Grandes Biografias

El Payador Ezeiza Gabino Personaje de la Historia Argentina

El Payador Ezeiza Gabino Personaje de la Historia Argentina

El legendario artista de la improvisación llegó a batirse por tres días seguidos con un contrincante sin que el público se moviera de su sitio. El payador Gabino Ezeiza falleció el 12 de octubre en su casa de Floresta. De familia afroamericana, había nacido el 3 de febrero de 1858 en el barrio de San Telmo como otro miembro más de una familia humilde.

Gabino Ezeiza

Se lo considera uno de los primeros payadores de Buenos Aires y de toda la zona del Río de la Plata y su público asegura que nadie le ganaba en el contrapunto.

El pulpero Pancho Luna, que había sido payador de joven, en los tiempos de Rivadavia, fue el que acercó a Gabino a la guitarra. Como regalo, a los quince años, la madre le compró una guitarra española que adornó con cintas celestes y blancas. Al poco tiempo dejó la casa familiar, donde quedaron su madre y sus hermanos, Tomás y Matilde Ezeiza, ya que el padre había muerto en la Guerra del Paraguay. Comenzó a hacerse conocido como payador y en poco tiempo ganó celebridad.

Se cuenta que en una oportunidad sostuvo una contienda durante tres noches con Nemesio Trejo. La inventiva de los dos artistas se mostró de tal magnitud que el público permaneció en el lugar, para ver cómo se desarrollaba el encuentro. Después de una disputa de payadas en un circo de Boedo, entabló amistad con José Betinotti, quien se convirtió en discípulo de Gabino.

El profesor y escritor Rodolfo Se-net dijo que Gabino tuvo «una aptitud estupenda, increíble, para hacer versos. Los improvisaba, así, en el momento, y como tenía un oído perfecto para la medida, la cadencia y la rima, le salían sonoros».

Fundó su propio circo, Pabellón Argentino, con el que recorrió muchos pueblos, pero lo perdió en un incendio en 1893.

Es autor de más de quinientas composiciones, grabó discos y recopiló sus versos en el folleto Cantos a la Patria. Carlos Gardel y José Razzano lo conocieron en un comité y, al hacerse amigos,  solían frecuentar  el Café de los Angelitos.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

Provincias Unidas del Rio de la Plata Mapa

Provincias Unidas del Río de la Plata – Mapa

Las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esta denominación se usó desde fines de 1811,  y es el nombre utilizado por el estado surgido en la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires para suplantar al virreinato del Río de la Plata, aunque la Independencia se proclamó en nombre de las Provincias Unidas de Sud América.

En 1816, había enfrentamientos entre algunas provincias, y el territorio de nuestro país era bastante diferente al actual.

Diferencias: Los diputados comenzaron a llegar a Tucumán en diciembre de 1815, con instrucciones de los cabildos de sus ciudades y representando intereses muy variados, porque en las Provincias Unidas había diferentes proyectos políticos. Buenos Aires se consideraba «la hermana mayor» de las otras ciudades y quería el proceso independentista. Esto generaba oposición en el Interior.

El Territorio: Como vemos en el mapa de esta página, el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata no coincidía totalmente con el del país actual. Las provincias eran menos, pero más extensas, e incluían a las tres del Alto Perú-actual Bolivia-, aunque se hallaban en poder de los realistas. Gran parte de la Pampa, toda la Patagonia y la región del Gran Chaco eran tierras de los aborígenes.

Aunque el nombre Provincias Unidas del Río de la Plata fue utilizado en todo el período de su existencia, otras denominaciones fueron también utilizadas en algunos documentos oficiales:

Provincias del Río de la Plata, por la Primera Junta en 1810
Provincias Unidas en Sudamérica, por el Congreso de Tucumán en 1816
Provincias Unidas del Río de la Plata en Sudamérica, por el Congreso de 1824 a 1825
República Argentina, por la constitución de 1826

Tucumán, 9 de julio de 1816: En la benemérita y muy digna Ciudad de San Miguel del Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos dieciséis: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado, objeto de la independencia de los Pueblos que lo forman.

Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España; los Representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, Pueblos representados y posteridad; a su término fueron preguntados:

¡Si querían que las Provincias de la Unión fuesen una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli?

Aclamaron primero llenos del santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del País, fijando en su virtud la determinación siguiente:

Nos los Representantes de las Provincias Unidas en Sud América reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando Vil, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo del seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama.

Comuniqúese a quienes corresponda para su publicación y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un Manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración.

Biografia de Eva Primera Mujer y Madre del Mundo e Historia

Biografía de Eva Primera Mujer y Madre del Mundo e Historia

Resumen Biografía de Eva, la Primera Mujer y Madre:  Poco antes de ser expulsada del Paraíso la pareja inicial, Adán puso nombre a su compañera: la llamó Eva,, «por ser la madre de todo lo viviente» (Génesis). Aunque para muchos ha sido solo un mito, pocas mujeres como
Eva han sido tan célebres y desconocidas.

Los mitos, aun los fundamentales, no son muy cuidadosos en asegurar la coherencia de sus personajes. Tal vez los episodios aislados resulten convincentes, pero el conjunto no suele ser tan satisfactorio y presenta aspectos de inverosimilitud o de relato incompleto. De todos modos, como suelen estar destinados a una visión que recorta cada episodio del conjunto (o bien recorta el conjunto de la realidad cotidiana), los mitos se justifican por sus fragmentos.

El personaje de Eva resulta así destinado a explicar el origen de la humanidad. La pareja formada por los dioses, pero generadora de los seres humanos, aparece en casi todas las mitologías.

Gracias a esos dos primeros seres humanos la humanidad puede considerarse heredera de la divinidad, al mismo, tiempo que justifica sus presentes vicisitudes con un episodio en el que la pareja inicial infringe alguna restricción divina y como castigo es desterrada al mundo cotidiano.

El mito sirve entonces para dar una respuesta a la interrogante abierta por la caída del hombre (puesto que, no obstante descender de la divinidad ha caído en un mundo puramente humano). La personalidad de Eva permite al mismo tiempo justificar la desigual herencia que los sexos habrían recibido de Dios.

Adán es formado de barro (material común en las distintas versiones míticas de la creación), pero en la composición de Eva ocupa lugar preponderante la costilla del hombre, de modo que la creación de la hembra humana es posterior a la de las hembras de los otros seres vivientes. La primera mujer nace entonces como una creación de Dios, pero también como un «subproducto» del primer hombre.

COMIENZO Y FIN DE LA DICHA
«Yahveh formó entonces de la tierra todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para que les pusiera nombre. Y cada ser viviente había de llamarse como el hombre lo había llamado.» (Génesis, 2). «El hombre puso nombre a todos los animales, a las aves del cielo y a las fieras salvajes.»

Pero faltaba un ser semejante a Adán, que lo ayudara. Entonces Yahveh hizo caer en un profundo sueño al hombre, le sacó una costilla y tapó el hueco con carne. De la costilla que había sacado al hombre, Yahveh formó una mujer y la presentó a Adán, que exclamó entonces: «Esta sí que es hueso de mis huesos / y carne de mi carne. / Esta será llamada varona / porque del varón ha sido tomada». Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer y formar con ella un solo ser.

Los dos estaban desnudos, hombre y mujer, «pero no por eso se avergonzaban». E! universo recién concluido no parece necesitar la reproducción del hombre y la mujer, puesto que estos no habían incurrido aún en la cólera divina que los condenó a ser mortales y, por ende, a ser reemplazados por sus hijos. Era un mundo paradisíaco y estático, porque el mito de la felicidad perfecta requiere la detención del tiempo y la anulación de la muerte.

Eva desencadena la posibilidad del cambio. Por su culpa, de la que en seguida participa Adán, Yahveh condena doblemente a la pareja: los expulsa del Edén y del tiempo detenido. En lo sucesivo, ya en la tierra cotidiana de las penurias y la muerte, el hombre y la mujer deben procrear hijos reproduciendo la vida para que el deterioro no destruya el mundo. Para explicar la caída, el mito hace intervenir al Mal, corporizado en la serpiente, el más astuto de los animales del campo creado por Yahveh, que aseguró a la mujer: «De ninguna manera moriréis.»

Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él (del fruto del árbol que estaba en el medio del Edén), se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.» Eva se dejó convencer, con los resultados conocidos.

ANVERSO Y REVERSO DE UN MITO
Por el año 950 antes de Cristo, a fines del reinado de Salomón, se redactó una historia oficial de la nación israelita. Tanto el Génesis como el Éxodo, libros iniciales de la Biblia, fueron registrados entonces por escrito. Los hechos narrados en el Éxodo se remontaban a no más de medio milenio antes.

Los sucesos del Génesis proceden de la tradición oral, pero también contienen alusiones a hechos contemporáneos a la redacción del texto: Salomón coleccionaba esposas, muchas de ellas extranjeras – moabitas, edomitas, heteas– que pertenecían a pueblos respecto de los cuales Yahveh había advertido a los israelitas (no debían unirse a ellos ni a sus mujeres que los inclinarían hacia los dioses locales). Pero el enamoradizo y sensual Salomón «tuvo 700 mujeres con rango de princesas y 300 concubinas. En la ancianidad sus mujeres lo llevaron tras otros dioses» (I Reyes, 11, 3-4): adoptó los cultos de Astarté y otras deidades. «Yahveh se enojó contra Salomón, porque se había apartado de Él».

Las alianzas políticas de Salomón con los pueblos vecinos eran consolidadas mediante matrimonios que favorecían cierta libertad de cultos chocante para el rígido monoteísmo israelita. Las pretensiones de Adán sobre el árbol de la Ciencia podrían igualmente aludir a Salomón, que desobedecía la ley mosaica para iniciarse en el culto cananeo de la Serpiente.

Suponiendo que la historia de Adán fuese usada para expresar la opinión condenatoria de los sacerdotes sobre el monarca, el relató de la caída puede entenderse como una alegoría contemporánea (donde. Eva simbolizaría las esposas idólatras de Salomón), combinada con arcaicas tradiciones (para dar un solo ejemplo, la semejanza fónica de los términos Adán -Adam— y Adama -barro-, explicaría la materia original del primer hombre). Bertrand Russell señala que lo que no se dice en la Biblia se considera deducíble del texto. «La fecha de creación del mundo puede ser inferida de las genealogías del Génesis, que dicen la edad de cada patriarca al nacer su hijo mayor (…) La cristiandad protestante aceptó en general la fecha de 4004 antes de Cristo fijada por el obispo Usher (…)» Tal análisis «lógico» del mito conduce, así extremado, al disparate, ya que los mitos 110 estuvieron nunca destinados a un análisis lógico sino a repercusiones más directas y afectivas,

CONSECUENCIAS DE LA CAÍDA: EL MUNDO REAL
«Entonces se les abrieron los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos.» Al acercarse Yahveh, la pareja se oculta, pero no logra evitar ser interrogada y Adán se traiciona al denunciar la falta de Eva. Yahveh maldice a la Serpiente y condena a la mujer a vivir en el mundo real: «Multiplicaré tus. sufrimientos en el embarazo, Con dolor darás a luz a tus hijos, necesitarás de tu marido, y él te dominará».

Con las palabras divinas se procura justificar la existencia del mundo real, donde la mujer sufre y está subordinada al hombre: la tradición garantiza al creyente que tal situación es irrevocable porque proviene de Dios: «He aquí, que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, pues se hizo juez de lo que es bueno y malo. No vaya ahora a alargar su mano y tomar también del árbol de la vida. Pues al comer de este árbol viviría para siempre (…) Por ello lo echó de la tierra del. Edén, para que trabajara la tierra, donde había sido formado (.,..) El hombre se unió a Eva, su mujer, la cual quedó embarazada.»

El primer hombre de la cosmogonía judaica necesita entonces de la mujer, del desequilibrio que ella introduce en el orden autónomo de la ;Creación. A partir de. esa ruptura el hombre es capaz de generar la vida.

Recordada por haber provocado la expulsión del Edén, también podría ser vista como la corruptora de un orden cuya misma perfección obligaba al hombre a confundirse con el resto de los anímales. A partir de la ruptura introducida por .el pecado original, la tradición bíblica expresa el nacimiento efectivo de la humanidad. Eva resulta entonces una heroína cultural, comparable ál Prometeo helénico Madre de  todos los males, alumbra también el mundo real.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Resumen de la Vida Evita Perón Historia de su Obra en el Gobierno

Resumen Biografía de Eva Perón
Apasionada, de férrea voluntad y enorme capacidad de trabajo y sacrificio, entre 1945 y 1952, María Eva Duarte de Perón gravitó decisivamente en la vida argentina. Su labor en favor de las clases desposeídas, su excluyen-te dogmatismo, le granjearon por igual la fervorosa adoración de sus partidarios y la animadversión y hasta el rencor de sus enemigos políticos.

Aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera hasta la victoria». Pronunciadas por una mujer pálida y debilitada, las palabras resonaban sobre más de un millón de manifestantes eufóricos por el hecho de escucharla e impresionados por el deterioro evidente de su estado físico.

Por entonces –17 de octubre de 1951– había trascendido que la salud de Eva Perón estaba resintiéndose, pero ninguno de sus seguidores se resignaba a aceptar la posibilidad de su desaparición.

Nacida el 7 de mayo de 1919 en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, María Eva Duarte fue la menor de los cinco hijos de Juana Ibarguren y Juan Duarte. Su infancia, limitada por la pobreza y el estrecho marco de la vida pueblerina, transcurrió en Los Toldos y en Junín, dos apacibles localidades asentadas en el dilatado horizonte de la pampa argentina.

De ese ámbito se alejó para siempre en enero de 1935, cuando llegó a Buenos Aires dispuesta a abrirse camino en el medio artístico. Tres meses después consigue su primer trabajo como actriz de reparto, y con el correr del tiempo incursiona por el cine, se familiariza con el teatro y se convierte en figura de un género por entonces en pleno auge: el radioteatro. Hacia 1942 ya encabeza una compañía radioteatral, y en agosto de 1943 dan resultado sus primeros esfuerzos en el campo gremial: nace la Asociación Radial Argentina, entidad que agrupa a los trabajadores de la radiodifusión; María Eva ocupará la presidencia.

Por entonces, la situación político-social argentina había entrado en una fase de acelerados cambios. El 4 de junio de 1943 una revolución concluyó con una década de gobiernos conservadores. Entre los gestores del movimiento militar iba afirmando su personalidad política el coronel Juan Domingo Perón. El 27 de octubre de 1943 Perón se hizo cargo del Departamento Nacional del Trabajo y, desde allí, comenzó a impulsar la organización sindical de los trabajadores, desarrollando una política que lo convirtió pronto en líder de la clase obrera.

El 22 de enero de 1944, el coronel Perón y Eva Duarte se conocen en el transcurso de un festival artístico que se realiza con el fin de recolectar fondos para las víctimas del terrible terremoto que días antes había arrasado la ciudad de San Juan. Poco después ambos inician su relación sentimental, y Eva se vuelca con entusiasmo a difundir el ideario justicialista. Su capacidad de lucha queda demostrada durante las jornadas previas al 17 de octubre de 1945. Detenido Perón en la Isla Martín García, en el Río de la Plata, Eva se empeña en obtener su libertad entrevistando a militares, abogados y personajes influyentes.

Agotados esos recursos, decide gestionar un paro general de adhesión a Perón y recorre los sindicatos y fábricas más importantes lanzando una consigna ferviente: «hay que rescatar al coronel». El día 17 de octubre, declarada la huelga general, compactas columnas de trabajadores se dirigen a Plaza de Mayo y no se retiran hasta escuchar la palabra de Perón, quien es liberado y llevado precipitadamente a la plaza para satisfacer el reclamo popular.

Cinco días más tarde, Perón y Eva Duarte contraen matrimonio, sellando una unión afectiva que contribuye en forma decisiva a dar identidad política al naciente Movimiento Peronista. Pocos días después de la ceremonia, ambos inician las giras proselitistas previas a las elecciones del 24 de febrero de 1946, que llevan a Perón a la presidencia de la República.

Por esa fecha Eva ya había abandonado para siempre su carrera artística y debutado como oradora en concentraciones populares. Además, las ceremonias protocolares comenzaban a popularizar su imagen de Primera Dama, que terminó de modelarse entre principios de junio y fines de agosto de 1947, cuando visita España, Italia -donde es recibida por el Papa Pío XII, Portugal, Francia, Suiza y finalmente Brasil y Uruguay.

Poco después del regreso de Eva al país, el Parlamento sanciona la ley por ella inspirada que otorga el derecho de votar a la mujer, y un año más tarde es elegida Presidente del Partido Peronista Femenino. Para sus partidarias empezaba a ser Evita. Tenía entonces el poder, la fama y la gloria, pero nada de eso le hizo disminuir su acción en favor de los necesitados.

Desde la Fundación Eva Perón, organismo de ayuda social donde cumple jornadas agotadoras, atiende personalmente los pedidos de hombres y mujeres que acuden a solicitar apoyo económico, trabajo, consuelo, ayuda de todo tipo. Bajo su dirección, la Fundación construye escuelas de enfermeras, colonias de vacaciones, hospitales, hogares para ancianos, clínicas de recuperación infantil, comedores escolares.

Esa tarea modela su rostro de benefactora, la imagen de hada protectora que arraiga en vastos sectores del pueblo. Pero Eva también ofrece un perfil combativo que la convierte en centro de agitadas polémicas. Adorada por los seguidores del peronismo y detractada por los opositores, produce una polarización política casi irreversible, galvanizada por el explosivo énfasis que pone en la defensa de Perón y su gobierno. «Quiero que mi pueblo sepa que estamos dispuestos a morir por Perón»; «Pido a Dios que no permita a los insensatos levantar la mano contra Perón porque ese día yo saldré con el pueblo trabajador, yo saldré con las mujeres del pueblo, yo saldré con los descamisados de la Patria para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista», proclama en las concentraciones.

Ardorosos, intransigentes, sus mensajes inflaman el entusiasmo de las multitudes y la convierten en «Abanderada de los Humildes», en la persona que expresa en forma cabal el sentimiento antioligárquico de la clase obrera peronista. Esa condición la lleva a protagonizar sucesos de ribetes excepcionales, como el del «cabildo abierto» que celebró el peronismo el 22 de agosto de 1951. En esa oportunidad, ante la proximidad de las elecciones presidenciales, el pueblo se concentró para pedir a Evita que aceptara la candidatura a la vicepresidencia de la Nación. El diálogo entre ella y las multitudes que le exigían la aceptación de la candidatura alcanzó en esa jornada dimensiones pocas veces vista.

«Compañeros …, yo renuncio a los honores, no a la ludia», argumenta ante el multitudinario reclamo. La presión de la multitud era tan fuerte que la concentración terminó sin que Eva pudiera dar una respuesta definitiva. Esta se conoció nueve días después, cuando el país entero escuchó por radio su rechazo a la candidatura, leído en voz baja y débil.

Para ese entonces su organismo estaba ya desgastado por la enfermedad. A principios de 1950, los médicos habían descubierto que un cáncer en pleno desarrollo amenazaba seriamente su salud y procuraron convencerla de que iniciara un severo tratamiento. Pero Evita, empeñada en que nada obstruyese su actividad, desechó las advertencias y siguió trabajando. El avance de la enfermedad fue implacable, y en noviembre de 1951 intensos dolores obligaron a internarla, aunque ya era tarde para detener el mal.

Debilitada por la anemia y sostenida por fuertes dosis de calmantes aparece por última vez en público el 4 de junio de 1952, oportunidad en que Perón asume por un nuevo período la presidencia de la Nación. Un mes y medio después, a las 20.25 del sábado 26 de julio, muere María Eva Duarte de Perón, Evita, para el pueblo. A las 21.10 Ja noticia .sacude al país entero. En Buenos Aires cines y teatros cierran sus puertas, así como bares, locales nocturnos y otros centros de diversión. Era el comienzo de unas exequias que asombraron al mundo: durante dos semanas más de dos millones de personas desfilaron ante el féretro protagonizando desgarradoras escenas, en una demostración de dolor popular con pocos antecedentes en el mundo.

Posteriormente su cadáver, embalsamado por el especialista español Pedro Ara, fue colocado en un túmulo mortuorio que se instaló en la sede de la Confederación General del Trabajo, la central de los trabajadores argentinos en Buenos Aires. Allí estuvo hasta que en 1955 -desalojado el peronismo del poder por un movimiento militar- un grupo de civiles y militares lo hizo desaparecer, hundiendo en el misterio el destino de los restos. La incógnita se reveló recién 16 años después, cuando fueron entregados a Perón en Madrid, España. Era el 3 de setiembre de 1971.

La devoción con que la recuerda el pueblo confirma una de las convicciones que Eva expresó con respecto a sus descamisados, poco antes de morir: «Ellos siempre me tendrán presente porque siempre habrá injusticias y entonces regresarán a mi recuerdo todos los tristes desamparados de esta querida patria».

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Personajes enigmaticos de la historia Hombres Polemicos

MISTERIOSOS PERSONAJES LA HISTORIA: CAGLIOTRO, RAPUTÍN, PARACELSO

Cagliostro Rasputín Paracelso Matahari Nostradamus Houdini

FRANKENSTEIN: Una de las tardes más aburridas de la historia dio origen a un personaje imaginario que ha aterrado y fascinado al mundo entero. En una noche de tormenta de 1816, un notable grupo reunido en la Villa Diodati de lord Byron, junto al lago Ginebra, leía en voz alta historias de fantasmas junto a la chimenea mientras el viento aullaba y la lluvia golpeaba insistente contra las ventanas.

Frankestein

Los huéspedes de Byron eran el poeta Percy Bysshe Shelley, su futura esposa Mary Godwin, la hermanastra de Mary, Claire Clairmont, y su médico John Polidori.

Fastidiado por el mal clima y aburrido por este entretenimiento, Byron sugirió una competencia para escribir la mejor historia de horror. Poco después, el grupo consideraba la posibilidad de comprender el secreto de la vida y discutió si la electricidad no «podría restaurar la vida y crear un ente vivo a partir de la suma de diferentes partes muertas».

Mucho después de medianoche, tal como acostumbraban, los residentes de la villa se retiraron. Mary, en un estado de excitación, durmió mal. En la duermevela tuvo una horrible visión: «Vi a un pálido adepto de las artes malditas arrodillándose junto al ser que ensambló.

Vi al abominable fantasma de un hombre yaciendo cuan largo era y, de pronto, con ayuda de una enorme máquina, dio señales de vida y se movió de modo torpe.» Sobresaltada, Mary halló su historia de horror. Publicada dos años más tarde, el Frankenstein de Mary Shelley ha perdurado a través de más de un siglo y originó innumerables secuelas e imitaciones tanto en literatura
como en cine.

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Boris Karloff encamó al primer Frankenstein, creando un aterrador
pero patético monstruo.

NOSTRADAMUS:
Nacido el 14 de diciembre de 1503 como Michel de Notredame en Saint-Rémy, Provenza, fue uno de los personajes mas polémicos de la historia. Amante de la naturaleza y del cuerpo humano, decidió estudiar medicina, que debió abandonar en 1525 debido a una plaga de peste bubónica que azotó a Francia.

Debido a su pasión y amor por la ciencia médica, Michel siempre trató de ayudar a los enfermos sin preocuparse por el contagio, cosa que muchos médicos olvidaron su profesión. La gente siempre estuvo muy agradecida por su apoyo y supo ganarse la simpatía y respeto de la comunidad, muy importante mas tarde cuando se le negó la licencia al graduarse y pudo contar con el apoyo de todos los agradecidos de aquella dura época.

A pesar de los mitos que rodearon la vida de Nostradamus, el éxito de este astrólogo estuvo estrechamente relacionado con el contexto que conmocionó a la segunda mitad del siglo XVI, marcado por las guerras de Religión y el prestigio de la astrología que tocaba a su fin. Fue astrólogo de Catalina de Médicis y médico de Carlos IX. Nostradamus se hizo célebre por sus Centurias, una selección de profecías que fueron profusamente interpretadas en el  curso de los siglos..

A comienzos de la década de 1530 se encontraba en Agen donde se casó con una joven mujer descrita como «pudiente, muy hermosa y admirable». Tuvieron un hijo y una hija, pero la Inquisición, oficina de la Iglesia dedicada a suprimir la herejía, intervino en sus vidas. Conoció al humanista Julio César Escaliger: En el período siguiente recorrió la mayor parte del reino de Francia e incluso partió a Egipto en busca de su iniciación. La tarea de los historiadores fue complicada, ya que muy pronto los biógrafos de Nostradamus lo presentaron can una personalidad mística cuya palabra estaba inspirada por Dios. Jean-Aymé de Chavigny proporcionó el modelo en 1594 en su «breve discurso sobre la vida de M. Michel de Nostre-Dame».

Hacia 1545, Michel de Nostre-Dame trasladó a Salon-de-Provence, donde nuevamente contrajo matrimonio y continuó ejerciendo la medicina. Realizó intervenciones en Aix en 1546, en Lyon en 1547 siempre vendía remedios (su «farmacia»).

En la década de 1560 se dedicó a escribir almanaques, libros de gran difusión que contenían un calenadrio y predicciones astrológicas, acompañados de consejos de todo tipo.

Mas tarde volvió a ejercer la mediina médico como un galeno itinerante, adquiriendo la reputación de obrar milagros. Luego de recompensársele con una muy justa y oportuna pensión vitalicia, se estableció en Salón, entre Marsella y Aviñón, inició un negocio de cosméticos y se casó con una rica viuda que le dio seis hijos.

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LAURENCE DE ARABIA
UN HÉROE MISTERIOSO

La fascinación ejercida por Oriente sobre los occidentales jamás fue mejor personificada que por Thomas Edward Lawrence, historiador, arqueólogo y hombre de guerra. Figura mítica, «Lawrence de Arabia» encarnó a uno de los últimos héroes románticos del siglo XX.

Que buscaba Thomas Edward Lawrence en el desierto de Arabia, en donde se lo encuentra en numerosas fotografías, oculto bajo largos velos a la manera de los beduinos? Sin duda, una redención imposible. «Dios detesta el pecado, pero ama al pecador». Esta observación de la madre de Lawrence se solía considerar a menudo como una de las claves de la personalidad del héroe, profundamente marcado por el sentido del secreto y de una fuerte culpabilidad. Esta mujer fue la ama de llaves de Thomas Chapman, aristócrata irlandés del que iba a tener cinco hijos.

En la Inglaterra victoriana, la bastardía era una tara que más valía ocultar. Lawrence viviría toda su vida con este halo de misterio. Convencido desde joven que estaba llamado a un gran destino, Thomas Edward desarrolló una verdadera pasión por la Edad Media y se identificaba con sus héroes y caballeros. Luego, sus lecturas lo llevaron al Oriente. Partió en 1909 a descubrir las fortalezas de los cruzados de Siria.

Admitido en el Jesús College de Oxford, se especializó en arquitectura militar, para luego participar en las campañas de excavaciones en el emplazamiento hitita de Karkemish, en Siria (hoy en Turquía). Al estallar la Primera Guerra Mundial,  Lawrence quiso alistarse en el ejercito de Kitchener, pero se juzgó que era más útil en la sección geográfica del Estado Mayor General.

Su trabajo consistía en actualizar los mapas del Sinaí. Sin embargo, ingresó  a partir de 1915 en el Servicio de Inteligencia británico para los asuntos árabes en El Cairo. Con un fin secreto: «fabricar una nueva nación» e influir en la política ce corona británica en Oriente.

lawrence de arabia

Lawrence de Arabia

Personaje místico consciente de edificar su leyenda, Lawrence de Arabia fue un ser atormentado, guiado por un ideal expuesto a las contingencias políticas de las que preferirá más bien huir que renegar de sus compromisos.

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Biografia de Emily Bronte Autora de Cumbres Borrascosas Resumen

Resumen Biografía de Emily Bronte

RESUMEN BIOGRAFÍA DE las hermanas Bronté, (Charlotte, Emily y Arme). Escritoras inglesas, hijas de un pastor anglicano de origen irlandés, Patrick Bronté, y María Branwell de Penzance. Charlotte, Emily y Anne nacieron en Thornton, en el West Riding de York hire, donde su padre dirigía una parroquia; la primera en 1816, la segunda en 1818 y la tercera en 1820.

En este mismo año el padre fue nombrado cura de Haworth, pequeña ciudad próxima a Keighley, cerca de los pantanos. Las tres hermanas recibieron una educación limitada en internados. Desde temprana edad comenzaron a escribir novelas sobre países imaginarios, algunas de las cuales se publicaron postumamente. Charlotte y Anne se emplearon como institutrices, pero Emily no quiso abandonar Haworth y ayudó en las tareas de la casa.

En 1846 publicaron conjuntamente la obra Poems of Currer, Ellis and Acton Bell, y conservaron estos seudónimos masculinos (cuyas iniciales corresponden a las de sus nombres de pila) durante toda su carrera literaria. La obra no tuvo ningún eco.

La primera novela de Charlotte, Jane Eyre, obtuvo un éxito, resonante. Publicada en 1847, está considerada como una de las novelas inglesas más interesantes. Su siguiente novela, Shirley (1849), es muy inferior a Jane Eyre. En cambio, la tercera, Villete (1853), contiene una mayor riqueza literaria. Charlotte contrajo matrimonio con Arthur Bell Nicholls, en 1854, y falleció al año siguiente.

Su hermana, Emily, publicó su única novela en 1848: Wuthering Heights (Cumbres Borrascosas). Se trata de una obra importante, trágica y de una gran penetración psicológica. Emily murió un año después de verla publicada. La tercera hermana, Anne, publicó dos novelas mediocres: Atice Grey (1847) y The Tenant of Wildfell Hall (1848). También falleció un año después de esta publicación.

Las tres hermanas Bronté fueron enterradas en la iglesia de Hano e hija de Leopoldo I de bélgica. Al fracasar la aventura mexicana y morir fusilado su esposo (1867), Carlota, que había implorado en vano la ayuda de Napoleón III, regresó a Bélgica, donde vivió sesenta años con la razón perdida, falleciendo en 1927.

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Biografía de Emily Bronte

Huérfana de madre a los tres años, fue criada por su padre, un pastor anglicano, de acuerdo con los principios del ascetismo más riguroso. Esa rígida formación y la circunstancia de vivir en un mundo que negaba a la mujer otro destino que el hogar, no le impidieron, sin embargo, escribir una de las novelas más apasionantes del siglo XIX: Cumbres borrascosas.Emily Bronte

Haworth, aldea de piedra levantada sobre la ladera de una desolada colina de York-shire (Inglaterra), es lugar áspero, azotado por el viento y coronado de páramos. Allí llegó, el 25 de febrero de 1820, el reverendo Patrick Brunty o Bronte, acompañado por su frágil mujer, Mary Branwell, y sus seis hijos: Mary, Elizabeth, Charlotte, Patrick Branwell, Emily y Anne.

Los seis habían nacido en Thornton, otra aldea de York-shire, y se escalonaban entre los ocho años y los pocos meses de edad. Iban a habitar la casa parroquial, junto a la iglesia: dos pisos de piedra gris rodeada por un desnudo cementerio.

Lúgubre visión para los ojos de la madre’ enferma y para los absortos ojos infantiles.

El 15 de septiembre de 1821 muere la madre. Emily, nacida el 30 de julio de 1818, tiene apenas tres años. La hermana mayor de María Branwell, severa y resignada, se ofrece para ayudar al reverendo Bronte en la tarea de inculcar a esos niños el riguroso cumplimiento del deber, el orden, el horror por las complacencias y las debilidades de la carne, la extrema sencillez y el rechazo de toda efusión. No hay juguetes, ornatos ni golosinas.

El clan de los Bronte es un mundo aparte. Han aprendido a hablar en voz baja, a reunirse junto al fuego para contarse historias que ellos mismos inventan. Por las tardes vagan, tomados de la mano. A Emily es a quien más atrae ese paisaje áspero e implacable: es la más enérgica, la más reservada, la más firme y segura.

En 1824 Mary y Elizabeth, las mayores, son enviadas al internado que el reverendo Carus Wilson ha abierto en la aldea de Cowans Bridge. Poco después Charlotte y Emily van a acompartir con sus hermanas el encierro y la frialdad de ese inhóspito colegio en el que los rigores y las amenazas del sermón es lo único que abunda. La mala alimentación y las mortificaciones se llevan primero a Mary, que muere en la primavera de 1825. Un mes después la sigue Elizabeth.

Al cabo de unos meses el pastor Bronte decide retirar a las sobrevivientes. Retaceará sus meditaciones y sus laboriosos y frustrados poemas para inculcarles instrucción, secundado por su cuñada.

En los momentos de descanso, bajo la mirada larga y el oído corto de Tabby, la fiel criada, rezongona, perspicaz y supersticiosa, los cuatro niños se entregan a juegos en los que la erudición sirve de corcel a la fantasía. Tienen un periódico manuscrito, fundan escuelas en territorios inventados y cada uno posee su propia isla donde reina el héroe predilecto. Emily elige el territorio de Aran y coloca en él a Walter Scott.

En 1831 Charlotte, menuda, feúcha y apacible, parte para Roe Head, dispuesta a hacerse institutriz. Cuando vuelve, tres años después, Emily es ya una muchacha hermosa, alta y silenciosa, de mirada apasionada, que solo parece respirar con libertad bajo los vientos de ese páramo.

Charlotte es ahora la instructora de sus hermanas. A un costado Patrick Branwell -«Branwell» para todos- escribe y pinta. Brillante, talentoso, ya ameniza con su gracia y oratoria las reuniones de la aldea y fascina a los parroquianos de la taberna lugareña.

En 1835, cuando Charlotte regresa como maestra a Roe Head, Emily va con ella en calidad de alumna, pero, lejos de su ambiente habitual, su fuerza la abandona: está pálida, decaída, vulnerable a cualquier enfermedad. Se decide un canje: Anne, la más pequeña, ocupará su lugar en Roe Head. Por dos veces más Emily probará el desarraigo, con los mismos lamentables resultados que imponen el retorno como única y milagrosa medicina.

La primera será al año siguiente, cuando la economía del hogar exige que se traslade como maestra a una escuela de Halifax, donde se ve obligada a trabajar desde las seis de la mañana hasta las once de la noche. Son seis meses de esclavitud y de forzada convivencia con personas desconocidas; meses intolerables para su carácter reservado y rebelde, que solo protesta a través de los malestares de su cuerpo. Después regresa a Haworth y decide permanecer allí: ese es su elemento y esa su libertad.

Tabby, la vieja criada, ha quedado casi incapacitada. Emily amasa y hornea el pan, prepara la comida, plancha, cose; siempre con un libro abierto al lado y su espíritu volando en fantásticas ensoñaciones. Prefiere inclinarse sobre el polvo o el carbón, antes que hacerlo delante de esas gentes torpes, egoístas y tiranas que tanto Anne como Charlotte deben soportar lejos de allí como institutrices.

Cada Navidad sé reúne toda la familia. Es uno de los pocos acontecimientos que cambian la rutina de ese hogar, donde una visita o una excursión resultan absolutamente extraordinarios. Emily no tiene amigas ni amigos, ni la más incipiente vida social. Tampoco amores. Sus poemas apasionados —desconocidos para su familia- se dirigen a alguien a quien tal vez no encontrará nunca.

En 1842 Charlotte y ella se trasladan a Bélgica para perfeccionarse en lenguas extranjeras, en el instituto que dirige el matrimonio Héger, y fundar después un pensionado para niñas. Estudian vorazmente, reservadas, taciturnas, envueltas en vestidos anticuados y sin pliegues. La muerte de la tía las devuelve a Haworth antes de terminar el año. Charlotte volverá a partir, pero Emily permanecerá junto a sus ollas y sus escobas.

La soledad del erial seguirá alimentando las imágenes y las visiones de su poesía, mientras vaga acompañada de su fiel perro Keeper. Las vacaciones volverán a traerle a Charlotte sufriente, enamorada de Héger y desencantada; a Anne cada vez más pálida y dócil; al siempre adorado Branwell, que luego de cambiar muchos trabajos, parece haberse agregado a la misma casa donde presta servicio su hermana menor, también en carácter de instructor. Las esperanzas fraternas depositadas en él van siendo frustradas por la indolencia y la disipación.

En 1845 se conocen abiertamente algunas causas de su conducta: ha pretendido seducir a la señora Robinson, madre de sus alumnos y veinte años mayor que él, y el marido lo ha despedido. El alcohol y el opio no son ya refugios para su remordimiento secreto, sino estímulos para sus alardes en las francachelas de la vieja taberna. Cuando risotadas y canciones obscenas anuncian su regreso casi a la madrugada, tropezando entre las piedras del jardín, Emily se adelanta hasta el umbral en plena noche y con la lámpara en alto le ilumina el camino. Era la única que podía calmarlo cuando, enfurecido, amenazaba destrozar la casa.

Ese mismo año un cuaderno olvidado pone al descubierto el secreto de Emily: sus poemas. Las tres hermanas se confiesan mutuamente que escriben versos. Cada una encuentra admirables los de las otras dos y deciden publicarlos en un mismo volumen: Poemas, por Currer, Ellis y Acton Bell (las iniciales de los seudónimos corresponden a las de sus verdaderos nombres). En realidad, los únicos valiosos son los de Emily, y la crítica no tarda en advertirlo. A pesar de ello, solo se vendieron dos ejemplares.

Las hermanas no se desaniman e intentan otro género: la novela. Emily, que se ha asomado a las turbias aguas de las historias ajenas y leído las sombras en la mirada de su hermano, combina esos elementos con «un amor más fuerte que la muerte» y surge una novela violenta y trágica, Cumbres borrascosas, escrita con tinta roja sobre papeles negros. Publicada en diciembre de 1847, fue acogida como una pintura exagerada de depravaciones y espíritus extraviados, exaltados escandalosamente por «Ellis Bell, el hombre de gran talento, pero amargo, brutal y huraño». La posteridad, sin embargo, ha dado otro juicio y considera que Cumbres borrascosas es uno de los monumentos más notables producidos por el genio femenino en el siglo XIX.

Nada esperaba de ella Emily, y poco o nada esperaba ya del «mundo. Para 1848 el reverendo Bronte está casi ciego; Branwell, por su parte, vive cada vez más embotado por efecto del opio y el alcohol, y muere finalmente el 24 de septiembre en una crisis de delirium tremens.

La mano de Emily, que lo ha conducido con paciencia y firmeza y se ha esforzado por sostenerlo durante su agonía, escribe entonces: «Que sobre tu memoria extienda su ternura la compasión; que descanse liviana la tierra sobre tu pecho». Pero aunque mantuviera una apariencia de entereza, por dentro todo su ser se va desmoronando. La tos la desgarra pero rechaza las medicinas. Una mañana apenas logra bajar la escalera para alimentar a Keeper.

El 19 de diciembre de 1848, su desgarradora imploración es esta: «¡Oh, dejadme morir!, que al fin la voluntad y el destino cesen su lucha cruel, y que el bien conquistado y el mal vencedor se disuelvan en un reposo único.»

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

SÍMBOLOS NACIONALES DE LA REPUBLICA ARGENTINA Identidad Nacional

SÍMBOLOS NACIONALES DE LA REPUBLICA ARGENTINA

LA BANDERA NACIONAL
La autorización para adoptar la escarapela nacional emitida por el gobierno del Triunvirato, inspiró a Belgrano la creación de una bandera con los mismos colores de aquélla.

El 27 de febrero de 1812, en oportunidad de augurar dos baterías de artillería encargadas por el gobierno, emplazadas una, Libertad, sobre a costa occidental del Paraná a la altura de la ciudad de Rosario de Santa Fe, y la otra, Independencia, en una isla distante a poco más de mil  metros de esa ciudad, Belgrano presentó la nueva enseñapatriaante las filas allí reunidas. Luego de haberlas arengado y formado en tropa, ordenó izarla en la barranca, frente al Paraná, informando posteriormente de esta decisión al Triunvirato de la siguiente manera: «Siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional; espero que sea de la aprobación de V.E.».

El gobierno desaprobó la medida adoptada por Belgrano, alegando razones de prudencia política, imponiéndole hacer pasar el hecho como un rasgo de entusiasmo momentáneo, como así también, que ocultara disimuladamente el nuevo emblema, recomendándole lo reemplazase por la usada en la Fortaleza de Buenos Aires, (roja y amarilla).

Pero esta comunicación, Belgrano no la recibió por haberse puesto ya en marcha hacia el norte para nacerse cargo del ejército. Por ese motivo, mandó enarbolar nuevamente la bandera de su creación, en oportunidad de celebrarse el segundo aniversario de a Revolución de Mayo, en la catedral de la ciudad de Jujuy. Luego de haber oficiado un solemne Te Deum, el canónigo Juan Ignacio Gorriti bendijo la enseña. El 29 de mayo Belgrano informó al gobierno de esta ceremonia:»… el puéblese complacía de la señal que ya nos distingue de las demás naciones…».

El Triunvirato interpretó estos hechos como una desobediencia de Belgrano, por lo que le envió una reprimenda e!27 de junio, a la que el general contestóel18dejulio, allanándose a la disposición de recoger la bandera, afirmando que la reservaría para el día de la batalla final de la gran victoria.
Posteriormente, la Asamblea del año XIII resolvió permitir el uso de la bandera creada por Belgrano, pero sin dejar ninguna constancia por escrito de ello, ya que no deseaba la ruptura total con España.

El Congreso Constituyente de Tucumán la reconoció oficialmente el 20 de julio de 1816, por iniciativa del diputado Esteban A. Gascón. Esto fue dar legalidad a un hecho consumado y generalizado, ya que la bandera celeste y blanca había flameado anteriormente en distintas oportunidades de importancia: en la iglesia de San Nicolás de Buenos Aires, con motivo de la celebración de una misa de acción de gracias por el fracaso de la conspiración de Álzaga; también, el 13 febrero de 1813, Belgrano había hecho jurar a sus tropas fidelidad al gobierno de la Asamblea del año XIII, a orillas del río Pasaje (luego fue denominado Juramento), utilizando la bandera celeste y blanca que, como ya quedara señalado, por disposición de ese organismo en el día de su instalación había sido permitida; con el triunfo de Salta  del 20 de febrero de ese mismo año, donde tuvo su bautismo de fuego; cuando se rindió Montevideo, el 23 de junio de 1814, la bandera española fue reemplazada por la celeste y blanca; por último, la Fortaleza de Buenos Aires la había adoptado el 17 de abril de 1815.

El Director Supremo Pueyrredón solicitó al Congreso, el 9 de enero de 1818, que resolviese sobre las diferencias que estimase oportuno en el uso de las banderas. El Congreso contestó que toda bandera nacional debía tener los dos colores, blanco y azul, como hasta ese momento, y que la de guerra luciría, como distintivo especial, un sol pintado en su franja blanca.

HIMNO NACIONAL
Muchas versiones diferentes entre sí sobre los orígenes del Himno Nacional Argentino han dado los historiadores a lo largo de los años.

Mariano Bosch, en su obra exégeta del tema «El Himno Nacional». La Canción nacional no fue compuesta en 1813 ni por orden de la Asamblea expone que fue durante la noche del 24 de mayo de 1812, la fecha en que surgió la idea del Himno. Durante esa velada se puso en escena en el Coliseo provisional (sito entonces en Cangallo y Reconquista) una obra de teatro denominada «25 de Mayo, llena de santo amor a la libertad» cuyo autor fue Luis Ambrosio Morante.

Este melodrama rememoraba las escenas del 25 de mayo de 1810. En la obra aparecía el Fuerte, el Cabildo, el pueblo congregado en la plaza, lo tribunos, los patriotas, los que repartían insignias celestes y blancas; en escena se vivaba y se discutía, y en un momento determinado, uno de los actores decía: «y ahora cantemos con fervor nuestro himno…» y se entonó un himno de libertad.

Esta obra de Morante tuvo la virtud de exaltar los corazones tanto de la gente del pueblo como de los hombres influyentes y gobernantes. Entre ellos, Vicente López y Planes, que también había asistido a la función, pensó en escribir una canción y sintiose inspirado para hacerla. Blas Parera, un músico catalán, le puso la música.

Según siempre la versión de Bosch, en julio de 1812 el Triunvirato encargó al Cabildo que procurara encontrar poeta y músico que compusiera una Marcha Patriótica. La orden tuvo inmediata repercusión y el regidor Manuel José García presentó una obra compuesta por fray Cayetano Rodríguez, a la que se le puso música sencilla y contagiosa. Amigo de Vicente López, García acordó con él la manera de hacerle conocer al Cabildo la canción de su autoría, para lo que se hizo una demostración en las puertas de esa institución. Éste se decidió por ella y fray Cayetano Rodríguez retiró su himno.

Luego de darle los últimos retoques, fue entonada ante las autoridades del gobierno el 1a de noviembre de 1812, como lo demuestran documentos del Archivo de la Nación. El Cabildo abonó a Parera la suma de 167 pesos por la música.

La Asamblea de 1813 dispuso que la canción de Vicente López fuese la única marcha nacional y que se entonara en todos los actos públicos, aunque ya de hecho esto se hacía. La primera edición del himno nacional se hizo el 14 de mayo de 1813, en papel y formato de la Gaceta Ministerial de Gobierno y en tipo de imprenta de Niños Expósitos, con el nombre de Marcha Patriótica.

Durante un prolongado tiempo, la canción patriótica de López fue interpretada de acuerdo al texto original. Pero habiéndose aplacado el sentimiento contrario, o antagónico, hacia la madre patria, propio de los primeros años posteriores a la Revolución de Mayo y mientras se produjeron las guerras de la independencia, esta canción sufrió una modificación de forma en lo relativo a aquellas estrofas que tuvieran un concepto peyorativo hacia España, que ya no tenía demasiado sentido para la soberanía del Estado.

Un decreto expendido durante la presidencia de Roca, de 1900, dispuso e su artículo primero que en las fiestas oficiales o públicas y en los colegios y escuelas del estado, sólo se cantarían la primera y la última cuarteta y coro de la canción nacional. En 1860, Juan Pedro Esnaola hizo algunos arreglos a la música original, y ésa es la versión más completa y autorizada del Himno Nacional, quedando sin efecto los ensayos de reforma realizados en 1910 y 1927.

ESCARAPELA NACIONAL
El uso de cintas azules (o azul celeste) y blancas fue casi una tendencia natural en los acontecimientos patrióticos de importancia de nuestro país, sin que se haya podido encontrar una explicación determinante de ello.

Ante la reiterada necesidad de identificarse, ya fuera con un ideal nacional o con una determinada fuerza militar patriótica, invariablemente habían surgido los dos colores. Con ellos se distinguieron los futuros Intervinientes en la reconquista de Buenos Aires en 1806; los Húsares de Pueyrredón en 1807; fueron también los colores del uniforme del cuerpo de Patricios; el de los cabildantes patriotas del 22 de mayo de 1810 y, por último, el 25, día de la Revolución de Mayo, dos patriotas, Domingo French y Antonio Berutti, volvieron a elegirlos y adquirieron en una tienda de la recova las cintas que adornarían los sombreros de los patriotas que concurrieron a la plaza Mayor (hoy de Mayo) durante la gloriosa jornada.

Por eso parece, (y así debió serlo) muy lógico, que lo que la costumbre ya había aceptado como insignia identificatoria, fuera elevado al rango de símbolo o emblema de un pueblo y de un ejército que luchaba por una causa. Y así lo propuso Manuel Belgrano a los miembros del primer Triunvirato, Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso, con Bernardino Rivadavia como secretario, quienes acordaron, el 18 de mayo de 1812, el uso de la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata por las tropas, «declarándose por tal la de los colores blanco y azul celeste y quedando abolida la roja con que antiguamente se distinguían».

En esta aceptación por parte del gobierno de Buenos Aires a su reclamo se basó el general Belgrano para enarbolar, por primera vez en nuestro país, la Bandera Nacional.

Fuente Consultada: Consultor De Historia Argentina Tomo I 1810-1890

ALGO MAS SOBRE LOS SÍMBOLOS:
Segú la mirada del Historiador José Cosmelli Ibañez

Nuestros símbolos patrios
El Himno Nacional. El 6 de marzo de 1813 la asamblea comisionó al diputado Vicente López y Planes para que presentara una canción patriótica. El trabajo fue leído en la sesión del 11 de mayo y declarado por aclamación como «La única canción de las Provincias Unidas».

Informado el segundo Triunvirato envió comunicaciones a las Intendencias para que la Marcha Patriótica «sirva a los fines que dispone la Soberana Asamblea, a inspirar el inestimable carácter nacional y aquel heroísmo y ambición de gloria que ha inmortalizado a los hombres libres».

La música fue compuesta por el maestro Blas Parera y sus originales —como ocurrió con la letra— también se han perdido. El texto auténtico de la letra del Himno Nacional se conserva en el Archivo General de la Nación y consiste en una copia remitida por el Triunvirato, junto con la circular del 12 de mayo de 1813, a don Bernardo Vélez, secretario de gobierno de la Intendencia de Buenos Aires.

La partitura que se interpreta actualmente es la versión que escribió en 1860, el maestro Juan Pedro Esnaola, destacado pianista que conservó exactamente la primitiva melodía de Parera, pero agregó ciertas modificaciones y detalles de armonización.

El Escudo Nacional. El escudo tiene su origen en el sello usado por la Asamblea General Constituyente. A pesar de los esfuerzos de ilustres investigadores, se desconoce quién realizó el dibujo original y la fecha en que la citada corporación mandó componer y aprobó su distintivo gráfico.

Recién instalada, la Asamblea se declaró depositaría del «ejercicio de la soberanía de las Provincias Unidas del Río de la Plata»; en consecuencia, es lógico afirmar que de inmediato ordenó la confección de su sello. Se encomendó tal tarea al diputado por San Luis Agustín Donado, quien encargó el trabajo de burilar la pieza a Juan de Dios Rivera, hábil artífice peruano que ya había confeccionado el escudo del Consulado y varias medallas con efigies de monarcas españoles. Si bien Rivera es el ejecutor material del Sello, «nada autoriza a tenerlo como autor del dibujo original».

El 12 de marzo la Asamblea dispuso «que el Supremo Poder Ejecutivo U88 del mismo sello de este cuerpo soberano» con diferente inscripción. El 13 do abril el citado organismo ordenó que las nuevas monedas a acuñar cu la ceca de Potosí debían llevar grabado el dicho sello. El 27 del mismo mea resolvió que el último reemplazara—en lugares públicos o emblemas— a las armas del rey. De tal manera, el sello de la Soberana Asamblea adquirió paulatinamente el carácter de escudo, debido a varias disposiciones que extendieron su uso en todos los aspectos de la vida nacional.

Con respecto a la Bandera Nacional, la asamblea no tomó ninguna resolución y fue el Congreso de Tucumán —en 1816— quien dispuso que el distintivo de las Provincias Unidas fuese «la bandera celeste y blanca que se ha usado hasta el presente».