Vida Señores Feudales

Vida de los Señores Feudales Comida, Caza, Religión y Fiestas

VIDA DE LA NOBLEZA EN LA EDAD MEDIA

La vida de la nobleza feudal no era tan idílica como se la describe con frecuencia en las novelas románticas. Aunque, indudablemente, no le faltaba la agitación, era muy fatigosa y la muerte cobraba su tributo a edad temprana. Tras un estudio cuidadoso de los esqueletos medievales, un científico moderno ha calculado que en los tiempos feudales el porcentaje de mortalidad alcanzaba su nivel más alto a la edad de cuarenta y dos años, en tanto que al presente lo alcanza alrededor de los sesenta y dos. Además, las condiciones de vida eran relativamente pobres hasta para los nobles más ricos.

vida de los señores feudales en la edad media

Casi hasta fines del siglo XI el castillo feudal no era sino una fortaleza tosca de madera. Y los grandes castillos de piedra posteriores estaban lejos de ser modelos de comodidad. Las habitaciones eran oscuras y húmedas y las paredes de piedra sin revestimiento resultaban frías y tristes. Hasta que se reanudó el comercio con el Oriente, cuya consecuencia fue la importación de tapices y alfombras, los pisos estaban generalmente cubiertos con juncos o paja, que se renovaban cuando los anteriores eran ya insoportables a causa de la inmundicia dejada por los perros de caza.

La comida del noble y su familia, si bien abundante y sustanciosa, no era muy variada ni apetitosa. Sus componentes principales eran la carne, el pescado, el queso, las coles, los nabos, las zanahorias, las cebollas, los porotos y las arvejas. Las únicas frutas que se podían obtener en abundancia, eran las manzanas y las peras. No se conocían el café y el té, como tampoco las especies hasta que se intensificó el comercio con el Oriente. También se importaba azúcar, pero durante mucho tiempo siguió siendo rara y costosa y hasta se vendía como droga.

Aunque los nobles no trabajaban para ganarse la vida, no pasaban el tiempo en la ociosidad. Los convencionalismos de su sociedad les exigían gran actividad bélica, aventurera y deportiva. No sólo luchaban con pretextos baladíes para apoderarse de los feudos vecinos, sino también por puro amor a la lucha como aventura excitante. Eran tan frecuentes los actos de violencia, que la Iglesia tuvo que intervenir con la Paz de Dios en el siglo X y luego con la Tregua de Dios en el siglo XI.

Mediante la Paz de Dios la Iglesia pronunciaba anatemas solemnes contra quienes realizaban actos de violencia en los lugares destinados al culto, robaban a los pobres o agraviaban a los sacerdotes. Más tarde se extendió esta protección a los comerciantes. La Tregua de Dios prohibía toda clase de lucha desde «la víspera del miércoles hasta el amanecer del lunes» y también desde la Navidad hasta la Epifanía (6 de enero) y durante la mayor parte de la primavera, fines del verano y comienzos del otoño. El propósito de esta última regulación era, evidentemente, proteger a los labradores durante las estaciones de la siembra y la cosecha. La pena que se imponía al noble que violaba esa tregua,  era la excomunión.

Hasta muy entrada la Edad Media, los modales de la aristocracia feudal eran todos menos refinados y suaves. La glotonería constituía un vicio común y las cantidades de vino y cerveza que se consumían en los castillos medievales durante las fiestas causarían vértigo a un bebedor moderno. En las comidas cada cual cortaba la carne con su propio cuchillo y la comía con los dedos. Los huesos y las sobras eran arrojados al suelo, donde se los disputaban los perros siempre presentes. A las mujeres se las trataba con indiferencia y a veces con desprecio y brutalidad, pues aquél era un mundo masculino.

En los siglos XII y XIII, sin embargo, se suavizaron y mejoraron considerablemente los modales de las clases aristocráticas gracias a la aparición de la llamada caballería andante. La caballería era el código social y moral del feudalismo, la encarnación de sus ideales más altos y la expresión de sus virtudes. Los orígenes de este código eran principalmente germanos y cristianos, pero en su desarrollo también desempeñó algún papel la influencia sarracena. El caballero ideal debía ser, no sólo valiente y leal, sino también generoso verídico, respetuoso, bueno con los pobres y desvalidos y desdeñoso de las ventajas injustas y las ganancias sórdidas.

El ideal caballeresco hacía del amor a las mujeres un verdadero culto, con un   ceremonial   complicado   que   el noble debía observar escrupulosamente. Por ello, las mujeres alcanzaron en la última Edad Media una posición social mucho más elevada que en el período anterior. La caballería imponía también a sus miembros la obligación de luchar en defensa de causas nobles. Era su deber especial actuar como campeón de la Iglesia y defender sus intereses con la espada y la lanza.

McNali Burns, Edward. Civilizaciones de Occidente. Buenos Aires, 1968.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1  José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

Biografia de Teodora Emperatriz Sus Cualidades Politicas

BIOGRAFIA DE LA EMPERARIZ TEODORA

Teodora ejerció una notable influencia en el gobierno de su marino Justiniano. La emperatriz demostró poseer destacadas cualidades políticas, a pesar de su odio hacia la aristocracia imperial (una reacción inconsciente, producto de las vivencias de la primera época de su vida).

No sólo poseía ambición y talento políticos, sino también una gran agudeza.

Aportaba además, en los momentos decisivos, la firmeza que le faltaba al emperador.

De esta manera, se convirtió en muchos casos en el principal apoyo del soberano, que prestaba gran atención a sus consejos.

«Ninguno de ellos me produjo nunca a mí ni a la mayoría la impresión de seres humanos, sino de criminales demonios. Se consultaban entre sí cómo poder destruir de la manera más fácil y rápida a los hombres y a sus obras; después tomaban figura humana y visitaban como demonios la totalidad del mundo habitado».

teodora y justiniano

El emperador Justiniano y la emperatriz Teodora. Mosaico de la basílica de Ravena. — Fueron muchas, y admirables las obras llevadas a felicísimo término por César Flavius Justinianus, «Víctor ac Triumphator semper Augustus», nacido —482— en Tauresium (Macedonia), de familia humildísima. Entre ellas: la codificación de las más admirables leyes conocidas, inspiradoras, durante siglos, de la más adelantada legislación europea; la erección de las basílicas deRávenay Constantinopla; la relativa pacificación de su turbulento Imperio; la unificación y reorganización de todas las estructuras religiosas, políticas y culturales del mundo romano. Y cuantos objetivos no lograron conquistar con la espada sus generales, los conquistó él con su talento.

SU BIOGRAFIA:

¿Era una cortesana pública cuyo sólo contacto deshonraba a los bizantinos? ¿Era una comedianta impúdica, hija de un tal Acacio, guardián de las fieras del hipódromo de Constantinopla?.

La crónica licenciosa y secreta de Bizancio la tuvo por tal, con evidente exageración de la realidad; puesto que en una persona de la depravación moral que algunos supusieron en Teodora, no podían florecer la energía, la continencia y la majestad de la futura emperatriz.

Tampoco puede explicarse cómo Tustiniano pudo haber entregado su más noble afecto a una mujer de escándalo y perversión, en la que luego halló el más firme de los apoyos y el más seguro de los refugios.

La crítica histórica moderna admite que la vida juvenil de Teodora no fuera muy ejemplar.

Es seguro que tuvo una hija, y es probable que tuviera un hijo. Pero ha de creerse que supo conservar las apariencias, sin dejarse arrastrar por el infecto lodo de los vicios más asquerosos.

Justiniano, heredero designado de Justino, conoció a Teodora cuando era ya un hombre maduro, en 522. Por aquella fecha la cortesana llevaba una vida retirada, entregada a la meditación de las cuestiones religiosas. Había dejado la escena, quizá a causa de una crisis amorosa.

Su belleza y su penetrante inteligencia cautivaron el corazón de Justiniano, quien se casó con ella en 525. Dos años más tarde, en 527, era coronada emperatriz junto con su esposo.

Jamás mancilló, por lo menos en forma manifiesta, la dignidad del trono imperial. Justiniano alabó siempre su fidelidad y su afecto, y muchas veces la asoció a sus disposiciones imperiales.

En la crisis de enero de 532, cuando la revolución del Hipódromo amenazaba la corona de Justiniano y éste vacilaba y pretendía renunciar a la lucha, fue Teodora la que, con su firmeza, restableció la situación en favor de su esposo.

Desde aquel momento su participación en los negocios públicos fué muy considerable. Justiniano la consultaba con frecuencia y aceptaba sus orientaciones políticas.

En lo único que discreparon fue en los problemas religiosos, ya que Teodora era monofisita y Justiniano un celoso ortodoxo.

Aunque gracias a su intervención los monohsitas lograron algunas ventajas en Oriente, Teoaora no pudo vencer la inquebrantable resolución de Justiniano de alcanzar la unidad religiosa de su Imperio en la ortodoxia y en el acuerdo con el Papado romano.

Murió Teodora en Constantinopla en 548, cuando aun no contaba 50 años.

Su memoria ha sido vinculada estrechamente a la de su esposo, sin que la grandeza de éste haya logrado nunca obscurecer su nombre.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1 José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel
Enciclopedia Temática Famliar Grandes Figuras de la Humaniddad -Justiniano- Ediciones Cadyc