Batalla de Sedán

Biografia de Talleyrand Charles Politico y Diplomatico Resumen

Biografía de Talleyrand Charles
Político y Diplomático Francés

Charles Maurice de Talleyrand nació el 2 de febrero de 1754. De familia aristocrática, de poca habilidad para la carrera militar, pero destacado en la política de Francia a partir de la Revolución Francesa en 1789, cuando participó en los Estados Generales, como representación del clero. Defensor de la nacionalización de los bienes eclesiásticos, fue excomulgado y a partir de entonces comenzó su carrera de gran diplomático.

Con el nombramiento de Napoleón como Empereur des Français, Talleyrand adquiere unas cuotas de poder y de riqueza inimaginables. Desempeñó un papel decisivo en el Congreso de Viena de 1815. Se mostró a favor de los Orleáns durante la revolución de 1830, y con Luis Felipe siguió desarrollando una habilidad extrema hasta su muerte

charles talleyrand politico

Charles-Maurice fue el segundo de los hijos de los condes de Talleyrand, pero la muerte de su hermano mayor, acaecida poco después de su nacimiento, le dio el derecho de primogenitura; su vida, por tanto, había de ser destinada al servicio de las armas. No obstante, antes de cumplir los cuatro años, Charles-Maurice sufrió un grave accidente: confiado a una nodriza, que le criaba en los alrededores de París, cayó de una cómoda y se dislocó un pie; a falta de los cuidados necesarios, el pie creció deformado y se convirtió en un accidente irreparable que habría de tener una importancia capital para el resto de su vida: puesto que su desgracia física le impediría la dedicación a las armas, sus padres decidieron que el niño seguiría la carrera eclesiástica.

Después de pasar una temporada en casa de su bisabuela, la princesa de Chaláis, Charles-Maurice fue internado a los seis años en el colegio de Harcourt; el celo religioso que caracterizaba a esta institución no despertaría ninguna inclinación religiosa en él; por ello, cuando cumplió los quince años sus padres le mandaron a Reims, en donde pasó un año como ayudante de su tío Alexandre, coadjutor de aquella diócesis; la intención de su familia era la de acercarlo a un clima propicio que estimulara su vocación religiosa.

En cualquier caso su carrera ya estaba decidida, y en 1770 ingresó en el seminario de Saint-Sulpice, donde pasaría cinco años, largos y tristes, como más tarde confesaría, y sin que en ningún momento se manifestara su vocación religiosa.

Talleyrand nunca sintió la vocación religiosa; ya poco antes de ingresar en el seminario había dicho a un amigo que si sus padres le forzaban a ser cura harían de él un ser espantoso; pero que se arrepentirían de ello. De este modo la vida inmoral y disoluta a que se entregó tan pronto como pudo abandonar el seminario era tanto consecuencia de su falta de vocación, como de una actitud compulsiva que buscaba la revancha por sus sufrimientos.

En 1788, encontrándose su pdre cerca de la muerte, pidió a Luis XVI que concediera, como una última gracia, la sede episcopal a su hijo. El rey transigió por fin y en noviembre de 1788 Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord fue nombrado obispo de Autun, pero en 1791 al ser elegido en administrador para el departamento de París, encontró el pretexto que buscaba para dimitir como obispo de Autun.

Convertido en alto funcionario de estado tenía sin embargo bloqueado el ascenso al gobierno por ser miembro diputado de la Asamblea. Monárquico de corazón, cifraba sus ideales de gobierno en una monarquía constitucional. Talleyrad temía a la Revolución y sus consecuencias; pero había comprendido que la mejor manera de defender los derechos de la aristocracia a que pertenecían pasaba por el camino de las reformas y no por el absolutismo realista sin concesiones.

A finales de 1792, tras descubrirse el archivo secreto de Luis XVI, se encontró la correspondencia que Talleyrand había mantenido con él en 1791, y en la cual le había ofrecido sus servicios. Fue entonces acusado oficialmente de traición no pudiendo regresar a Francia, embarcó en marzo para los Estados Unidos, pudiendo regresar a Francia en 1796 gracias a las gestiones de su amiga madame Staél.

En julio de 1797 fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores. Sus ideas sobre política exterior se orientaban entonces hacia una doble alternativa: restablecer la paz en Europa por un lado, y por otro, encauzar el expansionismo francés.

Cuando Napoleón regresó a París en octubre de 1799, Talleyrand fue rápidamente a verle, colaboró con él en las semanas que precedieron al 18 Brumario y al cabo de pocas semanas, volvía al ministerio de Asuntos Exteriores. Talleyrand vivía inmerso en su trabajo: por las mañanas despachaba asuntos en su ministerio y por la tarde atendía a las representaciones diplomáticas. Sus ocios los dedicaba al whist y su insaciable afán de dinero le llevaba a especular muy a menudo en la bolsa. Las relaciones con su esposa, Catherine Grand casados solo por civil, eran poco menos que frías y consideraba su matrimonio como un fracaso.

Políticamente nunca logró imponer a Napoleón su política de «pacificación» consistente en una inversión de las tradicionales alianzas que Francia había mantenido hasta entonces, para él era necesario aliarse con Austria —país que debía desempeñar un papel de estado-tampón cara al expansionismo de Rusia y Prusia— y conseguir la neutralidad de Inglaterra.

Economicamente a lo largo de su carrera Talleyrand procuró sacar beneficio de todas partes; todo para él fue negociable en términos de dinero y susceptible de acrecentar su fortuna. De todos los tratados y acuerdos que se firmaron siendo él ministro sacó partido: grandes sumas de dinero que recibía de las naciones obligadas a negociar con Francia y que él llamaba golosinas. Su inmensa fortuna le permitió comprar, ya en 1803, el castillo de Valencay junto con una propiedad aneja de una extensión de más de 19.000 hectáreas.

En 1807 Napoleón le concedió el cargo de «gran dignatario» a que aspiraba, nombrándole vice-gran elector del Imperio, pero a cambio Talleyrand tuvo que renunciar a su ministerio de Asuntos Exteriores. Talleyran jugó un papel de «amor y odio» hacia el emperador, y hasta se entrevistó con Fouché, jefe de la policía, con vistas a articular un posible complot contra Napoleón.

Como éste se entera muy parcialmente de sus propósitos y destituye a Talleyrand de su dignidad de gran chambelán del Imperio, aunque no de su cargo de vice-gran elector, por lo que Talleyrand ofreció sus servicios a Austria, y cuando este país reanudó la guerra contra Francia, el príncipe de Benavente le suministró información militar secreta.

Luego de la fracasada campaña a Rusia, organiza la trama política para desembarazarse del emperador, y se constituye como el futuro arbitro de la situación política, que podría orientar de acuerdo con sus ambiciones y con sus ideas. Cuando en marzo de 1814 los aliados entraron en París, Talleyrand tuvo en sus manos las mejores posibilidades para dominar la situación y encauzarla de acuerdo con sus proyectos: único interlocutor válido para los vencedores, se convirtió en el estadista que podía tender un puente entre la liquidación del Imperio y la restauración monárquica.

Por su propia cuenta negoció con los aliados las condiciones del armisticio, que más tarde se verían reflejadas en la Paz de París, donde Francia renunciaba a las conquistas del Imperio y retornaba a sus fronteras de 1792.

Talleyrand se sentía más que satisfecho: tras haber sido depuesto Napoleón y haber aparecido como el principal artífice de la Restauración, el camino para convertirse en el gran estadista que siempre había ambicionado ser estaba ya abierto y en parte ya había empezado a recorrerlo.

Por otra parte, y a pesar de algunos reproches, estaba igualmente satisfecho por el resultado de las negociaciones del armisticio: había conseguido aplacar el espíritu de revancha que animaba a algunos de los vencedores, y de este modo, tan sólo seis semanas después del regreso de Luis XVIII, Francia tenía asegurada la integridad de su territorio y los ejércitos aliados ya habían abandonado el país; con lo cual conservaba las manos libres para futuras negociaciones.

El nuevo rey le concedió de nuevo su antigua dignidad de gran chambelán, y a pesar de su manifiesta antipatía, le nombró secretario de Estado para Asuntos Exteriores.

Con la Restauración empieza la etapa política más importante en la vida de Talleyrand, la que había de confirmarle como un gran estadista y convertirle en una de las figuras de la diplomacia europea del sigloXIX.

Su oportunismo político, su ambición y su venalidad no pueden ocultar la coherencia de sus puntos de vista políticos: Talleyrand se sintió siempre continuador de la política exterior del Antiguo Régimen, y supo recoger en su experiencia la centenaria tradición de los Valois y los Borbones.

Mediante lo que él calificaba de politique de la mesure o de politique de la sagesse («todo lo que es exagerado es insignificante»), trató de apoyar siempre su diplomacia sobre una idea básica: la de mantener las «fronteras naturales» de Francia, las que poseía con anterioridad a 1792 y que habían sido sancionadas por ocho siglos de historia.

El otro principio básico de su estrategia diplomática se orientaba hacia la construcción de una Europa conservadora, basada en una alianza de Francia con Austria e Inglaterra, en oposición al expansionismo de Prusia y Rusia.

la restauracion de 1815 en europa

Gracias a la habilidad diplomática de Talleyrand, en el Congreso de Viena Francia, que había acudido a él como una-potencia derrotada, consiguió entrar a formar parte de las grandes potencias europeas y romper su aislamiento.

En el Congreso de Viena Talleyrand había de poner en juego su enorme talento negociador y su gran experiencia diplomática. Al llegar a la capital austríaca, acompañado por su sobrina, la condesa Edmond de Périgord, a la que había de convertir en su amante (por esta época Talleyrand ya se había separado de su esposa), alquiló un lujoso palacio y dio fiestas y recepciones muy suntuosas, lo cual formaba parte de su juego diplomático.

Su gran habilidad diplomática había de conseguir que Francia, que acudió al Congreso de Viena como una potencia derrotada, entrara a formar parte en el concierto de las grandes potencias europeas y rompiera su aislamiento. Para conseguir esto Talleyrand utilizó el apoyo que a Francia prestaron los pequeños estados, con un nacionalismo y incipiente, y que se oponían a la política de reparto de Austria, Inglaterra, Prusia y Rusia.

En la primavera de 1816 Talleyrand, que a la sazón contaba sesenta y dos años, partió para Valencay, dispuesto a gozar de su vida privada, de sus inmensas riquezas y de la compañía de la joven condesa Edmond de Périgord, futura duquesa de Dino.

En su retiro decidió entonces escribir sus memorias, con la intención de que no se publicasen hasta treinta años después de su muerte. Un hombre que había dedicado su vida a la diplomacia no podía por menos que escribir unas memorias diplomáticas. Talleyrand, además, siempre se había mostrado preocupado por la imagen que de sí mismo legaría a la posteridad.

En 1821, y a pesar de lo que se había prometido a sí mismo unos años antes, decidió volver a la política. Aunque esta vez lo hizo por abajo, ligándose a la oposición liberal en la Cámara de los Pares, pero luego de varios años como diplomatico francés se apartó definitivamente de la política y en 1834, al regresar de Londres, prsentó su dimisión.

Más tarde, en octubre de 1836, dio a conocer lo que él llamó «su manifiesto», en el que negaba que hubiera sido infiel —en el fondo de su alma— a la religión católica. La hora de su reconciliación con la Iglesia se acercaba.

El 17 de mayo de 1838 murió en París, después de haber firmado un acta de retractación y serle administrados los últimos sacramentos.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Charles Maurice Talleyrand – Editorial Planeta

 

 

 

 

Colonias de Francia e Inglaterra Luego de la Guerra Mundial

Economía de las  Colonias de Francia e Inglaterra Luego de la Segunda Guerra Mundial

Después de la segunda guerra mundial, muchos países del imperio colonia! francés en África adquirieron gran autonomía o incluso la independencia. En todo este territorio predomina un clima agobiante. El paisaje varía de la selva virgen al desierto, pasando por la sabana y la estepa. Las diferencias étnicas, religiosas y lingüísticas son enormes. Las poblaciones autóctonas se dedican, ante todo, a la agricultura. La industria ha sido totalmente creada por los franceses.

Hasta 1939, Francia ejerció, directa o indirectamente, influencia política y económica sobre numerosos territorios situados en todo el mundo, pero principalmente en Asia y África, es decir, sobre 12.500.000 km2 y 75.000.000 de habitantes.

De resultas de la guerra y de las aspiraciones de los pueblos a la independencia, este «imperio francés» se ha desmoronado en varias etapas. En 1944, en la Conferencia de Brazzaville se decidió aportar profundas modificaciones a la situación política, económica y social de los pueblos de ultramar.

En 1946, se constituyó la Unión Francesa, y las antiguas colonias pasaron a ser departamentos y territorios de ultramar que formaban parte integrante de la República Francesa, o territorios y Estados asociados.

En 1954, Indochina fue dividida en cuatro Estados independientes, y dos años después se reconoció la independencia de Túnez y Marruecos. En 1958 nació la Comunidad francesa: esta asociación de Estados soberanos se propuso a la República Malgache (Madagascar) y a doce Repúblicas africanas.

La única que se negó a adherirse fue Guinea. En 1960, los territorios africanos de Camerún y de Togo, que permanecían bajo tutela, accedieron a la independencia, y en 1962 un referéndum de autodeterminación dio como resultado la independencia de Argelia.

mapa de colonias de europa en africa

Mientras tanto, la Comunidad había evolucionado y se transformó en una red de convenciones más flexibles. La República Centroafricana, Gabón, República Malgache, Congo-Brazzaville, Senegal y Chad siguieron formando parte de ella, mientras que Camerún, Costa de Martil, Dahomey, Burkina Faso, Mauritania, Níger y Togo se unían a Francia por medio de acuerdos de cooperación. Excepto en Indochina y Argelia, estas reformas se realizaron sin grandes perturbaciones.

Gran parte de las antiguas colonias francesas se extiende al sur del Sahara, es decir, debajo de los trópicos, y ocupa unos ocho millones de kilómetros cuadrados. El conjunto se ha ido formando sobre un zócalo cristalino (granito y gneis), el más antiguo del mundo.

El relieve de esta inmensa región está formado, sobre todo, por mesetas muy extensas en las que se han abierto anchas cubetas (Níger, Chad, Congo) que a veces permanecen completamente aisladas a causa de conmociones  de la corteza terrestre (Futa Yalon, mesetas de Adamaua, Mayombé, montes de Cristal, Nimba, Camerún), acompañadas de fenómenos volcánicos. Por este motivo, el mar no puede ejercer influencia alguna sobre estas regiones, que poseen un clima agobiante.

Las regiones costeras también son de muy difícil acceso: por lo general son estrechas y discontinuas, con frecuencia pantanosas y bordeadas de bancos de arena o lagunas y, por último, rematadas por peligrosos rompientes.

Citaremos una excepción: la llanura del Senegal, en la costa occidental de África, la mayor del continente y una de las más fértiles. Dakar, que se halla situada en esta llanura y se encuentra protegida por un espolón volcánico, la península de Cabo Verde, es el mejor puerto de toda la costa occidental.

Esta inmensa región continental goza de un clima típicamente tropical con su estación seca y su estación de lluvias. En el norte predomina el clima sahariano, uno de los más secos y cálidos del mundo. En el sur, por el contrario, el clima es completamente ecuatorial, con lluvias continuas, sin estación seca.

Los suelos han sido totalmente destruidos por la erosión y las aguas. Depósitos de aluminio y de óxido de hierro han formado una gruesa corteza en la superficie. Y en las zonas asoladas por el harmatán (viento cálido del desierto que sopla de la tierra) incluso ha llegado a formarse un caparazón impermeable: el bowal.

Sin embargo, afortunadamente los suelos aluviales depositados en las cuencas proporcionan tierras laborables de buena calidad.

Todos los antiguos territorios franceses están surcados por grandes ríos que, no obstante, son mediocres vías de comunicación, pues su enlace con el mar es insuficiente.

Las regiones húmedas (cuenca del Congo, costas de Guinea) están cubiertas por una tupida selva.La atmósfera es tan pesada para los animales como para los hombres. En los lugares en los que las lluvias son menos abundantes, con una variación de 1.000 a 1.500 mm. al año (zona que se extiende desde Futa Yallon hasta la República Centroafricana), la vegetación es menos lujuriante. Si trazamos una línea de Dakar a Chad, al norte aparece la región de la estepa, cubierta de tupidas hierbas y matorrales espinosos, y después el desierto sin límites.

Futa Yallon o Fouta Djallon, región de altiplanicie del noroeste de Guinea. Está constituido por horsts basculados que alternan con profundos valles, aunque en las laderas orientales las pendientes son moderadas y los valles menos profundos. Esta región está compuesta por piedras areniscas del paleozoico que se inclinan hacia el oeste y cubren rocas del precámbrico hasta una profundidad de 760 m. El gabro y la dolerita se introducen formando capas o diques.

En este vasto mundo tropical vive una población que se calcula en 100.000.000 de habitantes. Esta población, que, por otra parte, está integrada por grupos muy distintos, se encuentra repartida de modo desigual: en el desierto y la selva virgen no llega a contar con un habitante por kilómetro cuadrado.

En la sabana alcanza los 80 habitantes por kilómetro cuadrado, y en las regiones mejor repartidas (Camerún, llanuras costeras de Guinea, orillas del Chad, por ejemplo), la cifra puede oscilar entre 50 y 200 almas.

En las estepas viven algunos pueblos de raza blanca: moros en el oeste y tuareg a lo largo del Níger. Por otra parte, la mayoría se ha mezclado con negros, especialmente con los peuls.

En la sabana se encuentran los primeros negros de raza pura. Sedentarios y de alta estatura, viven en poblados y se dedican a la agricultura: wolofs en Senegal, mandingas y songhais a lo largo del Níger, mosis en Burkina Faso y saras al sur del Chad.

En cambio, los negros de la selva son mucho más bajos, no tienen poblado fijo y sus sistemas de cultivo son primitivos. Los pigmeos pertenecen al grupo menos civilizado.

Todos estos pueblos hablan centenares de lenguas distintas que poseen numerosos dialectos. La religión varía: los pueblos de la estepa y la sabana son adeptos del Islam, y los de la selva, por lo general, animistas. El cristianismo también ha penetrado en la mayoría de comunidades.

Con 80 o 90 %, la agricultura sigue siendo la principal actividad de estas poblaciones. Existen algunos artesanos y comerciantes. En la selva es donde se practican los sistemas de cultivo más atrasados: para obtener tierras laborables recurren al fuego. Después remueven superficialmente el suelo con la azada. Por último siembran mandioca, maíz, legumbres, etc., todo mezclado. Los troncos de los árboles calcinados se dejan donde están, pues impiden la erosión del suelo durante la estación de las lluvias.

Cuando las tierras están agotadas, la comunidad se traslada y el proceso vuelve a empezar. La gente de la sabana tiene la labor algo más fácil y, por lo tanto, los cultivos son más variados. Además, también se dedican a la cría de ganado, imposible de practicar en la selva.

No existen, por así decirlo, industrias locales. Todo lo que hay en este aspecto es obra de los franceses, que explotan las riquezas minerales (especialmente oro, diamantes, hierro, bauxita y fosfatos) con gran eficacia y el material más moderno.

Ver: Historia de Sudáfrica

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Resumen sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

Resumen Sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

En Que Consisten Los Imperialismos: La democracia reconoce que cada hombre es libre y como tal responsable de su propio destino. Quien tiene conciencia del valor de su persona y de su libertad, estima y respeta la libertad de los demás.

El mismo principio es válido para los pueblos y naciones. Cada nación es libre y responsable de su propio destino histórico. Quien estima y respeta la libertad de su patria, respeta a las patrias ajenas.

Ningún pueblo tiene derecho a dominar o subyugar a otros, como ningún hombre tiene derecho a dominar a otro hombre. El orden y la organización internacional deben lograrse respetando la libertad de cada pueblo, como el orden dentro de cada comunidad debe lograrse respetando la libertad de los ciudadanos.

El imperialismo es la negación de estos principios. Es el afán de un pueblo de extender su dominio sobre otros.

En la historia han existido muchos imperios: el asirio, el egipcio, el chino, el helénico, el romano, el español, el inglés.

Los antiguos imperios extendían su dominio sobre pueblos más débiles, generalmente por la fuerza de las armas.

Actualmente también existen afanes imperialistas, deseos de extender el dominio nacional sobre otros pueblos. Pero para ello, más que a la fuerza militar, se recurre a la penetración ideológica o al dominio económico.

Sus manifestaciones antidemocráticas: El afán imperialista no se compagina con la democracia porque no respeta la libertad y derechos de los pueblos, ni les permite la realización de su destino.

Como todas las personas, a pesar de la diversidad de cualidades y bienes, son iguales en su dignidad, también los pueblos, a pesar de sus diferencias culturales o económicas son iguales en su dignidad.

La libertad de los pueblos es para la democracia tan sagrada como la libertad de las personas. Conforme a este principio la Argentina en su política internacional siempre ha defendido el derecho de autodeterminación de los pueblos y el principio de no intervención en los asuntos internos de los otros estados.

Como personas y como ciudadanos tenemos la obligación de preocuparnos por nuestro prójimo y ayudarlo en lo que podamos. Pero no podemos disminuir su libertad y su responsabilidad personal, ni atrepellar sus derechos. Lo mismo vale respecto a los pueblos.

Los imperialismos, sus clases.
Abusos del sistema liberal

En la historia de la humanidad hemos tomado conocimiento de la existencia de imperios o sea grandes Estados formados por varias naciones que le están sometidas. Así en la edad antigua recordamos los imperios asirio, persa, chino, japonés, medo, romano, etc.; en la edad media, el Imperio Carolingio, el de Alemania, los imperios de Occidente y de Orieste, el de los seleucidas, el otomano, el de los mogoles, etc.; en la edad moderna, e imperio austrohúngaro, el alemán, el francés, el británico, etc.

imperialismo politico

Por imperialismo entendemos la tendencia de ciertos Estados a extender su dominio sobre otras naciones. De ello se deduce que el imperialismo no es un fenómeno exclusivo de los Estados totalitarios sino también de los Estados democráticos.

No obstante debemos recalcar que todo imperialismo, es, en si mismo, antidemocrático dado que se encuentra en pugna con los principios de igualdad jurídica de los Estados y el de no intervención en los asuntos internos de las naciones soberanas.

Existen diversas clases de imperialismos, a saber:

a.  Imperialismo económico
b. Imperialismo político
c.  Imperialismo ideológico.

TIPO A)    IMPERIALISMO ECONÓMICO

Es aquel que se lleva a la práctica con el fin de dominar el mercado de productos o financiero de otros Es tados ejerciendo su acción sobre pueblos económicamente débiles. Una de las formas más comunes de llevarlo a cabo es mediante la adquisición de las más poderosas empresas industriales y comerciales del país que se desea anexar económi camente como así también de sus servicos públicos esenciales (electricidad, gas, transportes, teléfonos, etc.).

TIPO B)     IMPERIALISMO POLÍTICO

Es el imperialismo clásico que tiene por objeto anexar al país imperialista territorios de otras naciones. Sin embargo no siempre la invasión armada o la conquista son las formas de llevar a cabo este tipo de imperialismo; a veces la celebración de tratados o acuerdos o la infiltración ideológica y la presión, que puede ejercerse sobre un determinado país obliga a países débiles políticamente a solicitar la anexión de todo o parte de su territorio a una potencia poderosa. Ejemplos de estas últimas tácticas fueron utilizadas por Hitler y la Unión Soviética. La anexión de las islas Malvinas a Inglaterra es otra de las formas de llevar a la práctica el imperialismo político.

TIPO C)    IMPERIALISMO  IDEOLÓGICO

Esta forma de imperialismo se ejerce mediante la penetración de ideas de un país a otro con el fin de ampliar su zona de influencia. Él fascismo italiano y el nazismo alemán son pruebas elocuentes de ello; en la actualidad el comunismo ha puesto en ejecución una de las mayores campañas de penetración ideológica hasta hoy conocidas.

Abusos del sistema liberal
Las dos grandes doctrinas políticas son: el liberalismo y el estatismo.

En el liberalismo se otorga un gran predominio a la libertad individual actuando en tal emergencia el Estado como un simple guardián de las cosas comunes e interviniendo sólo en aquellas actividades que no están en condiciones de asumir los particulares.

Deja librado a éstos el manejo de todos los recursos económicos y, por lo tanto, desprotegida a la comunidad de los abusos que pequeños grupos de individuos pueden llegar a cometer con miras a la satisfacción de sus minúsculos intereses.

La Humanidad ha contemplado en el pasar de su existencia numerosos ejemplos de tales abusos y de las consecuencias que ellos han tenido en la marcha de ios pueblos.

Pueblos sacrificados en base al mantenimiento de una minoría que impuso condiciones infrahumanas en aras de sus propios beneficios, clases sociales enfrentadas entre sí que convulsionaron el orden y la armonía de sus respectivos países y, por último, la reacción ante tremenda injusticia con el consiguiente accionar de una fuerza incontrolable que no siempre trajo en sus e-fectos el bienestar deseado.

De allí entonces que el liberalismo como doctrina de aplicación absoluta ha presentado grandes grietas en el tiempo que si bien ha permitido incursionar en la organización social moderna otras doctrinas de carácter no menos violentas como algunas socialistas ha tenido que soportar el freno de la intervención de la Iglesia que a través de su Doctrina Social ha tratado de poner las cosas en su lugar.

CONSECUENCIA DE LOS IMPERIALISMOS
El marxismo
Se conoce como marxismo una serie de interpretaciones y ensayos de Carlos Marx que tienden a explicar distintos fenómenos, entre los cuales se encuentra la concepción materialista de la historia (Materialismo histórico). Se conoce como concepción materialista de la historia o como materialismo histórico al estudio de los principios generales del materialismo dialéctico en el campo de la sociología, y de la historia. Es decir, a una interpretación científica de los procesos sociales en una forma ordenada, según la dialéctica y que permite explicar la evolución histórica.

Para Marx la historia del hombre en sociedad no es otra cosa que la relación fundamental hombre-naturaleza-hombre. La Historia nace y se desarrolla a partir de la primera mediación que pone en relación al hombre con la naturaleza y al hombre con los otros hombres: el trabajo. El primer hecho histórico de la historia es la producción de los medios indispensables para la satisfacción de las necesidades básicas del hombre (comer, beber, procrear). La Historia es, por consiguiente, la historia de las fuerzas productivas y den los hechos históricos básicos que derivan de esta relación.

Se llama materialismo porque se encara la naturaleza desde el punto de vista material y se dice dialéctico porque permite la comprensión, de una manera dinámica, de los procesos que sufre la materia, Así el materialismo dialéctico establece las leyes generales, según las cuales, la materia se transforma.

Es interesante consignar que la base del materialismo dialéctico más que una creación de Marx es de su amigo Engels quien inició, aunque no terminó, una Dialéctica de la Naturaleza mediante la cual se propuso formalizar las leyes del movimiento y la evolución de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano.

Como puede interpretarse, los campos de aplicación del materialismo dialéctico son muy amplios y, en ese sentido Marx, por ejemplo, lo utilizó ampliamente en el estudio de la economía.

Sería sumamente difícil exponer detalladamente la totalidad de los trabajos de Marx y sus continuadores, pero estimamos que existen algunos puntos interesantes que son imprescindibles para comprender las ideas marxistas que fueron adoptadas por el Partido comunista y sobre todo aquellas que fueron inter-Ínretadas por Lenin y constituyen os fundamentos del actual marxismo-leninismo.

La posición del Marxismo y del marxismo leninismo será clasificada ubicándola dentro de una versión general de las distintas formas de socialismo.

Ver: El Socialismo

Organización de las Colonias Europeas en África Imperialismo Europeo

Organización de las Colonias Europeas en África

Organización de las colonias europeas en África: Una vez instalados, los europeos se dedicaron a organizar sus nuevas posesiones. Hubo dos tipos de relación reconocidas oficialmente: el protectorado y la colonia propiamente dicha.

colonialismo europeo

En el primer caso —que se aplicó en la región mediterránea y después en las ex colonias alemanas— las naciones «protectoras» ejercían teóricamente un mero control sobre autoridades tradicionales; en el segundo, la presencia imperial se hacía sentir directamente. Sin embargo, en lo que respecta al aspecto político, hubo algunas diferencias entre los sistemas aplicados por cada nación dominante.

Inglaterra puso en práctica el indirect rule (gobierno indirecto) que consistía en dejar en manos de los jefes autóctonos ciertas atribuciones inferiores reservando para el gobernante nombrado por Londres y unos pocos funcionarios blancos el control de estas actividades y la puesta en marcha de la colonia. Francia, más centralizadora, entregó a una administración europea la conducción total de los territorios; Bélgica aplicó un estricto paternalismo sostenido por tres pilares: la administración colonial, la iglesia católica y las empresas capitalistas mientras Portugal, por su parte, recurría también al paternalismo, pero esta vez basado sobre la imposición «educativa» del trabajo obligatorio.

Cualquiera que fuere el sistema político imperante, todas las metrópolis compartían el mismo criterio respecto de la función económica de las colonias: la colonización no se había hecho para desarrollar económica y socialmente a las regiones dominadas sino para explotar las riquezas latentes en ellas en beneficio del capitalismo imperial. Puesto que «la colonización y el desarrollo de la economía capitalista están en una relación dialéctica estructural» (Isnard), las superganancias originadas localmente eran enviadas a Europa para aumentar allí las posibilidades de inversión, crear nuevas oportunidades de empleo, acrecentar los salarios y permitir una mayor especialización.

Por e! contrario, en África se asistía al proceso opuesto: «desinversión» en hombres y capitales, salarios fisiológicos, limitación de la capacitación profesional. El empobrecimiento del Continente era la contrapartida lógica del enriquecimiento metropolitano.

Para lograr ese objetivo final, todos los sectores de la producción —agricultura, comercio, industria— fueron organizados sobre una base monopolista y con vistas a la exportación. En el sector agrícola, los cultivos de subsistencia fueron reemplazados o rechazados hacia regiones menos fértiles, por la nueva agricultura de plantación, practicada por grandes empresas (o empresarios) en enormes latifundios que concentraban la labor de millares de campesinos desarraigados de sus tierras.

Las plantaciones se dedicaron al monocultivo de algunas especies —cacao, café, maní, hevea (caucho), vid, etcétera— que no estaban destinadas a satisfacer el consumo local sino a venderse en el exterior. Las consecuencias de esta reorientación de la agricultura fueron de muy diversa índole y afectaron a la sociedad africana en todos sus niveles. Por un lado, las organizaciones tradicionales —la tribu, la aldea, la familia-— que se basaban sobre la agricultura de subsistencia o la ganadería itinerante, practicadas por la comunidad sobre tierras también comunes, y que exigían abundante mano de obra, predios extensos y propiedad colectiva, perdieron toda base de sustentación.

Aldeas y tribus fueron trasladadas o dispersadas y sus tierras atribuidas a los colonos blancos o a las empresascapitalistas, mientras los indígenas eran concentrados en reservas, instalados en zonas estériles u obligados a trabajar como peones para sus nuevos amos.

Por consiguiente, los hombres aptos para la producción huyeron de un medio que no les ofrecía ya grandes perspectivas de supervivencia, se emplearon en los latifundios o fueron a engrosar las filas de desocupados que esperaban un salario de las nuevas empresas.

La pérdida de este potencial humano transformó a muchas aldeas en «cáscaras vacías», habitadas casi exclusivamente por mujeres, niños o ancianos; desorganizó a la tribu, que ya no pudo desempeñar su papel de estructurador social y trastornó la familia por la dispersión de sus miembros. En su lugar, las plantaciones se convirtieron en el factor determinante de toda la vida de una región, acaparando las inversiones, reordenando la sociedad y dominando la política local.

Este fue el caso de Liberia, coto cerrado de la Firestone Rubber Co., empresa de capitales norteamericanos, que poseía diez millones de heveas y requería 30.000 hombres para» su explotación. En 1951 ella sola proveía al país del 90 % de sus exportaciones, y de hecho lo había convertido en su propiedad privada.

El ejemplo de la Firestone destaca otros órdenes de efectos que conviene Citar: las distintas regiones africanas se especializaron en algunos de estos productos, de ahí una dependencia estricta con respecto al mercado internacional y el condicionamiento de toda la economía local por las bruscas fluctuaciones de los precios externos.

Tanto más por cuanto la transformación de las cosechas y la comercialización de los productos no se realizaban en el lugar ni estaban en manos africanas, sino que se reservaban para los metropolitanos o sus intermediarios extranjeros. Sólo en casos excepcionales los africanos podían dedicarse a ese tipo de agricultura, y cuando así ocurría —como en la Costa de Marfil— se creaba en el territorio una pequeña burguesía rural, estrechamente dependiente del capitalismo metropolitano.

El comercio respondió a cánones similares: grandes sociedades de importación-exportación monopolizaron la actividad de uno o varios territorios, a través de cientos de sucursales y millares de intermediarios. En África occidental francesa, desde el Senegal al Congo, actuaban solo dos compañías, la Sociedad Comercial del Oeste Africano, y la Compañía Francesa del África occidental, que seguían aplicando el conocido mecanismo del comercio de trata: en el mismo mercado el campesino autóctono vendía sus cosechas y compraba artículos de importación, y la compañía acumulaba ganancias que superaban el 100 % del valor de los productos.

Más importante aún fue el papel de la industria. Hasta la Segunda Guerra Mundial las colonias se limitaron a proveer a las industrias europeas las materias primas indispensables para su desarrollo. Sus inmensos yacimientos de cobre, zinc y uranio (copperbelt o cinturón de cobre centroafricano), de manganeso (Marruecos, Gabón), bauxita (Guinea, Ghana), y fosfatos (África del Norte) atrajeron la inversión externa y movilizaron miles de trabajadores. Se constituyeron enormes empresas dedicadas a la explotación del subsuelo, que llegaron a dominar toda la vida de una región. Este fue el caso de la Unión Minera del Alto Katanga, propietaria exclusiva de los filones de esa provincia congolesa y la vecina Rhodesia.

Ella sola empleaba al 42 % de la población adulta masculina del lugar y manejaba todos los resortes económicos y políticos del Congo. De hecho, la administración belga estaba a su servicio y las misiones católicas acudían presurosas cuando había que sofocar alguna veleidad reivindicatoría de los asalariados locales.

Su omnipotencia era tal, que todo el mundo sabía que en Katanga «se nace en una cuna de la Unión Minera y se es enterrado en un ataúd de la Unión Minera», lo que, de paso, aumentaba las ganancias de por sí fabulosas de la tentacular empresa. Sea como fuere, la actividad industrial dio origen a una nueva clase social: el proletariado obrero, hasta entonces inexistente en África. Poco numeroso y sin posibilidades de acción hasta fines de la Segunda Guerra Mundial, fue sin embargo un factor decisivo en la lucha por la independencia.

Una estructura de explotación tan sin resquicios, solo pudo organizarse en África gracias a la expresa colaboración de los gobiernos metropolitanos y las administraciones territoriales. A ellos les correspondió realizar las obras de infraestructura necesarias para facilitar la inversión de capitales y proveer de mano de obra barata a las diferentes empresas.

Sabemos, en efecto, que las potencias coloniales realizaron en África obras de infraestructura nada desdeñables: mejoraron los puertos, trazaron caminos, instalaron ferrocarriles, construyeron diques y edificaron ciudades.

Pero el mapa y la historia del continente nos enseñan que los puertos tenían como único fin asegurar los contactos con Europa y dar salida a los productos locales, que los caminos y los ferrocarriles no estaban destinados a favorecer el comercio interno ni a facilitar las comunicaciones sino a acelerar el traslado de mercancías hacia los puertos de embarque; que la única finalidad de los diques era producir energía eléctrica barata para los complejos industriales o irrigar las tierras de las plantaciones —como fue el caso del dique de Edea en Camerún, construido para servir a las industrias Pechiney, o del de Gezira, en Sudán, para regar las tierras algodoneras— y que las ciudades albergaban sólo a los europeos.

Dicho de otro modo: el erario público asumió los gastos ocasionados por todas estas creaciones para que los capitales privados pudieran actual tranquilamente en el comercio, la plantación, y la extracción minera.

Colonias Europeas en Africa en 1914

Primeras Armas de Fuego Uso de la Polvora Mosquete Pistolas Usos

Primeras Armas de Fuego – El Uso de la Pólvora

El origen de las armas de fuego es oscuro, parece que los chinos en el siglo XI ya conocían la polvora (salitre, azufre y carbón)  pero su uso no era bélico. Los árabes la introdujeron en Occidente en le siglo XIII, y el erudito Roger Bacón habla de ella en el año 1249. Los primeros cañones eran muy rudimentarios y muchas veces fallaban y eran mas peligrosos para los que los usaban que para los enemigos.

El invento más importante es el del arcabuz de mecha que apareció rápidamente en ese mismo siglo y se convirtió en la principal arma de fuego de la infantería durante los doscientos cincuenta años siguientes. Introducida en Japón y en Oriente hacia el año 1600. este arma se emplea todavía en nuestro tiempo en ciertas regiones retrasadas. El arcabuz (del alemánHakenbüchse. o arcabuz de garfio—el sentido de garfio no está muy claro) se componía de un cañón de hierro montado sobre una culata que se apoyaba en el pecho.

Aplicado a una llave, el gatillo caía sobre la cazoleta y el oído, que contenían la pólvora de cebo, por la acción del resorte. El estrépito y la nube de humo sulfurosa que se producían cuando se inflamaba la carga era suficiente para convencer a cualquiera del carácter diabólico de este invento.

Aun cuando los soldados dilapidaban su dinero para proveerse de talismanes que les protegieran de sus destrozos, el arcabuz no era un arma de precisión. Un observador avisado dice que «no mataban a nadie, porque los arcabuceros se contentaban con hacer ruido y disparar al azar». Además, la mecha incandescente, que medía 9 pies de largo, se estropeaba con la lluvia y servía de punto de referencia al enemigo. Su peso y el hecho de que el polvorín podía humedecerse o desprenderse, planteaban verdaderos problemas. A pesar de todo, el arcabuz representaba un avance considerable sobre el cañón de mano tan poco manejable.

En el siglo XVI, fue perfeccionado con una línea de mira y una mecha más corta. En la larga lucha esporádica que enfrentó a Carlos V con los turcos durante la primera mitad del siglo XVI, los infantes españoles iban armados de picas y de arcabuces, a pesar de que las tropas de choque de los turcos, los jenízaros, eran igualmente unos arcabuceros de excepción.

Con una larga tradición en su haber, los españoles eran maestros en la utilización de la artillería masiva. Cañones y arcabuces tuvieron una gran importancia en la batalla de Lepanto, en 1571, que dio al traste con todas las ambiciones de los turcos.

MOSQUETE: Pero ya mucho antes de esta batalla, los españoles habían inventado un arcabuz de un nuevo tipo,el mosquete. Era un pequeño cañón de mano y de mecha, con un calibre de 2.54 cm. Debido a su peso, para dispararlo debía apoyarse sobre una horquilla y cargarle requería tres buenos minutos.

El mosquetero de esta época, cargado con una impedimenta de saquitos de pólvora, de cartucheras, de cuatro pies de mecha, tenía que hacer muchos preparativos antes de disparar. Aun cuando muy pronto se redujeron las dimensiones del mosquete, fue utilizado hasta finales del siglo XVIII en formaciones bastante similares; la primera fila hacía fuego al oírse la voz de mando y después se retiraba a un segundo plano para cargar de nuevo, mientras que la fila siguiente se adelantaba. Unidades especiales de piqueros protegían a los mosqueteros y se encargaban de dar el último asalto en la batalla.

La llave de rueda, inspirada, se dice, en un dibujo de Leonardo de Vinci, apareció en Nuremberg en 1520. Funcionaba como un eslabón’ una rueda movida por un resorte arrancaba chispas de un sílex; estas chispas encendían la pólvora de la cazoleta: actuaba con mayor rapidez que la mecha y resultaba menos embarazosa.

Pero el mecanismo era complejo y costoso y de hecho nunca mereció una gran aceptación como arma militar. Como compensación, estaba al alcance de quienes no podían adquirir otras armas más caras que eran verdaderas obras de arte. Carlos V, que gustaba mucho del fusil, hizo grandes esfuerzos por introducir el arte de su fabricación en Alemania y en España.

Demasiado complicada para convertirse en arma de guerra, la llave de rueda probó que tenía grandes posibilidades como fusil manejable con una sola mano y en 1540 se convirtió en lo que se llamaría pistola.

Hacia finales del siglo, la pistola, que medía al menos un pie de largo, era el armamento típico de los jinetes europeos, que semejantes a los reiter alemanes, equipados con una coraza, un casco y altas botas de cuero, comenzaban a sustituir a los suizos y a los lasquenetes.

De hecho, el papel de la caballería, incapaz de resistir al arcabuz y al mosquete, había ido eclipsándose hasta la aparición de la pistola.

Durante las guerras de religión francesas, después de 1562, la caballería recuperó su posición, y los hugonotes la empleaban en sus columnas armadas de pistola y de espada, mientras que los jinetes católicos, hombres de caballo profesionales, practicaban la difícil caracola y cada fila disparaba por turno, para después retirarse a cargar de nuevo las armas.

Estas guerras, agotadora y larga secuela de ignominiosas matanzas, duraron hasta el edicto de Nantes, en 1598. Los hugonotes, faltos de artillería y de piqueros para proteger a los tiradores mientras volvían a cargar —lo que entonces tenía mucha importancia— recurrieron a tácticas sutiles, improvisando fortificaciones, utilizando pesados mosquetes en filas cerradas, casi como en batería y colocando en las alas y entre la caballería a grupos de arcabuceros con el fin de romper las formaciones de caballería enemigas.

La misma historia se repitió durante la sublevación de los Países Bajos contra el dominio español (1568-1609), cuando los holandeses abrieron sus diques para inundar al enemigo, realizaron furtivos ataques en patines sobre los canales helados y fortificaban sus ciudades de forma tan eficaz que resistieron durante años. Su jefe, el joven Mauricio de Nassau, hijo de Guillermo el Taciturno, organizó el primer ejército holandés regular, al que exigía un largo entrenamiento y una disciplina severa y al que pagaba con regularidad.

Las compañías eran pequeñas y ágiles, provistas por partes iguales de picas y de mosquetes; los piqueros se mantenían a tres pies de distancia. Los diversos cambios debidos a la aparición de las armas de fuego alcanzaron su apogeo en la guerra de los Treinta Años (1618-1648), religiosa, para contaminar a toda Europa.

El soldado tipo era un mercenario de baja calidad, tan irregularmente empleado como pagado, que no tenía ni moral ni disciplina y sembraba el terror entre la población civil. Desde el tiempo de los vikingos no se había vuelto a ver un cúmulo tal de violencias. Sólo el ejército de Gustavo Adolfo de Suecia. allá por los años 1630, fue una excepción a esta regla. Era el primer ejército realmente nacional, con su uniforme amarillo y azul; tenía sus propias tropas permanentes, estaba bien entrenado y sus avances eran mérito exclusivamente suyo.

El principal acierto de Gustavo Adolfo radicó en la inteligente forma en que dispuso las armas, artillería, piqueros, mosqueteros y caballería, especialmente en la batalla decisiva de Breitenfeld. Se le deben también muchas innovaciones: los cartuchos preparados (en una camisa de papel) para sus mosqueteros, la munición pronta (en cajas de madera) para los cañones.

Los mosqueteros eran dragones a caballo ligeramente armados, que atacaban a pistola y después desmontaban para combatir a espada, maniobra militar copiada de los holandeses. Trató de aligerar el cañón, creando y después desechando una pieza de campaña recubierta de cuero que pesaba sólo 90 libras, equipando a cada regimiento de una pieza de cuatro, montada sobre ruedas, que lanzaba balas dobles.

Las guerras civiles de Inglaterra (1642-1649) no pueden ser comparadas con las del continente ni por su ferocidad ni por su técnica. Protegida por la flota, Inglaterra había postergado el desarrollo del arte militar. Las nuevas armas eran el fusil de cañón atornillado (que se abría para introducir la pólvora y la bala) y la llave de piedra. Hacia 1750, como probable resultado de las guerras, Inglaterra había conquistado un puesto preponderante en la fabricación de armas.

La llave de piedra, aparecida hacia 1630, quedaría incorporada a las armas de fuego hasta finales del siglo XIX. Presentaba la enorme ventaja de tener la cazoleta cubierta, con lo que la pólvora se conservaba siempre seca. La caída del sílex empujaba la tapa mientras producía la chispa que inflamaba el cebo.

Aunque resulta extraño, el fusil de batería «a la chenapan«, inventado un siglo antes, tuvo muy poco empleo militar. El fusil de batería «a la miquelete», en el que la varilla sustentadora del gatillo formaba parte de la batería, fue empleado con éxito por los españoles, pero, por diversas razones, la llave de piedra no sustituyó a la llave de mecha en los ejércitos continentales hasta 1680 aproximadamente.

En Inglaterra, el mosquete de piedra «Brown Bess» fue oficialmente adoptado en 1690. Desde entonces se impuso el mecanismo de piedra, que demostró ser particularmente práctico para las pistolas. Cuando en 1660 terminaron las guerras de Inglaterra, Europa, por reacción contra el sangriento desorden de la época anterior, conoció un período de relativa calma.

Emerich de Vattel pudo escribir entonces: «Hoy es el ejército regular el que hace la guerra, y el pueblo, los campesinos y los ciudadanos no toman parte en ella y generalmente no tienen nada que temer de la espada enemiga.»

Las preocupaciones eran puramente políticas, la maniobra era preferida a la destrucción, ya que el soldado era un profesional disciplinado cuya vida no se podía arriesgar inútilmente. Louvois, ministro de la Guerra cíe Luis XIV, introdujo la formación en línea. Entrenadas por el famoso Jean Martinet, las tropas avanzaban en líneas de tres, al ritmo de ochenta pasos al minuto, todos los fusiles encañonados en un ángulo preciso y disparando un fuego de pelotón en cuanto se daba la orden. Una sola salva perfecta, como la de Wolfe, en Quebec, podía decidir el resultado de una acción. La pica había desaparecido y la reemplazó hacia 1700 la bayoneta de mango, mientras que el fusil de piedra seguía siendo el arma que respondía a todas las necesidades. Había nacido la infantería moderna.

La labor del gran ingeniero militar francés Sébastian Lepreste, conde de Vauban, ilustra el arte de la guerra en esta época. Construyó treinta y tres fuertes, ideó las paralelas, los caballeros y el tiro de rebote. Luis XIV y su corte solían instalarse en una colina cercana para seguir las últimas operaciones de Vauban.

Otro maestro en el arte de la guerra fue Federico de Prusia, cuyas tropas, reclutadas y no mercenarias, eran sometidas a una disciplina tan rigurosa que temían más a sus oficiales que al enemigo. El fue quien introdujo la artillería montada, una de las mayores innovaciones tácticas de aquel tiempo y utilizó eficazmente el mortero de campaña.

La batalla de Fontenoy (1745) llevó al lado de Federico a uno de los soldados y tratadistas militares más competentes de aquellos tiempos, Mauricio de Sajonia. Característico de aquellos tiempos era también la popularidad de los duelos, que generalmente se celebraban a pistola de piedra del mismo tipo, armas ligeras y seguras cuyo cañón octogonal medía 25 cm.

Durante la revolución americana reaparecieron ciertas pasiones ideológicas y métodos poco ortodoxos que caracterizaron el final de la época napoleónica. También es cierto que en Valley Forge, el barón von Steuben introdujo la disciplina en el ejército americano.

El mosquete de cañón liso era el arma de los dos bandos. Un regimiento inglés de quinientos «redcoats«, armado con Brown Bess, podía hacer salvas de ciento cincuenta disparos cada quince segundos lo que siempre producía un gran impacto en los americanos.

Por otra parte, los «redcoats» se encontraban con frecuencia ante situaciones en que la técnica del «riego» no servía gran cosa, por ejemplo cuando se enfrentaban en terreno accidentado con los americanos fronterizos que disparaban sus ráfagas mortíferas emboscados tras cada árbol o cada cerro al estilo de los indios.

He aquí la descripción que pudo hacerse de los carabineros de Daniel Morgan: «Salvajes y analfabetos, semejantes a pumas… calzados de botas grasientas de piel de gamo y vestidos con camisas de caza y gorros de piel.» A pesar de todo, fueron ellos quienes detuvieron a los ingleses en Freeman’s Farm en 1777.

Su famoso long-rifle Kentucky (la rotación imprimida a la bala por el rayado del cañón garantizaba la seguridad del tiro hasta 140 m.) procedía de la carabina más pesada, empleada durante mucho tiempo por los inmigrantes alemanes, que la habían introducido mucho antes en América, para la caza y el tiro al blanco. Ligera y graciosa, tenía una caja delgada, un ánima estrecha (calibre 40-45) y un cañón afilado de 5 pies de largo. A pesar del éxito de esta arma, no fue utilizada militarmente durante mucho tiempo.

Republica de Weimar Crisis Final del Primera Guerra Mundial

República de Weimar 
Final del Primera Guerra Mundial

Finalizada la Primera Guerra Mundial con la abdicación, en 1918, del káiser Guillermo II dio lugar a la proclamación en Alemania de la República de Weimar cuya presidencia quedó en manos del socialista Ebert. La vencida Alemania inició la experiencia de un régimen democrático en unas condiciones políticas y económicas muy adversas.   La nueva República, nacida en medio del desastre militar, tuvo que asumir la derrota y aceptar las duras condiciones de paz impuestas por los vencedores en el Tratada de Versalles. Además, la crisis económica y el desorden político radicalizaron las posturas de los alemanes y, poco a poco, los fue conduciendo al nacionalsocialismo.

ALEMANIA Y  LA REPÚBLICA DE WEIMAR
Friedrich EbertLuego de la derrota militar y de la abdicación del emperador Guillermo II, en Alemania se intentó consolidar una república. Las fuerzas policíacas que apoyaban la constitución de una república eran el Partido Socialdemócrata que representaba a los obreros de tendencia reformista, liderado por Friedrich Ebert
(imagen), el Partido Demócrata Alemán y el Partido de Centro Católico, representantes de la burguesía liberal. La república contó también con el apoyo del ejército.

A esta alianzas se opusieron otros sectores obreros de tendencia revolucionaria que organizaron la Liga Espartaquista, que intentaron tomar el poder por medio de una insurrección popular, siguiendo el ejemplo bolchevique, pero fueron derrotados por el ejército.

A los pocos días del fin de la insurrección espartaquista, en febrero de 1919, se reunió una Asamblea constituyente en Weimar, que adoptó la forma republicana de gobierno, con un Presidente —F. Ebert ocupó ese cargo— y un Parlamento bicameral —el Reichstag y el Reichsrat— elegidos por sufragio universal.

Pero la República de Weimar —apoyada por socialdemócratas y burgueses moderados— no logró consolidarse. No contó con el apoyo de los sectores más poderosos de la burguesía industrial cuyos intereses se veían obstaculizados por la presencia en el gobierno de representantes de los obrero5 que impulsaban reformas.

Además, el gobierno republicano se propuso cumplir las obligaciones impuestas a Alemania por los tratados de paz —reparaciones y pérdidas territoriales— aun cuando la mayoría de la población no estaba de acuerdo y se oponía a ello. Entre 1919 y 1923 la crisis se profundizó. El gobierno obtuvo cada vez menos votos y los grandes capitalistas financieros impulsaron una especulación que agravó la crisis económica y la hiperinflación que desestabilizaron definitivamente a la República.

La crisis de la República: La República de Weimar, basada en una Constitución ampliamente democrática, fue incapaz de encontrar el equilibrio necesario para dar estabilidad al régimen. Los primeros años de la nueva República estuvieron marcados por diversos golpes de fuerza que, tanto desde la derecha como desde la izquierda, pretendían acabar con el régimen. En 1919, en Berlín, se produjo la insurrección de los espartaquistas, que tenía como objetivo proclamar un gobierno de consejos obreros que seguiría el modelo soviético. La revuelta fue duramente reprimida y desde entonces la República se ganó la oposición del Partido Comunista Alemán.

Sin embargo, fueron los grupos nacionalistas más radicales los que llevaron a cabo diversas tentativas de golpe de estado con el apoyo de una buena parte del ejército, nostálgico del viejo orden imperial y receloso ante las claudicaciones de Versalles. De este modo, en 1920 un sector del ejército que había sido desmovilizado ocupó Berlín y colocó en el gobierno a un alto funcionario prusiano, Kapp. Rápidamente estalló una huelga general en Berlín y en el Ruhr, que hizo fracasar la insurrección militar. Pocos años después, en 1923, Adolf Hitler protagonizó un putsch en Munich con el apoyo del general Ludendorff, pero fracasó.

La situación económica atravesaba también un momento muy difícil. El endeudamiento de guerra y las fuertes reparaciones que Alemania tenía que pagar a los vencedores originaron un aumento vertiginoso de la inflación, que fue acompañada de una espectacular caída del marco alemán. Los precios y los salarios variaban a lo largo de un mismo día como consecuencia de la inflación y de la pérdida de valor de la moneda. Las personas que vivían de capitales fijos, rentas, alquileres, etc., se arruinaron y una buena parte de las pequeñas empresas tuvieron que cerrar, lo cual provocó una subida de los índices de desempleo.

La crisis llegó a su cenit en 1923, cuando los alemanes no pudieron pagar las deudas de guerra contraídas con Francia y las tropas galas ocuparon el Ruhr como garantía del cobro de las mismas, tal y como se había establecido en Versalles.

Entre 1924 y 1929 Alemania vivió un período de relativa estabilidad, pero la crisis de 1929, y más concretamente la retirada de los créditos americanos, agravaron las dificultades económicas y sumieron a Alemania en uña profunda crisis. En 1932 la producción había disminuido a la mitad con respecto a la de 1929.

El desempleo creció desmesuradamente, se pasó de un millón y medio de parados en 1929 a 6 millones en 1931. Los partidos gobernantes, la llamada Coalición de Weimar (Partido Socialdemócrata Alemán, Centro Católico y Partido Demócrata), fueron perdiendo el apoyo de los asalariados y de la pequeña burguesía empobrecida.

A partir de 1930 los diferentes gobiernos no tenían una mayoría coherente en el Parlamento y se apoyaban en el presidente de la República, que gobernaba por decreto. Se utilizaba con demasiada frecuencia el recurso de disolver el Parlamento y la inestabilidad ministerial (19 gobiernos en trece años) era la prueba de la fragilidad del sistema. El desorden político hacía crecer el deseo de un gobierno fuerte y estable.

Los líderes moderados de la endeble república carecían de experiencia en el ejercicio del poder. Con harta frecuencia entre 1918 y 1933 se agotaban en discusiones sin acertar a promover sus intereses comunes; con demasiada frecuencia colocaban sus órdenes en entredicho ante la fuerza bruta de los Freikorps, el Ejército o los grupos nazis paramilitares; en excesivas ocasiones pactaban con los extremistas, con la esperanza de comprometerlos en la gestión del gobierno. Mas la nueva constitución no podía por sí sola inculcar, de la noche a la mañana, hábitos ciudadanos en un pueblo cuya falta de experiencia democrática no hallaba parangón en ninguno de los países industrializados del mundo. En cualquier otra nación desarrollada, los moderados de Weimar hubieran lucido la etiqueta de conservadores. Sus jueces favorecían constantemente a los exaltados de derechas frente a sus oponentes de izquierdas. Gran número de maestros y profesores continuaban difundiendo las doctrinas de la política del poder y de la superioridad teutónica que contribuyeron, años antes, al estallido de la primera Gran Guerra. Muchos ciudadanos comenzaron a evocar con nostalgia los años de lucha y las glorias marciales, mientras se veían aherrojados a un sórdido presente de estériles rivalidades políticas y caos económico. Brotó por doquier un anhelo incontenible de unidad y disciplina; sus consecuencias, sin embargo, fueron fatales.

Después de años de tentativas infructuosas de solucionar el problema, lleno de carga emocional, de las reparaciones de guerra, la comisión aliada de reparaciones constituyó un equipo internacional de expertos en finanzas para fijar un programa de pagos hasta 1988. El grupo, presidido por el industrial americano Owen Young y con representación alemana por primera vez, diseñó un plan para aliviar la carga de la deuda de la nación derrotada y para estabilizar su sociedad dividida y sus relaciones con el resto del mundo.

El plan Young, presentado en París en junio, contenía las concesiones más favorables a Alemania que se habían hecho hasta el momento: los alemanes ya no deberían hacerse cargo del costo total de la reconstrucción; los pagos anuales se reducirían en un tercio, a unos 407 millones; se aboliría la supervisión aliada de la economía alemana junto a la comisión de reparaciones; se pagaría la deuda a una nueva banca internacional de la que Alemania sería miembro y Alemania podría declarar una moratoria parcial de los pagos durante los recesos económicos.

Los gobiernos estadounidense y alemán apoyaron el plan. Un enviado norteamericano escribió: «Todos los residuos de desconfianza y enemistad que se habían ido sedimentando desde el día del armisticio finalmente se han disuelto». No obstante, tres años después los pagos fueron suspendidos definitivamente.

Síntesis 2° Guerra Mundial

Napoleon Emperador de Francia Principales Hechos (301)

Coronación de Napoleón Emperador de Francia
1804:coronacion de napoleon

La carrera política de Napoleón culminó en su coronación como emperador. En este fastuoso rito de la coronación imperial los contemporáneos percibieron una contradicción: el Imperio era lo opuesto a la República, aunque el artículo 12 de la nueva Constitución afirmaba alegremente: «El Gobierno de la República se confía a un emperador».

Napoleón Bonaparte (1769-1821). Nativo de la isla de Córcega, su padre lo envió a la escuela militar de Francia, de suerte que el muchacho entró al servicio de la nación francesa a la edad de 16 años. La Revolución Francesa de 1789 llegó en el momento oportuno para este inteligente y joven oficial, puesto que casi todas las coronas europeas declararon la guerra al gobierno revolucionario de Paris.

Napoleón logró importantes victorias, llegó a ser general, y se unió en 1799 al grupo de conspiradores que dieron el golpe de estado (coup d’état), debido la heterogénea oposición a su gobierno que desmanteló mediante drásticas represiones a derecha e izquierda, a raíz de fallidos atentados contra su persona.

Cuando Napoleón se convirtió en cónsul en 1799, Francia estaba en guerra con una segunda coalición europea, formada por Rusia, Gran Bretaña y Austria. Napoleón, entonces, se percató de la necesidad de una pausa. Observó lo siguiente al hablar con un diplomático prusiano: «La Revolución Francesa no habrá terminado mientras exista el azote de la guerra… Yo deseo la paz, tanto para asentar y dar solidez al actual gobierno francés, como para salvar al mundo del caos».

La paz que buscaba se firmó en Amiens en marzo de 1802, dejando a Francia con fronteras nuevas y diversos territorios clientes desde el Mar del Norte hasta el Adriático. Sin embargo, la paz no duró porque tanto los británicos como los franceses la veían como algo temporal y abrigaban escasas intenciones de atenerse a sus términos. La guerra se reinició, en 1803, con Gran Bretaña, a la que pronto se adhirieron Austria, Rusia y Prusia en la Tercera Coalición.

En una serie de batallas en Ulm, Austerlitz, Jena y Eylau, entre 1805 y 1807, el Gran Ejército de Napoleón derrotó a los miembros continentales de la coalición, lo cual le dio la oportunidad de crear un nuevo orden europeo.

Consultado el pueblo francés mediante un plebiscito, la Constitución del año XII (1804) convierte a Napoleón en emperador de Francia, regula la transmisión del título por herencia y la regencia en casos de ausencia, le otorga una nómina de 25 millones de francos y reduce los poderes de las asambleas al tiempo que aumenta los del emperador.

Pero la visión de Napoleón no se circunscribe a las fronteras de Francia; sueña con hacer de París la capital del mundo y unir a Europa entera en una constelación de Estados. «Europa es una provincia del mundo y una guerra entre los europeos es una guerra civil», dice en alguna ocasión. Y en Santa Elena: «uno de mis más grandes pensamientos fue la aglomeración de los mismos pueblos geográficos que han disuelto, despedazado, las revoluciones y la política». Al servicio de esta idea unitaria pondrá su genio militar.

LA CORONACIÓN: El corolario de este proceso fue el ofrecimiento que le hizo el Senado al día siguiente de la corona imperial. La ceremonia de coronación se llevó a cabo el 2 de diciembre en Notre Dame, con la asistencia del papa Pío VII, aunque Napoleón se ciñó la corona a sí mismo y después la impuso a Josefina; el pontífice se limitó a pedir que celebrasen un matrimonio religioso, en un sencillo acto que se ocultó celosamente al público. Una nueva Constitución el mismo año afirmó aún más su autoridad omnímoda.

Así surgió como líder único de Francia y conquistador de los países vecinos hasta cerca de 1807, y gobernó el mayor imperio europeo desde los romanos. Sus reformas mejoraron la educación, la banca y el sistema legal (muchos países basan todavía sus leyes en el Código Napoleónico). Su esposa Josefina no le dio herederos, así que la repudió y desposó a María Luisa, una princesa austriaca. Cuando su hijo nació, el emperador nombró al bebé Rey de Roma.

UN BREVE RESUMEN DE LA ERA NAPOLEÓNICA
La Europa Napoleónica

Las colonias americanas se habían independizado de Inglaterra en 1783 con la ayuda de Francia, que quería vengarse de la perdida de muchos de sus territorios americanos a manos de los británicos en 1763. Pero la Revolución Americana inspiró al pueblo francés para buscar su propia libertad y, en 1789, también estalló la revolución en Francia.

Los demás reinos de Europa pronto se sintieron amenazados por la Revolución Francesa, y en 1793 formaron una alianza para luchar contra Francia. Pero esta nación contaba con un ejército de más de 750.000 hombres -el mayor de Europa- y en 1797 ya había derrotado a todos sus enemigos, excepto a Gran Bretaña.

El 2 de diciembre de 1804, Napoleón se coronó a sí mismo emperador. Un año después estalló la guerra: el Tratado de Amiens, que había puesto fin a la lucha contra Inglaterra, había sido de efímera duración.

En 1805, los franceses reemprendieron el combate. Pero fueron derrotados en Trafalgar por la nota inglesa al mando de Nelson. Si Napoleón no obtuvo éxito en el mar, en tierra sus victorias fueron rotundas. Conquistó Europa gracias a una sucesión de guerras de coalición,coronadas todas por una victoria francesa (Ulm, Austerlitz, Jena, Eylau, Friedland). Los tratados de paz que ponían fin a estas guerras modificaron profundamente el equilibrio europeo.

En 1807, Napoleón firmó, cerca de Tilsit, un tratado con Alejandro, zar de Rusia. Entonces proclamó en Milán y Berlín el bloqueo continental, con el que esperaba arruinar el poder económico de Inglaterra. Como consecuencia, estallaron nuevas guerras, especialmente con Portugal y España, acusadas de no aplicar el bloqueo.

Cuando, en junio de 1808, Napoleón impuso a su hermano José Bonaparte en el trono de España, el pueblo español se alzó en armas. Comenzó así la guerra de Independencia española, que sería una de las causas fundamentales de la caída de Napoleón. Durante su gobierno reorganizó las leyes, la administración, la enseñanza y la economía de Francia.

Su ejército era invencible y, en 1812 , había conquistado la mayor parte de Europa. Pero sus intentos de dominar España encontraron gran resistencia; además, en 1812 invadió Rusia sin demasiado éxito y su ejército sufrió grandes perdidas al retirarse de Moscú en pleno invierno.A partir de ahí comenzó el retroceso del Imperio de Napoleón , que fue finalmente derrotado en Waterloo (1815) por los ingleses y sus aliados. Entonces fue condenado al destierro en una pequeña isla del Sur del Atlántico, Santa Elena, donde murió en 1821

En 1809, el poder de Napoleón había alcanzado su máximo apogeo. Ese mismo año hizo anular su matrimonio con Josefina de Beauharnais, que no le había dado hijos. En 1810 se casó con la joven archiduquesa de Austria María Luisa, que al año siguiente le dio un hijo, el rey de Roma.

Esta alegría familiar coincidiría con la decadencia de su prestigio militar y político. Los pueblos habían empezado a dar muestras de su enojo bajo el yugo de Francia. Las dificultades se agravaron con la guerra de Rusia (1812). Moscú, que había sido ocupada por el ejército francés, fue incendiada por sus propios habitantes. Napoleón tuvo que huir.

A partir de este momento, el ejército francés cosechó derrota tras derrota. En 1813, la batalla de las Naciones puso fin a la hegemonía de Napoleón en Alemania. En 1814 tuvo que enfrentarse a los enemigos que entonces invadían la misma Francia, y, por último, cuando París fue ocupado, el emperador abandonó la lucha. En Fontainebleau abdicó en favor de su hijo. Sin embargo, a él se le concedió la soberanía de la isla de Elba y conservó el título de emperador.

Se ha dicho que el poderío naval de los ingleses y el tesón de los españoles fue la barrera más grave que se opuso a sus ambiciones.

En Francia se volvió a establecer la realeza, pero durante el reinado de Luis XVIII el país no tardó en sumirse en un caos.

Al enterarse, Napoleón desembarcó en Golfo-Juan el 1 de marzo de 1815. Las tropas al mando del mariscal Ney tenían que enfrentarse al emperador, pero en lugar de hacerlo, se aliaron a él y lo llevaron a París. Sin embargo, el 18 de junio fue definitivamente derrotado en Waterloo, cerca de Bruselas.

Napoleón fue desterrado a la isla de Santa Elena, donde murió en 1821. En 1840 sus restos fueron trasladados a Francia e inhumados en los Inválidos.

 

Biografía de Bismarck Otto Ideologia y Obra Política Militar

Biografía de Bismarck Otto Ideología y Obra

Bismarck, Otto von. Estadista alemán, nacido en Schonhausen en 1815. Se le ha llamado el «Canciller de Hierro». Fue embajador en Rusia y en la corte de Napoleón III, y primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores.

Luchó por la unificación alemana y la destrucción de la hegemonía de Francia en Europa. Por el armisticio de Versalles (febrero de 1871) y la Paz de Francfort (mayo), Bismarck consiguió para Alemania la devolución de la provincia de Alsacia y parte de la Lorena, con Metz.

El 18 de enero de 1871 el rey Guillermo I de Prusia fue coronado en Versalles emperador de Alemania y a Bismarck se le nombró Reich alemán y príncipe. En 1890 fue relevado de su cargo por Guillermo II. Al final de su vida predijo la I Guerra Mundial y el triste destino de Alemania.

Bismarck Otto Canciller Aleman

A mediados del siglo XIX, Alemania es un conglomerado de reinos y principados independientes. Algunos, como Prusia, disponen de un ejército poderoso, pero otros son débiles y uiuen bajo la amenaza de sus vecinos.

En 1862, un político prusiano accede a la cancillería de su país y se propone conuertir Alemania en una gran nación unificada.E

Otto von Bismarck, uno de los gobernantes más influyentes del siglo XIX, conocido como el «Canciller de hierro».

Nacido en 1815, expuso por primera vez en el parlamento de Prusia, en 1847, su propósito de unificar a todos los pueblos alemanes. Y durante los años siguientes, su política, acorde con los designios del rey Guillermo I, se orientó a conseguir este objetivo.

En 1862, el monarca lo nombró canciller con el fin de doblegar al parlamento, que se oponía a conceder los créditos para el fortalecimiento del ejército.

Bismarck arrolló a sus adversarios políticos y Prusia se dotó de un ejército de 300000 hombres, que sería la punta de lanza de la unificación alemana.

Bismarck maniobró para que Francia le declarara la guerra en julio de 1870. El ejército alemán, más numeroso y mejor preparado, tomó la iniciativa desde el principio.

Los franceses, con Napoleón III al frente, fueron derrotados y el emperador hecho prisionero.

Francia proclamó la república e intentó proseguir la lucha.

Pero las derrotas se sucedieron y, en enero de 1871, el gobierno provisional, que hubo de hacer frente a un levantamiento revolucionario en París, solicitó un armisticio. Con la firma del tratado de Versalles, Francia perdió Alsacia y Lorena.

SU BIOGRAFÍA Y LOGROS POLITICOS-MILITARES

SU VIDA: Otón de Bismarck, príncipe de Schónhausen, nació en esa localidad el 1° de abril de 1815, de una familia de antigua alcurnia.

En 1816 la familia Bismarck se trasladó a Pomerania, en Kniephof, donde había heredado una extensísima colonia agrícola.

En esa amplia casa de campo, Otón creció libre y fuerte.

El padre, culto y amante del vivir apacible, pasaba su tiempo en sus lecturas preferidas.

La madre gustaba de las fiestas, del esplendor de la vida de las cortes, y era en un todo opuesta a su marido.

BisBiografía de Bismark Otto marck sintió siempre hacia su madre una especie de aversión y, ya adulto, le reprochó su despreocupación por la educación de los hijos. Otón creció muy semejante a su padre en el carácter; de la madre heredó su aguda inteligencia y un inquieto deseo de poder y de dominio.

Esta ambición de poderío y su voluntad tenaz harían de Bismarck el hombre fuerte que tendría en sus manos la política europea durante casi treinta años: llevaría a la pequeña Prusia a dominar sobre todos los Estados germánicos y a transformarla en el poderoso Imperio alemán.

DE DIPUTADO A MINISTRO: La vida de Otón de Bismarck se identifica en buena parte con la creación del Imperio germánico. Su actividad política se inició en 1847 en el momento en que se reunían en Berlín las ocho Dietas (parlamentos) de los Estados alemanes para discutir un común estatuto.

En ese entonces, Alemania era aún una nación dividida en muchos pequeños Estados independientes. Bismarck buscó el modo de poder participar en la Dieta y, en efecto, lo consiguió.

Sus primeros discursos políticos tuvieron el mismo efecto que sus intervenciones juveniles en las discusiones de estudiante.

El principio de la vida política de Bismarck coincidió con el comienzo de su serena vida conyugal. Se casó en 1847 con Juana Puttkammer.

Otón de Bismarck en 1851 fue promovido a embajador y, finalmente, presidente del Consejo y ministro de Relaciones Exteriores en 1862.

Ahora podría «gobernar». En verdad, por encima de él estaba todavía un superior, el rey, y el espíritu prusiano de Bismarck respetaba la autoridad.

Y por otra parte, él sabía influir sobre el rey con una astucia consumada: las decisiones que el rey tomaba eran las que Bismarck juzgaba oportunas.

Su lucha más difícil fue la que hubo de sostener cotidianamente con los ministros, embajadores y con la misma reina Augusta, que le opuso la mayor hostilidad. No existió quizás ningún hombre político que haya tenido que combatir tanto como Bismarck el odio y la incomprensión de sus conciudadanos.

Con frecuencia tuvo encuentros dramáticos con el mismo rey Guillermo; si éste no cedía, el ministro le ofrecía su renuncia y entonces el rey, espantado, prontamente se retractaba y deponía su actitud.

Bismarck, además, sabía ser, no obstante su natural impulsividad, un hábil diplomático. Maniobraba de un modo que cada uno llegaba a conocer, de su política y de las conversaciones mantenidas con los ministros y con los reyes extranjeros, sólo aquello que cada cual estaba en condiciones de comprender y de justipreciar.

LA POLÍTICA DE BISMARCK
Después de haber conseguido la anexión de algunos Estados germánicos a Prusia, Bismarck preparó la guerra contra Austria: el Estado que quería disputar a Prusia la supremacía en Alemania.

Mientras Prusia se aliaba con Italia, Bismarck obtuvo la neutralidad de parte de Napoleón III.

La guerra victoriosa contra Austria culminó en Sadowa (1866). Prusia salió de la guerra engrandecida, y llegó a la presidencia de la Confederación del Norte, que fue la unión de los Estados germánicos del norte, proyectada por Bismarck.

Una segunda obra maestra del arte diplomático y político de Bismarck se puso de relieve en la guerra con Francia (1870), en la cual ésta quedó batida por el ejército prusiano y obligada a pedir, después de Se-dán, una paz que los prusianos hicieron terrible.

En la mente de Guillermo I, rey de Prusia en 1861, y de su brazo derecho Bismarck, nació el proyecto de unificación de Alemania. Con una seguridad totalmente prusiana, llevaron a cabo su plan en un espacio de seis años. Para empezar eliminaron a Austria, después a los Estados alemanes aislados, y por último, en 1870, vencieron a Francia. El rey Guillermo fue proclamado emperador en el año 1871.

Después de esta victoria, todos los Estados germánicos se unieron en una única confederación encabezada por Prusia. Guillermo I fue reconocido emperador y Bismarck confirmado como jefe del gobierno, con el nombre de Canciller del Imperio.

En marzo de 1888 murió, ya nonagenario, el emperador Guillermo I y le sucedió su hijo Federico III; pocos meses después éste murió y subió al trono Guillermo II, influido por tendencias liberales.

Entre los dos grandes hombres, el emperador y el ministro, se inició muy pronto una vivísima hostilidad.

En 1890 Bismarck presentó su dimisión y esta vez fue por cierto aceptada. El gran estadista se retiró entonces, irritado, a sus posesiones de Friedrichsruh, donde murió en julio de 1898.

Desde su retiro censuró continuamente, por medio de la prensa, la obra de sus sucesores. Y al que le echaba en cara su obstinada crítica, respondía: «Quizás no se comprenda o no se quiera comprender que el móvil de tales críticas de ningún modo es el rencor, la venganza y mucho menos la tentativa de reconquistar el poder, sino la gravísima preocupación, que hasta me quita el sueño, por la suerte del Imperio.»

Aquel Imperio que su férrea mano había erigido en 1870 y que ya veía en peligro.

PARA SABER MAS…

El punto de partida de las políticas de Bismarck fue la reforma del ejército prusiano. El ejército reformado le sirvió para alcanzar dos objetivos:

• crear un estado nacional alemán unificado, en el que la aristocracia prusiana -núcleo dirigente del nuevo estado- ocupara una posición dominante;

• imponer un sistema de equilibrio militar entre las potencias europeas, que inhibiera cualquier intento de guerra.
La unificación y modernización del estado alemán

Con ese poderoso ejército, entre 1863 y 1870, Bismarck sometió la resistencia interna de los estados alemanes y disputó territorios a Dinamarca, Austria y Francia. En 1870, Prusia entró en guerra con Francia y, en un plazo muy breve, la derrotó y anexe los territorios franceses de Alsacia-Lorena.

Como resultado de esta política, Bismarck logró consolidar la unidad nacional. En 1871 fue proclamado el Reich (imperio alemán, una confederación integrada por veinticinco estados, cuya cabeza era el Kaiser (emperador) y cuyo núcleo administrativo y económico era el reino de Prusia. Para que el Reich funcionara como un estado unificado, Bismarck lo dotó de una administración central fuerte y burocratizada. Su intención era terminar con todas las tendencias a la dispersión y a la autonomía de los antiguos estados alemanes.

La constitución del Imperio alemán tuvo características ambiguas. Por un lado, reconocía el derecho de sufragio secreto y universal masculino (es decir, para todos los ciudadanos varones): era el sufragio más amplio de toda Europa. Por otro lado, los ciudadanos sólo votaban para elegir representantes al Reichstag (Parlamento). Y ese Reichstag tenía atribuciones restringidas: ni el Kaiser ni el canciller estaban sometidos a sus decisiones, aunque las leyes debían tener aprobación parlamentaria. El ejercite sólo debía lealtad al Kaiser, y dependía exclusivamente de él.

La política de unificación alemana se completó con un conjunto de medidas administrativas, económicas y sociales:

• para alcanzar un mercado interno nacional, creó un sistema de pesas y medidas único y una moneda nacional;

• para unificar el Poder Judicial, reformó la organización de la justicia y reordenó la jurisprudencia de los diferentes estados;

• para proteger la producción agrícola e industrial del Reich, promulgó leyes que arancelaban las importaciones.

Un conjunto de leyes sociales -seguros de enfermedad (1883), de accidentes (1884), de vejez y de invalidez (1889)- fueron sancionadas para proteger a los trabajadores de un imperio que marchaba a convertirse en la mayor potencia industrial de Europa.

LOS PLANES DEL CANCILLER DE HIERRO: El deliberado y constante deseo de Bismarck de acabar de una vez por todas con Austria le llevó a promover una segunda guerra. Esta vez concluyó una alianza conlos italianos, que también eran enemigos declarados del emperador Francisco José de Habsburgo.

Por su parte, Austria se alió a todos los rivales de Prusia en Alemania: Hannóver, Sajonia, Baviera, Würtemberg y Badén que, además, ocupaban Francfort. En el frente de Venecia, Austria se impuso a Italia.

Entonces Austria recurrió a Napoleón III, que había dado por descontada la victoria de Austria y una guerra de larga duración.

El Tratado de Praga (1866) puso fin a la Confederación alemana, que estaba bajo la hegemonía de Austria, y fue reemplazada por la Confederación de Alemania del Norte, erigida bajo la dirección de Prusia. Al mismo tiempo se concluyó una alianza defensiva con los Estados alemanes del sur: Baviera, Badén y Würtemberg se comprometieron a luchar al lado de Prusia en caso de agresión por parte de Francia. Por otra parte, la misma Prusia extendía su poder anexionándose Hannóver, el Hesse electoral, el Hesse-Nassau y Francfort. Se había trastornado el predominio austríaco sobre los Estados alemanes.

Las exigencias de Prusia se moderaron relativamente, por dos motivos: Napoleón III empezaba a mostrar una actitud amenazadora, y Bismarck no quería que se eternizara la enemistad con Austria.

En realidad, Bismarck deseaba la guerra tanto como Napoleón III, pero supo lograr que Francia iniciara el ataque. El pretexto fue la candidatura de un príncipe de Hohenzollern al trono de España: Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen, emparentado con Napoleón III, pero ante todo prusiano.

Como era de esperar, Francia se opuso a esta candidatura, con la que se habría visto cercada por países sometidos a la misma dinastía. Leopoldo tuvo que renunciar. Sin embargo, Napoleón III envió a un embajador a Bad Ems, en el Rin, para que se entrevistara con Guillermo I y le pidiera que la renuncia de Leopoldo fuera definitiva.

Guillermo I mandó un mensaje a Bismarck informándole de lo ocurrido. Bismarck manipuló de tal forma esta famosa «comunicación oficial de Ems» que la hizo injuriosa tanto para Francia como para Prusia. Bismarck había previsto que esta información causaría «el mismo efecto que un trapo rojo sobre un toro galo».

En efecto, el Gobierno francés movilizó a sus tropas y el 19 de julio declaró la guerra a Prusia. Los ejércitos alemanes obtuvieron una serie de brillantes victorias. Napoleón fue hecho prisionero, y abdicó. Los alemanes ocuparon París.

Francia tuvo que ceder Alsacia y Lorena y se vio obligada a pagar una importante indemnización de guerra. El 18 de enero de 1871, el rey de Prusia Guillermo I fue proclamado emperador de Alemania en la galería de los Espejos del Palacio de Versalles.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Volumen VII CODEX
Historia 3 El Mundo Contemporáneo Santillana
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial CREDSA El Canciller de Hierro

El Imperialismo Moderno La Expansión Capitalista Mundial

El Imperialismo Moderno – La Expansión Capitalista

La palabra imperialismo se utiliza frecuentemente para explicar la expansión territorial y el sometimiento por la fuerza que ejerce un pueblo poderoso sobre otro más débil. En este sentido, se puede hablar de imperialismo para referirse tanto a la expansión de los antiguos egipcios como a la persa o a la romana del siglo I d.C.

Sin embargo, a principios del siglo XX, el término imperialismo adquirió un significado más preciso. Algunos pensadores comenzaron a utilizarlo para explicar el proceso de expansión que en ese momento estaban protagonizando las potencias capitalistas El imperialismo no se refirió entonces a cualquier expansión, sino a una expansión particular.

El primero en intentar una definición teórica del imperialismo fue el economista liberal inglés John A. Hobson. En su obra Imperialismo, un estudio (1902), analizó la expansión colonial europea sobre África. Advirtió que en las metrópolis había un exceso de capitales y esto hacía que no hubiera inversiones rentables.

Para poder seguir obteniendo altas ganancias, los capitalistas buscaban invertir sus capitales en los mercados ultramarinos. Por ello es que los grandes inversores de los países industrializados presionaban a sus gobiernos para que éstos emprendieran una intervención política y militar en Africa. El estudio de Hobson puso entonces el acento en que el imperialismo era una expansión colonial que obedecía a la necesidad económica de los países industrializados.

Tomando como punto de partida la obra de Hobson, los revolucionarios marxistas  Lenin y Rosa Luxemburgo expusieron el punto de vista socialista para explicar el fenómeno del imperialismo.

En su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916), Lenin sostuvo que el desarrollo del capitalismo lleva inevitablemente a una fase superior —la etapa imperialista—, cuyos rasgos principales son: la concentración de la producción y el surgimiento de los monopolios; la unión del capital bancario e industrial, que origina el capital financiero; la exportación de capitales; la asociación de monopolios internacionales que se reparten el mundo; el reparto territorial de todo el mundo por parte de las potencias europeas.

Lenin pensaba que la expansión de los monopolios y de las potencias imperialistas llevaría inevitablemente a un conflicto internacional, debido a que los capitalistas estaban obligados a buscar nuevos mercados. Cuando todos los mercados ya estuvieran repartidos la guerra sería inevitable.

Al mismo tiempo que Lenin y otros pensadores socialistas criticaban los efectos de la expansión imperialista, algunos dirigentes políticos de la época, como los ingleses Ceci Rhodes y Joseph Chomberlain o el norteamericano Theodor Roosevelt, la defendieron. La creían necesaria para garantizar la seguridad económica de sus naciones.

Muchos intelectuales británicos de la época ayudaron a difundir el ideal imperialista. Lord Rosebety afirmó en 1893: “Somos responsables de que el mundo, en la medida en que aún está por moldear, reciba un carácter anglosajón y no otro. El poeta Rudyard Kipling, por su parte, expuso la doctrina de la “responsabilidad del hombre blanco’. Creía que era un deber de las naciones blancas transmitir los logros de la civilización europea a los pueblos atrasados…

Teodoro RoosveltTheodor Roosevelt y el Gran Garrote. Theodor Roosevelt (1858-1919) El  presidente de los Estados Unidos en los primeros años del siglo XX. Su agresiva política exterior fine conocida con el nombre de Big Stick (Gran Garrote). En un discurso pronunciado en 1899, siendo aún vicepresidente, expresó: “El desarrollo de la paz entre las naciones está confinado estrictamente a aquellas que son civilizadas. Con una nación bárbara la paz es condición excepcional. En los confines entre la civilización y la barbarie, la guerra es generalmente normal.

Que los bárbaros sean el indio rojo en la frontera de los Estados Unidos, el afgano en los confines de la India Británica o el turcomano quien limita con el cosaco de Siberia, el resultado es el mismo. A la larga, el hombre civilizado encuentra que no puede conservar la paz más que subyugando a su vecino bárbaro, pues el bárbaro no cederá más que ante la fuerza […]. Toda expansión de civilización trabaja para la paz. En otros términos, toda expansión de una potencia civilizada significa una victoria para la ley, el orden y la justicia.  (…) En todos los casos la expansión ha sido un provecho, no tanto para la potencia que se beneficia nominalmente como para el mundo entero.”

Con base en la doctrina Monroe, el presidente Theodoro Roosevelt proclamó el derecho de Estados Unidos para ayudar a cualquier nación latinoamericana amenazada por intervención, así como para fomentar gobiernos políticamente estables.

Durante su mandato (1901-1908) impuso su visión de la doctrina mencionada por los medios más duros: la política del «gran garrote» (big stick), que se tradujo en presiones para con los gobiernos latinoamericanos, pérdida de soberanía, intervenciones militares, expansión de los monopolios y explotación de los recursos naturales.

Las tropas estadounidenses permanecieron en Santo Domingo de 1904 a 1924; Cuba estuvo ocupada militarmente de 1906 a 1909; Nicaragua experimentó la invasión militar entre 1909 y 1912; Honduras de 1910 a 1912; Guatemala sufrió las presiones comerciales de la United Fruit Company en 1905; y Haití vivió el desembarco de las tropas estadounidenses en 1914.

Las administraciones de Roosevelt, Taft y Wilson expresaron el reforzamiento de la hegemonía estadounidense en América Latina, en particular en la zona centroamericana y caribeña, en el rubro de la explotación agrícola (azúcar, café y plátano).

Los grandes monopolios como la United Fruit Company, la Santo Domingo Improvement o la American Sugar Refinial estuvieron presentes en las naciones centroamericanas: la economía de enclave se desarrolló en forma especial en el sector bananero, con lo cual las economías locales dejaron de percibir importantes ingresos.

Una gran infraestructura, ferrocarriles, puertos, etcétera, surgió como consecuencia de la necesidad de transportar los productos agrícolas al mercado estadounidense.

Ver: Los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

Colonialismo o Imperialismo Alemán Otto Bismarck Reparto de África

Colonialismo o Imperialismo Alemán

La unificación de Alemania y las políticas impulsadas por su primer ministro Otto von Bismarck dieron lugar a un equilibrio armado entre las potencias europeas. Otto von Bismarck y la unidad alemana Otto von Bismarck fue el estadista que mejor representó la ideología autoritaria en la política europea entre 1860 y 1890.

En 1862, el rey Guillermo I de Prusia lo designó canciller (función equivalente a la de primer ministro). Al asumir, Bismarck comunicó al Parlamento prusiano: «Las grandes cuestiones de la época no se resuelven con discursos y mayoría en las votaciones -ese fue el error de 1848 y 1849- sino con sangre y hierro».

Colonialismo o Imperialismo Aleman Otto BismarkEl gobierno presidido por Bismarck (foto) tardó en ser consciente de la importancia económica de las colonias, y sólo a partir de 1882 se fundaron las primeras sociedades alemanas para el comercio con África.

Aprovechando la hegemonía militar que tenía el segundo imperio en Europa, Bismarck convocó en Berlín, en 1884, una conferencia de naciones europeas para proceder al reparto de los territorios africanos.

Se trataba de justificar el reparto por una supuesta “misión civilizadora” de los europeos. No obstante, prueba de las motivaciones económicas que lo impulsaban sería que la mayoría de los asistentes representaban a las naciones que carecían de colonias y que tenían menor desarrollo económico, para garantizar la comercialización de sus productos en África.

En esta conferencia se acordó la concesión del Congo —hoy Zaire— a Leopoldo II de Bélgica, quien administraría este territorio de más de dos millones de kilómetros cuadrados como una finca privada.

Alemania, gracias a diferentes tratados diplomáticos, estableció durante 1884 y 1885 protectorados en África del suroeste —Namibia—, Camerún, Togo, diversas islas del Pacífico y la llamada África oriental alemana —Tanzania—, que constituirían su imperio colonial, el cual completó en 1899 con la compra a España de algunas islas del Pacífico —Marianas, Carolinas y Paláu—, además de ocupar por la fuerza la ciudad china de Tsingtao, que le permitió estar presente en el gran mercado de este país.

Las aspiraciones alemanas sobre Marruecos fracasaron en la conferencia de Algeciras, porque los británicos, recelosos del rearme alemán, prestaron su apoyo a Francia. Una nueva tentativa de incidir en Marruecos en 1911 se solucionó al comprarles los franceses sus derechos sobre ese país, a cambio de la ampliación de la colonia del Camerún sobre el África ecuatorial francesa.

Guillermo I: Rey de Prusia y emperador de Alemania, nacido en Berlín en 1797. Hijo de Federico Guillermo III de Prusia, participó en las campañas contra Napoleón y por su valor recibió a los 17 años la Cruz de Hierro. Se ganó la repulsa popular por la represión brutal ejercida en el levantamiento de 1848, y a causa de ello se vio obligado a buscar refugio en Inglaterra.

Guillermo I de Prusia

Guillermo I de Prusia

En enero de 1861 ocupó el trono de Prusia y un año después puso a Bismarck al mando del Gobierno. Las relaciones amistosas con Austria se rompieron a causa de la cuestión Schleswig-Holstein, y en 1866 se inició la guerra austroprusiana. A su término, Prusia ostentaba la hegemonía en Alemania. En 1870 Guillermo entró en una nueva guerra, esta vez con Francia, de la que nuevamente salió victorioso. El 18 di-enero de 1871 fue coronado emperador en el palacio de Versalles. Falleció en 1888.

EL REPARTO DE ÁFRICA: África, un continente nuevo y lleno de riquezas, se ofrecía a la colonización europea. En Berlín se reunió la conferencia mundial que sancionó su situación colonial; comenta los términos y las ideas-fuerza que determinan la colonización y que se reflejan en el acta.

Capítulo I: Declaración relativa a la libertad de comercio en la cuenca del Congo, sus desembocaduras y países circunvecinos.

Art. 1: El comercio de todas las naciones gozará de una completa libertad: 1) En todos los territorios que integran la cuenca del Congo y de sus afluentes (…). Comprende, en consecuencia, todos los territorios drenados por el Congo y por sus afluentes, incluidos el lago Tanganica y sus tributarios orientales. 2) En la zona que se extiende al este de la cuenca del Congo, tal y como ésta queda delimitada más arriba, hasta el Océano índico (…) hasta la desembocadura del Zambeze.

Art. 2: Todos los pabellones, sin distinción de nacionalidad, tendrán libre acceso a todo el litoral de los territorios arriba enumerados, a los ríos que tengan su desembocadura sobre el mismo, a todas las aguas del Congo y de sus afluentes incluyendo los lagos, a todos los puertos situados a orillas de estas aguas (…). Todos los pabellones, sin distinción, podrán llevar a cabo toda clase de transportes y ejercer el cabotaje marítimo y fluvial, así como el barcaje.

Capítulo II: Disposiciones relativas a la protección de los indígenas, de los misioneros y de los viajeros, y la libertad religiosa.

Art. 6: Toda las potencias que ejerzan derechos de soberanía o influencia en los mencionados territorios se comprometen a velar por la conservación de las poblaciones indígenas y por la mejora de sus condiciones morales y materiales de existencia, así como a contribuir a la supresión de la esclavitud y sobre todo a la de la trata de negros.

Las potencias indicadas protegerán y favorecerán, sin distinción de nacionalidades ni de cultos, todas las instituciones y empresas religiosas, científicas o de caridad, creadas y organizadas para estos fines o encaminadas a instruir a los indígenas y a hacerles comprender y apreciar las ventajas de la civilización. Los misioneros cristianos, los sabios y los explotadores, así como sus escoltas, bienes y colecciones serán igualmente objeto de una protección especial. La libertad de conciencia y tolerancia religiosa quedan expresamente garantizadas, tanto a los indígenas como a los nacionales y a los extranjeros.

Capítulo III: Declaración relativa a la neutralidad de los territorios comprendidos en la cuenca convencional del Congo.

Art. 12: En caso de que surgiera un disentimiento grave entre las potencias firmantes de la presente acta o potencias que en lo sucesivo prestasen su adhesión a la misma, con motivo o dentro de los límites de los territorios mencionados en el art. 1 y colocados en régimen de libertad comercial, tales potencias se comprometen a recurrir a la mediación de una o varias potencias amigas antes de recurrir a las armas. Las mismas potencias se reservan, en el caso apuntado, la facultad de recurrir al procedimiento del arbitraje.

Capítulo IV: Acta de Navegación del Congo

Art. 13: La navegación del Congo, sin exceptuar ninguna de sus ramificaciones ni salidas, es y permanecerá enteramente libre para los buques mercantes cargados o en lastre de todas las naciones, tanto para el transporte de mercancías como para el de viajeros. Dicha navegación deberá conformarse a las disposiciones de la presente acta de navegación así como a los reglamentos que se establezcan en ejecución de la misma. En el ejercicio de esta navegación, los súbditos y los pabellones de todas las naciones serán tratados a todos los respecto, en pie de absoluta igualdad (…) Estas disposiciones son reconocidas por las potencias firmantes como parte , para lo sucesivo , del derecho público internacional.

La «Paz Armada»
Durante casi veinte años el equilibrio europeo descansó en la amenaza que significaba el poderoso ejército alemán. Inglaterra -concentrada en el desarrollo de su prosperidad económica, en la expansión imperial y en una concertación política entre liberales y conservadores- optó por aislarse de los problemas europeos. A la inversa, para Bismarck era prioritario el desarrollo industrial de Alemania antes que la disputa por territorios coloniales en Asia y África. Por lo tanto, se mantuvo al margen de la disputa que mantenían las potencias europeas por ampliar sus colonias y su influencia en el mercado mundial.

Hacia fines de siglo, quedaron planteados tres problemas que llevarían al estallido de la Primera Guerra Mundial:

• Desde la guerra franco-prusiana (1870), el nacionalismo francés reivindicó sus derechos sobre los territorios de Alsacia y Lorena anexados por Alemania.

• El equilibrio basado en el ejército obligó a todas las potencias europeas a ingresar en una «carrera de los armamentos» que garantizara tanto su defensa interna como su expansión imperialista.

• La llegada al trono de un nuevo Kaiser, Guillermo II, modificó la política exterior de Alemania, que se lanzó a disputar su participación en el mercado mundial y su presencia en territorios coloniales. Esta estrategia provocó la caída de Bismarck en 1890.

Otro Autores:

«La Constitución de la Alemania imperial de la década de 1870 incluía una asamblea representativa elegida por sufragio universal masculino, voto secreto, igualdad civil, un código legal uniforme, un sistema monetario único, educación secular y un comercio interior completamente libre.[…] El cuerpo de oficiales [del ejército prusiano], que naturalmente constituía el núcleo fundamental del aparato militar del imperio, no era responsable ante el canciller, sino que juraba lealtad directamente al emperador, que lo controlaba personalmente a través de su casa militar. Los rangos superiores de su burocracia (prusiana) […] se convirtieron en las décadas posteriores a 1870 en un santuario aristocrático […]. El canciller imperial no era responsable ante el Reichstag […] aunque los presupuestos y las leyes tenían que ser aprobados por el Reichstag.»

Perry Anderson.
El Estado absolutista.
Madrid, Siglo XXI, 1979.

«Hacia 1890 Europa vivía en la incertidumbre. La guerra, aunque improbable, parecía posible,  todos los Estados tenían en cuenta en sus cálculos esta eventualidad. Bismarck había dejado gravitar esa amenaza porque servía a sus fines. Además, existían en potencia innumerables conflictos. Francia y Alemania no podían reconciliarse a causa de Alsacia-Lorena. Francia e Italia se habían ensarzado en una verdadera guerra aduanera. Francia e Inglaterra, implicadas en la gran política colonial, parecían dispuestas a entenderse y firmaban en 1890 un importante acuerdo para repartirse el valle del Níger. Pero eran de temer nuevas fricciones. En 1887, Rusia e Inglaterra estuvieron al borde de la guerra a causa del Asia Central y de las fronteras de la India. Finalmente, se vislumbraba en el horizonte el nacimiento de una nueva potencia: Japón.»

Jean Baptiste Duroselle.
Europa de 1815 a nuestros días. Vida política y
relaciones Internacionales.
Barcelona, Labor, 1974.

La Armada Invencible Batalla Naval España Inglaterra Felipe II Isabel I

La Armada Invencible: Batalla Naval España e Inglaterra – Felipe II e Isabel I

La Armada Invencible Fue la fuerza naval más grande de la Historia, y el rey Felipe II de España la formó para deponer a la reina Isabel I del trono de Inglaterra y recuperar su reino para el catolicismo. La Armada, contaba con  130 buques, con 8.000 marinos y 2.000 remeros, y más 19.000 hombres de guerra, zarpó de Lisboa; pero sus barcos, a propósito para la ruta de las Indias, no podían resistir los temporales de los mares europeos. La flota inglesa era más ligera y mejor artillada que la española: en el primer encuentro (21 julio) se advirtió su superioridad en maniobrar, España estaba perdida.

Felipe II de EspañaEl rey Felipe II de España eligió a Don Alonso de Guzmán el Bueno, duque de Medina Sidonia  para comandar la difícil y crucial expedición contra Inglaterra y el duque le responde: “Mi salud es pobre para tal travesía”, imploró el duque al rey en una carta de respuesta a la orden real, “pues debido mi escasa experiencia marina sé que siempre me mareo y siempre me resfrío… Dado que nunca tuve experiencia en la mar o en la guerra, no me siento merecedor de comandar una misión de tan grande importancia”. De todas maneras  no tenía alternativas, pues era posible oponerse a la voluntad del rey.

Con trabajo titánico Don Alonso consiguió organizar la flota y y el 25 de abril compareció en la catedral para aceptar el estandarte que el ejército católico llevaría en batalla: una bandera con el escudo de armas de España, flanqueado por las imágenes de Jesús y la virgen María. Un rollo de pergamino contenía el lema de la expedición:

“Alzaos, oh Señor, y vindicad vuestra causa. Para los españoles, ésta era una guerra santa que estaban destinados a ganar, a pesar de que los ingleses tenían navíos más veloces, mejores armas y más experiencia en el mar. Se preguntó a un alto oficial del duque la razón de su confianza en el triunfo. “Es muy simple”, respondió, “peleamos la causa de Dios.”

Origen del Conflicto

Católicos contra protestantes: El problema se gestó durante 30 años, desde que la reina Isabel I sucedió en 1558 a su hermanastra María en el trono de Inglaterra. El padre de ambas, Enrique VIII, rompió con el catolicismo y fundó la Iglesia Anglicana al divorciarse de Catalina de Aragón, madre de María, para casarse con la madre de Isabel, Ana Bolena.

En su breve reinado, María intentó con furia y encarnizada fe reimplantar el catolicismo y se casó con el heredero de España, quien luego fue el rey Felipe II. Al morir María sin dejar hijos, Isabel fue coronada. Pero Isabel era ferviente protestante, lo que el católico Felipe consideró una herejía.

Isabel formó una alianza con Holanda y envió tropas para apoyar en ese país la rebelión de los súbditos protestantes de Felipe, quien consideró esto como un agravio político y religioso de los ingleses. Pero titubeó, pues había una esperanza: que la anciana y soltera reina de Inglaterra fuera sucedida por su prima católica María Estuardo, la depuesta reina de Escocia. Pero el 18 de febrero de 1587 ésta fue ejecutada por órdenes de Isabel, y Felipe se vio obligado a tomar medidas más drásticas.

El Plan de España: El plan de Felipe era enviar una flota muy pertrechada al canal de la Mancha para unirse a una fuerza de invasión al mando de armada invenciblesu comandante en Holanda, el duque de Parma. Protegidos por la flota, los 30 000 soldados de Parma cruzarían el canal en barcazas hasta Margate y marcharían por el Támesis para tomar Londres.

La expedición naval que el indeciso e improvisado Medina Sidonia comandó estaba integrada por 130 barcos, equipados con 2400 cañones y 124.000 balas.

El tamaño de las naves iba desde formidables fortalezas flotantes llamadas galeones, hasta galeras maniobradas con remos, y veloces fragatas que escoltaban a las enormes urcas que transportaban los pertrechos. La flota estaba tripulada por 8.000 marineros y transportaba a 19.000 soldados.

Oficialmente la expedición fue llamada La felicísima armada; por su fuerza apabullante los españoles la llamaron La Invencible. El 9 de mayo de 1588 los primeros buques levaron anclas y surcaron las aguas del ancho río Tajo rumbo al choque con el ejército inglés en las aguas del océano Atlántico. Pero cayeron tormentas fuera de temporada y por esto la flota tuvo que esperar hasta fin de mes para reunirse en su totalidad y partir hacia el norte.

El mar no fue favorable a la Invencible y ya una tormenta cerca del cabo Finisterre perjudicó a sus buques. A los pocos días volvió a salir desde la Coruña pues el viento le era favorable, pero Medina declaró a sus capitanes que el rey Felipe no quería atacar hasta que se reuniera en Farnesio y se perdió una formidable ocasión para vencer a los británicos.

Los británicos contaban con los marinos más famosos y mas cualificados de la época, que ya habían prestado servicios numerosos y memorables de la reina Isabel. Fue él: Sir Francis Drake, el primer circunnavegante del mundo, el terror de todas las costas españolas del Antiguo y del Nuevo Mundo, Sir John Hawkins, el veterano crujiente de muchos viajes en los mares de África y América, y el señor Howard, el Gran Almirante Inglaterra.

Además tenían alimentos bien conservados y la moral alta de sus soldados, en cambio en los barcos españoles se detectó putrefacción en las provisiones: carne, pescado y galletas que habían sido embaladas para la fecha original de partida en octubre de 1587. Más aún, el agua, que había estado almacenada durante por lo menos un mes, ya no podía beberse.

Hubo pequeños enfrentamientos en que los pequeños y ligeros buques ingleses fueron los que dominaron la situación. No hubo realmente un combate decisivo entre ingleses y españoles en el estrecho sino un desgaste continuo de la «Invencible», batida por la superioridad de los ingleses y dispersada por las furias del mar, que aquellas pesadas fortalezas flotantes eran inhábiles para eludir.

En la madrugada del 27 de julio, los 105 barcos de la flota inglesa estaban listos para el combate. Lo que avistaron los defensores antes de que una tormenta y el anochecer les limitara la visión fue la flota más grande de la Historia: 125 de los 130 barcos de Sidonia Medina sobrevivieron al viaje desde España.

En un verdadero golpe de genio  Sir Francis Drake se lanzó en contra de los grandes barcos españoles que se alinearon en el puerto de Calais, ocho «Bulot» o brulotes. Estos pequeños barcos cargados con explosivos, sustancias inflamables que son impulsados por el viento, se topan con las naves enemigas. Con el choque, una sobreviene la tragedia. Tomado por sorpresa, asustados por el estruendo de las explosiones, que se producen constantemente, los españoles cortan las amarras y parten en un gran desorden.

Mientras Medina Sidonia navegaba por el canal de la Mancha, formó a su vasta flota en un semicírculo apretado, con las puntas dirigidas hacia el enemigo. Los españoles planeaban forzar a los barcos ingleses hacia el centro, más cargado, donde serían abordados y sometidos. Por su parte, los ingleses, con naves más veloces, esperaban evitar un combate de cerca y destruir al adversario con maniobras ingeniosas y constante fuego de cañones.

Durante la primera semana de enfrentamientos en la costa sur de Inglaterra, los españoles pudieron mantener su formación. Pero el 6 de agosto Howard ganó superioridad numérica cuando llegaron las naves que estaban en Dover para evitar que el duque de Parma cruzara el estrecho. Pero ésa no fue la peor noticia para Medina Sidonia: le llegó un informe del puerto francés de Calais notificándole que la fuerza de invasión aún no estaba lista para combate.

Algunos historiadores creen que Felipe no tenía verdaderas intenciones de invadir Inglaterra, sino más bien de asustar a Isabel y someterla. De ser así, fue un costoso error que significó un severo golpe al poder y orgullo de España.

Medina Sidonia resistió los ataques ingleses unos cuantos días más, pero sus perseguidores lo empujaron hacia el norte, más allá del punto donde podía dar protección a la peculiar invasión. El 12 de agosto Howard se replegó, necesitado de provisiones y convencido de que lo peor ya había pasado. Los ingleses no perdieron un solo barco en las dos semanas de combates.

El viaje de regreso por el mar del Norte fue desastroso, pues tormentas fuera de temporada desviaron a muchos de los barcos o los arrojaron contra acantilados, donde los sobrevivientes eran capturados y muchos de ellos ejecutados sumariamente. El 21 de septiembre, el barco de Medina Sidonia atracó derrotado en el puerto de Santander.

Sólo otras 67 naves, poco más de la mitad de la Armada Invencible, lograron llegar a puertos españoles. Desde hacía algún tiempo era evidente que España estaba perdiendo su batalla contra las fuerzas del protestantismo internacional. El primer aviso, y el más abrumador, lo dio la derrota, en 1588, de la Armada Invencible.

Felipe II siempre afrontó las adversidades con  dignidad , firmeza y con su exasperante imperturbabilidad, pero estas malas nuevas,  le afectaron profundamente. En otoño de 1588 estuvo muy enfermo. En opinión de los observadores diplomáticos venecianos, los más sagaces, la enfermedad fue agravada por la ansiedad y los disgustos. El nuevo nuncio de Su Santidad opinó que el rey tenía los ojos enrojecidos, no sólo a causa del estudio, sino del llanto, aunque si el rey lloró nadie había sido testigo de ello. Su tez adquirió una extraña palidez en su rostro comenzaron a formarse bolsas, a la vez que su barba encaneció absolutamente.

Para España, esta derrota significó el final de un mito, el dominio de Inglaterra, y  el comienzo de un poder naval con un brillo único en los siglos futuros.

ALGO MAS…
La Armada invencible

Felipe II, rey de España, decidió que los ingleses fueran castigados y preparó una enorme flota de 130 barcos, llamada la Armada Invencible, para atacar a Inglaterra. La guerra marítima estaba a cargo de soldados, no de marineros.

Los barcos de flotillas opuestas se acercaban uno al otro y arrojaban largos cables con ganchos de hierro a la cubierta del enemigo. Los ganchos sujetaban los barcos mientras se colocaban planchas de madera para que los soldados pudieran correr por ellas y cruzarse hasta la cubierta enemiga, donde se libraba la batalla.

Los veinte galeones que constituían la fuerza principal de la Armada habían sido construidos para esta clase de guerra marítima. Tenían popas y amuras muy altas y lados que sobrepasaban el metro y medio de espesor. Su tripulación era el triple en soldados y marineros que las de otros barcos.

Cuando la Armada llegó al Canal de la Mancha, los españoles comprobaron que superaban en número a los pequeños barcos ingleses y estaban seguros de ganar la batalla sin la menor preocupación. Se equivocaron. En las décadas de 1570 y 1580, los grandes marinos ingleses como John Hawkins habían construido nuevos modelos de barcos para luchar en el mar. Tenían una amura mucho más baja y una popa que les permitía marchar a mayor velocidad, aparte de ser más livianos y fáciles de maniobrar.

En lugar de llevar gran cantidad de soldados, los nuevos galeones de Hawkins estaban armados con dos filas de pequeños pero poderosos cañones.

Estos cañones causaron un daño terrible a los pesados galeones de la Armada. Cada barco español tenía unos 52 cañones y podía arrojar una bala de 23 kilos a unos 400 metros. Pero no eran muy precisos y a menudo erraban el blanco. Los cañones ingleses, por otra parte, podían tirar balas de 4 kilos hasta más de 800 metros, a una tremenda velocidad, y eran mucho más precisos. Lo cual significó que los ingleses pudieron llegar con sus balas a los barcos españoles estando fuera del alcance de los cañones españoles. Más aún, podían desplazarse rápidamente y poner en funcionamiento sus cañones desde distintas posiciones.

Tales fueron los barcos y los métodos con los que Hawkins, Drake y la flota inglesa derrotaron a la Armada Invencible. Sólo 67 barcos españoles pudieron regresar a su patria, y la mitad quedaron en tan malas condiciones que jamás volvieron a navegar. Pero los españoles aprendieron una importante lección con este desastre: que el poder marítimo no significaba contar con los barcos más grandes sino con los más veloces, los más fácilmente manejables y los que estaban mejor armados.

Batalla Trafalgar

Batalla Waterloo