Ambición y Poder de los Papas

Biografia Papa Pablo VI Resumen Obra Pontificia en el Concilio

Biografía Papa Pablo VI – Obra Pontificia

«Habemus papam«,…el viernes, 21 de junio de 1963, a las 11 horas 25 minutos de la mañana, la pantalla de televisión retrataba el penacho de humo, unos segundos vacilante y en seguida decididamente blanco; había un nuevo papa.

Era Giovanni Battista Montini, que se llamaría Pablo VI. Para organizar los datos dispersos de la biografía y estudiar la trayectoria de Montini hay que asentar los reales en Brescia.

Sus padres, Giorgio y Giuditta, vivían en Brescia, pero el niño les nació en la casa de campo, en Concesio, a ocho kilómetros de la capital. Era el 26 de septiembre de 1897. Su padre era un abogado de treinta y siete años, director del periódico católico II Cittadino di Brescia; su madre una frágil y menuda mujer, medio enfermiza. Giovanni nació flacucho y tuvieron que confiarlo a un ama, en el pueblecito de Sacca. Era de natural pacífico, algo concentrado.

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Desde los primeros años de su sacerdocio, el padre Montini, (más tarde Pablo VI) estuvo en contacto con cuanto sucedía en el Vaticano. El hecho de que su padre fuese un periodista destacado relacionado con la política ayudó al sacerdote a comprender los asuntos públicos desde muy joven. Fue subsecretario de Estado de Pío XII y, antes de morir, el Papa lo nombró arzobispo de Milán. Juan XXIII lo incluyó en su primer nombramiento de cardenales. Sucedió a Juan XXIII  y adoptó el nombre de Pablo VI,  continuó trabajando para el concilio durante las tres sesiones siguientes.

El 29 de mayo de 1920 fue ordenado sacerdote en la catedral de Brescia. Inmediatamente después, y por voluntad de su obispo, se trasladó a Roma, para ampliar estudios. Decidió matricularse en filosofía en la universidad Gregoriana e hizo el curso preparatorio en la universidad civil para especializarse en filología clásica; en vísperas de su ordenación sacerdotal había presentado ya una tesis doctoral de derecho canónico en la facultad pontificia de Milán. Por iniciativa de monseñor Pizzardo, sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano, ingresaría en 1921 en la Academia Pontificia de Nobles Eclesiásticos. Esto ponía raíles a su vida sacerdotal. Pensó que es un extraño destino: hacerse sacerdote y acabar en diplomático.

Pronto fue enviado en una misión a Varsovia (Polonia), pero al joven sacerdote el cambio de clima le sienta mal y cae enfermo. Avanza el verano y la salud no mejora; en otoño, por orden de Pizzardo, regresa a Roma. Cumplió otro curso de estudios, 1923-1924, y superados los exámenes entró al servicio regular de la Secretaría de Estado. Para utilizar provechosamente los deseos de trabajo pastoral de su oficinista, monseñor Pizzardo le nombró consiliario de los jóvenes universitarios de la Acción Católica de Roma.

En 1934 dejaría definitivamente a sus jóvenes para entregarse al movimiento de graduados católicos; Montini, absorbido completamente por los trabajos de la Secretaría de Estado, no rompería sus lazos amistosos con nadie. Monseñor Montini pasó luego al servicio exclusivo de la Secretaría de Estado, y esto significó quedarse, por veinte años, sin noticias sobre su existencia.

El 17 de septiembre de 1937, y a propuesta del cardenal Pacelli, secretario de Estado, era nombrado sustituto, pieza clave de Secretaría. Dos veces por semana le recibía el papa, sin contar las llamadas o los encargos urgentes que le enviaría por una secretaría particular. La reuniones eran jornadas metódicas e intensas, que se prolongaban frecuentemente hasta bien entrada la noche. En pocos meses Montini ajustó su paso al estilo del cardenal Pacelli. Éste le confió la ejecución y vigilancia de sus resoluciones. Las tareas discurrieron suaves sobre los raíles de la mutua comprensión.

El 10 de  febrero de 1939 moría Pío XI. Los cardenales reunidos en conclave eligieron nuevo papa a Eugenio Pacelli, Pío XII. Durante la primavera de 1939 en el Vaticano se tuvo que trabajar denodadamente a favor de la paz. Tres días después de la coronación de Pío XII, las tropas alemanas invaden Checoslovaquia y la anexionan al Reich. Animado por el estupor producido en el mundo, Mussolini se apodera de Albania.

Cuando en agosto de 1944 murió el cardenal secretario Maglione, Pío XII no le sustituyó, y prefirió gobernar personalmente, utilizando los servicios de sus dos peones, Tardini y Montini. La figura del papa se agiganta. Recibe una riada constante de visitas, y aprovecha este paso de todas las categorías humanas para adoctrinarles. Montini tuvo que estar en guardia permanente.

Estudió atentamente la figura de Pío XII, analizó sus reacciones y trató de profundizar en los motivos de su conducta. En las maneras de pensar y de hablar sobre temas internacionales, Montini hereda el estilo del papa que fue su maestro a lo largo de estos años intensos. Una lección profunda derivó Montini de las actitudes de Pío XII: su religiosidad, su fervor.

Montini lee y estudia. Fuera de algún viaje rápido, su vida está metódicamente regulada entre los papeles de Secretaría y los libros de su biblioteca. Madruga. A las nueve, acude al despacho, donde permanece hasta las dos o dos y media sin más salida que la hora de audiencia con el papa. Después del almuerzo, un breve descanso y un par de horas de lectura. A las seis de nuevo a la oficina, hasta las nueve. La cena, y casi siempre otro par de horas de trabajo nocturno en el despacho. Prolonga sus lecturas hasta la una y media o las dos de la madrugada. Se acuesta, con el despertador cargado en las siete de la mañana. Cinco horas de sueño que él dice están enriquecidas por el rato de siesta, al que no le gusta renunciar, y por eso aborrece las comidas oficiales.

El 30 de agosto de 1954 murió el cardenal Schuster, arzobispo de Milán; quedaba vacante una de las diócesis más importantes de la iglesia católica. A mediados de octubre era nombrado arzobispo de aquella diócesis Giovanni Battista Montini.

Pío XII moría el 9 de octubre de 1958. Montini tomó el primer avión y se fue a Roma: arrodillado ante el cadáver de Eugenio Pacelli, rezó y lloró. Los milaneses sentían un resquemor contra Pío XII: no había nombrado cardenal a su arzobispo. La verdad es que Pío XII en los últimos años no quiso crear cardenales; su plan de reforma de la Curia fracasó por las resistencias internas, y el papa se retrajo definitivamente.

El 28 de octubre de 1958, Angelo Roncalli era elegido papa. A mitad de noviembre de 1958, Juan XXIII anunció que el 15 de diciembre celebraría consistorio para conferir la púrpura cardenalicia a veintitrés prelados; la lista la encabezaba el arzobispo Montini. Trabajó intensamente en la preparación del concilio ecuménico.

En la primera sesión del Concilio Vaticano II, los cardenales Montini y Suenes entre otros cardenales notaron la necesidad inmediata de una planifícación organizada. Juan XXIII había anticipado sólo la primera sesión y no había previsto la cantidad de trabajo que surgió de ella. Montini y Suenens se dieron cuenta de que los temas y las posiciones eran mucho más complejas y exigían mucho más debate de lo que habían imaginado los organizadores. Se acercaron al Papa y lo convencieron de que adoptara su planificación, al menos en lo esencial. Como luego mostró la historia, los dieciséis documentos relevantes sobre los temas debatidos coincidían con el plan presentado al pontífice.

Juan XXIII murió seis meses después de clausurada la primera sesión del concilio. Dieciocho días después de la muerte del beato Juan XXIII, el 21 de junio de 1963, Giovanni Battista Montini, cardenal de Milán, fue elegido Papa. En su primer mensaje, dijo:

«Dedicaremos la mayor parte de nuestro pontificado a la continuación del Concilio Ecuménico Vaticano II, hacia el que vuelven sus ojos todos los hombres de buena voluntad […]. Queremos consagrar a esta tarea todas las energía que el Señor nos ha dado, para que la Iglesia católica, que brilla en el mundo como estandarte alzado sobre todas las naciones lejanas, pueda atraer hacia ella a todos los hombres por su grandeza, la renovación de sus estructuras y la multiplicidad de sus fuerzas, que proceden de toda tribu, lengua, pueblo y nación».

Así como Juan XXIII fue el padre espiritual del concilio, Pablo VI fue quien lo implemento. Su experiencia como secretario de Pío XII y sus conocimientos de política interna y externa de la Iglesia lo ayudaron mucho durante el pontificado.

Su interés en el desarrollo económico y la política mundial lo impulsó al lanzamiento de la Constitución sobre la Iglesia en el mundo moderno (Gaudium et Spes). Sus dotes como diplomático y administrativo le permitieron agilizar la aprobación de estos documentos. La Iglesia se beneficiaría con un Papa brillante y conocedor de lo que estabapasando.

Los años difíciles vinieron después del concilio. La implementación de los documentos conciliares implicaba gran cantidad de cambios que provocaron un fuerte impacto en todos los católicos. La misa pasó a rezarse en lengua vernácula, con los celebrantes mirando a la feligresía, y se publicó una nueva rúbrica. Miles de sacerdotes, creyendo que obtendrían permiso para casarse, se desilusionaron ante la encíclica Sacerdotalis Celibatus (Celibato sacerdotal) en la cual el Papa se negaba a cambiar esta disposición. En Estados Unidos renunciaron diez mil sacerdotes.

El desafío más difícil de Pablo VI en los años postconciliares fue tomar una decisión con respecto al control de la natalidad artificial. Nombró una comisión para que estudiase el tema. La mayor parte de los integrantes consideró que las pildoras anticonceptivas no eran contrarias a los fines del matrimonio o a las leyes de Dios. El Papa sufrió mucho con la definición de este tema; muchos lo apodaron «Hamlet» según la obra de teatro de Shakespeare, por parecerse al personaje que duda, al que le cuesta tanto decidirse.

Finalmente se decidió por la posición contraria a los estudios del comité, y publicó la encíclica Humanae Vitae. La reacción negativa de un gran número de teólogos, el apoyo ambiguo de los obispos y la resistencia de los laicos, especialmente en Europa y Norteamérica, fue un serio impedimento que debió enfrentar durante el resto de su papado. Sin embargo, otros señalaron la sabiduría pastoral de la encíclica y criticaron la «mentalidad anticonceptiva».

Durante los primeros años después del concilio hubo una cierta euforia que llevó a algunas personas a pensar que la mayor parte de las tradiciones desaparecerían, incluso algunas verdades perennes de la tradición católica. Se creó una confusión con respecto a la doctrina básica y a la disciplina fundamental. Pablo VI respondió a esta mentalidad con una reafirmación de la fe católica en el Credo de Pablo VI.

Luego, dio a conocer Mysterium Fidei (Misterio de fe) para aclarar y corregir temas puntuales de doctrina, especialmente en relación con la Eucaristía, que no estaban claros en el popular Catecismo holandés.

Pablo VI enfrentó la durísima tarea de mantener unida a la Iglesia después del Concilio. La sobrellevó teniendo un criterio amplio; con paciencia, calma, fe, iluminando con inteligencia lo que debía entenderse y dirigiéndose pacíficamente a los opositores, y si creía que era necesario, sufriendo en silencio.

 Inauguró un estilo de liderazgo papal, imitado por Juan Pablo II, de «Papa viajero». Fue a Manila, África y Jerusalén. El abrazo con el patriarca Atenágoras simbolizó el deseo de los católicos por reunirse nuevamente con los ortodoxos. Presidió el Año Santo de 1975, con millones de peregrinos que visitaron Roma. Piloteó la Iglesia por aguas turbulentas y la condujo a un curso seguro. Realizó uno de los mejores papados de la historia.

En 1968 asistió al XXIX Congreso Eucarístico Internacional de Bogotá, y en 1969 visitó Kampala (Uganda) y la sede de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra.

Su primera encíclica es la más representativa de su pensamiento; en Ecclesiam suam (1964) trata de la conciencia que la Iglesia debe tener de su misión, de su reforma y del diálogo con el mundo. La Populorum progressio (1967) examina los problemas actuales del desarrollo de las naciones más pobres. La más controvertida, y la última de las encíclicas de Pablo VI, la Humánete vitae, reafirma la doctrina establecida sobre el control de natalidad.

Cuando pronunció el primer discurso a los cardenales, antes de leer el texto oficial, les dirigió unas palabras en tono de confidencia: pedía su comprensión y su apoyo, «él, que tiene conciencia de sus propias limitaciones hasta el sufrimiento».

Es la angustia de Pablo VI, sus dudas y sus temores; su valentía y su miedo; su diplomacia y su corazón de pastor; su modernidad y sus esquemas tradicionales.

Pablo VI, el papa de la fidelidad, un hombre angustiado, murió en Cas-telgandolfo en el mes de agosto de 1978.

Ver: Biografia de Giovanni Battista

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo IV- Entrada: Papa Pablo VI  “el papa del postconcilio” – Editorial Planeta
Hitos en la Historia de la Iglesia Editorial Lumen de Alfred McBride
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

Biografia del Papa Pio XII Resumen de su Vida y Pontificado

Biografía del Papa Pío XII
Resumen de su Pontificado

Eugenio María Giovanni Pacelli (1876-1958) nació en Roma, el 2 de marzo de 1876, en el seno de una familia dedicada al servicio papa.Fue elegido papa Nº 260, cabeza visible de la Iglesia católica, desde el 2 de marzo de 1939 hasta su muerte en 1958. Antes de su elección al papado, Pacelli se desenvolvió como secretario de la Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, desde donde pudo alcanzar la conclusión de varios concordatos internacionales con estados europeos y americanos.Falleció el 9 de octubre de 1958, en su residencia de Castelgandolfo,

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A los pocos meses de nacer , su madre fallece, su  padre, Filippo Pacelli, fue decano del Colegio de Abogados, quien cuidó de sus cuatro hijos. En su ciudad natal, Eugenio hizo sus primeros estudios, para los que demostró poseer singulares condiciones, al tiempo que una madurez impropia de su edad, y desde niño se supo llamado por el Señor al sacerdocio.

Después de asistir a varias escuelas elementales, prosiguió sus estudios entre 1885 y 1893 en el Collegio Romano. La vocación sacerdotal ya latente desde los primeros años de adolescencia se consolidó en la paz secular de la basílica de Santa Inés, donde se había retirado a reflexionar durante el mes de agosto de 1894; su carácter le empujaba a encontrarse en la soledad con su propia conciencia. Comunicó la decisión a sus padres, y en los primeros días de octubre de aquel mismo año ingresaba en el Collegio Capranica.

En 1895 se inscribía en la facultad de filosofía y letras de la universidad de Roma, prosiguiendo al mismo tiempo sus estudios teológicos. Fue ordenado sarcedote el día de Pascua, 2 de abril de 1899, en la basílica de San Juan de Letrán, y celebraba su primera misa en la capilla Borghese de la basílica de Santa María la Mayor.

En 1901 ingresó en los servicios subalternos de la Secretaría de Estado del Vaticano y pronto fue nombrado minutante, cargo importante y de gran responsabilidad; el minutante prepara los esquemas de documentos para someter al examen del papa y los tiene que estudiar hasta su última redacción.

El 7 de marzo de 1911 era nombrado por Pío X secretario adjunto de la Congregación para los Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios. A principios de 1917, Benedicto XV, reemplazo de Pio X,  nombraba a Eugenio Pacelli nuncio apostólico de Munich, en Baviera, donde Pacelli desempeñó un papel esencial en las relaciones entre Roma y el gobierno alemán.

El 22 de junio de 1920, aún conservando su título de nuncio en Baviera, monseñor Pacelli fue nombrado nuncio en Alemania. Ocho días después presentaba sus cartas credenciales al presidente Eber: era el primer nuncio apostólico en Alemania. Su gestión diplomática desembocaría en un nuevo éxito: el 29 de marzo de 1924, el Parlamento bávaro aceptaba el concordato con la Santa Sede.

El 16 de diciembre de 1929, Pío XI, que había sucedido a Benedicto XV, le nombraba cardenal. Dos meses más tarde era designado secretario de Estado; así reemplazaba a su ya anciano y antiguo superior, el cardenal Gasparri, que había firmado poco antes la reconciliación entre Italia y el Vaticano.

El 10 de febrero de 1939 moría Pío XI. El conclave se reunía el 1 de marzo. El día 2, el mundo cristiano tenía su nuevo papa y Roma su obispo: Eugenio Pacelli; decidió llamarse Pío XII. Roma estuvo satisfecha de que uno de sus hijos llegara a papa; el último papa romano había sido Inocencio XIII, elegido en 1721.

Los primeros años del pontificado de Pío XII fueron tristes y angustiosos. Vivía los acontecimientos intensamente, e intensamente los sufría. Quería ser un padre para todos. Quiso proteger indiscriminadamente a los perseguidos, a los prisioneros evadidos que encontraron refugio en el Vaticano, a los condenados políticos.

Parecía siempre dispuesto a comprender y a perdonar. Pero cuando un día Roma fue amenazada de ser evacuada, cuando el espectro de la deportación se abatió sobre sus conciudadanos, el papa Pacelli se llenó de indignación, con una majestad casi orgullosa de su cargo, y asumió por primera vez el tono de juez severo, repetido en dos ocasiones más: en julio de 1943 cuando Roma fue bombardeada y en las Navidades de 1956, luego de los hechos de Hungría.

El 9 de mayo de 1945, Pío XII pronunciaba su primer discurso después de la contienda mundial con palabras de paz y de perdón; y lo terminaba así: «Ahora se trata de reconstruir el mundo.»

Como si preparase algunas de las reformas que impondría el Concilio Vaticano II, mandó adecuar los horarios de las misas a las necesidades del mundo del trabajo, redujo el tiempo de ayuno observado hasta entonces antes de recibir la sagrada comunión y el 1º de noviembre de 1950 dio al mundo católico la alegría de promulgar el dogma de la Asunción de María, un acto de amor en quien rezaba diariamente el santo rosario.

Creó cincuenta y seis nuevos cardenales, muchos de ellos no italianos, y canonizó a treinta y tres nuevos santos, San Pío X entre ellos. Además, precisó el concepto de culpa colectiva, se pronunció sobre la inseminación artificial y se ocupó muy prioritariamente de la enseñanza social de la Iglesia, ajustándola a las nuevas condiciones de  mundo laboral.

Nadie olvida que su testimonio de caridad y de santidad estuvo en el origen de conversiones, como la del gran rabino de Roma, Zolli. quien quiso tomar su nombre al bautizarse: Eugenio.

Su pontificado, plausible por todos y por tantas causas, tuvo y sigue teniendo muchos detractores, ya que mientras es considerado por la mayoría de los católicos que vivieron su tiempo como el Papa de la paz, no faltan quienes lo acusen de haber colaborado con el horror nazi.

Pío XII en septiembre de 1939, aunque sin hablar de agresión injusta, manifestó claramente su solidaridad con Polonia, invadida por los alemanes; en mayo del año siguiente envió a los reyes de Bélgica, Luxemburgo y Holanda tres telegramas en los que condenaba con duros términos la injusticia cometida. Después de esto Pacelli se encerró sustancialmente en el silencio, juzgando que cualquier protesta ulterior sería superflua y hasta contraproducente.

Apenas elegido papa, consultó con los cardenales alemanes presentes en el conclave y, de acuerdo con ellos, intentó un acercamiento distensivo con una carta personal a Hitler, que no tuvo una gran eficacia. La guerra no hizo más que agudizar la tensión entre el Vaticano y el Reich. Pío XII, tras haber protestado más o menos explícitamente contra las primeras agresiones realizadas por Alemania.

Pío XII utilizó las encíclicas más que otro medio, aparte de sus innumerables discursos, para expresar su pensamiento político. Ya en el primero de estos escritos, la encíclica Summi Pontificatus, de 20 de octubre, el papa condenó ciertos principios de política y de gobierno que se afincaban entonces en Europa y que, según él, acarrearían males inmensos a la humanidad.

Refiriéndose a la próxima organización mundial que se tenía que concretar con la creación de la ONU, el papa Pacelli insistía en un mensaje de 1944 sobre la unidad del género humano. «Del reconocimiento de este principio depende el futuro de la paz», advertía.

Excluido efectivamente de la reorganización del mundo, el papa quiso actuar de manera directa sobre la conciencia de los hombres. La reconciliación entre los estados se preveía imposible, y él quiso provocar la reconciliación de los espíritus. Fue el gran principio que dominó el curso del Año Santo de 1950.

Pío XII no se hizo jamás ilusiones sobre las aspiraciones pacíficas proclamadas por la Unión Soviética; desconfiaba de los rusos cada vez que pronunciaban la palabra paz. Cuando se convocó la conferencia de Ginebra de 1955, el papa dejó entrever sus recelos y su escepticismo.

De entre sus numerosos documentos, acaso quepa destacar: la Summi Pontíficatus, de 1939, sobre la decadencia moral en la humanidad; Divino afflante Spiritu, de 1943, sobre los estudios bíblicos; Mystici corporis Christi, del mismo año, sobre la naturaleza de la Iglesia; Mediator Dei et hominum, de 1947, sobre la liturgia; Munificentissimus Deus, de 1950, sobre el dogma de la Asunción de María; Fidei Donum, de 1957, sobre las misiones, y Miranda prorsus, de 1957, sobre los medios audiovisuales.

En los últimos años de su pontificado permanecía casi constantemente en su mesa de trabajo, sólo abandonada con ocasión de algunas ceremonias y audiencias; meditaba y escribía las enseñanzas con que nutría sus discursos y documentos.

Desde 1954 su salud se resintió notablemente. A lo largo de los años siguientes —los más oscuros y extraños de su pontificado—, sufrió en la soledad angustiosa y en un aislamiento inexplicable.

El 9 de octubre de 1958, en su residencia de Castelgandolfo, murió un gran Papa a quien correspondió gobernar la Iglesia en los años más dramáticos del siglo, los de la Segunda Guerra Mundial, tras haber vivido los horrores de la Primera. Fueron muchos los judíos ilustres e incontables los miembros de otras religiones que manifestaron su sincero dolor por la muerte del papa Pacelli.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: PIO XII “un heraldo de la paz entre luces y sombras” – Editorial Planeta
Historia de los Papas – Desde San Pedro a Francisco I – Editorial LIBSA Luis Tomás Melgar-Gil
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

 

Biografia Papa Pio X Resumen de su Obra Pontificia Caracteristicas

Biografía Papa Pio X – Resumen de su Pontificado

Papa Pío X ( Riese, 2 de junio de 1835-Roma, 20 de agosto de 19141​), de nombre Giuseppe Melchiorre Sarto  fue el 257.º papa de la Iglesia católica entre 1903 y 1914.

Segundo hijo de los diez que tuvo el matrimonio de Giovanni Battista Sarto (1792-1852), de profesión cartero, y Margarita Sansoni, costurera (1813-1894). Fue bautizado el 3 de junio de 1835.

Sus padres, si bien eran humildes, valoraban la instrucción. Muy estudioso desde niño, desde tan temprana edad sintió la llamada sacerdotal, por lo que a los quince años ingresó en el seminario de Padua y fue ordenado sacerdote en 1858. En su primera labor pastoral se hizo notar por su gran caridad para con los necesitados y por el ardor de sus homilías, que le valieron no pocas conversiones.

Papa Pio X Biografia

Se cuenta que cuando se iba a producir la tercera votación los rostros de la mayoría de los cardenales se volvieron hacia él, en clara muestra de sus intenciones, el cardenal Sarto rompió a llorar en inútil ruego de que olvidasen como posible elegido a «este sencillo cardenal rural», como a sí mismo gustaba definirse. Cuando, tras la votación, se supo elegido aceptó la designación con la misma sencillez y docilidad que presidió toda su vida, y dijo: «Acepto el pontificado como una cruz, y porque los papas que han sufrido por la Iglesia en los últimos tiempos se llamaron Pío, tomo ese nombre». Fue declarado beato el 3 de junio de 195112​ y canonizado el 3 de septiembre de 1954, por Pío XII en ambas ocasiones

BIOGRAFÍA: Giuseppe Melchiorre Sarto nació en Riese (Italia) en el seno de una familia pobre, humilde y numerosa el 2 de junio de 1835. hizo sus estudios en Padua y fue ordenado sacerdote en 1858. Desarrolló siempre su ministerio sacerdotal en medio del pueblo; fue vicario en Tombolo, párroco de Salzano (1867), canónigo y canciller de Treviso (1875); en 1884 fue nombrado obispo de Mantua, hasta que se trasladó como patriarca de Venecia, creado cardenal en 1893.

El futuro papa desarrolló su misión pastoral, como sacerdote y obispo, con unos objetivos muy claros desde el punto de vista de una evangelización más acorde con el estilo apostólico. A pesar de todo tuvo que pagar un caro tributo a su época, tiempo de efervescencias doctrinales y políticas, sobre las cuales una vez papa tendría que tomar posiciones que acentuarían sin duda el verdadero carácter de su personalidad como hombre y como obispo de la Iglesia romana.

En el conclave de 1903 fue elegido sucesor de León XIII, al haber usado Austria el veto contra el cardenal Rampolla, que parecía ser el candidato con más posibilidades. En su primer documento pontificio, la encíclica El Supremo del 4 de octubre de 1903, el papa Sarto expuso la idea que había de guiar su actuación: «Restaurar todas las cosas en Cristo.»

Después, cuando fue coronado, anunció todo su programa pontifical en una frase: «¡Omnia instaurare in Christo!» («Todo lo instauraré en Cristo»),el programa de un buen pastor: alimentar, guiar y custodiar al rebaño que el Señor le había encomendado y buscar amorosamente las ovejas perdidas.

En 1904, apenas elegido, condenó explícitamente toda forma de veto en la elección del papa por parte de las potencias católicas. Era un acto muy importante no sólo por su intención inmediata, sino por su más amplio significado; así prohibía bajo pena de excomunión cualquier intento de impedir el nombramiento de un candidato a la tiara pontificia.

Durante su pontificado introduciría múltiples reformas en la vida interior de la Iglesia. En el clero se experimentaba una neta mejoría. Como consecuencia del cambio de estructuras sociales (abolición del mayorazgo), desaparecen muchas vocaciones interesadas, típicas del antiguo régimen, y poco a poco va disminuyendo el número de los sacerdotes «de misa y olla», ajenos al trabajo pastoral y ocupados como preceptores de familias o sin ocupación alguna.

En el orden legislativo, el papa iniciaría una labor sustancial, aunque la historia le podrá reprochar desaciertos notables de enfoque y de formulaciones; encomendó la refundición del derecho canónico, emprendida bajo la dirección del cardenal Gasparri, y que dio lugar —tras la muerte del pontífice— a la publicación del Código de derecho canónico (1917). En 1908, por medio de una constitución apostólica, promovía una profunda modificación y reforma en los cuadros administrativos eclesiásticos, y particularmente de la Curia romana.

La liturgia de la Iglesia bajo su pontificado conseguiría unas reformas que ahora aparecen como muy moderadas y casi superficiales, pero que en aquel momento supusieron un esfuerzo purificador y un notable estímulo para desarrollar una serie de posibilidades, aunque fuera dentro de un marco muy precisado y concreto.

Los documentos que jalonarían esa reforma litúrgica van desde el motu propio del 22 de noviembre de 1903 —referente al canto en el culto— hasta la constitución Divino afflatu de 1911, en que se reformaba y aligeraba la oración pública de la Iglesia y el calendario de los santos.

La trayectoria pastoral de Giuseppe Sarto, sacerdote y obispo, había sido acentuadamente desarrollada bajo el signo de una renovación espiritual muy sincera, aunque con un acusado y creciente sello reaccionario. Al ser elevado al solio pontificio, estuvo, quizá muy a pesar suyo, estrechamente condicionado por las pasiones políticas y doctrinales de su época. Todas las decisiones que en los años de pontificado tendría que tomar, sin duda estarían marcadas y presionadas por el espíritu polémico e integrista de muchos de sus principales colaboradores.

En 1904 durante su pontificado, Francia denunciaba el concordato y presentaba el proyecto de ley sobre la separación entre la Iglesia y el estado. La ley fue promulgada el 9 de diciembre de 1905. El estado ya no daría a la Iglesia las pensiones pagadas hasta el momento a título de compensación por cuanto se le había confiscado; los bienes eclesiásticos en parte habían sido expropiados, en parte pasaban a ser administrados por «asociaciones culturales» formadas fundamentalmente por laicos y controladas sustancialmente por ellos.

Pio X replica esta actitud con la publicación de la encíclica Vehementer del 11 de febrero de 1906.

Por lo que se refiere a Italia, Pío X heredaba de sus predecesores todo el lastre polémico aún vivo sobre la cuestión romana y la actitud de los cristianos frente al nuevo estado italiano. Seguía, entretanto, en pie la directriz vaticana de abstenerse en las elecciones políticas. La abstención, de cuya validez dudaba hasta el mismo pontífice, como demuestran las reiteradas consultas privadas que hizo a los católicos más caracterizados, laicos y clérigos, provocaba fuertes polémicas entre intransigentes y moderados, acabando por dividir a los católicos en dos bloques enfrentados.

Su amor a la Eucaristía le llevó a autorizar la comunión diaria a todos los fieles y a permitir que los niños pudiesen recibir el santísimo sacramento a partir de los siete años de edad. La razón para ello la dejó explícita en estas palabras:

«La finalidad primera de la santa Eucaristía no es garantizar el honor y la reverencia debidos al Señor, ni premiar a la virtud, sino que los fieles, unidos a Dios por la comunión, puedan encontrar en ella fuerza para vencer las pasiones carnales, purificarse de los pecados cotidianos y evitar las caídas a que está sujeta la fragilidad humana».

Para mejor difundir el Evangelio dio un gran impulso a la actividad misionera, incentivó la creación de seminarios regionales, encomendó la revisión de la Vulgata a los benedictinos, fundó el Pontificio Instituto Bíblico en Roma y comenzó la publicación de la Acta Apostolicae Sedis, que, desde 1909, es la publicación oficial en que se recogen los documentos pontificios.

Como preparación para la celebración del cincuenta aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de María, San Pío X publicó la encíclica Ad díem illum, todo un canto de amor a la Virgen.

Murió el 20 de agosto de 1914. Bromeando, cuando oía decir de él que era un Papa santo, solía comentar: «No santo, Sarto, Sarto», pero ya en vida se le atribuyeron muchos milagros, y el 14 de febrero de 1923 Pío XI introdujo su causa de beatificación, que culminó Pío XII el 12 de febrero de 1951, para proclamarle santo el 29 de mayo de 1954. Había que remontarse hasta 1572 para encontrar el último pontífice proclamado santo: San PíoV

Ver: Biografia de PIO XII

Ver: Biografia de Giovanni Battista

Fuente Consultada:
Historia de los Papas Desde San Pedro a Francisco I – Entrada: Papa Pio X – Editorial LIBSA
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Papa Pio X “El Papa Antimodernista” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

Que es un santo? Que es beatificar? Canonizar? Porque es un santo?

¿Qué es un santo y Que es beatificar?

Se han realizado muchas definiciones de lo que es un santo o una santa, indudablemente cada religión tiene diferentes matices para apreciar ese concepto de santidad. Dentro del cristianismo un santo o santa sería aquella persona que ha seguido seriamente los evangelios, buscando el camino de la verdad en Dios. Pero al margen de ello, un santo o santa es, ante todo, un modelo para todo cristiano, ya que son testimonio de la santidad de Dios y de Jesucristo.

imagenes de santos

El santo es alguien que, al margen de realizar milagros o estar rodeado de prodigios, hace patente con sus palabras y sus obras el evangelio de la santidad. Así, cuando hablamos de santos, nos estamos refiriendo, a todos aquellos cristianos que siguieron seriamente el evangelio y que han sido propuestos por la Iglesia como modelos a seguir, así como patronos e intercesores ante Dios.

 Los santos son, asimismo, todos aquellos que aparecen en el calendario de la Iglesia universal, en los calendarios nacionales, diocesanos y de institutos religiosos; en fin, todos aquellos que están registrados en el Martirologio y son venerados en la Liturgia años tras año.

En lo que respecta al cristianismo, la Iglesia cristiana ha puesto especial énfasis en destacar que los santos no sólo son esas estatuas que aparecen en miles de capillas por todo el mundo. Un santo es algo más que una estatua, de lo contrario estaríamos hablando de ídolos. La estatua es la representación de un hombre una mujer que vivió y se entregó, en una parte importante de su vida, al cristianismo, en ocasiones dando la vida por él. Por este motivo la Iglesia los venera y les da culto, ya que reconoce en ellos la presencia de Dios.

Pese a la gran leyenda irremediable que arrastran muchos santos, hay que considerar que no fueron inventados, y que fueron descubiertos y, como veremos en el proceso de canonización, ampliamente investigados.

Los santos del cristianismo datan casi desde los comienzos de esta religión, ya que empezaron a venerarse públicamente en el siglo II. Todo parece indicar que su origen data de las primeras tumbas de los mártires, ya que estos habían derramado su sangre por Dios y Cristo, y por tanto Dios y Cristo, podían interceder desde el cielo a todos aquellos que los veneraban, los invocaban o rezaban ante sus tumbas. Por esta razón se buscó un día de celebración, y este día se consideró el dies natalis o nacimiento al cielo del mártir, fecha en la que se hacia el ofrecimiento del sacrificio eucarístico.

Como ejemplo del desarrollo anterior, tenemos el caso claro de san Policarpio, del que se sabe que los cristianos de Esmirna se reunieron en torno a su tumba para recoger sus huesos y colocarlos en un lugar seguro, con la intención de volverlos a juntar para celebrar el aniversario de su martirio y realizar un ágape juntos.

Con el tiempo, de la memoria y veneración se fue pasando a la oración pública de los santos y a creer en su intercesión ante todo aquello que se le solicitaba. Fue en el siglo Iv cuando se extendió la veneración y culto de los mártires en todas las Iglesias. En este mismo siglo se extendió el mismo culto y veneración a las vírgenes y confesores. Las vírgenes fueron consideradas como Vírgenes del Señor, ya que con el sacrificio de su vida habían emulado a los martires y además porque son como la esposa virginal de Cristo. Los confesores son aquellos que habían confesado públicamente su fe, pero no sufrieron tormentos ni dieron su vida como los mártires. Sin embargo, están equiparados a los mártires.

Del concepto de santo dos aspectos destacan como importantes. El primero que los santos pueden interceder por las personas, aunque su intercesión nunca remplazará la oración directa a Dios. Pero Dios ha constituido una gran familia en la que cada miembro hace el bien a su prójimo. Evidentemente los bienes proceden de Dios pero los santos los comparten.

Otro aspecto destacado es el concepto de que los santos son modelos a imitar, tanto en su virtud heroica como en sus actos. Los santos, por su parte, enseñan a interpretar el evangelio.

Otro aspecto que los santos y santas siempre han demostrado es su espíritu de sacrificio hacia los demás y especialmente su amor desinteresado hacia los seres que les rodean. La historia de los santos está repleta de ejemplos en los que se demuestra un gran amor a los pobres y a los enfermos, un amor tan desinteresado que en muchos casos ha originado que el santo o la santa se desprendiese de sus bienes más queridos para ayudar al pobre, para construir hospitales. El cuidado a los enfermos ha sido de una tal entrega que en muchos casos ha puesto en peligro la salud del santo o la santa, e incluso los hay que han perdido la vida por atender a moribundos con enfermedades contagiosas.

No cabe duda de que en muchos casos se ha exagerado su leyenda e incluso sus milagros, pero también en otros muchos casos, los santos y las santas han demostrado ser queridos y amados por la gente que ha compartido sus vidas con ellos, gente sencilla, gente de pueblos que han recibido directamente de estos seres su ayuda, su consejo, su amor y sus cuidados.

Tal vez el santo o la santa se caracterizan por el hecho de que primero ha sido su amor, su ayuda o sus cuidados a los necesitados antes que cualquier intento de evangelización. Ejemplo de casos así han sido, por citar uno reciente, el de la Madre Teresa de Calcuta, que nunca se preguntó si aquel enfermo o aquel necesitado que acudía solicitando ayuda, era o no cristiano. Podía ser hindú, budista, etc., pero lo importante era, ante todo, el amor a otro ser humano por encima de cualquier condición o religión, ya que de la misma manera que «un santo es un santo para todo el mundo», como se señala en el epígrafe de este capítulo, también cualquier camino místico o religioso, sea de la religión que sea, lleva a Dios.

Biografía del Nuevo Papa Americano: Padre Jorge Mario Bergoglio

Fuente Consultada: Los Santos Que Nos Protegen Bornos-Prim

Proceso a Juana de Arco Historia La Justicia Divina en la Edad Media

El PROCESO A JUANA DE ARCO

 Uno de los, 50 sacerdotes integrantes del tribunal preguntó a la acusada:

—¿Sabéis si estáis en gracia de Dios? —Pregunta harto grave le hacéis —intervino otro de los jurados—. No es necesario que la responda. La acusada, de pie, vistiendo ropas de hombre que habían causado expresiones de repudio cuando entró a una de las estancias del castillo de Rúan, con su rostro pálido y desencajado después de prolongado encierro y aherrojada bajo la mirada y las burlas de soeces soldados, miró a su interrogador y repuso serenamente: —Si no estoy en gracia de Dios, ruego al Señor que me la conceda; si ya la tengo, que Dios me la conserve.

Proceso a Juana de Arco Historia La Justicia Divina en la Edad MediaEsta era la única respuesta que podía dar, porque si reconocía no estar en gracia de Dios, se condenaba ella misma con su afirmación; pero si decía estar en gracia de Dios cometía una grave falta como cristiana.

En esta forma habilidosa se completó el quinto día de interrogatorios en el proceso eclesiástico seguido contra Juana, nacida en la aldea de Domrémy, en Lorena, Francia, alrededor de 1412.

Hasta hoy, la polémica en torno a este juicio saca a relucir nuevos antecedentes, demostrando que hubo serias irregularidades, siendo la primera de ellas la incompetencia del obispo de Beauvais, Fierre Cauchen, que presidió el tribunal, de quien algunos historiadores afirman que estaba a sueldo de los ingleses y que aspiraba a obtener el rico arzobispado de Rúan, vacante en esa época.

Desde muy joven Juana comenzó a escuchar «voces», según ella, pertenecientes a San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita, que le ordenaban acudiera en auxilio del Delfín Carlos de Valois, quien había sido despojado de su trono en Francia por los ingleses en el curso de la llamada guerra de los Cien Años.

Roberto de Baudricourt, jefe de la defensa en Vaucouleurs, autorizó finalmente a Juana para que en 1429 pudiera salir de Domrémy hacia Chinon, donde fue recibida por el Delfín. Persuadió a éste para que le entregara el mando de algunas tropas, liberó Orleáns, despertó un acendrado patriotismo y espíritu de lucha en sus soldados, al mismo tiempo que algunos de los consejeros del Delfín comenzaban a ver en esa osada y combativa muchacha analfabeta, un peligro para sus privilegios ante el futuro rey.

Una nueva y decisiva victoria de Juana en Patay hizo posible la entrada del Delfín a Reims, donde fue coronado a instancias de la Doncella de Orleáns. Fracasado su intento de apoderarse de París, Juana condujo sus huestes a Compiegne, pero fue hecha prisionera por los borgoñones, los que finalmente la vendieron a los ingleses.

El duque de Bedford, en carta enviada a Pierre Canchón haciéndole transferencia de la prisionera decía: «Sin embargo, es nuestra intención recuperar y encarcelar de nuevo a dicha Jttana, si no resultase culpable…» Las irregularidades del juicio comienzan por la jurisdicción de Beauvais, a la que ella no pertenecía. Además, un alto tribunal eclesiástico de Poitiers, presidido por el Arzobispo Regnault, la había absuelto un año antes, quedando libre de toda sospecha de tener tratos con el demonio, y era el mismo arzobispo el que daba fe de la piedad y la honradez de, la Doncella.

Después de cinco días de interrogatorio capcioso y solapado, las respuestas de Juana continuaron siendo claras y categóricas en apoyo de su inocencia. —¿Las santas que decís que se os aparecían, tenían cabellos? —Es un consuelo saber lo que tienen. —¿Iba San Miguel desnudo? —¿Creéis que Dios no tiene con qué vestirlo? —¿Hablaba Santa Margarita en inglés? —¿Por qué tenía que hablar en inglés st no está 4l latió de tos ingleses? La principal preocupación del tribunal perseguía obligar a Juana a declarar cuáles eran las revelaciones que había recibido de los santos y que sólo había confiado al Delfín Carlos. Cada vez que la interrogaban sobre el tema, ella respondía: —En Chinon y Poitiers uti trihnnal eclesiástico me examinó durante tres semanas. Pedid su atestado a Poitiers.

Con pertinacia Cauchon volvía a preguntarle sobre las voces que la Doncella debía haber escuchado y las respuestas no variaban: —¿Creen firmemente vuestros seguidores que os ha enviado Dios? —No sé si lo creen; id y preguntádselo.

En cuanto a mí, puedo aseguraros que es Dios quien me envía. El Domingo de Pasión, 18 de marzo de 1431, terminó la investigación privada y se leyeron 70 cargos contra Juana, entre los que había tergiversaciones de sus palabras y se hacía aparecer como demonios a los santos que ella invocaba como hablándoles en sus visiones. Se emplearon dos días en leer estas acusaciones, entre las que se incluían rumores, mentiras y falsedades: «Dicha acusada… ha ejecutado, compuesto y ordenado muchos hechizos y conjuros; ha sido divinizada, permitiendo que la adorasen y la venerasen; ha invocado demonios y espíritus malignos, los ha consultado y los ha frecuentado…»

Juana rechazó estas acusaciones, mantuvo su negativa, aunque fue llevada a la sala de los tormentos y amenazada de ser sometida al potro y las demás torturas que  eran habituales en la ¿poca y cometió un error que el obispo Canchón aprovecho cuando ella negó autoridad al tribunal que este presidía para llevar adelante el juicio.

Las setenta acusaciones quedaron reducidas a doce. Exhausta después de un año de prisión y de prolongados interrogatorios. Juana enfermó gravemente y los ingleses temieron que muriera sin ser ejecutada. Apenas repuesta, Cauchon preparó una escena digna de sus propósitos y obligó a Juana a acatar la autoridad de la Iglesia y a retractarse de sus anteriores declaraciones.

Con esto, Cauchon apaciguó a la Iglesia y a los soldados y al pueblo que todavía amaban a Juana, pero prosiguió en sus maquinaciones, haciéndola caer en perjurio, ya que los guardias le quitaron las ropas femeninas que había aceptado vestir, y le dejaron solamente ropas de hombre, que debió usar para cubrir su desnudez.

Condenada por este delito, fue entregada al «brazo secular», la justicia civil, y llevada a la hoguera el 30 de mayo de 1431, día en que murió pronunciando el nombre de Jesús, no sin antes decir que perdonaba a quienes le habían hecho daño, así como también pedía que la perdonaran.

Procesos Polemicos de la Historia Proceso a Jesus Poncio Pilatos

Procesos Polemicos de la Historia
Proceso a Jesús de Poncio Pilatos

PROCESO A JESÚS Jesús de Nazaret, hijo de José el carpintero y de María, nació probablemente entre los años 8 y 4 antes de Cristo, cuando el pueblo hebreo estaba sometido al dominio romano. La casa de Herodes reliaba en Judea, y a juicio de la mayoría de los historiadores de la época la administración estaba corrompida y eran los fariseos y los escribas los encargados de aplicar a ley mosaica.

Procesos Polemicos de la Historia Proceso a Jesus Poncio PilatosEl pueblo hebreo esperaba la llegada del Mesías, aquel elegido de Dios que junto con poner fin al dominio romano le volvería a los judíos su condición de privilegio asegurada en su acto con Jehová o Jahveh.

Alrededor del año 30 de la era cristiana, Juan el Bautista, un predicador ascético, conmovió a los senillos habitantes del valle del río Jordán, llamando al arrepentimiento por los pecados cometidos anunciando la próxima llegada el Mesías.

Entre los numerosos bautizados, se contó su primo Jesús de Nazaret, quien luego de la ceremonia se retiró a la meditación, iniciando poco después su misión de tres años. Sus poderes extraordinarios, su lenguaje senillo y sus hermosas parábolas, sin  pedantería de los doctores de la y, atrajeron a grandes multitudes alrededor suyo.

Viviendo de acuerdo con los principios de humildad, pobreza y virtud que predicaba, enunciando con valentía la hipocresía de los fariseos y los escribas, uniéndose a los pobres y a los oprimidos, tuvo junto a él a la gran mayoría del pueblo hebreo. Al finalizar el tercer año de su prédica, Jesús fue con sus discípulos a Jerusalén para asistir a la fiesta de la Dedicación, que corresponde a la independencia de Israel.

Su entrada a la gran ciudad constituyó una expresión multitudinaria de afecto popular, que no dejó de alarmar a Herodes, a los fariseos y a los escribas. Su arresto de indignación cuando expulsó a los mercaderes del Templo fue la gota de agua que colmó a la camarilla judía gobernante y se tomó la decisión de eliminar a este hombre demasiado peligroso, demasiado popular y con características de líder. Los sacerdotes sobornaron a uno de los discípulos de Jesús, el príncipe Judas Iscariote, para que facilitara el arresto del Maestro, sin que se diera ocasión a una resistencia de parte de sus seguidores.

La noche del arresto Jesús había cenado con sus discípulos y, según los Evangelios, anunciado cuanto le ocurriría en las próximas 72 horas. Retirado en el huerto deGetsemaní, donde estaba orando, fue rodeado por tropas romanas y Judas cumplió su misión de indicar a los legionarios cuál era el hombre a quien debían conducir prisionero.

El juicio tuvo lugar en la casa de Caifas, jefe del sanedrín, la corte eclesiástica que imponía el respeto a las leyes judías y el castigo de sus ofensores. Sometido a interrogatorio, se proclamó el Mesías e Hijo de Dios, lo que constituía el deliro de blasfemia, castigado con la pena de muerte.

Sin embargo, el dominio romano impedía a los judíos aplicar esta sanción extrema y sólo podía hacerse con el beneplácito del gobernador , que en esa época era el cónsul Poncio Pilato. Los acusadores tergiversaron las expresiones de Jesús y alarmaron a Pilato, señalando que aquél se había proclamado Rey de los Judíos y también el Mesías, por lo que era culpable del delito de traición a Roma, y por lo tanto debía ser sentenciado a morir.

Pilato tuvo vacilaciones, porque según su criterio no encontró culpa alguna en el predicador y tomó la decisión de dejarlo en libertad. Mientras meditaba, los sacerdotes habían realizado una intensa campaña de difamación, logrando volcar en favor del sanedrín a centenares de personas que antes siguieron a Jesús en su entrada triunfal a Jerusalén.

La multitud vociferaba en la calle frente a la mansión consular pidiendo la muerte de Jesús y esto pesó finalmente en la decisión de Pilato, quien, temeroso de provocar una explosión de ira popular, cedió a las instancias de los sacerdotes y autorizó el ajusticiamiento del predicador de Nazaret, el que murió crucificado junto a dos ladrones en la cima del pequeño monte llamado Gólgota, en las afueras de Jerusalén.

AVANCE DEL CRISTIANISMO A la muerte de Jesús de Nazaret sus discípulos prosiguieron la misión de dar a conocer sus enseñanzas y viajaron a distintos lugares del Asia y de Europa, dando una formación orgánica a las nuevas colectividades cristianas fundadas por ellos. De esta manera la influencia del pensamiento cristiano comenzó a extenderse primero a las capas sociales más bajas y luego a la clase media, hasta convertirse en idea dominante, especialmente en Roma, cuyo Imperio vivía su apogeo.

No obstante este aparente éxito inicial, el cristianismo debió enfrentar varias persecuciones que significaron la muerte violenta para millares de ellos. Entre estos mártires se contaron Simón, llamado Pedro, y Saulo, comerciante judío, fabricante de tiendas y ciudadano de Roma, llamado Pablo.

Durante los 14 años del reinado de Claudio César Nerón entre los años 54 y 68 de nuestra era, el cristianismo había crecido considerablemente dentro de los límites del Imperio y su desarrollo preocupó a las castas dirigentes al extremo de ocurrir la primera de las persecuciones, iniciada poco después del incendio de Roma. Históricamente no se ha probado aún la culpabilidad de Nerón en este incendio, pero sí se sabe que una de las consecuencias más graves fue la sangrienta represión contra los cristianos. Los historiadores católicos señalan que Pedro fue víctima de esta represión y que murió crucificado cabeza abajo en la colina del Vaticano, el mismo día en que fue decapitado Pablo, también víctima de la represión.

Éstos mismos historiadores sostienen que las persecuciones desatadas por el Estado romano no tenían base jurídica alguna, ya que el derecho civil romano, según estas fuentes, estaba altamente perfeccionado, no así el derecho penal, que estaba… plagado de imperfecciones y «por consiguiente no hay razón para extrañarse para que en este estado de derecho, tan bien ordenado en apariencia, ocurrieran en materia penal arbitrariedades e incluso actos de inhumana crueldad».

También rechazan las razones políticas que algunos investigadores quieren atribuir a estas persecuciones y sostienen que hubo más que nada odio contra la religión y la Iglesia; la hostilidad de los judíos contra los cristianos, que en Esmirna, por ejemplo, en el año 156, impulsaron desde las sinagogas una campaña anticristiana que terminó en otra carnicería.

A pesar de que se ha sindicado a Nerón como el iniciador de la persecución de los cristianos, antes de su reinado habían sido ajusticiados el diácono Esteban y el apóstol Santiago. Administrativamente se cree que Nerón no dictó ley alguna contra los cristianos, sino que debió dar una instrucción a los tribunales en el sentido de que los cristianos «tenían que ser considerados como delincuentes notorios».

Aunque Constantino, llamado el Grande, permitió la legalidad del cristianismo dentro de su Imperio (año 313) mediante la dictación del Edicto de Milán, el emperador aceptó el bautismo y se unió a esta fe sólo en su lecho de muerte. Posteriormente, Justiniano, al codificar el derecho romano, sentó las bases jurídicas de la futura legislación sobre materias de procedimiento civil y penal. Hecho curioso, estas disposiciones consideraban legítimo el tormento para hacer confesar al acusado, quien a menudo moría en manos del verdugo, víctima de las atrocidades a que era sometido.

Proceso por herejia Huss Procesos Polemicos de la Iglesia

Proceso por Herejía Jan Huss

LA EDAD MEDIA: Para los filósofos y legisladores medievales, el problema del derecho, en medio de profundas preocupaciones metafísicas y morales, aparecía como una ley natural de inspiración divina. San Agustín afirmaba que «el derecho como creación necesaria para el ordenamiento del Estado es también un producto de la miseria del hombre destituido por el pecado».

Es así como en Europa hasta 1215 no existen otros procedimientos penales que no sean los inspirados en una fuente divina que entregaba a la Iglesia el juicio de los pecados y a los tribunales civiles el de los crímenes, aunque muchas veces pecado podía significar crimen ante los ojos de los sacerdotes demasiado celosos de sus atribuciones y deberes. En Inglaterra los señores feudales exigieron al rey Juan, llamado Sin Tierra, que suscribiera un acta en la que se comprometía a respetar los derechos de los barones.

Esta acta, conocida como Carta Magna, disponía medidas que protegían la libertad de la Iglesia y las tradiciones de los pueblos, los derechos de los súbditos y de las comunas y otras expresiones que más tarde fueron estimadas como garantías de juicios por jurados y del derecho de «habeas corpas» (del latín: «tengas tu cuerpo», que es una orden de un juez a una persona que detiene a otra; manda que la persona bajo arresto o custodia sea enviada en un plazo determinado a un lugar preciso con un objeto especificado, conocida en algunos países como «recurso de amparo»).

Proceso por herejia Huss Procesos Polemicos de la IglesiaPero la Iglesia católica continuó administrando justicia en materias de fe, y en 1415 tuvo lugar el proceso por herejía contra Jan Huss, sacerdote de irreprochable conducta, nacionalista checo, profesor de teología de la Universidad de Praga y más tarde su rector, con el apoyo de la reina Sofía y del Emperador Wenceslao, de Bohemia. Además Huss tuvo para la creación de un lenguaje literario checo la misma importancia que alcanzó más tarde Martín Lutero en la literatura alemana.

En 1409 modificó los estatutos de la Universidad de Praga, dando mayor importancia a los elementos checos, lo que contó con el apoyo de los monarcas, pero al mismo tiempo significó un éxodo en masa de los estudiantes alemanes, que con los profesores de su misma nacionalidad se establecieron en Leipzig.

Huss entró en conflicto con su arzobispo a raíz de algunas teorías suyas que fueron consideradas como herejía y fue excomulgado. Citado a comparecer ante el Concilio de Constanza, viajó premunido de un salvoconducto del Emperador Segismundo, de Alemania, precisamente en los momentos en que el «gran cisma de Occidente» entraba a su etapa decisiva, que mantendría dividida a la Iglesia por espacio de 39 años.

Tres Papas se disputaban el mejor derecho a ocupar la silla de San Pedro: Benedicto XIII, Papa de Aviñón, con el apoyo de España, Portugal y Escocia; Gregorio XII, defendido por el rey de Alemania, Roberto del Palatinado, el rey Ladislao de Napóles y parte de Italia, y el Cardenal Baltasar Cossa, designado Papa por Alejandro V, con el nombre de Juan XXIII. Estos dos últimos Papas, Alejandro V y Juan XXIII, fueron borrados del Anuario Pontificio recién en 1947.

En medio de la efervescencia que reinaba en el Concilio, surgió la idea de que éste era el organismo de mayor poder dentro de la Iglesia y una de las maneras de demostrarlo estaría en condenar a un hereje a la pena mayor. En este ambiente hizo su entrada al Concilio el reformador checo Jan Huss, acusado de herejía, y con entereza se negó a retractarse, siendo condenado a morir en la hoguera.

La reacción de Bohemia fue violenta y hubo ataques contra la Iglesia tanto del pueblo como de los monarcas. El tribunal secular encargado de hacer cumplir la sentencia no tomó en consideración el salvoconducto y Jan Huss terminó su vida en la hoguera el 6 de julio de 1415.

Proceso a Savonarola Condenado a Muerte Por La Iglesia Justicia

Proceso a Savonarola Condenado a Muerte Por La Iglesia

SAVONAROLA EL REFORMADOR Los enemigos de Jerónimo Savonarola, sacerdote dominico de 46 años,«consiguieron hacerlo encarcelar y se le instruyó un proceso en el que se pisotearon todas las normas de la justicia y la equidad», dice la «Historia de la Iglesia», de Ludwig Hertling, publicada con autorización eclesiástica.

Savonarola se había ganado la enemistad de un vasto sector de los habitantes de Florencia por su oratoria encendida contra la corrupción de la Iglesia y del clero bajo el reinado del Papa Alejandro VI.

Sus prédicas dividieron a los florentinos en dos bandos, triunfando durante un tiempo los partidarios de Savonarola cuando, con la ayuda del rey Carlos VIII de Francia expulsaron a los Medicis y establecieron en la ciudad una especie de república democrática, elevando el nivel moral de las costumbres.

El sacerdote prosiguió su campaña contra e! Papa y su política, recibiendo como primera advertencia una citación ante el Vaticano, pero Savonarola no acudió, y el Papa le prohibió predicar, lanzando a la campaña a otros sacerdotes que lo apoyaban.

En 1497 el Papa lo excomulgó por «desobediencia contumaz» y Savonarola declaró inválida esta medida y comenzó a pedir la celebración de un concilio para deponer a Alejandro VI.

Las discrepancias llegaron a tal extremo que Savonarola, que se consideraba un enviado de Dios, pidió someterse a la prueba del fuego y un franciscano que hasta el momento se había mantenido alejado de la disputa decidió representar al bando contrario, ofreciéndose a participar en la prueba.

El pueblo se apasionó con el desafío y el día de la prueba advirtió con ira que otro sacerdote representaba a Savonarola, produciéndose un estallido en su contra que terminó por decidir a sus adversarios para someterlo a juicio y ahorcado finalmente junto a otros dos dominicos.

El cuerpo de Savonarola fue quemado públicamente. Otro proceso por herejía seguido en esta misma época fue el que afectó a William Tyndale (Tindal), un reformador inglés muerto en 1536 en Bruselas.

Uno de sus principales pecados fue el de haber traducido al inglés los libros del Nuevo Testamento, que para los obispos británicos representó tal gravedad que pidieron su excomunión. Tyndale buscó refugio en Europa continental, donde conoció a Lutero, sumándose a los numerosos reformistas que combatían los excesos del clero.

La persecución se hizo entonces más encarnizada, hasta que fue apresado, y luego de un proceso muy sumario, condenado a morir por ser culpable de herejía.

OTROS CASOS: El  caso inusitado de Sir Walter Raleigh, estadista y escritor inglés nacido alrededor de 1552 y decapitado en 1618, reviste todos los caracteres de un drama moderno.

Protegido de la Reina Isabel, por apoyarla se vio envuelto en una rivalidad con el poderoso conde de Essex, por lo que buscó en los viajes a América una actividad menos peligrosa. De esos viajes. Inglaterra y luego Europa conocieron la papa y el tabaco, ambos originarios de América y cuyo consumo fue impulsado por Sir Walter.

Al asumir el trono de Inglaterra Jacobo I, Sir Walter fue sometido a proceso por traición y sin que hubiera pruebas en su contra, se le condenó a ser encerrado en una torre, pero puesto en libertad en 1616 hizo otro viaje al Orinoco y seguro de que todo había pasado, regresó a Inglaterra.

Al desembarcar en Londres fue apresado y decapitado, teniendo como base la anterior acusación y condena por traición.

Galileo Galilei fue sometido a proceso por la Inquisición bajo el reinado del Papa Urbano VIII, cuando en 1632, en su «Diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo», confirmó los principios de Copérnico, estableciendo que la Tierra gira alrededor del Sol. Galileo, célebre astrónomo, matemático y físico, constructor del primer telescopio astronómico, en 1609 fue procesado sólo cuando en sus planteamientos lesionó la autoridad de las Sagradas Escrituras.

Ahí la autoridad eclesiástica intervino y lo obligó a retractarse, aun cuando él mantuvo inalterablemente lo que había señalado. Hasta entonces, los teólogos no habían hecho mayores objeciones a las teorías de Copérnico. De este proceso se arrepintió la Iglesia y sirvió para que, posteriormente, se hicieran a la Inquisición críticas severas y muchos se burlaran de la actitud asumida por ella en el caso de Galileo Galilei.

Desde comienzos del siglo XVI, la administración de justicia comienza a pasar de la Iglesia y de los reyes a tribunales civiles, los que se regirán en adelante por códigos que irán perfeccionándose en la medida en que la humanidad avance hacia metas de ecuanimidad cada vez más altas.

Ver: Historia de Florencia del Renacimiento