Enfermedades del sistema respiratorio Bronquitis Sinusitis Vias



Enfermedades del Sistema Respiratorio
Bronquitis y Sinusitis

EL APARATO RESPIRATORIO ENFERMO: NARIZ Y LARINGE. Posiblemente la enfermedad más frecuente entre las que puede padecer un ser humano sea el resfriado. Se trata de una inflamación de la mucosa que recubre la superficie interna de la nariz y sus fosas.

Es bien sabido que el enfriamiento posee mucha importancia en el desencadenamiento de esta enfermedad, sin embargo, no lo ocasiona el frío por sí solo, sino un virus cuya transmisión de una persona a otra se efectúa con suma facilidad. Las molestias en la garganta, el discreto picor en la nariz, y, sobre todo, los estornudos, constituyen la señal de que ha comenzado el resfriado.

La secreción nasal aumenta progresivamente, las fosas nasales se obstruyen y la respiración debe efectuarse por la boca, con todos sus inconvenientes. La voz cambia y es suficiente, a veces, oír hablar a una persona para reconocer que está resfriada. Los olores no se perciben bien y las comidas tampoco saben normalmente. A todo ello se añade cierta debilidad general, con muy pocos ánimos de moverse y trabajar.

Al cabo de pocos días, las manifestaciones del resfriado disminuyen y pronto aparece el restablecimiento total. Para la Medicina resulta molesto que la más común de las enfermedades carezca de un remedio seguro. En el interior de los huesos de la cara, existen una serie de cavidades subdivididas en múltiples celdillas y tapizadas por una mucosa.

Estas cavidades se denominan «senos accesorios» y su inflamación, sinusitis. Se da a consecuencia de un resfriado mal cuidado y, a la salida de moco y pus por la secreción nasal, aparecen intensos dolores de cabeza. Para curarla es necesario recurrir a los antibióticos y, en ocasiones, incluso a ciertas operaciones quirúrgicas. La hemorragia nasal, denominada también epistaxis, puede ser consecutiva a enfermedades caracterizadas por una anormal coagulación de la sangre, a golpes recibidos sobre dicha región o, simplemente, porque en la mucosa afectada exista una zona muy rica en vasos capilares, con gran tendencia a sangrar.

Las hemorragias nasales suelen detenerse haciendo que el enfermo se eche en cama y aplicándole una bolsa de hielo bajo la nuca. Sin embargo, en ciertos casos es necesario recurrir a una destrucción eléctrica de la mucosa afectada. Una de las dolencias más frecuentes del órgano de la fonación es la inflamación de su mucosa, es decir, la laringitis o catarro de la laringe.

A veces es simultánea o consecutiva a un resfriado que ha descendido hasta ella. La voz se vuelve ronca, incluso del todo afónica, existe tos muy escandalosa, que a pesar de su intensidad, apenas se acompaña de expectoración, las cuerdas vocales están muy irritadas, etcétera. Es necesario evitar el aire frío, el humo o cualquier otro irritante que pueda entrar en las vías respiratorias.

Las bebidas calientes sientan muy bien, así como los fomentos aplicados sobre el cuello. La laringitis, cuya aparición es casi siempre aguda, puede repetirse varias veces y llegar a convertirse en más o menos permanente. Algunos individuos que se ven obligados, por su profesión, a forzar la voz (cantantes, oradores, vendedores de periódicos, etc.), la sufren con frecuencia.

La laringe también puede verse afectada por el proceso de la tuberculosis. Casi siempre la sufren enfermos cuyos pulmones ya han sido durante mucho tiempo atacados por dicha dolencia. Con los medicamentos antituberculosos modernos suelen lograrse notables mejorías y hasta curaciones absolutas de la misma. Otras veces se asienta en dicho órgano un tumor, por cuya causa debe extirparse toda la laringe.

A pesar de perder su aparato de fonación, estos pacientes no se convierten en mudos, puesto que les quedan varios recursos para poder relacionarse con sus semejantes por medio de la palabra. Uno de ellos consiste en hablar en voz cuchicheada y otro, recurrir a un dispositivo especial que, adaptado al cuello, les permita emitir nuevamente diversos ruidos y sonidos.



cuadro enfermedades respiratorias

ENFERMEDADES DE LA TRAQUEA Y LOS BRONQUIOS.

Su inflamación se denomina bronquitis o traqueobronquitis. Entre sus causas destaca la acción de los microbios exacerbados durante un resfriado y también la acción de múltiples sustancias irritantes, tales como el tabaco, humo, diversos gases, etc. Además del cansancio general y de los signos catarrales de nariz y garganta, el paciente tose mucho y experimenta una sensación de carraspera en todo el trayecto de la tráquea y los bronquios. Los esputos son al principio muy difíciles de arrancar y sólo más tarde se hace fluidos.

Con gran frecuencia se producen en el interior de los «bronquios acatarrados» diversos ruidos. Los pacientes dicen: «El pecho me silba». Los catarros bronquiales pueden repetirse muy a menudo, sobre todo si persisten sus causas; en dicho caso la bronquitis se convierte en crónica.

Aunque existen muchos individuos afectados de esta enfermedad, en especial los que trabajan en ambientes enrarecidos, con mucho polvo y sustancias irritantes, sin embargo entre todas las causas posibles, el tabaco posee tal vez la primacía, puesto que, entre los individuos no fumadores, la bronquitis crónica es cuatro veces menos frecuente que en los grandes fumadores y entre éstos, los aficionados a la pipa o a los puros, enferman con mayor frecuencia.

enfermedad de los bronquios

Para aliviar la bronquitis durante el período agudo, se aconseja el reposo en cama e intensa sudoración provocada por diversos procedimientos. El aire de la habitación ha de ser húmedo (lo que se consigue colocando en la misma un recipiente con agua hirviendo, a la cual se añaden, en ocasiones, diversas esencias que facilitan la respiración) y no excesivamente caliente (no superior a 20°). En presencia de una tos muy pertinaz y tan molesta que incluso impida el sueño, hay que calmarla con algún jarabe adecuado.

En las bronquitis crónicas, cuya curación definitiva es muy difícil de conseguir, es necesario eliminar todas las causas irritantes. Los pacientes muy fumadores deben dejar el tabaco radicalmente. Dicha medida es indispensable, ya que de no aplicarla rigurosamente no vale la pena ni siquiera intentar el tratamiento. Algunos antibióticos especiales para combatir los diversos microbios cuya invasión del árbol respiratorio dificulta el proceso de la curación, logran también efectos beneficiosos. Los climas benignos coadyuvan a la curación.

Otra enfermedad bronquial más seria que la anterior es la dilatación anormal de los mismos, llamada bronquiectasia. Esta deformación es a veces congénita, pero a menudo es consecuencia de diversas enfermedades bronquiales previas. La tos con que se manifiesta es muy intensa y, lo que es más característico, se acompaña de abundante expectoración, pues las dilataciones bronquiales llegan a almacenar grandes cantidades de secreciones cuyo vaciado es causa de que los esputos sean tan abundantes.

Su tratamiento es muy parecido al de las bronquitis crónicas, si bien a veces debe recurrirse a extirpar, por medios operatorios, las porciones del pulmón que contienen los bronquios deformados. Para confirmar la existencia de estas dilataciones, debe practicarse una radiografía, previa instilación en los bronquios de una sustancia opaca (broncografía), con lo cual se dibujan perfectamente sus límites, paredes y deformaciones.



El asma bronquial es una enfermedad de los bronquios, caracterizada por una serie de ataques, especialmente nocturnos que producen una gran dificultad respiratoria. Su causa es, en ocasiones, la «alergia», es decir, sensibilidad exagerada a algunas flores, polvo de determinadas habitaciones, ciertos alimentos, etc.

El paciente se despierta por la noche y tras sentir cierta opresión torácica, comienza a estornudar y a toser, para verse obligado finalmente, a sentarse en la cama, a fin de lograr que su respiración se haga más fácil. A pesar de ello sigue respirando mal y tiene la sensación de que le falta aire.

El mecanismo íntimo del asma consiste en que los bronquios estrechan su luz, es decir, que se contraen, a consecuencia de lo cual la cantidad de aire que logra pasar por ellos es menor. Todas las curas, pues, tendrán que ir dirigidas a ensanchar el calibre bronquial para que pueda conducir toda la corriente aérea que sea necesaria. Si su causa es una sensibilidad excesiva a una determinada sustancia (polen, alimentos, polvo, etc.), el organismo debe desacostumbrarse de la misma, lo cual se logra a veces practicando inyecciones de dicha materia, en cantidades muy pequeñas al comienzo y luego progresivamente crecientes.

El cambio de clima suele sentar muy bien a los pacientes asmáticos. Un tipo de tratamiento muy de moda en estos últimos tiempos es la aplicación de los llamados «aerosoles», aparatos que poseen un dispositivo para «nebulizar», es decir, convertir en partículas finísimas (de 6 milésimas de mm.) las diversas sustancias curativas, con el fin de que al respirarlas juntamente con el aire, puedan penetrar hasta las ramas bronquiales más finas.

Una de las enfermedades broncopulmonares acerca de la cual se ha escrito mucho, debido a su posible relación con el consumo de tabaco, es el cáncer de pulmón. Es sabido ya que los cánceres constituyen un tipo especial de tumores malignos. Mucho mejor que llamarlo de pulmón, es asignarle la denominación de cáncer de los bronquios, porque es en ellos donde nace y a partir de donde progresa.

Es más frecuente en el sexo masculino, y son propensas a sufrirlo las personas que fuman mucho. Su comienzo es, por regla general, difícil de advertir, puesto que empieza con discreta tos, que si ya existía, a lo sumo se hace más intensa; otras veces, con el esputo se expulsa algo de sangre.

Existe desnutrición y adelgazamiento, fatiga fácil y, a veces, disminución de apetito. Más que a todas estas manifestaciones, debe prestarse atención a las revisiones periódicas del pulmón, que son las únicas que podrán descubrir el cáncer precozmente, es decir, en una fase todavía curable.

Ver: Enfermedades del Pulmón

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