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Epidemia en Milán Trabajos de Leonardo Da Vinci

IDEAS DE LEONARDO DA VINCI PARA RECONSTRUIR MILÁN
Cronología de su Vida – Código ATLÁNTICO –

Entre las diversas actividades desplegadas por este genio del renacimiento,  Leonardo acomodó su inteligencia al trabajo en los dos disímiles planos de la ciencia y del arte. Pero si algo le faltaba investigar, era la anatomía humana y para ello disecó el cuerpo humano para estudiar anatomía con miras a su arte, y así pudo ver que los músculos, ligamentos y nervios eran maravillosas partes integrales de una compleja máquina de carne y sangre.

Leonardo Da Vinci

Cada parte separada del cuerpo humano estaba matemáticamente relacionada con todas las demás, semejante a un sistema mecánico de pesas y balanzas, de círculos y triángulos, que lo llevó a escribir que el cuerpo humano solamente podía haber sido creado por el «Divino Mecánico».

esqueleto de leonardo da vinci anatomista

Los estudio de anatomia de Leonardo Da Vinci

Su fama como inventor llegó a los gobernantes de Venecia. Temiendo que los invadiera la armada turca, los venecianos financiaron la construcción de su submarino. Luego,  César Borgia, que era hijo del Papa y ambicionaba conquistar toda Italia, trató de forzarlo a divulgar sus planos secretos, de tanques blindados y proyectiles con propulsión de cohete.

Durante este horripilante período, Leonardo sintió creciente terror con motivo de todos sus inventos bélicos. Temeroso del daño que su submarino pudiera causar en manos de malvados, la conciencia incitó a Leonardo a hundir su barco e idear la forma de huir de Borgia.

submarino de leonardo da vinci

Bosquejo del Submarino

Leonardo juró dedicar desde entonces todos sus esfuerzos a inventar máquinas industriales que mejoraran la vida del hombre en lugar de destruirla.

El ingeniero estadista
Las noticias del genio de Leonardo despertaron la curiosidad del Duque de Milán, quien lo llamó a su palacio para pedirle que idease trucos teatrales que hicieran más entretenido el programa diario de fiestas de la corte. En medio de toda esta pompa y alegría, una gran epidemia azotó a Italia.

La muerte invadió los cuerpos de millares de personas en forma de forúnculos ulcerantes y carne ennegrecida. Leonardo fue uno de los pocos no atacados por la plaga, pero el espectáculo de miserias y dolor que la epidemia dejó tras de sí lo llevó a un osado plan de acción.

Milán era entonces la primera ciudad de Europa, pero la absoluta falta de condiciones sanitarias adecuadas hizo de ella un fecundo foco de enfermedades. Leonardo comenzó a idear planes para reconstruirla desde sus cimientos.

Sus apuntes ponen en evidencia el primer proyecto conocido en la historia de construcción de una ciudad completa. Su proyectada ciudad comprendía diez unidades de 5.000 casas cada una; exigía el desagüe de las tierras pantanosas de los alrededores; la circulación de agua a través de caños subterráneos a cada una de las secciones de las casas y a las artísticas fuentes que regarían jardines panorámicos entre los grupos de edificios; anchas calles bordeadas de alcantarillas y terrazas elevadas que daban sobre las calles; en resumen, una ciudad espaciosa, llena de luz y aire saludables.

Para solventar el costo, propuso montar fábricas de productos que toda Europa pidiese. No era un sueño vano, pues además proyectó un sinfín de máquinas, perfectamente ilustradas en sus dibujos, que hoy nos asombran por su exactitud y utilidad.

Como ejemplo, diremos que ideó una máquina capaz de producir 40.000 agujas por hora; una laminadora para cortar hojas parejas de aluminio; un aparato para ahuecar cilindros; máquinas para hacer limas, para hecer resortes, para hacer inencogibles las telas y para confeccionar ropa. Sus planos incluyeron martillos poderosos, grúas, telares de vaivén y artefactos mecánicos de todas clases que necesitaban solamente la máquina de vapor para que comenzara la era de las máquinas.

Máquina de Hacer Resortes

Cuando terminó la epidemia, el Duque de Milán se sintió tan conmovido como para admitir lo acertado que eran los planes de Leonardo para la reconstrucción de la ciudad. A fin de evitar otro brote de epidemia, Leonardo empezó por su proyecto de drenar los pantanos que bordeaban a Milán y construir un sistema maravilloso de esclusas que aún hoy pueden utilizarse.

Repentinas amenazas de guerra interrumpieron bruscamente la colocación de los cimientos de su moderna ciudad. En lugar de ello, se vio obligado a construir fortificaciones.

Algunos de los otros inventos de Da Vinci nunca se llevaron a cabo, en parte por falta de fuentes adecuadas de energía para poner sus máquinas en movimiento. Su invento del molino de viento en forma de torrecilla fue quizás el único progreso básico en elementos mecánicos primitivos hasta la invención de la máquina de vapor.

Su vasto acopio de conocimientos científicos, condensado en 5.000 páginas de apuntes manuscritos, ha servido como fuente de ideas e inspiración a otros inventores. Su rico legado de experimentos recopilados confirma ante el mundo que él fue el genio más ecléctico de todas las épocas.

Dio el impulso inicial a la ciencia de la hidráulica. Midió las ondas sonoras y explicó el eco y las vibraciones de armónicas. Doscientos años antes que Newton interpretó el movimiento acelerado de un objeto que cae. Inventó el barómetro y el termómetro. Desarrolló una teoría ondulante de la luz y del calor y una teoría del movimiento de las olas y atribuyó a la atracción ejercida por la Luna las mareas. Analizó la composición del agua y el contenido en oxígeno del aire.

Ideó boyas, submarinos y aparejos de buceo para mares profundos. Sus armas defensivas: bazucas (una especie de cañones cohetes portátiles), tanques, cañones de retrocarga y carros de artillería, desfilan como en un catálogo de armamento moderno.

Aparte de ser uno de los más grandes pintores y escultores del mundo, no se destacó menos como anatomista, botánico, zoólogo, ingeniero, arquitecto, matemático, cartógrafo y paleontólogo. Anticipó las líneas de las actuales construcciones de tipo aerodinámico. Fue el primero que comprendió la producción en serie, las casas prefabricadas y los proyectos de, ciudades.

Leonardo es el único hombre de quien se sabe que haya atravesado las fantásticas barreras del tiempo, y cuya mente portentosa, cual si fuese movida por cohetes, llegó al corazón de nuestra edad de las máquinas.

Todos los hombres de ciencia actuales honran a Leonardo Da Vinci como el padre de la época mecánica.

EL CÓDICE ATLÁNTICO
El Códice Atlántico que se encuentra en Milán, en la Biblioteca Ambrosiana, conserva la encuademación original del siglo xvi es, con sus 401 hojas, la más extraordinaria y extensa colección leonardiana que se conozca. Su nombre deriva del gran formato de sus páginas, semejante al de un atlas (65 cm x 44 cm).

Su aspecto era el de un auténtico códice, es decir, un libro preparado por el autor para ser llenado de dibujos y notas. Se trata, en realidad, de una miscelánea de hojas y fragmentos reunidos en un volumen por el escultor Pompeo Leoni, que tuvo una discutible restauración entre los años sesenta y setenta del siglo XX.

El material del Códice Atlántico abarca toda la carrera de Leonardo, a lo largo de un periodo de más de 40 años, desde 1478, cuando tenía 26 años, hasta 1519. En él se encuentra la más rica documentación de sus contribuciones a las ciencias mecánica y matemática, la astronomía, la geografía física, la botánica, la química y la anatomía. Recoge también sus pensamientos a través de fábulas y reflexiones filosóficas.

Incluye además anotaciones sobre los aspectos teóricos y prácticos de la pintura y de la escultura, sobre óptica, perspectiva, teoría de la luz y de la sombra, así como sobre los materiales utilizados por el artista, además de numerosos estudios, como los realizados para la Adoración de los Magos, la Leda, la Batalla de Anghiari y royectos para el monumento de Francesco Sforza , Giancomo Trivulzio, incluso para la construcción de autómatas.

CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE LEONARDO
1452 –   Leonardo nace en Vinci la noche del 15 de abril, hijo ilegítimo de Ser Piero, notario.
y de Caterina; transcurre su infancia en Vinci y alrededores; entre 1466 y 1469 va con
su padre a Florencia, donde entra como aprendiz en el taller de Verrocchio.
1473 –   Su primer dibujo fechado (5 de agosto); en estos años, realiza pinturas como el ángel
del Bautismo de Verrocchio y La Anunciación (ambas en Florencia, Galería de los Uffizi).
1481  –   Los monjes de San Donato a Scopeto le encargan La Adoración de los Reyes Magos.Obra que quedará inconclusa.
1482 –   Leonardo va a la corte de Ludovico el Moro en Milán, donde permanecerá hasta 1499.

1483  –   Empieza a pintar La virgen de las rocas (París, Museo del Louvre).
1495  –   Pinta La Última Cena en el refectorio de Santa María delle Grazie, Milán.
1496 –   Entabla amistad y colabora con el matemático Luca Pacioli.
1499 –   Con la caída de Ludovico el Moro, Leonardo abandona Milán.
1500 –   Transcurre un período en Mantua, luego en Venecia y finalmente regresa a Florencia.
1502 –   César Borgia  lo  contrata  como  arquitecto  e  ingeniero  militar;  con Borgia  y Maquiaveli recorre la región de Romana.
1503  –   De regreso en Florencia, comienza a trabajar en La batalla de Anghiari, en el Salón de los Quinientos de Palazzo Vecchio.
1504 –   Pinta La Gioconda (París, Louvre). Muere su padre, Ser Piero. Leonardo hace un breve viaje a Piombino. 1506 –   Transcurre breves períodos en Florencia y Milán hasta que, en 1508, se establece en la capital lombarda por un período de cinco años, pagado por Luis XII, rey de Francia.
1509 –   Pinta Santa Ana (París, Louvre).
1513 –   Se marcha de Milán, pasa por Florencia y se establece por tres años en Roma, bajo la
protección de Juliano de Médicis.
1516 –   Desde Roma, Leonardo se dirige a Francia con su discípulo Francesco Melzi; hasta su muerte estará bajo la protección del rey Francisco I.
1519 –   Muere el 2 de mayo en Clos Luce, cerca del castillo de Amboise, sobre el río Loira:
es sepultado en la iglesia de S. Florentin.

Fuente Consultada:
Grandes Inventos de la Humanidad Beril Becker
Las Máquina de Leonardo Da Vinci Marco Cianchi

Biografia de Quinquela Martín Artista Plástico Argentino Vida y Obra

Biografia de Quinquela Martín
Artista Plástico Argentino

El 20 de Marzo de 1890 fue dejando en la Casa de Expósitos un niño que se suponía había nacido tres semanas antes, es por eso que el día de nacimiento de Benito ha sido consignado como el 1º de marzo. Fue bautizado con los nombres de Benito Juan y se le asignó el apellido Martín. Su primer nombre fue en razón de ser bautizado el día de San Benito Abad, el 21 de marzo. Casi ocho años después, el 16 de noviembre de 1897 es adoptado por el matrimonio formado por Manuel Chinchella y Justina Molina, quienes vivían en la Boca del Riachuelo, donde vivió toda su vida el maestro.

Cursó tan solo los dos primeros grados de la primaria, y luego se dedicó a repartir el carbón que sus padres vendían a los vecinos del barrio.

Cuando cumplió 15 años su padre que descargaba carbón en el puerto, lo convocó a trabajar con él, pese a su físico poco adecuado para la tarea, pero su empeño y rapidez le hicieron ganar el apodo de «EL MOSQUITO».

Al poco tiempo, cuando cuenta 17 años, se inscribió en una academia para cursar dibujo y pintura, con le maestro italiano Alfredo Lázzari, quien fue su único maestro. Completó su formación autodidacta a través de lecturas en la biblioteca del Sindicato de Caldereros, y allí descubrió el libro «El Arte» del escultor francés, Auguste Rodin, que lo llevó a dedicar su vida a la creación artística.

Cuando cumple 20 años expone por primera vez sus trabajos en la Sociedad Ligure de Mutuo Socorro. En 1912 se le diagnostica un principio de tuberculosis y busca los purificadores aires de Córdoba para curar su enfermedad. Allí realiza una serie de paisajes acompañado al maestro Walter de Navazio. Retorna a los seis meses milagrosamente curado y convencido que debe reflejar, como decía Rodin, únicamente su vida y su ambiente, es decir pintar su aldea: La Boca del Riachuelo.

Miembro Honorario de la Universidad
El 14 de enero de 1972 se firmó en el Consejo Superior de la UBA la resolución por la cual se designaba a Benito Quinquela como miembro honorario de esa alta casa de estudios. En los considerandos de la resolución se expresa que el artista ha honrado y honra con su obra a la cultura argentina y al hombre de nuestro país, y que a ello se agrega «el ejemplo de toda una vida dedicada al arte, a la promoción de la cultura y a la misión de servicio por su generosidad para la comunidad y a través del fomento de la educación».

«Pero la resolución de la Universidad de Buenos Aires no es meramente eso, sino una expresión vocacional de reconocer públicamente, y sobre todo ante los jóvenes, lo que constituye un ejemplo capaz de alentar una meta. Cuando reciba usted el diploma y la medalla que lo acompaña, podrá apreciar todo esto y su aceptación será un bien para la Universidad».

Por último expresa: «Con el tiempo, maestro, la herrumbre cubrirá esa medalla produciendo el más antiguo de los pigmentos: ese mismo que crustifica los hierros de los barcos envejecidos o moribundos, que podrán desaparecer de la boca del Riachuelo, pero nunca de la imagen de sus cuadros».

LOS PRIMEROS AÑOS DE BENITO:

Al viejo Manuel [padre de Benito] lo que menos le gustaba era la decisión de su hijo de dedicarse intensamente a la actividad artística, porque estaba descuidando su trabajo en el puerto. Las discusiones eran constantes y tantos fueron los enfrentamientos entre Benito y su padre que un día, contra la voluntad de Justina, que apoyaba al joven en todos su proyectos, el joven pintor empacó sus bártulos y abandonó el hogar paterno. No fue Justina la única en lamentar ese alejamiento. El estómago de Benito también lo sufrió bastante. Aunque siguió trabajando en el puerto para ganarse el sustento, ya libre de la tiranía paterna dedicaba muchas más horas a la pintura que al carbón, y vivía de mate cocido y galletas marineras.

Tiempos vagabundos
La vida de Benito se convirtió casi en un vagabundeo. Vivió un tiempo en la Isla Maciel; allí frecuentó ladrones y malandras, entre los cuales se sentía perfectamente cómodo, según contaría años después.

En sus memorias dice que llegó a conocer una «academia del punguismo» con base en esa isla y que le ofrecieron formar parte de ella, pero no le interesó. En cambio, llenó varias telas con imágenes de la Isla Maciel y aprendió mucho de los punguistas; porque, además del arte del robo disimulado, cultivaban una serie de códigos de honor y hermandad que despertaron mucha admiración en el joven artista. Todas estas experiencias abrieron su mente y enriquecieron su pintura. Pasaron meses de errancia en los que Benito montó su taller en los lugares menos pensados, desde altillos hasta barcos (tuvo un estudio de pintura a bordo del «Hércules», un navío anclado que descansaba en el cementerio de embarcaciones de la Vuelta de Rocha). Sin embargo, este peregrinaje no duró mucho.

Podría decirse que la ley familiar fue más fuerte que la ley de la calle; pero, en realidad, no fue el respeto al padre lo que indujo a Benito a retornar al hogar, sino la nostalgia de la caricia materna y los ruegos de Justina que no vivía en paz sin él. Fue ella quien le dio un sabio consejo: «Si no te gusta el carbón, búscate un empleo del gobierno».

Siguiendo la recomendación materna, Benito consiguió un trabajo como ordenanza en la Oficina de Muestras y Encomiendas de la Aduana, en la Dársena Sur, no tan lejos de su querido puerto. Allí desarrollaba funciones «fundamentales» para el buen desempeño de cualquier oficina, como limpiar las ventanas y cebar mate; pero lo importante era que le quedaba tiempo para pintar a gusto.

De todos modos no duró mucho como empleado estatal. Comenzaron a pedirle labores de mensajero, y debía andar de aquí para allá transportando caudales. Un día pensó lo que podría pasar si le robaban una encomienda —había aprendido bastante de punguismo— y presentó su renuncia indeclinable. Pero ese tiempo de poco trabajo y mucha pintura dio sus frutos. A los pocos meses el pintor del puerto participó por primera vez de una exposición. Se trató de una muestra colectiva de todos los alumnos del taller de Alfredo Lazzari, y tuvo lugar en la Sociedad Ligur de Socorro Mutuo de La Boca. Esta sociedad celebraba su aniversario número veinticinco, y qué mejor forma de conmemorar el nacimiento de una mutual boquense que con la exhibición de las creaciones de sus hijos, los artistas de La Boca.

Participaron Santiago Stagnaro, Arturo Maresca, Vicente Vento y Leónidas Magnolo, todos principiantes y aficionados. Para cada uno de ellos fue un evento bello y memorable, pero para Chinchella fue especial: se trataba de su debut. Expuso cinco obras: un óleo titulado Vista de Venecia, dos dibujos a pluma que formaban parte de su Estudio de cabezas y dos coloridos paisajes pintados con tempera. Las obras oran algo torpes, las manos del artista no habían adquierido ido aún la maestría que las caracterizaría mas adelante. Lamentablemente las mayor parte de estas primeras obras ed Quinquella se han perdido y es imposible recuperarlas.

padres de quinquella

UN TESTIMONIO DE LA ÉPOCA:
Un pintor en la lluvia

Una mañana opaca en que la lluvia estaba al caer, peregrinando por La Boca nos detuvimos a contemplar a un pintor que, sentado en la proa de un velero, indiferente al mercante ir y venir de un barco en descarga, pintaba. Es decir, aquello no era pintar, era un afiebrado arrojar colores y más colores sobre el cartón. En manos de nuestro hombre el pincel iba, venía, describía giros, volvía y revolvía con amplitud majestuosa y segura; a su paso, dejaba gruesas huellas que parecían desordenadas e incongruentes en un principio, pero que bien pronto adquirían forma y cierta concordancia inarmónica, grotesca casi, para formar enseguida un cuadro de una belleza sorprendente; insospechable en un rincón gris y sucio del Riachuelo.

Cuando hubo terminado su tarea, abordamos al raro pintor y fácilmente entablamos charla. Se trataba de un buen muchacho, dulce y humilde, que pinta de pura afición, como siente la pintura, instintivamente. Avanzando en nuestra conversación, no nos costó obtener que nos invitara a ir hasta su casa, una de esas modestas casas típicas de La Boca.

Allí nos contó su historia, triste como pocas. Quinquela Martín es huérfano, pero aun es inclusero: hijo del amor, como él mismo se llama. Adoptado a los cinco años por sus actuales padres, un matrimonio de sencillos hijos de Italia, su infancia fue dura. Hasta los veinte años fue descargador y repartidor de carbón. Aún recuerda riendo sus primeros pujos en el diseño, carbón en mano, y haciendo víctima de sus inclinaciones a cuanta pared halló a su paso. A los veintiún años sintió la necesidad de instruirse sólo, sin ayudas externas, empezó febrilmente a aprender, comenzando casi por las primeras letras. Con tanto ardor se inició en esa nueva fase de su vida, que su físico, hecho a las rudas tareas materiales, fue incapaz de resistir, y el bravo muchacho se enfermó. Pasó una temporada en Córdoba y San Luis y de regreso adoptó la resolución definitiva que habría de cambiar fundamentalmente su vida.

Atacó la pintura abandonándolo todo. Solo, sin apoyo moral ninguno; sin un maestro que guiara sus primeros pasos, se dedicó por entero a la pintura. Cruenta fue la lucha que sostuvo. […] Desde su iniciación, supo comprender que lo que convenía a su modo de ver la pintura era hacerse solo, sin aceptar las restricciones y las pautas que para los temperamentos fuertes significan las academias, los procedimientos de «receta» y las normas inmutables. Libre como el potro, que si nunca saboreó los sibaritismos del box mullido, jamás conoció la esclavitud del freno que al guiar anula e inferioriza; así se hizo este pintor, íntegro, sincero y fuerte.

J. Márchese ( Fray Mocho, 1918)

Fuente Consultada: Benito Quinquela El Maestro del Color Protagonistas de la Cultura Argentina – La Nación –

Conocer el Estilo de sus obras:

Libro Online Sobre Quinquela: Paradojas del Sur

Viaje a caballo criollo unen Buenos Aires con Washington en 1925-1928

Viaje a caballo criollo unen Buenos Aires con Washington en 1925-1928

En 1928 tuvo lugar el raid más formidable que hayan realizado en la historia del mundo el hombre y el caballo.

Un profesor suizo radicado en la República Argentina, Aimé Félix Tschiffely (1896-1954), con dos caballos criollos, Mancha y Gato pertenecientes a la estancia “El Cardal” del doctor Emilio Solanet, realizaron esta fabulosa hazaña de resistencia.

Tschiffely partió de la Sociedad dad Rural en Palermo el 25 de abril de 1925 y llegó a Washington el 29 de agosto de 1928, después de tres años, cuatro meses y cuatro días.

Recorrió una distancia de más de 25.000 kilómetros, atravesando los desiertos más inhóspitos del globo, subiendo a más de cinco mil metros sobre el nivel del mar y transitando por selvas pobladas de indios salvajes.

De Buenos Aires, pasando por Rosario y Santa Fe, arribó a Jujuy y pasó a Bolivia. En el Perú atravesó el desierto de Matacaballos, 160 kilómetros de arena sin agua y con 52 grados de calor; lo hizo de noche y en una sola etapa.

Desde Cartagena hasta Panamá viajó en barco y luego pasó por Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y México. El plan inicial tenis como destino la ciudad de Nueva York, pero, con buen criterio, Tschiffely le puso fin en Washington, pues viajar a caballo por las carreteras de Estados Unidos atestadas de autos era suicida.

El presidente Calvin Coolidge recibió al jinete, y el alcalde de Nueva York, Jimmy Walker, le ofreció una recepción y le entregó una medalla. Este viaje actualíz6 el proyecto de realizar la Carretera Panamericana, hoy una realidad. Después del raid, el jinete regresó a Inglaterra, donde se casó con una cantante argentina y regresó al país en 1938 y 1943 para ver a Mancha ya Gato.

Estos dos caballos tenían 15 y 16 años al iniciar el raid y habían pertenecido a un cacique patagón llamado Liempichún. En el viaje usó un ‘chirigote’ silla de montar muy usada en Entre Ríos.

El periódico LA RAZÓN, comenta: «Buenos Aires, admira los valores sustanciales del hombre: espíritu de empresa, coraje y tenacidad, agasaja a Aimé Tschiffely, criollo de corazón como tantos extranjeros que amaron la tierra gaucha. Nada detuvo su avance a través del continente, montando en Gato o en Mancha. Las largas marchas en los suelos pedregosos de los declives de montaña, en medio del sol abrasador de los trópicos, los valles dilatados, los ríos impetuosos y profundos, todo ha sido salvado; y los caballos criollos, exponentes de la resistencia, de la bondad, de lo útil de la raza, triunfan en una prueba en la que habrían caído vencidos animales selectos de cualquier origen, que no ostentaran en sus corrientes de sangre el blasón noble de sus antecesores árabes.

Miles de leguas pisadas por los cascos endurecidos, hasta llegar a la Quinta Avenida, que detuvo su agitado tránsito para ver pasar las figuras legendarias, extrañas en otro marco que no fuera el de la pampa infinita. Buenos Aires, a su vez, siente el orgullo y la emoción de la hazaña, volcando sus sentimientos, por lo menos esa pureza que ningún filósofo le ha negado, al dar la bienvenida al raidista y a los valientes caballitos criollos «del galope largo y el instinto fiel», como lo cantó el poeta y como lo probaron en todas las rutas de América, para asombro de propios y extraños.»

La Maquina Que Hacia LLover Juan Baigorri Velar Personajes Argentinos

La Máquina Que Hacia LLover Juan Baigorri

La Maquina Que Hacia LLover Juan BaigorriNació en 1891 en la provincia de Entre Ríos y estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Fue criado en un clima de recia disciplina y orden; su padre era militar y gran amigo del general Julio A. Roca. Baigorri Velar se recibió de ingeniero y se especializó en petróleo, que parecía ser (y lo era) la piedra filosofal del futuro.

Estudió geofísica en la Universidad de Milán, Italia, adonde viajó especialmente. Sin duda, no era un buscavidas o un improvisado. Al regresar, trajo con él un aparato que medía el potencial eléctrico y las condiciones electromagnéticas del planeta.

Baigorri redescubrió el Mesón de Fierro, un famoso meteorito caído hace unos 4.000 años en el límite del Chaco Austral y el Chaco Santiagueño; valiéndose de sus aparatos, capaces de medir el potencial eléctrico y determinar las condiciones electromagnéticas de la tierra.

Trabajo en varios países como México, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Chile, Brasil y Perú, donde recibió la oferta del titular de Y.P.F.  Mosconi quería crear un ente capaz de supervisar la explotación, destilación y posterior comercialización del petróleo y el mismo Irigoyen dio su consentimiento.  Pero la lucha contra los muchos intereses de aquel entonces, no entusiasmaron al minucioso entrerriano, al punto que desechó la oferta de Mosconi y volvió a su trabajo, esta vez en Buenos Aires, alternando con esporádicos viajes a Montevideo.

Buscando un lugar seco para su familia, porque en Caballito la casa era sumamente humeda, descubre al pasar el tranway por el barrio Villa Luro un lugar ideal para lo que estaba buscando, y alquila una casa en Ramón Falcón y  Araujo muy cerca del punto ideal descubierto, que hoy seria en la calle Rivadavia 10.100 al 10.200. Se muda junto a su mujer María y su hijo William.

Trabajando en Colonia, Uruguay, Baigorri comprueba que cada vez que usa uno de sus aparatos, para la determinación de subsuelos, equipado con reactivos químicos y una simple batería, el cielo más diáfano torna a convertirse en una bóveda plomiza. Y llueve cuando, generalmente en esa época, el suelo uruguayo no recibe mucha lluvia. Sigue con sus experiencia en Bs.As. ,generalmente los fines de semana, y produce lluvia casi sistemáticamente los sábados y domingos. Es así, pero bastante más adelante en el tiempo, en 1938, cuando el ingeniero Baigorri Velar descubre que uno de sus aparatos, cargado con reactivos químicos y conectado a una batería, es capaz de provocar lluvia en cualquier lugar del mundo. Y comienza a realizar pruebas en los lugares más difíciles para una misión semejante:

1) Santiago del Estero. Estancia Los Milagros, de Juan Balbi. Hacía dieciséis meses que no caía una sola gota. Baigorri conecta sus instrumentos y logra hacer llover ante el asombro de todos los testigos. 2) También en Santiago del Estero, es solicitado por el gobernador de esa provincia, el doctor Pío Montenegro. El ingeniero accede a ir a una estancia del funcionario donde no llovía desde hacía tres años. Trabaja allí durante tres días y luego llueven 60 mm. en solo dos horas. 3) Nuevamente Santiago del Estero, para Navidad. Llueve como nunca. 4) Ahora es Carhué, en la provincia de Buenos Aires, a 520 kilómetros de la Capital Federal. Hacía tres años que no llovía. Va Baigorri con sus aparatos y llueve tanto que desborda la laguna. 5) El ministro de Asuntos Técnicos de la provincia de San Juan lo llama en 1951 para probar suerte en una zona en la que no caía ni una gota de agua desde hacía ocho años. Prueba. Y llueven 30 milímetros. A pesar de todo esto, y por muchos años, siempre hubo un grupo de la opinión pública que desconfiaba e insistía en llamarlo burlonamente “el mago de Villa Luro”.

Les costaba creer que todo aquello era posible. Pero lo era. Es común que cierta gente se vuelva burlona y desconfiada sin tener la menor idea de qué es aquello de lo que se burla y desconfía. Los más cercanos a una ciencia abierta prefieren investigar.

Invento o casualidad

Han pasado muchos años desde las primeras noticias con las que Baigorri impresionó a un mundo más incrédulo y menos tecnificado. Hoy la historia de “su lluvia” suena a historia de cow-boys cuando el hombre hace cuarenta años que llegó a la Luna. Pero ante el avance electrónico, ante el lanzamiento regular de satélites artificiales, ante toda esta revolución científica, el misterio de “la lluvia de Baigorri” no ha podido develarse.

¡Claro que llovió! … ¡Y cómo! – contestan los viejos santiagueños refiriéndose a aquel año de 1938.

– Dijo en tal fecha y en esa fecha llovió sobre Buenos Aires-, aseguran los porteños de aquel tiempo, comentando la precipitación del 2 de enero de 1939.

¿Qué pasó entonces? ¿Fue casualidad? ¿No sirvió, acaso, la explicación científica que dio Baigorri en su momento y que siguió sosteniendo hasta sus últimos días: “un aparato que consta de una antena especial, que despide rayos electromagnéticos hacia la atmósfera y va produciendo la congestión hasta provocar la lluvia”.

¿Por qué la Dirección de Meteorología atacó tan tenazmente sus experiencias, mientras éstas fueron siempre comprobadas por profesionales responsables? ¿Habrán sido los “intereses creados” a los que alude el inventor, o por el contrario, la mera casualidad permitió a éste el sostenimiento de su tesis?

Ajeno a estos enigmas, Juan Baigorri Velar vivió en el silencio de su casa de Villa Luro, acompañado por su fiel “Teófila”, una foxterrier que bautizaron sus nietos y que lo miraba atentamente cuando el desgranaba los recuerdos que extraía de sus amarillentos archivos. Los últimos años de su vida sirvieron para aferrarlo más a su secreto, eludiendo toda publicidad. Prefería estar solo y en silencio, entrecerrando a veces los ojos, para oír llegar desde afuera el eco de aquellos coros juveniles: “…que llueva, que llueva, Baigorri está en la cueva…. enchufa el aparato y llueve a cada rato…”

Biografia de Ameghino Florentino Naturalista Argentino

VIDA Y OBRA CIENTÍFICA DE FLORENTINO AMEGHINO

Dinosaurios en
la Patagonia
Dinosaurio:
Abelisaurus
Biografía de
Francisco Moreno
Florentino
Ameghino

Florentino Ameghino

Florentino Ameghino (1854 – 1911): Naturalista, Paleontólogo y Antropólogo También considerado climatólogo, geólogo y zoologo.

Nació en Villa del Luján, de la Provincia de Buenos Aires, el 18 de septiembre de 1854, hijo de don Antonio Ameghino y de doñaMaría Dina Armanino. (hay versiones que dicen que nació en Génova, pero él declara que nació en Luján)

En Ameghino su interés por la paleontología comenzó muy de pequeño, cuando le preguntó a su padre de dónde venían los restos de caracoles que había encontrado en la barranca del río Luján, cerca de su casa, y éste le respondió que los traía el río.

Florentino consideró que no debía ser así porque la corriente no podría enterrarlos, y decidió que averiguaría por qué estaban allí y cómo habían llegado.

Tenía dos hermanos, llamado Juan y Carlos que le ayudaron en muchas oportunidades, pero Carlos fue siempre un excelente colaborador sobretodo en arduas y lentas exploraciones.

Puede considerarse como la primera gran figura de la ciencia nacional y la que alcanzó, seguramente, mayor trascendencia internacional. Fue un autodidacta, que puso por alto el prestigio científico del país sin más fuerzas que su formidable tesón y el apoyo de su hermano Carlos, y sin más financiamiento que los exiguos fondos obtenidos de una librería, negocio que manejó durante años en La Plata.

Florentino Ameghino fue una de las personalidades científicas más descollantes de la Argentina en el siglo XIX. Nació en 1854 y era adolescente aún cuando los muchachos de su edad lo apodaron «el loco de los huesos» por su inveterada costumbre de hurgar con pico y pala las cercanías del río Lujan en busca de restos fósiles. A los veinte años reunió en un folleto varias observaciones acerca del origen del hombre americano, y tiempo después abandonó su puesto de maestro en la localidad de Mercedes para trasladarse primero al Uruguay y después a Europa. Allá recorrió los principales museos de ciencias naturales y se vinculó con paleontólogos célebres, deslumbrándolos con la colección que había formado.

Su formación primaria la realizó en forma particular y como entretenimiento infantil recogía huesos en las barrancas de Luján. En Buenos Aires siguió los estudios secundarios que no concluyó y enseguida se trasladó a la localidad bonaerense de Mercedes, donde fue maestro, director de una escuela y dedicó nueve meses al estudio geológico y paleontológico de los terrenos de la llanura pampeana.

Ameghino fue un brillante autodidacta en paleontología, geología, antropología y anatomía comparada. Ya de adolescente, aprendió idiomas para poder leer a los principales científicos de la época, como el geólogo británico Charles Lyell, y adhirió a la teoría de Darwin.

Cuando tenía 17 años le presentó a Germán Burmeister, entonces director del Museo de Buenos Aires y autoridad máxima de las ciencias en el país, sus primeros descubrimientos. Pero a éste las investigaciones del joven provinciano no le inspiraron confianza ni le parecieron de interés. Al contrario de lo que podría creerse, esto no desalentó a Ameghino, que más tarde diría: “Pero para algo sirve la desgracia… la incredulidad e indiferencia que encontré hirieron mi amor propio, me obligaron a estudiar y buscar medios de acumular nuevos materiales”.

Siempre vivió estudiando, investigando y luchando por conseguir medios económicos para crecer en su actividad científica.

En 1875 dio a conocer las primeras especies nuevas que había descubierto. En el mismo año, se presentó en un concurso-exposición organizado por la Sociedad Científica con siete cajas de fósiles. Pero a los jurados poco les interesaban aquellas reliquias y sólo las premiaron con la última de las catorce menciones honoríficas. Ameghino insistió al año siguiente con una memoria sobre el cuaternario –la más reciente era geológica– que ni siquiera fue considerada.  Decidió viajar a Europa, y presentar su crecida colección de huesos en la Exposición Internacional de París de 1878 y gracias a su trabajo en la escuela puedo financiar en 1875 su primer viaje a Uruguay. Mas tarde con el apoyo del pueblo natal pudo viajar a París en 1878 y exhibir su colección de huesos en la Exposición Universal donde logró la admiración de los científicos mas destacados de su época.

Su viaje a Paris le demandó tres años y debió vender parte de los objetos llevado, por 40.000 francos, y con ese dinero financió la edición de La antigüedad del hombre en el Plata, una de sus principales obras y Los Mamíferos fósiles en la América Meridional. Al poco tiempo debió volver a vender mas material de su colección (que no se lo aceptaban en museos de la Argentina); hacia 1892, setenta piezas de su colección fueron destinadas a un museo de Munich y, tres años más tarde, se vio obligado a vender al Museo Británico una colección de unas 380 aves fósiles. El objetivo era, como siempre, financiar nuevas investigaciones.

Como curiosidad histórica hay que destacar que  cuando regresa de Europa, llega casado con una joven parisinaLeontina Poirier y pobre y como si fuera poco, se encuentra que había sido exonerado de su cargo de director de la escuela de Mercedes por abandono del puesto.

En 1886, Francisco Moreno lo nombra vicedirector del Museo de la Plata, en  el cual Ameghino aporta su propia colección de huesos, pero lamentablemente al poco tiempo estos científicos entran en un conflicto debido a diferencias y celos profesionales  y pierde el cargo oficial. Como salida decide abrir un negocio de libros y en donde por tercera vez volvió a iniciar una colección de fósiles, ya que Moreno le había prohibido la entrada al museo y no podía estudiar sus propios fósiles.

Su obra publicada —185 títulos que totalizan unas 20.000 páginas— hace referencia tanto a la descripción de piezas fósiles, en gran parte halladas por él, como a apoyar su teoría sobre el origen americano del hombre. Para Ameghino, la especie humana había evolucionado en las Pampas argentinas, desde donde habría migrado al resto del planeta. Y para probarlo se sirvió de todos sus hallazgos paleontológicos.

De todas maneras en su etapas de comerciante, Ameghino desplegó un gran esfuerzo creador: Filogenia (otro libro de su autoría) le brindó el reconocimiento nacional y mientras fue librero en La Plata publicó el trabajo premiado en Paris y mantuvo acaloradas polémicas con científicos nacionales y extranjeros.

Un año después presentó en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias su obra magna, compuesta por 1028 páginas y un atlas: Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina.

En la exposición de París de 1889,obtuvo uno de los mayores logros científicos internacionales de la época: la medalla de oro y el diploma de honor, por su contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de Argentina, escrita en poco mas de un año, entre grandes dramas económicos. Este reconocimiento lo ubicó entre las pocas figuras mundiales del enfoque paleontológico de la biología evolutiva.

Ameghino murió en La Plata, el 6 de agosto de 1911. Su entierro fue grandioso, teniendo en cuenta lo alejado que estuvo de las esferas oficiales. Todo el mundo intelectual se hizo presente y al depositar sus restos en el Panteón de los maestros, hicieron uso de las palabras eminentes personalidades como E. Holmberg, Víctor Mercante, J. B. Ambrosetti, José Ingenieros y otros.

HITOS DE SU VIDA
1854: Nació en la ciudad de Lujan, el 18 de setiembre, hijo de modestos inmigrantes italianos.

1863: Desde niño llamó la atención de sus padres y maestros, por la forma en que se interesaba por desenterrar restos fósiles y averiguar su posible origen. A los nueve años de edad, reunió una colección de caracoles que había juntado a orillas del río Lujan.

1867: El maestro Carlos d’Aste, amigo de sus padres, les sugirió la idea de enviarlo a Buenos Aires para que siguiera estudios secundarios en la Escuela de Preceptores.

1870: Ameghino entró a desempeñarse, como Auxiliar Docente, en una escuela de Mercedes, donde, poco después, comenzó a dictar clases. 1871: Organizó, en Mercedes, un pequeño Museo de Ciencias Naturales, anexo al antes citado colegio.

1872: Fue nombrado Director de la Escuela Elemental de Mercedes, cargo que conservg durante varios años. Mientras tanto, proseguía estudios e investigaciones sobre etnografía y paleontología.

1873 a 1877: Estableció contacto epistolar con varios sabios europeos a quienes comunicó, por carta, sus hallazgos y teorías. Realizó gran cantidad de excavaciones, pagando él mismo los gastos que tales tareas originaban. Venciendo grandes dificultades, llegó a disponer de la mejor colección de fósiles conocida en América.

1878: Emprendió viaje hacia Europa, en cuyos museos estudió y trabajó con la venta de ejemplares repetidos de fósiles. Pudo costearse la edición de su libro «La antigüedad del hombre en el Plata». 1880: Contrajo enlace con Leontina Poirier, de nacionalidad francesa.

1881: Después de tres años de ausencia, regresó, con su esposa, a la Argentina, donde se enteró de que, vencida la licencia que le habían acordado en sus puestos docentes, ya no los tenía.

1882: Abrió en la ciudad de Buenos Aires una librería, a la  que llamó «El gliptodonte» y con los ingresos obtenidos, prosiguió sus estudios e investigaciones.

1883 a 1901: Reinició sus tareas paleontológicas, ayudado por su mujer y por su hermano Carlos, con quienes efectuó numerosos viajes por la costa atlántica y por el sur de la Argentina. Lograron encontrar más de un centenar de esqueletos de especies mamíferas extinguidas, los cuales pasaron a formar parte de la colección del Museo de Historia Natural de Buenos Aires, que Carlos, posteriormente, dirigió. Florentino, mientras tanto, ejerció como pofesor en las universidades de Córdoba, La Plata y Buenos Aires.

1902: Sus méritos, como investigador, fueron reconocidos dentro y fuera de la Argentina. El Gobierno de ese país lo nombró Director del Museo de Historia Natural de Buenos Aires, instituto que organizó con extraordinaria eficacia.

1911: Enfermo de diabetes y sintiéndose muy afectado, es-piritualmente, por la muerte de su madre y de su esposa, falleció el 6 de agosto. Sus últimas palabras fueron: «¡Cuánto me queda por hacer!».

SOBRE SU TRAYECTORIA….

Desempeñó los siguiente cargos: maestro de escuela de Mercedes (Bs.As.), catedrático de Zoología y Anatomía comparada de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Cordoba, conservador de las seccines de Zoología y Antropología de la misma Universidad, miembro académico de la Facultdad de Ciencias Médicas de la misma; Director del Museo de La Plata, etc.

Los premios que ha logrado por sus trabajos científicos son los siguientes: mención honorífica por la «Sociedad Científica Argentina» en el concurso y exposición del 28 de julio de 1875; medalla de bronce en la Exposición Universal de París en 1878: medalla de oro (primer premio) en la Exposición Continental Sud-Americana de 1882, en la ciudad de Buenos Aires; medalla de oro (primer premio) en la Exposición de París en 1889; y medalla de oro (primer premio) en la Exposición de Chicago en 1893.

Fuera de las obras que se han señalado más arriba, ha dado a la publicidad y se ha traducido a varios idiomas una colección numerosa de libros y trabajos sobre antropología, geología y paleontología, que fueron sus especialidades en las ciencias naturales, dedicando «Un recuerdo a la memoria de Darwin», cuyas teorías fueron sus ideales de niño-sabio y después fueron la base de su reputación científica.

La Dirección del Museo Nacional de Historia Nacional la ocupó Ameghino a la muerte de Berg en 1902: y entonces el genio produce su formidable teoría de la existencia del hombre en los terrenos terciarios del país. Semejante teoría produjo un revuelo en el avispero científico. La iglesia encontró un terrible enemigo en Ameghino, al que combatió intensamente.

Los iíltimos años de su vida los pasó el ilustre sabio al frente de una librería que instaló en La Plata donde luchó contra la adversidad del destino. Pero el precitado nombramiento de Director del Museo Nacional, le proporcionó un bienestar que alcanzó a disfrutar casi dos lustros. Murió en La Plata el 6 de agosto de 1911, desempeñando el cargo de referencia.

Ante su tumba abierta, el doctor José Ingenieros pronunció elocuente oración fúnebre, en la que dijo entre otras cosas: «Muere con él la tercera vida ejemplar de «nuestra centuria: Sarmiento inagotable catarata de energía en las gloriosas batallas de nuestra emancipación intelectual; Mitre, que alcanzó !a santidad «de un semi-Dios y fue consejero de pueblos; Ameghino, preclaro sembrador de altas verdades cosechadas a filo de hacha en la selva infinita de «la naturaleza. . .»

Fué su gran colaborador su hermano Carlos Ameghino, que más adelante lo reemplazó en el cargo de Director del Museo Nacional de Historia Natural. Fuera de las obras citadas, merece mencionarse: «El transformismo considerado como una ciencia exacta» y otras muchas que seríía largo enumerar .

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°23 Florentino Ameghino Edit. Cuántica
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

Leyenda del Cine Argentino Mirtha Legrand, Gran Actriz Argentina

Leyenda del Cine Argentino: Mirtha Legrand Gran Actriz Argentina

PRODUCCIÓN CINEMATOGRÁFICA DE MIRTHA LEGRAND

Mirtha Legrang, actriz argentinaMirtha Legrand: La diva de los almuerzos

Mirtha Legrand es sin dudas uno de esos personajes públicos que despiertan sentimientos encontrados entre los miembros de la sociedad, ya sea por su popularidad masiva acumulada durante décadas en la pantalla televisiva y cinematográfica, como así también por su influencia en la opinión pública y sus críticas en diversos ámbitos.

Ella misma ha reconocido en alguna oportunidad: «Hay mucha gente que me quiere, y otros, un poco menos. Son las reglas del juego. Pero en los momentos más difíciles la gente me ha respondido, y siempre con afecto».

Más allá de los sentimientos que despierta, la diva de los almuerzos argentinos ha sabido a lo largo de los años cosechar una trayectoria que perdurará aún después de su muerte, y que en definitiva es la meta que persiguen los artistas: ser recordados eternamente.

Un caluroso 23 de febrero de 1927 llegaba a este mundo la pequeña Rosa María Juana Martínez Suárez, en el seno de una familia de clase media que residía en la localidad santafecina de Villa Cañás, pueblo ubicado a 200 kilómetros de Rosario.

Pero aquel nacimiento no fue sencillo, ya que en realidad durante el parto tanto su padre, José Martínez, como la partera y su asistente notaron con sorpresa que la española Rosa Suárez, estaban dando a luz a dos pequeñas criaturas.

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SUS PELICULAS
1940: Hay que educar a Niní
1941: Novios para las muchachas
1941: Los martes, orquídeas
1941: Soñar no cuesta nada
1942: Adolescencia
1942: El viaje
1942: Claro de luna
1943: El espejo
1943: Safo, historia de una pasión
1944: La pequeña señora de Pérez
1944: Mi novia es un fantasma
1944: La casta Susana
1945: María Celeste
1945: La señora de Pérez se divorcia
1945: Cinco besos
1946: Un beso en la nuca
1947: Treinta segundos de amor
1947: El retrato
1947: Como tú lo soñaste
1948: Pasaporte a Río
1948: Vidalita
1949: La doctora quiere tangos
1950: La vendedora de fantasías
1950: Esposa último modelo
1951: El pendiente
1952: La de los ojos color del tiempo
1954: Tren internacional
1955: El amor nunca muere
1956: La pícara soñadora
1959: En la ardiente oscuridad
1960: La patota
1960: Sábado a la noche, cine
1962: Bajo un mismo rostro
1963: La cigarra no es un bicho
1965: Con gusto a rabia

Destacadas Actrices del Cine Nacional Historia del Cine Argentino Susana

Destacadas Actrices del Cine Nacional: Historia del Cine Argentino – Susana Gimenez

DESTACADAS ACTRICES ARGENTINAS

Susana GimenezSusana Gimenez: La diva de la televisión argentina

Para una gran porción de argentinos, seguramente Susana Gimenez se haya convertido con los años en un personaje que trasciende por completo la pantalla televisiva, ingresando a aquellos hogares donde las personas que viven en soledad encuentran la compañía ideal al disfrutar de su programa domingo tras domingo.

Y es que muchos han dejado de ser simples espectadores a partir del momento en que han comenzado el rito casi místico de abrir la puerta ficticia de la televisión e invitar a Susana Gimenez a compartir la  mesa, aunque sea de forma irreal.

Al hablar de Susana Gimenez a una gran parte de argentinos se nos viene a la mente una imagen lejana, en blanco y negro, perteneciente a aquel viejo comercial que a finales de la década del sesenta presentaba a una bella y atrevida joven exclamando «¡Shock!», con el fin de convencernos de las bondades del jabón «Cadum».

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SUS PELICULAS:
En mi casa mando yo (1968)
La novela de un joven pobre (1968)
El gran robo (1968)
Fuiste mía un verano (1969)
Tiro de gracia (1969)
Los mochileros (1970)
El mundo es de los jóvenes (1970)
Los neuróticos (1971)
Así es Buenos Aires (1971)
La buscona (1971)
Todos los pecados del mundo (1972)
He nacido en la ribera (1972)
Vení conmigo (1972)
La piel del amor (1973)
La Mary (1974)
Mi novia el… (1975)
Tú me enloqueces (1976)
Los hombres sólo piensan en eso (1976)
La cuenta está saldada (1976)
Basta de mujeres (1977)
El macho (1977)
Un toque diferente (1977)
Yo también tengo fiaca (1978)
Donde duermen dos… duermen tres (1979)
El rey de los exhortos (1979)
A los cirujanos se les va la mano (1980)
Las mujeres son cosa de guapos (1981)
Un terceto peculiar (1982)
Me sobra un marido (1985)
Esa maldita costilla (1999)
¿Quién es Alejandro Chomski? (2002)
Tetro (2009)

Importantes Artistas del Cine Argentino Roberto Sanchez Sandro

Importantes Artistas del Cine Argentino: Roberto Sanchez – Sandro de América

Sandro Sandro: El Elvis argentino:

Un caluroso 4 de enero de 2010 una terrible noticia invadía los hogares de la Argentina a través de los medios de comunicación del país, los cuales se hicieron eco de la tragedia y anunciaban: «A los 64 años ha muerto Sandro, el Gitano».

Pocas horas pasaron para que la muerte de Roberto Sánchez concitara la atención de todos los medios de comunicación, incluso trascendiendo las fronteras del Plata, ya que su figura dentro del mundo de la música había logrado derribar los límites de su país natal.

Durante la despedida final, sus «nenas», como solía llamar a sus fanáticas el ídolo, se mostraron ante las cámaras de televisión en medio de un luto incontenible que despertó el llanto incluso de aquellos ciudadanos que  jamás cultivaron la música de Sandro.

Es que este hombre, de fuerte figura masculina, cabello oscuro y profundos ojos, ya había dejado de ser un simple músico, para convertirse en un verdadero icono que representaba la idiosincrasia del argentino.

Para despedirlo, sus fanáticas decidieron emprender un último homenaje, el cual consistió en la creación de una página web titulada “Tu bombacha para Sandro”, en la que participaban todas las seguidoras del cantante, enviando fotografías de su ropa íntima favorita para obsequiarle al ídolo.   [Seguir Leyendo Esta Biografía]

http://www.tubombachaparasandro.com/

Biografia de Isabel Sarli Cine Erotico Argentino Notables Artistas

Biografía de Isabel Sarli: Cine Erótico Argentino Notables Artistas

Isabel Sarli: La inocencia y voluptuosidad al servicio del cine

Isabel SarliSu exuberancia y sensualidad, sumada a una belleza que representaba lo que muchos llaman la “morocha argentina”, fueron los principales atributos que le abrieron las puertas de la fama a Isabel Sarli, conocida por todos como La Coca.

Fue sin lugar a dudas el ícono sexual del cine argentino de las décadas del sesenta y setenta, y muchos aún recuerdan las largas filas que se producían en las salas ante el estreno de un nuevo filme protagonizado por ella.

Isabel había nacido un 9 de julio del año 1935 en la ciudad de Concordia, Entre Ríos, y desde muy pequeña fue notable su belleza, que con el paso de los años la convirtió en una joven que captaba las miradas de todos los hombres que se cruzaban en su camino; sin embargo, ella era extremadamente tímida.

Sus dotes físicas la llevaron a comenzar una carrera en el mundo del modelaje, lo que en 1955 le permitió participar y ganar el concurso de Miss Argentina, consagrándose definitivamente como la más hermosa.

Y aquella fue la vidriera ideal para que distintos productores de cine del momento se fijaran en esta jovencita que embelesaba las miradas masculinas.

No obstante, a pesar de recibir distintas propuestas, Isabel decidió su futuro inmediatamente, cuando conoció a Armando Bo, el director de cine que fue el único y gran amor de su vida.

Incluso, años después ella misma diría: “Mi relación con Armando se caracteriza así: fue el padre que no tuve, el hermano que perdí porque murió siendo chico, el compañero, el amante… Todo”.

Se conocieron en 1956 y a partir de allí no se separaron jamás, y vivieron una historia de amor como pocas. Juntos comenzaron el camino de la creación de un nuevo tipo de cine erótico en la Argentina, que fue también furor fuera del país. Armando dirigía las películas y la Coca las protagonizaba y las producía, y de esta manera, convirtiéndose en un binomio perfecto, llegaron a rodar un total de 29 películas que en cierto modo puede observárselas como un resumen de la historia de amor que vivían. Para la pareja, sus películas eran sus hijos.

El primer largometraje que hicieron juntos fue “El trueno entre las hojas”, protagonizada por la pareja, y donde Isabel realizó su primer desnudo ante las cámaras, iniciando además una de las escenas que se repetirían a lo largo de todos sus filmes, donde la actriz aparecía nadando en el agua. “Me habían bautizado ‘la higiénica’ porque siempre aparecía bañándome”, confesó en varias oportunidades.

El éxito obtenido con aquella primera película hizo que Isabel Sarli saltara al estrellato inmediatamente, convirtiéndose en el objeto de deseo de todos los hombres argentinos de aquella época, y convirtiéndola así en un símbolo sexual de su generación.

A partir de allí, la pareja no se detuvo y comenzó a realizar una producción constantes de filmes, cuyas particularidades eróticas también los llevaron a triunfar fuera del país. Con argumentos similares en cada una de las películas, lo que en realidad buscaba el público al asistir a las salas de cine a “ver una de la coca” no era otra cosa que entregarse a las fantasías sexuales que despertaba la actriz.

Allí llegaron películas que hoy son consideradas clásicos del cine erótico internacional, y pioneras en el cine argentino de su estilo, como “La diosa impura”, “La mujer del zapatero”, “La mujer de mi padre”, “Carne”, “Fuego”, “Desnuda en la arena”, “Embrujada”, “Fiebre”, “Intimidades de una cualquiera”, “Último amor en Tierra del Fuego”, entre otras, culminado con la última realización de Armando Bo titulada “Una viuda descocada”, estrenada en 1980 y en la que La Coca comparte el protagónico junto al gran José Marrone.

La muerte de su gran amor en 1981, provocó una fuerte depresión en la actriz, quien durante un largo período decidió recluirse, retirándose de la escena pública por 15 años, volviendo a brillar en 1996 en el filme “La dama regresa” de Jorge Polaco, largometraje que significó un homenaje a la pareja de Bo.

Hoy, a sus 76 años, Isabel lucha por su salud mientras rememora aquellos años felices junto a su amado Armando, con quien logró tocar el cielo con las manos. Mientras tanto, sus filmes se han convertido en películas de culto en todo el mundo, y muchos jóvenes que no vivieron la época de esplendor de La Coca, se han vuelto fervorosos fanáticos suyos. “Recuerdo que Armando decía que mis películas seguirían viéndose aunque pasaran 100 años”, dijo en una ocasión Sarli, y no se equivoca.

Anécdota: La presencia cercana de Armando Bo no intimidaba al fervor que provocaba la tremenda belleza de Isabel. Francisco Paco Rabal, quien filmó con ella Setenta veces siete, le pedía al maquillador de la morocha que le entregara cartas perfumadas en las que el español proponía encuentros fuera del set.

El Presidente de Panamá, Ornar Torrijos, le agarraba la mano y decía: «Ay, Isabelita, yo te quiero mucho». Entonces Armando cortó por lo sano: «No vamos más a Panamá, porque ése está tan bobo con vos que cualquier día me achura».

También estaba ese japonés, presidente del Nippon Credit Bank, al que conoció en un avión y la pretendía. O el cartero que atendía la casa en Martínez que Isabel todavía habita: «Comentó que yo salía desnuda a recibirle las cartas».

Pero lo más grave fue lo que ocurrió en México, durante la filmación de La diosa impura, con la dirección y proximidad de Armando Bo. Isabel tenía 28 años y era tan linda que producía dolor mirarla. Tiene la palabra ella: «Había una toma en que Julio Alemán, el galán más famoso de ellos. tenía que darme un beso. Llegado el momento, puse la cara para fingir ese beso, y él me metió la lengua en la boca. Por supuesto, no me la aguanté y le crucé la cara de un cachetazo. Fue un sinvergüenza y poco profesional».

Ampliación del Tema: Explica «Gogo» Safigueroa en su libro «Secretos y Anécdotas del Cine Argentino y Sus Protagonistas»:

«Una de las personas más amables que he conocido entre las mujeres del ambiente artístico es la señora Isabel Sarli. Educadísima, a pesar de que muchas veces recibió críticas muy duras y algunas un tanto agresivas, podría haber adoptado algunas actitudes de diva, tal como lo fue por muchos años, y lo sigue siendo, a pesar de la poca actividad que hoy día desarrolla. Fue y es una mujer de una sencillez incuestionable e incapaz de un exabrupto.

Realmente la admiro y la respeto. Pero tengo que confesar, sin embargo, que nunca vi una película completa de la dupla Sarli-Bo, ni aún en momentos de apogeo y teniendo en cuenta la profusión de sus incontables trabajos, con excepción de una, que se llamó Carne. Era un filme que tenía la particularidad, además del protagonismo de Isabel Sarli, de que participaban actores relevantes del género cómico como Juan Carlos Altavista y Vicente Rubino.

Como la mayor parte de las películas de Armando Bo, la víctima siempre era Isabel, a partir de sus encantos, y las reacciones que éstos provocaban en los hombres.

Fui a ver esta película en estreno al cine Iguazú (hoy convertido en un recinto religioso). Llego a la sala, y en ese momento los periodistas que cubríamos cine éramos conocidos por casi todos los acomodadores, así es que casi no pasábamos por boletería. Cuando llego, un rato antes del inicio, un amable acomodador me saluda y me lleva a elegir el lugar desde donde vería la película. Me acomodo en la anteúltima fila y dejo un asiento libre, ia ‘punta de banco’ (como se le llama en la jerga cinematográfica a la primera butaca).

Al rato de comenzar la película un hombre de sobretodo con el cuello levantado se sienta a mi lado, en la butaca que había quedado vacía. Lo miré de solaz pero no registré quién era. Seguí unos minutos más mirando, digamos unos fotogramas (pues ni siquiera fueron muchas secuencias), cuando me decidí a levantarme para irme, pues tenía ya una imagen formada de la película. Pero al girar mi cabeza para pedirle permiso para salir, cuál no fue mi sorpresa: esa persona sentada a mi lado era Armando Bo.

Sentí que le iba a hacer un desaire si dejaba la sala en ese momento, así es que me quedé hasta finalizar. Esa fue la única película que vi completa.»

Famosos Actores del Cine Argentino Rey Palito Ortega

Famosos Actores del Cine Argentino: El Rey Palito Ortega

Palito Ortega: El Chico Triste de las Canciones Alegres.

actor argentino, Palito ortegaRamón Bautista Ortega, más conocido popularmente como «Palito», se enmarca dentro de aquellos personajes que de acuerdo a sus diferentes facetas en la vida la sociedad lo admira o lo repudia, debido a los diversos emprendimientos y labores que ha pretendido realizar durante su trayectoria.

Quienes aman e idolatran a Palito prefieren recordar sólo aquella imagen del joven provinciano lleno de sueños, que un día se dirigió a Buenos Aires en un tren desde su Tucumán natal para hacer realidad sus más íntimos deseos, que precisamente consistían en lograr convertirse en un cantor de fama comparada a la de su ídolo Elvis Presley.

Aquel joven, que después de pasar el día entero vendiendo café por la calles porteñas, volvía a la triste y desolada pieza de pensión, y mientras observaba cómo se descascaraba la pared de aquella fría habitación improvisaba sus tímidos cánticos con una guitarra prestada y en mal estado.

Sin embargo, a pesar del romanticismo que rodea a la vida y trayectoria del músico, lo cierto es que muchas personas desdibujan la imagen de aquel cantante popular, que ganó millones gracias a su talento, anteponiendo la carrera política que en algún momento le valiera críticas inagotables.

PRODUCCIÓN CINEMATOGRÁFICA:
Intérprete:
1.  Un loco en acción (1983) Cameo (sastre)

2.  Cosa de locos (1981)

3.  ¡Qué linda es mi familia! (1980) Palito Ortega

4.  Locos por la música (1980)

5.  Millonarios a la fuerza (1979) Fotógrafo

6.  Vivir con alegría (1979) Mariano Bataini

7.  Las locuras del profesor (1979)

8.  Amigos para la aventura (1978)

9.  El tío Disparate (1978)

10.  Brigada en acción (1977) Principal Alberto Nadal

11.  Dos locos en el aire (1976)

12.  No hay que aflojarle a la vida (1975)

13.  Yo tengo fe (1974) Martín Ríos

14.  Me gusta esa chica (1973)

15.  Hasta siempre Carlos Gardel (inconclusa – 1973)

16.  La sonrisa de mamá (1972) Julio

17.  Muchacho que vas cantando (1971)

18.  Aquellos años locos (1971)

19.  La familia hippie (1971)

20.  Los muchachos de mi barrio (1970) Lito Ugarte

21.  Pasión dominguera (no estrenada comercialmente – 1970)

22.  ¡Viva la vida! (1969)

23.  Corazón contento (1969)

24.  Un muchacho como yo (1968)

25.  Amor en el aire (1967)

26.  ¿Quiere casarse conmigo? (1967)

27.  El Rey en Londres (1966)

28.  Mi primera novia (1966)

29.  Convención de vagabundos (1965)

30.  Fiebre de primavera (1965)

31.  Buenas noches, Buenos Aires (1964)

32.  Un viaje al más allá (1964)

33.  Club del Clan (1964)

Biografia de Zully Moreno Mitos del Cine Argentino Inolvidables

Biografía de Zully Moreno: Mitos del Cine Argentino 

Zully MorenoZully Moreno: La Greta Garbo argentina

Cuando uno recorre el cine argentino dentro de su época de oro, es posible hallar una gran cantidad de nombres de actrices y actores que le dieron forma a aquel período de producción nacional que llegó a ser un éxito rotundo más allá de las fronteras de nuestro país.

Pero lo cierto es que son pocos los nombres de actores que dejaron de ser precisamente eso para convertirse en verdaderos mitos del séptimo arte. Tal es el caso de Zully Moreno.

Las causas son variadas. Por un lado su talento, porque como muchos expertos aseguran, Zully había nacido para el cine, pero además su figura deslumbrante, en la que se entremezclaba la inocencia y la sexualidad en dosis justa para los cánones de la época, hicieron que aquella morocha se convirtiera en una de las actrices más requeridas de su tiempo.

Había nacido el 17 de octubre de 1920 en Villa Ballester, Provincia de Buenos Aires, siendo hija del suburbio y la realeza al mismo tiempo, punto que ha quedado demostrado en su verdadero nombre: Zulema Esther González Borbón.

Tuvo una infancia feliz, pero que lamentablemente fue interrumpida por la tragedia, cuando a sus diez años debió enfrentar la muerte de su padre, y la realidad de una situación económica que empeoraba con el paso de los días.

Pero a pesar de ello, Zully seguí soñando con aquel anhelo que al final de su vida la convertiría en mito. Sabía que quería ser actriz, y también sabía que nada podría detenerla.

Así fue que en el año 1938 se presentó en un casting para conseguir un papel de extra en la película “Cándida” de Luis Bayón Herrera, protagonizada por Niní Marshall. Lo cierto, según cuentan los biógrafos de la actriz, es que el director quedó fascinado con la belleza de la joven, por lo que le ofreció hacer un pequeño papel dentro del filme.

A partir de allí comenzó a surgir el trabajo constante, por lo que Zully Moreno participó con pequeños papeles en renombradas películas del momento, junto a figuras de primer nivel. Basta citar como ejemplo sólo algunas de ellas, como “Bartolo tenía una flauta”, junto a Luis Sandrini, “Orquesta de señoritas”, protagonizada por Niní Marshall, “Los martes, orquídeas”, junto a Mirtha Legrand, “Historia de crímenes”, con un elenco encabezado por el recordado Narciso Ibánez Menta, entre muchas otras. Paralelamente a su labor en el cine, en el año 1940 Zully debutó en teatro, acompañando a un elenco integrado por Tito Lusiardo, Carlos Morganti y Alberto Anchart.

No obstante, la fama y el éxito que darán lugar al nacimiento del mito de nuestro cine se sucedió en el año 1943, cuando Zully Moreno dejó de ser la intérprete de pequeños roles opacados por las grandes estrellas del momento a convertirse en la encarnación de su primer protagónico en el filme “Stella”, dirigida por Benito Perojo. El glamour sumado al talento de la actriz fue la carta de presentación para conquistar los corazones de los espectadores.

Como puede notarse en cada una de sus películas, Zully aparecía casi siempre rodeada por escenografías suntuosas, que según contaban sus compañeros, ella misma se encargaba de supervisar. Ese era el marco adecuado para la mujer que rápidamente alcanzó el lugar que merecía dentro del cine nacional. Mientras tanto su esbelta figura se mostraba envuelta en costosos vestuarios, confeccionados por diseñadores de alta costura de renombre, tales como Horace Lannes, Paco Jamandreu o Jorge de las Longas.

De esta manera, Zully Moreno se convirtió en una de las preferidas del público, lo que provocó el comienzo de una inigualable carrera, con un total de más de setenta películas en su haber, de las cuales sólo basta con citar algunas para demostrar el efecto que había causado la actriz en el cine nacional. Algunas de ellas fueron “Celos”, “Nunca te diré adiós”, “La gata”, “La trampa”, “La indeseable”, “Cosas de mujer”, “La dama del mar”, “La calle del pecado”, entre otras.

Una mención al margen merece la película “Dios se lo pague”, largometraje que tiene el honor de ser una de los primeros filmes extranjeros seleccionados para participar de los premios Oscar, cuando todavía no había sido creada la categoría a mejor película en un idioma que no fuera el inglés.

A pesar de que el filme fue estrenado en 1948, la historia real de esta película comienza en el año 1947, cuando Zully Moreno contrae matrimonio con el prestigioso cineasta Luis César Amadori, quien dirigió el mencionado largometraje, donde la actriz protagoniza la cinta junto a Arturo de Córdova. Para la concreción de “Dios se lo pague”, Amadori se asoció a la productora Sono Film, surgiendo de aquella unión una extensa lista de películas que se convirtieron en referentes de la época de oro del cine argentino.

Era la época de Perón, y tanto Amadori como Zully eran peronistas. Con la caída del gobierno del General, el cineasta premiado debió enfrentar la cárcel, y posteriormente debió exiliarse en España junto a su mujer y su hijo.

Después de aquel doloroso exilio, al regresar al país Zully Moreno abandonó la actuación pero se mantuvo activa en relación al teatro, convirtiéndose en la directora del Teatro Maipo y presidente de la productora Argentina Sono Film. Un tiempo después se alejó de todo, y ya nadie volvió a verla.

Años después, precisamente el 25 de diciembre de 1999 la noticia de la muerte de Zully Moreno impactaba a todos. Había muerto el gran mito del cine nacional.

Biografia de Alberto Olmedo Artista del Cine Comico Argentino

Biografía de Alberto Olmedo: Artista del Cine Cómico Argentino

ALBERTO OLMEDO, comedia picara argentinaGRAN ARTISTA CÓMICO

Alberto Olmedo: De Capitán a Capocómico

La muerte de Olmedo sorprendió a todos, y nos dejó pensando en lo finito de esta existencia ante la realidad de que ni el dinero, ni la fama, ni el éxito son armas que pueden luchar contra el inevitable destino que nos aguarda.

Su vida estuvo signada por la contradicción. Conoció la pobreza y el poder que da la riqueza. Conoció el desprecio y el éxito. Y como una estrella de rock, vivió rápido y murió cuando aún tenía mucho para dar.

Pasan los años y a pesar de que sus películas y sus sketches televisivos ya han pasado a ser testimonio de la historia argentina, y se han convertido en un verdadero material “retro”, lo cierto es que al ver a Rucucu, a Chiquito Reyes, al Manosanta, a José Luis Borges, a Rogelio Roldán y a tantos otros personajes se despierta en nosotros la alegría y a la vez la nostalgia.

Alberto Olmedo nació pobre, en el humilde barrio Pichincha de la ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe, el 24 de agosto de 1933. Lo crió su madre, Matilde Olmedo, quien abandonada por su pareja pasó a ocupar los roles de madre y padre al mismo tiempo, trabajando incansablemente para que su hijo pudiera tener techo, comida y educación.

Fue en el año 1947 cuando aún muy joven Alberto realiza su primer acercamiento a la actuación, participando en algunas obras del teatro La Comedia, de su ciudad natal, a la vez que se suma a la agrupación artística vocacional La Troupe Juvenil Asturiana.

En el año 1954 toma una decisión que cambiaría por completo el rumbo de su vida, ya que decide viajar a Buenos Aires para probar suerte. Una vez allí, se incorpora como switcher en Canal 7, mientras intenta generar contactos para lograr la posibilidad que tanto ansiaba.

Fue precisamente en la fiesta de fin de año de 1955 que Olmedo consigue tener una oportunidad para demostrar su talento, realizando una improvisación cómica ante todos los asistentes al evento. El entonces interventor del canal, Julio Bringuer Ayala, quedó sorprendido por el joven humorista, por lo que lo incorporó inmediatamente al programa “La Troupe de TV”.

De pequeños monólogos y participaciones en sketches, surge poco a poco el gran Olmedo, que en principio logró su primer rol importante en un ciclo infantil, que luego sería un éxito sin igual en la pantalla de Canal 9: “El Capitán Piluso”. Poco después, y notando el interés que Alberto había despertado en el público, fue incorporado al programa “Operación Ja-Já” de Gerardo y Hugo Sofovich, en el que nacen Rucucu y el Yéneral González, personajes inolvidables de su repertorio actoral.

La figura de Olmedo en la televisión argentina crece de tal manera, que en 1981 comienza el ciclo “No toca botón”, que se emitía por Canal 11, y contaba con la dirección del desaparecido Hugo Sofovich. Fue en aquel ciclo en el cual Olmedo explotó por completo su talento y creatividad, dando origen a inolvidables personajes como Chiquito Reyes, el Dictador de Costa Pobre, El Pitufo, El Psicoanalista, el Manosanta, José Luis Borges y el mucamo Perkins y Rogelio Roldán, entre otros.

Durante su trayectoria, también el cine fue uno de los lugares que supo conquistar, alcanzando a filmar más de 40 películas, que se inician en 1959 con su debut en el filme “Gringalet”, y culmina en 1988 con “Atracción Fatal”.
Su dueto con Jorge Porcel lo llevó a lugares inimaginables, lográndose convertir en un binomio que sin dudas era sinónimo de comicidad. Junto al “Gordo” hizo cine, televisión y teatro, además de compartir una amistad que trascendió el ambiente laboral.

El público lo amaba y en dos oportunidades debió enfrentarse a la noticia de su muerte, ya que el 4 de mayo de 1976 todos los medios del país anunciaban la desaparición física de Alberto Olmedo, luego de que la noticia surgiera durante el estreno de su ciclo televisivo “El Chupete”, por Canal 13. Y mientras el locutor leía el texto de condolencias por el fallecimiento del capocómico, las cámaras mostraban al elenco del programa probándose la ropa del actor. El gag había comenzado, y no podía ser rematado de otra manera que con la llegada de Alberto Olmedo, quien inocentemente dijo en complicidad con su público: “¿Qué pasa?, ¿acaso no se puede llegar tarde?”.

Aquello fue una farsa, una broma que habían pergeñado el Negro Olmedo junto a director del programa. Pero la muerte lo alcanzó como a todos los seres de este planeta, cuando en el verano de 1988, por un accidente absurdo, Olmedo cayó del balcón de su departamento en el piso 11, en la ciudad de Mar del Plata.

Como presagio de su final, Alberto Olmedo había dicho: “¿Qué quiero que quede de mí? Una estatua a mis manos en la calle Corrientes para que miren y digan: ‘Chau negro’. Nada más”. Hoy podemos decir “Chau Negro” a sus manos, en la Avenida Corrientes 1753, donde se encuentra emplazada la obra de José Martínez.

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010.-

Crónica de la Época: De forma trágica, murió el cómico argentino Alberto Olmedo. Cayó desde el balcón de un departamento del piso 11 del edificio Maral, en Mar del Plata, durante la madrugada del 5 de marzo. La reacción inmediata de la gente fue de una tremenda tristeza. Las primeras versiones apuntaban a que estaba bajo los efectos de las drogas al momento del accidente.

Su pareja, Nancy Herrera, se encontraba con él y dijo que estaban brindando porque le anunció que estaba embarazada. El «Negro» había nacido el 24 de agosto de 1933 en Rosario, Santa Fe. Su casa era pobre y la mantenía su madre, soltera. Por eso tuvo que trabajar desde chico. Ya en la adolescencia participó de una agrupación artística del Centro Asturiano y, a los 21, decidió probar suerte en Buenos Aires.

Su primer trabajo en el negocio de la televisión fue como switcher, en Canal 7. Aprovechó la fiesta de fin de año de la emisora para mostrarse en una improvisación que impresionó al interventor, Julio Bringuer Ayala, quien le ofreció un lugar como actor.

En 1960 descolló con el inolvidable ciclo infantil Capitán Piluso, donde interpretaba a un chico que hacía travesuras junto a su amigo Coquito. El ciclo empezó en Canal 9 pero a lo largo de los años pasó por diferentes emisoras. Operación Ja Ja, un programa de Gerardo y Hugo Sofovich, le sirvió para conquistar a los adultos.

Allí trabajó por primera vez con Javier Portales, quien se convertiría en su gran partenaire televisivo. Descollaron en su siguiente gran éxito: No toca botón. Serán inolvidables las improvisaciones del sketch de «Álvarez y Borges».

Además filmó 45 películas y trabajó esporádicamente en teatro.

Biografia Jorge Porcel El Gordo Porcel Cine Comico Argentino

Biografía Jorge Porcel – El Gordo Porcel: Cine Cómico Argentino

Jorge Porcel, actor de comedia picara argentinaJorge Porcel: El Gordo de América

Desde la lejana ciudad de Miami, el otoñal 16 de marzo de 2006 nos llegaba la noticia de la muerte de uno de los más grandes cómicos que tuvo la Argentina. A los 69 años moría Jorge Porcel, después de que su salud fuera deteriorándose poco a poco.

La causa de su muerte fue determinada por los especialistas como el resultado del postoperatorio de una simple operación de vesícula, aunque en realidad el “Gordo”, como le decían todos, había pasado sus últimos años con algunos problemas personales que hicieron mella en su salud.

Cuando lo recordamos, miles de imágenes visuales surgen en nuestra mente, como destellos de una estrella que brilló en el firmamento del espectáculo, y que luego parece haberse apagado debido a los problemas personales que opacaron a una figura pública que todo el mundo quería.

Hoy algunos aseguran que Porcel no tenía buena fama en el ambiente artístico, que era criticado por sus compañeros, repudiado por la gente cuando se supo que tenía un hijo al cual no le daba la manutención, y en muchos casos fue odiado por aquellas mujeres del ambiente que supuestamente habían sido acosadas sexualmente por él.

No obstante, debemos separar las aguas y diferenciar al hombre del artista. Por lo menos esa es nuestra intención, para lo cual guiaremos la redacción de este artículo a través de aquellas imágenes que se suceden en nuestra mente, que nos muestran a un Jorge Porcel alegre y divertido, haciendo sketches humorísticos con Moria Casan o Jorge Luz, componiendo el dúo inigualable que logró junto a Alberto Olmedo, y recordando su talento de actor dramático, que pudo demostrar en el filme “Carlito´s Way” de Brian De Palma, en la que participó junto a un elenco de lujo, encabezado por Al Pacino.

Jorge Porcel nació el 7 de septiembre de 1936 bajo el nombre de Jorge Raúl Porcel de Peralta, y a partir de su adolescencia comenzó a demostrar un gran interés en la actuación, lo que lo llevó a dedicarse de lleno a la corriente humorística, en primer lugar en la recordada audición de radio “La Revista Dislocada”, junto a Carlitos Balá, Mario Sapag, Nelly Beltrán y Raúl Rossi.

Su llegada al cine fue en el año 1962 cuando participó en la película “Disloque en Mar Del Plata” interpretando un papel de poca importancia, pero que le serviría como puntapié inicial hacia una carrera realmente exitosa. Así fue que dos años después consiguió su primer protagónico en el largometraje titulado “El gordo Villanueva”.

No obstante, su consagración total, tanto en la Argentina como en el mundo, llegaría en las década de los setenta, cuando se consolida el binomio Olmedo-Porcel. El dueto comienza a realizar una serie de películas que apenas se estrenaban en las salas de cine se convertían de manera inmediata en éxitos indiscutibles. Solo basta nombrar algunas, como “Los colimbas se divierten”, “Rambito y Rambón”, “Los reyes del sablazo”, “Los fierecillos indomables”, “Expertos en pinchazos”, entre otras, para que una sonrisa se dibuje en nuestro rostro, recordando los gags de aquellos filmes.

Tal era el éxito del dúo cómico que incluso se volvieron habituales las colaboraciones mutuas en aquellas películas que sólo eran protagonizadas por uno de ellos. De esta manera, cuando se trataba de una “película de Porcel” no podía faltar la aparición sorpresa de Olmedo, y viceversa.

En televisión también brilló en ciclos como “Operación Ja-Ja”, “El botón” y “Polémica en el bar”, para terminar convirtiéndose en el peluquero que atendía sin demasiada seriedad a Rolo Puentes en la “Peluquería de Don Mateo”. Allí llegó también el exitoso programa “Las gatitas y ratones de Porcel”, en el que se desarrollaba un intenso desfile de los más diversos personajes, algunos realmente memorables como el carnicero, el canillita Rofo y la Tota.

Mientras tanto, a la par que se desenvolvía en el cine y en la televisión, Jorge Porcel siempre se dio tiempo para sus dos grandes pasiones: el teatro y la música. Mientras que el teatro era en realidad una extensión de su éxito en la pantalla grande, por lo que protagonizaba obras catalogadas como de “revista”, en el año 1980 logró concretar su máximo ambición, publicando un disco de boleros titulado “Puro Corazón”.

Pero la fama y el éxito comenzarían a decaer, siendo el principal detonante la inesperada muerte trágica de su amigo y compañero Alberto Olmedo. Eso lo llevó a exiliarse del país y radicarse en Estados Unidos, donde a pesar de continuar trabajando en el mundo del espectáculo, su vida daría un giro total, cuando decidió convertirse al evangelismo.

El deterioro de su salud comenzó en la década del noventa, con la aparición del mal de Parkinson y problemas en la columna que lo postraron a una silla de ruedas. De allí en más su vida ya no fue igual, y en definitiva allí había comenzado el proceso que lo llevó a la muerte.

Biografia de Ricardo Darin Destacados Actores del Cine Nacional

Biografía de Ricardo Darín: Destacados Actores del Cine Nacional

Ricardo Darin, actor argentinoRicardo Darín: Un tipo de barrio

Sin lugar a dudas, dentro de los talentos que nos brinda el teatro nacional, Ricardo Darín es uno de esos pocos actores que nos sorprende cada vez que nos deleitamos con algunas de sus interpretaciones.

Su versatilidad, que durante toda su trayectoria le ha permitido ir desde el drama más profundo, hasta llegar a la comedia más ingeniosa es precisamente la característica que lo ha convertido en el favorito de todos.

Porque en definitiva, Darín es sin dudas un favorito de los directores de cine, de los compañeros de elenco, de la prensa, pero sobre todo del público, ese que ha sabido conquistar con su talento y su simpatía. No por nada, en alguna oportunidad el actor confesó: “Yo con la gente siento identificación.

Una cosa que me pasa es que a mí la gente nunca me molestó. Nunca. Aun cuando estoy apurado y voy caminando y alguien me detiene, paro. Son 25 segundos, que seguro que los tengo.

Me hago cargo de lo que se genera, porque si después lo que vuelve te molesta y sos una diva que decís ay, ‘no’, bueno, jodete”.

Su personalidad extrovertida, su modo de ser barrial y su optimismo permanente son seguramente las facetas de su personalidad que han logrado conquistar el corazón no sólo del público argentino, sino también latinoamericano y español.

Por ello, cada una de las películas en las que participa Ricardo Darín se convierte inmediatamente en un éxito de taquilla inigualable, porque el actor tiene esa magia que hace que todo lo que toca cobre notoriedad.

Sin embrago, a pesar de su fama, Ricardo Darín asegura que continúa siendo un hombre simple, sencillo, que lucha día a día para superarse, e incluso está convencido de que “Si te la creés perdiste, fuiste”, según sus propias palabras.

Nacido el 16 de enero de 1957 en Buenos Aires, Ricardo fue criado dentro de una familia que desde siempre estuvo realmente ligada al teatro, siendo sus padres Ricardo Darín y Renée Roxana, actores reconocidos de la época. Fue precisamente con ellos que el pequeño Ricardo de tan sólo 10 años de edad debutó por primera vez en un escenario.

A pesar de su pasión por la actuación, y sus innegables dotes naturales, Ricardo Darín jamás estudio teatro, sino que forjó su vocación en la experiencia constante. En este sentido, el propio actor confesó en una ocasión: “Yo no asistí nunca a ningún taller, seminario ni escuela de teatro.

No tuve un aprendizaje basado en lo formal ni en lo técnico, sino a partir de la observación de aquellos que, con mayor o menor generosidad, me participaron del oficio. Por eso siento como maestros a todos aquellos que alguna vez me permitieron aprender, aunque más no sea mostrándome algo o hablándome de lo que les pasaba”.

Fue a sus 16 años que Darín comenzó a ser un rostro conocido por la masa de público argentino, cuando realizó participaciones para televisión, en ficciones tales como “Alta Comedia” y “Estación Retiro”, ambas dirigidas por el gran Alberto Migré.
La fama no tardaría en llegar, y en la década de los ochenta Ricardo se convierte en una de las caras más reconocidas de la televisión argentina, cuando comienza a ser uno de los galanes jóvenes de moda. Una década después, y luego de demostrar que detrás del galán siempre hubo un actor dúctil y con carácter, Ricardo incursiona en la comedia, como protagonista de la recordada serie televisiva “Mi Cuñado”, junto a Luis Brandoni.

En lo que respecta al cine, si bien su primera incursión en el séptimo arte se remonta a finales de la década del sesenta, cuando interpretó un pequeño papel en la película “La culpa”, con los años fue convirtiéndose en uno de los actores más taquilleros, y por ende más demandados por prestigiosos cineastas como Adolfo Aristarain, Eduardo Mignogna, Juan José Campanella, Marcelo Piñeyro, Sebastián Borensztein y Pablo Trapero.

De esta manera llegaron películas como “El mismo amor, la misma lluvia”, “Nueve reinas”, “El hijo de la novia”, “Luna de Avellaneda”, “El aura”, “XXY”, “Carancho” y la galardonada “El secreto de sus ojos”, que obtuvo un premio Oscar como mejor película extranjera. Asimismo, en el año 2007 se dio el gusto no sólo actuar, sino también de dirigir un filme: “La Señal”.

En reconocimiento a su talento, Ricardo Darín ha sido premiado en varias oportunidades, con galardones como el Sant Jordi, el Sur, los Premios Clarín y un reciente Martín Fierro por su participación en la ficción televisiva “Para vestir santos”.

Su última película, ha sido estrenada hace pocos días con un éxito único, llamada «Rekatos Salvajes»

Biografia de Hector Alterio Artistas Eternos del Cine Nacional

Biografía de Héctor Alterio: Artistas Eternos del Cine Nacional

Héctor AlterioHector Alterio: “La puta que vale la pena estar vivo”

Héctor Alterio es sin dudas uno de los grandes referentes del cine argentino, con un total que supera las 80 películas en su haber, y siendo el actor que participó en la mayor cantidad de films nominados al Oscar y premiados en distintas oportunidades con los más diversos galardones, para nosotros sigue siendo aquel hombre que en la década de los noventa nos gritaba en plena cara, a través de la pantalla del cine: “La puta que vale la pena estar vivo”.

Repasando su vida y sus trabajos, Alterio reflexionó durante una reciente entrevista: “Me gustaría tener una continuidad de trabajo seguro y dosificado, que me permita respirar tranquilo.

Filmar cosas con más tiempo y mejor; pero ésta es una profesión tan inesperada, tan poco segura que de pronto filmo y luego me quedo a esperar. Los actores no tenemos nuestro trabajo programado como los tenores.

Yo tengo programado sólo hasta ahora. Los actores somos materiales descartables. En general los directores tienen una lista de actores que van llamando y si uno no puede llaman al que sigue.

De pronto se agotó ese actor y se vuelve a recuperar otra vez, como el reciclaje que se hace de las cosas descartables”.

Nacido en Buenos Aires el 21 de septiembre de 1929 bajo el nombre de Héctor Benjamín Alterio, desde muy pequeño se sintió atraído por el arte, ámbito que poco a poco le permitió descubrir su verdadera vocación, la de actor.

Eso fue precisamente lo que lo llevó en su juventud a realizar estudios en diversas instituciones dedicadas a la disciplina del arte dramático, para perfeccionar un talento innato que muy pronto lo llevaría hasta sus sueños.

Antes de cumplir los 20 años, Héctor hizo su debut en el escenario, protagonizando la obra “Prohibido suicidarse”, escrita por Alejandro Casona, que se estrenó en el año 1948. Poco después, sintió la necesidad de profundizar aún más en las posibilidades que le brindaba la actuación, lo que lo llevó en la década del cincuenta a fundar la compañía Nuevo Teatro, que representó durante una década el espíritu artístico del país de aquel momento. Aquella compañía finalizó su labor en 1968.

No obstante, la fama de Héctor Alterio desembarcó de la mano del cine, cuando en 1965 participó en el filme “Todo sol es amargo” de Alfredo Mathé. A partir de aquel momento, y una vez que el actor había podido demostrar su capacidad, comenzó a ser requerido por los más importantes directores argentinos de la nueva generación, por lo que Alterio fue parte fundamental de algunos de los mejores largometrajes nacionales de la época.

De esta forma, durante los principios de la década del setenta, Alterio le puso su sello a películas como “La Patagonia rebelde”, “El santo de la espada”, “La tregua”, “Los siete locos”, “Quebracho”, “Don Segundo Sombra” y “La Maffia”, entre otros.

En el año 1975 Héctor Alterio fue invitado a España, y mientras se encontraba en aquel país europeo recibió una serie de amenazas de muerte enviadas por la Triple A, lo que motivo su exilio de Argentina. En este sentido, el actor recuerda: “El tiempo es muy sabio. De pronto ahora lo cuento con cierta distancia, como si le hubiese pasado a otro.

Y eso es producto del tiempo, como sucedió en una escuela: le preguntaron a los chicos qué significaba la Triple A y los chicos respondieron que era una vacuna. No sé si la respuesta estaba condicionada a la necesidad de algunos sectores para borrar nuestro pasado o verdaderamente es producto del tiempo.

Hay una necesidad imperiosa de no borrar la memoria, no se trata de venganza. Es la única cosa que intento no olvidar. Si me retrotraigo a veintisiete años atrás, lo pasé muy mal, especialmente los primeros tres años. En un país que no conocía ni él me conocía a mí. Un español desconocido me ayudaba materialmente con dinero, con trabajo, con cosas concretas.

La sensación de estar solo en el mundo, desamparado como en el desierto, no teniendo de dónde agarrarme y de pronto me tienden una mano amiga. Esa solidaridad me conmocionó y me hizo amar a España y a su gente, en circunstancias en las que todavía vivía Franco y no era tan fácil todo”.

Viviendo en España, Alterio participó de una gran cantidad de películas producidas en dicho país, tales como “A un dios desconocido”, “El crimen de Cuenca”, “El nido”, “Don Juan en los infiernos”, entre otras.

Actualmente, Héctor Alterio siente que su corazón no sólo le pertenece a Argentina, sino también a España, por lo que sigue trabajando en producciones de ambos países. En los últimos años, en relación a su trabajo, se destacan filmes nacionales como “Kamchatka”, “Vidas privadas”, “El hijo de la novia”, “Cenizas del paraíso” y “Caballos Salvajes”, entre una larga lista.

Premiado en varias oportunidades, cada vez que puede Alterio bromea diciendo: “Parece que doy suerte”, en clara referencia a que fue protagonista en cuatro de las primeras películas argentinas que llegaron a ser candidatas en los premios Oscar, como fue el caso de “La tregua” (1974), “Camila” (1984), la ganadora del Oscar “La historia oficial” (1985), y “El hijo de la novia” (2001).

Biografia Norma Aleandro La Historia Oficial Ganadora Oscar Cine

Biografía Norma Aleandro: La Historia Oficial Ganadora de un Oscar 

Norma Aleandro, actriz argentinaNorma Aleandro: Al teatro con amor

Al mencionar a Norma Aleandro, a la mayoría de los argentinos les sucede que las imágenes dramáticas de la película “La Historia Oficial” se presentan en sus mentes una tras otras, hasta aquella tan fuerte y poderosa en que la actriz sufría la violencia física de manos de su marido en la ficción, encarnado por Héctor Alterio.

Aquella película que logró alcanzar uno de los máximos galardones del cine internacional, recordemos que obtuvo el Oscar a Mejor Película Extranjera en 1985, ha hecho también que Norma se convirtiera en sinónimo de Argentina para los habitantes de países lejanos al nuestro.

«No me la creo, me parece bueno respetarnos los unos a los otros, y no eso de que se me respete sólo a mí… Además de eso me gustan las miradas frescas; a mí cuando me hablan del temor de trabajar conmigo y qué sé yo cuánto me empiezo a poner mal.

Yo soy tan insegura como cualquier persona que comienza un trabajo»,jura la actriz que le puso el rostro a más de cuarenta películas, la única argentina que estuvo nominada a un Oscar fue en 1987 por su rol en Gaby, película con Liv Ullman y protagonista de La historia oficial, filme de Luis Puenzo que en 1986 se llevó el Osear a la mejor película extranjera, lo que sucedía por primera vez en la historia del cine argentino.

No obstante, a pesar de que muchas veces se cita dicho film de Luis Puenzo como uno de los trabajos más destacados de la actriz, no podemos eludir su imponente interpretación en roles protagónicos dentro de películas tales como “El hijo de la novia”, “Sol de otoño”, “Cien veces no debo”, “La tregua”, entre la larga lista, que al analizarla podemos comprobar que Norma es una verdadera actriz de raza.

Totalmente polifacética, a lo largo de su carrera, que aún no se detiene, Aleandro ha logrado trasladar su talento entre los más diversos personajes, pudiendo en cada uno concretar el principal sueño del actor: transmitir el mensaje y el sentimiento.

Es que Norma ha podido pasar del drama más profundo, al personaje cómico y ocurrente que nos roba sonrisa tras sonrisa.

En este sentido, en una oportunidad Norma Aleandro comentó: “He sido coherente con mi trabajo; lo he seleccionado siempre mucho.

Con el riesgo de pasarla muy mal económicamente, he hecho cosas que me parecían dignas, y de las indignas he tratado de no hacer nada. He respetado mi trabajo, mi vida y también la de los demás, y eso termina teniendo un peso”.

Considerada un verdadero ícono cultural de la Argentina, Norma Aleandro nació en Buenos Aires el 2 de mayo de 1936, en el seno de una familia de actores, siendo su padre Pedro Aleandro, y su madre María Luisa Robledo.

Posiblemente el entorno familiar haya influido fuertemente en la elección de su futuro, pero lo cierto es que quienes conocieron a Norma desde siempre aseguran que nació con la vocación de actriz, al igual que le sucedió a su hermana, conocida con el nombre artístico de María Vaner.

Su amor por la actuación y su talento innato no tardaron en brindarle la primera oportunidad de demostrar que había llegado a este mundo con una misión muy clara.

Así fue que con sólo 9 años de edad comenzó a incursionar en el teatro, obteniendo su primer papel en una obra que interpretó junto a sus padres en el recordado Teatro Smart.

A los nueve años, Normita hizo sus primeros papeles en teatro y enseguida se perfiló como una gran revelación. «En general he hecho lo que he querido hacer», reflexiona tantos años después. Ya juzgar por otras anécdotas, así ha sido siempre.

Con tan sólo trece años se negó a una propuesta indecente que le hacían diferentes directores de cine: operarse la nariz. «Estaba de moda porque en el cine americano todas las actrices tenían la nariz pequeña y respingada… Yo sabía que perdía muchísimos trabajos importantes pero jamás lo hubiera hecho; para mí era como sacarme un brazo», sonríe a la distancia.

Posteriormente, y a medida que los años pasaban, Norma iba perfeccionando su talento a través de una capacitación constante, incluso una vez que logró su consagración. Es que como ella misma mencionó en una ocasión: “Lo que sirve no son los años, sino las técnicas, para ayudar a crear con más libertad y menos angustia”.

Luego de aquel debut, años más tarde la joven actriz despertó el interés de la mayoría de los productores teatrales, quienes no dudaron que convertirla en protagonista de una gran cantidad de piezas clásicas y contemporáneas del teatro.

De esta forma llegó con su talento a las salas de importantes teatros nacionales.

El interés y cariño que Norma había logrado despertar en el público le permitió integrar el elenco de “Las dos carátulas”, que se emitía por Radio Nacional. Poco después llegaría su debut en la pantalla grande, siendo parte de la película “La muerte en las calles” de Leo Fleider, en 1957.

Aquel fue el comienzo de los más grandes éxitos populares de su vida, que la llevaron en 1985 a protagonizar la premiada “La Historia Oficial”, por la que la actriz ganó el premio del Festival de Cannes a la mejor actuación femenina.

También la televisión tendría un lugar para Norma, debutando en la pantalla chica en 1959, dentro del ciclo “Historias de jóvenes”.

En este ámbito, también participó en ficciones tales como “Romeo y Julieta”, “El amor tiene cara de mujer”, “Cuatro mujeres para Adán”, “La casa de los Medina”, “Alias Buen Mozo”, “Cosa juzgada”, “La mujer en la multitud”, entre otros. No obstante, a pesar de ser tan demandada, Aleandro siempre se hizo tiempo para su más grande amor: el teatro.

El exilio en 1976 la llevó a vivir en España, donde también desarrolló una intensa labor cinematográfica y teatral.

Al regresar al país, con la llegada de la democracia, todo volvió a su orden natural, y Norma continúo actuando.
Su consagración internacional por su labor en “La Historia Oficial”, le posibilitó convertirse en una de las pocas actrices argentinas requeridas para filmar en Hollywood.

Hasta el momento, Norma Aleandro ha filmado más de 40 películas, siempre acompañada por elencos de primer nivel, y aún continúa en carrera.

En una oportunidad, Norma reflexionó: “La vida es una aventura donde te pasan cosas buenas, malas, regulares. Cómo manejarse en esas aguas es lo importante. Qué hacer en las tormentas, qué en la calma chicha.

El asunto es cómo pilotear el barco. Pero todos estamos navegando”.

Norma parece una señora que rinde culto al hedonismo de las cosas simples, cuando su cerebro libera endorfinas de placer que se expresan en su boca, al sacudir enérgicamente el pelaje de su perra ovejera alemán, Lola.

O cuando resignifica el valor de una nube pasajera con exquisito aroma a cedrón.

«¿Sentís? Plantar todos estos árboles y verlos crecer es una de las más bellas peripecias», confiesa, y le agradece a la casa, su casa, que le dio esa posibilidad.

Ahora uno puede imaginarla en el living con techos de doble altura, descalza bailando en círculos con los brazos en alto, al son del sitar de Ravi Shankar, como suele hacer cuando nadie lave.

«El amor lo encontré en él, habla de Eduardo Le Poole, que sonríe desde una foto y hace muchos años que lo disfrutamos juntos», dice, y se sabe afortunada.

Es que según una frase que ahora rescata, encontrar pareja «es tan difícil como ir nadando por el océano y hallar una pulsera, que al pasar, encastre justo en la muñeca». ¿Y cómo es estar casada con un psicoanalista?

Mi marido es un médico terapeuta que utiliza las neurociencias. Somos amigos hace cuarenta y pico de años, y pareja desde hace treinta y pico de años. Bueno, en casa él no hace de terapeuta y yo tampoco hago de actriz.

Biografia de Angel Magaña Grandes artistas Argentinos Cine Argentino

Biografía de Ángel Magaña: Grandes Artistas Argentinos – Cine Argentino

ángel magaña, actor argentinoGRANDES ARTISTAS ARGENTINOS

Angel Magaña: Un esposo último modelo

Cuando su rostro se dibujó por primera vez en la pantalla gigante de los cines de barrio donde proyectaban la película “El caballo del pueblo” de Manuel Romero, allá por el año 1935, nadie imaginaba que aquel jovencito de tan sólo 20 años llegaría a convertirse en uno de los referentes más destacados de la época del cine de oro argentino.

Allí Angel Magaña era sólo un extra sin parlamento, que veía desde lejos a las grandes estrellas del séptimo arte nacional, como Olinda Bozán, Irma Córdoba, Enrique Serrano y Pedro Quartucci, que protagonizaban el mencionado largometraje. Pero el éxito a su vida no tardaría en llegar.

La vida de este grande del cine nacional comenzó el 24 de agosto de 1915, cuando llegó a este mundo en el seno de una familia trabajadora de Buenos Aires.

Como era habitual en aquella época, en los primeros años de su adolescencia Miguel veía truncados sus sueños de actor, debido a que tenía que enfrentar la responsabilidad de trabajar para ayudar económicamente a su familia. Sin embargo, él continuaría conservando sus sueños.

Fue a mediados de la década del treinta que comenzó a perfilar su vocación, cuando tuvo la oportunidad de participar como extra en el film “El caballo del pueblo” de Manuel Romero.

El dinero que ganó por su breve actuación, sin parlamento, no representó una ayuda importante para la familia, pero fue suficiente incentivo para que Angel deseara continuar su camino.

Pero lo mejor estaría por venir, ya que gracias a su aparición en la mencionada película, se generó un contacto que le serviría para actuar y demostrar su talento. Según cuentan, el director Mario Soficci lo descubrió dentro del rodaje en el que Angel era extra, y decidió ofrecerle un papel en su próximo largometraje. Así fue que Magaña obtuvo un pequeño papel, esta vez con parlamento, en la película “Cadetes de San Martín”, dirigida por Soficci, protagonizada por Enrique Muiño, y que fue estrenada en el año 1937.

A partir de aquel momento, poco a poco Angel vio cómo su figura cobraba cada vez más importancia en el terreno de la cinematografía nacional, esto dado por dos motivos fundamentales; por un lado, debido al talento indiscutible del actor; por otro lado a causa del interés que Magaña despertó en las espectadoras femeninas, que cada vez solicitaban más la intervención del actor en las películas del momento. De esta forma, Angel Magaña se convirtió rápidamente en uno de los actores más taquilleros de la década del cuarenta.

Fue así que aquel muchacho que comenzó siendo un simple extra, se transformó en uno de los actores más importantes de la escena argentina. Su participación en películas del cine nacional fue a través de papeles disimiles, ya que su formación actoral era tan dúctil, que podía pasar de drama a la comedia, y viceversa, sin inconvenientes.

Así lo demostró, siendo protagonistas de destacadas piezas dramáticas, tales como “Kilómetro 111”, “Prisioneros de la tierra” y “La Guerra Gaucha”, como aquellas comedias románticas blancas como “Los ojos llenos de amor”, “Cosas de mujer” y “Esposa último modelo”, entre otras.

Dentro de su trayectoria cinematográfica, debemos destacar su participación en el film policial “No abras nunca esa puerta”, de Carlos Hugo Christensen, en la que Angel Magaña interpreta el personaje protagónico del episodio titulado “Alguien en el teléfono”.

Pero además del cine, Magaña llevó su talento a las tablas, destacándose como uno de los más importantes actores teatrales del momento, participando en obras tales como el clásico “Así es la vida”, junto a Luis Sandrini y Mecha Ortiz. El amor por el teatro lo llevó también a dedicarse a la producción de espectáculos, fundando en la década del cincuenta la Compañía Teatral de Ángel Magaña y Nury Montsé.

Con la llegada de la televisión a la Argentina, como sucedía con la mayoría de los actores más importantes del ámbito cinematográfico de la época, Angel Magaña fue participe de la pantalla chica, conduciendo en la década del sesenta el programa “La boite de Angelito”, un ciclo dedicado a la difusión del tango que se emitía por Canal 9. En esa misma señal televisiva, el actor protagonizó el ciclo “Los argentinos somos así ¿o no?”, con guiones de Rodolfo M. Tabeoda, que había debutado en radio convirtiéndose en un éxito.

Su filmografía se resume en un total de 49 películas, que son en realidad la representación de cada una de las épocas del séptimo arte en nuestro país, culminando con el film “Hotel de Señoritas” de Enrique Dawi en 1979.

Su familia había sido perfecta. Angel se había casado con la actriz Nury Montse, con quien tuvo dos hijas, una de ellas la famosa Julieta Magaña, que siguió los pasos de sus padres. Pero a pesar de que su vida parecía ser todo lo que había soñado, la tragedia lo condujo a la desesperación y luego a la muerte.

Todo comenzó cuando su hija mayor se puso de novia con un productor de discos, el cual se cuenta que en realidad estaba enamorado de su hermana Julieta. Al descubrir la verdad, la hija mayor de Angel cayó en una depresión tan grande que la llevó a la muerte.

Su padre, jamás pudo reponerse de aquel giro inesperado del destino, y finalmente falleció el 12 de noviembre de 1982, y actualmente su tumba, que se encuentra en el Cementerio de Olivos en el Gran Buenos Aires, es asiduamente visitada por quienes admiraron en vida a uno de los más grandes actores argentinos.

Biografia de Federico Luppi Historia del Cine Argentino Grandes

Biografía de Federico Luppi: Historia del Cine Argentino

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Federico LuppisFederico Luppi: El alterego argentino de los 80.

En los últimos tiempos, Federico Luppi se ha convertido en una figura pública más relacionada a la crítica política que a la actuación, debido a su constante aparición en los medios para exponer su punto de vista en lo que respecta a la realidad social, política y económica de la Argentina.

Por su ideología, es ampliamente criticado desde diversos sectores, que aprovechan cada una de las declaraciones del actor para poner de manifiesto su disconformidad.

Pero lo cierto, es que no debemos olvidar la magnitud de su trayectoria, y el talento innato que le ha permitido convertirse en uno de los exponentes más destacados de nuestro cine nacional.

Él mismo, en una reciente entrevista manifestó: “Hice cosas buenas, cosas regulares, cosas malas, meteduras de pata, ¡qué sé yo! Lo que se hizo se hizo como se pudo y no hay más responsables que uno mismo.

Me siento feliz de estar vivo a esta edad, de haber pasado tantas cosas en Argentina y todavía poder contarlo. Y me gustaría, sí, en términos un poco fantásticos, descender lentamente por el lado oscuro de la luna, pero con dignidad”.

Dejando de lado sus ideales y postura ante la política de nuestro país, al recorrer la trayectoria de Federico Luppi nos damos cuenta que para la mayoría de los espectadores es uno de los actores nacionales más emblemáticos, ya que además de poseer grandes dotes para la actuación, esto se suma a que fue participe de algunas de las películas más importantes del cine argentino, sobre todo en los inicios de la década del ochenta, como aquellas memorables “Tiempo de Revancha”, “Plata Dulce”, “Últimos Días de la Víctima”, “El Arreglo”, entre una larga lista.

Esto hace inevitable que cada vez que veamos el rostro de Luppi nos quedemos a la espera de las típicas “puteadas” de sus personajes, aquellas tan bien colocadas y expresadas que siempre eran el estímulo adecuado para que los espectadores aplaudieran con un gran goce, como aquella que se convirtió en uno de los hitos de nuestro cine, cuando en “Plata dulce” Luppi se para frente a Gianni Lunadei y le grita: “¡Arteche y la puta madre que te parió!”.

La historia de Federico Luppi comienza en la ciudad de Ramallo, ubicada en la Provincia de Buenos Aires, precisamente el 23 de febrero de 1936, día en que llegó a este mundo con una misión bien definida: ser actor.

Esa siempre fue su principal meta, y aunque el éxito le llegó de grande, aún continúa demostrando que nunca pierde vigencia. Durante su juventud se dedicó a diversos trabajos que le permitían vivir dignamente, mientras comenzaba a incursionar en el teatro.

Allí llegó su primer trabajo cinematográfico, con un pequeño papel en la película “Pajarito Gómez” de Rodolfo Kuhn, estrenada en 1965.

Luego de aquella llegaron algunos filmes más, hasta que en el año siguiente se produjo su verdadera consagración cinematográfica, cuando protagonizó junto a Elsa Daniel el filme “El romance del Aniceto y la Francisca”, del gran Leonardo Favio.

Con los años llegarían los grandes protagónicos en películas como “La Patagonia Rebelde”, “Juan que reía”, “Tiempo de revancha” y las anteriormente mencionadas de la década del ochenta.

Por otra parte, su talento y ductilidad lo llevó a convertirse en un lugar común de las películas del director argentino Adolfo Aristarain, y transformarse poco a poco en un referente internacional, siendo incluso el favorito de muchos directores, como es el caso del mexicano Guillermo del Toro, con quien Luppi trabajó colaborando en películas de la talla de “La invención de Cronos”, “El espinazo del diablo” y “El laberinto del fauno”.

Debido a los problemas económicos surgidos en la Argentina dirigida por el entonces presidente Carlos Menem, y viéndose afectado por dicha situación, Luppi decidió radicarse en España en 2001, comenzando allí una importante carrera no sólo en cine, sino también en teatro y televisión.

Por otra parte, en aquel país europeo Federico Luppi también se dio el gusto de incurrir en la labor de director, actividad que desarrolló en el filme “Pasos” en 2004, protagonizada por las actrices Ana Fernández y Susana Hornos.

Su gran talento le ha permitido alcanzar algunos de los galardones más importantes del ámbito cinematográfico, y actualmente es el actor que ostenta el récord de ser el argentino con mayor cantidad de Premios Cóndor de Plata en la categoría de Mejor Actor, ya que lo obtuvo en seis oportunidades. Hasta el momento, su último premio fue un Martín Fierro en el año 2009, por su participación especial en ficción por “Tratame bien”.

A sus 75 años, Luppi es considerado uno de los referentes más importantes de nuestro cine, y al mismo tiempo él se asegura que ha tenido una vida muy interesante: “He tenido una muy buena vida, pero no importa tanto lo que uno pueda contar sino cómo lo cuenta.

A lo mejor las memorias sobre un hecho importante que yo haya vivido lo cuenta alguien con menos espesor dramático y lo cuenta mejor. Y parece, de hecho, una mejor historia. Es el cómo, siempre. No el qué”.

Biografia de Luis Sandrini Destacados Actores del Cine Argentino

Biografía de Luis Sandrini: Destacados Actores del Cine Argentino

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Luis Sandrini, actor argentinoLuis Sandrini: “Hasta que el cuerpo aguante”

En el mes de julio de 2011 se cumplieron 31 años de la muerte de una de las figuras más destacadas del cine argentino, Luis Sandrini, quien con su modo particular de interpretar cada papel, lograba a la perfección generar una verdadera comunión entre su persona y el público.

Fue precisamente un frío 5 de julio de 1980 cuando la muerte golpeó a su puerta. No obstante, en sus 75 años de vida terrenal Luis había logrado conseguir todo lo que se había propuesto, por lo que no dudaba en asegurar: «Estoy conforme con mi vida porque hice todo lo que sentí y porque trabajé durante 50 años respetando al público.

Soy un cómico sentimental, hacer lo que hago me ayuda a vivir».

Bajo el nombre de Luis Santiago Sandrini Lagomarsino nacía el 22 de febrero de 1905 en la ciudad de San Pedro, Provincia de Buenos Aires, donde desde hacía años se había radicado su padre, un genovés actor de teatro que amaba el circo.

Ese fue seguramente el motivo por el cual el pequeño Luisito comenzó a trabajar como payaso en una compañía circense junto a sus progenitores, cuando aún no había comenzado la escuela primaria.

De esta forma, en el pequeño Luis fueron creciendo las ansias de convertirse en un adulto que pudiera compartir su alegría de payaso con un público cada vez más grande, y que en definitiva lo llevarían a transitar el camino de la actuación, no sólo humorística, sino que incluyendo también el melodrama.

Sin embargo, en una primera instancia, Luis decidió que tenía cierta vocación de docente, por lo que logró obtener su título, aunque jamás llegó a ejercer. Es que el circo y el teatro se fueron convirtiendo poco a poco en su máxima pasión.

Motivado por su vocación, al cumplir los 18 años decidió mudarse a la ciudad de Buenos Aires, y allí comenzó a dar sus primeros pasos en el Circo Rinaldi, donde también se desenvolvió como payaso, tony y miembro de la comparsa, funciones a las que supo añadirles su toque mágico.

Y fue precisamente ese toque mágico el que le abrió las puertas del teatro, y Luis cambió la arena por las tablas, cuando a principios de la década del treinta se incorporó a la prestigiosa compañía de Enrique Muiño y Elías Alippi, en principio participando del llamado género del circo criollo, destinado a las obras gauchescas, y luego progresando hacia los protagónicos de otras piezas teatrales.

Cabe en este punto recordar el inmenso éxito obtenido en 1933 con su personaje de “el Eusebio” dentro de la obra «Los tres berretines», de Malfatti y De Las Llanderas, que posteriormente llegó al séptimo arte, consagrando para siempre a Luis en el firmamento de las grandes estrellas del cine nacional.

Pero su verdadero debut en el cine se produjo en el año 1933, cuando integró el elenco de la película «Tango» de Luis Moglia Barth, la cual es considerada la primera pieza sonora del cine nacional. Allí compartió su trabajo con la mujer que en aquel entonces era su pareja: Tita Merello.

A este filme le siguió la versión cinematográfica de “Los tres berretines” y luego «Riachuelo» de Luis Moglia Barth, donde finalmente Luis Sandrini logró conquistar el corazón de los espectadores, y convertirse en uno de los actores más solicitados de ese momento.

Las décadas que le siguieron llevaron a Luis a la pantalla grande en más de 70 películas, elevando su figura al estandarte de referente inevitable del cine argentino en el período que va desde la década del treinta a la del sesenta.

La clave de su éxito fue en definitiva su talento, ya que Sandrini supo conquistar al público no sólo de nuestro país, sino a todos aquellos de habla hispana, precisamente gracias a su manera particular de interpretar los diversos roles que se le presentaban, superando con su personalidad las facetas de los personajes que le tocaron encarnar.

La mezcla exacta de humor y sensibilidad, le permitieron reflejar el arquetipo del argentino de la época, aquel que por su ingenuidad caía preso de las trampas de los hombres con malas intenciones. Otras veces su picardía eran motivo suficiente para desarrollar las historias que se tejían alrededor de sus personajes.

Tal es el éxito eterno de las películas en las que participó, que aún hoy la gente se refiere a las mismas como “las películas de Sandrini”, dejando en las sombras al resto del elenco, e incluso a los directores de los filmes, porque la figura de Luis eclipsaba por completo el metraje.
Todavía se recuerdan con ternura las inolvidables expresiones de sus personajes, aquel tartamudeo nervioso, el siempre presente amor a la madre, y frases que con el correr del tiempo se han vuelto un ícono, como aquella que decía «¡La vieja ve los colores!».

El ingreso y el éxito en el cine le permitieron a Sandrini ser parte en primera instancia de la radio, con su inolvidable personaje llamado Felipe, el cual posteriormente llegó a la televisión, dentro de un ciclo cómico emitido por Canal 13, compartiendo la pantalla con humoristas de la talla de Pepe Biondi, José Marrone, Dringe Farías, Juan Carlos Altavista, Carlos Balá, Alberto Olmedo y Tato Bores.

No obstante, a pesar del amor que le tenía su público, Sandrini se vio obligado por un tiempo a dejar su vocación y dedicarse a la carpintería, en un taller improvisado en su casa, en cuya puerta de entrada colgaba un cartel improvisado que decía «Aquí trabaja Sandrini». Este período coincide con la caída del Peronismo, en 1955.

A pesar de todo ello, jamás se alejó de su vida profesional, la cual culminó a la par de su vida, durante la filmación de su última película titulada “Qué linda es mi familia”, dirigida por Palito Ortega, y en la que compartió su trabajó junto a Niní Marshall. Fue durante el rodaje de este filme, que Luis Sandrini comienza a presentar síntomas de enfermedad, que le produjeron una agonía de 16 días, hasta el final inevitable.

Hoy, su trabajo no sólo es reconocido a nivel internacional, sino que nuestro querido Sandrini es también un ícono en otros países como España, y un verdadero ídolo entre las comunidades de habla hispana en Estados Unidos.

Biografia de Nini Marshall Grandes Actrices del Cine Argentino

Biografía de Nini Marshall: Grandes Actrices del Cine Argentino

GRANDES ARTISTAS ARGENTINOS DEL CINE Y TV

Nini MarshallNini Marshall: La Chaplin Argentina

«Soy una mujer de su casa que se hace la graciosa», fueron las palabras utilizadas en alguna ocasión por Niní, buscando de alguna manera definir todo su universo, tanto a nivel personal como profesional, y en definitiva esa fue precisamente la característica que le permitió permanecer eternamente en el corazón de todos los argentinos.

Cuando hablamos de Niní Marshall inevitablemente un sinfín de personajes acuden al recuerdo de nuestra mente. Los nombres y sus peculiaridades vuelven a arrancarnos una sonrisa, como el primer día que tuvimos la oportunidad de conocerlos.

Catita, Cándida, la niña Jovita, la bella Loli, Don Cosme, Mingo y tantas otras personalidades disimiles, reunidas en el pequeño y tímido cuerpo de una de las más grandes comediantes del cine argentino.

La historia de Niní comienza con un nombre real: Marina Esther Traveso, que llegó a este mundo el 1 de junio de 1903, y a la que sus familiares y allegados llamaron cariñosamente durante toda su vida Marinita o Ninita, según la ocasión.

Su infancia no fue fácil. Era una de los cuatro hijos de un matrimonio asturiano que había llegado al país para mejorar su situación económica. Pero la tragedia no tardó en llegar, ya que primero murieron dos de sus hermanos a causa de la difteria, luego cuando Ninita aún no había cumplido los dos meses de vida perdió a su padre.

Sin embargo, la pequeña junto a su madre y a uno de sus hermanos logró salir adelante, aunque su destino tendría signada otra tragedia. Antes de finalizar sus estudios secundarios, Ninita contrajo matrimonio con un ingeniero llamado Felipe Edelman, y dos meses antes de dar a luz a su primera hija la golpeó la dura noticia de la muerte de su madre.

Pero además, inmediatamente llegaría lo que ella misma definiría en sus memorias como «Mi catástrofe sentimental y económica», cuando decidió separarse de su esposo porque los había conducido a la ruina, debido al vicio del juego compulsivo.

Poco después su suerte cambiaría, cuando en el año 1933 se incorpora al staff de la revista “La Novela Semanal”, para la cual redactaba los artículos para la empresa General Electric. Inmediatamente fue contratada por la revista “Sintonía”, en la que inauguró la sección “Alfilerazos”, donde Ninita, bajo el seudónimo de Mitzy, se encargaba de redactar artículos críticos y humorísticos acerca de los temas más importantes de la actualidad del momento.

Su personalidad y originalidad la llevó al gran debut en el ciclo radial La Voz del Aire. Era el año 1934, y las audiciones transmitidas en el éter se convertían en éxitos inolvidables, que generaban la magia que permitía que toda la familia se reuniera alrededor del aparato receptor.

En este medio, Niní logró conquistar para siempre el corazón de todos, y comenzó a ser requerida por otras emisoras, llegando a trabajar simultáneamente en Radio Cultura, París, Porteña y Belgrano, Nacional y Fénix. Fue en ese momento en que Niní comenzó a desarrollar sus personajes entrañables, ya que no sólo actuaba y cantaba, sino que además escribía la mayoría de los libretos.

De la época radial de Niní Marshall casi todo el mundo recuerda el programa presentado por Tiendas La Piedad y Productos Llauró, emitido por Radio El Mundo, en el que la se sucedía los personajes que surgían de su mente, con un despilfarro de alegría y sagacidad únicas y en el que la actriz  compartía sus presentaciones con otro grande del cine y la radio nacional: Juan Carlos Thorry.

Fue en aquella época que conoció al contador Marcelo Salcedo, con quien se casó. Juntos definieron el nombre artístico definitivo de la actriz: Niní surgió como diminutivo de su verdadero nombre y el apellido Marshall fue conformado por la primera sílaba del nombre y el apellido de su marido (Mar-Sal).

Fue en el año 1938 que finalmente Niní llegaría con su imagen atrevida al cine, encarnando al personaje de Catita en la exitosa película “Mujeres que trabajan”, dirigida por el gran Manuel Romero. De allí en más, fueron más de tres decenas de filmes los que protagonizó, tanto en la Argentina como las realizadas en México durante su exilio por motivo políticos. Allí contrajo matrimonio con el productor Carmelo Santiago. De regreso a su querida Argentina, Niní siguió trabajando en teatro y televisión, hasta que en 1985 decidió retirarse.

Niní nos dejó para siempre el 18 de marzo de 1996 tras sufrir problemas respiratorios, pero su alegría aún está entre nosotros. “Con la risa, yo también me olvidé de mis dolores, que fueron unos cuantos si bien no se notaron, y también lancé muy lejos mis profundos temores y es como si con el público hubiéramos jugado juntos para alejar a los lobos feroces. Dio resultado porque nos olvidamos de ellos y todos nos sentimos bien”, reflexionaría al final de su vida.

SUS ACTUACIONES

Intérprete: Mujeres que trabajan (1938) / Cándida (1939)
Divorcio en Montevideo (1939) / Luna de miel en Río (1940)
Hay que educar a Niní (1940) / Los celos de Cándida (1940
Casamiento en Buenos Aires (1940)/ Orquesta de señoritas (1941)
Yo quiero ser bataclana (1941) / Cándida millonaria (1941)
La mentirosa (1942) Niní Martínez / Carmen (1943)
Cándida, la mujer del año (1943) Cándida / Santa Cándida (1945)
Madame Sans Gene (1945) / Mosquita muerta (1946)
Navidad de los pobres (1947) Catita /Buenos Aires canta (1947)
Niní Porteña de corazón (1948) / Mujeres que bailan (1949) Catita
Catita es una dama (1956) / Cleopatra era Cándida (1964)
Ya tiene comisario el pueblo (1967) Doña Sofocación
Escándalo en la familia (1967) / La novela de un joven pobre (1968)
Vamos a soñar por el amor (1971) / ¡Qué linda es mi familia! (1980)