Monte Etna

Consecuencias de la Erupcion de un Volcan Composicion de la Lava

La Erupción de Un Volcán – Los Desequilibrios Ecológicos

LISTA DE LOS TEMAS TRATADOS:

1-Huracanes
2-Olas de Frío
3-Tormenta de Arena
4-Incendios
5-Terremotos
6-Volcanes
7-Sequías
8-Olas de Calor
9-Inundaciones
10-Desastres Naturales

Los volcanes
Las erupciones volcánicas constituyen uno de los fenómenos geológicos que más han impresionado al ser humano, por su grandiosidad y por los terribles efectos que provocan.

El vulcanismo es un hecho geológico que tiene lugar en la corteza terrestre y que se manifiesta arrojando a la superficie material fundido o magma como resultado de intensos desequilibrios en el seno de la corteza, originados durante las fricciones que ocurren entre las grandes masas geológicas sometidas a fenómenos de compresión y deslizamientos.

Generalmente los volcanes aparecen como promontorios muy elevados, formados por la solidificación del magma expulsado.

Desde antiguo estas erupciones han sido muy temidas por el hombre, y hasta el mito se ha ocupado de ellas. Recordemos el Hefesto o Vulcano de la mitología grecorromana: el fuego de las fraguas de sus herrerías salía al exterior y hacía temblar la Tierra.

Cómo es un volcán
Un cono volcánico se forma por la acumulación del magma solidificado. En su cima se halla el cráter, que se prolonga hacia el interior por la chimenea por donde ascienden las materias en fusión o los gases. Muchas veces, en torno del cráter principal se originan cráteres secundarios o parásitos formados por las bifurcaciones de la chimenea central. La montaña que forma el volcán en ignición tiende naturalmente a crecer en altura y volumen. El Chimborazo (Ecuador) mide 6.267 metros.

La rapidez con que se forman estos montes volcánicos suele ser sorprendente. El cono del Monte Nuovo (Nápoles) surgió en la noche del 27 al 28 de setiembre de 1538, ante los azorados ojos de los pobladores. El Parícutin (México, febrero de 1943) es otro ejemplo.

Hay conos volcánicos de una regularidad perfecta (Cotopaxi en Ecuador) y otros que tienen deformaciones debidas a los distintos agentes de la erosión. Existen otros que presentan en sus flancos conos secundarios o adventicios cuyo número puede variar a menudo (Etna).

Las dimensiones de los cráteres varían: algunas son enormes (Vesubio, Poás). Los cráteres volcánicos sin conos son de explosión están formados por gases que han arrojado los fragmentos del fondo rocoso en torno de la chimenea volcánica sumamente abierta, pero sin producto sólido alguno procedente del magma interior Otros volcanes curiosos son los denominados volcanes-calderas. Provienen del hundimiento o explosión de la zona central de un gran cono volcánico, de cual solamente quedan los flancos.

El sábado 22 de octubre de 2005, el volcán Sierra Negra, en las islas Galápagos, luego de 27 años de inactividad, comenzó a expulsar cenizas y gases. Tres días después, la lava comenzó a fluir. Este, sin embargo, no fue el único ejemplo eruptivo del año. Una semana antes, un grupo de observadores de El Salvador anunció que la columna de gases del volcán Santa Ana o Ilamatepec era muy débil y difusa. (ver mapa de Volcanes Activos)

Tres horas después era ya de 300 metros. Las piedras y cenizas que arrojó el Santa Ana mataron a dos personas. No obstante, desde el mes de junio se había intensificado su vigilancia debido a que se habían registrado microsismos de mayor intensidad de los que suele mostrar ese volcán.

Éstas fueron dos de las cinco erupciones volcánicas que tuvieron lugar el año pasado. En los últimos 10.000 años se han activado 1.415 volcanes en el mundo. Una de las peores fue la de 1815 cuando el Tambora, en Indonesia, se cobró la vida de 92.000 personas.

Animación Educativa Sobre Los Volcanes

Lago Toba, la más salvaje

Más cerca en el tiempo fue la explosión del Pinatubo, en Filipinas, que tuvo un saldo de 800 víctimas fatales. Algunos, como éste, entran en erupción cuando ya nadie se lo espera. Otros, como el Estrómboli, el Etna o los de Hawaii, se activan con frecuencia.

¿Pero qué ocurre en las entrañas de la Tierra? Sucede que nuestro planeta se comporta como un alto horno; a unos 100 km de profundidad, las rocas se funden para formar el magma, que tiene tendencia a ascender hacia la superficie y escapar aprovechando las zonas más frágiles de la corteza terrestre.

Y, en ciertas ocasiones, dicen algunos especialistas, la Tierra experimenta una erupción tan salvaje que hasta cambia el clima y amenaza la existencia sobre el planeta. Hace 75.000 años se produjo la mayor erupción de la historia en el Lago loba, Sumatra. Hay quienes opinan que existe otra en ciernes y que es probable que tenga un volcán que yace bajo el Parque Yellowstone, en EE.UU.

Más de 40 especialistas afirman que este supervolcán ya ha entrado en erupción varias veces. Las últimas mediciones confirman que el suelo del parque emite entre 30 y 40 veces más calor que el promedio de Estados Unidos. “No queremos ser catastrofistas —dice uno de los geólogos—, pero debemos reflexionar sobre la posibilidad de que sea el turno de un volcán”.

Lava en estudio El Etna, arriba, ha entrado en erupción varias veces en los últimos 100 años. La imagen de la izquierda muestra un volcanólogo recogiendo lava para estudiarla posteriormente. 

 LA LAVA DE LOS VOLCANES:  En el interior de la Tierra se encuentra en su mayor parte en estado liquido e incandescente a elevadísimas temperaturas. A esa inmensa masa de roca fundida, que además contiene cristales disueltos y vapor de agua, entre otros gases se la conoce como magma terrestre. Cuando parte de ese magma surge hacia el exterior a través de los fenómenos volcánicos, se la llama lava; 1000 °C es la temperatura media de la lava líquida

Al alcanzar la superficie de la corteza o el fondo oceánico , la lava comienza a enfriarse y se convierte así en diversos tipos de roca sólida, según su composición original. Ésta es la base de los procesos por los que se ha formado la superficie de nuestro planeta y por los cuales sigue en permanente cambio. Los científicos estudian la lava para conocer en profundidad nuestro planeta.

La lava es la sangre de toda erupción. Está cargada de vapor y de gases como el dióxido de carbono, el hidrógeno, el monóxido de carbono y el dióxido de azufre. Al salir, estos gases ascienden violentamente a la atmósfera, formando una nube turbia que descarga, a veces, copiosas lluvias. Los fragmentos de lava que son arrojados fuera del volcán se clasifican en bombas, brasas y cenizas. Algunas partículas, grandes, vuelven a caer dentro del cráter. La velocidad eje la lava depende en gran parte de la pendiente de la ladera del volcán. Hay corrientes de lava que pueden llegar a los 150 Km. de distancia

Composición mineralógica
La lava tiene un alto contenido de silicatos, que son minerales livianos formados de rocas y constituyen el 95% de la corteza terrestre. En proporción, el otro elemento importante es el vapor de agua. Los silicatos determinan la viscosidad de la lava, es decir, su capacidad de fluir, cuyas variaciones han originado una de las clasificaciones más difundidas: la lava basáltica, andesítica y riolítica, ordenadas de menor a mayor contenido de silicatos.

Poder destructor de los volcanes
La predicción de las actividades volcánicas puede reducir o evitar las pérdidas de vidas, pero poco puede hacer sin embargo para controlar los daños de los elementos y bienes inamovibles. Se ha intentado incluso desviar las corrientes de lava utilizando chorros de agua para enfriarla, y formar una sólida pared de lava solidificada bombardeando a continuación los costados de la colada para dividirla en varias corrientes de menor tamaño.

Durante la erupción del Etna de 1971 se vieron anegados por la lava casas, viñedos y carreteras. Nada pudo hacerse para prevenirlo, pues la desviación de las corrientes de lava es ilegal en Sicilia. Las coladas de lava y los espesos mantos de escoria inutilizan la tierra para su explotación agrícola durante muchos años; el ritmo de recuperación es más rápido en las regiones tropicales húmedas, pero muy lento en climas severos.

Tanto la avalancha de lodos como la colada de lava, se originaron por una erupción surgida de una fisura (aún humeante) que apareció en la parte superior del flanco del Villarica. Las erupciones más destructivas son las grandes erupciones explosivas con desprendimientos de piroclastos, que dan lugar a coladas de cenizas y a avalanchas de lodos. La mortalidad de estas erupciones depende de la densidad de población de la zona; la que produjo mayor número de víctimas mortales tuvo lugar en Indonesia.

Durante la erupción del Tambora en 1815 murieron 12.000 personas, pero otras 70.000 fueron víctimas de las enfermedades y el hambre que siguieron a esta gigantesca erupción. Para minimizar el riesgo de las avalanchas de lodo en Kelu, Java, se construyeron una serie de túneles que drenaron el lago surgido en el cráter del volcán.

El Impacto Ambiental de la Erupcion de los Volcanes Activos Clima

El Impacto Ambiental de la Erupción de los Volcanes Activos

La influencia de los volcanes en el clima es estudiada desde el siglo pasado por los científicos, quienes observaron variaciones en la temperatura en relación con los fenómenos volcánicos.

En 1784, Benjamin Franklin (1706-1790), en una conferencia en Manchester, relató sus observaciones sobre la disminución de la radiación solar en el verano de 1783 a causa de la erupción del volcán Laki, en Islandia. Franklin suponía que las cenizas expulsadas por el volcán habían provocado una niebla seca a gran altura que causo los fríos glaciales registrados en el este de Europa y en América del Norte por ese entonces.

El hecho científico comprobado es que los volcanes explosivos (del tipo peleano) se caracterizan por experimentar periódicamente erupciones súbitas y violentas, con suficiente energía como para impulsar polvo y compuestos químicos directamente hasta la estratosfera.

La intensidad de las erupciones se mide mediante un índice de explosividad volcánica (IEV), basado en factores como el volumen de ceniza y de fragmentos de roca expulsados, la altura de la nube de gas y las características de la explosión. Al parecer, durante los últimos diez mil años no se ha producido ninguna erupción que alcanzara el nivel 8; además, se afirma que un IEV 4 puede afectar al clima global.

Pero los impactos sobre el clima no se ven limitados al polvo volcánico. En 1991, la erupción del Pinatubo, en las islas Filipinas, provocó la expulsión no sólo de inmensas cantidades de polvo volcánico, sino también de grandes volúmenes de gases sulfúricos.

El dióxido de azufre (SO2) reacciona con el vapor de agua y produce ácido sulfúrico (S04H2), que queda en suspensión en la estratosfera como máximo hasta dos años, en forma de pequeñas gotas llamadas aerosoles. Éstos dieron lugar a la formación de nubes que se fueron extendiendo por la Tierra, especialmente en latitudes cercanas al ecuador, zona en que se halla el Pinatubo. Como consecuencia de ello, la radiación solar recibida por el planeta no sólo descendió entre 2 y 4 %, sino que los gases se condensaron y formaron la lluvia ácida. Se calcula que por efecto de esta erupción explosiva, la temperatura descendió entre 0,5 y 5 ºC, según la zona, en los dos años siguientes.

El hecho es que la densidad de los aerosoles y el dióxido de azufre en la atmósfera afectan no sólo la temperatura, sino también el régimen de lluvias. Con largos períodos de actividad volcánica, al reducirse la cantidad de radiación solar, se produce una disminución de las precipitaciones.

Por otra parte, actualmente se acepta que el fenómeno de la corriente de El Niño (que se analiza en otro documento) y el fenómeno natural conocido como oscilación del sur (OS), que consiste en anomalías de la presión atmosférica, constituyen los componentes oceánico y atmosférico de un mismo proceso relacionado con ciclos de erupciones volcánicas. Los modelos explicativos de los cambios climáticos permitieron predecir El Niño en 1993. Como consecuencia de la explosión del Pinatubo, se produjo un “Niño” con sequías en la Amazonia y en el nordeste de Brasil, y un exceso de lluvias en el sur y sudeste de Brasil y la Argentina.

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PRINCIPALES ERUPCIONES VOLCÁNICAS

SANTORIN (THERA)
Altura: 584 m
Lugar: Cicladas, Grecia
Fecha: h. 1550 a.C.
Una explosión inmensa, que prácticamente destruyó la isla. Hay quienes opinan que esto contribuyó a la desaparición de la civilización minoíca, en la cercana Creta. Puede que este desastre diera también origen a la leyenda de la ciudad perdida de la Atlántida.

VESUBIO
Altura: 1.280 m
Lugar: Bahia de Napóles, Italia
Fecha: 79 d.C
Las ciudades de Pompeya, Herculano y Stabia quedaron completamente sepultadas y murieron miles de personas. En 1631, murieron otras 3.000; desde entonces se han producido alrededor de 20 erupciones importantes, la última en 1944.

ANÓNIMO
Altura: desconocida
Lugar: Isla del Norte, Nueva Zelanda
Fecha: h. 130 a.C.
Saltaron por los aires alrededor de 30 millones de toneladas de pumitas, creando la amplia caldera que actualmente ocupa el lago Taupo. Una superficie de alrededor de 16.000 km2 quedó devastada; fue el más violento de todos los sucesos volcánicos documentados.

ETNA
Altura: 3.308 m
Lugar: Sicilia. Italia
Fecha: 1669
Murieron 20.000 personas y la lava arrasó la parte occidental de la ciudad de Catania, a 28 km de la cima.

KELUT
Altura: 1.731 m Lugar: Java, Indonesia Fecha: 1586
Murieron 10.000 personas. Otra erupción, en 1919. acabó con la vida de otras 5.000.

TAMBORA
Altura: 2.850 m
Lugar: Sumbava, Indonesia
Fecha: 1815
Se estima que explotaron entre 150 y 180 km3 del cono, que: redujo su altura de 4.100 m a 2.850 en cuestión de minutos. Perecieron un total de 90.000 personas, aproximadamente, como consecuencia de la explosión y de la gigantesca ola posterior, aparte de las victimas de la hambruna que sobrevino a la catástrofe.

KRAKATOA
Altura: 813 m
Lugar: Krakatoa, Indonesia
Fecha: 1883
Desaparecieron 163 aldeas y murieron 36.380 personas, como consecuencia de la ola gigantesca provocada por la mayor explosión volcánica jamás registrada, aunque posiblemente apenas tuvo una quinta parte de la intensidad de la que destruyó Santorín. Las rocas volaron 55 km por los aires y, diez dias más tarde, cayó polvo proveniente de la erupción a 5.330 ftn de distancia. La explosión se oyó en el 8% de la superficie terrestre.

MONT PELEE
Altura: 1.397 m Lugar: Martinica, Antillas Fecha: 1902
En tres minutos, una nube ardiente (ver texto principal) destruyó la ciudad de Saint-Picrre, matando a la totalidad de sus 26.000 habitantes, menos uno: un preso que sobrevivió protegido por los gruesos muros de la prisión.

MOUNT STHELENS
Altura: 2.549 m
Lugar: Estado de Washington, EUA
Fecha: 1980
Se dieron por muertas 66 personas y se destruyeron 260 km de bosques. El humo y las cenizas se elevaron hasta una altura de 6.000 m. Días después, se detectaron cenizas a 800 km de distancia.

Fuentes:
“Los volcanes afectan al clima del planeta”, Ciencia Hoy, vol. 7, NP 38, 1997.
“Polvo atmosférico y lluvia ácida”, Investigación y Ciencia, NP 245, febrero de 1997.

Prediccion de la Actividad de un Volcan Erupciones Volcanicas

Predicción de la Actividad de un Volcán
Erupciones Volcánicas

La América Central es una región de gran actividad volcánica, donde suele registrarse, por lo menos, una erupción todos los años y una gran explosión dentro del lapso regular de una vida humana.

El inventario de las formaciones volcánicas de Nicaragua surgidas en el último millón de años asciende a 28, sin contar lagunas cráteres y otras depresiones semejantes. Todas están ubicadas junto a una fractura de 290 kilómetros de largo que corta los dos grandes lagos del país, cuyas islas y penínsulas están cuajadas de volcanes activos y apagados.

Una distribución similar se percibe en el eje volcánico del istmo, que corre paralelo al litoral del océano Pacífico, con conos y cráteres uno junto a otro desde México hasta Panamá. El agua y el fuego han creado, en combinaciones caprichosas, los paisajes más admirados de la América Central.

interior de un volcan, corte esquematico

Raro es el año en que no se registra una erupción volcánica en el istmo. Entre los de mayor actividad se cuentan los volcanes Pacaya, Santiaguito y Fuego, en Guatemala; lzalco y San Miguel, en El Salvador; Telica, Masaya y Concepción, en Nicaragua, Poás e Irazú, en Costa Rica. En los últimos cuatro siglos se ha registrado actividad en unos 25 volcanes centroamericanos por lo menos, incluso el surgimiento de volcanes nuevos, como el Izalco y el Cerro Negro, que aparecieron en forma inesperada en 1770 y 1850 en El Salvador y Nicaragua, respectivamente. También se produjeron erupciones de magnitud sorprendente en conos que se consideraban extintos, como el caso del Cosigüina en 1835; el Santa María, en Guatemala, en 1902, y el Arenal, en Costa Rica, en 1968. Tres erupciones violentas en menos de 150 años.

La historia de las manifestaciones volcánicas en la región permite conjeturar la probabilidad de que se produzca al menos una gran erupción en algún lugar del istmo dentro del lapso regular de una vida humana. Esta eventualidad merece tomarse en serio, si se considera que el 60% de la población centroamericana vive dentro del área de alcance de algún volcán, a menos de 40 kilómetros. Los habitantes de San José de Costa Rica todavía recuerdan los meses de aflicción en 1963 cuando el volcán Irazú hizo llover cenizas sobre la ciudad. Y en León, Nicaragua, los vecinos barrían constantemente los tejados para evitar que las cenizas despedidas por el Cerro Negro en 1968 y 1971 causaran el derrumbe de los techos coloniales.

Además de lanzar materiales pulverizados, los volcanes también suelen arrojar lava incandescente que baja por las laderas calcinando todo lo que toca. En 1772, la gran corriente de lava del volcán Masaya recorrió unos 15 kilómetros como un río de fuego, sembrando pánico en los pueblos vecinos. Un brazo del río  se desvió y llegó a una laguna cercana, donde se apagó en medio de una gran humareda causada por la vaporización del agua. Otros volcanes como el Pacaya, Fuego, San Miguel y Momotombo tienen las laderas revestidas de negras coladas de aya, que recuerdan erupciones del pasado.

Una de las manifestaciones más temidas de la furia de los volcanes es la proyección de las llamadas nubes ardientes, mezcla sofocante de gases densos y partículas semifluidas que baja velozmente por las laderas arrollando con todo lo que encuentra a su paso. Una de esas nubes ardientes, lanzada por el monte Pelée en 1902, destruyó la capital de la isla de Martinica y sofocó de manera letal e instantánea a sus 30.000 habitantes. El mismo fenómeno se produjo en Costa Rica en 1968, cuando el volcán Arenal asoló dos aldeas en las cercanías de la montaña.

La persistencia de la alta densidad demográfica en las peligrosas regiones volcánicas del istmo centroamericano, que se remonta a los tiempos precolombinos, se debe simplemente a la gran feracidad de los suelos de procedencia volcánica, en los que se puede cultivar una amplia variedad de productos tropicales. Los pobladores precolombinos solían cultivar maíz, frijoles, cacao y otros productos en los mismos lugares donde hoy se cultivan algodón, café, caña de azúcar y donde hay buen pasto para la cría de ganado, actividades que constituyen el principal sustento económico de las repúblicas del istmo.

Algunos países, como El Salvador y Nicaragua, aprendieron también en los últimos años a utilizar la rica energía geotérmica que encierran los volcanes y a depender cada vez menos de la importación de combustibles derivados del petróleo. Los abundantes materiales expulsados por los volcanes también se aprovechan para la construcción de edificios y carreteras, mientras que el turismo se inspira en el paisaje para mostrar la visión espectacular de los conos que reflejan sus figuras imponentes en las plácidas aguas de los lagos.

Vivir junto a los volcanes es un riesgo que los centro americanos conocen y aceptan. Las corrientes de lava, las lluvias de cenizas, las avalanchas, los sordos ruidos subterráneos y otras manifestaciones telúricas no lograron desalentar ni distraer el interés de los habitantes centroamericanos actuales para seguir poblando y explotando sus vulnerables pero fértiles áreas.

Entre los hombres y las montañas existe una dependencia estrecha de raíces muy antiguas. Los pueblos aborígenes de la América Central rendían culto y veneración a los montes de fuego y humo, donde creían que moraban seres legendarios o dioses tutelares cuya ira se manifestaba en las erupciones, terremotos, sequías y otras calamidades. Entre los indígenas que todavía viven al pie de los volcanes y los campesinos que cultivan sus laderas perduran las supersticiones y los relatos de seres fabulosos que moran en sus entrañas, resabios de temores ancestrales.

No obstante los descubrimientos hechos por la ciencia y particularmente los adelantos prodigiosos del siglo XX, los volcanes de la América Central todavía guardan celosos sus secretos.

Predicción de las Erupciones por Actividad de un Volcán:
Todos los volcanes son diferentes, por lo que no puede considerarse que exista una serie de síntomas, en forma de normas de aplicación general, que nos permita determinar la amenaza de una erupción. La observación en particular de cada uno de los volcanes se ha confirmado, en cambio, como un medio muy útil en la predicción de erupciones, por lo que desde el comienzo de este siglo se han establecido observatorios en muchos volcanes.

El observatorio de Monte Etna,  a un kilómetro y medio de su cima, se vio invadido por la lava en la erupción de 1971. Los pequeños temblores de tierra, originados por el movimiento del magma en el interior del volcán, y que preceden a las erupciones, pueden ser detectados mediante sismómetros.

Aunque existen una serie de observatorios dedicados continuamente a la detección de terremotos, se utilizan preferentemente sismómetros portátiles como el representado en la figura 96, para la predicción de las erupciones y de la localización exacta de los nuevos cráteres o salideros de lava. La primera comprobación de la existencia de pequeños temblores de tierra coincidentes con las erupciones se realizó de forma inintencionada, al observar las fotografías de surtidores de lava, como el de la figura 97, hechas con un determinado tiempo de exposición.

Los chorros de lava al rojo no se veían afectados por los temblores de tierra, pero el terreno, y la cámara fotográfica dispuesta sobre él, sí sufrían sacudidas: en consecuencia los trazos de las trayectorias de las partículas de lava al rojo parecían movidas en la fotografía. Algunas erupciones en las Islas Hawai están precedidas por un peculiar ruido rítmico de sonidos graves en forma de tarareo.

Para determinar los cambios producidos en la forma del volcán durante las erupciones, se utilizan inclinómetros y medidores electrónicos de distancias. El registro gráfico, tomado en Hawai desde 1956 a 1969, muestra elevaciones progresivas correspondientes a las erupciones, y bruscas caídas al final de las mismas. Los movimientos del magma se reflejan a veces en cambios de potencial eléctrico o de las características magnéticas de las rocas. (Al calentarse éstas por encima de los 600° C pierden sus características magnéticas naturales.)

El análisis de la composición y la temperatura de los gases emitidos por las fumarolas en los períodos comprendidos entre las erupciones ha resultado ser una guía muy útil del comportamiento de algunos volcanes. Todas estas observaciones y mediciones se suplementan actualmente con la vigilancia continua por medio de satélites especiales. Es de esperar que en un plazo corto se pueda desarrollar un sistema automático de vigilancia global.

Fuente Consultada: Revista América Vol. 39, Nº1

Juego de Conocimientos Geograficos Ubicar Ciudades y Patrimonios

Juego de Conocimientos Geográficos
Ubicar Ciudades y Patrimonios del Mundo

Hoy día, tres mil millones de personas viven en el mundo en las áreas urbanas. En el año 2007, el número de habitantes de las ciudades habrá superado, por primera vez, al de las áreas rurales y, según los expertos en demografía de las Naciones Unidas, en el año 2030 serán ya cinco mil millones, frente a una población rural de 3200 millones de personas.

Grandes ciudades han prosperado en el pasado, antiguo y reciente, contribuyendo en gran medida a dirigir la evolución de las diferentes culturas humanas, y a dar un formidable impulso al conocimiento, el arte, la arquitectura y el desarrollo industrial. Sin embargo, nunca como en los últimos cincuenta años la ciudad había entrado en el horizonte de nuestra cotidianidad, ni nunca hasta ahora habían existido ciudades que tuvieran veinte y treinta millones de habitantes.

UN POCO DE HISTORIA RESPECTO A LA EVOLUCIÓN DE LAS CIUDADES: Hasta hace unos cuantos miles de años, el hombre vivía de la caza y de la recolección, pero después de la última glaciación comenzó un periodo de rápido desarrollo demográfico, gracias a la mejora de las condiciones climáticas que se dieron sobre todo en las zonas del hemisferio septentrional que hoy tienen un clima templado. Algunos grupos de Homo sapiens, probablemente grandes familias, abandonaron la vida nómada para establecerse en áreas en las que el suelo fértil y la abundancia de recursos les garantizaban alimento para todos durante mucho tiempo.

Desde entonces la historia del hombre ha experimentado un sorprendente aceleración, una de las muchas realizadas gracias a los descubrimientos y a la tecnología en nuestra civilización. Aquellos antepasados nuestros aprendieron rápidamente a seleccionar los vegetales que tenían sustancias nutritivas adecuadas para su alimentación.

En aquellos primeros asentamientos estables fue donde comenzó la domesticación de los primeros animales como ovejas, cabras y bóvidos. Así nacieron los primeros centros habitados y se creó el primer germen de una sociedad estructurada, en la que nuestros abuelos comenzaron a dividirse funciones y ocupaciones, y en la que el trueque se convirtió en la primera forma de comercio.

A partir de aquellas primeras experiencias de convivencia se crearon posteriormente lo que los griegos llamaron polis, los romanos urbs o civitas, y nosotros, hoy día, llamamosciudades.

África, el continente negro. Naturaleza virgen, paisajes de ensueño y grandiosos testimonios de culturas desaparecidas. En esta parte de la Tierra se encuentran los últimos paraísos animales y naturales del planeta, al tiempo que fabulosos edificios evocan el esplendor de culturas africanas cuya influencia todavía se manifiesta de forma ostensible en muchas partes del mundo.

Grandes ciudades prosperaron en el pasado, antiguo y reciente, contribuyendo de manera excepcional a la evolución de la cultura humana. Y precisamente en su desarrollo se basó la formación de los grandes imperios. Entre las legendarias ciudades de la Antigüedad, hay que recordar las dos capitales egipcias Menfis y Tebas, en las que hace 5000 años ya era utilizada una lengua escrita con el primer embrión de alfabeto que superaba el simbolismo ideográfico.

Y Babilonia, la magnífica capital del reino de Hammurabi, el soberano que en torno al año 1700 a. de C. formuló el código de leyes más antiguo de la historia: un inequívoco signo de madurez de aquellas primeras sociedades, de su vitalidad y de su capacidad para producir culturas estructuradas.

Asia, el continente más extenso del planeta, es una tierra de contrastes: aromas europeos y mediterráneos en Estambul, el maravilloso mundo de las mil y una noches, el misterioso exotismo del Lejano Oriente, los estados insulares del océano índico, etc. De las grandes culturas y religiones hemos heredado fabulosas construcciones, y de las fuerzas de la naturaleza, magníficos paraísos.

Con el paso de los siglos, la ciudad se convirtió cada vez más en el centro de la actividad humana. Basta pensar en Atenas, Roma o Constantinopla (posteriormente Bizancio, y después Estambul), uno de los centros urbanos más dinámicos y discutidos de la historia. Y ya más cerca de nosotros, hay que recordar las grandes potencias mercantiles de la Edad Media, como las ciudades marítimas italianas, entre ellas Venecia que durante siglos dominó el Mediterráneo, o la Florencia del Renacimiento.

O incluso las ciudades de la Liga Hanseática, en el Norte de Europa, desde Eübeck a Bergen, desde Brujas a la misma Londres, que situada en una posición estratégica, entre los siglos XVI y XVII, le permitió convertirse en una de los más importantes imperios de la historia.

EL JUEGO: Para intentar probar cuanto sabes o te acuerdas en donde están ubicadas grandes ciudades, destacados países y maravillosos lugares naturales, solo debes hacer ´clic´ en el botón “Que Lugar?” y luego arrastrar el puntero circular color naranja a las proximidades del lugar geográfico en donde supones se encuentra. Al soltar podrás observar si es correcto o no. En cada error pierdes “una vida” y tienes 5 para jugar. Debes repetir el método para destino solicitado.

Cada una de estas extraordinarias ciudades ha atravesado momentos de increíble riqueza y esplendor, dando un formidable impulso al conocimiento, al arte, a la arquitectura y, más adelante, al desarrollo industrial. Algunas se encuentran todavía hoy entre las ciudades más importantes del mundo, y otras han ido poco a poco perdiendo su influencia y teniendo que enfrentarse a periodos de decadencia. Cada una de ellas ha marcado de forma indeleble alguna época de la historia de la humanidad.

Europa: arquitectura y arte en primer plano. Durante muchos siglos, desde la Antigüedad clásica hasta el siglo xx, en el viejo continente se erigieron espléndidas construcciones de fama mundial: castillos, palacios, torres, fortalezas, templos religiosos y puentes. Asimismo, junto a todo ello no hay que olvidar las fascinantes maravillas naturales que ofrece Europa.

Pero nunca como en los últimos cincuenta años, las ciudades habían entrado a formar parte tan intensamente del horizonte de nuestra cotidianidad, ni nunca hasta ahora habían existido metrópolis de 20 y 30 millones de habitantes, cuya extensión y densidad están modificando los paradigmas de la convivencia.

En nuestros días, tres mil millones de personas viven en el mundo concentradas en los centros urbanos, de las que 640 millones (un 10 % de la población total del planeta) viven en las 300 ciudades más pobladas. Por primera vez, los habitantes de las ciudades están a punto de superar a los de las áreas rurales, y según las previsiones de las Naciones Unidas en 2030 serán 5000 millones, frente a una población rural de 3200 millones de personas.

Misteriosas civilizaciones han dejado sus huellas por el territorio comprendido entre México (al norte) y Patagonia (al sur). Fabulosas construcciones, templos gigantescos y pirámides espectaculares constituyen el legado de los legendarios pueblos inca, maya y azteca. Los magníficos paraísos naturales del centro y el sur del continente americano dan un carácter y belleza especiales a esta parte del planeta.

A comienzos del siglo XX, las grandes ciudades se hallaban casi todas en Europa y en América del Norte, y Londres, París o Berlín estaban situadas en la vanguardia del proceso de modernización de un mundo que veía la aparición del automóvil y los primeros rascacielos (el nombre se acuña en Estados Unidos para designar a los primeros edificios que superaban los 15 o 20 pisos de altura).

En torno al año 2030, las mayores ciudades estarán en su mayoría concentradas, según las previsiones, en Asia, pero también África —el continente menos desarrollado— habrá dado el salto desde una sociedad rural a una sociedad industrial, tecnologia e informatizada.

Las Glaciaciones Causas y Consecuencias Prehistoria Hombre Neolitico

Las Glaciaciones Causas y Consecuencias
La Prehistoria y el Hombre Neolítico

Gran parte de la historia humana transcurrió durante los bruscos cambios climáticos de la última glaciación, o Era de Hielo, iniciada hace 1,5 millones de años. La capacidad de adaptación a estos cambios ha sido crucial en el desarrollo de la civilización, pero el ser humano también puede ser la causa de un futuro calentamiento. Durante millones de años, la Tierra ha experimentado una diversidad de temperaturas y condiciones climáticas que influyeron en la extinción o supervivencia de grupos enteros de especies y han cambiado la faz del planeta.

Existen indicios del comienzo de otra gran transformación (antes por deriva de los continentes y enormes levantamientos volcánicos) que experimentó el clima hace unos tres millones de años, preludio de la fase en la que aún vivimos, y casi todas las etapas de la evolución humana de las que han quedado vestigios se desarrollaron en las condiciones que surgieron entonces.

Gracias a este cambio aparecieron los entornos que permitieron la supervivencia de la especie humana y de sus antepasados inmediatos. Hace un siglo empezó a denominarse a este período climático Pleistoceno(derivado de términos griegos que significan «lo más reciente»). Se distingue de la etapa anterior por las variaciones del clima, mucho más radicales y frecuentes.

Aunque hay que tener en cuenta que nos referimos a miles de años y que estos cambios no podrían notarse en el corto espacio de vida de un hombre, en el Pleistoceno se produjeron más altibajos que en ninguna otra época de duración similar. Los cambios más destacados se denominan «glaciaciones», cuatro en total.

No sabemos por qué se desencadenaron, pero se cree que el planeta Marte atravesó etapas semejantes, y es probable que se debieran a un cambio que afectó a todo el sistema solar. Las consecuencias resultan mucho más claras: durante siglos enteros, ciertas zonas muy extensas —gran parte de Europa y Norteamérica, por ejemplo— quedaron cubiertas de grandes capas de hielo, en algunos casos de varios kilómetros de espesor.

En ciertos puntos, el hielo hundió el suelo a varios cientos de metros. Estas capas empezaron a formarse porque cada primavera la nieve del invierno se derretía un poco más tarde, hasta que un año no se derritió.

Al cabo de miles de años se produjo un retroceso del hielo, también muy lento, y tanto el avance como el retroceso resultaron catastróficos para el entorno, pues al sobrevenir el deshielo, arrasó la vida animal y vegetal y se desencadenaron enormes inundaciones. A consecuencia de una elevación del nivel del mar tras un deshielo volvió a aparecer el canal de la Mancha, que separó definitivamente las islas Británicas de la Europa continental.

Pero estas inundaciones ofrecieron nuevas oportunidades de desarrollo a las especies mejor dotadas.

Tras cada glaciación, dichas especies se trasladaban a las zonas que habían quedado libres de hielo; y no fueron sólo las zonas directamente afectadas las que experimentaron cambios: como el hielo dejó «encerradas» enormes cantidades de agua, se transformaron miles de kilómetros de costas de las regiones heladas.

Cada glaciación tuvo una duración de entre cincuenta y setenta y cinco mil años. En la actualidad vivimos en el período cálido posterior a la última, y algunos científicos han predicho que se producirá otra dentro de unos cincuenta mil años. No es una perspectiva tan terrible como la del «encogimiento» del universo, pero de todos modos queda tan lejos que no debe preocuparnos demasiado. Las glaciaciones constituyen una ayuda muy valiosa para los estudiosos de la Prehistoria.

En primer lugar, sabemos muy bien cuándo se produjeron y podemos fechar muchos objetos prehistóricos basándonos en ellas. Otro factor importante radica en que podemos especular con un margen de error razonable sobre las consecuencias que tuvieron en el medio ambiente de los primeros seres humanos y prehumanos.

Al estudiar estos cambios físicos y biológicos, no debemos olvidar la extraordinaria lentitud con que se produjeron. Cuando pensamos en las grandes fallas que se abrieron en la tierra, en las costas que surgieron de los océanos, o en los mares que aparecieron al derretirse la gigantesca capa de hielo, hemos de recordar que todo esto sucedió en el transcurso de varios siglos, y en algunos casos, de millones de años.

Los seres que vivieron en este proceso, si hubieran sido capaces de reflexionar sobre él, no habrían podido notarlo en el breve espacio de sus vidas, al igual que una mariposa actual, con una existencia de dos o tres semanas, tampoco apreciaría los cambios que ha experimentado el paisaje en el último siglo. Y las transformaciones biológicas que se operan a causa de la selección natural son aún menos visibles, pues incluso la más pequeña tarda miles de generaciones en completarse.

Las Glaciaciones Causas y Consecuencias Prehistoria Hombre Neolitico

Las cuatro «glaciaciones» se sucedieron en el último millón de años y reciben el nombre de los ríos alemanes en cuyos lugares se hallaron los primeros vestigios. Es imposible dar fechas exactas; sólo aproximadas. Los períodos interglaciares fueron muy semejantes a los actuales. Contrariamente a la idea popular, una glaciación no es una época de congelamiento constante, sino un período de continuas fluctuaciones climáticas cuyo punto máximo consistió en etapas de frío intenso.
Los primeros milenios de la última glaciación —período crítico en el que nuestros remotos antepasados ocuparon gran parte de África— son poco conocidos. La información obtenida de perforaciones del fondo marino y de muestras de hielo ofrece una imagen más nítida del clima posterior a la brusca inversión del campo magnético terrestre producida hace unos 780.000 años. Las muestras del fondo del Pacífico revelan al menos cuatro grandes períodos fríos, o glaciales, a lo largo de esos 780.000 años: el último finalizó hace entre 10.000 y 15.000 años con un súbito e irregular calentamiento global.

Las muestras marinas tan sólo ofrecen una impresión general sobre el cambio climático durante la glaciación, pero como regla general, el enfriamiento se produce con relativa lentitud y el calentamiento es rápido, como sucedió al final del último período glacial. Los períodos glaciales fueron más largos que los interglaciales (breves intervalos de condiciones climáticas más cálidas durante la glaciación, cuando el clima era tan cálido o más que hoy). Estos aumentos de temperatura fueron causados por cambios en el movimiento de la Tierra alrededor del Sol y sobre su propio eje, a los que se añadía un aumento natural de los gases de efecto invernadero. En la actualidad estamos experimentando un período interglacial, provocado por la suma de todos estos fenómenos naturales, que comenzó hace unos 10.000 años.

90 metros bajó el nivel del mar al principio de la ultima glaciación, a medida que el agua se congelaba para formar
los casquetes polares de la Antártida y el Ártico actual.

Cambio medioambiental La glaciación fue testigo de drásticos cambios en el clima global y el medio natural. Durante los períodos glaciales, inmensas capas de hielo cubrieron Escandinavia, gran parte de Canadá y zonas de Estados Unidos hasta Seattle y los Grandes Lagos al sur. En los Alpes se formaron grandes glaciares y hubo casquetes glaciares en los Pirineos, los Andes y las montañas y altiplanos de Asia central. Al sur de los casquetes escandinavos, inmensos espacios de terreno inhabitado se extendían desde el Atlántico hasta Siberia.

Estos entornos sufrían nueve meses de invierno y eran inhabitables para los ancestros de Horno sapiens, que carecían de la tecnología e indumentaria adecuadas para adaptarse a las temperaturas extremas. No es una coincidencia que H. erectus, con su simple Metros bajó el nivel del mar al principio de la última glaciación, a medida que el agua se congelaba para formar los casquetes polares de la Antártida y el Ártico actuales. tecnología y sus limitadas habilidades cognitivas, se estableciera en entornos más templados y tropicales.

El frío causó un drástico descenso del nivel del mar a medida que el agua se convertía en hielo, y quedaron expuestas enormes extensiones de lo que actualmente son plataformas continentales (suelo bajo aguas costeras poco profundas), enlazando masas de tierra: Siberia era parte de Alaska, y Gran Bretaña estaba unida al continente europeo. El Sudeste Asiático estaba separado de Australia y Nueva Guinea por cortos trechos de mar abierto.

Durante los períodos interglaciales, el nivel del mar subió, los casquetes glaciares se redujeron y los bosques avanzaron al norte ganando terreno a la tundra. Los humanos se trasladaron hacia el norte siguiendo a los animales que cazaban y las plantas que recolectaban, y se adaptaron a una gran variedad de entomos de bosque y pradera, y a terrenos áridos y semiáridos.

El hombre y los elementos: El clima de la Era de Hielo era inestable: los hábitats cambiaban constantemente, lo que implicaba que el oportunismo y la capacidad de adaptación de los humanos sufrían un desafío continuo entre un milenio y el siguiente. Estos desafíos pudieron ser incluso un factor en la evolución humana, ya que nuestros antepasados más antiguos eran básicamente animales tropicales.

Durante largos períodos glaciales, el Sahara fue algo más húmedo que hoy; podría considerarse como una bomba que atraía a humanos y animales en los períodos húmedos y los expulsaba hacia los márgenes cuando el clima se volvía más seco. Este efecto ecológico permitió que Homo erectus y los animales que cazaba cruzaran el desierto y se extendieran a entornos más templados hace 1,8 m.a.

Un largo período interglacial elevó las temperaturas hace unos 400.000 años. Para esa época, Homo erectus prosperaba en el norte de Europa, pero no se pudo adaptar a la glaciación de hace 350.000 años. Es probable que los pocos grupos de cazadores que vivían allí se desplazaran al sur, hacia regiones más templadas. Existen evidencias de asentamientos en Europa y partes de Asia oriental de hace unos 250.000 años. El último período interglacial tuvo su apogeo hace unos 128.000 años, cuando los neanderthales prosperaban en Europa. Hace unos 50.000 años, los humanos modernos habían dominado todos los entornos y vivían incluso en las zonas más frías.

Ver: Historia del Cambio Climático desde la Prehistoria

Fuente Consultada:
Geografía Mundial y los desafíos del SXXI. Editorial Santillana. Geografía Mundial, Editorial Puerto de Palos.  

Las Tortugas Gigantes de las islas Galapagos Tamaño Peso

Las Tortugas Gigantes de las islas Galápagos
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LAS TORTUGAS GIGANTES DE LAS ISLAS GALÁPAGOS: Los primeros españoles que visitaron las Galápagos descubrieron que estaban habitadas por tortugas gigantescas, que les hicieron pensar en una versión a gran escala de los galápagos que pululaban en muchos ríos de su país de origen, por lo que bautizaron con ese nombre al archipiélago recién descubierto.

Por su parte, William Dampier, famoso navegante inglés, cuenta que, en 1884, al hacer escala en Galápagos, quedó impresionado por las tortugas gigantes: “… son tan numerosas que quinientos o seiscientos hombres pueden subsistir gracias a ellas durante varios meses y sin ninguna otra clase de provisión; son extraordinariamente grandes y corpulentas y tan dulces que no se come una gallina con más agrado”.

La perspectiva que da el tiempo transcurrido, desde que se escribieron estas líneas, les añade un acento premonitorio que confirma la desgraciada historia de estos gigantes, cuyas conchas alcanzan más de un metro y medio y cuyo peso puede sobrepasar los 225 kilos. Pero si el exterminio de estos animales se mide en fechas y en cifras, conviene antes recordar su historia.

Las Tortugas Gigantes de las islas Galapagos

Tortugas similares se han encontrado, en forma fósil, en Estados Unidos, en Europa y en la India; debieron ser numerosas en la era terciaria, especialmente en los períodos mioceno y plioceno, hace unos seis millones de años. Durante los períodos geológicos siguientes fueron desapareciendo y en la actualidad sólo se encuentran en las islas Mascareñas y en las Galápagos. Si el problema de su arribada a las islas es interesante (a nado, flotando a merced de corrientes marinas, agarradas a algún tronco a la deriva), mucho más lo es el de su diferenciación in situ, que parece la conclusión lógica de considerar que no pudieron hacer la travesía tantas formas distintas, sino que, al habitar en las islas (lo que impedía su hibridación) se han ido diferenciando.

Las distintas formas de tortugas de las Galápagos, en opinión de la mayoría de los especialistas, no constituyen especies diferentes, sino sólo subespecies o razas de una especie única. Estas tortugas llevaron una vida feliz hasta que llegó el hombre. Dampier atestiguaba que ningún pollo podía competir, en cuanto a sabor, con estos reptiles, y el capitán Colnett añadía: “la grasa de estos animales, cuando se fundía, era como mantequilla fresca”. Esto explica seguramente la matanza de animales que siguió. Piratas, cazadores de focas y balleneros del Pacífico conocían bien la abundancia de tortugas en las islas y se montaron expediciones para darles caza.

El examen del diario de a bordo de ciento cinco balleneros americanos, realizado por el biólogo C. H. Towsend, reveló que entre 1811 y 1844 se capturaron quince mil tortugas. Para evitar que las tortugas acabasen por desaparecer y para preservar la fauna y la flora de las islas, el gobierno del Ecuador, país al que pertenece el archipiélago, dictó leyes protectoras en 1934.

Por su parte, la UNESCO organizó, en 1957, una expedición para examinar el estado de la fauna y, un año más tarde, el doctor Jean Dorst visitó las islas con el propósito de examinar el proyecto de establecer una estación biológica. Resultado de todas estas operaciones fue la creación de la Fundación Charles Darwin para las islas Galápagos, presidida por sir Julián Huxley.

El tamaño de las tortugas y la rareza de las iguanas pueden hacer olvidar al visitante la presencia de unos pájaros pequeños que, sin embargo, atrajeron la atención de Charles Darwin. Bajo su aparente vulgaridad, los pinzones de las Galápagos encerraban un interés extraordinario para el naturalista, y éste pronto constató que constituían un ejemplo palpable de cómo se originan especies nuevas a partir de antepasados comunes.

En la actualidad existen catorce especies de los pinzones de Darwin —así bautizados en honor de su descubridor—, todas ellas exclusivas de las Galápagos, excepto una que vive en las islas Cocos.

La gran riqueza de la flora y de la fauna de las Galápagos reservará todavía muchas sorpresas al explorador decidido que se adentre en ellas, dispuesto a desafiar la dureza del clima y del suelo. Mucho queda por aprender de las Galápagos, declaradas por la UNESCO patrimonio Natural de la Humanidad en 1979, y, en la actualidad, puestas bajo la protección de Ecuador en calidad de Parque Nacional.

Aisladas del resto del mundo, se desarrollaron en estas islas comunidades biológicas con seres arcaicos que han persistido hasta la época actual; y simultáneamente, se originaron especies según las leyes de la evolución. Por ello, las islas Galápagos son únicas y es posible que algún día los científicos que las visitan descubran entre sus seres nuevas claves de la vida humana.

Monte Fujiyama Japon Ubicacion Origen Leyenda

Monte Fujiyama Japón
Ubicación y Origen Leyenda

MONTE FUJIYAMA: La montaña más alta de Japón (3776 m.) nació del fuego y por él puede morir. A pesar de ello, su frágil belleza ha sido comparada con la de una flor. El Fujiyama no sólo es una belleza natural, sino también un lugar sagrado que ha atraído a peregrinos e inspirado a artistas durante generaciones.

La perfecta simetría de la silueta del monte Fuji ha sido desde la Antigüedad el símbolo japonés de la belleza. En efecto, su nombre significa en japonés “aquella que no tiene igual”. Es lugar para todas las estaciones y momentos del día, hermoso siempre desde cualquier ángulo que se le mire. Sin embargo, se dice que escalar en primavera su cima nevada y contemplar los ciruelos y cerezos que florecen a sus pies sobrepasa cualquier otra experiencia de su grandeza.

MONTE FUJIYAMA

Con 3.776 m, su influencia escapa al mero impacto paisajístico. Desde hace por lo menos 12 siglos ha inspirado a poetas y artistas, y ha logrado identificarse con el propio Japón. Más aún, ocupa un lugar especial en la religión oficial del país, el sintoísmo, y resulta también significativo para los budistas, quienes consideran que el sendero que rodea la montaña a los 2.500 m es el camino de acceso al otro mundo.

Katsushika Hokusai (1760-1849) pintó muchas vistas del Fujiyama, cuya variabilidad, además de su belleza, sedujo primero a nativos y luego a extranjeros. Matsuo Basho (1644-94), considerado uno de los mayores poetas japoneses, lo halló majestuoso en todas las estaciones: “Aunque el Fuji se oculte bajo la lluvia y neblina del invierno, también en días así da alegría”. El escritor de habla inglesa Lafcadio Hearn (1850-1904), quien amó tanto a Japón que adoptó su nacionalidad, describió sencillamente al Fujiyama como “la vista más hermosa de Japón”.

El Fujiyama es la montaña sagrada de Japón, categoría que ha ostentado durante siglos. La veneró inicialmente el pueblo aborigen ainu (que aún habita la principal isla del norte, Hokkaido), el cual le concedió el nombre de su diosa del fuego, Fuchi.

Los japoneses continuaron esa tradición y conservaron el nombre. Según la fe sintoísta, todas las obras de la naturaleza están dotadas de espíritus superiores, o kami, aunque el carácter sagrado de las montañas es mayor. Como, el monte más alto y hermoso del país, el Fujiyama merece reverencia especial: se le tiene por hogar de los dioses y lazo simbólico de los misterios del cielo y las realidades de la tierra.

El santuario sintoísta bajo la cumbre data de hace 2.000 años, periodo de gran actividad volcánica. Se cuenta que, para calmar las terribles erupciones y atemperar a los dioses, el emperador dispuso su construcción. Todavía a fines de la Segunda Guerra Mundial, muchos japoneses consideraban deber sagrado escalar la montaña. Informes de testigos del siglo pasado describen a miles de fieles., ataviados con túnicas blancas, sandalias y sombreros de paja, ascendiendo por una de las seis rutas a la cima.

Los caminos quedaban atestados de sandalias usadas, tan endebles que se precisaba de varios pares para concluir el recorrido, de nueve horas. Hoy, unas 400.000 personas —turistas japoneses sobre todo— escalan el Fujiyama-cada año, particularmente en los meses de julio y agosto cuando la nieve abandona la cumbre.

Desde la cúspide, sus laderas bajan en un ángulo de 45° para luego allanarse antes de alcanzar la base, donde el Fujiyama traza un círculo casi perfecto de 126 Km. de diámetro. En arco en torno de las laderas norte están los Cinco Lagos. En primavera, con los árboles frutales y las azaleas en flor, esta zona rebosa colorido; en otoño el bosque en parte primigenio a las orillas de los lagos se enciende de rojos, para luego tomar diversos tonos de café. Algunas de las mejores vistas del Fujiyama se obtienen desde los lagos intercomunicados, cuyas tranquilas aguas reflejan a la perfección la simetría natural de la montaña. Como el Fuji, los lagos son de origen volcánico.

Según la tradición budista japonesa, la montaña surgió una noche de 286 a.C., cuando el suelo se abrió para formar Bava, el mayor lago de Japón; el Fujiyama fue resultado de la tierra desplazada. La leyenda no carece de fundamento; el archipiélago japonés abunda en fracturas tectónicas, a lo largo de las cuales se sitúan numerosos lagos y cordilleras. La isla de Honshu atraviesa la fractura más grande, donde se concentran 25 conos volcánicos: el mayor, el monte Fuji, tiene 10.000 años de antigüedad, no 2.300 años, como sostiene el mito budista.

La vasta llanura que rodea al Fuji posee su propia historia de intensa actividad volcánica; hace 300.000 años hizo erupción y arrojó lava. Los productos de varios conos sucesivos contribuyeron a darle al Fujiyama su forma actual, con la acumulación de capas de lava alternadas con un conglomerado compuesto por escoria, ceniza i y lava.

Estas capas indican la secuencia de erupción de ir volcán: primero grandes volúmenes de lava fundida se dispersan uniformemente por las laderas de la montaña, seguidos de violentas explosiones de escoria, ceniza y lava que se elevan al cielo para caer sobre las mismas laderas

La primera erupción documentada del Fujiyama ocurrió en 800 d.C. La más reciente (pues no está muerte, sólo inactivo), en 1707, cubrió de una gruesa capa de escoria y cenizas a la ciudad de Edo (actual Tokio), a 100 Km. de distancia.

La relevancia del Fujiyama en la conciencia japonesa y el romanticismo que lo reviste quizá se deba a la certeza de que su hermosura no durará, pues si nació de la noche a la mañana, igual puede desaparecer súbitamente en medio de una bola de fuego.

Fuente Consultada: Mundos Extraños y Lugares Asombrosos Reader´s Digest

La Leyenda del Monte Kilimanjaro Historia Flora y Fauna Descubridor

LA LEYENDA DEL KILIMANJARO
Historia, Flora y Fauna

Esta montaña ha inspirado leyendas innumerables, muchas de las cuales circulan todavía entre las gentes que viven en sus proximidades.

La Leyenda del Monte Kilimjaro

La primera noticia que de él se tuvo en Occidente procedía del misionero alemán Johannes Rebmann, quien, con Ludwig Krapf, descubrió el macizo en 1848. Sin embargo, su descripción, en la que hablaba de un pico alto, cubierto de nieve y… tan cerca del ecuador, fue acogida con escepticismo, incluso ridiculizada.

Una de ellas, atribuida a los masai, habla de un antiguo trono guardado en Kibo. Según dicha leyenda, Menelik, hijo del rey Salomón y de la reina de Saba, salió un día de su palacio para conquistar nuevas tierras más allá de las fronteras de su reino.

El soberano logró victoria tras victoria, reuniendo grandes tesoros por donde quiera que fuera; pero, con el tiempo, se cansó de sus empresas y decidió volver a su país. Y entonces ocurrió que, al abandonar la región de la actual Tanzania, el camino que seguía se vio interrumpido de pronto por la inmensa mole del Kilimanjaro.

Convencido de que el macizo era el lugar más alto de la Tierra y que por esa razónNgai, su dios, había de vivir en su cumbre, Menelik decidió emprender la ascensión del monte en busca del apoyo de la divinidad, pues se encontraba enfermo y tenía el presentimiento de que su fin estaba próximo. Menelik convocó a sus más fieles y esforzados guerreros para que le acompañaran hasta las proximidades del cráter, hasta el lugar de las nieves perpetuas. Pero desde este punto continuó solo, llevando consigo sus más preciados tesoros. Cuando alcanzó la cima, Menelik cayó en brazos de Ngai.

El dios lo acogió amorosamente y lo llevó a un trono que había preparado especialmente para el animoso y emprendedor soberano. Y en el preciso momento en que se sentaba en él, Menelik recobró súbitamente su salud y su vigor… Dicen que Menelik reina allí todavía, mostrando su benevolencia hacia cualquiera que escale el Kilimanjaro en honor suyo. Pero su tesoro continúa siendo inviolable, enterrado profundamente en el hielo y bajo el ojo eternamente vigilante de Ngai.

Desde entonces y hasta nuestros días, todos los escaladores que se aventuran en el interior del cráter ven un solitario y extraño pináculo de hielo que se yergue, enigmático, en medio de restos de lava. Nadie sabe exactamente lo que es… Pero todo el mundo quiere creer que este mudo y gélido monumento no es otra cosa que aquel fabuloso trono ofrecido a Menelik y que sigue en pie, eternizado, con la vida que le diera una leyenda…

Monte Kilimanjaro en Africa Tanzania Descubrimiento Medidas

Monte Kilimanjaro en África
Tanzania Descubrimiento

El Kilimanjaro no es, en realidad, una montaña, sino una formación constituida por tres volcanes enlazados según un eje esteoeste y de 80 kilómetros de longitud. Cada uno de estos volcanes del Kilimanjaro, formados a lo largo de un período de millones de años, tiene su compleja historia, reveladoras todas ellas de diversos tipos de actividad volcánica.

Algunas secciones del macizo, por ejemplo, fueron producto de un brote relativamente tranquilo de lava; otras nacieron como consecuencia de erupciones más violentas, que arrojaron fragmentos cargados de gas, llamados piedra pómez, hacia lo alto de la atmósfera.

La primera noticia que de él se tuvo en Occidente procedía del misionero alemán Johannes Rebmann, quien, con Ludwig Krapf, descubrió el macizo en 1848. Sin embargo, su descripción, en la que hablaba de un pico alto, cubierto de nieve y… tan cerca del ecuador, fue acogida con escepticismo, incluso ridiculizada.

El más antiguo y más erosionado de estos volcanes, el llamado Shira, se ha reducido a ana especie de pliegue escasamente discernible en el extremo occidental del grupo de montañas.

ALGUNOS DATOS DEL VOLCÁN

Kilimanjaro
Volcán
3 Cimas:
Kibo 5895 m.
Shira:3962 m.
Mawenzi 5149 m.
Parque de 1700 Km2
Primera Ascensión: 1889 de la cima Kibo. Alemania Hans Meyer y Ludwing Purtscheller

El Mawenzi, que le sigue en antigüedad, se eleva 5.354 metros sobre el nivel del mar, en el extremo oriental del macizo; también éste carece de la forma tradicional de los volcanes, pues la suya está enmascarada por gigantescos acantilados negros y por unos agudos pináculos de roca, minas de la pared de un antiguo cráter que ha sido despojado de sus cenizas por siglos y siglos de constante erosión.

El Kibo, situado en el centro del macizo, es el más joven y más elevado pico del Kilimanjaro, alcanzando la altura de 5.895 metros. Aunque nunca ha entrado en erupción en los tiempos históricos, temblores de tierra de su entorno y los agujeros dentro del cráter, que despiden humo y gases calientes, indican que todavía hay actividad en las hondas y misteriosas profundidades de su cono.

Y a pesar de estar tan sólo a 320 kilómetros al sur del ecuador, el Kibo se halla cubierto por un espeso manto de hielo de unos 60 metros de espesor y que se extiende hasta 4.000 metros por debajo de la cumbre.

A unos 260 kilómetros tierra adentro, el Kilimanjaro constituye una inmensa barrera natural frente a los vientos monzónicos, cargados de humedad, que barren el este de África desde mediados de marzo hasta agosto. Los vientos que se dirigen de suroeste a oeste provocan fuertes lluvias en las bajas laderas de la vertiente sur y nieve y hielo en los puntos más altos. Pero, durante casi todos los demás meses del año, los vientos cálidos y secos del norte agostan la vertiente norte de este macizo africano.

La densidad de los centros habitados está estrechamente vinculada a la cantidad de lluvia que cae en la región y a las zonas de vegetación del macizo. La vertiente meridional está habitada por granjeros en el cinturón selvático que rodea el volcán, desde los 1.800 a los 3.000 metros sobre el nivel del mar.

En cambio, en las laderas septentrionales la población es más bien escasa: aquí la agricultura se limita al cultivo del piretro, una planta del género Chrysanthemum, que se utiliza en la producción de insecticidas para la exportación.

Los granjeros de las laderas meridionales pertenecen a varios grupos tribales, pero en su mayoría son chagas, miembros de una de las tribus de más elevado nivel de vida, mejor organizadas y más modernas de África. Loschagas, que emigraron a la falda de la montaña hace varios siglos, se encuentran hoy sólidamente enraizados en el lugar y su número es de unos 500.000 individuos.

En los suaves, húmedos y fertilísimos suelos volcánicos del Kilimanjaro, los chagascultivan una gran variedad de vegetales, que van desde el trigo, cebollas, ñames, algodón y mandioca, en las zonas más bajas, a los plátanos, café y Eleusine en las regiones altas.

La Eleusine, un producto regional, es un grano utilizado para hacer mbeke, la cerveza de los nativos, acompañamiento prácticamente esencial de todas las ceremonias y acontecimientos de este pueblo.

Para asegurarse un adecuado suministro de agua para sus cosechas, los chagas han construido un ingeniosísimo sistema de riego: mediante unos diques cuidadosamente planificados y proyectados para llevar el agua a grandes distancias, enlazan las zonas secas con los torrentes y ríos de montaña.

Los chagas creen que Ruwa, el dios del Kilimanjaro, les habla a través de las fuentes que brotan en las laderas de la colosal montaña y les proporcionan agua para sus campos. A lo largo del tiempo, estos hombres han desarrollado muchos ritos tradicionales relacionados con Ruwa.

Por ejemplo, entierran a sus muertos con la cara vuelta hacia el Kibo, y los niños, después de una granizada, que suele ser un fenómeno sumamente raro en este lugar, recogen puñados de granizo y se lo ponen sobre la cabeza —remedando la imagen del Kibo con la cima cubierta de nieve— para así poder crecer altos y fuertes lo mismo que el monte. Cuando dos personas se acercan una a otra en un camino, la que viene de una altura mayor debe saludar la primera porque procede de una dirección más favorable. Y cuando un joven de lava, debe mirar hacia el Kibo, fuente del agua fría, pues de lo contrario Ruwa arrojaría a su padre a la seca llanura de la base de la montaña.

En esta misma región viven también los masai, pertenecientes al grupo nilo-camita. Antiguamente temidos por las tribus sedentarias y agrícolas de origen bantú, con el tiempo han ido siendo expulsados de muchas tierras y empujados hacia las zonas esteparias de la frontera de Kenia. Hoy, estos masaison un pueblo típicamente ganadero y sus asentamientos muy representativos de su peculiar estilo de vida; en sus poblados hay un recinto central, el llamado kraal, destinado exclusivamente a albergar los animales, y rodeado por las cabañas, bajas y cubiertas de barro y de estiércol, en las que esos hombres viven.

Resulta sumamente curioso que ni los chagas ni los masai tengan un nombre con el que denominar al monte Kilimanjaro, y asimismo constituye un misterio el origen de la palabra con la que los occidentales lo conocen. Hay quien sugiere raíces semánticas del swahili, el principal idioma de las gentes de la costa oriental de África, y en este caso “Kilimanjaro” podría derivar de una expresión que significa “montañita”, lo cual, ciertamente, es una interpretación un tanto desconcertante.

Otros pretenden que la voz “Kilimanjaro” se desarrolló a partir de palabras que significaban “montaña” y “agua” en el idioma de los masai. Mas lo cierto es que el Kilimanjaro se conoció en el mundo en la mitad del siglo XIX.

La primera noticia que de él se tuvo en Occidente procedía del misionero alemán Johannes Rebmann (imagen derecha) , quien, con Ludwig Krapf (imagen izq.),descubrió el macizo en 1848. Sin embargo, su descripción, en la que hablaba de un pico alto, cubierto de nieve y… tan cerca del ecuador, fue acogida con escepticismo, incluso ridiculizada.

No obstante, otros misioneros y exploradores, con base más científica y más dispuestos a creer en el informe, siguieron las huellas de Rebmann y Krapf y también comunicaron haber visto el mismo notable y sorprendente monte.

Algunos que trataron de escalar parte del volcán, se vieron obligados a volver atrás, bien por la dificultad del terreno, bien por la cerrada oposición de los nativos, que tomaron como una ofensa la intrusión de gentes extrañas en un lugar que ellos consideraban como sagrado.

El reverendo Charles New, un inglés, alcanzó la zona de nieve del Kibo en 1871, y dos años más tarde regresó con la esperanza de completar la ascensión; pero la expedición fue seriamente obstaculizada por los chagas, y New, sin haber logrado su propósito, murió (se dice que asesinado) en su viaje de regreso a la costa.

En 1887, el doctor Hans Meyer ascendió a 5.500 metros antes de quedar totalmente bloqueado, al parecer a causa de una pared impracticable del glaciar de hielo. Asistido por Ludwig Purtscheller, escalador profesional, Meyer volvió en 1889 con un buen equipo. Ambos escaladores avanzaron a través del cinturón de bosque con relativa comodidad, cruzaron .el herbazal, un extenso cinturón de brezos, y llegaron por fin a la barrera alpina desierta. Y aquí encontraron que esta región era una extensión árida, cubierta de arena volcánica, de fragmentos de piedra pómez y de trozos de lava solidificada lanzada por el volcán muchos años antes.

Meyer y Purtscheller (imagen abajo) acamparon, para pasar la noche, en una gruta que se abría en la vertiente oeste del Kibo y a la mañana siguiente iniciaron la escalada a través de una zona llena de cascotes volcánicos hasta alcanzar el glaciar que más tarde se llamaría deRatzel.

Con la ayuda de piolets siguieron hacia arriba, por una traicionera pared de hielo que se inclinaba con un ángulo de treinta y cinco grados. Ante ellos se abría, como una monstruosa boca, el cráter del Kibo, de más de dos kilómetros, de diámetro. Entonces los exploradores procedieron a la anotación de la presión atmosférica que imperaba en aquel elevado lugar y a calcular la altura de muchos picos.

Con emoción y alegría, Meyer izó la bandera alemana, pronunciando solemnemente, al hacerlo, las siguientes palabras: “En mi derecho, como primera persona que lo ha escalado, bautizo este desconocido pico con el nombre de monte Kaiser Guillermo, el pico más alto de toda África y tierra alemana.” Y ese monte Kaiser Guillermo de aquel entonces es actualmente el Pico de la Libertad.

Ver: La Leyenda del Kilimanjaro