Bs.As. Capital del Virreinato

Historia Virreinato del Peru Organizacion, Cultura y Comercio

Historia Virreinato del Peru Organizacion Política, Cultura y Comercio

EL VIRREINATO DEL PERÚ
Organización y área jurisdiccional.

Desmembramiento del Virreinato.— El Virreinato del Perú fue la segunda organización de esta índole creada en América.

Data del año 1543 y se implantó para facilitar el cumplimiento de las Nuevas Leyes u ordenanzas de 1542 dictadas para mejorar la situación de los indios.

El primer virrey fue Blasco Núñez de Vela, cuya intemperancia provocó graves acontecimientos: la tercera guerra civil del Perú acaudillada por Gonzalo Pizarro (1544), la muerte del Virrey después de la batalla de Añaquito (1546) y la pacificación del territorio por el licenciado La Gasea (1546-48).

Tras un breve interinato de la Real Audiencia, asumió el mando el Virrey don Antonio de Mendoza, el mismo que había iniciado el período virreinal en México.

La jurisdicción del Virreinato se extendía, en su origen, a todas las colonias españolas de la América del Sur, excepción hecha de Venezuela; abarcaba, por consiguiente, las actuales repúblicas de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay y parte del Brasil.

mapa del virreinato del peru inicial con 7 audiencias
Entidad político-administrativa establecida por España en 1542, durante su periodo colonial de dominio americano, que, en su máxima extensión, incluyó los actuales territorios de Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú, así como los de Chile y Argentina, pero que, a lo largo del siglo XVIII, y hasta la independencia de esas zonas respecto del poder español, apenas comprendía poco más de lo que hoy en día es Perú..

En el siglo XVIII se inició su desmembramiento: Nueva Granada (1717 y 1739) y el Río de la Plata (1776) fueron erigidos en Virreinatos; Chile (1778) en Capitanía General.

Su área jurisdiccional quedó limitada, por consiguiente, durante los últimos años de la dominación española, al territorio del Perú actual.

No obstante ello, tenía dos Audiencias: una en Lima (1542) ; la otra en el Cuzco (1787).

La capital del Virreinato era la ciudad de Lima, fundada por Francisco Pizarro, con el nombre de Ciudad de Los Reyes el 8 de enero de 1535, a orillas del río Rimac, cuyo nombre, transformado en Lima, sirvió para designarla.

En 1778 el Virreinato quedó dividido en ocho intendencias y dos provincias.

Gobierno de los Virreyes. Opulencia de Lima. — Cuarenta y dos virreyes actuaron en el Perú desde la creación del Virreinato hasta su extinción definitiva en 1824, como consecuencia de la batalla de Ayacucho que consolidó la independencia’ sudamericana.

Entre ellos hubo algunos gobernantes dignos de ser destacados.

En el siglo XVI, don Francisco de Toledo (1569-81) ejerció el gobierno durante doce años, mejoró la condición de los indios, organizó la administración, sancionó las Ordenanzas a las cuales debía ajustarse el funcionamiento de los Cabildos, aprisionó al primer Tupac Amarú, destruyó su corte de Vilcabamba y lo hizo morir en el patíbulo so pretexto de que intentaba un levantamiento. Toledo fue el verdadero organizador del Perú colonial.

En el siglo XVII el marqués de Montesclaros, D. Juan de Mendoza y Luna (1607 – 15) fue uno de los virreyes que se consagraron con mayor ahinco al progreso de la colonia y dejó en ella un recuerdo perdurable de su actuación: impulsó el comercio, protegió a los artesanos, realizó obras públicas y dedicó su atención a los indios, especialmente a los yanaconas a quienes liberó de la servidumbre.

Su sucesor el príncipe de Esquiladle (1615 -21) reveló análoga preocupación.

En el siglo XVIII, don José Antonio Manso de Velasco (1745-61) se mantuvo durante 16 años al frente del gobierno y tuvo oportunidad de revelar la entereza de su carácter con motivo del terremoto de 1746 que destruyó la ciudad de Lima: de 12.204 casas que tenía, solamente 25 quedaron en pie.

El Virrey hizo reconstruir la ciudad; fue, pues, su segundo fundador. Don Agustín de Jáuregui (1780 – 84) debió sofocar la sublevación del segundo Tupac Amarú.

Bajo el gobierno de su sucesor don Teodoro de Croix (1784 – 90) se dividió el territorio en Intendencias, se creó la Audiencia del Cuzco, se mejoró el puerto del Callao, progresaron las condiciones higiénicas de Lima, etc.

Veintiséis de los virreyes peruanos ostentaban títulos de nobleza o los recibieron posteriormente.

Trece marqueses, diez condes, dos príncipes y un duque, que figuran entre ellos, revelan la importancia del Virreinato y contribuyeron a dar un marcado carácter aristocrático a la sociedad peruana, que apreció la importancia social de los títulos nobiliarios y convirtió a la ciudad de Lima en el «centro político social de la América del Sur».

Allí residían las altas autoridades coloniales: el Virrey, la Real Audiencia, el Arzobispado, de quien dependían cinco Obispos, la Inquisición, el Consulado, etc.

Una aparatosa corte virreinal, formada por funcionarios, comerciantes y familias pudientes, remedaba con su boato y fastuosidad la vida palaciega de Madrid.

Lima contaba con buenas viviendas, palacios lujosos y magníficos templos.

La edificación era monumental. Lo mismo ocurría en el Cuzco, la capital tradicional del Tahuantinsuyu, que allí ofrece la particularidad de que muchos templos y viviendas, fueron levantados sobre murallas de construcción indígena, de tal manera que puede diferenciarse el Cuzco colonial, de adobe y tejas, del Cuzco incásico de piedra.

Dos civilizaciones y dos épocas, aparecen superpuestas en esta ciudad, que el 25º Congreso de Americanistas reunido hace algunos años en Montevideo, declaró la capital arqueológica de América del Sur.

La cultura. — Las Universidades de Lima (1551) y Cuzco (1692) eran los centros más importantes de la cultura peruana.

Pero en cierto momento de su existencia, el Perú llegó a tener también dentro de sus límites las de Bogotá, Córdoba, Charcas y Santiago de Chile.

La imprenta comenzó a’ funcionar en el siglo XVI (1584) y durante la primera mitad del siglo XVIII apareció el primer periódico (La Gaceta de Lima, en 1744) ; en las postrimerías del mismo se publicaron el Diario erudito, económico y comercial de Lima (1790) y meses después el Mercurio peruano de historia, literatura y noticias públicas (1791).

En materia artística el Perú acusa notables progresos en arquitectura, pero los estilos europeos de la época sintieron los efectos de las influencias locales con más intensidad que en México, donde conservaron una mayor pureza.

Dentro del territorio peruano, la influencia indígena se manifestó con más intensidad en la región serrana y en el altiplano, que en el resto del país.

La escultura fue el arte que menos importancia tuvo en el Perú: no contó, en efecto, con el apoyo de la tradición indígena, pues el pueblo incásico no alcanzó los progresos de la escultura y de la cerámica preincaica.

En cambio, la pintura tuvo manifestaciones importantes, sobre todo en el Cuzco, donde hubo uno de los centros artísticos más importantes de América, que llegó a proveer de esculturas, pinturas y orfebrería a todas las iglesias del Virreinato.

Allí funcionó en efecto, desde el siglo XVII una Escuela de Bellas Artes.

La pintura cuzqueña rivalizó con la quiteña de la época en el género religioso y en el retrato. La orfebrería floreció también en el Perú, principalmente en el Cuzco, lo mismo que la talla en madera que realizó notables progresos.

El comercio. — Antes de que comenzara el desmembramiento del Virreinato, el Perú contaba Con uno de los puertos de destino de las flotas.

Portobelo quedaba, en efecto, dentro de su jurisdicción y apenas llegaban a Cartagena las naves que la componían, se pasaba la correspondiente comunicación a las autoridades de Panamá que, a su vez, despachaban un navio de aviso al Virrey del Perú.

En esta forma, los comerciantes peruanos se informaban de la llegada de la Flota de Tierra Firme y enviaban a Panamá la Armada del Mar del Sur, que conducía la plata y mercaderías coloniales y a la cual se agregaba en el puerto de Payta, el navio del oro que conducían metal procedente de la presidencia de Quito.

De Panamá las mercaderías pasaban por tierra a Portobelo.

El Perú era, pues, el principal centro comercial de América del Sur y sus comerciantes proveían al Alto Perú, Chile, El Tucumán, Paraguay y Río de la Plata.

De aquí el interés que tenían de evitar la competencia del Puerto de Buenos Aires y las medidas adoptadas desde el siglo XVII y a su requerimiento para evitar el contrabando o reducir sus efectos: la fundación de la Aduana Seca de Córdoba (1622) y de la primera Audiencia porteña (1661-71).

Por igual motivo combatieron en el siglo siguiente, aunque sin resultado, la creación definitiva del Virreinato del Río de la Plata.

El comercio peruano creó también vinculaciones con otras colonias: el puerto del Callao mantenía, al igual de los de Panamá y Guayaquil, relaciones comerciales con el de Acapulco, convertido en centro del comercio americano con Asia que se realizaba por intermedio de la Urca de Manila o Nao de la China.

El Reglamento del Comercio Libre habilitó los puertos peruanos de Arica y Callao, y posteriormente lo fue el de Trujillo.

Las producciones. — Desde los principios de la conquista, la principal riqueza peruana fueron los metales preciosos.

Las minas de plata de Potosí, descubiertas en 1544 eran de una riqueza extraordinaria pero la forma deficiente como fueron explotadas redujo su producción en el siglo XVIII.

Para su obtención se empleaba el azogue, procedente de las minas de Huancavélica, y que fue declarado monopolio de la Corona, en tanto que la explotación de la plata’ era una empresa particular.

El laboreo de las minas de Potosí se realizaba por medio de la mita en la cual participaban, como ya hemos visto, ciento treinta y nueve pueblos indígenas.

La Villa Imperial de Potosí, fundada en 1545, era una de las ciudades más suntuosas del Perú, hasta la creación del Virreinato,del Río de la Plata: contaba con 30 templos, 10 conventos, numerosas casas particulares, algunas de ellas verdaderos palacios, y edificios públicos de importancia, tales como el Cabildo y la famosa Casa de Moneda.

Pero el Perú producía también otras riquezas: la quina, cuyas virtudes medicinales la hacían indispensable para combatir las fiebres; el algodón, cáñamo, lino, lanas, cacao, etc.

La industria era un tanto rudimentaria, pero se fabricaban paños
y telas de algodón y arreos de cuero en el Cuzco; vidrio en lea; cueros estampados y dorados en Huamanga. Se fabricaba también azúcar, aguardientes, etc.

En suma, el Perú fue la colonia más rica de la América del Sur y, como consecuencia, la más culta. Era también el centro del poderío español.

Por eso el General San Martín entendió que mientras el Perú no fuese dominado, peligraba la independencia argentina y se decidió a tentar la empresa que el éxito coronó ampliamente.

Fuente Consultada:
Curso de Historia Colonial Americana Editorial Estrada – J.M. Saenz Valiente

CAUSAS DE LA CREACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA BORBONES

CAUSAS DE LA CREACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

CAUSAS DE LA FORMACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA (puedes ampliar este tema)

Las causas de su creación fueron:

a) El peligro lusitano derivado de las cuestiones originadas por la posesión de la Colonia del Sacramento y la conveniencia de tener en estas regiones una autoridad fuerte que pudiese terminar con la amenaza portuguesa.

b) La necesidad de establecer una Audiencia separada de la de Charcas, pues las grandes distancias dificultaban y dilataban los asuntos en trámite. Por otra parte Cuyo, que dependía de la Audiencia de Chile, estaba incomunicada con ésta durante el invierno, debido a las nieves. Tomás Álvarez de Acevedo, fiscal de la Audiencia de Charcas, en 1771 elevó un informe destacando la necesidad de crear un nuevo virreinato.

c) El peligro de que expediciones inglesas y francesas ocupasen las 1771 elevó un informe destacando la necesidad de crear un nuevo costas patagónicas y las Malvinas.

d) El aumento de la población blanca y negra que se dedicaba a la agricultura y ganadería, a las industrias y al contrabando determinaron la necesidad de reorganizar la administración.

Virreinato provisional — A fines de agosto de 1776 salió de España Don Pedro de Cevallos. Venían al Río de la Plata con la misión de afianzar el poder español en detrimento de los portugueses; primero se le concedió el título de jefe de la expedición y dos días después se le confirió el mando de las Provincias del Río de la Plata y de los territorios que comprendía la Audiencia de Charcas, como virrey, gobernador y capitán general. En la resolución se especificaba que terminada la expedición y conseguido el objeto que se proponía, dejara el mando militar y político en la forma que lo había hallado y regresara a España.

El virreinato era, pues, una organización provisoria. La Real Cédula de creación del Virreinato fue fechada y firmada el 1º de agosto de 1776; éste comprendía las provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra. Charcas y los corregimientos, pueblos y territorios que dependían de esta Audiencia además de la región de Cuyo.

En 1777 murió el rey José 1 de Portugal y quedó al frente del gobierno su esposa María Victoria, hermana de Carlos III de España. Inmediatamente se inició una política de acercamiento entre España y Portugal con el consiguiente cese de hostilidades en América.

Firmada la paz entre España y Portugal, Cevallos tomó posesión efectiva del cargo de virrey en octubre de 1777 y gobernó hasta 1778 cuando le sucedió en el gobierno Juan José de Vértiz. Esto significaba que el virreinato quedaba establecido definitivamente, pues se nombraba virrey pese a que ya no existía el peligro lusitano, causa de la creación provisoria del virreinato del Río de la Plata.

mapa virreinatos en america

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

El virreinato del Rio de la Plata y sus virreyes Fundacion de Ciudades

El virreinato del Río de la Plata y sus virreyes

Durante largos años, los productos venidos de España llegaban al nuevo mundo por el Atlántico, se concentraban en Panamá, y tras cruzar el istmo, iban por el Pacífico hasta Perú. De Lima partían después las lentas caravanas de mulas que transportaban las mercaderías hasta las restantes ciudades del virreinato, a lo largo de un viaje de millares de kilómetros, cuya meta final era la ciudad de Buenos Aires.

Estas circunstancias explican la modestia de las ciudades cercanas al Plata, que debían esperar durante largos meses la llegada de las mercaderías esenciales para su actividad comercial.

La situación de Lima, en cambio, era mucho más favorable, no sólo por su proximidad al Pacífico, sino por su condición de ciudad capital del virreinato.

Avanzado ya el siglo XVIII, se hizo evidente la necesidad instalar un nuevo virreinato que atrajese la actividad mercantil hacia las poblaciones más cercanas al Atlántico y que, además, afianzara la autoridad española en la zona del Plata, constantemente amenazada por las incursiones de los portugueses.

Largos años habían pasado desde la llegada del primer adelantado, don Pedro de Mendoza. Para ocupar el cargo fue designado, al correr del tiempo, segundo adelantado del Río de la Plata, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien llegó a Brasil en 1540 y se trasladó por tierra con sus hombres hasta la Asunción del Paraguay.

Alvar Núñez descubrió las cataratas del Iguazú, y admiró esa caída del río, que forma uno de los saltos de agua más portentosos del mundo. En marzo de 1542 Alvar Núñez llegó a Asunción del Paraguay y se hizo cargo del territorio. No fue feliz su tarea de gobernante. Dos años después de su llegada fue destituido, encarcelado por los vecinos de Asunción, y desterrado a España.

El tercer adelantado del Río de la Plata fue don Juan de Sanabria, quien falleció en España antes de ocupar su cargo; su hijo Diego, designado para reemplazarlo, marchó hacia el Perú en lugar de dirigirse a la Asunción; Irala tomó entonces el mando, hasta 1556, fecha de su muerte. Tras un largo intervalo, el quinto adelantado, Juan Ortiz de Zárate, llegó a la Asunción, luego de un viaje penosísimo. Permaneció en el cargo hasta su muerte, ocurrida en 1576.

Juan de Garay -sin duda la figura señera de este período-, tomó el gobierno. Asesinado por los indios en 1583, el mando de la Asunción pasó a manos del sexto y ultimo adelantado del Río de la Plata, Juan Torres de Vera y Aragón, yerno de su antecesor Ortiz de Zárate. El adelantado fundó en 1588 la ciudad de Corrientes, y marchó después a España, donde renunció a su cargo.

A los adelantados sucedieron los gobernadores, que actuaron entre 1591 y 1776. El primer gobernador del Río de la Plata, asunceño de origen, fue Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, quien desempeñó el cargo durante varios-períodos. En 1617 el rey de España dividió la vasta región del Plata en dos gobernaciones: la del Paraguay, con capital en Asunción, y la del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires. Se destacaron como gobernadores de Buenos Aires, entre otros, José de Garro, que desalojó a los portugueses de la Banda Oriental; Bruno Mauricio de Zavala, que fundó en el año 1724 la ciudad de Montevideo; Pedro de Cevallos y Juan José de Vértiz y Salcedo a quienes correspondería actuar después como virreyes.

mapa virreinatos español en america

Corrientes Fundadoras

Durante la época de los adelantados y de los gobernadores se fundó la mayor parte de las ciudades capitales de nuestro país. Las corrientes fundadoras fueron tres:

Corriente del este: Integrada por los hombres que, venidos directamente del viejo mundo por el camino del Atlántico, fundaron las ciudades cercanas al Plata y sus principales afluentes:

Santa Fe, fundada por Juan de Garay en 1573.

Buenos Aires, fundada por Juan de Garay en 1580.

Corrientes, fundada por Juan Torres de Vera y Aragón en 1588.

Corriente del norte: Integrada por los hombres, que procedentes del Perú, fundaron las ciudades del centro y del norte del país Santiago del Estero, fundada por Francisco de Aguirre en 1553.

San Miguel de Tucumán, fundada por Diego de Villarroel en 1565.

Córdoba, fundada por Jerónimo Luis de Cabrera en 1573.

Salta, funda por Hernando de Lerma en 1582. La Rioja, fundada por Juan Ramírez de Velasco en 1591.

San Salvador de Jujuy, fundada por Francisco Argañaraz en 1593.

Catamarca, fundada por Fernando de Mendoza y Mate de Luna en 1683.

Corrientes del oeste: Integrada por los hombres que, procedentes de Chile, funda. ron las ciudades de Cuyo, al oeste de nuestro país.

Mendoza, fundada por Pedro del Castillo en 1561.

San Juan, fundada por Juan Jufré en 1562. San Luis, fundada por Luis Jofré de Loaisa en 1594.

Por Real Cédula del 6 de agosto de 1776, se creó provisionalmente el Virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires y, en 1782, su extenso territorio se dividió en ocho intendencias: Buenos Aires, Córdoba, Salta, Paraguay, Potosí, Charcas, Cochabamba y La Paz. El virreinato comprendía, además, varias zonas militarizadas situadas en los límites con el Brasil: las provincias de Moxos, Chiquitas y Misiones, y la Banda Oriental.

LOS VIRREYES PROGRESISTAS: CEVALLOS Y VERTIZ: Once fueron en total los virreyes del Río de la Plata, sistema de gobierno que se prolongó durante treinta y cuatro años. Entre todos ellos, han de señalarse por su acción progresista, Pedro de Cevallos y Juan José de Vértiz y Salcedo. Cevallos que gobernó dos años, logró la definitiva expulsión, de los portugueses de la Banda Oriental, asegurando así el dominio español en ambas márgenes del Plata.

Vértiz, su sucesor, desempeñó el cargo durante seis años, en cuyo transcurso completó muchas de las obras iniciadas por él mismo cuando fue gobernador. Se ocupó activamente de todo cuanto se relacionara con el bienestar y con el progreso de la colonia.

En 1779 fundó la Casa de Expósitos, para hogar y asilo de los niños desamparados. En 1780 adquirió la impresora y tipos que había funcionado en el Colegio Montserrat de Córdoba y la hizo trasladar a Buenos Aires, que tuvo así su primera imprenta, instalada en la Casa de Expósitas. A partir de 1780 dispuso que hubiera alumbrado público las calles, lo que le valió entre el pueblo el apodo de Virrey de las luminarias. En 1783 creó el Real Colegio de San Carlos, primer  instituto de enseñanza superior que hubo en Buenos Aires. Fue, además, un propulsor sincero de cuanta actividad cultural se insinuase en la colonia; por esta razón, anticipándose a su época y superando recelos y prejuicios, amparó el teatro.

Choque Cultural Españoles y Aborigenes en la Sociedad Colonial

 Choque Cultural Españoles y Aborígenes en la Sociedad Colonial

Luego de la conquista, los españoles intentaron establecer una nueva sociedad en América, pero su organización les presentó una serie de dilemas. El más importante era qué hacer con los habitantes originarios de las tierras conquistadas, a quienes llamaron indios. Este dilema tenía su origen en la discusión acerca de la naturaleza de los indios: si eran humanos o no. Luego de una larga y acalorada polémica entre sabios españoles, entre quienes se destacó Bartolomé de las Casas, se llegó a la conclusión de que los indígenas eran humanos.

Por lo tanto, serían considerados legalmente como personas. Sin embargo, como se los equiparaba con los menores de edad, debían ser tutelados por los adultos (en este caso, los españoles).

Además, desde un primer momento, los reyes de España intentaron separar a los indios de los españoles, legal y físicamente. Las dos “repúblicas” o comunidades —la de los españoles y la de los indígenas— tenían existencia legal como entidades separadas entre sí. Esta separación nunca fue efectiva y, desde un comienzo, ambas comunidades se relacionaron e, incluso, se mezclaron.

Para los indígenas americanos, la conquista significó un verdadero trauma. Eran los vencidos en un choque violento que se desarrolló en varios frentes. Tanto su existencia física como social y cultural estaba amenazada por la sola presencia de los españoles. Con respecto a la existencia física, los españoles habían traído de Europa enfermedades totalmente desconocidas en América, a causa del aislamiento de este continente.

La gripe, el sarampión y las paperas eran inofensivas para los españoles. pero resultaron trágicas para los indígenas. Este “choque biológico” causó, en toda América, un drástico descenso de la población indígena a lo largo de los siglos XVI y XVII.

El descenso demográfico fue mayor en algunas zonas que en otras, de acuerdo a la intensidad del contacto entre indígenas y españoles. En Nueva España, la zona más poblada del continente, la población indígena pasó de unos veinte millones en 1519 a poco más de un millón alrededor de 1610.

Además de este choque biológico, los indígenas tuvieron que enfrentarse con las demandas de los vencedores. Cuando los españoles fundaban una ciudad, repartían los indígenas entre sus hombres como recompensa por su participación en la empresa de conquista y poblamiento.

Este reparto se llamaba encomienda. De acuerdo con la ley española, los encomenderos recibían los tributos de los indios a su cargo y, a su vez, el encomendero debía darles protección y enseñanza en la fe católica. Cada indio adulto debía pagar el tributo en bienes, en trabajo o en moneda.

Este sistema dio lugar a múltiples abusos por parte de los encomenderos. Además del pago del tributo, los indígenas debían trabajar para los españoles en forma rotativa en diferentes actividades, no sólo en la minería sino también en el mantenimiento de caminos, construcciones públicas y limpieza de canales.

Las presiones impuestas por los españoles causaron efectos muy diversos sobre los indígenas. Algunos cayeron en el agotamiento, la desesperación y el desaliento que los llevaron a la muerte. Esto ocurrió, por ejemplo, en Santo Domingo, donde los indígenas se extinguieron ya en el siglo XVI, agotados por el sobretrabajo exigido por los españoles. Otros huyeron de sus lugares de residencia, para alejarse del encomendero y del tributo.

En estos casos se produjeron grandes migraciones indígenas tanto en Nueva España como en los Andes. Los que se quedaron en sus lugares de origen lograron un acuerdo con el encomendero: podían producir alimentos y venderlos en los mercados de las ciudades, para conseguir dinero y pagar el tributo.

También podían recurrir a la justicia española para proteger sus tierras y bienes en caso de tener que enfrentar los abusos de un encomendero. Así lo hicieron los indígenas de toda América, sobre todo los de Nueva España y Perú. Como último recurso frente a las imposiciones españolas, los indígenas se rebelaron, como ocurrió en varias ocasiones durante los siglos XVI, XVII y XVIII.

El choque entre los indígenas y los españoles también fue social y cultural. La pérdida de la autonomía de las sociedades indígenas significó un trauma para ellos, sobre todo para los jefes indígenas, que fueron perdiendo su poder. Las creencias indígenas fueron duramente atacadas por los españoles, quienes buscaban lograr, como misión civilizadora, la incorporación de esos infieles a la religión católica. El proceso de evangelización que comenzó con la conquista ocasionó la “muerte” de los dioses indígenas. Esto no implicó la absoluta e inmediata aceptación del catolicismo por los indígenas, sino que fue un proceso gradual y nunca del todo concluido.

En el otro extremo de la sociedad se encontraban los vencedores, los españoles. La sociedad española en América no era uniforme. Si bien todos eran blancos, y esto los diferenciaba muchísimo del resto, existían profundas diferencias entre ellos. Principalmente, por su lugar de nacimiento: España (peninsulares) o América (criollos).

También por la fortuna. En el siglo XVI, los encomenderos se encontraban en la cúspide de la sociedad. Estos, además de beneficiarse con el trabajo de los indios, fueron controlando cada vez más tierras. La encomienda fue declinando su importancia a fines del siglo XVI y los dueños de la tierras —los hacendados— tomaron el lugar de los encomederos como grupo más poderoso económicamente. Religiosos, comerciantes y altos funcionarios estaban un poco más abajo en la escala social.

Estos cuatro grupos —hacendados, religiosos, comerciantes y altos funcionarios— eran la “gente sana” de la población y la capa más alta de la sociedad, suficientemente integrada mediante matrimonios y parentescos.

Más abajo en la pirámide social, había una masa mucho más mezclada, tanto en las ciudades como en el campo. Esta capa era una mezcla de colores y sangres, fruto de los encuentros sexuales de las diferentes razas. Era el mundo del mestizaje: artesanos, trabajadores, sirvientes, peones.

Por debajo de ellos estaban los negros, traídos de África en contra de su voluntad: eran esclavos domésticos de las familias blancas ricas de las ciudades o eran esclavos rurales de las haciendas y plantaciones, sobre todo, del Caribe y del Brasil.

La religión y la Iglesia lo abarcaban todo: estaban presentes en todos los eventos importantes, en las festividades y en la vida cotidiana de las personas, desde el nacimiento hasta la muerte.

GRUPOS RACIALES:
a) Blanco + Negro: Mulato
b) Blanco + Indio: Mestizo
c) Negro + Indio: Zambo

Había otras subcastas producto entre zambos, mestizos y mulatos

LA SOCIEDAD COLONIAL

Los blancos eran la clase privilegiada, «gente decente». Pero sólo los españoles tenían todos los derechos.
Los Indios no tenían ningún derecho y se los despreciaba. No podían tener empleos ni andar a caballo. Intercambiaban sus productos en las pulperías.
A los criollos les estaba prohibido hacer política. Como máximo podían ser empleados de tienda por supuesto, los que podían Iban a las universidades).
En el Río de la Plata los negros eran, en su mayoría esclavos. Algunos compraban su llbertad al amo: se los llamaba libertos. Vendían productos por su cuenta o de los patrones. También trabajaban en las chacras y el campo. Los negritos llevaban almohadones para que sus amas se sentaran en la iglesia.
La sociedad colonial estaba dirigida por los blancos. Los españoles se consideraban a si mismos como los más Inteligentes.
Pensaban que los criollos no tenían mucha capacidad, Los mestizos y mulatos se desempeñaban como sirvientes.
También se dedicaban al comercio ambulante.
Había una enorme cantidad de vendedores ambulantes. Ofrecían: escobas, pasteles, pescado, fruta, agua, carne, sogas yartículos de contrabando.
Además de recorrer las calles con su mercancías y pregones se establecían por las mañanas en la Recova de la Plaza Mayor.
En las afueras de la ciudad estaban las pulperías, almacenes de campo donde la gente también Jugaba a las cartas y bebía aguardiente.

Contaba Mariquita Sánchez de Thompson: Había mucha escasez de muebles, que eran muy ordinarios. Es cierto que había mucha plata labrada, pero ésta era Indispensable. La loza era muy cara y muy escasa: de modo que era una economía tener una docena de platos, unas fuentes y lo demás no con gran profusión. No se mudaba cubierto a cada plato y algunas veces comían dos cosas en el mismo plato. Y para beber agua había un jarro de plata que circulaba en la mesa. Los más pobres tenían peltre en lugar de plata. La gente del campo vivía en la mayor miseria, los salarios no les permitían vestirse. Andaban con un poncho, un sombrero bajito y un pañuelo para atarse la cabeza. En casa de Mariquita Sánchez de Thompson se entonó por primera vez el Himno Nacional. En época de Sarmiento fue directora general de escuelas. Escribió amenos relatos sobre su tiempo.

Tertulia Colonial:La tertulia era una reunión que tenía lugar todas las noches. A las casas se entraba sin llamar. Durante la velada se tocaba música, bailaban, charlaban y comían. Duraba hasta pasadas las doce de la noche. Los hombres iban a las tertulias vecinas. Así todos se conocían.

Cena Colonial en el Virreinato:Las clases altas, también llamadas «gente decente» almorzaban a las catorce horas. El menú diarlo era de 20 platos: Sopa de pan, vermicheli, varios guisos, puchero, ternera asada, ensaladas. Al terminar una esclava negra rezaba y la familia se persignaba. Después venían los postres que eran exclusivamente frutas. Sólo tomaban agua, luego del postre, otra esclava pasaba un recipiente donde todos se lavaban las manos. Posteriormente se retiraban a dormir la siesta.

Fuente Consultada:
Historia Argentina (Secundaria) Santillana –
Pensar La Historia 8º Año Esc. Media

Corregidores Capitanes General Instituciones Españolas de America

Corregidores y Capitanes General
Las Instituciones Españolas de América

INSTITUCIONES DE GOBIERNO LOCALES QUE FUERON CREADAS EN ESPAÑA PARA GOBERNAR EN AMERICA

Cuando se descubrió América ante la necesidad de gobernar a los habitantes del Nuevo Mundo, se trasplantaron las leyes e instituciones de Castilla, porque la corona no nos consideró colonias sino parte integrante de la monarquía, pero debió adaptarlas a las necesidades y características De estas tierras. Las principales autoridades locales fueron:

Capitanes generales — Gobernaban territorios más reducidos que los virreinatos, pero con las mismas atribuciones que los virreyes. También se designaba capitán general al jefe militar superior de un virreinato. En ese carácter, el virrey o gobernador era capitán general y estaba secundado por una junta y un auditor de guerra. Se ocupaban de fortificar el territorio, reclutar tropas, proveer de armas, víveres y municiones. De ellos dependían los almirantes de las flotas que estaban en aguas de su jurisdicción.

Presidentes — Eran los gobernadores que al mismo tiempo se desempeñaban  como presidentes de las Audiencias.
Alcaldes mayores y corregidores Estas magistraturas se implantaron en España en el siglo XIV y posteriormente fueron trasladadas a América. Se nombraban a estos funcionarios para “corregir abusos”, “Castigar delitos”. Su jurisdicción se extendía sobre una ciudad y su distrito, y en algunos lugares se los llamaba alcaldes mayores. Cuando estos funcionarios se desempeñaban en una provincia dilatada recibían el titulo de gobernadores.

Los corregidores tenían obligación de visitar su jurisdicción una vez al año. Se nombraron corregidores especiales para los pueblos de indios;, su finalidad debía ser amparar a los indígenas contra los abusos de los españoles, pero muchas veces fueron ellos mismos los que trataron de enriquecerse mediante la cobranza de tributos. Estaban sujetos al juicio de residencia.

Juicio de residencia — Estaban sometidos a él los virreyes, capitanes. generales, oidores, presidentes de las audiencias, corregidores y alcaldes mayores, alcaldes ordinarios, visitadores de indios, ministros y oficiales  de la Real Hacienda; en general podemos decir que todos aquellos que desempeñaban funciones ejecutivas eran residenciados al terminar su gobierno.

Con ese objeto el Consejo de Indias enviaba un juez que fijaba su residencia en el lugar donde había actuado el funcionario residenciado. Publicaba un bando fijando la duración del proceso. Las denuncias o declaraciones se mantenían en secreto, para no exponer a los testigos a represalias. Los juicios a los virreyes debían terminarse en el plazo de seis meses y en ellos prestaban declaración los habitantes del lugar.

Se eximía de él a los funcionarios que hubieran revelado durante su gobierno condiciones de capacidad y de moral, como ocurrió con el Río de la Plata con Cevallos y Vértiz, otorgándose esto como un premio.

Todas las actuaciones reunidas se enviaban al Consejo de Indias que fallaba. Las penas consistían en multas, inhabilitación o confinamiento.

No debe confundirse el juicio político, que se entablaba contra los que hubiesen cometido falta, con el de residencia, al que se sometían todos los funcionarios y del que generalmente resultaban absueltos.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

El Virrey Santiago de Liniers en el Rio de la Plata

El Virrey Santiago de Liniers en el Río de la Plata

El virrey Santiago de Liniers en el Rio de la PlataVIRREINATO DE LINIERS:

La caída de Sobremonte, ocurrida después de la Junta de Guerra del 10 de febrero de 1807, hizo recaer en Liniers el mando militar de todo el Virreinato, conservando la Audiencia el poder político. Por entonces se designó en España, en reemplazo de Sobremonte, a Pascual Ruiz Huidobro.

La prisión de éste (al ser capturada Montevideo por Auchmuty) hizo que se depositara el mando en Liniers, siendo este último confirmado como virrey interino por las autoridades metropolitanas el 3 de diciembre de 1807.

El marino francés pareció, de este modo, alcanzar la cumbre de su carrera política, pero en verdad también iniciaba el camino hacia su trágico fin. Pese a su indudable popularidad entre los criollos, Liniers guardaba, por encima de todo, lealtad a la Corona hispana.

Sin embargo, los peninsulares residentes en Buenos Aires no confiaban en él: a causa de su origen francés, la agresión napoleónica de 1808 hizo aparecer como dudosas sus actitudes. Las vacilaciones del gobernante afirmaron esta inquietud y el virreinato de Liniers se caracterizó por su inestabilidad.

Luego de las Invasiones Inglesas, Liniers se convirtió en una de las figuras políticas más gravitantes gracias al prestigio militar ganado en las batallas contra Beresford y Whitelocke. Tenía a su favor una gran adhesión popular y desde mediados de 1807 se desempeñó como virrey interino.

Hacia él se acercaron tanto los criollos más radicales como los españoles conservadores, sabedores de que este francés, monárquico convencido, profesaba una inquebrantable lealtad hacia la Corona. Entre los grupos antagónicos empezaron a gestarse una serie de sordas pujas políticas, insertadas dentro de un marco internacional cada vez más complicado y cambiante.

El fracaso de las dos invasiones convenció al gobierno británico de cambiar de estrategia: en lugar de intentar apoderarse de las colonias sudamericanas se dedicó a favorecer su independencia y luego dominarlo económicamente con su poderío industrial.

MISIÓN SASSENAY: El marqués de Sassenay arribó en agosto de 1808 al Plata, comisionado por el emperador francés para lograr el reconocimiento de José I como rey de España. Liniers no aceptó esta tratativa y despachó al enviado de regreso. Sin embargo, su actitud no reforzó su posición ante los españoles.

MOVIMIENTO JUNTISTA. INTRIGAS LUSITANAS. 

Las vacilaciones del virrey para proclamar la jura de Fernando VII (provocadas por las contradictorias noticias llegadas de la península) motivaron que Montevideo se separara de su mando, integrándose allí una Junta, al estilo de las que funcionaban en España, encabezada por Francisco Javier de Elío.

El arribo a Río de Janeiro de la corte portuguesa, traslado efectuado bajo la protección de la escuadra inglesa, y sus tentativas de extender su dominio al Plata, fue un nuevo factor de inquietud. La princesa Carlota Joaquina (hija de Carlos IV). esposa del regente portugués Juan VI, aspiraba a ser reconocida como soberana en el virreinato de Buenos Aires .

1ro. DE ENERO DE 1809. El movimiento juntista tuvo su eco en Buenos Aires. El 1ro. de enero de 1809 se produjo un intento de motín, apoyado por el Cabildo y las tropas de origen hispano, cuya meta era reemplazar a Liniers por una Junta similar a las surgidas en España.

Algunos partidarios de la emancipación, entre ellos Mariano Moreno, adhirieron en un primer instante al movimiento, viendo en él la posibilidad de un paso hacia la independencia. El carácter realista de la intentona hizo que Moreno se apartara de ella una vez iniciada.

Las milicias porteñas permanecieron fieles a la autoridad legal (Liniers); por ello el golpe fue desbaratado. Martín de Álzaga, jefe de la asonada, y varios de sus partidarios, fueron desterrados a Patagones. De allí los rescató Elio. 

Tal era el confuso panorama político que presentaban estas regiones. en momentos en que la Junta Central de Sevilla designó el 11 de febrero de 1809 nuevo virrey a Baltasar Hidalgo de Cisneros.

SOBRE LAS SOSPECHAS DE LA AUTORIDAD DE LINIERS:
Liniers: el cuestionamiento de la autoridad virreinal (1807-1809)

Don Santiago de Liniers, gobernaba el Río de la Plata en tiempos en que la crisis del Imperio Hispano se profundizó. Su autoridad se debilitó; los grupos de presión, integrados por personas con intereses comunes, se movilizaron para influir en las decisiones de gobierno o producir cambios favorables.

Los comerciantes ligados a los intereses peninsulares, cuestionaron el origen francés del virrey y se opusieron a las medidas que permitían el comercio con los ingleses. Dirigidos por Martín de Alzaga, tuvieron en el Cabildo su principal centro de poder.

Francisco Javier de Elio, gobernador de Montevideo, mediante un cabildo abierto, organizó una Junta de Gobierno independiente de la autoridad virreinal, que gobernó la Banda Oriental.

Los criollos buscaban alternativas para lograr una mayor participación en los asuntos de gobierno, en su mayoría apoyaban al virrey, especialmente Saavedra con el Regimiento de Patricios.

Esta situación se agravó al arribar a Buenos Aires, Claude Bernard, Marqués de Sassenay, enviado de Napoleón con la misión de hacer reconocer a José I. Liniers lo recibió junto con la Audiencia y el Cabildo, rechazó su propuesta, pero no se ordenó su detención. Las sospechas sobre la fidelidad del virrey se acrecentaron y sus enemigos acentuaron la crítica. Buenos Aires juró fidelidad a Fernando VII; Montevideo ya lo había hecho. La crisis de autoridad se profundizó.

Fuente Consultada: La Argentina Una Historia Para Pensar 1776-1996 Rins-Winter.

Historia de la Buenos Aires Poblacion Geografia Origen de la Ciudad

Historia de Buenos Aires – Origen de la Ciudad

Buenos Aires (Argentina): La ciudad de Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires o Capital Federal; es la capital de la República Argentina. Se encuentra localizada en la región centro- este de este país. Más precisamente sobre las orillas del Río de la Plata, en lo que se conoce como llanura pampeana (una de las regiones más productivas e importantes de Argentina).

Esta ciudad posee aproximadamente 3 millones de habitantes, pero además la misma integra un aglomerado urbano mucho mayor denominado Gran Buenos Aires. Este último tiene un total de 13 millones de personas, y es relevante ya que es un centro artístico e intelectual. Este gran aglomerado limita al sur, oeste y norte con la provincia de Buenos Aires.

La ciudad oficialmente esta dividida en 48 barrios, los cuales están íntimamente relacionadas con las antiguas parroquias establecidas en el siglo XIX.

Por su parte, esta Ciudad Autónoma es uno de los 24 distritos en los que se divide el país. A tal efecto posee sus propias poderes (ya sea legislativo, ejecutivo y judicial), y además su propia policía.

Historia: Esta ciudad, fue fundada por Pedro de Mendoza e 1536 y refundada por Juan de Garay en 1580. Esta fue emplazada aquí porque el área presentaba ciertas condiciones muy favorables, tales como la disponibilidad de agua potable y la combinación de un puerto natural con una barranca elevada, libre de inundaciones.

En 1776, con la creación del Virreinato de la Plata, la Ciudad de Buenos Aires fue convertida en capital. Esta elección tuvo dos motivos: el primero es responder al avance portugués hacia el Río de La Pata a través del sur de Brasil y de Uruguay; y por otro, la mayor importancia de la ruta del cabo de Hornos, por el crecimiento de los espacios americanos sobre el Pacífico.

A fines del Siglo XVIII, con la autorización por el Reglamento de Comercio Libre, se inaugura el puerto de Buenos Aires, convirtiéndose además de la capital política, ahora en el puerto principal de toda esta extensión territorial, la cual llegaba hasta el Alto Perú. Todo esto determinó un

rápido crecimiento de la población y la valoración de la ganadería para la exportación de cueros.

En 1880, la ciudad de Buenos Aires es federalizada (es decir, mediante una ley es declarada capital de la Nación, lo que lleva a abandonar su pertenencia a la provincia del mismo nombre). Esto la afianzó como centro económico, político y social del país. A partir de allí alcanzó un gran desarrollo, lo que lo llevó a sobrepasar sus límites políticos, prolongándose hacia los espacios adyacentes. Constitución que se conoce como el Gran Buenos Aires.

Actualmente, la Ciudad de Buenos Aires es un centro multifuncional, porque desarrolla funciones muy diversificadas y también muy complejas (como las financieras, comercial, educativa, cultural, administrativa, política, entre otras.

Geografía: Buenos Aires, es una ciudad costera, localizada al margen del Río de la Plata y el Riachuelo. Se encuentra en América del Sur, a 34º 36’ latitud sur y 58º 26’ longitud oeste.

Casi la totalidad de esta ciudad, se encuentra sobre la zona geológica pampeana. A excepción de sus áreas orientales, que son terrenos emergidos artificialmente y rellenados por las costas del río de La Plata.

Esta ciudad, se ubica en una zona a-sísmica dentro del territorio de Argentina. Sólo pueden percibirse ligeros movimientos en los edificios más altos de la ciudad, cuyo epicentro se desarrollaría en la zona oeste del país.

Además del río de La Plata y del Riachuelo, el suelo de la ciudad se encuentra naturalmente surcado por una serie de arroyos, lagunas y cañadas.

Clima: Esta ciudad presenta un clima muy benigno durante todo el año. Su temperatura media anual es de 18ºC.

Julio es el mes más frío del año, aunque no se presentan heladas. Es un frío moderado durante el día, pero por la noche baja la temperatura considerablemente.

En cambio, el verano es muy húmedo. Las mañanas y los mediodías son muy calurosos, pero por la noche la temperatura desciende levemente.

En cuanto a las precipitaciones, las más copiosos se desarrollan en otoño (de marzo a junio) y en primavera (de septiembre a diciembre). Por lo general, son en forma de lluvias y lloviznas, lo que no dificulta el accionar cotidiano de su población.

Población: Según el último censo realizado en el país (2001), esta ciudad contaba con casi 3 millones de habitantes. De los cuales el 54% corresponden al sexo femenino. La densidad de población aquí es de 13.679, 6 habitantes por kilómetro cuadrado.

A principios de este siglo, estamos ante la presencia de un proceso demográfico denominado “envejecimiento de la población”. Ello corresponde por la escasa fecundidad de la clase media, la emigración al extranjero, y por la sustitución demográfica (es decir, que el 40% de la población residente no es nativa porteña, ni del Gran Buenos Aires). Sino que la población proviene en su mayoría de las provincias del norte argentino o de otros países.

Economía: Esta ciudad es sede central de muchas empresas importantes del país. Su principal sector económico es el terciario, es decir los servicios. Uno de los sectores más dinámicos es el de la construcción y el financiero.

Y además, es considerada como principal centro educativo de Argentina. Algunas de las instituciones más importantes son Colegio Nacional de Buenos Aires y la Universidad de Buenos Aires, más conocida como UBA.

Fuente Consultada:
Geografía, La Argentina y el Mercosur. A.Z editora
http://es.wikipedia.org/wiki/Buenos_Aires
http://es.wikipedia.org/wiki/Geograf%C3%ADa_de_la_Ciudad_de_Buenos_Aires

La Evangelización en Argentina Historia de las Misiones jesuiticas

La Evangelización en Argentina – Misiones Jesuíticas

Población AborigenSociedad ColonialEl VirreinatoTabla de los Adelantados

A principio del siglo XVII los 300 habitantes del núcleo primitivo habían aumentado a 500 y para mediados de siglo los documentos permiten calcular una población de 4000 almas. Este crecimiento obedeció al hecho de que Buenos Aires se fue integrando en la región. De hecho -aunque no de derecho-, fue la puerta de entrada del comercio ilega! que burlaba la ruta monopólica impuesta por la Corona y conectaba a los comerciantes portugueses con los españoles, súbditos ambos de un mismo monarca, por razones circunstanciales de la política europea.

misiones jesuiticas

Estos condicionantes geográficos y económicos modelaron la población porteña dándole un carácter cosmopolita y abierto. Una sociedad con predominio de! grupo blanco criollo por su origen y un porcentaje importante de portugueses dentro del grupo extranjero la caracterizó hasta bien entrado e! siglo XVII.

Mercaderes y transportistas se afincaron en ella y buscaron lazos de pertenencia a través del matrimonio o adquiriendo la condición de vecinos, a la vez que negociaron, no siempre con éxito, el libre ejercicio de su profesión con autoridades más o menos venales en el desempeño de sus funciones administrativas. Desde temprano, para los porteños el prestigio social y el poder estuvieron unidos a la rápida obtención de ganancias por el ejercicio del comercio.

El desarrollo de Potosí como centro minero dinamizó la economía de la región austral y su influencia se irradió en estas playas. Buenos Aires resultó un atractivo puerto de salida para la plata potosina a cambio de mercaderías europeas adquiridas a precios mucho más bajos que las que proveía Lima con el arancelamiento que pautaba la Corona. Esta situación se vio favorecida más aún por la cercanía de los dominios portugueses que le permitió acceder al comercio esclavista sin que España pudiera impedirlo.

La tolerancia de este comercio ilegal era una forma de incorporar el nuevo puerto a la economía colonial y asegurar de este modo su supervivencia, a la vez que se evitaba dejarla abandonada a su suerte o presa de invasiones de otras potencias. Durante la primera década del siglo y por impulso del gobernador Hernandarias se instalaron en Buenos Aires los primeros hornos para la fabricación de ladrillos y tejas, aunque los cambios en las técnicas de edificación fueron muy lentos.

La Plaza Mayor ganó la manzana comprendida entre las actuales Balcarce, Rivadavia, Defensa e Yrigoyen, hasta entonces propiedad de los padres jesuitas, quienes habían construido su primera capilla y algunos ranchos. En razón de que los edificios obstruían el campo de tiro de la fortaleza, el gobernador resolvió demoler las construcciones. En estas circunstancias la orden fue recompensada con un solar en la actual Manzana de las Luces donde finalmente se estableció.

El Cabildo y la Cárcel pasaron al otro lado de la Plaza y comenzó a construirse la iglesia que se consagraría Catedral. La aduana ocupó un espacio cercano a la actual Vuelta de Rocha. Del barro y el adobe se pasó al ladrillo cocido ligado con barro y luego con argamasa.

Las maderas de urunday y pinotea fueron reemplazando a las primitivas estructuras de cañas. Los viajeros que visitaron Buenos Aires coincidieron en sus comentarios  acerca de la sencillez de la edificación. También destacaron la amplitud de las viviendas particulares en torno de amplios patios y a medida que se afirmaba el uso del ladrillo de numerosas habitaciones y dependencias de servicio.

La extensión del terreno daba además para tener huertos con árboles frutales y verduras. No era por cierto el aspecto externo lo que indicaba la posición social de la familia porteña; sí, en cambio, la cercanía al casco urbano, el mobiliario, la calidad de la vajilla y la cantidad de sirvientes. Además de la Plaza Mayor donde se concentraban las actividades comerciales, políticas, sociales y religiosas de los porteños, la zona del Riachuelo convertido en puerto natural generó a su alrededor uno de los primeros arrabales.

Este pequeño río desaguaba en el Río de la Plata más al norte, a la altura de las actuales Humberto I y Cochabamba. Las embarcaciones debían buscar el canal de entrada a la altura de plaza Retiro y bordear la ciudad hacia el sur para descargar las mercaderías y luego fondear en este tramo. Los barcos de gran calado no tenían acceso a este embarcadero natural y debían permanecer alejados hasta casi una legua de la costa.

Durante el siglo XVIII este curso se fue cegando mientras se abría la salida actual. La calle Defensa comunicaba la zona portuaria con la ciudad y su recorrido dio origen a los Altos de San Pedro, hoy San Telmo, donde la población creció al amparo de las actividades comerciales y de abasto que generaba el puerto.

En este arrabal también se habían concentrado varios hornos de ladrillo y tejas junto a modestas viviendas y galpones para almacenamiento de productos de importación y exportación. Desde 1653 se habilitó un servicio de balsas y canoas para el cruce del Riachuelo. Buenos Aires crecía al amparo de las posibilidades que generaba el puerto y definía su función en la cuenca del Plata.

Fuente Consultada:
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San Román

Biografía de Hipolito Bouchard Marino Corsario

Biografía de Hipólito Bouchard

Guerrero de la Independencia. Este bravo marino nació el 15 de enero de 1780 en la localidad de Bormes, cercana a Saint Tropez (Francia) y desde muy joven anduvo embarcado en buques pesqueros y mercantes, iniciándose así en la dura vida del mar. Bouchard llegó a Buenos Aires en el año 1809, y al producirse la Revolución de Mayo, se inclinó decididamente por su causa.

El gobierno patrio debe encarar el problema que representa la falta de poder naval para hacer frente a la escuadra española que domina las aguas del Río de la Plata, y es así que a costa de grandes sacrificios logra conformar una pequeña escuadrilla, integrada por tres naves, que es puesta a las órdenes de Azopardo.

El cargo de segundo comandante de esa fuerza fue asignado a Hipólito Bouchard y el 2 de marzo de 1811 en San Nicolás de los Arroyos tienen su bautismo de fuego, al enfrentar la escuadrilla realista que manda el Capitán de Navio Jacinto de Romarate. A pesar del valor y coraje de los patriotas, estos sufren una derrota a manos de los españoles.

Era hijo de Andrés Bouchard. Prestó servicios en la marina mercante de su patria en sus años juveniles, y decíase que durante el primer Imperio francés había sido segundo capitán de un buque corsario, y se había señalado en muchos combates contra los cruceros ingleses». Se destacó como un ardiente luchador por la independencia argentina, actuó en las campañas libertadoras en el ejército del general José de San Martín.

En 1815, junto a Guillermo Brown, se lanzó a navegar por el océano Pacífico, atacando posesiones españolas; y en 1818 llegó a las costas norteamericanas, donde saqueó y quemó parte de las posesiones españolas establecidas en ese lugar. El gobierno patriota aceptó sus servicios navales, y con fecha 1° de febrero de 1811, lo nombró primer capitán del bergantín de guerra «25 de Mayo», con el cual concurrió al combate de San Nicolás, el 2 de marzo de 1811.

hipolito bouchard

Bouchard en 1815, junto a Guillermo Brown, se lanzó a navegar por el océano Pacífico, atacando posesiones españolas; y en 1818 llegó a las costas norteamericanas, donde saqueó y quemó parte de las posesiones españolas establecidas en ese lugar. En 1831, luego de poner sus barcos al servicio del general José de San Martín, uniéndose a su expedición al Perú, se retiró a una hacienda y fue asesinado.

Su comportamiento en esta emergencia ha merecido la crítica de muchos historiadores: la razón de su comportación en aquella jornada parece estar fundamentada en que Azopardo empecinado como era, había rechazado el plan de Bouchard, que quería a acar a los bergantines varados; los buques independientes quedaron en peligrosa situación en el canal formado por la isla San Pedro y la costa, perciendo la ventaja del ataque.

Las tripulaciones, tentadas por la proximidad de la costa, desertaron, abandonando al atlético Bouchard, que fue impotente para contenerlas. Azopardo tuvo que afrontar solo con su goleta «INVENCIBLE» el peso de la acción, pues también el balandro «AMERICA» que mandaba el francés Hubac, quedó sin tripulación.

El consejo de guerra que, presidido por Saavedra, juzgó el 20 de mayo de 1811 la actitud de ambos comandantes, le restituyó a Bouchard, conjuntamente con Hubac, su empleo «con la declaración de haber desempeñado su deber con valor, celo y actividad, no habiendo dejado sus buques sino en los últimos momentos, en que se vieron enteramente desamparados de su gente y por no caer prisioneros» . El original del proceso seguido a Azopardo y a Bouchard se halla depositado en la Biblioteca Nación.

El 15 de julio de 1811, comandando una lancha cañonera, Bouchard actuó con bizarría durante el bombardeo de Buenos Aires por la escuadra de Montevideo. Con fecha 8 de agosto de 1811, la Junta designaba a aquel, primer Capitán de la zumaca «SANTO DOMINGO». El 19 de este mismo mes volvió la escuadra de Michelena a bombardear esta ciudad, ocupando Bouchard con su buque y el «HIENA» y «NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN» su puesto para combatir, pero los realistas se mantuvieron fuera del alcance de sus cañones.

Pocos meses después llegaba a Buenos Aires el teniente Coronel José de San Martín, que inmediatamente se dedicaba afanosamente a la tarea de organizar el cuerpo de Granaderos a Caballo, que debía después cosechar laureles inmarcesibles en los campos de batalla de América. Bouchard fue aceptado en el mismo, con el empleo de Subteniente, el 24 de abril de 1812 designación que expresa en forma elocuente el concepto que gozaba este insigne marino en aquella época, ya que como es sabido, en el Regimiento de Granaderos a Caballo, no tenían entrada ni posible permanencia, los apocados de ánimo, los irresolutos, o aquellos que tuvieran antecedentes que no fueran sino muy honrosos.

El 4 de junio del mismo año, Bouchard era promovido a Teniente de la 1a. compañía del 1er. escuadrón del famoso cuerpo, y con este grado es que zahumó su uniforme de granadero con el fuego enemigo, en el glorioso combate de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813, donde su actuación fue singularmente distinguida, mereciendo el honor de conquistar la bandera realista, matando a su abanderado.

Bouchard amaba el mar por instinto y así, una vez casado con doña Norberta Merlo, en 1812 fue designado para mandar la corbeta «HALCÓN» adquirida y armada por su pariente político, don Anastacio V. Echevarría, formando parte esta corbeta de la expedición que condujo al Pacífico el insigne comodoro Guillermo Brown.

Cuando este se dio a la vela de Montevideo, el 15 de octubre de 1815, con pocos días de intervalo le siguió Bouchard con la «HALCÓN» y el queche «URIBE», con el carácter de segundo jefe de la expedición. Brown por su parte, comandaba la fragata «HERCULFS» adquirida por donativo nacional. Bouchard, después de una travesía cruenta en la que perdió la «URIBE», se reunió a Brown en la isla de Mocha.

En este punto, el 31 de diciembre de 1815, Brown, que también llevaba bajo sus órdenes el bergantín «TRINIDAD», se destacó con la «HERCULES» a la isla Juan Fernández, con la misión de libertar a los patriotas chilenos encerrados en aquel presidio, continuando al mando de Bouchard el «TRINIDAD» y el «HALCÓN», yendo rumbo al Norte, decidido a atacar las fortalezas del Callao.

Brown después de reconocer la punta de Nazca, lanzado muy al Norte por un temporal que no le permitió llegar a su destino, el 12 de enero capturó la fragata «GOBERNADORA» en el peñón de Las Hormigas, saliendo cerca del Callao y reuniéndose el 14 a Bouchard. A la llegada a este puerto, la flotilla republicana apresó la fragata de la armada española la «CONSECUENCIA», conduciendo a su bordo al brigadier Mendiburu, gobernador de Guayaquil, que cayó en manos de aquellos audaces.

El bloqueo del Callao duró precisamente tres semanas, período de tiempo en el cual se hicieron algunas presas de importancia en los combates sostenidos contra los españoles. Del Callao, Brown y Bouchard se dirigieron a Guayaquil, que atacaron el 8 de febrero, tomando por asalto el fuerte «Punta Piedras», situado en la embocadura del río; y al siguiente día se apoderó Brown del mismo modo del Castillo, más cercano a la ciudad. Brown se había propuesto apoderarse de Guayaquil, para lo cual tenía que remontar la ría, aprovechando la pleamar, pero tuvieron un altercado con Bouchard, el cual no participó en la empresa arriesgadísima, que significó un contraste para el audaz Almirante en su propósito de apoderarse de Guayaquil. Bouchard, por su parte, se separó de su jefe, cediéndole el «HALCÓN» a cambio de la «CONSECUENCIA» y 10.000 pesos que recibió en efectivo.

Bouchard sentía una inquieta emulación hacia Brown, cuya fama era muy superior a la suya, que por supuesto era muy justo fuese así, dadas las condiciones excepcionales de aquel insigne Almirante, como hombre de guerra.

Bouchard era ambicioso y se conceptuaba suficieníemente capaz de afrontar cualquier empresa marítima por arriesgada que fuese, no queriendo compartir con otro ni el peligro, ni la victoria, ni el botín.

El historiador López dice que Bouchard era demasiado decente para ser un pirata, pero en verdad, tenía el espíritu de un corsario perfecto a la moda de su tiempo. «Armado en guerra y pudiendo levantar una bandera legítima, se permitía todos los excesos que la guerra comporta, con un carácter duro y despiadado hasta los límites harto vagos en verdad, que separan el corso del latrocinio. El no buscaba como Brown, el combate por las emociones del combate; ni servía la causa argentina como aquel, por amor a los argentinos, sino con aspiraciones egoístas a la opulencia más que a la gloria y midiendo el esfuerzo de la hazaña por el provecho pecuniario que podía producirle.»

Abandonando a Brown en su empresa frente a las costas ecuatorianas, con su nuevo buque, Bouchard marcha hacia el Cabo de Hornos, penetra en el Atlántico y el 18 de junio de 1816 llega a Buenos Aires, donde el 9 de septiembre del mismo año el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata discierne a Bouchard el grado de Sargento Mayor de marina.

El 18 de noviembre del mismo año se decreta el corso oficial y Bouchard cambia el nombre de su fragata «CONSECUENCIA» por el de la «ARGENTINA», que arma nuevamente su pariente político, el doctor Echevarría, transformando aquel buque en un formidable crucero de 38 cañones y 250 hombres de tripulación, y entre estos se encontraba el aspirante Tomás Espora (toda la artillería que monta la fragata es de ocho y doce, poderoso armamento para un buque de 700 toneladas de porte); y el 27 de junio del año siguiente enarbola en él la bandera de la Patria.

El 9 de julio de 1817 zarpa Bouchard de la ensenada de Barragán, al grito de «¡Viva la Patria!», llevando como segundo a Nataniel Sommers. Marcha con rumbo a Madagascar, en busca de los buques realistas que espera encontrar allí, prometiéndose cazar las naves españolas que seguían el camino para las Filipinas. El 4 de septiembre la «ARGENTINA» recala en Tamatava, puerto principal de Madagascar, a la entrada del Océano Indico, llegando a tiempo para impedir a 4 buques negreros realizar su infame comercio, glorificando así la bandera de la Patria que tremola en el palo mesana de su fragata.

Atraviesa el Océano Indico y llega a las costas occidentales de la India, dirigiéndose de allí al Archipiélago de la Sonda, tocando sucesivamente en java, Macassar, Célebes, Borneo y Mindanao.

En estos mares fue que el atrevido corsario empezó a sentir las primeras dificultades de su traviesa empresa. En Java el escorbuto diezmó su tripulación, fondeando en el mar más de 40 cadáveres; en el estrecho de Macassar se ve repentinamente atacado por Cinco buques piratas, quedando victorioso después de un rudo combate de hora y media, en el cual pierde 7 hombres, pero logra capturar un buque pirata con todos sus tripulantes, escapando los otros cuatro buques. De los capturados, toma los veinte más jóvenes, y los restantes los hunde a cañonazos.

El 31 de enero de 1818 Bouchard establecía vigoroso bloqueo en la isla de Luzón, la más grande del Archipiélago de las Filipinas, base y centro del poder de la metrópoli española, teniendo los realistas una escuadrilla en Manila capital del archipiélago. Hallándose los enemigos, dice el propio Bouchard, con fuerzas muy superiores, yo esperaba un ataque. Vivía con precauciones pero sin temor.  La resolución de los argentinos era decidida por el triunfo o la muerte, a pesar de la poca gente que me había quedado.

Durante los dos meses que duró el bloqueo, la «ARGENTINA» capturó 16 buques mercantes que echó a pique frente a las baterías de Manila. Aborda otros buques más poderosos que el suyo, y captura 400 tripulantes; entre estos, un bergantín español que apresó en el puerto de Santa Cruz (más al N. ) después de un ligero cañoneo, buque que armó más tarde con una pequeña dotación argentina y el resto de los prisioneros, y el cual se perdió poco después.

El 21 de mayo abandonó las costas filipinas para dirigirse a las de China, pero ante las penalidades que le presentó la navegación, desistió y se dirigió a Oceanía, llegando a Hawai, la maoyr de las islas de Sandwich.

Al llegar a este puerto (17 de agosto), Bouchard se enteró de que una corbeta que había en la playa era la «CHACABUCO», cuya tripulación habiéndose sublevado el almirante Brown y después de cometer toda clase de piraterías, se la habían vendido al rey de aquella isla, Kameha-Meha, en el precio de 600 quintales de sándalo y dos pipas de ron. Decidido Bouchard a rescatar la «CHACABUCO», se hizo conducir a presencia del rey y obtuvo de él, a fuerza de largos razonamientos, la entrega de la corbeta y de su tripulación, mediante una módica indemnización.

Firmó, además, con el soberano, un tratado de unión y comercio con las Provincias Unidas del Río de la Plata, cuya independencia reconoció solemnemente. «El capitán Bouchard, dice Mitre, «congratulando al Rey, le regaló una rica espada, sus propias charreteras de «comandante y su sombrero, presentándole a nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata, un despacho de Teniente Coronel con uniforme completo de su clase.

Así, pues, el rey de Sandwich, fue la primera ponencia que reconoció la independencia del pueblo argentino. Este triunfo diplomático del corsario es una de las singularidades del memorable crucero de la «ARGENTINA» en que su comandante en el espacio de dos años desempeñó tan diversos roles, libertando esclavos, castigando piratas, estableciendo bloqueos, dirigiendo combates, negociando tratados, asaltando fortificaciones, dominando ciudades, forzando puertos para ir a terminar su odisea en una prisión.

Bouchard, después de armar convenientemente la «CHACABUCO», y hacer fusilar a dos sublevados, el 23 de octubre de 1817, hizo rumbo a las costas de California, fondeando en San Carlos de Monterrey, donde imprudentemente envía la «CHACABUCO», de menor calado, a bombardear el fuerte, cuyos fuegos bien dirigidos, acribillaron al buque argentino, viéndose su tripulación obligada a retirarse, sin que Bouchard, con la «ARGENTINA» (cuyo calado no le permitía aproximarse más a las baterías del fuerte) pudiese prestarle auxilo de ninguna especie.

Pero al día siguiente la marea crece y la «ARGENTINA» se lanza al combate, desembarcando Bouchard 200 hombres, con los cuales derrota las fuerzas de caballería e infantería que se oponen a su paso, y después de una porfiada y sangrienta lucha, toma por asalto la fortaleza y la ciudad, enarbolando en el más alto torreón, el pabellón azul y blanco. Se apodera de abundantes municiones y armamento, entre el que cuentan veinte y tantos cañones y una gran cantidad de barras de plata.

Pone en libertad a los prisioneros y se apodera de la «CHACABUCO», haciendo reparar inmediatamente sus averías; manda demoler todas las baterías e inutilizar los cañones que no puede llevar a bordo de sus buques. Incendia los almacenes del Rey, los presidios y las casas, con excepción de las pertenecientes a americanos, los templos, y después de permanecer allí por espacio de seis días, enarbola la bandera azul y blanca, en el lugar más elevado de los escombros del fuerte, corre vuela, sobre las costas de México en demanda de nuevas y más arriesgadas aventuras.

Pasa como una tromba sobre los puertos de San Blas, Acapulco, Santa Bárbara, San Juan, en cada uno de los cuales repite las proezas de San Carlos de Monterrey, llevando a bordo cuanto tenía valor, incendiando campos, echando abajo murallas y derrumbando fuertes.

El 2 de abril se hallaba a la vista de Realejo, en la costa de Nicaragua, aumentando su escuadrilla con un bergantín que ha logrado rendir, y tres días después hace sentir su presencia, rindiendo a cuatro buques españoles tras sangriento y desigual combate, dos de los cuales incendió a la vista de la población consternada, obteniendo además de la victoria en la que pierde muchos de sus bravos, un valiosísimo cargamento de oro y plata. Esta debía ser su última proeza, aunque no su último combate: habiéndose desprendido la «ARGENTINA» de su fondeadero, con el fin de dar caza a una embarcación enemiga, la «CHACABUCO» fue inopinadamente atacada por una goleta con bandera española que sostuvo un reñidísimo fuego, ocasionándole numerosas bajas.

La embarcación atacante íesultó ser un corsario chileno, pues en medio del combate enarboló el pabellón de este país, y después corrió a ocultar su cobardía en las procelosas aguas del Pacífico. No fue esta la única contrariedad que le estaba reservada al intrépido Bouchard: a los dos años justos de su partida de la ensenada de Barragán, llegaba al Puerto de Valparaíso, donde el Almirante Cochrane, movido por una emulación indigna de su lango y nombre, le arrebató arbritariamente la «ARGENTINA» y la «CHACABUCO» y su rico botín de guerra, poniendo en prisión al Jefe de la expedición y a su audaz tripulación. Bouchard, ante aquella inicua como inesperada arbitrariedad, no se resiste, como pudo haberlo hecho, después de las magníficas hazañas que acababa de acometer y prefiere esperar los resultados de ese atropello, los que no tardan en producirse.

Surgen violentas reclamaciones del Gobierno de las Provincias Unidas y el bravo Coronel Mariano Necochea, que se entera que la bandera de su patria ha sido arriada de la «ARGENTINA» y de la «CHACABUCO», manda un piquete de granaderos a bordo de estos buques con la orden terminante al oficial que lo comanda, de volverla a colocar en el tope de los mástiles, de buen grado o por la fuerza; orden que se cumple.

Se puso en libertad al intrépido Bouchard, el antiguo Teniente de aquellos Granaderos antes de cumplirse los 5 meses de prisión. Seguíasele, entre tanto, el proceso instaurado por las autoridades chilenas, el cual fue fallado el 1º de diciembre de 1819. De los cargos de que se le acusaba solo quedaba en pie: «la resistencia — dicen los jueces — que parece haber hecho al registro ordenado por el Vicealmirante Cohrane. Sobre dicha afrenta se espera «que el «Superior Gobierno de las Provincias Unidas se servirá disponer se dé debida satisfacción al pabellón de Chile».

A fines del mismo año llegaba a Buenos Aires, dueño de una considerable fortuna y con un nombre prestigiado por la gloria, habiéndolo elevado sus hazañas al nivel de los héroes. «Los célebres almirantes ingleses «Drake, Cavendish y Anson, —dice el General Mitre,— que haciendo el oficio de corsarios por cuenta de la Gran Bretaña, cruzaron esos mismos mares y hostilizaron esas mismas costas, no realizaron en ellas mucho más»grandes, ni consiguieron para su Patria, mayores ventajas, que la que realizó y produjo el obscuro crucero de la «ARGENTINA».

Desarmado este buque, en él se embarcó Bouchard para la expedición al Perú, el 20 de agosto de 1820, rebautizado con su antiguo nombre: «CONSECUENCIA». En esta fragata se embarcó el Regimiento de Granaderos a Caballo, compuesto de 3 jefes, 17 oficiales y 271 de tropa; y también el de Cazadores a Caballo, que sumaba 3 jefes, 19 oficiales y 261 de tropa. La «SANTA ROSA», una de las presas que había hecho en su campaña de corso, embarcó dos compañías del Batallón 89 de los Andes y el Batallón de Artillería; yendo en ella, el joven Tomás Espora.

En Noviembre del mismo año se hallaba en la rada de Ancón, a siete leguas de Lima, y Bouchard con su acostumbrado patriotismo habla de las operaciones en que toma parte en carta a su pariente Vicente Anastasio Echevarría: «Lo único que puedo decirle es que nunca la causa de la Amé-«rica ha presentado mejor aspecto que en el día»; y unas líneas más abajo, sin manifestar rencor alguno al almirante Cochrane, relata el audaz apresamiento de la famosa fragata «ESMERALDA», bajo los fuegos de las fortificaciones del Callao.

En diciembre de aquel año se presentó al general San Martín, manifestándole deseos de regresar a Chile, pero éste le exigió se mantuviera en aquellas aguas por 5 meses más. El 11 de julio de 1821 escribe Bouchard haber recibido orden del General en Jefe de trasladarse al Callao a ponerse bajo el mando de Cochrane «para pasar con todos los buques que nos hablamos armados y batir las fortalezas, escribe, en el mismo tiempo que «por tierra el señor General piensa tomar al asalto. Yo no diré cuál será «el resultado, mas lo que le puedo decir a Vd. es que por mi parte tengo «ganas de batirme y ver si se puede concluir estos trabajos, pues protesto «que me hallo cansado».

A mediados de 1822 Bouchard rompe sus relaciones con Echevarría, armador de la «ARGENTINA», el cual no le había entregado a aquél la parte que le correspondía en los apresamientos del «HALCÓN», 7 años antes, y le reprochaba de «haber dejado pasar hambre a su familia y no haber «hecho callar a los que lo deshonran».

Cuando Cochrane abandonó a San Martín, apoderándose violentamente de los caudales de Lima depositados en los buques de su escuadra, el Protector creó una nueva fuerza naval, cuya base principal fue la fragata española «PRUEBA», que se había entregado en el Callao al gobierno peruano. San Martín nombró a Bouchard comandante de aquel buque, que montaba 50 cañones.

Cuando el después famoso Almirante inglés renovó sus reclamos pecuniarios y sus pleitos, el Ministro general Tomás Guido, respaldado esta vez por la nueva escuadra peruana y sobre todo, la fragata «PRUEBA» mandada por Bouchard, contestó con firmeza negándose a discutir con Cochrane y refiriéndose al Gobierno de Chile; y en previsión ele algún golpe de mano, ordenó al buque de Bouchard de estar listo para hacerse a la veía en protección de los demás barcos. Finalmente, Lord Cochrane decidió retirarse ante la firmeza del gobierno peruano, y al pasar frente a la fragata «PRUEBA», las portas de ésta se abrieron a un tiempo, enseñando toda la batería en zafarrancho de combate, con la gente en su puesto.

En la toldilla de la «PRUEBA’ , dice el capitán de fragata don Teodoro Caillet-Bois describiendo este episodio en el ‘Boletín del Centro Naval», «la luz de) bombillo en el compás deja entrever una alta silueta junto «a la rueda del timón. Sonrisa burlona ilumina el rostro varonil, mientras el «negro velamen furtivo se diluje en las tinieblas».

En 1825 el general Alvarez Thomas intentó, aunque en vano, reconciliar a Echevarría con Bouchard, «pero el carácter caviloso y altanero» de éste impidió tal propósito. En 1828 se le ve al último actuar en la expedición del almirante Guise a Guayaquil, y a la muerte de éste, el 19 de enero de 1829, Bouchard se hizo cargo del mando en jefe de la escuadra del Perú. Dos meses después de la toma de la plaza, la fragata «PRESIDENTE» — ex «PRUEBA» — donde izaba el último su insignia, voló como consecuencia de un incendio en la santabárbara y por esta causa fue separado del servicio naval.

En 1831 recibió del gobierno peruano la hacienda de San Javier de Nazca, lindante con Palpa. Dedicó una parte de su fortuna a la fundación de un establecimiento para la elaboración de la caña de azúcar en el Perú. Allí pereció asesinado a manos de un mulato, en el año 1843, en la Hacienda de «La Buena Suerte».

Como se ha referido más arriba, Hipólito Bouchard contrajo enlace en Buenos Airea en 1812 con doña Norberta Merlo, autorizando el matrimonio el capellán del Regimiento de Granaderos a Caballo, don José Gabriel Pena, y apadrinándolo el 2° jefe del mismo, sargento mayor don Carlos de Alvear y su esposa, doña Carmen de la Quintanilla. El 16 de octubre de 1813 nació su hija Carmen, apadrinada por Alvear y su esposa; y el 17 de julio de 1817, ocho días después dé su partida al crucero alrededor del mundo, su hija Fermina, que apadrinó el Dr. Vicente Anastasio Echevarría. Doña Norberta Merlo de Bouchard falleció en Montevideo el 15 de marzo de 1869.

Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).