El Derecho Romano

Biografia de Honorio Emperador Romano

Biografía Emperador Honorio

No habían pasado a los hijos varones ni el talento ni la energía ni la virilidad de Teodosio. El menor de ellos, Honorio, personaje dotado de buenas intenciones, honesto, piadoso y bonachón, no tuvo iniciativa ni entusiasmo en el gobierno.

Indolente e irresoluto, se dejó imponer por los cortesanos o los generales, y como todo tímido y débil de espíritu, fue cruel y obstinado contra los desgraciados y miedoso ante los arrogantes.

Honorio Emperador
Honorio fue Emperador del Imperio romano de Occidente del 395 hasta su muerte. Era el hijo menor de Teodosio I y su primera mujer, Aelia Flacila, y el hermano del emperador de Oriente, Arcadio. Honorio fue nombrado emperador de Occidente a la edad de 10 años, ​ tras la muerte de su padre en febrero de 395.
Fecha de nacimiento: 9 de septiembre de 384 d. C., Constantinopla
Fallecimiento: 15 de agosto de 423 d. C., Rávena, Italia
Nombre completo: Flavius Honorius

En estas condiciones, y teniendo en cuenta que reinó en tiempos aun más difíciles que los de Teodosio, se comprende que su gobierno corresponda a una de las épocas más desgraciadas de la Roma decadente.

Nacido en Constantinopla el q de septiembre de 384, de Teodosio y la emperatriz Helia Flaccilla, fue proclamado Augusto a la edad de nueve años y asociado al gobierno del Imperio junto con su hermano mayor Ar-cadio. A la muerte de Teodosio (17 de enero de 395), fue designado emperador de Occidente, bajo la tutela del gran general germánico Estilicón.

En los planes de Teodosio no entraba la ruptura de la unidad imperial, pero ésta se consumó de hecho cuando Estilicón, que había acudido a los Balcanes para hacer frente a la invasión del godo Alarico, recibió orden de Arcadio de retirarse a la Dalmacia (395).

Desde entonces Estilicón dedicó sus actividades a reorganizar la administración y a consolidar las fronteras de Occidente. En 398 aumentó su influencia casando a su hija María con Honorio, y en 402 libró a Italia de la primera acometida de Alarico rechazando sus huestes en la batalla de Pollenza.

En 405 completaba este triunfo con la destrucción de los ostrogodos, acaudillados por Radagaiso, en las llanuras de Toscana.

Hasta entonces Honorio había tenido escasa intervención en el gobierno. Contaba ya veinte años, y era instigado por quienes le aconsejaban que se desprendiera de la tutela de Estilicón.

El muchacho, que se había casado en 401 con una segunda hija del jefe germánico, llamada Termancia, no se atrevía a dar el golpe que le desembarazaría de su poderoso ministro.

El cúmulo de dificultades con que luchó Estilicón entre 405 y 408 arruinó su prestigio y facilitó la labor de sus enemigos. Los vándalos y los alanos, rompiendo la frontera del Rin, habían saqueado las Galias e invadido. España.

Allí se erigía como usurpador Constantino III. En Italia, Alarico reclamaba el cumplimiento del pacto concertado entre el Imperio y su pueblo. Los que rodeaban a Honorio, acaudillados por el canciller Olimpo, aprovechando una divergencia de criterio entre el emperador y Estilicón sobre la sucesión de Arcadio (408), acusaron al germánico de traidor y lograron que Honorio decretara su muerte, la que tuvo lugar, de modo inicuo, el 23 de agosto de 408.

Fue un asesinato innoble y fatal. Ante la inminente agresión de los godos, Honorio no halló la persona capaz de substituir a Estilicón. Así, después de haber licenciado a Olimpo, cometió el grave error de reconocer a Constantino III. Pero esta medida no pudo evitar el saqueo de Roma por Alarico el 24 de agosto de 410.

Cuando parecía inevitable la próxima ruina del Imperio, puesto que Alarico había elegido un emperador a su gusto, Átalo, y tenía como rehén a Gala Placidia, hermana de Honorio, éste halló un apoyo imprevisto en la persona del general Constancio, quien venció a los usurpadores en la Galia y España, localizó a los godos en el Sur de las Galias y rescató a Gala Placidia, con la que contrajo matrimonio en 417.

Entregado a su nuevo favorito y a la influencia de su enérgica hermana, los nombró Augustos el 8 de febrero de 421. La muerte de Constancio, en septiembre siguiente, provocó la discordia entre Honorio y Gala Placidia, la cual, amenazada, tuvo que huir a Constantinopla con sus hijos.

Poco después, el 15 de agosto de 423, Honorio, moría en Rávena, dejando al Imperio romano de Occidente en situación realmente crítica y apurada.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Teodosio I «El Grande»
Biografia de Hieron de Siracusa
Biografia de Emperador Honorio
Biografia de Boecio
Biografia de San Ildefonso
Biografia de Lotario I
Biografia de Carlos II de Francia
Biografia de Luis de Gongora y Argote

Concepto de Derecho Juridico Clasificacion Principios Fuentes

Concepto de Derecho Jurídico
Clasificación, Principios, Fuentes del Derecho

El  DERECHO JURÍDICO es, en esencia, un orden para promover la paz. Tiene como objetivo, que un grupo de individuos pueda convivir en tal forma, que los conflictos que se suscitan entre ellos puedan solucionarse de manera pacífica, esto es, sin recurrir a la fuerza y de conformidad con un orden de validez general.

Este es el orden del derecho.

1. Introducción

2. Quien Crea el derecho?.

3. Fines del Derecho

4 Derecho Positivo y Derecho Natural.

5. Fuentes del Derecho: Ley, Costumbres, Jurisprudencia y Doctrina

6. Principios Generales del Derecho

7. Clasificación del Derecho

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concepto de derecho juridico

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INTRODUCCIÓN: Para entender de qué manera interviene lo que llamamos derecho en nuestra vida cotidiana, es importante recurrir a ejemplos sencillos y cotidianos de fácil comprensión, extraídos de diferentes situaciones que, aunque tienen trascendencia jurídica, casi nunca reparamos en ellas: subir a un autobús, tomar localidades para una sesión de cine, comprar el periódico.

Ante tales actos, podemos exigir que el autobús nos transporte a un lugar determinado, o que se nos deje entrar en la sala de proyecciones para ver el espectáculo. Adquirimos la propiedad del periódico y perdemos la del dinero que hemos pagado por él.

En otros casos, el alcance jurídico de los hechos es aún más claro: nos quitan la cartera y acudimos a la comisaría de policía para que se inicie una actividad dirigida a descubrir al culpable y se le imponga la pena correspondiente; compramos un apartamento a plazos sabiendo que contraemos una deuda, y que si no cumplimos con ella seremos demandados ante los tribunales; nos ponen una multa por no habernos detenido ante un semáforo en rojo…

Si de estos ejemplos o de otros muchos queremos deducir cuál es su significado jurídico, no será difícil llegar a la siguiente consecuencia: en todos los casos expuestos podemos exigir de otros una conducta determinada, u otros nos la pueden exigir a nosotros.

Pero para que esto sea posible, es preciso que exista un conjunto de normas o reglas establecidas en virtud de las cuales surja la posibilidad de reclamar o de quedar sujetos a una reclamación. Si un individuo puede exigir que se le entregue el periódico a cambio de su precio, es porque hay una regla o conjunto de reglas que así lo disponen, como también preceptúan que el vendedor pueda exigir el pago de la mercancía.

La existencia de una regla o norma preestablecida es lo que da soporte jurídico, a todos los hechos y, de este modo nos pone en contacto con el derecho.

Derecho objetivo y derecho subjetivo: Conviene hacer una distinción entre lo que se entiende por derecho desde un punto de vista objetivo y subjetivo, pues nos aproximará a definir esta palabra en toda su dimensión, es decir, englobando ambas particularidades.

El derecho objetivo es el conjunto de normas que ordenan o prohiben hacer algo o llevar a cabo determinada conducta.

Pero el derecho no es sólo eso; también tiene un aspecto instrumental (de servicio a los ciudadanos).

En tal caso, el derecho nos ayuda a lograr nuestros deseos, a desarrollar nuestra personalidad. Las leyes determinan cómo puede adquirirse una propiedad, cómo puede usarse una cosa, de qué manera hay que proceder para conseguir el fin que nos proponemos (crear una empresa, elaborar un testamento).

Es lo que técnicamente se conoce como derecho subjetivo. En este caso la palabra derecho la reconocemos en expresiones populares como «tener derecho a hacer tal cosa».

Definición del derecho: Con la combinación de los dos conceptos más arriba mencionados, podemos encontrar una definición que nos acerque más al verdadero sentido de la palabra derecho.

Se entiende por derecho, el conjunto de leyes, preceptos y reglas a que están sometidos los hombres en su vida social.

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¿QUIÉN CREA EL DERECHO?

Al ser un mecanismo que sirve para imponer y, al mismo tiempo, garantizar un orden social, es necesario que sea un poder humano el que haga cumplir unas determinadas normas de conducta.

Este poder lo representa el Estado. El Estado no sólo crea el derecho, sino que lo aplica y lo impone por la fuerza si ello fuere necesario, ya que está investido de un poder sancionador.

No obstante, lo que hoy entendemos como derecho positivo, surgió mucho antes de que apareciera la noción moderna de Estado, ya que la coacción, sin la cual no existiría regla de derecho, puede ser obra de una colectividad (familia, tribu) o de un individuo más fuerte que otros (el padre respecto a los hijos; en la antigüedad, el amo respecto a los esclavos).

También las prescripciones religiosas convertidas en imperativas por el temor de un castigo divino, tendrían defacto un carácter jurídico.

Cabe decir también que el derecho está en perpetua evolución, ya que es la expresión de una relación de fuerzas en un momento dado. Entre las fuerzas creadoras del derecho se encuentran los intereses materiales o económicos, los principios religiosos y morales, las distintas ideologías, la tradición, los hábitos, las influencias exteriores e, incluso, los sentimientos (odio, miedo, venganza, fraternidad).

Los usos sociales pueden definirse como las prácticas admitidas, y no explicitadas legalmente, por una comunidad o por alguno de sus sectores, y, aunque varían según las épocas y los países, son numerosísimos y muy variados.

Los usos sociales pueden llegar a transformarse en normas jurídicas, cuando al elemento material de repetición se une la opinio juris (convencimiento de que ellos obligan jurídicamente).

El referido mecanismo, no es otra cosa que la transformación de usos sociales en costumbres jurídicas.

A tenor de lo anteriormente expuesto, la infracción de un uso social produce una sanción suigeneris, como puede ser, por ejemplo, la repulsa de la opinión pública por un hecho considerado socialmente como reprobable, o un enfriamiento más o menos grave del clima moral de la convivencia.

El duelo fue en su origen el medio reconocido por el derecho para ventilar ciertos litigios en forma de «juicio de Dios».

La propina, exponente de un extendido uso social, se ha resistido, por diversas razones, al intento de acabar con ella. Así, el tanto por ciento que sobre el precio del servicio nos cobran en muchos establecimientos, deriva de la propina como uso social.

A menudo, los usos sociales vienen impuestos por una presión de la comunidad, y su inobservancia va acompañada de sanciones que a veces son más temidas y eficaces que la propia sanción jurídica.

Se puede castigar con la expulsión o marginación del grupo social en el que se vive o con la reprobación pública por un acto determinado.

Entre usos sociales y derecho hay un permanente trasvase, más intenso en unas épocas que en otras, pero siempre considerable, de tal modo que el significado de un derecho no puede captarse en su plenitud si no se analizan esos usos sociales, ya que muchas veces sirven para matizar y explicar el propio contenido de las normas jurídicas.

FINES DEL DERECHO

Para una completa caracterización de lo que es el derecho, no basta con diferenciar las normas jurídicas de las normas morales, sino que habrá que plantearse cuáles son las funciones que el derecho desempeña en la existencia humana.

El fin último del derecho consiste en satisfacer unas necesidades sociales acordes con las exigencias de la justicia y de los demás valores jurídicos en ella implicados: reconocimiento y garantía de la dignidad personal del individuo, de su anatomía y libertades básicas, etcétera.

Pero también se habrá de averiguar cuáles son los tipos generales de necesidades humanas y sociales que todo derecho intenta satisfacer. A este aspecto determinado del derecho se le denomina funciones del derecho.

A lo largo de la historia y a través de las diversas doctrinas filosóficas y políticas se particularizaron los fines del derecho positivo. Así mismo, se establecieron las funciones del derecho como expresión jurídica de unos tipos de necesidades humanas y sociales consideradas como constantes: finalidad de seguridad y bienestar social, de resolución de los conflictos de intereses.

Todo ello quedó plasmado en una normativa de carácter impositivo.

En resumen, diremos que las necesidades que originaron la creación del derecho fueron: necesidad de orden y de organización social; necesidad de que ese orden diera satisfacción al sentido de justicia y a los demás valores implicados en ella.

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DERECHO POSITIVO Y DERECHO NATURAL

El hombre vive en sociedad conjuntamente con otros hombres. Esta vivencia en común, establecida en un lugar determinado, ha impuesto la selección de un conjunto de personas que tienen a su cargo garantizar a todos el orden y la seguridad a través de un gobierno.

Todo gobierno necesita contar con las atribuciones necesarias, y con la existencia de normas a las cuales deben sujetarse los individuos que componen esa comunidad. Dichas normas tienen el carácter de obligatorias, y constituyen las denominadas normas jurídicas.

El conjunto de estas normas jurídicas obligatorias, que reglamentan la actividad de los individuos en sociedad, constituyen el derecho propiamente dicho, y sirven también para aquellos que tienen a su cargo el gobierno del Estado.

Las reglas morales son obligatorias a la conciencia humana, no poseen la potestad de ser aplicadas coercitivamente, y constituyen lo que ha sido llamado DERECHO NATURAL, para diferenciarlo del anterior, denominado DERECHO POSITIVO.

Denominamos derecho positivo al conjunto de leyes vigentes en un país.

Se divide en dos grandes ramas:

a) El derecho positivo público es un derecho de subordinación, caracterizado por la desigualdad de los dos términos de la relación jurídica: el estado por un lado y los individuos, por otro.

b) El derecho positivo privado es un derecho de coordinación, en el cual los sujetos están ubicados en un plano de igualdad.

Se entiende por derecho natural aquel que surge de la naturaleza y que es revelado al hombre por la razón. El derecho natural fija los grandes principios, las líneas rectoras de la organización social, pero dentro de ellas caben soluciones distintas, aplicables a diferentes pueblos y épocas puesto que las circunstancias difieren.

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LAS FUENTES DEL DERECHO

La palabra fuente, en acepción metafórica, la encontramos definida como «principio u origen de una cosa». De este modo las fuentes del derecho, serán los principios y fundamentos del mismo, es decir, la forma que tiene de manifestarse, exteriorizarse y, en suma, dictarse el derecho en la sociedad humana.

Cada sistema jurídico tiene su propio sistema de fuentes, aunque muchos sistemas sean muy parecidos.

La ley es la principal fuente del derecho europeo y de aquellos países que en él se han inspirado, como los iberoamericanos y también de algunos países asiáticos y africanos.

En cambio, en el derecho inglés y sus derivados (derecho norteamericano y el de muchas de las antiguas posesiones y dominios británicos), aunque la ley es también fuente principal de su ordenamiento jurídico, junto a ella y como elemento más significativo está la doctrina establecida en las sentencias de los tribunales, que constituye la base del llamado Common Law y de la Equity.

La fuente principal del derecho internacional son los tratados o acuerdos entre estados, y no la ley.

Las fuentes del derecho romano se basaban en los acuerdos de las asambleas populares, en las decisiones del senado, en las órdenes emanadas de los emperadores, en los edictos de los magistrados (que eran ciudadanos revestidos de poder público) y en la doctrina de los juristas (ciudadanos especializados en el estudio del derecho). De esta última fuente procedía la mayoría de las normas aplicables.

El sistema de fuentes que rige en cada ordenamiento jurídico no es fruto del azar, sino consecuencia de múltiples factores: políticos, sociológicos e ideológicos. Tampoco es gratuito que la ley sea la fuente principal del derecho. Ello denota el creciente poder del Estado en toda la normativa jurídica.

EN SINTESIS:

Las fuentes clásicas son la ley, la costumbre, la jurisprudencia y la doctrina; actualmente se reconoce también el valor ele tal a los convenios colectivos de trabajo, los principios generales del derecho, la equidad y el derecho natural.

Geny en su obra «Método de interpretación y fuentes en derecho privado positivo», clasifica las fuentes del derecho en:

1) Fuentes formales: son la ley, la costumbre y lo que él llama tradición o autoridad, que son la jurisprudencia y la doctrina.

2) Fuentes no formales: cuando las fuentes formales no le dan al juez la solución del caso, debe acudir a las no formales. A manera de ejemplo, y sin limitar la actividad del juez, señala que debe tenerse en cuenta lo dispuesto por las leyes análogas, los principios de la moral cristiana, los principios en que se basa el derecho público y la organización social del pueblo.

Pero no es ésta una enumeración completa de las fuentes no formales, que según Geny no podrían formularse sin introducir limitaciones inaceptables a la labor del juez, éste debe sacar la norma aplicable al caso de un estudio profundo de la realidad social y de la naturaleza positiva de las cosas, mediante el método de la libre investigación científica.

La Ley:

la ley concepto del derecho

La palabra ley tiene, en lenguaje jurídico, diversos significados. En su acepción más amplia, el término ley se usa como equivalente a derecho, a norma jurídica en general. En una acepción más restringida, ley significa norma jurídica impuesta autoritariamente por el Estado. En un sentido todavía más limitado, esta palabra hace referencia sólo a un grupo de normas dictadas por el Estado.

Una nota común a todas estas acepciones es la consideración de la ley como la principal fuente del derecho.

La ejecución de las leyes corresponde al gobierno, para lo cual éste tiene la facultad de dictar normas que las desarrollen, aclaren o completen. A ello le llamamos «poder reglamentario», que se ejerce mediante las distintas formas que fija cada ordenamiento jurídico.

Características de la ley

Los autores coinciden en que son varias las características que configuran la ley.

La ley es imperativa, pudiendo presentarse el mandato jurídico tanto en forma positiva como negativa. No es necesario que todas las leyes estén redactadas de forma imperativa; es incuestionable que toda ley debe ser cumplida y esta sola consideración muestra el carácter imperativo de la misma.

Obligatoriedad en su cumplimiento, en cuanto no haya sido derogada por otra ley posterior. Es otra de las características que afecta a todos los implicados, incluso al mismo Estado creador de la ley. No obstante, para que esto sea posible, es necesario el previo conocimiento de la ley para poder cumplir su mandato.

De otro modo, ¿cómo podrían los ciudadanos ajustar su conducta a una ordenación que no conocen ni han podido conocer?.- La forma material de publicación de una ley la establece cada ordenamiento jurídico, procediéndose.

por lo general, a su inserción en el diario oficial, que indica también la fecha de entrada en vigor. A partir de este momento, el texto legal adquiere fuerza de obligatoriedad y nadie podrá eludirlo alegando desconocimiento, pues es de todos sabido que la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento.
Acompaña a la ley un elemento sancionador de las normas de derecho que establece. Ello se ha venido expresando tradicionalmente con la frase siguiente: «son nulos los actos ejecutados contra lo dispuesto en la ley, salvo los casos en que la misma ley ordene su validez».

Otra de las características de la ley es que sólo puede fijar normas para el futuro, a partir de su entrada en vigor, respetando de este modo los derechos que el ciudadano hubiere adquirido legítima y legalmente.

Los caracteres de la ley son los siguientes:

a) Generalidad: se trata de una norma dictada con carácter general, y no con relación a ciertas personas en particular.

b) Obligatoriedad: es la esencia de la ley; para asegurar su cumplimiento y real vigencia contiene siempre una sanción para el que la viole. Esta sanción en el orden civil puede ser la nulidad del acto contrario a la ley, la indemnización de los daños y perjuicios ocasionados a terceros, etc.

c) Competencia: debe emanar de autoridad competente. Así, por ejemplo, no es obligatorio ni tiene por ende el carácter de normas jurídicas, el decreto del Poder Ejecutivo relativo a materias que son privativas del Congreso, o las ordenanzas municipales que se refieren a cuestiones reservadas al Poder Ejecutivo nacional o provincial.

Clasificación de las leyes:

a) Las leyes rígidas son aquellas cuya disposición es precisa y concreta. Al aplicarlas, el juez no hace sino comprobar la existencia de ios presupuestos o condiciones legales, impone la única consecuencia posible, claramente fijada en la ley. Si, por ejemplo, falta la firma de los testigos, la escritura pública es nula.

b) Las leyes flexibles, son elásticas, se limitan a enunciar un concepto general, fluido. El juez al aplicar la ley, tiene un cierto campo de acción, dentro de cual se puede mover libremente. Así, por ejemplo, el art. 953 establece que los actos jurídicos no pueden tener un objeto contrario a las buenas costumbres.

Estas fórmulas elásticas, flexibles, tienden a difundirse cada vez más en la técnica legislativa moderna, que prefiere no aprisionar al juez con normas jurídicas rígidas, a las que un cambio de circunstancias puede convertir en injustas o inaplicables.

Las leyes pueden ser dejadas sin efecto o derogadas si son reemplazadas por otra u otras, total o parcialmente. Nuestro Código Civil establece que las leyes no pueden ser derogadas en todo o en parte sino por otras leyes.

La Costumbre

Es la fuente del derecho más importante después de la ley.

La costumbre (y usos) es la práctica efectiva y repetida de una determinada conducta. Por tanto también es una forma de crear normas jurídicas que reciben el nombre de consuetudinarias.

Los estudiosos del derecho coinciden de forma unánime en la gran importancia de esta fuente. Para importantes juristas, la costumbre es un acto creador del derecho que podría definirse de la manera siguiente: «por la costumbre, lo que es se convierte en lo que debe ser»; con lo que viene a demostrar que es un paso del terreno de los hechos al terreno del derecho.

La costumbre se diferencia del uso social en que la comunidad la estima obligatoria para todos (opinio necessitatis), de forma que de su cumplimiento deriva una responsabilidad de tipo jurídico, y no meramente una reprobación social.

En los derechos primitivos, tanto históricos como actuales, ha tenido y tiene una enorme importancia ya que en ellos es la única o la principal fuente del derecho.

También en derecho internacional la costumbre es una fuente básica, lo que denota su «primitivismo». Así, vemos como en la mayoría de los casos, los tratados de ámbito general reflejan y reglamentan costumbres ya establecidas.

No obstante, en los últimos tiempos, la costumbre internacional ha ido perdiendo importancia en favor del derecho de los tratados, pues la práctica internacional está siguiendo un proceso codificador a través de los convenios multilaterales.

En los modernos derechos estatales, sobre todo en los de tipo continental, la primacía de la ley ha reducido mucho la trascendencia jurídica de la costumbre, relegándola a fuente supletoria, sólo aplicable en defecto de ley.

Los usos y costumbres adquieren fuerza de ley, o se imponen como normas jurídicas, en dos casos admitidos especialmente:

1. Cuando las leyes supediten en forma expresa la aplicación de algunas de sus normas a los usos y costumbres imperantes.

2. Cuando se presenten situaciones que no se encuentren comprendidas en disposición legal alguna.

Elementos que caracterizan la costumbre

Los estudiosos de las ciencias humanas y sociales han analizado las causas por las cuales unos hechos sociales terminan siendo considerados como expresiones de normas obligatorias.

Dos son los elementos que caracterizan a esta importante fuente del derecho, los cuales están profundamente entrelazados.

Un elemento material, que consiste en la repetición de unos actos o prácticas por parte de los ciudadanos. Con ello se entiende que no cabe hablar de hechos aislados.

Al otro elemento caracterizador de la costumbre se le denomina subjetivo (opinio inris sive necessitatis), y no es otra cosa que ta convicción de los ciudadanos de que se encuentran ante una norma obligatoria jurídicamente.

Esta opinio iuris es un elemento imprescindible para establecer una teoría jurídica de la costumbre. La profesora de derecho internacional de la universidad de París, Brigitte Stern dice al respecto: «ya que a veces es suficiente creer en el amor para que exista, del mismo modo ocurre con la costumbre, es suficiente creer en el derecho para que exista».

Fundamento de la costumbre

El fundamento intrínseco de que la costumbre cree derecho se halla en la voluntad de la comunidad que la observa, en el sentido de que quiera aquella regulación.

La razón extrínseca de que la costumbre sea fuente en un determinado ordenamiento jurídico se basa en el hecho de que es acogida por el poder directivo de aquella comunidad, el cual dispone con qué derecho se ha de regular la vida de la comunidad admitiendo ciertas normas consuetudinarias.

La costumbre puede ser de diversas clases.

Por su difusión territorial, podrá ser general, regional o local, según se practique en todo el territorio al que se extiende el ordenamiento jurídico (por ejemplo, el español, el francés, el argentino, etc.) o, por el contrario, sólo tenga incidencia en una determinada región o lugar.

En muchos ordenamientos jurídicos se admite la costumbre local cuando no hay ley exactamente aplicable al punto controvertido.

En otros casos, el uso de la costumbre puede tener un carácter meramente interpretativo de la ley, pero entonces no se considera como norma jurídica o fuente supletoria del derecho, sino como interpretativa de una ley preexistente.

Prueba de costumbre

A diferencia de la ley. que basta alegarla para que sea aplicada por los tribunales, la costumbre ha de ser probada. Así, aunque es una norma jurídica, no ha sido dictada por el Estado, por tanto, a los jueces y tribunales puede no constarles su vigencia.

Para demostrar la existencia reai de una norma jurídica consuetudinaria, hay que probar el hecho de que esta costumbre se practica efectivamente.

Para ello, se admite cualquier medio de prueba: testifical, certificaciones de cámaras, colegios, sindicatos y hermandades, sentencias que la hayan reconocido y colecciones oficiales de costumbres. Todo ello tiene un carácter meramente probatorio, lo que dará lugar a la presunción de que existe la costumbre, salvo prueba en sentido contrario.

Jurisprudencia

Todo conflicto humano debe ser sometido a los jueces para su dilucidación. De lo contrario, el orden jurídico se vería reemplazado por la fuerza, lo que significaría el imperio del caos.

La sentencia es la decisión del magistrado, que pone fin al pleito y declara cuáles son los derechos de las partes. Tiene carácter obligatorio para éstas, y el vencedor puede pedir el auxilio de la fuerza pública para hacerla cumplir.

La jurisprudencia se encuentra constituida por el conjunto de sentencias del más alto tribunal de un país, y caracteriza el hábito de juzgar con ¡guales criterios una determinada cuestión.

Dichas sentencias tratan de corregir la deficiencia, incomprensión o confusión que pueden presentarse en la interpretación de las leyes, y constituyen otra de las fuentes de que se sirve el derecho.

Doctrina

Se entiende por doctrina a las opiniones que vierten autores de reconocidos antecedentes en el campo de la investigación del derecho, los que formulan determinadas tesis sobre casos concretos, perfectamente analizadas y sin la premura que tienen los jueces al juzgarlos.

Las características propias de las relaciones jurídicas entre los individuos hacen que el derecho evolucione a impulso de la acción judicial. En efecto, la insuficiencia legal origina la necesidad de que los jueces y tribunales suplan aquéllas sentando jurisprudencia, pero que sin perjuicio de ello se creen doctrinas de innegable valor que sirvan como fuentes del derecho.

OTRAS FUENTES:

1. EL DERECHO NATURAL: no solamente la ley debe ser conforme al derecho natural, sino que ante un vacío del derecho positivo, el juez puede encontrar la solución del caso en los grandes principios de aquél. Este problema se vincula con el de los principios generales del derecho.

2. PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO: el art.1 6 del Código Civil dice que «si una cuestión civil que no puede resolverse, ni por las palabras ni por el espíritu de la ley, se atenderá a los principios de leyes análogas, y si aún la cuestión fuera dudosa, se resolverá por los principios generales del derecho, teniendo en consideración las circunstancias del caso». Por principios generales del derecho debe entenderse a los principios superiores de justicia radicados fuera del derecho positivo, por donde este concepto se vincula con la idea del derecho natural.

3. EQUIDAD: hay quienes ven a la equidad como una fuente del derecho. Los jueces suelen invocarla para atenuar el rigor de una disposición legal, o para hacer imperar el equilibrio en una relación jurídica.

4. CONVENIOS COLECTIVOS DE TRABAJO: son un medio de resolver los complejos problemas laborales. Se han convertido en una verdadera fuente de derecho. Hasta 1953 estos convenios obligaban solamente a los patrones y obreros afiliados a los organismos gremiales que los habían suscrito. Pero la ley 14.250 introdujo una reforma realmente revolucionaria al establecer su obligatoriedad, una vez homologados por el Ministerio de Trabajo, para todos los epleadores y trabajadores de esa actividad, sean o no afiliados a la asociación o sindicato que los suscribió.

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LOS PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO

A pesar de que en los derechos actuales la importancia de las otras fuentes es muy inferior a la ley y la costumbre, algunas legislaciones reconocen como tercera fuente los principios generales del derecho, pero subordinados a la inexistencia de aquéllas (ley y costumbre).

Podemos definir a esta fuente del derecho como el conjunto de las ideas fundamentales que informan un derecho positivo contenido en leyes y costumbres. De esta manera se llenan las lagunas y vacíos que existían en el derecho legislado y consuetudinario, ya que la ley y la costumbre no prevén todos los casos que pueden presentarse en la práctica, sino los más corrientes e importantes.

El derecho internacional también constituye una fuente normativa que se sitúa en el mismo rango jerárquico que las otras dos fuentes de este ordenamiento: el tratado y la costumbre.

Para que estos principios generales tengan el valor de una prueba ante los tribunales, se aportarán los datos que prueben la vigencia del principio general en cuestión y la aplicabilidad del mismo al caso concreto.

Los principios generales como máximas jurídicas

Con frecuencia, los principios generales del derecho se formulan como máximas jurídicas. De tal forma que, entendidos dentro de sus justos límites, son utilizados por el tribunal al dictar las sentencias, con lo que queda patente su vigencia y validez.

Así ocurre cuando se dice: pacta sunt servando (los pactos deben ser respetados), in dubio pro reo (en caso de duda, se aplicará la norma más favorable al acusado).

En la doctrina romana se enunciaban como principios generales básicos: alterum non laedere, honeste vivere y sum cuique tribuere (no hacer daño a nadie, vivir honestamente y dar a cada uno lo suyo).

La jurisprudencia

Fue definida por el emperador bizantino Justiniano como «el conocimiento de las cosas divinas y humanas y ciencia de lo justo y de lo injusto».

Hoy se entiende por jurisprudencia, la doctrina emanada de los tribunales al aplicar las leyes a un caso concreto.

En los sistemas de derecho continentales o inspirados en ellos, la jurisprudencia no se considera fuente autónoma del derecho. En cambio para los sistemas anglosajones, las decisiones de los tribunales constituyen la fuente más significativa del derecho.

Históricamente, el derecho creado por los jueces tuvo una gran importancia. Pero un conjunto de factores hizo que a raíz de la Revolución Francesa se produjese una fuerte reacción contra la admisión de la jurisprudencia como fuente del derecho.

La supremacía total de la ley que proclamaba la revolución y el dogma de la separación de poderes hicieron que se asignara a los jueces únicamente la aplicación de la ley, y al poder legislativo su creación.

Así pues, desde la Revolución Francesa quedó consagrado en el continente el principio de que los jueces no pueden dictar normas generales y que sus sentencias sólo sientan derecho respecto a los casos concretos que deciden.

De todos modos, esto no se corresponde exactamente con la realidad, ya que la labor de los tribunales no se ha limitado —ni podía limitarse— a la aplicación mecánica de. las leyes, sino que ha tenido que adaptarlas con gran flexibilidad a las cambiantes necesidades sociales y a la infinita variedad de los problemas prácticos que la realidad plantea a diario.

Para el jurista, la jurisprudencia tiene tanta importancia como la ley, ya que sin ella no puede conocerse la auténtica fisonomía de un derecho.

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CLASIFICACION DEL DERECHO

El derecho positivo o conjunto de normas jurídicas vigentes en un estado puede ser clasificado desde distintos puntos de vista.

Así, según se refiera principalmente al interés de la sociedad o del Estado, o al de los particulares, puede ser clasificado en derecho público o derecho privado, respectivamente.

Ramas del derecho:

A) DERECHO CONSTITUCIONAL: es aquel que comprende las normas referentes a la organización del Estado y sus habitantes, estableciendo sus derechos y garantías a través de la interpretación de los principios y declaraciones contenidas en la Constitución Nacional.

B) DERECHO ADMINISTRATIVO: se refiere a la regulación de la Administración del Estado fijando las relaciones entre el Poder Administrador y los distintos individuos a efectos del establecimiento de un régimen que permita al Estado el cumplimiento de sus funciones como tal.

C) DERECHO PENAL: tiende al establecimiento de medidas preventivas, que aseguren el orden social contra todo hecho individual que configure un delito, fijando a su vez penas, para quienes transgreden dichas normas.

D) DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO: permite regular las relaciones de los Estados entre sí como formando parte de una comunidad de naciones; la organización y funcionamiento del servicio diplomático, la celebración de tratados entre naciones son, entre otras, algunas manifestaciones de las normas jurídicas comprendidas en esta rama del derecho.

E) DERECHO CIVIL: es una de las ramas más importantes del derecho privado por cuanto es el que regla las relaciones de las personas entre sí y de éstas con el Estado, y contiene normas erentes a las personas, a ¡a familia, a la propiedad, etc.

F) DERECHO COMERCIAL: contiene normas específicas referentes a las relaciones jurídicas que nacen del ejercicio del comercio y son aplicables a los comerciantes y a los actos de comercio.

G) DERECHO PROCESAL: cuyo fin primordial es todo lo referente a la organización de la justicia y al modo de administrarla, fija a través de los Códigos de Procedimientos la forma en que deben sustanciarse los distintos juicios ante la respectiva jurisdicción.

H) DERECHO LABORAL: surgido a través del constante desarrollo industrial, contiene normas que tienden a proteger al trabajador en relación de dependencia, fijando claramente los derechos y obligaciones tanto de éste como de los empleadores.

I) DERECHO INTERNACIONAL PRIVADO: esta rama del derecho incursiona en aquellas relaciones jurídicas que se originan o desenvuelven en jurisdicciones de distintos Estados y, en consecuencia, no pueden ser resueltas por las leyes de un solo país.

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MODOS DE CONTAR LOS INTERVALOS DEL DERECHO

En el derecho los plazos tienen una importancia sustancial para el ejercicio de determinadas cuestiones, sobre todo aquellas vinculadas a la adquisición de ciertos derechos o al tiempo en que deben ser cumplidas ciertas obligaciones.

Por este motivo, nuestro Código Civil ha puesto especial énfasis al determinar el modo en que deben ser contados los intervalos en derecho: Se realizará para todos los efectos legales según el calendario gregoriano. Los intervalos del derecho se contarán en días, meses y años de ese calendario. Su nombre se debe a que entró en vigencia bajo el Papa Gregorio XIII en 1582.

Hasta esa fecha regía el calendario juliano, implantado por Julio César, conforme al cual el año se dividía en doce meses, y contaba con 365 días, debiendo intercalarse un día más cada cuatro años.El art 24 dice «el día es el intervalo entero que corre de medianoche a medianoche, y los plazos de días no se contarán de momento a momento, ni por horas, sino desde la medianoche en que termina el día de su fecha.»

Sin embargo, la ley o las mismas partes (art. 29 Cód. Civ.) pueden resolver que el plazo se compute por horas, en cuyo caso se contará de hora a hora.
El Código Civil no prevé el caso de los plazos por semana, a diferencia del alemán y el código suizo de las obligaciones.

Los art. 25 y 28 disponen la manera de contar los períodos de meses y años. El primero establece que «los plazos de mes o meses, de año o años, terminarán el día que los respectivos meses tengan el mismo número de días de su fecha.»

Todos los plazos serán continuos y completos, debiendo siempre terminar en la medianoche del último día, y así, los actos que deben ejecutarse en o dentro de cierto plazo, valen si se ejecutan antes de la medianoche en que termina el último día del plazo. Los plazos que señalen las leyes o los tribunales, y los decretos del gobierno comprenderán los días feriados, a menos que el plazo señalado sea de «días útiles».

Las partes, pueden convenir en sus contratos que el plazo se computará de una manera distinta. Del mismo modo, las leyes provinciales, los decretos nacionales y provinciales, y las ordenanzas municipales, pueden apartarse de estas normas, que sólo se aplican en caso de silencio de las leyes especiales o locales y de las partes en los contratos.

Fuente Consultadas:
Derecho Nivel Polimodal – Lonra y Borroni – Editorial Editex
Enciclopedia Universal de Ciencias Sociales – Editorial Océano – Entrada: Hitoria del Derecho
Enciclopedia COSMOS Volumen IV El Derecho Jurídico

Trabajo Minero y Agricola en Roma Antigua

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: TRABAJO MINERO Y AGRÍCOLA

Los romanos asimilaron rápidamente los avances técnicos realizados por griegos y egipcios en la minería. Las minas eran explotadas a cielo abierto y en pozos o galerías como se puede comprobar en España, con los distritos mineros de Las Omañas, Las Médulas, Cástulo o La Valduerna.

Una de las técnicas más empleadas era el derrumbe de montañas, procediendo después al lavado de mineral con agua, en ocasiones procedente de 40 kilómetros.

De los diferentes distritos mineros salía el metal puro fundido, por lo que se realizaban in-situ todas las operaciones, lo que conllevaba la participación de un amplio número de trabajadores.

la vida cotidiana en roma antigua

 

mineria roma antigua

No en balde, sabemos que en las minas de Cartagena llegaron a trabajar unas 40.000 personas. Como es lógico pensar, el trabajo en la mina era tremendamente duro. La mayoría de los mineros eran esclavos o trabajadores dependientes e incluso libres que trabajaban por el beneficio obtenido o como una forma de liberación de impuestos.

Las tropas acantonadas en las cercanías de las minas, además de proporcionar seguridad a la explotación, servían para realizar tareas de asesoramiento técnico y construcción de infraestructuras. Este tipo de tareas eran dirigidas por los procuradores imperiales que también tenían a su cargo la administración y la vigilancia de la explotación.

La gestión de las minas dependió del momento. En un principio, el Estado tenía bajo su control la explotación pero desde los primeros años del siglo II a.C. se utilizó un sistema mixto: arrendamiento para todos los metales excepto las minas de oro que dependían directamente del Estado (las de plata en algunas ocasiones también eran de propiedad estatal). Los servicios que rodean a las minas -baños, zapatería, ferretería, etc.- eran ofrecidos por el Estado en régimen de alquiler.

La Familia en Roma Antigua El Matrimonio y los hijos en Roma

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: LA FAMILIA – EL MATRIMONIO

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EL HOMBRE Y LA MUJER LIBRE: El romano en su casa era dueño absoluto de su familia y de sus esclavos. La autoridad paternal era muy grande, y durante mucho tiempo tuvo el padre derecho de vida y muerte sobre los suyos.

En la ciudad era ante todo un ciudadano. No se dedicaba, como el griego, al comercio, sino a los negocios públicos. Si era acaudalado, recibía por la mañana a sus clientes, escuchaba sus peticiones y les distribuía consejos o socorros. Después iba al Foro, donde tomaba asiento en el senado o en el tribunal. Si era pobre, se inscribía como cliente de un rico, lo escoltaba en público y lo sostenía con su voto en las elecciones.

Las distracciones eran raras. Por la tarde jugaba a la pelota o iba a los baños que eran, como el café moderno, la cita de los ociosos. Sólo algunas procesiones religiosas y algunos juegos del circo alteraban a veces la monotonía del año. Esa vida convenía a un pueblo de propietarios rurales; pero las costumbres fueron modificándose muy de prisa en Roma como se verá más adelante, hasta que en la época del Imperio se convirtió en verdadera ciudad de placeres.

El papel de la mujer era más importante en Roma que en Grecia. Gobernaba también la casa, pero tenía más autoridad que la mujer griega, porque estaba más asociada a la vida de su marido. Se la felicitaba porque cuidaba del gobierno de la casa e hilaba la lana, pero en realidad hacía más que eso. Compartía los honores que se tributaban a su esposo, aparecía con él en público, en las ceremonias y los juegos, y estaba rodeada de consideraciones; era en fin la señora, la matrona. En la casa, no estaba confinada en sus habitaciones, sino que tomaba parte en las comidas y recepciones. Su influencia, aunque no reconocida por la ley, de hecho era muy grande. Catán tuvo la prueba cuando quiso acabar, por medio de una ley, con el lujo de las mujeres. Los ciudadanos no se atrevieron a votar el proyecto a vista que sus esposas estaban en la Asamblea.

LA FAMILIA EN LA REPUBLICA : El fundamento del estado romano era la familia, y el de la familia, el matrimonio. Cuando los patricios eran los únicos ciudadanos, sólo existía un matrimonio el matrimonio religioso, la confarreación, que consistía en ofrecer un sacrificio esparciendo farro sobre la víctima y en comer después los esposos una torta de farro Esta ceremonia la presidía el flamen de Júpiter. En seguida, la esposa vestida de blanco y cubierta la cara con un velo rojo, era conducida a son de flautas y cánticos a casa del esposo, que la hacia transponer el umbral levantándola en vilo, para simular un rapto. De esa manera la separaba de los dioses de su propia familia y la unía a los de su nueva casa.

Cuando los plebeyos conquistaron la igualdad, se instituyó para ellos un matrimonio civil, la coemptio, que fué substituyéndose poco a poco por el matrimonio religioso. Consistía en una venta simulada hecha delante de un magistrado: el esposo tocaba una balanza con una moneda de cobre que seguidamente ofrecía a los padres de la prometida, como precio de su mujer.

Las mujeres tenían una dote que el marido habla de devolver en caso de divorcio; y los divorcios, raros en su origen, fueron aumentando a medida que las antiguas costumbres iban alterándose. Primitivamente, el marido podía, en virtud de su derecho de jefe de familia, repudiar a su mujer. La mujer, a su vez, pudo más tarde pedir la separación. El filósofo Séneca, en tiempo del Imperio, decía indignado: e Las damas nobles se divorcian para volver a casarse, y contraen nuevo matrimonio para divorciarse otra vez.

EL HIJO: El hijo recibía el apellido del padre, es decir era reconocido por éste una semana después de su nacimiento, el día llamado de la purificación. Era generalmente criado y educado por la madre, hasta el momento en que iba a la escuela. Se le suspendía al cuello una bolsita o bula, que contenía amuletos contra el aojo, y que conservaba hasta el día en que abandonaba la toga pretexta para ponerse la viril. Esta ceremonia de la mayor edad se verificaba ante el altar de los lares, cuando tenía diez y siete años; pero aun declarado mayor de edad, continuaba bajo la potestad de su padre.

En la escuela, aprendía a leer, a escribir y a contar bajo la dirección de profesores severos que lo castigaban con azotes por la menor falta. Los niños ricos tenían preceptores en casa de sus padres. La música y la gimnasia eran artes de entretenimiento y lujo. Después de la enseñanza primaria, los jóvenes romanos recibían la literaria que comprendía el estudio de la Ley de las Doce Tablas , el de los poetas griegos y el de los escritores latinos, porque se trataba de formar administradores y oradores. Así el que un joven romano explicara poco más o menos los mismos textos latinos y griegos que un joven de la época actual, que hace sus estudios clásicos.

familia romana

LA FAMILIA ROMANA EN EL BAJO IMPERIO: Alrededor del siglo II d. de C., ocurrieron cambios significativos en el seno de la familia romana. Los fundamentos de la autoridad del paterfamilias sobre su familia —que ya habían comenzado a debilitarse en los últimos días de la República— se socavaron todavía más. El paterfamiliasya no tenía autoridad absoluta sobre sus hijos; ya no podía venderlos como esclavos o matarlos. Es más, la autoridad absoluta del esposo sobre su cónyuge se había desvanecido, práctica que también comenzó en las postrimerías de la República. En el Antiguo Imperio, la idea de un cónyuge guardián se debilitó de manera importante, y para finales del siglo u d. de C. se había vuelto una mera formalidad.

Las mujeres romanas de las clases altas disfrutaban de considerable libertad e independencia. Habían adquirido el derecho a poseer, heredar y disponer de propiedades. Las mujeres de las clases altas eran libres para asistir a las carreras, al teatro y a espectáculos del anfiteatro, aunque en los dos últimos lugares se les obligaba a sentarse en secciones para mujeres.

Es más, las damas de alcurnia se hacían acompañar de doncellas y de matronas cuando salían. Algunas mujeres manejaban negocios, como compañías de embarques. Las mujeres todavía no podían participar en la política, pero el Antiguo Imperio fue testigo de un número importante de mujeres que influyeron en la política a través de sus esposos, por ejemplo: Livia, la esposa de Augusto; Agripina, la madre de Nerón, y Plotina, la esposa de Trajano.

A finales del primer siglo y comienzos del segundo hubo una disminución apreciable en el número de niños, tendencia que se había iniciado al final de la República. Fue particularmente evidente el incremento de matrimonios sin hijos. A pesar de las leyes imperiales dirigidas al incremento de niños, la baja tasa de nacimiento persistía.

La clase alta romana no sólo continuó utilizando el infanticidio; utilizaba también los anticonceptivos y el aborto para limitar la familia. Existían muchas técnicas anticonceptivas. Aunque muy solicitados, los amuletos, las fórmulas mágicas y las pociones para inducir la esterilidad temporal demostraron ser ineficaces, al igual que el método del ritmo, ya que los médicos romanos creían que una mujer era más fértil justo cuando la menstruación estaba concluyendo.

Una práctica más confiable consistía en el uso de aceites, ungüentos y lana suave para obstruir la abertura del útero. También se utilizaban técnicas anticonceptivas para varones. Una primitiva versión de condón sefabricaba con la vejiga de una cabra , pero su precio loo hacia prohibitivo. Aunque las fuentes medicas no lo mencionan , los romanos también practicaban el ubicuo coitus interrumptus. También se practicaba el aborto ya sea por la ingestión de drogas o mediante instrumentos quirúrgicos. Ovidio fustiga a Corina: «Oh, mujer porque apuñaláis y agujereáis con instrumentos  y ofreces venenos espantosos a vuestros hijos aun no nacidos»

La fama atribuye a los romanos cometer grandes excesos en la comida y la bebida. Pero sólo el patriciado gozaba de tanta abundancia. El romano medio tenía dificultades para conseguir comida barata y fresca. En el mercado, la oferta era de mala calidad. Por eso se apelaba a distintos recursos para olvidar que se ingería comida en descomposición: las hierbas aromáticas ayudaban a disimular el olor desagradable y el «garum«, salsa de pescado muy fuerte, compensaba el mal gusto.

Por lo general, el desayuno consistía en pan y agua, y el almuerzo, en carne y fruta con vino. La comida principal era la cena, que, para los patricios, constituía un pequeño acontecimiento social. El panorama era radicalmente distinto entre los necesitados. Los pobres carecían de cocina en sus viviendas, lo que los obligaba a adquirir en el mercado productos idóneos para ser consumidos en el momento. El descontento por la escasez de comida era tan grande, que los emperadores instituyeron días de reparto de alimentos gratuitos.

 

Los Dioses Romanos La Religion en Antigua Roma Significado

Religion y los Dioses Romanos y Significado en Antigua Roma

la vida cotidiana en roma antigua

La religión oficial romana se centraba en rendir culto a un panteón de dioses y diosas, entre otros a Juno, la diosa patrona de las mujeres; Minerva, la diosa de los artesanos; Marte, el dios de la guerra; y Júpiter Optimus Maximus (el mejor y el más grande), que se convirtió en la divinidad patrona de Roma y asumió un lugar central en la vida religiosa de la ciudad.

Conforme Roma se desarrollaba y entraba en contacto con otros pueblos y dioses, la comunidad, simplemente, adoptó nuevos dioses.

Así, el Mermes griego se convirtió en el romano Mercurio, y la griega Démeter se transformó en Ceres. En las postrimerías del siglo III a. de C., ocurrió más bien una completa fusión de las religiones griega y romana.

En general, los romanos fueron tolerantes con los nuevos cultos religiosos y sólo en forma ocasional los prohibieron.

LOS DIOSES ROMANOS

Cada aspecto de la sociedad romana estaba permeado por la religión. La religión romana se centró en la adoración de los dioses debido a una razón muy práctica: los seres humanos creían que dependían por completo de los dioses.

El desempeño exacto del ritual resultó crucial para establecer una relación correcta con los dioses. Lo que era cierto para los individuos, lo era también para el estado.

Los romanos, como todos los pueblos antiguos, creían en seres invisibles, mucho más poderosos que los hombres, los dioses.

Se figuraban a la mayor parte de ellos establecidos cada uno en un lugar, una montaña, un bosque, una roca, un río, o aún en una fuente o un árbol. Aquellos dioses locales se contaban por miles.

De donde sale la chanza del novelista Petronio en el Satiricón. Una buena mujer que vive en una campiña casi desierta, dice: «Nuestra comarca está tan llena de dioses que es mucho más fácil en ella encontrar un dios que un hombre».

Se creía también en divinidades extendidas por el mundo, que dirigían cada una, una clase de fenómenos.

dios romano jupiter

Júpiter, considerado el más poderoso de todos, era el dios de la luz y de la tempestad, el dios que lanzaba el rayo. El templo más grande de Roma, en el Capitolio, estaba consagrado a Júpiter, el mejor el más excelso, óptimo, máximo, que protegía especialmente al pueblo romano.

dios romano jupiter

Juno era la diosa del matrimonio, diosa de la luz, patrona de las mujeres romanas. Se la representó más tarde como esposa de Júpiter.

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Marte, dios de la guerra, era el padre del pueblo romano. Los sabinos le llamaban Quirinus (en Roma era adorado también un Quirinus). El lobo era el animal sagrado de Marte.

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Vesta era la diosa del hogar.

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Jano, que se representaba con dos caras, tenía por función abrir el año.

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Saturno era el dios de los latinos.

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Minerva, adorada en Etruria, era la diosa de la razón, de la reflexión y de los recintos fortificados.

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Vulcano, dios de la forja, era ei patrono de los herreros.

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Neptuno era el dios del mar.

dios ramano

Venus, la diosa de los jardines y de la fecundidad.

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Ceres, la diosa de los trigos y de la cosecha. Diana, la diosa de las selvas y de la caza. Liber, el dios de la viña.

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Mercurio, el dios de los viajeros y de los mercaderes.

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Hades, el dios de la morada subterránea a donde iban las almas de los muertos.

La Tierra, el Sol, la Luna eran también dioses.

Habían en los bosques dioses, en las cercanías de las guentes, diosas, los Silvanos, los Faunos, las Ninfas y las Camenas (a las que más tarde se confundió con las Musas griegas).

Había divinidades protectoras del ganado, una para los bueyes (Bubona), una para los caballos (Equina), una para los carneros (Pales), una divinidad de las flores (Flora), una de los frutos (Pomona).

Había un dios, Terminus, para los mojones que marcaban los límites entre las propiedades.

Cada casa tenía un espíritu que la protegía, el Lar; cada hombre tenía su genio que le guardaba.

Había también una divinidad especial para cada una de las partes de la casa: Forculus para la puerta, Limentinus para el umbral, Cardea para los goznes.

Había una para cada acto de la vida. Cuando se criaba un niño, Educa y Potina le enseñaban a mamar, Cuba a acostarse, Statanus a tenerse en pie, Abeona y Adeona a andar, Fabulinus a hablar.

Cuando iba a la escuela, Iterduca le conducía, Domiduca le volvía a casa, Ossipago le hacía endurecer los huesos. Todos estaban inscritos en la lista de Jos indigitamenta, que daba los nombres de los dioses.

Se hacían también divinidades con cualidades personificadas, la Pax, la Victoria, la Buena Fe, La Esperanza, la Concordia, la Piedad. La más venerada era la Fortuna, diosa del éxito. Había templos de la Fortuna pública, de la Fortuna femenina, de la Fortuna de los caballeros.

Los romanos no trataban de representarse la forma de sus dioses, y durante mucho tiempo no tuvieron estatuas de ellos.

Adoraban a Marte representado por una espada; a Quirino, por una lanza; a Júpiter, por una piedra.

No se los imaginaban quizá semejantes a los hombres, no se los figuraban casados unos con otros, o reuniéndose, como hacían los griegos. No contaban sus aventuras.

Los llamaban numen (manifestación). No se les conocía más que como la manifestación de un poder divino incógnito. Lo cual explica que no tuvieran forma humana, ni genealogía, ni historia.

Los romanos, desde los tiempos antiguos, adoptaron algunas de las creencias y de las prácticas de sus vecinos, de los etruscos y de los griegos (sobre todo de los griegos de Cumas).

Pusiéronse a adorar a algunos de los dioses griegos, Apolo, Latona, Heracles, que ellos llamaron Hércules, Castor y Pólux. Los adoraban según el rito griego, con la cabeza descubierta y coronada de laurel.

Más tarde los romanos, a imitación de los etruscos y de los griegos, tuvieron estatuas de madera, luego de piedra, que representaban a las divinidades y llegaron a  ser ídolos a los que se adoraba. Entonces los dioses romanos se confundieron con los dioses griegos y se les atribuyeron la misma forma y las mismas aventuras.

Relación de Nombres Entre Dioses Griegos y Romanos

los dioses romanos

EL CULTO

No amaban mucho los romanos a sus dioses y no pensaban que los dioses tuvieran el deseo de ser amados por los hombres. Su religión no exigía ninguna manifestación de amor.

La divinidad no les inspiraba otro sentimiento que el miedo. Les bastaba saber que los dioses se manifestaban a veces como seres poderosos, que podían hacer mucho bien o mucho daño y que, por consiguiente, era prudente lograr su amistad.

El culto era un cambio de servicios. El hombre llevaba al dios regalos y esperaba en recompensa que el dios le concediese provechos. Es lo que ingenuamente dice un personaje de Plauto: «aquel a quien los dioses son favorables le hacen ganar dinero».

Los romanos creían que los dioses tenían en mucho ciertas formas antiguas, y que les enojaría grandemente que fueran cambiadas. Mostraban gran cuidado, por tanto, en hacer exactamente todo según los ritos (así se llamaba a las reglas del culto).

Se ofrecía a los dioses sobre todo alimentos. Los líquidos, la leche o el vino, se derramaban en el suelo, y a esto se decía hacer una libación.

Las frutas, las tortas se depositaban en el altar. Se creía que lo que más les agradaba eran los animales, sobre todo los carneros, cerdos y bueyes. El animal debía ser matado ceremoniosamente. Es lo que significaba la palabra sacrificar (hacer una ceremonia sagrada).

Para hacer un sacrificio había que elegir un animal sin tacha, un buey blanco para Júpiter, un carnero negro para un dios de los infiernos. Se le llevaba delante del altar, que era un montículo al aire libre.

Se le rodeaba la cabeza con cintas, se le ponía en la frente una bola de harina salada, la mola salsa (de donde ha venido la palabra inmolar, que ha tomado la significación de matar). Se le hería con un cuchillo o un hacha, según los casos.

Luego se ponía la grasa y los huesos encima del altar y se encendía fuego. La carne se guardaba para comerla.

El sacrificio iba comúnmente acompañado de una oración para pedir al dios un favor.

La oración no era un voto de fe o de amor, como elevación del aima hacia el dios, sino una petición interesada, siempre acompañada de una ofrenda. Se creía que los dioses no escuchaban al suplicante que no ofrecía nada.

El que oraba había de llevar vestidos limpios, porque los dioses apreciaban la limpieza exterior, mantenerse de pie, la cabeza cubierta con un velo, y empezar invocando al dios.

Los romanos creían que los dioses tenían un nombre secreto que los hombres ignoraban.

«Nadie, decían, sabe los verdaderos nombres de los dioses». Se invocaba, por tanto, al dios empleando el nombre usual, pero añadiendo una salvedad.

Se decía, por ejemplo: «Júpiter, muy bueno, muy grande, si es que no prefieres ser llamado con otro nombre».

Se manifestaba luego lo que se pedía al dios teniendo cuidado de servirse siempre de palabras muy claras y precisas. Dor miedo a verse comorometido sin Quererlo con el dios.

Al derramar una libación se decía: «Recibe la ofrenda de este vino que vierto», para que el dios no pudiera reclamar otro.

El culto se concebía como un Contrato entre el dios y el hombre, en el que cada uno quedaba obligado por los términos del contrato.

No era ¡lícito tratar de engañar al dios. Una leyenda representa al rey Numa discutiendo con Júpiter: «Me sacrificaréis una cabeza, dice el dios. Bien, responde Numa, una cabeza de ajos de mi huerta. —No, quiero una cabe de hombre—.

Se te dará la punta de los pelos. —No, necesito un ser vivo—. Se añadirá un pescadito». Júpiter se ríe y acepta.

Cuando el hombre, después de haber hecho una ofrenda, no recibe lo que esperaba, se queja de haber sido engañado por el dios, como el campesino italiano de nuestros días injuria al santo en devoción al cual ha hecho arder velas sí no le da lo que pide.

Se tenía cuidado de dirigirse al dios al cual se creía más capaz de prestar el servicio pedido, a Ceres para obtener una buena cosecha, a Neptuno para tener una buena navegación.

Varrón decía: «Tan útil es saber qué dios puede ayudarnos en los distintos casos como saber dónde viven el carpintero o el panadero».

Los particulares hacían sacrificios y oraciones por el éxito de sus asuntos propios.

El gobierno de Roma los hacía por el de los asuntos del pueblo romano, no se osaba emprender ningún acto público importante (guerra, paz, edificaciones) sin una ceremonia para pedir a los dioses que asegurasen el buen éxito.

EL PANTEON DE LOS DIOSES ROMANOS

EL PANTEÓN DE AGRIPA El primer templo era rectangular, al igual que el de la Concordia del Foro romano. Estaba construido con bloques de travertino y revestido en mármol. Los capiteles eran de bronce y la decoración incluía cariátides y estatuas frontales. En el interior del pronaos, había sendas estatuas de Augusto y Agripa. Por Dio Casio se sabe que la denominación de Panteón no era la oficial del edificio, y que la intención de Agripa era crear un culto dinástico, probablemente dedicado a los protectores de la «gens» Julia: Marte, Venus y el «Divo» Julio, es decir, Julio César divinizado. El edificio padeció los daños de un incendio en el año 80 y fue reparado por Domiciano, aunque sufrió una nueva destrucción en tiempos de Trajano, en 110.

Dentro del panteón romano encontramos cuatro agrupaciones que tenían la función de representar al Estado: la triada Júpiter-Marte-Quirino, la triada capitolina constituida por Júpiter, Juno y Minerva; y los doce dioses principales: Vesta -diosa del fuego del hogar-, Juno -diosa del matrimonio y del hogar, hermana y esposa de Júpiter-, Minerva -diosa de la inteligencia, de la sabiduría y de las artes-, Ceres -diosa de la agricultura-, Diana -diosa de las doncellas, de los bosques y de la caza-, Venus -diosa de la belleza y del amor, esposa de Vulcano y amante de Marte-, Marte -dios de la guerra-, Mercurio -dios del comercio, de la elocuencia y de los ladrones, mensajero de los dioses-, Júpiter -dios supremo-, Neptuno -dios del mar-, Vulcano -dios de los infiernos, del fuego, del metal y de la fragua- y Apolo -dios de los oráculos, de la juventud, de la belleza, de la poesía, de la música y de las artes-.

En la mitología romana, Minerva es la diosa de la sabiduría, las artes y las técnicas de la guerra, además de protectora de Roma y patrona de los artesanos. Se corresponde con Atenea en la mitología griega. Ovidio llamó a Minerva la «diosa de las mil obras» Fue adorada en toda Italia, aunque sólo en Roma se asoció con la guerra. En una ocasión, se enfrentó a Aracne para comprobar cuál de las dos tejía más rápidamente y mejor. Según cuenta Ovidio en «Las metamorfosis» cuando Minerva vio la superioridad de Aracne, le entraron tantos celos que decidió convertirla en una araña, lo cual le dio fama de cruel. Esta escena fue representada por Velázquez en su famoso lienzo «Las hilanderas»

La triada Ceres-Libero-Libera representaba a los plebeyos. Con el fin de festejar a todos los dioses en los templos y los lugares sacros, los romanos establecieron un calendario, originalmente ligado a la agricultura. El mes se dividía en dos fases, siguiendo el esquema del calendario lunar.

Cada mes estaba dedicado a una divinidad, existiendo días festivos propios para cada dios. Los meses de febrero y diciembre correspondían a los inicios del año por lo que se celebraban las llamadas fiestas caóticas.

También se consideró que el 21 de abril era otro comienzo de año para festejar el nacimiento de Roma.

Junto al culto público, los romanos presentaban un culto privado, más personal e intimista. El pater familias era el responsable de los ritos dirigidos a las divinidades domésticas: los lares y los penates.

Además, cada individuo rendía culto a su genio personal. Las ideas de ultratumba apenas influían en el conjunto de la religión ya que bastaba con que el difunto fuera enterrado con las debidas honras fúnebres.

El cadáver se transformaba en sombra y pasaba a formar parte del reino de los manes, los dioses de la muerte. (Este concepto sufrirá una profunda transformación cuando en el Imperio Romano entre con fuerza el cristianismo).

Casi inadvertidos entre los practicantes de tantas religiones prometedoras de vida eterna, perdidos en el fárrago de la Roma imperial de los cesares Antoninos, algunos hombres se reunían clandestinamente para celebrar con unción los sencillos oficios exigidos por una nueva fe que ellos habían abrazado: el cristianismo.

EL CRISTIANISMO: Sobre este trasfondo religioso «pagano» avanzó el cristianismo. A su culto se incorporaron no pocos elementos de las antiguas creencias. A principios del siglo IV, Constantino I puso fin a la clandestinidad de los cristianos, otorgándoles ciertos privilegios y permitiéndoles la construcción de grandes templos.

En 313, a través del Edicto de Milán, el emperador decretó la libertad de culto para los cristianos y el fin del paganismo como religión oficial del Imperio. El Edicto de Tesalónica fue hecho público por el emperador romano Teodosio el 24 de noviembre de 380. Mediante este texto legal, el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano. (ver: Cristianismo)

PARA SABER MAS…

EL IMPERIO ROMANO era tolerante con las religiones mientras no pusieran en duda el culto oficial a los viejos dioses romanos o la divinidad del emperador. La religión romana era más bien fría, por lo que no es de extrañar que las religiones más emocionales y espirituales empezaran a ganar popularidad.

OTRAS RELIGIONES
El culto a Mitra, el dios persa de la luz, concedía una gran importancia al amor fraternal y era especialmente popular entre los soldados romanos. El culto a Isis, una diosa egipcia, atraía a muchas mujeres romanas.

En cambio, el cristianismo se extendió rápidamente entre las clases menos privilegiadas porque proclamaba que Dios consideraba iguales a todos los hombres, ya fueran esclavos, hombres libres o mujeres.

OPOSICIÓN
Los primeros grupos de cristianos eran vistos con recelo por las personas de religión politeísta (que adoraban a más de un dios).

Algunas de las razones para estas sospechas eran que los cristianos no consumían la carne sacrificada en templos paganos (se creía que se reunían en secreto para celebrar extraños banquetes caníbales) y tampoco asistían a los violentos espectáculos públicos.

Las persecuciones eran constantes y algunos cristianos eran torturados e incluso llegaban a morir; sin embargo, el cristianismo siguió extendiéndose por todo el imperio.

INQUIETUD
En las épocas de incertidumbre, con la amenaza de las invasiones de los persas y los bárbaros, todos los emperadores buscaban el apoyo de un dios poderoso que librara a Roma del desastre.

El emperador Diocleciano (245-313) declaró a Mitra, su dios favorito, como el protector del imperio. En cambio el emperador Constantino (280-337) eligió al dios de los cristianos.

CONSTANTINO
En el 312, mientras se dirigía hacia Roma para arrebatársela a un enemigo, Constantino vio un signo cristiano sobre la superficie del sol y en latín pronunció estas palabras: «En este signo estará tu conquista». El ejército de Constantino venció la batalla en el puente Milvio, sobre el río Tíber. En poco tiempo el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio romano.

La filosofia en Roma Antigua Imperio Romano de Occidente

La filosofía en Roma Antigua

la vida cotidiana en roma antigua

Una política tan agitada como fue la romana, forzosamente tuvo que dar origen a grandes oradores públicos que pudieron hacer sus primeras armas en el Senado y en el foro. Catón, Escipión el Africano, y los Gracos alcanzaron fama en la época anterior al nacimiento de Cristo, pero ninguno de ellos tuvo el renombre de Marco Tulio Cicerón (107-43), escritor, soldado, político y orador, una de las figuras más preclaras de la Roma anterior al Imperio.

Había nacido el año 107 a. J. C., y mientras ejerció el cargo de cónsul atacó duramente a Catilina, que pretendía rebelarse, en sus famosas Catilinarias. Del mismo modo fustigó a Marco Antonio en sus Filípicas, ya que Cicerón era enemigo del triunviro Marco Antonio.

Marco tulio Cicerón

Entre sus escritos didácticos destacan De la vejez, La República y numerosas epístolas. En el Siglo de Oro de la literatura latina aparecieron notables historiadores, como Julio César, que relató la Guerra de las Galias de la que fue protagonista y que no siempre transcribió con imparcialidad. En el siglo anterior a nuestra Era, Tito Livio (58-17 a.C.) escribió una Historia de Roma que consta de 142 libros, de estilo muy depurado y más imparcial que las obras de César.

A partir del siglo I de nuestra Era se inicia la decadencia romana, pero aún surgen figuras extraordinarias, entre las cuales no es posible olvidar a un español, el cordobés Séneca (4-65) que había sido maestro de Nerón y a quien éste obligó a cortarse las venas el año 65. Fue un filósofo estoico y un hombre recto y noble. Escribió De la ira y Epístolas a Lucilio.

Fruto de la época fue la aparición de numerosos escritores satíricos, entre los cuales los más conocidos quizá sean el español Marcial (40-102), autor de Epigramas, y el romano Juvenal (54-138).

Otro español notable fue Quintiliano (35-95), considerado como uno de los primeros escritores de Pedagogía y autor de uno de los primeros libros de Educación: Instituciones Oratorias.

Tácito y Suetonio fueron importantes historiadores, mientras los dos Plinios, Columela y Pomponio Mela, se dedicaron a la literatura didáctica.

En todos los pueblos la novela es el último género que suele aparecer, mientras que el primero es casi siempre la poesía épica.

Lo mismo ocurrió en Roma. En tiempo de Nerón, Petronio escribió una narración cuyo título es El satiricón, de la que sólo se conservan algunos fragmentos. Más divulgada es la novela El asno de oro, de Apuleyo. En ella se relata la aventura de Lucio, convertido en asno al querer imitar a una bruja que por arte de encantamiento se transformó en pájaro. Es una obra satírica.

Los financista romanos Historia y vida de los romanos Imperio Romano

Los Financista Romanos Historia y Vida de los Romanos Imperio Romano

la vida cotidiana en roma antigua

El elevado coste de las empresas militares llevó a la República a solicitar ayuda a la iniciativa privada. Serán los publicanos quienes presten la ayuda necesaria al Estado en estos momentos de necesidad. Estos publicanos eran una institución de origen helenístico que tenían arrendado un servicio comunitario (publicum) que podía tratarse desde la adjudicación de contratas de obras públicas al cobro de algún impuesto.

En unos momentos de expansión como vive Roma durante los siglos III y II a.C. las regiones y provincias que eran conquistadas debían pagar un impuesto que una vez delimitada su cuantía, se sacaba a pública subasta.

El Estado cobraba de manera anticipada la cantidad estipulada y los adjudicatarios tenían que recaudar directamente los tributos.

En numerosas ocasiones existían asociaciones de publicanos para pujar por el arrendamiento fiscal de un lugar determinado. Esas sociedades tenían sus estatutos y estaban dirigidas por un magister que tenía su residencia en Roma, donde trataba directamente con los funcionarios públicos. De esta manera el Estado contaba por adelantado con el dinero durante un período de cinco años y se ahorraba un buen pellizco en sueldos.

El riesgo que corrían los publicanos era muy alto por lo que el Estado protegía con mimo a estos suministradores de dinero. Sin embargo, cuando el negocio resultaba fructífero, los beneficios eran tremendamente elevados. Este sistema de recaudación fiscal plantea numerosos defectos siendo las corrupción el más corriente.

No olvidemos que los publicanos tenían la protección de los magistrados, quienes debían proteger incluso militarmente a los recaudadores si fuera necesario. El Senado no podía permitir que sus sostenes materiales dejaran de percibir beneficios.

En la provincia de Asia los publicanos se embolsaban unos diez millones de denarios al año por los peajes de mercancías, la misma cantidad que recibía el Estado. En numerosas ocasiones los propios publicanos prestaban el dinero necesario a los contribuyentes insolventes, recibiendo un elevado interés por el crédito. En otras ocasiones cobraban varias veces el tributo o exigían diez veces la cantidad prevista. La usura alcanzaba límites insospechados -a veces hasta del 4 % mensual- por lo que Sila tuvo que establecer un tope del 12 % de interés anual.

Estas corruptelas contaban en buen medida con el apoyo de algún magistrado. Sin embargo, conocemos más de un proceso por corrupción como el de Verres, Sereno o Bebio Massa, siendo las penas muy leves en relación con los hechos imputados. Será en época imperial cuando las quejas de las provincias surjan efecto, estableciéndose un cierto control estatal. Se recuperará la figura del publicano como figura aislada, huyendo de grandes sociedades, con el fin de evitar la consolidación de potentes fortunas que se conviertan en ámbitos de poder.

Los procuradores controlaban la gestión de estos recaudadores lo que benefició a los contribuyentes. En la crisis del siglo III será el Estado quien recaude directamente los impuestos. Nadie quiere arrendar el cobro de tributos, ya que no hay de donde recaudar, ni participar del transporte de tropas o víveres al asegurar con su propio dinero lo transportado. Paradójicamente, la actividad que mayores fortunas creó en época republicana en los últimos momentos del Imperio no era desempeñada por nadie.

Los comerciantes en Roma Antigua Financistas y el costo de vida

Los comerciantes en Roma Antigua
Financistas y el costo de vida

la vida cotidiana en roma antigua

En las calles y plazas de Roma  se apiñaba una colorida y bulliciosa multitud de tiendas: panaderías, carnicerías, pollerías, pescaderías, tabernas, barberías, librerías, perfumerías, mueblerías, herrerías, zapaterías y muchas más. Algunas eran prósperas, pero la mayoría eran chozas abarrotadas y mal iluminadas, tan desvencijadas que se ladeaban hacia las viviendas o que se desparramaban hacia callejones y mercados.

Se colocaban pintorescos cartelones para atraer la atención del público, y frecuentemente se exhibían las mercancías en las aceras, que se hacían casi intransitables por los vendedores que caminaban pregonando sus productos.

La congestión llegó a ser tan grave que el emperador Domiciano prohibió los puestos callejeros, forzando a los vendedores y tenderos a regresar a sus locales.

Buena parte de la actividad comercial era realizada por los mismos productores. Los excedentes agrarios eran llevados a la ciudad por el campesino que adquiría -o cambiaba- en los talleres los productos necesarios.

El propio Estado era el encargado de llevar a los campamentos militares todo lo necesario para su manutención. Pero a pesar de estas limitaciones ya existía la figura del intermediario, dedicándose a las actividades comerciales un buen puñado de romanos e itálicos.

El comercio se realizaba preferentemente por vía marítima -más rápido y más barato- siendo hombres libres los propietarios de los barcos, habitualmente organizados en sociedades mercantiles. Para evitar desplazamientos continuos, el armador solía delegar cierta responsabilidad en un esclavo de su confianza que representaba jurídicamente al comerciante.

Los grandes emporios comerciales del Imperio eran las principales ciudades – Roma, Alejandría, Marsella, Antioquía- y en ellas podíamos encontrar expertos de diferentes orígenes -judíos, hispanos, sirios-. La manera de conseguir una fortuna con mayor facilidad era dedicarse al comercio.

comercio en roma antigua

En Roma, el gran Foro era el principal centro comercial, con un enorme conjunto de locales, mercados y lugares de reunión. Los cambistas tenían sus negocios en este sitio, y hacían destellar, sonar y bailar sus pilas de monedas para atraer a la clientela. Se podían obtener pingües ganancias con los préstamos, aunque los romanos de la alta sociedad lo consideraban un negocio despreciable, al igual que toda otra forma de comercio: «Ningún caballero puede ser prestamista», escribió el estadista conservador Catón.

Sin embargo, incluso los aristócratas sucumbían al encanto de las ganancias fáciles. El objetivo era pedir prestado con intereses bajos y prestar con intereses altos. Para combatir la especulación, en tiempos imperiales se decretó una tasa legal de interés de 12% anual. Gozaba de más respetabilidad el ser propietario de tierras, y esto convirtió en multimillonarios a muchos ciudadanos. Se cuenta que el acaudalado político Marco Craso dijo que un hombre no podía considerarse rico a menos que pudiera pagar, de su propio ingreso, la manutención de una legión (unos 6,000 hombres).

Los bancos prosperaban en la capital, en tanto que los pobres guardaban sus magros ahorros en alcancías de barro. La unidad monetaria básica era una moneda de cobre llamada os; un sestercio valía dos ases y medio, y un denario de plata, 4 sestercios o 10 ases. Un soldado común recibía como sueldo 225 denarios anuales; un saco de trigo pequeño costaba medio denario.

Uno de los comercios más prósperos era el del aceite de oliva. No sólo se usaba para cocinar, sino también para lámparas y como sustituto de jabón para el baño. Diario se compraban y vendían colosales cantidades de aceite: en el año 300 a.C., había 2,300 vendedores tan sólo en Roma.

Las alfarerías producían millones de vasijas de vino y aceite, y también se produjeron en masa recipientes de vidrio, una vez que se introdujo la técnica de soplado, posiblemente por vidrieros sirios inmigrantes durante el siglo I d.C.

LA TIENDA DE «TONSURA»
«Todas estas cicatrices que podéis contar sobre mi mentón, tantas como las de un viejo luchador, me las hizo el barbero con su hierro y su infame mano. Sólo el chivo, entre todos los seres vivientes, es inteligente: porque se deja la barba y escapa al carnicero». Así exclamaba Marcial, un chispeante escritor hispano-romano, a propósito de los «tonsores» (peluqueros) de su tiempo.

Sus palabras no son precisamente un cumplido, pero es de creer que se ajustan un poco a la realidad: basta pensar en cuan rudimentarias eran las herramientas que los pobres peluqueros empleaban.

Las tijeras, de hierro, no tenían ni el perno que une las dos hojas ni los aros en los que se introducen los dedos: cabe imaginar que cortarían más a la buena suerte que a la voluntad del peluquero. Los rasuradores eran también de hierro y, aunque se afilaban cuidadosamente sobre una piedra especial, que se importaba de España, con seguridad no tenían el «filo» de las modernas navajas de acero. Se han encontrado muy pocos rasuradores romanos; como eran de hierro, la herrumbre los destruyó. En cambio, se encontraron muchos rasuradores etruscos y de otras poblaciones más antiguas, que estaban confeccionados con bronce.

Parece ser que los primeros peluqueros llegados a Roma fueron sicilianos. Sus peluquerías comenzaron a difundirse hacia el siglo ni a. C. Hasta entonces, los romanos se dejaban crecer libremente los cabellos, la barba y los bigotes. Poco a poco la moda de afeitarse y de tener cortos los cabellos se fue afirmando y, hacia el siglo II de nuestra era, la práctica era habitual en toda la población.

Las tiendas de peluqueros proliferaron; las más famosas estaban emplazadas al aire libre, en el cruce de las arterias. Así, pues, las condiciones en que el artesano ejecutaba su delicado trabajo, en medio del tumulto de la vía pública, no eran, precisamente, los más adecuados. Alrededor de la tienda estaban los escaños para los clientes que esperaban su turno. El «paciente» estaba en medio de la tienda. Sin la menor jabonadura, ni ungüento que ablandara el pelo, comenzaba la afeitada. Lo más que se hacía era humedecer la cara con un poco de agua fría.

Al margen de estos inconvenientes, concurrir a la tienda del tonsor no resultaba muy desagradable: allí, reunidos en círculo, estaban los hombres dispuestos para las más animadas tertulias: se hablaba de las últimas elecciones consulares, o de las victorias de un «auriga» (conductor de bigas) en el circo, o algún legionario narraba sus aventuras.

Y, como muchas veces el peluquero intervenía en las discusiones, los cortes de cabello y el rasurado de barba se prolongaban largo tiempo: «Mientras el peluquero corta el cabello a su cliente, a éste le vuelve a crecer de nuevo la barba…», dice al respecto el agudo Marcial.

Fuente Consultada:
Wikipedia –
Enciclopedia Estudiantil Tomo IV CODEX

Historia de Roma Antigua Los Artesanos, Trabajo agricola y minero

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: LOS ARTESANOS

la vida cotidiana en roma antigua

El trabajo artesanal solía realizarse en talleres, algunos llegaban a reunir hasta 70 trabajadores. No debemos olvidar que también se realizaban trabajos domésticos como la panadería, confección, etc. elaborados en su mayoría por los esclavos en las grandes casas señoriales, alcanzando algunas a ser autosuficientes. Normalmente existían dos tipos de talleres: los destinados al consumo local que producían objetos menos elaborados y más baratos y los destinados a la exportación que servían productos sofisticados y a precios elevados.

Algunas ciudades solían especializarse en productos concretos, alcanzando fama la cerámica de Arezzo o los bronces de Mantua. Los talleres solían ser propiedad de hombres libres mientras que la mano de obra era en su mayoría esclava. Tejidos, vidrio, calzados, monedas, carámica,… todo tipo de productos podía encontrarse en la mayoría de las ciudades del Imperio, ciudades que debían su urbanismo y la edificación a un amplio número de artesanos que demostraron su buenas maneras. El trabajo en la construcción solía ser realizado por hombres libres aunque también encontramos esclavos y asalariados.

La mayoría de los artesanos se unían en «collegia» para la defensa de sus intereses, germen de los gremios medievales.

La Alimentación en Roma Antigua Alimentos y Comidas

La Alimentación en Roma Antigua
Alimentos Que Consumían y Comidas

Son muchos los alimentos que no conocíamos griegos ni romanos, tales como café, té, azúcar, licores, patatas, tomates, etc. Es general el uso del pan. En Roma se distinguen varias calidades de pan: el que se considera de peor calidad es el pan negro (pañis plebeius, rustíais, sordidus); de mejor calidad es el pañis secundarías, algo más blanco; por último, el pan blanco (pañis candidus), considerado el pan de lujo. En Roma, entre las legumbres se usan mucho las habas, las lentejas y los garbanzos. Los espárragos y las alcachofas son más raros, presentes únicamente en las mesas de los ricos.

Uno de los rasgos principales de la cocina romana es el abundante uso de los condimentos y la mezcla de sabores fuertes con sabores dulzones en los mismos platos, como la mezcla del vinagre y la menta con la miel. Entre los condimentos romanos hay que destacar algunas salsas de pescado que sólo se obtienen después de un largo proceso de elaboración y que se guardan en ánforas.

Agricultura
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Religión
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Costos
Portal de Roma
Portal de Grecia

Sabido ya a qué actividades dedicaba su vida el habitante humilde de Roma, que era el más abundante y el que, por tanto, servía como criado en casa de los poderosos, veamos cuáles eran sus hábitos alimentarios. Se ha dicho que la historia del mundo dio un viraje cuando, en el siglo II a. de J.C., tras la conquista de Grecia por Roma, los griegos enseñaron a sus conquistadores el arte de comer bien.

comidas en roma

Es cierto que la frugalidad de los primeros romanos, que se alimentaban fundamentalmente a base de pan, ileso, legumbres, verduras y fruta, había desaparecido por completo en la época imperial, hasta tal punto que la cocina se convirtió en un arte muy difícil. Pero no conviene exagerar, ya que la abundancia de manjares dependía siempre del poder adquisitivo del comensal.

Los manjares que, según escritores de la época, se compraban a precio de oro en puertos lejanos para ser comidos en Roma eran ostras, champiñones, pescados del Adriático y gansos de la Galia.

Los romanos de clase elevada desayunaban (ientaculum) a base de pan, queso, huevos y leche, y hacia las doce almorzaban (prandium) ligeramente con los restos de la cena del día anterior o con algunos fiambres. Séneca reflejaba en una sentencia la poca importancia que tenía esta segunda comida, cuando dice que el praidium se puede tomar sin sentarse a la mesa y que al finalizar no hace falta lavarse las manos.

La comida principal se tenía hacia la hora décima, es decir, las cuatro de la tarde. Las importantes solían durar hasta el anochecer y continuaban luego con conversaciones y, en algunos casos, incluso con atracciones circenses.

La cena era la ocasión normal que tenía un romano para reunirse con sus amigos por la noche, así como las termas eran el escenario de las reuniones diurnas. Dispuestos todos en una sala llamada tridinium, se descalzaban y un esclavo les lavaba las manos y los pies. Luego se recostaban en los lechos, también llamadostridinium, alrededor de la mesa, de forma que cada uno pudiera conversar con los demás.

El plato se sostenía con la mano izquierda, cuyo codo correspondiente, apoyado en un cojín, soportaba el peso del cuerpo. Con los dedos de la mano derecha, libre para cualquier movimiento, se llevaban los alimentos a la boca.

Una comida importante comenzaba siempre con entremeses picantes y huevo. La expresión de Horacio oh ovo, que luego ha pasado a expresar la idea temporal de principio, no significaba otra cosa que «desde los huevos» que se servían al comenzar la comida.

El plato principal, casi siempre carne de cerdo, jabalí procedente de caza o de aves, era abusivamente condimentado con especias, pimienta, comino, perejil, etc., con lo que se lograban sabores muy fuertes, y salsas picantes de estilo oriental. Como postres se tomaban pasta, queso, almendras y toda clase de frutas, las comunes hoy en día en la cuenca mediterránea, menos la naranja y el limón.

Durante la comida se consumía vino en abundancia, pero, según costumbre heredada de los griegos, se servía aguado y caliente.

PARA SABER MAS… Seiscientos cerebros de avestruz, con chícharos y granos de oro: éste fue uno de los platillos servidos en un banquete del emperador Heliogábalo. Se cuenta que en otra de sus fiestas cayeron tantos pétalos de rosa por las aberturas de los techos que varios comensales se asfixiaron. La extravagancia de los banquetes romanos es legendaria, y aunque no todos los anfitriones eran tan licenciosos como Heliogábalo, las grandes cenas eran uno de los placeres en la vida de los hogares adinerados.

Mientras que los pobres se alimentaban con una dieta de pan y un potaje de trigo llamado puls, los ricos convirtieron los festines en un arte. Sus banquetes se prolongaban durante horas, desde las tres o cuatro de la tarde hasta la madrugada. Entre platillos, la fiesta era animada por acróbatas, bailarines, enanos, músicos y payasos.

Abanicos de plumas de pavorreal
Batallones de esclavos atendían a los comensales: les quitaban los zapatos al entrar y les calzaban sandalias; los ventilaban con abanicos de plumas de pavorreal para ahuyentar a las moscas; les lavaban las manos con agua perfumada, y servían deslumbrantes y aromáticos platillos en la mesa central. Se acostumbraba que los esclavos más bellos vertieran el vino y cortaran la comida, mientras que los huéspedes se reclinaban, a veces tres en un diván, posando el brazo izquierdo sobre una almohada.

Con tales comodidades, es sorprendente que los comensales debieran llevar sus propias servilletas. Un agraviado anfitrión dijo de un invitado: «Hermógenes nunca trae su propia servilleta a las cenas, pero siempre se las ingenia para llevárselas a casa.»

El banquete tenía lugar en el tríclinium (salón donde comían), iluminado con velas, y comenzaba luego de invocar a Júpiter y a los dioses domésticos. La cena consistía en aperitivos, platillos principales y postres.

El escritor Marcial, al planear una modesta cena para siete invitados, compartió sus pensamientos acerca del menú, en la siguiente invitación a un amigo:

«Veamos: Estela, Nepos, Canius, Cerlialis, Flaccus y yo sumamos seis. Mi diván acomoda a siete, por lo que también invito ‘. a Lupus. Ahora el ; menú: pues bien, hay tuétanos que trajo mi diligente esposa, más la guarnición: lechugas, puerros, menta y achicoria. Luego comeremos huevos duros y caballa servida con perejil, y panza de cerda en salmuera de atún. Eso para empezar. De platillo principal, cordero (¡más barato si fue destrozado por un zorro!), albóndigas (¡no hay que cortarlas!), porotos y germen. Además habrá pollo y lo que quedó del jamón que comimos el otro día. Cuando quedemos satisfechos, habrá manzanas maduras y un vino, reposado durante un año o dos. Para cerrar con broche de oro, vendrá un cómico: no te preocupes, será de buen gusto. La gente puede soltarse el pelo sin que lo lamente al día siguiente, y no es necesario preocuparse por lo que se dice. Pueden hablar de los Verdes o los Azules, o cualquier otro equipo de carreras de cuadrigas. ¡Nadie nos citará a juicio por habernos emborrachado en mi casa!»

Los entremeses más populares eran platillos de huevo, aceitunas y lechuga; por lo demás, la cocina romana tenía poco en común con la actual cocina italiana. En ese entonces se desconocían los tomates y la pasta, y no era común cocinar con ajo.

El principal ingrediente de muchos platillos era una salsa picante, llamada liquamen, destilada de las entrañas y humores de pescado. Su sabor era parecido a la esencia de anchoas, y con ella se aderezaban platillos como lechones, caracoles alimentados con leche y gansos hervidos.

TESTIMONIO DE LA ÉPOCA: Petronio, escritor latino de la época de Nerón, nos describe un banquete celebrado en la casa de un ricachón de la época. A su personaje da el nombre de Trimalción, que significa «tres veces potentísimo»; se cree por ello que, bajo este personaje imaginario, Petronio quería ocultar la figura del emperador mismo. La descripción es tal como la transcribimos a continuación.

«Trimalción no había llegado aún, pero nosotros nos pusimos igual a reposar en el triclinio. Algunos criados nos echaban agua fresca en las manos, para lavárnoslas, en tanto que- otros, con gran destreza, nos lavaban los pies. Mientras prestaban estos servicios, los sirvientes cantaban; quise probar si todos los siervos sabían cantar y pedí a uno de beber: aquél se puso a servirme y entretanto comenzó una canción indicada para lo que estaba haciendo. ¡Parecía que nos encontrábamos en un coro teatral, más bien que en el banquete de un señor!.

En este momento fue colocado en la mesa un espléndido entremés. Sobre la bandeja se veía erguido un asnillo de bronce portador de dos alforjas; por una parte había aceitunas blancas; por la otra, negras. Arriba, como techo, había dos platos, en el reborde de los cuales se leía el nombre de Trimalción y el peso de la plata con la que estaban hechos. Llevaban lirones cocinados con salsa de miel y amapola. Sobre una rejilla de plata freían las salchichas y, abajo, para imitar los carbones ardientes, había ciruelas negras de damasco cubiertas de granos de granada.

Fue llevada después a la mesa una cesta, en la que, sobre la paja, había una gallina de madera cual si estuviera poniendo. Se acercaron dos esclavos que hurgaron entre la paja y sacaron grandes huevos que distribuyeron entre los convidados. Con la cuchara abrí el casco, hecho de harina empastada con tocino, y encontré un papafigo cubierto de huevo con pimienta. Así terminaron los entremeses; los esclavos retiraron los residuos y entretanto nosotros nos dispusimos a beber vino mezclado con miel.

Si éstos eran los entremeses, ya podemos figurarnos en qué consistirían los platos fuertes… Los citaremos rápidamente: por empezar, se llevó una bandeja monumental consistente en doce platones colocados sobre un gran disco; querían representar los doce signos del zodíaco, y así cada uno de ellos tenía un manjar relacionado con el símbolo de una constelación: higos africanos sobre Leo, carne de buey sobre Tauro, langostas sobre Capricornio, una liebre sobre Sagitario, etc. En el centro de todo, una bandeja contenía una liebre adornada con plumas, en forma que pareciera alada, y rodeada de aves y cabezas de cerdo.

En los ángulos de la bandeja había cuatro estatuillas que sostenían pequeñas vasijas, desde las que se volcaba una salsa picante: ésta caía en un recipiente en el que los pescados cocidos se movían romo si nadaran en un pequeño lago artificial. Después llegó una lechoncita tostada rodeada de jabatos rellenos con tordos; luego un cerdo relleno de salchichas, y a continuación un ternero hervido, presentado como un guerrero, que -;;.e cortado y repartido por un esclavo, también vestido con los atavíos de un soldado.

Finalmente llegaron los dulces: éstos tenían forma de estatuas que llevaban canastos llenos de frutas. Pero la comida no había terminado aún: los esclavos levantaron las mesas, barrieron el piso lleno de .desperdicios (porque era costumbre tirarlos al suelo) y llenaron las ánforas con vinos: comenzaron los brindis, que constituían el cuarto tiempo de un banquete que podía durar hasta el amanecer.»

LAS COMIDAS
Desayuno: se consumía a primeras horas de la mañana y podía consistir en pan con miel y queso, uvas, aceitunas y leche.

Almuerzo: tenía efecto a mediodía y era asimismo sobrio y rápido; tanto que a menudo se consumía sin necesidad de sentarse. Se comía con el pan, carne fría, peces, legumbres y fruta. Se bebía vino con miel o vino aromatizado o hirviente.

Cena: comenzaba al anochecer; era la comida principal, que se consumía estando recostados en lechos ad hoc; nunca duraba menos de tres horas y constituía un descanso y un motivo para reuniones. Como habíamos visto en casa de Trimalción, se dividía en tres partes: el entremés, la cena propiamente dicha y el postre, constituido por fruta y dulces. Si no se trataba de una simple cena doméstica, sino de un auténtico banquete, seguían los brindis.

Los romanos brindaban sólo con vino mezclado con agua, según proporciones establecidas por el más experto entre los invitados. Era muy difundida la costumbre, en los brindis, de beber tantas copas de vino según eran las letras del nombre del festejado. ¡Ahí, por Baco, ¡qué suerte llamarse T-e-r-t-u-l-i-a-n-o!

El Costo de Vida en Roma Antigua

El Costo de Vida en Roma Antigua

la vida cotidiana en roma antigua

Según Plinio la vida era increíblemente barata en Roma (250 a.C.) al poder comprar con un as (moneda de bronce) un celemín de trigo (8,75 litros), un congio de vino (3,3 litros), 30 libras de higos secos, 10 libras de aceite y 12 de carne, considerando que la libra eran 330 gramos.

Las noticias sobre salarios y precios en el Imperio Romano son difíciles de conseguir ya que las fuentes apenas tratan estos asuntos.

Según el poeta satírico Marcial los proconsulares tenían unos ingresos anuales de un millón de sestercios (la moneda de bronce), mientras que un médico reputado podía alcanzar los 400.000, un profesor estatal de retórica, 100.000 ó los altos cargos de la administración entre 200.000 y 60.000 sestercios.

Los legionarios vieron subir sus salarios desde los 900 sestercios que cobraban en época de César hasta los 2.000 de Septimio Severo. Los sueldos de los centuriones rondaban entre 40.000 y 20.000. San Mateo menciona en el Evangelio que el sueldo de un jornalero agrícola es de cuatro sestercios diarios, posiblemente incluyendo la manutención -comidas e incluso alojamiento, en algunos casos-.

En un contrato de trabajo del año 164 se menciona un salario de dos sestercios y un as a diario, más el alojamiento y la manutención. Los especialistas consideran que estos datos podrían variar en una proporción de uno a tres dependiendo de los puestos laborales.

Los ingresos anuales de un jornalero fluctuarían entre 720 y 2.200 sestercios.

Si lo multiplicamos por tres obtendremos el sueldo aproximado de un artesano. Según unas tablillas encontradas en Pompeya donde aparece la lista de la compra de una familia de dos miembros y un esclavo -posiblemente artesanos- el gasto medio en alimentación diario sería unos seis sestercios.

Bien es cierto que el menú no era pantagruélico, sino más bien frugal, consistente en pan, vino, verduras, queso y dátiles. Juvenal nos dice que un zapatero come cebolletas y morro de cerdo hervido.

Según Marcial, una familia pobre se alimenta de gobios, cebollas y queso. Pan negro mojado en un tazón de caldo y coles podría ser un ejemplo de menú para una familia de obreros romanos. Marcial dice que los alimentos más baratos que se vendían en las calles de Roma eran salchichas y garbanzos.

Un tercio de litro de aceite constaría un sestercio y el trigo se vendía a tres sestercios el celemín (6,5 kilos).

Para evitar conflictos sociales, el Estado alimentaba a más de 150.000 familias. Los gastos en vestido y calzado rondarían los 30 sestercios ya que la túnica oscilaría hacia los 15 sestercios, al igual que los zapatos. Limpiar una túnica costaba cuatro sestercios.

El alquiler en la ciudad de Roma era tremendamente caro. Unos 2.000 sestercios anuales serían el alquiler más barato en el siglo I lo que motivaba que parte de la vivienda fuera subalquilada por el inquilino a otra familia. La operación se podía repetir creando verdaderas situaciones de hacinamiento en la insulae, las casas de inquilinos que ocupaban una manzana con cinco o seis pisos de endeble construcción.

Arte en Roma Arquitectura en Roma Antigua Pintura Esculturas

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: ARTE ROMANO

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LA ORIGINALIDAD ROMANA: Si bien es cierto que el arte de los romanos imitó al de los griegos, una íntima originalidad terminó por liberarlo de la concepción helenística, en tiempos del Imperio. Los griegos habían tratado de exaltar la belleza en sí misma con obras inspiradas en su religión y en sus mitos. Los romanos subordinaron el arte a su» política y a su grandeza, inspirando sus obras en el humano realismo de la historia: escenas guerreras, arcos triunfales, retratos de generales y emperadores, en vez de la belleza ideal de las diosas.

ARTE ROMANO: Las artes romanas se concibieron en una época en la cual las obras griegas habían llegado a su máximo esplendor. Fue difícil entonces librarse de tan magnífica influencia, complementada por ciertos elementos etruscos que marcaron la base del posterior desarrollo artístico.

No obstante los aportes recibidos, a comienzos del siglo II a.C. comenzó a manifestarse un verdadero arte romano. Sus obras se enriquecieron con el correr de los siglos y tomaron la uniformidad característica de un arte propio. En sus creaciones prevaleció un carácter técnico y práctico, resultante del espíritu del pueblo romano. No se persiguió, como en Grecia, un fin estético en sí mismo.

Resulta de las influencias etruscas y griegas, alcanzó su mayor esplendor en la época del Imperio. Se desarrolló en Italia desde el año 200 antes de C., hasta el siglo IV después de C., algunos lo consideran inferior al arte griego, pero en realidad fue más variado, más flexible y en ciertos aspectos se acerca más al arte moderno; así, su influencia en el arte de la Edad Media y del Renacimiento fue notable. Sus mayores logros los presenta en el desarrollo de la arquitectura; por ello, el dibujo y la pintura la realizaban a servicio de esta, predominando los murales. Los temas eran asuntos bélicos, eróticos, leyendas heroicas, paisajes, marinas, naturaleza muerta y el retrato.

A partir del siglo I, se observan dos corrientes pictóricas o estilos: el estilo Neoático, que se preocupa por la forma humana, resaltando asuntos de la mitología y epopeya y el estilo Helenístico – Alejandrino, que pone de manifiesto la preocupación por la pintura rural, se cultivan el paisaje y las marinas. Al iniciarse el siglo II hasta el 79 de nuestra época (pintura en Pompeya), se observan cuatro estilos: de incrustación, alejandrino o arquitectónico, ornamental y fantástico.

El arte romano toma como referencia los modelos griegos de la época helenística.  Debido a su carácter práctico, el pueblo romano desarrollará la arquitectura para establecer un sensacional programa constructivo que primero afectará a la ciudad de Roma y luego se extenderá por todo el Imperio. El arco y la bóveda tendrán un papel principal en la concepción de la arquitectura romana. Se utiliza el ladrillo y el mortero, realizado con cantos rodados o piedras pequeñas, con una consistencia eterna.

Su aspecto pobre exige un revestimiento de apariencia opulenta como suelen ser mosaicos o simplemente ricas pinturas. Otra importante aportación romana será la amplia difusión del arco de medio punto que frecuentemente es encajado entre las columnas y el dintel, estableciendo un sistema constructivo de gran originalidad que aporta solidez al edificio.

Roma fue un pueblo de labradores, de comerciantes, de guerreros. Los romanos mostraron mayor interés por las cosas prácticas y sus obras artísticas llevan siempre un sello utilitario. Pueblo dominador, fundador de un vasto imperio, el romano tuvo por preocupación fundamental mantener el dominio sobre los territorios colonizados, para lo cual movilizó poderosos ejércitos, dio vida a un denso cuerpo de leyes que apretó los lazos entre la metrópoli y las provincias, y desarrolló una gigantesca labor constructiva con un variado repertorio de formas arquitectónicas perfectamente adaptadas a sus fines. Sus dos grandes realizaciones fueron el Derecho y la Arquitectura, pero su mérito principal es haber extendido la civilización grecolatina por una vasta parte del mundo conocido.

ARQUITECTURA: Su finalidad es utilitaria, está concebida en función de las necesidades privadas y públicas. Expresa la voluntad de poder y de mando del Estado romano, que se erige como rector de la vida privada y pública de sus ciudadanos.

Es monumental, hecha pensando en la glorificación de Roma y para resistir el paso y el peso del tiempo. Más que la belleza busca la majestad y la robustez, por lo que se muestra en grandes masas sólidas y pesadas. Expresa el ideal de uniformidad del Imperio, que aspira a que todos los pueblos sujetos a su dominio asuman una fisonomía material a imagen y semejanza de la Urbe.

Alterna dos sistemas conocidos: el de la columna y dintel (copiado de los griegos), y el arco y bóveda (tomado de los etruscos). Sus principales monumentos fueron: el templo, la basílica, las termas, los teatros, los anfiteatros, los circos, etc.

(Ver Acueductos Romanos)

(Ver:Obras de Arquitectura en Roma Antigua)

LA ESCULTURA: Se mueve entre los polos contrarios de idealismo y realismo y su tema casi central es el retrato. En sus comienzos, la influencia etrusca se hace presente en algunos bronces, luego la influencia griega a través de los escultores helénicos que vivían en Roma o en la Magna Grecia, así como de las obras descubiertas en suelo griego y llevadas a Roma, impulsa la corriente idealista. El enfrentamiento de ambas tendencias se advierte en obras del período republicano.

PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS: Creada con un destino utilitario que se cumple en su función narrativa, honoraria o descriptiva. Más que un arte es una artesanía supeditada a exigencias religiosas honoríficas o conmemorativas. Cultiva con preferencia el retrato llevándolo a su máxima identificación con el modelo. Es un arte naturalista. Es una obra anónima.

La ilustración de la derecha representa una estatua ejecutada en Roma imitando una escultura de un artista griego: Policleto. Estamos en la época en que Roma trataba de imitar el arte griego. Pero mientras que el modelo griego expresaba sólo calma y belleza, en esta obra romana aparecen energía  y movimiento. Obsérvese también con qué delicado arte está trabajada la coraza. Así glorificaban a sus guerreros y emperadores. De Octavio Augusto se conservan medio centenar de estatuas.

En los bajos relieves la escultura romana alcanza sus mejores obras, y en ellos el carácter geométrico del arte etrusco se une a la armonía de los griegos con el realismo de los romanos para crear obras sólidas y dramáticas.

Los romanos acostumbraban conservar en el santuario familiar máscaras de cera de sus antepasados, realizadas prolija y directamente sobre el rostro de los muertos. De esta manera cada familia podía conocer y venerar la imagen de sus antecesores. De esta costumbre nació la predilección de los romanos por los bustos y los retratos de arcilla, de mármol o de bronce, que reproducían la fisonomía exacta de los rostros.

Cabeza de bronce llamada de Bruno, hermoso exponente del arte del retrato (siglo III antes de Cristo).

Estatua del emperador Augusto, del Museo Vaticano 20 antes de Cristo).

Fragmento del bajo relieve de la columna de Trajano,
erigida en el año 113 en celebración de la conquista de Dacia.

PINTURA: La conocemos a través de los frescos hallados en la ciudad de Pompeya, que suelen ser copias griegas o caprichos decorativos de gracia picaresca como cupidos, pájaros, cintas, flores, etc. Los temas son históricos, mitológicos paisajísticos y marineros. También en ciertos períodos se hizo una pintura arquitectónica, que imita a los elementos constructivos.

Lo interesante de la pintura romana es la técnica de manchas de color al temple, aplicadas con brochazos sueltos, sin detallar, a la manera impresionista y con efectistas toques de sombra y luz. También en la pintura domina el gusto realista por lo que los temas preferidos, son el retrato, la caricatura y el paisaje.

Casi todo lo que conocemos sobre la pintura romana se lo debemos a los miles de frescos sacados a la luz en Pompeya y Herculano.

Y en primer lugar se ha comprobado que los romanos no pintaban sobre tela o tablillas, sino que lo hacían casi exclusivamente sobre las paredes de sus casas. Pintaban imitaciones de mármoles, columnas y, sobre todo, paisajes, jardines y escenas campestres. Así aquellos hombres que vivían en casas que apenas tenían ventanas llevaban a su interior la ilusión de estar en un espacio más amplio abierto y pintoresco.

Los romanos adinerados alegraban los interiores de sus habitaciones con pinturas murales
figurando motivos arquitectónicos y bonitos paisajes.

La «Primavera», fresco del siglo I de nuestra era, hallado en Estabia.
Es una de las mejores obras de la pintura romana. Es una de las mejores obras de la pintura romana.

El arte del mosaico. Un maravilloso mosaico que decoraba la entrada de un establecimiento termal.

AMPLIACIÓN DE ESTE TEMA: ARTE ROMANO

Se puede afirmar que los romanos fueron «un pueblo de artistas». Con todo, enamorados de la belleza del arte griego, no se preocuparon por crear uno propio: se declararon discípulos de los helenos y adoptaron su arte aunque marcándolo con su sello inconfundible de utilidad, solidez y grandiosidad.

De todas las ramas, la Arquitectura fue el «arte romano» por excelencia, en el que pudieron lucir su genio, especialmente dotado para los grandes proyectos. Fue además, el único campo en que aportaron importantes novedades, como la bóveda y el arco, elementos que a su vez habían recibido de los etruscos, pero que ellos perfeccionaron realizando algunas de las más grandes creaciones del espíritu humano.

Roma prácticamente sembró el mundo de grandes construcciones, pero entre ellas merecen destacarse:

« Las Termas, monumentales edificios con magníficos salones para conferencias, lecturas o juegos, a la par de suntuosas salas de baños fríos, tibios y calientes: en ellos los romanos pasaban gran parte del día como en nuestros actuales clubes. En Roma aún impresionan al visitante las ruinas de las Termas de Caracalla y de Diocleciano.

  • Los Anfiteatros estaban destinados a los combates de gladiadores, luchas de fieras y hasta batallas navales en miniatura. El más famoso es el de Vespasiana, llamado posteriormente «Coliseo»; en él cabían más de 50.000 espectadores.

  • Los Circos eran enormes pistas ovaladas destinadas a la gran pasión de los romanos: las carreras de carros. El Circo Máximo de Nerón medía más de 600 metros de largo y en sus gradas de mármol tenían entraban 350.000 personas.

  • Los Foros constituían el centro de la vida política de la ciudad. En estas plazas públicas se hallaban los monumentos, templos, mercados, tribunas para los oradores, y en ellas se reunía el pueblo para deliberar en las Asambleas o para enterarse de la marcha de los acontecimientos, Entre todos se destacan las ruinas del Foro de Trajano, desde el que, durante siglos, se manejó la suerte del mundo.

  • Los Arcos de Triunfo conmemoraban las principales victorias militares. Aún se conservan unos 150, y entre ellos los famosos Arcos de Tito, Septimio Severo y Constantino en la capital del imperio.

  • Las Basílicas romanas eran grandes construcciones divididas por columnatas, en las que funcionaban los tribunales, mercados y ferias. Posteriormente, cuando los cristianos necesitaron edificios para sus reuniones, convirtieron algunas de ellas en iglesias, y desde entonces las Basílicas fueron consideradas como lugares dedicados al culto. Entre todas sobresale la de Majencio, en Roma.

  • Los Templos romanos prestan aún sus servicios, transformados en iglesias cristianas El más notable de todos es el Panteón construido por Agripa, ministro de Augusto, y considerado como la más perfecta de todas las construcciones romanas. Su incomparable cúpula de 40 metros de diámetro sirvió de modelo a Miguel Ángel para la iglesia de San Pedro del Vaticano.

  • Los Acueductos fueron verdaderas obras de ingeniería que desde las montañas traían el agua que las ciudades necesitaban. Roma contó con 19 de estas solidísimas construcciones de piedra.

Las Carreteras romanas fueron magníficas construcciones como ningún otro país las ha conocido hasta nuestro siglo. Eran de lajas de piedra o de granito, de hasta ocho metros de ancho sobre un contrapiso de un metro de espesor. Cada mil pasos dobles había una «piedra miliar» que indicaba la distancia que la separaba desde el centro del mundo: el Foro de Trajano. Roma enlazó así todo su imperio con una vastísima red caminera que posibilitó la extensión de su poderío. En la actualidad se conservan más de 500 de estas rutas, muchas de las cuales prestan aún sus servicios, luego de 2.000 años de uso.

La escultura romana fue prácticamente una imitación de la griega y felizmente que haya sido así, porque de esta manera conservamos copias y reproducciones de las obras maestras de Grecia desaparecidas.

Sin embargo, debe reconocerse que los romanos fueron los mejores artífices de Bustos del mundo, y en ellos lograron alcanzar casi la perfección artística, superando grandemente a sus maestros.

La pintura, del mismo modo, fue también de neta inspiración helena, como se comprueba en los Frescos conservados en las mansiones de Pompeya y Herculano, ciudades enterradas en el año 78 durante la erupción del Vesubio, y que las modernas excavaciones han logrado desenterrar.

Ver: Grandes Obras Romanas

Ver: Las Fuentes en Roma Antigua

La Educacion en Antigua Roma Características y Períodos Educativos

La Educación en Antigua Roma
Características y Períodos Educativos

La educación romana varió notablemente durante el transcurso de su historia. Su evolución acompaña a los momentos históricos que anteceden a este capítulo. Desde el punto de vista de los ideales educativos y de la forma de la enseñanza distinguiremos tres grandes períodos:

1) período arcaico o tradicional;

2) de adopción de la cultura helenística; y

3) de expansión de los ideales romanos, en los pueblos bárbaros conquistados y más adelante en el continente europeo cristianizado. (*)

(*): Mas abajo se explican con detalle  las características de cada período educativo

A MODO DE SÍNTESIS: La educación va a experimentar una profunda evolución a lo largo de la historia de Roma, determinada en primer lugar por la influencia griega que se produce desde el siglo III a.C. y en segunda lugar por la estrecha relación del sistema educativo con la sociedad del momento y con la configuración estatal.

Bien es cierto que encontramos una serie de elementos que se manifiestan a lo largo de todos los momentos históricos: el carácter aristocrático del sistema educativo y su relación con la ciudad, configurando una educación netamente urbana, por lo que debemos advertir que la educación se circunscribe a la población ciudadana y libre del Imperio al tiempo que la mayoría de las escuelas se instalan en los municipios.

Bien es cierto que en las aldeas o pequeños pueblos existían rudimentarias escuelas pero con escaso éxito. Podemos distinguir tres periodos educativos en la historia de Roma: el primero correspondería a siglos VIII-III a.C. -la Monarquía y los primeros momentos de la República-; el segundo al periodo comprendido entre los siglos III a.C. y II d.C.; y el tercero al Bajo Imperio.

En el primer periodo la educación se circunscribe al ámbito familiar, involucrando especialmente al patriciado y a la nobilitas. M. Porcio Catón enseñó a su hijo «las letras, le daba a conocer las leyes y lo ejercitaba en la gimnasia, (…) a manejar las armas y a gobernar un caballo».

La educación en el hogar se extiende hasta los 17 años, cuando pasa la adolescencia. La madre será la encargada de los primeros momentos, hasta los siete años. Desde esa edad queda a cargo del pater familias con quien acude a diversas actividades. A los 17 años adopta la toca viril e inicia una nueva fase educativa, fuera de la familia pero controlada por ésta. El ejército y la política serán las dos direcciones que tome nuestro joven noble y su enseñanza correrá a cargo de algún conocido o amigo del pater.

El primer año está destinado a conocer la vida pública y después pasa al servicio militar donde aprenderá a luchar por la patria, subordinando el individuo a la comunidad. A partir del siglo III a.C. el mundo romano vivirá un contundente proceso de helenización que en un primer momento afectará a los círculos nobiliarios para irse diluyendo entre toda la sociedad paulatinamente.

El proceso se acentuará tras la Tercera Guerra Macedónica al difundirse la utilización del griego entre los miembros de la nobilitas, al tiempo que un amplio número de retóricos y filósofos griegos desembarcan en la península Itálica, muchos de ellos como esclavos. Este acercamiento al mundo helenístico no estuvo exento de polémica como el decreto de expulsión de todos los filósofos y retóricos griegos que dictó el Senado en el año 161 a.C., expulsiones que se sucederán en el tiempo. Pero a la helenización de la sociedad no se le podía poner freno y el propio Catón, uno de los más encendidos defensores de la tradición romana, estudiará a los maestros griegos.

Como es lógico pensar, este proceso de helenización tendrá su reflejo en la educación. Desde los últimos años de la República lo educativo abandona el entorno familiar para convertirse en algo público. Algunos emperadores regularán el proceso educativo o reducirán los impuestos a los gramáticos y retóricos. Vespasiano creará en Roma sendas cátedras de retórica latina y griega. Este mecenazgo pedagógico se extiende desde los emperadores a las aristocracias locales que también participan de la educación en sus ciudades, financiándola si es necesario.

El sistema educativo se establecería en tres niveles: elemental, secundario a cargo del grammaticus y superior, dirigida e impartida por los retóricos. Al nivel elemental se acedía con siete años y se abandonaba con doce, situándose la escuela en el foro. Allí los alumnos reciben las clases del magister, quien percibe por cada alumno un sueldo de 50 denarios. La mayoría de los alumnos van acompañados a la escuela por un esclavo llamadopaedagogus y disfrutan de vacaciones entre los meses de agosto y septiembre. Lectura, escritura, cálculo y recitación serán las enseñanzas impartidas. Las enseñanzas secundaria y superior presentan unos caracteres más clasistas. La secundaria abarca entre los doce años y los diecisiete, momento que el joven toma la toga viril.

El grammaticus es el encargado de impartir las enseñanzas que versan sobre la lengua y el conocimiento y estudio de los clásicos, recibiendo por cada alumno 200 denarios al mes. El lugar donde se imparte es en los pórticos abiertos del foro. La enseñanza superior estaría dirigida por el rethor quien llegaba a cobrar hasta 2.000 sestercios anuales por alumno. Las reglas del arte de la oratoria y su práctica serán las enseñanzas impartidas, a pesar de que desde Augusto este arte no era vital para participar en política. Sin embargo, las escuelas superiores surtirán a la administración de altos funcionarios y prestigiosos juristas.

Durante el Bajo Imperio observamos una serie de modificaciones en el sistema educativo, especialmente por el intervencionismo estatal y la influencia cada vez más manifiesta del cristianismo. Las mayores necesidades burocráticas del Estado supondrán un aumento de los estudiantes de enseñanza superior al tiempo que los emperadores restauran las escuelas.

En el año 425 Teodosio II creará una universidad en Constantinopla donde los profesores sólo podrán ejercer la docencia en esta institución. En referencia al cristianismo, las escuelas cristianas irán sustituyendo paulatinamente a la educación helenística, anticipando el orden medieval incluso en su estructura ya que se establecían diversos niveles: monásticas, episcopales y presbiteriales.

la educacion romana

Momentos de la educación en Roma antigua: la crianza, los juegos y la enseñanza

LOS PERÍODOS DE LA EDUCACIÓN ROMANA:

1) Periodo arcaico
La educación doméstica. — Desde los tiempos más remotos el hogar era la principal institución donde se educaba el niño. La familia romana era la célula económico-política en la que se apoyaba la vida misma de la comunidad.

El padre, el pater-familias, era a un tiempo amo y sacerdote, juez y custodio de las tradiciones morales y religiosas. Por esto era el mayor educador de sus hijos. La formación del romano consistía en una iniciación progresiva en las formas de vida tradicionales. La sociedad primitiva romana era una aristocracia de terratenientes (patricios) que ocupaban su vida cultivando los campos y extendiendo su dominio gracias a las campañas militares.

El niño se ensaya reproduciendo sus labores. A medida que crece va entrando lentamente en el círculo de los adultos. El padre se hace acompañar por sus hijos en todos sus trabajos, en sus paseos o visitas, a fin de que se preparen para la vida a través de su propio ejemplo. Por eso la educación tenía una orientación utilitaria y profesional, porque el muchacho, que vivía en constante relación con el padre, aprendía y se ejercitaba en todas las tareas que más tarde desempeñaría en la vida.

«Nuestros abuelos, dice Plinio, se instruían no solamente por los oídos, sino también y especialmente por los ojos. Los jóvenes observando a los de mayor edad aprendían lo que tenían que hacer ellos mismos y lo que más tarde debían enseñar a sus descendientes.»

En la actividad educativa el padre era ayudado por la madre, ya que la mujer romana disfrutaba de un concepto social muy superior a la mujer griega.

La matrona romana de este período fue modelo de virtudes.

El ideal educativo estaba esencialmente formado por la fidelidad a las costumbres de los antepasados. Para excitar en los hijos el culto de las virtudes tradicionales, la familia usó el medio eficacísimo de la narración de los acontecimientos más significativos del pasado.

Esta etapa de la educación terminaba cuando el adolescente llegaba a la mayoría de edad, o sea cuando el muchacho cambiaba la túnica que estaba adornada por una franja de color (toga pretexta) por la túnica de adulto completamente blanca (toga virilis) para entrar a formar parte oficialmente de la república, en condición de ciudadano.

Para señalar todo este proceso los romanos acuñaron la palabra educatio, que significa todo lo que era necesario hacer en el orden moral y profesional
para que el adolescente llegara a ser un hombre maduro.

Los hijos debían crecer con todas las cualidades morales y civiles que habían recibido de sus antepasados. No había que traicionar el exemplum de los padres, había que cultivar la píetas (piedad) o sea el respeto filial y la devoción a las divinidades, la constantia o firmeza de ánimo, la gravitas, la gravedad, la seriedad, la severidad de vida y la fides, o sea la lealtad, la confianza. El hijo debía tratar de imitar el ejemplo vivo de virtud que era su padre.

2) Período de adopción de la literatura griega:

La educación romana arcaica se transformó alrededor del siglo II a. C. cuando Roma conquistó a Grecia e incorporo a su Imperio gran cantidad de provincias donde se hablaba el griego.

No bien los romanos descubrieron en la literatura griega nuevos valores humanos la adoptaron, la transformaron y acomodaron a su propio genio.
Las grandes familias romanas, ansiosas por asegurar para sus hijos la educación más completa, los enviaban a estudiar a Atenas o les procuraban un pedagogo griego. De aquí data la instalación en Roma de las primeras instituciones educativas griegas.

Los antiguos, con Catón a la cabeza, se levantaron contra estas costumbres, especialmente contra la enseñanza de la danza y del canto, «artes que podían convenir a los esclavos pero que eran indignas de un hombre libre». A pesar de esta oposición, la literatura griega se fue imponiendo. La figura más notable de este período es Cicerón. (imagen abajo)

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3) Período de expansión del genio latino:

Roma civilizadora. — El tercer momento de la educación romana estaría señalado por la imposición en todos los países bárbaros de Europa, de los ideales de la cultura latina (la justicia, el orden, la paz) organizándolos de un modo tal que permitió que se expandiera el espíritu romano. Roma supo implantar sólidamente la civilización helenística que ella misma había conquistado.

Políticamente, el afán de Roma por hacer del mundo entero una patria única, se redujo a reunir a vencedores y vencidos en una misma comunidad para asentar los valores de la civilización, del bienestar y del orden.

Desde el desierto de Sahara a los valles de Escocia, desde el Eúfrates al Atlántico se impuso la civilización latina, más adelante cristiana, enraizada tan profundamente que pudo resistir a las invasiones bárbaras (eslavas) y orientales (las de los árabes y turcos). Roma preparó a Europa para que en ella pudiera arraigar, florecer y perdurar el cristianismo.

LAS INSTITUCIONES ESCOLARES ROMANAS

La escuela de primeras letras. — Cuando comenzó a notarse la influencia de la cultura griega, la figura del padre educador fue perdiendo importancia e intervino en cambio el pedagogo y el litterator que enseñaba a leer, a escribir y a contar.

A las escuelas se las llamaba ludi (de ludus, que significa juego, diversión), designación que indica su actividad como complementaria a la educación doméstica, lo mismo que la designación del maestro elemental como ludi magister (maestro de juegos), que correspondía al grammatistes griego.

Las escuelas elementales fueron numerosas. Salvo raras excepciones, la mayoría de los niños concurrían a ellas. Tanto para unos como para otros se había adoptado la costumbre griega del esclavo acompañante o pedagogo.

El aprendizaje de la lectura comenzaba con el reconocimiento de las letras, seguía el de las sílabas y todas sus combinaciones y terminaba con el reconocimiento de palabras aisladas.

Antes de entrar en la lectura directa de los textos literarios, los niños se ejercitaban leyendo los preceptos contenidos en la Ley de las Doce Tablas, instrucción jurídica y religiosa considerada imprescindible para la formación del ciudadano. En tiempos de Cicerón fueron reemplazados por máximas morales de uno o dos versos, encaminadas a infundir el amor a la virtud. Esta costumbre se mantuvo hasta la aparición de las lenguas romances en la Edad Media.

El aprendizaje de los números se hacía con la ayuda de piedritas, cálculi, o con la mímica simbólica de los dedos.

Métodos. — Los métodos eran pasivos, como eran pasivos en la pedagogía griega: la memoria y la imitación constituían las cualidades más apreciadas en el alumno. Se recurría a la emulación, cuyos beneficios compensan, según Quintiliano, los daños de la educación colectiva. Pero mucho más se empleaban los reproches y los castigos.

En todos los autores latinos el recuerdo de la escuela está asociado a los castigos. El maestro apoya su autoridad en la férula (especie de bastón). En casos más graves, el culpable era castigado por sus manos, recostado en las espaldas de un compañero. Aunque muchos pensadores recomendaban a los maestros ser plácidos y hacerse amar, la odiosa práctica sobrevivió. San Agustín, ya anciano, recordaba todavía los sufrimientos de sus años escolares, prefiriendo la muerte antes que volver a ser niño.

A fines del siglo I de nuestra era se pone en duda la eficacia de estos métodos brutales; se acude a las recompensas, a los regalos de dulces en forma de letras, pero la gravedad latina consideró siempre necesaria la severidad.

Las familias aristocráticas buscaban jóvenes esclavos para que colaboraran con el maestro en la enseñanza de sus hijos. Hasta se llegó a reunir a los esclavos para darles una educación adecuada en un lugar especial (psedagogium). La formación que recibían estaba orientada, antes que nada, a los servicios que debían prestar: aprendían buenas maneras para que sirvieran de pajes de los niños y adolescentes; los mejores dotados eran iniciados en las cosas del espíritu.

Toda gran casa poseía un buen número de esclavos «letrados» o «eruditos» que cumplían las funciones de lectores o secretarios.

Local.—Las escuelas fueron siempre de carácter privado. El maestro suministraba el local en algún rincón o pórtico poco concurrido de un templo, en un edificio público o en el cruce de las calles. Un cortinado lo aislaba de los curiosos. No era fácil mantener el orden, pues el ruido de la calle distraía a los alumnos. Los padres y los amigos se presentaban en la escuela de improviso y asistían a las lecciones. Se pensaba que la presencia de extraños estimulaba a los niños.

El maestro ocupaba un sillón (cáthedra), los niños se sentaban en el suelo o sobre alguna piedra, rara vez en bancos. Los alumnos tenían rollos de pergamino donde estaban escritos los trozos de lectura, que guardaban en cajas cilíndricas. En tablillas enceradas escribían con el estilo, provisto de aguda punta por un extremo y aplastado por el otro para poder borrar lo mal trazado.

La escuela estaba abierta todo el día, desde el amanecer, salvo una interrupción para comer. Algunas veces el maestro contaba con un ayudante. El material de enseñanza se reducía a algunas monedas o piedras (cálculi) para contar, y algunos cuerpos geométricos.

La escuela del gramático. — El gramático se proponía instruir a los alumnos en el conocimiento del lenguaje, gramática y literatura, para que adquirieran facilidad de expresión.

De condición superior al maestro elemental, el gramático, gravemente envuelto en su toga, dirigía su clase, que funcionaba en algún local del foro.

Decoraban sus paredes los bustos de grandes escritores: Virgilio y Horacio y, en algunos casos, mapas geográficos. Usaban métodos iguales a los de sus colegas griegos: el estudio teórico del bien hablar y la explicación de los poetas clásicos.

El programa era exclusivamente literario, con la particularidad de que frecuentemente el griego se enseñaba antes que el latín en antologías de autores como Homero y Esopo.

Entre todas las escuelas merece mención particular la de Livio Andrónico, un esclavo griego que tradujo la Odisea al latín. En el año 26 a. C, Cecilio Espirota tomó la iniciativa de explicar a Virgilio y a otros poetas latinos.

La enseñanza media: El ciclo medio de la enseñanza, de doce a diecisiete años, corría a cargo del grammaticus, que era el que enseñaba al niño la lengua y la literatura. Este proceso de aprendizaje también se solía impartir en escuelas a cambio de una cierta cantidad de dinero o, en las familias más acomodadas, se encargaba a un esclavo que era muy cotizado.

En sus clases se enseñaba la lengua y la literatura griega y latina a través del estudio de los poetas, junto con nociones generales de historia, geografía, física o astronomía, generalmente relacionadas con los textos que se estudiaban. El maestro dictaba los textos y los alumnos los leían y debían aprender de memoria partes de ellos. Una vez explicados, el alumno debía ser capaz de comentarlos tanto de forma oral como escrita. Entre los poetas griegos se estudiaba sobre todo a Homero y a los autores de teatro; entre los latinos los más comentados eran Virgilio, Horacio y Terencio.

Lo normal era que de la escuela del grammaticus el alumno saliera sabiendo bien el latín y el griego, las dos lenguas de cultura entonces. Se consideraba tan importante saber griego que las familias acomodadas iniciaban a sus hijos en esta lengua desde la niñez. A este ciclo de la enseñanza sólo accedía una minoría.

La enseñanza superior :
La escuela del retórico. — Un tipo de educación superior era la retórica o aprendizaje de la elocuencia. La enseñanza del rethor latinus tenía por objeto comunicar el arte oratorio, formar al orador. El rethor comunicaba el arte oratorio de acuerdo a una técnica y a unas reglas tales como las que se habían enseñado en Grecia a partir de los sofistas.

El rethor enseñaba a la sombra de los pórticos del Foro; contaba con hermosos salones (exedras), dispuestos como un teatrillo, que llenaban una función análoga a la de los gimnasios griegos.

En teoría, los romanos, como los griegos, permanecían fieles al ideal tradicional que fundamenta la alta cultura sobre la base de la encieles paideia, o como se la denomina en latín, las artes liberales, que luego, en la Edad Media, se designan por trívium y cuatrívium. La escuela del gramático contó con un método elaborado, con un programa de estudio fijo y con un subsidio oficial.

El joven no sólo se convertía en un buen ciudadano, sino que se preparaba para la actividad política, por lo que era una enseñanza reservada a los hijos de las familias acomodadas, los únicos que en Roma podían aspirar a los cargos públicos. Los rétores impartían sus clases en mejores locales que el magister o el grammaticus, e incluso, avpartir del Imperio, el propio Estado les proporcionaba buenas instalaciones para que desarrollaran su labor.

Terminada la formación con el rétor, los jóvenes romanos aún podían ampliar sus estudios. Para ello podían marcharse a Grecia o a las grandes ciudades del mundo helenístico, donde ampliaban sus conocimientos de retórica o se iniciaban en la filosofía de las diversas escuelas griegas helenísticas

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Como no se usaba la puntuación ni la separación de las palabras, el maestro debía preparar y explicar primero la lectura (praelectio) para que los alumnos pudieran entender lo que leían. Seguía la explicación o comentario del fondo y de la forma de lo leído, y los ejercicios de estilo, de imitación, ampliación, reproducción, etc. La instrucción gramatical terminaba con los ejercicios denominados de erudición o comentarios, que consistían en conocer la mitología, la historia, la geografía, etc., que tuviera referencias al texto estudiado. La erudición era como el segundo carácter de la cultura liberal; el hombre verdaderamente cultivado no era solamente un «letrado», sino también un erudito, un sabio. Téngase en cuenta que bajo el nombre de ciencia se debe entender aquí la erudición adquirida al margen de los clásicos.

Educación física. — En cuanto a la educación física, existieron diferencias notables entre los griegos y los romanos. En Grecia, desde los tiempos homéricos, hubo una tendencia a alejarse de la primitiva finalidad militar y a orientarse hacia el atletismo. Los antiguos romanos, pueblo de soldados campesinos, no despreciaron las actividades deportivas, pero la educación impartida a los jóvenes fue en este terreno, como en los demás, estrictamente utilitaria.

Las competiciones atléticas penetraron en las costumbres romanas a partir del año 186 a. C. y se multiplicaron bajo el Imperio, pero eran espectáculos cuyas realizaciones estaban reservadas a los profesionales. SI el deporte formó parte de la vida romana, fue en categoría de higiene, como complemento de las termas. El gimnasio griego fue repudiado, considerándolo coma una mancha y no como una gloria de la civilización griega. El romano con su salud moral, con su sentido profundo de la vida, se opuso al deporte como actividad gratuita e inútil.

Cuando comenzó la decadencia del Imperio, los ideales de la formación romana se desvanecieron. Los gramáticos y retóricos, tenidos en alta estima, servían para acompañar a los gobernantes de las nuevas provincias imperiales, pero ya no enseñaban sino que empleaban la oratoria para exponer argumentos triviales o absurdos.

La gente acudía a oírlos recitar como hoy se acude a escuchar un actor, considerándose estas exhibiciones como la más alta prueba de talento y cultura. Señalado este ideal, no es de extrañarse que la obra de la escuela resultara artificial e infructuosa. Hubo en este tiempo escritores valiosos, pero de segundo orden. Dos hábiles gramáticos del siglo VI, Donato en Occidente, autor de un Ars minor o pequeña gramática, y Prisciano en Oriente, autor del Ars gramaticalis o tratado de gramática, perfeccionaron los textos que sirvieron de base a todos los estudios lingüísticos latinos.

Había que aprender las reglas y habituarse a utilizarlas. Después de una serie de ejercicios preparatorios, el alumno componía discursos ficticios sobre un tema dado por el maestro, desarrollándolo de acuerdo a sus consejos. Esos discursos debían ser aprendidos de memoria y recitados ante el maestro, los condiscípulos, algunas veces parientes y amigos. Este ejercicio se denominaba declamación (declamatio). Por lo general, los temas eran: histórico deliberativos (por ejemplo: Aníbal se pregunta si marchará sobre Roma) y controversias judiciales (por ejemplo: cómo, se defiende o ataca un caso determinado y definido de acuerdo a un texto de la ley).

ALGO MAS…

La retórica preparaba normalmente a los alumnos para el ejercicio de la abogacía, muy importante, dado que la gran originalidad de la enseñanza latina consistió precisamente en ofrecer a los jóvenes la carrera de las leyes. Dejando a los griegos la filosofía y durante bastante tiempo la medicina, los romanos crearon con sus escuelas de derecho un tipo original de enseñanza superior. Estas escuelas se extendieron por todo el Imperio y su prestigio se mantuvo hasta el siglo V de nuestra era.

El jurista conocía el derecho, las leyes, las costumbres, las reglas de procedimientos, las tradiciones, y utilizaba todos estos vastos conocimientos para vencer la oscuridad de la causa y la ambigüedad de la ley. Para responder a esta formación aparecieron los maestros de derecho, magister juris, las bibliotecas especializadas y las colecciones metódicas, como los Digestos de Ulpiano, Papiniano, etc..

La ingeniería y la arquitectura romana denotan conocimientos especiales muy extensos; no tenemos mayores referencias sobre estos estudios.

El amor a los libros fue grande. Diversos emperadores fundaron bibliotecas públicas y muchas particulares eran riquísimas. En el siglo IV, Eoma contaba nada menos que con 28 bibliotecas.

Política educacional. — Los romanos gozaron de la más completa libertad de enseñanza. La intervención del Estado se reducía a secundar los esfuerzos de los particulares. Cicerón asegura que la educación de los niños en Roma no estaba regida por ninguna ley, ni sometida a dirección estatal alguna.

En el período imperial el número de escuelas se multiplicó eñ tal forma, que era rara la ciudad desprovista de escuela elemental. Vespasiano introdujo la costumbre de pagar a los maestros con los fondos del Tesoro imperial. El primero que gozó de este beneficio fue Quintiliano.

Antonino Pío sistematizó este fomento de la educación; concedió a los docentes numerosos privilegios y los eximió de muchas obligaciones, como el pago de los impuestos municipales, el servicio militar, etcétera. Muchos hubo que se dedicaron a la enseñanza para gozar de estos privilegios y pronto se tuvo que limitar su número en las ciudades. Constantino reafirmó todos estos beneficios y los aumentó con la inmunidad personal.

Los maestros y su familia eran sagrados en su persona, y los ultrajes y ofensas que se les inferían eran castigados severamente. El emperador Juliano, llamado el Apóstata, con el fin de destruir la influencia de los maestros cristianos que ya se percibía, para hacer caer sobre ellos «el descrédito de la ignorancia y el peso de la pública desconsideración» dispuso que el nombramiento de los maestros retribuidos por el Estado fuese sometido a su ratificación. En 362 prohibió a los maestros cristianos la enseñanza de la gramática y de la retórica a no ser que se convirtiesen al culto de los dioses.

El emperador Valentiniano pocos años después derogó estas leyes, mas prohibió con penas la existencia de las escuelas privadas.

Ver: Pedagogo Romano Quintiliano

la vida cotidiana en roma antigua

Fuente Consultada:
Historia de la Educación – Juan Carlos Zuretti – Editorial Itinerarium – Colección Escuela –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA – Microsoft
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19-Historia de la Filosofía – Editorial Santillana
Wikipedia –

Diversion y Juegos en Roma Antigua Fiestas Romanas y Ceremonias

Diversión y Juegos Roma Antigua
Fiestas Romanas y Ceremonias

En roma Antigua, las fiestas romanas tenían un fuerte componente religioso como en Grecia, aquí se convirtieron pronto en simple espectáculo, lo que en latín se llaman ludí, los juegos. Dos son los tipos de ludí, los ludí circenses, que eran los celebrados en el circo y en el anfiteatro, y los ludi scaenici, o representaciones teatrales. En Roma los ludi circenses son los más antiguos y se celebraban en el Circo Máximo o en el Circo Flaminio, luego también en el Anfiteatro Flavio o Coliseo. Los ludi scaenici, antes de la construcción del primer teatro de piedra por Pompeyo el año 55 a. de C, se solían celebrar en teatros de madera que se montaban y desmontaban para cada representación (sobre la estructura de los teatros en el mundo clásico.

Agricultura
Minería
Artesanos
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Las Ciencias
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Las Mujeres
Literatura
Filosofía
Diversión
Educación
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En Roma los ludi se celebran normalmente con ocasión de las festividades religiosas que llenan el calendario romano. Entre los más importantes están los ludi Apollinares, del 6 al 12 de julio, en honor de Apolo; los ludi plebeii, del 4 al 17 de noviembre; los Cerecilla, del 12 al 19 de abril, en honor de la diosa Ceres; los ludi Romani, los más antiguos, celebrados en honor a la tríada capitolina, los dioses Júpiter, Juno y Minerva que compartían un templo en la colina del Capitolio, en septiembre; y los Megalenses, en honor de la diosa Cibeles, en abril.

Junto a estos juegos anuales que se celebran en fecha fija, hay otros juegos que podemos llamar extraordinarios. Entre éstos los más importantes son los ludi saeculares, organizados una sola vez cada siglo, norma que casi nunca se ha cumplido. A estos juegos públicos, organizados por el Estado, hay que añadir los organizados por particulares con motivo de una celebración, un funeral importante, etc.

La diversión con mayúsculas del mundo romano es el circo o los juegos circenses. En el circo encontramos deporte, pasión e incluso ideas religiosas o políticas por lo que algunos especialistas lo consideran como algo más que espectáculo. La tradición hace referencia a los reyes etruscos como los creadores de los juegos en Roma, ya en el lugar donde posteriormente se instalaría el Circo Máximo. Estas ceremonias posiblemente tuvieran un origen funerario, con el fin de conjurar los poderes de ultratumba.

Los emperadores recreaban al pueblo con grandes y repetidas fiestas. En Roma había ciento sesenta y cinco días de fiesta al año, algunas, la inauguración del Coliseo verbigracia, duraron cien días seguidos. Dichas fiestas eran espectáculos que se celebraban en el el teatro, en el circo y en el anfiteatro. Empezaban por la mañana y se terminaban a la puesta del sol. Cuando asistía el emperador se repartían sorpresa, golosinas y vino.

TEATROS: En los teatros, el mayor de los cuales era el de Pompeyo, se representaban comedias, tragedias, farsas y pantomimas. Las comedias eran las obras dramáticas que Plauto y Terencio traducían o imitaban del griego, y que tanto gustaron a los romanos hasta el siglo IV. Las tragedias eran menos apreciadas por aquel pueblo, poco refinado;a la postre eran funciones en que el asunto importaba menos que el aparato escénico  lo propio sucede con las óperas modernas y las comedias de magia. Pero los espectadores preferían las farsas y las pantomimas.

Las farsas o atelanas, asi llamadas porque, según Diomedes, ese género dramático se creó en Atela, ciudad de Campania, eranpiezas en un acto, muy jocosas, parecidas al entremés o al sainete. La pantomima era una pieza dramática en que el actor, mimo o pantomimo, en vez de hablar, explicaba lo que sentía por medio de gestos. La perfección a que llegaron, en este género, los actores griegos, parece que no la han alcanzado nuestros contemporáneos. El teatro romano era, pues, un espectáculo que recreaba la vista, mas que el espíritu.

La representaciones teatrales a veces también se realizan fuera de las fiestas oficiales, con ocasión de la consagración de algún templo o en los funerales de un personaje importante.

Las representaciones teatrales las organizaban los ediles, que encargan a un dominus gregis, un director de compañía teatral, el montaje y representación de las obras.

Este compra la obra a un autor y la representa con actores que son normalmente esclavos y libertos, pues la profesión de actor no está bien vista. En su trabajo los actores —tanto aquí como en Grecia— utilizan máscaras (en latín persona) para caracterizarse, y en éstas en la parte de la boca se deja una abertura muy grande para que la voz del actor se escuche mejor.

Además de distintos tipos de trajes, se utilizan pelucas de diversos colores según el personaje que representen y, algunas veces, un tipo de calzado alto, el coturno, del que ya hemos hablado, para que se les vea mejor. Además, los papeles femeninos son desempeñados por hombres. La mayoría de las obras que se representan pertenecen a géneros de origen griego.

Aquí es más popular la comedia que la tragedia y entre los autores destacan Plauto y Terencio. Últimamente uno de los géneros con más aceptación son los mimos, que también los conocemos en Grecia, en los que no se llevan máscaras y los papeles femeninos son desempeñados por mujeres, que tienen fama de indecentes por llevar poca ropa.

CIRCO ROMANO: En el circo se daban carreras de carros y de caballos. circo Máximo, así llamado por su magnitud y porque e él se celebraban los juegos consagrados a lo dios magnos, tenía cabida para 300,000 espectadores.La planta tenía la forma de un paralelogramo alargado, cerrado por un lado  en semicírculo, ahí se abría la puerta triunfal, y en el lado opuesto, por una línea convexa, ahí estaban las cocheras.

Las gradas ocupaban tres lados, y la arena o pista estaba dividida longitudinalmente, aunque no por completo, por un muro de poca altura, llamado espina (espina dorsal de la pista) en cuyos extremos se alzaban sendos hitos cónicos, bastante altos y dorados, que eran las metas. La pista tenía casi un kilómetro de extensión y era preciso darle la vuelta siete veces en cada carrera.

Gladiador, juegos en el circo romano

Cada día habla veinticuatro carreras, comprendiendo cada una cuatro carros tirados por dos  caballos (biga) o por cuatro (cuadriga). Los cocheros circenses o aurigas lucían túnicas muy cortas ceñidas al cuerpo con correas para evitar que flotaran con la velocidad de la carrera. Los aurigas se distinguían por el color de la túnica, según: la cuadra, orden o bando a que pertenecían verde alusivo a la primavera; rojo al verano; azul, al otoño y blanco, al invierno. Esos cocheros a más de ganaban mucho dinero, eran muy populares.

Sus partidarios no sólo apostaban contra el competidor en la carrera, sino que también, ello era frecuente, reñían y armaban verdaderos motines en el circo. El oficio de auriga tenía sus peligros; los carros al dar la vuelta de la espina, uno muy estrecho, en que estaban las metas, volcaban con suma facilidad.

Los emperadores dieron gran solemnidad a las carreras. Ellos hicieron que los juegos comenzaran con una procesión que dirigía el magistrado que presidía los juegos, y que a partir de Calígula, dirigió el emperador; procesión en la que figuraban los magistrados, los clientes, la flor y nata de la juventud romana, los aurigas, los luchadores, cerrando la comitiva, los sacerdotes y las corporaciones religiosas, las cuales acompañaban las imágenes de los dioses, con sus símbolos y atributos.

Los anfiteatros (el más notable fue el Coliseo o anfiteatro Flavio) eran circos cuya pista, más oval, no tenía espina. En ellos se celebraban varios espectáculos, especialmente los combates de gladiadores. Se atribuye el origen de estos combates a los sacrificios humanos que hacían los etruscos en los funerales de los grandes personajes para aplacar los manes de éstos. La moda influyó para que se reemplazaran con luchas entre dos esclavos.

Bajo el imperio, esos juegos se reglamentaron y se llegaron a dar combates en que quinientas parejas de gladiadores venían a las manos. Los gladiadores eran condenados a muerte, esclavos, cautivos de guerra y a veces también hombres libres ansiosos de celebridad. Se les ejercitaba en ludus gladiatorius. El que fundaba una escuela de este género obtenía magníficas ganancias.

Los gladiadores combatían a pie, a caballo y en carros se les hacia luchar en parejas o en grupos. Generalmente habían de enfrentarse hombres que tuvieran armas diferentes. Entre los gladiadores se distinguían los samnitas, que se presentaban casi desnudos, y llevaban un gran escudo cuadrado y un sable corvo; los mirmillones, armados como los legionarios; los hoplitas, cubiertos de hierro como los caballeros de la Edad Media; los tracios, cubierta la cabeza con casco de anchas alas; los reciarios, armados solamente con una red de pescar y un tridente. Toda esa gente iba, antes de comenzar los juegos, a colocarse en fila delante de la tribuna del emperador para gritar «Ave, César Imperator, morituri te salutant» (Salve, César emperador; los que van a morir te saludan).

Los esclavos sacaban los cadáveres de la pista prendiéndolos con ganchos y tirando de ellos; un hombre vestido de Mercurio comprobaba la muerte de aquellos infelices, tocándolos con un hierro candente; a los heridos que no podían curar se les daba la muerte. Esos juegos sangrientos, que con sólo imaginarlos nos horripilamos, eran deliciosos para el pueblo romano.

Había días en que la pista se convertía en lago, y entonces se daban batallas navales; había otros en que, los gladiadores llamados bestiarios, luchaban con animales feroces. Por último, a aquellos anfiteatros se llevaba a los condenados a muerte, para que fueran devorados por tigres y leones, suplicio que cupo frecuentemente a los mártires cristianos.

LOS BAÑOS PÚBLICOS: (VER Termas de Caracalla)

El mediodía era la hora del almuerzo, especialmente frugal en tiempos de canícula. Cuando el calor apretaba, se imponía la siesta, en horas en que, como cuenta Cicerón, el «venturoso silencio» reinaba en la bulliciosa ciudad.  Recuperadas las fuerzas, cuando el sol comenzaba a bajar llegaba la hora de ir a los baños, para los cuales los arquitectos trazaban cómodas instalaciones, siempre bien abastecidas por los excelentes acueductos que se levantaban en extramuros. Las piscinas para disfrutar del baño también eran un escenario apropiado para el encuentro con los amigos y el abordaje de nuevos negocios, tanto económicos como políticos. Si las horas destinadas al baño no eran suficientes, las negociaciones y las transacciones continuaban alrededor de la mesa, ya que invitarse a cenar era un hábito propio de patricios. Los romanos no tenían fines de semana inactivos.

Los  combates navales son otro tipo de espectáculo ofrecido en los anfiteatros. Para esta ocasión se inunda la arena del anfiteatro. A veces se hace en lagunas naturales. En las embarcaciones las personas que luchan son gladiadores o criminales condenados. Es famosa la naumaquia que organizó el emperador Claudio (10-54 d. C.) en la que participaron diecinueve mil hombres.

Lengua y Literatura en Roma Antigua Etapas y Representantes

Lengua y Literatura en Roma Antigua – Etapas y Protagonistas

la vida cotidiana en roma antigua

INTRODUCCIÓN AL TEMA: La historia de la Literatura romana puede dividirse en tres etapas: orígenes, plenitud y decadencia. La primera etapa no fue muy rica en manifestaciones trascendentes.

Después de algunos cantos religiosos y campestres anónimos, de tipo popular, aparecieron los primeros poetas: entre ellos el itálico Nevio y los griegos romanizados Livio Andrónico y Ennio.

La edad de oro de la literatura latina se extendió desde comienzos del siglo I antes de nuestra era hasta el año 14 después de Cristo, fecha de muerte del emperador Augusto, gran protector de los escritores. Cinco grandes poetas –elegíacos, líricos y satíricos- caracterizaron esta época ilustre.

Fueron ellos: Catulo, que dedicó encendidos versos de amor a la mujer de sus sueños; Virgilio, autor de dos poemas fundamentales sobre la vida rural («Las bucólicas» y «Las geórgicas») y una magna epopeya que escribió -durante doce años- a pedido del emperador Augusto: «La Eneida»; luego, Horacio, que estudió en Roma y en Atenas y cuyas Odas, Sátiras y Epístolas pasaron a la posteridad; después, Tíbulo y Propercio, que murieron jóvenes y, finalmente, Ovidio, el último de los grandes elegiacos latinos.

Ovidio se consagró con el largo poema titulado «Las metamorfosis» y con los versos que integran la serie de «Tristes» y de «Elegías políticas», escritas en el destierro, mientras se hallaba en el Ponto Euxino, cerca del Danubio.

Los prosistas latinos cultivaron diversas especialidades. Algunos, como Tito Livio, se dedicaron a la Historia; otros, como Cicerón, a la Retórica y a la Oratoria; Lucrecio siguió la filosofía de Epicuro y escribió un tratado: «De rerum natura» (Sobre la naturaleza de las cosas); el emperador Julio César también se ocupó de Gramática y de Estilística; Salustio, el autor de «La guerra de Yugurta» fue, según se afirma, una mezcla de alta inteligencia y de bajos instintos; Vitruvio, con su tratado «De arquitectura», realizó un aporte en el campo de la Estética.

La época de la decadencia, después de la muerte de Augusto, presenta una mezcla de raros escritores.

Entre ellos Fedro, esclavo liberto de Augusto, que imitó las fábulas de Esopo.

Hubo varios escritores nacidos en España: Marco Anneo Séneca y Lucio Anneo Séneca, el retórico y el filósofo. Y Lucano, nieto del primero de los nombrados, autor del poema épico «La Farsalia».

Persio, Juvenal y Marcial (este último nacido también en España) fueron poetas en tiempos del emperador Nerón. Cultivaron, en especial, el género satírico. En cambio, la poesía lírica y la poesía épica no tuvieron, durante esta tercera etapa, representantes mayores.

La prosa latina contó, por esta época, con historiadores destacados, como Tácito («Vida de Agrícola», «Germania» y «Anales») y Suetonio. Quintiliano (otro español) presentó, en su «De institutione oratoria», un tratado de Retórica. Marco Aurelio, el sexto de los emperadores romanos, pasó a figurar en la Historia de la Literatura por sus célebres «Pensamientos», serie de máximas morales.

Y Aulo Gelio, en «Las noches áticas», se distinguió como agudo observador de costumbres. También pertenecen a este período dos novelas muy conocidas, aunque moralmente poco recomendables: «El satiricón», de Petronio, y «El asno de oro», de Apuleyo.

CUADRO RESUMEN: LA LITERATURA LATINA
1-Desde los orígenes al  14 d.C.

Principales Representantes

Etapa I: Orígenes al -88

Primeras manifestaciones de la poesía.
La épica: Nevio y Ennio (introduce el hexámetro)
Teatro. Fábula togata (140 a. de C.): Plauto, Terencio
Prosa. Catón el Censor

Etapa II:  -88 al 14 d.C.

Poesía. Los «nuevos» poetas: Cátulo.
Poesía didáctica: Lucrecio (epicureismo)
Época de Augusto: Virgilio (Eneida), Horacio (Odas) y Ovidio. Poetas elegiacos: Tibulo, Propercio
Historia. Julio César, Salustio, Tito Livio
Retórica. M. T. Cicerón
Erudición. Varrón, Vitrubio

2-De 14 d.C. a al 476 (fin  de Roma)

Principales Representantes

Etapa I:
De 14 al 117

Poesía. La épica: Lucano, Estado.
Sátira: Juvenal. Epigrama: Marcial.
Fábula: Fedro
Teatro. L. A. Séneca (estoicismo)
Historia. Tácito
Erudición.
Plinio el Viejo,
Novela.  Satiricón (¿Petronio?)

Etapa II:
117 al 476

Paganismo

Poesía: Nemesiano, Comodiano, Ausonio, Avieno
Historia: Suetonio
Novela: Apuleyo
Erudición: Aulio Gelio
CristianismoApologética: Tertuliano, Lactancio
Poesía: Prudencio, Sidonio Apolinar
Historia: Amiano, Marcelino
Gramática: Elío Donato

PRIMEROS TIEMPOS DE ROMA ANTIGUA: Los romanos produjeron poca literatura antes del siglo III a. de C. La literatura latina que surgió en esa época estaba muy marcada por los modelos griegos. La demanda de obras para los festivales públicos, a la larga, condujo a la aparición de un creciente número de escritores nativos. Los más conocidos fueron Plauto y Terencio.

Plauto (c. 254-184 a. de C.) utilizó argumentos de la Nueva Comedia Griegapara sus propias obras  Los actores vestían atuendos y máscaras griegos, y representaban los mismos personajes base: los viejos verdes, los astutos esclavos, las prostitutas y el joven enamorado.

Si bien estaba en deuda con los griegos, Plauto se las arregló para infundir a sus obras su propia cualidad terrena latina, al incorporar elementos que complacían a los romanos: embriaguez, glotonería y afeminación. Plauto escribió para las masas y llegó a ser un autor muy popular en Roma.

Un segundo autor de obras de teatro que obtuvo distinción fue Terencio (185-159 a. de C.), nacido en Cartago y conducido a Roma como esclavo por un senador romano, quien lo liberó. Terencio murió a temprana edad, después de haber escrito seis obras. También utilizó argumentos de la Nueva Comedia Griega, pero sus obras contenían menos bufonerías que las de Plauto. Terencio estaba más preocupado por lograr el retrato sutil del carácter y por la maestría de su lenguaje. El refinado estilo de su lengua latina atraía más a una audiencia cultivada que a las masas.

La comedia en Terencio
Más moralista que autor dramático fue Publio Terencio Afer (n. hacia 185 a. de C.). Nació en Cartago y fue llevado a Roma como esclavo del senador Terencio Lucano. Disfrutó de una esmerada educación y fue pronto emancipado. Perteneció al círculo elitista de Escipión Emiliano y por ello su obra de comediógrafo no alcanzó tanta resonancia popular como la de Plauto.

Su primera comedia, Andria, imitada de Menandro, se representó con ocasión de los Ludi Megalenses del año 166, y al igual que Hecyra o La suegra no atrajo particularmente a los espectadores, que abandonaron su representación para asistir a un espectáculo de funámbulos. Más éxito lograron las siguientes: Eunuco, Heautoníimorúmenos o El verdugo de sí mismo, Phormio(el nombre del parásito que desempeña un importante papel en la obra) y su mejor pieza cómica Adelphoe o Los hermanos, resultado de la «contaminación» o fusión de dos piezas griegas: una de Menandro y la otra de un autor también griego llamado Dífilo.

Cicerón, César, Horacio y Quintiliano nos han dejado su opinión acerca del teatro de Terencio, valorando virtudes y defectos. Terencio representa la comedia mesurada, sin el vigor que le confirió Plauto, con un lenguaje que se consideró modelo de «elegancia» e inspirado en el de la conversación entre gentes de la «buena sociedad». Destacó en la pintura de caracteres y sentimientos y llegó a la cima de la fama en la época del Renacimiento. Montaigne lo situó muy por encima de Plauto y Fénelon lo consideró mejor que Moliere, aunque .más recientemente estas estimaciones hayan disminuido en beneficio de la obra dramática de Plauto.

La sátira y la prosa
También a esta época, llamada arcaica, pertenece la figura de Cayo Lucilio (180-103 a. de C.), quien dio forma definitiva al género satírico. En Lucilio la sátira se encaminó a la crítica de la sociedad y adoptó como molde métrico el tantas veces aludido hexámetro. De sus treinta libros de Sátiras sólo restan fragmentos en que se abordan cuestiones poéticas, morales y literarias. Horacio tildó su estilo de mediocre, pero en tiempos de Tácito mereció un mayor aprecio. Satirizó la institución familiar, la avaricia, la ostentación de la gente adinerada, las supersticiones y las costumbres femeninas.

Cicerón y Lactancio nos han transmitido textos definitorios de su estilo: el uno relativo a la exagerada pasión por todo lo griego y el otro a la definición de la virtud (en la que parece anteponer el bien de la patria al familiar y al propio).

En el campo de la prosa el escritor más relevante fue Catón el Mayor, ya anteriormente citado. Entre los historiadores cabe citar los nombres de Q. Fabio Pictor (nacido en 259 a. de C.), L. Cincio Alimento, Cornelio Escipión, Cayo Acilio y Postumio Albino, entre otros. Más que historiadores fueron todos ellos analistas y lo que escribieron lo escribieron generalmente en griego.

De los oradores, género en el que el más brillante fue también Catón el Mayor, merecen señalarse algunos de los que menciona Cicerón: sobre todo, los nombres de Marco Antonio y de Marco Licinio Craso, a los que él dio el papel de interlocutores en De oratore.

En otras actividades como la gramática y la crítica literaria incipientes descuellan Espurio Cervilio y L. Elio Preconiano Estilón, que se ocupó, según parece, del lenguaje de las comedias de Plauto.

LA REPÚBLICA: LA EDAD DE ORO DE LA LITERATURA LATINA: El máximo esplendor de la literatura latina se produce en la época de Augusto, es decir, en los primeros pasos de la república romana, y fue de tal importancia que se la reconoce como la «Edad de oro«

VIRGILIO, OVIDIO Y HORACIO: Los elementos principales de la literatura latina fueron «Roma« y “el hombre«. El pasado, el futuro y la gloria de su patria ilustraban las obras literarias de los romanos. El hombre, su actividad política, su conducta, Fueron otras de las preocupaciones dominantes. La influencia griega fue de suma importancia, los grandes literatos griegos fueron los modelos por seguir.

Roma fue también el tema dominante en la historia latina. Esta tuvo un fin literario de carácter ‘patriótico-moralista’. Los historiadores romanos le rindieron homenaje a su ciudad, considerada por ellos como el corazón del mundo. Trataron entonces de mantener vivo el orgullo nacional y de exaltar los deberes cívicos de sus ciudadanos.

Setenta años antes de Cristo nació en Mantua Publio Virgilio Marón (-70 a -19), el más grande de los poetas latinos. Fue autor de las Bucólicas, colección de cantos en los que ensalza la vida del campo, completados después por las Geórgicas, que describen las labores agrícolas, la vida de las abejas, del ganado y de los árboles.

Pero su obra cumbre fue la Eneida, que consta de doce libros en los que, imitando a Homero, describe las aventuras de Eneas, fugitivo de Troya, una vez destruida la ciudad por los griegos. El libro es un relato mitológico, épico, poético y dramático, en el que al mismo tiempo se va siguiendo paso a paso el periplo del príncipe troyano a través del Mediterráneo. La intervención de los dioses en los combates que se describen recuerda las páginas de la Iliada y la Odisea.

El poeta mas brillante fue Virgilio, hijo de un pequeño campesino de norte de Italia, escribió su obra maestra en honor al emperador Augusto Octavio, poema épico conocido como La Eneida, y que rivalizó con la obra de Homero, en donde se establece una conexión explícita entre Troya y Roma. Troya y Roma. Eneas, el hijo de Anquises de Troya, sobrevive a la destrucción de su ciudad y, a la larga, se establece en el Lacio; por consiguiente, la civilización romana se anuda con la historia griega.

El carácter de Eneas es descrito en términos que recuerdan el ideal romano: sus virtudes son el deber, la piedad y la lealtad. El propósito general de Virgilio fue mostrar que Eneas había cumplido su misión de establecer a los romanos en Italia y, por consiguiente, que Roma comenzara su divina misión de gobernar el mundo

Ovidio (43 a. de C.-18 d. de C.) fue el último de los grandes poetas de la Edad de oro. Perteneció a un grupo privilegiado de jóvenes romanos a los que les gustaba ridiculizar los viejos valores romanos. Para conservar el espíritu de este grupo, Ovidio escribió una serie de frívolos poemas amorosos, conocidos como Amores. Pensados para entretener e impresionar, lograron su cometido.

La obra más popular de Ovidio, Las metamorfosis, es una serie de quince narraciones mitológicas complejas que incluyen la transformación de formas, como el cambio del caos en orden. Fuente inagotable de información mitológica, Las metamorfosis inspiraron a muchos pintores, escultores y escritores occidentales, sin olvidar a Shakespeare.

Otra de las obras de Ovidio fue El arte de amar. Ésta era esencialmente una imitación de los poemas didácticos. En tanto que los autores de anteriores poemas didácticos escribieron guías para sembrar, cazar o actividades semejantes, la obra de Ovidio era un manual para seducir a la mujer (véase el recuadro de la página 139). El arte de amar parecía aplaudir la relajación moral de las altas clases romanas, justo cuando Augusto trataba de purificar la vida sexual de dichas clases. Al princeps no le agradó esto. Ovidio eligió ignorar los deseos de Augusto y pagó el precio.

En el año 8 d. de C., se e implicó en un escándalo sexual, que tal vez también involucraba a la hija del emperador, Julia. Ovidio fue desterrado a una pequeña aldea en las costas del mar Negro.

Contemporáneo de Virgilio fue Publio Ovidio Nasón  romano a quien Augusto desterró a Ponto Euxino a orillas del Mar Negro. Sus obras más conocidas son El arte de amar, de tema netamente erótico, y Las metamorfosis, de carácter mitológico.

Otro prominente poeta de la época de Augusto fue Horacio (65-8 a. de C.), amigo de Virgilio. Horacio fue un escritor muy complejo cuya absorbente preocupación pareció ser señalar a sus contemporáneos las «insensateces y vicios de su época». En las Sátiras, mezcla de poemas sobre una variedad de temas, Horacio se rebela como un desapasionado observador de la debilidad humana.

Dirigió sus ataques contra actitudes, no contra personas vivas, y abordó temas como la inmoralidad sexual, la avaricia y la insatisfacción en el trabajo («¿Cómo es posible, Mecenas, que ni un solo hombre esté contento con su suerte?»).

UN TRÁGICO ERROR: Mas el ritmo tranquilo y placentero de su vida se ve perturbado por un auténtico rayo en cielo sereno. Una tarde, un centurión le lleva una orden inesperada. Augusto le ordena que abandone inmediatamente «Roma, y se traslade a Tomi, en el .mar Negro, Era enviado al exilio. ¿Por qué? Aún hoy permanece todo en el misterio. Ovidio, en sus escritos, alude sólo a un fatal «error» cometido. ¿Cuál?: no sabemos.

Es invierno cuando se embarca en Brindisi; el mar está tempestuoso. Llega extenuado a Tomi, un pueblecillo perdido, donde nadie habla ni sabe latín, donde no hay médicos. Además, la zona está amenazada por las poblaciones bárbaras vecinas: los escitas, que intentan invadir la colonia romana.

Ovidio, que siempre ha alardeado de no haber prestado nunca servicio militar, se ve obligado, ya casi viejo, a proveerse de yelmo y coraza y a embrazar el escudo. Es una vida imposible para el poeta. Una gran tristeza le agobia, y, muchas veces, durante el exilio, invoca la clemencia de Augusto. Pero es inútil: el emperador no perdona.

Ovidio necesita un médico, un poco de sol.. . pero no puede tener lo uno ni lo otro. No tiene ni el consuelo de recibir cartas de los seres queridos, pues las comunicaciones con Roma son lentísimas. Y así será hasta el fin: ruegos, peticiones, nostalgia, soledad.

A los sesenta años, el más brillante poeta de la corte de Augusto desapareció para siempre.

SUS OBRAS: La poesía de Ovidio no es particularmente rica en significados profundos ni en valores universales. Pero este poeta es el más grande narrador de aventuras amorosas, de historias fabulosas y de maravilla y de sentimientos nostálgicos de que pueda alardear la literatura latina. Sus mayores méritos radican en la limpia exactitud y en la ágil musicalidad de su verso. Sus obras más importantes son:

«Amores» – En esta obra, Ovidio canta la belleza y la dulzura de sus sentimientos por Corinna, la mujer amada.

«Ars amatoria» – Es una obra curiosa: en ella enseña el poeta, muchas veces con ironía sutil, cómo comportarse cuando se está enamorado.

«Remedia Amoris» – «Medicamina faciei» – Éstas son las obras más «frívolas» de Ovidio. En la primera da consejos para curarse del «mal de amores». En la segunda enseña a las mujeres… recetas de belleza.

«Las Metamorfosis» – Su obra más célebre. En ella se cantan quince historias de transformaciones acaecidas por obra de los dioses, como hombres transformados en animales o plantas, y concluye con la apoteosis del César, que se transforma en una estrella brillante.

«Fastos» – Es la obra más «seria» del poeta, en la que celebra la gloria de Roma narrando sus fiestas más importantes.

«Tristia» – Como las demás pequeñas obras, escritas durante su exilio en Tomi, expresa la soledad y la tristeza de sus últimos años de vida.

Quinto Horacio Flaco  (65-8) escribió odas, sátiras y epístolas. De estas últimas, la titulada A los Pisones ha sido considerada como un tratado de preceptiva literaria. Fue protegido de Mecenas.

Horacio se ríe en gran medida de la debilidad del ser humano y hace un llamado al dominio sobre sí mismo: «Suponiendo que mi amigo se haya embriagado y haya mojado mi lecho… ¿será por ese desliz que deba tenerle menos aprecio como amigo, o porque me arrebató un pollo que estaba al lado de mi plato cuando tenía hambre?

En su última obra, las Epístolas, Horacio se valió de otra forma griega —la carta imaginaria compuesta en verso— para ofrecer un retrato de sus amigos, de la sociedad y de aquellas cosas por las que tenía más aprecio: una vida sencilla, los buenos amigos y su amado país.

Siguiendo La línea del griego Esopo, en Roma encontramos a Fedro, contemporáneo de los poetas antes mencionados, a quien se debe una colección de fábulas.

Salustio (86-34 a.C.) Escribió con estilo conciso y metódico sobre los tiempos de las crisis de la república y sus problemas. Sus obras: La guerra de Yugurta y La conspiración de Catílina.

Tito Livio (59 a. C- 17 d.C.) Escribió Historia de Roma, importante obra en la que recogió el testimonio de antiguos cronistas. No obstante la falta de crítica en sus relatos, en donde mezcló la leyenda con la realidad, su obra fue importante para conocer los primeros tiempos de Roma.

La obra latina en prosa más famosa de la Edad de oro la escribió un historiador, Livio (59 a. de C.-17 d. de C.). La obra maestra de este escritor fue la Historia de Roma, que abarcaba desde su fundación hasta el año 9 a. de C., y que comprendía ciento cuarenta y do; libros. Sólo treinta y cinco de éstos han llegado hasta nosotros, aunque tenemos breves resúmenes de toda la obra, escritos por otro; autores. Livio concibió la historia como lecciones morales.

Para Livio, el carácter humano era un factor determinante en la historia. La historia de Livio celebró la grandeza de Roma. Construyo escena tras escena, que no sólo revelaba el carácter de las principales figuras, sino que demostraba las virtudes que habían hecho grande a Roma. Por supuesto, acusaba serias fallas como historiador. No siempre se atenía a la exactitud de los hechos de las miríadas de su; historias, y no era muy crítico respecto de sus fuentes. Pero narró, en verdad, una buena historia, y su obra fue considerada por mucho tiempo como la historia ejemplar de Roma.

La época de Augusto se prolongó mucho tiempo. Él murió en el año 14 d. de C., después de dominar el mundo romano por cuarenta y cinco años. Creó un nuevo orden, al mismo tiempo que pacificaba el anterior, restaurando y conservando los valores tradicionales, lo cual constituyó una combinación adecuada para el hombre cuy¿ máxima fue «apresúrate despacio». En el momento de su muerte, su nuevo orden estaba tan bien establecido, que pocos romanos fuero-los que se rebelaron para buscar una alternativa de gobierno.

LA EDAD DE PLATA:  se llama así, porque pesar que los esfuerzos literarios de esta etapa fueron buenos, no alcanzaron a superar la calidad de la primera etapa de la cual hablamos anteriormente, que llamamos Edad de Oro

Educado en Roma, Séneca (c. 4 a. de C.-65 d. de C.) estuvo fuertemente vinculado con la filosofía del estoicismo. Después de cumplir sus funciones de tutor de Nerón, él mismo se encargó de que el gobierno funcionara en los primeros cinco años del reinado de Nerón. Séneca comenzó a desligarse de la política cuando Nerón inició un papel más activo en el gobierno. En el año 65 fue acusado de estar involucrado en una conspiración en contra ce Nerón y, obedeciendo las órdenes de Nerón, se suicidó.

En sus cartas, dirigidas a un joven amigo, expresó los principios básicos del estoicismo: vivir de acuerdo con la naturaleza, aceptar los acontecimientos desapasionadamente, como parte de un plan divino, para profesar un amor universal por toda la humanidad. Así, «la primera cosa que la filosofía nos promete es el sentimiento de compañerismo, de pertenecer a la humanidad y de ser miembros de una comunidad»

 La filosofía llama a una vida sencilla, pero no penitente, y la forma sencilla de vivir no necesita ser una vida grosera. Analizado en retrospectiva, Séneca incurre en algunas inconsistencias notorias. Si por un lado predicó las virtudes de la simplicidad, por el otro amasó una fortuna, y aun llegó a comportarse con rudeza para protegerla. Sus cartas reflejan humanismo, benevolencia y entereza, pero sus sentimientos a menudo se ven deteriorados por su intención de ser astuto con las palabras.

Tácito (55-120 d.C.) Se lo consideró uno de los historiadores más importantes de Roma; fue autor de numerosas obras, entre ellas Anales y Germania. Figura relevante de este largo período es la de un historiador: Cayo Cornelio Tácito.

Tácito, roma antiguaAunque carecemos de las fechas exactas de nacimiento y de muerte, cabe fijar la primera en torno al año 55 de nuestra era y la segunda alrededor del año 120. Era probablemente hijo de un caballero romano, Cornelio Tácito, que ocupó el cargo deprocurator en Bélgica hacia el año 55, y se conjetura que nació en una provincia del norte de Italia.

Frecuentó las escuelas de retórica, ejercitándose en la práctica de las célebres declamaciones, y recibió la influencia de la filosofía de los estoicos, que gozaba entonces en Roma de gran predicamento. Con fervorosa admiración de discípulo, escuchó a los grandes oradores de su tiempo, Marco Apery Julius Secundus, impregnándose de sus consejos y enseñanzas. Adquirió temprana reputación de jurisconsulto elocuente y prudente, de lo que nos ha transmitido su personal testimonio Plinio el Joven.

En su producción se incluyen: Diálogo de los oradores, escrito hacia el año 81; Vida de Agrícola, panegírico de su suegro que compuso ante la imposibilidad de pronunciar el elogio fúnebre del fallecido por encontrarse Tácito ausente de Roma; la Germania (De moríbus Germanorum), monografía en dos partes sobre las costumbres germanas, que compuso fundándose en informes orales directos y en la lectura de Plinio el Viejo; las Historias de las que se han conservado cuatro libros y una parte del libro V y que incluían los hechos acaecidos desde el año 69 (ya muerto Nerón) hasta el año 96 (asesinato de Domiciano y advenimiento de Trajano) narrados en catorce libros, y los Anales (Librí ab excessu divi Augusti), que según se deduce abarcarían desde la desaparición de Octavio Augusto el año 14 de nuestra era hasta el año 69, enlazando así con las Historias.

Alrededor del segundo siglo de nuestra era, los autores latinos —aunque todavía bajo la influencia de los modelos griegos familiares— imitaban cada vez más a los grandes escritores latinos de las primeras épocas. Juvenal (c. 55-c. 128) escribió cinco libros de sátiras, en los que ponía en la picota las costumbres y los vicios de su generación.

En ellas fustiga los vicios y corrupción de la Roma de su tiempo: censuran vicios, describen costumbres, ensalzan virtudes, etc. El tono vehemente de que hace gala el autor le valió un prestigio que traspasó los límites cronológicos de la Antigüedad, para perdurar en los siglos posteriores

Atacó los amaneramientos de las mujeres romanas, el abuso de los esclavos, los excesos de los emperadores, los inmigrantes griegos y orientales, su propia pobreza y las injusticias de la sociedad romana.

Por ejemplo: «Exigen que el maestro moldee esas mentes tiernas… Se le dice a uno: ‘Encargúese’, y cuando finaliza el año escolar, uno obtiene tanto como lo que obtiene el jinete de una sola carrera».

Sin embargo, Juvenal no fue un reformador. A pesar de que atacó muchos vicios, no brindó una crítica sustancial de su sociedad.

Las Mujeres en Roma Antigua Imperio Romano

Las Mujeres en Roma Antigua

El papel principal que desempeñarán las mujeres en Roma será el de fiel y abnegada esposa ya que dependían en todo momento de su marido. Los enlaces matrimoniales solían ser concertados por las familias y el padre de la joven debía entregar una dote a la muchacha.

Ella tenía derecho de sucesión respecto a su padre e incluso capacidad de testar por lo que se dieron matrimonios donde la esposa era más rica que el marido y rehusaba su autoridad, recibiendo en ocasiones todas las clientelas del padre.

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Pero lo habitual era que la mujer estuviera absolutamente supeditada a su esposo. Si tradicionalmente es el pater familias el que dirige la casa, quien da las órdenes a los esclavos y dirige la administración del hogar, ¿cuál es el papel de la mujer en las casas respetables de Roma? Lo habitual es que las matronas mataran la mayor parte del tiempo en los trabajos relacionados con la costura y el tejido.

Paulatinamente la mujer irá ocupando un papel protagonista en la organización de la familia, incluso por prescripción médica ya que los galenos consideraban que las mujeres debían desarrollar alguna actividad. Algunos hombres empezaron a dejar en manos de sus esposas la dirección del hogar, incluso la llave de la caja de caudales.

El contar con varios esclavos permitía a la matrona poder delegar en ellos todos los trabajos de la casa, incluso los relacionados con su propia higiene personal. El esclavo viste y calza a la dama, aunque no lava sus dientes.

Los esclavos acompañan a la señora en la alcoba, aunque la matrona duerma sola o en compañía de su esposo. Era frecuente que los esclavos durmieran en las puertas de las alcobas, contándonos un poeta satírico que «cuando Andrómaca hacía el amor con Héctor, sus esclavos, con la oreja pegada a la puerta, se masturbaban».

Esta omnipresencia de los esclavos en las vidas de las clases acomodadas romanas provocarán que las infidelidades fueran públicas en la mayor parte de los casos. Para mantener una relación amorosa secreta lo mejor era alquilar una habitación a un sacristán ya que estaba obligado a guardar silencio. Si el esposo fallecía, la matrona vería protegida su virtud por su familia, ante la inminente llegada de una legión de pretendientes que deseaban hacerse con su fortuna.

Previamente debía haber muerto el padre porque sino como pater familias era dueño de todo lo que pertenecía a la familia. El sino de esta viuda es volver a contraer matrimonio o buscarse un amante que la complazca en el lecho, a pesar de la indignación de los moralistas romanos. Si era el hombre el que quedaba viudo podía buscarse una concubina, mujer o mujeres con los que un hombre solía acostarse habitualmente. No olvidemos que los emperadores contaban con un amplio harén de concubinas en palacio. Pero llegaría un momento en que ese hombre viudo decidiera establecer un vínculo más estrecho con esa concubina de inferior rango social por lo que se produce una unión de hecho entre ambos denominada concubinato. La concubina debía ser una mujer libre y la unión monogámica.

Este concubinato no da lugar a consecuencias jurídicas, siendo libres los hijos nacidos de esa relación.

Las Cortesanas en Roma Antigua Historias del Imperio Romano

Las Cortesanas en Roma Antigua

Agricultura
Minería
Artesanos
Comerciantes
Financistas
Viviendas
Las Ciencias
Prostitución
Las Mujeres
Literatura
Filosofía
Diversión
Educación
El Derecho
Arte
Religión
Familia
Costos
Portal de Roma
Portal de Grecia

Después de la conquista de Grecia, la decoración interior llegó a ser rica y variada, aun en las casas modestas. Las paredes estaban cubiertas. de pinturas familiares o mitológicas; había numerosas columnas de mármol, enlosados de piedras raras y mosaicos. Las colgaduras y tapices completaban la ornamentación; pero las habitaciones eran pequeñas y contenían pocos muebles.

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La casa romana era una vivienda de país cálido.

El vestido de los romanos no difería mucho del de los griegos. El hombre llevaba calzoncillos, subligdculo y una larga camisa con o sin mangas, llamada tunica. La túnica de los senadores estaba orlada con una ancha franja de púrpura, conocida con el nombre de laticlavia. Por encima de la túnica llevaba el romano la toga que era como una capa de mucho vuelo corbada en forma de semicírculo y que tenía por un lado un diámetro de 4 m. 85 próximamente y por el Otro era un segmento de circulo cuya cuerda tenía t m. 20.

Era la toga el distintivo del ciudadano y no podían usarla ni  los extranjeros ni los esclavos. Esta prenda, colocada artísticamente hacía muchos y graciosos pliegues. Los mancebos libres también vestían la toga, adornada con una franja de púrpura y llamada pretexta. Poco a poco fue introduciéndose el uso de llevar debajo de la túnica una a modo de la camisa actual, llamada subúcula, y en tiempo de lluvia o en viaje un capote, penula, provisto de capucha, cuculla. Todos estos trajes fueron primitivamente de lana; pero la moda introdujo pronto en Roma telas ligeras de Grecia y de oriente.

Las mujeres llevaban también una camisa, y por encima un vestido largo, con mangas, estola, ceñido en el talle con un cinturón. Cuando sallan, se abrigaban con la pallo, gran man o o chal parecido al himatión griego. El tocado era cosa muy importante entre las romanas que se mostraban libremente en público. Se ajustaban el busto con una especie de corsé de cuero; se teñían la cabellera de rubio o se ponían pelucas; abusaban de los afeites y ungüentos y les gustaba salir cargadas de aderezos. Las joyas encontradas en las excavaciones están delicadamente labradas.

Ni los hombres ni las mujeres usaban calcetines o medias, y se calzaban, para salir, con el borceguí, cdlceo, que ajustaban por medio de correas, pero que dejaba descubiertos los dedos de los pies. El cálceo que usaban ciertos magistrados era rojo, y se llamaba múleo. En la casa se ponían sandalias. En el ejército, los soldados llevaban el borceguí con suela guarnecida de clavos o cdliga.

El romano en su casa era dueño absoluto de su familia y de sus esclavos. La autoridad paternal era muy grande, y durante mucho tiempo tuvo el padre derecho de vida y muerte sobre los suyos.

En la ciudad era ante todo un ciudadano. No se dedicaba, como el griego, al comercio, sino a los negocios públicos. Si era acaudalado, recibía por la mañana a sus clientes, escuchaba sus peticiones y les distribuía consejos o socorros. Después iba al Foro, donde tomaba asiento en el senado o en el tribunal. Si era pobre, se inscribía como cliente de un rico, lo escoltaba en público y lo sostenía con su voto en las elecciones.

Las distracciones eran raras. Por la tarde jugaba a la pelota o iba a los baños que eran, como el café moderno, la cita de los ociosos. Sólo algunas procesiones religiosas y algunos juegos del circo alteraban a veces la monotonía del año. Esa vida convenía a un pueblo de propietarios rurales; pero las costumbres fueron modificándose muy de prisa en Roma como se verá más adelante, hasta que en la época del Imperio se convirtió en verdadera ciudad de placeres.

El papel de la mujer era más importante en Roma que en Grecia. Gobernaba también la casa, pero tenía más autoridad que la mujer griega, porque estaba más asociada a la vida de su marido. Se la felicitaba porque cuidaba del gobierno de la casa e hilaba la lana, pero en realidad hacía más que eso. Compartía los honores que se tributaban a su esposo, aparecía con él en público, en las ceremonias y los juegos, y estaba rodeada de consideraciones; era en fin la señora, la matrona.

En la casa, no estaba confinada en sus habitaciones, sino que tomaba parte en las comidas y recepciones. Su influencia, aunque no reconocida por la ley, de hecho era muy grande. Catán tuvo la prueba cuando quiso acabar, por medio de una

LA PROSTITUCION: La presencia de esclavos y esclavas en los hogares sería uno de los motivos de la libertad sexual con los que se relaciona el mundo romano. Esta presunta libertad sexual estaría íntimamente relacionada con el amplio desarrollo de la prostitución.

Como en buena parte de las épocas históricas, en Roma las prostitutas tenían que llevar vestimentas diferentes, teñirse el cabello o llevar peluca amarilla e inscribirse en un registro municipal. No en balde, Catón el Viejo dice que «es bueno que los jóvenes poseídos por la lujuria vayan a los burdeles en vez de tener que molestar a las esposas de otros hombres». En el año 1 existe un registro con 32.000 prostitutas que estaban recogidas, habitualmente, en burdeles llamados lupanares, lugares con licencia municipal cercanos a los circos y anfiteatros o aquellos lugares donde el sexo era un complemento de la actividad principal: tabernas, baños o posadas.

Los distritos del Esquilino y el Circo Máximo tenían una mayor densidad de burdeles humildes mientras que los más elegantes se ubicaban en la cuarta región, habitualmente decorados con murales alusivos al sexo e identificados en la calle con un gran falo que era iluminado por la noche. Las prostitutas solían exhibir sus encantos en las afueras del prostíbulo y era habitual que en las puertas de las habitaciones existiera una lista de precios y de servicios.

Las prostitutas se dividían en diversas clases: las llamadas meretrices estaban registradas en las listas públicas mientras que las prostibulae ejercían su profesión donde podían, librándose del impuesto. Las delicataeeran las prostitutas de alta categoría, teniendo entre sus clientes a senadores, negociantes o generales.

Las famosas tenían la misma categoría pero pertenecían a la clase patricia, dedicándose a este oficio o por necesidades económicas o por placer. Entre ellas destaca la famosa Mesalina, Agripina la joven o Julia, la hija de Augusto. Las conocidas como ambulatarae recibían ese nombre por trabajar en la calle o en el circo mientras que las lupae trabajaban en los bosques cercanos a la ciudad y las bustuariae en los cementerios.

El lugar favorito para las relaciones sexuales eran los baños, ofreciendo sus servicios tanto hombres como mujeres; incluso conocemos la existencia de algunos prostíbulos frecuentados por mujeres de la clase elevada donde podían utilizar los servicios de apuestos jóvenes.

Las ciencias en Roma Cientificos Romanos Historia de la Ciencia

Las ciencias en Roma Antigua – Científicos Romanos

LA CIENCIA EN ROMA: Entre los griegos el pensamiento científico se complacía en la especulación y la construcción de sistemas filosóficos de carácter abstracto, demasiado ambiciosos y complejos. Los helénicos deseaban encontrar una explicación al mundo y a sus fenómenos, pero el estado de la Ciencia no permitía la elaboración de cosmogonías y metafísicas, pues faltaba conocer mucho acerca de los fenómenos concretos para poder llegar a una fase de síntesis.

Los romanos, al contrario, eran hombres sumamente prácticos y por esto buscaron sólo la aplicación concreta de las verdades que encontraban. Así, no se entregaron con pasión al estudio de la Astronomía, sino como una necesidad para conseguir un calendario más perfecto. En el primer tomo de esta obra hemos hablado de las sucesivas reformas del mismo. La primera realmente importante fue la de Julio César, decretada el año 47 a. J. C., pero incluso en esta tarea le ayudó un astrónomo griego llamado Sosígenes. A él se debe la invención del día bisiesto o «bis-sexto-calendas».

Marco Antonio cambió el nombre del mes «Quintili« por el de «Julius« para honrar la memoria de Julio César, y en tiempo de Augusto el mes «Sextilis« fue transformado en«Augustus« por idéntica razón. Los nombres y la ordenación de meses quedaron así, tal como estén en la actualidad: un calendario que tuvo vigencia durante más de dieciséis siglos, hasta que fue reformado en 1582 por el papa Gregorio XIII.

Desde el año 44 al 19 a. J. C. los geodesas romanos acometieron la ingente tarea de medir y levantar mapas de todas las tierras del Imperio.

El documento geográfico más importante de la época romana es, seguramente, la Geografía de Es-trabón dividida en 6 libros, para cuya redacción se basó en los textos de Hiparco y de Eratóstenes. El mundo entonces conocido terminaba en las fronteras de la India, en las llanuras de Alemania y Polonia, en las orillas del Mar Negro, en el litoral del Norte de Africa y en el Océano Atlántico.

Hacia el año 44 de nuestra Era, Pomponio Mela escribió el primer tratado completo de Geografía en tres grandes libros, cuyo título original es De situs orbis.

En Roma, la Medicina fue tenida por un arte propio de esclavos y extranjeros. Este concepto explica que sus mejores médicos no fueran romanos. Asclepíades era de Bitinia y el gran Claudio Galeno (128-200) había nacido en Pérgamo (Asia Menor). Éste fue un gran anatomista que estudió los sistemas muscular, óseo. y nervioso, y al mismo tiempo realizó profundas investigaciones sobre Medicina. Su fama fue tan grande que aún en la actualidad el nombre de «galeno» es sinónimo de médico.

Ya hemos citado algunos literatos que adquirieron fama no sólo por la galanura de su estilo, sino por su labor didáctica. El estudio de las ciencias naturales aplicadas a la agricultura, a la ganadería o a diversas industrias del campo, tuvieron tanta importancia que aún resulta de utilidad la lectura de libros como Historia Natural, de Plinio el Viejo, y Agricultura, del español Columela, que estudió las formas de cultivo de secano para mejorar el campo, el modo de trabajar los huertos, la forma de preparar un calendario agrícola, la atención que han de merecer los árboles frutales, etc.

Sin embargo, el gigantesco esfuerzo de Roma iba a perderse al impulso de la incontenible revolución que representó la invasión de los bárbaros.

ARTE DE LA MEDICINA: Pese a que los antiguos romanos no disponían de médicos profesionales, practicaban el arte de la medicina. La medicina romana antigua estaba, sobre todo, basada en el uso de hierbas. Elpaterfamilias preparaba diversos remedios para sanar las heridas y curar las enfermedades. El conocimiento de las propiedades curativas de las plantas se transmitía de generación en generación.

Esta medicina tradicional herbolaria siguió utilizándose en el Antiguo Imperio. Por supuesto, también se transmitieron recetas para condición esto exactamente enfermizas, como la calvicie. Una de esas recetas consistía en vino, azafrán, pimienta, vinagre, laserpicium (la reina de las plantas medicinales romanas) y excremento de rata.

Como en otros aspectos de la vida romana, también se dejó sentir la influencia griega en la medicina. Al final del siglo III a. de C., la medicina científica hizo su aparición en el rriundo romano por medio de médicos profesionales provenientes del mundo helenístico. Los médicos se pusieron de moda en Roma; sin embargo, el prejuicio en contra de ellos nunca desapareció del todo. Muchos eran esclavos griegos que pertenecían al servicio de grandes familias aristocráticas. Los primeros médicos públicos de Roma se reclutaron para el ejército romano.

Estas prácticas militares se extendieron después a los funcionarios imperiales de las provincias y a sus familias, e incluyeron el establecimiento de hospitales públicos. Asimismo, las escuelas de gladiadores contaban con sus propios médicos residentes. De hecho, uno de los más famosos médicos, el griego Galeno (129-199), surgió de las filas de los médicos de los gladiadores y se convirtió en médico de la corte del emperador Marco Aurelio. La medicina científica romana también fue testigo del desarrollo de numerosos especialistas. Por ejemplo Alcon , famoso cirujano de esa época de los Flavios, se especializo en enfermedades de los huesos y operaciones de hernia.

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Las viviendas y casas en el imperio romano de occidente Roma Antigua

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: VIVIENDAS Y CASAS

la vida cotidiana en roma antigua

Desde la originaria colina del Palatino, Roma se amplía en la época de los reyes y Servio Tulio rodeó con una muralla las siete colinas que constituían la ciudad, quedando en el centro el Foro Romano. La invasión de los galos del año 391 a.C. provocó el incendio de la ciudad por lo que se procedió a la reconstrucción, conservando su irregular trazado y su perímetro amurallado. Ahora ocupa 426 hectáreas pero presenta por primera vez problemas de vivienda por lo que se distribuyó entre los indigentes la colina del Aventino. En el año 174 a.C. se considera que Roma «es una ciudad fea, con edificios públicos y privados de mezquino aspecto» según los cortesanos de Filipo de Macedonia.

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Las casas estaban construidas al azar mientras que las irregularidades del terreno habían motivado que las calles fueran serpenteantes y empinadas, con vías estrechas y tortuosas. La mayoría de ellas carecían de aceras y su anchura no pasaba de los cinco metros. También se encontraban pasadizos de dos o tres metros de anchura casi intransitables que formaban la red viaria de los barrios populosos como el Argilentum -morada de libreros o zapateros-. Las casas estaban construidas en madera y adobe, siendo de diversas alturas, existiendo en el siglo II a.C. casas de más de tres pisos. No había agua corriente en los domicilios, excepto algunos privilegiados.

Los acueductos llevaban el agua a las fuentes públicas y los baños. Ningún ciudadano o extranjero podía moverse a caballo o en carro en la ciudad, excepto para el transporte de materiales o mercancías. Las ventanas de las casas no tenían cristales, cerrándose con postigos de madera o rejas de piedra o terracota. Las estufas escaseaban pero había braseros o chimeneas encendidas para calentarse puntualmente. Los muebles no eran muchos en las casas: lechos para dormir o comer, mesas, armarios o aparadores forman el escaso mobiliario. Las letrinas privadas no existían utilizando las colectivas siendo las de los hombres más grandes que las de las mujeres.

Lo habitual era hacer las necesidades en recipientes portátiles y arrojar su contenido por las ventanas En tiempos de César vivían en Roma unos 800.000 habitantes, produciéndose una afluencia masiva de extranjeros, especialmente esclavos, a la ciudad. Los barrios centrales presentan síntomas de especulación ya que los terrenos en la esta almendra central son escasos y muy caros. Las viviendas -llamadas insulas- se elevan hasta los seis u ocho pisos, produciéndose continuos derrumbamientos e incendios debido a la mala calidad de la construcción y de los materiales. La llegada de Augusto al poder supuso un embellecimiento de Roma y una nueva administración al distribuir el territorio en 14 regiones con sus respectivos puestos de guardia que debían apagar los incendios. Pero los edificios serán construidos aún en materiales pobres lo que favoreció el increíble incendio que se vivió en el año 64, en tiempos de Nerón.

Tres barrios fueron destruidos y siete resultaron dañados durante los ocho días que duró. Para evitar nuevos incendios, Nerón dispuso una serie de ordenanzas que aludían a la construcción de casas alineadas, formando calles anchas, limitando la altura de las casas que no podrían ser construidas en madera y debían utilizar piedra ignífuga. Depósitos antiincendios fueron colocados estratégicamente. Plinio comenta la existencia de unos 90 kilómetros de calles anchas y alineadas que no dejaron de ser criticadas por algunos, caso de Tácito que comenta: «las calles estrechas y los edificios altos no dejaban penetrar los rayos del sol, mientras que ahora, y a causa de los grandes espacios y la falta de sombra, se arde de calor». A pesar de las normas de seguridad impuestas, los incendios continuaron . A mediados del siglo II la población de Roma se acercaba al millón y medio de habitantes, concentrándose la mayoría en los barrios centrales.

Existían unas 46.000 insulas -una densidad media de 102 insulas por hectárea- algunas de ellas bastante altas debido al incremento de los precios que estaba alcanzando el suelo. Augusto tuvo que limitar las construcciones a 70 pies, unos 21 metros, mientras que Tácito menciona casas de 30 metros. A pesar de las limitaciones, los edificios seguían creciendo. Roma tomaba el aspecto de una Nueva York antigua. La introducción del ladrillo cocido que daba mayor solidez al edificio y era menos combustible fue lo que permitió la edificación de estos colosos. La Subura, el Argilentum y el Velabrum eran los barrios más populosos y los más poblados. Allí vivían zapateros, libreros, vendedores ambulantes, magos, maleantes, aventureros, charlatanes, etc. Como es lógico, las casas estaban levantadas de manera anárquica y sus calles eran estrechas, distribuyéndose las tiendas y los talleres artesanales por oficios. La mayoría de las casas estaban arrendadas y subarrendadas a su vez, elevando las precios de manera desorbitada. La vida pública y oficial se desarrollaba en los Foros, el Capitolio, el Campo de Marte y el Palatino.

Los barrios aristocráticos estaban constituidos por domus, residencias de gran amplitud con uno o dos pisos estructurados alrededor del atrio y del peristilo, patio de influencia griega. El Collis Hortorum era el barrio residencial y aristocrático por excelencia. La domus contaba con una elegante entrada, comedor, habitaciones para esclavos y miembros de la familia. No había ventanas que daban a la calle ya que toda la luz necesaria procedía de los patios interiores. En Roma no existía servicio de limpieza ni iluminación nocturna. Salir por la noche era toda una aventura y quien lo hacía se exponía a jugarse la vida. Pero durante el día las calles eran bulliciosas y estaban llenas de gente.

Según un edicto de César las calles debían ser limpiadas por los propietarios, prohibiéndose la circulación de carros desde el alba al amanecer. De las montañas próximas llegaban trece acueductos que inundaban la ciudad de agua, aflorando en las numerosas fuentes públicas que manaban continuamente. Quizá para evitar esta anarquía urbanística característica de Roma, las ciudades de nueva planta se construían siguiendo los planos de los campamentos romanos. El cardo y el decumanus se cruzaban en el centro, estableciendo un sistema en cuadrícula que dejaba la zona central para foros.

PARA SABER MAS…
Los romanos adinerados vivían en la mayor de las elegancias. Los pórticos y terrazas de sus espaciosas mansiones lucían arbustos de flores y el verde follaje de las enredaderas. En el interior, los esclavos hacían el quehacer de la casa, recorriendo el panorama de frescas columnas de mármol y pisos de brillantes mosaicos. Los muebles eran de bronce, marfil y maderas finas; de las ventanas pendían cortinas de costosas telas; los vividos colores de los frescos alegraban los muros.

Los más pudientes tenían dos mansiones, una en la ciudad y otra en el campo, ambas con los mismos lujos. Los invitados entraban por un vestíbulo cuyas puertas dobles daban al atrio, o sala. Ésta era la estancia principal de la familia: la luz, que entraba por una abertura en el techo, se reflejaba en el agua de un estanque central. En el atrio también se erguía el altar a los dioses de la casa. Éstos eran los penates, considerados por los romanos como los que protegían a la casa de los espíritus malignos. Toda la familia les rendía culto diariamente.

Junto al atrio estaban la cocina, el comedor, el estudio, los dormitorios y otras estancias. En la parte trasera de la casa había un peristilo, o jardín con columnatas, bordeado por setos y arbustos florales. Los romanos eran hábiles jardineros, y gustaban especialmente de las rosas. Los romanos pudientes bebían vino de rosas y se polveaban el cuerpo con pétalos secos de esta flor. Los sibaritas (de Sibaris, en el sur de Italia) eran tan afectos a los lujos que dormían en colchones rellenos de pétalos de rosa; de ahí la expresión «como en lecho de rosas». Los ciudadanos pobres cuidaban de pequeños maceteros, mientras que las grandes mansiones suburbanas tenían terrazas con vista a prados, setos recortados y paseos bordeados por laureles, cipreses y plátanos. Había bancas a la sombra de pérgolas, que daban frescor en el sofocante verano italiano.

Las casas privadas contaban con fuentes y agua corriente; algunas también tenían calefacción. El sistema, conocido como hipocausto, consistía en calderas, que los esclavos alimentaban con madera o carbón, de las que salían ductos de aire que calentaban los pisos, generalmente los del baño. Casi todas las casas se calentaban con braseros de carbón portátiles. Las chimeneas eran casi desconocidas.

Los muebles romanos eran de hermosa manufactura, pero no abundaban, ni siquiera en las casas pudientes. El mueble principal era la cama, donde los ciudadanos dormían de noche y se reclinaban durante el día para una siesta o para recibir a las visitas. Las mejores camas eran de madera, finamente incrustadas con marfil, concha de tortuga y oro.

Fuente Consultada:
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest
Colección: Como Vivían  – Los Romanos Susaeta
Historia Para Primer Año José María Ramallo

Trabajo Agricola Mineria y Artesanos Las Mujeres Diversiones

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: TRABAJO AGRÍCOLA

la vida cotidiana en roma antigua

EL TRABAJO Y LA SOCIEDAD

Como ocurre en los sistemas basados en las desigualdades sociales, no existió un desarrollo económico similar en todas las provincias que formaban el Imperio Romano.

En la capital encontramos más de 300.000 personas que vivían de la beneficencia estatal en los últimos años de la República y aunque diferentes políticos intentaron reducir el número por diversos métodos -fundación de colonias o distribución de tierras- el número de plebs frumentaria nunca descendió de 200.000.

De todas los territorios que constituían el Imperio será Italia quien tenga una situación de absoluto privilegio. La agricultura se especializó gracias a la llegada masiva de grano procedente de Africa, Hispania o Egipto.

De las tierras conquistadas también llegarán un amplio número de esclavos que paulatinamente irán ocupando los puestos de trabajo de los campesinos libres, creando un sistema esclavista. Las economías de las diferentes provincias dependerán de la situación momentánea con respecto a la metrópoli.

La valoración social del trabajo ha ido cambiando con el paso del tiempo. Inicialmente los textos ensalza al ciudadano campesino debido a que la fuente de riqueza más importante es la tierra, que está repartida entre los pequeños propietarios.

Pero la situación varía a partir del siglo III a.C. cuando la mano de obra esclava empiece a sustituir a los campesinos libres. El trabajo rural ya no gozará de tantas simpatías aunque siempre sea de mayor prestigio que el comercio o la artesanía. No en balde, los senadores tendrán prohibido dedicarse a actividades comerciales. Paulatinamente, el trabajo sería considerado como algo negativo, al tratarse de una actividad realizada por esclavos.

EL TRABAJO AGRICOLA

la agricultura en roma antigua

El sector agrario será el más importante en la economía romana. Aunque no se realizó ningún avance técnico de consideración con respecto a épocas precedentes, nos encontramos con un importante desarrollo del regadío, de los injertos o de la cría de animales para la ganadería. Los instrumentos básicos de trabajo serían las azadas, las palas, un rudimentario arado, los rastrillos, etc., distinguiéndose entre pequeñas y grandes explotaciones. Las explotaciones pequeñas adquieren un mayor auge en el momento de la conquista de Italia, cuando la mayoría de la ciudadanía se dedica a la agricultura.

Los territorios arrebatados a los pueblos vencidos son repartidos entre los ciudadanos romanos, estableciéndose nuevas colonias. Este sistema también se pondrá en práctica en las provincias.

Los pueblos que no se rebelaban y se asimilaban pacíficamente conservaban sus tierras. De estos pequeños espacios agrícolas, los campesinos obtenían los alimentos necesarios para la subsistencia familiar y para pagar los impuestos.

La competencia ante las grandes explotaciones motivó una ingente oleada migratoria de campesinos hacia Roma, aumentándose el número de gentes que vivían de la beneficencia estatal. Los que resistieron sólo pudieron contar con la mano de obra personal y la de su familia, que cuando era escasa no dejaba otra solución que la emigración o el alistamiento en el ejército.

Las grandes explotaciones agrarias no deben ser confundidas con latifundios. El propietario nunca trabajaba en la explotación sino que eran los jornaleros, esclavos o incluso colonos los que realizaban las labores agrícolas. Muchas de ellas se dedicaban en exclusiva a la ganadería.

La concentración de espacios agrícolas en pocas manos no dejó de ser, en ocasiones, motivo de preocupación para algunos emperadores.

El trabajo estaba supervisado por un capataz, contando para cada actividad con personal cualificado. La mayoría de la mano de obra es de procedencia esclava, desempeñado labores de cierta especialización en algunas ocasiones.

La producción se guardaba en silos y se transformaba en «industrias» de la propia explotación como molinos o prensas de vino y aceite. El olivo y la vid serán los productos más cultivados en Italia, aunque no se dejó de lado el cereal que procedía en su mayoría de las provincias de Hispania, Egipto y Africa.

El desarrollo agrícola permitirá el aumento del sector servicios y de la ingente masa de desarrapados que habitaba en las ciudades a la que había que alimentar y divertir; de ahí la famosa frase de «panen et circus».