Filosofía de las ciencias La Máquina a Vapor

Biografia de Newcomen Thomas Historia de su Maquina

Biografia de Newcomen – Historia de su Maquina a Vapor

NEWCOMEN, Thomas. (Darmouth, Devon, 1663-Londres, 1729.) Inventor británico. Herrero de profesión, construyó las primeras máquinas de vapor prácticas, de cilindro vertical.

En la primera fase de su funcionamiento se inyecta en el cilindro vapor de agua, que empuja el émbolo hacia arriba; en la segunda se deja condensar el vapor, con lo que se hace el vacío, y la presión atmosférica sobre el émbolo empuja éste hacia abajo. Por esta razón, estas máquinas se llaman atmosféricas.

La máquina de Newcomen caía bajo la patente de un modelo anterior menos perfeccionado debido a Thomas Savery, por lo que ambos se asociaron para comercializarla (1712).

Se utilizó para achicar agua de las minas y elevarla en los molinos de agua.

La máquina de Newcomen se exportó a Norteamérica hacia 1755. Permaneció básicamente sin cambios hasta 1769, cuando el ingeniero e inventor escocés James Watt inventó un condensador de vapor que aumentó en gran medida la eficacia del motor.

Hacia 1790, la máquina de Newcomen fue sustituida por la de James Watt.

Biografia de Newcomen Thomas y su maquina a vapor

La máquina de Newcomen, considerada actualmente como la primera máquina de vapor, comenzó a funcionar casi medio siglo antes que la de Watt.

Su inventor, Thomas Newcomen, era dueño de una ferretería en Dartmouth (Devon) y estaba asociado a John Calley, ignorándose el grado de sus conocimientos acerca de las experiencias anteriores realizadas con vapor.

El físico francés Denis Papin, por ejemplo, había construido en 1690 un modelo para demostrar que el vapor era capaz de mover el pistón de un cilindro, y unos años después, en Gran Bretaña, el capitán Thomas Savery construyó una bomba hidráulica que funcionaba relativamente bien con vapor, aunque en realidad no se tratara de una máquina de vapor; carecía de pistón de movimiento alternativo, de modo que no podía ser empleada como motor para maquinarias o vehículos.

Savery patentó su invento en 1698, y lo hizo con una fórmula tan amplia, que incluyó también artilugios como la máquina de Newcomen.

En consecuencia, Newcomen y Calley optaron por asociarse con Savery en 1705.

Después de una serie de pruebas, la máquina de Newcomen fue construida en 1712 en un lugar próximo al castillo de Dudley, probablemente en Tipton (Gran Bretaña), según se deduce de un dibujo realizado en 1719 por Thomas Barney.

Funcionaba en virtud del principio según el cual el vapor, al enfriarse y condensarse, disminuye su volumen, y si esta transformación se realiza en un recipiente cerrado, se produce un vacío en el interior.

El recipiente empleado por Newcomen era un largo cilindro vertical, abierto por arriba, provisto de un pistón circular capaz de deslizarse verticalmente.

Cuando el pistón se encontraba en el punto más alto de su recorrido, el espacio situado debajo de él era llenado con vapor y, acto seguido, se inyectaba un chorro de agua fría que lo condensaba para crear así un vacío.

Entonces, y por efecto de la presión atmosférica sobre la cara superior del pistón, éste era empujado hacia abajo y completaba su ciclo productivo; después, había que hacer ascender el pistón a fin de ponerlo en condiciones de desarrollar un nuevo ciclo de trabajo.

Las máquinas de este tipo fueron llamadas de Newcomen, aunque, en realidad, él sólo las construyera en parte (también fueron conocidas como máquinas de fuego o máquinas atmosféricas).

La primera máquina de Newcomen era muy voluminosa y ocupaba una edificación de 10 m de altura.

En el interior de este recinto destacaba un gran balancín de 7,6 m de largo (sólo una parte estaba dentro del citado recinto), conectado al pistón por medio de una cadena.

esquema maquina de Newcomen
Máquina atmosférica de Newcomen, utilizada para bombear el agua que inundaba las galenas de las minas. La ilustración procede de la obra «Architecture Hydraulique», publicada en París en 1739.

La mitad del balancín salía al exterior de la edificación, y estaba unido a un vastago que se prolongaba hasta una bomba de agua situada en el interior de una mina, a unos 50 m de profundidad.

En esencia, la principal función de la máquina de Newcomen era extraer el agua de las minas (hasta 1712 fue imposible la explotación de los filones de carbón situados a grandes profundidades, porque casi siempre aparecían inundados).

El combustible (carbón) destinado a alimentar el horno de la máquina de Newcomen se introducía por una compuerta situada a nivel del suelo, exactamente debajo de una caldera semicircular.

Por efecto del calor de su combustión, el agua se convertía en vapor y éste, a su vez, pasaba al cilindro dosificado merced al funcionamiento de una válvula.

El extremo del balancín correspondiente al lado de la bomba era mucho más pesado que el otro, de modo que, en posición de equilibrio, el pistón quedara arriba y, en consecuencia, dispuesto para realizar su ciclo eficaz.

En esas condiciones, al condensarse el vapor del cilindro, la presión atmosférica hacía descender de nuevo al pistón; al efectuar este movimiento, subía el vástago de la bomba conectada al otro extremo del balancín. Al término de la carrera, el contrapeso hacía subir el pistón arriba.

Las máquinas de Newcomen eran muy lentas, de poca potencia y limitada eficacia, pero, con todo, aventajaban a las demás empleadas para bombear agua de las minas y, en consecuencia, conocieron amplia difusión.

La primera sólo tenía 5 6 6 CV, aunque, posteriormente, los ingenieros mejoraron su rendimiento (John Smeaton, por ejemplo, constructor del faro de Eddystone, diseñó varias máquinas de Newcomen, Incluida una con un cilindro de 1,80 m de diámetro y 75 CV de potencia).

Una vez probada la eficacia del invento de Newcomen, los Ingenieros de mediados del siglo xix tratarían de acoplarlo a máquinas rotativas, por cuanto hasta entonces sólo había servido para hacer funcionar máquinas alternativas.

Uno de los primeros intentos corrió a cargo de John Oxley, en 1763, quien la acopló a un dispositivo dentado que hacía girar el eje de una máquina destinada a elevar carbón de una mina.

En 1780, uno de los competidores de Watt acopló la máquina de Newcomen a un cigüeñal, lo que obligó a Watt a idear un sistema de engranajes planetarios.

Pero la máquina de Watt con condensador independiente resultaba más eficaz que la de Newcomen y rápidamente la sustituyó, excepto en las regiones donde el carbón era un combustible económico.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Electrónica Encarta
Historia de los Inventos Editorial SALVAT
Elementos de Física y Química de Carlos Prelat Editorial Estrada
Historia de los Inventos de Editorial Salvat

Los Sistemas Filosoficos Resumen Problemas de la Filosofia Actual

Los Sistemas Filosóficos Problemas de la Filosofía Actual

LA FILOSOFÍA ACTUAL. Los excesos de este idealismo exagerado condujeron de nuevo a un descrédito de la razón, con el derrumbamiento del edificio que Kant intentara construir; volvieron a surgir corrientes diversas y las encontradas opiniones.

Así, llegamos a la filosofía contemporánea, en la que no destaca una figura que acierte a construir una completa síntesis filosófica.

La fenomenología, de Husserl, surgió como una reacción al exagerado subjetivismo, lo mismo que la «filosofía de los valores» defendida por Scheler.

El «vitalismo», a la exaltación de la razón opone la exaltación de la vida, entre cuyos defensores principales se encuentran Nietzche, Dilihey y, sobre todo, Bergson.

El «existencialismo» es la corriente filosófica más nueva, y centra su interés en el estudio de la existencia humana. La esencia de las cosas no interesa; solamente vale la pena existir sin más preocupación. Sus máximos representantes son Kierkegaard y Heidegger.

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Husserl, con su obra Investigaciones lógicas, fundó la «fenomenología», que es a la vez un método de investigación y un sistema que ha ejercido gran influencia hasta nuestros días. Critica el subjetivismo y el psicologismo, la excesiva preponderancia que se da al yo, al individuo, y admite las realidades objetivas fuera de la mente humana, realidades que se manifiestan por fenómenos, los cuales se comprenden por medio de la intuición.

ARTHUR SCHOPNENHAUER:Nietzche, en nombre de la vida, se rebeló contra el pesimismo, introducido en la filosofía europea por Schopenhauer.(imagen)

A la negación de la voluntad de vivir, que éste sacó de la filosofía budista, opuso Nietzche la voluntad de poder, para llegar a un hombre imaginario que se encontrara «más allá del bien y del mal», o sea al superhombre.

Propugnó un cambio total en los valores de la vida humana y su influencia en la juventud del siglo XX fue grande.

Bergson es el verdadero propulsor del «vitalismo».

Analizando los datos inmediatos de la conciencia, atacó la doctrina del mecanicismo y el materialismo consiguiente.

La vida, según él, es frute de un impulso interno que llama «elan vital»; es la realidad originaria de la cual nace la materia por degeneración, y el espíritu por sublimación.

Pero la razón no puede comprender los hechos biológicos y sólo la intuición puede captar las realidades profundas de la vida.

Kierkegaard fue el precursor de la actual filosofía existencialista.

Más literato que filósofo, se opuso a las teorías de Hegel y combatió la absorción del individuo por la colectividad. Angustiado por el problema religioso y por el pecado, realizó profundas meditaciones sobre la existencia y el destino humanos.

El español Balmes representa la reacción cristiana ante los excesos idealistas de los filósofos postkantianos. Fue sacerdote, periodista y polémico infatigable.

Se le puede considerar como el primer pensador católico que intentó dotar a la filosofía tradicional de una teoría del conocimiento. Como fuentes básicas de la certeza señala la conciencia, la evidencia y el instinto intelectual o sentido común.

Heidegger es hoy el máximo representante del existencialismo». En su obra capital, Ser y Tiempo, asimila influencias del vitalismo y de la fenomenología. «Hay que partir de la existencia humana para solucionar el problema de la realidad», dice.

Explica la angustia por la limitación de la existencia humana. «El hombre es un ser para la muerte», afirmó, y se preguntaba en qué terreno encuentran las raíces del árbol de la Filosofía su sostén, y acababa por admitir como única realidad metafísica el hombre que está en el mundo, es decir, la existencia pura.

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LOS SISTEMAS FILOSÓFICOS.

Así como las ciencias presentan sus conocimientos propios en un solo sistema u ordenación, la Filosofía ofrece la pluralidad de sistemas diversos. A continuación se expone la definición de los más importantes por orden cronológico de aparición en la Historia.

Monismo. Se dio este nombre al sistema seguido por algunos filósofos griegos, anteriores a Sócrates, que admitían una sola sustancia como origen de todas las cosas: Para Thales, era el agua; para Anaxímenes, el aire; para Heráclito, el fuego. También se da este nombre a otros sistemas filosóficos que sólo admiten en el mundo una sustancia primaria; como la materia para los materialistas o el espíritu para los idealistas.

Pluralismo. El sistema de los primeros filósofos griegos que admitían varias sustancias primarias como origen de todas las cosas, o sea agua, tierra, aire y fuego a la vez, los cuatro elementos.

Dualismo. Admite la existencia de dos principios: espíritu y materia para unos; mal y bien para otros.

Atomismo. Considera el átomo como parte esencial de todos los cuerpos, que no son sino agregados de átomos.

Sofismo. La Filosofía tomada en simple sentido de erudición con excesivo apego a la razón individual, lo que implica una concepción escéptica de la vida. Los sofistas eran malabaristas de la verdad.

Humanismo. El hombre como centro de toda Filosofía.

Innatismo. Admite que las ideas son innatas,o sea que el hombre, al nacer, ya lleva en sí el principio de todos los conocimientos.

Hedonismo. El fin de toda la especulación filosófica y la norma de la conducta humana es para los hedonistas el placer.

Estoicismo. Es preciso renunciar serenamente a muchas cosas y no dejarse llevar por los excesos en el sufrimiento ni en la alegría, para vivir conforme a la naturaleza, o sea conforme a la razón. La libertad interior se conquista mediante la lucha con las pasiones hasta llegar a la apatía o serenidad del ánimo.

Escepticismo. Niega ia validez, tanto de las percepciones sensibles como del conocimiento intelectual y declara la esencia de las cosas incognoscible. El hombre, según él, no debe adherirse a ideales de ninguna clase.

Dogmatismo. Creencia en los dogmas o principios establecidos por los grandes filósofos.

Voluntarismo. Da a la voluntad, la primacía entre todas las facultades del alma.

Intelectualismo. Señala a la inteligencia como factor primordial de la vida del hombre.

Escolasticismo. Sistema filosófico que sigue la síntesis completa lograda por Santo Tomás, al coordinar el pensamiento cristiano con la doctrina de Aristóteles.

Realismo. Los conceptos universales abstractos son una realidad tan viva como la de los seres creados.

Nominalismo. Los conceptos generales, las ideas universales, como «Justicia», no existen en la realidad, pues sólo son nombres, palabras, pero nada más.

Empirismo. Sistema que fundamenta la verdad de los conocimientos filosóficos en la experiencia. Ninguna afirmación es válida si no está comprobada por la realidad.

Racionalismo. Construye la Filosofía con el uso exclusivo de la razón, mediante deducciones sistemáticas, sacadas de unos principios que se consideran evidentes.

Ocasionalismo. Los seres sólo han sido creados para dar ocasión de obrar al Creador, como el cuerpo ha sido creado y dispuesto como ocasión para el obrar del alma.

Materialismo. Surge de la aplicación del empirismo a los problemas psíquicos y considera la materia como la única realidad existente.

Deismo. Doctrina filosófica que confía la solución de los problemas religiosos a la razón natural, sin ayuda de la Revelación.

Sensualismo. Todo en el hombre proviene de la sensación, ya que sin los sentidos el hombre sería como una estatua, y una estatua que tuviera sentidos obraría como el hombre. Los pensamientos no son otra cosa que sensaciones transformadas.

Naturalismo. Defiende la vuelta del hombre a la vida natural, pues el hombre es bueno por naturaleza y la sociedad le corrompe.

Criticismo. Sistema que critica la sola validez de la razón para alcanzar el conocimiento científico, y supone el examen previo de la misma antes de aceptar cualquier teoría del conocimiento.

Idealismo. Afirma el predominio de las ideas ante las realidades del Universo. Hay varios sistemas idealistas, entre los que destacan los de Platón, Berkeley, Kant y sus seguidores. El idealismo exagerado conduce a afirmar que el mundo exterior no existe y que los objetos no son sino proyecciones de nuestro pensamiento.

Positivismo. No admite otra verdad que la doctrina positiva de las ciencias y rechaza la conciencia o sentido íntimo como fuente de conocimiento. Sólo admite la experiencia sensorial.

Psicologismo. Supone que todo en Filosofía es subjetivo; que todo se resume en opiniones personales sin valor objetivo y real. Hijo del positivismo, es una tendencia a reducir todos los procesos filosóficos a meros capítulos de la Psicología.

Fenomenología. Los objetos poseen un ser ideal y la manifestación de este ser en la cosa es el fenómeno. El estudio de estos fenómenos mediante la intuición es la base de este sistema.

Axiología. Es la doctrina de los valores. El valor no depende de la apreciación personal, sino que existe por sí mismo; es una cualidad ideal de los objetos que están dotados de propiedades características.

Historicismo. Es la manera de interpretar la Filosofía como si no fuese otra cosa que la mera relación de las diversas teorías de los filósofos en permanente evolución.

Neoescolasticismo. Es el retorno a la Filosofía escolástica, pero a la luz del pensamiento y de los descubrimientos.

Existencialismo. Es el sistema que considera la existencia humana como centro de toda especulación. El hombre está solo, inmerso en el mundo y condenado a morir. Siente la angustia de su destino porque la existencia humana confina por todos lados con la nada. Reivindica el valor de la persona y exalta el poder de la libertad.

LOS PROBLEMAS DEL MOMENTO

Cada época, a lo largo de la Historia, ha planteado problemas distintos cuyas notas esenciales estaban íntimamente ligadas a los intereses y a las formas de la vida presentes en aquel instante. El momento que hoy vivimos, la segunda mitad del siglo XX, se muestra extremadamente rico en hechos e inquietudes de todas clases.

En primer lugar, la Ciencia. Nunca se había dado un proceso general, tan extenso e intenso al mismo tiempo, de investigación científica, y en ninguna época anterior se había llegado al descubrimiento de tantas verdades cuya aplicación a la vida corriente hubiesen transformado de tal modo la existencia.

Sesenta años atrás no se conocía la aviación y hoy el hombre se dispone a conquistar el espacio extraterrestre con grandes seguridades de triunfar. No es necesario detallar los progresos conseguidos en el campo de la Biología, la Química, la Física, etc., para admitir el hecho de que nuestro momento histórico es de carácter eminentemente científico.

Pero coincidiendo con este hecho de preponderancia, la Ciencia moderna se muestra singularmente prudente y parca en disquisiciones de tipo filosófico. Han sido tantas las afirmaciones tenidas como ciertas que en el siglo presente se han venido abajo, que el hombre de ciencia se resiste a admitir una verdad como una entidad permanente, absoluta.

El determinismo que caracterizó tiempos anteriores ha dado paso a un probabilismo. Es decir, que los hechos sean como la Ciencia los describe e interpreta es sólo un hecho probable aunque el porcentaje de probabilidad sea elevadísimo. Al juntar pedacitos muy diminutos de granos amarillos y granos azules, tendremos un montón de granos verde; al contemplarlo a distancia.

¿Es posible que agitándolos nuevamente logremos separar los azules a un lado y los amarillos a otro? Es posible, aunque la probabilidad de que esto ocurra sea prácticamente nula. Así, Perrin calculó las probabilidades que existen para que los casuales golpes de moléculas del aire empujaran un objeto hacia lo alto contrarrestando la fuerza de la gravedad.

El hecho podría suceder cada diez elevado a diez mil millones de años. Prácticamente, jamás.

Cuando se empezó a estudiar seriamente la estructura del átomo fué descrito como un sistema planetario en el cual el núcleo equivalía al Sol y los electrones a los planetas que giran a su alrededor. Hoy se admite que la composición de la materia, lo que sea el núcleo, el átomo, etc., es irrepresen-table, no tiene cabida en la imaginación humana.

La estructura atómica es inimaginable. Al pensar en qué será «lo último» de la materia concreta, la Física deja paso a la matemática y quedan sólo unas cifras, unas determinantes o unas fórmulas que sólo poseen un valor explicativo para los iniciados.

El eterno mito de las puertas que se abren para mostrar nuevas estancias con nuevas puertas cerradas es cierto cuando intentamos explicar nuestro mundo natural. De ahí que la Ciencia, en el momento cumbre de su esplendor, quiera limitarse a investigaciones concretas, rehuyendo la Metafísica que ha vuelto a manos de los filósofos, los cuales han de dar una interpretación de los hechos hasta hoy descubiertos sin que les importe la posible caducidad de sus conclusiones.

Otro aspecto de la inquietud filosófica presente radica en el interés extraordinario de la investigación sociológica. En este punto el filósofo y el economista han sucedido al político. Ya no es posible lanzarse alegremente a especulaciones y construcción de entelequias políticas o sociales. El mundo se rige por unas leyes económicas muy severas y tan concretas como pueden serlo las leyes físicas porque son leyes matemáticas.

De un lado, el estudio de la economía, la producción, las necesidades sociales, y de otro un intento de interpretación histórico del fenómeno humano a base no sólo de profundizar en la Filosofía de la Historia, sino en la investigación de las formas de vida de los pueblos primitivos en un intento de sintetizar y abarcar el proceso humano para determinar su probable marcha hacia el futuro.

Los problemas del hambre, de superpoblación, de razas, etc., de carácter político y social atraen la atención de los filósofos para darles adecuada solución al servicio de distintos ideales.

Pero sin duda alguna, donde se ha demostrado más intensa aunque más descorazonadora la acción de la vida moderna en el campo del pensamiento ha sido en lo que se refiere a la Psicología. Freud, a principio de siglo, dio a conocer el mundo turbio y excitante, pero real, del subconsciente.

Las dos grandes contiendas sufridas en menos de treinta años de intervalo han ocasionado una corriente de tono francamente pesimista. Ya hemos dicho cómo el existencialismo ha sido la tendencia dominante de las juventudes de postguerra.

En Francia, Jean Paul Sartre, novelista, dramaturgo y escritor famoso, exponía la náusea que la existencia produce. Para él y sus seguidores el hecho de existir es terriblemente desconsolador. Los hombres son lobos para los otros hombres y no existe nada digno de ser vivido, excepto la experiencia de la muerte, a la cual, por trágico destino, no podemos entregarnos. Incluso el amor es el dominio de una persona sobre otra. La nada nos rodea.

La Literatura ha dado innumerables temas en los que el análisis de los hechos más morbosos o crueles ha puesto de relieve la existencia de un pozo de angustia y de miedo que acompaña nuestra vida. Se han analizado los casos de máxima perversión y las conductas más ilógicas como muestra de hasta dónde puede llegar el hombre en el vacío caminar que es su existir.

En España, estas tendencias se han suavizado considerablemente por el temperamental optimismo de nuestra raza. Ortega y Gasset (mucho antes que los existencialistas) sentaba su teoría de la razón vital. La existencia para él era un quehacer constante, más atractiva por cuanto es libre. Cada uno de nosotros crea nuestra propia historia.

No vivimos solos, sino rodeados de una circunstancia (hombre, clima, población, trabajo, etc.) y ésta se extiende desde un lejanísimo pasado hasta un futuro que se va haciende según esta elaboración que viene determinada por la frase «Yo soy yo y mi circunstancia». Ortega y Gasset no era un pesimista, sino un hombre con los ojos abiertos a este maravilloso espectáculo que es la vida.

La conducta concreta del hombre se define por la aceptación de un orden de valores. Max Scheler (1874-1928) dio a conocer su axiología, es decir, la existencia de un orden sentimental, no determinado exclusivamente por la razón ni la ciencia, alógico, en el que la carga afectiva pesa en forma extraordinaria. Cada uno de nosotros escribe en su interior una escala de prelaciones y sitúa en lo más alto un ideal y tras él otro y otro.

A esta valoración se atiene su conducta. Para llegar a esta construcción interna, el hombre se deja llevar por la intuición. Estos valores poseen una intencionalidad, mueven la conducta, pero no deben confundirse con el deseo.

En la vida de una persona se produce precisamente el choque entre el deseo y el deber porque aquél creó su escala de valores ideales y el apetito solicitó algo que está en pugna con esta escala de valoración. Yo puedo desear la muerte de mi enemigo, pero mi catalogación de valores morales me censura este deseo.

A cada valor positivo corresponde su contrario y todos ellos se encuentran jerarquizados. Para esta persona los valores o ideales religiosos están en lo más alto y los crematísticos son situados en el ínfimo peldaño de la escala. Para otra, los valores o ideas de Patria están por encima de cualquier consideración y a ellos se supeditan los de honor, familia, religión, amistad, etc. Según Scheler, las clases de valores que existen son:

1. Económicos o de utilidad (dinero).
2. Vitales (salud, valor, nobleza, etc.).
3. Espirituales: lógicos, estéticos o éticos.
4. Religiosos.

La Cultura, el progreso, el hacer histórico no son sino una aplicación a lo ancho del espacio y a lo largo del tiempo de los distintos conceptos de valor en vigencia para cada hombre y en cada época. Aquí se unen la Moral, la Estética, la Política, la Lógica, etc., pues el futuro de la Humanidad reside en la ejecutoria y la preponderancia de los valores más nobles sobre los más bajos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia CONSULTORA Temática e Ilustrada Tomo IV La Filosofia

Función de la Ingeniería en General Importancia y Objetivos

Función de la Ingeniería en General
Importancia y Objetivos en la Sociedad

QUÉ ES LA INGENIERÍA: Las palabras «ingeniero» e «ingeniería» derivan del latín «íngenium», que significa «capacidad, ingenio, obra, facultad de invención», etc. De este término, en el Medioevo, derivaron «ingeniador» y, finalmente, «ingeniero». La ingeniería, por lo tanto, es la ciencia de proyectar y calcular edificios, puentes, carreteras, canales, máquinas, motores, etc.; en suma, todo aquello que requiera el cálculo y la aplicación de leyes matemáticas, físicas y químicas. No sin motivo la ingeniería y las matemáticas son hermanas gemelas; el ingeniero debe ser ante todo un óptimo calculista.

Imagen en una PC de un encuentro de varias vigas de una estructura civil.
Hoy esta herramienta electrónica reemplaza al antiguo y clásico tablero de dibujo y cálculo.

IMAGINEMOS un resorte (muelle) de acero. Supongamos que  el diámetro de las espirales (anillos) es de 4 centímetros, y el número de espirales 10. Si se le cuelga un peso de 20 kilogramos, el muelle debe alargarse, por ejemplo, exactamente un centímetro. ¿Qué diámetro debe tener el alambre con el que está fabricado para que el muelle se alargue exactamente un centímetro con un peso de 20 kilogramos?.

No, no se trata de una pregunta ridicula, ni mucho menos de ningún acertijo para alguna reunión de amigos. Es una pregunta seria, lógica, y tiene una respuesta exacta. Hay una persona que, lápiz en mano, puede establecer con la mayor exactitud el diámetro de dicho alambre de acero. Esta persona es el ingeniero.

resorte de acero

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Miremos a nuestro alrededor: las vigas que sostienen la habitación en que estamos han sido calculadas por un ingeniero; lo mismo las dimensiones y la estructura de las pilastras que sostienen la casa, así como los soportes de los balcones y las instalaciones del edificio. Los ingenieros han proyectado y calculado el aparato de radio, el televisor, el teléfono, la enceradora eléctrica,, el lavarropas y la heladera.

Otros ingenieros han estudiado la instalación del ascensor, la bomba de agua, la instalación de la calefacción. Y si nos asomamos a la ventana, veremos correr por la calle coches proyectados por ingenieros, puentes, grúas, etc., construcciones todas calculadas por ingenieros.

Podríamos continuar, pero ¿es necesario?.Ya hemos comprendido hasta qué punto tiene importancia la ingeniería.

¿PARA QUÉ SIRVE LA INGENIERÍA?
Pongamos un ejemplo práctico, que sirva para todo. Supongamos que hay que construir un puente carretero y ferroviario que pase sobre un río. Los elementos da partida que tiene el constructor de puentes son dos: la resistencia del terreno, sobre el que el puente ha de apoyarse y la longitud de la zona sobre la que el puente ha de ser tendido, es decir la «luz» del puente.

Teniendo presente estos dos elementos, el constructor deberá construir una estructura aérea (o sea suspendida), la cual deberá reunir los dos siguientes requisitos:

Primero: descargar sobre pocos apoyos sólidos todos los esfuerzos a los que el puente se verá sometido (cargas), conforme se puede apreciar en estas cuatro ilustraciones:

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Segundo: dejar camino libre a todo aquello que deba pasar bajo el puente, o sea el agua del río y las embarcaciones que naveguen sobre él. El puente, por lo tanto, deberá tener una altura mínima.

Podríamos seguir, pero limitémonos a esto. Construir el puente significa resolver todos los difíciles problemas que hemos visto; además habrá que tener en cuenta los gastos destinados a la construcción y al mantenimiento.

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¿Quién resuelve estos problemas? El ingeniero. Él lo calcula todo, con precisión absoluta, hasta en sus menores detalles. Comienza, ayudado por un geólogo, por estudiar el terreno, con sondeos y análisis de muestras, y marca los puntos aptos para soportar los cimientos. Dibuja después el proyecto exacto al milímetro, con todos los requisitos que el mismo debe reunir.

Utilizando todos sus conocimientos de la ciencia de la construcción, prevé la resistencia de las estructuras del puente, cuando sean sometidas a las distintas fuerzas (que en lenguaje técnico se llaman «esfuerzos»). El ingeniero sabe, por haberlo estudiado, que las viguerías, los pilones y las distintas partes del puente estarán sometidos a los famosos «esfuerzos» simples, que constituyen uno de los capítulos fundamentales de la ingeniería.

He aquí reunidos en una tabla:

SOLICITACIÓN    Y DEFORMACIÓN QUE PROVOCA

La tracción   genera alargamiento

La compresión   genera aplastamiento

El corte    genera deslizamiento interno del material

La flexión    genera doblamiento

La torsión    genera retorcimiento

Ejemplo Prácticos:

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Ejemplo de corte entre ambos brazos

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Ejemplo de flexión en la viga puente por el peso del tren

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Ejemplo de compresión por el peso del tren sobre la columna de apoyo

Es lógico, por ejemplo, que, cuando sobre el puente pasen las mil toneladas de un tren, las vigas metálicas que deberán soportar el peso serán sometidas a una compresión, a un esfuerzo de flexión, etc. El ingeniero calcula exactamente estos esfuerzos y por ello puede establecer qué material se deberá emplear, las dimensiones de cada viga, la extensión de los arcos, el tipo de unión entre viga y viga, la profundidad de la base de los pilares, las dimensiones de los mismos pilares; en una palabra, todo.

Sólo cuando el ingeniero, concluidos sus cálculos, haya preparado el proyecto, se comenzará a construir el puente. Un puente sobre el que ya se sabe todo: cuánto pesará, cómo será su estructura, cuántos milímetros se doblará ante el empuje del viento o bajo el peso de un tren, cuánto costará su construcción, qué cantidad de pintura se necesitará para recubrirlo. Sobre los papeles llenos de cálculos hechos por el ingeniero, el puente ya ha nacido.

DEL DIQUE A LA HELADERA

Hemos descripto extensamente las distintas fases de la construcción de un puente para responder de forma clara a la pregunta: ¿para qué sirve la ingeniería?.

Respondamos con otra pregunta. Después de lo que hemos visto, ¿sería posible construir un puente si un ingeniero no lo proyectase y lo calculase? No, de ninguna manera. Bien, lo mismo ocurre para todas las construcciones civiles y mecánicas, que van desde el dique hasta la heladera.

El ingeniero proyecta una viga para suspender de ella el montacargas de una mina (tracción), un soporte para balcón (flexión), el árbol de transmisión de un automóvil (pieza mecánica sometida al esfuerzo llamado torsión).

El ingeniero civil calcula toda la tirantería que sostiene el techo de una fábrica; el ingeniero químico realiza experiencias e investigaciones sobre todo tipo de material por utilizarse, desde tejidos hasta metales; ingenieros mecánicos y electromecánicos hacen los cálculos para la construcción de cañones, cascos de navio, válvulas para televisores, estructuras para aparatos de aviación y motores eléctricos.

El trabajo del ingeniero es uno de los más necesarios para la vida del mundo moderno.

CÁLCULOS, MODELOS, EXPERIMENTOS

Llegados a este punto, uno puede preguntarse si todas las construcciones civiles y mecánicas «se calculan», y si el cálculo da siempre soluciones y si de estas soluciones hay que fiarse siempre a ojos cerrados. A fin de cuentas, son datos… en el papel: ¿y si los materiales no fueran tan «obedientes» como se había calculado?.

La observación está bien hecha. Algunas estructuras, por ejemplo un dique con arcos y pilastras, una llanta curva con agujeros y remaches, pueden ser tan complicados que el cálculo se hace dificilísimo y a menudo poco seguro. Entonces se recurre a los modelos. O sea se reconstruye en dimensiones menores (en escala) la estructura, el objeto para estudiar o proyectar, y sobre él se realizan todos los experimentos y pruebas de resistencia y eficacia.

Un ejemplo clásico de modelo es el de Vicksburgo, en los Estados Unidos, construido para estudios de ingeniería hidráulica. En él se ha reproducido, en escala bastante grande, toda la cuenca del Misisipi, para estudiar la regulación y todas las correspondientes instalaciones hidráulicas (diques, barreras, dársenas, etc.).

Tiene una superficie de aproximadamente un kilómetro cuadrado y los principales ríos están reproducidos en el modelo con un largo total de unos doce kilómetros.

Otra útilísima instalación para estudios de ingeniería sobre modelos es empleada por los proyectistas navales. Es el «estanque para experiencias sobre cascos de buque». Se trata de un estanque, de unos 300 m. de largo y unos 15 m. de ancho, en el que se hacen navegar, por medio de un aparato mecánico, modelos de cascos de buque. Ingenieros y diseñadores navales pueden así estudiar los efectos de la resistencia del agua sobre las quillas y diseñar, así, las quillas más aptas para las necesidades de la navegación.

En varias partes del mundo pueden verse extrañas construcciones, que desde el exterior se asemejan a gigantescos tubos de acero. Son los «túneles de viento». En estas galerías se reproducen exactamente las condiciones en que se encuentra un avión que vuela a gran velocidad. En los monstruosos tubos se hace pasar una poderosísima corriente de aire que embiste a modelos pequeños de aviones o, en algunos casos, aviones auténticos.

En lugar de ser el avión el que se se mueve en el aire quieto, es el aire el que se mueve alrededor del avión quieto. Pero los resultados son los mismos y los ingenieros aeronáuticos pueden estudiar el comportamiento del aparato exactamente como si estuviera volando a distintas velocidades.

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Túnel de viento para el  estudio del comportamiento de un avión

La corriente de aire necesaria es originada por un compresor de notables proporciones y movido por motores eléctricos de una potencia total de 150.000 caballos. Las pruebas y las experiencias son a su vez prácticas reales, que los ingenieros realizan directamente sobre el objeto o la estructura que se desea examinar.

Así vemos ingenieros que calculan, con instrumentos muy sensibles, la flexión de un puente de cemento armado cuando pasa un tren; o ingenieros que miden la resistencia a la tracción de un cable destinado a un funicular. ¿De qué manera?. Tiran del cable con una máquina especial, hasta que… se rompe; y aparatos aplicados a la máquina indican hasta qué tracción puede resistir el cable.

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Aparato para ensayar la compresión de un material, hasta su rotura.

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Ensayo de Flexión de un Material Metálico

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Ensayo de Corte de una Material, en este caso el corte entre dos tirantes de madera pegados

Cada día, en los laboratorios de todo el mundo, millones de experiencias son realizadas por ingenieros de todas las especialidades.

Existen asimismo institutos destinados a experimentos e investigaciones de todo tipo. Todos los países industriales asesoran a los empresarios con estos centros de estudio a los que acuden los ingenieros ¡para realizar investigaciones, experimentos y pruebas en todos los campos de la técnica vinculada a la producción industrial.

CÓMO SE LLEGA A INGENIERO

En casi todas las familias, si uno de los hijos demuestra cierta inclinación por las matemáticas o la mecánica, se dice enseguida: «¡De este muchacho haremos un ingeniero!» Esta expresión, ipor cierto, se toma casi siempre en broma, y naturalmente, a menudo con el correr de los años los cosas cambian. Pero en la frase del orgulloso papá hay más fundamento de lo que nos parece.

Para llegar a ingeniero, lo hemos visto, hace falta tener inclinación por las matemáticas: es un requisito absolutamente indispensable, porque el ingeniero, ante todo y cualquiera sea su especialidad, necesita aplicar los cálculos.

Se llega a ingeniero acudiendo a la Universidad; más exactamente a la Facultad de Ingeniería.

LOS ESTUDIOS DE INGENIERÍA

Hemos tenido ocasión, hasta este punto, de decir «ingenieros mecánicos, navales, civiles, electrotécnicos, etc.». De ello es fácil deducir que las ramas de la ingeniería son varias, según las distintas partes de la técnica y de la ciencia en que habrán de desarrollar su actividad.

El ingeniero es un técnico especializad o en su ramo, exactamente como ocurre en las ciencias médicas. Los estudios de ingeniería, pues, siguen distintas direcciones. Los primeros años tienden a dar una preparación general, especialmente en lo que se refiere a las matemáticas, a la geometría, a la física y a la mecánica, que son las bases de la ingeniería. Posteriormente, cada estudiante elige una especialización.

La carrera de ingeniería, que por naturaleza se halla tan estrechamente vinculada con la creación técnica y científica, no ha podido menos de experimentar fundamentales evoluciones promovidas por la aparición de modernísimas ramas técnicas y de la producción.

En las últimas décadas, los institutos consagrados a la formación de ingenieros han debido implantar numerosas especializaciones para la carrera, acordes con la trascendencia adquirida por ciertos sectores recién aparecidos en el campo de la creación industrial. De esta manera, además de las antiguas especializaciones, tales como las de ingenieros industriales, de minas, mecánicos y electrotécnicos, han surgido otras, entre ellas las de electrónica y aeronáutica, dedicadas específicamente a estas actividades, con vistas a fomentar su desarrollo armónico mediante un asesoramiento constante, en que se concreta su más calificada colaboración profesional.

LAS INGENIERÍAS MAS COMUNES

-CIVIL EN CONSTRUCCIONES  HIDRÁULICA
-CIVIL EN VIAS DE COMUNICACIÓN
-INDUSTRIAL
-MECÁNICA
-ELECTROMECÁNICA 
-ELECTRÓNICA
-ELECTRICISTA
-NAVAL
-QUÍMICA
-AERONÁUTICA
-MILITAR
-METALÚRGICA
-MINAS
-GENÉTICA
-BIOINGENIERÍA

Propiedades Mecánicas de los Materiales

Software de Ingeniería Civil

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Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Fasc. Nº 99 La Ingeniería – Editorial CODEX –

El Utilitarismo y La Felicidad General Mayor Placer y Bienestar Social

El Utilitarismo y La Felicidad General
El Mayor Placer y Bienestar Social

¿Cómo puede obtenerse la mayor felicidad para la comunidad? ¿Puede ser feliz una sociedad  en la que cada uno persigue sus propios intereses? He aquí unos puntos de vista objeto de polémicas.

La motivación que hay tras las acciones del hombre es su deseo de experimentar placer y evitar el dolor. En esta tesis se apoya una importante teoría del siglo XIX que se denomina principio de la utilidad: el mayor bien del mayor número de personas.

Según ella, todas las acciones humanas tienen su explicación en la forma en que asocian los hombres el placer y el dolor con las diversas formas de conducta; su objetivo consiste siempre en obtener la mayor cantidad posible del primero y evitar la mayor cantidad posible del segundo. Debe juzgarse la rectitud de conducta según la cantidad de felicidad obtenida en términos de placer, entendiendo el concepto de placer en su sentido más amplio.

A partir del siglo XVII se había ido desarrollando gradualmente una nueva aproximación empírica a las cuestiones humanas, por la que empezaba a reconocerse la importancia de principios psicológicos tales como la asociación de ideas. Sin ella, nunca habría sido posible formular el principio de la utilidad. En ética, política y derecho se manifestaba una actitud acorde con la aproximación empírica general. Ya no se podían atribuir los conceptos del bien y del mal a una especie de adecuación intrínseca a la naturaleza de las cosas: era preciso abandonar la vieja teoría de la ley natural.

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Jeremy Bentham

El utilitarismo es la concepción para la cual las acciones deben juzgarse como buenas o malas en atención a su capacidad para incrementar o reducir el bienestar humano o la «utilidad». Desde Bentham se han propuesto múltiples interpretaciones de la utilidad, pero para él consistía en la felicidad y el placer humanos, y su teoría de las acciones correctas se resume en ocasiones como el fomento de «la mayor felicidad del mayor número posible».

Francis Hurcheson (1694-1747) fue uno de los primeros en formular la nueva teoría. Claude Helvetius, en su obra De l’esprit (1758), la propugnó en Francia como instrumento para la reforma social. Partiendo del hecho de que el hombre actuará básicamente según su propia conveniencia, infiere que el único criterio general para juzgar los actos
es el principio del mayor bien para el mayor número de personas.

Sobre esta base se hace posible reformar la sociedad mediante una legislación, haciendo que el obedecerla sea ventajoso y conveniente para todos. Para ello se disponen diversas penas como castigo a los actos que vayan en contra del bien común.

Al evaluar las posibilidades de sufrimiento los hombres se sienten incitados a la obediencia. Debemos notar en este punto que la nueva perspectiva utilitarista se basa en ciertos supuestos propios no examinados.

En primer lugar se da por sentado que el mayor bienestar posible de la comunidad es consecuencia de la persecución por parte de cada cual, adecuadamente motivada, de los propios intereses. Se presupone que la igualdad de los intereses individuales y la armonía entre ellos reside en cierto modo en la naturaleza de las cosas.

La negación de la libertad
Los escritos de Paul Holbach (1723-89) subrayan la misma fuerza utilitarista, especialmente en lo que concierne a la naturaleza del gobierno. El bien de la humanidad se ve frustrado precisamente cuando los gobiernos se apartan del principio de la utilidad. La clase dirigente explota entonces al resto de la sociedad, negándole esa libertad a la que tienen derecho todos los hombres como único medio para realizar su propia felicidad y el bien común.

Lo único que se necesita para remediar los defectos del mal gobierno es la educación: una vez que los hombres hayan descubierto dónde reside su verdadera conveniencia, no tardarán en adoptar el principio adecuado.

El movimiento fisiocrático, nacido en la Francia del siglo XVIII, adoptó también el principio de la utilidad, pero combinándolo con la opinión de que el gobierno no debe intervenir en la esfera de la economía: se sirve mejor al bien común dejando que ésta siga su curso natural sin impedimentos.

La doctrina del laissez-faire del liberalismo económico habría de influir a su vez sobre los economistas británicos: queda bien evidente en esa especie de fatalismo económico de David Ricardo (1772-1823) o Thomas Malthus (1766-1834).

Jeremy Bentham se halla todavía entre nosotros: en su testamento legaba su cuerpo 2 la ciencia, pero dispuso que el esqueleto, vestido con sus ropas, se exhibiese en una urna para servir de inspiración a sus discípulos y a la  posteridad.

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David Hume señaló que los hombres actúan con frecuencia siguiendo sus impulsos y sin considerar previamente los resultados de sus  actos.

En el movimiento de reforma
liberal surgido durante el siglo XIX causaría cierta tensión, puesto que’se vio claramente que no era tan sencillo conciliar los ideales de la Revolución Francesa: libertad e igualdad parecían en cierto sentido antagónicas. Es en esta dificultad donde hallaría una de sus fuentes de inspiración el movimiento revolucionario de Marx y Engels.

En la obra de David Hume (1711-76) hallamos una aplicación directa del principio de la utilidad. Hume sostuvo que, de hecho, los hombres decidían el distinto curso de sus actos evaluando el equilibrio entre el bien y el mal que podría resultar. Al mismo tiempo estableció un punto muy importante al observar que, por lo general, no se calcula la acción en sentido estricto, sino que los hombres actúan según sus impulsos a la luz de lo que en ese momento consideran como más adecuado a sus mejores intereses.

Cesare Beccaria (1738-94), seguidor italiano de Helvetius, propuso la reforma del derecho penal sobre la base del principio de la utilidad. Con un espíritu muy propio de la Ilustración, pretendió abolir la tortura judicial y la pena de muerte, insistiendo en que ercastigo no debería ser más de lo necesario para hacer al crimen poco atractivo en comparación. Además debería suprimirse todo aplazamiento y, sobre todo, toda duda respecto a cual sería tal castigo.

Aumento de la felicidad
En tanto que el fermento de la Ilustración conducía en Francia a la revolución de 1798, en Inglaterra tomó un sesgo mucho menos violento. La reforma se fue operando gradualmente, gracias a los esfuerzos de los radicales filosóficos, en línea directa con los grandes filósofos empiristas. Uno de los más influyentes fue Jeremy Bentham (1748-1832). Pese a no ser un pensador verdaderamente original, dio notable impulso a la causa de la reforma con sus detallados estudios, especialmente en el campo de las leyes. Siguió a Helvetius y Beccaria y, al igual que ellos, adoptó el principio de la utilidad como dogma básico.

El criterio para juzgar si una acción es buena o mala es el aumento de la felicidad o la disminución de la infelicidad. Lo que produce la felicidad es el placer o la ausencia de dolor; se supone que lo único que persigue el hombre por su propia causa es el placer y la evitación del dolor. Naturalmente, hay que tomar el concepto de placer en un sentido adecuadamente general. Pero nunca se explica con claridad cómo debe entenderse. Bentham va más allá y afirma que se puede atribuir a cada placer y a cada dolor una especie de valor numérico en una escala general, no sólo para una persona, sino para diferentes personas.

Evidentemente, este método de los equilibrios de placer no es un principio ético muy útil para servir de guía y norma de conducta. De hecho, el cálculo de Bentham es la parte más endeble de todo su método: incluso sus propios seguidores pudieron verlo. Por otra parte, no está nada claro cómo debe efectuarse la reducción de todas las cosas a una sola escala, ni tan siquiera si ello es posible.

Sin embargo, y como guía para la reforma legal, el principio de la utilidad tiene indudablemente cierto mérito. Con arreglo a él, Bentham examina todo el campo de la ley y de los procedimientos legales. En vez de las viejas justificaciones teóricas que acompañaban a la teoría de la ley natural, Bentham valoraba todas las disposiciones legales por medio del principió de la utilidad.

En tanto que los teóricos de la ley natural condenarían el robo, por ejemplo, por ir contra el derecho de propiedad, los utilitaristas lo condenan porque la inseguridad que crea menoscaba la felicidad humana. En derecho penal especialmente establecieron un sistema de sanciones cuya finalidad consistía en hacer que al hombre le resultase desagradable cometer un delito.

La proporción de la pena es tal, que sólo las consideraciones utilitaristas pueden disuadir al criminal. Bentham sostuvo que la bárbara severidad de los castigos entonces al uso era un error, no tanto a causa de su crueldad como porque no se ajustaba al principio de la utilidad. Con todo, trabajó seriamente en favor de la reforma penitenciaria, propugnando mejores condiciones para los presos y un trato más humano; por desgracia, sus esfuerzos para que el gobierno adoptase el nuevo tipo de prisión que él mismo había diseñado resultaron infructuosos.

Aún estaba muy lejana la reforma penal: a finales del siglo XVIII, el niño que fuese descubierto robando un pan porque tenía hambre, corría el riesgo de morir ahorcado.

Uno de los aspectos legales que hoy día vuelven a atraer una vez más la atención de los reformadores es el campo de los procedimientos. En él formuló Bentham importantes sugerencias que se hallan entre sus proposiciones más originales y, al mismo tiempo, menos afortunadas en la práctica. También aquí se hallaba demasiado adelantado a su tiempo, pues argüyó que los tediosos procedimientos y la oscuridad del lenguaje legal eran un obstáculo para la auténtica jurisprudencia.

Las actuaciones legales resultaban así indebidamente largas, costosas e inciertas. Lo que él proponía a cambio era un sistema en el que los litigantes pudiesen reunirse en una especie de ambiente de comité, con el juez como presidente y arbitro de la causa.

Lo mejor para la comunidad
En la esfera de la economía, el principio utilitarista negó toda intervención del gobierno. Ello se debió en parte a la creencia de que el libre intercambio de los intereses propios de cada individuo conduciría al mejor resultado posible para la comunidad en conjunto.

Otro concepto que respaldaba dicha actitud era la convicción de que las leyes económicas actuaban, en términos generales, como las leyes físicas de Newton, por lo que resultaba sencillamente inútil intervenir. Esto pone de relieve uno de los aspectos más débiles de la teoría utilitarista, no sólo en la esfera de la economía, sino también en los campos legal y político: los utilitaristas omitieron por completo toda consideración de la fuerza de las tradiciones e instituciones que se han desarrollado a lo largo de la historia.

La tarea de los primeros utilitaristas en el campo político era, en cierto modo, limitada. La función del gobierno quedaba para ellos muy restringida, ya que no incluía los asuntos económicos. Tanto Bentham como James Mill (1773-1836) eran partidarios de la ampliación del derecho político sobre la base del principio de la utilidad: al conceder el voto a mayor número de personas, y al reducir el período de mandato de los representantes elegidos, el gobierno podría hallarse más directamente relacionado con la mayor felicidad del mayor número  de seres.

Thomas Malthus fue, junto con Ricardo, una importante figura en el desarrollo de la teoría económica en la Gran Bretaña, si bien es mucho más conocido por su teoría sobre la expansión de la población, teoría que no ha  perdido vigencia.

Según el filósofo inglés de finales del siglo XYIII Jeremy Bentham: «La mayor felicidad del mayor número es la medida de lo que es correcto o equivocado». Este principio creaba una ciencia de la toma de decisiones ética, un medio de resolver controversias por métodos prácticos y contrastables que, llevados al extremo, podían llegar a ser cuantitativos y estadísticos. Con este objetivo, Bentham inventó un método para «calcular la felicidad») que abarcaba siete dimensiones del placer y del dolor: la intensidad (¿cómo de intenso es el placer o el dolor?), la duración (¿cuánto tiempo dura?), la certeza (¿qué probabilidades hay de que el resultado final sea ese tipo de sensación?), la propincuidad (¿con qué prontitud se producirán los resultados?), la fecundidad (si el resultado es placentero, ¿puede ser seguido por sensaciones del mismo tipo?), la pureza (¿es probable que el resultado sea seguido por sensaciones del tipo contrario?) y la extensión (¿a cuántas personas afectará?). Alguien que contemple la posibilidad de empezar a fumar puede hacer un cálculo de este tipo al plantearse: «¿Merece la pena?». En la esfera pública, esta es la estrategia de los economistas para realizar el análisis coste-beneficio, en el que se sopesan, por ejemplo, los costes de los sistemas de seguridad ferroviarios frente al número de vidas que salvarán.

El abandono de un principio
Sin embargo, pronto se hicieron evidentes los fallos del primer programa utilitarista en el campo económico. Lejos de mejorar la suerte de la humanidad en conjunto, el crecimiento no regulado del industrialismo sumió a vastos contingentes de población en las condiciones más abyectas de sordidez y miseria. Tenía que haber algún error básico en los viejos supuestos.

Así supo reconocerlo John Stuart Mill (1806-1873), que fue descubriendo gradualmente la necesidad de modificar la filosofía utilitarista. Sufrió en parte la influencia de la filosofía idealista germánica, y en parte de la de Auguste Comte (1798-1857).

Como resultado, el utilitarismo de John Stuart Mill representa en ciertos aspectos un abandono total del antiguo principio de la utilidad. Si bien lo establece explícitamente, en la práctica está muy lejos de aplicarlo, cosa que por otra parte resulta imposible dado sus nuevos puntos de vista, puesto que introduce distinciones entre los placeres, y ello impide el tipo de comparaciones que requerían los cálculos de Bentham.

Además, al definir el placer simplemente como lo que el hombre desea, y al admitir que algunos de esos placeres son buenos como fines en sí mismos, independientemente de las consecuencias, lo que realmente hace es abandonar el utilitarismo. Sigue prodigando alabanzas a la vieja doctrina, pero ya no se adhiere a ella. Al mismo tiempo, es incapaz de desarrollar una doctrina nueva coherente: Mill tiene conciencia de los problemas, pero no sabe hacerles frente. Su actitud es más contemplativa que de acción.

En su famoso ensayo Sobre la libertad describe la libertad de pensamiento y de discusión como acordes con el principio de la utilidad, puesto que permite difundir las nuevas ideas y estimula la inventiva; pero también dice que la negativa de esta libertad perjudica a la naturaleza moral del hombre. Evidentemente, considera la libertad como una cosa buena en sí misma.

En la época de Mill, las amenazas a la libertad no estaban ya en las restricciones impuestas por una mayoría invasora que trataba de suprimir las opiniones de la minoría. No creía que la tarea del gobierno consistiese en intervenir para ayudar al pueblo; era mejor dejarle defenderse por sí mismo, a fin de fortalecer su propio sentido de autoconfianza.

Sin embargo. Mill empezaba a comprender al mismo tiempo la necesidad de que el Estado introdujese una legislación protectora en el orden económico —legislación que, de hecho, llevaba ya algún tiempo en vigor. Ella contribuía a evitar la explotación de las mujeres y los niños, y garantizaba unos niveles adecuados en las condiciones de trabajo, aspecto en el que habían resultado totalmente inoperantes los motivos utilitaristas privados.

Ciertamente, y a pesar de las tradicionales sospechas liberales contra la interferencia, Mill era partidario de varias actuaciones gubernativas; pero fue incapaz de establecer un criterio general respecto a qué legislación era deseable y cuál no.

La doctrina del utilitarismo sigue siendo importante en la única esfera donde puede resultar hasta cierto punto plausible, esto es, como una especie de guía aproximada para la legislación. Cuando se establecen, por ejemplo, unas disposiciones para el tráfico, el objetivo es promover el bien general.

Que la evaluación del problema sea correcta y la finalidad conseguida es ya, naturalmente, otra cosa. Además, hay ciertas ocasiones en las que el legislador confunde el bien general con sus propias conveniencias administrativas. Gran parte de la legislación social se basa en el supuesto de que habrá de proporcionar el mayor bien a la mayoría de personas. Sin embargo, el principio utilitarista puede degenerar en tiranía.

Una de las mayores dificultades de Mill fue reconciliar la utilidad con la libertad. Pero para este problema no existe una solución general.

Vida de la Burguesía Industrial en Europa Sociedad Capitalista

SOCIEDAD CAPITALISTA: VIDA DE LOS BURGUESES

El siglo XVIII significó el final del proceso de transición del feudalismo al capitalismo en Europa occidental. Se produjeron cambios sociales, económicos, políticos e ideológicos que transformaron profundamente la organización social europea e iniciaron los tiempos del capitalismo. El surgimiento de la burguesía, lo mismo que el del proletariado en la era industrial, es un proceso histórico sujeto a determinadas leyes. En el periodo precapitalista, en la época del feudalismo, la palabra burguesía o burgués, se aplicaba a todos los habitantes libres de la ciudad que comercializaban diversos productos. Los ciudadanos, habitantes de las localidades libres, procedían de los campesinos siervos. Constituyeron la población de las primeras ciudades.

Burguesía, en un principio este término servía para designar a los habitantes libres de las ciudades europeas durante la edad media. Más tarde, el término se convirtió en sinónimo de clase media-alta. En sentido etimológico proviene del latín burgus y del alemán brug, designando a aldeas pequeñas que dependen de otra ciudad. La burguesía designaría, pues, a quienes habitaban los burgos.

Debido al desarrollo de los talleres artesanles y del comercio nació la diferenciación de la población urbana. A fines de la Edad Media, desde aproximadamenhte fines del siglo XV, la palabra «burguesía» significaba ya las capas altas de los ciudadanos: los mercaderes, los banqueros, los dueños de los talleres artesanales y, posteriormente, de las manufacturas.

burguesia financiera en la edad media

Con la ascensión del capitalismo, la burguesía se enriqueció considerablemente y se alzó hasta los primeros puestos de la sociedad, al lado de los grandes terratenientes. El objetivo principal de la burguesía, en particular desde el momento en que apareció la clase de los obreros asalariados, consistió en concentrar en sus manos un gran capital.

A medida que se fue incrementando su poder económico, la burguesía conquistó o adquirió con su dinero numerosos derechos políticos de sus dueños, los señores feudales. El rápido desarrollo de la burguesía se remonta a los comienzos del siglo XVI. El descubrimiento de América en 1492 y el aprovechamiento de sus riquezas, el descubrimiento en 1498 de la ruta marítima a la India, circundando África, la ampliación de las relaciones comerciales con las colonias, impulsaron el desenvolvimiento del comercio, la navegación y la industria y coadyuvaron al incremento de la burguesía. El objetivo principal de la burguesía, en particular desde el momento en que apareció la clase de los obreros asalariados, consistió en concentrar en sus manos un gran capital.

El protagonismo de la burguesía creció incesantemente desde la segunda mitad del siglo XVIII, época en la que tuvo lugar una doble revolución: una revolución económica —la Revolución Industrial— que se inició en Inglaterra y que fue tal vez el proceso transformador más importante que vivió la humanidad hasta ese momento, y una revolución social y política —la Revolución Francesa— que marcó el principio del fin del antiguo régimen.

Con la ascensión del capitalismo, la burguesía se enriqueció considerablemente y se alzó hasta los primeros puestos de la sociedad, al lado de los grandes terratenientes. En el otro extremo de la escala social, campesinos pobres y obreros veían frecuentemente empeorar su situación. En los países donde existían grandes propiedades, como en el sur de Italia, Prusia o Rusia, la nobleza terrateniente, por su dinero y su poder político, conservaba el primer puesto en la sociedad.

Para pertenecer a la burguesía era suficiente con tener una acreditada valía, ya fuese por fortuna personal, por dotes y capacidad de mando en los negocios o por las influencias que se tuviesen. Existían desde los grandes burgueses, con influencia nacional e internacional, a los es trictamente locales.

Tolstoi ha redactado en su «Guerra y Paz» un notable estudio de esta aristocracia terrateniente, que reinaba sobre miles de almas y que prefería a la monotonía de sus propiedades, la vida fácil y brillante de San Petersburgo o de Moscú, en la que gastaba sus rentas. Estos señores feudales, indiferentes a la marcha de sus tierras, contrastaban con los «land-lords» ingleses, preocupados, ante todo, por la técnica agrícola y la mejora de sus rendimientos.

La burguesía inglesa invertía su dinero de buen grado en la tierra y rivalizaba con la nobleza en la construcción de suntuosas mansiones rodeadas de parques magníficos, con un estilo de vida en el que la caza y las frivolidades tenían lugar preponderante. Contrariamente a la aristocracia inglesa, a la que gustaba vivir en sus tierras, los grandes terratenientes franceses preferían arrendar sus fincas y vivir en París. Aquéllos a quienes su fortuna no permitía practicar tal absentismo vivían confortablemente de las rentas de sus tierras y, por su representación mayoritaria en las asambleas de la nación, hacían triunfar una política favorable a la agricultura.

El advenimiento de la burguesía iba a poner término a su predominio. Lejos de ser homogénea, esta burguesía conquistadora tenía sus propias categorías: en la cima se encontraba la oligarquía financiera, cuyas operaciones se limitaban a la compra y venta de letras de cambio y de metales preciosos, a la garantía de transacciones comerciales importantes, a los empréstitos del Estado. La escasez de la moneda (la producción de metales preciosos aflojó durante este primer medio siglo), la debilidad de las inversiones, del movimiento de capitales, de los créditos, no concedían aún más que un papel secundario a los bancos de negocios.

Todas las operaciones importantes dependían, pues, de estas grandes familias financieras, reclinadas en los medios protestantes o israelitas, entre los cuales los Baring en Inglaterra, los Hope en Amsterdam, los Rothschild en todas las grandes plazas europeas, eran los principales representantes. La ascensión de Rothschild merece ser considerada: el padre, Amschel, se había enriquecido administrando los bienes del elector de Hesse-Cassel; sus cinco hijos se establecieron en Viena, Londres, París, Nápoles y Francfort, se convirtieron en los banqueros de la coalición, lanzaron los grandes empréstitos, colocaron su capital en las minas y en los ferrocarriles y amasaron fortunas colosales. Ennoblecidos y acogidos en la más alta sociedad, llevaron un gran tren de vida, coleccionando obras de arte, protegiendo a los artistas y haciendo construir lujosas propiedades donde daban grandes bailes y banquetes.

La alta burguesía comprendía, además de los banqueros, a los grandes industriales metalúrgicos y textiles, a los miembros de profesiones liberales, de la administración, del ejército y de la diplomacia. Poseedores todos ellos de grandes rentas, se hacían construir confortables mansiones en los llamados «barrios burgueses», recibían a sus amigos, lanzaban las modas, tenían sus palcos en el teatro, frecuentaban las estaciones termales, ahorraban para los estudios del hijo y para la dote de la hija.

A este estilo de vida aspiraban todos los pequeños burgueses, patrones de empresas particulares que no empleaban más que un número muy reducido de obreros (forma de empresa muy utilizada entonces), comerciantes, hombres de negocios… Muy embrionaria aún en la Europa Oriental, la clase burguesa tendía a triunfar, económica y políticamente, en los países más avanzados, acabando con la dominación de los terratenientes: el advenimiento de Luis Felipe en Francia y la abolición de las «cornlaws» en Inglaterra dan testimonio de ello.

La burguesía fue básicamente liberal, no tanto en su adscripción a un partido, sino mediante un senti-do más amplio relativo a cómo entender la sociedad. Creía en el valor del dinero y la fuerza del trabajo personal, en la empresa privada y en la competitividad, todo dentro de un mundo en el que los progresos técnicos y científicos eran acogidos como muestras de una superioridad innegable, al tiempo que como algo plenamente necesario y asumido.

En un principio, la burguesía estuvo excluida del gobierno de la nación-estado, en buena medida por su falta de interés por los asuntos públicos. Pero el desarrollo histórico del siglo XI supuso la emancipación política de la burguesía. La burguesía había conseguido el poder económico y éste trajo consigo la ocupación del poder político.

En nombre del liberalismo: El movimiento liberal fue el primero que arremetió contra el orden absolutista europeo. El liberalismo es una filosofía global subordinada completamente a la idea de libertad individual. El interés del individuo tiene prioridad ante el de la colectividad, ante el grupo. Este sistema de pensamiento tiene en política consecuencias considerables. Los liberales desconfían del Estado y del poder que, según ellos, debe estar dividido y distribuido entre varias instituciones independientes y soberanas. En el contexto político de los años 1820, esto consiste en reivindicar una constitución escrita que limite la autoridad del soberano y que cree contrapoderes eficaces. El liberalismo no cuestiona la idea monárquica, sino la fórmula absolutista, contra la cual no existe un arma más eficaz que la separación de poderes.

La Alimentación y Los Nuevos Gustos: En Europa comienza una mejora real de la alimentación y que sigue basándose en el pan y en la carne, pero con el agregado de nuevos productos. El azúcar, empieza a extenderse de forma considerable y su exportación, de América hacia Europa, conocerá un progresivo aumento, ya que el único azúcar que se conoce proviene de la caña de azúcar que sólo puede cultivarse en países cálidos. Obviamente la posición acomodada de la burguesía le permite consumir a diario este tipo de alimentos novedosos.

El Alcohol: El alcohol resultante de la destilación de las frutas, que aparece en el s. XII, sigue siendo durante largo tiempo propiedad exclusiva de los boticarios, pues no logra introducirse en el consumo cotidiano hasta el s. XVIII, en que empiezan a instalarse numerosas destilerías en las proximidades de los viñedos. También se extiende por entonces el uso de los licores, vendidos en un principio como remedios y que más tarde servirán de sustitutos del vino y de «evasivos» de las miserias de la vida.

Café: El café llega a Venecia desde Oriente en el s. XVII, y se va implantando en Europa a partir de Francia. En 1670 se vendía por las calles de París, y es entonces cuando se abren esos establecimientos, conocidos con el nombre de «cafés», que desempeñarán un gran papel a lo largo del s. XVIII, porque en ellos nacerá la tertulia y conocerá una verdadera expansión la palabra humana. El café, lugar civilizado y acogedor, desplazará también en España otros establecimientos.

El tabaco: El tabaco, como el café, es uno de los estimulantes que precisa la sociedad para evadirse de sus propias angustias. Pronto va a difundirse por el mundo entero gracias a una rápida comercialización que multiplicará sus usos, puesto que puede tomarse, masticarse o fumarse. El tabaco, que en un principio había sido prohibido por muchos gobiernos, se verá poco a poco incluido entre los bienes reservados al monopolio estatal.

La moda: La búsqueda del confort y de una vida más lujosa propicia el que la moda conquiste en la sociedad de los nobles y burgueses un lugar hasta entonces desconocido. Las modas dependen estrechamente de las mutaciones de la industria textil. Así, en el s.XVIII, se introducen en el mercado las cotonadas estampadas, llamadas «indianas», que tendrán mucho éxito entre las mujeres europeas.

La belleza: Gracias a los progresos de la higiene que se dan en los Países Bajos primero, y después en Italia, los cuidados dedicados a la belleza del cuerpo y a la preservación de la salud cambian ligeramente de naturaleza. El llevar barba o pelo largo parece estar ligado a cambios de sensibilidad casi inexplicables, pero el gusto por la cosmética y los perfumes depende en gran medida de la influencia de los productos exóticos. Poco a poco se abren de nuevo los baños públicos, tan populares en la Edad Media y que habían desaparecido completamente en el s.XV, salvo en Rusia y en los países escandinavos.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Primeras Líneas de Ferrocarril en Europa Resumen

Resumen de la Primeras Líneas de Ferrocarril en Europa

El primer medio de transporte a vapor que se desarrolló fue el barco. Pero entrado ya el siglo XLX se potenció uno terrestre, el ferrocarril, que pasó a ser decisivo para el crecimiento económico de las naciones. En 1829 se terminó de imponer la locomotora con el modelo construido por George Stephenson (la «Rocket», el cohete), que fue la primera en transportar pasajeros.

El despegue de la industria ferroviaria trajo consigo, en forma casi inmediata, la demanda de productos siderúrgicos. Y la necesidad del trazado de vías requirió la ocupación masiva de obreros que, en un primer momento itinerantes, pasaron después a formar parte de la planta fija en la administración o en el mantenimiento de los coches.

Al comienzo de su invención los trenes no pasaban de una velocidad máxima de 10 km/h, pero ya en 1850 estaban en condiciones de recorrer las vías a 10C km/h: toda una revolución para la época.

Cuando losferrocarriles se instalaron en las colonias, fueron utilizados por los gobiernos dominantes como medio de transporte para sus tropas, lo que les permitió ejercer un mayor control sobre aquellos países.

La construcción de las primeras redes ferroviarias europeas se remonta a 1830 en Gran Bretaña y Francia, y pronto se extendió por todo el viejo continente.  En Gran Bretaña el crecimiento fue rápido y la longitud total de la red pasó de 800 km en 1837 a 12.000 en 1852.

En Francia el gobierno tomó la decisión de extender la red por todo su territorio adoptando la forma de una estrella cuyo centro fue, naturalmente, la ciudad de París.

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INTRODUCCIÓN A LA ÉPOCA: El innegable progreso industrial europeo que ha posibilitado la era del vapor (la producción se dobló entre 1815 y 1848) tuvo también profundas crisis, cuyas causas sería necesario buscar en un desequilibrio persistente entre la oferta creciente da los productos y una demanda que la situación precaria de la mayoría de los hombres no permitía extender.

Para detener este desequilibrio y evitar la competencia de los productos extranjeros, todas las naciones establecieron barreras aduaneras. Economistas como Ricardo, J. B. Say, Stuart Mill, discípulos de Adam Smith, criticaron violentamente a estas políticas proteccionistas en nombre del liberalismo económico.

«El progreso económico —afirmaban— no puede resultar más que de la libertad más absoluta; si no hay ninguna traba, la producción se ajustará siempre a la demanda por medio de las fluctuaciones de los precios.» Incluso era de interés general que cada nación se especializase en aquellas producciones para las que era más apta, y que las mercancías circulasen libremente entre los países.

El transporte por ferrocarril revolucionó el comercio, llevando productos más rápidamente que nunca. Vastas regiones del interior, antes demasiado aisladas para ser pobladas en gran escala, eran ahora accesibles al comercio, a la agricultura comercial y a la construcción de ciudades, a medida que surgían comunidades enteramente nuevas a lo largo de las vías férreas.

LA REVOLUCIÓN DE LOS TRANSPORTES.
EL FERROCARRIL
Aunque la aparición del ferrocarril debía revolucionar los transportes tradicionales, estos últimos no fueron por ello menos importantes en su época.

Los progresos en la construcción de carreteras, gracias a  la  infraestructura  de   grava   ideada  por Mac Adam, permitieron a la diligencia reinar sobre sus competidores; estos pesados coches transportaban hasta 20 viajeros, alcanzaban los 23 Km. por hora y proporcionaban trabajo a miles de cocheros y posaderos. Las mercancías pesadas se mandaban por vía marítima. Sin embargo, el ferrocarril las condenó rápidamente a un papel secundario.

La introducción del ferrocarril no iba a producirse sin múltiples resistencias. En la primera locomotora construida por el inglés Stephenson en 1814, y que recorrió 7 Km. por hora, los más avisados no vieron más que un medio de activar el transporte de carbón en las minas, y, efectivamente, las primeras líneas, como la de Darlington-Stockton en Inglaterra (1828), tenían como única misión la evacuación del mineral.

Pero los rápidos progresos conseguidos por Stephenson, que en 1830 realizó una segunda locomotora, «el cohete», que recorría 22 Km. por hora, y los alcanzados por Seguin y Crampton inventores de los raíles de acero, de los frenos automáticos, de vagones mucho más perfeccionados, hicieron comprender a los ingenieros y a los capitalistas más clarividentes el partido que podrían sacar de aquel invento.

En Inglaterra, la opinión pública se mostró, desde el primer instante entusiasta, y las compañías privadas pudieron construir libremente una red que en 1850 se afirmó como la primera del mundo.

ferrocarill en europa

En los otros países de Europa, la desconfianza psicológica y la oposición de una multitud de intereses fueron un poderoso freno para el desarrollo ferroviario. La creencia de que la velocidad volvía ciegos o locos a los viajeros, se unía a la hostilidad de los carreteros, de los mesoneros, de los granjeros que temían por su ganado, a la falta de capital, a la desconfianza de los accionistas que preferían permanecer fieles a las sólidas rentas del Estado a lanzarse a la ventura, al conservadurismo de los nobles y de los parlamentarios.

Estos hechos explican por qué, a pesar de las campañas de hombres como Pereire o Chevalier, apoyados por grandes industriales o financieros, la red francesa no se puso en marcha sino a partir de 1837. Francia debe al barón James de Rothschild su primera línea París-Saint Germain. La inauguración fue grandiosa, y el ejemplo pronto imitado en todo el territorio. Pero, en  1848, los pequeños trayectos no cubrían aún más que 3.000 Km Italia, Bélgica y Alemania se lanzaron tambien a la construcción de líneas férreas.

En este último país, constituían un factor de terminante para la formación del «Zollverein» (unión aduanera); obtuvo también el apoyo de los liberales como el economista Federico List que redactó una gran carta de ferrocarriles y que inició una suscripción para la construcción de la línea Leipzig-Dresde.

En 1850, Alemania tenía 5.000 Km. de vías y contaba con uno de los grandes ejes europeos en la transversal Aquisgrán-Hannover-Berlín. Había comenzado el reinado de las grandes compañías de ferrocarriles.

Al principio, las vías eran de hierro fundido, pero pronto fueron sustituidas por hierro forjado, más duradero, y luego por vías de acero. A partir de ese momento, la expansión del ferrocarril fue rápida, y al cabo de cincuenta años cubría vastas extensiones en todos los continentes. La llegada del ferrocarril fue muy significativa para la apertura de grandes mercados para los productos manufacturados de la Revolución industrial, así como para abastecer de materias primas a las hambrientas fábricas del Oeste. No se puede subestimar la importancia de la apertura del oeste norteamericano con la expansión del ferrocarril.

En la primera mitad del siglo, se vio también la aparición de los primeros barcos a vapor accionados por medio de carbón y dotados de hélice. Aunque atravesaban el Atlántico en 17 días, en lugar de los 40 tradicionales que empleaban los veleros, presentaban aún muchos inconvenientes y no lograron suplantar a sus competidores a vela, que fueron objeto de constantes, mejoras, como el «clipper» americano.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

El Romanticismo en la Literatura y Arte Características Resumen

ORIGEN Y CARACTERÍSTICAS DEL ROMANTICISMO EN LA LITERATURA

El XIX fue un siglo de grandes avances científicos que cambiado la visión del mundo y que provocaron un progreso sin precedentes en la historia. También fue un período de gran riqueza artística y cultural, y fue a principio de este siglo cuando en Europa se difundió un movimiento artístico e intelectual conocido como: Romanticismo.

El romanticismo tuvo su inicio en Alemania, cuando un grupo de poetas alemanes empezó a acentuar la emoción, el sentimiento y la importancia de los sentimientos más íntimos en sus obras.

GRANDES AUTORES DEL ROMANTICISMO:

1-Víctor Hugo

2-Wolfgang von Goethe

3-Thomas Carlyle

4-Los Hermanos Grimm

5-Alejandro Dumas

El Romanticismo es una reacción contra el predominio de la razón. Por esto presta particular atención al individuo, al hombre; pero no en el sentido humanista propio del Renacimiento, sino en una forma difusa en la que predominan el sentimiento y la emoción.

Se vuelve la vista al pasado, en particular a los tiempos medievales, y se presta una atención desmesurada a la figura del héroe, de los castillos en ruinas, de los atardeceres dulces, de una naturaleza mixtificada, idealizada por escritores y artistas que no la conocían, generalmente, más que a través de producciones literarias o pictóricas.

El contacto con la realidad era mínimo, y el predominio de la fantasía enorme, sólo superado por el del sentimiento.

Los primeros románticos deben situarse a fines del siglo XVIII donde  ya  se estaba formando este nuevo movimiento intelectual para desafiar las ideas de la Ilustración.

Aunque algunos historiadores han sostenido que el romanticismo era más un «estado de ánimo» que un movimiento, revolucionó la pintura, la literatura y la música en la primera mitad del siglo XIX.

Durante la primera mitad del siglo XIX se consolida este movimiento  romanticista caracterizada por el espíritu de rebeldía, la valoración de la naturaleza y la supremacía de la imaginación sobre la razón. Se puso de moda la novela histórica.

La poesía expreso de  sentimientos exaltados. El teatro rompió con las normas clásicas. Entre los escritores románticos destacan el alemán Goethe, los ingleses lord Byron y Walter Scott y el francés Víctor Hugo.

Víctor Hugo

Escritor Romántico Víctor Hugo

Se puede decir que frente a aquel estado racional, que en el siglo XVIII la ilustración había enseñado y difundido como método para llegar a la verdad, nace el romanticismo como un movimiento indomable e impetuoso, exaltando al hombre, a la naturaleza y belleza como manera de expresar ese espíritu de rebeldía , de liberación y autonomía, que acaparó todas las áreas del pensamiento humano y se materializó a través de la creación artística, en la literatura, la música y el arte,  durante medio siglo.

Fue una reacción contra la preferencia de la razón durante la Ilustración en la búsqueda de la verdad.

Si bien los románticos, especialmente los iniciales, de ningún modo menospreciaban la razón, trataban de balancear su uso acentuando la importancia de la intuición, el sentimiento, la emoción y la imaginación como fuentes de conocimiento.

Como lo expresara un romántico alemán: «Fue mi corazón el que me aconsejó hacerlo, y mi corazón no puede equivocarse».

El Romanticismo, fue un movimiento intelectual surgido en Europa a partir de la finalización de las guerras napoleónicas (1815). Se opuso al pensamiento basado en la razón y a la búsqueda de la objetividad en opiniones o juicios. La irracionalidad romántica sostuvo que los grandes pensamientos se originan en el corazón, exaltando así el valor de la sensibilidad individual como modo de interpretar el mundo.

CARACTERÍSTICAS: El romanticismo tuvo su inicio en Alemania, cuando un grupo de poetas alemanes empezó a acentuar la emoción, el sentimiento y la importancia de los sentimientos más íntimos en sus obras.

Un importante modelo romántico fue la trágica figura en Las cuitas del joven Werther, una novela del gran escritor alemán Johan Wolfgang von Goethe (1749-1832), quien rechazó más tarde el romanticismo a favor del clasicismo.

Wolfgang von Goethe

Wolfgang von Goethe

Werther era un personaje romántico que buscaba la libertad para realizarse. Incomprendido y rechazado por la sociedad, seguía creyendo en su propia valía por medio de sus sentimientos más íntimos, pero su profundo amor por una joven que no le amaba lo condujo finalmente a cometer suicidio.

A raíz de Las cuitas del joven Werther, de Goethe, aparecieron numerosas novelas y obras de teatro cuyos argumentos giraban en torno de jóvenes doncellas trágicamente sacadas del curso de sus vidas a temprana edad (veintitrés años era la más común), por enfermedad (comúnmente la tuberculosis, en ese tiempo extendido padecimiento que solía ser mortal), para dolor e infortunio de sus enamorados.

La característica importante del romanticismo era el indivial interés por los rasgos peculiares de cada persona.

El deseo de los románticos de seguir sus más íntimos impulsos los llevaba a rebelarse contra las convenciones de la clase media. El cabello largo, las barbas y la vestimenta escandalosamente anticonvencionales servían para reforzar el individualismo que los jóvenes románticos trataban de expresar.

El sentimiento y el individualismo llegaron juntos con la importancia que los románticos otorgaban a lo heroico.

El héroe romántico era el genio solitario, listo para desafiar al mundo y sacrificar su vida por una gran causa.

Sin embargo, en manos del escritor británico Thomas Carlyle (1795-1881), el héroe romántico no se destruía a sí mismo en protestas ineficaces contra la sociedad, sino que la transformaba.

Thomas Carlyle

Thomas Carlyle (1795-1881)

En sus obras históricas, Carlyle hacía hincapié en que los acontecimientos de la historia eran determinados, en su mayor parte, por las hazañas de tales héroes.

Muchos románticos creían que los estados y las sociedades, como los organismos individuales, evolucionaban a través del tiempo y que cada pueblo tenía un Geist o espíritu que lo hacía único.

Esta perspectiva inspiró a los románticos a estudiar historia, pues veían en ésta una forma de entender cómo una nacionalidad era lo que era.

Esta inclinación histórica se manifestó en muchas formas. En Alemania, los hermanos Grimm recopilaron y publicaron cuentos de hadas locales, como lo hizo Hans Christian Andersen en Dinamarca.

El renacimiento de la arquitectura gótica medieval dejó la campiña europea sembrada de castillos y ciudades seudomedievales pobladas de catedrales, ayuntamientos, edificios parlamentarios y hasta estaciones de ferrocarril en grandioso estilo neogótico.

Los Hermanos Grimm

Los Hermanos Grimm

La literatura también reflejó esta conciencia histórica. Las novelas de Walter Scott (1771-1832) se convirtieron en éxitos europeos de librería en la primera mitad del siglo XIX. Ivanhoe, en la que Scott trató de evocar el choque entre los caballeros sajones y normandos en la Inglterra medieval, se convirtió en una de sus obras más populares.

En el continente, Alejandro Dumas (1802-1870) conquistó igualmente fama por sus evocaciones históricas. La más famosa fue Los tres Mosqueteros, con su vivido retrato de los aventureros arrogantes de la Francia del siglo XVII.

Alejandro Dumas

Alejandro Dumas

«El romanticismo fue estimulado por el casi descubrimiento de la Edad Media a fines del siglo XVIII. Con sorpresa descubrieron que sus antepasados habían construido castillos y catedrales que no tenían nada que envidiar a las obras de los griegos. Parecían querer abandonar la superficie del suelo para lanzarse a lo alto, rompían con todas las leyes y cánones convencionales para conformarse a una inspiración individual, mística y romántica. Por esto el escenario preferido de los románticos son las catedrales y los castillos.»

LA LITERATURA ROMÁNTICA INGLESA Y FRANCESA. George Gordon, más conocido por su título de Lord Byron (1788-1824), es el prototipo del romántico. Viajó mucho, sufrió e hizo sufrir, y su exaltación por la libertad y el idealismo le llevó a marcharse a Grecia para ayudar a los helenos a luchar contra Turquía.

Murió en Missolongui, una aldea que se hizo célebre por las matanzas que en ella realizaron los turcos. Su fama fue extraordinaria en Europa. Su principal poema es Childe Harold y no pudo sustraerse a la atracción del mito hondamente romántico de la figura de Don Juan a la que dedicó un poema.

Otro poeta inglés famoso fue Shelley (1792-1822), autor de la elegía Adonais, escrita en recuerdo de la muerte de Keats (1795-1821), otro poeta inglés que murió tuberculoso en Roma, y autor de un poema titulado Endimion. En cambio, Walter Scott (1771-1832) era hombre creyente y poco amigo de aventuras personales.

Escribió algunas novelas en las que exalta el heroísmo de los escoceses que vivieron en la Edad Media. Muy conocidas son Ivanhoe, Quintín Durward, Rob Roy, etc.

En Francia, una de las primeras figuras del Romanticismo fue Francisco Renato de Chateaubriand (1768-1848), que estuvo en Inglaterra huyendo del dominio de Napoleón, y volvió a Francia cuando se restauró la monarquía. Su principal obra es El Genio del Cristianismo, destinada a combatir la propaganda antirreligiosa de la época.

El movimiento romántico produjo en Francia gran número de figuras: Alfonso de Lamartine (1790-1869), autor de los libros de poesías titulados Meditaciones: Alfredo de Vigny (1797-1863), noble, y hombre muy pesimista, que vivió casi siempre recluido en su castillo.

Escribió, entre otros poemas, Los destinos y El diario de un poeta. De Alfredo de Musset (1810-1857) se recuerda su pasión por la escritora George Sand, y su poema Noches.

La figura más notable de esta época, en Francia, es Víctor Hugo (1802-1885). Hijo de un general de Napoleón consiguió triunfar después de la caída de la Restauración. Se convirtió en una gloria nacional, incluso en vida. Como poeta escribió Orientales, Baladas, Odas, etc., pero es más conocido como novelista; su drama Hernani entusiasmó a los románticos.

Sin embargo, su celebridad se la proporcionaron, entre otras, las novelas Nuestra Señora de París y Los Miserables, ambas muy divulgadas.

Contemporáneo del anterior fue Alejandro Dumas (1803-1870). Era un hombre alto y fuerte, amigo de los placeres, que en su vejez tuvo que ser auxiliado económicamente por su hijo a pesar de haber ganado muchísimo dinero, pues fue autor de 157 novelas entre las que se recuerdan Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo.

También fue autor de varios dramas, entre ellos Enrique III, y Antony. Su hijo, llamado también Alejandro (1824-1895), escribió la conocida novela La dama de las camelias, expresión acabada del gusto romántico.

EL ROMANTICISMO ALEMÁN. Su fundación se debe propiamente a un filósofo más que a un literato, Johann Herder, pero las figuras cumbres fueron Schiller y Goethe.

Juan Cristóbal Federico Schiller (1759-1805) fue un hombre del siglo XVIII, pero su obra merece ser clasificada entre los románticos. Como poeta escribió El canto de la campana, pero se entusiasmó pronto por los temas históricos en los que el héroe o la heroína llenan toda la acción.

Así, escribió las obras dramáticas Los bandidos, Wallenstein, La doncella de Orleans, Guillermo Tell, etc., cuyo solo enunciado demuestran la tendencia del escritor.

Juan Wolfgang Goethe (1749-1832) era un caballero acomodado, hijo de un consejero imperial. El desahogo económico en que vivió le dejó libre de toda preocupación monetaria. Viajó mucho y se enamoró de Italia, en especial de Venecia.

En su joventud fue uno de los componentes del movimiento «Sturm und Drang», citado al hablar del siglo XVIII. Entonces escribió su Goetz von Berlichingen.

Pero su aportación máxima ha sido el Fausto, que consta de once mil versos y explica la leyenda del hombre que vendió su alma al diablo a cambio de eterna juventud. Es un poema filosófico de gran perfección literaria.

Goethe fue un poeta lírico muy notable y al mismo tiempo un científico interesado por los estudios de Óptica y Biología. Se cuenta que, después de publicarse su novela Weriher, en París aumentó de forma considerable el número de suicidas.

En esta obra se relata el amor imposible del joven Werther por Carlota. Al casarse ésta con su prometido, la desesperación de Werther le empujó al suicidio. Su influencia en la juventud de la época fue grandiosa.

EL ROMANTICISMO EN OTROS PAÍSES.
En Italia apareció la novela Los novios, debida a Alejandro Manzoni (1785-1873), historia de dos desdichados prometidos. La tristeza insondable de Silvio Pellico (1788-1854) le llevó a escribir el poema Mis prisiones y la tragedia Francesca de Rimini.

En Polonia, Adán Misckiewicz (1798-1855) compuso un poema en doce cantos titulado Pan Tadeux. En Rusia, el Romanticismo se encarnó en la figura de Alejandro Puschkin (1799-1837), cuya vida terminó en un duelo. Escribió Eugenio Oneguin y Boris Gudonov, entre otras obras. Nicolás Gogol (1809-1852) fue el precursor de la novela realista que en Rusia daría las figuras cumbres de su literatura.

Fue el autor de Taras Bulba y Las almas muertas. En América, el Romanticismo tomó otro aspecto muy distinto del europeo. Merecen recordarse los poetas Hawthorne., Longfellow y Edgard Allan Poe (1809-1849). Este último alcanzó gran fama como novelista especializado en relatos terroríficos que hoy llamaríamos policíacos.

Es el autor de El escarabajo sagrado, Crimen en la calle Morgue, Aventuras de Arturo Gordon Pym, etc. Entre sus poesías destaca El cuervo. El alcoholismo le llevó prematuramente a la sepultura.

EL ROMANTICISMO EN ESPAÑA. Este movimiento literario penetró en la Península Ibérica al regresar los exilados por el absolutismo de Fernando VII, y registra su máxima influencia a partir de 1835.

Las figuras representativas son numerosas y de dispar tendencia, pues en algunas lo romántico no impide la conservación de la tradición, mientras que en otras lleva implícita la idea revolucionaria y, a veces, francamente descreída.

En todos ellos, sin embargo, se da una mezcla de genio y bohemia. Es el tiempo en que la tristeza, el vino, los excesos de la vida y la fácil desesperación llevan en ocasiones al suicidio y, por tanto, a pintar con negras sombras la humana existencia.

En la imposibilidad de citar a todas las figuras destacadas, vamos a nombrar las más importantes.

José de Espronceda (1808-1842) se entregó a la política liberal, se enamoró perdidamente de una mujer llamada Teresa, a quien dedicó su Canto a Teresa, estuvo desterrado en Londres y en París, pero volvió a España donde ejerció algún cargo político.

Es el autor de El diablo mundo, Canción del pirata, Himno al Sol, El canto del cosaco, etc. Sus poesías líricas se consideran como d.e las mejores del romanticismo español.

El sevillano Gustavo Adolfo Becquer (1836-1870) es el autor de Rimas, poesías generalmente muy cortas, pero muy delicadas, y las conocidas Leyendas, escritas en prosa, que recogen narraciones reales que el escritor transformó a impulsos de su prodigiosa fantasía.

Casi todos los escritores de este período, si bien destacaron en otros géneros son esencialmente poetas, pues la mayoría de obras dramáticas están escritas en verso.

Francisco Martínez de la Rosa (1787-1862) era un hombre equilibrado y digno. Destacó como dramaturgo en La viuda de Padilla, Aben Humeya y La conjuración de Venecia.

Ángel Saavedra, duque de Rivas (1797-1865), llegó a ministro de la Gobernación a pesar de haber sido en su juventud un gran revolucionario. Como poeta son conocidas Un castellano leal, El moro expósito, El faro de Malta y sus Romances históricos.

Su obra dramática más importante es Don Alvaro o la fuerza del sino, que parece una exaltación de la fatalidad.

Don Alvaro mata al padre de su prometida y, sucesivamente, por hechos que no puede evitar, a sus dos hermanos hasta que por fin aquélla muere a manos de su hermano. La obra termina con el suicidio de Don Alvaro.

Coetánea de la anterior es la famosísima obra titulada Don Juan Tenorio, cuyo argumento no es necesario explicar.

Su autor, José Zorrilla (1817-1893) fue un notable poeta y autor dramático que escribió, además, El zapatero y el Rey, Traidor, inconfeso y mártir, El puñal del godo, etc., todas ellas consideradas, por el propio autor, como tanto o más interesantes que su Tenorio. Sin embargo, la popularidad alcanzada por ésta ha superado la de cualquier otra obra teatral escrita en castellano.

Entre los prosistas románticos ninguno tan típico como Mariano José de Larra (1809-1837). Como hijo de su tiempo, se enamoró de una mujer con la cual el amor era imposible.

Al negarse ésta a prolongar las relaciones, Larra se suicidó. En el momento de darle sepultura, un muchacho se adelantó y recitó con gran emoción una poesía en honor a Larra. De este modo se dio a conocer Zorrilla.

 Mariano José de Larra

Mariano José de Larra (1809-1837)

Larra era un humorista fino y observador. Sus artículos El castellano viejo y Vuelva usted mañana, sátira de costumbres, tienen todavía validez en la actualidad. Escribió la novela El doncel de don Enrique el Doliente, y Maclas, un drama. Su fama también se la merece por sus artículos periodísticos, verdadera disección de la sociedad de su tiempo y de todas las épocas.

Los Amantes de Teruel es un drama debido a la pluma de Juan Eugenio de Hartzenbusch (1806-1880).

Como puede verse por esta somera, exposición de obras y autores, el Romanticismo literario amaba la tristeza, el dolor, la fatalidad, el sentimiento llevado hasta extremos patológicos y la exaltación de figuras en las cuales veía todas las virtudes. No olvidemos que el siglo pasado fue el siglo de la tuberculosis.

Son muchos los artistas que murieron de este mal, que acrecentaban con una vida desordenada y los abusos del alcohol. Entre las mujeres la anemia hacía grandes estragos, y como era admirada la figura delicada, casi inmaterial y espiritualizada, se producían innumerables muertes prematuras de las que muchas veces podía culparse a las corrientes literarias de la época, es decir, a lo que hoy llamaríamos la moda.

PRINCIPALES AUTORES DEL ESTILO ROMÁNTICO

1736-1796    James Macpherson    (I)
1749-1832    Johann W. Goethe    (A)
1757-1827    William Blake    (I)
1759-1805    Friedrich Schiller    (A)
1766-1817    Germaine de Staél    (F)
1767-1845    August W. von Schlegel    (A)
1768-1848    Rene de Chautebriand    (F)
1770-1843    Friedrich F. Hólderlin    (A)
1770-1850    William Wordsworth    (1)
1771-1832    Sir Walter Scott    (I)
1772-1801    Novalis    (A)
1772-1829    Friedrich von Schlegel    (A)
1772-1834    Samuel T. Coleridge    (I)
1773-1853    Johann Ludwig Tieck    (A)
1775-1817    Jane Austen    (I)
1777-1811    Heinrich von Kleist    (A)
1785-1863    jakob Grimrn    (A)
1785-1873    Alessandro Manzoni    (lt)
1786-1859    Wilhelm Grimrn    (A)
1787-1862    Francisco Martínez de la Rosa    (E)
1788-1824    Lord George Gordon Byron    (I)
1790-1869    Alphonse de Lamartine    (F)
1791-1865    Duque de Rivas    (E)
1792-1822    Percy B. Shelley    (I)
1795-1821    john Keats    (I)
1797-1863    Alfred de Vigny    (F)
1798-1837    Giacomo Leopardi    (lt)
1799-1837    Aleksander Pushkin    (R)
1802-1885    Víctor Hugo    (F)
1806-1880    Juan E. Hartzenbusch    (E)
1808-1842    ]osé de Espronceda    (E)
1808-1855    Gérard de Nerval    (F)
1809-1837    Mariano José de Larra    (E)
1809-1852    Nikolai Gogol    (R)
1810-1857    Alfred de Musset    (F)

I: Inglés, It: Italiano, F:Francés, E:Español, A:Alemán, R:Ruso

EL ROMANTICISMO EN EL ARTE.

El arte romántico en Europa no tuvo la coherencia de la literatura del mismo período. Confrontado a situaciones políticas y culturales muy diferentes, el romanticismo se manifestó en cada país de modos muy diversos.

Más que un movimiento, una corriente: La pintura romántica se desarrolló a lo largo de la primera mitad del siglo XIX en el continente europeo. Apareció en Alemania poco antes de la Revolución Francesa en torno de Goethe y del Círculo de lena, y encontró su apogeo en Francia durante la Restauración, en momentos en que ya había alcanzado solidez en Gran Bretaña.

De esta disparidad cronológica y cultural emergió, sin embargo, una voluntad común, encontrar un lugar de mayor exaltación que el ofrecido a esta generación y producir, sobre todo en Francia, una obra comprometida con la lucha por la libertad de los hombres, de los pueblos y, naturalmente, del arte mismo.

Villet le Duc fue un arquitecto francés tan enamorado del Medioevo que resucitó el estilo gótico, del mismo modo que el Renacimiento había resucitado lo clásico. La arquitectura del siglo XIX sufrió una profunda desorientación. Son rarísimos los edificios que puedan merecer el honor de figurar en una historia del Arte. A fines del mismo, la aparición del cemento y el acero se disponen a dar paso al funcionalismo y a las modernas formas, propias del siglo XIX.

La pintura está influida, naturalmente, por las ideas románticas. Así, David, del cual se habló al citar el Neoclásico, representa un periodo de transición, y lo mismo podría decirse de Ingres (1780-1867), mucho más influenciado por el Romanticismo.

El francés Delacroix (1798-1863) había vivido las luchas apasionadas de las revoluciones del 30 y del 48. Es célebre su Libertad guiando al pueblo, en el cual el contraste de colores y la fuerte luz crean una impresión muy viva.

Millet fue un pintor delicado, monótono, enamorado de la vida aldeana. Gustavo Doré, un notable dibujante, maestro de la luz y de las sombras.

Fue una época poco brillante que hoy nos parece un compás de espera ante el gran movimiento de renovación pictórica que llegó a fines de siglo, impulsado por el Realismo y el Naturalismo.

Una temática literaria: El romanticismo forjó una iconografía propia, basada en la literatura y en el exotismo de las nuevas fuentes de inspiración.

La fascinación que produjeron la Edad Media y lo fantástico en los artistas los llevó a explorar las obras de Dante, Shakespeare, Goethe, Walter Scott, Chateaubriand o Macpherson (autor de una superchería literaria publicada con el seudónimo de Ossian), así como los cuentos populares y las visiones de un Oriente cargado de erotismo.

La pintura histórica, el género más noble de la Academia, fue transformada poi este aporte, y al abordar también temas contemporáneo; borró las fronteras entre los géneros.

A las pintorescas escenas sentimentales de carácter histórico respondieron escenas de género cuyo; formatos y elocuencias erar los de las pinturas históricas Asimismo, el paisaje, alejadc de sus funciones mitológicas experimentó un desarrolle sin precedente: en Alemania, con la pintura simbolista de Caspar David Friedrich; er Gran Bretaña, con John Constable y William Turner, y er Francia, con los miembros de la escuela de Barbizon.

La consolidación de un lenguaje pictórico: Este gran cambio de géneros y motivos no estaría completo si no hubiese inducido una profunda metamorfosis en la concepción y en la función del arte, así como en el papel que desempeñaba el artista. Los nuevos medios pictóricos debían responder a estos nuevos dominios de la representación y a estos nuevos estímulos de la imaginación.

No es menor el mérito de Turner, Goya o Delacroix al haber sabido producir una pintura en la que la pasión de los sentimientos pasaba antes que todo por la reconquista de una gestualidad, el replanteamiento del colorido y la expresión de la intención artística.

Al forjar una práctica fundada en una visión personal, los grandes artistas del romanticismo transformaron el rol del artista. Este se convirtió en un profeta del mundo interior y fue investido de una misión de mediador. Pasó de ser un simple escribano para transformarse en una conciencia que manifestaba en sus obras su compromiso con el mundo, por sobre toda tiranía de una belleza ideal.

Ver: Cronologia Compositores de Música Clásica

Ver: El Romanticismo en la Musica

Ver: Concepto de  Romanticismo

Ver: Poesia Romantica y Poesia Gauchesca en Argentina

Fuente Consultadas:
CONSULTORA Enciclopedia Temática Ilustrada Tomo 8 El Mundo Actual El Romanticismo Contemporáneo
HISTORIA VISUAL DEL ARTE Editoial Larousse El Romanticismo en el Arte
ENCICLOPEDIA UNIVRESAL DE CIENCIAS SOCIALES Editorial Océano
CIVILIZACIONES DE OCCIDNTE Tomo B Jackson J. Spielvogel
HISTORIA UNIVERSAL El Impacto de la Revolución Francesa Editorial Salvat La Fiebre Romántica

Teorías Políticas y Sociales del Renacimiento Ideas

Ideas y Teorías Políticas y Sociales del Renacimiento

Las ciencias sociales comienzan a aparecer, estimuladas por las explicaciones mecanicisticas y el desarrollo de las matemáticas: concurren los comienzos de la demografía, el establecimiento de los índices de mortalidad, de nacimientos, de probabilidades de sobrevivir.

Los ingleses predicen una duplicación de la población del globo cada veinticinco años, preparando los trabajos de Malthus.

Aparecen las primeras estadísticas económicas y los Estados comienzan a organizar seriamente el empadronamiento de la población; Vauban exigía en su «Diezmo Real» que fuera anual y detallado.

En Inglaterra, los pensadores comienzan a reflexionar sobre las nociones de soberanía, según su origen social, no contentándose ya con la vieja teoría del rey de derecho divino, lugarteniente de Dios, tal como la concebía la Francia de Luis XIV.

En su «Leviathan», Tomás Hobbes (1588-1679), uno de los fundadores de la escuela empirista inglesa, dedujo de su análisis mecanicista de las pasiones, que los hombres tratan de sobrevivir y de engrandecerse a expensas unos de otros, pero que para evitar los conflictos perpetuos que asolaban a la Humanidad, aceptan someterse a una autoridad superior, por medio de una especie de contrato que fundamenta el Estado, en el que ellos delegan una parte de sus poderes naturales.

El Estado es comparado con Leviatán, gigante compuesto de numerosos hombres.

En este terreno, John Locke (1632-1704), conseguiría una influencia capital ya que sus ideas influyeron enormemente en el liberalismo inglés, en la filosofía francesa del siglo XVIII y en los dirigentes de la Revolución americana.

Fue el primer teórico de la burguesía.

De una familia de comerciantes y de juristas, fue amigo de Lord Ashley, conde de Shaftesbury, ministro de Carlos II Estuardo, a quien siguió a Holanda en su desgracia, después del advenimiento de Jacobo II.

Regresó a Inglaterra pasada la revolución de 1688 y publicó sus célebres obras: «Ensayo sobre el entendimiento humano», «Carta sobre la tolerancia», «Dos tratados sobre el gobierno».

Racionalista y empirista, amplió considerablemente la idea del contrato social de Hobbes. Libres, iguales, guiados por la razón, los hombres gozarían de los derechos naturales otorgados por Dios.

Pero deben, para vivir en sociedad, ligarse a un gobierno que proteja sus derechos y propiedades.

El soberano también se encuentra ligado por el contrato. No puede disponer arbitrariamente de las personas y de los bienes.

Las leyes, iguales para todos, deben ser elaboradas por una asamblea. Si el soberano no respeta el contrato, sus subditos deben considerarse desligados de su juramento.

Locke justificaba la rebelión contra Jacobo II y el advenimiento de Guillermo de Orange en 1688, rey legítimo porque lo había refrendado el consentimiento de la nación. Fue el primero en afirmar la necesidad de la separación de poderes, idea en la que profundizará Montesquieu.

Escritor de finales del siglo XVII, Fontenelle es ya un  «hombre del siglo XVIII», por la libertad de su inteligencia, por su curiosidad universal, por su ausencia de espíritu religioso. En sus obras se inclina a someter los espíritus a un método científico,  inculcándoles la fe en el progreso. En su «Historia de la Academia» o en sus «Conversaciones  sobre  la  pluralidad de  los mundos», se esfuerza en convertirse en el profesor de filosofía de la gente mundana.

Del mismo modo, el poder legislativo debe estar por encima del ejecutivo. Así, las fuerzas políticas se equilibran recíprocamente, evitando la injusticia, la arbitrariedad, la tiranía.

Locke preconizaba, igualmente, la separación de la Iglesia y el Estado, la libertad de conciencia y la libertad de cultos; excluía, sin embargo, a los católicos y a los ateos.

Los primeros, porque hacen que la soberanía dependa de una gracia divina, obedecen a Roma y sus sacerdotes quieren dominarlo todo; los segundos, porque sus juramentos no tienen ninguna sanción.

A pesar de estas excepciones, puede juzgarse la «osadía» y la novedad que representaban los escritos de Locke para aquella época, sobre todo con relación a Francia, país en el que triunfaban la arbitrariedad y «el capricho real».

De ahí la extraordinaria «anglomanía» de los filósofos franceses del siglo siguiente, tales como Voltaire, para quien la doctrina de Locke fue un verdadero evangelio.

A finales de siglo, absolutismo de Luis XIV suscitó vivas críticas que, sin embargo, no favorecerían el progreso, porque emanaban de nobles humillados por el papel demasiado importante que el rey había concedido a los burgueses en sus Consejos y su administración.

Como Saint-Simon o Fenelón, los nobles querían limitar el absolutismo, pero en un sentido favorable a la nobleza exclusivamente: casta dominante en los Estados Generales y los Consejos Reales, rigurosamente cerrada, teniendo en todas partes la preferencia sobre los plebeyos, presidida por el rey, que no se olvida nunca de su fuerza.

Esta «reacción nobiliaria», que se desarrollará en el siglo XVIII, va a impedir la evolución de la sociedad francesa y favorecer la arrogancia de los privilegiados hostiles a todas las reformas liberales, lo cual conducirá a las tubulencias sangrientas de la revolución jacobina.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII La Gran Aventura del Hombre

Spinoza La Inferioridad de las Mujeres Filosofo Racionalista

Spinoza La Inferioridad de las Mujeres
Filosofo Racionalista

filosofo renacentistaBaruch de Spinoza (1632-1677) fue un filósofo que creció en la relativamente tolerante atmósfera de Amsterdam. Fue expulsado de la sinagoga de la ciudad a los veinticuatro años por rechazar los principios del judaísmo.

Condenado al ostracismo por la comunidad judía local, lo mismo que por las principales iglesias cristianas, Spinoza vivió una vida tranquila e independiente, ganándose la vida en  la preparación de lentes ópticos, y se negó a aceptar la cátedra de filosofía en la Universidad de Heidelberg por temor a comprometer su libertad de pensamiento.

Spinoza leyó gran cantidad de obras científicas y experimentó la influencia de Descartes.

Si bien apoyaba la aproximación racional cartesiana al conocimiento, Spinoza era reacio a aceptar las implicaciones de las ideas Descartes, en particular la división de mente y materia y la aparente separación de un Dios infinito del finito mundo material. Dios no era sólo el creador del universo, era el universo.

Todo está en Dios y nada puede separarse de él. Esta filosofía del panteísmo (otros la han clasificado como panenteísmo o monismo) fue formulada el libro de Spinoza Ética demostrada al modo geométrico, la cual no se publicó hasta después de su muerte.

Para Spinoza, los seres humanos no están “situados en la naturaleza como un dominio dentro de otro dominio»; sino que son tan parte de Dios o de la naturaleza, o del orden universal, como otros objetos naturales. El que no se haya podido entender a Dios ha conducido a malas interpretaciones, una de las cuales sostiene que la naturaleza existe sólo para el provecho personal.

«A medida que encuentran dentro y fuera de ellos mismos muchos de los medios que tanto los ayudan en su búsqueda de lo que es útil, digamos, los ojos que miran, los dientes que mastican, hierbas y animales que los proveen de comida, el Sol que les dá la luz, el mar que cría a los peces,llegan a ver la totalidad de la naturaleza como un medio para obtener innumerables conveniencias»

Además, por ser incapaces de encontrar otra causa de la existencia de estas cosas, las atribuyen a un Dios-creador al que deben vene­rar para conseguir sus propósitos: “De ahí se deduce que cada cual considerara para si mismo, de acuerdo con sus capacidades, una manera diferente de devoción hacia Dios, por lo que el Señor debería amarlo más que a sus iguales, y dirigir todo el curso de la naturaleza a la satisfacción de su ciega avidez e insaciable avaricia”.

Luego, cuando la naturaleza se presentó de manera hostil en forma de tormentas, terremotos y enfermedades, “declararon que ciertas cosas suceden porque los dioses están molestos por algún mal que les fue hecho a ellos por los hombres, o por alguna falta en su culto”, en lugar de comprender “que la buena y la mala suerte alcanzan a fieles e infieles por igual”? Del mismo modo, los seres humanos condenan moralmente las faltas ajenas al no poder entender que las emociones humanas, “pasiones de odio, ira, envidia y demás, consideradas en sí mismas, se siguen de la propia necesidad y eficacia de la naturaleza” y que «nada llega a suceder en la naturaleza que contravenga sus leyes universales”

Para explicar las emociones humanas, como todo lo demás, necesitamos analizarlas como lo haríamos con el movimiento de los planetas: “Trataré, en consecuencia, sobre la natura-fuerza de mis emociones conforme al mismo método que hasta este punto en mis investigaciones respecto a Dios y a la mente. Consideraré los actos humanos y los deseos exactamente del mismo modo que si estuviera ocupándome de líneas, planos y sólidos.

Todo tiene explicación racional y los seres humanos son de encontrarla. Valiéndose de la razón, la gente puede hallar la felicidad verdadera. Su libertad real llega cuando entienden el y la necesidad de la naturaleza y logran desprenderse de los intereses pasajeros.

La “natural» inferioridad de las mujeres
A pesar del desmoronamiento de antiguos conceptos y del surgimiento de una nueva visión del mundo en la Revolución Científica del siglo XVII, las actitudes hacia las mujeres seguían atadas a las perspectivas tradicionales. En esta selección, el filósofo Baruch de Spinoza arguye sobre la “natural” inferioridad de las mujeres ante los hombres.

Baruch de Spinoza, Tratado político

«Empero, preguntará acaso alguien, ¿están las mujeres bajo la autoridad de los hombres por naturaleza o por institución? Porque si ha sido por mera institución, entonces no tendríamos razón de para excluir a las mujeres del gobierno. Mas, si consultamos la experiencia, encontraremos que el origen de ello está en su debilidad. Porque nunca ha habido el caso de hombres y mujeres reinen juntos, sino en cualquier parte de la Tierra donde haya hombres, vemos que los hombres gobiernan, y las mujeres son gobernadas, y que en este plan ambos sexos viven en armonía. Pero, por otra parte, las amazonas, que se refiere que tenían el desde antiguo, no toleraban hombres en su país, pues criaban sólo a sus hijas hembras, y mataban a los varones que nacían de ellas. No obstante, si por naturaleza las mujeres fueran iguales a los hombres, y fueran distinguidas por la fuerza de carácter y la capacidad, en los cuales consiste principalmente el poder humano y, por ende, el humano derecho, seguramente entre tantas y diferentes naciones se encontrarían algunas en las que ambos sexos gobernaran por igual, y otras donde los hombres estuvieran gobernados por las mujeres, y así, criados de modo que puedan hacer menos uso de sus capacidades.

Y como este es el caso en ninguna parte, se puede aseverar con perfecta propiedad que las mujeres no tienen por naturaleza iguales derechos que los hombres: sino que necesariamente deben ceder ante ellos y que  no puede suceder que ambos sexos deban gobernar por igual  y mucho menos que los hombres deban ser gobernados por mujeres. Pero, si reflexionamos aún más sobre las pasiones humanas, como los hombres, de hecho, aman a las mujeres por la pasión del deseo, y estiman su astucia y sabiduría en proporción a la excelencia de su belleza, y también cuán opuestos son  los hombres a sufrir que las mujeres a las que aman muestren cualquier clase de favor a otros, así como otros hechos de esta clase, veremos fácilmente que los hombres y las mujeres no pueden gobernar por igual sin gran daño a la paz.»

Fuente Consultada: Filosofía David Papineaud Editorial BLUME

Biografia de FRIEDRICH NIETZSCHE Idealismo y Superhombre

Biografía de FRIEDRICH NIETZSCHE – Filósofo Alemán –
Idealismo y Superhombre

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nietzche friedrich

BIOGRAFÍA: Junto con Marx y Kierkegaard, Nietzsche es uno de los grandes pensadores revolucionarios del siglo XIX.

No significa esto que haya recibido una influencia directa de dichos pensadores, ni siquiera indirecta, puesto que parece no haber sabido nada de Marx y conoce a Kierkegaard a través de otros autores, cuando ya es demasiado tarde para que pueda influir en su pensamiento.

Nietzsche es consciente de ser el más radical de todos los pensadores y cree que sus ideas provocarán un cambio de rumbo de la historia.

«Un día mi nombre irá unido a algo formidable: el recuerdo de una crisis como jamás la ha habido en la tierra… Yo no soy un hombre, soy dinamita. Me rebelo como nadie jamás se ha rebelado… Yo soy también, necesariamente, el hombre de la fatalidad.

Pues cuando la verdad entre en lucha con la mentira milenaria, habrá conmociones como jamás las hubo, convulsión de temblores de tierra, desplazamientos de montañas y valles como jamás se han soñado… Todas las formas de poder de la vieja sociedad habrán saltado por los aires, porque todas estaban basadas en la mentira. Habrá guerras como jamás las hubo sobre la tierra. Solamente a partir de mí habrá en el mundo una gran política.»

Friedrich Nietzsche nació en 1844 en un pueblo de Sajonia, en Rócken. Su infancia transcurrió en un ambiente muy piadoso, pues pertenecía a una familia de pastores protestantes.

Él mismo pensaba seguir la carrera eclesiástica, como su padre y su abuelo. Hasta su confirmación, recibida a los dieciséis años, su fe permaneció intacta; pero al año siguiente sufrió una crisis que le alejó definitivamente de ella.

Tuvo plena conciencia de la importancia de esta crisis que caracterizó como «la muerte de Dios».

Consideró el ateísmo moderno como el hecho más importante de la historia porque trastorna la existencia del hombre. «¿Dónde está Dios? Os lo voy a decir, lo hemos matado, vosotros y yo.

Todos somos sus asesinos. Lo más sagrado que poseía el mundo, lo más poderoso, ha sangrado bajo nuestros cuchillos.

¿Quién nos lavará esta mancha de sangre? La magnitud de este acto, ¿no es excesiva para nosotros? ¿No debemos convertirnos nosotros en dioses, aunque solamente sea para parecer dignos de haberlo realizado?».

Estudió en Schulpforta y en 1864 empezó la carrera universitaria, cursando filología clásica en Bonn y en Leipzig. En Bonn asistió también a un curso de teología.

En Leipzig se entusiasmó con la filosofía de Schopenhauer, cuyo pesimismo le convence. Este estado de espíritu se refleja en sus primeras obras: El origen de la tragedia (1872) y Consideraciones inactuales (1873-1876).

Ritschl le ayudó a obtener en 1869 una cátedra de filología clásica en la universidad de Basilea, donde, después de obtener la nacionalidad suiza, enseñó griego durante diez años.

Al poco tiempo de residir en Basilea entra en contacto con Richard Wagner, que vivía entonces con su esposa Cósima en Triebschen, al borde del lago de los Cuatro Cantones.

En el año 1870 contrajo Nietzsche una grave disentería y difteria. Su salud se resintió siempre y fuertes jaquecas le aquejaron durante toda su vida.

En 1875 empiezan las crisis nerviosas. En 1876 se ve obligado a tomarse un año de descanso y en 1877 tiene que pedir el retiro por enfermedad, viviendo pensionado desde entonces. La enfermedad no entorpecía su actividad intelectual, más bien la excitaba.

Es en esta época cuando rechaza el pesimismo de Schopenhauer y rompe con Wagner. Siempre inestable viaja buscando reposo y salud.

Desde 1879 a 1889 pasa los inviernos cerca de Niza o en la Riviera. Otras veces se instala en Turín, Roma o Venecia. Los veranos los pasa en la Engadina, en el pueblo de Sils-Maria.

Durante este período escribe sus obras principales: La Gaya ciencia (1882), Así hablaba Zaratustra (1883-1885), Más allá del bien y del mal (1886), La genealogía de la moral (1887), El crepúsculo de los ídolos (1888).

En enero de 1889, cuando trabajaba en una gran obra que debía titularse La voluntad de poder, sufrió un colapso mental que le duró hasta el fin de sus días. Sumido en la locura vivió aún once años, cuidado con cariño por su madre y su hermana. Murió en Weimar el 25 de agosto del año 1900.

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Friedrich Nietzsche

FRIEDRICH NIETZSCHEPrecursor de la modernidad: En las consideraciones más recientes sobre cuestiones culturales e históricas se menciona con frecuencia, que, por lo que se refiere a las cuestiones antropológicas, Marx, Nietzsche y Freud. rompiendo cada uno con sus respectivas tradiciones de pensamiento, han ofrecido los cimientos decisivos de la modernidad.

Sus teorías condujeron, de modo independiente, a una “subversión del sujeto”, cuando intentaron mostrar que la razón y el yo no dominan de manera autónoma en sus ámbitos, enfrentándose así a la tradición filosófica, que se corresponde más o menos con nuestras convicciones cotidianas, y que afirma o por lo menos concibe la posibilidad de estas categorías y supuestamente las fundamente en esta posibilidad.

Freud encontró en la fundamentación del psicoanálisis y en la teoría del inconsciente motivos y mecanismos de funcionamiento no disponibles e inaccesibles a la autodeterminación y autovaloración de la voluntad, la acción y el pensamiento humanos, después de que Marx intentare lograr un análisis, en muchos aspectos comparable, de las estructuras sociológico-económico-culturales y de que Nietzsche hubiera presentado todos los valores como apariencia no comprendida y producto de la “voluntad de poder”.

Nietzsche ejerció una importante influencia, en este contexto, bajo los aspectos de la valoración del sujeto, del “yo” de la voluntad y de le concepción ilusoria del “ser”, sobre pensadores del siglo XX (p. ej., Heidegger y algunos filósofos “posmodernos” franceses, que en parte también se remontan hasta Freud y Marx).

Y, realmente, Nietzsche suena muy moderno cuando afirma, p. ej., que “se debería decir ‘ello piense’ en lugar del usual ‘pienso”’, o cuando habla del “absurdo valor exagerado que se le ha atribuido a la conciencia” de la cual se ha hecho “una unidad, una esencia”, y objeta, en contra de esto, que “somos una multiplicidad que se ha imaginado una unidad”; debe “haber una masa de conciencias y voluntades en cada ser orgánico complejo”, pero “nuestra conciencia superior no se apercibe de las otras”.

La “multiplicidad”, que Nietzsche observa en el hipotético individuo (individus significa “inseparable” es decir, designa justamente lo opuesto de la multiplicidad), existe también en las explicaciones filosóficas del mundo, que sólo ofrecen perspectivas individuales, nunca la verdad absoluta. “Contra el positivismo que se detiene en los fenómenos y dice ‘existen sólo hechos’, yo diría: no, justamente no existen hechos, sólo interpretaciones”. El mundo está abierto a infinitas interpretaciones, la ejecución de las cueles supone siempre un determinado modo de existencia, unida a la voluntad de imposición de “poder”, interpretaciones que pueden ser inconmensurables, que ni se excluyen ni se complementan mutuamente.

También son del todo distintas las perspectivas pera contemplar la obra de Nietzsche. La realizó a lo largo de dos décadas, entre  1869, cuando alcanzó la cátedra de filología clásica en Basilea con 24 años, y 1889, cuando cayó en la demencia. Con pocas excepciones, sus libros consisten en breves párrafos y en aforismos, mientras que Así habló Zaratustra (1883-1885), al igual que una narración del Antiguo Testamento, reproduce las parábolas de un sabio y profeta. Aquí se precisa otro tipo de interpretación que la necesaria para la comprensión de textos filosóficos construidos según una lógica argumentativa rigurosa; de ahí que las interpretaciones de la obra de Nietzsche sean muy dispares.

Arte, El primer libro El nacimiento de la tragedia del espíritu de la música (1872) esbosa, como tratado de filología clásica, una imagen propia y completamente nueva del clasicismo griego que no fue en modo alguno aceptada por sus colegas universitarios de la época, y en cuanto tratado filosófico llega al resultado: “Sólo cuanto fenómeno estético están justificadas eternamente la existencia y el mundo”. Desde dos perspectivas, esta frase atestigua la influencia del pensamiento de Schopenhauer en el joven Nietzsche. Que el mundo y la existencia no tengan ninguna justificación fuera de la estética, está en conexión con la identificación pesimista de Schopenhauer entre la “voluntad” carente de sentido y el mundo “en sí”.

Nietzsche será siempre de la opinión de que la voluntad, como fuerza no individual entendida metafísicamente, es la base de la vida, el pensamiento y la acción.

Que los fenómenos estéticos deben “justificar el mundo en lugar de Dios, la razón o principios éticos, tiene que ver con el lugar especial atribuido por Schelling, los románticos y también Schopenhauer al arte, y que es radicalmente trasladado al centro del pensamiento por el joven Nietzsche. Pero Nietzsche modifica considerablemente la concepción de Schopenhauer, para quien la máxima forma del conocimiento es posible en la experiencia del arte, en la que las ideas, entendidas platónicamente, pueden ser contempladas.

En cambio, para Nietzsche, el arte “cubre” mediante su apariencia los abismos del mundo en sí, sin que por eso se pueda desenmascarar el arte como creador de ilusiones engañadoras y de falsas conciencias. No sólo el ser humano necesita de una apariencia de armonía y totalidad para no desaparecer en el absurdo, sino que también el absurdo fundamento vital la necesita.

El Nacimiento de la tragedia contrapone dos polos, que determinan el arte y también todas las formas de vida y que en cierto modo se corresponden, de una parte, con la “voluntad” schopenhaueriana y, de otra, con la “representación”. Lo “dionisiaco” es pura energía de vida, que conduce al individuo a disolverse embriagado en la masa de lo vivo, pero implica asimismo lucha y sufrimiento; lo “apolíneo” significa forma, espíritu de orden, distancia, calma.

Al primero se le puede atribuir la forma artística de la música, al segundo la épica (por lo que se refiere a la Antigüedad griega). De la unión de ambos polos, según Nietzsche, surge la tragedia ática. De Richard Wagner (el compositor), que también escribió textos teóricos y a quien en su juventud veneraba, Nietzsche esperaba une renovación de la tragedia en el drama musical, que en calidad de obra de arte total, el igual que la tragedia antigua, debía unificare obra y espectador en el “espíritu trágico” fuerte e instintivo, para retornar e un momento anterior a todas las formas de la “decadencia”, que pare él se inicia con Sócrates.

Nihilismo y transmutación de los valores en la sentencia de Nietzsche “Dios ha muerte’, “Dios” designa una totalidad de representaciones del mundo, todo lo que determina lo “verdadero, bueno y bello” y que ofrece orientaciones vitales.

En numerosas reflexiones Nietzsche persiguió la génesis o genealogía histórica, psicológica y antropológica de estos valores y actitudes, pare desenmascarar su ilusión y su mentira. Explica el “remordimiento de conciencia” a partir del “instinto de crueldad que se vuelve hacia el interior tras descubrir que ya no se puede descargar hacia el exterior”.

El amor al prójimo no es más que egoísmo disfrazado; al igual que le compasión y le humildad (y en general los valores cristianos) forma parte de la “moral de esclavos”. es decir, la reinterpretación negadora de vide y “decadente” llevada a cabo por parte del “rebaño humano”, de la mesa de los individuos “débiles”, de une “moral de los amos”, que encarne los instintos afirmadores de vida y naturales-egoístas de los individuos “fuertes” y “aristócratas”.

Estas distinciones, que indudablemente se prestan a usos inapropiados y que (por lo menos fuera de su contexto) son más que cuestionables, fundamentan la concepción de Nietzsche de la “voluntad de poder”, que no puede ni debe ser negada por el individuo “fuerte” y finalmente por el “superhombre”, anunciado por Nietzsche. “Este mundo, un monstruo de fuerza, sin principio ni fin, este mundo es le voluntad de poder y nada más! Y también vosotros no sois otra cose que voluntad de poder y nada más!”

Cuando Nietzsche afirma que los valores, sobre todo los del cristianismo —que naturalmente también determinan el mundo occidental más allá de la religiosidad— han “muerto”, se trata en menor grado de una afirmación sobreun hecho concluido que de un proceso de muerte, que todavía está en marcha y debe conducir a la “consumación del nihilismo europeo”. Este nihilismo puede adoptar una forma débil, según Nietzsche, que sólo esconde la desesperación frente a una nada de verdades y valores morales y que busca un escape en el lema “todo lo que nos gusta está permitido”. Pero también puede adoptar una forma fuerte y. como estadio transitorio necesario, conducir a una “transmutación de los velares”.

Esto sólo lo alcanzan los pocos “superhombres”. Una de las piedras de toque del “superhombre”, que a buen seguro es más un concepto literario provocativo que la descripción de individuos posibles, es la teoría del “eterno retorno de lo mismo”, que Nietzsche anuncia por boca de Zaratustra. Esta teoría contiene, en alusiones poéticas, complicadas reflexiones sobre el problema del tiempo, de le experiencia del tiempo y la concepción del ser. pero, en pocas palabras, sólo afirma que todo lo sucedido se repetirá eternamente sin ningún cambio. Los nihilistas débiles no soporten la idea del absurdo del eterno retorno, los superhombres, en cambio, “griten incansables da capo, no sólo pera si, sino también a la totalidad de los teatros”.

Fuente Consultada: Historia de la Filosofía -Desde la antigüedad hasta nuestro días –