Consecuencias de la Erupcion de un Volcan Composicion de la Lava



La Erupción de Un Volcán – Los Desequilibrios Ecológicos

Los volcanes
Las erupciones volcánicas constituyen uno de los fenómenos geológicos que más han impresionado al ser humano, por su grandiosidad y por los terribles efectos que provocan.

El vulcanismo es un hecho geológico que tiene lugar en la corteza terrestre y que se manifiesta arrojando a la superficie material fundido o magma como resultado de intensos desequilibrios en el seno de la corteza, originados durante las fricciones que ocurren entre las grandes masas geológicas sometidas a fenómenos de compresión y deslizamientos.

Generalmente los volcanes aparecen como promontorios muy elevados, formados por la solidificación del magma expulsado.

Desde antiguo estas erupciones han sido muy temidas por el hombre, y hasta el mito se ha ocupado de ellas. Recordemos el Hefesto o Vulcano de la mitología grecorromana: el fuego de las fraguas de sus herrerías salía al exterior y hacía temblar la Tierra.

Cómo es un volcán
Un cono volcánico se forma por la acumulación del magma solidificado. En su cima se halla el cráter, que se prolonga hacia el interior por la chimenea por donde ascienden las materias en fusión o los gases. Muchas veces, en torno del cráter principal se originan cráteres secundarios o parásitos formados por las bifurcaciones de la chimenea central. La montaña que forma el volcán en ignición tiende naturalmente a crecer en altura y volumen. El Chimborazo (Ecuador) mide 6.267 metros.

La rapidez con que se forman estos montes volcánicos suele ser sorprendente. El cono del Monte Nuovo (Nápoles) surgió en la noche del 27 al 28 de setiembre de 1538, ante los azorados ojos de los pobladores. El Parícutin (México, febrero de 1943) es otro ejemplo.

Hay conos volcánicos de una regularidad perfecta (Cotopaxi en Ecuador) y otros que tienen deformaciones debidas a los distintos agentes de la erosión. Existen otros que presentan en sus flancos conos secundarios o adventicios cuyo número puede variar a menudo (Etna).

Las dimensiones de los cráteres varían: algunas son enormes (Vesubio, Poás). Los cráteres volcánicos sin conos son de explosión están formados por gases que han arrojado los fragmentos del fondo rocoso en torno de la chimenea volcánica sumamente abierta, pero sin producto sólido alguno procedente del magma interior Otros volcanes curiosos son los denominados volcanes-calderas. Provienen del hundimiento o explosión de la zona central de un gran cono volcánico, de cual solamente quedan los flancos.

El sábado 22 de octubre de 2005, el volcán Sierra Negra, en las islas Galápagos, luego de 27 años de inactividad, comenzó a expulsar cenizas y gases. Tres días después, la lava comenzó a fluir. Este, sin embargo, no fue el único ejemplo eruptivo del año. Una semana antes, un grupo de observadores de El Salvador anunció que la columna de gases del volcán Santa Ana o Ilamatepec era muy débil y difusa. (ver mapa de Volcanes Activos)

Tres horas después era ya de 300 metros. Las piedras y cenizas que arrojó el Santa Ana mataron a dos personas. No obstante, desde el mes de junio se había intensificado su vigilancia debido a que se habían registrado microsismos de mayor intensidad de los que suele mostrar ese volcán.

Éstas fueron dos de las cinco erupciones volcánicas que tuvieron lugar el año pasado. En los últimos 10.000 años se han activado 1.415 volcanes en el mundo. Una de las peores fue la de 1815 cuando el Tambora, en Indonesia, se cobró la vida de 92.000 personas.

Animación Educativa Sobre Los Volcanes

Lago Toba, la más salvaje

Más cerca en el tiempo fue la explosión del Pinatubo, en Filipinas, que tuvo un saldo de 800 víctimas fatales. Algunos, como éste, entran en erupción cuando ya nadie se lo espera. Otros, como el Estrómboli, el Etna o los de Hawaii, se activan con frecuencia.



¿Pero qué ocurre en las entrañas de la Tierra? Sucede que nuestro planeta se comporta como un alto horno; a unos 100 km de profundidad, las rocas se funden para formar el magma, que tiene tendencia a ascender hacia la superficie y escapar aprovechando las zonas más frágiles de la corteza terrestre.

Y, en ciertas ocasiones, dicen algunos especialistas, la Tierra experimenta una erupción tan salvaje que hasta cambia el clima y amenaza la existencia sobre el planeta. Hace 75.000 años se produjo la mayor erupción de la historia en el Lago loba, Sumatra. Hay quienes opinan que existe otra en ciernes y que es probable que tenga un volcán que yace bajo el Parque Yellowstone, en EE.UU.

Más de 40 especialistas afirman que este supervolcán ya ha entrado en erupción varias veces. Las últimas mediciones confirman que el suelo del parque emite entre 30 y 40 veces más calor que el promedio de Estados Unidos. “No queremos ser catastrofistas —dice uno de los geólogos—, pero debemos reflexionar sobre la posibilidad de que sea el turno de un volcán”.

Lava en estudio El Etna, arriba, ha entrado en erupción varias veces en los últimos 100 años. La imagen de la izquierda muestra un volcanólogo recogiendo lava para estudiarla posteriormente. 

 LA LAVA DE LOS VOLCANES:  En el interior de la Tierra se encuentra en su mayor parte en estado liquido e incandescente a elevadísimas temperaturas. A esa inmensa masa de roca fundida, que además contiene cristales disueltos y vapor de agua, entre otros gases se la conoce como magma terrestre. Cuando parte de ese magma surge hacia el exterior a través de los fenómenos volcánicos, se la llama lava; 1000 °C es la temperatura media de la lava líquida

Al alcanzar la superficie de la corteza o el fondo oceánico , la lava comienza a enfriarse y se convierte así en diversos tipos de roca sólida, según su composición original. Ésta es la base de los procesos por los que se ha formado la superficie de nuestro planeta y por los cuales sigue en permanente cambio. Los científicos estudian la lava para conocer en profundidad nuestro planeta.

La lava es la sangre de toda erupción. Está cargada de vapor y de gases como el dióxido de carbono, el hidrógeno, el monóxido de carbono y el dióxido de azufre. Al salir, estos gases ascienden violentamente a la atmósfera, formando una nube turbia que descarga, a veces, copiosas lluvias. Los fragmentos de lava que son arrojados fuera del volcán se clasifican en bombas, brasas y cenizas. Algunas partículas, grandes, vuelven a caer dentro del cráter. La velocidad eje la lava depende en gran parte de la pendiente de la ladera del volcán. Hay corrientes de lava que pueden llegar a los 150 Km. de distancia

Composición mineralógica
La lava tiene un alto contenido de silicatos, que son minerales livianos formados de rocas y constituyen el 95% de la corteza terrestre. En proporción, el otro elemento importante es el vapor de agua. Los silicatos determinan la viscosidad de la lava, es decir, su capacidad de fluir, cuyas variaciones han originado una de las clasificaciones más difundidas: la lava basáltica, andesítica y riolítica, ordenadas de menor a mayor contenido de silicatos.

Poder destructor de los volcanes
La predicción de las actividades volcánicas puede reducir o evitar las pérdidas de vidas, pero poco puede hacer sin embargo para controlar los daños de los elementos y bienes inamovibles. Se ha intentado incluso desviar las corrientes de lava utilizando chorros de agua para enfriarla, y formar una sólida pared de lava solidificada bombardeando a continuación los costados de la colada para dividirla en varias corrientes de menor tamaño.

Durante la erupción del Etna de 1971 se vieron anegados por la lava casas, viñedos y carreteras. Nada pudo hacerse para prevenirlo, pues la desviación de las corrientes de lava es ilegal en Sicilia. Las coladas de lava y los espesos mantos de escoria inutilizan la tierra para su explotación agrícola durante muchos años; el ritmo de recuperación es más rápido en las regiones tropicales húmedas, pero muy lento en climas severos.

Tanto la avalancha de lodos como la colada de lava, se originaron por una erupción surgida de una fisura (aún humeante) que apareció en la parte superior del flanco del Villarica. Las erupciones más destructivas son las grandes erupciones explosivas con desprendimientos de piroclastos, que dan lugar a coladas de cenizas y a avalanchas de lodos. La mortalidad de estas erupciones depende de la densidad de población de la zona; la que produjo mayor número de víctimas mortales tuvo lugar en Indonesia.

Durante la erupción del Tambora en 1815 murieron 12.000 personas, pero otras 70.000 fueron víctimas de las enfermedades y el hambre que siguieron a esta gigantesca erupción. Para minimizar el riesgo de las avalanchas de lodo en Kelu, Java, se construyeron una serie de túneles que drenaron el lago surgido en el cráter del volcán.





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