Derechos Humanos

Concepto de Derecho Juridico Clasificacion Principios Fuentes

Concepto de Derecho Jurídico
Clasificación, Principios, Fuentes del Derecho

El  DERECHO JURÍDICO es, en esencia, un orden para promover la paz. Tiene como objetivo, que un grupo de individuos pueda convivir en tal forma, que los conflictos que se suscitan entre ellos puedan solucionarse de manera pacífica, esto es, sin recurrir a la fuerza y de conformidad con un orden de validez general.

Este es el orden del derecho.

1. Introducción

2. Quien Crea el derecho?.

3. Fines del Derecho

4 Derecho Positivo y Derecho Natural.

5. Fuentes del Derecho: Ley, Costumbres, Jurisprudencia y Doctrina

6. Principios Generales del Derecho

7. Clasificación del Derecho

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concepto de derecho juridico

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INTRODUCCIÓN: Para entender de qué manera interviene lo que llamamos derecho en nuestra vida cotidiana, es importante recurrir a ejemplos sencillos y cotidianos de fácil comprensión, extraídos de diferentes situaciones que, aunque tienen trascendencia jurídica, casi nunca reparamos en ellas: subir a un autobús, tomar localidades para una sesión de cine, comprar el periódico.

Ante tales actos, podemos exigir que el autobús nos transporte a un lugar determinado, o que se nos deje entrar en la sala de proyecciones para ver el espectáculo. Adquirimos la propiedad del periódico y perdemos la del dinero que hemos pagado por él.

En otros casos, el alcance jurídico de los hechos es aún más claro: nos quitan la cartera y acudimos a la comisaría de policía para que se inicie una actividad dirigida a descubrir al culpable y se le imponga la pena correspondiente; compramos un apartamento a plazos sabiendo que contraemos una deuda, y que si no cumplimos con ella seremos demandados ante los tribunales; nos ponen una multa por no habernos detenido ante un semáforo en rojo…

Si de estos ejemplos o de otros muchos queremos deducir cuál es su significado jurídico, no será difícil llegar a la siguiente consecuencia: en todos los casos expuestos podemos exigir de otros una conducta determinada, u otros nos la pueden exigir a nosotros.

Pero para que esto sea posible, es preciso que exista un conjunto de normas o reglas establecidas en virtud de las cuales surja la posibilidad de reclamar o de quedar sujetos a una reclamación. Si un individuo puede exigir que se le entregue el periódico a cambio de su precio, es porque hay una regla o conjunto de reglas que así lo disponen, como también preceptúan que el vendedor pueda exigir el pago de la mercancía.

La existencia de una regla o norma preestablecida es lo que da soporte jurídico, a todos los hechos y, de este modo nos pone en contacto con el derecho.

Derecho objetivo y derecho subjetivo: Conviene hacer una distinción entre lo que se entiende por derecho desde un punto de vista objetivo y subjetivo, pues nos aproximará a definir esta palabra en toda su dimensión, es decir, englobando ambas particularidades.

El derecho objetivo es el conjunto de normas que ordenan o prohiben hacer algo o llevar a cabo determinada conducta.

Pero el derecho no es sólo eso; también tiene un aspecto instrumental (de servicio a los ciudadanos).

En tal caso, el derecho nos ayuda a lograr nuestros deseos, a desarrollar nuestra personalidad. Las leyes determinan cómo puede adquirirse una propiedad, cómo puede usarse una cosa, de qué manera hay que proceder para conseguir el fin que nos proponemos (crear una empresa, elaborar un testamento).

Es lo que técnicamente se conoce como derecho subjetivo. En este caso la palabra derecho la reconocemos en expresiones populares como «tener derecho a hacer tal cosa».

Definición del derecho: Con la combinación de los dos conceptos más arriba mencionados, podemos encontrar una definición que nos acerque más al verdadero sentido de la palabra derecho.

Se entiende por derecho, el conjunto de leyes, preceptos y reglas a que están sometidos los hombres en su vida social.

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¿QUIÉN CREA EL DERECHO?

Al ser un mecanismo que sirve para imponer y, al mismo tiempo, garantizar un orden social, es necesario que sea un poder humano el que haga cumplir unas determinadas normas de conducta.

Este poder lo representa el Estado. El Estado no sólo crea el derecho, sino que lo aplica y lo impone por la fuerza si ello fuere necesario, ya que está investido de un poder sancionador.

No obstante, lo que hoy entendemos como derecho positivo, surgió mucho antes de que apareciera la noción moderna de Estado, ya que la coacción, sin la cual no existiría regla de derecho, puede ser obra de una colectividad (familia, tribu) o de un individuo más fuerte que otros (el padre respecto a los hijos; en la antigüedad, el amo respecto a los esclavos).

También las prescripciones religiosas convertidas en imperativas por el temor de un castigo divino, tendrían defacto un carácter jurídico.

Cabe decir también que el derecho está en perpetua evolución, ya que es la expresión de una relación de fuerzas en un momento dado. Entre las fuerzas creadoras del derecho se encuentran los intereses materiales o económicos, los principios religiosos y morales, las distintas ideologías, la tradición, los hábitos, las influencias exteriores e, incluso, los sentimientos (odio, miedo, venganza, fraternidad).

Los usos sociales pueden definirse como las prácticas admitidas, y no explicitadas legalmente, por una comunidad o por alguno de sus sectores, y, aunque varían según las épocas y los países, son numerosísimos y muy variados.

Los usos sociales pueden llegar a transformarse en normas jurídicas, cuando al elemento material de repetición se une la opinio juris (convencimiento de que ellos obligan jurídicamente).

El referido mecanismo, no es otra cosa que la transformación de usos sociales en costumbres jurídicas.

A tenor de lo anteriormente expuesto, la infracción de un uso social produce una sanción suigeneris, como puede ser, por ejemplo, la repulsa de la opinión pública por un hecho considerado socialmente como reprobable, o un enfriamiento más o menos grave del clima moral de la convivencia.

El duelo fue en su origen el medio reconocido por el derecho para ventilar ciertos litigios en forma de «juicio de Dios».

La propina, exponente de un extendido uso social, se ha resistido, por diversas razones, al intento de acabar con ella. Así, el tanto por ciento que sobre el precio del servicio nos cobran en muchos establecimientos, deriva de la propina como uso social.

A menudo, los usos sociales vienen impuestos por una presión de la comunidad, y su inobservancia va acompañada de sanciones que a veces son más temidas y eficaces que la propia sanción jurídica.

Se puede castigar con la expulsión o marginación del grupo social en el que se vive o con la reprobación pública por un acto determinado.

Entre usos sociales y derecho hay un permanente trasvase, más intenso en unas épocas que en otras, pero siempre considerable, de tal modo que el significado de un derecho no puede captarse en su plenitud si no se analizan esos usos sociales, ya que muchas veces sirven para matizar y explicar el propio contenido de las normas jurídicas.

FINES DEL DERECHO

Para una completa caracterización de lo que es el derecho, no basta con diferenciar las normas jurídicas de las normas morales, sino que habrá que plantearse cuáles son las funciones que el derecho desempeña en la existencia humana.

El fin último del derecho consiste en satisfacer unas necesidades sociales acordes con las exigencias de la justicia y de los demás valores jurídicos en ella implicados: reconocimiento y garantía de la dignidad personal del individuo, de su anatomía y libertades básicas, etcétera.

Pero también se habrá de averiguar cuáles son los tipos generales de necesidades humanas y sociales que todo derecho intenta satisfacer. A este aspecto determinado del derecho se le denomina funciones del derecho.

A lo largo de la historia y a través de las diversas doctrinas filosóficas y políticas se particularizaron los fines del derecho positivo. Así mismo, se establecieron las funciones del derecho como expresión jurídica de unos tipos de necesidades humanas y sociales consideradas como constantes: finalidad de seguridad y bienestar social, de resolución de los conflictos de intereses.

Todo ello quedó plasmado en una normativa de carácter impositivo.

En resumen, diremos que las necesidades que originaron la creación del derecho fueron: necesidad de orden y de organización social; necesidad de que ese orden diera satisfacción al sentido de justicia y a los demás valores implicados en ella.

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DERECHO POSITIVO Y DERECHO NATURAL

El hombre vive en sociedad conjuntamente con otros hombres. Esta vivencia en común, establecida en un lugar determinado, ha impuesto la selección de un conjunto de personas que tienen a su cargo garantizar a todos el orden y la seguridad a través de un gobierno.

Todo gobierno necesita contar con las atribuciones necesarias, y con la existencia de normas a las cuales deben sujetarse los individuos que componen esa comunidad. Dichas normas tienen el carácter de obligatorias, y constituyen las denominadas normas jurídicas.

El conjunto de estas normas jurídicas obligatorias, que reglamentan la actividad de los individuos en sociedad, constituyen el derecho propiamente dicho, y sirven también para aquellos que tienen a su cargo el gobierno del Estado.

Las reglas morales son obligatorias a la conciencia humana, no poseen la potestad de ser aplicadas coercitivamente, y constituyen lo que ha sido llamado DERECHO NATURAL, para diferenciarlo del anterior, denominado DERECHO POSITIVO.

Denominamos derecho positivo al conjunto de leyes vigentes en un país.

Se divide en dos grandes ramas:

a) El derecho positivo público es un derecho de subordinación, caracterizado por la desigualdad de los dos términos de la relación jurídica: el estado por un lado y los individuos, por otro.

b) El derecho positivo privado es un derecho de coordinación, en el cual los sujetos están ubicados en un plano de igualdad.

Se entiende por derecho natural aquel que surge de la naturaleza y que es revelado al hombre por la razón. El derecho natural fija los grandes principios, las líneas rectoras de la organización social, pero dentro de ellas caben soluciones distintas, aplicables a diferentes pueblos y épocas puesto que las circunstancias difieren.

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LAS FUENTES DEL DERECHO

La palabra fuente, en acepción metafórica, la encontramos definida como «principio u origen de una cosa». De este modo las fuentes del derecho, serán los principios y fundamentos del mismo, es decir, la forma que tiene de manifestarse, exteriorizarse y, en suma, dictarse el derecho en la sociedad humana.

Cada sistema jurídico tiene su propio sistema de fuentes, aunque muchos sistemas sean muy parecidos.

La ley es la principal fuente del derecho europeo y de aquellos países que en él se han inspirado, como los iberoamericanos y también de algunos países asiáticos y africanos.

En cambio, en el derecho inglés y sus derivados (derecho norteamericano y el de muchas de las antiguas posesiones y dominios británicos), aunque la ley es también fuente principal de su ordenamiento jurídico, junto a ella y como elemento más significativo está la doctrina establecida en las sentencias de los tribunales, que constituye la base del llamado Common Law y de la Equity.

La fuente principal del derecho internacional son los tratados o acuerdos entre estados, y no la ley.

Las fuentes del derecho romano se basaban en los acuerdos de las asambleas populares, en las decisiones del senado, en las órdenes emanadas de los emperadores, en los edictos de los magistrados (que eran ciudadanos revestidos de poder público) y en la doctrina de los juristas (ciudadanos especializados en el estudio del derecho). De esta última fuente procedía la mayoría de las normas aplicables.

El sistema de fuentes que rige en cada ordenamiento jurídico no es fruto del azar, sino consecuencia de múltiples factores: políticos, sociológicos e ideológicos. Tampoco es gratuito que la ley sea la fuente principal del derecho. Ello denota el creciente poder del Estado en toda la normativa jurídica.

EN SINTESIS:

Las fuentes clásicas son la ley, la costumbre, la jurisprudencia y la doctrina; actualmente se reconoce también el valor ele tal a los convenios colectivos de trabajo, los principios generales del derecho, la equidad y el derecho natural.

Geny en su obra «Método de interpretación y fuentes en derecho privado positivo», clasifica las fuentes del derecho en:

1) Fuentes formales: son la ley, la costumbre y lo que él llama tradición o autoridad, que son la jurisprudencia y la doctrina.

2) Fuentes no formales: cuando las fuentes formales no le dan al juez la solución del caso, debe acudir a las no formales. A manera de ejemplo, y sin limitar la actividad del juez, señala que debe tenerse en cuenta lo dispuesto por las leyes análogas, los principios de la moral cristiana, los principios en que se basa el derecho público y la organización social del pueblo.

Pero no es ésta una enumeración completa de las fuentes no formales, que según Geny no podrían formularse sin introducir limitaciones inaceptables a la labor del juez, éste debe sacar la norma aplicable al caso de un estudio profundo de la realidad social y de la naturaleza positiva de las cosas, mediante el método de la libre investigación científica.

La Ley:

la ley concepto del derecho

La palabra ley tiene, en lenguaje jurídico, diversos significados. En su acepción más amplia, el término ley se usa como equivalente a derecho, a norma jurídica en general. En una acepción más restringida, ley significa norma jurídica impuesta autoritariamente por el Estado. En un sentido todavía más limitado, esta palabra hace referencia sólo a un grupo de normas dictadas por el Estado.

Una nota común a todas estas acepciones es la consideración de la ley como la principal fuente del derecho.

La ejecución de las leyes corresponde al gobierno, para lo cual éste tiene la facultad de dictar normas que las desarrollen, aclaren o completen. A ello le llamamos «poder reglamentario», que se ejerce mediante las distintas formas que fija cada ordenamiento jurídico.

Características de la ley

Los autores coinciden en que son varias las características que configuran la ley.

La ley es imperativa, pudiendo presentarse el mandato jurídico tanto en forma positiva como negativa. No es necesario que todas las leyes estén redactadas de forma imperativa; es incuestionable que toda ley debe ser cumplida y esta sola consideración muestra el carácter imperativo de la misma.

Obligatoriedad en su cumplimiento, en cuanto no haya sido derogada por otra ley posterior. Es otra de las características que afecta a todos los implicados, incluso al mismo Estado creador de la ley. No obstante, para que esto sea posible, es necesario el previo conocimiento de la ley para poder cumplir su mandato.

De otro modo, ¿cómo podrían los ciudadanos ajustar su conducta a una ordenación que no conocen ni han podido conocer?.- La forma material de publicación de una ley la establece cada ordenamiento jurídico, procediéndose.

por lo general, a su inserción en el diario oficial, que indica también la fecha de entrada en vigor. A partir de este momento, el texto legal adquiere fuerza de obligatoriedad y nadie podrá eludirlo alegando desconocimiento, pues es de todos sabido que la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento.
Acompaña a la ley un elemento sancionador de las normas de derecho que establece. Ello se ha venido expresando tradicionalmente con la frase siguiente: «son nulos los actos ejecutados contra lo dispuesto en la ley, salvo los casos en que la misma ley ordene su validez».

Otra de las características de la ley es que sólo puede fijar normas para el futuro, a partir de su entrada en vigor, respetando de este modo los derechos que el ciudadano hubiere adquirido legítima y legalmente.

Los caracteres de la ley son los siguientes:

a) Generalidad: se trata de una norma dictada con carácter general, y no con relación a ciertas personas en particular.

b) Obligatoriedad: es la esencia de la ley; para asegurar su cumplimiento y real vigencia contiene siempre una sanción para el que la viole. Esta sanción en el orden civil puede ser la nulidad del acto contrario a la ley, la indemnización de los daños y perjuicios ocasionados a terceros, etc.

c) Competencia: debe emanar de autoridad competente. Así, por ejemplo, no es obligatorio ni tiene por ende el carácter de normas jurídicas, el decreto del Poder Ejecutivo relativo a materias que son privativas del Congreso, o las ordenanzas municipales que se refieren a cuestiones reservadas al Poder Ejecutivo nacional o provincial.

Clasificación de las leyes:

a) Las leyes rígidas son aquellas cuya disposición es precisa y concreta. Al aplicarlas, el juez no hace sino comprobar la existencia de ios presupuestos o condiciones legales, impone la única consecuencia posible, claramente fijada en la ley. Si, por ejemplo, falta la firma de los testigos, la escritura pública es nula.

b) Las leyes flexibles, son elásticas, se limitan a enunciar un concepto general, fluido. El juez al aplicar la ley, tiene un cierto campo de acción, dentro de cual se puede mover libremente. Así, por ejemplo, el art. 953 establece que los actos jurídicos no pueden tener un objeto contrario a las buenas costumbres.

Estas fórmulas elásticas, flexibles, tienden a difundirse cada vez más en la técnica legislativa moderna, que prefiere no aprisionar al juez con normas jurídicas rígidas, a las que un cambio de circunstancias puede convertir en injustas o inaplicables.

Las leyes pueden ser dejadas sin efecto o derogadas si son reemplazadas por otra u otras, total o parcialmente. Nuestro Código Civil establece que las leyes no pueden ser derogadas en todo o en parte sino por otras leyes.

La Costumbre

Es la fuente del derecho más importante después de la ley.

La costumbre (y usos) es la práctica efectiva y repetida de una determinada conducta. Por tanto también es una forma de crear normas jurídicas que reciben el nombre de consuetudinarias.

Los estudiosos del derecho coinciden de forma unánime en la gran importancia de esta fuente. Para importantes juristas, la costumbre es un acto creador del derecho que podría definirse de la manera siguiente: «por la costumbre, lo que es se convierte en lo que debe ser»; con lo que viene a demostrar que es un paso del terreno de los hechos al terreno del derecho.

La costumbre se diferencia del uso social en que la comunidad la estima obligatoria para todos (opinio necessitatis), de forma que de su cumplimiento deriva una responsabilidad de tipo jurídico, y no meramente una reprobación social.

En los derechos primitivos, tanto históricos como actuales, ha tenido y tiene una enorme importancia ya que en ellos es la única o la principal fuente del derecho.

También en derecho internacional la costumbre es una fuente básica, lo que denota su «primitivismo». Así, vemos como en la mayoría de los casos, los tratados de ámbito general reflejan y reglamentan costumbres ya establecidas.

No obstante, en los últimos tiempos, la costumbre internacional ha ido perdiendo importancia en favor del derecho de los tratados, pues la práctica internacional está siguiendo un proceso codificador a través de los convenios multilaterales.

En los modernos derechos estatales, sobre todo en los de tipo continental, la primacía de la ley ha reducido mucho la trascendencia jurídica de la costumbre, relegándola a fuente supletoria, sólo aplicable en defecto de ley.

Los usos y costumbres adquieren fuerza de ley, o se imponen como normas jurídicas, en dos casos admitidos especialmente:

1. Cuando las leyes supediten en forma expresa la aplicación de algunas de sus normas a los usos y costumbres imperantes.

2. Cuando se presenten situaciones que no se encuentren comprendidas en disposición legal alguna.

Elementos que caracterizan la costumbre

Los estudiosos de las ciencias humanas y sociales han analizado las causas por las cuales unos hechos sociales terminan siendo considerados como expresiones de normas obligatorias.

Dos son los elementos que caracterizan a esta importante fuente del derecho, los cuales están profundamente entrelazados.

Un elemento material, que consiste en la repetición de unos actos o prácticas por parte de los ciudadanos. Con ello se entiende que no cabe hablar de hechos aislados.

Al otro elemento caracterizador de la costumbre se le denomina subjetivo (opinio inris sive necessitatis), y no es otra cosa que ta convicción de los ciudadanos de que se encuentran ante una norma obligatoria jurídicamente.

Esta opinio iuris es un elemento imprescindible para establecer una teoría jurídica de la costumbre. La profesora de derecho internacional de la universidad de París, Brigitte Stern dice al respecto: «ya que a veces es suficiente creer en el amor para que exista, del mismo modo ocurre con la costumbre, es suficiente creer en el derecho para que exista».

Fundamento de la costumbre

El fundamento intrínseco de que la costumbre cree derecho se halla en la voluntad de la comunidad que la observa, en el sentido de que quiera aquella regulación.

La razón extrínseca de que la costumbre sea fuente en un determinado ordenamiento jurídico se basa en el hecho de que es acogida por el poder directivo de aquella comunidad, el cual dispone con qué derecho se ha de regular la vida de la comunidad admitiendo ciertas normas consuetudinarias.

La costumbre puede ser de diversas clases.

Por su difusión territorial, podrá ser general, regional o local, según se practique en todo el territorio al que se extiende el ordenamiento jurídico (por ejemplo, el español, el francés, el argentino, etc.) o, por el contrario, sólo tenga incidencia en una determinada región o lugar.

En muchos ordenamientos jurídicos se admite la costumbre local cuando no hay ley exactamente aplicable al punto controvertido.

En otros casos, el uso de la costumbre puede tener un carácter meramente interpretativo de la ley, pero entonces no se considera como norma jurídica o fuente supletoria del derecho, sino como interpretativa de una ley preexistente.

Prueba de costumbre

A diferencia de la ley. que basta alegarla para que sea aplicada por los tribunales, la costumbre ha de ser probada. Así, aunque es una norma jurídica, no ha sido dictada por el Estado, por tanto, a los jueces y tribunales puede no constarles su vigencia.

Para demostrar la existencia reai de una norma jurídica consuetudinaria, hay que probar el hecho de que esta costumbre se practica efectivamente.

Para ello, se admite cualquier medio de prueba: testifical, certificaciones de cámaras, colegios, sindicatos y hermandades, sentencias que la hayan reconocido y colecciones oficiales de costumbres. Todo ello tiene un carácter meramente probatorio, lo que dará lugar a la presunción de que existe la costumbre, salvo prueba en sentido contrario.

Jurisprudencia

Todo conflicto humano debe ser sometido a los jueces para su dilucidación. De lo contrario, el orden jurídico se vería reemplazado por la fuerza, lo que significaría el imperio del caos.

La sentencia es la decisión del magistrado, que pone fin al pleito y declara cuáles son los derechos de las partes. Tiene carácter obligatorio para éstas, y el vencedor puede pedir el auxilio de la fuerza pública para hacerla cumplir.

La jurisprudencia se encuentra constituida por el conjunto de sentencias del más alto tribunal de un país, y caracteriza el hábito de juzgar con ¡guales criterios una determinada cuestión.

Dichas sentencias tratan de corregir la deficiencia, incomprensión o confusión que pueden presentarse en la interpretación de las leyes, y constituyen otra de las fuentes de que se sirve el derecho.

Doctrina

Se entiende por doctrina a las opiniones que vierten autores de reconocidos antecedentes en el campo de la investigación del derecho, los que formulan determinadas tesis sobre casos concretos, perfectamente analizadas y sin la premura que tienen los jueces al juzgarlos.

Las características propias de las relaciones jurídicas entre los individuos hacen que el derecho evolucione a impulso de la acción judicial. En efecto, la insuficiencia legal origina la necesidad de que los jueces y tribunales suplan aquéllas sentando jurisprudencia, pero que sin perjuicio de ello se creen doctrinas de innegable valor que sirvan como fuentes del derecho.

OTRAS FUENTES:

1. EL DERECHO NATURAL: no solamente la ley debe ser conforme al derecho natural, sino que ante un vacío del derecho positivo, el juez puede encontrar la solución del caso en los grandes principios de aquél. Este problema se vincula con el de los principios generales del derecho.

2. PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO: el art.1 6 del Código Civil dice que «si una cuestión civil que no puede resolverse, ni por las palabras ni por el espíritu de la ley, se atenderá a los principios de leyes análogas, y si aún la cuestión fuera dudosa, se resolverá por los principios generales del derecho, teniendo en consideración las circunstancias del caso». Por principios generales del derecho debe entenderse a los principios superiores de justicia radicados fuera del derecho positivo, por donde este concepto se vincula con la idea del derecho natural.

3. EQUIDAD: hay quienes ven a la equidad como una fuente del derecho. Los jueces suelen invocarla para atenuar el rigor de una disposición legal, o para hacer imperar el equilibrio en una relación jurídica.

4. CONVENIOS COLECTIVOS DE TRABAJO: son un medio de resolver los complejos problemas laborales. Se han convertido en una verdadera fuente de derecho. Hasta 1953 estos convenios obligaban solamente a los patrones y obreros afiliados a los organismos gremiales que los habían suscrito. Pero la ley 14.250 introdujo una reforma realmente revolucionaria al establecer su obligatoriedad, una vez homologados por el Ministerio de Trabajo, para todos los epleadores y trabajadores de esa actividad, sean o no afiliados a la asociación o sindicato que los suscribió.

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LOS PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO

A pesar de que en los derechos actuales la importancia de las otras fuentes es muy inferior a la ley y la costumbre, algunas legislaciones reconocen como tercera fuente los principios generales del derecho, pero subordinados a la inexistencia de aquéllas (ley y costumbre).

Podemos definir a esta fuente del derecho como el conjunto de las ideas fundamentales que informan un derecho positivo contenido en leyes y costumbres. De esta manera se llenan las lagunas y vacíos que existían en el derecho legislado y consuetudinario, ya que la ley y la costumbre no prevén todos los casos que pueden presentarse en la práctica, sino los más corrientes e importantes.

El derecho internacional también constituye una fuente normativa que se sitúa en el mismo rango jerárquico que las otras dos fuentes de este ordenamiento: el tratado y la costumbre.

Para que estos principios generales tengan el valor de una prueba ante los tribunales, se aportarán los datos que prueben la vigencia del principio general en cuestión y la aplicabilidad del mismo al caso concreto.

Los principios generales como máximas jurídicas

Con frecuencia, los principios generales del derecho se formulan como máximas jurídicas. De tal forma que, entendidos dentro de sus justos límites, son utilizados por el tribunal al dictar las sentencias, con lo que queda patente su vigencia y validez.

Así ocurre cuando se dice: pacta sunt servando (los pactos deben ser respetados), in dubio pro reo (en caso de duda, se aplicará la norma más favorable al acusado).

En la doctrina romana se enunciaban como principios generales básicos: alterum non laedere, honeste vivere y sum cuique tribuere (no hacer daño a nadie, vivir honestamente y dar a cada uno lo suyo).

La jurisprudencia

Fue definida por el emperador bizantino Justiniano como «el conocimiento de las cosas divinas y humanas y ciencia de lo justo y de lo injusto».

Hoy se entiende por jurisprudencia, la doctrina emanada de los tribunales al aplicar las leyes a un caso concreto.

En los sistemas de derecho continentales o inspirados en ellos, la jurisprudencia no se considera fuente autónoma del derecho. En cambio para los sistemas anglosajones, las decisiones de los tribunales constituyen la fuente más significativa del derecho.

Históricamente, el derecho creado por los jueces tuvo una gran importancia. Pero un conjunto de factores hizo que a raíz de la Revolución Francesa se produjese una fuerte reacción contra la admisión de la jurisprudencia como fuente del derecho.

La supremacía total de la ley que proclamaba la revolución y el dogma de la separación de poderes hicieron que se asignara a los jueces únicamente la aplicación de la ley, y al poder legislativo su creación.

Así pues, desde la Revolución Francesa quedó consagrado en el continente el principio de que los jueces no pueden dictar normas generales y que sus sentencias sólo sientan derecho respecto a los casos concretos que deciden.

De todos modos, esto no se corresponde exactamente con la realidad, ya que la labor de los tribunales no se ha limitado —ni podía limitarse— a la aplicación mecánica de. las leyes, sino que ha tenido que adaptarlas con gran flexibilidad a las cambiantes necesidades sociales y a la infinita variedad de los problemas prácticos que la realidad plantea a diario.

Para el jurista, la jurisprudencia tiene tanta importancia como la ley, ya que sin ella no puede conocerse la auténtica fisonomía de un derecho.

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CLASIFICACION DEL DERECHO

El derecho positivo o conjunto de normas jurídicas vigentes en un estado puede ser clasificado desde distintos puntos de vista.

Así, según se refiera principalmente al interés de la sociedad o del Estado, o al de los particulares, puede ser clasificado en derecho público o derecho privado, respectivamente.

Ramas del derecho:

A) DERECHO CONSTITUCIONAL: es aquel que comprende las normas referentes a la organización del Estado y sus habitantes, estableciendo sus derechos y garantías a través de la interpretación de los principios y declaraciones contenidas en la Constitución Nacional.

B) DERECHO ADMINISTRATIVO: se refiere a la regulación de la Administración del Estado fijando las relaciones entre el Poder Administrador y los distintos individuos a efectos del establecimiento de un régimen que permita al Estado el cumplimiento de sus funciones como tal.

C) DERECHO PENAL: tiende al establecimiento de medidas preventivas, que aseguren el orden social contra todo hecho individual que configure un delito, fijando a su vez penas, para quienes transgreden dichas normas.

D) DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO: permite regular las relaciones de los Estados entre sí como formando parte de una comunidad de naciones; la organización y funcionamiento del servicio diplomático, la celebración de tratados entre naciones son, entre otras, algunas manifestaciones de las normas jurídicas comprendidas en esta rama del derecho.

E) DERECHO CIVIL: es una de las ramas más importantes del derecho privado por cuanto es el que regla las relaciones de las personas entre sí y de éstas con el Estado, y contiene normas erentes a las personas, a ¡a familia, a la propiedad, etc.

F) DERECHO COMERCIAL: contiene normas específicas referentes a las relaciones jurídicas que nacen del ejercicio del comercio y son aplicables a los comerciantes y a los actos de comercio.

G) DERECHO PROCESAL: cuyo fin primordial es todo lo referente a la organización de la justicia y al modo de administrarla, fija a través de los Códigos de Procedimientos la forma en que deben sustanciarse los distintos juicios ante la respectiva jurisdicción.

H) DERECHO LABORAL: surgido a través del constante desarrollo industrial, contiene normas que tienden a proteger al trabajador en relación de dependencia, fijando claramente los derechos y obligaciones tanto de éste como de los empleadores.

I) DERECHO INTERNACIONAL PRIVADO: esta rama del derecho incursiona en aquellas relaciones jurídicas que se originan o desenvuelven en jurisdicciones de distintos Estados y, en consecuencia, no pueden ser resueltas por las leyes de un solo país.

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MODOS DE CONTAR LOS INTERVALOS DEL DERECHO

En el derecho los plazos tienen una importancia sustancial para el ejercicio de determinadas cuestiones, sobre todo aquellas vinculadas a la adquisición de ciertos derechos o al tiempo en que deben ser cumplidas ciertas obligaciones.

Por este motivo, nuestro Código Civil ha puesto especial énfasis al determinar el modo en que deben ser contados los intervalos en derecho: Se realizará para todos los efectos legales según el calendario gregoriano. Los intervalos del derecho se contarán en días, meses y años de ese calendario. Su nombre se debe a que entró en vigencia bajo el Papa Gregorio XIII en 1582.

Hasta esa fecha regía el calendario juliano, implantado por Julio César, conforme al cual el año se dividía en doce meses, y contaba con 365 días, debiendo intercalarse un día más cada cuatro años.El art 24 dice «el día es el intervalo entero que corre de medianoche a medianoche, y los plazos de días no se contarán de momento a momento, ni por horas, sino desde la medianoche en que termina el día de su fecha.»

Sin embargo, la ley o las mismas partes (art. 29 Cód. Civ.) pueden resolver que el plazo se compute por horas, en cuyo caso se contará de hora a hora.
El Código Civil no prevé el caso de los plazos por semana, a diferencia del alemán y el código suizo de las obligaciones.

Los art. 25 y 28 disponen la manera de contar los períodos de meses y años. El primero establece que «los plazos de mes o meses, de año o años, terminarán el día que los respectivos meses tengan el mismo número de días de su fecha.»

Todos los plazos serán continuos y completos, debiendo siempre terminar en la medianoche del último día, y así, los actos que deben ejecutarse en o dentro de cierto plazo, valen si se ejecutan antes de la medianoche en que termina el último día del plazo. Los plazos que señalen las leyes o los tribunales, y los decretos del gobierno comprenderán los días feriados, a menos que el plazo señalado sea de «días útiles».

Las partes, pueden convenir en sus contratos que el plazo se computará de una manera distinta. Del mismo modo, las leyes provinciales, los decretos nacionales y provinciales, y las ordenanzas municipales, pueden apartarse de estas normas, que sólo se aplican en caso de silencio de las leyes especiales o locales y de las partes en los contratos.

Fuente Consultadas:
Derecho Nivel Polimodal – Lonra y Borroni – Editorial Editex
Enciclopedia Universal de Ciencias Sociales – Editorial Océano – Entrada: Hitoria del Derecho
Enciclopedia COSMOS Volumen IV El Derecho Jurídico

Enterrar a los Muertos Culto a los Muertos y Ritos en America

Enterrar a los Muertos Culto a los Muertos y Ritos en América

Quizá sea lo único que tenemos en común que tenemos todas  las culturas de este planeta: cuando se nos muere un ser querido, tratamos de honrar su memoria de la manera mas solemne posible. Tan sólo difieren las formas externas, el ritual, que se adapta siempre a la idea que sobre el más allá cultiva cada pueblo.

Desde luego este caso (pagina anterior) es un caso extremo, pero sirve para ilustrar la paulatina desaparición de los rituales funerarios tradicionales en el ámbito cultural cristiano. Antes, el sepelio era un asunto, no sólo de la familia, sino de toda la comunidad. Se velaba al difunto. Se le lavaba, peinaba, afeitaba y vestía. Amigos y vecinos se despedían durante tres días del muerto, cuyos restos reposaban dentro del ataúd en su propia casa.

Desde ahí le llevaban en comitiva hasta la iglesia, y, posteriormente, al cementerio. Un periodo de duelo perfectamente programado ayudaba a los deudos a sobrellevar la pérdida, incluyéndose en el ritual desde el luto hasta el pésame, pasando por la misa de cuerpo presente o de difuntos.

Actualmente la gente se muere en el hospital y el instituto funerario municipal pasa a recoger el cadáver de inmediato, aunque sea de noche. En el sanatorio, empleados de guardapolvo gris asumen, con fría profesionalidad, las tareas que antes realizaban los familiares con amor. A veces, ni siquiera se llevan las flores en mano, sino que se envían a través de las florerías especializadas. Sólo el entierro sigue siendo como antes: un responso, la introducción del ataúd en el sepulcro y el sellado del mismo con una lápida en la que figura el nombre del finado, sus fechas de nacimiento y muerte, y eventualmente un epitafio.

Sin embargo, incluso este ritual ha comenzado a desaparecer. A partir de los años setenta empezó a extenderse desde los países escandinavos la moda de los sepelios anónimos. Cada vez es mayor el número de personas que desea descansar tranquilamente debajo de la hierba, sin lápidas ni flores. De hecho, ya hay muchos cementerios europeos que reservan una parcela de terreno para enterrar cuerpos que no podrán identificarse en la superficie. Algunos teólogos ven en esta actitud una renuncia nihilista con origen en la tradición cristiana.

A fin de cuentas los salmos prometen: (“No temas, te he llamado por tu nombre.” Aquel que desea ser enterrado sin identificación busca formar parte de una corriente vital universal; para él, la muerte significa el final definitivo de la individualidad.

Una postura más consecuente todavía para las personas que así piensan consiste en dejar esparcir sus cenizas sobre el mar, otra moda cada vez más extendida en el entorno cultural de los países desarrollados. Los antropólogos creen reconocer en esta original forma de desaparecer de la faz de la Tierra el nacimiento de una nueva religiosidad, casi ecológica, de unión con la naturaleza y, en definitiva, con el universo. El deseo de que las propias cenizas sean arrojadas al mar representa la voluntad de formar parte del elemento original del que todos procedemos. La integración en la corriente de la evolución excluye la. noción de la individualidad, y por tanto también la idea de una vida eterna personalizada.

Sin embargo, la incineración no implica necesariamente una contradicción con la fe en el más allá. Esta práctica funeraria encuentra su origen en la edad de bronce tardía, experimentando su apogeo entre los años 1250 y 750 antes de Cristo. Más tarde, los romanos también quemaban a sus muertos, en piras de leña a cielo abierto, y depositaban las cenizas, dentro de recipientes de cerámica, en nichos.

En cambio, y a pesar de su tradición romana, la Iglesia católica siempre se ha mantenido fiel a la inhumación bajo tierra. Quizá sea por el profundo respeto que le merece el cuerpo humano y por la esperanza en la resurrección de la carne. De todas formas, el enterramiento nunca ha constituido un dogma de fe para la Iglesia: al fin y al cabo, Dios, como ser omnipotente, ha de ser capaz de llamar a la vida a cualquier cuerpo, sea cual sea la forma en que se hayan realizado las exequias… Aun así, el Santo Oficio condenó la práctica de la incineración en 1886, como medida represiva para combatir a los librepensadores, masones y comunistas, aunque la volvió a permitir en 1963. Desde entonces, los crematorios, casi siempre anexos a los cementerios, son bendecidos por la Iglesia, y el número de incineraciones ha aumentado considerablemente.

En la actualidad, lo habitual en nuestro entorno cultural es que los muertos se entierren tumbados boca arriba o que se les incinere, pero en la Prehistoria existieron muchas formas de colocar a los difuntos en la tumba, como boca abajo, de lado o encogidos. Por ejemplo, en la ilustración, el cadáver está en posición fetal y junto a él se depositaron objetos que formaban su ajuar. Muchos investigadores han planteado que esta disposición se debe a que veían en la muerte el nacimiento a una nueva vida. Por ese motivo, los muertos eran colocados en la postura de los fetos, esperando que volviesen a la vida como niños.
En muchas sociedades solía ponerse a un nuevo miembro de la familia el nombre de un antepasado muerto, generalmente un abuelo, en la creencia de que había vuelto al seno del grupo.

Pero siempre que se habla de cremaciones pensamos automáticamente en la India. No hay cosa que más anhelen los hindúes piadosos que ser incinerados en Benarés, la ciudad santa a orillas del Ganges, el río-dios. Los familiares varones del finado transportan el cadáver sobre unas angarillas de bambú —amortajado con un paño blanco, si es hombre, y rojo si es mujer—, y lo sumergen en las aguas del río para lavarle los pecados. Después lo colocan sobre las escaleras del ghat. Una vez seco, depositan el cuerpo sobre una gran pira de leña y lo cubren de ofrendas: madera de sándalo, alcanfor, flores de mango, y ghee, manteca purificada que también sirve para alimentar el fuego. Por último, cuando cesa la combustión, esparcen las cenizas todavía calientes sobre el Ganges.

Antiguamente, la viuda del fallecido tenía que dejarse quemar con él, ya que la muerte de su marido la cubría de culpa. En el momento de la incineración, ella subía voluntariamente a la pira —a veces no tan voluntariamente— para morir abrasada junto al cadáver de su marido y librarse así de una mala reencarnación. Aunque la sati —que es como se llama esta inhumana tradición— está rigurosamente prohibida, aún hoy se dan algunos casos aislados.

Los parsis —un grupo étnico de origen- viven en su mayoría en la ciudad India de Bombay y a ellos no les está permitido ni el enterramiento, ni la incineración. Cualquiera de las dos modalidades alteraría los elementos constitutivos del airé, el agua y la tierra. Cabalmente consecuentes con esta creencia, su ritual funerario —un tanto macabro desde nuestro punto de vista occidental— consiste en ofrecer el cuerpo del fallecido a los buitres, para que lo devoren. La religión de los parsis proviene del profeta Zaratustra. Su obra sagrada, el Avesta, atestigua la resurrección de los muertos y remite a la completa reencarnación y revestimiento del alma, por lo que este tipo de exequias persigue la destrucción completa del cuerpo.

Los chinos, sin embargo, tienen una concepción completamente distinta del tema. Ellos honran los huesos de sus antepasados como si fueran reliquias. A pesar de la propaganda de las autoridades comunistas para ahorrar espacio en los atestados cementerios, sólo el 27 %de los chinos se dejó incinerar en 1988. Los antepasados son considerados miembros activos de la familia y los destinos de vivos y muertos están unidos por lazos indisolubles. Cuando alguien muere, inmediatamente pasa a convertirse en un espíritu bueno y protector de los suyos, o a engrosar las filas de los demonios. Su destino futuro depende, no sólo de sus propios actos en vida, sino también de la dedicación con la que sus descendientes respeten su memoria.

A partir de esta idea general, los rituales varían entre las distintas comunidades chinas. El 5 de abril, Día de Difuntos en China, todo Hong Kong va en peregrinación al cementerio. Padres, hijos, abuelos, nietos, tíos y sobrinos se aprovisionan de todo tipo de vituallas y se hacen al camino. Sobre las tumbas del enorme cementerio de Wo Hap Sek se amontonan pollos, manzanas, botellas de aguardiente, latas de Coca Cola, cerdos asados y, de postre, pasteles. Además, hay puestos con buñuelos de viento, guirnaldas de papel, gorros para el sol y caña de azúcar. Los deudos dan cuenta del festín allí mismo, y entre plato y plato lanzan cohetes con el fin de ahuyentar a los malos espíritus. También queman dinero, adornos y maquetas de papel confeccionadas para la ocasión que representan casas, automóviles y personas. Todo para que la vida en el más allá sea más cómoda y confortable para los que ya se han ido.

Más exótica todavía es la ceremonia que celebra cada tres meses la colonia china en Bangkok (Tailandia): exhuman los restos de los muertos entenados en el templo-cementerio budista de Wat Don, lavan uno a uno los huesos con agua y cepillos, los extienden a secar en el patio del templo y los incineran colectivamente en medio de cánticos y rezos.

En el otro extremo del planeta, en México, también mantienen una relación con el mundo de los muertos mucho más directa y natural que nosotros. Prueba de ello son las grandes fiestas que se organizan en todo el país con motivo del Día de los Muertos, el 2 de noviembre. Pero especialmente interesante resulta el ceremonial que cada año, el 30 de noviembre, celebra la minoría étnica de los tarascos en Janitzio, una de las islas del lagoPatzcuaro, en el Estado de Michioacan. La fiesta de la Noche de los Muertos comienza de madrugada.

Los hombres salen de pesca a bordo de frágiles barcas, desde las que también cazan patos salvajes, alimentos que servirán para preparar los platos rituales con que decorarán los altares en las casas y las tumbas en el cementerio. Mientras tanto, las mujeres y los niños pasan el día fabricando guirnaldas de flores, esqueletos y calaveras de pan de azúcar que pintan de colores, y otros adornos para los altares. Por fin, a medianoche, el tañido lúgubre de las campanas de la iglesia da la señal para iniciar la procesión al camposanto.

Aquí es donde el festejo cobra todo su esplendor. Las lápidas se convierten en mesas ricamente adornadas, llenas de flores, velas, figurillas de azúcar, así como los manjares y licores más apreciados por los familiares fallecidos. Durante toda la noche, vivos y muertos celebran su reencuentro anual entre cantos y plegarias, viandas deliciosas y mezcal, hasta las primeras luces del alba.

La descripción detallada de los ritos funerarios en las distintas civilizaciones y comunidades étnicas que enriquecen nuestro planeta podría llenar libros enteros. Pero no es necesario que nos extendamos más aquí. Hemos podido comprobar que en todas las épocas y culturas, por diferentes que parezcan sus ceremonias fúnebres; se dan dos coincidencias fundamentales: la convicción de la existencia de una suerte de alma, espíritu o individualidad que sobrevive a la muerte física y la creencia en un más allá donde van a parar esas almas.

En nuestro inconsciente colectivo —la famosa teoría postulada por el psicólogo suizo Carl Gustav Jung— el arquetipo de la vida después de la muerte está bien arraigado. Probablemente mejor que ningún otro. Por eso se parecen tanto el primitivo hombre de Neandertal y el ser tecnológicamente hipertrofiado que elige descansar eternamente en una microcápsula puesta en órbita alrededor de la Tierra.

COSTUMBRES EN AMÉRICA…

LA INCINERACIÓN ENTRE LOS AZTECAS: Cuando rían altos personajes , también los aztecas los inhumaban en cámara subterráneas, con sus enseres y joyas; y aun solían sacrificar, para que acompañaran al difunto, a alguna de sus mujeres o sirvientes; o por lo menos un perro. Tratándose de gente común, se enterraba sólo a aquellos que habían muerto bajo el signo de los dioses del agua (por ejemplo, ahogados), o en otras determinadas circunstancias.

Por lo demás, el rito funerario, heredado de los toltecas, era el de la incineración. El cadáver era vestido y atado en cuclillas, envuelto en telas, adornado, y con la cara cubierta con una máscara de piedra. Luego era quemado al son de cánticos (miccacuicatl), y sus cenizas depositadas, con un pedacito de jade (símbolo de la vida), en una vasija que luego enterraban en la casa. Durante cuatro años los deudos incineraban ofrendas propiciatorias; tiempo en el cual el muerto terminaba su viaje tenebroso por la mansión de Mictlán, dios de la muerte, y llegaba a su definitivo reposo.

MOMIAS Y URNAS FUNERARIAS
Los indígenas andinos, preocupados por la vida ulterior de sus muertos, solían someterlos a ciertos métodos de momificación. Frecuentemente el cadáver era envuelto y atado en cuclillas, como si cerrara su ciclo sobre sí mismo, volviendo a la madre tierra en la misma posición que tenía antes de nacer. En el Museo de La Plata (Argentina) se encuentran varios ejemplares de estas momias. Los antiguos peruanos cubrían el rostro de las momias de sus incas con mascarillas de oro laminado y los inhumaban en mausoleos de piedra.

La costumbre de inhumar a los muertos en urnas de terracota persistió tanto en tribus de cultura amazónica (aruacos, guaraníes, etc.) como en pueblos andinos (costa peruana, diaguitas argentinos, etc.). Pero entre estos últimos (diaguitas, omaguacas, comechingones, etc.), las urnas se destinaban preferentemente para párvulos.
Las urnas funerarias del noroeste argentino y de Santiago del Estero presentan admirables ornamentaciones antropomorfas, figuras ofídicas, batracios, ñandúes y felinos de expresiva belleza.

MORTAJAS, OFRENDAS Y SEPULTURAS
Por cuanto hemos dicho de los mayas, aztecas e incas, sabemos que en estas civilizaciones los muertos ilustres eran amortajados con finas vestiduras, ornamentados con joyas y mascarillas.

En tribus de nivel inferior, la mortaja podía reducirse a una simple piel de lobo (yamanas) o de guanaco (puelches, onas), y el sepulcro a una fosa cubierta con un montículo de piedras (patagones). Los aruacos envolvían el cadáver en su hamaca o lo metían en un tronco vaciado. Los araucanos lo acostaban en el cuenco de una canoa. Los matacos, en el Chaco, solían poner a sus muertos, como los atapascos, encima de los árboles; y los iroqueses y siux, sobre plataformas de madera, para descarnarlos antes de entregar sus huesos a la tierra.

En la zona ecuatorial y andina ha sido común enterrar a los muertos dentro de la casa, aunque muchas tribus preferían en este caso abandonarla. La cremación, practicada por algunas comunidades, a veces comprendía no sólo el cadáver, sino también cuanto había pertenecido al difunto, como entre los pehuenches. Los onas y patagones quemaban los objetos del muerto y no pronunciaban más su nombre.

No obstante esta diversidad, casi todos los pueblos americanos, preocupados por la creencia en una segunda vida, dejaban junto a sus difuntos alimentos, bebidas, ídolos, armas y enseres personales. Los incas dejaban maíz y un vaso de chicha. Los aruacos inmolaban un perro para que acompañase al extinto. Los araucanos, el mejor caballo; y algunas tribus, a la propia mujer del muerto, cuando se trataba de un cacique.

EL DUELO DE LOS DEUDOS
Cuenta Guinnard, por lo que vio entre los araucanos a mediados del siglo XIX, que una vez revestido el cadáver con sus más bellos adornos, era tendido sobre un cuero, y atado fuertemente en él junto con sus armas, espuelas, estribos de plata y demás preciados objetos.

Luego lo ponían sobre el caballo favorito y emprendían el camino de la colina. Las mujeres de la tribu acompañaban a la viuda, en el cortejo, para “ayudarla a llorar”, con gritos penetrantes. Y los hombres se pintaban de negro la cara y las manos.

Otro modo de manifestar el dolor de la muerte ha consistido en cortarse el cabello (guaraníes, yamanas, aruacos). Las mujeres charrúas, chañas y pampas, cuando perdían algún pariente cercano se cortaban una falange de algún dedo de la mano izquierda.

Las guaraníes, en este caso, se arrancaban los cabellos, se lastimaban adrede, gritaban y se despeñaban. En  cierta parcialidad de los atapascos, la mujer que enviudaba debía llevar en un cesto, durante tres años, las cenizas de su marido, antes de volverse a casar.

En el imperio incaico el muerto era velado durante la noche, las mujeres se cubrían con un manto la cabeza, gemían y cantaban alabanzas al difunto, mientras a su alrededor los parientes comían, bebían, jugaban a los dados —con sentido mágico— los objetos personales del muerto, e intervenían en cantos y danzas fúnebres.

EL VELORIO DEL ANGELITO
Obvio es señalar que la conquista española terminó con los ritos funerarios paganos, e impuso las maneras cristianas de inhumar y honrar a los muertos.

Sin embargo, por resabios de un paganismo subyacente, y por una deformación popular de algunas prácticas del cristianismo, subsisten hasta nuestro tiempo vivencias funerarias peculiares que estudia el folklore sociológico. Entre ellas ninguna más sugestiva que “el velorio del angelito”.

Ha muerto un niño que no tenía siete años. Una túnica blanca con cintas celestes será su mortaja. Cunde la noticia y, mientras amigos y vecinos se aprontan para la fiesta, todo debe ser dispuesto en la casa mortuoria. El pequeño cadáver reposa sobre una mesa, parado o sentado junto a la pared. A la cintura le atan un largo cordón en el que cada asistente principal hará un nudo al tiempo de decir su rezo. Y en la cabecita le ponen un gorrito de papel y una corona de flores. Dos alas de cartón pintado o forrado tiene en la espalda. Hay que cubrir los espejos o darlos vuelta, para que el finadito no se mire en ellos. Todo recipiente de agua debe ser derramado para que allí el muerto no quiera abrevar, y los perros deben ser alejados de la casa.

Los invitados traen sus ofrendas de caña, vino hervido, empanadas y pasteles. También alguna flor, que depositan en la mesa mortuoria. Y entonces recitan su copla, “lobita” o alabanza, o la escriben en un papelito que prenden a la mortaja del niño muerto.

La fiesta se anima con juegos de prenda, coplas de amor, brevaje, mate, músicas y baile. La madrina, cuando nadie la ve, desparrama ceniza en la puerta de la pieza mortuoria, para ver después impresa en ella la huella del ángel; o toma la medida del angelito con una cinta roja o celeste, que será talismán para ganar en el juego y para ahuyentar enfermedades.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Tomo III CODEX Prácticas Funerarias en América

Ritos Funerarios Formas de Enterrar a los Muertos Las Tradiciones

Ritos Funerarios Formas de Enterrar a los Muertos

Quizá sea lo único que tenemos en común que tenemos todas  las culturas de este planeta: cuando se nos muere un ser querido, tratamos de honrar su memoria de la manera mas solemne posible. Tan sólo difieren las formas externas, el ritual, que se adapta siempre a la idea que sobre el más allá cultiva cada pueblo.

En efecto, tal y como lo confirman diversos hallazgos arqueológicos, el hombre de Neandertal fue la primera criatura que enterraba a sus muertos siguiendo una suerte de ritual. En una sepultura infantil hallada en Teshik Tash (Uzbequistán, ex-URSS), el cuerpo estaba rodeado por una corona de cuernos de cabra montés, mientras que en otros enterramientos cercanos los restos estaban adornados con cráneos de animales.

Tampoco es infrecuente encontrar en tumbas neandertalesas todo tipo de objetos de ajuar, armas y alimentos, que debían servir para la vida en el más allá.

En la localidad francesa de La Ferrassie los arqueólogos encontraron una tumba que disponía incluso de- una piedra tallada en forma de cazuela para que el finado pudiera prepararse la comida. Y en Shanidar, en el Kurdistan iraquí, descubrieron una sepultura en la que se habían depositado claveles, jacintos y malvas, flores tan coloridas como olorosas.

El siguiente escalón evolutivo dio paso al hombre de Cromagnon, que vivió en el paleolítico superior, desde los años 33.000 a 10.000 antes de Cristo, aproximadamente. En consonancia con su mayor nivel de desarrollo cultural, estos antepasados nuestros construían tumbas mucho más elaboradas y lujosas que el hombre de Neandertal.

En una de ellas, localizada en Rusia y de unos 24.000 años de antigüedad, yacían los restos de un hombre vestido con una capa tejida con más de 3.000 perlas de marfil engarzadas. En otra cueva —sepulcros típicos del paleolítico superior— los arqueólogos encontraron jabalinas de marfil, 8.000 perlas del mismo material y numerosos anillos y brazaletes, con los que se pretendía reflejar el rango del fallecido tanto en esta vida como en la otra.

ritos funerarios ancestrales

Según los prehistoriadores, la hibernación de los osos en sus grutas durante la época invernal, y su despertar en primavera, habría sido, para el hombre de Cromagnon, el origen de la creencia de que la regeneración se llevaba a cabo con la ayuda de espíritus en cavernas silenciosas, recónditas y oscuras. Una idea que también queda patente en algunas pinturas rupestres.

En unas cuevas con más de 15.000 años de antigüedad se ha encontrado una pintura que representa a una persona muerta de la que sale su alma, simbolizada esquemáticamente bajo la forma de un pájaro. Se trata del primer documento donde se ilustra la confianza del hombre en la inmortalidad.

La esencia de este remoto concepto —el saliendo del cuerpo inerte— ha perecido inalterada a lo largo de los miles de años de manera más o menos manifiesta. El más claro lo vemos todavía hoy entre indios del Perú: entierran a sus muertos tumbas de adobe en las que, a la altura a cabeza, practican una abertura en forma de chimenea para que pueda escapar el  alma, pero después de garantizar la renovación o liberación del alma, el ser humano ha hecho denodados intentos, una y otra vez, de sustraerse a la desintegración de la carne.

En el año 7000 antes de Cristo, en Jericó ciudad agrícola más antigua del mundo, intentaban conservar el visaje de los difuntos, como demuestra el hallazgo arqueológico de siete cráneos cuyos rostros habían sido cubiertos con máscaras mortuorias personalizadas hechas de yeso y arcilla. Este ritual serviría para evitar la corrupción de la parte más significativa del cuerpo humano, la cara.

El mismo deseo mostraban por aquel entonces los pobladores de la vieja Europa cuando levantaban panteones a base de gigantescos bloques de piedra sin labrar: los dólmenes que aún pueden encontrarse en Portugal, Bretaña, las Islas Británicas, y en parte de España. Estos constituyen, junto a los túmulos de la edad de piedra hallados en Centroeuropa, los primeros intentos de mantener los cuerpos libres de la presión desintegradora de la tierra durante el mayor tiempo posible, con el fin de llegar a la otra vida con el mínimo deterioro.

Pero, indudablemente, quienes más se han ocupado y preocupado de sus muertos son los antiguos egipcios. Casi todo en su cultura giraba alrededor de este tema, como demuestran sus dioses dedicados a la muerte, su tribunal de muertos, sus pomposos ritos

funerarios con embalsamamiento incluido, sus necrópolis y pirámides, e incluso su Libro de los Muertos. Los jeroglíficos que adornan las cámaras funerarias de las pirámides nos confirman que los egipcios creían firmemente en la resurrección. Se imaginaban la vida en el más allá como una existencia material, en la que los difuntos gozan de todos los placeres y privilegios que habían experimentado en la vida terrena.

Por eso, originalmente los faraones se hacían acompañar por esclavos, soldados y sirvientes —que morían asfixiados por la falta de aire—, amén de abundante comida y bebida, suntuosos carruajes, barcas y tesoros, algo que también hacían los reyes sumerios y los emperadores chinos.

Más adelante abolieron la cruel costumbre de emparedar vivos a sus sirvientes, sustituyéndolos por figuras talladas en madera. Pero lo mas importante de todo era, naturalmente, conseguir una buena momificación: el cuerpo debía permanecer incorrupto para poder seguir las instrucciones secretas, inscritas en forma de jeroglíficos, que les devolverían la vida en el más allá.

Los antiguos egipcios creían que el fallecido era conducido por un barquero al otro lado del río, en dirección Oeste, donde sería recibido por Osiris, el dios de los muertos. Curiosamente, también los griegos clásicos pensaban que el reino de las sombras, al que llegaban las almas de los difuntos, se encontraba en la parte occidental del mundo.

En su mitología, el espíritu del muerto sólo podía ser conducido por el barquero Caronte a la otra orilla del río Aqueronte en el caso de que el cuerpo hubiera recibido sepultura bajo tierra. De haber quedado insepulto, se vería obligado a vagar durante cien años a orillas del río antes de poder realizar su último viaje. Caronte recibe un óbolo por cada transbordo, y ése es el motivo de que los griegos pusieran una moneda bajo la lengua de los fallecidos, antes de enterrarlos.

El horror a la descomposición ha perdurado hasta nuestros días, como lo demuestra la costumbre occidental de vestir y acicalar los cadáveres para que parezcan como vivos por lo menos durante el velatorio. Pero, una vez más, quienes más lejos han llegado en el intento de ocultar a la vista el proceso fisiológico que sigue a la muerte son los estadounidenses, que en buena lógica también ostentan el récord mundial de gastos de entierro. En los funeral borne, las funerarias, el muerto, si así lo había dispuesto en vida, puede ser amortajado sentado ante su escritorio preferido y con un puro en la boca. Un producto químico inyectado en su sistema circulatorio retrasará la descomposición durante unos cuantos días. Incluso en el caso de que el cadáver presente una herida en la cabeza, las técnicas cosméticas ofrecen resultados tan espectaculares que los familiares tendrán la sensación de que el finado simplemente está dormido.

Antes de seguir con nuestro relato, regresemos a la actualidad y desde hace varios años una la empresa conocida como Celestis. Como tampoco podría ser otro el país donde tiene su sede: Estados Unidos, y más concretamente Florida, bien cerca del centro espacial de Cabo Cañaveral. El servicio que ofrece: lanzar al espacio los restos mortales de clientes a un precio ligeramente superior al de un funeral convencional.

Para ello disponen de un moderno laboratorio donde reducen, por medio de un tratamiento de alta temperatura y presión, a ceniza muy fina y ligera los restos del ver, previamente incinerados en un crematorio convencional.

A continuación introducen esta ceniza en una pequeña cápsula metal noble, sobre cuya superficie inscriben nombre del fallecido. Las cápsulas se van almacenando en un contenedor del tamaño de un satélite de comunicaciones. Una vez lleno, avisan a los familiares de los finados para que acudan al lugar del despegue, donde se celebrará una ceremonia religiosa interconfesional.

El cohete, un Conestoga II de cuatro etapas y combustible sólido, coloca el contenedor coros microsepulcros en una órbita a 3.000 kilómetros de altura, lejos de las trayectorias de otros satélites, pero aún visible si se apunta sobre las coordenadas correctas con un telescopio de aficionado. «Y allí permanecerá durante 63 millones de años, en el limpio y puro vacío espacial, libre de las fuerzas desintegradoras que reinan en la Tierra, en una paz inviolable», como reza la publicidad de Celestis.

El sepelio espacial, por extravagante que nos parezca, enlaza directamente con el sentido último de todos los ritos funerarios, en cualquier época y cultura: preservar la memoria de los muertos a lo largo del tiempo. Probablemente sea la tradición más antigua del mundo, pues arranca hace 70.000 años, en el seno de las pequeñas comunidades que formaba el hombre de Neandertal.

La principal característica de este precursor del ser humano moderno es que ya tenía conciencia de sí mismo. Pero con el desarrollo de este concepto de la individualidad también llegó al mundo la idea de la muerte. Los sueños, y fundamentalmente aquellos cuyo protagonista era una persona fallecida, dieron lugar a la creencia en el más allá y en la existencia de una vida después de la muerte.

El colmo de la tecnología aplicada a la conservación de los cuernos es la máquina inventada por Jeff Weber, director de la empresa Eternity Foundation of Americe, con sede en Clearwater (Florida). Se trata de una cámara de liofilización en la que el cadáver, previamente congelado, es sometido a un proceso de sublimación de la humedad en un ambiente de vacío atmosférico, igual que se hace con el café. Después del tratamiento, la apariencia externa del cadáver permanece inalterada (excepto los ojos, que al estar constituidos casi exclusivamente de agua, desaparecen, por lo que han de ser sustituidos por unos de cristal), pero en su interior se ha evaporado todo el agua. El cuerpo pesa ahora un setenta por ciento menos y es incorruptible, a menos que se derrame agua sobre él. Precio: 25.000 dólares.

cuadro sintesis ritos funerarios

Sigue: Enterrar a los Muertos Culto a los Muertos y Ritos en America

La Filosofia Clásica Sofismo Dogmatismo Moral Filosofica

La Filosofía Clásica Sofismo
Dogmatismo Moral Filosófica

LOS CLÁSICOS

Suele decirse que la Filosofía nació en Grecia, y esto es verdad sólo en parte, porque también existe una filosofía egipcia, persa, china, etc.,anterior a la helénica. No obstante, es indudable que el pensamiento europeo se ha impuesto, y es la Filosofía clásica europea la que ha llegado a mayor altura en sus especulaciones, pues las filosofías orientales se confunden y se pierden en consideraciones de tipo religioso y moral. La primera preocupación del pensamiento griego fue el mundo exterior, y una serie de filósofos anteriores a Sócrates dedicaron su vida a estudiar qué era y de qué estaba hecho el mundo que veían.

Thales de Mileto, que vivió en el siglo VI a. de J.C. fue considerado como uno de los siete sabios de Grecia (los restantes fueron Cleóbalo de Lindos, Solón de Atenas, Chilón de Esparta, Pittacos de Lesbos, Bías de Pirene y Beriandro de Corinto). Thales debió ser un personaje extraordinario; astrónomo, geógrafo, físico y filósofo a la vez. Fue el primero en plantarse el problema del auténtico ser de las cosas, y que las cosas no eran lo que parecían ni tal como se presentaban a nuestra vista. A su juicio el origen de todo era el agua.

Pitágoras, que fue contemporáneo de Thales, era natural de Samos y fundó una religión con un ideal de vida muy elevado. Sus seguidores vivían en comunidades entregadas al estudio. Para él los números eran el principio de todas las cosas y redujo a números las magnitudes, desde los fenómenos astronómicos a los musicales, con lo que llegó a vislumbrar una armonía universal. Su doctrina acerca del alma dice que ésta sobrevive después de la muerte y transmigra de unos cuerpos a otros en premio o castigo a su vida anterior, por lo que es preciso una vida austera y conforme con ciertas reglas morales.

Filosofo griego

Jenófanes, que vivió 500 años a. de J.C., elaboró una idea racional de Dios, a quien concibió como ser único, eterno, inmutable y simple. “Dios, decía, no tiene manos ni pies ni oídos, y sin embargo ve, oye y, sobre todo, piensa.” Entre los filósofos anteriores a Sócrates está Heráclito, para quien el mundo está cambiando continuamente (“nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”, decía para dar una idea viva del cambio). Empédocles expuso su teoría de los ciclos consecutivos en el Universo, cuyas destrucciones y reconstrucciones sucesivas se realizan en virtud de las fuerzas opuestas: amor y odio.

Demócrito fundó la teoría atómica según la cual todos los cuerpos se componen de átomos, y las cosas cambian por la fuerza de estos átomos en choque. Protágoras fue el primer escéptico, fundador de la escuela sofística, para quien el hombre es la medida de todas las cosas. Pero desde Sócrates, los filósofos, cansados de contemplar el cosmos, o tal vez al comprobar lo poco que habían logrado saber de sus misterios y estructura, volvieron la mirada hacia sí mismos y se dieron cuenta de que su interior era también un pequeño mundo, un microcosmos. Luego se dedicaron a estudiar la vida interna, el pensar, el sentir y el querer, y descubrieron que lo más importante era la conducta que ha de seguir el hombre para el logro de la felicidad, única meta de la vida. Aparecen entonces los que pudiéramos llamar los tres grandes de la Filosofía: Sócrates, Platón y Aristóteles. Sócrates, el primer filósofo de quien poseemos noticias exactas, no escribió nada o al menos no dejó libros escritos, pero por sus discípulos, sobre todo por Platón, conocemos su vida y sus doctrinas. Vivió pobre y sin pretensiones. En la plaza central de Atenas enseñaba por medio de hábiles interrogatorios de modo que el propio discípulo llegara a descubrir la verdad. Conversaba con sus amigos, irónico y burlón; daba sus enseñanzas sin exigir nada a cambio. Es más, atacaba a los sofistas porque cobraban por enseñar.

La imagen histórica de Sócrates se vio completada por su muerte, ocurrida en el año 399 a. de J.C. Fue acusado de perturbador de la juventud y se le obligó a beber la cicuta. El principio de su filosofía es el reconocimiento de la propia ignorancia, y para alumbrar la verdad utilizaba un método que constaba de dos fases: “Ironía” (fase destructiva) y “Mayéutica” (fase constructiva). Su procedimiento didáctico era el diálogo. Aconsejó que se viviera conforme a la razón, pues sólo el ignorante obra mal: “Encontrarás la satisfacción interior por la vida moral.” “El objeto de la vida del hombre es buscar la sabiduría.” “Conócete a ti mismo.” “Sólo sé que no sé nada”, son frases de Sócrates. Platón, discípulo de Sócrates, cifró el objeto de la vida del hombre en la busca de la justicia. Fundó su escuela en un parque dedicado al héroe Academos, por lo que tomó el nombre de Academia. Sus escritos relacionados con las enseñanzas de Sócrates, y conservados en su mayoría, llevan el nombre de “Diálogos”. Admitió una doble realidad: la inteligible, que está dentro de nosotros, y la sensible, que está fuera de nosotros, por lo que distinguió también un doble conocimiento: el de la razón y el de los sentidos. Simbolizó la vida humana con el mito del carro alado tirado por dos caballos y conducido por un auriga. El carro representa el cuerpo de los dos corceles, uno es obediente y lleva el carro por el buen camino, pero el otro se resiste a las riendas y empuja el carro a la perdición.

El alma está representada por el cochero y los dos caballos, o sea las tres fuerzas que la mueven: la “razón”, que es el cochero; el caballo obediente, que es el “ánimo”, y el caballo díscolo, que es el “apetito”. Platón también elaboró una doctrina completa acerca del estado y de los mejores medios para gobernar la sociedad, así como para conseguir una eficaz enseñanza y educación de los ciudadanos. Aristóteles, que vivió en el siglo IV a. de J.C., buscó las raíces de la Filosofía, el saber general en su sentido más elevado. Es el fundador de la Lógica. Descubrió el silogismo y la demostración, y es el verdadero estructurador de la Metafísica. Pertenecía a una familia muy culta, pues su padre fue médico de los reyes de Macedonia; y él maestro de Alejandro Magno. Permaneció veinte años al lado de Platón, estudiando en la Academia. Es muy difícil resumir su doctrina, pues abarcó todos los problemas suscitados hasta entonces por los filósofos que le precedieron. Ante la posición del cambio constante que defendía Heráclito, y del ser permanente que proponía Parménides, inventó la teoría del acto y la potencia, en virtud de la cual en las cosas hay algo que nunca cambia y algo que puede cambiar. La potencia es lo susceptible de cambio, y el acto es lo que permanece en un momento dado, por ejemplo, un huevo es en acto huevo, y en potencia, la gallina.

Para Aristóteles el alma es el principio vital, vegetativo en las plantas, sensitivo en los animales y racional en el hombre. La moralidad debe conformarse con los dictámenes de la razón. El hombre para él es un animal político y el Estado ha de tener por base la familia y la propiedad privada. Durante toda la Edad Media fue venerado como “el filósofo por excelencia”, de tal manera que los demás se consideraban sólo como sus “comentaristas”. Séneca fue el primer filósofo español. Nació en Córdoba, aunque desarrolló su labor en Roma y llegó a ser preceptor de Nerón, del cual recibió más tarde la orden de suicidarse. Siguió la doctrina estoica, según la cual el cuerpo es la cárcel del alma y hay que renunciar a todo deseo sin afectarse por los contratiempos a fin de conseguir la felicidad.

Su filosofía fue exclusivamente moral. Filón el judío intentó una conciliación entre la filosofía griega y la religión mosaica. Plotino fue un expositor genial de las doctrinas de Platón. Los filósofos que se sucedieron después son ya de menor importancia, pues se conforman con especulaciones sobre la conducta humana, abandonando el estudio de muchos problemas, y enredándose en discusiones sobre aspectos parciales, sin comprender el sentido de totalidad propio de la ciencia filosófica.

LOS PROBLEMAS DEL MOMENTO

Cada época, a lo largo de la Historia, ha planteado problemas distintos cuyas notas esenciales estaban íntimamente ligadas a los intereses y a las formas de vida presentes en aquel instante. El momento que hoy vivimos, finales del siglo XX, se muestra extremadamente rico en hechos e inquietudes de todas clases. En primer lugar, la Ciencia. Nunca se había dado un proceso general, tan extenso e intenso al mismo tiempo, de investigación científica, y en ninguna época anterior se había llegado al descubrimiento de tantas verdades cuya aplicación a la vida corriente hubiesen transformado de tal modo la existencia.

Noventa años atrás no se conocía la aviación y hoy el hombre se dispone a conquistar el espacio extraterrestre con grandes seguridades de triunfar. No es necesario detallar los progresos conseguidos en el campo de la Biología, la Química, la Física, etc., para admitir el hecho de que nuestro momento histórico es de carácter eminentemente científico. Pero coincidiendo con este hecho de preponderancia, la Ciencia moderna se muestra singularmente prudente y parca en disquisiciones de tipo filosófico. Han sido tantas las afirmaciones tenidas como ciertas que en el siglo presente se han venido abajo, que el hombre de ciencia se resiste a admitir una verdad como una entidad permanente, absoluta.

El determinismo que caracterizó tiempos anteriores ha dado paso a un probabilismo. Es decir, que los hechos sean como la Ciencia los describe e interpreta es sólo un hecho probable aunque el porcentaje de probabilidad sea elevadísimo. Al juntar pedacitos muy diminutos de granos amarillos y granos azules, tendremos un montón de granos verdes al contemplarlo a distancia. ¿Es posible que agitándolos nuevamente logremos separar los azules a un lado y los amarillos a otro? Es posible, aunque la probabilidad de que esto ocurra sea prácticamente nula. Así, Perrin calculó las probabilidades que existen para que los casuales golpes de moléculas del aire empujaran un objeto hacia lo alto contrarrestando la fuerza de la gravedad. El hecho podría suceder cada diez elevado a diez mil millones de años.

Prácticamente, jamás. Cuando se empezó a estudiar seriamente la estructura del átomo fue descrito como un sistema planetario en el cual el núcleo equivalía al Sol y los electrones a los planetas que giran a su alrededor. Hoy se admite que la composición de la materia, lo que sea el núcleo, el átomo, etc., es irrepresentable, no tiene cabida en la imaginación humana. La estructura atómica es inimaginable. Al pensar en qué será “lo último” de la materia concreta, la Física deja paso a la matemática y quedan sólo unas cifras, unas determinantes o unas fórmulas que sólo poseen un valor explicativo para los iniciados. El eterno mito de las puertas que se abren para mostrar nuevas estancias con nuevas puertas cerradas es cierto cuando intentamos explicar nuestro mundo natural. De ahí que la Ciencia, en el momento cumbre de su esplendor, quiera limitarse a investigaciones concretas, rehuyendo la Metafísica que ha vuelto a manos de los filósofos, los cuales han de dar una interpretación de los hechos hasta hoy descubiertos sin que les importe la posible caducidad de sus conclusiones.

Otro aspecto de la inquietud filosófica presente radica en el interés extraordinario de la investigación sociológica. En este punto el filósofo y el economista han sucedido al político. Ya no es posible lanzarse alegremente a especulaciones y construcción de entelequias políticas o sociales. El mundo se rige por unas leyes económicas muy severas y tan concretas como pueden serlo las leyes físicas porque son leyes matemáticas. De un lado, el estudio de la economía, la producción, las necesidades sociales, y de otro un intento de interpretación histórico del fenómeno humano a base no sólo de profundizar en la Filosofía de la Historia, sino en la investigación de las formas de vida de los pueblos primitivos en un intento de sintetizar y abarcar el proceso humano para determinar su probable marcha hacia el futuro. Los problemas del hambre, de superpoblación, de razas, etc., de carácter político y social atraen la atención de los filósofos para darles adecuada solución al servicio de distintos ideales. Pero sin duda alguna, donde se ha demostrado más intensa aunque más descorazonadora la acción de la vida moderna en el campo del pensamiento ha sido en lo que se refiere a la Psicología. Freud, a principio de siglo, dio a conocer el mundo turbio y excitante, pero real, del subconsciente.

Las dos grandes contiendas sufridas en menos de treinta años de intervalo han ocasionado una corriente de tono francamente pesimista. Ya hemos dicho cómo el existencialismo ha sido la tendencia dominante de las juventudes de posguerra. En Francia, Jean Paul Sartre, novelista, dramaturgo y escritor famoso, exponía la náusea que la existencia produce. Para él y sus seguidores el hecho de existir es terriblemente desconsolador. Los hombres son lobos para los otros hombres y no existe nada digno de ser vivido, excepto la experiencia de la muerte, a la cual, por trágico destino, no podemos entregarnos. Incluso el amor es el dominio de una persona sobre otra. La nada nos rodea. La Literatura ha dado innumerables temas en los que el análisis de los hechos más morbosos o crueles ha puesto de relieve la existencia de un pozo de angustia y de miedo que acompaña nuestra vida. Se han analizado los casos de máxima perversión y las conductas más ilógicas como muestra de hasta dónde puede llegar el hombre en el vacío caminar que es su existir.

En España, estas tendencias se han suavizado considerablemente por el temperamental optimismo de nuestra raza. Ortega y Gasset (mucho antes que los existencialistas) sentaba su teoría de la razón vital. La existencia para él era un quehacer constante, más atractiva por cuanto es libre. Cada uno de nosotros crea nuestra propia historia. No vivimos solos, sino rodeados de una circunstancia (hombre, clima, población, trabajo, etc.) y ésta se extiende desde un lejanísimo pasado hasta un futuro que se va haciendo según esta elaboración que viene determinada por la frase “Yo soy yo y mi circunstancia”. Ortega y Gasset no era un pesimista, sino un hombre con los ojos abiertos a este maravilloso espectáculo que es la vida. La conducta concreta del hombre se define por la aceptación de un orden de valores.

Max Scheler (1874-1928) dio a conocer su axiología, es decir, la existencia de un orden sentimental, no determinado exclusivamente por la razón ni la ciencia, alógico, en el que la carga afectiva pesa en forma extraordinaria. Cada uno de nosotros escribe en su interior una escala de prelaciones y sitúa en lo más alto un ideal y tras él otro y otro. A esta valoración se atiene su conducta. Para llegar a esta construcción interna, el hombre se deja llevar por la intuición. Estos valores poseen una intencionalidad, mueven la conducta, pero no deben confundirse con el deseo.

En la vida de una persona se produce precisamente el choque entre el deseo y el deber porque aquél creó su escala de valores ideales y el apetito solicitó algo que está en pugna con esta escala de valoración. Yo puedo desear la muerte de mi enemigo, pero mi catalogación de valores morales me censura este deseo. A cada valor positivo corresponde su contrario y todos ellos se encuentran jerarquizados. Para esta persona los valores o ideales religiosos están en lo más alto y los crematísticos son situados en el ínfimo peldaño de la escala. Para otra, los valores o ideas de Patria están por encima de cualquier consideración y a ellos se supeditan los de honor, familia, religión, amistad, etc. Según Scheler, las clases de valores que existen son: 1. Económicos o de utilidad (dinero). 2. Vitales (salud, valor, nobleza, etc.). 3. Espirituales: lógicos, estéticos o éticos. 4. Religiosos. La Cultura, el progreso, el hacer histórico no son sino un aplicación a lo ancho del espacio y a lo largo del tiempo de los distintos conceptos de valor en vigencia para cada hombre y en cada época. Aquí se unen la Moral, la Estética, la Política, la Lógica, etc., pues el futuro de la Humanidad reside en la ejecutoria y la preponderancia de los valores más nobles sobre los más bajos.

LOS SISTEMAS FILOSÓFICOS

Así como las ciencias presentan sus conocimientos propios en un solo sistema u ordenación, la Filosofía ofrece la pluralidad de sistemas diversos. A continuación se expone la definición de los más importantes por orden cronológico de aparición en la Historia. Monismo. se dio este nombre al sistema seguido por algunos filósofos griegos, anteriores a Sócrates, que admitían una sola sustancia como origen de todas las cosas: Para Thales, era el agua; para Anaxímenes, el aire; para Heráclito, el fuego.

También se da este nombre a otros sistemas filosóficos que sólo admiten en el mundo una sustancia primaria; como la materia para los materialistas o el espíritu para los idealistas. Pluralismo. El sistema de los primeros filósofos griegos que admitían varias sustancias primarias como origen de todas las cosas, o sea agua, tierra, aire y fuego a la vez, los cuatro elementos. Dualismo. Admite la existencia de dos principios: espíritu y materia para unos; mal y bien para otros. Atomismo. Considera el átomo como parte esencial de todos los cuerpos, que no son sino agregados de átomos.

Sofismo. La Filosofía tomada en simple sentido de erudición con excesivo apego a la razón individual, lo que implica una concepción excéptica de la vida. Los sofistas eran malabaristas de la verdad. Humanismo. El hombre como centro de toda Filosofía. Innatismo. Admite que las ideas son innatas, o sea que el hombre, al nacer, ya lleva en sí el principio de todos los conocimientos. Hedonismo. el fin de toda la especulación filosófica y la norma de la conducta humana es para los hedonistas el placer. Estoicismo. Es preciso renunciar serenamente a muchas cosas y no dejarse llevar por los excesos en el sufrimiento ni en la alegría, para vivir conforme a la naturaleza, o sea conforme a la razón. La libertad interior se conquista mediante la lucha con las pasiones hasta llegar a la apatía o serenidad del ánimo. Escepticismo. Niega la validez, tanto de las percepciones sensibles como del conocimiento intelectual y declara la esencia de las cosas incognoscible. El hombre, según él, no debe adherirse a ideales de ninguna clase.

Dogmatismo. Creencia en los dogmas o principios establecidos por los grandes filósofos. Voluntarismo. Da a la voluntad, la primacía entre todas las facultades del alma. Intelectualismo. Señala a la inteligencia como factor primordial de la vida del hombre. Escolasticismo. Sistema filosófico que sigue la síntesis completa lograda por Santo Tomás, al coordinar el pensamiento cristiano con la doctrina de Aristóteles. Realismo. Los conceptos universales abstractos son una realidad tan viva como la de los seres creados. Nominalismo. Los conceptos generales, las ideas universales, como “Justicia”, no existen en la realidad, pues sólo son nombres, palabras, pero nada más. Empirismo. Sistema que fundamenta la verdad de los conocimientos filosóficos en la experiencia. Ninguna afirmación es válida si no está comprobada por la realidad. Racionalismo. Construye la Filosofía con el uso exclusivo de la razón, mediante deducciones sistemáticas, sacadas de unos principios que se consideran evidentes. Ocasionalismo. Los seres sólo han sido creados para dar ocasión de obrar al Creador, como el cuerpo ha sido creado y dispuesto como ocasión para el obrar del alma. Materialismo. Surge de la aplicación del empirismo a los problemas psíquicos y considera la materia como la única realidad existente.

Deísmo. Doctrina filosófica que confía la solución de los problemas religiosos a la razón natural, sin ayuda de la Revelación. Sensualismo. Todo en el hombre proviene de la sensación, ya que sin los sentidos el hombre sería como una estatua, y una estatua que tuviera sentidos obraría como el hombre. Los pensamientos no son otra cosa que sensaciones transformadas. Naturalismo. Defiende la vuelta del hombre a la vida natural, pues el hombre es bueno por naturaleza y la sociedad la corrompe. Criticismo. Sistema que critica la sola validez de la razón para alcanzar el conocimiento científico, y supone el examen previo de la misma antes de aceptar cualquier teoría del conocimiento. Idealismo. Afirma el predomino de las ideas ante las realidades del Universo. Hay varios sistemas idealistas, entre los que destacan los de Platón, Berkeley, Kant y sus seguidores. El idealismo exagerado conduce a afirmar que el mundo exterior no existe y que los objetos no son sino proyecciones de nuestro pensamiento. Positivismo. No admite otra verdad que la doctrina positiva de las ciencias y rechaza la conciencia o sentido íntimo como fuente de conocimiento. Sólo admite la experiencia sensorial.

Psicologismo. Supone que todo en Filosofía es subjetivo; que todo se resume en opiniones personales sin valor objetivo y real. Hijo del positivismo, es una tendencia a reducir todos los procesos filosóficos a meros capítulos de la Psicología. Fenomenología. Los objetos poseen un ser ideal y la manifestación de este ser en la cosa es el fenómeno. El estudio de estos fenómenos mediante la intuición es la base de este sistema. Axiología. Es la doctrina de los valores. El valor no depende de la apreciación personal, sino que existe por sí mismo; es una cualidad ideal de los objetos que están dotados de propiedades características. Historicismo. Es la manera de interpretar la Filosofía como si no fuese otra cosa que la mera relación de las diversas teorías de los filósofos en permanente evolución. Neoescolasticismo.

Es el retorno a la Filosofía escolástica, pero a la luz del pensamiento y de los descubrimientos. Existencialismo. Es el sistema que considera la existencia humana como centro de toda especulación. El hombre está solo, inmerso en el mundo y condenado a morir. Siente la angustia de su destino porque la existencia humana confina por todos lados con la nada. Reivindica el valor de la persona y exalta el poder de la libertad.

La Filosofia Sistemas Filosoficos Kant El Empirismo Filosofia Moderna

La Filosofía Sistemas Filosóficos Kant
El Empirismo Filosofía Moderna

LA FILOSOFÍA

A través de los tiempos Historia de la Filosofía es una exposición de la vida, pensamiento y obra de los filósofos de todos los tiempos, así como el estudio de las tendencias dominantes en el campo del pensamiento a lo largo de la historia. No debe confundirse con Filosofía de la Historia, moderna disciplina que trata de investigar las causas de los hechos históricos. Por ejemplo: a qué se debe el florecimiento, auge y decadencia de ciertas civilizaciones; cuál es el origen de los grandes movimientos artísticos, científicos y filosóficos; por que se dan en determinadas épocas y en ciertas áreas geográficas, etc. En una palabra, Historia de la Filosofía es la exposición del pensamiento filosófico a través del tiempo. Filosofía de la Historia es la aplicación del filosofar, del pensar profundo, a la sucesión de los tiempos.

Sistemas filosoficos

Es evidente que Historia de la Filosofía es también Historia, pero si sólo fuera sucinta descripción de teorías o recuento de los hallazgos de diversos filósofos, al advertir la enorme proliferación de posturas y doctrinas incluso contradictorias, no cabría otra postura que la escéptica. Interpretar la Filosofía como mera historia del pensamiento filosófico nos llevaría a dudar de la capacidad de la mente humana para hallar la verdad, porque si, a través de los años los hombres sólo hubiesen sido capaces de inventar teorías opuestas, si no se hubiese llegado al descubrimiento de una verdad filosófica universal, sería lógico pensar que la mente humana no es capaz de descubrir verdades permanentes. El constante adelanto de las ciencias prueba la posibilidad de descubrir algunas verdades filosóficas por encima de las opiniones personales de cada pensador. La ciencia que trata del estudio de estas verdades (Filosofía) es una cosa, y la historia de su evolución es otra bien distinta.

EL CRISTIANISMO

La idea de un Ser supremo ordenador estaba presente en la filosofía de Sócrates, Platón y Aristóteles. Pero esta idea no implicaba una nueva manera de ver y considerar las cosas, no repercutía en la vida corriente. El cristianismo, sin embargo, era una moral, un completo sistema de Ética, pero no una filosofía, en el sentido de saber de las cosas. Por eso, los primitivos pensadores cristianos se esforzaron en adaptar la filosofía griega a la nueva doctrina, mientras otros pensadores, también cristianos, la combatían.

Crisitanismo

Así surgieron una serie de filósofos menores en la época de los Padres de la Iglesia (Tertuliano, Orígenes, San Gregorio, San Ambrosio, etc.), hasta llegar a dos hombres que pueden considerarse como los verdaderos creadores de una filosofía cristiana: San Agustín y Santo Tomás, los cuales no sólo compaginaron la filosofía clásica con el pensamiento cristiano, sino que en realidad alumbraron una nueva filosofía. San Agustín adoptó la doctrina de Platón, mientras que Santo Tomás siguió la de Aristóteles: dos orientaciones diferentes aunque, en su base, alimenten el mismo cristianismo.

San Agustín, que murió en el año 430 a los 76 de edad, predicó un neoplatonismo cristiano que centraba su interés en el conocimiento de la realidad espiritual. Hasta su conversión al cristianismo llevó una vida azarosa y contradictoria, procurando siempre por el conocimiento de la verdad. Luego, los temas capitales de su especulación fueron el alma y Dios. Concibió el desarrollo de la humanidad como un proceso unitario presidido por una acción divina providencial. Su obra capital es La ciudad de Dios.

El intenso predominio de la fe sobre la razón dio paso a la Escolástica, que centró la vida intelectual de la Edad Media. Durante 600 años (del siglo IX al XV, aproximadamente) la Escolástica fue el único pensamiento ortodoxo admitido en Filosofía. En aquellos tiempos bárbaros, el saber se hallaba en manos de eclesiásticos y monjes. Los nombres de Escoto, Abelardo y San Alberto Magno prepararon la venida de Santo Tomás de Aquino, la mente más clara de la Edad Media, verdadero compilador y estructurador de una filosofía que hizo compatibles las enseñanzas de la fe y los descubrimientos de la razón. El pensamiento tomista es el que informa la filosofía cristiana actual.

Santo Tomás, que nació en 1225 cerca de Monte Canino (Italia) y murió en 1274, realizó el ideal de fundir el pensamiento cristiano con el saber clásico. Su vocación religiosa y su pasión intelectual caracterizaron toda su obra, contenida en dos tratados principales: la Suma Teológica y la Suma contra Gentiles. Admitió una perfecta concordancia entre las verdades de la razón y las verdades de la fe. Por lo demás puede afirmarse que Santo Tomás es la versión cristiana de Aristóteles. Para él la fuerza principal del alma es la inteligencia, merced a la cual todo puede llegar a comprenderse. Las discusiones en la Escolástica se resolvían por medio del rígido juego de silogismos. De ahí vino, entre otras razones, su decadencia porque se produjeron una serie de discusiones bizantinas, puramente retóricas con la famosa “cuestión de los universales” que pretendía averiguar si los conceptos universales (hombre, justicia, mesa, estrella, etc.) tenían existencia real o eran puramente flatus vocis, palabras, aire. Pero los más nobles pensadores, cansados de discusiones, muchas veces estériles, empezaron a criticar la Escolástica y lentamente se fue desmoronando la síntesis que con tanto celo construyera Santo Tomás: la “ciencia de las escuelas”. Sin embargo, la pura filosofía tomista pervivió.

EL RENACIMIENTO

En los tiempos del llamado Renacimiento, en todos los órdenes se apreció un ansia de renovación del espíritu humano. Los filósofos de esta época dedicaron sus esfuerzos, unos a destruir el pensamiento escolástico y otros a buscar las bases de una nueva filosofía en la que el hombre y la razón ocupan un primerísimo lugar. La consigna fue el retorno al espíritu griego y latino. entre todos los pensadores renacentistas destacaron tres que, si bien no alumbraron teorías enteramente nuevas, al menos representan el espíritu de la época: Luis Vives, Erasmo y Tomás Moro. Luis Vives nació en el año del descubrimiento de América.

Más pedagogo que filósofo, su principal aportación a la Filosofía fueron sus concepciones psicológicas contenidas en su libro De Anima. Propuso la renovación del pensamiento filosófico, en cuanto a su forma y en cuanto a su contenido. Fue el primer pulsador moderno que emprendió el análisis y la descripción de las actividades anímicas, y el primero en emplear la observación psicológica en lugar de la deducción silogística. Francisco de Vitoria intentó la restauración escolástica en España y contribuyó al pensamiento filosófico con sus doctrinas escolásticas, a base de una disertación libre que le hace apartarse en algunos puntos de las teorías de Santo Tomás. Erasmo de Rotterdam fue el precursor del racionalismo.

Escribió el Elogio de la locura. Tomás Moro fue más estadista que filósofo. Escribió Utopía. Fue decapitado por orden de Enrique VIII. En 1935 fue canonizado por la Iglesia. Sin embargo, y a consecuencia del Renacimiento, había nacido la crítica de la razón oponiéndose a veces a la fe. Son los tiempos de la Reforma protestante que coincide con la formación de las grandes nacionalidades y el advenimiento de la Edad Moderna.

FILOSOFIA MODERNA

Pero un día, ya en el siglo XVIII, apareció Descartes, y con él la filosofía moderna como algo enteramente nuevo. Ya no se miró al mundo exterior ni al mundo interior, ya no causó preocupación la conducta humana, ni siquiera de las verdades consideradas intocables por la Escolástica. Descartes prescindió de todo lo anterior y quiso crear una nueva filosofía con el solo recurso de su razón. “La mente que piensa es la que nos debe llevar al descubrimiento de la verdad.” Descartes, después de viajar mucho e intervenir en varias guerras, escogió un retiro solitario y se dedicó a pensar. Decidió prescindir de todo lo que había aprendido y de cuanto le habían enseñado en el prestigioso colegio de los jesuitas de la Fleche.

Su sistema de investigación fue la duda metódica universal, y “puesto que los sentidos nos engañan con frecuencia, duda de todo hasta que la razón te lo presente como verdadero”. Pero necesitaba un punto de apoyo para construir su nueva doctrina y lo encontró en la afirmación: “Pienso, luego existo.” Para llegar a las demás verdades construyó un método nuevo como el utilizado en las matemáticas, pues era un gran matemático, y con él creyó llegar a la evidencia como único criterio de verdad. Sus obras principales son el Discurso del método y Meditaciones metafísicas. Estableció tres realidades: Yo, Dios y el mundo.

Según él, hay dos únicas clases de sustancias: las materiales, cuyo atributo fundamental es la extensión, y las espirituales, cuya característica es el pensamiento. Sólo los hombres tienen alma unida al cuerpo y aquélla se encuentra en la glándula pineal. Los animales carecen de ella y sólo son puros mecanismos. Como se ve, en algunos puntos Descartes fue demasiado lejos. Casi a la vez que Descartes apareció Francisco Bacon. Éste sólo admitió como verdadero aquello que confirma la experiencia. Su obra esencial fue el Nuevo órgano. El ideal de la nueva ciencia era procurar al hombre el dominio de la Naturaleza.

La experiencia es la única fuente de conocimiento, mas para aprovecharla es preciso derribar ciertos prejuicios llamados “ídolos”, que radican en la especial constitución de la mente humana como la costumbre, la fuerza del lenguaje, el antropomorfismo y la devoción por las teorías anteriores. Así, tenemos ya las dos nuevas corrientes que han de alimentar la Filosofía de la Edad Moderna; el racionalismo cartesiano (predominio de la razón) y el empirismo de Bacon (predominio de la experiencia). La corriente racionalista se desarrollo en Francia y Alemania, y surgieron los grandes filósofos seguidores de Descartes, que son Malebranche, Espinoza y Leibniz. Malebranche pretendió solucionar el problema de la comunicación de las sustancias materiales con las espirituales por medio de la “teoría del ocasionalismo”, en virtud de la cual los seres, en su obra, son meros instrumentos de la Divinidad.

Espinoza, judío holandés de ascendencia española, fue el defensor del “panteísmo”, que identifica a Dios con la Naturaleza. El Creador según él, está inmerso en el mundo y repartido entre todas las cosas. Leibniz, matemático y físico eminente, quiso construir la ciencia única, para lo cual inventó una escritura universal y quiso hallar un lenguaje nuevo que sustituyera a todos los hablados.

También pretendió restablecer la unidad religiosa e Europa, dividida a causa del protestantismo. Para explicar la diversidad cualitativa de los seres admitía la existencia de unas sustancias simples, las “mónadas”, cuyo atributo primario es la fuerza. Todos los seres son para él mónadas o agregados de mónadas. Estudió también el problema del alma y el cuerpo, que marchan al unísono como dos relojes sincronizados a la vez, y descubrió la existencia del inconsciente psíquico.

KANT

Manuel Kant, muerto en 1804 a los 80 años de edad, que estudió el problema de la crítica de la verdad. ¿Cuáles son los límites y el valor de la razón? Kant comparó la filosofía de Leibniz con la de Hume, y pensó que la razón y la experiencia debían coincidir en sus apreciaciones, pues al no ser así, algo fallaba, mas como la experiencia es evidente, lo que debía faltar era la razón, y entonces acometió su gran labor eminentemente crítica, demostrando que la sola razón es incapaz del descubrimiento de la verdad.

Kant fue el prototipo del moderno profesor universitario. Pertenecía a la secta pietista y era tan ordenado que las mujeres ponían en hora sus relojes cuando él pasaba por la calle. Por la mañana en las calles de Koenisberg era fácil escuchar: “Son las nueve; ya pasa el señor Kant hacia la Universidad.” Fue educado en el racionalismo y estudió la filosofía de Leibniz en los textos del profesor Wolff, pero, según él confiesa, la lectura de las obras de Hume “le despertó del sueño dogmático”. En sus obras quiso hallar la base para un nuevo método de la metafísica. La Crítica de la razón pura es un tratado sobre el entendimiento y la razón. La Crítica de la razón práctica es una teoría sobre el proceder y los actos del hombre.

La Crítica del juicio, es un estudio sobre la percepción sensorial y la belleza artística. Con estas obras quiso señalar los límites de nuestro entendimiento y de nuestra razón. A partir de este momento podemos formular preguntas acerca de Dios, el mundo, la libertad y la inmortalidad, porque antes habremos resuelto esta cuestión: ¿qué es la verdad? Y luego, enfrentarnos con los grandes problemas: ¿qué esperar? Entre sus hallazgos destacan la invención de los juicios sintéticos a priori, gracias a los cuales es posible la ciencia, y la moral del imperativo categórico, por la que el hombre debe obrar el bien por el bien mismo.

Su máxima era: “Obra como si tu acción pudiera convertirse en ley universal.” Apareció entonces el estudio del conocimiento humano y la Filosofía tomó nuevos rumbos, se intentó zanjar el conflicto entre el racionalismo dogmático (nuestra razón y las doctrinas que aceptamos de los grandes autores), y el empirismo escéptico (la duda de las opiniones de los grandes maestros, hasta que no hayan sido comprobadas por la experiencia). Existe gran distancia entre la cosas en sí y el sujeto, el hombre, que trata de conocerla. Éste, el sujeto, goza de la máxima preponderancia en el conocimiento, pero lo más importante no es el conocimiento de la realidad, sino cómo podemos llegar a ese conocimiento; de qué modo conocemos.

Los seguidores de Kant fueron los fundadores de la doctrina filosófica conocida con el nombre de “idealismo alemán” y exageraron de tal modo la preponderancia del sujeto en el conocimiento, que llegaron a prescindir por completo del objeto y afirmaron que éste, las cosas y el mundo no son más que proyecciones de nuestro pensamiento, de modo que la realidad no sólo existe en el espíritu, sino que es formada por éste. Para los idealistas, el mundo exterior no posee realidad alguna. Los filósofos idealistas más conocidos son Fitche, y Hegel, pero más importancia que sus doctrinas en sí la tuvo la proyección de las mismas en la sociedad de nuestro tiempo, pues en el idealismo alemán se inspiraron las concepciones políticas más modernas, como es el socialismo en sus dos aspectos extremos: fascismo y comunismo. Fitche inició el método dialéctico para el desarrollo de sus especulaciones y su personal interpretación de la filosofía kantiana mediante la teoría del “yo” (el hombre) y el “no-yo” (el mundo).

Su obra principal es Doctrina de la Ciencia, pero también merecen destacarse sus Discursos a la nación alemana, que constituyen la levadura doctrinal del nacionalismo alemán. Hegel comprendió la Filosofía como un suceso de la Historia Universal. Examinó todos los conocimientos existentes hasta entonces para encontrar en todo un sentido único. Dio forma definitiva al método idealista conforme a un esquema de tres fases: Tesis, que representa la afirmación primaria; antítesis, que es la negación, y síntesis, superación de las dos anteriores en una afirmación definitiva. Su sistema se desenvuelve en tres partes principales: la Lógica, la Filosofía de la Naturaleza y la Filosofía del espíritu.

Exaltando, por otra parte, al Estado por encima de los individuos, contribuyó también a dar vida a los sistemas totalitaristas contemporáneos. Marx basó sus doctrinas en la afirmación de que la materia es la única realidad existente. Pero se refería a una materia viva, dinámica, capaz de originar el proceso evolutivo de la sociedad. Aceptó la filosofía de Hegel, aunque señalando la materia como sujeto de la evolución, en lugar de la idea hegeliana, que propone el espíritu. En su obra El Capital, emprendió una crítica del régimen capitalista y preconizó como remedio la lucha de clases, lo que dio origen al movimiento revolucionario conocido vulgarmente con el nombre de “marxismo” del que se derivaron el “socialismo” y el “comunismo”.

La Familia en la Sociedad La Patria Potestad La Tutela de un Niño

La Familia en la Sociedad La Patria Potestad
La Tutela de un Niño

La función de la familia

El individuo es, al mismo tiempo, individual y social. Toda la vida de las personas transcurre en medio del intercambio con otros seres, es decir, en medio de relaciones interpersonales. Es imposible pensar a las personas aisladas de otros seres. Pero, al mismo tiempo, cada sujeto vive su ser cotidiano como un proceso permanente de experiencias únicas e intransferibles.

En sus contactos con otros seres humanos, las personas tienen dos tipos de relaciones: las circunstanciales y las estables. En las relaciones estables, los sujetos se vinculan de manera estrecha y forman los denominados grupos primarios.

La familia es el grupo social primario que tiene como funciones la reproducción biológica, la protección psicosocial de sus miembros y la transmisión de los valores de la cultura a través del proceso de socialización.

Los adultos de la familia se encargan de cuidar y satisfacer las necesidades de los niños desde que nacen hasta que puedan valerse por sí mismos. Pero la familia cumple, además, una función muy importante en la construcción de la propia identidad de cada individuo: a medida que los hijos van creciendo, les da la seguridad de pertenecer a un grupo y les permite diferenciarse poco a poco de los otros miembros. De este modo, cada hijo llegará a estar en condiciones de separarse del grupo familiar de origen y formar una nueva familia, que cumplirá, a su vez, las mismas funciones.

LA FAMILIA

La base fundamental de nuestra sociedad es la familia y en ella radican los derechos más nobles y las virtudes que hacen grande a una nación. Sánchez Román la define diciendo: Es una institución ética, natural, fundada en al relación conyugal de los sexos, cuyos individuos se hallan ligados por lazos de amor, respeto, autoridad y obediencia; institución necesaria para la conservación, propagación y desarrollo en todas las esferas de la vida, de la especie humana. Algunas escuelas sociológicas han supuesto que hubo una primera fase de horda o promiscuidad absoluta, y la familia propiamente dicha no existía. Hombres y mujeres serían como un rebaño.

la familia

La familia y la sociedad

Vino luego una segunda fase caracterizada por un régimen de matriarcado, en la que el padre era desconocido y los hijos pertenecían a la madre. La última fase de evolución sería la familia monógama, tal como es la cristiana actual. En Roma la familia estaba asentada y organizada en forma patriarcal. El pater familiae poseía una autoridad omnímoda y exclusiva, despótica a veces. El cristianismo infundió en la familia un elevado sentido ético, al elevar el matrimonio a la dignidad de sacramento indisoluble y al proclamar el principio de la igualdad de los esposos. Aunque hoy se dan fuertes corrientes políticas y filosóficas encaminadas a disgregar a la familia, ésta sigue siendo la célula fundamental de la sociedad.

CÁLCULO DE PARENTESCO

Existen dos sistemas para computar el parentesco: el civil y el canónico. En ambos son básicos los conceptos de grado y línea. El sistema civil adopta como principio básico contar tantos grados como generaciones. Cada persona dista un grado de su padre y otro de su hijo. La línea paternal está formada por los que descienden unos de otros. El nieto dista 3 grados del bisabuelo.

La línea colateral está formada por las personas que no descienden unas de otras, pero tienen un tronco común. Así el tío y el sobrino. La proximidad del parentesco se determina por el número de generaciones. En las líneas se cuentan tantos grados como generaciones o como personas, descontando la del progenitor. En la línea recta se sube únicamente hasta el tronco; así, el hijo dista un grado del padre, dos del abuelo y tres del bisabuelo.

En la línea colateral se sube hasta el tronco común y después se baja hasta la persona con quien se hace la computación; por esto el hermano dista dos grados del hermano; tres del tío (hermano de su padre o madre); cuatro del primo hermano, y así sucesivamente. El sistema canónico tiene su origen en las leyes germánicas, y coincide con el civil en la computación en línea recta o indirecta, puesto que se cuentan tantos grados como generaciones o como personas, exceptuando el tronco. En cambio, difiere del sistema civil en la computación colateral por contar sólo las generaciones de una línea, eligiendo cualquiera de éstas si son iguales, o la más larga si son desiguales.

EL PARENTESCO

En la familia se observan tres círculos: el conyugal o matrimonio, que es su base; el paterno-filial, que constituye su desdoblamiento, y el parental o parentesco. El matrimonio es la comunidad más íntima de la vida humana y se establece entre dos personas de distinto sexo para la procreación y educación de la prole, mutuo auxilio y remedio de la concupiscencia. Inhabilita para estados incompatibles, como el religioso, o para realizar actos jurídicos prohibidos por las leyes (compraventas, donaciones entre esposos, etcétera). La sociedad paterno-filial está constituida por las relaciones entre padres e hijos.

Los primeros tienen el deber de educar, instruir y corregir a sus hijos, procurarles alimentación, vestido y vivienda. Los hijos deben obediencia, sumisión y respeto hacia sus progenitores. El parentesco es el vínculo establecido por la naturaleza entre personas que descienden unas de otras y tienen un tronco común. El vínculo que une los miembros de la familia es la consanguinidad, que puede ser legítima, según tenga su base en el matrimonio, o en uniones carnales fuera de él y se subdivide en parentesco de doble vínculo y de vínculo sencillo.

El primero es el parentesco por parte del padre y madre conjuntamente. Los hermanos de doble vínculo, se llaman también “germanos”. Los de vínculo sencillo, “consanguíneos”, cuando el padre es común y la madre distinta, y “uterinos” en el caso contrario. El ejemplo aclarará la cuestión: José y María, contraen matrimonio; los hijos Andrés y Bautista habidos en este matrimonio, son hermanos legítimos y de doble vínculo.

Si transcurrido un tiempo fallece la madre, María, y el viudo José contrae nuevas nupcias con Rosa, puede suceder que en el nuevo matrimonio aparezca un hijo al que denominaremos Carlos. Pues bien: los hijos Andrés y Bautista del primer matrimonio, son con respecto al hijo Carlos, habido en el segundo matrimonio del padre, hermanos consanguíneos, legítimos y de vínculo sencillo. Si consideramos otro matrimonio, formado por los esposos Jaime y Francisca, de cuya unión ha nacido un hijo, Anselmo, puede suceder que tras el fallecimiento de Jaime, la viuda Francisca, contraiga nuevas nupcias con Luis.

El hijo Benito, habido en este matrimonio, es con respecto a Anselmo, procedente del matrimonio anterior, hermano legítimo, de vínculo sencillo y uterino. Existe un parentesco denominado ilegítimo, basado en uniones carnales fuera del matrimonio. La afinidad es el parentesco que se contrae por virtud de matrimonio, entre un cónyuge y los parientes de otro.

El parentesco civil es el que se contrae entre el adoptante y el adoptado, y entre éste y la familia del adoptante. Parentesco religioso o espiritual es el que se adquiere por participar en la administración de los sacramentos del bautismo y confirmación. Sólo tiene aplicación práctica en Derecho, el parentesco espiritual que contraen el que bautiza y el padrino, con el bautizado, y del que resulta un impedimento para contraer matrimonio canónigo.

LA PATRIA POTESTAD

A los padres corresponde el deber y el derecho de proveer a la asistencia y protección de las personas y bienes de los hijos, en la medida reclamada por las necesidades de éstos. Esta asistencia y protección requiere un principio de autoridad que en Derecho se denomina patria potestad. Son conocidos los poderes omnímodos que sobre las personas de sus hijos y descendientes ejercía el pater familiae de la antigua Roma, cuya patria potestad era despótica y perpetua. En cambio, el derecho de los pueblos germánicos supo adaptar mejor dicha institución a las necesidades de la vida.

Así, disponía que el hijo que continuaba en la casa paterna permanecía siempre bajo la autoridad del padre; en cambio, el hijo mayor que la abandonaba, se hacía independiente de la tutela paternal. En la Edad Media, la patria potestad adquirió carácter temporal, y solamente se ejercía durante la menor edad del hijo.

Modernamente, la patria potestad ha sido declarada institución establecida en favor de los hijos y por ello está bajo la tutela, vigilancia e inspección del Estado.

Las leyes sobre mendicidad, trabajo de menores y los tribunales tutelares creados para éstos, claramente lo atestiguan. Es un hecho natural de los hijos crearse una existencia propia, independiente y librarse de la patria potestad. Este hecho se denomina emancipación. El hijo que cumple 22 años de edad o el que contrae matrimonio, quedan emancipados automáticamente.

Esta emancipación es igual tanto para el varón como para la mujer, y por su intermedio se les acuerdan todos los derechos y todas las obligaciones de la persona con mayoría de edad. La emancipación por concesión del Estado suele otorgarse, en tiempo de guerra, al hijo mayor de 18 años que se haya alistado en el Ejército. Pero los padres también pueden incurrir en la pérdida de la patria potestad cuando han demostrado no ser dignos de educar y sostener a sus hijos, por consentir la prostitución o corrupción del hijo, o por haber incurrido en el delito de abandono de familia.

Hay sentencias de divorcio en las que de una manera expresa, se declara la pérdida de la patria potestad, y las que recaen en pleitos judiciales promovidos a propósito de malos tratos o corrupción. El Código civil también prescribe la pérdida de la tutela en otros casos muy excepcionales.

En la antigüedad todo lo que adquiría el hijo de familia correspondía al padre. Más adelante, las leyes concedieron a los hijos facultades para que pudiesen tener pequeños patrimonios (peculios). En las legislaciones modernas, los bienes adquiridos por el hijo emancipado, por medio del trabajo, industria, suerte o por cualquier título, pertenecen en propiedad al hijo que los ha adquirido, pero la administración y el usufructo corresponden al padre o madre que ejerza la patria potestad.

Este derecho de administración que confiere a los padres el ejercicio de la patria potestad no es renunciable ni delegable, por tratarse de un derecho de carácter público. A veces el amor que debe existir entre los miembros de una familia se halla tan debilitado, que el Derecho ha de establecer en forma imperativa las obligaciones de cada pariente. La prestación alimenticia es una de las más importantes. se entiende bajo el concepto general de alimentos, el sustento, la habitación, el vestido y la asistencia médica, de acuerdo con la posición social de la familia. Comprende también la educación e instrucción del “alimentista” (persona que tiene el derecho de recibir alimentos) cuando es menor de edad.

Están obligados a darse recíprocamente alimentos los cónyuges, los ascendientes y descendientes legítimos, los padres e hijos legitimados y los descendientes legítimos de éstos, los padres e hijos naturales reconocidos y los descendientes legítimos de éstos y entre hermanos legítimos, bien sean consanguíneos o uterinos. Estos últimos deben procurárselos sólo para su subsistencia cuando un defecto físico o moral, no imputable al alimentista, no puede éste atender a su subsistencia.

En el caso de ser varias personas las obligadas a prestar alimentos, éstos se harán efectivos por el siguiente orden: cónyuge, descendientes de grado más próximo, ascendientes de grado más próximo y hermanos. Si fuesen varios con identidad de obligación en prestar alimentos, cada cual pagará en proporción a su caudal. La prestación de alimentos debe realizarse en especie, o bien satisfacer por adelantado la pensión que se fije y recibir y mantener en su propia casa al alimentista. La obligación de prestar alimentos puede cesar con la muerte del obligado a prestarlos, o con la del alimentista. Se extingue también con la reducción de fortuna del obligado cuando suceda que, satisfaciendo los alimentos, tenga que desatender sus propias necesidades. También la mala administración de fortuna del alimentista, su mala conducta y poca aplicación al trabajo, así como la incursión en falta de las que dan lugar a desheredación, hacen cesar la obligación de facilitar alimentos.

LA TUTELA

Es triste la situación del huérfano o del menor que se encuentra solo y desvalido. La tutela de los menores desamparados es una necesidad que el Derecho regula. Los pueblos primitivos de organización patriarcal no conocieron la tutela. Grecia recogió en sus ordenamientos jurídicos la institución de la tutela, pero sólo en favor del interés de la familia, pues tendía a conservar el patrimonio del pupilo para transmitirlo luego a los futuros herederos. Roma siguió más o menos el mismo criterio que Grecia. En cambio, el Derecho moderno establece que el objeto de la tutela es la guarda de la persona y bienes, o solamente de los bienes, de los que, no estando bajo la patria potestad, son incapaces de gobernarse por sí mismos. Al tutor se le considera órgano de dirección y vigilancia de la tutela. Generalmente, en los países de Derecho latino, como Francia, España, Portugal y la mayor parte de los de Hispanoamérica, conciben la tutela como institución familiar, toda vez que introducen como elemento capital del organismo tutelar el llamado consejo de familia.

Las legislaciones de Inglaterra, Alemania, Austria y Suiza, conciben la tutela como institución pública, y pro ello confieren su ejercicio a Cuerpos judiciales o administrativos, en los que la autoridad estatal tiene parte preponderante. Finalmente, en otros países como Argentina, México, Uruguay y Paraguay regulan la tutela, partiendo de la base de que esta institución es pública y familiar a la vez. En el ejercicio de la misma dan entrada a la familia y a la administración pública. Son obligaciones del tutor: alimentar y educar al menor o incapacitado; exigirle respeto y obediencia; darle una carrera o una profesión; representarle en todos los actos civiles; administrar su caudal y rendir cuentas de su gestión.

Las legislaciones que establecen el consejo de familia encomiendan a éste la superior dirección de la tutela. Dicha institución procede del Código napoleónico, el cual lo tomó de la “Asamblea de parientes” que funcionaba en las regiones francesas. Se trata, en suma, de un cuerpo de potestad ejecutiva, compuesto de cinco o más personas designadas por el padre o la madre, y en su defecto, llamadas por la Ley, para procurar el exacto cumplimiento de los deberes del tutor, en especial consistentes en resolver los asuntos de más importancia y ejercer funciones de inspección. El consejo de familia no ha dado en la práctica los resultados que de él se esperaban, y no existen más que dos soluciones para garantizar la eficacia de la tutela: o se implanta el sistema de la tutela estatal creando tribunales especiales, o se somete a una revisión total la actual organización legal de la tutela familiar.

Pensamiento Filosofico Problemas de la Filosofia Ser Existir

Pensamiento Filosófico Problemas de la
Filosofía Ser Existir

LO MAS ABSTRACTO QUE PUEDE CONCEBIRSE

Imaginemos una mesa. Prescindamos de su forma, de la materia de que está hecha, del color, del peso, de las dimensiones… siempre tendremos una mesa, la idea abstracta de mesa. ahora en un paso más adelante, prescindamos de que sea una mesa, borremos su forma de mesa y nos quedará que “algo existe”. Esto es el ser. Porque este concepto posee una comprensión mínima y tiene una gran extensión. Es decir, si nosotros afirmamos “tengo un ser en mi bolsillo” la gente nos comprenderá poco, sabrá poco o prácticamente nada acerca de lo que tenemos en el bolsillo.

Pensamiento Filosofico Problemas de la Filosofia Ser ExistirEn cambio podrá conjeturar sobre infinitos seres que pueden caber en tal sitio. Su comprensión será escasísima, pero este concepto abarcará innumerables seres (extensión). Por el contrario, si decimos “en el bolsillo tengo tu anillo de bodas”, la comprensión es total y perfecta, pero la extensión, el número de seres que pueden estar en mi bolsillo son poquísimos.

Exactamente sólo puede ser uno: tu anillo de bodas. En este caso en que la comprensión es óptima, la extensión es mínima. Pues bien, el concepto ser es el que se comprende menos y el que se extiende más. Porque todos los de la creación están en él (extensión máxima).

Existen seres reales (un perro) y seres de razón o que no están sino en nuestra mente (un centauro). Seres materiales y seres espirituales. Todos los seres podrían dejar de existir, menos Dios, que es el único ser necesario. Los demás son contingentes, pueden ser y pueden dejar de ser. Dios no puede dejar de ser.

LOS PROBLEMAS DE LA FILOSOFÍA

Se trata de ver y observar. Después, pensar y meditar sobre los problemas que ofrece la vida. Las grandes cuestiones que se ha planteado y seplantea la Filosofía, no son sino problemas de interés general, humanos. Uno de los más acuciantes ha sido el problema del hombre. Si éste es sólo materia o se compone de algo espiritual e inmortal. Admitida la inteligencia, de dónde procede este don que le distingue de los animales. Si el hombre es compuesto de espíritu y materia (alma y cuerpo), de dónde procede el espíritu.

Este problema da origen a otros varios: la relación entre la materia y el espíritu; si es unión meramente accidental, como decía Platón, unidos cuerpo y alma como el jinete a su cabalgadura; si se trata de sustancias relacionadas por medio de la glándula pineal, como creía Descartes; si es unión sustancial de dos principios incompletos, pasivo el uno (cuerpo) y activo el otro (espíritu) que forman un todo completo, como sostiene la filosofía cristiana, etc.
Otro problema es el de si existe un orden moral y si éste es subjetivo, es decir, si cada individuo es fuente, norma y ley de su propia moralidad y, por tanto, la moralidad es algo que cambia según los individuos y las épocas, o si por el contrario existe una ley universal y necesaria para todos los hombres y por encima del correr de los tiempos.

Enlazado con éste tenemos el problema de si el hombre es libre en sus actos o si sus acciones están determinadas de antemano por una voluntad superior, y el problema social de nuestro tiempo: liberalismo o socialismo, individualismo o totalitarismo. ¿El hombre es persona humana con derechos inviolables, con valor absoluto, o el hombre es simple número de valor relativo al servicio del Estado? Y con esto podemos ver cómo lo que llamamos problemas políticos no son otra cosa que consecuencias de doctrinas filosóficas, pues el socialismo, por ejemplo, nació de la filosofía idealista alemana con Schelling y, sobre todo, con Hegel, de quien lo tomó Marx.

El problema de Dios es el problema cumbre de la Filosofía de todos los tiempos. Si existe como ser absoluto, diferenciado e independiente de su creación, o si existe disperso en las cosas, diluido en la Naturaleza: si Dios y el mundo son algo diferente, o si mundo y Dios son una misma cosa.

Dicho en lenguaje filosófico, si Dios es trascendente o inmanente. De ahí la necesidad de un Ser supremo, ordenador, o bien admitir la autodeterminación de una sabia naturaleza. Problemas ante los que pueden tomarse posiciones en uno o en otro sentido, pero que de ninguna manera pueden ser indiferentes o ignorados, por lo que tan vigentes son hoy como ayer. Problemas sobre el conocimiento intelectual.

Si es el objeto el que muestra su presencia al sujeto, o si el sujeto quien se llega al objeto. Si el acto de conocer es una simple acumulación de datos que nos suministran los objetos, o si el acto de conocer es elaboración total del propio sujeto. Si no es ni total aportación del objeto ni total elaboración del sujeto sino interacción mutua, relación, armonía, ayuda común para el acto del conocimiento.

Si el mundo es tal cual nos lo presentan los sentidos o es algo completamente diferente; si no será ilusoria la realidad que conocemos, o las cosas son tal como se nos presentan y no estaremos complicando la cuestión sólo porque se haya comprobado que algunas veces nos engañan los sentidos. Si las ideas que tenemos de las cosas son innatas o son adquiridas; si ya las tenemos al nacer, aún de modo impreciso y luego las vamos perfilando conforme nuestra experiencia, o si nuestro espíritu en la niñez es como una tabla rasa, como un papel blanco, donde todo puede escribirse y todo se marca porque todo es nuevo.

Problemas de todos los hombres y de todas las épocas, que según la manera de ser enfocados y tratados por los diferentes filósofos han suscitado nuevas cuestiones que a su vez han dado origen a nuevos problemas en un proceso indefinido, por el cual toda verdad develada suscita un nuevo interrogante. Éste es, en líneas generales, el cometido con que se enfrenta la Filosofía, y es tiempo de decir qué cosa es este saber tan ambicioso con elevado.

La definición etimológica que se encuentra en todos los manuales dice “Filosofía es el amor a la sabiduría”. Muy poco explica, pero ello es debido a que se limita a traducir el significado de las dos palabras griegas: filos, amante, y sofía, sabiduría.

Una definición más completa de Filosofía ha de abarcar el concepto de ciencia, la materia sobre que trata, es decir, todas las cosas del mundo y los métodos de esta ciencia suprema que son los caminos de la razón. Podríamos decir que Filosofía es la ciencia de todas las cosas por sus causas supremas, adquirida a la luz de la razón.

LOS PROBLEMAS DE LA ONTOLOGÍA

Son muchos. La aparente contradicción entre el concepto de ser y el cambio de las cosas, entre la estabilidad y la mudanza. Existen cosas que cambian constantemente y nunca permanecen igual a sí mismas, mientras otras nos sugieren ideas de perennidad. Por esto algunos filósofos llegaron a pensar que todo el mundo es cambio y nada permanece, mientras otros, al contrario, llegaron a afirmar que nada cambia.

Si todo es cambio, se da una evolución y con nada es permanente, nada puede ser ley definitiva y por lo tanto caemos en un “relativismo”, pues lo que hoy tenemos por bueno mañana lo consideraríamos malo, con lo cual no sería posible orden físico ni moral alguno. Si todo permanece y nada cambia, no podemos explicarnos la vida, ni el crecimiento, ni la muerte. Éste es el problema en sus posiciones extremas. Aristóteles ideó una solución armónica con la “teoría del acto y la potencia”, admitiendo que en todos los seres algo cambia y algo permanece a la vez, pues, por ejemplo, una semilla es, en acto, semilla, pero, en potencia, es una planta. Un tronco, mientras no cambia, es, en acto, un tronco de madera, pero en potencia es todo aquello en que puede transformarse, o sea madera para el fuego y calor, tablas para embalaje o para muebles, mangos para herramientas, figura de santo, radios para ruedas de carro o culata de fusil.

Se ha pensado, también, si todas las cosas no serían sino la transmutación constante de una materia única, todopoderosa, inmensa: Dios. Según la doctrina “panteísta”, todo es Dios y cada piedra no es sino una manifestación del Ser inmenso. También es propio de la Ontología el estudio de las causas porque todo lo existente procede de algo y sirve para algún fin. El origen y el fin de las cosas, pero éste no entendido como utilidad, sino como finalidad, como término de su existencia, como razón de ser. ¿Existe una bondad natural en las cosas del mundo, son indiferentes o bien se da un dualismo en ellas? Ciertas religiones orientales, incluso el cristianismo de los maniqueos está teñido de este concepto dual del mundo: el bien y el mal en constante lucha, tema más propicio de la Teodicea, pero relacionado con la Ontología. En la actualidad apasiona el estudio de la constitución íntima de los cuerpos materiales.

Para explicarla se han ideado varias teorías, como el “mecanismo” por el cual todo obedece a unas leyes de mecánica, de pura masa inerte, contínua o discontinua. Hoy se ha resucitado la “teoría atomística”, combinada con la del “dinamismo o energetismo”, según la cual la materia posee fuerza interna considerable. En fin, muchas otras cuestiones relacionadas con éstas que nos llevarían al estudio de la realidad de las cosas, de su origen y de su fin, temas de vital interés para el hombre.

SER, ESTAR Y EXISTIR

Todo lo que es, existe. Yo soy un hombre, pero no puedo decir “yo soy un enfermo”, sino “yo estoy enfermo”. Estar implica una situación transitoria. Hay una sutil diferencia de lenguaje entre afirmar que el señor Pérez “es nervioso” o “está nervioso”. Un pensamiento, que es espiritual, no puede estar porque esta idea implica lugar o tiempo. Los seres materiales están y existen, son. Los seres espirituales únicamente son, no están. No tiene existencia la nada porque es la negación del ser. Ser y existir no son términos equivalentes porque lo imposible no existe, pero es. Un hombre cuya piel fuese de oro no existe, pero puede ser un producto de mi imaginación. Lo que una cosa es en sí, la suma de sus cualidades, constituye la esencia.

La esencia se expresa por la definición del ser. Una mesa es un mueble de cuatro patas provisto de una superficie plana que no se utiliza para sentarse. Ésta es una explicación de la esencia de mesa. En cada ser existe una esencia que consiste en lo que sin ella dejaría de ser lo que es; lo que le diferencia de otros seres, le da independencia y personalidad propia; su unidad o indivisión, es decir, el formar un todo separado de los restantes seres; su bondad o sea la utilidad, la finalidad de ser, el por qué de la existencia y finalmente su verdad, o sea, la conformidad del ser con la inteligencia. Si yo tengo algo delante que considero una mesa y no lo es, no hay adecuación de verdad en este ser.

Si algo flota en un vaso sin diferenciación con el líquido, este ser carece de unidad o por lo menos no logro desentrañarla. Si tengo algo en mis manos que no acierto a explicarme para qué sirve, en qué consiste, cómo fue hecho, es decir, no acierto a definirlo… en todos estos casos se me escapa la esencia del ser.

TRES CLASES DE SERES

Al estudiar los seres en particular la Metafísica especial presenta tres aspectos o clases de seres que constituyen otras tantas parcelas de la Filosofía: El estudio del universo conocido, la Cosmología. El estudio de la realidad espiritual, de las manifestaciones del sentir y del pensar humano, la Psicología. La posibilidad y naturaleza de un Ser infinito, creador y animador del mundo, estudiado con independencia de los conocimientos sobrenaturales de la Revelación, el cual es objeto de la llamada Teodicea o Teología natural. La Cosmología o ciencia de la Naturaleza fue el primer impulso de la Filosofía a base de especulaciones y de teorías deducidas de los fenómenos físicos, meteorológicos y astronómicos que era dado observar.

El objeto peculiar de esta parte de la Filosofía es la realidad del mundo como algo que existe alrededor nuestro y nos pide una explicación, o sea, no el mundo como universo, globo terrestre o panorama de las cosas visibles, sino la esencia misma de este mundo. La cosmología está por encima de la hoy llamada Astrofísica, pues no se limita al conocimiento de los astros y sus condiciones de vida, sino que se pregunta el origen, desarrollo y finalidad de ese todo que conocemos con el nombre de Universo. este conocimiento, supracientífico, tiene que enfrentarse con una serie de problemas tales como qué es el espacio y el tiempo, el origen del movimiento, las relaciones entre la materia y la energía, el misterio de la vida y la organización, así como de una serie de problemas derivados de éstos, sobre los cuales se ha de elaborar una imagen filosófica. La Psicología es, sin duda, la parcela más cultivada de la Filosofía, hasta tal punto que ya una parte de ella, la Psicología experimental, está intentando escaparse del coto filosófico y constituirse en ciencia por completo independiente, lo cual no deja de ser natural, pues en el momento que un saber entra en el campo de lo que puede ser experimentado queda ya fuera de lo puramente filosófico. Por su parte, la Medicina intenta hacer de este “conocimiento del alma” una rama del estudio general del cuerpo, impulsada por las modernas corrientes de la Psicosomática.

Por otra parte, en nuestras Facultades la Antropología se ha convertido en un amplio estudio que abarca un conocimiento completo del hombre absorbiendo la Psicología. Poca cosa es el alma para la escuela materialista, la cual supone que nuestra actividad interna, el sentir, el pensar y el querer no son otra cosa que productos de la materia orgánica de que estamos formados. El querer o el sentimiento lo producen unas glándulas, igual que el hígado produce la bilis, y el pensar es “una secreción del cerebro”. Pero la materia, por muy completa y organizada que sea, sólo da productos materiales y el pensamiento superior no puede ser reducido a materia. Por lo tanto, se hace preciso admitir la existencia de algo diferente a la materia, y ese algo lo llamamos espíritu. El estudio de sus manifestaciones es el objeto propio de la Psicología, que se trata con la extensión que merece, en un capítulo de este volumen. La Teodicea o Teología natural es la ciencia de Dios a la luz de la razón. Dios ha sido y es el problema cumbre de todos los filósofos y a su conocimiento puede llegarse por varios caminos, pero todos convergen en dos: las razones del hombre y la Revelación.

Ésta se estudia por una ciencia independiente, la Teología, que trata de las relaciones del hombre con la divinidad y establece verdades que no admiten demostración, es decir, verdades de fe en las que sólo cabe creer o no creer, pero no discutir; por lo tanto están fuera del alcance de la Filosofía. Pero del conocimiento de Dios a través de las razones del hombre, trata la Teodicea, y ésta sí que es la ciencia filosófica puesto que está sujeta a discusión. Hemos dicho las razones del hombre y no la razón, porque ésta suele identificarse con el entendimiento y no es sólo esta razón la que nos puede y suele llevar al descubrimiento de la verdad. Como decía Pascal: “el corazón tiene sus razones que la cabeza no comprende”, y el hombre puede llegar al conocimiento de Dios por un descubrimiento súbito como una intuición, una visión directa de algo que permanecía en la oscuridad, por un simple impulso emocional, por la simple necesidad de sentirse amado, y también por un detenido razonamiento intelectual.

Prescindiendo del ateísmo, que no es en rigor actitud filosófica e implica cierta contradicción (pues al afirmar que no se cree en nada ya dice que se cree en la negación, en la no existencia de un Ser supremo, lo cual significa creer en algo), podemos señalar como doctrinas teológicas el agnosticismo, que admite la existencia de un Ser supremo, pero tan diferente a nosotros y tan elevado, que es imposible todo conocimiento de esa inasequible divinidad; el panteísmo, que afirma la identidad de Dios con la Naturaleza, por lo que ésta y Dios son una misma cosa, y nosotros, parte de esa Naturaleza, somos parte de Dios y por lo tanto un poco dioses.

La moderna Teosofía no es otra cosa que el panteísmo mezclado con algunos aspectos de las religiones hindúes y ha dado lugar a doctrinas como el ocultismo y el espiritismo, que alcanzaron cierto éxito sobre todo después de la primera Guerra Mundial. El teísmo es la doctrina según la cual el hombre puede llegar por la sola razón al conocimiento de Dios, a la demostración de su existencia y al estudio de su naturaleza. De todo esto trata la Teodicea llevada por este deseo irresistible, aun para el más escéptico, de pensar si habrá algo más allá de nuestra existencia y si la muerte será el fin o el principio de un nuevo período, si existe un Dios y cómo se nos puede manifestar su omnipotencia.

La Filosofia: El Pensar Profundo Buqueda de la verdad Logica y moral

La Filosofía: El Pensar Profundo
Búqueda de la Verdad Lógica y Moral

EL PENSAR PROFUNDO

El hombre siente un ansia irrefrenable de saber, y para satisfacerla, pregunta a personas autorizadas y lee. Cuando deseamos enterarnos de una materia determinada, adquirimos un libro, un tratado, y la simple lectura del índice nos orienta sobre qué trata e libro. Incluso las personas poco cultivadas distinguen un texto de Geografía de otro que verse sobre Geometría.

En cambio, la lectura del índice de una obra de Filosofía, desorienta porque no acabamos de comprender de qué trata el libro. Leemos: “el ser”, “las causas”, “el espacio”, “los juicios a priori”, etc.

Y nos preguntamos: ¿qué es Filosofía? En esencia no es otra cosa sino pensar, pero un pensar profundo, que no se detiene en lo superficial, sino que pretende llegar a las últimas causas, a la esencia de las cosas. Quien haya sentido tristeza por algo, se habrá dado cuenta de este sentimiento íntimo, habrá analizado las causas que pueden producirlo y buscado el modo de librarse de él.

Quizás haya pensado en cosas más trascendentales; por ejemplo, si hay algo más allá de la triste realidad de la muerte.

Mientras pensaba estas cosas, filosofaba. Pensar en lo que nos rodea, en nuestra intimidad, en el mundo en los hombres, en la vida, es ya filosofar. Y esta acción no es privativa de unos especialistas llamados filósofos, sino que es propia de cualquier ser humano. Filosofar es un poco asombrarse del maravilloso mundo que nos rodea y buscar la explicación de las cosas, las raíces, las razones y las causas últimas de los hechos.
Filosofar está reñido con la prisa y para conseguirlo son imprescindibles la soledad y la calma, la paz y la tranquilidad en el cuerpo y en el espíritu. Por eso la Filosofía nació del ocio en las prósperas colonias griegas del Asia Menor cuando, libres de guerras, estabilizada la sociedad y asegurada la subsistencia, los hombres pudieron dedicarse a pensar. En el principio del filosofar, el hombre sólo buscaba las causas de los fenómenos externos, inquiría y trataba de explicarse el misterio del mundo, lo cual era totalmente imposible de lograr por entero.

Más tarde volvió la mirada hacia sí mismo y descubrió en su interior otro mundo parecido y tan complicado como el que le rodeaba. Al mundo exterior lo llamó “Macrocosmos” o gran mundo, y de él se ocuparon los primitivos filósofos presocráticos. Al mundo interior lo llamó “microcosmos” o mundo en pequeño, y fue Sócrates el primero que, de una manera sistemática, se interesó por él.

¿DE QUÉ TRATA LA FILOSOFIA?

A veces habremos oído decir: “Hay que tomarse las cosas con filosofía” significando que debemos obrar sin excitarnos, serenamente. Esta toma de posiciones o postura ante la vida es una característica de la Filosofía. A nadie se le ocurre decir: “Voy a tomarme este contratiempo con mucha geometría.” Las ciencias ni el saber corriente implican una postura, una manera de ser. A las demás ciencias nos asomamos sin prevención y aceptamos como buenas todas las leyes de la Física, no discutimos los teoremas de las Matemáticas y creemos todo lo que nos enseña la Astronomía. En cambio, al primer contacto con la Filosofía reaccionamos, nos permitimos opinar, discutir y disentir. Dentro de nosotros hay algo que nos da su conformidad o expresa su oposición.

La Filosofía es un saber muy personal y crea un “modo de ser”. Así como entre los geómetras se encontrarían pocas opiniones distintas, entre los filósofos hallaremos el que duda hasta de la existencia de sí mismo y el que, al contrario, opina que sólo existe el Yo y no el mundo exterior. Cada filósofo crea su propia escuela. El cometido de la Filosofía, sin embargo, presenta dos facetas: la busca de la verdad, el por qué de las cosas y luego la adaptación de la conducta a un sistema filosófico; proceder conforme el resultado de las verdades encontradas.

Pero la filosofía no es un discutir y un opinar al estilo de una tertulia literaria, sino un saber ordenado, metódico y firme, que se apoya en principios y verdades suministradas por las otras ciencias. En un principio la Filosofía abarcaba todo el saber humano y versaba sobre todas las materias, pero cuando el volumen de conocimientos desbordó la capacidad del hombre para comprenderlos todos, no hubo más remedio que cultivar pequeñas parcelas. Así, primero fue el estudio del Cosmos, del mundo en general, que dio origen a las Matemáticas, cuyo primer gran cultivador fue Pitágoras; a la Geometría, que estudió Euclides; a la Medicina, que practicó Hipócrates, etc. Pero estos cultivadores no eran sino filósofos que se especializaban. Por esta razón, al hombre que abarcaba todo el saber se le llamaba sabio y Pitágoras dijo que él no era “sofos”, es decir, sabio, sino “filo-sofos”, o sea amante de la sabiduría.

Esta tendencia de la Filosofía a abarcar todos los conocimientos aún prevaleció durante la Edad Media en que aparecieron las Summas o compendios del saber. Todavía en la Edad Moderna, Descartes y Leibniz eran grandes filósofos y, a la vez, matemáticos y físicos. En pleno siglo XVII Newton aún expuso su teoría de la gravitación universal como “Principios matemáticos de la Filosofía natural”. Pero llegó un momento en que las demás ciencias se apropiaron gran parte de este saber universal. Unas entendieron sobre la vida y sus manifestaciones, otras sobre los fenómenos de la materia, otras sobre la cantidad y la forma, etc. A la Filosofía le quedó el saber abstracto, la especulación fuera del alcance de los sentidos; por tanto la forma más elevada del pensamiento, porque está por encima de todas las ciencias y en último término las comprende y las explica todas.

DIVISIONES DE LA FILOSOFIA

Cuando las ciencias se repartieron el campo del saber, a la Filosofía le quedaron las propias del espíritu, y en especial la Metafísica. Andrónico de Rhodas, un discípulo de Aristóteles, ordenó las obras de su maestro y colocó todas las que trataban de cosas materiales en primer lugar y las llamó “Física”.

A continuación dispuso las que versaban sobre cosas del espíritu y las denominó “Metafísica”, es decir, “más allá” de la Física. Una primera división la tenemos al comprender todo lo que se refiere al puro saber (Filosofía natural), lo que es propio del conocimiento (Filosofía racional) y lo que atañe a la conducta (Filosofía moral). No existe una división rígida, universalmente aceptada de las partes en que puede dividirse la Filosofía, porque cada pensador ha aparcelado este vasto campo un poco a su gusto. Sin embargo, se admiten hoy las siguientes grandes divisiones: El estudio del ser es propio de la Metafísica o Filosofía natural.

En ella existen tres campos bien delimitados: el mundo, el alma humana y Dios. Si estudiamos el ser en conjunto, haciendo abstracción de sus cualidades concretas, tendremos la Ontología. Es la Metafísica general. Si prestamos nuestra atención a todos los seres creados sin más distinción, tendremos la Cosmología. El estudio del alma humana dará paso a la Psicología, y la parte que abarque el problema del Supremo Hacedor, será la Teodicea. Cuando se estudie el pensamiento, el mecanismo del conocimiento del hombre en particular, tendremos la Filosofía racional. Esta materia puede comprenderse o bien como las reglas del conocimiento, y en este caso será la Lógica, o bien como los criterios de la verdad, el modo de cerciorarnos de si un nuevo descubrimiento es o no verdadero, y esto dará lugar a la Criteriología.

La Filosofía moral es eminentemente práctica y tiende a regular la conducta del hombre y de la sociedad. Al estudiar si existe una norma de conducta superior a las apetencias vulgares del hombre se origina la Moral y al aplicar ésta a la vida, surge el Derecho como relación del hombre y la sociedad. Finalmente, la Historia de la Filosofía es la visión del pensamiento filosófico a través del tiempo. EL ESTUDIO DEL SER EN GENERAL. Éste es el objeto de la Metafísica, que trata de todos los seres, pero dejando a un lado los detalles, las notas particulares, los accidentes que los caracterizan, pues de éstos se ocupan las demás ciencias. Fue llamada por Aristóteles Filosofía primera, ya que realmente se trata de la primera y más rica parcela de la Filosofía y la más elevada. Existen distintos grados de conocimiento, que en Metafísica se conocen con el nombre de “grados de abstracción”. En un primer grado, las ciencias prescinden de lo singular o individual para atenerse a lo común o general; así, el naturalista describe los “tipos” de minerales, plantas y animales prescindiendo de la cantidad, pues le interesa sólo la cualidad.

El físico prescinde de los pormenores de los fenómenos y busca sólo la ley que los explica. Éste es el primer grado de abstracción que caracteriza a las ciencias físicas y naturales. Hay otro grupo de ciencias que prescinden, no sólo de la individualidad de las cosas, sino también de las cualidades de las mismas y le interesa la generalidad, pero sólo como cantidad; no los detalles de composición, propiedades, ni leyes que regulen estas propiedades, sino el número y las relaciones que pueda tener con otros números o agrupaciones de cosas.

Este segundo grado de abstracción es el que corresponde a las ciencias matemáticas. Pero todavía hay un tercer grado de abstracción superior a los anteriores que prescinde de la materia en todos sus aspectos, cualitativos y cuantitativos. Ya no interesan aquí los fenómenos ni las leyes que los regulan, la forma, el número o el color. Solamente el concepto de ser. Éste es el objeto de la Ontología.

LA BELLEZA

Así como la Ética es una filosofía de la conducta humana, si consideramos esa conducta en particular, ante el hecho artístico, respecto la belleza, tendremos una moderna parte de la Filosofía que se denomina Estética. Interesa a esta nueva ciencia el problema de la creación artística y el análisis filosófico del juicio estético. Es digno de estudio el hecho de la creación artística. ¿Por qué determinados hombres producen algo que causa asombro a los demás y que hemos dado en llamar obras de arte? ¿Por qué no todos los hombres pueden producir estas obras ni despertar en los demás tales sentimientos?

Asimismo es digna de estudio la particular emoción que se siente en la contemplación de la obra de arte y el juicio universal que determinadas obras merecen. ¿Qué es la belleza? El problema cumbre de la Estética es el de si todo se reduce a consideraciones meramente subjetivas o si existe un valor objetivo fuera de nosotros y cuyo contenido nos esforzamos en descubrir. Si este valor, al ser creado por el hombre, presupone una intuición, un sentimiento, un juicio y una creación estética y artística, a diferencia de la intuición, sentimiento, juicio y creación en general. En definitiva, qué es lo bello, cuáles son sus variantes, qué es el juicio estético y el por qué de los gustos artísticos en las diversas épocas.

Santo Tomás decía que “bello es el objeto que al contemplarlo produce un deleite, un sentimiento de agrado”. Por tanto, puede ser bello un paisaje, un canto, un acto humano, un rostro. Para que se dé la belleza es necesario que el objeto, el acto o el hecho ofrezcan unas proporciones, una armonía entre sus partes; es decir, que de él emane un orden interno el cual le da cierto esplendor y claridad. La historia del Arte nos muestra de qué modo los distintos pueblos a través del espacio y el tiempo han sabido crear obras bellas utilizando materiales y estilos tan diversos.

LA BUSCA DE LA VERDAD

Cuando la cosa real coincide con el concepto mental, la cosa es verdadera y el concepto también. No es lo mismo ignorancia (carencia de conocimiento) que opinión (se admite la posibilidad de que sea cierto lo contrario), que duda (nuestro juicio no se decide acerca de dónde está la verdad) o de certeza (en este caso estamos seguros de la verdad). El deseo de poseer la certeza ha dado origen a un aparte de la Filosofía cuyo fin es la crítica del conocimiento. Fue impulsada por Kant y se denominó diversamente: Crítica, Criteriología, Epistemología o Teoría del conocimiento, y es la rama más reciente de la Filosofía.

El problema lo suscitó Kant al dudar de la eficacia de nuestra mente para la adquisición de conocimientos, al criticar las fuerzas de la razón humana y afirmar que hay algo en las cosas que nuestra inteligencia es incapaz de conocer. El acto de conocer se reduce a dos términos: un sujeto que conoce y un objeto que es conocido. Parece que este acto de conocer dependiera principalmente del sujeto, pero ¿es que el objeto no es también activo? ¿Podría darse conocimiento sin unas impresiones sensoriales, sin un excitante visual, acústico, táctil, etc., que no se originara en el objeto? Ya los griegos aseguraban que “nada hay en el entendimiento que antes no haya estado en los sentidos”.

La preponderancia del objeto o del sujeto en el conocimiento señala dos escuelas filosóficas distintas. Incluso se ha llegado a afirmar que el Yo es completamente pasivo o, al revés, que todo es elaboración de nuestro Yo. El Yo y nuestro mundo interior están en contraposición al mundo exterior, y como todo lo que conocemos del mundo exterior lo conocemos nosotros y por nuestros propios medios, algunos pensadores llegan a afirmar que, propiamente hablando, no existe el mundo exterior, sino que lo hemos formado nosotros mismos, es obra de nuestro pensamiento, pura imaginación. Fácilmente se comprende que de ser esto así, no existirían verdades permanentes, pues habría tantos mundos y tantas verdades como pensamientos y criterios personales, como personas existen. En contraposición a esta posición, otros filósofos creen que existe un mundo exterior real, pero totalmente inasequible a nuestro pensamiento por lo que la mente humana nunca llegará al conocimiento de la verdad del mundo exterior.

Los objetivos están frente a nosotros influyendo en nosotros, pero no los llegaremos a conocer jamás tal como son, porque rodeamos las cosas con nuestra forma peculiar de sentir, las disfrazamos con la marca de nuestra subjetividad. El sentido común, por desgracia olvidado por muchos filósofos, nos aleja de las posiciones extremas y nos hace admitir la existencia de un mundo real fuera de nosotros y no preformado por nosotros, así como la existencia de una actividad para conocer por parte del sujeto y de una actividad por parte de los objetos para ser conocidos. De esta mutua relación surge el conocimiento. Es cierto que no podemos llegar a saber toda la verdad, el misterio del mundo, pero sí podemos conseguir la evidencia de un cierto número de verdades universales y necesarias.

LA LÓGICA

“Seamos lógicos, razonemos con lógica”, se oye en el curso de alguna discusión, cuando los ánimos están exaltados. Entonces es difícil razonar con lógica, porque el sentimiento oscurece el entendimiento y para pensar se necesita serenidad, frialdad y un estado de ánimo imparcial y objetivo. La Lógica tiene rango de ciencia preliminar y es como el vestíbulo de la Filosofía, de tal modo que Aristóteles, el iniciador de la Lógica, ni siquiera la incluyó en la Filosofía. Por esto la colección de sus escritos lógicos fue llamada Órgano, o sea “instrumento del saber”. La razón de esta distinción es que la Lógica nos muestra cómo debe ser elaborada la Filosofía para que ofrezca las garantías de un legítimo saber.

Cuántas veces hemos oído decir: “es lógico que así suceda”, “era un depravado, luego lógicamente, tenía que terminar en la cárcel”. En estas frases usamos la palabra lógico como manera de pensar ordenada. Si nos fijamos en el nombre de muchas disciplinas veremos cómo la Lógica entra en muchas palabras compuestas con un significado preciso: Psicología, Biología, Cronología, etc., y si nos referimos a un hecho de estas ciencias, decimos psicológico. Este elemento común de logía, logos, significa saber, ciencia, conocimiento. La palabra Lógica tiene el valor de “ciencia de las ciencias” y no se refiere al contenido de las mismas, sino a la forma como se llega a descubrir la verdad, a estructurar los conocimientos.

En este mismo volumen se ha estudiado, en la parte de Psicología, el mecanismo de la mente humana en el proceso de encontrar la verdad, gracias al acto intelectual. Resumiendo aquellos conceptos, tenemos que una idea es una elaboración mental acerca de un ser. Los conceptos son las ideas elaboradas, hechas firmes y expresadas generalmente por un término, una palabra. Las relaciones entre conceptos permiten la formación de juicios, que se expresan por medio de una frase. El razonamiento, cuya forma más pura es el silogismo, es el análisis de dos juicios para encontrar uno nuevo. Así, la idea de ave como ser dotado de plumas, y el único, precisamente, que las posee (concepto) se une a la idea de gato entre cuyas notas se halla la de no poseer plumas (otro concepto). De ambas se forman dos juicios: Todas las aves tienen plumas.

Los gatos no tienen plumas. El hecho de poseer un término común (tienen plumas) da origen a la conclusión del silogismo que origina esta frase, en la cual hay una afirmación nueva: Los gatos no son aves. Allí se explicó la actividad del entendimiento en el hallazgo de la verdad: el razonamiento deductivo, por el cual de una verdad general se deducen verdades particulares y el razonamiento inductivo, por el que se llega a una verdad general del examen de muchas verdades particulares. Si todos los metales son buenos conductores del calor, es evidente que este pedazo de hierro será buen conductor del calor.

Esto es un razonamiento deductivo. Las experiencias de laboratorio a lo largo de innumerables días, ensayos, fracasos, etc., permiten llegar a la conclusión de que la generación espontánea, por ejemplo (ley general), no existe. Es el camino del razonamiento inductivo. Sin embargo, la Filosofía se plantea hoy un problema muy interesante: ¿hasta qué punto estos razonamientos son verdaderos? En el caso de la deducción, ¿una ley general será siempre así en todos los momentos futuros? Y en el caso de la inducción, ¿estamos seguros de haber examinado todos los casos particulares posibles, para que una ley general sea valedera siempre? Es sabido que todos los metales se dilatan con el calor, pero esto fue cierto hasta que se descubrió una anomalía que destruyó la validez de la ley general.

El polonio con el calor en lugar de dilatarse se contrae. No hubo suficiente examen en el momento de inducir la ley o bien se generalizó demasiado en el proceso deductivo. Hoy la ciencia admite la probabilidad, es decir, que las cosas pueden ocurrir de distintos modos, pero los hechos se inclinan por el mayor número de probabilidades. Las que tengo de sacar un seis al tirar un dado son de 1 sobre 6. Si pretendo sacar un rey en la baraja española las probabilidades son de 1:12. Si en la lotería espero ganar el gordo, las probabilidades son de 1:50.000 si éste es el número de billetes y si espero alcanzar los 13 resultados del Prode, las probabilidades son de 1 contra 531.441. Infinitas menos existen de que al echar unas letras tipográficas al azar, me salga formando y ordenado un versículo de la Biblia. Sin embargo, las leyes generales propias de las ciencias físicas y naturales son verdades probables, ciertas en casi todos los casos, pero que un día pueden caer ante la presentación de un hecho que las contradiga.

LA MORAL

El estudio de la actividad del hombre, su conducta, sus normas, sus derechos y deberes respecto a la sociedad en que vive, constituye otra parcela de la Filosofía: la Ética. La primera consideración estriba en si existen unas leyes inamovibles, dictadas por un Ser supremo, e iguales para todos los hombres, o si no existe ley ninguna permanente y lo que en una época, para una generación, está considerado como bueno, en otra, y para otra generación, aquellos mismos actos son considerados como malos.

La Filosofía tradicional ha defendido siempre la existencia de un poder ordenador, que dictó, desde el principio del mundo, unas leyes inamovibles que los hombres no siempre cumplen, pero que han de tener en cuenta; leyes que están impresas en la conciencia de todo ser humano. Los filósofos modernos, siguiendo también a Kant, pretenden llegar a la conclusión de que no existe ninguna ley universal, ni anterior al hombre, ni impuesta por ningún poder extraterreno; sólo existe la ley individual que cada hombre se forja.

De admitir esto, lo bueno para uno sería malo para otro y, en consecuencia, no podría existir la sociedad humana, ya que la vida social implica el común reconocimiento de ciertos principios iguales para todos, por los cuales unas acciones son indiscutiblemente buenas y otras malas. Consecuencia de este problema de la ley universal es el problema de la libertad, clave de la Ética. Si el hombre es dueño de sus actos o si éstos están determinados por una fuerza superior que obedece aunque crea ser libre. Este problema llegó a apasionar a los filósofos del Renacimiento, pues va ligado a ciertas creencias religiosas.

En efecto, no es posible admitir ningún credo religioso, sin afirmar antes el libre albedrío humano. Porque si el hombre obedece ciegamente al destino, a la fatalidad, ¿cómo puede ser culpable o merecedor de recompensa? Cielo e infierno sólo son posibles si el hombre es capaz de obrar con libertad. El Determinismo afirma que el hombre se cree libre, pero, como en el mundo físico, y también en la vida humana, todo está calculado, previsto y determinado. De ahí se inferirá la carencia de responsabilidad de nuestros actos y, por tanto, la injusticia de las leyes represivas, de los premios y de los castigos. La suprema norma de moralidad es: “Haz el bien y evita el mal.” Los actos no son buenos porque una ley así lo disponga, ni son malos porque la misma ley los prohíba, sino que los actos son en sí buenos o malos y la ley los ordena porque son buenos y los prohíbe porque son malos. Existen, pues, una bondad o maldad intrínsecas y absolutas. Ha de existir un valor universalmente entendido como bien, y la carencia o ausencia de este bien es lo que se considera como mal.

De otro modo cada hombre o grupo de hombres consideraría determinados actos como buenos mientras que otros tendrían aquellos mismos actos como malos. La distinta interpretación del bien y del mal, de las normas de conducta, de la ley y del destino del hombre, han tenido como consecuencia la aparición de distintas escuelas. La moral hedonista dice que el bien es el placer y el mal es el dolor. La moral estoica asegura que el bien es la virtud y el mal la falta de virtud y, por tanto, la virtud debe buscarse despreciando todos los afectos, deseos o dolores que nos causa la vida. La moral escéptica afirma que no hay posibilidad de conocer ni distinguir el bien del mal y, por tanto, el hombre sólo debe seguir sus propios impulsos.

La moral natural aconseja que el hombre obre según su propia naturaleza racional y el fin para que fue creado. Obrar así es el bien, y el obrar contra la Naturaleza es el mal. La moral utilitarista enseña que sólo es bueno aquello que es útil, y lo no útil es lo malo. Mas la Ética, en sí, que es el estudio de las últimas razones de los actos humanos de lo moral, está por encima de todas las teorías; no es sólo una disciplina normativa, en el sentido de dar reglas de conducta, sino que estudia los fundamentos, origen y variantes de la conducta humana.

El Matrimonio El divorcio Padre e Hijos La familia y el estado

El Matrimonio El divorcio
Padre e Hijos La familia y el Estado

matrimonio frente al sacerdoteEL MATRIMONIO

Desde el punto de vista legal ofrece dos aspectos: el canónico o religioso, y el civil, que se contrae ante el representante del poder público. La validez del matrimonio depende de la legislación de cada Estado.

En la legislación de la Rusia se considera al matrimonio como acto puramente privado, y los contrayentes se limitan a manifestar que tal es su voluntad ante el encargado de efectuar las anotaciones en el Registro civil.

Los países que adoptan el sistema de la forma exclusivamente religiosa (repúblicas hispanoamericanas, Grecia, y otros) sólo consideran uniones matrimoniales las celebradas con arreglo a los ritos de la religión oficial, o de alguna otra reconocida.

En algunos países, como anteriormente en España, rige todavía el sistema de la forma religiosa oficial con forma civil subsidiaria sólo para los que no profesan la religión del Estado. Otro sistema es el de la forma civil obligatoria, con dos variedades. En una el matrimonio civil ha de ser previo al canónico (Francia, Argentina, Brasil). En otros países, como Inglaterra, Suecia, etc., han adoptado el sistema llamado de la libre elección y atribuyen iguales efectos a la forma religiosa o a la civil.

El matrimonio sacramental o canónico es la unión legal, elevada por Cristo a sacramento, de un hombre y una mujer, para la procreación y educación de los hijos, comunidad de vida y recíproca y perpetua ayuda espiritual y corporal. El matrimonio canónico debe celebrarse observando la forma prescrita por la Iglesia: ante el párroco, estando los contrayentes en gracia de Dios, con bendición, etc.

DIVORCIO Y SEPARACIÓN

El matrimonio religioso es indisoluble mientras vivan los cónyuges; así lo prescribe el Derecho canónico, a pesar de ello países de honda raigambre católica como España, Italia, Argentina, Irlanda, etc., lo han aceptado y llevado a la práctica atendiendo a los cambios sociales y necesidades de la sociedad actual. Los códigos de Inglaterra, Austria, y otras naciones lo rechazan solamente para los que profesan la religión católica. Francia, Portugal, Inglaterra y otros países, admiten el divorcio fundado en casos graves. Por el contrario, Estados Unidos, Suiza y Alemania, admiten la disolución del vínculo conyugal por motivos fútiles.

En Bélgica y Cuba, basta el consentimiento de los esposos para que la disolución tenga lugar. En la Rusia se admite el divorcio fundado en la solicitud de uno de los cónyuges. Ante los abusos cometidos y en bien de los hijos, víctimas inocentes del divorcio, hoy se observa una reacción en favor de la indisolubilidad del matrimonio, o cuando menos, una tendencia a que se reglamente con mayor rigidez. Las leyes civiles de España mencionan las siguientes causas de divorcio: adulterio de la mujer o del marido, malos tratos, injurias graves, violencia ejercida sobre la mujer para obligarla a cambiar de religión, la propuesta del marido para prostituir a la mujer, el conato de marido o mujer para corromper a sus hijos o prostituir a sus hijas, y la condena del cónyuge a reclusión perpetua.

IMPEDIMENTOS

Uno de los requisitos de mayor importancia para la celebración del matrimonio es que no existan impedimentos. Se llama así toda circunstancia que produce prohibición para contraer matrimonio y pueden ser de dos clases: “Dirimentes”, que prohibiendo el matrimonio, impiden que se contraiga válidamente, e “impedientes”, que prohibiendo el matrimonio, no lo anulan pero lo hacen ilícito. Son impedimentos dirimentes la falta de aptitud física, por ejemplo si los contrayentes no tienen la edad legal, o si existe impotencia.

La esterilidad no impide el matrimonio. La falta de consentimiento por defecto de uso de razón, por ignorancia de la esencia del matrimonio, por simulación y reserva mental, error, violencia o miedo, rapto o por si uno de los dos contrayentes impone la condición de no tener hijos, son también impedimentos dirimentes. Los impedimentos dirimentes por incompatibilidad de estado son el vínculo matrimonial contraído con anterioridad (bigamia), el haber recibido órdenes sagradas uno de los contrayentes, haber realizado votos solemnes y la disparidad absoluta de cultos. Existen impedimentos dirimentes por parentesco, como la consanguinidad, que impide o dirime en línea recta, entre todos los ascendentes o descendientes, tanto legítimos como naturales y en la colateral, sólo hasta el tercer grado; la afinidad en segundo grado (esposa del tío carnal respecto al sobrino); el parentesco espiritual que existe sólo entre el bautizado, de un lado, y el bautizante y el padrino de otro, y el parentesco legal o de adopción que tiene lugar entre el padre o madre adoptantes y el adoptado; entre éste y el cónyuge viudo, así como los descendientes legítimos del adoptante mientras subsista la adopción.

Existen impedimentos dirimentes por delito, como son, el adulterio entre dos casados con promesa de matrimonio posterior en caso de enviudar, y el asesinato de uno de los cónyuges con intención de contraer luego matrimonio el asesino con el viudo o viuda. Son impedimentos impedientes, que no anulan el matrimonio, pero que lo hacen ilícito, los siguientes: el voto simple de virginidad o de castidad perfecta, o de no contraer matrimonio, o de recibir orden sacra, o de abrazar el estado religioso; la religión mixta entre personas bautizadas, de las cuales una sea católica y la otra esté adscrita a una secta herética o cismática. La Iglesia prohíbe a sus fieles contraer matrimonio con los que notoriamente renegaron de la fe católica, aunque no pertenezcan a ninguna secta acatólica, o estén afiliados a sociedades condenadas por la Iglesia (masonería, comunismo, etc.) o los públicos pecadores o censurados (que no quieren confesarse o reconciliarse con la Iglesia). La Iglesia considera impedimentos impedientes algunos que vienen impuestos por las leyes de los Estados. Por ejemplo: a la viuda, dentro de los 301 días siguientes a la muerte del marido o antes de su alumbramiento; al tutor y a sus descendientes, con el pupilo o pupila, hasta que sean aprobadas las cuentas de la tutela, etc.

LOS PADRES Y LOS HIJOS

La palabra “matrimonio” procede de las latinas matris munium (oficio de madre) y ello es así, porque uno de los fines más importantes del matrimonio es la procreación de los hijos. El Derecho establece cuatro categorías de hijos: Son legítimos los concebidos por los dos cónyuges durante el matrimonio; también lo son los concebidos antes del matrimonio; y nacidos durante éste. Son hijos ilegítimos naturales los habidos de padres que, al tiempo de la concepción, tenían capacidad para contraer matrimonio, pero no estaban casados. Si son reconocidos por ambas partes, se denominan naturales verdaderos; si sólo lo son por uno de los padres, llámanse ilegítimos naturales por declaración judicial. Son hijos ilegítimos no naturales, los habidos de padres a los que, en el momento de la concepción, les era imposible la celebración del matrimonio.

Pueden ser incestuosos debido a impedimento de parentesco no dispensable; adulterinos, por impedimento de matrimonio anterior con otro, y sacrílegos, por impedimento de estado religioso. Son hijos legitimados, los que siendo originariamente naturales, pasan a ser considerados como legítimos por subsiguiente matrimonio de los padres, o por concesión soberana. Reciben el nombre de hijos adoptivos, los que no siéndolo por la sangre, adquieren la condición de tales, en virtud de un especial acto jurídico denominado “adopción”. Éste es un contrato irrevocable, revestido de formas solemnes, por el cual una persona, con plena capacidad jurídica, toma bajo su protección a un extraño que, sin salir de su familia natural y conservando todos sus derechos, adquiere los de ser alimentado, si así se pacta, sin perjuicio de herederos forzosos, si los hubiera. Pueden adoptar las personas que se hallen en el pleno uso de sus facultades civiles; que tengan 45 años cumplidos y 15 más que el adoptado. Los cónyuges pueden adoptar conjuntamente.

No pueden adoptar los eclesiásticos, los que tuvieren descendientes legítimos o legitimados y el tutor, con respecto al pupilo, hasta la aprobación de las cuentas. Pueden ser adoptadas las personas de cualquier condición y estado, con tal que tengan 15 años menos que el adoptante. Las formalidades requeridas para la adopción son, en síntesis: formación del expediente, aprobación judicial, escritura de adopción e inscripción en el Registro civil. El menor o incapacitado que haya sido adoptado puede impugnar su adopción, dentro de los 4 años siguientes a la mayoría de edad, o a la fecha en que haya desaparecido su incapacidad, alegando y probando la inconveniencia que para él representa el vínculo jurídico contraído.

El prohijamiento y acogimiento familiar de expósitos son instituciones análogas a la adopción. La administración, tutela a los expósitos acogidos en sus establecimientos y por ello tramita los expedientes de adopción. La administración, tutela a los expósitos acogidos en sus establecimientos y por ello tramita los expedientes de adopción, que también han de ser aprobados por el juez.

REQUISITOS

La celebración del matrimonio requiere ciertos requisitos previos, como el examen de los novios para cerciorarse de que saben la responsabilidad que van a contraer; el expediente de libertad; las amonestaciones o proclamas para constatar la capacidad; la inexistencia de impedimentos, etc. El menor de edad, no emancipado por anteriores nupcias, necesita licencia paterna para contraer matrimonio, como un remedio contra las uniones irreflexivas o impremeditadas. En ciertos casos (marinos, militares, diplomáticos) se requiere licencia administrativa. El párroco anota en el libro de matrimonios de la parroquia todos los datos relativos a los contrayentes, testigos, fecha, lugar, etc., según las prescripciones rituales; además efectuará la anotación, en el libro de bautizados, o dará conocimiento al párroco correspondiente si el cónyuge hubiese sido bautizado en otra parte, para que se ponga la nota marginal de referencia. En caso de solicitárselo, extiende la partida o acta de matrimonio. En España pueden contraer matrimonio civil quienes prueben documentalmente o por declaración jurada su a catolicidad.

Los requisitos previos, y trámites posteriores, son casi idénticos a los que la Iglesia tiene establecidos. El acto, tiene lugar ante el juez municipal. Los cónyuges están obligados a vivir juntos y al marido compete el derecho de designar el domicilio conyugal.

Han de guardarse fidelidad y por ello la ley castiga al adulterio, siendo además éste causa de divorcio. Los cónyuges deben auxiliarse mutuamente, prestarse alimentos y asistirse entera y completamente en todos los órdenes de vida. En cuanto se refiere al régimen económico matrimonial, se observan sistemas jurídicos diversos. Antiguamente el marido se hacía dueño de todos los bienes aportados por la mujer. Hoy suele formarse una masa común con la totalidad o parte de los bienes de los cónyuges, y a la disolución del matrimonio, éstos se reparten entre los cónyuges o sus herederos.

Por el sistema llamado de separación de bienes, cada cónyuge conserva la propiedad de los suyos. En España rige la libertad de estipulación, y de ahí nacen las llamadas “Capitulaciones matrimoniales”, es decir, el contrato otorgado por los futuros cónyuges, antes del matrimonio, con el fin exclusivo de fijar el régimen a que deben sujetarse los bienes de cada uno. En nuestro país, cuando no se estipula lo contrario, rige la llamada “Sociedad de gananciales”, consistente en que las aportaciones de marido y mujer serán de propiedad exclusiva de cada uno de ellos, pero las ganancias obtenidas y las adquisiciones posteriores serán del matrimonio y, por tanto, lógicamente, de los hijos.

La Importancia de los Idiomas Ciencias del Lenguaje La Comunicacion

La Importancia de los Idiomas
Ciencias del Lenguaje

HABLAMOS por una necesidad íntima y porque resulta imposible callarse en muchas ocasiones. Cuando un niño toma un vaso de lejía y se lo lleva a la boca creyendo que es un licor, quien lo ve grita, porque brota de su pecho en forma de sonido la imperiosa necesidad de evitar un mal terrible. En otras ocasiones, cuando nos encontramos bajo los efectos de una excitación provocada por el alcohol o una emoción fuerte, charlamos por puro gusto motor y entonces casi no importa el significado de las palabras o las voces que salen de nuestros labios.

En otros momentos “se pesan las palabras” y encontramos personas tan parcas en el hablar que para ellas el silencio posee un valor incalculable. Como éstos, opinaban los espartanos que habitaban en la Laconia y dieron universalidad al término “laconismo”, o parquedad en el hablar.

La comunicación

Las palabras que constituyen nuestro lenguaje son una expresión concreta de nuestros pensamientos, deseos o sentimientos. Pero no siempre se habla con palabras. La mímica y el gesto suplen muchas veces frases bien compuestas. La mano tendida pidiendo limosna es un gesto patético, y lo mismo el puño del hombre irritado, la sonrisa afable, el encogimiento de hombros… El signo es algo material que evoca en nosotros, al ser percibido, una idea.

El humo es signo de fuego y este caso es un ejemplo de signo natural, pero la bandera tremolando en lo alto de un edificio, en tierra extranjera, es signo de que allí hay algo de nuestra patria; es un signo artificial.

La palabra hablada y la palabra escrita son signos convencionales para expresar una idea. Para comprender la significación hace falta poseer el secreto, el simbolismo de la cosa significada. Los antiguos cristianos trazaban en los muros la silueta de un pez.

Para los paganos se trataba de un dibujo o de un adorno porque no estaban en el secreto de la significación o traducción del signo. Para un sediento que no sepa inglés nada significará la invitación take a drink, cuya traducción le abriría las puertas a la esperanza de calmar su sed.

La palabra ofrece dos aspectos. Uno es el sonido o el grafismo que es algo material, visual o acústico. Otro es el significado, la traducción de los signos o fonemas, y este aspecto tiene carácter eminentemente espiritual.

LA IMPORTANCIA DE LOS IDIOMAS

No debe considerarse como condición primaria para que un idioma goce de importancia, el número de personas que lo hablan. En este caso, el chino, con sus 550 millones, sería el primer idioma del mundo. Durante el siglo XVI era el español el idioma mundial, no sólo por la extensión de su Imperio, sino porque era la lengua culta y literaria

. Este predominio pasó en el siglo XVIII al francés y hoy lo goza la lengua inglesa, la más corriente en el mundo cultural, político y comercial. Entre los países civilizados se establecen vastas áreas de influencia íntimamente relacionadas con la política y el saber.

Así, hay el área del idioma ruso, que abarca el Este de Europa y gran parte de Asia, el área del castellano, que comprende, además de la Península Ibérica, gran parte de la América central y meridional; el francés, que sigue manteniendo su importancia en el mundo científico, literario y político, y el inglés, que es el idioma universal por excelencia, ya que se habla en todas partes del mundo.

En efecto, un noruego, si pretende visitar el Japón, ¿qué recurso le queda sino perfeccionar el inglés que le permitirá, al mismo tiempo entenderse en Sidney, en Quebec, en Roma y en Casablanca? Las Naciones Unidas admiten como lenguas de trabajo con igualdad de derechos el inglés, el ruso, el francés y el castellano.

En la Edad Media, cualquier viajero podía recorrer Europa hablando el latín, pero la formación de las nacionalidades implicó la aparición de distintas lenguas. En diversos momentos surgieron conatos para establecer un idioma universal. Éstos comenzaron ya con Rogerio Bacon y siguieron con Leibniz, Condillac, etc. Juan Martín Schleyer ideó el Volapuk; Landa el Kosmos o latín simplificado, y por último, un ruso el esperanto.

El doctor Lázaro Luis Zamenhoff publicó en 1887 un folleto titulado Lingro internacia Antauparolo Kaj plena Lernolibro. Por firmarlo el “doctoro Esperanto”, es decir, el doctor que espera, se le dio el nombre con que hoy se le conoce.

El esperanto es un idioma artificial, cuyos vocablos están tomados de las lenguas eslavas, germanas y latinas. Su alfabeto posee 5 vocales y 23 consonantes, y su gramática tiene 16 reglas sin excepciones. Las sociedades esperantistas proliferaron por todo el mundo, y antes de 1914 existían 3.000 entidades que editaban unas 2.000 revistas.

El número de congresos y reuniones era elevado y debía celebrarse el décimo congreso internacional en París cuando estalló la guerra mundial. En la actualidad, el esperanto es cultivado por millones de personas, pero no se ha impuesto como idioma único universal.

En 1907 fue presentada otra lengua univesal, llamada Ido, que era un esperanto aún más simplificado, debido a Luis de Beaufront, pero no tuvo gran aceptación. Del mismo modo ha nacido el inglés básico, que es una simplificación del inglés para usos internacionales. Hasta el Concilio Vaticano II la Iglesia Católica mantenía el latín como idioma litúrgico universal, pero al mismo tiempo era vehículo perfecto de comunicación entre sus distintos miembros, y así un sacerdote católico pakistaní sabía que podía hablar y entenderse con otro francés, gracias al latín que era su lengua común.

LA TORRE DE BABEL

Dice el Génesis que “era la Tierra toda de una sola lengua y de una sola palabra”. La creencia en una lengua primitiva única es importante. Herodoto suponía que la primera lengua de la Humanidad fue el frigio. San Jerónimo creía que había sido el hebreo, y muchos supusieron que el idioma más antiguo fue el arameo y también el sánscrito. De la misma forma que las lenguas romances, como el castellano y el francés, proceden el latín, es natural suponer que éste y el germano deben su origen a un tronco más primitivo aún. Según la Biblia, la dispersión de los hombres a raíz de la confusión originada por el fracaso de la torre de Babel, dio origen a tres grupos de lenguas que debieron su vida a Sem, Cam y Jafet. La imposibilidad de encontrar parentesco entre la lengua aria y la semítica sería un argumento en favor de esta hipótesis.

El hecho histórico de la torre de Babel es innegable, sobre todo después de haberse encontrado restos y tradición de la misma en los lugares indicados por la Biblia, pero la interpretación de Babel cabría suponerla como una adaptación de Babel-babal, que significa “Dios confundió, Dios enredó”, refiriéndose a las lenguas, si bien otros aseguran ser simplemente bab-ili, o sea, “Puerta de Dios”, y que la dispersión debe entenderse como una desavenencia de todos los que trabajaban en la torre en el sentido de no querer continuarla. El mismo San Gregorio admite que si hubo confusión de lenguas, podría no ser repentina, sino paulatina. De todas formas, ¿por qué y de qué modo se originaron tantas lenguas distintas, incluso opuestas, a partir de un idioma único?

La teoría evolucionista referida al lenguaje, insiste en sostener que por influencias extranjeras, circunstancias políticas e históricas, modas, acción del medio ambiente, etc., los idiomas fueron evolucionando hasta dar con esta mescolanza y diversidad actuales. El latín, idioma imperial, fue el oficial en toda la extensión dominada por las legiones de César, pero el que hablaba el pueblo era el vulgar y cada legión, al ocupar un territorio, adquiría vocablos del país, de tal modo, que no era el mismo latín el hablado en Britania que el de las costas de Rumania. La desmembración del Imperio dio lugar en pocos siglos a la aparición de idiomas tan distintos, aunque de origen común, como las lenguas romances. Si esto ocurrió en un lapso de tiempo brevísimo desde el punto de vista de la evolución humana, ¿qué pudo suceder desde que el hombre de Neanderthal comenzó a articular palabras inteligibles, hasta la actualidad?

Para todos es fácil advertir la evolución que sufre hoy día nuestro propio lenguaje a pesar de los esfuerzos de los puristas, de la Real Academia y de los literatos. La introducción de neologismos como “fútbol”, “radio”, “astronáutica”, la creación de palabras nuevas como “ultrasonidos”, “telecomunicación”, “transistores”, y la aceptación de palabras que aún hoy son discutidas, pero que el tiempo acabará por imponer, como “cocktail”, “visionar”, “record”, “protagonizar”, etc., demuestran que el lenguaje no es algo definitivo y acabado, sino una entidad viva en constante evolución. Existe una lengua vulgar, hablada por el pueblo, impura; un lenguaje coloquial, propio de las personas cultas en su vida familiar, y una lengua literaria utilizada para la prensa, la radio, la literatura, etc. La complicación de la vida ha hecho que en una misma lengua se den léxicos y vocabularios típicos. El que asista a una conferencia sobre un tema de Medicina, y luego se traslade a un garaje para escuchar la jerga con que hablan los mecánicos entre sí, y después atienda la conversacion de los operadores de cine, creerá que ha oído tres idiomas distintos. Lo que un tiempo fue “germania” o lenguaje más o menos secreto utilizado por grupos sociales muchas veces al margen de la ley, es en la actualidad tecnología y tecnicismo.

El vocabulario usual de un ingeniero, un médico, un abogado, un mecánico, etcétera, está plagado de voces, expresiones y giros, que sólo un iniciado logra comprender. La clase social, la cultura y el nivel moral influyen también en el idioma. Todos los barrios bajos del mundo poseen su slang, su argot típico que a veces es tan difícil de comprender para una persona del país como un extranjero. Las diferencias idiomáticas se subrayan en las distintas regiones. En España, el castellano de un vallisoletano, de un gallego o de un sevillano se diferencian mucho y no sólo en el acento, sino en los giros y el vocabulario. Lo mismo podría decirse del francés de un marinero del “Vieux Port” de Marsella o el de un pintor de Montmartre.

La diferenciación del inglés a uno y otro lado del Atlántico ha dado origen a la denominación “americano” con que se conoce el inglés, altamente diferenciado, del Nuevo Continente. Lo mismo podríamos decir del cubano, mexicano y argentino en relación con el castellano de España. En un país suelen convivir varios idiomas, uno de los cuales predomina por razones de orden político.

El dialecto es algo distinto de los idiomas no predominantes. Los dialectos son formas estancadas de un idioma, restos de lenguas desaparecidas, o deformaciones de una lengua poco cultivada en la comarca. Suelen carecer de literatura propia con grandes variaciones en la entonación y la fonética. Las lenguas romances, en sus orígenes fueron formas dialectales del latín que al separarse y adquirir vida propia, fueron ya lenguas independientes, vivas, mientras el latín pasaba a ser una lengua muerta, es decir, no usada en la vida corriente. De este modo los dialectos pueden cobrar impulso y extenderse pasando a adquirir categoría de lenguas. Un ejemplo lo tenemos en el gallego, que dio origen a la lengua portuguesa.

LAS CIENCIAS DEL LENGUAJE

Como fenómeno humano el lenguaje puede estudiarse desde diversos aspectos. A la Fisiología le interesa el órgano que produce el lenguaje hablado. A la Psicología las relaciones entre la mente y la palabra hablada o escrita. A la Epigrafía el estudio de las escrituras antiguas. A la Literatura las formas bellas de la lengua, etc. La Fonética es el primer paso en el estudio del lenguaje hablado. Ninguna escritura podrá revelar al científico los infinitos matices de una lengua como puede hacerlo la palabra hablada, el sonido. La grabación y análisis de la voz se realizan hoy por medio de diversos aparatos que reducen el sonido a ondas inscritas en una gráfica, por ejemplo, y permiten estudiar las formas dialectales y localistas de cada expresión. En primer lugar, se estudian los fonemas (vocal, diptongo, consonante, semivocal) y las sílabas o golpes de voz. Esto es fácil en las lenguas europeas, pero en la India se dan sonidos cerebrales, en las lenguas semitas sonidos paladiales, en las caucásicas, sibilantes, y entre los hotentotes, chasquidos de la lengua con carácter modificativo de las voces. El chino, por ejemplo, posee cuatro tonos, y así, no es lo mismo una palabra pronunciada en un tono elevado que en uno descendente o en otro que empieza ascendiendo y luego baja, etcétera. La Semántica estudia la significación de las palabras. Todos los hombres poseen parecida capacidad intelectual y cultivando su mente pueden aprender idiomas que les permitan establecer una comunidad de pensamientos.

Si un árabe y un alemán saben lo que es luz y lo que es sombra, será fácil entenderse en cuanto se establezca que nur y ligcht equivalen a LUZ y zill y schatten significan SOMBRA. La Etimología esclarece el origen de las palabras a través de su evolución y, conociendo su significado, ayuda a usar de ellas con propiedad. Así, cuando exclamamos ojalá, no solemos pensar que este deseo es una expresión árabe de alabanza a Alá, pero el conocimiento de este hecho nos hace comprender mejor su significado. La Morfología profundiza en la forma de las palabras, en sus raíces y variantes. Así, de la palabra-raíz padre, ha nacido no sólo la serie de aumentativos, diminutivos y despectivos (padrazo, padrastro, padrecito) sino innumerables voces que involucran una idea de paternidad (patrimonio, patrón, etc.). La Gramática, con sus distintas partes, es el arte de hablar y escribir correctamente un idioma. En el nuestro, con sus variantes de género y número, con sus declinaciones y sus partes de la oración, se da una complejidad notable que permite la expresión casi perfecta de las ideas. Éstas vienen expresadas por términos y de ellos dos son importantísimos: los nombres y los verbos.

Los sustantivos o nombres expresan la existencia de un ser, que no siempre se expresa por medio de una sola palabra (montaña), sino a veces con un grupo de palabras equivalentes a una idea (el pobre de las manos callosas). Los artículos y adjetivos determinan y limitan la significación de los nombres. Así, hablar de un hombre es decir poca cosa, pero si se precisa que es alto, moreno, que llevaba un libro, con una gabardina gris, se va delimitando la figura del hombre. No importa que alguna forma delimitativa sea una oración adjetiva. En el fondo es un adjetivo. El pronombre no es sino una simplificación del nombre, un signo que lo representa. En lugar de repetir Roberto Ibáñez, se acaba por decir él. El verbo es la acción, el estado o la existencia, y gracias a su conjugación es posible detallar un hecho con gran precisión sea en el tiempo, en el modo de acción, en las personas que intervienen, etc. Así al decir “si hubiese llegado a suponer” se expresa una sutil forma de pensar. El adverbio es el adjetivo del verbo, porque lo sitúa, lo precisa y lo limita. “Saltaba”, ¿dónde?, ¿con quién?, ¿cuando?, ¿con qué?, ¿cómo?, etcétera. La interjección es el paso del grito, de la emoción pura, inarticulada, al lenguaje gramatical. Pero el verbo expresa la acción del sujeto gracias al juego de sus complementos, palabras variantes, modificativas que indican quién recibe la acción, cómo, cuándo, etc. Estas relaciones vienen expresadas por simples palabras o por oraciones relacionadas con una principal. De ahí nace la Sintaxis, que permite la construcción clara, elegante y bella del pensamiento.

Se puede decir: El hombre llegó a la puerta de la casa. Estaba mojado. Sentía frío. Llamó con impaciencia. Temblaba. Pero también es correcto y quizá más elegante decir: El hombre llegó a la puerta de la casa completamente mojado. Llamó con impaciencia sin poder contener un temblor porque sentía frío. Las conjunciones son los eslabones que unen las distintas oraciones entre sí, del mismo modo que las preposiciones son los lazos que unen las palabras. “Lloro porque estoy triste”; “El hombre del paraguas gris”. Las diferencias idiomáticas son innumerables. Así, mientras en español sólo podemos decir “la casa del padre”, en inglés equivale lo mismo decir the house of the father que Father’s house. En alemán puede decirse Das Haus des Vaters, Vaters Haus, Des Vaterhaus y Das väterliche Haus. La gramática no es una invención moderna, pues se conoce una de Panini escrita en el siglo IV a. de J.C. para el idioma sánscrito.

La de Dionisio Tracio, aparecida en el siglo I a. de J.C. se llamaba Tecné Gramatike y fue la primera de los tiempos clásicos. En la Edad Media apareció el Doctrinal, de Alejandro de Villadei, y en 1492 Antonio de Nebrija publicó la primera Gramática castellana para que este idioma, según su expresión, “deprendiéndolo por uso”, pudieran también “deprenderlo por arte”.

ORIGEN DEL LENGUAJE

Posiblemente este tema se halla íntimamente unido al origen del hombre, pero es lógico preguntarse: 1. El lenguaje, ¿es innato en el hombre, o es una adquisición posterior a su desenvolvimiento intelectual? 2. ¿Existió al principio un lenguaje único, o la variedad de idiomas se dio desde el origen? En la actualidad no es posible contestar en forma definitiva y satisfactoria estas dos cuestiones tan importantes. Mientras unos pensadores afirman que el lenguaje y el pensamiento se hallan ligados en forma tan íntima que debe aceptarse su aparición simultánea, otros sostienen que el lenguaje, como la pintura o la artesanía, es una invención humana. Contra este último aserto existe la experiencia de que si bien se han encontrado muchos pueblos primitivos sin arte, sin que conocieran el fuego o sin que demostraran una cultura superior, no se ha encontrado ningún pueblo mudo. La teoría onomatopéyica explica el lenguaje humano como un proceso imitativo de sonidos y ruidos producidos por los animales y la naturaleza, los cuales habrían sido adoptados y transformados por el hombre hasta convertirlos en palabras.

Otra teoría, en parte opuesta, sostiene que el hombre creó las palabras por simple transformación de sus gritos, lamentos, interjecciones, etc., que expresaban su estado de ánimo. En apoyo de la teoría onomatopéyica existen innumerables voces, incluso verbos como maullar, crujir, retumbar, piar, etc., cuyo origen parece ser el de un sonido natural. Pero las mismas voces o sonidos son interpretadas de distinto modo según los países. Así, el ladrido de un perro es guau-guau en español, mientras que los ingleses oyen woof-woof, los alemanes wau-wau y los persas vaq-vaq.

La palabra “ladrar” en inglés es bark, en alemán bellen y en persa pars kardan, las cuales, en cambio, no son onomatopéyicas. Ciertas modificaciones de voces en castellano, por ejemplo, tienen asimismo un sentido onomatopéyico e interjectivo. Los aumentativos que se obtienen añadiendo los sufijos aco, ajo, azo, o los diminutivos que se forman con los sufijos illo, ito, itito, ¿no parecen confirmar la teoría de una elaboración del lenguaje a partir de procesos imitativos interjectivos o bien onomatopéyicos?

En pueblos muy primitivos y atrasados se dan formas lingüísticas de una gran complicación, como el uso de distintos tonos, artificio del que carecemos los europeos, y la variedad de géneros que demuestran un desarrollo de riqueza aparentemente incompatibles con una fase puramente onomatopéyica. Lo que no es posible negar es la evolución del lenguaje por influencias sociales, étnicas y políticas. Fue la comunidad, sin duda alguna, la que elaboró la lengua y la complicó para darle mayor precisión y firmeza.

El Lenguaje y La Escritura Origen de la escritura Lenguaje del Niño

El Lenguaje y La Escritura Origen de la Escritura

EL LENGUAJE

Si conseguimos grabar en cinta magnetofónica la charla de unos amigos o de una familia durante la hora amable del café y luego la reproducimos, es de advertir la cantidad de repeticiones, lugares comunes y errores fonéticos y lingüísticos que se han cometido. Al analizar esta charla desde un punto de vista gramatical se descubre una pobreza lamentable de lenguaje, el uso de un lote muy reducido de palabras y la reiteración incluso molesta de términos. Añádase a este resultado que la charla vulgar está salpicada de exclamaciones, interjecciones, gritos y rumores con auténtico valor lingüístico, pero de imposible trascripción. Si el literato escribe una charla de café para un capítulo de su novela o para una escena teatral, observamos que es mucho más fluida, más “natural” y más expresiva que la auténtica charla recogida por la cinta magnetofónica.

CUANDO SE ESCRIBE

Es decir, cuando se representa la idea mental, el concepto o el juicio por medio de signos gráficos, esta idea mental ha de transformarse no sólo en la imagen de la palabra, sino que el cerebro, el centro motor del lenguaje, ha de ordenar a la mano los movimientos necesarios para que ésta impulse a la pluma, al pincel o a la máquina de escribir a trazar unos movimientos determinados. Quien haya observado a un niño que aprende a escribir, habrá podido ver que el pequeño no escribe, sino que “dibuja” las letras, imita los trazos con el mismo esfuerzo e idéntica dificultad que se le ofrecería al copiar un dibujo. Es como si nosotros quisiéramos reproducir una carta redactada en chino; la dibujaríamos. Con el tiempo y tras largas horas de aprendizaje (los famosos cuadernos de caligrafía), se crea un hábito, una ordenada seriación de movimientos que de conscientes han pasado a subconscientes, y cuando el cerebro da la orden de escribir determinada palabra, se pone en marcha un mecanismo automático de impulsos musculares que mueven la mano.

Cualquier enfermedad, intoxicación, emoción intensa o fatiga, dificultan la escritura correcta, nos obliga a excusarnos de “hacer mala letra”. En algunos casos más graves, el enfermo puede haber “olvidado” el arte de escribir por lesión de centros cerebrales o nervios motores. Se han dado casos, tanto en el lenguaje hablado como en el escrito, en que ha sido preciso volver a comenzar el aprendizaje, es decir, la transformación de los movimientos conscientes (dibujo de la letra) en automáticos (escritura corriente).

AL ARTE DE TRADUCIR

Cervantes decía que un idioma traducido es como un tapiz vuelto al revés, que se le ven los nudos y la trama. Para traducir con perfección y desmentir el aforismo italiano que dice tradutore, traditore (traidor), es preciso conocer perfectamente el idioma propio y el que se va a traducir. Es frecuente solicitar un profesor alemán para traducir un libro de este idioma al castellano. Es evidente que aquél conocerá el alemán, pero ¿cómo podrá llevar a cabo el trabajo si no conoce a la perfección el castellano? Esta comparación vale igual en el caso del que busca un “profesor nativo” para aprender un idioma.

No basta saber vocabulario y gramática para hablar y dominar un idioma, es preciso haber vivido en el país o estar muy familiarizado con la prensa y la literatura. ¿Cómo puede traducirse, por ejemplo, literalmente la expresión panier de salade? El que no sepa que se denomina así la furgoneta con que la policía recoge a los maleantes, difícilmente comprenderá y podrá verter a otra lengua el eufemismo galo. En la actualidad, los ingenieros especializados en electrónica trabajan en el perfeccionamiento de una máquina de traducir que en esencia ya existe. Se trata de un aparato capaz de verter un texto inglés al ruso y viceversa, por ejemplo. La base de este robot es un diccionario electrónico de palabras ordenadas.

Los ingenieros Booth y Richens tuvieron la idea de separar las palabras-base de las flexiones. La máquina, que sólo puede responder afirmativa o negativamente a cada cuestión, elimina la desinencia y busca la base. El mecanismo es muy complicado y si bien da resultado para traducir palabras o frases sencillas, no ha podido resolver el problema de la sintaxis, y las distintas acepciones. A la máquina le resulta dificilísimo saber con cuál de las acepciones se ha de quedar en el caso del verbo get, uno de los que ofrece más variantes en inglés. Para que se comprenda el problema en un caso sencillo, la palabra worked es captada por la máquina y ésta elimina la desinencia tomando work, trabajo.

La desinencia le da la significación de “trabajado”, pero si antecede we debería dar “nosotros trabajamos”, pero si es “I” la palabra que antecede, la traducción deberá entonces ser “Yo trabajaba”. Se cuenta que al encontrar “espíritu de salvación”, la máquina tradujo “vino de salud”. La inteligencia humana se esfuerza en lograr que el frío mecanismo de una máquina logre captar las infinitas sutilezas y variantes que el lenguaje ha sabido elaborar a través de los tiempos como expresión de una inteligencia espiritual y por demás complicada.

EL LENGUAJE DEL NIÑO

Es evidente que el niño es mudo al nacer. Pero no lo sería, probablemente, al cabo de unos años aunque se le rodeara de un silencio total por parte de sus educadores. Si fuese posible reunir un hombre salvaje, un niño de 5 años y un chimpancé, suponiendo que a los dos primeros no se les hubiese enseñado a hablar, se advertiría cómo, en poco tiempo, el niño adelanta al salvaje en el aprendizaje de la lengua de su madre, y cómo el hombre primitivo también aprende sin que, naturalmente, a pesar de todos los esfuerzos, el chimpancé logre articular la palabra más sencilla. El niño emplea en los primeros momentos, poco después del año de edad, sonidos onomatopéyicos para expresarse.

Las palabras “mamá”, “papá”, “nene” se deben a que estas sílabas son las que pronuncia con mayor facilidad. Los familiares suelen ayudarle nombrando al gato con el apelativo “miau”, y otras denominaciones por el estilo, casi todas onomatopéyicas. Pero llega el momento en que el niño rompe a hablar, del mismo modo que se lanza a caminar. Da la impresión de que se abre un capullo, y el proceso es parecido a la aparición de los dientes. En pocas semanas el niño logra expresarse y hace acopio de vocabulario, sobre todo sustantivos. Cuando alcanza los tres años aproximadamente, el niño se convierte en la tortura de cuantos le rodean con sus incesantes interrogaciones salpicadas de imperativos “¿por qué?”. Solamente en etapas superiores a la edad escolar el niño es capaz de adentrarse en el lenguaje abstracto y comprender los términos elevados de “justicia”, “orden”, “maldad”, etc. Que el lenguaje infantil es un proceso imitativo se observa en niños influidos por dos lenguas. Por ejemplo, el que vive con su familia en país extranjero.

La lengua materna y familiar es la propia, pero no tarda en verse suplantada por la lengua de la calle, de los amigos y de la escuela. A pesar de los esfuerzos de los padres y quienes le rodean, la “segunda lengua” pasa a ser la materna, siendo la primera o principal la del ambiente social y extrafamiliar.

Un caso especial es el del niño políglota porque sus padres hablan dos idiomas distintos y la familia reside en un tercer país o bien viaja con frecuencia. Lo normal en estos casos es que el niño posea un lenguaje deficiente, un verdadero combinado de palabras procedentes de idiomas distintos, con modismos diversos y, lo que es peor, sin que sepa desenvolverse ni escribir bien ninguno de ellos. Los niños de ciudad poseen un lenguaje generalmente más depurado que los niños del campo, hablan con más propiedad y su acento es más culto.

Sin embargo, quien compare con alguna detención los conocimientos prácticos del niño de una urbe populosa y los que posee un muchacho campesino, se asombrará de dos cosas: el reducidísimo vocabulario y soltura de expresión del último, cuyo laconismo llega a ser molesto y, en segundo lugar, de la cantidad de cosa que sabe el campesino y que el ciudadano ignora a pesar de que hable con mayor propiedad.

A pesar de esta paradoja aparente, todas o casi todas las pruebas que se llevan a cabo para determinar el nivel intelectual de los niños en edad escolar, son pruebas de lenguaje, porque se ha comprobado que existe una correlación casi absoluta entre el nivel de inteligencia y el desarrollo del lenguaje. La riqueza de vocabulario, la facilidad en hallar sinónimos y antónimos, en construir frases, etc., está en relación directa con el nivel mental.

EL ORIGEN DE LA ESCRITURA

Si el lenguaje hablado se pierde en el principio de los tiempos, el lenguaje escrito, en cualquier lugar del mundo, señala la frontera entre la Prehistoria y la Historia. El hombre de Altamira pintaba en las paredes de las cuevas para expresar por medio de pictogramas sus ideas, y aunque tal manifestación no puede considerarse propiamente lenguaje, sí eran los primeros balbuceos de expresión espiritual. La pintura rupestre, que empezó siendo naturalista, plenamente figurativa, fue estilizándose hasta dar paso a una especie de pintura abstracta. En otros meridianos, los dibujos fueron el primer paso a la escritura.

La china, considerada como la más antigua del mundo, fue una escritura ideográfica en sus principios y sólo por evolución ha dado paso a los grafismos casi indescifrables del chino moderno. Una persona culta, conoce en China unos 10.000 ideogramas y se calcula que existen unos 40.000, cada uno de los cuales corresponde a una idea independiente. La dificultad de retener en la memoria los 4.000 signos que una persona corriente puede usar en la vida de una ciudad, hace que este idioma sea uno de los más difíciles del mundo. Las formas de escritura son innumerables.

origen escritura

En primer lugar tenemos el alfabeto latino, que es propio de las lenguas más cultas del mundo. Cuando Kemal Ataturk quiso modernizar Turquía, comprendió que no podía llevar a cabo su intento si no modificaba la escritura y llevó a cabo una auténtica revolución al dotar a la lengua turca del alfabeto latino. Aparte el latino, las escrituras más usadas en la actualidad son el ruso, el árabe, el chino y el japonés. En la segunda mitad del siglo XVIII se descubrieron ciertos signos misteriosos en algunos monumentos de Mesopotamia. Parecían pequeños triángulos o cuñas grabados en la roca. Pero hasta principios del siglo XIX no se dio con la clave que permitiera descifrar esta escritura cuneiforme. Henry Rawlinson, oficial inglés destacado en Persia, fue quien consiguió leer el texto grabado en la roca de Bahistún, el cual estaba escrito en tres idiomas (babilonio, meda y persa).

La base de su interpretación consistió en lograr la traducción de la palabra correspondiente al nombre de Darío Istape, el rey de quien se contaban las hazañas. La escritura ideográfica egipcia dio lugar a la jeroglífica y ésta, por simplificación, a la hierática, propia de los sacerdotes. A pesar de conocerse desde muy antiguo (pues los romanos habían tomado contacto con los egipcios hace 2.000 años), no se había conseguido descifrar los jeroglíficos hasta que en 1800, el egiptólogo francés Champollion, que acompañaba al emperador Napoleón en su campaña de Egipto, encontró la piedra de Rosetta. Champollion advirtió que la piedra constaba de tres zonas de grafismos correspondientes al lenguaje jeroglífico, demótico y griego.

Gracias a haber podido traducir esta última parte, por analogía logró descifrar los tres textos. La primera palabra que identificó fue la correspondiente al nombre de Cleopatra. El lenguaje jeroglífico es propio de todos los pueblos primitivos en su primera fase hacia una cultura más estable. En épocas recientes se ha conseguido descifrar la escritura hitita y las complicadas grabaciones en tablillas de madera de la Isla de Pascua. Constituyen aún un misterio la escritura de la Isla de Creta y la ibérica. Las escrituras precolombinas, mayas, toltecas, aztecas e incas atraen también el interés de los lingüistas.

En todas ellas se observan idénticas formas evolutivas basadas en signos naturales o en partes del cuerpo humano. Una de ellas es la mano que da origen a una forma de peine, el ojo y el Sol, la cruz y el rayo, el zigzag, la espiral y el meandro. Estas formas básicas se han mantenido incluso en nuestra cultura actual, pues aparecen signos semejantes en heráldica, en las monedas y en las placas que regulan la circulación por carretera, que constituyen uno de los lenguajes más modernos, basados en signos muy sencillos y combinaciones de colores. La invención del alfabeto, que se atribuye a los fenicios, constituyó un gran paso en el arte de la escritura. En la actualidad, China estudia la posibilidad de transformar su escritura en alfabética. ¡No es posible el desarrollo de la vida cultural, comercial, industrial y militar si cada escrito debe dibujarse a pincel! La escritura se inició en la arcilla y la piedra, pero se desenvolvió en el papiro, obtenido con hojas maceradas de una planta que se desarrolla en las orillas del Nilo. Los egipcios comenzaron a escribir sobre papiro 5.000 años a. de J.C. Los asirios y caldeos lo hacían sobre arcilla. Los caracteres cuneiformes se prestaban a las incisiones rápidas y precisas en ladrillos blandos que luego se secaban y cocían. Unos 100 años a. de J.C. los chinos descubrieron el papel, que fue uno de los más grandes inventos logrados por el hombre. En el Celeste Imperio se utilizó la tinta y el pincel.

A Europa el papel no llegó hasta el siglo XII. Antes se usaba el pergamino, sobre todo para documentos importantes. Hasta que Gutenberg no empezó a imprimir con caracteres movibles, la escritura se realizaba a mano. Durante largos siglos, los monjes principalmente, copiaron, con paciencia inagotable, libro tras libro, para que el acervo cultural de los tiempos pasados no se perdiera. La invención de la imprenta fue el paso más dicisivo en pro de la cultura y el progreso. Pero la obtención del papel fue un trabajo de artesanía hasta el siglo XVIII, en que Louis Robert montó la primera fábrica de papel. Ya en fechas más próximas la evolución de la escritura ha sido notable con el perfeccionamiento de la taquigrafía (ya conocida por los romanos) y la aparición de la primera máquina de escribir, que data del año 1714, aunque hasta 1867 no se fabricaron máquinas de escribir en series comerciales.

Hasta nuestros días no se ha conseguido fabricar una máquina de escribir en idioma chino. Los primeros intentos implicaban un total de 90.000 teclas, que en la actualidad se han reducido a 75. El mundo tiende a unificar su cultura. Los esfuerzos de la Unesco en este sentido son considerables. No importa que los hombres utilicen signos árabes, cirílicos, latinos, chinos, japoneses, bengalíes, etc. No importa que grandes núcleos humanos utilicen el pincel mientras otros emplean la pluma, la máquina de escribir o un estilete. Lo verdaderamente interesante es que se escriba y se intercambien pensamientos, emociones, deseos, opiniones, con afán de comprensión. La imprenta de Gutengerg se ha transformado en la moderna linotipia que alimenta las grandes rotativas, capaces de lanzar al mercado millones de periódicos diariamente. Es un hecho importante que el hombre escribe cada día más, lee cada vez más, y las ideas se difunden gracias a una intensa comunicación sólo posible por la comprensión de los distintos lenguajes, formas de expresión del espíritu humano.

EL PROCESO DE HABLAR

En la mente de una persona que ve un incendio surge la imagen del “fuego”. Es una imagen, un pensamiento puramente espiritual que busca afanosamente el camino de una expresión material, para advertir un peligro. En determinada circunvolución cerebral, en el centro del lenguaje hablado, la memoria traduce esta imagen en sonidos. Los centros encargados de la inervación de la lengua actúan de una forma determinada, ésta se mueve, chocan los labios con los dientes, los pulmones expulsan aire y surge la palabra deseada: “fuego”. Para que este fenómeno físico se produzca es preciso que el aparato de fonación actúe. La laringe se halla situada en la parte superior de la tráquea, junto a la faringe. Cuando tragamos un alimento, una membrana llamada “epiglotis” cierra el paso hacia la laringe y la tráquea, y abre el camino del esófago. Si la “epiglotis” no cierra rápidamente, nos atragantamos porque parte del alimento se introduce en la tráquea y los pulmones reaccionan provocando la tos. La laringe es un ensanchamiento de la tráquea. Su irritación provoca la laringitis, pero además de esta enfermedad puede estar afectada por muchas otras, incluso por el cáncer.

En la laringe hay cuatro cartílagos que forman un ensanchamiento de la tráquea llamado “nuez de Adán”, porque es muy visible en los varones. En el interior de la laringe se hallan las cuerdas vocales. Su vibración, al pasar el aire, produce sonidos puros, notas. Cuando una persona está afónica o sufre laringitis, emite sonidos broncos porque las cuerdas vocales están engrosadas, inflamadas. Los niños al llegar a la pubertad impostan la voz, es decir, se les cambia la voz porque las cuerdas vocales y la laringe se endurecen.

El sonido puro producido por las cuerdas vocales resuena en la bóveda craneana, en la faringe, en la nariz, y sobre todo en la boca. La n es una letra que vibra en la nariz, mientras la g lo hace en el fondo de la garganta. Las vocales son sonidos puros, solamente modificados por la posición de los labios. Desde la a hasta la u hay una graduación perfecta. La a se produce cuando la boca se abre enteramente, y para pronunciar la u no sólo ha de reducirse la abertura labial, sino que los labios se adelantan y se prolongan en forma de tubo. Las distintas consonantes se producen por frotación o vibración.

La f es labiodental, la r es fricativa por choque de la lengua contra el paladar, la p es explosiva, la d es linguodental, la s es silbante, la m es labial, etcétera. La palabra ha salido perfectamente pronunciada de labios de la persona que quiere advertir a otra el peligro de “fuego”. La emisión de la idea se ha realizado y se ha cumplido la primera parte del acto del entendimiento por medio del lenguaje. Si la persona que ha hablado tuviese alguna interferencia entre el centro de lenguaje y los músculos de la laringe o de la lengua, la palabra no se pronunciaría. Son innumerables las causas de mudez, pero también es traumáticamente mudo el hemipléjico a quien un ataque ha obnubilado el centro del lenguaje. Se esfuerza, quiere hablar y no lo consigue. En otras ocasiones se da el caso que el hombre habla, pero las palabras o sonidos que pronuncia no coinciden con lo que su mente quiere expresar. Incluso en casos perfectamente normales, el hombre no puede hablar porque “no encuentra la palabra exacta, el dato, el nombre”, la memoria es rebelde y el concepto no puede expresarse por falta de medios materiales. Cuando la palabra, como un milagro sorprendente brotó, y fue a impresionar el tímpano de la persona a quien iba dirigido el aviso de “fuego”, éste captó los sonidos.

El nervio acústico transmitió el impulso al centro auditivo y en el archivo de la memoria se buscó la significación del sonido “fuego”. Si la persona hubiese sido sorda no hubiese reaccionado por falta de percepción sensorial, pero muy bien puede ocurrir que sea normal y, sin embargo, no reaccione. ¿Qué puede significar para un finlandés que no conoce el castellano, el sonido “fuego”? Para que la comunión espiritual de hombre a hombre se produzca es preciso que exista posibilidad por parte del que habla, de transformar el pensamiento en sonido. Y por parte del que escucha, la capacidad de convertir el sonido en pensamiento. Cabría pensar si muchas conferencias políticas internacionales se desenvuelven con gran dificultad por la forzosa traducción de intérpretes profesionales que no siempre pueden captar la emoción, el tono, lo incisivo de un vocablo. En estos casos el proceso resulta complicado: 1. De la mente del que habla a su sonido. 2. Del sonido que percibe el traductor a su mente, en el idioma del que habló. 3. Traducción mental de un concepto a otro concepto, en idioma distinto. 4. Del concepto ya en el segundo idioma, al sonido adecuado en este lenguaje. 5. Percepción de este sonido y comprensión de su significado por parte del interlocutor del que habló en primer término. Y debe tenerse en cuenta que este proceso se refiere solamente a la conversación, a la palabra hablada.

GRUPOS IDIOMATICOS ACTUALES

Hasta hace pocos años las lenguas se clasificaban en tres grandes grupos: Monosilábicas, en las cuales cada palabra tiene un valor y una significación. En ellas no existen géneros, sufijos ni prefijos, declinaciones ni conjugaciones. Las uniones de unas palabras con otras dan origen a expresiones nuevas. Por ejemplo, el chino. Aglutinantes, en las que existen palabras-raíces y sufijos. Carecen de conjugación y declinación, género. Por ejemplo, el árabe. Flexivas, todas las que, como las europeas, poseen conjugación, declinación, géneros, etc. Esta clasificación es hoy demasiado simple para intentar, con ella, agrupar las 2.800 lenguas, aproximadamente, que existen en el mundo.

Sin embargo, de ellas más de 1.800 corresponden a pueblos en estado primitivo de Africa, Oceanía y América, y son lenguas poco estudiadas y difícilmente clasificables. Para comprender lo relativamente recientes que son los estudios lingüísticos, téngase en cuenta que hasta el siglo XVIII no se tuvo conocimiento de la existencia de una lengua tan interesante como el sánscrito, y que la Lingüística empezó a existir, como ciencia digna de tal nombre, cuando a mediados del siglo XIX Jacob Grimm escribió su Gramática Histórica.

En este tiempo surgió la ciencia comparativa de los idiomas a base del estudio de las leyes fonéticas y los principios etimológicos y sintácticos. Gracias a este esfuerzo, se pudo establecer el reconocimiento de la unidad indogermánica o grupo idiomático indoeuropeo. El establecimiento de la relación original entre las lenguas indias, persas, griegas, latinas, celtas y germanas fue debido al inglés William Jones. En el estudio comparativo de los idiomas surgen a veces relaciones que parecen causales, como el hecho de que la palabra “malo” sea expresada por la misma voz en inglés y en neopersa: bad.

Para el estudio de los grupos idiomáticos existentes en la actualidad, se ha procedido a una clasificación previa en tres grupos: 1. Idiomas que tienen un vocabulario doble y aún no equilibrado del todo, como el inglés con vocabulario germano y latino; el neopersa, con mezcla de iraniano y árabe; el turco, con voces turcas y neopersas, etc. A la larga se impone uno de los dos orígenes y así, en el inglés acabará por predominar el germánico, en el neopersa el iraniano y en el turco, el turco. 2. Idiomas que aceptan mucho del vocabulario ajeno, pero lo aceptan a su modo. Así ha ocurrido en el armenio con respecto al iraniano, en el acadio con el sumerio, y en el árabe con toda clase de extranjerismos modernos. 3. Idiomas en los que los elementos extraños se muestran más que en el vocabulario, en la fonética y la sintaxis.

Los kurdos iranianos emplean voces semitas, los armenios del Cáucaso han adoptado sonidos chasqueantes propios de los caucasianos, y los indios adoptaron sonidos cerebrales propios de los pueblos drávidas. El cuadro de las lenguas habladas no está ni mucho menos terminado. El descubrimiento e interpretación de la lengua hitita, hablada antiguamente en el Asia Menor, es un hecho reciente. El estudio de las relaciones entre las lenguas semitas y las camitas del antiguo Egipto es otro caso.

Se dan grupos de lenguas bien determinados dentro de los que es posible establecer una buena clasificación, pero no resulta tan fácil cuando se trata de determinar las relaciones que existen entre las lenguas del Africa central, o entre las que se hablan en ciertos lugares de América, por ejemplo. El tronco indo-europeo es el más importante porque dentro del mismo se hallan los idiomas de la civilización. Es muy vasto y complejo. En el grupo indio está el sánscrito, que era la lengua de la literatura clásica de la India en el siglo VI a. J.C., el indostaní, que se habla en la parte occidental de la India, y el bengalí, en la oriental. El grupo iránico con el persa. El arménico con el armenio. El albanés y el griego forman grupo aparte.

El báltico comprende el lituano y el letón. El eslavo, que se divide en el gran ruso, el pequeño ruso, polaco, servio, checo, eslovaco, esloveno, servio-croata y búlgaro. La lengua germánica dio origen al gótico, y por disgregación o ramificación nacieron el danés, el sueco, el noruego, el islandés, el holandés, el frisón, el alemán y el inglés. El grupo céltico, que un tiempo fue importante, se ha ido reduciendo y hoy comprende el galés, el escocés y el gaélico de Irlanda, pero con predominio inglés en el campo cultural y comercial, ya que las lenguas célticas se conservan en el ámbito familiar solamente.

Del itálico antiguo se derivó el latín, y al disgregarse el Imperio romano, éste dio origen a las lenguas romances, que son el portugués, el castellano, el catalán, el provenzal, el francés, el italiano, el retorromano, que se habla en Suiza, el sardo de Cerdeña, el dálmata en las costas del Adriático, y el rumano. Idioma inclasificable, peculiar y único en el mundo occidental es el vascuence, de origen incierto y muy difícil, que aún se conserva en las montañas vascas. El tronco uralo comprende las lenguas llamadas ugrofinesas como el finlandés, el lapón, el estoniano y el húngaro, y las lenguas samoyedas habladas en Siberia.

El tronco turco-mogol abarca las lenguas turcas, el mogol, el calmuco y el manchú. El tronco camito-semita ofrece dos grupos. El semita con el hebreo, el antiguo fenicio y arameo, el asirio y babilonio propios de la parte norte de la zona de influencia semita, siendo el árabe y el etíope los idiomas hablados en la parte sur. Éste es el grupo semita. El grupo camita lo forman el egipcio y el copto. Las relaciones entre ambos no están muy bien determinadas. Las lenguas negras del Africa, como el sudanés, el bantú, el lenguaje de los negros de Guinea, etcétera, forman otro tronco.

Luego quedan numerosas lenguas de difícil agrupación como son el chino, japonés, javanés, telugui, guzerati, etc. El grupo indochino comprende el chino moderno, el cantonés, el birmano, el tailandés, el tibetano y otros, con numerosos dialectos. El japonés, que es lengua aglutinante, se clasifica aparte y se formó con ideogramas chinos y coreanos. El grupo de las lenguas dravídicas son propias del Sur de la India y Ceilán. Entre ellas se halla el telugui ya citado, el malayalam, el tamil, el kota, el kanarés, etc. Las lenguas de la Polinesia son también numerosas: el tagalo de Filipinas, el malayo, melanesio, hawaiano, etc. Se calcula que existen más de 150 grupos de lenguas que no tienen relación con las restantes. En América existen la maya del Yucatán, la guaraní del Paraguay, el quechua y aymará de los Andes, las antiguas lenguas apaches, aztecas, incas, araucanas, etc.

La Deuda Publica y la Economia del Estado Derechos del Estado Soberano

La Deuda Pública y la Economía del Estado
Derechos del Estado Soberano

LA DEUDA PUBLICA

Una modalidad típica de “ingreso extraordinario de economía privada”, practicada por casi todos los Estados, es la emisión de Deuda Pública. Consiste sencillamente en vender “papel oficial” con cupones adheridos que dan derecho al percibo de los intereses señalados, y a la amortización o devolución de su importe en el plazo fijado de antemano. Sin embargo, cuando el Estado emite Deuda Pública con carácter forzoso, obligando a ciertas entidades a adquirirla, el ingreso extraordinario pasa a ser de “economía pública”, puesto que actúa no como un particular, sino como una entidad soberana. Las formas principales que en la actualidad revisten las emisiones de Deuda, son dos: Interior y Exterior. La Deuda Pública Interior es aquella que el Estado adquiere con el dinero de sus ciudadanos. La Deuda Pública Externa es la que se adquiere con el capital de los extranjeros que suscriben dichos títulos.

La ventaja de la Deuda Pública Interior es que el estado adquiere la obligación con sus propios súbditos y por ello su soberanía no queda mermada en ningún sentido, cosa que no ocurre con la emisión de Deuda exterior.

La intervención francoespañola en México cuando el imperio de Maximiliano y la de Inglaterra en Egipto, tuvieron por origen la falta de cumplimiento de las obligaciones contraídas por dichos países en sus emisiones de Deuda Exterior. La Deuda Exterior presenta el inconveniente de mermar la soberanía del Estado, pero en cambio, la Deuda Interior presenta otro inconveniente: el de no ser económica.

En efecto, con la emisión de Deuda Interior, el país no es más rico ni más pobre. Con un ejemplo se aclarará la cuestión: si en un autobús hay una determinada cantidad de pasajeros, entre ellos habrá quien tendrá más dinero que otro; si un pasajero que no tiene dinero pide un empréstito a sus compañeros, el dinero sólo habrá cambiado de mano; pero el autobús, considerado en su totalidad, no habrá experimentado variación en su riqueza. Si esto lo aplicamos a un país, comprenderemos que el grado de riqueza de dicho país será exactamente igual aunque parte de ella pase al Estado. En ocasiones los Estados avalan o garantizan las emisiones de acciones y obligaciones de determinadas empresas que necesitan de él para continuar su labor.

Deuda Publica

Así, en Argentina, el estado dio su aval a determinadas acciones de la ex Compañía de Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires y a las obligaciones de los ex Ferrocarriles del Estado Argentino, la construcción del túnel subfluvial Santa Fe-Paraná, etc. Los intereses que el Estado abona por las obligaciones de la Deuda Pública son, en cuantía, algo inferiores a los que abonan las empresas particulares. Ello es así porque siendo el Estado una entidad más fuerte que una particular, la emisión es más segura, así como la garantía de que pagará los intereses establecidos y de que responderá de las obligaciones estipuladas.

LA ECONOMÍA ESTATAL

Al determinar la cuantía de las tasas, contribuciones especiales e impuestos, el Estado sigue los criterios elaborados por las ciencias económicas.

Así, en la fijación de tasas, procura que las mismas no sean superiores al valor del servicio que se presta. Quien aplica un sello de correos y deposita una carta en el buzón ha abonado una tasa al Estado, y el servicio que recibe -envío y entrega de la carta al destinatario- es en mucho, superior al importe del sello.

La cuantía de las tasas es mayor o menor según el beneficio que reporte a la comunidad, y en general será más o menos elevada según predomine en el servicio prestado, el interés privado o el interés público. Por ello, las tasas judiciales, en las que predomina el interés privado, son superiores a las tasas que se aplican a las matrículas de los centros de enseñanza, porque en éstas predomina el interés público.

Las tasas pueden ser abonadas bien en metálico, bien en forma de sellos o en papel timbrado que se aplican a los documentos. En lo que hace referencia a los impuestos es preciso tener en cuenta el fenómeno de la traslación, que consiste en que la carga del impuesto se traslada a otros. Si los productores de vino venden un litro de éste a 10 pesos, y el Estado posteriormente, establece un impuesto sobre el vino de 2 pesos por litro, puede ocurrir que el litro de vino continúe cotizándose a 10 pesos, en cuyo caso, el que soporta la carga del impuesto será el mismo productor. Pero si a consecuencia del impuesto, los productores de vino elevan el precio de éste a 12 pesos por litro, el sujeto del impuesto será, en este caso, el consumidor. Si el vino se vendiese a 11 pesos litro, la carga del impuesto sería satisfecha por mitades entre el productor y el consumidor.

En la aplicación de los impuestos se toma en consideración la cantidad de riqueza -llamada base imponible- de que el impuesto toma su fundamento y medida. Los impuestos pueden ser “específicos” y ad valorem. Así, por ejemplo, un impuesto de 5 pesos sobre cada kilogramo de café, sería un impuesto específico, mientras que un impuesto de 5 pesos sobre cada 100 pesos de café, sería un impuesto ad valorem. Los impuestos específicos suelen aplicarse generalmente a cosas materiales y los ad valorem, a las rentas, herencias, etc.

Los tipos de impuestos son proporcionales si se fijan en un tanto por ciento constante, cualquiera que sea la cuantía de la base. Así, en algunos países, los espectáculos sufren un 5% de impuesto, para la protección a la infancia. Los tipos progresivos son aquellos que exigen un tanto por ciento creciente a medida que crece la cuantía de la base. Los impuestos regresivos son aquellos que presentan la característica de aumentar a medida que disminuye la base. Un impuesto de carácter regresivo es el llamado de capitalización, que se exige por el simple hecho de ser ciudadano. Si suponemos que en un país determinado cada persona paga una unidad monetaria, sucederá lo siguiente: para el que tenga una renta de 10, el pago de una moneda equivaldrá a un impuesto del 10% sobre su renta.

Para quien tenga una renta de 20, representará un 5% y sólo será del 2,5% para quien tenga una renta de 40. Serían de tipo regresivo los impuestos sobre el inquilinato, o los que pudieran gravar, por ejemplo, un kilogramo de pan, puesto que no estarían en proporción con los ingresos de los contribuyentes y gravarían con un tanto por ciento mucho más elevado los ingresos y jornales de las personas pertenecientes a las clases humildes, que los de las personas más acomodadas. Los impuestos más conocidos son los de Aduana, transmisiones de bienes, tierra, edificios, explotaciones comerciales e industriales, valores mobiliarios, rentas de trabajo, patrimonio, herencias, etc.

LA HACIENDA

El Estado atiende a dos órdenes de necesidades: unas, inherentes a su soberanía como la estructuración del orden político interno, la administración de justicia, el mantenimiento del orden público, la defensa del territorio frente al enemigo, etc.

En cambio, otras podrían ser atendidas por particulares, como la enseñanza, las comunicaciones, los transportes, el fomento de la riqueza, etc. Se observa que de día en día, los Estados realizan más funciones (de ahí el aumento de funcionarios) de las que años atrás les eran propias. De ello resulta que también vayan en aumento los gastos estatales. Pero así como los individuos adquieren sus bienes por medio de la compensación, esto es, por intercambio entre sus aportaciones de trabajo y los recursos de la comunidad, el Estado posee un procedimiento especial: el impuesto.

LA SOBERANÍA

Territorio de un Estado es aquella porción del globo que está sometida a su soberanía. Es preciso hacer hincapié en que la soberanía no equivale a propiedad. Claro es que también un Estado puede poseer propiedad sobre parcelas o edificaciones, pero normalmente la propiedad del territorio nacional se encuentra repartida entre los nacionales en su mayor parte. Además, la función de la cosa con respecto al propietario, es distinta de la función del territorio respecto al Estado.

En Derecho privado, la cosa pertenece al propietario pero no se confunde con él. En cambio, el territorio es un elemento esencial del Estado y forma con éste un todo único. El Estado tiene un derecho de carácter real sobre su territorio porque puede impedir que otro Estado realice en él actos de soberanía, y por otra parte puede disponer del mismo, cediendo una parte a otro Estado. El territorio de un Estado comprende: el territorio propiamente dicho, el subsuelo, los lagos, ríos, canales, mar litoral y espacio atmosférico.

Excepcionalmente, sobre un mismo territorio pueden ejercer los derechos de soberanía dos o más Estados. Por ejemplo, son copríncipes de Andorra, el obispo de Seo de Urgel y el prefecto de los Pirineos Orientales (Francia); la isla de los Faisanes, en el río Bidasoa, está sometida al condominio de España y Francia, en forma alternativa y por períodos de seis meses.

LA SOCIEDAD DE LAS NACIONES

En virtud del pacto inserto en la primera parte del Tratado de Versalles (28 de junio de 1919), surgió la llamada “Sociedad de las Naciones”, de la cual eran miembros las organizaciones políticas que se indican en el artículo primero, los Estados invitados que se adhirieron y los Estados libres que, tras solicitar su admisión, obtuvieron una mayoría de votos no inferior a los dos tercios. Sus órganos estaban constituidos por la Asamblea, el Consejo y el Secretariado. Eran miembros de la Asamblea todos los Estados admitidos, los cuales podían enviar un número máximo de tres representantes, pero con derecho a la emisión de un solo voto.

En su origen, el Consejo estaba compuesto por un representante y cada una de las cinco grandes potencias y cuatro miembros de la Asamblea. El Secretariado estaba formado por un secretario general, nombrado por el Consejo con la aprobación de la Asamblea, y unos secretarios nombrados por el Secretariado general, con la aprobación del Consejo. La Asamblea tenía por competencia exclusiva decidir sobre la admisión de nuevos miembros y el nombramiento de los miembros para el Consejo.

Éste elaboraba programas para la reducción de los armamentos y señalaba los modos de actuación para la garantía colectiva, hacía respetar los acuerdos de la Sociedad, y se ocupaba de las cuestiones referentes a la paz mundial.

LAS FRONTERAS

Los límites entre Estados pueden ser naturales (montañas, ríos, mares, lagos) y artificiales. Cuando las montañas separan dos países, suelen servir de frontera la línea formada por las crestas; si la línea ideal no coincide con la vertiente, los Estados establecen acuerdos.

En los ríos se considera frontera la línea media. En los lagos acostumbra a determinarse por medio de acuerdos; por regla general, y en los lagos de gran extensión, se establece la soberanía territorial en las orillas, usufructuándose en común la parte central. Las fronteras artificiales se establecen por medio de convenios o tratados, o recurriendo a comisiones internacionales de arbitraje. En los tratados se establecen los confines de un modo aproximado y las comisiones los determinan exactamente. Para zonas deshabitadas o de difícil acceso (desiertos) se recurre al uso de medidas geodésicas. El Derecho internacional clasifica a los ríos en nacionales e internacionales.

Ríos nacionales son los que pasan por el territorio de un solo Estado y éste ejerce sobre ellos el derecho de soberanía. Internacionales son los que pasan por el territorio de varios Estados o constituyen frontera entre dos o más Estados. En ellos, cada Estado ribereño debe tener derecho a la navegación. Distintos convenios, congresos y tratados, regulan la navegación por los ríos Rin, Escalda, Elba, Danubio, Congo, Níger, etc.

LOS DERECHOS DE CADA ESTADO

Derivados del concepto de Estado pueden considerarse dos grandes grupos: derechos de conservación y derechos de autonomía e independencia. En virtud del derecho de conservación, todo Estado puede proveerse de los medios necesarios para atender a su propia defensa, bien contra enemigos interiores o contra enemigos exteriores. Tiene facultad para organizar su policía, ejército, sostener flota marítima y aérea, construir fortalezas o líneas de defensa, impedir la entrada de extranjeros indeseables y mercancías, castigar los delitos cometidos en el extranjero contra su seguridad, oponerse a que otro Estado aumente su armamento defensivo, etc. Sin embargo, en caso de guerra, no puede exigir el respeto de su derecho de conservación, puesto que el Estado enemigo procurará causar graves daños en sus establecimientos, vías de comunicación, etc. Todo Estado tiene derecho a no ser perturbado en su libre comercio con los Estados de su preferencia. Sin embargo, no se consideran ilícitas las perturbaciones indirectas conseguidas por medio de la llamada “libre concurrencia”.

Así, cada Estado tiene facultad para establecer barreras aduaneras, derechos elevados sobre importaciones, prohibiciones y guerra de tarifas. El llamado derecho de autonomía e independencia, puede referirse a las relaciones de orden interno y a las de orden internacional. De acuerdo con el principio de independencia, en las relaciones de orden interno todo Estado tiene derecho a adoptar el ordenamiento político-constitucional y administrativo que prefiera, sin que los demás Estados puedan realizar ingerencia alguna. Es decir, cada Estado puede legislar del modo que mejor crea conveniente, y obligarse con otros Estados a aplicar determinadas normas de derecho internacional privado.

También tiene potestad para renunciar por un cierto tiempo al ejercicio de la soberanía en su territorio, en favor de otro Estado, así como abstenerse de realizar ciertos actos sobre el propio territorio, que podría ejercitar en virtud de su derecho de soberanía, o bien tolerar que otro Estado realice en su propio territorio determinados actos que podría impedir. Consecuencia inmediata del llamado derecho de autonomía e independencia en las relaciones de orden internacional, son los llamados derechos activo y pasivo de legislación (enviar y recibir representantes diplomáticos), derecho de estipular y negociar convenios y tratados, ejercer el comercio, usar el derecho de guerra, exigir el derecho de igualdad internacional y el respeto recíproco. El derecho de independencia da lugar al deber de no intervención, por parte de terceros Estados.

LOS GASTOS

Entre los que ha de soportar el Estado, hay unos que se producen de una manera regular en todos los ejercicios económicos y que por ello son denominados “gastos ordinarios”, en contraposición a los que sólo se presentan ocasionalmente (reconstrucción de una ciudad arrasada por un terremoto o inundación). Los gastos ocasionados por los sueldos de los funcionarios del Estado reciben el nombre de “gastos de personal”. “Gastos de material” son aquéllos que están destinados a procurar los medios necesarios para las actividades propias del Estado (pantanos, carreteras, atenciones a los hospitales, armas, etc.).

Los bienes no destinados a satisfacer directamente una necesidad, pero que crearán otros bienes capaces de satisfacer necesidades públicas después de transcurrido cierto tiempo, se denominan “bienes de capital” (la construcción de un hospital, de una universidad, etc.). En cambio, los bienes que se destinan a satisfacer directamente una necesidad y luego desaparecen, se llaman “bienes de consumo” (sueldos de funcionarios, medicinas, proyectiles, etcétera).

LOS INGRESOS

Los que realiza el Estado actuando como si fuera un particular, reciben el nombre de “ingresos de economía privada”. Así, los derivados de las minas, bosques, tierras laborables, fábricas estatales, etc. En contraposición, los ingresos que realiza el Estado en concepto de entidad soberana y para el desempeño de los servicios públicos reciben el nombre de “ingresos de economía pública”.

Tanto unos como otros pueden ser ordinarios y extraordinarios. Los primeros pueden reiterarse y los segundos no. Si el Estado, por medio de la explotación de una fábrica, percibe anualmente unos beneficios, tales ingresos serán ordinarios, puesto que anualmente irán repitiéndose; en cambio, si vende la fábrica, el ingreso será extraordinario, puesto que no podrá reiterarse. Los ingresos ordinarios de economía pública son las tasas, las contribuciones especiales y los impuestos.

Las tasas son aquellos pagos que el Estado exige de los particulares, por iniciativa del contribuyente y a cambio de una contraprestación especial. Por ejemplo, las tasas judiciales no las pagan todos los ciudadanos, sino solamente aquellos que de un modo voluntario desean entablar un pleito. Las tasas por matrícula en los centros de enseñanza sólo deben satisfacerlas quienes deseen recibir enseñanza en dichos centros. Los impuestos son los pagos que el Estado exige de los particulares sin contraprestación especial y por iniciativa exclusiva del Estado. El hecho de pagar el impuesto o contribución por la posesión de una finca rústica o urbana, no da derecho a ningún beneficio ni a exigir del Estado nada en particular. Sin embargo, el Estado presta servicio, en general, a todos los ciudadanos mediante el mantenimiento del orden público, la seguridad nacional, la sanidad, la enseñanza, etc. Las contribuciones especiales son algo parecidas a las tasas y a los impuestos.

Se exigen por iniciativa del Estado, pero al mismo tiempo ofrecen una contraprestación por parte de éste. Se parecen a las tasas, puesto que el Estado presta un servicio a cambio de la aportación de los particulares y tienen algo de común con los impuestos, puesto que la iniciativa parte del Estado. Por ejemplo, si el Estado construye un canal para regar una zona árida, los propietarios limítrofes se benefician de las obras, por lo cual exige de ellos una contraprestación de mejora, es decir, el pago de una cantidad para coadyuvar a los gastos de construcción.

SUPERESTADOS

Por su estructura los Estados pueden ser simples, si poseen un organismo político único, pueden ejercer el derecho de legación activo y pasivo (enviar y recibir representaciones diplomáticas) y mantener relaciones con los Estados extranjeros. España, Francia, Argentina, son Estados de este tipo. Los Estados compuestos están constituidos por la reunión más o menos completa de varios Estados bajo un gobierno común y pueden dar lugar a uniones y federaciones.

Las uniones de Estados no deben confundirse con incorporaciones. En éstas un Estado pasa a formar parte íntegramente de otro y pierde la propia personalidad internacional. Ejemplos de Estados incorporados fueron los casos de Escocia (1707) e Irlanda (1800), incorporados a Inglaterra; Finlandia (1809-1917) incorporada a Rusia; Austria (1938) incorporada a Alemania, etc. Las uniones de Estados pueden ser personales y reales. Ambas tienen carácter transitorio y están siempre destinadas a desaparecer. Existe unión personal cuando varios Estados, completamente independientes, se encuentran ligados solamente por el hecho de tener un jefe común, aunque cada Estado conserve su personalidad internacional propia. Ejemplos: Inglaterra-Hannover (1714-1877), Países Bajos-Luxemburgo (hasta 1890), y Bélgica y el estado del Congo, antes de su separación. Existe unión real, cuando varios Estados se hallan unidos en virtud de disposiciones expresas de su constitución, conservan su autonomía en las relaciones internas, y su personalidad internacional queda absorbida por la del ente colectivo. Ejemplos: Suecia-Noruega (1815-1905) y Austria-Hungría (1713- 1920).

Federaciones, son asociaciones de Estados de un modo permanente, con el fin de proveer mejor a sus intereses. Por el grado de intensidad de los ligámenes pueden ser: confederaciones, Estados federales, e imperios federales. Las confederaciones de Estados son simplemente uniones de Estados en los que cada uno de ellos conserva su propia personalidad jurídica. De este modo se da vida a un ente político nuevo sin que los demás se extingan. Tanto éste como aquéllos pueden ejercer el derecho de legación activo y pasivo y estipular tratados que no estén en oposición con el ente colectivo. Ejemplo: Confederación Germánica, presidida por Austria (1815-1866). Los Estados federales son federaciones de ligamen más estrecho, puesto que cada uno de ellos posee determinada autonomía interna y sólo pueden entrar en relación con los Estados extranjeros en materias de importancia secundaria.

La representación del Estado federal frente al extranjero, corresponde a un poder central. Son ejemplo de Estados federales: Suiza, Estados Unidos de América, México, Venezuela, Argentina y Brasil. Con el apelativo de imperio federal puede considerarse al Imperio alemán constituido en 1871, el cual asumió una forma federativa anómala. El Imperio estaba gobernado por el emperador alemán, rey de Prusia, por un Consejo federal y por un Parlamento (Reichstag) elegido directamente por los países germánicos en proporción al número de sus habitantes. Prusia gozaba de gran preponderancia, y el emperador representaba al Imperio frente al extranjero, acreditaba y recibía los agentes diplomáticos, podía declarar la guerra, concertar la paz y concluir tratados con otras potencias.

El Estado y el Hombre Derecho Internacional La Soberania

El Estado y el Hombre Derecho Internacional

El ESTADO

Todas las personas que viven en un mismo territorio, sujetas a un mismo Gobierno, abrigadas por una misma bandera, se sienten ligadas por vínculos de hermandad. Ideales y lengua comunes les hacen sentirse conciudadanos, miembros de una misma patria. El Estado es una gran persona jurídica, diversa, varia y poderosa. Como total, posee derechos y tiene deberes que cumplir.

El Estado desarrolla actividades a todo lo ancho de su territorio; pero, de igual modo que los hombres tienden a asociarse para hacer frente con ventaja a sus necesidades, los Estados entran también en relación para el mejor logro de sus fines.

DERECHO INTERNACIONAL

Para el normal desenvolvimiento de las relaciones entre los distintos Estados, ha sido preciso el establecimiento de normas que determinen los derechos y deberes recíprocos, cuyo conjunto ha originado una nueva rama jurídica: el “Derecho internacional”.

Su fundamento no puede buscarse en razones derivadas de identidad de lazo religioso o político, ni en el llamado principio de las nacionalidades, ni en el equilibrio de poderes, sino en la necesidad y en la voluntad de los Estados de someterse a normas jurídicas internacionales libremente aceptadas por todos.

Por esta razón, el Derecho internacional no se halla codificado totalmente. Se han efectuado complicaciones parciales acerca de cuestiones diversas: Derecho de guerra marítima (Declaración de París de 1856); Socorro de los heridos de guerra (Convenio de Ginebra de 1864); Empleo de proyectiles explosivos (Convenios de La Haya y de San Petersburgo de 1868); Tratado de Montevideo de 1889 sobre derecho internacional civil, comercial y procesal; Convenio de La Haya de 1896 relativo a la interdicción y a las relaciones personales y patrimoniales entre cónyuges de distintas nacionalidades; Código de Bustamante aprobado en la Conferencia Panamericana de La Habana de 1928, etcétera.

El Estado es una reunión de personas políticamente organizadas en un territorio determinado, con un Gobierno propio y con medios suficientes para conservar el orden y tutelar el derecho, capaz de asumir la responsabilidad de los actos propios de sus relaciones con los demás Estados.

EL AIRE

Al igual que el mar, también la atmósfera reclama la atención del Derecho internacional, por ofrecer riquezas naturales, ser medio óptimo para la navegación, transmisión de noticias, imágenes, etc.

Para ciertas escuelas jurídicas, el aire debe ser libre; para otras, debe estar sometido a la soberanía del Estado subyacente.

Una teoría intermedia equipara la atmósfera al mar y sostiene que la soberanía del Estado debe extenderse hasta una zona determinada, a partir de la cual la atmósfera será libre.

A esta última doctrina puede oponerse que entre el mar y la atmósfera existen diferencias notables. Así, respecto de un Estado que durante una guerra quiera ver respetada su neutralidad, es suficiente que los beligerantes se abstengan en el mar de actos de hostilidad, a una distancia de alcance igual al máximo de un cañón, mientras que los actos de hostilidad realizados en el espacio atmosférico sobre el territorio de los Estados neutrales, serían para éstos muy peligrosos, cualesquiera que fuere la altura en que se efectuasen.

El derecho sobre la atmósfera se une hoy a cuestiones tan litigiosas como son el uso de la estratosfera y los espacios interplanetarios. Es sabido que un avión no puede volar sobre el territorio de un Estado sin permiso del Gobierno de éste. Numerosos incidentes se producen por “violación del espacio aéreo”, algunos de los cuales se han resuelto abatiendo el avión que, sabiéndolo o por descuido, penetró en el espacio aéreo de un país extranjero. El Derecho internacional ha de resolver hoy cuestiones tan delicadas con éstas, y sobre las cuales no hay precedentes, ni se sentó jurisprudencia: 1. Uso de cohetes intercontinentales que forzosamente han de pasar por encima de Estados extranjeros. 2. Utilización de satélites artificiales y cohetes en las altas capas de la atmósfera, pero que pueden violar la soberanía de un país detectando emisiones, fotografiando o captando secretos diversos. 3. Libertad o limitación de viajes interplanetarios con la más o menos próxima cuestión de si la Luna es propiedad común de todos los terrestres o puede ser apropiada por el primer ocupante con carácter de exclusividad, etc. Es natural que la atmósfera sea en nuestra época fuente de litigios innumerables, muchos de los cuales son de difícil solución.

EL MAR

En lo que respecta a los golfos, el Estado tiene soberanía si las orillas le pertenecen y desde la tierra puede ejercer su poder. Si las orillas pertenecen a más de un Estado, el golfo puede equipararse a alta mar, al igual que ocurre cuando la distancia entre las orillas es superior a la doble extensión del mar territorial. Los estrechos se hallan también regulados por el Derecho internacional; el Estado que posee todas las orillas ejerce soberanía, siempre que la distancia entre ambas no sea superior a la doble extensión del mar territorial. Si las orillas pertenecen a Estados distintos, la soberanía llega hasta la mitad del estrecho. Diferentes convenios y tratados internacionales regulan el régimen particular de los estrechos de Kerch, Bósforo, Dardanelos, etc.

La soberanía de un Estado marítimo se extiende a una zona que baña la costa, a fin de tutelar el orden público, salvaguardar la salud pública y los intereses fiscales. Con ello es posible, además, castigar las infracciones que en materia de pesca cometan las naves extranjeras, y reservar el derecho de pesca a los súbditos del país. Se han expuesto criterios dispares para determinar los límites del mar territorial, si bien en multitud de tratados internacionales se ha fijado la distancia de tres millas marinas, medidas en marea baja, desde la costa, pero esta cifra se encuentra hoy en vías de revisión. La alta mar es libre para todos, puesto que es un medio óptimo ofrecido por la Naturaleza para favorecer los intercambios internacionales.

Sin embargo, exigen restricciones a esta libertad, como son las relativas al derecho de pesca encaminadas a evitar la destrucción de especies marinas, las disposiciones contra la destrucción de cables submarinos, el derecho de investigación del pabellón, y que consiste en el examen de la documentación del buque, para comprobar si está autorizado a usar el pabellón que ostenta, y el llamado derecho de visita que, aplicado en tiempo de guerra, permite examinar la documentación, tripulación, pasajeros y mercancías, y aplicado en tiempo de paz tiende a impedir actos de piratería. Por ficción jurídica las naves se consideran territorio del Estado cuyo pabellón ostentan. Ello resulta claro con respecto a las naves de guerra pertenecientes a un Estado, con tripulación nacional y mandadas por oficiales de la Armada. En cambio, los requisitos para atribuir nacionalidad a las naves privadas, son varios y distintos según los países. Así, en Inglaterra, Alemania y Estados Unidos tienen establecido que las naves que ostentan el pabellón de su Estado, deben ser propiedad de sus súbditos.

En otros, los extranjeros están admitidos a participar en la propiedad de las naves nacionales, hasta una determinada cuota, por ejemplo, hasta la mitad, en Francia. En algún Estado, además del requisito de que los propietarios sean ciudadanos, se exige también que los oficiales tengan la misma cualidad, y por lo menos dos tercios de los hombres de la tripulación, y también que la nave haya sido construida en un astillero nacional. Es condición normal y necesaria que la nave esté inscrita en un registro público. Su nacionalidad puede cambiar a consecuencia de un acto de enajenación o de presa de guerra.

En cuanto a la jurisdicción sobre las naves, es preciso distinguir su situación. En alta mar, las naves de guerra y mercantes están sometidas a las jurisdicciones del Estado cuyo pabellón ostentan. En aguas territoriales extranjeras no pueden estar sujetas al poder de un Estado distinto del propio, puesto que los buques de guerra son una parte de la fuerza armada del Estado del cual dependen; por lo tanto, estando un buque de guerra de un país en aguas territoriales de otro, todos los delitos cometidos a bordo de la nave caen bajo la autoridad del Estado cuyo pabellón enarbola. Ningún funcionario de la autoridad territorial puede entrar a bordo de un barco de guerra sin autorización del comandante. En el caso de que personas de la dotación de un buque de guerra cometan en tierra algún delito, es preciso distinguir según que estas personas hayan desembarcado para realizar actos inherentes a su función o bien que hayan desembarcado por simple recreo.

En el primer caso, el derecho de jurisdicción corresponde a la autoridad del Estado al que el barco de guerra pertenece; en el segundo caso, al Estado territorial. En cuanto a las naves mercantes que se estacionan en un puerto o en aguas territoriales de un determinado Estado, caen bajo la jurisdicción de dicho Estado. Los hechos y los actos jurídicos nacidos a bordo de tales naves deben considerarse realizados en el territorio del Estado en cuyas aguas se encuentran dichas naves.

EL PRESUPUESTO

El Estado efectúa un cálculo anticipado de los gastos a realizar y de los ingresos a percibir durante el ejercicio económico. La primera finalidad que cumple el presupuesto del Estado es la de poner un tope a los gastos a fin de que sean claramente determinados. La segunda finalidad es la de su publicidad, puesto que si los ingresos se obtienen por medio de los impuestos, justo es que los ciudadanos contribuyentes sepan en qué forma se invierten sus aportaciones.

La tercera finalidad es la de facilitar datos a la Administración, a la Hacienda y a la Economía. Los presupuestos que se realizan en un momento especial para cubrir gastos excepcionales (en caso de guerra), reciben el nombre de presupuestos extraordinarios. En el presupuesto ordinario figuran los créditos, es decir, las cantidades asignadas a cada finalidad en los gastos del Estado.

Los créditos extraordinarios son nuevas cantidades que se destinan para atenciones que no podían preverse al principio del ejercicio económico (una inundación, un incendio, un terremoto). El suplemento de crédito o ampliación de crédito es un concepto semejante al anterior, con la diferencia de que no se trata de votar cantidades para necesidades imprevistas, sino la ampliación de los créditos por unas necesidades ya previstas, pero cuyos gastos han desbordado la realidad. Las trasferencias de créditos significan el traspaso de fondos destinados a la satisfacción de una determinada necesidad pública, a otra.

Si en un presupuesto los gastos previstos para construir un buque exceden de lo calculado, y en los gastos previstos para pagos de funcionarios existe un sobrante se efectuará una transferencia de este sobrante, para cubrir el déficit ocasionado por el buque.

En casi todos los países el Poder Ejecutivo redacta o confecciona el presupuesto. El trámite es el siguiente: cada organismo público confecciona un anteproyecto de sus gastos y lo remite al respectivo Ministerio. Éste reúne los proyectos parciales y los eleva al Ministerio de Economía, el cual forma entonces el presupuesto general, reajustando los gastos de los demás Ministerios y aminorando frecuentemente las cifras indicadas por aquéllos, ya que se suele pedir más de lo que puede concederse. Una vez aprobado por el Ministerio de Economía, el presupuesto se eleva a la aprobación del Consejo de Ministros o del Parlamento. Después de ser sancionado por el Jefe del Estado, se publica en el Boletín Oficial.

Los presupuestos pueden elaborarse con equilibrio, déficit o superávit. Existe equilibrio, cuando los gastos son iguales a los ingresos; déficit, cuando los gastos son superiores a los ingresos, y superávit, en el caso contrario. Los tres casos pueden ser iniciales o finales, es decir, antes de la liquidación o terminación del presupuesto. Ha sido objeto de estudio por parte de economistas eminentes, qué era más conveniente, si equilibrar el presupuesto o cerrarlo con déficit o superávit. Lógicamente parece más beneficioso que exista equilibrio, es decir, una exacta coincidencia entre los gastos y los ingresos. Con el superávit existe la tendencia a realizar gastos excesivos y a que se relaje la fiscalización en la economía de un país; por otra parte, si no hay necesidad de tantos gastos, tampoco será necesaria tanta recaudación.

En los últimos años nuevas doctrinas han sostenido que la clase de presupuestos es algo relativo y depende de las circunstancias económicas por las que traviesa un país. Si existe déficit se corre el peligro de caer en una depresión económica que únicamente podría remediarse con la emisión de nuevos títulos de la Deuda, lo que daría origen a aumentar de un modo considerable la Deuda Pública del Estado. En la actualidad, la opinión general tiende a considerar como más favorable la existencia de superávit que podría ser causa de una inflación económica, pero que el Estado podría remediar en todo caso mediante la supresión de moneda, o bien aprobando la adopción de otras medidas de carácter financiero.

EL TRIBUNAL DE LA HAYA

Uno de los progresos más notables realizados en el campo de las relaciones internacionales fue la creación y funcionamiento del Tribunal Permanente de Justicia Internacional de La Haya. Su existencia ha facilitado la conclusión de convenios encaminados a la resolución pacífica de las controversias internacionales, especialmente las de carácter jurídico. Dicho Tribunal se constituyó en virtud del artículo 14 del Pacto de la Sociedad de las Naciones, tiene su sede en La Haya y está constituido por quince magistrados elegidos por sus méritos personales, prescindiendo de su nacionalidad. Se halla abierto a todos los Estados.

La jurisdicción es obligatoria, cuando esté en vigor un tratado por el cual se hayan comprometido las partes contratantes a someterse a él, bien sea de una manera general, o también para controversias de una determinada especie. Las normas jurídicas que ha de aplicar este supremo órgano judicial, son, en primer lugar, los convenios, y a falta de éstos, las costumbres internacionales; los principios generales del Derecho reconocidos por las naciones civilizadas, las decisiones judiciales y la doctrina de los escritores más reputados. Puede también resolver las cuestiones en juicio de amigables y buenos componedores. El tribunal ejerce sus funciones en sesión plenaria, con la presencia de once jueces como mínimo. Sin embargo, se halla autorizado para constituirse con sólo nueve. Las controversias son llevadas ante el Tribunal, ya mediante la notificación del compromiso a la Secretaría, ya mediante la demanda o recurso de una sola de las partes, dirigido también a la Secretaría.

Las partes están representadas ante el Tribunal por agentes y tienen la facultad de hacerse asistir de abogados; pueden emplear las lenguas francesa o inglesa, que son las oficiales del Tribunal, salvo que éste autorice el uso de otro idioma. El procedimiento tiene dos fases: una escrita y otra oral, y normalmente, durante esta última, las audiencias son públicas. El Tribunal dicta todas las providencias necesarias para la dirección del proceso. Si no comparece una parte, la otra puede requerir al Tribunal para que se pronuncie de conformidad con sus conclusiones. Terminado el debate, el Tribunal se constituye en la sala para deliberar y sus decisiones son tomadas por mayoría de los jueces presentes. En caso de empate el presidente tiene voto de calidad. La sentencia, que ha de ser leída en sesión pública, debe ser motivada y firmada por el presidente y actuario, pero los jueces disidentes tienen la facultad de exponer a continuación de la misma sus opiniones individuales y la razón de su disenso. Puede suceder que una resolución dictada entre dos o más Estados sea tal que comprometa indirectamente los intereses de otros Estados. Por ello, la Secretaría advierte la existencia de la controversia a todos los Estados que son partes interesadas, y cada uno de ellos tiene derecho a intervenir en el proceso.

Si esto tiene lugar, la sentencia es obligatoria también a tal respecto. La sentencia es definitiva, sin posibilidad, por tanto, de recurso alguno. Sin embargo, y en caso de duda, el Tribunal puede interpretarla a petición de cada una de las partes. También se permite la revisión de la sentencia siempre que se descubra un hecho de importancia decisiva, que fuese desconocido por el Tribunal y de la parte que solicita la revisión, sin que tal ignorancia sea debida a culpa. Por la importancia, utilidad y sumo acierto en sus decisiones, el Tribunal Permanente de Justicia internacional de La Haya, goza de gran prestigio.

INFLACIÓN Y DEFLACIÓN

Una forma de impuesto quizá no tan conocida o vulgarizada es la inflación, que ya fue aplicada en la antigua Roma. Efectivamente, la moneda moderna es puramente de papel y no tiene otro valor que la garantía que presta el Estado, y se acepta porque el Estado la declara válida para el pago de las obligaciones y deudas. A esto se llama fuerza legal o poder liberatorio de la moneda.

La medida de su valor viene dada por la teoría cuantitativa de la moneda, que dice: “en un país y en un cierto tiempo en que no varíen las circunstancias de la vida económica, los precios variarán en proporción a la cantidad de moneda que circule”. Si se dobla el número de moneda en circulación, se tenderá a gastar el doble y los precios variarán el doble. Si en un país hay cuatro monedas y cuatro naranjas es lógico que cada naranja cueste una moneda, pero en el momento en que se doble el número de monedas sin que el de las naranjas sufra variación, es natural que entonces cada naranja cueste dos monedas. Se llama inflación a cualquier aumento en la circulación de moneda. Por eso la inflación puede considerarse como un procedimiento de ingresos; aun cuando dudando de su moralidad, sus efectos prácticos son extraordinarios.

Para comprender sobre quien recae la carga de la inflación supongamos un Estado en el que la circulación fiduciaria ascienda a 1.000 millones de libras. Llamaremos A al poder adquisitivo de cada una de estas libras. Si suponemos que el Estado duplica la circulación fiduciaria, ésta pasará a ser de 2.000 millones de libras. Según la teoría cuantitativa de la moneda, los precios habrán subido el doble y el poder adquisitivo de cada nueva libra será B, y habrá quedado reducido a la mitad. De esta manera, el valor real de los 2.000 millones de libras B será igual al de 1 millón de libras A. Con la duplicación de la circulación fiduciaria, el estado habrá obtenido un beneficio de 1.000 millones de libras B, equivalentes a 500.000 libras A. ¿Quién habrá soportado la carga? Sencillamente, los poseedores de las libras primitivas, que han visto reducido su valor a mitad. Sin embargo, el Estado ha ganado 500 millones de libras A. Sus efectos son desastrosos en los que tienen ingresos fijos (poseedores de Títulos de la Deuda, pensionistas, propietarios con contratos de alquiler a largo plazo, etc.), los cuales quedan empobrecidos con el aumento de los precios y la desvalorización de la moneda.

En cuanto a los empresarios, industriales, comerciantes, agricultores, etc., no experimentarán variación en su patrimonio, toda vez que si los precios aumentan, sus beneficios aumentarán en al misma proporción. Los obreros, funcionarios y empleados también resultarán perjudicados, puesto que sus jornales y sueldos aumentan en forma retardada y no en cantidad proporcional al aumento de precios. Los efectos de la inflación sobre la Deuda Pública son los de beneficiar al deudor (Estado) y perjudicar al acreedor, puesto que el Estado pagará con moneda de valor intrínsecamente inferior al de aquella con la que había contraído la deuda, antes de la inflación. Sin embargo, la inflación producida en forma lenta actúa favorablemente sobre la producción, ya que al resultar los empresarios beneficiados, aumentan y amplían sus industrias y fábricas, lo que se traduce en una disminución del desempleo. La deflación es el fenómeno inverso y sus efectos son, en todo, contrarios a los que produce la inflación. Durante ella escasea el dinero, las inversiones se retraen, las entidades bancarias limitan los créditos, la Bolsa baja, y en general la producción sufre un cierto colapso, los jornales no aumentan y se habla de crisis. Los movimientos ascendentes (inflación) y los depresivos (deflación), se suceden en forma periódica.

La Doctrina Cristiana Dios y El Hombre El Catolicismo

La Doctrina Cristiana Dios y El Hombre

LA RELIGIÓN

Entre todas las religiones del mundo actual el catolicismo es, sin duda alguna, la que posee un cuerpo de doctrina mejor definido, más invariable, y al mismo tiempo una organización jerárquica más perfecta y completa. Su doctrina puede resumirse en un librito de poca extensión, el catecismo, y explica lógica y claramente la Creación, la esencia del hombre y el futuro. Dios existe, es eterno, inmenso, todopoderoso, providente, sapientísimo, es decir, perfecto. Dios creó el mundo y el hombre. A éste le hizo libre, compuesto de cuerpo y alma, destinado a salvarse y a gozar de una felicidad eterna después de la muerte.

La caída y pecado original de la primera pareja tuvieron por consecuencia la pérdida de los dones preternaturales y la condena a morir, a sufrir enfermedades, tentaciones, dolor y trabajo. Existe una Religión natural. Un hombre en estado salvaje, por su propia reflexión puede encontrar a Dios y saber qué cosas están bien y cuáles son los actos perversos. Pero Dios dio al hombre una Religión revelada, explicó ciertas verdades que el hombre por el solo ejercicio de su razón jamás podría llegar a conocer.

La Doctrina Cristiana Dios y El Hombre

La Doctrina Cristiana Dios y El Hombre

Esta revelación se halla expresamente consignada en las Sagradas Escrituras, en el Antiguo Testamento. Un pecado contra Dios no podía ser perdonado sino por el sacrificio de una víctima igual a Dios. Es esencial en el catolicismo el misterio de la Santísima Trinidad, un solo Dios, pero tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Hijo se convirtió en hombre y Jesús apareció en el mundo por dos razones principales: para morir y con su sacrificio hacer posible el perdón de la culpa original, y para revelar al mundo el Evangelio, la buena nueva, abriéndose así el Nuevo Testamento. Los signos con que se conoce la verdadera religión son las profecías y los milagros, hechos sobrenaturales, no explicables por razones científicas, los cuales no son contrarios a las leyes naturales, pero obran como si las suspendieran o modificaran. Las curaciones milagrosas de Lourdes y de Fátima no pueden explicarse científicamente, porque son obra de Dios.

Toda religión que no contuviera en su doctrina algún misterio sería demasiado humana. La católica se basa en el de la Trinidad, el de la Encarnación y Redención como principales. Admiten los mismos libros sagrados que existían en los tiempos anteriores a Jesús, pero añade los cuatro Evangelios que narran la vida del Maestro y los Hechos de los Apóstoles, cartas, etc., que constituyen en conjunto el Nuevo Testamento. En los tiempos históricos los mártires dan testimonio, confiesan la verdad de la fe y su sangre tiene el valor de holocausto y de testificación. Cristo es el Hijo de Dios hecho hombre. Él instituyó la Iglesia y San Pedro fue el primer pontífice, y la línea de sus sucesores puede seguirse históricamente hasta la actualidad. La Iglesia es la barca del pescador, la piedra de salvación, y fuera de ella no hay sino discusiones, errores y tinieblas porque sólo en ella se da el Pentecostés eterno de la influencia del Espíritu Santo. El Papa, vicario de Cristo en la tierra, reside en Roma y le asiste un Colegio de cardenales, supremas dignidades de la Iglesia, a modo de cuerpo consultivo ya que las últimas decisiones, inapelables e infalibles, corresponden al Pontífice. Los obispos son los representantes del Papa en las diócesis, y en ellas ejercen con plena autoridad su ministerio siendo los párrocos los jefes espirituales de cada pueblo. Junto al clero regular se hallan las Ordenes monásticas, misioneros, de enseñanza, hospitalarias, etcétera, variadísimas y cada una con reglamentaciones y obediencias propias.

La Religión enseña una serie de verdades que se han de creer. Constituyen el Dogma, el Credo, y se dirigen principalmente a la inteligencia. El hombre no puede mantenerse puro porque no es perfecto, su naturaleza propende al mal, al placer y a la decadencia. El pecado es la trasgresión de un mandamiento impuesto por Dios. Las normas de conducta expresadas en la Moral se dirigen con preferencia a la voluntad y al sentimiento. La amistad de Dios se expresa en la gracia, un don sobrenatural que el señor no niega a quienes la piden sinceramente. El pecado lleva consigo la pérdida de la gracia y, por tanto, un castigo en la otra vida. Pero Dios es infinitamente misericordioso y perdona siempre que exista propósito y dolor. Para devolver al alma caída la gracia que perdió, existen los Sacramentos. Unos, como el bautismo, confieren la primera gracia. Sin haberlo recibido no se es cristiano, ni miembro de la Iglesia.

La penitencia borra los pecados; la confirmación nos hace soldados de Cristo; la extremaunción nos prepara para el gran tránsito; el matrimonio y el Orden nos confieren gracia de estado, para ayudarnos a vivir santamente una nueva vida. Pero el más sublime es la Eucaristía, por el cual Cristo Jesús, vivo y verdadero, entra en nosotros oculto bajo las especies del pan y el vino, y se une a nuestra alma de la que no se apartará mientras no cometamos un pecado. Vivir en gracia, perseverar, es la gran meta del cristiano. Por esto reza. La oración es la comunicación del fiel con Dios o con alguno de sus intercesores: la Virgen, mediadora por excelencia, y los santos, varones ilustres que consiguieron la gloria por sus esfuerzos. Rezamos para dar gracias y para pedir lo que necesitemos siempre que sea para bien de nuestra salvación. La finalidad de todo cristiano en esta vida es vivir santamente para salvarse.

Conseguir la felicidad eterna es lo más importante. La religiosidad, la fe, la piedad, el amor al Creador, deben manifestarse por medio de un culto. No es necesario acudir al interior de grandes catedrales para rogar o alabar a Dios. esto puede hacerse en la soledad el desierto o in curriculum tuo, como dice el Evangelio, en el interior de nuestra casa; pero el culto externo, manifestado a veces con gran lujo y aparatosidad en procesiones o grandes fiestas, es la muestra más evidente de que la fe no es solamente patrimonio de cada uno, sino algo colectivo, que comparten todos los creyentes de un mismo pueblo, de una nación. Los actos del culto son varios, pero el más importante es el sacrificio de la misa. Los fieles se reúnen en los templos y el sacerdote oficia la misa que celebra conjuntamente con los fieles. Éstos son parte activa en el gran drama. La misa consta de unas oraciones de entrada, lectura de epístolas de los apóstoles y de un fragmento del evangelio, enseñanza viva de la doctrina de Jesús.

Sigue un ofrecimiento, un ofertorio, en el cual el pueblo ofrece sus oraciones y el sacrificio que se va a consumar. El momento más importante de la misa es la consagración, en la cual, repitiendo el sacerdote las palabras de Jesús en la santa cena, el pan y el vino se convierten milagrosamente en el cuerpo y la sangre de Jesús. La comunión es la participación de los fieles en esta unión íntima con Cristo. Los demás actos piadosos y de culto, procesiones, triduos, novenas, sermones, bautismos, bodas, etc., si bien son altamente laudables cuando se realizan con espíritu cristiano no pueden compararse con el gran sacrificio de la misa.

El cristiano no es un ente aislado, sino miembro de una iglesia dilatadísima. Una parte de ella se encuentra triunfante en la gloria. Otra, purga sus pecados, pero sabe que un día verá a dios, y otra, la de los fieles que vivimos, es la militante porque lucha para conseguir el premio eterno. Las buenas obras, las oraciones, los sacrificios, etc., merecen delante de Dios y sirven para perdonar parte de la pena de los pecados, pero el cristiano no pelea solo, sino que es miembro de un cuerpo místico. Por la comunión de los santos, el fruto de las buenas obras puede beneficiar a todos y a cada uno de los fieles. La Iglesia, en los momentos actuales, se enfrenta con gravísimos problemas de los cuales, sin duda alguna, el más importante es el social. Pero una característica que a veces pasa inadvertida, referente a la Iglesia católica romana, es que para ella el tiempo, la violencia o la persecución no ejercen gran influencia. La persecución, a través de la experiencia de veinte siglos, resulta beneficiosa porque purifica y fortalece.

La violencia, ni en tiempo de Atila, Solimán o Napoleón, logró torcer los caminos del Papa, que no tiene divisiones militares, pero que ejerce su soberanía espiritual sobre centenares de millones de personas. Finalmente, el tiempo es para una iglesia eterna un factor secundario. Por esto las decisiones pontificias son lentas, ya que su misma continuidad le confiere una seguridad y una confianza que no puede existir en una sociedad puramente humana. En último término siempre es Dios, la Providencia, quien gobierna el mundo y dispone todas las cosas. La entronización de Juan XXIII en 1958 provocó un cambio del Vaticano en la apreciación de los problemas contemporáneos. En 1962 convocó al vigésimo primer Concilio Ecuménico, segundo del Vaticano, y que fue clausurado en 1969 por Paulo VI. Este Concilio realizó importantes reformas litúrgicas y administrativas.

Paulo VI viajó a varios continentes en misión espiritual, llegando a Tierra Santa y la India en 1964, dictó un mensaje en la sede de las Naciones Unidas en los Estados Unidos en 1965, viajó a Portugal y Turquía en el año 1967 y, por último, en 1968 se dirigió a Colombia. Esta línea de apertura e integración ha sido continuada y acentuada por el Papa Juan Pablo II el cual ha visitado los lugares más recónditos de la Tierra llevando su mensaje de amor y paz.

Ver:Dios y El Hombre Las Religiones Actuales

Dios y El Hombre Las religiones actuales El Catolicismo

Dios y El Hombre Las Religiones Actuales

DIOS Y EL HOMBRE

El hombre se ha encontrado siempre rodeado de interrogantes. Para él la existencia es como un inmenso palacio a recorrer, en el que cada puerta que se abre muestra una nueva sala con nuevas puertas y, por tanto, con nuevas incógnitas. Siempre existe un “más allá” y un nuevo “por qué”. Los hombres primitivos, en el despertar de la razón, debieron sentirse sobrecogidos ante la grandiosidad de un mundo implacable que les rodeaba y experimentaron su impotencia ante el rayo, la lluvia, el frío extremo, la enfermedad y, sobre todo, la muerte.

En un mundo excesivamente hostil y difícil, en el que los animales, unidos a los elementos, podían más que el ser racional, escaso en número y débil en medios, éste debió comenzar a pensar en el por qué de su existencia y vio la implacable evolución del hombre desde su infancia hasta la senectud; cómo se sumían todos, incluso los jefes más poderosos, en la decadencia y en la extinción física para acabar en la muerte. Entonces debió surgir la idea de que existían fuerzas más poderosas a las cuales el hombre se encontraba sometido y así nació la veneración hacia el Sol, padre de toda la vida, hacia el trueno, el rayo, la lluvia, etc., que dieron lugar a una proliferación de dioses, cuyo poder debía halagarse con dádivas y sacrificios, únicos medios de que así hiciesen la vida más llevadera a los indefensos mortales.

Y nació la Religión primitiva como una creencia en uno o múltiples seres superiores, generalmente invisibles, pero reales, implacables y crueles en muchos casos, bondadosos y sensibles a las ofrendas de los fieles y rencorosos con los indiferentes. En cada pueblo se perfiló una teoría religiosa distinta y se adoraron dioses nacionales y locales que muchas veces se parecían porque habían nacido de mitos comunes, de la entraña del sentir popular.

La leyenda se mezcló con las primitivas creencias religiosas, y así aparecen en las narraciones clásicas el dios que devora a sus propios hijos, los principios del Bien y del Mal que luchan sin tregua, etc. A través de los siglos, muchas religiones han desaparecido, se han abolido las más crueles y se han afianzado otras en grandes áreas geográficas. Pero en todas las regiones del Globo se ha manifestado el fenómeno religioso, relación del hombre con fuerzas superiores, con Dios. No se encuentra pueblo alguno que no crea y no practique alguna forma de religión, alguna creencia en el más allá. Considerada ésta como fenómeno humano, puede afirmarse que la Religión es universal.

El hombre ha buscado a Dios, al Creador, a la Razón Ultima de todas las cosas, a través de la multiplicidad (politeísmo) o, en fases más perfectas, en una concepción unitaria (monoteísmo). La idea de Revelación, de manifestación directa de la Divinidad al hombre, a través de la cual Dios da a conocer algunas verdades que por la luz de la razón natural se ignorarían siempre, nace en el pueblo judío y se mantiene en el cristianismo, pero no es ajena a otras formas religiosas aunque, naturalmente, la Revelación verdadera sólo puede ser una. A veces el hombre cayó, como en muchos pueblos salvajes, en aberraciones infrahumanas. Los crueles sacrificios expiatorios se unieron a “tabúes”, o prohibiciones insoportables, absurdos; pero en otras ocasiones, como en San Francisco de Asís, esta búsqueda de Dios ha dado a la Humanidad las páginas más hermosas de comprensión y amor. Max Müller decía que Religión es la facultad de sentir el infinito.

El hombre moderno, culto y consciente, busca una explicación armónica y completa del orbe. Los científicos, en un orden puramente material, intentan dar con un “campo único” que explique toda la ciencia hoy dividida en distintas parcelas. Pero más allá de la materia existe el mundo del espíritu y las grandes incógnitas que exigen una respuesta: ¿qué sentido tiene la vida?, ¿qué ocurre después de la muerte?, ¿qué es el Universo?, etc. El deseo de unidad es un impulso muy humano. La negación, la duda y las tinieblas repugnan al hombre que tiende a los grandes bienes supremos: la Verdad, la Bondad, la Belleza, la Justicia… El agnosticismo es una posición mental propia de los tiempos modernos en que el hombre se siente impotente y renuncia a la lucha.

Afirmar que sobre el más allá y de la divinidad nada podemos saber, que toda especulación es vana y que todo saber cierto en esta materia es pura ilusión, equivale a un negativismo semejante al que durante siglos ha imposibilitado el avance de la Ciencia material, como el de los que afirmaban: “El hombre nunca podrá volar.” “Sobre lo que ocurre en el cerebro nunca sabremos nada.” “Es imposible llegar a la Luna”, etc.

El negativismo en materia religiosa no resuelve el gran problema, Hombre y Dios, sino que se limita a descartarlo, a dejarlo a un lado, lo cual no es hallar una solución. La posición religiosa, la fe, en cambio, satisface y proporciona un bienestar íntimo a quien la posee. El “yo confío en Dios” ha dado fuerza a innumerables generaciones para soportar dolores inmensos, realizar grandes trabajos y, lo que es más importante, vencerse y aniquilarse a sí mismo en bien de sus semejantes.

EN TODAS LAS RELIGIONES

El hombre no interpreta por igual el concepto de Ser Supremo, y en la diversidad de religiones se advierte la desorientación del que busca a ciegas. Los primeros navegantes que llegaron a las islas de la Polinesia se encontraron extrañamente sorprendidos al ver que pueblos que vivían una existencia paradisíaca, sin apenas rastro de civilización, creían, en cambio, en la existencia de un Dios único. Entonces se suponía que todo salvaje era, por definición, un politeísta, un hombre sumido en la superstición y la magia. Y fue preciso formularse la pregunta de si la primera religión del hombre fue monoteísta, que al degenerar por diversas razones dio paso, en los pueblos más atrasados, a un fetichismo, a un politeísmo degradante.

Vemos cómo a través de los siglos las religiones politeístas, que admitían la existencia de muchos dioses, han cedido la primacía a las monoteístas (judaísmo, cristianismo, mahometanismo, etc.) en las cuales el primer dogma es la existencia de un Ser Supremo, único y todopoderoso. A través de los distintos países es posible advertir las profundas diferencias de los hombres en su interpretación de Dios. Hay religiones en que el hombre parece ser el esclavo de un genio del mal al que es preciso aplacar constantemente con dádivas y sangre. En otras, toda la existencia es una prueba durísima que se ha de superar. Las religiones llamadas de vida, cuya manifestación más elevada es el cristianismo, son concepciones optimistas y nobles.

En ellas, Dios es el padre providente, lleno de amor, a quien se puede hablar y a quien se puede pedir con naturalidad porque está dispuesto a dar. “Pedid y se os dará.” En todas ellas existe un cuerpo de creencias que constituyen el dogma. Los misterios son inherentes al hecho religioso, porque el hombre admite con humildad que su inteligencia no puede abarcar el Universo entero, y una religión sin misterios sería sólo una explicación argumentada a la talla humana. Las relaciones del hombre con la divinidad se manifiestan en forma de ritos, es decir, de un culto que en su forma más perfecta implica un sacrificio.

La conducta humana respecto a Dios está regulada por una serie de preceptos o mandamientos que en algunas religiones, como la mahometana, son extremadamente minuciosos y hasta pueriles. El hombre, necesitado de tantas cosas que no están a su alcance, debe pedir y dar gracias, lo cual realiza a través de la oración. Rezan los monjes budistas y los frailes de la cartuja, y de un modo similar los hechiceros del Congo al impetrar la lluvia, pero hay un abismo entre los monjes tibetanos, que mueven mecánicamente los tambores de oraciones, y los monjes de Solernes, que cantan un Te Deum, conscientes de cada palabra, de cada nota.

La vida humana ha sufrido una gran evolución en un lapso inferior a los 10.000 años, y una de sus manifestaciones más influidas por este cambio ha sido la Religión. En los países civilizados es posible encontrar muchos agnósticos y algunos ateos que quizás no se han preocupado de profundizar en el fenómeno religioso, pero nos sorprendería dar con una persona que creyera en Ormuz o en Baal Moloch. Muchas religiones han desaparecido empujadas por las conquistas de la Ciencia que han demostrado lo absurdo de sus creencias. Otras han sido abatidas por persecuciones o se han disgregado en múltiples herejías.

En cambio, algunas se mantienen a través de los siglos quizás porque convienen y se adaptan a la idiosincrasia de los pueblos donde radican. El cristianismo ha demostrado la perfecta compatibilidad del Dogma con los avances de la Ciencia, y es en la actualidad la religión de los pueblos más civilizados de la Tierra y la que se halla en vías de mayor difusión.

LAS RELIGIONES DE LOS PUEBLOS SALVAJES

La interpretación más admitida del por qué de las pinturas rupestres halladas en el interior de las cuevas habitadas por los hombres prehistóricos es que obedecían a motivos religiosos. El pintor del paleolítico rogaba a la divinidad que la caza le fuese propicia, y pintaba en el techo y en las paredes las figuras de los animales deseados. Entre los pueblos que viven hoy sumidos en la Prehistoria encontramos una serie de manifestaciones análogas a las paleolíticas: ritos funerarios que revelan un cuidadoso culto a los muertos, lo cual supone una creencia en el más allá, en la supervivencia; una serie de tabúes, de prohibiciones; una colección de totems, de fetiches propicios o adversos, etc. La figura del sacerdote, del hechicero, del mago, aparece en todos los pueblos al lado de la del soberano o del jefe. En todos los pueblos aquél goza de una influencia total y llega a ser temido por el propio conductor de la tribu. Entre los pueblos primitivos, uno de los más interesantes es el de los bantúes, radicado en Africa Central.

Éstos creen que existe un mundo invisible, pero real, que coexiste con nosotros y en el cual entramos a través de la muerte. En su idioma no existe una palabra para designar la religión porque todo en ellos es sentido religioso. Los animales y el hombre, aunque mueran, no dejan de existir porque su alma sobrevive. Así, un guerrero puede vencer a un leopardo si posee el espíritu de un león que se haya apoderado de él. La muerte de un familiar se acompaña de danzas, cánticos y una serie de ritos que ayudarán al agonizante a ingresar en el mundo invisible. La distinción entre las almas de los hombres buenos y las de aquéllos que se comportaron mal en vida, surge ya en pueblos como los Fangs del Gabón, que creen en un Otololan o “infierno de fuego”.

La reverencia que los bantúes tienen para sus manes o fetiches, que son innumerables, no se confunde con la idea de un dios inaccesible, lejano y supremo a quien llaman amba, que significa “el que hace” o bien oza, “el que puede”. Pero ellos siguen implorando a sus manes y esta idea oscura de Dios no basta a moverlos a rechazar sus supersticiones. En todos los pueblos salvajes, salvo rarísimas excepciones, la Familia y la Religión mantienen relaciones muy estrechas. El hecho de unirse a un hombre y una mujer para crear un hogar está rodeado de una serie de prohibiciones y ritos a veces complicadísimos.

La iniciación de los adolescentes y la entrada en la virilidad reviste caracteres sangrientos y dolorosos, pruebas de sangre y de fuego, en muchos lugares. La práctica de la circuncisión, por ejemplo, no es privativa del pueblo judío, sino que se observa en forma bastante más dura en Australia, Polinesia, muchos pueblos de Africa y algunas tribus de América. Livingstone, el gran explorador africano, decía, refiriéndose a los hotentotes: “por degradados que sean estos pueblos, no es necesario hablarles de Dios y de la vida futura, porque para ellos éstas son verdades completamente admitidas. Si les habláis de un muerto dicen que ha ido a Dios. Al amanecer abandonan sus chozas y mirando al Oriente dirigen una oración a Tsui Goa, el padre de los padres. La confusión de ideas (Dios-Sol) es lógica y propia de una mente primitiva”. Los masais, que son pueblos pastores, tienen siempre en su boca el hombre de Dios, En Ngai, a pesar de que no sepan dónde está ni quién es.

Las mujeres rezan dos veces al día, y los hombres cuando hay sequía o enferma el ganado. La base o fundamento de las religiones de los pueblos primitivos parece residir en el miedo a lo desconocido. Los sacerdotes y magos se aprovechan de esta ignorancia y rodean sus ceremonias de iniciación, y sus rituales de una serie de cánticos, movimientos, adornos y sortilegios para enmascarar y “dramatizar” sus ceremonias. Solamente los iniciados pueden llegar a los secretos de la Religión, los cuales si bien son celosamente guardados por los custodios del culto, se transmiten escrupulosamente de generación en generación. El totem es una manifestación universal de carácter religioso. Los pieles rojas ojilawais creían descender de una pareja de aves llegadas al Lago Superior y a las cuales el Gran Espíritu había convertido en seres humanos.

La identificación de cada tribu con un animal totémico llegaba a ser absoluta entre los pieles rojas, que adoraban realmente al águila, al búfalo, al buitre o al puma. Los hombres de las tribus Arunta, en Australia, tenían como totem el mosquito y no podía aplastarlo ni tan sólo ahuyentarlo. Los totems originan, de rechazo, el tabú, la prohibición. Existen innumerables y a veces inexplicables prohibiciones en las religiones de los pueblos primitivos. Cierta tribu australiana no podía beber agua tomándola en la palma de la mano, sino que debía recibirla de otra persona.

Los citados Arunta no podían mirar la Luna so pena de exponerse a morir en manos de un enemigo. Algunos totems son entes inanimados como la lluvia, el trueno, la arena, etc., aunque por lo general las tribus guerreras prefieren tener como totem a un animal. He aquí algunos totems de clanes pieles rojas americanos: Indios creeks: oso, ciervo, pantera, gato montés, castor, sapo, topo, lobo, etc. Indios iroqueses: tortuga, lobo, gamo, oso. Indios yuwas: búfalo, águila, lobo. El respeto de los hindúes se inclina hacia la vaca, cuya carne no comen porque está prohibido darles muerte; el de los bereberes hacia el cordero, cuya fiesta de Aidelmulú no es de origen árabe, sino más primitivo, y numerosas creencias arraigadas en la superstición popular, incluso en países cristianos (el gato negro, la buena suerte de las mariposas blancas, el horror a las lechuzas, etc.), son supervivencias de un totemismo universal primitivo. La idea de la muerte va también íntimamente unida a la Religión. Por esto el “culto a los muertos” es constante en todos los pueblos primitivos.

Los hombres de Neanderthal enterraban a sus familiares en cuclillas, rodeados de los enseres que les acompañaron en vida y con provisiones y alimentos para el gran viaje. Sin embargo, existe en el fondo del corazón humano una tendencia ancestral hacia el monoteísmo. La creencia en muchos dioses no llega a borrar el deseo, la necesidad de que exista un Dios más poderoso, un señor único, providente y eterno. Así, cuando los primeros colonizadores llegaron a la Isla de Pascua, en la región más desconocida del Pacífico, se sorprendieron al constatar que los polinesios creían en un solo Dios a quien llamaban Tangalo, y más asombroso aún, esperaban la venida de un redentor, a quien conocían con el nombre de Rongo. Los dioses menores, los espíritus de la naturaleza, del mar y de las cosas, eran reverenciados como fuerzas sometidas al poder supremo de Tangalo. En la Isla de Pascua no existían templos, ni sacerdotes ni una organización religiosa con ritos determinados. Los polinesios de aquel lugar vivían en la más completa libertad. Sin embargo, creían en un solo Dios y esperaban al Mesías. Cuando el hombre comienza a dejar constancia escrita de sus luchas, del nombre de sus jefes, de sus vicisitudes, es posible estudiar ya la evolución concreta de sus ideas sobre Dios, la otra vida y el destino del hombre.

Entramos en el mundo de las religiones históricas. Algunas de ellas desaparecieron sin dejar rastro, salvo el que puede admirarse en los museos. Otras, se transformaron y dieron lugar a las que subsisten en la actualidad. Los hombres que habitaron en el Próximo Oriente, desde Egipto hasta los confines de la India, con la salvedad del pueblo judío, se esforzaron en dar una explicación a los grandes interrogantes de la vida y el más allá creando religiones de terror, impresionantes, en las cuales el hombre era un ser sometido al poder tiránico y absoluto de dioses muchas veces malvados, exigentes y en ocasiones viciosos e implacables. La religión de los pueblos históricos primitivos constituía casi siempre una tortura moral, cuando no también física, para el desdichado creyente.

La Extradicion Penas en el Derecho Penal Agravantes y Atenuantes

La Extradición Penas y Castigos El Derecho Penal-Agravantes y Atenuantes

HACER VALER UN DERECHO

Los derechos de las personas pueden verse perturbados por acciones ilícitas y antijurídicas realizadas por otras. Así, el derecho del arrendador a percibir el importe del alquiler por parte del arrendatario puede verse perturbado por la falta de pago de éste; el derecho del trabajador a percibir el importe de su salario puede verse lesionado por incumplimiento de esta obligación que pesa sobre el patrono; el derecho del asegurado de percibir el importe de un seguro de incendios, quedaría lesionado si no fuera indemnizado por la compañía aseguradora; el que ha sido víctima de un robo se sentiría defraudado si la organización del Estado no persiguiera al delincuente y le aplicase un castigo.

Cuando los derechos de una persona se sienten lesionados, el Estado presta su protección y se origina un proceso.

JUSTIFICACIÓN DEL DELITO

El Derecho penal señala causas de justificación fundadas en la necesidad, como son: La legítima defensa, que es una causa eximente de pena porque es justo y lícito que el atacado se defienda. Éste toma a su cargo la defensa que de ser posible le prestaría la sociedad, es decir, el Estado. La orden del superior jerárquico justifica la conducta del subordinado que la ejecuta, siempre que el mandato sea legítimo y el subordinado obre conforme a los deberes que la ley le impone. Si el subordinado, conociendo el carácter ilegítimo de la orden, la obedece, será responsable criminalmente del hecho realizado. Si a un ordenanza su jefe le manda que cierre las puertas, él no es culpable de que un empleado se quede sin poder salir.

Está también exento de responsabilidad criminal, el que impulsado por un estado de necesidad, para evitar un mal propio o ajeno, lesiona un bien jurídico de otra persona o infringe un deber, siempre que concurran los requisitos siguientes: 1º. Que el mal causado no sea mayor que el que se trate de evitar. 2º. que la situación de necesidad no haya sido provocada intencionalmente por el sujeto, y 3º. Que el necesitado no tenga por su oficio o cargo, obligación de sacrificarse. En Inglaterra, los náufragos de la Mignonette, culpables de canibalismo, fueron condenados a una pena atenuada.

El Tribunal supremo de España aplicó esta eximente a un reo de apropiación de relojes que le habían sido entregados para vender a comisión, y que destinó el producto de su pignoración a satisfacer los honorarios del médico que había de operar a su hijo para evitarle una muerte cierta. Están exentos de responsabilidad criminal los locos y los que se hallan en estado transitorio de enajenación mental, a no ser que éste haya sido buscado a propósito para delinquir. Los individuos declarados exentos de responsabilidad criminal por enfermedad mental, como son sumamente peligrosos han de ser internados en manicomios o asilos.
Derecho penal. castigos
El Derecho penal, además de los alienados declarados irresponsables (locos-criminales), se ocupa también de los que habiendo sido declarados responsables, enloquecen en el cumplimiento de la condena. Éstos suelen denominarse criminales-locos. Gran número de estos individuos cuya mentalidad se hallaba profundamente perturbada en la época en que delinquieron, pero su estado de enfermedad mental no fue apreciada o dignosticada debidamente.

Para la ley española, el menor de dieciséis años no puede ser ni procesado ni condenado, sino tan sólo sometido a medidas educativas y tutelares. El menor de dieciocho años tiene su responsabilidad criminal atenuada. Otra causa de exención de responsabilidad es la fuerza irresistible y el miedo insuperable. Personas honradas y normales se han visto obligadas a delinquir forzadas por la violencia o aterrorizadas por amenazas. Su responsabilidad, en estos casos probados, era, pues, nula.

LA EXTRADICIÓN

Las leyes penales suelen ser “territoriales”, es decir, se aplican a todos los delitos cometidos en el territorio de un determinado Estado, pero también en algunos casos pueden aplicarse a delitos cometidos fuera de dicho Estado. En los casos determinados que así sucede, se denominan “extraterritoriales”. Ejemplo de extraterritorialidad en la ley española, lo tenemos en los delitos cometidos fuera de España, por españoles o extranjeros, contra el Estado español, en casos de espionaje, subversión, etc.

Para evitar que los delincuentes puedan sustraerse a la función represiva, refugiándose en un país distinto del en que delinquieron, se halla establecida la extradición. Por ella un Gobierno entrega un individuo, por razón de delito, al Gobierno de otro país que lo reclama para someterlo a la acción de sus tribunales de justicia, o, si ya fue condenado, para que cumpla la pena impuesta. La extradición se regula por los Tratados concertados entre los Estados, o por declaraciones de reciprocidad. Es preciso tener en cuenta que en casi todos los Tratados se consigna el principio de la “no extradición de los nacionales” por múltiples razones: así “nadie puede ser sustraído a sus jueces naturales”; “derecho del ciudadano a habitar el territorio de su patria”; “situación desventajosa para el que ignora la lengua del país extranjero”, etc.

En cuanto a los delitos, no todos dan lugar a la extradición, pues sólo son objeto de ella los relativos a la criminalidad común (atentados contra la vida, integridad personal, pudor, propiedad, falsedades, etc.), quedando exentos los denominados delitos políticos, sociales y militares. En la actualidad han desaparecido las antiguas injusticias que aplicaban penas distintas según fueran los delincuentes nobles o plebeyos. Existe el principio de la igualdad ante la ley penal. No obstante hay algunas excepciones que son: las relativas a los soberanos, jefes de Estado extranjeros, miembros de los Parlamentos y a los representantes diplomáticos.

LA PENA

Es el sufrimiento impuesto por el Estado, en ejecución de una sentencia, al culpable de un delito. La pena debe aspirar a la obtención de los siguientes fines: 1º. Obrar sobre el delincuente y crear en él, por el sufrimiento que contiene, motivos que le aparten del delito en lo porvenir, aspirando a su reforma y a su readaptación a la vida social. 2º. Obrar sobre los ciudadanos pacíficos al mostrarles las consecuencias de la conducta delictuosa, vigorizando su sentimiento de respeto a la ley. 3º. Obrar sobre los hombres de escaso sentido moral para reforzar su voluntad con el miedo a la pena. En la determinación de la pena debe procurarse que exista proporcionalidad entre ésta y el delito.

En su consecuencia, se establece una gradación entre éstos, atendiendo a su gravedad, y así todas las diversas penas son divisibles y graduables, para que puedan acomodarse a las gradaciones de aumento o disminución según las variedades del delito (atenuantes, agravantes, etc.).

LA PENA DE MUERTE

Es el castigo máximo que puede infligirse a un delincuente y se ejecuta por medio de silla eléctrica, gas, garrote, horca y decapitación. Se ha venido aplicando desde los tiempos más remotos, ha tenido distintas justificaciones y ha sido muy combatida. Santo Tomás defendió su legitimidad considerándola precisa para la conservación del cuerpo social, y decía que “así como al médico corresponde amputar el miembro infecto para preservar el resto del organismo, así también debe el príncipe eliminar al criminal, para conservar el cuerpo social”. Michaelis decía: “vale más matar a los criminales, que alimentarlos en la cárcel”.

Antiguamente se aplicaba con el fin de hacer sufrir; hoy se ejecuta con el fin de hacer morir. Hasta el advenimiento del siglo XVIII, nadie dudó de su justicia ni de la legitimidad de su aplicación.

Beccaria fue quien primero la combatió, y más tarde, Robespierre propugnó por su abolición, no obstante lo cual envió a miles de víctimas al cadalso. Quienes combaten la pena de muerte aducen razones de índole moral o de utilidad social, afirmando que constituye un acto impío, toda vez que la justicia humana, al imponerla, se arroga atribuciones reservadas a Dios. Otros, basándose en estadísticas, demuestran que los países que la han suprimido, no han observado aumento apreciable de criminalidad, mientras que en los países donde se mantiene, no hay indicios de disminución de los delitos castigados por ella.

Se añade que la pena de muerte carece de eficacia intimidativa para los criminales profesionales, fanáticos e insensibles morales. Sin embargo, el argumento más impresionante en pro del abolicionismo de la pena capital es el siguiente: la pena de muerte es irreparable y no ofrece recurso alguno contra el error de los jueces. Garraud, saliendo al paso de este argumento, manifiesta que los errores judiciales que llevan al cadalso a un inocente son mucho más raros que los errores médicos o quirúrgicos, sin que a nadie se le haya ocurrido prohibir las intervenciones quirúrgicas o los procedimientos terapéuticos, porque la posibilidad de error se encuentra en toda institución humana. Quienes defienden la aplicación de la pena de muerte aducen que es la única con eficacia intimidativa para luchar contra la creciente criminalidad y es la única realmente temida por los criminales. Se trata del medio más adecuado para efectuar la selección de la sociedad, eliminando de su seno a los individuos antisociales, pues la prisión, aun la perpetua, siempre ofrece el riesgo de posibles evasiones y la posibilidad de que una revolución abra las puertas de las cárceles.

Además, la pena de muerte -añaden- es insustituible, pues la que se propone para reemplazarla, la prisión perpetua, si se ejecuta en condiciones de rigor, resulta para el penado más intolerable aún que la misma muerte. Sería difícil determinar que es más doloroso para un hombre: la silla eléctrica o una condena a perpetuidad en la Guayana. La cuestión del mantenimiento o abolición de la pena de muerte se halla ligada hoy íntimamente a las concepciones políticas y sociales de los Estados.

Actualmente está abolida en Portugal, Holanda, San Marino, Dinamarca, Noruega, Suecia, Suiza, México, Costa Rica, Nicaragua, Ecuador, Venezuela, Colombia, Uruguay, Argentina, Brasil, etc. La conservan aún: España, Francia, Italia, Alemania, Rumania, Hungría, Nigeria, Estonia, Polonia, Rusia, Turquía, Yugoslavia, Grecia, Bulgaria, Japón, China, Persia, Afganistán, Siam, Egipto, Chile, Perú, Paraguay, El Salvador, Cuba, Honduras, Guatemala, Filipinas, Canadá y Estados Unidos. La pública ejecución de la pena de muerte va siendo suprimida en numerosos países, pero el movimiento favorable a su abolición ha sufrido un considerable retroceso a raíz de la última guerra mundial, y desde algunos años a esta parte se advierte un considerable resurgimiento de esta pena. En 1960 el caso de Caryl Chessman, que durante más de doce años sufrió el tormento de sucesivos aplazamientos de la sentencia, puso de nuevo sobre el tapete el discutido problema de la pena capital.

¿QUÉ ES EL DELITO?

Para unos es la simple violación de un derecho. Hay quien lo define diciendo: “el acto de una persona libre e inteligente, perjudicial a los demás e injusto”. Pero la verdadera noción de delito la da la ley: Es delito la acción prohibida por la ley bajo la amenaza de una pena.

Existen muchas clases de delitos: Delitos perseguibles de oficio. Son las casi totalidad de los que en el Código penal de cada país están previstos y penados (homicidio, robo, aborto, estafa, etc.). Perpetrado un delito de esta clase, la máquina policial y judicial se pone automáticamente en marcha para detener al delincuente, juzgarle y castigarle. Delitos perseguibles a instancia de parte son los que no pueden ser perseguidos sino por querella o denuncia de la persona ofendida o de las personas a quienes la ley reserva este derecho. Estos delitos suelen ser: violación, estupro, rapto, calumnia e injuria. Delitos comunes son aquellos que lesionan bienes jurídicos individuales (delitos contra la vida, contra la honestidad, contra la propiedad, etc.). Delitos políticos son los cometidos contra el orden político del Estado, así como los delitos de cualquiera otra clase, determinados por móviles políticos. El delito es casi siempre una acción, es decir, un acto humano voluntario, pero otras veces es una omisión. Quien penetra en una casa y se apodera del dinero que en ella encuentra, comete un delito por acción. La madre que no alimenta a su hijo y le deja morir de inanición comete un delito de omisión. Para que las acciones y omisiones voluntarias sean delitos deben estar penadas por la ley. Generalmente, entre el acto delictivo y el resultado existe un breve e insignificante espacio de tiempo. Pero muchas veces sucede que entre la acción y el resultado, el espacio de tiempo es considerable. Quien escribe desde España una carta injuriosa a una persona residente en el Brasil, plantea un problema jurídico penal: ¿Cuándo se cometió el delito? ¿En el momento de escribir la carta? ¿En España? ¿Cuando la carta llegó al destinatario? ¿En el Brasil?

También es corriente y frecuente que en el lugar donde se produce la acción o la omisión punible se produzca también el resultado. Pero a veces no sucede así. Si un individuo desde territorio español dispara un tiro que ocasiona la muerte de un súbdito portugués que se hallaba al otro lado de la frontera plantea parecido problema al expuesto anteriormente: ¿Dónde se cometió el delito? ¿En España, donde se ejecutó la acción homicida, o en Portugal, donde se produjo la muerte? Según una teoría penal llamada “teoría de la actividad”, ambos delitos se cometieron en España, puesto que es el lugar donde la actividad se realizó. Según otra teoría denominada “del resultado”, los hechos delictivos se cometieron en el Brasil y en Portugal respectivamente, por cuanto en dichos lugares se produjo el resultado. Una tercera denominada “de la ubicuidad” o “teoría de conjunto”, considera que los delitos se cometen tanto en el lugar donde se realiza la actividad, como en el lugar del resultado. Tiende a asegurar por partida doble el castigo del delito.

Según los principios penales, sólo son delitos las acciones y omisiones penadas por la ley, cuando han sido realizadas voluntariamente. Por tanto, el fundamento de la culpa es la voluntariedad. Ahora bien, la culpabilidad reviste dos formas: el dolo (intención) y la culpa (negligencia). Quien causa un mal por mero accidente, sin negligencia ni intención de causarlo, está exento de responsabilidad. Así, el chofer que conduce un auto sin frenos es culpable de negligencia, pero no lo es el que choca contra un camión en una curva si éste no llevaba su mano.

El Derecho Penal Agravantes y Atenuantes Penas y Castigos

El Derecho Penal – Agravantes y Atenuantes – Penas y Castigos

Ver También: Concepto del Derecho Jurídico

El Derecho Penal Agravantes y AtenuantesDerecho Penal CUANDO NO SE CUMPLE LA LEY: En la vida social ocurren hechos que afectan de una manera directa e íntima a la colectividad y que lesionan gravemente intereses colectivos e individuales, ya que, en su mayoría, poseen un marcado tono de inmoralidad: el asesinato, el robo, el aborto, la falsificación de documentos, etc.

Para salvar los intereses de la comunidad, el Estado define los delitos, determina las penas y las medidas de seguridad, haciendo que se respete la Ley y sea castigado quien no la cumpla. Esta rama del Derecho se denomina Derecho penal. (ver: Penas y Castigos)

AGRAVANTES

El delito presenta a veces tales caracteres que revela una mayor culpabilidad y perversidad del delincuente y su gravedad excede de aquel término medio que la ley considera como tipo. Estas circunstancias se llaman agravantes.

La primera de ellas es la premeditación, porque el acto premeditado, preconcebido y calculado contiene una mayor cantidad de voluntad criminal y una mayor dosis de libertad. El que premedita, por la frialdad y calma con que prepara el delito revela gran peligrosidad.

El motivo, cuando es bajo y antisocial, es circunstancia agravante. Así, el que mata para conseguir dinero y poder continuar llevando vida crapulosa, muestra mayor peligrosidad que el homicida que mató para defender la honra de su hija. Los medios, modos y formas empleados para lograr mayor impunidad y disminuir la posibilidad de defensa de la víctima son también circunstancias que agravan el delito.

Todas ellas quedan comprendidas bajo el epígrafe de alevosía.

El ensañamiento, que consiste en la prolongación cruel e inhumana del dolor de la víctima, el empleo de la astucia, fraude o disfraz, el abuso de superioridad, el obrar con abuso de confianza, la nocturnidad, actuar en despoblado o en cuadrilla, ejecutar el hecho con desprecio de la persona (edad, sexo o dignidad) o en su morada, o en lugar sagrado, son circunstancias que la concurrir en la comisión del delito le convierten en un hecho de mayor gravedad.

En el desarrollo del delito es preciso considerar estos momentos: preparación, tentativa (frustración) y consumación. Generalmente, la ley penal no castiga la preparación a no ser que revele propósito criminoso. Así, el que deseando matar a otro compra un veneno, prepara un delito; pero por este simple hecho objetivo de comprar el veneno, la ley no puede castigarle.

En cambio, el que tuviere en su domicilio una metralleta con munición es digno de castigo, ya que la posesión de tal arma revela objetivamente un propósito delictivo. Cuando un delincuente da comienzo a la ejecución de un delito y debe interrumpirlo por causas ajenas a su voluntad, surge la figura jurídica de la tentativa.

Mas si el agente interrumpe voluntariamente la ejecución del delito, no existirá tentativa punible.

De todas formas, la pena que se aplica a la tentativa siempre es menor que la correspondiente al delito consumado. Hay castigo, puesto que ha existido una violación de la ley; pero como no se han producido víctimas ni daños materiales, la pena debe ser menor que la correspondiente en el caso de haberse consumado el hecho.

ATENUANTES

Las leyes penales señalan algunas causas que disminuyen la responsabilidad criminal, pero no la anulan totalmente: la embriaguez no habitual, la de ser el culpable menor de dieciocho años, la de no haber tenido el delincuente intención de causar un mal de tanta gravedad como el que produjo, la de obrar por estímulos o motivos morales altruistas o patrióticos de notoria importancia, etc.

Son también circunstancias atenuantes, la reparación en lo posible -a impulsos de arrepentimiento espontáneo- de los efectos o consecuencias del delito, dar satisfacción al ofendido o bien confesar a las autoridades la infracción.

AUTORES Y CÓMPLICES

Por desgracia, los delincuentes se asocian a veces para perpetrar sus fechorías con mayor impunidad o con mejores probabilidades de éxito. Suelen ser los más peligrosos, casi siempre reincidentes y profesionales del delito.

Los autores son los que toman parte directa en la ejecución del hecho (los atracadores que pistola en mano asaltan un Banco), los que fuerzan o inducen a otros a ejecutarlo (los jefes de gang en las agrupaciones de ladrones suelen ordenar y planear, pero nunca intervienen directamente en la realización del delito) y los que cooperan a la ejecución del hecho con un acto sin el cual no se hubiese efectuado (el que entrega la clave de una caja de caudales).

Son cómplices los que ejecutan las acciones secundarias, cooperando al hecho, con actos anteriores o simultáneos (instruyendo al delincuente indicándole la forma y el modo de ejecución del delito; dándole ánimos o prometiéndole ayuda para facilitar su impunidad).

Son encubridores quienes ocultan a los culpables del delito o les prestan auxilio, o bien ocultan las huellas del delito para eludir la acción de la justicia, adquieren u ocultan objetos procedentes del delito, etc. Mientras los cómplices actúan antes y durante el acto, los encubridores actúan después. Suelen ser castigados con penas inferiores en uno y dos grados, respectivamente, de las que se aplican a los autores.

EL PERDÓN

Existen circunstancias que sobrevienen después de la comisión del delito y anulan la acción penal o pena. La primera es la muerte del reo, que no necesita comentario. La prescripción consiste en la extinción de la responsabilidad penal, mediante el transcurso de un período largo de tiempo. Prescribe el delito y la pena porque el tiempo todo lo borra y, con su transcurso, cesan el malestar y la intranquilidad causados por el hecho delictivo.

Además, tanto a los delincuentes como a la sociedad, interesa que las pruebas en los juicios criminales sean recientes y palpables, y el tiempo transcurrido priva del valor probatorio necesario para que la pena sea justa. Una de las causas más importantes de extinción de la responsabilidad penal es la gracia o indulto.

Así como en los tiempos antiguos este derecho de gracia se ejercía como acto personalísimo del monarca, hoy se utiliza fundándose en razones de justicia o de conveniencia social.

Sobre la utilidad del indulto, los penalistas se encuentran divididos, y mientras unos creen que es un medio de procurar la tranquilidad pública después de hondas conmociones sociales y un remedio poderoso para reformar al delincuente, son muchos los que no están de acuerdo con su aplicación. Bentham dice que “en estos jubileos del delito, los delincuentes entran en las ciudades como lobos en un rebaño después de largo ayuno”.

La mayoría de penalistas modernos consideran que la reiterada concesión de indultos favorece el incremento de la delincuencia. El indulto es la gracia otorgada por el Jefe del Estado a los condenados por sentencia firme, remitiéndoles toda la pena impuesta, o parte de ella.

La amnistía extingue la pena y todos sus efectos, produciendo también la cancelación en el Registro central de penados de las inscripciones de las condenas, pero los efectos de las amnistías no suelen alcanzar la excención de la responsabilidad civil, puesto que si así lo hiciesen, lesionarían los derechos de la víctima.

Los efectos del indulto no son tan amplios como los de la amnistía, pues aun siendo total, continúa subsistente la inscripción de la condena en el Registro central de penados. Es decir, que en virtud del indulto, el condenado dejará de sufrir totalmente la pena impuesta, o la parte de la misma que le sea condonada, pero no perderá nunca su condición de penado y, por tanto, si volviere a delinquir, se le podrá apreciar el agravante de reincidencia, lo que no ocurre con la amnistía.

Las penas que suelen aplicarse a los condenados son muy diversas. En países atrasados subsisten los castigos corporales, el cepo, etc. Lo normal en los países civilizados es el encarcelamiento, la deportación, los trabajos forzados y el presidio.

En España, la obra de la “redención de la pena por el trabajo”, que permite rescatar parte del tiempo que dura la misma con el trabajo, tiende a volver al delincuente a la vida social.

EL PROCESO

El Derecho procesal entiende la serie de actos regulares en que intervienen las partes afectadas y el órgano jurisdiccional (juez, tribunal) representativo de la tutela del Estado, todo ello encaminado a restablecer un derecho. Existen diferentes clases de procesos de acuerdo con las distintas ramas del Derecho que es preciso tutelar.

La protección del derecho del arrendador a la que antes se hacía referencia se realizará por medio del proceso civil. La del derecho del trabajador será llevada a cabo por medio del proceso laboral.

La salvaguarda del derecho y reparación de los daños que en su persona haya sufrido la víctima de un delito, será realizada por medio del proceso penal.

EL PROCESO CIVIL

En éste, quien efectúa una demanda, debe realizarla por medio de sus representantes (abogado y procurador), a quienes otorga poder para que lo representen y actúen en su nombre. Ello tiene su explicación, ya que dichos representantes conocen las leyes y los medios para hacer valer los derechos de sus representados. Al juez compete la dirección del proceso, el control de cada uno de los actos que lo componen y, finalmente, la actividad decisoria, es decir, la sentencia.

En líneas esquemáticas, todo proceso civil se inicia por medio de la presentación de la demanda ante el juez.

Ésta es la petición de que se preste al demandante, mediante sentencia, tutela o protección jurídica. Recibida la demanda en el Juzgado, se traslada a la persona demandada y se la emplaza para que comparezca y conteste (citación).

Esta contestación del demandado debe efectuarse por escrito, interviniendo abogado y procurador. Esta primera parte del proceso recibe el nombre de fase expositiva o de alegaciones y va seguida de la llamada fase probatoria, en la que se propone y practica la prueba o pruebas alegadas por cada una de las partes (demandante y demandada).

Realizadas o practicadas las pruebas propuestas, el proceso pasa a la llamada fase decisoria, en la que tiene lugar la vista pública caso de haberse solicitado por una o por las dos partes. Después se redactan los escritos llamados de conclusión y se cita a las partes para la sentencia que se dicta y publica, comunicándose a las partes.

En los “procesos declarativos” se ventila una pretensión discutible, por ejemplo, que Andrés es el heredero del difunto Juan y sólo tienden a declarar un derecho. En los “procesos de ejecución” se ventila una pretensión y se solicita una manifestación de voluntad del órgano jurisdiccional.

La sentencia, en este caso, es una orden que da lugar a la ejecución forzosa objeto de la demanda. Por ejemplo, el desahucio del arrendatario por no pagar el importe de los alquileres. Puede suceder que la sentencia no satisfaga a una de las dos partes, y para estos casos el Derecho procesal ha establecido un medio de impugnación de la sentencia: el recurso. Su efecto inmediato es el de suspender la sentencia dictada.

Los “recursos no devolutivos” son los llamados de apelación, casación y queja, y su denominación radica en el hecho de que las causas pasan a la competencia de un órgano o tribunal superior al que dictó la resolución, para que falle nuevamente.

El juez municipal falló una queja entre vecinos, pero las diferencias se enconaron, se suscitó un pleito que pasó al juez de primera instancia, y no es raro enterarse de que, tras largos años de pleitear, al final la causa se falló por el Tribunal supremo de la nación en sentencia inapelable.

Los “recursos no devolutivos” son los de reposición y súplica, y deciden acerca de ellos los mismos órganos que han dictado la resolución impugnada. En estos casos el interesado aporta nuevos datos y solicita una nueva sentencia.

EL PROCESO PENAL

Las penas que se aplican a los autores, cómplices y encubridores de los hechos delictivos, no pueden determinarse sino a través de un tribunal que examine el hecho, declare la existencia o falta del delito, y designe a una persona como su autor. La sanción aplicada es consecuencia de una serie de actuaciones que configuran el llamado proceso penal.

Son partes en el proceso penal las personas que acusan, es decir, que piden al órgano jurisdiccional la aplicación de sanción y la reparación de los daños y se llaman acusación.

Por otro lado existen las partes acusadas, que están constituidas por aquellas personas a quienes se imputa un delito y contra los cuales se pide una sentencia, un castigo. Son partes acusadoras el ministerio fiscal, que actúa como órgano del Estado; el acusador particular, que es generalmente la persona ofendida por el delito, el acusador privado en los procesos por delitos y faltas no perseguibles de oficio, etc.

En cuanto a las partes acusadas, podemos distinguir al imputado o acusado que es el culpable hipotético del delito o falta, y el responsable civil, que puede identificarse con él, o ser distinto.

El proceso penal tiene una fase previa constituida por el sumario o el conjunto de actuaciones encaminadas a preparar el juicio, a asegurar la persona del acusado y los bienes afectos a las responsabilidades pecuniarias. Las actuaciones del sumario son llevadas a cabo por el juez instructor. Una vez terminado, se envía a la Audiencia o al Tribunal competente, en el cual tendrá lugar el juicio oral.

Éste se compone de tres partes: fase preliminar, fase de debate y fase decisoria. La fase preliminar del juicio oral es el conjunto de actos procesales del Tribunal y de las partes (acusación y defensa) que se realizan desde el momento en que se comunica el proceso a las partes para que procedan a efectuar la calificación, hasta la apertura de las sesiones del debate. La fase de debate tiene lugar en la sala de vistas del Tribunal. Éste se coloca en sitio eminente y frente a él, se sitúa el secretario.

A la derecha del Tribunal toma asiento el fiscal (si fuera el jefe de la fiscalía) y a su izquierda el defensor de las partes acusadas, invirtiéndose los puestos cuando el que actúe no sea el fiscal jefe.

El acusado o acusados tienen su puesto en la parte baja de los estrados, en el lado en que se coloque el defensor, en banco sin respaldo, al que se denomina “banquillo del acusado”.
El resto de la sala se destina al público. Abierta la sesión, el secretario da cuenta del hecho y del contenido del sumario, lee los escritos de calificación y las listas de peritos y testigos. Seguidamente se practican las diligencias de prueba y se examinan los testigos, comenzando por los propuestos por la parte acusadora.

Practicadas las diligencias de prueba, las partes pueden modificar las conclusiones de los escritos de calificación. Seguidamente se concede la palabra a la acusación y a la defensa. Después de estos informes el presidente pregunta al imputado si tiene algo que manifestar al Tribunal, y en caso afirmativo se le concede la palabra, tras lo cual, el presidente declara concluso el juicio para sentencia.

El Tribunal, apreciando según su conciencia las pruebas practicadas en el juicio, las razones expuestas por la acusación y la defensa y lo manifestado por los acusados, dictará sentencia.

Ésta es la fase decisoria. En algunos países existe una institución llamada jurado, formada por un grupo de personas de distintas clases sociales y probada honradez, que ha de determinar si el acusado es culpable o inocente, oídas las alegaciones de la acusación y la defensa.

Ver: Penas y Castigos en el Derecho Penal