Biografia de Miguel de Unamuno Escritor Obra Literaria y Pensamiento



Biografía de Miguel de Unamuno
Escritor y Filosofo – Obra Literaria y Su Pensamiento

Biografia de Miguel de Unamuno Obra Literaria: escritor y pensador español (Bilbao 1864 -Salamanca 1936). Tras realizar los estudios secundarios en su ciudad natal, estudió en Madrid filosofía y letras, doctorándose con una tesis sobre el origen y la prehistoria de la raza vasca.

Viajó en 1889 por Francia e Italia y empezó a publicar sus primeros escritos. Se casó en 1891 y obtuvo la cátedra de griego de la Universidad de Salamanca.

En esta época se afilió al Partido Socialista y colaboró en la prensa socialista. En 1897, tras la muerte de uno de sus hijos, experimentó una crisis que le acercó a la religión.

Miguel de Unamuno es el escritor más personal y vigoroso de la generación del 98, en la que se le acostumbra a incluir por su honda preocupación por lo español; pero tanto por su estilo como por su pensamiento es un autor completamente aparte e independiente.

Miguel de Unamuno

Biografia de Miguel de Unamuno y Obra Literaria

BIOGRAFIA:

Nació en Bilbao el 24 de septiembre de 1864. Su madre quedó viuda cuando el pequeño Miguel tenía solamente seis años. Debido en parte al ambiente familiar, una fuerte obsesión por lo religioso le dominó durante toda su vida.

«Fue mi niñez la de un niño endeble (aunque nunca enfermo), taciturno y melancólico, con un enorme fondo romántico, y criado en el seno de una familia vascongada de austerísimas costumbres, con cierto tinte cuáquero.

Fui un chico devoto en el más alto grado… Pero, a la vez me daba por leer libros de controversia y apología religiosa y por querer racionalizar mi fe heredada e impuesta.»

También desde su infancia le devoraba el ansia por saberlo todo. Su ardor por la lectura no le abandonó jamás.



En 1880 empieza la carrera de Filosofía y Letras en Madrid.

Sigue profundamente preocupado por los problemas religiosos y por el intento de racionalizar su fe, de tal manera que, a fuerza de interrogarse, de plantearse problemas, de querer explicarse todas sus creencias, Unamuno vio volatilizársele dicha fe y se dedicó entonces al estudio intenso de la filosofía.

En 1884 vuelve a Bilbao, con la preocupación de obtener una cátedra universitaria para poder fundar un hogar, ya que tenía novia desde los catorce años.

Preparó oposiciones a una cátedra de psicología, lógica y ética y después a otra de metafísica.

A pesar de haber realizado brillantemente los ejercicios, fracasó a causa de la independencia de sus juicios, que alarmaron a los miembros del tribunal.

Intentó luego conseguir una cátedra de latín, pero tampoco tuvo éxito.

Acabó obteniendo la cátedra de griego de la universidad de Salamanca ante un tribunal presidido por su maestro Menéndez Pelayo.

Pudo entonces Unamuno casarse con Concepción Lizárraga, con la que tuvo nueve hijos. En 1897, tras la muerte de uno de sus hijos, experimentó una crisis que le acercó a la religión.

Se instaló en Salamanca en 1891, al ser nombrado catedrático de griego, y aunque vasco de nacimiento, se convirtió en un enamorado de Castilla y, especialmente, de Salamanca.

Fue elegido en el año 1900 rector de la universidad. Por razones políticas dimitió en 1914, aunque siguió como vicerrector hasta 1924, fecha en que fue desterrado  a Canarias por su oposición a la dictadura de Primo de Rivera.



Huyó de allí en un barco fletado por intelectuales franceses y estuvo exiliado en París y en Hendaya hasta 1930.

Regresó a España en 1930 y en 1934 fue reelegido rector a perpetuidad, ejerciendo el cargo hasta su muerte, acaecida repentinamente el día 31 de diciembre de 1936, mientras conversaba con su amigo Bartolomé Aragón Gómez. «Me encuentro mejor que nunca», acababa de decir Unamuno, cuando su interlocutor le dijo: «La verdad es que a veces pienso si no habrá vuelto Dios la espalda a España, disponiendo de sus mejores hijos.»

Entonces Unamuno, descargando un recio puñetazo sobre la mesa exclamó: «¡Cómo puede ser, Aragón, Dios no puede volver la espalda a España!»

Apenas pronunció estas palabras, Miguel de Unamuno murió súbitamente.

Es el mismo Aragón quien relata estos últimos momentos de la vida del gran escritor español.

Diputado en las Cortes constituyentes, fue nombrado presidente del Consejo de Instrucción Pública, pero pronto le decepcionó la política de la República.

Al estallar la rebelión militar de julio de 1936, que supuso el desencadenamiento de la guerra civil, Unamuno manifestó su apoyo a los sublevados, pero poco después, tras un violento enfrentamiento verbal con un militar, Millán Astray, retiró dicho apoyo.

UNAMUNO Y SU OBRA LITERARIA:

Las novelas de Unamuno son una proyección literaria de sus problemas personales.Autor de novelas —Paz en la guerra (1897), Amor y pedagogía (1902), Niebla (1914), Abel Sánchez (1917), La tía Lula (1921), San Manuel Bueno, mártir (1933)—, poemas —El Cristo de Velázquez (1920), Romancero del destierro (1928), Cancionero (1953)— y dramas, las etapas de formación de la filosofía vitalista de Unamuno se reflejan en sus tres principales ensayos filosóficos: Vida de Don Quijote y Sancho, según Miguel de Cervantes Saavedra, explicada y comentada (1905); Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1912-1913) y La agonía del cristianismo (1925).

La primera de estas obras es una exaltación de Don Quijote, loco y trascendido de este mundo real, de su familia y de su fe.

En la figura de Don Quijote ve Unamuno el ejemplo de una vida digna de vivirse, en la que el ideal levanta al hombre por encima de la realidad muchas veces miserable.



La segunda obra, Del sentimiento trágico de la vida, es la de mayor profundidad metafísica. Se centra en la teoría de la inmortalidad como trágico encuentro entre la fe y la razón.

Refleja con toda profundidad el problema que durante toda la vida angustió a Unamuno y que no pudo resolver: el de entender y poder defender racionalmente su fe.

La agonía del cristianismo fue escrita en Francia y publicada en francés en 1925. Seis años después, en 1931, se publicó en español.

Es una versión nueva y más floja de la obra anterior.

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En ella su autor considera la duda religiosa como torturante, «agónica», como centro de la verdadera y genuina vida del cristiano.

De un modo general podemos afirmar que la filosofía de Unamuno se halla a mitad del camino entre la filosofía de la vida y el existencialismo.

Su estilo, inconfundible, es apasionado y tumultuoso, poco amigo del adorno; el léxico y la expresividad de Unamuno son recios y populares unas veces, sabios y cultos otras.

Su alma, angustiada por la idea de Dios, apela constantemente a la espiritualidad del lector.

Filólogo y amante apasionado de la lengua española, analiza las palabras, averigua su etimología y saca de ella conclusiones ideológicas.

Es, por otra parte, de los pocos españoles cultos de su tiempo que tiene interés por los renacimientos literarios catalán y gallego y que amplía su horizonte de lector a la América española, y por tanto a todo el ámbito del idioma.

La rectitud moral y la intransigencia ética de este representante de la generación del 98, vasco como Baroja, hicieron de él una importante figura intelectual de la vida pública en España.

Su insobornable libertad de criterio le llevó a ejercer la crítica sobre los asuntos políticos (lo que, como ya se ha señalado, le valió un destierro).

Unamuno es un polemista apasionado, tanto contra sí mismo en los textos en que expresa su atormentada conciencia como contra las circunstancias externas (Contra esto y aquello).

Su labor educativa fue enorme, pues sacudió las conciencias dormidas de muchos españoles.

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Su espiritualidad está dominada por paradojas y contradicciones sobre la entidad divina (Del sentimiento trágico de la vida).

Entre sus preocupaciones más constantes está la de España: el paisaje, la visión simbólica del ámbito peninsular, la fusión de ideas religiosas y patrióticas, el pasado histórico, etc.

Miguel de Unamuno cultivó todos los géneros literarios (ensayo, novela, drama, poesía), y en todos expresó sus preocupaciones filosóficas, religiosas y patrióticas.

Su poesía es, en una época de primor formal y esteticismo modernista, de una brusquedad poco lírica, si bien trasluce vividamente sus problemas anímicos.

Unamuno Miguel sentado

El pensamiento de Unamuno nos coloca ante un tipo de pragmatismo distinto de aquel que juzga y critica las creencias a la luz de sus consecuencias prácticas.

Se trata de un pragmatismo que no tiene nada que ver con el pragmatismo americano que sólo considera verdadero lo que es útil o práctico, cuyo criterio de verdad es la utilidad.

Se trata aquí de un pragmatismo mucho más subjetivo, que pone todo el énfasis en la voluntad de creer y que no distingue demasiado entre sueño y realidad.

Y en este ambiente la filosofía no puede ser una búsqueda intelectual y desinteresada de la verdad objetiva, sino, en último término, la expresión de los sentimientos y de los anhelos vitales de los individuos que filosofan; son unos hombres concretos, de carne y hueso, que no pueden dejar de filosofar, «no con la razón sólo, sino con la voluntad, con el sentimiento, con la carne y con los huesos, con el alma toda y con todo el cuerpo».

La filosofía está fuertemente enraizada en la vida.

Para Unamuno la vida tiene un carácter trágico, porque la razón no puede confirmar las creencias del corazón e incluso puede contradecirlas.

Ahora bien, si abandonamos tales creencias, por irracionales o poco fundadas, la vida se nos hace insoportable.

Por otra parte, se trata de creencias basadas en la totalidad de la vida, que es más amplia que la razón.

Tenemos que seguir, pues, manteniendo estas creencias e intentar vivir según ellas, por más irracionales e incluso antirracionalés que nos parezcan.

«Contra los valores afectivos no valen razones, porque las razones no son nada más que razones, es decir, ni siquiera son verdades.»

De aquí que para Unamuno la fe sea «quijotesca», queriendo significar con ello que la fe, lejos de estar apoyada por la razón, se levanta frente a ella.

Ocupa un lugar central dentro de esta concepción de la fe la creencia del individuo en su propia inmortalidad.

La razón duda constantemente de ello, pero dicha creencia se afirma en la acción: hemos de vivir de tal modo que merezcamos la inmortalidad, y si luego resulta que no hay tal inmortalidad, que somos aniquilados, habrá quedado demostrado, al menos, que el universo es injusto.

La fe se sostiene, pues, en la lucha y en el dolor. «El dolor es la sustancia de la vida y la raíz de la personalidad, pues sólo sufriendo se es persona.».

A través del sufrimiento, la fe individualista en la inmortalidad se convierte en una actitud de simpatía y de amor hacia todo io que vive, y que trata de sobrevivir y, de este modo, llega hasta Dios, que es la vida o conciencia universal que sufre en cada individuo y con él.

Unamuno trata de convencerse a sí mismo de que el universo posee una conciencia; de que es una personalidad que nos rodea, que vive, que padece, que ama y que pide ser amada.

La fe de Unamuno es, pues, una fe religiosa.

Su religión no es una religión de paz y de sumisión, sino de lucha y acción; una religión que persevera en medio de las dudas y las incertidumbres.

Y su Dios es también un Dios que lucha y padece, simbolizado, ante todo, en la figura de Cristo sufriente.

Él rechaza toda posibilidad de entendimiento de la fe y basa todo el acto de fe no en una luz que ilumina, sino en el conflicto, en la lucha entre razón y sentimiento.

El «creo porque es absurdo» de Tertuliano es el único fundamento posible de la fe. Por consiguiente, los ojos de la fe sólo se abren a las tinieblas de una paradoja insostenible.

Este aspecto de la fe de Unamuno se desarrolla sobre todo a partir del año 1900, que es cuando conoció la obra de Kierkegaard, y de tal modo se sintió atraído por este autor que incluso llegó a aprender danés para poder profundizar en su pensamiento.

De este modo, siguiendo a Unamuno, se puede afirmar que el vivir del individuo es un morir, desgarrado por las dos fuerzas. La fe es siempre una batalla contra la duda intelectual.

El corazón combate contra la inteligencia, pero la duda siempre es avivada de nuevo. Si cesara la lucha, cesaría la vida.

Desde un punto de vista filosófico sus escritos no constituyen, ni mucho menos, un cuerpo sistemático de doctrina, pero por el contrario, sus escritos producen la impresión de que las más audaces genialidades brotan de su pluma a impulsos de su incontenible vitalidad.

Sin embargo su sabiduría de la vida no puede menos que impresionar profundamente al lector.

Sus escritos sacan a la luz muchos problemas del ser personal. Pero Unamuno, como la mayoría de los filósofos personalistas, es quizá más «profeta» que filósofo.

LA PERSONALIDAD DE MIGUEL DE UNAMUNO:

Es una de las más vigorosas y originales personalidades de toda la historia literaria de España, y es «la figura cimera del pensamiento español contemporáneo» (M. de Maeztu).

Su voz fue como un grito de protesta que se alzó en todas las horas difíciles del país: contra el desastre nacional y la pérdida de la guerra de Cuba; contra el separatismo vasco pero también contra el dogmatismo centralista de Castilla; contra la excesiva reverencia de los clásicos, la erudición libresca y el injustificado aislamiento español, pero también contra la ignorancia y la europeización ciega; contra los bajos salarios de los obreros, pero también contra el trabajo imperfecto.

Su programa consistió en provocar una reacción y obligar a la búsqueda de la verdad: «Ese es mi mensaje: hay que provocar el descontento; hay que agitar los espíritus; hay que suscitar cuestiones, preguntas, dudas».

En suma, luchar contra todo y contra todos.

Fue visto por sus contemporáneos como un hombre extravagante, raro, paradójico, extraño y original, preocupado inor «no morirse nunca del todo, eternizarse».

Este afán de perduración, sería Una de las claves del pensamiento y la acción de  Unamuno (Julián Marías).

No escribía para divertir a sus lectores, ni para instruirlos o hacerlos sabios; ni siquiera para convencerlos.

Quería existir para ellos, volverse insustituible e inolvidable, perdurar en su memoria, y «hacer que todos vivan inquietos y anhelantes» (J. Marías).

Tuvo una insaciable sed de conocimientos, una inigualada voracidad intelectual: su preocupación fue honda y filosófica, y para satisfacerla, consagró todas las horas de su vida.

Ver: Hechos Importantes de Miguel de Unamuno

Fuente Consultada Para «Biografia de Miguel de Unamuno y Obra Literaria»
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Miguel de Unamuno  “las paradojas de la fe y la razón” – Editorial Planeta
La Enciclopedia del Estudiante Tomo 19 Historia de la Filosofia La Nación
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

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