El arte despues de la revolución industrial



El arte después de la revolución industrial

Progreso y transformaciones: La Revolución Industrial se extendió por todo el continente aunque de una manera irregular, en función de las distintas potencialidades de  materias primas, energía, movilización de capitales, capacidad tecnológica y voluntad política de favorecer la industrialización. Esta engendró profundas y rápidas transformaciones en los  niveles económico y social.

Las nuevas actividades productivas provocaron un masivo éxodo rural y un explosivo crecimiento urbano. Las clases medias de empleados y funcionarios se fueron fortaleciendo paulatinamente. La revolución del transporte terrestre y marítimo contribuyó enormemente a estos significativos cambios.

La construcción de redes ferroviarias promovió el desarrollo del comercio y transformó la economía rural al disminuir el aislamiento del campo. Fue también responsable del crecimiento de los suburbios, del aumento de los viajes de placer e inauguró la era del turismo a las termas y los balnearios.

El telégrafo y el teléfono facilitaron las comunicaciones. La creación de líneas regulares de barcos de vapor incrementó la capacidad comercial de Europa. La búsqueda de materias primas, de nuevos mercados de consumo y de inversiones rentables explica el colonialismo. Una población en plena expansión demográfica, que buscaba huir de la miseria o de las persecuciones políticas y religiosas, inició la emigración hacia los nuevos países.

La mala distribución del progreso económico acentuó las diferencias sociales, que se vieron agravadas por los períodos de recesión. Ello suscitó la reflexión política y la elaboración de teorías reformistas o revolucionarias. Los socialismos utópicos, el marxismo y las anarquistas comenzaron a influir sobre la vida política y las luchas sociales. La democratización del sistema educacional, indispensable para enfrentar la evolución del empleo, y el desarrollo de la prensa escrita modificaron las mentalidades.

Era Industrial y evolución artística: Todas las grandes metrópolis emprendieron trabajos de urbanización para responder al crecimiento urbano, a las exigencias de salubridad y de seguridad, y para mostrar su riqueza en el marco de una verdadera competencia a nivel internacional, de la que daban testimonio las exposiciones universales que se organizaban.

Edificaron estaciones, grandes almacenes, bancos, bolsas, mercados, óperas, teatros, museos, bibliotecas públicas, ayuntamientos, iglesias, escuelas y edificios residenciales. Estas construcciones escondían un concepto arquitectónico moderno, basado en estructuras metálicas, bajo un decorado colmado de reminiscencias históricas, ecléctico y recargado. Sólo los puentes o las construcciones para las exposiciones, a imagen delCrystal Palace o de la Torre Eiffel, demostraron su pertenencia a la «edad del fierro» y su deuda con la ingeniería.

Con la excepción de una minaría de aficionados entendidos, las ciases sociales dominantes coleccionaban obras de arte para mantener su rango e invertían en valores seguros, privilegiando las realizadas en el siglo XVIII, o compraban las obras de artistas académicos contemporáneos.

En el Salón de París se desarrollaban las grandes manifestaciones artísticas- Su éxito mundano y el aumento de las obras expuestas lo obligó a abandonar el Louvre. Entre 1855 y 1900, se celebró en el Palacio de la Industria dos meses al año, en la parte baja de los Champs Elysées.

Lo académico era de gusto general, y las esculturas didácticas y heroicas, así como las pinturas históricas convencionales, adornaban los espacios públicos y completaban las colecciones de los museos. Una pintura decorosa, escenas de género moralizadoras, paisajes evocadores, retratos halagadores, bustos esculpidos y estatuillas decorativas amoblaban los interiores aristocráticos y burgueses.

Dominaba un arte conformista. Los artistas que hoy son apreciados eran a menudo rechazados por las instituciones, al menos en sus comienzos. Sin embargo, las divergencias entre los creadores no eran tan marcadas como podría pensarse de acuerdo con la clasificación arbitraria de las categorías estilísticas. Los comerciantes de arte y las galerías dieron un vuelco al mercado. Aparecieron nuevas técnicas de reproducción de las obras de arte que, junto con el desarrollo de la imprenta, que multiplicó las ilustraciones y las caricaturas, y de los afiches publicitarios, difundieron las creaciones artísticas.



La industria fabricó tubos de pintura para contener los colores, lo que permitió a los artistas abandonar sus talleres. El entusiasmo por la fotografía modificó las relaciones con la figuración. En una Europa en donde la creación artística parecía explotar, París desempeñó el papel de faro cultural, atrayendo a los artistas de provincia y del extranjero, tanto europeos como americanos.

Bruselas, Munich, Berlín, Budapest, Praga y Viena, capital cosmopolita de la doble monarquía, fueron polos de creación llenos de vida. El descubrimiento del arte de Asia y de Oceanía influyó también en las transformaciones radicales que tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo xix.

Fuente Consultada: Historia Visual del Arte Tomo I

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