El Oro del Perú Los Incas

Fiesta de la Sangre o Yaguar Ceremonia Inca – Su Interpretación

Fiesta de la Sangre o Yaguar Ceremonia Inca – Su Interpretación

El Inca presidía alguno de los ritos religiosos. Durante la fiesta del Sol, Intiraymi, que se realizaba en el mes de junio, los incas derramaban flores por el camino, danzaban, comían, bebían, hacían representaciones, sacrificios y cantaban en honor al Sol.

Introducción: Los dioses principales de los incas eran el Sol y su hermana, la Luna. Al dios Sol dedicarón grandes ceremonias, porque de él dependía el calor, la vida de los hombres y el desarrollo de todas las cosas vivas.

Según señalan sus relatos, el Sol, en figura de un hombre muy resplandeciente, llamó a Manco Cápac, el mayor de los incas, y le dijo: «Tú y tus descendientes serán señores y deberán sujetar muchos otros pueblos, me tendrán por su padre y se enorgullecerán de ser mis hijos».

Los incas respetaron a los dioses de los pueblos sometidos y a sus lugares sagrados, o huacas, pero impusieron a los suyos como dioses principales.

Para conseguir que el dios Sol y los demás dioses fueran generosos con ellos y los protegieran, realizaban ofrendas de diferentes tipos.

Al Sol, por ejemplo, se le ofrecía maíz, hojas de coca, caracoles, ropa fina (que se quemaba en su honor) y el sacrificio de llamas.

El culto a los antepasados era un aspecto central de la religión inca.

Al morir, los incas nobles eran momificados y pasaban a ser figuras sagradas llamadas malquis.

YAGUAR FIESTA: LA FIESTA DE LA SANGRE

Según algunos antropólogos, en esta ceremonia ritual, llevada a cabo por un pueblo en la sierra peruana, se recrea un enfrentamiento que tuvo lugar quinientos años atrás, entre conquistadores y conquistados: el toro representa a los españoles y el cóndor a los incas; ambos están «atados» por medio de una lucha donde, cada año, se espera que el vencido en la historia real sea, por fin, el vencedor en la fiesta.

El triunfo del toro por la muerte del cóndor, poco probable, pero posible, es tenido como presagio de calamidades.

El relato sobre yaguar fiesta nos muestra cómo se mantiene en la memoria colectiva de ese pueblo la conquista española.

La lucha, la sangre, la violencia y el triunfo de uno sobre otro, son los protagonistas de una fiesta ritual que en el presente recrea y conserva la historia transformándola para compensar la penosa situación vivida.

Estas fiestas con sus elementos religiosos, míticos y rituales son una de las posibles formas de interpretar y reconstruir situaciones de la vida de los pueblos: en este caso, la conquista de los incas por parte de los españoles.

Fiesta de la Sangre o Yaguar Ceremonia Inca

DESARROLLO DE LA CEREMONIA

En un pueblo cercano al Cuzco se realiza todos los años una fiesta muy particular, en la que puede verse cómo el pasado sigue vivo aún hoy.

Durante la misma, un grupo de hombres sube a las cumbres de los cerros, allí donde habitan los cóndores. Estas aves son consideradas por ellos como dioses.

Una vez allí, desparraman sobre el suelo granos de maíz a modo de ofrenda y aguardan la llegada del cóndor: son los elegidos porque sólo ellos saben el secreto de cómo capturarlo.

Para atraer al cóndor han sacrificado un cordero, el más gordo, el mejor.

El ave desciende majestuosa, con sus enormes alas desplegadas, describiendo círculos hasta caer sobre su presa.

Los hombres esperan que llene su buche y entonces lo atrapan con facilidad, ya que le cuesta levantar vuelo.

Lo tapan con mantas y ponchos, le atan el pico.

De regreso al pueblo se van sumando personas, el cóndor es recibido con gritos de entusiasmo por todos los que se han reunido en la plaza.

Los elegidos, con sus familias, van hacia la iglesia y rezan frente al altar, allí, junto al Cristo, hay una figura de plata parecida a un cóndor.

Mientras tanto, la gente del pueblo agasaja al ave, le ofrecen comida y bebida. Se hace de noche, un coro de niños con velas en las manos canta.

Sin dormir, algunos hombres cuidan al cóndor.

Por la mañana, siguen los preparativos para la fiesta en la cual el cóndor deberá enfrentarse con un toro.

Las patas del cóndor son introducidas en un tajo hecho en el lomo del toro y amarradas con cuerdas de cuero.

Luego, ambos son soltados en la plaza cercada. Comienzan a explotar petardos.

El cóndor agita sus alas sobre el lomo del toro, que lo tiene capturado dentro de sí, y en su intento por desprenderse le produce heridas profundas.

Algunos lanzan gritos desafiantes al toro,que se desespera. El ave continúa su aleteo para liberarse.

El toro corre, se retuerce y corcovea para sacarse de encima al cóndor pero, finalmente, cae vencido y se desangra.

Entonces, los gritos de la gente se hacen oír con más fuerza, festejando el triunfo del cóndor.

Al atardecer, fatigado, el cóndor es llevado hacia un extremo del pueblo, al «andén de las despedidas».

Está adornado con delgadas cintas de colores y le han hecho beber aguardiente para darle valor. La multitud lo acompaña bailando.

En el lugar, un grupo de mujeres cantoras se reúne con sus rostros hacia el ocaso del sol.

Se cubren parte de la cara con mantas y entonan una canción incaica que finaliza con un grito prolongado, sostenido por las voces más agudas que alcanza a todos los corazones.

El cóndor intenta unos pasos y, con esfuerzo, alza vuelo pesadamente.

La música lo acompaña mientras, dando vueltas, arrastrando las alas va tomando altura, a la luz del crepúsculo.

Fuente Consultada: Pensar la Historia – Argentina desde una Historia de América Latina – Editorial PLus Ultra – Patricia Moglia-Fabián Sislián-Mónica Alabart – La Ceremonia de la Sangre o Yaguar

Ver: Historia de los Incas

Guerras Civiles Entre Los Conquistadores del Peru

Reparto de Perú y Las Guerras Civiles Entre Los Españoles Conquistadores

La división del continente sudamericano en concesiones de conquista:

Después de repartido el rescate de Atahualpa, Hernando Pizarro recibió de su hermano Francisco la misión de trasladarse a la Metrópoli para comunicar al monarca el resultado de la empresa y entregarle el quinto que le correspondía.

Conquista peru atahualpa
Atahualpa

Al conocer los triunfos obtenidos por sus capitanes, Carlos V dividió los territorios sudamericanos, situados debajo de la línea ecuatorial, en cuatro distritos paralelos.

Las tierras adjudicadas a Francisco Pizarro en la capitulación de 1529, fueron ampliadas en setenta leguas de costa hacia el Sur, de modo que la gobernación de Nueva Castilla, que formaba el primer distrito, tenía 270 leguas de costa sobre el Océano Pacífico (mayo 4 de 1534).

Pizarro Francisco
Pizarro Francisco

El segundo fué concedido a Diego de Almagro con el nombre de Nueva Toledo. Tenía 200 leguas de costa sobre este océano y quedaba comprendido entre los paralelos 14 y 25 (mayo 21 del año 1534).

diego de almagro
Diego de Almagro

En esta misma fecha se concedieron los restantes distritos: Don Pedro de Mendoza recibió el territorio del Río de la Plata y doscientas leguas de costa sobre el Mar del Sur contadas desde el límite de la gobernación de Almagro; alcanzaba por el Sur hasta el paralelo 36º.

Simón de Alcazaba recibió el resto de la América hasta el estrecho de Magallanes, con el nombre de Nuevo León.

Se ha discutido si los dos primeros distritos llegaban hasta el Océano Atlántico. Debe entenderse que no, por cuanto las capitulaciones no lo dicen expresamente y se habrían lesionado los derechos de Portugal amparados por el tratado de Tordesillas.

En cambio, los dos restantes tenían costas sobre ambos océanos según resulta del texto de las respectivas concesiones.

Este reparto de la América del Sur, inspirado en sanos propósitos de expansión colonial, tuvo consecuencias insospechadas y fué la causa de la primera guerra civil del Perú (*).

Primera guerra civil. — La noticia del reparto llegó al territorio del Perú antes que los interesados recibiesen las cédulas reales correspondientes. Con tal motivo se suscitó la duda sobre la posesión del Cuzco, capital tradicional del Tahuantinsuyu y la ciudad más poblada de las regiones del Sur. Por sugestión de sus amigos, Almagro creyó que correspondía a su gobernación y el conflicto con Pizarro estuvo a punto de producirse.

Predominó, por fortuna, el buen sentido: toda discusión era prematura, pues, de acuerdo con la capitulación de 1529 y mientras no llegaran los despachos reales, Francisco Pizarro era el legítimo gobernador de todo el territorio’ conquistado.

(*) Las guerras civiles del Perú, que perturbaron la vida de esta colonia cuando aun no estaba asentada la dominación española (1537-48), no fueron los únicos episodios de esta índole que ocurrieron durante la conquista. En efecto, el carácter aventurero y bravio de los conquistadores, excitado por la codicia y la facilidad de sus triunfos, provocó sangrientos conflictos.

Los indios no fueron, pues, las únicas víctimas de la conquista; los conquistadores sufrieron también las consecuencias de su propia rudeza y la sangre castellana se derramó con igual prodigalidad en expediciones provechosas y estériles querellas intestinas.

Los conflictos producidos fueron numerosos, pero variaron de gravedad e importancia. Conocemos ya algunos de ellos, como la sublevación de los colonos de La Española contra Bartolomé Colón (1496-98) ; la conjuración de San Julián contra Hernando de Magallanes (1520) ; la desobediencia de Cortés, que Velázquez quiso castigar con la fracasada expedición de Narváez (1520). Hubo otros más, a los cuales nos referiremos en su oportunidad. Pero ninguno de ellos tuvo la importancia de las tres guerras civiles del Perú, como que en el transcurso de la última se sugirió la posibilidad de independizar a esta colonia.

Almagro comprendió la situación, desistió de sus propósitos y resolvió intentar la conquista de Chile, región sobre cuyas riquezas referían los indios noticias muy halagadoras (1535).

Hallábase empeñado en esta empresa, desalentado por las penurias de la marcha a través de la meseta boliviana, el N. O. argentino y la cordillera andina, fatigado por la resistencia de los naturales y disgustado por la pobreza mineral del territorio, cuando recibió cartas del Perú con interesantes noticias.

Hernando Pizarro había traído las cédulas correspondientes a los territorios peruanos. Fijaban la superficie de ambas gobernaciones en 270 y 200 leguas de costa, respectivamente.

Pero esta forma de adjudicación no permitía su inmediato deslinde. Nadie en el Perú poseía conocimientos de cosmografía ni de geodesia, y aunque el Cuzco quedaba dentro de la jurisdicción de Pizarro, los amigos de Almagro sostenían de buena fe que correspondía a la gobernación de su jefe.

Un error, nacido de la ignorancia y explotado por la antipatía que los. soldados de Almagro sentían hacia el afortunado Pizarro y especialmente contra su hermano Hernando, provocó la primera guerra civil (1537-38).

Almagro regresó con el propósito de reivindicar el gobierno del Cuzco. Su llegada coincidió con la más grave situación creada al Perú desde el comienzo de la conquista.

Los indígenas de las parcialidades vecinas al Cuzco se habían sublevado e iniciado el sitio de la ciudad, bajo las órdenes del Inca Manco, puesto en libertad por el codicioso Hernando Pizarro bajo la promesa de un fabuloso rescate, gemelo del de Cajamarca (febrero de 1536).

A la llegada de Almagro (marzo de 1537) los indios habían levantado el sitio para atender sus sembrados, pero se mantenían dispuestos a reanudarlo. Parte de la ciudad había sido incendiada; entre los españoles muertos durante el asedio, figuraba Juan Pizarro, hermano del gobernador.

La situación no era propicia para reivindicar derechos. Almagro lo entendió así y convino con Hernando Pizarro en diferir la solución del conflicto hasta que se fijaran los límites de ambas gobernaciones.

Pero los aprestos militares de aquel jefe, cuyas antipatías hacia él eran notorias, lo indujeron a posesionarse de la ciudad por sorpresa. Hernando y Gonzalo Pizarro quedaron, pues, prisioneros (abril 8 de 1537).

La toma del Cuzco fue el preludio de la guerra civil; su primer hecho de armas, la victoria de Abancay sobre las huestes de Alonso de Alvarado, teniente de Pizarro. La astucia del gobernador de Nueva Castilla y el carácter tolerante de su rival demoraron el rompimiento armado por espacio de varios meses.

Se iniciaron gestiones de acercamiento; hubo una conferencia entre ambos contendientes; Almagro puso en libertad a Hernando Pizarro (Gonzalo se había fugado) y hasta aceptó el arbitraje del padre Bobadilla, a quien creía un arbitro imparcial cuando era un simple agente de Pizarro.

Bobadilla resolvió el conflicto en forma perjudicial para los intereses de Almagro y le impuso la devolución del Cuzco, hasta que se determinara sobre el terreno la línea divisoria de las dos gobernaciones.

La batalla de las Salinas librada en los alrededores de la ciudad cuestionada, epilogó el conflicto (abril 6 de 1538). Vencedoras las tropas de Hernando Pizarro, los almagristas fueron dispersados y muerto el capitán Rodrigo de Orgóñez que los mandaba.

batalla de las salinas
Batalla de las Salinas

Almagro se rindió y pagó con su vida el error que había cometido. Procesado bajo la inculpación de haberse alzado en armas contra el legítimo gobernador, se le condenó sin apelación a sufrir la pena de garrote por el delito de traición (julio 8 de 1538). Ejecutada la sentencia, su cadáver fue decapitado.

Pizarro entró en el Cuzco después de cumplida la sentencia y afectó un profundo sentimiento. Su hermano Hernando marchó a España en 1539.

Acusado por los amigos de Almagro, el Consejo de Indias inició contra él un proceso y decretó su prisión. Permaneció encarcelado durante 20 años hasta que Felipe II ordenó su libertad (1560).

Tres años de tranquilidad. Después de la ejecución de Almagro, el Perú entró en un período de tranquilidad.

El gobernador intentó atraerse a la gente de Chile, como solía llamarse a los almagristas, pero éstos se mantuvieron alejados de él, si bien se abstuvieron de hacer manifestaciones de protesta; en un principio por razones elementales de prudencia; luego, por la noticia de que el Emperador había designado a Cristóbal Vaca de Castro, miembro de la Audiencia de Valladolid, para investigar los recientes sucesos y fijar responsabilidades.


Pizarro gobernó pacíficamente durante tres años los territorios de Nueva Castilla y Nueva Toledo.

Datan de esta época las expediciones de Pedro de Valdivia y Gonzalo Pizarro, a Chile y regiones orientales de Quito, respectivamente, y la fundación de las ciudades de Charcas o Chuquisaca (hoy Sucre) y Arequipa (1540).

Entretanto, el barco que conducía a Vaca de Castro se había apartado de la ruta habitual y la demora hizo creer a los colonos que el comisionado regio había perecido en un naufragio.

Los almagristas, que cifraban en él todas sus esperanzas, decidieron hacerse justicia por sí mismos. Bajo la dirección de Juan de Rada tramaron un complot para asesinar a Francisco Pizarro en su palacio de Lima.

El 26 de junio de 1541 los conjurados asaltaron la residencia del gobernador. Pizarro y su hermano Francisco Martín de Alcántara fueron muertos por los asaltantes. Un hijo natural de Almagro, de su mismo nombre y a quien los cronistas llaman Diego de Almagro el Joven o el Mozo, quedó al frente del gobierno.

La segunda guerra. — El asesinato de Pizarro provocó nuevos disturbios. Almagro fué reconocido como gobernador en casi todo el territorio, pero los pizarristas preparaban secretamente la venganza. La llegada de Vaca de Castro, favoreció sus planes.

Las instrucciones de la Corona lo autorizaban para asumir el gobierno en caso de que Pizarro hubiese muerto.

Procedió, pues, de acuerdo con ellas e hizo reconocer su autoridad en Quito y demás poblaciones del Norte.

Almagro se había retirado al Cuzco para reorganizar sus tropas. Vaca de Castro penetró en Lima (1542) y organizó un pequeño ejército.

El deseo de impedir la efusión de sangre evitó momentáneamente el desenlace violento que se esperaba. Almagro y Vaca de Castro intentaron inútilmente un avenimiento pacífico.

Fracasadas las negociaciones, sus ejércitos chocaron en la llanura de Chupas, próxima a la ciudad de Guamanga. Quinientos cadáveres quedaron sobre el campo de batalla (septiembre 16 de 1542).

Almagro fué vencido, apresado por las autoridades del Cuzco y decapitado en la plaza principal de la ciudad.

Restablecido el orden, el gobernador pudo dedicarse de lleno a fomentar el bienestar y progreso de la colonia. Desgraciadamente la paz no excedió de dos años.

Las Ordenanzas de 1542. El Virreinato. — La situación interna del Perú vino a complicarse en forma inesperada por la sanción de las ordenanzas de 1542 sobre el régimen de las encomiendas.

Fruto de una de las frecuentes reacciones del espíritupúblico frente a los excesos de la conquista, las Nuevas Leyes, como también se las llama, fueron provocadas por la publicación de un libro del padre Las Casas, titulado Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

De acuerdo con la nueva reglamentación, las encomiendas, debían concederse con carácter vitalicio, es decir, por la vida del agraciado; se suprimían las otorgadas a las iglesias o monasterios y a los individuos que ejerciesen altos cargos gubernativos; quedaba prohibido el trabajo forzado en las minas y pesquerías de perlas; se suprimía el servicio personal de los indios y, como castigo por los recientes sucesos, se privaba de ellas a los conquistadores «más culpados» por su activa participación en las dos guerras civiles del Perú.

Para facilitar el cumplimiento de las nuevas leyes se creó una Real Audiencia en’la ciudad de Lima y se modificó el régimen político del Perú. Todo el territorio fué organizado en Virreinato y se designó como primer Virrey a Blasco Núñez de Vela.

La tercera guerra. — Las ordenanzas de 1542 herían los intereses de los conquistadores en general y especialmente de los del Perú. Las guerras civiles habían apasionado los ánimos de todos; no había español que directa o indirectamente no hubiese participado en ellas.

Por esta sola circunstancia, librada a la apreciación del Virrey y de la Audiencia, quedaban privados de las encomiendas, es decir, empobrecidos y sin perspectivas de mejorar su situación.

Serias protestas estallaron al tenerse conocimiento de las nuevas leyes; todos las reputaban desconsideradas e injustas. Blasco Núñez de Vela, hombre de temperamento rígido y violento, se manifestó dispuesto a implantar a toda costa el nuevo régimen. Así lo demostraron sus primeros actos de gobierno:

libertó a los indios que supuso mal encomendados, privó a los conquistadores de sus concubinas indígenas, confiscó caudales, amenazó con la horca a quienes reclamaran de sus resoluciones y asesinó en su palacio al factor Suárez de Carvajal.

La Audiencia y los oficiales reales se indispusieron con él y la protesta pública tomó los caracteres de un alzamiento popular, que acaudilló Gonzalo Pizarro (1544).

Las huestes insurrectas avanzaron hacia Lima; la Audiencia depuso y aprisionó al Virrey, pero no pudo impedir que Pizarro se hiciera reconocer como gobernador del Perú.

El conflicto parecía conjurado. Pero el Virrey recuperó la libertad (1544), levantó un ejército (1545) y chocó en Añaquito con las tropas de Gonzalo Pizarro (enero de 1546).

Núñez de Vela fue vencido y decapitado sobre el mismo campo de batalla. Suárez de Carvajal, quedaba vengado. En efecto, fue su hermano quien exigió su muerte.

La gravedad del suceso no escapó a los amigos del vencedor y uno de sus capitanes llamado Francisco de Carbajál, le insinuó un proyecto temerario que Pizarro no aceptó: la independencia del Perú y el casamiento con una princesa incásica para legitimar su autoridad ante los indios.

He aquí cómo una guerra civil originada por causas económicas, a diferencia de las anteriores que respondieron tan sólo a razones políticas, estuvo a punto de provocar ¡a pérdida de la más rica colonia antes de haber transcurrido tres lustros de su conquista.

Misión de La Gasca. — Al saberse en España los primeros episodios del alzamiento acaudillado por Pizarro, las autoridades se alarmaron, temerosas de sus posibles consecuencias.

El Infante Don Felipe, que por ausencia del Emperador desempeñaba la Regencia, recibió instrucciones para revocar las ordenanzas(1545) y designó pacificador del Perú a una de las figuras más interesantes y curiosas de la Historia Colonial: el licenciado Pedro de La Gasca.

Sacerdote y juez eclesiástico, el emisario real vino con amplios poderes, sin soldados ni cortejo alguno, ni otro título que el de Presidente de la Real Audiencia de Lima.

Traía, en cambio, poderes amplísimos. En menos de dos años consiguió, sin embargo, pacificar el Perú revelando estimables condiciones de diplomático y hombre de gobierno.

Apenas llegado, supo captarse las simpatías generales, aun por parte de los subalternos de Pizarro. En Panamá pudo disponer de su escuadra y la utilizó para reclutar hombres en Nicaragua y colonias vecinas.

Varios barcos fueron empleados más tarde para recorrer las costas peruanas, anunciando su llegada, la revocación de las nuevas leyes y el perdón concedido a cuantos depusieran las armas.

El espíritu público recibió con agrado estas noticias. Los sublevados se habían impuesto por el terror y cometido innumerables abusos: más de trescientos españoles fueron asesinados o ejecutados como enemigos de la revolución.

El anuncio de un período de orden y tranquilidad despertó las simpatías generales. Derogadas las ordenanzas, la insurrección, popular en sus orígenes, dejaba de serlo y resultaba innecesaria.

De todas partes acudieron soldados para engrosar las huestes del Rey: Benalcázar vino desde su gobierno de Popayán; Valdivia desde el lejano Chile.

La derrota de Pizarro era inminente, y aunque su segundo, Francisco de Carbajal, la figura siniestra de la rebelión, apodado por sus crímenes el «demonio de los Andes», venció a Diego Centeno en Huarinas, cerca del lago Titicaca (octubre 20 de 1547), no era difícil comprender que el desenlace de la guerra civil se aproximaba.

La Gasca avanzó hacia el Cuzco y los rebeldes lo esperaron en el valle de Sajsawaman a cinco leguas de la ciudad. La batalla no se produjo y se limitó a una serie de movimientos que decidieron la deserción en masa de las tropas insurrectas, deseosas de acogerse a la amnistía concedida (abril 18 de 1548).

Pizarro rindió su espada; Carbajal fue aprisionado en la fuga; ambos fueron decapitados. Así terminó la tercera guerra civil.

Al cabo de dos años, La Gasca regresó a España; dejaba pacificada la colonia y concluida su misión. Tras un breve interinato de la Real Audiencia, asumió el mando el Virrey Don Antonio de Mendoza (septiembre 23 de 1551), funcionario que había inaugurado el virreinato de Nueva España (1534) y revelado estimables condiciones de estadista y hombre de gobierno.

Fuente Consultada:Curso de Historia Colonial Americana y Argentina de J.N. Saenz Valiente Editorial Estrada


Resumen Momias de Niños de Llullaillaco en Salta

Las Momias de Llullailaco
Niños Momias en el Museo de Salta

Los Incas conformaron un estado con una compleja organización política, económica y religiosa, incorporando en su proceso expansivo al actual noroeste argentino. La arqueología de alta montaña, a través de los estudios en los adoratorios de altura, nos permite acercarnos a este pasado que deja sus huellas hasta nuestros días.

El Volcán Llullaillaco, situado en la provincia de Salta, fue escenario de una de las ceremonias más importantes del calendario ritual inca, la Capacocha.

En estos rituales, que unían el espacio sagrado con el tiempo ancestral, se entregaba lo mejor que se poseía con la idea de ser retribuidos de igual forma. Algunos cambios en el orden político, los fenómenos naturales o el ciclo agrícola podían ser sucesos que motivaran la realización de estas actividades religiosas.

Niña del Rayo

momia en salta llullaillaco Niño del Rayo
Esta niña, de poco más de seis años de edad, fue hallada en posición sentada. Lleva  puesta  la  típica  vestimenta femenina    incaica:    un    vestido ajustado en la cintura con una faja    multicolor.    Un    manto cubre sus hombros, sostenido por un prendedor. Entre   las   ofrendas   que   la acompañaban se encuentran objetos en miniatura, como estatuillas de oro, plata y valva marina, piezas cerámica, alimentos y piezas textiles. Luego de su entierro, en algún momento de los últimos siglos, una descarga eléctrica quemó parte de su cuerpo.

momia el niño en salta llullaillaco

El Niño
Tenía alrededor de siete años de edad y estaba sentado sobre una túnica de color gris. Lleva cabello corto y un adorno de plumas blancas sostenido por una honda de   lana   enrollada   alrededor   de   la cabeza. Está vestido con una prenda color  rojo, lleva mocasines y tobilleras de piel blanca. Al igual que la niña del rayo presenta una leve modificación intencional del cráneo. Entre su ajuar se encontraba una caravana de llamas en miniatura, conducida por hombres finamente vestidos, representando el pastoreo, una de las principales actividades masculinas.

La Doncella monia en salta

La Doncella
La joven de alrededor de 15 años de edad,  lleva  puesto  la  típica  vestimenta femenina, resaltando en su pecho   prendedores   de  plata  y adornos de hueso y metal. Está peinada con finas trenzas en todo su cabello. Su rostro está cubierto con pigmento rojo, y sobre su boca se observan pequeños fragmentos de hojas de coca. Entre los objetos que la acompañan se destaca un tocado de plumas blancas.  Posiblemente haya sido una «Virgen del Sol», educada en la casa de las escogidas, lugar de privilegio donde, entre otras actividades, realizaban tejidos y chicha para las celebraciones estatales.

Fuente: Folleto del Museo de Arqueología de Alta Montaña-Salta-Mitre 77 C.P.-4400 – Argentina

Biografia Francisco Pizarro La Conquista del Peru Sometimiento Inca

Biografía Francisco Pizarro Historia de la Conquista del Perú

En 1527, la segunda expedición de tres conquistadores hacia el «Birú o Pirú» parece tener mejor fortuna que la primera, malograda tres años antes. A medida que bordean la costa y hacen algunas incursiones en tierra, empiezan a oír historias sobre un fabuloso y rico imperio.

El conquistador del imperio de los incas, el mayor imperio precolombino, fue Francisco Pizarro, extremeño nacido en Trujillo, en 1476.

Tras una fallida expedición con Diego de Almagro y Hernando de Luque en 1524, Pizarro y sus socios volvieron a intentarlo tres años después.

Un ataque indígena en territorio ecuatoriano les obligó a refugiarse en la isla del Gallo. Pizarro envió a Almagro en busca de refuerzos, mientras él continuó explorando, junto a trece soldados que decidieron continuar con él, y que por eso serían conocidos como los «trece de la fama».

Posteriormente, Pizarro viajó a España, donde obtuvo la autorización real para la conquista del Perú.

En 1531, la nueva expedición de Pizarro partió de Panamá, y en abril dei año siguiente llegó a Tumbes. El 15 de julio de 1532 Pizarro fundó San Miguel de Piura, la primera ciudad española en el Perú.

Enterado de la guerra que enfrentaba a los herederos del trono incaico, Pizarro se dirigió a Cajamarca, donde apresó al Inca Atahualpa y pidió un fabuloso rescate.

A pesar de haberlo pagado, Atahualpa fue condenado y ejecutado sumariamente. Una vez descabezado el imperio, los españoles entraron en Cusco, la capital, en agosto de 1533.

https://historiaybiografias.com/bullet_explorar.jpg

BIOGRAFIA E HISTORIA DE LA CONQUISTA

(Trujillo, 1478 – Lima, 26 de junio de 1541)

Conquistador del Perú. Pizarro es el apellido de una familia de conquistadores en la cual Francisco es el más representativo. Hijo ilegítimo del hidalgo Gonzalo Pizarro el Largo y Francisca González. Se dice que en su infancia se dedicaba a guardar cerdos.

Marchó a Sevilla y luego a Italia, donde fue soldado del Gran Capitán de 1498 a 1501.

En 1502, hizo su primer viaje a las Indias, con Nicolás de Ovando; después, estuvo con Alonso de Ojeda en la expedición a Urabá, en tierra firme, donde Ojeda le dejó al mando de los que quedaban.

Intervino con Núñez de Balboa en la llegada al océano Pacífico (1513) y también estuvo en el descubrimiento de las islas Perlas y en la fundación de Panamá, donde se instaló.

Se asoció con Diego de Almagro y con el clérigo Hernando de Luque, con la pretensión de llegar a las tierras del Perú, de las que habían oído hablar.

En el primer intento (1524) se tuvieron que volver por falta de medios, tras un encuentro con los indios del que Pizarro salió con siete heridas. También se frustró la segunda expedición; quedó Pizarro, sin embargo, algún tiempo más con otros 13 hombres.

Cuando volvieron a Panamá con muestras de riqueza, el Gobernador no les prestó mucha atención y Pizarro regresó a España.

El 26 de julio de 1529 negoció, en Toledo, con la Corona, el título de Gobernador y adelantado de las nuevas tierras; estos privilegios fueron, a su vuelta a América, motivo de las primeras rencillas con Almagro.

Se volvió a embarcar hacia Panamá en 1530, con sus hermanos Hernando (el único legítimo), Gonzalo y Juan, y con su tío Francisco Martínez Alcántara.

De allí salió a finales del mismo año hacia Perú con 3 navíos, 180 hombres y 37 caballos.

Tras muchas penalidades logró llegar a Cajamarca, capital del Imperio Inca, donde vivía el Hijo del Sol, Atahualpa.

Entró en la ciudad el 15 de noviembre de 1532 y, en una breve entrevista con Atahualpa, éste les instó a que le devolvieran las tierras tomadas y aplazaran la entrevista para el día siguiente.

Aquella noche los españoles se escondieron alrededor de la plaza.

Cuando al otro día llego el Inca con su escolta y se empezó a impacientar, cayeron sobre ellos sin previo aviso, ahuyentándoles y apresando a Atahualpa; al amanecer siguiente saquearon el campamento de la ciudad.

Atahualpa ofreció a Pizarro una habitación llena de oro y dos de plata a cambio de su libertad y éste aceptó.

Pero el Inca siguió prisionero.

Los ejércitos incas, desanimados, regresaron a Quito; se tomó esto por un movimiento de tropas hacia Cajamarca; los soldados españoles estaban nerviosos y la mayoría de ellos querían ver muerto a Atahualpa.

Se le acusó de traición al pacto y, condenado a muerte, murió sin comprender los motivos, el 23 de julio de 1533.

Después, marcharon sobre Jauja y luego tomaron Cuzco, ciudad sagrada, donde Pizarro nombró soberano a Manco Cápac, pensando utilizarle como títere.

El 18 de enero de 1535, fundó su capital, la Ciudad de los Reyes, en el Valle de Rimac, que es hoy la actual Lima.

Su hermano Hernando fue, este mismo año, a España a entregar el quinto real y regresó con el título de marqués para su hermano y con el de adelantado para Almagro, que debía situarse doscientas leguas al sur de los territorios de Pizarro.

Quedó así la región del Cuzco, donde debía estar Hernando de gobernador, como zona conflictiva, pues Pizarro fue quien se la quedó.

Al producirse el alzamiento de Manco Cápac, los incas sitian Cuzco. Será Almagro con sus tropas el que logrará liberarlo (1537), pero se quedará con la región, apresando a Hernando.

Francisco acude desde Lima lográndose el acuerdo de paz en Mala, por el que Almagro puso en libertad a Hernando.

Este atacaría cogiendo desprevenido a don Diego y derrotando a sus tropas. Almagro fue juzgado y condenado a muerte en 1538.

Pizarro estuvo entonces dedicado al gobierno tranquilo de la Ciudad de los Reyes, fundó Arequipa y Chuquisaía y mandó a su hermano Gonzalo a inspeccionar Quito, Valdivia y Chile. Fue asaltado en su palacio por una docena de almagristas dirigidos por el hijo de Diego que lo mataron.

En 1542 se creo el Virreinato del Perú y la ciudad de Lima -que Pizarro había fundado en 1535 – fue designada capital.

En un principio el virreinato del Perú abarco todos los dominios españoles en América del Sur, excepto Venezuela.

PARA SABER MAS…
EL ENFRENTAMIENTO CON ALMAGRO:

Cuando los descubridores y conquistadores del Perú, Francisco Pizarro y Diego de Almagro, ya enemistados por la codicia, resolvieron separarse, no pudieron entenderse en el reparto de las conquistas comunes.

Llevado el pleito al Consejo de Indias, el emperador Carlos V, en 1534, dividió la comarca en litigio en dos zonas: la parte norte, con 270 leguas de costa del Mar del Sur, era otorgada a Pizarro, con el nombre de «Nueva Castilla», y la parte sur, que comprendía el territorio situado entre los 14 y 25 grados de latitud Sur, correspondía a Almagro, con el nombre de «Nueva Toledo».

Pero Carlos V no determinó con exactitud a cuál de los dos pertenecería la ciudad de Cuzco; y esto fue, posteriormente, la causa principal de la implacable guerra civil que se desató entre ambos conquistadores y que terminó con el exterminio de los Almagros y Pizarros en el Perú.

EL CONFLICTO
Enterado Diego de Almagro de la concesión que Carlos V le otorgaba, juzgó que Cuzco entraba en los límites de su jurisdicción y determinó posesionarse de la ciudad, donde se encontraban Juan y Gonzalo Pizarro, a los que estuvo a punto de atacar para hacer valer sus derechos; pero la oportuna llegada de Francisco Pizarro, que estaba ausente, pacificó los ánimos y acordaron una tregua, mientras peritos autorizados fijaban las latitudes de las dos provincias.

Mientras tanto, Diego de Almagro, audaz y activo, emprendió un viaje de exploración y conquista a la región que los indígenas llamaban Chili y de cuyas riquezas hacían grandes exageraciones.

Con una lucida comitiva y muchos indios auxiliares, Almagro siguió el camino incaico que costeaba por el este la Cordillera de los Andes, internándose en la actual provincia de Salta por la Quebrada de Humahuaca; pero encontró una inesperada resistencia por parte de los indígenas, que se hacía más enconada a medida que avanzaba. Desde Chicoana (Salta) cruzó la Cordillera, con grandes pérdidas de vidas, y llegó al valle de Copiapó. Después de reconocer el territorio, hostilizado por los indígenas, emprendió el regreso, recorriendo el norte de la actual República de Chile y atravesando la Puna de Atarama.

SITIO DE CUZCO
Mientras tanto, los indios peruanos se habían sublevado, acaudillados por el inca Manco y pusieron sitio a Cuzco, defendido por Juan, Hernando y Gonzalo Pizarro. Francisco se hallaba en Lima, incomunicado con el resto de sus compañeros y sin posibilidad, por la escasez de sus fuerzas, de presentar batalla en campo abierto a los sublevados, o de llevar socorros a Cuzco. El sitio duró siete meses y en su transcurso murió Juan Pizarro en una escaramuza.

En esa crítica circunstancia volvió Almagro y avanzó sobre la ciudad, después de infructuosas tentativas de pacificación y de una tregua, rota antes de tiempo. Aprisionó a Hernando y a Gonzalo Pizarro y se hizo nombrar gobernador por el Cabildo.

ABANCAY
Por su parte, Francisco Pizarro logró reclutar una columna de auxilio que envió a Cuzco, al mando de Alonso de Alvarado, pero ésta fue deshecha por Almagro en la batalla de Abancay, en julio de 1537. Francisco Pizarro, procediendo con prudencia, negoció y obtuvo de Almagro la libertad de su hermano Hernando, con juramento de éste de no volver a tomar las armas y regresar a España, mientras el pleito fuera resuelto por el rey.

Su otro hermano, Gonzalo, había logrado fugarse de la prisión. Pero Hernando Pizarro, faltando a su juramento, levantó un fuerte conjunto de tropas y marchó sobre Cuzco, logrando derrotar a las tropas de Almagro en el combate de Salinas, en abril de 1538.

JUICIO Y MUERTE DE ALMAGRO
En seguida, Hernando Pizarro entró en la ciudad, aprisionó a Almagro, que estaba anciano y enfermo, le formó juicio y, en consecuencia, le hizo aplicar la pena del garrote (la horca). Para mayor escarnio, después su cadáver fue decapitado en la plaza pública. Al año siguiente tuvo que ir Hernando Pizarro a España, a explicar al rey su conducta.

Allí, acusado por un albacea de Almagro, fue apresado y confinado durante veinte años en un castillo de Medina del Campo. Al cabo de ese tiempo recobró la libertad, pero murió, pobre y olvidado, a edad casi centenaria.

Mientras tanto, un hijo del conquistador, llamado también Diego de Almagro, resolvió encabezar una conspiración de los antiguos partidarios de su padre, que se sentían vejados y despreciados por los partidarios de Francisco Pizarro.

ASESINATO DE PIZARRO
Los conjurados, que eran dieciocho, irrumpieron en la casa del gobernador, en Lima, y a pesar de la bravura con que Francisco Pizarro se defendió lograron inferirle numerosas heridas que le quitaron la vida, en junio de 1541.

Almagro, el joven, se apoderó del gobierno vacante, pero, entretanto, llegó al Perú un comisionado real, el licenciado Vaca de Castro, con instrucciones para tomar el mando en caso de acefalía. Enterado de la muerte de Francisco Pizarro, decidió ocupar el gobierno y castigar a Almagro, el joven. Éste se resistió con las armas, pero fue derrotado y capturado en la llanura de Chupas, y poco después decapitado en la misma plaza en que lo fuera el cadáver de su padre.

EL VIRREY NÚÑEZ DE VELA
Carlos V, creyendo terminada la pacificación del Perú, decidió crear el virreinato y nombró virrey a Blasco Núñez de Vela, con la misión especial de poner en vigencia nuevas disposiciones acerca del trabajo de los indios. Estas leyes nuevas quitaban a los encomenderos multitud de privilegios y garantizaban a los indígenas la vida y la retribución de salarios.

Como lesionaba sus intereses, los colonos demostraron franca hostilidad hacia la nueva reglamentación y terminaron por sublevarse, eligiendo como jefe a Gonzalo Pizarro. Los ejércitos chocaron en Añaquito, donde Blasco Núñez de Vela fue derrotado,’ hecho prisionero y mandado decapitar por Pizarro. Su cabeza sangrante se exhibió en la plaza de Quito.

PEDRO DE LA GASCA
A raíz de estos hechos, las disposiciones sobre encomiendas fueron derogadas por Carlos V, que nombró, con poderes extraordinarios, al sacerdote Pedro de La Gasea, para que pacificase el país. Al llegar a Panamá, La Gasea, valido de las reales órdenes que traía, consiguió el apoyo de la flota de Pizarro, cuyo comandante, Pedro de Hinojosa, se puso a sus órdenes.

Sobre esta base, y ofreciendo indulto a los rebeldes, logró provocar gran deserción en el campo enemigo, de tal manera que, a pesar de haber sufrido su ejército un contraste en Huarinas, en octubre de 1547, más tarde, a medida que avanzaba hacia el sur, la región se iba sublevando contra Pizarro, hasta que, en otro encuentro que tuvo lugar en el valle de Sacsahuana, logró que las tropas de su oponente desertaran en masa. Gonzalo Pizarro y su lugarteniente Carvajal sufrieron la última pena y así terminó su vida el último Pizarro del Perú.

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante Tomo VI Editorial CODEX