Cruce a los Andes

Tratado de Amistad Comercio y Navegacion con Inglaterra Objetivos

TRATADO DE AMISTAD, COMERCIO Y NAVEGACIÓN: A principios de 1824 el gobierno del general Juan Gregorio de Las Heras recibió las cartas credenciales de Woodbine Parish, flamante cónsul general de Su Majestad Británica en el Río de la Plata. Quedó acreditado ante Bernardino Rivadavia, ministro de Relaciones Exteriores, en representación de George Canning, ministro de Asuntos Extranjeros de la Gran Bretaña, quien tiempo antes había presionado para que la Corona reconociera la independencia de las Provincias Unidas. Varios meses después de la presentación del cónsul, Canning le envió un proyecto de tratado de comercio que fue estudiado por Manuel José García, a cargo de las Relaciones Exteriores del país.

ANTECEDENTES: En diciembre de 1824 se reunió un nuevo Congreso, con la asistencia de representantes de todas las provincias. Para ese entonces, el general Juan Gregorio de Las Heras había sucedido a Martín Rodríguez en el gobierno de la provincia de Buenos Aires.

El Congreso, en ejercicio de las facultades legislativas hasta que se dictara una constitución, promulgó una serie de leyes que regularon, entre otras cuestiones. las relaciones entre las provincias y las de las provincias con el exterior.

En enero de 1825, la Ley Fundamental, además de ratificar la declaración de la independencia de las Provincias Unidas, estableció un sistema de convivencia y respeto recíproco que garantizaba las autonomías provinciales y declaró constituyente al congreso. De acuerdo con lo expresado por la Ley, las provincias se gobernarían por sus propias instituciones y no se establecería una constitución sin que previamente fuese aceptada por todas ellas. También, delegaba en forma provisoria el Poder Ejecutivo en el gobierno de Buenos Aires, principalmente para el desempeño de las relaciones exteriores. Esta facultad posibilitó la firma del tratado entre Buenos Aires e Inglaterra, en febrero de 1825, que contó con la aprobación del Congreso.

En enero de 1825, el Congreso sancionó la Ley Fundamental. En ella, los representantes declaraban la voluntad unánime de mantener unidas las provincias y asegurar su independencia. Declaraban que el Congreso era constituyente pero que la futura Constitución sólo sería válida después de la aprobación de todas las provincias.

El tratado, firmado en 1825, establecía la igualdad legal y política entre las Provincias Unidas y el Estado británico y, sobre todo, se orientaba a proteger los intereses comerciales ingleses. Uno de sus artículos establecía que «los habitantes de los dos países gozarán de la franquicia para llegar segura y libremente con sus buques y cargas a todos los parajes, puertos y ríos de dichos territorios a donde sea o pueda ser permitido a otros extranjeros llegar […] también alquilar y ocupar casas y almacenes para los fines de su tráfico y generalmente los comerciantes y traficantes de cada Nación respectivamente disfrutarán de la más completa protección y seguridad para su comercio, siempre sujetos a las leyes».

Otros artículos aseguraban a los súbditos británicos y a los ciudadanos argentinos, en cada nación, la exención del servicio militar y de empréstitos forzosos. El tratado se refería también a la libertad religiosa: el Estado rioplatense se comprometía a respetar y garantizar la libertad de conciencia y de culto a los súbditos británicos. La cuestión de la tolerancia religiosa generó debates y conflictos, antes y después de firmado el tratado, por la oposición de los sectores católicos más conservadores, principalmente los de las provincias del Interior, como La Rioja y Córdoba,

El Tratado de 1825:
De amistad, comercio y navegación, celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y S. M. B. Buenos Aires, 2 de Febrero de 1825

Publicado en «El Nacional», Nro. 12. del 10 de marzo de 1825.
[«El Nacional» fue uno de los tantos periódicos que aparecieron por entonces en Buenos Aires. Se publicó entre 1824 y 1826.]

Habiendo existido por muchos años un comercio extenso entre los Dominios de Su Magestad Británica y los Territorios de las Provincias Unidas del Río de la Plata, parece conveniente á la seguridad y fomento del mismo comercio, y en apoyo de una buena inteligencia entre Su Magestad y las expresadas Provincias Unidas, que sus relaciones ya existentes, sean formalmente reconocidas y confirmadas por medio de un Tratado de amistad, comercio y navegación. […]. Artículo 1° Habrá perpetua amistad entre los dominios y subditos de S. M. el Rey del Reino Unido de la Gran Bretaña é Irlanda y las Provincias Unidas del  Rio de la Plata y sus habitantes.

Art. 2° Habrá entre todos los territorios […] una reciproca libertad de comercio. […].

Art. 8° Todo comerciante, comandante de buque, y demás subditos de S, M. B., tendrán en todos los territorios de las dichas Provincias Unidas la misma libertad que los naturales de ellas para manejar sus propios asuntos. [… ].

Art. 9° En todo lo relativo á la carga y descarga de buques, seguridad de mercaderías, pertenencias y efectos, disposición de propiedades de toda clase, y denominación por venta, donación, cambio, ó de cualquier otro modo; como también á la administración de Justicia, los subditos y ciudadanos de las dos partes contratantes gozarán en sus respectivos dominios de los mismos privilegios, franquezas y derechos [… ] estarán exentos de todo servicio militar obligatorio, […]; y de todo empréstito forzoso, de exacciones ó requisiciones militares; […].

Art. 12. Los subditos de S. M. B. residentes en las Provincias Unidas del Rio de la Plata, no serán inquietados, perseguidos ni molestados por razón de su religión; más gozarán de una perfecta libertad de conciencia en ellas, […] también será permitido enterrar á los subditos de S. M. B. que murieren en los territorios de las dichas Provincias Unidas, en sus propios cementerios, […].

Art. 13. Los subditos de S. M. B. residentes en las Provincias Unidas […], tendrán el derecho de disponer libremente de sus propiedades. […].

Art. 14. Deseando S. M. B. ansiosamente la abolición total del comercio de esclavos, las Provincias Unidas del Rio de la Plata se obligan á cooperar con S. M. B. al complemento de obra tan benéfica, […].

Hecho en Buenos Aires, el día dos de Febrero en el año de Nuestro Señor, mil ochocientos veinte y cinco.
Manuel J. García – Woodbine Parish

tratado de amistad con inglaterra

Cada país signatario podía llegar con sus buques y cargas a todos los puertos, parajes y ríos del otro. Para que un buque se considerase encuadrado en las estipulaciones del tratado se requería que hubiera sido construido en territorio de la corona británica o en tierras argentinas y que fuese poseído, tripulado y matriculado por subditos de los estados signatarios. Puesto que las Provincias Unidas no tenían flota propia ni posibilidades de construirla, y ni siquiera contaban con una marinería experta en viajes de ultramar, sus comerciantes carecían de posibilidades reales de penetrar en los mercados británicos, de tal manera que, de hecho, el tratado abría de par en par las puertas del país a las manufacturas inglesas. De todos modos, no era mucho el margen de maniobra de que disponía la Argentina por ese entonces como para adoptar otra política: la búsqueda de nuevos rumbos dependía del resultado de los pleitos internos, y en ese momento privaban los intereses de los comerciantes bonaerenses.

Fuentes Consultadas:
Historia Argentina Santillana Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 La Nación Argentina Kapeluz
de Miretzky – Mur – Ribas  – Royo

Independencia de Chile Y Peru Resumen del Desarrollo

Independencia de Chile Y Perú

La expedición al Perú: San Martín decidió no intervenir con su ejército en las guerras civiles rioplatenses y se dedicó a armar una flota para legar hasta Perú.

La expedición naval partió en agosto de 1820 y, luego de desembarcar en Pisco, avanzó hacia Lima sin arriesgarse a una batalla definitiva.

El cambio en la situación política española, donde un general liberal, Rafael de Riego, había sublevado a sus tropas contra Fernando Vil y le había impuesto fuertes controles dando por tierra con su poder absoluto, abría muchas posibilidades para una negociación.

Y así fue: un golpe desplazó al ultrarrealista virrey peruano Joaquín de la Pezuela para poner en su lugar al liberal José de a Serna, un virrey dispuesto a negociar con el también liberal San Martín. Poco después,

De la Serna entregaba Lima a San Martín, quien declaró la Independencia del Perú el 28 de julio de 1821 y poco después asumió corno Protector.

Pero, en adelante, la administración del Estado peruano no le traería a San Martín sino problemas, sin contar con que las tropas realistas seguían en operaciones que los desorganizados revolucionarios no podían derrotar.

Una solución llegó desde el otro gran núcleo revolucionario de América del Sur Venezuela. Tropas veteranas al mando de Simón Bolívar, perfectamente pertrechadas y con grandes recursos, se aproximaban al Perú a comienzos de 1822.

Los días 26 y 27 de julio, Bolívar y San Martín se reunieron en Guayaquil: los resultados fueron los previstos.

El jefe más fuerte y poderoso, Bolívar, tomó el control total de la situación, mientras que San Martín abandonó su mando para iniciar un argo exilio europeo que sólo culminaría con su muerte en Boulogne sur Mer (Francia), el 17 de agosto de 1850.

Por su parte, Bolívar prosiguió las acciones militares: las victorias de Junín, el 6 de agosto de 1824, y Ayacucho, el 9 de diciembre del mismo año, terminaron con todo vestigio del dominio español en América del Sur.

PROCLAMA DE SAN MARTÍN A SUS SOLDADOS

Soldados del Ejército Libertador:

Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino y sólo falta que el valor consume la obra de la constancia; pero acordaos que vuestro gran deber es consolar a la América, y que no venís a hacer conquistas, sino a liberar a los pueblos que han gemido trescientos años bajo este bárbaro derecho. Los peruanos son nuestros hermanos y amigos; abrazadlos como a tales y respetad sus derechos como respetasteis los de los chilenos después de la batalla de Chacabuco.

La ferocidad y violencia son crímenes que no conocen los soldados de la libertad, y si contra todas mis esperanzas, alguno de los nuestros olvidase sus deberes, declaro desde ahora que será inexorablemente castigado conforme a los artículos siguientes:

1° Todo el que robe o tome con violencia de dos reales para arriba, será pasado por las armas, previo el proceso verbal que está mandado observar en el ejército.

2° Todo el que derramare una gota de sangre fuera del campo de batalla, será castigado con la pena de Talión.

3° Todo insulto contra los habitantes del país, sean europeos o americanos, será castigado hasta con pena de la vida, según la gravedad de las circunstancias.

4° Todo exceso que ataque la moral pública o las costumbres del país, será castigado en los mismos términos que previene el artículo anterior.

¡Soldados! acordaos que toda la América os contempla en el momento actual, y que sus grandes esperanzas penden de que acreditéis la humanidad, el coraje y el honor que os han distinguido siempre, dondequiera que los oprimidos han implorado vuestro auxilio contra los opresores. El mundo envidiará vuestro destino si observáis la misma conducta que hasta aquí; pero desgraciado el que quebrante sus deberes y sirva de escándalo a sus compañeros de armas! Yo lo castigaré de un modo terrible; y él desaparecerá de entre nosotros con oprobio e ignominia.

Cuartel General del Ejército Libertador en Pisco, septiembre 8 de 1820.

INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO
JOSÉ DE SAN MARTÍN

El Cruce de los Andes y La Independencia de Chile

El Cruce de los Andes y La Independencia de Chile

En el Río de la Plata la liberación no fue un proyecto de inspiración meramente local sino que pretendió, desde sus orígenes, la independencia de toda la América hispana. Ese proyecto continental tuvo al general José de San Martín como figura decisiva que no sólo concibió el plan de la guerra de emancipación sino que junto con el venezolano Simón Bolívar  lo llevó a cabo.

En 1814. tras haber obtenido su relevo del comando del Ejército del Norte, San Martín pasó una temporada en Córdoba para restablecer su maltrecha salud. Durante ese descanso serrano trazó el camino hacia la victoria.

Cruce de los andes Plan Continental Mientras que Martín de Güemes y sus gauchos defendían con eficacia la frontera norte, Cuyo, San Martín comenzó la preparación de su ambicioso plan. El cruce de los Andes y expedición a Chile constituyeron la operación militar más compleja organizada por el núcleo revolucionario rioplatense.

Instalado como jefe indiscutible de Cuyo, San Martín comenzó la formación de un ejército para llevar adelante su plan de invasión a Chile por la cordillera. Durante 1816, los preparativos se aceleraron. A las fuerzas locales se unieron los revolucionarios chilenos, liderados por Bernardo de OHiggins, que se encontraban refugiados en Mendoza, luego de haber sido derrotados por los españoles en Rancagua, en 1814.

El cruce de los Andes se inició en enero de 1817; las columnas principales Utilizaron los paso de Los Patos —al mando de San Martín— y de Uspallata —al mando de Gregorio Las Heras—, pero la operación comprendía varios cruces y ataques sincronizados desde La Rioja hasta el sur de Mendoza. Una activa guerrilla comandada por Manuel Rodriguez se anticipó a la llega de los ejércitos regulares.

El hábil manejo de la información sobre los movimientos del enemigo y la falsedad de los datos que llegaron a los españoles antes de atravesar la cordillera posibilitaron a San Martín y al Ejército de los Andes combatir exitosamente a los realistas, quienes sufrieron una grave derrota en Chacabuco, en febrero de 1817. Esto permitió al ejército revolucionario entrar en Santiago, donde  O´Higgins fue nombrado Director. Un año más tarde, el 12 de febrero de 1818, fue declarada la Independencia de Chile.

La resistencia realista se organizó en el sur de Chile, por lo cual se envió una expedición que, luego de varias victorias, fue sorprendida y derrotada el 19 de marzo de 1818 en el campamento de Cancha Rayada. Ante el avance de las tropas realistas, San Martín y O´Higgins se abocaron a reorganizar las fuerzas patriotas y decidieron dar batalla para defender Santiago. San Martín desplegó sus fuerzas cerca del río Maipú: el 5 de abril la victoria patriota fue rotunda, y puso fin al dominio español en Chile.

CARTA DE PUEYRREDÓN A SAN MARTÍN

«A más de las 400 frazadas remitidas de Córdoba, van ahora 500 ponchos, únicos que se han podido encontrar; están con repetición libradas órdenes a Córdoba para que se compren los que faltan al completo, librando su costo contra estas cajas.

[…] Está dada la orden más terminante al gobernador intendente para que haga regresar todos los arreos de muías de esa ciudad y de la de San Juan.

Está dada la orden para que se remitan a Ud. mil arrobas de charqui, que me pide para diciembre: se hará. […]
Van todos los vestuarios pedidos y muchas más camisas.

Si por casualidad faltaren de Córdoba en remitir las frazadas, toque Usted el arbitrio de un donativo de frazadas, ponchos o mantas viejas a ese vecindario y el de San Juan: no hay casa que no pueda desprenderse sin perjuicio de una manta vieja; es menester pordiosear cuando no hay otro remedio. Van cuatrocientos recados.
Van hoy por el correo en un cajoncito los dos únicos clarines que se han encontrado.

[…] Van los 200 sables de repuesto que me pide.
Van 200 tiendas de campaña o pabellones, y no hay más.
Va el mundo. Va el demonio. Va la carne. […] no me vuelva Ud. a pedir más, si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado de un tirante de la fortaleza.»

JUAN M. DE PUEYRREDÓN,
Carta a San Martín, 2 de noviembre de 1816.

El cruce de los Andes: A principios de setiembre de 1814, el general San Martín se hizo cargo de la Gobernación-Intendencia de Cuyo, cuya capital era Mendoza. Allí, frente a las cimas gigantescas de la Cordillera de los Andes, el caudillo comenzó la organización del ejército, destinado a liberar a Chile y Perú.

A lo largo de más de dos años San Martín trabajó incansablemente para alistar la fuerza que le permitiría concretar el grandioso plan. Convirtió así a Cuyo en una verdadera «nación en armas», movilizando todos sus recursos humanos y materiales para integrar el ejército libertador. Al mismo tiempo, desarrolló una permanente campaña de espionaje en Chile y recurrió a múltiples maniobras y engaños para desorientar a los realistas acerca del momento y el lugar en que llevaría a cabo el ataque.

De esta manera, su genio organizador y su férrea voluntad lograron lo que parecía imposible. A principios de enero de 1817 el ejército de San Martín, integrado por 4.000 soldados y 1.200 milicianos auxiliares, 10.600 muías de silla y carga y 1.600 caballos, estaba listo para acometer una de las operaciones más gigantescas y audaces de la historia militar: el cruce, por pasos estrechos, de la Cordillera de los Andes.

Energía inagotable
San Martín, por su parte, desplegaba una actividad prodigiosa; no dejaba librado al azar ni el más insignificante de los detalles. Ascendido a coronel en enero de 1815, su popularidad aumentó. Estaba en contacto permanente con vecinos de la más diversa condición. Supervisaba incluso la preparación de la comida y, al compartir la mesa con oficiales y soldados, aprovechaba para enseñarles normas de urbanidad. Participaba en los ejercicios matinales y explicaba a veces como instructor, otras como partenaire- el manejo de la espada. El ejército crecía bajo su metódica dirección.

oficial de la campaña de los andes

Oficial del la Campaña de los Andes (1817)

Para desalentar a espías y traidores, San Martín se valía de métodos tan duros como ingeniosos. Dictó numerosas ordenanzas que penaban faltas y delitos cometidos por sus subordinados. Disfrazado de paisano se presentaba de noche ante los centinelas y les proponía que le vendiesen las armas y desertasen; más de una vez la lealtad de sus hombres lo puso en un aprieto y sólo dándose a conocer se salvó del degüello. Los que pasaban información a Chile eran condenados a servir en las obras públicas «con un rótulo en la frente que diga: infieles a la patria».

Cuando el Congreso nacional se instaló en Tucumán, en marzo de 1816, San Martín presionó para que se declarara la independencia. También presentó enérgicos reclamos ante la burocracia porteña, que no atendía con la necesaria prontitud sus pedidos de dinero y equipamiento.

Para completar la cantidad prevista de cuatro mil efectivos en incorporar a los esclavos negros que los religiosos de San Agustín y las familias pudientes tenían a su servicio. Como encontró resistencia a la iniciativa, hizo difundir la noticia (inexacta) de que había acordado con el Director Supremo la abolición de la esclavitud, y sugirió que era preferible un rasgo de generosidad por parte de los amos antes de que una ley los obligara a ceder. Con esta estratagema logró que quedaran en libertad las dos terceras partes de los aptos para las armas.

La operación se realizó sobre un frente de 2.000 kilómetros, dividiendo al ejército en dos columnas principales y cuatro secundarias, destinadas estas últimas a desorientar al enemigo. A pesar de los tremendos obstáculos naturales, la histórica marcha se cumplió con todo éxito. San Martín, tras derrotar a los realistas en Chacabuco el 12 de febrero de 1817, pudo entonces comunicar a su gobierno: «En 24 días hemos hecho la campaña; pasamos las Cordilleras más elevadas del Globo, concluimos con los tiranos y dimos libertad a Chile».

soldado uniformado del los andes

Uniforme de un soldado del Batallón 1° de los Andes

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San Martin Testamento Maximas y Pensamientos Para Merceditas Hija

Máximas Para Merceditas y Pensamientos de José de San Martín

Ver: Historia del Sable Corvo de San Martín

Estoy firmemente convencido que los males que afligen a los nuevos Estados de América no dependen tanto de sus habitantes como de las constituciones que los rigen. Si los que se llaman legisladores en América hubieran tenido presente que a los pueblos no se les debe dar las mejores leyes, pero sí las mejores que sean apropiadas a su carácter, la situación de nuestro país sería diferente.

No quiero manchar mi espada con sangre de mis hermanos.

Más ruido hacen diez hombres que gritan que cien mil que están callados.

Serás lo que debas ser, si no, eres nada.

Si somos libres, todo nos sobra.

La unión y la confraternidad, tales serán los sentimientos que hayan de nivelar mi conducta pública cuando se trate de la dicha y de los intereses de los otros pueblos.

La biblioteca es destinada a la ilustración universal, más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia.

La reputación del generoso puede comprarse muy barata; porque no consiste en gastar sin ton ni son, sino en gastar con propiedad.

Antes sacrificaría mi existencia que echar una mancha sobre mi vida pública que se pudiera interpretar por ambición.

La ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre la puerta de la abundancia y hace felices a los pueblos.

La moderación y la buena fe, tales los fundamentos sobre los que apoyo mis esperanzas de ver estrechados los vínculos sagrados que nos unen, y de no aventurar un solo paso que pueda romperlos o debilitarlos.

Por inclinación y principios amo el gobierno republicano y nadie, nadie lo es más que yo.

En mis providencias malas o buenas, jamás ha tenido parte la personalidad y sí sólo el objeto del bien e independencia de nuestro suelo.

Es cierto que tenemos que sufrir escasez de dinero, paralización del comercio y agricultura, arrostrar trabajos y ser superiores a todo género de fatigas y privaciones; pero todo es menos que volver a uncir el yugo pesado e ignominioso de la esclavitud.

Deseo que todos se ilustren en los sagrados derechos que forman la esencia de los hombres libres.

Mis necesidades están más que suficientemente atendidas con la mitad del sueldo que gozo.

La seguridad individual del ciudadano y la de su propiedad deben constituir una de las bases de todo buen gobierno.

Dios conserve la armonía, que es el modo de que salvemos la nave.

No se debe hacer promesa que no se pueda o no se deba cumplir.

El empleo de la fuerza, siendo incompatible con nuestras instituciones, es, por otra parte, el peor enemigo que ellas tienen.

Mi barómetro para Conocer las garantías de tranquilidad que ofrece un país las busco en el estado de su hacienda pública y, al mismo tiempo, en las bases de su gobierno.

La marcha de todo Estado es muy lenta; si se precipita, sus Consecuencias son funestas.

No nos ensoberbezcamos con las glorias y aprovechemos la ocasión de fijar la suerte del país de un modo sólido y tranquilo.

La religiosidad de mi palabra como caballero y como general ha sido el caudal sobre el que han girado mis especulaciones.

Todo buen ciudadano tiene una obligación de sacrificarse por la libertad de su país.

Mi objeto desde la revolución no ha sido otro que el bien y felicidad de nuestra patria y al mismo tiempo el decoro de su administración.

Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón.

En el último rincón de la tierra en que me halle estaré pronto a sacrificar mi existencia por la libertad.

Al americano libre corresponde trasmitir a sus hijos la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos.

Tiempo ha que no me pertenezco a mí mismo, sino a la causa del continente americano.

Divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos: hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares, y concluyamos nuestra obra con honor.

Nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del Sud.

La armonía, que creo tan necesaria para la felicidad de América, me ha hecho guardar la mayor moderación.

Voy a hacer el último esfuerzo en beneficio de la América. Si éste no puede realizarse por la continuación de los desórdenes y anarquía, abandonaré el país, pues mi alma no tiene un temple suficiente para presenciar su ruina.

Para defender la libertad se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción y elevación moral.

Estoy convencido que la pasión del mando es, en general, lo que con más imperio domina al hombre.

Hombres que se abandonan a los excesos son indignos de ser libres.

Los hombres distamos de opinión como de fisonomías, y mi conducta, en el tiempo en que fui hombre público, no pudo haber sido satisfactoria a todos.

No es en los hombres donde debe esperarse el término de nuestros males: el mal está en las instituciones y sólo en las instituciones.

Ser feliz es imposible, presenciando los males que afligen a la graciada América.

Los hombres no viven de ilusiones sino de hechos.

Mi nombre es ya bastante célebre para que yo lo manche cor infracción de mis promesas.

Las consecuencias más frecuentes de la anarquía son las de producir un tirano.

Ya veo el término a mi vida pública y voy a tratar de entregar esta p da carga a manos seguras, y retirarme a un rincón a vivir como hombre.

Es necesario tener toda la filosofía de un Séneca, o la impudicia un malvado para ser indiferente a la calumnia.

Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas.

Tan injusto es prodigar premios como negarlos a quien los merece.

Al hombre honrado no le es permitido ser indiferente al sertimiento de la justicia.

Nada suministra una idea para conocer a los hombres como una revolución.

(Fuente Consultada: Es legado de San Martín. Comisión Nacional de Homenaje al bicentenario Nacimiento del Gral. D. José de San Martín. InstitutoNacional Sanmartiniano)

Máximas Para Mi Hija:

Cuando San Martín partió de Mendoza para cruzar los Andes, su hija Mercedes (arriba) tenía cuatro meses. Se volvieron a ver en 1818, después del triunfo de Chacabuco, y en 1824, cuando se embarcaron juntos rumbo a Europa. En 1825, San Martín redactó para ella estas «Máximas»:

01Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aun con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: —Anda, pobre animal: el mundo es demasiado grande para nosotros dos.

02• Inspirar el amor a la verdad y odio a la mentira.

03• Inspirarla gran confianza y amistad, pero uniendo el respeto.

04• Estimular en Mercedes la caridad a los pobres.

05• Respeto sobre la propiedad ajena.

06• Acostumbrarla a guardar un secreto.

07 Inspirarla sentimiento de respeto hacia todas las religiones.

08• Dulzura con los criados, pobres y viejos.

09• Que hable poco y lo preciso.

10• Acostumbrarla a estar formal en la mesa.

11• Amor al aseo y desprecio al lujo. (Redactadas en 1825)

Testamento del General San Martín:

En el nombre de Dios Todo Poderoso a quien reconozco como hacedor del Universo: Digo yo, José de San Martín, Generalísimo de la República del Perú y Fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile, y Brigadier General de la Confederación Argentina, que visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente Testamento lo siguiente:

Primero: dejo por mi absoluta Heredera de mis bienes, habidos y por haber a mi única hija Mercedes de San Martín actualmente casada con Mariano Balcarce.

Segundo: Es mi expresa voluntad que mi hija suministre a mi hermana María Helena, una pensión de mil francos anuales, y a su fallecimiento, se continúe pagando a su hija Petronila, una de 250 hasta muerte, sin que para asegurar este don que hago a mi hermana y sobrina, sea necesaria otra hipoteca que la confianza que me asiste de mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente esta mi volunta.

Tercero: El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de Independencia de la América del Sud, le será entregado al General la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción, que como Argentino he tenido al ver la firmeza que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que tratan de humillarla.

Cuarto: Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía, el que corazón fuese depositado en el de Buenos Aires.

Quinto: Declaro no deber ni haber jamás debido nada a nadie.

Sexto: Aunque es verdad que todos mi anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta, y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura, todos mis esmeros haciendo mi vejez feliz. Yo le ruego continúe con el mismo cuidado y contracciòn la la educación de sus hijas (a las que abrazo con todo mi corazón) si que a su vez quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido; igual encargo hago a su esposo, cuya honradez y hombría de bien no ha desmentido la opinión que había formado de él, lo que me garantiza cotinuarà haciendo la felicidad de mi hija y nietas.

Séptimo: Todo otro Testamento o Disposición anterior al presente queda nulo y sin ningún valor.

Hecho en París a veintitrés de enero del año mil ochocientos cuarenta y cuatro, y escrito todo él de mi puño y letra. JOSE DE SAN MARTIN

Artículo adicional. Es mi voluntad que el Estandarte que el bravo Español Don Francisco Pizarro tremoló en la Conquista del Perú sea devuelto a esa republica (a pesar de ser una propiedad mía) siempre que sus gobiernos hayan realizado las recompensas y honores con que me honró su primer Congreso

Entrada del Libertador San Martin a Lima Su Obra de Gobierno

Entrada del Libertador San Martín a Lima

Luego de intensas negociaciones con el general José de la Serna, que había reemplazado al virrey Pezuela, fracasaron las distintas posiciones para que se reconociera la independencia de Perú, por lo que el 12 de julio de 1821 se produjo la gloriosa entrada del libertador san Martín a Lima.

Al ingresar a la ciudad rechazando todo tipo de homenajes y solemnidades, dio a conocer sus propósitos: «Mi intención es dar al pueblo los medios de proclamar su independencia y establecer el gobierno que le convenga, hecho esto consideraría terminada mi misión y me retiraré».

Una vez más el Libertador de América dejaba en claro cuáles eran sus banderas. La última etapa de su Plan Continental estaba cerca, y San Martín sabía que su destino dependía en gran parte de la actitud que tomara el vencedor de Carabobo y libertador de los pueblos del Norte, general Simón Bolívar.

San Martin

El 12 de julio de 1821. Este día es memorable en los anales del Perú, a causa de la entrada del general San Martín en esta capital. Cualesquiera sean los cambios que ocurran en los destinos de aquel país, su libertad ha de establecerse; y jamás se olvidará que el primer impulso se debió enteramente al genio de San Martín, quien proyectó y realizó la empresa que estimuló a los peruanos para pensar y actuar por sí mismos.

En vez de venir con pompa oficial, como tenía derecho a hacerlo, esperó obscureciese para entrar a caballo y sin escolta, acompañado por un simple ayudante. En realidad, fue contrario a su intención primitiva entrar en la ciudad este día, pues estaba fatigado y deseaba ir tranquilamente a descansar en una quinta situada a legua y media de distancia, para entrar a la mañana siguiente al venir el día. (…)

En vez de ir directamente a palacio, San Martín fue a casa del marqués de Montemira, que se hallaba en su camino y, conociéndose al momento su venida, se llenaron pronto casa, patio y calle. (…)

El Cabildo, reunido apresuradamente, entró en seguida, y como muchos de ellos eran nativos del lugar y liberales, apenas podían ocultar su emoción y mantener la majestad apropiada para tan grave corporación, cuando llegaban por primera vez a presencia de su libertador.

Viejos, viejas y mujeres jóvenes, pronto se agruparon en torno de él; para cada uno tuvo una palabra bondadosa y apropiada, siempre yendo más allá de lo que esperaba cada persona que a él se dirigía. Durante esta escena estuve bastante cerca para observarlo atentamente; pero no pude distinguir, ya sea en sus maneras o expresiones, la mínima afectación; nada había de arrogante o preparado, nada que pareciera referirse a sí mismo; no pude siquiera descubrir el menor signo de una sonrisa de satisfacción.

Pero su modo, al mismo tiempo, era lo contrario de frío, pues estaba suficientemente animado, aunque su satisfacción parecía ser causada solamente por el placer reflejo de los otros. Mientras estaba observándole así, me reconoció, y atrayéndome hacia él, me abrazó a estilo español.

Di lugar a una bella joven, que, con grandes esfuerzos, había atravesado la multitud. Se arrojó en los brazos del general y allí se mantuvo durante un buen medio minuto, sin poder proferir otra cosa que: -«¡Oh, mi general, mi general!».

Luego intentó separarse; pero San Martín, que había sido sorprendido por su entusiasmo y belleza, la apartó atrás, gentil y respetuosamente, e inclinando su cabeza un poco a su lado, dijo, sonriendo, que debía permitírsele demostrar su grato sentimiento de tan buena voluntad con un beso cariñoso. Esto desconcertó completamente a la sonrojada beldad, que, dando vuelta, buscó apoyo en el brazo de un oficial que estaba cerca del general, quien le preguntó si ahora estaba contenta: —»¡Contenta, exclamó: oh, señor!».

BASILIO HALL,
EN SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

LA OBRA DEL PROTECTOR EN PERÚ: Sobre la acción gubernativa que desarrolló San Martín en el Perú, trahscribimos algunos párrafos de A. J. Pérez Amuchástegui, tomados de su obra Ideología y Acción de San Martín, (EUDEBA, 1966):

… «San Martín había asumido la misión de sustantivar la idea de Provincias Unidas en Sudaméríca emergente del acta de Tucumén. Y estaba dispuesto a lograr su objeto malgrado las escisiones, los localismos y los intereses partidistas. Para él no había más partido que el «americano», ni más objetivo político que la unificación nacional de Sudaméríca independiente.

Todo lo demás era accesorio y secundario, incluso la forma de gobierno, que habría de resolverse sobre la marcha, aprovechando las facilidades y coyunturas que se presentaren. Como ha demostrado Somoza, San Martín entendía que la solución era monárquico-constitucional, pero aceptaría y apoyaría con las armas la república si ésa era la auténtica voluntad multitudinaria.

Lo que urgía era organizar a Hispanoamérica libre como una entidad unívoca, capaz de ejercitar con dignidad y posibilidades económicas positivas la soberanía que los ejércitos libertadores habían reconquistado para el pueblo, esa multitud heterogénea que comparte necesidades y esperanzas, coadyuvando con su esfuerzo y su trabajo al logro de la común felicidad.

Esa idea rige la acción libertadora de San Martín, y subyace en toda su obra gubernativa como Protector del Perú, cargo que asumió el 3 de agosto de 1821, con el objeto esencial de obtener «fraternidad y unión a los demás pueblos libres de la América, para que prevalezca en ellos la libertad y el orden». Tan cuidadoso, tan preciso, tan correcto fue San Martín en su acción gubernativa que, pese a detentar el poder absoluto, promulgó y juró de inmediato un estatuto provisional que autolimitó sus atribuciones.

Se propuso y logró  «poner  a   los   pueblos en el ejercicio moderado de sus derechos», exigiendo de todos los esfuerzos tendientes a salvar la patria de la tiranía: ya tendrían tiempo, a su hora, de consagrarse a «las bellas teorías» en asambleas populares y colegios electorales. La obra protectoral fue intensa y admirable.

Como administrador, San Martín fue ejemplo de probidad y corrección, apuntalando un país a cuyas arcas fiscales, según ha señalado Macera, ingresaban semestralmente (1822) poco más de un millón y medio de pesos, que tenía gastos de guerra por un 75 por ciento de esa suma y que sin embargo dejaba un superávit de 35.383 pesos, gracias a la reducción radical de la burocracia, la depuración de la moneda y otros arbitrios financieros, la explotación racional de los bienes mostrencos, la eliminación del contrabando y la supresión del infame tributo indígena.

La educación pública preocupó hondamente a San Martín, y prueba de ello es su entusiasmo por la aplicación del sistema lancasteriano. La biblioteca de Lima es testigo de sus inquietudes por la extensión cultural, como también su decreto sobre libertad de imprenta y su protección a los monumentos arqueológicos.

El problema del nativo indígena y del esclavo, como ocurrió en toda la América hispana, fue resuelto por San Martin declarando la ciudadanía natural de los indios y la libertad de vientres; además, dispuso que, como homenaje a la toma de Lima, todos los años el Estado se haría cargo de liberar 25 esclavos.

La ciudadanía fue preocupación constante del Protector, como que de allí saldría el plasma humano que forjaría la nacionalidad; además de una reglamentación general, expidió San Martín el 26 de marzo de 1822 un decreto específico que habla a las claras de sus propósitos hispanoamericanos, pues concedía lisa y llanamente la ciudadanía peruana a todo americano residente en cualquier país de la América Meridional»…

Infancia de San Martin Estudios y Batallas en Europa Lugar Nacimiento

Infancia de San Martín
Estudios y Batallas en Europa

Nació el 25 de febrero de 1778 en el pueblo de Yapeyú, situado a orillas del caudaloso río Uruguay, que dependía del Virreinato del Río de la Plata. Su padre, don Juan de San Marín, había nacido en España y se desempeñaba como teniente gobernador del departamento. Su madre, doña Gregoria Matorras, era sobrina de un conquistador del Chaco. Se trasladó a España junto con sus padres en el año 1786 donde ingresó al Seminario de Nobles de Madrid. En 1789 comienza su carrera militar en el regimiento de Murcia.

En la población de Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú, el 25 de febrero de 1778, Gregoria Matorras, española de Castilla la Vieja, tuvo su quinto hijo, José Francisco, un varón de tez morena y cabellos lacios y negros. Antes que él, ya habían nacido sus hermanos María Elena, Manuel Tadeo, Juán Fermín Rafael y Justo Rufino.

Todos eran hijos de Gregoria y del capitán Juan de San Martín. Entonces, a dos años de la creación del Virreinato del Río de la Plata, Yapeyú era una reducción de indios, fundada en 1626 por la Compañía de Jesús, por lo que no sorprende que la nodriza del futuro Libertador haya sido una indígena guaraní, de nombre Rosa Guarú.

El padre de San Martín, también castellano, había sido designado teniente gobernador de Yapeyú en 1774. En 1781, los San Martín se trasladaron a Buenos Aires, a una casa situada en la actual calle Piedras, entre Moreno y Belgrano. En 1783, la familia regresó a la metrópoli, a bordo de la fragata Santa Balbina. Al llegar a España, José Francisco tenía seis años.

San Martín viviendo en Europa, estudió en la Escuela de las Temporalidades de Málaga, donde se había instalado su familia. Pero su destino, al igual que el de sus hermanos, sería la carrera militar.

San Martín tomó parte en la guerra de la Península, y fue edecán del general Solano, marqués del Socorro, gobernador de Cádiz. Cuando aquel general pereció al furor del populacho, San Martín se escapó difícilmente de ser asesinado, respecto que al primer momento lo equivocaron con el marqués, a quien efectivamente se parecía mucho. San Martín se distinguió en la batalla de Bailen, de tal modo, que se atrajo la atención del general Castaños y su nombre fue honrosamente citado en los partes de aquella batalla memorable.

Ascendido al grado de teniente coronel, siguió haciendo la guerra a las órdenes del marqués de la Romana y del general Coupigny; pero, habiéndose levantado el grito de libertad en su país nativo, no pudo ser indiferente a tan sagrada invocación. Sin tener más que una vaga idea del verdadero estado de la lucha en América, resolvió marchar a serla tan útil como pudiera; y por la bondadosa interposición de sir Carlos Stuart, en el día Lord Stuart de Rothesay, obtuvo un pasaporte y se embarcó para Inglaterra, donde permaneció poco tiempo.

San Martín recibió de la bondadosa amistad de lord Macduff, actualmente conde de Fife, cartas de introducción y de crédito; y aunque San Martín no hizo uso de las últimas, habla de esta muestra de generosidad de su amigo respetable en términos de la mayor gratitud.

San Martín se embarcó en el buque Jorge Canning en el Támesis, y dio la vela para el Río de la Plata. Poco después de su llegada a Buenos Aires, se casó con doña Remedios Escalada, hija de una de las familias más distinguidas de aquella ciudad. Habiendo San Martín establecido su crédito de un modo honroso en las orillas del río Paraná, y adquirido la confianza de los argentinos, ascendió a mandos importantes.

GUILLERMO MILLER,
EN SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

SAN MARTÍN OBTIENE EL GRADO DE TENIENTE CORONEL: Como cadete del Segundo Batallón de Murcia, San Martín actuó en Marruecos contra los moros. Luego, pidió ser agregado a la compañía de Granaderos y, por primera vez, entró en combate. En 1793 se incorporó al ejército de Aragón, con el que fue destinado al Rosellón, sur de Francia.

Participó en la guerra contra Inglaterra, actuó en Portugal y Gibraltar. Estando en Cádiz ya había alcanzado el grado de segundo capitán del batallón Voluntarios de Campo Mayor. Durante la lucha contra Napoleón, su regimiento se incorporó al ejército de Andalucía, al mando del general Francisco J. Castaños.

Se distinguió en Arjonilla, frente a las avanzadas francesas del conde de Dupont y en Bailen, donde las tropas napoleónicas fueron derrotadas. San Martín fue ascendido a teniente coronel. En 1810, fue nombrado ayudante del marqués, de Coupigny y, luego, comandante agregado del Regimiento de Dragones Sagunto. Después se pondría al servicio de la emancipación de América.

SAN MARTÍN REGRESA A ARGENTINA: En 1811 San Martín alcanzó la jerarquía de teniente coronel graduado y, a mediados de ese año, solicitó su retiro con fuero militar con el pretexto de pasar a Lima para atender sus propiedades (que no tenía) en Perú. El 14 de septiembre de ese año se embarcó en Cádiz rumbo a Londres, con pasaporte para Lima.

Probablemente la logia londinense prefirió que el brillante jefe se trasladara al Río de la Plata, donde la revolución era dirigida por una élite comercial e intelectual decidida a afirmar la hegemonía de Buenos Aires sobre el resto del antiguo virreinato, y muy opuesta, por lo mismo, a toda posibilidad de unidad con las provincias hermanas del subcontinente meridional americano.

El 9 de marzo de 1812 llegó a balizas del puerto de Buenos Aires el navío comercial de bandera inglesa GeorgeCanning. En él retornaban al suelo natal personajes criollos de relevancia, entre ellos San Martín, e] sargento mayor Carlos de Alvear y el alférez José Matías Zapiola.

Apenas llegados, éstos organizaron el triángulo regente de la Logia Lautaro rioplatense. Las importantes cartas de presentación que poseían posibilitaron que de inmediato las autoridades los aceptaran al servicio de la revolución. A San Martín le fue encomendada la organización de un cuerpo modelo de caballería, que el jefe materializó con el primer escuadrón de Granaderos a Caballo.

Poco más tarde, contrajo matrimonio con María de los Remedios Escalada y de la Quintana, jovencita quinceañera que pertenecía a lo más granado de la clase alta porteña (12 de septiembre de 1812).

Entrada de San Martin a Santiago de Chile Triunfo de Chacabuco

Entrada de San Martín a Santiago de Chile
Triunfo de Chacabuco

Luego del triunfo de Chacabuco, el Ejército de los Andes hizo su entrada triunfal en la ciudad de Santiago. El Cabildo convocado, al que concurrieron los vecinos notables, proclamó como gobernador a San Martín, pero éste se negó. Los planes contemplaban seguir hostigando a las fuerzas españolas reunidas en el sur de Chile y continuar su campaña libertadora hasta el Perú. San Martín renunció a la gobernación y la asamblea designó a O’Higgins como gobernador de Santiago.

«En veinticuatro días hemos hecho la campaña, pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la libertad a Chile», así resumía San Martín la campaña de los Andes.

General San Martin

Aquella noche el general San Martín daba una gran fiesta y baile en honor del comodoro Bovvles (comandante británico en el Pacífico), cuya fragata Amphion, estaba anclada en la bahía de Valparaíso. Todos los ingleses iban a asistir a la fiesta y nos ofrecieron cortésmente invitaciones a mister Robinson y a mí; en consecuencia, por la noche, nos rasuramos por primera vez desde nuestra partida de Mendoza, y vistiéndonos para la ocasión, nos dirigimos al Cabildo, grande edificio público donde tenía lugar la reunión.

Se había arreglado para la fiesta el espacioso patio cuadrado del Cabildo y sido techado con un toldo adornado con banderas enlazadas de Argentina, Chile y otras naciones amigas; todo se hallaba bellamente iluminado con farolillos pintados y algunas ricas arañas de cristal colgaban en diferentes partes del techo.

El gran salón y las habitaciones que cuadraban el patio se habían destinado para cena y refrescos, y otros cuartos se habían dispuesto para las autoridades superiores, civiles y militares.

Esa noche fui presentado al general San Martín, por mister Ricardo Price y me impresionó mucho el aspecto de este Aníbal de los Andes. Es de elevada estatura y bien formado, y todo su aspecto sumamente militar: su semblante es muy expresivo, color aceitunado oscuro, cabello negro, y grandes patillas sin bigote; sus ojos grandes y negros tienen un fuego y animación que se harían notables en cualesquiera circunstancias.

Es muy caballeresco en su porte, y cuando le vi conversaba con la mayor soltura y afabilidad con los que le rodeaban; me recibió con mucha cordialidad, pues es muy partidario de la nación inglesa.

La reunión era brillantísima, compuesta por todos los habitantes de primer rango en Santiago, así como por todos los oficiales superiores del ejército; cientos se entregaban al laberinto del vals y el contento general era visible en todos los rostros. (…)

Muchos de mis compatriotas estaban en el ejército patriota y entre los presentes a la reunión se contaban el capitán O’Brien y los tenientes Bownes y Lebas; éstos habían estado en la batalla de Chacabuco. Algunos oficiales de la Amphion participaban también de la diversión. Durante la cena, que se sirvió de manera muy suntuosa y espléndida, muchos brindis patrióticos y cumplimientos se cambiaron entre los funcionarios principales, civiles y militares, y nuestro comandante naval.

Después del refrigerio los concurrentes reanudaron la danza, y según entiendo continuaron hasta mucho después de venir el día, pero sintiéndome fatigado, me retiré poco después de media noche para disfrutar la primera noche de descanso en la capital de Chile.

SAMUEL HAIGH,
EN SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

Entrevista de Guayaquil Acuerdos Entre San Martin Bolivar

La Entrevista de Guayaquil – San Martín y Bolívar

Luego de la crisis fiscal y militar desatada en el territorio peruano recién liberado, San Martín buscó en Bolívar una opción para derrotar a los realistas que seguían acantonados en el Cuzco y dominando la serranía peruana.

Con este propósito San Martín solicitó ayuda militar de Bolívar, para lo cual pactaron una entrevista en Guayaquil por cuatro días que se inicio el 26 de julio de 1822.

En esta cita se encontraron dos grandes personajes de carácter e ideas políticas diferentes; Bolívar impetuoso y la serenidad de San Martín. Se reunieron dos días en donde abordaron tres temas:

– La guerra contra la Serna: Simón Bolívar, ofreció ayudar solamente con 1400 soldados para luchar contra el virrey.

– La forma de gobierno: Sobre la forma de gobierno, san Martín era partidario de una Monarquía y Bolívar de una República.

– El destino de Guayaquil: Bolívar ya lo había anexado a la gran Colombia.

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VEAMOS AHORA LA HISTORIA DE ESTE MISTERIOSO ENCUENTRO

Antecedentes: Las provincias sudamericanas iniciaron su lucha por la independencia en los primeros años del siglo XIX.

El primer grito correspondió a Caracas, el 19 de abril de 1810, cuando fue derrocado el gobernador y capitán general Emparán.

Las Juntas de Gobierno formadas en las capitales de los virreinatos, audiencias y capitanías generales de las colonias españolas de América sirvieron de arranque a la independencia americana.

Las ideas de la Revolución Francesa, la ayuda de Estados Unidos, acabados de independizar a su vez, y la de Inglaterra fueron definitivas para tan arriesgada decisión de los americanos.

La primera parte del antiguo imperio colonial español que se independizó fue el virreinato del Río de la Plata en el Congreso de Tucumán del 9 de julio de 1816.

Fue personaje definitivo para el movimiento libertador de Argentina y para el de Chile, así como después para el del Perú, el general San Martín, que cruzó los Andes y con la ayuda de O’Higgins libertó Chile, para luego terminar su campaña con la liberación de Perú.

Entrevista de Guayaquil entre San Martín y Bolivar

En esta atmósfera de anhelo de independencia, otro hombre que supo estar a la altura de las circunstancias fue Simón Bolívar, el Libertador.

Nació en Caracas de una familia distinguida, en 1783. Fue autodidacta. Se educó en Caracas y luego continuó estudios particulares en Madrid, donde contrajo matrimonio.

De regreso en Caracas, a partir de 1810 se unió al movimiento de liberación de su país, al que habría de inspirar durante los siguientes diez años, teniendo en ocasiones que refugiarse en el extranjero para salvar su vida, pero siempre volvió para continuar la lucha.

CONFERENCIAS EN GUAYAQUIL: Antes de embarcarse, San Martín fue en busca de Bolívar, pero sabiendo que carecía de fuerza militar y respaldo político.

Sin embargo, existían unos Tratados que aseguraban y testimoniaban la identidad de sentimientos y convicciones compartidos con Bolívar en cuanto al objetivo primordial de la revolución hispanoamericana: independencia y unidad.

Lo mismo sabía Bolívar.

Y los dos libertadores del subcontinente meridional conferenciaron largamente, en Guayaquil, a puertas cerradas, los días 26 y 27 de julio, conscientes de que, como apuntó Monteagudo, «ambos podrían extender su influjo a una gran distancia de la equinoccial, uniformar la opinión del Norte y del Mediodía y no dejar a los españoles más asilo que la tumba o el océano».

Las fuentes históricas disponibles —dejando de lado controversias— y nunca impugnadas, permiten asegurar que los libertadores discutieron y acordaron por lo menos lo siguiente:

1. San Martín pidió a Bolívar apoyo militar y éste accedió, aunque los refuerzos enviados fueron menores que los esperados por aquél.

2. Aunque San Martín ofreció a Bolívar ser su lugarteniente en el Perú, se estimó que la presencia de ambos crearía serios problemas en ese país.

3. En 36 horas de conversaciones, trazaron planes para asegurar la libertad y la independencia de Sudamérica. San Martín aplaudió los proyectos de Bolívar —iniciados con los Tratados— de federación continental «bien entendida».

4. San Martín comunicó a Bolívar que había decidido retirarse del Perú,actitud que, para el último, era «un sublime ejemplo de desprendimiento».

5. Ambos convinieron en que el voto de los pueblos debía ser respetado y apoyado. El problema de la dependencia de Guayaquil (Perú o Colombia) sólo fue tratado superficialmente, pues ya Bolívar, de hecho, había logrado el apoyo multitudinario favorable de los quiteños.

Quizá nada sea más elocuente que la opinión de Monteagudoconfidente primero de San Martín y luego de Bolívar— sobre los resultados de estas conferencias.

A su juicio, fueron satisfactorios, porque en ellas se convino «asegurar la independencia sudamericana, abrir el camino para la pacificación interior de los pueblos y uniformar la opinión política continental».

encuentro de guayaquil

RENUNCIA ANTE EL CONGRESO Y ALEJAMIENTO DE LA PATRIA

Fiel a su propósito, San Martín renunció con carácter indeclinable el Protectorado del Perú ante el Congreso Soberano reunido en Lima el 20 de setiembre de 1822.

De inmediato se embarcó rumbo a Valparaíso. Su alejamiento fue al parecer trágico para el Perú, pues la puja por la posesión del poder produjo un verdadero caos político.

La situación se tornó insostenible cuando, a raíz de la derrota de Moquegua (21 de enero de 1823), el Perú quedó inerme. Entonces abundaron los pedidos de arrepentidos —como José de la Riva Agüero— para que retornara San Martín.

Pero el Generalísimo de los Ejércitos del Perú se negó sistemáticamente a regresar, aunque jamás se desinteresó por la suerte peruana.

Desde Mendoza —su «ínsula cuyana»— seguía minuciosamente las alternativas de la política, convencido de que llegaría el momento en que los peruanos clamarían por la presencia de Bolívar, necesitados de un brazo fuerte que pudiera imponerse tanto a los españoles como a los «díscolos».

Por algo había confesado a Guido que prefería irse del Perú, porque no estaba dispuesto a fusilar a muchos compañeros que lo habían seguido a lo largo de sus campañas.

A juicio de San Martín, la única solución para el Perú consistía en tomar «medidas ejemplares». El no podía hacerlo, pero Bolívar sí.

La permanencia de San Martín en su «ínsula» resultaba intrigante. No abandonó ese lugar de observación a pesar de las continuas noticias que le llegaban sobre la gravedad de su esposa, ni tampoco se trasladó a Buenos Aires al conocer la muerte de Remedios.

San Martín no era escéptico ni desamorado: era el Fundador de la Libertad del Perú y sobre él pesaba la responsabilidad de la suerte peruana. Por ello, debía vigilar atentamente las alternativas que se producían en aquel país.

Sin embargo, había pedido su pasaporte al gobierno de Lima para pasar a Europa: pero no se movería de Mendoza hasta conocer la decisión de Bolívar.

Y cuando éste, llamado angustiosamente por el Congreso, asumió la dictadura del atribulado Perú, San Martín entendió que había terminado la obra emprendida y podía alejarse de América.

El 3 de agosto de 1823 —casualmente el día en que Remedios falleció— escribió a Bolívar: «Amigo mío: Deseo concluya usted felizmente la campaña del Perú, y que esos pueblos conozcan el beneficio que usted les hace.

Adiós, mi amigo: que el acierto y la felicidad no se separen jamás de usted, son los votos de su invariable JOSÉ DE SAN MARTÍN».

Sólo entonces partió para Buenos Aires, visitó la tumba de Remedios, alzó a su pequeña Mercedes y se embarcó con rumbo a Inglaterra (10 de febrero de 1824), desdeñando la petulancia de Rivadavia —que pretendió fijarle normas para su futuro comportamiento— y la insolencia de los pasquines oficialistas.

Se iba en paz con su conciencia: la acción concurrente suya y de Bolívar había sentado definitivamente las bases para la total independencia del Perú —último foco de la resistencia realista—, y los Tratados del 6 de julio abrían fértiles perspectivas para la unidad de Hispanoamérica independiente.

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CARTA DE SAN MARTÍN A BOLÍVAR:

En una carta fechada en Bruselas el 18 de mayo de 1827, San Martín le aconsejaba a Simón Bolívar:»Al llegar ahora hasta mí las más alarmantes noticias, siendo la más grave la que se refiere a federar a Solivia, el Perú y Colombia con el vínculo de la Constitución vitalicia, cuyo jefe supremo vitalicio sería V.E. y con la facultad de nombrar sucesor, me apresuro y me permito darle el mismo consejo que el año 22 pusiera en práctica al sacrificar mi posición personal de aquella hora, para que pudiera triunfar la causa de la Libertad americana. Vuestra obra está terminada, como lo estuvo la mía; deje que los pueblos libres de América se den el gobierno que más les convenga a su estructura política y retorne V.E. a la vida privada con la inmensa satisfacción de haber sido el Libertador de todo un continente».

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LA CONTROVERTIDA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL

Fuente: Historia Universal Tomo 16 Editorial SALVAT -El Impacto de la Revolución Francesa

Los dos grandes capitanes de la emancipación sudamericana, Simón Bolívar (1783-1830) y José de San Martín (1778-1850), se encontraron en persona una sola vez, en el puerto ecuatoriano de Guayaquil.

Los temas de la entrevista sostenida los días 26 y 27 de julio de 1822, así como las consecuencias de ella derivadas, particularmente en lo relativo a las ulteriores decisiones de San Martín, constituyen un problema histórico que ha hecho correr mucha tinta.

El nervio de la cuestión estriba en la autenticidad de los documentos alegados para interpretar el suceso, en especial la denominada Carta de Lafond.

Como índice de la controversia, reproducimos dos textos que señalan los juicios contrapuestos:

1) un fragmento del dictamen de la Academia Nacional de la Historia, de Venezuela, fechado en 1940, y

2) un fragmento del libro de Ricardo Levene, El genio político de San Martín (Buenos Aires, 1950).

I) OPINIÓN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA, DE VENEZUELA
Tan extravagante y absurdo es atribuir la abdicación de San Martín en Perú a la entrevista de Guayaquil como lo sería achacar a esta misma causa su retiro definitivo de América, dejando a su patria nativa presa de las más graves preocupaciones internas y externas.

¿Por qué abandonó el territorio de las provincias del Río de la Plata, donde habrían sido tan útiles sus excepcionales aptitudes, renunciando para siempre al servicio público en su propia tierra? ¿Sería aventurado o absurdo pensar, sin mengua alguna para su ilustre memoria, que los mismos impulsos anímicos y las mismas circunstancias físicas determinantes de esta última resolución influyeron decisivamente en aquélla?.

No lo parece desde el punto de vista del más riguroso criterio científico, sobre todo en presencia de las formales declaraciones del propio San Martín, que confunden ambas decisiones en una sola, verificada por etapas, pero sin solución de continuidad.

A menos que otro hallazgo milagroso ponga en manos de algún nuevo predestinado por la providencia documentos comprobatorios de que ese pago final es otro aún más sublime y magnánimo acto de desprendimiento que lo haga acreedor a figurar en el santoral, tentativa esta última, por lo demás, que ha sido ya insinuada con toda seriedad.

[Dictamen fechado en Caracas, 31 de octubre de 1940]

II) OPINIÓN DEL HISTORIADOR ARGENTINO DR. RICARDO LEVENE

Considero que la cuestión planteada sobre la autenticidad de la carta de San Martín a Bolívar de 29 de agosto de 1822, como todo tema histórico, debe estudiarse sin tono polémico, con criterio objetivo, aplicándose para su esclarecimiento el método que aconseja la crítica histórica.

En el caso de la carta de San Martín a Bolívar, falta el original o arquetipo para hacer la crítica paleográfica o de autenticidad, pero corresponde llevar a cabo una labor de análisis sobre su procedencia, que es también crítica externa -documento que fue publicado en vida de su autor-; su origen, como ha sido transmitido, y luego su estudio comparativo o confrontación con otros documentos del mismo autor.

La espina dorsal de esta tesis es la carta de San Martín a Bolivar de 29 de agosto de 1822 y otros documentos concordantes. Su autorizado expositor es el historiador Mitre, y entre sus brillaantes continuadores figuran Joaquín V. González y Ricardo Rojas.

Las pasiones que han suscitado los grandes hombres revelan su envoltura humana, y el examen sereno de los historiadores debe llevarse a cabo sin espíritu polémico, con amor a la verdad y buena fe guardada. Tal la historia escrita sine ira et studio.

El documento publicado por Lafond, Alberdi en la Raccolta di Viaggi y por Sarmiento en vida de nuestro Libertador es, como ha afirmado Mitre, su testamento político, en el que se registra un altruista acto de abnegación impuesto por el destino, que la Historia no conoce que haya sido «ejecutado con más buen sentido, más conciencia y mayor modestia».

[R. Levene, El genio político de San Martín, Buenos Aires, 1950, págs. 250-251]

LA RENUNCIA DE SAN MARTÍN: Copia textual de la renuncia del general San Martín al cargo de Protector del Perú, presentada al Congreso Constituyente, reunido en Lima, el 20 de setiembre de 1822.

SEÑORES: Lleno de laureles en los campos de batalla, mi corazón jamás ha sido ajitado de la dulce moción que lo conmueve en este día venturoso.

El placer del triunfo para un guerrero que pelea por la felicidad de los pueblos, solo lo produce la persuacion de ser un medio para que gocen de sus derechos: mas hasta afirmar la libertad del pais, sus deseos no se hallan cumplidos; porque la fortuna varía de la guerra, muda con frecuencia el aspecto de las mas encantadoras perspectivas.

Un encadenamiento prodigioso de sucesos ha hecho ya indubitable la suerte futura de América; y la del pueblo peruano solo necesitaba de la representación nacional para fijar su permanencia y prosperidad.

Mi gloria es colmada, cuando veo instalado el Congreso constituyente: en él dimito el mando supremo que la absoluta necesidad me hizo tomar contra los sentimientos de mi corazón, y que he ejercido con tanta repugnancia, que solo la memoria de haberlo obtenido, acibara, si puedo decirio así, los momentos del gozo mas satisfactorio.

Si mis servicios por la causa de América merecen consideración al Congreso, yo los represento, hoy, solo con el objeto de que no haya un solo sufragante que opine sobre mi continuación a la frente del gobierno.

Por lo demás, la voz del poder soberano de la nación, será siempre oída con respeto por San Martín como ciudadano del Perú, y obedecida, y hecha obedecer por el mismo, como el primer soldado de la libertad. Lima Setiembre 20 de 1822. Señor. José de San Martín.»

El Congreso Constituyente, después de tomar conocimiento de la dimisión hecha por San Martín al «mando supremo del estado», promulgó una resolución por la cual lo designó «Generalísimo de las armas del Perú».

San Martín, aun cuando aceptó como distinción honorífica el título que se le acordaba, se negó a asumir los poderes que involucraba el rango de Generalísimo, y así lo comunicó al Congreso.

El mismo 20 de setiembre de 1822, dirigió la siguiente proclama de despedida al pueblo peruano:

«Presencié la declaración de la Independencia de los estados de Chile y el Perú: existe en mi poder el estandarte que trajo Pizarro para esclavizar el imperio de los Incas, y he dejado d,e ser hombre público; he aquí recompensados con usura diez años de revolución y guerra. Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra, están cumplidas; hacer su Independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos.

La presencia de un militar afortunado (por más desprendimiento que tenga) es temible a los Estados que de nuevo se constituyen; por otra parte, ya estoy aburrido de oir que quiero hacerme Soberano. Sin embargo, siempre estaré pronto a hacer el último sacrificio por la libertad del País, pero en clase de simple particular y no mas. En. cuanto a mi conducta pública, mis compatriotas (como en lo general de las cosas) dividirán sus opiniones; los hijos de estos darán el verdadero fallo.

Peruanos: os dejo establecida la representación nacional, si depositáis en ella vuestra entera confianza, cantad el triunfo: sino, la anarquía os va a devorar.

Que  el acierto presida vuestros destinos,  y que  éstos  os colmen de felicidad y paz. Pueblo Libre y Setiembre 20 de 1822. José de San Martín.»

Campaña a Chile y Perú

Entrevista de Guayaquil

Exilio de San Martín

San Martín en Europa

San Martin regresa a Buenos Aires Regreso al Rio de la Plata

San Martin Regresa a Buenos Aires

FRUSTRADO REGRESO AL RÍO DE LA PLATA: En 1825 las provincias rioplatenses entraron en guerra con Brasil. La presencia de Rivadavia al frente del gobierno impedía a San Martín ofrecer sus servicios, ante la seguridad de que serían rechazados; además, consideraba «impolítica» toda guerra entre Estados americanos. Pero como, al mismo tiempo, observaba la política europea y sabía que, entre los planes españoles, seguía vigente la reconquista, se puso al tanto de que Fernando VII preparaba, sin prisa y sin pausa, con el beneplácito de Francia y Rusia, otra expedición hacia América, como la fallida de 1820.

Cuando se enteró de que había terminado la guerra con Brasil y que las condiciones internas del Río de la Plata no eran satisfactorias (la Constitución de 1826 había sido rechazada por todas las provincias y el escandaloso tratado de paz propuesto por Manuel José García había provocado la estrepitosa caída de Rivadavia y el Congreso), quiso conocer personalmente el estado en que se hallaba su país natal.

En Falmouth se embarcó rumbo al Plata, y cuando llegó a Río de Janeiro tuvo conocimiento de la revolución unitaria del 1° de diciembre de 1828 y el asesinato del gobernador Manuel Borrego. Quizá más dolorido que asombrado, al llegar a Buenos Aires permaneció en balizas, pidió su pasaporte y fue a residir en Montevideo.

El desesperado general Juan Lavalle envió agentes ante San Martín para ofrecerle el gobierno, pero el recio militar rechazó con energía el ofrecimiento, y recordó a su antiguo oficial que una gota de sangre americana ahorrada valía más que cualquier solución política. El sable de San Martín no habría de mezclarse en luchas intestinas.

Por ese tiempo se encontraba en Montevideo el general San Martín. Fui a visitarlo y me hizo un recibimiento lleno de halagos, presentándome a todos los que estaban en la mesa del hotel, diciendo: «Presento a ustedes a uno de mis muchachos». En seguida, empezó a hacerme preguntas sobre mis heridas, como para hacer saber que las había recibido en la guerra de la Independencia.

El general San Martín desaprobaba la revolución del 1° de diciembre. Luego que se presentó en la rada de Buenos Aires, Lavalle, le mandó una comisión llamándole y ofreciéndole ponerse a sus órdenes; el general se negó, y ni aun quiso desembarcar, regresando a Montevideo. «Yo no podía aceptar sus ofertas, me decía un día, porque José de San Martín, poco importa, pero el general San Martín, da mucho peso a la balanza y tú sabes que he sido enemigo de revoluciones, y que no podía ir a ponerme al servicio de una de ellas. Cuando Bolívar fue al Perú, yo tenía ocho mil hombres, podía sostenerme, arrojarle; pero era preciso dar el escándalo de una guerra civil entre dos hombre que trabajaban por la misma causa, y preferí resignar el mando. Al cabo, Bolívar quería lo mismo que yo.»

MANUEL A. PUEYRREDÓN,  SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

Actividades de San Martin en Europa Por Reconocimiento de Argentina

Actividades de San Martín en Europa

HASTA QUE ESTA NAVE LLEGUE A PUERTO… Muchos años antes, en 1816, había manifestado San Martín al diputado mendocino ante el Congreso, Tomás Godoy Cruz, que no abandonaría la lucha «hasta que esta nave llegue a puerto». Pero a comienzos de 1824 la «nave», lejos de haber «llegado a puerto», se hallaba a la deriva. La situación política en Europa permitía inferir la posibilidad de que la Santa Alianza, y muy particularmente Francia, ayudaran a Fernando VII en sus aspiraciones de reconquistar el perdido imperio indiano.

San Martin Procer Argentino

En carta a Molina del 17 de mayo manifestó claramente San Martín la intención de iniciar un viaje, que no sería inútil a los intereses hispanoamericanos, por cuanto se proponía averiguar, en Gran Bretaña, «la opinión del pueblo y gobierno con respecto a la América».

Pensaba San Martín que, si el gobierno británico reconocía a los nuevos Estados, otras potencias europeas seguirían su ejemplo, con el consiguiente rozamiento entre ellas y la Alianza. La crisis política así desatada permitiría a sus paisanos fortalecerse y consolidarse, sin el peligro de invasiones ni amenazas foráneas.

Tan exactas eran esas apreciaciones que también George Canning, el 17 de mayo, puntualizaba que el ministerio español «haría bien en cerciorarse —respecto de una eventual ayuda— de su existencia y alcances, antes de confiar demasiado en los consejos de la Alianza». A juicio de San Martín, pues, la «nave» nunca llegaría «a puerto» sin el reconocimiento formal de la mayor potencia marítima, y era preciso ahora luchar, en otro campo, para que ello ocurriera.

En la carta a Molina del 17 de mayo, San Martín propiciaba, también, la urgente constitución de «un gobierno central» en cada uno de los Estados, pues, de otra manera, difícilmente Gran Bretaña podría dar el paso decisivo del reconocimiento. Meses después, el 23 de agosto, Canning comunicaba a su plenipotenciario en Buenos Aires,Woodbine Parish, con carácter «reservadísimo», que no diera la menor esperanza en cuanto al problema del reconocimiento mientras no se produjera la «centralización del gobierno».

Las esperanzas de San Martín y sus oficiosas gestiones en Europa culminaron exitosamente cuando, mejor último, Gran Bretaña procedió a reconocer oficialmente la independencia hispanoamericana el 4 de enero de 1825.

Para esa fecha, San Martín residía en Bruselas luego de varios cruces del canal de la Mancha para enterarse, a través de Manuel Hurtado, representante de Bolívar, del estado de las negociaciones con Canning.

Por eso, tres días antes del anuncio del gobierno inglés, el 1° de enero, pudo decir en carta a Vicente Chilavert: «Ya tiene usted reconocida nuestra independencia por la Inglaterra. La obra es concluida y los americanos comenzarán ahora a saborear el fruto de sus trabajos y sacrificios».

Bloqueo Anglo Frances al Puerto de Buenos Aires San Martin y Rosas

Bloqueo Anglo Francés al Puerto de Buenos Aires

CONFLICTOS CON FRANCIA E INGLATERRA: En 1838 la escuadra francesa bloqueó el puerto de Buenos Aires, sin otro argumento que la negativa del gobernador y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, Juan Manuel de Rosas, a considerar carácter de plenipotenciario al vicecónsul Aimé Roger.

Los enemigos de Rosas se aliaron con los franceses, y San Martín sintió profunda indignación. Como militar, ofreció su sable a Rosas para actuar en la jerarquía que se le ordenara. El gobernador declinó el ofrecimiento, manifestando que la gravedad no era tanta como para molestar al ilustre guerrero, al tiempo que designó a éste su ministro plenipotenciario ante el Perú.

Tampoco aceptó San Martín ese cargo por razones de delicadeza, pero desde entonces San Martín y Rosas intercambiaron correspondencia. Por encima de todo, lo que asqueaba al campeón de la independencia era que existieran «americanos que, por un indigno espíritu de partido, se aliaran al enemigo extranjero para humillar a su patria», razón por la cual declaraba que «una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer».

Idéntica actitud asumió San Martín ciando se produjo el bloqueo anglo-francés a Buenos Aires en 1845. A pedido del cónsul argentino en Londres, Federico Dickson, hizo San Martín —que se hallaba en Nápoles— una minuciosa crítica a este abuso de los fuertes, al tiempo que demostraba las óptimas posibilidades que tenía Rosas para vencer (28 de diciembre). La nota fue publicada en el Morning Chonicle y causó hondo impacto en el gabinete británico, que muy pronto dispuso iniciar tratativas de paz.

Los sucesos de París en julio de 1848 aconsejaron a San Martín abandonar la capital y refugiarse en Boulogne-sur-Mer; su reuma lo agobiaba, una afección a la vista lo conducía irremediablemente a la ceguera total. El gabinete francés había refrenado ras pretensiones colonizadoras, sobre iodo porque en el Plata el bloqueo era cada vez más inoperante.

La prensa de París, por conducto de Emile Girardín, fustigaba a diario al ministerio por lo que constituía un abuso sobre Mises en apariencia indefensos, que ponían en jaque a la poderosa escuadra francesa. Sólo el partido que dirigía el ardiente colonialistaAlphonse Thiers mantenía la exigencia del bloqueo y el envío de una poderosa flota que demoliera toda resistencia. Ni siquiera cedió Thiers en su posición cuando Gran Bretaña decidió abandonar el bloqueo y hacer la paz con la Confederación (noviembre de 1849).

En la emergencia, el ministro Bineau resolvió consultar al famoso libertador sudamericano. San Martín, casi ciego y próximo a morir, escribió, por mano de su hija, un alegato en el que ampliaba los argumentos asentados en su carta a Dickson, y puntualizaba la injusticia y la inutilidad del bloqueo (23 de diciembre de 1849). Esa nota fue leída en la Legislatura por el ministro Bouther, y con ella logró derrotar a Thiers. De inmediato el gobierno francés —que había preparado una fuerte escuadra para atacar Buenos Aires— dio instrucciones al barón de Mackau para que marchara al Plata y, en carácter de ministro plenipotenciario, acordara la paz en los términos exigidos por la Confederación.

El coronel mayor de la Argentina, brigadier general de Chile, generalísimo y Fundador de la Libertad del Perú, José de San Martín, murió en Boulogne-sur-Mer el 17 de agosto de 1850, a las 3 de la tarde. Sobre su lecho mortuorio, un retrato de Bolívar ostentaba el lema: «Unión, unión y seremos invencibles».

Antes de que la triste noticia atravesara el Atlántico, el 2 de setiembre, el almirante Le Prédour y el ministro Felipe Arana, en nombre de los gobiernos francés y argentino, firmaron la convención de paz. La bandera argentina fue desagraviada en la forma de estilo, y la Confederación obtuvo uno de los más significativos triunfos de su historia militar y diplomática.

Buena parte de esa victoria se debió al anciano patriota, que hasta el último instante de su vida luchó con toda vehemencia por su mística hispanoamericana. Por eso mismo, el artículo 39 del testamento de San Martín declara al general Rosas heredero de su glorioso sable, en virtud de «la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla».

Historia del Sable Corvo de San Martin Obsequio a Rosas Juan Manuel

HISTORIA Y CRONOLOGÍA DEL SABLE CORVO DE SAN MARTÍN

De todas las disposiciones testamentarias, hay una que se convirtió en objeto de críticas. San Martín donó su sable, símbolo de sus campañas libertadoras, a Juan Manuel de Rosas. La acción, que podía leerse claramente como un apoyo público a las políticas del gobernador de Buenos Aires, fue denostada por los unitarios y, en el mejor de los casos, achacada a la senilidad del Libertador.

Sin embargo, José Pacífico Otero, uno de sus biógrafos, asegura que «su cerebro se encontraba en perfecto estado de lucidez. Sabía San Martín que el país estaba dividido en dos bandos, que de uno estaba Rosas y los partidarios de su dictadura».

La razón de su agradecimiento estaba en la acción de Rosas frente al bloqueo y precisamente en su triunfo en la Vuelta de Obligado. Existen documentos que atestiguan que cuando el jefe de una flota francesa decretó el bloqueo del puerto de Buenos Aires del litoral argentino, San Martín ofreció sus servicios al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.

En una carta le dice: «Si usted me cree de alguna utilidad, sepa que tres días después de haber recibido sus órdenes me pondré en marcha para servir a la Patria que me vio nacer».

sable corvo de san martin

El sable corvo del General José de San Martín, que durante mas de cuarenta años se encontraba en el Regimiento de Granaderos, fue trasladado en 2015 al Museo Histórico Nacional por un decreto presidencial.

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CRONOLOGÍA

sable corvo

El 5 de diciembre de 1835 desde su casa en Francia, el general San Martín escribió una carta a su yerno Mariano Balcarce que estaba en Buenos Aires junto a su esposa e hija del Libertador, Mercedes San Martín de Balcarce: «Lo que sí les encargo se traigan es mi sable corvo que me ha servido en todas mis campañas de América y servirá para algún nietecito si es que los tengo. En cuanto a lo demás ya les tengo escrito con extensión en la suposición de que deben venir contando no volver a América hasta después de mi muerte».

sable corvo

En 1844, admirado por la defensa de la soberanía argentina frente a la agresión británica, en la Vuelta de Obligado, San Martín en su testamento estipula:

«El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al general de la República Argentina Dn. Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla». Su voluntad fue cumplida.

Más tarde Rosas en su testamento de 1862, escribe: en la cláusula decimoctava lega a su amigo y consuegro Juan Nepomuceno Terrero: «la espada que me dejó el Excmo. Sr. Capitán General Dn. José de San Martín («y que lo acompañó en toda la guerra de la Independencia») por la firmeza con que sostuve los derechos de mi Patria. Muerto mi dicho amigo, pasará a su esposa, la Sra. Da. Juanita Rábago de Terrero, y por su muerte a cada uno de sus hijos e hija, por escala de mayor edad».

sable corvo

En 1896, el director del Museo Histórico Nacional, Adolfo Carranza, le escribió una carta a Manuela Rosas de Terrero pidiéndole la donación del sable para ser exhibido en esa institución. Manuela tarda en contestar, pero le informa que: «…con la entera aprobación mía y de nuestros hijos se ha decidido donar a la Nación Argentina este monumento de gloria para ella, reconociendo que el verdadero hogar del sable del Libertador debiera ser en el seno del país que libertó. Por lo tanto, puede Ud. Sr. Carranza contar con que al recibo del pedido oficial que Ud. ofrece, la contestación será el envío del sable» […] «nos fuera permitido expresar nuestro deseo en cuanto al destino que se le diera al sable, sería el que fuese depositado en el Museo Histórico Nacional, con su vaina y caja tal cual fue recibido el legado del General San Martín».

sable corvo

Por decreto del 3 de marzo de 1897, firmado por el presidente Uriburu y refrendado por su ministro de Guerra y Marina, Guillermo Villanueva, se dispuso que el sable se depositara en el sitio indicado por los donantes.

Un día después, el 4 de marzo de 1897, la caja conteniendo el sable corvo desembarcó en Buenos Aires después de haber partido desde el puerto de Southampton en el «Danube» de la Royal Mail y luego trasbordado a la corbeta «LaArgentina». Durante 66 años el sable del general San Martín permaneció expuesto en el Museo Histórico Nacional.

sable corvo

En 1963, la Juventud Peronista, liderada por Calos Caride, Envar El Kadri, Jorge Rulli y Héctor Spina, decidió sustraer el sable de San Martín para protestar por las elecciones realizadas ese año con el peronismo proscripto y reclamar por el regreso del general Juan D. Perón, la devolución del cadáver de Evita, la ruptura con el Fondo Monetario Internacional, el castigo a los responsables de los fusilamientos de 1956 y la libertad a los presos del Plan CONINTES de Arturo Frondizi.

El 12 de agosto de 1963, se sustrajo el sable del Museo Histórico Nacional. La J.P. emitió un comunicado en el que declaró que «Desde hoy, el sable de San Lorenzo y Maipú quedará custodiado por la juventud argentina, representada por la Juventud.».

Fue devuelta el 17 de agosto de 1964.

El 19 de agosto de 1965, cuatro miembros de la Juventud Peronista otra vez sustrajeron el sable, que permaneció escondido en un colchón en una guardería de muebles, hasta que el 4 de junio de 1966 fue devuelto al Ejército.

sable corvo de san martin

El 2 de septiembre de 1971, el presidente de facto Alejandro Lanusse dispuso por el decreto 3.326 que el sable de San Martín retornara al Museo Histórico Nacional y estableció una guardia y custodia de honor permanente del Regimiento de Granaderos en la sala donde estuviera exhibido, pero la medida nunca se cumplió.

Fuente Consultada: Revista El Federal La Argentina Que Queremos Nota De: Aracelli Bellotta

Biografia Remedios de Escalada de San Martin Vida

Biografía Remedios de Escalada de San Martín

Biografia Remedios de Escalada de San Martin A los quince años, edad en que otras jovencitas juegan todavía con sus muñecas, era ya la esposa del guerrero que libertaría a la Argentina, Chile y el Perú. Sin embargo, Remedios de Escalada supo compartir la ardua y sacrificada vida del general José de San Martín en una época de guerras y turbulencias políticas y sociales decisiva para la historia de América.

María de los Remedios de Escalada nació en Buenos Aires el 20-11-1797, en el hogar virtuoso y cristiano de los Escalada, gran casona de piso bajo que existió en la esquina sudoeste de las actuales San Martín y Cangallo, cuyo lujoso salón perpetuó en admirable acuarela Carlos H. Pellegrini.

Transcurrió su infancia consagrada a una esmerada educación, tal como lo hacían en aquellos años las niñas nacidas en hogares patricios. De salud delicada, menuda, de tez pálida, cabellos y ojos negros, pronto lució su gracia y armonía en el acreditado salón de sus padres, compartiendo las amables tertulias de su época. Al salón de Escalada concurrió asiduamente el teniente coronel de Granaderos y otros compañeros de armas. Allí se gestó el romance entre Remedios y José.

Tuvo lugar el desposorio el 12-11-1812, en ceremonia íntima bendecida por el presbítero Luis José de Chorroarín, certificada por el notario Gervasio Antonio de Posadas, en la que atestiguaron el sargento mayor de Granaderos a Caballo Carlos de Alvear, su esposa María del Carmen Quintanilla, Fermín Navarro y los hermanos de la contrayente.

El novio, el 26-8-1812, había elevado el pedido de autorización para contraer matrimonio, manifestando… que teniendo tratado mi matrimonio con Da. María de los Remedios Escalada…, logrando así la autorización superior para verificarlo.

El 19 de septiembre los esposos recibieron las solemnes bendiciones en la Catedral, en misa de velaciones en que comulgaron. Al año siguiente de casados, Remedios lo vio partir por tres meses y regresar cubierto de gloria por la acción de San Lorenzo. Viajaron juntos a Mendoza, ciudad en la que ella se convirtió en eficaz anfitriona y en la compañera inseparable. El 24-11-1816 vino al mundo Mercedes Tomasa, la infanta mendocina, hija ejemplar e inseparable del noble guerrero a quien daría dos nietas.

Enferma de los bronquios, Remedios regresó a Buenos Aires, con su hija, en enero de 1817. En julio de 1818 viajaron los tres nuevamente a Mendoza, pero al agravarse el mal Remedios debió volver por última vez a Buenos Aires, en marzo de 1819, con la pena de no poder acompañar a San Martín al Perú.

Abatida por su enfermedad fue llevada a una quinta en las afueras de la ciudad, la que posteriormente pasaría a ser propiedad del futuro Arzobispo de Buenos Aires, monseñor Mariano José de Escalada, donde expiró el 3-VIII-1823, aún sin cumplir veintiséis años de edad.

Demorado por su salud, calumniado y acosado por sus enemigos, San Martín llegó a Buenos Aires en noviembre de 1823. En el Cementerio del Norte, hizo colocar una lápida de mármol en la que grabó su frase imperecedera. ‘Aquí descansa Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín».

CARLOS DELLEPIANE CÁLCENA, EL JOSÉ DE SAN MARTÍN.

Biografía Ampliada de Remedios de Escalada de San Martín

Nació en Buenos Aires el 20 de noviembre de 1797, siendo sus padres D. José Antonio de Escalada, rico comerciante, canciller de la Real Audiencia de 1810, y doña Teresa de la Quintana Aoiz Riglos y Larrazábal. Esta ilustre familia – ha dicho un historiador – se significó siempre en la colonia y en la república, por el mérito de sus varones y el boato representativo de sus mujeres. Se recuerda entre las familias porteñas el esplendor de las veladas y fiestas con que estos señores de Escalada mantenían el prestigio de su elevada posición.

remedio escalada de san martin

Doña Remedios, esposa del general San Martín más tarde, era de una delicadeza exquisita. Su elevado sentido de la dignidad y sus patrióticas virtudes envuelven su recuerdo en una aroma agradable, ocupando un lugar destacado entre las damas de la época, por haber sido la que primero tuvo el noble y patriótico gesto de desprenderse de sus sortijas y aderezos para contribuir a la formación de las huestes patriotas.

Tenía 14 años doña Remedios cuando arribó a nuestras playas el teniente coronel de caballería D. José de San Martín, grado adquirido en una interminable serie de combates, ora en la madre patria contra el extranjero invasor, ora en África, guerreando contra la morisca audaz y bravia.

Al llegar a su Patria, ofreció su brazo y su espada a la causa emancipadora y el Gobierno de las Provincias Unidas se apresuró a aceptar tan patriótico ofrecimiento, sin soñar acaso, que al hacerlo, abacaba de armar caballero de la causa americana al más decidido y esforzado paladín, que debía escribir largas páginas brillantes, rebosantes de gloria y exhuberantes de nobles ejemplos para las generaciones futuras.

Desde el momento en que San Martín ofreció sus servicios a la causa de la Independencia, la casa de la familia de Escalada, que era un centro de los patriotas de la Revolución, le abrió sus puertas y fue uno de sus más asiduos concurrentes. Allí conoció a la niña que debía ser después su esposa. El después adalid, llegó pobre y sin relaciones, no trayendo más que una buena foja de servicios de España y el propósito de prestar leales y desinteresados a su Patria.

El viejo Escalada, con clara visión, entrevio en aquel arrogante militar un general de nota y no tuvo inconvenientes en aceptar los galanteos a su hija, no obstante la diferencia de edad entre ambos, que llegaba casi a 20 años: «ella, niña, no muy alta, delgada y de poca salud; él de edad pro-Secta, estatura atlética, robusto y fuerte como un roble».

San Martín vinculándose a esa familia, conquistaba posición y atraía a las filas del Escuadrón de Granaderos a Caballo, que estaba organizando, una pléyade de oficiales que, como sus hermanos políticos Manuel y Mariano y sus amigos, los Necochea, Manuel J. Soler, Pacheco, Lavalle, los Olazábal, los Olavarría y otros que llenaron después con su espada páginas admirables en la epopeya americana.

Desde que San Martín conoció a «Remeditos», como él llamaba a su tierna compañera, se enamoró de ella y comenzó el idilio que terminara en el matrimonio celebrado en forma muy íntima el 12 de noviembre de 1812 y fueron sus testigos «entre otros —dice la partida original— el sargento mayor de Granaderos a Caballo D. Carlos de Alvear y su esposa doña Carmen Quintanilla.

No había transcurrido tres meses de la fecha en que se celebró la boda, que el coronel San Martín recogía su primer laurel en los campos de San Lorenzo, donde, como es sabido, muy poco faltó para que doña Remedios quedase viuda. Desde este instante su talla militar adquiere contornos gigantescos y es el comienzo real de su vida pública que terminaría simultáneamente con los días de su esposa, 11 años después.

Cuando San Martín marchó a tomar el mando del Ejército del Norte, doña Remedios quedó en Buenos Aires. Fue en aquella época que el ilustre soldado debía sentir los primeros síntomas del grave mal que debía alarmarlo en una gran parte de su agitada existencia, mal que lo obligó a trasladarse a la provincia de Córdoba, al establecimiento de campo de un amigo, íeponiéndose algún tiempo después de sus dolencias.

Cuando fue designado Gobernador – Intendente de la provincia de Cuyo, su esposa lo acompañó en su estada en Mendoza y apenas llegó a esta ciudad, su casa se transformó en alegre, hospitalaria y en un centro radioso de la sociedad mendocina, por obra de su exquisita cultura y el prestigio de su bondad y virtudes.

A ella concurrían los oficiales y los jóvenes de la localidad que después se agregaron, Palma, Díaz, Correa de Sáa, los Zuloaga y Corvalán, que unidos a los primeros cruzaron la cordillera y formando parte de los vencedores, llegaron hasta la ciudad de los Virreyes, en el paseo triunfal que realizaron a través de media América.

En el mes de enero de 1817, el Ejército de los Andes emprendió la colosal empresa que debía cubrirlo de laureles y su comandante en jefe dejó el hogar para no volver a él sino de paso, en los entreactos que le permitían sus victorias. Así continuó el andar del tiempo y en 1819, San Martín que tenía su pensamiento aferrado a la idea de afianzar la independencia de su Patria atacando al enemigo en el centro de su poderío, el Perú, pidió a su esposa que regresara a casa de sus padres y así lo hizo «Remeditos», revelando que era tan tierna como obediente esposa.

Ya tenía entonces a su pequeña Mercedes de San Martín, que sería más tarde esposa de D. Mariano Balcarce, único vástago del matrimonio, la cual había nacido en Mendoza en 1816. Acompañáronla en su viaje, su hermano, el teniente coronel Mariano de Escalada y su sobrina Encarnación Demaría, que después fue señora de Lawson.

Doña Remedios de Escalada de San Martín después de su traslado de Mendoza a Buenos Aires vivió en la casa de sus padres, y agravada la enfermedad que padecía, por consejo médico debió trasladarse a una quinta de los alrededores. Abatida y enferma, esperaba siempre la vuelta de su esposo, anunciada tantas veces.

La muerte de su padre acaecida el 16 de noviembre de 1821, agravó su malestar, justamente en los momentos en que el héroe renunciaba a los goces de la victoria y de las delicias del poder, después de la célebre entrevista de Guayaquil y se retiraba para siempre de la escena política, cerrando su vida pública con un broche de oro, que deberá ser siempre profundamente comprendido por las generaciones futuras, porque su «renunciación» evitó la guerra civil en Sud América que habría destruido la obra emancipadora iniciada en Mayo de 1810.

Profundamente atormentada por sus preocupaciones, que facilitaron el desarrollo del terrible mal en su delicado organismo, falleció en la quinta en que se radicó para combatir su enfermedad, el 3 de agosto de 1823. San Martín se encontraba en Mendoza y en junio había escrito su última carta a D. Nicolás Rodríguez Peña, en que le decía que habíale llegado el aviso de que su mujer estaba moribunda, cosa que lo tenía de «muy mal humor», pero sus propios males le impidieron llegar a Buenos Aires para recibir de su esposa el postrer beso, antes de iniciar el viaje sin retorno.

«Murió como una santa — refería su sobrina Trinidad Demaría de Almeida, que rodeó su lecho en los últimos instantes — pensando en San Martín, que no tardó en llegar algunos meses después, con amargura en el corazón y un desencanto y melancolía que no le abandonaron jamás».

De paso para Europa, el general San Martín — noviembre de 1823 a febrero de 1824 — hizo construir un pequeño monumento en mármol, en el cementerio de la Recoleta, depositando en él los restos de su «Remeditos» y donde hizo grabar el siguiente epitafio:

«AQUÍ YACE REMEDIOS DE ESCALADA, ESPOSA Y AMIGA DEL GENERAL SAN MARTIN , monumento que cubre los restos de la qué fue digna hija, virtuosa esposa, madre amantísima, patricia esclarecida y mujer merecedora del respeto general».

Doña Remedios de Escalada de San Martín figuró en la Sociedad Patriótica, asistió al célebre «complot de los fusiles», en que las damas patricias se propusieron armar un contingente con su peculio particular, y tomó parte en todas las iniciativas promovidas por las damas de la época en pro del movimiento emancipador.

El documento que redactaron aquellas nobles damas que se propusieron reforzar los contingentes que bregaban por afianzar la independencia nacional con la famosa empresa llamada el «complot de los fusiles», terminaba con las palabras siguientes: «Yo armé el brazo de ese valiente que aseguró su gloria y nuestra libertad».

Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

Historia Emprestito Baring Brothers a Rivadavia Prestamo

Historia Empréstito Baring Brothers a Rivadavia

Empréstito de un millón de libras esterlinas con la Casa Baríng: Se contrató el 1 de julio de 1824 para la construcción del puerto de Buenos Aires, el establecimiento de pueblos en la nueva frontera, la fundación de tres ciudades sobre la costa entre Buenos Aires y el pueblo de Patagones y la instalación del servicio de agua corriente a la ciudad de Buenos Aires. Sólo llegaron a Buenos Aires unas 570.000 libras esterlinas, en su mayoría en letras de cambio. Ninguna de las obras previstas se realizó con ese dinero, que fue entregado al Banco de Descuento para que diera créditos a sus clientes. El Estado argentino terminó de pagar la deuda en 1904.

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ANTECEDENTES: Durante el gobierno de Rivadavia el ambiente de reformas (iniciado mientras era Ministro de Martín Rodríguez) trajo aparejada la necesidad de mejorar las condiciones de vida en la provincia de Buenos Aires, para lo cual se requería dinero.

La Junta de Representantes facultó al gobierno de Buenos Aires para negociar un empréstito de 1.000.000 de libras esterlinas con la firma Baring Brothers. El dinero se solicitó para restaurar el antiguo muelle, realizar instalaciones de agua corriente, mejorar las obras públicas y los pueblos de frontera.

Este empréstito representaba el inicio de una política de endeudamiento que tiene repercusiones hasta en la actualidad.

Para efectivizar el crédito, se dictó la ley de enfiteusis el 1° de junio de 1822, por la cual las tierras públicas no podían venderse, pues constituían la garantía del crédito al ser cedidas a largo plazo a campesinos quienes debían pagar un canon anual (prestación pecuniaria impuesta por el Estado). Con esta ley se pretendía fomentar la agricultura y la colonización.

Pero, en realidad, los fines de la ley fueron desvirtuados, pues las tierras, en su mayoría, pasaron a manos de latifundistas, quienes extendieron sus dominios y no fomentaron la agricultura, ya que la ganadería les resultaba más rentable. Además, no siempre se pagó el canon impuesto.

Al cabo de dos años de especulaciones, llegó el empréstito. Sólo se recibieron 560.000 libras ya que del monto original se dedujeron comisiones anticipadas y gastos de intermediarios.

Ese dinero nunca fue destinado para modernizar la ciudad de Buenos Aires, sino que sirvió para solventar los gastos de una guerra inminente con el Brasil. «

Bernardino Rivadavia

HISTORIA DEL PRIMER EMPRÉSTITO A ARGENTINA: Fue un día de invierno de 1822 cuando empezó la deuda externa. Su matriz fue un decreto de impreciso articulado. La parte que importa es la siguiente: «La Honorable Junta de Representantes de la provincia, usando la soberanía ordinaria y extraordinaria que reviste, ha acordado y decreta con todo el valor y fuerza de la ley lo siguiente:

«Artículo 1. Queda el gobierno facultado para negociar, dentro o fuera del país, un empréstito de tres o cuatro millones de pesos valor real…»

Largos 162 años después las borrosas estadísticas de que se dispone permiten verificar (o permitirían verificar) que la Argentina sólo se vio libre de deuda externa durante cuatro meses. Algunos expertos ubican ese tenue período hacia 1949. Otros descreen o relativizan su existencia.

Las piedras de la calle Florida
Ya en 1820 chocaban las ansias de hacer obras públicas con las escasas disponibilidades. Los economistas y los historiadores podrían explicar ese déficit con una multitud de datos. Pero un solo hecho sería suficiente: ese año de 1820 la provincia de Buenos Aires tuvo veintitantos gobiernos. Hacia 1822, Rivadavia mandó a desmantelar el precario muelle que entonces, temerosamente, entraba al río. Con las piedras hizo embaldosar Florida.

A favor y en contra
A favor de los empréstitos se ha dicho:
– Facilitan a los gobiernos un mejor aprovechamiento de los recurso, acelerándolos.
– Capitalizan al país con los resultados de la inversión a la que se dedican.
– Pueblan e incorporan a la economía los recursos naturales.
– Crean fuentes de trabajo.
– Es el recurso para alcanzar de inmediato
proyectos ambicionados.

La lista es tan incompleta como esta otra, en contra:
– La historia de los empréstitos demuestra que finalmente se los destina a alimentar burocracia o gastos militares.
– El endeudamiento provoca recelos en la población.
– Es una incitación al gasto sin disciplina.
– Somete al país a imposiciones del extranjero, directas o indirectas.

– Es el medio fácil para que los gobernantes empiecen obras sin arbitrar los medio idóneos y locales de financiación. De igual modo, el sonado empréstito Baring levantó acusaciones y aclaraciones, muchos autores criticaron que se lo hubiera negociado al 70 por ciento de su valor nominal (por cada 100 libras, la Baring entregaba solamente 70, que eran menos aún, deducidas comisiones y otras cargas). Cuando llegaron los fondos se designó una comisión que debía atender «los servicios de su entretenimiento», esto es, su inversión, administración, préstamos, pagos de intereses, etcétera. Y esos primeros servicios de entretenimiento resultaron prestarnos y descuentos de documentos a comerciantes e importadores, entre los que descollaban algunos nombres vinculados con la concertación del empréstito.

Luego pasarían a engrosar el capital del flamante Banco Nacional. Nunca tuvieron aplicación al destino que se había declarado: el muelle porteño, las aguas corrientes, las ciudades costeras. Aunque es cierto, también, que en seguida vendría la guerra con el Brasil y los mil días de bloqueo al puerto impuestos en enero de 1826; los 950 días del bloqueo francés del 38; los 650 días del anglofrancés del 45; los otros 350 días del otro bloqueo francés… Además, vino la guerra civil.

Hubo épocas de pago. En 1826, 27.392 libras como parte de pago de los intereses del segundo semestre. Penosamente se pagó en 1827.

Los gobiernos que siguieron no podrían cumplir. En 1837, después de un acuerdo, de una refinanciación, se reconocieron intereses atrasados por 1.641.000 libras. En 1824, cuando el empréstito llegó a Buenos Aires, hechas todas las deducciones y según los cálculos exhibidos por varios autores, sólo habían ingresado a la caja fuerte nacional 570.000 libras.

Las estadísticas oficiales sobre la deuda (interna y externa) son material notoriamente escaso, cuando no ausente. Pero ese déficit y esa dificultad han sido cubiertos por José García Vizcaíno en su documento-libro La deuda publica nacional.

Las cifras de la deuda prefiguraban ya la crisis que iría a estallar. Porque, además, el endeudamiento externo no se había parado. En 1868 se había contratado otro préstamo en Londres: se lo usó en la guerra del Paraguay. Otro, de 1871, se gestionó para obras públicas y se lo terminó gastando también en aquella guerra y otras, internas, contra Entre Ríos y Corrientes. Hubo otro refuerzo, en 1873.

La «comisión argentina»
Hacia el decenio de 1880, Buenos Aires conocía un crecimiento más febril que nunca; oleadas de inmigrantes y de capital eran atraídas desde Europa hacía aquella puerta, a una América nueva. Los Baring encabezaron una serie de empréstitos pero no tuvieron suficientemente en cuenta las condiciones internas de la Argentina.

En agosto de 1890, lord Lidderdale, gobernador del Banco de Inglaterra advirtió a la casa Baring «que estaba aceptando demasiadas letras de su agencia argentina. En noviembre los rumores sobre sus dificultades habían ya trascendido peligrosamente. Empezaron las consultas; ellas confirmaron —dice Sampson— la terrible noticia de que los Baring no habían logrado colocar sus títulos y efectos argentinos, y que tal vez habrían de suspender pagos a la semana siguiente.

En Buenos Aires, Pellegrini levantó un empréstito patriótico. Hizo una emisión de 50 millones, llevando el total del circulante a los 300 millones y creó el Banco Nación. Durante diez años más el país no volvió a emitir un solo peso. El déficit que en el ’91 había sido de 54 millones, cayó en el ’92 a 17. En julio del ’93 se firmaba el Acuerdo Romero: en él se incluyeron todas las deudas con el exterior. En ese acuerdo entraron 14 empréstitos por algo así como 44 millones de esterlinas. Hubo una rebaja de intereses. En la década del ’30 la Argentina empezó a caminar la senda inversa: rescatar deuda externa, achicarla. Entonces se hizo un empréstito de repatriación.

¡Cuatro meses sin deuda!
Vinieron los tiempos de la guerra. «Eran tiempos difíciles. Los ingleses compran pero no pueden pagar. La Argentina les vende al fiado durante todo el conflicto, mientras ellos bloquean las libras esterlinas con las que nos deberían pagar por el trigo y la carne que compran. A pesar de eso, la Argentina sigue pagando su deuda externa y aun en 1942 paga para repatriar una parte de ella», dice Antonio Brailovsky en su trabajo Historia de la deuda externa argentina, que publicó el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico.

En ese año de 1942 se propone que se emplee parte de lo que los ingleses deben en achicar deuda propia. La medida se aplica primero con cuentagotas. Luego con mayor amplitud. Al mismo tiempo la Argentina va entrando a un período político y económico sobre el que aún prevalecen notorias discusiones. «Cuando subió el peronismo al poder en 1946 —apunta Brailovsky—, quedaba una pequeña parte de deuda que fue rescatada casi totalmente en varias cuotas. A fines de 1949 no quedaba prácticamente nada. Con lo cual los argentinos se pasaron cuatro meses de su historia «sin deuda externa». Ese período de cuatro meses fue de enero a abril de 1950. En mayo se firmó el empréstito de 115 millones con el Eximbank.

Ocurre que si el Estado no tenía deuda, sí la había en el sector privado; se denunciaban 300 millones de deudas comerciales. Un equipo ya negociaba esta situación en el ’49. Resolvió que de las ventas argentinas a Estados Unidos se destinara el veinte por ciento para ir cancelando esas cuentas. Estados Unidos propuso entonces el empréstito. Fue a largo plazo, 15 años. Y como eran deudas de bancos privados, ellos mismos formaron una comisión que fue la que suscribió el crédito. Pero algo muy curioso pasó entonces: el Eximbank encaró un arqueo de las deudas y de los 300 millones de que se hablaba se descubrió que había en realidad deudas por 115.

Lentamente primero, más aceleradamente después, el país volvió a endeudarse. En 1973 se enteró de que la deuda bordeaba los 8.000 millones de dólares. Un año después orillaba los 10.000 millones. Entonces, casi sorpresivamente, la historia se aceleró hasta el vértigo: a fines de 1980 era de 27.000 largos millones.

Hoy, su arquitectura es tal que se vuelve a aquellas imprecisiones inaugurales del decreto de 1822; los cálculos dicen que es de 43.000 millones o de 46.000 millones. Y también, como entonces, como un signo fatal, esa deuda tampoco tuvo por destino enriquecer al país.

Roberto Fernández Tabeada
Adaptación del diario Clarín, 1984.

Quienes fueron los Padres de San Martin? Sus Hermanos Familia Infancia

¿Quienes fueron los Padres de San Martín?

(…) En el antiguo reino de León nacieron los padres del Libertador.

Padres de San MartínCervatos de la Cueza es una pequeña y humilde villa tendida sobre la margen izquierda del arroyo de la Cueza. Fue el lugar de nacimiento de Juan de San Martín, hijo de Andrés de San Martín e Isidora Gómez, el 3 febrero de 1728.

El hogar donde naciera Juan de San Martín era morada de humildes labradores. Al amparo de sus mayores, fortaleció su noble espíritu de cristiano y cuando cumplió dieciocho años, dijo adiós a sus buenos padres ufano por ingresar en las filas del ejército de su patria, para seguir las banderas que  se trasladaban de uno a otro confín del mundo.

Inició su aprendizaje militar en las cálidas y arenosas tierras de África, donde realizó cuatro campañas militares. El 31 de octubre de 1755 alcanzó las jinetas de sargento y, seis años más tarde, las de sargento primero.

Cuando después de guerrear en tierras de las morerías regresó a la metrópoli, siguió a su regimiento a través de las distintas regiones en que estuviera de guarnición. Así le vemos actuar en la zona cantábrica y en la fértil Galicia, en la activa y fértil Guipúzcoa, en la adusta y sobria Extremadura y en la alegre Andalucía Era Juan de San Martín un soldado fogueado y diestro en los campos de batalla cuando, en 1764, se le destinó para continuar sus servicios en el Río de la Plata.

Cuando desembarcó en el Riachuelo, ejercía las funciones de gobernador Pedro de Cevallos. Cevallos le confió el adiestramiento e instrucción del Batallón de Milicias de Voluntarios Españoles hasta que, en mayo de 1765, lo destinó al bloqueo de la Colonia del Sacramento en esa zona hasta julio de 1766, en que se le confió la comandancia del partido de las Vacas y Víboras, en actual República Oriental del Uruguay.

Al mismo tiempo que Juan de San Martín ejercía las funciones de administrador, no dejó inactivas sus funciones militares, cooperando de acuerdo con órdenes de sus superiores en el bloqueo establecido permanentemente por España a la Colonia del Sacramento.

Varios hechos trascendentales ocurrieron en la vida de nuestro personaje durante su actuación en el Uruguay. Su casamiento con Gregoria Matorras y el nacimiento de sus tres hijos mayores.

Gregoria Matorras, madre de San Martín nuestro Libertador, había nacido en jurisdicción de la provincia de Falencia, en la villa denominada Paredes de Nava. Fue ella el sexto y último vástago del primer matrimonio de Domingo Matorras con María del Ser.

Vino al mundo el 12 de marzo de 1738 y fue bautizada en la parroquia de Santa Eulalia al cumplir diez días. La madre del Libertador quedó huérfana de madre a la edad de seis años.

Viajó al Río de la Plata con su primo Jerónimo Matorras, ilustre personaje que as-piraba a colonizar la región chaqueña.

Gregoria Matorras contrajo enlace con el teniente Juan de San Martín, que fue representado en esa ceremonia por su compañero de armas, capitán de dragones Juan Francisco Somalo.

Los nuevos esposos se reunieron Gregoria Mator en Buenos Aires el día 12 de octubre de ese año, trasladándose poco después a Calera de las Vacas. Allí formaron su hogar y en ese lugar nacieron tres de sus hijos: María Elena, el 18 de agosto de 1771; Manuel Tadeo, el 28 de octubre de 1772 y Juan Fermín Rafael, el 5 de octubre de 1774.

Cuando el teniente Juan de San Martín cesó en las funciones de administrador de la estancia de Calera de las Vacas, el gobernador de Buenos Aires, Juan José de Vértiz y Salcedo, lo designó el 13 de diciembre de 1774 teniente de gobernador del departamento de Yapeyú, haciéndose cargo de sus nuevas funciones «desde principios de abril de 1775».

Yapeyú había sido una de las reducciones más florecientes y ricas en tierras y ganados, que fundó la acción fervorosa y ejemplar de los padres de la Compañía de Jesús.

Su instalación se efectuó el 4 de febrero de 1627, junto al arroyo llamado Yapeyú por los indígenas, bautizándose con el nombre de Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú.

Con el correr de los años, Yapeyú se convirtió en uno de los pueblos más ricos de las misiones. Poseía estancias en ambas bandas del río Uruguay. El pueblo quedó casi de San Martín si abandonado después de la expulsión de los misiones de la Compañía de Jesús.

Dos nuevos vástagos aumentaron la familia San Martín-Matorras en Yapeyú: Justo Rufino, nacido en 1776, y nuestro Libertador, José Francisco, que vio la luz el 25 de febrero de 1778.

Fuente: JOSÉ A. TORRE REVELLO, EN JOSÉ DE SAN MARTÍN. LIBERTADOR DE AMÉRICA.

Independencia de Sudamerica Libertadores San Martin Bolivar America

Libertadores y la Independencia de Sudamérica

Yapeyú, Virreinato del Río de la Plata, 25 de febrero de 1778 – Boulogne-sur-Mer, Francia, 17 de agosto de 1850.

Libertadores y la Independencia de Sudamerica

Caracas, 24 de julio3 de 1783 — Santa Marta, República de Colombia, 17 de diciembre de 1830.

El siglo XIX fue de grandes cambios porque Europa comenzó a poblarse de chimeneas y conspiraciones. La expansión de la industria terminó por socavar definitivamente las viejas instituciones heredadas de la Edad Media, y las ideas de la Ilustración, que habían madurado durante la centuria anterior, comenzaron a plasmarse en propuestas políticas y sociales. El llamado Antiguo Régimen vio cómo se estremecía uno de sus pilares fundamentales: la monarquía. En 1789, la Revolución Francesa, con sus ideas de «libertad, igualdad y fraternidad», derrocó al rey Luis XVI, instauró la República y se convirtió en referente de las nuevas fuerzas sociales que surgían en el mundo.

EN EL VIEJO MUNDO También en el siglo XIX, Inglaterra, en plena expansión industrial, necesitaba ampliar sus mercados. Las manufacturas inglesas eran recibidas en Cádiz, España, y desde allí se distribuían hacia América. Esto significaba una limitación muy grande para los británicos. Y un problema para las economías americanas: los productos se encarecían al ser monopolizados desde España. Tanto los industriales ingleses como los comerciantes del Nuevo Mundo aspiraban a un circuito más directo, para vender más los unos y para comprar más barato los otros. Dijo Juan Bautista Alberdi, en Póstumos-.

«La independencia americana es el resultado natural e inevitable de las necesidades económicas, de los intereses generales de la civilización de ambos mundos». Y por cierto que Inglaterra era por entonces la más avanzada nación europea, llamada a ejercer una supremacía. Convertida en dueña de los mares, Inglaterra imponía nuevas relaciones comerciales, más modernas, en desmedro de los viejos imperios, como el español. En tanto, en la Europa continental, la arrolladura expansión napoleónica trastocaba a las viejas casas reales, incluso a la monarquía española.

LA SITUACIÓN EN Por su parte, los patriotas hispanoamericanos se sintieron alentados por la independencia de Estados Unidos (1776) y, más allá de su mayor o menor fervor republicano, vieron en la toma de la Bastilla la prueba de que el viejo orden podía ser subvertido. No escapaba de esta posibilidad el imperio español, que mantenía sujetos los destinos de América a los dictados de Madrid. La destitución del rey español Fernando VII por parte de Napoleón en 1808 abrió nuevas posibilidades de  acción de los patriotas. Al » igual que en España, formaron Juntas de gobierno locales. La Revolución de Mayo siguió este rumbo. En este ambiente aún convulsionado, San Martín regresó a Buenos Aires y comenzó su trascendente campaña libertadora.

A pesar del empeño de las metrópolis europeas por preservar sus colonias, el sentimiento de libertad en los pueblos latinoamericanos se canaliza en las grandes campañas militares de comienzos del siglo XIX. Fructificaba el ejemplo de los Estados Unidos y encontraban eco los principios nacidos de la Revolución Francesa, todo con el decisivo apoyo de la Masonería. Simón Bolívar y José de San Martín son los dos grandes líderes que se destacan en la lucha por la libertad de las colonias españolas de la América del Sur.

José Francisco de San Martín representa la grandeza de un genio político y militar al servicio de la libertad. Su gesta del cruce de los Andes, sin precedentes en América, fue la llave maestra para la liberación de tres países -la Argentina, Chile y Perú- y del resto del continente, al que siempre, por encima de cualquier caudillismo e interés local, concibió como Patria Gran de. Ala vez, fue un modelo de hombre de armas que confió en la fuerza de los ideales y que, sin apetencias personales de poder, hizo un culto de la austeridad en el día a día de su vida

En Venezuela, Francisco Miranda comanda el movimiento que busca concretar la independencia (1812). Pero los realistas reaccionan y dominan la situación. Con Bolívar al frente, los venezolanos salen victoriosos en nuevos enfrentamientos, pierden otras veces y el Libertador se ve obligado a refugiarse en Jamaica y en Haití, de donde regresa (1817) para expulsar a los realistas de Venezuela y también de Colombia (entonces Nueva Granada). En 1822, el lugarteniente de Bolívar, Sucre, apoyado por las tropas de San Martín, libertador del Perú (1821), consigue la independencia del Ecuador. 

En 1826, Sucre independiza finalmente a la actual Bolivia, Más al sur, el Paraguay ganó la autonomía en 1811. En 1816 las Provincias Unidas del Río de la Plata (Argentina) se declaran independientes, y San Martín, quien al año siguiente se alia con O’Higgins, libera a Chile, separándolo de España. El Uruguay sólo alcanza la independencia en 1828, cuando, tras liberarse del Brasil en 1825, y reincorporarse a la Argentina, se desató una guerra entre brasileños y argentinos que terminó en la creación de un nuevo Estado entre ambos.

Ley Fundamental Gobierno de Rivadavia

Ley Fundamental – Gobierno de Rivadavia

LEY FUNDAMENTAL: Concluido el gobierno de Martín Rodríguez, se designó en su reemplazo al general Juan Gregorio de Las Heras, distinguida figura de las luchas por la independencia.Las Heras convocó un Congreso General Constituyente que se inauguró el 16 de diciembre de 1824, al que concurrieron veintiséis diputados provinciales, de los cuales ocho representaban a Buenos Aires.

general Juan Gregorio de Las Heras

general Juan Gregorio de Las Heras

El 23 de enero de 1825 el congreso dictó la Ley Fundamental, por la que se declaraba soberano para entender en todos los asuntos relativos a la organización nacional y para dictar una nueva constitución que debía ser aprobada por los gobiernos del interior. Hasta que dicha constitución se promulgara, cada provincia continuaría con su gobierno y sus leyes propias.

La Ley Fundamental, respetuosa de las autonomías provinciales, fue aceptada por todos los caudillos del interior que tan bravamente habían defendido la causa del federalismo.

Ley fundamental

El congreso general de las Provincias Unidas del Río de la Plata ha acordado y decreta lo siguiente.

Art. 1. Las Provincias del Río de la Plata reunidas en congreso reproducen por medio de sus diputados, y del modo mas solemne, el pacto con que se ligaron desde el momento en que sacudiendo el yugo de la antigua dominación española se constituyeron en nación independiente, y protestan de nuevo emplear todas sus fuerzas, y todos sus recursos para afianzar su independencia nacional, y cuanto pueda contribuir á la felicidad general.

2. El congreso general de las Provincias Unidas del Río de la Plata es, y se declara constituyente.

3. Por ahora, y hasta la promulgación de la constitución, que ha de reorganizar el estado, las provincias se regirán interiormente por sus propias instituciones.

4. Cuanto concierne á los objetos de la independencia, integridad, seguridad, defensa, y prosperidad nacional es del resorte privativo del congreso general.

5. El congreso expedirá progresivamente las disposiciones que se hicieren indispensables sobre los objetos mencionados en el artículo anterior.

6. La constitución, que sancionare el congreso será ofrecida oportunamente a la consideración de las provincias, y no será promulgada, ni establecida hasta que haya sido aceptada, 7. Por ahora, y hasta la elección del poder ejecutivo nacional, queda este provisoriamente encomendado al gobierno de Buenos Aires con las facultades siguientes:

1- Desempeñar todo lo concerniente á negocios extrangeros. nombramiento, y recepción de ministros, y autorización de los nombrados.

2- Celebrar tratados, los que no podrá ratificar sin obtener previamente especial autorización del congreso.

3- Ejecutar y comunicar á los demás gobiernos todas las resoluciones que el congreso espida en orden á los objetos mencionados en el artículo 4.

4- Elevar a la consideración del congreso las medidas que estime convenientes para la mejor espedicion de los negocios del estado.

Publicada en «El Nacional». Buenos Aires. 27 de enero de 1825.

Fuentes Consultadas:
Historia Argentina Santillana Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 La Nación Argentina Kapeluz
de Miretzky – Mur – Ribas  – Royo.