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Biografia de Benito Perez Galdos Escritor y Politico Español

BENITO PEREZ GALDOS Fue el más importante y más fecundo novelista del realismo español, y una de las figuras más representativas de la literatura española.

Biografia de Benito Perez Galdos Escritor Novelista Español

Vida. Perez Galdos nació en Las Palmas, islas Canarias (1843) y se distinguió desde niño por su tálenlo excepcional: a los cuatro años sabía leer, a los seis hacia prosa, a los siete escribía en verso, y a los diez, entendía ya a Calderón.

Realizó sus estudios de bachillerato en un colegio inglés de la isla y aprendió el latín, el francés y el inglés, así como también dibujo y pintura, música y ciencia, y frecuentó la lectura de los autores clásicos de la antigüedad, los españoles y los extranjeros.

Benito Perez Galdos Biografia

Benito Pérez Galdós ​ fue un novelista, dramaturgo, cronista y político español.​ Se le considera uno de los mejores representantes de la novela realista del sigloXIX no solo en España .

Viajó luego a Madrid (1863) para estudiar derecho en la universidad. Concluyó sin vocación estos estudios (1869). se mezcló en la vida espiritual de la ciudad y se consagró totalmente a leer y escribir ensayos dramáticos, poéticos y obras en prosa.

Comenzó más adelante la publicación de una extensa serie de novelas históricas, los Episodios nacionales (1873) y colaboró en diversas publicaciones entre ellas el diario La Prensa de Buenos Aires.

Fue elegido diputado por Puerto Rico (1886), visitó toda. España y viajó por Europa. Mientras tanto, seguía dando a las prensas sus obras casi sin interrupción, año a año.

Ingresó en la Academia Española (1897) y el maestro Marcelino Menóndez y Pelayo contestó su discurso de ingreso.

Dedicó gran parte de su tiempo a escribir y representar obras teatrales, fue dos veces elegido diputado por el partido republicano (1907 y 1910), y luego se postuló su candidatura para el Premio Nobel de Literatura (1912), pero no lo obtuvo, pues sus contrarios políticos le hicieron una campaña desfavorable.

Falleció en Madrid (1920), a la setenta y siete años de edad.

La obra de Galdós: Benito Pérez Galdós escribió novelas, «episodios nacionales», dramas y comedias. Fue un escritor de excepcional fecundidad, que recuerda en esto al maestro Lope de Vega.

Los «‘Episodios nacionales». Constituyen una serie de novelas cortas en las cuales la historia se combina con la ficción.

Desarrollan temas de la historia española, ligados entre sí por medio de algunos personajes fijos que aparecen a través de un cierto número de volúmenes.

Los asuntos son tratados con criterio objetivo y realista, sin los prejuicios estéticos del romanticismo y sin intenciones políticas.

En algunas obras sobresalen personajes de gran factura literaria o escenas de una gran brillantez narrativa o descriptiva.

El talento de Galdós es particularmente notable en la presentación de batallas y luchas callejeras, huelgas y confusión de multitudes.

Más de 500 personajes aparecen en total dentro de esta serie, conformando «un pueblo entero». Amplió, además, los procedimientos analíticos y minuciosos de la antigua novela de costumbres.

Galdós fue entregando a las prensas estas obritas con regularidad, a razón de unas cuatro por año (1873-1879).

Puso en ellas su frío racionalismo narrativo y descriptivo, aunque acompañado de un gran entusiasmo nacional.

No se dejó llevar por la pasión ni por ol nacionalismo y se mantuvo dentro de una concepción artística serena.

No usó sus novelas para expresar odio contra el invasor francés.

Los Episodios nacionales han sido considerados como «una de las más afortunadas creaciones de la literatura española» en su siglo (Menéndez y Pelayo).

Dos de estas novelas, Cádiz y Zaragoza y se cuentan entre las más celebradas por el público lector.

Las novelas de costumbres. La otra parte de la obra la constituyen las novelas de costumbres contemporáneas, que van desde un profundo realismo, casi naturalista, hasta el esplritualismo posterior.

Constituyen un conjunto imponente, donde prácticamente está representada toda la sociedad española de la época, en sus diferentes clases, mentalidad y costumbres.

Lo fundamental en ellas es la presentación y el análisis del ser humano actuando dentro de un contorno social. La naturaleza y el paisaje sirven sólo como marco, pero no ocupan el interés del escritor ni aparecen solo.

Son más vale novelas de ciudad y de la vida urbana, antes que de la vida campesina.

Extrañamente, el autor no ha situado ninguna de sus obras en su tierra insular.

Al analizar sus personajes y tramarlos en una acción novelesca, Galdós revola una capacidad especial para situarse dentro de la vida psíquica de ellos, interpretarlos y mostrarlos en sus motivaciones, ideas, pasiones y actitudes propias.

No les adjudica contenidos espirituales ajenos, sino que los hace actuar con total independencia.

A esta característica del arte galdosiano se la ha denominado «altruismo», o sea ponerse, en el otro.

Son, por otra parte, novelas antilíricas, es decir, sustancialmente realistas, naturales y productos de la observación. No trasparentan en ningún momento al autor, quien se maneja en este aspecto con una objetividad imparcial.

Pese a este realismo, altruismo y objetivismo, muchas de las novelas envuelven una tesis, o al menos, pretenden dejar un saldo social, religioso o político como conclusión implícita.

Cuando se da esta circunstancia, Galdós se revela como anticlerical, liberal y progresista, independiente y autónomo en sus ideas, sin llegar a la prédica, la denuncia o la propaganda.

Es ante todo un artista que no compromete su arte con otras solicitaciones o intereses.

Galdós opinó siempre que el arte debía ser dejado a los artistas.
A pesar de su anticlericalismo, se mostró un hombre religioso, preocupado por el tema.

Aprovechó en su momento muchos de los recursos del naturalismo y del positivismo, sin caer por eso en la filosofía positivista o en el materialismo.

Atacó más bien al idealismo ingenuo o exagerado y reclamó la integración de la vida espiritual con ciertos datos de la realidad y de la experiencia. Fue, en esto, un espiritualista no dogmático.

Ennobleció los temas humanos que desarrolló y purificó el realismo microscópico de algunas escenas o personajes con una intención honradamente artística.

Acreditó, formalmente, un sentimiento de piedad y de conmiseración por los afligidos y menesterosos, una especie de «simpatía universal» por los seres menos privilegiados de la vida.

Técnicamente, sus novelas revelan un cuidadoso trabajo de composición, fruto de su acendrada y escrupulosa conciencia profesional.

Su arte es una mezcla de observación menuda y reflexión, de imaginación y contención, con cierta preferencia por los detalles menudos, los personajes individualistas y rebeldes, los cuadros de valor sociológico, y la reproducción del lenguaje vulgar.

Su obra constituye una «comedia humana», comparable en muchos sentidos a la del francés Honore de Balzac (Comedie humaine). Siguió en algunos aspectos las preferencias del público, por lo que se ha dicho que «colaboró con él».

Entre las mejores novelas de Galdós, la crítica ha señalado a Fortunata y Jacinta (1887), El amigo Manso (1881), Ángel Guerra (1891), Marianela (1878), Doña Perfecta (1876) y Gloria (1877). La primera de ellas está considerada como su obra maestra.

«Marianela». No es la mejor novela de Galdós, pero ha alcanzado una gran difusión y popularidad, quizás por su dejo de romanticismo y su carácter poético y delicado.

Marianela o Nela es una joven de cuerpo deforme, huérfana y analfabeta, que sirve en una casa. Hace de guía o lazarillo de un ciego de nacimiento, Pablo Penégüilas, joven de gran cultura que habita con su padre en una casa próxima a unas minas.

Entre ambos personajes nace una extraña simpatía espiritual, en base a la nobleza de alma y generosidad de la muchacha.Un día, llega al lugar un célebre oculista, quien revisa al ciego y al poco tiempo le devuelve la vista. Marianela, temerosa de que Pablo se desilusione al verla fea y deforme, huye y cae enferma.

La recoge Florentina, una prima del ciego, que está destinada a ser su esposa. En el momento en que el joven ciego se quita las vendas de los ojos, se encuentra con Marianela ya moribunda y sufre un desengaño. Marianela muere apretando sobre su pecho las manos de Pablo y de Florentina, y dando así su aprobación a la boda de ambos.

Crítica. Se ha adjudicado a la novela un contenido simbólico. Su lema profundo sería así la lucha entre la imaginación y la realidad.

Los personajes aparecen bastante esquematizados, sobre todo los tres protagonistas, cuya psicología da la impresión de responder a una elaboración conceptual previa, para servir de apoyo a la tesis.

La novela es un idilio, o sea una obra de amor. El desarrollo de la acción es lento al comienzo, pero se acelera demasiado hacia el final, con una precipitación contrastante.

Joaquín Casalduero ha intentado probar que Galdós quiso dar a Marianela el carácter de una alegoría de la teoría positivista de la sociedad humana.

Según el filósofo francés Comte, la sociedad transita por tres estadios: el teológico (imaginación), el metafísico (razón) y el positivo (observación), que son también los estadios de la vida de los individuos, y están representados en la novela por los personajes.

Nela representa a la imaginación, Pablo a la razón, y Teodoro a la realidad. De esta forma, la novela simbolizaría la lucha entre la imaginación y la realidad, con el triunfo final y la exaltación del hombre positivo.

Fuente Consultada: LITERATURA ESPAÑOLA, HISPANOAMERICANA Y ARGENTINA de Carlos Alberto Loprete Editorial Plus Ultra 9º Edición

OBRAS Y EDICIONES: Marianela, Buenos Airea-México, Espasa Calpe Argentina, 1937. Obra» completa». Introducción y edición de Federico C. Sáinz de Roble». Madrid. Aguilar, 1942, 6 v.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS Y ESTUDIOS. Joaquín Caaalduero, Vida y obra de Galdós (1843-1920). Madrid, Gredors 1961. Ricardo Guitón, Caldea, novelista moderno. Madrid, Taurus. 1960.

Una Pagina Sobre Perez Galdos

Biografia de Edouard Manet Artista Pintura Impresionista

Biografia de Eduard Manet Obras De Su Pintura Impresionista

Considerado como jefe de la escuela impresionista, Eduardo Manet encarna un momento de ruptura con las fórmulas convencionales del academicismo e incluso de los movimientos románticos y realistas.

En su afán de buscar los valores reales de la pintura, desencadena el formidable proceso de renovación — precedido por el período de inevitable crisis — que, a través de las vacilaciones y de los avatares más insospechados, habrá de conducir a la plasmación de un nuevo tipo pictórico.

Eduard Manet Artista

Manet fue, en el campo del arte, un revolucionario esencial, que buscó, primero en el estudio de los mejores clásicos, y luego en la composición al aire libre de las escenas de la vida corriente, la solución al estancamiento eventual de los valores pictóricos europeos.

Nació en París el 23 de enero cíe 1832. Después de estudiar en el Colegio Rollin, donde su pasión por el dibujo le hizo olvidar todas las demás asignaturas, se embarcó como grumete en el buque Guadalupe, que prestaba servicio en la línea del Brasil (1848).

A su regreso entró en el taller de Couture (1851), que frecuentó durante seis años, aunque sin sujetarse a las fórmulas de su maestro. Realmente, su escuela fue el Louvre y los principales museos de Europa; hizo frecuentes escapadas al extranjero, y visitó las pinacotecas de Cassel, Dresden, Munich y Viena, y los museos de Florencia, Roma y Venecia.

En la contemplación y estudio de las grandes obras de arte, Manet halló su extrema perfección técnica y esa capacidad de ennoblecer los temas más vulgares que le atrajo tantos partidarios.

En 1861, después de pasar largas temporadas en el Louvre trabajando los grandes maestros españoles, presentó en el Salón de aquel año el Guitarrero, cuadro que provocó bastantes críticas.

Pero la polémica y el revoloteo de pasiones se iniciaron en 1863 con motivo de la exposición en el «Salón de los Rechazados» del por tantos conceptos famoso Colación en la hierba.

Por esta época Manet había reunido alrededor suyo un grupo de artistas admiradores de su talento, así como algunos literatos, entre otros Zola, que en literatura encarnaba un movimiento análogo. En el Salón de 1865 causó de nuevo ia sensación del día con su Olimpia.

Esta obra le valió la exclusión del Salón del siguiente año. En 1867 reunió sus principales pinturas en una exposición hecha conjuntamente con Courbet. En ella había de exponer su Ejecución de Maximiliano, que tanto debe a Goya; pero el gobierno imperial se lo prohibió.

Poco antes de la guerra de 1870, Manet descubrió el valor de la pintura al aire libre. Durante la contienda francoprusiana sirvió en el ejército como fusilero. En la paz se convirtió en jefe del grupo de vanguardia constituido por Degas, Monet y Renoir.

Estos artistas inauguraron en 1874 el salón de los Impresionistas, que dio nombre a la escuela.

Respecto al arte oficial, unas veces fue admitido y otras rechazado en los Salones anuales, pero, por fin, el Estado reconoció sus muchos méritos concediéndole la cruz de la Legión de Honor (31 de diciembre de 1881).

En las obras de su última época, Manet adquirió una personalidad exclusiva en el campo de la historia del arte.

A este período pertenecen, entre muchas otras pinturas, Nana, La camarera de cerveza y el delicioso Bar del Folies Bergere (1882). Moría al año siguiente de pintar este cuadro, el 20 de abril de 1883, en París, a consecuencia de una amputación forzosa de la pierna.

ALGUNAS DE SU OBRAS:

OBRA DE MANET
Obra de Eduar Manet: «En El Conseratorio
obra de manet eduard
Obra Impresionista de Eduard Manet: «El Estudio Flotante»
Obra de Edurdo Manet
Obra Impresionista de Eduard Manet: »
El Bar del Folies Bergère «
Obra de Manet Impresionista
Obra Impresionista de Eduard Manet:
«El Gran Canal de Venecia»
Obra de Eduard Manet
Obra Impresionista de Eduard Manet:
«En el Café»
Obra Impresionista de Manet Eduard
Obra Impresionista de Eduard Manet:
«La Cubierta de Barco»
fuente

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Biografia de Miguel de Unamuno Escritor Obra Literaria y Pensamiento

Biografía de Miguel de Unamuno
Escritor y Filosofo – Obra Literaria y Su Pensamiento

Biografia de Miguel de Unamuno Obra Literaria: escritor y pensador español (Bilbao 1864 -Salamanca 1936). Tras realizar los estudios secundarios en su ciudad natal, estudió en Madrid filosofía y letras, doctorándose con una tesis sobre el origen y la prehistoria de la raza vasca.

Viajó en 1889 por Francia e Italia y empezó a publicar sus primeros escritos. Se casó en 1891 y obtuvo la cátedra de griego de la Universidad de Salamanca.

En esta época se afilió al Partido Socialista y colaboró en la prensa socialista. En 1897, tras la muerte de uno de sus hijos, experimentó una crisis que le acercó a la religión.

Miguel de Unamuno es el escritor más personal y vigoroso de la generación del 98, en la que se le acostumbra a incluir por su honda preocupación por lo español; pero tanto por su estilo como por su pensamiento es un autor completamente aparte e independiente.

Miguel de Unamuno

Biografia de Miguel de Unamuno y Obra Literaria

BIOGRAFIA:

Nació en Bilbao el 24 de septiembre de 1864. Su madre quedó viuda cuando el pequeño Miguel tenía solamente seis años. Debido en parte al ambiente familiar, una fuerte obsesión por lo religioso le dominó durante toda su vida.

«Fue mi niñez la de un niño endeble (aunque nunca enfermo), taciturno y melancólico, con un enorme fondo romántico, y criado en el seno de una familia vascongada de austerísimas costumbres, con cierto tinte cuáquero.

Fui un chico devoto en el más alto grado… Pero, a la vez me daba por leer libros de controversia y apología religiosa y por querer racionalizar mi fe heredada e impuesta.»

También desde su infancia le devoraba el ansia por saberlo todo. Su ardor por la lectura no le abandonó jamás.

En 1880 empieza la carrera de Filosofía y Letras en Madrid.

Sigue profundamente preocupado por los problemas religiosos y por el intento de racionalizar su fe, de tal manera que, a fuerza de interrogarse, de plantearse problemas, de querer explicarse todas sus creencias, Unamuno vio volatilizársele dicha fe y se dedicó entonces al estudio intenso de la filosofía.

En 1884 vuelve a Bilbao, con la preocupación de obtener una cátedra universitaria para poder fundar un hogar, ya que tenía novia desde los catorce años.

Preparó oposiciones a una cátedra de psicología, lógica y ética y después a otra de metafísica.

A pesar de haber realizado brillantemente los ejercicios, fracasó a causa de la independencia de sus juicios, que alarmaron a los miembros del tribunal.

Intentó luego conseguir una cátedra de latín, pero tampoco tuvo éxito.

Acabó obteniendo la cátedra de griego de la universidad de Salamanca ante un tribunal presidido por su maestro Menéndez Pelayo.

Pudo entonces Unamuno casarse con Concepción Lizárraga, con la que tuvo nueve hijos. En 1897, tras la muerte de uno de sus hijos, experimentó una crisis que le acercó a la religión.

Se instaló en Salamanca en 1891, al ser nombrado catedrático de griego, y aunque vasco de nacimiento, se convirtió en un enamorado de Castilla y, especialmente, de Salamanca.

Fue elegido en el año 1900 rector de la universidad. Por razones políticas dimitió en 1914, aunque siguió como vicerrector hasta 1924, fecha en que fue desterrado  a Canarias por su oposición a la dictadura de Primo de Rivera.

Huyó de allí en un barco fletado por intelectuales franceses y estuvo exiliado en París y en Hendaya hasta 1930.

Regresó a España en 1930 y en 1934 fue reelegido rector a perpetuidad, ejerciendo el cargo hasta su muerte, acaecida repentinamente el día 31 de diciembre de 1936, mientras conversaba con su amigo Bartolomé Aragón Gómez. «Me encuentro mejor que nunca», acababa de decir Unamuno, cuando su interlocutor le dijo: «La verdad es que a veces pienso si no habrá vuelto Dios la espalda a España, disponiendo de sus mejores hijos.»

Entonces Unamuno, descargando un recio puñetazo sobre la mesa exclamó: «¡Cómo puede ser, Aragón, Dios no puede volver la espalda a España!»

Apenas pronunció estas palabras, Miguel de Unamuno murió súbitamente.

Es el mismo Aragón quien relata estos últimos momentos de la vida del gran escritor español.

Diputado en las Cortes constituyentes, fue nombrado presidente del Consejo de Instrucción Pública, pero pronto le decepcionó la política de la República.

Al estallar la rebelión militar de julio de 1936, que supuso el desencadenamiento de la guerra civil, Unamuno manifestó su apoyo a los sublevados, pero poco después, tras un violento enfrentamiento verbal con un militar, Millán Astray, retiró dicho apoyo.

UNAMUNO Y SU OBRA LITERARIA:

Las novelas de Unamuno son una proyección literaria de sus problemas personales.Autor de novelas —Paz en la guerra (1897), Amor y pedagogía (1902), Niebla (1914), Abel Sánchez (1917), La tía Lula (1921), San Manuel Bueno, mártir (1933)—, poemas —El Cristo de Velázquez (1920), Romancero del destierro (1928), Cancionero (1953)— y dramas, las etapas de formación de la filosofía vitalista de Unamuno se reflejan en sus tres principales ensayos filosóficos: Vida de Don Quijote y Sancho, según Miguel de Cervantes Saavedra, explicada y comentada (1905); Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1912-1913) y La agonía del cristianismo (1925).

La primera de estas obras es una exaltación de Don Quijote, loco y trascendido de este mundo real, de su familia y de su fe.

En la figura de Don Quijote ve Unamuno el ejemplo de una vida digna de vivirse, en la que el ideal levanta al hombre por encima de la realidad muchas veces miserable.

La segunda obra, Del sentimiento trágico de la vida, es la de mayor profundidad metafísica. Se centra en la teoría de la inmortalidad como trágico encuentro entre la fe y la razón.

Refleja con toda profundidad el problema que durante toda la vida angustió a Unamuno y que no pudo resolver: el de entender y poder defender racionalmente su fe.

La agonía del cristianismo fue escrita en Francia y publicada en francés en 1925. Seis años después, en 1931, se publicó en español.

Es una versión nueva y más floja de la obra anterior.

En ella su autor considera la duda religiosa como torturante, «agónica», como centro de la verdadera y genuina vida del cristiano.

De un modo general podemos afirmar que la filosofía de Unamuno se halla a mitad del camino entre la filosofía de la vida y el existencialismo.

Su estilo, inconfundible, es apasionado y tumultuoso, poco amigo del adorno; el léxico y la expresividad de Unamuno son recios y populares unas veces, sabios y cultos otras.

Su alma, angustiada por la idea de Dios, apela constantemente a la espiritualidad del lector.

Filólogo y amante apasionado de la lengua española, analiza las palabras, averigua su etimología y saca de ella conclusiones ideológicas.

Es, por otra parte, de los pocos españoles cultos de su tiempo que tiene interés por los renacimientos literarios catalán y gallego y que amplía su horizonte de lector a la América española, y por tanto a todo el ámbito del idioma.

La rectitud moral y la intransigencia ética de este representante de la generación del 98, vasco como Baroja, hicieron de él una importante figura intelectual de la vida pública en España.

Su insobornable libertad de criterio le llevó a ejercer la crítica sobre los asuntos políticos (lo que, como ya se ha señalado, le valió un destierro).

Unamuno es un polemista apasionado, tanto contra sí mismo en los textos en que expresa su atormentada conciencia como contra las circunstancias externas (Contra esto y aquello).

Su labor educativa fue enorme, pues sacudió las conciencias dormidas de muchos españoles.

Su espiritualidad está dominada por paradojas y contradicciones sobre la entidad divina (Del sentimiento trágico de la vida).

Entre sus preocupaciones más constantes está la de España: el paisaje, la visión simbólica del ámbito peninsular, la fusión de ideas religiosas y patrióticas, el pasado histórico, etc.

Miguel de Unamuno cultivó todos los géneros literarios (ensayo, novela, drama, poesía), y en todos expresó sus preocupaciones filosóficas, religiosas y patrióticas.

Su poesía es, en una época de primor formal y esteticismo modernista, de una brusquedad poco lírica, si bien trasluce vividamente sus problemas anímicos.

Unamuno Miguel sentado

El pensamiento de Unamuno nos coloca ante un tipo de pragmatismo distinto de aquel que juzga y critica las creencias a la luz de sus consecuencias prácticas.

Se trata de un pragmatismo que no tiene nada que ver con el pragmatismo americano que sólo considera verdadero lo que es útil o práctico, cuyo criterio de verdad es la utilidad.

Se trata aquí de un pragmatismo mucho más subjetivo, que pone todo el énfasis en la voluntad de creer y que no distingue demasiado entre sueño y realidad.

Y en este ambiente la filosofía no puede ser una búsqueda intelectual y desinteresada de la verdad objetiva, sino, en último término, la expresión de los sentimientos y de los anhelos vitales de los individuos que filosofan; son unos hombres concretos, de carne y hueso, que no pueden dejar de filosofar, «no con la razón sólo, sino con la voluntad, con el sentimiento, con la carne y con los huesos, con el alma toda y con todo el cuerpo».

La filosofía está fuertemente enraizada en la vida.

Para Unamuno la vida tiene un carácter trágico, porque la razón no puede confirmar las creencias del corazón e incluso puede contradecirlas.

Ahora bien, si abandonamos tales creencias, por irracionales o poco fundadas, la vida se nos hace insoportable.

Por otra parte, se trata de creencias basadas en la totalidad de la vida, que es más amplia que la razón.

Tenemos que seguir, pues, manteniendo estas creencias e intentar vivir según ellas, por más irracionales e incluso antirracionalés que nos parezcan.

«Contra los valores afectivos no valen razones, porque las razones no son nada más que razones, es decir, ni siquiera son verdades.»

De aquí que para Unamuno la fe sea «quijotesca», queriendo significar con ello que la fe, lejos de estar apoyada por la razón, se levanta frente a ella.

Ocupa un lugar central dentro de esta concepción de la fe la creencia del individuo en su propia inmortalidad.

La razón duda constantemente de ello, pero dicha creencia se afirma en la acción: hemos de vivir de tal modo que merezcamos la inmortalidad, y si luego resulta que no hay tal inmortalidad, que somos aniquilados, habrá quedado demostrado, al menos, que el universo es injusto.

La fe se sostiene, pues, en la lucha y en el dolor. «El dolor es la sustancia de la vida y la raíz de la personalidad, pues sólo sufriendo se es persona.».

A través del sufrimiento, la fe individualista en la inmortalidad se convierte en una actitud de simpatía y de amor hacia todo io que vive, y que trata de sobrevivir y, de este modo, llega hasta Dios, que es la vida o conciencia universal que sufre en cada individuo y con él.

Unamuno trata de convencerse a sí mismo de que el universo posee una conciencia; de que es una personalidad que nos rodea, que vive, que padece, que ama y que pide ser amada.

La fe de Unamuno es, pues, una fe religiosa.

Su religión no es una religión de paz y de sumisión, sino de lucha y acción; una religión que persevera en medio de las dudas y las incertidumbres.

Y su Dios es también un Dios que lucha y padece, simbolizado, ante todo, en la figura de Cristo sufriente.

Él rechaza toda posibilidad de entendimiento de la fe y basa todo el acto de fe no en una luz que ilumina, sino en el conflicto, en la lucha entre razón y sentimiento.

El «creo porque es absurdo» de Tertuliano es el único fundamento posible de la fe. Por consiguiente, los ojos de la fe sólo se abren a las tinieblas de una paradoja insostenible.

Este aspecto de la fe de Unamuno se desarrolla sobre todo a partir del año 1900, que es cuando conoció la obra de Kierkegaard, y de tal modo se sintió atraído por este autor que incluso llegó a aprender danés para poder profundizar en su pensamiento.

De este modo, siguiendo a Unamuno, se puede afirmar que el vivir del individuo es un morir, desgarrado por las dos fuerzas. La fe es siempre una batalla contra la duda intelectual.

El corazón combate contra la inteligencia, pero la duda siempre es avivada de nuevo. Si cesara la lucha, cesaría la vida.

Desde un punto de vista filosófico sus escritos no constituyen, ni mucho menos, un cuerpo sistemático de doctrina, pero por el contrario, sus escritos producen la impresión de que las más audaces genialidades brotan de su pluma a impulsos de su incontenible vitalidad.

Sin embargo su sabiduría de la vida no puede menos que impresionar profundamente al lector.

Sus escritos sacan a la luz muchos problemas del ser personal. Pero Unamuno, como la mayoría de los filósofos personalistas, es quizá más «profeta» que filósofo.

LA PERSONALIDAD DE MIGUEL DE UNAMUNO:

Es una de las más vigorosas y originales personalidades de toda la historia literaria de España, y es «la figura cimera del pensamiento español contemporáneo» (M. de Maeztu).

Su voz fue como un grito de protesta que se alzó en todas las horas difíciles del país: contra el desastre nacional y la pérdida de la guerra de Cuba; contra el separatismo vasco pero también contra el dogmatismo centralista de Castilla; contra la excesiva reverencia de los clásicos, la erudición libresca y el injustificado aislamiento español, pero también contra la ignorancia y la europeización ciega; contra los bajos salarios de los obreros, pero también contra el trabajo imperfecto.

Su programa consistió en provocar una reacción y obligar a la búsqueda de la verdad: «Ese es mi mensaje: hay que provocar el descontento; hay que agitar los espíritus; hay que suscitar cuestiones, preguntas, dudas».

En suma, luchar contra todo y contra todos.

Fue visto por sus contemporáneos como un hombre extravagante, raro, paradójico, extraño y original, preocupado inor «no morirse nunca del todo, eternizarse».

Este afán de perduración, sería Una de las claves del pensamiento y la acción de  Unamuno (Julián Marías).

No escribía para divertir a sus lectores, ni para instruirlos o hacerlos sabios; ni siquiera para convencerlos.

Quería existir para ellos, volverse insustituible e inolvidable, perdurar en su memoria, y «hacer que todos vivan inquietos y anhelantes» (J. Marías).

Tuvo una insaciable sed de conocimientos, una inigualada voracidad intelectual: su preocupación fue honda y filosófica, y para satisfacerla, consagró todas las horas de su vida.

Ver: Hechos Importantes de Miguel de Unamuno

Fuente Consultada Para «Biografia de Miguel de Unamuno y Obra Literaria»
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Miguel de Unamuno  “las paradojas de la fe y la razón” – Editorial Planeta
La Enciclopedia del Estudiante Tomo 19 Historia de la Filosofia La Nación
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

Biografia de Lope de Vega Felix Resumen de Obra Literaria y Amores

Biografía de Lope de Vega – Obra Literaria –

Lope Félix de Vega Carpió nació en Madrid el 25 de noviembre del año 1562. Dramaturgo español y creador del teatro nacional, abruma en su grandeza; Miguel de Cervantes le llamó “monstruo de la Naturaleza” con cierta envidia y desprecio aunque también reconoció que había logrado “el cetro de la monarquía teatral”.

La fecundidad literaria de Lope de Vega es impresionante; cultivó todos los géneros vigentes en su tiempo, dando además forma a la comedia.

La Historia nos dice que sus padres fueron el bordador en oro Félix de Vega —hombre enamoriscado y poeta de cortos vuelos —y Francisca Hernández, pobre mujer hidalga, madraza de cinco hijos. Pero la poesía nos jura que Lope fue el hijo primogénito del matrimonio maravilloso del Destino y la Villa de Madrid, contraído a fines de 1561, con el padrinazgo del mejor rey de España, don Felipe II.

Lope estudió con los teatinos. Cuando acababa de cumplir los doce años se escapó a Segovia con un amigo, de donde le devolvieron a la Corte certificado con un corchete. Poco después entró al servicio del obispo de Avila, don Jerónimo Manrique… que residía en Madrid. Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, aun cuando su nombre no figura en los registros universitarios.

biografia feliz lope de vega

Se alistó en las armadas españolas que combatieron felizmente en las Islas Terceras e infelizmente en las costas de Inglaterra ; intrépido arcabucero, alma vibrante, en la llamada Armada Invencible utilizó como tacos de su arcabuz los manuscritos de sus poemas dedicados a Filis (Elena Osorio, cómica, hija de cómico y mujer de ídem).

Durante algunos meses vivió en Valencia, porque a la fuerza ahorcan, y él tenía prohibida, bajo penas severas, la vuelta a Madrid, en cuya cárcel de Corte había sido huésped durante algún tiempo.

Nombrado secretario de cartas de don Antonio Alvarez de Toledo, duque de Alba, con éste vivió en Toledo y en Alba de Tormes. 1596: le procesaron en Madrid por concubinato.

Habiéndose escapado de los curiales con ingenio y respingo, sirvió al marqués de Malpica —1596— y al conde de Lemos — 1598.

Entre 1599 y 1610 anduvo por Valencia, Toledoy Sevilla estrenando comedias, dirigiendo tertulias literarias, para instalarse definitivament en Madrid.

Desde este año, Lope fue el proveedor casi exclusivo de los dos teatros de Madrid: el del Príncipe y el de la Cruz, y de casi todos los que funcionaban en España. Se ordenó sacerdote en 1614.

Sirvió de alcahuete y secretario de cartas amorosas a don Luis Fernández de Córdoba y Aragón, duque de Sessa.

Disfrutó de varios oficios eclesiásticos. Urbano VI le nombró doctor en Teología y caballero de la Orden de San Juan.

Dirigió las famosísimas Justas Poéticas dedicadas a San Isidro, patrón de Madrid, con motivo de su beatificación — 1620— y de su canonización —1622—.

Formó parte de las Academias literarias El Parnaso y Selvage.

Ostentó el título honorífico de familiar del Santo Oficio. Angustiado por los problemas familiares y por los reconcomios del alma, murió el 27 de agosto de 1635 en su casita de la calle de los Francos.

Con los enumerados episodios de la inquieta y turbulentísima vida de Lope hay, y sobran, para nutrir varios libros

 Se casó dos veces: con doña Isabel de Urbina y Alderete — 1588—, hija de un rey de armas y regidor de Madrid, a quien raptó… prenupcialmente, y por cuyo delito dio con sus huesos en la cárcel de Corte y en el destierro valenciano.

En 1598 con doña Juana Guardo, hija de un rico abastecedor de carne y pescado, que le llevó en dote 22.382 reales y hembra «con más de flamenca que de menina».

Dieciséis años acababa de cumplir cuando se ayuntó con María de Aragón, chicuela coqueta y alegre, con quien Lope tuvo un hijo, a la que cantó en sus versos y prosas con el nombre de Marjisa.

A Elena Osorio, hija de un cómico y mujer de un ídem, la llamó Filis, vivía en el Avapiés y era una moza morena, desenvuelta, picante, «de ojos castaños picados de oro».

Pues los escándalos que dieron los amantes, y que ella, por consejo de sus padres, y tácito asentimiento de su marido, cayera en los brazos del rico imbécil don Juan Tomás Perrenot de Granvela, motivaron proceso escandaloso y escandalosa cárcel para el seductor chulito Lope.

En 1596, los alcaldes de Casa y Corte incoaron proceso contra Lope por vivir en concubinato con doña Antonia Trillo de Armenta, hija de un alférez de la Guardia Española en Lisboa, y viuda de un tal Puche, natural de Barcelona.

Entre los años 1599 y 1612, Lope tuvo una amante oficial — con la que braceaba por ciudades y coliseos —la cómica Micaela de Lujan, Camila Lucinda, mujer de un actor pésimo, hermosísima esta Micaela de Lujan, de ojos azules y pelo negro, blanca y fogosa, con la que Lope hubo siete hijos.

En 1614 andaba Lope en ayuntamientos alardeados con Jerónima de Burgos — Gerarda —, para quien él escribió su famosa comedia La dama boba, bellísima y culta comedianta, la cual tan «apegada estaba a Lope», que para ayudarle a «mejor vivir», en ratos que el amante no necesitaba su compañía, iba a hacérsela al duque de Sessa, y de la cual sacaba pingües frutos que compartía con el genial poeta.

Ya sacerdote, en 1616, el genio siente breve debilidad amorosa por Lucía de Salcedo, cómica que venía de Nápoles y que residió en Valencia.

En este año se inició la más sincera de las pasiones amorosas de aquel Monstruo de Naturaleza; en el ocaso de su vida se enamoró con vehemencia de mar enloquecido de doña Marta de Nevares Santoyo —Amarilis—, mujer de Rodrigo Hernández de Ayala, «hombre de negocios», en la que el ciego enamorado encontró todas las perfecciones.

Con cierta justificación, pues que según cuantos la conocieron doña Marta de Nevares — además de desgraciada por un marido torpe e inculto— era rubia, de ojos verdes, alta y esbelta, melosa de habla, inteligente y muy culta, tañía y cantaba con incomparable destreza, danzaba hechiceramente y componía versos que a Lope parecíanle superiores a los de Safo griega, Valeria latina y Argentaría española.

Metió en su casa a doña Marta, y doña Marta sirvió de madre a los hijos que le vivían a Lope y, claro está, a la hijita que tuvo de Lope, Amarilis — ¡ ay, Dios, Dios, Dios ! — cegó repentinamente; enloqueció después y murió en 1632, dejando a Lope, además de una pena «más grande que el mundo» a la hijita de ambos, Antoñica Clara, nacida en Madrid en 1617.

¿Cuántos hijos se le conocen a Lope? De Marfisa tuvo uno, muerto pronto.

De su primera mujer, doña Isabel de Urbina, dos niñas: Antonia y Teodora, que sobrevivieron poco tiempo a su madre, muerta en 1595.

De Micaela de Lujan, siete, de los que llegaron a mayores Marcela y Lope Félix, díscolo y poeta, que se hizo militar y murió durante una expedición para pescar perlas en la isla Margarita, del mar Caribe.

De su segunda esposa, doña Juana Guardo, dos, Carlos Félix — encantadora criatura, delicia de su padre, muerto en flor, a los siete años — y Feliciana, cuyo nacimiento causó la muerte a su madre, única hija legítima que sobrevivió a Lope, y que casó con don Luis de Usátegui, oficial de la Secretaría del Consejo de Indias.

De su mayor amor, Marta de Nevares, una niña, Antoñica Clara, bellísima como su madre, raptada cuando sólo tenía diecisiete años por un galán de la corte, don Cristóbal Tenorio, antiguo servidor de Felipe IV.

Lope de Vega escribió más del triple que el autor que más haya escrito. Fijémonos en los grandes escritores modernos: Galdós, Balzac, Dickens, Dumas padre.

Los que no vivieron sino para escribir. Los que, como el último de los mentados, escribieron con varios colaboradores.

La producción ingente, asombrosa, de cualquiera de ellos, es… una cantidad sin importancia ante la suma inverosímil de las obras lopinas. ¿Mil ochocientas comedias? Pongamos menos, ya que Montalbán pudiera exagerar.

¿Mil quinientas? Pongamos menos, ya que el propio Lope pudiera pavonearse un tanto. ¿Mil doscientas? Seguramente más de mil.

Y muchos miles de poemas. Y novelas. Y poemas épicos extensísimos.

Y poemas burlescos. Y libros religiosos. Y acciones en prosa. Y libros de historia. Y libros ascéticos.

Entre quienes fueron sus contemporáneos el juicio de Cervantes es definitivo; porque nunca fueron buenos amigos Lope y él, y sí enemigos plenos en 1615, fecha de la que son los elogios cervantinos:

«Entró luego de Monstruo de Naturaleza el gran Lope de Vega, alzóse con la monarquía cómica; avasalló y puso debajo de su jurisdicción a todos los farsantes; llenó el mundo de comedias propias, y felices y bien razonadas, y tantas, que pasan de diez mil pliegos los que tiene escritos, y todas, que es una de las mayores cosas que puede decirse, las ha visto representar u oído decir, por lo menos, que se han representado; y si algunos, que hay muchos, han querido entrar a la parte y gloria de sus trabajos, todos juntos no llegan en lo que han escrito a la mitad de lo que él solo».

Cuando Lope empezó a escribir para la escena luchaban en ella muchos ingenios movidos por diversas y aun contrarias tendencias. Unos estaban demasiado apegados a las reglas clásicas y al afán estéril de imitar los teatros griego y romano.

Otros anteponían los sentimientos morales de una esbozada tendencia nacional. Todos ellos pecaban de un lenguaje desaliñado, pretencioso y oscuro, o de una poesía vulgar sin sazón ni soltura.

casa de lope de vega

Estudio en la casa madrileña de Lope de Vega. — Entristecido y anciano sacerdote, en este estudio trabajaba el llamado por Cervantes «Monstruo de la Naturaleza», durante los últimos años de su vida, en compañía única de su idolatrada hija A ntoñica Clara, que le nació en Madrid, en 1617, de la mujer más adorada por él: aquella Marta de Nevares, la Amarilis de sus poemas suspirados, rubia, de ojos verdes, alta y esbelta, melosa de habla y muy culta. Alta, rubia, ojimelosa, hechicera como su madre, Antoñica Clara, un día cualquiera de 1634, dio a su anciano y melancólico padre el último beso… antes de ser raptada por el audaz galán don Cristóbal Tenorio. Suponemos que no con gran disgusto de la raptada.

Lope acabó con todo esto, implantó el buen gusto en la elección de los temas. Perfeccionó el estilo dentro de una sencillez asombrosa. Exaltó la pasión por lo netamente nacional, tradicional o histórico. Ajustó el movimiento escénico. Avivó la invención sin violentarla ni exagerarla.

Repudió cuanto no era natural. Introdujo en la intriga la acción cómica. Dibujó con primorosa mano los caracteres femeninos. Dio una variedad asombrosa a la versificación. Lope se convirtió en todo el teatro español. Conviene repetirlo una y mil veces: sin Lope no tendríamos a «Tirso», ni a Calderón, ni a los demás; él es el padre augusto de todos.

El gran crítico y erudito alemán Schack asegura que no existe literatura alguna en el mundo que, como la española, deba todo su teatro a un solo autor: Lope de Vega. Y el crítico y erudito inglés, muy conocedor de nuestra literatura, Fitzmaurice Kelly, sentenció «que sería mucho más fácil que en la literatura universal aparecieran otro Cervantes, otro Shakespeare, que otro Lope de Vega».

Porque resulta realmente inverosímil, inconcebible, cómo pudo escribir Lope lo que escribió, que precisa una muy larga existencia dedicada exclusivamente a laborar en la soledad, mientras vivió como vivió… Porque, ¿cómo tuvo tiempo Lope ni para vivir su vida?.

El primer estupor que nos saca del alma Lope es éste: ¿cómo meter tanta acción y tanta pasión y tanta preocupación en setenta y tres años? ¿Cómo se las arregló para vivir años de mil y un días, y días de setenta y dos horas?.

Físicamente fue Lope lo que se dice «un buen mozo». Alto, enjuto de cuerpo, el rostro moreno y muy agraciado, la nariz larga, los ojos vivísimos y seductores. Y Montalbán, que tan amigo suyo fue, agrega: «Fue hombre de mucha salud, porque fue muy templado en los humores, muy suelto en los miembros, muy ágil en las fuerzas, muy proporcionado en las facciones y muy ligero de pies y manos. Era discreto en las conversaciones, modesto en las visitas, atento en los actos públicos, descuidado en los suyos propios, apacible con su familia, galante con las mujeres y cortesano con los hombres».

libro de lope de vega

Portada de «Los pastores de Belén», de Lope de Vega. 1612. — Primera impresión de obra tan grata y significativa. Su impresor, Juan de la Cuesta, el de la calle de Atocha con vuelta a la Costanilla de los Desamparados, e impresor de las dos partes del Quijote. Se encargó de vender esta edición del libro de Lope el más popular librero del Madrid de entonces: Antonio Pérez, amigo y admirador incondicional del «Monstruo de la Naturaleza» —proclamado tal por Cervantes— y padre del más fervoroso amigo, discípulo y biógrafo de Lope: Juan Pérez de Montalbán. Los pastores de Belén: prosas y versos divinos fueron dedicados por Lope a su hijito Carlos Félix. Su éxito fue considerable y fulminante. Y son rarísimos los ejemplares de esta edición príncipe… ¡a causa de la severa expurgación que hizo de este magnífico libro el celosísimo Tribunal del Santo Oficio!

Escritores coetáneos a él afirmaron que las mujeres salían a los balcones para bendecirle y que se llegó a crear un símbolo paradigmático para todo lo bueno de la vida: Esto es Lope. ¿Una fiesta suntuosa, sin posible descripción? ¡Esto es Lope! ¿Un nuevo suceso fausto para España? ¡Esto es Lope! ¿Un objeto de valor incalculable o de una impar belleza? ¡Esto es Lope! Sólo los seres excepcionales como Lope «no pueden estar en los medios».

Lope de Vega fue fuente inagotable de inspiración, no sólo para los dramaturgos nacionales, sino igualmente para los extranjeros. En su producción entraron «a saco» Boisrobert, Rotrou, Cellot, Montfleury, Corneille, Moliere, Le Sage, Shirley…

Entre las mejores obras escénicas de Lope figuran: La Estrella de Sevilla, Peribáñez, Fuenteovejuna, El caballero de Olmedo, El rey don Pedro en Madrid, El mejor alcalde, el rey, El anzuelo de Fenisa, Santiago el Verde, La dama boba, El perro del hortelano, El villano en su rincón, La bella malmaridada, La moza del cántaro, El castigo en la venganza, El remedio en la desdicha, Los milagros en él desprecio, Porfiar hasta morir…

Entre sus mejores obras poéticas están: Soliloquios, La Arcadia, La Dorotea, Pastores de Belén, Rimas sacras, La hermosura de Angélica, Rimas humanas y divinas, La Gatomaquia, El Isidro, La Dragontea, La Jerusálén conquistada, Corona trágica…

Fuente Consultada:Enciclopedia Temática Familiar – Tomo I – Grandes Figuras de la Humanidad – Entrada: Lope de Vega – Editorial Cadyc

Biografia de Tolstoi Leon Resumen Obra Literaria del Escritor Ruso

Biografía de Tolstoi León – Su Obra Literaria

Novelista ruso (Yásnaia Poliana, Tula 1828 -Astápovo, Riazán 1910). De familia de hacendados, siguió la carrera de las armas y todavía joven public

Luego abandonó la milicia y se entregó a diversas tareas sociales, elaborando un nuevo programa educativo. Se casó y formó una familia de trece hijos. En un momento dado se refugió en la fe, y el resto de su vida se caracterizó por una religiosidad personal que le atrajo numerosos discípulos.

Guerra y paz, novela centrada en episodios recientes de la historia rusa, es una larga mirada a vuelo de pájaro sobre el conjunto de la vida humana a lo largo de veinticinco años y sobre el hormigueo de innumerables personajes.

En Guerra y paz, Tolstói evoca maravillosamente las vidas tanto de las personas como de las colectividades.

Es un fresco grandioso en que los personajes aman, odian, pelean, intrigan, se enriquecen, se casan, se divorcian, tienen hijos y buscan a tientas el sentido de la vida.

Ana Karénina es una obra muy compleja. Su tema central es el suicidio de una mujer joven que. a través del problema del adulterio, plantea el problema del mal.

En conjunto, por su modo de construir y tratar la novela, Tolstói es el más occidental de los grandes novelistas rusos y refleja con maestría sin par los ambientes campesinos o ciudadanos de Rusia.

leon tolstoi escritor ruso

BIOGRAFÍA: León (Liev) Nikoláievich Tolstói nació en la propiedad familiar de Yásnaia Poliana (en el gobierno de Tula, en la Rusia central, al sur de Moscú) el 9 de septiembre de 1828.

Era hijo de unos ricos terratenientes de condición aristocrática, el conde Nikolai Ilich y María Nikolaievna, princesa Volkonskaia.

Huérfano de padre en 1830. En 1844 ingresó en la facultad de Letras de la universidad de Kazan para estudiar lenguas orientales, y se inició en el árabe y el turco, al año siguiente pasó a la facultad de Derecho y por fin en 1847 dejó la universidad sin terminar ninguna carrera; regresó entonces a Yásnaia Poliana, que había formado parte de la dote de su madre fallecida en 1837, y que tras el reparto de la herencia fue a parar a sus manos.

Pero ese joven propietario que aún no ha cumplido los veinte años tiene ideas muy peculiares y completamente distintas de las de los demás terratenientes; muy influido por sus lecturas favoritas de esta época (la Biblia y, sobre todo, Jean-Jacques Rousseau), se lanza a una serie de intentos de reforma social con el fin de mejorar las condiciones de vida de sus campesinos.

No obstante, Yásnaia Poliana, donde vivían unos trescientos cincuenta siervos varones, con sus familias, era un mundo demasiado complicado para su inexperiencia, que sólo se nutría de teorías, y sus generosas tentativas de altruismo fracasaron.

Sigue luego un período de desánimo y excitación que suele llamarse mundano.

En 1848 viaja a San Petersburgo y en 1851 se enrola en el ejército. Su primera experiencia militar es en el Cáucaso, donde comparte la existencia de los oficiales de artillería y empieza a redactar un escrito autobiográfico titulado Infancia.

Este librito, que apareció en 1852 en la revista El contemporáneo, es mucho más que un tanteo primerizo; se trata de una verdadera obra maestra, de evocación finísima y emocionada, que evidencia un arte muy seguro.

También en El contemporáneo iba a aparecer, de una parte Adolescencia (1854), que prolongaba los recuerdos de Infancia, y Los relatos de Sebastopol (1855-1856), donde la guerra aparece sin ningún relumbrón heroico, en toda su cruda realidad, registrada por un gran talento de observador.

Estamos ya ante el esbozo de las dos grandes vertientes que se fundirán en su obra maestra, Guerra y paz.

La guerra, descrita y analizada con un arte extraordinario que se funda en lo vivido y en una gran documentación, y la paz por antonomasia que Tolstói identifica con el ambiente idílico de su niñez.

La alta sociedad de San Petersburgo le adula, pero estos ambientes no le hacen feliz; sin embargo, sus tentativas de hacer la felicidad de los humildes que dependen de él tampoco tienen éxito: ofrece la libertad a sus siervos y éstos la rechazan recelando maniobras ocultas. Emprende luego su primer viaje al extranjero (1856-1857): visita Alemania, Francia, Suiza y el norte de Italia, y vuelve a su patria con mal sabor de boca, reprochando a Occidente su materialismo y su crueldad. Publica ahora en 1857 Juventud y Lucerna, y en 1858 Tres muertes.

Al año siguiente se lanza a una gran actividad pedagógica y funda una escuela en Yásnaia Poliana, en la que él mismo enseña a los hijos de sus campesinos. Le obsesiona la búsqueda de una especie de «cristianismo práctico», sin dogmas ni institución, que pueda proporcionar la felicidad en la tierra y contribuir a la hermandad y al progreso de los hombres. Publica Felicidad conyugal (1859), que tiene su origen en sus relaciones amorosas con Valeria Arsenieva, y en 1860 emprende su segundo viaje al extranjero.

El año 1862 es también el año de su boda; en el mes de septiembre, en una de las iglesias del Kremlin, contrae matrimonio con Sofía Andréievna Behrs —a la que él llamará siempre Sonia—, de dieciocho años, hija de un médico de Moscú. En junio del año siguiente nace su primer hijo, Sergei. Su unión matrimonial será borrascosa, pero a pesar de las diferencias que separan a los esposos, por estos años se inicia una época de relativo equilibrio que será de gran fecundidad literaria.

familia de tolstoi

Tolstói, mientras ve crecer su familia, se ocupa activamente de la agricultura y de la ganadería, mejora sus tierras, aumenta su propiedad con nuevas adquisiciones. Parece llevar una vida más estable y serena, y ello repercute en la calidad y la ambición de su obra narrativa.

Guerra y paz, escrito entre 1863 y 1868, publicada en la revista El mensajero ruso —de carácter conservador, porque Tolstói se había separado de los liberales de El contemporáneo— entre 1865 y 1868, y posteriormente en volumen en 1869, suele considerarse por los críticos más exigentes como una de las mejores novelas del siglo xix y una de las más importantes de toda la historia de la literatura.

En ella se describe un período crucial de la Rusia moderna, el que corresponde a las guerras napoleónicas (aproximadamente entre 1805 y 1812), con un nutridísimo repertorio de personajes cuyas vidas se entrecruzan produciendo una admirable sensación de realidad vivida y analizada hasta en sus últimos secretos.

Después de la cumbre de Guerra y paz, era casi inevitable que la obra de Tolstói, en cierto sentido, decayera. Aún va a escribir otra mole novelesca muy ambiciosa, Ana Karénina, en la que empezó a trabajar en 1873 y que publicó en El mensajero ruso entre 1875 y 1877. La obra acusa una manifiesta falta de unidad, ya que se compone de dos historias soldadas artificialmente, la de un matrimonio feliz (Levin y Kitty) y la de un hogar destruido por el adulterio de Ana, quien abandona a su marido y a su hijo para seguir a su amante, el conde Vronski.

Ana Karénina, a pesar de los reparos que se le puedan formular, es una gran novela que representa otros aspectos capitales de la gran personalidad tolstoyana. En Guerra y paz se debatían los problemas del destino del individuo dentro del torbellino de la historia, con una proyección hacia el pasado; Ana Karénina insiste sobre todo en los aspectos morales, sociales y sicológicos, dentro de un ámbito novelesco mucho más limitado, pero enfrentándose directamente con los conflictos de la vida contemporánea. En la primera novela resuena el fragor de las batallas napoleónicas; en la segunda, la imagen que conservará el lector en su memoria es la de ese tren, símbolo del progreso y de la nueva Rusia.

En 1882 la familia se traslada a Moscú por necesidades de la educación de los hijos, y Tolstói descubre entonces la miseria del proletariado urbano y la sordidez de las grandes aglomeraciones ciudadanas, reafirmándose en sus ideas del retorno a la vida natural.

Mas tarde  publica obras verdaderamente interesantes como La muerte de Iván llich (1886) y el poderoso drama El poder de las tinieblas (1886). No obstante, sus ideas obsesivas deforman su gran capacidad artística y una novela como La sonata a Kreutzer (1889), terrible alegato contra el matrimonio, cuenta mucho más como reflejo de sus tensiones interiores que como literatura.

En los últimos años del siglo XIX su fama y su influencia son inmensas, pero el gran artista de antaño ha sido sustituido por el teórico y el hombre de acción. Cuando a partir de 1891 se suceden en la Rusia central las malas cosechas y aparece el azote del hambre, participa directamente en la ayuda a los campesinos, publica artículos sobre este tema y escribe al zar. El reino de los Cielos está en nosotros (1891-1893) es un tratado moral y religioso de acuerdo con su peculiar doctrina, ¿Qué es el arte? (1897) combate todo género de artificios de carácter artístico y literario.

La fallida revolución rusa en 1905 significó para él una gran convulsión; Tolstói se había declarado repetidamente enemigo de la autocracia, el despotismo y las instituciones que consideraba de carácter represivo, pero está en total desacuerdo con la revolución y con la violencia de sus medios.

Estos acontecimientos y la represión que les siguió aislaron aún más al viejo profeta y a sus ideas de anarquismo social. En Yásnaia Poliana, rodeado de su numerosa familia y atormentado por incontables escrúpulos de conciencia, Tolstói se afanaba por ser literalmente fiel a sus convicciones: renunciaba a todos sus bienes, él mismo se hacía los zapatos y araba sus campos, adoptaba el régimen vegetariano, y ofrecía a sus frecuentes visitantes el extraño aspecto de un mujik descalzo y barbudo que clamaba contra el horror y el desvarío del mundo circundante.

La tragedia de su país, en sus dos vertientes que abominaba por igual, la represión policíaca y los asesinatos terroristas, le desazonaba, y sus desavenencias conyugales contribuían también a su desequilibrio.

El 10 de noviembre de 1910 huyó de Yásnaia Poliana rumbo a lo desconocido, como un nuevo Pierre en busca de un ideal inalcanzable. Tenía entonces ochenta y dos años. Como un viejo peregrino alucinado recorrió a pie una considerable distancia, hasta caer enfermo en una pequeña estación ferroviaria de Astapovo, en el gobierno de Riazán. Y allí murió de una neumonía.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Liev Tolstoi “El Titánde las Letras Rusas” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.