Funcionamiento del Sistema Respiratorio

Tuberculosis Causas, Prevencion y Tratamiento de la Tuberculosis

Tuberculosis Causas, Prevención y Tratamiento de la Tuberculosis

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa producida por una microbacteria del complejo Mycobacterium: M. tuberculosis (conocido con el nombre de bacilo de Koch, en honor a su descubridor, Roberto Koch). La tuberculosis afecta por lo general a los pulmones, pero de ahí puede diseminarse por la vía hemática o linfática a otras partes del organismo, como el sistema nervioso central, los riñones o la columna vertebral. Las personas infectadas por el VIH están en mayor riesgo de sufrir una reactivación de la infección latente, debido a la depresión de su sistema inmunitario.

En 1996, una serie de informes publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por el Worldwatch Institute dio a conocer una triste noticia: varias enfermedades que parecían erradicadas, o cuando menos bajo control, habían reaparecido con mayor virulencia. Entre éstas, una de las más preocupantes es la tuberculosis (TBC), una enfermedad infecciosa producida por el bacilo Mycobacterium tuberculosis.

En 1882, el microbiólogo alemán Robert Koch (1843-1910) descubrió el agente causal, por lo que también se lo conoce como bacilo de Koch.

La TBC constituyó un grave problema para la salud mundial. Se estima que en Europa, durante el siglo XIX, una de cada diez muertes eran provocadas por esta afección.

Actualmente, la tuberculosis (TBC) es una enfermedad que afecta a más de la tercera parte de la población del mundo y, de acuerdo con estudios realizados por la OMS (Organización Mundial de la Salud), lamentablemente se previó que en esta última década del siglo XX ha quitado la vida a alrededor de 30 millones de personas en los países en vías de desarrollo.

Robert Koch identificó el bacilo causante de la tuberculosis, lo que le valió el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1905.

Para tener en cuenta: el bacilo de la tuberculosis es de fácil transmisión por el aire. En promedio, una persona contagiada puede infectar entre diez y quince individuos.

Las principales manifestaciones de la tuberculosis son la debilidad general, cansancio rápido y fácil, disminución o falta absoluta de apetito, adelgazamiento, palidez y, sobre todo, pequeñas elevaciones de la temperatura, las temidas décimas de fiebre que se presentan a última hora de la tarde.

También la tos pone sobre aviso. Ante catarros muy frecuentes o cualquier infección respiratoria «leve» que se prolongue en demasía, sobre todo en los casos en que no se alivie del todo la tos, es necesario practicar un examen de los pulmones por rayos X, para descartar la posibilidad de que se trate de una tuberculosis.

La expulsión de sangre con el esputo, es decir, la hemoptisis, exigirá un examen inmediato. Para averiguar si un enfermo padece tuberculosis pulmonar, disponemos de diversos medios muy eficaces. Uno es el examen del esputo por el microscopio para descubrir, en ocasiones, la presencia de los bacilos de Koch.

Otro se practica inyectando en la piel una cantidad pequeñísima de un producto que se obtiene de los bacilos (llamado tuberculina). Al cabo de una hora se observa un enrojecimiento en el lugar de dicha inyección, es decir, una especie de inflamación que nos indica si el individuo estudiado dispone de defensas movilizadas durante infecciones previas y tiene el organismo preparado para el ataque por dicho bacilo.

A veces, por el contrario, dicho enrojecimiento no se presenta, de los cual deducimos que la persona en cuestión todavía no ha sido puesta en contacto con el bacilo, o bien que está desprovista de defensas contra él. Finalmente, la reacción cutánea puede ser muy exagerada, lo cual denota que el individuo posee una sensibilidad excesiva frente al microbio. (este método no es muy seguro)

El diagnóstico más seguro se realiza hoy mediante el examen por rayos X. Los territorios inflamados originan una serie de sombras en los lugares donde normalmente tendría que observarse una claridad muy intensa, debida al contenido de gran cantidad de aire en el interior de los alvéolos que apenas resaltan en la imagen radiográfica. La presencia de estas sombras anormales orienta hacia la existencia de una alteración pulmonar localizada en dicho lugar.

MODO DE TRANSMISIÓN
La tuberculosis se transmite por la exposición al bacilo tuberculoso, normalmente al entrar en contacto con las secreciones respiratorias que despiden las personas con tuberculosis pulmonar o de otras partes del árbol respiratorio, cuando tosen, cantan o estornudan.

Una persona que respira el aire en que se encuentran suspendidas secreciones respiratorias infectadas puede contagiarse, pero para ello es necesario que la exposición a un caso infeccioso sea cercana y prolongada, o repetida. En algunos casos, el bacilo infectante puede invadir las mucosas o penetrar por heridas en la piel. (imagen: gentileza www.juntadeandalucia.es)

Ciclo de la tuberculosis
Los bacilos de Koch presentan una alta tolerancia al ácido y al alcohol, por lo que se conocen como bacilos ácido-alcohol resistentes (BAAIR). Penetran por las vías respiratorias y se alojan rápidamente en los tejidos pulmonares, donde producen las primeras lesiones (primoinfección).

Después forman las cavernas tuberculosas, sobre todo en los lóbulos superiores de los pulmones; asimismo producen lesiones pleurales, como la pleuritis o pleuresía pulmonar, su cuadro se agrava en la forma miliar, en la que se observan muchos focos en los pulmones y en casi cualquier otro órgano del cuerpo: elMycobacterium se disemina por las vías sanguínea o linfática, y así se localiza en distintos órganos.

En el caso de los enfermos de sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), quienes no cuentan con las defensas adecuadas, la TBC es especialmente grave y frecuente.

Si la infección prospera, se manifiestan los primeros síntomas: fatiga, fiebre, pérdida de peso y tos acompañada de esputos sanguinolentos.

Los esputos que eliminan los enfermos son la principal fuente de contagio, porque los bacilos se propagan en gotitas suspendidas en el aire o por partículas de polvo. El bacilo puede permanecer latente en el organismo durante un largo período hasta que una disminución de las defensas del cuerpo permita el desarrollo de la enfermedad. Por esta razón. la tuberculosis se manifiesta especialmente en regiones superpobladas, de bajos recursos y con altos índices de desnutrición.


bacilo Mycobacterium tuberculosis
«Los bacilos de la tuberculosis infectan a una persona cada segundo en todo el mundo.»

Cuando se determina (mediante examen con microscopio de la presencia de bacilos en una muestra de esputo) que una persona tiene tuberculosis infecciosa, debe iniciarse un tratamiento completo con la dosis correcta de medicamentos antituberculosos, con el apoyo de personal de los servicios de salud o comunitarios o de voluntarios capacitados. Los medicamentos antituberculosos más comunes son isoniazid, rifampicina, pirazinamida y etambutol. (O.M.S)

Profilaxis y tratamiento de la tuberculosis

El Programa Nacional de Control de la Tuberculosis, que tiene como propósito disminuir el riesgo de infección y muerte por TBC en nuestro país, se basa fundamentalmente en:

a) búsqueda de casos: se detecta a los pacientes que son fuente de infección y pueden contagiar a las personas sanas

b) determinación de los grupos de riesgo: incluye a quienes conviven con el enfermo, a los diabéticos, los desnutridos y los enfermos de sida;

c) tratamiento antituberculoso: debe realizarse simultáneamente con la búsqueda de casos, ya que una vez diagnosticada la enfermedad debe indicarse el tratamiento con un antibiótico específico. Las posibilidades de curación son del 95 por ciento;

d) vacunación: en 1924, los bacteriólogos franceses Albert-Léon Calmette (1863-1933) y Alphonse E M. Guérin(1816-1895) desarrollaron la vacuna denominada BCG, la cual confiere un 80% de inmunidad contra la enfermedad durante un período de diez años. Al ser el medio de mayor eficacia preventiva, su aplicación es obligatoria en diferentes etapas de la vida del ser humano; de hecho, es la primera vacuna que recibimos: al mes de edad.

El primer agente quimio-terapéutico específico para la TBC fue la estreptomicina, descubierta por el microbiólogo estadounidense Selman Abraham Waksman (1888-1973) en 1944. A este hallazgo siguieron, en 1948, el del PAS (ácido para-amino salicílico) y, más tarde, la isoniazida y otros fármacos que revolucionaron el tratamiento.

Actualmente se dispone de antibióticos eficaces contra el bacilo tuberculoso. La duración del tratamiento varía, según su localización (pulmonar o en otros órganos), entre ocho meses a un año. Se realiza mediante la combinación de tres o cuatro antibióticos diferentes y en forma ambulatoria; son pocos los pacientes que requieren internación (por ejemplo, los que presentan hemoptisis severas). Sin embargo, algunos bacilos se han vuelto resistentes al tratamiento farmacológico corriente.

PARA SABER MAS…
Una enfermedad que aun preocupa

Pero lo progresos han sido sumamente lentos; en la mayoría de los países en desarrollo o subdesarrollados la situación epidemiológica de la tuberculosis, ha mejorado muy poco o casi nada. En el mundo se registran cada año de 4 a 5 millones de casos nuevos de tuberculosis, altamente contaminantes y la misma lleva a la muerte a TRES MILLONES de personas por año. Aun en los países que cuentan con servicios de salud bien desarrollados, la tuberculosis sigue representando un riesgo considerable de salud para los grupos humanos más desfavorecidos por sus condiciones socio-económicas.

Como se podrá apreciar en la conmemoración del centenario del descubrimiento del bacilo de Koch, deberemos evaluar nuestras estrategias en la lucha contra la tuberculosis y para ello la realización de la Conferencia Mundial de Tuberculosis, a celebrarse en nuestro país, será una destacada oportunidad para que los expertos de todo el mundo realicen un profundo examen de esas técnicas y de esas estrategias con un enfoque común, cuya meta será obtener la erradicación de la tuberculosis, de aquí al año 2000. Debemos tener el valor de reconocer que en el pasado se han cometido errores graves y comprometernos a eliminar la enfermedad, de aquí al año 2000.

Este objetivo es plenamente alcanzable, pero para llegar a él, se requiere una mayor comprensión de las verdaderas causas de la génesis y de la propagación de esta enfermedad. Sabemos que la tuberculosis es la resultante de la asociación de una serie de factores tanto socio-económicos como biológicos, tales como la desnutrición, las viviendas Insalubres, la carencia de higiene y de agua, los efectos debilitantes de las infecciones y de los tóxicos, además de la falta de conocimiento por el propio ser humano sobre su estado de salud.

En consecuencia, es necesario tomar medidas coordinadas en :caos esos sectores a fin de permitir al organismo sacar el mejor partido posible de los mecanismos de defensa que le son propios. Es en este contexto que las medidas específicas de prevención y tratamiento podrán resultar efectivas y así se podrán estudiar y experimentar nuevas técnicas para la erradicación de la enfermedad.

Revista «Quid», Tomo 1 N° 8.

UN POCO DE HISTORIA…

Homero menciona la tuberculosis en sus poemas y es de suponer, por lo tanto, que la enfermedad no era tampoco desconocida para los médicos del mundo antiguo. Hipócrates fue, en efecto, el primero en describirla y, sustantivando un verbo griego que significa «desecar», le llamó tisis, nombre con el cual fue exclusivamente conocida hasta el siglo XIX. Galeno, otro de los «padres de la medicina», que vivió hacia los años 130-200, prescribió ciertos remedios contra la dolencia, y Avicena (980-1034 de nuestra era), el llamado «príncipe de los médicos» y autor del «Canon de la Medicina», definió la evolución de la enfermedad en tres fases. Ferrari de Pavía escribió un «Tratado de la tisis».

Simonetta Catanea Vespucci, ¡oven florentina de peregrina belleza, modelo preferida del pintor Sandro Botticelli, murió tísica, a los 16 años. Los aficionados a la pintura pueden admirar todavía hoy el impresionante retrato de Simonetta enferma, con su belleza pálida, caídos los hombros, alargado el cuello como el tallo de un lirio. Un artista romántico, digno de este nombre, tenía que saber morir a los 30 años, escupiendo sangre, demacrado el rostro y el cuerpo enflaquecido hasta los huesos.

Eran los tiempos en que la escritora George Sand y Chopin huyeron de Mallorca a Barcelona, y, en esta ciudad, un hotelero pidió al músico indemnización, porque lo policía le obligó a quemar la cama en que durmiera un «tísico». La enfermedad inspiró a Lord Byron, hasta el punto de declarar éste su deseo de morir tísico, a fin de que todas las mujeres se enternecieran, al imaginarle moribundo de tan romántica enfermedad.

Edgar Poe vivió largos años atormentado por el recuerdo de Virginia, la joven esposa que la tisis le había arrebatado cuando acababa de cumplir 24 años. Dumas, padre, siempre irónico, habla, en su memoria de la tisis, en términos poco respetuosos. La exquisita artista María Bashkirtsef escribe, en su carnet de recuerdos: «no hago más que toser, pero por milagro la enfermedad no me afea.

Al contrario, me da un aire lánguido que me sienta admirablemente». Cuando empezó la revolución industrial, la enfermedad hacía estragos en toda Europa. Hacia mediados del siglo XIX, la mortalidad anual por tuberculosis llegó a ser, en algunos lugares, de 500 por 100.000 habitantes. La tuberculosis era una enfermedad social, y tal estado de cosas no sufrió variación, hasta que empezó a mejorar la condición social y económica de las masas.

Enfermedades del Pulmon Sintomas

Sintomas de las Enfermedades del Pulmón

EL PULMÓN ENFERMO. El pulmón es un órgano elástico que, después de ser ensanchado en la inspiración, es capaz, al igual que una tira de goma distendida, de volver a su posición inicial o de reposo. La pérdida de elasticidad conduce a muchas alteraciones de su funcionamiento, una de las cuales es el enfisema.

Los pacientes respiran con dificultad. A veces, con sólo caminar unos pasos, ya sienten fatiga y una sensación como si les faltase aire. Su tórax está muy ensanchado, pues al distenderse los alvéolos, todo el pulmón se hace más grande y apenas cabe dentro de las paredes que lo encierran.

La fuerza de la espiración, es decir, del aliento, es tan escasa que soplando no pueden apagar ni siquiera una cerilla. En este trastorno pulmonar también sufre el corazón que, a la larga, suele salir perjudicado. El tratamiento del enfisema consiste en combatir sus causas, entre las cuales figuran con mayor frecuencia la bronquitis crónica, el asma y otras.

En ocasiones proporciona gran beneficio la gimnasia respiratoria. La pulmonía es ocasionada, la mayoría de las veces, por un microbio, denominado neumococo y por esta causa puede resultar contagiosa. La enfermedad casi siempre empieza de repente con escalofríos, fiebre elevada, dolor en la región torácica correspondiente al lugar del pulmón alterado y tos. Al cabo de tres días de haber aparecido estas manifestaciones, sobreviene, con mucha frecuencia, una erupción en los labios llamada herpe.

La pulmonía constituía una enfermedad grave y era bien conocido el hecho de que al sexto o séptimo día se decidía en bien o en mal. En la actualidad los antibióticos cambian notablemente el curso de esta dolencia, la cual, por regla general, a los dos o tres días entra en un proceso de recuperación. Si se localiza en ambos pulmones a la vez se llama pulmonía doble.

Ocurre a veces que la enfermedad no se soluciona tan rápidamente como era de esperar, a pesar de haberse aplicado los antibióticos. Ello se debe a que han surgido complicaciones.

La inflamación es capaz de pasar a la pleura y originar una supuración en su espacio o de invadir la sangre, y desde allí asentarse en otros lugares del cuerpo, como, por ejemplo, el endocardio, el peritoneo, las meninges, etc.

La bronconeumonía es un proceso muy parecido al anterior, pues también consiste en una inflamación pulmonar, pero en vez de afectar a un lóbulo entero, se asienta en múltiples lobulillos y se originan así, en vez de uno y grande, varios focos inflamatorios pequeños.

Su comienzo no suele ser tan brusco como el de aquélla, pues en vez de presentarse en plena salud, lo hace consecutivamente a una gripe, un sarampión, etc., es decir, como proceso secundario de otra enfermedad. Como quiera que es más frecuente en los niños y ancianos, su gravedad es mayor que la de la pulmonía. Para curarla, también se utilizan antibióticos.

La llamada congestión pulmonar es una pulmonía muy leve, que apenas comenzada, ya ha iniciado el proceso de curación y por tanto, no ha tenido tiempo de hacerse ostensible en todas sus manifestaciones. Algunos microbios especiales producen pulmonías que no se curan por completo y cuya consecuencia es la inflamación crónica de una porción del órgano, caracterizada por el endurecimiento de su estructura.

Estos pacientes, afectos de fibrosis o esclerosis pulmonar, sufren durante años tos, fatiga fácil, coloración más o menos azulada de los labios y uñas, etcétera.

LA TUBERCULOSIS. Esta plaga, cuyos efectados fueron devastadores en tiempos todavía no remotos, ha podido ser combatida con eficacia gracias al perfeccionamiento de diversos métodos de curación, así como al descubrimiento de drogas de probada eficacia. Pero esto no significa que la tuberculosis pulmonar haya desaparecido por completo, ni muchísimo menos.

Su causa principal se debe a un microbio, llamado bacilo de Koch. Con la tos se expulsan siempre algunas gotitas minúsculas de secreciones, que si proceden de un enfermo de tuberculosis pulmonar, están cargadas de bacilos. Como sea que flotan en el aire, un individuo sano puede contagiarse respirándolos. Por dicha razón es importante procurar que los pacientes protejan siempre, al toser, su boca con un pañuelo y arrojen sus esputos en recipientes adecuados para ello, y no al suelo de las calles y recintos.

Asimismo, dichos enfermos eliminadores de bacilos, deben ser aislados convenientemente, ya que de este modo se evita la extensión de la dolencia. Para prevenir la tuberculosis pulmonar es importante que las viviendas están soleadas y aireadas, la alimentación sea suficiente y, sobre todo, efectuar una serie de revisiones periódicas que pueda llevar al descubrimiento de la enfermedad en sus comienzos. Casi todas las personas han padecido esta dolencia, al menos en su forma denominada foco inicial o primoinfección.

En ambientes muy poblados, el sufrirla ya desde la niñez constituye un hecho común desprovisto, por regla general, de toda gravedad y, además, con la ventaja de proporcionar cierta resistencia a nuevas infecciones. No hay, pues, por qué alarmarse si nuestros pulmones presentan un foco tuberculoso antiguo calcificado, sin importancia actual.

Con frecuencia se habla de infiltrados o infiltración del pulmón. No es más que una reinfección inflamatoria de un territorio pulmonar, originada por el bacilo de Koch. Cuando se descubre en sus comienzos, suele curar perfectamente sin originar consecuencias desagradables.

En cambio, si el paciente afectado sigue haciendo su vida normal y se permite incluso algunos excesos, es posible que dicha inflamación se intensifique hasta producir la muerte de las células inflamadas, las cuales se desconectan del tejido sano. Los tejidos muertos y los productos de la inflamación, se expulsan mediante el esputo y queda entonces, en el lugar lesionado una cavidad más o menos redondeada y bien delimitada del resto del pulmón, que se denomina caverna.

A partir de estas cavidades, las secreciones pueden progresar y extenderse mediante los tubos bronquiales por el resto del pulmón, originando así nuevos territorios de inflamación, cuyo curso y destino puede ser el mismo que el de los anteriores. Cuando el proceso tuberculoso adquiere un carácter destructivo extenso, suele calificarse de tisis. Desde los tejidos inflamados, el bacilo tuberculoso puede pasar también hacia la sangre y, por medio de ella, trasladarse a otros tejidos y órganos, para fijarse allí y producir una nueva enfermedad.

Las principales manifestaciones de la tuberculosis son la debilidad general, cansancio rápido y fácil, disminución o falta absoluta de apetito, adelgazamiento, palidez y, sobre todo, pequeñas elevaciones de la temperatura, las temidas décimas de fiebre que se presentan a última hora de la tarde.

También la tos pone sobre aviso. Ante catarros muy frecuentes o cualquier infección respiratoria «leve» que se prolongue en demasía, sobre todo en los casos en que no se alivie del todo la tos, es necesario practicar un examen de los pulmones por rayos X, para descartar la posibilidad de que se trate de una tuberculosis.

La expulsión de sangre con el esputo, es decir, la hemoptisis, exigirá un examen inmediato. Para averiguar si un enfermo padece tuberculosis pulmonar, disponemos de diversos medios muy eficaces. Uno es el examen del esputo por el microscopio para descubrir, en ocasiones, la presencia de los bacilos de Koch.

Otro se practica inyectando en la piel una cantidad pequeñísima de un producto que se obtiene de los bacilos (llamado tuberculina). Al cabo de una hora se observa un enrojecimiento en el lugar de dicha inyección, es decir, una especie de inflamación que nos indica si el individuo estudiado dispone de defensas movilizadas durante infecciones previas y tiene el organismo preparado para el ataque por dicho bacilo.

A veces, por el contrario, dicho enrojecimiento no se presenta, de los cual deducimos que la persona en cuestión todavía no ha sido puesta en contacto con el bacilo, o bien que está desprovista de defensas contra él. Finalmente, la reacción cutánea puede ser muy exagerada, lo cual denota que el individuo posee una sensibilidad excesiva frente al microbio.

El diagnóstico más seguro se realiza hoy mediante el examen por rayos X. Los territorios inflamados originan una serie de sombras en los lugares donde normalmente tendría que observarse una claridad muy intensa, debida al contenido de gran cantidad de aire en el interior de los alvéolos que apenas resaltan en la imagen radiográfica. La presencia de estas sombras anormales orienta hacia la existencia de una alteración pulmonar localizada en dicho lugar.

Como quiera que los pulmones tienen un grosor determinado y se superponen, por tanto, en la placa obtenida por rayos X, diversas estructuras, tanto superficiales como profundas del órgano, además de las costillas, el corazón y las paredes torácicas, a veces no se consigue distinguir bien entre tantas imágenes, los detalles que interesan. Para salvar dicho inconveniente se recurre a una técnica llamada tomografía, consistente en practicar las radiografías por planos. Antiguamente, la mayoría de los enfermos debía ser internados en sanatorios adecuados para realizar prolongadas curas de reposo y sobrealimentación.

Hoy, gracias a diversos medicamentos modernos, dicho tratamiento puede llevarse a cabo en el mismo domicilio del paciente y es más corto, pero en algunos casos, sin embargo, los enfermos exigen el internamiento debido a representar una fuente de contagio para las personas que conviven con ellos. Este hecho ocurre en familias humildes que viven en habitaciones mal acondicionadas. Entre los medicamentos utilizados actualmente en el tratamiento de esta enfermedad, destacan un antibiótico denominado estreptomicina y dos sustancias químicas: la hidracida del ácido isonicotínico o isoniacida, y el PAS o ácido paraminosalicílico.

También se utiliza el neumotórax, que consiste en insuflar aire en la pleura para inmovilizar el pulmón enfermo y ponerlo en situación de reposo absoluto. Gracias a los enormes progresos que ha experimentado la cirugía torácica, es posible extirpar grandes porciones del pulmón enfermo (un segmento, un lóbulo o un pulmón entero).

OTRAS ENFERMEDADES DEL PULMÓN.

Algunos microbios distintos del bacilo de Koch, son capaces de originar una inflamación con producción de pus. Si la supuración se asienta en el pulmón en forma de un foco más o menos redondo y bien delimitado, se trata del llamado absceso pulmonar.

Los microbios pueden haber llegado al pulmón por medio de la sangre que los transporta a partir de un foco de pus, tal como un flemón dentario, pueden haber penetrado por una herida pulmonar, por haber aspirado algunas sustancias nocivas, etc. Los abscesos suelen manifestarse por fiebre, tos y expulsión de grandes cantidades de pus, a veces mezclado con sangre.

El aliento huele muy mal. Los rayos X permiten localizar los abscesos fácilmente, y con diversos antibióticos suelen curarse muy bien, aunque es necesario, en ocasiones, apelar a la operación quirúrgica encaminada a abrir paso a la salida del pus, tras lo cual llega paulatinamente la curación.

Otras veces se extirpa la porción pulmonar enferma. El pulmón posee una circulación sanguínea propia, destinada a desempeñar una función muy importante: conducir hasta él sangre venosa que debe ser cargada de oxígeno y remitida de nuevo al corazón. Este circuito pulmonar puede presentar diversos trastornos.

Unos de ellos es la embolia, casi siempre debida a que algún coágulo que se desprende de una vena enferma y es llevado hasta el corazón derecho y desde allí hacia el pulmón, donde obstruye una de las arterias pulmonares. Se produce un intenso dolor torácico y gran dificultad para la respiración.

Al mismo tiempo se expectora sangre pura. Si dicha obstrucción persiste durante cierto tiempo, las células cuya nutrición depende de la sangre aportada por la arteria obstruida, no pueden realizar sus funciones vitales y mueren, se origina un infarto pulmonar. Los escombros de células muertas son un alimento excelente para los diversos microbios que pueden sentirse atraídos hacia dicha zona y dar lugar en la misma a una supuración, es decir, a un absceso de pulmón.

Es fácil percatarse, pues, del modo cómo algunas enfermedades pueden encadenarse si no se atienden a tiempo. En condiciones normales se respira cierta cantidad de partículas de polvo y humo, especialmente en las grandes urbes, pero esta inhalación no comporta grandes alteraciones pulmonares.

En cambio, los individuos cuyo trabajo implica respirar mucho polvo, puede sufrir una enfermedad llamada neumoconiosis. La más extendida es la producida por el polvo de caliza o sílice y se denomina silicosis. Dicho mineral se deposita en el pulmón y provoca un intenso endurecimiento, con lo que aquél pierde su capacidad respiratoria y, lo que es peor, esta dolencia suele combinarse con la tuberculosis.

El polvo de carbón produce la antracosis, y se dan distintas neumoconiosis de hierro, asbesto, cáñamo, tabaco, caña de azúcar, harina, etc. Las pleuras enferman con relativa frecuencia. Una de las afecciones más corrientes es su inflamación, es decir, la pleuritis.

En ocasiones, dicha alteración no cursa con presencia de líquido en el interior del espacio pleural; entonces se trata de pleuritis seca, mas, por regla general, el saco pleural aparece lleno de líquido y este tipo de pleuritis húmeda recibe el nombre de pleuresía. No es raro que una pleuresía seca se convierta en húmeda. Las manifestaciones producidas por la pleuritis son: intenso dolor en uno de los costados, sensación de opresión en el mismo, cierta dificultad de respirar y fiebre.

La percusión es muy eficaz para descubrir la presencia de la masa líquida, pues el ruido que se aprecia es muy distinto del normal. Los rayos X son asimismo muy útiles para poner de manifiesto la presencia de líquido. En la mayoría de los casos, las pleuritis son causadas por el bacilo de Koch; su curación no es hoy muy difícil, ya que los medicamentos antituberculosos aceleran el restablecimiento más completo, por cuya razón huelga efectuar aquellas prolongadas curas de reposo que se practicaban antaño.

En cualquier tipo de pleuritis, es posible averiguar la clase de líquido o materia que alberga el espacio pleural. Mediante una aguja adecuada, se penetra a través de la pared torácica y una vez en el interior del saco pleural, se aspira con una jeringa la sustancia que lo rellena. Cuando hay pus (empiema pleural), es necesario extraerlo, en la mayor parte de los casos, mediante una operación quirúrgica.

El espacio que separa las dos pleuras es inexistente, ya que ambas hojas (la que envuelve los pulmones y la que tapiza las paredes torácicas por su superficie interna) están adaptadas perfectamente entre sí; si embargo, puede rellenarse de cualquier sustancia. Si lo hace de líquido inflamatorio, es una pleuresía; en presencia de gas, en cambio, es el neumotórax. La penetración aérea en el saco pleural, en la mayoría de las ocasiones se hace con fines curativos para ejercer presión sobre el pulmón aplastándolo.

Los alvéolos de la región afectada se ven obligados por dicho aplastamiento a expulsar gran parte del aire contenido en su interior y coaptan sus paredes. Entonces esta región será incapaz de respirar, inactividad que conviene al pulmón enfermo, ya que, sólo de esta manera, se consigue su descanso absoluto. Si en el interior de este tejido aplastado se encuentra una cavidad o caverna, las paredes de la misma se unirán mucho más fácilmente y, por tanto, podrá curar más pronto que si no se tomara esta medida.

Como quiera que el neumotórax desaparece pronto porque el aire se reabsorbe a través de las pleuras, es necesario repetirlo a intervalos determinados, si se quiere mantener, mediante el mismo, el reposo prolongado de la porción enferma del pulmón.

Enfermedades del sistema respiratorio Bronquitis Sinusitis Vias

Enfermedades del Sistema Respiratorio
Bronquitis y Sinusitis

EL APARATO RESPIRATORIO ENFERMO: NARIZ Y LARINGE. Posiblemente la enfermedad más frecuente entre las que puede padecer un ser humano sea el resfriado. Se trata de una inflamación de la mucosa que recubre la superficie interna de la nariz y sus fosas.

Es bien sabido que el enfriamiento posee mucha importancia en el desencadenamiento de esta enfermedad, sin embargo, no lo ocasiona el frío por sí solo, sino un virus cuya transmisión de una persona a otra se efectúa con suma facilidad. Las molestias en la garganta, el discreto picor en la nariz, y, sobre todo, los estornudos, constituyen la señal de que ha comenzado el resfriado.

La secreción nasal aumenta progresivamente, las fosas nasales se obstruyen y la respiración debe efectuarse por la boca, con todos sus inconvenientes. La voz cambia y es suficiente, a veces, oír hablar a una persona para reconocer que está resfriada. Los olores no se perciben bien y las comidas tampoco saben normalmente. A todo ello se añade cierta debilidad general, con muy pocos ánimos de moverse y trabajar.

Al cabo de pocos días, las manifestaciones del resfriado disminuyen y pronto aparece el restablecimiento total. Para la Medicina resulta molesto que la más común de las enfermedades carezca de un remedio seguro. En el interior de los huesos de la cara, existen una serie de cavidades subdivididas en múltiples celdillas y tapizadas por una mucosa.

Estas cavidades se denominan «senos accesorios» y su inflamación, sinusitis. Se da a consecuencia de un resfriado mal cuidado y, a la salida de moco y pus por la secreción nasal, aparecen intensos dolores de cabeza. Para curarla es necesario recurrir a los antibióticos y, en ocasiones, incluso a ciertas operaciones quirúrgicas. La hemorragia nasal, denominada también epistaxis, puede ser consecutiva a enfermedades caracterizadas por una anormal coagulación de la sangre, a golpes recibidos sobre dicha región o, simplemente, porque en la mucosa afectada exista una zona muy rica en vasos capilares, con gran tendencia a sangrar.

Las hemorragias nasales suelen detenerse haciendo que el enfermo se eche en cama y aplicándole una bolsa de hielo bajo la nuca. Sin embargo, en ciertos casos es necesario recurrir a una destrucción eléctrica de la mucosa afectada. Una de las dolencias más frecuentes del órgano de la fonación es la inflamación de su mucosa, es decir, la laringitis o catarro de la laringe.

A veces es simultánea o consecutiva a un resfriado que ha descendido hasta ella. La voz se vuelve ronca, incluso del todo afónica, existe tos muy escandalosa, que a pesar de su intensidad, apenas se acompaña de expectoración, las cuerdas vocales están muy irritadas, etcétera. Es necesario evitar el aire frío, el humo o cualquier otro irritante que pueda entrar en las vías respiratorias.

Las bebidas calientes sientan muy bien, así como los fomentos aplicados sobre el cuello. La laringitis, cuya aparición es casi siempre aguda, puede repetirse varias veces y llegar a convertirse en más o menos permanente. Algunos individuos que se ven obligados, por su profesión, a forzar la voz (cantantes, oradores, vendedores de periódicos, etc.), la sufren con frecuencia.

La laringe también puede verse afectada por el proceso de la tuberculosis. Casi siempre la sufren enfermos cuyos pulmones ya han sido durante mucho tiempo atacados por dicha dolencia. Con los medicamentos antituberculosos modernos suelen lograrse notables mejorías y hasta curaciones absolutas de la misma. Otras veces se asienta en dicho órgano un tumor, por cuya causa debe extirparse toda la laringe.

A pesar de perder su aparato de fonación, estos pacientes no se convierten en mudos, puesto que les quedan varios recursos para poder relacionarse con sus semejantes por medio de la palabra. Uno de ellos consiste en hablar en voz cuchicheada y otro, recurrir a un dispositivo especial que, adaptado al cuello, les permita emitir nuevamente diversos ruidos y sonidos.

cuadro enfermedades respiratorias

ENFERMEDADES DE LA TRAQUEA Y LOS BRONQUIOS.

Su inflamación se denomina bronquitis o traqueobronquitis. Entre sus causas destaca la acción de los microbios exacerbados durante un resfriado y también la acción de múltiples sustancias irritantes, tales como el tabaco, humo, diversos gases, etc. Además del cansancio general y de los signos catarrales de nariz y garganta, el paciente tose mucho y experimenta una sensación de carraspera en todo el trayecto de la tráquea y los bronquios. Los esputos son al principio muy difíciles de arrancar y sólo más tarde se hace fluidos.

Con gran frecuencia se producen en el interior de los «bronquios acatarrados» diversos ruidos. Los pacientes dicen: «El pecho me silba». Los catarros bronquiales pueden repetirse muy a menudo, sobre todo si persisten sus causas; en dicho caso la bronquitis se convierte en crónica.

Aunque existen muchos individuos afectados de esta enfermedad, en especial los que trabajan en ambientes enrarecidos, con mucho polvo y sustancias irritantes, sin embargo entre todas las causas posibles, el tabaco posee tal vez la primacía, puesto que, entre los individuos no fumadores, la bronquitis crónica es cuatro veces menos frecuente que en los grandes fumadores y entre éstos, los aficionados a la pipa o a los puros, enferman con mayor frecuencia.

enfermedad de los bronquios

Para aliviar la bronquitis durante el período agudo, se aconseja el reposo en cama e intensa sudoración provocada por diversos procedimientos. El aire de la habitación ha de ser húmedo (lo que se consigue colocando en la misma un recipiente con agua hirviendo, a la cual se añaden, en ocasiones, diversas esencias que facilitan la respiración) y no excesivamente caliente (no superior a 20°). En presencia de una tos muy pertinaz y tan molesta que incluso impida el sueño, hay que calmarla con algún jarabe adecuado.

En las bronquitis crónicas, cuya curación definitiva es muy difícil de conseguir, es necesario eliminar todas las causas irritantes. Los pacientes muy fumadores deben dejar el tabaco radicalmente. Dicha medida es indispensable, ya que de no aplicarla rigurosamente no vale la pena ni siquiera intentar el tratamiento. Algunos antibióticos especiales para combatir los diversos microbios cuya invasión del árbol respiratorio dificulta el proceso de la curación, logran también efectos beneficiosos. Los climas benignos coadyuvan a la curación.

Otra enfermedad bronquial más seria que la anterior es la dilatación anormal de los mismos, llamada bronquiectasia. Esta deformación es a veces congénita, pero a menudo es consecuencia de diversas enfermedades bronquiales previas. La tos con que se manifiesta es muy intensa y, lo que es más característico, se acompaña de abundante expectoración, pues las dilataciones bronquiales llegan a almacenar grandes cantidades de secreciones cuyo vaciado es causa de que los esputos sean tan abundantes.

Su tratamiento es muy parecido al de las bronquitis crónicas, si bien a veces debe recurrirse a extirpar, por medios operatorios, las porciones del pulmón que contienen los bronquios deformados. Para confirmar la existencia de estas dilataciones, debe practicarse una radiografía, previa instilación en los bronquios de una sustancia opaca (broncografía), con lo cual se dibujan perfectamente sus límites, paredes y deformaciones.

El asma bronquial es una enfermedad de los bronquios, caracterizada por una serie de ataques, especialmente nocturnos que producen una gran dificultad respiratoria. Su causa es, en ocasiones, la «alergia», es decir, sensibilidad exagerada a algunas flores, polvo de determinadas habitaciones, ciertos alimentos, etc.

El paciente se despierta por la noche y tras sentir cierta opresión torácica, comienza a estornudar y a toser, para verse obligado finalmente, a sentarse en la cama, a fin de lograr que su respiración se haga más fácil. A pesar de ello sigue respirando mal y tiene la sensación de que le falta aire.

El mecanismo íntimo del asma consiste en que los bronquios estrechan su luz, es decir, que se contraen, a consecuencia de lo cual la cantidad de aire que logra pasar por ellos es menor. Todas las curas, pues, tendrán que ir dirigidas a ensanchar el calibre bronquial para que pueda conducir toda la corriente aérea que sea necesaria. Si su causa es una sensibilidad excesiva a una determinada sustancia (polen, alimentos, polvo, etc.), el organismo debe desacostumbrarse de la misma, lo cual se logra a veces practicando inyecciones de dicha materia, en cantidades muy pequeñas al comienzo y luego progresivamente crecientes.

El cambio de clima suele sentar muy bien a los pacientes asmáticos. Un tipo de tratamiento muy de moda en estos últimos tiempos es la aplicación de los llamados «aerosoles», aparatos que poseen un dispositivo para «nebulizar», es decir, convertir en partículas finísimas (de 6 milésimas de mm.) las diversas sustancias curativas, con el fin de que al respirarlas juntamente con el aire, puedan penetrar hasta las ramas bronquiales más finas.

Una de las enfermedades broncopulmonares acerca de la cual se ha escrito mucho, debido a su posible relación con el consumo de tabaco, es el cáncer de pulmón. Es sabido ya que los cánceres constituyen un tipo especial de tumores malignos. Mucho mejor que llamarlo de pulmón, es asignarle la denominación de cáncer de los bronquios, porque es en ellos donde nace y a partir de donde progresa.

Es más frecuente en el sexo masculino, y son propensas a sufrirlo las personas que fuman mucho. Su comienzo es, por regla general, difícil de advertir, puesto que empieza con discreta tos, que si ya existía, a lo sumo se hace más intensa; otras veces, con el esputo se expulsa algo de sangre.

Existe desnutrición y adelgazamiento, fatiga fácil y, a veces, disminución de apetito. Más que a todas estas manifestaciones, debe prestarse atención a las revisiones periódicas del pulmón, que son las únicas que podrán descubrir el cáncer precozmente, es decir, en una fase todavía curable.

Ver: Enfermedades del Pulmón

La respiracion humana Funcionamiento del proceso de respiracion

La Respiración Humana
Funcionamiento del Proceso de Respiración

COMO FUNCIONA EL APARATO RESPIRATORIO. El aire atmosférico debe penetrar en el organismo por la nariz y no por la boca, ya que las fosas nasales, en primer lugar, lo calientan hasta alcanzar una temperatura de unos 34° al llegar a la faringe.

Una vez en ella, adquiere bastante humedad, hecho que asimismo tiene mucha importancia, porque el epitelio que la recubre posee unas pestañas o cilios vibrátiles que al moverse limpian el aire de impurezas, tales como el polvo y hacen progresar el moco segregado hacia el exterior y, en presencia de una exagerada sequedad, los movimientos de las pestañas se paralizan para mantener húmeda la faringe.

El movimiento destinado a proporcionar el ingreso del aire en los pulmones, se denomina inspiración y al que lo expulsa, espiración. La primera se consigue gracias a la contracción de diversos músculos, especialmente los intercostales (situados en los espacios entre las costillas) y el diafragma, que expanden la cavidad torácica en todo su diámetro. Dicha expansión ejerce sobre los pulmones una especie de succión de efecto análogo al de una ventosa, y éstos, al ensancharse, aspiran aire hacia su interior, de un modo parecido a como ocurre con un acordeón.

Después de la inspiración se produce la espiración. Ésta se logra gracias a que el pulmón es un órgano elástico que, una vez distendido, vuelve de nuevo a la posición de reposo. Los movimientos respiratorios no son automáticos como los del corazón, puesto que los músculos encargados de ello dependen de una serie de nervios a su vez gobernados por un centro nervioso, llamado respiratorio, el cual está subordinado a la composición de la sangre.

El anhídrido carbónico contenido en la sangre venosa debe ser descargado y sustituido por oxígeno. Pues, bien, si la masa sanguínea contiene excesiva cantidad de anhídrido carbónico, indica que la aireación no es suficiente. En este caso es necesaria una respiración más profunda y rápida.

Esta aceleración se logra gracias a que el propio anhídrido carbónico en exceso estimula el centro respiratorio. La cantidad de aire que penetra, durante una inspiración tranquila, en los pulmones de un hombre adulto es de unos 500 cm. cúbicos. En cambio, si la inspiración es lo más profunda posible, aquella cantidad se amplía hasta 2 litros. En total, pues, se movilizan durante una inspiración y espiración, ambas forzadas al máximo, unos 4 litros de aire, cantidad que varía mucho con el sexo, la edad, la talla y el peso del individuo.

En el pulmón permanece siempre 1 litro ó 1,50 litros de aire residual, incluso tras una espiración forzada. En condiciones de reposo, la frecuencia respiratoria oscila entre 16 y 20 por minuto y en los niños es más rápida. Los cambios gaseosos entre el aire y la sangre se efectúan en los alvéolos pulmonares y como la sangre debe ponerse en contacto con todos ellos, necesita distribuirse por los capilares, cuyo número supera los 1.000 millones.

La cantidad de oxígeno que contiene la sangre venosa es sólo de 14 volúmenes por ciento, porcentaje que se eleva después al convertirse en arterial, hasta un 20%. En cambio, el anhídrido carbónico contenido en la sangre venosa de un 3,5%, desciende durante la arterialización a un 2,5%. El aire procedente de la atmósfera, o sea el inspirado, posee 21% de oxígeno y 0,03 de carbónico. Al que sale del pulmón, por el contrario, sólo le queda un 15 a 17% de oxígeno, mientras que se ha cargado de carbónico hasta el 3-4%.

cuadro proceso de respiracion

AUSCULTACIÓN, PERCUSIÓN: La corriente de aire producida en los conductos pulmonares ocasiona un ruido característico. En los alvéolos se origina otro tipo de ruido distinto al anterior, causado por el despliegue inspiratorio de los mismos.

La utilidad de la percepción de estos ruidos era más apreciada antes del descubrimiento de los rayos X, pero, de todos modos, la auscultación, como así se la llama, conserva gran parte de su enorme valor. La percusión consiste en golpear de modo intermitente con la punta de un dedo sobre otro que se coloca encima del tórax del enfermo y producir así diversos ruidos.

Todos sabemos que la calidad de los sonidos obtenidos al golpear, por ejemplo, un tambor (sonido hueco), es muy diferente de la que se consigue al hacerlo sobre un bloque de madera (sonido macizo). Aplicando dichos principios a la percusión, se localizan algunas alteraciones pulmonares. Otro medio de percibir las anomalías de los pulmones, es la palpación de las llamadas vibraciones vocales.

Consiste en invitar al paciente a que pronuncie una palabra en cuya formación interviene alguna «erre» (treinta y tres, carretera), al propio tiempo que se apoya una mano sobre alguna de las paredes del tórax. Las palabras emitidas producen una vibración muy intensa en la columna de aire contenida en los bronquios, que llega a transmitirse a través de la pared torácica y se capta en forma de cosquilleo en la mano apoyada sobre la espalda o el pecho del enfermo. Si el pulmón se encuentra alterado, suele cambiar la intensidad de dichas vibraciones, que pueden aumentar, disminuir o incluso desaparecer, según los casos.

El mejor método de exploración del tórax es, sin embargo, su revisión por los rayos X. En casos especiales se ha de proceder a la observación directa de las paredes de los bronquios (broncoscopía), lo que se consigue introduciendo a través de la boca, hasta el interior de los mismos, un tubo provisto de iluminación especial, dispuesta de tal modo que, por medio de un juego de espejos, permite observar perfectamente cualquier alteración de dichos conductos.

También es importante en las enfermedades del aparato respiratorio, examinar a simple vista y también al microscopio, las materias procedentes del mismo en forma de esputos. En ellos se encuentran, a veces, determinados microbios, tales como bacilos de Koch, cuando el paciente sufre tuberculosis y algunas células desprendidas del árbol respiratorio, cuya presencia puede coadyuvar al esclarecimiento y determinación de las diversas dolencias.

inspiracion y espiración

Enfermedades del Pulmón

Vías Respiratorias: Sinusitis y Bronquitis

El Sistema Respiratorio Nariz Laringe Faringe Traquea Pulmones Partes

El Sistema Respiratorio
Nariz Laringe Faringe Traquea Pulmones

Nuestro cuerpo necesita absorber oxígeno, que es captado por los pulmones mediante la inspiración, y liberarse del dióxido de carbono, que sale durante la espiración. Como se ha mencionado anteriormente, el oxígeno es utilizado en la respiración celular, proceso por el que se obtiene energía descomponiendo la glucosa. Al igual que una vela, que sin oxígeno no puede arder, nuestro organismo no puede quemar la glucosa si no respira.

El aire, que consta de un 21% de oxígeno, es llevado a través de la nariz, la faringe, la laringe y la tráquea hasta los bronquios, y de allí al pulmón, donde se pondrá en contacto con la sangre. El recorrido del dióxido de carbono sigue el mismo camino pero en sentido inverso.

El Sistema Respiratorio Nariz Laringe Faringe Traquea PulmonesLA NARIZ: Consta de una parte externa y de una interna, que es mucho mayor que la primera. La parte externa sobresale de la cara y está formada por una cavidad dividida en dos mitades por el tabique nasal. A través de ella entra el aire en la cavidad interna de la nariz, que descansa sobre el paladar duro.

Está formada por tres pares de cornetes nasales, que son unas estructuras óseas que forman parte del etmoides (cornetes superiores y medios) o que tienen su hueso propio. Estos cornetes se encuentran recubiertos por la mucosa nasal.

La mucosa de los cornetes superiores es la olfativa y en ella se encuentran las células encargadas de captar moléculas olorosas.

En los cornetes medios e inferiores la mucosa tiene otra función. Debe calentar el aire que vamos a respirar y filtrar las impurezas que se hallan en él; además, secreta un moco en el cual existen células defensivas, que protegen al organismo de las infecciones. Por otra parte, si el aire está demasiado seco, es humedecido en la nariz por unas glándulas.

Cuando en la nariz entran partículas de polvo que ocasionan irritación, se produce el estornudo, que es una inspiración brusca de aire seguida de una espiración

LA FARINGE: Pasando desde la nariz por el conducto nasofaríngeo, el aire calentado, humedecido y libre de impurezas pasa a la faringe. Este tubo, de 14 cm de longitud y muy musculoso, se halla revestido de mucosa y tiene en su parte superior o rinofaringe la amígdala faríngea, formada por tejido defensivo. Aproximadamente en la misma zona se comunica con las fosas nasales y con las trompas de Eustaquio, que van a parar al oído medio.

Además, la faringe absorbe el aire que inspiramos por la boca, ya que desciende por la parte trasera de la cavidad bucal y se comunica con ella en una región llamada bucofaringe. Por la faringe pasan, pues, tanto el aire como los alimentos. Más abajo se encuentra la comunicación con el tubo digestivo por el esófago y el respiratorio por la laringe.

LA LARINGE: Es una especie de vestíbulo entre la faringe y la tráquea, y está formada por varios cartílagos articulados entre sí, que son movidos por músculos y están forrados de mucosa.

En la parte superior se encuentra la epiglotis, que es la válvula de cierre de la tráquea cada vez que tragamos alimento. Si el mecanismo de cierre falla y alguna partícula de alimento se cuela en la laringe, se produce la tos, que es un mecanismo de expulsión.

La zona central se denomina glotis y en ella se encuentran las cuerdas vocales, encargadas de producir los sonidos. Cuando la glotis está abierta se produce la respiración; cuando está cerrada se produce la voz, cuyo tono se controla por la tensión y longitud de las cuerdas vocales, por entre las que pasa una veloz corriente de aire. Además la voz de acaba de modular en la nariz, que es una especie de cámara de resonancia, y en la boca donde se articular las consonantes.

LA TRÁQUEA: Este tubo elástico, de 11 cm de longitud, se divide en la parte inferior para dar lugar a los dos bronquios. Su diámetro es de unos 2 cm y su principal característica son unos dieciocho anillos en forma de herradura, unidos entre sí mediante ligamentos. En su interior existen células ciliadas, es decir, provistas de pelos, que con su movimiento lanzan hacia arriba las partículas extrañas que han penetrado en la tráquea.

Los dos bronquios principales, que han surgido de la división de la tráquea, se van dividiendo en bronquios más pequeños, en número de diez a cada lado. Estos también se subdividen y dan lugar a los bronquiolos, que tienen 1 mm de diámetro y penetran en el interior del pulmón. Este conjunto de conductos tiene forma de árbol invertido, por lo que recibe el nombre de árbol bronquial.

La respiración y la fonación El aire que penetra a través de la boca o las ventanas nasales, llega a la faringe, a partir de la cual, y contrariamente a como lo hacen los alimentos, enfila el conducto anterior de los dos que se le ofrecen, o sea la laringe.

PRODUCCIÓN DE LA VOZ. Además de conducir aire, la laringe posee en su interior un dispositivo encargado de producir la voz. La laringe es, pues, el órgano fundamental de la fonación. Está situada en el cuello y puede apreciarse desde el exterior, sobre todo en los hombres, en los que constituye la llamada nuez de Adán. La laringe femenina es más pequeña que la masculina.

La laringe está formada por una serie de cartílagos, unidos entre sí por sus correspondientes articulaciones. Su superficie interna aparece recubierta por una túnica muy lisa, llamada mucosa. La porción esencial para la fonación la forman las llamadas cuerdas vocales, dos membranas en forma de cinta, insertas a cada lado del conducto, limitan entre sí una hendidura en la parte media de dicho tubo.

Son ellas las que, vibrando a modo de cuerdas musicales, originan los sonidos y ruidos que componen la voz humana, gracias al aire procedente de los pulmones. Los huesos, las articulaciones y los músculos laríngeos sirven para tensar o relajar dichas cuerdas y de ese modo variar el tono de la voz emitida.

La laringe no emite más que un determinado caudal de voz para tono, mientras que su modulación y articulación se efectúa en otros órganos (boca, dientes, lengua, etc.).

LA TRAQUEA Y LOS PULMONES. El conducto que lleva el aire desde la laringe hasta el tórax, se llama tráquea y es un tubo aplanado en su cara posterior, pero no rígido, pues posee cierta elasticidad y movilidad. Sus paredes están formadas por una serie de anillos cartilaginosos (entre 15 y 20), unidos entre sí por tejidos de sostén.

El Sistema Respiratorio Nariz Laringe Faringe Traquea PulmonesSu superficie interna está recubierta por una mucosa que alberga glándulas encargadas de segregar moco. Una vez que ha alcanzado la porción superior del tórax, la tráquea se divide en dos conductos denominados bronquios, de forma cilíndrica, idénticos a la tráquea.

Después de un trayecto muy corto (entre 2 y 5 cm), se introducen en el interior de las masas pulmonares.

En los pulmones es donde se efectúa la verdadera respiración, o sea, el intercambio de gases. Son dos órganos, uno derecho y otro izquierdo, y comprenden entre ambos un espacio medio, ocupado en parte por diversas estructuras (vasos, nervios, bronquios, ganglios linfáticos, etc.), llamado mediastino.

Los pulmones están relacionados por su base con el diafragma y por su vértice con el hombro. Su cara redondeada está orientada hacia afuera y la plana hacia dentro.

De este modo, son precisamente las dos caras planas (una de cada pulmón) las que delimitan lateralmente el mediastino. Cada pulmón se divide en otras unidades de menor tamaño llamadas lóbulos (tres para el derecho y dos para el izquierdo), subdivididas a su vez en porciones más pequeñas de tejido pulmonar, denominadas lobulillos. Los bronquios, una vez que han penetrado en su correspondiente pulmón, se subdividen y proporcionan numerosas ramificaciones a las diversas porciones del mismo.

La distribución bronquial remeda perfectamente el ramaje de un árbol y sus finísimas terminaciones desembocan en una gran cantidad de minúsculos sacos de aire, llamados alvéolos pulmonares, a los que podríamos comparar con las hojas de un árbol. En cada milímetro cúbico de tejido pulmonar se cuentan unos 250 alvéolos y sumados los de ambos pulmones, forman una superficie de unos 80 a 90 m cuadrados.

Es imposible dejar de maravillarse de que un órgano cuyas dimensiones alcanzan sólo unos 25 cm de altura y 16 cm de diámetro anteroposterior, presente una estructura y una superficie interna tan enorme. Entre los dos bronquios y, especialmente en el espacio que dejan entre sí los alvéolos pulmonares, se encuentra, a modo de relleno, el tejido de sostén que proporciona consistencia al órgano y actúa, además, como medio de conducción de una serie de elementos, tales como vasos y nervios.

La circulación sanguínea del pulmón es especial y puede compararse, en cierto modo, a la del hígado. En efecto, al igual que dicho órgano, presenta dos tipos diferentes de circulación. Una que recibe la sangre por las arterias bronquiales para su propia vida (sangre oxigenada) y otra la que le dan las arterias pulmonares (sangre impura) a fin de que la oxigene.

La superficie externa de los pulmones está recubierta por una membrana denominada pleura, parecida a un saco. Pero además existe otra hoja pleural que tapiza la superficie interna de la caja torácica. De este modo toman contacto ambas hojas pleurales: la visceral (o sea la que envuelve a la víscera en forma de saco) y la parietal (es decir, la que tapiza la pared torácica).

Dicha disposición anatómica está destinada a facilitar los movimientos respiratorios, ya que al poseer las pleuras una gran lisura, se produce durante aquéllos un suave deslizamiento entre ambas hojas.

LOS PULMONES: Los pulmones están situados en la caja torácica y tienen unos 26 cm de altura por 15 cm de anchura, con una capacidad de 2,5 litros de aire cada uno. Se hallan apoyados sobre el diafragma, y su parte superior se encuentra a la altura de  la  primera vértebra torácica.

Cada pulmón está dividido por raerá en varios grandes lóbulos, que en el derecho son tres y en el izquierdo sólo dos. Ello es debido a que el corazón se encuentra junto al pulmón izquierdo y le quita parte del espacio. En la zona de entrada de los bronquios penetran también en el pulmón los vasos sanguíneos, los vasos linfáticos y los nervios.

La arteria pulmonar lleva la sangre que precisa ser oxigenada, mientras que las venas pulmonares se llevan hacia el corazón la sangre lista para su uso, para que sea utilizada por todo el cuerpo. Con ello se completa la circulación pulmonar o menor. de la que se ha hablado en el capítulo del sistema circulatorio. Además, el pulmón recibe otro vaso sanguíneo, la arteria bronquial, que es una rama de la arteria aorta y sirve para alimentar el tejido pulmonar.

Cada pulmón está envuelto por una capa de tejido conjuntivo que lo protege. llamada pleura, formada a su vez por dos capas. Una de ellas entra en contacto directo con el pulmón, mientras que la otra recubre las paredes del tórax. Entre ellas hay una pequeña cavidad que encierra el líquido pleural. Esta estructura es muy apropiada para que el pulmón pueda expandirse Y comprimirse sin ningún rozamiento.

Ver: Enfermedades del Pulmón