Antecedentes Historicos del Arte

Biografia de David Siqueiros Muralista Resumen Obra Artistica

Biografía de David Alfaro Siqueiros
Muralista Mexicano – Resumen Obra Artística y Política

David Alfaro Siqueiros (1896-1974) es, sin duda, junto con José Clemente Orozco y Diego Rivera, el artista que más ha contribuido a la creación y desarrollo del movimiento muralista mexicano, surgido a raíz de la revolución de 1910, y cuyo momento de esplendor se centra entre 1920 y 1940. Comprometidos igualmente los tres artistas con la revolución, Siqueiros destaca ante todo por ser un personaje esencialmente revolucionario, tanto en el campo de la pintura como en sus ideas y vida social.

De carácter inquieto y luchador, fue un hombre fundamentalmente político y un agitador sindical por excelencia, características éstas que combinará a lo largo de su vida con las de artista creador y progresista.

Fue un hombre formado artística y socialmente al calor de la revolución, nunca separó ideología y arte, manteniendo vivo en todo momento un compromiso revolucionario que le llevará a decir la siguiente frase en la que se resume toda su vida y su obra: «Contribuir a la transformación política de México, empezando por la restitución de sus libertades democráticas, tiene que ser mi primera tarea como hombre, como ciudadano y como pintor».

David Siqueiros pintor y revolucionario mexicano

Nace Siqueiros el 29 de diciembre de 1896 en el estado mexicano de Chihuahua; su padre, Cipriano Alfaro Palomino, era un prestigioso abogado y su madre, Teresa Siqueiros Barcenas, hija de Filippo Siqueiros, hombre político y poeta, muere cuando él tenía sólo dos años.

Así, el pequeño David será educado por sus abuelos paternos hasta los siete años, edad en la que ingresa en el Colegio franco-inglés de los hermanos maristas.

Más tarde continúa sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, en Ciudad de México, aunque pronto se verán interrumpidos al estallar el movimiento revolucionario, iniciado en el norte del país, contra el régimen dictatorial cíe,, general Porfirio Díaz.

El joven Siqueiros se une al movimiento cuando apenas cuenta dieciséis años.

Entre 1914 y 1918, Siqueiros tiene una gran actividad política y militar: se incorpora al estado mayor del general Manuel M. Diéguez, formado casi en su totalidad por estudiantes revolucionarios, y participa en vanas batallas en los estados de Jalisco, Guanajuato, Colima, Sonora… La participación en estas luchas contra la dictadura de Victoriano Huerta le proporciona el conocimiento de su patria y la formación ideológica necesaria para llevar adelante sus compromisos revolucionarios.

En 1919, el gobierno le envía a Europa con misiones artísticas y diplomáticas. Visita en primer lugar París, donde establece contacto con el arte moderno, desde Cézanne a Picasso.

También allí tiene lugar su decisivo e importante encuentro con Rivera; ambos artistas discuten sobre la necesidad de realizar en su país una pintura monumental y grandiosa, y al mismo tiempo popular, que refleje los problemas planteados por la revolución.

La experiencia europea va a ser decisiva en la formación artística y revolucionaria del joven Siqueiros. Todo lo aprendido en estos años se refleja claramente en su Manifiesto a los artistas de América, publicado en 1921 en Barcelona en la revista Vida americana.

En dicho manifiesto, compuesto por tres breves escritos, hace un llamamiento al «arte monumental y heroico, a un arte humano, a un arte público, con el ejemplo directo y vivo de las grandes y extraordinarias culturas prehispánicas de América».

En 1922, Siqueiros decide regresar a su patria e inicia una etapa de gran dedicación a la pintura mural y a las actividades sindicales y políticas más radicales. Ingresa en el Partido Comunista y promueve la organización del Sindicato de Pintores, Escultores y Grabadores Revolucionarios.

A su llegada a México, el secretario de Instrucción Pública, José Vasconcelos, le encarga junto a un gran número de jóvenes pintores mexicanos, entre los que cabe señalar a Diego Rivera, Orozco, Xavier Guerrero, Fermín Revueltas, Fernando Leal, Jean Charlot, Amado de la Cueva y Emilio García Cachero, integrantes todos ellos del movimiento muralista, la realización de la primera gran obra mural mexicana, en la Escuela Preparatoria Nacional, donde tendrán la oportunidad de contar, en sus muros, la historia de su propio país.

Durante cuatro años, con una dedicación casi exclusiva a la política de 1926 a 1930, dirige la Federación Minera y la Confederación Obrera de Jalisco; anima las huelgas que se producen en las minas de El Amparo, Cinco minas, La mazata, Piedra bola, Los Jiménez, etc., y participa como representante de los trabajadores en diversos congresos internacionales

Por su compromiso revolucionario, fue encarcelado en varias ocasiones y se vio finalmente obligado al exilio en 1932.

En mayo de 1930 es detenido y permanece hasta diciembre en la penitenciaría del Distrito Federal. Allí realiza una serie de obras de formato pequeño a las que denomina retablos. Durante este período Siqueiros se revela como un artista que domina plenamente sus medios expresivos y con un estilo propio que le diferencia marcadamente de sus colegas.

Siqueiros decide expatriarse se establece en Estados Unidos, concretamente en California, por estar más cerca de la frontera de su país. La Chouinard School of Art de Los Angeles le invita a dar un curso sobre pintura mural.

Siguiendo su teoría de que las artes plásticas sólo pueden aprenderse con la práctica, como se hacía en los talleres del Renacimiento, forma con sus alumnos un equipo de trabajo denominado Mural Block of Painters y programa la realización de una pintura al fresco en la pared exterior de la escuela.

Como consecuencia de la publicidad que este mural le proporciona, la institución Plaza Art Center, patrocinada por numerosas empresas relacionadas con la venta de aparatos y materiales para la pintura, le invita a ejecutar un mural, también exterior, de 270 metros cuadrados, con el tema América tropical.

A su vuelta a México, en 1934, es nombrado presidente de la Liga Nacional contra el Fascismo y la Guerra.

En esta misma época sostiene una fuerte polémica con Rivera (y, a través de éste, con casi todos sus antiguos colegas del período muralista anterior) que significó el inicio de la revisión de todo lo que se había hecho en el campo de las artes plásticas después de la revolución.

Con el fin de ampliar su experiencia de Los Angeles y continuar la búsqueda e investigación de nuevos materiales para su pintura, Siqueiros funda a finales de 1935 en Nueva York un taller experimental el Siqueiros Experimental Workshop, donde con ayuda de especialistas profundiza tanto en el conocimiento de los nuevos materiales cromáticos que facilita la industria, como en nuevos métodos y herramientas para la realización de sus murales.

Pronto abandonará Siqueiros, una vez más, todo lo relacionado con el mundo de la pintura para dedicarse de lleno a sus actividades políticas: en 1937 llega a España para participar en la guerra civil en las filas del ejército republicano, en el que ejercerá cargos de gran responsabilidad.

A su vuelta a México, en 1939, Siqueiros retorna a la pintura mural. Termina así una fase técnico-experimental e inaugura una gran etapa en la que realiza las obras más importantes de su trayectoria artística.

El primer mural que pintará en su país, en ese mismo año, es el titulado Retrato de la burguesía, en la sede del Sindicato de la electricidad, en el que intenta reflejar todas las contradicciones de la sociedad.

En 1940, se le acusa de tomar parte en la lucha política contra León Trotski y será encarcelado. Una vez puesto en libertad, abandona de nuevo su país. Se traslada a Chile, y en la población de Chillan realiza, en 1941, para la biblioteca de la Escuela México, un importante mural: Muerte al invasor, en el que se describe la lucha de los pueblos mexicano y araucano por su libertad e independencia.

Cuauhtémoc será uno de los personajes preferidos de Siqueiros y un tema sobre el que vuelve en varias ocasiones.

Durante los años de la segunda guerra mundial y tras su experiencia en Chillan, Siqueiros inicia una serie de viajes a países de Latinoamérica -Cuba, Ecuador, Colombia, Perú, Panamá- donde pronuncia varias conferencias, incitando a los artistas a luchar con su arte por la victoria de la democracia contra el nazismo.

En Cuba pinta, en 1943, tres murales, de los cuales sólo quedan referencias fotográficas, ya que han sido destruidos: Alegoría de la igualdad y de la fraternidad de las razas blanca y negra y El nuevo día de las democracias.

Al terminar la guerra; Siqueiros quiere culminar las actividades que durante tantos años había desarrollado en contra del fascismo y lleva a cabo una obra de grandes dimensiones en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México.

Era un encargo del gobierno mexicano para conmemorar el aniversario de la revolución de 1910 y la victoria militar de las democracias.

En 1944, Siqueiros está de nuevo en México, donde crea el Centro de Arte Realista, con el fin de hacer nuevos experimentos en el campo de la pintura.

Invitado en 1948 por la Escuela de Bellas Artes de San Miguel Allende a dar un curso sobre pintura mural, decide, tal como lo había hecho anteriormente en Los Angeles, realizar con sus alumnos un mural donde llevar a la práctica sus teorías. Para ello elige un salón abovedado del antiguo convento de Santa Rosa, sede de la Escuela, y en él desarrolla el tema Monumento al general Allende.

Su reconocimiento internacional se produce en la bienal de Venecia de 1950, en la que estuvo presente con un pabellón personal que fue galardonado con el segundo premio, otorgándose el primero a Matisse.

Su triunfo supuso además la valoración de la pintura mexicana moderna en el mundo de la cultura.

En 1955 visita Francia, Polonia y la Unión Soviética, y será entonces cuando en su Carta abierta a los pintores escultores y grabadores soviéticos, exponga las posiciones de los artistas del realismo mexicano frente al formalismo soviético y occidental.

En el mural que en 1957 inicia en el Museo Nacional de Historia de Chapultepec, desarrolla Siqueiros por vez primera el tema de la revolución mexicana.

Como otras veces, en 1959, vuelve Siqueiros a sus actividades políticas y revolucionarias; viaja a La Habana y a Caracas, donde pronuncia una serie de conferencias y, a su regreso a México, la represión del gobierno del presidente Adolfo López Mateos contra la huelga de los ferroviarios le lleva a participar activamente en la fundación y en las actividades del Comité de Defensa de Presos Políticos.

Por todo ello será encarcelado el 9 de abril de 1960 y aunque su condena fue de ocho años, sólo permanece cuatro en la penitenciaría de Lecumberri, pues en julio de 1964 le indultan en reconocimiento de su obra artística.

Durante estos años de cárcel, Siqueiros se dedica por entero a la pintura y realiza más de doscientas obras, aunque en condiciones poco favorables, pues además de tener que pintar en su propia celda, se vio obligado, por falta de espacio, a realizar cuadros de caballete y de reducidas dimensiones, algo totalmente contrario a sus teorías pictóricas.

Su último y gigantesco proyecto será: Historia de la humanidad, para la sala de la Unión de Congresos del Parque Lama de Ciudad de México. Esta inmensa obra, comenzada en 1965 e inaugurada oficialmente en 1971, la realiza cuando contaba ya 70 años y a ella se va a dedicar con ilusionada y juvenil pasión los últimos de su vida.

Es la pintura mural más grande que se haya ejecutado jamás, con 4.600 metros cuadrados de superficie continua. Consigue así uno de sus mayores deseos: crear un mural sin fin, que cubriera por dentro y por fuera, en bóvedas y paredes, una superficie gigantesca.

marcha de la humanidad siqueiros

Cuando Siqueiros tiene 72 años, después de su salida de la cárcel, recibe del gobierno de su país el Premio Nacional de Arte, otorgado con anterioridad a Orozco y Rivera, que significaba el mayor reconocimiento oficial.

Siqueiros fue también un prolífico escritor y publicó varios ensayos en los que expuso tanto sus doctrinas políticas como las técnicas y artísticas.

Siqueiros vivió y trabajó, hasta su muerte, acaecida el 7 de enero de 1974, con la mente puesta en los destinos de su pueblo y del hombre en general.

Ver: Obras Artísticas de David Siqueiros

Fuente Consultada:
Enciclopedia de los Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo IV- Entrada: David Alvaro Siqueiros  “pintor y revolucionario” – Editorial Planeta

 

 

Biografía de Canova Antonio y Su Obra Escultor Italiano

Biografía de Canova Antonio y Su Obra Artística
Escultor Italiano

Antonio Canova ocupó el primer lugar entre los escultores de su época. Trabajó durante veinte años en un estado total de pobreza, al margen de cualquier rivalidad y poniendo siempre su arte por encima de todo. El estilo neoclásico, basado en el arte antiguo de Grecia y Roma, alcanzó su apogeo máximo a finales del siglo XVIII. Antonio Canova, de la Venus, está considerado como el mejor escultor de este estilo artístico.

Canova Antonia escultor italiano

Antonio Canova nació en Pessagno, cerca de Bassano (Italia) en el año 1757. Su arte alcanzó la plenitud siendo él muy joven. Niño aún, trabajaba en una cantera en compañía de su abuelo. Complacíase en manipular la piedra y trataba de darle diferentes formas, revelando ya su inclinación. El abuelo trabajaba también como jardinero en la mansión del senador Faliero. Fue allí donde el joven Antonio esculpió sus primeras estatuillas en mármol.

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La Venus, una de sus grandes obras artísticas, Canova está considerado como el mejor escultor de este estilo neoclásico.

El duro y frío mármol puede reflejar vida, acción y sentimiento sólo cuando un gran artista consigue modelar en él las formas perfectas de un ser viviente y dotarlas de expresión. Pero pocos son los que logran ese milagro, ya que las obras de los grandes escultores representan un gigantesco esfuerzo creador.

Antonio Canova fue uno de esos grandes artistas incomparables, capaces de animar la materia inerte. Nada, en sus años mozos, pudo hacer presentir que llegaría hasta la cúspide del arte. Sin embargo, sabemos que le gustaba trabajar la piedra, y a ella —como a una amiga— confiaba sus sueños infantiles.

Antonio Canova nació en Pessagno, cerca de Bassano (Italia), el 10 de noviembre de 1757. A los tres años de edad perdió a su padre. Al poco tiempo la madre contrajo nuevas nupcias y fue a vivir a otra ciudad, dejando al pequeño Antonio al cuidado del abuelo. La familia Canova, otrora rica, estaba ahora arruinada a causa de ciertas especulaciones infortunadas. Por lo tanto, el abuelo viose en la necesidad de hacerle aprender un oficio al niño y eligió el de cantero (el que labra las piedras).

A pesar del trabajo penoso, el joven aprendiz nunca se quejó. Por el contrario, gustábale manejar el mármol y sus pequeñas manos, aún inexpertas, lo acariciaban y hasta se esforzaban en darle forma. El oficio de cantero, en el siglo XVIII, era duro y difícil; el trabajo se hacía con cincel y martillo.
Pero Antonio no se desanimó, trabajó con tesón y, a ios pocos años, llegó a esculpir estatuillas llenas de expresiva gracia.

Mientras tanto el abuelo, en la mansión del senador Faliero, en Pedfazzi d’Asolo, desempeñábase como albañil y jardinero. Allí vivía un nieto del senador, mancebo de familia noble y acaudalada, quien demostró su simpatía y afecto por el adolescente modelador que ofrecía a su nuevo amigo todas las estatuillas que esculpía con tanto entusiasmo.

Y un día llegó la oportunidad decisiva para la vida de Canova. Se daba una gran fiesta en el palacio senatorial. El cocinero quería destacarse en la presentación de los manjares y buscaba ideas originales. Encontró al nieta del jardinero, lo llevó a las cocinas y, mostrándole un enorme trozo de manteca, le dijo: «¿Ves esa manteca? Debí ir a la mesa del senador, y yo quisiera darle un aspect: artístico. .. Me agradaría que representara algo…»

Antonio tenía tan sólo diez años de edad, pero puso manos a la obra y lo que realizó con la manteca colmó al máximo los deseos del maestro de cocina.

En la mesa, magníficamente preparada, apareció el león alado de San Marcos. ¡Era el trozo de manteza que, en las manos del joven Antonio, había adquirido esa forma original!. Es fácil imaginar la sorpresa, el asombro y la admiración de los convidados. Pidieron conocer al autor de esa maravilla y lo felicitaron efusivamente.

Al final de la cena, el dueño de casa, presintiendo el futuro del niño, decidió enviarlo a Venecia y hacerlo ingresar en los talleres del escultor José Torretti.

En Venecia los temas de estudio no le faltaron: allí todo embelesaba su alma de artista, todo le brindaba belleza en sus aspectos más delicados. Trabajó mucho hasta llegar a sus dieciséis años de edad. Entonces se produjo el fallecimiento de su maestro Torretti. Pero el joven escultor ya no necesitaba enseñanzas.

Su protector lo comprendió tan bien, que no titubeó en confiarle la ejecución de dos grandes estatuas en tamaño natural. Se trataba de Orfeo y Eurídice. La tarea podía parecer demasiado ardua para un escultor tan joven, mas Canova no se desanimó y esas estatuas, por el candor y la espontaneidad de su expresión y la armonía de su línea, figuran entre sus grandes obras.

En los años que siguieron esculpió numerosos trabajos: estelas funerarias, una estatua de Esculapio y un grupo de Dédalo e Icaro. Los expuso en Venecia, en el año 1779, el día de la Ascensión. El triunfo fue tal que hubiera despertado el orgullo del más grande artista. Canova experimentó, es cierto, una gran alegría, pero, en lugar de envanecerse, decidió esforzarse y perfeccionar aún más su producción. Venecia ya no le ofrecía un campo de acción suficientemente amplio. Decidió instalarse en Roma donde el papa había inaugurado un Museo de Antigüedades.

Después de Roma volvió a Venecia y luego visitó Ñapóles. Nada disminuía su fiebre de trabajo y de saber. En la Ciudad Eterna esculpió el mausoleo de Clemente XIV y Teseo vencedor del Minotauro.

Los encargos afluían. El príncipe Rezzónico y sus dos hermanos, ambos cardenales, le encargaron un monumento funerario destinado a la basílica de San Pedro, para el papa Clemente XIII.

Durante cuatro años Canova se consagró, sin descanso, a ese trabajo, haciendo caso omiso de las dificultades propias de la tarea, de la lucha de los envidiosos y del estado deplorable de sus finanzas. Al terminar el mausoleo, todo su cuerpo llevaba las huellas del esfuerzo cumplido y de los sufrimientos soportados. La presión del trépano sobre el esternón, durante largos días, le había provocado una deformación del hueso que, al apoyarse sobre el estómago, le ocasionaba grandes molestias y dolores.

Observando la finura de los detalles, el maravilloso relieve de los encajes que adornan las vestimentas de la estatua de Clemente XIII, admiramos en Canova, además de su arte, la «artesanía» que lo obligaba a extremar la minuciosidad y la precisión hasta lograr un trabajo perfecto. En ciertas obras suyas, la piedra resucita la mirada de los que ya no existen, y hasta su alma parece aflorar en la expresión humana y vivida.

El viernes santo del año 1792, día de la inauguración del monumento, fue, para Canova, un día de triunfo. Pero las fuerzas del artista estaban muy resentidas por el exceso de trabajo. Tomó un corto descanso en Venecia y luego volvió a Roma donde ejecutó un monumento para el almirante Ángel Emo, destinado al palacio ducal de Venecia. La pasión que experimentaba hacia los temas mitológicos le permitió ejecutar dos grupos: Venus y Adonis y El Amor y Psique.

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Canova fue llamado varias veces por Bonaparte. Entre sus obras se destaca una admirable Venus victoriosa que tenía los rasgos de Paulina Borghese (Paulina Bonaparte), y una Polimnia representando a Elisa Bonaparte. Canova fue elegido miembro extranjero del Instituto de Francia.

Su fama iba creciendo. El duque Caetani le encargó un grupo representando a Hércules y Licas. Canova ejecutó un monumento colosal que,a causa de la poderosa musculatura de Hércules, produce una imprecisión de fuerza que no era generalmente buscada por el artista.

Ya en la cumbre de la celebridad y de la fortuna, fue llamado por Bonaparte, a París, para ejecutar el busto del Gran Corso. Poco después le fue encargado el Mausoleo de Victorio Alfieri. Luego afluyeron pedidos de soberanos y viajó a Napóles. Roma. Viena y París.

escultura de Canova cabeza de Perseo

Cabeza de Perseo, escultura de Canova Antonio

Escultura de Napoleón de Canova

Busto de Napoleón Bonaparte, escultura de Canova Antonio

Los amplísimos talleres donde trabajaba ya no podían contener sus obras. Entre éstas se encontraba una estatua colosal de Napoleón, que actualmente se exhibe en el palacio Brera de Milán.

Canova: fue encargado de reproducir otros miembros de la familia Bonaparte, y es así como le fue dado representar a la hermosa princesa Paulina Borghese bajo el aspecto de Venus victoriosa.

Luego del destierro de Napoleón en Santa Elena, Canova fue enviado especialmente a París por el papa para pedir la devolución de los monumentos quitados a Italia. De regreso a su patria, esculpió otras obras notables: Las tres Gracias, el monumento de La Guerra y la Paz, y la estatua de Washington que le había sido encomendada por el Senado de Carolina (Estados Unidos).

El 21 de setiembre de 1821 regresó a Pessagno, su ciudad natal, con el propósito de reponer su quebrantada salud. Pero no pudo resignarse a la inactividad.

Quiso volver a Roma, pero durante el viaje se detuvo en Venecia donde expiró el 13 de octubre de 1821. Canova no fue solamente un artista de primer orden, sjno también un hombre amado por su desinterés, su bondad y su afabilidad. Siempre se mostró generoso y nadie pidió en vano su ayuda.

El arte fue su única razón de vivir. En su juventud habíase enamorado de una hija del grabador veneciano Volpato, la que durante un corto tiempo fue su novia. Luego, no se sabe por qué causa, rompió el compromiso, y la delicada sensibilidad del artista no se curó jamás de esa herida.

Cultivó también la pintura, aunque sin alcanzar en ella la misma perfección que en la escultura. Sin embargo, su genio maravilloso realizó también el milagro de su autorretrato.

Biografía de Pushkin Aleksandr Obra Literaria Resumen

Biografía de Pushkin Aleksandr
Vida y Obra del Escritor Ruso

El escritor ruso del siglo XIX Aleksandr Pushkin fue una de las primeras figuras de la literatura rusa. Maestro  versátil, escribió poesías, relatos, novelas y obras teatrales. Entre sus escritos más conocidos se encuentran el drama Borís Godunov (1825) y el poema épico Eugene Onegin (1823-1831).

Contribuyó a crear una larga tradición literaria en su país, y su obra influyó en muchos autores posteriores. En el mundo de la poesía rusa, la figura de Pushkin domina incontrastada por la grandeza, la potencia y la sensibilidad de su expresión artística. Nació en Moscú en el año 1799 y pertenecía a una familia de antiguo y noble origen.

pushkin alejandro escritor ruso

«Todo aquello que Aleksandr Pushkin dice en sus versos o en sus prosas lamas pudo ser dicho de otro modo más que como él lo dijo.» Así se expresó el famoso escritor León Tolstoi al referirse al más grande poeta ruso del siglo XIX, quien legó a la inmortalidad la célebre tragedia histórica Boris Godunov y la no menos conocida novela Eugenio Oneguin.

Aleksandr Pushkin nació en Moscú, de una familia de la antigua nobleza, en el año 1799. Su infancia transcurrió en un ambiente mundano y despreocupado que ejerció en el muchacho doble influencia: por un lado lo arrastró hacia una vida de holganza y placeres, y por el otro lo empujó a desarrollar su innata vocación literaria.

El tío de Aleksandr, que fue un discreto poeta, y su padre, que también sentía fuerte afición por la poesía, tuvieron amistad con los más grandes literatos de la época, entre los que se encontraban Karamzin y Zukovsky, quienes influyeron, asimismo, en la formación artística del joven Pushkin.

De espíritu apasionado y de fuerte inclinación hacia todas las formas de la cultura literaria, pudo Aleksandr Pushkin satisfacer fácilmente su sed de aprender en la nutrida biblioteca paterna, adonde por primera vez tomó contacto con los más conocidos escritores clásicos franceses. Vivió así en un clima en un todo de acuerdo con sus gustos y preferencias.

En el año 1811 se inscribió en el liceo de Tsarskoe Selo, en el que cursó estudios durante seis años y estuvo nuevamente rodeado de una atmósfera literaria caracterizada por la presencia de muchos estudiantes que, al pasar los años, se convirtieron en famosos pensadores y poetas.

Durante el tiempo transcurrido en el liceo se fueron operando algunos cambios en el espíritu de Pushkin. Allí, el diario y continuo contacto con profesores de tendencias liberales hizo que fuera asimilando lentamente los ideales de una escuela no del todo conforme con la política imperialista que regía en Rusia. Por otra parte tuvo ocasión de enterarse de los problemas que agitaban al pueblo, oprimido por el gobierno del zar.

De aquella época estudiantil datan dos composiciones líricas: Los recuerdos de Tsarskoe Selo y la oda Por el retorno a París del emperador. Estas poesías no sólo revelan ya los nacientes caracteres literarios de Pushkin, sino que además indican su estilo futuro. Se notan en ellas gran habilidad para transmitir sus sentimientos, como también capacidad para utilizar argumentos diversos.

Terminados sus estudios, le fue ofrecido, en 1817, un empleo de secretario en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en Moscú. Una vez en esa ciudad se introdujo rápidamente en la vida mundana e ingresó a la sociedad de la Lámpara Verde, en la cual se agrupaban los poetas, escritores y músicos más conocidos de Rusia.

Pushkin compone en Moscú dos famosas odas: A la libertad y El campo, en los que manifiesta claramente sus ideas políticas adversas al imperialismo, y el no menos conocido poema Ruslan y Ludmila, una violenta sátira ridiculizando a la sociedad de la época.

El zar Alejandro I, al enterarse del contenido de las obras de Pushkin, se siente ofendido y lo envía exilado a Ekaterinoslav. Se inicia así para el poeta un triste peregrinaje sin término.

Después de un período transcurrido en el Cáucaso y en Crimea, parte para Kisínev en Besarabia. Su producción no se interrumpe en este ir y venir sino que, por el contrario, necesita desahogar en la poesía su temperamento apasionado y escribe asi el poema Los Gitanos y numerosas otras obras líricas, algunas de las cuales probablemente fueron inspiradas en el amor que sintió por María Raevskaja. Estando en Kisinev, Pushkin esbozó la novela Eugenio Oneguin, que compuso definitivamente en el año 1831.

En 1823 Pushkin recibe la orden de dirigirse a Odesa adonde debe presentarse al general Voroncov, quien le impone un duro régimen de vida y lo somete a trabajos humillantes. No obstante la triste condición en que se encuentra, conserva aún el ánimo como para escribir; de su pluma salen entonces: la famosa poesía Al mar, los poemas Los hermanos soldados, que no terminó, y El prisionero del Cáucaso, que había iniciado con anterioridad, en el año 1821.

Acusado de ateísmo, a causa de expresiones vertidas en una carta que se le secuestró, el poeta fue condenado a permanecer en Mijailovskoe, en donde poseía una propiedad heredada de su padre. Allí, rodeado de las bellezas que le brindaba la naturaleza del lugar e inundado su espíritu de paz, se dedicó a estudiar y meditar, completando su formación artística. En realidad fue éste un período feliz para Pushkin. Nacieron así de su genio otras muchas poesías, entre las que se cuentan Tarde de invierno y Recuerdo el divino momento.

También de esta época es Boris Godunov, tragedia histórica inspirada en la proclamación del personaje como zar. Este famoso drama inspirará más tarde a un gran músico ruso, Mussorgski, quien compuso una ópera que tituló del mismo modo.

Pushkin, ya en el apogeo de su vida literaria, se desvincula definitivamente de la influencia de los clásicos franceses y del poeta inglés Byron, para adquirir un estilo personal propio e inconfundible, potente y conciso, vivaz y sobrio. Presenta sus personajes con verdadera maestría, bastándole pocas palabras para animarlos y referir sus caracteres psicológicos.

No ajeno a su madurez artística fue su profundo conocimiento de Shakespeare, quien le facilitó los elementos de realismo que caracterizaron la tragedia Boris Godunov y también Eugenio Oneguin.

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La tragedia histórica Boris Godunov es una de las mejores obras de Aleksandr Pushkin. Este drama narra la ascensión al trono imperial ruso de Godunov, el ministro que asesinó al joven zar Dimitri, Pero el remordimiento perseguirá siempre a Boris durante toda su vida inquieta y obsesionada por el delito cometido. Este drama sirvió de libreto a la ópera compuesta por Mussorgski.

En 1826, inmediatamente después de la muerte de Alejandro I, obtiene la gracia del nuevo zar Nicolás I y regresa a Moscú, donde en seguida toma contacto con el mundo literario y se interesa por los problemas del pueblo ruso.

Sus composiciones de aquellos años, La plebe, Poltava y El poeta, revelan un dejo de melancolía más profundo que el de sus primeras obras. El recuerdo de su triste exilio le atormenta, al punto de llevar por mucho tiempo una existencia de misántropo (huye del trato con personas)

En 1831 casa con Natalia Goncharova, de quien se había enamorado en 1829. Publica, seguidamente, algunos poemas: El caballero avaro, Mozart y Salieñ, El convidado de piedra y Cuentos de Belkin.

En el mismo año de su casamiento se traslada a San Petersburgo, donde recibe el encargo de escribir la biografía de Pedro el Grande, que le absorbe mucho tiempo.

De los apuntes compilados en los archivos de la gran ciudad, Pushkin reúne material para la Historia de la revuelta de Pugachev, escribiendo al mismo tiempo otra obra cumbre, en prosa, publicada en el año 1836: La hija del capitán, novela de amor ambientada en los sucesos históricos de la famosa revuelta de Pugachev, ocurrida en la época de Catalina la Grande.

Su argumento no es una simple invención del autor sino que los personajes que la componen vivieron y actuaron en el tiempo en que se desarrolla. No fue, tampoco, una novela psicológica: se trataba de una epopeya de la vida rusa.

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Enamorado de Natalia Goncharova, Pushkin la desposó en el año 1831; pero a causa de la vida lujosa y mundana que los dos jóvenes llevaban, sobre todo por voluntad de la mujer, Aleksandr no pudo sostener su hogar solamente con su actividad poética. En seguida obtuvo algunos encargos de la corte que le ayudaron a restablecer el presupuesto familiar. Durante su estada en San Petersburgo el matrimonio frecuentó la corte imperial.

Bien pronto la reputación de Pushkin disminuye, debido a varias causas: los celos y rivalidades suscitados en su contra por los favoritos del zar y las intrigas palaciegas que le rodeaban. No bastó para consolarlo la estima y amistad que le demostraron los más grandes escritores rusos de la época, tales como Zukovsky y Gogol.

A fin de defenderse de los ataques de que era objeto por parte de la prensa de Moscú, fundó un diario, «El Contemporáneo«, que tuvo una vasta resonancia debido a su posición de vanguardia.

La situación se agrava y se precipita a causa de los comentarios provocados por el comportamiento de su joven esposa.Habiendo recibido una ofensa de su cuñado Dantés, Pushkin, a fin de salvar su honor, lo desafía a duelo. En el lance es herido gravemente.

Después de dos días de agonía fallece, el 29 de enero de 1837, en la plenitud de su genio. Aleksandr Pushkin fue poeta en cada una de sus fibras. En él se unían y se integraban la pureza y la perfección. Poseía una particular justeza en la expresión, que lo hizo ser un verdadero maestro en la literatura universal.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Biografía de Alejandro Pushkin –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía de Twain Mark Su Vida y Obra Literaria Resumen

Biografía de Twain Mark y su Obra Literaria

Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), fue un escritor y humorista estadounidense, cuyo seudónimo era Mark Twain. Ha trascendido por unas obras en que la ironía y el humor se entremezclan con gracia y oportunidad. Aventuras de Tom Sawyer, Aventuras de Huckleberry Finn y Un yanqui en la corte del rey Arturo son sus principales obras. Nació en 1835 y falleció en  1915.

Sus mejores obras se caracterizan por un franco y a veces irreverente sentido del humor rayano en la sátira social, además de por un acentuado realismo en cuanto al lugar en que se desarrollan sus historias y al lenguaje utilizado por sus memorables personajes, y por un profundo odio a la hipocresía y la opresión.

Twain Mark

Twain obtuvo un gran éxito de librería con sus obras, sacando, además, grandes beneficios, pero los invirtió todos en una audaz empresa en la que también comprometió el fruto de sus futuros libros. Cuando tenía 58 años reemprendió sus viajes, por cuenta de los diarios, yendo a Australia, Asia y Europa.

Entre los grandes escritores americanos cuya prosa y estilo fueron personales y pertenecen a la literatura de todos los tiempos hay que citar a Mark Twain, cuyas obras son todavía, en gran parte, traducidas a todos los idiomas.

Mark Twain, cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens, había nacido el 30 de noviembre de 1835 en Florida, una aldea del Estado de Misurí. Algún tiempo después la familia se estableció en Hannibal, ciudad importante situada a orillas del Misisipí.

Samuel era un niño cuando muño su padre, perdida dolorosamente sufrida por toda la familia y en particular por el hijo, pues desde su más tierna infancia demostró dones muy definidos para el estudio sin que, desgraciadamente, la madre dispusiera de los medios suficientes para enviarlo a la escuela.

Ya en sus primeros años se interesó por la literatura   y   consagró   largas   horas   a   la   lectura   de novelas. Además, aunque permanecía aislado de las clases y de sus compañeros, adquirió, por sí mismo, cierta formación literaria.

Sin duda debemos a estos primeros sufrimientos y sacrificios la sensibilidad delicada del joven Samuel, condición que fue en aumento a través de las penosas experiencias que tuvo en su vida.

Después de haber trabajado como dependiente en una imprenta, Samuel, a quien le gustaban el mar y la vida de aventuras, se embarcó como piloto en uno de esos navios que aseguraban el servicio postal en las aguas del Misisipí.

Este género de vida apasionó al jovencito, hasta el punto de que más tarde, durante su plena actividad de escritor, se inspiró en aquellos lejanos recuerdos —las aguas claras y los valles verdes del gran río— para pintar los ambientes en los cuales se desarrollaban sus novelas.

En la Vida sobre el Misisipí, publicada en 1883, Hannibal, pequeña ciudad silenciosa y tranquila del borde del Misisipí, conocía un solo momento de animación: el de la llegada del barco cargado de pasajeros y de mercaderías.

En esta atmósfera creció Samuel Langhorne Clemens, que ahora conocemos bajo el seudónimo de Mark Twain.

relata las peripecias de la navegación. Al recordar algunos episodios de su juventud, el autor cuenta cómo, en un determinado momento, eligió el seudónimo de Mark Twain. Fue en el curso de un viaje, mientras estaba en el timón, mirando siempre frente a él a un marino, provisto de una sonda, que le comunicaba, en forma intermitente, la profundidad exacta del agua, gritando mark twain, es decir, «faltan dos brazadas». Este grito que tantas veces oyó repetir gustó mucho a nuestro piloto y cambió su nombre por el de Mark Twain.

Pero, de naturaleza inconstante, el futuro escritor dejó pronto la navegación. En 1859 abandonó el pilotaje para seguir a esos equipos de buscadores de oro que penetraban en el oeste en búsqueda de fortuna.

Fue expedicionario algunos años, y en 1867 reunió en un libro las aventuras más notables de los buscadores de oro, entre las que, posiblemente, El célebre sapo saltarín del condado de Calaveras sea la mejor y la que ha influido más en la rápida y segura fama del escritor.

Las primeras novelas de aventuras, en efecto, lo hicieron conocer en todas partes; un grupo de diarios le confió la misión de corresponsal en algunos países mediterráneos, tarea que aceptó con entusiasmo. En esta nueva experiencia se inspiró para la realización de otra novela: Los ingenuos en el extranjero, que suscitó una cálida aceptación por parte de los lectores.

Mark Twain tenía auténtico sentido del humor y consecuentemente los episodios que relataba eran ágiles y divertidos. Por otra parte, no falseaba nunca la realidad de las cosas y no permitía que los hombres empañasen sus acciones con imperdonable hipocresía, ni con el mínimo deseo de deformar los acontecimientos, por más insignificantes que fueran. Este rasgo fundamental que como hombre y como escritor tenía el novelista se nota en varias de sus obras.

En vista de los triunfos logrados en el año 1870 se casó con Olivia Langdon, y se estableció primero en Hartford, estado de Connectieut, y más tarde en Redding, pero debido a su fama viajó incansablemente dando conferencias y escribiendo con una actividad y constancia asombrosas.

Su popularidad, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra, fue increíble y sus entradas llegaron a ser tan abundantes que no sólo le permitieron cubrir las pérdidas ocasionadas por sus malas inversiones comerciales, sino que aún tuvo suficiente para vivir con holgura en los últimos años de su vida.

El autor logró un triunfo superior y más inmediato todavía con sus novelas para niños, algunos de cuyos episodios son autobiográficos. Los personajes de sus cuentos son chicos descriptos con marcada agudeza psicológica y en forma muy colorida y amena.

Las aventuras de Tom Sawyer, aparecida en 1876, y Las aventuras de Huckleberry Finn, editada en 1885, se desarrollan en una atmósfera exclusivamente infantil. La vida de esos dos protagonistas transcurre en lugares muy queridos por el autor en las regiones verdes y prósperas bañadas por las aguas del Misisipí. En esos relatos Mark Twain revive las horas felices e ingenuas de su infancia y resucita los acontecimientos que más le impresionaron y agradaron en su niñez.

En Las aventuras de Huckleberry Finn cuenta con estilo fantástico el viaje realizado por un niño, Huck Finn, quien, acompañado por un negro muy simpático, Jim, parte desde las orillas del Illinois y llega hasta Nueva Orleáns. El negro acompañante había logrado escapar de los malos tratos de su dueño, y luego, con Huck, vive maravillosas aventuras, muchas de ellas a bordo de una pequeña embarcación.

En Las aventuras de Tom Sawyer relata las experiencias verdaderas que todo niño ha realizado. La naturaleza impulsiva y el temperamento generoso de este niño presentan ciertas similitudes, y, por otra parte, la confesión del autor lo confirma, con el espíritu aventurero del novelista.

En la creación del personaje Tom Sawyer el autor reunió, por así decirlo, los diferentes caracteres infantiles que había estudiado, logrando un solo tipo muy original. La vida de Tom transcurre en el ambiente familiar, en la escuela y con los amigos. A pesar de que el libro comienza con un episodio

completamente infantil, los acontecimientos relatados más adelante exaltan la naturaleza de un niño simple pero heroico. Tom y su primer amigo, Huck, van una noche al cementerio para enterrar dignamente a su gatito muerto. Escondidos entre las tumbas se ven obligados a presenciar un crimen. Al día siguiente se acusa del hecho a un pobre borracho, Muff Potter; la intervención de Tom permite salvar al inocente de una condena infamante.

Tom Sawyer en el extranjero, relato que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas, narra las aventuras ocurridas en el viaje en aeróstato emprendido por el protagonista, su inseparable Huck, el esclavo negro Jim y el sabio constructor del aparato, un loco, que se precipitó al océano dejando librados a los otros tres ocupantes a su suerte e inexperiencia. Los diálogos entre Tom y sus dos compañeros son muy divertidos, pero bajo esa alegre apariencia se descubren la seriedad y la tristeza que son base de la magnífica sátira humorística de Mark Twain.

En efecto, Tom había visto que el asesino era un hindú, y decide revelar toda la verdad. El criminal huye por el bosque para evitar el castigo, y cuando Tom, mientras lo busca, se pierde en las cercanías de una gruta, intenta vengarse cruelmente de él, pero Tom logra escapar, y el libro termina con la muerte del hindú y la victoria del niño.

El autor publicó a continuación de este libro otros relatos que aparecieron en 1878. Los personajes principales siguen siendo Tom y Huck: se trata de Tom Sawyer policía y Tom Sawyer en el extranjero, que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas.

Completamente distinto es El príncipe y el mendigo, cuya fama se extendió tanto, que se lo tradujo a casi todos los idiomas. Los acontecimientos se desarrollan en los ambientes más diversos y opuestos del Londres del siglo XIX.

En 1885 Mark Twain publica otra novela, Las aventuras de Huckleberry Finn, en la que se cuentan los viajes de Huck Finn y del esclavo negro Jim a través de la América de los buscadores de oro. Gran parte de la epopeya de esos niños se desarrolla en el Misisipí, a bordo de un bote y de una balsa.

Está descripta la profunda miseria de los bajos fondos de la ciudad, que contrasta con la riqueza y el lujo de las clases acomodadas. Tom es uno de esos niños que viven en los barrios pobres de la ciudad. Un día, paseando, se aleja de su casa y se halla en la otra parte de Londres, bajo las verjas del espléndido palacio real. Inconscientemente comienza a recorrer el hermoso parque, y allí se encuentra con un niño muy semejante a él, de la misma edad y parecido que sólo se distinguen por la ropa.

Tom viste pobremente y el otro con suntuosidad, de terciopelo bordado con oro. El niño así vestido es el príncipe heredero, quien ha logrado esquivar la vigilancia de los guardias y comienza a jugar alegremente con Tom. Durante el juego el pequeño noble decide cambiar de ropa con Tom, y le entrega sus espléndidos atavíos. Pero surge un criado en su busca, y a pesar de las explicaciones de ambos niños echa al príncipe del palacio y lleva en su lugar a Tom, que comienza así una vida llena de imprevistos muy felices.

Sin embargo, pronto comienza a sentir nostalgias de su verdadero hogar y de los juegos con sus amiguitos, y mediante gran paciencia logra convencer a la gente de palacio de su identidad. Rápidamente se dispone la búsqueda del príncipe, y al cabo de un tiempo los dos niños se encuentran y vuelven nuevamente a su existencia anterior, pero con experiencias que les serán necesarias para comprender y resolver problemas sociales.

Mark Twain se había planteado también esas cuestiones; su vida nunca fue fácil ni feliz, ya que siempre se había encontrado frente a problemas económicos. Buscando cierta vez solución a esa existencia precaria, emprendió un largo viaje por todos los continentes; esto le permitió conocer ambientes y gente muy distintos y de costumbres dispares.

Viajaba como hombre de letras y daba conferencias y charlas literarias. A su regreso juntó las impresiones que había acumulado en su libro A lo largo del Ecuador, que apareció en 1897. Con la venta de éste logró juntar el dinero suficiente para pagar a sus acreedores.

Sus obras gustaron siempre, pues el tono de sus relatos es humorístico y cordial. Pero el optimismo de Mark Twain resulta ser refugio y distracción para las amarguras de la vida. Indudablemente tal contraste entre vida real y sueño engendró en él un conflicto espiritual que dio   origen a  su humor.De ahí el extraordinario desarrollo de su fina ironía, que le llevaba incluso a descubrir el ridículo en los mínimos aspectos de la existencia.

La última de sus obras fue una autobiografía, que apareció en 1924, a los catorce años de su muerte, ocurrida en Redding, Connecticut, el 21 de abril de 1910.

Gracias a sus obras, reportajes y conferencias sobre viajes, Twain logró pagar a sus acreedores y volver a América. Tero, cansado, enfermo y literalmente deshecho por las penas, sólo deseó pasar los años que le quedaban de vida en un lugar tranquilo, donde se había hecho construir una casa. Eligió Connecticut, y allí permaneció, salvo breves excursiones a las Bermudas, hasta su muerte, ocurrida el 21 de abril de 1910.

Su personalidad literaria es muy discutida y se lo juzga de diferentes maneras; en efecto, para algunos es un narrador eficaz de aventuras para niños; para otros, en cambio, esconde bajo esa forma literaria un pensamiento filosófico y moral perceptible en todas sus obras.

A pesar de que los juicios no concuerden, es sin embargo evidente que, narrador o filósofo, Mark Twain fue, ante todo, un humorista fino y capaz de argumentar sutilmente. El libro titulado Relatos americanos es una verdadera obra de arte del humor. Comprende Las costumbres periodísticas del Tennessee y Cómo cesé de ser secretario.
Alrededor de 1873 Mark Twain montó una de sus comedias, La edad de oro, que fue favorablemente acogida por el público.

Además de los viajes recordados, Mark Twain fue encargado de transcribir en 1873 los detalles del viaje del sha de Persia por Londres y París.

La vida de Mark Twain es rica en anécdotas, entre las que merece citarse la siguiente: estando en Viena en la época de los tumultos provocados por los alemanes, llegó a Nueva York la noticia de su muerte. Mark Twain, al enterarse, decidió mandar sin tardanza un telegrama, redactado en estos términos: «Noticia de mi muerte muy exagerada. Mark Twain.»

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El príncipe y el mendigo cuenta la vida de dos niños de la misma edad, uno príncipe heredero y el otro de familia muy pobre. El azar quiere que los dos se encuentren y se hagan amigos. Mientras juegan deciden cambiar de traje. Uno de los servidores del palacio, engañado por el extraordinario parecido físico de los dos niños, y por las ropas, hace entrar en el castillo’ al mendigo, mientras echa al verdadero príncipe. De este modo comienza una nueva vida para ambos. Pero el niño pobre empieza a sentir tristeza por la ausencia de sus padres y la falta de libertad, y logra convencer a los cortesanos de cuál fue la situación equívoca que indujo al sirviente a caer en el error. Al final de la obra todo se arregla: el verdadero príncipe vuelve a su lugar, mientras su amigo, que durante ese tiempo había podido hacerse apreciar por su clara inteligencia, encuentra en la corte un puesto destacado.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Federico II de Prusia –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía Madame de Sevigne Escritora Francesa Marquesa

Biografía Madame de Sevigne

María de Rabutin-Chantal nació en París el 5 de febrero de 1626 y murió de viruela en Grignan el 17 de abril de 1696. Fue la intérprete brillante y fiel del espíritu de Francia del siglo XVII. Ha pasado a la posteridad gracias a las 1.500 Cartas que escribió.

Sevigne Madame Francia

Los primeros salones literarios tuvieron lugar en París y en ellos se reunían regularmente personalidades de la aristocracia, de la política, de las letras y de las artes para charlar sobre temas literarios, morales, mundanos o filosóficos. A partir de 1613, la marquesa de Rambouillet, aristócrata refinada y culta, se alejó de la corte de Enrique IV porque la consideraba vulgar y comenzó a recibir en su casa a las mentes más exquisitas de su tiempo, entre ellos siendo muy joven la marquesa de Sévigné, asistía frecuentemente.

La vida mundana de París y de la corte de Luis XIV, en el siglo XVII, implicaba para la sociedad de la época una existencia brillante pero frivola. De esta sociedad Madame de Sevigné, nos ha transmitido la imagen viva y fiel a través de su correspondencia. Ella misma representa el tipo perfecto de dama de la alta aristocracia. Como escritora pertenece, además, al mejor período del clasicismo francés.

Nació el 5 de febrero de 1626 y su verdadero nombre fue María de Rabutin-Chantal. Cuando tenía cerca de 1 año de edad perdió a su padre, y no había llegado todavía a los 7 cuando su madre también falleció. Fue entonces confiada a un tío materno, el abate Livry, que la educó con esmero. Encargó éste su instrucción a profesores de renombre que cultivaron la clara inteligencia de la joven, dándole sólida cultura. Aprendió el español, el italiano y el latín.

Presentada a la corte de la reina madre Ana de Austria, casó muy joven, en 1644, con el marqués de Sevigné; éste, siete años más tarde, murió en un duelo, dejándole dos hijos: Francisca Margarita y Carlos.

La joven viuda abandonó entonces la vida mundana y se retiró a sus dominios, consagrándose exclusivamente a sus deberes maternos y a la administración de su hacienda con competencia y habilidad. A los 29 años retornó a París y reapareció en la corte, donde brilló en el seno de la sociedad culta, gracias  a su inteligencia y a la distinción de sus modales y conversación.

Aun cuando amaba a sus dos hijos, Madame de Sevigné tuvo, sin embargo, una marcada predilección por su hija, a la que profesaba un cariño que puede parecemos desmedido.

Francisca Margarita casó en 1669 con el conde de Grignan, acompañándolo algunos años más tarde a Provenza, donde fuera nombrado teniente general. La marquesa sintió una inmensa pena a raíz del alejamiento de su adorada hija y fue entonces cuando inició una correspondencia muy frecuente, que habría de durar 25 años, sin más interrupciones que las ocasionadas por los reencuentros.

A partir de esa fecha, en efecto, la marquesa viajó siempre, realizando estadas en sus diferentes propiedades, a las que administraba personalmente, y efectuando visitas a su hijo, en Bretaña, y a su hija, en Provenza. Fue en Grignan en donde Madame de Sevigné murió de viruela el 17 de abril de 1696.

En 1669 su hija casó con el conde de Grignan, acompañándolo a Provenza. Madame de Sevigné inició entonces una correspondencia frecuente que no se interrumpió más que en los momentos en que madre e hija reencontrábanse. La marquesa viajaba frecuentemente, a fin de visitar a su hija, en Provenza, y a su hijo, en Bretaña, y recorrer sus diferentes propiedades, las que administraba personalmente con competencia y habilidad.

Todos los personajes más conocidos del siglo XVII, políticos, escritores, sabios y damas de la aristocracia, nos han dejado cartas, pero sólo la marquesa de Sevigné ha pasado a la posteridad en razón de su correspondencia, sin que aquellas pocas figuras renombradas en este género literario, puedan rivalizar con ella.

Nos han llegado 1.500 cartas, las cuales fueron publicadas en numerosas ocasiones y a través de distintas ediciones. Estas cartas de Madame de Sevigné reflejan admirablemente la vida y la sociedad de su época. La marquesa conoció el ambiente de la corte, pleno de faustos y esplendores, pero también penetrado de infamias.

Así, a través del relato de los hechos históricos o mundanos, vieron la luz los secretos mezquinos o escandalosos, las rivalidades y los odios de la alta sociedad de ese tiempo. La marquesa trataba familiarmente a los personajes más conocidos de Francia, y es por ello que sus cartas refieren, con espíritu de observación  psicológica profundidad, todo lo que concierne a estas figuras y a los acontecimientos de aquel mundo aristocrático.

En una época en que la conversación brillante constituía uno de los pasatiempos más apreciados de la vida mundana, ella escribe en la misma forma que habla. Así, en las cartas a su hija, que constituyen la mayor parte de su correspondencia, y en otras dirigidas a los amigos que vivían lejos de París, relata con soltura todo lo que puede interesar vivamente a sus destinatarios, o lo que puede permitirles estar al tanto de los acontecimientos.

La sólida cultura de Madame de Sevigné se revela en los juicios y citas que aparecen en sus cartas, expresados siempre sin evidenciar pedantería; guarda en todo momento un tono espiritual y alegre. Las Cartas constituyen un testimonio histórico y sincero de su época.

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En una de sus cartas más espirituales, Madame de Sevigné relata la muerte de Vatel, mayordomo del castillo de Conde. Para celebrar la llegada al castillo de Luis XIV y su séquito se preparó un banquete suntuoso, pero los invitados fueron más numerosos de lo previsto. Todos hicieron honor a las viandas, pero el asado no fue suficiente. Al día siguiente ocurrió lo mismo con el pescado. Vatel creyóse culpable de todas estas vicisitudes, y se suicidó.

Los hechos y los personajes, ya sean presentados bajo un aspecto favorable o desfavorable, son tratados siempre con una indulgencia sonriente, puesto que la marquesa, aun cuando evita la crítica mal intencionada, dista de ser una ingenua.

La crónica mundana, plena de vivacidad, alterna siempre con simples reseñas que tienen por tema la vida familiar o la vida campestre, junto con brillantes observaciones sobre la naturaleza.

En otras cartas se puede apreciar mayor profundidad, una real nobleza de espíritu y su sentido religioso de la vida. Estas cartas son una especie de retrato de la misma marquesa: espiritual y alegre, culta y segura de sus juicios, que mantiene aun cuando sus amigos caigan en desgracia frente al rey. Son bien conocidas las cartas en las que refiere detalladamente el proceso  del ministro Fouquet, acusado y; encarcelado por malversar bienes del Estado. Estos relatos fieles y precisos valieron a Madame de Sevigné la denominación de bella antecesora de los cronistas modernos».

La ilustre escritora no fue, evidentemente, una mujer tierna ni sentimental, y se la ha reprochado asimismo su falta de piedad, porque con la indiferencia propia de su tiempo y ambiente describe, con un desapego que llega al cinismo, las aventuras y sufrimientos de las otras clases. Se le criticó también haber escrito con demasiado preciosismo, es decir, haber complicado su prosa, buscando efectos. Ella controló su estilo, sin lugar a dudas, pero algunos recursos, aun cuando fueron artificiales, no pierden por ello su aparente espontaneidad en el seno del relato.

Todavía en nuestros días, después de transcurrir dos tres siglos, la voz de esta mujer simpática y espiritual parece querer surgir de las páginas de sus cartas con toda alegría y vivacidad, haciendo revivir personajes y acontecimientos que el tiempo, sin ella, habría indudablemente borrado para siempre.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Biografía de Madame de Sevigne

 

Biografía de Victor Hugo Resumen Obra Literaria del Poeta Francés

Biografía de Víctor Hugo
Obra Literaria del Romanticismo Francés

Victor Marie Hugo (1802-1885), poeta, novelista, dramaturgo y crítico francés cuyas obras constituyeron un gran impulso, quizá el mayor dado por una obra singular, al romanticismo en aquel país.

La revelación de Hugo como poeta romántico data de 1929, con la aparición del volumen de poesía Orientales.

Con Hojas de otoño (1831), Los cantos del crepúsculo (1835), Voces interiores (1837) y Los rayos y las sombras (1840) se confirma en su tono intimista y meditativo.

Victor Hugo Poeta

OBRAS IMPORTANTES DE VÍCTOR HUGO

Marión Delorme (drama).
Hernani (drama).
El Jorobado de Nuestra Señora de París,
El Rey se divierte (drama).

Napoleón el Pequeño,
Los miserables.
Los trabajadores del mar.
El hombre que ríe.
El noventa y tres.
La leyenda de los siglos.
La historia De un crimen.
La piedad suprema.
Varios volúmenes de poesía dramática y lírica.

BIOGRAFIA

El gran poeta nació en Besanzón el 26 de febrero de 1802; su padre, general del Imperio, lo llevó, siendo muy niño todavía, a Italia y España.

Los ojos del pequeño se maravillaron con los espléndidos paisajes y los incomparables monumentos de lá Europa mediterránea. Sus primeras poesías, que aparecieron más tarde bajo el título de Odas y baladas, le valieron el calificativo de «niño sublime».

Por la importancia de su obra, por su diversidad y por los hechos que llenan su vida, Víctor Hugo es el autor que domina el siglo XIX en Francia.

Su padre, Léopold Hugo, era comandante del ejército revolucionario que se hacía llamar Bruto, estaba participando en la pacificación de la Vendée, sublevada por los legitimistas monárquicos, cuando conoció a Sophie Thébuchet, graciosa y piadosa muchacha educada en las tradiciones, con quien se casó en 1797.

Tuvieron primero dos hijos, Abel y Eugéne, que tenían respectivamente cuatro y dos años cuando, en 1802, Sophie esperaba otro bebé, soñando con que fuese niña ya que el nombre ya estaba elegido: se llamaría Victorine.

Pero el 26 de febrero de 1802, en Besanoon, nació un varón, Víctor.

El comandante Hugo tiene que reunirse con su unidad en Córcega. Mientras tanto, Sophie ha conocido en París al padrino de Victor, el general-marqués de Lahorie, antibonapartista declarado, que se comprometerá en la conspiración de Malet y será fusilado en 1812.

Estas relaciones —de las que no se sabe gran cosa— acabaron de separar un matrimonio tan dispar como el de los padres de Victor, quien a partir de ahora vivirá exclusivamente con su madre.

La familia se instala en París y vive casi en la miseria; mientras tanto, la fortuna de las armas distingue a Léopold, quien consigue el grado de general y obtiene el gobierno de la provincia italiana de Avellino.

Su esposa se reúne con él en Italia, pero no tardan en separarse de nuevo, y en 1814 sus padres inician una acción judicial a fin de separarse.

De vuelta a la capital, alquila una casa en el número 12 del callejón de las Feuillantines, lo que la Revolución dejó en pie de un antiguo convento. Mansión tranquila, con jardín, oasis misterioso donde los niños juegan despreocupados y felices.

La muerte repentina de su madre le obliga a instalarse solo en una buhardilla del Barrio Latino: llevará allí la vida que atribuirá al Marius de Los miserables años más tarde.

En 1822 publica su primer libro de poemas, Odas, en el que se muestra fiel servidor del trono y del altar; obra sin gran sinceridad, pero con alardes de virtuosismo:

Luis XVIII le recompensa con una pensión de mil francos que luego será doblada; ya se puede casar con Adéle. Eugéne, que también estaba enamorado de ella, se vuelve loco el día de la boda. Fueron sus testigos dos poetas: Alfred de Vigny y Soumet.

En 1823 hizo su primera incursión en el campo de la novela con Han de Islandia, y en 1826 publicó Bug Fargal; esta última es la historia de un esclavo negro que se sacrifica por salvar a la joven blanca, a quien ama.

Su actividad de escritor duró sesenta años, es decir, hasta su muerte, ocurrida el 22 de mayo de 1885, y durante todos esos años trabajó sin tregua.

La producción de. Víctor Hugo es variadísima: compuso, en efecto, poemas, obras de teatro, novelas, escritos políticos y manifiestos literarios.

Le tocó presenciar la gloria de Napoleón y su decadencia, el fin del régimen monárquico, el nacimiento de la Segunda República, el reinado de Napoleón III y la Tercera República.

Víctor Hugo aspiraba a ser el «pensamiento del siglo», pensamiento este agitado por incesantes problemas.

Así, cantó victorias, lloró derrotas y conoció el exilio. Encontramos en sus propias declaraciones la característica de su obra: «Todo lo que está en la naturaleza, está en el arte; el drama resulta de la combinación de lo sublime y de lo grotesco; el drama es la expresión de la época moderna.»

victor hugo poeta

Poco a poco fue prendiendo en su espíritu la ideología liberal, suscitada en parte por los recuerdos de la epopeya napoleónica que había vivido en su niñez.

Al mismo tiempo, se declaró francamente romántico, en un momento en que tanto Chateaubriand como Lamartine se habían consagrado a la vida política y en que la nueva corriente necesitaba un jefe que le llevara a la victoria.

Hugo fue la figura sobresaliente del «(Cenáculo», tertulia de los salones de Nodier, desde que en la introducción a su drama Cromwell (1827) expuso el programa de acción de los románticos.

Poco después, en 1830, triunfaba ruidosamente con Hernani, a pesar de la violenta oposición de los clasicistas, y con él se imponía el romanticismo en Francia. El año anterior, Las Orientales habían revelado en Hugo a uno de los grandes poetas líricos del siglo.

Fue nombrado miembro de la Academia Francesa en 1841, donde se lo acogió con entusiasmo delirante; de la misma manera fue aclamada en 1848 su entrada a la Asamblea Constituyente.

El golpe de Estado que colocó a Napoleón III en el trono ele Francia provocó la indignación del poeta, que se constituyó en el enemigo implacable de ese hombre al que consideraba un usurpador.

El pueblo entero se conmovió al enterarse que Víctor Hugo había sido proscripto por gritar su rebeldía.

Se estableció primero en Bélgica y luego en La pequeña isla de Jersey, donde publicó en 1852 Napoleón el Chico.

De regreso a París, el 4 de septiembre de 1870, dos días después del desastre de Sedán, fue elegido representante en la Asamblea Constituyente con asiento en Bordeaux.

Seis años más tarde fue nombrado senador a perpetuidad; sin embargo, el viejo titán habría de abandonar su vida política y refugiarse en la soledad, aunque, al igual que el astro al final de su trayectoria, continuaría aún irradiando su magnífico fulgor.

Escribe nuevos poemas y se consagra especialmente a El arte de ser abuelo (1877), donde traduce de manera exquisita el amor que le inspiran sus nietos.

Concluye su drama Torquemada, que no pudo ser representado y cuya composición, iniciada cuarenta años antes, había abandonado ante el desaliento que le produjera el fracaso de su obra Los burgraves.

Cuando se difundió la noticia de que su fin estaba próximo, la angustia sacudió el corazón del pueblo entero, tanto amaba al anciano cuva alma estaba «en el centro de todo, como un eco sonoro».

Contra el deseo del poeta de que su entierro fuera modesto, las exequias que se realizaron en su homenaje alcanzaron gran magnificencia.

El féretro que encerraba su cuerpo fue expuesto una noche entera bajo el Arco de Triunfo y doce poetas lo velaron.

Víctor Hugo fue grande en todos los géneros literarios. Entre sus libros de poemas citaremos: Las orientales (1829), Las hojas de otoño. Los cantos del crepúsculo (1833), Laces y sombras (1840), Las contemplaciones (1856), la monumental Leyenda délos siglos, cuya primera serie apareció en 1859, La canción de las calles y de los bosques (1865), Los cuatro vientos del espíritu (1881). Pero sus novelas fueron recibidas con mayor entusiasmo por sus contemporáneos. Las principales son: Nuestra Señora de París (1831), Los miserables (1862), Los trabajadores del mar (1866), El hombre que ríe (1869), Noventa y tres (1872).

Para el teatro escribió Hernani, cuya primera representación significo una terrible batalla entre los antiguos y los modernos: los partidarios del teatro clásico y los románticos, El rey se divierte, Lucrecia, Borgia, Ruy Blas. Su primera obra dramática, Cromwell, fue representada recién en 1856. Víctor Hugo la publicó con el agregado de un prefacio en el que resume todas sus doctrinas literarias.

En toda la obra de Víctor Hugo se pone de manifiesto su amor por los oprimidos, los débiles, su indignación frente a las injusticias sociales; su tema favorito es la lucha de la humanidad contra la tiranía, que representa para el poeta el peor de los males.

La naturaleza fue también fuente de inspiración; la grandiosidad del mar se ve reflejada en Los trabajadores del mar, obra escrita en Jersey, durante el exilio; es la historia de un pescador que enfrenta los mas graves peligros para poner en lugar seguro las máquinas de un navio encallado entre las rocas; lo mueve a ello el amor que siente por la sobrina del propietario de este navio. Pero, cuando luego de terribles aventuras, logra su propósito, se entera de que la joven ama a otro hombre; presa de la desesperación se abandona a la furia de las olas.

La crítica no siempre ha sido benévola con Víctor Hugo; algunos le reprochan su aplastante sonoridad; otros, sin embargo, consideran que la obra del gran escritor contiene páginas de las que puede enorgullecerse no solamente la literatura francesa, sino la humanidad pensante.

Este juicio es aplicable sobre todo a la mayoría de los capítulos que componen su novela más importante, Los miserables, en la que Víctor Hugo ha logrado combinar armoniosamente sus dotes de poeta, novelista e historiador.

El personaje central de esta obra es Jean Valjean, quien por haber cometido un delito insignificante se ve condenado a trabajos forzados. Jean Valjean consigue evadirse de la prisión y encuentra asilo en la casa de un obispo, Monseñor Miriel, hombre este que vive y obra según los principios evangélicos.

La acogida que el santo prelado le dispensa, las dulces palabras que le prodiga y, más aún, las que dirige a los soldados cuando éstos llevan ante su presencia a Jean Valjean, que le había robado dos candelabros de plata, abren un camino de luz en el corazón del condenado.

Éste cambia radicalmente y orienta su espíritu hacia el bien. Escondiéndose bajo  el  seudónimo  de  señor   Magdalena abre una fábrica; es elegido luego alcalde de una pequeña ciudad y gana poco a poco la estima general.

Pero un día, la policía detiene a un pobre idiota y lo arrastra ante los jueces, diciendo que ese desdichado es Jean Valjean.

Es entonces cuando el supuesto señor Magdalena, para evitar que se condene a un inocente, decide confesar su verdadera identidad. Lo encierran nuevamente en la prisión y otra vez logra fugarse.

Cambia en esta ocasión su disfraz y recoge a una niñita, para quien llegará a ser ur verdadero padre.

El policía Javert no cesa de se guir sus huellas. Un capricho del destino quiere que Jean Valjean salve la vida de su perseguidor;  sin embargo, el condenado cree que esta actitud no impedirá al policía, verdadero monstruo de conciencia profesional, cumplir su cometido.

Se equivoca; antes que perder a quien lo ha salvado, Javert se arroja al Sena.

Éste no es sino un resumen muy incompleto de una historia que en realidad reúne varias otras.

Al lado de Jean Valjean está Mario, en quien muchos han creído reconocer al autor; otro personaje importante es Gavroche, que simboliza el coraje y el espíritu del chiquillo pobre de París.

En esta obra monumental hay magníficas páginas de historia: Waterloo, las agitadas jornadas del mes de junio de 1832; hay descripciones sorprendentes, como, por ejemplo, la de las alcantarillas de París.

Víctor Hugo fue considerado como el jefe de la escuela romántica y muchos han sido los poetas que recibieron su influencia. Su espíritu inquieto encontraba fácilmente la inspiración, pues todo parecía interesarle.

Se le ha reprochado a menudo el haber prestado a los personajes de sus novelas y de sus dramas una excesiva grandilocuencia, pero lo sublime formaba parte de su naturaleza, y el gigante no podía llevar vestimentas de enano.

Pasajes de sus Obras Literarias:

victor hugo obras literarias

Gwynplaine, el noble raptado por ios gitanos, ha debido soportar de manos de éstos extrañas y horrorosas torturas que han transformado por completo la expresión de su rostro. En la Cámara de los Lores, de la cual es miembro, toma la palabra, y los lores estallan en carcajadas sin poder escucharlo. Este personaje es uno de los más trágicos de la obra de Víctor Hugo.

Una joven gitana, Esmeralda, gana su vida bailando y prediciendo el porvenir. Claudio Frollo, archidiácono de la Catedral, que se consagra a la alquimia, y Quasimodo, un enano deforme, la aman; pero Esmeralda sólo piensa en Feho, el hermoso capitán que la ha salvado de caer en manos del abominable sacerdote. Este la hace acusar de asesinato, y la gitana es condenada a muerte. Quasimodo la oculta en la iglesia; pero Claudio Frollo la encuentra y decide entregarla a una hechicera, quien reconoce en Esmeralda a su propia hija. Su fin está próximo: los guardias la han apresado. Desde lo alto de la Catedral, Claudio Frollo se apresta a presenciar el suplicio, pero surge Quasimodo y lo lanza al vacío. Dos años más tarde se encontrará, en el cementerio de San Lorenzo, el esqueleto del desdichado Quasimodo estrechamente abrazado al de Esmeralda; cuando pretendieron separarlo, quedó convertido en polvo. Este libro resulta pintoresco por las pinturas de la multitud, el lenguaie de los pordioseros y las descripciones del París de antaño. El tema principal es Nuestra Señora de París.

El rey se divierte

El rey se divierte: Los cortesanos de Francisco I sospechan que Triboulet, el bufón, oculta una aventura amorosa, y para desenmascararlo preparan un plan de minuciosa crueldad: lo hacen cómplice del rapio de la joven de quien lo creen enamorado, y que és en realidad su hija Blanca. Triboulet decide vengarse y va en busca de un espadachín para que éste dé muerte a un hombre cuyo verdadero nombre calla. Éste hombre es el rey. Pero Blanca salvará al soberano, vistiendo ropas masculinas y dejándose matar en, su lugar.

Hernani: La acción se desarrolla en España. Doña Sol ama a Hernani, el apuesto desterrado; pero su tío, Don Ruy Gómez aspira a casarse con ella. Por otra parte, el rey Don Carlos está también enamorado de la joven, y la hará raptar. La vida de Hernani está en las manos del anciano, quien decide acordarle una tregua si el joven le ayuda a salvar a su sobrina. Hernani promete, a su vez, que en el mismo momento en que llegue a sus oídos el sonido del cuerno que Don Ruy Gómez habrá de tocar, él se dará muerte. Don Carlos, llegado a emperador, se muestra magnánimo: indulta al proscripto y le permite casarse con Doña Sol. Pero la noche de las bodas suena el cuerno de Don Ruy Gómez. Hernani cumplirá su promesa, Doña Sol sigue los pasos de su amado y el anciano acabará también por quitarse la vida. Esta obra al año siguiente de su estreno obtuvo 45 representaciones y luego fue una obra de repertorio en todos los teatros de Europa, por la riqueza de la forma, la brillantez del estilo y la abundancia de las imágenes verdaderamante poéticas.

Cromwell: El héroe de la revolución inglesa, que ha alcanzado la cumbre del poder, ansia ceñir la corona real. El Parlamento y la ciudad de Londres están dispuestos a ofrecérsela, con lo cual verá colmados sus más caros deseos. Pero, hábilmente disfrazado de centinela, llega a saber que los monárquicos y los republicanos traman un complot contra el futuro rey. Dando pruebas de gran tacto, en el momento de la ceremonia rechaza la corona, y este gesto llena de admiración a sus mismos enemigos.

ALGO MAS…

Entre 1830 y 1841, fecha en que fué elegido miembro de la Academia francesa, Hugo produjo gran parte de su obra literaria, no sólo destinada a la aristocracia que asistía a las representaciones teatrales (Lucrecia Borgia, María Tudor), o bien podía saborear un buen libro de poesías (Hojas de otoño, Las voces interiores), sino también al gran público (Nuestra Señora de París).

El fracaso de Los Burgraves (1843), drama que no fué comprendido por el público, y ciertas desgracias familiares, le lanzaron al campo de la política (en 1845 fué nombrado par de Francia).

Como político, Hugo no tenía habilidad ni aptitudes. Al menos fuE consecuente con sus ideas, cada vez más democráticas. Miembro de la Asamblea Nacional en 1848, fué proscrito por Napoleón III después del golpe de estado de 2 de diciembre de 1851.

Hugo vivió desterrado hasta 1870. Residió algunos meses en Bruselas. Luego pasó a Jersey y más tarde (1855) a Güernesey. Aquí realizó una nueva etapa de fecunda actividad literaria, que culmina en Los Miserables (1862), novela de una época, de una raza y de un estilo.

De regreso a Francia después del hundimiento del Segundo Imperio, fuE elegido miembro de la Asamblea Nacional (1871) y senador (1876). Pero esta vez no intervino en política.

Reputado como vate de la Tercera República, sus facultades creadoras, declinantes con la edad, se manifestaron todavía frescas en varias obras poéticas (Cuatro vientos del Espíritu, 1881).

FuE objeto de varias celebraciones oficiales y públicas, en particular al cumplirse los cincuenta años de la «batalla de Hernani». En París, el 22 de mayo de 1885, la muerte le arrebató a Francia, pero no a la Historia..

Fuente Consulatada
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX Biografía de Víctor Hugo

Biografia de Baruch Spinoza Resumen de su Vida

Biografía de Baruch Spinoza

Los contemporáneos consideraron con odio y aversión la doctrina panteísta de Baruch Spinoza. Después de un período de silencio, el idealismo alemán revalorizó la obra de este pensador de fines del siglo XVIII.

Desde entonces, combatido o defendido, Spinoza ocupa un lugar de primera fila entre los filósofos de la Edad Moderna.

Se ha dicho, y con mucha razón, que no se puede ignorarlo, porque su solo pensamiento representa un perfil del pensamiento humano; perfil unilateral a ultranza, desde luego, pero expresión máxima de una orientación filosófica.

Spinoza, en efecto, encarna el ápice de la filosofía racionalista del siglo XVII, apoyándose en la plataforma de Descartes y llevando a las consecuencias últimas las deducciones naturalmecanicistas que este pensador había creado.

En su Etica, construye un sistema filosófico de modo rigurosamente matemático, con sus definiciones, axiomas, corolarios y escolios (método geométrico). Esta concepción matematicista se halla, asimismo, en el fondo de su pensamiento.

El punto de arranque de su sistema metafísico descansa en la «substancia», causa inmanente de todas las cosas, Dios o Naturaleza, que posee infinitos atributos, de los cuales sólo se pueden conocer dos: el pensamiento y la extensión, lo anímico y lo corpóreo.

Entre uno y otro no existe intercambio, sino paralelismo, y en esta premisa, que resuelve el dualismo cartesiano, se basa el panteísmo de Spinoza.

En su estructura mental geometrizante, éste excluye de su moral toda mística, toda entrega a un Dios que, para él, sólo es pensamiento puro.

Baruch de Spinoza

Nació en Amsterdam el 24 de noviembre de 1632. Sus padres eran judíos emigrados de España (su apellido Spinoza deriva del original español de su familia, Espinosa) a Portugal y, más tarde, a las Provincias Unidas.

Recibió una formación basada en el estudio de las fuentes clásicas judías, especialmente presentes en el Talmud.

Más tarde, sin embargo, se apartó del judaísmo como consecuencia de haber iniciado sus estudios acerca de las ciencias físicas, así como por el efecto que tuvieron en su pensamiento los escritos del filósofo inglés Thomas Hobbes y los del científico y filósofo francés René Descartes.

Baruch de Espinoza

Ver: Baruch Spinoza y su pensamiento sobre las mujeres

Miembro de la escuela racionalista de filosofía, Baruch Spinoza buscaba el conocimiento a través de la razón deductiva más que por la inducción a partir de la experiencia sensorial. Spinoza aplicó el método teórico de las matemáticas a otras esferas de investigación. Siguiendo el modelo de los Elementos de geometría de Euclides, la Ética (1677) de Spinoza desarrollaba un análisis de la moral y la religión en definiciones, axiomas y postulados.

Benito Espinosa. — Este filósofo holandés nació en Amsterdam el 24 de noviembre de 1632 y murió en La Haya el 21 de febrero de 1677. De religión hebraica su familia, debía de proceder de los judíos españoles o portugueses que fueron expulsados de la península ibérica.

Sus padres le destinaban a la profesión de rabino y en este sentido se encaminaron sus primeros estudios. Muy pronto la profundidad de su pensamiento, su gran sentido crítico y la independencia de sus juicios, le indispusieron con sus compañeros de religión, por la libertad con que examinaba las doctrinas aceptadas de teología y moral.

Adquirió entonces amistad con los cristianos y recibió lecciones de latín del humanista y médico librepensador Van der Endem.

Siguió la escuela cartesiana, escribiendo un tratado de filosofía, y además escribió la Ética, libro de filosofía moral en el que expone un sistema propio sobre la materia, basado en el método de la geometría euclidiana. Los rabinos le persiguieron y hasta se intentó su asesinato.

En 1655 fue desterrado de Amsterdam, y vivió en el campo, ganando su subsistencia como pulidor de lentes.

En este destierro escribió su obra De Dios y del hombre, y se presume que bosquejó el Tratado teológico-político. Espinosa hubo de variar dos veces de residencia para gozar de calma y tranquilidad que le eran muy necesarias física y espiritualmente, volviendo después a La Haya.

Al aparecer la última parte de su Ética, circuló la especie de que preparaba otra en la que negaba la existencia de Dios.

Los teólogos propagaron la noticia, y tanto por el efecto que en su ánimo produjeran estas injustificadas inculpaciones como por los trabajos y privaciones por que pasaba, se agravó la dolencia de tuberculosis que le aquejaba, y falleció en la indigencia.

CRONOLOGÍA DE SU OBRA LITERARIA

1663Renati des Cartes Principiorum philosophiae (Principios de la filosofía de René Descartes)
1663Cogitata metaphysica (Pensamientos metafísicos)
1670Tractatus theologico-politicus (Tratado teológico-político)
1677 (póstuma)Tractatus de intellectus emendatione (Tratado sobre la reforma del entendimiento)
1677 (póstuma)Tractatus politicus (Tratado político)
1677 (póstuma)Ethica ordine geometrico demonstrata (Ética demostrada según el orden geométrico)

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Resumen de las Etapas del Arte en Europa desde el Renacimiento

Etapas del Arte en Europa Desde el Renacimiento

La siguiente descripción es una somera sintesis de los mas destacados artistas de Europa a partir del siglo XV, desde esta misma pagina puedes acceder a conocer la vida y obra de casi todos los artistas nombrados en dicha descripción.

A comienzos del siglo XV, Europa occidental estaba dominada artísticamente por una concepción medieval que, al servicio de grandes príncipes, se expresaba mediante fantasías. Los pintores flamencos Campin, Van Eyck y luego Van der Weyden, emprendieron el regreso a la realidad mediante la reproducción fiel de las apariencias externas.

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Rogier van der Weyden (c. 1399-1464), pintor flamenco de mediados del siglo XV, destacado por el carácter innovador de sus composiciones religiosas dentro de la pintura de su época. Por lo general, las obras del pintor flamenco Rogier van der Weyden tratan sobre temas religiosos. En esta obra de 1435 aproximadamente, (actualmente en el Museo del Prado-Madrid) Conocido por el carácter innovador y dinámico de sus composiciones, en El descendimiento de la cruz.

Al mismo tiempo, artistas florentinos planteaban la cuestión artística centrándola en el hombre y, por tanto, dando a su obra una dimensión definida y real en espacio y tiempo. Brunelleschi, Donatello y Masaccio iniciaron así, en sus respectivas artes, la corriente renacentista, aplicando los principios de la anatomía y la perspectiva.

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Masaccio (1401-1428), el primer gran pintor del renacimiento italiano cuyas innovaciones en el empleo de la perspectiva científica abrieron el periodo de la pintura moderna. La expulsión del Paraíso (c. 1427) es uno de los seis frescos que Masaccio pintó en la capilla Brancacci de Santa Maria del Carmine, Florencia. El carácter innovador de estas obras reside en sus figuras de aspecto casi escultórico y en su fuerza dramática y emocional.

En torno a 1500, las preocupaciones humanistas de los artistas florentinos recibieron nuevos impulsos que hicieron llegar a sus últimas consecuencias el espíritu del Renacimiento: Leonardo, a partir de la experiencia; Rafael, por la relación de afectos y el pensamiento eclesiológico, y Miguel Ángel, por su lucha atormentada con la materia en razón de su fe religiosa, son las figuras señeras de esta etapa.

Los humanistas eran intelectuales, eruditos de formación universitaria, que comenzaron a resucitar obras filosóficas, históricas o literarias de la antigüedad grecorromana.Sus ideas se vinculaban con las aspiraciones de los sectores burgueses, que adquirieron mayor poder en la sociedad.

Entre tanto, algunos pintores germánicos Durero y Holbein, comomás destacados- difundían en el área centroeuropea y anglosajona los principios renacentistas que, asentados en la tradición medieval, daban sus mejores frutos en el ámbito del retrato y del grabado.

Alberto Durero (1471-1528), artista alemán, una de las figuras más importantes del renacimiento, conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte, que ejercieron una profunda influencia en los artistas del siglo XVI de su propio país y de los Países Bajos.

A lo largo del siglo XVI, los pintores venecianos opusieron a los florentinos una preocupación esencial por el color, interpretado por Tiziano con equilibrio clásico, en la fábula mitológica; por Tintoretto, a través del lenguaje manierista en fantasmagorías religiosas, y por Veronés, como cronista de fastos decorativos.

Jacopo Robusti, Il Tintoretto

Jacopo Robusti, Il Tintoretto (1518-1594), pintor manierista veneciano, fue uno de los artistas más destacados del último tercio del siglo XVI. Su obra sirvió de inspiración para el desarrollo del arte barroco.  El baño de Susana (c. 1550, Museo del Louvre, París), está basado en la historia del citado personaje bíblico acusado falsamente de adulterio por dos ancianos. Durante el siglo XVI, este tema sirvió de pretexto a los pintores de la época para representar la figura femenina desnuda.

Preocupación paralela a la de éste mostró el arquitecto véneto Palladio, uniendo arquitectura y naturaleza, mientras Vignola, su contemporáneo, preparaba el barroco en Roma creando la iglesia contrarreformista. Herrera, que completó El Escorial, inició un estilo geométrico y austero de amplia repercusión en el arte castellano durante más de medio siglo (estilo herreriano).

Monasterio Escorial

El Escorial es uno de esos lugares en el mundo que suele atrapar la atención de miles de turistas, que a penas llegados a la región quedan totalmente encandilados por la belleza arquitectónica e histórica, envuelta por la inmensidad de la hermosura natural. 

Antes de que finalice el siglo XVI, Carracci y Caravaggio encarnan una tendencia opuesta al manierismo dominante y a su intelectualismo, volviendo a la naturaleza por vías de belleza idealista o de extremado realismo. Nacía así la pintura barroca, que habría de hallar la máxima expresión de la realidad en el dinamismo y exuberancia del flamenco Rubens, en la transfiguración luminosa y psicológica del holandés Rembrandt y en la sencilla y difícil veracidad del sevillano Velázquez.

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Caravaggio (1573-1610): La actividad de Caravaggio se desarrolló en Roma desde 1591 aproximadamente hasta 1606, en que, después de haber matado a un hombre en una riña, emprendió una huida que solo cesaría con su muerte. A su trágica vida corresponde una pintura de extrema tensión moral y religiosa. Caravaggio busca la verdad y rechaza el arte como actividad intelectual según lo entendía el manierismo.

Así, su obra aparece como realidad en que los temas religiosos no son historia ni alegoría sino hechos presentes y cotidianos. En un caminar incansable, que aparece como revolucionario desde sus primeras obras romanas, su estilo queda definido por composiciones unitarias, brutales contrastes de luz y sombra, atmósferas y personajes reales que atraen al espectador y le impresionan por el drama vivido en cada escena. En las últimas obras, el realismo se hace exacerbado y las figuras se agrupan en una zona del cuadro, golpeadas por los efectos de luz, creando un ambiente de desolación y tragedia.

Carracci (1560-1609): Con su hermano Agostino y su primo Ludovico, Annibale Carracci fundó en Bolonia la «Accademia degli In-camminati»  para  la  formación  de pintores y la enseñanza del estilo de los grandes maestros del siglo xvi; por eso su tendencia se ha calificado de clasicista. El estilo de los Carracci reúne experiencias venecianas, de Correggio, Rafael y Miguel Ángel, entre otros, pero la esencia de su lenguaje no radica en estas influencias sino en el dominio exaltado de la imaginación, extendiendo la experiencia de lo real a lo posible.

Por ello no resulta muy exacto el calificativo de ecléctico (mezcla) que tradicionalmente se ha venido aplicando a su estilo. La capacidad creadora de Carracci permite además obras tempranas de claro realismo popular como La carnicería de Oxford (1585) y otras tardías como la Huida a Egipto de Roma (1603) de espléndido paisaje ideal y lleno de sentimiento. La belleza del ritmo y del color conmueven y captan poderosamente la atención.

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Pasado el primer cuarto de siglo XVII, el barroco penetra en la arquitectura a través de la obra romana de dos arquitectos enfrentados: Bernini, también escultor, de arte teatral, pero equilibrado y apasionadamente cristiano, y Borromini, de formas onduladas y cambiantes, frenético y angustiado; unos años más tarde, Guarini, en Turín, desarrollaría con extrema fantasía las ideas del último.

En el postrer tercio del siglo XVII, los artistas franceses, más racionales y clasicistas, se expresaban con grandeza armónica y proporcionada como homenaje a Luis XIV, el Rey Sol, relacionando en Versalles todas las artes.

Mientras, en España, Churriguera acaba definitivamente con lo herreriano en un estilo opulento y dinámico que dejó larga estela, sobre todo en el retablo castellano.

retablo de san esteban

José B. de Churriguera (1665-1725):Churriguera parece haber sido entre todos ellos el artista más original, creativo e influyente.Sobre lo churrigueresco circulan vulgarmente algunas interpretaciones erróneas y, por lo general, peyorativas. Ni es una la personalidad de los Churriguera, ni los tres artistas más distinguidos de la dinastía -los hermanos Benito (1665-1725), Joaquín (1674-1724) y Alberto (1676-1750), madrileños- son los más característicos representantes del barroco exuberante y recargado que domina en los retablos y edificios castellanos de la primera mitad del siglo XVIII. Por otra parte, la importancia y calidad de su labor en el campo arquitectónico y decorativo del pleno barroco es un hecho indiscutible.

El carácter sustancialmente ornamental del barroco logra su último esplendor por obra del turinés Meissonnier, cuyos hallazgos en torno a la roca marina -la rocalla- y otras formas asimétricas sirven de base al amable estilo rococó, tan acorde con las exigencias de la sociedad francesa del segundo tercio del siglo XVIII.

El redescubrimiento de la antigüedad desplazó definitivamente, en el último tercio del siglo, a lo barroco y rococó, dando lugar al llamado neoclasicismo; fue el escocés Adam quien acertó a aplicar la decoración antigua a la arquitectura y a otras artes suntuarias.

Por encima de lo rococó y lo neoclásico, anunciando impresionismos y expresionismos, el aragonés Goya, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, mostró una imaginación y una audacia creadora como pintor y grabador que inaugura espiritualmente el arte moderno. Ya en el siglo XIX, las tendencias pictóricas se suceden en Francia e irradian al resto de Europa. Neoclasicismo y romanticismo dominan la primera mitad del siglo.

Romanticismo: movimiento artístico que se inicia en el segundo decenio del siglo XIX y que supone una reacción contra el academicismo neoclásico. Se caracteriza, en pintura, por el gusto por temas históricos, literarios, y por los paisajes, a través de los cuales se comunica una emoción personal con sensibilidad apasionada.

Despues de 1848, las reivindicaciones sociales y políticas, los avances de la técnica y la ciencia, repercuten de forma importante en la pintura: irrumpe el realismo de Courbet despreciando idealismos y fantasías para poner en primer término los aspectos más prosaicos de la vida cotidiana.

Sobre 1870, una nueva tendencia surge en el panorama francés, representada por Monet como su cultivador más genuino: el impresionismo, con sus estudios del efecto de la luz sobre el color y las formas. Y poco más tarde, Cézanne, al ver en la naturaleza formas geométricas esenciales, comienza a derribar el sistema de representación natural que, en sustancia, permanecía inalterado desde el Renacimiento.

El Renacimiento a partir del siglo XIV, fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa.

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Claude Monet (1840-1926): En los años inmediatos a la guerra de 1870 un grupo de pintores -Monet, Pisarro, Sisley y Renoir principalmente- se sitúan el margen de cualquier imitación de tendencias precedentes y realizan una nueva pintura a la que un crítico denominó despectivamente impresionismo inspirándose en el título de una obra de Monet expuesta en 1874, Impresión: sol naciente. Aparece este pintor como el creador más original y principal representante de las conquistas técnicas y estéticas del grupo.

monet

Sin los matices sociales o políticos de los realistas, mediante una concepción estrictamente pictórica -que, sin embargo, hallará la misma oposición entre los conservadores- Monet buscará la realidad cromática y formal bajo los efectos de la luz. En la base de su arte se halla el pintar al aire libre y el colorido claro.

La luz transforma y altera los colores y también las propias formas, de manera que el paisaje y sus elementos surgen como visiones instantáneas no repetibles temporalmente. Preocupación primordial es el estudio de los reflejos de la luz en el agua, que tienen consistencia real semejante a la de los elementos reflejados. Este lenguaje alcanza su mayor pureza en los años en que pinta en Argenteuil (1872-78), a pesar del virtuosismo que revelan sus series sobre un mismo tema –analizando los efectos de la luz a diferentes horas- que constantemente realiza a partir de 1889.

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El cubismo que Picasso inventó hacia 1909 –imágenes mentales, no naturales, representación simultánea y en el mismo plano de los distintos elementos que constituyen una figura o un objeto- inaugura una nueva era artística.

La aportación de Kandinsky -su primera acuarela abstracta es de 1910-, al prescindir de cualquier motivo cognoscible y utilizar solo formas y colores, completaba la revolución.

Solo unos años más tarde, tres arquitectos, Gropius, Mies van der Rohe y Le Corbusier, pioneros de una nueva etapa racionalista y humanista, trataban con sus edificios de mejorar la vida humana a través de la modificación de la vivienda y la ciudad. Hasta su muerte lucharon por conseguir que sus ejemplos no quedaran en meras obras artísticas aisladas, sino que su multiplicación práctica contribuyera al bienestar general del hombre sobre la Tierra.

Fuente Consultada:
Maestros del Arte Editorial SALVAT Colección Temas Claves Aula Abierta

Van Eyck Vida y Obra Artística Arte Flamenco Biografía

BIOGRAFIA Y OBRAS DE ARTE DE JAN VAN EYCK, PINTOR FLAMENCO

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Al mismo tiempo que se afirma el Humanismo italiano, un arte nuevo nace también en Flandes, favorecido por el bienestar y la prosperidad de la comarca, una de las más adelantadas de Europa en lo social y económico. Podemos afirmar que el verdadero Renacimiento flamenco nace con la pintura de Juan van Eyck, nueva sin ser revolucionaria, e impregnada de un humanismo distinto pero tan convincente como el italiano.

FLANDES Y BRABANTE: En 1419, Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, traslada su sede de Dijón a Brujas, en el corazón de Flandes. Y es así como esta región, ya floreciente, viene a hallarse en el centro de uno de los Estados más prósperos y poderosos de Europa. El panorama que ofrecen las ciudades flamencas durante este período es el de una actividad alegre y serena que abarca los campos del comercio, la artesanía y la edificación, desenvolviéndose bajo el signo de la paz y la seguridad confiada en el mañana.

Igualmente florecientes son las condiciones en Brabante, cuyos centros de Bruselas y Lovaina comienzan a renovarse en su aspecto arquitectónico como consecuencia del incremento de las actividades ciudadanas. En efecto, los Países Bajos son, en el siglo XV, un hervidero social y económico. Y éste es el terreno donde se desarrolla una vida cultural y artística que se expresa en la obra de algunos grandes pintores, entre los que descuella netamente la figura de Juan van Eyck.

Jan (Juan) van Eyck (1390-1441), pintor flamenco que trabajó en Brujas, se cree que  fuera oriundo de Maaseik, provincia de Limburgo. En 1422 trabajó en La Haya para Juan de Baviera, príncipe-obispo de Lieja. En los años de su juventud Van Eyck trabajó en Tournai, capital de la escultura, junto a un pintor de misteriosa personalidad, llamado el Maestro de Flémalle, identificado mas tarde como Robert Campin, fue fundador del Ars nova, estilo pictórico del gótico tardío en el siglo XV, que anuncia el renacimiento en el norte de Europa.

autoretrato de van eyck

El hombre del turbante
Se cree que El hombre del turbante (1433, National Gallery, Londres) es un autorretrato de Jan van Eyck.
Su obra era de un gran realismo para la época.

Lo poco que se sabe de su primera época hace que se centre la atención en la relación artística que mantenía con su hermano Hubert. La oscuridad que rodea a la figura de éste ha provocado especulaciones y debates interminables entre los historiadores del arte, y hasta se ha llegado a sostener que tal hermano nunca existió.

El arte de esta etapa flamenca se identifica  por el naturalismo de vívidos colores al óleo, la meticulosidad de los detalles, la precisión de las texturas y la búsqueda de nuevos sistemas de representación del espacio tridimensional o perspectiva. En 1425 Felipe III el Bueno, duque de Borgoña, le nombró pintor de la corte, cargo que conservó hasta su muerte. La relación que mantenía con el duque era tan buena que éste le encargó algunas misiones diplomáticas secretas.

La Región Flamenca , o simplemente Flandes , es una de las tres regiones que componen Bélgica, junto con la Región Valona y la Región de Bruselas-Capital. Flandes limita al suroeste con Francia, al noroeste con el mar del Norte, al norte y este con los Países Bajos, y al sur con Valonia.

Se puede decir que la posición artística de Juan van Eyck, quien fue co-autor del políptico (ver imagen abajo) , comienza en las premisas del arte de aquél se hallan ya presentes en las mejores expresiones de la miniatura franco-flamenca del siglo XVI, en los diáfanos cielos abiertos de los Libros de Horas de los hermanos de Limburgo, en el minucioso ajuste a la realidad de las cosas, y en ese naturalismo analítico, que constituía la más fascinante característica de aquellas hojas miniadas.

Y parece haberse comprobado que el mismo van Eyck inició sus actividades artísticas como miniaturista. Es así como la crítica le atribuye, concordemente, algunas hojas de las «Horas» conservadas en el Museo de Turín, que estilísticamente entroncan con la tradición representada por los mencionados hermanos de Limburgo. Pero, con el Cordero Místico, la experiencia miniaturista es superada por una concepción pictórica de mucho más vasto empeño, en la que van Eyck se revela no solamente hábil en la composición y el dibujo, o en su conocimiento de la perspectiva y la anatomía, sino, sobre todo, por las infinitas posibilidades expresivas que hace nacer de la fusión de la luz y del color.

Su lento y meditado descubrimiento de la realidad alcanza, así, una esfera de solemne contemplación y de transfiguración. Humanista es el ideal de van Eyck por su afectuoso y apasionado interés hacia el hombre, pero no descubre la dignidad de éste a través del estudio de los clásicos, sino captándolo en su verdad cotidiana y acercándose a su vida más íntima y secreta.

Pintor de corte de Felipe el Bueno, Juan van Eyck gozó de gran favor por parte de sus contemporáneos, que le hacían numerosos encargos.  Así nacen sus obras más conocidas, desde la Virgen del Canónigo van der Paele hasta la Virgen del Canciller Rolin y el Retrato de los esposos Arnolfini. En todas sus obras se percibe extraordinaria afición por el detalle.

Cada pormenor es un cuadro dentro del cuadro, y es, a veces, un trozo pictórico y poético de sorprendente realismo una naturaleza muerta en la penumbra de un armario, un florero al pie de la Virgen, el precioso vestido de un donante que tiende como a fraccionar la atención del que mira. Pero, sobre todo, es el mágico efecto de la luz, que parece brotar casi de la misma materia pictórica, el que confiere unidad y coherencia al conjunto.

Y tanto el nítido paisaje urbano, como la rica morada burguesa de sus pinturas, son signo de una sólida solvencia, de una fe en las cosas de este mundo, que testimonian el logrado equilibrio de una sociedad en la que el arte de van Eyck y de los pintores que lo siguieron ha encontrado una de sus más valiosas condiciones de existencia. Juan van Eyck murió en el año 1440, honrado por todos y, en especial, por Felipe el Bueno,  duque  de Borgoña,  su protector.

EL   MAESTRO   DE   FLEMALLE: En los años de la juventud de van Eyck trabajaba en Tournai, capital de la escultura, un pintor de misteriosa personalidad, llamado el Maestro de Flémalle. Durante cierto período se ha creído que sus obras debían atribuirse a la juventud de Rogelio de la Pasture (van der Weyden), mientras que ahora, casi uniformemente, se lo identifica con Roberto Campin, nacido en Valenciennes, que actuó en varias ciudades de los Países Bajos.

La educación de este maestro, como se desprende de las obras que han quedado de él, presenta aspectos profundamente distintos de los típicos en la concepción de van Eyck. Es evidente, sin duda, que se ha formado en contacto con las grandes escuelas de escultura, y que ha tenido oportunidad de conocer y asimilar la enseñanza del gran escultor borgoñón Claus (Nicolás) Sluter.

Derivan de ese precedente el fuerte plas-ticismo de sus pinturas, la abierta vena expresionista de carácter aún medieval y la tendencia a poner en primer plano las figuras, sin ninguna conexión con la escena del fondo. Estamos lejos de la sensibilidad pictórica de van Eyck, que resolvía el problema de la representación de formas y volúmenes mediante matices de luz y de color. Sólo en sus últimas obras el Maestro de Flémalle muestra haber experimentado la influencia de su más joven y famoso colega, dulcificando los contornos con una luminosidad más suave y difusa, y creando una atmósfera de tiernas vibraciones.

Políptico del Cordero Místico; detalle del panel central celos Apóstoles y los Eclesiásticos (1426, aprox. -1432)
– Iglesia de San Bavón – Gante.

Detalle del Políptico del Cordero Místico

 La renovación substancial que en vano se buscaría en la arquitectura o en la escultura flamencas del siglo XV, se encuentra, en cambio, en el campo de la pintura. Con las grandes personalidades de Juan van Eyck, de Rogelio van der Weyden (de la Pasture), de Diderico Bouts y de Hugo van der Goes, se asiste al surgimiento de un tipo de pintura que, si bien tiene sus orígenes en el naturalismo del arte gótico, se afirma como un movimiento completamente nuevo, distinto pero no menos importante que la pintura del siglo XV italiano. El gran políptico de Gante es como el triunfal anuncio de este mundo nuevo: comenzado alrededor de 1426 e inaugurado en 1432, fue parcialmente pintado por Huberto van Eyck, el misterioso hermano de Juan, cuya existencia misma ha sido controvertida por muchos críticos modernos y considerada una leyenda.

JUAN VAN  EYCK (1390, aprox. – 1441): Retrato   de  Arnolfini y de su mujer (1434) – Galería Nacional. Londres.
Retrato, escena de ambiente y estudio de costumbres, como ha sido justamente definida, la tabla que representa a los cónyuges Arnolfini es una de las más grandes obras de Juan van Eyck y una de las que mejor manifiestan la manera de pintar y el estilo del artista. Cada detalle del ambiente ha sido estudiado con gran cuidado, como si se lo mirase a través de una lente de aumentó; así sucede con los muéblesela araña, las paredes, los detalles de los vestidos y el pequeño espejo del fondo en el que se reflejan todos los pormenores de la pequeña cámara. Pero tal examen nada quita al rigor equilibrado con que ha sido representado el ambiente en su conjunto, debido a que las más sutiles exactitudes del dibujo están acompañadas por la vibración de la luz que unifica los detalles, acaricia la superficie de las cosas y define toda la atmósfera. La atención del pintor a los datos ambientales es, por otra parte, característica de toda la pintura flamenca del siglo XV: el revivido interés por el hombre se convierte, en los flamencos, en búsqueda de la ubicación del personaje en el mundo real   en   que   vive.

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. – 1441): La Virgen del Canciller Rolin.  (1425, aprox.) – Museo del Louvre. París.
Detrás de la vigorosa imagen del Canciller Rolin se despliega un diáfano paisaje fluvial, y cada elemento del panorama, hasta el más pequeño y lejano, es puesto de relieve con sutilísimo análisis descriptivo.

Virgen de la Fuente de Van Eyck

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. – 1441): La Virgen de la Fuente Museo Real de Bellas Artes.   Amberes.
El fondo del cual surge la imagen es precioso y florido, según La concepción pictórica y el gusto típicos del mundo gótico tardío. En cambio la figura misma de la Virgen, solemne en su amplio manto drapeado posee un relieve y una plasticidad absolutamente ignorados por los delicados y refinadísimos pintores del ya arcaico gótico internacional.

Van Eyck Retrato del Cardenal

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. –  1441) Retrato del Cardenal Albergan (1434, aprox.) -Museo de Historia del Arte.  Viena.
El brillantísimo análisis de los datos de la realidad, que ya se ha notado en las escenas de ambiente o en los fondos naturales de la pintura flamenca, triunfa sobre todo en la serie de hermosísimos retratos que Juan van Eyck ejecutó de los hombres más famosos de su época: eclesiásticos, ricos burgueses, conocidos comerciantes, influyentes banqueros. Ninguna característica del rostro escapa al implacable análisis del pintor: cada arruga, cada cabello, cada detalle mínimo es precisado y descripto con grandísimo cuidado. Sin embargo, esta concepción microscópica de la realidad no es un fin en sí, sino que luego se transforma, por efecto de la luz y del color, en una potente síntesis; y de la observación de los mínimos detalles de un rostro nace un retrato vigoroso que revela todo un mundo interior.

Fuente Consultada:
Enciclopedia del Arte Fasc. N°59 ARTERAMA Editorial CODEX

Grandes Escritores Argentinos Vida y Obra de Intelectuales Argentinos

Grandes Escritores Argentinos
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lista de escritores argentinos

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Jorge Luis Borges
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Roberto Fontanarrosa
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Esteban Echeverría
Alfonsina Storni

RESÚMENES DE LOS CLÁSICOS AUTORES ARGENTINOS

ERNESTO SÁBATO: Nació en Rojas (provincia de Buenos Aires) en 1911. Estudió ERNESTO SÁBATO: Matemáticas y Física en su país, en Francia y en los Estados Unidos. Pero hacia 1945 giró bruscamente hacia la literatura.

En Uno y el universo (ensayo científico-filosófico que ganó el Premio Municipal de Buenos Aires) planteó las ideas básicas que regirían toda su obra posterior: su escepticismo respecto del progreso científico como tabla de salvación del hombre y su muy pesimista visión del mundo.

En 1948 publicó la primera novela: El Túnel. En 1962, la segunda y acaso la mejor: Sobre héroes y tumbas. En 1974, la última: Abbadón el exterminador. Tanto Sobre héroes… como Abbadón… son novelas aluvionales: irrumpen en ellas la historia del país, episodios autobiográficos, pesadillas, vastas metáforas del Mal (como en el capítulo Informe sobre ciegos). Condenó sus libros al fuego, pero los salvó Matilde Kuminsky, su mujer de toda la vida. (Leer mas…)

JULIO CORTAZAR: Nació en Bruselas en 1914 y murió en París en 1984.Medía 1,95 y tenía cara de chico. Su obra es tan vasta como original. Su lenguaje y su estilo, perpetuas transgresiones. En 1963 publicó su más célebre novela: Rayuela. En la primera página, dice: «A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros. El primero termina en el capítulo 56.

Por consiguiente, el lector prescindirá sin remordimientos de lo que sigue. Elsegundo se deja leer empezando por el capítulo 73,y…». Etcétera. Juego provocador, piedra en el zapato de las almas simples, es una enorme y casi inasible contranovela. Recuerde estos nombres:Oliveira, Rocamadour, La Maga. Y si no leyó Rayuela, empiece ya la gran aventura...(Leer mas…)

ROBERTO ARLT: Nació en Buenos Aires con el siglo XX y murió en 1942 de un ataque aiROBERTO ARLT:corazón. Se forjó periodista en las ya desaparecidas redacciones de Crítica y El Mundo. Escribió su obra entre el fragor de las máquinas de escribir y la necesidad de ganarse e! pan de cada día. Desdeñó las capillas literarias.

Lo acusaron de escribir mal, pero contestó despreciando a «los escritores de estilo correcto a los que no lee ni su familia» y juró ganarles «por prepotencia de trabajo». Sus Aguafuertes porteñas (memorables columnas que aparecían en El Mundo) duplicaron el tiraje del diario y hoy todavía son una joya periodística. Pero el gran Arlt se resume en dos inmortales novelas: Los siete locos y Los lanzallamas.

Primera y segunda parte de una delirante revolución fracasada -con fuerte influencia de Fedor Dostoievski- y personajes como Erdosain (el protagonista: el mismo Arlt), el Astrólogo, el Rufián Melancólico, el farmacéutico Ergueta, la Renga, son dos libros imprescindibles. Sin ellos es imposible empezar a hablar de literatura argentina.

ADOLFO BIOY CASARES: «La invención de Morel es una novela perfecta,» Si tal juicio hubiera sido vertido por la generosidad, la distracción o el rutinario oficio de un crítico, a nadie habría conmovido. Pero el hombre que lo grabó a fuego, papel y tinta se llamó Jorge Luis Borges.

A partir de ese instante entró en la gran literatura -nativa y universal- un dandi que empezó a escribir «para enamorara una prima» y llegó al Parnaso con pasaje de primera: Adolfo Bioy Casares (1914-1999). Personaje (célebre amante, jugador de teADOLFO BIOY CASARESnis, marido de la escritora Silvina Ocampo, estanciero), ninguno de esos rasgos mediáticos pudo demorar su brillante y vasta obra ni apartarlo de su pasión de escritor. Maestro del género fantástico, dejó El sueño de los héroes, Dormir al sol, La trama celeste, Plan de evasión: novelas tan seductoras como insoslayables. (Leer mas…)

Adolfo Bioy Casares en una foto de sus últimos años. «Me gusta vivir.
Me gustan el agua y el pan. Si pudiera, viviría mil años…», solfa decir.
Ganó, entre decenas de premios, el Cervantes.

Algunas de sus respuestas en los centenares de reportajes que concedió
son pequeñas obras maestras. Buenos Aires sin Adolfito es medio Buenos Aires…

 LEOPOLDO MARECHAL: El autor de Adán Buenosayres nació en 1898, murió en 1970, y LEOPOLDO MARECHALsu adhesión al peronismo postergó -injustamente- la valoración de su obra pese a que bregaba en las letras desde muy joven y en el grupo Martín Fierro, pléyade que -como Boedo y Florida- reunió a muchos de los grandes.

Dos novelas lo resumen y definen: Adán Buenosayres, que bien puede considerarse como el Ulises argentino, y El banquete de Severo Arcángelo, En las dos hay metafísica, humor, sátira de costumbres, literatura paródica y preocupación estética y existencial.

El banquete… -altamente slmbólica- narra, a la manera de Borges en su relato B congreso, los avalares de una comida descomunal que intenta reunir al universo y que -naturalmente- fracasa bajo el estrépito de una bomba. Y sólo quedan la soledad y la desesperación del hombre.

Leopoldo Marechal en su estudio hacia 1950. Sus libros Megafón o la guerra, Días como flechas, Laberintos australes y Cuaderno de navegación completan una obra vasta y de lenguaje renovador. Fue tardíamente valorado.

Biografia de Alfonsina Storni Libros y Poemas de Storni PoetisaALFONSINA STORNI: Argentina nacida en Suiza, Alfonsina Storni (1892-1938), también maestra y periodista, no sólo lucha contra los huesos convencionales de la poesía hiriéndolos con el acero del modernismo: también contra «mi fealdad» (como escribe), contra el qué dirán (se convierte en madre soltera) y -feminista a ultranza- contra un mundo regido por los hombres.

La Inquietud del Rosal y Dulce Sueño la ornan con el Premio Nacional de Poesía 1920.

Enferma de cáncer, se aloja en una pensión de Mar del Plata, y una helada y ventosa noche entra en el mar y muere ahogada. Su suicidio queda inmortalizado en el tema Alfonsina y el Mar. (Leer mas…)

 JORGE LUÍS BORGES:JORGE LUÍS BORGES: Nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899. Fue bilingüe desde su infancia ya que su abuela materna le hablaba en Inglés. «Georgie», como le decían en casa, tenía apenas seis años cuando dijo a su padre que quería ser escritor. En 1910 aparece su primera publicación en el diario El País, de Buenos Aires, donde tradujo El príncipe feliz, de Oscar Wilde.

En 1914, el padre de Borges se jubiló debido a su ceguera casi total, por lo que la familia pasó una temporada en Europa. Sorprendidos por la guerra, se instalaron en Ginebra donde el joven Borges escribió algunos poemas en francés y cursó la preparatoria (1914-1918).

Vivió en España de 1919 a 1921 y dos años después la familia regresó a Buenos Aires. En 1923 publicó el poemario Fervor de Buenos Aires. (Leer mas…)

Fuente Consultada:
Gente Testigo del Siglo – Personajes y Hechos Que Hicieron Historia Tomo 6 Escritores de Puño y Letras

Biografía de Giotto di Bondone Pintor Artista Italiano

Biografía de Giotto di Bondone
Artista Italiano del Renacimiento

En los albores del siglo XIV, Giotto revoluciona por completo todas las concepciones artísticas hasta entonces conocidas y seguidas, abriendo así el camino a los tiempos modernos.

En Vespignano del Mugello, no lejos de Florencia, nació, tal vez en 1266, Giotto de Bandello, el hombre destinado a dejar una huella indeleble en el desarrollo de todo el arte italiano.

Entre todo lo que ofrecían las escuelas pictóricas de ese tiempo, nada dejaba prever la aparición de una concepción artística como la suya.

En lo referente a sus obras pictóricas, podemos asegurar que, entre los años 1303 y 1305, pintó los frescos de la capilla Scrovegni de Padua. Otros trabajos de Giotto existen en Asís, en Florencia y en el Louvre de París.

La importancia de Giotto en la pintura es comparable a la de Dante Alighieri en la literatura.

Dante llevó el dialecto toscano hasta la dignidad de una lengua nacional y literaria; Giotto abandonó las antiguas formas bizantinas y llevó la pintura italiana a una comprensión más exacta y menos rígida de la naturaleza.

Murió en Florencia en 1337.-

BREVE FICHA BIOGRAFICA DE GIOTTO

• Nació hacia 1266 en Colle di Vespignano, cerca de Florencia (Italia), país donde pasó toda su vida.

• En su adolescencia, el pintor Cenni Di Pepo, llamado Cimabue, lo alentó a pintar y se convirtió en su maestro.

• Entre 1285 y 1295 participó con otros artistas en la decoración de algunos episodios del Antiguo Testamento en la basílica superior de San Francisco, en Asís.

• Al año siguiente pintó allí el ciclo de las escenas de San Francisco.

• En 1300 pasó un breve lapso en Roma y luego se trasladó a Florencia y a Rímini, donde trabajó en el Templo Malatestiano.

• Cuatro años después se instaló en Padua para pintar los frescos que ilustran la vida de la Virgen y de Cristo en la capilla de la Arena de la familia Scrovegni.

•  En 1317 decoró dos capillas de la  iglesia de Santa Croce, en Florencia, en las cuales representó la vida de San Francisco y las de San Juan Bautista y San Juan Evangelista.

• En 1330, el rey Roberto de Ñapóles lo incluyó entre los miembros al servicio de la Casa Real.

• Cuatro años más tarde fue nombrado arquitecto en jefe de la ciudad de Florencia y supervisor de obras de la catedral local, en cuyo campanario comenzó a trabajar, aunque su proyecto fue modificado más adelante.

• Murió en Florencia, en 1337.

En 1301, la mayoría de los europeos se aterrorizó al ver en el cielo el cometa Halley, de cola brillante. Pero Giotto sacó la conclusión de que era el mismo que había anunciado el nacimiento de Jesucristo y guiado a los Reyes Magos hasta Belén. Así, la aparición del cometa le sirvió para representar la «estrella de Belén» en el cuadro «La adoración de los Magos», que podrá observar mas abajo.

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UN PASAJE EN LA VIDA DE GIOTTO: Lo veían llegar, periódicamente, cabalgando un flaco borrico, vestido sin pretensión alguna, y con el aire despierto y preocupado del hombre activo.

Visitaba sus posesiones y cobraba las rentas, se interesaba por la siembre y por la cosecha, y, finalmente, se iba contento.

Viéndolo marchar por las callejuelas de Mugello, con aspecto de hombre metódico, era difícil adivinar en él al artista del que todo el mundo hablaba, el que había oscurecido la  fama del «solemne pintor» Cimabue.

Se lo dijo un día un amigo suyo, un conocido jurista de Florencia, el señor Forese de Rabatta. que fue su compañero de viaje cuando volvía de una de las visitas a sus posesiones. Diluviaba.

Giotto había pedido prestado un tosco capote y un sombrero para protegerse de la lluvia. «Si te encontrase un forastero —le dijo su compañero, riendo—, le costaría mucho creer que eres el mejor pintor que existe». 

Un forastero, porque los campesinos y los pastores de Mugello no tenían dudas sobre el particular; no ignoraban que el hijo de Bondone, que había nacido en 1266, en Vespignano (un pueblecito formado por un puñado de casas, en medio del campo), se había convertido en un personaje importante y discutido; pero sabían también que, en el fondo de su corazón, seguía siendo uno de ellos: fiel a la tierra, sencillo y prudente al mismo tiempo, tenaz en el trabajo.

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BIOGRAFIA DE GIOTTO DI BONDONE

giotto di bondone

Giotto di Bondone, mejor conocido como Giotto
(Nació en Colle di Vespignano, 1267 – Falleció en Florencia, 8 de enero de 1337).
Notable pintor, escultor y arquitecto italiano.

GIOTTO, HOMBRE
No se sabe con certeza si Giotto nació en Florencia o en Vespignano de Mugello; según unos, en 1266, y según otros, diez años más tarde.

Era un gran admirador de San Francisco de Asís, pero no quería ser pobre como él. Más aún: escribió una poesía contra la pobreza.

Fue amigo de Dante, quien hizo su elogio en la Divina Comedia, diciendo que eclipsó la fama de su maestro Cimabue (Purgatorio, Canto XI). Giotto tuvo ocho hijos y un alumno llamado Taddeo Gaddi, que siguió su huella con tal devoción que en 1347 aún seguía firmando «discípulo de Giotto, el buen maestro».

Giotto era pequeño de estatura y quizás fuera feo. Pero tenia un espíritu jovial y alegre que infundía optimismo.

ASÍS: Los primeros frutos de su actividad artística habían surgido en Asís, a donde Giotto había ido en 1296, invitado por el prior de los franciscanos, fra Giovanni di Murro della Marca.

Encaramado en una colina, desde la cual dominaba la verde y ondulante campiña, Asís guardaba aún el recuerdo del más pobre y del más vivo de los santos: San Francisco. Y ahora, cada uno de los episodios de la vida del Santo era relatado por el pintor, con la sencillez de quien cuenta una leyenda extraordinaria.

Giotto, que bajo la corteza del campesino ocultaba el alma de un poeta, supo «captar» el espíritu de aquella leyenda y hacerlo comprensible a todos por medio de su pintura.

En poco más de dos años, los franciscanos vieron cómo revivían en las paredes de su luminosa basílica superior las figuras de otros frailes, semejantes a ellos, que habían compartido la vida de su patrono; vieron las casas, los muros del convento, las rocas, los arbolitos, las tórtolas y los jilgueros.

Todo lo que había constituido el mundo de San Francisco revivía con tal frescura que conseguía conmoverlos. Tampoco nosotros podemos dejar de asociar el nombre del Santo y su «perfecta alegría» a las figuras de Giotto.

Cuando visitó por primera vez Asís, algunos años antes, Giotto no era más que un ayudante de Cimabue.

Cuando se fue, las pinturas del antiguo maestro, frente a las suyas, parecían remotas, de otra época. Giotto había renovado el arte de la pintura: se había convertido en el iniciador de una escuela.

Giotto nació en Vespignano, cerca de Florencia. Su padre,, Bondone, fue un simple campesino. Vasari (1511—1574), nos dice que cuando tenía unos diez años de edad su padre le dio a cuidar las ovejas, y que para pasar el tiempo dibujaba en la tierra y en las rocas.

Sucedió que un día el pintor Cimabue vio al muchacho dibujando una de sus ovejas y quedó tan impresionado que lo llevó a Florencia como su pupilo. Giotto rápidamente demostró su habilidad bajo Cimabue y comenzó a recibir encargos, entre ellos algunos frescos para la Santa Cruz de
Florencia.

OBRA ARTÍSTICA: Sus primeras obras fueron las pinturas que reproducen episodios del Antiguo y Nuevo Testamento en la iglesia superior de San Francisco de Asís. Se dice que, en esas tareas, el pincel de Giotto, entonces aprendiz, reemplazó algunas veces el de Cimabué, su maestro.

Después, en orden cronológico, están los trabajos que se conservan en la iglesia de Santa María la Mayor en Roma.

Inmediatamente después, los biógrafos de Giotto citan los frescos que reproducen los episodios principales de la vida de San Francisco. Éstos se hallan en la basílica superior de Asís, donde anteriormente Giotto había trabajado en escenas inspiradas en la Biblia y en el Evangelio.

Pero la obra más insigne que conservamos de él, y que en realidad constituye el conjunto pictórico más notable, más completo y, felizmente, también mejor conservado de lapintura medieval, es la que representa las vidas de la Virgen y de Cristo, y que incluye, además, una composición alegórica extraordinaria: un Juicio Final plagado de Vicios y Virtudes. Como lo hemos dicho anteriormente, esas maravillas pueden admirarse en la capilla dell’Arena o capilla Scrovegni, en Padua.

RECORRIENDO ITALIA
Tenía poco más de treinta años cuando abandonó Asís, y desde entonces su actividad no conoció descanso.

En 1300 fue llamado a Roma; después, Enrique Scrovegni le pidió que pintara en Padua una capilla, que sería considerada como una de las más extraordinarias realizaciones de la pintura mundial.

Se multiplicaron las ofertas de trabajo; el renombre de Giotto se difundió por toda la península. El pintor iba de iglesia en iglesia, de convento en convento, con su cuadrilla de ayudantes tras él.

Después, cuando el trabajo se convertía en dinero contante y sonante, no tenía dudas sobre la forma de emplearlo: casas, tierras, haciendas, en Florencia y en su nativo Mugello; cosas sólidas, concretas. Había que redondear la dote de las hijas, garantizar un porvenir seguro a los hijos y asegurar a Monna Cinta, su mujer, una vejez sin preocupaciones.

Mientras su buena y fiel esposa lo aguardaba, afanosa y serena, en Florencia, Giotto seguía recorriendo Italia, siempre activo, siempre optimista y confiado. Los años comenzaban a pesarle; empezaba a sentir los efectos del trabajo.

—Si yo fuese tú —le dijo un día el rey de Nápoles, que lo había llamado a su corte—, dejaría de pintar un poco, ahora que hace calor.

—También yo, si fuese vos —refunfuñó molesto el pintor. Y continuó impertérrito su trabajo.

Su reputación pronto alcanzó hasta Roma, donde el Papa Bonifacio VIII buscaba artistas que pintaran cuadros para San Pedro, y el Pontífice envió un emisario para que le llevaran muestras del trabajo del artista.

Cuando el emisario llegó al taller de Giotto y solicitó un boceto para presentarlo a Su Santidad, el artista, con un movimiento de su mano, dibujó un círculo perfecto y se lo entregó. El emisario quedó desilusionado y le preguntó si eso era todo lo que tenía. Giotto replicó: «Con eso basta y sobra».

Cuando el Papa vio el dibujo, reconoció de inmediato la habilidad del pintor y le convocó a Roma, donde fue comisionado para pintar muchas obras en San Pedro. El Pontífice quedó muy complacido con el trabajo de Giotto y le dio tanto más a hacer que pasaron seis años antes que pudiera regresar a Florencia, donde continuó pintando.

EL CAMPANARIO «ESTRECHO»
Pero tras tanto ir de un sitio para otro, recibió un encargo que le permitiría permanecer algún tiempo en Florencia. En 1334, en efecto, los magistrados de la ciudad nombraron a Giotto maestro de obras de la catedral, y le confiaron la edificación del campanario, que debía levantarse a un lado de la misma.

Giotto era ya anciano, tenía 68 años, pero aceptó el encargo con el entusiasmo de un muchacho. Comenzó a hacer proyectos y diseños, a tomar medidas, a escoger las piedras. En pocos meses vieron los florentinos surgir su campanario: sólido, elegante, adornado con bellísimos bajos relieves.

Giotto había puesto en la empresa toda su sabiduría, pero los entendidos encontraron en seguida motivos para criticar: el campanario tenía la base demasiado reducida, no podía alcanzar la altura prevista, no podía soportar el peso.

Estas críticas clavaron una espina en el corazón del viejo artista: estaba seguro de que su campanario podría resistir, pero, al mismo tiempo, no podía alejar de su pensamiento la duda de si habría cometido un error.

Murió tres años después, el 18 de enero de 1337, en Florencia: no se había edificado más que la base de la torre-campanario.

Así, el artista, que había sido elogiado siempre y llevado en triunfo al final de todas sus obras, tuvo que resignarse a morir con una duda atormentadora: la de si habría construido un campanario demasiado «estrecho».

El gran maestro no tenía razón alguna para dudar. Y los hechos han venido a demostrarlo: el campanario fue terminado después de su muerte, y todavía se alza majestuoso sobre la base que Giotto había preparado.

La obra de Giotto marca el comienzo del fin de la antigua tradición Bizantina, una tradición tan poderosa que sobrevivió en partes de Rusia hasta comienzos de este siglo. La escuela Bizantina concebía todo en dos dimensiones. Fue un estilo duro y decorativo, incapaz de demostrar la emoción humana. Los trabajos de Giotto fueron una completa contradicción a estas ideas, porque sus figuras eran humanas y expresivas, no aparecían como imágenes aplanadas sino que tenían peso y relieve. Eran sólidas y parecían capaces de movimiento.

Giotto: El sueño de Joaquín

Giotto: El sueño de Joaquín  – Padua, Capilla de los Scrovegni. Los campesinos lo veían
«marchar por las callejuelas de Mugello…»

Giotto: El lavatorio de los pies - Padua

Giotto: El lavatorio de los pies – Padua, Capilla de los Scrovegni. «Los franciscanos vieron cómo revivían en las paredes de su luminosa basílica… las rocas, los arbolitos…»

Descenso al Limbo de Giotto di Bondone en 1305

Descenso al Limbo  de Giotto di Bondone en 1305
Hoy se encuentra en el museo de Munich

Flagelación

Flagelación Fecha:1302-05
Museo:Capilla de los Scrovegni

Fresco en Museo Iglesia

Fresco en Museo Iglesia de Santa Croce de Florencia
Estigmatización de San Francisco (1319) de Giotto di Bondone

Campanario

GIOTTO (1266?-1337): Campanario de la Catedral de Florencia (1334-1357).
Nombrado maestro mayor de obras de la Catedral de Florencia, Giotto se dedicó a esta misión desde 1334 hasta 1337, año de su muerte. El Campanario que la flanquea refleja, muy probablemente, en su límpida y genial estructura, la concepción artística de Giotto, aunque más tarde fuera sucesivamente retocado por Andrés Pisano y por Francisco Talenti, entre otros.

ALGO MAS SOBRE GIOTTO…
SU OBRA ARTÍSTICA

Poco antes de 1300, Giotto fue a Roma, donde pintó algunas figuras de profetas en la iglesia de Santa María la Mayor. Posteriormente se dirigió a Asís, donde decoró la nave central de la Basílica.

En esta obra, Giotto se mostró un maestro realmente insuperable. Pintó 28 grandes cuadros que ilustran los hechos más extraordinarios de la vida de San Francisco: el renunciamiento a los bienes paternos, el sermón a los pájaros, el lobo de Gubbio, la fuente milagrosa, etc.

En el año 1318 los banqueros florentinos Bardi y Peruzzi encargaron a Giotto que decorara las capillas del templo de la Santa Cruz, con escenas de la vida de San Francisco, San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Estos frescos, posteriormente enjalbegados, fueron descubiertos y restaurados en 1853.

LA CAPILLA DE LA ARENA, EN PADUA
De 1303 a 1305 Giotto estuvo en Padua, desde donde fuera llamado por los monjes franciscanos que en esa ciudad habían construido una gran iglesia en honor de San Antonio.

Desgraciadamente, el tiempo ha destruido o dañado gravemente los cuadros que Giotto pintó para dicha iglesia. En cambio, se han conservado perfectamente las pinturas que hizo en Padua, para la Capilla de la Arena.

Esta pequeña iglesia había sido construida por la rica familia de los Scrovegni, que confió a Giotto la tarea de decorarla.Sobre los muros laterales, Giotto pintó en 38 escenas la vida de Jesús y de María.

EL «CAMPANILE» DE GIOTTO: El último trabajo del pintor Giotto fue una obra de arquitectura: el campanario de la catedral de Florencia.

Hasta ese momento se había contentado con poner torres, casas, iglesias y campanarios en sus cuadros; pero finalmente, en 1334, ya anciano, podía construir uno verdadero.

Sin vacilar, emprendió el nuevo trabajo con entusiasmo, y, como todo lo que salía de sus manos, también el campanario fue una obra maestra.

Por desgracia, Giotto no pudo ver terminada esta joya del arte.

En 1337, lo sorprendió la muerte.

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Para saber mas…

Giotto, fue el más grande y auténtico innovador del arte italiano del siglo XIV, mira la realidad del mundo que lo rodea con ojos libres de prejuicios místicos y simbólicos.

Encuentra una nueva dimensión del hombre en el plano moral y la resuelve con un nuevo estilo: sus personajes ya no son figuras estampadas sobre un fondo vacío y sin vida; los sentimientos que expresan ya no son el mecánico resultado de una representación convencional en sus composiciones, ya no se encuentran símbolos complicados, sino que aparece la desnuda verdad de hombres que se mueven en un pequeño fragmento de espacio, penosamente conquistado, con su bagaje de sentimientos siempre verdaderos y diferentes.

Detrás de ellos, el cielo, constante e invariablemente de color azul obscuro, se extiende como una pantalla infranqueable que crea un límite sobrenatural a la audacia del hombre.

En la Vida de San Francisco, de la iglesia superior de la Basílica de Asís, Giotto realiza su primer gran ciclo narrativo.

Las veintiocho escenas, en cuya ejecución participaron también algunos de sus discípulos, se hallan encuadradas en elegantes motivos arquitectónicos pictóricamente figurados.

De esa manera se define el campo espacial en que se desarrolla la acción y se hacen resaltar los sentimientos de hombres que viven, sufren y aman intensamente.

Las severas y simples masas plásticas de los personajes, observadas y descriptas con técnica naturalista, son, a su vez, puestas en relieve por medio de un fondo de amplios paisajes y marcos arquitectónicos.

Después del ciclo de Asís, al que se dedicó durante el último decenio del siglo XIII, Giotto pintó los frescos de la Capilla de los Scrovegni, en Padua, hechos entre 1304 y 1306, en los que alcanzó la medida plena de su arte innovador.

Estos representan escenas de la vida de María y de Cristo, además de un gran Juicio Universal. Aquí nos hallamos frente a un inmenso poema figurativo, en el que cada estrofa está constituida por un cuadro que logra a duras penas contener la gran carga dramática que lo invade.

Si en los frescos de Asís se halla toda la ingenuidad y la sorpresa de quien, abriendo los ojos, ve una realidad que ni siquiera sospechaba, en los de Padua el ya profundo conocimiento de este nuevo mundo da al pintor una mayor seguridad y confianza en su descripción; en los frescos posteriores de las Capillas de los Peruzzi y los Bardi, en la Iglesia de la Santa Cruz de Florencia, la tensión dramática del Giotto paduano se aplaca, y es sustituida por una serenidad narrativa dotada de un ritmo reposado, sólo realzado por un suave relieve y por el encanto de la luz y del color.

La actividad de Giotto, que vivió hasta 1337, no se limita a la pintura.

El famoso Campanario de la Catedral de Florencia es el reflejo de un proyecto suyo, modificado por los arquitectos que trabajaron en él después de la muerte del genial maestro.

Y también en los cuadros en relieve de Andrea Pisano, colocados en la base del mismo campanario, es posible hallar ideas y proyectos que  se  deben  al  gran  pintor  florentino.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Superior del Estudiante Fasc. N°50
Historia Visual del Arte Larousse La Nación El Arte Renacentista
ARTERAMA N°53 Enciclopedia de las Arte Editorial CODEX S.A.

Vida y Obra de Ghiberti Lorenzo Historia Puerta del Paraiso Florencia

Vida y Obra de Ghiberti Lorenzo Historia Puerta del Paraiso

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia.

Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa.

Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades.

Lorenzo GhibertiLorenzo Ghiberti (1378-1455) es el primero de los escultores florentinos del siglo XV; hasta los más eminentes artistas de esa época se formaron en su taller.

El estilo aún gótico de sus primeras obras se hace cada vez más complejo a través del estudio de la perspectiva y de la incansable búsqueda de la «luz», elementos ambos que tanto apasionaron a los artistas florentinos del siglo XV.

«Son tan bellas que podrían colocarse a la entrada del Paraíso».
Así se expresó un día el gran Miguel Ángel, que no prodigaba los elogios, al detenerse a admirar la nueva puerta del Baptisterio florentino, última obra maestra de Lorenzo Ghiberti.

Que aquella «puerta del Paraíso» era hermosa, lo sabían todos en Florencia… hasta los profanos en la materia. Pero el florentino más convencido de ello era el propio Lorenzo Ghiberti, que —con una franqueza rayana en la inmodestia— había firmado su trabajo con estas palabras: «Obra de Lorenzo Ghiberti, ejecutada con maravilloso arte». Nadie, sin embargo, se asombró de tal inscripción, ya que era rigurosamente cierta. Por lo demás, si alguien se hubiera atrevido a pensar que el autor de semejante rúbrica debía ser un auténtico «cara dura»… no se habría alejado mucho de la verdad.

La «cara dura» de Ghiberti, puesto que era de bronce, estaba allí mismo, sobre uno de los batientes de la puerta: un rostro abierto, bondadoso, con las cejas un poco enarcadas, confiriéndole una expresión perspicaz y vagamente irónica.

Pero junto a su propia imagen, como si hubiera querido dividir el mérito de aquella obra maestra en partes iguales, Ghiberti había colocado la efigie de su padrastro, Bartolo de Michele, llamado Bartoluccio por los florentinos, que había sido su maestro; y este acto de modestia y generosidad basta para absolverlo de toda sospecha de presunción.

Puerta Harte del Baptisterio de Florencia (1403-1424)

Lorenzo Ghiberti: Puerta Harte del Baptisterio de Florencia (1403-1424) – Por voluntad de los autores del encargo, Ghiberti, al esculpir la primera puerta del Baptisterio de Florencia, se atuvo fielmente al modelo que había ejecutado Andrés Pisano, en la primera mitad del siglo XIV, para el mismo Baptisterio.

La puerta está subdividida en 28 paneles de bronce, 14 por batiente, en cada uno de los cuales se incluye un marco cuadrilobulado que encierra a las figuras.

En las dos filas inferiores, el escultor representó a los cuatro evangelistas y a los cuatro «padres» de la Iglesia, seguidos, en orden ascendente, por los episodios más significativos de la vida de Jesús.

La regularidad geométrica de los recuadros se enriquece con los elegantísimos frisos que los enmarcan y con la vivacidad de las cabezas de profetas que surgen en los ángulos. Las figuras doradas resaltan sobre el fondo oscuro del bronce. La fundición de la puerta fue muy difícil, y se realizó en dos tiempos: primero, el marco con los 28 compartimientos; luego, las placas esculpidas.

EL FAMOSO CONCURSO

Lorenzo se reveló como un artista precoz: cuando, en 1401, participó en el famoso concurso para la puerta del Baptisterio de Florencia, sólo tenía 23 años.

El tema del concurso era la ejecución de una placa de bronce que reprodujera el «Sacrificio de Isaac». Tras una primera «eliminatoria», pasaron a la final siete artistas de «campanillas», entre ellos Jacobo della Quercia y Filippo Brunelleschi.

No es difícil imaginar el clima de competición que se creó en la ciudad cuando los seleccionados se pusieron al trabajo, ni las discusiones de los «partidarios» sosteniendo a sus favoritos, ni la curiosa expectación.

Los siete artistas trabajaron en el más completo secreto, para no correr el riesgo dé copiarse recíprocamente.

Es decir, los siete, no, porque Lorenzo Ghiberti, el más joven de ellos, invitó a todos los ciudadanos que lo desearan a examinar sus modelos y a declarar abiertamente su parecer. Los maldicientes, por supuesto, dijeron que con ello sólo intentaba predisponer a favor suyo al j rado…
Pero se engañaban: la obra de Ghiberti resultó perfecta, digna, sin duda, de la victoria.

Para los treinta y cuatro componentes de la comisión, sin embargo, no fue fácil decidir entre las placas presentadas por Ghiberti y Brunelleschi, ya que ambas eran muy bellas, aunque completamente distintas en la ejecución y en el estilo.

Finalmente se optó por una decisión salomónica: los dos artistas trabajarían juntos en la puerta del Baptisterio. Brunelleschi se negó.

MEDIA VIDA

Inició la tarea cuando era todavía un joven, y la terminó a los cuarenta y seis años de edad. Acaso al participar en la ceremonia de consagración de la puerta, en la mañana de Pascua de 1424. se dio cuenta de que la mitad de su vida se le había ido en aquel trabajo. Pero merecía la pena.

La puerta, elegantísima, perfecta, era el resultado de un feliz equilibrio de arte y sabiduría técnica. Y sólo Florencia podía jactarse de poseer semejante maravilla.

UN TALLER CONCURRIDO

Entretanto, el taller de Lorenzo Ghiberti se había llenado de ayudantes, aprendices y alumnos. entre los cuales se contaban algunos, como Donatello y Paolo Uccello, que no tardarían mucho en hacerse famosos.

La vida del escultor transcurría en medio de un tranquilo bienestar: tenía mujer, dos hijos que pronto incrementarían el número de sus colaboradores, una bonita casa en Borgo Allegri y algunas fincas fuera de la dudad. Y era. además, famosísimo.

En su taller se hacía de todo: finísimos trabajos de orfebrería, estatuas de bronce de más de dos metros de altura, destinadas a la iglesia de Orsanmichele, bosquejos para las vidrieras sacras, vírgenes de terracota, pinturas sobre madera y. vidrio… Y, cuando se habló de encargar la tercera y última puerta del Baptisterio (la primera había sido esculpida por Andrés Pisano, un siglo antes), a nadie, y tampoco a Ghiberti, se le pasó por la cabeza que pudiera ser confiada a otras manos.

Como siempre, el resultado satisfizo a todos: se trataba, efectivamente, de la «puerta del Paraíso». Si bien aquella vez, en el entusiasmo febril del trabajo» transcurrió casi un decenio: en 1452, cuando dio  últimos toques a su obra, Ghiberti tenía más de 70 años.

Por aquella época, el artista llevaba ya bastante adelantada la redacción de sus «Comentarios», que continuó escribiendo, sereno y en paz, hasta el día de su muerte acaecida el 1° de diciembre de 1455.

En los «Comentario se refería también a su propia persona, objetivamente concluyendo la parte autobiográfica con otra de sus tajantes afirmaciones: «Pocas cosas importantes se han hecho en nuestra tierra (la Toscana) que no hayan sido dibujadas u ordenadas por mi mano». Pero tampoco esta vez los lectores encontraron presuntuosa la frase.

Es cierto: Lorenzo Ghiberti había educado y enseñado arte a toda una generación de escultores.

 Detalle de la Puerta Norte del Baptisterio Florencia

Lorenzo Ghiberti – Detalle de la Puerta Norte del Baptisterio  Florencia: Anunciación – Esta placa de la primera puerta ejecutada por Lorenzo Ghiberti con destino al Baptisterio de Florencia, constituye un ejemplo de la sobria elegancia características del estilo de este escultor.

Observemos la armonía y el equilibrio con que la escena ha sido colocada en el marco de cuatro lóbulo El templete que acoge la figura de la Virgen ocupa la mitad exacta de la superficie disponible; las figuras del ángel y del Padre Eterno,oportunamente curvadas para adaptarse mejor al  contorno redondeado del marco, «equilibran» la otra mitad. Notemos también cómo las alas del ángel se introducen en el  ángulo del marco, favoreciendo el ritmo.

puerta del infierno ghiberti lorenzo

Lorenzo Ghiberti: Puerta del Paraíso (1425-52) – Florencia, Baptisterio – En la «puerta del Paraíso» Ghiberti utilizó una subdivisión distinta de la empleada en las otros dos puertas del Baptisterio. Eligió como tema los hechos del viejo’ Testamento, narrados en diez amplias escenas, contenidas en marcos rectangulares. Los frisos verticales reproducen elegantes figuras de cuerpo entero y cabezas rodeadas por marcos circulares. La tercera pareja de cabezas del friso central de la puerta, empezando a contar desde abajo, está formada por los retratos del escultor (a la derecha) y de su padrastro y maestro, Bartolo di Michele, llamado Bartoluccio (a la izquierda). El estilo del artista ha cambiado mucho. Las escenas son más ricas en detalles y están animadas por un claroscuro que les confiere un vivaz efecto «pictórico». El paisaje y los edificios del fondo fueron ejecutados según las reglas de la perspectiva, es decir, disminuyendo la altura del relieve, a medida que las figuras se alejan del primer plano.

Ver:Historia Construcción Cupula de la Catedral de Florencia

Biografia de Gaudi Antoni Arquitecto Sagrada Familia Catedral

Biografía de Gaudi Antoni Arquitecto Catedral de la  Sagrada Familia en España

Nació el 25 de julio de 1852 en Reus, España, y fue bautizado con el nombre Antón Plácido Guillem. Fue el quinto y último hijo de una familia humilde en la que el padre era fabricante de calderos de Reus. Murió en Barcelona en 1926.

De él heredó la tradición artesanal. Comenzó sus estudios de arquitectura en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona y aunque allí no demostró ser un buen estudiante obtuvo su diploma en 1878.

Falleció en Barcelona el 7 de junio de 1926 atropellado por un tranvía.

GAUDÍ ANTONI Arquitecto de la Catedral de la Sagrada Familia

La señora, bella y elegante, se detuvo, hurgó en el monedero, extrajo de él algunas monedas y se las tendió con seguridad al viejo.

Y el viejo, traje ajado, demasiado ancho, el rostro surcado de arrugas, los cabellos blancos, cortos y rizados y la barba sin cuidar, sonrió.

Después, con paso cansado, echó las monedas en la hucha de las limosnas para las obras de la Sagrada Familia.

El viejo era Antonio Gaudí. Este episodio es auténtico, una de las pocas anécdotas de la vida sin vicisitudes de Antonio Gaudí y Cornet, vida que se consumió prácticamente entre los muros de una sola ciudad —Barcelona—, donde el futuro arquitecto había llegado a los dieciséis años, en 1869, desde su Reus natal, en la provincia de Tarragona.

Arquitecto español máximo representante del modernismo y uno de los principales pioneros de las vanguardias artísticas del siglo XX. El templo de la Sagrada Familia fue la obra que ocupó toda su vida y que se consideró su principal realización artística, a pesar de que quedó inconclusa y sin un proyecto bien definido. (imagen arriba: Antoni Gaudi)

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BREVE FICHA BIOGRAFICA

• Nació el 25 de junio de 1852, en una familia de caldereros, en la localidad catalana de Reus, Tarragona (España).

• De pequeño sufrió de fiebre reumática, que lo obligó a pasar mucho tiempo en el campo, donde observó formas de la naturaleza que trasladaría después a sus obras.

• En su juventud se mudó a Barcelona para estudiar.

• En 1878 se recibió de arquitecto e inició una amistad con el conde Eusebi Güell, quien pronto se convertiría en su mecenas y protector.

• En 1883 comenzó su primer edificio, la casa Vicens, que lo consagraría en su profesión. En ella abandonó las formas tradicionales de construcción y creó otras nuevas, fantásticas y cubiertas de colores.

Grandes proyectos
• Poco después empezó a trabajar para el conde Güell, primero en (a construcción de unas caballerizas para su finca y luego en el palacio Güell.

• En 1891 fue nombrado arquitecto del templo de la Sagrada Familia, obra en la que trabajó varios años.

• En 1900 inició el Parque Güell de Barcelona (declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en 1984).

• Entre 1904 y 1906 proyectó la casa Batlló.

• En los años siguientes realizó la casa MNá, conocida como La Pedrera, siempre en la misma ciudad.

• Murió en Barcelona el 10 de junio de 1926, atropellado por un tranvía.

Además de sorprender con sus construcciones que parecen esculturas, Gaudí se destacó como diseñador de los muebles para las viviendas que proyectó, y en la fabricación de los hierros forjados de sus balcones y ventanas.

Aunque
durante su vida no se reconoció su genio creativo, su obra marcó un hito en la historia de la arquitectura, influyendo no sólo en la formación de notables arquitectos sino también en los futuros profesionales.

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BIOGRAFIA Y OBRA ARTISTICA DE GAUDI

Sus únicos viajes fueron una visita de estudios a Mallorca y a Carcasona, apenas conseguido el título (1878); una rápida excursión por Andalucía y Marruecos —llevado allí por un cliente— en 1887; retornos a Palma para la restauración de su catedral entre 1902 y 1904, y una breve estancia en los Pirineos para curarse de las fiebres de Malta en 1911.

El proceso artístico de Gaudí evoluciona en fases que se pueden distinguir cronológicamente: una vez finalizados sus estudios en la Escuela Provincial de Arquitectura, realiza sus primeros proyectos en un estilo victoriano, cuya característica más evidente es la contraposición entre las masas geometricas y las superficies, en las que la exuberante decoración se obtiene mediante el empleo de distintos materiales: piedra, ladrillo, mayólica y acero.

Al entrar en la escuela de Arquitectura Gaudí no acepta el academicismo, la estricta copia de los estilos del pasado, y encuentra ciertas dificultades para pasar los exámenes.

Sin embargo, se interesa por el pasado histórico de su patria, por la filosofía y el humanismo y asiste a las conferencias que Pau Milá i Fontanals dicta en el Ateneu barcelonés en defensa de la arquitectura gótica.

Con el Centre Cátala d’Excursions Cienttfiques viaja por el sur de Francia.

En Toulouse puede ver la reconstrucción que Viollet-le-Duc, uno de los arquitectos a quien más admira, lleva a cabo en Saint-Sernin.

Pero al parecer, el espíritu del arquitecto francés, su acentuación de las líneas, su cromatismo no gustan a Antoni Gaudí, que cree que más que reconstruir, Viollet-le-Duc caricaturiza el arte medieval.

Durante los últimos años de su carrera, Gaudí colabora con numerosos arquitectos barceloneses.

Parece, sin embargo, un tanto dudosa su supuesta participación en el proyecto del camerín de la Virgen de Montserrat, llevado a cabo por Francisco P. del Villar, e incluso en las obras de la cascada del parque de la Ciudadela, dirigidas por José Fontseré.

No ofrece dudas en cambio su colaboración en la iluminación de la desaparecida Muralla del Mar y sus proyectos para la Societat Obrera Mataronina, grupo que va a la cabeza del cooperativismo catalán.

De lo proyectado en Mataró (fábrica, sede social, ciudad-descanso, etc.) sólo se llevó a la práctica un quiosco y una sala de máquinas en la que utilizó como sostén de la cubierta una serie de arcos parabólicos de madera.

Quizá en el Park Güell, más que en ninguna otra construcción, Gaudí conjuga en sí, salvando la especialización que ya ha pasado a ser una premisa de la elevada tecnología constructiva, el carácter de escultor que modela los volúmenes, el que transforma un árbol o la silueta de una mujer en una columna, del pintor que cualifica las formas a través del cromatismo y la luz.

Gaudí, además, como un hombre de la Edad Media o del Renacimiento, es también el ceramista y el forjador, no el arquitecto que proyecta, sino el hombre que crea sus obras, sin duda ayudado por grandes colaboradores, como Jujol, que realizó las decoraciones en cerámica de la sala dórica.

Bajo este aspecto, Gaudí ha sido considerado como reaccionario al no proyectar en aras de un futuro abandonando cualquier relación con el pasado, y no rendir culto a la estética de la máquina y del hierro, no trabajando para una nueva sociedad.

Pero Gaudí entiende la arquitectura como un camino de salvación para el hombre, el arquitecto no es el ingeniero que diseña máquinas para vivir, es el hombre que intenta elevar a sus semejantes al conocimiento supremo a través de la armoniosa y a la vez fantástica ordenación del espacio, de los volúmenes, de las formas y del color.

En 1878 Gaudí obtiene el título de arquitecto y un año después proyecta la primera obra importante, la Casa Vicens de la calle de las Carolinas en Barcelona, después de realizar varios trabajos de segundo orden, como el proyecto de una portada monumental para un cementerio y el de unas farolas para la barcelonesa plaza Real, en las que demuestra ya su consideración por la naturaleza, al concebirlas según las leyes de crecimiento de las plantas.

El efecto general recuerda el estilo morisco, siendo ejemplos de ello la Casa Vicens y el palacio Güell de Barcelona.

En la fase siguiente, entre 1887 y 1900, Gaudí experimenta las posibilidades dinámicas de los estilos clásicos: el gótico (Palacio Episcopal de Astorga y la Casa de los Botines de León) y el barroco (Casa Calvet de Barcelona).

Entretanto se construye la casa Vicens, el arquitecto se preocupa por el arte mobiliar y envía a la Exposición Internacional de París de 1878 un proyecto de escaparate-vitrina para una farmacia barcelonesa.

A pesar de que el diseño no despierta gran interés, atrae la atención de Eusebio Güell, conde, terrateniente y avispado industrial, que a partir de entonces será su más fiel cliente y admirador. Para el conde Güell, proyecta en 1882 un pabellón de caza que debía de construirse en Garraf, al mismo tiempo que en colaboración con Joan Martorell realiza un anteproyecto para la iglesia de los benedictinos de Villaricos, en Cuevas de Vera (Almería).

En esta época, el joven arquitecto es abierto, voluble, anticlerical; gusta de la buena mesa y sigue la moda en el vestir.

Su dandismo se manifiesta en su gabán beige y en las botas altas que calza, elementos que dan un carácter un tanto frivolo a su figura.

A Gaudí no le faltan encargos y 1883 se convierte en el año crucial de su carrera como arquitecto. Por una parte, un amigo del conde Güell, Máximo Díaz de Quijano, le encarga la construcción en una villa residencial en Comillas (Santander).

Por otra, construye la finca Güell en el barrio barcelonés de Les Corts y, a finales de aquel año, el día 3 de noviembre, acepta continuar los encargos de edificación del templo de la Sagrada Familia en Barcelona.

Y desde principios de siglo, la práctica arquitectónica de Gaudí pasa a ser algo único, que ya no se puede clasificar con una nomenclatura estilística convencional.

Es el período en el que el arquitecto vuelca toda su potencia expresiva en la Sagrada Familia, que incluso lo compromete y obliga más como hombre religioso que como artista.

Hijo de un calderero (durante toda su vida sintió el orgullo del artesano capaz de doblar a voluntad el metal), estudió en el colegio de los padres escolapios, asimilando quizá en aquellos años el germen de un rigor moral que lo convirtió en un ser intransigente y solitario.

Antoni Gaudí era hijo de una humilde familia de caldereros, procedente de Auvernia, que se había instalado en la Cataluña meridional a principios del siglo XVIII: «Mi padre fue calderero, mi abuelo y mi bisabuelo lo fueron también —comentaría orgulloso Gaudí—; los padres de mi madre fueron caldereros y uno de mis bisabuelos, tonelero… Todas esas generaciones me han preparado.

El calderero es un hombre que de una superficie hace un volumen: antes de empezar su trabajo ha visto ya el espacio. El calderero abarca las tres dimensiones y recrea inconscientemente el espacio. ¡El espacio es la calderería!…»

Fue, evidentemente, un personaje taciturno y huraño que pasaba todo su tiempo sumergido en el trabajo, que cada día se acercaba a la iglesia, prefiriendo las largas conversaciones con unos pocos íntimos a las reuniones mundanas, y que siempre iba tan desaseado y tan mal vestido que a veces, como se ha recordado al principio, podía ser confundido con un mendigo.

Por otra parte, y desde luego por completo al margen de esas anecdóticas y pintorescas limosnas, Gaudí necesitaba dinero, mucho dinero, para llevar adelante las obras de la Sagrada Familia, el gran templo votivo que durante cuarenta y tres años —de 1883 a 1926, año de su muerte— fue el exclusivo fin de su existencia.

En esta empresa gastó todo lo que poseía, conformándose con vivir pobre y sencillamente, como un ermitaño; pero el dinero nunca era suficiente. Y ello, en parte, a causa de su falta de previsión, por su modo de trabajar con programas ilimitados, con intuiciones, arrepentimientos y muchos imprevistos que hacían subir tanto los costos que perjudicaba a los que sufragaban los gastos.

Pero Gaudí no se preocupaba por esas cosas: la suya era una búsqueda ininterrumpida en la que no podía ni quería aceptar en el trabajo plazos determinados.

Cuando pasó a ser prácticamente su propio mecenas, no se avergonzó ni tuvo el menor reparo en transformarse en una especie de postulante que pedía constantemente, pues para él lo que se ponía en juego era importantísimo.

Como tampoco le molestaba ser tildado de “snob” por la gente: para los conformistas de la época (cada época los tiene) no era fácil admitir que un hombre de un aspecto tan modesto pontificase con tanta autoridad o se permitiese exigir ayudas monetarias.

Para ellos un hombre tan mal vestido y desaseado no podía ser más que un revolucionario o un visionario. Pero Gaudí continuaba tranquilamente su trabajo.

Le bastaban las conversaciones con sus colaboradores —tuvo muchos, y de talento, que se pusieron a su lado sin pedir nada a cambio— o los raros encuentros con visitantes excepcionales, como el filántropo Albert Schweitzer o el poeta Juan Maragall Gorina, partidario entusiasta del resurgimiento catalán.

Permaneció siempre soltero y en los últimos años de su vida vivió completamente solo.

Durante cierto tiempo tuvo a su lado a su padre y a una sobrina, pero cuando éstos murieron fue atendido por dos monjas carmelitas de un convento cercano, que después lo recordarían como una persona devota y amable.

Una de sus más bellas fotografías lo reproduce, ya con sententa años de edad, con un largo cirio en la mano, mientras participa en la procesión del Corpus Christi.

Todas las mañanas, antes de dirigirse a las obras de la Sagrada Familia (que se había convertido en su eremitorio), se detenía en la iglesia de San Felipe Neri, para oír misa.

Hacia allí se dirigía, como de costumbre, la mañana del 7 de junio de 1926 cuando fue atropellado por un tranvía: a consecuencia de las heridas murió tres días después. siendo sus restos inhumados en la cripta de la gran catedral inacabada.

Se cerraba así, después de setenta y cuatro años, una existencia que había transcurrido casi por entero dentro del horizonte de Barcelona, este horizonte al que la piedad profunda y rica en fantasía de Gaudí caracterizó y modificó definitivamente al levantar en él los increíbles pináculos de un templo que había de convertirse en una especie de símbolo de la ciudad.

LOS ULTIMOS AÑOS DE GAUDÍ: El reumatismo que Gaudí sufre desde pequeño, le va causando cada vez más molestias.

Tras la construcción de la casa Milá, el maestro, un tanto cansado, dedicará todo su tiempo al templo de la Sagrada Familia.

Apenas se le conocen a partir de entonces algunos proyectos: capilla del convento de las Teresianas de Barcelona (1908-1910), Gran Hotel de Nueva York, que debía ser más alto que la torre Eiffel y que de haberse llevado a cabo hubiese significado la construcción más ambiciosa del arquitecto; proyecto para una colonia en Torelló (1923) y el diseño para un pulpito de la catedral de Valencia (1925).

Gaudí, a partir de 1906, vive en una pequeña casa que un ayudante suyo, Francesc Berenguer, construyó en el Park Güell. Lleva una existencia en extremo austera. Se levanta a las siete de la mañana y va a comulgar todos los días a la parroquia de San Juan de Gracia.

Se dirige luego a las obras de su catedral y allí come frugalmente: ensalada, un vaso de leche con una rodaja de limón, una manzana asada al horno y media mandarina: «La mortificación del cuerpo —explica Gaudí— es la alegría del espíritu.

El sacrificio es el único medio-capaz de hacernos avanzar por el camino de la verdad interior, camino sin el cual no existe arte verdadero… La mortificación del cuerpo empieza con el trabajo incesante, ininterrumpido de todos los días de nuestra vida.»

A la caída del sol, Gaudí se dirige a orar a San Felipe Neri cerca de la catedral, y a pie regresa a su Park Güell.

Entretanto, la Sagrada Familia sigue creciendo cada vez con mayores dificultades económicas. Ya en 1905 Joan Maragall, el gran amigo del arquitecto, había escrito en el Diario de Barcelona: «A menudo me siento orgulloso de ser barcelonés… otras veces me avergüenzo de ello: hoy es una de éstas.

Este hombre que construye el templo de la Sagrada Familia me ha dicho que los recursos para continuar esta obra se agotan, que los donativos disminuyen entre nosotros…

Si un pueblo, aun en la anarquía sangrienta y la miseria, es siempre un pueblo y tiene derecho a la esperanza, un pueblo sin identidad no es nada ni tiene derecho a nada.

El templo de la Sagrada Familia es el templo de la idealidad catalana a Barcelona, el monumento de la piedad eternamente ascendente, la concreción petrificada del deseo de elevarse, la imagen del alma popular…»

El templo es visitado por grandes personalidades: Albert Schweitzer, el cardenal Ragonesi, Enric Prat de la Riba, Alfonso XIII, Unamuno, etc. Gaudí despliega entonces su catalanismo y se niega a conversar en otra lengua que no sea la catalana: «Esto (la catedral) no puede expresarse ni en francés, ni en alemán o inglés —decía a Schweitzer—, así pues se lo voy a explicar en catalán y usted comprenderá lo que yo le diga, aunque no conozca esta lengua.»

El arquitecto, muerto su padre en 1906, el poeta y amigo Joan Maragall en 1914, el conde Güell en 1914, su sobrina Rosa y su inseparable compañero Llorenc Matamala en 1925, se hunde en una completa soledad y decide instalarse en los mismos talleres del templo.

Allí monta una cama entre las maquetas y diseños.

El lunes 7 de junio de 1926 se dirige como todos los días al oratorio de San Felipe Neri; su pensamiento está absorto en la primera torre del templo que se inaugurará el día 11.

Al atravesar la calle de las Cortes Catalanas, cerca de la plaza de Cataluña, vacila y cae bajo las ruedas de un tranvía.

Es recogido y llevado al hospital Clínico: su aspecto es de mendigo, viste miserablemente, los pies desnudos dentro de los zapatos, ningún documento permite identificarlo; su ayudante Doménech Sugranyes y el capellán del templo reconocen por la noche en el vagabundo al visionario arquitecto que morirá tres días después, el jueves 10 de junio de 1926.

El 12 de junio el maestro fue enterrado en la cripta de su catedral inacabada, de la catedral de los pobres, cuyo portal, según sus propias palabras, «será lo bastante grande para hacer pasar por él a toda la humanidad».

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A medida que el arquitecto se va adentrando en la problemática del nuevo templo, su anticlericalismo, quizá por motivos no demasiado conocidos, va desapareciendo y Gaudí se convierte en un hombre en extremo religioso, que alcanza lo místico: «¡El hombre sin religión —exclamó el arquitecto— es un hombre espiritualmente fracasado, un hombre mutilado!».

La pobreza, para Gaudí, conduce a un estado de elegancia y belleza, mientras que la riqueza lleva irremediablemente a la opulencia y a la complicación que nunca pueden ser bellas.

En la cuaresma de 1894, Gaudí se encierra en su piso de la calle Diputación, en donde vive con la hija de su hermana, Rosa Egea, para profundizar en los santos misterios. El propio obispo Torres y Bages, gran amigo suyo, tiene que acudir a su casa para hacerle desistir de su extremado recogimiento.

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PARA SABER MAS… Antonio Gaudí, representante de medio siglo de arquitectura española, murió atropellado por un tranvía en 1926. Adscrito a la estética modernista de principios de siglo, el arquitecto siempre dio más importancia al individuo romántico que a lo formal de este movimiento cultural.

Se ha dicho que Gaudí fue el último representante de una época ya concluida, pero que a la vez abre una línea expresionista que evoluciona en las vanguardias del siglo XX. Gaudí desarrolló su sueño personal en obras como el Parque Güell y las casas Batlló y Milá, situadas en la ciudad de Barcelona.

La coronación de su estilo personal, relacionado con el surrealismo, fue la inconclusa iglesia de la Sagrada Familia.

Gaudí nació en una familia de artesanos y estudió con maestros tradicionales pero, a pesar de sus arraigados sentimientos nacionalistas, consiguió dar un sentido cosmopolita a sus obras, que unen tradición y modernidad, tanto en el interior como en sus fachadas.

Su estilo arquitectónico era espiritualista (era un ferviente católico) y formalista y supuso la desaparición del clasicismo.

En sus obras, Gaudí ocultó soportes, utilizó materiales industriales nuevos y cambió la concepción del espacio. En 1893 recibió el encargo de construir la Sagrada Familia y a partir de entonces dedicó su dinero y su tiempo al templo (en ese monumento levantó cuatro torres, de las cuales sólo una fue concluida por él, y la fachada del Nacimiento).

Gaudí vivía en forma tan austera que cuando murió fue confundido con un vagabundo. Su obra no llegó a trascender en su época. Pero después de su muerte, fue reconocida internacionalmente.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de las Maravillas del Mundo Tomo III
El Gran Libro del Siglo XX Clarín

Los Acolitos Una Relacion Con Teatro Itinerante

Los Acólitos Una Relación Con Teatro Itinerante

Los acólitos Una relación con el teatro itinerante El arte debe ser vivido por todos, no como un espectáculo experimentado pasivamente, sino como un juego en el que se arriesga la vida .En las organizaciones libertarias hemos visto en los cuadros filodramáticos, especialmente en los surgidos en las escuelas del movimiento, un esfuerzo colectivo de sacralización que exige del participante una apertura del espíritu y ofrece a cambio el control de sus propios medios de expresión El teatro, aún didáctico, conserva un aspecto de fiesta, pero ésta se convierte pronto en la fiesta de la Revolución.

En la experiencia que ellos intentan… actores y espectadores son los coautores del drama y en estamos en presencia de un verdadero teatro comunitario. La idea de este teatro aleatorio es favorecer la creación de la “comuna” y reconocer el hecho de que existe un artista creador en cada individuo. Y aunque el teatro no es más que un evento, conduce a la acción .

Por un breve instante, el arte, la vida, la política, forman una unidad. Las técnicas aleatorias garantizan que no haya un itinerario preestablecido, que no se establezca ninguna teleología social, que no se imponga, pues, una performatividad. La estética marxista se presenta como guardián de la tradición realista. La estética anarquista es el guardián del espíritu de ruptura. Y puesto que tiene la mirada fija en el porvenir, interpreta tal vez mejor la aspiración del artista de hoy a la libre expresión de su fe de herético .

Los libertarios rioplatenses desplegaron así un fuerte sentido de lo comunitario que conjugó la lucha económica con una decidida militancia de integración cultural alternativa a la del Estado.

Integración desigual, discontinúa, muchas veces efímera, contradictoria en sus apropiaciones. En este contexto de crecimiento de los centros portuarios el movimiento libertario adquiere gran relevancia en la organización de la lucha sindical. La necesidad de mano de obra barata por la expansión de la economía generó situaciones de esclavitud fogoneadas por las patronales, que respondían al modelo hegemónico oligárquico.

Con gran rapidez crecieron locales anarcosindicalistas , junto a centros, círculos y escuelas de orientación ácrata.

La creación artística de estos núcleos es remarcable y se convierten en el sistema de producción más dinámico de la época.

La reacción de los sectores que detentaban el poder político y económico no se hizo esperar y no sólo se dedicó a la represión de huelgas o foquismos puntuales sino que apuntó a toda la actividad del anarquismo en general. Se clausuraron sus diarios e imprentas, se ningunearon y luego quemaron sus centros y escuelas racionalistas.

Era un vano intento por frenar la ola de concientización de la clase proletaria. No faltaron recursos al libertario para seguir expresando sus ideas apelando a dos figuras que simbolizaban por su estilo de vida la existencia sin ataduras, los acólitos y los crotos. Los acólitos utilizaron también las viadas para la enseñanza de las ideas anarcosindicalistas y nunca promovieron foquismos, a pesar de trabajar en solitaria durante meses.

Las bases de la perspectiva anarquista – tanto en términos generales, como en lo específicamente referido a lo artístico – no derivan de un modelo teórico que, una vez establecido por algún “maestro pensador”, quedaron determinados para siempre.

Se trata aquí de un cuerpo conceptual dinámico, cuyos creadores y seguidores han rehusado convertir en canon de obligatoria obediencia, pues siendo su esencia la libertad y el cambio mal podría avenirse con ello. Por tal motivo, no es sencillo – y hasta resultaría inaceptable para algunos – pretender enumerar los principios estéticos libertarios, más aún cuando ello significa suponer coincidencias plenas entre posturas ideológicas que han puntualizado sus diferencias tanto en la explicación y valoración del hecho artístico como en otros aspectos (por ejemplo, el Anarcosindicalismo, el Anarquismo Individualista, el Anarquismo Cristiano y el Municipalismo Libertario).

No obstante, es posible intentar una presentación que subraye los elementos que unifican a las diversas teorías estéticas libertarias, ámbito donde quizás lo más difícil sea conciliar lo que sostiene el Anarquismo Individualista con lo que afirman las tendencias en pro de lo que cabe llamar el Anarquismo Social.

Explicar estas diferencias excede los objetivos de este trabajo. Sin embargo para avanzar en la actividad de los acólitos como vehículos del ideal libertario es necesario precisar si es posible descubrir una genuina estética del movimiento por encima de sus múltiples interpretaciones doctrinarias. La estética anarquista parte de considerar al arte como expresión indispensable en la vida de los pueblos y los individuos, en tanto se trata de una praxis que fusiona la imaginación con el trabajo – la actividad humana y humanizante por excelencia.

Es en su horizontalidad de criterios y en su multiplicidad de propuestas, que encontramos un rico y destacado material dramatúrgico.

Voy a desarrollar la tarea de dos acólitos que, fieles a esa falta de dogmatismo, se desplazaron por zonas casi despobladas del territorio argentino.

Isaac Berman, un joven maestro partió hacia el norte de Santa Fe y desde allí se internó en la selva chaqueña. Nos cuenta:”Mi familia era alemana y supe del socialismo desde la cuna.

Mi abuelo había participado de las revueltas de 1848 y dos tíos militaron con fervor en el primitivo comunismo marxista. Yo nací en estas tierras, a poco de comenzar el siglo. Viví desde pequeño la agitación obrero por la vinculación de mi padre con los sindicalistas que seguían las ideas reformistas de Justo.

Pero un hecho inesperado cambió mi vida para siempre. La traición de los dirigentes ante una huelga dejó a mi familia sin sustento, por lo que debimos mudarnos a una pequeña finca cerca de Luján. Allí ingresé a la escuela libertaria y aprendí un nuevo camino y la verdad de un ideal puesto al servicio del hombre y que nace del propio hombre.

Quería ser escritor, pero la lucha me llevó a dedicarme a la docencia, llevando a lugares muy lejanos el amor por los principios anarquistas. Para no olvidar mi amor por la escritura, comencé a redactar poemas y pequeños monólogos que utilizaba didácticamente con mis alumnos.

Recuerdo uno especialmente, en mi primera experiencia con los hacheros. Los compañeros locales habían reunido un pequeño grupo y decidí presentarme arremetiendo con “No desesperen”, un breve texto de mi producción. Allí un delegado ácrata se dirigía a los que compartían sus dolores y a aquellos que los explotaban. RAMON: Estoy aquí para debatir los pasos a seguir en la huelga. Tuve muchas presiones. Los dueños de los campos, los capitalistas terratenientes, atentaron contra mi vida y sus esbirros de la policía mataron al pobre Juan. No se puede razonar con el que blande el látigo y nos cree sus esclavos.

Ellos hablan de la civilización que traen, de los adelantos que su presencia significa. Y sólo crean almacenes rústicas, en las que los obreros del hacha, debemos comprar con vales y a precios inalcanzables. Si el turco, que les hace de intermediario, quiso cambiar pieles valiosas por un kilo de yerba. Se dan cuenta, compañeros.

Un engaño tras otro. Pero claro son letrados, tienen la ley del dueño de su lado y se aprovechan de la ignorancia del pobre. Por eso les pido que se acerquen al círculo anarquista, allí aprenderán a leer o a profundizar lo que saben. Y el combate será también en otros campos. No le regalemos el territorio de la razón. El conocimiento es un proceso que se identifica con sus fines: libertad y amor. Para realizar el deseo irresistible de libertad es necesario conocer, y para conocer es necesario amar. El conocimiento, la libertad y el amor no pueden ser concebidos sino en una relación recíproca.

Estos tres términos son el lado de un triángulo que no podría existir sin los otros dos. Y como el amor es a un tiempo instrumento de conocimiento y de liberación, la poesía es amor e iluminación.

La lectura los hará libres; aunque sean dependientes sus cuerpos, su espíritu no tendrá patrón. No renuncien a la belleza. Por más loco que me crean, aún en medio de la selva y perseguidos podemos conectarnos con esa belleza que nos rodea y con la crece en nuestro interior. Pertenecemos a un movimiento social contestatario y somos una opción de rebeldía ante el Estado y las instituciones jerarquizadas y despóticas inherentes al capitalismo.

Se puede constituirse un modelo de organización asentado en prácticas colectivas e igualitarias y en relaciones de solidaridad y cooperación voluntaria, en resumen autogestionario, configurado por grupos auto-administrados, cooperantes y donde no tuviesen cabida el autoritarismo y la dominación.

Ciertamente que esa organización voluntaria y no jerarquizada exige empeño personal, participación y conciencia, al contrario de las instituciones autoritarias que recurren a chantajes, propinas y fraudes. Por esa razón es más difícil y más tardía la creación y desarrollo de formas de organización cooperativas, incluso porque la resistencia a los cambios, la huella de los valores dominantes y la rutina tiende a apartarnos de modos de organización que implican un trabajo arduo y permanente de renovación y compromiso solidario.

No aflojen, podemos y debemos dar una repuesta rotunda y ella será la organización en torno al ideal. Y no responderemos con violencia, porque eso esperan, para exterminarnos y adocenar a los que sobrevivan. Lo haremos con el amor que surge de nuestra comunión de intereses, de nuestra humanidad plena, de nuestra libertad sin rejas teóricas.” Vincenzo Matiori, discípulo de Malatesta, decidió abandonar la ortodoxia del movimiento y lanzarse a una labor educativa en la actual provincia de Misiones. Recuerda:”Después de muchos desencuentros, me di cuenta que las posiciones irreductibles eran contrarias a nuestra doctrina. Para evitar caer en disputas de bando, me alejé de los centros urbanos y me trasladé por el Litoral, llegando a Misiones.

El movimiento contaba con una incipiente organización en la región y en muchos lados ni rastros había de él. Conocedor del valor del teatro como vehículo de ideas, escribí seis monólogos y junto a tres cartillas, (también de mi producción), inicié la complicada, casi utópica gesta de llevar socialismo a quien apenas leía castellano.

Acompañaba mis improvisadas piezas con el acordeón, que aprendí a tocar de niño. Además me gustaba mucho la sonoridad del guaraní, lo fui conociendo en sus matices y hasta compuse alguna polka. Ante las represiones en el cercano Paraguay, contra anarcosindicalistas y obreros en general, organicé una reunión de boteros, hacheros, pequeños campesinos de los yerbatales simpatizantes de las ideas ácratas y lanzamos un documento.

Ese día estrené un breve monólogo llamado “Gritos de los pobres”. Javier, el obrero libertario esclarecido se dirigía a las autoridades oligarcas, los grandes usurpadores de la tierra y la vil policía. JAVIER: No tengo miedo, ni siquiera inquietud. Me pregunto si sus argumentos serán siempre el maltrato, el abuso y el asesinato a escondidas. Nunca enfrentaron con ideas, no las tienen.

Son indignos de la condición humana. Dado que quiero sinceramente acabar con toda dominación y explotación y empezar a abrir las posibilidades para crear un mundo donde no haya ni explotados ni explotadores, ni esclavos ni amos, elijo aprovechar toda mi inteligencia apasionadamente, usando toda arma mental -junto con las físicas- para atacar al presente orden social.

No pido disculpas por esto, ni me dirigiré a aquellos que por pereza o por la concepción ideológica de los límites intelectuales de las clases explotadas rechazan usar su inteligencia. No es sólo un proyecto anarquista revolucionario lo que está en juego en esta lucha; es mi realización como individuo y la plenitud de la vida que deseo. Y no la voy a construir solo, ya que la salvación es colectiva. Y por eso les hablo, poderosos a la cara. Carecen del concepto de moral y se inclinan frente a un Dios, sin creer en El. No aplican ni siquiera su misericordia, sólo llaman a los curas para que bendigan sus atrocidades.

Pero quiero explicarles, que aunque esté atado y vejado, soy el futuro. Ustedes son piezas de museo, que caerán con la rapidez de un rayo sobre el árbol. Son sombras, de las que no quedarán rastros y sus nombres sólo llenarán espacios en la lista de los traidores. Me hablan de patria, y martirizan a sus habitantes. Hipocresía, señores. Y dejo mi capítulo final, para los compañeros policías.

Quiero comprenderlos, lo intento diariamente. Son los perros guardianes de la patronal. Han nacido en las mismas moradas del obrero, comido su alimento, sufrido la falta de escuelas y la instrucción. Y se inclinan por unos miserables pesos. Son la escoria del sistema, los que acuñarán el olvido de los desiertos yermos.” La actividad de los acólitos libertarios se fue diluyendo cualitativa y cuantitativamente desde fines de 1930. Si bien la concepción de libertad experimentada por los maestros normales volantes siguió a lo largo de por lo menos dos décadas relacionándola con el ideario ácrata, esta percepción es errónea. Pero sus interminables esfuerzos, más allá de persecuciones y asesinatos, aún registran productos culturales (en especial bibliotecas populares) en muchos parajes del país.

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Revistas y periódicos 

El rebelde, colección completa

Boletines obreros FORA regional La Plata, colección completa

Entrevistas a

Isaac Berman, Buenos Aires, 1988

Vincenzo Matiore, Buenos Aires 1990

La gauchesca, desde la simbolía excluyente del otro

La gauchesca, desde la simbolía excluyente del otro hasta la desidiologización funcional

Carlos Fos: Cuando establecemos fronteras, definimos al otro en la imposibilidad del nosotros. Solemos describirlo negativamente, en una rara mezcla de temor y fascinación por lo exótico. Los viajeros que se aventuraban en las planicies vírgenes de las pampas, recurrieron a gráficos detalles en sus registros cuasi etnográficos. En los primeros registros sobre ese habitante semi-nómade de los llanos, el gaucho, encontramos un doble rango; por un lado, el documento burocrático con el objetivo de estigmatizarlos como vagos y por el otro, los textos plagados de pintorequismos, de supuestas costumbres y de vocablos de discutible uso.

Esos mancebos de la tierra, esos gauderios toman visibilidad en las producciones literarias. No nos detendremos en la etimología del vocablo, ya que las posiciones de los especialistas son encontradas y, como ocurre en muchos otros casos, es imposible fijar un criterio único. Rastrear sus raíces es quedar atrapado en teorías filológicas tan documentadas como contradictorias.

Esos escritos que mencionamos al inicio de esta aproximación a un rico mundo, roca granítica sobre la que se asientan discursos que aún resuenan en el colectivo del Plata, suelen ser tan gráficos como exagerados en sus apreciaciones.

Los comerciantes y funcionarios de segundo rango coloniales solían tropezarse (en ese reducto de la campaña, cercano geográficamente pero lejano en sus experiencias de vida urbana) con los “criollos de la tierra”, con los “mozos perdidos” o “mozos vagabundos”. En estas definiciones ya hay un dejo de estigmatización, al calificarlos como poco dados a las labores diarias. Lo cierto que en el siglo XVI, la mayor parte de los señalados eran trabajadores ocasionales de las haciendas.

El término gaucho se instala en el siglo siguiente, encontrándose huellas del mismo en documentos oficiales en la Banda Oriental. Cuando el alcance de las disposiciones jurídicas es limitado, cuando las divisiones de los territorios difuso, es posible que se instalen en las márgenes, hombres adaptados al paisaje, con diversas profesiones o formas de subsistencia.

Desde los que vivían del cuidado del ganado cimarrón en las Vaquerías tempranas hasta los que se dedicaron al contrabando varias décadas después.

“Los bandas de gauchos que asolan el norte de Uruguay en los últimos años del siglo XVIII, presentan grandes semejanzas con todas las pandillas de bandoleros terrestres y marítimos que han existido desde el principio del mundo.

Lo mismo que aquéllas, las gobiernan jefes que llegan al cargo por sus atrocidades, ferocidad y desprecio de vidas, propias o ajenas. El que más muertes tiene a su haber, es el más respetado o más temido y se impone a los demás. Como todos los bandoleros de aquellos tiempos, los gauchos están unas veces en contra de la autoridad y otras a su servicio, pasándose de un campo a otro con singular desenvoltura.”

Tal vez, acorde con ese mítico jinete sin ansias de sedentarismo, investido de libertad y destreza ecuestre, sean muchas las vertientes que sintetizan en el término gaucho. Desde una mirada europea estos centauros resonaban como la conjunción de la negación de la autoridad y la vida natural. Históricamente podemos hablar de algunas experiencias que ponían en tela de juicio la validez de las leyes coloniales, como la denominada “Republiqueta del Río Cebollatí.

En este lugar de la Banda Oriental, generador de leyendas sobre la reunión de esclavos fugados y criminales prófugos, se profundizó esa sensación de abandonar los principios del orden establecido por cualquier gobierno tras un muro defendido por cañones. El amor de la estanciera, obra del siglo XVIII, prefiere detenerse, con claros toques de parodia y humor, en la documentación de la vida del campo y la de sus pobladores.

En forma de sainete nos presenta al hombre de montura, al proto-gaucho, sin pretensiones de ahondar en un perfil dramático o épico. También, irrumpirá el extranjero caricaturizado, en un antecedente del Cocoliche del Circo criollo.


Cancho, la expresión del “paisano criollo”, señala en un momento de la pieza su relación íntima con el equino:
“El es un buen enlazador
y voltea con primor;
al fin, es hombre de facha.
Monta un redomón ligero
y bisarro lo sujeta
y, aunque bellaquee mucho
cierto lo pone maceta.
Tiene sus buenos caallos,
corredores, y de paso,
sobre un malacara
que puede imitar al Pegaso”

Las bodas de Chívico y Pancha, muchas veces anunciado como La 2ª parte de El gaucho, llega a nosotros a través de una versión tardía publicada por Mariano Bosch en 1910. La historiadora Beatriz Seibel concuerda con la opinión que la primer parte de este sainete gauchesco o rural era El valiente fanfarrón o El gaucho, recuperada por el investigador Jacobo de Diego. La referencia a dos partes, es según la prestigiosa investigadora un claro indicio de lo popular de este tipo de piezas.

El incendio que devoró a la primera sala porteña, La Ranchería, junto con el archivo de sus obras nos priva de material. Asimismo, las piezas representadas en el Coliseo, el nuevo espacio escénico con que contó Buenos Aires desde 1804, tienen referencias poco confiables de autoría, siendo muchas de ellas señaladas como anónimas. El cruce de información con las actas capitulares, las primeras críticas en los periódicos locales y la fatigosa tarea en centros de documentación privados o del exterior (Archivo de Indias, fuentes eclesiásticas), han permito desandar lentamente el camino del olvido. Más allá de la anécdota del casamiento y las vicisitudes de tono costumbrista, es interesante detenernos en el idiolecto de los personajes y en las situaciones cotidianas reseñadas.

Dice el personaje de Juancho en la primer parte de la obra:
“Y en verdá que me pesó
Por que casi no había nadie:
yo hice tocar zapateao
y no había quien bailase:
¡ no ei visto Chinas mas sonsas,
fandango mas miserable!
ni cigarros ni aguardiente
paa remojar el gasnate:
ve, hija, si está mi caayo,
echa pues, vieja otro mate.”

En el párrafo citado vemos varios de los elementos relacionados a la existencia en el campo y, por ende, presentes en el gaucho en los diferentes tratamientos literarios y teatrales que como personaje mitologizado tiene.

Este tratamiento positivo de la figura del gaucho es continuado en la obra de Bartolomé Hidalgo. Un montevideano comprometido con las luchas de Artigas, se vinculó con los sectores más populares, a los que interpretó en su producción literaria. Los “cielitos” fueron una expresión directa, cuasi descriptiva de los sucesos que experimentaba la región, un instrumento que le permitía hablar desde los más humildes, sus iguales, con funcionalidad política. En ellos como en los Diálogos, el gaucho se presenta a través de sus costumbres, su relación con el caballo, que lo completa. Estos versos, que circulaban oralmente primero hasta pasar al papel, introducían el amor a la patria, a la justicia y la libertad. Tuvo la habilidad de entender los mores de los pobladores subalternos, los marginados, a pesar de ser un hombre ilustrado, con conocimientos de la lírica neoclásica, que transitó. Presentó, además, obras de teatro en la Casa de Comedias de Montevideo, de la que fue director por un breve período. Sus textos eran unipersonales y la temática similar a la del resto de sus escritos.

En uno de sus cielitos más recordado, de corte festivo- patriótico, característico de sus primeros trabajos, se apropia de la voz de un gaucho que canta al triunfo de Maipú. En un fragmento expresa:
“Con mate los convidamos
allá en la acción de Maipú,
pero en ésta me parece
que han de comer caracú.
Cielito, cielito que sí,
echen la barba en remojo;
porque según olfateo
no han de pitar del muy flojo.
Ellos dirán: Viva el Rey;
nosotros: La Independencia,
y quienes son más corajudos
ya lo dirá la experiencia.
Cielito, cielo que sí,
cielito del teruteru,
el godo que escape vivo
quedará como un amero.
En teniendo un buen fusil,
munición y chiripá
y una vaca medio en carnes
ni cuidado se nos da.
Cielito digo que sí,
cielito de nuestros derechos
hay gaucho que anda caliente
por tirarse cuatro al pecho.”

El cielito como danza y aún como ritmo musical era conocido antes de que Hidalgo lo utilizara, pero no hay dudas de que lo legitimó y que, desde entonces, ambos están íntimamente unidos.

En los Diálogos los interlocutores son Jacinto Chano y Ramón Contreras. Ellos nos presentan ese panorama del campo y sus moradores. Dueño de un envidiable poder de registro, algunos lo emparentaron con las expresiones posteriores de los payadores. En ese orden de ideas, se lo ubicaba en los fogones de las tropas artiguistas con guitarra en mano e improvisando versos.

En su Historia de la literatura argentina, Ricardo Rojas lo presenta de la siguiente manera: “ Tal se nos aparece la figura de Hidalgo, al entrar en la historia de la literatura nacional: vestido de chiripá sobre su calzoncillo abierto de cribas; calzadas las espuelas en la bota sobada del caballero gaucho; terciada, al cinturón de fernandinas, la hoja labrada del facón; abierta sobre el pecho la camiseta oscura, henchida por el viento de las pampas; sesgada sobre el hombro la celeste golilla, desafinada a servir de banderola sobre el enhiesto chuzo de lanceros; alzada sobre la frente el ala del chambergo, como si fuera siempre galopando la tierra natal: ennoblecida la cara barbuda por su ojo experto en las baquías de la inmensidad y de la gloria. Una guitarra trae en la diestra que tiempo atrás esgrimiera las armas de la epopeya americana”

La visión sobre el gaucho cambió drásticamente cuando se instala en la región la antinomia civilización y barbarie. Llega de la mano del Enciclopedismo de manera embrionaria, apareciendo en escritos tempranos en las cercanías temporales de la Revolución de Mayo. Con bríos definitivos animaría la pluma de los miembros del Salón Literario en 1837. Políticamente, este dicotomía entre la ciudad fuente la luz del progreso y la campaña, sede del atraso, tuvo manifestaciones en Rivadavia. En los textos de Sarmiento, Echeverría, Sastre y otros el gaucho toma una nueva dimensión negativa, magnificada con el arribo del positivismo spenceriano a la zona del Plata.

“Si un destello de literatura nacional puede brillar momentáneamente en las nuevas sociedades americanas, es el que resultará de la descripción de las grandiosas escenas naturales, y sobre todo de la lucha entre la civilización europea y la barbarie indígena, entre la inteligencia y la materia» .

El gaucho es símbolo de salvajismo, del sostén de la expresión política retrógrada del caudillo, enemigo de la creación de un Estado moderno. Sin embargo, en ese “bárbaro”, en el que se depositan muchos de los males de la Nación, muchos de los intelectuales de la época hallan elementos fascinantes, que marcan el paso de su producción literaria. El propio Sarmiento, queda prendado de la figura de Facundo, y al narrar las costumbres y habilidades de este habitante de las pampas, se detiene en sus capacidades naturales como el canto, el rastreo o la fortaleza y destrezas físicas. Quiroga, ese paradigma del país que no debe ser, es además descrito con una suerte de ambivalencia; un personaje con tantos rasgos negativos como positivos, que es capaz de cautivar la pluma del sanjuanino.

¿Era posible que el gaucho tuviera potencialidades innatas, pasibles de ser mejoradas por la educación, concebida como el camino para la homogeneización cultural del territorio? Sarmiento deja abierta esta puerta.
Carne de cañón en las guerras por la independencia, la sangre del gaucho sigue derramándose al compás de los enfrentamientos civiles. Unitarios y federales, centralistas porteños y defensores de las autonomías provinciales, eran títulos que tan sólo, en la mayor parte de los casos, escondían intereses más complejos. Realizar un estudio de las motivaciones de los principales protagonistas de las luchas intestinas, escapa al interés de este estudio.

Las guerras civiles en el territorio argentino van a impedir la consolidación de un modelo de organización política que se pudiera mantener ante la inestabilidad reinante. La proclamación de la Constitución Nacional en 1853 fue incapaz de reunir en un bloque a la ciudad de Buenos Aires con el resto del territorio expresado por la Confederación. Juan Bautista Alberdi, mentor de este instrumento legal proponía fomentar la llegada de inmigrantes europeos, en la medida que los mismos se dedicaran a desarrollar la agricultura o a hacer aportes significativos en las áreas de las ciencias y las artes. Luego de la batalla de Pavón en septiembre de 1861, el camino hacia la conformación de un Estado moderno aparecía allanado. Las administraciones de Mitre, Sarmiento y Avellaneda dieron los primeros pasos hacia el afianzamiento del orden institucional de esta república que asomaba como unida. Fieles a un ideario económico, y respondiendo a una ideología positivista (en especial los dos últimos, defensores del orden y progreso como banderas de gestión) encararon la transformación de los cimientos sociales y económicos del nuevo país.

La ocupación del territorio por cuestiones económicas y geopolíticas se convirtió en prioridad y comenzó a diseñarse distintos planes para llevarla a cabo. El problema del “indio”, eufemismo utilizado para lanzar campañas militares de exterminio o confinamiento de las comunidades originarias prehispánicas debía ser resuelto. La ley de colonización votada en 1876 fue el instrumento jurídico que reflejaba la posición de la clase dirigente. Se daban ciertas facilidades a quienes llegaran pero nunca el derecho sobre las tierras que trabajasen. Se abrían las puertas a la consolidación de los latifundios, debido a que el Estado seguiría entregando la tierra pública a los grandes terratenientes preexistentes. Estos terratenientes se verán beneficiados con millones de hectáreas, muchas de ellas de excepcional riqueza para la explotación agropecuaria. El informe oficial de la Comisión Científica que acompañaba a las tropas comandadas por Julio Argentino Roca al “desierto” (desde esta misma palabra es visible el desprecio por los indígenas que vivían en esta inmensa región, una variante práctica de la prédica de civilización y barbarie) es clarificador en cuanto a los objetivos de esta “cruzada modernizadora”.

Un fragmento del mismo dice “Se trataba de conquistar un área de 15.000 leguas cuadradas ocupadas cuando menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14.000 el número de muertos y prisioneros que ha reportado la campaña. Se trataba de conquistarlas en el sentido más lato de la expresión. No era cuestión de recorrerlas y de dominar con gran aparato, pero transitoriamente, como lo había hecho la expedición del Gral. Pacheco al Neuquén, el espacio que pisaban los cascos de los caballos del ejército y el círculo donde alcanzaban las balas de sus fusiles. Era necesario conquistar real y eficazmente esas 15.000 leguas, limpiarlas de indios de un modo tan absoluto, tan incuestionable, que la más asustadiza de las asustadizas cosas del mundo, el capital destinado a vivificar las empresas de ganadería y agricultura, tuviera él mismo que tributar homenaje a la evidencia, que no experimentase recelo en lanzarse sobre las huellas del ejército expedicionario y sellar la toma de posesión por el hombre civilizado de tan dilatadas comarcas.”

Para la ‘civilización’ del territorio argentino, el Otro que se debe desplazar, luego del triunfo sobre los españoles, será el indígena, primero y el gaucho después. En el sendero de la edificación de un nuevo Estado, era imprescindible sentar las bases de un imaginario común, de un sustrato mítico al que pudieran responder, en una operación de instrucción pública a “tabla rasa”, todos sus habitantes. Ese espacio de origen, inmutable, al que se puede regresar a pesar del tiempo transcurrido, esa identidad que nos define, que nos transporta a un tiempo dorado inexistente.

En esa construcción de un ideario nacional las figuras molestas debían ser cristalizadas como ejemplo de errores no posibles de repetir o invisibilizadas. Así las comunidades prehispánicas, los “indios”, deben quedar excluidos de esta memoria basal. Por eso, al sometimiento o eliminación física durante las diferentes campañas militares diseñadas desde Buenos Aires, se le sumaron estrategias tendientes a borrar sus huellas en el plano simbólico. Su papel en la historia oficial, surgida del apuro de cronistas sin método científico, es mínimo. Fantasmagóricos seres, incapaces de ser asimilados por los procesos de aculturación que se gestan.

Así, su riqueza ritual, sus producciones culturales, sus idiomas no serán registrados por los textos escolares de la “Nueva República”. Queda como un recordatorio de esta vejación la foto tomada al cacique Pincén, montaje burdo en el que se lo vestía con ropajes extraños a su pueblo y condición, en una exposición cuasi zoológica ante los vecinos de Buenos Aires. Y si el gaucho era visto como sospechoso o rémora del pasado natural, también debía ser silenciado. Pero la operación practicada en el imaginario colectivo resultaría distinta a la aplicada con su compañero y antagonista de los llanos, el “aborigen”.

Con la división de las tierras, luego de la ocupación de las mismas por pocos dueños, definido el perfil agropecuario de la economía del Estado naciente, ese “centauro de los desiertos” deja de existir en la práctica. Raleado por ser tropa en los enfrentamientos armados ya señalados, es sometido y refuncionalizado como elemento inocuo, integrándoselo al “folklore”. Poco quedaba de ese rebelde por antonomasia, reacio al trabajo bajo patrón por tiempos prolongados, amante de la libertad, expresada en su trashumancia y en su particular relación con la tierra.

En la visión positivista el otro pasa a constituirse en anticultura, en un reflejo invertido del nosotros. Cuando se crea un modelo cultural de nación, pensado para atravesar los tiempos, los responsables de establecerlo (defensores de las posiciones dominantes impuestas) tienen que eliminar cualquier alternativa al mismo. No hay opción para los discursos amenazantes del orden a sustentar. Ni siquiera se acepta negociar un espacio secundario para ellas; no hay tiempo para salidas paternalistas o nostálgicas. Hay que desmantelar cualquier estructura real o simbólica que les haya dado vida, y si es necesario, apelar a silenciar por cualquier medio a quien no acuerde asimilarse a la voz hegemónica. El gaucho, como hombre libre en una pampa alambrada y con una oligarquía que la posee, es una quimera, una ilusión impracticable.

Pero distintas plumas saldrían a revalidar desde la reivindicación esa figura fantasmal. José Hernández en su Martín Fierro, expondrá la vida de una víctima propiciatoria, perseguida, arrinconada, prisionero de sus aspiraciones libertarias. En la primer parte de su poema épico, en abierto desafío al modelo político imperante, somos testigos del relato del sufrimiento reeditado del que había sido entregado como cuerpo inmolado en cuanta expresión de violencia circulante en la primera mitad del siglo XIX. Gaucho manso o matrero se veía compelido a reaccionar contra las medidas injustas de un estatuto jurídico que no lo incluía como protagonista. La pulpería, espacio de socialización para el gaucho, es asimismo, trampa para las levas compulsivas.

Desafiar a la autoridad es sinónimo de castigo, de ostracismo, de pérdida en un sistema punitivo que les ofrece traspasar la frontera de lo visible. La denuncia de corte evocativa de Hernández se diluye en la segunda parte de su obra. Allí nos encontramos con la conversión del héroe, de acuerdo a los principios del Estado liberal triunfante. Elevado al rango de Poema épico nacional por Leopoldo Lugones, luego de ser ninguneado en las Antologías del primer normalismo escolar, se transforma en texto de formación para los jóvenes argentinos.

Pero el teatro traería una figura paradigmática, en una clara idealización del gaucho, aún a costa de que esa idealización se efectuara invirtiendo los valores reales del personaje elegido. Juan Moreira, fue un matón al servicio de Adolfo Alsina. Oriundo de Azul, su historia fue recogida por Eduardo Gutiérrez. En formato de folletín, común en la época, Gutiérrez proyectó la figura de un bandolero popular, de una suerte de justiciero.

También Francisco Fernández hará lo propio con el gaucho Solané, reconocido criminal convicto de la zona de Tandil, en su drama homónimo. ¿Por qué esta suerte de transformaciones? La respuesta está en el desarrollo de este trabajo. No había para el gaucho real aplicación de justicia; los resortes de la misma lo habían condenado a un camino sin salida: la cárcel por insubordinación o la muerte en penosas campañas militares. Eduardo Gutiérrez autorizó la adaptación para teatro de su melodrama a una compañía de circo de pantomima. Y de la mano de los Hermanos Podestá comenzaría una nueva etapa en la escena, la afirmación del teatro nacional. El propio José Podestá recordaba en sus Memorias, que años antes de presentar el Moreira (aún en su versión de mimodrama) se hacían en el picadero sainetes con aceptación popular.

Títulos como El modo de pagar sus deudas, María Cota, El negro boletero, El maestro de escuela, compartían el picadero con Los Brigantes de la Calabria, Los Bandidos de Sierra Morena o Los dos sargentos. La tradición circense en nuestras tierras se remontaba a los tiempos coloniales. Con compañías locales y extranjeras de gran predicamento en el público porteño su inserción se hizo notoria, a través de espacios destinados para este propósito como el Parque Argentino, bautizado por los ingleses residentes como Vauxhall.

En la segunda mitad del siglo XIX, los grupos se trasladan en gira por el interior del país, mientras que en Buenos Aires son recibidos en teatros, carpas y las denominados politeamas de chapa y madera. Esta última estructura era desarmable y permitía su fácil traslado en los recorridos cada vez más extensos que debían realizar. No todas estas agrupaciones circenses presentaban espectáculos con pista y picadero, pero como queda evidenciado en profundos estudios realizados sobre el tema (un ejemplo destacado es la Historia del Circo de Beatriz Seibel), contaban con el favor de los espectadores. El traslado de la versión de Moreira al texto verbal demandó dos años, desde el estreno de la pantomima en 1884 hasta la aparición de la palabra en 1886, durante una presentación en la ciudad de Chivilcoy. Así lo recuerda José Podestá: “De Arrecifes nos trasladamos a Chivilcoy y el 10 de abril (fecha memorable) estrenamos por primera vez el drama criollo hablado “Juan Moreira”. El público acostumbrado a ver pantomimas a base de vejigazos y sainetes con finales en que el garrote de paja resolvía todas las intrigas, se halló de buenas a primeras con algo que no esperaba y, de sorpresa en sorpresa, pasó al más vivo interés y de éste al entusiasmo demostrado al final en una gran ovación” (…) “Si Gutiérrez hubiera tenido la visión de que “Moreira” iba a ser la base del teatro Nacional, se habría preocupado más de la obra, y, seguramente, habría escrito algo de más valor para la escena, y tan evidente es esto, que Gutiérrez nunca presenció su “Moreira” hablado”.

Las características de las poéticas de actuación provenientes del circo, el tipo de público, que solía intervenir activamente durante las funciones y la propia dinámica de producción gestaron múltiples registros escritos. En ocasiones, la concurrencia impedía el asesinato de Moreira, en otras obligaba a extender parlamentos. En verdadera fiesta, los celebrantes compartían su creación con el que, lejos de permanecer expectante, intervenía, completándola. El trayecto hacia el drama criollo se había cerrado, pero la obra se convirtió en faro para generar otras con temáticas y tratamiento estético similares.

La teatralización de las novelas de Gutiérrez, Juan Cuello (1890, adaptación de Luis Mejías) y Pastor Luna (1895) y los estrenos de Martín Fierro (1890, sobre el texto de José Hernández), El entenao (1892) y Los gauchitos (1894) de Elías Regules formaron parte del “Moreirismo”. También podemos señalar a Juan Soldao (1893) de Orosmán Moratorio a ¡Cobarde! (1894) de Víctor Pérez Petit y a Patria y honor (1896) de Antonio Lechantin como parte de las piezas gauchescas estrenadas en la última década del siglo XIX. A medida que avanzaron las presentaciones del Moreira, la centralidad del drama de justicia social fue acompañada por elementos costumbristas y por el incremento de la comicidad.

A cargo de lograr esta última se halla el personaje de Cocoliche, un napolitano concebido por el actor Celestino Petray. Ya había un Otro en el Río de la Plata, llegado en oleadas, en aparente funcionalidad al esquema agro-exportador. Eliminada la barbarie indígena y descalificado el gaucho, poco trabajador, peleador e itinerante, la élite argentina es consciente de la necesidad de cultivar la tierra, de poblar el país. Para tal fin, busca atraer al Otro ideal, al inmigrante europeo, el ciudadano de la Europa del norte, que es considerado como el necesario elemento de progreso.

Se espera del inmigrante que reemplace a la barbarie indígena y a la haraganería gauchesca. El inmigrante es quien, al poblar el país, lo irá asemejando a los países más desarrollados. Sin embargo, la llegada de un dispar mosaico de extranjeros, muchos cercanos a posiciones políticas socialistas y anarquistas, revive el problema del distinto sospechado. Pero en el Moreira finisecular, no hay especulaciones de este tono.

Es la particular mezcla de lenguas, en un irreconocible dialecto y la gestualidad corporal que lo anima, los generadores de la risa franca. No hay posiciones xenófobas en estas piezas. En el Cuadro 8º de la versión de 1899 se presenta a Cocoliche en las didascalias. “Vienen llegando paisanos con guitarras acompañados de muchachas, al baile que se prepara. Llegan Moreira y Julián y un poco antes Cocoliche, napolitano acriollado que hace gracias con su idioma. Se juega a la taba y se jaranea con libertad, siendo el napolitano quien hace derroche de ocurrencias.”
La conflictividad social no era lo que deseaba la clase dominante; el gaucho ya no podía propiciarla retrospectivamente, desaparecido de la faz de la tierra. Pero, como dijimos, otros agitadores, organizados en sindicatos y agrupaciones políticas clasistas o reformistas, se alistaban para poner a prueba al Unicato y sus continuadores. El peligro de la desestabilización del poder conservador a partir de las huelgas y las acciones directas no requería de mensajes multiplicadores en la ficción teatral. Por lo tanto, así como el espacio del circo cedió ante la sala a la italiana, el gaucho pasó a comportarse como buen peón.

Esa venganza y sed de justicia que guiaban a Moreira trocaron en mensajes conciliatorios, de integración social. El amor y el costumbrismo como ejes marcan esta nueva etapa, que tiene a Calandria (1896) de Martiniano Leguizamón como obra inicial. Los rasgos melodramáticos irán incrementándose, así como los sentimentales, hasta alcanzar la madurez del modelo en Jesús Nazareno (1902) de García Velloso. El nuevo siglo despuntaba y una nueva imagen del gaucho, lavada, desideologizada, funcional al poder de turno y a sus aspiraciones de una tradición nacional congelada, nacía. Animados por Centenario, los debates sobre el “ser nacional” ocuparon páginas en publicaciones de distinto tenor. Es interesante comprobar cómo el gaucho había sido refuncionalizado en 1913 por Leopoldo Lugones y Carlos Bunge. El poeta describe en su discurso El payador a un gaucho inventado de acuerdo a las necesidades de un público elitista que lo escucha con fervor en el Teatro Odeón o lo lee en las páginas del diario de los Mitre.

Es un ser sin capacidad de rebelarse, fiel a su patrón, servicial. Bunge, coherente con el cientificismo positivista, proclamaba en su alocución titulada El derecho en la literatura gauchesca, la derrota del gaucho y su absorción social. En una pieza oratoria muy sólida, un auditorio de académicos en una sede académica (la Academia de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires) recibía esta sentencia final: “Los héroes de la literatura gauchesca son producto de un período crítico en que el gaucho defendió, con su derecho consuetudinario, nada menos que su existencia social, su vida. Fue vencido; su derrota estaba escrita en el libro de la historia. La lucha entre dos sistemas de derecho es, por su oculta esencia, lucha entre dos razas. Implica la victoria la absorción y asimilación del vencido, la cultura, como la Esfinge, devora a quien no acierta a descifrar sus enigmas”

La música y el discurso del gaucho quedaron resguardados por la memoria popular y en numerosas expresiones. La figura del payador es legitimada con su aparición en textos fundamentales del siglo XIX. Personajes como Martín Fierro y Santos Vega, concebidos por las plumas de José Hernández y Rafael Obligado respectivamente, se muestran afectos a un arte de diálogo cuasi dialéctico a través del contrapunto con el rival de turno. Esas tenidas muy populares en los boliches de campaña, postas de encuentro en territorios poco poblados, recreaban las vivencias del habitante de las pampas, sus sueños, luchas y relación particular con la tierra previa a la ocupación violenta del proyecto roquista y a la división del espacio libre en latifundios merced a los muros del alambre de púa. También payadores son citados por Mitre e Hilario Ascasubi en sus textos, prolongando con otras estéticas la lírica gauchesca que iniciaran los cielitos de Bartolomé Hidalgo. Los payadores eran figuras populares que contaban con un público cautivo, aguardando sus presentaciones y tomando partido en los enfrentamientos rimados por sus preferidos.

En la Argentina del Centenario, recorrían los porosos límites entre la urbe y el campo, y su música sencilla y aún repetitiva en lo básico era acompañada de versos de una marcada intensidad rebelde y de confrontación contra los núcleos de poder. También la oleada inmigratoria estuvo presente, ya que buena parte de los más reconocidos payadores eran hijos de la misma, como José Bettinoti, Fijori o el inglesito Mc Carthey.

Sus voces traían una poesía básica, vibrante, que trabajaba con el emergente y los hechos de la historia reciente, reflejando las vejaciones de los humildes. Se transformaban en otra barricada contra los intentos de los literatos burgueses por intentar reformular el criollismo, adaptándolo desde las visiones de la ciudad, visiones que lo emparentaban con el coraje épico desideologizado. Tendremos que esperar hasta el año 1915 para encontrar un accionar sistemático de los payadores libertarios que llevaban el ideal de acuerdo a un plan trazado en las reuniones de los sindicatos anarquistas.
De breve presencia en el taller-escuela racionalista de Luján, se destacan los versos cifrados de Claro Musto, hijo de militantes españoles llegados al país en 1891. Recorrió el sur de la provincia de Buenos Aires en tarea de promoción de los conceptos de agremiación. Lo hizo a través de las viadas, esos caminos de acero que de canales para la salida de la riqueza nacional trocaron brevemente en circuitos de propagación de la bandera roja y negra. Otra voz silenciada por el olvido es la del payador santafesino Carlos Iñiguez, de dilatada trayectoria en el gremio ferroviario. Tuvo una destacada actuación en las luchas contra la política de sometimiento y despojo de La Forestal. José Yutkin cierra la trilogía de los payadores libertarios que alzaron su voz en las primeras dos décadas del siglo XX. De origen ruso, llegó al país con sólo cinco años.

Se incorporó a la escuela racionalista de Berisso, dónde desempeñó tareas docentes en área artística, especialmente en la creación de cuadros filodramáticos y la producción de textos teatrales. Participó de los sucesos de la Semana trágica. Asimismo, otros se sumaron, tal vez con una actividad más esporádica, pero igual de contundente y válida a los fines propagandísticos del movimiento ácrata. La ideología dominante propiciaba la división en civilización y barbarie, dejando a los pueblos originarios y al gaucho en la segunda categoría que debía adocenarse al modelo o desaparecer.

En ese afán de imponer las ideas centrales del positivismo de orden y progreso, no había lugar para las expresiones consideradas menores del arte y menos para los que las cultivaban. Un silencio en las obras de ensayística cae sobre las expresiones populares de la frontera, convertida ahora en suburbio de una ciudad, la de Buenos Aires, que crecía vertiginosa y desordenadamente. El personaje del gaucho ya no aparecía como posible amenaza a los burgueses, la misma se había corrido hacia los obreros sindicalizados, la mayor parte de origen europeo.

En este marco, los debates sobre la necesidad de plasmar un ideario cultural homogéneo para el territorio nacional crecen. Los intelectuales se dividen entre los defensores de un cosmopolitismo imposible de negar por fuerza de realidad y aquéllos que luchaban por sostener criterios de nacionalismo cultural y patria imprescindibles para fortalecer un proyecto político y económico agro-exportador. Inserto en estos grandes procesos de transformación, aparece el movimiento libertario de la mano de las masas de desplazados europeos que arribaban a la Argentina. La región sur del Gran Buenos Aires tuvo una destacada presencia de círculos y centros anarquistas desde fines del siglo XIX.

La inauguración del ferrocarril y la sustitución de saladeros por frigoríficos de gran porte (fundamentalmente de capitales anglo-norteamericanos) aumentaron ese núcleo inicial al calor de las organizaciones sindicales que se convertirán en fogoneros de la creación de la F.O.A., en los albores de la nueva centuria.

El primer comentario confirmado de la presencia de los cantores del pueblo en la zona se remonta a 1916 cuando un libelo recogido por el círculo “Liberación” de Lomas de Zamora llamaba a un encuentro para repudiar actos oficiales por el centenario de la declaración de la independencia. Se anunciaba en el citado panfleto la actuación de los “célebres payadores libertarios Sosa y Medina, quienes con sus décimas demuelen más mentiras burguesas que una bomba”.

En la huelga ferroviaria de 1923, aparece en los periódicos libertarios locales un joven de diecisiete años llamado Anastasio López. Este juglar de origen español había trabajado en el puerto de Ensenada y comenzó sus estudios en la escuela racionalista de esta ciudad. Reflejamos estas décimas que nos entregó:

“No hay ni consuelo para el que pena
sin pan, sin un techo y esclavo en sudor;
mientras los ricachones se regodean
con sus lujos y alardeando sin pudor.

Y el obrero es la víctima del patrón
que tortura su cuerpo con vil saña
monstruo impasible sin ninguna redención
quebrando justicia y leyes con maña.

Cuando la sangre del matadero fluye
une el castigo de hombres y bestias
sin perturbar que la música arrulle
a los dueños en sus impúdicas fiestas.

Para concluir esta escueta mirada sobre el gaucho real y la literatura y teatro que generó como gauchesca, podemos aseverar que su figura se ha cristalizado en el universo mítico del argentino, conformando un espacio de la memoria que construye una de sus identidades. Aún minado en su poder revulsivo, ese jinete ansioso de libertad, capaz de morir por sostenerla, nos interpela hoy. Estereotipado, reducido a héroe romántico, refuncionalizado en peón bueno o estilizado en desfiles de tratamiento superficial, su fuerza es tal, que sobrevuela en la dramaturgia de nuestros días.

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El teatro y la escuela en el interior de Argentina

El teatro y la escuela, la propuesta racionalista en el interior del país

Dr. Carlos Fos. Investigador senior y docente CIETM

En el seno de la primera provincia argentina que albergó inmigrantes merced a una planificación central, se dieron muestras aisladas de manifestaciones social-libertarias en la segunda mitad del siglo XIX. En el período de efímera vida de la colonia Victoria, ubicada a 42 kilómetros de Paraná, apareció una proclama incitando a la huelga general. Este libelo esgrimía citas de la corriente rusa del pensamiento anarquista liderada por Bakunin. Cinco años más tarde se organizó el centro denominado “Resurgir obrero”, cuyo periódico “Muerte a la tiranía” publica el 15 de abril de 1887 una pequeña pieza teatral que culminaba en el siguiente monólogo rimado: “Bajaron cantando, rodeados de guardias, con el gesto altivo, cual si quemaran. A los armados sayones miraba. ¡ A la prisión!. Gritó el jefe de la cosacada. A la prisión marcharon los ínclitos parias. ¿Qué hicieron?, pregunta, la muchedumbre ignora, esos hombres de dulce, pero soberbia mirada. ¿Qué hicieron?. Querían la libertad sin trabas “.

Un suceso será fundamental para el desarrollo de las ideas ácratas en la región. Dos maestros provenientes de Cataluña se radicaron en la población sureña de La Paz y, siguiendo los criterios pedagógicos de Ferrer y Guarda, fundaron la primera escuela racionalista de Entre Ríos. En aquellos años –1898- los anarquistas clásicos debatían sobre el peso que debía otorgarse a la transmisión de conocimientos y a la espontaneidad. Lejos de aceptar la existencia de una fuerza innata existente en los sectores populares que guiaría la educación, muchos señalaban límites del carácter natural de los procesos de enseñanza-aprendizaje.

La escuela que nos ocupa, bautizada “Dignidad” celebró su apertura con una reunión en la que luego de leerse adhesiones locales y del exterior, se hizo público el manifiesto que regiría sus pasos. Entre otros puntos fijaba: “Debemos diferenciar entre instrucción y educación. Solamente la educación, adquisición de ideas y costumbres en continua modificación, debía inspirarse en la más amplia libertad, en tanto, la instrucción, enseñanza de conocimientos útiles pero áridos, supone un plan y un método que por atractivo no dejaría de ser autoritario. Así podríamos confundir la dirección de nuestro proyecto. Pues la verdadera educación puede ser en alguna medida controlada, para que no resulte en enseñanza de convencionalismos inútiles y de fórmulas aprendidas sistemáticamente, sino en libre desenvolvimiento de las aptitudes en adaptación social y en enderezamiento de las propensiones peligrosas. Estas son legadas por herencia o más bien por derivación, porque hay que advertir que aún los defectos como son: orgullo, avaricia, cólera, pueden orientados de cierto modo volverse en provecho de los individuos y de la sociedad entera”. Un fuerte sentido colectivo se instalaba así en la educación e impregnaba también las actividades instructivas. Sentimientos caros al movimiento ácrata como la solidaridad debían ser inculcados. Para alcanzar estos objetivos el manifiesto propone en uno de sus párrafos la creación de un taller artístico que incluyera diversas expresiones, entre ellas la teatral. Se implementaría formándose un cuadro filodramático, que a su vez escribiera las obras a representar mediante el procedimiento de creación colectiva por acumulación. Este cuadro filodramático hará su presentación en un acto popular diseñado para recordar a los mártires de Chicago el 1º de mayo de 1902. La obra denominada “Huelga negra”, muestra la lucha de Vladimiro, un obrero linotipista, que debe enfrentar no sólo el accionar de rompehuelgas encabezados por su antiguo amigo Benjamín, sino también la represión de la policía brava. La hermana menor de Benjamín, Raquel, ama a Vladimiro y delata la traición del primero. El protagonista esclarecido organiza las masas proletarias, participa activamente en la redacción de panfletos y textos aclaratorios continuando sus acciones con visitas de carácter didáctico a la campaña. En una de ellas, a la vera de un arroyo, cruzando una cuchilla es asesinado por los partidarios de la traición, aprovechando la espesura de las tinieblas. Las banderas de la pelea son ahora recogidas por Germán, amigo del asesinado, con un bagaje teórico mucho mayor. El final nos muestra a los trabajadores reunidos en torno del féretro de Vladimiro, que cubierto por negro estandarte es marco genuino para el discurso vibrante de su amigo. Germán con verba inflamada incita a mantener la huelga a pesar de las amenazas. Raquel acompaña al disertante sin llorar y con gesto decidido. No hay dudas en su mirada y está dispuesta a entregar su vida en aras de la causa. La confrontación continuará. Un fragmento del fragoroso discurso, a manera de enérgico soliloquio, dice: “Y es como para dudar, pues no pareces capaz de hacerlo, camarada. Y, sin embargo, tú, poco a poco forjarás un mundo nuevo para nosotros y nuestra descendencia. A pesar de todo. Por encima de todo, estás en los logros y luchas del futuro. Hay un anuncio de cosas nuevas para el mundo dolorido de los trabajadores. ¡Han muerto las princesas!. Aullad de penas si queréis. Pero los ojos se hunden en las cuencas y jamás te iluminarán, camarada. Cincuenta millones de pesares en las mesas sin pan de los obreros te gritan al oído; ¡no cantes compañero!, argamasa del espíritu. Escucha: bajo los puentes hay un clamor y de los campos llega el torrentoso gemir de los labriegos. ¡Y tú cantas!”.

La estructura profunda de la obra es la siguiente: Sujeto: Vladimiro Gómez. Objeto: la lucha del proletariado que a través de la huelga general propugnan por obtener reivindicaciones sociales concretas. Ayudante: Germán, Raquel, Ismael (delegado tipógrafo). Oponente: Benjamín, los rompehuelgas que él encabeza, la policía y el orden injusto. Destinatario: el proletario y por medio de la concientización, la totalidad del género humano. Destinador: el tejido social injusto.

Vladimiro no alcanza su objeto al ser asesinado. Germán toma su lugar pero con características propias; el líder ocasional pasa de ser un hombre de pura acción, pragmático, a un hombre de sólida formación intelectual, con un nivel de discurso elaborado. Vladimiro rechaza el amor que le ofrenda Raquel, amor a toda prueba, capaz de traicionar su propia sangre. Y este renunciamiento lo hace para cumplimentar la doctrina ácrata que pone el acento en el bien común. El bienestar de la mayoría precede al del individuo. Con sus actos, Raquel se convierte en ayudante al igual que Ismael, un aprendiz tipógrafo, casi un niño. La edad de este personaje es utilizada en esta obra al igual que en las demás del sistema de producción anarquista como símbolo de la esperanza. Porque más allá de caídas y retrocesos parciales la clase obrera alcanzará su destino de bonanza.

En la estructura superficial, en relación con lo expuesto con respecto a los artificios, observamos el encuentro personal, la extraescena realista, la coincidencia abusiva, la causalidad lógico temporal y los niveles de prehistoria en el principio. La falta de recursos originales era buscada así como las continuas reiteraciones de texto. Los elementos señalados aparecen clara pero embrionariamente , debido a lo esquemático de la propuesta.

El personaje esclarecido activo es Vladimiro, mientras que el pasivo es Germán. Como negativo encontramos a Benjamín, traidor al movimiento y asesino de su mejor amigo. Su importancia radica en este hecho puntual, es capaz de matar al personaje positivo, clarificado, embrague. Se intenta convencer al proletariado local, descrito desde el deseo y no desde una reconstrucción social compatible con su real historia. La mayor parte de los formadores son de origen extranjero y es necesario educar a los trabajadores de la zona en su mayoría analfabetos, adocenados y acostumbrados al trato paternalista que esconde la explotación.

Podemos analizar las formaciones discursivas en las que aparecen dos ejes . El anarquista , representado por Vladimiro, Germán y el proletariado entrerriano en orden de jerarquía . En posición antagónica aparece el discurso oficialista encarnado por los diarios burgueses, la policía y los líderes rompehuelgas. Benjamín no puede encuadrarse en ninguno de los dos ejes y queda sin voz.

Como ejemplo del discurso oficial podemos citar a este pasaje representante de la prensa local vinculada a los terratenientes. En el acto III, cuadro I, escena I, Ismael comenta las noticias desarrolladas por el periódico “El Tribuno”, que como voz de la oligarquía detalla:

“La chusma acicateada por los elementos subversivos quiere destruir lo que tantos desvelos nos ha costado. Este grupo minúsculo de agitadores no deben ser escuchados por nuestros paisanos. Exigimos a nuestra policía actúe en consecuencia”.

La policía local se expresa en diferentes pasajes de la obra pero destaco esta expresión de un sargento integrante de una cuadrilla represiva: “Metan balazos, que éstos están más asustados que un casero, que con nosotros se toparon con el horcón del medio”. Este párrafo corresponde al acto I, cuadro I, escena III. En cuanto al lenguaje de los obreros rompehuelgas podemos señalar este momento en el que un asalariado intenta desalentar a sus compañeros diciendo: “No me parece seguir con la huelga. Fijate cómo Lúquez se cagó dormido como los gallos. Yo tengo hambre como todos, pero escuchando a Vladimiro pienso que no ha de ser tan culona la garrapata y los patrones a la final nos van a perdonar si aflojamos”. Podemos encontrar esta cita en el acto II, cuadro I, escena III.

Vladimiro, de acuerdo a lo expuesto por Martha García Negroni en su artículo “La destinación del discurso político, una categoría múltiple”, introduce un nítido discurso político. En el acto I, cuadro III, escena VI dice : “Ante las fuerzas del oprobio sólo podemos oponer la solidaridad obrera. Contamos con armas más poderosas que sus rifles y pistolas: la imprenta, para conmover conciencias, y la huelga general para quebrar regímenes tiránicos.” En el acto II, cuadro I, escena III, en un mitin exclama: “Compañeros, quieren desunirnos con prácticas desleales. Envían falsos obreros que confunden con sus habladurías. Sabemos que si nos mantenemos en cadena como firmes eslabones enviarán sus perros cosacos para agredirnos. Muchos serán heridos y hasta tal vez debamos inmolarnos en aras del triunfo popular. Pero a cada balazo responderemos con decisión y a cada golpe con intransigencia, blandiendo la bandera negra de la libertad cruzada por una soberbia e invencible palabra: ¡HUELGA!”. El destinador de este discurso enunciado, Vladimiro, se está dirigiendo a un destinatario explícito que es el proletariado en huelga, del que es parte. Los actos de habla son de aserción y promesa: “la imprenta y la huelga son nuestras mejores armas para lograr la liberación”. El destinatario encubierto es el régimen imperante que trata de aniquilarlos; hacia él se dirigen actos de habla de advertencia y amenaza. También se aprecia como procedimiento la lucha polifónica por la palabra autorizada ya que en cada alusión a las fuerzas reaccionarias se antepone el discurso ácrata como revelador de la verdad ante las falacias del poder.

En cuanto al discurso de Germán, podemos sentar que a partir de la muerte de su amigo se convierte en el personaje embrague, pasando de una actitud pasiva a una de liderazgo. En un tramo de su alocución frente al cuerpo de Vladimiro dice: ”Quisiera que mis versos semejasen un ejército de hachas y por arte de magia transformadas en tajos mis plumadas. Que tomando por selvas los tiranos los desgajen, los violen y los talen destrozando los tallos milenarios. De aquellos que con sombra nos abaten. ¡Así quieron yo que sean mis palabras!, como hachas, ¡que maten!”. Aquí se asocia a lo político la función emotiva.

Por último debemos considerar el idiolecto entrerriano dentro del discurso del proletario anarquista nativo: “Viste el Gómez, cazó una mosca mi perro. Ese que no es lechuza cascoteada pudo entrever al bandido traidor. Y yo que le dije entrá Cabrera que con vos era, al final tuve que darle la razón”. (Acto II, cuadro III, escena V). Este trabajador intenta ganar la confianza de sus pares despojado de sentencias crípticas e incomprensibles.

La escuela racionalista que analizamos debió combatir en el plano de las ideas con los principios normalistas fuertemente arraigados en la provincia de Entre Ríos, cuna del positivismo educativo vernáculo. Pero en 1904, ante una huelga propiciada desde Rosario, las fuerzas de seguridad arrestaron a los docentes y según informó la prensa paranaense “las fuerzas vivas y esclarecidas de la ciudad quemaron este foco de infamias, verdadera afrenta para la región”. (El Nacional, Nº 784, 15 de agosto de 1904).

Desde las cenizas surgieron a partir de 1910 tres círculos ácratas, uno de los cuales, “Bandera Proletaria”, trabó relaciones con el falansterio de San José. Esta comunidad organizada de acuerdo a los principios del socialismo utópico de Fourier fue la única en su tipo del mundo. Se organizaron numerosos actos que solían culminar con una pieza breve, generalmente leída. Algunas de ellas formaban parte del sistema de producción nacional que circulaba por todo el territorio argentino y otras eran productos locales.

Angel Borda, sobreviviente de este proceso, nos comenta: “Debo recalcar que nuestro sindicato de Diamante siempre apoyó iniciativas de carácter popular, como la ayuda a las entidades de deportes. Con el auspicio de la organización se creó el Club Deportivo Rivera Portuaria, que intervino en una o dos temporadas en el campeonato local de la liga Diamantina. Siempre he creído que la organización gremial no debe ser odiada ni vista con recelo por el pueblo, porque si no está condenada a vivir al margen de la sociedad. También organizamos la biblioteca “Nuevos rumbos”, que fue destruida por el primer gobierno peronista, cuyos bienes, integrados por más de trescientas sillas, gran cantidad de bancos, libros y máquinas de escribir, fue a parar a un colegio de curas. Además hicimos teatro con elenco propio, mediante el cuadro filodramático llamado “Esfuerzo”, cuyo primer director fue Claro Gómez. El grupo realizó una meritoria labor de difusión cultural y artística, en circunstancias en que nuestra actividad sindical estaba muy quebrantada”.

Algunas piezas aparecieron en el periódico “Avance”, órgano oficial de la Federación Comarcal. En la obra “Pena proletaria”, un joven ácrata acomete en soliloquio:” Sube pensamiento. La escala de Jacob pende del cielo. Arroja el ropaje si eres bueno, si eres inocente, si eres niño. Así hablaba el hombre bueno. El pensamiento se elevó pletórico hacia el infinito. Las nubes alabastrinas se tiñeron de un rojo púrpura. ¿De qué os avergonzáis?, preguntó el pensamiento. Las nubes no respondieron. Solo que desflecaba una canción silbante, apagó su música y habló de esta manera: No te extrañe, ¡oh pensamiento!, si las poderosas nubes no te contestan. Dirige tu mirada hacia la tierra por un segundo. ¿Ves aquél titilar de puntitos que brillan?, pues son los ojos de los hombres que miran su pudor en tus desnudeces. ¿Y por qué las nubes?. Porque están desnudo, ¡oh pensamiento!; y el pensamiento desnudo es como los niños, no se dan cuenta de sus desnudeces; pero los grandes pequeños y los pequeños grandes, sí”.

En 1912 abrió sus puertas en la capital entrerriana otra escuela racionalista fundada por alumnos del establecimiento modelo de Luján. En los principios que regirían su obra escribieron: “Los estudios deben ser lo más atractivos posibles y que se continúen insensiblemente en la hora del recreo. Tal propuesta implica la instalación profunda de rituales y denuncia el desarrollo del curriculum en espacios excluidos de él, en su definición clásica. Podemos enseñar la vida de los pueblos en lugar de la historia de reyes, las lenguas vivas en lugar de las muertas; las matemáticas serán enseñadas también insensiblemente en el transcurso de los paseos, la mecánica en el taller con más frecuencia que en las tablas, los ejercicios corporales irán paralelos a los estudios técnicos. Y como culminación se enseñará filosofía experimental, sintetizando todas las ciencias e iluminando a la humanidad en su marcha ininterrumpido hacia el progreso indefinido. Actuar es vivir, todos poseemos teatralidad por lo que favoreceremos la dramatización como práctica pedagógica”.

Ese mismo año un libelo fechado en Puerto Diamante desgranaba con vibrante tono el contenido de una pieza breve en una acto. Un obrero cavilaba en voz alta: “Hoy he insultado al capataz. ¡Por fin soy un hombre y he vencido la cobarde timidez que me aplastaba!. Lo mandé al reverendísimo carajo y le hubiera aplastado la nariz pero huyó acobardado, el gran cabrón. Y yo reí con limpias carcajadas de hombre nuevo, de liberado de espíritu. Aventados están ya los días vergonzosos y sólo tengo límpidas mañanas. ¡Al diablo el cavilar y los rezongos de las pasadas horas humilladas!. Entiendan bien señores ricachones, den gracias a sus dioses cogotudos y rueguen por la salvación de los pescuezos, sus cabezas, sus barrigas y sus millones”. (fragmento perteneciente a la obra “He vencido” de autor anónimo)

En 1916 tenemos noticias otra vez de un renovado cuadro filodramático “Esfuerzo”. Nos cuenta Claro Gómez: “Es cosa sabida que Angel en su primera juventud hizo experiencia teatral (antes de participar en los denominados sucesos de La Forestal como militante obrero bisoño), integrándose como peón de playa a uno de los circos que recorría la provincia de Entre Ríos. Luego intervino en la creación de un elenco amateur llamado “Esfuerzo”. En su época de más vigor dimos funciones en algunas localidades lejanas de Diamante, como Villa Crespo, Viale, Puerto Las Cuevas. Agrego que la parte musical estaba a cargo de Andrés Ballesteros (bandoneón), los hermanos Palma (violín y guitarra) y Arraigada-Del Castillo (dúo folklórico de canto y guitarra); la puesta en escena y decorados eran de Danilo Romero y Juan Manizza”.

En las producciones propias de este grupo se incluían temas musicales con melodías características de la región. Esto lo diferencia de los cuadros filodramáticos clásicos de Buenos Aires. Una canción que perduró en el colectivo popular fue la chamarrita “Del matrero”, que originalmente apareció en la pieza ácrata “Marea negra”, publicada en el periódico libertario “Avance”, el 7 de julio de 1917:

Chamarrita retozona

De barrancas coloradas

Del pago de los matreros

Y las mujeres calladas.

Corazón de chamarrita

Protegelo a José Manuel

Que no muera su leyenda

Ni tu canto alegre y fiel.

Los matreros son poquitos

Y los cantores también

Los destinos parecidos

Al ñandubay de Montiel

Chamarrita protegelo

No me hagas padecer

Chamarrita hacele sombra

Cuando lo aplaste la sed

Por esa senda

De los chañares

Se fue una noche José Manuel

Se fue una noche José Manuel

Huyendo de los milicos

Que lo querían prender.”

El año 1916 fue trascendente para el desarrollo del movimiento ácrata en la provincia de Entre Ríos. La Federación Obrera Marítima (F.O.M.) decidió que ningún conflicto le era ajena, plegándose al criterio de solidaridad en al acción. Así lo señala Sebastián Marotta en su obra “El movimiento sindical argentino”1. Lo cierto es que el cabal significado y alcance del acuerdo fue sintetizado así por el obrero Aparicio, de la sección Cocineros de abordo: “Donde hay un afiliado marítimo, está la organización obrera”. Con ese espíritu combativo y militante, los hombres de la Federación apoyaron el fortalecimiento de la estructura gremial en todo el litoral. Por su esfuerzo surgieron en Entre Ríos setenta y cuatro sindicatos con más de 200 locales y centros. Los personeros de La Forestal tuvieron que reconocer por la fuerza el nuevo derecho obrero a la solidaridad. Barranqueras, Puerto Vilela, Puerto Ocampo, Tirol, Formosa tuvieron círculos de mucha actividad, así como Alto Paraná, Corrientes capital, El Dorado, Posadas, La Paz y Santa Elena. Cuando los barcos tripulados por trabajadores de la F.O.M. tocaban puertos entrerrianos, nunca faltaba algún marinero, pariente o amigo de los peones u obreros de la fábrica o de los estibadores de rollizos, que recibieran provisión de periódicos libertarios, volantes, llamados a la organización . De esta forma circulaba la información de las decisiones tomadas por la F.O.R.A. en Buenos Aires, con sus correspondientes explicaciones para ser sometida a votación por los sectores locales. Tampoco era extraño la aparición de algún misterioso caminante acompañado por algún baquiano. Inmediatamente participaba de secretas entrevistas en las que estimulaba a la participación y disipaba las dudas teóricas. Asimismo colaboraba en la creación de pequeñas bibliotecas circulantes en las que era posible encontrar numerosas piezas breves de teatro. La tarea de los mensajeros o acólitos permitía la difusión de los principios social libertarios y constituía una ingeniosa y aceitada maquinaria de propaganda. En general se trataba de hombres jóvenes con una elemental formación y locuacidad suficiente para convencer al ocasional compañero de charla.

Un panfleto fechada en Rinconada de Burgos el 6 de agosto de 1911 reproduce una obra de títeres pensada para la técnica de guante. El personaje protagónico en el consabido soliloquio dice: “Sangrando estoy. Es de tantas penas, pero no odia mi corazón. No odia porque le hablo a mi corazón. El me escucha y yo le digo: Corazón que tanto sangras, que tanto sufres, ¿sabes tú por ventura a quién odiar?. ¿Al puñal cuyo doble filo te tallará al partirte, a unos labios de virgen, o al lazo cuya pujanza lo armó de ira?. Corazón no odies, le digo: el bien es el supremo. Tú, que tanto sabes el dolor de penar por los caminos, que sabes del bronco gemir de las alcantarillas, no odies. ¿Por qué te desprecian, por qué sufres?. Por eso es que no quiero que aprendas por el odio. El –el odio- gobierno el mundo; si el odio no existiera, todos los hombres serían felices. ¿Qué es eso que guardas en las arcas de tu centro, corazón?. Son llantos, brisas, viajes, maldiciones de hombres que odiaron, besos de mujeres que amaron. Olvida corazón, si odias, que el odio tendría un fin cuando todos los hombres digan: Corazón que tanto sufres, alma que tanto sueñas, no odies. ¿Por qué has de odiar?.”

Este ideal libertario no se circunscribía a un panfletismo mesiánico de los días por venir, sino que un “aquí y ahora”, movido por la realidad que circundaba y dolía, obligaba a actuar. Fue el descrédito de los sectores socialistas dialoguistas los que pusieron el mote de idealistas sin proyecto al movimiento. Los obreros rurales eran con seguridad los más desamparados del país. Juntadores de maíz, peladores de caña, obrajeros de los yerbatales y hacheros de los montes, constituían algunos de los más humildes sectores de la cara macilenta de aquella Argentina que aún navegaba (sin saber las crisis a venir) en la opulencia agrícola. Se trataba del granero del mundo y la división internacional del trabajo nos había asignado ese papel primario de extraordinaria endeblez social.

Angel Borda, destacado luchador libertario, deambuló por la Mesopotamia, recorriendo especialmente el territorio de Pancho López. Gracias a su pasión se fundó la biblioteca popular “Luz del pueblo” en Diamante. Borda no descuidó en momento alguno lo concerniente a la elevación cultural de los trabajadores. Tomó contacto con algunos maestros (como los hermanos Del Castillo), para que organizaran clases elementales de primeras letras en horario nocturno, fuera del circuito oficial. Esta iniciativa, que se llevó a cabo durante una temporada, no tuvo mayor éxito, aunque algunos adultos lograron alcanzar los rudimentos de las letras y los números. La acción represiva neutralizó sus efectos. Fue su interés continuo la selección y enriquecimiento del patrimonio de la citada biblioteca. Gracias a sus esfuerzos, muchos adultos pudieron conocer el pensamiento de Reclús, el lirismo de Gabriel y Galán y el acento humano de Walt Whitman. En un rincón del establecimiento se armó un pequeño escenario, donde diferentes cuadros filodramáticos a lo largo de quince años, representaron obras ácratas.

Pero el golpe institucional de 1930 cambió drásticamente la situación política de la provincia. El gobernador de facto impuesto por La Forestal comenzó una represión despiadada que culminó en secuestros, deportaciones y fusilamientos. Otros obreros sindicalizados, con mayor suerte, fueron encarcelados, sufriendo todo tipo de vejámenes. La biblioteca con su sala, magnífica realización cultural de los trabajadores, terminó asaltada y desvalijada. Sus libros, archivos y documentos, luego de una repartija indignante, fueron a parar al depósito comunal. Después del latrocinio les aguardaba el fuego. En esta marea de destrucción impiadosa se ahogó el movimiento libertario de Entre Ríos y quedaron como epitafio a tan magna empresa estos versos perdidos de la época: “Adoquín de tonalidad bermeja ¿por qué de sangre tienes el color?. Exhalando una postrera queja. ¿Expiró sobre ti un trabajador?”.

La labor de las escuelas racionalistas y el papel del teatro como elemento didáctico fue fundamental a lo largo del país como pudimos constatar en Córdoba. Allí luego de tímidos comienzos en círculos de corta vida su presencia se consolidó a través de la escuela.

Un hecho será fundamental para el desarrollo de las ideas anarquistas en la región. Dos maestros racionalistas catalanes Puyalt y Montalvet fundaron el círculo “Los forjadores del Ideal” y dos años más tarde, en 1898, la primera escuela libertaria, en el barrio popular de Alberdi. Estos pioneros, seguidores de la posición pedagógica del teórico europeo Malato esbozaron un programa que hoy podemos reconstruir. Proponían desarrollar la institución de la siguiente manera:

“1º grado. 1ª. Sección : rudimentos de lectura y escritura, deletrear y silabear, paleografía de las primeras letras; primeras nociones de escritura. 2ª . Sección : las mismas asignaturas en más adelanto.

2º grado. 1ª Sección: lectura corriente, lectura sencilla. Aritmética: rudimentos. Gramática: rudimentos. Principios de dibujo. 2ª Sección: lecturas varias (manuscritas). Escritura (ensayos de dictado). Aritmética, sistema decimal. Gramática en grado intermedio. Creación de cuadros filodramáticos. Normas de ensayo y construcción de piezas dramáticas y de declamación y oratoria. Dibujo lineal. Talleres de carpintería y elementos escénicos.

3ª y 4ª grados: lectura corriente y manuscrita. Caligrafía. Aritmética, sistema decimal y ecuaciones simples. Geometría, dibujo lineal de adorno, de figuras y cuerpos (en copia y moderna). Nociones generales de geología, astronomía, química y física. Sociología, trato social, historia, geografía. Política y economía.

Mañana y tarde. Matrícula por mes adelantado $1 para 1º y 2º grados y de $ 2 para 3º y 4º.”

Esta propuesta es bastante ilustrativa del pensamiento contestatario inicial sobre el curriculum escolar; una suerte de satisfacción de requerimientos destinados a introducir en la formación infantil cuestionamientos al orden imperante. Sin duda, materias como sociología ( es difícil entrever qué objetivos procuraba la cuestión “trato social” ), economía y política eran absolutamente osadas, reservadas con exclusividad para el escenario de las vanguardias.

Muchos son ejemplos a desarrollar de esta aventura del crecimiento humano en el escuela y teatro se dieron la mano, por primera vez desde una propuesta integral en el país.

BIBLIOGRAFIA

Benson, Eduardo. Papeles para una historia del movimiento ácrata en sudamérica. Cuadernos del Sur. Buenos Aires. Edición Labor. 1969

Costas, Enrique. El racionalismo en Argentina. Buenos Aires. Ediciones Cántaro. 1986

Duarte, Mario. En busca del pasado anarquista. Paraná. Ediciones del Copista. 1990

Fos, Carlos. Educación libertaria. Salamanca. Ediciones Universitarias. 1996

Fos, Carlos. Teatro libertario y su acción pedagógica. Salamanca. Ediciones del huerto. 1995

Hilley, Edmundo. Banderas negras. San Pablo. Editorial Libre pensamiento. 1985

Luizzeto, Favio. Cultura y educación libertaria en el inicio del siglo XX en Educación y sociedad. Nº 12, septiembre 1982. México D. F. Ediciones UNICAMP, 1982

Orton, Marcus. El teatro libertario. Nueva York. Editorial Nuevos rumbos. 2001

Ponce, Julio. La escena ácrata. Montevideo. Ediciones dos banderas. 1995

Stirner, Alberto. El orden familiar. Córdoba. Ediciones del autor. 1882

PUBLICACIONES ACRATAS CONSULTADAS

Dignidad obrera. 1898-1905. Colección completa

El primero de mayo. 1904-1908. Colección completa

Lucha proletaria. 1906-1923. Colección completa.

NOTAS

1. Marotta, Sebastián. El movimiento sindical argentino. Editorial Inicial. Buenos Aires. 1949

Se consideraron las entrevistas realizadas por el que suscribe a los sres. Angel Borda y Ernesto Lurdes.

Mecanismo de la producciòn teatral àcrata en Cordoba

MECANISMO DE LA PRODUCCIÓN TEATRAL ÀCRATA EN CÓRDOBA

A diferencia de los centros portuarios del país que fueron objeto de un explosivo crecimiento demográfico, determinado por la inmigración, la provincia de Córdoba, como otras mediterráneas, sufrieron este fenómeno pero en virtud de un proceso paulativo aunque seguro. En 1882 aparecía una obra teatral de Alberto Stirner, inmigrante alemán, afincado en las cercanías de Villa Allende. Comedia en dos actos que bajo el título de “El orden familiar” nos entregaba una pincelada de la sociedad de la época. Allí en su escena segunda, Alberto, criado de la hacienda decía a su patrón: “Así están las cosas señor; para algunos la opulencia y la holgazanería y para otros la agitación.” A esto respondía el interlocutor: “Me parece adivinar en tus palabras demasiada tendencia al razonamiento y sobre todo a quejarte de tu suerte”. Este lejano antecedente encuentra marco orgánico en la última década del siglo XIX, cuando comienzan a estructurarse los gremios locales en torno a la seccional de Obreros Tipógrafos de la capital provincial. En un periódico de efímera vida perteneciente al círculo ácrata “La antorcha”, aparece una pequeña pieza dramática que culminaba en el siguiente monólogo rimado: “Amemos la lucha compañeros/luchemos que la lucha regenera/la vida de su cauce verdadero/se aparta si el dolor no impera.”

Un hecho será fundamental para el desarrollo de las ideas anarquistas en la región. Dos maestros racionalistas catalanes Puyalt y Montalvet fundaron el círculo “Los forjadores del Ideal” y dos años más tarde, en 1898, la primera escuela libertaria, en el barrio popular de Alberdi. Estos pioneros, seguidores de la posición pedagógica del teórico europeo Malato esbozaron un programa que hoy podemos reconstruir. Proponían desarrollar la institución de la siguiente manera:

“1º grado. 1ª. Sección : rudimentos de lectura y escritura, deletrear y silabear, paleografía de las primeras letras; primeras nociones de escritura. 2ª . Sección : las mismas asignaturas en más adelanto.

2º grado. 1ª Sección: lectura corriente, lectura sencilla. Aritmética: rudimentos. Gramática: rudimentos. Principios de dibujo. 2ª Sección: lecturas varias (manuscritas). Escritura (ensayos de dictado). Aritmética, sistema decimal. Gramática en grado intermedio. Creación de cuadros filodramáticos. Normas de ensayo y construcción de piezas dramáticas y de declamación y oratoria. Dibujo lineal. Talleres de carpintería y elementos escénicos.

3ª y 4ª grados: lectura corriente y manuscrita. Caligrafía. Aritmética, sistema decimal y ecuaciones simples. Geometría, dibujo lineal de adorno, de figuras y cuerpos (en copia y moderna). Nociones generales de geología, astronomía, química y física. Sociología, trato social, historia, geografía. Política y economía.

Mañana y tarde. Matrícula por mes adelantado $1 para 1º y 2º grados y de $ 2 para 3º y 4º.”

Esta propuesta es bastante ilustrativa del pensamiento contestatario inicial sobre el curriculum escolar; una suerte de satisfacción de requerimientos destinados a introducir en la formación infantil cuestionamientos al orden imperante. Sin duda, materias como sociología ( es difícil entrever qué objetivos procuraba la cuestión “trato social” ), economía y política eran absolutamente osadas, reservadas con exclusividad para el escenario de las vanguardias. A pesar de los innumerables problemas que tuvo este establecimiento para desarrollar su tarea debido a las múltiples provocaciones de la burguesía regional el taller de producción dramática dejó algunos monólogos que Julio Chaves, miembro del mismo hoy desempolva para nosotros: “Yo tenía catorce años y trabajaba en un horno de ladrillos quince horas diarias. Los patrones nos explotaban con todo. Para colmo los sectores de la construcción eran muy fuertes y tenían banca en el gobierno. De hecho muchos funcionarios les obedecían ciegamente. Sólo la empecinada voluntad del hombre organizado sindicalmente y el fervor idealista de luchadores por la justicia social logró abrir una brecha en la blindada coraza de los explotadores y la idea de la organización penetró como un fresco mensaje para los peones y los trabajadores de acarreo . Aún en las mujeres contratadas para que con su miserable oficio de prostitutas hicieran olvidar a los esclavos de sus negras horas de tortura laboral y miseria, a la vez que servían de cebo-carnada para que la bebida, el juego y las riñas fueran el obligado espectáculo que diera salida a resentimientos y rivalidades. De esta manera se evitaba el acuerdo de los que sufrían esas condiciones bestiales de trabajo y de vida. Yo, que era bastante caradura y me gustaba declamar integré varios cuadros filodramáticos y organicé bibliotecas populares, todas destruídas por el odio patronal”.

Hemos hallado en registros de la escuela “Negras banderas” la disponibilidad de obras de Gorki, Hauptmann y Suderman, junto con múltiples citas de piezas de elaboración propia con indicación de producción colectiva bajo seudónimo. Algunas de las funciones fueron anunciadas y publicitadas desde las páginas de la prensa ácrata, lo que aseguraba la crítica periodística del espectáculo y estimulaba ciertos estilos escénicos. Apreciamos un especial apego por el monólogo. Este papel de privilegio está claramente explicado porque retiene con facilidad la atención del público, en muchos casos semianalfabetos o analfabetos funcionales, y genera la fuerza didáctica de lo que se muestra o expresa. Empleaban una fraseología cercana a la arenga y permitía presentar causas, denunciar, exponer y convencer, resaltándose el valor pragmático de la palabra pronunciada desde un tablado. Los monólogos observados cumplen con las leyes típicas de este teatro de acción: – la repetición de fraseología, temas, enseñanzas o de la presencia de un personaje esclarecido y esclarecedor encargado de dar una lógica interna proselitista. La originalidad no es buscada, pues la insistencia del discurso es la que garantiza la eficacia publicitaria del mensaje, la economía que permita erradicar del texto lo innecesario o inalcanzable para la puesta en escena. Se utiliza la condensación y la simplificación como maniobras útiles que permiten racionalizar la cantidad de personajes y los signos escénicos. Una muestra de estos monólogos construido en torno de la dialéctica explicaciones – (a través de las cuales se informa e ilustra al público – testigo de los horrores padecidos por el proletariado y el origen de los mismos) – preguntas (interrogaciones que el personaje esclarecido dirige al destinatario interno del texto en quien se proyecta el público), es “Lucha sin tregua”, aparecido en el número 3 del periódico “Brecha obrera” del día 5 de mayo de 1905. En él el autor hizo decir a su personaje concientizado: “Es urgente/que la clase dirigente/retroceda en su demencia/de ser del pueblo tutora/pues lo tiene uncido al yugo de su ambición y su jugo/el trabajo le devora/.¡Pobre pueblo!/El labra tierra/caminos, minas y tosqueras/da vida a las quebraderas/muere por Córdoba en la guerra. Es avaro de la gloria/de la libertad que engrandece/y tan solo ser merece/héroe anónimo de la historia. Se le engaña y se le explota/con un cinismo sin nombre/y en vez de darle renombre/se le trata como a ilota. ¡Inhumanos no agradecen/nada el rico ni el gobierno!. Por el contrario, en eterno/desprecio vil lo escarnecen!”.

En la primera década del siglo numerosos círculos y centros libertarios florecieron en la capital mediterránea y en numerosas localidades de la pampa cordobesa. El cuadro filodramático “Ciencia y progreso” estrenó el 1º de mayo de 1910 la obra “Extraña traición”. En ella queda expuesta la lucha de los obreros del gremio alimenticio que abogan por la reducción de la jornada de trabajo y por la reglamentación de la labor de los niños, mujeres y ancianos. Alberto líder de la insurrección debe organizar a la masa ignorante, adoctrinarla y coordinar con el resto de los sindicatos el boicot y huelga general. Su joven mujer Paula trabaja en la casa de los patrones como doméstica y por momentos parece defeccionar. Alberto, junto a Soto, linotipista, redactan libelos, preparan reuniones y jornadas de acción directa. Asimismo logran la adhesión de Don Goyo, hombre respetado de la campaña que resueltamente incorpórase a la causa. La policía reforzada por elementos de la Liga Patriótica local reprimen el movimiento matando en una emboscada a Don Goyo e hiriendo de gravedad al propio Alberto. Al enterarse de lo acontecido, Paula comprende el sentido último de la confrontación y se suma a las improvisadas trincheras donde es “sableada” por un cosaco. Soto, ahora líder del estallido obrero, intenta convencer a los renuentes a continuar el paro. Los rompehuelgas habían comenzado su accionar disgregador.

– SOTO: Sé lo que es el hambre, ese hambre que se mitiga con el mendrugo de pan que los potentados niegan a los miserables, ese mendrugo que tanto nos cuesta para ganarlo cuando empuñamos la herramienta y que los amos, no contentos con explotarnos en el trabajo, cuando sentimos en nuestros corazones las ideas de la liberación nos niegan el derecho de ganarlos con nuestros esfuerzos. Pero, tú, no debes desesperar; todos los compañeros están dispuestos a ir a la huelga para obligar a la administración que te restituya en tu trabajo.

– HECTOR.: (un rompehuelgas, enmascarado como obrero). Muchos han aprobado continuar la huelga pero pocos lo cumplirán. El movimiento fracasará con el sacrificio de unos pocos. Aún cuando todos fuesen a la huelga, llevarían posibilidades de perder. Los trabajadores tenemos el deber de fijarnos en las consecuencias. La huelga es un arma de dos filos que bien puede herir a los capitalistas como a nosotros mismos. Cuidemos siempre que no nos hiera a nosotros y que nos sirva para asestar golpes mortales al capitalismo. (Acto I, cuadro III, escena IV).

La obra finaliza con el pueblo resistiendo y con un monólogo vibrante de Soto.

– SOTO: “¡Compañeros!. No desmayéis. El yugo burgués será aplastado y de nuestra sangre vertida brotarán retoños de libertad. La huelga general es nuestra herramienta. Rumian los patrones sabedores de su derrota. No abandonemos la esperanza y construyamos un mundo sin dolor, explotación ni odio”. (Acto II, cuadro V, escena III).

En cuanto a la estructura superficial podemos encontrar elementos clásicos de un teatro didáctico simple. En relación con lo expuesto con respecto a los artificios observamos el encuentro personal, la extraescena realista, la coincidencia abusiva, la causalidad lógico-temporal y los niveles de prehistoria en el principio. Con referencia al sistema de personajes aparecen el esclarecido activo, Alberto y el pasivo, Soto. Héctor, falso obrero enviado para quebrar la huelga oficia como personaje negativo. El entrega los datos que permiten asesinar al personaje positivo, clarificador, embrague. Y sin hesitar el personaje al que se intenta convencer es el proletariado local.

La estructura profunda nos entrega a Alberto Muñoz como Sujeto y a la organización de la resistencia proletaria para obtener reinvindicaciones sociales concretas como Objeto. Como oponentes actúan Héctor, la policía del lugar, los miembros de la Liga Patriótica, el clero, los patrones y el orden injusto. El destinatario es el proletariado y a través de él la concientización de la humanidad toda, mientras que el destinador es el tejido social injusto. Alberto no alcanza su objetivo al ser herido de muerte pero Soto, investido como líder continúa la lucha. La aparición del hijo menor de Soto, Javier, apenas un niño, simboliza la esperanza. Este artilugio es una de la características comunes de todas las piezas ácratas.

En las formaciones discursivas aparecen dos ejes: el social – libertario, que representa Alberto, Soto y Don Goyo y el proletariado cordobés en orden de jerarquía. Antagónicamente se introduce el discurso oficialista, expresado en los bandos oficiales , la prensa burguesa, los jefes policiales y la patronal.

Héctor, que oscila entre ambos no puede encuadrarse en ninguno de los dos ejes y queda sin voz. Un ejemplo claro del discurso oficial es que la pieza refleja en el acto II, cuadro IV, escena V, cuando Soto lee las noticias desarrolladas por el diario conservador “La voz del interior”, que como vocero de la reacción comenta: “Esas bestias cuasihumanas, llevadas de la nariz por panfletarios energúmenos, fracasarán en su intento asesino por destruir el orden y la propiedad. Los elementos sanos de la población pronto controlarán junto a nuestra valiente policía los arrebatos de la chusma”.

El discurso de las capas bajas de las fuerzas de seguridad del lugar puede ejemplificarse con este párrafo correspondiente al acto I, cuadro II, escena V. Un cabo grita: “¡ A lonjazos, quiero la cabeza de estos cabrones! ¡Vamos! Que son pura cabeza como ternero de pobre”.

En relación con el discurso de Alberto podemos agregar que una vez herido mortalmente Soto conviértese en el personaje embrague, trocando de una actitud secundaria a un accionar de liderazgo. En un momento reflexiona: “ Desear el combate en cerros y senderos/ no dudar ante el golpe artero/ nuestra existencia en búsqueda de lo verdadero/ se consuma si abandona al compañero”. Finalmente consideramos al idiolecto cordobés inmerso en el discurso de la masa proletaria libertaria. “Está dura la cosa. Pero no puede ser que a mí nomás se me llueve el rancho”.

En otro tramo un obrero dice: “Mirálo al Héctor y Hasta luego dijo Pérez y no volvió nunca”. (Acto III, cuadro IV, escena I).

La segunda década del siglo trajo consigo un importante crecimiento en el número y la actividad de los centros libertarios de la provincia. En 1925 contaban cerca de ciento veinte grupos con una integración aceitada con la red Buenos Aires – Santiago de Chile, que les permitía extenderse hacia el NO siguiendo el tendido de las vías férreas. Estos núcleos produjeron, imprimieron y difundieron folletos, libros, obras de teatro, cancioneros e impulsaron la fundación de escuelas racionalistas, centros de enseñanza independientes, talleres libertarios, ateneos, bibliotecas, comunas libres, círculos de estudios, universidades populares e inmigrantes con el objetivo de promover una propaganda educadora.

En 1919 la Federación Obrera seccional Córdoba apoyó el fortalecimiento de la organización gremial en todo el tendido de la red ferroviaria, incluyendo la zona serrana. Ese mismo año tenemos noticias de un cuadro filodramático denominado “La luz”, que actúa en numerosas jornadas libertarias en centros y círculos ubicados en Traslasierra. Nos cuenta Flavio Spezia: “Mi hermano José hizo experiencia teatral integrándose como peón de playa a uno de los circos que recorrían la provincia. Debo insistir que siempre le advertí la necesidad de que nuestro sindicato apoyara las actividades culturales. Yo mismo participé de los cuadros dramáticos y valiéndome de mi fresca u excelente memoria aprendía la letra de las piezas y comedias que el elenco circense daba en la segunda parte de la función. Por tal motivo más de una vez, ya sea por ausencia o enfermedad del titular subí junto a José al escenario a reemplazarlo. Participé del grupo declamatorio “La agitación”, del cual fui su primer director. Veníamos de una gran derrota sindical luego de la huelga general de mayo y en base a los compañeros que pudimos regresar después del “desparramo” comenzamos la acción. La compañía estaba formada por José Gelogich, Roberto García, Danilo Romero, Desiderio Murúa, Félix Murúa, Pablo Acuña, Simón Arraigada, Lino Galbán, Orlando Herra, Juan Dios, Juan Marizza, Abel Rodríguez y algún otro que se me puede haber ido de la memoria. Las artistas del pueblo más notorias fueron Clara Faíni, Adoración García, Argentina Estévez, Joaquina de Jaime y Catalina Sommer. Nuestro respertorio (aparte de varios “sketchs” cómicos de los que el más reidero resultaba uno caricaturesco de ambiente local titulado “La paga de don Sempronio”, que compusimos con Desiderio Murúa, donde el papel más hilarante estaba a cargo de Danilo personificando a una criolla vieja mandona y autoritaria) tenía como obras de fondo debidamente ensayadas a “Las víboras” de Rodolfo González Pacheco, a la comedia dramática “De frente” y al drama antibélico de Rostand “El hombre que yo maté”. Este elenco funcionó satisfactoriamente entre 1919 y 1925; después de ello una nueva generación de sus componentes lo llevó a la inacción definitiva”.

La provincia fue recorrida por los mensajeros o acólitos, cuya función era la difusión de los principios social – libertarios. En general se trataba de hombres jóvenes con una elemental formación y locuacidad suficiente para convencer al ocasional compañero de charla.

Un panfleto fechado en Villa Dolores el 8 de marzo de 1920 reproduce una obra de títeres pensada para la técnica de guante. En el soliloquio de rigor el protagonista exclamaba: “Oh penas obreras/llanto de los niños vapuleados/gritos callados de las mujeres vejadas/dispersas ante el flamear de la ácrata bandera de la dignidad”. La labor de estos primeros emisarios se complementaría en la década del treinta con el infatigable trajinar de los crotos, verdaderos trashumantes, que viajaban en vagones y chatas del ferrocarril, con su atado al hombro. Recorrían innumerables parajes a veces con el ánimo de hallar fugaces trabajos y a veces sólo por el placer de vagabundear. Aquel mundo de los crotos estaba tejido de silencios y discreciones. Gente con dolores callados y con pasado inquietante compartían las viadas con hombres que se automarginaban de una sociedad sorda a todo lo que no fuesen valores materiales y con jóvenes ansiosos de mundo nuevo. También iban a parar (o a andar ) seres atormentados por problemas psicológicos, los pasados del mono (los que habían enloquecido en la vía). Entre ellos deambulaban muchos , tal vez la mayoría, para quienes estando cerradas las oportunidades laborales en sus diminutos pueblos rurales de origen, sabían buscarlas sin esperanza de arraigar al pie de trabajos estables. Nadie preguntaba en semejante mundo por la historia del otro, ni por las razones de su errabundia. Nadie trababa compañía con otro, sino temporaria, apenas por algunas estaciones. La amistad no exigía otra frecuentación que algún encuentro para “otra vez”, en tal sitio, para un tiempo que fijarían el trabajo, el clima o el azar. Tanta discreción había facilitado la infiltración de los que dejaban otras cuentas pendientes con la justicia. Pero también propiciaba el desplazamiento de los propagandistas ideológicos que compartían con los crotos permanentes la inmunidad derivada de su propia marginalidad. Por eso muchos militantes libertarios eligieron la vida en la vía para llegar por regiones impensadas su ideal libertario en panfletos, folletos y libros, con cuyas ensoñaciones de emancipación social encendían nuevo trasfoguero junto a la ranchada de los crotos.

Ruben Stirk, croto ácrata recuerda : “El sitio preferido que yo recuerde fue Santa Victoria, ferrocarril Pacífico, en tiempos de la administración inglesa, allá por los años 1928 al 32. Era un punto tranquilo, que invitaba al descanso a los caminantes que transitaban bajo el intenso azul cielo de Córdoba. La autoridad, la ley, no figuraban de ningún modo ; la hermosa libertad brillaba en todo su esplendor. Los vagabundos encontrábamos ahí un clima, un ilimitado campo de seguridad y tranquila estancia. En la amplia playa de maniobras, marginando los desvíos, y una larga vía muerta, dos tinglados de abierto alero con mojinetes de norte a sur ofrecían sus “comodidades” a los golondrinas eventuales. La vía muerta, en cuya terminal, junto a los restos derruidos de lo que fuera un embarcadero de vacunos, con bebederos oxidados, había un grifo del que aún manaba un fresco chorro de agua. Sobre aquellos rieles en desuso, destartalado y herrumbroso, yacía un vagón inservible.

Era un armatoste cerrado , de los llamados “hamburgo”. Había quedado allí abandonado por alguna ignorada causa y por milagro conservaba el techo y la estructura lateral casi intactos”.

Stirk nos da un primer escalón para desarrollar un estudio futuro sobre los modismos y lunfardías de los hombres de los rieles en las primeras cuatro décadas del siglo XX.

Córdoba actuó como centró multiplicador del mensaje ácrata a provincias limítrofes como Santiago del Estero y San Luis. El papel del centro “Mártires de Chicago” fue fundamental en este sentido con la labor activa de su comité de propaganda.

Sin embargo las persecuciones constantes, las detenciones y posterior deportaciones de los líderes teóricos más representativos, sumado a partir de la segunda mitad de la década del 20 , a los procesos políticos y sociales de radicalización reaccionaria, decidieron la suerte de esta corriente del pensamiento humano en la región. La característica de ser un campo intelectual circular y las agresiones de la cultura oficial le depararon una doble muerte al sumirlos en las nubes del olvido.

Dr. Carlos Fos, agosto 2004

Bibliografía

Bilsky, Eduardo. Esbozo de historia del movimiento obrero argentino, desde sus orígenes hasta el advenimiento del peronismo. Cuadernos Simón Rodríguez, Nº 3. Buenos Aires. Editorial Biblos. 1987

Costas, Enrique. El racionalismo en Argentina. Buenos Aires. Ediciones Cántaro. 1986

Fos, Carlos. Educación libertaria. Salamanca. Ediciones Real Universidad de Salamanca. 1996

Fos, Carlos. Teatro libertario y su acción pedagógica. Salamanca. Ediciones del huerto. 1995

Hardman, Francisco. Ni patria, ni patrón. San Pablo. Ediciones Brasilienses. 1984

Luizzeto, Flavio. Cultura y educación libertaria en el inicio del siglo XIX en Educación y sociedad. Nº 12, septiembre 1982. México D.F. Ediciones UNICAMP. 1982

Oslak, Oscar. La formación del Estado Argentino. Buenos Aires. Editorial Planeta. 1997

Oved, Iaácov. El Rebelde. Buenos Aires. Ediciones Populares. 1988

Stirner, Alberto. El orden familiar. Córdoba. Ediciones del autor. 1882

Publicaciones ácratas consultadas

La antorcha 1897-1906. Colección completa

Banderas agitadas 1901-1914. Colección completa

Brecha obrera Nº 3, 5/5/1905

La Familia Borgia Biografia e Historia

La Familia Borgia – Biografia e Historia

familia italiana borgia

LISTA DE TEMAS TRATADOS:

1-Rodrigo Borgia
2-César Borgia
3-Lucrecia Borgia
4-El Humanismo
5-El Renacimiento
6-Etapas Arte en Europa
7-Los Médicis
8-Florencia Renacentista

La leyenda de los Borgia: Ya a partir del siglo VI el papa había sido tradicionalmente no sólo la cabeza visible de la Iglesia occidental, sino también un soberano temporal.

Ambas funciones resultaban fundamentalmente irreconciliables, por lo que, en el siglo XV, la Iglesia había perdido gran parte de su pureza y fervor original: no sólo se había convertido al papado en una posición política, sino que además Alejandro reconocía abiertamente el hecho de tener hijos, pese al voto de celibato a que le obligaba su condición de clérigo; hay que reconocer, por lo demás, que su caso no fue excepcional en la época.

Pero los hijos de Borgia se convirtieron en leyenda. Los historiadores difieren bastante en cuanto a su número, aunque los más famosos fueron tres: Juan, duque de Gandía, César, que se adueñó de la nobleza sometiéndola a las órdenes del papa, y Lucrecia.

Juan, el mayor, es el más oscuro, mientras que Lucrecia se ganó una triste reputación en la corte de su padre, al menos si tenemos en cuenta las crónicas contemporáneas; sus tres matrimonios obedecieron en gran parte a los intereses papales.

De todos ellos, tal vez fuese César el que más mereció su fama. Fue ambicioso y despiadado: el cumplimiento de las órdenes de su padre le acarreó enemistades con algunas de las familias más poderosas de Italia.

Sin embargo, fueron sus esfuerzos los que lograron unificar los Estados papales y consolidar la posición del Vaticano en Italia.

Es probable que, a los ojos de la Roma del siglo xv, el mayor crimen de Alejandro fuese su origen y nacimiento español. De hecho, Borgia no es sino una italianización del apellido valenciano Borja.

Pocas de las historias que le hicieron tan notorio están comprobadas, pero Julio II, su sucesor, que conspiró incansablemente junto al cardenal Della Rovere para derribar a los Borgia, odiaba todo lo español; ahí podría estar la base sobre la que se cimentó la triste reputación de la familia.

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LA FAMILIA BORGIA: Domingo, 16 de agosto de 1492. Todo a lo largo del camino que une la Basílica de San Pedro con la Iglesia de San Juan de Letrán, las casas están adornadas con pendones de colores, tapices de seda y cortinas de terciopelo.

La multitud, volcada sobre los balcones y ventanas de los edificios, espera impaciente. De pronto, los murmullos cesan, sofocados por el sonar festivo de las campanas: se aproxima el cortejo de Coronación del nuevo Papa.

Es un espectáculo ya conocido por los romanos, pero que no se cansan de aplaudir. Inician el desfile las tropas mercenarias, seguidas por los familiares y por la Casa del Papa, los cardenales, obispos montados en caballos con suntuosos arreos.

Vienen luego los siervos de la Iglesia, los tiranos —gobernantes absolutos— de Perusa, Bolonia, Pésaro y otras varias ciudades, conduciendo el estandarte del pontífice. El capitán general de la Iglesia, con armadura y yelmo, escolta el incensario. Poco después, en un caballo blanco, protegido del sol por un dosel amarillo y bermejo, llega Su Santidad, el sucesor de Pedro.

«Roma era grande bajo César: hoy es mayor. César era un hombre. Alejandro VI es un dios», gritan los ciudadanos. Muchos, sin embargo, permanecen silenciosos. Para ellos, el nuevo pontífice es un pecador condenado al Infierno. Además, es un extranjero. Treinta y siete años de cardenalato y el cargo de vicecanciller de la Santa Sede bajo cinco Papas no bastan para que los italianos olviden el origen español del Cardenal Rodrigo Borgia (Borja).»

Al llegar a Letrán, un presagio desfavorable: Alejandro, agotado por el calor, se cae desmayado en bra/os tle un cardenal. Poco después vuelve en sí. Pero todos los que asisten a la escena piensan si acaso al Papa, que tiene la misma edad del fallecido Inocencio VIII, no le aguardará el mismo destino.

PARA UNA CARRERA RÁPIDA ENEMIGOS BRILLANTES: «Tez morena, alto, ojos negros y boca un tanto grande. Cada vez que se presenta en público extrema los cuidados de sí.

Es extraordinariamente elocuente y enemigo de toda persona cuya pulcritud deje que desear». Así veían los contemporáneos al cardenal Rodrigo Borgia, durante tanto tiempo el segundo hombre de los Estados Pontificios.

Rodrigo llegó a Italia con su hermano mayor, Pedro Luis, llamado por su tío, Alfonso Borgia, a la sazón Papa Calixto III.

Fueron cubiertos de honras. Para Pedro Luis se creó el título de Cardenal-sobrino, depositario del poder temporal del papado. Rodrigo fue consagrado Cardenal en 1456. Tenía 25 años. A los 27 recibió la vicecancillería de la Iglesia. Al año siguiente fue consagrado obispo de Valencia, el más rico obispado cíe España.

Los poderosos vasallos del Papa miraban con envidia a aquellos jóvenes de tan rápida carrera. La muerte de Calixto III, sin embargo, daría al más joven de los Borgia ocasión para mostrar sus cualidades personales.

Rodrigo consiguió salvar la vida de su hermano, amenazado por los Orsini, grandes señores romanos. Pedro Luis huyó de la ciudad. Rodrigo, entretanto, permaneció en su cargo, conduciéndose con tanta habilidad que logró decidir la elección de su candidato para el Trono de San Pedro.

Aquel joven y poderoso señor, a quien las circunstancias habían brindado un capelo cardenalicio, no conseguía vivir sin la compañía de hermosas mujeres. Rodrigo no era un pecador rodeado de santos. El propio Papa, ante el proceder del Clero de la época, solía decir:

«Que los Padres no se casen es muy razonable, pero que se casen lo es todavía más». El Cardenal Borgia, sin embargo, exageraba, hasta el punto de tener Pío II que escribirle para hacerle severas críticas: «Querido hijo, cuando varias señoras (. . .) se reunieron en vuestros jardines (…),
Vuestra Dignidad, olvidado del cargo que ocupa, permaneció junto a ellas entre las 7 y las 22 horas. Se danzó de manera disoluta. Allí, ninguno de los placeres de amor fue olvidado (…). Los. maridos, los hermanos, los padres de las jóvenes señoras y las mozas invitadas no fueron admitidos para que vuestra diversión pudiese verse aún más libre de todo obstáculo. Nuestro disgusto es indecible (. . .) «.

Rodrigo decíase arrepentido y prometía enmendarse. Sin embargo, sería conocido para siempre como «el Cardenal que nunca duerme solo en su lecho.»

En 1468, el inquieto Cardenal hízose amante de Giovanna del Catanei, hermosa joven de apenas dieciséis años.

En 1474, le consiguió un marido «cómodo», a tiempo para que el primer hijo, César, naciese en legítimo casamiento. El segundo, Juan, nace en 1476. En 1480, la Cataneida a luz una mujercita, Lucrecia. Dos años más tarde llegaría Godofredo. Son, todos ellos, hijos reconocidos del Cardenal Borgia, naturalizados españoles y exentos de cualquier restricción debida a su nacimiento; les estarán reservadas grandes honras.

Pero aquella rubia Lucrecia tendrá un destino muy amargo. Será dada en matrimonio a cambio de ocasionales alianzas políticas, y verá a sus esposos separarse de ella toda vez que tales alianzas pierdan vitalidad.

Su belleza, sumada al poderío de su casa, contribuirán a hacer de ella la víctima natural de las calumnias de los enemigos de los Borgia.

La que fuera un simple juguete en manos de su padre y de sus hermanos, será considerada por muchos como el «cerebro maldito» de la familia. El nombre de Lucrecia Borgia pasará a la historia como sinónimo de corrupción y crimen.

JUDÍOS, MOROS Y MARRANOS: EL PARTIDO DE LA PAZ
Lucrecia descubrió pronto que el hombre alto y moreno que la alzaba en los brazos llamándola «mi rubiecita» era su verdadero padre. Descubrió también su posición de niña privilegiada en la sociedad italiana de la época, llena de hijos naturales.

Bien pronto los pequeños Borgia fueron retirados de la compañía de la madre para que recibiesen una educación a la altura de su nacimiento.

Lucrecia fue confiada a una prima del Cardenal Borgia, Adriana de Mila, viuda de Ludovico Orsini, de quien tuviera un hijo, Orso. Adriana cuidaba también de Julia Farnese, novia de Orso desde la niñez.

En compañía de Adriana de Mila pasó Lucrecia sus seis primeros años. Jugaba con sus hermanos y con Julia y Orso.

A veces visitaba a su madre. Aprendió a tocar el laúd, a cantar y bailar, a bordar. Estudiaba francés y español, asistía a representaciones teatrales en latín, al aire libre, en los patios de los grandes palacios romanos.

Recibió la formación de una joven princesa del Renacimiento italiano, hija de una de las más poderosas personalidades de la Iglesia.

Roma necesitaba un gobierno fuerte y capaz. Al tradicional equilibrio político de Italia, en que ninguna ciudad era lo bastante fuerte como para asumir la hegemonía absoluta sobre las demás, agregóse un nuevo factor: interés en la península por parte de franceses y españoles.

La gran aristocracia italiana —los Visconti, los Sforza, los Médicis, los d’Este, los Montefeltro— tuvo que contar con ese nuevo factor en sus maquinaciones políticas.

La Familia
Médicis
La Familia
Fugger
Alejandro
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Familia
Renacentista
Los Mecenas del
Renacimiento

 

Biografía de Chopin Federico Resumen Genio del Piano y Música Clásica

Biografía de Federico Chopin –  Genio del Piano y la Música Clásica

Tanto como exponente cabal del romanticismo en el campo de la música, como en calidad de guía por el amplio camino de las posibilidades pianísticas, Federico (Frederic) Francisco Chopín recaba un lugar de honor entre las grandes artistas de la primera mitad del siglo XIX.

Seguro, fuerte y vibrante en sus composiciones de temas nacionales, Chopín escribió, por otra parte, las obras más melancólicas, refinadas y expresivas del romanticismo.

De su genio brotaron armonías etéreas, vaporosas y encantadoras, de una intensa profundidad pasional.

Federic Chopin Biografia

Chopin entre Varsovia, Berlín y Viena (1810-31)

Por esta causa, su campo de acción preferido fueron las obras de compases reducidos, como los nocturnos, los estudios y los preludios.

Aunque a veces parezcan obras de improvisación, se ciñen siempre a unos preceptos orgánicos, que encierran las melodías en cánones de belleza armónica, casi clásicos.

Como pianista fue admirable, tanto por las delicadezas de su pulsación como por haber sabido arrancar del piano las modulaciones y los acordes de otros instrumentos.

Chopin fue un compositor de música para piano. Un compositor muy especial, plenamente romántico, en el sentido más universal del término.

Vida y anhelos personales, música y poesía se entrelazan en sutiles desarrollos melódicos y armónicos, plagados de lirismo y sensibilidad.

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BREVE FICHA BIOGRAFICA

• Nació el 22 de febrero de 1810, en una finca, a pocos kilómetros de Varsovia (Polonia), llamada Zelazowa Wola.

• A los cinco años recibió sus primeras lecciones de piano y pronto empezó a componer.

• Dos años después dio recitales en los salones aristocráticos de Varsovia.

• En 1822 ingresó en el Conservatorio y empezaron sus problemas de salud.

• Siete años más tarde viajó al extranjero para adquirir experiencia y ser reconocido en otros países.

• En 1830 volvió a Varsovia, pero no tuvo el recibimiento que esperaba y decidió irse a París y a Londres. Durante el viaje se enteró de que los rusos habían invadido su país y se vio obligado a establecerse en Francia.

• En 1832 dio su primer concierto en la capital francesa con tanto éxito que pronto ingresó en la vida artística y se hizo de importantes amigos como Liszt y Berlioz.

Un pianista famoso: Se convirtió en el profesor de piano de moda y comenzó a ganar mucho dinero con la venta de sus composiciones.

• En 1836 su amigo  Liszt le presentó a la escritora George Sand, de quien se enamoró.

• En 1847 se resintió su salud y terminó su relación con George Sand. Para distraerse viajó a Londres, donde dio varios conciertos.

Dos años después, muy enfermo de tuberculosis, regresó a París.

• Murió el 17 de octubre de 1849.

Además de los numerosos estudios, nocturnos y mazurcas que compuso para piano, Chopin se destacó con la creación de diecinueve polonesas. Tradicionalmente, la polonesa era una de las danzas más populares e importantes de Polonia.

El músico: tomó los ritmos de esos bailes y los transformó; así, las polonesas dejaron de ser simples canciones para bailar y se convirtieron en poemas que mostraban los horrores de la guerra y el deseo de que Polonia alcanzara la libertad.

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BIOGRAFIA DE CHOPIN FREDERIC

Frédéric (Fererico) Chopin nació en Zelazowa Wola, localidad cercana a Varsovia, el 1º de marzo de 1810.

En Varsovia, ciudad donde vivió durante su juventud, estudió música en el conservatorio de la ciudad y pronto se convirtió en un niño muy conocido debido a su genial predisposición para improvisar e interpretar piezas en el piano.

Hasta 1831 tocó en los ambientes selectos de la aristocracia polaca y se hizo célebre por sus originales melodías y por adaptar la música popular polaca a obras para piano de un lirismo muy original.

Pero Varsovia no era una ciudad que atrajera la atención del joven músico.

En 1829, Chopin se trasladó a Berlín y Viena, y en estas grandes ciudades obtuvo sus primeros éxito1, fuera de su país.

El entusiasmo y la satisfacción producidos por la gira de conciertos efectuada en estas dos ciudades imperiales motivaron la composición de sus primeras piezas para piano, en las que prácticamente quedaron definidos sus postulado’, estéticos y musicales.

Biografía de Federico Chopin Las obras que compuso en Varsovia (polonesas, variaciones y rondós principalmente) muestran ciertas influencias de algunos compositores románticos de la primera mitad del siglo XIX, que se habían caracterizado por el virtuosismo de sus creación» pianísticas.

El llamado «estilo brillante» evidencia en los dos conciertos para piano, de 1829 y 1830.

El piano destaca sobre el resto de la orquesta, que es ejecutada como acompañamiento.

La estancia en París (1831-49)

Tras un breve periodo de tiempo en Varsovia, Chopin regresó a Viena en 1830, ciudad en la que permaneció poco tiempo.

Vuelta a Varsovia y, en 1831, viaja a París, su ciudad adoptiva, y en la que permaneció hasta su muerte en plena madurez artística.

En la capital francesa impartió clases de piano, tuvo buenos mecenas y se relacionó con la élite burguesa y aristocrática, ferviente seguidora de sus composiciones.

Chopin no dio muchos conciertos en público; sus recitales eran escuchados en salones privados, frecuentados por sus amigos Berlioz, Liszt, Bellini, Heine, Balzac y Delacroix, entre otros.

En estas audiciones privadas, el músico ejecutó casi todas sus composiciones, caracterizadas por el lirismo de las melodías, la delicadeza de las relaciones armónicas y una ejecución pianística llena de contrastes, sacando partido a todas la posibilidades del instrumento.

Chopin estuvo siempre al servicio del piano y su estilo fue una evolución dialéctica en tanto que iba conociendo las posibilidades del instrumento.

El punto de partida, además del conocimiento propio que del instrumento poseía, era la proyección de todos los géneros musicales hacia el piano: la música orquestal, la vocal y, cómo no, las tradiciones populares de su país natal, Polonia, que nunca olvidó.

En 1836, Chopin conoció a la novelista George Sand, mujer inteligente y culta muy conocida en los círculos intelectuales del París de la época.

Con ella abandonó París y se estableció en Mallorca.

Durante la estancia en la isla, el músico enfermó de bronquitis, que degeneró en una tuberculosis.

Tras esta primera recaída, Chopin, recuperado en la casa de campo que Sand tenía en Francia, volvió a París, en octubre de 1839.

La relación con esta mujer determinó en buena parte la producción artística del compositor. No hay duda de que las mejores obras de éste se sucedieron durante la relación que mantuvo con ella, hasta 1847.

sand george novelista francesa

Un hecho importante fue la iniciación de sus relaciones con «George Sand», con quien intimó hacia 1837. En 1838 la acompañó a Palma de Mallorca.

El mal pareció agravarse, hasta que Chopín halló un refugio a propósito para su cuerpo y su alma en el cercano convento de Valldemosa, en donde escribió alguna de sus mejores páginas. En 1839 regresó a París.

Su vida con la Sand se prolongó hasta 1847, ya en París, ya en Nohant. Por fin, llegó la ruptura, impuesta por la divergencia fundamental de gustos y caracteres (1847).

Desde este año su salud se debilita y, después de un viaje a Inglaterra, empeora a finales de 1848. Murió en octubre de 1849.

Las composiciones en París, a partir de 1832, devienen más íntimas, libres y personales, a través de una melodía a la que se añaden sutiles y complejos juegos armónicos, contrapuntísticos y rítmicos fragmentados pero perfectamente ligados.

El «estilo brillante» es paulatinamente abandonado y ahora el interés por otros compositores y géneros se hace patente, como el caso de Bach y la ópera italiana de comienzos del siglo XIX.

La influencia de Bach se manifestó en sus estudios y preludios, a través de sólidas estructuras armónicas que mantenían una línea melódica muy bien estructurada y compleja, pero que constituían obras muy fluidas y unitarias.

De la ópera captó la sensibilidad de las ricas melodías del el canto, sus frases abiertas, el rubato (alteración voluntaria de los tiempos, muy típico de los cantantes de ópera de principios del ligio XIX) y la fioritura.

En cuanto a la música popular, no la desechó como fuente de inspiración.

Las polonesas y mazurcas, ricamente ornamentadas y elaboradas según criterios muy individuales, contenían esquemas rítmicos y estructuras modales que le interesaron enornmemente.

La Obra Para Piano de Chopin

La obra para piano de Chopin, además de los conciertos para piano y otras obras para piano y orquesta, como el Andante spianato y la Grande polonaise, de 1831, muy al gusto del «estilo brillante», se compone de tres sonatas, veintisiete estudios, cuatro scherzos, cuatro baladas, veinticuatro preludios, tres impromptus, diecinueve nocturnos, la Fantasía en fa menor, la Berceuse en re bemol y valses, mazurcas y polonesas.

El scherzo es el nombre que se da a ciertas obras musicales o a algunos movimientos de una composición más grande como una sonata o una sinfonía.

También compuso una bella sonata para violonchelo, un trío con piano y algunas canciones con textos en polaco.

Los conciertos para piano (N° 1 en mi menor op. 11 y N.° 2 en fa menor op. 12) fueron compuestos en la etapa de juventud, cuando Chopin tenía veinte años (1829 y 1830, respectivamente).

Ambos conciertos, plenamente románticos, se alejaron de la forma clásica de concebir el género.

Mientras Mozart y Beethoven mantienen un diálogo muy elaborado entre instrumento solista y orquesta.

Chopin concedió más valor a la ejecución pianística, de tal forma que la orquesta se limita a acompañar, introducir y mezclar los temas que entrelaza sofisticadamente el instrumento solista. La brillantez romántica está plagada de lirismo, virtuosismo y expresión.

Son quizá los nocturnos y los preludios sus obras más íntimas. Los primeros se caracterizan por la difícil técnica necesaria para su ejecución. Su desarrollo es libre y de alto contenido lírico.

Tienen en común, ante todo, la rica estructura armónica y la gran originalidad en el desarrollo de las melodías.

En los nocturnos es donde Chopin adaptó las arias de la ópera italiana a la compleja interpretación pianística.

Los preludios son breves obras resultado del análisis que Chopin hizo de la obra para teclado de Bach.

Éste utilizó el preludio para introducir de manera breve una fuga y Chopin experimentó con todas las tonalidades, tanto mayores como menores, y los giros contrapuntistas.

Los estudios eran piezas que desarrollaban un tema con el objetivo de ser interpretado por los estudiantes de piano y así reforzar la técnica de ejecución.

Con Chopin, los estudios, que no eran novedad en la historia de la música, adquieren belleza estética.

El objetivo era combinar virtuosismo y expresión poética, seguramente influido por la obra del violinista y compositor Niccoló Paganini.

Los estudios tienen el esquema ABA, donde la parte central desarrolla el tema principal.

Sorprende cómo en estas breves piezas de estudio técnico (arpegios, empleos del dedo pulgar, acordes de seis notas, series rápidas de acordes de tres notas, largas escalas ascendentes y descendentes de semicorcheas, etc.) pueda haber a la vez tanta dificultad técnica y tanta carga poética.

Al igual que en los preludios, el tema musical de un estudio mantiene un desarrollo unitario.

Las baladas y los scherzos son también obras de gran sentimiento, fuerza e individualidad.

La balada, denominación que utilizó por primera vez primera Chopin para referirse a una pieza musical, es una obra narrativa de carácter poético caracterizada por su mensaje lírico y espontáneo; parece ser que Chopin admiraba las baladas del gran poeta del siglo XIX Adam Mickiewicz, llenas de pasión romántica.

Chopin trasladó este sentimiento a la música y combinó la expresión musical con una impecable técnica al servicio de giros armónicos propios de su estilo.

El scherzo, como las baladas, es una pieza brillante, compleja, virtuosística, que desprende sentimientos muchas veces contradictorios (alegres, dramáticos, enérgicos, melancólicos…).

Con Chopin, la forma scherzo perdió su carácter festivo y alegre que desde el siglo XVIII había mantenido.

Las sonatas para piano, principalmente la Sonata en si bemol menor y la Sonata I en si menor, conciben la forma más libremente que en época clásica, llena de contrastes temáticos tratados de manera «escénica», es decir, en continuo desarrollo hasta su culminación expresiva.

No se puede concebir la música para piano posterior sin la obra de Chopin, modelo no sólo para sus coetáneos como Liszt y Brahms, sino también para posrománticos (Grieg y Rachmaninov) e impresionistas (Debussy y Ravel) de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.

Ver: Chopin, el genio del piano

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe Tomo 9

La Commonwealth:comunidad británica de las naciones El Reloj Big Ben

La Commonwealth: Comunidad Británica de las Naciones

La British Commonwealth of Nations (Comunidad Británica de Naciones) fue la evolución que adoptó el Imperio británico ante las presiones descolonizadoras. Hoy día es una asociación de Estados que mantienen lazos de cooperación.

La Commonwealth se ha transformado en una asociación flexible y moderna de gobiernos, organizaciones no gubernamentales y pueblos varios que comparten ideales políticos y valores humanos. Su compromiso es para con la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho, además del logro de un desarrollo sostenible.

La Commonwealth:comunidad británica de las naciones El Reloj Big BenEl nombre de Commonwealth originalmente designó a un periodo de la historia inglesa, que corresponde a la primera revolución parlamentaria contra la monarquía Estuardo, y la adopción de una forma de gobierno republicana (1649-60).

Pero British Commonwealth of Nations es como se reconoce a la libre asociación de países en defensa de sus intereses que integra al Reino Unido y muchas de sus antiguas colonias y dominios hoy independientes.

Su cabeza es el monarca británico, que algunos miembros reconocen como su jefe de Estado, representado por un gobernador general, y otros simplemente como símbolo de la asociación.

Imagen: Sello de la COMMONWEALTH

El origen de la misma debe trazarse en el siglo XIX, cuando las colonias con su numerosa población blanca desarrollaron una incipiente conciencia nacional y aspiraron a un grado mayor de autonomía, como había sucedido con los Estados Unidos de América a fines del siglo XVIII.

Ante los problemas en Canadá, el Gobierno británico comenzó a conceder el autogobierno a esas provincias (1847), lo que luego Se extendió a Australia (1855-59), Nueva Zelanda (1856) y Sudáfrica (1872-93) En 1867 las provincias de la América del Norte británica se agruparon en el Dominio de Canadá, ejemplo seguido por Australia (1900) y Sudáfrica (1910). En 1907 el Gobierno de Londres reconoció a estos cuatro territorios (incluyendo a Nueva Zelanda su capacidad de autogobierno nacional.

La Primera Guerra Mundial catalizó estas transformaciones, pues la importante contribución de los dominios al esfuerzo bélico se reflejó en su capacidad de decisión en el Gabinete Imperial de Guerra, hasta el punto de que tuvieron representantes en las conferencias de paz de 1919, e incluso recibieron mandatos de la Sociedad de Naciones, como sujetos de pleno derecho internacional.

Parece que el término British Commonwealth of Natíons fue acuñado en 1917 por el general J. C. Smuts, o por L. G. Curtis, hombres que sirvieron en el ejército y a la administración imperial. Curtis fundó la revista Round Table para difundir sus ideas sobre «imperialismo liberal».

Por esta misma época surgió un problema en el mismo corazón del imperio. Desde principios del siglo XX, el movimiento independentista irlandés se había agrupado en torno al partido Sinn Fein, fundado por A. Griffith. En 1916 promoviendo levantamiento en Dublín para proclamar la República que fue duramente reprimido.

Aun así, el Sinn Fein obtuvo en las elecciones de 1918 la mayor parte de los escaños reservados a Irlanda en el Parlamento británico. Sus líderes decidieron constituirse en parlamento (Dáil) independiente y formar un gobierno clandestino la tensión política se complicó por las acciones violentas del brazo armado del partido, el IRA, dirigido por M. Collins, que desencadenó el domingo sangriento (21 de noviembre de 1919).

En 1921, Collins y Griffith firmaron un tratado con Gran Bretaña por el que irlanda, excepto el Ulster, se convertía en Dominio con Gobierno y Parlamento propios.

A partir de la Primera Guerra Mundial Gran Bretaña mantuvo con sus dominios una serie de reuniones periódicas (Conferencias imperiales) La de 1926 fue especialmente importante, pues en ella se abordaron dos cuestiones clave. Por un lado, se constató la imposibilidad de redactar un texto constitucional válido para todo el imperio, pues se trataba de territorios muy distintos en muchos aspectos.

Por otro lado, la cuestión del estatus jurídico de los dominios en relación con la metrópoli fue resuelta con la llamada fórmula Balfour: «Gran Bretaña y los Dominios Son comunidades autónomas dentro del Imperio, iguales en estatus, en modo alguno subordinadas unas a otras en cualquier aspecto de sus asuntos internos o externos aunque unidas por una fidelidad común a la Corona y libremente asociadas como miembros de la British Commonwealth of Nations».

El Estatuto de Westminster (1931) confirmó estos puntos, además de ofrecer a todas las colonias del Imperio la posibilidad de ingresar en la Commonwealth al independizarse y de abandonarla unilateralmente También reconocía la plena autonomía legislativa de los Dominios y su independencia en materia de política exterior. En la mayoría de los casos el mantenimiento de la tradición jurídica (derecho común), administrativa y gubernamental (regímenes parlamentarios) británicas en las antiguas colonias aseguró la cohesión del conjunto y favoreció el entendimiento entre los asociados.

La Segunda Guerra Mundial sirvió para poner a prueba dicha cohesión y resolver cuestión que no se trataron en 1931. Ya en 1933 se abolió el juramento de fidelidad a la corona y en 1937, Eire (Irlanda) se constituyó en República independiente dentro de la Commonwealth.

Aunque la comunidad en general apoyó al Gobierno británico durante el conflicto Canadá y Sudáfrica, por ejemplo, declararon la guerra por separado Eire se mantuvo neutral, y el Partido del Congreso de la India también se declaró a favor de la neutralidad aunque su ejército combatió junto a los británicos.

La lucha por la libertad y la democracia influyó en el proceso descolonizador iniciado á partir de 1945 e intensificado en la década de los sesenta, con el consiguiente aumento en el número de miembros de la Commonwealth.

La India, por ejemplo, conoció cierto grado de autogobierno desde 1918 pero el Partido del Congreso continuó exigiendo una mayor autonomía. Durante la guerra, Londres ofreció el estatuto de Dominio para asegurarse el apoyo Indio y finalmente, en 1947 se concedió la plena independencia, aunque también se produjo la escisión de Pakistán.

El año 1949 fue clave para la Comunidad de Naciones, que suprimió el adjetivo Británica, aceptando además la salida de Eire y la entrada de la India, también en como República. A partir de ese momento se produjo una avalancha de nuevos miembros asiáticos y africanos hasta configurar los 54 actuales,

Las razones de los nuevos estados independientes para asociarse fueron variadas. Es importante la existencia de algunos lazos «espirituales», ejemplificados en el una de la lengua inglesa y un conjunto de formas de pensar y actuar difundidas entre elites (deportes como el polo, tradiciones como el té de las cinco y los club masculinos, etc.), además de las tradiciones administrativas que ya hemos mencionado Pero esto no debe hacer olvidar la importancia primordial de los intereses económicos.

Desde el siglo XIX, el comercio entre todos estos territorios, y particularmente con la metrópoli, era muy intenso, creando una serie de lazos, preferencias y dependen muy sólidos, reflejadas en el uso común de la libra esterlina.

La Comisión Económica de la Comunidad, creada eh 1925, coordinaba los Intercambios de información y estadísticas económicas y comerciales entre los miembros. La crisis económica mundial de 1929 dio lugar ala aparición de un sistema dé tarifas preferenciales, como la «preferencia imperial» (Acuerdos de Ottawa, 1932), que favorecía el comercio dentro de la comunidad frente a terceros países, a no ser que éstos pertenecieran a la Zona de la Libra, creada en 1931 .

Es preciso tener en cuenta que actualmente la producción de algunas materias primas (té, yute, níquel) está monopolizada por países miembros de la Commonwealth, mientras que en muchas otras también tienen participaciones importan Además, el Reino Unido, Canadá y Australia forman parte del grupo de naciones industrializadas y desarrolladas del mundo.

Institucionalmente, la Commonwealth constituye una asociación bastante informal, hasta el punto de que difícilmente se la puede calificar de organización. No existe una constitución formal, y aparte de la Corona, su otro pilar básico lo constituye el Secretariado, creado en 1965, «símbolo visible del espíritu de cooperación» dividido en tres departamentos: Asuntos Internacionales, Asuntos Económicos y Administración.

El Secretariario prepara las conferencias de primeros ministros y también aquellas reuniones sobre temas específicos, además de asesorar a los miembros sobre los distintos campos de cooperación: educativa, deportiva (los Juegos de la Commonwealth son un trasunto de las Olimpiadas), tecnológica, económica política medio ambiental, etc. Los embajadores entre los países miembros reciben el nombre de Altos Comisarios.

La Commonwealth se ha enfrentado a varias crisis a lo largo de su historia provocadas por hechos como la retirada de miembros relevantes (Irlanda en 1949 Sudáfrica en 1961, Pakistán en 1972), la adhesión del Reino Unido a la CEE (1973) organización cuyo control sobre las políticas económicas de los estados miembros en entredicho la «preferencia imperial», la especial dificultad y violencia de algunos procesos descolonizadores (Kenia) o la evolución ‘de los nuevos estados regímenes gremiales (Uganda con Idi Amin), el desacuerdo entre los miembros sobre políticas comunes (sanciones a Sudáfrica), o simplemente el debilitamiento de los intereses comerciales mutuos. A pesar de todo esto, el pragmatismo y la flexibilidad, rasgos con los que fue fundada, han permitido adaptarse y sobrevivir a esta asociación, a la que ya se daba por obsoleta hace decenios.

PAÍSES ACTUALES DE LA COMMONWEALTH

País Ingreso País Ingreso
Reino Unido1931  Swazilandia1968
Canadá1931  Tanga1970
Australia1931  Samoa1970
Nueva Zelanda1931  Bangla Desh1972
India1947  Bahamas1973
Pakistán1989  Granada1974
Sri Lanka1948  Papua – Nueva Guinea1975
Ghana1957  Seychelles1976
Malasia1957  Salomón1978
Nigeria1960  Tuvalú1978
Chipre1961  Dominica1978
Sierra Leona1961  Kiribati1979
Tanzania1961  Santa Lucia1979
Jamaica1962  San Vicente y Las Granadinas1979
Trinidad y Tobago1962  Vanuatu1980
Uganda1962  Zimbabwe1980
Kenia1963  Belice1981
Malavi1966  Antigua y Barbuda1981
Malta1964  Maldivas1982
Zambia1964  Saint Kitts y Nevis1983
Gambia1965  Brunei1984
Singapur1965  Namibia1990
Guyana1966  Camerún1995
Bostwana1966  Mozambique1995
Lesotho1966  Fiji1997
Barbados1966   
Mauricio1968   
Nauru1968