El Cuerpo Humano

Etapas en la Digestión de los Alimentos Cuerpo Humano

Etapas en la Digestión de los Alimentos

En 1825, el médico estadounidense William Beaumont (1785-1853), que prestaba servicio en el ejército, tuvo que curar una herida de arma de friego de aproximadamente 2,5 cm de ancho que se encontraba en un costado y dejaba ver el interior del estómago del paciente. Esto permitió a Beaumonr observar las transformaciones que se producían en el interior del estómago y tomat unas muestras de jugo gástrico.

El jugo gástrico es un líquido producido por las glándulas que se encuentran en la mucosa gástrica y elaboran sus secreciones de forma continua en cantidad variable, unos 1500-2500 ml. al día. Se presenta como un líquido límpido, fluido e incoloro, y su importancia reside en su función de descomposición de las proteínas en grupos de aminoácidos más pequeños.

Gracias a esras observaciones Beaumont pudo obtener preciosas informaciones acerca del proceso digestivo, y sus descubri-mienros renovaron el interés hacia los estudios científicos en este ámbito.

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Sabemos que los alimentos realizan en nuestro organismo importantísimas funciones: aportan los elementos necesarios para la formación y desarrollo de los innumerables compuestos orgánicos que lo integran y suministran las calorías necesarias para la vida, en una serie de procesos químicos que se efectúan, muchos de ellos, en la intimidad de las células.

Pero nosotros no ingerimos sustancias simples, capaces de ser asimiladas inmediatamente a nuestros tejidos, sino que, por el contrario, nuestros alimentos son cuerpos compuestos, formados por una serie de elementos agrupados de distinta manera, como sucede con el pan, la carne, etc.

Ahora bien, este pan, esta carne, no se incorporan a nuestro cuerpo según se ven, sino que son desmenuzados, desintegrados paulatinamente hasta sus componentes más simples, que, entonces sí, son absorbidos e incorporados a nuestros propios tejidos, adonde son llevados por la corriente sanguínea.

Todos estos procesos de orden físico-químico, que llevan a la destrucción de la materia constitutiva de los alimentos hasta sus componentes básicos asimilables y su ulterior absorción, constituyen, en resumen, la digestión.

Ésta se lleva a cabo en el aparato digestivo, por medio de un conjunto de compuestos, casi todos ellos fermentos, que forman parte de los jugos digestivos elaborados por una serie de glándulas, que los vuelcan con sus secreciones, a lo largo del citado aparato, desde la boca hasta el intestino. Este proceso es común a los tres principales componentes de los alimentos: grasas, hidratos de carbono y las denominadas proteínas.

¿QUÉ ES  EL ALIMENTO?
Es necesario recordar que los alimentos se componen de tres clases de sustancias fundamentales:
1) hidratos de carbono o glúcidos: azúcares, almidón, celulosa, etc., contenidos sobre todo en los vegetales, en el pan y en las pastas;
2)
grasas o lípidos: contenidos en la manteca, aceites, etc.;
3) proteínas o prótidos: se encuentran en la carne, huevos, quesos, etc. Se hallan, además, sustancias inorgánicas, agua y sales minerales, necesarias a nuestro organismo.

ESQUEMA DEL APARATO DIGESTIVO

Etapas en la Digestión de los Alimentos

ETAPAS DE LA DIGESTIÓN

1) DIGESTIÓN BUCAL. Los dientes trituran los alimentos, mientras las glándulas salivales vuelcan su secreción, la saliva, en la boca. Esta saliva, por medio de un fermento, la tialina, transforma el almidón en un azúcar simple, la maltosa. Además embebe los alimentos y lubrica la mucosa bucal.

2) DE LA BOCA AL ESTÓMAGO. El alimento masticado, que origina la formación del bolo alimenticio, es deglutido y, por medio del esófago, llega hasta el estómago.

3) LA DIGESTIÓN GÁSTRICA. El jugo gástrico segregado por las glándulas de la mucosa del estómago posee dos integrantes fundamentales en la digestión: el ácido clorhídrico y la pepsina.

corte esquematico del estómago

El primero disuelve ciertos elementos (fibras conjuntivas, nucleoproteínas, etc.) y crea un medio cuya acidez favorece la acción de la segunda, que es un poderoso fermento   actuante   sobre   las   proteínas,   desdoblándolas en cuerpos más simples: peptonas y albumosas. La acción de aquéllos resulta favorecida por los movimientos que el estómago imprime a la masa alimenticia permitiendo primero su mezcla y, luego, su progresión hacia el intestino.

 4) DEL ESTÓMAGO AL INTESTINO. Después de un tiempo, que varía entre 1 y 6 horas, según los alimentos, se ha completado la digestión gástrica y el bolo alimenticio ha sido transformado en una papilla blanquecina llamada quimo. El estómago, entonces, contrayéndose, lo envía hacia el intestino, pasando a través de un anillo muscular a modo  de válvula,   llamado píloro   (válvula gastrointestinal).
 5) LA DIGESTIÓN INTESTINAL. Cuando el quimo llega a la primera porción del intestino, el duodeno, se inicia la digestión intestinal, mediante la acción de tres jugos, que son los siguientes:

1) Jugo duodenal o intestinal: es producido por las células de la pared del duodeno y posee varios fermentos: erepsi-na, que actúa sobre las peptonas desdoblándolas en aminoácidos; lipasa, que desdobla las grasas; maltasa, que tranforma la maltosa en glucosa; invertasa, que desdobla la sacarosa en fructosa y glucosa.

2) Jugo pancreático: segregado por el páncreas y llevado al duodeno por los conductos pancreáticos (de Wirsung y de Santorini), este importantísimo jugo digestivo actúa sobre los tres tipos de sustancias que componen los alimentos, por medio de cuatro fermentos que son:
a) tripsina: actúa sobre las peptonas y albumosas, transformándolas en aminoácidos asimilables;
b) lipasa, desdobla las grasas, ayudada por la bilis y las transforma en ácidos grasos y glicerina, fácilmente absorbibles por el intestino;
c) amilasa, completa la acción de la saliva y jugo intestinal, desdoblando el almidón en glucosa;
d) maltasa: desdobla la maltosa en glucosa.

3) Bilis: segregada por el hígado y almacenada en la vesícula biliar, cuando llega al intestino cumple importantes funciones: emulsiona las grasas, favorece la absorción de ciertos ácidos, excita los movimientos del intestino, etcétera.

 6) LA ABSORCIÓN INTESTINAL. Después de ser, como hemos visto, profundamente transformada, el quimo se convierte en una masa muy fluida, a la cual se le da el nombre de quilo. A medida que la digestión se va completando, las sustancias alimenticias, transformadas en otras capaces de ser utilizadas por el organismo, van siendo absorbidas por conducto de las vellosidades intestinales.

En toda la mucosa del intestino delgado, las vellosidades van absorbiendo el quilo, por medio de las células absorbentes que las recubren.

Las grasas pasan en parte a los vasos linfáticos y de éstos al conducto torácico que las conduce al sistema sanguíneo. En cambio, las proteínas, los azúcares y las sales penetran en los capilares; de allí pasan a la vena porta, que los conduce directamente hasta el hígado.

7) LA LABOR DE LAS BACTERIAS. En el intestino grueso es absorbida el agua; por otro lado, millones de bacterias atacan la celulosa de los alimentos vegetales, que no es alterada por los jugos digestivos, y la transforman, aunque en pequeña parte, en glucosa asimilable.
8) LA EXPULSIÓN. Finalmente la masa de sustancia, privada de todos los materiales alimenticios y de buena parte del agua, queda reducida a una pasta formada por desechos no digeribles, moco, sales y productos intestinales no asimilables, que es expulsada formando las materias fecales.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Ilustrada de Lujo Tomo VII – La Digestión-

 

 

Musculos del Cuerpo Humano

Músculos del Cuerpo Humano

LOS MÚSCULOS. Los músculos lisos obedecen a la voluntad, sin que apenas nos demos cuenta de sus efectos, y están destinados a los movimientos de diversas vísceras (estómago, intestino, etcétera), mientras que los estriados son los de acción voluntaria, como todos los que forman el sistema locomotor. El hombre cuenta con 501 músculos, y en un adulto de 70 Kg. su conjunto llega a pesar unos 30.

El típico músculo estriado, o sea, voluntario; está compuesto de innumerables células o fibras musculares, unidas entre sí por tejido conjuntivo. Se encuentra envuelto en una membrana lisa y bastante resistente (fascia), que sirve para que los movimientos puedan efectuarse del modo más simple y sin rozamientos ni fricciones entorpecedoras. Los músculos están fijos, por regla general, a dos huesos diferentes.

Para conseguir una buena fijación, poseen en sus partes terminales formaciones de tejido mucho más resistente, denominadas tendones. Algunos de ellos son fácilmente palpables a través de la piel, como el llamado tendón de Aquiles, que sobresale en la parte posterior del tobillo. Mucha gente los denomina «nervios», si bien nada tienen que ver con ellos. Dicha confusión constituye un ejemplo de cómo algunos errores pueden conservarse durante muchos siglos.

Aristóteles no distinguía entre nervios y tendones, y por dicha razón los profanos confunden aún hoy estas dos estructuras. Pero no sólo son antiguos los errores, sino también algunas denominaciones, por ejemplo la de este tendón que recibió el nombre de Aquiles, debido a que este personaje mitológico sólo podía ser herido en el talón. Los músculos casi nunca se contraen aisladamente, sino que lo hacen por grupos.

Así, podemos distinguir múltiples conjuntos musculares: hablamos de músculos masticadores, al referirnos a los que hacen mover la mandíbula y le permiten masticar los alimentos, mientras otros se encargan de abrir y cerrar los párpados, proporcionar movilidad a los labios y la boca, arrugar la frente y fruncir el entrecejo, etc.

El músculo cuyo nombre ha alcanzado mayor popularidad es el bíceps, que se hace prominente en el brazo. Por estar fijado al húmero y hombro por una parte, y al radio del antebrazo por otra, produce, al contraerse y por tanto al acortarse, la flexión del antebrazo sobre el brazo, es decir, el movimiento de doblar el codo. Por dicha razón forma parte de los llamados músculos flexores.

En cambio, el situado en la parte posterior del brazo y denominado tríceps, produce, al contraerse, un movimiento de extensión (rectificación del codo). Pertenece, pues, al conjunto de los músculos extensores.

De este modo se distribuyen por todo el cuerpo grupos de músculos antagonistas, pues sus efectos se contrarrestan. Grupos parecidos al mencionado se hallan en la muñeca, la rodilla, el tobillo, etc. Siempre que se contraigan los flexores, deben relajarse los extensores para que pueda efectuarse el movimiento, lo cual presupone una perfecta coordinación a cargo de sistema nervioso.

En el músculo siempre persiste cierto grado de contracción, o sea de «tono muscular». Su finalidad es que podamos persistir en diversas posturas, ya que si nos mantenemos en pie, tanto los músculos flexores como los extensores de la rodilla deben experimentar cierta contracción; de lo contrario, el cuerpo se doblaría a causa de su peso.

POR QUÉ NOS MOVEMOS. Mientras la máquina de vapor de un barco convierte en energía sólo un 10 % de su combustible y se pierde el resto en forma de calor, los músculos son capaces de utilizar entre el 20 y el 40 % de la obtenida a partir de las sustancias nutritivas, por medio de diversas reacciones químicas.

El resto se transforma en calor, el cual tampoco es desperdiciado por completo, pues sirve para el mantenimiento de la temperatura corporal. En la contracción del músculo se gasta gran parte del azúcar que almacena en forma de un compuesto denominado glucógeno. Por dicha razón, a los atletas sometidos a grandes esfuerzos se les alimenta con grandes cantidades de azúcar. En la obtención de la energía necesaria para la contracción, se utiliza también gran proporción de oxígeno, mientras que uno de los materiales de desecho más importantes, es el ácido láctico.

Cuanto menor sea la cantidad de oxígeno de que dispone el organismo, tanto mayor es la formación de dicho ácido. Si el esfuerzo corporal es efectuado de una manera masiva y rápida, la cantidad de oxígeno aportada a los músculos es casi siempre insuficiente, acelerándose, en consecuencia, la producción de ácido láctico. La acumulación del mismo en el interior de las masas musculares es lo que se exterioriza en forma de fatiga o «agujetas».

FRACTURAS Y LUXACIONES. Cada músculo posee una terminación nerviosa que le excita y le obliga a contraerse o relajarse. Sin esta «corriente nerviosa» el músculo, por sí solo, no puede crear movimiento. El accidente más vulgar que puede sufrir un hueso es que se rompa, produciéndose una fractura. A veces se percibe un chasquido seguido de intenso dolor, tanto espontáneo como por presión, imposibilidad de mover el miembro lesionado y aparición de varias manchas de color azul en la piel. No obstante, para asegurar la existencia de una fractura es necesario recurrir a los rayos X, excepto en el caso de que los fragmentos presenten grandes desviaciones.

Para curarlas, en primer lugar hay que reducirlas, es decir, volver sus partes a la posición primitiva, y luego inmovilizarlas por medio de vendajes de yeso, a fin de impedir que puedan volver a separarse, hasta que el propio organismo se encargue de soldarlas nuevamente. Esto se logra con la formación de un nuevo tejido, el conocido con el nombre de «callo óseo».

La luxación consiste en que un extremo óseo se sale de una determinada articulación. Así, cuando la cabeza del húmero salta de la cavidad en que la escápula lo retiene y a la cual está fijado por diversos ligamentos, hablamos de luxación del hombro. Su curación se consigue reponiendo el miembro en su sitio exacto, mediante maniobras adecuadas y, si es necesario, por medios quirúrgicos.

ENFERMEDADES DE ARTICULACIONES Y MÚSCULOS. Las articulaciones están sometidas a un intenso trabajo, pues sus superficies se rozan continuamente durante los movimientos, y algunas, como la de las rodillas, soportan de un modo casi permanente un peso muy grande en proporción a su tamaño. Este trabajo prolongado llega a desgastar el cartílago que recubre sus extremos y lo mismo puede sucederles a los huesos cercanos. Entonces la articulación degenera y se presenta una enfermedad llamada artrosis, que se produce con mayor frecuencia en las grandes articulaciones de la rodilla, la cadera o la columna vertebral. Los movimientos se hacen algo dolorosos, sobre todo al principio de la jornada hasta que las junturas se «calientan». Esta enfermedad transcurre durante años.

Lo más urgente es descargar en lo posible la gravitación sobre la articulación afectada. Así, se ha de procurar el adelgazamiento de las personas muy gruesas, cuyas rodillas artrósicas no pueden mejorar si soporta tanto peso. Los masajes, la administración de yodo, azufre y otros medicamentos, proporcionan mejorías notables.

Desde hace muchos años se reconoce la gran eficacia que tienen algunos baños, sobre todo los de aguas azucaradas, para el alivio de dicha enfermedad. Y en último término se recurre a la cirugía, sustituyendo, por ejemplo, una cabeza de fémur artrósica por otra de material plástico. Los meniscos de las rodillas envejecen pronto, a partir de los 30 años.

Su enfermedad más corriente es la ruptura, que se observa, sobre todo, en futbolistas y mineros, cuya profesión exige grandes esfuerzos de la rodilla, mayormente en el sentido de rotación. Sus manifestaciones son un dolor variable en intensidad, inmediato al accidente en que se ha producido, y aparece un derrame sinovial en el interior de la rodilla, que se traduce en la hinchazón de la misma.

La curación de las lesiones meniscales se consigue, a veces, con el reposo y masajes adecuados, aunque en ocasiones es forzoso operar y extraer quirúrgicamente el menisco enfermo o roto. Los llamados pies planos es una dolencia que se presenta con más frecuencia en hombres que en mujeres, sobre todo en aquellos cuyas ocupaciones les obligan a estar mucho tiempo de pie. Los ligamentos que unen los diversos huesos del pie no son bastante resistentes para sostener la carga casi continua del cuerpo y ceden con facilidad. Entonces las diversas curvaturas del pie se aplanan y surge la deformidad mencionada.

Sus manifestaciones son un dolor difuso de todo el pie, especialmente de su planta, que se hace más intenso al subir las escaleras que al bajarlas. Se puede conseguir su curación o mejoría mediante reposo, ejercicios gimnásticos adecuados, utilización de plantillas e, incluso, operaciones quirúrgicas que recuperan la posición correcta del miembro. Los músculos enferman con menor frecuencia que los huesos y las articulaciones, pero a veces presentan reumatismo muscular, caracterizado por la aparición de una serie de dolores y molestias, sin que en el músculo afectado se encuentre nada anormal.

Los cambios de tiempo, el frío, el golpe de aire, etc., se consideran como causantes de dichos dolores. Si se localizan en un solo lado del cuello, los músculos afectados suelen quedar rígidos y se produce la tortícolis. Con mayor frecuencia estos dolores aparecen en los músculos que sostienen la columna vertebral, especialmente en su porción lumbar y dan lugar al denominado lumbago.

Se trata de un intenso dolor en esta región, calificado a menudo de «dolor de riñones», el cual mantiene al paciente rígido, sin poder efectuar casi ningún movimiento con el tronco, como es, por ejemplo, agacharse, y menos aún, erguirse después. El calor aplicado sobre la zona dolorosa, junto a la administración de algún medicamento antirreumático, suelen aliviar pronto el sufrimiento.

culos que sostienen la columna vertebral, especialmente en su porción lumbar y dan lugar al denominado lumbago. Se trata de un intenso dolor en esta región, calificado a menudo de »

MANOS Y PIES ENFERMOS. Los panadizos consisten en la formación de pus, circunscrita a una determinada región de un dedo; su profundidad varía bastante y sus manifestaciones son, por regla general, hinchazón, aparición de una vesícula de pus, intenso dolor que suele presentarse en forma de latidos, y a veces de fiebre.

Es esencial no menospreciar la importancia de esta afección, ya que a veces profundiza con gran rapidez hasta los huesos del dedo enfermo y los inflama también. Por ello es importante que todos los panadizos se abran antes de darles tiempo a que se extiendan, sobre todo si el dolor ha llegado a ser lo suficiente intenso para impedir el sueño nocturno. Sólo de este modo se evitará la necesidad de extraer una porción ósea, o incluso cortar todo el dedo enfermo. Los antibióticos, concretamente la penicilina, si bien ayudan cuando el proceso se ha extendido, no son capaces, por sí solos, de curar un panadizo bien desarrollado. Los tejidos aprisionados entre dos superficies duras, el hueso por una parte y los zapatos por otra, reaccionan mediante un aumento de espesor y de consistencia.

El endurecimiento que al principio es muy superficial, va creciendo, si sus causas persisten, hacia el interior y, en casos extremos, puede llegar incluso a perjudicar el hueso subyacente. Con mucha frecuencia, estos callos tan profundos presentan en su porción inferior una bolsa de pus que causa bastante dolor y, lo que es peor, provocan en el interior del hueso una inflamación que puede conducir a la pérdida del mismo. Hay que evitar su formación utilizando calzado cómodo, y si a pesar de ello aparecen, es necesario extirparlos antes de que profundicen. En ocasiones la punta de una uña, casi siempre la del dedo gordo del pie, se introduce en la piel y en la carne, es decir, se «encarna».

Ello da lugar a una especie de herida que se infecta fácilmente y presenta, además, mucha resistencia a curar, llamada uñero. Para lograrlo es necesario desprender la punta de la uña que se introduce en el reborde del lecho de la misma. Si la dolencia ha progresado y la infección es profunda, hay que extirpar una porción importante de la uña y tejidos afectados.

Enfermedades del Pulmon Sintomas

Sintomas de las Enfermedades del Pulmón

EL PULMÓN ENFERMO. El pulmón es un órgano elástico que, después de ser ensanchado en la inspiración, es capaz, al igual que una tira de goma distendida, de volver a su posición inicial o de reposo. La pérdida de elasticidad conduce a muchas alteraciones de su funcionamiento, una de las cuales es el enfisema.

Los pacientes respiran con dificultad. A veces, con sólo caminar unos pasos, ya sienten fatiga y una sensación como si les faltase aire. Su tórax está muy ensanchado, pues al distenderse los alvéolos, todo el pulmón se hace más grande y apenas cabe dentro de las paredes que lo encierran.

La fuerza de la espiración, es decir, del aliento, es tan escasa que soplando no pueden apagar ni siquiera una cerilla. En este trastorno pulmonar también sufre el corazón que, a la larga, suele salir perjudicado. El tratamiento del enfisema consiste en combatir sus causas, entre las cuales figuran con mayor frecuencia la bronquitis crónica, el asma y otras.

En ocasiones proporciona gran beneficio la gimnasia respiratoria. La pulmonía es ocasionada, la mayoría de las veces, por un microbio, denominado neumococo y por esta causa puede resultar contagiosa. La enfermedad casi siempre empieza de repente con escalofríos, fiebre elevada, dolor en la región torácica correspondiente al lugar del pulmón alterado y tos. Al cabo de tres días de haber aparecido estas manifestaciones, sobreviene, con mucha frecuencia, una erupción en los labios llamada herpe.

La pulmonía constituía una enfermedad grave y era bien conocido el hecho de que al sexto o séptimo día se decidía en bien o en mal. En la actualidad los antibióticos cambian notablemente el curso de esta dolencia, la cual, por regla general, a los dos o tres días entra en un proceso de recuperación. Si se localiza en ambos pulmones a la vez se llama pulmonía doble.

Ocurre a veces que la enfermedad no se soluciona tan rápidamente como era de esperar, a pesar de haberse aplicado los antibióticos. Ello se debe a que han surgido complicaciones.

La inflamación es capaz de pasar a la pleura y originar una supuración en su espacio o de invadir la sangre, y desde allí asentarse en otros lugares del cuerpo, como, por ejemplo, el endocardio, el peritoneo, las meninges, etc.

La bronconeumonía es un proceso muy parecido al anterior, pues también consiste en una inflamación pulmonar, pero en vez de afectar a un lóbulo entero, se asienta en múltiples lobulillos y se originan así, en vez de uno y grande, varios focos inflamatorios pequeños.

Su comienzo no suele ser tan brusco como el de aquélla, pues en vez de presentarse en plena salud, lo hace consecutivamente a una gripe, un sarampión, etc., es decir, como proceso secundario de otra enfermedad. Como quiera que es más frecuente en los niños y ancianos, su gravedad es mayor que la de la pulmonía. Para curarla, también se utilizan antibióticos.

La llamada congestión pulmonar es una pulmonía muy leve, que apenas comenzada, ya ha iniciado el proceso de curación y por tanto, no ha tenido tiempo de hacerse ostensible en todas sus manifestaciones. Algunos microbios especiales producen pulmonías que no se curan por completo y cuya consecuencia es la inflamación crónica de una porción del órgano, caracterizada por el endurecimiento de su estructura.

Estos pacientes, afectos de fibrosis o esclerosis pulmonar, sufren durante años tos, fatiga fácil, coloración más o menos azulada de los labios y uñas, etcétera.

LA TUBERCULOSIS. Esta plaga, cuyos efectados fueron devastadores en tiempos todavía no remotos, ha podido ser combatida con eficacia gracias al perfeccionamiento de diversos métodos de curación, así como al descubrimiento de drogas de probada eficacia. Pero esto no significa que la tuberculosis pulmonar haya desaparecido por completo, ni muchísimo menos.

Su causa principal se debe a un microbio, llamado bacilo de Koch. Con la tos se expulsan siempre algunas gotitas minúsculas de secreciones, que si proceden de un enfermo de tuberculosis pulmonar, están cargadas de bacilos. Como sea que flotan en el aire, un individuo sano puede contagiarse respirándolos. Por dicha razón es importante procurar que los pacientes protejan siempre, al toser, su boca con un pañuelo y arrojen sus esputos en recipientes adecuados para ello, y no al suelo de las calles y recintos.

Asimismo, dichos enfermos eliminadores de bacilos, deben ser aislados convenientemente, ya que de este modo se evita la extensión de la dolencia. Para prevenir la tuberculosis pulmonar es importante que las viviendas están soleadas y aireadas, la alimentación sea suficiente y, sobre todo, efectuar una serie de revisiones periódicas que pueda llevar al descubrimiento de la enfermedad en sus comienzos. Casi todas las personas han padecido esta dolencia, al menos en su forma denominada foco inicial o primoinfección.

En ambientes muy poblados, el sufrirla ya desde la niñez constituye un hecho común desprovisto, por regla general, de toda gravedad y, además, con la ventaja de proporcionar cierta resistencia a nuevas infecciones. No hay, pues, por qué alarmarse si nuestros pulmones presentan un foco tuberculoso antiguo calcificado, sin importancia actual.

Con frecuencia se habla de infiltrados o infiltración del pulmón. No es más que una reinfección inflamatoria de un territorio pulmonar, originada por el bacilo de Koch. Cuando se descubre en sus comienzos, suele curar perfectamente sin originar consecuencias desagradables.

En cambio, si el paciente afectado sigue haciendo su vida normal y se permite incluso algunos excesos, es posible que dicha inflamación se intensifique hasta producir la muerte de las células inflamadas, las cuales se desconectan del tejido sano. Los tejidos muertos y los productos de la inflamación, se expulsan mediante el esputo y queda entonces, en el lugar lesionado una cavidad más o menos redondeada y bien delimitada del resto del pulmón, que se denomina caverna.

A partir de estas cavidades, las secreciones pueden progresar y extenderse mediante los tubos bronquiales por el resto del pulmón, originando así nuevos territorios de inflamación, cuyo curso y destino puede ser el mismo que el de los anteriores. Cuando el proceso tuberculoso adquiere un carácter destructivo extenso, suele calificarse de tisis. Desde los tejidos inflamados, el bacilo tuberculoso puede pasar también hacia la sangre y, por medio de ella, trasladarse a otros tejidos y órganos, para fijarse allí y producir una nueva enfermedad.

Las principales manifestaciones de la tuberculosis son la debilidad general, cansancio rápido y fácil, disminución o falta absoluta de apetito, adelgazamiento, palidez y, sobre todo, pequeñas elevaciones de la temperatura, las temidas décimas de fiebre que se presentan a última hora de la tarde.

También la tos pone sobre aviso. Ante catarros muy frecuentes o cualquier infección respiratoria «leve» que se prolongue en demasía, sobre todo en los casos en que no se alivie del todo la tos, es necesario practicar un examen de los pulmones por rayos X, para descartar la posibilidad de que se trate de una tuberculosis.

La expulsión de sangre con el esputo, es decir, la hemoptisis, exigirá un examen inmediato. Para averiguar si un enfermo padece tuberculosis pulmonar, disponemos de diversos medios muy eficaces. Uno es el examen del esputo por el microscopio para descubrir, en ocasiones, la presencia de los bacilos de Koch.

Otro se practica inyectando en la piel una cantidad pequeñísima de un producto que se obtiene de los bacilos (llamado tuberculina). Al cabo de una hora se observa un enrojecimiento en el lugar de dicha inyección, es decir, una especie de inflamación que nos indica si el individuo estudiado dispone de defensas movilizadas durante infecciones previas y tiene el organismo preparado para el ataque por dicho bacilo.

A veces, por el contrario, dicho enrojecimiento no se presenta, de los cual deducimos que la persona en cuestión todavía no ha sido puesta en contacto con el bacilo, o bien que está desprovista de defensas contra él. Finalmente, la reacción cutánea puede ser muy exagerada, lo cual denota que el individuo posee una sensibilidad excesiva frente al microbio.

El diagnóstico más seguro se realiza hoy mediante el examen por rayos X. Los territorios inflamados originan una serie de sombras en los lugares donde normalmente tendría que observarse una claridad muy intensa, debida al contenido de gran cantidad de aire en el interior de los alvéolos que apenas resaltan en la imagen radiográfica. La presencia de estas sombras anormales orienta hacia la existencia de una alteración pulmonar localizada en dicho lugar.

Como quiera que los pulmones tienen un grosor determinado y se superponen, por tanto, en la placa obtenida por rayos X, diversas estructuras, tanto superficiales como profundas del órgano, además de las costillas, el corazón y las paredes torácicas, a veces no se consigue distinguir bien entre tantas imágenes, los detalles que interesan. Para salvar dicho inconveniente se recurre a una técnica llamada tomografía, consistente en practicar las radiografías por planos. Antiguamente, la mayoría de los enfermos debía ser internados en sanatorios adecuados para realizar prolongadas curas de reposo y sobrealimentación.

Hoy, gracias a diversos medicamentos modernos, dicho tratamiento puede llevarse a cabo en el mismo domicilio del paciente y es más corto, pero en algunos casos, sin embargo, los enfermos exigen el internamiento debido a representar una fuente de contagio para las personas que conviven con ellos. Este hecho ocurre en familias humildes que viven en habitaciones mal acondicionadas. Entre los medicamentos utilizados actualmente en el tratamiento de esta enfermedad, destacan un antibiótico denominado estreptomicina y dos sustancias químicas: la hidracida del ácido isonicotínico o isoniacida, y el PAS o ácido paraminosalicílico.

También se utiliza el neumotórax, que consiste en insuflar aire en la pleura para inmovilizar el pulmón enfermo y ponerlo en situación de reposo absoluto. Gracias a los enormes progresos que ha experimentado la cirugía torácica, es posible extirpar grandes porciones del pulmón enfermo (un segmento, un lóbulo o un pulmón entero).

OTRAS ENFERMEDADES DEL PULMÓN.

Algunos microbios distintos del bacilo de Koch, son capaces de originar una inflamación con producción de pus. Si la supuración se asienta en el pulmón en forma de un foco más o menos redondo y bien delimitado, se trata del llamado absceso pulmonar.

Los microbios pueden haber llegado al pulmón por medio de la sangre que los transporta a partir de un foco de pus, tal como un flemón dentario, pueden haber penetrado por una herida pulmonar, por haber aspirado algunas sustancias nocivas, etc. Los abscesos suelen manifestarse por fiebre, tos y expulsión de grandes cantidades de pus, a veces mezclado con sangre.

El aliento huele muy mal. Los rayos X permiten localizar los abscesos fácilmente, y con diversos antibióticos suelen curarse muy bien, aunque es necesario, en ocasiones, apelar a la operación quirúrgica encaminada a abrir paso a la salida del pus, tras lo cual llega paulatinamente la curación.

Otras veces se extirpa la porción pulmonar enferma. El pulmón posee una circulación sanguínea propia, destinada a desempeñar una función muy importante: conducir hasta él sangre venosa que debe ser cargada de oxígeno y remitida de nuevo al corazón. Este circuito pulmonar puede presentar diversos trastornos.

Unos de ellos es la embolia, casi siempre debida a que algún coágulo que se desprende de una vena enferma y es llevado hasta el corazón derecho y desde allí hacia el pulmón, donde obstruye una de las arterias pulmonares. Se produce un intenso dolor torácico y gran dificultad para la respiración.

Al mismo tiempo se expectora sangre pura. Si dicha obstrucción persiste durante cierto tiempo, las células cuya nutrición depende de la sangre aportada por la arteria obstruida, no pueden realizar sus funciones vitales y mueren, se origina un infarto pulmonar. Los escombros de células muertas son un alimento excelente para los diversos microbios que pueden sentirse atraídos hacia dicha zona y dar lugar en la misma a una supuración, es decir, a un absceso de pulmón.

Es fácil percatarse, pues, del modo cómo algunas enfermedades pueden encadenarse si no se atienden a tiempo. En condiciones normales se respira cierta cantidad de partículas de polvo y humo, especialmente en las grandes urbes, pero esta inhalación no comporta grandes alteraciones pulmonares.

En cambio, los individuos cuyo trabajo implica respirar mucho polvo, puede sufrir una enfermedad llamada neumoconiosis. La más extendida es la producida por el polvo de caliza o sílice y se denomina silicosis. Dicho mineral se deposita en el pulmón y provoca un intenso endurecimiento, con lo que aquél pierde su capacidad respiratoria y, lo que es peor, esta dolencia suele combinarse con la tuberculosis.

El polvo de carbón produce la antracosis, y se dan distintas neumoconiosis de hierro, asbesto, cáñamo, tabaco, caña de azúcar, harina, etc. Las pleuras enferman con relativa frecuencia. Una de las afecciones más corrientes es su inflamación, es decir, la pleuritis.

En ocasiones, dicha alteración no cursa con presencia de líquido en el interior del espacio pleural; entonces se trata de pleuritis seca, mas, por regla general, el saco pleural aparece lleno de líquido y este tipo de pleuritis húmeda recibe el nombre de pleuresía. No es raro que una pleuresía seca se convierta en húmeda. Las manifestaciones producidas por la pleuritis son: intenso dolor en uno de los costados, sensación de opresión en el mismo, cierta dificultad de respirar y fiebre.

La percusión es muy eficaz para descubrir la presencia de la masa líquida, pues el ruido que se aprecia es muy distinto del normal. Los rayos X son asimismo muy útiles para poner de manifiesto la presencia de líquido. En la mayoría de los casos, las pleuritis son causadas por el bacilo de Koch; su curación no es hoy muy difícil, ya que los medicamentos antituberculosos aceleran el restablecimiento más completo, por cuya razón huelga efectuar aquellas prolongadas curas de reposo que se practicaban antaño.

En cualquier tipo de pleuritis, es posible averiguar la clase de líquido o materia que alberga el espacio pleural. Mediante una aguja adecuada, se penetra a través de la pared torácica y una vez en el interior del saco pleural, se aspira con una jeringa la sustancia que lo rellena. Cuando hay pus (empiema pleural), es necesario extraerlo, en la mayor parte de los casos, mediante una operación quirúrgica.

El espacio que separa las dos pleuras es inexistente, ya que ambas hojas (la que envuelve los pulmones y la que tapiza las paredes torácicas por su superficie interna) están adaptadas perfectamente entre sí; si embargo, puede rellenarse de cualquier sustancia. Si lo hace de líquido inflamatorio, es una pleuresía; en presencia de gas, en cambio, es el neumotórax. La penetración aérea en el saco pleural, en la mayoría de las ocasiones se hace con fines curativos para ejercer presión sobre el pulmón aplastándolo.

Los alvéolos de la región afectada se ven obligados por dicho aplastamiento a expulsar gran parte del aire contenido en su interior y coaptan sus paredes. Entonces esta región será incapaz de respirar, inactividad que conviene al pulmón enfermo, ya que, sólo de esta manera, se consigue su descanso absoluto. Si en el interior de este tejido aplastado se encuentra una cavidad o caverna, las paredes de la misma se unirán mucho más fácilmente y, por tanto, podrá curar más pronto que si no se tomara esta medida.

Como quiera que el neumotórax desaparece pronto porque el aire se reabsorbe a través de las pleuras, es necesario repetirlo a intervalos determinados, si se quiere mantener, mediante el mismo, el reposo prolongado de la porción enferma del pulmón.

Enfermedades del sistema respiratorio Bronquitis Sinusitis Vias

Enfermedades del Sistema Respiratorio
Bronquitis y Sinusitis

EL APARATO RESPIRATORIO ENFERMO: NARIZ Y LARINGE. Posiblemente la enfermedad más frecuente entre las que puede padecer un ser humano sea el resfriado. Se trata de una inflamación de la mucosa que recubre la superficie interna de la nariz y sus fosas.

Es bien sabido que el enfriamiento posee mucha importancia en el desencadenamiento de esta enfermedad, sin embargo, no lo ocasiona el frío por sí solo, sino un virus cuya transmisión de una persona a otra se efectúa con suma facilidad. Las molestias en la garganta, el discreto picor en la nariz, y, sobre todo, los estornudos, constituyen la señal de que ha comenzado el resfriado.

La secreción nasal aumenta progresivamente, las fosas nasales se obstruyen y la respiración debe efectuarse por la boca, con todos sus inconvenientes. La voz cambia y es suficiente, a veces, oír hablar a una persona para reconocer que está resfriada. Los olores no se perciben bien y las comidas tampoco saben normalmente. A todo ello se añade cierta debilidad general, con muy pocos ánimos de moverse y trabajar.

Al cabo de pocos días, las manifestaciones del resfriado disminuyen y pronto aparece el restablecimiento total. Para la Medicina resulta molesto que la más común de las enfermedades carezca de un remedio seguro. En el interior de los huesos de la cara, existen una serie de cavidades subdivididas en múltiples celdillas y tapizadas por una mucosa.

Estas cavidades se denominan «senos accesorios» y su inflamación, sinusitis. Se da a consecuencia de un resfriado mal cuidado y, a la salida de moco y pus por la secreción nasal, aparecen intensos dolores de cabeza. Para curarla es necesario recurrir a los antibióticos y, en ocasiones, incluso a ciertas operaciones quirúrgicas. La hemorragia nasal, denominada también epistaxis, puede ser consecutiva a enfermedades caracterizadas por una anormal coagulación de la sangre, a golpes recibidos sobre dicha región o, simplemente, porque en la mucosa afectada exista una zona muy rica en vasos capilares, con gran tendencia a sangrar.

Las hemorragias nasales suelen detenerse haciendo que el enfermo se eche en cama y aplicándole una bolsa de hielo bajo la nuca. Sin embargo, en ciertos casos es necesario recurrir a una destrucción eléctrica de la mucosa afectada. Una de las dolencias más frecuentes del órgano de la fonación es la inflamación de su mucosa, es decir, la laringitis o catarro de la laringe.

A veces es simultánea o consecutiva a un resfriado que ha descendido hasta ella. La voz se vuelve ronca, incluso del todo afónica, existe tos muy escandalosa, que a pesar de su intensidad, apenas se acompaña de expectoración, las cuerdas vocales están muy irritadas, etcétera. Es necesario evitar el aire frío, el humo o cualquier otro irritante que pueda entrar en las vías respiratorias.

Las bebidas calientes sientan muy bien, así como los fomentos aplicados sobre el cuello. La laringitis, cuya aparición es casi siempre aguda, puede repetirse varias veces y llegar a convertirse en más o menos permanente. Algunos individuos que se ven obligados, por su profesión, a forzar la voz (cantantes, oradores, vendedores de periódicos, etc.), la sufren con frecuencia.

La laringe también puede verse afectada por el proceso de la tuberculosis. Casi siempre la sufren enfermos cuyos pulmones ya han sido durante mucho tiempo atacados por dicha dolencia. Con los medicamentos antituberculosos modernos suelen lograrse notables mejorías y hasta curaciones absolutas de la misma. Otras veces se asienta en dicho órgano un tumor, por cuya causa debe extirparse toda la laringe.

A pesar de perder su aparato de fonación, estos pacientes no se convierten en mudos, puesto que les quedan varios recursos para poder relacionarse con sus semejantes por medio de la palabra. Uno de ellos consiste en hablar en voz cuchicheada y otro, recurrir a un dispositivo especial que, adaptado al cuello, les permita emitir nuevamente diversos ruidos y sonidos.

cuadro enfermedades respiratorias

ENFERMEDADES DE LA TRAQUEA Y LOS BRONQUIOS.

Su inflamación se denomina bronquitis o traqueobronquitis. Entre sus causas destaca la acción de los microbios exacerbados durante un resfriado y también la acción de múltiples sustancias irritantes, tales como el tabaco, humo, diversos gases, etc. Además del cansancio general y de los signos catarrales de nariz y garganta, el paciente tose mucho y experimenta una sensación de carraspera en todo el trayecto de la tráquea y los bronquios. Los esputos son al principio muy difíciles de arrancar y sólo más tarde se hace fluidos.

Con gran frecuencia se producen en el interior de los «bronquios acatarrados» diversos ruidos. Los pacientes dicen: «El pecho me silba». Los catarros bronquiales pueden repetirse muy a menudo, sobre todo si persisten sus causas; en dicho caso la bronquitis se convierte en crónica.

Aunque existen muchos individuos afectados de esta enfermedad, en especial los que trabajan en ambientes enrarecidos, con mucho polvo y sustancias irritantes, sin embargo entre todas las causas posibles, el tabaco posee tal vez la primacía, puesto que, entre los individuos no fumadores, la bronquitis crónica es cuatro veces menos frecuente que en los grandes fumadores y entre éstos, los aficionados a la pipa o a los puros, enferman con mayor frecuencia.

enfermedad de los bronquios

Para aliviar la bronquitis durante el período agudo, se aconseja el reposo en cama e intensa sudoración provocada por diversos procedimientos. El aire de la habitación ha de ser húmedo (lo que se consigue colocando en la misma un recipiente con agua hirviendo, a la cual se añaden, en ocasiones, diversas esencias que facilitan la respiración) y no excesivamente caliente (no superior a 20°). En presencia de una tos muy pertinaz y tan molesta que incluso impida el sueño, hay que calmarla con algún jarabe adecuado.

En las bronquitis crónicas, cuya curación definitiva es muy difícil de conseguir, es necesario eliminar todas las causas irritantes. Los pacientes muy fumadores deben dejar el tabaco radicalmente. Dicha medida es indispensable, ya que de no aplicarla rigurosamente no vale la pena ni siquiera intentar el tratamiento. Algunos antibióticos especiales para combatir los diversos microbios cuya invasión del árbol respiratorio dificulta el proceso de la curación, logran también efectos beneficiosos. Los climas benignos coadyuvan a la curación.

Otra enfermedad bronquial más seria que la anterior es la dilatación anormal de los mismos, llamada bronquiectasia. Esta deformación es a veces congénita, pero a menudo es consecuencia de diversas enfermedades bronquiales previas. La tos con que se manifiesta es muy intensa y, lo que es más característico, se acompaña de abundante expectoración, pues las dilataciones bronquiales llegan a almacenar grandes cantidades de secreciones cuyo vaciado es causa de que los esputos sean tan abundantes.

Su tratamiento es muy parecido al de las bronquitis crónicas, si bien a veces debe recurrirse a extirpar, por medios operatorios, las porciones del pulmón que contienen los bronquios deformados. Para confirmar la existencia de estas dilataciones, debe practicarse una radiografía, previa instilación en los bronquios de una sustancia opaca (broncografía), con lo cual se dibujan perfectamente sus límites, paredes y deformaciones.

El asma bronquial es una enfermedad de los bronquios, caracterizada por una serie de ataques, especialmente nocturnos que producen una gran dificultad respiratoria. Su causa es, en ocasiones, la «alergia», es decir, sensibilidad exagerada a algunas flores, polvo de determinadas habitaciones, ciertos alimentos, etc.

El paciente se despierta por la noche y tras sentir cierta opresión torácica, comienza a estornudar y a toser, para verse obligado finalmente, a sentarse en la cama, a fin de lograr que su respiración se haga más fácil. A pesar de ello sigue respirando mal y tiene la sensación de que le falta aire.

El mecanismo íntimo del asma consiste en que los bronquios estrechan su luz, es decir, que se contraen, a consecuencia de lo cual la cantidad de aire que logra pasar por ellos es menor. Todas las curas, pues, tendrán que ir dirigidas a ensanchar el calibre bronquial para que pueda conducir toda la corriente aérea que sea necesaria. Si su causa es una sensibilidad excesiva a una determinada sustancia (polen, alimentos, polvo, etc.), el organismo debe desacostumbrarse de la misma, lo cual se logra a veces practicando inyecciones de dicha materia, en cantidades muy pequeñas al comienzo y luego progresivamente crecientes.

El cambio de clima suele sentar muy bien a los pacientes asmáticos. Un tipo de tratamiento muy de moda en estos últimos tiempos es la aplicación de los llamados «aerosoles», aparatos que poseen un dispositivo para «nebulizar», es decir, convertir en partículas finísimas (de 6 milésimas de mm.) las diversas sustancias curativas, con el fin de que al respirarlas juntamente con el aire, puedan penetrar hasta las ramas bronquiales más finas.

Una de las enfermedades broncopulmonares acerca de la cual se ha escrito mucho, debido a su posible relación con el consumo de tabaco, es el cáncer de pulmón. Es sabido ya que los cánceres constituyen un tipo especial de tumores malignos. Mucho mejor que llamarlo de pulmón, es asignarle la denominación de cáncer de los bronquios, porque es en ellos donde nace y a partir de donde progresa.

Es más frecuente en el sexo masculino, y son propensas a sufrirlo las personas que fuman mucho. Su comienzo es, por regla general, difícil de advertir, puesto que empieza con discreta tos, que si ya existía, a lo sumo se hace más intensa; otras veces, con el esputo se expulsa algo de sangre.

Existe desnutrición y adelgazamiento, fatiga fácil y, a veces, disminución de apetito. Más que a todas estas manifestaciones, debe prestarse atención a las revisiones periódicas del pulmón, que son las únicas que podrán descubrir el cáncer precozmente, es decir, en una fase todavía curable.

Ver: Enfermedades del Pulmón

La respiracion humana Funcionamiento del proceso de respiracion

La Respiración Humana
Funcionamiento del Proceso de Respiración

COMO FUNCIONA EL APARATO RESPIRATORIO. El aire atmosférico debe penetrar en el organismo por la nariz y no por la boca, ya que las fosas nasales, en primer lugar, lo calientan hasta alcanzar una temperatura de unos 34° al llegar a la faringe.

Una vez en ella, adquiere bastante humedad, hecho que asimismo tiene mucha importancia, porque el epitelio que la recubre posee unas pestañas o cilios vibrátiles que al moverse limpian el aire de impurezas, tales como el polvo y hacen progresar el moco segregado hacia el exterior y, en presencia de una exagerada sequedad, los movimientos de las pestañas se paralizan para mantener húmeda la faringe.

El movimiento destinado a proporcionar el ingreso del aire en los pulmones, se denomina inspiración y al que lo expulsa, espiración. La primera se consigue gracias a la contracción de diversos músculos, especialmente los intercostales (situados en los espacios entre las costillas) y el diafragma, que expanden la cavidad torácica en todo su diámetro. Dicha expansión ejerce sobre los pulmones una especie de succión de efecto análogo al de una ventosa, y éstos, al ensancharse, aspiran aire hacia su interior, de un modo parecido a como ocurre con un acordeón.

Después de la inspiración se produce la espiración. Ésta se logra gracias a que el pulmón es un órgano elástico que, una vez distendido, vuelve de nuevo a la posición de reposo. Los movimientos respiratorios no son automáticos como los del corazón, puesto que los músculos encargados de ello dependen de una serie de nervios a su vez gobernados por un centro nervioso, llamado respiratorio, el cual está subordinado a la composición de la sangre.

El anhídrido carbónico contenido en la sangre venosa debe ser descargado y sustituido por oxígeno. Pues, bien, si la masa sanguínea contiene excesiva cantidad de anhídrido carbónico, indica que la aireación no es suficiente. En este caso es necesaria una respiración más profunda y rápida.

Esta aceleración se logra gracias a que el propio anhídrido carbónico en exceso estimula el centro respiratorio. La cantidad de aire que penetra, durante una inspiración tranquila, en los pulmones de un hombre adulto es de unos 500 cm. cúbicos. En cambio, si la inspiración es lo más profunda posible, aquella cantidad se amplía hasta 2 litros. En total, pues, se movilizan durante una inspiración y espiración, ambas forzadas al máximo, unos 4 litros de aire, cantidad que varía mucho con el sexo, la edad, la talla y el peso del individuo.

En el pulmón permanece siempre 1 litro ó 1,50 litros de aire residual, incluso tras una espiración forzada. En condiciones de reposo, la frecuencia respiratoria oscila entre 16 y 20 por minuto y en los niños es más rápida. Los cambios gaseosos entre el aire y la sangre se efectúan en los alvéolos pulmonares y como la sangre debe ponerse en contacto con todos ellos, necesita distribuirse por los capilares, cuyo número supera los 1.000 millones.

La cantidad de oxígeno que contiene la sangre venosa es sólo de 14 volúmenes por ciento, porcentaje que se eleva después al convertirse en arterial, hasta un 20%. En cambio, el anhídrido carbónico contenido en la sangre venosa de un 3,5%, desciende durante la arterialización a un 2,5%. El aire procedente de la atmósfera, o sea el inspirado, posee 21% de oxígeno y 0,03 de carbónico. Al que sale del pulmón, por el contrario, sólo le queda un 15 a 17% de oxígeno, mientras que se ha cargado de carbónico hasta el 3-4%.

cuadro proceso de respiracion

AUSCULTACIÓN, PERCUSIÓN: La corriente de aire producida en los conductos pulmonares ocasiona un ruido característico. En los alvéolos se origina otro tipo de ruido distinto al anterior, causado por el despliegue inspiratorio de los mismos.

La utilidad de la percepción de estos ruidos era más apreciada antes del descubrimiento de los rayos X, pero, de todos modos, la auscultación, como así se la llama, conserva gran parte de su enorme valor. La percusión consiste en golpear de modo intermitente con la punta de un dedo sobre otro que se coloca encima del tórax del enfermo y producir así diversos ruidos.

Todos sabemos que la calidad de los sonidos obtenidos al golpear, por ejemplo, un tambor (sonido hueco), es muy diferente de la que se consigue al hacerlo sobre un bloque de madera (sonido macizo). Aplicando dichos principios a la percusión, se localizan algunas alteraciones pulmonares. Otro medio de percibir las anomalías de los pulmones, es la palpación de las llamadas vibraciones vocales.

Consiste en invitar al paciente a que pronuncie una palabra en cuya formación interviene alguna «erre» (treinta y tres, carretera), al propio tiempo que se apoya una mano sobre alguna de las paredes del tórax. Las palabras emitidas producen una vibración muy intensa en la columna de aire contenida en los bronquios, que llega a transmitirse a través de la pared torácica y se capta en forma de cosquilleo en la mano apoyada sobre la espalda o el pecho del enfermo. Si el pulmón se encuentra alterado, suele cambiar la intensidad de dichas vibraciones, que pueden aumentar, disminuir o incluso desaparecer, según los casos.

El mejor método de exploración del tórax es, sin embargo, su revisión por los rayos X. En casos especiales se ha de proceder a la observación directa de las paredes de los bronquios (broncoscopía), lo que se consigue introduciendo a través de la boca, hasta el interior de los mismos, un tubo provisto de iluminación especial, dispuesta de tal modo que, por medio de un juego de espejos, permite observar perfectamente cualquier alteración de dichos conductos.

También es importante en las enfermedades del aparato respiratorio, examinar a simple vista y también al microscopio, las materias procedentes del mismo en forma de esputos. En ellos se encuentran, a veces, determinados microbios, tales como bacilos de Koch, cuando el paciente sufre tuberculosis y algunas células desprendidas del árbol respiratorio, cuya presencia puede coadyuvar al esclarecimiento y determinación de las diversas dolencias.

inspiracion y espiración

Enfermedades del Pulmón

Vías Respiratorias: Sinusitis y Bronquitis

El Sistema Respiratorio Nariz Laringe Faringe Traquea Pulmones Partes

El Sistema Respiratorio
Nariz Laringe Faringe Traquea Pulmones

Nuestro cuerpo necesita absorber oxígeno, que es captado por los pulmones mediante la inspiración, y liberarse del dióxido de carbono, que sale durante la espiración. Como se ha mencionado anteriormente, el oxígeno es utilizado en la respiración celular, proceso por el que se obtiene energía descomponiendo la glucosa. Al igual que una vela, que sin oxígeno no puede arder, nuestro organismo no puede quemar la glucosa si no respira.

El aire, que consta de un 21% de oxígeno, es llevado a través de la nariz, la faringe, la laringe y la tráquea hasta los bronquios, y de allí al pulmón, donde se pondrá en contacto con la sangre. El recorrido del dióxido de carbono sigue el mismo camino pero en sentido inverso.

El Sistema Respiratorio Nariz Laringe Faringe Traquea PulmonesLA NARIZ: Consta de una parte externa y de una interna, que es mucho mayor que la primera. La parte externa sobresale de la cara y está formada por una cavidad dividida en dos mitades por el tabique nasal. A través de ella entra el aire en la cavidad interna de la nariz, que descansa sobre el paladar duro.

Está formada por tres pares de cornetes nasales, que son unas estructuras óseas que forman parte del etmoides (cornetes superiores y medios) o que tienen su hueso propio. Estos cornetes se encuentran recubiertos por la mucosa nasal.

La mucosa de los cornetes superiores es la olfativa y en ella se encuentran las células encargadas de captar moléculas olorosas.

En los cornetes medios e inferiores la mucosa tiene otra función. Debe calentar el aire que vamos a respirar y filtrar las impurezas que se hallan en él; además, secreta un moco en el cual existen células defensivas, que protegen al organismo de las infecciones. Por otra parte, si el aire está demasiado seco, es humedecido en la nariz por unas glándulas.

Cuando en la nariz entran partículas de polvo que ocasionan irritación, se produce el estornudo, que es una inspiración brusca de aire seguida de una espiración

LA FARINGE: Pasando desde la nariz por el conducto nasofaríngeo, el aire calentado, humedecido y libre de impurezas pasa a la faringe. Este tubo, de 14 cm de longitud y muy musculoso, se halla revestido de mucosa y tiene en su parte superior o rinofaringe la amígdala faríngea, formada por tejido defensivo. Aproximadamente en la misma zona se comunica con las fosas nasales y con las trompas de Eustaquio, que van a parar al oído medio.

Además, la faringe absorbe el aire que inspiramos por la boca, ya que desciende por la parte trasera de la cavidad bucal y se comunica con ella en una región llamada bucofaringe. Por la faringe pasan, pues, tanto el aire como los alimentos. Más abajo se encuentra la comunicación con el tubo digestivo por el esófago y el respiratorio por la laringe.

LA LARINGE: Es una especie de vestíbulo entre la faringe y la tráquea, y está formada por varios cartílagos articulados entre sí, que son movidos por músculos y están forrados de mucosa.

En la parte superior se encuentra la epiglotis, que es la válvula de cierre de la tráquea cada vez que tragamos alimento. Si el mecanismo de cierre falla y alguna partícula de alimento se cuela en la laringe, se produce la tos, que es un mecanismo de expulsión.

La zona central se denomina glotis y en ella se encuentran las cuerdas vocales, encargadas de producir los sonidos. Cuando la glotis está abierta se produce la respiración; cuando está cerrada se produce la voz, cuyo tono se controla por la tensión y longitud de las cuerdas vocales, por entre las que pasa una veloz corriente de aire. Además la voz de acaba de modular en la nariz, que es una especie de cámara de resonancia, y en la boca donde se articular las consonantes.

LA TRÁQUEA: Este tubo elástico, de 11 cm de longitud, se divide en la parte inferior para dar lugar a los dos bronquios. Su diámetro es de unos 2 cm y su principal característica son unos dieciocho anillos en forma de herradura, unidos entre sí mediante ligamentos. En su interior existen células ciliadas, es decir, provistas de pelos, que con su movimiento lanzan hacia arriba las partículas extrañas que han penetrado en la tráquea.

Los dos bronquios principales, que han surgido de la división de la tráquea, se van dividiendo en bronquios más pequeños, en número de diez a cada lado. Estos también se subdividen y dan lugar a los bronquiolos, que tienen 1 mm de diámetro y penetran en el interior del pulmón. Este conjunto de conductos tiene forma de árbol invertido, por lo que recibe el nombre de árbol bronquial.

La respiración y la fonación El aire que penetra a través de la boca o las ventanas nasales, llega a la faringe, a partir de la cual, y contrariamente a como lo hacen los alimentos, enfila el conducto anterior de los dos que se le ofrecen, o sea la laringe.

PRODUCCIÓN DE LA VOZ. Además de conducir aire, la laringe posee en su interior un dispositivo encargado de producir la voz. La laringe es, pues, el órgano fundamental de la fonación. Está situada en el cuello y puede apreciarse desde el exterior, sobre todo en los hombres, en los que constituye la llamada nuez de Adán. La laringe femenina es más pequeña que la masculina.

La laringe está formada por una serie de cartílagos, unidos entre sí por sus correspondientes articulaciones. Su superficie interna aparece recubierta por una túnica muy lisa, llamada mucosa. La porción esencial para la fonación la forman las llamadas cuerdas vocales, dos membranas en forma de cinta, insertas a cada lado del conducto, limitan entre sí una hendidura en la parte media de dicho tubo.

Son ellas las que, vibrando a modo de cuerdas musicales, originan los sonidos y ruidos que componen la voz humana, gracias al aire procedente de los pulmones. Los huesos, las articulaciones y los músculos laríngeos sirven para tensar o relajar dichas cuerdas y de ese modo variar el tono de la voz emitida.

La laringe no emite más que un determinado caudal de voz para tono, mientras que su modulación y articulación se efectúa en otros órganos (boca, dientes, lengua, etc.).

LA TRAQUEA Y LOS PULMONES. El conducto que lleva el aire desde la laringe hasta el tórax, se llama tráquea y es un tubo aplanado en su cara posterior, pero no rígido, pues posee cierta elasticidad y movilidad. Sus paredes están formadas por una serie de anillos cartilaginosos (entre 15 y 20), unidos entre sí por tejidos de sostén.

El Sistema Respiratorio Nariz Laringe Faringe Traquea PulmonesSu superficie interna está recubierta por una mucosa que alberga glándulas encargadas de segregar moco. Una vez que ha alcanzado la porción superior del tórax, la tráquea se divide en dos conductos denominados bronquios, de forma cilíndrica, idénticos a la tráquea.

Después de un trayecto muy corto (entre 2 y 5 cm), se introducen en el interior de las masas pulmonares.

En los pulmones es donde se efectúa la verdadera respiración, o sea, el intercambio de gases. Son dos órganos, uno derecho y otro izquierdo, y comprenden entre ambos un espacio medio, ocupado en parte por diversas estructuras (vasos, nervios, bronquios, ganglios linfáticos, etc.), llamado mediastino.

Los pulmones están relacionados por su base con el diafragma y por su vértice con el hombro. Su cara redondeada está orientada hacia afuera y la plana hacia dentro.

De este modo, son precisamente las dos caras planas (una de cada pulmón) las que delimitan lateralmente el mediastino. Cada pulmón se divide en otras unidades de menor tamaño llamadas lóbulos (tres para el derecho y dos para el izquierdo), subdivididas a su vez en porciones más pequeñas de tejido pulmonar, denominadas lobulillos. Los bronquios, una vez que han penetrado en su correspondiente pulmón, se subdividen y proporcionan numerosas ramificaciones a las diversas porciones del mismo.

La distribución bronquial remeda perfectamente el ramaje de un árbol y sus finísimas terminaciones desembocan en una gran cantidad de minúsculos sacos de aire, llamados alvéolos pulmonares, a los que podríamos comparar con las hojas de un árbol. En cada milímetro cúbico de tejido pulmonar se cuentan unos 250 alvéolos y sumados los de ambos pulmones, forman una superficie de unos 80 a 90 m cuadrados.

Es imposible dejar de maravillarse de que un órgano cuyas dimensiones alcanzan sólo unos 25 cm de altura y 16 cm de diámetro anteroposterior, presente una estructura y una superficie interna tan enorme. Entre los dos bronquios y, especialmente en el espacio que dejan entre sí los alvéolos pulmonares, se encuentra, a modo de relleno, el tejido de sostén que proporciona consistencia al órgano y actúa, además, como medio de conducción de una serie de elementos, tales como vasos y nervios.

La circulación sanguínea del pulmón es especial y puede compararse, en cierto modo, a la del hígado. En efecto, al igual que dicho órgano, presenta dos tipos diferentes de circulación. Una que recibe la sangre por las arterias bronquiales para su propia vida (sangre oxigenada) y otra la que le dan las arterias pulmonares (sangre impura) a fin de que la oxigene.

La superficie externa de los pulmones está recubierta por una membrana denominada pleura, parecida a un saco. Pero además existe otra hoja pleural que tapiza la superficie interna de la caja torácica. De este modo toman contacto ambas hojas pleurales: la visceral (o sea la que envuelve a la víscera en forma de saco) y la parietal (es decir, la que tapiza la pared torácica).

Dicha disposición anatómica está destinada a facilitar los movimientos respiratorios, ya que al poseer las pleuras una gran lisura, se produce durante aquéllos un suave deslizamiento entre ambas hojas.

LOS PULMONES: Los pulmones están situados en la caja torácica y tienen unos 26 cm de altura por 15 cm de anchura, con una capacidad de 2,5 litros de aire cada uno. Se hallan apoyados sobre el diafragma, y su parte superior se encuentra a la altura de  la  primera vértebra torácica.

Cada pulmón está dividido por raerá en varios grandes lóbulos, que en el derecho son tres y en el izquierdo sólo dos. Ello es debido a que el corazón se encuentra junto al pulmón izquierdo y le quita parte del espacio. En la zona de entrada de los bronquios penetran también en el pulmón los vasos sanguíneos, los vasos linfáticos y los nervios.

La arteria pulmonar lleva la sangre que precisa ser oxigenada, mientras que las venas pulmonares se llevan hacia el corazón la sangre lista para su uso, para que sea utilizada por todo el cuerpo. Con ello se completa la circulación pulmonar o menor. de la que se ha hablado en el capítulo del sistema circulatorio. Además, el pulmón recibe otro vaso sanguíneo, la arteria bronquial, que es una rama de la arteria aorta y sirve para alimentar el tejido pulmonar.

Cada pulmón está envuelto por una capa de tejido conjuntivo que lo protege. llamada pleura, formada a su vez por dos capas. Una de ellas entra en contacto directo con el pulmón, mientras que la otra recubre las paredes del tórax. Entre ellas hay una pequeña cavidad que encierra el líquido pleural. Esta estructura es muy apropiada para que el pulmón pueda expandirse Y comprimirse sin ningún rozamiento.

Ver: Enfermedades del Pulmón

Enfermedades de los Huesos Osteoporosis Osteomielitis Causas

Enfermedades de los Huesos
Osteoporosis Osteomielitis Causas

EL HUESO ENFERMO. El hueso posee vida propia y en su interior existen celdillas repletas de médula, destinadas a producir la sangre, e incluso la porción más rígida, constituida por diversos minerales como la cal, no es un órgano inerte, sino que en su seno tienen lugar continuos cambios. Los huesos ceden parte de su calcio a la sangre para que ésta mantenga una concentración constante de dicho mineral. Por otra parte, debe depositarse en los huesos nuevo calcio para que no pierdan consistencia.

Estos procesos, así como los de crecimiento, están regulados por diversos mecanismos, en los que intervienen, sobre todo, las glándulas paratiroideas, la vitamina D y otros factores.

En la enfermedad llamada osteoporosis, el hueso se ve despojado de gran parte de sus minerales, por cuya causa disminuyen su consistencia y densidad. Sus causas son numerosísimas: inactividad prolongada de un miembro, edad muy avanzada, actividad exagerada de las glándulas paratiroideas, etc. Una de las formas más conocidas en que se presenta la osteoporosis es el raquitismo, cuya causa es una deficiencia en vitamina D.

El trastorno contrario consiste en que los huesos adquieren una mayor dureza de la normal; es la osteoesclerosis. Su malla interna, en vez de enrarecerse, se espesa y, además, se deposita e ella mayor cantidad de minerales. Como quiera que el hueso, al ser más consistente, pierde gran parte de su elasticidad, puede romperse más fácilmente, si bien parezca contradictorio que al hacerse más duro presente mayor peligro de fractura. Pero así ocurre, del mismo modo como en un vendaval resisten los finos y flexibles sauces, mientras que son tronchadas las robustas encinas. La condensación de estructura ósea puede ahogar su médula, dando lugar a alteraciones importantes en la composición de la sangre que se produce en ella.

En este hecho se hacen también patentes las estrechísimas relaciones que existen entre los diversos órganos. La osteomielitis es una infección en el interior del hueso. Su causa la constituye, por regla general, un microbio denominado estafilococo (el mismo que produce los furúnculos), el cual, después de haber penetrado en el hueso, entabla en el interior del mismo una lucha contra el organismo, que a su vez se defiende, de lo cual resulta un tipo de inflamación con producción de pus. Esta enfermedad ocasiona mucha fiebre y suele empezar de modo brusco.

El hueso afectado duele bastante y se observan además en la piel que lo recubre, todos los signos de la inflamación (enrojecimiento, calor, dolor, hinchazón, etc). Al cabo de unos días o semanas de empezada la dolencia, es posible descubrir por medio de los rayos X diversas alteraciones características. Para su curación es necesaria la administración de antibióticos e incluso, a veces, practicar ciertas operaciones quirúrgicas.

Los huesos también pueden ser asiento de diversos tumores, algunos benignos y otros malignos. Las articulaciones enferman con mayor frecuencia que los huesos. Un golpe sufrido sobre la articulación, un mal gesto o un paso en falso, son capaces de ocasionar el llamado esguince. Se produce porque alguno de los varios ligamentos que unen fuertemente las diversas estructuras de la articulación, se distiende o incluso llega a romperse, con lo cual aquélla pierde uno de sus medios de fijación.

Entonces la articulación correspondiente duele bastante, su movilidad se ve dificultada e incluso, a veces, aparece hinchazón, calor y enrojecimiento, tal como si estuviese inflamada. Para obtener la curación es preciso que repose la zona articular, lo cual se consigue mediante un vendaje adecuado y, en casos necesarios, con la reparación operatoria del ligamento roto. Una vez que un ligamento se ha distendido, es más fácil que en la misma articulación vuelva a presentarse otro esguince o incluso luxación, debido a que la fijación de la misma ya no es tan perfecta como antes. Cuando una articulación se inflama, hablamos de artritis. Las clases y causas de estas dolencias son múltiples.

Algunas veces, la inflamación es purulenta y en este caso, toda la articulación se convierte en un verdadero flemón. Este tipo de artritis está originado, sobre todo, por diversos microbios, entre los que figura el estafilococo antes mencionado. El bacilo de Koch, es decir, el causante de la tuberculosis, también puede atacar una articulación e incluso los huesos vecinos a ella. Aparece preferentemente en niños.

Su comienzo, a diferencia de las infecciones supuradas, suele ser solapado, empezando por dolor, tanto espontáneo, como también a la presión y al mover la articulación. Ésta se hincha y calienta, mientras que los músculos vecinos adelgazan. Las articulaciones más frecuentemente atacadas por el bacilo de Koch son la rodilla (tumor blanco), la cadera (coxalgia) y la columna vertebral (mal de Pott).

Puede atacar una articulación e incluso los huesos vecinos a ella. Aparece preferentemente en niños. Su comienzo, a diferencia de las infecciones supuradas, suele ser solapado, empezando por ± REUMATISMO. Las palabras reumatismo y su abreviatura, reuma, se han extendido tanto que, cualquier dolor de las extremidades es calificado así por muchas personas. La palabra, de origen griego, significa correr, porque los dolores reumáticos a veces corren de una articulación a otra. Un día duele el codo, otro la rodilla, el siguiente la muñeca, etc.

Las articulaciones se inflaman, si bien en su interior no se produce pus, sino que tan sólo aumenta la cantidad de líquido sinovial; a ello se debe precisamente la hinchazón. Existen varios tipos, pero el más frecuente es el llamado reumatismo poliarticular agudo. Su causa más importante es un microbio que produce una serie de alteraciones de las articulaciones, no por invasión directa de las mismas, sino actuando a distancia. Pertenece al grupo de los llamados «estreptococos».

Las mojaduras y el frío predisponen bastante a esta enfermedad. De una a tres semanas antes de presentarse, los pacientes suele sufrir unas anginas o faringitis y aparece luego fiebre, sudores, malestar general e hinchazón de las diversas articulaciones que duelen mucho, están calientes, enrojecidas, y los músculos cercanos a las mismas se adelgazan.

Es muy característico el hecho de que la enfermedad se desarrolle rápidamente en una articulación, pero a lo mejor, en pocas horas ya ha desaparecido de ella y se localiza en otra distinta. Esta dolencia no sólo afecta al sistema locomotor, sino que ataca el corazón, la pleura, la piel, los ojos, el cerebro, etc. Para evitar la iniciación del reumatismo, es importante curar muy bien todas las infecciones de garganta. Otra clase de reumatismo es la llamada artritis reumatoide o poliartritis crónica progresiva.

Como su mismo nombre indica, en ella las afecciones articulares múltiples no aparece de un modo agudo, brusco, sino que se presentan poco a poco, de una manera crónica. Su causa exacta no se conoce. Esta enfermedad, a diferencia de la anterior que tiene preferencia por las grandes articulaciones (rodilla, codo, hombro, etc.), suele afectar mayormente las pequeñas (dedos de la mano, muñeca, etc.) y ataca casi exclusivamente al sexo femenino. Existe todavía una tercera clase de reumatismo, la espondilartritis anquilopoyética, que también es de carácter crónico. Al contrario de la anterior, ataca sólo a los hombres y afecta sobre todo las articulaciones de la cadera y de la columna vertebral.

En las minúsculas uniones situadas entre las vértebras se desarrollan, tras varios brotes de inflamación, cicatrices en forma de puentes óseos o de tejido de sostén, muy resistentes, que inmoviliza toda o gran parte de la columna. Dicha rigidez vertebral hace, en casos extremos, que los enfermos no puedan ni siquiera agacharse. Algunos medicamentos usados para combatir el reumatismo, se utilizan para otras clases de dolores, como la aspirina, o sea, el ácido acetil-salicílico, que se emplea con una frecuencia tan inusitada, que una compañía química norteamericana produjo e un solo mes del año 1956, más de 40 millones de kilos de aspirina. Bien merece este gran medicamento que conozcamos su historia.

En el año 1874, Kolbe, profesor de química de la Universidad de Leipzig, sintetizó el ácido salicílico. El químico de la casa Bayer, Félix Hoffmann, tenía por aquel entonces a su padre enfermo de artritis crónica y observó que el derivado acetílico de aquel ácido, la aspirina, era muy eficaz para aliviar el sufrimiento de su progenitor. Así es como nació este gran medicamento. Pero la historia del tratamiento con el ácido salicílico se remonta a muchos siglos atrás, pues ya Hipócrates recetaba para aliviar estos dolores, corteza de sauce, que es muy rica en aquel ácido. Otro remedio eficaz para diversos reumáticos es el piramidón que, además de reducir eficazmente la fiebre de cualquier tipo, es capaz de combatir la inflamación articular. En los reumatismos crónicos se emplean incluso inyecciones de oro.

Uno de los mayores avances conseguidos en Medicina, ha sido el aislamiento y fabricación química de ciertas sustancias producidas por algunas glándulas de secreción interna, como la ACTH y la cortisona, de gran eficacia en ciertos tipos de reumatismo y para combatir otras enfermedades que nada tienen que ver con el reuma.

Huesos de los Miembros Hombro, Brazo Mano Extremidad Superior

Huesos Miembro Superior
Hombro, Brazo Mano Extremidad Superior

HUESOS DE LOS MIEMBROS. Los miembros superiores son dos apéndices adaptados al tórax, constituidos por cuatro porciones principales: el hombro, el brazo, el antebrazo y la mano.

huesos del mimebrto superior

El hombro está integrado por dos huesos: en la parte anterior, la clavícula, en dirección horizontal y fija al esternón por su extremo interno y en el hombro por su extremo externo. En la parte posterior del mismo se halla otro hueso, vulgarmente denominado paletilla, llamado también escápula y omóplato.

Tiene forma de triángulo y se prolonga hacia la espalda. En el brazo (porción comprendida entre el hombro y el codo) sólo hay un hueso, el húmero. El antebrazo (desde el codo hasta la muñeca) contiene dos huesos: el cúbito, situado en la vertiente correspondiente al meñique, y el radio, colocado del lado del pulgar.

huesos del brazo

En la muñeca se disponen 8 huesecillos que, unidos convenientemente entre sí, proporcionan gran movilidad a esta porción del miembro superior. En la palma de la mano, el esqueleto se compone de 5 huesos largos, denominados metacarpianos. Y, finalmente, los cinco dedos (pulgar, índice, medio, anular y meñique o auricular) contienen cada uno 3 columnas óseas, excepto el pulgar que sólo posee 2. Son las llamadas falanges. Los dos apéndices inferiores adaptados al tronco están compuestos, de un modo parecido al de los superiores, de varias porciones: la cadera, el muslo, la pierna y el pie. El gran hueso de la cadera, denominado coxal, se une en el centro con el del lado opuesto, circunscribiendo un espacio llamado pelvis.

En la formación de dicho recito, que alberga parte de los órganos abdominales, contribuye también la porción inferior de la columna vertebral, reciamente enclavada entre ambos coxales mediante sus dos huesos terminales, denominados sacro y cóccix. A la cadera se fija el «muslo», que contiene un solo hueso, llamado fémur. En la pierna se encuentran, de un modo parecido a como ocurre con el antebrazo, dos huesos: la tibia, situada en la parte anterointerna y el peroné, localizado en la región externa de la misma.

En la rodilla, delante de la juntura de estos dos huesos con el fémur, se encuentra otro que actúa a modo de protector, denominado rótula. En el tobillo, llamado también tarso, se disponen siete huesos cortos, que se unen con otros cinco, que prolongados, forman la planta y el dorso del pie y se denominan metatarsianos, en número de cinco. Los dedos del pie contienen, al igual que los de la mano, cada uno de ellos 3 falanges, excepto el gordo, que sólo posee dos.

n la región externa de la misma. En la rodilla, delante de la juntura de estos dos huesos con el fémur, se encuentra otro que actúa a modo de protector, denominado rótula. En el tobillo, llamado también tarso, se disponen siete huesos cortos, que se unen con otros cinco, que prolongados, forman la planta y el dorso del pie y se denominan metatarsianos, en número de cinco. Los dedos del pie contienen, al igual que los de la mano, cada uno de ellos 3 falanges, excepto el gordo, que sólo posee ½.

ARTICULACIONES. El conjunto de partes blandas y duras, encargadas de unir entre sí dos o varios huesos, lo denominamos articulación. Existen tres tipos principales de uniones, según sean movibles (hombro), semimovibles (vértebras) o inmóviles (cráneo).

En toda articulación hay que considerar la superficies que se han de unir y los medios de fijación, constituidos, generalmente, por tiras muy resistentes de tejido conjuntivo, denominadas ligamentos. Los huecos resultantes, los extremos óseos y los diversos ligamentos fijadores, están recubiertos por una membrana muy fina que recibe el nombre de sinovial. De este modo la articulación constituye una cavidad cerrada, envuelta en una especie de manguito relleno de un líquido espeso y viscoso, llamado sinovia, destinada a facilitar los movimientos, de la misma manera que los engranajes mecánicos necesitan estar bañados en aceite.

Aunque las articulaciones de la columna vertebral son sólo semimovibles, el hecho de que haya tantas, proporciona a dicho eje una movilidad apreciable, sobre todo en la cabeza que se articula gracias a las junturas del atlas y axis (1a y 2a vértebras cervicales). En el cráneo, los huesos están unidos entre sí de modo tan firme, que forman un bloque homogéneo.

En cambio, en la cara tenemos una articulación muy móvil: la mandíbula inferior. Las articulaciones del tórax casi todas gozan de escasa movilidad. Las costillas se desplazan algo durante la respiración, así como la clavícula, en la porción donde se junta con el esternón. Una de las articulaciones que posee mayor amplitud de movimientos es la del hombro, que une el extremo superior del húmero con la escápula. Más que la del codo, la cual sólo tiene dos movimientos principales: el de flexión, que acerca el antebrazo al brazo, y el de extensión, mediante la cual se alejan entre sí las porciones mencionadas, aunque puede movilizarse también en sentido lateral. Gracias a la rotación del cúbito y el radio, la palma de la mano es capaz de dirigirse, mientras mantenemos el miembro superior caído a lo largo del cuerpo, tanto hacia adelante como hacia atrás.

El primero de dichos movimientos se denomina supinación y el segundo pronación. En la muñeca, debido al gran número de huesos que la forman, las articulaciones son múltiples, así como en los dedos. Por esta razón la mano del hombre es la herramienta más delicada y perfecta que se pueda imaginar. Los dos coxales están unidos entre sí y con la columna vertebral de un modo bastante rígido.

En cambio, el muslo, o sea el fémur, se articula al coxal mediante una de las junturas más movibles del cuerpo. El extremo superior de dicho hueso es muy redondeado, parecido a una bola (se le llama cabeza), y está como incrustado en el interior de una cavidad de la cadera. La rodilla, en cambio, sólo goza de dos movimientos, a saber: flexión (acercamiento de la pierna al muslo) y extensión (su alejamiento). Para lograr una mejor adaptación entre las diversas superficies articulares, cada rodilla posee dos meniscos cartilaginosos. Los dos huesos de la pierna, además de ponerse en contacto con el fémur, se unen entre sí mediante dos articulaciones, una situada en el extremo superior de los mismos y otra en el inferior; también se articulan con los huesos de los tobillos.

En éstos y en los pies, las junturas son múltiples y proporcionan bastantes movimientos, aunque su amplitud, precisión y delicadeza no alcanzan, ni muchísimo menos, las de las manos. Puede observarse, pues, cómo en el curso evolutivo de la especie humana, las extremidades superiores se han desarrollado cada vez más en el sentido de precisión, mientras que las inferiores adquirían mayor fuerza.

Huesos de la Cabeza Humana Craneo Huesos de la Cara Cuantos

Huesos de la Cabeza Humana
Cráneo y Huesos de la Cara

HUESOS DE LA CABEZA. El cráneo es un conjunto de huesos que alojan el cerebro y se divide en «bóveda» y «base». El hueso que forma la frente, se denomina frontal; en el extremo opuesto, en la parte posterior de la cabeza, está el occipital. A cada lado y en la parte superior de la cabeza se encuentra un parietal.

Más abajo, en el mismo lugar en que se hallan los oídos, se sitúan los huesos temporales, que presentan en su extremo posterior una eminencia ósea muy pronunciada y fácil de palpar por detrás de la oreja, es decir, la llamada «apófisis mastoidea».

El hueso único, situado algo por debajo del frontal y que forma la parte superior de la nariz, es el etmoides. Pospuesto al mismo y albergado en el interior de la cavidad craneal, se localiza hueso en forma de murciélago, cuya situación es muy difícil de describir: el esfenoides.

Hay dos mandíbulas, una superior y otra inferior, donde se implantan los dientes. La última está constituida sólo por un hueso en forma de herradura, llamado maxilar inferior, que forma la barbilla, y luego se prolonga hacia arriba en ángulo, y se une delante de la oreja, en una articulación, al hueso temporal.

Es el único hueso de la cara capaz de moverse con independencia. La mandíbula superior no está constituida sólo por un hueso como la inferior, sino por varios que son pares, es decir, iguales a ambos lados de la cara y se unen en su parte media; el maxilar superior el hueso más macizo de esta región, el pómulo y el nasal, que forma la parte dura de la nariz. La fosa orbitaria alberga el globo ocular y presenta, entre otros, un hueso muy pequeño, llamado unguis. En el paladar encontramos los huesos palatios.

La parte posterior del tabique de la nariz, es decir, de la pared que divide la fosa en dos, la constituye el hueso vómer. Estas fosas se subdivide parcialmente en varios compartimientos, gracias a los llamados cornetes, que también son formaciones óseas. En la parte anterosuperior del cuello, hay un hueso pequeño, separado de la cabeza, el hioides, que sirve de implante a una serie de músculos. 

En base a lo anterior podemos decir: El cráneo es una caja ósea y protege a la parte mas voluminosa del sistema nervioso central, el encéfalo.

Está constituido por 8 huesos, 4 impares y 4 pares. Los impares son: FRONTAL, OCCIPITAL, ESFENOIDE y ETMOIDES. Los pares son: PARIETALES y TEMPORALES.

HUESOS DEL
CRÁNEO

FRONTAL, OCCIPITAL,
ESFENOIDE y ETMOIDES

IMPARES
PARES

PARIETALES y TEMPORALES

Frontal. Es el hueso que forma la frente y la mayor parte del margen superior de las órbitas, que son las cavidades donde se encuentran los ojos.

Parietales. Son un par de huesos simétricos que forman la bóveda del cráneo y son los más grandes de la cabeza. Por delante se articulan con el frontal, por los lados con los temporales y por detrás con el occipital.

Temporales. Son también huesos pares, que forman las paredes laterales del cráneo y sirven de protección para las estructuras del oído, por lo que tienen un agujero para el conducto auditivo externo. También poseen una zona donde se articula el maxilar inferior.

Occipital. Situado detrás de los parietales, es el hueso impar que forma la parte inferior y posterior del cráneo. Además de estar articulado de forma rígida con otros huesos que forman la bóveda del cráneo, el hueso occipital se une con la primera vértebra de la columna que se encuentra sobre otra que permite los movimientos de la cabeza. Además, éste es el hueso por el que sale la médula espinal, que es una prolongación del encéfalo que pasará por el interior de las vértebras. El agujero de salida se llama agujero occipital o foramen magnum.

Esfenoides. Es un hueso impar con forma de murciélago con las patas y las alas extendidas, que se encuentra en la base del cráneo, en la parte central. A sus numerosas proyecciones se fijan el frontal, los parietales, el occipital y el esfenoides. Tiene una pequeña cavidad sobre la que se encuentra la glándula hipófisis, que regula el funcionamiento de las demás glándulas hormonales del cuerpo humano.

Etmoides. Se encuentra delante del esfenoides pero detrás de los huesos de la nariz. Posee los cornetes nasales superiores, poblados de numerosas celdillas.

HUESOS DE LA CARA: La cara está formada por catorce huesos, además del frontal y el etmoides, que se incluyen entre los del cráneo.

Maxilares superiores. Este par de huesos es el más importante de los de la cara. De él se forma la parte inferior de las órbitas, la parte exterior de las fosas nasales y la parte anterior del paladar, y es donde se articulan las piezas dentarias superiores. A este respecto hay que decir que los dientes, a pesar de su dura estructura, no se consideran huesos.

Maxilar inferior. Al nacer está formado por dos huesos simétricos, pero durante las primeras etapas de la vida éstos se sueldan para dar lugar a un solo hueso en forma de herradura. Tiene movilidad debido a que se articula con los temporales mediante unos salientes redondeados, y forma el mentón por abajo y por arriba recibe las raíces de las piezas dentarias inferiores.

Malares. De ellos se forman las mejillas, ya que son los que constituyen los pómulos. Además, intervienen en la formación de las órbitas oculares.

Palatinos. Forman la parte trasera del paladar óseo, y están en contacto con el esfenoides y con los maxilares superiores.

Huesos de la nariz. La nariz está formada por un hueso impar, el vómer, que forma hacia atrás el tabique nasal, y con otros tres pares de huesos. Los nasales dan forma a la nariz, y de ellos sale el cartílago nasal, que divide la cavidad en dos. Los cornetes inferiores, por su parte, están revestidos de mucosa olfativa y se encuentran en la parte alta de la nariz, mientras que los lacrimales forman delgadas láminas parecidas a uñas, que tienen un surco por donde pasa el conducto lacrimal.

Huesecillos del oído

Se encuentran en el oído medio y son un total de seis, una cadena de tres hueseci-llos a cada lado. Su función es transmitir el sonido desde la membrana del tímpano hasta el oído interno, y debido a su forma reciben los nombres de martillo, yunque y estribo; este último es el hueso más pequeño del cuerpo humano, con sólo 3 mm de longitud.

Huesos de la Columna Vertebral Constitucion y Forma de Huesos Nombres

Huesos de la Columna Vertebral
Constitución y Forma

El hombre no es un ser estático, sino que es capaz de trasladarse, caminar, efectuar innumerables movimientos; en fin, relacionarse con sus semejantes gracias a su aparato locomotor, constituido por tres grandes grupos de formaciones: huesos, articulaciones y músculos.

Los huesos son órganos de color blancuzco, constituidos por el llamado «tejido óseo» que les proporciona gran dureza y consistencia. El esqueleto, que es el conjunto de los huesos, puede dividirse en cuatro porciones principales: el cráneo, que forma la parte ósea de la cabeza; la columna vertebral, que constituye el eje del cuerpo; el tórax, a modo de caja, y finalmente, los miembros (superiores e inferiores).

Los huesos tienen cinco funciones principales. Tres de ellas son conocidas por todos nosotros: actúan como sostén de nuestro cuerpo y permiten que éste se mantenga erecto, como hacen las vigas de un edificio; protegen las vísceras ante cualquier presión o golpe del exterior, como, por ejemplo, las costillas al albergar los pulmones, tan delicados y que precisan de un espacio para ensancharse; y, además, permiten el movimiento de las extremidades, funcionando como puntos de anclaje de los músculos, que si no los tuvieran no podrían contraerse.

Existen también otras dos funciones óseas que debemos conocer, que son menos evidentes. Los huesos están formados en gran parte por calcio, y el organismo lo deposita allí o de allí lo toma cuando lo necesita; así pues, los huesos funcionan como reservorios. Por último, la sangre se fabrica en el interior de algunos huesos, en la médula ósea roja.

En los adultos los huesos en los que se fabrican las células sanguíneas son sólo el esternón, las costillas, las vértebras, los huesos del cráneo y los huesos más largos de brazos y piernas, el húmero y el fémur, mientras que en los niños la producción está más generalizada.

Forma de los Huesos: Los huesos más llamativos son los largos, que se hallan sobre todo en brazos y piernas. Una gran parte de ellos es larga y tubular, y recibe el nombre de diáfisis, mientras que los extremos son más gruesos y redondeados para poder articularse con otros huesos, y reciben el nombre de epífisis.

También existen los huesos cortos, tan anchos como largos, que son muy resistentes y se hallan sobre todo en las articulaciones de las muñecas y los tobillos. Los huesos planos, a su vez, tienen una función protectora; el ejemplo más típico de ellos son los huesos del cráneo, que mantienen a salvo una estructura tan delicada y esencial como es el cerebro. Por último tenemos los huesos irregulares, que no pertenecen a ninguna de las tres categorías anteriores. Son huesos irregulares los de la columna vertebral y algunos de los del cráneo y la cara.

Partes de un hueso
En los huesos encontramos tres partes constituyentes: la parte dura, que es la sustancia ósea; la médula ósea, que se halla en su interior, y el periostio, una capa protectora que además le proporciona el alimento mediante una serie de vasos sanguíneos.

La sustancia ósea tiene una parte formada por un material muy sólido que tiene incrustadas sales minerales, en cuya composición entra gran cantidad de calcio. En su interior se encuentran numerosas fibras de colágeno, que es una sustancia elástica que da al hueso cierta flexibilidad e impide que se rompa.

Todo este material se halla atravesado por unos conductos, los canales de Havers, por donde pasan los nervios y los vasos sanguíneos. Éstos van a parar a unas células vivas, los osteocitos, que se encuentran en el interior de unas cavidades de la sustancia ósea.

La médula ósea se halla en el hueco central de los huesos y es de dos tipos. La roja es la encargada de producir las células sanguíneas, mientras que la amarilla, también llamada tuétano, es un tejido graso. En los niños la médula roja se halla en el interior de todos los huesos, mientras que los adultos tienen la parte central de los huesos largos llena de tuétano.

COLUMNA VERTEBRAL Y TÓRAX. La columna vertebral está constituida por numerosas porciones óseas que se encuentran unidas entre sí para formar el eje del cuerpo. Son las llamadas «vértebras». Su número varía en el hombre entre 33 y 34, y se hallan distribuidas del siguiente modo: Siete corresponden a la región del cuello y se denominan «cervicales»; la primera de ellas (contando de arriba abajo), cuya función es sostener la cabeza, tiene el nombre de un personaje mitológico, cuyo destino era cargar sobre sus hombros el mundo entero, es decir, Atlas.

Esta primera vértebra cervical está muy bien articulada con la segunda para que pueda efectuar movimientos en todos los sentidos, y como quiera que ésta hace las veces de eje de la primera, se denomina axis (eje). Sólo estas dos vértebras tienen nombres especiales; a las demás se las llama por el número de orden que ocupan en su región, verbigracia, la 5a. cervical o la 2a. lumbar.

Las 12 vértebras que siguen a las cervicales son las llamadas «dorsales«, pues están situadas en el dorso o espalda. En cada vértebra dorsal se fijan dos costillas (una por lado).

Las 5 vértebras siguientes no tienen adosada ninguna costilla y se denominan «lumbares«, pues están situadas en el lomo del cuerpo, región que mucha gente denomina «de los riñones» (aunque éstos, en realidad, estén localizados más arriba).

Finalmente, las 9 ó 10 últimas vértebras son las «pélvicas«. Las cervicales, las dorsales y las lumbares están muy bien diferenciadas entre sí, y se unen mediante diversos músculos y ligamentos.

Las pélvicas, en cambio, se encuentran soldadas para llegar a formar sólo dos huesos separados: el sacro y el cóccix, vulgarmente denominado rabadilla.

La columna vertebral mide unos 75 cm. Cada vértebra posee un cuerpo macizo y varios apéndices que sirven para unirlas entre sí, así como un orificio, de modo que, superpuestas todas las vértebras, se forma un canal en el que se aloja la llamada médula espinal, formación perteneciente al sistema nervioso.

La columna vertebral no constituye un pilar recto como un bastón, sino que visto de perfil, recuerda una S algo aplanada. En el cuello, la curvatura es convexa hacia adelante, en el dorso hacia atrás (cuando se exagera esta inflexión posterior aparece una especie de giba o joroba), y en la región lumbar, es análoga a la del cuello.

La jaula torácica destinada a albergar el corazón y los pulmones, está formada por la porción dorsal de la columna vertebral, las costillas y el esternón, hueso plano que une, por delante, los extremos anteriores de las mismas y perfectamente palpable en la cara anterior del tórax.

En su extremo superior presenta un borde llamado horquilla, en el lugar donde se unen ambas clavículas. El extremo opuesto de dicho hueso es puntiagudo. El hombre posee 24 costillas, o sea 12 pares. Las 5 últimas no se fijan en el esternón y se denominan falsas.

Las dos inferiores flotan totalmente libres en el extremo inferior del tórax; de ahí su nombre de flotantes. Al unirse con el esternón, hay una porción de tejido cartilaginoso, cuya elasticidad permite al tórax más libertad de movimientos.