Emperador Domiciano

Los Emperadores Ilirios

Los Emperadores Ilirios

EMPERADORES ILIRIOS: Se conoce por emperadores ilirios a la serie de emperadores que gobernaron el Imperio romano entre 268 y 285. Este nombre proviene del origen geográfico de la mayoría de los que la componen. En efecto, son mayoritariamente originarios de Iliria, región cuyas fronteras no son muy precisas

El ejército más fuerte del Imperio era el del Danubio, formado por soldados de las provincias vecinas (Pannonia, Dalmacia, lliria), los ilirios, de la misma raza que los albaneses de nuestros días.

Los generales, gobernadores de las provincias fronterizas, no eran ya nobles romanos.

Una ley nueva prohibía a los senadores mandar un ejército. En lo sucesivo los generales procedieron de la clase de oficiales salidos de las filas, la mayor parte ¡lirios, como los soldados.

Y entonces que los ejércitos hacían emperadores a sus generales, ya no hubo casi más que emperadores ilirios. Ellos libraron al Imperio de los bárbaros y restablecieron el orden en el Estado.

Claudio, llamado el Gótico (268), atacó a los godos que habían invadido la Macedonia, los venció en dos grandes batallas y los rechazó al otro lado del Danubio. Murió en Sirmium (270).

Aureliano atacó a los alamanes que habían invadido Italia y los expulsó. En Oriente, la viuda de Ódenato, Zenobia, gobernaba Palmira en nombre de su hijo Vabalath. Bella e instruida, hablaba todas las lenguas del Oriente y el latín, leía a Homero y tenía por ministro a un célebre filósofo griego, Longino.

Pasaba revista a sus soldados, con el casco a la cabeza, los seguía a caballo a campaña, sentaba a su mesa a los oficiales, contra lo que era costumbre de las mujeres de Oriente. Se la llamaba reina.

Había hecho ocupar el Egipto, se preparaba a apoderarse del Asia Menor y a restablecer el Imperio de los Seleucidas. Eran sus aliados los partos y los árabes.

Aurealiano llegó a Oriente con su ejército y reconquistó fácilmente la Siria. La gran batalla se dio cerca del desierto, en Emesa.

Los jinetes de Palmira pusieron en fuga a la caballería romana, pero las legiones decidieron la victoria. Entonces el ejército romano, atravesando el desierto, fue a poner sitio a Palmira.

Zenobia huyó en un dromedario para ir en busca de auxilios ai país de los partos, pero fue tomada prisionera. Palmira se rindió (272).

Pocos meses más tarde se sublevó y degolló a la guarnición romana. Aúreliano estaba todavía en Asia, volvió rápidamente, recobró a Palmira y la destruyó (273). No quedaron de ella más que ruinas.

El emperador sometió luego la Galia, que hacía ya doce años estaba fuera de la obediencia de Roma.

Volvió a Roma para celebrar su triunfo. Delante de su carro iba Zenobia, cargada con tres cadenas de oro, y el emperador de la Galia, Tétrico, con su familia.

Después del triunfo, Aúreliano, en lugar de mandarlos ejecutar como era antigua costumbre, dio a Zenobia una quinta en Italia y nombró a Tétrico gobernador de una provincia.

Renunció a reconquistar la provincia de Dacia, ocupada por los bárbaros, mandó retirarse a los colonos que allí quedaban y los estableció a la orilla derecha del Danubio. Este río fue de nuevo la frontera del Imperio.

Para poner a Roma al abrigo de las invasiones, mandó construir un nuevo recinto, el muro de Aúreliano, que rodeaba, no solamente la antigua Roma, sino los arrabales edificados, fuera del muro de Servio (272).

Se le dio el título de Restltutor orbis (Restaurador del mundo).

Habíase comenzado en el Imperio a adorar al dios persa Mithra, con el título de «Sol invencible» (Sol invictus).

Los monumentos erigidos en su honor le representan vestido a la usanza persa y derribando un toro, con esta inscripción: «Al Sol invencible, al dios Mithra».

Era el dios de la vida, de la muerte, de la resurrección. Se le celebraba con ceremonias secretas, un bautismo, banquetes sagrados, penitencias complicadas.

El dios Sol había llegado a ser en el siglo III la principal divinidad de los soldados. Aúreliano le hizo dios de todo el Imperio y le erigió en Roma un templo magnífico.

Partía en expedición contra los persas cuando fue asesinado en Bizancio (275). Los soldados enviaron a pedir un emperador al Senado. Este se negó al principio y acabó por elegir a un viejo senador rico. Tácito, descendiente del historiador, que murió pronto.

El ejército de Siria proclamó a su general, un ilirio, Probo (276).

Los alamanes habían invadido la Galia. Probo los arrojó y persiguió hasta el otro lado del Rhin (277). Pero renunció al territorio de la orilla derecha y se contentó con fortificar la frontera del río.

Estableció también en la orilla izquierda a los prisioneros germanos para cultivar las tierras que habían quedado desiertas. Alistó también germanos en sus tropas.

Sus generales habían vencido a los francos y trasladó los prisioneros a orillas del mar Negro.

Pero aquellos francos se apoderaron de barcas, y, pasando el mar, a través del Bosforo, el Archipiélago y todo el Mediterráneo, el estrecho de Gibraltar y el Océano, volvieron a su país por las bocas del Rhin, después de haber recorrido todo el Imperio y saqueado a su paso el Asia Menor, Grecia, Sicilia y el África.

Probo, después de haber vencido a varios usurpadores, en Alejandría, en el Rhin, en Lyon, en Bretaña, quiso que los soldados se ocupasen en desecar los pantanos del Danubio.

Un día, cerca de Sirmium, durante los calores del estío, los soldados, descontentos de aquel trabajo, mataron al emperador (282).

Su sucesor, Caro, fue en expedición contra los partos y recobró de ellos Mesopotamia y la Armenia. Al llegar cerca de Ctesifón, un rayo quemó la tienda y le mató (284).

Su hijo, que había quedado único emperador, volvió con el ejército, enfermo y conducido en una litera. Cuando los soldados pidieron verle, le encontraron muerto.

Acusaron a su suegro, Aper, prefecto del pretorio, de haberle asesinado.

Formaron un tribunal para juzgarle y proclamaron emperador al comandante de la guardia, Diocleciano, hijo de uno que había sido esclavo.

tabla de emperadores
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Biografia de Antonino Pio Emperador Romano

Biografia de Antonino Pio Emperador Romano

Adriano había adoptado a un senador rico nacido en la ciudad romana de Nimes en la Galia, Antonino Pio, que fue reconocido emperador (137 a.C.) cuando ya contaba cincuenta y dos años.

Era hombre sencillo y económico. No aceptó el dinero que era costumbre ofrecer a los emperadores y aún pagó el donativum a los soldados de sus propios bienes. Vivió sin lujo y economizó tanto los bienes del Estado que al cabo de veinte años dejó en el Tesoro más de quinientos millones.

De carácter dulce, un poco tímido, no se movió de Roma. Trataba al Senado con respeto y asistía regularmente a sus sesiones. Votaba, por lo común, en favor de las penas menos rigurosas, y con gusto indultaba a los condenados. Como se conspirase contra él, impidió que el Senado persiguiera a los cómplices.

biografia de antotnino pio

Con las figuras de Trajano, Adriano y Marco Aurelio, Antonino Pio señala la etapa de mayor prosperidad del Imperio romano, en ese siglo u en que parece haberse llegado a una normalidad plena en el funcionamiento de las instituciones y a la consolidación absoluta del poder imperial.

Como sus dos predecesores, Antonino Pio no es romano, sino que procede de la aristocracia provincial, prudente y activa, a la que los Flavios habían abierto las puertas del Senado.

Tito Aurelio Fulvio Boyonio Arrio Antonino, que así se llamaba el futuro emperador, nació el 19 de septiembre de 86 en una quinta próxima a Lanuvio, en las inmediaciones de Roma.

Su familia procedía de Nimes, en la provincia Narbonense (Galia).

Su abuelo paterno, Tito Aurelio Fulvio, después de una afortunada carrera administrativa y de dos consulados, había sido elevado al grado más alto de la carrera senatorial: la prefectura de Roma.

Su abuelo materno, Arrio Antonino, había sido también dos veces cónsul, y procónsul de Asia bajo Trajano. Su padre, Aurelio Fulvio, murió muy pronto, por lo que la formación intelectual de Antonino corrió a cargo de sus dos abuelos.

Desde su juventud reveló sus destacadas dotes en la administración. En 112 fué nombrado cuestor, en 117 pretor y en 120 cónsul.

En esta época Adriano empezó a prestar atención a su persona, y le nombró uno de los cuatro consulares encargados de la administración de Italia.

Entre el 130 y el 137 fué designado para ocupar el cargo de procónsul de Asia. Al regresar a Roma entró a formar parte del Consejo Imperial, y vivió desde entonces en íntimo contacto con Adriano, quien, apreciando sus dotes, le adoptó como hijo y le nombró sucesor (1° de enero de 138). A la muerte de Adriano, y sin ningún incidente, quedó proclamado Antonino con el nombre de César Aelio Adriano Antonino Augusto Pío (10 de julio de 138).

Nada menos aventurero que esta carrera. Su reinado, largo y provechoso, se caracterizó por la misma placidez.

Antonino Pio no poseía la rica naturaleza de un Trajano q de un Adriano; ni el talento militar y administrativo del primero, ni el espíritu curioso, selecto e innovador del último.

Pero, en cambio, era honesto, recto, bondadoso, ponderado, cumplidor de sus deberes, paternal y vigilante. En una palabra, el perfecto funcionario elevado a la dignidad imperial.

Los comienzos de su gobierno fueron algo perturbados por la antipatía que el Senado profesaba a Adriano.

Los senadores querían negarle la apoteosis y anular todos sus actos. Pero Antonino se opuso a ello tanto por reconocimiento a Adriano como en defensa de la autoridad imperial.

El Senado tuvo que inclinarse y aceptar su voluntad. Por lo demás, Antonino, conservador y tradicionalista, procuró mantener una estrecha colaboración con aquella asamblea. Anuló los consulares creados por Adriano; pero conservó el Consejo Imperial y los órganos administrativos tal cual los había dejado su predecesor.

El conjunto de su administración se caracteriza por su parsimonia, bondad y eficacia.

La justicia fue distribuída con cuidado y rectitud; la hacienda aumentó aun más sus recursos, y se desarrollaron las institucio nes alimenticias.

También fomentó la prosperidad de las provincias, y en cuanto al aspecto religioso, a pesar de la defensa de las instituciones paganas, mostró gran tolerancia para con los cristianos. Murió el 7 de marzo de 161 en su quinta de Lórium.

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Biografia de Domiciano Emperador Romano

Biografia de Domiciano Emperador Romano

Era hermano de Tito y sucedió a éste. Era alto y de buena figura, vigoroso y sobrio (sólo hacía una comida diaria). Se ocupaba con regularidad de los asuntos públicos.

Revisaba los juicios, condenando a destierro a los delatores convictos de falsedad. Vigilaba a los gobernadores.
Había conservado los consejeros de su padre y el Imperio siguió bien administrado.

Pero era vanidoso. Se hizo llamar dueño y hasta dios y que le eligieran cónsul 17 veces. No le gustaba que se elogiase a su hermano ni a ningún gran personaje. Se hizo conceder tres triunfos y fue al Senado vestido de triunfador. Ordenó que al mes de octubre se le cambiase el nombre por mes de Domiciano.

No le gustaban los ejercicios corporales ni la guerra, y aun en campaña hacía que le llevasen en litera.

Hizo, no obstante, varias campañas para contener a los bárbaros, en Bretaña, en el Rhin, en el Danubio. Por este lado, Domiciano fue vencido e hizo la paz prometiendo al rey de los dacios un presente anual, lo que sus enemigos dijeron comprar la paz mediante un tributo.

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Domiciano había sido siempre frío y egoísta. Vivía sin amigos, solo en su palacio (se divertía, dícese, matando moscas con un punzón). Recibía a sus invitados de mala manera.

Cuentan que un día se divirtió en atemorizarlos. Los recibió en un comedor todo cubierto con paños negros, alumbrado con lámparas funerarias, con lechos semejantes a aquellos en que se exponían los cadáveres y en ellos una inscripción fúnebre conteniendo el nombre de cada uno de los convidados.

A los pies de cada cual fue a sentarse un esclavo joven figurando el genio de la muerte que se representaba en las tumbas. A la mesa se sirvieron platos propios de un banquete funeral.

Acabada la comida, los invitados volvieron a sus casas acompañados de esclavos desconocidos y se les anunció inmediatamente que un enviado del emperador les esperaba.

Los convidados creían encontrar una sentencia de muerte. Era solamente el lindo esclavo que había desempeñado el papel de genio de la muerte y que el emperador les enviaba como regalo con la estela funeraria y los objetos que habían figurado en la mesa.

La muerte prematura de Tito fue una grave pérdida para la dinastía Flavia y para el Imperio.

Su sucesor, su hermano Domiciano, diez años más joven que él, pues había nacido en Roma el 24 de octubre del 51, no carecía de algunas de las sólidas dotes de la familia, como inteligencia, espíritu de trabajo y sentido de la administración; pero ni había sido sometido a la dureza de la vida del soldado, ni a las excelencias de una educación severa y sistemática que le enseñase a refrenar las pasiones del alma.

La muerte de su madre, Flavia Domicila, y el alejamiento de su padre Vespasiano y de su hermano Tito, le dieron completa libertad para entregarse a sus caprichos en la época más peligrosa de la existencia humana. Sólo a fines del verano del 70 Vespasiano, ya emperador, pudo encargarse de la educación de su segundo hijo.

Pero entonces ya era tarde. Domiciano había crecido autoritario, orgulloso, desconfiado y con una envidia casi enfermiza. Sin embargo, cuando murió Tito el 13 de septiembre del 81, Domiciano fué proclamado emperador sin oposición alguna por el Senado y reconocido por el ejército, quien veía en él al heredero de dos de sus más grandes caudillos.

La política interior de Vespasiano y Tito se había basado en la más estrecha colaboración entre el Senado y la autoridad imperial. Sin romper de modo brutal con este principio, Domiciano tendió hacia un régimen de centralización administrativa y monarquía absoluta.

En esto seguía las huellas de César y era precursor de los regímenes de Diocleciano y Constantino. Quiso ser el señor indiscutido e incluso dios, y así se hizo titular Dominus et Deus, Para ello se apoyó en el ejército
— aumentó el sueldo a los legionarios —, y en el orden ecuestre confió a los caballeros cargos de responsabilidad en el gobierno.

En cambio, prescindió del Senado, por lo que muy pronto las relaciones entre los dos poderes se hicieron vidriosas. Su escasa habilidad y su orgullo le despojaron de las simpatías vinculadas a su dinastía, y pocos quisieron reconocer sus grandes dotes como administrador.

Domiciano, en efecto, veló por la buena gestión de los asuntos provinciales, evitó la prevaricación de gobernadores y legados, concedió a la nobleza provincial el derecho de ciudadanía en escala hasta entonces no vista, y favoreció el desarrollo de los municipios.

También fue un gran constructor. Reedificó la parte de Roma destruida por el incendio del año 80; construyó templos, fosos y palacios. En fin, protegió a los poetas como Marcial y Estacio.

Pero la oposición de la clase senatorial crecía y se desarrollaba contra el absolutismo de Domiciano.

Sobre su persona llovían los epigramas y la pullas de los poetas aristocráticos, de los filósofos y de los comerciantes judíos.

Esta oposición de los salones despertó los malos instintos que dormían en el alma del emperador. De las palabras pasó pronto a los hechos.

Una conspiración de palacio costó la vida a Flavio Sabino, el presunto heredero del poder (83).

Cinco años depués, en 88, se sublevaba Antonio Saturnino, el legado de la Germania Superior.

Domiciano reprimió duramente el alzamiento e hizo ejecutar a muchos miembros del Senado. Desde entonces fué una guerra a muerte, una sucesión de conspiraciones y de castigos terribles.

Domiciano hizo imperar un régimen de terror: muerte de Helvidio Prisco, jefe del partido senatorial; de los filósofos Julio Aruleno Rústico y Herennio Senecio; de Flavio Clemens y Acilio Glabrio, dos de los cristianos de más nota; persecución general contra los fieles de Cristo…

Oleadas de sangre fueron derramadas por orden de Domiciano, quien había perdido todo control de sí mismo, hasta que el 18 de septiembre del 96 fué asesinado por el mayordomo de palacio, Estéfano, copartícipe en una nueva conjura aristocrática.

LECTURA COMPLEMENTARIA DE DOMICIANO

En sus últimos años, Domiciano se tornó cruel por miedo. No quería a los senadores y los senadores le pagaban con la misma moneda, habiendo algunos que intentaron asesinarle.

Entonces empezaron de nuevo las sentencias de muerte por delitos de lesa majestad. Un senador fue condenado por celebrar el aniversario del emperador

Otón que fue tío suyo, otro por haber colocado en su cámara un mapa del mundo, un tercero porque en vez de proclamarle cónsul, el heraldo le había, equivocadamente, proclamado emperador.

El general del ejército de Bretaña, Lúculo, fue ejecutado por haber permitido que se llamase luculiana una nueva especie de lanza, un retórico por haber pronunciado un discurso contra los tiranos.

Domiciano alentaba las delaciones, aun de los esclavos. Nadie se atrevía a hablar, ni siquiera dentro de casa, por miedo a que una palabra oída por un esclavo fuera interpretada como alusión al emperador.

Domiciano tenía necesidad de dinero para los soldados, pues había aumentado el sueldo a los legionarios, desde 225 dineros anuales hasta 300. Mandó condenar a personas ricas para confiscar sus bienes, les obligó a legarle una parte de su fortuna.

Domiciano se hizo odioso, se le denominó el Nerón calvo. Los adivinos caldeos habían dicho que moriría muy pronto. Los desterró a todos y mandó ejecutar a varios.

Los filósofos censuraban su conducta e hizo condenar a muerte algunos y desterró de Roma a los restantes.

Dejó casi de presentarse en público. Había hecho poner en los pórticos por donde pasaba losas de piedra pulimentada, que eran como espejos en que podía ver lo que se hacía detrás de él. Cuando iba embarcado lo hacía solo en una barca y remolcado por otra .para estar lejos de los remeros.

Cuando interrogaba a un acusado hacía que le trajeran cargado de cadenas y en sus manos tenía el extremo de la cadena.

Fue, sin embargo, asesinado. El intendente de su esposa fue a verle so pretexto de denunciarle una conspiración, le presentó una carta y le hirió en tanto la leía. Sus servidores acudieron y mataron al asesino (96 a.C).

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