La Monarquía en Roma Antigua

Biografia de Galba Emperador Romano

Biografia de Galba Emperador Romano

Servio Sulpicio Galba, fue el primero de los cuatro emperadores que ocuparon el trono de Roma durante el año 69, el conocido como año de los cuatro emperadores. Fue una figura destacada de un grave momento en la vida del Principado de Octavio Augusto: la llamada crisis del año 69, cuando, extinguida la dinastía Julio-Claudia, de nuevo el ejército se dispone a entronizar a su candidato en el poder.

Pero, en este caso, ya no se trata de un solo ejército; las legiones de Roma se han regionalizado, y en España, el Rin, el Danubio y Oriente sostienen criterios y generales distintos. En escala reducida, la crisis del año 69 es el ensayo precursor de la crisis del siglo 111.

biografia emperador Galba

Servio Sulpicio Galba fue emperador del Imperio romano desde el 8 de junio de 68 hasta su muerte. Fue el primero de los cuatro emperadores que ocuparon el trono de Roma durante el año 69, el conocido como año de los cuatro emperadores.

Pues bien, en este ambiente de confusión política brilla por un instante la personalidad de Galba.

Cuando Cayo Julio Víndex se levantó en la Galia en marzo del 68 contra el gobierno despótico de Nerón, halló a su lado a Servio Sulpicio, gobernador general de la Tarraconense.

Tanto por su padre, Sulpicio Galba, como por su madre, Mumia Acaica, descendía de las familias más ilustres de Roma, donde había nacido el 24 de diciembre del año 5 antes de la Era.

Por su madrastra, Livia Ocella, entró en parentesco con Livia, madre de Augusto, la cual le distinguió con singular afecto.

A estas buenas relaciones se debió su próspera carrera política: gobernador de Aquitania, cónsul el año 33, gobernador del Alto Rin del 39 al 41, miembro del estado mayor de Claudio durante la conquista de Britania, procónsul en África en el 4% y gobernador de la Tarraconense desde el 66.

En todas partes había probado su pericia militar y sus excelentes cualidades administrativas y burocráticas.

Pero cuando se pronunció contra Nerón era ya un hombre viejo, sin el vigor y la energía de la juventud o de la plena hombría (tenía 73 años).

Esto explica sus vacilaciones, sus dudas y el fracaso de su gestión. Derrotado Víndex en la Galia, Galba se dio por perdido, a pesar de que contaba con el firme apoyo de los gobernadores de la Lusitania y la Bética.

Sin embargo, la suerte le favoreció, pues el vencedor de Víndex, Virginio Rufo, abandonó la causa de Nerón para reclamar el restablecimiento de la autoridad del Senado, y el mismo emperador halló la muerte el 9 de junio del 68.

La guardia pretoriana, convenientemente sobornada, se decidió a apoyar la causa de Galba. Este fue, pues, proclamado y reconocido emperador por el Senado, los pretorianos y el ejército, a excepción de las legiones de África, las cuales a la muerte de su jefe Claudio Mácer, muy pronto fueron sometidas.

Galba llegó a Roma a principios de octubre del 68 y penetró en la ciudad sobre montones de cadáveres, ya que tuvo que sofocar un levantamiento de una legión de marinos creada por Nerón.

Recibido favorablemente por el Senado, no supo atraerse a sus enemigos ni captarse nuevos partidarios con habilidad, tacto y largueza. Severo, justo, administrador minucioso, casi avariento, creía que dirigir el Imperio era regir una provincia.

En política se dejó llevar por gente de reputación dudosa, como Nimfidio, Laco, Vinio. Sin embargo, cuando se percató de que no reunía las condiciones necesarias para salvar la autoridad imperial de la amenaza de las legiones el ejército del Rin acababa de proclamar a Vitelio — eligió como colaborador y futuro sucesor a L. Calpurnio Pisón, distinguido miembro de la aristocracia senatorial.

Pero la guardia pretoriana impuso su voluntad. Manejada por Salvio Otón, se sublevó contra Galba y Pisón y les dio injusta muerte el 15 de enero del año 69. Galba había reinado tres meses.

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Biografia de Cayo Mario Tribuno y Consul Romano

Biografía de Cayo Mario-Tribuno y Consul Romano

CAYO MARIO (15687 a. de J. C.): Cayo Mario inaugura una nueva etapa en la vida de Roma. Hasta entonces los partidos políticos — oligarquía y democracia — habían luchado por el poder mediante las armas constitucionales creadas en el curso de cuatro siglos de Historia.

Mario inicia un sistema de conquista del Estado apoyándose en el ejército, que él transformó en permanente y asoldado. Éste cambio reñía impuesto por la nueva misión imperial de Roma v la prolongación de las campañas de conquista en Asia, España y África Menor.

Cayo Mario Biografia

Cayo Mario ​ fue un político y militar romano, llamado tercer fundador de Roma por sus éxitos militares.​ Fue elegido cónsul siete veces a lo largo de su vida, nunca ocurrido antes en Roma.

Pero fue Mario, el homus novo (nuevo hombre) , quien con su popularidad fue capaz de imponer la transformación que conducía de modo inevitable el cesarismo.

Por su aversión a los optimates, utilizo el ejército en favor del credo y partido radical de los demócratas.

Los optimates (los hombres excelentes’)​ constituyeron la facción aristocrática de la República romana tardía.

De esta manera, dando un ejemplo a la aristocracia, que ésta recogió en la persona de Sula, abrió el camino a la crisis constitucional romana del siglo i antes de nuestra Era.

De origen volsco, nacido en 156 en la aldea de Cércete, Arpiño, de una familia de campesinos — lo que parece bastante problemático—, Mario creció con la mayor sencillez.

Careció de la esmerada educación de la nobleza romana, pero asimismo se vio libre de su corrupción y de sus vicios.

Dotado de inteligencia natural y de admirables condiciones de bravura y sagacidad militar, se distinguió sobremanera por su brillante conducta ante los muros de Numancia a las órdenes de Escipión Emiliano (133).

Este comportamiento le valió la protección de la poderosa familia Métela, bajo cuyos auspicios se inició en la carrera política. Después de ser tribuno militar y cuestor, fue elegido tribuno de la plebe en 119 y pretor en 116.

Como propretor en 115 le correspondió una jefatura provincial en España, que desempeñó acertadamente. Poco más tarde daba un paso más en su carrera gracias al matrimonio contraído con Julia, tía de César.

Enlazado con la mejor sociedad romana y apoyado por los Mételos, Mario conservaba intacta su alma de viejo veterano y de pequeño campesino.

En su fondo despreciaba a la aristocracia, y cuando ésta le negó sus votos para el cargo de cónsul — al que le hacía acreedor el éxito obtenido en Muthul (109) en la guerra yugurtina—, rompió con ella de modo definitivo.

A pesar de la oposición de la oligarquía fue elevado al consulado dos años después (107), y este cargo le valió inmediatamente la dirección de la campaña de Numidia en substitución de Cecilio Mételo.

En esta ocasión reformó la constitución del ejército romano, admitiendo en las filas de las legiones a libertos y proletarios, hombres sin hacienda, que no tenían prisa para terminar una campaña y regresar a sus hogares. Así se constituyeron los veteranos de las legiones. Habían de apoyar a su general en lo militar como en lo político.

Mario condujo la guerra contra Yugurta con mayor energía y rapidez que Mételo; pero también se vio obligado a una guerra de guerrillas en el desierto, de la que resultó, por último, vencedor cuando el rey Boceo le entregó a traición a Yugurta (gracias a la hábil diplomacia de Sula, 105).

Como premio a su victoria fue nombrado cónsul por segunda vez (104) y encargado de hacer frente a la temible invasión de los cimbrios y teutones, bárbaros que desde 113 merodeaban por los confines septentrionales del Imperio.

En esta nueva campaña llegaron a su punto culminante las virtudes militares de Mario; afianzó la disciplina del ejército, adiestró a las legiones, y cuando llegó el momento del gran choque, deshizo a los teutones en Aquae Sextiae (102) y a los cimbrios en Vercellae (101).

En el colmo de su popularidad y de su poder — ya que había sido elegido cónsul cada año transcurrido desde 104 a 100Mario quiso aportar el peso de su persona a la causa que sostenía la democracia para renovar las virtudes de la vieja Roma.

Desgraciadamente, esta causa se hallaba en manos de dos demagogos, Saturnino y Glaucio. Entre la revolución inminente y el orden republicano, Mario no se atrevió a dar el golpe de estado y retrocedió.

Este acto equivalió al derrumbamiento de todas sus ambiciones. El mejor general de Roma quedó desacreditado como político.

Viajó entonces por Asia Menor, tanto para ponerse al corriente de la ideología del mundo helenístico como para orientarse respecto a las amenazas que Mitrídates de Ponto hacía pesar sobre las provincias orientales de Roma.

A su regreso, hizo vida retirada, aunque contribuyó a sofocar la sublevación de los federados en la llamada guerra mársica o social (90-88).

En este instante quiso aspirar al mando de la expedición que Roma aprestaba contra Mitrídates de Ponto, pero en las elecciones para el consulado del año 88 fue derrotado por el jefe de los patricios, Sula.

Este desengaño lo arrojó en brazos de P. Sulpicio Rufo, tribuno

de la plebe, quien se proponía abrir todas las tribus romanas a los federados itálicos y apoyar la candidatura de Mario para el mando extraordinario en Asia. Pero los aliados fueron derrotados por Sula, el cual se adueñó de la capital por un acto de fuerza. Rufo perdió la vida, y Mario pudo huir a África (88).

Cuando Sula marchó a Asia, Cinna, un miembro del partido democrático, obtuvo el consulado para el año 87.

La oligarquía le destituyó de sus funciones, sin contar con que Mario, que había desembarcado en Etruria, reunía en un momento un poderoso ejército de libertos, federados y veteranos.

De esta manera logró conquistar la capital. Entonces inauguró un verdadero régimen de terror contra la aristocracia.

Emborrachado con su venganza, Mario obtuvo el consulado para el año 86. Pero murió en 13 de enero de este mismo año, ahogado por la sangre que había hecho verter.

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Origen de Roma La Monarquia Los Reyes Etruscos y Latinos Romanos

ORIGEN DE ROMA Y LA MONARQUÍA

ORIGEN DE ROMA Y LA MONARQUÍAEL MEDIO GEOGRÁFICO: La civilización romana, la más grande y duradera de la antigüedad, se desarrolló en la península itálica, situada al Occidente de Grecia y en el centro del mar Mediterráneo, al que en cierto modo divide en dos cuencas.

Dicha península tiene la forma de una bota y está limitada al norte por los Alpes, un semicírculo de montañas muy altas, cubiertas le nieve, que encierra un valle de naturaleza muy fértil, regado por el río Po, que desemboca en el mar Adriático.

En forma longitudinal se extienden los montes Apeninos, que descienden hacia los mares laterales, el Adriático y el Tirreno, dando lugar, en la margen occidental, a la existencia de múltiples llanuras, algunas muy feraces, como las surcadas por los ríos Amo y Tíber.

Próximas al continente, se encuentran tres grandes islas: Córcega, Cerdeña y Sicilia, esta última apenas separada de la península por el estrecho de Mesina y escasamente distante del continente africano. El clima es benigno, sobre todo en el Sur, con un sol brillante y permanente, lo que favorece el establecimiento del hombre y el cultivo del suelo.

LOS PUEBLOS QUE LO HABITARON

Los primitivos habitantes de este privilegiado territorio, fueron los ligures, que hacia el año 1500 a.C. se establecieron en el Norte, en la región que hoy se conoce precisamente como la Liguria.

Luego aparecieron los italiotas, procedentes del centro de Europa —indoeuropeos, como los pueblos que invadieron Grecia por la misma época— que se impusieron sobre los ligures y se radicaron en la región central, donde se integraron en numerosas tribus, entre las que podemos mencionar a los sabinos, que fueron los que iniciaron el asentamiento en la Campania; en seguida los siguieron los latinos, que ocuparon el valle del Tíber y su zona adyacente, que se llamaba el Lacio; más tarde arribaron los umbrios, que se quedaron en la llanura del Po; y finalmente, los ilirios, que se localizaron en el Véneto. Otros grupos menores ocuparon distintas posiciones.

Los etruscos: Sin embargo, los habitantes de mayor repercusión en la península itálica, fueron los etruscos, a quienes los griegos llamaron tirrenos, cuyo verdadero origen se desconoce, pero se supone llegados del mar Egeo, hacia el año 1000 a.C., como consecuencia de la gran expansión griega que los empujó hacia el Oeste y los obligó a establecerse en las ostas itálicas, en la región de la Toscana, entre los ríos Amo y Tíber.

Los etruscos fundaron varias ciudades independientes entre sí, aunque unidas federativamente, y rápidamente se extendieron desde los Alpes hasta la Campania, alcanzando elevados niveles culturales, en cuyas expresiones se advierte la combinación de elementos de origen griego y cretense.

Las ciudades tenían un rey, que concentraba la suma del poder. Los descendientes de los invasores constituían la nobleza, en tanto que el resto de la población vivía en servidumbre. La principal actividad económica fue la agricultura, que prosperaba en las tierras fértiles, debido a las importantes obras de desecación de los pantanos que llevaron a cabo.

Su religión, como la de los pueblos orientales —salvo los hebreos—, fue politeísta, aunque reconocían una trinidad común, integrada por Júpiter, Juno y Minerva. Los muertos eran objeto de un culto especial, a la manera de los egipcios. Además ofrecían a los dioses sacrificios de animales y, en ocasiones, de seres humanos, como resultado de combates singulares.

Creían también en los presagios, que se hacían sobre la observación del vuelo de las aves o del análisis de las entrañas de los animales sacrificados; y efectuaban plegarias de impetración a los dioses. Los arúspices estaban encargados de interpretar las recopilaciones en las que estaban contenidas las normas para la organización de la comunidad y las relaciones entre sus miembros.

Las manifestaciones artísticas también tuvieron reminiscencias de los griegos y orientales, pero con el aporte de nuevos elementos de gran originalidad. En arquitectura se destacaron por la construcción de puentes, acueductos y cloacas, cuya excelencia los hace valederos hasta la actualidad. También fue muy importante la construcción de carreteras y la erección de murallas hechas de piedras, sin cemento. En estas construcciones aplicaron el arco y la bóveda, que luego tanto difundieron los romanos.

Los Esposos-Arte Etrusco

La civilización etrusca floreció hasta el año 600 a.C. aproximadamente, en que al chocar con los italiotas y con los griegos, terminó por desaparecer. La decadencia comenzó con la derrota en la batalla naval de Cumas, en el año 520 a.C., librada contra la flota griega en un intento de apoderarse de las colonias próximas a Nápoles.

Aprovechando esta circunstancia, en el año 509 a.C. se sublevaron los latinos y lograron que los etruscos se retiraran de la margen opuesta del Tíber, abandonando la región del Lacio.

Para esa época penetraron los galos por el Norte de Italia, obligando a los etruscos a desalojar la rica zona del Po, que desde entonces se conoció como la Galia Cisalpina (de este lado de los Alpes). De esta manera, los etruscos quedaron reducidos a sus primitivas posesiones en la Toscana, hasta ser dominados por los romanos. (ampliar sobre los etruscos)

Mural de una tumba etrusca. Al igual que los egipcios, los etruscos llenaban sus tumbas con muebles, tazones y otros objetos de la vida cotidiana, así como murales que muestran diversiones experimentadas en vida y esperando la muerte en la vida después de morir. En este mural encontrado en una tumba etrusca en Tarquinia se observa a los sirvientes y músicos en un banquete. Este mural data de la primera mitad del siglo V a. de C.

LA MONARQUÍA: Como vimos, los latinos, se establecieron en el valle del Tíber y su comarca circundante, que se llamaba el Lacio, llanura escasamente fértil que se recostaba sobre el mar Etrusco, que más tarde se denominó mar Tirreno. La región no era muy favorable, por sus terrenos bajos y pantanosos, y estaba cercada al Norte por los etruscos y al Sur por los griegos. Esta circunstancia hizo que sus habitantes buscaran la forma de poder defenderse mejor de sus vecinos.

En el año 753 a.C., un grupo de familias procedentes de Alba Longa resolvió establecerse en el monte Palatino, donde fundaron una aldea, llamada en un principio Germal, y más tarde conocida como Palatina.

Con la llegada de otras familias, fueron ocupando los montes vecinos, hasta completar siete poblaciones, las cuales se unieron federativa-mente, a la manera de los etruscos, constituyendo el Septimontium o Liga de los Siete Montes, que conservó una relación muy estrecha con Alba Longa, que era la ciudad de origen de sus miembros.

Sin embargo, poco después aparecieron los etruscos, quienes conquistaron toda la región del Lacio y sometieron a Alba Longa y a todas las ciudades de la Liga, que se unificaron en una sola ciudad a la que llamaron Roma, nombre que deriva de la palabra etrusca rumón, que significa río.

La leyenda: Según la leyenda, narrada por el famoso escritor Virgilio en su obra La Eneida, el príncipe troyano Eneas, después de la toma de su ciudad por los griegos, huyó hacia Italia en busca de refugio, y llegó hasta el Lacio, donde se estableció y fundó la ciudad de Lavinio.

Ascanio, hijo de Eneas, que había acompañado a su padre, lo sucedió como rey de Lavinio y, a su vez, erigió otra ciudad a la que llamó Alba Longa.

Mucho tiempo después, Numitor, descendiente de Ascanio, fue derrocado por su hermano Amulio, quien ordenó que R5mulo y Remo, hijos de Rea Silvia, hija, a su vez de Numitor, fueran abandonados en las márgenes del Tíber para que murieran de hambre. Sin embargo, los niños fueron alimentados por una loba, hasta que un pastor los encontró y los crio en su casa. Cuando Rómulo y Remo crecieron, fueron reconocidos por su abuelo Numitor, y al enterarse de su origen noble, derrocaron a Amulio y restablecieron a Numitor en el trono de Alba Longa

Fue entonces cuando Rómulo y Remo decidieron fundar una nueva ciudad en el monte Palatino, a escasa distancia del mar, de manera tal que pudiera recibir por el Tíber las mercaderías necesarias y a la vez estuviera suficientemente alejada para resguardarse del ataque de los piratas.

Ambos hermanos trazaron los límites de la ciudad a la que llamaron Roma— y abrieron un foso que la rodeaba. Rómulo dio aviso que castigaría severamente a quien se atreviera a cruzarlo, y como Remo lo hizo, le dio muerte sin piedad.

Además, como la ciudad se fue poblando de pastores, sin el aporte necesario de mujeres para fundar familias, Rómulo organizó una fiesta e invitó a sus vecinos, los sabinos, que confiadamente fueron, acompañados de sus mujeres y sus hijas. Durante el transcurso de la misma, a una señal convenida, los romanos raptaron a las mujeres, lo que dió origen a una guerra con los sabinos, que terminó por mediación de las mismas mujeres raptadas, las que habiéndose convertido en esposas de los romanos, se interpusieron entre los combatientes y los reconciliaron.

Posteriormente, en el año 715 a.C., el fundador de Roma desapareció en forma misteriosa. En cierta ocasión en que pasaba revista a sus tropas, se produjo una terrible tempestad, pasada la cual nadie volvió a verlo, lo cual dio lugar a que se tejieran muchas conjeturas, entra ellas la de su asesinato y, finalmente, a que se lo adorara como a un dios.

A Rómulo le sucedió Numa Pompilio, un jefe de origen sabino, que era famoso por su sabiduría. Durante su reinado se dictaron las primeras leyes que rigieron a los romanos. Además dió forma definitiva a su religión.

A Numa Pompilio le siguió Tulio Hostilio, de inspiración guerrera, quien atacó a los albanos y los venció por completo después de una larga contienda, con lo que Alba Longa quedó subordinada a los romanos.

La guerra se definió por el enfrentamiento de tres hermanos, los Horacios, que combatieron por los romanos, con los tres Curiacios, que lo hicieron por los albanos. En el primer choque murieron dos Horacios y fueron heridos los tres Curiacios. Entonces el último Horacio fingió huir y ultimó por separado a los Curiacios, que estando heridos no pudieron perseguirlo a la misma velocidad.

Luego ocupó el trono Anco Marcio, también de origen sabino, que ordenó la construcción del puerto de Ostia.

Después fue encumbrado Tarquino el Antiguo, nacido en Tarquinia, ciudad de Etruria, que introdujo en Roma las costumbres etruscas. Tuvo especial preocupación por el embellecimiento de Roma y ordenó la construcción de un templo consagrado a Júpiter, que se llamó el Capitolio, debido a que cuando se estaba excavando para colocar los cimientos del edificio, se encontró una cabeza (capitis en latín), lo que según los augures, indicaba que Roma’ llegaría a ser la capital o cabeza del mundo. Durante su reinado también se construyeron el Circo, el Foro y la Cloaca Máxima.

A Tarquino el Antiguo le sucedió su yerno, Servio Tulio, que era hijo de una esclava y había sido criado en el palacio de Tarquino. Este rey incorporó los distritos etruscos a la alianza romana y dividió a la sociedad en clases, según su fortuna. Además rodeó a la ciudad de una fortificación y creó registros para los ciudadanos. Debido a este hecho, que perjudicaba a las antiguas familias, pereció víctima de una conspiración.

Le siguió Tarquino el Soberbio quien desvirtuó la obra realizada por su antecesor y pretendió gobernar con poderes absolutos. Con el propósito de conquistar a las colonias griegas del Sur, organizó una campaña que, como vimos, le resultó adversa. No obstante, según la leyenda, su caída se produjo por una tropelía cometida por su hijo Sexto quien, abusando de la hospitalidad de su pariente Tarquino Cola tino, violó a su esposa Lucrecia, quien se mató de desesperación. Su esposo ultrajado, que se encontraba en campaña, y Lucio Junio Bruto, sublevaron al pueblo y derrocaron a Tarquino el Soberbio, quedando abolida la monarquía (510 a.C.). El rey fue reemplazado por los cónsules y comenzó la República.