Evangelios: Como Nacieron?

Biografia de San Pedro Apostol de Jesus Historia Biblica

Biografia del Apostol San Pedro

Pedro fue su apodo, de llamaba Simón y fue el mas destacado apóstol de Jesucristo y primer jefe de su Iglesia. Supuestamente nacido en Galilea sin conocerse su año. Murió crucificado aproximadamente entre 64 y 67 en Roma, luego de ser capturado en las persecuciones de Nerón.

Era un pescador del mar de Galilea , sin estudios, generoso, impulsivo y dotado de una gran personalidad que logró transformarse en el portavoz de la palabra de Jesucristo.

Pedro es un sobrenombre el propio Jesús le colocó, para señalarlo como «piedra», piedra sobre la cual edificará su iglesia. Al morir Jesús se convirtió en el principal vocero de la palabra sagrada: dirigía las oraciones, respondía a las acusaciones de herejía lanzadas por los rabinos ortodoxos y admitía a los nuevos adeptos

biografia de san pedro
La Iglesia romana considera a San Pedro el primero de sus papas. Hacia el año 44 fue encarcelado por orden del rey Herodes Agripa, pero consiguió escapar y abandonó Jerusalén, llevando la palabra de Cristo a otra zonas del oriente.

Esta es su historia biblica, junto a otros apótoles….

«Hemos encontrado al Mesías.» Con estas palabras Andrés comunicó a su hermano Simón, el pescador del lago de Genezaret, el vendedor de pescado en Betsaida y Cafarnaúm, la buena nueva, la noticia esperada durante tantos años por el pueblo de Israel.

Cuantas veces los hijos de Jonás con los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, habrían hablado, descansando de la fatigosa labor del día, de la redención de Israel y de las predicciones contenidas en las profecías bíblicas.

Una vez llegó hasta ellos la noticia de la predicación del Bautista; y recorrieron muchas leguas para oír aquella palabra que clamaba en el desierto por la llegada del que sería el Salvador.

Hombres sensibles y entusiastas, educados en el afecto a la vieja Ley, Simón y Andrés esperaban el cumplimiento de los tiempos… «Hemos encontrado al Mesías.» ¿Por qué dudar más?…»Llévame a El», dijo Simón.

Con tan pocas palabras se inicia la trayectoria inmensa de los seguidores de Cristo, hasta su encuentro.

El Hijo del Hombre conquista su espíritu en el mismo instante en que reconoce su presencia.

Después de mirar a Simón, de ver en él el corazón puro, el alma sensible y la fe ciega capaz de los mayores sacrificios, le dice con aquellas sus palabras de suavidad infinita: «Tú eres Simón, hijo de Jonás; en adelante te llamarás Cefas.»

Palabras de conquista, que más tarde se completan con ocasión de la pesca milagrosa de Cafarnaúm.

«Maestro — replicó a Jesús el buen pescador cuando Aquél, después de haber predicado la nueva de su reino a una ingente multitud, le había ordenado que se internara en el lago y echara las redes— después de trabajar toda la noche no hemos sacado ni un pececillo; no obstante, confiando en tu palabra, voy a obedecerte.»

La pesca fue milagrosa y las mallas de las redes se rompían con tanto peso.

«Señor, apártate de mí — exclamó Simón arrojándose a los pies del Maestro—; un pecador como yo no es digno de tener un profeta en su barca.»

Y ésta fue la respuesta de Jesús, el divino e inigualable Doctor: «Ven conmigo, cree en mi palabra, y yo te haré pescador de hombres.»

A través de un duro aprendizaje, hecho con humillaciones de cada día, Simón va elevándose a la categoría de jefe de los doce, que le merece su amor inquebrantable a la persona del Maestro y el reconocimiento de su misión redentora en la Tierra.

Pero en su naturaleza de rudo galileo, y, por tanto, en su franqueza, impresionabilidad e inconstancia, se dibujan a cada paso las más flagrantes contradicciones: pasa del temor a la temeridad, de la cobardía al entusiasmo, de la ceguera intelectual a los más vivos destellos de inteligencia, de la sencillez a la petulancia.

Pero Simón es siempre él mismo: un ser tan humano que se capta las simpatías de cuantos ven desfilar su persona al lado de la de Jesús.

Incluso cuando en los momentos culminantes de la Pasión niega tres veces a su Maestro, comprendemos el terrible drama en que se reflejan los avatares mismos de la Humanidad frente a su Creador.

Luego, aparece como otro hombre. En él la fe de Pascua, la firme creencia en la resurrección del llamado Maestro, hace extinguir toda vacilación, toda duda, todo temor.

Es el primero en correr en busca del Resucitado, el primero en encontrarle.

Y más tarde, se rehabilita por un triple juramento de amor. «Señor — dice al Maestro—, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.»

En recompensa de aquel afecto, Jesús le establece doctor infalible, juez supremo, pastor universal de la Iglesia. «Apacienta mis ovejas» — ésta es la frase de consagración de su jerarquía suprema. «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra estableceré mi Iglesia.»

En efecto. Iluminado por el Espíritu Santo, Pedro organiza la naciente iglesia de Cristo.

Su palabra, llena de los efluvios de la Divinidad, convierte a miles de personas de extrañas lenguas (30).

Con fe apasionada resiste las persecuciones de los fariseos. Ya no niega, ni teme. Tiene su misión y ha de cumplirla. Bautiza a los paganos, y cuando en Antioquía surge la cuestión de las supervivencias judaicas acepta el criterio de Pablo de Tarsis en acto de suprema modestia.

La tradición relata que después del concilio de Antioquía Pedro recorre el Asia Menor, predica en las orillas del Mar Negro, navega por el Mediterráneo y llega hasta la capital del Imperio.

Es el fundador de la iglesia romana, el primer vicario de Cristo en la Tierra y el primer pontífice de la Cristiandad.

Habla a todos con sencillez y claridad, y a nadie excluye del futuro reino. Los que tienen sed de justicia, los que lloran las afrentas de cada día, los que buscan una vida más pura y un ideal sublime al que servir, se unen alrededor de su persona.

Así se forma el primer contingente de mártires cristianos en Roma.

En medio de la persecución desatada por el emperador Nerón en julio del 64. Pedro escribe sus epístolas de consolación y de fe.

Según la tradición, también él vacila ante la prueba definitiva. Abandona Roma.

Pero a su paso le sale el Maestro. «Señor, ¿adonde vas?» «A ser crucificado de nuevo.»

Pedro comprende y regresa a la Ciudad Eterna, donde le espera, con la palma del martirio, la gloria suprema de su tránsito a la nueva vida prometida por Cristo.

De esta manera, la sangre vertida por el Apóstol en Roma, regó la temprana raíz nacida de la semilla que sembró su palabra, y la hizo crecer hasta convertirse en el frondoso árbol de la Iglesia de Cristo.

Por aquel acto de una trascendencia singular, el Príncipe de los Apóstoles vinculaba su jerarquía a la ciudad de los Césares, dándole su nuevo y más substancial primado: el de convertirse en la sede de los pontífices de la Catolicidad, guías espirituales, por voluntad divina, de los pueblos del Ecumene.

Porque con el sacrificio de aquel pescador, hecho a imitación del que sufrió su Maestro en el Gólgota, se desplomaban los muros de la orgu-llosa Roma del paganismo, para que por sus hendiduras pasara la luz de la Redención.

fuente

Los Profetas de la Biblia Los Mayores: Isaias – Jeremias Ezequiel

Profetas de la Biblia – Profetas Mayores: Isaías. Jeremías. Ezequiel. Daniel.

LOS PROFETAS: Origen:Las invasiones y los desastres que durante dos siglos fueron azote de los reinos de Israel y de Judá, habían perturbado grandemente a los israelitas.

«¿Por qué, se preguntaban, nuestro Dios el Eterno no nos defiende de nuestros enemigos?».

Algunos imaginaron que el Dios de Israel no era el más poderoso, y empezaron a adorar a los dioses de los pueblos vencedores, a los de los asirios, Baal y Astarté, y «todo el ejército de los cielos», es decir, el sol, la luna y los astros.

Otros se decían: «el Eterno es más poderoso que los otros dioses. Si no defiende a su pueblo, es que no quiere defenderle, que está irritado contra nosotros.

Precisa apaciguarle, haciendo lo que le agrade». Y acudían al templo de Jerusalen a sacrificar bueyes y quemar perfumes, llevaban a los sacerdotes los diezmos de sus cosechas y donativos en metálico, ayunaban y se cubrían de ceniza. A pesar de esto, los desastres continuaban.

Entonces aparecieron los profetas. Se ha traducido por este nombre griego, que significa «los que dicen el porvenir», el nombre hebreo nabí, que quiere decir «los que ven».

Eran, por lo común, hombres de condición modesta, a veces sencillos pastores, mal vestidos, que llegaban del campo o del desierto donde habían meditado largo tiempo.

Iban unas veces a Israel, otras a Jerusalem, a hablar al rey y a los sacerdotes en nombre del Eterno. Reprochaban al pueblo sus faltas y anunciaban las desventuras con que Dios iba a castigarle.

El más antiguo fue el célebre profeta Elias, que a mediados del siglo IX apareció en el reino de Israel, reinando Acab.

Sus predicaciones y sus luchas contra el culto de Baal son conocidas por la tradición; pero no se ha conservado ninguna de sus obras.

Otro de ellos fue Amos, pastor de una aldea judía, que vino por el año 750 a.C. a Betel, en el reino de Israel, a anunciar la voluntad de Dios, Se dirigió así a los jefes del pueblo: «Habéis edificado, dijo, casas de piedra tallada, pero no las habitaréis. Habéis plantado excelentes viñas, pero no beberéis el vino, porque vuestros crímenes son numerosos.

Oprimís al justo, recibís regalos y forzáis el derecho de los pobres.

Odiad el mal, amad el bien, haced reinar la justicia, y quizá el Eterno, el Dios de los ejércitos, tenga piedad de los restos del pueblo de José»

Pensaban los israelitas que la piedad consistía en realizar las ceremonias del culto. Amos vino a decir en nombre del Eterno: «Odio, desprecio vuestras fiestas. .. Cuando me presentáis holocaustos y ofrendas, no me causa ningún placer.

Los terneros cebados que me sacrificáis, ni siquiera los miro. ¡Lejos de mí el ruido de vuestros cánticos; pero que la justicia brote como corriente de agua! «

Más tarde, cuando la destrucción del reino de Israel, vivió en el de Judá el más célebre de los profetas, Isaías.

Por espacio de cuarenta años, en nombre del Eterno, habló al pueblo, a los sacerdotes, al rey, echándoles en cara sus culpas y anunciándoles nuevas desventuras.

Decía también que Dios quiere ser honrado, no con ceremonias, sino con una conducta virtuosa.

«¿Qué me importa la multitud de los sacrificios? dice el Eterno. Estoy hastiado de los holocaustos de carneros y de la grasa de las terneras.

No me causa ningún placer la sangre de los toros, de los corderos y de los machos cabríos. Cuando venís a mi presencia, ¿quién os pide que manchéis mis atrios? Dejad de traer vanas ofrendas.

Me causa horror vuestro incienso y vuestras fiestas de la luna nueva y vuestras asambleas. . . Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, purificaos.

Quitad de delante de mi vista vuestras malvadas acciones. Dejad de obrar mal. Aprended a hacer el bien.

profetas de la biblia
Algunos profetas de la Biblia

Proteged al oprimido. Sed justos con el huérfano. Defended a la viuda. Y aun cuando vuestros pecasos fueran rojos como el carmesí, se tornarán blancos como la nieve».

En castigo de sus culpas, afirmaba Isaías, el Eterno entregará los judíos a los asirios, que se apoderarán de Jerusalem. Pero a la vez, Isaías anunciaba que vendrían tiempos mejores.

«Cuando el Señor haya realizado su obra, en la montaña de Sión, castigará al rey de Asiría, cuyo corazón está lleno de orgullo. Así habla el Eterno, el Dios de los ejércitos: » ¡Oh, pueblo mío que habitas en Sión, no temas al asirio!.

Te pega con el palo, como en otro tiempo los egipcios. Pero espera un poco y el castigo cesará, y mi cólera se volverá contra él y le destruirá.

«Luego saldrá una rama del tronco de David, y nuevo tronco nacerá de sus raíces. . . El espíritu del Eterno estará con él., . Juzgará a los pobres con equidad y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. . .

«En este tiempo el lobo habitará con el cordero, y la pantera dormirá junto al cervatillo.

La ternera y el leoncillo estarán juntos, y un niño pequeño los conducirá. . . En este día el descendiente de David será como bandera para los pueblos. . . En este tiempo, el Eterno tenderá de nuevo su mano. . . Reunirá a los desterrados de Israel de los cuatro confines de la tierra»

Esta promesa del profeta sostuvo el valor de los judíos, aun después de la destrucción de Jerusalem.

Esperaron la venida del hijo de David, que debía restablecer el reino de Israel y hacer reinar en toda la tierra la justicia y la felicidad. Tal es el origen de la creencia en el Mesías.

Un siglo más tarde, cuando el reino de Judá empezó a ser amenazado por los caldeos, apareció ei profeta Jeremías.

Entró en el atrio del Templo un día de fiesta y dijo: «He aquí cómo habla el Eterno: Si no me escucháis y obedecéis mi ley, destruiré este templo como el de Siloh, y esta ciudad quedará despoblada».

Se prendió a Jeremías y se quiso condenarle a muerte, pero los jefes del pueblo le mandaron libertar.

El ejército caldeo llegó muy pronto, mandado por el hijo del rey de Babilonia. Jeremías apareció en público con un yugo al cuello, y aconsejó al rey Joaquín que se sometiera a los caldeos.

«Si una nación se niega a presentar el cuello al yugo del rey de Babilonia, la castigaré, dice el Eterno, con la espada, el hambre y la peste, y la aniquilaré.

No escuchéis a los que os dicen; No quedaréis sujetos al rey de Babilonia, porque os profetizan mentira». El rey se irritó contra Jeremías y quiso hacerle matar, pero el profeta consiguió huir.

Cuando Nabucodonosor sitió a Jerusalem, Jeremías quiso salir de la ciudad, pero fue golpeado, y apresado.

Allí decía: «He aquí cómo habla el Eterno: El que permanezca en esta ciudad, perecerá; el que salga para rendirse a los caldeos, tendrá la vida salva, porque esta ciudad será entregada al ejército del rey de Babilonia, que se apoderará de ella».

Los jefes dijeron a Sedecías: «Hay que hacer morir a este hombre, que desalienta a nuestros soldados y a todo el pueblo». El rey les entregó a Jeremías.

Le arrojaron a la cisterna de la prisión, en la que ya no quedaba agua. Jeremías cayó en el barro y habría muerto de hambre, pero un sirviente de la presión tuvo piedad de él y obtuvo permiso para sacarle con cuerdas.

Sedecías mandó consultar en secreto al profeta, que respondió: «Si vas a rendirte a los jefes de los caldeos, tendrás la vida salva y la ciudad será perdonada. Si no, los caldeos quemarán la ciudad y no escaparás de sus garras».

Después de destruida Jerusalem, Jeremías, que había permanecido en Judea, pronunció sus famosas lamentaciones sobre las ruinas de la ciudad santa. «¡Hela aquí, pues, sentada, solitaria, esta ciudad tan populosa! Semeja una viuda … los caminos de Sión están de luto, porque ya nadie va a sus fiestas, sus puertas están desiertas, sus sacerdotes gimen. . .

Porque ei Eterno la ha rebajado a causa del gran número de sus culpas».— «¡Vosotros todos los que pasáis por aquí, dice, —mirad y ved si hay un dolor semejante al mío! «

El Eterno ha derribado a todos mis guerreros. . . Los reyes de la tierra no habrían creído, —nadie en el mundo habría creído—, que el enemigo entrase por las puertas de Jerusalem. ¡Desgraciados de nosotros, porque hemos pecado! «

Los judíos, conducidos cautivos a diferentes ciudades de Caldea, permanecieron en ellas más de medio siglo.

Conservaban la fe en el Eterno, su Dios, y esperaban confiados los días mejores anunciados por los profetas.

Dos profetas más, Ezequiel y Daniel, aparecieron durante el cautiverio y consolaron a su pueblo contando las visiones que el Eterno les enviaba.

«El Eterno, dice Ezequiel, tendió su mano sobre mí y me depositó en medio de un valle lleno de huesos humanos, y me dijo: «Hijo del hombre, ¿estos huesos podrán revivir?».

Yo respondí: «Señor, tú lo sabes». Me dijo: «Habla a estos huesos y diles: Huesos desecados, escuchad la palabra del Eterno».

Hablé y en seguida oí un ruido, los huesos se movieron y se juntaron, les vinieron nervios, carne y piel. Luego el Eterno me dijo: Habla y di: «Espíritu, ven de los cuatro vientos, sopla sobre estos muertos y que revivan». —Hablé y el espíritu penetró en ellos y recobraron la vida y se alzaron sobre sus pies. Era un ejército numeroso.

El Eterno me dijo: «Estos huesos son el pueblo de Israel, y dicen: Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza destruida. Diles: He aquí cómo habla el Eterno: Abriré vuestros sepulcros, os haré salir de ellos y os conduciré de nuevo al país de Israel».

Los profetas habían sido en vida enemigos de los sacerdotes y muchas veces de los reyes, habían despreciado el culto practicado en el Templo y concebido la religión de manera muy distinta a la Ley.

Pero después del cautiverio, desapareció el recuerdo de esta oposición y los judíos aprendieron a leer con respeto las obras de los profetas, que fueron reunidas en la Biblia a los antiguos libros sagrados.

Desde entonces «la Ley» y «los Profetas» formaron el conjunto de la religión judía.

ISAÍAS (765?-690? a. de J. C.)

Con Isaías empieza la serie de los grandes profetas de judá, en la época de la destrucción de Samaría y de la sumisión de los reyes de Jerusalén a Asiría.

Nacido probablemente en la misma ciudad de Jerusalén, de un tal Amos, hombre de estirpe aristocrática y muy hacendado, Isaías se dedicó al ministerio profético hacia los veinticinco años de edad, en 740, en la fecha en que murió el rey Azarías.

Profeta Mayor Isaias

Hasta entonces el reino de Judá había vivido en circunstancias relativamente prosperas, a excepción de un período en que había estado avasallado a la idolátrica dinastía de Israel.

El mismo Azarías había sometido a algunas tribus vecinas de su territorio.

La prosperidad siguió durante los reinados de Johatán y Áhaz, aunque este último, para defenderse de las amenazas de Damasco e Israel, llamó en su auxilio a Tiglatpileser III de Asiría (734), contra la opinión formal de Isaías.

De este modo se inició el vasallaje directo del pueblo judío a Asiría, cuya primera etapa da comienzo en 722 con la conquista de Samaría por Sargón II, la destrucción del reino de Israel y la deportación de sus habitantes.

Con el aniquilamiento de Samaría y la sumisión de Judá a Asiría, la idolatría se enseñorea de Judá, fomentada por los mismos reyes. Sin embargo, Ezequías recibe una prueba del poder de Jehová y rectifica la conducta de sus antecesores.

En efecto, había cometido la torpeza de aliarse con los adversarios de Senaquerib, que comprendían los babilonios de Marduk-apal-idina, los fenicios de Elulaios y los egipcios de Tirhaka.

Los ejércitos asirios aplastaron a los sublevados en Babilonia y derrotaron a la coalición occidental en los campos de batalla de Eltekeh (701).

Cuando Senaquerib se disponía a poner sitio a Jerusalén, una peste se difundió entre sus huestes, lo que le obligó a levantar el asedio. Isaías, que había predicho este acontecimiento, logró que Ezequías se desprendiera de los cultos idolátricos y volviera, a la pureza de la religión de Jahvé.

Los ejércitos asirios aplastaron a los sublevados en Babilonia y derrotaron a la coalición occidental en los campos de batalla de Eltekeh (701).

Cuando Senaquerib se disponía a poner sitio a Jerusalén, una peste se difundió entre sus huestes, lo que le obligó a levantar el asedio.

Isaías, que había predicho este acontecimiento, logró que Ezequías se desprendiera de los cultos idolátricos y volviera, a la pureza de la religión de Jahvé.

Durante este reinado, el profeta gozó de gran predicamento en la corte.

Pero cuando Manases heredó en 692 la corona de su padre, se restauró la idolatría y se propagaron los cultos asiriobabilónicos.

Incluso se llegó a perseguir a los servidores del verdadero Dios, y es fama que en esta persecución murió martirizado Isaías, el profeta de los arrebatos sublimes y majestuosos.

Durante este reinado, el profeta gozó de gran predicamento en la corte. Pero cuando Manases heredó en 692 la corona de su padre, se restauró la idolatría y se propagaron los cultos asiriobabilónicos.

Incluso se llegó a perseguir a los servidores del verdadero Dios, y es fama que en esta persecución murió martirizado Isaías, el profeta de los arrebatos sublimes y majestuosos.

Isaías se esforzó en hacer comprender la necesidad de no imitar a Israel en su impiedad. Por el contrario, Judá debía buscar su salvación no en fortalezas deleznables, sino en la gracia de Jahvé, cuyo poder era más grande que todas las alianzas, pues de El eran el castigo y el triunfo.

Los mismos asirios eran únicamente un instrumento de Dios, a cuya voluntad se sometían todas las naciones del mundo. ((Santo, santo, santo es el Dios de los ejércitos, y su gloria llena toda la Tierra.» Estas memorables palabras indican que en Isaías se supera el concepto de un Dios nacional, para llegar a la conclusión de la universalidad de los designios de Jahvé.

Pero la experiencia convence a Isaías de lo prematuro de sus doctrinas. Sólo con el transcurso del tiempo, después que la fe haya madurado en el corazón de los elegidos, será posible el reino de Dios.

Y entonces profetiza el advenimiento del Mesías, bajo cuyo reinado se restaurarán el imperio y la gloria de David.

EZEQUIEL (627?-573? a. de J. C.)

He aquí al tercero de los grandes nabis del pueblo de Israel. Contemporáneo de Jeremías, y, por lo tanto, testigo de uno de los mayores dolores históricos de su nación, Ezequiel es el hombre invadido por la idea de Dios, que busca en la interpretación de sus designios hallar el nervio de acero para soportar las calamidades de la cautividad de Babilonia.

Profeta Exequiel

Su figura adquiere una grandiosidad trágica, y muy pocos son los rasgos de sus profecías que se libran de la aspereza dramática de su vigorosa personalidad.

Nació hacia el año 627, en el último período de esplendor de Judá bajo la sabia dirección del rey Josías. Su juventud, por lo tanto, se desarrolló bajo el signo de la nueva ley, el Deuteronomio, encontrado por aquel entonces en un escondrijo de las paredes del templo de Jerusalén (621).

Fue educado desde la infancia en la observación más rigurosa de las leyes y de la ortodoxia, tal como correspondía a su estirpe sacerdotal.

Ya mayor, cuando Ezequiel cobró la plenitud de su inteligencia, sus años fueron ensombrecidos por la tormenta que se formaba en el horizonte y que, por último, iba a descargar como un alud devastador sobre el reino de Judá.

En efecto, la descomposición del Imperio asirio permitió una nueva tentativa para recuperar la plena independencia política.

Por Palestina pasaron los orgullosos ejércitos de Neco, el faraón egipcio, y a poco regresaron del Eufrates después de haber sido derrotados por las tropas de Nabucadrezar (Nabucodonosor) de Babilonia (609).

Esta victoria dió al soberano mesopotámico el dominio del Próximo Oriente hasta la península del Sinaí. Pero el rey Johakim, despreciando las fuerzas de aquel poderoso monarca, creyó llegada la hora de desprenderse del vasallaje extranjero. Se sublevó, y fue derrotado.

Su hijo Jeconías, su sucesor en el trono, fué hecho prisionero, y con él muchos judíos fueron arrancados de la patria y trasplantados a la Baja Mesopotamia (597).

Entre los deportados — en su mayoría aristócratas y guerreros — figuraba Ezequiel. Allí, en un país extraño y de costumbres idolátricas, el nabi levanta su voz ante los ancianos de la comunidad de exilados de Tel Aviv.

Entre 594 y 593 tiene la primera comunicación con la Divinidad, en el valle del río Kebar. La grandeza de la visión le deja petrificado por siete días.

Luego, ya no le abandonará jamás la palabra de Dios, y sus escritos resonarán con sus acentos o bien referirán acciones simbólicas que continuarán expresando los designios divinos, hasta su última profecía, escrita en 573.

Gozando de relativa libertad, pues Ezequiel, consciente del poder de Babilonia, se mantiene leal a sus señores, puede mantener relaciones con los judíos que permanecieron en la lejana patria.

Este hecho amplifica su obra y da mucha influencia a sus profecías. En realidad, es uno de los forjadores del nuevo Israel, purificado en el crisol de la desgracia.

La destrucción de Jerusalén, las aflicciones sobrevenidas al pueblo judío a la «Casa de la rebeldía» , son exponentes de la necesidad de purificarse y de librarse para siempre de las inmundicias que se levantan como una barrera entre Dios y su pueblo.

Despedazada la unidad nacional, Ezequías indica el nuevo camino del perfeccionamiento religioso individual y favorece el desarrollo de la doctrina de la retribución o castigo personal en la vida de ultratumba.

De esta manera, por la mejora de todos, reflejada en un nuevo esplendor del culto y del rito, llegarán los, tiempos en que, como indicó con vehemencia el gran profeta Isaías, Dios trasplantará un cedro en la cumbre más prominente de la Tierra al que irán a acogerse todos los pájaros.

Y en esta idea de la universalidad de la idea mesiánica en la casa de David, culmina el espíritu profético de Ezequiel.

JEREMÍAS (650?-585? a. de J. C.)

El profeta de las profundidades desgarradoras de las Lamentaciones vivió en la época de la primera gran catástrofe del pueblo judío. Ni el ejemplo candente de la destrucción de Samaría ni las doctrinas de los nabis, entre las que había descollado el gran Isaías, habían servido para mantener a la realeza de Judá en el puro culto del Señor.

Profeta Mayor Jeremias

Judá tendía poco a poco a un sincretismo religioso, espoleado por la servil imitación de los cultos de los grandes pueblos de Oriente: los egipcios y los babilónicos, sucesores del Imperio asirio en la hegemonía política de aquel espacio.

En esta lucha de carácter político y religioso, entre las vacilaciones, las esperanzas y los retrocesos, ejerció su ministerio Jeremías, que por su actividad y la grandeza de su doctrina es considerado como el último gran profeta del pueblo hebreo antes del cautiverio de Babilonia.

Nació Jeremías en Anathoth, una aldea situada en las cercanías de Jerusalén, en el seno de una familia de abolengo sacerdotal.

El muchacho, de carácter dulce y pacífico, fue educado por su padre Helcio, el cual hizo de él un ferviente adorador de Jahvé.

La pugna ideológica con la idolatría que le rodeaba, determinó la vocación profética de Jeremías.

En 626 abandonó su familia y su apacible hogar para lanzarse al torbellino de los conflictos políticorreligiosos.

Esta vida le disgustaba en el fondo de su intimidad. Pero antes que dar satisfacción a los deseos de su persona, era preciso servir a Dios.

Y en este servicio Jeremías, enardecido por el incendio de su fe, dio pruebas del alto temple de su espíritu.

Su participación en la vida pública, anunciando los males que obrevendrían a Judá si no se acataba la ley de Dios, coincidió con la reforma religiosa del rey Josías, motivada por el hallazgo del Libro de las Leyes (621) correspondiente a la-mayor parte del actual Deuteronomio.

Josías aplicó sus preceptos, inspirados en el más acabado cumplimiento de la ley divina. Pero su fracaso ante los egipcios y su muerte en la batalla de Megido (608), determinaron una reacción del elemento idolátrico.

Fue entonces cuando Jeremías se mostró un profeta de gran talla: predicó contra la corrupción en el templo y en la realeza y profetizó el fin de la monarquía en el exilio. Insultado, encarcelado, a punto de ser asesinado por los fanáticos, nada bastó para doblegar la energía de su propaganda.

Muerto el rey Johakim, los acentos de Jeremías cobraron tonos de calma desoladora, pues estaba convencido del próximo fin de Judá.

En efecto, en 597 Jerusalén cayó en poder de los babilonios, y el rey Jeconías llevado al destierro con la corte real y los nobles partidarios de Egipto.

Bajo el reinado de Sedecías (597-586), no corrigiéndose la idolatría, Jeremías volvió a pregonar la destrucción de Judá, pero ahora con la esperanza de que el Señor no la querría definitiva, sino para la redención y purificación de su pueblo en la penitencia.

Sus palabras se cumplieron al pie de la letra: en 586 Jerusalén caía por segunda vez en poder de Nabucadrezar; fue arrasada por completo y sus habitantes, con los del reino, fueron deportados en masa a Mesopotamia. Jeremías, que había sufrido mucho durante el asedio, quiso permanecer en Palestina para ayudar a la reconstrucción del país.

Pero fue llevado a Egipto por un grupo de fanáticos antibabilónicos (585). Es posible que muriera poco después, martirizado, en Tafni.

DANIEL (siglo VI a. de J. C.)

Entre los grandes profetas del pueblo hebreo, Daniel ocupa un lugar característico por la potencia de su genio, la extremada importancia de sus revelaciones y la sugestión de sus manifestaciones apocalípticas.

Vivió durante uno de los momentos más amargos de la existencia histórica de los israelitas, cuando sufrían cautiverio en Babilonia bajo Nabucadrezar. Pero también es posible que presenciara su liberación por el rey persa Ciro, y que él mismo muriera en Jerusalén, en la patria recobrada.

Profeta Mayor Daniel

Durante su vida profetizó de modo claro el sucederse de los imperios, y anunció con precisión maravillosa la venida del Mesías — bajo su forma de Hijo del Hombre—y su muerte, con el triunfo final del nuevo reino y la destrucción de Jerusalén.

Llevado a la corte de Nabucadrezar por mandato de este monarca y elección del jefe de los eunucos, Daniel debía pertenecer a la aristocracia hebrea y quizás era de estirpe real, aunque esta afirmación sea de época muy posterior.

Sus compatriotas le reconocían como hombre — todavía era muy joven — de gran prudencia, santidad y rectitud de juicio, como lo había demostrado al deshacer las viles calumnias que pesaban sobre la casta Susana.

Ya en Babilonia, fué instruido en la literatura de aquel imperio. Muy pronto dio pruebas asombrosas de la penetración de su espíritu al revelar el secreto de los sueños de Nabucadrezar, entre los cuales el del coloso de pies de barro, derribado por una piedra que se precipitaba desde el monte.

Esta admirable sabiduría le valió ocupar un alto cargo en la corte, y fue uno de los tres ministros que regían a los sátrapas del imperio.

Pero a pesar de esta brillante carrera, jamás renegó de su fe, antes al contrario, la demostró en muchas ocasiones ante Nabucadrezar y sus sucesores.

Durante el breve gobierno de Belshassar, hijo de Natonido, Daniel interpretó las palabras Mane, Thecel, Phares, escritas de modo misterioso en la sala de banquetes del príncipe, revelándole la próxima caída de su Estado.

En efecto, muy pronto Ciro se apoderó de Babilonia (539). El conquistador renovó las tentativas de forzar a los judíos a la idolatría; con este motivo, Daniel fué condenado a muerte y echado a la fosa de los leones.

El Señor le salvó de este martirio. Salió inmune de la prueba; sus enemigos fueron castigados y, en cambio, Ciro le dispensó nuevos favores. Es posible que muriera a los tres años de la toma de Babilonia, aunque este dato es muy inseguro.

La fuerza apocalíptica de los escritos de Daniel, el encadenamiento maravilloso de su biografía y la potencia de su penetración histórica, hicieron de él uno de los grandes profetas, honrado por los judíos y venerado por la tradición cristiana posterior.

Ampliar Sobre Los Profetas

El Valor de la Familia Valores Humanos Importancia en la Sociedad

La Familia Como Valor Humano, Su Importancia en la Sociedad

Aunque el nombre de familia puede aplicarse a cualquier grupo de personas que conviven, p. ejemplo: la gran familia humana, en su sentido preciso significa: la sociedad que forman el padre, la madre y los hijos.

El matrimonio es el acto de fundación y constitución de la familia. Una vez consagrada la unión los cónyuges adquieren deberes y derechos recíprocos.

Siempre se consideró, al matrimonio, aun entre los pueblos más atrasados y en las tribus salvajes, algo sagrado, y se le dio carácter religioso.

INTRODUCCIÓN SOBRE LA FAMILIA: Para comenzar publicamos lo que explica el sociólogo Raúl Orgaz, respecto a esta institución social:

1. La familia es la única forma de asociación que el hombre haya recibido del animal; pero los lazos puramente naturales que unen al progenitor con los hijos se refuerzan, en la especie humana, con lazos culturales. 

Los instintos, a que exclusivamente obedece la familia en los monos, por ejemplo, se vuelven tendencias plásticas, influidas por valores y por normas, en la especie humana. Puede decirse que la familia es un grupo a la vez natural y cultural, pues a la comunidad de la sangre se añade la comunidad de los principios espirituales y de los valores, trasmitida por el ambiente cultural.

2. La familia es la única forma integral de vida social. Es un pequeño mundo, que pone en acción todas las fuerzas del hombre. No es una sociedad particular, sino un modo de coexistencia.

3. La familia concilia la originalidad del individuo con la solidaridad del grupo, como concüia lo inconsciente y emocional con lo consciente e intelectual. las cualidades al parecer más personales del hombre hallan, habitualmente, tolerancia en la comunidad familiar. Por otra parte, la reflexión y la atención están más solicitadas en las demás formas sociales que en la familia, medio en el cual se diría que el hombre se dejase vivir. El impulso de intimidad correspondida encuentra en la familia plena satisfacción.

4. La familia es el instrumento principal de la continuidad social, o de la relación de una generación con otra. Constituye, en efecto, el medio específico para trasmitir la tradición colectiva, trasmisión que se realiza aprovechando la prolongada infancia del individuo humano.

5. La familia es la primera institución socializadora, por cuanto los comienzos de adaptación al ambiente social se cumplen en el hogar.

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La Familia: Cuando hablamos de familia hacemos referencia a un grupo humano que convive y comparte un mismo espacio. De esta forma, se hace explícita la importancia de la manutención, el respeto, los cuidados y la educación de todos sus miembros.

En este sentido, el objetivo es descubrir la esencia que hace a la familia el lugar ideal para forjar los valores, y de esta forma, alcanzar un modo de vida más humano y tolerante, que luego será transmitido a la sociedad entera.

Lo que hay que tener en cuenta es que, el valor de la familia no reside solamente en aquellos encuentros habituales que se gestan en su seno, así como los momentos de alegría y la resolución de problemas cotidianos.

El valor nace y se desarrolla cuando cada uno de sus miembros asume con responsabilidad y alegría el papel que le ha tocado desempeñar en la familia, procurando el bienestar, desarrollo y felicidad de todos los demás.

Esto demuestra que formar y llevar una familia por un camino de superación permanente no es una tarea sencilla. Por el contrario, la vida actual y sus exigencias pueden dificultar la colaboración y la interacción. Las razones de ello se encuentran en que muchas veces ambos padres trabajan. Ante esta situación, es necesario dar orden y prioridad a todas nuestras obligaciones y aprender a vivir con ellas.

Debemos olvidar que cada miembro cumple con una tarea específica y un tanto aislada de los demás: papá trabaja y trae dinero, mamá cuida hijos y mantiene la casa en buen estado, los hijos estudian y deben obedecer.

Es necesario reflexionar que el valor de la familia se basa fundamentalmente en la presencia física, mental y espiritual de las personas en el hogar, con disponibilidad al diálogo y a la convivencia, haciendo un esfuerzo por cultivar los valores en la persona misma, y así estar en condiciones de transmitirlos y enseñarlos. En un ambiente de alegría toda fatiga y esfuerzo se aligeran, lo que hace ver la responsabilidad no como una carga, sino como una entrega gustosa en beneficio de nuestros seres más queridos y cercanos.

Lo primero que debemos resolver en una familia es el egoísmo: mi tiempo, mi trabajo, mi diversión, mis gustos, mi descanso… si todos esperan comprensión y cuidados ¿quién tendrá la iniciativa de servir a los demás? Si papá llega y se acomoda como sultán, mamá se encierra en su habitación, o en definitiva ninguno de los dos está disponible, no se puede pretender que los hijos entiendan que deben ayudar, conversar y compartir tiempo con los demás.

La generosidad nos hace superar el cansancio para escuchar los problemas de los niños (o jóvenes) que para los adultos tienen poca importancia; dedicar un tiempo especial para jugar, conversar o salir de paseo con todos el fin de semana; la salida a cenar o al cine cada mes con el cónyuge… La unión familiar no se plasma en una fotografía, se va tejiendo todos los días con pequeños detalles de cariño y atención, sólo así demostramos un auténtico interés por cada una de las personas que viven con nosotros.

Otra idea fundamental es que en casa todos son importantes, nadie es mejor o superior. Se valora el esfuerzo y dedicación puestos en el trabajo, el estudio y la ayuda en casa, más que la perfección de los resultados obtenidos; se tiene el empeño por servir a quien haga falta, para que aprenda y mejore; participamos de las alegrías y fracasos, del mismo modo como lo haríamos con un amigo… Saberse apreciado, respetado y comprendido, favorece a la autoestima, mejora la convivencia y fomenta el espíritu de servicio.

Sería utópico pensar que la convivencia cotidiana estuviera exenta de diferencias, desacuerdos y pequeñas discusiones. La solución no está en demostrar quien manda o tiene la razón, sino en mostrar que somos comprensivos y tenemos autodominio para controlar los disgustos y el mal genio, en vez de entrar en una discusión donde, por lo general, nadie queda del todo convencido. Todo conflicto cuyo resultado es desfavorable para cualquiera de las partes, disminuye la comunicación y la convivencia, hasta que poco a poco la alegría se va alejando del hogar.

poema sobre el hijo

Cabria recalcar que los valores se viven en el hogar y se transmiten a los demás como una forma de vida, en otras palabras, dando el ejemplo. En este sentido, la acción de los padres resulta fundamental, pero los niños y jóvenes -con ese sentido común tan característico- pueden dar verdaderas lecciones de cómo vivirlos en los más mínimos detalles.

Ello puede verse reflejado en una pequeña anécdota: en una reunión pasó un pequeño de tres o cuatro años de edad frente a un familiar adulto, después de saludarle en dos ocasiones y no recibir respuesta, se dirigió a su madre y le preguntó: «¿Por qué tío (…) no me contestó cuándo le saludé?» La respuesta pudo ser cualquiera, así como los motivos para no recibir respuesta, pero imaginemos el desconcierto del niño al ver como las personas pueden comportarse de una manera muy distinta a como se vive en casa. Se nota que está aprendiendo a cultivar la amistad, a ser sociable y educado, seguramente después de este incidente le enseñarán a ser comprensivo…

En otro sentido, muchas familias se han abocado a la practica religiosa, ya que encuentran en ella, una guía y un soporte para elevar su calidad de vida, ahí se forma la conciencia para vivir los valores humanos de cara a Dios y en servicio de los semejantes. Por tanto, en la fe se encuentra un motivo más elevado para formar, cuidar y proteger a la familia.

En primer lugar los padres son quienes tienen la responsabilidad de formar y educar a sus hijos, sin embargo, estos últimos no quedan exentos. Los jóvenes solteros, y aún los niños, comparten esa misma responsabilidad, pues en este camino todos necesitamos ayuda para ser mejores personas. Actualmente triunfan aquellos que se distinguen por su capacidad de trabajo, responsabilidad, confianza, empatía, sociabilidad, comprensión, solidaridad, valores que se aprenden en casa y se perfeccionan a lo largo de la vida, según la experiencia y la intención de autosuperarse.

En este sentido, si los seres humanos nos preocupáramos por cultivar los valores en familia, todo a nuestro alrededor cambiaría, las relaciones serían más cordiales y duraderas. Así, cada miembro de la familia se convertiría en un ejemplo (según su edad y circunstancias personales), capaz de comprender y enseñar a los demás la importancia y trascendencia que tiene para sus vidas, la vivencia de los valores, los buenos hábitos y las costumbres.

La felicidad de una familia no depende del numero de personas que la integren, mientras que en ella todos participen de los mismos intereses, compartan gustos y aficciones, es decir, se interesen unos por otros.

Ahora bien, podríamos preguntarnos ¿cómo saber si en mi familia se están cultivando los valores? Encontraremos la respuesta si todos dedican parte de su tiempo para estar en casa y disfrutar de la compañía de los demás, buscando conversación, convivencia y cariño, dejando las preocupaciones y el egoísmo a un lado.

Esta serie de reflexiones demuestran que toda familia unida es feliz, más allá de la posición económica, ya que los valores humanos no se compran, se viven, se otorgan y se transmiten como un regalo más preciado que podemos dar. no existe la familia perfecta, pero si aquellas que luchan y se esfuerzan por lograrlo.

La vida en sociedad también supone una vida basada en valores. Posiblemente uno de los valores que habla más de una persona es la decencia. La misma supone una vida basada en la educación, compostura, respeto al semejante y por sí mismo.

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UN EJEMPLO DE VIDA: EL VALOR DE LA FAMILIA

Rick Hoyt es disminuido físicamente debido a que el cordón umbilical se enredo en su cuello al nacer, su padre Dick Hoyt lo lleva corriendo en una silla de ruedas, nadando y en bicicleta participando de las competencias mas duras de Triatlones, Ironman, Duatlones, Maratones, denominados como el Equipo Hoyt. Todo un ejemplo de vida y de amor reciproco de padre e hijo.

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Podemos creer en lo que dice el evangelio Palabra de Dios Apostoles

¿Podemos creer lo que dice el Evangelio?

los evangelios cristianos

1) No tomar todo al pie de la letra

Lo anterior basta para que entendamos lo siguiente:
– En el Evangelio no se encuentran todos los hechos y palabras de Jesús.
– Al relatar las palabras de Jesús, los evangelistas las expresan cada cual a su manera y las adaptan Para. mejor comprensión de sus lectores.
– Los hechos no están siempre en el orden en que sucedieron y pueden mezclarse en un mismo párrafo cosas que
– Jesús dijo en diferentes circunstancias. No podemos, pues, encontrar en el Evangelio una «fotografía» de Jesús o una «grabación» de sus palabras. Pero esto no significa de ninguna manera que no podamos creer el testimonio de los evangelistas.

2)El lugar único del Evangelio en la literatura

El Evangelio es una creación excepcional y única dentro de la literatura de todos los tiempos. Cualquier comparación con otro escrito de su tiempo, ya sea cristiano o de otra religión, hace resaltar un contraste impresionante. Por una parte la sencillez y la voluntad de ser sobrio; por otra, lo fabuloso, lo enredado, lo «no aterrizado». Un filósofo moderno, no creyente, se admiraba de que no hubiera más milagros en el Evangelio. El Evangelio lleva en sí mismo la garantía de su autenticidad. Tomando en cuenta las precisiones que damos en el párrafo anterior, la crítica moderna no ha podido encontrar falsedad en el Evangelio, a pesar de que, desde ya un siglo, ha sido pasado a la lupa y sometido a un sinnúmero de exámenes, como no se ha hecho para ningún otro libro.

3)Los que dudan

Son muchos, sin embargo, los que ponen en duda el testimonio de los evangelios. A veces, porque piensan ver en ellos algunas contradicciones. Más habitualmente, porque les parece imposible aceptar los milagros. Incluso entre los creyentes que estudian los evangelios, no faltan los que se quedan muy reservados respecto de su valor histórico cuando nos hablan de las intervenciones de Dios en favor de Jesús.

Esto se debe, tal vez, a que creen demasiado en sus propias ideas y no han recibido de Dios el don de una fe sencilla. Comparten con su ambiente una cultura que cuenta solamente con los recursos humanos para solucionar todos los problemas. A menudo disponen de una situación bastante segura en que uno puede ser creyente sin, correr grandes riesgos. y sin recurrir a menudo a Dios y su Providencia. ¿Cómo, pues, entenderían las cosas dé Dios sin antes haber tenido una conversión? Por muy sabios y religiosos que sean, no han experimentado la intervención de Dios en su propia vida ni han visto los milagros que consigue la fe. Entonces hacen el razonamiento siguiente: Si ahora no puedo ver cosas parecidas a las del Evangelio. ¿cómo voy a creer que sucedieron entonces?

4)Algunas objeciones

Por eso se aferran a tres argumentos en especial:
— Los evangelios no se escribieron de una vez, sino que retinen testimonios de varios testigos: son una literatura popular en la que se puede encontrar todo, menos la certeza histórica.
— Los evangelios fueron al comienzo escritos destinados a la catequesis y enseñanza del pueblo cristiano: los hechos que cuentan están orientados para apoyar la enseñanza que se da. No preguntemos si realmente Jesús caminó sobre el mar: el hecho se cuenta para mostrar que Jesús tiene poder divino.
— Los evangelios se escribieron muchos años después de la muerte de Jesús, cuando la imaginación popular ya había aureolado su persona y cuando la Iglesia ya había adaptado su mensaje para las necesidades de su gente. Por tanto no nos dan a conocer la realidad de Jesús, sino la fe de la Iglesia del primer siglo.

Pero, ¿y los apóstoles? Ellos habían sido los testigos de Jesús, y su función era la de quedar sus testigos oficiales dentro de la Iglesia. Ellos• sabían lo que había realmente sucedido, ¿y callaban mientras la gente deformaba la historia de Jesús? La garantía del Evangelio está en la misma estructura de la Iglesia Católica que nunca fue un grupo espontáneo de creyentes, llevado por los entusiasmos y el oportunismo. Desde el comienzo, fue un grupo organizado, con una jerarquía respetada que tenía la última palabra en cuestiones de fe y de tradiciones.

Los 4 evangelios no fueron una creación popular a partir de leyendas, de palabras escuchadas y deformadas, de milagros en parte inventados para justificar lo que se decía de Jesús. Los evangelios han salido de la tradición de los apóstoles, y la Iglesia los retuvo porque reconocía en ellos esta tradición.

En los mismos años se escribieron otros «evangelios»: «Evangelio de Pedro», «Evangelio de Tomás», «Evangelio de Nicodemo», «Protevangelio de Santiago»… pero la Iglesia no les dio crédito, por ver en ellos hechos fabulosos o con orientaciones teológicas que no se ajustaban a la enseñanza recibida de los apóstoles.
El hecho de que los evangelios se escribieron para la catequesis no significa que la historia fue adulterada »para mejor convencer a los oyentes». ¡Como si los hechos no fueran suficientes para hablar a los que saben entender! Y los apóstoles de Jesús, formados por él, ¿no tendrían la honradez elemental para respetar la verdad?

Se ha dado mucha importancia a los moldes literarios .que se usan para contar los hechos. Como varios milagros se cuentan conforme al mismo esquema, algunos estudiosos concluyen que todo es ficticio. ¿No ‘sería más sencillo pensar que los hechos y milagros se contaron conforme a ciertos moldes que permitían enseñarlos y memorizarlos con más facilidad?

Otro caso típico es el de la Anunciación a María. Lucas la relata imitando páginas antiguas referentes al nacimiento de Ismael y Sansón. Algunas personas se apresuran a decir: puesto que Lucas imitó el estilo de relatos legendarios, es que también su relato es leyenda; la virginidad de María y el anuncio del ángel no son más que ficción y solamente pretenden celebrar la divinidad de Cristo.

¿Por qué buscar explicaciones tan extrañas? Lucas y sus contemporáneos tenían estas páginas antiguas por históricas: imitó su estilo para recalcar que también el nacimiento de Jesús se inscribía en la Historia Sagrada. Lucas contó los hechos que fundaban su propia fe; si estos hechos no hubieran sucedido, tampoco él habría creído.

Diferencias entre los evangelios segun los apostoles Marcos San Juan

El Evangelio de Marcos:

Marcos había acompañado primero a Pablo, luego a Pedro (1 P 5,13) al que servía de secretario e intérprete pues el apóstol no estaba familiarizado con el griego que hablaban sus fieles de Roma. Al redactar su Evangelio, Marcos no pretendió más que poner por escrito la tradición catequística común. Pero, en cada párrafo, introdujo detalles concretos y pintorescos que conocía por haberlos escuchado de boca de Pedro, y que daban vida a su narración. Pedro, testigo personal de los hechos, tenía su manera de contarlos y hacía resaltar lo que a él le habla impactado: al leer el texto de Marcos, muchas veces creemos escuchar a Pedro.

Mateo y Lucas: Los evangelios de Mateo y de Lucas tienen en común algunos hechos y muchas palabras de Jesús que no están en Marcos. En el de Lucas, los encontramos principalmente en los capítulos 9,52 a 18,14, donde vienen en forma seguida, mientras que los mismos párrafos están dispersos a lo largo del Evangelio de Mateo. Se piensa comúnmente que provienen de algún escrito anterior a nuestros evangelios, al que se llama a veces «Los Dichos del Señor, (Muchos biblistas lo llaman «La fuente O»). Este escrito, a diferencia de la otra fuente que llamamos la tradición catequística común, relataba pocos hechos y milagros de Jesús. Comenzaba con el testimonio de Juan Bautista y reunía más que todo palabras de Jesús agrupadas por temas.

Además del contenido de estas dos fuentes, las primeras comunidades cristianas de Palestina, en Jerusalén primero, y luego en Cesárea, guardaban varios escritos relatando parábolas, milagros y hechos de Jesús. De ahí provienen las partes propias de Mateo y de Lucas que, en forma separada, conocieron varios de ellos.

La obra de Lucas:

¿De qué manera compaginaría Lucas los varios documentos que habla reunido, especialmente los dos más importantes: el patrón de Marcos y los Dichos del Señor? El primero relataba hechos, el otro era un tejido de palabras de Jesús. Lucas debía, pues, colocar las palabras en el relato, pero le repugnaba desmenuzar los «dichos del Señor». Por eso, al reproducir el Evangelio de Marcos, que se divide en dos partes: hechos de Jesús en Galilea y hechos de Jesús en Jerusalén antes de su Pasión, colocó en medio la mayor parte de los Dichos del Señor, tal como venían, ubicándolos en forma algo ficticia en el viaje de Jesús a Jerusalén (Lc 9,51).

Habiendo fundido de este modo los dos documentos más importantes, puso a manera de introducción los capítulos referentes a la infancia de Jesús, siguiendo un documento muy antiguo, cuya información provenía seguramente de María, Madre de Jesús. Y para concluir el Evangelio, puso las apariciones de Jesús resucitado que faltaban en Marcos (ver comienzo de Mc 16,8).

Lucas era de cultura griega y escribía para griegos. No reprodujo los párrafos del Evangelio de Marcos que se referían a leyes y costumbres judías, poco entendibles para sus lectores (Mc 7; 8,15; 9,11). Asimismo suprimió párrafos que podían herir la sensibilidad de los griegos (Mc 8,31; 9,43; 11,11) o que parecían contradecir la fe en Jesús Hijo de Dios (Mc 13,32; 14,33).

Un principio de la literatura griega era evitar cualquier repetición, mientras que la repetición gustaba mucho a los judíos. Por esta razón suprimió, por ejemplo, la segunda multiplicación de los panes, la segunda comparición de Jesús ante el Consejo Supremo y varios episodios que se parecían demasiado a otros ya narrados (Mc 8,22; 14,3), sin hablar de numerosas repeticiones de palabras. Este afán de simplificar se nota especialmente al comparar el Discurso en el Monte tal como lo presenta Lc 6 y como está en Mt 5-7.

La obra de Mateo:

Para empezar, precisemos que según toda probabilidad, el autor de nuestro Evangelio según Mateo no es el apóstol Mateo. El obispo y mártir San Ireneo escribía en el año 185: «Mateo hizo aparecer una forma escrita de evangelio entre los hebreos y en el idioma de ellos, en el mismo tiempo en que Pedro y Pablo evangelizaban Roma.» Mucho antes, como en el año 110, Papías de Hierápolis decía: «Mateó escribió las palabras del Señor en hebreo y luego cada cual lo tradujo según su propio genio.»

Este evangelio de que hablan, o, mejor, «esta forma de evangelio», escrito en hebreo por los años 50 no puede ser nuestro Evangelio de Mateo, escrito en griego veinte años más tarde. El actual Evangelio de Mateo es la obra de un desconocido, pero un hombre de gran cultura teológica.

La preocupación de este autor fue presentar la enseñanza de Cristo en forma organizada y lógica. Suprimió los detalles cuando relataba los hechos; en cambio, realzó las palabras de Jesús. Su Evangelio se compone de cinco partes; cada una de ellas empieza con hechos de Jesús y termina con un discurso.

Estos discursos son:
— el Sermón en el Monte (cap. 5-7);
— la instrucción a los Misioneros (10);
— las Parábolas del Reino (cap. 13);
— las palabras sobre la Convivencia en la Iglesia (cap. 18);
— el Porvenir de la Iglesia (cap. 23-25).

Mateo empezó su Evangelio con unos re latos de la infancia de Jesús. Ahí nos encontramos con un estilo muy particular. inspirado de cierta literatura judía, en que es difícil distinguir lo que es historia y le que es forma figurada de expresarse (los Magos, por ejemplo).
El Evangelio de Mateo se escribió para comunidades cristianas en que eran numerosos los creyentes de origen judío. Pos eso insiste en que Jesús cumple las profecías de la Biblia (Mt 4,14; 8,17; 12,17; …) También vuelve a menudo sobre el tema siguiente: él Reino de. Dios ha sido predicado a los judíos, pero Jesús sabia que iban a rechazarlo y que, debido a esto, la Iglesia se dirigiría a les pueblos paganos.

El Evangelio de Juan:

El Evangelio de Juan se dirige a personas que ya conocen los otros Evangelios quiere darles una enseñanza más profunda Refiere muy pocos hechos de los contenidos en los otros Evangelios, fuera del relato de la Pasión, sacando de ellos una enseñanza diferente o de un nivel superior. Los evangelios sinópticos nos dicen que la novedad de la enseñanza moral de Jesús fue el retomar todo lo dicho anteriormente a él en la Biblia, para poner de relieve lo esencial. Pero, ¿por qué quería Jesús que sus discípulos., fueran perfectos?

Porque había llegado la hora del Reino de Dios. Eso era lo importante: el Reino de Dios se ha acercado, Dios ahora viene con todo su poder para levantar a los hombres. Y la gente  preguntaba: ¿Cómo viene este Reino de Dios?

El cómo, lo sabemos: Dios se hacía presente’ entre, los hombres en la persona de su propio- Hijo para hacerlos hijos de Dios. Pero mientras Jesús estaba en la tierra, no lo había dicho claramente y solamente después de su Resurrección, los apóstoles entendieron en qué consistía la novedad de la experiencia cristiana. Juan, por su parte, quiso decirlo en su libro: ver la Introducción a este Evangelio.

Como nacieron los evangelios? Historia Palabra Nuevo Testamento

¿Historia Como nacieron los evangelios?

Los 4 evangelios: Es casi seguro que los evangelios de Lucas y Marcos se publicaron en los años 62-66 inmediatamente antes de la ruina de la nación judía anunciada por Jesús. El de Mateo es un poco posterior: en los años 80. El de Juan, el más tardío, fue publicado después de la muerte de su autor, en los años 95-100.

Estos evangelios están redactados en griego, lengua comercial e internacional de aquel tiempo, pero resulta fácil comprobar que son traducciones o adaptaciones de textos escritos, los unos en arameo, idioma que hablaban los judíos en tiempo de Jesús, los otros en hebreo, lengua antigua del pueblo judío, que ya no se hablaba pero si se usaba para la literatura religiosa. Un hecho se impone a primera lectura: los tres primeros evangelios de Mateo, de Marcos y de Lucas, se parecen en muchos pasajes, cuentan los mismos hechos, a menudo en el mismo orden.

Por eso los llamamos evangelios sinópticos, lo que significa que podríamos disponerlos en tres columnas yuxtapuestas .para comparar sus tres maneras de contar el mismo hecho con palabras bastante parecidas.

Pero también varios relatos de Juan contienen las mismas expresiones, modismos, detalles que se encuentran en Lucas o Marcos. De todo esto se desprende que los evangelios no son creaciones totalmente originales. Si dos o más evangelistas se expresan en la misma forma, esto se debe a que usaron una misma fuente de información. Está seguro que la Iglesia de los primeros tiempos usaba varios escritos más o menos desarrollados (podríamos hablar de pre-evangelios) que reunían palabras, milagros y hechos de Jesús. Mas todavía se hacía uso de una enseñanza transmitida oralmente y memorizada por los candidatos al bautismo. Esta catequesis oral ha sido la fuente principal de los evangelios.

La tradición de los apóstoles

Sabemos que Jesús murió  siendo todavía joven y que el tiempo de su predicación fue muy breve. Y murió sin haber escrito nada.Pero Jesús había dedicado la mayor parte de su tiempo a formar estos «doce apóstoles que había escogido. Convivían con él, como acostumbraban hacer los discípulos de los maestros judíos. Jesús les hacía memorizar su enseñanza.

Más que multiplicar los discursos, había repetido de mil maneras las verdades esenciales. Los apóstoles tenían grabadas en la memoria una serie de instrucciones del Maestro, además de los hechos que habían presenciado. Y no podemos dudar que desde los días de Pentecostés se preocuparon por dar forma a estas instrucciones de. Jesús que iban a ser la catequesis dé la Iglesia primitiva.

Se sabe que el Evangelio de Marcos es mucho más corto que el de Mateo o de Lucas. Pero es fácil averiguar que casi todos los hechos contados en este evangelio, están también en Mateo y Lucas. Muy posiblemente este conjunto de hechos, de parábolas y de milagros común a los tres evangelios sinópticos representa el contenido de la tradición catequística que, anteriormente a ellos, se transmitía en todas las iglesias.