Biografía de F. Chopin

Biografia de Rossini Gioacchino Antonio Compositor Italiano

Biografia de Rossini Gioachino Antonio Musico

JOAQUÍN ROSSINI (1792-1868)
Sin poseer la sensibilidad refinada de un Mozart, la grandeza emotiva de un Beethoven o el misticismo grandilocuente de un Wagner, Gioachino Antonio Rossini (Joaquín A. Rossini) ocupa un lugar de cierta categoría en la música moderna.

Joaquin Rossini o
Gioachino Antonio Rossini ( 29 de febrero de 1792- 13 de noviembre de 1868), fue un compositor italiano. Su popularidad le hizo asumir el «trono» de la ópera italiana en la estética del bel canto de principios del siglo XIX, género que realza la belleza de la línea melódica vocal sin descuidar los demás aspectos musicales.

Dotado de una precocidad extraordinaria, idolatrado por los públicos con la rapidez de un Paganini o de un Liszt, Rossini sucumbió a su propio éxito. Su aportación a la ópera en el primer cuarto del siglo XIX fue extraordinaria, de tal modo que influyó sobremanera en el triunfo de la música italiana en Europa.

Pero fue un triunfo de facilidad, de someterse a lo menos difícil e, incluso, de vulgaridad. No supo trabajar su arte ni elevarlo a la perfección que podía alcanzar. Es-piritualmente débil, se satisfizo con los triunfos de su juventud y con la fama que le perduró de los mismos.

Rossini nació en Pesaro el 29 de febrero de 1792. Su padre José era trompeta del municipio. Partidario de las ideas revolucionarias, intervino en las luchas políticas de su tiempo, por lo que sufrió persecuciones, cárceles y destierros.

El pequeño Rossini creció, pues, en un ambiente poco confortable y, por reacción natural, fue durante su vida partidario de las ideas conserva^ doras.

.Su vocación musical se despertó en Lugo (1802), adonde se había trasladado su familia. Aquí recibió las primeras e inolvidables lecciones de música de José Malerbi. Su educación continuó en Bolonia (desde 1804), a cargo de un tal Ángel Tesei.

Muy pronto pudo emplearse en el mismo teatro donde actuaban sus padres, José en la orquesta y Ana Guidarini en las tablas. Este hecho motivó su gran conocimiento de la realidad y las exigencias de la ópera, tanto para el compositor como para los artistas, la orquesta y el público.

Algunos éxitos que tuvo como cantante (1805), hicieron creer a su padre que el futuro de su hijo se hallaba en esta orientación, y le matriculó en el Liceo musical de Bolonia (1806).

Pero aquí la vocación de Rossini se afirmó más en el estudio de Haydn y Mozart que en las lecciones de sus maestros. Después de tres años de permanencia en el Liceo, compuso sus primeras óperas, una de las cuales, La Cambíale di Matrimonio, tuvo cierto éxito en Venecia (1810).

Pero la vulgaridad de los libretos impidió que Rossini triunfara plenamente hasta 1813, en cuyo año su Tañeredo fue acogido clamorosamente (6 de febrero) por el público y la crítica.

Realmente, no era una ópera revolucionaria. Pero ciertas innovaciones orquestales y la claridad y dulzura de la melodía conquistaron a Italia.

El éxito de Rossini en Venecia no se repitió en Milán con otras óperas (1814). Sin embargo, su fama había llegado a Nápoles. El empresario Barbaja le ofreció la dirección musical del Teatro San Carlos en muy buenas condiciones.

Rossini se trasladó a Nápoles (1815), en cuya ciudad dióse la primera representación de su ópera Almaviva (1816), rebautizada más tarde por el público con el nombre de El barbero de Sevilla.

La pieza, pese al fracaso del estreno, tuvo un éxito extraordinario, y muy pronto se representó en todos los teatros de Italia.

A fines del mismo año se estrenaba, en Nápoles, el Ótelo, y en enero siguiente, en Roma, la Cenerentola, óperas que en su género respectivo señalan el ápice del genio de Rossini. No olvidemos que en esta época tenía veinticuatro años.

Unos trece le quedaban de producción operística. Halagado por los públicos de Italia, el mundo entero se avasalló a sus pies. En 1822 dirigió los conciertos del Congreso de Verona.

En 1823 se trasladó a Inglaterra para representar sus óperas en el King’s Theater. En 1824 se instaló en París con el cargo de director del Teatro Italiano de la capital y un sueldo, para la época, fabuloso.

Al terminar su contrato en 1826, Carlos X le nombró compositor de la corte e inspector general de las instituciones de canto en Francia. En 1829 compuso el Guillermo Tell, su última ópera, en la que el arte rossiniano se adaptaba a las exigencias artísticas de la nueva generación y preludiaba un brillante futuro. P

ero Rossini, por causas hasta hoy muy poco precisadas, se abstuvo de componer más óperas. Quizás intervinieran en esta decisión el estado de su salud, cada día peor, su debilidad espiritual y su holgazanería física. Sin embargo, en este último período de su vida compuso la perla del Stabat mater (1832-1839).

Después de la revolución de julio de 1830, Rossini vivió hasta 1836 en París; en 1836 se estableció en Bolonia, de cuya ciudad se trasladó a Florencia ante los motines revolucionarios de 1848.

En Florencia residió hasta 1855. Por último, en esta fecha regresó a París, en una de cuyas localidades satélites (Passy) murió el 13 de noviembre de 1868.

fuentes

Biografía de Canova Antonio y Su Obra Escultor Italiano

Biografía de Canova Antonio y Su Obra Artística
Escultor Italiano

Antonio Canova ocupó el primer lugar entre los escultores de su época. Trabajó durante veinte años en un estado total de pobreza, al margen de cualquier rivalidad y poniendo siempre su arte por encima de todo. El estilo neoclásico, basado en el arte antiguo de Grecia y Roma, alcanzó su apogeo máximo a finales del siglo XVIII. Antonio Canova, de la Venus, está considerado como el mejor escultor de este estilo artístico.

Canova Antonia escultor italiano

Antonio Canova nació en Pessagno, cerca de Bassano (Italia) en el año 1757. Su arte alcanzó la plenitud siendo él muy joven. Niño aún, trabajaba en una cantera en compañía de su abuelo. Complacíase en manipular la piedra y trataba de darle diferentes formas, revelando ya su inclinación. El abuelo trabajaba también como jardinero en la mansión del senador Faliero. Fue allí donde el joven Antonio esculpió sus primeras estatuillas en mármol.

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La Venus, una de sus grandes obras artísticas, Canova está considerado como el mejor escultor de este estilo neoclásico.

El duro y frío mármol puede reflejar vida, acción y sentimiento sólo cuando un gran artista consigue modelar en él las formas perfectas de un ser viviente y dotarlas de expresión. Pero pocos son los que logran ese milagro, ya que las obras de los grandes escultores representan un gigantesco esfuerzo creador.

Antonio Canova fue uno de esos grandes artistas incomparables, capaces de animar la materia inerte. Nada, en sus años mozos, pudo hacer presentir que llegaría hasta la cúspide del arte. Sin embargo, sabemos que le gustaba trabajar la piedra, y a ella —como a una amiga— confiaba sus sueños infantiles.

Antonio Canova nació en Pessagno, cerca de Bassano (Italia), el 10 de noviembre de 1757. A los tres años de edad perdió a su padre. Al poco tiempo la madre contrajo nuevas nupcias y fue a vivir a otra ciudad, dejando al pequeño Antonio al cuidado del abuelo. La familia Canova, otrora rica, estaba ahora arruinada a causa de ciertas especulaciones infortunadas. Por lo tanto, el abuelo viose en la necesidad de hacerle aprender un oficio al niño y eligió el de cantero (el que labra las piedras).

A pesar del trabajo penoso, el joven aprendiz nunca se quejó. Por el contrario, gustábale manejar el mármol y sus pequeñas manos, aún inexpertas, lo acariciaban y hasta se esforzaban en darle forma. El oficio de cantero, en el siglo XVIII, era duro y difícil; el trabajo se hacía con cincel y martillo.
Pero Antonio no se desanimó, trabajó con tesón y, a ios pocos años, llegó a esculpir estatuillas llenas de expresiva gracia.

Mientras tanto el abuelo, en la mansión del senador Faliero, en Pedfazzi d’Asolo, desempeñábase como albañil y jardinero. Allí vivía un nieto del senador, mancebo de familia noble y acaudalada, quien demostró su simpatía y afecto por el adolescente modelador que ofrecía a su nuevo amigo todas las estatuillas que esculpía con tanto entusiasmo.

Y un día llegó la oportunidad decisiva para la vida de Canova. Se daba una gran fiesta en el palacio senatorial. El cocinero quería destacarse en la presentación de los manjares y buscaba ideas originales. Encontró al nieta del jardinero, lo llevó a las cocinas y, mostrándole un enorme trozo de manteca, le dijo: «¿Ves esa manteca? Debí ir a la mesa del senador, y yo quisiera darle un aspect: artístico. .. Me agradaría que representara algo…»

Antonio tenía tan sólo diez años de edad, pero puso manos a la obra y lo que realizó con la manteca colmó al máximo los deseos del maestro de cocina.

En la mesa, magníficamente preparada, apareció el león alado de San Marcos. ¡Era el trozo de manteza que, en las manos del joven Antonio, había adquirido esa forma original!. Es fácil imaginar la sorpresa, el asombro y la admiración de los convidados. Pidieron conocer al autor de esa maravilla y lo felicitaron efusivamente.

Al final de la cena, el dueño de casa, presintiendo el futuro del niño, decidió enviarlo a Venecia y hacerlo ingresar en los talleres del escultor José Torretti.

En Venecia los temas de estudio no le faltaron: allí todo embelesaba su alma de artista, todo le brindaba belleza en sus aspectos más delicados. Trabajó mucho hasta llegar a sus dieciséis años de edad. Entonces se produjo el fallecimiento de su maestro Torretti. Pero el joven escultor ya no necesitaba enseñanzas.

Su protector lo comprendió tan bien, que no titubeó en confiarle la ejecución de dos grandes estatuas en tamaño natural. Se trataba de Orfeo y Eurídice. La tarea podía parecer demasiado ardua para un escultor tan joven, mas Canova no se desanimó y esas estatuas, por el candor y la espontaneidad de su expresión y la armonía de su línea, figuran entre sus grandes obras.

En los años que siguieron esculpió numerosos trabajos: estelas funerarias, una estatua de Esculapio y un grupo de Dédalo e Icaro. Los expuso en Venecia, en el año 1779, el día de la Ascensión. El triunfo fue tal que hubiera despertado el orgullo del más grande artista. Canova experimentó, es cierto, una gran alegría, pero, en lugar de envanecerse, decidió esforzarse y perfeccionar aún más su producción. Venecia ya no le ofrecía un campo de acción suficientemente amplio. Decidió instalarse en Roma donde el papa había inaugurado un Museo de Antigüedades.

Después de Roma volvió a Venecia y luego visitó Ñapóles. Nada disminuía su fiebre de trabajo y de saber. En la Ciudad Eterna esculpió el mausoleo de Clemente XIV y Teseo vencedor del Minotauro.

Los encargos afluían. El príncipe Rezzónico y sus dos hermanos, ambos cardenales, le encargaron un monumento funerario destinado a la basílica de San Pedro, para el papa Clemente XIII.

Durante cuatro años Canova se consagró, sin descanso, a ese trabajo, haciendo caso omiso de las dificultades propias de la tarea, de la lucha de los envidiosos y del estado deplorable de sus finanzas. Al terminar el mausoleo, todo su cuerpo llevaba las huellas del esfuerzo cumplido y de los sufrimientos soportados. La presión del trépano sobre el esternón, durante largos días, le había provocado una deformación del hueso que, al apoyarse sobre el estómago, le ocasionaba grandes molestias y dolores.

Observando la finura de los detalles, el maravilloso relieve de los encajes que adornan las vestimentas de la estatua de Clemente XIII, admiramos en Canova, además de su arte, la «artesanía» que lo obligaba a extremar la minuciosidad y la precisión hasta lograr un trabajo perfecto. En ciertas obras suyas, la piedra resucita la mirada de los que ya no existen, y hasta su alma parece aflorar en la expresión humana y vivida.

El viernes santo del año 1792, día de la inauguración del monumento, fue, para Canova, un día de triunfo. Pero las fuerzas del artista estaban muy resentidas por el exceso de trabajo. Tomó un corto descanso en Venecia y luego volvió a Roma donde ejecutó un monumento para el almirante Ángel Emo, destinado al palacio ducal de Venecia. La pasión que experimentaba hacia los temas mitológicos le permitió ejecutar dos grupos: Venus y Adonis y El Amor y Psique.

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Canova fue llamado varias veces por Bonaparte. Entre sus obras se destaca una admirable Venus victoriosa que tenía los rasgos de Paulina Borghese (Paulina Bonaparte), y una Polimnia representando a Elisa Bonaparte. Canova fue elegido miembro extranjero del Instituto de Francia.

Su fama iba creciendo. El duque Caetani le encargó un grupo representando a Hércules y Licas. Canova ejecutó un monumento colosal que,a causa de la poderosa musculatura de Hércules, produce una imprecisión de fuerza que no era generalmente buscada por el artista.

Ya en la cumbre de la celebridad y de la fortuna, fue llamado por Bonaparte, a París, para ejecutar el busto del Gran Corso. Poco después le fue encargado el Mausoleo de Victorio Alfieri. Luego afluyeron pedidos de soberanos y viajó a Napóles. Roma. Viena y París.

escultura de Canova cabeza de Perseo

Cabeza de Perseo, escultura de Canova Antonio

Escultura de Napoleón de Canova

Busto de Napoleón Bonaparte, escultura de Canova Antonio

Los amplísimos talleres donde trabajaba ya no podían contener sus obras. Entre éstas se encontraba una estatua colosal de Napoleón, que actualmente se exhibe en el palacio Brera de Milán.

Canova: fue encargado de reproducir otros miembros de la familia Bonaparte, y es así como le fue dado representar a la hermosa princesa Paulina Borghese bajo el aspecto de Venus victoriosa.

Luego del destierro de Napoleón en Santa Elena, Canova fue enviado especialmente a París por el papa para pedir la devolución de los monumentos quitados a Italia. De regreso a su patria, esculpió otras obras notables: Las tres Gracias, el monumento de La Guerra y la Paz, y la estatua de Washington que le había sido encomendada por el Senado de Carolina (Estados Unidos).

El 21 de setiembre de 1821 regresó a Pessagno, su ciudad natal, con el propósito de reponer su quebrantada salud. Pero no pudo resignarse a la inactividad.

Quiso volver a Roma, pero durante el viaje se detuvo en Venecia donde expiró el 13 de octubre de 1821. Canova no fue solamente un artista de primer orden, sjno también un hombre amado por su desinterés, su bondad y su afabilidad. Siempre se mostró generoso y nadie pidió en vano su ayuda.

El arte fue su única razón de vivir. En su juventud habíase enamorado de una hija del grabador veneciano Volpato, la que durante un corto tiempo fue su novia. Luego, no se sabe por qué causa, rompió el compromiso, y la delicada sensibilidad del artista no se curó jamás de esa herida.

Cultivó también la pintura, aunque sin alcanzar en ella la misma perfección que en la escultura. Sin embargo, su genio maravilloso realizó también el milagro de su autorretrato.

Biografía de Pushkin Aleksandr Obra Literaria Resumen

Biografía de Pushkin Aleksandr
Vida y Obra del Escritor Ruso

El escritor ruso del siglo XIX Aleksandr Pushkin fue una de las primeras figuras de la literatura rusa. Maestro  versátil, escribió poesías, relatos, novelas y obras teatrales. Entre sus escritos más conocidos se encuentran el drama Borís Godunov (1825) y el poema épico Eugene Onegin (1823-1831).

Contribuyó a crear una larga tradición literaria en su país, y su obra influyó en muchos autores posteriores. En el mundo de la poesía rusa, la figura de Pushkin domina incontrastada por la grandeza, la potencia y la sensibilidad de su expresión artística. Nació en Moscú en el año 1799 y pertenecía a una familia de antiguo y noble origen.

pushkin alejandro escritor ruso

«Todo aquello que Aleksandr Pushkin dice en sus versos o en sus prosas lamas pudo ser dicho de otro modo más que como él lo dijo.» Así se expresó el famoso escritor León Tolstoi al referirse al más grande poeta ruso del siglo XIX, quien legó a la inmortalidad la célebre tragedia histórica Boris Godunov y la no menos conocida novela Eugenio Oneguin.

Aleksandr Pushkin nació en Moscú, de una familia de la antigua nobleza, en el año 1799. Su infancia transcurrió en un ambiente mundano y despreocupado que ejerció en el muchacho doble influencia: por un lado lo arrastró hacia una vida de holganza y placeres, y por el otro lo empujó a desarrollar su innata vocación literaria.

El tío de Aleksandr, que fue un discreto poeta, y su padre, que también sentía fuerte afición por la poesía, tuvieron amistad con los más grandes literatos de la época, entre los que se encontraban Karamzin y Zukovsky, quienes influyeron, asimismo, en la formación artística del joven Pushkin.

De espíritu apasionado y de fuerte inclinación hacia todas las formas de la cultura literaria, pudo Aleksandr Pushkin satisfacer fácilmente su sed de aprender en la nutrida biblioteca paterna, adonde por primera vez tomó contacto con los más conocidos escritores clásicos franceses. Vivió así en un clima en un todo de acuerdo con sus gustos y preferencias.

En el año 1811 se inscribió en el liceo de Tsarskoe Selo, en el que cursó estudios durante seis años y estuvo nuevamente rodeado de una atmósfera literaria caracterizada por la presencia de muchos estudiantes que, al pasar los años, se convirtieron en famosos pensadores y poetas.

Durante el tiempo transcurrido en el liceo se fueron operando algunos cambios en el espíritu de Pushkin. Allí, el diario y continuo contacto con profesores de tendencias liberales hizo que fuera asimilando lentamente los ideales de una escuela no del todo conforme con la política imperialista que regía en Rusia. Por otra parte tuvo ocasión de enterarse de los problemas que agitaban al pueblo, oprimido por el gobierno del zar.

De aquella época estudiantil datan dos composiciones líricas: Los recuerdos de Tsarskoe Selo y la oda Por el retorno a París del emperador. Estas poesías no sólo revelan ya los nacientes caracteres literarios de Pushkin, sino que además indican su estilo futuro. Se notan en ellas gran habilidad para transmitir sus sentimientos, como también capacidad para utilizar argumentos diversos.

Terminados sus estudios, le fue ofrecido, en 1817, un empleo de secretario en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en Moscú. Una vez en esa ciudad se introdujo rápidamente en la vida mundana e ingresó a la sociedad de la Lámpara Verde, en la cual se agrupaban los poetas, escritores y músicos más conocidos de Rusia.

Pushkin compone en Moscú dos famosas odas: A la libertad y El campo, en los que manifiesta claramente sus ideas políticas adversas al imperialismo, y el no menos conocido poema Ruslan y Ludmila, una violenta sátira ridiculizando a la sociedad de la época.

El zar Alejandro I, al enterarse del contenido de las obras de Pushkin, se siente ofendido y lo envía exilado a Ekaterinoslav. Se inicia así para el poeta un triste peregrinaje sin término.

Después de un período transcurrido en el Cáucaso y en Crimea, parte para Kisínev en Besarabia. Su producción no se interrumpe en este ir y venir sino que, por el contrario, necesita desahogar en la poesía su temperamento apasionado y escribe asi el poema Los Gitanos y numerosas otras obras líricas, algunas de las cuales probablemente fueron inspiradas en el amor que sintió por María Raevskaja. Estando en Kisinev, Pushkin esbozó la novela Eugenio Oneguin, que compuso definitivamente en el año 1831.

En 1823 Pushkin recibe la orden de dirigirse a Odesa adonde debe presentarse al general Voroncov, quien le impone un duro régimen de vida y lo somete a trabajos humillantes. No obstante la triste condición en que se encuentra, conserva aún el ánimo como para escribir; de su pluma salen entonces: la famosa poesía Al mar, los poemas Los hermanos soldados, que no terminó, y El prisionero del Cáucaso, que había iniciado con anterioridad, en el año 1821.

Acusado de ateísmo, a causa de expresiones vertidas en una carta que se le secuestró, el poeta fue condenado a permanecer en Mijailovskoe, en donde poseía una propiedad heredada de su padre. Allí, rodeado de las bellezas que le brindaba la naturaleza del lugar e inundado su espíritu de paz, se dedicó a estudiar y meditar, completando su formación artística. En realidad fue éste un período feliz para Pushkin. Nacieron así de su genio otras muchas poesías, entre las que se cuentan Tarde de invierno y Recuerdo el divino momento.

También de esta época es Boris Godunov, tragedia histórica inspirada en la proclamación del personaje como zar. Este famoso drama inspirará más tarde a un gran músico ruso, Mussorgski, quien compuso una ópera que tituló del mismo modo.

Pushkin, ya en el apogeo de su vida literaria, se desvincula definitivamente de la influencia de los clásicos franceses y del poeta inglés Byron, para adquirir un estilo personal propio e inconfundible, potente y conciso, vivaz y sobrio. Presenta sus personajes con verdadera maestría, bastándole pocas palabras para animarlos y referir sus caracteres psicológicos.

No ajeno a su madurez artística fue su profundo conocimiento de Shakespeare, quien le facilitó los elementos de realismo que caracterizaron la tragedia Boris Godunov y también Eugenio Oneguin.

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La tragedia histórica Boris Godunov es una de las mejores obras de Aleksandr Pushkin. Este drama narra la ascensión al trono imperial ruso de Godunov, el ministro que asesinó al joven zar Dimitri, Pero el remordimiento perseguirá siempre a Boris durante toda su vida inquieta y obsesionada por el delito cometido. Este drama sirvió de libreto a la ópera compuesta por Mussorgski.

En 1826, inmediatamente después de la muerte de Alejandro I, obtiene la gracia del nuevo zar Nicolás I y regresa a Moscú, donde en seguida toma contacto con el mundo literario y se interesa por los problemas del pueblo ruso.

Sus composiciones de aquellos años, La plebe, Poltava y El poeta, revelan un dejo de melancolía más profundo que el de sus primeras obras. El recuerdo de su triste exilio le atormenta, al punto de llevar por mucho tiempo una existencia de misántropo (huye del trato con personas)

En 1831 casa con Natalia Goncharova, de quien se había enamorado en 1829. Publica, seguidamente, algunos poemas: El caballero avaro, Mozart y Salieñ, El convidado de piedra y Cuentos de Belkin.

En el mismo año de su casamiento se traslada a San Petersburgo, donde recibe el encargo de escribir la biografía de Pedro el Grande, que le absorbe mucho tiempo.

De los apuntes compilados en los archivos de la gran ciudad, Pushkin reúne material para la Historia de la revuelta de Pugachev, escribiendo al mismo tiempo otra obra cumbre, en prosa, publicada en el año 1836: La hija del capitán, novela de amor ambientada en los sucesos históricos de la famosa revuelta de Pugachev, ocurrida en la época de Catalina la Grande.

Su argumento no es una simple invención del autor sino que los personajes que la componen vivieron y actuaron en el tiempo en que se desarrolla. No fue, tampoco, una novela psicológica: se trataba de una epopeya de la vida rusa.

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Enamorado de Natalia Goncharova, Pushkin la desposó en el año 1831; pero a causa de la vida lujosa y mundana que los dos jóvenes llevaban, sobre todo por voluntad de la mujer, Aleksandr no pudo sostener su hogar solamente con su actividad poética. En seguida obtuvo algunos encargos de la corte que le ayudaron a restablecer el presupuesto familiar. Durante su estada en San Petersburgo el matrimonio frecuentó la corte imperial.

Bien pronto la reputación de Pushkin disminuye, debido a varias causas: los celos y rivalidades suscitados en su contra por los favoritos del zar y las intrigas palaciegas que le rodeaban. No bastó para consolarlo la estima y amistad que le demostraron los más grandes escritores rusos de la época, tales como Zukovsky y Gogol.

A fin de defenderse de los ataques de que era objeto por parte de la prensa de Moscú, fundó un diario, «El Contemporáneo«, que tuvo una vasta resonancia debido a su posición de vanguardia.

La situación se agrava y se precipita a causa de los comentarios provocados por el comportamiento de su joven esposa.Habiendo recibido una ofensa de su cuñado Dantés, Pushkin, a fin de salvar su honor, lo desafía a duelo. En el lance es herido gravemente.

Después de dos días de agonía fallece, el 29 de enero de 1837, en la plenitud de su genio. Aleksandr Pushkin fue poeta en cada una de sus fibras. En él se unían y se integraban la pureza y la perfección. Poseía una particular justeza en la expresión, que lo hizo ser un verdadero maestro en la literatura universal.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Biografía de Alejandro Pushkin –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía de Twain Mark Su Vida y Obra Literaria Resumen

Biografía de Twain Mark y su Obra Literaria

Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), fue un escritor y humorista estadounidense, cuyo seudónimo era Mark Twain. Ha trascendido por unas obras en que la ironía y el humor se entremezclan con gracia y oportunidad. Aventuras de Tom Sawyer, Aventuras de Huckleberry Finn y Un yanqui en la corte del rey Arturo son sus principales obras. Nació en 1835 y falleció en  1915.

Sus mejores obras se caracterizan por un franco y a veces irreverente sentido del humor rayano en la sátira social, además de por un acentuado realismo en cuanto al lugar en que se desarrollan sus historias y al lenguaje utilizado por sus memorables personajes, y por un profundo odio a la hipocresía y la opresión.

Twain Mark

Twain obtuvo un gran éxito de librería con sus obras, sacando, además, grandes beneficios, pero los invirtió todos en una audaz empresa en la que también comprometió el fruto de sus futuros libros. Cuando tenía 58 años reemprendió sus viajes, por cuenta de los diarios, yendo a Australia, Asia y Europa.

Entre los grandes escritores americanos cuya prosa y estilo fueron personales y pertenecen a la literatura de todos los tiempos hay que citar a Mark Twain, cuyas obras son todavía, en gran parte, traducidas a todos los idiomas.

Mark Twain, cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens, había nacido el 30 de noviembre de 1835 en Florida, una aldea del Estado de Misurí. Algún tiempo después la familia se estableció en Hannibal, ciudad importante situada a orillas del Misisipí.

Samuel era un niño cuando muño su padre, perdida dolorosamente sufrida por toda la familia y en particular por el hijo, pues desde su más tierna infancia demostró dones muy definidos para el estudio sin que, desgraciadamente, la madre dispusiera de los medios suficientes para enviarlo a la escuela.

Ya en sus primeros años se interesó por la literatura   y   consagró   largas   horas   a   la   lectura   de novelas. Además, aunque permanecía aislado de las clases y de sus compañeros, adquirió, por sí mismo, cierta formación literaria.

Sin duda debemos a estos primeros sufrimientos y sacrificios la sensibilidad delicada del joven Samuel, condición que fue en aumento a través de las penosas experiencias que tuvo en su vida.

Después de haber trabajado como dependiente en una imprenta, Samuel, a quien le gustaban el mar y la vida de aventuras, se embarcó como piloto en uno de esos navios que aseguraban el servicio postal en las aguas del Misisipí.

Este género de vida apasionó al jovencito, hasta el punto de que más tarde, durante su plena actividad de escritor, se inspiró en aquellos lejanos recuerdos —las aguas claras y los valles verdes del gran río— para pintar los ambientes en los cuales se desarrollaban sus novelas.

En la Vida sobre el Misisipí, publicada en 1883, Hannibal, pequeña ciudad silenciosa y tranquila del borde del Misisipí, conocía un solo momento de animación: el de la llegada del barco cargado de pasajeros y de mercaderías.

En esta atmósfera creció Samuel Langhorne Clemens, que ahora conocemos bajo el seudónimo de Mark Twain.

relata las peripecias de la navegación. Al recordar algunos episodios de su juventud, el autor cuenta cómo, en un determinado momento, eligió el seudónimo de Mark Twain. Fue en el curso de un viaje, mientras estaba en el timón, mirando siempre frente a él a un marino, provisto de una sonda, que le comunicaba, en forma intermitente, la profundidad exacta del agua, gritando mark twain, es decir, «faltan dos brazadas». Este grito que tantas veces oyó repetir gustó mucho a nuestro piloto y cambió su nombre por el de Mark Twain.

Pero, de naturaleza inconstante, el futuro escritor dejó pronto la navegación. En 1859 abandonó el pilotaje para seguir a esos equipos de buscadores de oro que penetraban en el oeste en búsqueda de fortuna.

Fue expedicionario algunos años, y en 1867 reunió en un libro las aventuras más notables de los buscadores de oro, entre las que, posiblemente, El célebre sapo saltarín del condado de Calaveras sea la mejor y la que ha influido más en la rápida y segura fama del escritor.

Las primeras novelas de aventuras, en efecto, lo hicieron conocer en todas partes; un grupo de diarios le confió la misión de corresponsal en algunos países mediterráneos, tarea que aceptó con entusiasmo. En esta nueva experiencia se inspiró para la realización de otra novela: Los ingenuos en el extranjero, que suscitó una cálida aceptación por parte de los lectores.

Mark Twain tenía auténtico sentido del humor y consecuentemente los episodios que relataba eran ágiles y divertidos. Por otra parte, no falseaba nunca la realidad de las cosas y no permitía que los hombres empañasen sus acciones con imperdonable hipocresía, ni con el mínimo deseo de deformar los acontecimientos, por más insignificantes que fueran. Este rasgo fundamental que como hombre y como escritor tenía el novelista se nota en varias de sus obras.

En vista de los triunfos logrados en el año 1870 se casó con Olivia Langdon, y se estableció primero en Hartford, estado de Connectieut, y más tarde en Redding, pero debido a su fama viajó incansablemente dando conferencias y escribiendo con una actividad y constancia asombrosas.

Su popularidad, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra, fue increíble y sus entradas llegaron a ser tan abundantes que no sólo le permitieron cubrir las pérdidas ocasionadas por sus malas inversiones comerciales, sino que aún tuvo suficiente para vivir con holgura en los últimos años de su vida.

El autor logró un triunfo superior y más inmediato todavía con sus novelas para niños, algunos de cuyos episodios son autobiográficos. Los personajes de sus cuentos son chicos descriptos con marcada agudeza psicológica y en forma muy colorida y amena.

Las aventuras de Tom Sawyer, aparecida en 1876, y Las aventuras de Huckleberry Finn, editada en 1885, se desarrollan en una atmósfera exclusivamente infantil. La vida de esos dos protagonistas transcurre en lugares muy queridos por el autor en las regiones verdes y prósperas bañadas por las aguas del Misisipí. En esos relatos Mark Twain revive las horas felices e ingenuas de su infancia y resucita los acontecimientos que más le impresionaron y agradaron en su niñez.

En Las aventuras de Huckleberry Finn cuenta con estilo fantástico el viaje realizado por un niño, Huck Finn, quien, acompañado por un negro muy simpático, Jim, parte desde las orillas del Illinois y llega hasta Nueva Orleáns. El negro acompañante había logrado escapar de los malos tratos de su dueño, y luego, con Huck, vive maravillosas aventuras, muchas de ellas a bordo de una pequeña embarcación.

En Las aventuras de Tom Sawyer relata las experiencias verdaderas que todo niño ha realizado. La naturaleza impulsiva y el temperamento generoso de este niño presentan ciertas similitudes, y, por otra parte, la confesión del autor lo confirma, con el espíritu aventurero del novelista.

En la creación del personaje Tom Sawyer el autor reunió, por así decirlo, los diferentes caracteres infantiles que había estudiado, logrando un solo tipo muy original. La vida de Tom transcurre en el ambiente familiar, en la escuela y con los amigos. A pesar de que el libro comienza con un episodio

completamente infantil, los acontecimientos relatados más adelante exaltan la naturaleza de un niño simple pero heroico. Tom y su primer amigo, Huck, van una noche al cementerio para enterrar dignamente a su gatito muerto. Escondidos entre las tumbas se ven obligados a presenciar un crimen. Al día siguiente se acusa del hecho a un pobre borracho, Muff Potter; la intervención de Tom permite salvar al inocente de una condena infamante.

Tom Sawyer en el extranjero, relato que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas, narra las aventuras ocurridas en el viaje en aeróstato emprendido por el protagonista, su inseparable Huck, el esclavo negro Jim y el sabio constructor del aparato, un loco, que se precipitó al océano dejando librados a los otros tres ocupantes a su suerte e inexperiencia. Los diálogos entre Tom y sus dos compañeros son muy divertidos, pero bajo esa alegre apariencia se descubren la seriedad y la tristeza que son base de la magnífica sátira humorística de Mark Twain.

En efecto, Tom había visto que el asesino era un hindú, y decide revelar toda la verdad. El criminal huye por el bosque para evitar el castigo, y cuando Tom, mientras lo busca, se pierde en las cercanías de una gruta, intenta vengarse cruelmente de él, pero Tom logra escapar, y el libro termina con la muerte del hindú y la victoria del niño.

El autor publicó a continuación de este libro otros relatos que aparecieron en 1878. Los personajes principales siguen siendo Tom y Huck: se trata de Tom Sawyer policía y Tom Sawyer en el extranjero, que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas.

Completamente distinto es El príncipe y el mendigo, cuya fama se extendió tanto, que se lo tradujo a casi todos los idiomas. Los acontecimientos se desarrollan en los ambientes más diversos y opuestos del Londres del siglo XIX.

En 1885 Mark Twain publica otra novela, Las aventuras de Huckleberry Finn, en la que se cuentan los viajes de Huck Finn y del esclavo negro Jim a través de la América de los buscadores de oro. Gran parte de la epopeya de esos niños se desarrolla en el Misisipí, a bordo de un bote y de una balsa.

Está descripta la profunda miseria de los bajos fondos de la ciudad, que contrasta con la riqueza y el lujo de las clases acomodadas. Tom es uno de esos niños que viven en los barrios pobres de la ciudad. Un día, paseando, se aleja de su casa y se halla en la otra parte de Londres, bajo las verjas del espléndido palacio real. Inconscientemente comienza a recorrer el hermoso parque, y allí se encuentra con un niño muy semejante a él, de la misma edad y parecido que sólo se distinguen por la ropa.

Tom viste pobremente y el otro con suntuosidad, de terciopelo bordado con oro. El niño así vestido es el príncipe heredero, quien ha logrado esquivar la vigilancia de los guardias y comienza a jugar alegremente con Tom. Durante el juego el pequeño noble decide cambiar de ropa con Tom, y le entrega sus espléndidos atavíos. Pero surge un criado en su busca, y a pesar de las explicaciones de ambos niños echa al príncipe del palacio y lleva en su lugar a Tom, que comienza así una vida llena de imprevistos muy felices.

Sin embargo, pronto comienza a sentir nostalgias de su verdadero hogar y de los juegos con sus amiguitos, y mediante gran paciencia logra convencer a la gente de palacio de su identidad. Rápidamente se dispone la búsqueda del príncipe, y al cabo de un tiempo los dos niños se encuentran y vuelven nuevamente a su existencia anterior, pero con experiencias que les serán necesarias para comprender y resolver problemas sociales.

Mark Twain se había planteado también esas cuestiones; su vida nunca fue fácil ni feliz, ya que siempre se había encontrado frente a problemas económicos. Buscando cierta vez solución a esa existencia precaria, emprendió un largo viaje por todos los continentes; esto le permitió conocer ambientes y gente muy distintos y de costumbres dispares.

Viajaba como hombre de letras y daba conferencias y charlas literarias. A su regreso juntó las impresiones que había acumulado en su libro A lo largo del Ecuador, que apareció en 1897. Con la venta de éste logró juntar el dinero suficiente para pagar a sus acreedores.

Sus obras gustaron siempre, pues el tono de sus relatos es humorístico y cordial. Pero el optimismo de Mark Twain resulta ser refugio y distracción para las amarguras de la vida. Indudablemente tal contraste entre vida real y sueño engendró en él un conflicto espiritual que dio   origen a  su humor.De ahí el extraordinario desarrollo de su fina ironía, que le llevaba incluso a descubrir el ridículo en los mínimos aspectos de la existencia.

La última de sus obras fue una autobiografía, que apareció en 1924, a los catorce años de su muerte, ocurrida en Redding, Connecticut, el 21 de abril de 1910.

Gracias a sus obras, reportajes y conferencias sobre viajes, Twain logró pagar a sus acreedores y volver a América. Tero, cansado, enfermo y literalmente deshecho por las penas, sólo deseó pasar los años que le quedaban de vida en un lugar tranquilo, donde se había hecho construir una casa. Eligió Connecticut, y allí permaneció, salvo breves excursiones a las Bermudas, hasta su muerte, ocurrida el 21 de abril de 1910.

Su personalidad literaria es muy discutida y se lo juzga de diferentes maneras; en efecto, para algunos es un narrador eficaz de aventuras para niños; para otros, en cambio, esconde bajo esa forma literaria un pensamiento filosófico y moral perceptible en todas sus obras.

A pesar de que los juicios no concuerden, es sin embargo evidente que, narrador o filósofo, Mark Twain fue, ante todo, un humorista fino y capaz de argumentar sutilmente. El libro titulado Relatos americanos es una verdadera obra de arte del humor. Comprende Las costumbres periodísticas del Tennessee y Cómo cesé de ser secretario.
Alrededor de 1873 Mark Twain montó una de sus comedias, La edad de oro, que fue favorablemente acogida por el público.

Además de los viajes recordados, Mark Twain fue encargado de transcribir en 1873 los detalles del viaje del sha de Persia por Londres y París.

La vida de Mark Twain es rica en anécdotas, entre las que merece citarse la siguiente: estando en Viena en la época de los tumultos provocados por los alemanes, llegó a Nueva York la noticia de su muerte. Mark Twain, al enterarse, decidió mandar sin tardanza un telegrama, redactado en estos términos: «Noticia de mi muerte muy exagerada. Mark Twain.»

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El príncipe y el mendigo cuenta la vida de dos niños de la misma edad, uno príncipe heredero y el otro de familia muy pobre. El azar quiere que los dos se encuentren y se hagan amigos. Mientras juegan deciden cambiar de traje. Uno de los servidores del palacio, engañado por el extraordinario parecido físico de los dos niños, y por las ropas, hace entrar en el castillo’ al mendigo, mientras echa al verdadero príncipe. De este modo comienza una nueva vida para ambos. Pero el niño pobre empieza a sentir tristeza por la ausencia de sus padres y la falta de libertad, y logra convencer a los cortesanos de cuál fue la situación equívoca que indujo al sirviente a caer en el error. Al final de la obra todo se arregla: el verdadero príncipe vuelve a su lugar, mientras su amigo, que durante ese tiempo había podido hacerse apreciar por su clara inteligencia, encuentra en la corte un puesto destacado.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Federico II de Prusia –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía de Jack London Vida y Obra Literaria de Escritor

Biografía de Jack London
Vida y Obra Literaria

Jack London (1876-1916), escritor estadounidense que combina en su obra el más profundo realismo con los sentimientos humanitarios y el pesimismo. Las novelas de este escritor estadounidense, aventuras con héroes solitarios, atormentados y profundamente humanos, reflejan su propia vida y han alcanzado un merecido reconocimiento de público y crítica.

Los cuentos de aventuras, cuando además de ser fantásticos contienen una realidad vivida, despiertan siempre gran interés. Esto explica el éxito de las novelas de Jack London, que no sólo son frutos de la imaginación, sino que poseen un valor documental: reflejan la Norteamérica de hace cincuenta años, cuando la búsqueda del oro y de la fortuna se hacían en medio del riesgo y de la aventura.

Jack London escritor americano

El amor al riesgo y a la aventura que se refleja en las novelas de Jack hondón acompañó al escritor durante toda su vida. Incapaz de tolerar un trabajo sedentario, y además humillante según él, buscó librarse haciéndose a la mar, y a los 15 años Jack se unió a un grupo de hombres sin escrúpulos, llamados piratas de las ostras, realizando con ellos redadas en los bancos de estos moluscos, y vendiéndolos en el mercado. Así aprendió a llevar una vida sin norma, entre compañeros disolutos, pendencieros y borrachos.

Jack London fue uno de los autores más prolíficos de la literatura estadounidense. Escribió cuarenta obras, pero la verdadera y convincente novela es quizá la que resultaría de su propia vida, breve e intensa.

Nació en San Francisco el 12 de enerojde 1876. Su madre, Flora Wellman, pertenecía a una rica familia de pioneros; inteligente, pero caprichosa, abandonó muy joven la casa. El padre de Jack era un hombre original: escritor, conferenciante, astrólogo, jamás quiso ocuparse de su hijo. Más tarde Flora se casó con John London, a quien el muchacho se aficionó profundamente, queriéndolo siempre como si fuera su verdadero padre.

Jack London tuvo una infancia demasiado inquieta. Su padrastro, luego de haber intentado varios trabajos, se estableció en una factoría y se dedicó a cultivar hortalizas; pero la mujer no sabía administrar y la familia estaba continuamente al borde de la miseria. Luego, un accidente obligó a John a trabajar en forma irregular, y las condiciones económicas empeoraron.

De chico, Jack concurrió a la escuela alternadamente, debido a las continuas mudanzas de la familia. Cuando apenas contaba once años de edad comenzó a trabajar, repartiendo diarios casa por casa antes de marchar al colegio y vendiéndolos por las calles durante la noche, al regresar de la escuela.

Niño aún, descubrió en sí la pasión más grande y verdadera de su vida: el amor a los libros. Amaba, sobre todo, los libros de aventuras, los de viajes y navegaciones, que ávidamente se procuraba en la biblioteca pública.

Su otra gran pasión era el mar, que lo atraía irresistiblemente. Llegó a ser un habilísimo nadador y un buen piloto de pequeñas embarcaciones. A los 13 años gastó sus primeros ahorros en adquirir un barco para recorrer el estuario de Oakland. No temía al mar ni aun cuando estaba embravecido; al contrario, se sentía lleno de temeridad.

Cuando el padrastro quedó impedido, debió acostumbrarse a trabajar más de diez horas por día en una oficina; pero esta tarea se le antojó humillante, y buscó librarse haciéndose a la mar. Se unió a un grupo de hombres sin escrúpulos, llamados «piratas de las ostras», que se ganaban la vida robando moluscos y vendiéndolos en el mercado. Así aprendió a llevar una vida sin norma, entre compañeros disolutos, pendencieros y borrachos; más tarde, durante un año, formó parte de las patrullas de policía para el control de la pesca.

A los 17 años presentaba no sólo el aspecto y la fuerza de un hombre ya hecho, sino que también tenía una madurez muy superior a su edad. Quería conocer el mundo, y con ese propósito se embarcó como marino en uno de los últimos veleros que zarpaban para Japón y Corea, en busca de focas.

Trabajaba duramente cuando llegaba su turno y se consagraba a la lectura en las horas de reposo. Al regreso, después de cinco meses de dura experiencia sobre el mar, se dedicó a buscar trabajo, pero tuvo que contentarse con entrar en una fábrica de yute.

Una noche su madre le incitó a que escribiera un cuento para participar en el concurso anunciado por un periódico. Recordando sus recientes aventuras, Jack envió la descripción de un tifón que azotara las costas japonesas, y ganó el primer premio. Esta primera tentativa literaria lo animó para seguir escribiendo, pero los editores rechazaron sus originales

Desanimado, abandonó por algún tiempo ef trabajo y se dio a vagabundear por el país, llevado por el deseo de aventuras. Tales experiencias lo pusieron en contacto con hombres de toda clase, muchos de los cuales habían sido víctimas de la injusticia social, por lo que comenzó a sustentar ideas socialistas. Decidido a no seguir viviendo con el trabajo de sus brazos, pero sí con la tarea de su mente, inscribióse en la universidad. Muy pronto, sin embargo, debió interrumpir sus estudios para ayudar a la familia.

Por ese entonces fue descubierto el oro en Klondike, y Jack se vio mezclado con los primeros buscadores que, camino hacia el norte, iban en pos de la fortuna. Sus experiencias como minero no fueron gran cosa, pero le dieron ocasión para participar en la vida de aquellos hombres rudos, simples, primitivos, que todos los días arriesgaban la existencia en los peligros del ártico. Estos aventureros fueron después los héroes típicos de sus novelas.

Atacado por el escorbuto, Jack tuvo que abandonar Alaska y regresar a Oakland. No tenía un centavo ni había conseguido un gramo de oro; pero las experiencias acumuladas en su mente revivían y se transformaban en cuentos, incitándolo a escribir.

El deseo de aventura lo indujo a seguir a los buscadores de oro en las heladas regiones de Alaska. Llegados a las fuentes del Yukón, ]ack y sus compañeros, en tanto los demás decidían regresar, osaron superar con una canoa todas las dificultades. Los otros aventureros, admirados por el coraje y la habilidad de Jack, le ofrecieron una recompensa por cada barca puesta a salvo.

La familia pesaba sobre él, y la necesidad, cada vez más urgente, le obligó a buscar un trabajo cualquiera. Eran años de dura crisis y no lograba encontrar ocupación. Se decidió entonces a narrar su viaje a lo largo del río Yukón y remitirlo a un periódico de San Francisco, con la esperanza de ganar los diez dólares prometidos a los colaboradores. Así tuvo comienzo su prodigiosa carrera literaria.

Dándose cuenta de que le faltaba la preparación cultural necesaria para ser un escritor cabal, quiso educar su mente en los estudios de historia, economía y filosofía: fue un autodidacto. Sus novelas y las primeras colecciones que ilustraban la vida salvaje y dura del norte comenzaron a difundir su nombre.

Percibía agudamente la lucha del hombre contra la naturaleza, y la influencia del ambiente sobre la personalidad humana. La fisonomía salvaje de las regiones por las cuales había viajado le sugirió el ambiente para desarrollar sus escenas. Amaba a la naturaleza por las bellezas que ofrecía, a las cuales era muy sensible, pero la amaba sobre todo por su fuerza terrible.

Su héroe típico es el hombre lleno de energía física, de vigor moral: una especie de superhombre, siempre empeñado en luchas violentas contra el poder de los elementos o la brutalidad organizada de la vida social. En algunos de estos personajes Jack London puso mucho de sí mismo, y en no pocas de sus novelas, como motivo dominante, el triunfo de la naturaleza sobre lo artificial, del primitivo sobre el civilizado.

Inspirado en las ideas socialistas, escribió varias novelas que tienen por argumento la lucha de clases y sus problemas. El talón de acero describe de un modo casi profético el establecimiento de una organización totalitaria que se adueña del poder, denegando todas las instituciones libres, y gobierna al país a través de una policía secreta y una potente organización militar. El valle de la luna describe la lucha de dos jóvenes esposos contra la miseria y la maldad de la vida ciudadana. Los protagonistas, abandonando la ciudad, encuentran la paz y el bienestar cuando regresan a la campaña, estableciéndose en un solitario valle de California.

Jack London estaba decidido a manifestarse abiertamente en contra de la literatura narrativa de aquellos años, que se le antojaba insípida, falta de sentimientos verdaderos y fuertes, encerrada en una visión particular y optimista de la vida, como si deseara ignorar todos los aspectos brutales y dolorosos de la realidad. Reaccionó con todas sus fuerzas, y en sus novelas Jack London reflejó la vida, uniendo el arte a la veracidad.

Durante sus estudios universitarios el escritor se había enamorado de una joven estudiante de buena familia^fueron novios y esperaban casarse apenas Jack hubiese ganado con sus relatos cuanto fuera necesario para mantener a la nueva familia. Pero cuando el sueño parecía hacerse realidad, la madre de Mabel se opuso al matrimonio, y la muchacha no tuvo el coraje de contrariar la voluntad materna. De esta manera la desilusión vino a amargar los éxitos del escritor.

Más tarde Jack London casó con Bessie Modern, que había sido novia de un compañero de estudio suyo, muerto algún tiempo antes. Fue una unión tranquila y razonada, que duró varios años y de la cual nacieron dos hijas.

Durante un viaje a Londres el novelista visitó los miserables barrios obreros de la capital y estudió las condiciones de vida, que luego denunció en sus escritos.

Su primer éxito fue El llamado de la selva, que ha quedado como su obra maestra. La novela se refiere a la historia de Buck, un magnífico perro nacido en la civilización, entre las comodidades de una rica villa, rodeado de cuidados y de caricias. Un ávido sirviente lo vende a un domador embrutecido, quien le hace conocer la violencia y los golpes, y después lo revende.

Atado a un trineo, en las gélidas regiones árticas, Buck conoce el hambre, las fatigas de las corridas, las peleas salvajes con los otros perros. Poco a poco se revela en él un instinto primitivo, el llamado de una voz que lo arrastra lejos del hombre, hacia la soledad salvaje e inviolada. Su último dueño, tal vez el único hombre que amó, es muerto por los nativos. Ya nada retiene a Buck entre los hombres y, obedeciendo al llamado ancestral, se une con las manadas de lobos a los cuales se impone por su superioridad.

A esta primera novela siguió El lobo de mar, donde el autor manifiesta el contraste entre el materialismo y el espiritualismo, representado por dos personajes principales. Uno de ellos, Humphrey Van Weyden, es un crítico literario aficionado; durante la travesía por la bahía de San Francisco cae al mar, a consecuencia de una colisión, y es recogido a bordo del velero Ghost (El Fantasma). El capitán, Lupo Larsen, otro de los protagonistas, representa al hombre dotado de gran fuerza física, despiadado y brutal, absolutamente privado de principios morales.

En las novelas de Jack London campea el concepto de incultura, que se halla en Jas raíces del comportamiento social. Larsen personifica precisamente este contraste entre la inteligencia cultivada y la incivilidad primitiva. La presencia a bordo de una dama, recogida con otros náufragos, acucia el instinto de los protagonistas.

También el refinado gentilhombre tiene que aprender las leyes de la astucia y de la violencia para sobrevivir. Logra escapar con su compañera hacia una isla desierta, a la cual más tarde es arrastrado el velero semi-destruido por una tempestad. Larsen, casi ciego y atacado de una grave enfermedad, está vivo aún a bordo de la nave, pero todos le han abandonado.

Van Weyden y Maud consiguen reparar el velero en la mejor forma posible y retornar así a la vida civilizada, mientras Larsen muere obstinadamente encerrado en su espíritu pagano, que niega todos los valores morales y sociales.

En 1904, al estallar la guerra ruso-japonesa, London aceptó la gananciosa oferta de actuar como corresponsal de guerra. Desembarcado en Japón, su espíritu de aventura lo indujo a comprar una embarcación para hallarse presente en el teatro de las operaciones, sin importársele los obstáculos creados por el gobierno japonés. Vuelto a su patria, continuó escribiendo, alternando el trabajo de novelista con una serie de conferencias sobre el socialismo, que llamaron demasiado la atención, enemistándole con parte de la opinión pública, que ya le era hostil, a consecuencia de su divorcio y su nuevo matrimonio.

En 1906 decidió realizar su gran sueño: navegar hacia los mares del sur y dar la vuelta al mundo. Se hizo construir una embarcación, según sus propios diseños, la cual le costó muchísimo dinero, y luego de innumerables contratiempos, al cabo de un año pudó partir. Durante el viaje escribió su obra Martín Edén.

Es ésta la más autobiográfica de sus novelas. Como el autor, el protagonista es un marino. La curiosidad intelectual, el deseo de elevarse, lo inclinan a instruirse de tal manera, a fin de poder participar en la vida de la rica burguesía, que le parece noble y elevada. En sus esfuerzos se halla sostenido e inspirado por Ruth Morse, una muchacha de la alta sociedad que para él representa el símbolo de su clase y la personificación de la mujer ideal.

Hecho escritor, manifiesta en su obra su modo de concebir la vida; pero la fuerza y la belleza de sus libros no son apreciadas, y sólo un poeta socialista comprende su valor. La novia lo abandona: ella piensa que Martín Edén es un literato fallido cuando ve que sus escritos son rechazados por los editores, y comparte el desprecio que su clase siente por quien no supo obtener el éxito y la riqueza. Pero uno de sus libros le trae fortuna y fama.

Ruth trata de reanudar el noviazgo, pero el amor ha muerto en el hombre. Martín Edén se ha desligado de su clase social y desprecia el ambiente que lo rodea. Nada le atrae ya, no tiene más deseos de vivir. Se embarca hacia los mares del sur, y durante el viaje se arroja de la nave y se ahoga.

También Jack London, como su protagonista, veía crecer el éxito día a día. Tenía 31 años y había publicado ya 21 volúmenes.

Al enfermarse durante un viaje tuvo que regresar a San Francisco, pasados los dos años. Escribió entonces La espléndida aurora, inspirada en sus propias experiencias de buscador de oro.

Decidió después establecerse de manera definitiva, adquiriendo vastas extensiones de tierra y haciéndose   construir   una   mansión   que   le   insumió fuertes cantidades. Era el escritor más célebre y mejor pagado de Norteamérica, pero su tren de vida lo obligaba a una producción literaria apresurada.

La casa, que le era muy querida y que tanto le había costado, se incendió una noche, y fue como si una parte de sí mismo fuese destruida para siempre. Amargado por la indiferencia de sus hijas, y ya sin deseos ni esperanzas, la vida se le antojaba insípida.

El 21 de noviembre de 1916 fue hallado en estado de profunda inconsciencia, del cual no se recuperó; junto a su lecho, el médico encontró dos frascos de morfina y atropina. También para él, como para Martín Edén, «la vida se había vuelto mezquina, insoportable», y había resuelto que no valía la pena continuarla.

Postrado por la tristeza de los últimos años, por la indiferencia de sus hijas, desilusionado por la vida, vuelta como para Martín Edén «una cosa insoportable», Jack, durante la noche del 21 de noviembre de 1916, ingirió una dosis mortal de morfina. La tarde anterior había conversado largo rato, sin revelar siquiera remotamente su horrible propósito.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Federico II de Prusia –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

Biografía Madame de Sevigne Escritora Francesa Marquesa

Biografía Madame de Sevigne

María de Rabutin-Chantal nació en París el 5 de febrero de 1626 y murió de viruela en Grignan el 17 de abril de 1696. Fue la intérprete brillante y fiel del espíritu de Francia del siglo XVII. Ha pasado a la posteridad gracias a las 1.500 Cartas que escribió.

Sevigne Madame Francia

Los primeros salones literarios tuvieron lugar en París y en ellos se reunían regularmente personalidades de la aristocracia, de la política, de las letras y de las artes para charlar sobre temas literarios, morales, mundanos o filosóficos. A partir de 1613, la marquesa de Rambouillet, aristócrata refinada y culta, se alejó de la corte de Enrique IV porque la consideraba vulgar y comenzó a recibir en su casa a las mentes más exquisitas de su tiempo, entre ellos siendo muy joven la marquesa de Sévigné, asistía frecuentemente.

La vida mundana de París y de la corte de Luis XIV, en el siglo XVII, implicaba para la sociedad de la época una existencia brillante pero frivola. De esta sociedad Madame de Sevigné, nos ha transmitido la imagen viva y fiel a través de su correspondencia. Ella misma representa el tipo perfecto de dama de la alta aristocracia. Como escritora pertenece, además, al mejor período del clasicismo francés.

Nació el 5 de febrero de 1626 y su verdadero nombre fue María de Rabutin-Chantal. Cuando tenía cerca de 1 año de edad perdió a su padre, y no había llegado todavía a los 7 cuando su madre también falleció. Fue entonces confiada a un tío materno, el abate Livry, que la educó con esmero. Encargó éste su instrucción a profesores de renombre que cultivaron la clara inteligencia de la joven, dándole sólida cultura. Aprendió el español, el italiano y el latín.

Presentada a la corte de la reina madre Ana de Austria, casó muy joven, en 1644, con el marqués de Sevigné; éste, siete años más tarde, murió en un duelo, dejándole dos hijos: Francisca Margarita y Carlos.

La joven viuda abandonó entonces la vida mundana y se retiró a sus dominios, consagrándose exclusivamente a sus deberes maternos y a la administración de su hacienda con competencia y habilidad. A los 29 años retornó a París y reapareció en la corte, donde brilló en el seno de la sociedad culta, gracias  a su inteligencia y a la distinción de sus modales y conversación.

Aun cuando amaba a sus dos hijos, Madame de Sevigné tuvo, sin embargo, una marcada predilección por su hija, a la que profesaba un cariño que puede parecemos desmedido.

Francisca Margarita casó en 1669 con el conde de Grignan, acompañándolo algunos años más tarde a Provenza, donde fuera nombrado teniente general. La marquesa sintió una inmensa pena a raíz del alejamiento de su adorada hija y fue entonces cuando inició una correspondencia muy frecuente, que habría de durar 25 años, sin más interrupciones que las ocasionadas por los reencuentros.

A partir de esa fecha, en efecto, la marquesa viajó siempre, realizando estadas en sus diferentes propiedades, a las que administraba personalmente, y efectuando visitas a su hijo, en Bretaña, y a su hija, en Provenza. Fue en Grignan en donde Madame de Sevigné murió de viruela el 17 de abril de 1696.

En 1669 su hija casó con el conde de Grignan, acompañándolo a Provenza. Madame de Sevigné inició entonces una correspondencia frecuente que no se interrumpió más que en los momentos en que madre e hija reencontrábanse. La marquesa viajaba frecuentemente, a fin de visitar a su hija, en Provenza, y a su hijo, en Bretaña, y recorrer sus diferentes propiedades, las que administraba personalmente con competencia y habilidad.

Todos los personajes más conocidos del siglo XVII, políticos, escritores, sabios y damas de la aristocracia, nos han dejado cartas, pero sólo la marquesa de Sevigné ha pasado a la posteridad en razón de su correspondencia, sin que aquellas pocas figuras renombradas en este género literario, puedan rivalizar con ella.

Nos han llegado 1.500 cartas, las cuales fueron publicadas en numerosas ocasiones y a través de distintas ediciones. Estas cartas de Madame de Sevigné reflejan admirablemente la vida y la sociedad de su época. La marquesa conoció el ambiente de la corte, pleno de faustos y esplendores, pero también penetrado de infamias.

Así, a través del relato de los hechos históricos o mundanos, vieron la luz los secretos mezquinos o escandalosos, las rivalidades y los odios de la alta sociedad de ese tiempo. La marquesa trataba familiarmente a los personajes más conocidos de Francia, y es por ello que sus cartas refieren, con espíritu de observación  psicológica profundidad, todo lo que concierne a estas figuras y a los acontecimientos de aquel mundo aristocrático.

En una época en que la conversación brillante constituía uno de los pasatiempos más apreciados de la vida mundana, ella escribe en la misma forma que habla. Así, en las cartas a su hija, que constituyen la mayor parte de su correspondencia, y en otras dirigidas a los amigos que vivían lejos de París, relata con soltura todo lo que puede interesar vivamente a sus destinatarios, o lo que puede permitirles estar al tanto de los acontecimientos.

La sólida cultura de Madame de Sevigné se revela en los juicios y citas que aparecen en sus cartas, expresados siempre sin evidenciar pedantería; guarda en todo momento un tono espiritual y alegre. Las Cartas constituyen un testimonio histórico y sincero de su época.

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En una de sus cartas más espirituales, Madame de Sevigné relata la muerte de Vatel, mayordomo del castillo de Conde. Para celebrar la llegada al castillo de Luis XIV y su séquito se preparó un banquete suntuoso, pero los invitados fueron más numerosos de lo previsto. Todos hicieron honor a las viandas, pero el asado no fue suficiente. Al día siguiente ocurrió lo mismo con el pescado. Vatel creyóse culpable de todas estas vicisitudes, y se suicidó.

Los hechos y los personajes, ya sean presentados bajo un aspecto favorable o desfavorable, son tratados siempre con una indulgencia sonriente, puesto que la marquesa, aun cuando evita la crítica mal intencionada, dista de ser una ingenua.

La crónica mundana, plena de vivacidad, alterna siempre con simples reseñas que tienen por tema la vida familiar o la vida campestre, junto con brillantes observaciones sobre la naturaleza.

En otras cartas se puede apreciar mayor profundidad, una real nobleza de espíritu y su sentido religioso de la vida. Estas cartas son una especie de retrato de la misma marquesa: espiritual y alegre, culta y segura de sus juicios, que mantiene aun cuando sus amigos caigan en desgracia frente al rey. Son bien conocidas las cartas en las que refiere detalladamente el proceso  del ministro Fouquet, acusado y; encarcelado por malversar bienes del Estado. Estos relatos fieles y precisos valieron a Madame de Sevigné la denominación de bella antecesora de los cronistas modernos».

La ilustre escritora no fue, evidentemente, una mujer tierna ni sentimental, y se la ha reprochado asimismo su falta de piedad, porque con la indiferencia propia de su tiempo y ambiente describe, con un desapego que llega al cinismo, las aventuras y sufrimientos de las otras clases. Se le criticó también haber escrito con demasiado preciosismo, es decir, haber complicado su prosa, buscando efectos. Ella controló su estilo, sin lugar a dudas, pero algunos recursos, aun cuando fueron artificiales, no pierden por ello su aparente espontaneidad en el seno del relato.

Todavía en nuestros días, después de transcurrir dos tres siglos, la voz de esta mujer simpática y espiritual parece querer surgir de las páginas de sus cartas con toda alegría y vivacidad, haciendo revivir personajes y acontecimientos que el tiempo, sin ella, habría indudablemente borrado para siempre.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Biografía de Madame de Sevigne

 

Biografia de Baruch Spinoza Resumen de su Vida

Biografía de Baruch Spinoza

Los contemporáneos consideraron con odio y aversión la doctrina panteísta de Baruch Spinoza. Después de un período de silencio, el idealismo alemán revalorizó la obra de este pensador de fines del siglo XVIII.

Desde entonces, combatido o defendido, Spinoza ocupa un lugar de primera fila entre los filósofos de la Edad Moderna.

Se ha dicho, y con mucha razón, que no se puede ignorarlo, porque su solo pensamiento representa un perfil del pensamiento humano; perfil unilateral a ultranza, desde luego, pero expresión máxima de una orientación filosófica.

Spinoza, en efecto, encarna el ápice de la filosofía racionalista del siglo XVII, apoyándose en la plataforma de Descartes y llevando a las consecuencias últimas las deducciones naturalmecanicistas que este pensador había creado.

En su Etica, construye un sistema filosófico de modo rigurosamente matemático, con sus definiciones, axiomas, corolarios y escolios (método geométrico). Esta concepción matematicista se halla, asimismo, en el fondo de su pensamiento.

El punto de arranque de su sistema metafísico descansa en la «substancia», causa inmanente de todas las cosas, Dios o Naturaleza, que posee infinitos atributos, de los cuales sólo se pueden conocer dos: el pensamiento y la extensión, lo anímico y lo corpóreo.

Entre uno y otro no existe intercambio, sino paralelismo, y en esta premisa, que resuelve el dualismo cartesiano, se basa el panteísmo de Spinoza.

En su estructura mental geometrizante, éste excluye de su moral toda mística, toda entrega a un Dios que, para él, sólo es pensamiento puro.

Baruch de Spinoza

Nació en Amsterdam el 24 de noviembre de 1632. Sus padres eran judíos emigrados de España (su apellido Spinoza deriva del original español de su familia, Espinosa) a Portugal y, más tarde, a las Provincias Unidas.

Recibió una formación basada en el estudio de las fuentes clásicas judías, especialmente presentes en el Talmud.

Más tarde, sin embargo, se apartó del judaísmo como consecuencia de haber iniciado sus estudios acerca de las ciencias físicas, así como por el efecto que tuvieron en su pensamiento los escritos del filósofo inglés Thomas Hobbes y los del científico y filósofo francés René Descartes.

Baruch de Espinoza

Ver: Baruch Spinoza y su pensamiento sobre las mujeres

Miembro de la escuela racionalista de filosofía, Baruch Spinoza buscaba el conocimiento a través de la razón deductiva más que por la inducción a partir de la experiencia sensorial. Spinoza aplicó el método teórico de las matemáticas a otras esferas de investigación. Siguiendo el modelo de los Elementos de geometría de Euclides, la Ética (1677) de Spinoza desarrollaba un análisis de la moral y la religión en definiciones, axiomas y postulados.

Benito Espinosa. — Este filósofo holandés nació en Amsterdam el 24 de noviembre de 1632 y murió en La Haya el 21 de febrero de 1677. De religión hebraica su familia, debía de proceder de los judíos españoles o portugueses que fueron expulsados de la península ibérica.

Sus padres le destinaban a la profesión de rabino y en este sentido se encaminaron sus primeros estudios. Muy pronto la profundidad de su pensamiento, su gran sentido crítico y la independencia de sus juicios, le indispusieron con sus compañeros de religión, por la libertad con que examinaba las doctrinas aceptadas de teología y moral.

Adquirió entonces amistad con los cristianos y recibió lecciones de latín del humanista y médico librepensador Van der Endem.

Siguió la escuela cartesiana, escribiendo un tratado de filosofía, y además escribió la Ética, libro de filosofía moral en el que expone un sistema propio sobre la materia, basado en el método de la geometría euclidiana. Los rabinos le persiguieron y hasta se intentó su asesinato.

En 1655 fue desterrado de Amsterdam, y vivió en el campo, ganando su subsistencia como pulidor de lentes.

En este destierro escribió su obra De Dios y del hombre, y se presume que bosquejó el Tratado teológico-político. Espinosa hubo de variar dos veces de residencia para gozar de calma y tranquilidad que le eran muy necesarias física y espiritualmente, volviendo después a La Haya.

Al aparecer la última parte de su Ética, circuló la especie de que preparaba otra en la que negaba la existencia de Dios.

Los teólogos propagaron la noticia, y tanto por el efecto que en su ánimo produjeran estas injustificadas inculpaciones como por los trabajos y privaciones por que pasaba, se agravó la dolencia de tuberculosis que le aquejaba, y falleció en la indigencia.

CRONOLOGÍA DE SU OBRA LITERARIA

1663Renati des Cartes Principiorum philosophiae (Principios de la filosofía de René Descartes)
1663Cogitata metaphysica (Pensamientos metafísicos)
1670Tractatus theologico-politicus (Tratado teológico-político)
1677 (póstuma)Tractatus de intellectus emendatione (Tratado sobre la reforma del entendimiento)
1677 (póstuma)Tractatus politicus (Tratado político)
1677 (póstuma)Ethica ordine geometrico demonstrata (Ética demostrada según el orden geométrico)

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Resumen de las Etapas del Arte en Europa desde el Renacimiento

Etapas del Arte en Europa Desde el Renacimiento

La siguiente descripción es una somera sintesis de los mas destacados artistas de Europa a partir del siglo XV, desde esta misma pagina puedes acceder a conocer la vida y obra de casi todos los artistas nombrados en dicha descripción.

A comienzos del siglo XV, Europa occidental estaba dominada artísticamente por una concepción medieval que, al servicio de grandes príncipes, se expresaba mediante fantasías. Los pintores flamencos Campin, Van Eyck y luego Van der Weyden, emprendieron el regreso a la realidad mediante la reproducción fiel de las apariencias externas.

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Rogier van der Weyden (c. 1399-1464), pintor flamenco de mediados del siglo XV, destacado por el carácter innovador de sus composiciones religiosas dentro de la pintura de su época. Por lo general, las obras del pintor flamenco Rogier van der Weyden tratan sobre temas religiosos. En esta obra de 1435 aproximadamente, (actualmente en el Museo del Prado-Madrid) Conocido por el carácter innovador y dinámico de sus composiciones, en El descendimiento de la cruz.

Al mismo tiempo, artistas florentinos planteaban la cuestión artística centrándola en el hombre y, por tanto, dando a su obra una dimensión definida y real en espacio y tiempo. Brunelleschi, Donatello y Masaccio iniciaron así, en sus respectivas artes, la corriente renacentista, aplicando los principios de la anatomía y la perspectiva.

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Masaccio (1401-1428), el primer gran pintor del renacimiento italiano cuyas innovaciones en el empleo de la perspectiva científica abrieron el periodo de la pintura moderna. La expulsión del Paraíso (c. 1427) es uno de los seis frescos que Masaccio pintó en la capilla Brancacci de Santa Maria del Carmine, Florencia. El carácter innovador de estas obras reside en sus figuras de aspecto casi escultórico y en su fuerza dramática y emocional.

En torno a 1500, las preocupaciones humanistas de los artistas florentinos recibieron nuevos impulsos que hicieron llegar a sus últimas consecuencias el espíritu del Renacimiento: Leonardo, a partir de la experiencia; Rafael, por la relación de afectos y el pensamiento eclesiológico, y Miguel Ángel, por su lucha atormentada con la materia en razón de su fe religiosa, son las figuras señeras de esta etapa.

Los humanistas eran intelectuales, eruditos de formación universitaria, que comenzaron a resucitar obras filosóficas, históricas o literarias de la antigüedad grecorromana.Sus ideas se vinculaban con las aspiraciones de los sectores burgueses, que adquirieron mayor poder en la sociedad.

Entre tanto, algunos pintores germánicos Durero y Holbein, comomás destacados- difundían en el área centroeuropea y anglosajona los principios renacentistas que, asentados en la tradición medieval, daban sus mejores frutos en el ámbito del retrato y del grabado.

Alberto Durero (1471-1528), artista alemán, una de las figuras más importantes del renacimiento, conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte, que ejercieron una profunda influencia en los artistas del siglo XVI de su propio país y de los Países Bajos.

A lo largo del siglo XVI, los pintores venecianos opusieron a los florentinos una preocupación esencial por el color, interpretado por Tiziano con equilibrio clásico, en la fábula mitológica; por Tintoretto, a través del lenguaje manierista en fantasmagorías religiosas, y por Veronés, como cronista de fastos decorativos.

Jacopo Robusti, Il Tintoretto

Jacopo Robusti, Il Tintoretto (1518-1594), pintor manierista veneciano, fue uno de los artistas más destacados del último tercio del siglo XVI. Su obra sirvió de inspiración para el desarrollo del arte barroco.  El baño de Susana (c. 1550, Museo del Louvre, París), está basado en la historia del citado personaje bíblico acusado falsamente de adulterio por dos ancianos. Durante el siglo XVI, este tema sirvió de pretexto a los pintores de la época para representar la figura femenina desnuda.

Preocupación paralela a la de éste mostró el arquitecto véneto Palladio, uniendo arquitectura y naturaleza, mientras Vignola, su contemporáneo, preparaba el barroco en Roma creando la iglesia contrarreformista. Herrera, que completó El Escorial, inició un estilo geométrico y austero de amplia repercusión en el arte castellano durante más de medio siglo (estilo herreriano).

Monasterio Escorial

El Escorial es uno de esos lugares en el mundo que suele atrapar la atención de miles de turistas, que a penas llegados a la región quedan totalmente encandilados por la belleza arquitectónica e histórica, envuelta por la inmensidad de la hermosura natural. 

Antes de que finalice el siglo XVI, Carracci y Caravaggio encarnan una tendencia opuesta al manierismo dominante y a su intelectualismo, volviendo a la naturaleza por vías de belleza idealista o de extremado realismo. Nacía así la pintura barroca, que habría de hallar la máxima expresión de la realidad en el dinamismo y exuberancia del flamenco Rubens, en la transfiguración luminosa y psicológica del holandés Rembrandt y en la sencilla y difícil veracidad del sevillano Velázquez.

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Caravaggio (1573-1610): La actividad de Caravaggio se desarrolló en Roma desde 1591 aproximadamente hasta 1606, en que, después de haber matado a un hombre en una riña, emprendió una huida que solo cesaría con su muerte. A su trágica vida corresponde una pintura de extrema tensión moral y religiosa. Caravaggio busca la verdad y rechaza el arte como actividad intelectual según lo entendía el manierismo.

Así, su obra aparece como realidad en que los temas religiosos no son historia ni alegoría sino hechos presentes y cotidianos. En un caminar incansable, que aparece como revolucionario desde sus primeras obras romanas, su estilo queda definido por composiciones unitarias, brutales contrastes de luz y sombra, atmósferas y personajes reales que atraen al espectador y le impresionan por el drama vivido en cada escena. En las últimas obras, el realismo se hace exacerbado y las figuras se agrupan en una zona del cuadro, golpeadas por los efectos de luz, creando un ambiente de desolación y tragedia.

Carracci (1560-1609): Con su hermano Agostino y su primo Ludovico, Annibale Carracci fundó en Bolonia la «Accademia degli In-camminati»  para  la  formación  de pintores y la enseñanza del estilo de los grandes maestros del siglo xvi; por eso su tendencia se ha calificado de clasicista. El estilo de los Carracci reúne experiencias venecianas, de Correggio, Rafael y Miguel Ángel, entre otros, pero la esencia de su lenguaje no radica en estas influencias sino en el dominio exaltado de la imaginación, extendiendo la experiencia de lo real a lo posible.

Por ello no resulta muy exacto el calificativo de ecléctico (mezcla) que tradicionalmente se ha venido aplicando a su estilo. La capacidad creadora de Carracci permite además obras tempranas de claro realismo popular como La carnicería de Oxford (1585) y otras tardías como la Huida a Egipto de Roma (1603) de espléndido paisaje ideal y lleno de sentimiento. La belleza del ritmo y del color conmueven y captan poderosamente la atención.

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Pasado el primer cuarto de siglo XVII, el barroco penetra en la arquitectura a través de la obra romana de dos arquitectos enfrentados: Bernini, también escultor, de arte teatral, pero equilibrado y apasionadamente cristiano, y Borromini, de formas onduladas y cambiantes, frenético y angustiado; unos años más tarde, Guarini, en Turín, desarrollaría con extrema fantasía las ideas del último.

En el postrer tercio del siglo XVII, los artistas franceses, más racionales y clasicistas, se expresaban con grandeza armónica y proporcionada como homenaje a Luis XIV, el Rey Sol, relacionando en Versalles todas las artes.

Mientras, en España, Churriguera acaba definitivamente con lo herreriano en un estilo opulento y dinámico que dejó larga estela, sobre todo en el retablo castellano.

retablo de san esteban

José B. de Churriguera (1665-1725):Churriguera parece haber sido entre todos ellos el artista más original, creativo e influyente.Sobre lo churrigueresco circulan vulgarmente algunas interpretaciones erróneas y, por lo general, peyorativas. Ni es una la personalidad de los Churriguera, ni los tres artistas más distinguidos de la dinastía -los hermanos Benito (1665-1725), Joaquín (1674-1724) y Alberto (1676-1750), madrileños- son los más característicos representantes del barroco exuberante y recargado que domina en los retablos y edificios castellanos de la primera mitad del siglo XVIII. Por otra parte, la importancia y calidad de su labor en el campo arquitectónico y decorativo del pleno barroco es un hecho indiscutible.

El carácter sustancialmente ornamental del barroco logra su último esplendor por obra del turinés Meissonnier, cuyos hallazgos en torno a la roca marina -la rocalla- y otras formas asimétricas sirven de base al amable estilo rococó, tan acorde con las exigencias de la sociedad francesa del segundo tercio del siglo XVIII.

El redescubrimiento de la antigüedad desplazó definitivamente, en el último tercio del siglo, a lo barroco y rococó, dando lugar al llamado neoclasicismo; fue el escocés Adam quien acertó a aplicar la decoración antigua a la arquitectura y a otras artes suntuarias.

Por encima de lo rococó y lo neoclásico, anunciando impresionismos y expresionismos, el aragonés Goya, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, mostró una imaginación y una audacia creadora como pintor y grabador que inaugura espiritualmente el arte moderno. Ya en el siglo XIX, las tendencias pictóricas se suceden en Francia e irradian al resto de Europa. Neoclasicismo y romanticismo dominan la primera mitad del siglo.

Romanticismo: movimiento artístico que se inicia en el segundo decenio del siglo XIX y que supone una reacción contra el academicismo neoclásico. Se caracteriza, en pintura, por el gusto por temas históricos, literarios, y por los paisajes, a través de los cuales se comunica una emoción personal con sensibilidad apasionada.

Despues de 1848, las reivindicaciones sociales y políticas, los avances de la técnica y la ciencia, repercuten de forma importante en la pintura: irrumpe el realismo de Courbet despreciando idealismos y fantasías para poner en primer término los aspectos más prosaicos de la vida cotidiana.

Sobre 1870, una nueva tendencia surge en el panorama francés, representada por Monet como su cultivador más genuino: el impresionismo, con sus estudios del efecto de la luz sobre el color y las formas. Y poco más tarde, Cézanne, al ver en la naturaleza formas geométricas esenciales, comienza a derribar el sistema de representación natural que, en sustancia, permanecía inalterado desde el Renacimiento.

El Renacimiento a partir del siglo XIV, fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa.

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Claude Monet (1840-1926): En los años inmediatos a la guerra de 1870 un grupo de pintores -Monet, Pisarro, Sisley y Renoir principalmente- se sitúan el margen de cualquier imitación de tendencias precedentes y realizan una nueva pintura a la que un crítico denominó despectivamente impresionismo inspirándose en el título de una obra de Monet expuesta en 1874, Impresión: sol naciente. Aparece este pintor como el creador más original y principal representante de las conquistas técnicas y estéticas del grupo.

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Sin los matices sociales o políticos de los realistas, mediante una concepción estrictamente pictórica -que, sin embargo, hallará la misma oposición entre los conservadores- Monet buscará la realidad cromática y formal bajo los efectos de la luz. En la base de su arte se halla el pintar al aire libre y el colorido claro.

La luz transforma y altera los colores y también las propias formas, de manera que el paisaje y sus elementos surgen como visiones instantáneas no repetibles temporalmente. Preocupación primordial es el estudio de los reflejos de la luz en el agua, que tienen consistencia real semejante a la de los elementos reflejados. Este lenguaje alcanza su mayor pureza en los años en que pinta en Argenteuil (1872-78), a pesar del virtuosismo que revelan sus series sobre un mismo tema –analizando los efectos de la luz a diferentes horas- que constantemente realiza a partir de 1889.

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El cubismo que Picasso inventó hacia 1909 –imágenes mentales, no naturales, representación simultánea y en el mismo plano de los distintos elementos que constituyen una figura o un objeto- inaugura una nueva era artística.

La aportación de Kandinsky -su primera acuarela abstracta es de 1910-, al prescindir de cualquier motivo cognoscible y utilizar solo formas y colores, completaba la revolución.

Solo unos años más tarde, tres arquitectos, Gropius, Mies van der Rohe y Le Corbusier, pioneros de una nueva etapa racionalista y humanista, trataban con sus edificios de mejorar la vida humana a través de la modificación de la vivienda y la ciudad. Hasta su muerte lucharon por conseguir que sus ejemplos no quedaran en meras obras artísticas aisladas, sino que su multiplicación práctica contribuyera al bienestar general del hombre sobre la Tierra.

Fuente Consultada:
Maestros del Arte Editorial SALVAT Colección Temas Claves Aula Abierta

Van Eyck Vida y Obra Artística Arte Flamenco Biografía

BIOGRAFIA Y OBRAS DE ARTE DE JAN VAN EYCK, PINTOR FLAMENCO

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Al mismo tiempo que se afirma el Humanismo italiano, un arte nuevo nace también en Flandes, favorecido por el bienestar y la prosperidad de la comarca, una de las más adelantadas de Europa en lo social y económico. Podemos afirmar que el verdadero Renacimiento flamenco nace con la pintura de Juan van Eyck, nueva sin ser revolucionaria, e impregnada de un humanismo distinto pero tan convincente como el italiano.

FLANDES Y BRABANTE: En 1419, Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, traslada su sede de Dijón a Brujas, en el corazón de Flandes. Y es así como esta región, ya floreciente, viene a hallarse en el centro de uno de los Estados más prósperos y poderosos de Europa. El panorama que ofrecen las ciudades flamencas durante este período es el de una actividad alegre y serena que abarca los campos del comercio, la artesanía y la edificación, desenvolviéndose bajo el signo de la paz y la seguridad confiada en el mañana.

Igualmente florecientes son las condiciones en Brabante, cuyos centros de Bruselas y Lovaina comienzan a renovarse en su aspecto arquitectónico como consecuencia del incremento de las actividades ciudadanas. En efecto, los Países Bajos son, en el siglo XV, un hervidero social y económico. Y éste es el terreno donde se desarrolla una vida cultural y artística que se expresa en la obra de algunos grandes pintores, entre los que descuella netamente la figura de Juan van Eyck.

Jan (Juan) van Eyck (1390-1441), pintor flamenco que trabajó en Brujas, se cree que  fuera oriundo de Maaseik, provincia de Limburgo. En 1422 trabajó en La Haya para Juan de Baviera, príncipe-obispo de Lieja. En los años de su juventud Van Eyck trabajó en Tournai, capital de la escultura, junto a un pintor de misteriosa personalidad, llamado el Maestro de Flémalle, identificado mas tarde como Robert Campin, fue fundador del Ars nova, estilo pictórico del gótico tardío en el siglo XV, que anuncia el renacimiento en el norte de Europa.

autoretrato de van eyck

El hombre del turbante
Se cree que El hombre del turbante (1433, National Gallery, Londres) es un autorretrato de Jan van Eyck.
Su obra era de un gran realismo para la época.

Lo poco que se sabe de su primera época hace que se centre la atención en la relación artística que mantenía con su hermano Hubert. La oscuridad que rodea a la figura de éste ha provocado especulaciones y debates interminables entre los historiadores del arte, y hasta se ha llegado a sostener que tal hermano nunca existió.

El arte de esta etapa flamenca se identifica  por el naturalismo de vívidos colores al óleo, la meticulosidad de los detalles, la precisión de las texturas y la búsqueda de nuevos sistemas de representación del espacio tridimensional o perspectiva. En 1425 Felipe III el Bueno, duque de Borgoña, le nombró pintor de la corte, cargo que conservó hasta su muerte. La relación que mantenía con el duque era tan buena que éste le encargó algunas misiones diplomáticas secretas.

La Región Flamenca , o simplemente Flandes , es una de las tres regiones que componen Bélgica, junto con la Región Valona y la Región de Bruselas-Capital. Flandes limita al suroeste con Francia, al noroeste con el mar del Norte, al norte y este con los Países Bajos, y al sur con Valonia.

Se puede decir que la posición artística de Juan van Eyck, quien fue co-autor del políptico (ver imagen abajo) , comienza en las premisas del arte de aquél se hallan ya presentes en las mejores expresiones de la miniatura franco-flamenca del siglo XVI, en los diáfanos cielos abiertos de los Libros de Horas de los hermanos de Limburgo, en el minucioso ajuste a la realidad de las cosas, y en ese naturalismo analítico, que constituía la más fascinante característica de aquellas hojas miniadas.

Y parece haberse comprobado que el mismo van Eyck inició sus actividades artísticas como miniaturista. Es así como la crítica le atribuye, concordemente, algunas hojas de las «Horas» conservadas en el Museo de Turín, que estilísticamente entroncan con la tradición representada por los mencionados hermanos de Limburgo. Pero, con el Cordero Místico, la experiencia miniaturista es superada por una concepción pictórica de mucho más vasto empeño, en la que van Eyck se revela no solamente hábil en la composición y el dibujo, o en su conocimiento de la perspectiva y la anatomía, sino, sobre todo, por las infinitas posibilidades expresivas que hace nacer de la fusión de la luz y del color.

Su lento y meditado descubrimiento de la realidad alcanza, así, una esfera de solemne contemplación y de transfiguración. Humanista es el ideal de van Eyck por su afectuoso y apasionado interés hacia el hombre, pero no descubre la dignidad de éste a través del estudio de los clásicos, sino captándolo en su verdad cotidiana y acercándose a su vida más íntima y secreta.

Pintor de corte de Felipe el Bueno, Juan van Eyck gozó de gran favor por parte de sus contemporáneos, que le hacían numerosos encargos.  Así nacen sus obras más conocidas, desde la Virgen del Canónigo van der Paele hasta la Virgen del Canciller Rolin y el Retrato de los esposos Arnolfini. En todas sus obras se percibe extraordinaria afición por el detalle.

Cada pormenor es un cuadro dentro del cuadro, y es, a veces, un trozo pictórico y poético de sorprendente realismo una naturaleza muerta en la penumbra de un armario, un florero al pie de la Virgen, el precioso vestido de un donante que tiende como a fraccionar la atención del que mira. Pero, sobre todo, es el mágico efecto de la luz, que parece brotar casi de la misma materia pictórica, el que confiere unidad y coherencia al conjunto.

Y tanto el nítido paisaje urbano, como la rica morada burguesa de sus pinturas, son signo de una sólida solvencia, de una fe en las cosas de este mundo, que testimonian el logrado equilibrio de una sociedad en la que el arte de van Eyck y de los pintores que lo siguieron ha encontrado una de sus más valiosas condiciones de existencia. Juan van Eyck murió en el año 1440, honrado por todos y, en especial, por Felipe el Bueno,  duque  de Borgoña,  su protector.

EL   MAESTRO   DE   FLEMALLE: En los años de la juventud de van Eyck trabajaba en Tournai, capital de la escultura, un pintor de misteriosa personalidad, llamado el Maestro de Flémalle. Durante cierto período se ha creído que sus obras debían atribuirse a la juventud de Rogelio de la Pasture (van der Weyden), mientras que ahora, casi uniformemente, se lo identifica con Roberto Campin, nacido en Valenciennes, que actuó en varias ciudades de los Países Bajos.

La educación de este maestro, como se desprende de las obras que han quedado de él, presenta aspectos profundamente distintos de los típicos en la concepción de van Eyck. Es evidente, sin duda, que se ha formado en contacto con las grandes escuelas de escultura, y que ha tenido oportunidad de conocer y asimilar la enseñanza del gran escultor borgoñón Claus (Nicolás) Sluter.

Derivan de ese precedente el fuerte plas-ticismo de sus pinturas, la abierta vena expresionista de carácter aún medieval y la tendencia a poner en primer plano las figuras, sin ninguna conexión con la escena del fondo. Estamos lejos de la sensibilidad pictórica de van Eyck, que resolvía el problema de la representación de formas y volúmenes mediante matices de luz y de color. Sólo en sus últimas obras el Maestro de Flémalle muestra haber experimentado la influencia de su más joven y famoso colega, dulcificando los contornos con una luminosidad más suave y difusa, y creando una atmósfera de tiernas vibraciones.

Políptico del Cordero Místico; detalle del panel central celos Apóstoles y los Eclesiásticos (1426, aprox. -1432)
– Iglesia de San Bavón – Gante.

Detalle del Políptico del Cordero Místico

 La renovación substancial que en vano se buscaría en la arquitectura o en la escultura flamencas del siglo XV, se encuentra, en cambio, en el campo de la pintura. Con las grandes personalidades de Juan van Eyck, de Rogelio van der Weyden (de la Pasture), de Diderico Bouts y de Hugo van der Goes, se asiste al surgimiento de un tipo de pintura que, si bien tiene sus orígenes en el naturalismo del arte gótico, se afirma como un movimiento completamente nuevo, distinto pero no menos importante que la pintura del siglo XV italiano. El gran políptico de Gante es como el triunfal anuncio de este mundo nuevo: comenzado alrededor de 1426 e inaugurado en 1432, fue parcialmente pintado por Huberto van Eyck, el misterioso hermano de Juan, cuya existencia misma ha sido controvertida por muchos críticos modernos y considerada una leyenda.

JUAN VAN  EYCK (1390, aprox. – 1441): Retrato   de  Arnolfini y de su mujer (1434) – Galería Nacional. Londres.
Retrato, escena de ambiente y estudio de costumbres, como ha sido justamente definida, la tabla que representa a los cónyuges Arnolfini es una de las más grandes obras de Juan van Eyck y una de las que mejor manifiestan la manera de pintar y el estilo del artista. Cada detalle del ambiente ha sido estudiado con gran cuidado, como si se lo mirase a través de una lente de aumentó; así sucede con los muéblesela araña, las paredes, los detalles de los vestidos y el pequeño espejo del fondo en el que se reflejan todos los pormenores de la pequeña cámara. Pero tal examen nada quita al rigor equilibrado con que ha sido representado el ambiente en su conjunto, debido a que las más sutiles exactitudes del dibujo están acompañadas por la vibración de la luz que unifica los detalles, acaricia la superficie de las cosas y define toda la atmósfera. La atención del pintor a los datos ambientales es, por otra parte, característica de toda la pintura flamenca del siglo XV: el revivido interés por el hombre se convierte, en los flamencos, en búsqueda de la ubicación del personaje en el mundo real   en   que   vive.

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. – 1441): La Virgen del Canciller Rolin.  (1425, aprox.) – Museo del Louvre. París.
Detrás de la vigorosa imagen del Canciller Rolin se despliega un diáfano paisaje fluvial, y cada elemento del panorama, hasta el más pequeño y lejano, es puesto de relieve con sutilísimo análisis descriptivo.

Virgen de la Fuente de Van Eyck

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. – 1441): La Virgen de la Fuente Museo Real de Bellas Artes.   Amberes.
El fondo del cual surge la imagen es precioso y florido, según La concepción pictórica y el gusto típicos del mundo gótico tardío. En cambio la figura misma de la Virgen, solemne en su amplio manto drapeado posee un relieve y una plasticidad absolutamente ignorados por los delicados y refinadísimos pintores del ya arcaico gótico internacional.

Van Eyck Retrato del Cardenal

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. –  1441) Retrato del Cardenal Albergan (1434, aprox.) -Museo de Historia del Arte.  Viena.
El brillantísimo análisis de los datos de la realidad, que ya se ha notado en las escenas de ambiente o en los fondos naturales de la pintura flamenca, triunfa sobre todo en la serie de hermosísimos retratos que Juan van Eyck ejecutó de los hombres más famosos de su época: eclesiásticos, ricos burgueses, conocidos comerciantes, influyentes banqueros. Ninguna característica del rostro escapa al implacable análisis del pintor: cada arruga, cada cabello, cada detalle mínimo es precisado y descripto con grandísimo cuidado. Sin embargo, esta concepción microscópica de la realidad no es un fin en sí, sino que luego se transforma, por efecto de la luz y del color, en una potente síntesis; y de la observación de los mínimos detalles de un rostro nace un retrato vigoroso que revela todo un mundo interior.

Fuente Consultada:
Enciclopedia del Arte Fasc. N°59 ARTERAMA Editorial CODEX

Los Acolitos Una Relacion Con Teatro Itinerante

Los Acólitos Una Relación Con Teatro Itinerante

Los acólitos Una relación con el teatro itinerante El arte debe ser vivido por todos, no como un espectáculo experimentado pasivamente, sino como un juego en el que se arriesga la vida .En las organizaciones libertarias hemos visto en los cuadros filodramáticos, especialmente en los surgidos en las escuelas del movimiento, un esfuerzo colectivo de sacralización que exige del participante una apertura del espíritu y ofrece a cambio el control de sus propios medios de expresión El teatro, aún didáctico, conserva un aspecto de fiesta, pero ésta se convierte pronto en la fiesta de la Revolución.

En la experiencia que ellos intentan… actores y espectadores son los coautores del drama y en estamos en presencia de un verdadero teatro comunitario. La idea de este teatro aleatorio es favorecer la creación de la “comuna” y reconocer el hecho de que existe un artista creador en cada individuo. Y aunque el teatro no es más que un evento, conduce a la acción .

Por un breve instante, el arte, la vida, la política, forman una unidad. Las técnicas aleatorias garantizan que no haya un itinerario preestablecido, que no se establezca ninguna teleología social, que no se imponga, pues, una performatividad. La estética marxista se presenta como guardián de la tradición realista. La estética anarquista es el guardián del espíritu de ruptura. Y puesto que tiene la mirada fija en el porvenir, interpreta tal vez mejor la aspiración del artista de hoy a la libre expresión de su fe de herético .

Los libertarios rioplatenses desplegaron así un fuerte sentido de lo comunitario que conjugó la lucha económica con una decidida militancia de integración cultural alternativa a la del Estado.

Integración desigual, discontinúa, muchas veces efímera, contradictoria en sus apropiaciones. En este contexto de crecimiento de los centros portuarios el movimiento libertario adquiere gran relevancia en la organización de la lucha sindical. La necesidad de mano de obra barata por la expansión de la economía generó situaciones de esclavitud fogoneadas por las patronales, que respondían al modelo hegemónico oligárquico.

Con gran rapidez crecieron locales anarcosindicalistas , junto a centros, círculos y escuelas de orientación ácrata.

La creación artística de estos núcleos es remarcable y se convierten en el sistema de producción más dinámico de la época.

La reacción de los sectores que detentaban el poder político y económico no se hizo esperar y no sólo se dedicó a la represión de huelgas o foquismos puntuales sino que apuntó a toda la actividad del anarquismo en general. Se clausuraron sus diarios e imprentas, se ningunearon y luego quemaron sus centros y escuelas racionalistas.

Era un vano intento por frenar la ola de concientización de la clase proletaria. No faltaron recursos al libertario para seguir expresando sus ideas apelando a dos figuras que simbolizaban por su estilo de vida la existencia sin ataduras, los acólitos y los crotos. Los acólitos utilizaron también las viadas para la enseñanza de las ideas anarcosindicalistas y nunca promovieron foquismos, a pesar de trabajar en solitaria durante meses.

Las bases de la perspectiva anarquista – tanto en términos generales, como en lo específicamente referido a lo artístico – no derivan de un modelo teórico que, una vez establecido por algún “maestro pensador”, quedaron determinados para siempre.

Se trata aquí de un cuerpo conceptual dinámico, cuyos creadores y seguidores han rehusado convertir en canon de obligatoria obediencia, pues siendo su esencia la libertad y el cambio mal podría avenirse con ello. Por tal motivo, no es sencillo – y hasta resultaría inaceptable para algunos – pretender enumerar los principios estéticos libertarios, más aún cuando ello significa suponer coincidencias plenas entre posturas ideológicas que han puntualizado sus diferencias tanto en la explicación y valoración del hecho artístico como en otros aspectos (por ejemplo, el Anarcosindicalismo, el Anarquismo Individualista, el Anarquismo Cristiano y el Municipalismo Libertario).

No obstante, es posible intentar una presentación que subraye los elementos que unifican a las diversas teorías estéticas libertarias, ámbito donde quizás lo más difícil sea conciliar lo que sostiene el Anarquismo Individualista con lo que afirman las tendencias en pro de lo que cabe llamar el Anarquismo Social.

Explicar estas diferencias excede los objetivos de este trabajo. Sin embargo para avanzar en la actividad de los acólitos como vehículos del ideal libertario es necesario precisar si es posible descubrir una genuina estética del movimiento por encima de sus múltiples interpretaciones doctrinarias. La estética anarquista parte de considerar al arte como expresión indispensable en la vida de los pueblos y los individuos, en tanto se trata de una praxis que fusiona la imaginación con el trabajo – la actividad humana y humanizante por excelencia.

Es en su horizontalidad de criterios y en su multiplicidad de propuestas, que encontramos un rico y destacado material dramatúrgico.

Voy a desarrollar la tarea de dos acólitos que, fieles a esa falta de dogmatismo, se desplazaron por zonas casi despobladas del territorio argentino.

Isaac Berman, un joven maestro partió hacia el norte de Santa Fe y desde allí se internó en la selva chaqueña. Nos cuenta:”Mi familia era alemana y supe del socialismo desde la cuna.

Mi abuelo había participado de las revueltas de 1848 y dos tíos militaron con fervor en el primitivo comunismo marxista. Yo nací en estas tierras, a poco de comenzar el siglo. Viví desde pequeño la agitación obrero por la vinculación de mi padre con los sindicalistas que seguían las ideas reformistas de Justo.

Pero un hecho inesperado cambió mi vida para siempre. La traición de los dirigentes ante una huelga dejó a mi familia sin sustento, por lo que debimos mudarnos a una pequeña finca cerca de Luján. Allí ingresé a la escuela libertaria y aprendí un nuevo camino y la verdad de un ideal puesto al servicio del hombre y que nace del propio hombre.

Quería ser escritor, pero la lucha me llevó a dedicarme a la docencia, llevando a lugares muy lejanos el amor por los principios anarquistas. Para no olvidar mi amor por la escritura, comencé a redactar poemas y pequeños monólogos que utilizaba didácticamente con mis alumnos.

Recuerdo uno especialmente, en mi primera experiencia con los hacheros. Los compañeros locales habían reunido un pequeño grupo y decidí presentarme arremetiendo con “No desesperen”, un breve texto de mi producción. Allí un delegado ácrata se dirigía a los que compartían sus dolores y a aquellos que los explotaban. RAMON: Estoy aquí para debatir los pasos a seguir en la huelga. Tuve muchas presiones. Los dueños de los campos, los capitalistas terratenientes, atentaron contra mi vida y sus esbirros de la policía mataron al pobre Juan. No se puede razonar con el que blande el látigo y nos cree sus esclavos.

Ellos hablan de la civilización que traen, de los adelantos que su presencia significa. Y sólo crean almacenes rústicas, en las que los obreros del hacha, debemos comprar con vales y a precios inalcanzables. Si el turco, que les hace de intermediario, quiso cambiar pieles valiosas por un kilo de yerba. Se dan cuenta, compañeros.

Un engaño tras otro. Pero claro son letrados, tienen la ley del dueño de su lado y se aprovechan de la ignorancia del pobre. Por eso les pido que se acerquen al círculo anarquista, allí aprenderán a leer o a profundizar lo que saben. Y el combate será también en otros campos. No le regalemos el territorio de la razón. El conocimiento es un proceso que se identifica con sus fines: libertad y amor. Para realizar el deseo irresistible de libertad es necesario conocer, y para conocer es necesario amar. El conocimiento, la libertad y el amor no pueden ser concebidos sino en una relación recíproca.

Estos tres términos son el lado de un triángulo que no podría existir sin los otros dos. Y como el amor es a un tiempo instrumento de conocimiento y de liberación, la poesía es amor e iluminación.

La lectura los hará libres; aunque sean dependientes sus cuerpos, su espíritu no tendrá patrón. No renuncien a la belleza. Por más loco que me crean, aún en medio de la selva y perseguidos podemos conectarnos con esa belleza que nos rodea y con la crece en nuestro interior. Pertenecemos a un movimiento social contestatario y somos una opción de rebeldía ante el Estado y las instituciones jerarquizadas y despóticas inherentes al capitalismo.

Se puede constituirse un modelo de organización asentado en prácticas colectivas e igualitarias y en relaciones de solidaridad y cooperación voluntaria, en resumen autogestionario, configurado por grupos auto-administrados, cooperantes y donde no tuviesen cabida el autoritarismo y la dominación.

Ciertamente que esa organización voluntaria y no jerarquizada exige empeño personal, participación y conciencia, al contrario de las instituciones autoritarias que recurren a chantajes, propinas y fraudes. Por esa razón es más difícil y más tardía la creación y desarrollo de formas de organización cooperativas, incluso porque la resistencia a los cambios, la huella de los valores dominantes y la rutina tiende a apartarnos de modos de organización que implican un trabajo arduo y permanente de renovación y compromiso solidario.

No aflojen, podemos y debemos dar una repuesta rotunda y ella será la organización en torno al ideal. Y no responderemos con violencia, porque eso esperan, para exterminarnos y adocenar a los que sobrevivan. Lo haremos con el amor que surge de nuestra comunión de intereses, de nuestra humanidad plena, de nuestra libertad sin rejas teóricas.” Vincenzo Matiori, discípulo de Malatesta, decidió abandonar la ortodoxia del movimiento y lanzarse a una labor educativa en la actual provincia de Misiones. Recuerda:”Después de muchos desencuentros, me di cuenta que las posiciones irreductibles eran contrarias a nuestra doctrina. Para evitar caer en disputas de bando, me alejé de los centros urbanos y me trasladé por el Litoral, llegando a Misiones.

El movimiento contaba con una incipiente organización en la región y en muchos lados ni rastros había de él. Conocedor del valor del teatro como vehículo de ideas, escribí seis monólogos y junto a tres cartillas, (también de mi producción), inicié la complicada, casi utópica gesta de llevar socialismo a quien apenas leía castellano.

Acompañaba mis improvisadas piezas con el acordeón, que aprendí a tocar de niño. Además me gustaba mucho la sonoridad del guaraní, lo fui conociendo en sus matices y hasta compuse alguna polka. Ante las represiones en el cercano Paraguay, contra anarcosindicalistas y obreros en general, organicé una reunión de boteros, hacheros, pequeños campesinos de los yerbatales simpatizantes de las ideas ácratas y lanzamos un documento.

Ese día estrené un breve monólogo llamado “Gritos de los pobres”. Javier, el obrero libertario esclarecido se dirigía a las autoridades oligarcas, los grandes usurpadores de la tierra y la vil policía. JAVIER: No tengo miedo, ni siquiera inquietud. Me pregunto si sus argumentos serán siempre el maltrato, el abuso y el asesinato a escondidas. Nunca enfrentaron con ideas, no las tienen.

Son indignos de la condición humana. Dado que quiero sinceramente acabar con toda dominación y explotación y empezar a abrir las posibilidades para crear un mundo donde no haya ni explotados ni explotadores, ni esclavos ni amos, elijo aprovechar toda mi inteligencia apasionadamente, usando toda arma mental -junto con las físicas- para atacar al presente orden social.

No pido disculpas por esto, ni me dirigiré a aquellos que por pereza o por la concepción ideológica de los límites intelectuales de las clases explotadas rechazan usar su inteligencia. No es sólo un proyecto anarquista revolucionario lo que está en juego en esta lucha; es mi realización como individuo y la plenitud de la vida que deseo. Y no la voy a construir solo, ya que la salvación es colectiva. Y por eso les hablo, poderosos a la cara. Carecen del concepto de moral y se inclinan frente a un Dios, sin creer en El. No aplican ni siquiera su misericordia, sólo llaman a los curas para que bendigan sus atrocidades.

Pero quiero explicarles, que aunque esté atado y vejado, soy el futuro. Ustedes son piezas de museo, que caerán con la rapidez de un rayo sobre el árbol. Son sombras, de las que no quedarán rastros y sus nombres sólo llenarán espacios en la lista de los traidores. Me hablan de patria, y martirizan a sus habitantes. Hipocresía, señores. Y dejo mi capítulo final, para los compañeros policías.

Quiero comprenderlos, lo intento diariamente. Son los perros guardianes de la patronal. Han nacido en las mismas moradas del obrero, comido su alimento, sufrido la falta de escuelas y la instrucción. Y se inclinan por unos miserables pesos. Son la escoria del sistema, los que acuñarán el olvido de los desiertos yermos.” La actividad de los acólitos libertarios se fue diluyendo cualitativa y cuantitativamente desde fines de 1930. Si bien la concepción de libertad experimentada por los maestros normales volantes siguió a lo largo de por lo menos dos décadas relacionándola con el ideario ácrata, esta percepción es errónea. Pero sus interminables esfuerzos, más allá de persecuciones y asesinatos, aún registran productos culturales (en especial bibliotecas populares) en muchos parajes del país.

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Entrevistas a

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La gauchesca, desde la simbolía excluyente del otro

La gauchesca, desde la simbolía excluyente del otro hasta la desidiologización funcional

Carlos Fos: Cuando establecemos fronteras, definimos al otro en la imposibilidad del nosotros. Solemos describirlo negativamente, en una rara mezcla de temor y fascinación por lo exótico. Los viajeros que se aventuraban en las planicies vírgenes de las pampas, recurrieron a gráficos detalles en sus registros cuasi etnográficos. En los primeros registros sobre ese habitante semi-nómade de los llanos, el gaucho, encontramos un doble rango; por un lado, el documento burocrático con el objetivo de estigmatizarlos como vagos y por el otro, los textos plagados de pintorequismos, de supuestas costumbres y de vocablos de discutible uso.

Esos mancebos de la tierra, esos gauderios toman visibilidad en las producciones literarias. No nos detendremos en la etimología del vocablo, ya que las posiciones de los especialistas son encontradas y, como ocurre en muchos otros casos, es imposible fijar un criterio único. Rastrear sus raíces es quedar atrapado en teorías filológicas tan documentadas como contradictorias.

Esos escritos que mencionamos al inicio de esta aproximación a un rico mundo, roca granítica sobre la que se asientan discursos que aún resuenan en el colectivo del Plata, suelen ser tan gráficos como exagerados en sus apreciaciones.

Los comerciantes y funcionarios de segundo rango coloniales solían tropezarse (en ese reducto de la campaña, cercano geográficamente pero lejano en sus experiencias de vida urbana) con los “criollos de la tierra”, con los “mozos perdidos” o “mozos vagabundos”. En estas definiciones ya hay un dejo de estigmatización, al calificarlos como poco dados a las labores diarias. Lo cierto que en el siglo XVI, la mayor parte de los señalados eran trabajadores ocasionales de las haciendas.

El término gaucho se instala en el siglo siguiente, encontrándose huellas del mismo en documentos oficiales en la Banda Oriental. Cuando el alcance de las disposiciones jurídicas es limitado, cuando las divisiones de los territorios difuso, es posible que se instalen en las márgenes, hombres adaptados al paisaje, con diversas profesiones o formas de subsistencia.

Desde los que vivían del cuidado del ganado cimarrón en las Vaquerías tempranas hasta los que se dedicaron al contrabando varias décadas después.

“Los bandas de gauchos que asolan el norte de Uruguay en los últimos años del siglo XVIII, presentan grandes semejanzas con todas las pandillas de bandoleros terrestres y marítimos que han existido desde el principio del mundo.

Lo mismo que aquéllas, las gobiernan jefes que llegan al cargo por sus atrocidades, ferocidad y desprecio de vidas, propias o ajenas. El que más muertes tiene a su haber, es el más respetado o más temido y se impone a los demás. Como todos los bandoleros de aquellos tiempos, los gauchos están unas veces en contra de la autoridad y otras a su servicio, pasándose de un campo a otro con singular desenvoltura.”

Tal vez, acorde con ese mítico jinete sin ansias de sedentarismo, investido de libertad y destreza ecuestre, sean muchas las vertientes que sintetizan en el término gaucho. Desde una mirada europea estos centauros resonaban como la conjunción de la negación de la autoridad y la vida natural. Históricamente podemos hablar de algunas experiencias que ponían en tela de juicio la validez de las leyes coloniales, como la denominada “Republiqueta del Río Cebollatí.

En este lugar de la Banda Oriental, generador de leyendas sobre la reunión de esclavos fugados y criminales prófugos, se profundizó esa sensación de abandonar los principios del orden establecido por cualquier gobierno tras un muro defendido por cañones. El amor de la estanciera, obra del siglo XVIII, prefiere detenerse, con claros toques de parodia y humor, en la documentación de la vida del campo y la de sus pobladores.

En forma de sainete nos presenta al hombre de montura, al proto-gaucho, sin pretensiones de ahondar en un perfil dramático o épico. También, irrumpirá el extranjero caricaturizado, en un antecedente del Cocoliche del Circo criollo.


Cancho, la expresión del “paisano criollo”, señala en un momento de la pieza su relación íntima con el equino:
“El es un buen enlazador
y voltea con primor;
al fin, es hombre de facha.
Monta un redomón ligero
y bisarro lo sujeta
y, aunque bellaquee mucho
cierto lo pone maceta.
Tiene sus buenos caallos,
corredores, y de paso,
sobre un malacara
que puede imitar al Pegaso”

Las bodas de Chívico y Pancha, muchas veces anunciado como La 2ª parte de El gaucho, llega a nosotros a través de una versión tardía publicada por Mariano Bosch en 1910. La historiadora Beatriz Seibel concuerda con la opinión que la primer parte de este sainete gauchesco o rural era El valiente fanfarrón o El gaucho, recuperada por el investigador Jacobo de Diego. La referencia a dos partes, es según la prestigiosa investigadora un claro indicio de lo popular de este tipo de piezas.

El incendio que devoró a la primera sala porteña, La Ranchería, junto con el archivo de sus obras nos priva de material. Asimismo, las piezas representadas en el Coliseo, el nuevo espacio escénico con que contó Buenos Aires desde 1804, tienen referencias poco confiables de autoría, siendo muchas de ellas señaladas como anónimas. El cruce de información con las actas capitulares, las primeras críticas en los periódicos locales y la fatigosa tarea en centros de documentación privados o del exterior (Archivo de Indias, fuentes eclesiásticas), han permito desandar lentamente el camino del olvido. Más allá de la anécdota del casamiento y las vicisitudes de tono costumbrista, es interesante detenernos en el idiolecto de los personajes y en las situaciones cotidianas reseñadas.

Dice el personaje de Juancho en la primer parte de la obra:
“Y en verdá que me pesó
Por que casi no había nadie:
yo hice tocar zapateao
y no había quien bailase:
¡ no ei visto Chinas mas sonsas,
fandango mas miserable!
ni cigarros ni aguardiente
paa remojar el gasnate:
ve, hija, si está mi caayo,
echa pues, vieja otro mate.”

En el párrafo citado vemos varios de los elementos relacionados a la existencia en el campo y, por ende, presentes en el gaucho en los diferentes tratamientos literarios y teatrales que como personaje mitologizado tiene.

Este tratamiento positivo de la figura del gaucho es continuado en la obra de Bartolomé Hidalgo. Un montevideano comprometido con las luchas de Artigas, se vinculó con los sectores más populares, a los que interpretó en su producción literaria. Los “cielitos” fueron una expresión directa, cuasi descriptiva de los sucesos que experimentaba la región, un instrumento que le permitía hablar desde los más humildes, sus iguales, con funcionalidad política. En ellos como en los Diálogos, el gaucho se presenta a través de sus costumbres, su relación con el caballo, que lo completa. Estos versos, que circulaban oralmente primero hasta pasar al papel, introducían el amor a la patria, a la justicia y la libertad. Tuvo la habilidad de entender los mores de los pobladores subalternos, los marginados, a pesar de ser un hombre ilustrado, con conocimientos de la lírica neoclásica, que transitó. Presentó, además, obras de teatro en la Casa de Comedias de Montevideo, de la que fue director por un breve período. Sus textos eran unipersonales y la temática similar a la del resto de sus escritos.

En uno de sus cielitos más recordado, de corte festivo- patriótico, característico de sus primeros trabajos, se apropia de la voz de un gaucho que canta al triunfo de Maipú. En un fragmento expresa:
“Con mate los convidamos
allá en la acción de Maipú,
pero en ésta me parece
que han de comer caracú.
Cielito, cielito que sí,
echen la barba en remojo;
porque según olfateo
no han de pitar del muy flojo.
Ellos dirán: Viva el Rey;
nosotros: La Independencia,
y quienes son más corajudos
ya lo dirá la experiencia.
Cielito, cielo que sí,
cielito del teruteru,
el godo que escape vivo
quedará como un amero.
En teniendo un buen fusil,
munición y chiripá
y una vaca medio en carnes
ni cuidado se nos da.
Cielito digo que sí,
cielito de nuestros derechos
hay gaucho que anda caliente
por tirarse cuatro al pecho.”

El cielito como danza y aún como ritmo musical era conocido antes de que Hidalgo lo utilizara, pero no hay dudas de que lo legitimó y que, desde entonces, ambos están íntimamente unidos.

En los Diálogos los interlocutores son Jacinto Chano y Ramón Contreras. Ellos nos presentan ese panorama del campo y sus moradores. Dueño de un envidiable poder de registro, algunos lo emparentaron con las expresiones posteriores de los payadores. En ese orden de ideas, se lo ubicaba en los fogones de las tropas artiguistas con guitarra en mano e improvisando versos.

En su Historia de la literatura argentina, Ricardo Rojas lo presenta de la siguiente manera: “ Tal se nos aparece la figura de Hidalgo, al entrar en la historia de la literatura nacional: vestido de chiripá sobre su calzoncillo abierto de cribas; calzadas las espuelas en la bota sobada del caballero gaucho; terciada, al cinturón de fernandinas, la hoja labrada del facón; abierta sobre el pecho la camiseta oscura, henchida por el viento de las pampas; sesgada sobre el hombro la celeste golilla, desafinada a servir de banderola sobre el enhiesto chuzo de lanceros; alzada sobre la frente el ala del chambergo, como si fuera siempre galopando la tierra natal: ennoblecida la cara barbuda por su ojo experto en las baquías de la inmensidad y de la gloria. Una guitarra trae en la diestra que tiempo atrás esgrimiera las armas de la epopeya americana”

La visión sobre el gaucho cambió drásticamente cuando se instala en la región la antinomia civilización y barbarie. Llega de la mano del Enciclopedismo de manera embrionaria, apareciendo en escritos tempranos en las cercanías temporales de la Revolución de Mayo. Con bríos definitivos animaría la pluma de los miembros del Salón Literario en 1837. Políticamente, este dicotomía entre la ciudad fuente la luz del progreso y la campaña, sede del atraso, tuvo manifestaciones en Rivadavia. En los textos de Sarmiento, Echeverría, Sastre y otros el gaucho toma una nueva dimensión negativa, magnificada con el arribo del positivismo spenceriano a la zona del Plata.

“Si un destello de literatura nacional puede brillar momentáneamente en las nuevas sociedades americanas, es el que resultará de la descripción de las grandiosas escenas naturales, y sobre todo de la lucha entre la civilización europea y la barbarie indígena, entre la inteligencia y la materia» .

El gaucho es símbolo de salvajismo, del sostén de la expresión política retrógrada del caudillo, enemigo de la creación de un Estado moderno. Sin embargo, en ese “bárbaro”, en el que se depositan muchos de los males de la Nación, muchos de los intelectuales de la época hallan elementos fascinantes, que marcan el paso de su producción literaria. El propio Sarmiento, queda prendado de la figura de Facundo, y al narrar las costumbres y habilidades de este habitante de las pampas, se detiene en sus capacidades naturales como el canto, el rastreo o la fortaleza y destrezas físicas. Quiroga, ese paradigma del país que no debe ser, es además descrito con una suerte de ambivalencia; un personaje con tantos rasgos negativos como positivos, que es capaz de cautivar la pluma del sanjuanino.

¿Era posible que el gaucho tuviera potencialidades innatas, pasibles de ser mejoradas por la educación, concebida como el camino para la homogeneización cultural del territorio? Sarmiento deja abierta esta puerta.
Carne de cañón en las guerras por la independencia, la sangre del gaucho sigue derramándose al compás de los enfrentamientos civiles. Unitarios y federales, centralistas porteños y defensores de las autonomías provinciales, eran títulos que tan sólo, en la mayor parte de los casos, escondían intereses más complejos. Realizar un estudio de las motivaciones de los principales protagonistas de las luchas intestinas, escapa al interés de este estudio.

Las guerras civiles en el territorio argentino van a impedir la consolidación de un modelo de organización política que se pudiera mantener ante la inestabilidad reinante. La proclamación de la Constitución Nacional en 1853 fue incapaz de reunir en un bloque a la ciudad de Buenos Aires con el resto del territorio expresado por la Confederación. Juan Bautista Alberdi, mentor de este instrumento legal proponía fomentar la llegada de inmigrantes europeos, en la medida que los mismos se dedicaran a desarrollar la agricultura o a hacer aportes significativos en las áreas de las ciencias y las artes. Luego de la batalla de Pavón en septiembre de 1861, el camino hacia la conformación de un Estado moderno aparecía allanado. Las administraciones de Mitre, Sarmiento y Avellaneda dieron los primeros pasos hacia el afianzamiento del orden institucional de esta república que asomaba como unida. Fieles a un ideario económico, y respondiendo a una ideología positivista (en especial los dos últimos, defensores del orden y progreso como banderas de gestión) encararon la transformación de los cimientos sociales y económicos del nuevo país.

La ocupación del territorio por cuestiones económicas y geopolíticas se convirtió en prioridad y comenzó a diseñarse distintos planes para llevarla a cabo. El problema del “indio”, eufemismo utilizado para lanzar campañas militares de exterminio o confinamiento de las comunidades originarias prehispánicas debía ser resuelto. La ley de colonización votada en 1876 fue el instrumento jurídico que reflejaba la posición de la clase dirigente. Se daban ciertas facilidades a quienes llegaran pero nunca el derecho sobre las tierras que trabajasen. Se abrían las puertas a la consolidación de los latifundios, debido a que el Estado seguiría entregando la tierra pública a los grandes terratenientes preexistentes. Estos terratenientes se verán beneficiados con millones de hectáreas, muchas de ellas de excepcional riqueza para la explotación agropecuaria. El informe oficial de la Comisión Científica que acompañaba a las tropas comandadas por Julio Argentino Roca al “desierto” (desde esta misma palabra es visible el desprecio por los indígenas que vivían en esta inmensa región, una variante práctica de la prédica de civilización y barbarie) es clarificador en cuanto a los objetivos de esta “cruzada modernizadora”.

Un fragmento del mismo dice “Se trataba de conquistar un área de 15.000 leguas cuadradas ocupadas cuando menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14.000 el número de muertos y prisioneros que ha reportado la campaña. Se trataba de conquistarlas en el sentido más lato de la expresión. No era cuestión de recorrerlas y de dominar con gran aparato, pero transitoriamente, como lo había hecho la expedición del Gral. Pacheco al Neuquén, el espacio que pisaban los cascos de los caballos del ejército y el círculo donde alcanzaban las balas de sus fusiles. Era necesario conquistar real y eficazmente esas 15.000 leguas, limpiarlas de indios de un modo tan absoluto, tan incuestionable, que la más asustadiza de las asustadizas cosas del mundo, el capital destinado a vivificar las empresas de ganadería y agricultura, tuviera él mismo que tributar homenaje a la evidencia, que no experimentase recelo en lanzarse sobre las huellas del ejército expedicionario y sellar la toma de posesión por el hombre civilizado de tan dilatadas comarcas.”

Para la ‘civilización’ del territorio argentino, el Otro que se debe desplazar, luego del triunfo sobre los españoles, será el indígena, primero y el gaucho después. En el sendero de la edificación de un nuevo Estado, era imprescindible sentar las bases de un imaginario común, de un sustrato mítico al que pudieran responder, en una operación de instrucción pública a “tabla rasa”, todos sus habitantes. Ese espacio de origen, inmutable, al que se puede regresar a pesar del tiempo transcurrido, esa identidad que nos define, que nos transporta a un tiempo dorado inexistente.

En esa construcción de un ideario nacional las figuras molestas debían ser cristalizadas como ejemplo de errores no posibles de repetir o invisibilizadas. Así las comunidades prehispánicas, los “indios”, deben quedar excluidos de esta memoria basal. Por eso, al sometimiento o eliminación física durante las diferentes campañas militares diseñadas desde Buenos Aires, se le sumaron estrategias tendientes a borrar sus huellas en el plano simbólico. Su papel en la historia oficial, surgida del apuro de cronistas sin método científico, es mínimo. Fantasmagóricos seres, incapaces de ser asimilados por los procesos de aculturación que se gestan.

Así, su riqueza ritual, sus producciones culturales, sus idiomas no serán registrados por los textos escolares de la “Nueva República”. Queda como un recordatorio de esta vejación la foto tomada al cacique Pincén, montaje burdo en el que se lo vestía con ropajes extraños a su pueblo y condición, en una exposición cuasi zoológica ante los vecinos de Buenos Aires. Y si el gaucho era visto como sospechoso o rémora del pasado natural, también debía ser silenciado. Pero la operación practicada en el imaginario colectivo resultaría distinta a la aplicada con su compañero y antagonista de los llanos, el “aborigen”.

Con la división de las tierras, luego de la ocupación de las mismas por pocos dueños, definido el perfil agropecuario de la economía del Estado naciente, ese “centauro de los desiertos” deja de existir en la práctica. Raleado por ser tropa en los enfrentamientos armados ya señalados, es sometido y refuncionalizado como elemento inocuo, integrándoselo al “folklore”. Poco quedaba de ese rebelde por antonomasia, reacio al trabajo bajo patrón por tiempos prolongados, amante de la libertad, expresada en su trashumancia y en su particular relación con la tierra.

En la visión positivista el otro pasa a constituirse en anticultura, en un reflejo invertido del nosotros. Cuando se crea un modelo cultural de nación, pensado para atravesar los tiempos, los responsables de establecerlo (defensores de las posiciones dominantes impuestas) tienen que eliminar cualquier alternativa al mismo. No hay opción para los discursos amenazantes del orden a sustentar. Ni siquiera se acepta negociar un espacio secundario para ellas; no hay tiempo para salidas paternalistas o nostálgicas. Hay que desmantelar cualquier estructura real o simbólica que les haya dado vida, y si es necesario, apelar a silenciar por cualquier medio a quien no acuerde asimilarse a la voz hegemónica. El gaucho, como hombre libre en una pampa alambrada y con una oligarquía que la posee, es una quimera, una ilusión impracticable.

Pero distintas plumas saldrían a revalidar desde la reivindicación esa figura fantasmal. José Hernández en su Martín Fierro, expondrá la vida de una víctima propiciatoria, perseguida, arrinconada, prisionero de sus aspiraciones libertarias. En la primer parte de su poema épico, en abierto desafío al modelo político imperante, somos testigos del relato del sufrimiento reeditado del que había sido entregado como cuerpo inmolado en cuanta expresión de violencia circulante en la primera mitad del siglo XIX. Gaucho manso o matrero se veía compelido a reaccionar contra las medidas injustas de un estatuto jurídico que no lo incluía como protagonista. La pulpería, espacio de socialización para el gaucho, es asimismo, trampa para las levas compulsivas.

Desafiar a la autoridad es sinónimo de castigo, de ostracismo, de pérdida en un sistema punitivo que les ofrece traspasar la frontera de lo visible. La denuncia de corte evocativa de Hernández se diluye en la segunda parte de su obra. Allí nos encontramos con la conversión del héroe, de acuerdo a los principios del Estado liberal triunfante. Elevado al rango de Poema épico nacional por Leopoldo Lugones, luego de ser ninguneado en las Antologías del primer normalismo escolar, se transforma en texto de formación para los jóvenes argentinos.

Pero el teatro traería una figura paradigmática, en una clara idealización del gaucho, aún a costa de que esa idealización se efectuara invirtiendo los valores reales del personaje elegido. Juan Moreira, fue un matón al servicio de Adolfo Alsina. Oriundo de Azul, su historia fue recogida por Eduardo Gutiérrez. En formato de folletín, común en la época, Gutiérrez proyectó la figura de un bandolero popular, de una suerte de justiciero.

También Francisco Fernández hará lo propio con el gaucho Solané, reconocido criminal convicto de la zona de Tandil, en su drama homónimo. ¿Por qué esta suerte de transformaciones? La respuesta está en el desarrollo de este trabajo. No había para el gaucho real aplicación de justicia; los resortes de la misma lo habían condenado a un camino sin salida: la cárcel por insubordinación o la muerte en penosas campañas militares. Eduardo Gutiérrez autorizó la adaptación para teatro de su melodrama a una compañía de circo de pantomima. Y de la mano de los Hermanos Podestá comenzaría una nueva etapa en la escena, la afirmación del teatro nacional. El propio José Podestá recordaba en sus Memorias, que años antes de presentar el Moreira (aún en su versión de mimodrama) se hacían en el picadero sainetes con aceptación popular.

Títulos como El modo de pagar sus deudas, María Cota, El negro boletero, El maestro de escuela, compartían el picadero con Los Brigantes de la Calabria, Los Bandidos de Sierra Morena o Los dos sargentos. La tradición circense en nuestras tierras se remontaba a los tiempos coloniales. Con compañías locales y extranjeras de gran predicamento en el público porteño su inserción se hizo notoria, a través de espacios destinados para este propósito como el Parque Argentino, bautizado por los ingleses residentes como Vauxhall.

En la segunda mitad del siglo XIX, los grupos se trasladan en gira por el interior del país, mientras que en Buenos Aires son recibidos en teatros, carpas y las denominados politeamas de chapa y madera. Esta última estructura era desarmable y permitía su fácil traslado en los recorridos cada vez más extensos que debían realizar. No todas estas agrupaciones circenses presentaban espectáculos con pista y picadero, pero como queda evidenciado en profundos estudios realizados sobre el tema (un ejemplo destacado es la Historia del Circo de Beatriz Seibel), contaban con el favor de los espectadores. El traslado de la versión de Moreira al texto verbal demandó dos años, desde el estreno de la pantomima en 1884 hasta la aparición de la palabra en 1886, durante una presentación en la ciudad de Chivilcoy. Así lo recuerda José Podestá: “De Arrecifes nos trasladamos a Chivilcoy y el 10 de abril (fecha memorable) estrenamos por primera vez el drama criollo hablado “Juan Moreira”. El público acostumbrado a ver pantomimas a base de vejigazos y sainetes con finales en que el garrote de paja resolvía todas las intrigas, se halló de buenas a primeras con algo que no esperaba y, de sorpresa en sorpresa, pasó al más vivo interés y de éste al entusiasmo demostrado al final en una gran ovación” (…) “Si Gutiérrez hubiera tenido la visión de que “Moreira” iba a ser la base del teatro Nacional, se habría preocupado más de la obra, y, seguramente, habría escrito algo de más valor para la escena, y tan evidente es esto, que Gutiérrez nunca presenció su “Moreira” hablado”.

Las características de las poéticas de actuación provenientes del circo, el tipo de público, que solía intervenir activamente durante las funciones y la propia dinámica de producción gestaron múltiples registros escritos. En ocasiones, la concurrencia impedía el asesinato de Moreira, en otras obligaba a extender parlamentos. En verdadera fiesta, los celebrantes compartían su creación con el que, lejos de permanecer expectante, intervenía, completándola. El trayecto hacia el drama criollo se había cerrado, pero la obra se convirtió en faro para generar otras con temáticas y tratamiento estético similares.

La teatralización de las novelas de Gutiérrez, Juan Cuello (1890, adaptación de Luis Mejías) y Pastor Luna (1895) y los estrenos de Martín Fierro (1890, sobre el texto de José Hernández), El entenao (1892) y Los gauchitos (1894) de Elías Regules formaron parte del “Moreirismo”. También podemos señalar a Juan Soldao (1893) de Orosmán Moratorio a ¡Cobarde! (1894) de Víctor Pérez Petit y a Patria y honor (1896) de Antonio Lechantin como parte de las piezas gauchescas estrenadas en la última década del siglo XIX. A medida que avanzaron las presentaciones del Moreira, la centralidad del drama de justicia social fue acompañada por elementos costumbristas y por el incremento de la comicidad.

A cargo de lograr esta última se halla el personaje de Cocoliche, un napolitano concebido por el actor Celestino Petray. Ya había un Otro en el Río de la Plata, llegado en oleadas, en aparente funcionalidad al esquema agro-exportador. Eliminada la barbarie indígena y descalificado el gaucho, poco trabajador, peleador e itinerante, la élite argentina es consciente de la necesidad de cultivar la tierra, de poblar el país. Para tal fin, busca atraer al Otro ideal, al inmigrante europeo, el ciudadano de la Europa del norte, que es considerado como el necesario elemento de progreso.

Se espera del inmigrante que reemplace a la barbarie indígena y a la haraganería gauchesca. El inmigrante es quien, al poblar el país, lo irá asemejando a los países más desarrollados. Sin embargo, la llegada de un dispar mosaico de extranjeros, muchos cercanos a posiciones políticas socialistas y anarquistas, revive el problema del distinto sospechado. Pero en el Moreira finisecular, no hay especulaciones de este tono.

Es la particular mezcla de lenguas, en un irreconocible dialecto y la gestualidad corporal que lo anima, los generadores de la risa franca. No hay posiciones xenófobas en estas piezas. En el Cuadro 8º de la versión de 1899 se presenta a Cocoliche en las didascalias. “Vienen llegando paisanos con guitarras acompañados de muchachas, al baile que se prepara. Llegan Moreira y Julián y un poco antes Cocoliche, napolitano acriollado que hace gracias con su idioma. Se juega a la taba y se jaranea con libertad, siendo el napolitano quien hace derroche de ocurrencias.”
La conflictividad social no era lo que deseaba la clase dominante; el gaucho ya no podía propiciarla retrospectivamente, desaparecido de la faz de la tierra. Pero, como dijimos, otros agitadores, organizados en sindicatos y agrupaciones políticas clasistas o reformistas, se alistaban para poner a prueba al Unicato y sus continuadores. El peligro de la desestabilización del poder conservador a partir de las huelgas y las acciones directas no requería de mensajes multiplicadores en la ficción teatral. Por lo tanto, así como el espacio del circo cedió ante la sala a la italiana, el gaucho pasó a comportarse como buen peón.

Esa venganza y sed de justicia que guiaban a Moreira trocaron en mensajes conciliatorios, de integración social. El amor y el costumbrismo como ejes marcan esta nueva etapa, que tiene a Calandria (1896) de Martiniano Leguizamón como obra inicial. Los rasgos melodramáticos irán incrementándose, así como los sentimentales, hasta alcanzar la madurez del modelo en Jesús Nazareno (1902) de García Velloso. El nuevo siglo despuntaba y una nueva imagen del gaucho, lavada, desideologizada, funcional al poder de turno y a sus aspiraciones de una tradición nacional congelada, nacía. Animados por Centenario, los debates sobre el “ser nacional” ocuparon páginas en publicaciones de distinto tenor. Es interesante comprobar cómo el gaucho había sido refuncionalizado en 1913 por Leopoldo Lugones y Carlos Bunge. El poeta describe en su discurso El payador a un gaucho inventado de acuerdo a las necesidades de un público elitista que lo escucha con fervor en el Teatro Odeón o lo lee en las páginas del diario de los Mitre.

Es un ser sin capacidad de rebelarse, fiel a su patrón, servicial. Bunge, coherente con el cientificismo positivista, proclamaba en su alocución titulada El derecho en la literatura gauchesca, la derrota del gaucho y su absorción social. En una pieza oratoria muy sólida, un auditorio de académicos en una sede académica (la Academia de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires) recibía esta sentencia final: “Los héroes de la literatura gauchesca son producto de un período crítico en que el gaucho defendió, con su derecho consuetudinario, nada menos que su existencia social, su vida. Fue vencido; su derrota estaba escrita en el libro de la historia. La lucha entre dos sistemas de derecho es, por su oculta esencia, lucha entre dos razas. Implica la victoria la absorción y asimilación del vencido, la cultura, como la Esfinge, devora a quien no acierta a descifrar sus enigmas”

La música y el discurso del gaucho quedaron resguardados por la memoria popular y en numerosas expresiones. La figura del payador es legitimada con su aparición en textos fundamentales del siglo XIX. Personajes como Martín Fierro y Santos Vega, concebidos por las plumas de José Hernández y Rafael Obligado respectivamente, se muestran afectos a un arte de diálogo cuasi dialéctico a través del contrapunto con el rival de turno. Esas tenidas muy populares en los boliches de campaña, postas de encuentro en territorios poco poblados, recreaban las vivencias del habitante de las pampas, sus sueños, luchas y relación particular con la tierra previa a la ocupación violenta del proyecto roquista y a la división del espacio libre en latifundios merced a los muros del alambre de púa. También payadores son citados por Mitre e Hilario Ascasubi en sus textos, prolongando con otras estéticas la lírica gauchesca que iniciaran los cielitos de Bartolomé Hidalgo. Los payadores eran figuras populares que contaban con un público cautivo, aguardando sus presentaciones y tomando partido en los enfrentamientos rimados por sus preferidos.

En la Argentina del Centenario, recorrían los porosos límites entre la urbe y el campo, y su música sencilla y aún repetitiva en lo básico era acompañada de versos de una marcada intensidad rebelde y de confrontación contra los núcleos de poder. También la oleada inmigratoria estuvo presente, ya que buena parte de los más reconocidos payadores eran hijos de la misma, como José Bettinoti, Fijori o el inglesito Mc Carthey.

Sus voces traían una poesía básica, vibrante, que trabajaba con el emergente y los hechos de la historia reciente, reflejando las vejaciones de los humildes. Se transformaban en otra barricada contra los intentos de los literatos burgueses por intentar reformular el criollismo, adaptándolo desde las visiones de la ciudad, visiones que lo emparentaban con el coraje épico desideologizado. Tendremos que esperar hasta el año 1915 para encontrar un accionar sistemático de los payadores libertarios que llevaban el ideal de acuerdo a un plan trazado en las reuniones de los sindicatos anarquistas.
De breve presencia en el taller-escuela racionalista de Luján, se destacan los versos cifrados de Claro Musto, hijo de militantes españoles llegados al país en 1891. Recorrió el sur de la provincia de Buenos Aires en tarea de promoción de los conceptos de agremiación. Lo hizo a través de las viadas, esos caminos de acero que de canales para la salida de la riqueza nacional trocaron brevemente en circuitos de propagación de la bandera roja y negra. Otra voz silenciada por el olvido es la del payador santafesino Carlos Iñiguez, de dilatada trayectoria en el gremio ferroviario. Tuvo una destacada actuación en las luchas contra la política de sometimiento y despojo de La Forestal. José Yutkin cierra la trilogía de los payadores libertarios que alzaron su voz en las primeras dos décadas del siglo XX. De origen ruso, llegó al país con sólo cinco años.

Se incorporó a la escuela racionalista de Berisso, dónde desempeñó tareas docentes en área artística, especialmente en la creación de cuadros filodramáticos y la producción de textos teatrales. Participó de los sucesos de la Semana trágica. Asimismo, otros se sumaron, tal vez con una actividad más esporádica, pero igual de contundente y válida a los fines propagandísticos del movimiento ácrata. La ideología dominante propiciaba la división en civilización y barbarie, dejando a los pueblos originarios y al gaucho en la segunda categoría que debía adocenarse al modelo o desaparecer.

En ese afán de imponer las ideas centrales del positivismo de orden y progreso, no había lugar para las expresiones consideradas menores del arte y menos para los que las cultivaban. Un silencio en las obras de ensayística cae sobre las expresiones populares de la frontera, convertida ahora en suburbio de una ciudad, la de Buenos Aires, que crecía vertiginosa y desordenadamente. El personaje del gaucho ya no aparecía como posible amenaza a los burgueses, la misma se había corrido hacia los obreros sindicalizados, la mayor parte de origen europeo.

En este marco, los debates sobre la necesidad de plasmar un ideario cultural homogéneo para el territorio nacional crecen. Los intelectuales se dividen entre los defensores de un cosmopolitismo imposible de negar por fuerza de realidad y aquéllos que luchaban por sostener criterios de nacionalismo cultural y patria imprescindibles para fortalecer un proyecto político y económico agro-exportador. Inserto en estos grandes procesos de transformación, aparece el movimiento libertario de la mano de las masas de desplazados europeos que arribaban a la Argentina. La región sur del Gran Buenos Aires tuvo una destacada presencia de círculos y centros anarquistas desde fines del siglo XIX.

La inauguración del ferrocarril y la sustitución de saladeros por frigoríficos de gran porte (fundamentalmente de capitales anglo-norteamericanos) aumentaron ese núcleo inicial al calor de las organizaciones sindicales que se convertirán en fogoneros de la creación de la F.O.A., en los albores de la nueva centuria.

El primer comentario confirmado de la presencia de los cantores del pueblo en la zona se remonta a 1916 cuando un libelo recogido por el círculo “Liberación” de Lomas de Zamora llamaba a un encuentro para repudiar actos oficiales por el centenario de la declaración de la independencia. Se anunciaba en el citado panfleto la actuación de los “célebres payadores libertarios Sosa y Medina, quienes con sus décimas demuelen más mentiras burguesas que una bomba”.

En la huelga ferroviaria de 1923, aparece en los periódicos libertarios locales un joven de diecisiete años llamado Anastasio López. Este juglar de origen español había trabajado en el puerto de Ensenada y comenzó sus estudios en la escuela racionalista de esta ciudad. Reflejamos estas décimas que nos entregó:

“No hay ni consuelo para el que pena
sin pan, sin un techo y esclavo en sudor;
mientras los ricachones se regodean
con sus lujos y alardeando sin pudor.

Y el obrero es la víctima del patrón
que tortura su cuerpo con vil saña
monstruo impasible sin ninguna redención
quebrando justicia y leyes con maña.

Cuando la sangre del matadero fluye
une el castigo de hombres y bestias
sin perturbar que la música arrulle
a los dueños en sus impúdicas fiestas.

Para concluir esta escueta mirada sobre el gaucho real y la literatura y teatro que generó como gauchesca, podemos aseverar que su figura se ha cristalizado en el universo mítico del argentino, conformando un espacio de la memoria que construye una de sus identidades. Aún minado en su poder revulsivo, ese jinete ansioso de libertad, capaz de morir por sostenerla, nos interpela hoy. Estereotipado, reducido a héroe romántico, refuncionalizado en peón bueno o estilizado en desfiles de tratamiento superficial, su fuerza es tal, que sobrevuela en la dramaturgia de nuestros días.

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El teatro y la escuela en el interior de Argentina

El teatro y la escuela, la propuesta racionalista en el interior del país

Dr. Carlos Fos. Investigador senior y docente CIETM

En el seno de la primera provincia argentina que albergó inmigrantes merced a una planificación central, se dieron muestras aisladas de manifestaciones social-libertarias en la segunda mitad del siglo XIX. En el período de efímera vida de la colonia Victoria, ubicada a 42 kilómetros de Paraná, apareció una proclama incitando a la huelga general. Este libelo esgrimía citas de la corriente rusa del pensamiento anarquista liderada por Bakunin. Cinco años más tarde se organizó el centro denominado “Resurgir obrero”, cuyo periódico “Muerte a la tiranía” publica el 15 de abril de 1887 una pequeña pieza teatral que culminaba en el siguiente monólogo rimado: “Bajaron cantando, rodeados de guardias, con el gesto altivo, cual si quemaran. A los armados sayones miraba. ¡ A la prisión!. Gritó el jefe de la cosacada. A la prisión marcharon los ínclitos parias. ¿Qué hicieron?, pregunta, la muchedumbre ignora, esos hombres de dulce, pero soberbia mirada. ¿Qué hicieron?. Querían la libertad sin trabas “.

Un suceso será fundamental para el desarrollo de las ideas ácratas en la región. Dos maestros provenientes de Cataluña se radicaron en la población sureña de La Paz y, siguiendo los criterios pedagógicos de Ferrer y Guarda, fundaron la primera escuela racionalista de Entre Ríos. En aquellos años –1898- los anarquistas clásicos debatían sobre el peso que debía otorgarse a la transmisión de conocimientos y a la espontaneidad. Lejos de aceptar la existencia de una fuerza innata existente en los sectores populares que guiaría la educación, muchos señalaban límites del carácter natural de los procesos de enseñanza-aprendizaje.

La escuela que nos ocupa, bautizada “Dignidad” celebró su apertura con una reunión en la que luego de leerse adhesiones locales y del exterior, se hizo público el manifiesto que regiría sus pasos. Entre otros puntos fijaba: “Debemos diferenciar entre instrucción y educación. Solamente la educación, adquisición de ideas y costumbres en continua modificación, debía inspirarse en la más amplia libertad, en tanto, la instrucción, enseñanza de conocimientos útiles pero áridos, supone un plan y un método que por atractivo no dejaría de ser autoritario. Así podríamos confundir la dirección de nuestro proyecto. Pues la verdadera educación puede ser en alguna medida controlada, para que no resulte en enseñanza de convencionalismos inútiles y de fórmulas aprendidas sistemáticamente, sino en libre desenvolvimiento de las aptitudes en adaptación social y en enderezamiento de las propensiones peligrosas. Estas son legadas por herencia o más bien por derivación, porque hay que advertir que aún los defectos como son: orgullo, avaricia, cólera, pueden orientados de cierto modo volverse en provecho de los individuos y de la sociedad entera”. Un fuerte sentido colectivo se instalaba así en la educación e impregnaba también las actividades instructivas. Sentimientos caros al movimiento ácrata como la solidaridad debían ser inculcados. Para alcanzar estos objetivos el manifiesto propone en uno de sus párrafos la creación de un taller artístico que incluyera diversas expresiones, entre ellas la teatral. Se implementaría formándose un cuadro filodramático, que a su vez escribiera las obras a representar mediante el procedimiento de creación colectiva por acumulación. Este cuadro filodramático hará su presentación en un acto popular diseñado para recordar a los mártires de Chicago el 1º de mayo de 1902. La obra denominada “Huelga negra”, muestra la lucha de Vladimiro, un obrero linotipista, que debe enfrentar no sólo el accionar de rompehuelgas encabezados por su antiguo amigo Benjamín, sino también la represión de la policía brava. La hermana menor de Benjamín, Raquel, ama a Vladimiro y delata la traición del primero. El protagonista esclarecido organiza las masas proletarias, participa activamente en la redacción de panfletos y textos aclaratorios continuando sus acciones con visitas de carácter didáctico a la campaña. En una de ellas, a la vera de un arroyo, cruzando una cuchilla es asesinado por los partidarios de la traición, aprovechando la espesura de las tinieblas. Las banderas de la pelea son ahora recogidas por Germán, amigo del asesinado, con un bagaje teórico mucho mayor. El final nos muestra a los trabajadores reunidos en torno del féretro de Vladimiro, que cubierto por negro estandarte es marco genuino para el discurso vibrante de su amigo. Germán con verba inflamada incita a mantener la huelga a pesar de las amenazas. Raquel acompaña al disertante sin llorar y con gesto decidido. No hay dudas en su mirada y está dispuesta a entregar su vida en aras de la causa. La confrontación continuará. Un fragmento del fragoroso discurso, a manera de enérgico soliloquio, dice: “Y es como para dudar, pues no pareces capaz de hacerlo, camarada. Y, sin embargo, tú, poco a poco forjarás un mundo nuevo para nosotros y nuestra descendencia. A pesar de todo. Por encima de todo, estás en los logros y luchas del futuro. Hay un anuncio de cosas nuevas para el mundo dolorido de los trabajadores. ¡Han muerto las princesas!. Aullad de penas si queréis. Pero los ojos se hunden en las cuencas y jamás te iluminarán, camarada. Cincuenta millones de pesares en las mesas sin pan de los obreros te gritan al oído; ¡no cantes compañero!, argamasa del espíritu. Escucha: bajo los puentes hay un clamor y de los campos llega el torrentoso gemir de los labriegos. ¡Y tú cantas!”.

La estructura profunda de la obra es la siguiente: Sujeto: Vladimiro Gómez. Objeto: la lucha del proletariado que a través de la huelga general propugnan por obtener reivindicaciones sociales concretas. Ayudante: Germán, Raquel, Ismael (delegado tipógrafo). Oponente: Benjamín, los rompehuelgas que él encabeza, la policía y el orden injusto. Destinatario: el proletario y por medio de la concientización, la totalidad del género humano. Destinador: el tejido social injusto.

Vladimiro no alcanza su objeto al ser asesinado. Germán toma su lugar pero con características propias; el líder ocasional pasa de ser un hombre de pura acción, pragmático, a un hombre de sólida formación intelectual, con un nivel de discurso elaborado. Vladimiro rechaza el amor que le ofrenda Raquel, amor a toda prueba, capaz de traicionar su propia sangre. Y este renunciamiento lo hace para cumplimentar la doctrina ácrata que pone el acento en el bien común. El bienestar de la mayoría precede al del individuo. Con sus actos, Raquel se convierte en ayudante al igual que Ismael, un aprendiz tipógrafo, casi un niño. La edad de este personaje es utilizada en esta obra al igual que en las demás del sistema de producción anarquista como símbolo de la esperanza. Porque más allá de caídas y retrocesos parciales la clase obrera alcanzará su destino de bonanza.

En la estructura superficial, en relación con lo expuesto con respecto a los artificios, observamos el encuentro personal, la extraescena realista, la coincidencia abusiva, la causalidad lógico temporal y los niveles de prehistoria en el principio. La falta de recursos originales era buscada así como las continuas reiteraciones de texto. Los elementos señalados aparecen clara pero embrionariamente , debido a lo esquemático de la propuesta.

El personaje esclarecido activo es Vladimiro, mientras que el pasivo es Germán. Como negativo encontramos a Benjamín, traidor al movimiento y asesino de su mejor amigo. Su importancia radica en este hecho puntual, es capaz de matar al personaje positivo, clarificado, embrague. Se intenta convencer al proletariado local, descrito desde el deseo y no desde una reconstrucción social compatible con su real historia. La mayor parte de los formadores son de origen extranjero y es necesario educar a los trabajadores de la zona en su mayoría analfabetos, adocenados y acostumbrados al trato paternalista que esconde la explotación.

Podemos analizar las formaciones discursivas en las que aparecen dos ejes . El anarquista , representado por Vladimiro, Germán y el proletariado entrerriano en orden de jerarquía . En posición antagónica aparece el discurso oficialista encarnado por los diarios burgueses, la policía y los líderes rompehuelgas. Benjamín no puede encuadrarse en ninguno de los dos ejes y queda sin voz.

Como ejemplo del discurso oficial podemos citar a este pasaje representante de la prensa local vinculada a los terratenientes. En el acto III, cuadro I, escena I, Ismael comenta las noticias desarrolladas por el periódico “El Tribuno”, que como voz de la oligarquía detalla:

“La chusma acicateada por los elementos subversivos quiere destruir lo que tantos desvelos nos ha costado. Este grupo minúsculo de agitadores no deben ser escuchados por nuestros paisanos. Exigimos a nuestra policía actúe en consecuencia”.

La policía local se expresa en diferentes pasajes de la obra pero destaco esta expresión de un sargento integrante de una cuadrilla represiva: “Metan balazos, que éstos están más asustados que un casero, que con nosotros se toparon con el horcón del medio”. Este párrafo corresponde al acto I, cuadro I, escena III. En cuanto al lenguaje de los obreros rompehuelgas podemos señalar este momento en el que un asalariado intenta desalentar a sus compañeros diciendo: “No me parece seguir con la huelga. Fijate cómo Lúquez se cagó dormido como los gallos. Yo tengo hambre como todos, pero escuchando a Vladimiro pienso que no ha de ser tan culona la garrapata y los patrones a la final nos van a perdonar si aflojamos”. Podemos encontrar esta cita en el acto II, cuadro I, escena III.

Vladimiro, de acuerdo a lo expuesto por Martha García Negroni en su artículo “La destinación del discurso político, una categoría múltiple”, introduce un nítido discurso político. En el acto I, cuadro III, escena VI dice : “Ante las fuerzas del oprobio sólo podemos oponer la solidaridad obrera. Contamos con armas más poderosas que sus rifles y pistolas: la imprenta, para conmover conciencias, y la huelga general para quebrar regímenes tiránicos.” En el acto II, cuadro I, escena III, en un mitin exclama: “Compañeros, quieren desunirnos con prácticas desleales. Envían falsos obreros que confunden con sus habladurías. Sabemos que si nos mantenemos en cadena como firmes eslabones enviarán sus perros cosacos para agredirnos. Muchos serán heridos y hasta tal vez debamos inmolarnos en aras del triunfo popular. Pero a cada balazo responderemos con decisión y a cada golpe con intransigencia, blandiendo la bandera negra de la libertad cruzada por una soberbia e invencible palabra: ¡HUELGA!”. El destinador de este discurso enunciado, Vladimiro, se está dirigiendo a un destinatario explícito que es el proletariado en huelga, del que es parte. Los actos de habla son de aserción y promesa: “la imprenta y la huelga son nuestras mejores armas para lograr la liberación”. El destinatario encubierto es el régimen imperante que trata de aniquilarlos; hacia él se dirigen actos de habla de advertencia y amenaza. También se aprecia como procedimiento la lucha polifónica por la palabra autorizada ya que en cada alusión a las fuerzas reaccionarias se antepone el discurso ácrata como revelador de la verdad ante las falacias del poder.

En cuanto al discurso de Germán, podemos sentar que a partir de la muerte de su amigo se convierte en el personaje embrague, pasando de una actitud pasiva a una de liderazgo. En un tramo de su alocución frente al cuerpo de Vladimiro dice: ”Quisiera que mis versos semejasen un ejército de hachas y por arte de magia transformadas en tajos mis plumadas. Que tomando por selvas los tiranos los desgajen, los violen y los talen destrozando los tallos milenarios. De aquellos que con sombra nos abaten. ¡Así quieron yo que sean mis palabras!, como hachas, ¡que maten!”. Aquí se asocia a lo político la función emotiva.

Por último debemos considerar el idiolecto entrerriano dentro del discurso del proletario anarquista nativo: “Viste el Gómez, cazó una mosca mi perro. Ese que no es lechuza cascoteada pudo entrever al bandido traidor. Y yo que le dije entrá Cabrera que con vos era, al final tuve que darle la razón”. (Acto II, cuadro III, escena V). Este trabajador intenta ganar la confianza de sus pares despojado de sentencias crípticas e incomprensibles.

La escuela racionalista que analizamos debió combatir en el plano de las ideas con los principios normalistas fuertemente arraigados en la provincia de Entre Ríos, cuna del positivismo educativo vernáculo. Pero en 1904, ante una huelga propiciada desde Rosario, las fuerzas de seguridad arrestaron a los docentes y según informó la prensa paranaense “las fuerzas vivas y esclarecidas de la ciudad quemaron este foco de infamias, verdadera afrenta para la región”. (El Nacional, Nº 784, 15 de agosto de 1904).

Desde las cenizas surgieron a partir de 1910 tres círculos ácratas, uno de los cuales, “Bandera Proletaria”, trabó relaciones con el falansterio de San José. Esta comunidad organizada de acuerdo a los principios del socialismo utópico de Fourier fue la única en su tipo del mundo. Se organizaron numerosos actos que solían culminar con una pieza breve, generalmente leída. Algunas de ellas formaban parte del sistema de producción nacional que circulaba por todo el territorio argentino y otras eran productos locales.

Angel Borda, sobreviviente de este proceso, nos comenta: “Debo recalcar que nuestro sindicato de Diamante siempre apoyó iniciativas de carácter popular, como la ayuda a las entidades de deportes. Con el auspicio de la organización se creó el Club Deportivo Rivera Portuaria, que intervino en una o dos temporadas en el campeonato local de la liga Diamantina. Siempre he creído que la organización gremial no debe ser odiada ni vista con recelo por el pueblo, porque si no está condenada a vivir al margen de la sociedad. También organizamos la biblioteca “Nuevos rumbos”, que fue destruida por el primer gobierno peronista, cuyos bienes, integrados por más de trescientas sillas, gran cantidad de bancos, libros y máquinas de escribir, fue a parar a un colegio de curas. Además hicimos teatro con elenco propio, mediante el cuadro filodramático llamado “Esfuerzo”, cuyo primer director fue Claro Gómez. El grupo realizó una meritoria labor de difusión cultural y artística, en circunstancias en que nuestra actividad sindical estaba muy quebrantada”.

Algunas piezas aparecieron en el periódico “Avance”, órgano oficial de la Federación Comarcal. En la obra “Pena proletaria”, un joven ácrata acomete en soliloquio:” Sube pensamiento. La escala de Jacob pende del cielo. Arroja el ropaje si eres bueno, si eres inocente, si eres niño. Así hablaba el hombre bueno. El pensamiento se elevó pletórico hacia el infinito. Las nubes alabastrinas se tiñeron de un rojo púrpura. ¿De qué os avergonzáis?, preguntó el pensamiento. Las nubes no respondieron. Solo que desflecaba una canción silbante, apagó su música y habló de esta manera: No te extrañe, ¡oh pensamiento!, si las poderosas nubes no te contestan. Dirige tu mirada hacia la tierra por un segundo. ¿Ves aquél titilar de puntitos que brillan?, pues son los ojos de los hombres que miran su pudor en tus desnudeces. ¿Y por qué las nubes?. Porque están desnudo, ¡oh pensamiento!; y el pensamiento desnudo es como los niños, no se dan cuenta de sus desnudeces; pero los grandes pequeños y los pequeños grandes, sí”.

En 1912 abrió sus puertas en la capital entrerriana otra escuela racionalista fundada por alumnos del establecimiento modelo de Luján. En los principios que regirían su obra escribieron: “Los estudios deben ser lo más atractivos posibles y que se continúen insensiblemente en la hora del recreo. Tal propuesta implica la instalación profunda de rituales y denuncia el desarrollo del curriculum en espacios excluidos de él, en su definición clásica. Podemos enseñar la vida de los pueblos en lugar de la historia de reyes, las lenguas vivas en lugar de las muertas; las matemáticas serán enseñadas también insensiblemente en el transcurso de los paseos, la mecánica en el taller con más frecuencia que en las tablas, los ejercicios corporales irán paralelos a los estudios técnicos. Y como culminación se enseñará filosofía experimental, sintetizando todas las ciencias e iluminando a la humanidad en su marcha ininterrumpido hacia el progreso indefinido. Actuar es vivir, todos poseemos teatralidad por lo que favoreceremos la dramatización como práctica pedagógica”.

Ese mismo año un libelo fechado en Puerto Diamante desgranaba con vibrante tono el contenido de una pieza breve en una acto. Un obrero cavilaba en voz alta: “Hoy he insultado al capataz. ¡Por fin soy un hombre y he vencido la cobarde timidez que me aplastaba!. Lo mandé al reverendísimo carajo y le hubiera aplastado la nariz pero huyó acobardado, el gran cabrón. Y yo reí con limpias carcajadas de hombre nuevo, de liberado de espíritu. Aventados están ya los días vergonzosos y sólo tengo límpidas mañanas. ¡Al diablo el cavilar y los rezongos de las pasadas horas humilladas!. Entiendan bien señores ricachones, den gracias a sus dioses cogotudos y rueguen por la salvación de los pescuezos, sus cabezas, sus barrigas y sus millones”. (fragmento perteneciente a la obra “He vencido” de autor anónimo)

En 1916 tenemos noticias otra vez de un renovado cuadro filodramático “Esfuerzo”. Nos cuenta Claro Gómez: “Es cosa sabida que Angel en su primera juventud hizo experiencia teatral (antes de participar en los denominados sucesos de La Forestal como militante obrero bisoño), integrándose como peón de playa a uno de los circos que recorría la provincia de Entre Ríos. Luego intervino en la creación de un elenco amateur llamado “Esfuerzo”. En su época de más vigor dimos funciones en algunas localidades lejanas de Diamante, como Villa Crespo, Viale, Puerto Las Cuevas. Agrego que la parte musical estaba a cargo de Andrés Ballesteros (bandoneón), los hermanos Palma (violín y guitarra) y Arraigada-Del Castillo (dúo folklórico de canto y guitarra); la puesta en escena y decorados eran de Danilo Romero y Juan Manizza”.

En las producciones propias de este grupo se incluían temas musicales con melodías características de la región. Esto lo diferencia de los cuadros filodramáticos clásicos de Buenos Aires. Una canción que perduró en el colectivo popular fue la chamarrita “Del matrero”, que originalmente apareció en la pieza ácrata “Marea negra”, publicada en el periódico libertario “Avance”, el 7 de julio de 1917:

Chamarrita retozona

De barrancas coloradas

Del pago de los matreros

Y las mujeres calladas.

Corazón de chamarrita

Protegelo a José Manuel

Que no muera su leyenda

Ni tu canto alegre y fiel.

Los matreros son poquitos

Y los cantores también

Los destinos parecidos

Al ñandubay de Montiel

Chamarrita protegelo

No me hagas padecer

Chamarrita hacele sombra

Cuando lo aplaste la sed

Por esa senda

De los chañares

Se fue una noche José Manuel

Se fue una noche José Manuel

Huyendo de los milicos

Que lo querían prender.”

El año 1916 fue trascendente para el desarrollo del movimiento ácrata en la provincia de Entre Ríos. La Federación Obrera Marítima (F.O.M.) decidió que ningún conflicto le era ajena, plegándose al criterio de solidaridad en al acción. Así lo señala Sebastián Marotta en su obra “El movimiento sindical argentino”1. Lo cierto es que el cabal significado y alcance del acuerdo fue sintetizado así por el obrero Aparicio, de la sección Cocineros de abordo: “Donde hay un afiliado marítimo, está la organización obrera”. Con ese espíritu combativo y militante, los hombres de la Federación apoyaron el fortalecimiento de la estructura gremial en todo el litoral. Por su esfuerzo surgieron en Entre Ríos setenta y cuatro sindicatos con más de 200 locales y centros. Los personeros de La Forestal tuvieron que reconocer por la fuerza el nuevo derecho obrero a la solidaridad. Barranqueras, Puerto Vilela, Puerto Ocampo, Tirol, Formosa tuvieron círculos de mucha actividad, así como Alto Paraná, Corrientes capital, El Dorado, Posadas, La Paz y Santa Elena. Cuando los barcos tripulados por trabajadores de la F.O.M. tocaban puertos entrerrianos, nunca faltaba algún marinero, pariente o amigo de los peones u obreros de la fábrica o de los estibadores de rollizos, que recibieran provisión de periódicos libertarios, volantes, llamados a la organización . De esta forma circulaba la información de las decisiones tomadas por la F.O.R.A. en Buenos Aires, con sus correspondientes explicaciones para ser sometida a votación por los sectores locales. Tampoco era extraño la aparición de algún misterioso caminante acompañado por algún baquiano. Inmediatamente participaba de secretas entrevistas en las que estimulaba a la participación y disipaba las dudas teóricas. Asimismo colaboraba en la creación de pequeñas bibliotecas circulantes en las que era posible encontrar numerosas piezas breves de teatro. La tarea de los mensajeros o acólitos permitía la difusión de los principios social libertarios y constituía una ingeniosa y aceitada maquinaria de propaganda. En general se trataba de hombres jóvenes con una elemental formación y locuacidad suficiente para convencer al ocasional compañero de charla.

Un panfleto fechada en Rinconada de Burgos el 6 de agosto de 1911 reproduce una obra de títeres pensada para la técnica de guante. El personaje protagónico en el consabido soliloquio dice: “Sangrando estoy. Es de tantas penas, pero no odia mi corazón. No odia porque le hablo a mi corazón. El me escucha y yo le digo: Corazón que tanto sangras, que tanto sufres, ¿sabes tú por ventura a quién odiar?. ¿Al puñal cuyo doble filo te tallará al partirte, a unos labios de virgen, o al lazo cuya pujanza lo armó de ira?. Corazón no odies, le digo: el bien es el supremo. Tú, que tanto sabes el dolor de penar por los caminos, que sabes del bronco gemir de las alcantarillas, no odies. ¿Por qué te desprecian, por qué sufres?. Por eso es que no quiero que aprendas por el odio. El –el odio- gobierno el mundo; si el odio no existiera, todos los hombres serían felices. ¿Qué es eso que guardas en las arcas de tu centro, corazón?. Son llantos, brisas, viajes, maldiciones de hombres que odiaron, besos de mujeres que amaron. Olvida corazón, si odias, que el odio tendría un fin cuando todos los hombres digan: Corazón que tanto sufres, alma que tanto sueñas, no odies. ¿Por qué has de odiar?.”

Este ideal libertario no se circunscribía a un panfletismo mesiánico de los días por venir, sino que un “aquí y ahora”, movido por la realidad que circundaba y dolía, obligaba a actuar. Fue el descrédito de los sectores socialistas dialoguistas los que pusieron el mote de idealistas sin proyecto al movimiento. Los obreros rurales eran con seguridad los más desamparados del país. Juntadores de maíz, peladores de caña, obrajeros de los yerbatales y hacheros de los montes, constituían algunos de los más humildes sectores de la cara macilenta de aquella Argentina que aún navegaba (sin saber las crisis a venir) en la opulencia agrícola. Se trataba del granero del mundo y la división internacional del trabajo nos había asignado ese papel primario de extraordinaria endeblez social.

Angel Borda, destacado luchador libertario, deambuló por la Mesopotamia, recorriendo especialmente el territorio de Pancho López. Gracias a su pasión se fundó la biblioteca popular “Luz del pueblo” en Diamante. Borda no descuidó en momento alguno lo concerniente a la elevación cultural de los trabajadores. Tomó contacto con algunos maestros (como los hermanos Del Castillo), para que organizaran clases elementales de primeras letras en horario nocturno, fuera del circuito oficial. Esta iniciativa, que se llevó a cabo durante una temporada, no tuvo mayor éxito, aunque algunos adultos lograron alcanzar los rudimentos de las letras y los números. La acción represiva neutralizó sus efectos. Fue su interés continuo la selección y enriquecimiento del patrimonio de la citada biblioteca. Gracias a sus esfuerzos, muchos adultos pudieron conocer el pensamiento de Reclús, el lirismo de Gabriel y Galán y el acento humano de Walt Whitman. En un rincón del establecimiento se armó un pequeño escenario, donde diferentes cuadros filodramáticos a lo largo de quince años, representaron obras ácratas.

Pero el golpe institucional de 1930 cambió drásticamente la situación política de la provincia. El gobernador de facto impuesto por La Forestal comenzó una represión despiadada que culminó en secuestros, deportaciones y fusilamientos. Otros obreros sindicalizados, con mayor suerte, fueron encarcelados, sufriendo todo tipo de vejámenes. La biblioteca con su sala, magnífica realización cultural de los trabajadores, terminó asaltada y desvalijada. Sus libros, archivos y documentos, luego de una repartija indignante, fueron a parar al depósito comunal. Después del latrocinio les aguardaba el fuego. En esta marea de destrucción impiadosa se ahogó el movimiento libertario de Entre Ríos y quedaron como epitafio a tan magna empresa estos versos perdidos de la época: “Adoquín de tonalidad bermeja ¿por qué de sangre tienes el color?. Exhalando una postrera queja. ¿Expiró sobre ti un trabajador?”.

La labor de las escuelas racionalistas y el papel del teatro como elemento didáctico fue fundamental a lo largo del país como pudimos constatar en Córdoba. Allí luego de tímidos comienzos en círculos de corta vida su presencia se consolidó a través de la escuela.

Un hecho será fundamental para el desarrollo de las ideas anarquistas en la región. Dos maestros racionalistas catalanes Puyalt y Montalvet fundaron el círculo “Los forjadores del Ideal” y dos años más tarde, en 1898, la primera escuela libertaria, en el barrio popular de Alberdi. Estos pioneros, seguidores de la posición pedagógica del teórico europeo Malato esbozaron un programa que hoy podemos reconstruir. Proponían desarrollar la institución de la siguiente manera:

“1º grado. 1ª. Sección : rudimentos de lectura y escritura, deletrear y silabear, paleografía de las primeras letras; primeras nociones de escritura. 2ª . Sección : las mismas asignaturas en más adelanto.

2º grado. 1ª Sección: lectura corriente, lectura sencilla. Aritmética: rudimentos. Gramática: rudimentos. Principios de dibujo. 2ª Sección: lecturas varias (manuscritas). Escritura (ensayos de dictado). Aritmética, sistema decimal. Gramática en grado intermedio. Creación de cuadros filodramáticos. Normas de ensayo y construcción de piezas dramáticas y de declamación y oratoria. Dibujo lineal. Talleres de carpintería y elementos escénicos.

3ª y 4ª grados: lectura corriente y manuscrita. Caligrafía. Aritmética, sistema decimal y ecuaciones simples. Geometría, dibujo lineal de adorno, de figuras y cuerpos (en copia y moderna). Nociones generales de geología, astronomía, química y física. Sociología, trato social, historia, geografía. Política y economía.

Mañana y tarde. Matrícula por mes adelantado $1 para 1º y 2º grados y de $ 2 para 3º y 4º.”

Esta propuesta es bastante ilustrativa del pensamiento contestatario inicial sobre el curriculum escolar; una suerte de satisfacción de requerimientos destinados a introducir en la formación infantil cuestionamientos al orden imperante. Sin duda, materias como sociología ( es difícil entrever qué objetivos procuraba la cuestión “trato social” ), economía y política eran absolutamente osadas, reservadas con exclusividad para el escenario de las vanguardias.

Muchos son ejemplos a desarrollar de esta aventura del crecimiento humano en el escuela y teatro se dieron la mano, por primera vez desde una propuesta integral en el país.

BIBLIOGRAFIA

Benson, Eduardo. Papeles para una historia del movimiento ácrata en sudamérica. Cuadernos del Sur. Buenos Aires. Edición Labor. 1969

Costas, Enrique. El racionalismo en Argentina. Buenos Aires. Ediciones Cántaro. 1986

Duarte, Mario. En busca del pasado anarquista. Paraná. Ediciones del Copista. 1990

Fos, Carlos. Educación libertaria. Salamanca. Ediciones Universitarias. 1996

Fos, Carlos. Teatro libertario y su acción pedagógica. Salamanca. Ediciones del huerto. 1995

Hilley, Edmundo. Banderas negras. San Pablo. Editorial Libre pensamiento. 1985

Luizzeto, Favio. Cultura y educación libertaria en el inicio del siglo XX en Educación y sociedad. Nº 12, septiembre 1982. México D. F. Ediciones UNICAMP, 1982

Orton, Marcus. El teatro libertario. Nueva York. Editorial Nuevos rumbos. 2001

Ponce, Julio. La escena ácrata. Montevideo. Ediciones dos banderas. 1995

Stirner, Alberto. El orden familiar. Córdoba. Ediciones del autor. 1882

PUBLICACIONES ACRATAS CONSULTADAS

Dignidad obrera. 1898-1905. Colección completa

El primero de mayo. 1904-1908. Colección completa

Lucha proletaria. 1906-1923. Colección completa.

NOTAS

1. Marotta, Sebastián. El movimiento sindical argentino. Editorial Inicial. Buenos Aires. 1949

Se consideraron las entrevistas realizadas por el que suscribe a los sres. Angel Borda y Ernesto Lurdes.

Mecanismo de la producciòn teatral àcrata en Cordoba

MECANISMO DE LA PRODUCCIÓN TEATRAL ÀCRATA EN CÓRDOBA

A diferencia de los centros portuarios del país que fueron objeto de un explosivo crecimiento demográfico, determinado por la inmigración, la provincia de Córdoba, como otras mediterráneas, sufrieron este fenómeno pero en virtud de un proceso paulativo aunque seguro. En 1882 aparecía una obra teatral de Alberto Stirner, inmigrante alemán, afincado en las cercanías de Villa Allende. Comedia en dos actos que bajo el título de “El orden familiar” nos entregaba una pincelada de la sociedad de la época. Allí en su escena segunda, Alberto, criado de la hacienda decía a su patrón: “Así están las cosas señor; para algunos la opulencia y la holgazanería y para otros la agitación.” A esto respondía el interlocutor: “Me parece adivinar en tus palabras demasiada tendencia al razonamiento y sobre todo a quejarte de tu suerte”. Este lejano antecedente encuentra marco orgánico en la última década del siglo XIX, cuando comienzan a estructurarse los gremios locales en torno a la seccional de Obreros Tipógrafos de la capital provincial. En un periódico de efímera vida perteneciente al círculo ácrata “La antorcha”, aparece una pequeña pieza dramática que culminaba en el siguiente monólogo rimado: “Amemos la lucha compañeros/luchemos que la lucha regenera/la vida de su cauce verdadero/se aparta si el dolor no impera.”

Un hecho será fundamental para el desarrollo de las ideas anarquistas en la región. Dos maestros racionalistas catalanes Puyalt y Montalvet fundaron el círculo “Los forjadores del Ideal” y dos años más tarde, en 1898, la primera escuela libertaria, en el barrio popular de Alberdi. Estos pioneros, seguidores de la posición pedagógica del teórico europeo Malato esbozaron un programa que hoy podemos reconstruir. Proponían desarrollar la institución de la siguiente manera:

“1º grado. 1ª. Sección : rudimentos de lectura y escritura, deletrear y silabear, paleografía de las primeras letras; primeras nociones de escritura. 2ª . Sección : las mismas asignaturas en más adelanto.

2º grado. 1ª Sección: lectura corriente, lectura sencilla. Aritmética: rudimentos. Gramática: rudimentos. Principios de dibujo. 2ª Sección: lecturas varias (manuscritas). Escritura (ensayos de dictado). Aritmética, sistema decimal. Gramática en grado intermedio. Creación de cuadros filodramáticos. Normas de ensayo y construcción de piezas dramáticas y de declamación y oratoria. Dibujo lineal. Talleres de carpintería y elementos escénicos.

3ª y 4ª grados: lectura corriente y manuscrita. Caligrafía. Aritmética, sistema decimal y ecuaciones simples. Geometría, dibujo lineal de adorno, de figuras y cuerpos (en copia y moderna). Nociones generales de geología, astronomía, química y física. Sociología, trato social, historia, geografía. Política y economía.

Mañana y tarde. Matrícula por mes adelantado $1 para 1º y 2º grados y de $ 2 para 3º y 4º.”

Esta propuesta es bastante ilustrativa del pensamiento contestatario inicial sobre el curriculum escolar; una suerte de satisfacción de requerimientos destinados a introducir en la formación infantil cuestionamientos al orden imperante. Sin duda, materias como sociología ( es difícil entrever qué objetivos procuraba la cuestión “trato social” ), economía y política eran absolutamente osadas, reservadas con exclusividad para el escenario de las vanguardias. A pesar de los innumerables problemas que tuvo este establecimiento para desarrollar su tarea debido a las múltiples provocaciones de la burguesía regional el taller de producción dramática dejó algunos monólogos que Julio Chaves, miembro del mismo hoy desempolva para nosotros: “Yo tenía catorce años y trabajaba en un horno de ladrillos quince horas diarias. Los patrones nos explotaban con todo. Para colmo los sectores de la construcción eran muy fuertes y tenían banca en el gobierno. De hecho muchos funcionarios les obedecían ciegamente. Sólo la empecinada voluntad del hombre organizado sindicalmente y el fervor idealista de luchadores por la justicia social logró abrir una brecha en la blindada coraza de los explotadores y la idea de la organización penetró como un fresco mensaje para los peones y los trabajadores de acarreo . Aún en las mujeres contratadas para que con su miserable oficio de prostitutas hicieran olvidar a los esclavos de sus negras horas de tortura laboral y miseria, a la vez que servían de cebo-carnada para que la bebida, el juego y las riñas fueran el obligado espectáculo que diera salida a resentimientos y rivalidades. De esta manera se evitaba el acuerdo de los que sufrían esas condiciones bestiales de trabajo y de vida. Yo, que era bastante caradura y me gustaba declamar integré varios cuadros filodramáticos y organicé bibliotecas populares, todas destruídas por el odio patronal”.

Hemos hallado en registros de la escuela “Negras banderas” la disponibilidad de obras de Gorki, Hauptmann y Suderman, junto con múltiples citas de piezas de elaboración propia con indicación de producción colectiva bajo seudónimo. Algunas de las funciones fueron anunciadas y publicitadas desde las páginas de la prensa ácrata, lo que aseguraba la crítica periodística del espectáculo y estimulaba ciertos estilos escénicos. Apreciamos un especial apego por el monólogo. Este papel de privilegio está claramente explicado porque retiene con facilidad la atención del público, en muchos casos semianalfabetos o analfabetos funcionales, y genera la fuerza didáctica de lo que se muestra o expresa. Empleaban una fraseología cercana a la arenga y permitía presentar causas, denunciar, exponer y convencer, resaltándose el valor pragmático de la palabra pronunciada desde un tablado. Los monólogos observados cumplen con las leyes típicas de este teatro de acción: – la repetición de fraseología, temas, enseñanzas o de la presencia de un personaje esclarecido y esclarecedor encargado de dar una lógica interna proselitista. La originalidad no es buscada, pues la insistencia del discurso es la que garantiza la eficacia publicitaria del mensaje, la economía que permita erradicar del texto lo innecesario o inalcanzable para la puesta en escena. Se utiliza la condensación y la simplificación como maniobras útiles que permiten racionalizar la cantidad de personajes y los signos escénicos. Una muestra de estos monólogos construido en torno de la dialéctica explicaciones – (a través de las cuales se informa e ilustra al público – testigo de los horrores padecidos por el proletariado y el origen de los mismos) – preguntas (interrogaciones que el personaje esclarecido dirige al destinatario interno del texto en quien se proyecta el público), es “Lucha sin tregua”, aparecido en el número 3 del periódico “Brecha obrera” del día 5 de mayo de 1905. En él el autor hizo decir a su personaje concientizado: “Es urgente/que la clase dirigente/retroceda en su demencia/de ser del pueblo tutora/pues lo tiene uncido al yugo de su ambición y su jugo/el trabajo le devora/.¡Pobre pueblo!/El labra tierra/caminos, minas y tosqueras/da vida a las quebraderas/muere por Córdoba en la guerra. Es avaro de la gloria/de la libertad que engrandece/y tan solo ser merece/héroe anónimo de la historia. Se le engaña y se le explota/con un cinismo sin nombre/y en vez de darle renombre/se le trata como a ilota. ¡Inhumanos no agradecen/nada el rico ni el gobierno!. Por el contrario, en eterno/desprecio vil lo escarnecen!”.

En la primera década del siglo numerosos círculos y centros libertarios florecieron en la capital mediterránea y en numerosas localidades de la pampa cordobesa. El cuadro filodramático “Ciencia y progreso” estrenó el 1º de mayo de 1910 la obra “Extraña traición”. En ella queda expuesta la lucha de los obreros del gremio alimenticio que abogan por la reducción de la jornada de trabajo y por la reglamentación de la labor de los niños, mujeres y ancianos. Alberto líder de la insurrección debe organizar a la masa ignorante, adoctrinarla y coordinar con el resto de los sindicatos el boicot y huelga general. Su joven mujer Paula trabaja en la casa de los patrones como doméstica y por momentos parece defeccionar. Alberto, junto a Soto, linotipista, redactan libelos, preparan reuniones y jornadas de acción directa. Asimismo logran la adhesión de Don Goyo, hombre respetado de la campaña que resueltamente incorpórase a la causa. La policía reforzada por elementos de la Liga Patriótica local reprimen el movimiento matando en una emboscada a Don Goyo e hiriendo de gravedad al propio Alberto. Al enterarse de lo acontecido, Paula comprende el sentido último de la confrontación y se suma a las improvisadas trincheras donde es “sableada” por un cosaco. Soto, ahora líder del estallido obrero, intenta convencer a los renuentes a continuar el paro. Los rompehuelgas habían comenzado su accionar disgregador.

– SOTO: Sé lo que es el hambre, ese hambre que se mitiga con el mendrugo de pan que los potentados niegan a los miserables, ese mendrugo que tanto nos cuesta para ganarlo cuando empuñamos la herramienta y que los amos, no contentos con explotarnos en el trabajo, cuando sentimos en nuestros corazones las ideas de la liberación nos niegan el derecho de ganarlos con nuestros esfuerzos. Pero, tú, no debes desesperar; todos los compañeros están dispuestos a ir a la huelga para obligar a la administración que te restituya en tu trabajo.

– HECTOR.: (un rompehuelgas, enmascarado como obrero). Muchos han aprobado continuar la huelga pero pocos lo cumplirán. El movimiento fracasará con el sacrificio de unos pocos. Aún cuando todos fuesen a la huelga, llevarían posibilidades de perder. Los trabajadores tenemos el deber de fijarnos en las consecuencias. La huelga es un arma de dos filos que bien puede herir a los capitalistas como a nosotros mismos. Cuidemos siempre que no nos hiera a nosotros y que nos sirva para asestar golpes mortales al capitalismo. (Acto I, cuadro III, escena IV).

La obra finaliza con el pueblo resistiendo y con un monólogo vibrante de Soto.

– SOTO: “¡Compañeros!. No desmayéis. El yugo burgués será aplastado y de nuestra sangre vertida brotarán retoños de libertad. La huelga general es nuestra herramienta. Rumian los patrones sabedores de su derrota. No abandonemos la esperanza y construyamos un mundo sin dolor, explotación ni odio”. (Acto II, cuadro V, escena III).

En cuanto a la estructura superficial podemos encontrar elementos clásicos de un teatro didáctico simple. En relación con lo expuesto con respecto a los artificios observamos el encuentro personal, la extraescena realista, la coincidencia abusiva, la causalidad lógico-temporal y los niveles de prehistoria en el principio. Con referencia al sistema de personajes aparecen el esclarecido activo, Alberto y el pasivo, Soto. Héctor, falso obrero enviado para quebrar la huelga oficia como personaje negativo. El entrega los datos que permiten asesinar al personaje positivo, clarificador, embrague. Y sin hesitar el personaje al que se intenta convencer es el proletariado local.

La estructura profunda nos entrega a Alberto Muñoz como Sujeto y a la organización de la resistencia proletaria para obtener reinvindicaciones sociales concretas como Objeto. Como oponentes actúan Héctor, la policía del lugar, los miembros de la Liga Patriótica, el clero, los patrones y el orden injusto. El destinatario es el proletariado y a través de él la concientización de la humanidad toda, mientras que el destinador es el tejido social injusto. Alberto no alcanza su objetivo al ser herido de muerte pero Soto, investido como líder continúa la lucha. La aparición del hijo menor de Soto, Javier, apenas un niño, simboliza la esperanza. Este artilugio es una de la características comunes de todas las piezas ácratas.

En las formaciones discursivas aparecen dos ejes: el social – libertario, que representa Alberto, Soto y Don Goyo y el proletariado cordobés en orden de jerarquía. Antagónicamente se introduce el discurso oficialista, expresado en los bandos oficiales , la prensa burguesa, los jefes policiales y la patronal.

Héctor, que oscila entre ambos no puede encuadrarse en ninguno de los dos ejes y queda sin voz. Un ejemplo claro del discurso oficial es que la pieza refleja en el acto II, cuadro IV, escena V, cuando Soto lee las noticias desarrolladas por el diario conservador “La voz del interior”, que como vocero de la reacción comenta: “Esas bestias cuasihumanas, llevadas de la nariz por panfletarios energúmenos, fracasarán en su intento asesino por destruir el orden y la propiedad. Los elementos sanos de la población pronto controlarán junto a nuestra valiente policía los arrebatos de la chusma”.

El discurso de las capas bajas de las fuerzas de seguridad del lugar puede ejemplificarse con este párrafo correspondiente al acto I, cuadro II, escena V. Un cabo grita: “¡ A lonjazos, quiero la cabeza de estos cabrones! ¡Vamos! Que son pura cabeza como ternero de pobre”.

En relación con el discurso de Alberto podemos agregar que una vez herido mortalmente Soto conviértese en el personaje embrague, trocando de una actitud secundaria a un accionar de liderazgo. En un momento reflexiona: “ Desear el combate en cerros y senderos/ no dudar ante el golpe artero/ nuestra existencia en búsqueda de lo verdadero/ se consuma si abandona al compañero”. Finalmente consideramos al idiolecto cordobés inmerso en el discurso de la masa proletaria libertaria. “Está dura la cosa. Pero no puede ser que a mí nomás se me llueve el rancho”.

En otro tramo un obrero dice: “Mirálo al Héctor y Hasta luego dijo Pérez y no volvió nunca”. (Acto III, cuadro IV, escena I).

La segunda década del siglo trajo consigo un importante crecimiento en el número y la actividad de los centros libertarios de la provincia. En 1925 contaban cerca de ciento veinte grupos con una integración aceitada con la red Buenos Aires – Santiago de Chile, que les permitía extenderse hacia el NO siguiendo el tendido de las vías férreas. Estos núcleos produjeron, imprimieron y difundieron folletos, libros, obras de teatro, cancioneros e impulsaron la fundación de escuelas racionalistas, centros de enseñanza independientes, talleres libertarios, ateneos, bibliotecas, comunas libres, círculos de estudios, universidades populares e inmigrantes con el objetivo de promover una propaganda educadora.

En 1919 la Federación Obrera seccional Córdoba apoyó el fortalecimiento de la organización gremial en todo el tendido de la red ferroviaria, incluyendo la zona serrana. Ese mismo año tenemos noticias de un cuadro filodramático denominado “La luz”, que actúa en numerosas jornadas libertarias en centros y círculos ubicados en Traslasierra. Nos cuenta Flavio Spezia: “Mi hermano José hizo experiencia teatral integrándose como peón de playa a uno de los circos que recorrían la provincia. Debo insistir que siempre le advertí la necesidad de que nuestro sindicato apoyara las actividades culturales. Yo mismo participé de los cuadros dramáticos y valiéndome de mi fresca u excelente memoria aprendía la letra de las piezas y comedias que el elenco circense daba en la segunda parte de la función. Por tal motivo más de una vez, ya sea por ausencia o enfermedad del titular subí junto a José al escenario a reemplazarlo. Participé del grupo declamatorio “La agitación”, del cual fui su primer director. Veníamos de una gran derrota sindical luego de la huelga general de mayo y en base a los compañeros que pudimos regresar después del “desparramo” comenzamos la acción. La compañía estaba formada por José Gelogich, Roberto García, Danilo Romero, Desiderio Murúa, Félix Murúa, Pablo Acuña, Simón Arraigada, Lino Galbán, Orlando Herra, Juan Dios, Juan Marizza, Abel Rodríguez y algún otro que se me puede haber ido de la memoria. Las artistas del pueblo más notorias fueron Clara Faíni, Adoración García, Argentina Estévez, Joaquina de Jaime y Catalina Sommer. Nuestro respertorio (aparte de varios “sketchs” cómicos de los que el más reidero resultaba uno caricaturesco de ambiente local titulado “La paga de don Sempronio”, que compusimos con Desiderio Murúa, donde el papel más hilarante estaba a cargo de Danilo personificando a una criolla vieja mandona y autoritaria) tenía como obras de fondo debidamente ensayadas a “Las víboras” de Rodolfo González Pacheco, a la comedia dramática “De frente” y al drama antibélico de Rostand “El hombre que yo maté”. Este elenco funcionó satisfactoriamente entre 1919 y 1925; después de ello una nueva generación de sus componentes lo llevó a la inacción definitiva”.

La provincia fue recorrida por los mensajeros o acólitos, cuya función era la difusión de los principios social – libertarios. En general se trataba de hombres jóvenes con una elemental formación y locuacidad suficiente para convencer al ocasional compañero de charla.

Un panfleto fechado en Villa Dolores el 8 de marzo de 1920 reproduce una obra de títeres pensada para la técnica de guante. En el soliloquio de rigor el protagonista exclamaba: “Oh penas obreras/llanto de los niños vapuleados/gritos callados de las mujeres vejadas/dispersas ante el flamear de la ácrata bandera de la dignidad”. La labor de estos primeros emisarios se complementaría en la década del treinta con el infatigable trajinar de los crotos, verdaderos trashumantes, que viajaban en vagones y chatas del ferrocarril, con su atado al hombro. Recorrían innumerables parajes a veces con el ánimo de hallar fugaces trabajos y a veces sólo por el placer de vagabundear. Aquel mundo de los crotos estaba tejido de silencios y discreciones. Gente con dolores callados y con pasado inquietante compartían las viadas con hombres que se automarginaban de una sociedad sorda a todo lo que no fuesen valores materiales y con jóvenes ansiosos de mundo nuevo. También iban a parar (o a andar ) seres atormentados por problemas psicológicos, los pasados del mono (los que habían enloquecido en la vía). Entre ellos deambulaban muchos , tal vez la mayoría, para quienes estando cerradas las oportunidades laborales en sus diminutos pueblos rurales de origen, sabían buscarlas sin esperanza de arraigar al pie de trabajos estables. Nadie preguntaba en semejante mundo por la historia del otro, ni por las razones de su errabundia. Nadie trababa compañía con otro, sino temporaria, apenas por algunas estaciones. La amistad no exigía otra frecuentación que algún encuentro para “otra vez”, en tal sitio, para un tiempo que fijarían el trabajo, el clima o el azar. Tanta discreción había facilitado la infiltración de los que dejaban otras cuentas pendientes con la justicia. Pero también propiciaba el desplazamiento de los propagandistas ideológicos que compartían con los crotos permanentes la inmunidad derivada de su propia marginalidad. Por eso muchos militantes libertarios eligieron la vida en la vía para llegar por regiones impensadas su ideal libertario en panfletos, folletos y libros, con cuyas ensoñaciones de emancipación social encendían nuevo trasfoguero junto a la ranchada de los crotos.

Ruben Stirk, croto ácrata recuerda : “El sitio preferido que yo recuerde fue Santa Victoria, ferrocarril Pacífico, en tiempos de la administración inglesa, allá por los años 1928 al 32. Era un punto tranquilo, que invitaba al descanso a los caminantes que transitaban bajo el intenso azul cielo de Córdoba. La autoridad, la ley, no figuraban de ningún modo ; la hermosa libertad brillaba en todo su esplendor. Los vagabundos encontrábamos ahí un clima, un ilimitado campo de seguridad y tranquila estancia. En la amplia playa de maniobras, marginando los desvíos, y una larga vía muerta, dos tinglados de abierto alero con mojinetes de norte a sur ofrecían sus “comodidades” a los golondrinas eventuales. La vía muerta, en cuya terminal, junto a los restos derruidos de lo que fuera un embarcadero de vacunos, con bebederos oxidados, había un grifo del que aún manaba un fresco chorro de agua. Sobre aquellos rieles en desuso, destartalado y herrumbroso, yacía un vagón inservible.

Era un armatoste cerrado , de los llamados “hamburgo”. Había quedado allí abandonado por alguna ignorada causa y por milagro conservaba el techo y la estructura lateral casi intactos”.

Stirk nos da un primer escalón para desarrollar un estudio futuro sobre los modismos y lunfardías de los hombres de los rieles en las primeras cuatro décadas del siglo XX.

Córdoba actuó como centró multiplicador del mensaje ácrata a provincias limítrofes como Santiago del Estero y San Luis. El papel del centro “Mártires de Chicago” fue fundamental en este sentido con la labor activa de su comité de propaganda.

Sin embargo las persecuciones constantes, las detenciones y posterior deportaciones de los líderes teóricos más representativos, sumado a partir de la segunda mitad de la década del 20 , a los procesos políticos y sociales de radicalización reaccionaria, decidieron la suerte de esta corriente del pensamiento humano en la región. La característica de ser un campo intelectual circular y las agresiones de la cultura oficial le depararon una doble muerte al sumirlos en las nubes del olvido.

Dr. Carlos Fos, agosto 2004

Bibliografía

Bilsky, Eduardo. Esbozo de historia del movimiento obrero argentino, desde sus orígenes hasta el advenimiento del peronismo. Cuadernos Simón Rodríguez, Nº 3. Buenos Aires. Editorial Biblos. 1987

Costas, Enrique. El racionalismo en Argentina. Buenos Aires. Ediciones Cántaro. 1986

Fos, Carlos. Educación libertaria. Salamanca. Ediciones Real Universidad de Salamanca. 1996

Fos, Carlos. Teatro libertario y su acción pedagógica. Salamanca. Ediciones del huerto. 1995

Hardman, Francisco. Ni patria, ni patrón. San Pablo. Ediciones Brasilienses. 1984

Luizzeto, Flavio. Cultura y educación libertaria en el inicio del siglo XIX en Educación y sociedad. Nº 12, septiembre 1982. México D.F. Ediciones UNICAMP. 1982

Oslak, Oscar. La formación del Estado Argentino. Buenos Aires. Editorial Planeta. 1997

Oved, Iaácov. El Rebelde. Buenos Aires. Ediciones Populares. 1988

Stirner, Alberto. El orden familiar. Córdoba. Ediciones del autor. 1882

Publicaciones ácratas consultadas

La antorcha 1897-1906. Colección completa

Banderas agitadas 1901-1914. Colección completa

Brecha obrera Nº 3, 5/5/1905

Biografía de Chopin Federico Resumen Genio del Piano y Música Clásica

Biografía de Federico Chopin –  Genio del Piano y la Música Clásica

Tanto como exponente cabal del romanticismo en el campo de la música, como en calidad de guía por el amplio camino de las posibilidades pianísticas, Federico (Frederic) Francisco Chopín recaba un lugar de honor entre las grandes artistas de la primera mitad del siglo XIX.

Seguro, fuerte y vibrante en sus composiciones de temas nacionales, Chopín escribió, por otra parte, las obras más melancólicas, refinadas y expresivas del romanticismo.

De su genio brotaron armonías etéreas, vaporosas y encantadoras, de una intensa profundidad pasional.

Federic Chopin Biografia

Chopin entre Varsovia, Berlín y Viena (1810-31)

Por esta causa, su campo de acción preferido fueron las obras de compases reducidos, como los nocturnos, los estudios y los preludios.

Aunque a veces parezcan obras de improvisación, se ciñen siempre a unos preceptos orgánicos, que encierran las melodías en cánones de belleza armónica, casi clásicos.

Como pianista fue admirable, tanto por las delicadezas de su pulsación como por haber sabido arrancar del piano las modulaciones y los acordes de otros instrumentos.

Chopin fue un compositor de música para piano. Un compositor muy especial, plenamente romántico, en el sentido más universal del término.

Vida y anhelos personales, música y poesía se entrelazan en sutiles desarrollos melódicos y armónicos, plagados de lirismo y sensibilidad.

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BREVE FICHA BIOGRAFICA

• Nació el 22 de febrero de 1810, en una finca, a pocos kilómetros de Varsovia (Polonia), llamada Zelazowa Wola.

• A los cinco años recibió sus primeras lecciones de piano y pronto empezó a componer.

• Dos años después dio recitales en los salones aristocráticos de Varsovia.

• En 1822 ingresó en el Conservatorio y empezaron sus problemas de salud.

• Siete años más tarde viajó al extranjero para adquirir experiencia y ser reconocido en otros países.

• En 1830 volvió a Varsovia, pero no tuvo el recibimiento que esperaba y decidió irse a París y a Londres. Durante el viaje se enteró de que los rusos habían invadido su país y se vio obligado a establecerse en Francia.

• En 1832 dio su primer concierto en la capital francesa con tanto éxito que pronto ingresó en la vida artística y se hizo de importantes amigos como Liszt y Berlioz.

Un pianista famoso: Se convirtió en el profesor de piano de moda y comenzó a ganar mucho dinero con la venta de sus composiciones.

• En 1836 su amigo  Liszt le presentó a la escritora George Sand, de quien se enamoró.

• En 1847 se resintió su salud y terminó su relación con George Sand. Para distraerse viajó a Londres, donde dio varios conciertos.

Dos años después, muy enfermo de tuberculosis, regresó a París.

• Murió el 17 de octubre de 1849.

Además de los numerosos estudios, nocturnos y mazurcas que compuso para piano, Chopin se destacó con la creación de diecinueve polonesas. Tradicionalmente, la polonesa era una de las danzas más populares e importantes de Polonia.

El músico: tomó los ritmos de esos bailes y los transformó; así, las polonesas dejaron de ser simples canciones para bailar y se convirtieron en poemas que mostraban los horrores de la guerra y el deseo de que Polonia alcanzara la libertad.

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BIOGRAFIA DE CHOPIN FREDERIC

Frédéric (Fererico) Chopin nació en Zelazowa Wola, localidad cercana a Varsovia, el 1º de marzo de 1810.

En Varsovia, ciudad donde vivió durante su juventud, estudió música en el conservatorio de la ciudad y pronto se convirtió en un niño muy conocido debido a su genial predisposición para improvisar e interpretar piezas en el piano.

Hasta 1831 tocó en los ambientes selectos de la aristocracia polaca y se hizo célebre por sus originales melodías y por adaptar la música popular polaca a obras para piano de un lirismo muy original.

Pero Varsovia no era una ciudad que atrajera la atención del joven músico.

En 1829, Chopin se trasladó a Berlín y Viena, y en estas grandes ciudades obtuvo sus primeros éxito1, fuera de su país.

El entusiasmo y la satisfacción producidos por la gira de conciertos efectuada en estas dos ciudades imperiales motivaron la composición de sus primeras piezas para piano, en las que prácticamente quedaron definidos sus postulado’, estéticos y musicales.

Biografía de Federico Chopin Las obras que compuso en Varsovia (polonesas, variaciones y rondós principalmente) muestran ciertas influencias de algunos compositores románticos de la primera mitad del siglo XIX, que se habían caracterizado por el virtuosismo de sus creación» pianísticas.

El llamado «estilo brillante» evidencia en los dos conciertos para piano, de 1829 y 1830.

El piano destaca sobre el resto de la orquesta, que es ejecutada como acompañamiento.

La estancia en París (1831-49)

Tras un breve periodo de tiempo en Varsovia, Chopin regresó a Viena en 1830, ciudad en la que permaneció poco tiempo.

Vuelta a Varsovia y, en 1831, viaja a París, su ciudad adoptiva, y en la que permaneció hasta su muerte en plena madurez artística.

En la capital francesa impartió clases de piano, tuvo buenos mecenas y se relacionó con la élite burguesa y aristocrática, ferviente seguidora de sus composiciones.

Chopin no dio muchos conciertos en público; sus recitales eran escuchados en salones privados, frecuentados por sus amigos Berlioz, Liszt, Bellini, Heine, Balzac y Delacroix, entre otros.

En estas audiciones privadas, el músico ejecutó casi todas sus composiciones, caracterizadas por el lirismo de las melodías, la delicadeza de las relaciones armónicas y una ejecución pianística llena de contrastes, sacando partido a todas la posibilidades del instrumento.

Chopin estuvo siempre al servicio del piano y su estilo fue una evolución dialéctica en tanto que iba conociendo las posibilidades del instrumento.

El punto de partida, además del conocimiento propio que del instrumento poseía, era la proyección de todos los géneros musicales hacia el piano: la música orquestal, la vocal y, cómo no, las tradiciones populares de su país natal, Polonia, que nunca olvidó.

En 1836, Chopin conoció a la novelista George Sand, mujer inteligente y culta muy conocida en los círculos intelectuales del París de la época.

Con ella abandonó París y se estableció en Mallorca.

Durante la estancia en la isla, el músico enfermó de bronquitis, que degeneró en una tuberculosis.

Tras esta primera recaída, Chopin, recuperado en la casa de campo que Sand tenía en Francia, volvió a París, en octubre de 1839.

La relación con esta mujer determinó en buena parte la producción artística del compositor. No hay duda de que las mejores obras de éste se sucedieron durante la relación que mantuvo con ella, hasta 1847.

sand george novelista francesa

Un hecho importante fue la iniciación de sus relaciones con «George Sand», con quien intimó hacia 1837. En 1838 la acompañó a Palma de Mallorca.

El mal pareció agravarse, hasta que Chopín halló un refugio a propósito para su cuerpo y su alma en el cercano convento de Valldemosa, en donde escribió alguna de sus mejores páginas. En 1839 regresó a París.

Su vida con la Sand se prolongó hasta 1847, ya en París, ya en Nohant. Por fin, llegó la ruptura, impuesta por la divergencia fundamental de gustos y caracteres (1847).

Desde este año su salud se debilita y, después de un viaje a Inglaterra, empeora a finales de 1848. Murió en octubre de 1849.

Las composiciones en París, a partir de 1832, devienen más íntimas, libres y personales, a través de una melodía a la que se añaden sutiles y complejos juegos armónicos, contrapuntísticos y rítmicos fragmentados pero perfectamente ligados.

El «estilo brillante» es paulatinamente abandonado y ahora el interés por otros compositores y géneros se hace patente, como el caso de Bach y la ópera italiana de comienzos del siglo XIX.

La influencia de Bach se manifestó en sus estudios y preludios, a través de sólidas estructuras armónicas que mantenían una línea melódica muy bien estructurada y compleja, pero que constituían obras muy fluidas y unitarias.

De la ópera captó la sensibilidad de las ricas melodías del el canto, sus frases abiertas, el rubato (alteración voluntaria de los tiempos, muy típico de los cantantes de ópera de principios del ligio XIX) y la fioritura.

En cuanto a la música popular, no la desechó como fuente de inspiración.

Las polonesas y mazurcas, ricamente ornamentadas y elaboradas según criterios muy individuales, contenían esquemas rítmicos y estructuras modales que le interesaron enornmemente.

La Obra Para Piano de Chopin

La obra para piano de Chopin, además de los conciertos para piano y otras obras para piano y orquesta, como el Andante spianato y la Grande polonaise, de 1831, muy al gusto del «estilo brillante», se compone de tres sonatas, veintisiete estudios, cuatro scherzos, cuatro baladas, veinticuatro preludios, tres impromptus, diecinueve nocturnos, la Fantasía en fa menor, la Berceuse en re bemol y valses, mazurcas y polonesas.

El scherzo es el nombre que se da a ciertas obras musicales o a algunos movimientos de una composición más grande como una sonata o una sinfonía.

También compuso una bella sonata para violonchelo, un trío con piano y algunas canciones con textos en polaco.

Los conciertos para piano (N° 1 en mi menor op. 11 y N.° 2 en fa menor op. 12) fueron compuestos en la etapa de juventud, cuando Chopin tenía veinte años (1829 y 1830, respectivamente).

Ambos conciertos, plenamente románticos, se alejaron de la forma clásica de concebir el género.

Mientras Mozart y Beethoven mantienen un diálogo muy elaborado entre instrumento solista y orquesta.

Chopin concedió más valor a la ejecución pianística, de tal forma que la orquesta se limita a acompañar, introducir y mezclar los temas que entrelaza sofisticadamente el instrumento solista. La brillantez romántica está plagada de lirismo, virtuosismo y expresión.

Son quizá los nocturnos y los preludios sus obras más íntimas. Los primeros se caracterizan por la difícil técnica necesaria para su ejecución. Su desarrollo es libre y de alto contenido lírico.

Tienen en común, ante todo, la rica estructura armónica y la gran originalidad en el desarrollo de las melodías.

En los nocturnos es donde Chopin adaptó las arias de la ópera italiana a la compleja interpretación pianística.

Los preludios son breves obras resultado del análisis que Chopin hizo de la obra para teclado de Bach.

Éste utilizó el preludio para introducir de manera breve una fuga y Chopin experimentó con todas las tonalidades, tanto mayores como menores, y los giros contrapuntistas.

Los estudios eran piezas que desarrollaban un tema con el objetivo de ser interpretado por los estudiantes de piano y así reforzar la técnica de ejecución.

Con Chopin, los estudios, que no eran novedad en la historia de la música, adquieren belleza estética.

El objetivo era combinar virtuosismo y expresión poética, seguramente influido por la obra del violinista y compositor Niccoló Paganini.

Los estudios tienen el esquema ABA, donde la parte central desarrolla el tema principal.

Sorprende cómo en estas breves piezas de estudio técnico (arpegios, empleos del dedo pulgar, acordes de seis notas, series rápidas de acordes de tres notas, largas escalas ascendentes y descendentes de semicorcheas, etc.) pueda haber a la vez tanta dificultad técnica y tanta carga poética.

Al igual que en los preludios, el tema musical de un estudio mantiene un desarrollo unitario.

Las baladas y los scherzos son también obras de gran sentimiento, fuerza e individualidad.

La balada, denominación que utilizó por primera vez primera Chopin para referirse a una pieza musical, es una obra narrativa de carácter poético caracterizada por su mensaje lírico y espontáneo; parece ser que Chopin admiraba las baladas del gran poeta del siglo XIX Adam Mickiewicz, llenas de pasión romántica.

Chopin trasladó este sentimiento a la música y combinó la expresión musical con una impecable técnica al servicio de giros armónicos propios de su estilo.

El scherzo, como las baladas, es una pieza brillante, compleja, virtuosística, que desprende sentimientos muchas veces contradictorios (alegres, dramáticos, enérgicos, melancólicos…).

Con Chopin, la forma scherzo perdió su carácter festivo y alegre que desde el siglo XVIII había mantenido.

Las sonatas para piano, principalmente la Sonata en si bemol menor y la Sonata I en si menor, conciben la forma más libremente que en época clásica, llena de contrastes temáticos tratados de manera «escénica», es decir, en continuo desarrollo hasta su culminación expresiva.

No se puede concebir la música para piano posterior sin la obra de Chopin, modelo no sólo para sus coetáneos como Liszt y Brahms, sino también para posrománticos (Grieg y Rachmaninov) e impresionistas (Debussy y Ravel) de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.

Ver: Chopin, el genio del piano

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe Tomo 9

La Commonwealth:comunidad británica de las naciones El Reloj Big Ben

La Commonwealth: Comunidad Británica de las Naciones

La British Commonwealth of Nations (Comunidad Británica de Naciones) fue la evolución que adoptó el Imperio británico ante las presiones descolonizadoras. Hoy día es una asociación de Estados que mantienen lazos de cooperación.

La Commonwealth se ha transformado en una asociación flexible y moderna de gobiernos, organizaciones no gubernamentales y pueblos varios que comparten ideales políticos y valores humanos. Su compromiso es para con la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho, además del logro de un desarrollo sostenible.

La Commonwealth:comunidad británica de las naciones El Reloj Big BenEl nombre de Commonwealth originalmente designó a un periodo de la historia inglesa, que corresponde a la primera revolución parlamentaria contra la monarquía Estuardo, y la adopción de una forma de gobierno republicana (1649-60).

Pero British Commonwealth of Nations es como se reconoce a la libre asociación de países en defensa de sus intereses que integra al Reino Unido y muchas de sus antiguas colonias y dominios hoy independientes.

Su cabeza es el monarca británico, que algunos miembros reconocen como su jefe de Estado, representado por un gobernador general, y otros simplemente como símbolo de la asociación.

Imagen: Sello de la COMMONWEALTH

El origen de la misma debe trazarse en el siglo XIX, cuando las colonias con su numerosa población blanca desarrollaron una incipiente conciencia nacional y aspiraron a un grado mayor de autonomía, como había sucedido con los Estados Unidos de América a fines del siglo XVIII.

Ante los problemas en Canadá, el Gobierno británico comenzó a conceder el autogobierno a esas provincias (1847), lo que luego Se extendió a Australia (1855-59), Nueva Zelanda (1856) y Sudáfrica (1872-93) En 1867 las provincias de la América del Norte británica se agruparon en el Dominio de Canadá, ejemplo seguido por Australia (1900) y Sudáfrica (1910). En 1907 el Gobierno de Londres reconoció a estos cuatro territorios (incluyendo a Nueva Zelanda su capacidad de autogobierno nacional.

La Primera Guerra Mundial catalizó estas transformaciones, pues la importante contribución de los dominios al esfuerzo bélico se reflejó en su capacidad de decisión en el Gabinete Imperial de Guerra, hasta el punto de que tuvieron representantes en las conferencias de paz de 1919, e incluso recibieron mandatos de la Sociedad de Naciones, como sujetos de pleno derecho internacional.

Parece que el término British Commonwealth of Natíons fue acuñado en 1917 por el general J. C. Smuts, o por L. G. Curtis, hombres que sirvieron en el ejército y a la administración imperial. Curtis fundó la revista Round Table para difundir sus ideas sobre «imperialismo liberal».

Por esta misma época surgió un problema en el mismo corazón del imperio. Desde principios del siglo XX, el movimiento independentista irlandés se había agrupado en torno al partido Sinn Fein, fundado por A. Griffith. En 1916 promoviendo levantamiento en Dublín para proclamar la República que fue duramente reprimido.

Aun así, el Sinn Fein obtuvo en las elecciones de 1918 la mayor parte de los escaños reservados a Irlanda en el Parlamento británico. Sus líderes decidieron constituirse en parlamento (Dáil) independiente y formar un gobierno clandestino la tensión política se complicó por las acciones violentas del brazo armado del partido, el IRA, dirigido por M. Collins, que desencadenó el domingo sangriento (21 de noviembre de 1919).

En 1921, Collins y Griffith firmaron un tratado con Gran Bretaña por el que irlanda, excepto el Ulster, se convertía en Dominio con Gobierno y Parlamento propios.

A partir de la Primera Guerra Mundial Gran Bretaña mantuvo con sus dominios una serie de reuniones periódicas (Conferencias imperiales) La de 1926 fue especialmente importante, pues en ella se abordaron dos cuestiones clave. Por un lado, se constató la imposibilidad de redactar un texto constitucional válido para todo el imperio, pues se trataba de territorios muy distintos en muchos aspectos.

Por otro lado, la cuestión del estatus jurídico de los dominios en relación con la metrópoli fue resuelta con la llamada fórmula Balfour: «Gran Bretaña y los Dominios Son comunidades autónomas dentro del Imperio, iguales en estatus, en modo alguno subordinadas unas a otras en cualquier aspecto de sus asuntos internos o externos aunque unidas por una fidelidad común a la Corona y libremente asociadas como miembros de la British Commonwealth of Nations».

El Estatuto de Westminster (1931) confirmó estos puntos, además de ofrecer a todas las colonias del Imperio la posibilidad de ingresar en la Commonwealth al independizarse y de abandonarla unilateralmente También reconocía la plena autonomía legislativa de los Dominios y su independencia en materia de política exterior. En la mayoría de los casos el mantenimiento de la tradición jurídica (derecho común), administrativa y gubernamental (regímenes parlamentarios) británicas en las antiguas colonias aseguró la cohesión del conjunto y favoreció el entendimiento entre los asociados.

La Segunda Guerra Mundial sirvió para poner a prueba dicha cohesión y resolver cuestión que no se trataron en 1931. Ya en 1933 se abolió el juramento de fidelidad a la corona y en 1937, Eire (Irlanda) se constituyó en República independiente dentro de la Commonwealth.

Aunque la comunidad en general apoyó al Gobierno británico durante el conflicto Canadá y Sudáfrica, por ejemplo, declararon la guerra por separado Eire se mantuvo neutral, y el Partido del Congreso de la India también se declaró a favor de la neutralidad aunque su ejército combatió junto a los británicos.

La lucha por la libertad y la democracia influyó en el proceso descolonizador iniciado á partir de 1945 e intensificado en la década de los sesenta, con el consiguiente aumento en el número de miembros de la Commonwealth.

La India, por ejemplo, conoció cierto grado de autogobierno desde 1918 pero el Partido del Congreso continuó exigiendo una mayor autonomía. Durante la guerra, Londres ofreció el estatuto de Dominio para asegurarse el apoyo Indio y finalmente, en 1947 se concedió la plena independencia, aunque también se produjo la escisión de Pakistán.

El año 1949 fue clave para la Comunidad de Naciones, que suprimió el adjetivo Británica, aceptando además la salida de Eire y la entrada de la India, también en como República. A partir de ese momento se produjo una avalancha de nuevos miembros asiáticos y africanos hasta configurar los 54 actuales,

Las razones de los nuevos estados independientes para asociarse fueron variadas. Es importante la existencia de algunos lazos «espirituales», ejemplificados en el una de la lengua inglesa y un conjunto de formas de pensar y actuar difundidas entre elites (deportes como el polo, tradiciones como el té de las cinco y los club masculinos, etc.), además de las tradiciones administrativas que ya hemos mencionado Pero esto no debe hacer olvidar la importancia primordial de los intereses económicos.

Desde el siglo XIX, el comercio entre todos estos territorios, y particularmente con la metrópoli, era muy intenso, creando una serie de lazos, preferencias y dependen muy sólidos, reflejadas en el uso común de la libra esterlina.

La Comisión Económica de la Comunidad, creada eh 1925, coordinaba los Intercambios de información y estadísticas económicas y comerciales entre los miembros. La crisis económica mundial de 1929 dio lugar ala aparición de un sistema dé tarifas preferenciales, como la «preferencia imperial» (Acuerdos de Ottawa, 1932), que favorecía el comercio dentro de la comunidad frente a terceros países, a no ser que éstos pertenecieran a la Zona de la Libra, creada en 1931 .

Es preciso tener en cuenta que actualmente la producción de algunas materias primas (té, yute, níquel) está monopolizada por países miembros de la Commonwealth, mientras que en muchas otras también tienen participaciones importan Además, el Reino Unido, Canadá y Australia forman parte del grupo de naciones industrializadas y desarrolladas del mundo.

Institucionalmente, la Commonwealth constituye una asociación bastante informal, hasta el punto de que difícilmente se la puede calificar de organización. No existe una constitución formal, y aparte de la Corona, su otro pilar básico lo constituye el Secretariado, creado en 1965, «símbolo visible del espíritu de cooperación» dividido en tres departamentos: Asuntos Internacionales, Asuntos Económicos y Administración.

El Secretariario prepara las conferencias de primeros ministros y también aquellas reuniones sobre temas específicos, además de asesorar a los miembros sobre los distintos campos de cooperación: educativa, deportiva (los Juegos de la Commonwealth son un trasunto de las Olimpiadas), tecnológica, económica política medio ambiental, etc. Los embajadores entre los países miembros reciben el nombre de Altos Comisarios.

La Commonwealth se ha enfrentado a varias crisis a lo largo de su historia provocadas por hechos como la retirada de miembros relevantes (Irlanda en 1949 Sudáfrica en 1961, Pakistán en 1972), la adhesión del Reino Unido a la CEE (1973) organización cuyo control sobre las políticas económicas de los estados miembros en entredicho la «preferencia imperial», la especial dificultad y violencia de algunos procesos descolonizadores (Kenia) o la evolución ‘de los nuevos estados regímenes gremiales (Uganda con Idi Amin), el desacuerdo entre los miembros sobre políticas comunes (sanciones a Sudáfrica), o simplemente el debilitamiento de los intereses comerciales mutuos. A pesar de todo esto, el pragmatismo y la flexibilidad, rasgos con los que fue fundada, han permitido adaptarse y sobrevivir a esta asociación, a la que ya se daba por obsoleta hace decenios.

PAÍSES ACTUALES DE LA COMMONWEALTH

País Ingreso País Ingreso
Reino Unido1931  Swazilandia1968
Canadá1931  Tanga1970
Australia1931  Samoa1970
Nueva Zelanda1931  Bangla Desh1972
India1947  Bahamas1973
Pakistán1989  Granada1974
Sri Lanka1948  Papua – Nueva Guinea1975
Ghana1957  Seychelles1976
Malasia1957  Salomón1978
Nigeria1960  Tuvalú1978
Chipre1961  Dominica1978
Sierra Leona1961  Kiribati1979
Tanzania1961  Santa Lucia1979
Jamaica1962  San Vicente y Las Granadinas1979
Trinidad y Tobago1962  Vanuatu1980
Uganda1962  Zimbabwe1980
Kenia1963  Belice1981
Malavi1966  Antigua y Barbuda1981
Malta1964  Maldivas1982
Zambia1964  Saint Kitts y Nevis1983
Gambia1965  Brunei1984
Singapur1965  Namibia1990
Guyana1966  Camerún1995
Bostwana1966  Mozambique1995
Lesotho1966  Fiji1997
Barbados1966   
Mauricio1968   
Nauru1968   
     

 

Biografia de Mario Benedetti Vida y Obra de Benedetti Poemas Poesias

Biografía de Mario Benedetti – Vida y Obra

Mario BenedettiPablo NerudaCharles DickensLewis Carroll

Mario Benedetti: La literatura como crítica social

mario benedetti“No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento”.

Este es un simple fragmento extraído de alguno de los cuantiosos escritos producidos por el autor uruguayo Mario Benedetti, quien supo conquistar con el arte de sus palabras el corazón del pueblo Latinoamericano.

Había nacido el 14 de septiembre de 1920 en la región de Paso de los Toros, en Uruguay, y gracias a su talento incomparable logró convertirse en su vida en uno de los más destacados poetas y novelistas de la literatura uruguaya de la segunda mitad del siglo XX, prestigio que compartió con otro grande: Juan Carlos Onetti.

Fue en 1945 cuando decidió iniciar su carrera de periodista en diversas publicaciones gráficas de reconocido renombre en Uruguay, tales como La Mañana, El Diario y Tribuna Popular, entre otros.

No obstante, su fama se acrecentó exponencialmente cuando comenzó a dedicarse a la poesía y la narración, siendo uno de sus grandes éxitos sus primeros libros titulados “Poemas de la oficina” de 1956 y “Montevideanos” de 1959. Pero aquel éxito no fue casual, ya que Mario Benedetti había volcado en aquellas obras su mirada particularmente crítica que le permitió realizar un retrato social exacto.

A medida que su escritura avanzaba, su crítica hacia la sociedad crecía, lo que lo llevó en 1960 a publicar uno de sus ensayos considerado el más ácido y polémico, bajo el título “El país de la cola de paja”.

Luego llegaría su total consolidación en el terreno literario, a través de la publicación de dos importantes novelas, primero con “La tregua”, que en Argentina fue adaptada a la pantalla grande, y luego con “Gracias por el fuego”, la cual aún hoy es considerada una de las críticas más extensas y exactas en relación a la sociedad, incluyendo la denuncia de la corrupción del periodismo que estaba siendo utilizado como aparato de poder.

A partir de la mitad de la década del sesenta, se produjo un cambio en el autor, que lo llevó a producir obras más ligadas a la angustia del ser humano y las esperanzas de lograr una nación socialista en aquella América Latina que permanecía sometida a los abusos de las dictaduras militares.

Buscando reprimir sus palabras, Benedetti fue perseguido en su país natal, lo que lo llevó a más de diez años de exilio en distintos países, tales como Cuba, Perú y España, donde su literatura cobró aún más fuerza y audacia. Durante este período fueron varias las prosas producidas por el autor, destacándose la novela de 1982 titulada “Primavera con una esquina rota”, en la que Benedetti trata magistralmente el tema del exilio.

Por supuesto que toda su obra poética también se vio influenciada por aquellas circunstancias políticas y las experiencias recogidas durante el exilio uruguayo.

Casi al finalizar la década de los noventa, Mario Benedetti decidió producir una novela de corte autobiográfico, a la que llamó “Andamios”, en la que rememora el exilio, pero sobre todo el regreso a su país natal.

Por su talento fue premiado en varias oportunidades, destacándose en 1999 el VIII Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía, en 2001 el Premio Iberoamericano José Martí en reconocimiento a su obra, y en 2004 fue investido doctor «honoris causa» por la Universidad de la República del Uruguay.

En la tarde del 17 de mayo de 2009, la noticia de la muerte de Mario Benedetti golpeaba a sus compatriotas, y poco después con la llegada de la información a los países Latinoamericanos el duelo se hizo extensivo. No obstante su lucha social aún sigue viva en las miles de páginas de sus obras. “Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida” habría dicho antes de su partida, y seguramente no estaba equivocado.

 

Biografia de Pablo Picasso Cronologia-Obra Artistica-Resumen

Biografía de Pablo Picasso
Cronologia-Obra Artística-Resumen

SINTESIS BIOGRÁFICA: Picasso, Pablo Ruiz (Málaga 1881-Costa Azul 1972). Se educó artísticamente en Barcelona y Madrid e hizo un breve viaje a París antes de fijar allí su residencia definitivamente en 1904, coincidiendo con el fin de su periodo llamado azul, en el que se mostraba sensible a la miseria física y moral.

El perÍodo rosa, muy breve, pone en escena acróbatas finamente estilizados.

Le suceden las influencias de la pintura negra de Cezanne, siendo las obras de este periodo, consideradas como manifestaciones del Cubismo que pasaran por las fases analítica, sintética y hermética.

Su viaje a Roma y una serie de decorados y trajes que realiza para obras de teatro manifiestan una época muy clásica, de formas amplias y serenas.

Después participará un tanto del Surrealismo, antes de llegar a un Expresionismo que llevará a su cúspide relatando los horrores de la Guerra Civil española.

Después de la guerra, se retiró a Francia donde, en 1947, comenzó a trabajar la cerámica y adoptó un estilo menos tenso, más eufórico, con naturalezas muertas, temas mitológicos y pastorales.

Sus enormes dotes de dibujante aparecen en todas las fases de su fecunda producción siempre evolucionando.

Existen obras suyas en todos los Museos de Arte Moderno del mundo y en las grandes colecciones privadas.

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BREVE FICHA BIOGRAFIA

•  Nació el 25 de octubre de 1881, en Málaga (España).

• Desde niño, su padre le enseñó dibujo y pintura.

• En 1891 se trasladó con su familia a la ciudad española de La Coruña, donde ingresó en la Academia de Bellas Artes.

• Cuatro años después, con su grupo familiar se mudó a Barcelona (España), donde también fue alumno de la Escuela de Bellas Artes hasta 1897.

• A los dieciséis años realizó su primera exposición.

• Entre 1901 y 1904 pintó los cuadros de su llamado «Período Azul».

• En 1904 se trasladó a París.

•  Desde 1905 hasta 1906 realizó las obras del «Período Rosa».

• En 1907 pintó «Las señoritas de la calle de Avignon «, cuadro con el que inició su «Período Cubista».

• En 1937 denuncie los horrores de la guerra civil española (1936-1939) en su obra «Guernica».

• Desde 1945 hasta 1947 se dedicó a la litografía y a la cerámica.

La fama

• En 1949, la imagen de su litografía  «La Paloma de la Paz» fue elegida para ilustrar el cartel del Congreso de la Paz que se celebró en París.

• En 1955 se dedicó a reinterpretar obras maestras de pintores clásicos.
• Cinco años después se trasladó definitivamente a Notre-Dame-de-Vie, en
Mougins (Francia).

• En 1962 recibió el premio Lenin de la Paz.

• Murió el 18 de abril de 1973, en Notre-Dame-de-Vie.

En su pintura Pablo Picasso atravesó por distintas etapas, de las cuales las más importantes fueron la «azul», la «rosa» y la «cubista».

En la primera, el artista expresó su preocupación por el dolor humano mediante figuras alargadas y el uso del color azul.

En la segunda, su visión se tornó más alegre y comenzó a mostrar el mundo del circo y de los acróbatas.

Finalmente, en la tercera, Picasso descubrió una nueva expresión artística a la que llamó cubismo y que revolucionó la pintura del siglo XX.

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VIDA Y OBRA DE PABLO PICASSO:

(Málaga, 25 octubre 1881 – Mougins, 8 abril 1973): Pintor español. Su padre, profesor de dibujo de la Escuela de Bellas Artes, es trasladado cuando Pablo cuenta diez años de edad a La Coruña.

A pesar de su corta edad, Málaga quedará para siempre en su recuerdo: las palomas y los toros son algo nacido en Málaga y algo que nunca dejará de pintar.

Pablo crece en este cálido y humilde hogar malagueño hasta que en 1891 don José es destinado a la Escuela de La Coruña, y allí marcha con su familia que se ha aumentado con dos niñas, Lola, nacida en 1884, y Conchita, en 1887, que muere poco después de llegar a tierras gallegas.

El muchacho ingresa en el instituto de segunda enseñanza de La Guardia, y su padre, que adivina la inclinación de Pablo hacia el dibujo, le adiestra en sus primeros pasos pictóricos e incluso le traspasa su propia paleta y pinceles renunciando a su pobre actividad pictórica.

Con catorce años, Pablo supera el examen de admisión a los cursos superiores de dibujo del natural y pintura de la Lonja, que requería un gran conocimiento de anatomía y una aguda capacidad observadora; sin tener los veinte años exigidos se matricula en la Escuela.

En 1895, José Ruiz llega a Barcelona, esta vez para tomar posesión definitiva de su cargo. Barcelona agrada a Picasso adolescente, que ingresa en 1896 brillantemente en la Lonja. Al año siguiente lo hace en la Escuela de San Fernando en Madrid con una entrada casi triunfal.

Una escarlatina le hace regresar a Barcelona, y para reponerse va a pasar una temporada a Horta de Ebro con su amigo Pallarés.

Expone en la taberna modernista Els Quatre Gats, para la que realiza un cartel – reclamo, que conocerá gran fortuna.

Pablo Picasso Artista

Como todos los artistas de su tiempo, su gran ilusión es París.

En 1900 llega a la capital francesa y conoce directamente el mundo del que tanto había oído hablar en los círculos artísticos españoles.

Tras unos primeros momentos de pintura <<parisina>>, Picasso vuelve a su personal estilo y comienzan a aparecer las tonalidades azules que definirán una época que va de 1901 a 1904, de la que es fiel exponente su famoso Viejo guitarrista.

Tras dos regresos a España, en 1904 se instala definitivamente en París y al año siguiente conoce a su primera mujer, Fernanda Olivier.

Una profunda transformación se realiza en el artista, los tonos fríos van dejando paso a los rosados.

Se interesa por el trabajo de acróbatas y equilibristas, y así lo refleja en sus cuadros. Pero su infatigable animosidad no descansa y sus creaciones van evolucionando; las figuras se deforman, se rompen y se vuelven a juntar.

En 1907 pinta Las señoritas de Avigñón, fruto maduro que marcará un hito en la Historia de la Pintura universal: es el nacimiento del cubismo.

Picasso descompone, <<rompe>> las figuras en formas geométricas que luego se vuelven a juntar; es la búsqueda de la cuarta dimensión.

Desde el Renacimiento no se había conseguido una innovación plástica tan importante.

Pero la evolución y el continuo cambio prosiguen, nada significa la plenitud total para el artista, el esfuerzo creador se renueva en cada momento buscando nuevas formas que expresen los sentimientos de cada instante.

Tras una época que se podría definir como precubista, y que cronológicamente se enmarcaria entre 1910 y 1912, vendría la plenamente cubista, que abarcaría desde 1913 a 1915.

Pero Marcela Humbert, la nueva compañera que había encontrado tras separarse de Fernanda, muere en 1916.

El pincel de Picasso comienza a moverse con trazos perfectos.

ViaPablo Picassoja a Roma para realizar los escenarios y vestuarios de los Ballets Rusos y el viaje tiene mayor aliciente del esperado: la bella bailarina Olga Khoklova.

Recorren juntos España, y en 1918 Picasso y Olga se casan. Comienza lo que se ha dado por llamar etapa neoclásica, aunque no abandona totalmente el cubismo.

Con el nacimiento de su hijo Paulo dirige sus dibujos hacia él.

Pero a partir de aquí, poco a poco, su obra se va apartando de todo tipo de canon que haga posible su clasificación y etiquetado; el Arte será la definición de sí mismo y no es posible encontrar otro similar.

A principios de los treinta trabaja la escultura, pero otros acontecimientos siguen cruzándose en su vida y manifestándose en su obra: la adorable Olga había resultado ser hipócrita e insoportable, más interesada por la alta sociedad parisiense que por otra cosa.

En 1932 conoce a Marie – Therèse, joven suiza rubia y tranquila, apasionada del deporte, que le proporcionara el equilibrio de ánimo que tanto necesitaba.

Este año también profesionalmente tiene un gran significado: expone en la Galería Paul Petit, con clamoroso éxito.

Junto a Marie Thérése, en 1934, Picasso viaja de nuevo a España y el pintor transforma su mitología de carácter universal, centrándola en la corrida, el mito español por excelencia.

Sus monstruos pasan a ser los toros, el minotauro, el hombre-toro, que por su fuerza bruta causa el terror y hace inútil cualquier intento de defensa.

Lo presentado y lo reflejado por Picasso en sus obras, en 1936 se hace realidad: estalla la guerra española.

El gobierno republicano le nombra director del Museo del Prado, cargo que nunca llega a desempeñar.

Meses después, el mismo gobierno republicano le encarga una obra mural para el pabellón español de la Exposición Mundial de 1937, que había de abrir sus puertas en París en el verano de aquel año.

Picasso, sin embargo, no encuentra el tema adecuado para su mural hasta que el 25 de abril de 1937, un acontecimiento sacude al mundo: la pequeña ciudad de Guernica, capital tradicional del País Vasco, es bombardeada por la aviación nazi; la mayoría de los muertos pertenecen a la población civil.

El hecho conmueve y sacude a todas las conciencias; Picasso inicia entonces en la rué des Grands Agustins, la obra que constituye la denuncia más sentida a la crueldad del hombre: Guernica.

Con grises, negros y blancos, en una superficie que alcanza casi los ocho metros de longitud por tres y medio de altura, Picasso, como hombre, plasma la tragedia de la agresión.

Sus personajes, el guerrero muerto, la mujer que huye de su casa en llamas, la mujer que lleva en brazos a su niño muerto, el toro desafiante, el caballo moribundo, son protagonistas de la tragedia de Guernica, son las víctimas de la propia humanidad.

Recorre España y de este viaje son fruto los grabados y los temas taurinos. Intenta divorciarse de Olga y al año siguiente nace su hija Teresa, continuando con los grabados de la serie Minitauromaquia.

Con la Guerra Civil española toma postura abierta por la República y es nombrado director del Museo del Prado.

La tragedia de España se hunde profundamente en sus sentimientos y en 1937 pinta el Guernica, de enormes proporciones (3,5 x 7,8 m.), en memoria de los muertos por el tristemente famoso bombardeo.

La metáfora, el color, expresan lo que las palabras no llegan a reflejar: el horror, la angustia, la desesperación y la impotencia ante la irracionalidad.

Prosigue con las composiciones donde el punto central es la crueldad. París ocupado por los nazis completa el dolor y la desesperación de Picasso, que, sumergido en su estudio, esculpe y pinta obras siniestras.

Es su forma de luchar contra lo que considera injusto e inhumano, pero no la única: en 1944 se afilia al Partido Comunista.

Cuando al fin Francia es liberada, se traslada a la Costa Azul, su lugar preferido, donde la luz lo invade todo.

Y como algo infalible y constante en su vida, una nueva compañera, Françoise Guillot, y una nueva forma de pintar; los temas se vuelven amables, incluso bucó1icos, son églogas y pastorales.

Nace primero Claudio y luego Paloma, coincidiendo con su dibujo La paloma de la paz. Padre tierno y apasionado, sigue los progresos de su hija pintándola en cada momento.

Tras asistir a los Congresos de la Paz de Londres (1950) y Roma (1951), pinta en una capilla dos composiciones: La guerra y La paz, en las que deja patentes su sentimientos de humanidad y esperanza.

Pero la vida continúa, y de nuevo un momento difícil en la suya: Françoise se va, achacándole que es imposible vivir con un monumento histórico; y una nueva mujer entra en su vida ya definitivamente.

Es Jacqueline.

Nunca Picasso había pintado tanto a la mujer que amaba.

Y una nueva forma de pintar: en 1957 se dedica a hacer una serie de variaciones sobre un gran tema: Las meninas, de Velázquez; fórmula que había practicado anteriormente con un tema de Delacroix. Y a pesar de su avanzada edad, su actividad no cesa.

Vuelve a pintar toros, personajes del Siglo de Oro, y sigue esculpiendo, modelando, pintando, hasta su muerte.

ULTIMOS AÑOS: La alegría de vivir de Picasso pronto se ve interrumpida, sin embargo, por otro acontecimiento que trastoca la paz de la humanidad: la guerra de Corea.

La reacción del pintor es congruente con su postura y realiza Masacre de Corea, obra que, remedando la composición de Los fusilamientos de la Moncha, de Goya, denuncia la barbarie de los agresores que fusilan a un grupo de mujeres desnudas y a un grupo de niños que juegan.

Al año siguiente (1952), para el municipio de Vallauris, pinta dos grandes composiciones que inciden de nuevo en la problemática: las alegorías de La Paz y La Guerra, entendidas con un gran contenido universalista.

En 1953, Picasso se separa de Francoise Gillot y puede valorar su obra en las exposiciones retrospectivas que se celebran en Lyon, Roma y Milán.

Picasso continúa trabajando infatigablemente y compra la villa La California en Cannes, cuyo estudio pasa a ser una nueva temática para su obra.

Se casa en 1955 con Jacqueline Roque, y la plasma en numerosas telas en las que el recuerdo de Delacroix es sin duda una de sus máximas constantes.

El arabesco y la filigrana de estos retratos se interrumpe en 1959, coincidiendo con el traslado del pintor al castillo de Vauvenargues, y se inicia el llamado período español, caracterizado por sus naturalezas muertas y ateliers, dominados por una gran soledad.

Picasso sigue trabajando y recibiendo honores.

En febrero de 1958 pinta un gran panel mural para la sede de la Unesco en París; en 1960, Londres le dedica una muestra retrospectiva que se repite en 1962 en Nueva York.

Realiza las series del artista y la modelo y de la mujer con un perro; en 1964 se presentan exposiciones retrospectivas de sus obras en Montreal, Toronto, Tokio, Kyoto y Nagoya.

En honor a su 85 cumpleaños, el gobierno francés y la ciudad de París le ofrecen un gran homenaje-exposición, y en 1970 se expone su última obra en el Palacio de los Papas de Aviñón.

En este mismo año, dona más de doscientos óleos suyos y setecientos dibujos al Museo Picasso de Barcelona.

Picasso, el pintor que cerró un capítulo de la pintura y que abrió el de la pintura contemporánea, el artista en continua evolución, muere el 8 de abril de 1973 en Mougins.

El anuncio del cubismo

La historia de la pintura universal tiene un antes y un después de Les demoiselles d´Avignon (Las señoritas de Aviñon, Museo de Arte Moderno, Nueva York).

Precedida por un largo periodo de gestación, con la confección de 809 estudios preparatorios, Picasso pinto entre junio y julio de 1907 esta gran tela de casi seis metros cuadrados.

Acababa de descubrir  en el Museo del Hombre, en el Trocadero  de Paris; la fuerza simbólica de las mascaras rituales africanas y polinesias demostraban, según Picasso, que el artista no reproduce lo que ve sino lo que piensa. 

Las dos figuras femeninas del extremo derecho del cuadro confirman esa opinión. 

Sin perspectiva, con los rostros y cuerpos deformados, y posiciones anatómicas inusitadas, se anunciaba el estilo pictórico más revolucionario del siglo XX: el cubismo. 

Su firma personal

Picasso firmó sus primeros trabajos, siendo casi un niño, con la fórmula tradicional, P. Ruiz. 

Después agregó el apellido materno –P. Ruiz Picasso-, para terminar firmando sólo Picasso a partir de los 20 años. 

El cambio respondía a la voluntad de diferenciarse de su padre, un pintor mediocre que tuvo que resignarse, muy a su pesar, a impartir enseñanza.

Fue escenógrafo

Una de las facetas menos conocidas de Picasso es su actividad como escenográfo. 

Entre 1917 y  1921, colaboro con Serguéi Diáguilev. El empresario de los Ballets rusos. Picasso pinto los Escenarios de Parade (1919), El sombrero de tres picos (1920) y  Pulcinella (1921) entre otros espectáculos. 

En un viaje por Italia conocio a su primera esposa e inicio su periodo clásico.

La vida bohemia

La vocación de Picasso por la bohemia empezó en  Barcelona, donde los pintores modernistas imitaban el estilo de vida de los impresionistas franceses. 

El lugar de reunión de los artistas era el café Els quatre chats (Los cuatro gatos). 

Allí, Picasso conoció a algunos de sus más fieles amigos, como a Jaune Sabartés y al malogrado Carles Casagemas.

Un estilo irritante

Un año después de crear Les demoiselles d´Avignon, Picasso inicio una fructífera unión artística con el pintor francés Georges Braque (1882-1963). 

Ambos impulsaron el cubismo, término empleado despectivamente por un crítico al decir que Braque lo reducía todo a “pequeños cubos”. 

La pintura cubista escandalizó los ámbitos artísticos de Paris.

En 1907, un grupo de prostitutas de un burdel del correr d’Avinyó (calle de Aviñón) de Barcelona se convirtió en el tema de un cuadro que anunció una revolución artística tan profunda que, en palabras del historiador del arte Herschel Chipp, «la manera como las imágenes podían tomar forma en una pintura cambiaron más entre 1907 y 1914 de lo que lo habían hecho desde el Renacimiento».

Con su obra maestra Les Demoiselles d’Avignon, quizás el cuadro más importante del siglo, Pablo Picasso inició el cubismo, aunque este término no se utilizaría hasta cuatro años más tarde.

Inspirándose en partes iguales en las últimas obras de Cézanne y en la escultura africana (de moda entre los artistas e intelectuales franceses de la época), Picasso empleó formas fragmentadas de manera violenta para crear una imagen de fuerza inusual.

Para un público acostumbrado a ver la figura femenina tratada con un respeto que rayaba la adoración, el cuadro constituía una pócima difícil de asimilar.

Al año siguiente, el pintor Georges Draque se sumó al movimiento, incluso con más fuerza, contribuyendo a destruir la pintura convencional siguiendo los pasos de su amigo Picasso y exponiendo una serie de cuadros que, según Henri Matisse, parecían «pequeños cubos».

CRONOLOGÍA: 

25-10-1881: Pablo Ruiz Picasso nace en la provincia de Málaga (España). 

1884: José Ruiz y Maria Picasso tienen otra hija: Dolores. 

1887: Nace la tercera hija de los Ruiz Picasso: Concepción. 

1891: José Ruiz acepta ser profesor en La Coruña y se trasladan. 

1894: Con sólo siete años, Concepción muere por difteria. 

1895: La familia reside en Barcelona.  Pablo va a la escuela.  

1897-1898: Pablo entra en la Academia de San Fernando (Madrid).  Allí se inicia en el dibujo y viaja por la España rural. 

1899: Regresa a Barcelona y trata a los pintores modernistas. 

1900: Viaja a Paris con un amigo.  Es influido por el arte francés. 

1901: Su amigo muere.  Su pintura entra en la etapa azul.  Inaugura su primera exposición en la galería Vollard. 

1904-1906: Desarrollo de su etapa Rosa.  Conoce a Fernande Olivier. 

1906: Veranea en los Pirineos.  Se apasiona por  la escultura ibérica. 

1907: Impulsa el cubismo con Les demoiselles d´Avignon.  Daniel H. Kahnweiler se convierte en su galerista. 

1910-1911: En el auge del cubismo, deja a Fernande por Eva Guel. 

1912 – 1915: Crea sus collages y ensambles.  Eva muere en 1915. 

1917 – 1921: Inicia su etapa clásica.  Se casa en 1918 con Olga Koklova. 

1921: Nace el primer hijo del pintor, al que llamo Paulo. 

1937: La Guerra Civil Española inspira el Guernica. 

1946-1953: Tiene dos hijos con Francoise Gilot: Claude y Paloma. 

1955-1973: Unido a Jacqueline Roque y lejos de Paris, pinta sin cesar.  

9-9-1973: Picasso muere en Mougins (Francia) a los 91 años. 

SIGLO XXI: EL LIBRE ALBEDRÍO DE PICASSO

A LA HORA DE HABLAR DE LAS  vanguardias artísticas, el nombre de Picasso nunca dejo de figurar en la primera línea. 

Entre el laberinto de las llamadas épocas Rosa, Azul y Cubista supo andar solo con el fruto de su pensamiento, sin emplear recursos convencionales ni intentar explicarlos. 

Cualquier cosa que pasaba por su cabeza se convertía de inmediato en realización artística, ya fuera pintura, dibujo, escultura, litografía, cerámica o diseño.  Lejos de su ánimo estaba impartir doctrina y teorizar sobre arte.

Cuando el cubismo revolucionario pareció llenarse de aires académicos y experimentalismo vació, no dudo en retomar el lenguaje de la pureza lineal para traducirlo a su modo. 

Un retorno al orden que hizo temblar a la gente de orden. 

El individualismo picasiano fue todo un modelo ciertamente imprevisible.

Con su camiseta de marinero a flor de piel, Picasso navego por las aguas turbulentas de la primera mitad del siglo XX deslizándose por la esencia de la realidad. 

Uno de sus cuadros más famosos, el Guernica (1937), represento una cornada alegórica a la oscuridad y brutalidad.

Guernica, la pequeña localidad vasca que fue arrasada por la aviación nazi durante la Guerra Civil Española, se convertiría por obra de Picasso en el símbolo por excelencia del arte puesto al servicio de la denuncia social.

Aunque su dibujo de un paloma (1952) también voló por el mundo publicitario, reproduciéndose en carteles para congresos sobre la paz, en realidad, Picasso anduvo profundizando en un laberinto mítico, alimentando el enigma de su propia leyenda amparada por la pluralidad de estilos. 

Incluso se acerco al África y a las cavernas prehistóricas de Altamira y Dordogne para beber de  las fuentes del arte. 

Y aunque su arte tan personal y la gestión de su patrimonio artístico impidieron el surgimiento de seguidores declarados, Joan Miró, Henry Moore, Andy Warhol e incluso, Modigliani siguieron, hasta cierto punto, su inconfundible huella.

obras de arte de picasso

Biografia de Van Gogh Pintor Holandes Cronologia Obra Artistica

Biografía de Van Gogh
Pintor Holandés Cronología y Obra Artística

Vida y Obra de Van Gohg

(Groot Zundert, 30 marzo 1853-Auvers, 29 julio 1890).

Autoretrato de Van Gohg, PIntor HolandesPintor holandés.

Era el hijo mayor de un pastor protestante del que heredó la vocación religiosa, y en el seno de una familia económicamente débil.

Realiza sus primeros estudios en la escuela rural.

En 1863 ingresa interno en el colegio de Zerenbergen, que tuvo que abandonar debido a la mala situación económica de sus padres.

A los dieciséis años trabaja como empleado en la Galería de Arte Goupil de La Haya, gracias a su tío, director de la misma. Cultiva su afición por la pintura y la literatura.

Durante una visita a su familia, en el verano de 1872, inicia la relación con su hermano Theo (el único y verdadero amigo de su vida), con el que mantendría correspondencia hasta el día de su muerte, correspondencia que es el más vivo testimonio de la vida de este genio.

En 1873, la galería donde trabaja se traslada a Londres, donde lleva una vida apacible y comienza a cultivar el dibujo.

Vive en una modesta pensión y se enamora de la hija de su patrona.

Su amor no es correspondido; Vincent es rechazado por primera vez. Esto le deprime y provoca que su carácter se muestre huraño y violento, lo que condiciona su traslado a Paris.

A los veinte años, Van Gogh es un hombre melancólico y solitario. Su situación le hace ver en la religión el único camino para salvar la crisis.

Pese a los consejos de su hermano Theo, abandona la Galería Goupil et Cie y comienza a predicar el metodismo en Isleworth.

Percibe ayuda de su familia para regresar a Amsterdam y cursar allí estudios de Teología protestante.

Pero Vincent no es admitido en el Seminario. Es nombrado predicador finalmente por el consistorio de Bruselas y destinado a la región de Borinage.

Convive allí con los mineros. Su apoyo a la huelga promovida por éstos le vale el cese de su cargo religioso.

De su estancia en esa región de Holanda datan los dibujos de mujeres recogiendo carbón. Van Gogh se dedica por entero a la pintura y a la lectura.

Después tuvo diversos trabajos: fue, sucesivamente, profesor, predicador, vendedor de libros e, incluso, estudió para evangelista, pero las autoridades lo consideraron inestable cuando, literalmente, se deshizo de todas sus pertenencias para dárselas a los pobres durante un invierno.

Desilusionado, se puso a dibujar y comprendió que había encontrado la que era su verdadera vocación.

Primero estudió en la Academia de Bruselas, y luego regresó a su casa a pintar la naturaleza, pero pronto volvió a La Haya para una preparación más amplia con otros artistas.

Vincent Van Gogh

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BREVE FICHA BIOGRAFICA DE ARTISTA

• Nació el 30 de marzo de 1853, en Groot-Zundert (Países Bajos).

• En 1861 inició los estudios primarios.

• A los dieciséis años comenzó a trabajar en una galería de arte en La Haya (Países Bajos).

• En 1876 viajó a Inglaterra e ingresó como maestro en una iglesia metodista.

• Un año después se trasladó a Amsterdam (Países Bajos) para estudiar temas religiosos.

• En 1879 se mudó a Borinage (Bélgica), donde se dedicó a leer la Biblia a los mineros y ayudarlos con sus pocos bienes.

• En 1880 abandonó sus búsquedas religiosas y comenzó a pintar escenas de la vida de los mineros y los tejedores.

• Seis años más tarde fue a París (Francia) para vivir con su hermano Theo. Allí conoció el trabajo de los pintores impresionistas y entabló amistad con el artista Paul Gauguin.

Últimos años

• En 1888 se mudó a Arles (Francia), donde pintó algunos de sus más famosos cuadros y recibió a su amigo Gauguin. Pero un día, tras discutir con él, Vincent perdió la razón y se cortó el lóbulo izquierdo de una oreja.

• En 1889 ingresó a un asilo mental en Saint-Rémy (Francia).

• Al año siguiente se estableció en Auvers-sur-Oise (Francia), donde realizó más de ochenta obras.

• Murió el 29 de julio de 1890, debido a una herida que se causó durante una crisis nerviosa.

Además de hacer un uso del color muy particular, Van Gogh transmitió sus emociones en cada cuadro. Por esto fue considerado un pionero del expresionismo, movimiento contrario a la pintura realista, que se desarrolló entre 1918 y 1925. Pero este modo especial depintar lo convirtió en un artista incomprendido por la sociedad de su tiempo. Durante su vida sólo vendió un cuadro y recién muchos

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Continua…

Gracias a su hermano Theo ingresa a los veintisiete años en la Academia de pintura de Bruselas.

Durante una visita a su hermano se enamora de una viuda, prima suya, de mayor edad que él.

También esta vez es rechazado.

En 1881 viaja a La Haya, donde su primo Mauve lo introduce en los círculos artísticos de la ciudad.

Orienta su interés pictórico hacia naturalezas muertas.

Pese a su buena acogida, Van Gogh reacciona violentamente contra la pintura academicista imperante.

De esta época data su amor con una prostituta embarazada, cuyo apodo era <<Sien>>. Será su modelo para el famoso cuadro Sorrow.

Su padre le aconseja que abandone a esta mujer, que le ha contagiado la sífilis, pero Van Gogh se niega.

En el verano de 1883 se recrudece su enfermedad y decide separarse definitivamente de <<Sien>>, por consejo de su hermano.

Poco después se instala con su padre en una pequeña población de Neven y se interesa pictóricamente por los temas de la Naturaleza.

También cultiva intensamente el retrato.

Su obra cumbre de esta época es Los comedores de patatas.

Posteriormente, tras viajar a Auvers, se traslada a París, donde le espera su hermano.

Allí descubre el mundo impresionista y conoce personalmente a Pissarro, Seurac, Toulouse-Lautrec, Monet, Renoir y Gauguin. Junto a su influencia recibe la de la pintura japonesa.

Pinta intensamente, rompiendo con convencionalismos temáticos y formales, pero su situación económica es muy precaria; no pasa hambre debido al dinero que recibe de su hermano Theo, pero no consigue ninguna venta de sus cuadros.

En 1886, van Gogh estuvo con su hermano Theo en París, donde se asoció con los artistas «Impresionistas» que en esa época luchaban por romper las limitaciones académicas, pero abandonó esa capital en 1838 dirigiéndose a Arles.

Allí pintó todo lo que le interesaba: girasoles, árboles llenos de capullos, salas de su casa y las gentes y calles del pueblo, trabajando todo el tiempo con una intensidad que le hizo posible captar efectos fugaces o estados de humor.

Cansado de la vida parisina, por consejo de Toulouse-Lautrec, en 1888 marcha a Arlés, donde lleva una vida apacible pero prolífica.

Poco a poco, y al mismo tiempo que acarcia la idea de llevar a término una comunidad de pintores se va dando cuenta que la fugacidad impresionista, utilizada por Monet o Renoir para captar las sensaciones visuales en un instante determinado, no le sirve para expresar sus sentimientos, para sacar fuera su «yo».

Si en su viaje a París, Van Gogh rompió con la tradición holandesa del claroscuro, y quedó absorto por el luminismo impresionista, en Arles recobra el sentido de la construcción, de la forma encerrada en colores extraordinariamente sugerentes.

El pintor al que quiere retratar Vincent es el propio Vincent.

Se complace, además, en captar los campos de trigo al atardecer; sus fieles amigos, como el cartero Roulin; el amarillo intenso de los girasoles que se contraponen a fondos amarillos, la soledad de un café pasadas ya las doce de la noche.

A partir de septiembre de 1888 suele pintar por la noche, al aire libre con la luz de los candiles, que dispone en el ala de su sombrero y alrededor del lienzo.

Exterior de café de noche, Noche estrellada sobre el Ródano parecen la reflexión sobre un mundo a la vez cercano y lejano, un mundo inalcanzable para el pintor, que intenta volcar su interiorismo al pintar la modesta

La idea de crear una colonia de artistas sigue en su mente y reitera a Guaguin su invitación para que vaya a Arles.

Gauguin llega allí el 20 de junio y empiezan a trabajar juntos en plena campiña.

En septiembre visitan el museo de Montpellier y su divergencia con respecto a la apreciación de la pintura hace enfriar sus relaciones, situación que llega a su punto crítico cuando, el 23 de diciembre, Vincent intenta agredir a Guaguin con una navaja.

Asustado, Van Gogh pasa la noche en una fonda y sufre un ataque de demencia durante el cual se corta una oreja, la envuelve en un papel y la entrega a una prostituta conocida de ambos.

Alertada la policía, le obliga a ingresar en el hospital de Arles, en el que permanece hasta el 7 de enero. Parece recuperarse, sale del hospital y pinta algunas telas, entre ellas dos autorretratos con la cabeza vendada. Por la noche sufre de nuevo insomnios y alucinaciones, por lo que el 9 de febrero de 1891 ingresa otra vez en el hospital, donde es atendido por el doctor Félix Rey.

Superada la crisis, sale del establecimiento, pero una comisión de vecinos dirige una petición al ayuntamiento para que Vincent sea de nuevo internado, hecho que se produce a mediados de marzo.

Recibe la visita de Gauguin. Van Gogh había pintado de amarillo su estudio cuando recibió la noticia; sin embargo, tras una discusión sobre Rembrandt, Gauguin decide regresar a París a pesar de las súplicas de Vincent, que se corta una oreja y la envía a una prostituta con la que los dos amigos habían estado.

Theo decide que su hermano ingrese en el Hospital de Saint Paul, después de lo cual Van Gogh es rechazado por la población de Arlés. El pintor sufre alucinaciones, y en la primavera de 1889 ingresa en el Hospital de Saint Reney. El diagnóstico es epilepsia y esquizofrenia sin llegar a grados extremos. Vincent convierte su habitación en estudio pictórico y trabaja infatigablemente. Su pintura es tortuosa, violenta…

Hasta que Auviers publicó un artículo sobre Van Gogh, el artista había permanecido olvidado de la crítica. En julio de 1890 no recibe la suma que mensualmente le envía su hermano. Conoce la desesperación, se siente fracasado y enfermo; le abruma la tristeza y la angustia.

Con la excusa de ir a cazar cuervos, consigue un revólver prestado con el que se dispara un tiro en el estómago. Después de esto regresa a su casa y, mientras fuma, espera que la muerte llegue. El 29 de julio recibe sepultura. Theo, su hermano, nunca se recuperó del choque que esto supuso para él y perdió la cordura.

Vincent van Gogh, el más genial de los pintores de finales de siglo, sólo consiguió vender dos cuadros en su vida.

En 1889, cuando su estado de salud es sumamente débil, su obra empieza a ser conocida y apreciada. Dos cuadros suyos son expuestos en el Salón; es invitado a participar en la octava exposición Les XX de Bruselas e incluso Toulouse-Lautrec llega a desafiar en duelo al pintor Henry de Groux cuando éste dice no gustarle los cuadros de Vincent. En febrero de 1890, Théo le comunica que ha logrado vender una de sus obras (Viñedo rojo) a Anne Boch por cuatrocientos francos. Será la única venta del pintor a lo largo de su trayectoria artística.

El significado de los girasoles (1888)

Sin duda, Los girasoles (Nacional Gallery, Londres) –a la izquierda, Jarrón con 14 girasoles- es la más famosa serie de naturalezas muertas de Van Gogh.  La pintó en Arles mientras esperaba la llegada de Gauguin con la intención de que decorara el cuarto de huéspedes, que preparaba para su amigo.  Para Van Gogh el amarillo de las flores representaba la amistad y la esperanza, mientras que la forma de abrirse “simbolizaba la gratitud”.

girasoles obra de arte de Van Gogh

El cuadro está realizado con la técnica del “empaste” –asociada con Van Gogh-, que produce sorprendente efecto tridimensional, como si los colores surgiesen de la tela.  La pintura muestra una magnifica simplicidad: flores de una sola clase en un primer plano.  Las líneas, firmes y simplificadas, y el color, denso y brillante.  El amarillo, el Sol, también se expresa en los girasoles.

Las mujeres

Vincent van Gogh fue un hombre apasionado, pero desgraciado con las mujeres. Cuando tenia 20 años sufrió, en Londres, un desengaño amoroso que lo marco para siempre. Mas tarde trato de mantener relaciones con su prima.  Rechazado de nuevo. Solo hallo consuelo en las prostitutas, incluso abrigo la idea de formar hogar con una de ellas.

Dolencias

A la llegada al asilo de Saint-Rémy, a unos pocos kilómetros de Arles, el  director del centro, el doctor Peyron, describió a la enfermedad de Van Gogh como epilepsia.  Sin embargo, seguramente, sobre el desequilibrado estado mental del pintor también habrían influido otros factores como mala nutrición, alcoholismo, sífilis y esquizofrenia.

El empaste

El empaste es la técnica pictórica que define la mayor parte de la obra de Van Gogh trabajo con tal urgencia que apretaba directamente el tubo de pintura sobre el lienzo, a veces en sucesivas capas, como se advierte en La playa de Scheveningen (1882), en la que incluso se incrustaron algunos granos de arena.

Una mole violenta

Durante su permanencia en Auvers-sur-Oise, Van Gogh pinto muchas vistas de los alrededores del pueblo y de sus edificios.  A propósito del cuadro La Iglesia de Auvers escribió: “El edificio es una mole violenta que se recorta contra el azul liso e intenso del cielo; los vidrios coloreados de las ventanas son como destellos de azul marino…”.

Van Gogh siempre trató de interesar a otros pintores en su revolucionario estilo y trabajó con Gauguin durante dos meses en Arles, pero la tensión desús ¡deas y temperamentos opuestos fue tan grande que van Gogh se abatió de tal forma que se cortó la oreja izquierda. A esto le siguieron dos períodos cortos en el hospital y en 1889 solicitó ser internado en un asilo. Continuó pintando, considerando esto como una prueba de su mejoría, e hizo estudios de los jardines del asilo y de los sombríos cipreses que lo rodeaban. Después de un año, frustrado por la escasez de temas, partió a París y luego viajó donde un amigo en la aldea de Auvers-sur-Oise.

Obviamente esto le procuró gran consuelo mental y espiritual ya que sus pinturas de los campos y valles del lugar son líricas y expresivas. Sin embargo,, su infelicidad por depender financieramente de su hermano Theo, fue motivo de riña con su anfitrión. Desesperado por la falta de reconocimiento, por la soledad y por la lucha para mantener su cordura, finalmente se suicidó en Julio de 1890.

CRONOLOGÍA: 

30-3-1853: Vincent van Gogh nace en Groot Zinder (Holanda). 

1869: Como empleado, trabaja en una galería de La Haya. 

1870-1875: Se traslada a la sucursal londinense de esa misma galería. 

1875: A los 22 años, y tras una crisis amorosa, se va a París. 

1876: Regresa a Inglaterra y da clases en un colegio privado.  Cerca de Londres, ayuda a un pastor metodista. 

1877: Vuelve a Holanda para trabajar en una librería.  Durante unos 15 meses estudia para ser pastor. 

1877-1880: Convive con los mineros en Bélgica, que eran muy pobres. 

1880: Narra a su hermano Theo sus profundas angustias. 

1880-1883: Vive una época de amores turbulentos y difíciles. 

1883: Van Gogh desarrolla el gusto por pintar paisajes. 

1885: Pinta Los comedores de papas.  Muere su padre. 

1886: Se traslada a París para vivir con su hermano Theo.  Conoce a los pintores Toulouse – Lautrec y Gauguin. 

1886-1888: Pinta unos 200 lienzos; entre ellos 23 son autorretratos. 

1888: Se instala en Arles, sur de Francia, con su amigo Gauguin.  En un arrebato de furia se corta el lóbulo de una oreja.  Entra en una etapa muy próxima a la demencia absoluta. 

1889: Ingresa en el asilo de Saint Paúl – de- Mausole.  Sufre una de sus crisis mas graves, pero sigue pintando. 

1890: Conoce al doctor Gachet, al que dedica unos cuadros. 

29-7-1890: Muere a los 37 años en Auvers – sur – Oise (Francia). 

SIGLO XXI: UN ARTISTA QUE VALE MILLONES

VAN GOGH ALCANZO LA GLORIA  artística después de muerto.  Y, ya en el siglo XX, su figura alcanzo la categoría de mito.  Entonces, el valor de su obra empezó a multiplicarse.

En el mercado del arte, sus pinturas y dibujos alcanzaron precios astronómicos.  En la década de los 90, se desato la pasión de muchos coleccionistas por el impresionismo.

Los multimillonarios japoneses empezaron a pujar fuerte en las subastas de cuadros impresionistas, y Van Gogh –un “impresionista tardío” también considerado como el primer expresionista- estaba en primera línea.

Se repetía hasta el cansancio que solo había vendido un cuadro en su vida y que lo poco que ganaba lo invertía en materiales para seguir pintando.  Así se alimento artificialmente el valor del mito.  Uno de sus siete jarrones con girasoles y sus lirios pasaron a estar entre las telas más caras.

En 1990, el japonés Ryoei Saito pago 82,5 millones de dólares por Retrato del doctor Gachet, que se convirtió en la obra más cara hasta el momento.  Se trata de un cuadro heredado por el hermano del pintor, Theo, que lo legó a su viuda.

Luego, la obra paso a manos de un coleccionista danés y de otro alemán, que vio cómo los nazis lo confiscaban por considerarlo una muestra inapropiada. Ello no impidió que fuera vendido a un alemán residente en Holanda y, posteriormente, adquirido por un judío. El multimillonario Saito, muerto en 1996, conservaba el retrato dentro de una caja de madera guardada en un almacén de su fábrica de papel.

En la  lista de los cuadros más caros de la historia se refleja el dominio impresionista.  Los cuatro primeros son de esa época artística: Retrato del doctor Gachet, un Rendir (78 millones), un autorretrato de Van Gogh (71) y un Cezanne (60,5).

Pero el legado de Van Gogh no se extendió mucho más allá.  Se atribuye a su carácter y a los rasgos individualistas del impresionismo francés, el fracaso de su colonia de artistas.  Y esto también alimenta el valor de su excepcional obra.

obras de Van Gogh

Biografia de Miguel Angel Buonarroti Cronologia-Obra Artistica-Resumen

Biografía de Miguel Angel Buonarroti
Cronologia-Obra Artistica-Resumen

VIDA Y OBRA DE MIGUEL ANGEL BUONARROTI:
(Caprese, 6 marzo 1475 – Roma, 18 febrero 1564).

Escultor, pintor, arquitecto, matemático y poeta italiano, nació en Chuisi, la antigua Clusium etrusca (Toscana), perteneciente hoy a la provincia de Arezzo, el 6 de marzo de 1475, y murió en Roma en 1564.

Su madre, Francesca di Neri Del Sera, era tan bella como delicada, por ello no pudo encargarse de la crianza de Miguel Ángel, que le fue confiada a una robusta campesina, esposa de un cantero de Settignano.

Poco se sabe de la infancia de Miguel Ángel, a quien le enseñó las primeras letras un maestro llamado Francesco de Urbino. Pero en su niñez le fue decisiva la amistad entrañable con otro rapaz, Francesco Granacci, muy aficionado a la pintura y que estaba de aprendiz en el taller de Domenico Ghirlandajo.

miguel angel artista renacimiento

Desde entonces se entabló una fuerte lucha entre Miguel Ángel y su padre, pues éste deseaba que el hijo aprendiese letras y leyes, y el hijo sólo deseaba aprender dibujo y color. Venció la tenacidad del muchacho, quien, el uno de abril de 1488, entró en el taller de Ghirlandajo por un período de tres años.

Brilló con geniales destellos en cada una de estas facetas de su portentoso talento. Desde muy pequeño se trasladó con sus padres a Florencia, donde empezó los estudios de letras, que pronto dejó por su aprendizaje artístico.

Una de sus primeras escultura llamó la atención de Lorenzo de Médicis, jefe de la República florentina, que le abrió las puertas del palacio en 1489, pasando a frecuentar entonces la academia artística que los Médicis habían instalado en el jardín de San Marcos de Florencia

Domenico Ghirlandaio, era uno de los mejores pintores de frescos de su tiempo y durante su aprendizaje el joven Buonarroti asombró a todos por sus maravillosas disposiciones para el arte.

De allí pasó a la Academia de Bellas Artes de Florencia. Tuvo entrada en el palacio de Lorenzo de Médicis.

Después fue llamado a Roma por el papa Julio II, quien le encargó la pintura de las bóvedas de la Capilla Sixtina del Vaticano (llamada así por deberse su construcción al papa Sixto IV, de 1473 a 1480).

Se negó Miguel Ángel a utilizar los andamiajes que le había dispuesto el famoso arquitecto Bramante, a utilizar los servicios de varios pintores auxiliares y, sobre todo, a ejecutar temas previamente designados, eligiéndolos a su albedrío. El asunto que prefirió fue la Creación del Mundo, que se considera una obra genial del arte pictórico.

También es obra suya El juicio final que cubre el muro situado tras del altar mayor de dicha capilla.

En escultura produjo el famoso David que labró en un bloque de mármol, abandonado por mucho tiempo, las estatuas de Moisés, de Baco, el Descendimiento de la Cruz y otras muchas en que su cincel supo dar expresión a la materia inanimada.

En 1546, bajo el pontificado de Paulo III, fue encargado de continuar las obras de la basílica de San Pedro en Roma, a cuya planta dio forma de cruz griega, modificando también la disposición de su cúpula.

La muerte le impidió terminar tan grandiosa obra. Los restos de Miguel Ángel fueron llevados a Florencia, donde yacen en un suntuoso mausoleo proyectado por su discípulo Vassari, que se erigió en la iglesia de Santa Croce.

En toda su obra pictórica, escultórica y arquitectónica, dio muestras de una genial concepción y de un estilo grandioso.

Conoce la escultura de Donatello a través de Bertoldo di Giovanni que se reflejaría en sus primeras obras: La Virgen de la escalera y Batalla de Centaurus. Adquirió una profunda formación intelectual y humanística.

Miguel Angel Buenarotti

Miguel Ángel en algún momento comenzó a desinteresarse de la pintura para dedicarse por completo a la escultura. Le obsesionaba trabajar el mármol noble con tensión titánica. De esta época data el alto relieve que representa el Combate de los centauros y los lapitas, su primera obra maestra, que se conserva en la Casa Buonarroti de Florencia.

Pero la muerte —8 de abril de 1492— del gran Lorenzo «el Magnífico» constituyó para Miguel Ángel una irreparable pérdida, ya que su heredero Pedro de Médicis, sentía escaso interés por el arte, y si lo protegía debíase principalmente a razones políticas.

En 1492 viaja a Venencia y Polonia hasta 1495, donde decide volver a su patria y esculpió El descendimiento y la Virgen de Manchester.

Al año siguiente viajó a Roma por primera vez, donde alcanzó fama con sus obras Baco ebrio (Museo Gargallo, Florencia) y La Piedad (Vaticano).

miguel angel la piedad

La Piedad. Grupo escultórico de Miguel ángel. Museo Vaticano. Roma. — Miguel Ángel fue un grandioso escultor por vocación y un inmenso pintor. Los pontífices le exigieron la grandeza de sus pinceles;pero su voluntad de titán le exigió con mayores apremios y esfuerzo la grandeza de sus cinceles.  Cierto que es muy difícil encontrar comparación adecuada, siquiera en escala menor, con los frescos de la Capilla Sixtina; pero no es menos cierto que sus esculturas para el monumento funerario de su protector, el peleón Pontífice Julio II y, sobre todas ellas, esta Piedad tampoco han encontrado equivalencia en el arte más puro de los siglos.

En 1501 vuelve a Florencia, donde va a desarrollar una gran labor escultórica, destacando el David (Academia de Florencia), obra que despertó el asombro y la envidia.

obra de arte de miguel agel el david

David (1501-1504) 
Esculpió su famoso David, en un solo bloque de mármol de Carrara, pasmo de sus contemporáneos, cuyo emplazamiento motivó grandes discusiones entre los hombres más ilustres de la ciudad. Estos terminaron por decidir fuera el propio genial artista quien eligiera el lugar. Y el artista decidió colocarla ante el Palacio de la Señoría.

Su estancia en Florencia es corta, ya que en 1505 fue llamado a Roma por el papa Julio II, quien le encarga un mausoleo que Miguel Ángel concibió de manera grandiosa en la basílica Vaticana que construía Bramante.

En principio, el mausoleo iba a constar de 40 estatuas, pero sólo realizó las de Moisés (iglesia de San Pedro ad Vincula, Roma); Dos esclavos (Museo del Louvre, Paris) y la del Genio de la Victoria (Palacio Viejo, Florencia).

miguela angel moises

Moises

Los proyectos de este colosal mausoleo se fueron modificando hasta interrumpirse temporalmente en 1508, en que recibió el encargo de pintar la bóveda de la Capilla Sixtina (Vaticano, Roma), edificada en 1475 por Giovannino del Dolci, bajo Sixto IV; aquí Miguel Ángel demuestra su sabiduría de arquitecto, escultor y pintor, ejecutando prácticamente sin ayuda una obra maravillosa que dio por terminada el 1º  de noviembre de 1542.

 El 21 de febrero de 1513 murió Julio II. Su sucesor, Juan de Médicis, con el nombre de León X, decidió que Miguel Ángel terminara el sepulcro del Papa muerto. El artista esculpió los esclavos que se conservan en el Louvre.

León X y el cardenal Julio de Médicis le hicieron nuevos encargos, con prisa, pero sin escatimarle el dinero: la fachada de San Lorenzo, en Florencia; la sacristía de esta misma iglesia; los enterramientos de los Médicis. 

Sufrió grandes congojas por aquellos años, en 1519 con las muerte de sus admirados amigos Leonardo Da Vinci  y Rafael de Urbino al año siguiente.

Mucho también le conmocionaron las luchas de Carlos I de España y de Francisco I de Francia sobre las tierras italianas, por lo que decidió volver a su amada Florencia.

Miguel Angel BuenarrottiRealiza también en Florencia, pero como arquitecto, la Biblioteca Laurenciana, donde hace una unión entre estructura y decoración, nueva y original, tratando todo el interior plásticamente a modo de escultura.

Esta obra no se terminó hasta después de su muerte.

En 1534 abandonó Florencia definitivamente y se afincó en Roma, donde va a ser nombrado arquitecto, escultor y pintor de los Palacios Vaticanos por el papa Paulo III, quien le indujo a pintar el Juicio Final en la pared del altar de la capilla Sixtina (1534 – 1541); se concibe esta obra por superposición de planos, sin tener en cuenta la perspectiva tradicional, utilizando cánones decrecientes para los personajes de arriba abajo, no como efecto de fuga, sino para exaltar el movimiento.

Agrupa los personajes en zonas, marcando un ritmo general, sin comunicación entre las partes; el tema lo desarrolla de forma muy personal, tal como lo ve a través de su propia cultura religiosa, que le lleva a una representación iconográfica próxima a la Antigüedad clásica.

Paulo III también le encarga que termine la basílica de San Pedro, donde Miguel Ángel, siguiendo el plan de Bramante, pero superándolo por medio de reformas de las cuales la más importante es la enorme cúpula inspirada en la de Brunelleschi de la catedral de Florencia, la convirtió no sólo en símbolo del Vaticano y de Roma, sino de toda la cristiandad, edificó el ábside y dirigió las obras hasta su muerte.

Sus planes fueron modificados a su vez por Rafael y Sangallo.

Hacia 1536 conoció a Vittoria Colonna, que sería su musa y su amor platónico, reflejado en los poemas escritos por el artista hasta la muerte de ella en 1557. Al mismo tiempo que realizaba sus labores arquitectónicas, pinta los murales de la capilla Paulina de los palacios vaticanos, dedicados a la conversión de San Pablo (1542 – 1545) y el martirio de San Pedro (1545 – 1550), ambas con riqueza de movimientos y gestos que influirían en el manierismo.

A partir de esta época, sus obras de temática religiosa reflejan una profunda crisis espiritual, como lo muestra La piedad (catedral de Florencia), La piedad Rondanini (Museo Cívico, Milán). En su testamento desea <<legar su alma a Dios, el cuerpo a la tierra y los bienes a sus parientes más próximos>>. Sus restos mortales fueron trasladados a Florencia y enterrados en la basílica de Santa Croce.

La Capilla Sextina:  La creación del hombre

El génesis es uno de los fragmentos más conocidos de la Capilla Sextina.  Adán, en un lecho de tierra, se vuelve hacia Dios.  El Creador es un anciano de cabellos blancos, físico potente t ademán poderoso.

La técnica del fresco:

MIGUEL ÁNGEL ACEPTO A REGAÑADIENTES la decoración de la Capilla Sextina porque no confiaba demasiado en su talento pictórico.  Pese a ello, la enorme bóveda está considerada como una de las mayores empresas artísticas de todos los tiempos.

Miguel Ángel empleó la técnica del fresco, un método de pintura mural en el que se aplican sobre una pared recién revocada (embellecida o pintada) pigmentos terrosos mezclados con agua y cal, para crear una superficie compacta.

Miguel Ángel también utilizó la misma técnica en la representación del Juicio Final, en la pared de entrada a la Capilla.  Ambos trabajos, debido a sus grandes dimensiones (más de 900 metros de superficie en el caso de la bóveda de  la Capilla), agotaron mental y físicamente al artista.

 

CRONOLOGÍA 

6-3-1475: Miguel Ángel Bounaroti nace en Caprese, Italia. 

1488: Entra en el taller de Ghirlandaio, en Florencia. 

1490: Crea su primera escultura: “La Virgen de la escalera”. 

1492: Muere su protector y mecenas, Lorenzo de Médici. 

1494: Esculpe “Ángel sosteniendo un candelabro”. 

1496: Primer viaje a Roma.  Crea el “Baco” y la “Piedad”.  

1504: Florencia alberga su famosa estatua de “David”.

          Pinta la “Batalla de Cascina”, un fresco inconcluso. 

 SIGLO XXI: LA PERMANENCIA DE LA BELLEZA

MIGUEL ÁNGEL ES EL MAESTRO DE  lo excelso, de los efectos grandiosos.  Rasgos que recorren de principio a fin su obra y que influyeron decisivamente en las corrientes artísticas del siglo XVI, tanto por su clasicismo como  por su complejidad.  Sin la existencia del genio de Caprese, la humanidad no hubiera gozado jamás de las formas alambicadas del Barroco.

Pero la historia del arte es una sucesión de episodios que revolucionaron las formas de expresión.

Con la perspectiva que otorgan quinientos años, el Renacimiento permanece en la memoria de la humanidad como un período espléndido, aunque lejano, tal vez demasiado. ¿Cómo vencer los efectos devastadores del tiempo, la amenaza latente del olvido?.

La respuesta reside en el afán del artista por ser inmoral.  Así de simple.  Y así de complejo.  No importa el tiempo, ni la adscripción a un género.  La obra artística no es efímera si sigue conmoviendo, si emociona.

Y Miguel Ángel ejemplifica, total y cabalmente, ese deseo de inmortalidad.  Sus obras son imperecederas por una razón esencial: porque son bellas.  Ese aserto cobra todo su sentido al contemplar la Capilla Sextina, la ciclópea presencia del Moisés o de las formas esbeltas del David.

Un ejemplo de su vigencia: Steven Spielberg recurrió al simbolismo del Génesis) ver páginas centrales) al unir los dedos de un chico y de un extraterrestre en E.T.

Miguel Ángel ejerció el arte como un sacerdocio. Abdicó de los placeres terrenales y se consagro por entero a su labor.  Pero el reconocimiento de sus contemporáneos fue, en la mayoría de las ocasiones, miserable.  Hoy, la Capilla Sextina es un lugar de peregrinación para millones de personas.  En buena parte lo hacen atraídas por las pinturas que Miguel Ángel realizo en su bóveda.

Quedan extasiados ante lo que es capaz de hacer el genio de un hombre.  Podría decirse que, al verlo, surgen un antes y un después.

La humanidad tiene contraída con el una deuda de gratitud inmensa solo comparable a la vigencia de su obra.  Y es que la belleza no entiende de modas, es permanente y, por eso, continua fuente de inspiración.

PARA SABER MAS…
SIN TREGUA

En octubre de 1512 todos pudieron contemplar los grandiosos personajes bíblicos que, como gigantes, aparecían en la bóveda de la Capilla Sixtina. El papa Julio II se sentía satisfecho. Parecía justificada la prisa con que había hecho trabajar al artista: el Pontífice murió a los tres meses y medio de terminada la capilla. Entonces Miguel Ángel echó de menos al Pontífice, a pesar de mi iracundo carácter y de las peleas que realmente, terminaron aproximandolos y reforzando su amistad.

Regresó a Florencia y se dedicó con ardor a la obra que le había encargado Julio II, y que dejó interrumpida: el gran monumento sepulcral que reuniría

en torno de la tumba del Papa un número enorme de estatuas. Tenía que ser algo grandioso; Miguel Ángel lo presentía, pero fue también una cruz para él. Nunca consiguió terminarla. Los Papas siguientes, León. X, Clemente VII, Paulo III, lo abrumaron con encargos. Miguel Ángel, angustiado, no quería aceptarlos: le faltaba tiempo para realizar todo lo que le pedían, y el «Sepulcro» no progresaba.

Se sentía ligada al trabajo como un esclavo a su cadena. Se había enriquecido bastante, pero se veía obligado a vivir como el más pobre de los hombres: comía mal, dormía poquísimo.

—Miguel Ángel vivirá poco si no se cuida —se decían sus amigos, preocupados.

Llegó un momento en que el papa Clemente VII le ordenó…, bajo pena de excomunión, que no trabajara demasiado. Todo fue inútil. Se le veía envuelto en su capa oscura, con el sombrero negro bien encasquetado, y cada vez más pálido y débil. Su aspecto nunca había sido agraciado: era de mediana estatura y, con el tiempo, su figura se iba deformando por la fatiga que le producía trabajar el mármol.

La rala barbita y los ligeros cabellos rizados contrastaban singularmente con el rostro surcado por profundas arrugas. Además, desde muchacho, tenía aplastada la nariz, como consecuencia del tremendo puñetazo que le propinó un compañero de taller, enfurecido por las burlas del futuro artista.

Verdaderamente, el carácter de Miguel Ángel era difícil. Siempre estaba dispuesto a mofarse de aquellos a quienes consideraba incapaces, o indignos, de dedicarse al arte. Su feroz ironía ni siquiera había respetado al gran Leonardo, cuando supo que éste no pudo terminar el monumento ecuestre de Francisco Sforza.

No obstante, los que lo conocían bien sabían que bajo aquella «corteza» ruda y punzante se escondía una delicadeza de sentimientos fuera de lo corriente. Si su padre y hermanos pudieron llevar siempre una vida desahogada, fue debido al dinero que Miguel Ángel les enviaba con regularidad. Y muchas jóvenes pobres de Florencia no supieron nunca que el dinero para su dote, llovido misteriosamente del cielo, lo había proporcionado el artista.

Así, entre afanes, trabajo agotador y la angustia de no poder realizarlo todo, Miguel Ángel sentía pasar el tiempo. Y en tanto que su aspecto se hacía cada vez más áspero y su humor más intratable, en el transcurso de los años su alma parecía dilatarse como si quisiera comprender las verdades más grandes y profundas.

Descripcion de los Personajes del Quijote de la Mancha Caracteristicas

Descripción de los Personajes de Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza – Características

(Alcalá de Henares, 29 septiembre 1547 – Madrid, 23 abril 1616).

Cervantes Saavedra Miguel. Escritor español, cumbCervantes Saavedra Miguel, retratore de las letras españolas y uno de los grandes nombres de la literatura universal. Fue el cuarto hijo de los siete que tuvo don Rodrigo de Cervantes, médico ambulante, y de doña Leonor Cortinas, de noble familia venida a menos.

Cursó estudios en Sevilla y Salamanca, y en Madrid asistió a las lecciones de gramática de Francisco del Bayo y fue discípulo de López de Hoyos (1569), quien regentaba el Estudio de Humanidades de Madrid; es en esta época cuando se dio a conocer como poeta.

Cuando empezó a escribir «Don Quijote», Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) podía considerar su vida como un auténtico fracaso: combatiente sin fortuna en Lepanto, prisionero de los piratas, esclavo en Argel y sumamente pobre.

El escritor había publicado numerosas obras, cuyos valores literarios eran discutidos.

Y, sin embargo, con «Don Quijote» salió de  su pluma una de las más importantes novelas de la literatura universal.

LA ÉPOCA «Don Quijote de la Mancha» es la obra maestra literaria del Siglo de Oro de la literatura española (siglos XVI y XVII).

En aquel período, las novelas caballerescas, llenas de aventuras y fantasías, a pesar de haber entrado ya en decadencia, continuaban siendo muy leídas; ello no fue obstáculo, sin embargo, para que floreciera una sátira amarga de esta literatura, inspirada en inalcanzables ideales de honor y lealtad. Éstos son los dos motivos fundamentales del «Don Quijote».

Don Quijote – ¿Un exaltado? ¿Un visionario? ¿Un loco? Puede ser. Pero, sobre todo, el símbolo del soñador sediento de nobles ideales, de justicia y de aventuras, qué se halla escondido dentro de cada uno de nosotros. Como un verdadero caballero errante, el personaje de Cervantes olvida en seguida la mala suerte y los. . . palos recibidos, y prosigue su camino guiado por su optimismo y espléndida fantasía. Y cuando finalmente le «obligan» a recuperar el juicio, el caballero muere de melancolía: tampoco él, como sus sueños, resiste el contacto con leí realidad.

sancho panza

Sancho Panza – El pequeño, rechoncho, bonachón y sensato escudero de Don Quijote es, por lo menos en las primeras páginas de la novela, la antítesis viviente de su señor. Con los pies sólidamente plantados en la tierra, dotado de un saludable buen sentido y de la característica astucia de los hombres del pueblo, Sancho no busca complicaciones, a diferencia de Don Quijote,, y pone el mayor empeño en evitarlas. Pero finalmente, también Sancho Panza, contagiado por su señor, empieza a sentir el ansia de aventuras y, tras la muerte del héroe, se siente dramáticamente solo.

dulcinea del toboso

Dulcinea del Toboso – Vive sólo en la fantasía de Don Quijote, como símbolo de belleza y dignidad. Pero, como todos los símbolos, también Dulcinea desaparece al ser trasladada a la realidad. En verdad, no se trata de una mujer real: Sancho Panza sólo verá en ella uno humilde, tosca e ignorante campesina. Sin embargo, el caballero acomete, en su nombre, infinidad de. empresas absurdas, pero marcadas siempre por el heroísmo, la virtud y la lealtad.

quijote

El barbero, el cura. Sansón Carrasco – Son los tres amigos más sinceros del caballero de la Mancha, y se esfuerzan denodadamente por devolverle el juicio. Por último lo consiguen, pero Don Quijote muere a consecuencia de ello. Sólo entonces comprenden la gran verdad interior de su amigo, el  Don Quijote de la Mancha.

NACE UN CABALLERO
En un desolado pueblecillo de la Mancha, vivía, hace más de 400 años, un hombre llamado Quijano. Frisaba en la cincuentena y era alto, flaco, de faz amarillenta y rugosa, erizadas cejas, largos bigotes y barba de chivo. No era atractivo ni tampoco rico. Gastaba sus escasos haberes en libros de aventuras caballerescas que devoraba con avidez. Tenía una nutrida biblioteca y se pasaba en ella, rodeado de polvorientos volúmenes, tardes enteras, acompañando idealmente a los héroes en sus gestas.

Y tanto le entusiasmaban aquellas historias que, un buen día, tomó una decisión heroica: la de convertirse en caballero errante y lanzarse por el mundo a la ventura, enderezando entuertos, protegiendo a las viudas y oprimidos, y conquistando imperecedera gloria con maravillosas empresas. En vano intentaron disuadirlo su sobrina, el ama de llaves y el cura. El hidalgo Quijano estaba decidido: se haría caballero.

Una mañana se levantó temprano y se puso a rebuscar entre los trastos del desván. Con gran alegría encontró una oxidada armadura, que debía de tener varios siglos de vida, y una espada con el filo mellado. Pero aquellos objetos parecieron al buen Quijano el equipo ideal para un paladín.

El hidalgo se veía ya como el más terrible y elegante caballero que jamás hubiera recorrido los caminos. En vista de ello, frotó la coraza, el escudo y el espadón con aceite de oliva, piedra pómez y trapos, hasta dejarlos tan relucientes como si estuvieran recién comprados. Luego colocó, lo mejor que pudo, una visera de cartón sobre el yelmo, que carecía de ella, y se introdujo en la armadura: se había convertido en un perfecto caballero.

Como necesitaba un corcel se precipitó hacia el establo, donde lo aguardaba, todo piel y costillar, un pobre animal, al que los amigos de nuestro héroe sólo llamaban «caballo» en sus momentos de mayor entusiasmo. Pero la excitada fantasía de Quijano lo vio como un fogoso potro, nacido para conducir héroes a la batalla.

Ya sólo le faltaba un par de nombres altisonantes para él y para su cabalgadura. Reflexionó un instante y los encontró. De ahora en adelante, don Alonso Quijano se haría llamar «Don Quijote de la Mancha». ¿Y el caballo? Considerándolo con frialdad, resultaba preciso admitir que no pasaba as ser un penco matalón. ¡Pero penco o no, era el corcel de Don Quijote! Y no tardó en encontrar un nombre pomposo para él: se llamaría «Rocinante», el rey de los rocines.

Saltó sobre la silla con sus ridículas armas, y salió del establo a lomos de su desvencijada cabalgadura, decidido a enderezar entuertos y deshacer agravios.

Poco después el caballero, orgulloso y solemne, desembocó en el camino polvoriento que salía de su aldea, pensando, mientras cabalgaba, en todas las fantásticas y maravillosas aventuras que encontraría a su paso.

La venta estaba llena de arrieros, que Don Quijote tomó por encumbrados señores. La cena fue laboriosa: el reluciente yelmo se negaba rotundamente a abandonar la cabeza de tan esforzado caballero. Finalmente, alimentos y bebidas tuvieron que ser introducidos a la fuerza, a través de las aberturas de la celada.

Una vez terminada la cena, si así se podía llamar aquello, Don Quijote llamó al ventero, a quien creía castellano, y le pidió de rodillas que lo armara caballero. El buen hombre bizqueó, sorprendido, y lo tomó por loco; luego, vista la insistencia del hidalgo, terminó por’ dar su consentimiento (con los locos nunca se sabe..,), Don Quijote, con el corazón estremecido, se dispuso a velar las armas, depositando todas las piezas de la armadura en una pila que había en el corral de la venta, junto a un pozo. Luego, escudo al brazo y espada en mano, empezó a recorrer el corral, a grandes zancadas.

Un arriero, que llevaba pacíficamente sus animales a abrevar, retiró de la pila las armas del caballero, y éste, levantando la lanza, la dejó caer sobre la cabeza del insolente que rodó por el suelo. Acudió otro, con las mismas intenciones, y se repitió la escena. Entonces, los restantes arrieros comenzaron a apedrear a Don Quijote, y el corral se convirtió en un verdadero pandemónium.

El ventero daba voces para que lo dejaran, explicando que estaba loco, y que por loco se libraría aunque los matase a todos. Al fin lo consiguió y, decidido a terminar con los incidentes, se dirigió a Don Quijote, disculpándose de la insolencia de los otros, y ofreciéndose a armarle caballero en el acto.

Don Quijote atendió las razones del castellano-tabernero, y éste, acompañado por dos mozas y un muchacho, hizo como si leyera una devota oración, pasando seguidamente a realizar los actos simbólicos de la investidura.
Alzó1 la mano, y le propinó una pescozada. Después, con la espada, le dio un espaldarazo, siempre murmurando entre dientes, como sí rezara, y terminó ciñéndole las armas.

Don Quijote ensilló a Rocinante, abrazó a su huésped, dándole gracias por la merced de que le había hecho objeto y, montado en su caballo, salió de la venta. El ventero, que no veía llegada la hora de que se fuera,. le dejó marchar sin pedirle la costa de la posada.

investidura

LA SOLEMNE INVESTIDURA
Aún le faltaban dos cosas a Don Quijote para poder considerarse caballero: una dama a la que dedicar sus empresas, y la investidura, que tendría que recibir de manos de un noble castellano. Como dama eligió a tina robusta campesina de los alrededores, llamada Aldonza Lorenzo, que fue rebautizada —sin su conocimiento— con el altisonante nombre de «Dulcinea del Toboso». La investidura, por otra parte, estaba ya cercana. Don Quijote, efectivamente, había llegado a una venta, que su exaltada imaginación convirtió en nobilísimo castillo regido por su correspondiente castellano.

Biografia de Miguel Cervantes Saavedra

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante Superior Fascículo N°39