914)

Con este nombre se conoce a cada uno de los dos combates bélicos mantenidos respectivamente en 1914 y 1918, durante la I Guerra Mundial, que tuvieron lugar en las proximidades del río Marne, situado en el noreste de Francia. La primera batalla detuvo el avance alemán en el noreste francés y la segunda inclinó de forma sustancial el desarrollo de la contienda a favor de las fuerzas aliadas y en contra de los Imperios Centrales.

El plan alemán consistía en desatar una ofensiva fulminante sobre el frente occidental, dado que el Estado Mayor consideraba favorable la apertura de dos frentes de lucha. En 1914, el territorio francés soportó el paso de los ejércitos germanosque, previamente, habían invadido Bélgica y ocupado lugares estratégicos. En un sólido avance, los alemanes llegaron a 25 km de París y obligaron al gobierno a refugiarse en Burdeos.

La intención de von Moltke —jefe del Estado Mayor alemán- era encerrar al ejército «francés sobre la frontera suiza; pero el mariscal Joffre —jefe del Estado Mayor francés—, con todas las fuerzas disponibles, repelió al enemigo y lo arrojó tras el río Mame, en el transcurso de una batalla que duró siete días (5 al 12 de setiembre) y que se extendió por un frente de 300 km de largo. Esta batalla detuvo el avance alemán.

Ambos ejércitos, deseosos de obtener el dominio del litoral, iniciaron, entre encarnizados combates, la llamada «carrera hacia el mar». En Bélgica se libró la batalla decisiva del Yser (20 de octubre al 13 de noviembre) cuyo resultado incierto estabilizó, sin embargo, el frente occidental.
Al mismo tiempo, se estabilizaron también las acciones en el frente oriental; los Rusos invadieron la Prusia Oriental —con intención de aliviar a Francia—; pero fueron derrotados en Tannenberg (agosto, 1914) y en los lagos Masurianos (setiembre, 1914) por el general Hindenburg.

DESARROLLO DE LA BATALLA

General Molke Guerra MundialEl plan Schlieffen, proyectado por el predecesor del general Moltke (imagen abajo), que era jefe del Estado Mayor alemán, exigía la conquista de Francia por una acometida rápida, «Guerra relámpago», a través de la Bélgica neutral y burlando las poderosas fortificaciones de frontera francesas.

El golpe era entonces hacia el oeste, después de tomar París, balanceándose de sur a este como una gigantesca guadaña y aplastando las principales fuerzas francesas desde la retaguardia en Alsacia-Lorena.

Von Moltke modificó el proyecto, con resultados desastrosos. Limitó nítidamente el ataque potencial de su 1° y 2° ejército enviando cinco nuevos cuerpos motorizados a los frentes rusos y de Alsacia-Lorena. Esta decisión violaba la estrategia del plan básico, ya que Schlieffen había aconsejado no llevar adelante una guerra con dos frentes simultáneos.

En la acción inicial, Von Kluck, el agresivo e insolente comandante del 1° ejército, había ya movido su fuerza entera al norte del Marne en el río Oureq, atacando al 6.° ejército francés de Maunoury.

Continuó avanzando después que recibió órdenes de Von Moltke de mantener en suspenso el ataque a París, creyendo que el comandante supremo no entendía la situación real. Pero el ataque extendido de Von Kluck abrió una brecha de 25 millas, con el 2.° ejército de Von Bülow en su flanco izquierdo.

Cuando Von Moltke interceptó un mensaje de radio dando estas noticias, envió a su jefe de Inteligencia, teniente coronel Richard Hentsch, el 8 de septiembre para que reviera la situación. Este individuo poseía autoridad oral para actuar en nombre del jefe superior si era necesario, ya que los cuarteles generales estaban en Luxemburgo, a más de 100 millas del frente.

Cuando el enviado llegó al campamento del 2.° ejército, se le informó de un ataque nocturno del 5.° ejército de D’Esperey que había retrocedido el ala derecha de Von Bülow. Temiendo un inmediato envolvimiento, Hentsch ordenó la retirada con la que estuvo de acuerdo un cansado Von Bülow.Batalla de Marne

El retroceso dejó el flanco izquierdo altamente vulnerable, a pesar de que el 1° ejército estaba en buena posición y atacando bien.

El Jefe de Inteligencia llegó a los cuarteles del 1° ejército mientras Von Kluck estaba en el frente, conferenció con el jefe del Estado Mayor del general y aconsejó enérgicamente una retirada similar. Tras el retorno de Hentsch a Luxemburgo con su relato completo, Von Moltke ordenó una retirada general no sólo del 1° y 2.° ejércitos sino también del 3.°, volviendo a Aisne.

Para los franceses había tenido lugar un «milagro» en el Marne: la amenaza alemana a París había concluido. Pero las fuerzas del mariscal Joffre estaban demasiado exhaustas para continuar con su gran victoria moral y los ejércitos alemanes ganaron un tiempo valioso para atrincherarse.

Sus primeras tácticas posteriormente cambiaron de una movilidad rápida a un atrincheramiento estático, iniciando los sangrientos meses de los 3 años siguientes La posición fija de la trinchera, protegida con alambre de púas y el novedoso «tanque» se convirtió en el plan aceptado de batalla.

GUERRA DE TRINCHERAS:

La guerra de trincheras: una pesadilla alucinante (1915-1917):

En el frente occidental, la guerra fue una verdadera pesadilla. La estabilización de los ejércitos transformó la guerra de ofensiva en defensiva. Una enorme línea atrincherada —desde la frontera suiza hasta el mar del Norte, en una extensión de 800 km— surcó el suelo francés.

Las trincheras eran abrigos cavados en la tierra, protegidos por alambradas de púas o con sobrecubiertas de hormigón; en algunos tramos, las trincheras enemigas sólo estaban separadas por algunos escasos metros,Tas’posi-ciones se defendían con nidos de ametralladoras colocados estratégicamente. Los ataques con granadas de mano o con lanzallamas, hacían insoportable la permanencia en los refugios.

Esta clase de combates favorecía la pérdida y la reconquista casi inmediata de las posiciones, dado que lo que se obtenía tras una cruenta lucha podía perderse al día siguiente.

Para quebrar las líneas enemigas ambos adversarios se valieron de la artillería y la aviación. Los alemanes utilizaron, también, gases tóxicos o asfixiantes, un arma mortífera que fue condenada por la opinión internacional. No obstante, los aliados se defendieron con procedimientos similares: los gases verdes o amarillos, que contaminaban una región, envenenaban las ropas y corroían la piel.

En poco tiempo, las trincheras fueron testigos de una lucha atroz que, sumada al estrago ocasionado por la gangrena gaseosa en los heridos y al hacinamiento de los cadávares, las convirtió en un infierno viviente. A partir de 1916, los aliados introdujeron los carros de asalto (tanques u «orugas de acero») empleade^para demoler las posiciones enemigas.

Fueron usados por primera vez en la batalla del Somme (junio o noviembre, 1916).
Sin proponérselo, la guerra de trincheras favoreció la multipücación de las industrias químicas y de artillería pesada.

La alucinante pesadilla de las trincheras se resolvió en la batalla de Verdun, cuando la ofensiva alemana contra esa plaza fuerte resultó ineficaz. Durante tingo meses (febrero a agosto, 1916) los ataques a Verdun se repitieron a diario.

Esta batalla —la más grande de la guerra por su duración y encarnizamiento— fue definida  a favor de Francia por el general Philippe Pétain, quien contó con la decidida resistencia de todos los franceses; no hubo en ella ninguna participación inglesa. Verdun, pues, significó el gran esfuerzo nacional francés para desbaratar el plan germano. Dejó un saldo de 500.000 muertos y 800.000 heridos de ambos bandos, en aras de la salvación del suelo patrio.

TESTIMONIOS:

«VIDA Y MUERTE EN LAS TRINCHERAS».

LA LLEGADA A LA TRINCHERA:
Al recorrer el pasadizo de Haumont los obuses alemanes nos enfilaron y el pasadizo se llenó de cadáveres por todos sitios. Los moribundos, entre el barro, con los estertores de la agonía, nos piden de beber o nos suplican que los matemos. La nieve sigue cayendo y la artillería está causando pérdidas cada instante. Cuando llegamos al mojón B no me quedan más que diecisiete hombres de los treinta y nueve que tenía al salir.

UNA TRINCHERA EN CHAMPAÑA:
Un olor infecto se nos agarra a ja garganta al llegar a nuestra nueva trinchera, a la derecha de los Éparges. Llueve a torrentes y nos encontramos con que hay lonas de tiendas de campaña clavadas en los muros de la trinchera. Al alba del día siguiente constatamos con estupor que nuestras trincheras están hechas sobre un montón de cadáveres y que las lonas que han colocado nuestros precedesores están para ocultar a la vista los cuerpos y restos humanos que allí hay.

LA ESPERA EN LA TRINCHERA:
Nos ha llegado la orden de la brigada: «Tenéis que resistir cueste lo que cueste, no retroceder bajo ningún pretexto y dejaros matar terreno». De ese modo —dicen los hombres- la cosa está clara. Es la segunda noche que vamos a pasar sin dormir. En cuanto oscurece, el frío cae sobre nosotros y nuestros pies son como bloques de hielo.

LA ORDEN DE ATAQUE:
Las horas se deslizan lentas, pero inexorables. Nadie puede tragar nada porque tenemos un nudo en la garganta. Siempre, siempre la angustia de si dentro de unas horas estaré aún en este mundo o no seré ya rñás que ur cadáver horrible despedazado por los obuses. Sin embargo, se aproxima la hora H. No quedan más que treinta minutos, veinte, diez, las aguja del reloj avanzan constantemente sin que nada pueda pararlas; no separo de ellas los ojos cuento… Con el bolsillo abarrotado de cartuchos y el fusil de un muerto en la mano, me levanto lentamente sobre las rodillas. Las 17:51 las 17:59…, las 18, abro la boca para grita-. «¡Adelante!», cuando me ciega un fogonazo rojo que me tira al suelo. Tengo atravesada. rodilla derecha, una herida en el vientre y otra en la mejilla. A mi lado, otros caen heridos, muertos…

Argentina en la Guerra

Batalla de Verdún

Pacto de Brest Litovsk