Historia de la Música

Breve Historia de los Instrumentos Musicales Con Imágenes

 Resumen de la Historia de los Instrumentos Musicales

Instrumentos musicales, objetos utilizados para aumentar el limitado campo de los sonidos musicales —tales como palmadas, patadas, silbidos, zumbidos y canto— que puede producir el cuerpo humano. En las diferentes latitudes los instrumentos varían mucho en propósito y diseño, desde los objetos naturales no elaborados, como las caracolas, a los complicados productos de la tecnología industrial.

El dios Tot, de quien se dice que su voz creó el universo, paseábase un día a orillas del Nilo cuando oyó una extraña modulación procedente de un cañaveral agitado por la brisa. Trató de conocer la fuente de esa melodía y, al acercarse, halló un caparazón vacío de tortuga, al cual se adherían aún nervios y tendones secos. El viento, al acariciarlos, producía esas notas armoniosas.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/musical1.jpg

Entusiasmado, creó el dios con su hallazgo un instrumento que, modificado a través del tiempo, se transformó en la lira. Esto, que no es más que una levenda, tiende, sin embargo, a destacar el hecho cierto de que fue la naturaleza quien se encargó de sugerir los primeros instrumentos musicales.

En efecto, la flauta nació de los sonidos que el viento producía al penetrar en las cañas. Las manos, que se golpeaban acompasadamente para acompañar el canto, originaron el primer instrumento de percusión: el tambor, y los metales que vibraban bajo los golpes del martillo que les daba forma, sugirieron la idea de los címbalos o platillos.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/musical2.jpg

Desde la antigüedad los instrumentos se clasificaron en: instrumentos de percusión, de cuerda y de viento. Como la danza y el canto, la música instrumental sedujo al hombre desde los tiempos más remotos.

Los griegos atribuyeron el invento de la lira ya a Hérmes, ya a Apolo, de quien también se dice que otorgó el arpa a los primeros hombres. Se conserva en el Louvre un bajorrelieve sumerio que se remonta a 4.000 años antes de la era cristiana, en el que aparece una cítara muy bien construida y una flauta tañida por un pastor. (ver: Música en Grecia Antigua)

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/musical-14.jpg

Los asirios y caldeos dejaron numerosos documentos que atestiguan la importancia que, en esa época, tuvieron los instrumentos musicales tales como arpas, sistros, salterios, dobles flautas, trompetas, tamboriles.

Se considera que fueron los asirios quienes hicieron conocer a los egipcios muchos de los instrumentos nombrados. La música ocupó un lugar más importante aún entre los judíos. Cuéntase que el rey David, muy aficionado al canto, organizó un coro de 4.000 voces dirigidas por 288 directores.

Los chinos y los hindúes emplearon una cantidad tan grande de instrumentos que ningún pueblo llegó a igualarlos en ese campo. Uno de los más antiguos es el pienking formado con dieciséis placas de piedra que se golpeaban con un mazo.

Fueron, sin duda, los hindúes los primeros que utilizaron instrumentos de arco en que las cuerdas, ni golpeadas ni pellizcadas, eran acariciadas con un arco que producía sonidos prolongados. Es probable que haya nacido en las Indias el lejano precursor del violín: el ravanastron, uno de los numerosos instrumentos de cuerda usados en ese inmenso país.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/musical3.jpg

La cultura de los griegos los llevó muy lejos en los conocimientos musicales. En sus ceremonias, especialmente en las fiestas de Dionisio (Baco), se oían trompas, cuernos, tambores y címbalos. Prestaron, además, particular atención al perfeccionamiento de la lira y de la flauta. En un principio la lira tuvo cuatro cuerdas, luego doce y hasta dieciocho. Tañíase con un plectro (pequeña hoja de escamas, marfil, madera o metal que los mandolinistas emplean aún hoy).

La caja de resonancia de la lira tenía el dorso encorvado, mientras que la de la cítara —el más importante de los instrumentos de la Grecia antigua— tenía el dorso chato.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/citara.jpg

Cítara

El megadis tenía veinte cuerdas sobre las cuales se tocaba en octavas. El pectis, el simikion y el espinonia eran otros instrumentos de cuerdas muy numerosas y análogos al arpa. Aunque se atribuyó a la poetisa Safo el invento del megadis, parece más verosímil que haya sido importado de Asia.

La pandora y la nahla pertenecían a la familia de los laúdes. En cuanto a las flautas, los griegos tenían varios tipos: la siringa o flauta de Pan era el instrumento de los pastores y el preferido de las divinidades de los bosques.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/musical4.jpg

La flauta de Pan era el instrumento de los pastores. Estaba formada por varios tubos de distinta longitud. Los poetas la hicieron símbolo de la vida pastoril. Ciertas leyendas griegas atribuyen a Hermes el invento de la lira. Otros la atribuyen a Apolo, divinidad que hizo a los hombres el don del arpa. En ese instrumento se puede descubrir la idea de los futuros órganos por la cantidad de tubos que se insertaban en una caja en la que se introducía el aire por medio de un fuelle.

Los romanos, al conquistar Grecia, se apropiaron muchos instrumentos de esa nación, particularmente losde viento, que parecían gozar de preferencia en aquellos tiempos. Entre ellos, los cuernos en forma de círculo que se colocaban alrededor de la cintura, y las tubas, trompetas derechas de boca ancha. En la campiña romana los pastores acostumbraban tañer el caramillo, instrumento de doble lengüeta que originó la gaita y más tarde el oboe.

La música de acompañamiento se reducía a un redoblamiento de la melodía, ya fuese al unísono o en octava. Los instrumentos de cobre se empleaban especialmente en los cortejos y sacrificios.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

Los sonidos de los instrumentos musicales son producidos y modificados por tres componentes: 1) la materia que vibra (como la cuerda del violín), que entra en movimiento por el frotamiento, el soplado, el golpeado o cualquier otro método; 2) el cuerpo resonador, amplificador o reflector (caja de resonancia o tubo); y 3) mecanismos asociados para la variación del sonido como llaves, válvulas, trastes y sordinas.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

Numerosos instrumentos antiguos perduraron hasta la Edad Media; otros se transformaron, y algunos aparecieron por primera vez. En la época de los troveros que iban de castillo en castillo para cantar las hazañas de los héroes y de los personajes legendarios, se tocaba un instrumento de la familia del arpa: la rotta.

Junto a esos troveros o trovadores, que eran de origen noble, estaban los ministriles, quienes acompañaban los cantos de sus amos con la viola o la gaita.

Esos ministriles se transformaron luego en cantores populares. En esa época aparecieron el rabel, la guzla y la viola. El rabel era un instrumento de arco de origen oriental, sin mango independiente. La caja sonora que se adelgazaba hasta el clavijero estaba cubierta con una tablilla cuya parte inferior constituía la tabla de armonía destinada a reforzar la sonoridad de las cuerdas. En los bajorrelieves romanos se observó un instrumento intermedio entre la lira y el rabel.

historia de los instrumentos musicales

De izquierada a derecga: Guzla con caja de resonancia de tres o cuatro cuerdas, rabel del siglo XI, otro del siglo XVI.
Viola antigua. Viola del siglo XVI.

La guzla se asemejaba a las violas, pero su caja de resonancia era redondeada como la de los mandolines. Las cuerdas eran frotadas con un arco. Las violas de forma chata se distinguían de las guzlas por su mango independiente. Su fabricación era más esmerada, y bajo el mismo nombre se incluían muchos instrumentos de esa clase pero más perfeccionados.

Su origen se hacía remontar a la vídula de los romanos. Se poseen composiciones musicales del siglo XIII escritas para tres violas.

Hasta el siglo XIV, los vocablos guzla y viola fueron empleados, a menudo, indistintamente. Pero a partir de esa época se aplicó la palabra guzla tan sólo a una viola con rueda que se tocaba girando una manivela a la que estaba fijado un hilo que al pasar sobre las cuerdas desempeñaba la función de arco.

En los siglos XV y XVI se produjo un gran cambio en la afinación y dimensión de las violas. Fueron las principales: la viola propiamente dicha que se colocaba sobre las rodillas y tenía cinco cuerdas.

El «bajo de viola», llamado por los italianos viola da gamba, tenía de tres a seis cuerdas. El violone tenía siete cuerdas y el accordo llevaba de doce a quince cuerdas. Varias de esas cuerdas no se rozaban con el arco y sólo vibraban por resonancia.

Entre otras variedades de viola mencionaremos la «viola bastarda», algo más grande que la viola da gamba, y la «viola de amor», de dimensión algo mayor que un violín moderno, con cuatro o siete cuerdas principales y de cinco a quince secundarias cuya afinación podía variarse.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/musical6.jpg

Viola con Manivela que hace vibrar las cuerdas

//historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

Desde el siglo XVI hasta el XVIII los maestros de baile usaron para sus clases un instrumento tan pequeño que podía caber en un bolsillo; se lo llamó «bolsillito» y era un pequeño violín.

En esas transformaciones de las violas debemos buscar el origen del violín. Parece que el tipo de viola llamada lira de braccio estaba muy cerca del nuevo instrumento que aparecería decididamente alrededor del año 1520, el cual se diferenciaba de las violas por la caja de resonancia rebajada, por el fondo abombado, por la voluta y por la cantidad de cuerdas (fijada en cuatro) afinadas en quintas.

El laúd fue el instrumento que gozó de mayor favor en la Edad Media. Su origen se considera muy antiguo, pues se ve reproducido en bajorrelieves de tumbas egipcias donde nacieron al arquilaúd, la tiorba, la bandola y la mandolina. El laúd es también el antepasado de la guitarra. Al principio, las dimensiones del laúd fueron pequeñas, pero paulatinamente se agrandaron y la cantidad de cuerdas llegó a once.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/laud.jpg

Trovadores ejecutando el laúd

Alrededor del año 1400 se consideró un instrumento perfecto y no hubo compositor que no escribiera música para laúd, ya fuese en el género profano o en el sagrado.

Desde el siglo XV al XVIII el laúd desempeñó un papel muy importante en las reuniones sociales, y las transcripciones de composiciones vocales para ese instrumento desempeñaron el mismo papel que, en la vida musical moderna, desempeñan obras vocales u orquestales en las adaptaciones para piano. Es así como, en la música de conjunto, el laúd habría de ocupar un lugar cada vez más importante.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/musical7.jpg

De izquierda a derecha: una de las primeras violas; viola del siglo XVI; viola bastarda; viola de amor.

Se lo halla con el clavicordio y el órgano en ciertas piezas instrumentales de forma libre, imitaciones del motete polifónico; en las fantasías de estilo en fuga, cortadas con intermedios; en las canciones para tocar con trombones y violas y en muchas piezas en las que ya se vislumbra lo que habrán de ser las futuras sonatas.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/musical9.jpg

Al clavicordio sucedió el clavicímbalo cuyas cuerdas vibraban estimuladas por regletas provistas de plumas de cuervo.
Se lo llamó: «el instrumento emplumado». Tenía dos teclados. Estuvo muy de moda en el siglo XVIII.

Las tocatas, escritas para instrumentos de teclado, derivan sin duda de piezas para laúd.

En un comienzo fueron preludios libres, especie de introducciones que se improvisaban, con laúd, al iniciarse el concierto. Los laúdes están hoy en los museos, y la guitarra es la que ha sobrevivido como instrumento popular.

La diferencia entre el laúd y la guitarra consiste en la forma abombada de la caja de resonancia de esta última. La cantidad de cuerdas ha variado mucho. Los moros introdujeron la guitarra en España de donde pasó a Italia y al sur de Francia inspirando una abundante literatura.

Desde el siglo XVII la evolución de la música ha sido determinada por la transformación de los instrumentos ya existentes y el nacimiento de otros. Empezaremos por el violín. Su origen debe buscarse en las sucesivas transformaciones de la viola.

En Francia la primera mención del violín se halla en el Epítome musical de tonos y acordes, publicación aparecida en el año 1523. En esa fecha, aproximadamente, los fabricantes italianos de instrumentos de cuerdas llevaron la construcción del violín a su más alta perfección.

Con Gasparo Bertolotti de Saló, nacido en el año 1542, se inició la era gloriosa de los instrumentistas de cuerdas con la famosa «escuela bresciana». Casi al mismo tiempo se creó, en Cremona, otro centro donde constructores como Amati, Guarneri y Estradivario (Stradivarius) produjeron verdaderas obras maestras.

El más célebre entre todos, Antonio Estradivario (Stradivarius), nació en el año 1644, en Cremona, de ilustre familia. Fabricó más de 1.200 violines y otros instrumentos de cuerdas. Modificó las curvas de los instrumentos, estudió las cualidades de las diferentes maderas, solucionó delicados problemas de acústica y buscó los barnices más convenientes.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/musical8.jpg

El más famoso constructor de instrumentos de cuerda fue Antonio Estradivario (Stradivarius) nacido en Cremona, en el año 1644, de familia ilustre. Además de violines construyó: violoncelos, laúdes, guitarras y violas.

Sin embargo, esos violines que hoy alcanzan precios fabulosos, fueron vendidos por el mismo fabracante a precios muy bajos.

El violín lleva un mango o mástil generalmente de madera de acacia. El cuerpo del instrumento se compone de dos tablas, una superior, la tabla armónica, la otra, inferior, el fondo. Las fajas son unas hojas de madera que reúnen la tabla armónica y el fondo. Un trozo de madera ligeramente encorvado y de poco espesor es el puente sobre el que pasan las 4 cuerdas fijadas al cordal por un lado y a las clavijas por el otro.

Las clavijas sirven además para estirar y afinar las cuerdas. Sobre el mango o mástil está fijado el diapasón. El alma es una varita de madera ubicada debajo del puente, entre la tabla armónica y el fondo. Su misión es muy importante: hace vibrar todas las partes del instrumento y mantiene la tabla armónica bajo la presión de las cuerdas.

No tardó el violín en ser considerado como un instrumento insustituible y capaz de permitir al ejecutante la más alta virtuosidad.

Entre los grandes virtuosos citaremos a uno de los más célebres, Arcángelo Coreli (1653-1713), apodado el príncipe del violín. Corelli fue,asimismo,gran compositor. Pero quien llegó a ser el más grande violinista de todos los tiempos fue Nicolás Paganini, nacido en el año 1782, en Génova. Paganini nunca concurrió a escuelas y no quiso comunicar a nadie los secretos de su técnica.

El violoncelo, instrumento de sonoridad grave, construido teniendo por modelo el violín, ocupó al principio un lugar secundario. Pero desde el siglo XVII se transformó en el compañero del violín. La viola, semejante a un violín de gran tamaño, desempeña el papel que, en la música vocal, corresponde al barítono.

El arpa sufrió, desde la antigüedad, numerosas transformaciones, sobre todo por obra de Hochbrucker (1720), Cousineau (1782) y Erard (1801). El instrumento más completo es sin duda alguna el piano, cuyo origen se hace remontar al monocordio utilizado en los tiempos antiguos. En las escuelas pitagóricas se conoció y usó el monocordio.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/musical11.jpg

El piano comprende una caja que contiene la tabla armónica sobre la que están estiradas las cuerdas, un teclado, y dos pedales que sirven para aumentar o apagar la sonoridad.

A ese instrumento de una sola cuerda se fueron añadiendo otras, pero se continuó con el viejo sistema de pulsar las cuerdas para extraer los sonidos
Así nació el helicón y, mucho más tarde, en el siglo XIV, otro instrumento de 19 cuerdas. Se cree que la palabra monocordio formó el nombre manichordión con el cual se designó el clavicordio. Es éste un instrumento provisto de una cantidad de teclas doble o triple de la de las cuerdas. Unas lengüetas de metal fijadas en la extremidad de las teclas golpeaban las cuerdas haciéndolas vibrar.

Una nueva etapa se inició con la creación del clavicímbalo que tuvo por cada tecla una cuerda afinada al sonido que le correspondía. Fue el primer instrumento de teclado cuyas cuerdas vibraban por la simple caída de las teclas. Éstas, al bajar, ponían en movimiento los mácillos (pequeñas regletas de madera) provistos de plumas de cuervo. Por eso el clavicímbalo fue llamado «el instrumento emplumado».

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/musical10.jpg

Clavicímbalo fue llamado «el instrumento emplumado».

La gloria del invento del piano se debe a Bartolomé Cristófori, de Padua, clavicordista de la corte de los Médicis en Florencia. Este instrumento permitió tocar piano y forte,y de ahí surgió el pianoforte o piano.

Luego el piano fue perfeccionado por los hermanos Erard, en Francia, y por el vienes Streicher quien imaginó un nuevo mecanismo gracias al cual habría de surgir el primer piano vertical.

Considerado en sus partes esenciales, el piano está constituido por una caja que contiene la tabla armónica destinada a reforzar la sonoridad de las cuerdas, y cuya disposición varía según se trate de piano vertical o de cola.

Comprende además las teclas, el disparador (que levanta el maculo cuya cabeza hiere las cuerdas), los apagadores, que forman una especie de teclado paralelo al teclado visible, los pedales (el de la derecha levanta los apagadores y deja vibrar las cuerdas hasta extinguirse las vibraciones; el de la izquierda, llamado sordina, disminuye la intensidad del sonido). La historia del piano, con los grandes músicos que compusieron especialmente para ese instrumento y los ejecutantes que interpretaron esas obras, es verdaderamente grandiosa.

Entre los concertistas célebres de clavicordio, precursores de la escuela pianística actual, recordaremos a Chambonniéres (1602-1672), fundador de la escuela francesa del teclado, a Francisco Couperin, el Grande (1668-1733), y a Rameau. Entre los italianos a Domingo Scarlatti (1658-1695), y en Alemania a Juan Sebastián Bach (1685-1750), cuyo Clave tempéralo es bien conocido por profesionales y aficionados del mundo musical.

El fundador de la escuela de piano en Italia fue Muzio Clementi (1752-1832); la escuela alemana, por su parte, se enorgullece con J. Haydn (1732-1809), W. A. Mozart (1761-1791), y Beethoven (1770-1827), maestro excelso en el arte de la sonata.

A todos esos nombres debemos añadir los de Mendelssohn, Schubert, Schumann, Brahms, Liszt y Chopin (1810-1849), llamado el «poeta del piano». Más tarde Debussy fue honrado con el mismo título. Si puede considerarse el piano como un instrumento relativamente moderno, el órgano es en cambio muy antiguo. Se atribuyó a Clesibius (200 años antes de J. C.) el empleo de la presión del agua para accionar los fuelles. De ahí el nombre de hydraulis (literalmente flauta de agua) con que se designó este instrumento.

El órgano neumático es mucho más reciente, y el primero que apareció en Francia fue uno que el emperador Constantino V, Coprónimo envió, en 757, a Pipino el Breve, quien dispuso su colocación en la iglesia de San Cornelio de Compiegne.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/musical12.jpg

Antiguo Órgano

Actualmente tenemos el órgano eléctrico o electrónico. Las principales partes de un órgano son: Los teclados superiores que se tocan con las manos y que pueden llegar a ser 5, con 58 teclas cada uno; el teclado de pedal que se toca con los pies y que lleva de 27 a 30 pedales (a veces, en los órganos monumentales hay dos teclados de pedal); la mancha, los fuelles, el bocarón, la entonadera y los tubos.

Los fuelles pueden ser 7 u 8, accionados a mano o a motor. Los tubos, casi siempre metálicos, tienen distintas dimensiones. Cuanto más largo es el tubo, más grave es la nota que emite. El armazón que contiene al órgano de iglesia se llama caja.

Los registros son reglas móviles de madera perforadas de modo tal que la distancia entre los agujeros es la misma que la que media entre los agujeros del distribuidor de aire; sirven para abrir o cerrar los diferentes juegos o series de tubos.

Los registros se accionan por medio de varillas que el organista tira o empuja según el juego que desea obtener. Algunos de esos juegos se llaman de «boca», otros de «lengüeta».

El acordeón, inventado en el año 1829 por Danciaus, de Viena, tiene lengüetas libres dispuestas en las extremidades de un doble fuelle. Unas responden cuando el fuelle se abre, otras cuando se contrae.

Entre los instrumentos de importancia primordial en las orquestas modernas recordaremos la flauta (antes construida con madera de boj, ahora con metal), el oboe, el cuerno inglés, el clarinete, el contrabajo, y el fagot así llamado por el nombre de su inventor, el canónigo Phagotus, de Ferrara, que vivió en el siglo XVI. En las orquestas sinfónicas modernas se emplean asimismo varios instrumentos de percusión como: xilófonos, timbales, triángulos, címbalos, tambores, tamboriles y castañuelas.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/musical_13.jpg

El saxófono, que debe su nombre a su inventor, Adolfo Sax, conquistó el favor del público aficionado al jazz. Hoy ocupa un lugar aun en las orquestas sinfónicas.

Terminemos nuestro post recordando el trombón, inventado en Alemania. Este instrumento tiene su origen en la antigua bocina romana. Por su forma actual, el trombón de varas recuerda el sacabuches de la Edad Media.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Historia:La Evolución de los Instrumentos Musicales –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografia de Giuseppe Verdi Compositor de Opera Obra Artistica

Biografía de Verdi Giuseppe y su Obra Artística
Compositor de Ópera

Giuseppe Verdi. —Gran compositor italiano. Nació en Roncóle el 10 de octubre de 1813 y murió en Milán el 27 de enero de 1901. Desde muy pequeño fue aficionado a la música, sin que pudiese alimentar sus inclinaciones con otro pasto mejor que el proporcionado por las melodías que escuchaba a desafinados organillos ambulantes.

Protegido por unos amigos de la familia, recibió lecciones del organista de la iglesia de su pueblo natal, revelándose entonces como un niño prodigio, ya que al año de educación musical declaró su maestro que ya nada tenía que enseñarle. Escribió bastantes óperas que se popularizaron prontamente; entre ellas El Trovador, Rigoleto y La Traviata. Su conocida y gran ópera Aida la compuso por encargo del virrey de Egipto Ismail Bajá para inaugurar con su estreno el Teatro de la Ópera de El Cairo.

Se puso en escena el 24 de diciembre de 1871, obteniendo un éxito clamoroso que se repitió en cuantas representaciones posteriores de ella se dieron en todos los teatros de ópera del mundo. Después escribió Ótelo y Falstaff, esta última, ópera cómica. En toda su producción desde Aida, se nota la influencia wagneriana y de la moderna escuela musical y se consideran más avanzadas técnicamente que sus primeras producciones.

En 1872 le fue conferida la dignidad de senador, y en la última parte de su vida gozó de posición opulenta. Como nota curiosa consignaremos que al intentar el ingreso en el Conservatorio de Milán para perfeccionar sus estudios musicales, sostenido por una pensión becaria que se le había concedido, el tribunal examinador dictó, en 1829, un fallo reprobatorio, fundándose en que los ejercicios presentados por el opositor no mostraban especiales aptitudes para la música.

Lo llamaban el «cisne de Busseto», puesto que Busseto era el pueblo cercano a Róncole donde nació Giuseppe Verdi un día de octubre de 1813. Las raíces musicales de esa zona de Italia son muy antiguas y sus habitantes tienen una sensibilidad musical innata, muy especialmente para la voz humana, con la que Verdi expresó todos los sentimientos del alma humana: odio, amor, celos, dolor, tristeza y alegría, alcanzando la voz en sus dramas la belleza altiva que tienen los cisnes.

Giuseppe Verdi compositor


José Verdi fue el intérperte del alma italiana anhelante de libertad. De su genio surgieron los acentos patéticos que habrían de conmover a todo un pueblo.Nació el 10 de octubre de 1813 en Roncole, h
ijo de campesinos analfabetos, estudió música en la vecina ciudad de Busseto donde encontró unos protectores en los esposos Barezzi. Cuando en 1832 fue rechazado por el conservatorio de Milán a causa de su juventud y de que «sus ejercicios no mostraban especiales aptitudes para la música», entró como discípulo del compositor milanés Vincenzo Lavigna.

BIOGRAFÍA:

En una modesta vivienda de la aldea de Roncóle, cerca de Busseto, provincia de Parma, nació el 10 de octubre de 1813 un niño, hijo de Carlos Verdi y de Luisa Ullini, que recibió el nombre de José.

Aquellos humildes aldeanos, cuyo único bien consistía en un despacho de vino y de tabaco, estaban muy lejos de sospechar que el pequeño José sería el más grande genio musical del siglo.

El niño se crió en el modesto negocio paterno donde entraba de vez en cuando un violinista ambulante. Entonces, el pequeño José interrumpía sus juegos y escuchaba con profunda admiración los monótonos estribillos del vagabundo. Uno de estos músicos, al advertir la manera como el chiquillo se extasiaba, dijo a los padres de éste: «Haced estudiar música a vuestro niño: triunfara; lo digo porque entiendo de esto.»

Cuéntase que el pequeño José, grave y tranquilo, desempeñaba las funciones de monaguillo en la iglesia local, atraído, sobre todo, por las ejecuciones del organista Baistrocchi. Un día, recriminado por el cura que lo había sorprendido en completa abstracción escuchando el órgano de la iglesia y ajeno por completo a cuanto ocurría a su alrededor, huyó buscando refugio en los brazos maternos e implorando: «Madre, madre, hacedme estudiar música.»

A los ocho años de edad el padre le regaló una vieja espineta. De sus dedos inseguros brotó un acorde: en vano quiso repetirlo. Entonces fue tan grande su desesperación, que con sus puños y un martillo destrozó casi por completo el viejo instrumento.

Un amigo de la familia, Esteban Cavallette, acudió en su auxilio y reparó la espineta sin pedir por ello ninguna recompensa, pues él también había observado la disposicion para la música del pequeño José.

A los doce años de edad, José Verdi reemplazaba al anciano Baistrocchi en el órgano de la iglesia.

La inspiración del adolescente comentaba a despertarse y, para él, ese órgano era lo más interesante de la aldea. En ese momento se afirma su vocación.

Su música lo llena de agitación y exalta su fantasía; oyéndole se siente embargado por una fuerza irresistible. Todos los sonidos lo atraen; la madre, humilde hilandera, cariñosa e inteligente, sorprende a menudo al jovencito atento al rumor del agua que corre o escuchando el viento que se introduce en la chimenea.

José tiene siempre una canción a flor de labios y, cuando va a Busseto para hacer las compras habituales, se detiene frente a la casa del señor Antonio Bareggi, para escuchar las melodías que allí se ejecutan en el piano.

—¿Qué haremos con este hombrecito? —pregunta la madre al párroco—. ¿Cura, como dice su padre, u organista, como sueña él?
—Hay tiempo para decidir. . .
—Es verdad —dice la mujer—; además, si José se porta bien, para Navidad tendrá un hermoso regalo.

Con la Navidad llegó el regalo: la suerte quiso que en Busseto hallara la persona y el ambiente que le convenían. Antonio Barezzi, comerciante activo y sagaz, le dio un empleo en su negocio y lo animó para que estudiara música. Pudo entonces ejercitarse en un buen piano, el de la suave e inteligente Margarita, hija de Barezzi y que veía en Verdi, no a un dependiente de tienda, sino a un joven excepcional.

—El pequeño Verdi, decía Barezzi, es en verdad un buen chico. Lleno de dignidad y amor propio, es inteligente y leal. A veces un poco testarudo, pero pronto se hace perdonar. ¡Y qué voluntad! Trabaja de día como un negro; al atardecer toca el órgano en Roncóle y el domingo estudia latín con el canónigo Seletti.

Fueron sus rápidos progresos en latín los que incitaron al canónigo de Busseto a sugerir a los afortunados padres la conveniencia de encaminar hacia el sacerdocio a ese niño excepcional.

Mas fue el mismo Seletti quien los disuadió poco después, cuando, por falta del organista, durante la misa mayor del domingo siguiente, alguien aconsejó que se hiciera tocar «al hijo de don Carlos, de Roncóle».

—¿De quién es ese trozo que nos ejecutaste, José? —le preguntó el buen canónigo al terminar la misa.
—De nadie —contestó el jovencito—, he seguido mi inspiración.
—Comprendo —concluyó dom Seletti—; creo que deberás seguirla de verdad.

Se consultó al organista Fernando Provesi, director de la sociedad filarmónica, e inmediatamente, entre el niño y el anciano maestro, se estableció un vínculo de profunda y tierna amistad. Provesi le enseñó cuanto él sabía, y estos estudios no tardaron en dar sus frutos: a los dieciséis años, Verdi recibe, por sus primeras composiciones para banda, grandes elogios.

Su solicitud para desempañar el cargo de organista de la iglesia de San Santiago de Soragna fue rechazada. Pero, en cambio, dos instituciones benéficas de Busseto le concedieron una beca, cuya cantidad fue generosamente aumentada por Barezzi, para que pudiera estudiar en Milán. A los diecinueve años, Verdi pidió su admisión en el Conservatorio de esa ciudad.

Durante el examen ejecutó en el piano el Capricho en la, de Herg, ante una comisión formada por Basili, Piantanida, Angelen y Rolla.

Esperaba el fallo con ansia, mas transcurría el tiempo sin que recibiera ninguna comunicación oficial. Hasta el momento en que Rolla le aconsejó que continuara estudiando sin pensar en el Conservatorio.

Esto afectó profundamente a Verdi, pero tenía una inquebrantable voluntad y, como Anteo, que recuperaba nuevas fuerzas cada vez que tocaba tierra, «el chico de Roncóle» se erguía con mayor brío después de cada desilusión.

Buscó entonces un maestro capaz, y halló a Lavigna, quien le enseñó armonía y contrapunto y lo familiarizó con la música de Palestrina.

Otra experiencia aún más triste y amarga lo esperaba cuando regresó a Busseto con la esperanza de suceder a Provesi que había fallecido: la envidia v las intrigas de sus conciudadanos malograron sus propósitos. Tan sólo le fue dado conseguir la dirección de la banda de música de su aldea. Retomó su antiguo puesto de dependiente y, en secreto, reanudó los estudios interrumpidos.

Verdi tenía poco más de diez años de edad cuando ya tocaba el órgano de la iglesia de su aldea natal. Sobre ese instrumento improvisó sus primeras melodías. Animado por parientes y amigos, Verdi solicitó su admisión en el Conservatorio de Milán. Tenía diecinueve años de edad y fue rechazado por la comisión examinadora.

En 1835 se casó con la hija de su protector, Margarita Barezzi, con quien tuvo dos hijos: Virginia e Icilio. Pero ambos fallecieron antes de los dos años. Profundamente dolorido, Verdi buscó consuelo en la música, creando sinfonías, marchas, trozos vocales, misas y vísperas, serenatas, cantatas, arias, dúos, conciertos y variaciones para piano.

Su primera ópera: Oberto, conde de San Bonifacio, traduce su profundo deseo de paz, de armonía, de amor. Representada el 17 de noviembre de 1839 en La Scala de Milán, obtuvo un éxito completo facilitado por el mérito de la joven y bien conocida cantante Josefina Strepponi, quien, sin dudar del talento del autor, había preparado la opinión del público y de los críticos. La música de Oberto ha recibido la influencia de los grandes maestros de esa época: Bellini y Donizetti.

Cuando tenía 22 años compuesa una ópera melodramática «Oberto con de Bonifacio», que quiso hacer representar en un gran teatro italiano. Verdi tuvo la certeza de haber compuesto buena música y deseó que el público la conociese. ¿Qué gran teatro llevaría a escena la ópera de un músico desconocido?. . . Por fin, después de muchas gestiones, algu nos amigos suyos lograron que aquélla fuera aceptada nada menos que por la «Scala» de Milán, el teatro lírico más importante del mundo. El 17 de noviembre de 1839 la ópera subió a escena, la música gustó muchísimo. El nombre de Verdi dejó de ser desconocido. El público italiano esperaba del novel músico otras óperas y José Verdi no defraudó tales esperanzas: el 9 de marzo de 1842 fue representada una nueva y gran ópera suya: «Nabuco».El éxito esta vez fue terminante; José Verdi era considera do ya un gran músico y un ardiente patriota. En aquellos días los italianos estaban luchando para liberarse de la domina ción austríaca, y, precisamente, Verdi había resuelto conpo ner una ópera que interpretara el sentimiento patriótico de todo el pueblo italiano.

El empresario Bartolomé Merelli, intuyendo las posibilidades del joven compositor, le encargó tres óperas: dos dramáticas y una cómica, que Verdi debía entregar en el transcurso de dos años con los honorarios de 4.000 libras austríacas por partitura.

Mientras estaba trabajando en el Fingido Estanislao, rebautizado como Un día de verano, ocurrió la muerte de su esposa, Margarita, de 25 años de edad, en junio de 1840. Verdi, para no faltar a su compromiso, terminó la segunda ópera, sumido en honda tristeza, sin entusiasmo y sin convicción.

El público recibió esa composición con frialdad y los críticos la juzgaron falta de estilo y de originalidad. Pero, de nuevo, el fracaso actuó como un estímulo. Vencido el primer desconcierto y animado por las insistencias de Merelli y de la cantante Josefina Strepponi, retornó al trabajo con la vehemencia de quien recomienza su vida.

La nueva ópera Nahucodonosor, presentada en Milán el 9 de marzo de 1842, fue un triunfo. El coro «Sobre las alas doradas» conquistó al público.
Los nombres de Josefina Strepponi y de José Verdi unidos en los mismos programas exaltaban el alma italiana.

«Nabucodonosor» refleja la angustia del pueblo judío reducido a la esclavitud y su esperanza en una futura libe ración. ¿Acaso no eran éstos los sentimientos que animaban a los italianos?. Y, un año más tarde, compuso otra ópera patriótica: «Los lombardos en la primera Cruzada». A sus compatriotas no escapó el mensaje de esta nueva creación: Verdi incitaba al pueblo italiano a preparar una cruzada contra el opresor extranjero.

El entusiasmo siempre creciente del público estimulaba al artista. Así compuso, en 1843, la ópera Los lombardos en la primera Cruzada, y, en 1844, Ernani.

El éxito de esta última ópera consolidó de tal manera la fama del maestro, que se llegó a considerarlo el sucesor de Bellini y Donizetti. Meyerbeer, el más encarnizado opositor de la música italiana, temido hasta por el gran Rossini, acalló sus ataques frente a las protestas generales.

La música verdiana adquiría un valor simbólico; las notas viriles o nostálgicas que el público repetía en un frenético delirio, eran la misma voz de Italia anhelante de libertad.

Basta recordar el profético canto de Atila: «¡Amada patria, madre y reina de magníficos hijos poderosos, volverás a vivir más altiva y hermosa!«, para comprender la excitación de un pueblo que estaba preparando su propia independencia.

Atila se representó en el teatro La Fenice, de Venecia, en el año 1846.

Luego de la tercera función el autor fue llevado en andas, seguido por un cortejo de antorchas y calurosamente vitoreado.

Después de Macbeth (1847), Verdi fue llamado a París y Londres: Josefina Strepponi, la compañera fiel de toda la vida, lo acompañó, no ya como intérprete, sino como esposa.

En París, Verdi compuso El Corsario, La Batalla de Legnano, Luisa Miller y Stiffelio.

Los años que siguieron fueron particularmente fecundos: Rigoletto (1851), Il Trovatore (1853), La Traviata (1853), brotan como perlas milagrosamente perfectas del cofre inagotable de su arte.

Es música capaz de hacer vibrar todas las cuerdas de la sensibilidad humana y conduce a su autor a la cúspide de la popularidad, en Italia y en el extranjero.

En el compositor de treinta y ocho años de edad, que tan sólo había abandonado su traje de aldeano diez años atrás, palpitaba todo un universo de secretas e infinitas armonías. El mundo lo contemplaba asombrado y emocionado.

En 1855, invitado por el gobierno imperial francés para que escribiera una ópera con motivo de la Exposición de París, compuso: Las vísperas sicilianas. La ópera agradó, y, como se había procedido con Rossini, el autor fue invitado a establecerse definitivamente en Francia.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/verdi2.jpg

Con su ópera «Los lombardos en la primera Cruzada»,
José Verdi invitaba a los italianos a preparar una cruzada contra el opresor
extranjero.

La fuerza del destino. Don Alvaro está enamorado de Leonor, hija del marqués de Calatrava. La convence para que se fugue con él, pero, involuntariamente, don Alvaro mata al padre de Leonor. Ésta se recluye en un convento y don Alvaro busca la muerte en el campo de batalla. Verdadero juguete del destino mata al hermano de Leonor que lo había reconocido. Leonor acude y ella también es apuñaleada por error. Don Alvaro, desesperado, se arroja a un precipicio.

El maestro rechazó la invitación y, vuelto a Milán, escribió Simón Boccanegra. Esa ópera, que no gustó mucho en Venecia, halló gran favor en Nápoles. El 17 de enero de 1859 fue representada en Roma otra gran obra: Un baile de máscaras, que despertó entusiasmo indescriptible.

Durante esa velada, en vísperas de la guerra contra Austria, se gritó por vez primera: «¡Viva Verdi!». Era una ovación al maestro y un desafío al adversario, pues la sigla del apellido indicaba: «Víctor Emmanuel rey de Italia».

Con La fuerza del destino, representada el 11 de noviembre de 1861 en el teatro imperial de San Petersburgo, y con Don Carlos, puesta en escena el 11 de marzo de 1867, Verdi se encaminó hacia nuevas afirmaciones de su personalidad artística.

Era, aunque maduro en años, un genio siempre joven. Ya había abandonado el camino señalado por sus predecesores, para emprender nuevos rumbos. Aída, con su «Marcha triunfal», representada en El Cairo el 24 de diciembre de 1871, consagró una gloria que desafiará a los siglos.

El fallecimiento de Alejandro Manzoni,  con quien estaba ligado por profunda amistad, le inspiró en 1873 la Misa de réquiem, que aún hoy es imposible escuchar sin conmoverse.

En el último período de su creación, vuelve a asombrar al mundo con su incesante renovarse. Otelo 1887) y Falstaff (1893), compuestas respectivamente a la edad de setenta y cuatro y ochenta años son, indudablemente, la mejor expresión de su arte.

Otelo, el Moro de Venecia, ama a Desdémona, hija de Bradancio. Después de casarse, ambos parten para Chipre. Yago odia a Otelo y le hace creer que Desdémona lo engaña con Cassio. El  vil intrigante roba un pañuelo a Desdémona y convence al esposo de que ésta se lo entregó a Cassio como prueba de amor. Convencido de la infidelidad de Desdémona, el moro estrangula a su inocente esposa.

Rigoletto. En la corte del duque de Mantua liay un bufón llamado Rigoletto. La estúpida crueldad de los cortesanos se ensaña contra ese desdichado, quien, mientras tanto, se entera de que el duque fingiéndose estudiante, sedujo a su hija Gilda abandonándola luego. Rigoletto prepara su venganza, pero Gilda, que conoce los propósitos paternos, ocupa el lugar del duque y muere.

RlGOLETTO: Ópera melodramática en tres actos de Giuseppe Verdi (1813-1901). Fue estrenada el 11 de marzo de 1851 en el teatro La Fenice de Venecia.

La Historia: El duque de Mantua y su bufón, Rigoletto, que era jorobado, son insultados por Monterone, a cuya hija ha seducido el duque. El insaciable duque también desea a Gilda, sin saber que es hija de Rigoletto. Los cortesanos que sentían celos de Rigoletto por su proximidad al duque lo engañan de forma tal que el duque pueda raptar a Gilda. Ella se entrega al noble pero Rigoletto trama su venganza y contrata los servicios de un asesino profesional, Sparafucile, cuya hermana Maddalena lo convence de que perdone la vida del duque si antes de medianoche entra en su posada alguien a quien pudiese matar en su lugar. Gilda oye la conversación y sacrifica su propia vida para salvar la de su amante. Rigoletto va en busca del cadáver del duque, pero lo oye en el piso de arriba cantando la famosa aria La Donna é Mobile. Extrañado abre el saco y para su terror, encuentra a su hija.

En las postrimerías del siglo y de su vida alcanzó el umbral de la música moderna, indicando el camino futuro. Corresponde a Arrigo Boito el mérito de haber escrito los libretos de Ótelo y Falstaff y de haber animado al maestro en la composición de las dos óperas.

Josefina Strepponi, su inspiradora, intérprete, colaboradora y compañera amante, decía de Verdi que la bondad de su alma era superior a su talento. El maestro lo corroboró cerrando su vida con un acto noble y profundamente humano: ofreció su fortuna a un hogar de descanso para músicos. Próximas a esta casa están las tumbas de José Verdi y Josefina Strepponi.

Al día siguiente del 27 de enero de 1901, día del fallecimiento de Verdi a la edad de ochenta y ocho años, el cuerpo del maestro era acompañado hasta su última morada por una multitud acongojada que acudía de todas partes, siguiendo el féretro ‘»pobre y desnudo» según lo estableciera la voluntad del extinto.

Renato Simoni, en su sentida crónica, escribió: «Una vez más el maestro daba algo de sí a ese pueblo al que había enseñado el consuelo del canto y, en éste, las ansias de superación y el sentido de lo infinito

ASI ERA VERDI…

Los comentarios críticos después del estreno del Réquiem por Manzoni -observaciones en el sentido de que la música era ostentosa, sensacional, barata, antirreligiosa, irreligiosa, melodramática- venían a representar la actitud crítica que Verdi tuvo que afrontar la mayor parte de su vida. Sus óperas soportaron críticas sin precedentes, especialmente en Inglaterra y Estados Unidos. Muchos críticos sencillamente no podían tomar en serio a Verdi como compositor. Cuanto más admiraba el público la música de Verdi, más los críticos protestaban y sermoneaban acerca del carácter «obvio» de su composición, su carácter «antivocal», su orquestación «primitiva». Se decían unos a otros, y decían al público, que esa música ejercía a lo sumo una atracción provisional y no podía perdurar.

El crítico del Telegraph de Londres debió tener en cuenta la tremenda recepción que el Réquiem tuvo cuando se lo estrenó en Milán. La ovación llegó porque Verdi era amado como hombre, y también por Manzoni, y porque los italianos se sentían orgullosos de la fama de Verdi. «Ahora que la Península es un Estado, todos los habitantes, incluso los que pertenecen a los distritos más remotos, asumen orgullosos su parte del honor dispensado a todas las celebridades italianas.» Por la cabeza del crítico del Telegraph no pasaba la idea de que la música del Réquiem tuviese nada que ver en el asunto.

Verdi no se inquietaba ante la reacción negativa de algunos críticos. Aparentemente, fue un compositor que no se preocupaba mucho por lo que decía la crítica. Afrontaba con ecuanimidad el éxito y el fracaso. «Se equivoca», escribió a un amigo, «si intenta defender Un Bailo in Maschera de los ataques de la prensa. Debería hacer como yo siempre hago: abstenerse de leerlos y dejar que bailen al son que más les plazca…

Por lo demás, la cuestión es ésta: ¿La ópera es buena o mala? Si es buena, y ellos no lo creen así a causa de sus prejuicios, etc., uno debe dejar que hablen como les parezca, y no tomarlo demasiado a pecho.» Y en otro pasaje: «Con respecto a los periódicos, ¿alguien le obliga a leerlos?… Llegará el día de la justicia, y para el artista es un gran placer, un placer supremo, poder decirles: «¡Imbéciles, estaban equivocados!»

ALGO MAS…

¿Cómo fue su vida?: Aunque nació en una familia humilde, pudo estudiar y cultivar su vocación gracias a la figura de un mecenas de provincias, un droguero que amaba el «bel canto».

El estudio, el trabajo y el éxito, cuando llegó, no lograron cambiar la forma de vida del músico, firmemente vinculada a sus orígenes, en su casa de Busseto.

A los 30 años, el destino le deparó una tremenda tragedia familiar: la muerte de sus dos hijos y, poco más tarde, de su esposa. Pero él se rehizo y volvió a casarse con una de las mejores intérpretes de sus óperas, Guiseppina Strepponi.

¿Alcanzó pronto el éxito?: Su presentación en el teatro de la Scala de Milán, en 1840, fue un auténtico fracaso y coincidió con los años de la tragedia familiar. Le pareció que todo había acabado para él, pero un sagaz empresario de la Scala, que intuyó su valía, le convenció para que empezara a trabajar de nuevo.

¿Qué hizo este empresario?: Le dio a leer un manuscrito titulado Nabucco, para que pusiera música al texto. El drama hablaba de amor y de la esclavitud del pueblo judío. Verdi se sintió conquistado por el texto.

¿Tuvo éxito Nabucco?: El mismo teatro que había visto cómo pateaban su obra, asistió a su clamoroso éxito. Una de las arias más famosas de la ópera (Vapensiero sull’ali dórate…), traspasó como pieza aislada las fronteras de Italia y se hizo famosa en toda Europa.

¿Qué óperas compuso más tarde?: A partir de este éxito, trabajó febrilmente. En pocos años escribió El trovador, Rigoletto y La Traviata, que, aunque aún no eran trabajos perfectos, tenían ya la capacidad de todas las obras de Verdi de inflamar el corazón de su público. Con el éxito recuperó el ánimo. En sus años de madurez, compuso La fuerza del destino y Aída, y en la vejez, su gusto por el melodrama lo llevó a crear Otelo, seguramente su obra más conseguida, y Falstaff. Finalmente, pudo retirarse a su tranquila residencia de Busseto, después de crear óperas durante medio siglo. Murió serenamente a principios de nuestro siglo.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Biografías: Verdi y Sus Óperas –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografía de Pushkin Aleksandr Obra Literaria Resumen

Biografía de Pushkin Aleksandr
Vida y Obra del Escritor Ruso

El escritor ruso del siglo XIX Aleksandr Pushkin fue una de las primeras figuras de la literatura rusa. Maestro  versátil, escribió poesías, relatos, novelas y obras teatrales. Entre sus escritos más conocidos se encuentran el drama Borís Godunov (1825) y el poema épico Eugene Onegin (1823-1831).

Contribuyó a crear una larga tradición literaria en su país, y su obra influyó en muchos autores posteriores. En el mundo de la poesía rusa, la figura de Pushkin domina incontrastada por la grandeza, la potencia y la sensibilidad de su expresión artística. Nació en Moscú en el año 1799 y pertenecía a una familia de antiguo y noble origen.

pushkin alejandro escritor ruso

«Todo aquello que Aleksandr Pushkin dice en sus versos o en sus prosas lamas pudo ser dicho de otro modo más que como él lo dijo.» Así se expresó el famoso escritor León Tolstoi al referirse al más grande poeta ruso del siglo XIX, quien legó a la inmortalidad la célebre tragedia histórica Boris Godunov y la no menos conocida novela Eugenio Oneguin.

Aleksandr Pushkin nació en Moscú, de una familia de la antigua nobleza, en el año 1799. Su infancia transcurrió en un ambiente mundano y despreocupado que ejerció en el muchacho doble influencia: por un lado lo arrastró hacia una vida de holganza y placeres, y por el otro lo empujó a desarrollar su innata vocación literaria.

El tío de Aleksandr, que fue un discreto poeta, y su padre, que también sentía fuerte afición por la poesía, tuvieron amistad con los más grandes literatos de la época, entre los que se encontraban Karamzin y Zukovsky, quienes influyeron, asimismo, en la formación artística del joven Pushkin.

De espíritu apasionado y de fuerte inclinación hacia todas las formas de la cultura literaria, pudo Aleksandr Pushkin satisfacer fácilmente su sed de aprender en la nutrida biblioteca paterna, adonde por primera vez tomó contacto con los más conocidos escritores clásicos franceses. Vivió así en un clima en un todo de acuerdo con sus gustos y preferencias.

En el año 1811 se inscribió en el liceo de Tsarskoe Selo, en el que cursó estudios durante seis años y estuvo nuevamente rodeado de una atmósfera literaria caracterizada por la presencia de muchos estudiantes que, al pasar los años, se convirtieron en famosos pensadores y poetas.

Durante el tiempo transcurrido en el liceo se fueron operando algunos cambios en el espíritu de Pushkin. Allí, el diario y continuo contacto con profesores de tendencias liberales hizo que fuera asimilando lentamente los ideales de una escuela no del todo conforme con la política imperialista que regía en Rusia. Por otra parte tuvo ocasión de enterarse de los problemas que agitaban al pueblo, oprimido por el gobierno del zar.

De aquella época estudiantil datan dos composiciones líricas: Los recuerdos de Tsarskoe Selo y la oda Por el retorno a París del emperador. Estas poesías no sólo revelan ya los nacientes caracteres literarios de Pushkin, sino que además indican su estilo futuro. Se notan en ellas gran habilidad para transmitir sus sentimientos, como también capacidad para utilizar argumentos diversos.

Terminados sus estudios, le fue ofrecido, en 1817, un empleo de secretario en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en Moscú. Una vez en esa ciudad se introdujo rápidamente en la vida mundana e ingresó a la sociedad de la Lámpara Verde, en la cual se agrupaban los poetas, escritores y músicos más conocidos de Rusia.

Pushkin compone en Moscú dos famosas odas: A la libertad y El campo, en los que manifiesta claramente sus ideas políticas adversas al imperialismo, y el no menos conocido poema Ruslan y Ludmila, una violenta sátira ridiculizando a la sociedad de la época.

El zar Alejandro I, al enterarse del contenido de las obras de Pushkin, se siente ofendido y lo envía exilado a Ekaterinoslav. Se inicia así para el poeta un triste peregrinaje sin término.

Después de un período transcurrido en el Cáucaso y en Crimea, parte para Kisínev en Besarabia. Su producción no se interrumpe en este ir y venir sino que, por el contrario, necesita desahogar en la poesía su temperamento apasionado y escribe asi el poema Los Gitanos y numerosas otras obras líricas, algunas de las cuales probablemente fueron inspiradas en el amor que sintió por María Raevskaja. Estando en Kisinev, Pushkin esbozó la novela Eugenio Oneguin, que compuso definitivamente en el año 1831.

En 1823 Pushkin recibe la orden de dirigirse a Odesa adonde debe presentarse al general Voroncov, quien le impone un duro régimen de vida y lo somete a trabajos humillantes. No obstante la triste condición en que se encuentra, conserva aún el ánimo como para escribir; de su pluma salen entonces: la famosa poesía Al mar, los poemas Los hermanos soldados, que no terminó, y El prisionero del Cáucaso, que había iniciado con anterioridad, en el año 1821.

Acusado de ateísmo, a causa de expresiones vertidas en una carta que se le secuestró, el poeta fue condenado a permanecer en Mijailovskoe, en donde poseía una propiedad heredada de su padre. Allí, rodeado de las bellezas que le brindaba la naturaleza del lugar e inundado su espíritu de paz, se dedicó a estudiar y meditar, completando su formación artística. En realidad fue éste un período feliz para Pushkin. Nacieron así de su genio otras muchas poesías, entre las que se cuentan Tarde de invierno y Recuerdo el divino momento.

También de esta época es Boris Godunov, tragedia histórica inspirada en la proclamación del personaje como zar. Este famoso drama inspirará más tarde a un gran músico ruso, Mussorgski, quien compuso una ópera que tituló del mismo modo.

Pushkin, ya en el apogeo de su vida literaria, se desvincula definitivamente de la influencia de los clásicos franceses y del poeta inglés Byron, para adquirir un estilo personal propio e inconfundible, potente y conciso, vivaz y sobrio. Presenta sus personajes con verdadera maestría, bastándole pocas palabras para animarlos y referir sus caracteres psicológicos.

No ajeno a su madurez artística fue su profundo conocimiento de Shakespeare, quien le facilitó los elementos de realismo que caracterizaron la tragedia Boris Godunov y también Eugenio Oneguin.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/pushkin1.jpg

La tragedia histórica Boris Godunov es una de las mejores obras de Aleksandr Pushkin. Este drama narra la ascensión al trono imperial ruso de Godunov, el ministro que asesinó al joven zar Dimitri, Pero el remordimiento perseguirá siempre a Boris durante toda su vida inquieta y obsesionada por el delito cometido. Este drama sirvió de libreto a la ópera compuesta por Mussorgski.

En 1826, inmediatamente después de la muerte de Alejandro I, obtiene la gracia del nuevo zar Nicolás I y regresa a Moscú, donde en seguida toma contacto con el mundo literario y se interesa por los problemas del pueblo ruso.

Sus composiciones de aquellos años, La plebe, Poltava y El poeta, revelan un dejo de melancolía más profundo que el de sus primeras obras. El recuerdo de su triste exilio le atormenta, al punto de llevar por mucho tiempo una existencia de misántropo (huye del trato con personas)

En 1831 casa con Natalia Goncharova, de quien se había enamorado en 1829. Publica, seguidamente, algunos poemas: El caballero avaro, Mozart y Salieñ, El convidado de piedra y Cuentos de Belkin.

En el mismo año de su casamiento se traslada a San Petersburgo, donde recibe el encargo de escribir la biografía de Pedro el Grande, que le absorbe mucho tiempo.

De los apuntes compilados en los archivos de la gran ciudad, Pushkin reúne material para la Historia de la revuelta de Pugachev, escribiendo al mismo tiempo otra obra cumbre, en prosa, publicada en el año 1836: La hija del capitán, novela de amor ambientada en los sucesos históricos de la famosa revuelta de Pugachev, ocurrida en la época de Catalina la Grande.

Su argumento no es una simple invención del autor sino que los personajes que la componen vivieron y actuaron en el tiempo en que se desarrolla. No fue, tampoco, una novela psicológica: se trataba de una epopeya de la vida rusa.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/pushkin2.jpg

Enamorado de Natalia Goncharova, Pushkin la desposó en el año 1831; pero a causa de la vida lujosa y mundana que los dos jóvenes llevaban, sobre todo por voluntad de la mujer, Aleksandr no pudo sostener su hogar solamente con su actividad poética. En seguida obtuvo algunos encargos de la corte que le ayudaron a restablecer el presupuesto familiar. Durante su estada en San Petersburgo el matrimonio frecuentó la corte imperial.

Bien pronto la reputación de Pushkin disminuye, debido a varias causas: los celos y rivalidades suscitados en su contra por los favoritos del zar y las intrigas palaciegas que le rodeaban. No bastó para consolarlo la estima y amistad que le demostraron los más grandes escritores rusos de la época, tales como Zukovsky y Gogol.

A fin de defenderse de los ataques de que era objeto por parte de la prensa de Moscú, fundó un diario, «El Contemporáneo«, que tuvo una vasta resonancia debido a su posición de vanguardia.

La situación se agrava y se precipita a causa de los comentarios provocados por el comportamiento de su joven esposa.Habiendo recibido una ofensa de su cuñado Dantés, Pushkin, a fin de salvar su honor, lo desafía a duelo. En el lance es herido gravemente.

Después de dos días de agonía fallece, el 29 de enero de 1837, en la plenitud de su genio. Aleksandr Pushkin fue poeta en cada una de sus fibras. En él se unían y se integraban la pureza y la perfección. Poseía una particular justeza en la expresión, que lo hizo ser un verdadero maestro en la literatura universal.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Biografía de Alejandro Pushkin –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía de Twain Mark Su Vida y Obra Literaria Resumen

Biografía de Twain Mark y su Obra Literaria

Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), fue un escritor y humorista estadounidense, cuyo seudónimo era Mark Twain. Ha trascendido por unas obras en que la ironía y el humor se entremezclan con gracia y oportunidad. Aventuras de Tom Sawyer, Aventuras de Huckleberry Finn y Un yanqui en la corte del rey Arturo son sus principales obras. Nació en 1835 y falleció en  1915.

Sus mejores obras se caracterizan por un franco y a veces irreverente sentido del humor rayano en la sátira social, además de por un acentuado realismo en cuanto al lugar en que se desarrollan sus historias y al lenguaje utilizado por sus memorables personajes, y por un profundo odio a la hipocresía y la opresión.

Twain Mark

Twain obtuvo un gran éxito de librería con sus obras, sacando, además, grandes beneficios, pero los invirtió todos en una audaz empresa en la que también comprometió el fruto de sus futuros libros. Cuando tenía 58 años reemprendió sus viajes, por cuenta de los diarios, yendo a Australia, Asia y Europa.

Entre los grandes escritores americanos cuya prosa y estilo fueron personales y pertenecen a la literatura de todos los tiempos hay que citar a Mark Twain, cuyas obras son todavía, en gran parte, traducidas a todos los idiomas.

Mark Twain, cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens, había nacido el 30 de noviembre de 1835 en Florida, una aldea del Estado de Misurí. Algún tiempo después la familia se estableció en Hannibal, ciudad importante situada a orillas del Misisipí.

Samuel era un niño cuando muño su padre, perdida dolorosamente sufrida por toda la familia y en particular por el hijo, pues desde su más tierna infancia demostró dones muy definidos para el estudio sin que, desgraciadamente, la madre dispusiera de los medios suficientes para enviarlo a la escuela.

Ya en sus primeros años se interesó por la literatura   y   consagró   largas   horas   a   la   lectura   de novelas. Además, aunque permanecía aislado de las clases y de sus compañeros, adquirió, por sí mismo, cierta formación literaria.

Sin duda debemos a estos primeros sufrimientos y sacrificios la sensibilidad delicada del joven Samuel, condición que fue en aumento a través de las penosas experiencias que tuvo en su vida.

Después de haber trabajado como dependiente en una imprenta, Samuel, a quien le gustaban el mar y la vida de aventuras, se embarcó como piloto en uno de esos navios que aseguraban el servicio postal en las aguas del Misisipí.

Este género de vida apasionó al jovencito, hasta el punto de que más tarde, durante su plena actividad de escritor, se inspiró en aquellos lejanos recuerdos —las aguas claras y los valles verdes del gran río— para pintar los ambientes en los cuales se desarrollaban sus novelas.

En la Vida sobre el Misisipí, publicada en 1883, Hannibal, pequeña ciudad silenciosa y tranquila del borde del Misisipí, conocía un solo momento de animación: el de la llegada del barco cargado de pasajeros y de mercaderías.

En esta atmósfera creció Samuel Langhorne Clemens, que ahora conocemos bajo el seudónimo de Mark Twain.

relata las peripecias de la navegación. Al recordar algunos episodios de su juventud, el autor cuenta cómo, en un determinado momento, eligió el seudónimo de Mark Twain. Fue en el curso de un viaje, mientras estaba en el timón, mirando siempre frente a él a un marino, provisto de una sonda, que le comunicaba, en forma intermitente, la profundidad exacta del agua, gritando mark twain, es decir, «faltan dos brazadas». Este grito que tantas veces oyó repetir gustó mucho a nuestro piloto y cambió su nombre por el de Mark Twain.

Pero, de naturaleza inconstante, el futuro escritor dejó pronto la navegación. En 1859 abandonó el pilotaje para seguir a esos equipos de buscadores de oro que penetraban en el oeste en búsqueda de fortuna.

Fue expedicionario algunos años, y en 1867 reunió en un libro las aventuras más notables de los buscadores de oro, entre las que, posiblemente, El célebre sapo saltarín del condado de Calaveras sea la mejor y la que ha influido más en la rápida y segura fama del escritor.

Las primeras novelas de aventuras, en efecto, lo hicieron conocer en todas partes; un grupo de diarios le confió la misión de corresponsal en algunos países mediterráneos, tarea que aceptó con entusiasmo. En esta nueva experiencia se inspiró para la realización de otra novela: Los ingenuos en el extranjero, que suscitó una cálida aceptación por parte de los lectores.

Mark Twain tenía auténtico sentido del humor y consecuentemente los episodios que relataba eran ágiles y divertidos. Por otra parte, no falseaba nunca la realidad de las cosas y no permitía que los hombres empañasen sus acciones con imperdonable hipocresía, ni con el mínimo deseo de deformar los acontecimientos, por más insignificantes que fueran. Este rasgo fundamental que como hombre y como escritor tenía el novelista se nota en varias de sus obras.

En vista de los triunfos logrados en el año 1870 se casó con Olivia Langdon, y se estableció primero en Hartford, estado de Connectieut, y más tarde en Redding, pero debido a su fama viajó incansablemente dando conferencias y escribiendo con una actividad y constancia asombrosas.

Su popularidad, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra, fue increíble y sus entradas llegaron a ser tan abundantes que no sólo le permitieron cubrir las pérdidas ocasionadas por sus malas inversiones comerciales, sino que aún tuvo suficiente para vivir con holgura en los últimos años de su vida.

El autor logró un triunfo superior y más inmediato todavía con sus novelas para niños, algunos de cuyos episodios son autobiográficos. Los personajes de sus cuentos son chicos descriptos con marcada agudeza psicológica y en forma muy colorida y amena.

Las aventuras de Tom Sawyer, aparecida en 1876, y Las aventuras de Huckleberry Finn, editada en 1885, se desarrollan en una atmósfera exclusivamente infantil. La vida de esos dos protagonistas transcurre en lugares muy queridos por el autor en las regiones verdes y prósperas bañadas por las aguas del Misisipí. En esos relatos Mark Twain revive las horas felices e ingenuas de su infancia y resucita los acontecimientos que más le impresionaron y agradaron en su niñez.

En Las aventuras de Huckleberry Finn cuenta con estilo fantástico el viaje realizado por un niño, Huck Finn, quien, acompañado por un negro muy simpático, Jim, parte desde las orillas del Illinois y llega hasta Nueva Orleáns. El negro acompañante había logrado escapar de los malos tratos de su dueño, y luego, con Huck, vive maravillosas aventuras, muchas de ellas a bordo de una pequeña embarcación.

En Las aventuras de Tom Sawyer relata las experiencias verdaderas que todo niño ha realizado. La naturaleza impulsiva y el temperamento generoso de este niño presentan ciertas similitudes, y, por otra parte, la confesión del autor lo confirma, con el espíritu aventurero del novelista.

En la creación del personaje Tom Sawyer el autor reunió, por así decirlo, los diferentes caracteres infantiles que había estudiado, logrando un solo tipo muy original. La vida de Tom transcurre en el ambiente familiar, en la escuela y con los amigos. A pesar de que el libro comienza con un episodio

completamente infantil, los acontecimientos relatados más adelante exaltan la naturaleza de un niño simple pero heroico. Tom y su primer amigo, Huck, van una noche al cementerio para enterrar dignamente a su gatito muerto. Escondidos entre las tumbas se ven obligados a presenciar un crimen. Al día siguiente se acusa del hecho a un pobre borracho, Muff Potter; la intervención de Tom permite salvar al inocente de una condena infamante.

Tom Sawyer en el extranjero, relato que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas, narra las aventuras ocurridas en el viaje en aeróstato emprendido por el protagonista, su inseparable Huck, el esclavo negro Jim y el sabio constructor del aparato, un loco, que se precipitó al océano dejando librados a los otros tres ocupantes a su suerte e inexperiencia. Los diálogos entre Tom y sus dos compañeros son muy divertidos, pero bajo esa alegre apariencia se descubren la seriedad y la tristeza que son base de la magnífica sátira humorística de Mark Twain.

En efecto, Tom había visto que el asesino era un hindú, y decide revelar toda la verdad. El criminal huye por el bosque para evitar el castigo, y cuando Tom, mientras lo busca, se pierde en las cercanías de una gruta, intenta vengarse cruelmente de él, pero Tom logra escapar, y el libro termina con la muerte del hindú y la victoria del niño.

El autor publicó a continuación de este libro otros relatos que aparecieron en 1878. Los personajes principales siguen siendo Tom y Huck: se trata de Tom Sawyer policía y Tom Sawyer en el extranjero, que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas.

Completamente distinto es El príncipe y el mendigo, cuya fama se extendió tanto, que se lo tradujo a casi todos los idiomas. Los acontecimientos se desarrollan en los ambientes más diversos y opuestos del Londres del siglo XIX.

En 1885 Mark Twain publica otra novela, Las aventuras de Huckleberry Finn, en la que se cuentan los viajes de Huck Finn y del esclavo negro Jim a través de la América de los buscadores de oro. Gran parte de la epopeya de esos niños se desarrolla en el Misisipí, a bordo de un bote y de una balsa.

Está descripta la profunda miseria de los bajos fondos de la ciudad, que contrasta con la riqueza y el lujo de las clases acomodadas. Tom es uno de esos niños que viven en los barrios pobres de la ciudad. Un día, paseando, se aleja de su casa y se halla en la otra parte de Londres, bajo las verjas del espléndido palacio real. Inconscientemente comienza a recorrer el hermoso parque, y allí se encuentra con un niño muy semejante a él, de la misma edad y parecido que sólo se distinguen por la ropa.

Tom viste pobremente y el otro con suntuosidad, de terciopelo bordado con oro. El niño así vestido es el príncipe heredero, quien ha logrado esquivar la vigilancia de los guardias y comienza a jugar alegremente con Tom. Durante el juego el pequeño noble decide cambiar de ropa con Tom, y le entrega sus espléndidos atavíos. Pero surge un criado en su busca, y a pesar de las explicaciones de ambos niños echa al príncipe del palacio y lleva en su lugar a Tom, que comienza así una vida llena de imprevistos muy felices.

Sin embargo, pronto comienza a sentir nostalgias de su verdadero hogar y de los juegos con sus amiguitos, y mediante gran paciencia logra convencer a la gente de palacio de su identidad. Rápidamente se dispone la búsqueda del príncipe, y al cabo de un tiempo los dos niños se encuentran y vuelven nuevamente a su existencia anterior, pero con experiencias que les serán necesarias para comprender y resolver problemas sociales.

Mark Twain se había planteado también esas cuestiones; su vida nunca fue fácil ni feliz, ya que siempre se había encontrado frente a problemas económicos. Buscando cierta vez solución a esa existencia precaria, emprendió un largo viaje por todos los continentes; esto le permitió conocer ambientes y gente muy distintos y de costumbres dispares.

Viajaba como hombre de letras y daba conferencias y charlas literarias. A su regreso juntó las impresiones que había acumulado en su libro A lo largo del Ecuador, que apareció en 1897. Con la venta de éste logró juntar el dinero suficiente para pagar a sus acreedores.

Sus obras gustaron siempre, pues el tono de sus relatos es humorístico y cordial. Pero el optimismo de Mark Twain resulta ser refugio y distracción para las amarguras de la vida. Indudablemente tal contraste entre vida real y sueño engendró en él un conflicto espiritual que dio   origen a  su humor.De ahí el extraordinario desarrollo de su fina ironía, que le llevaba incluso a descubrir el ridículo en los mínimos aspectos de la existencia.

La última de sus obras fue una autobiografía, que apareció en 1924, a los catorce años de su muerte, ocurrida en Redding, Connecticut, el 21 de abril de 1910.

Gracias a sus obras, reportajes y conferencias sobre viajes, Twain logró pagar a sus acreedores y volver a América. Tero, cansado, enfermo y literalmente deshecho por las penas, sólo deseó pasar los años que le quedaban de vida en un lugar tranquilo, donde se había hecho construir una casa. Eligió Connecticut, y allí permaneció, salvo breves excursiones a las Bermudas, hasta su muerte, ocurrida el 21 de abril de 1910.

Su personalidad literaria es muy discutida y se lo juzga de diferentes maneras; en efecto, para algunos es un narrador eficaz de aventuras para niños; para otros, en cambio, esconde bajo esa forma literaria un pensamiento filosófico y moral perceptible en todas sus obras.

A pesar de que los juicios no concuerden, es sin embargo evidente que, narrador o filósofo, Mark Twain fue, ante todo, un humorista fino y capaz de argumentar sutilmente. El libro titulado Relatos americanos es una verdadera obra de arte del humor. Comprende Las costumbres periodísticas del Tennessee y Cómo cesé de ser secretario.
Alrededor de 1873 Mark Twain montó una de sus comedias, La edad de oro, que fue favorablemente acogida por el público.

Además de los viajes recordados, Mark Twain fue encargado de transcribir en 1873 los detalles del viaje del sha de Persia por Londres y París.

La vida de Mark Twain es rica en anécdotas, entre las que merece citarse la siguiente: estando en Viena en la época de los tumultos provocados por los alemanes, llegó a Nueva York la noticia de su muerte. Mark Twain, al enterarse, decidió mandar sin tardanza un telegrama, redactado en estos términos: «Noticia de mi muerte muy exagerada. Mark Twain.»

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/twain_mark2.jpg

El príncipe y el mendigo cuenta la vida de dos niños de la misma edad, uno príncipe heredero y el otro de familia muy pobre. El azar quiere que los dos se encuentren y se hagan amigos. Mientras juegan deciden cambiar de traje. Uno de los servidores del palacio, engañado por el extraordinario parecido físico de los dos niños, y por las ropas, hace entrar en el castillo’ al mendigo, mientras echa al verdadero príncipe. De este modo comienza una nueva vida para ambos. Pero el niño pobre empieza a sentir tristeza por la ausencia de sus padres y la falta de libertad, y logra convencer a los cortesanos de cuál fue la situación equívoca que indujo al sirviente a caer en el error. Al final de la obra todo se arregla: el verdadero príncipe vuelve a su lugar, mientras su amigo, que durante ese tiempo había podido hacerse apreciar por su clara inteligencia, encuentra en la corte un puesto destacado.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Federico II de Prusia –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía de Jack London Vida y Obra Literaria de Escritor

Biografía de Jack London
Vida y Obra Literaria

Jack London (1876-1916), escritor estadounidense que combina en su obra el más profundo realismo con los sentimientos humanitarios y el pesimismo. Las novelas de este escritor estadounidense, aventuras con héroes solitarios, atormentados y profundamente humanos, reflejan su propia vida y han alcanzado un merecido reconocimiento de público y crítica.

Los cuentos de aventuras, cuando además de ser fantásticos contienen una realidad vivida, despiertan siempre gran interés. Esto explica el éxito de las novelas de Jack London, que no sólo son frutos de la imaginación, sino que poseen un valor documental: reflejan la Norteamérica de hace cincuenta años, cuando la búsqueda del oro y de la fortuna se hacían en medio del riesgo y de la aventura.

Jack London escritor americano

El amor al riesgo y a la aventura que se refleja en las novelas de Jack hondón acompañó al escritor durante toda su vida. Incapaz de tolerar un trabajo sedentario, y además humillante según él, buscó librarse haciéndose a la mar, y a los 15 años Jack se unió a un grupo de hombres sin escrúpulos, llamados piratas de las ostras, realizando con ellos redadas en los bancos de estos moluscos, y vendiéndolos en el mercado. Así aprendió a llevar una vida sin norma, entre compañeros disolutos, pendencieros y borrachos.

Jack London fue uno de los autores más prolíficos de la literatura estadounidense. Escribió cuarenta obras, pero la verdadera y convincente novela es quizá la que resultaría de su propia vida, breve e intensa.

Nació en San Francisco el 12 de enerojde 1876. Su madre, Flora Wellman, pertenecía a una rica familia de pioneros; inteligente, pero caprichosa, abandonó muy joven la casa. El padre de Jack era un hombre original: escritor, conferenciante, astrólogo, jamás quiso ocuparse de su hijo. Más tarde Flora se casó con John London, a quien el muchacho se aficionó profundamente, queriéndolo siempre como si fuera su verdadero padre.

Jack London tuvo una infancia demasiado inquieta. Su padrastro, luego de haber intentado varios trabajos, se estableció en una factoría y se dedicó a cultivar hortalizas; pero la mujer no sabía administrar y la familia estaba continuamente al borde de la miseria. Luego, un accidente obligó a John a trabajar en forma irregular, y las condiciones económicas empeoraron.

De chico, Jack concurrió a la escuela alternadamente, debido a las continuas mudanzas de la familia. Cuando apenas contaba once años de edad comenzó a trabajar, repartiendo diarios casa por casa antes de marchar al colegio y vendiéndolos por las calles durante la noche, al regresar de la escuela.

Niño aún, descubrió en sí la pasión más grande y verdadera de su vida: el amor a los libros. Amaba, sobre todo, los libros de aventuras, los de viajes y navegaciones, que ávidamente se procuraba en la biblioteca pública.

Su otra gran pasión era el mar, que lo atraía irresistiblemente. Llegó a ser un habilísimo nadador y un buen piloto de pequeñas embarcaciones. A los 13 años gastó sus primeros ahorros en adquirir un barco para recorrer el estuario de Oakland. No temía al mar ni aun cuando estaba embravecido; al contrario, se sentía lleno de temeridad.

Cuando el padrastro quedó impedido, debió acostumbrarse a trabajar más de diez horas por día en una oficina; pero esta tarea se le antojó humillante, y buscó librarse haciéndose a la mar. Se unió a un grupo de hombres sin escrúpulos, llamados «piratas de las ostras», que se ganaban la vida robando moluscos y vendiéndolos en el mercado. Así aprendió a llevar una vida sin norma, entre compañeros disolutos, pendencieros y borrachos; más tarde, durante un año, formó parte de las patrullas de policía para el control de la pesca.

A los 17 años presentaba no sólo el aspecto y la fuerza de un hombre ya hecho, sino que también tenía una madurez muy superior a su edad. Quería conocer el mundo, y con ese propósito se embarcó como marino en uno de los últimos veleros que zarpaban para Japón y Corea, en busca de focas.

Trabajaba duramente cuando llegaba su turno y se consagraba a la lectura en las horas de reposo. Al regreso, después de cinco meses de dura experiencia sobre el mar, se dedicó a buscar trabajo, pero tuvo que contentarse con entrar en una fábrica de yute.

Una noche su madre le incitó a que escribiera un cuento para participar en el concurso anunciado por un periódico. Recordando sus recientes aventuras, Jack envió la descripción de un tifón que azotara las costas japonesas, y ganó el primer premio. Esta primera tentativa literaria lo animó para seguir escribiendo, pero los editores rechazaron sus originales

Desanimado, abandonó por algún tiempo ef trabajo y se dio a vagabundear por el país, llevado por el deseo de aventuras. Tales experiencias lo pusieron en contacto con hombres de toda clase, muchos de los cuales habían sido víctimas de la injusticia social, por lo que comenzó a sustentar ideas socialistas. Decidido a no seguir viviendo con el trabajo de sus brazos, pero sí con la tarea de su mente, inscribióse en la universidad. Muy pronto, sin embargo, debió interrumpir sus estudios para ayudar a la familia.

Por ese entonces fue descubierto el oro en Klondike, y Jack se vio mezclado con los primeros buscadores que, camino hacia el norte, iban en pos de la fortuna. Sus experiencias como minero no fueron gran cosa, pero le dieron ocasión para participar en la vida de aquellos hombres rudos, simples, primitivos, que todos los días arriesgaban la existencia en los peligros del ártico. Estos aventureros fueron después los héroes típicos de sus novelas.

Atacado por el escorbuto, Jack tuvo que abandonar Alaska y regresar a Oakland. No tenía un centavo ni había conseguido un gramo de oro; pero las experiencias acumuladas en su mente revivían y se transformaban en cuentos, incitándolo a escribir.

El deseo de aventura lo indujo a seguir a los buscadores de oro en las heladas regiones de Alaska. Llegados a las fuentes del Yukón, ]ack y sus compañeros, en tanto los demás decidían regresar, osaron superar con una canoa todas las dificultades. Los otros aventureros, admirados por el coraje y la habilidad de Jack, le ofrecieron una recompensa por cada barca puesta a salvo.

La familia pesaba sobre él, y la necesidad, cada vez más urgente, le obligó a buscar un trabajo cualquiera. Eran años de dura crisis y no lograba encontrar ocupación. Se decidió entonces a narrar su viaje a lo largo del río Yukón y remitirlo a un periódico de San Francisco, con la esperanza de ganar los diez dólares prometidos a los colaboradores. Así tuvo comienzo su prodigiosa carrera literaria.

Dándose cuenta de que le faltaba la preparación cultural necesaria para ser un escritor cabal, quiso educar su mente en los estudios de historia, economía y filosofía: fue un autodidacto. Sus novelas y las primeras colecciones que ilustraban la vida salvaje y dura del norte comenzaron a difundir su nombre.

Percibía agudamente la lucha del hombre contra la naturaleza, y la influencia del ambiente sobre la personalidad humana. La fisonomía salvaje de las regiones por las cuales había viajado le sugirió el ambiente para desarrollar sus escenas. Amaba a la naturaleza por las bellezas que ofrecía, a las cuales era muy sensible, pero la amaba sobre todo por su fuerza terrible.

Su héroe típico es el hombre lleno de energía física, de vigor moral: una especie de superhombre, siempre empeñado en luchas violentas contra el poder de los elementos o la brutalidad organizada de la vida social. En algunos de estos personajes Jack London puso mucho de sí mismo, y en no pocas de sus novelas, como motivo dominante, el triunfo de la naturaleza sobre lo artificial, del primitivo sobre el civilizado.

Inspirado en las ideas socialistas, escribió varias novelas que tienen por argumento la lucha de clases y sus problemas. El talón de acero describe de un modo casi profético el establecimiento de una organización totalitaria que se adueña del poder, denegando todas las instituciones libres, y gobierna al país a través de una policía secreta y una potente organización militar. El valle de la luna describe la lucha de dos jóvenes esposos contra la miseria y la maldad de la vida ciudadana. Los protagonistas, abandonando la ciudad, encuentran la paz y el bienestar cuando regresan a la campaña, estableciéndose en un solitario valle de California.

Jack London estaba decidido a manifestarse abiertamente en contra de la literatura narrativa de aquellos años, que se le antojaba insípida, falta de sentimientos verdaderos y fuertes, encerrada en una visión particular y optimista de la vida, como si deseara ignorar todos los aspectos brutales y dolorosos de la realidad. Reaccionó con todas sus fuerzas, y en sus novelas Jack London reflejó la vida, uniendo el arte a la veracidad.

Durante sus estudios universitarios el escritor se había enamorado de una joven estudiante de buena familia^fueron novios y esperaban casarse apenas Jack hubiese ganado con sus relatos cuanto fuera necesario para mantener a la nueva familia. Pero cuando el sueño parecía hacerse realidad, la madre de Mabel se opuso al matrimonio, y la muchacha no tuvo el coraje de contrariar la voluntad materna. De esta manera la desilusión vino a amargar los éxitos del escritor.

Más tarde Jack London casó con Bessie Modern, que había sido novia de un compañero de estudio suyo, muerto algún tiempo antes. Fue una unión tranquila y razonada, que duró varios años y de la cual nacieron dos hijas.

Durante un viaje a Londres el novelista visitó los miserables barrios obreros de la capital y estudió las condiciones de vida, que luego denunció en sus escritos.

Su primer éxito fue El llamado de la selva, que ha quedado como su obra maestra. La novela se refiere a la historia de Buck, un magnífico perro nacido en la civilización, entre las comodidades de una rica villa, rodeado de cuidados y de caricias. Un ávido sirviente lo vende a un domador embrutecido, quien le hace conocer la violencia y los golpes, y después lo revende.

Atado a un trineo, en las gélidas regiones árticas, Buck conoce el hambre, las fatigas de las corridas, las peleas salvajes con los otros perros. Poco a poco se revela en él un instinto primitivo, el llamado de una voz que lo arrastra lejos del hombre, hacia la soledad salvaje e inviolada. Su último dueño, tal vez el único hombre que amó, es muerto por los nativos. Ya nada retiene a Buck entre los hombres y, obedeciendo al llamado ancestral, se une con las manadas de lobos a los cuales se impone por su superioridad.

A esta primera novela siguió El lobo de mar, donde el autor manifiesta el contraste entre el materialismo y el espiritualismo, representado por dos personajes principales. Uno de ellos, Humphrey Van Weyden, es un crítico literario aficionado; durante la travesía por la bahía de San Francisco cae al mar, a consecuencia de una colisión, y es recogido a bordo del velero Ghost (El Fantasma). El capitán, Lupo Larsen, otro de los protagonistas, representa al hombre dotado de gran fuerza física, despiadado y brutal, absolutamente privado de principios morales.

En las novelas de Jack London campea el concepto de incultura, que se halla en Jas raíces del comportamiento social. Larsen personifica precisamente este contraste entre la inteligencia cultivada y la incivilidad primitiva. La presencia a bordo de una dama, recogida con otros náufragos, acucia el instinto de los protagonistas.

También el refinado gentilhombre tiene que aprender las leyes de la astucia y de la violencia para sobrevivir. Logra escapar con su compañera hacia una isla desierta, a la cual más tarde es arrastrado el velero semi-destruido por una tempestad. Larsen, casi ciego y atacado de una grave enfermedad, está vivo aún a bordo de la nave, pero todos le han abandonado.

Van Weyden y Maud consiguen reparar el velero en la mejor forma posible y retornar así a la vida civilizada, mientras Larsen muere obstinadamente encerrado en su espíritu pagano, que niega todos los valores morales y sociales.

En 1904, al estallar la guerra ruso-japonesa, London aceptó la gananciosa oferta de actuar como corresponsal de guerra. Desembarcado en Japón, su espíritu de aventura lo indujo a comprar una embarcación para hallarse presente en el teatro de las operaciones, sin importársele los obstáculos creados por el gobierno japonés. Vuelto a su patria, continuó escribiendo, alternando el trabajo de novelista con una serie de conferencias sobre el socialismo, que llamaron demasiado la atención, enemistándole con parte de la opinión pública, que ya le era hostil, a consecuencia de su divorcio y su nuevo matrimonio.

En 1906 decidió realizar su gran sueño: navegar hacia los mares del sur y dar la vuelta al mundo. Se hizo construir una embarcación, según sus propios diseños, la cual le costó muchísimo dinero, y luego de innumerables contratiempos, al cabo de un año pudó partir. Durante el viaje escribió su obra Martín Edén.

Es ésta la más autobiográfica de sus novelas. Como el autor, el protagonista es un marino. La curiosidad intelectual, el deseo de elevarse, lo inclinan a instruirse de tal manera, a fin de poder participar en la vida de la rica burguesía, que le parece noble y elevada. En sus esfuerzos se halla sostenido e inspirado por Ruth Morse, una muchacha de la alta sociedad que para él representa el símbolo de su clase y la personificación de la mujer ideal.

Hecho escritor, manifiesta en su obra su modo de concebir la vida; pero la fuerza y la belleza de sus libros no son apreciadas, y sólo un poeta socialista comprende su valor. La novia lo abandona: ella piensa que Martín Edén es un literato fallido cuando ve que sus escritos son rechazados por los editores, y comparte el desprecio que su clase siente por quien no supo obtener el éxito y la riqueza. Pero uno de sus libros le trae fortuna y fama.

Ruth trata de reanudar el noviazgo, pero el amor ha muerto en el hombre. Martín Edén se ha desligado de su clase social y desprecia el ambiente que lo rodea. Nada le atrae ya, no tiene más deseos de vivir. Se embarca hacia los mares del sur, y durante el viaje se arroja de la nave y se ahoga.

También Jack London, como su protagonista, veía crecer el éxito día a día. Tenía 31 años y había publicado ya 21 volúmenes.

Al enfermarse durante un viaje tuvo que regresar a San Francisco, pasados los dos años. Escribió entonces La espléndida aurora, inspirada en sus propias experiencias de buscador de oro.

Decidió después establecerse de manera definitiva, adquiriendo vastas extensiones de tierra y haciéndose   construir   una   mansión   que   le   insumió fuertes cantidades. Era el escritor más célebre y mejor pagado de Norteamérica, pero su tren de vida lo obligaba a una producción literaria apresurada.

La casa, que le era muy querida y que tanto le había costado, se incendió una noche, y fue como si una parte de sí mismo fuese destruida para siempre. Amargado por la indiferencia de sus hijas, y ya sin deseos ni esperanzas, la vida se le antojaba insípida.

El 21 de noviembre de 1916 fue hallado en estado de profunda inconsciencia, del cual no se recuperó; junto a su lecho, el médico encontró dos frascos de morfina y atropina. También para él, como para Martín Edén, «la vida se había vuelto mezquina, insoportable», y había resuelto que no valía la pena continuarla.

Postrado por la tristeza de los últimos años, por la indiferencia de sus hijas, desilusionado por la vida, vuelta como para Martín Edén «una cosa insoportable», Jack, durante la noche del 21 de noviembre de 1916, ingirió una dosis mortal de morfina. La tarde anterior había conversado largo rato, sin revelar siquiera remotamente su horrible propósito.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Federico II de Prusia –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

Biografía Madame de Sevigne Escritora Francesa Marquesa

Biografía Madame de Sevigne

María de Rabutin-Chantal nació en París el 5 de febrero de 1626 y murió de viruela en Grignan el 17 de abril de 1696. Fue la intérprete brillante y fiel del espíritu de Francia del siglo XVII. Ha pasado a la posteridad gracias a las 1.500 Cartas que escribió.

Sevigne Madame Francia

Los primeros salones literarios tuvieron lugar en París y en ellos se reunían regularmente personalidades de la aristocracia, de la política, de las letras y de las artes para charlar sobre temas literarios, morales, mundanos o filosóficos. A partir de 1613, la marquesa de Rambouillet, aristócrata refinada y culta, se alejó de la corte de Enrique IV porque la consideraba vulgar y comenzó a recibir en su casa a las mentes más exquisitas de su tiempo, entre ellos siendo muy joven la marquesa de Sévigné, asistía frecuentemente.

La vida mundana de París y de la corte de Luis XIV, en el siglo XVII, implicaba para la sociedad de la época una existencia brillante pero frivola. De esta sociedad Madame de Sevigné, nos ha transmitido la imagen viva y fiel a través de su correspondencia. Ella misma representa el tipo perfecto de dama de la alta aristocracia. Como escritora pertenece, además, al mejor período del clasicismo francés.

Nació el 5 de febrero de 1626 y su verdadero nombre fue María de Rabutin-Chantal. Cuando tenía cerca de 1 año de edad perdió a su padre, y no había llegado todavía a los 7 cuando su madre también falleció. Fue entonces confiada a un tío materno, el abate Livry, que la educó con esmero. Encargó éste su instrucción a profesores de renombre que cultivaron la clara inteligencia de la joven, dándole sólida cultura. Aprendió el español, el italiano y el latín.

Presentada a la corte de la reina madre Ana de Austria, casó muy joven, en 1644, con el marqués de Sevigné; éste, siete años más tarde, murió en un duelo, dejándole dos hijos: Francisca Margarita y Carlos.

La joven viuda abandonó entonces la vida mundana y se retiró a sus dominios, consagrándose exclusivamente a sus deberes maternos y a la administración de su hacienda con competencia y habilidad. A los 29 años retornó a París y reapareció en la corte, donde brilló en el seno de la sociedad culta, gracias  a su inteligencia y a la distinción de sus modales y conversación.

Aun cuando amaba a sus dos hijos, Madame de Sevigné tuvo, sin embargo, una marcada predilección por su hija, a la que profesaba un cariño que puede parecemos desmedido.

Francisca Margarita casó en 1669 con el conde de Grignan, acompañándolo algunos años más tarde a Provenza, donde fuera nombrado teniente general. La marquesa sintió una inmensa pena a raíz del alejamiento de su adorada hija y fue entonces cuando inició una correspondencia muy frecuente, que habría de durar 25 años, sin más interrupciones que las ocasionadas por los reencuentros.

A partir de esa fecha, en efecto, la marquesa viajó siempre, realizando estadas en sus diferentes propiedades, a las que administraba personalmente, y efectuando visitas a su hijo, en Bretaña, y a su hija, en Provenza. Fue en Grignan en donde Madame de Sevigné murió de viruela el 17 de abril de 1696.

En 1669 su hija casó con el conde de Grignan, acompañándolo a Provenza. Madame de Sevigné inició entonces una correspondencia frecuente que no se interrumpió más que en los momentos en que madre e hija reencontrábanse. La marquesa viajaba frecuentemente, a fin de visitar a su hija, en Provenza, y a su hijo, en Bretaña, y recorrer sus diferentes propiedades, las que administraba personalmente con competencia y habilidad.

Todos los personajes más conocidos del siglo XVII, políticos, escritores, sabios y damas de la aristocracia, nos han dejado cartas, pero sólo la marquesa de Sevigné ha pasado a la posteridad en razón de su correspondencia, sin que aquellas pocas figuras renombradas en este género literario, puedan rivalizar con ella.

Nos han llegado 1.500 cartas, las cuales fueron publicadas en numerosas ocasiones y a través de distintas ediciones. Estas cartas de Madame de Sevigné reflejan admirablemente la vida y la sociedad de su época. La marquesa conoció el ambiente de la corte, pleno de faustos y esplendores, pero también penetrado de infamias.

Así, a través del relato de los hechos históricos o mundanos, vieron la luz los secretos mezquinos o escandalosos, las rivalidades y los odios de la alta sociedad de ese tiempo. La marquesa trataba familiarmente a los personajes más conocidos de Francia, y es por ello que sus cartas refieren, con espíritu de observación  psicológica profundidad, todo lo que concierne a estas figuras y a los acontecimientos de aquel mundo aristocrático.

En una época en que la conversación brillante constituía uno de los pasatiempos más apreciados de la vida mundana, ella escribe en la misma forma que habla. Así, en las cartas a su hija, que constituyen la mayor parte de su correspondencia, y en otras dirigidas a los amigos que vivían lejos de París, relata con soltura todo lo que puede interesar vivamente a sus destinatarios, o lo que puede permitirles estar al tanto de los acontecimientos.

La sólida cultura de Madame de Sevigné se revela en los juicios y citas que aparecen en sus cartas, expresados siempre sin evidenciar pedantería; guarda en todo momento un tono espiritual y alegre. Las Cartas constituyen un testimonio histórico y sincero de su época.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/sevigne1.jpg

En una de sus cartas más espirituales, Madame de Sevigné relata la muerte de Vatel, mayordomo del castillo de Conde. Para celebrar la llegada al castillo de Luis XIV y su séquito se preparó un banquete suntuoso, pero los invitados fueron más numerosos de lo previsto. Todos hicieron honor a las viandas, pero el asado no fue suficiente. Al día siguiente ocurrió lo mismo con el pescado. Vatel creyóse culpable de todas estas vicisitudes, y se suicidó.

Los hechos y los personajes, ya sean presentados bajo un aspecto favorable o desfavorable, son tratados siempre con una indulgencia sonriente, puesto que la marquesa, aun cuando evita la crítica mal intencionada, dista de ser una ingenua.

La crónica mundana, plena de vivacidad, alterna siempre con simples reseñas que tienen por tema la vida familiar o la vida campestre, junto con brillantes observaciones sobre la naturaleza.

En otras cartas se puede apreciar mayor profundidad, una real nobleza de espíritu y su sentido religioso de la vida. Estas cartas son una especie de retrato de la misma marquesa: espiritual y alegre, culta y segura de sus juicios, que mantiene aun cuando sus amigos caigan en desgracia frente al rey. Son bien conocidas las cartas en las que refiere detalladamente el proceso  del ministro Fouquet, acusado y; encarcelado por malversar bienes del Estado. Estos relatos fieles y precisos valieron a Madame de Sevigné la denominación de bella antecesora de los cronistas modernos».

La ilustre escritora no fue, evidentemente, una mujer tierna ni sentimental, y se la ha reprochado asimismo su falta de piedad, porque con la indiferencia propia de su tiempo y ambiente describe, con un desapego que llega al cinismo, las aventuras y sufrimientos de las otras clases. Se le criticó también haber escrito con demasiado preciosismo, es decir, haber complicado su prosa, buscando efectos. Ella controló su estilo, sin lugar a dudas, pero algunos recursos, aun cuando fueron artificiales, no pierden por ello su aparente espontaneidad en el seno del relato.

Todavía en nuestros días, después de transcurrir dos tres siglos, la voz de esta mujer simpática y espiritual parece querer surgir de las páginas de sus cartas con toda alegría y vivacidad, haciendo revivir personajes y acontecimientos que el tiempo, sin ella, habría indudablemente borrado para siempre.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Biografía de Madame de Sevigne

 

Biografía de Victor Hugo Resumen Obra Literaria del Poeta Francés

Biografía de Víctor Hugo
Obra Literaria del Romanticismo Francés

Victor Marie Hugo (1802-1885), poeta, novelista, dramaturgo y crítico francés cuyas obras constituyeron un gran impulso, quizá el mayor dado por una obra singular, al romanticismo en aquel país.

La revelación de Hugo como poeta romántico data de 1929, con la aparición del volumen de poesía Orientales.

Con Hojas de otoño (1831), Los cantos del crepúsculo (1835), Voces interiores (1837) y Los rayos y las sombras (1840) se confirma en su tono intimista y meditativo.

Victor Hugo Poeta

OBRAS IMPORTANTES DE VÍCTOR HUGO

Marión Delorme (drama).
Hernani (drama).
El Jorobado de Nuestra Señora de París,
El Rey se divierte (drama).

Napoleón el Pequeño,
Los miserables.
Los trabajadores del mar.
El hombre que ríe.
El noventa y tres.
La leyenda de los siglos.
La historia De un crimen.
La piedad suprema.
Varios volúmenes de poesía dramática y lírica.

BIOGRAFIA

El gran poeta nació en Besanzón el 26 de febrero de 1802; su padre, general del Imperio, lo llevó, siendo muy niño todavía, a Italia y España.

Los ojos del pequeño se maravillaron con los espléndidos paisajes y los incomparables monumentos de lá Europa mediterránea. Sus primeras poesías, que aparecieron más tarde bajo el título de Odas y baladas, le valieron el calificativo de «niño sublime».

Por la importancia de su obra, por su diversidad y por los hechos que llenan su vida, Víctor Hugo es el autor que domina el siglo XIX en Francia.

Su padre, Léopold Hugo, era comandante del ejército revolucionario que se hacía llamar Bruto, estaba participando en la pacificación de la Vendée, sublevada por los legitimistas monárquicos, cuando conoció a Sophie Thébuchet, graciosa y piadosa muchacha educada en las tradiciones, con quien se casó en 1797.

Tuvieron primero dos hijos, Abel y Eugéne, que tenían respectivamente cuatro y dos años cuando, en 1802, Sophie esperaba otro bebé, soñando con que fuese niña ya que el nombre ya estaba elegido: se llamaría Victorine.

Pero el 26 de febrero de 1802, en Besanoon, nació un varón, Víctor.

El comandante Hugo tiene que reunirse con su unidad en Córcega. Mientras tanto, Sophie ha conocido en París al padrino de Victor, el general-marqués de Lahorie, antibonapartista declarado, que se comprometerá en la conspiración de Malet y será fusilado en 1812.

Estas relaciones —de las que no se sabe gran cosa— acabaron de separar un matrimonio tan dispar como el de los padres de Victor, quien a partir de ahora vivirá exclusivamente con su madre.

La familia se instala en París y vive casi en la miseria; mientras tanto, la fortuna de las armas distingue a Léopold, quien consigue el grado de general y obtiene el gobierno de la provincia italiana de Avellino.

Su esposa se reúne con él en Italia, pero no tardan en separarse de nuevo, y en 1814 sus padres inician una acción judicial a fin de separarse.

De vuelta a la capital, alquila una casa en el número 12 del callejón de las Feuillantines, lo que la Revolución dejó en pie de un antiguo convento. Mansión tranquila, con jardín, oasis misterioso donde los niños juegan despreocupados y felices.

La muerte repentina de su madre le obliga a instalarse solo en una buhardilla del Barrio Latino: llevará allí la vida que atribuirá al Marius de Los miserables años más tarde.

En 1822 publica su primer libro de poemas, Odas, en el que se muestra fiel servidor del trono y del altar; obra sin gran sinceridad, pero con alardes de virtuosismo:

Luis XVIII le recompensa con una pensión de mil francos que luego será doblada; ya se puede casar con Adéle. Eugéne, que también estaba enamorado de ella, se vuelve loco el día de la boda. Fueron sus testigos dos poetas: Alfred de Vigny y Soumet.

En 1823 hizo su primera incursión en el campo de la novela con Han de Islandia, y en 1826 publicó Bug Fargal; esta última es la historia de un esclavo negro que se sacrifica por salvar a la joven blanca, a quien ama.

Su actividad de escritor duró sesenta años, es decir, hasta su muerte, ocurrida el 22 de mayo de 1885, y durante todos esos años trabajó sin tregua.

La producción de. Víctor Hugo es variadísima: compuso, en efecto, poemas, obras de teatro, novelas, escritos políticos y manifiestos literarios.

Le tocó presenciar la gloria de Napoleón y su decadencia, el fin del régimen monárquico, el nacimiento de la Segunda República, el reinado de Napoleón III y la Tercera República.

Víctor Hugo aspiraba a ser el «pensamiento del siglo», pensamiento este agitado por incesantes problemas.

Así, cantó victorias, lloró derrotas y conoció el exilio. Encontramos en sus propias declaraciones la característica de su obra: «Todo lo que está en la naturaleza, está en el arte; el drama resulta de la combinación de lo sublime y de lo grotesco; el drama es la expresión de la época moderna.»

victor hugo poeta

Poco a poco fue prendiendo en su espíritu la ideología liberal, suscitada en parte por los recuerdos de la epopeya napoleónica que había vivido en su niñez.

Al mismo tiempo, se declaró francamente romántico, en un momento en que tanto Chateaubriand como Lamartine se habían consagrado a la vida política y en que la nueva corriente necesitaba un jefe que le llevara a la victoria.

Hugo fue la figura sobresaliente del «(Cenáculo», tertulia de los salones de Nodier, desde que en la introducción a su drama Cromwell (1827) expuso el programa de acción de los románticos.

Poco después, en 1830, triunfaba ruidosamente con Hernani, a pesar de la violenta oposición de los clasicistas, y con él se imponía el romanticismo en Francia. El año anterior, Las Orientales habían revelado en Hugo a uno de los grandes poetas líricos del siglo.

Fue nombrado miembro de la Academia Francesa en 1841, donde se lo acogió con entusiasmo delirante; de la misma manera fue aclamada en 1848 su entrada a la Asamblea Constituyente.

El golpe de Estado que colocó a Napoleón III en el trono ele Francia provocó la indignación del poeta, que se constituyó en el enemigo implacable de ese hombre al que consideraba un usurpador.

El pueblo entero se conmovió al enterarse que Víctor Hugo había sido proscripto por gritar su rebeldía.

Se estableció primero en Bélgica y luego en La pequeña isla de Jersey, donde publicó en 1852 Napoleón el Chico.

De regreso a París, el 4 de septiembre de 1870, dos días después del desastre de Sedán, fue elegido representante en la Asamblea Constituyente con asiento en Bordeaux.

Seis años más tarde fue nombrado senador a perpetuidad; sin embargo, el viejo titán habría de abandonar su vida política y refugiarse en la soledad, aunque, al igual que el astro al final de su trayectoria, continuaría aún irradiando su magnífico fulgor.

Escribe nuevos poemas y se consagra especialmente a El arte de ser abuelo (1877), donde traduce de manera exquisita el amor que le inspiran sus nietos.

Concluye su drama Torquemada, que no pudo ser representado y cuya composición, iniciada cuarenta años antes, había abandonado ante el desaliento que le produjera el fracaso de su obra Los burgraves.

Cuando se difundió la noticia de que su fin estaba próximo, la angustia sacudió el corazón del pueblo entero, tanto amaba al anciano cuva alma estaba «en el centro de todo, como un eco sonoro».

Contra el deseo del poeta de que su entierro fuera modesto, las exequias que se realizaron en su homenaje alcanzaron gran magnificencia.

El féretro que encerraba su cuerpo fue expuesto una noche entera bajo el Arco de Triunfo y doce poetas lo velaron.

Víctor Hugo fue grande en todos los géneros literarios. Entre sus libros de poemas citaremos: Las orientales (1829), Las hojas de otoño. Los cantos del crepúsculo (1833), Laces y sombras (1840), Las contemplaciones (1856), la monumental Leyenda délos siglos, cuya primera serie apareció en 1859, La canción de las calles y de los bosques (1865), Los cuatro vientos del espíritu (1881). Pero sus novelas fueron recibidas con mayor entusiasmo por sus contemporáneos. Las principales son: Nuestra Señora de París (1831), Los miserables (1862), Los trabajadores del mar (1866), El hombre que ríe (1869), Noventa y tres (1872).

Para el teatro escribió Hernani, cuya primera representación significo una terrible batalla entre los antiguos y los modernos: los partidarios del teatro clásico y los románticos, El rey se divierte, Lucrecia, Borgia, Ruy Blas. Su primera obra dramática, Cromwell, fue representada recién en 1856. Víctor Hugo la publicó con el agregado de un prefacio en el que resume todas sus doctrinas literarias.

En toda la obra de Víctor Hugo se pone de manifiesto su amor por los oprimidos, los débiles, su indignación frente a las injusticias sociales; su tema favorito es la lucha de la humanidad contra la tiranía, que representa para el poeta el peor de los males.

La naturaleza fue también fuente de inspiración; la grandiosidad del mar se ve reflejada en Los trabajadores del mar, obra escrita en Jersey, durante el exilio; es la historia de un pescador que enfrenta los mas graves peligros para poner en lugar seguro las máquinas de un navio encallado entre las rocas; lo mueve a ello el amor que siente por la sobrina del propietario de este navio. Pero, cuando luego de terribles aventuras, logra su propósito, se entera de que la joven ama a otro hombre; presa de la desesperación se abandona a la furia de las olas.

La crítica no siempre ha sido benévola con Víctor Hugo; algunos le reprochan su aplastante sonoridad; otros, sin embargo, consideran que la obra del gran escritor contiene páginas de las que puede enorgullecerse no solamente la literatura francesa, sino la humanidad pensante.

Este juicio es aplicable sobre todo a la mayoría de los capítulos que componen su novela más importante, Los miserables, en la que Víctor Hugo ha logrado combinar armoniosamente sus dotes de poeta, novelista e historiador.

El personaje central de esta obra es Jean Valjean, quien por haber cometido un delito insignificante se ve condenado a trabajos forzados. Jean Valjean consigue evadirse de la prisión y encuentra asilo en la casa de un obispo, Monseñor Miriel, hombre este que vive y obra según los principios evangélicos.

La acogida que el santo prelado le dispensa, las dulces palabras que le prodiga y, más aún, las que dirige a los soldados cuando éstos llevan ante su presencia a Jean Valjean, que le había robado dos candelabros de plata, abren un camino de luz en el corazón del condenado.

Éste cambia radicalmente y orienta su espíritu hacia el bien. Escondiéndose bajo  el  seudónimo  de  señor   Magdalena abre una fábrica; es elegido luego alcalde de una pequeña ciudad y gana poco a poco la estima general.

Pero un día, la policía detiene a un pobre idiota y lo arrastra ante los jueces, diciendo que ese desdichado es Jean Valjean.

Es entonces cuando el supuesto señor Magdalena, para evitar que se condene a un inocente, decide confesar su verdadera identidad. Lo encierran nuevamente en la prisión y otra vez logra fugarse.

Cambia en esta ocasión su disfraz y recoge a una niñita, para quien llegará a ser ur verdadero padre.

El policía Javert no cesa de se guir sus huellas. Un capricho del destino quiere que Jean Valjean salve la vida de su perseguidor;  sin embargo, el condenado cree que esta actitud no impedirá al policía, verdadero monstruo de conciencia profesional, cumplir su cometido.

Se equivoca; antes que perder a quien lo ha salvado, Javert se arroja al Sena.

Éste no es sino un resumen muy incompleto de una historia que en realidad reúne varias otras.

Al lado de Jean Valjean está Mario, en quien muchos han creído reconocer al autor; otro personaje importante es Gavroche, que simboliza el coraje y el espíritu del chiquillo pobre de París.

En esta obra monumental hay magníficas páginas de historia: Waterloo, las agitadas jornadas del mes de junio de 1832; hay descripciones sorprendentes, como, por ejemplo, la de las alcantarillas de París.

Víctor Hugo fue considerado como el jefe de la escuela romántica y muchos han sido los poetas que recibieron su influencia. Su espíritu inquieto encontraba fácilmente la inspiración, pues todo parecía interesarle.

Se le ha reprochado a menudo el haber prestado a los personajes de sus novelas y de sus dramas una excesiva grandilocuencia, pero lo sublime formaba parte de su naturaleza, y el gigante no podía llevar vestimentas de enano.

Pasajes de sus Obras Literarias:

victor hugo obras literarias

Gwynplaine, el noble raptado por ios gitanos, ha debido soportar de manos de éstos extrañas y horrorosas torturas que han transformado por completo la expresión de su rostro. En la Cámara de los Lores, de la cual es miembro, toma la palabra, y los lores estallan en carcajadas sin poder escucharlo. Este personaje es uno de los más trágicos de la obra de Víctor Hugo.

Una joven gitana, Esmeralda, gana su vida bailando y prediciendo el porvenir. Claudio Frollo, archidiácono de la Catedral, que se consagra a la alquimia, y Quasimodo, un enano deforme, la aman; pero Esmeralda sólo piensa en Feho, el hermoso capitán que la ha salvado de caer en manos del abominable sacerdote. Este la hace acusar de asesinato, y la gitana es condenada a muerte. Quasimodo la oculta en la iglesia; pero Claudio Frollo la encuentra y decide entregarla a una hechicera, quien reconoce en Esmeralda a su propia hija. Su fin está próximo: los guardias la han apresado. Desde lo alto de la Catedral, Claudio Frollo se apresta a presenciar el suplicio, pero surge Quasimodo y lo lanza al vacío. Dos años más tarde se encontrará, en el cementerio de San Lorenzo, el esqueleto del desdichado Quasimodo estrechamente abrazado al de Esmeralda; cuando pretendieron separarlo, quedó convertido en polvo. Este libro resulta pintoresco por las pinturas de la multitud, el lenguaie de los pordioseros y las descripciones del París de antaño. El tema principal es Nuestra Señora de París.

El rey se divierte

El rey se divierte: Los cortesanos de Francisco I sospechan que Triboulet, el bufón, oculta una aventura amorosa, y para desenmascararlo preparan un plan de minuciosa crueldad: lo hacen cómplice del rapio de la joven de quien lo creen enamorado, y que és en realidad su hija Blanca. Triboulet decide vengarse y va en busca de un espadachín para que éste dé muerte a un hombre cuyo verdadero nombre calla. Éste hombre es el rey. Pero Blanca salvará al soberano, vistiendo ropas masculinas y dejándose matar en, su lugar.

Hernani: La acción se desarrolla en España. Doña Sol ama a Hernani, el apuesto desterrado; pero su tío, Don Ruy Gómez aspira a casarse con ella. Por otra parte, el rey Don Carlos está también enamorado de la joven, y la hará raptar. La vida de Hernani está en las manos del anciano, quien decide acordarle una tregua si el joven le ayuda a salvar a su sobrina. Hernani promete, a su vez, que en el mismo momento en que llegue a sus oídos el sonido del cuerno que Don Ruy Gómez habrá de tocar, él se dará muerte. Don Carlos, llegado a emperador, se muestra magnánimo: indulta al proscripto y le permite casarse con Doña Sol. Pero la noche de las bodas suena el cuerno de Don Ruy Gómez. Hernani cumplirá su promesa, Doña Sol sigue los pasos de su amado y el anciano acabará también por quitarse la vida. Esta obra al año siguiente de su estreno obtuvo 45 representaciones y luego fue una obra de repertorio en todos los teatros de Europa, por la riqueza de la forma, la brillantez del estilo y la abundancia de las imágenes verdaderamante poéticas.

Cromwell: El héroe de la revolución inglesa, que ha alcanzado la cumbre del poder, ansia ceñir la corona real. El Parlamento y la ciudad de Londres están dispuestos a ofrecérsela, con lo cual verá colmados sus más caros deseos. Pero, hábilmente disfrazado de centinela, llega a saber que los monárquicos y los republicanos traman un complot contra el futuro rey. Dando pruebas de gran tacto, en el momento de la ceremonia rechaza la corona, y este gesto llena de admiración a sus mismos enemigos.

ALGO MAS…

Entre 1830 y 1841, fecha en que fué elegido miembro de la Academia francesa, Hugo produjo gran parte de su obra literaria, no sólo destinada a la aristocracia que asistía a las representaciones teatrales (Lucrecia Borgia, María Tudor), o bien podía saborear un buen libro de poesías (Hojas de otoño, Las voces interiores), sino también al gran público (Nuestra Señora de París).

El fracaso de Los Burgraves (1843), drama que no fué comprendido por el público, y ciertas desgracias familiares, le lanzaron al campo de la política (en 1845 fué nombrado par de Francia).

Como político, Hugo no tenía habilidad ni aptitudes. Al menos fuE consecuente con sus ideas, cada vez más democráticas. Miembro de la Asamblea Nacional en 1848, fué proscrito por Napoleón III después del golpe de estado de 2 de diciembre de 1851.

Hugo vivió desterrado hasta 1870. Residió algunos meses en Bruselas. Luego pasó a Jersey y más tarde (1855) a Güernesey. Aquí realizó una nueva etapa de fecunda actividad literaria, que culmina en Los Miserables (1862), novela de una época, de una raza y de un estilo.

De regreso a Francia después del hundimiento del Segundo Imperio, fuE elegido miembro de la Asamblea Nacional (1871) y senador (1876). Pero esta vez no intervino en política.

Reputado como vate de la Tercera República, sus facultades creadoras, declinantes con la edad, se manifestaron todavía frescas en varias obras poéticas (Cuatro vientos del Espíritu, 1881).

FuE objeto de varias celebraciones oficiales y públicas, en particular al cumplirse los cincuenta años de la «batalla de Hernani». En París, el 22 de mayo de 1885, la muerte le arrebató a Francia, pero no a la Historia..

Fuente Consulatada
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX Biografía de Víctor Hugo

Historia de la Música en Argentina Primeros Compositores

Primeros Compositores de Argentina
Historia de la Música

musica en argentina compositores

ETAPAS DE LA EVOLUCIÓN DE LA MÚSICA ARGENTINA: — El canto es tan connatural al hombre como el lenguaje y se puede creer que los primeros balbuceos de uno y otro se produjeron paralelamente.

La música vocal fué, sin embargo, anterior a toda expresión instrumental. La historia de los más remotos pueblos de la antigüedad nos señala su papel preponderante. La música, el canto y la danza informan toda su vida y plasman sus ritos, combates y ceremonias funerarias.

Cuando Cristóbal Colón implantó su espada en las tierras de Santo Domingo, las civilizaciones autóctonas más avanzadas del continente ya practicaban la música.

Es muy posible que el arte sonoro haya penetrado en América con la civilización asiática, pues la escala pentatónica (de cinco sonidos) se conocía en el Perú lo mismo que en China y Egipto.

Junto con el soldado conquistador, España envió sus misioneros para civilizar estos pueblos, y sabemos que los sacerdotes encontraron en la música sacra una poderosa palanca para atraer a los indígenas al culto cristiano.

Así vemos a San Francisco Solano servirse del rabel como auxiliar en su obra de catequización de los aborígenes en las selvas de Tucumán y Santiago del Estero.

En lo que respecta a la República Argentina, expondremos en prietas etapas la reseña histórica de su música, dejando para un título siguiente los estudios folklóricos y lo relativo a las diversas clases de canciones, danzas e instrumentos musicales autóctonos.

Período hispánico. — Con el nombre de música criolla denominamos tanto la de origen americano como europeo que, con el correr del tiempo, fue adoptando modalidades propias, «aclimatándose», por decirlo así, al ambiente de nuestra cultura nacional y dándole con ello el carácter vernacular.

Nuestros indígenas, antes de llegar los primeros españoles a estas playas, ya tenían sus músicas, sus Cantos y sus bailes religiosos y guerreros.

Naturalmente, los indios del que es hoy territorio argentino no alcanzaron el esplendor de las civilizaciones aztecas, maya e incásica; de aquí lo rudimentario de sus bailes y de sus cantos; pero estas cantinelas rústicas y monótonas, gritos estridentes o repeticiones fastidiosas, que nuestros oídos considerarían ofensivos y disonantes, tenían la virtud de expresar para ellos, de una manera tosca tal vez, los sentimientos de placer, de alegría, de ira o de dolor, según la finalidad que se proponían al entonarlos.

Como los, indios tenían dones naturales asombrosos para la música y sobre todo estaban poseídos del sentido del ritmo, asimilaron pronto la música cristiana, y de un modo especial la melodía gregoriana; de aquí la facilidad con que lo.s misioneros inculcaron los cantos religiosos.

En una relación sobre los indios guaraníes, el P. Charlevoix afirmaba a mediados del siglo XVIII: «Tienen naturalmente oído fino [para la música] y una singular afición a la armonía… Aprenden a cantar leyendo las piezas más difíciles, y casi se podría decir que son cantores por instinto, como los pájaros»

Entre los artífices de la música de esta época se destacaron los jesuítas, que en sus pueblos y reducciones llegaron a tener, no sólo coros notables, escuelas de música para formar maestros y bandas, sino que los mismos indios se hicieron diestros en la fabricación de diversos instrumentos musicales, sobresaliendo por sobre todos estos pueblos la reducción de Yapeyú.

Entre los celosos misioneros jesuítas que emplearon la música como medio do apostolado debemos citar: el P. Alonso Barzana que pacificó a los indios catamarqueños valiéndose sagazmente de la música vocal e instrumental; fue también un famoso filólogo y lingüista, que llegó a dominar varios idiomas indígenas, predicando en ellos.

Destacáronse igualmente otros dos grandes maestros de música de estas regiones: el P. Juan Vaisseau que fundó varias escuelas, donde los neófitos aprendieron a tañer instrumentos durante el culto divino y el Luis Berger, «pintor, médico, platero, músico, danzante . . . amigo dé enseñar a los indios a tocar bigüelas de arco, con que ha reducido por su parte a muchos infieles».

Con posterioridad a estos dos notables maestros, actuó en el Río de la Plata otro jesuíta, el P. Antonio Sepp, que, durante más de cuarenta años, alternó su trabajo de catequización con su labor musical.

Pero a todos los precitados talentos musicales obscureció el eximio organista Domenico Zipole que fuera miembro de la Iglesia de Gesú en Roma. Después de ingresar en la Compañía llegó a Buenos Aires en 1777, completando su formación religiosa en Córdoba, donde enseñó a algunos indios a tocar instrumentos sonoros. Fue autor de la obra: Principios o nociones para tocar con acierto el Órgano y el Clave; también compuso Sonatas, colección de obras para órgano y címbalo. Próximo a ser ordenado murió en la estancia «Santa Catalina» (Córdoba) a fines de 1725.

Debemos también destacar por su labor filarmónica al P. Florian Baucke, entre los indios Mocobíes de Santa Fe y los PP. Martín Schmid y Juan Mesner, entre los indios Chiquitos.

Con la expulsión de los misioneros jesuítas por Carlos III, en 1767, la obra que éstos habían cumplido se fué diluyendo, pero quedaron en pie muchos documentos y todo un sistema que formó la base de nuestro folklore.

También los negros, introducidos en la colonia como esclavos, tuvieron sus danzas, cantos e instrumentos y sus bailes africanos.

Limitados en un principio a sus ceremonias, llegaron a ser tan populares que tanto las autoridades eclesiásticas como civiles tuvieron que tomar carta en el asunto a fin de coartar los excesos y proteger la moralidad pública.

Además de los candombes o bailes de los negros y mulatos, frecuentados por gente de todos los estados sociales, había otros bailes más finos incorporados de Europa, como el minué, pasapié, amable y contradanzas, que se estilaban en los salones de familias aristocráticas.

A fines del siglo XVIII eran numerosos los músicos en Buenos Aires, y entre los maestros de mayor relieve en esta época actúan el santanderino don Antonio Aranaz, que a partir de 1787 dirigió la orquesta del teatro de la Ranchería; don Víctor de la Prada, «famoso tocador de flauta y clarinete» y fundador, después de los sucesos de 1810, de una Academia de Música; el artista francés Luis Joben, constructor de órganos y posiblemente buen organista; el húngaro Carlol Neuhau, profesor de violín; el músico norteamericano David Forest, etc.

teatro de la rancheria

En 1797 arribó a Buenos Aires el insigne músico catalán Blas Parera, que desde 1803 actuó de director de la orquesta del teatro Porteño (llamado más adelante teatro Argentino) y en 1813 puso en música la letra de nuestro Himno Nacional.

Si bien los hijos del país no habían llegado a destacarse como músicos, sentían afición por la buena música y favorecían generosamente a los talentosos consagrados a ella.

Época independiente. —Rotos los lazos políticos que los unían con España, los pueblos de América, además de organizarse política, social y económicamente, procuraron elaborar sus respectivas culturas nacionales.

Por lo que respecta a nuestro país, los primeros gobiernos patrios, enfrascados en continuas reyertas domésticas, bien poco es lo que pudieron hacer por la cultura artística.

Tres años después de los sucesos de Mayo, la Asamblea del año XIII encarga al benemérito artista Blas Parera componer la música del Himno Nacional de Vicente López.

A poco de producida la Revolución del 25 de Mayo, en los entreactos de la función dramática inaugural del 11 de noviembre del teatro «Provisional de Comedias», apareció por primera vez un cantante de número de ópera, el italiano Pietro Ange-lelli. Después fué muy solicitado como cantante por la sociedad porteña. en cuyos salones hizo lucir su bien timbrada voz de barítono en romanzas, arias y cavatinas, dedicándose, además, a dar lecciones de canto, solfeo y piano. En ios primeros días de junio de 1811 regresó a Italia.
El gran activista de nuestra música en los primeros años de nuestra independencia fué el presbítero José A. Picasarri.

Durante el gobierno de Rosas se remueve la música nativa y en los entreactos se cantan motivos vernáculos. Hace furor el Cielito y la Media caña y se bailan el minué montonero, las boleras del Federal y la polca popular.

Más adelante, ya avanzada la segunda mitad del siglo XIX, entran en los escenarios las habaneras y los tangos; se bailan el gato, la hueya, la cueca y el pericón, y se incluye la célebre canción llamada Vidalita y numerosos estilos a cargo de intérpretes nativos.

Todas estas canciones y bailes criollos se repiten en nuestro siglo, donde un sinnúmero de cultores le imprimen modalidades propias y aun incursionan con éxito en la música superior del ballet y la ópera.

Período de la Organización Nacional : El período comprendido entre los años 1852 a 1910, representa la incorporación de la música argentina a los grandes centros europeos.

Desde 1848, Buenos Aires disfruta de temporadas lírico-dramáticas que hasta el día de hoy se desenvuelven año tras año con escasas interrupciones.

En 1825 se representa la primera ópera completa en Buenos Aires, era el Barbero de Sevilla. Durante largos años, el cultivo de otros géneros no había alcanzado a equilibrar en intensidad la fervorosa atención dispensada a las manifestaciones operísticas.

Coexistían el teatro lírico y la música de salón, y con menor frecuencia se efectuaban sesiones de conciertos vocales e instrumentales. En general, las actividades musicales distaban mucho de la homogeneidad requerida, si bien gozaban de reconocido aprecio.

A partir del último cuarto del siglo XIX, han de arraigar fructíferamente en Buenos Aires la música de cámara, con el repertorio clasico-romántico de tríos, cuar tetos y quintetos, el pianismo de los grandes maestros y los conciertos sinfónicos, con frecuente inclusión de obras de autores ya consagrados y de otros contemporáneos.

La actividad musical se desenvolvió durante varios años en torno de dos focos principales: la ópera, en el Teatro de la Victoria, y la música vocal e instrumental de cámara, en los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Buenos Aires, Ambas demostraciones concentraron el interés de los aficionados, aun cuando la periodicidad de los espectáculos operísticos era mucho mayor que la de las sesiones filarmónicas.

Frente a la absorción ejercida por la música lírica, no desmayan las gestiones encaminadas hacia otro sentido de la actividad musical. El compositor y cantante español José Amat será quien promueve desde la Sociedad Filarmónica estas nuevas ac tividades.

En el aspecto polifónico-vocal, fue inestimable la contribución a la cultura del país de la «Sociedad Alemana de Canto», fundada en 1862 para «estudiar y hacer conocer música alemana», especialmente composiciones corales. Incluyó así obras   de Haydn, Mendelssohn, Mozart, Schumann, Wagner y otros maestros.

Fueron numerosos los conjuntos dedicados a un repertorio sorprendentemente variado y amplio, sobre base clasico-romántica incorporando autores contemporáneos. Algunos de los primeros conciertos sinfónicos que se efectuaron en Buenos Aires fueron auspiciados por la «Sociedad del Cuarteto», conjunto creado en 1910.

A pesar de los esfuerzos realizados al respecto, la crítica señalaba la falta de ambiente adecuado y de gusto por lo sinfónico y hacía constar la necesidad de abrir una vía a los jóvenes, y arraigar los conciertos populares. En esta labor de arraigo de los conciertos sinfónicos ocupa un destacado lugar la labor llevada a cabo por Alberto Williams.

La enseñanza de la música :
En este aspecto, la tradición del país se remonta hasta el período de la dominación hispánica. Nacionales y extranjeros imparten enseñanza y se forman varias generaciones de artistas y aficionados que cuentan con el estímulo de un medio en don de la música es altamente apreciada. Hacia el final del siglo, varios destacados músicos argentinos emprenden en Europa las más exigentes disciplinas bajo la guía de autorizados pedagogos.

Alrededor de 1860 crece la llegada e incorporación de músicos extranjeros, algunos de probada valía, cuya formación es en muchos casos italiana.  Tres lustros más tarde se ha formado en Buenos Aires un verdadero ambiente musical en donde descuellan algunos compositores, concertistas y profesores de renombre.  La pieza de salón y las artificiosas fantasías sobre temas operísticos, comienzan a dar lugar paulatinamente a las obras magistrales de clásicos y románticos que comienzan a ser divulgados.

La Gaceta Musical de Buenos Aires realiza una tesonera labor en pro de la creación de un Conservatorio Argentino, a pesar de la hostilidad e incomprensión por parte de algunos sectores, esta labor dará sus frutos con la creación en 1874 de la Escuela de Música y Declamación de la Provincia de Buenos Aires. Las funciones del director fueron desempeñadas por Nicolás de Bassi.

Las clases comprendían : composición e historia musical, solfeo y lectura musical, canto, declamación, piano, órgano, violín y viola, violoncelo, contrabajo, instrumentos de viento de madera, instrumentos de viento de cobre, arpa.

Se creaba asimismo una Comisión cuyos miembros tenían la función de inspeccionar el funcionamiento de las clases y el estricto cumplimiento de los reglamentos de la escuela.

La institución prosiguió su labor pese a los obstáculos y dificultades materiales, afrontando la oposición de quienes no apreciaban el alcance y significado de la educación musical debidamente sistematizada.

La Escuela de Música proporcionaba tos trumentistas de orquesta, cantantes y profesores de música, y su influjo era perceptible en el nivel cultural de Buenos Aires.

En 1882, por falta de una subvención nacional que pudiera suplir la provincial que había sido retirada hacía tiempo, no pudieron pagar se las deudas de alquiler. Los instrumentos fueron vendidos en pública subasta, extinguiéndose de este modo esta institución.

Pero la simiente ya se había propagado. En 1880 el compositor Juan Gutiérrez había fundado el Conservatorio de Música de Buenos Aires, de índole privada. Una «escuela de música de la capital» funcionó también en 1880 bajo la dirección de Ricardo Pérez Camino.

Clemente Greppi, director de los coros de niños del Teatro de la Opera y del Nuevo Teatro Colón, hacia 1910, fue uno de los primeros en estimular el interés por la música en el medio escolar, mediante la acción   mimada conjunta con la práctica musical, la composición de zarzuelas adecuadas para ser representadas en escuelas, y la adopción de técnicas muy cercanas a las más modernas.

La última década del siglo pasado presencia la sucesiva y rápida erección de conservatorios y la creciente demanda de profesores de música.  En 1893 inaugura Alberto Williams el Conservatorio de Música de Buenos Aires, con planes de estudio com pletos y eficiente dotación de profesores. Muy pronto se núcleo en este instituto una significativa promoción de músicos.

En el Conservatorio Santa Cecilia se reunieron renombrados compositores, concertistas y profesores de origen italiano.  Poseía   un amplio cuerpo de profesores cuyas enseñanzas se extendían a las distintas disciplinas vocales e instrumentales, y el ámbito de la composición.

La necesidad de un instituto de índole oficial para sistematizar la enseñanza de la música se reiteró en varias oportunidades. De 1924 data el funcionamiento de una casa de estudios que respondiera a tales aspiraciones, con planes de estudio completos, enseñanza intensiva y una verdadera adecuación a las necesidades y el desarrollo del país. Este instituto es el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo, y conserva el nombre de quien fuera su primer director.

Pimeros compositores argentinos :

En el transcurso del período 1852-1910 paulatinamente, y a pesar de circunstancias no siempre favorables, fueron surgiendo personalidades artísticas en el ámbito de la composición musical, muy diversas entre sí, en cuanto a las condiciones de su formación y de la efectividad de su rendimiento, pero que testimonian, en conjunto,   la, consecución de una fecunda etapa en el crecimiento del país.

A la labor realizada durante el citado período se debe el arraigo de una tradición musical argentina, cuyo desarrollo y plena expansión es periódicamente afectado por ñuctuaciones de diverso origen.

Entre los numerosos compositores argentinos podemos seleccionar a quienes nos proporcionaron un ordenamiento vertebrador y nos hacen asequibles las orien taciones esenciales de la música argentina en ese período : Juan Pedro Esnaola, Francisco Hargreaves, Alberto Williams, Arturo Beruti, Héctor Panizza y Constantino Gaito.

Las condiciones de sus respectivas formaciones musicales fueron muy diversas así como el alcance de su labor creadora.  Podemos considerar a Buenos Aires como el foco casi único de dichas actividades, si bien Tucumán, Córdoba, Mendoza y posteriormente La Plata alentaron cierta acción local.

Desde 1880 se desenvuelve una conciencia de la situación artística y social de los compositores. Se señala una concentración de los esfuerzos de los compositores en el género lírico-dramático, pero al mismo tiempo, hará eclosión en la música argentina la sinfonía, y luego el poema sinfónico de inspiración étnica que establece una línea de avance del nacionalismo musical.

Juan Pedro Esnaola ( 1808-1878 ) es la personalidad más destacada del período rosista y de los primeros años posteriores.  Fue el único de su época que supo mantener una continuidad efectiva en su labor de compositor, a pesar de las diversas funciones públicas que le fueron encomendadas.  Tempranamente había podido adquirir un nivel de formación europea gracias a su viaje a Europa.

musico argentino esnaola

Desde 1822, año en que se inicia su actuación artística, recorre varias etapas. Esnaola efectuó el arreglo,publicado en 1860, de la música del Himno Nacional Argentino, original de Blas Parera, versión de setenta y siete compases en Mi bemol mayor. En 1944 un decreto oficializó la versión de Esnaola.

Salustiano Zavalía ( 1808-1873 ), hombre de intensa actividad pública que se destacó como compositor para guitarra y flauta. Parece haber sido un precursor del nacionalismo musical.

Amancio Alcorta ( 1805-1862 ) es considerado como el decano de los compo sitores argentinos, a pesar de que la casi totalidad de sus obras se ha perdido, y lo poco que se conserva está disperso. Con posterioridad a su fallecimiento, no se extin gue su prestigio musical sino que alcanza a formar parte de la música argentina.

musico argentino alcorta amancio

Todos estos compositores reflejan, en mayor o menor medida, su admirado por los operistas más difundidos en ese entonces : Mozart, Bellini y Rossini. Su pianismo no es ajeno a la evolución de la estilística del instrumento que se produce en Francia, y también está influido por los inicios del romanticismo musical.

Minués, valses y cuadrillas fueron las obras que ofrecieron a la sociedad de la época. Se los considera como integrantes del ciclo de la música argentina de salón. No por esto dejaron de incursionar en obras de contenido religioso. Esnaola y Alcorta dedicaron atención a la música litúrgica, que en algunos casos adoptó la polifonía vocal con acompañamiento de instrumentos.

Nicanor Albarellos ( 1810-1891 ), a pesar de ser predominantemente un intérprete, puede ser considerado como el nexo con las líneas subsiguientes de avance de la música argentina y precursor del nacionalismo musical. Se dedica a la tarea de recolectar melodías criollas, que más tarde serían incluidas por Hargreaves en sus composiciones.

Una promoción de músicos nacidos alrededor de 1830 establece un nexo de continuidad artística hasta la aparición de una pléyade de compositores, hacia 1880, en cabezados por Hargreaves.

albarellos musico argentino

En esta segunda generación   tiene lugar la incursión inicial por el sinfonismo, el nacimiento de la ópera argentina, la eclosión del nacionalismo musical, todo ello coexistiendo con la música de salón.

  Por primera vez tiene lugar en el país la sistematización de la enseñanza musical en sus diversas disciplinas, y se consolida el ejercicio de la crítica musical y el interés en torno de la actividad artística europea.

Contemporáneamente, arraiga en Buenos Aires la música de cámara gracias a la actividad desarrollada por la Sociedad del Cuarteto, a través de la frecuentación de un amplio repertorio de los grandes maestros europeos.  Los conciertos sinfónicos fueron abriéndose paso como institución de la vida cultural porteña.

Surgía la conciencia de las posibilidades que el país podía desarrollar a través de las dotes de sus músicos, ya fueran intérpretes o compositores.  Los compositores argentinos comenzaron a obtener algún apoyo oficial que les permite capacitarse con mayor efectividad en los centros europeos.

Coetáneamente se incorporan numerosos compositores e intérpretes extranjeros, en su mayoría españoles e italianos, algunos verdaderamente destacados, que dan a conocer el más avanzado repertorio musical de la época.

Francisco Hargreaves ( 1849-1900 ) encabeza la segunda generación importante de músicos argentinos, (la tercera cronológicamente ) . Es el primer músico argentino que se decide a encaminar una significativa parte de su obra en el nacionalismo musical.

Es uno de los nexos de continuidad de la tradición nacionalista musical, comenzada por Albarellos y que desembocará en Alberto Williams y Julián Aguirre. Hay en Hargreaves una cierta tendencia hacia lo fantástico, visionario, exótico. Sus primeras composiciones trasuntan rasgos de sorprendente virtuosismo instrumental y una elaborada escritura pianística, casi lisztiana. Para este instrumento compuso numerosas piezas.

Las milongas y los tristes compuestos por Hargreaves poseen un intrínseco valor musical que se manifiesta aun en la actualidad, en el acierto, la sugestión y el equilibrio de los elementos formales, aun cuando no desmienten su procedencia de la música de salón.

Cultivó también un género que tuvo gran difusión en Europa y América: el melólogo, creado al parecer por Juan Jacobo Rousseau en 1770.

Este es una acción escénica a cargo, por lo general, de un solo personaje, simultánea con un acompañamiento instrumental que puede ser sinfónico. En el género vocal, la producción de Hargreaves se concreta en varias obras que incluyen las manifestaciones religiosas.

En Hargreaves coexisten la búsqueda de la conformación de un léxico musical cultivado y artístico, con los requerimientos de ciertos núcleos sociales y las condiciones del gusto propias de la época.

El esfuerzo más notorio, y que puede considerarse como el inaugural, lo realiza Hargreaves en el dominio del teatro lírico, con la composición de sus óperas «La gata blanca», «II vampiro», «Los estudiantes de Bolonia»,»Psyche» y «Una noche en Loreto», las dos últimas sin estrenar. El estreno en 1877 de «La gata blanca» significó el estreno de la primera ópera argentina.

Poco después de 1880 es registrada en los medios artísticos de Buenos Aires, la aparición de dos jóvenes músicos, cuyas personalidades se caracterizan en ciertos rasgos, de manera bien diferenciada respecto de la de sus predecesores inmediatos.

Ellos son Arturo Beruti y Alberto Williams cada uno de los cuales se orien tó hacia géneros diferentes, el primero hacia el lírico-dramático, el segundo hacia el instrumental.

Arturo Beruti ( 1862-1938 ) Una beca oficial le permite perfeccionarse en Europa, especialmente en Francia y Alemania. En el viejo mundo comienza su producción operística que alcanzará una gran difusión en la Argentina. Entre sus obras más sobresalientes podemos mencionar a «Vendetta», «Evangelina», «Taras Bulba».

musico berutti arturo

En Buenos Aires escribe «Pampa», «Yupanki», «Khrysé» y «Hórrida Nox». En 1919, estrena en el Teatro Colón «Los Héroes», originariamente destinada al Centenario de Mayo estaba basada en un relato de Vicente Fidel López y ambientada en la Campaña de los Andes. Fue cantada en italiano.

La heterogeneidad de los materiales conocidos, y la ausencia de un índice su ficientemente clarificado para la confrontación de los mismos, son uno de los factores que tornan dificultosa la apreciación amplia y cabal de la obra de Arturo Beruti.

Mientras que se realzan aspectos ignorados por sus contemporáneos, son dejados aquellos que le valieron la apreciación del momento y que muestran una excesiva sujección a los gustos de la época.

Alberto Williams   ( 1862-1952 ) desarrolló una intensa labor en el campo de la dirección orquestal, la composición, la investigación del pasado musical y la forma ción de los futuros músicos. Desde los comienzos de su carrera fue plenamente reconocido en sus valores y alentado en su perfeccionamiento.

El gobierno le otorga una subvención para el perfeccionamiento durante cuatro años en Europa. Allí estuvo en contacto con altas personalidades de la música europea que lo tuvieron como alumno.

De regreso en Buenos Aires, dirige Williams su Primera Obertura de Concierto, que se ha incorporado al repertorio sinfónico argentino y perdura incólume en su brío y su lirismo comunicativo.

En sus posteriores sinfonías, que alcanzarán el número de nueve, el léxico del compositor se muestra bien conformado en su estructura, de sutil y penetrante armonización, animado por momentos de fuerza dramática.

La melodía de Williams posee una amplitud y flexibilidad muy características A lo largo de su dilatada carrera asistió a notables mutaciones en los gustos y los procedimientos desarrollados por sucesivas promociones de músicos.

Así desde Richard Wagner y César Franck, maestros que admiró y supo difundir en Buenos Aires a través de sus ciclos de conciertos sinfónicos; Claude Debussy que asimiló entrañablemente en aspectos en los cuales brillaron sus características personales; los sistemas de la politonalidad y polimodalidad, junto con las manifestaciones de la contemporánea creación musical centroeuropea.

En 1890, con su obra para piano «El rancho abandonado» inicia su derrotero nacionalista. Su nacionalismo trata de incorporar la sugestión paisajista conjuntamente con las características melódicas y rítmicas criollas, incluyendo alguna incursión en el pentatonismo incaico.

La amplia labor docente de Alberto Williams se nuclea alrededor del Conservatorio fundado por él en 1893 y a través del cual intentó transmitir a las nuevas generaciones musicales los logros alcanzados por la música europea y la nacional.

Julián Aguirre ( 1868-1924 ) Su nombre aparece ligado íntimamente al desarrollo del gusto y la cultura musical en la Argentina. Desarrolló las etapas de su formación artística en España. Se incorporó al núcleo de profesores del conservatorio fundado por Alberto Williams.

musico aguirre

Su labor se distingue por ser una de las primeras que influyó efectivamente en la elevación del nivel del gusto musical, en el conocimiento de los grandes autores, en particular los del romanticismo germano, en predisponer las posibilidades del público en la apreciación de las nuevas obras.

Dotado del don de la improvisación, se muestra comunicativo, bien proporcionado, aparentemente espontáneo en una música que se caracteriza por su lucidez y cuidada elaboración. Sus piezas de inspiración nacionalista no desmienten cierto parentesco con la música de salón y nos brindan clarificados ejemplos de nuestras especies líricas criollas.

En este aspecto pueden citarse sus «Aires Criollos», «Aires nacionales», «Huella», «Gato», «Canciones», «Tristes». Se muestra particularmente afortunado al abordar los elementos captados del contorno urbano porteño : el Estilo y la Milonga.

También en la canción de índole escolar, alcanzó Aguirre algunas de sus mejores páginas, colocando a nuestro pafs en un lugar descollante en ese terreno.

Héctor Panizza ( 1875-1967 ) tuvo una descollante actuación en los más importantes teatros líricos del mundo, en la ardua tarea de concertar y dirigir temporadas completas y ciclos sinfónicos.

Ajeno al nacionalismo musical, dio cuenta de la paulatina afirmación de su saber   y su capacidad de compositor en el género lírico-dramático, sinfónico y de cámara, al compenetrar su formación italiana con el sutil gusto armónico e instrumental francés. Es uno de los primeros operistas argentinos, tanto en su ubicación cronológica como en el nivel alcanzado tras una paulatina y firme evolución.

Pascual De Rogatis ( 1881-1980) ocupa un lugar señero como compositor de elevada calidad lírica. Representa un principio consciente y activo hacia una más vigorosa caracterización étnica y americanista en nuestra música, frente al absorbente predominio de los modelos italianos y franceses.

Se da en él la presencia de un clima sonoro distinto al de la sobretensión romántica, que hace de su música algo nítido y líricamente distendido, que posee sensibilidad moderna.

Carlos López Buchardo ( 1881-1948 ), aparece con rasgos destacados en los comienzos de nuestro siglo. Alcanzará, un plano de realización magistral en nuestra música. Su primera etapa manifiesta sus dotes musicales superiores, la calidez de su armonía y una captación de las proporciones, donde se reflejan sus influencias   de Massenet y Puccini.

La única expresión estrictamente operística de Carlos López Buchardo fue «II sogno di Alma «, cuyo estreno en 1914 constituyó un verdadero acontecimiento artfstico y social.

La ópera argentina : Las manifestaciones más destacadas y elocuentes propias del desenvolvimiento de la música argentina señalan el predominio casi exclusivo, hasta 1910, del género lírico dramática.

Las condiciones culturales de nuestra nacionalidad en el aspecto musical, la índole y la diversificada amplitud en el repertorio operístico aquí frecuentado con continuidad y desde tiempo atrás, pueden ser apreciadas como uno de los estímulos eficientes en tal sentido.

Resultaba atrayente la oportunidad que podía ofrecer al compositor local la representación de sus óperas efectuada por los mismos prestigiosos intérpretes que tenían a su cargo el repertorio lírico de mayor difusión y prestigio.

De este modo, la actividad de los músicos argentinos se orientaba hacia el género que podía exteriorizar de manera cabal su consagración y reconocimiento por parte de autorizados críticos, empresarios de compañías líricas, editores de música y calificada concurrencia.

Durante este período, las óperas argentinas fueron cantadas, con alguna excepción en idioma italiano.  La ópera italiana ha de alcanzar en algunas de sus más significativas presentaciones un brillo suntuoso en rutilantes salas de Buenos Aires, ante una expectativa reflejada y mantenida por los comentarios periodísticos y notas críticas.

Se considera unánimemente a «La gata blanca», música de Francisco Hargreaves, como la primera ópera de autor argentino.

Fue estrenada por una compañía lírica italiana en 1877. Esta obra lírica breve, en cuanto a su extensión material, alcanzó una cálida recepción por parte del público. Esta obra puede ser considerada como un precedente histórico valioso para el estudioso, pero desvinculado de los intereses espontáneos de las generaciones subsiguientes.

En 1895 se estrena, en el Teatro de la Opera de Buenos Aires, «Taras Bulba», drama lírico cuya música pertenece a Arturo Beruti.

La presentación en Buenos Aires venía precedida por el éxito de su estreno mundial en Turín. La presentación material de esta ópera, los trajes y los decorados, fueron apreciados como manifestaciones de una riqueza deslumbradora.

El gusto de entonces reconoció la ciencia polifónica, la habilidad contrapuntística, la frecuente mutación de ritmos, reprochando en parte cierto exceso en la instrumentación y preocupación por la originalidad.

Actualmente, se puede afirmar que Taras Bulba indica no sólo el comienzo de un desenvolvimiento histórico de la ópera argentina, sino también el punto de partida de una fecunda reconsideración actual de la personalidad artística de Arturo Beruti, y de su significado en el desarrollo de nuestra música.

El estreno de «Pampa» del mismo compositor, marca el ascenso a la escena lírica, por primera vez, del léxico musical de inflexiones criollas, a través de lo que más tarde viene a representar la primera promoción nacionalista en la música ar gentina. La critica señaló que «lo único realmente característico son los bailes y aires criollos, hábilmente traídos, instrumentados y condimentados para la circunstancia».

En 1897 se estrena la ópera de Panizza, «II fidanzato del mare». De este modo hace su aparición en la escena lírica porteña el músico argentino de carrera ar tística más dilatada de nuestra historia, La índole poética y decididamente romántica del argumento estimulaba las dotes sinfonistas del compositor. Dio oportunidad a Panizza para exhibir un léxico armónico sólido y coherente, en donde despuntaba un pro misorio estilo evolutivo, plenamente reconocido entonces.

Ver: Siglo XX: Bandas de Rock Nacional

Ver:Breve Historia de los Instrumentos Musicales

Fuente Consultada:
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

Biografía de Rubén Dario Vida y Obra Literaria del Poeta

BIOGRAFÍA DE RUBÉN DARÍO
VIDA Y OBRA LITERARIA DEL POETA

Rubén Darío,  seudónimo de Félix Rubén García Sarmiento , nació en 1867 en Metapa, Nicaragua y es considerado un hito en las letras hispanas. Fue un poeta, periodista y diplomático nicaragüense, considerado el fundador del modernismo. Siendo aún niño sus padres se separan y quedó al cuidado de su abuela en Managua.

Sobre su apellido explica Rubén Darío,…»según lo que algunos ancianos de aquella ciudad de mi infancia me han referido, un tatarabuelo mío tenía por nombre Darío. En la población todo el mundo conocíale por don Darío, a sus hijas e hijos por las Daríos y los Daríos.

Fue así desapareciendo el primer apellido, a punto tal, que mi bisabuela paterna firmaba ya Rita Darío; y ello, convertido en patronímico, llegó a adquirir calor legal, pues mi padre, que era comerciante, realizó todos sus negocios con el nombre de Manuel Darío; y en la catedral a que me he referido, en los cuadros donados por mi tía Rita de Alvarado, se ve escrito su nombre de tal manera».

El matrimonio de sus padres fue de conveniencia; de tal manera que cuando Rubén nació, ya estaban separados.

ruben dario escritor nicaraguense

Creador del  modernismo, favoreciendo el encuentro entre las letras de España y Latinoamérica.Cuando en España el género poético decaía, Rubén Darío aporta  una savia que, junto con Bécquer, inició el camino para el florecimiento de eximios poetas.

El coronel Félix Rodríguez Madreguil, casado con Bernarda Sarmiento, hermana de su madre, lo toma bajo su protección. El niño vive en León, donde crece como hijo del coronel y de su tía y según su propios recuerdos, gracias a él aprendió a montar a caballo, conoció el hielo, los cuentos ilustrados infantiles, las manzanas californianas y el champaña de Francia; también va a la escuela donde aprende a leer con sorprendente rapidez, para un niño de cuatro años, de la mano de su primera maestra doña Jacoba Tenería. Pero también sabe muchas otras cosas que no se aprenden en la escuela.

Desde muy joven leía poesías y se destacó como un gran hombre de la literatura. Sabe de historias maravillosas, de mitos y leyendas contados por el indio Goyo y la mulata Serapia, fieles servidores de doña Bernarda Sarmiento. Muerto su tío, tuvo que ir a la escuela pública, donde encuentra la primera persona que toma en serio su vocación de poeta: es don Felipe Ibarra, bajo cuya dirección entró en contacto con los clásicos castellanos (Cervantes, Quevedo), lecturas que fueron mezcladas con las más disímiles obras de otras literaturas (Las mil y una noches, La Biblia, los Oficios de Cicerón, la Corina de Madame Staél y las truculencias de un novelón denominado La Caverna de Strozzi).

A su carácter sanguíneo e imaginativo, a sus lecturas y estudios, hay que agregar la naturaleza lujuriosa del lugar donde crece, con un lago encantado —el Managua, lleno de islas floridas con pájaros de colores y sobre todo el cono imponente del volcán Motobombo—, que tan ardientes recuerdos dejó en la imaginación del poeta, para comprender ese desbordamiento y esa imponencia que después iba a ser la impronta de toda su creación literaria.

De la escuela primaria pasa al colegio de los jesuítas; su educación religiosa, ya tan acendrada en el seno familiar, mezclada con paganas supersticiones y fantasmagóricas iluminaciones, pronto hacen mella en su naturaleza enfermiza y sensible y se resuelven en un misticismo que perduró a través de su vida y de su obra, o en el dionisíaco impulso con que se enamora de Inés, la prima rubia, que evoca como la garza negra en su libro Azul.

Pero en aquel tiempo su poesía se orienta hacia lo religioso, de tal manera que no hay acto litúrgico o festival religioso donde no estén presentes sus epitafios y coplas volanderas; las gentes acuden a él para pedirle una redondilla, una cuarteta o una décima en memoria de sus difuntos. Entonces adquiere una cierta fama dentro de los límites del pueblo, donde ya se le conoce como el poeta-niño.

En su adolescencia, Rubén conoce a Hortensia Buislay, estrella de un circo norteamericano, quien lo deslumhra y lo convence para que se enrole en la farándula y así poder seguir juntos por el mundo. Pero el dueño del circo lo considera un inútil pata cualquier tarea farandulesca y Rubén se ve obligado a quedarse, viendo cómo su adorada Hortensia parte hacia otros rumbos, mientras él la evoca en un poema que titula «El vuelo de Hortensia», adolorido canto de ingenuo poeta adolescente.

Estando en 1888 en Chile publicó  su primer libro, Azul..El libro Azul… considerado la renovación de la letras hispanas a través del modernismo y despertó el interés por el escritor español Juan  Valera. A los 24 años y ya de regreso a Managua se casa con Rafaela Contreras, con quien tiene su primer hijo. Rafaela muerte en 1893.  Publica en 1915 La vida de Rubén Darío y, enfermo,muere al año siguiente. (1916).

El Modernismo es el movimiento que predomina en la poesía de final del siglo XIX y principios del XX. Como reacción al Realismo, busca crear un universo imaginario, habitado por la belleza, el exotismo y la sensualidad.

La literatura modernista se caracteriza por la búsqueda de la belleza, tanto en las formas de expresión como en los contenidos. Para alcanzarla, la estética modernista se caracteriza por tres rasgos esenciales: la sensorialidad, la perfección formal y la ambientación en lugares fantásticos.

HISTORIA DE SU VIDA: A fines del siglo XIX, surgió en América un importante movimiento literario llamado «modernismo», cuya figura preponderante fue el nicaragüense Rubén Darío. Este halló terreno propicio para su obra en lo realizado, poco antes, por algunos poetas y prosistas considerados hoy como sus precursores: entre ellos, el mexicano Manuel Gutiérrez Nájera, el cubano José Martí y el colombiano José Asunción Silva. Los tres tuvieron vida breve: nacieron durante la segunda mitad de esa centuria y fallecieron antes de su terminación.

Se ha dicho que el «modernismo» no tuvo unidad de estilo v que, por lo mismo, comprendió varias escuelas, ajustándose, también, a diversos géneros, como la novela, el teatro, la crítica, el ensayo y, por supuesto, la poesía. Sufrió la influencia del positivismo y compartió tendencias estéticas diferentes y antagónicas: desde las últimas vicisitudes románticas, inspiradas por Heine, Bécquer y Verlaine, hasta el realismo narrativo a la manera de Flaubert y Zola o la desbordante fantasía de D’Annunzio y Alian Poe.

Parnasianos y simbolistas, neoclásicos e intimistas, se dieron cita en la cruzada renovadora del modernismo para cambiar los lineamíentos existentes. La idea del «arte por el arte», es decir el cultivo de la literatura sin otros fines que los estéticos, se impuso por doquier, bregándose por un refinamiento verbal destinado a alcanzar sonoridades de gran belleza. Su ejemplo encontró amplio eco en la voz de graneles escritores posteriores, como Unamuno, Valle Inclán, Manuel y Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

En la Argentina su continuador fue Leopoldo Lugones. Rubén Darío nació en la aldea de Metapa (actualmente, Ciudad Darío), en 1867. Su verdadero nombre fue Félix Rubén García Sarmiento, pero lo cambió por el de Darío, que era el de uno de sus bisabuelos, tras una infancia triste. Poco antes de que él naciera, sus padres se separaron y el poeta pasó su infancia en la ciudad de León, donde vivió en casa de unos parientes.

Estudió en un colegio religioso y , adolescente aún, logró emplearse en la Biblioteca Nacional de Managua. Allí cultivó la lectura de los clásicos españoles y franceses. Se trasladó, por un tiempo, a El Salvador, pero dos años más tarde, regresó a Managua donde publicó su libro de versos «Primeras notas». A los diecinueve años de edad, viajó a Chile, donde desempeñó diversos cargos, y publicó dos tomos poéticos de tendencia becqueriana: «Abrojos» y «Rimas». Poco después, en 1888, vio la luz «Azul», libro en el que alternan la prosa y el verso.

poeta Rubén Darío

Contaba muy pocos años cuando sus padres le enviaron a la ciudad de León, de donde marchó a París, conociendo allí a varios grandes poetas líricos franceses. Vuelto a su patria cuando contaba trece años, obtuvo un empleo en la Biblioteca Nacional, donde compartió sus tareas con la lectura y estudio de los clásicos españoles y los grandes poetas extranjeros. A los catorce años quiso casarse en Managua con «una adolescente de ojos verdes». Para disuadirle de este propósito, sus amigos hicieron que se trasladara a la República de El Salvador, donde fue bien recibido y pensionado por el presidente y le fue encargada una oda para ser leída en la velada literaria con que se conmemoraba el centenario de Bolívar; perteneció a la Academia literaria

En efecto, incluye cuentos fantásticos, líricos y realistas, con descripciones, impresiones personales, cuatro poemas inspirados en las estaciones del año y otras poesías de logrado acento. Darío envió un ejemplar de este libro al famoso escritor y crítico español Juan Valera, a quien no conocía y la respuesta fueron dos cartas muy elogiosas que el autor incluyó, como Prólogo, en ediciones futuras.

En 1889 regresó a Nicaragua y, desde allí, fue a El Salvador, Guatemala, Costa Rica y otros lugares del Nuevo Mundo. Contrajo enlace con una costarricense y tuvieron un hijo, pero su esposa falleció tres años después, mientras Darío se hallaba en España representando a su patria en las fiestas del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. Volvió a casarse, pero no fue afortunado en este segundo matrimonio y vivió separado de su mujer. En 1893, Colombia lo designó cónsul en Buenos Aires.

Antes de viajar a la Argentina, visitó Nueva York y París. Residió durante cinco años en Buenos Aires, ciudad donde publicó, en 1896, uno de sus mejores trabajos: «Prosas profanas«, volumen de versos que fue considerado revolucionario y donde rindió tributo» a la antigua galantería, a los mitos griegos y a una Edad Media idealizada. Incluye la célebre «Sonatina», en versos alejandrinos, «Sinfonía en gris mayor» y «La página blanca» (por la cual desfila la caravana de la vida).

También en 1896 publicó «los raros», donde analizó la labor realizada por algunos de sus contemporáneos, poco conocidos. Dos años después, dejó la Argentina —a la que siempre consideró como su segunda patria— y viajó rumbo a España, donde actuó como ministro plenipotenciario de Nicaragua. Tuvo allí por compañera dócil y abnegada a Francisca Sánchez, una joven española a la que conoció en Madrid. En esta ciudad publicó, en 1905, su obra cumbre: «Cantos de vida y esperanza», sobre la cual diría, años después: «Si ‘Azul’ simboliza el comienzo de mi primavera y ‘Prosas profanas‘ su plenitud, ‘Cantos de vida y esperanza‘ encierra las esencias y savias de mi otoño».

Viajó dos veces más a la Argentina; la última, en 1912. Durante estos años, publicó «El canto errante» (1907) y «Poema de otoño» (1910). Cuando estalló la guerra, en 1914, Rubén Darío —que estaba en Europa— volvió a América. Residió en los Estados Unidos, en Guatemala y en Nicaragua, donde falleció el 6 de febrero de 1916.

Portada del Primer Libro de Rubén Darío: Azul (1888)

Origen e influencias del Modernismo:
Tradicionalmente se ha considerado que el Modernismo surgió en Hispanoamérica con la obra de José Martí y con la publicación en 1888 de Azul, del poeta nicaragüense Rubén Darío. Los escritores nacidos en las jóvenes repúblicas americanas que se habían independizado de España en el transcurso del siglo XIX querían apartarse de la tradición española y buscaron sus fuentes en literaturas como la inglesa, la italiana y, sobre todo, la francesa. Se produjo así una profunda renovación formal y temática, y se incorporaron al castellano numerosas palabras procedentes de otras lenguas.

El Modernismo es un movimiento que recibe las influencias francesas del parnasianismo y del simbolismo. El parnasianismo cultiva el arte por el arte (un arte desinteresado), la perfección formal, el gusto por el detalle y lo mitológico y la afición por lo exótico y lo sensorial. El simbolismo, por su parte, quiere ir más allá de lo exterior y de las apariencias a través del uso de los símbolos. El mundo exterior es el reflejo de realidades ocultas que el poeta descubre.

En sus composiciones, las ideas o los sentimientos se expresan a través de elementos físicos como los objetos o los colores. Así, en el simbolismo se procede a la expresión de lo subjetivo mediante elementos sensoriales. El Modernismo español tiene una mayor influencia simbolista: predomina en él el intimismo (que enlaza con la poesía posromántica de Bécquer o de Rosalía de Castro) y es menos frecuente la presencia de elementos exóticos. De esta forma, aunque la sensualidad aparece reflejada en las composiciones españolas, se aprecia con frecuencia la expresión de sentimientos como la melancolía y la angustia a través de diversos símbolos.

Darío fue el verdadero artífice de la estética modernista y de la renovación de la literatura castellana. Tras su llegada a España en 1892, se convirtió en un punto de referencia para los poetas españoles de su tiempo, con los que estableció también relaciones personales muy estrechas.

Fuente:
La Enciclopedia del Estudiante La Nación Tomo N°15 Literatura Española y Hipanoaméricana Edit. Santillana

Fragmento de “Estival”, de Azul…
De Rubén Darío

La tigre de Bengala,
con su lustrosa piel manchada a trechos
está alegre y gentil, está de gala.
Salta de los repechos
de un ribazo al tupido
carrizal de un bambú; luego a la roca
que se yergue a la entrada de su gruta.
Allí lanza un rugido,
se agita como loca
y eriza de placer su piel hirsuta.

La fiera virgen ama.
Es el mes del ardor. Parece el suelo
rescoldo; y en el cielo
el sol, inmensa llama.
Por el ramaje obscuro
salta huyendo el canguro.
El boa se infla, duerme, se calienta
a la tórrida lumbre;
el pájaro se sienta
a reposar sobre la verde cumbre.

Siéntense vahos de horno;
y la selva indiana
en alas del bochorno,
lanza, bajo el sereno
cielo, un soplo de sí. La tigre ufana
respira a pulmón lleno,
y al verse hermosa, altiva, soberana,
le late el corazón, se le hinche el seno.

Contempla su gran zarpa, en ella la uña
de marfil; luego toca
el filo de una roca,
y prueba y lo rasguña.
Mírase luego el flanco
que azota con el rabo puntiagudo
de color negro y blanco,
y móvil y felpudo;
luego el vientre. En seguida
abre las anchas fauces, altanera
como reina que exige vasallaje;
después husmea, busca, va. La fiera
exhala algo a manera
de un suspiro salvaje.

Un rugido callado
escuchó. Con presteza
volvió la vista de uno y otro lado.
Y chispeó su ojo verde y dilatado
cuando miró de un tigre la cabeza
surgir sobre la cima de un collado.
El tigre se acercaba.

UNA AMPLIACIÓN SOBRE SU VIDA:

Contaba muy pocos años cuando sus padres le enviaron a la ciudad de León, de donde marchó a París, conociendo allí a varios grandes poetas líricos franceses. Vuelto a su patria cuando contaba trece años, obtuvo un empleo en la Biblioteca Nacional, donde compartió sus tareas con la lectura y estudio de los clásicos españoles y los grandes poetas extranjeros.

A los catorce años quiso casarse en Managua con «una adolescente de ojos verdes». Para disuadirle de este propósito, sus amigos hicieron que se trasladara a la República de El Salvador, donde fue bien recibido y pensionado por el presidente y le fue encargada una oda para ser leída en la velada literaria con que se conmemoraba el centenario de Bolívar; perteneció a la Academia literaria La Juventud y colaboró en una importante revista.

Vuelto a su patria, obtuvo una plaza en la secretaría del presidente Zabala. Pasó después a Chile a causa (según él mismo explica) de una contrariedad amorosa, residiendo en este país desde 1886 a 1889. Allí fue redactor de La Época, corresponsal de La Nación, de Buenos Aires, y de El Diario Nicaragüense y El imparcial, de su patria.

En este tiempo escribió Abrojos y Rimas, dos libros de versos románticos; Emelina, novela folletinesca (en colaboración con Eduardo Porier); Canto a las glorias de Chile, premiado en el certamen Várela; Azul, libro de admirables cuentos, publicado en Valparaíso en 1888. Ya aureolado de prestigio pasó a la América Central en 1889, dirigiendo los periódicos La Unión Centroamericana, en El Salvador, y El Correo de la tarde, en Guatemala.

En 1890 se concertó la boda del poeta con Rafaelita Contreras, hija de don Alvaro Contreras, orador hondureno, presentando este enlace la particularidad de celebrarse por separado las ceremonias civil y religiosa, por recientes disposiciones del poder establecido por un golpe de estado. Suspendida la publicación de El Correo de la tarde, de cuyo periódico obtenía los ingresos para su subsistencia, se .trasladó con los suyos a Costa Rica, donde su esposa tenía allegados, viviendo estrechamente en San José, de  colaboraciones en periódicos, hasta que nació su primer hijo Rubén Darío Contreras.

Pasó a Guatemala intentando mejorar de fortuna y estando allí fue nombrado por el Gobierno de su patria miembro de le Delegación que había de representar a Nicaragua en las fiestas del centenario de Colón. Personado en Madrid entró en relaciones con Valera, Núñez de Arce, Campoamor, Menéndez y Pelayo, Cánovas del Castillo, José Zorrilla, y frecuentó el salón literario de doña Emilia Pardo Bazán. A su regreso a América aprovechando la estancia del vapor en Cartagena de Colombia, logró del expresidente Rafael Núñez la promesa de obtener para él el consulado de Colombia en Buenos Aires.

Hallábase en León cuando supo el fallecimiento de su esposa, cuyo triste suceso le produjo tal sacudida espiritual que, según propias aseveraciones, le llevó a la afición a las bebidas alcohólicas. Poco después se casó en Managua, contra su voluntad, con Rosario Murillo (la «adolescente de los ojos verdes»), de la que tuvo un hijo que murió a poco de nacer.

En posesión ya de la credencial de cónsul de Colombia en Buenos Aires, decidió volver a París antes de establecerse en la ciudad de su destino. Allí tuvo por guías y mentores a Enrique Gómez Carrillo y Alejandro Sawa. Con su ídolo, Verlaine, no pudo hablar por impedirlo el estado de embriaguez en que el poeta francés habitualmente se encontraba. Por fin, agotados su recursos, pasó a Buenos Aires, tomó posesión de su cargo, llevó una vida fastuosa y escribió Los raros y Trosas profanas.

Llegó el año 1898, y con él la ruina del imperio colonial de España. El periódico La Nación, de Buenos Aires, deseó informar con objetividad y amplitud a sus lectores, y Rubén Darío, cuyo sino parece ser el de no hacer asiento en parte alguna, fue nombrado corresponsal de aquel gran diario en Madrid. Entró de nuevo en contacto con la intelectualidad española de la época, y escribió el libro España contemporánea. A principios de 1900, conoció a Francisca Sánchez, aquella mujer que según el poeta era «ajena al dolor y al sentir artero», que había de ser su abnegada compañera el resto de sus días.

En abril de 1900, La Nación le envió de corresponsal a la capital de Francia, con motivo de la Exposición Universal. En este mismo año, acometido por súbitos ardores místicos, hizo una excursión a Italia, donde, en Roma, fraternizó con Vargas Vila. Ültimamente en París había intimado con Amado Nervo y conocido a Oscar Wilde.

El período de 1900 a 1905 fue uno de los más activos de su vida; su residencia básica era París, pero fue la época en que viajó más que nunca. Visitó Londres, Brujas, Bruselas; asistió en Dunquerque a la llegada del zar Nicolás II; pasó una corta temporada en Dieppe; volvió a España, visitando Barcelona, Málaga, Granada, Sevilla, Córdoba y Gibraltar. Viajó luego por Bélgica, donde visitó el campo de batalla de Waterloo y luego por Alemania, Italia, Austria y Hungría. Estuvo en Colonia, Maguncia, Francfort, Hamburgo y Berlín; en Venecia (por segunda vez), Florencia, Viena y Budapest.

En 1904 fue nombrado cónsul general de Nicaragua en París y publicó Tierras solares. En 1905 visitó Oviedo, veraneó en Arenas, pueblecillo del norte de España, y publicó en Madrid Cantos de vida y esperanza, quizá el mejor de sus libros y el que más fama le ha dado.

En 1906, nombrado secretario de la delegación de Nicaragua en la Conferencia Panamericana de Rio de Janeiro, regresó a América, de la que había estado ausente ocho años. El viaje fue triunfal y también, cuando poco después, enfermo, pasó a Buenos Aires, fue calurosamente festejado. En 1907, buscando alivio a sus dolencias, se dirigió a Palma de Mallorca, donde pasó el invierno de aquel año.

Nombrado a poco, en unión de Vargas Vila, por el Gobierno de Nicaragua, miembro de la Comisión de límites con Honduras, litigio sometido al arbitraje del rey de España, hubo de soportar, así como su compañero Vargas Vila, la vejación de no ser presentado oficialmente. Por otra parte, Rosario Murillo, cansada del abandono en que la tenía, se presentó en París para hacer valer sus derechos de esposa. Temiendo alguna asechanza, el vate marchó a Nicaragua, donde sus compatriotas le dispensaron una entusiasta acogida.

Volvió a París en 1908 y de allí pasó a España con el cargo de ministro de Nicaragua, pero pronto fue nombrado Ministro Plenipotenciario de su país en las fiestas del Centenario de México, donde fue muy agasajado, y visitó Jalapa y Teccelo. Pasó luego a La Habana, donde permaneció tres meses, y regresó a Europa. En París dirigió las revistas Mundial y Elegancias. En propaganda, realizó con otros escritores una jira de conferencias por España, Uruguay, Argentina y Chile.

Rubén, enfermo de anemia mental, aceptó la invitación de su amigo don Juan Sureda, y se trasladó de París a Mallorca, donde hizo estancia en Vall-demosa, y gracias a los cuidados de su amigo, mejoró mucho. Es fama que en la antigua Cartuja, famosa por la estancia de Chopin y Jorge Sand, hizo Rubén vida de anacoreta, vistiendo el hábito de los Cartujos. Más tarde, en Barcelona, pasó una temporada frecuentando el trato de sus amigos Pompeyo Gener, Rusiñol, Miguel de los Santos Oliver y Eugenio d’Ors (Xenius). Vivió en Barcelona con Francisca, su hijo y su hermana María.

En 1914, seducido por la idea de dar conferencias en los Estados Unidos, México y América Central, partió para Nueva York, donde pronunció dos conferencias; pero cayó enfermo de pulmonía doble y le abandonó su secretario, dejándolo sin recursos. Algo repuesto, marchó a Guatemala, donde fue generosamente atendido por el presidente Estrada Cabrera.

Mas, sintiendo la nostalgia de su patria, se trasladó a Nicaragua, falleciendo en su casa de León el día 6 de febrero de 1916. Nicaragua rindió un solemne homenaje a su ilustre hijo declarando su pérdida duelo nacional. Ante el cadáver de Rubén desfilaron imponentes multitudes formadas por gentes de todos los estamentos sociales.

Fuente Consultadas:
Ciencia Joven Diccionario Encicloédico Tomo V – Vida de Rubén Darío
Enciclopedia Electrónica ENCARTA
La Enciclopedia del Estudiante La Nación Tomo N°15 -La Nación-
Historia Universal de la Civilización Tomo II – Del Renacimiento a la Era Atómica – Editorial SOPENA

Van Eyck Vida y Obra Artística Arte Flamenco Biografía

BIOGRAFIA Y OBRAS DE ARTE DE JAN VAN EYCK, PINTOR FLAMENCO

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Al mismo tiempo que se afirma el Humanismo italiano, un arte nuevo nace también en Flandes, favorecido por el bienestar y la prosperidad de la comarca, una de las más adelantadas de Europa en lo social y económico. Podemos afirmar que el verdadero Renacimiento flamenco nace con la pintura de Juan van Eyck, nueva sin ser revolucionaria, e impregnada de un humanismo distinto pero tan convincente como el italiano.

FLANDES Y BRABANTE: En 1419, Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, traslada su sede de Dijón a Brujas, en el corazón de Flandes. Y es así como esta región, ya floreciente, viene a hallarse en el centro de uno de los Estados más prósperos y poderosos de Europa. El panorama que ofrecen las ciudades flamencas durante este período es el de una actividad alegre y serena que abarca los campos del comercio, la artesanía y la edificación, desenvolviéndose bajo el signo de la paz y la seguridad confiada en el mañana.

Igualmente florecientes son las condiciones en Brabante, cuyos centros de Bruselas y Lovaina comienzan a renovarse en su aspecto arquitectónico como consecuencia del incremento de las actividades ciudadanas. En efecto, los Países Bajos son, en el siglo XV, un hervidero social y económico. Y éste es el terreno donde se desarrolla una vida cultural y artística que se expresa en la obra de algunos grandes pintores, entre los que descuella netamente la figura de Juan van Eyck.

Jan (Juan) van Eyck (1390-1441), pintor flamenco que trabajó en Brujas, se cree que  fuera oriundo de Maaseik, provincia de Limburgo. En 1422 trabajó en La Haya para Juan de Baviera, príncipe-obispo de Lieja. En los años de su juventud Van Eyck trabajó en Tournai, capital de la escultura, junto a un pintor de misteriosa personalidad, llamado el Maestro de Flémalle, identificado mas tarde como Robert Campin, fue fundador del Ars nova, estilo pictórico del gótico tardío en el siglo XV, que anuncia el renacimiento en el norte de Europa.

autoretrato de van eyck

El hombre del turbante
Se cree que El hombre del turbante (1433, National Gallery, Londres) es un autorretrato de Jan van Eyck.
Su obra era de un gran realismo para la época.

Lo poco que se sabe de su primera época hace que se centre la atención en la relación artística que mantenía con su hermano Hubert. La oscuridad que rodea a la figura de éste ha provocado especulaciones y debates interminables entre los historiadores del arte, y hasta se ha llegado a sostener que tal hermano nunca existió.

El arte de esta etapa flamenca se identifica  por el naturalismo de vívidos colores al óleo, la meticulosidad de los detalles, la precisión de las texturas y la búsqueda de nuevos sistemas de representación del espacio tridimensional o perspectiva. En 1425 Felipe III el Bueno, duque de Borgoña, le nombró pintor de la corte, cargo que conservó hasta su muerte. La relación que mantenía con el duque era tan buena que éste le encargó algunas misiones diplomáticas secretas.

La Región Flamenca , o simplemente Flandes , es una de las tres regiones que componen Bélgica, junto con la Región Valona y la Región de Bruselas-Capital. Flandes limita al suroeste con Francia, al noroeste con el mar del Norte, al norte y este con los Países Bajos, y al sur con Valonia.

Se puede decir que la posición artística de Juan van Eyck, quien fue co-autor del políptico (ver imagen abajo) , comienza en las premisas del arte de aquél se hallan ya presentes en las mejores expresiones de la miniatura franco-flamenca del siglo XVI, en los diáfanos cielos abiertos de los Libros de Horas de los hermanos de Limburgo, en el minucioso ajuste a la realidad de las cosas, y en ese naturalismo analítico, que constituía la más fascinante característica de aquellas hojas miniadas.

Y parece haberse comprobado que el mismo van Eyck inició sus actividades artísticas como miniaturista. Es así como la crítica le atribuye, concordemente, algunas hojas de las «Horas» conservadas en el Museo de Turín, que estilísticamente entroncan con la tradición representada por los mencionados hermanos de Limburgo. Pero, con el Cordero Místico, la experiencia miniaturista es superada por una concepción pictórica de mucho más vasto empeño, en la que van Eyck se revela no solamente hábil en la composición y el dibujo, o en su conocimiento de la perspectiva y la anatomía, sino, sobre todo, por las infinitas posibilidades expresivas que hace nacer de la fusión de la luz y del color.

Su lento y meditado descubrimiento de la realidad alcanza, así, una esfera de solemne contemplación y de transfiguración. Humanista es el ideal de van Eyck por su afectuoso y apasionado interés hacia el hombre, pero no descubre la dignidad de éste a través del estudio de los clásicos, sino captándolo en su verdad cotidiana y acercándose a su vida más íntima y secreta.

Pintor de corte de Felipe el Bueno, Juan van Eyck gozó de gran favor por parte de sus contemporáneos, que le hacían numerosos encargos.  Así nacen sus obras más conocidas, desde la Virgen del Canónigo van der Paele hasta la Virgen del Canciller Rolin y el Retrato de los esposos Arnolfini. En todas sus obras se percibe extraordinaria afición por el detalle.

Cada pormenor es un cuadro dentro del cuadro, y es, a veces, un trozo pictórico y poético de sorprendente realismo una naturaleza muerta en la penumbra de un armario, un florero al pie de la Virgen, el precioso vestido de un donante que tiende como a fraccionar la atención del que mira. Pero, sobre todo, es el mágico efecto de la luz, que parece brotar casi de la misma materia pictórica, el que confiere unidad y coherencia al conjunto.

Y tanto el nítido paisaje urbano, como la rica morada burguesa de sus pinturas, son signo de una sólida solvencia, de una fe en las cosas de este mundo, que testimonian el logrado equilibrio de una sociedad en la que el arte de van Eyck y de los pintores que lo siguieron ha encontrado una de sus más valiosas condiciones de existencia. Juan van Eyck murió en el año 1440, honrado por todos y, en especial, por Felipe el Bueno,  duque  de Borgoña,  su protector.

EL   MAESTRO   DE   FLEMALLE: En los años de la juventud de van Eyck trabajaba en Tournai, capital de la escultura, un pintor de misteriosa personalidad, llamado el Maestro de Flémalle. Durante cierto período se ha creído que sus obras debían atribuirse a la juventud de Rogelio de la Pasture (van der Weyden), mientras que ahora, casi uniformemente, se lo identifica con Roberto Campin, nacido en Valenciennes, que actuó en varias ciudades de los Países Bajos.

La educación de este maestro, como se desprende de las obras que han quedado de él, presenta aspectos profundamente distintos de los típicos en la concepción de van Eyck. Es evidente, sin duda, que se ha formado en contacto con las grandes escuelas de escultura, y que ha tenido oportunidad de conocer y asimilar la enseñanza del gran escultor borgoñón Claus (Nicolás) Sluter.

Derivan de ese precedente el fuerte plas-ticismo de sus pinturas, la abierta vena expresionista de carácter aún medieval y la tendencia a poner en primer plano las figuras, sin ninguna conexión con la escena del fondo. Estamos lejos de la sensibilidad pictórica de van Eyck, que resolvía el problema de la representación de formas y volúmenes mediante matices de luz y de color. Sólo en sus últimas obras el Maestro de Flémalle muestra haber experimentado la influencia de su más joven y famoso colega, dulcificando los contornos con una luminosidad más suave y difusa, y creando una atmósfera de tiernas vibraciones.

Políptico del Cordero Místico; detalle del panel central celos Apóstoles y los Eclesiásticos (1426, aprox. -1432)
– Iglesia de San Bavón – Gante.

Detalle del Políptico del Cordero Místico

 La renovación substancial que en vano se buscaría en la arquitectura o en la escultura flamencas del siglo XV, se encuentra, en cambio, en el campo de la pintura. Con las grandes personalidades de Juan van Eyck, de Rogelio van der Weyden (de la Pasture), de Diderico Bouts y de Hugo van der Goes, se asiste al surgimiento de un tipo de pintura que, si bien tiene sus orígenes en el naturalismo del arte gótico, se afirma como un movimiento completamente nuevo, distinto pero no menos importante que la pintura del siglo XV italiano. El gran políptico de Gante es como el triunfal anuncio de este mundo nuevo: comenzado alrededor de 1426 e inaugurado en 1432, fue parcialmente pintado por Huberto van Eyck, el misterioso hermano de Juan, cuya existencia misma ha sido controvertida por muchos críticos modernos y considerada una leyenda.

JUAN VAN  EYCK (1390, aprox. – 1441): Retrato   de  Arnolfini y de su mujer (1434) – Galería Nacional. Londres.
Retrato, escena de ambiente y estudio de costumbres, como ha sido justamente definida, la tabla que representa a los cónyuges Arnolfini es una de las más grandes obras de Juan van Eyck y una de las que mejor manifiestan la manera de pintar y el estilo del artista. Cada detalle del ambiente ha sido estudiado con gran cuidado, como si se lo mirase a través de una lente de aumentó; así sucede con los muéblesela araña, las paredes, los detalles de los vestidos y el pequeño espejo del fondo en el que se reflejan todos los pormenores de la pequeña cámara. Pero tal examen nada quita al rigor equilibrado con que ha sido representado el ambiente en su conjunto, debido a que las más sutiles exactitudes del dibujo están acompañadas por la vibración de la luz que unifica los detalles, acaricia la superficie de las cosas y define toda la atmósfera. La atención del pintor a los datos ambientales es, por otra parte, característica de toda la pintura flamenca del siglo XV: el revivido interés por el hombre se convierte, en los flamencos, en búsqueda de la ubicación del personaje en el mundo real   en   que   vive.

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. – 1441): La Virgen del Canciller Rolin.  (1425, aprox.) – Museo del Louvre. París.
Detrás de la vigorosa imagen del Canciller Rolin se despliega un diáfano paisaje fluvial, y cada elemento del panorama, hasta el más pequeño y lejano, es puesto de relieve con sutilísimo análisis descriptivo.

Virgen de la Fuente de Van Eyck

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. – 1441): La Virgen de la Fuente Museo Real de Bellas Artes.   Amberes.
El fondo del cual surge la imagen es precioso y florido, según La concepción pictórica y el gusto típicos del mundo gótico tardío. En cambio la figura misma de la Virgen, solemne en su amplio manto drapeado posee un relieve y una plasticidad absolutamente ignorados por los delicados y refinadísimos pintores del ya arcaico gótico internacional.

Van Eyck Retrato del Cardenal

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. –  1441) Retrato del Cardenal Albergan (1434, aprox.) -Museo de Historia del Arte.  Viena.
El brillantísimo análisis de los datos de la realidad, que ya se ha notado en las escenas de ambiente o en los fondos naturales de la pintura flamenca, triunfa sobre todo en la serie de hermosísimos retratos que Juan van Eyck ejecutó de los hombres más famosos de su época: eclesiásticos, ricos burgueses, conocidos comerciantes, influyentes banqueros. Ninguna característica del rostro escapa al implacable análisis del pintor: cada arruga, cada cabello, cada detalle mínimo es precisado y descripto con grandísimo cuidado. Sin embargo, esta concepción microscópica de la realidad no es un fin en sí, sino que luego se transforma, por efecto de la luz y del color, en una potente síntesis; y de la observación de los mínimos detalles de un rostro nace un retrato vigoroso que revela todo un mundo interior.

Fuente Consultada:
Enciclopedia del Arte Fasc. N°59 ARTERAMA Editorial CODEX

La Musica en el Barroco Compositores del Barroco Músicos Castrados

La Música en el Barroco
Compositores del Barroco

Sociedad y cultura en el Barroco: En el Barroco cobró un enorme auge la exaltación de los sentimientos frente a la serenidad y a la mirada puesta en el hombre que habían sido propias del período anterior.

El Barroco: El término barroco proviene del portugués y, en su origen, significó «perla irregular y deforme». Se empleó para describir de manera peyorativa las formas artísticas demasiado recargadas.

Música en el Barroco

Hasta el siglo XIX el término barroco se utilizó como expresión desaprobatoria Sin embargo, hoy en día ya no es así aunque se sigue usando cuando se considera que algo es excesivamente complejo o recargado.  El Barroco fue una época en la que se produjeron grandes avances científicos y descubrimientos que cambiaron la percepción que las personas tenían del mundo.

Durante el Barroco se incrementó la ornamentación en todas las artes hasta llegar, en ocasiones, al exceso. La música, por su parte, experimentó un enorme desarrollo.

Aspectos sociopolíticos: El siglo XVII, y más concretamente su segunda mitad, está marcado por el triunfo del absolutismo en toda Europa, con la excepción de Holanda e Inglaterra. El poder político de los monarcas se fortaleció hasta eliminar toda representatividad, dando lugar a las monarquías absolutas.

Los intereses nacionales se exacerbaron y pretendieron imponerse hegemónicamente. Durante el siglo XVI fue España la nación hegemónica, y en el siglo siguiente lo fue Francia. Las hegemonías terminaron en el siglo XVIII, fortaleciéndose la idea de equilibrio.

La sociedad estaba organizada en tres grupos, llamados estamentos o estados: nobleza, clero y tercer estado o estado llano. Los dos primeros estamentos eran los privilegiados; el otro estamento poseía escasos recursos económicos y estaba excluido de la participación política.

Unido al éxito de la monarquía absoluta, el mercantilismo se fue imponiendo en Europa desde mediados del siglo XVII. El Estado desarrolló una política económica intervencionista prohibiendo la salida de los metales preciosos. Se trataba de un auténtico nacionalismo económico que reforzaba el nacionalismo político.

La cultura del Barroco
El Barroco reaccionó frente a la rigidez de las reglas y se convirtió en un arte abierto, libre, que buscaba lo grandioso y lo dinámico. El Barroco, a la vez que fomentaba el interés por el hombre y la naturaleza, exaltaba el absolutismo real y el sentido victorioso y propagandístico de la Contrarreforma católica.

La expresión artística estaba en consonancia con el desarrollo de la sociedad. La cultura tendió a encontrar razones justificativas del poder absoluto de los monarcas y a presentar siempre la monarquía en un contexto de «sublime emergencia» sobre el resto de la sociedad.

Las luchas religiosas y el enfrentamiento entre reformados y católicos tuvo grandes repercusiones en el arte y la cultura. En el campo católico, el arte sirvió para realzar la figura de la Virgen y de los santos, produciendo retablos e imaginería de gran valor.

La arquitectura se caracterizó por el movimiento, el claroscuro y la grandiosidad. Grandes arquitectos italianos fueron Bernini, Borromini y, algo más tarde, Juvara.

• En la escultura triunfó el afán de movimiento y se dio preferencia a los gestos exaltados y la teatralidad. Destacaron Bernini, en Italia, y Gregorio Fernández, Martínez Montañés y Alonso Cano, en España.

• La pintura se caracterizó por el naturalismo, la fuerte expresividad y el claroscuro. Destacaron Caravaggio, Rembrandt, Murillo y Velázquez.

• En la literatura se asiste al desarrollo del tema religioso a través de la mística, en el siglo XVI, con San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, y de los autos sacramentales, en el siglo XVII, con Pedro Calderón de la Barca.

• En el pensamiento surgió el racionalismo con Descartes y se inició la ciencia moderna, basada en la experiencia y la inducción. La filosofía empirista fue desarrollada por un grupo de filósofos ingleses a cuya cabeza estuvo Bacon.

En el Barroco, la música tuvo un desarrollo espectacular. Los músicos adoptaron el término barroco para referirse al período de ciento cincuenta años que va desde los inicios de la ópera, hacia 1 600, hasta la muerte de Johann Sebastian Bach en 1750.

Las artes y el estilo musical del Barroco: La música acompañó en todo momento os profundos cambios experimentados en la sociedad, la cultura y el arte y el Barroco se convirtió en la época del virtuosismo musical, con grandes intérpretes y un enorme desarrollo de la orquesta y de las técnicas de construcción de instrumentos.

Consecuencia del racionalismo científico que dominó el pensamiento de la época, la música barroca redujo todo5 los modos musicales eclesiásticos a solo dos: el modo mayor y el modo menor. Con estos modos se escribieron la mayoría de las obras musicales que han llegado hasta nosotros.

Por otro lado, el método científico propició el nacimiento de la ciencia de la armonía (estudio de los acordes), teorizada por Gioseffo Zarlino (1517-1590), que buscó en la naturaleza la fuente de toda legitimidad.

Los efectos que excitaban los sentimientos en los conjuntos de los grandes escultores barrocos trató de conseguirlos el músico con el uso del acorde consonante y disonante. La alternancia de estas relaciones sonoras provocó movimientos espirituales que suscitaron efectos en uno u otro sentido.

La arquitectura de línea curva y ornamentación exuberante tuvo su reflejo sonoro en las melodías llenas de adornos y acrobacias vocales, sobre todo con la aparición de voces artificiales: los castroti, cantantes de sexo masculino que eran castrados antes de llegar a la pubertad para preservar su voz de soprano o contralto. Esta práctica decayó cuando las mujeres, a finales del siglo xviri, se incorporaron a la escena operística.

LOS CASTRATI: Los primeros músicos de la historia en alcanzar la categoría de estrellas fueron los castrati, para cuyas voces se componía la ópera italiana en los siglos XVII y XVIII. Un castrato era una maravilla vocal, un precioso instrumento musical vivo, de una belleza y extensión asombrosas.

Los castrati eran varones, procedentes de los ambientes más pobres, y elegidos por la belleza de su voz infantil, a los que se castraba antes de que llegaran a la pubertad. Por este cruel procedimiento se conseguía que estos cantantes conservaran el timbre de una voz blanca, pero unido a la capacidad pulmonar de un varón adulto.

Los castrati recibían una esmeradísima educación musical, y los que triunfaban amasaban grandes fortunas, por lo que su destino se consideraba envidiable. Su extraordinaria capacidad pulmonar y la limpia ejecución de las más intrincadas coloraturas, complejas acrobacias vocales escritas por los compositores para ellos, los enorgullecía más que la tesitura aguda; femenina, de sus voces.

Podían sostener una nota durante minutos enteros, yen muchas ocasiones se enzarzaban en duelos con algún instrumentista de viento, con el que rivalizaban en resistencia para admiración del público.

La pintura realista y de fuertes contrastes guió a los compositores en sus obras instrumentales y los impulsó a buscar el colorido tímbrico, con la aparición y perfeccionamiento de nuevos instrumentos, y el contraste sonoro, con el uso del estilo concertante, en el que a un solista o grupo de solistas se opone o contrasta el resto de la orquesta.

La monarquía absoluta impuso el uso de una melodía principal, con lo que desapareció el resto de voces del estilo polifónico; y también surgió el virtuoso, que, en cierto modo, acabó ejerciendo un absolutismo instrumental sobre el resto de la orquesta.

La aparición de teatros donde se representaban obras dramáticas con música, las óperas, hizo que se produjera un mayor acercamiento entre los diferentes estamentos sociales de la época.

Características del Barroco musical: Las principales características que definen la música barroca son estas:

• Predominio del estilo vertical u homofónico.

• Nacimiento del bajo cifrado o bajo continuo: el compositor da toda la importancia a las voces extremas. La voz superior es la melodía. El acompañamiento se indica mediante una serie de cifras (bajo cifrado) que señalan al organista los acordes que puede ejecutar.

• Supremacía de un estilo armónico: sentido vertical en la música.

• Delimitación e independencia entre música vocal e instrumental.

• Nacimiento y esplendor de la música dramática: ópera, cantata, etc.

• Aparición de la orquesta y perfeccionamiento de los grupos de cámara.

• Aparición de un ritmo reiterativo y muy marcado.

• Uso de acordes disonantes con mayor frecuencia.

• Supremacía de la música profana sobre la música religiosa.

• El compositor practica todos los géneros de su época.

La música al servicio de la religión y la monarquía El Barroco fue un estilo artístico conformado por las ideas dominantes de la época: el absolutismo en política, que presenta como ideal la monarquía absoluta, y la Contrarreforma, la reacción cultural de los países católicos del sur de Europa frente a la Reforma protestante del norte.

Al igual que había sucedido durante el Renacimiento, durante el Barroco, la música culta o ilustrada, en oposición a la popular, únicamente se cultivaba en el seno de los dos estamentos rectores de la vida política y espiritual: el aristocrático (las diversas cortes europeas) y el eclesiástico.

Un tercer sector social —el burgués— entró, sin embargo, durante esta época en el universo musical gracias a la ópera comercial, que permitía el acceso al teatro mediante el pago de una entrada.

En los primeros días de la ópera, la concurrencia solía ser la comunidad entera, separada jerárquicamente en pisos y gradas de acuerdo con su posición social. La sala de ópera era un modelo de la sociedad del siglo XVII, en tanto que los mitos griegos y romanos de donde provenían casi todos los argumentos que se ponían en escena reflejaban los valores aristocráticos de los estamentos sociales dirigentes.

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante Tomo 18 – Música – Santillana

Origen de la Opera Religiosa Giacomo Carissimi Nace La Oratoria

Origen de la Ópera Religiosa

EL NACIMIENTO DEL ORATORIO
¿Es realmente necesario cantar en latín? ¿Es realmente necesario que los coros, tan bellos, que acompañan a las funciones sacras, sean de hecho tan difíciles de interpretar? ¿Y las oraciones.? ¿Por qué no recitarlas en lengua vulgar, de forma que todos comprendan claramente lo que en ellas se dice? Componiendo música fácil, que todos puedan cantar, ¿no se conseguiría, acaso, una mayor participación de los fieles, una mayor devoción?».

Éstas preguntas se las hacían, preocupados, los religiosos del siglo XVI, porque se daban cuenta de que el pueblo, que no comprendía el latín, seguía las funciones sin participar en ellas, sin «sentirlas en el alma.

Esto no podía seguir así; había que buscar urgentemente una solución.

Un gran hombre – o mejor, un santo -, Felipe Neri, que vivió en el siglo XVI, vio con claridad cuál era el camino que debía seguirse: hacer comprensible a todos el lenguaje de las funciones; era preciso que los coros y las oraciones se dijeran en lengua vulgar. Con este fin instituyó en Roma, a mediados del siglo XVI, la Congregación del Oratorio de Santa María della Vallicella.

opera religiosa

¿QUÉ QUIERE DECIR ORATORIO?
El oratorio, lugar de oración (del verbo latino «orare» = orar), era, y sigue siendo, un amplio local anexo a la iglesia. Por iniciativa de San Felipe Neri sé comenzó a enseñar, a los: fieles, simples canciones religiosas en italiano, compuestas expresamente con tal fin.

El pueblo empezó a tomar parte, con entusiasmo, en estas reuniones: ¡finalmente podían comprender el significado de las oraciones! Además, a través de la alegría de entonar a coro aquellos hermosos cantos, la gente volvía a encontrar el impulso de su fe en Dios. Se había conseguido el objetivo buscado.

Los fieles habían vuelto, finalmente, al culto, con sincero fervor. Poco a poco, aquellas breves e ingenuas composiciones (algunas de las cuales se cantan todavía) se fueron haciendo más largas y variadas. En los pequeños escenarios de los oratorios, grupos de fieles-actores improvisaban, con emocionada devoción, breves representaciones inspiradas en el Evangelio.

Debemos tener también presente el alma sencilla del pueblo en el siglo XVI; su mentalidad ingenua y llana, extremadamente apta para sentir la sugestión de aquellas representaciones, de aquellos cantos. La gente humilde seguía los episodios con lágrimas en los ojos, con el alma llena de un sentimiento de devoción profunda. Nacía, así, del corazón de los fieles, la que sería una nueva y gloriosa forma de arte: la ópera religiosa.

«ALMA Y CUERPO»
Emilio del CavaliereEs el 2 de febrero del año 1600. Por las calles de Roma, bajo un tibio sol que parece una anticipación de la primavera, hay una animación desacostumbrada, un ir y venir de las gentes más diversas: peregrinos, estudiantes, mercaderes, soldados.

Es el Año Santo. Por toda Roma, la gente vive con un fervor de devoción, de penitencia y de oración. Entre las diversas manifestaciones religiosas que se han organizado con este motivo, hay una que interesa particularmente a los fieles. Ese día, junto al Oratorio della Vallicella, se representa por primera vez «Alma y Cuerpo», oratorio que el caballero romano Emilio del Cavaliere había escrito para conmemorar el Año Santo.

Al lado de la iglesia de Santa María della Vallicella, se abre el portal del Oratorio.

La gran sala, de altas paredes, se halla abarrotada de gente venida de los más diversos lugares. Junto al escenario una orquesta afina los instrumentos. Hay en el ambiente una sensación de espera, de curiosidad: el público se da cuenta de que va a asistir a un espectáculo realmente nuevo.

En el escenario, entre vestiduras y decorados fastuoso entre danzas y música, comienza la representación de la  eterna lucha entre el Espíritu  y la Carne. Los personajes cantan como en las óperas actuales. Una música dulce y melancólica acompaña y comí la acción.

El público escucha conmovido y atento, y, al final, aplaude largamente. Ésta ha sido la  primera audición de un oratorio. Las breves e ingenuas representaciones que el pueblo improvisa bajo la dirección de San Felipe Neri se han convertido en una auténtica obra de arte.

UNA GRAN INNOVACIÓN
Giacomo CarissimiEmilio del Cavaliere murió en 1602, dos años después de la representación de su obra maestra; pero el oratorio ya había nacido. Muchos artista innovadores perfeccionaron este nuevo género musical, pero fue Giacomo Carissimi, el más genial de los compositores de la época, quien dio una forma definitiva a aquel género musical que, por razón del lugar en que había tenido origen, tomó el nombre de Oratorio.

Eliminó las escenografías fastuosas, los recursos demasiado teatrales y todo otro alarde escénico que pudiera distraer al espectador del significado del drama. Su oratorio era sencillo, puro, profundo.

Se convirtió en un nuevo género teatral, en el que la acción se expresaba sólo mediante la música, a través del simple diálogo entre los solistas y el coro; a veces, también una voz, que se llamaba «Hystoricus» (el que cuenta la historia), recitaba las breves frases necesarias para hacer comprender la situación y el enlace entre los distintos episodios.

Los papeles de los protagonistas de la acción (Jesús, María, San Pedro, Judas Iscariote) eran cantados por solistas. Un coro asumía el papel del pueblo, o de los grupos que constituían el fondo de la ópera.

UNA MÚSICA QUE REFIRMA LA FE
La importancia de la innovación de Carissimi es enorme, no sólo en cuanto a la música, sino inclusive en lo que se refiere al pensamiento y a la moral. Mientras que todas las demás artes, a consecuencia del humanismo, exaltaban la fuerza y el valor del hombre, amo del mundo, Carissimi dice en su obra: «Acuérdate de que eres una pobre criatura mortal, y de que al término de tu vida deberás rendir cuentas a Dios de tus acciones». En un período de paganismo (en el mejor sentido de la expresión), Carissimi refirma el valor de la Fe y la presencia de Dios sobre nosotros.

El oratorio no es sólo una obra musical que nos conmueve por su belleza y sencillez: representa uno de los puntos más altos de la música religiosa; hemos de acercarnos a él con profundo respeto, y escucharlo con recogimiento. Lo hemos visto nacer de la genuina fe religiosa del pueblo y crecer a través de la obra de artistas ilustres. En su forma definitiva, que es la que le dio Carissimi, traduce con gran fuerza y eficacia el horror y el trastorno que el mal, la miseria y el temor a la condenación eterna producen en el corazón de los hombres.

En los cincuenta años que siguieron a la muerte de Carissimi, este género musical perdió belleza e importancia. Pero en el siglo XVIII, maestros como Bach y, sobre todo, Haendel, que estudiaron las obras de Carissimi, compusieron oratorios de inmortal belleza. También en nuestros días ha tenido el oratorio creadores inspirados.
Baste recordar a Lorenzo Perosi, que ha compuesto varios de ellos, todos de gran valor.

EL HIJO DE UN TONELERO
Tenía un rostro enjuto y grandes ojos pensativos. Dos profundas arrugas le surcaban las mejillas. Usaba un ligero bigote y una pequeña barba puntiaguda, a la moda de la época. Era un hombre inteligente, modesto; llevó la vida más gris que se pueda imaginar; y, sin embargo, su vida interior era riquísima.

Giacomo Carissimi nació en Marino, en los montes Albani, en 1605, de una familia de toneleros. Tuvo una infancia pobre, y sólo a costa de grandes sacrificios pudo completar sus estudios musicales. Pero su gran talento hizo que pronto fuese conocido. A los dieciocho años era ya un veterano organista, y en 1627 fue nombrado maestro de capilla en la Basílica de Tívoli (maestro de capilla es el que dirige los coros y la orquesta, y hasta compone las partituras que se interpretan durante las solemnidades) .

Se estableció en Roma en 1630, a la edad de veinticinco años, y ya no abandonó aquella ciudad. Hasta el final de su vida, fue maestro de coro del colegio Germánico-Húngaro, una de las numerosas fundaciones de San Felipe Neri. Tras una vida sencilla y tranquila, Carissimi murió, en una pequeña celda del colegio, en 1674; fue enterrado en San Apolinar, en la tumba reserva-. da a los alumnos del colegio.

LA OBRA
Giacomo Carissimi compuso cantatas y algunas obras profanas (esto es, de argumento no religioso), pero su fama está vinculada sobre todo a una serie de famosos oratorios: «Extremum Dei iudicium», «Diluvium universale», «Lamentatio damnatorum», «Historia Divitis», «Militia est vita hominis», «Jefté», «Job», «Iudicium Salomonis», «Jonas». De todos, el más bello y conocido es, sin duda, «Jefté». En él se cuenta el sacrificio que la joven hija de Jefté, noveno juez de Israel y valeroso caudillo, hace de su vida por la salvación de su pueblo. 

«ALMA Y CUERPO» Tres actos y un prólogo
Rodeado de personajes simbólicos (el Tiempo, la Inteligencia, el Placer, las Almas del Cielo, las Almas del Infierno, etc.), el Cuerpo, atraído por las tentaciones del Placer, trata de sustraerse a las llamadas del Alma, que quiere llevarlo al buen camino. Frente al espectáculo de las penas a que son sometidas las Almas del Infierno, ante la felicidad de las Almas del Paraíso, el Cuerpo hace las paces con el Alma. La obra termina con una danza, mientras el coro canta:
«Todos hagan siempre el bien,
que la muerte con prisas viene».

¿Que es el Ballet Clásico?

Origen de la opera Origen Historia de la Musica Origenes

Origen de la Ópera

La ópera, uno de los géneros más importantes de la música del siglo XVII, participa del drama, de la escena y de la música instrumental y vocal. Con el tiempo, se ha convertido en una de nuestras señas fundamentales de identidad cultural.

Origen de la opera
(Ver también: Opera Religiosa)

Corno drama musical, la música interviene activamente en el desarrollo argumental de la ópera, en la descripción de los ambientes y en la fijación de los caracteres de los distintos personajes. Así pues, música, drama, poesía, artes escénicas y danza conviven en un género que, además, pone en juego otros elementos importantes: el director de escena y, en ocasiones, el coreógrafo, parte decisiva en el sistema.

La ópera ha suscitado y suscita tomas de postura críticas y protagoniza más escándalos y honores que otros géneros musicales, quizá debido al interés que despierta en el público, en su manera de sentir la música, la cultura y su identidad social.

A lo largo de su historia, la ópera ha constituido una manifestación de la mentalidad de la época. Desde sus orígenes en los ambientes de las cortes nobiliarias hasta el siglo XX, se ha ocupado de ensalzar los valores monárquicos, de criticar ciertas costumbres morales de la nobleza, de ensalzar a las clases más desfavorecidas, de difundir idéales políticos y revolucionarios, de justificar el orden existente o de subvertir los cánones sociales o morales impuestos.

Los orígenes italianos

El nacimiento de la ópera se relaciona con ciertos géneros dramáticos de tipo religioso, los misterios y las pastorales que se componen e interpretan durante el siglo XVI; pero la ópera es un producto humanista, experimental, un ensayo artístico de un grupo de intelectuales, que, reunidos en Florencia en la etapa final de dicha centuria, plantearon una alternativa al drama musical del momento, reivindicando la tragedia y la comedia griegas. Los miembros de este grupo integraron la denominada Camerata Florentina.

La Camerata creó un género dramático y musical en un intento por hacer renacer la música y el teatro griegos. Como la música de la Grecia clásica no se conocía, surgieron hipótesis y teorías acerca de cómo debía ser la interpretación musical en la Antigüedad. La tesis principal sostenía que el drama griego era dialogado y cantado, de tal forma que la inflexión de la declamación vocal no distorsionaba la transmisión de los textos, cargados muchos de ellos de gran emotividad y fuerza psicológica.

La primera experimentación de la Camerata se hizo con canciones en las que se respetó la declamación verbal hablada, intentando dar a cada sílaba una nota para que se entendiera todo el texto. Un laúd o un clave hacían de acompañamiento enriqueciendo armónicamente el canto (incluso con disonancias para dotar de mayor expresividad algunas partes de la canción más tensas o dramáticas) y conteniendo el ritmo. Asimismo, los pasajes que interesaba recalcar por su interés te del intermedio.

El resultado fue un trabajo estructuralmente más equilibrado y musicalmente más rico, más sincronizado con el desarrollo dramático. De Peri y Caccini adoptó el recitativo con continuo, aunque lo dotó de mayor fuerza expresiva y dramática. A estos recitativos se unieron partes cantadas con orquesta, denominadas «recitativo ario-so», y arias, coros y una orquesta muy desarrollada que interpretaba sinfonías, ritornelii y danzas.

Roma y la corte papal se convirtieron en un importante centro de evolución de la ópera después de la experiencia de Monteverdi. Dos músicos romanos, Benedetto Ferrari y Francesco Manelli, ante la inminente muerte del papa Urbano VIII, se trasladaron a Venecia. En esta ciudad comenzaron a componer óperas, pero no para un auditorio aristocrático o de corte, sino para el público en general, ya que consideraron que la pujante burguesía veneciana podía financiar representaciones de este tipo.

En 1637 se estrenó el primer teatro de ópera en la cosmopolita ciudad mediterránea; el Teatro San Cassiano. Fue también en Venecia donde Monteverdi (L’incoronazíona di Poppea, 1642, e II ritorno d’Ulisse in patria, 1640) continuó su carrera y donde surgieron nuevos compositores, como Cavalli y Cesti.

Desde mediados del siglo XVIIy durante el XVIII, Nápoles se transformó en un centro operístico de primer orden. La escuela napolitana tuvo como maestro indiscutible a Alessandro Scarlatti (1660-1725), y creó dos subgéneros, la opera seria y la opera buffa.

La ópera seria fue el que tuvo mayor aceptación. Alternaba Los recitativos para la acción y las arias para la manifestación de los sentimientos de los personajes. La sinfonía operística napolitana era la encargada de la obertura. Hacia 1720 surgió la costumbre de interpretar, en los entreactos de la ópera seria, breves óperas con argumento cómico, a modo de interludios. Surge así la ópera bufa, cuyo contenido dramático fue deudor de la commedia dell’ arte italiana.

Su estilo vocal es más sencillo que el de la ópera seria. Pergolesi fue el compositor más destacado. La serva padrona (1733) es una obra maestra del género, punto de partida de una modalidad que, si bien se concibió como un mero entretenimiento cómico, paulatinamente deviene en comedia de tipo social, que desemboca en la ópera de Mozart y Rossini, a través de una sabia naturalización del desarrollo escénico con la mezcla de elementos de Las óperas seria y bufa.

La primera ópera francesa

La ópera francesa mantuvo su independencia de la italiana desde sus orígenes, con el ballet de cour y la comédie ballet, ambos creados a finales del siglo XVI, y se consoíidó con la tragédie lyrique de Lully, en la siguiente centuria. Este último subgénero, al igual que las comedias barrocas francesas, constaba de cinco actos, recitativos musicales, arias, coros, danzas y una obertura francesa (que en el siglo XIXse impondrá sobre la sinfonía al estilo napolitano).

Como reacción a la llegada a París de la ópera bufa italiana de Pergolesi, en 1752 se creó la opera comique, con textos hablados.

orfeo y la musicaLa ópera francesa resultó diferente de la italiana; se tendió más a la utilización del recitativo que a la del aria, ésta más breve que la italiana y más simple tanto en ritmo como en estructura (normalmente eran binarias o tenían forma de rondó).

En suma, la ópera había creado a finales del siglo XVIII un número de modelos fijos que se difundieron por toda Europa; mientras que en Francia predominaba la ópera francesa, en el resto de Europa triunfaba lo italiano. Por encima del desarrollo dramático estaban los cantantes, verdaderos divos y virtuosos de la voz.

Ello desembocó en una profunda reforma, que, desde París, protagonizó Gluck; su Orfeo y Eurídice, estrenada en 1762, despojó a la acción del ornato y la suntuosidad barrocas con el objetivo de naturalizar a los personajes y agilizar el desarrollo dramático. La ópera seria adoptó también los dúos, tercetos o cuartetos vocales usados en la ópera cómica, al mismo tiempo que ésta utilizaba personajes hasta el momento coto exclusivo de la ópera seria. Mozart fue, sin duda, el compositor que remató esta interesante mezcla de subgéneros y el que culminó la reforma iniciada por Gluck: las bases de la ópera del siglo XIX estaban sentadas.

Orfeo: e! amor y la música
Una de las más bellas leyendas de la mitología clásica es, sin duda, la del músico tracto Orfeo, a quien se le atribuye el invento de ¡a lira. Casado con la ninfa Eurídice, tuvo que soportar su pérdida, ya que ésta, al ser mordida por una víbora, murió y descendió al infierno. Pero Orfeo no se resignó: fue en su busca y consiguió de los dioses el privilegio de poder retornar con ella al mundo de los vivos, con la condición de no volver ¡a vista atrás antes de que ambos amantes hubiesen abandonado el recinto infernal.

Concluido casi el retorno, el joven tracto, que ya había alcanzado la luz, no pudo resistir el deseo de contemplar el rostro de Eurídice y se volvió. Pero la ninfa, que todavía no había abandonado el Infierno, se desvaneció ante la mirada impotente de Orfeo, quien desde entonces se dedicó a vagar sin rumbo, acompañando su dolorida existencia con los sones de su lira, hasta que fue fulminado por un rayo de Zeus, o, según otra versión, despedazado por las terribles Ménades.

Su leyenda dio origen a toda una cosmogonía o explicación mítica de los orígenes del mundo y la implantación de ritos iniciático (orfismo). Su presencia en las artes ha sido continua, sobre todo en el terreno musical y en el teatro, destacando en este último campo la obra Orfeo (1927), del escritor francés Jean Cocteau.

¿Que es el Ballet Clásico?

Vida y Obra de Ghiberti Lorenzo Historia Puerta del Paraiso Florencia

Vida y Obra de Ghiberti Lorenzo Historia Puerta del Paraiso

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades.

Lorenzo GhibertiLorenzo Ghiberti (1378-1455) es el primero de los escultores florentinos del siglo XV; hasta los más eminentes artistas de esa época se formaron en su taller.

El estilo aún gótico de sus primeras obras se hace cada vez más complejo a través del estudio de la perspectiva y de la incansable búsqueda de la «luz», elementos ambos que tanto apasionaron a los artistas florentinos del siglo XV.

«Son tan bellas que podrían colocarse a la entrada del Paraíso».
Así se expresó un día el gran Miguel Ángel, que no prodigaba los elogios, al detenerse a admirar la nueva puerta del Baptisterio florentino, última obra maestra de Lorenzo Ghiberti.

Que aquella «puerta del Paraíso» era hermosa, lo sabían todos en Florencia… hasta los profanos en la materia. Pero el florentino más convencido de ello era el propio Lorenzo Ghiberti, que —con una franqueza rayana en la inmodestia— había firmado su trabajo con estas palabras: «Obra de Lorenzo Ghiberti, ejecutada con maravilloso arte». Nadie, sin embargo, se asombró de tal inscripción, ya que era rigurosamente cierta. Por lo demás, si alguien se hubiera atrevido a pensar que el autor de semejante rúbrica debía ser un auténtico «cara dura»… no se habría alejado mucho de la verdad.

La «cara dura» de Ghiberti, puesto que era de bronce, estaba allí mismo, sobre uno de los batientes de la puerta: un rostro abierto, bondadoso, con las cejas un poco enarcadas, confiriéndole una expresión perspicaz y vagamente irónica. Pero junto a su propia imagen, como si hubiera querido dividir el mérito de aquella obra maestra en partes iguales, Ghiberti había colocado la efigie de su padrastro, Bartolo de Michele, llamado Bartoluccio por los florentinos, que había sido su maestro; y este acto de modestia y generosidad basta para absolverlo de toda sospecha de presunción.

Puerta Harte del Baptisterio de Florencia (1403-1424)

Lorenzo Ghiberti: Puerta Harte del Baptisterio de Florencia (1403-1424) – Por voluntad de los autores del encargo, Ghiberti, al esculpir la primera puerta del Baptisterio de Florencia, se atuvo fielmente al modelo que había ejecutado Andrés Pisano, en la primera mitad del siglo XIV, para el mismo Baptisterio. La puerta está subdividida en 28 paneles de bronce, 14 por batiente, en cada uno de los cuales se incluye un marco cuadrilobulado que encierra a las figuras. En las dos filas inferiores, el escultor representó a los cuatro evangelistas y a los cuatro «padres» de la Iglesia, seguidos, en orden ascendente, por los episodios más significativos de la vida de Jesús. La regularidad geométrica de los recuadros se enriquece con los elegantísimos frisos que los enmarcan y con la vivacidad de las cabezas de profetas que surgen en los ángulos. Las figuras doradas resaltan sobre el fondo oscuro del bronce. La fundición de la puerta fue muy difícil, y se realizó en dos tiempos: primero, el marco con los 28 compartimientos; luego, las placas esculpidas.

EL FAMOSO CONCURSO
Lorenzo se reveló como un artista precoz: cuando, en 1401, participó en el famoso concurso para la puerta del Baptisterio de Florencia, sólo tenía 23 años. El tema del concurso era la ejecución de una placa de bronce que reprodujera el «Sacrificio de Isaac». Tras una primera «eliminatoria», pasaron a la final siete artistas de «campanillas», entre ellos Jacobo della Quercia y Filippo Brunelleschi.

No es difícil imaginar el clima de competición que se creó en la ciudad cuando los seleccionados se pusieron al trabajo, ni las discusiones de los «partidarios» sosteniendo a sus favoritos, ni la curiosa expectación.

Los siete artistas trabajaron en el más completo secreto, para no correr el riesgo dé copiarse recíprocamente. Es decir, los siete, no, porque Lorenzo Ghiberti, el más joven de ellos, invitó a todos los ciudadanos que lo desearan a examinar sus modelos y a declarar abiertamente su parecer. Los maldicientes, por supuesto, dijeron que con ello sólo intentaba predisponer a favor suyo al j rado…
Pero se engañaban: la obra de Ghiberti resultó perfecta, digna, sin duda, de la victoria.

Para los treinta y cuatro componentes de la comisión, sin embargo, no fue fácil decidir entre las placas presentadas por Ghiberti y Brunelleschi, ya que ambas eran muy bellas, aunque completamente distintas en la ejecución y en el estilo. Finalmente se optó por una decisión salomónica: los dos artistas trabajarían juntos en la puerta del Baptisterio. Brunelleschi se negó.

MEDIA VIDA
Inició la tarea cuando era todavía un joven, y la terminó a los cuarenta y seis años de edad. Acaso al participar en la ceremonia de consagración de la puerta, en la mañana de Pascua de 1424. se dio cuenta de que la mitad de su vida se le había ido en aquel trabajo. Pero merecía la pena. La puerta, elegantísima, perfecta, era el resultado de un feliz equilibrio de arte y sabiduría técnica. Y sólo Florencia podía jactarse de poseer semejante maravilla.

UN TALLER CONCURRIDO
Entretanto, el taller de Lorenzo Ghiberti se había llenado de ayudantes, aprendices y alumnos. entre los cuales se contaban algunos, como Donatello y Paolo Uccello, que no tardarían mucho en hacerse famosos. La vida del escultor transcurría en medio de un tranquilo bienestar: tenía mujer, dos hijos que pronto incrementarían el número de sus colaboradores, una bonita casa en Borgo Allegri y algunas fincas fuera de la dudad. Y era. además, famosísimo.

En su taller se hacía de todo: finísimos trabajos de orfebrería, estatuas de bronce de más de dos metros de altura, destinadas a la iglesia de Orsanmichele, bosquejos para las vidrieras sacras, vírgenes de terracota, pinturas sobre madera y. vidrio… Y, cuando se habló de encargar la tercera y última puerta del Baptisterio (la primera había sido esculpida por Andrés Pisano, un siglo antes), a nadie, y tampoco a Ghiberti, se le pasó por la cabeza que pudiera ser confiada a otras manos.

Como siempre, el resultado satisfizo a todos: se trataba, efectivamente, de la «puerta del Paraíso». Si bien aquella vez, en el entusiasmo febril del trabajo» transcurrió casi un decenio: en 1452, cuando dio  últimos toques a su obra, Ghiberti tenía más de 70 años.

Por aquella época, el artista llevaba ya bastante adelantada la redacción de sus «Comentarios», que continuó escribiendo, sereno y en paz, hasta el día de su muerte acaecida el 1° de diciembre de 1455. En los «Comentario se refería también a su propia persona, objetivamente concluyendo la parte autobiográfica con otra de sus tajantes afirmaciones: «Pocas cosas importantes se han hecho en nuestra tierra (la Toscana) que no hayan sido dibujadas u ordenadas por mi mano». Pero tampoco esta vez los lectores encontraron presuntuosa la frase. Es cierto: Lorenzo Ghiberti había educado y enseñado arte a toda una generación de escultores.

 Detalle de la Puerta Norte del Baptisterio Florencia

Lorenzo Ghiberti – Detalle de la Puerta Norte del Baptisterio  Florencia: Anunciación – Esta placa de la primera puerta ejecutada por Lorenzo Ghiberti con destino al Baptisterio de Florencia, constituye un ejemplo de la sobria elegancia características del estilo de este escultor. Observemos la armonía y el equilibrio con que la escena ha sido colocada en el marco de cuatro lóbulo El templete que acoge la figura de la Virgen ocupa la mitad exacta de la superficie disponible; las figuras del ángel y del Padre Eterno,oportunamente curvadas para adaptarse mejor al  contorno redondeado del marco, «equilibran» la otra mitad. Notemos también cómo las alas del ángel se introducen en el  ángulo del marco, favoreciendo el ritmo.

puerta del infierno ghiberti lorenzo

Lorenzo Ghiberti: Puerta del Paraíso (1425-52) – Florencia, Baptisterio – En la «puerta del Paraíso» Ghiberti utilizó una subdivisión distinta de la empleada en las otros dos puertas del Baptisterio. Eligió como tema los hechos del viejo’ Testamento, narrados en diez amplias escenas, contenidas en marcos rectangulares. Los frisos verticales reproducen elegantes figuras de cuerpo entero y cabezas rodeadas por marcos circulares. La tercera pareja de cabezas del friso central de la puerta, empezando a contar desde abajo, está formada por los retratos del escultor (a la derecha) y de su padrastro y maestro, Bartolo di Michele, llamado Bartoluccio (a la izquierda). El estilo del artista ha cambiado mucho. Las escenas son más ricas en detalles y están animadas por un claroscuro que les confiere un vivaz efecto «pictórico». El paisaje y los edificios del fondo fueron ejecutados según las reglas de la perspectiva, es decir, disminuyendo la altura del relieve, a medida que las figuras se alejan del primer plano.

El Arte Neoclasico Historia del Arte Barroco y Rococo

El arte neoclásico

La arquitectura, la escultura y la pintura defines del siglo XVIII y los primeros años del siglo XIX se convirtieron en importantes testimonios del pensamiento de la Revolución Francesa y de la época napoleónica.

Arte y política

En los años previos al estallido de la Revolución Francesa se inició en Francia el Neoclasicismo. Esta corriente estilística reaccionó frente a las formas monumentales y fastuosas del Barroco y del Rococó para centrarse en formas más simples y armoniosas.

El nuevo estilo buscó en los modelos del Renacimiento y de la antigüedad clásica su fuente de inspiración. El descubrimiento y posterior excavación de las minas de las ciudades italianas de Pompeya y Herculano, sepultadas por una erupción del volcán Vesuvio en el año 79 d.C., favorecieron el interés por el arte grecorromano. La investigación arqueológica en el suelo griego y la isla de Sicilia también permitió descubrir obras clásicas.

Estos hallazgos despertaron un considerable entusiasmo entre los hombres de la Ilustración, quienes valoraron especialmente la armonía y el equilibrio del arte antiguo. Para estos pensadores, el arte debía tener un fin didáctico y moral. Según Diderot, el arte debía “hacer la virtud atrayente, el vicio odioso y el ridículo claoroso”. Por su parte, la ideología de la Revolución Francesa.

encontró su medio de expresión y propaganda en las formas características de Grecia y. especialmente. de Roma. Con Napoleón Bonaparte, el estilo neoclásico halló una nueva vía de afirmación al servir de soporte a su concepción del poder centralizado, que se manifestó a través de la figura imperial.

El estilo neoclásico excedió el marco de la arquitectura, la pintura y la escultura e influyó en el mobiliario, la cerámica y los tejidos.

El Pintor de la Revolución y el Imperio

Jacques Louis David (1784-1825) fue el pintor neoclásico por excelencia y el más admirado de su tiempo. Como los pensadores de la Ilustración, él también creía que el arte podía revelar con facilidad verdades a las que la razón llegaba con mayor esfuerzo. Comprometido con la Revolución. David consideraba que sus pinturas debían contener una enseñanza, expresada de manera clara y sobria. Más tarde, se convirtió en el primer pintor de Napoleón y retrató los momentos más importantes de su carrera militar y política. Tras la caída de Napoleón, abandonó Francia y se exilió en Bruselas, donde murió.

Cupido y Psiquis. Detalle de la escultura en mármol de Antonio Canova (1757-1822).
El veneciano Canova es el máximo representante de la escultura neoclásica.

El juramento de los Horacios. Óleo de David, 1784.

En esta obra, el artista representa un episodio de la historia de Roma: en un momento de extremo peligro, tres hermanos romanos, hijos del jefe militar romano Horacio, deben luchar a muerte contra tres hermanos de la ciudad enemiga de Albalonga, llamados los Cudacios, por el honor de su ciudad y el dominio del territorio. David pintó el momento en que los jóvenes juran, ante las espadas que sostiene su padre, morir por su patria, a pesar de que las dos familias —los Horacios y los Curiacios— estaban unidas por lazos familiares. A la derecha de la composición, las mujeres de la familia lloran con desesperación. Si bien este cuadro fue pintado pocos años antes de 1789, cuando estalló la Revolución se vio en él un antecedente de la misma, porque el tema destaca los valores de la libertad y la defensa de la patria y exalta a la República romana como una época en la que se desarrollaron especialmente esos valores.

Arco de triunfo de la Plaza del Carrousel. Arquitectos Carlos Percier y Pedro Fontaine, 1806.
Con este monumento, inspirado en los arcos de triunfo romanos, se exalta la figura de Napoleón. La decoración del arco alude a la victoria de las tropas imperiales en todos los frentes de batalla. Sobre las columnas se levantan las estatuas de soldados napoleónicos.

Las sabinas. Óleo de David, 1799.
Nuevamente la exaltación del valor se encarna en la historia de la antigua Roma. En este caso, David representó el episodio en el que las mujeres sabinas, raptadas por los romanos que carecían de mujeres en la recientemente fundada Roma, se interponen entre sus maridos (los romanos) y sus padres para obtener la paz. El extremo rigor de la composición no impide que trasunte gran dramatismo. La mujer con los brazos abiertos, que impone con su gesto el fin de la lucha, encierra una intención política: es un símbolo del triunfo y un llamado a la reconciliacion. Cuando David pintó este cuadro, Napoleón iniciaba su brillante carrera.

Consagración de Napoleón. Óleo de David, 1808.
En esta obra se representa el momento en el que Napoleón, que ya se ha coronado emperador, corona a su esposa Josefina. Deliberadamente David representa al gobernante como a un emperador de la antigua Roma, tal como lo sugiere el uso de la corona de laurel, las sandalias, la túnica y la toga (en este caso con el borde ricamente bordado).

Fuente Consultada: Historia 2 El Mundo Moderno (Desde el siglo XV hasta comienzos del XIX) Omar Bagnoli y Otros.

El Arte Rococo Origen del Estilo Historia y Características

ARTE: ORIGEN E HISTORIA DEL ESTILO ROCOCÓ

El arte rococó: El refinamiento y la elegancia de las cortes europeas del siglo XVIII se vio reflejado en el arte rococó. El espíritu ligero y aparentemente despreocupado del siglo XVIII se refleja en el rococó. Toda realización artística existió entonces en función de la frivola vida sans souci, o «sin preocupaciones» (nombre que el rey filósofo Federico II puso a su residencia de campo cerca de Berlín). En efecto, se quiso huir de las preocupaciones cotidianas para volver a crear, en la naturaleza o en un interior esmeradamente decorado, el soñado marco de la alegría de vivir.

Un estilo esencialmente decorativo: El término “rococó” deriva del francés rocaille, que puede traducirse como rocalla, dibujo en forma de valva de ostra, elemento principal de la decoración rococó. Esta forma, al combinarse con elementos vegetales, adquirió un carácter antinaturalista y fantástico. Este tipo de decoración se empleó en los techos y en las paredes de los palacios, complementada con grandes espejos dorados y suntuosos cortinados.

Durante el reinado de Luis XV, el estilo presenta innumerable cantidad de curvas y contracurvas y es muy recargado; en la época de Luis XVI aparecen, en cambio, líneas rectas y ciertos elementos decorativos de origen greco-latino que se vinculan con el descubrimiento de la ciudad romana de Pompeya. Este gusto por una mayor sobriedad se relaciona también con la presencia del racionalismo burgués expresado en las ideas de la Ilustración.

En la pintura y la escultura los personajes son representados con mucha elegancia y la naturaleza está idealizada. La pintura desarrolló diferentes temas, entre los que predominaron el retrato, los temas mitológicos, las escenas cortesanas y el paisaje. Este último tuvo gran desarrollo en Venecia, donde pintores como Canaletto y Guardi captaron distintas vistas de la ciudad y diferentes ceremonias que se desarrollaban en sus calles y plazas.

En Francia, lugar de origen del arte rococó, sobresalieron Watteau, Fragonard y Boucher, que pintaron escenas aristocráticas y cortesanas.

Durante el siglo XVII, el barroco alcanzó un brillante desarrollo: tradujo de modo exuberante y artístico el espíritu de la Contrarreforma y el absolutismo de los soberanos. Después cambiaron las costumbres y el espíritu arquitectónico hizo lo mismo; así, en el siglo XV el barroco se transformó en rococó.

El columpio (detalle). Óleo de Jean-Honoré Fragonard (1732-1806).
A partir de 1767. Fragonard comenzó a pintar una serie de paisajes, retratos y escenas a la que llamó Fiestas galantes. De esa serie, El columpio fue su obra más conocida.

Estuco: Masa de yeso y agua de cola que se utiliza para hacer esculturas y relieves en muros y bóvedas, así como objetos que luego se doran o pintan. También recibe ese nombre la masa de yeso fino, cal apagada y polvo de mármol con la que se revocan paredes, que luego se pintan o barnizan.

Salón con decoración rococó de la academia del Teresianum, en Viena.
El mármol simulado, los estucos y las maderas pintadas son recursos decorativos habituales en el estilo rococó.

Vista de San Marcos desde San Giorgio Maggiore. (detalle)
Óleo de Canaletto (1697-1768).

Las pinturas de Canaletto constituyen un documento gráfico de gran exactitud. Al dibujo minucioso de los edificios y de otros elementos representados, Canaletto agregaba un cuida­doso trabajo para representar las características atmosféricas y los detalles de color. El conjunto, sin embargo, no sólo produce un efecto realista. La composición de la imagen y el uso del color le confieren teatralidad, un rasgo característico de la pintura del siglo XVIII.

Retrato de Mademoiselle Henriette. Óleo de Jean-Marc
Nattier (1685-1766), 1754.

El retrato fue el género pictórico más desarrollado durante el siglo XVIII. La monarquía y los miembros de la nobleza y la alta burguesía encargaban a los artistas retratos que expresa­ran sus ideales de vida. El retrato de Mademoiselle Henriet­te, princesa de la casa real francesa, muestra las característi­cas de estas pinturas destinadas a engalanar los ambientes de las residencias de la nobleza.

Mademoiselle Henriette, vesti­da con ricas telas, aparece delante de un enorme cortinado mientras se dispone a tomar el cello. El pintor la ha retratado como si la hubiera sorprendido tocando música y ella en rea­lidad no hubiera posado. Los instrumentos musicales presen­tes —detrás del cortinado se asoma un clave— sirven para convertir a la joven en una alegoría de la música.

Gules. Óleo de Antoine Watteau (1684-1721), 1717.
Watteau fue uno de los máximos representantes del arte rococó. En esta obra, cuya figura central es un payaso, rompe con los esquemas tradicionales de tomar como protagonista a un rey, a un santo o a algún otro personaje destacado.

PARA SABER MAS…

Este nuevo estilo es fiel reflejo de las tendencias de la época: durante este siglo de los filósofos, la Iglesia y el absolutismo sufrieron duros golpes. La nobleza, que se sentía más independiente, empezó a hacer encargos a los artistas. Al mismo tiempo, la fastuosa vida de la corte cedió el paso a la vida de los salones, más íntima. Los salones, que gozaron de inigualable favor, permitieron valorar al «hombre culto».

Tanto en las conversaciones como en el arte, la solemnidad desapareció y dio paso al desenfado. Mientras que el barroco sólo tendía a impresionar a la masa, el rococó quería, sobre todo, agradarle. Abusó de la concha y la rocalla (de rocaille, trabajo en roca), hasta el punto de que los admiradores del clasicismo llamaron burlonamente «rococó» a este estilo.

El rococó fue, esencialmente, un arte de interiores. La estructura exterior de un edificio podía conservar un orden severo y clásico, pero el interior estaba totalmente concebido en estilo rocalla.

En Francia, Luis XV se mostró tan entusiasta de este estilo que mandó transformar toda un ala del Palacio de Versalles e hizo decorar numerosos saloncitos íntimos al gusto de la nueva moda. Las paredes se dividieron en paneles enmarcados por decorativos revestimientos de madera. Para esto se empleó más la madera y el estuco que el mármol, porque estos materiales se prestaban más a las curvaturas atormentadas.

El barroco ya había destronado la línea recta en benefic’ ) de la curva. El rococó hizo más: la sustituyó definitivamente por un juego de líneas ondulantes. Además, se dio preferencia a los delicados tonos pastel y al dorado (e incluso al blanco), de modo que los interiores se hicieron más alegres y agradables. Los muebles, artísticamente taraceados y llenos de gracia y refinamiento, subrayaron, también, el carácter íntimo y alegre del interior rococó.

Este estilo no se limitó a Francia, sino que también se implantó firmemente en Alemania, sobre todo en el sur. Famosos arquitectos como Baltasar Neumann (1687-1753) y Dominikus Zimmermann (1685-1766) construyeron iglesias en las que aplicaron con la mayor perfección estos nuevos conceptos. Lograron combinar en un conjunto armonioso los elementos arquitectónicos y decorativos.

Con la iglesia de peregrinación de Vierzehnheiligen, Neumann alcanzó, indudablemente, la cúspide de esta elegante arquitectura religiosa. De dimensiones sin duda más modestas y de concepción más rústica, la iglesia de Wies (cuya nave reproducimos en la página de la derecha), que fue proyectada por Zimmermann en 1745, es otra joya de la arquitectura rococó.

Iglesia Weiss Estilo Rococo

La atmósfera de pomposa exuberancia que reina en estos lugares está aún más subrayada por los efectos de luz producidos por el juego del sol en las ventanas sabiamente dispuestas. Viendo estas líneas atormentadas, con magníficos frescos y doradas estatuas, se podría creer que los arquitectos quisieron mostrar a los peregrinos un rincón del paraíso.

El rococó también influyó en las demás artes. Por la delicadeza de formas y colores, pintores como Jean-Antoine Watteau (1684-1721), de Valenciennes, testimoniaron los conceptos de vida refinada y la alegre despreocupación de su época.

Pero examinemos de cerca un cuadro de Watteau: el indefinible matiz de melancolía del que están impregnados sus galantes personajes de desenfadado aspecto, a veces nos sugiere la idea de que danzan sobre un volcán. Esto nos hará deducir también que el siglo xviii intentó, sin duda, huir de las preocupaciones cotidianas y regresar a la naturaleza.

La obra de Watteau ejerció gran-influencia sobre Boucher, Fragonard y el inglés Gainshorough. El maestro de la pintura sobre bóveda Juan Bautista Tiépolo, un veneciano que tuvo un éxito colosal, fue otra gran figura de esta época. Sus frescos, por lo general alegóricos, destacan por su movimiento, sus vivos colores y su resplandeciente luminosidad.

En el adorno de los interiores se utilizó tanto la escultura como el grabado, del que el antuerpiense Verbercht dejó en Versalles ejemplares especialmente logrados. Además, las porcelanas, pintadas o no, de Sévres, cerca de París, o de Meissen en Sajonia, estuvieron muy de moda. Todavía hoy estas gráciles figurillas llenas de gracia siguen siendo buscadas por los coleccionistas.

Por último, con su música fresca, graciosa y radiante, compositores como Haydn y Mozart quisieron no sólo animar esta vida frivola, sino también representarla.

Fuente Consultada: Historia 2 El Mundo Moderno (Desde el siglo XV hasta comienzos del XIX) Omar Bagnoli y Otros.

El Arte Barroco Americano y Rococo Renacentista y Neoclasico

El Barroco americano

El arte americano presenta características originales a causa de las influencias de los modelos peninsulares y del arte precolombino. En América, el Barroco se desarrolló desde mediados del siglo XVII hasta los comienzos del siglo XIX.

Las características del arte barroco en América

Las obras artísticas realizadas en las colonias americanas presentan algunas características propias que las diferencian de las hechas en Europa. Esta situación se debió a la distancia existente entre las metrópolis y las colonias y a la ausencia en América de grandes artistas europeos. Fue decisiva la presencia de una tradición artística precolombina que influyó en la creación de un estilo particular. Objetos llegados del Asia sirvieron también como fuentes de inspiración, en especial, en el arte desarrollado en las colonias portuguesas y en la zona de la costa del Pacífico.

Los rasgos básicos del estilo barroco se transmitieron a América fundamentalmente por medio de la enseñanza de los religiosos, que utilizaban libros o estampas que contenían obras realiza-das por artistas europeos.

Asimismo, la presencia de artistas europeos, criollos, indígenas y mestizos contribuyó a crear un lenguaje plástico propio de cada una de las grandes regiones americanas.

Una de las principales características del Barroco americano es la importancia que adquirió la arquitectura con respecto a las otras artes. Esta propuesta se debe a la necesidad de crear iglesias para recibir a las poblaciones recientemente cristianizadas. Otra característica importante es la rica decoración de las fachadas y los interiores de los edificios.

Imágenes del Barroco en América

Durante los siglos XVII y XVIII existieron en América diversos centros artísticos.

• En el Virreinato de Nueva España, la arquitectura colonial se destaca por el empleo de diferentes materiales de colores intensos, usados de diverso modo en las diferentes partes de México.

Las torres de los edificios religiosos suelen presentar una gran decoración en sus columnas, comisas y tallas en la parte superior.

En el interior de estos templos suele desarrollarse una exuberante ornamentación, realizada con yeserías y estucos y pintada con vibrantes colores. Los retablos, las imágenes talladas y de vestir y las pinturas transforman a la iglesia en un lugar maravilloso, donde el fiel ora y medita.

• El Virreinato del Perú se caracterizó por las diferentes soluciones que cada región dio a los problemas arquitectónicos. Mientras que en Lima, la capital, se realizo una arquitectura más sobria, en ciertas zonas (Cajamarca, Arequipa, El Callao) se desarrollaron más los elementos decorativos. Una característica general de la arquitectura del Virreinato del Perú es su escaso colorido, a diferencia de la del Virreinato de Nueva España.

Iglesia de la Virgen de Ocotlan, en Tlaxcala, México. Siglo XVIII.
En la fachada de esta iglesia se observa el uso de la chiluca, una piedra de color blanquecino, y del tezontle, de color rojizo. Con la primera se recubrió la zona superior y la portada; con la segunda, la parte baja de las torres.

En el Río de la Plata existieron diferentes regiones estilísticas: Buenos Aires y la región pampeana; la Mesopotamia, donde se hallaban las misiones guaraníes; Córdoba y el centro del territorio de la actual Argentina; el noroeste de la actual Argentina, estrechamente vinculado con el Alto Perú (actual Bolivia).

En la actual provincia de Córdoba, los jesuitas fundaron estancias para cultivos y cría de ganado con el objeto de mantener el Colegio que habían establecido en la ciudad de Córdoba. Las estancias eran centros de producción, a diferencia de las misiones que eran lugares de evangelización.

• En Brasil, fuera de la influencia española, se destacan las esculturas realizadas por El Aleijadinho, un artista brasileño de origen mestizo. Recibió lecciones de su padre, que era tallista y arquitecto, y de otros escultores residentes en Ouro Preto. Las mutilaciones y deformaciones producidas por una enfermedad —su apodo quiere decir “El lisiadito”— no le impidieron cumplir una importante obra como arquitecto, retablista y escultor.

Iglesia de San Juan Bautista, en Yanahuara, Perú. Mediados del siglo XVIII.

La fachada de San Juan muestra, de manera similar a otras iglesias de la zona arequipeña, una decoración con motivos vegetales y animales. Ésta ha sido realizada con piedras blancas de origen volcánico. Cuando el sol la ilumina, se produce en ella un gran contraste de luces y sombras.

Iglesia de Santa Catalina en Córdoba, Argentina. Mediados del sigloXVIII.

El movimiento que presenta la fachada, a través de las líneas entrantes y salientes del portal, y el remate que la corona son característicos del Barroco. Cada estancia jesuítica tenía su iglesia: la de Santa Catalina penenecía a la estancia homónima.

Profetas, Iglesia del Buen Jesús de Matonzinhos en Cogonhas do Campo, Minas Gerais, Brasil. Escultura de Antonio Francisco Lisboa, llamado El Aleijadinho.

Los doce profetas, esculpidos en piedra para las escalinatas de la Iglesia del Buen Jesús, dominan a través de sus gestos —graves o exaltados— el panorama montañoso. En su vigorosa talla puede advertirse la influencia portuguesa, modificada por elementos populares o asiáticos. Para esta iglesia, el escultor talló también un Vía Crucis, realizado totalmente en madera, que presenta rasgos tan expresivos como los profetas.

Fuente Consultada: Historia 2 El Mundo Moderno (Desde el siglo XV hasta comienzos del XIX) Omar Bagnoli y Otros.

El Arte Renacentista Siglos XIV y XVI Caracteristicas y Etapas

El Arte Renacentista Siglos XIV y XVI
Características y Las Etapas Quattrocento y Cinquecento

Las artes plàsticas,  especialmente la pintura, dan testimonio de los grandes cambios producidos en la cultura ¿Le los ultimos siglos de la Edad Media. El arte italiano del siglo XIV es el antecedente ,mis importante del arte del Renacimiento.

Un Mayor Naturalismo en la Pintura

La obra de los artistas que trabajaron en Italia durante el siglo XIV es un ejemplo de la nueva forma de representación, preocupada por captar aspectos de la naturaleza, individualizar a los personajes y representar el espacio en profundidad. La pintura italiana de la época introdujo el paisaje, ausente en el arte medieval, en el que se advierten imágenes de lugares reconocibles y cotidianos para los observadores del siglo XIV. Con estas características, el arte se aproximó a la realidad, las obras ganaron en naturalismo y, al mismo tiempo, permitieron que el observador se sintiera identificado con la imagen representada.

Todas estos elementos son un reflejo de los profundos cambios que comenzaron en Italia a partir del siglo XIV y que pusieron fin al modo de pensamiento medieval.

La “Anunciación”. Detalle de la Maestá. Pintura sobre tabla de Duccio
Mediante un juego de de arcos. que indican los accesos a la habitación en la que se encuentra María leyendo. se acentúa la profundidad espacial.

Encuentro en la puerta de oro (detalle). Capilla de la Arena de Padua. Fresco de Giotto. La escena presenta gran naturalidad gracias a los gestos, al volumen y a los ropajes de los personajes. En este detalle se observa parcialmente el paisaje urbano.

Dos importantes artistas de la época

Los más importantes pintores de esta época fueron los italianos Duccio y Giotto, que vivieron entre la segunda mitad del siglo XIII y los comienzos del siglo XIV. Fueron también los responsables de la evolución hacia un mayor naturalismo en la pintura, que se produjo en ese período.

Entre las obras de Duccio se destaca la Maestà, un gran retablo realizado para ser colocado en el altar de la catedral de Siena, terminado en el año 1311. El retablo, que actualmente se encuentra separado en múltiples partes, está pintado en sus dos caras. El sector central de la cara anterior presenta una imagen de la Virgen y el niño, rodeados por santos y ángeles. En cambio, la cara posterior está dividida en catorce compartimientos que representan la Pasión de Cristo.

Entre las numerosas obras pintadas por Giotto se destacan los frescos de la Capilla de la Arena de Padua, encargados por la familia de los Scrovegni, y el ciclo de la Vida de San Francisco, que se encuentra en la Basflica Superior de Asís. Este último es un conjunto de pinturas inspiradas en la vida del santo. La pintura de Giotto nos permite analizar de qué manera reapareció la representación de un espacio exterior.

“La entrada de Cristo a Jerusalén”. Escena de la Maestá. Témpera sobre tabla de Duccio. Museo de la catedral de Siena.
El
arco de entrada a la ciudad delimita el espacio en el que se encuentran los personajes. El paisaje urbano muestra edificios existentes en aquel momento en las ciudades italianas.

“El sermón de los pájaros”. Escena de la Vida de San Francisco de Giotto. Iglesia Superior de Asís.
En esa escena, San Francisco dirige su palabra a los pájaros, acompañado por otro monje. En el paisaje que lo rodea pueden verse varios árboles entre los que vuelan los pájaros. Los colores utilizados por el pintor —que son los que corresponden a los objetos— facilitan el reconocimiento de un paisaje real.

El Arte de los Siglos XVI y XVI (Parte 1)

SIGLO XVI: La hegemonía española

Primera potencia europea, España, dueña de un imperio «en donde no se ponía el sol», inició su «siglo de oro». Los relatos místicos de Santa Teresa de Ávila y de San Juan de la Cruz, la poesía de Góngora, las primeras obras de Lope de Vega y de Cervantes y la pintura de El Greco dieron testimonio de la diversidad y la originalidad de su producción literaria y artística.

El soberano absoluto quería ser el más fiel defensor del catolicismo. Se casó con María Tudor, reina católica de Inglaterra (1554-1558); luego con la hija de Enrique II y de Catalina de Medici. Dio su respaldo a la Inquisición en la persecución de los moros y de los judíos conversos, y reprimió con dureza todo intento de protestantismo. Las guerras se sucedían en todos los frentes.

En 1571, los turcos fueron derrotados en Lepanto, pero, en 1588, la Armada Invencible sufrió un serio revés frente a la Inglaterra protestante. La represión contra los calvinistas de los Países Bajos no tuvo éxito y las Provincias Unidas proclamaron su independencia. La intervención en los asuntos de Francia durante las guerras de religión resultó infructuosa.

A fines de siglo, España se encontraba debilitada mientras que Inglaterra, gobernada por Isabel, iniciaba su proceso de expansión, basando su prosperidad en la industria y el comercio. Francia, gobernada por Enrique IV, restableció su preponderancia y sanó sus heridas.

SIGLO XVI: El esplendor del arte italiano

A pesar de las guerras, Italia, aunque dividida, mantuvo el liderazgo artístico, que Vasari teorizó fundando la historia del arte, con su obra La vida de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores. Roma reemplazó a Florencia, convulsionada por problemas políticos. Los papas convocaron a Bramante, Rafael, Miguel Ángel y Leonardo da Vinci para construir y decorar el Vaticano. En Mantua, los Gonzaga edificaron el Palacio del Té y en Ferrara, ciudad de Ariosto, los Este también iniciaron construcciones.

En Urbino, refinada corte principesca protectora de las artes, Castiglione escribió el Libro del cortesano. Venecia ocupó en tanto un lugar decisivo en la producción artística de la península. Tiziano, Tintoretto y Veronese recibieron encargos de las principales cortes principescas. Palladio innovó tanto en la arquitectura civil como en la religiosa, elaborando las normas de un clasicismo que influiría a Europa por largo tiempo. A la armonía sobria y serena del apogeo del Renacimiento, se impuso el manierismo.

Los pintores prefirieron los colores de tonos pasteles y los encuadres originales para representar temas más sensuales e incluso extraños, y alargaron las formas. Numerosos artistas fueron invitados a trabajar en las cortes extranjeras, en Fontainebleau, Madrid, Praga, Budapest y Cracovia. Los príncipes encargaban copias en bronce y modelados de obras antiguas que consideraban indispensables para sus colecciones y para la decoración de sus palacios. En toda Europa se instauró la práctica del «viaje a Italia» para los artistas. En Roma y en Florencia, pintores y escultores comenzaron a organizarse en academias, y sus obras fueron difundidas mediante la técnica degrabados impresos.

En pintura, la tradición flamenca persistía en las obras de Bosch (El Bosco) y de Bruegel, pero la mayoría de los artistas del norte de Europa, como Durero, Cranach, Holbein y los hermanos Clouet, se inspiraban en Italia aunque sin perder sus características. En arquitectura se mantuvo el gótico, pero enriquecido por ornamentaciones renacentistas. Los monarcas eran los mejores promotores de la italianización del gusto. En Francia, sin embargo, las obras de construcción del Val de Loire y luego las de Saint-Germain, de Fontainebleau y del Louvre exhiben un estilo francés que se liberó paulatinamente del modelo italiano.

En España, el palacio de El Escorial desarrolló un clasicismo austero, mientras que en Portugal floreció un lenguaje arquitectónico y decorativo original y compuesto. En el norte de Europa, la reacción iconoclasta propiciada por el protestantismo interrumpió la influencia italiana. Por el contrario, la Contrarreforma estimuló la difusión de la estética tridentina en toda la Europa católica, así. como en sus posesiones coloniales.

Las experiencias realizadas por los artistas italianos de los siglos X y XIV fueron la base del arte del Renacimiento, que alcanzó su culminación en los siglos XV y XVI.

Un arte nuevo

A fines de la Edad Media, los gobernantes de las poderosas ciudades-estado italianas se transformaron en mecenas —protectores— de artistas con el fin de fomentar la producción de obras que embellecieran y dieran prestigio a su ciudad. Algunos de ellos, como Lorenzo de Médici, fueron grandes coleccionistas —entre sus obras se cuentan también antigüedades clásicas— y se rodearon de filósofos y poetas. Muy pronto, el arte del Renacimiento se difundió por el resto de Europa. Diversos factores contribuyeron al desarrollo de este movimiento artístico:

la revalorización de la cultura de la Antigüedad;

• el redescubrimiento de la naturaleza;

• el estudio de las proporciones del hombre y la captación del espacio que lo rodea;

• el estudio de restos arquitectónicos y escultóricos del mundo romano;

• la fuerte tendencia al individualismo —puesta de manifiesto por ejemplo, a partir de la revalorización del retrato—, que había desaparecido del arte occidental durante la Edad Media’

• la emergencia de una clase social, la burguesía, que impuso un modo de pensamiento caracterizado por un extremo racionalismo y favoreció una forma de visión naturalista;

• una serie de hallazgos técnicos, como el empleo de la perspectiva y la pintura al óleo (importada a Italia desde los Países Bajos, a mediados del siglo XV).

“Retrato de Federico de Montefeltro”. Retablo de Urbino. Piero della Francesca.

Este retrato forma parte de un díptico de madera, que tiene sus dos caras pintadas. En el reverso, aparecen el retrato de medio cuerpo de Federico, duque de Urbino, a un lado y el de su esposa al otro, con un paisaje como fondo. La representación de perfil se inspira en las medallas romanas. El realismo de la imagen es uno de los rasgos característicos de la pintura renacentista.

La Reaparición del Retrato: “El interés por el hombre, el sentimiento de que su estudio merece en sí mismo la consagración de un cuadro autónomo, continúa extendiéndose y ganando terreno en lo que queda del siglo [se refiere al siglo XV]. Después de Florencia, fue en el norte de Italia donde se adoptó el retrato en menos de una generación […].‘

“Triunfo de Federico de Montefeltro”. Retablo de Urbino. Pintura sobre tabla de Piero della Francesca. Galería de los Oficios, Florencia. En el anverso del retablo, se muestran los “Triunfos” alegóricos del duque y su mujer. En ellos, ambos personajes aparecen sentados en carros tirados por caballos y acompañados por las Virtudes. Sus figuras son vistas de cuerpo entero y sus cabezas se destacan de perfil contra el cielo de un paisaje.

El Quattrocento

En el desarrollo del Renacimiento se destacan dos etapas fundamentales. La primera, correspondiente al siglo XV —el Quattrocento— tuvo su centro en la ciudad de Florencia, que se transformó en la capital artística de Europa. La segunda —el Cinquecento— se extiende entre los últimos años del siglo xv y el año 1520 y tuvo su centro en la ciudad de Roma.

Bajo el mecenazgo de los Médicis, fundamentalmente de Cosme y de Lorenzo el Magnífico, diversos artistas se dedicaron en Florencia a diferentes búsquedas plásticas, que abrieron camino al estilo realista de Masaccio, de Paolo Uccello y de Piero della Francesca y a las representaciones naturalistas y refinadas de Fra Angélico, de Filippo Lippi y de Sandro Botticelli.

Las obras escultóricas de Lorenzo Ghiberti y de Donatello, así como la arquitectura de Filippo Brunelleschi, son también ejemplos de este período artístico. El período se cierra con la figura de Leonardo da Vinci, uno de los artistas más destacados del período siguiente, el Cinquecento o Alto Renacimiento.

“El tributo”. Historia de la vida de San Pedro. Fresco de Masaccio. (Detalle)  Capilla Brancaccí, Iglesia del Carmine, Florencia. En los frescos realizados en la Capilla Brancacci, Masaccio fue el primero en utilizar a gran escala la perspectiva lineal. Brunelleschi, Donatello y Masaccio son generalmente considerados los primeros artistas del Renacimiento.

Mona Lisa. Óleo de Leonardo da Vinci. Museo del Louvre, París.
Este retrato de Lisa Gherardini, esposa de Francesco di Zanobi del Giocondo, muestra el estilo del pintor, basado en el esfumado de los colores con el que destaca los volúmenes del personaje. Son particularmente sugestivos el rostro y las manos de Mona Lisa. El paisaje del fondo da idea de la profundidad espacial.

Leonardo, un hombre del renacimiento: “[Leonardo] no se ejercitó en una sola profesión, sino en todas aquellas en las que el dibujo intervenía. Pues tenía una inteligencia tan divina y maravillosa, que siendo muy buen geómetra, no sólo trabajó en la escultura […] sino que hizo muchos dibujos en arquitectura [.] y fue el primero, aunque muy joven, que reflexionó acerca del río Amo para comunicarlo por el canal de Pisa con Florencia. Hizo diseños de molinos, batanes, ingenios que pudiesen moverse por fuerza de agua […].’

JORGE VASARI. Vida de pintores, escultores y arquitectos ilustres. Buenos Aires, Ediciones Selectas, 1964.

Perspectiva: Sistema de representación de los objetos sobre una superficie plana. La perspectiva lineal intenta reproducir la profundidad del espacio, disminuyendo el tamaño de los cuerpos a medida que se alejan del primer plano y haciendo converger todas las líneas de la obra en un punto central ubicado sobre la línea del horizonte. La perspectiva aérea degrada la luz y los colores para dar idea de profundidad.

El Arte de los Siglos XVI y XVI (Parte 2)

De acuerdo al juicio de sus contemporáneos, el arte del Renacimiento alcanzó su máxima expresión y monumentalidad a comienzos del siglo XVI.

EL Cinquecento o Alto Renacimiento: A comienzos del siglo XVI, el foco de la actividad artística se trasladó a Roma. Los papas se convirtieron en mecenas y auspiciaron la reconstrucción de Roma y de la nueva basílica de San Pedro, para lo cual llamaron a diferentes artistas. El arquitecto Bramante, los pintores Leonardo da Vinci y Rafael Sanzio y el escultor Miguel Ángel Buonarroti —quien, además, se destacó como pintor y arquitecto— fueron los más importantes artistas que trabajaron para la sociedad romana. Sus obras sirvieron como modelo para otras ciudades de Italia y de toda Europa.

Fuera de Italia, el Renacimiento comenzó a difundirse por Europa a partir del siglo XV, adquiriendo características propias en cada región. El arte de este período fue muy importante en Alemania, donde se distinguieron Alberto Durero y Lucas Cranach, y en los Países Bajos, fundamentalmente con los hermanos I-Iubert y Jan Van Eyck, El Bosco y Pieter Brueghel.

La Piedad. Escultura en mármol de Miguel Angel. Basílica de San Pedro, Vaticano.
El escultor ha creado en mármol —su material preferido— dos seres de los que excluye la dimensión temporal (ambos representan la misma edad). La perfección de la talla y el pulido de la superficie contribuyen para que Cristo y la Virgen, sin gestos de dolor, expresen un drama universal.
Miguel Ángel utilizó un esquema compositivo de tipo piramidal para agrupar las figuras de Cristo y la Virgen.

La Escuela de Atenas. Óleo de Rafael. Cámara de la Firma, Palacio del Vaticano.
Esta pintura integra un conjunto de cuatro composiciones que manifiestan diferentes actividades intelectuales: La Escuela de Atenas representa la filosofía, en tanto que las otras pinturas se refieren a la Teología, al Derecho y a la Poesía. En medio de una grandiosa arquitectura resuelta por medio de la perspectiva de punto central, se representa a varios filósofos de la Antigüedad, entre los que se destacan Platón y Aristóteles en el centro de la composición. Esta pintura destaca el valor que tenía la Antigüedad para los hombres del Renacimiento.

AMPLIACION DEL TEMA:

Grandes Artistas del Renacimiento: Leonardo Da Vinci Miguel Ángel y Buonarroti

No todo fueron luchas y calamidades en el siglo XVI. Si bien los episodios militares absorbieron gran parte de la actividad y de las energías nacionales y las enconadas disputas religiosas desataban las pasiones, enzarzando a los hombres en infructuosas polémicas, con olvido, al parecer, de las demás cuestiones que pudieran interesarles, no faltaron hombres que, bien ajenos a las contiendas bélicas y a las discusiones sectarias, en la soledad de sus estudios, producían obras magistrales de arte, escribían libros que habían de alcanzar la inmortalidad e investigaban en el campo de la ciencia, logrando trascendentales descubrimientos. Los efectos del Renacimiento llegaban a todos los países y se hacían notar en todos los campos del saber y del arte. La pintura y la lengua italianas alcanzaron una magistral influencia en este siglo.

La traducción de la Biblia al alemán, hecha por Lutero, dio la pauta del movimiento renacentista en aquel idioma. Miguel de Cervantes escribió su Don Quijote, que se considera la obra magistral de la literatura española. En Medicina se descubre la circulación de la sangre y en las ciencias físicas iniciase una serie de descubrimientos que servirán de base para afianzar todas las conquistas en esta rama del saber, durante el siglo siguiente.

En la imposibilidad de reseñar todos los nombres de quienes se distinguieron, como artistas, escritores y sabios (aunque muchos de ellos no se limitaron a una sola de tales actividades), en este post mencionaremos sólo a dos de los de más relieve en cada ramo: Miguel Ángel Buonarrotti y Leonardo Da Vinci

artistas del renacimiento: da vinci y miguel angel

Leonardo Da VinciMiguel Ángel Buonarrotti

Miguel Ángel y Leonardo da Vinci Michelangelo Buonarotti nació en 1475 en territorio florentino y en 1488 entró como aprendiz de un artista de la ciudad. Sus dones le valieron una recomendación a Lorenzo de Médici, quien lo acogió en la academia de la familia durante tres años. Tras una breve estancia en Roma, Miguel Ángel regresó a Florencia en 1500 para concluir su estatua de David. En 1503 fue llamado a Roma por el nuevo pontífice, Julio II, quien le encargó diseñar su tumba. En 1508, el Papa le encargó pintar el techo de la Capilla Sixtina.

Tras cuatro años de trabajo, Miguel Ángel reveló su obra maestra, que describía escenas del Génesis, incluida la Creación. Años después pintó el Juicio Final en la pared del altar de la capilla. En 1546 fue nombrado arquitecto de la basílica de San Pedro y acometió la construcción de su cúpula. El gran rival de Miguel Ángel fue Leonardo da Vinci, otro florentino. Como su coetáneo, Leonardo empezó como aprendiz de un pintor.

En 1482 viajó a Milán, donde trabajó para el duque Ludovico Sforza como ingeniero y diseñador. Produjo los diseños de varios inventos, incluidos cañones y ametralladoras, máquinas voladoras, submarinos y tanques acorazados, que no obstante no llegaron a construirse. Su interés en la ciencia se extendía a la anatomía y en 1490 creó su famoso dibujo del Hombre de Vitruvio, en el que subrayó las proporciones matemáticas y la simetría del cuerpo humano.

artistas del renacimiento"Flagelación de Jesús"
«Flagelación de Jesús»

PIERO DELLA FRANCESCA (1420 – 1492)
Inicia sus trabajos en las pequeños cortes de Italia central y septentrional.
La utilización de las reglas de la perspectiva, la concepción de las formas con criterio matemático y la armonía de sus proporciones son los elementos que caracterizan sus creaciones.En ia «Flagelación de Jesús», aplica el método medieval de narrar dos tiempos sucesivos en la misma obra.Mediante la perspectiva construye ambas escenas sin perder el carácter de unidad de la composición. Las figuras se hallan encuadradas en escenarios arquitectónicos que las contienen.

artistas del renacimiento "La Última Cena"
«La Última Cena»

LEONARDO DA VINCI (1458 – 1519)
Arquitecto, escultor, ingeniero, matemático y pintor, su espíritu polifacético lo señala como uno de los hombres más representativos del Renacimiento. Afirmaba que, para ser un buen pintor, era necesario partir de la experiencia y de las cosas naturales.Se destacó en la técnica del claroscuro; es decir, el tipo de pintura que define los contornos de las imágenes por diferencias entre las zonas de luz y las de sombras, en lugar de las líneas.Aplica el esfumado, un paso gradual y casi imperceptible entre las zonas claras y las oscuras, lo que confiere gran suavidad de contornos a su obra. Sus primeras creaciones se hallan ligadas al arte florentino del siglo XV. Entre sus obras se destacan: «La Gioconda»: Retrato femenino que representa la imagen de Mona Lisa, esposa de Francisco del Giocondo. «Última Cena»: Pintura aplicada sobre una de las paredes del refectorio de Santa María de la Gracia, en Milán. En la escena está presente la teoría de la perspectiva. Leonardo abandona en esta obra la rigidez simétrica en la composición.

artistas del renacimiento "El Nacimiento de Venus"
«El Nacimiento de Venus»

SANDRO BOTTICELLI (1447 – 1510)
Es el exponente más destacado de una corriente de pintores, como Cranach o Beato Angélico, que sin renunciar a las nuevas enseñanzas mantienen los conceptos heredados de los períodos anteriores.El uso de la línea para definir contornos, el colorido, la elegancia y e aspecto soñador de sus imágenes son los rasgos distintivos de esta tendencia. Son frecuentes, además, los fondos de paisajes, de fábulas o de sueño.
En el «Nacimiento de Venus» se expresa ante todo el refinamiento del dibujo definido por sus contornos y la gracilidad de la figura. El color es transparente y luminoso.

Fragmento de "La Escuela de Atenas".

Fragmento de «La Escuela de Atenas».

RAFAEL SANZIO (1483 – 1520)
Nace en Urbino, Italia, pero su gloria comienza en Florencia.
Permanece fiel al ideal de belleza renacentista basado en la armonía y la simetría. Todas sus obras están dotadas de una exacta relación de proporciones entre sus elementos componentes.Sus temas predilectos en el período florentino fueron la Virgen con el Niño y La Sagrada Familia.En sus últimos años trabajó en Roma y el tema de sus pinturas se basó en los episodios históricos, con la visión de que éstos se desarrollaban dentro de una arquitectura colosal y perfecta.En «La Escuela de Atenas», donde resume la historia de la filosofía, mantiene el concepto de encuadre arquitectónico y se revela el dominio compositivo de la perspectiva y la simetría.

Moisés, en San Pietro in Vincoli. Roma.

Moisés, en San Pietro in Vincoli. Roma.
Es una de las esculturas que formaba parte de la tumba inconclusa de Julio II.

MIGUEL ÁNGEL BUONARROTI (1475 – 1564)
En su figura, la escultura renacentista llega a su punto culminante. Se forma en Florencia bajo el mecenazgo de los Medid. En el siglo XVI se traslada a Roma por llamado del papa Julio II, quien le encarga la creación de un grupo escultórico para su tumba. Miguel Ángel sólo logra terminar la estatua del Moisés y algunas figuras secundarias. Sus obras escultóricas se distinguen por su potencialidad expresiva, su carácter monumental y la marcada musculatura de sus imágenes, condiciones que se acentúan en la madurez del artista. Estas características se revelan magníficamente en sus creaciones, entre las que se destacan: La Piedad (mármol) y el David (mármol). En el último decenio de su vida crea la Piedad Rondanini, caracterizada por la falta de acabado y pulimento del mármol, propios del último período del autor.

PARA SABER MAS…

DURANTE EL S. XVI la familia Medid, cuya fortuna provenía de la banca, dominó la ciudad-estado italiana de Florencia. Cosme de Medici (1389-1464) fue el primer miembro de la familia que ejerció abiertamente el poder político. Le desagradaba el comportamiento egoísta del resto de gobernantes europeos y rechazó cualquier título grandilocuente. A su nieto, Lorenzo de Medici (1449-92), se le conoció como «Lorenzo el Magnífico».

LORENZO EL MAGNÍFICO
Bajo el mandato de Lorenzo, Florencia se convirtió en el centro del Renacimiento. Fue un estadista inteligente que mantuvo un equilibrio de fuerzas entre todas las ciudades-estado italianas, por lo que no hubo muchas guerras durante su mandato. Fue también un consumado poeta y mecenas, generoso patrocinador de las artes. Muchos de los mejores artistas, entre ellos Sandro BotticelU (1444-1510), Leonardo de Vinci (1452-1519) y Miguel Ángel (1475-1564) trabajaron para él. El pensador político Nicolás Maquiavelo (1469-1527) calificó a Lorenzo como «el mayor patrón del arte y la literatura de entre todos los príncipes».

LA FLORENCIA DE SAVONAROLA
La supremacía de los Medici acabó poco después de la muerte de Lorenzo, en 1492. Cuando el rey francés Carlos VIII (1470-98) invadió Italia en 1494, los florentinos se volvieron hacia el carismático predicador Girolamo Savonarola (1452-98). Éste combatió la corrupción de la Iglesia y la pasión renacentista por las ideas paganas (no cristianas) de los clásicos. Los sermones de Savonarola convocaban a miles de personas, especialmente porque predijo la invasión de los franceses.

HOGUERA DE LAS VANIDADES
Florencia se convirtió en una república cristiana. En 1497 Savonarola organizó una pública «Hoguera de las vanidades» para que los florentinos se libraran de los lujos superfluos y pecaminosos. Trajes, cartas, muebles, juegos de mesa y obras de arte acabaron consumidos por las llamas.

ASESINATO DE SAVONAROLA
El triunfo de Savonarola era demasiado súbito para que durara. En 1497 el papa Alejandro VI (1431-1503), enfurecido por las críticas de Savonarola a su conducta «inmoral», le excomulgó (expulsión de la iglesia). Los seguidores de Savonarola le apoyaron. En 1498 fue colgado y su cuerpo fue quemado en una plaza de Florencia.

REGRESO DE LOS MEDICI
En 1512 los Medici volvieron a tener el control de Florencia. En 1527 Julio de Medici (1478-1534) se convirtió en el papa Clemente VIL Durante los siguientes 200 años, los jefes de la familia Medici fueron grandes duques y gobernaron la Toscana, la región de los alrededores de Florencia.

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE MIGUEL ÁNGEL…
DIÁLOGO CON LA MUERTE

Ya en el último período de su vida en Roma, Miguel Ángel hbía sido nombrado arquitecto-jefe, escultor y pintor oficial del Palacio Vaticano. Trabajó hasta el final, pero los que lo veían lo encontraban cada vez más raro, encerrado en su mundo particular, inaccesible a los demás.

Por la noche, en el jardín de su casa, contemplaba las estrellas y aquella inmensidad sin límites que le producía la nostalgia de una existencia liberada de las pasiones y afanes de este mundo, que se cree importante, pero que no es nada. Continuamente se sentía invadido por un deseo de liberación de todo aquello. Y entonces pensaba en la muerte; sólo ella podía depararle lo que había buscado durante toda su vida: la paz, la tranquilidad del amor divino. La muerte era amiga suya, estaba siempre presente en sus pensamientos; para no olvidarla, había llegado, incluso, a pintarla en la escalera de su casa.

Era como si le dijese: «La vida ha sido larga, afanosa; ya es hora, ven conmigo». Para esperarla mejor, cerró la puerta a los visitantes. Permanecía solo en su casa, con la última escultura que estaba haciendo: una «Piedad», la más bella y espiritual de sus obras. Y la muerte llegó un viernes de febrero de 1564. Miguel Ángel había esperado largo tiempo: tenía ochenta y nueve años.

Lo último que vio fueron los brazos abiertos del Crucifijo.
—Dejo mi alma en manos de Dios y mi cuerpo a la tierra —dijo con sencillez.
Y a la tierra lo confiaron, vestido con su atuendo preferido: la capa negra, las botas con espuelas de plata y el sombrero negro. También nos dejó a nosotros algo de su alma…

Leonardo Da Vinci

Fuente Consultada:
Historia 2 El Mundo Moderno (Desde el siglo XV hasta comienzos del XIX) Omar Bagnoli y Otros.

Ver: Analisis de una Obra de Arte

El Arte Barroco Origen del Estilo Características y Descripción

El Arte Barroco: Origen y Características

El siglo XV se caracterizó por la fina elegancia y mesura de sus manifestaciones artísticas. El siglo XVI lo siguió con su alegría y esplendor, hasta que. por fin, el XVII surgió rodeado de boato y fastuosidad.

En aquel tiempo, los españoles, amantes de ceremonias pomposas y de actitudes excéntricas teatrales, imponían el tono en Europa. Siguiendo  ejemplo, los habitantes de otras naciones del viejo continente se aficionaron a la vestimenta rica y complicada y al hablar ampuloso. Se puso muy de moda poseer decenas de títulos nobiliarios, saludarse con las expresiones más ceremoniosas y escribir con frases rebuscadas y rimbombantes.

La Iglesia Católica, después de grandes luchas por la Contrarreforma, de las que saliera fuerte y victoriosa, levantaba lujosos templos para celebrar sus triunfos, y los artistas se prodigaban a fin de hacer de estos santuarios obras grandiosas y espectaculares.

Adornaban las fachadas con decoraciones macizas y embellecían los interiores con dorados, bronces, mármoles, estatuas y grandes pinturas.

La poesía, la música, el teatro, el moblaje, la vestimenta todas las artes y manifestaciones públicas y privadas de la vida, se contagiaron de este frenesí de renovación, y ofrecieron así trabajos cada vez más ricos y sorprendentes. De esta suerte, nació en Italia y floreció, principalmente en Roma, para difundirse por el mundo  aquel estilo de las artes conocido como «barroco».

El barroco se integra en el Renacimiento por su individualismo, su amor a la naturaleza y su admiración por el espíritu y la forma de la Antigüedad clásica. Por otra parte, también tiene características propias: es religioso y en cierto modo constituye una reacción contra el aspecto intelectual del Renacimiento.

Es un arte exuberante, pues expresa la victoria sobre la desesperación. La expresión más típica de esta característica es la fastuosa ornamentación de las iglesias recargadas de materiales preciosos: oro, plata y mármol. Tanto la fachada como el interior tenían que reflejar este júbilo.

No sin caer a veces en la pasión, pintores y escultores se dedicaron a expresar sus sentimientos en representaciones dotadas de gran movilidad. Así como el artista del Renacimiento intentaba idealizar el desnudo, el barroco buscaba la expresión refinada de las emociones íntimas o exteriores.

Como el Renacimiento, el barroco nació en Italia. Miguel Ángel estableció la transición entre las dos corrientes artísticas.

Extasis  de Santa Teresa

 El Éxtasis de santa Teresa, obra realizada en el siglo XVII por el escultor italiano Gian Lorenzo Bernini, constituye uno de los ejemplos más dramáticos de la escultura barroca. Esculpida en mármol, con los rayos de luz y la flecha en bronce, está iluminada por una ventana oculta. Fue realizada para la capilla Cornaro de la iglesia de Santa Maria della Vittoria de Roma.

DESCRIPCIÓN:
El arte barroco:
El Barroco es el arte del siglo XVII y de comienzos del siglo XVIII. El origen del estilo se encuentra en la ciudad de Roma, desde donde se difundió hacia toda Europa y hacia América.

Barroco: Este termino deriva de la palabra «berrueco» que significa piedra irregular

Arte y poder

El Barroco fue la manifestación plástica de los poderes establecidos: el Papado, la monarquía absoluta y la burguesía mercantil, Cada uno de ellos se sirvió de la arquitectura, la pintura y la escultura para expresar sus ideas y destacar su papel en la sociedad.

• La monarquía absoluta utilizó la magnificencia y las posibilidades decorativas del Barroco como arte de propaganda.

• El Papado reaccionó contra la división que provocó la Reforma iniciada por Lutero generando el movimiento que se conoció como Contrarreforma. Las disposiciones del Concilio de Trento y la creación de la Compañía de Jesús permitieron reforzar el dogma y exaltar la autoridad de la Iglesia. La arquitectura, la escultura y la pintura fueron utilizadas para destacar el prestigio de la autoridad papal e ilustrar las verdades de la fe. Por eso, al Barroco se lo ha llamado también el arte de la Contrarreforma.

Éxtasis de Santa Teresa. Escultura de Gian Lorenzo Bernini, 1647.
Iglesia de Santa María de la Victoria, Roma.

• La burguesía alcanzó gran importancia durante los siglos  XVII y XVIII. Este grupo fue el soporte de las recientemente independizadas Provincias Unidas de los Países Bajos y fue un factor determinante para el desarrollo de Inglaterra. En otras naciones, muchos de sus integrantes más notorios se mezclaron con la antigua nobleza y, en algunos casos, alcanzaron la nobleza. El arte del Barroco fue usado por la burguesía para expresar sus ideas y trascender más allá de su época.

Con el Concilio de Trento y la fundación de la orden de los jesuitas, la Contrarreforma aportó profundas modificaciones a la vida religiosa de la Iglesia y de la sociedad. Este movimiento influyó también en el arte: en efecto, en el siglo XVI el barroco se convirtió en la expresión artística del hombre triunfante, que expresa sus sentimientos a través de un estilo a veces excesivamente recargado.

Un arte monumental y dramático

El estilo barroco se caracterizó por la monumentalidad de sus creaciones y por producir efectos teatrales y dramáticos mediante el uso de formas curvas y espiraladas y de colores fuertemente contrastados.,

• Urbanismo y arquitectura. Una de las características más notables del arte barroco fue el desarrollo urbanístico. Además de construir avenidas, el urbanismo barroco estableció la costumbre de abrir amplios espacios delante de los edificios. También fueron frecuentes las plazas enmarcadas por construcciones, en las que muchas veces se instalaban fuentes.

Los elementos más característicos de la arquitectura barroca son la grandiosidad, tanto en el exterior como en el interior de los edificios, el triunfo de las líneas curva y mixtilínea sobre la recta —por ejemplo, en las columnas salomónicas, el fuste o cuerpo de la columna se retuerce en espiral— y el claroscuro —los planos y las superficies quebradas producen efectos de luz y sombra en las fachadas y en el interior del edificio.

El urbanismo tuvo en Roma su ejemplo más destacado. La ciudad comenzó a tener, ya desde fines del siglo XVI, el perfil teatral característico del trazado urbano barroco, que luego se difundió por un gran número de ciudades europeas y americanas. Domenico Fontana, mediante amplias avenidas, unificó el centro de la ciudad de Roma y conectó diversas iglesias y monumentos cristianos.De ese modo facilitó la visita de lugares fundamentales para la religión. Los fieles, siguiendo el trazado de la llamada “Strada Felice” (recibió este nombre porque el papa Sixto y se llamaba Félix Peretti), podían visitar siete iglesias.

Al principio, la arquitectura civil experimentó relativamente poco la influencia del barroco. Pero pronto los palacios fueron adornados también con columnatas, frontones y encuadramientos. Se concedió gran importancia al vestíbulo, con la impresionante rampa de su escalera de mármol y su galería. Los jardines fueron adornados con estanques, fuentes y hermosas avenidas.Lorenzo Bernini, llamado el Caballero Bernini (1598-1680), fue el maestro de la escultura barroca.  Su taller no tardó en parecer una inmensa cantera, tan grande fue su éxito. Con sus esculturas se propuso causar una impresión irresistible: por esto sugería los sentimientos con excepcional habilidad técnica. Su Éxtasis de santa Teresa en Santa Maria della Vittoria, en Roma, es una de sus obras maestras. En España la arquitectura barroca tuvo su más alto representante en José Churriguera (1650-1720), creador de un estilo personalísimo, que en las formas de su tiempo recogía la herencia del flamígero, el mudejar y el plateresco. No obstante los arquitectos más representativos fueron Gómez de Mora, Pedro de Ribera, Narciso Tomé, etc.

• Escultura. La expresión de movimiento y dinamismo también triunfa en la escultura. Las imágenes muestran pasiones violentas y exaltadas y actitudes teatrales.

• Pintura. El naturalismo, la expresividad de las figuras representadas y el intenso claroscuro son las características más importantes de la pintura del período.

Fuente de la Plaza Navona: Esta plaza es otra importante realización barroca. Su forma alargada y con las puntas redondeadas deriva de que ella se fue constituyendo, a través del tiempo, sobre las ruinas del circo del emperador romano Domiciano. Durante el siglo xvw se construyó la iglesia de Santa Inés y las tres fuentes. La central es la Fuente de los Cuatro Ríos, que en la fotografía aparece en segundo plano. El amplio espacio de la plaza permitía celebrar fastuosas fiestas, características de la época barroca.

Plaza de la Basílica de San Pedro, Roma. Gian Lorenzo Bernini.

Esta plaza fue construida entre los años 1656 y 1667. La iglesia se abre a un gran espacio oval, limitado por una doble columnata que simboliza los brazos de la Iglesia, abiertos para recibir a los cristianos. Sobre la fachada de la basílica aparecen esculturas de Cristo y de los apóstoles. En cambio, sobre la columnata se encuentran las imágenes de los santos y santas, los apóstoles y los mártires. El conjunto de todas las imágenes expresa la gloria de la Iglesia. El amplio espacio limitado por la columnata permite reunir a un gran número de fieles. En el centro de la plaza, un obelisco egipcio, coronado con el orbe y la cruz, señala el triunfo del cristianismo sobre el paganismo. Las dos fuentes situadas a uno y otro lado del obelisco, representan el bautismo.

El gran espacio de la plaza se convierte, así, en un escenario donde se desarrollan las grandes ceremonias típicas del período barroco.

Fuente de los Cuatro Ríos. Gian Lorenzo Bernini, 1648 (detalle).

Esta fuente alude al triunfo y a la expansión del cristianismo en la tierra. simbolizados en el orbe y la cruz que se encuentran sobre el obelisco. Las personificaciones del río Ganges. del río Danubio, del río Nilo y del Río de la Plata señalan la presencia de la fe en los cuatro continentes. Cada una de las representaciones está acompañada por plantas y animales típicos de la región donde se encuentra el correspondiente río.

Bernini fue el más notable escultor y arquitecto de la edad del barroco. Altamente estimado por papas y soberanos, gozó durante su vida de toda la gloria y riqueza que un artista puede desear. Dejó muchísimas obras: el famoso pórtico y el no menos famoso «palio» de San Pedro, iglesias, altares, mausoleos y algunas de las más bellas fuentes de Roma, como la del Tritón y la de la plaza Navona. En la escultura que reproducimos, el artista logró un admirable efecto «pictórico» mediante el pronunciado relieve de los pliegues del manto y de las crines del caballo.

En Italia, la influencia de la pintura barroca fue menos significativa. Los pintores barrocos, contrariamente a los renacentistas, distribuían las masas de modo desigual. Concedían mayor importancia a la luz y los colores que a la misma composición. De esta búsqueda de contrastes violentos nacería el estilo del «claroscuro», cuyo precursor fue Caravaggio (1573-1610).

La  influencia del barroco no tardó en extenderse por toda Europa e imponerse incluso a la música, pero también en este caso la iniciativa partió de Italia, concretamente del grupo formado por músicos, nobles y artistas que se conoció con el nombre de Camerata Florentina.

Fue también la gran época de la pintura y la escultura españolas. Ribera, Zurbarán, Murillo y sobre todo Velázquez, uno de los más grandes pintores de todos los tiempos, singularizan la pintura de esa época, como Gregorio Fernández, Martínez Montañés, Pedro Roldan y su hija la Roldana, Pedro de Mena y Alonso Cano caracterizarán la escultura. Desde España el barroco pasó, como era lógico, a Hispanoamérica, donde sobre todo en México, dejó una espléndida arquitectura.

Ni siquiera la poesía, según se ha dicho, permaneció extraña a esta pasión por las formas extravagantes. Para demostrar el caudal de su imaginación y para asombrar a toda costa a los lectores, los poetas de aquel tiempo se dedicaron a florear sus escritos con las más extrañas imágenes y rebuscadas metáforas.

Hubo quienes en sus versos llamaron a las nubes «colchones de cielo», otros definían al cielo como «sartén» y a la luna como «gran tortilla»; para hablar de las estrellas se las llamaba «agujeros de plata del cedazo celeste»; no faltó quien, para referirse a una dama, amante del peinado, escribió; «con el rastrillo de marfil ara y cultiva».

Naturalmente, cuantas más figuras audaces e imprevistas empleaba el poeta, mayor se consideraba su talento, las poesías se transformaron así en fuegos de artificio de estrafalarias metáforas; daremos aquí una pequeña muestra. Para exaltar las hazañas guerreras de un príncipe, un poeta llevado por el énfasis decía: «a tus bronces (cañones) servirá de bala el mundo», y hasta pretendía que los mismos «sudaban fuego»; otro definía al volcán Etna como «arcipreste de las montañas que con la sobrepelliz de la nieve inciensa las estrellas».

Aun cuando resulta en extremo difícil hallar en estas composiciones algo que pudiera considerarse verdadera poesía, los poetas de aquel tiempo lograban, sin embargo, la admiración de sus contemporáneos.

Fuente Consultada:
Historia 2 El Mundo Moderno (Desde el siglo XV hasta comienzos del XIX) Omar Bagnoli y Otros.
Enciclopedia Juvenil Azeta – Editorial CREDSA – El Arte Barroco

El arte despues de la revolución industrial

El arte después de la revolución industrial

Progreso y transformaciones: La Revolución Industrial se extendió por todo el continente aunque de una manera irregular, en función de las distintas potencialidades de  materias primas, energía, movilización de capitales, capacidad tecnológica y voluntad política de favorecer la industrialización. Esta engendró profundas y rápidas transformaciones en los  niveles económico y social.

Las nuevas actividades productivas provocaron un masivo éxodo rural y un explosivo crecimiento urbano. Las clases medias de empleados y funcionarios se fueron fortaleciendo paulatinamente. La revolución del transporte terrestre y marítimo contribuyó enormemente a estos significativos cambios.

La construcción de redes ferroviarias promovió el desarrollo del comercio y transformó la economía rural al disminuir el aislamiento del campo. Fue también responsable del crecimiento de los suburbios, del aumento de los viajes de placer e inauguró la era del turismo a las termas y los balnearios.

El telégrafo y el teléfono facilitaron las comunicaciones. La creación de líneas regulares de barcos de vapor incrementó la capacidad comercial de Europa. La búsqueda de materias primas, de nuevos mercados de consumo y de inversiones rentables explica el colonialismo. Una población en plena expansión demográfica, que buscaba huir de la miseria o de las persecuciones políticas y religiosas, inició la emigración hacia los nuevos países.

La mala distribución del progreso económico acentuó las diferencias sociales, que se vieron agravadas por los períodos de recesión. Ello suscitó la reflexión política y la elaboración de teorías reformistas o revolucionarias. Los socialismos utópicos, el marxismo y las anarquistas comenzaron a influir sobre la vida política y las luchas sociales. La democratización del sistema educacional, indispensable para enfrentar la evolución del empleo, y el desarrollo de la prensa escrita modificaron las mentalidades.

Era Industrial y evolución artística: Todas las grandes metrópolis emprendieron trabajos de urbanización para responder al crecimiento urbano, a las exigencias de salubridad y de seguridad, y para mostrar su riqueza en el marco de una verdadera competencia a nivel internacional, de la que daban testimonio las exposiciones universales que se organizaban.

Edificaron estaciones, grandes almacenes, bancos, bolsas, mercados, óperas, teatros, museos, bibliotecas públicas, ayuntamientos, iglesias, escuelas y edificios residenciales. Estas construcciones escondían un concepto arquitectónico moderno, basado en estructuras metálicas, bajo un decorado colmado de reminiscencias históricas, ecléctico y recargado. Sólo los puentes o las construcciones para las exposiciones, a imagen delCrystal Palace o de la Torre Eiffel, demostraron su pertenencia a la «edad del fierro» y su deuda con la ingeniería.

Con la excepción de una minaría de aficionados entendidos, las ciases sociales dominantes coleccionaban obras de arte para mantener su rango e invertían en valores seguros, privilegiando las realizadas en el siglo XVIII, o compraban las obras de artistas académicos contemporáneos.

En el Salón de París se desarrollaban las grandes manifestaciones artísticas- Su éxito mundano y el aumento de las obras expuestas lo obligó a abandonar el Louvre. Entre 1855 y 1900, se celebró en el Palacio de la Industria dos meses al año, en la parte baja de los Champs Elysées.

Lo académico era de gusto general, y las esculturas didácticas y heroicas, así como las pinturas históricas convencionales, adornaban los espacios públicos y completaban las colecciones de los museos. Una pintura decorosa, escenas de género moralizadoras, paisajes evocadores, retratos halagadores, bustos esculpidos y estatuillas decorativas amoblaban los interiores aristocráticos y burgueses.

Dominaba un arte conformista. Los artistas que hoy son apreciados eran a menudo rechazados por las instituciones, al menos en sus comienzos. Sin embargo, las divergencias entre los creadores no eran tan marcadas como podría pensarse de acuerdo con la clasificación arbitraria de las categorías estilísticas. Los comerciantes de arte y las galerías dieron un vuelco al mercado. Aparecieron nuevas técnicas de reproducción de las obras de arte que, junto con el desarrollo de la imprenta, que multiplicó las ilustraciones y las caricaturas, y de los afiches publicitarios, difundieron las creaciones artísticas.

La industria fabricó tubos de pintura para contener los colores, lo que permitió a los artistas abandonar sus talleres. El entusiasmo por la fotografía modificó las relaciones con la figuración. En una Europa en donde la creación artística parecía explotar, París desempeñó el papel de faro cultural, atrayendo a los artistas de provincia y del extranjero, tanto europeos como americanos.

Bruselas, Munich, Berlín, Budapest, Praga y Viena, capital cosmopolita de la doble monarquía, fueron polos de creación llenos de vida. El descubrimiento del arte de Asia y de Oceanía influyó también en las transformaciones radicales que tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo xix.

Fuente Consultada: Historia Visual del Arte Tomo I