Antoine Lavoisier

Linneo Carl Vida y Obra Cientifica Clasificación del Reino Vegetal

Vida de Linneo Carl Vida y Obra Científica

Necesario es decir que Linneo fue un muchacho muy poco común: a los quince años pasaba jornadas enteras encerrado en su habitación, dedicado a contemplar las flores y los insectos que recogía en el jardín de su casa.

«¡Un día de éstos te tiraré todas estas suciedades que recoges por todas partes!», solía decirle su padre, Nils Linné, que era clérigo, tratando de mostrarse serio e indignado. Pero sabía muy bien que jamás tendría el valor necesario para hacer una cosa semejante.

En el fondo, no le desagradaba lo más mínimo el interés que su hijo manifestaba por la naturaleza. Solamente le molestaba, y mucho, que por culpa de las flores y los insectos su hijo Carlos descuidase sus estudios.

Consideraba que contaba ya una edad en la que hubiera sido oportuno que eligiese la profesión a la cual habría de dedicarse durante su vida, de manera de asegurar su porvenir; y pensaba que muy bien podía consagrar el tiempo libre a la tarea de coleccionar flores e insectos. Pero el joven no participaba en modo alguno de estas ideas: por el contrario, todo parecía señalarlo como decidido con toda firmeza a dedicarse tan sólo a las ciencias naturales.

linneo, botanico

Sin embargo, y para proporcionar una satisfacción a su padre, en 1728 se inscribió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Upsala. Pero de ninguna manera abandonó sus estudios predilectos: comenzó a concurrir con asiduidad a las lecciones del profesor Rudbeck, quien enseñaba botánica en aquella universidad, y continuó sus observaciones sobre las flores y los insectos.

Y he aquí los primeros resultados de sus estudios: en 1729 logró individualizar los órganos reproductivos de las flores (los estambres y los pistilos). Tal descubrimiento le valió la admiración del profesor Rudbeck, quien lo nombró su asistente. Al año siguiente, el joven Linneo fue invitado a dictar lecciones de botánica en la misma universidad en la que se hallaba inscripto como estudiante de medicina.

En 1732, en un viaje costeado por la Academia de Ciencias de Upsala, Linneo fue enviado a Laponia para estudiar la vegetación de aquellas frías regiones. Como fruto de tales estudios, Linneo publicó una interesantísima obra: «La flora lapona».

Durante el tiempo transcurrido en estos trabajos no había, sin embargo, abandonado sus estudios de medicina, y así, en 1735, obtuvo su graduación como médico. Pero en lugar de ejercer la profesión de médico decidió dedicarse con un empeño aún mayor a las ciencias naturales.

Linneo consideró que hasta entonces las plantas habían sido objeto de una descripción defectuosa. Las decenas de millares de especies que los estudiosos precedentes habían creído descubrir representaban un número exagerado. Muchas de ellas presentaban aspectos completamente semejantes entre sí, hasta el punto de que podían ser reunidas en una especie única. En suma: Linneo se propuso, finalmente, poner un poco de orden en la clasificación del inmenso reino de los vegetales.

El mismo año en que se recibió de médico, Linneo publicó su famoso «Systema naturae». Con esta obra propuso una original clasificación de las plantas. No se limitó, solamente, a dividirlas en especies, sino que, de acuerdo con las características que tenían en común, las reagrupó en géneros (reunión de especies), familias (reunión de géneros), órdenes (reunión de familias) y clases (reunión de órdenes).

A esta obra le siguieron en poco tiempo otros tres estudios importantes: los «Fundamentos de la botánica» (1736), los «Géneros de las plantas» (1737) y las «Especies de las plantas» (1738).

Contando apenas treinta años, Linneo había conquistado ya fama de sabio eminente. Comenzaron entonces a llegarle de toda Europa reconocimientos de su valor científico y honrosas distinciones.

En 1739 fue nombrado presidente de la Academia de Ciencias de Estocolmo, y dos años más tarde obtuvo la cátedra de botánica en la Universidad de Upsala.

Mientras tanto, Linneo había extendido el campo de sus estudios e investigaciones también al reino animal y, basándose en el sistema ideado para el estudio de las plantas, había propuesto una nueva clasificación para los animales. Describió 4.400 especies de animales y las distribuyó en seis clases: Mamíferos, Aves, Anfibios, Peces, Insectos y Vermes.

En 1753, Linneo tuvo otra idea genial: propuso hacer preceder el nombre del correspondiente género animal o vegetal al de la especie respectiva (por ejemplo: género: prímula; especie: vulgaris). Este método, que es conocido con el nombre de nomenclatura binominal (del latín «bis«, dos, y «nomen«, nombre), proporcionó la posibilidad de ordenar sistemáticamente el ingente número de especies vegetales y animales entonces conocidas.

Linneo no tenía deseos dé abandonar su tierra natal, donde su talento científico había tenido tan amplia oportunidad de manifestarse, y, a pesar de las invitaciones recibidas, continuó su enseñanza en la Universidad de Upsala.

Hacia el último período de su existencia, Linneo pasaba gran parte del año en su posesión campestre de Hammarby, donde había ordenado una maravillosa colección de plantas y animales.

El brillante sabio sueco falleció en Upsala el 10 de enero de 1778, a los 71 años de edad (había nacido en Rashult, provincia de Smalanó, el 13 de mayo de 1707). Le fueron tributados honores solemnes. El rey de Suecia dispuso que fuese sepultado en la catedral de Upsala, donde se le erigió un mausoleo. Justo reconocimiento a quien puede ser considerado como el fundador de la moderna botánica.

ALGO MAS SOBRE SU VIDA Y OBRA…

FUNDADOR DE LA MODERNA BOTÁNICA
Necesario es decir que Linneo fue un muchacho muy poco común: a los quince años pasaba jornadas enteras encerrado en su habitación, dedicado a contemplar las flores y los insectos que recogía en el jardín de su casa.

«¡Un día de éstos te tiraré todas estas suciedades que recoges por todas partes!», solía decirle su padre, Nils Linné, que era clérigo, tratando de mostrarse serio e indignado. Pero sabía muy bien que jamás tendría el valor necesario para hacer una cosa semejante.

En el fondo, no le desagradaba lo más mínimo el interés que su hijo manifestaba por la naturaleza. Solamente le molestaba, y mucho, que por culpa de las flores y los insectos su hijo Carlos descuidase sus estudios.

Consideraba que contaba ya una edad en la que hubiera sido oportuno que eligiese la profesión a la cual habría de dedicarse durante su vida, de manera de asegurar su porvenir; y pensaba que muy bien podía consagrar el tiempo libre a la tarea de coleccionar flores e insectos. Pero el joven no participaba en modo alguno de estas ideas: por el contrario, todo parecía señalarlo como decidido con toda firmeza a dedicarse tan sólo a las ciencias naturales.

Sin embargo, y para proporcionar una satisfacción a su padre, en 1728 se inscribió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Upsala.

Pero de ninguna manera abandonó sus estudios predilectos: comenzó a concurrir con asiduidad a las lecciones del profesor Rudbeck, quien enseñaba botánica en aquella universidad, y continuó sus observaciones sobre las flores y los insectos. Y he aquí los primeros resultados de sus estudios: en 1729 logró individualizar los órganos reproductivos de las flores (los estambres y los pistilos).

Tal descubrimiento le valió la admiración del profesor Rudbeck, quien lo nombró su asistente. Al año siguiente, el joven Linneo fue invitado a dictar lecciones de botánica en la misma universidad en la que se hallaba inscripto como estudiante de medicina.

En 1732, en un viaje costeado por la Academia de Ciencias de Upsala, Linneo fue enviado a Lapoñia para estudiar la vegetación de aquellas frías regiones. Como fruto de tales estudios, Linneo publicó una interesantísima obra: -«La flora lapona». Durante el tiempo transcurrido en estos trabajos no había, sin embargo, abandonado sus estudios de medicina, y así, en 1735, obtuvo su graduación como médico. Pero en lugar de ejercer la’ profesión de médico decidió dedicarse con un empeño aún mayor a las ciencias naturales.

Linneo consideró que hasta entonces las plantas habían sido objeto de una descripción defectuosa. Las decenas de millares de especies que los estudiosos precedentes habían creído descubrir representaban un número exagerado.

Muchas de ellas presentaban aspectos completamente semejantes entre sí, hasta el punto de que podían ser reunidas en una especie única. En suma: Linneo se propuso, finalmente, poner un poco de orden en la clasificación del inmenso reino de los vegetales.

El mismo año en que se recibió de médico, Linneo publicó su famoso «Systema naturae». Con esta obra propuso una original clasificación de las plantas. No se limitó, solamente, a dividirlas en especies, sino que, de acuerdo con las características que tenían en común, las reagrupó en géneros (reunión de especies), familias (reunión de géneros), órdenes (reunión de familias) y clases   (reunión de órdenes).

A esta obra le siguieron en poco tiempo otros tres estudios importantes: los «Fundamentos de la botánica» (1736), los «Géneros de las plantas»  (1737) y las «Especies de las plantas»  (1738).

Contando apenas treinta años, Linneo había conquistado ya fama de sabio eminente. Comenzaron entonces a llegarle de toda Europa reconocimientos de su valor científico y honrosas distinciones.
En 1739 fue nombrado presidente de la Academia de Ciencias de Estocolmo, y dos años más tarde obtuvo la cátedra de botánica en la Universidad de Upsala.

Mientras tanto, Linneo había extendido el campo de sus estudios e investigaciones también al reino animal y, basándose en el sistema ideado para el estudio de las plantas, había propuesto una nueva clasificación para los animales. Describió 4.400 especies de animales y las distribuyó en seis clases: Mamíferos, Aves, Anfibios,  Peces,  Insectos y Vermes.

En 1753, Linneo tuvo otra idea genial: propuso hacer preceder el nombre del correspondiente género animal o vegetal al de la especie respectiva (por ejemplo: género: prímula; especie: vulgaris). Este método, que es conocido con el nombre de nomenclatura binominal (del latín «bis», dos, y «nomen», nombre), proporcionó la posibilidad de ordenar sistemáticamente el ingente número de especies vegetales y animales entonces conocidas.

Linneo no tenía deseos de abandonar su tierra natal, donde su talento científico había tenido tan amplia oportunidad de manifestarse, y, a pesar de las invitaciones recibidas, continuó su enseñanza en la Universidad de Upsala.

Hacia el último período de su existencia, Linneo pasaba gran parte del año en su posesión campestre de Hammarby, donde había ordenado una maravillosa colección de plantas y animales.

El brillante sabio sueco falleció en Upsala el 10 de enero de 1778, a los 71 años de edad (había nacido en Rashult, provincia de Smalanó, el 13 de mayo de 1707).

Le fueron tributados honores solemnes. El rey de Suecia dispuso que fuese sepultado en la catedral de Upsala, donde se le erigió un mausoleo. Justo reconocimiento a quien puede ser considerado como el fundador de la moderna botánica.

Fuente Consultada:
Enciclopedia TECNIRAMA De La Ciencia y la Tecnología N°10

Primeros experimentos de cruzamientos de plantas

HISTORIA DEL PENSAMIENTO CIENTIFICO: CRUZAMIENTO GENÉTICO

Mendel, Gregor Monje austriaco que descubrió los principios de la herencia genética (Heinzendorf, Moravia, 1822 – Brünn, Moravia 1884).

Pero para este gran investigador las cosas no empezaron muy bien, pues  ingresó en la Orden de los Agustinos en 1843 y se ordenó sacerdote en 1847.

La orden le envió a estudiar Ciencias a la Universidad de Viena (1851-53), aunque fue un pésimo estudiante y nunca consiguió hacerse profesor; no pasó de ejercer como profesor suplente en la Escuela Moderna de la ciudad donde vivía, Brünn (la actual Brno, en la República Checa, entonces perteneciente al Imperio Austriaco).

En 1856 inició sus trabajos de investigación a partir de experimentos de cruzamientos (hibridaciones) con diversas variedades de guisantes, que efectuó en el jardín del monasterio, estudiando la descendencia producida en cada caso.

Resumió sus descubrimientos en las tres leyes de la herencia, llamadas leyes de Mendel, gracias a las cuales es posible describir los mecanismos de la herencia y que fueron explicadas con posterioridad por el padre de la genética experimental moderna, el biólogo estadounidense Thomas Hunt Morgan.

Teoria de las placas tectonicas de Alfred Wegener

HISTORIA DEL PENSAMIENTO CIENTIFICO: GRANDES TEORÍAS

Alfred Wegener nació en Berlín en 1880 y murió a los 50 años de edad, siempre recordado y famoso por su teoría de la deriva continental, una de la teorías mas influyentes en la historia científica de la geología. Se doctoró en astronomía, pero iempre se interesó por la geofísica, la meteorología y la climatología.

Pionero en el uso de globos aerostáticos para el estudio de las corrientes de aire, a lo largo de su vida realizó hasta tres expediciones de observación meteorológica a Groenlandia, en la última de las cuales encontró la muerte.

Mediante su polémica teoría postuló entonces la existencia original de un supercontinente, Pangea, que comenzó a separarse durante la era pérmica, hace más de 200 millones de años. América se desplazó hacia el oeste, alejándose de la masa continental eurasiática, y entre los dos continentes se formó el Atlántico. Australia se desplazó hacia el norte y la India se alejó de África.

Más adelante, durante el cuaternario (hace 2 millones de años), Groenlandia se separó de Noruega. Algunos archipiélagos importantes, como los de Japón y las Filipinas, se identificaron como fragmentos dejados atrás por estas colosales separaciones.

Historia del Descubrimiento de la Fermentación Investigación

Historia del Descubrimiento de la Fermentación
Investigación y Los Experimentos de Pasteur

Historia de las Primeras Observaciones: Una vieja práctica de la humanidad consiste en exprimir el fruto de la vid, dejar fermentar el jugo recogido y beberse luego el vino resultante; y aun cuando éste sin envasar se altera en pocos días, puede, no obstante, guardarse durante largo tiempo en jarras tapadas o también en botellas cerradas con tapones.

En el proceso de fermentación (que etimológicamente significa hervir) del jugo de la vid se produce una transformación química: parte del azúcar se convierte en alcohol y anhídrido carbónico que se desprende como burbujas.

Vemos, pues, que la fermentación del jugo de la vid produce unos resultados aprovechables y satisfactorios; no podemos decir lo mismo de este fenómeno cuando el sustrato es la fruta que se pudre, el pan que se enmohece, la leche que se agria o la carne que se corrompe.

¿Cuál es la causa de este proceso químico que hace posible la obtención del vino, pero altera e inutiliza otros alimentos?

En tiempos remotos, aun cuando no se conocía la respuesta a tal pregunta, ya se había descubierto la manera de preservar ciertas clases de alimentos de una segura alteración; así, se ponían a secar, se curaban con sal o se sumergían en’ vinagre.

Mucho más tarde, hacia fines del siglo xvm, se descubrió que muchos de ellos que casi siempre fermentaban y se alteraban podían conservarse de modo indefinido calentándolos y encerrándolos herméticamente en recipientes bien ajustados.

Fue Francois Appert (1750-1841), cocinero y repostero francés, quien por primera vez preservó con este procedimiento gran cantidad de víveres, por lo que puede considerársele como el precursor de la gran industria conservera.

Sin embargo, si los comestibles así conservados eran expuestos, aunque sólo fuera un segundo, a la acción del aire, se corrompían en seguida; ello indujo a creer que en la atmósfera residía la causa de la fermentación de los alimentos.

Faltaba saber hasta qué punto se hallaba en el aire la causa de una fermentación en la cual se producía alcohol. Observando al microscopio el sedimento de un líquido fermentado, Leeuwenhoek pudo descubrir las minúsculas células de ciertos animálculos a las que llamó levaduras.

Las levaduras son unos hongos constituidos por células de forma redonda u ovalada y poseedoras de membrana transparente de celulosa, a semejanza de las células vegetales.

Desde tiempo inmemorial se ha venido haciendo uso de ellas para fermentar el pan y para producir cerveza, mezclándolas con grano germinado y agua.

Los microbios y la fermentación: El químico alemán barón Justus von Liebig (1803-1873) creyó que la conversión del azúcar en alcohol se debía a un cambio puramente químico, puesto que, según decía, las levaduras del vino o de la cerveza se hallan muertas, siendo su propia descomposición lo que provoca la fermentación.

Ésta constituía para él como una especie de movimiento existente entre la levadura descompuesta y el azúcar contenido en el jugo de uva, o grano de cereal, motivando una reacción química cuyo resultado sería la aparición de alcohol.

Sin embargo, en 1837, el francés Cagniard de la Tour (1777-1859), examinando al microscopio el jugo de la vid en fermentación, descubrió en el seno del mismo unas diminutas levaduras, las cuales no estaban muertas como creía Liebig, sino que se hallaban en plena actividad vital y se multiplicaban con extraordinaria rapidez.

Este hecho le sugirió que las causantes del fenómeno de la fermentación eran levaduras vivas.

Peco después, el fisiólogo alemán Theodor Schwamm (1810-1882) demostró que el aire no era la causa de la fermentación, sino que, por el contrario, podía emplearse en la conservación de los alimentos, con tal que se hubiera calentado previamente a altas temperaturas.

Si bien nadie prestó mucha atención a aquellos descubrimientos, es probable que ocuparan la mente del químico francés Louis Pasteur (1822-1895) cuando en 1857 examinó al microscopio el poso grisáceo del fondo de un jarro de leche que se había agriado.

Pudo ver una gran cantidad de células en forma de bastoncitos, como las bacterias descubiertas por Leeuwenhoek, más pequeñas que las levaduras y sin membranas transparentes de celulosa.

Al introducir Pasteur un poco de aquel limo gris en una disolución azucarada, ésta quedó pronto cubierta de millones de bacterias. Significaba la fermentación activa del azúcar, por lo que parte de él se convirtió en el ácido existente en la leche agria, llamado ácido láctico.

Al echar una gota de este líquido en fermentación en una nueva disolución de azúcar, ésta se agrió también, a la vez que en su interior se multiplicaban las diminutas bacterias.

Es posible que tales microorganismos, se dijo Pasteur, sean los causantes de que se agrie la leche, del mismo modo que son las levaduras las que convierten en alcohol el jugo de la vid.

Más adelante, Pasteur inició el estudio de otro tipo de fermentación: la que producía ácido butírico.

Éste, que comunica un olor muy desagradable a la sustancia en fermentación, se puede obtener a partir de la manteca, pues su denominación proviene precisamente de la palabra latina butyrum, que significa mantequilla.

También en los forrajes almacenados en silos para alimento invernal del ganado se realiza la fermentación butírica.

Pasteur llegó a descubrir las bacterias causantes de la misma, las cuales, introducidas en una solución azucarada, se multiplicaban y producían ácido butírico; y pudo comprobar además que diferían de las del ácido láctico por poseer flagelos con ayuda de los cuales se movían.

En sus observaciones con el microscopio, Pasteur apreció que, en contraste con la gran actividad que desplegaban en el centro de la gota de agua que las contenía, en los bordes de la misma y al contacto con el aire se inmovilizaban; ¿debía buscarse en el aire la causa de tal paralización? Pasteur decidió aclarar esta incógnita con experimentos.

Hizo pasar una corriente de aire a través del frasco en cuyo interior tenía lugar la fermentación del azúcar en ácido butírico, lo que motivó que ésta se redujera hasta detenerse.

Un ser viviente que se desarrollaba sin el aire, cesando sus actividades vitales en presencia del mismo, constituía un hecho insólito para Pasteur; decidió llamar anaerobia (sin aire) a esta forma de vida, y denominó al microorganismo «vibrión butírico» por su modo vibratorio de moverse.

Pasteur había descubierto dos especies diferentes de bacterias, cada una de las cuales constituía la causa de un tipo de fermentación, del mismo modo que la conversión del azúcar en alcohol se originaba merced a la acción de las levaduras.

A pesar de tales descubrimientos, Liebig decía que la fermentación no podía atribuirse a las bacterias; era en extremo difícil comprender que unos seres pequeñísimos como las levaduras y las bacterias tuvieran tan enorme poder. Otra dificultad estribaba en descubrir la procedencia de aquellos microbios.

Pasteur sostuvo inacabables controversias con los que postulaban que aquéllos brotaban de la nada, es decir, surgían por generación espontánea.

Procedió a repetir los experimentos efectuados antes por Appert y otros y descubrió que los líquidos que contenían en disolución azúcar y demás sustancias susceptibles de fermentar se conservaban perfectamente con sólo tomar dos precauciones: someterlos a ebullición con el fin de matar todas las bacterias existentes en su interior (esterilizarlos), y encerrarlos herméticamente, de suerte que fuera imposible toda contaminación.

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Pasteur halló bacterias en forma de bastoncitos en la leche agria. Una gota de líquido que contenía estas bacterias producía, al introducirla en una solución azucarada, ácido láctico (figura superior) . Más tarde, Pasteur descubrió la existencia de bacterias anaerobias en la fermentación butírica (vibriones butíricos, figura inferior).

Los trabajos de otros investigadores dieron resultados que parecían contradecir los de Pasteur.

Sometieron a ebullición infusiones de heno y las encerraron herméticamente, pero a pesar de ello se corrompían. Pasteur realizó más experimentos hasta que pudo demostrar que aquellas infusiones contenían unas bacterias de naturaleza tan resistente, que sólo era posible aniquilarlas sometiéndolas a temperaturas superiores a la de ebullición.

Pasteur también demostró que el aire contiene bacterias vivas. Preparó un caldo transparente y llenó con él varios frascos de vidrio de gollete largo y estrecho, y los esterilizó mediante ebullición; aún hirviendo los cerró.

De esta forma se había expulsado casi todo el aire que contenían y en consecuencia, en el interior del frasco la presión era muy inferior a la del ambiente. Por esto al abrir un pequeño agujero en el gollete, utilizando unas pinzas esterilizadas, penetraba aire en el interior.

Pasteur realizó este experimento en varios puntos del país y una vez terminado volvía a tapar los frascos y observaba si el caldo transparente se enturbiaba y fermentaba, demostrando así la presencia de bacterias.

Descubrió que la cantidad de bacterias era distinta según la localidad: de los 20 frascos de caldo estéril abiertos en París, 20 fermentaron; de los 20 abiertos en el campo, fermentaron 8; de los 20 abiertos en una colina, fermentaron 5, y de los 20 abiertos en alta montaña, cerca de un glaciar, fermentó.

La genial intuición pasteriana llegó a la conclusión de que filtrando el aire con algodón aquél se esterilizaba y que por tanto el caldo del interior del frasco podía conservarse estéril tapando la boca del mismo con un lechino de este material. Tampoco se contaminaba si el gollete del frasco era estrecho, largo y curvo: el aire circulaba entonces con libertad, pero las partículas de polvo y las bacterias se depositaban en los recodos de las curvas y así no podían alcanzar el caldo.

Por su parte, la Academia Francesa de las Ciencias, que había decidido conceder un premio a quien trajera alguna nueva luz sobre el problema de la generación espontánea, resolvió otorgarlo a Pasteur por su demostración convincente de que, una vez muertos en el seno de un líquido todos los animálculos que lo habían habitado, era imposible que apareciese ninguno ruis y reanudase la fermentación de aquél, así como de que todo microbio procedente de la atmósfera podía producir la fermentación de un líquido en cuyo seno no hubiera habido indicio alguno de ellos.

No obstante, muchos no aceptaron las conclusiones de Pasteur y se negaron a admitir que el aire normalmente respirado1 contuviera tales microorganismos.

Por ejemplo, uno de sus antagonistas decía que si fuera cierta la existencia de tal cantidad de organismos vivientes flotando en el aire que nos rodea, tendrían forzosamente que producir una niebla espesa y permanente. Sin embargo, dos siglos antes, Leeuwenhoek había ya deducido que sus animálculos podían desplazarse fácilmente de un lugar a otro flotando en el aire.

Este aparato sirvió a Pasteur para demostrar que los microbios de la atmósfera poseen el poder de alterar los alimentos. El caldo estéril conservado en el matraz de cuello de cisne (en el cuello se hallaban los microbios) se alteraba por acción microbiana. Inmediatamente Pasteur descubrió que las bacterias que producen la «enfermedad del vino» podían ser destruidas calentando el vino a la temperatura de 55 y 60º C. Análogo procedimiento se sigue hoy para destruir las bacterias de la leche. En la instalación para pasterizar que aparece en la otra página, se someten a este proceso, actualmente, millones de litros de leche.

A raíz de los experimentos de Pasteur se debatió una cuestión importante. Si la fermentación era debida siempre a la acción de unas bacterias, ¿sería posible obtener leche que no se agriara y jugo de uvas que no se convirtiera en vino? La respuesta fue afirmativa.

Unos investigadores probaron que el zumo de la vid se halla libre de gérmenes en el interior del fruto, y lo mismo sucede con la clara y la yema de los huevos frescos y con la sangre, la leche y la orina de animales sanos; pero sin cuidados especiales dichos líquidos se contaminan al abandonar sus cubiertas protectoras naturales.

La causa de ello es que por lo general en la parte externa de los granos de uva, en la cáscara de un huevo o en la piel de un animal hay muchas levaduras, pero los líquidos interiores no las contienen.

Tras la refutación de la teoría de la generación espontánea, Pasteur estudió de nuevo los diversos tipos de fermentaciones, procediendo a investigar las características de una bacteria en bastoncillo a la cual se debe la conversión del alcohol del vino en el ácido acético del vinagre.

Este microorganismo había sido visto con anterioridad en la fina película que se forma en toda fermentación acética.

Según Pasteur sería el causante de la conversión del alcohol en ácido acético, y sus necesidades orgánicas completamente opuestas a las del vibrión butírico, pues para sobrevivir precisaba gran cantidad de aire del que toma el oxígeno, que junto con el alcohol forma ácido acético.

Pero para que las bacterias acéticas realicen su acción química de transformar en vinagre cualquier clase de vino expuesto a la acción del aire, es preciso que éste no se halle encerrado en botellas con tapones de corcho, pues en tal caso, al no disponer tales bacterias del oxígeno necesario para sus funciones, el vino se halla a resguardo de toda posibilidad de fermentación.

Esto no ocurre con una botella a medio llenar o antes de ser embotellado o almacenado en un barril.

Constituía una grave preocupación para los vinicultores el que sus vinos se agriaran o adquirieran otro tipo de sabor desagradable, hasta que Pasteur, observando dichos vinos «enfermos» a través del microscopio, descubrió repetidas veces, al lado de las levaduras ya familiares para él, la presencia de otros microorganismos de comportamiento anormal.

Pronto estuvo en condiciones de predecir qué clase de sabor tendría el vino en cuestión con sólo reconocer el tipo de microbio que lo había invadido.

Por otra parte, tales gérmenes extraños no solían empezar su labor corruptora hasta que las levaduras habían concluido su proceso de fermentación, por lo que Pasteur sugirió que podían evitarse dichas enfermedades vinícolas calentando el vino durante aquella fase a temperaturas algo inferiores a su punto de ebullición (50 a 60º C), con lo cual se lograban buenos resultados sin llegar a deteriorarlo. Este mismo calentamiento suave aplicado a la leche causa la muerte de los microorganismos peligrosos para la salud, sin esterilizar completamente dicho alimento. Este procedimiento se conoce en la actualidad con el nombre de pasterización.

Más adelante, con ayuda del microscopio, Pasteur averiguó que también las «dolencias» de la cerveza eran motivadas por la acción de bacterias extrañas.

Así como en la elaboración del vino la fermentación es posible gracias a las levaduras contenidas en las cascarillas de los mismos granos de uva, las levaduras que permiten la obtención de la cerveza deben ser, en cambio, objeto de un cultivo especial por parte de los cerveceros.

A éstos, pues, enseñó Pasteur que sus cervezas contraerían menos enfermedades si ellos mantenían limpios sus instrumentos, empleando para la fermentación levaduras puras y exentas de bacterias.

Fuente Consultada: A Traves del Microscopio M.D. Anderson – «Los Microbiosen Acción» – Editorial Salvat

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VIDA DE PASTEUR: Pasteur, Louis Científico francés (Dôle, Franco Condado, 1822 – Saint-Cloud, París, 1895).

Estudió en la Universidad de París, pasando luego a enseñar Química y Biología en Dijon, Estrasburgo y Lille.

Sus originales investigaciones sobre los procesos de fermentación y las bacterias anaeróbicas tuvieron que vencer resistencias e incredulidades entre la comunidad científica; pero, finalmente, los resultados obtenidos le otorgaron el reconocimiento general, siendo admitido como miembro de la Academia de Medicina en 1874 y de la Academia Francesa en 1882.

Sus investigaciones le permitieron idear sistemas antisépticos eficaces para la cirugía y encontrar soluciones para varias enfermedades infecciosas. Por ejemplo, creó la vacuna contra el ántrax de las ovejas en 1881; pero su descubrimiento más llamativo fue la vacuna que prevenía la rabia de los perros y su transmisión a los humanos (1885).

En los últimos años de su vida se dedicó a buscar un procedimiento para desinfectar los alimentos mediante el uso del calor, que recibiría el nombre de pasteurización. En 1888 se fundó en París un centro de investigación médica bajo su nombre (el Instituto Pasteur), que él mismo dirigió hasta su muerte.

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Fuente Consultada: A Traves del Microscopio M.D. Anderson – «Los Microbiosen Acción» – Editorial Salvat

Biografia Democrito Teoria Atomista del Filosofo Griego

HISTORIA DEL PENSAMIENTO CIENTIFICO: GRANDES TEORÍAS

Biografia Demócrito Teoría Atomista del Filosofo Griego

Cuando en Atenas vivía Sócrates, a orillas del mar Egeo vivía Demócrito, un hombre que hoy sería tan célebre como cualquier de  los científicos del siglo XXI que hoy conocemos a traves de sus grandes logros e investigaciones.

Durante el gobierno de Pericles en el siglo V a.C, la cultura griega alcanza en Atenas su máximo esplendor. Los filósofos se preguntan por la naturaleza de la materia.

Uno de ellos intuye que e Uniuerso está formado por elementos tan pequeños, que son indifisibles, a los cuales llamó átomos.

El filósofo que concibió la teoría atomista era el griego Demócrito que nació en la ciudad y de Abdera hacia el 470 a.C. y vivió más de cien años. Después de viajar por Oriente, regresó a su ciudad natal, donde fundó una escuela.

Como otros filósofos de su época, se preocupó por comprender el Universo y la naturaleza de la materia. Fue uno de los primeros en sostener que la Vía Láctea la conformaban millones de estrellas.

 

Conocido también como Demócrito de Abderea, filósofo griego que llegó a ser tan importante como Aristóteles. Nació en Abderea, Grecia, en el 460 antes de Cristo y murió en Tracia, en el 370 antes de Cristo.

Se destacó por su  teoría atomística de Demócrito y supone, que si de toma un trozo de materia y se la va cortando al medio sucesivamente, llegará un momento en que no se la podrá seguir dividiendo, y a ese pedacito final lo llamó «átomo», que significa indivisible.

Estas son sus conclusiones

– Los átomos son eternos, indivisibles, homogéneos, incompresibles e invisibles

– Los átomos se diferencian en su forma y tamaño

– Las propiedades de la materia varían según el agrupamiento de los átomos

Esta teoría, al igual que todas las teorías filosóficas griegas, no apoya sus postulados mediante experimentos, sino que se explica mediante razonamientos lógicos.

Todos estos conceptos tuvieron verdadera aplicación a principios del siglo XX cuando Planck enunció la teoría física que explica los fenómenos diminutos, llamada cuántica.

Cuenta La Historia..

Demócrito descubrió cuatrocientos años antes de Jesucristo que la materia está formada por átomos en constante agitación y por vacío.

Su razonamiento se basaba en la observación —hoy diríamos experimento— de la mezcla del vino y del agua.

En esa época el vino se almacenaba y se transportaba en forma de pasta.

Para beberlo se disolvía la pasta en agua. El agua transparente enrojecía poco a poco. Para que el vino se disuelva en el agua, pensaba Demócrito, es menester que esté constituido por pequeñas partículas elementales que, al separarse de la pasta, se aislan unas de otras y penetran en el agua para darle por doquier ese color rojo sonrosado.

Por lo tanto, el agua misma tenía que estar compuesta de partículas y de vacíos, puesto que aceptaba la intrusión de las partículas del vino y sus movimientos.

Así pues, ¿cuál era la fuerza o el motor que empujaba al agua y al vino a mezclarse?

Demócrito respondía a esta cuestión esencial afirmando que los «átomos» —así llamaba a las pequeñas partículas de sustancia— se hallan constantemente agitarlos y que esta agitación, esta marcha al azar, es la que provoca la mezcla. Porque, según él, esta agitación se produce al azar.

Para él, esos átomos eran los constitutivos esenciales de la materia, y eran indestructibles. Formaban el constitutivo último de todo.

Demócrito afirmaba que los átomos tienen múltiples formas y colores variados.

Algunos están dotados de ganchos y, por lo tanto, pueden engancharse, mientras que otros son redondos, otros largos o en forma de filamentos.

Cada átomo particular corresponde a una sustancia diferente, dotada de propiedades distintas, puesto que sus átomos son diferentes.

Esos átomos están dotados de constantes movimientos de agitación y se desplazan por los vacíos del espacio. Esos movimientos son aleatorios y desordenados.

De vez en cuando esos átomos errantes se encuentran por azar con otros átomos y chocan con ellos. A veces esas colisiones atómicas hacen que esos átomos se junten, se reúnan y se vinculen entre ellos, sobre todo los que son ganchudos o filamentosos, y estas asociaciones más o menos laxas son las que constituyen la materia líquida o sólida.

ALGO MAS…

Los átomos del «filósofo risueño»: Demócrito creía que la materia estaba compuesta por partículas diminutas, tanto que no había nada más pequeño.

Eran por tanto indivisibles y por ello las llamó átomos. En griego, esta palabra significa «no divisible».

No obstante la seriedad de sus reflexiones, muchos llamaron a Demócrito el «filósofo risueño». No se sabe si porque sus ideas resultaban graciosas o porque veían en él a un hombre que se reía de la ignorancia de los demás.

Un universo de torbellinos: La teoría atómica del filósofo de Abdera partía de una gran intuición que, en aquellos tiempos, no podía ser observada ni demostrada.

Demócrito creía que los átomos eran eternos, inmutables y diferentes entre sí, y que esta diferencia determinaba las características de los distintos elementos materiales, como el agua, el fuego o la tierra.

Para él, los átomos se movían en el vacío infinito y chocaban entre sí, dando lugar en el Universo a la aparición de torbellinos. A partir de estos torbellinos se generaban los diferentes mundos.

La confirmación de la teoría atómica: La teoría de Demócrito siguió perdurando, con más o menos fortuna, en los siglos posteriores. Finalmente, en el siglo XVIII, el inglés John Dalton sentó las bases científicas de la teoría atómica al aportar una formulación cuantitativa de la indivisibilidad de la materia.

Los Científicos Mas Grandes del Mundo Genios de las Ciencias

GRANDES CIENTÍFICOS DEL MUNDO
HISTORIA DEL PENSAMIENTO CIENTIFICO: GRANDES TEORÍAS

Darwin, Charles Robert Científico inglés, padre de la teoría evolucionista de la selección natural de las especies (Shrewsbury, Shropshire, 1809 – Down, Kent, 1882).

No había sido más que un mal estudiante de Medicina y de Teología hasta que, a los 22 años, se embarcó como naturalista en la expedición del navío Beagle.

El viaje recorrió las costas de Sudamérica y múltiples islas del Atlántico sur, el Pacífico y el Índico entre 1831 y 1836; Darwin tomó notas de sus observaciones sobre especies animales y vegetales, fósiles y tribus indígenas, que constituirían el material básico de su trabajo científico posterior.

En 1859 Darwin publicó su obra fundamental: Del origen de las especies por medio de la selección natural o la preservación de las razas mejor dotadas en la lucha por la vida.

Enseguida se desató una enorme polémica, tanto dentro como fuera del mundo científico, agudizada cuando Darwin precisó la posibilidad de que el hombre moderno descendiera de un tronco simiesco primitivo común con los monos (en un nuevo libro de 1871: El origen del hombre y la selección natural).

Sin embargo, Darwin -aquejado de una mala salud crónica- no participó directamente en tales discusiones públicas, dejando la defensa de la teoría evolucionista a otros científicos de su época.

LOS GENIOS CIENTÍFICOS DE EUROPA: El genio europeo, cuyos fundamentos deben buscarse en la antigüedad grecorromana, para alcanzar su nivel incomparable hubo de esperar a que las ciencias exactas, libres de todo obstáculo, abriesen nuevos horizontes. Esta evolución no se encerró exclusivamente en los valores especulativos, sino que se concretó también en la técnica y de este modo creó un mundo nuevo.

Después de Oceanía, Europa es el continente más pequeño y, sin embargo, en su haber cuenta con realizaciones que los otros cuatro le pueden envidiar. No obstante, la colaboración europea sólo se ha hecho realidad en la segunda mitad de nuestro siglo, puesto que hasta entonces los Estados habían librado sangrientas guerras entre sí. Por este motivo, es admirable el progreso del genio europeo, desarrollado a pesar de tantas dificultades.

Las culturas griega y romana florecieron en Europa antes de ser perfeccionadas por el cristianismo. Así se desarrolló una cultura occidental que sobrepasó a la civilización árabe y que conoció gran expansión a partir del siglo XVI.

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Con frecuencia la emigración europea hacia los demás continentes fue paralela a una notable tendencia al imperialismo y a un irresistible deseo de conquista que pronto se extendió hasta los países más lejanos, a cuyo desarrollo contribuyó poderosamente.

En cuanto se intenta explicar el genio europeo surge su universalidad.

En efecto, el europeo ha llevado a cabo importantes realizaciones, prácticamente en todos los sectores de la actividad humana. Si bien es cierto que ninguna religión es originaria de Europa, no lo es menos que el europeo ha conseguido dar a una religión procedente de Asia (el cristianismo) una intensa fuerza que ha rebasado los límites de la fe primitiva, sin ser un obstáculo para el desarrollo del genio humano.

Sin duda se podría objetar que las corrientes artísticas de Europa y sus proyecciones no superan a las de otras civilizaciones, con frecuencia más antiguas. E incluso se podría preguntar si la adquisición de conciencia de los europeos, a través de las épocas, ha sido realmente superior a la de otros pueblos.

Sin embargo, un hecho es cierto: en Europa, el desarrollo del pensamiento científico y de la técnica ha alcanzado un nivel no igualado en ningún otro continente. Europa ha dado al mundo una pléyade de genios que comunicaron al pensamiento científico un ritmo y una fuerza nuevos. Éste fue el origen de la revolución ecocomico-social que todavía dura y de la que ni siquiera sabemos lo que nos reserva.

Es difícil citar los nombres que deberíamos, y, sin embargo, sabios como Copérnico, Galileo, Kepler, Mercator, Von Humboldt, Brunhes y también Stevin, Newton, Darwin, Poincaré, Pi Suñer (electrón), Rutherford, Fermi o Vesalio, Servet, Pasteur, Cajal, Fleming, Ochoa y tantos otros establecieron las bases de un desarrollo sin igual para la evolución de la humanidad.

Durante siglos, Europa occidental ha marcado la pauta en el terreno del pensamiento científico (como acabamos de ver), pero también en el de las realizaciones técnicas. En este campo, el camino que separa la edad de piedra de la era de la astronáutica está jalonado también por nombres ilustres: Da Vinci, Montgolfier (globo aerostático),   Stephenson  (locomotora de vapor), Gramme (dinamo), Diesel (motor), Monturiol y Peral (submarino), Torres Quevedo (telequino, máquina de calcular, transbordador aéreo), La Cierva (autogiro), Marconi (radio), y muchos más.

El desarrollo de los sistemas filosóficos seguía el mismo ritmo. Si durante muchos siglos la vida estuvo dominada por los conceptos griegos y cristianos, Descartes en el siglo XVII, Kant en el XVIII, Marx en el XIX y Heidegger en el XX, rompieron los marcos tradicionales y situaron a la humanidad ante problemas vitales que fueron tan revolucionarios como las conquistas de la ciencia y de la técnica.

A lo largo de este corto resumen apenas hemos esbozado algunos aspectos del genio europeo. Diremos, sin embargo, que el europeo también constituyó un ejemplo estimulante en lo que concierne a la organización gubernamental: el Código civil de Napoleón, que sucedió al derecho romano, ejerció profunda influencia en la legislación de numerosos Estados de Europa e incluso de los demás continentes.

No obstante, hemos de reconocer que el genio europeo no habría podido desarrollarse sin la fecunda aportación de las antiguas civilizaciones orientales, por una parte, y del genio árabe por otra. El sistema de numeración decimal, el álgebra, la técnica de la construcción de esclusas, la fundición, el papel, la pólvora de cañón, el molino y la brújula, son tesoros que heredamos de civilizaciones extraeuropeas.

El recuerdo de estos adelantos debe incitarnos a compartir nuestros valores culturales con esos otros pueblos que tanto los necesitan. Este es el sentido de la política actual, que tiende cada vez más a hacer que los países de Europa pongan sus recursos, tanto en el campo financiero y técnico como en el intelectual, al servicio de los pueblos en vías de desarrollo que, debido a fortuitas circunstancias, se han quedado rezagados en el camino del progreso.

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Teoria de la Oxidacion

HISTORIA DEL PENSAMIENTO CIENTIFICO: GRANDES TEORÍAS

EL PADRE DE LA QUÍMICA MODERNA: Lavoisier ingresó luego en la facultad de derecho de París, donde se graduó en 1764, por más que en esta época su actividad se orientó sobre todo hacia la investigación científica.

En 1766 recibió la medalla de oro de la Academia de Ciencias francesa por un ensayo sobre el mejor método de alumbrado público para grandes poblaciones.Con el geólogo J. E. Guettard, confeccionó un atlas mineralógico de Francia. En 1768 presentó una serie de artículos sobre análisis de muestras de agua, y fue admitido en la Academia, de la que fue director en 1785 y tesorero en 1791.

Se ganó una merecida reputación entre la comunidad científica de la época al demostrar la falsedad de la antigua idea, sostenida incluso por Robert Boyle, que el agua podía ser convertida en tierra mediante sucesivas destilaciones.

En 1789, en colaboración con otros científicos fundó Annales de Chimie, publicación monográfica dedicada a la nueva química. La expansión de la doctrina defendida por Lavoisier se vio favorecida con la publicación en 1789 de su obra Tratado elemental de química. De este libro, que contiene una concisa exposición de su labor, cabe destacar la formulación de un primer enunciado de la ley de la conservación de la materia. Murió en la guillotina condenado en la etapa del Terror en Francia.

El Mayor Cientifico de la Historia Creador de la Mecánica

NEWTON:MAYOR CIENTÍFICO DE LA HISTORIA

Newton, Isaac Científico inglés (Woolsthorpe, Lincolnshire, 1642 – Londres, 1727). Estudió en la  Universidad de Cambridge, en donde hubo de trabajar para pagarse los estudios. Allí no destacó especialmente, pero asimiló los conocimientos y principios científicos de mediados del siglo XVII, con las innovaciones introducidas por Galileo, Bacon, Descartes, Kepler y otros.

Es considerado uno de los científicos mas destacado de la historia, ya que antes de los 30 años había planteado las teorías físicas mas importantes de la historia de la mecánica. Era una persona muy reservada, y dedicada totalmente a sus investigaciones, inclusive muy remiso a publicar sus descubrimientos.

Sus aportaciones esenciales se produjeron en el terreno de la Física. Sus primeras investigaciones giraron en torno a la óptica: explicando la composición de la luz blanca como mezcla de los colores del arco iris, formuló una teoría sobre la naturaleza corpuscular de la luz y diseñó en 1668 el primer telescopio de reflector, del tipo de los que se usan actualmente en la mayoría de los observatorios astronómicos; más tarde recogió su visión de esta materia en la obra Óptica (1703).

También trabajó en otras áreas, como la termodinámica y la acústica; pero su lugar en la historia de la ciencia se lo debe sobre todo a su refundación de la mecánica.

En su obra más importante, Principios Matemáticos de la Filosofía Natural (1687), formuló rigurosamente las tres leyes fundamentales del movimiento: la primera ley de Newton o ley de la inercia, según la cual todo cuerpo permanece en reposo o en movimiento rectilíneo uniforme si no actúa sobre él ninguna fuerza; la segunda o principio fundamental de la dinámica, según el cual la aceleración que experimenta un cuerpo es igual a la fuerza ejercida sobre él dividida por su masa; y la tercera, que explica que por cada fuerza o acción ejercida sobre un cuerpo existe una reacción igual

La Nueva Teoría sobre la expansion infinita del universo

HISTORIA DEL PENSAMIENTO CIENTIFICO: EL UNIVERSO INFINITO

Nacido el 8 de enero de 1942, en el tricentenario de la muerte de Galileo (dato que él cita a menudo), se crió en las afueras de Londres, dentro de ese tipo de hogar excéntrico , por ejemplo la familia tenía abejas en el sótano. 

El padre, que pasaba buena parte del tiempo en África, era un médico especializado en investigación, pero Hawking rechazó la biología y a los catorce años estaba decidido a dedicarse a las matemáticas y a la física.

Tres años después se matriculó en Oxford, se dejó crecer el cabello y procedió a despachar el trabajo académico. Popular entre los estudiantes y con fama de ser lo bastante inteligente para no estudiar, jugaba al bridge por las noches y durante el día hacía de timonel a los colegas que remaban.

Siendo investigador se le ocurrió, si una estrella podía colapsarse hasta ser una singularidad, el proceso también debía ser posible en dirección contraria. Una singularidad puede ser tanto un principio como un final.

En cuyo caso el universo, que se sabía que estaba expandiéndose, podría haber comenzado como una singularidad. Hawking pudo demostrar algo más que esto: un universo que se expande infinitamente, debe haber comenzado en una singularidad, un lugar de tamaño del átomo donde inicialmente estaba concentrada toda la masa del universo actual,…una idea muy original que revolucionó la cosmovisión hasta nuestros días.

HISTORIA DEL PENSAMIENTO CIENTIFICO: GRANDES TEORÍAS

En 1512 Nicolás Copérnico, el padre de la astronomía moderna, llegó a la catedral medieval de Frombork (Polonia) donde ejerció de canónigo durante décadas y murió entre sus muros en el año 1543.

TEORÍA HELIOCÉNTRICA:  Este sistema estudiado y enunciado por Copérnico indica que la Tierra y el resto de los planetas giran alrededor del Sol, y todo esto se movía a través del espacio sin que el hombre se diese cuenta de ello.

Los planetas pasaron de ser siete a seis, ya que la Luna dejó de ser planeta y de girar alrededor del Sol, para hacerlo alrededor de la Tierra y pasar así a llamarse satélite.

El Sol también dejó de ser planeta para constituir la estrella del sistema solar, el centro inmóvil.

De modo que el sistema copernicano empezó a abrirse paso en la astronomía del momento, ya que se había comprobado que la teoría geocéntrica presentaba muchísimos defectos.

El sistema heliocéntrico dio resultados más precisos y simplificó las matemáticas, pero Copérnico pensaba que las órbitas de los planetas eran circunferencias perfectas, por lo que los problemas continuaban.

Hace poco se ha encontrado debajo de un altar de la catedral en donde falleció restos de sus huesos y el cráneo, confirmándose científicamente con un 97% de seguridad que pertenecían a este gran investigador medieval.