Biografia de Carlyle Thomas:Vida y Obra del Historiador

Biografia de Carlyle Thomas:Vida y Obra del Historiador

CARLYLE, Thomás (1795-1881). Historiador y filósofo escocés.

Hijo de un pequeño granjero escocés, fue el mayor de nueve hermanos, hombre independiente y de arraigadas ideas calvinistas, Thomás Carlyle nació en Ecclefechan el 4 de diciembre de 1795.

A los cinco años de edad empezó a frecuentar la escuela de Annan, en la que demostró tantas ansias de saber que su padre, deseoso de que obtuviera una cultura que le hiciera apto para la cura de almas, le mandó a estudiar a la universidad de Edimburgo (1809).

Aquí devoró materialmente los libros que se ponían al alcance de su mano, con lo que adquirió una sólida formación matemática e histórica.

En 1814 obtuvo un profesorado de matemáticas en Annan, y en 1816, el cargo de maestro en la escuela de Kirkcaldy, regentada por Eduardo Irving, del cual se hizo muy amigo.

Ambos renunciaron a su plaza en 1818.

Pronto se destacó en el mundo intelectual de su época, y fue amigo de las grandes celebridades británicas contemporáneas, como Stuart Mill, Dickens, Tennyson, Thackeray, y de los norteamericanos Emerson y Whistler, autor este último de un famoso retrato de Carlyle.

Fue hombre de espíritu crítico, agudo, irónico y amargo.

Entre las ideas que sostuvo se destacan la exaltación del héroe y su afirmación de que poder y derecho van siempre unidos.

En sus obras vibra una fiera y conmovedora sinceridad. "Los hombres inteligentes —decía— pueden ser buenos, pero no los mejores".

Biografia de Carlyle Tomas:Vida y Obra del Historiador

Estudia en la Universidad de Edimburgo, donde se especializa en lengua y literatura alemana. Rector y catedrático de la Universidad de Edimburgo entre 1814 y 1818, publica sus primeros ensayos sobre literatura alemana en la Edinburgh Review.

Entre sus obras descuellan: Sartor resartus, Los héroes, sus vidas de Schiller, Federico el Grande y Cromwell, y su Historia de la Revolución Francesa. En su obra se mezcla el idealismo alemán con el puritanismo escocés.

Reaccionando contra la tendencia materialista y democrática del siglo XIX, Thomás Carlyle luchó durante toda su vida por un ideal superior de belleza y heroísmo.

Apasionado y resuelto, muchas veces unilateral en sus apreciaciones, combatió con un vigor elemental cuanto le parecía charlatanería y chabacanería en la sociedad que le rodeaba.


En Edimburgo, luchó tenazmente contra la miseria. Pero más importante fue su crisis interior, que se inició al apartarse del cristianismo; superada al tomar contacto con los nuevos postulados del idealismo alemán.

En esta corriente vió la salvación de su espíritu y de la sociedad que se debatía en el caos de un materialismo cada día más pronunciado.

En 1824, realiizó un viaje a Londres, convencido de que sus preocupaciones hallarían eco entre los intelectuales de la capital. Su desengaño fue terrible.

Regresó convencido de la frivolidad y necedad de los filósofos y literatos en boga, y decidió a vivir en un lugar solitario para entregarse a una obra verdadera.

Toda su vida fue un sacrificio en el altar de su misión y de su personalidad. Carlyle figura por derecho propio entre los pensadores más originales de su centuria, como precursor de la tendencia actual a la exaltación de la influencia todopoderosa de la Divinidad, los grandes hombres y las selecciones aristocráticas en el curso de los acontecimientos históricos.

Pero su casamiento con Jane Welsh de Addigton (1826), mujer de recio y original temperamento, modificó sus planes.

Accedió a trasladarse a Londres (1833). Por esta época era ya conocido por unos artículos en la Revista de Edimburgo, y considerado como jefe de una naciente escuela "mística".

En Londres, Carlyle publicó su Sartor Resartus, que fue acogido con indiferencia (1838).

Pero en el transcurso del mismo año dio a luz la Historia de la Revolución Francesa.

Esta obra, de gran envergadura, opuesta a la generalidad de las críticas favorables a los principios de 1789, tuvo una difusión extraordinaria.

La potencia del genio de Carlyle se afirmó en su ensayo Sobre los héroes (1841) ,- en la monumental Vida de Oliverio Cromwell (1845), de cuyas páginas salió una nueva visión de tan famoso político inglés.

El esfuerzo que le ocasionó la redacción de esta obra maestra motivó un paréntesis en su actividad.

Aunque la Vida de Sterling apareció en 1851, había sido terminada en 1844.

La nueva producción histórica de Carlyle tuvo por tema Federico el Grande de Prusia.

Después de dos viajes a Alemania y de reunir un material enorme, los volúmenes de la biografía de aquel monarca fueron apareciendo de 1858 a 1865. La Historia de Federico II, aun conteniendo páginas maestras, no tiene el valor de la Vida de Cromwell.

La última de las obras de Carlyle — Reminiscencias — apareció el mismo año de su muerte, en 1881.

El gran escocés, que había rehusado cualquier reconocimiento oficial de sus méritos en vida, quiso que su sepultura no se hallara en Westminster, sino en una simple tumba de Ecclefechan.

Su muerte se registró el 4 de febrero de 1881, en el barrio de Chelsea, en aquella Londres donde había rtiunfado su genio.

Su Aporte:

La aportación de Carlyle al mundo moderno consiste principalmente en su arrebatado e indomable idealismo, que se opone constantemente a toda filosofía del sentido común; su apasionado despecho por lo falso, lo aparatoso, lo que él consideraba la intervención e imperio de los aficionados; y por su oposición a la ampulosidad y pretensiones de las ciencias positivas.

Pero su posición no fue solamente correctiva; Carlyle aporta frecuentemente, como ya hemos visto, una iluminada visión.

En una época en que la mayoría de los pensadores creían en la simple acción de buena voluntad, él adivinaba la base del poder en la que se iban a asentar las sociedades modernas.

Cuando los políticos economistas esperaban que la revolución industrial iba a traer automáticamente la prosperidad, él se daba cuenta de que ello implicaba también la destrucción de un orden establecido.

Y cuando se discutía de un modo teórico sobre la libertad, él veía claramente que la libertad no es un elemento abstracto sino positivo, y que las libertades pretendidas por unas clases sociales no podían obtenerse sin menoscabo de las otras.

Figura contradictoria y siempre desconcertante, desde su posición individualista, Carlyle coincidió con Newman y el movimiento religioso de Oxford en su valoración suprema del espíritu y por su disgusto por el positivismo y el industrialismo progresista, que consideraba ausentes de profundidad y vacíos de imaginación; y expresó su pensamiento en un estilo difícil y paradójico, pero vigoroso y oxigenado, que recuerda el de Gracián, Hegel y Nietzsche.

Esteban Pujals

Fuente Consultada:
Figuras de la Historia Tomo II Del Imperio Hispano al Siglo XX - Jaime Vicens Vives –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA – Microsoft
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19-Historia de la Filosofía – Editorial Santillana
Wikipedia

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