Dr. Manuel García

Biografía de Pedro Goyena Abogado y Político Argentino

Biografía de Pedro Goyena
Abogado y Político Argentino

Nació en Buenos Aires el 24 de julio de 1843, siendo sus padres D. Pedro Regalado Goyena y doña Emilia del Río, ambos porteños. Se educó en la escuela de D. Juan Andrés de la Peña y en el Departamento Preparatorio anexo a la Universidad. Tuvo por profesor de idiomas al sabio Dr. Larsen y a varios sacerdotes franciscanos, lo cual le permitió estudiar a los autores latinos, griegos y franceses en sus fuentes naturales.

Pedro Goyena

En 1866 fue nombrado profesor de Filosofía en el Colegio Nacional de Buenos Aires. El 4 de agosto de 1869 se graduó de abogado y en 1874 fue profesor de Derecho Romano en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de esta Capital, en reemplazo del doctor Ezequiel Pereira. Un año antes había sido elegido diputado por el término de un año al Congreso Nacional.

En efecto, Goyena desde muy jover intervino en la política, pues alrededor del año 1870 se incorporó a la legislatura bonaerense, y luego a la Convención Constituyente, para pasar en 1873 al Congreso Nacional, como queda dicho.

Pedro Goyena fue más que nada un orador, cuyas brillantes cualidades se fueron afinando en el largo ejercicio de la función legislativa y de la cátedra.

Su gran período como orador parlamentario fue, a juicio de Groussac, el que corre de 1880 a 1888, en que ocupó con breve interrupción una banca en el Congreso Nacional y pronunció sus admirables discursos, en las cuestiones del matrimonio civil, en la enseñanza laica, de los recursos de fuerza, etc.

Miembro conspicuo del partido católico, fundó en 1882 con José Manuel Estrada y Achával Rodríguez, «La Unión«, cuya campaña de oposición tuvo su época de resonancia. En las columnas de aquel periódico publicó centenares de artículos y sueltos en los que reveló brillantes dotes de polemista.

Con el mismo Estrada fundó, además, «La Revista Argentina«, y fue en las columnas de esta histórica publicación que aparecieron casi todos sus estudios de crírica literaria, reeditados después en forma de libros. En 1881, a raíz de la muerte de Félix Frías, escribió y publicó una extensa biografía de este insigne ciudadano.

Con Mitre y Avellaneda, Goyena consagró su vida a las letras y a la política, musas hermanas. Escribió poco, sin embargo, lo publicado por él mismo y sus páginas inéditas, parecen el bosquejo de una labor que hubiera querido aplazar para el tercio maduro de su vida.

Su prosa, corta en imágenes, tiene la fluidez de su oratoria, la claridad de su inteligencia, el calor de sus sentimientos y la pureza de sus gustos. Hombre de hogar y de castas pasiones, buscó la forma musical del verso para arrullar el alma que se había identificado con la suya.

El verso dedicado «A Eduarda», que se transcribe a continuación, revela sus sentimientos afectuosos a su compañera:

«A EDUARDA»
Dicen los sabios que la blanca luna
las aguas mueve del tranquilo mar;
y una mirada de tus ojos,
una, el mar de mi alma consiguió agitar.

Esa mirada fué para mi vida
un rayo puro de ferviente amor,
sobre la áspera senda obscurecida,
por las sombrías nubes del dolor.

Mis esperanzas todas renacieron,
brotar sentí de nuevo la pasión,
cuando tus ojos bellos me dijeron:
no dejes, no, morir tu corazón!

«Coronas de azahares y violetas», dice Estanislao Zeballos, poema breve del hogar traduce el sosiego y las infinitas ternuras de su alma. El orador descolló sobre el literato, porque su obra fue más amplia.

La enseñanza que dictó en las cátedras y su elocuencia parlamentaria son un acontecimiento nacional. Era hombre de Estado en la amplitud de la palabra, aunque tal condición le haya sido negada como recurso de combate, por algunos de sus altos adversarios. Sus discursos en el Congreso y sus opiniones virilmente expresadas en algunos consejos de Gobierno, son pruebas indiscutibles.

Una desviación, una leve condescendencia, lo habría llevado al poder, pero él quería llegar a las alturas con su mtegiidad moral. Todos sus discursos durante la revolución del 80 están impregnados de nobilísimo sentimiento nacional.

Cuando Avellaneda estaba rodeado en la Casa de Gobierno por fuerzas hostiles de Buenos Aires, Goyena llamado a los «acuerdos memorables de febrero de 1880, estuvo resueltamente con la Nación: «Yo no había salido jamás de Buenos Aires! Mi corazón sangraba. . .La justicia está de parte de aquellos contra quienes luchan los partidos de Buenos Aires. ¡Mi país es toda la Nación Argentina!«, expresó en el movimiento oratorio de 1882.

No fue localista pero fue metropolitano: sentía la influencia absorbente que la gran Metrópoli del Plata era la ciudad nacional por excelencia de los argentinos, y él mismo lo reconocía y defendió su federalización. Era más bien una hegemonía moral.

En Buenos Aires estaba la fuente principal de las ideas, de la experiencia gubernativa de las fuerzas económicas; de ella partirían las iniciativas de progreso, de orden y de libertad, y los hombres que más directamente representaban la cultura de la Capital debían gobernar la República.

Nadie admiró más sinceramente a Vélez Sársfield, a Sarmiento, a Alberdi, a Avellaneda, a Rawson, que Goyena. Sostenía el predominio de las influencias metropolitanas, aún cuando ellas estuvieran encarnadas en provinciatos, Goyena ha muerto cuando empezaba la jornada substancial de su vida política, como el árbol cargado de yemas, que abate el huracán. Era un baluarte extraordinario, un patriota abnegado, un creyente fervoroso, y un hombre puro. Su carácter fue más grande que su obra.

Como periodista, colaboró en «El Bachiller», «La espada de Lavalle», «La Guirnalda’ , «La Religión», «Las Novedades», «La Paz», «El Correo del Domingo», «La República», «La Libertad», «La Nación Argentina», «El Nacional», «La América del Sud» y algún otro diario o periódico más.

Hábil polemista, sostuvo en la prensa famosas controversias con Sarmiento, Juan Carlos Gómez y otros publicistas. Como profesor de Filosofía y Derecho Romano, descolló por su vasta preparación y por su bondad ingénita en el desempeño de esta última cátedra, que regenteó por espacio de 18 años, es decir, hasta el momento de su infausta muerte.

Católico ferviente, defendió la doctrina de la Iglesia en la Convención Constituyente de 1870-73, y la escuela cristiana en el Colegio Nacional al discutirse la ley de educación común el año 1883, como también la del matrimonio civil.

Goyena perteneció a una generación de románticos y él fue en el fondo también un romántico. No solo hablaba y escribía con pureza y brillantez, sino que esculpía el período y la frase; el más delicioso y espiritual de nuestros geniales conversadores, que tanto bueno produjo y que sin embargo, creyendo no haber hecho nada digno de él, se preparaba a hacerlo «recién» en la última época de su relativamente corta existencia.

El Dr. Pedro Goyena falleció en San José de Flores, el 17 de mayo de 1892. En su sepelio, el Gobierno y el pueblo le tributaron un grandioso homenaje. Había contraído matrimonio en Buenos Aires, el 7 de noviembre de 1874, con doña Eduarda Gari, porteña, de 22 años; hija de Dionisio Gari y de Mercedes Cuntin, ambos nacidos en esta ciudad; la que falleció en ésta, el 30 de enero de 1918, a los 67 años de edad.

En 1917, la biblioteca «Cultura Argentina» publicó en un volumen intitulado «Crítica literaria«, diez de los mejores trabajos de Goyena, del cual puede afirmarse que pocos críticos argentinos han tenido más claro concepto de la misión del crítico literario.

El Dr. Pedro Goyena tuvo destacadísima actuación parlamentaria en la discusión de la Ley Nº 1420, de Educación Común, especialmente en las sesiones de la Cámara de Diputados de los días 6 y 11 de julio de 1893, en las que defendió el proyecto de la comisión de Culto e Instrucción Pública.

Formuló la afirmación de que la relgión católica es la religión del Estado, fundándose en disposiciones de la Constitución. Agregó que el pueblo argentino es esencialmente católico, afirmando que San Martín y Belgrano profesaron esa religión. «La enseñanza no puede ser neutra, expresó; ese término es solo un eufemismo: el verdadero calificativo del Estado que «prescinda de la religión es la palabra ateo».

Goyena defendió con tanto calor el proyecto de referencia, que quedó pronto aprobado, siendo rechazado el presentado por un grupo de diputados.

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

Biografía de Tomas Godoy Cruz Gobernador de Mendoza

Biografía de Tomás Godoy Cruz – Gobernador de Mendoza

Nació en Mendoza el 6 de marzo de 1791. Fueron sus progenitores Clemente de Godoy Videla y Nicolasa Cruz y Méndez, mendocinos. Como la mayor parte de los hombres que figuraron en esa época, Godoy Cruz pasó a Chile para completar en la Universidad de San Felipe sus estudios: bachiller de filosofía el 28 de abril de 1810, lo es de sagrados cánones y leyes el 4 de febrero de 1813, año en que el cabildo de Santiago lo eligió síndico procurador.

Un año después regresó a su provincia y desde el primer momento reveló el gran patriotismo que alimentó su espíritu selecto: uno de sus primeros actos fue la cesión de su casa para establecer en ella la fábrica de pólvora que estuvo a cargo de Alvarez Condarco.

Godoy Cruz  Tomas

Sus cualidades correctas e inteligentes las demostró desempeñando en 1815 el cargo de Síndico Procurador del Cabildo de su ciudad natal. Al año siguiente le cupo la honra de representar a la provincia de Mendoza en el memorable Congreso General Constituyente que se reunió en la ciudad de Tucumán, una de cuyas primeras preocupaciones, por no decir, la principal, fue preparar los ánimos para declarar la independencia de las Provincias del Río de La Plata, ejerciendo en varios períodos la presidencia de aquella Magna Asamblea hasta las postrimerías de su disolución, que acaeció a comienzos de 1820, después de Cepeda.

En su carácter de representante mendocino le cupo el honor de extender su firma en el Acta del 9 de julio de 1816, por la cual se proclamó la independencia política de las Provincias Unidas de la América del Sud. Fue diputado al Congreso hasta el 11 de agosto de 1819, fecha en que fue admitida la renuncia de su cargo.

Fue Godoy Cruz un leal defensor en el seno de aquella memorable Asamblea de este trascendental acto político, en conformidad con las vehementes insinuaciones en tal sentido, de San Martín y de Belgrano. Su palabra se escuchó en muchas oportunidades en el recinto del histórico Congreso.

Interviene y propicia el acercamiento de San Martín y Pueyrredón, que se entrevistan en Córdoba en julio de 1816, resolviendo poner en ejecución los proyectos del primero para libertad Chile y el Perú, afiazando al mismo tiempo la independencia de la República Argentina, empresa monumental que el Héroe de los Andes ejecutó con habilidad suma, coronada de pleno éxito.

Ocupó la vicepresidencia del Congreso: en agosto de 1816, y en mayo de 1818; y la presidencia: del 5 de mayo al 4 de junio de 1817 y desde el 2 de diciembre de 1818 al 19 de marzo de 1819, este período ya en Buenos Aires.

De regreso a su provincia, Godoy Cruz acompaña al gobernador Luzuriaga en sus fines de buscar el orden y la paz, disturbios que crearon la autonomía de la provincia de Mendoza. Después de los acontecimientos de julio de 1820, Godoy Cruz hizo su entrada en la Capital, el día 29 de aquel mes, ocupando la silla del Gobierno hasta enero de 1822.

Su administración fue laboriosa e ilustrada, fomentando el comercio y las industrias agrícola y minera. Estableció la enseñanza mutua, imprenta y periódicos; organizó un teatro; dio impulso al Colegio de la Santísima Trinidad y se ocupó de la instalación de un congreso general, propuesto por Buenos Aires, para la reorganización nacional.

Fuerzas de Mendoza al mando de los generales Fernández de la Cruz y Bruno Morón dieion alcance a los sublevados del 1º de los Andes, en Jocolí a 10 leguas al Norte de Mendoza, el 2 de agosto de 1820, pero estos no esperaron a sus aaversarios y se declararon en fuga después del coito ataque que les llevó el comandante Cajaraville con la vanguard.a de las tropas legales. El coronel Corro se dispersó, fugando con muy pocos de ios suyos hasta La Rioja. Nuevamente invadió la provincia de Mendoza en enero de 1821 y entonces el propio Godoy Cruz marchó a su encuentro, llevando como 2º al coionel Morón: el 1º de febrero obtenía la completa destrucción de su enemigo.

Con motivo de las correrías de José Miguel Carrera, Godoy Cruz alistó fuerzas para rechazar la invasión, las que fueron puestas bajo el mando del general José Albino Gutiérrez, las que derrotaron al famoso caudillo en el iugar llamado Punta del Médano, el 31 de agosto de 1821. La gente de Carrera fue fácilmente derrotada y se pronunció en dispersión, cayendo su Jefe con algunos de sus acompañantes en poder de su enemigo. El gobernador Cruz tomó medidas radicales contra el caudillo rebelde prisionero, el cual fue condenado a muerte y ejecutado el 4 de septiembre del mismo año.

Esta acción del gobierno de Godoy Cruz fue premiada por el gobierno de Chile, que le extendió despachos de brigadier graduado del ejército de aquel país y a la vez le acordó el diploma de la «Legión del Mérito». Iguales premios le fueron acordados al general Albino Gutiérrez, vencedor de Carrera.

Una conspiración que D. Francisco Aldao había preparado contra el gobierno de Godoy Cruz, fue felizmente descubierta el día antes del destinado para ejecutarla, habiéndose conseguido el sofocarla ente.amenté por medio de providencias rigurosas; pero Godoy Cruz que por repetidas veces había solicitado su separación del mundo, hizo, a consecuencia de este suceso, que consideró precursor de otros análogos, su inmediata renuncia, siendo reemplazado por Di Pedro Molina en enero de 1822.

Adicto al partido unitario fue un entusiasta campeón de la organización nacional y en el mismo año 1822, marchó a Buenos Aires representando al gobierno de Mendoza para convenir sobre la unión de las provincias y sobre el paraje donde debía instalarse el Congreso Constituyente para tratar de la constitución del Estado, y también la forma de gobierno a darse a estos pueblos, pero estas iniciativas fracasaron y Godoy Cruz regresó a Mendoza, después de haber comunicado desde Buenos Aires al gobernador Molina, por nota de 30 de julio de 1822, el fracaso total de su misión.

Miembro de las sociedades Lancasteriana y de Minería, les dedicó todas sus energías. Diputado en 1825 a 1827, fue también Presidente de la Legislatura .

Después de la batalla de Oncativo, a raíz de haber abandonado el Gobierno de la provincia de Mendoza el titular Pedro Moiina, el 7 de abril de 1830 se dio la dirección gubernativa a Godoy Cruz, a quien el día 10 el coronel Videla Castillo le encargó nuevamente de la administración de la provincia hasta el día 30 del mismo mes, en que por haber sido elegido titular el día 28 el propio Videla Castillo, se recibió del cargo, nombrando a Godoy Cruz su ministro general.

Durante el período de su administración son muchas las reformas implantadas para establecer varias instituciones que cooperasen al progreso, tanto en lo comercial como en la enseñanza, creando escuelas y haciendo funcionar de nuevo la biblioteca, organizando con personal idóneo la adminis-eración de Justicia y la policía, y en esa época, Calle, Correas y Gualberto Godoy fundaron los periódicos «El Nuevo Eco de los Andes» y «El Coracero» .

Se preocupó de la maestranza para armas y municiones, del cuidado de la frontera y para hacer ésta más segura, hizo fundar el Fuerte San Carlos.

La invasión de Facundo Quiroga en marzo de 1831, que derrotó a Videla Castillo en el Rodeo de Chacón el día 28 de aquel mes, impuso a Godoy Cruz la emigración a Chile.

Perseguido y confiscados sus bienes, se le acusó igualmente de complicidad con los indios en la acción del Chacay, el 11 de junio de 1830, lo que obligó a Godoy Cruz a publicar documentos que le vindicaban de tal acusación, en forma de un folleto que vio la luz en Santiago de Chile, en 1833.

En Chile debió ejercer el magisterio para allegarse fondos para atender su subsistencia, en el famoso colegio dirigido por el mendocino Manuel Zapata, en Santiago; y en 1839 publicó un tratado de geografía.

En 1841 formó parte de la «Comisión Argentina» presidida por el general Las Heras. Entregado, igualmente, a trabajos de minería en Uspallata y en Copiapó, no prosperó y dedicóse entonces a la cría de gusanos de seda, que reputaba sería de grandes beneficios para la riqueza del país, y por ello, en 1838 publicó un folleto titulado «Manual para la cría del gusano de seda y de cochinilla», que distribuyó en Mendoza, así como también de la planta de la «Morera Multicaulis«, para que la propagasen con profusión para la alimentación del gusano de seda, cuya semilla les prometió a sus comprovincianos para tiempo oportuno.

Al general Aldao le presentaron un poncho tejido, un pañuelo de mano y otros objetos, no vacilando aquel en hacerlo llamar a Mendoza, pese a la antipatía que le «tenía a Godoy Cruz por haber desterrado en 1821 a su hermano Francisco por haber estado complicado con Carrera en los sucesos de entonces.

Godoy Cruz prestó gran interés a aquella rama industrial en su provincia. Desgraciadamente un ataque de apoplegía, el 15 de mayo de 1852 le produjo la muerte, cuando su naturaleza vigorosa aún podía prestar buenos y recomendables servicios a la Nación. Precisamente en los momentos de su muerte repentina, se aprestaba a tentar el cultivo del té. Vemos pues, en Godoy Cruz, a un hombre de múltiples actividades públicas.

Casó en Mendoza el 31 de julio de 1823, con María de la Luz Sosa, hija de Joaquín Sosa Meló y de Francisca Javiera Corvalán y Rozas; la que murió en el terremoto de Mendoza el 20 de marzo de 1861.

El padre de Godoy Cruz, D. Clemente Godoy, había nacido en Mendoza a med1ados del siglo XVIII y fue una personalidad destacada, que había desempeñado altas funciones públicas. Fue alcalde de 1er. voto y cabildante en su ciudad natal. Cuando se recibió en esta última la noticia de la victoria que acababa de obtener el genera! Quiroga en el «Rodeo de Chacón» contra Videla Castillo, el 28 de marzo de 1831, el venerable anciano D. Clemente Godoy, de más de 70 años, se dispuso a partir para Chile, y teniendo todo listo, en el momento en que ponía el pie sobre el estribo para montar su cabalgadura, cayó muerto repentinamente. La muerte, más piadosa que ios hombres, le evitó las amarguras del destierro.

El Dr. Tomás Godoy Cruz, siendo diputado al Congreso Nacional, en las sesiones del 8 y del 12 de junio de 1818, defendió sus ideas del proteccionismo y libre cambio que han preocupado a todas las naciones civilizadas desde que Adán Smith lanzó al mundo su teoría libre cambista.

Godoy Cruz sostuvo de que los gravámenes sobre los artículos del comercio del interior, en la Aduana de Buenos Aires, como en las demás fomentaban las rivalidades provinciales, y que entre provincias que constituían una sola nación bebían proscribirse todas las trabas que dificultaban la circulación de sus productos en el interior. El más recio impugnador al proyecto de Godoy Cruz fue el Dr. José Severo Malabia. Finalmente fracasó aquel, pues sus ideas fueron rechazadas por el Congreso.

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

Biografía de Manuel García Abogado Diplomatico Argentino

Biografía de Manuel García – Abogado Diplomático Argentino

Bautizado en Buenos Aires el 8 de octubre de 1784. Fueron sus padres, el coronel Pedro Andrés García y Clara María Coelho de Ferreyra. Inició sus estudios en el afamado Colegio de San Carlos, terminando su carrera de Leyes, en la Universidad de Chuquisa-ca, en 1804. De regreso a Buenos Aires, ejerció la abogacía hasta 1807, en que con motivo de la segunda invasión británica, el Dr. García empuñó las armas para defender su ciudad natal, haciéndolo en calidad de capitán de una compañía de infantería.

El Virrey Liniers lo designó poco después subdelegado de Pasco, en la provincia de Potosí, de donde pasó a la delegación de Chayanta, puesto que desempeñaba cuando estalló la revolución emancipadora del 25 de mayo de 1810, en la que se alistó, siendo nombrado en 1812, miembro de la Municipalidad de Buenos Aires. Poco tiempo después se le confió el cargo de secretario de Hacienda del Cabildo de Buenos Aires, que renunció al año siguiente, para incorporarse al Consejo de Estado, en calidad de vocal.

Manuel Garcia diplomatico argentino

En 1814 fue nombrado agente diplomático del gobierno de las Provincias Unidas ante el gabinete de Río de Janeiro, misión que desempeñó hasta el año 1820: se adoptó al ambiente de aquella Corte, y no fue jamás un obstáculo para el avance de los portugueses en todos los órdenes, en lo referente al país que representaba el Dr. García.

Debido a su incomprensión del momento y del medio, consideró más conveniente la ocupación militar de la Banda Oriental por los portugueses, que la libre acción de Artigas. Contribuyó así a debilitar la acción del Directorio de Pueyrredón y a extraviar la política del Congreso de Tucumán. Fue el que dio curso a las ideas de Alvear, Director Supremo, de buscar el protectorado inglés como un medio para armonizar la desinteligencía anárquica de las Provincias del Río de la Plata.

El gobernador de Buenos Aires, general Martín Rodríguez, en nota de de agosto de 1821, comunica al Dr. García su nombramiento de Secretario de Hacienda de su Gobierno. En este cargo reveló grandes dotes de financista, las que se tradujeron en múltiples iniciativas beneficiosas para las finanzas nacionales.

El 4 de septiembre del mismo año enviaba a la Legislatura un mensaje, exponiendo el plan general de reforma administrativa y financiera en que estaba empeñado, en el que expresaba, entre otras cosas: «El gobierno organizará tres únicas oficinas de la Provincia para la administración, conservación y recaudación, de las rentas públicas.  Las contribuciones todas formarán una sola masa y de ella se pagarán todos los gastos ordinarios y extraordinarios que la representación decrete. Este plan recibirá su perfección con el establecimiento de un Juzgado de Cuentas, cuyos individuos siendo nombrados por los representantes de la Provincia, serán independientes en el ejercicio de sus funciones. Entretanto una comisión escogida entenderá en las cuentas rezagadas desde el año 1810».

La Junta de Representantes contestó el mensaje del Ministro, imponiéndose con satisfacción de los planes financieros esbozados por éste.

Por la ley del 22 de julio de 1822 se concedió a una sociedad privada que se proponía establecer un Banco, la gracia de que por el espacio de 20 años no podría existir una institución análoga: de ella nació el Banco de Descuentos. Por la ley de 19 de agosto del mismo año se facultó al gobierno para negociar dentro o fuera del país un empréstito de 3 ó 4 millones de pesos valor real.

Este fue el primer empréstito exterior argentino. El 19 de diciembre de 1822 se sanciona la primera ley orgánica impositiva del Estado, aunque breve y sencilla. En los años que siguen, aparece el ministro García subscribiendo diversos decretos destinados a poner orden y a sistematizar la economía pública.

Así el del 14 de septiembre de 1824, prohibiendo a los impresores y grabadores, imprimir y grabar sin permiso especial del gobierno, papel alguno que pueda considerarse destinado a circular como moneda, dentro o fuera de la Provincia, y considerando a los infractores como cómplices de falsificación de moneda; el decreto de 25 de febrero de 1825, resolviendo y encomendando «la recopilación de todas las leyes y resoluciones generales que se hayan expedido desde 25 de mayo de 1810. hasta la época, designando una comisión de 5 miembros, encargada de la dirección y manejo de los fondos del primer Empréstito exterior argentino», levantada en Londres por la Provincia de Buenos Aires.

Y el 2 de febrero de 1825 subscribe en representación de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el histórico tratado de amistad, comercio y navegación con la Gran Bretaña. En el mismo año, García prestó su máximo apoyo a los revolucionarios orientales encabezados por Lavalleja, cuyo representante en Buenos Aires, D. Pedro Trapani, mantuvo activa correspondencia con el primero  de los nombrados.

El Dr. García, en su calidad de Ministro, refrendó el Decreto extendido por el general Las Heras, el 8 de febrero de 1826, poniendo en posesión de la Presidencia de la República al ilustre estadista Don Bernardino Rivadavia. Al escalar la más alta magistratura del país, este último ofreció al Dr. García la cartera de Relciones Exteriores. Rivadavia creyó, quizá, en que mantendría con él solidaridad o tal vez, rindió culto al juicio general que señalaba al Dr. García como un hombre produente y sagaz.

El hecho es que este último no quiso prestar su colaboración a Rivadavia, el cual entonces lo nombró enviado extrordinario al Congreso de Panamá, convocado por inciativa de Bolívar, que también rehusó García. Al año siguiente aceptaba la misión de trasladarse a Río de Janeiro para tratar la paz con el gobierno imperial: el 21 de abril de 1827 salía el Dr. García de Buenos Aires y llegaba a su destino el 7 de mayo.

Allí subscribió el día 24 de este mismo mes, un proyecto de tratado de paz, en el cual violaba fundamentalmente las instrucciones que había recibido del Presidente Rivadavia y el 24 de junio llegaba a la capital argentina y presentaba al Gobierno el proyecto.

La indignación y el estupor que produjo éste en todas partes están claramente explicados por el hecho que el día 25, el Presidente Rivadavia dictaba un decreto en acuerdo de ministros, expresando que el Enviado se había extralimitado en sus instrucciones y se dirigía al Congreso pidiendo el rechazo categórico de aquel proyecto, manifestando que el representante había defraudado las esperanzas generales y declaraba «que el día 24 de mayo se firmó y selló en la Corte del Brasil la humillación, el oprobio y la deshonra de la República Argentina».

El Congreso aprobó la conducta del gobierno y el 27 de junio, Rivadavia renunciaba a la alta investidura que se le había discernido, por medio de un mensaje que hace honor a este eminente ciudadano argentino. Con plena justicia dice el historiador López que las estipulaciones que firmó García no eran un tratado, sino la imposición de la voluntad del Emperador con carácteres de vencedor.

En la «Gaceta» de aquella época se expresó que el proyecto de García: «Destruyen el honor nacional y atacan la independencia y todos los intereses esenciales de la República».

Cuando se iniciaron las tramitaciones entre Lavalle y Rosas para restablecer la paz, en 1829, el Dr. García, conjuntamente con el general Félix de Alzaga y el Dr. Juan Andrés Gelly, fueron los enviados del primero para abrir el camino a las negociaciones, que llevaron a las convenciones de Cañuelas y de Barracas.

Durante la administración de Rosas, García desempeñó interinamente el ministerio de Gobierno, y el de Hacienda con carácter efectivo, renunciando el 7 de marzo de 1832, siendo nombrado en su reemplazo D. José María Roxas y Patrón. Fue Ministro de Hacienda durante la administración del general Viamonte, desde el 3 de noviembre de 1833 hasta a mediados de 1834. Desde entonces no volvió a tener ingerencia en la vida pública.

El 22 de abril de 1842 elevó una representación al Gobierno proponiendo la construcción de un muelle para el servicio del puerto de Buenos Aires, la que fue pasada a la Legislatura.

El Dictador Rosas ofreció al Dr. García una representación diplomática en el Perú que éste rehusó.

Falleció en Buenos Aires, el 22 de octubre de 1848. Había contraído enlace el 5 de marzo de 1825 con Manuela Juana Isidora Nepomucena de Aguirre, nacida en Buenos Aires y bautizada el 15 de mayo de 1782; hija de Agustín Casimiro de Aguirre Micheo, teniente coronel de los Reales Ejércitos, y de María Josefa Alonso de la Jarrota y de la Quintana.

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)