Vida de Gabriela Mistral

Biografia de Bello Andrés Resumen Obras Mas Importantes

Resumen Biografía de Bello Andrés – Obra Literaria

Andrés Bello: Está considerado como el primer sabio de América en orden cronológico. Fue uno de los hombres de mayor cultura y talento del período neoclásico, y al mismo tiempo, uno de los más grandes maestros que ha dado hasta el presente Hispanoamérica.

Aunque venezolano por nacionalidad, puede ser considerado ciudadano de toda la América del Sud, por la influencia de su obra y su amor a estos países.

Nació en Caracas el 29 de noviembre de 1781. Fue poeta, jurisconsulto, filólogo y diplomático. Desde niño demostró un talento extraordinario.

Fue su profesor Fray Cristóbal de Quesada, que le inició en los estudios de castellano, latín y humanidades. Después cursó los estudios de Derecho y Medicina, pero los abandonó para seguir la carrera administrativa.

En 1802 ingresó como oficial segundo de la Secretaría en el Gobierno de Venezuela, donde pronto puso de relieve su competencia y laboriosidad.

Andrés Bello vivió durante las tres últimas décadas de la colonia española en Venezuela (donde nació, en la ciudad de Caracas) y algo más del primer medio siglo de vida independiente hispanoamericana.

De este período, los veinte primeros años corresponden al tiempo de lucha por la independencia nacional, cuyo desarrollo, vicisitudes y triunfo observó Bello desde Londres.

Los últimos treinta y tantos años de su vida, pasados en Chile, son los de la fijación de la existencia política y cultural de los nuevos estados de Hispanoamérica.

En líneas generales fue éste el tiempo de Bello: Colonia (en Caracas, 1781-1810); Guerras de Independencia (Londres, 1810-1829), gobierno y edificación de las nacionalidades hispanoamericanas (Chile, 1829-1865).

Su pensamiento está determinado por tales circunstancias, a las cuales debe siempre referirse lo que produjo, como único modo de explicar el alcance de su obra.

Si a esa condición externa se añade la consideración de las ideas y propósitos, de los conocimientos y carácter de Bello —es decir, su peculiaridad individual— podrá valorarse la significación de cuanto el intelectual venezolano llevó a cabo.

Para un hombre de su mentalidad, la vida colonial debía ofrecer escasas perspectivas de actuación pública.

No así en lo que atañe al estudio. Bello, como los hombres más notorios de su generación, se dedicó al conocimiento de la naturaleza y al estudio del pensamiento humano, a las letras.

El trópico brindaría continuos descubrimientos a su inquietud. Andrés Bello llevará impreso para siempre, en su sensibilidad, el paisaje de la tierra, que habrá de darle el principal tema de sus más grandes poemas, escritos en Londres.

En su primera juventud no fueron el latín y la ciencia escolástica las únicas dedicaciones: estudió el castellano, iniciando en ese tiempo sus investigaciones de la lengua (El análisis ideológico de los tiempos en la conjugación castellana); aprendió francés e inglés, ciencias médicas, geografía (de la cual fue maestro de Bolívar), matemáticas, filosofía, historia, de la que es muestra su Resumen de la historia de Venezuela, y otras muchas disciplinas.

Bello comenzó a editar por su propia cuenta en 1823, La Biblioteca Americana, que tuvo que suspender muy pronto, pero obtuvo mayor éxito con la revista trimestral El Repertorio Americano (1826), la cual alcanzó sólo a los cuatro números.

En el primer número apareció la Silva a la agricultura en la zona tórrida, una de sus mejores composiciones. Esta pieza lo colocó casi de inmediato en primera linea entre los escritores hispanoamericanos.

En los diecinueve años que Bello residió en Chile se cimentó su fama de erudito serio y responsable, dueño de un criterio crítico moderno y objetivo, así como también su fama de poeta sin par entre los hispanoamericanos.

Llegó a ocupar también algunos cargos diplomáticos, como ser el de secretario de la legación de Chile (1822) y luego igual jerarquía en la legación de Colombia (1824).

Andrés Bello

En las horas libres las dedicaba al estudio intenso de las humanidades, y su permanente asistencia a la biblioteca del Museo Británico le permitió obtener una cultura excepcional en su época. Aprendió griego, publicó una versión al español moderno del Poema del Cid, con notas, algunos ensayos literarios, y realizó valiosas traducciones.

La Caracas colonial pudo dar un hombre como Bello, quien, situado en Londres entre destacadas personalidades españolas e hispanoamericanas, tuvo capacidad para desempeñar un papel de primer orden.

No era gratuita la consideración y el respeto hacia Bello por parte de hombres como Blanco White, Gallardo, Salva, José Joaquín de Mora, Mendívil, entre los españoles; Fernández Madrid, García del Río, Irisarri, Olmedo, Egaña, Pinto, entre los hispanoamericanos; Holland, James Mili, Hamilton, entre los ingleses.

En Caracas, Bello había logrado asentar sólidamente las bases de su saber y de su carácter.

Los pocos escritos que se conservan de su juventud manifiestan los rasgos generales de la formación clasicista de las escuelas coloniales.

Virgilio y Horacio son los maestros epirituales de los jóvenes universitarios; con ellos, los clásicos castellanos; y, además de los textos de estudio generales de su tiempo, los pocos libros que podían adquirirse por vías clandestinas.

Se conservan de Bello algunos poemas primerizos y el texto en prosa del Resumen de la historia de Venezuela.

Hay noticias de trabajos gramaticales suyos y es sabido que fue redactor de La Gazeta de Caracas, aunque resulte difícil identificar sus escritos.

Se sabe, además, de la destacada presencia de Bello en las tertulias caraqueñas, con sus poemas originales y traducidos que le granjearon la denominación de Cisne de Anauco.

Entre los escasos restos de sus escritos juveniles que se poseen figura la égloga conocida por el primer verso Tirsis, habitador del Tajo umbrío.

Es un poema en quince octavas reales, de versificación superior al resto de sus composiciones juveniles, al menos de las conocidas hasta la fecha.

No logra el pleno acierto expresivo en cuanto a lenguaje se refiere, pero es interesante transcribir algunas de sus partes para esclarecer un aspecto de las fuentes formativas del ilustre caraqueño.

Hay en la égloga componentes latinos, influencia de la poesía bucólica española del siglo XVI. La fecha de creación, imprecisa, puede situarse alrededor de 1805, o sea a los veintitantos años de edad del poeta.

En resumen, la figura de Bello, joven, en Caracas al cambiar el siglo, aparece como la de un entusiasta colaborador de cuanta empresa cultural se iniciaba.

Se vislumbraba en él a un humanista en ciernes cuando en 1810 sale para Londres en misión oficial del nuevo gobierno venezolano, acompañando a Bolívar y a López Méndez.

La misión consistía en captar la adhesión del gobierno inglés y disponer de su ayuda para la lucha emancipadora que había comenzado.

En 1807 fue recompensado por el rey de España con una distinción honorífica, la de Comisario de Guerra por los extraordinarios servicios prestados.

Fallecido su padre en 1806 y su protector Vasconcellos en 1807, quedaron Bello y su familia en situación apurada.

Poco después fue nombrado secretario de la Junta  Central de Vacuna en Caracas, quedando desde entonces unida su vida a la historia de Venezuela.

En 1809 se reveló como poeta con imitaciones de Virgilio y de Horacio.

Participó en unión de Bolívar y López Madoz en el movimiento separatista contra España, siendo enviado a Londres, en 1810, en misión diplomática por el Gobierno Central de Caracas.

Residió en Londres durante diecinueve años, durante los cuales desempeñó el cargo de Secretario de las legaciones de Chile, Colombia y Venezuela, al par que dedicaba sus horas libres al estudio de la lengua griega, la filosofía y la literatura y gramática castellanas, dedicando también su atención a la enseñanza y al periodismo.

Bello elevó el tono de la diplomacia por medio de documentos meditados con maduro estudio y escritos en un lenguaje digno y correcto.

En 1810 fue enviado a Londres por el recién formado gobierno de Venezuela. En 1829 llegó a Chile, contratado por el gobierno, para servir un cargo en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Fue nombrado, además, primer rector de la Universidad de Chile, que se fundó en 1842. Su obra fue de dimensión continental.

El Código Civil de la República de Chile sirve de modelo a la codificaciones de otros países de América, y su Gramática de la Lengua Castellana se orienta a preservar la unidad idiomática de los pueblos del continente.

Hacia el año 1829 marchó a Chile para desempeñar un importante cargo oficial que el Gobierno de dicha República le había ofrecido.

Allí se le confio la dirección del periódico oficial de la nación, y desde sus columnas procuró ilustrar a la opinión pública chilena de las directrices que el Gobierno se había trazado.

Fundó el Colegio de Santiago, dedicándose a la enseñanza de diversas disciplinas y alternando sus actividades de la Administración con el profesorado.

El Gobierno, agradecido a su obra de cultura, convirtió en Universidad el Colegio, y Bello pasó a ser profesor y rector de la misma, alcanzando extraordinario prestigio, tanto por sus enseñanzas como por su modo de apreciar los asuntos internacionales.

Por encargo de los Estados Unidos arbitró en 1864 una cuestión pendiente entre la gran República del Norte y la del Ecuador.

También en 1865 fue solicitado su consejo por Colombia y el Perú para otra cuestión análoga. Su actividad era incansable.

Quiso remediar todas las lagunas que notaba en la enseñanza, y apreciando la falta de libros adecuados para la ilustración de la juventud, escribió un tratado de Derecho romano, otro de Derecho internacional, una Cosmografía, una Historia de la literatura antigua, una Gramática castellana, una Ortografía y métrica de la lengua castellana y otros trabajos eminentemente didácticos.

Redactó un Proyecto de Código Civil que sirvió de base al promulgado en 1865. Su Gramática de la lengua castellana (1847) le valió el nombramiento de miembro honorario de la Academia Española; dicha obra y sus celebradas poesías Silvas americanas son consideradas como sus mejores producciones.

Andrés Bello falleció en Santiago de Chile el 15 de octubre de 1865.

Bello recibió por gracia la nacionalidad chilena y realizó la parte más importante de su obra en este país. En el centenario y en el bicentenario de su natalicio, se han organizado homenajes, seminarios y actos académicos que comprenden todo el ámbito hispanoamericano.

Hay un hecho en la historia cultural de Venezuela que por su importancia merece ser destacado. Se trata del primer intento de crear una revista venezolana, El Lucero, emprendido por Andrés Bello y Francisco Isnardy en 1809.

Sus promotores solicitaron el apoyo del Real Consulado, y éste contestó en oficio del 28 de noviembre de 1809 acogiendo el proyecto con simpatía y animando a que imprimieran el prospecto y llevaran a término la obra planeada «que tanto debe contribuir a la ilustración y utilidad de los habitantes de Venezuela».

El texto del oficio dice así:
«Este Real Consulado ha visto del modo más satisfactorio el convencimiento del celo por su instituto con que Vmds. solicitan su protección para proporcionar al público el periódico llamado El Lucero, y enterado con suma complacencia, en la sesión de Gobierno celebrada ayer, del prospecto y representación, con que lo produjeron, acordó dispensarla en la mayor extensión a un papel, que tanto debe contribuir a la ilustración y utilidad de los habitantes de Venezuela, y como se promete que los conocimientos de Vmds. llenarán cuanto anuncian, dispuso anticiparles expresivas gracias, y que se les faciliten los escritos y noticias que se encuentren en sus archivos relativos a los objetos de que han de tratar, y los demás auxilios que se juzguen conducentes o necesarios y se hallen a nuestro alcance.

También estimó conveniente acordar suscribirse por veinticuatro ejemplares del papel indicado para repartir entre sus empleados en la forma que se hará saber a Vmds. al tiempo de ejecutarla, y que se impriman por su cuenta ciento del prospecto para calcularlo.

Todo lo que participamos a Vmds. para su inteligencia y satisfacción.»

El 3 de enero de 1810, ya impreso el prospecto, el Real Consulado ordenaba abonar el importe de la obra de impresión, hecha probablemente por Gallagher y Lamb.

El Lucero no pasó de ahí. No es probable que llegara a imprimirse algún número, por lo menos no ha llegado hasta hoy noticia de su existencia.

El mismo prospecto es pieza quizá definitivamente perdida. Nadie ha tenido la suerte de examinarlo con intención de historiador. No obstante puede rehacerse el carácter de la revista planeada por Bello e Isnardy, gracias a la preciosa información que da el Semanario del Nuevo Reino de Granada, de Caldas. La importancia de ese documento exige su transcripción:

NOTICIA LITERARIA: «Por el último Correo de Caracas hemos recibido el prospecto de un nuevo periódico intitulado El Lucero. Sus AA. D. Andrés Bello y D. Francisco Isnardy ofrecen llenar los números de este papel con artículos muy interesantes, y muy varios. Tales son: la Moral Civil; el Bello sexo; las Ciencias útiles; la Historia natural de Venezuela; la Física; la Medicina; la Química y Botánica; la Eloquencia y la Poesía; la pureza de la lengua; el Teatro; la Historia; y la estadística de Venezuela. Este nuevo papel lo ha tomado baxo de su protección ese Real Consulado de Comercio, esperamos que con este apoyo no tenga la suerte de casi todas las empresas literarias de América. Se suscribe en Caracas, y en toda esa Capitanía General, a cinco pesos por semestre.»

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica – Andrés Bello
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Andrés Bello, “El Educador de América” – Editorial Planeta

Poesias de Alfonsina Storni Vida y Obra La Literatura Nacional

Literatura Nacional: Poesías de Alfonsina Storni
Vida y Obra de Alfonsina

Alfonsina Storni: La poesía como respuesta

Como sucede con muchos autores literarios, en el caso de Alfonsina Storni la creatividad volcada en las palabras fue no sólo la fuente de su éxito y reconocimiento, sino también el lugar que la poetisa halló para aliviar los pesares que le tocaron vivir en su corta existencia terrenal.

Si bien la escritora recorrió diversos terrenos creativos produciendo obras de diferentes géneros literarios relacionados a la prosa y al teatro también, sin lugar a dudas ha sido la poesía el principal objeto de su inspiración y producción.

Muchos expertos aseguran que en sus comienzos los poemas de Alfonsina poseen cierta influencia de los poetas españoles Campoamor, Nuñez de Arce o Marquina, aunque no tardó en definir por completo su estilo.

Aquel estilo que en general se caracterizó por escribir los sentimientos más profundos del género femenino, dentro de contextos de temáticas universales, dando lugar a un espacio en el que la mujer podía sentir su profunda identificación con los versos de la autora.

No es de extrañar entonces que cuando comenzó el auge por la poesía de Alfonsina uno de los poemas más difundidos a través de recitados públicos fue “Tu me quieres blanca”, en el que con palabras magistralmente elegidas pone de manifiesto la opresión generada por los hombres sobre las mujeres, y en el que en definitiva se expresan las diferencias de género que existían en su época.

El primer libro de poesías publicado por la autora fue “La inquietud del rosal”, lanzado en el año 1916, al que le siguieron “El dulce daño” en 1918, e “Irremediablemente” en 1919.

En 1920 publicó la obra titulada “Languidez”, el cual fue galardonado con el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura.

Estos premios colocaron a Alfonsina sobre la cima de los representantes de la literatura nacional, y le permitió a la escritora poder vivir dignamente de lo que generaba con su arte.

Pero en realidad, uno de los cambios más profundos que Alfonsina Storni experimentó en su creación lírica se inició a partir del año 1925 con la publicación de “Ocre”. En la obra la autora inaugura su nuevo mensaje. La poesía ya no será para expresar amor, sino que se convertirá en un medio para poner de manifiesto su ideología feminista y su profunda y aguda mirada al mundo real.

A partir de allí, su producción literaria cambio y en general la utilizó para expresar su ideología y su postura femenina ante un mundo concebido para ser dirigido por hombres.

Incluso su pensamiento fue llevado al teatro, a través de una obra escrita por ella misma titulada “El amo del mundo”, estrenada en una sala céntrica el 20 de marzo de 1927, y cuyo argumento, criticado por la mayoría de los medios destacados del momento, giraba en torno a las teorías de Alfonsina sobre la relación entre hombres y mujeres.

Al respecto de su creación, Josefina Delgado en su biografía sobre Alfonsina Storni, publicada por la editorial Planeta en 2001, puntualiza: “En la poesía escrita por mujeres, nadie tomó con su claridad de juicio la defensa de un orden más justo y menos ambiguo para la mujer.

En su poesía, esta defensa se lleva a cabo a través del despliegue de los sentimientos; en cambio, en sus colaboraciones periodísticas, y pese a las limitaciones con las que seguramente contaría, se permite desarrollar algunas ideas.

En ellas no es complaciente con la mujer, sino que le exige ponerse a la altura de sus posibilidades y entregarse de lleno al cultivo de una personalidad que desdeñe los rasgos de infantilismo e indefensión que la han consagrado como víctima perpetua del hombre”.

Alfonsina se sentía sola y marginada, y sólo podía compartir sus pensamientos con unos escasos amigos íntimos, y a la vez utilizar su creatividad para saciar las ansias que sentía por gritarle al mundo sus pensamientos feministas.

La tristeza de su alma era muy grande, y esto hizo que su salud lentamente comenzara a decaer.

Voy a dormir nodriza mía

El 20 de mayo de 1935 Alfonsina Storni debió ser intervenida quirúrgicamente para extirpar un cáncer de mama que había sido detectado meses antes, y que si bien los médicos sospechaban que se trataba de un tumor benigno, lo cierto es que tenía ramificaciones, y luego de la operación debió enfrentar la noticia de padecer una enfermedad terminal inoperable.

La depresión, la paranoia, los ataques de nervios y pánico que siempre había sufrido Alfonsina a lo largo de su vida se profundizaron, dando incluso origen a los primeros síntomas de enfermedad mental.

Su reclusión constante la llevó poco a poco a perder contacto con sus amistades, e incluso el tormento causado por la enfermedad la alejó de su propio hijo.

El martes 18 de octubre de 1935 Alfonsina decidió viajar a Mar del Plata en búsqueda de aquella tranquilidad y paz que parecían nunca llegar a su atormentado espíritu.

En su mente circulaban una y otra vez ideas ambiguas, pero Alfonsina parecía resistirse a la idea de tomar la decisión de acabar con su vida.

El jueves 20 escribió el que sería su último poema, titulado “Voy a dormir” como presagio de un final inevitable, que llegó el día 25 a la madrugada, cuando Alfonsina terminar con su padecimiento en una eterna caminata que inició en las orillas del mar en la zona de la playa La Perla, y cuyo destino sería la profundidad de las aguas.

Su voz se acalló para siempre y su trágico final quedó plasmado en los versos de uno de sus poemas más brillantes:

Voy a dormir

Dientes de flores, cofia de rocío,                                  

manos de hierbas, tú, nodriza fina,

tenme prestas las sábanas terrosas      

y el edredón de musgos escardados.    

 

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.  

Ponme una lámpara a la cabecera;        

una constelación, la que te guste;  

todas son buenas, bájala un poquito.     

               

Déjame sola: oyes romper los brotes…  

te acuna un pie celeste desde arriba     

y un pájaro te traza unos compases      

       

para que olvides… Gracias… Ah, un encargo:       

si él llama nuevamente por teléfono       

le dices que no insista, que he salido.

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Alfonsina Storni: Una vida de letras

El mar fue el testigo de la desventura de una mujer, cuyo talento innato para expresar en palabras los sentimientos más profundos de los seres humanos no pudo acallar la tristeza que la llevo a tomar la decisión más difícil de su vida, eligiendo las costas de Mar del Plata como escenario final de su existencia terrenal.

Ese final que ha sido tan bien plasmado en una sencilla pero emotiva zamba compuesta por Ariel Ramírez y Félix Luna, y que popularizó con su voz la gran Mercedes Sosa, en la que se plantea la inquietud sobre la desaparición de la artista, preguntándole a ella misma cuáles son los nuevos poemas que ha ido a buscar.

Es que la incertidumbre y las inquietudes ante el suicidio de Alfonsina Storni aún hoy, después de que transcurrieran más de siete décadas de aquella trágica muerte,continúan surgiendo una y otra vez, y son respondidas con argumentos nacidos en el imaginario nacional, porque nadie puede explicarse que su vida haya concluido de esa manera.

Se supone que un artista logra exorcizar sus demonios a través de su arte. Por lo menos es lo que consideran muchos que sucede a través de la magia del verdadero talento artístico.

Sin embargo, las palabras que inundaban constantemente la mente de Alfonsina, y que fueron magistralmente utilizada en los miles de hermosos poemas compuestos de su puño y letra, no le alcanzaron para luchar contra la triste realidad de su vida.

Pudiera ser que todo lo que en verso he sentido

Alfonsina Storni nació el 29 de mayo de 1892 en la ciudad Sala Capriasca, de Suiza, siendo la hija menor del matrimonio conformado por Alfonso Storni y Paulina Martignoni, quienes además tenían dos hijos llamados María y Romero

Su familia había estado previamente asentada durante un tiempo en la provincia argentina de San Juan, hasta el año 1880 en que decidieron volver a Suiza, por ello Alfonsina nació en aquel país europeo, aunque existen algunas versiones que indican que podría haber llegado a nacer en altamar el 22 de mayo, y que en realidad fue anotada días después.

Lo cierto es que su nombre fue elegido por su padre, y según ella misma afirmaba: “Me llamaron Alfonsina, que quiere decir dispuesta a todo”.

Cuando tenía 4 años de edad, Alfonsina llegó con sus padres a la provincia de San Juan, donde realizó sus estudios y paralelamente comenzó a surgir el talento innato de la que se convertiría en una de las más grandes literatas del país.

Pero San Juan no sería el lugar definitivo de Alfonsina, ya que en el año 1901, poco después de que naciera su hermano menor llamado Hildo Alberto, con quien la poetisa establecería una relación de cariño y protección, la familia se trasladó a la ciudad de Rosario.

Allí, su madre inauguró una humilde y pequeña academia en la que ofrecía clases particulares en distintas áreas, y ese pasó a ser el sostén principal de la familia, por lo cual comenzaron los tiempos duros, en los que la economía que manejaban los Storni los ubicó en el umbral de la pobreza.

Debido a esto, Alfonsina debió abandonar sus estudios y comenzar a trabajar como lava platos, cuando sólo tenía diez años.

La situación de su familia empeoraba cada vez más, y su padre, entregado a la bebida, comenzó a transitar un declive que lo llevaría a la muerte. En este entorno de tristezas e impotencias fue donde se desarrolló la poetisa, quizás intentando canalizar su pesar en las letras.

Un giro del destino hizo que Alfonsina fuera requerida por la compañía teatral de Manuel Cordero, y posteriormente contratada por la compañía de José Tallavi. Con aquel trabajo de actriz, la joven y su familia recorrieron el interior del país y pudieron salir momentáneamente de aquella dura situación económica.

A partir de ese momento comenzó no sólo la independización de Alfonsina sino también su producción literaria, que transitaba por los versos de las poesías y la prosa de las obras de teatro. Además se desenvolvía como profesora particular de recitado y buenos modales.

Esto le permitió finalizar sus estudios de docente en la carrera de maestro rural en la Escuela Normal Mixta de Maestros Rurales. Fue en aquel momento que conoció a Emilia Pérez de la Barra, su profesora de la cátedra de Idioma Nacional, quien la estimuló a trabajar duro en la producción literaria, ya que había descubierto el gran talento que Alfonsina tenía para las letras.

Poco después decidió mudarse a la ciudad de Buenos Aires, precisamente en el año 1911, momento en que daría a luz a su hijo Alejandro, siendo madre soltera.

En Buenos Aires trabajó en diversos oficios, desde cajera de farmacia, empleada de tienda, hasta como docente en la Escuela para Niños Débiles del Parque Chacabuco, institución educativa destina a niños pobres que se encontraban en situación de raquitismo.

Mientras tanto, Alfonsina jamás abandonó su creación, e incluso comenzó a publicar algunos escritos en la revista Caras y Caretas, y la redacción de avisos publicitarios y cartas comerciales para la compañía de importación de aceite Freixas Hermanos.

Fue durante su paso por la revista Caras y Caretas que Alfonsina tuvo la posibilidad de establecer amistad con importantes escritores del país, como es el caso de José Enrique Rodó, Amado Nervo, José Ingenieros y Manuel Ugarte. Además, durante sus frecuentes viajes a Montevideo, Uruguay, trabó amistad con la poetisa Juana de Ibarbourou y el escritor Horacio Quiroga.

La amistad con el literato fue realmente profunda y era frecuente verlos juntos, por lo que muchos comenzaron a especular con la posibilidad de que existía entre ambos una relación amorosa, aunque esto jamás se supo con certeza.

Te invitamos a leer el artículos titulado “Alfonsina Storni: La poesía como respuestapara conocer más acerca de su vida.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929
Personaje: Alfonsina Storni

La poeta Alfonsina Storni acaba de publicar un nuevo libro, titulado Languidez. De acuerdo a lo que ella misma expresa en el prólogo, este flamante conjunto de poemas es producto de una nueva etapa de su vida. Asegura allí: «Tiempo y tranquilidad me han faltado, hasta hoy, para desprenderme de mis angustias y ver así lo que está a mi alrededor». Este trabajo representa el cuarto libro de poemas de Storni. Los anteriores fueron La inquietud del rosal, Irremediablemente y El dulce daño. También ha escrito una novela corta, llamada Una golondrina, que fue publicada en la revista Hebe.

La vida de Alfonsina Storni no ha sido fácil. Al hecho de tener que abrirse lugar en un campo tan estrecho como el de la poesía, encima siendo mujer, hay que sumarle las dificultades personales, como es haber quedado sin padre siendo muy pequeña y hacerse cargo de la crianza de un hijo en soledad. Sin embargo, estas circunstancias no han sido impedimento para que la escritora despliegue su talento a través de sus poemas.

El arte siempre estuvo presente en su vida, ya que con sólo quince años se incorporó a la compañía teatral de José Tallavi, que había visitado su ciudad, Rosario, y salió de gira por el interior del país. De regreso con la compañía, comenzó a estudiar la carrera de maestra rural y se recibió en 1911. Paralelamente, comenzó a colaborar en las revistas literarias Mundo Rosarino y Monos y Monadas, donde se publicaron sus primeros poemas. Es en ese tiempo que se enamoró de un hombre casado, perteneciente al ámbito político y periodístico, y cuando quedó embarazada se trasladó a Buenos Aires. Tras el nacimiento de su hijo Alejandro, y ante la imposibilidad de conseguir trabajo como docente, comenzó a colaborar en la revista Caras y Caretas, a la vez que de desempeñaba como cajera de una tienda de ropas.

Cuando se hizo cargo de la sección Feminidades de la revista La Nota, su trabajo literario y periodístico comenzó a trascender y fue el trampolín para la publicación de sus libros de poemas. Actualmente, Storni también suele escribir en el diario La Nación, bajo el seudónimo de Tao-Lao.

Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

Biografia de EDITH PIAF Su Vida, sus amores y sus desgracias

Biografía de EDITH PIAF Su Vida, sus amores y sus desgracias

La vida de Edith Piaf (1915-1963) es una historia complicada. Edith Giovanna Gassion nació en 1915, en plena calle de París. Su madre separada y en plena pobreza, dá a luz con la ayuda de un gendarme.

También sus padres eran alcohólicos por lo que fue dejada al cuidado de su abuela quien regenteaba un “burdel”.

A los cuatro años sufrió de meningitis, la cual le generó una ceguera temporaria.

Ya de adolescente trabajó con su padre viajando con un circo o haciendo acrobacias en las calles. Probó fortuna con el canto callejero, junto a su media hermanaMamone (hija ilegítima de su padre), recogiendo pocas monedas diarias.

A los 16 años quedó embarazada, pero su hija Castelle falleció a los dos años de meningitis, además ella quedó imposibilitada de tener hijos.

En 1935 cuando cantaba en una avenida de París, fue vista por un empresario llamado Louis Lepleé, el cual quedó fascinado y la contrató para que trabajara en su bar, Lepleé fue quien la bautizó como “Piaf”, que significa pequeño gorrión, pues la veía como un pajarito con una poderosa voz.

Leplée la convirtió en una estrella enseñándole a mostrar su lento ante el público; aquel cabaret era además un lugar donde venían muchas celebridades de la capital. Pero su vida nunca fue camino de rosas; al poco tiempo, Leplée, al que ella llamaba “papa” apareció muerto en su despacho.

Aquel día no sólo perdió a su amigo y patrón , sino que la policía la trató como sospechosa del asesina.

A partir de este momento ella comenzó a beber y a drogarse de forma infernal, y se acostaba con cualquiera.

Edith era de esas mujeres que cuando se enamoran, lo hacen hasta la médula. De esas que, cuando se proponen conquistar a un hombre, olvidan el sentido de la dignidad.

Independientemente de las circunstancias en que se produjeran sus relaciones sexuales, Edith probó de todo y gozó con cada uno de sus amantes.

La palabra exceso no formaba parte de su vocabulario.

A finales de los años treinta del pasado siglo conoció al letrista Raymond Asso, quien la ayudó a salir de la cloaca en que había convertido su vida. De nuevo volvió a cosechar grandes éxitos gracias a sus canciones más famosas, como Je ne regrette rien, La vie en rose, Les amants de Paris, y otras.

Sus éxitos le proporcionaron grandes sumas de dinero que ella derrochaba con sus amantes y ayudando a todo aquel que se lo pidiera.

Pero su gran amor, «el único hombre al que he querido», según ella misma afirmó, fue el boxeador Marcel Cerdan, un marroquí de origen humilde que llegó a convertirse en una gloria nacional para Francia.

Se conocieron en París en noviembre de 1945 en un club en el que ella cantaba. Marcel se emocionó con su voz.

El encuentro decisivo no se produjo hasta 1947, en un restaurante francés de Nueva York. Enseguida se gustaron, quedaron para cenar y él se quedó en el hotel de Edith. En marzo de 1948 se produjo un nuevo encuentro.

Aunque ambos intentaron ser discretos, porque él estaba casado y tenía tres hijos, un periódico les descubrió.

Cerdan se las arregló para evitar que Marinette, su esposa, rompiera el matrimonio, pero sin dejar a Edith.

El 23 de mayo de 1948, Cerdan perdió por primera vez un combate y los periódicos acusaron a Piaf de traerle mala suerte. Sin embargo, sólo fue un revés pasajero y el 21 de septiembre se convirtió en campeón del mundo de los pesos medios.

Ella tenía tal pasión por Marcel que nunca estaba satisfecha y necesitaba tenerlo a su lado en cada minuto de su vida.

El llevaba una vida dedicada a su profesión, boxeando por distintos países de Europa, y ella necesitaba su cálida compañía, hasta que un día le rogó por su presencia. Cerdán subió a un avión, del cual no bajaría jamás pues se estrelló en una isla.

Edith estuvo a punto de acabar con su vida, pero Momone la vigiló y sedó para evitar otra tragedia.

Cuando Marcel se marchó, Edith volvió a su vida agitada. La menuda parisiense (medía 1,47 m.) fue una devoradora de hombres.

En aquellos momentos vivió sendos romances con el cantante Jean-Louis Jaubert y con el actor John Garfield. Entre otros amantes de la cantante se encuentran Eddie Constantinn, Yves Montand, Georges Moustaki y Charles Aznavour.

La tensión sexual que le producía el deseo del otro la hacía dormir con los puños cerrados. Le gustaban especialmente los hombres de ojos azules, pero no le hacía ascos a nadie. Sus relaciones siempre eran apasionadas y destructivas.

Ella se dejaba abofetear o maltratar por sus amantes, a cambio les era infiel siempre. Quizá la única excepción fue la que hizo con Yves Montand.

En 1958 conoció a Georges Moustaki, con el que mantuvo un al faire que duró algo más de un año. Ella entonces tenía cuarenta y dos y él sólo veintitrés, según Georges tenían una buena relación pero el alcohol y las drogas los separó.

Ella se encerraba en su cuarto a tomar cerveza, la que mezclaba con ansiolíticos y anfetaminas. Moustaki fue reemplazado por Douglas Davis un joven pintor.

En 1959 a Edith le diagnosticaron un cáncer, lo que ya no le permitiría recuperarse jamás, e ir debilitándose día a día.

Bajo estas circunstancias, un año antes de morir contrajo matrimonio con un peluquero con ambición de carrera en el mundo de la canción, llamado Théo Sarapo que tenía entonces veintiséis años.

Murió en 1963, a su entierro en París, , asistieron más de cuarenta mil personas. Todavía hoy en día se descubren flores frescas en la tumba donde está enterrada, en el cementerio de Pére-Lachaise Fue una mujer que conoció la más terrible de las desgracias, que es estar rodeada de personas que la adoraban mientras ella vivía en la más absoluta de las soledades.

El fin del amor

El 28 de octubre de 1949 se estrelló el avión en el que viajaba Cerdan camino de Nueva York. Allí se encontraba Edith, quien le había apremiado para que se reuniera con ella.

En memoria de Cerdan, Edith escribió «La belle histoire d’amour»: «Je n’oublierai jamais /Nous deux, comme on s’aimait /Toutes les nuits, tous les tours, 1… La belle histoire d’amour… 1… La bel/e histoire d’amour… /Pourquoi m’as-tu laissée ? /Je suis seule á pleurer, /Toute seule á chercher…»

La vida de Edith Piaf fue movida y azarosa.

Empezando por su nacimiento que fue en una esquina de una calle parisiense, donde su madre, alcohólica, fue atendida por dos policías. La misma Edith, muchos años después, acabaría como su madre tirada en la calle.

En 1951, tuvo un grave accidente de coche en el que se rompió varias costillas. Para aliviar su dolor los médicos le recetaron morfina, pero Piaf se convirtió en adicta y empezó a beber, y como su madre, a recoger hombres en las calles para aliviar su soledad.

Edith, quien estuvo a punto de suicidarse al enterarse de la muerte de Marcel, se volvió a casar dos veces más, pero jamás olvidó a Cerdan ni pudo quitarse de la cabeza que en parte había sido culpa suya.

RECORDANDO «EL HIMNO AL AMOR» DE EDITH PIAF

Fuente Consultada: 99 amores de la Historia y Sexoadictas

grandes amantes

Biografia de Cecilia Grierson Primera Medica Argentina Mujeres

Cecilia Grierson:
La Medicina en Tiempos de Hombres

LA MUJER EN LA HISTORIA: VIDA DE GRANDES MUJERES DE LA HISTORIA

MEDICA argetina Cecilia Grierson

CECILA GRIERSON: Al hablar de la historia de la medicina argentina surge, ineludible, el nombre de Cecilia Grierson (1859-1934), la primera mujer que se graduó como médica en Sudamérica. Antes de eso fue docente y, según manifestó, comenzó estudios de medicina para ayudar a una-amiga enferma. Para hacerlo tuvo que obtener un permiso especial, pero cuando estaba en tercer año fue nombrada ayudante de la cátedra de Histología. Se recibió en 1889 y comenzó una carrera de logros, aunque no debidamente reconocidos.

En la historia del país, existen algunos nombres que quedarán para siempre ligados al forjamiento de la nación, ya que de alguna u otra manera han logrado cambiar por completo a la sociedad. Tal es el caso de Cecilia Grierson, un nombre que seguramente nos resultará familiar, ya que hoy existen calles, escuelas y fundaciones que llevan su nombre.

No obstante, quizás muchos desconozcan la historia de esta mujer, que luchó contra una sociedad machista para lograr alcanzar su sueño. Es que desde muy pequeña ansiaba poder ayudar a sus semejantes, y atraída por las ciencias relacionadas a la medicina, el 2 de julio de 1889 se graduó en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, convirtiéndose de esta manera en la primera médica argentina.

Biografia de Cecilia Grierson Primera Medica Argentina

Nacida en Buenos Aires el 22 de noviembre de 1859, en un principio creyó que la docencia era su destino, por lo que se recibió de Maestra en la Escuela Normal Nº 1. Pero por aquellos mismos años, la tragedia y la enfermedad llagaron a su vida.

El padecimiento de su mejor amiga Amelia Kenig la instaron a realizar los estudios en medicina, con la esperanza de poder ayudarla, y al mismo tiempo se dio cuenta que las ciencias naturales eran su verdadera pasión.

Lo cierto es que la noticia no fue precisamente recibida con alegría entre sus familiares, ya que hasta ese momento ninguna mujer argentina había osado ingresar a la facultad de medicina.

No obstante, Cecilia Grierson se enfrentó a esa sociedad que pretendía despojarla de sus sueños y ambiciones, repudiándola por ir en contra de lo establecido, para finalmente graduarse en 1889. Mientras estudiaba, precisamente en 1886, fundó la Escuela de Enfermeras del Círculo Médico Argentino, desafiando otra vez a aquellos que la juzgaban por sus decisiones.

Su labor como médica comenzó en el área de ginecología y obstetricia del Hospital San Roque, conocido actualmente como Ramos Mejia. Allí comenzaba la actividad profesional de la doctora Cecilia Grierson, que fue realmente intensa e ininterrumpida hasta su fallecimiento.

Se convirtió en miembro fundador de la Asociación Médica Argentina, y en 1892 participó en la realización de la primera cesárea que se llevó a cabo en el país. Intentó brindar sus servicios como docente, en la Cátedra de Obstetricia para Parteras, pero no fue posible, ya que en aquella época las mujeres no tenían permitido cubrir cargos docentes en la universidad.

Innovadora en todos los terrenos, en 1897 publicó el libro “Masaje Práctico”, un compendio que explicaba y profundizaba acerca de la técnica kinesiológica, hoy considerado uno de los ensayos más precursores en este ámbito. Le siguieron a este las publicaciones de “Educación Técnica para la Mujer” y “La educación del ciego y Cuidado del enfermo”.

Su sed por capacitarse cada vez más en su profesión, la llevaron a viajar a Europa, y allí, precisamente en Londres, se desempeñó como Vicepresidencia del Congreso Internacional de Mujeres.

Inspirada en la pasión que había despertado con la realización de su último libro, dedicado a los no videntes, en 1905 inició el Instituto Argentino para Ciegos. Luego, dos años después fundó la Asociación de Obstetricia Argentina y el Liceo de Señoritas, en el que también se desenvolvió como profesora.

En su lucha por la igualdad de géneros, realizó un extenso estudio sobre el Código Civil, pero debió esperar más de una década para poder observar algunos cambios con la reformulación de ciertas normas.

Su actitud frente a la vida y su constante lucha por los derechos de las mujeres, si bien le reservaron un lugar en la historia argentina, lo cierto es que la enfrentó a una sociedad que no estaba preparada para afrontar los cambios radicales que planteaba. Por eso, fue injustamente repudiada.

No obstante, su talento fue galardonado y homenajeado tanto en vida como después de su muerte, reconociendo de esta forma su intensa labor en favor de la educación y la medicina Argentina.

Paradójicamente, el final de su vida Cecilia Grierson sufrió la pobreza y debió sobrevivir con una magra jubilación, hasta que el 10 de abril de 1934 su implacable voz de luchadora fue acallada por la muerte.

Ver: Grandes Mujeres Cientificas de la Historia

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Julieta Lanteri

Biografia de Golda Meir Primer Ministro de Israel Ejemplo de Vida

Biografía de Golda Meir Primer Ministro de Israel

Golda Meir: A principios de siglo era una pequeña emigrada rusa que refugiaba su pobreza en los Estados Unidos. Cincuenta años después ocupaba, por su propio esfuerzo, el más alto cargo en el gobierno del Estado de Israel, un país que había contribuido a crear y defender. Golda Meir culminaba así una larga lucha en la que había empeñado el esfuerzo de toda su vida.GOLDA MEIR Primer Ministro de Israel

Si alguna palabra puede de finiría es pionera, ha dicho uno de sus biógrafos. Pionera entre las mujeres que llegaron por sus propios méritos a los puestos más encumbrados de la política y el gobierno y también de lo que sería a partir de 1948 el Estado de Israel, cuya existencia, a la vez consolidada y amenazada, pocos como ella han contribuido a afirmar.

Es más: en algún momento de la década de 1971-1980 una difundida publicación europea se expresó en estos términos: «El futuro del mundo, la paz o la guerra, está en manos de dos mujeres: Indira Gandhi y Golda Meir.»

Esta mujer, cuya trayectoria parece abrir caminos nuevos para su sexo y aun para su pueblo, eligió bien su campo de acción: un país nuevo y joven que ella ayudó a nacer, donde no hay lugar ni tiempo que perder discutiendo prejuicios o tradiciones anacrónicas de discriminación entre los sexos. Golda Meir triunfó donde solo podían triunfar el talento, la capacidad la pasión y la voluntad.

La vida de Golda Mabovitch -su nombre de soltera- comenzó el 3 de mayo de 1898 en Kiev, capital ucrania de Rusia sudoccidental. Su familia era muy pobre: el padre trabajaba como ebanista, aunque, según una ironía de Golda, «los comunistas dirían, por mi origen, que pertenezco a la alta aristocracia proletaria». De sus siete hermanos solo sobrevivieron Shana, la mayor, y Zipora, menor que Golda. Desde temprano su carácter resuelto reveló que no solo de nombre se parecía a su bisabuela, Buba Golda, una distinguida matrona que vivió 94 años.

PRIMERA EMIGRACIÓN
En 1906 la familia Mabovitch se incorporó a la corriente de judíos rusos que emigraban a Estados Unidos en busca de horizontes más promisorios, libres de las persecuciones religiosas (pogroms) de la Rusia zarista. Establecidos en la ciudad norcentral de Milwaukee (estado de Wisconsin), el padre trabajó en una carpintería ferroviaria mientras la madre atendía una tienda de comestibles. La pobreza, sin embargo, no dejó de pesar sobre la familia.

Ello no impidió que el desempeño escolar de Golda fuese brillante, y ya a los 10 años demostró su espíritu de iniciativa al organizar una sociedad juvenil de ayuda, cuyo objetivo era proveer de libros a los niños necesitados. A los catorce años escapó de la casa paterna y se fue a Denver (estado de Colorado) a vivir con su hermana Shana, de ardiente ideario socialista, que influyó mucho sobre Golda. Allí encontró trabajo en una lavandería.

Hacia 1916 se hallaba de regreso en Milwaukee preparándose para seguir la carrera docente. Por entonces ya dedicaba gran parte de su tiempo a toda clase de actividades sociales de la comunidad judía: actuó así en el seno de organizaciones tales como el Poalei Zion -Partido Sionista Socialista-, la Asistencia a los Judíos de Europa Oriental, el Congreso Judío Norteamericano, y los establecimientos escolares Yiddische Folk Shulen. Estos últimos eran escuelas judías de tendencia socialista donde ella dictaba clases de yiddish. Sus vibrantes discursos en este idioma y en inglés despertaban ya la atención de algunos dirigentes.

Pero su paso por Denver había traído otras relaciones. Allí conoció, en un sanatorio para tuberculosos donde trabajaba Shana, a Morris Meirson, otro judío ruso inmigrado. «Teníamos en común -dice Golda- la pobreza, la tuberculosis y el socialismo.»

Según ella, debió a Morris su formación cultural. Juntos leían poesía y filosofía, y, como no tenían dinero, iban a los conciertos gratuitos y escuchaban a las orquestas que tocaban en algunas plazas públicas.

Pero hubo algo que los separó desde un principio: Morris no era sionista, y consideraba que los nacionalismos de los distintos países del mundo eran escollos interpuestos en el camino del internacionalismo socialista. Golda, que ya sentía las ansias de emigrar a la tierra prometida a su pueblo miles de años atrás, le respondía con vehemencia que el internacionalismo no significaba el fin de las naciones, así como las orquestas no acaban con los violines.

LA VOZ QUE LLAMA AL DESIERTO
Golda siguió trabajando para su pequeña organización política sionista, que bregaba por la construcción de una patria en Palestina, basada en un orden social sin desigualdades económicas. En 1917 decidió viajar a Palestina y trabajar en una colonia colectiva como jalutzá, es decir pionera.

Morris se oponía a la idea, pero era más fuerte su deseo de casarse con Golda. Así que acabó por aceptar la condición de que partieran juntos que ella le impuso. «Si él no me hubiera acompañado -dice Golda- habría partido igual, pero descorazonada.»

Durante tres años recorrió Estados Unidos recolectando dinero para su grupo y su periódico. Finalmente, en 1921, ella y su esposo se embarcaron rumbo a Palestina.

Los Meirson se instalaron en un kibbutz (típico establecimiento agrícola comunitario israelí) del valle del Esdraelón. En los primeros tiempos Golda trabajó en el desecamiento de pantanos y luego se especializó en la cría de gallinas. No había pasado un año cuando ya la habían designado delegada del kibbutz al consejo de la Histadrut, la Confederación General de Trabajadores Sionistas.

Morris, sin embargo, no pudo adaptarse a la vida del kibbutz: Golda deseaba hijos, y él no quería tenerlos en la colonia. En 1923 la pareja se fue de Merja-via. «Esos dos años -^recuerda Golda con nostalgia- fueron maravillosos: construir, construir, construir. Abandonar el kibbutz fue la mayor frustración de mi existencia, y aunque no podría haber actuado de otra manera, si pudiera reiniciar mi vida no lo volvería a hacer.»

Durante un año vivieron en Tel Aviv, hasta que en 1924 se trasladaron a Jerusalén. El sueldo de Morris era miserable y la pareja vivía en la estrechez. Cuando les alcanzaba para comprar un poco de pan y queso, ellos lo celebraban como si fuese todo un banquete. Mientras, Golda trabajaba de lavandera; y en ese tiempo nacieron sus dos hijos.

UNA PASCUA SIN DINERO
Para la Pascua, los Meirson se trasladaron a Hertzelia, donde había venido a instalarse el padre de Golda con parte de la familia. Los Mabovitch no estaban en mejor situación económica, sin embargo, y hubo un año en que no les alcanzó el dinero ni siquiera para comprar el pan de pascua judío (que se prepara sin levadura) y una botella de vino para bendecir la fiesta.

«El corazón se me encogió -relata Golda-. Faltaban pocos días para Pascua y yo no podía dormir pensando en lo que podría estar tentado de hacer en esa situación un judío orgulloso como mi padre.»

Golda decidió ir a Tel Aviv. Allí recorrió todos los bancos solicitando un préstamo, pero, por supuesto, nadie quería darle crédito. Finalmente, después de mucho trajinar, le concedieron una pequeñísima suma. Regresó feliz a Hertzelia y se la entregó a su padre. «Cuando vi la expresión de sus ojos… Bueno, no quiero que nadie vea a la primera ministra soltando una lágrima… Pero fue tremendo.»

A pesar de sus dificultades económicas, Golda no olvidaba su pasión por la causa. En 1928 ocupó el cargo de secretaria del
Consejo Laboral Femenino y se lanzó a la carrera pública, que en lo sucesivo habría de obligarla a viajar y alejarse con frecuencia de su hogar. Fue uno de los miembros fundadores del Mapai —el Partido Laborista de Israel- y estuvo vinculada a casi todos los aspectos del esfuerzo constructivo sionista.

UN LABORIOSO ASCENSO
Desde entonces se sucedieron ininterrumpidamente cargos y las responsabilidades cada vez más pesadas: secretaria general de la Histradut, jefa del departamento político de la Agencia Judía, embajadora en Moscú, encargada de diversas negociaciones internacionales -inclusive entrevistando a jeques árabes en una atmósfera de gran peligro físico para ella-, ministra de trabajo, ministra de Relaciones Exteriores y, finalmente, desde 1969, presidenta del consejo de ministros.

Su vida pública y sus continuos viajes le han significado, entre otros sacrificios, perder la compañía de su marido.
En 1974, una grave crisis política la obliga a abandonar su alto cargo. Prácticamente retirada de la vida pública le resta entonces tiempo para hacer algunas reflexiones sobre su vida y hasta irónicas alusiones a su carrera.«Toda mi vida adulta -ha dicho-he trabajado entre hombres, y ellos me trataron de acuerdo con mis méritos. Nunca conocí a un hombre que rechazara una opinión mía porque fuese mujer… excepto uno: mi marido.»
 

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Resumen de la Vida Evita Perón Historia de su Obra en el Gobierno

Resumen Biografía de Eva Perón
Apasionada, de férrea voluntad y enorme capacidad de trabajo y sacrificio, entre 1945 y 1952, María Eva Duarte de Perón gravitó decisivamente en la vida argentina. Su labor en favor de las clases desposeídas, su excluyen-te dogmatismo, le granjearon por igual la fervorosa adoración de sus partidarios y la animadversión y hasta el rencor de sus enemigos políticos.

Aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera hasta la victoria». Pronunciadas por una mujer pálida y debilitada, las palabras resonaban sobre más de un millón de manifestantes eufóricos por el hecho de escucharla e impresionados por el deterioro evidente de su estado físico.

Por entonces –17 de octubre de 1951– había trascendido que la salud de Eva Perón estaba resintiéndose, pero ninguno de sus seguidores se resignaba a aceptar la posibilidad de su desaparición.

Nacida el 7 de mayo de 1919 en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, María Eva Duarte fue la menor de los cinco hijos de Juana Ibarguren y Juan Duarte. Su infancia, limitada por la pobreza y el estrecho marco de la vida pueblerina, transcurrió en Los Toldos y en Junín, dos apacibles localidades asentadas en el dilatado horizonte de la pampa argentina.

De ese ámbito se alejó para siempre en enero de 1935, cuando llegó a Buenos Aires dispuesta a abrirse camino en el medio artístico. Tres meses después consigue su primer trabajo como actriz de reparto, y con el correr del tiempo incursiona por el cine, se familiariza con el teatro y se convierte en figura de un género por entonces en pleno auge: el radioteatro. Hacia 1942 ya encabeza una compañía radioteatral, y en agosto de 1943 dan resultado sus primeros esfuerzos en el campo gremial: nace la Asociación Radial Argentina, entidad que agrupa a los trabajadores de la radiodifusión; María Eva ocupará la presidencia.

Por entonces, la situación político-social argentina había entrado en una fase de acelerados cambios. El 4 de junio de 1943 una revolución concluyó con una década de gobiernos conservadores. Entre los gestores del movimiento militar iba afirmando su personalidad política el coronel Juan Domingo Perón. El 27 de octubre de 1943 Perón se hizo cargo del Departamento Nacional del Trabajo y, desde allí, comenzó a impulsar la organización sindical de los trabajadores, desarrollando una política que lo convirtió pronto en líder de la clase obrera.

El 22 de enero de 1944, el coronel Perón y Eva Duarte se conocen en el transcurso de un festival artístico que se realiza con el fin de recolectar fondos para las víctimas del terrible terremoto que días antes había arrasado la ciudad de San Juan. Poco después ambos inician su relación sentimental, y Eva se vuelca con entusiasmo a difundir el ideario justicialista. Su capacidad de lucha queda demostrada durante las jornadas previas al 17 de octubre de 1945. Detenido Perón en la Isla Martín García, en el Río de la Plata, Eva se empeña en obtener su libertad entrevistando a militares, abogados y personajes influyentes.

Agotados esos recursos, decide gestionar un paro general de adhesión a Perón y recorre los sindicatos y fábricas más importantes lanzando una consigna ferviente: «hay que rescatar al coronel». El día 17 de octubre, declarada la huelga general, compactas columnas de trabajadores se dirigen a Plaza de Mayo y no se retiran hasta escuchar la palabra de Perón, quien es liberado y llevado precipitadamente a la plaza para satisfacer el reclamo popular.

Cinco días más tarde, Perón y Eva Duarte contraen matrimonio, sellando una unión afectiva que contribuye en forma decisiva a dar identidad política al naciente Movimiento Peronista. Pocos días después de la ceremonia, ambos inician las giras proselitistas previas a las elecciones del 24 de febrero de 1946, que llevan a Perón a la presidencia de la República.

Por esa fecha Eva ya había abandonado para siempre su carrera artística y debutado como oradora en concentraciones populares. Además, las ceremonias protocolares comenzaban a popularizar su imagen de Primera Dama, que terminó de modelarse entre principios de junio y fines de agosto de 1947, cuando visita España, Italia -donde es recibida por el Papa Pío XII, Portugal, Francia, Suiza y finalmente Brasil y Uruguay.

Poco después del regreso de Eva al país, el Parlamento sanciona la ley por ella inspirada que otorga el derecho de votar a la mujer, y un año más tarde es elegida Presidente del Partido Peronista Femenino. Para sus partidarias empezaba a ser Evita. Tenía entonces el poder, la fama y la gloria, pero nada de eso le hizo disminuir su acción en favor de los necesitados.

Desde la Fundación Eva Perón, organismo de ayuda social donde cumple jornadas agotadoras, atiende personalmente los pedidos de hombres y mujeres que acuden a solicitar apoyo económico, trabajo, consuelo, ayuda de todo tipo. Bajo su dirección, la Fundación construye escuelas de enfermeras, colonias de vacaciones, hospitales, hogares para ancianos, clínicas de recuperación infantil, comedores escolares.

Esa tarea modela su rostro de benefactora, la imagen de hada protectora que arraiga en vastos sectores del pueblo. Pero Eva también ofrece un perfil combativo que la convierte en centro de agitadas polémicas. Adorada por los seguidores del peronismo y detractada por los opositores, produce una polarización política casi irreversible, galvanizada por el explosivo énfasis que pone en la defensa de Perón y su gobierno. «Quiero que mi pueblo sepa que estamos dispuestos a morir por Perón»; «Pido a Dios que no permita a los insensatos levantar la mano contra Perón porque ese día yo saldré con el pueblo trabajador, yo saldré con las mujeres del pueblo, yo saldré con los descamisados de la Patria para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista», proclama en las concentraciones.

Ardorosos, intransigentes, sus mensajes inflaman el entusiasmo de las multitudes y la convierten en «Abanderada de los Humildes», en la persona que expresa en forma cabal el sentimiento antioligárquico de la clase obrera peronista. Esa condición la lleva a protagonizar sucesos de ribetes excepcionales, como el del «cabildo abierto» que celebró el peronismo el 22 de agosto de 1951. En esa oportunidad, ante la proximidad de las elecciones presidenciales, el pueblo se concentró para pedir a Evita que aceptara la candidatura a la vicepresidencia de la Nación. El diálogo entre ella y las multitudes que le exigían la aceptación de la candidatura alcanzó en esa jornada dimensiones pocas veces vista.

«Compañeros …, yo renuncio a los honores, no a la ludia», argumenta ante el multitudinario reclamo. La presión de la multitud era tan fuerte que la concentración terminó sin que Eva pudiera dar una respuesta definitiva. Esta se conoció nueve días después, cuando el país entero escuchó por radio su rechazo a la candidatura, leído en voz baja y débil.

Para ese entonces su organismo estaba ya desgastado por la enfermedad. A principios de 1950, los médicos habían descubierto que un cáncer en pleno desarrollo amenazaba seriamente su salud y procuraron convencerla de que iniciara un severo tratamiento. Pero Evita, empeñada en que nada obstruyese su actividad, desechó las advertencias y siguió trabajando. El avance de la enfermedad fue implacable, y en noviembre de 1951 intensos dolores obligaron a internarla, aunque ya era tarde para detener el mal.

Debilitada por la anemia y sostenida por fuertes dosis de calmantes aparece por última vez en público el 4 de junio de 1952, oportunidad en que Perón asume por un nuevo período la presidencia de la Nación. Un mes y medio después, a las 20.25 del sábado 26 de julio, muere María Eva Duarte de Perón, Evita, para el pueblo. A las 21.10 Ja noticia .sacude al país entero. En Buenos Aires cines y teatros cierran sus puertas, así como bares, locales nocturnos y otros centros de diversión. Era el comienzo de unas exequias que asombraron al mundo: durante dos semanas más de dos millones de personas desfilaron ante el féretro protagonizando desgarradoras escenas, en una demostración de dolor popular con pocos antecedentes en el mundo.

Posteriormente su cadáver, embalsamado por el especialista español Pedro Ara, fue colocado en un túmulo mortuorio que se instaló en la sede de la Confederación General del Trabajo, la central de los trabajadores argentinos en Buenos Aires. Allí estuvo hasta que en 1955 -desalojado el peronismo del poder por un movimiento militar- un grupo de civiles y militares lo hizo desaparecer, hundiendo en el misterio el destino de los restos. La incógnita se reveló recién 16 años después, cuando fueron entregados a Perón en Madrid, España. Era el 3 de setiembre de 1971.

La devoción con que la recuerda el pueblo confirma una de las convicciones que Eva expresó con respecto a sus descamisados, poco antes de morir: «Ellos siempre me tendrán presente porque siempre habrá injusticias y entonces regresarán a mi recuerdo todos los tristes desamparados de esta querida patria».

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Biografia de Gertrude Stein Escritora y Poetisa Gabriela Mistral

Biografía de Gertrude Stein Escritora y Poetisa Gabriela Mistral

Gertrude Stein
Aunque nació y pasó su juventud en Estados Unidos, fue en Europa donde primero se reconoció su innegable talento. Su profundo aprecio por el arte-especialmente la pintura- y su exquisita intuición le permitieron descubrir talentos ignorados, que luego serían reconocidos mundialmente. Su vasta obra literaria le valió ser considerada una de las grandes escritoras del siglo XX.Gertrude Stein

Su nombre resulta familiar a los amantes de la pintura por el famoso retrato que hizo de ella Picasso (foto). Pero pocos saben que se trata de una escritora norteamericana que contribuyó a renovar la literatura de su país durante el primer tercio del siglo XX.

También son pocos los que conocen el destacadísimo papel que le tocó desempeñar en la historia del arte contemporáneo. La fama de quienes la rodearon y de quienes ella contribuyó a formar o a revelar al mundo oscureció en cierto modo la suya propia.

NIÑEZ Y JUVENTUD NORTEAMERICANAS
La familia Stein residía en Allegheny (Pennsylvania) cuando nació Gertrude, en 1874. Como disfrutaban de un buen pasar, poco después de nacer la niña los Stein se trasladaron con sus tres hijos a Europa, como solían hacerlo en esa época las familias acaudaladas. Visitaron primero Viena, pasaron luego a París y, finalmente, el padre decidió volver a Estados Unidos, para instalarse en California.

Allí Gertrude comenzó a leer hasta convertirse en una lectora voraz por cuyas manos pasó una infinidad de volúmenes. La vida de los Stein transcurrió sin sobresaltos hasta que murió la madre y, un año después, el padre.

Gertrude tenía entonces dieciocho años. Con su hermano y su hermana se trasladaron entonces a Baltimore, en la costa atlántica. Gertrude asistió por entonces a los seminarios del famoso psicólogo y filósofo norteamericano William James, quien la inició en los secretos de la escritura automática –es decir, la que se escribe sin intervención de la voluntad consciente– mucho antes de que los surrealistas la pusieran de moda. Más tarde ella recurrió a ese procedimiento en algunas de sus obras.

Por su parte, William James quedó muy impresionado por la inteligencia de su discípula y la aconsejó que estudiara medicina y se dedicara a la investigación. Gertrude intentó seguir su consejo y cursó esa carrera durante cuatro años, al principio con resultados brillantes, pero a medida que avanzaba en sus estudios advirtió que la medicina no era su vocación y, ya próxima a graduarse, la abandonó para dedicarse a las letras y al arte. Decidió entonces tomarse un descanso y se embarcó con su hermano rumbo a Londres; no sabía que estaba abandonando su patria para siempre.

EUROPA ANTES DE LACRAN GUERRA
Una vez en Londres, Gertrude se pasaba los días leyendo a autores de la época isabelina en el Museo Británico. Comenzó también a escribir y ya nunca dejaría de hacerlo. En 1903, de común acuerdo con su hermano, resuelven trasladarse a París. Gertrude se instala en el número 27 de la rué Fleurus, una dirección que sería pronto famosa entre los artistas.

Durante una estadía en Florencia el hermano de Gertrude oyó hablar de un pintor llamado Cézanne, cuyos cuadros se hallaban arrumbados en la trastienda de un marchand.

Adquirieron primero un pequeño paisaje. Luego se interesaron por los grupos de desnudos del pintor. Entre tanto, merced a la acción desinteresada de Gertrude y su hermano, los cuadros de Cézanne empiezan a ser conocidos y aumentan de valor. Los hermanos llevan también a su casa dos Renoirs, después dos Gauguins, unDaumier, y más tarde un retrato de mujer de Cézanne. Esta última adquisición es importante porque Gertrude se inspiró en ese retrato para escribir una serie de novelas cortas que tituló Tres vidas y que se publicó en 1909.

Los muros de la rué de Fleurus se fueron cubriendo. En la exposición del Salón de Otoño los Stein, con certero ojo crítico, descubren a Matisse, quien había presentado a la muestra un retrato de mujer que fue el hazmerreír de la exposición. Pero a Gertrude le encanta y lo compra: es el retrato, hoy mundialmente famoso de La mujer del sombrero.

Apenas los Stein tocan a un pintor con su varita mágica, este se valoriza. Así sucede con Matisse, que paulatinamente va despertando la curiosidad y el interés del público. Gertrude y él se hacen amigos y, gracias al
pintor, la casa de la calle Fleurus empieza a ser frecuentada por toda la bohemia de París.

Un nuevo descubrimiento se suma a los anteriores: en una oscura galería Gertrude y su hermano tropiezan con un cuadro de un tal Pablo Ruiz Picasso que los fascina. Lo compran en seguida e invitan a la rué de Fleurus al entonces desconocido pintor español, con quien entablan una íntima amistad.

Después de Picasso acuden Braque y Juan Gris, padres del cubismo. Gertrude es el lazo de unión entre todos ellos: aunque no publica, sigue escribiendo y afinando su expresión; los artistas, por su parte, no dejan de apreciar la exactitud de sus observaciones y su juicio equilibrado.

Picasso se ofrece a retratarla y la escritora acepta, complacida. Nace así una de las obras más admiradas del pintor español, donde se reflejan los diversos matices de la personalidad fascinante de Gertrude. El retrato nos la muestra de cuerpo fuerte y macizo, iluminado por su mirada inteligente y tenaz. La expresión de los ojos y la boca trasunta una ternura muy femenina, pero también profunda firmeza.

En 1907 comienza a vivir con Gertrude una mujer callada, fiel e inteligente, Alice B. Toklas, que nunca se separará de ella. En 1933, como homenaje a Alice, Gertrude escribe La autobiografía de Alice B. Toklas, libro que -según la autora- debió de haber escrito Alice, pero que, por pereza, le encomendó escribir a ella. De estilo irónico y conciso, la obra es una magnífica fuente de información para quienes se interesan por el arte de principios de siglo.

La casa y la tertulia de los Stein se van haciendo célebres y también son visitadas por la aristocracia, pero la primera guerra mundial dislocó brutalmente ese clima de esteticismo e ilusorio progreso indefinido.

UN CUARTO DE SIGLO AGITADO: 1914-1939
La guerra sorprendió a Gertrude mientras visitaba en Inglaterra al matemático y filósofo Alfred North Whitehead, uno de los tres genios que ella confiesa haber conocido: el segundo era Picasso y el tercero ella misma. En cuanto pudo, regresó a París para contribuir al esfuerzo bélico. Compró entonces un automóvil y lo transformó en ambulancia, con la que Alice y ella recorrieron el país poniéndose a disposición de las autoridades militares, para auxiliar a los heridos.

Esa actividad no le impide seguir escribiendo: trabaja en Tender buttons (Botones tiernos), una colección de poemas, y en una ambiciosa novela titulada The Making of Americans (La forja de los norteamericanos).

Al finalizar la guerra el gobierno francés la condecora. Su fama, entre tanto, atrae a escritores jóvenes de América y Europa en busca de aliento e indicaciones. Así llega un buen día a lame de Fleurus el joven ErnestHemingway, gran admirador de la escritora, quien mueve todas sus influencias para que Gertrude publique The making… A Hemingway le siguen otros autores de talento, entre ellos Scott Fitzgerald. En 1934 el músico norteamericano Virgil Thomson compone Cuatro santos en tres actos, ópera con libreto de Gertrude. Ese mismo año ella publica Retratos y plegarías, y en 1938 un libro sobre Picasso.

Ya casi es «una inmortal», a pesar de que el gran público aún no la conoce. Su influencia se hace sentir, sin embargo, a través de los mejores escritores de Europa y Estados Unidos, que se declaran discípulos de ella. Los pintores a quienes ayudó a triunfar se han convertido en clásicos. De las paredes de su casa cuelgan varios de los cuadros más importantes de la primera mitad del siglo XX. Entonces, en pleno pináculo de su fama, Gertrude decide retirarse de la sociedad, para terminar su obra.

Cuando estalla la segunda guerra mundial ella sigue trabajando: escribe París, France (1940) y Guerras que he visto, que se publica póstumamente. Al finalizar la contienda, sigue escribiendo porque ante todo es escritora y la palabra es su mundo. Solo deja de escribir cuando muere, en 1946, rodeada del cariño y la admiración de Europa y América. Había legado a su época y a la posteridad lo mejor de sí misma.

Vida de Ernest Hemingway

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Biografia de George Sand Resumen de su Vida Historia de sus Amores

Biografía de George Sand Resumen de su Vida  e Historia de sus Amores

RESUMEN BIOGRAFÍA DE GEORGE SAND: Novelista de reconocido talento y empeñosa militante socialista, George Sand fue también célebre por sus desprejuiciadas costumbres y sus amantes, entre los que se contaron Chopin y Alfred de Musset. El derecho de la mujer a disponer de su cuerpo y de sus sentimientos tuvo en ella a una ardiente defensora.

La figura de George Sand es sumamente representativa de la alteración causada por el romanticismo en la mentalidad europea, incluso en la más tradicionalista y conservadora de las mujeres.

Por esta causa, su personalidad es mucho más interesante como documento de época que no como escritora, aunque siempre conservó un círculo fiel de lectores, cautivado por sus novelas y narraciones. «George Sand» —que éste fué su nombre en las letras — fue la primera mujer que «vivió su vida».

Desde luego, su existencia tiene muy poco de ejemplar, pues se entregó sin recato a los dictados de su temperamento apasionado y caprichoso.

VEAMOS SU BIOGRAFIA: Exaltada o denigrada por sus contemporáneos y por las generaciones que la sucedieron, puede decirse de George Sand que fue «la voz de la mujer en una época en que la mujer callaba», y abogó con su prédica y con su ejemplo por el derecho de la mujer a disponer de su cuerpo y de sus sentimientos.

Socialista por naturaleza más que por formación, intervino activamente en el movimiento revolucionario que sacudió a Francia y a Europa en 1848.

sand george novelista francesa

Novelista francesa, oriunda de la región de Berry. Su verdadero nombre es, Aurore Dupin. Estudia en el campo y en un convento de monjas. En 1821 contrae matrimonio con el barón Dudevant, de quien se divorcia en 1830. Viaja a París decidida a sobrevivir de lo que gana como escritora, y se integra a los círculos literarios románticos. En París tiene una vida libre y extravagante, se viste como hombre, adopta el seudónimo de George Sand y sostiene relaciones sentimentales con Alfred de Musset y Fréderik Chopin. entre otros. Hacia 1838 se declara partidaria de las ideas socialistas de Pierre Leroux, quien propone suprimir los privilegios y liberar a la mujer. Durante la Revolución Francesa de 1848 se hace republicana e intenta desempeñar algunos papeles políticos. En 1849 se retira a su ciudad natal y se aleja por completo de las luchas populares.

Fumaba y vestía ropas masculinas, para llamar la atención, por espíritu de cambio o porque le gustaba; romántica y realista a la vez, escribió por vocación y por necesidad algunas novelas notables, otras ilegibles, y dejó el testimonio de sus diarios íntimos y sus cartas, valioso por su autenticidad y su estilo.

Nació en París el 1° de julio de 1804, hija del teniente Maurice Dupin, de noble estirpe, y de Antoinette – Sophie– Victoire Delaborde, una bailarina alegre y tempestuosa. La abuela paterna se hizo cargo de la niña en 1808, año en que murió el padre.

Aurore era rebelde, sencilla y valiente; gustaba de cabalgar vestida de levita y pantalón. Rica y hermosa, en busca de respuesta a sus inquietudes, se empapó de las ideas filosóficas de su tiempo, así como de literatura y religión.

También tocaba el arpa y el piano, dibujaba, bailaba, escribía versos y prosa y sentía auténtico fervor por las artes. Pero los candidatos que se le ofrecían no eran jóvenes ni apetecibles. El 25 de diciembre de 1821 muere la abuela y Aurore se traslada a París para vivir junto a una madre resentida que la hostiga y esclaviza.

En la primavera de 1822, en casa de unos amigos de Sophie, conoce a un joven alegre y elegante, hijo natural y heredero del barón Dudevant. Casimir Dudevant era bondadoso, honesto y desinteresado.

Se casaron el 10 de septiembre de 1822 y se radicaron en Nohant, la heredad de Aurore. Pronto comenzaron sus desengaños: había anhelado un amor absoluto y casi místico, al que mal podía encarnar ese marido bonachón y algo torpe, que solo se interesaba por la caza, la bebida y la administración de sus bienes. El 30 de junio de 1828 nace el primer hijo: Maurice. GEORGE SAND

En 1825 Aurore comprende que ese hombre al que se esfuerza por satisfacer no concede valor alguno a sus riquezas interiores.

Se siente enferma, pero en realidad solo necesita otra clase de amor.

Lo encontró durante unas breves vacaciones en la persona de Aurélien de Séze, joven magistrado de Burdeos.

Fue un amor puramente espiritual, alimentado solo por las cartas que intercambiaron durante largo tiempo. A esta relación platónica sucedió otra, más completa, con Stéphane de Grandsagne, médico y sabio, «mitad tísico, mitad loco», a quien ella escoltaba de Nohant a París.

El 13 de septiembre de 1828 nace una niña, Solange, concebida en París, mientras Casimir se hallaba en Nohant consolándose con otros amoríos. Aurore y Casimir se acuerdan mutua tolerancia y libertad, para evitar engaños.

El 30 de julio de 1830 Aurore conoce en un castillo vecino a un joven de diecinueve años, rubio, frágil, tímido y «rizado como un pequeño San Juan», que estudiaba abogacía en París.

Confía sus hijos a un preceptor y se marcha con aquel iniciando una vida de deliciosa bohemia. Jules Sandeau y Aurore Dupin comparten gustos e inclinaciones. Ella consigue colaborar en un periódico satírico, Le Fígaro, y arrastra en la empresa a Sandeau, cuyo apellido corta convirtiéndolo en Sand para firmar sus trabajos literarios.

Al comienzo de su carrera literaria experimenta el influjo de la obra de Jean Jacques Rousseau y desarrolla la tesis de que una pasión tiene derecho a todo si es sincera,planteamiento que expone en novelas como Indiana (1831), Lelia (1833) y Mauprat (1837), cuyos personajes centrales deciden vivir su vida pese a las convenciones sociales que los oprimen. Bajo la influencia del socialismo, publica relatos sentimentales en los que defiende las reivindicaciones republicanas y populistas, en Consuelo (1841), El molinero de Angibault (1845) y El pecado del señor Antonio (1847).

Nacía así George Sand. Publica Indiana, su primera novela, con éxito rotundo, y los editores le ofrecen un adelanto por otra novela, Valentine, ya comenzada. Sandeau se siente disminuido en el plano físico y en el creador, mientras que George Sand, por su parte, ha comenzado a cansarse de ese joven perezoso y débil.

La pareja se deshace a comienzos de 1833 y él se marcha a Italia con el corazón destrozado. Ella vuelca en Lélia la causa de sus fracasos: el amor sentido «como una delirante avidez que ningún abrazo puede saciar»

En la primavera de 1833 conoce a un poeta de veintitrés años, tan bello como licencioso, entregado al champán, al opio y a las mujeres de vida fácil, pero un príncipe por su talento, que brillaba en el París mundano.

Alfred de Musset empezó divirtiéndola con su ingenio burlón, para luego enternecerla confesándole que la ama «como un niño». Termina por instalarse en el departamento de ella.

Bebe, inventa locuras y farsas, hace retratos y caricaturas, pero una noche tiene visiones que alarman a la saludable escritora.

En diciembre viajan a Venecia y empieza cada uno a ver los defectos del otro. Sin embargo, de regreso en París unos meses después «los amantes inmortales», Sand y Musset, vuelven a soldar sus románticas cadenas, pero los vaivenes de los celos, las rupturas y las reconciliaciones, tienen algo de agonía.

El 6 de marzo de 1835 Sand escapa definitivamente de ese infierno. Afirma que ha terminado con todos los tipos de amor: «el tierno y durable, el ciego y violento».

No obstante, vuelve a experimentar este último en la persona del abogado Michel de Bourges un activo republicano con quien mantuvo una tempestuosa relación que concluyó dos años después.

George Sand buscó consuelo escribiendo una de sus mejores novelas, Les Maitres Mosaistes, escrita en dos meses.

Hacía tiempo que una figura masculina rondaba su espíritu; un genio sensible y delicado, rebosante de espiritualidad: el músico polaco Federico Chopin. Se habían conocido en una velada musical donde el compositor comentó: «¡Qué antipática esa Sand! ¿Es verdaderamente una mujer? Lo dudo.» Ella decidió demostrárselo.

La amistad común de Liszt y su amante, Marie d’Agoult, facilita sus propósitos, y va a buscarlo a París en octubre de 1837. El había roto con Constancia Gladowska, su novia polaca y no rechazaría un amor protector y recatado, propio de su naturaleza exquisita.

La alarmante tos del pianista los impulsa a cambiar de clima y se trasladan a Palma de Mallorca con los dos hijos de ella. Alquilan una casa inadecuada donde recrudece la dolencia de Chopin.

Se mudan entonces a un convento en ruinas. El músico languidece, empeora y se siente perseguido por las sombras. Lo que Sand denomina su «catarro» es tuberculosis de la laringe. Se embarcan para Marsella, donde Chopin ya casi no tose«y vuelve a estar alegre como un jilguero cuando no sopla el mistral»

El 19 de junio de 1839 George Sand y «sus tres hijos» llegan de regreso a Nohant. Comienza una nueva etapa en la vida de la escritora: la fragilidad de su amante impone serenidad.

En Nohant se trabaja, pero Chopin desea volver a sus discípulos; también George Sand quiere vivir en París para hacer economías. Se instalan en un palacete frente a la Place d’Orléans y los veranos se trasladan a Nohant.

Pasan varios años de cuidados solícitos por parte de ella, y de intensa labor creadora por parte de Chopin, hasta que con una carta digna y amarga dirigida a Chopin, en 1847 George Sand sella la separación que marca asimismo el final de su vida amorosa.

Le quedan aún muchos años vitales, en los que escribe, entre otras, su mejor novela, Consuelo, y sigue redactando sus diarios íntimos y los densos volúmenes en que vuelca la historia de su vida.

En 1848, después de la caída del «rey burgués», Luís Felipe, se convierte en la musa republicana y brega por la instauración de un gobierno más liberal. Se declara socialista, pero el triunfo de los moderados en la Asamblea termina con su idealista intervención en la política francesa.

El 17 de octubre de 1849, muere Chopin. Ella sigue escribiendo sus veinte páginas reglamentarias cada noche. Tenía en Nohant su refugio permanente, animado por los jóvenes artistas a quienes protegía, por los allegados que se cobijaban bajo sus alas, por las representaciones teatrales que se organizaban en el teatro que había hecho construir en su castillo.

Compone ahí las piezas teatrales, teje, borda tapices, recibe a los visitantes ilustres y ejerce su magnetismo fascinante sobre todos quienes la rodean. La pasión ha madurado en bondad, y el capricho, en sensatez. Se perdona a sí misma sus errores y los juzga con ojos tolerantes de anciana matrona.

 Agrega prefacios inéditos a sus tumultuosas novelas diluyendo o compensando con conceptos equilibrados y tibios sus antiguas audacias, donde otrora había inmortalizado a sus amantes. Uno de los más brillantes, Mus-set, muere en 1857.

Más le duelen las muertes de sus nietos Niní-hijade Solange, con quien se ha reconciliado hace ya tiempo- y Marc-Antoine, hijo de Maurice, en 1865. En 1870 y 1871 presencia la caída del Segundo Imperio y la Comuna, sin reconocerse en los comuneros como vieja socialista del 48. Ya solo la esperan las sombras y recuerdos de su vida tempestuosa y de los 106 nutridos tomos de sus obras completas cuando fallece en Nohant el 8 de junio de 1876.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Personajes enigmaticos de la historia Hombres Polemicos

MISTERIOSOS PERSONAJES LA HISTORIA: CAGLIOTRO, RAPUTÍN, PARACELSO

Cagliostro Rasputín Paracelso Matahari Nostradamus Houdini

FRANKENSTEIN: Una de las tardes más aburridas de la historia dio origen a un personaje imaginario que ha aterrado y fascinado al mundo entero. En una noche de tormenta de 1816, un notable grupo reunido en la Villa Diodati de lord Byron, junto al lago Ginebra, leía en voz alta historias de fantasmas junto a la chimenea mientras el viento aullaba y la lluvia golpeaba insistente contra las ventanas.

Frankestein

Los huéspedes de Byron eran el poeta Percy Bysshe Shelley, su futura esposa Mary Godwin, la hermanastra de Mary, Claire Clairmont, y su médico John Polidori.

Fastidiado por el mal clima y aburrido por este entretenimiento, Byron sugirió una competencia para escribir la mejor historia de horror. Poco después, el grupo consideraba la posibilidad de comprender el secreto de la vida y discutió si la electricidad no «podría restaurar la vida y crear un ente vivo a partir de la suma de diferentes partes muertas».

Mucho después de medianoche, tal como acostumbraban, los residentes de la villa se retiraron. Mary, en un estado de excitación, durmió mal. En la duermevela tuvo una horrible visión: «Vi a un pálido adepto de las artes malditas arrodillándose junto al ser que ensambló.

Vi al abominable fantasma de un hombre yaciendo cuan largo era y, de pronto, con ayuda de una enorme máquina, dio señales de vida y se movió de modo torpe.» Sobresaltada, Mary halló su historia de horror. Publicada dos años más tarde, el Frankenstein de Mary Shelley ha perdurado a través de más de un siglo y originó innumerables secuelas e imitaciones tanto en literatura
como en cine.

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Boris Karloff encamó al primer Frankenstein, creando un aterrador
pero patético monstruo.

NOSTRADAMUS:
Nacido el 14 de diciembre de 1503 como Michel de Notredame en Saint-Rémy, Provenza, fue uno de los personajes mas polémicos de la historia. Amante de la naturaleza y del cuerpo humano, decidió estudiar medicina, que debió abandonar en 1525 debido a una plaga de peste bubónica que azotó a Francia.

Debido a su pasión y amor por la ciencia médica, Michel siempre trató de ayudar a los enfermos sin preocuparse por el contagio, cosa que muchos médicos olvidaron su profesión. La gente siempre estuvo muy agradecida por su apoyo y supo ganarse la simpatía y respeto de la comunidad, muy importante mas tarde cuando se le negó la licencia al graduarse y pudo contar con el apoyo de todos los agradecidos de aquella dura época.

A pesar de los mitos que rodearon la vida de Nostradamus, el éxito de este astrólogo estuvo estrechamente relacionado con el contexto que conmocionó a la segunda mitad del siglo XVI, marcado por las guerras de Religión y el prestigio de la astrología que tocaba a su fin. Fue astrólogo de Catalina de Médicis y médico de Carlos IX. Nostradamus se hizo célebre por sus Centurias, una selección de profecías que fueron profusamente interpretadas en el  curso de los siglos..

A comienzos de la década de 1530 se encontraba en Agen donde se casó con una joven mujer descrita como «pudiente, muy hermosa y admirable». Tuvieron un hijo y una hija, pero la Inquisición, oficina de la Iglesia dedicada a suprimir la herejía, intervino en sus vidas. Conoció al humanista Julio César Escaliger: En el período siguiente recorrió la mayor parte del reino de Francia e incluso partió a Egipto en busca de su iniciación. La tarea de los historiadores fue complicada, ya que muy pronto los biógrafos de Nostradamus lo presentaron can una personalidad mística cuya palabra estaba inspirada por Dios. Jean-Aymé de Chavigny proporcionó el modelo en 1594 en su «breve discurso sobre la vida de M. Michel de Nostre-Dame».

Hacia 1545, Michel de Nostre-Dame trasladó a Salon-de-Provence, donde nuevamente contrajo matrimonio y continuó ejerciendo la medicina. Realizó intervenciones en Aix en 1546, en Lyon en 1547 siempre vendía remedios (su «farmacia»).

En la década de 1560 se dedicó a escribir almanaques, libros de gran difusión que contenían un calenadrio y predicciones astrológicas, acompañados de consejos de todo tipo.

Mas tarde volvió a ejercer la mediina médico como un galeno itinerante, adquiriendo la reputación de obrar milagros. Luego de recompensársele con una muy justa y oportuna pensión vitalicia, se estableció en Salón, entre Marsella y Aviñón, inició un negocio de cosméticos y se casó con una rica viuda que le dio seis hijos.

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LAURENCE DE ARABIA
UN HÉROE MISTERIOSO

La fascinación ejercida por Oriente sobre los occidentales jamás fue mejor personificada que por Thomas Edward Lawrence, historiador, arqueólogo y hombre de guerra. Figura mítica, «Lawrence de Arabia» encarnó a uno de los últimos héroes románticos del siglo XX.

Que buscaba Thomas Edward Lawrence en el desierto de Arabia, en donde se lo encuentra en numerosas fotografías, oculto bajo largos velos a la manera de los beduinos? Sin duda, una redención imposible. «Dios detesta el pecado, pero ama al pecador». Esta observación de la madre de Lawrence se solía considerar a menudo como una de las claves de la personalidad del héroe, profundamente marcado por el sentido del secreto y de una fuerte culpabilidad. Esta mujer fue la ama de llaves de Thomas Chapman, aristócrata irlandés del que iba a tener cinco hijos.

En la Inglaterra victoriana, la bastardía era una tara que más valía ocultar. Lawrence viviría toda su vida con este halo de misterio. Convencido desde joven que estaba llamado a un gran destino, Thomas Edward desarrolló una verdadera pasión por la Edad Media y se identificaba con sus héroes y caballeros. Luego, sus lecturas lo llevaron al Oriente. Partió en 1909 a descubrir las fortalezas de los cruzados de Siria.

Admitido en el Jesús College de Oxford, se especializó en arquitectura militar, para luego participar en las campañas de excavaciones en el emplazamiento hitita de Karkemish, en Siria (hoy en Turquía). Al estallar la Primera Guerra Mundial,  Lawrence quiso alistarse en el ejercito de Kitchener, pero se juzgó que era más útil en la sección geográfica del Estado Mayor General.

Su trabajo consistía en actualizar los mapas del Sinaí. Sin embargo, ingresó  a partir de 1915 en el Servicio de Inteligencia británico para los asuntos árabes en El Cairo. Con un fin secreto: «fabricar una nueva nación» e influir en la política ce corona británica en Oriente.

lawrence de arabia

Lawrence de Arabia

Personaje místico consciente de edificar su leyenda, Lawrence de Arabia fue un ser atormentado, guiado por un ideal expuesto a las contingencias políticas de las que preferirá más bien huir que renegar de sus compromisos.

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Biografia de Emily Bronte Autora de Cumbres Borrascosas Resumen

Resumen Biografía de Emily Bronte

RESUMEN BIOGRAFÍA DE las hermanas Bronté, (Charlotte, Emily y Arme). Escritoras inglesas, hijas de un pastor anglicano de origen irlandés, Patrick Bronté, y María Branwell de Penzance. Charlotte, Emily y Anne nacieron en Thornton, en el West Riding de York hire, donde su padre dirigía una parroquia; la primera en 1816, la segunda en 1818 y la tercera en 1820.

En este mismo año el padre fue nombrado cura de Haworth, pequeña ciudad próxima a Keighley, cerca de los pantanos. Las tres hermanas recibieron una educación limitada en internados. Desde temprana edad comenzaron a escribir novelas sobre países imaginarios, algunas de las cuales se publicaron postumamente. Charlotte y Anne se emplearon como institutrices, pero Emily no quiso abandonar Haworth y ayudó en las tareas de la casa.

En 1846 publicaron conjuntamente la obra Poems of Currer, Ellis and Acton Bell, y conservaron estos seudónimos masculinos (cuyas iniciales corresponden a las de sus nombres de pila) durante toda su carrera literaria. La obra no tuvo ningún eco.

La primera novela de Charlotte, Jane Eyre, obtuvo un éxito, resonante. Publicada en 1847, está considerada como una de las novelas inglesas más interesantes. Su siguiente novela, Shirley (1849), es muy inferior a Jane Eyre. En cambio, la tercera, Villete (1853), contiene una mayor riqueza literaria. Charlotte contrajo matrimonio con Arthur Bell Nicholls, en 1854, y falleció al año siguiente.

Su hermana, Emily, publicó su única novela en 1848: Wuthering Heights (Cumbres Borrascosas). Se trata de una obra importante, trágica y de una gran penetración psicológica. Emily murió un año después de verla publicada. La tercera hermana, Anne, publicó dos novelas mediocres: Atice Grey (1847) y The Tenant of Wildfell Hall (1848). También falleció un año después de esta publicación.

Las tres hermanas Bronté fueron enterradas en la iglesia de Hano e hija de Leopoldo I de bélgica. Al fracasar la aventura mexicana y morir fusilado su esposo (1867), Carlota, que había implorado en vano la ayuda de Napoleón III, regresó a Bélgica, donde vivió sesenta años con la razón perdida, falleciendo en 1927.

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Biografía de Emily Bronte

Huérfana de madre a los tres años, fue criada por su padre, un pastor anglicano, de acuerdo con los principios del ascetismo más riguroso. Esa rígida formación y la circunstancia de vivir en un mundo que negaba a la mujer otro destino que el hogar, no le impidieron, sin embargo, escribir una de las novelas más apasionantes del siglo XIX: Cumbres borrascosas.Emily Bronte

Haworth, aldea de piedra levantada sobre la ladera de una desolada colina de York-shire (Inglaterra), es lugar áspero, azotado por el viento y coronado de páramos. Allí llegó, el 25 de febrero de 1820, el reverendo Patrick Brunty o Bronte, acompañado por su frágil mujer, Mary Branwell, y sus seis hijos: Mary, Elizabeth, Charlotte, Patrick Branwell, Emily y Anne.

Los seis habían nacido en Thornton, otra aldea de York-shire, y se escalonaban entre los ocho años y los pocos meses de edad. Iban a habitar la casa parroquial, junto a la iglesia: dos pisos de piedra gris rodeada por un desnudo cementerio.

Lúgubre visión para los ojos de la madre’ enferma y para los absortos ojos infantiles.

El 15 de septiembre de 1821 muere la madre. Emily, nacida el 30 de julio de 1818, tiene apenas tres años. La hermana mayor de María Branwell, severa y resignada, se ofrece para ayudar al reverendo Bronte en la tarea de inculcar a esos niños el riguroso cumplimiento del deber, el orden, el horror por las complacencias y las debilidades de la carne, la extrema sencillez y el rechazo de toda efusión. No hay juguetes, ornatos ni golosinas.

El clan de los Bronte es un mundo aparte. Han aprendido a hablar en voz baja, a reunirse junto al fuego para contarse historias que ellos mismos inventan. Por las tardes vagan, tomados de la mano. A Emily es a quien más atrae ese paisaje áspero e implacable: es la más enérgica, la más reservada, la más firme y segura.

En 1824 Mary y Elizabeth, las mayores, son enviadas al internado que el reverendo Carus Wilson ha abierto en la aldea de Cowans Bridge. Poco después Charlotte y Emily van a acompartir con sus hermanas el encierro y la frialdad de ese inhóspito colegio en el que los rigores y las amenazas del sermón es lo único que abunda. La mala alimentación y las mortificaciones se llevan primero a Mary, que muere en la primavera de 1825. Un mes después la sigue Elizabeth.

Al cabo de unos meses el pastor Bronte decide retirar a las sobrevivientes. Retaceará sus meditaciones y sus laboriosos y frustrados poemas para inculcarles instrucción, secundado por su cuñada.

En los momentos de descanso, bajo la mirada larga y el oído corto de Tabby, la fiel criada, rezongona, perspicaz y supersticiosa, los cuatro niños se entregan a juegos en los que la erudición sirve de corcel a la fantasía. Tienen un periódico manuscrito, fundan escuelas en territorios inventados y cada uno posee su propia isla donde reina el héroe predilecto. Emily elige el territorio de Aran y coloca en él a Walter Scott.

En 1831 Charlotte, menuda, feúcha y apacible, parte para Roe Head, dispuesta a hacerse institutriz. Cuando vuelve, tres años después, Emily es ya una muchacha hermosa, alta y silenciosa, de mirada apasionada, que solo parece respirar con libertad bajo los vientos de ese páramo.

Charlotte es ahora la instructora de sus hermanas. A un costado Patrick Branwell -«Branwell» para todos- escribe y pinta. Brillante, talentoso, ya ameniza con su gracia y oratoria las reuniones de la aldea y fascina a los parroquianos de la taberna lugareña.

En 1835, cuando Charlotte regresa como maestra a Roe Head, Emily va con ella en calidad de alumna, pero, lejos de su ambiente habitual, su fuerza la abandona: está pálida, decaída, vulnerable a cualquier enfermedad. Se decide un canje: Anne, la más pequeña, ocupará su lugar en Roe Head. Por dos veces más Emily probará el desarraigo, con los mismos lamentables resultados que imponen el retorno como única y milagrosa medicina.

La primera será al año siguiente, cuando la economía del hogar exige que se traslade como maestra a una escuela de Halifax, donde se ve obligada a trabajar desde las seis de la mañana hasta las once de la noche. Son seis meses de esclavitud y de forzada convivencia con personas desconocidas; meses intolerables para su carácter reservado y rebelde, que solo protesta a través de los malestares de su cuerpo. Después regresa a Haworth y decide permanecer allí: ese es su elemento y esa su libertad.

Tabby, la vieja criada, ha quedado casi incapacitada. Emily amasa y hornea el pan, prepara la comida, plancha, cose; siempre con un libro abierto al lado y su espíritu volando en fantásticas ensoñaciones. Prefiere inclinarse sobre el polvo o el carbón, antes que hacerlo delante de esas gentes torpes, egoístas y tiranas que tanto Anne como Charlotte deben soportar lejos de allí como institutrices.

Cada Navidad sé reúne toda la familia. Es uno de los pocos acontecimientos que cambian la rutina de ese hogar, donde una visita o una excursión resultan absolutamente extraordinarios. Emily no tiene amigas ni amigos, ni la más incipiente vida social. Tampoco amores. Sus poemas apasionados —desconocidos para su familia- se dirigen a alguien a quien tal vez no encontrará nunca.

En 1842 Charlotte y ella se trasladan a Bélgica para perfeccionarse en lenguas extranjeras, en el instituto que dirige el matrimonio Héger, y fundar después un pensionado para niñas. Estudian vorazmente, reservadas, taciturnas, envueltas en vestidos anticuados y sin pliegues. La muerte de la tía las devuelve a Haworth antes de terminar el año. Charlotte volverá a partir, pero Emily permanecerá junto a sus ollas y sus escobas.

La soledad del erial seguirá alimentando las imágenes y las visiones de su poesía, mientras vaga acompañada de su fiel perro Keeper. Las vacaciones volverán a traerle a Charlotte sufriente, enamorada de Héger y desencantada; a Anne cada vez más pálida y dócil; al siempre adorado Branwell, que luego de cambiar muchos trabajos, parece haberse agregado a la misma casa donde presta servicio su hermana menor, también en carácter de instructor. Las esperanzas fraternas depositadas en él van siendo frustradas por la indolencia y la disipación.

En 1845 se conocen abiertamente algunas causas de su conducta: ha pretendido seducir a la señora Robinson, madre de sus alumnos y veinte años mayor que él, y el marido lo ha despedido. El alcohol y el opio no son ya refugios para su remordimiento secreto, sino estímulos para sus alardes en las francachelas de la vieja taberna. Cuando risotadas y canciones obscenas anuncian su regreso casi a la madrugada, tropezando entre las piedras del jardín, Emily se adelanta hasta el umbral en plena noche y con la lámpara en alto le ilumina el camino. Era la única que podía calmarlo cuando, enfurecido, amenazaba destrozar la casa.

Ese mismo año un cuaderno olvidado pone al descubierto el secreto de Emily: sus poemas. Las tres hermanas se confiesan mutuamente que escriben versos. Cada una encuentra admirables los de las otras dos y deciden publicarlos en un mismo volumen: Poemas, por Currer, Ellis y Acton Bell (las iniciales de los seudónimos corresponden a las de sus verdaderos nombres). En realidad, los únicos valiosos son los de Emily, y la crítica no tarda en advertirlo. A pesar de ello, solo se vendieron dos ejemplares.

Las hermanas no se desaniman e intentan otro género: la novela. Emily, que se ha asomado a las turbias aguas de las historias ajenas y leído las sombras en la mirada de su hermano, combina esos elementos con «un amor más fuerte que la muerte» y surge una novela violenta y trágica, Cumbres borrascosas, escrita con tinta roja sobre papeles negros. Publicada en diciembre de 1847, fue acogida como una pintura exagerada de depravaciones y espíritus extraviados, exaltados escandalosamente por «Ellis Bell, el hombre de gran talento, pero amargo, brutal y huraño». La posteridad, sin embargo, ha dado otro juicio y considera que Cumbres borrascosas es uno de los monumentos más notables producidos por el genio femenino en el siglo XIX.

Nada esperaba de ella Emily, y poco o nada esperaba ya del «mundo. Para 1848 el reverendo Bronte está casi ciego; Branwell, por su parte, vive cada vez más embotado por efecto del opio y el alcohol, y muere finalmente el 24 de septiembre en una crisis de delirium tremens.

La mano de Emily, que lo ha conducido con paciencia y firmeza y se ha esforzado por sostenerlo durante su agonía, escribe entonces: «Que sobre tu memoria extienda su ternura la compasión; que descanse liviana la tierra sobre tu pecho». Pero aunque mantuviera una apariencia de entereza, por dentro todo su ser se va desmoronando. La tos la desgarra pero rechaza las medicinas. Una mañana apenas logra bajar la escalera para alimentar a Keeper.

El 19 de diciembre de 1848, su desgarradora imploración es esta: «¡Oh, dejadme morir!, que al fin la voluntad y el destino cesen su lucha cruel, y que el bien conquistado y el mal vencedor se disuelvan en un reposo único.»

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Biografia Gabriela Mistral Resumen Vida de la Poetisa Chilena Obras

Biografía Gabriela Mistral
Resumen Vida de la Poetisa Chilena

Biografía de Gabriela Mistral: Poetisa chilena de excelsa calidad, la primera figura literaria de Hispanoamérica, tras haber obtenido el premio Nobel de Literatura correspondiente al año 1945. Nació en Vicuña (valle de Elqui), Chile, el 7 de abril de 1889, y sus padres, unos campesinos, Godoy y Alcayaga de apellido respectivamente, la pusieron por nombre Lucila.

La bondad, ternura y ansia maternal de su corazón dispusiéronla admirablemente para la enseñanza que ejerció durante once años en liceos de Antofagasta, Los Andes, Punta Arenas, Temuco y Santiago. Quizás fuera el abandono y la tristeza que signaron su infancia lo que la hizo bregar a lo largo de toda su vida por los desposeídos, los niños y los indígenas.

Pero esta circunstancia también despertó en ella una necesidad de expresarse a través de la poesía que le valió, en 1945, el Premio Nobel de Literatura, por primera vez concedido a un escritor latinoamericano. Gabriela Mistral

A su padre le debió la vocación poética y la tristeza que marcó en forma indeleble su infancia, transcurrida enteramente en la ciudad chilena de Vicuña -en el valle de Elqui- donde nació el 7 de abril de 1889.

Es que, siendo apenas una niña, Lucila Godoy Alcayaga, conocida mundialmente con el seudónimo de Gabriela Mistral, sufrió el impacto del abandono paterno. Jerónimo Godoy, en efecto, se marchó un día para siempre, aunque no sin antes haber cultivado en la pequeña el gusto por la poesía y el amor por los campesinos, la tierra, y sus frutos primarios.

En la infancia de Gabriela reinaron desde entonces su tía Emelina y su abuela, que por las noches leía la Biblia en voz alta y la iba familiarizando con la poética sensualidad de los versículos del Cantar de los Cantares.

Antes dé terminar la escuela primaria escribe sus primeros versos y traba amistad con algunas compañeras que comparten sus lecturas y juegos. El recuerdo de esos días la acompañará siempre, a tal punto que en su madurez evocó a sus amiguitas con calidez y ternura: Todas íbamos a ser reinas / de cuatro reinos sobre el mar. /Rosalía con Ifigenia y Lucila con Soledad. / Iban las cuatro con las trenzas de los siete años, / y batas claras de percal / persiguiendo tordos huidos / en la sombra del higueral.

A la edad de quince años Gabriela ya publica en un periódico y firma con seudónimos enigmáticos y melancólicos: «Alguien», «Soledad», «Alma». En 1906 comienza a trabajar en una escuela primaria de La Cantera; allí conoce a Romelio Ureta, un empleado de ferrocarril con quien inicia un noviazgo de largas charlas en una sala de pensión provinciana, de paseos y confidencias por los senderos de campaña.

Nada en Gabriela revelaba que estuviera viviendo una intensa pasión, pero ese opaco idilio que el tiempo desgastó lentamente dio origen a una de sus obras más importantes, directamente inspirada por el prematuro fin de Romelio que, en 1909, sustrae una modesta suma de la estación de ferrocarriles de La Cantera y cuando es descubierto, se suicida. Impresionada por la tragedia, ese mismo año Gabriela escribe sus célebres Sonetos de la muerte, con los que gana en 1914 los Juegos Florales de la Sociedad de Artistas y Escritores. Es el momento en que comienza la leyenda.

Los lectores de Chile y del extranjero advierten la presencia gallarda e imponente de esa mujer volcada hacia la tierra, los desposeídos y el dolor. Se trata de alguien que habla de materias y texturas simples: pan, harina, miel; del reflejo de una llama de pinos en el rostro de los seres queridos. Poco a poco los versos de Gabriela cobran trascendencia, pero no abandona el magisterio. Hasta 1921 recorre toda su patria enseñando y escribiendo.

Es profesora en Traiguén, Antofagasta y Los Andes; directora de liceo en Punta Arenas, Temuco, y Santiago. Su nombre cruza la frontera, atraviesa América, se carga de resonancias misteriosas; es discutido, defendido y vituperado.

Paralelamente, el fervor religioso de Gabriela busca un cauce en forma impetuosa y desordenada: primero se aferra al catolicismo, después a la teosofía y también –por breve lapso- al espiritismo. Se vuelca luego al budismo por influencia de las suaves poesías de Rabindranath Tagore, pero de ese Oriente que predica amor y paz entre los hombres retorna años después al catolicismo completando así un accidentado ciclo.

Entre tanto, los dorados salones de la aristocracia chilena se abren para ella. Las señoras de linaje admiran el carácter indomable pero tierno de Gabriela, ya una luchadora que enarbola la bandera del feminismo. La poetisa, a quien poco le importa su propio aspecto exterior, sabe apreciar en otras las sutilezas del arreglo femenino ye s cautivada por esas damas elegantes y refinadas, aunque su asiduidad con la clase alta no tarda en inspirar nuevas críticas; es tildada de «arribista».

A esa altura de su trayectoria, su fama ha llegado a otras tierras y en 1922 el ministro de educación de México, José Vasconcelos, la invita a viajar a ese país para colaborar en la organización de la enseñanza rural. México la deslumbra por el color del cielo y la riqueza de su pasado indígena, pero sobre todo por el amor de la gente, que la ayuda a sobrellevar una soledad mitigada tan solo por su secretaria, compañera y amiga íntima, Laura Rodig.

En 1922 se publica en Estados Unidos la primera edición de Desolación; al año siguiente sus poesías se difunden en España. Los seis meses que Gabriela debía pasar en México transcurren como una exhalación y la invitación se extiende a dos años. Finalmente en 1924 el gobierno mexicano le ofrece un viaje a Europa y Gabriela acepta.

A partir de ese momento las giras de trabajo, de estudio o de exploración se sucederán ininterrumpidamente. En 1925 regresa a Chile y se jubila como profesora; el gobierno la nombra representante en el Instituto de Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones, en Ginebra, y comienza así su carrera diplomática.

En 1932 es nombrada cónsul en Genova, pero no llega a ejercer sus funciones porque se declara antifascista. La trasladan a Madrid, pero también allí tiene dificultades: en una comida, un grupo de intelectuales, entre los que se contaba Miguel de Unamuno, ,se burla de las razas indígenas latinoamericanas. Esa actitud hace nacer en Gabriela una amargura y un resentimiento que, durante años, restó ardor a su cariño por España.

En 1935 el Congreso chileno la designa cónsul vitalicio con la prerrogativa de designar ella misma el lugar donde desempeñará sus funciones. A medida que pasan los años y que el nombre de Gabriela se agiganta, su lucha contra cualquier tipo de opresión se profundiza. Recibe en su consulado madrileño a Pablo Neruda, prófugo de Chile, actitud que le vale el desagrado del gobierno de su país.

En la batalla contra la injusticia y el despotismo surgen otras compañeras: en 1938 la editorial argentina Sur, que dirige la escritora Victoria Ocampo, publica Tala a beneficio de los niños vascos víctimas de la guerra civil española. La causa de la mujer y de la solidaridad humana une así a dos mujeres de orígenes tan distintos como la chilena y la argentina.

Gabriela es un personaje en el mundo de la diplomacia y actúa como tal, pero solo la intimidad le pertenece. Esa intimidad la comparte con su secretaria y con su sobrino Yin-Yin, a quien ha adoptado. Ese hijo del espíritu es su amor más intenso en la madurez pero será también su dolor más profundo.

En 1943, mientras Gabriela se desempeña como cónsul en Brasil, el muchacho de diecisiete años se suicida. Nunca se aclararon las razones. Se habló de enredos amorosos, pero la poeta urdió historias fabulosas, conjeturó persecuciones, atribuyó el suceso a bandas de malvados «que me lo mataron porque era blanco y tenía ojos azules». Esa muerte fue a unirse con aquella que la había sacudido en su juventud y a partir de ese instante la razón de Gabriela comenzó a vacilar. Años antes había dicho: los huesos de los muertos pueden más que la carne de los vivos. Aun desgajados hacen eslabones fuertes, donde nos tienen sumisos y cautivos.

En 1945 gana el Premio Nobel, pero la noticia apenas la arranca de su sopor. Está cansada, sueña con afincarse definitivamente. El dinero del premio le permite comprar una casa en Santa Bárbara, en Estados Unidos. Pero Gabriela no se pertenece, los honores le indican itinerarios: es nombrada cónsul en Veracruz, gana el Premio Serra de las Américas. Vuelve a Italia se entrevista con el papa Pío XII. le habla de los niños pobres de América, de los indígenas. Poco tiempo después, se entera con orgullo de que el Sumo Pontífice propicia una campaña en favor de los indios.

El sol de Italia le depara momentos de felicidad. Se instala en Bapallo, donde las colinas que enfrentan el Adriático le recuerdan las costas de su Pacífico natal. Pero es apenas un momento de descanso. En 1954 aparece su libro Lagar y decide viajar a Chile: será su último viaje. Su tierra natal la recibe pletórica de agradecimiento y amor. Se dirige al pueblo desde los balcones de la Casa de la Moneda en Santiago. Allí pregona cambios, paz, un mundo distinto, y es ovacionada. Luego parte nuevamente a Estados Unidos.

El 10 de enero de 1957 muere de un cáncer al páncreas en el hospital de Hampstead, Long Island. Esa misma mañana había charlado durante dos horas con Jacques Maritain, el célebre filósofo católico. Hablaron del futuro del mundo, de los niños y callaron sobre ese tema que ninguno de los dos quería tocar.

SUS ULTIMOS AÑOS: Físicamente Gabriela aparecía como una mujer recia, con una frente donde se evidenciaba la raigambre india en el nacimiento de su pelo y, como contraste, los ojos verdes que dimanaban esa desolación que siempre llevó a cuestas en su vida, pero que al mismo tiempo miraban con ternura. Su risa era franca, abierta, «una risa de diosa», como alguien dijo, risa deslumbrante, de niña.

Sus manos finas, largas, de lento movimiento, eran manos de sembradora espiritual. En su entorno siempre parecía acompañarla el resplandor mágico que irradia la luz del genio que ella convertía en algo cotidiano, en algo común, gracias a su trato sencillo, a su naturalidad, al aspecto de maestra rural que conservó toda la vida.Sus últimos años los pasa en los Estados Unidos. Nueva York, Washington, Miami, Monrovia o Santa Bárbara.

Al final ya en Rosslyn Harbor. El 10 de enero de 1957 muere en el hospital de Hampstead, pequeña ciudad industrial del estado de Nueva York. Sus restos son trasladados a Chile por vía aérea. En Santiago se realizan en su honor unas exequias monumentales. De acuerdo con su voluntad, sus restos mortales descansan en la pequeña población de Monte Grande, donde pasó los mejores años de su infancia.

La personalidad de Gabriela Mistral está escindida, como en casi todos los grandes artistas y literatos latinoamericanos, en la dualidad América-España. Se ha escrito y hablado bastante sobre una posible ascendencia vasca de Gabriela. Su padre y su madre eran chilenos de cepa española, posiblemente un tanto vasca, mezclada con sangre indígena procedente de alguna subdita de los incas. Tal «vasconidad» no tiene como prueba documentos, sino elucubraciones que surgen alrededor de los apellidos de sus progenitores.

Pero sea como sea, en Gabriela se unen los rasgos típicos y esenciales de la raza hispanoamericana: el espíritu rebelde e individualista heredado del español y esa actitud hierática de ídolo de piedra, esos silencios como abismos tan característicos de los indios. Se ha dicho que Gabriela no sentía simpatía por los españoles, lo cual no es cierto. «De su contradictorio amor a España —escribe Margot Arce— tendríamos mucho que decir.

El recuerdo de la conquista y la colonización de América y el maltrato de los indios por los encomenderos españoles, la encolerizaba hasta hacerle perder la ecuanimidad. Varias veces disputó con sus amigos sobre esta cuestión apasionadamente.

Solíamos decirle que su antagonismo nacía de una gran semejanza de temperamento y que, por mucha sangre india que tuviese, lo español era el factor dominante en ella.» Pero de su trato con españoles ilustres, entre ellos el gran poeta catalán Caries Ribas, Gabriela extrajo enormes satisfacciones, hasta el punto que llegó a afirmar: «Cuando los españoles son finos, no cabe duda de que son la aristocracia del mundo.»

SU POESÍA: Gabriela aparece en el mundo de la poesía cuando ya el modernismo había dado todo de sí. Su obra comienza apoyándose un tanto en aquel estilo. Pero los diferentes acontecimientos que marcan su vida van modelando en ella un estilo personal, un acento diferente.

La ausencia de la protección paternal y la falta de confianza en los hombres determinaron que Gabriela se viese obligada a refugiarse en sí misma, a confiar sólo en sus propias fuerzas. Y si en un comienzo la poetisa vuelve sus ojos a Rubén Darío, con el paso del tiempo, cuando en su pluma se torna ya palabra su voz, esta voz sería sólo la suya, la de Chile, un país que hasta su advenimiento no había dado casi nada importante en poesía.

El marco histórico donde Gabriela se forma como poeta es aquel en que México, con su revolución social, abre un nuevo ciclo político en la historia hispanoamericana. En la Argentina triunfaron sobre la oligarquía nuevas fuerzas sociales: las democráticas. Se vivía aún bajo los efectos de la primera guerra mundial. Pasada la euforia del modernismo, los escritores hispanoamericanos se volvieron hacia una expresión humana más sencilla, más americana. Y su perso-nera más destacada en este tiempo es Gabriela Mistral.

Como Neruda, sus versos rezuman cierta inspiración geográfica que se torna canto a las extensiones planetarias de Hispanoamérica en general y de Chile en particular. Gabriela maneja un idioma cuya faz es la piedra desgastada por el paso del tiempo, que ella recoge en su raigambre y lo hace explotar con sus impulsos telúricos. La pasión, la fuerza, la mezcla extraña de ternura y tosquedad, imprimen en esta voz acento inconfundible.

Y aunque su poesía ha tenido seguidores e imitadores, en todo el ámbito hispanoamericano nadie alcanzó ese tono trágico, esa tierna profundidad, ese hondo dolor que palpita en los diferentes planos en que se mueve su poesía: el que canta a los niños, el que se dirige a los mudos físicos y el que exclama, suspira o llora con sus más íntimas sensaciones.

PARA SABER MAS…

El descubrimiento de Lucila como poetisa vino como consecuencia de los Juegos Florales de Santiago de Chile del año 1915. Su libro Los sonetos de la muerte ganó la flor natural, pero la timidez de la esforzada maestra prefirió una suplantación amistosa a la hora de recoger el galardón y los aplausos del público. Hasta 1922 no aparece su primer libro impreso, Lectura para mujeres, que, al igual que Desolación, del año siguiente, recoge las vivencias de un corazón entregado al recuerdo de un primer y único amor, que malogróse fatalmente con la muerte del amado.

En efecto, Romelio Ureta, el joven empleado de Ferrocarriles que había hecho estremecer su vida de angustia y esperanza, se suicidó por culpa de un mal amigo, que no cumplió la promesa de restituir los fondos que Romelio retiró de la empresa para auxiliarle.

El título de ese libro, que recoge todo el proceso emocional de Lucila, entre el arrebato amoroso y el desconsuelo, es suficientemente expresivo. La intensidad de sus sentimientos la empujaron a no renunciar al recuerdo de aquel hombre por espacio de muchos años. Así transcurrió la juventud de la poetisa y se marchitaron otras oportunidades para su corazón.

A partir de los treinta años, «la mitad de mis días», según frase de ella misma. «Gabriela Mistral» (que fue el seudónimo adoptado en homenaje de admiración hacia el gran poeta provenzal, tan identificado con la campesina que Lucila llevaba siempre dentro de sí), enriqueció su mundo poético, proyectándose definitivamente en pos del amor a la humanidad, al universo y a Dios.

Su Ternura (título de un libro que en 1924 publicara en Madrid) se vuelca maternalmente sobre los pequeños, los débiles, los ofendidos. Con su actividad consular coincide la aparición de las últimas obras, Nubes blancas (1934), Toema de las madres y Tala (1938), si exceptuamos Lagar, que apareció en 1954, cuando era ya víctima del mal, una terrible enfermedad que encadenó durante los últimos años las energías de Gabriela y que, al fin, habría de hurtar de este mundo una de las almas más nobles y caritativas que hayan existido.

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Amores de Isabel I de Inglaterra Resumen de su Vida Biografia

Amores de Isabel I de Inglaterra
Resumen de su Vida

Isabel I de Inglaterra: Soberana de Inglaterra en una época de graves enfrentamientos y luchas por el poder, Isabel I condujo con mano férrea el proceso que hizo de su país la primera potencia de Europa.

La aspereza de las lides políticas hizo terminar trágicamente varios de sus amores deparándole una muerte solitaria, sin descendencia: su esposo, como se decía, era el reino británico.

«Soy la mujer más inglesa del reino», solía decir con una convicciAmores de Isabel I de Inglaterra Resumen de su Vida Biografiaón que refirmaba su dureza de carácter.

En efecto, fría, decidida, de presencia imponente, Isabel I de Inglaterra no se caracterizaba precisamente por sus dudas o vacilaciones sino por poseer un espíritu práctico y un criterio que le permitió manejar hábilmente los hilos de la política británica durante más de cuarenta años y neutralizar sucesivas conspiraciones aplicando una pesada mano para castigar a los culpables.

Era hija de Ana Bolena y del rey Enrique VIII, quien para casarse con la madre de Isabel tuvo que separarse de Catalina de Aragón y fundar la Iglesia Anglicana, lo cual no solo le permitió legitimar su separación -vedada por el catolicismo- sino liberarse de la tutela papal.

Isabel nació en Londres el 7 de septiembre de 1533 y, tres años después, su progenitura, acusada de infidelidad, halló la muerte bajo el hacha del verdugo iniciándose así una vida azarosa para Isabel, de quien se decía que era hija ilegítima.

Ello no obstó, sin embargo, para que se la educara con gran esmero, dándole así oportunidad de cultivar su brillante inteligencia.

Aprende a la perfección el griego, el latín y varias lenguas modernas y durante su adolescencia deslumbra a sus maestros por su erudición.

En 1547 muere su padre y le sucede Eduardo VI, hijo de Enrique VIII y Juana Seymour.

Debido a la corta edad del príncipe, el gobierno es ejercido por un consejo dominado por Eduardo Seymour, tío del joven rey.

Seymour tiene muchos enemigos políticos, pero el principal de ellos es su hermano Henry, quien después de cortejar a Catalina Parr, última esposa de Enrique VIII, se casó con ella, acercándose así a la corona.

Catalina, que sentía profundo cariño por Isabel, la invita a vivir con ellos y esta acepta complacida, iniciándose de ese modo una armoniosa convivencia que se trunca cuando Henry e Isabel entablan relaciones amorosas.

Era ese su primer romance y el origen de su primer escarceo en la arena política.

En efecto, cuando Eduardo Seymour descubrió una conspiración contra él y Eduardo VI urdida por Henry, Isabel tuvo que responder a interrogatorios que no dieron resultado. Henry, de todos modos, fue condenado a morir en el cadalso.

Cuando muere Eduardo VI -en 1553- sube al trono María Tudor, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón y, por lo tanto, media hermana de Isabel. Desde el primer momento María se preocupa por restablecer el catolicismo en sus dominios e Isabel debe manejarse con suma prudencia para no despertar la susceptibilidad de la reina, quien la observa con desconfianza ya que el partido protestante se agrupa en torno de Isabel.

Posteriormente, el casamiento de María con el monarca español Felipe II despierta enconada antipatía contra la reina.

En 1554 el Papa absuelve a Inglaterra por haber pasado un período bajo el protestantismo, pero esa absolución no es bien recibida por el país. Las conspiraciones contra la soberana se multiplican y todas tienen como objetivo poner en el trono a Isabel, que para salvar su vida concurre siempre a misa y se muestra católica.

Enferma, vencida, sin hijos, tiempo después la reina se allana a nombrar a Isabel como heredera del cetro, que pasa a sus manos el 15 de enero de 1559, poco tiempo después de la muerte de María Tudor.

Toda Europa espera ahora que la flamante soberana elija marido y tenga descendencia. Las dinastías reinantes se disputan la mano de la nueva reina.

El propio Felipe II, al enviudar de María Tudor, pretende desposar a su sucesora esperando alcanzar así la hegemonía europea. Por otra parte, ese enlace sería un obstáculo insalvable para María Estuardo que desde París se proclama legítima heredera del trono inglés, y el marido de esta, Francisco II de Francia, defiende los derechos de su mujer.

Ello agudiza la rivalidad entre Francia y España, cuyo rey, a pesar de su catolicismo, se ve obligado a apoyar a la protestante Isabel, que dilata su decisión utilizando su soltería y la codicia de sus adversarios como eficaces armas diplomáticas.

Poco después de ser coronada, la reina comienza a mostrar su verdadera personalidad. Le encanta brillar y ser adulada.

La modestia con que se vestía durante el reinado de su media hermana María es cosa del pasado. Las perlas y las esmeraldas adornan su cabello, las joyas recubren su cuello. Los retratos la muestran recubierta de gemas y telas recamadas, como una especie de ídolo oriental. Sin embargo, esa afición por la apariencia física no se contradice con su habilidad política: bien pronto puso de manifiesto su capacidad para mandar y gobernar.

Se rodeó de un pequeño número de asesores, pero seleccionados con tanto cuidado que no le fue necesario cambiarlos sino en raras ocasiones. Impidió hábilmente que los masculinos sentimientos de superioridad de sus consejeros menguaran su poder de decisión, y aunque toleraba la rivalidad entre ellos -derivada a veces del carácter de favorito suyo que adquiría algún asesor- nunca permitió que uno prevaleciera notoriamente sobre los demás.

Prefería consultarlos individualmente más que en conjunto, y como sus intenciones siempre eran difíciles de adivinar, más de una vez sorprendió a su gabinete tomando decisiones por cuenta propia. Su talento y sagacidad convirtieron a Inglaterra en la primera potencia de la época, y le permitieron, además, triunfar en toda la línea sobre los enemigos internos.

En ese aspecto, uno de los pleitos que mayor atención le demandó fueron las conjuras que tuvieron como protagonista central a María Estuardo, particularmente desde que esta asumió la corona de Escocia a raíz de la muerte de su madre, María de Guisa.

Desde ese puesto María conspira permanentemente y se convierte en la más peligrosa rival de Isabel. La suerte, empero, no la ayuda, y a raíz de una rebelión de los nobles escoceses debe huir a Inglaterra, donde Isabel la mantiene prácticamente enclaustrada en un castillo.

El enfrentamiento se dilucida definitivamente cuando María complota junto con Lord Babington para asesinar a Isabel, lo que la lleva al cadalso el 8 de febrero de 1587.

Después de la muerte de María, Felipe II, abanderado del catolicismo, declara la guerra a la impía Isabel, quien no solo profesa el anglicanismo sino que desarrolla una política que choca frontalmente con los intereses españoles.

En 1588 estos alistan la famosa Armada Invencible y se lanzan hacia Inglaterra, pero los malos vientos y la habilidad de los capitanes ingleses deshacen la flota española. Inglaterra se transforma entonces en la dueña de los mares.

La gloria militar coincide con la entrada en escena del último gran amor de Isabel: el conde de Essex, un joven de veinte años, bien parecido, audaz, inteligente, pero sumamente orgulloso.

La reina lo encumbra y él se muestra digno del favor real: triunfa en el mar, toma barcos enemigos, se apodera de tesoros, obtiene honores, títulos, dinero. Durante varios años su estrella sigue en ascenso, hasta que se produce una rebelión en Irlanda y Essex reclama la honra de sofocarla. Inicia la campaña, pero en su transcurso desoye una serie de advertencias y comete toda clase de imprudencias.

La reina comienza a impacientarse, y como su favorito la desobedece y desafía, Isabel le retira su favor.

Es más de lo que Essex puede soportar: inmediatamente empieza a conspirar contra ella, y aunque Isabel se resiste a eliminarlo, debe aceptar que se lo juzgue y se lo condene a muerte. El primer amor —Henry Seymour— y la última pasión de la reina murieron así por las mismas razones: víctimas de la ambición por obtener la corona inglesa.

En los últimos años de su vida el recuerdo de Essex acosa a Isabel continuamente. Todos quienes la quisieron o pretendieron su mano han muerto. Ella no tiene hijos. Sus ministros insisten para que nombre a un sucesor. Solo hay uno inobjetable: Jacobo, rey de Escocia e hijo de la ejecutada María Estuardo. Él será elegido.

Poco antes de morir Isabel, hubo que aserrarle su anillo de coronación porque como en sus cuarenta y cuatro años de reinado nunca se lo quitó, había terminado por encarnarse.

Muchos lo llamaban el anillo de casamiento de Isabel, y en cierto modo era verdad: la reina virgen, como la llamaban, solo se había desposado con su reino. Murió el 24 de marzo de 1603.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder